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                  <text>Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

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ldem. ldem. en la capital, $1.25

�EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 25 de Enero de 1903.

ANTB EL PBLIGRO.

S

pueblo mexicano es sincera, es sólida, es permanente; el rictus sombrío que pueda ostenta r en su rostro es In máRcara heredada de la.
raza de bronce que-dígase lo que se quiera,
-no es ya el pueblo mexicano; pero en la
amalgama producida por el bronce indiano y
la carne ibera, aquél fi jó la apal"iencia del
metal nuevo, y éRta fijó su ley. Una ley sonriente, plácidamente sonriente, que es la a\egrfa. inexpu,znable, la que no la deja abatirse,
la que le defiende del dolor y del pánico.
Así, cuando el peligro le amenaza, el puPblo se da cutlnta del peligro y se deja guiar de
buena gana por los paternales consejos de sus
autor idades; pero encuentra siempre, en el
arroyo inacabable de sn alegría, la fuerza indispenRable para no abati rse, y esta entereza
que nutre en su sangre caliente, le da aires &lt;le
indiferente ó de fatalista. Pero no es ni una
cosa ni otra: es alegre1 plácida y permanentemente alegre ... .. .
Hasta para defenderse del peligro, necesita
que la sonr isa-su eterna sonrisa -esté con él.
Sabe que la defensa contra In peste ha menester ele mucho dinero, y desembolRa desde luego la mitad de lo que puede &lt;lar para auxiliar
á sus hermanos; más In otra mitad la reserva
..... para darla también, pero mediante una
corrida cl1: toros, un concierto, una función
teatral, mediante algo, en fin, que tenga una
base de alegría. Y en la corrida ele toros, en
el concierto, en la función tea.trnl, su gozo no
se desborda, su carcajada no estalla, su rostro
no pierde su fingido rictus doloroso; pero su
alegría fisiológica corre, corre como un riachuelo inacabable......... .

E ha dicho que la sangre latina, corriend o siempre con precipitación extraordinaria, tiene los ardimientos de la lava y
se p resta á todas las exageraciones y á todas
las explosiones, sin que nunca pueda guardar
esa temperatura próxima á Ogrados Réaumur,
que se conceptúa indispensable para obrar con
p recaución y seguridad. Cintamente, no somos los latinos bichos de sangre fría; el líquido q ue por nuestras venas co rre es muy rojo
y muy caliente, y es exacto también que con
sobrada frecuencia nos impele á adelantarnos
á los acontecimientos y á tergiversar el mundo. Pero debe tenerse en cuenta que esa «preci pitación» latina ha precipitado tambifo la
conquü,ta de muchos derechos y de muchas
emancipaciones, y siquiera sea por esto, los
h ombres fríos deben perdonarnos el calor de
n u ~,,tra sangre.
Y asevéraee q ue la sangre fría es indispen•
sable en las grandes empresas y en los momentos &lt;le grandes pruebas, porque el cereb ro humano es como el vino &lt;le Clrnmpagne:
mejor, mientras más helado :;e sirve. Un cerebro «frappé» vale más, dicen, que dos cerebros
"ªl tiempo»; pero es menester acordari!e de
qu e el propio vino de Champa~~e, aband?mi.do indt'fini&lt;lamente á las caricias del hielo,
tórnase á la postre en una mezcla de cristalizaciones y de alcohol, que hace daño al estómago, señala&lt;lament; _s i se consume en países
en que el clima es cahdo y el sol no encuentra b rumas que detengan su enardecido y fecundo beso de amor á la tierra. En consec uencia hay que graduar el enfriami ento de
la sang:e según los tiempos y segun los climas tanto m'is cuanto que, á las veces, la
calu'mniarl.a sangre caliente es mfü, sabia y
más prudente que la decantada sangre fria.
La sangre latina conserva mucho de su calor au n cuando el terror y el pánico pugnen
po~ helarla. Los ¡_&gt;ueblos latin_os han tenido
siempre una sonnsa en los labios aun ante los
peligros más inminentes; y el chiste,-esa
flor de fuego de lo3 trópicos, que nada tiene
que ver con (•l Mhumour», que es flor alpina,
-ha tenido siempre, entre los latinos, marnvillosos florecimientos delante de la boca de
un cañón y enfrente de las amenazas de una
epidemia........ .
¿gs li~ereza? ¿Es fal la de pre\'isión? ¿Es
«étour&lt;lerie,,?............. Yo no lo creo; creánlo
asi, si les place, los deturpa.dores sistemáticos del alma latina; pero aquellos que saben
que el peligro no Ae detienf' con miedos, sino
con decisiones, hallarán fuerte la inexpugnable alegría latina. Hay que defenderse, es
cierto; pero las lágrimas no defienden. Empúñe:;e la e8pacla, y una vez empuñada, ¿qué
más da que en los labios brote una sonrisa? ... •

