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LA CANTADORA.
CUADRO DE

F ABRÉS.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

fantasías dt Tnoitrno.
El frío mttropolitano.

B

enojo del cielo no quiere pasar. Ceudo y malhumorado amanece día con
día, y su capote gris envuelve los rayos
del sol que, bienhechores, pretenden llegar
hasta nosotros para traernos una poca de tibieza, que desentuma nuestros pobres miembros ateridos por el frío.
El frío es intenso, y como eu :México hemos
creído muy al pie de la letra la hermosa fábula de nuestra «primavera eterna,» no nos hallamos muy bien provistos de armas contra el
frío y por eso éste se da aires de sorprendernos cada año, fingiéndose siempre más severo
y despiadado que otras veces. En cada invierno solemos decirnos: nunca hubo frío tan duro como en este año!. ..... Y no es eso: es que
el frío corr:o el dolor, siempre aparece más
intens~ en su manifestación actual, y con facilidad lo olvidamos en la tregua que nos concede el cambio de estación ó la época de felicidad ... .. .
Si diésemos fe absoluta á las indicaciones
del termómetro, para juzgar nuestro invierno
metropolitano, lo encor,trai-íamos dulce en exct'so, parangonado con el de otras regiones.
Nunca tendremos aquí el extremo descenso
«bajo cero» que se observa en Berlín, Londres
ú París; y, sin embargo, el frí? de ~léxico es
cruel se hace sentir con una rntens1dad tortura~te, molesta y entume los miembros y las
energías. Es un frío seco, un frío desnudo,
que ni siquiera se trae la envoltura consoladora de una sábana de nieve, que ho trae di ver·
siones de invierno, que hiere sin piedad y no
permite que las aguas se congelen para que
sobre la tersura del hielo tracen los patines sus
caprichosas parábolas.
No tenemos ni diversiones invernales ni defensas contra el frío, porque nuestras habitaciones están hechas para la legendaria primavera perpetua y no tenemos el recurso de acercarnos á la chimenea y escuchar, al amor de
la lumbre los cuentos fantásticos de la abuela
ó los mur~ullos inefables de una canción de
amor ........ .
En México hace frío, pero no hay invierno ...
Porque el invierno no significa sólo el descenso de la temperatura, no es solamente la sensación de hielo que flota en la atmósfera; el
invierno es la nieve que cae, la leña que crepita, el vaho que d.ise~a fantasías sobr~ las v~drieras. Eso es el mv1erno; no estos dias grises que como enormes capeloe, vienen á posarse s¿bre nuestra Mesa Central y entristece11
la vida de la metrópoli.

***
Sin embargo, el frío es eminentemente voluptuoso. No en sí mismo tal vez, sino en las
sensaciones que la defensa procura.
Cuando transitamos por las euHes, envueltos en abrigos y paletós, y sentimos sobre el
rostro las mil aguzadas agujas del cierzo, nos
invade una egoísta satisfacci6n al considerarnos defendidos contra esos embates.
Sobre las baldosas helad!-1,S los tacones producen un ruido más seco y más sonoro que en
otros tiempos, y es un deleite marchar por calles y por plazas, bien abri~ados contra las
burlas del frío.
Las mujeres en invierno tienen mil recursos
para aumentar sus encantos y su misterio. El
frío les permite enmascararse á medias con
esos mil inventos de la moda que, confeccionados de telas, de pieles ó de plumas, arropan
cariñosamente los cuerpos friolentos y esfuman las características de las siluetas conocidas y encubren coquet.amente los rostros banales á fuerza de vistos, para sólo dejar adivinar una cabecita fina que se asoma entre las
fantasías del abrigo.
La mujer metropolitana, fina y nerviosa, es
adorable cuando se atavía de invierfio; tan
adorable, que fuera merecedora de fríos más
intensos y más largos. ¡Pobrecilla! Es lásti-

EL MUNDO ILUSTRADO
ma que no lleguen á nosotros los placeres invernales, porque ellos ofrecerían á la mtltropo•
litana un cam¡.,o vasto para lucir sus gracias.
Esos pequeños pies, cuya fisonomía ( véase
el texto del Dr. Flores) va haciéndose cada
día más sonriente, merced al cuidado nimio
que las m ujeres de México van poniendo en
su calzado, piden á gritos las emociones del
«patinage»; y al verlos trotar sobre el asfalto,
se experimenta un deseo loco &lt;le que, por un
arte de maravilla, se congelase el romántico
lago de Chapultepec, para que aquellos piececitos pudieHen lucir su agilidad y su finura,
armados de minúsculos patines, y conduciendo á sus poseedoras como en una fuga 1le ensueño y de placer.
Deci&lt;lidamente, ya que el frío es tan intenso, tenemos derecho para pedir que el invierno sea completo, y que no se limite á cubrirnos con ese capelo gris que entristece nuestra
vida.

EL MUNDO ILUS'l'RADO
y un volcán de purísimos antojos
bajo la curva trémula de un seno!

III
Una noche muy fría. Llueve.... llueve:
el trágico fantasma de la tisis
pasa sobre la nieve!
Es la salida del teatro. Hueca
resuena entre el tumulto
ruidoso, una tos seca!
IV
Unos ojos abiertos, exaltados
como los de una liebre
y algunos rizos luengos y dorados
por el sudor pegados
á una sien escavada por la fiebre!
V

Pisadas silenciosas!
Relampaguear de cirios!
Olor de frescas rosas,
de azucenas y lirios....

***

En México no se conocen los verdaderos
placeres del invierno. La poesía invernal nos
es incomprensible y por eso, . al recorrer las literaturas del Norte, muchas veces nos encontramos con símbolos inexplicables y con sensim1entos que se escapan á nuestro análisis.
Ibsen, Sudermann, Dickens, están llenos de
la gloria invernal; Goethe ha cantado los placerPS del hielo con un entusiasmo que á nosotros podría parecer .... .. pueril. Y sin embargo, todos los genios del Norte han hecho bien
en glorificar el invierno, porque en los países
del Norte el invierno es la estación de la poesía nacional.
En la calle y en la casa, el invierno ofrece
maravillas. El deleite de sentarse cabe el fuego, la familia toda, grandes y chicos, debatiendo los asuntos más tiernos, rememorando
añoranzas en los viejos y sembrando imperecederos recuerdos en los jóvenes; cuando el
frío de afuera, franco y completo. parece que
aprieta á los miembros de la familia unos contra otros, obligándolos á la unión y congregándolos-sin símbolo-en torno del hogar;
ese deleite es algo que á nosotros nos falta, algo que con nada podríamos sustituir, y que
es engendrador de ternuras, de anhelos y de
saudades especiales.
Por eso hemos dicho que nuestro invierno
es malévolo; porque nos ofrece las crudezas
del frío, sin compensaciones ni encantos; porque no permite que encendamos fuego en las
estancias ni tolera que discurramos bajo el cielo estrellado. Nuestro i nvierno es hipócrita,
indeciso, falso y despiadado. Mata de frío y no
ofrenda las delicias de la chimenea. Es como
un traidor que ataca sin dar lugar á la defensa. Es un monstruo.
Porque si nuestra prensa de información
rara vPz da cuenta con fallecimientos por congelación, no es porque nuestro invierno no
mate, sino porque es un asesino «cerebral,»
cauto, precavido, que no se atreve á dar un
golpe de una vez, sino que atormenta lentamente á su víotima, la envenena paulatinamente, debilita sus pulmones, infiltra en ellos
el germen de la tuberculosis ........ .
Y luego, cuando llega la primavera y la estadística de la mortalidad arroja cifras enormes, la gente llama asesina á la primavera.
¡Pero cuántas de las víctimas son .hostias rezagadas del invierno!
S'l'RINDBERG.

MICROPOEMA
I
Una cuna rosada que la luna
tras de un cristal con níveo rayo armiña
y en el mullido fondo de la cuna
'
un ángel... ... .. una niña!

II
Unos ojos ardientes, unos ojos
en que el azul del cielo es más sereno·
tersa piel, blancos dientes, Jabios roj~s

Domingo 18 de Eoei.'O de 1!903. _

.-.

JULIO FLORES.

NuevoMinistro de Gobernación.
tambios en d 6abinete.