***
En cambio, la alegría. es y ha Aido siempre
una fuerza; no la. alegría arti~cial, producida
por agentes externos y que se de,barata como
una pompa de jabón; no la alegría que se manifiesta en carcajadas sin motivo y en estrofas sin música y sin ritmo; ésa no es alegría,
es embriaguez; embriaguez &lt;le vino, de aire,
de sol, de amor, de t1 r rnra . ........ pero embriaguez al fin, que muy á menudo hace presa en los hombres de sangre fría. En último
resultado, es é:-x'l. una alegría patológica; y la
alegría fuerte, la que defiende y ampara, es la.
a\e,rría fisiológica, la normal, la permanente,
la que no ha menester explosiones ruidosas,
porque está. en la carne y corre mansamente
por las venas como un arroyo inacabable.
Se ha dicho hast&lt;:1. el cansancio que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Debe decirse, empero, que «parece» un pueblo triste.
No ríe con grandes carcajadas, porque sonrie siempre. No pa8a bruscamente de una
carcajada á una líigrima, cual sucede en otros
pueblos de sangre muy fría. A las wces, los
fenómenos y las manifestaciones aparecen
gmndes sólo por la fuerza del contraste. Esas
son grandezas negativas. Pero la alegría del

***

NO ES ALLÁ!. .....
Afü1, me dijeron, rnÚ!• alh'1 de la torcida carretera, mús alltL del pueblo, en lo alto d e la
colina i;ilencio!:'a, bajo la so111hra ele aquel grupo de úrboles mui,;tios que Re inclinan tristemente sohre In tierra, ¡ullá e1;tú!
¿Allá? No, no era posible, no era ése el risuefio rincontito de v(•rdurn. que me pintahaa
en tus cartas, el pedazo &lt;le la huerta murciana, lleno &lt;le sol, lleno &lt;le flore:;:, lleno de pijaros que gorjeando la ale~ría de vivir en tu
ventana, parecía que te !!amaban para que
bajaKes ni jartlín Íl coger ro~ns. Y no eran de
allí las rosas que impregnadas de btlsos me
mandabas para que l,eso;; y rosas te llevara
cuando fuera por ti.
No, no era ése el frondoso h uertecito, refugio de tus últimas ternma-., donde tú me esperabas, no era ése. 'fe habías ido; te habías ido
para siempre del huerto, le habías ido por
aquel cam ino tan tri,.,te, Hquella lhi1la tarde
de otoñ(I tan hosca, aqudLt tarde tan fría ; t.e
habías ido y estab;1s all(1 "ola i,:in follaje, sin
luz, sin pájaro~, sin rosa~. 111ús allá de la polvorienta carreLera, mú~ all.'1 dt'l pueblo, en la
colina silenciosa, bajo los úrboles ayuellos de
m ustia!I desmayadas cabelleras.
Y allá subí á buscarte, 1,llú. El cielo estaba gris, el día también e,t Lha negro, la campiña estaba triste. Yo subí dese~perado y loco; subí dando tumbos, deseando caerme por
el barranco abajo. Subí yo no sé cómo por el
camino horrible, por el ca.mino lóbrego, siniestro, espantoso camino que recorriste tú la
víspera balanceándote entre flores, balanceándole en los brazos &lt;le la muerte.
Subí y c11í anonadado de rodillas para llorarte mejor; de rolillas para darte tus rosas y
tus besos mezclados con los mios, con todoe
los besos que yo pude darte, con todo.'! loe
que yo debía darte cuando fuera al huerto
por ti.
.
Ya ves! fuí á buscarte y te he traído; y aqm
estoy solo contigo, solo con tu recuerüo, solo
con tu imagen, con tu memoria intacta y pu•
ra en el fondo de mi alma. En el único sitio
hermoso que hay en ella he levantado yo tu
verdadero sepulcro.
Ya no volverán á decirme: ¡allá, más all4
del pueblo, en lo alto de la colina s ilenciosa,
bajo la sombra de los árholes de mustias deemayadas cabelleras ...... allí1 está!
¿Allá? No: no me lo vol\'erán á decir; porque no es allá donde tú estús ..... .... !

Por eso en los actuales momentos en que
estamos nmer.azados por la peste, aunque la
preocupación exi1-1te en todas las clases sociales y aunque todos nos damos cuenta exacta
del peligro y enérgicamente nos esforzamos
por conjurarlo, el pánico está muy lejos de
manifestarse en el público.
.
Eso es una fuerza y una enorme fuerza. A
pesar de nuestra sangre caliente y &lt;le n11ei&gt;tras
exageraciones ya le~endarinR, los mexicanos
estamos man ifestando ya una cordura digna
de envidia, mayor cordura que la que manifest6 la sangre fdn de los californianos al ocultar la existencia de la peste, poniendo así en
peligro á todo un continente ..... .
La caridarl., ese ángel blanco cuyas enormes y pt:rísimas alas siempre han amado las
diafanidade;; &lt;le nuestro cielo, ha venido ya,
como Riempre suele, trayendo ráfagas de consuelo y auras de esperanza. Ante el peligro
todas las clases sociales de toda la Repúhlica
han aprontado sus auxilios; y si la existencia
diari&lt;1. no se ha modificado, si las apariencias
de nuestra vida son las rnismaq, no debe significar que el peliµ;ro 110 nos al irme. Nos alarma, m1\s no nos abate. He aqui un e;itado de .
cosas que debemo:1 conservar; es preciso cerrar las puertas al pánico. A ello nos ayudará
poderosamente la i&lt;lio!;incracia de nuestro
puebl0, y ÍI ello deben tender los esfuerzos de
las clases dirigentes.
¿.Serán vanas las precauci1mes de la ciencia?
¿VemlrÍ\ 1,iempre la peste negra á devastar
n uestrns florecientes ciudades, como lo ha hecho ya Cún l\fazatl{m? .... ¡Quién :;:abe!. ...
Esperemo~, sea lo que fuere; esperemos serenamente; a.prestémonos á la defensa, pero
sin que nue-tra i::angre latina abandone sus vip;ores ni deje su alegría inacabable, que es
fuerza de prevención, de resistencia y-si el
caso llega,-de reconstitución!
◊SCARHERZ.

Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUS1'HADO

MIGUEL EDUARDO PARDO,

LA VIDA.
Leo en mi libro. Es y a la media noche.
El pelo de mi amada
es uo chorro de libras esterlinas.
Y surge sn cabeza de las blancas
coberturas del lecho
como el dibujo rle un pintor de bada~.
Me dicen: &lt;es un perro&gt; ó bien: &lt;le a.dora&gt;.
Hoy nos hemos 1·eído tí carcajadas.
Los amigos me envidian
mi casita, mi ocio, la muchacha,
mi juventud y la sonrisa et&gt;t•oa. ..... .
Mi ~onrisa es mi fuer1.a. y es mi máscara.
Yo soy feliz. Y bien! Esto es horl'ible.
Suspiro por mis uoches angustiadas,
por mi vida haraposa de bohemio,
por mis noches sin cama.,
por mi cruel desolación de huérfano,
por mi vida tle huérfano y de paria.
A qué vencí'! Poi· qué libru.1· las ruda s,
las tremeotlas batallas,
poL· la vida., el éxito y el nomb1·e?
Para qué la. a.sccns16n de las montañas?
Si esta noche, de súbito,
á mí viniera uoa. hada
y me dijese:
-Escúchame, poeta:
traigo para tus sienes esta 1·a.ma.
de florido laurel; traigo esta púrpura.
para cubrir de púrpm·a tu espalda;
para tu bolsa. un vellocino de oro,
y esta rubia. gentil para. tu cama.,a.l bada. bienhechora
le daría las gracias,
y á trueque de esos dones
la pediría.:
-Hada.,
pnnme en el brazo músculos,
y ambición en el alma.

R.

ministro de tolombia•en méxtco.1
El Gobierno de ln RepúhliC'a•de Colomhia
ha desi¡mndo al f&lt;eñor Genrral don Rafael Reyes para qne, con el carácter de Rnvinclo Extraordinario y :\linii&gt;tro Plenipotenciario, re-

mo Delegado á la Segunda Conferencia PanAmericana, á la cual prest6 importantes servicios, y reside aquí desde entonces.
La designadón hecha en su favor, ha sido
recibida con aplauso, pues en el corto tiempo
que el señor General lleva de vi\'ir entre nosotros, se ha captado francas y numerosas simpatía!-!.
El 11uevo ministro fué recibido solemnemente por el Primer Magistrado el martes de la semana pasada.