E

L viernes á las doce del día, prestó la,
protesta de ley ante el señor Presidentede la Repúblic¡i., el señor don Ramón Corral, nombrado últimamente por el .l!;jecutivo
Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación. El señor General don Manuel González Cosío, que desempeñaba ese alto puesto, pasó á encargarse de la cartera de Fomento, en substitución del señor Ingeniero don
Leandro Fernán&lt;lez, que se hizo cargo de la de
Comunicaciones y Obras Públicas. Para Secretario de Guerra y Marina, fué designado,
por último, el señor General don Francisco Z.
Mena.
Tanto el nuevo Ministro de la Guerra, como
los sefiores Ingeniero Fernández y General
González Cosío, rindieron también la protesta
el viernes pasado.

SR. O. RAM O N CORRAL, Secretario de Gobernación.

SR. G RA L. O. FRA N CI SCO Z. M E NA, Secretario de Guerra.

(Fot. Valleto..)

***
El señor Corral, que por primera vez forma
parte del Gabinete, nació en Alamos, Honora,
el 10 de enero de 1854, dándose á conocer primeramente como periodista en «El Fantasma,&gt;
y ccLa Voz de Alamos," publicaciones de combate que fundó y sostuvo.
El año de 1875 tom6 las armas contra el jefe revolucionario Gral. Pesqueiro, y muerto
éste, desde las columnas dela ccRevista Histórica del Estado" hizo un estudio desapasionado y justiciero de aquel jefe, reconociendo los
importantes servicios que prestó á la Reforma.
Después, y sucesivamente, fué electo Diputado á la Legislatura de Sonora; desempeñó
por algún tiempo el cargo de Secretario de
Gobierno; tomó parte en la formación de algunas leyes, hoy vigentes, relacionadas con
el Ramo de Hacienda, y colaboró con el actual Magistrado á Ja Suprema Corte, Don
Eduardo Castañeda, en la revisión del Código
Penal del Distrito, para su adopción en Sonora.
El fü. Corral ha sido también Diputado al
Congreso de la Unión, y Gobernador de su
Estado natal en dos ocasiones. Durante su administración se llevaron á cabo en Sonora mejoras de mu.cha importancia.
Por último, estuvo al frente del Gobierno del Distrito desde el 18 de Diciembre de
1900, captánd·ose en el desempeño de su cargo, los elogios de la prensa y de la gente sensata.

***

En cuanto á las demás personalidades que
integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz, hemos dado ya/\, conocer en nuestro semanario
sus datos biográficos. Sus servicios como colaboradores del Sr. Presidente, los hacen, sin
duda, dignos de la confianza que en ellos
deposita el Primer Magistrado.

SR. GRAL. D. M A NUEL GONZALEZ COSI O,
Sec retari o de Fomento.

(Fot. Va.neto.)

SR. ING. D. LE AND RO FERNA NDEZ, Secretario
de Comunicacionea,
(Fol Schlattman.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

NOCTURNO.

-ro~
,~ ..

Al llegar á su alcoba,
obscura y solitaria,
la engañosa careta.
á pedazos arranca,
y queda al descubierto
aquella faz tan pálida
que entre los muertos mismos
honda im presi6n causara.

rr~--·•••·.,"'"''"'••·•"•·

'

Elévanse en tumulto
aquellas notas raras
que las nocturnas aves
escuchan espantadas.
Y crecen, siempre crecen ...
Hasta que al fin el arpa
prorrumpiendo en un grito
de odio y amor, estalla!
FABIO FLALLO

PINTORESCOS.-La Venta de Cuaji'malpa .

Brillan de bélico deseo
sns pupilas de halc6n en la espesura
y hay heroicas barbaries de trofeo
en la furia triunfal de su escultura.

CINEGÉTICA.
Duerme la loba.
Cual colérica ceja
está encorvado el arco de raoba.
El dardo va, como una enorme abeja
zumbando al viento,
y del ijar á las nerviosas patas
cae un ch orro sangriento
cual racimos de abejas escarlatas.
Alza un nemrod coloso
el gran bronce del busto entre las ramas.
Crispa un soplo febril su vello de oro,
su tím ida nariz resuella flamas.

_)

.. - ~ - ~~--=

tos "J:itbuani."
¿Eran de Lithuania?
¿Quién sabe?
El mayor de los aplaudidos acróbatas, el
director de la familia de «los caballeros acrobáticos», decía que eran franceses, y así lo repetían el hermano siguiente, más fuerte, más
brusco, más hombre en apariencia (y más borracho) que Félix, y así lo aseguraban los dos

Si después de haber veetido al desnudo, le
echas en cara tu favor, es lo mismo que si lo
desnudaras ele irnevo.-FILEM6N.

....._...-

..-.

--Un Filósofo.-=(Cuadro de Fabrés.)

E l pensamiento es un poder; y el talento,.
una libertad.-VICTOR Hrno.

***

Los insolentes en la prosperidad, son siem•
pre viles eñ la desgracia.-.ANóNJMO.

i:_iiños que completaban la fam ilia de «Los Lithuani», como se anunciaban ante aquel público. ¿Quién sabía cuál era su apellido en
verdad, y de d6nde eran verdacleramente nativos? ¿Acaso no lo habían olvidado ellos m ismos?
Su patria era el circo, dondequiera que estuviese: en el circo vivían: vivían por el circo
y por tanto alentaban para el circo.
'
Nada les importaba ese mundo que se agitaba allá afuera de aquel recinto y que venía
á aplaudirlos alegremente cada ~oche.
Lo q ~e ~ ~llos importaba era estar seguros
en los eJerc1c1os que presentaban: "saltar siempre con limpieza, no errar los saltos sobre los
h ombros, no necesitar la repetición de las
suertes que pare_cínn m{~s difíciles al público;
en caso necesano repetir contentos la suerte
fracasada; y sobre todo, sonreir, sonreir siempre, aun cuando hubiesen sufrido una torcedura", era el semidecálogo que Félix repetía
á sus hermanos.
Y ¿serían en verdad sus hermanos?
Raramente y desgraciaclarnente eran en verdad hermanos los que formaban la familia de
los acr6batas que habían llegado á ser los artistas prefe~·!dos del público en aquel circo que
daba «func1on todas las noches, jueves tarde
y noche, y domingo y días festivos mañana
tarde y noche,&gt;.
'
'

-

-

,,

Es un ocaso:
incendiado del sol el bosque arde,
y un águila gigante va de paso
reinando en los azures de la tarde!
LEOPOLDO LUGONES.

.,¡- n"

~-

Vibra al principio trémula
en sus manos el arpa,
con un preludio lento
de notas apagadas;
después surge el '·motivo",
y es su armonía extrafia
inaudito concierto
de risas y de lágrimas.

SITIOS

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO

En efecto, había entre ellos un parecido
aceptable, como el parecido de familia; todos
cuatro eran rubios, de frentes amplias, de ojos
verdes, de cuerpos bajos y robustos; hasta llevaban todos, para completar el parecido, anchas huellas de viruelas en el rostro.
Era el de «Los Lithuani» un o de los actos
que á mí, como á la mayoría del público, más
agradaba, y que esperábamos con ansia.
Siempre era el acto
7?--Acr6batas .................. «Los Lithuani»
y después seguía:
«Intermedio.-10 minutos.,&gt;
A cada suerte, á cada trabajo, el público
rompía la mon6tona pieza musical americana,
con salvas de aplausos, y aún con gritos entusiastas. ,
Era de verse &lt;tla limpieza. y precisi6n» con
q.ue ejecutaban sus trabajos y el cariño que se
demostraban los artistas, como se ha dado en
llamar (i todos los trabajadores de circo, á semejanza, y acaso con la misma razón que á
muc:hos trabajadores en mármol ó en «terracotta,&gt; y á muchos majaderos en palabras 6 en
notas musicales.
Antes de comenzar una nueva suerte, cuand_o se embreaban pies y manos los acr6batas,
siempre el di rector acariciaba la carilla pálida
de la niña 9ue iba rápidamente, por el desarrollo de piernas y brazos, camino de la pubertad, la besaba en la frente y la empujaba
C?~1 suavi_d~d al centro de la pista, y así tamb1en acanc1aba la cabellera rizada del muchacho que siempre serio y casi mal humorado,
cumplía cronométricamente con sus ejercicios
y s?lo plega1?a al público la boca grande, d~
· labios promrnentes, en un gesto más de amargura y odio, que de satisfacción y gratitud
cuando daba las gracias por los aplausos que
le regalaban después de sus trabajos.
Ese día:
Ya los programas lo gritaban en letras muy
g!andes y muy rojas, como buenas norteamencanas: «Beneficio de «Los Lithuani,&gt; .-Actos nuevos.-Gran sensaci6n.-La escalera de
«Los Caballeros Acrobáticos. i&gt;

,11~

. .: :

/.