.Cos cambios eq el qabinefe
En nuestra edición anterior publicamos l os
retratos ele los nuevos Secretarios de Gobernación, Fomento, Guerra y Comunicaciones
que integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz. '
Para completar nuestra nota referente á este importante asunto, damos hoy á conocer
unas fotografías que
representan el aspecto
de los corredores de
Palacio, antes de la ceremonia, y la salida de
los Jefes y Oficiales
que concurrieron al acto.

volotean, y ruedan sobre la arena de oro las
ondas del arroyo; corriendo de un lado á otro,
ven á la pobre enferma, una de ellas se nrrrca y, mirándola con dulzura, la dice:
--EstÍls tri!,te, vuelve á tu alegrfo ...... ¿.No
tienes aqui todo lo necei::ario para dii&gt;frutar
de una npacible &lt;licita? ¿No te regocija \'er
esas verdes ramas que te protegen contra
el ardor del 1&lt;01? ¿.No te gusta reE&lt;pirar por la
tarde, Robre el floreciente mus¡zo y junto al
agua? Aquí hallarás el frei;co rocío de las flores; las zarzas de las selvns te darán alimento
delicado y este brillante manantial mitigará
tu Red. ¡Oh amiga mía! La verdadera dicha
consiste en saber contentarse con poco, y ese
poco se encuentra en todas partes.
¡Oh sabia filosofía, dijo el á1n1ila bajando
la cabeza. ¡Oh sabia filosofía! ¡Ilablas como
una. paloma!
GOETBE.

-Cuando el infortunio se generaliza en'un
país, se hace univE-rsnl el f'goíi,mo.

El Anila J la Paloma.

SR. GRAL. RAFAEL REY ES, M inistr o
de Colombia.

p resente {i aquel país cerca del Gobierno me"'{icano.
E l señor General Reyes vino á México co-

Un águila muy joven acababa de remontar su vuelo lanzándose con su presn
hacia las regiones del
aire. La flecha del cazador la hiere y la corta en el ala derecbn.
Cae en un bosque de
mirtos. Durante tres
días eternos devora su
dolor; durante t res largas noches sufre la tremenda herida, hasta L---------::,- - - - - - - - - - - - - - - - - - -...1
que por fin el bálsamo DESPUES DE L A PROTESTA.-Salida de los Jefes y oficiales del Ej6rclto
de la naturaleza la
cura. Entonces se arrastra hacia afuera del bosFRAGMENTO.
que, agita el ala ..... pero ¡ay! el nervio estaba
cortado, apen~s puede levantarla para coger
una presa indigna de su rango. Se posa trit,teNo hablaré de mi amor en las orillas
mente sobre una roca á la orilla de un arroyo.
donde el agua, al pasar flores arranque
contempla la copa de las encinas y la bóveda
azules ó amarill~.
d~l cielo, y una lágrima se desprende de sus
Yo hablara de mi amor junto al estanque
OJOS.
allí, donde la onda sosegada
'
En este momento llegan por entre las rano se estremece nunc&amp;., ni despierta
mas de los mirtos un par de palomas que rede su suefio-pupiln siempre abierta
ele ~arga y melanc61ica mirada. Alh, bajo la cúpula sombría
que le forman los chopos enlazados,
donde tienen cerrada celosía
los pájaros callados . .... ... .
y donde por las tardes dulcemente
va á morir un reflejo del poniente
l\lis frases de ternura. volarían
hac~a los tristes y temblantes chopos
cub1erl?s ya con _los primeros copos
de la meve; y mis lágrimas... caerían ...
caerían al estanque se hundirían
en el silencio de la~ verdes ondas
que al golpe &lt;le mis lágrimas despiertas
temblaran cual las fro~das
'
y quedaran después por siempre muertne...
MARÍA ENRIQUETA.

'!oda pasión sincera es egoísta, lo mismo
la rntelectua.l que otra cualquiera -P
IlOURGET.

·

AUL

***

_E_l extremo dolor tiene su miRterio de, u
bltc1dad como el extremo amor ALF
P •

BLANCO FOMBON A.

L os corredores de Palacio, a ntes de rendir la protesta los nuevos Secretarlos de E stado.

LAliARTINE.

.-

ONSO DE

�EL MUNDO ILUSTRADO

[JI PES(E
BUBOnTeJI En
fflJIZJltCJln
~~
Et SERUTtTO SJlnTtJIRTO

.

'

de Enero de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 25 de Enero de 1903.

-

Dorruingo 25

........

·--

~r+3.\

FafQa de la Delegación Sanitaria.