~

'

Y todavía el acto no resultaba bien; todavía el chiquillo de boca plegada por gesto extraño, no podía sostenerse con seguridad, de
cabeza sobre la cabeza fraternal.
F élix se adaptaba á la redonda y dura cabeza, cabeza que dijérase escapada de un boliche, cabeza de acróbata, la r uedecilla acolchonada que sujetaba un barboquejo, y colocaba
encima, cabeza sobre cabeza, al pequeño Luis
provisto de la mandolina, la vieja por supuesto, que la vistm,a que tenía incrustaciones de
concha, era sólo para ia funci6n, para lucirla
y cuando no tuviera gran peligro, porque y~
Ja suerte resultara.
Entonces al compás de la música del niño
bocabajeado, empezaba Félix á ascender la es:
calera oblicua que conducía al pedestalillo,
para descender después por la otra igual escalera, siempre F élix con la vista clavada en
su carga, y balancP.ando cabeza y brazos para
conservar el equilibrio. «!l'fignón»- así llamaba el redactor de programas á la pequeña
acróbata de piernas y brazos gruesos y cortos
y carilla pálida- seguía por abajo la marcha
del grupo, pronta á prestar su ayuda al muchacho, si caía de la cabeza fraternn l.
Félix, sudoroso, chasqueaba el pulgar contra el medio, mientras el niño rubio, todo en
temores, rasgueaba el instrnmento y encogía.
6 alargaba las ¡Jiernas para buscar ~l salvador
equilibrio.
Los labios prominentes de su boca ancha
iban resecos y los ojos tijo3 siempre con la
mirada tendida hacia su frente, tom'a:ban decuando en cuando nublazones lacrimo~as.
Llegaban hasta el peldaño sexto 6 séptimo.
de I~_escale.ra azul ~ tendida oblicuamente, y
el mno vacilaba ......... y caía salvando siempre en la izquierda la mandolina, mientras
con la derecha desesperadamente abierta buscaba el apoyo que siempre le ofrecía oportunamente la «l\1ignon».

�Domingo 18 de Enero de 1903.
Entonces era cuando al propio tiempo que
se arrancaba el barboqu&lt;'jo y la ruedecilla
acolchonada, prorrumpía Félix en sus denuesios y en sus amenazas que iban in\'ariablemente perseguidos por los estrujones que imprimía al chico para adaptarlo nuevamente ú
la cabeza.
Y el niño protestaba primero.
-¡Oh! yo no puedo; no es tan fácil; tenga
paciencia.
(Aquí seguía la injuria: imbécil, estúpido
... ...... podía irse á robar; el trabajo no era
para él.)
-Vamos otra vez; cuidado, much.o cuidado.
Subió el acróbata que ante el público acariciaba antes de cada suerte la carilla pálida
de la niña y pasaba la manota sobre la cabellera rizada del niño.
Sólo se oía en el circo, á la 1-30 de la tarde, el sonillo de las cuerdas de la mandolina.
El gran circo estaba ya vacío; sólo en el
centro de la pista ensay:iban ellos, «los beneficiad os. &gt;1
Ya los acomodadores habían acabado de
arreglar por numeración las lunetas que los
concurrentes desaneglaran la noche anterior,
en su salida pre,rnrosa que no respetaba el alineamiento de los pasillos, y ya habían dejado
los mismos azules acomodadores limpios de
programas ajados el suelo y de polvo negruzco las barandillas de los palcos.
Ya los maquinistas habían preparado en el
foro la casa pobre para «Los Reyes del patín»
y habían corrido á medias el telón de anuncios.
Sólo se oía el sonido de las cuerdas de la
mandolina, la respiración agitnda de Luisillo,
y á inter\'alos irregulares el 11am golpeado de
Félix sobre las tablas de la escalera, y aquel
cha.,quido del pulgar contra el medio, ruido
con el cual el director de la familia de cccaballeros acrobáticos» quería mantener provechosa la 'ltención del muchacho, á fin de que no
rodara nuevame:1te al suelo.
No se oían los pasos de «Mignón», porque
pisaba sobre el serrín, y porque calzaba las
alpargatas de ensayo.
Llegaron los hermanos hasta la plataforma
que separaba las escaleras opuestas oblicuamente.
Félix respiró con fuerza, y dejó salir un
«vaya,, de descauso; pero al t.mpezar el descenso por la otra escalera, el niño perdió el
equilibrio y cayó hasta el suelo de la pista.
Apenas pudo ccMignón» detenerlo para que
el golpe no fuese muy fuerte, y por encima de
los brazos de ella salieron las manos de él: la
derecha abierta buscando el punto de apoyo,
y cerrada la izquierda apretando el brazo &lt;.le
la mandolina.
De un salto cayó Félix al lado de los niños
que, conocedoras de su suerte, ya temblaban.
Efectivamente: el director de la «familia de
acróbataS&gt;J rugió tres injurias, y descargó con
fuerza sobre la carilla pálida del niño, la manota ennegrecida y llena de cicatrices.
(No deben ustedes asombrarse: aquello en
el ensayo era siempre igual, á diario, porque
á diario ensayaban. Sólo en las funciones,
¡qué fraternal y qué hermoso era el cariño que
&lt;lemostraba á los hermanos Félix el director;
acariciaba la carilla pálida de la niña, la besaba en la frente, y pasaba la mano por sobre la
caballera rizada del muchacho que, siempre
serio, mal humorado, cumplía cronométricamente con sus ejercicios; solamente plegaba
al público los labios en un gesto más de amargura y de odio que de Ratisfacción y agradecimiento cnanclo le aplaudían sus trabajos. Desde las primeras suertes que el muchacho había ensayado, recibía como castigo la bofetada, y como premio un jadeante: ya está
bueno.)
La sangre saltó de la boca y la nariz de
aquella carilla ac.-obática, y «Mignón» sacó
de entre la banda del vestido viejo-el vestido de ensayo que en algunas partes dejaba
asomar la rosada carne-un pañuelo grande y
floreado.
Félix, gruñendo otra injuria para la criatura, se fué hacia la puerta para gritar á la can-

EL MUNDO ILUSTRADO
tina que le mandaran una cerveza, y volver á
trabajar.
Luis le repitió cuando ya estaba lejos, como siempre:
-Cuando yo sea grande,. me largaré.
Félix volvió la cara, y rió con provocativa
burla:
-Bien, bien: lo veremos ..... .
Sentado ~obre el redondel, apoyando los codos sobre las rodillas y la cabeza en las palmas ele las manos, quedó cubierto por la penumbra del circo, Luis, que sollozaba fuertemente y agitadamente. Se le mezclabaH en la
cara sudorosa, las lágrimas y la sangre tibias.
Entretanto crl\Iignón», apoyándole sobre la
espalda una mano, con la otra le ofrecía silenciosamente el pañuelo, sin acertar á consolarlo con palabra.«,y acercaba á la cara sangrienta
el contraste de su carilla púlida.

Domingo J 8 de Enero ele 1903".

EL MUNDO ILUSTRADO

Como es sabido, anualmente Ee celebra en
la pintoresca población de CoyQacán, un certamen de pájaros, peces y flores de ornato.
Luciclísimos son estos co11cursos y á su mayor
realce contribuye la presencia de damas dis•
tinguidas de nuestra sociedad, quienes se encargan de repartir los premios, alenta.ndo con
ello á los expositores.
Dentro de poco se efectuará el certamen correspondiente al año actual, y con ese motivo
publicamos el anverso y reverso de las medallas que se otorgarán como prernios. Por los
grabados se puede ver que dichas medallas serán verdaderamente artísticas, pues los bajosrelieves están trabajados con exquü,ito gusto.
La Junta Directiva de la Exposición publi-

á 1!éxico, y cumpliendo con la ley de lamateria, sustentó examen en la Academia de San
Carlos, siendo aprobado en él por unanimidad. A partir de aquella época, comenzó á tomar parte en distinto,, concursos artísticos y
á dirigir la ejecución ele importantes obras arquitel)tónicas, figurando entre éstas como unas
de las principale,:, el teatro J uárez' de Guanaj uato, y la Aduana de Santiago. El primero

corregir, en la parte interior algunos inconve-·
nientes que presenta en la distribución de los
salones, escaleras, etc., etc.
Las dos casas que tienen vista á la 31!' calle
de Colón, serán derribadas, según el proyecto,
para substituirlas por una serie de salas queocuparán las secciones, en la planta alta, y el
archivo en la baja. La fachada principal se
elevará convenientemente , construyéndose

EXP0SICI0N DE FLORES EN C0Y0ACAN.
Anverso y reverso de las medallas que se otorgarán á los vencedores.