***
Lo que anteriormente hemos expuesto con referencia á la~ dis_¡ o,iciones sanitarias puestas en vigor, hace suponer que la ep1dem1a no
tra;;pasarn los límites de la ciudad que ha invadido y que, por lo t~nto, el riesgo que corren las demás ciudades de la República, de ser diezmadas por la. peste, es muy remoto.
Urge, sí, en las circunstancias actuales, que los vecinos de l\fazatl~n
ayuden á la policía sanitaria en sus trabajos, á fin d e que pn nto se
Yean libres de la plaga que pesa sobre ello.s.

El Cerro de los Espantos
Hacía un frío horrible. Ko obstante mi
grueso abrigo de lana que me cubría de la cabeza á los pies, sentía que me helaba.
La caminata había sido lnrga, y llegué~ pensar que una vez en la po:mda, el cansanc10 cerraría mis ojos y podría r&lt;'ponerme c01_1 ~na
buena noche, de las fatigas de la exped1;1on.
Por desgracia el sueño se me a~u~e~to por
completo, y v~endo que. lucha~a ,rnutilme~t~
con el insommo y la fatiga, dec1d1 atemperar
el frío que me hostigaba, hnciendo compañía al rn:-1-rordo:no del
rancho y á su familia, Hentados
en el mero suelo, al re 1edor d e
una ho.,.uera cuyas llamas crepitantes ~ubían y bajaban en fantá.stica danza.
La ranchería entera ee entregaba al descanso, y en las chozas
esparcidas en el llano, sólo se percibía la lumbre continuamente
alimentada de las hogueras, al calor de las cuales dormían los huenos campesinos el sueño plácido
del hombre honrado.
Debía ser ya bastante tarde,
porque, al decir del mayordomo,
«e'. carro estaba ya muy cargado» y los gallos habían lanzado
al viento su tercer canto.
Arrellanado en un pequeño
banco y fijos los ojos en el fuego
que bailaba su interminable dan za me puse á escuchar la con ver'
' ,\
r, .m1
•
sación
del viejo mayordomo que d ecrn
m ozo sentado también al amor de la lumbre:
-¿El ceno grande, decía «Usté?. » Pues le
dicen el Cerro de los Espantos.
-¿Pues qué espantan allí•?
.
- ¡Ah sí señor desde hace mucho tiempo ...... ,;Naiden» p~sa de noche por esos lugares porque «segurito» que le dan su susto!
:.._¿Y no más de noche hay eqJantos?
-No más de noche, porque de día eso es
muy transitado y los espantos sólo ,:alen cuando no hav un alma.
-¿Y usted cree en eso? no pude menos de pregun tar al ver la
seriedad con que el campesino
trataba el asunto.
-Cómo 110, señor, si esto es
muy cierto; por esta cruz que es
cierto.
-¿Pero ha visto Ud. los espantos alguna vez?
-Sí, señor, con estos «mesmos» ojos, una vez que me anocheció en el «Ranchito)) y tuve
que pasar por el pie del cerro ya
&lt;cescurecido. ,, Por cierto que ya
no me pasará otra en mi vida. .. .
-¿Y c5mo fué eso? pregunté yo
movido por la curiosidad; cuénteme cómo estuvo eso.
-Pues le contaré el caso por
darle gusto, ,cmi amo;» aunque
«Ust~, no me lo crea, como otros
señores á quienes se lo he contado.
Hizo el aldeano una leve pausa para remover los tizones de la hoguera que languid ecía,
y luego continuó:
- Pues verá ((Usté» que, como le dije, tuve
que ir al «Ranchito» á un ,,encargue del patrón».
Salí de aquí poquito después de medio día
para estar de vuelta temprano; pero como ahí
tengo algunas amistades, por aquí un trago,
por allá otro, se me fué pasando el tiempo,
hasta que cuando menos pensé, ya estaba casi ,,pardeando.» Luego me acordé de los espantos: tomé mis providencias para venirme,
y después de acompañará mis amigos la última copa, salí- de priesa, pensando pasar el cerro antes de que anocheciera. Pero por más
que anduve no pude llegar á tiempo; porque
apenas había llegado á ((Las Vaquitas,» un
punto que·está como á media legua del callejón del cern,, cuando ya estaba «de á tiro»
anochecido. Me vino entonces á la cabeza

quedarme allí á pasar la noche; pe;.o rec~r,lé
que otro día tenía que coger nn toro ret1_nto
que bá]aba al aguaje «~uy de madru~a~1ta»
con el ganado, y no qmse &lt;~etenerme m,ts que
para tomar una ó dos cop1t~s de mezcal 3ue
me «brim1ó" tío Roque. ¡Ymll"e«Usté,,,senor,
lo que es la mala suerte!: Don. R( que me decía que me quedara, que qué iba~ hacer tan
tarde hasta mi casa; pero el mahhto toro «~e
me metió en la cabeza» y ya estaban los OJltos de Santa Lucía co~o por allí [y señalaba
un punto del cielo], cuan~o salí del rancho.
Caminé recio, con ((el pendiente» de pasar de
priei-a por donde salían los esl?~ntos, y pronto estuve á la entraaa del rallf&gt;Jon.

ACAPULCO.-EJ

Lazareto.

-¿Ve «Ustén aquel cerro que está allá, con
la figura de una campana? pues entre ese cerro y el de los Espantos está el callejón que
tenía que atravesar y que le dicen el Cañón
del Diablo. ¡Y del di..:hlo es, señor, para pasarlo de noche! Figúrese n.omás: un cerro
aquí y otro acá, y por el medio el cañón ..... .
No hay más que una veredita por donde a1~dar, porque por lln lado y otro rnn un&lt;_&gt;s rel1ces, ¡que válgame el Padre Eterno! 81 basta

ulululú ya más cerca, como ,ai viniera á «in' » Ya casi· lile (1evo1via;
' pero tem1'
contrarme.
que me fuesen. á burln r J&gt;?r eso, y ~rnciendo,
como dice el dicho, de tripas corazo~i.. .. segu(
adelante. Unos cuirntos pasos . hab,a Jdad?J
cuando otro ull!lulú¡ lí. este gnto respond10
otro, y se oía así como un «respon~o" de \ºOCt•i-;
luego se oyeron tres ~roces que c_o1:testaba~1, y
en segui tla, cuatro, eme~, u.n m,1llo.n degnto:&lt;;
1,Pro ya no delante de m 1, s1110 a 1111s P.Sp~ldas,
por donde yo había pasado. Por lo reCio &lt;1ue
se oían los aullidos, conocí que se acercaban,
gan{mJome t&lt;:lrreno;. entonces emp1·endí u na
carrera con todas mis fuerza¡;, como un loco,
por aquella veredita qne no se acababa nunca.
Pero de s1-guro que lo,: el'pfritus
rna.iciaron &lt;JUe yo coní.1, y corrieron también, ganá ndome siempre distancia; porque llega ron
más claros á n1is oídos los gritos
ele ulululú. Corrí un trecho largo, pero al fin 110 pude más; me
e.-taba ahogando; me faltal,n. el
«resuello;» ya casi me tiraba en
el suelo para que los demonios
hicieran de mí lo que qni~ieran.
Desesperado, echo entonces manos á la «media), y me la empino toda; apenas podía yo sostenerme..... Y aquellos g,istos ulululú, cerca, más cerca; ya los oía
á la distancia de unos c·uantos
pasos ..... .
De pronto sien~o un «ro1.ón,, en
este brazo y veo un bulto quepasa como una flecha. Doy entonces un grito horrible; pero con,o
si ese grito fuera una señal, en el
momento me «rodearon un montón de hultos negros,» que brotaban de los árboles, de las ¡,iedras, de cada rama, de todo ...... ; y en un instante se llenó aquel carnpo de puros el'píritus, señor, d e puros espíritus; gritando todos, haciendo ge~tos borribleia;,
bailando y dándome aquellos gol pes ¡qué válgame Cristo-Padre!-M:e pareció que me volvía loco; que todo el mundo se movía ai-:í,
como por todos lados; quise correr, y sentí que
mis pies habían echado raíces; entonces dí
gritos espantosos pidiendo auxilio; las cccorvas» se me doblaron,
y caí al suelo sin saber más &lt;le
mí ........ .
Los ojos del aldeano brillaban
ií la luz de la lumbre, como los de
un gato; el espanto se pintaba ele
tal modo en su semblan te, que
rnás de una vez, durante el relato, sentí que un escalofrío sacudía
mi cuerpo y que mis pelos se ponían de punta. Ante la verdad
del sentimiento ele aquel campesino, yo, hombre de mundo y
con mis ribet~s de filósofo, llegué
á fingirme la realidad de aquellos hechos tan pintorescamente
narrados, y temblé, como temblaba el labriego á la vista de los
espíritus agresores.