El muchacho, ele pronto arr~bató el pañuelo y rugió más y dijo:
-)Ie largaré cuando sea hombre, sí; me
largaré ó lo mato!
,c:\Iignón&gt;, casi lloró:
-No digas eso...... .
(Yo, que era empleado de la empresa, desde mi escondite, tras la cortin3 roja que en la
última grada servía para disimular en unas
noches la ausencia del público que algunas
vfces llegaba á demostrar su hastío por la monotonía del espectáculo, comprendí por qué
motivo la misma empresa nos prohibía la entrada á los ensayos. )
Y por la noche, cuando ante el público se
presentaran los cccaballeros acrobáticos,&gt;, 1ujosos, sonrientes, y Félix acariciara y besara á
los niños, ¡cómo estaría gustoso el público,
cuánto simpatizaría con los artistas y hasta
qué ruido los aplaudiría!. .... .

***

cará en estos &lt;lías las convocatorias para el
certamen mencionado.

Dirtctor dt ta Escutla dt Btllas .Rrtts.
Para cubrir la vacante &lt;¡ue como Director de
la Escuela Nacional de Bellas Artes dejó el
Sr. D. Román S. de Lascurain, por renuncia
que hizo de su puesto, fué designado por la
Secretaría de Justicia é Instrucción Pública
el Sr. D. Antonio Ri\'as Mercado, notable arquitecto que cuenta en su abono con facultades muy poco comunes.
La personalidad del nuevo Director de Bellas Artes es suficientemente conocida y, por
lo mismo, nos limitaremos á consignar aquí
sus rasgos más salientes. El Sr. Rivas Mercado hizo sus estudios en París, donde recibió
el título de arquitectico y obtuvo seis medalJas de oro como premio á sus obras. Al venir

Reformas al edificio de la Secretaria de

de estos edificios, sobre todo le ha valido
muchos elogios.
'
En la actualidad, el Sr. Rivas .Mercado tiene á su cargo la construcción del monumento
á la Independer.cia que se levantará en la
cuarta glorieta de la calzada de la Reforma.

Lt\ SACUDIDA.
Es dolor ó placer, golpe 6 halago;
en l?s dulces espíritus, consuelo,
lluvia reparadora que del cielo
devuelve en gotas el ~apor del Íago.

En un periódico de una ciudad de la República, he leido que en cierto restaurant, mientras
comían varios artistas de la compañía de circo qne acababa de llegar, un jo\'en se arrojó
sobre otro hombre, y con el tenedor que usaba en la mesa, lo hirió varias veces ferozmente. Se agregaba que el heridor y el herido eran
hermanos, y que éste estaba muy grave. ,,.Parece que antes, durante un ensayo, el mayor
de los dos golpeó con crueldad al otro.»
......... Y yo be pensado en «Los Lithuani&gt;i
y en el público que tanto simpatizaba con
aquel cariñoso hermano que siempre suavizaba caricias sobre la carilla pá,lida de «Mignón»,
y por sobre la cabellera rizada ele Luis .. .
A pesar de todo, ¿se acuerdan ustedes dela
cara mal humorada, y del gesto más de amargura que ele satisfacción y gratitud que plegaba aquella bor:a grande de labios prominentes?........ .
FRANCISCO ZÁRATE Rurz.

Relaciones.-Fachada principal.

Et Edlfdo dt ta Stcrttaria dt Rttadonts.
Por encai:go de la Secretaría de Relaciones,
el Sr. Arqmtecto D. Nicolás Mariscal, ha proyectado algunas reformas al edificio que en la
calle de Patoni ocupa la Secretaría mencionada.
_La~ reformas á que nos referimos tienden
prmc1palmente á dar á la construcci6n que
ahora se confunde por su estilo y prop'orciones con las casas particulares, una apariencia
más adecuada al objeto á que se destina, y á

otro piso rematado por un ático de hermosoaspecto.
Como puede verse en los grabados que ofrec~mos en esta plana, el Sr. Mariscal se ha
aJu.stado e? la !ºi:mación de su proyecto, al
estilo arqu1tectomco del actual edificio.
Mejor es que venga l~ virtud acompaíiada
c~m la pobre~a, que la riqueza con la violencia;, la frugalidad con la salud, que la glotonena con las enfermedades.

Es en el pecho mi&amp;erable estrago
co!ltra toda virtud maldad' y duelo
Sacuden á la vez, ~elos á Otelo,
·
á Desdémona amor, envidia á Yago.
Va acompaña1,clo á cada sacudida
un germen propulsor de muerte ó vida
Es delito en la mente depravada.
·
nuevo ser en el seno fecundado
rede.nción en el pueblo subyugddo,
Y crimen en la tumba despeñada!
j\JA~UEL

Sr. Arquitecto O. Anton:o Rivas
Mercado.

S.

PICITARDO.

Reformas al edificio de la Secretaria de

Relaciones.-Fachada posterior.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'ltADO
mi paseo, luego me detuve; cuando me cansaba de ver en el espejo, enarbolaba mis «gemelos» y veía furiosamente haf'ta que el tortico\i me rendía y tornaba á mi espejo y así
hice las tres \'eces que estuve allí, pues aunque estuve cuatro, la última no la cuento, porque solo vi al Papa.

***

' «Michel piú che terreno, angel divino", como dijo el Ariosto, era, ya se sabe, ei emperador sin bP.rederos de la escultura cincocentista. Así lo creía Julio U cuando le encargó
su sepulcro; ya estaba listo el ángel para desbastar los dos mil quintales de mármol que
en bloques formidables había hecho arrancu
á las canteras de Carrara, cuando el Papa varió de idea y quiso hacer del escultor un pintor. Furioso de horror y de ira, Miguel Angel
se evadió del pontífice, que no ce3Ó de rechmarlo á la sefioría de Florencia; hasta q 11e
por influjo de lo'I jefes de la República, del
gran bonachón Soderini, sobre todo, el artista tornó á ponerse en contacto con su iracundo Mecenas: el Papa acababa de aplastar á la
republiquilla de Bolonia y á sus jefes ·ó tirnnos que pretendían emanciparla del yugo romano. El escultor levantó al guerrero triunfante más bien que al Papa, un monumento
coronado por la estatua pontifical, digna de
un emperador de los tiempos altos (de esa estatua derribada por los boloñeses c·n un día
de exaltación republicana, no queda un· solo
fragmento). Y luego, ya sereno y resignado
á ser pintor, volvió á Roma, subió al departamento del Vaticano en que estaba la vasta Hala cuyos muros laterales estaban decorados
por frescos de Sandro BottiJelli, de Pinturri-

chio, de Ghirlandaio, de Signorelli, curiosos,
interesantes, bellos, apagados hoy por los destellos del estupendo reflector encendido en la
bóveda; vió, levantó su enorme andamio, hizo venir de Florencia unos cuantos artífices
que le enseñasen los secretos de la pintura al
fresco, se acostó eir su antro oculto junto al
techo y pintó, pintó, pint6 cuatro años largos. Ya su barba y su vientre se habían unido por un hof'io deforme, su rostro estaba sin
cesar maculado y convertido en mosaico por
el gotear de los pinceles y aquel hombre no se
sentía pintor, «ne io pittore». Bajó un día,
quitó sus andamios y vió todo lo que había
hecho. Tenía razón; aquello era una escultura ó una pintura esculpida. Roma entera. desfiló bajo la bóveda, desconcertada, estupefacta, atónita; la admiración vino al fin, dura.
todavía, durará cuando la :marteada bóYeda y
los frescos gigantescos hayan muerto.
Y allí fuí un &lt;lía, después de visitar largamente la basílica pontificia; pasé cuatro horas, sentí una fatiga infiñita, una trepidación
psicológica inexpresable, un deseo inmenso
&lt;le dar un grito que resonara corno un trueno
durantE; un &amp;iglo, un deseo inmenso de callarme para siempre. Dorm~ diez 6 doce horas
seguidas, si no me habría muerto.