Depar1:amento de desinfección.

de día da horror pasar por allí, «contimás,, de
noche .. ... .
-Bueno ¿y pasó Ud. siempre?
-Pues, sí, señor, por mi mala suerte. ..... .
Yo nunca he tenido miedo, pero quién sabe
por qué aquella noche me entró un miedo muy
grande. Veía delante de mí aquel cañón «escuro," como la boca del infierno. Me«persiné»
tres veces, me saqué el rosario fuera de la camisa, y sin quererlo pensar más, entré al callejón. ¿Ah, señor, qué fué aquello!
Apenas habra andado unos cuantos pasos,
cuando empecé á oír unos como gritos lejanos
que hacían: ulululú. Al principio creí que
eran perros; pero después pensé que no, porque las casas estaban muy lejanas y los aullidos eran muy extraños, así como de una cosa
del otro mundo. Para crear valor me eché un
trago de una «media» de mezcal que me había
dado el tío Roque. Seguí andando y oí otro

-¿Y qué más pasó?-me decidí á preguntar viendo que el campesino suspendía su narraci6n.
-Nada, señor, ya no pasó nada; es decir,
ya no supe nada; quién sabe qué harían conm igo los ((malinos." Otro día, ya amaneciendo, me·«incontraron" unos lecheros que iban
«pá la ciudá;,, me dijeron que estaba tirado
como ccá la mitá,, del cañón, con muchos golpes en todo el cuerpo y «rasguñosn hechos así,
como por uñas de diablo ....... . . Un mes «enterito» estuve en cama entre la vida y la muerte; porque, á consecuencia del susto y de los
golpes, me entró ccun fiebre" que por poco me
lleva al otro mundo.

¡
1·

1

***
El fuego empezaba á languidecer; los tres
hijos del mayordomo ~e habían quedado dormidos al amor de la lumbre, y siendo ya ]?a8-.
tante tarde, nos retiramos á descansar. En toda la noche, sin embargo, no pude coger el

¡

'

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�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL :\1 u~ 1)() J l.l"!::;TIIA

sueño: me sentía molesto y como sobresaltado; delante de mi vista se levantaba el Cerro
de los Espantos, como una inm,ensa m~ncha
negra; y como saliendo del Cafion del Diablo,
mis oídos creían percibir, lejano, muy lejano,
aquel ulululú lanzado por los fantasmas desde el fondo de sus guaridas.

•

FRANCISCO VERDUGO F ALQUEZ.

El Jlrt~ tristiano
~n mtxtco.
?:err¡plo de Santo Jomi17go de~óaxaca.

P

Dom,ingo 2,; ele g,ero ele 1903.

n1a Gage, las carretns cargadas con materiales
de constrncci6n, pa&amp;aban por encima de ellas.
Durante la época de la inclependencin estuvieron acantonadas en el convento las tropas
de l\Iorelos ( 1812) y después las del general
D. Antonio León, cuando derrot6 en Etht á
las ú ltimas tropas reali,:tas. Allí estuvo preso
el héroe suriano D. Yic,:mte Guerrero, víctima ele la infame traición &lt;le Picaluya, y por
último, en la capilla del Rosario fueron s~pultados sus restos. Exclaustrados los religiosos, el edificio se convirti6 en cuartel, y el
templo qued6 abandonado. El actual arzobiRpo de Oaxaca, Sr. Gillow,gestion6 la devo1uci ón de la iglesia al clero y la obtuvo en
Abril de 1895, dando comienzo á su reparad6n sin demora alguna.
Terminadas las obras resptctivas, el tem·
plo c¡ued6 abierto al culto nuevamente eri los
primeros días de noviembre último.

Mazatlán.

UBLICAMOS hoy en nuestro semanario algunas fotografías del templo de
Santo Domingo, de Oaxaca, reputado
como uno de los primeros del país.
Acerca de la construcci6n &lt;le este edificio,
verdaderamente notable, creemos oportuno
dar á conocer los siguientes da~os. La obra,
llevada á cabo por los frailes dominicos, secomenz6 el año de 1570, aprovechándose para
ello un solar que cedi6 el ayuntamiento. Los
religiosos, nl poner manos á la obra, contaban únicamente con veinte reales; el rey les
di6 más tarde, como ayuda,setecientos pesos,
y con éstos y el producto de las limosnas que
lograron reunir, compraron otros solares para
agregHlos al que ya tenían, obteniendo del
Cabildo la merced de otras fajas de terreno y
del agua suficiente para la edificaci6n de la
iglesia y del convento respectivo. Púsoles el
Cabildo á los frailes como condici6n precisa
para gozar de aquella merced, la de que en
un plazo de veinte años quedara terminado
el edificio; pero como esto no se logr6 por las
dificultades con que tropezaron los religioso8,
el ayuntamiefito quiso más tarde recobrar los
terrenos que les había donado, arrastrándolos
á un pleito que vino al fin á resolvt:lrse de manera pacífica entre ambas partes. Se señal6 á
los frailes nuevamente la canti&lt;Li.d de agua
que podíi,.n tomar para la obra, á cambio de
su ayuda pecuniaria para la introducci6n del
líquido á la ciudad; y les fueron cedidos los
solares en disputa, bajo promeea de que la
mayor parte del convento quedaría terminada,
á más tardar. dentro &lt;le treinta años.
Los dorni~iros cumplieron las obligaciones