***
¿Qué ·hay, pues, allí? No sé. Es como si un
Hirnala.ya ó un Ande le pusiera á uno la mano
sobre la cabeza. Es ésta una de esas obras
huma.nas que son, para nuestro limitado espíritu, superiores á las obras de la naturaleza;
éstas producen una sen!'ación envuelta en el
misterio, que es una emoción; las obras del,
genio complican la sensación y la emoción
con un mundo nuevo: el pensamiento. La bóveda de la Sixtina piensa.
Es un poema. plástico ¿hay otro igual? ¡Y
qué mal prevenido iba yo! Varias personas
me habían dicho en México, en París, en Madrid: ¡la Sixtina es una disilusión, es un «camelo»! El Juicio final, una rapa bituminosa.
en donde se amontonan hércules de feria en
convulsión; la bóveda, una placa de cuadros
apagados entre un laberinto de figuras desnudas y figurones vestidos; los desnudos, obscenos no por desnudos, sino por fuertes.
Entré, arreglé mis anteojos y vi durante
una hora C&lt;el Juicio final»; Iu ego tomé u no de
esos espejillos muy bien plateados que alquilan los guardianes de la capilla al entrar y fuí
viniendo paso á paso desde el lado contrario
al «Juicio», que fué por donde comenzó l\Iiguel Angel; luPgo rehice en sentido contrario

Sí, señores, permítanme ustedes ante todo
rezar por los que Yen un «camelo» en la Sixtina. ,,Perdónalos, Señor, no saben lo que diCP.n. Y si lo saben, Señor, por qué no has
permitido que yo fuese en su lugar, ruantns
veces han idu ellos? RehazleR, Señor, la mollera y líbranos de mal. Amén.,,
-Lo que sucede, me decía uno de pi;os aniigos míos, es que ibas "suge"tionado» por todo
cuanto has leído, clesde ·wíncktlman, &lt;le,&lt;le
Goethe, desde Michelet, ( no, esto no lo decía
él, lo digo yo) y Montegut, y Taine, y .Burckardt, y Klaczko, y Castelar (y fa mar) y
naturalmente no es uno hombre &lt;le talento, si
no le gusta la Sixtina y tú quieres pasar {1 todo trance por homlire &lt;le talento, sobre todo
á tus propios ojos.
-¿De modo que no me ha causado una
impresión inmensa la Sixtina·? ¿De suerte que
&lt;"S pura «pose" la mía?
-Lo juro.
Yo os juro, lectoref', que ésta es una calumnia infame. Os juro ...... Pero en fin, vayan
ustedes á ver...... ¡Y llévenme!

**"
Ojos, anteojos y espejo me mostraron esto
sucintamente; una ilustraciún de la :Biblia.,
una Biblia plástica ¿lo he dicho ya? Pues lo
repito: un poema plástico, austero, titánico,
hecho con puro material humano que á fuer za de sencillez y de idea se vuelve di vino. Cou
puro material humano; allí no hay más que
piedra y músculo vestido ó desnudo; más bien
desnudo. Todo es pintado, piedra y músculo:

el limpio cañón de la b6veda se volvió un_a
arquitectura: entablamentos, tímpanos, p1la.strai:, ménsulas, cariátides, cornisas suben
del muro al centro, en donde, entre fuertes
marcos arquitectónicos, se desarrollan en trípticos conjugados cuatro grandes cuadros ( iba
á d ecir tapicerías) y cinco pequefi.os que rep re.-;entan los primeros momentos del Génesis: una teogonía, una cosmogonía: un surgimiento de la divinidad, un surgimiento del
uniYerso, un surgimiento del hombre, un surgimiento de la humanidad. Dios naciendo
del caos; Dios distribuyendo el cosmos, es
decir creándolo; Dios recorriendo su imperio
(« l~I «Pneuma&gt;: de lah,·é era llevado sobre las
agua;;»); D io,; com unicando al hombre lacentella psíquica, «animándolo».
Luego el drama humano: el idilio preliminar: Eva; el primer acto &lt;le la. tragedia: la necesidad de conocer, la Ciencia y su satánica
epifanía en el E&lt;lén; la expulsión del Paraíso
á este valle de lágrimas. (La mirada de Eva
es un mundo de dolor. de espanto y de esperanza. Parece decir: ya sé lo que es la desventura; no importa! l\Ie llevo unos momentos de
paraírn conmigo, me llevó el amor). Def:¡rnés,
ó poco después, aparece la humanidad en el
Dilu\·io (siniestro, sublime cuadro en su ho. rror y en su color) en fin, los hijos &lt;le Noé,
las razas, el .insulto al P_adre, el origen de la
raza maldita......... La redención por el agua·
que se llamó el Diluvio no había bastado;
reaparecía el pecado al otro día del castigo,
era preci;:a la redención por la f'angre .... . . Y
comenzó la preparación: eso es lo que anuncian esos profet:1s, esas sibilas, todos pensando, todos meditando, todos escudriñando la
ciencia humana para vislumbrar la ver¿ad divina: héla aquí: el olesías vendrá. Ved estas
familias pobres, sin historia ó con la misma
monútona historia de labor y esperanza infi nita&gt;&lt;, estos grupos de los tímpanos: pues allí
se elabora la buena nueva, de esas entrañas sociales nacerá el Cri~to. ¿Y será vencido el pe-

Domingo 18 de Enero de 1903.
cado? ¡Oh! no, el mal es eterno, el mal renacerá perpttuamente.... Y entonces habrá que
extinguir la humanidad, habrá que reincorporará Dios lo; buenoR y al mal los malos.
¿.Y cuúl será entonces el objeto de_ l_a lucha'?
Misterio, abismo. Eso cuenta "el Ju1c10 finaJ,,_

***
Y no hay más, como pensamiento; no hay
más en la bóveda de la Sixtina, á pesar &lt;le
que no ha habido visionario, soñador, .filósofo ó teólogo que no haya leído estas pí1ginas
maravillosas como los intérpretes las pictografías, descifrando símbolos y desatando enigmas. No, la interpretación vuelve estos episodios á su genuino sentido y de esta version
plástica del libro '!anto, sólo puede extraerse
lo que allí puso el arcángel-poeta del pincel y
del cincel: el libro santo.
Sí, pero si Miguel Angel no puso allí una
metafísica esotérica, de esas que solo pueden
comprender los iniciados, sí pu~o una alma,
su alma, su alma inmensa. Esa alma, ya se ha
copiosamente dicho, y no podía menos, y es
cierto, era la de un di~cípulo de Dante y del
dominico quemado por orden de Alejandro
VI, de Savonarola. Estos dos profetas, ardientes, batalladores de la verdad y del bien, descomponían la luz del mundo en un espectro
de tristeza, de dolm- y de ira santa. Era el de
ellos un pesimismo que no resultaba de esa
especie de fe en la nada como el de Schoperíhauer .v el de Leopardi ( 4ue es en la poesía
un Miguel Angel sin antorcha), sino el que resulta de la confrontación perenne de la realidad con el Ideal; confrontación dolorosa, más
amarga que la muerte. De este pesimismo estaba impregnado Miguel Angel. No hay una
sola sonrisa en aquel inmenso e&lt;lificio en &lt;¡ue
el material supremo y único casi es la figura
humana; hasta en las más dulces de estas figuras, la del padre Adán en su "animación", la
de Eva brotando de Adán dormido, la de la
Sibila délfica, que es una maravilla de pensa-

�Domingo J 8 de Enero de 1903.
miento y de forma, l:t de esa divina mujer
que ~e viRlumbra más que se Ye en el tímpan,o coloc.:l;o entre Daniel y la Líbica, os dirnn ~l m!smo sentimiento; en ninguna enco:-!trar~1e m. un solo anuncio de alegría; al contrano, mientras más clulcel', más tristes.
Así es como aquel hombre que sufría físi~mente por !a ~ootura en que pint6 cuatro
anos ( él lo dice a maravilla en su famoso soneto.á Juan de Pistoia) izado en su tablado
altísimo; que sufría moralmentP. con las desgracias de su patria; que sufría intelectualmente por su inconformidad con lo existente
que le parecía todo onentado hacia el mal·
as1, es como aquel hombre feo (la fealdad sin-'
gular hace á los hombres 6 misántropos 6 bufos 6 ambas cosas) á quien un compailero de
taller, cansa.do de sus sarcasmos, había aplastado las nances de una puilada; aquel hombre ca&amp;to que nunca se vi6 -nel diletto della
carne involto,» que nunca tuvo más que una
gran p~si6n de espíritu, la &lt;le la pura y luminosa é mefable Yictoria Colonna; así fué como con su ~lma, más que con su pincel, pintó 6 esculp10, porque todo allí lo repito es
~cultu.r;1, la b6veda de la Sixti:1a: por es~ la
imprts1on total es supremamente melancólica. ¡Cómo! Hasta Dios es triste? Oh! maestro
si J?ios fuera capaz de tristeza se resumiría eÍ
Umverso en una lágrima!
Pero esa alma era una complicación no
una simplificación; cada alma es un agregado de almas; por eso la psicología, con
perdón del maestro Ezequiel Chávez, es todavía una especie de alquimia; para llegar en
estas almas compuestas al elemento irreductible y simple, á la ((faculté maitresse» de Taine, ¡qué trabajo! y cuán vano, casi siempre!
El alma de Miguel Angel se distingue por
el don formidable y doloroso de concebir la
forma, pero no la forma escueta macerada y
nimfa de los primitivos 6 de los ~ísticos, sino
plena, rotunda, enorme, lujuriante como solí~n concebirla los paganos, como la concibieron el autor del H ércules Farnesio 6 el autor del Laocoonte; solo un pa&lt;&gt;ano podía entender así ~a plástica, s6Io un pagano, sUo uno
de esos artistas que podían decir: la forma es
~do, en la ~orma está el alma, era capaz de
pi!:~r el Cnsto Heraklés del Juicio final y el
ceJiJunto Júpiter olímpico del fresco de la
Creaci6n de la Sixtina ( todas las figuras de
Jehovah pintadas en la bóveda llevan en la
frente el pliegue clásico del rost~o famoso del
Júpite~ de ~tricoli) son hechuras paganas y
lo son mfimtamente esos pares de mancebos
mara~illosos que decoran en posturas que
co~sbtuyen un reto á todas las leyes de la estát1~, los .ángulos de los frescos superiores,
l~s .«1gnudL». Plásticamente esas figuras son
d1vmas; pero la divibidad les viene de que son
soberanamente humanas· es la misma explicaci6n del antropomoríis:Uo helénico· á fuerza
de embeber
de serenidad de belleza 'de pen.
samien.~, una figura humana, la daban una
-9xpres1on, un verbo divino.
Pero ad~más de ser pagano, era este hombre, lo repito, profundo, intensamente cristiano en su obra. ¿Cómo esta antítesis? Pues sí,
Y ~n pr.ofunda que puede inferirse de ella, al
ex1Stenc1a de otra alma. Veía como un pagano, sentía como cristiano ambas cosas hondísi';Il~n_iente. Porque veí~ como un pagano,
la drnmdad adquiría bajo sus pinceles el aspecto colosal; los super-hombres de Nietzche
~o son más que dioses paganos, en el sentid~
mtelec~ual; así los comprendían los paganos
e~ su aspecto físico; los dioses en comparac1on .de los hombres eran titanes; Miguel Angel ~ie.m_pre pint6 6 esculpió titánicamente á
la divinidad. Sentía como un cristiano: nun.
ca fué de la secta orgullosa y selecta encarnada en aquel gran Farinata de gli Uberti, que,
según el Dante, veía eón tan soberbio desdén
al_in.fierno (como que no creía enél)· fué un
cnstiano de corazón; el ideal del cristi~no según el maestro que acabo de citar es ten~r el
coraz6n religioso, eoo basta Dios no exije
más. (Con vito.)
'
Pero, en honor de la verdad Miguel Angel
era un v~rdad~ro díscípul.o de Savonarola, que
hab~a de¡~do imbotirwble impresi6n en su ánimo J.uveml; quién sa~e si pertenecía al grupo
de discípulos del ardiente ~ominico, al grupo
)

)

EL MUNDO ILUSTRADO
que celebraba en secreto su culto y adoraha
sus reliquias: el fierro en que había sido ahorcado, el cilicio que el fuego no había consumido, el vino que habfa bendecido antes &lt;le
morir, sus cenizas quizás........ Así como el
fraile temerario que, sintiéndose un Elías ó un
Jeremías, había gritado á la faz de la iniquidad del mundo: «el Papa Alejandro YI no
c~ee en Dios",. así .l\Iiguel Angel empapaba su
pmcel en las iras, en las negras venganzas que
relamp~guean sin cel'ar en la sombra trágica
del antiguo testamento. El ceño de Dios cont:aí&lt;lo desde que el primer hombre aparece,
s1~u~ a~í al través de toda la preparación del
cr~st1~msm? durante la ley mosaica. ¡ La Biblia t~e.ne sm emb~rgo sonrisas y escampado3
de Id1ho! Esto lo ignora Miguel Angel, lo ignoró Savonarola; su cielo fué relampa&lt;&gt;ueante
y ne¡zro; s6lo el cielo del Paraíso tien~ el co.
lor del zafiro líquido que el profeta veía en los
frescos del Beato Angélico en las celdas de Sa11
Marcos; pero era este un cielo ideal el de ultra-tumba.........
'

*

.
* después de conT rernta
afios, según *creo,
cluída la bóveda en cuyos ángulos, como soportes &lt;le ~u. obra, Miguel Angel resumi6 la
moral del vieJ0 testamento en castigos terribles
(el de la plaga de las serpiente~ sobre todo
que es un prodigio de pintura c;uel) treint~
años después, digo, acab6 ele pintar s~ .Tuicio
fi.nal. ~l. es tll mismo, es la misma interpretac16n trag1ca y negra ¿Que es el cielo Dios mío
con un amo t~n fuerte, tan terrible,' tan poco'
capaz de sonrisa ~ de misericordia•? El «pauci
rerum sum .e!ecti» es la regla sin excepción,
allí, en el J ~1cio final; puede haber premiados
por sus méritos, porque conformaron su vida
á un ideal d~ austera virtud, porque vivieron
como Fra Girolamo quería que los florentinos
viviesen cuando fundó la república de Cristo·
pero no hay perdonados, no hay pecadores'
solo hay justo.s; pecadores sí hay, llenan eÍ
cuadro de lágrimas, de lamentos de actitudes
pavorosas, de contorsiones fr~néticamente
exasperadas, pero todos caen hacia el infierno
como caen los objetos hacia el centro de la tierra en virtud de la gravedad.
T?do ello no era más que la traducción de
la vida por un alma dolorosísimamente inconforme ?~n la vida, por un alma que había sido espmtualmente bautizada por Savonarola
é iluminada con luz ~obrenatural por el Dan:
te. Los que se creen mamados, los que se juzga~ por. algún defecto físico capital incapaces
de mspirar amor ( amor de mujer se entiende
que es. el a~or), los artistas que ~e sienten an:
tiestét1cos, o retan á Dios ó retan al mundo·
la obra entera de Miguel Angel el inmens~
poeta de la nariz aplastada, es u~ desafío, es
un anatema al inundo.
Pero es un himno perenne á la naturaleza
que P,ara él es.la fuer za, ya que no la gracia;
¡oh! a la gracia llega tan pocas veces! Cuando
representa al ser humano en la plenitud de la

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
vida, llega á algo que llamaríamos la gracia
d~ la fuerza, la lu~ del poder, como e11 esa divma figur~ de J o!'!a~, que anima el Juicio final
desde la boveda. No me cansaba de verla •fué
un efecto pasmo8o el que me causó; reduc~ibnes ~u.ras son todos los mancebos desnudos
q~1e decoran los trípticos del plrif6n. Ese Jon&lt;1s, es, e1~ su el'culturnl belleza, la villa inmortal, In Juventud .eterna; es la eterna juventud ~e la ohra de M~gu.el Angel sintetizada en
1~ mas r~~I, en la mas 1deaJ de las representaciones vmles ele] a.rte huma~o. Xo, ni el A polo del Belvedere, m el «A pox1omenos" de Lisipo ( que er,;tcfo. p~r allí á diez minutos de distancia de la S1xtma ) me hicieron el efecto de
esta estatua de J onás, que es una pintura.

***

PP.ro todo est?. es repensado, es hecho
luego, es el análisis, pluma en mano de un
bloque &lt;le sensación, de sentimiento &lt;le emoción,. todo jun~o. Por consi.guiente &lt;&lt;~o es.» La
renl 1mpork'lncia de la crítica para crear se infiere rlara de estos de8menuzamientos del ser
El crítico explica y cuando ha explicado un~
personal.idad humana hasta en sus elementos
1rredu~hble~, preten&lt;le rehacerla, se empeña
en la srntes1s y no resulta la vida, cuando más
resulta un «homunculus.,, Quien crea es el
po~ta, n~ e~ el crítico; es Miguel Angel, no
Tame . .Nadie ha llevado el análisis de un 1,].
ma humana más allá de lo que lleva Taine el
de Napoleón, y al rehacerlo le resulta un precipitado psicológico en el fondo de su retorta
dialéctica, un Napoleón &lt;le laboratorio.
Yo salí de mi~, visitas á la capilla arcangélic.1. con la sensac10n de que pesaba sobre mi ce1;eb.ro una humanidad entera, materia prima y
ultima de la bóveda. Era una Babel de cuerpos humanos que sentía yo pesar materialmente sobre el alma (¿puede decirse esto?),
derrumhars.e en el!a como aquella gente que
llovía del cielo al infierno de Alighieri. Mas
hay un modo de serenarse, de al igerar la carga de _pena que todos aqu~llos dioses y hombres tristes y aquellas muJeres dolorosas dejan
en el espíritu: tornará ver la cabeza de Jonásdivinamente escorzada en la misteriosa sombra, ó ver reflejarse en la tersa superficie del
espejo á Jahvé, el Dios animador comunicando al primer padre la electricida¡l vital que le
circula por las venas y lo hace pensar ya. y lo
prepara á .amar_, Una gra1~ onda de paz y de
serena resignación á la existencia viene de la
sublime figura y circunda el alma nuestra isla sin nombre, con el océano siu horiz¿nte
del alma del artista.
¡Pero qué fatiga, Dios de todos los cielos!
Vol~i':°os al hote).sin ver ú la Roma de hoy,
bulhc1osa y regoc1Ja&lt;la, que nos hace señas para arrastrarnos al fondo ele su fosa de historia
de pasado, de sepulcro; se encierra uno en s~
cuarto y cae sobre el lecho, «come corpo morto cade.»

Justo Sierra.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
( CONTINÚA. )

, Y yo escuc~aba á 13: anciana, subyugada por sus palabras, cuyo
mas ho?dº. sentido traui:oa de comprender, cuando de súbito apareció
ante mis OJOS una especie de castillo de fachada blanca techo de tejas y á los lados unas torrecillas elecr~ntes
en tigura de palomar.
0
-Allí es-dijo la anciana.
-¿La casa del alcalcle?-pregunté--¡qué bonita es!. .....
La mujer exclamó con rudeza:
-¡Vaya usted! ¡Corra! ¡Es bonita! ¡Usted también es bonita!
¡El a.lcalde la e~pern !
escuela no está lejos: allí abajo, junto á esa
esquma ...... y el ¡msara por esa e1,quina! ¡ por allí pasará!. .... .
Y se alejó rápidamente, no obstante que tenía algún encargo para la casa. ;,Qué la sucedi6•? ¿Era realmente una loca? Se alejó golpeando el suelo con su bordón. l\fe causaba interés su figura encor:ada, su cabeza envuelta en un pañuelo, que le daba aspecto de bruJª· Creí estremecerme &lt;le espanto; de mí salió una simpatía que fué
tras aquella mujer.

1:ª

VIII
Llamé á la reja de la casa. La sirvienta vino á abrir, me hizo
atravesar el jardín y me introdujo al despacho del alcalde. ~Iuebles
elegantes. una revista sobre una mesa, libros en un estante, cuyos títulos, vistos de u ria ojeada, me asombraron ...... Me aturdí un poco.
Este conjunto y las palabras de la vieja, me turbaron. ¿Qué clase de
persona sería este alcalde, eq__quien yo creía encontrar un rudo campesino?
Phrasia, la sirviente, regres6 luego. Sus ojuelos bondadosos expresaban una satisfacción que yo no me explicaba.
-Es muy molesto para la señorita; pero el sefior alcalde no está
en casa. Creo que salió sin que yo le viese. ¿Ko querrá usted regresar
cuando esté él aquí?
-Vengo, buena señora, á hacer una visita al señor alcalde; pero,
sobre todo, á recojer las llaves de la escuela-dije sin contener mi impaciencia.-¿A d6nde quiere usted que vaya mientras·? ...... Soy la
institutriz.
-Lo sé, lo sé. Tanto que el señor esperaba ayer á usted. Ji~n
cuanto á las llaves, yo creo que las necesita usted ...... Si yo pudiera
encontrar á monsieur Durand, el ayudante.
Se asom6 á la ventana entreabierta, y llam6 á alguien que pasaba:
-Eh, Victorina, mira si el tío Durand está en su campo.
Me acerqué á la venk1.na, y vi que la llamada Victorina era precisamente la vieja que me había acompañado. Así lo dije á Phrasia.
-¿Entonces notaría usted que está un poco chiflada?
-Así lo creería yo; pero no es mala, ¿verdad?
-Eso, según ...... hay aquí gentes buenas que la iemen.
La vieja regresó diciendo que allí estaba el señor Durand, y Phrasia la envió nuevamente á decirle que Yiniese para un asunto del al•
calde. :Minutos después, un excelente campesino se presentó á saludarme con cortedad. Le presenté mis papeles de ideñticlad, mi nombramiento, etc.; él los examinó cuidadosamente, y luego, atendiendo
á lo que le explicaba la 1,in·iente, ofreció ir á la oficina á buscar las
llaves. Quedé sola con Phrasia, que cerró la ventana, corri6 las cortinas para que entrara el sol, y atizó la chimenea.
-No tiene usted más que sentarse y aguardar. El tío Durand no
tardará mucho. Pronto estará usted en la escuela, que desde aquí
se ve.
Me mostr6, á través de los vidrios, una construcción cuadrangular, amplia, rodeada de un jardín. Me pareció que aquella casita, soña&lt;la tanto, estaba bien aislada, no obstante su cercanía. á la del alcalde. No po&lt;lía apartar de ella mis ojos. Figuráballle ya que había
de sentarme en «aquella» ventana, que desde allí divisaba; que me
pasearía en «aquel» jardín, que tendría sólo, como vecino, al alcalde
y su sirvienta.
-¿Está usted triste, señorita?
-¡Oh! no, Phrasia. Estoy mirando mi futura casa.
La pobre mujer se ruborizó &lt;le placer al oír que la llamaba por
su nombre.
-Victorina ha:)rá dicho á usted mi nombre de seguro ...... Por
mi p!l.rte, me parece usted muy amable. Pero la señora no gusta de
que se haga nada en su ausencia, y, por esto, le había dicho á usted
que regresara.
-Bien comprendí que tendría usted alguna razón para ello, Phrasia. ¿,Es casado el sefior Raibert?
Dije esto con indiferencia. La buena mujer parecía tener gran

afecto á sus señores; el poquísimo interca r¡ue yo daba á mis preguntas pareció excusar su indiscreci6n. Comenz6 á hablar:
-¡ Por supuesto que son casados! No se podría decir lo contra-.
rio. Desde luego, yo respeto tanto al sefrnr como á la señora, y jamás
diré mal de ninguno. Pero la Reñora es mucho mayor que él. Y luego, él es de un carácter tan distinto al de la señora que, á fe mía, es
muy cierto que el pobre hombre sufre. Pero es culpa &lt;le él. ¿Por qué
se casó con ella? Era ella una pobre vieja, la «tía» Zoar&lt;l, como yo ó
como Victorina, vea usted! T1:mía muchos parientes ricos, que no la
ciaban ni una sola migaja, porque e,itaba refiida con todos. Un día,
no sé cómo se las arreglaron, pero ello es que los parientes murieron
uno tras otro, y qued6 ella como única heredera. Entonces le dijeron
riendo: «Ahora que es usted rica, señora Zoard, debería usted casarse. Tal vez haya galanes que la cortejen, el señor Pierce, por ejemplo.» Como á los dos meses la señora Zoarcl se casaba con el señor
Raibert.
-Pero-le pregnnté-¿quién lo oblig6 á c.'tsar e?
-Eh! Fueron los dineros de la señora Zoarcl, buena señorita!
En los días de abon1, todo se hace por dinero; véalo usted.
Y se echó á reír.
-Creo que hasta usted misma, si hubiera encontrado facilidacl
de esos dineros ....... .
-Oh! Phrasia ..... . .
Su rostro candoroso pareció turbarse porque yo hubiera encontrado algo malo en sus palabras.
Por otro parte, yo no estaba dispuesta á seguir oyendo esa charla. La historia del Sr. Raibert acababa de provocar todo mi desdén y
con él toda mi indiferencia.
Allí viene el Sr. Durand-dije, poniéndome en pie, porque adiviné su llegada al oír el ruido de la llave.
Y volviéndome á la mujer, que había quedado confundida:
-Si usted viniese con nosotros, señora Phrasia•?
Le encantó la proposici6n.
-Seguro que sí! Y vaya que la pobre difunta era mi amiga, y
yo conozco la casa mejor que nadie.

IX
Partimos en pequeña caravana.
El sol, briilante ya, fundía la nieve á or~llas del sendero, y bañaba de luz montañas deslumbrantes. Impaciente y conmovida marchaba á toda prisa, devorando con la mirada «mfo sendero la empalizada de «mi" jardín, la fachada de «mi» casa.
'
-Ve u~te&lt;l que no está lejos la casa-dijo Phrasiaen el momen~ en que el Sr. Durand abría la reja.
En seguida el pobre hombre, muy mortificado, con voz balbuciente; pero ayudado de Phrasia, me explic6 c6mo funcionaba cada
una de las cerraduras y me hizo Yisitar escrupulosamente cada uno
de los departamentos Je la casa.
Una hora después llegaba al salón de clases: una pieza con dos
grande~ ventanas, seguida de una salita d.e desahogo; con sus gises
y sus lienzos sobre una plancha; sus hanqmllos, un mapa-muncli en
un ángulo; escobas, gamuzas, todos los útiles de aseo.
En el lado opuesto un corredor, una pieza rntrecha. con las paredes y el piso muy bien cuidados: amueblada con un diván alaunas sillas y en el centro una mesa de caoba cubierta con una 'carp~ta
verde.
-Esta es para las recepciones, como si ·dijéramos el sa16n -me
dijo Phrasia. Cuando el inspector, ó el alcalde ó el señor cura' vengan á verá usted, aquí será donde los reciba..... .
Sub~ó por la escalera interior: abrió las alacenas, me mostr6 todos los uncones.
-~~lí pon.rlrá usted sus proY~siones; allá su ropa; por aquí las
cosas v1eJas. Tiene usted una cocma pequeiia, pero cómoda. Junto
hay una piececita; la pobre señorita Bellot no la empleaba para nada; usted Yerá en qué la utiliza. Por último, aquí está la recámara.
Vea usted, todo está muy bien, la cama, los muebles: nada falta.
No permanecía un momento quieta: todo lo registraba mostrándome los útiles de loza.
'
El bueno del ayudante la dejaba hablar, y también pronunciaba
alguna que otra frase, completando las de Phrasia. Abajo estaba la
ra.rbonera, en el fondo del corredor. Y estaba bien provista lo mismo que el bote del petróleo. Yo debería gastarlo á medida que lo n 6 cesitara, por supuesto, siu despilfarro.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Por último, me llevaron lí recorrer el
jardín, rodeado de unaempal!znda, y con
un rincón retirado y circuido por un
alambrado.
-En estío esto se cubre de verdura.
Ya lo verá usted. Las alumnas ho deben entrar aquí: esto es sólo para usted.
Todavía me llevaron á un pasadizo
chaparro, cubierto porun cobertizo, y en
cuyo fondo una puerta daba acceso á a l
go que debe haber sido en otro tiempo
una caballeriza; pero que ahora estaba
atestado de muebles viejos, libros no menos deteriorados, una ó dos cubas, una
escale1a de mano ...... qué sé yo cuántas
cosas más.
-Esto no es de usted, señorita,-me
dijo el ayudante-por más que usted guarde la llave. Todo esto pertenece á la oficina municipal: son corns viejas que no
hay doude guardar Y. que no es posible
echar~á la basura.
Al hablar así me mostraba aquel
montón de muebles viejos y f polilla dos.
Salimos.
-Ahorn,-me dijo Phrasia-ya conoce ust(d i::u casa. ¿Quiere usted que
en algo la ayude hoy?
(CONTI.:SUARÁ.)

INAUGURACIONDE LA ,JOYERÍA "LA PERLA"
NOTABLES PROGRESOS
Prneoa mu.v clara de lo que i-ignificnn en la época ele paz quP, atravesamos, el espíritu de empresa
prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fué la inauguración del nuevo edificio &lt;le la
Joyería ccLa Perla,» efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual
han dado cuenta las principales publiraciones periódicas.
El auge, verdaderamente notable,
adquirido en los últimos años por
la importante negociación mercantil á que nos referimos, demandaba ya la construcción de un local apropósito para 1:iU objeto, provisto de amplios y vistosos escaparates, de bien arreglados departamentos para atender al públicu, y, en
suma, de tocias aquellas dependencias que hacen &lt;le los establecimientos de este
género, casas dignas de ser visitadas y favorecidas por los consumidores rnás exigentes
y &lt;le más refinado gusto artístico.

El edificio, s egún el proyecto.

tran doce esbeltos aparadores que rematah en
óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae á la calle de la
Profesa y está destinada al público que visite

Los Srs. Diener, prop ietarios de "La Perla."

Los Sres. Diener Hermanos, laborioso:,; y
emprendedores propietarios de c,La Perlan han
comprendido el"to, y en su afán &lt;le corresponder á su clientela la decidida. protección que
les dispensa, mandaron construir en la esquina oriental de la P rofesa y callejón de Santa
Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro c,boulevard» figura como una de las más preciadas joyas de ornato.
La suntuosa finca tiene 35 metros de frente
por 16 de fondo, y en su fachada se encuen-

La ent rada á la Joyería.

puede exigir el gw;to m¡'1s delicado_
Hay allí, taml,i(.n, multitud de ohjetos indispensa.bles á toda clafle depersonai:; y puestos al alcance de todas las fortunas; pues desde la joya de más alto precio que sólo puedé adquirir el capitalista, hasta el
reloj que, sin i-acrificio alguno, es
&lt;lado obtener al olirero, se encuentran en lo~ aparadores colocado,. de
tal manera, con tal arte, que llaman desde luego la atención. Tocl&lt;&gt;
lo que allí ge exhibe, es de lo mejor
que se conoce y de calidad reconocida.
En el interior, al lado derecho, se
ve una st&gt;rie de primorosas vitrinas
de cristal, donde i;e expone á la vista de los visitantei,, una variedad
de objetos de arte verdaderamente
dign&lt;J. de ser admirada: collares ele perlas
y brillantes, braceletes, anillos, etc., etc., entre
los cualPs se encuentran jo_vaR c¡ue valen S25, 000
y aun S 30,000. Amplios pasillos, conveniente-

Exterior de " La Perla" el día de la inauguración.

el establecimiento. La otra, que ve al callejón
de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones.
Los t:-ahajos arquitectónicos son obra de los
Sre&amp;. Ingenieros Dorner y Bacmeister.
La puerta principal da acceso á un salón oval
y tapizado con mosaicos de granito, en cuyas
paredes descansan lujosos aparadores. En estos puede verse, admirablemente dispuesto
todo lo que en materia de joyería y relojerí~

mente dispuestos, sirven para recorrer esta.
parte del edificio, notable por mil títulos.
A la izquierda, se ve una multitud de estatuas de alabastro, de bronce, de oro, de plata,
que forman un conjunto deslumbrador. La
variedad de formas y de clases, y el primor
con que están trabajadas, son para dejar y
con mucho, campo abierto á todos los gust~s.

***

Por último, baremos menci6n del departa-

Un detalle de la planta baja

�Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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