nn

1
REPOSO
Como errante viajera fatigada,
quiero olvidar del t iempo en que he vivido
la punzadora espina que me ha herido
y la copa de néctar rebosada.
Ni nun sie.n to ahandonar la bien amada
tierra hermosa del sol en que he nacido;
¡tanto mi corazón ha padecido
&lt;le f&lt;u triste existencia en la jornada!
QLfédense aquí la gloria. lo;; amores,
l os (liamantef&lt;, los páj,u·os, las flores,
,cu:into á gozar y sonreír convi,b;
111i único anhelo es Yerme SPpnltada
en el seno del «'l'odon 6 de la 11:Nacla,,,
y no tornar á conocerle, ¡oh vida!
MERCEDES 11IATAMOROS.

ESCUEL \ DE FARMACIA

Fachada del templo.

que se habían impuesto y estuvieron en posesi6n del edificio hasta 1633, en que se mandaron reconocer y revisar los títulos. Estos

Las bóvedas del templo de Sto. Domingo,

se encontraron legítimos y en debida forma,y
no volvi6 á removerse la cue~tión.

***
«El convento dice el P. Gay, ensu «H istoria de Oaxaca,, ' fué destruído tres veces por
terremotos y r~construído con ventaja basta
quedar en su estado actual. Es un vasto edificio cuyo costo total, incluso el templo, pae6 de dos millones.,, Las torres del templo,
miden desde el suelo á las cruces, ciento treinta,vnras.
Hablando del interior del edificio, el cronista citado, dice que era un verdadero relicario par.a la religión y las artes: los _muros Y
las bóvedas estaban cuajados de primorosos
adornos de oro· á uno y otro lado babí'l. riquísimas capiu'as de las que, la destinada á
la virgen del Rosario, podía considerarse como un templo en toda forma; y un árbol, el
que representa uno de nuestros giaba&lt;los precis!j,mente, extendía por todas partes sus rarnaR y sus hojas doradas, entre las cuales sobresalían, en bajo relieve, bustos de &lt;;autos
que á proporci6n de la altura disminuían en
tamaño para formar un conjunto verdaderamente artístico. Las pinturas eran obra de
Concha.
En cuanto al conYento, el P. Gay, agrega
que sus inmensos dormitorios, sus galerías,
sus jardines, etc., etc., eran orgullo de los
frailes y admiraci6n de los viajeros, y 9-ue su
construcci6n era tan s6lida, que &lt;cla artillería,
funcionando sobre sus bóvedas y á veces disparando contra ellasn, ninguna mella les hizo.
La construcci6n ha resistido á los más fuertes
terremotos, y para que esto ni remotamente
parezca exagerado, agregaremos que las paredes de piedra son tan gruesas, que según afir·

Al emprenderse la construcción del Hospital General que se lleva á cabo en la Indianilla, se pensó en la conveniencia &lt;le formar,
para el mejor servicio del ramo de botica, un
personal apto é instruído, especialmente encargado de auxiliar á los profesores en el despacho de fórmulas y en las distintas pre¡,araciones farmacéuticae.
A esto se debe la creación de una escuela
teórico-práctica de farmacia, tornándose por
modelo la Botica del Hospital Militar, en donde, bajo la dirección del capitán primero Francisco Jiménez Learte, ha estado cursando las
materias priucipalei!, un grupo de señoritas.
Actualmente af&lt;isten ft las clases dieciocho

B6veda del coro alto.

alumnas que reciben una lección práctica de
ocho á doce de la maíiana, que es la hora del
despacho del hospital, y otra te6rica de doce
á una de la tarde.
A semejanza de las enfermeras que se emplearán en el ho,pit,al, la.s farmacéuticas usa-

Gru¡30 de alumnas

de la Escuela de Farmacia.

rán un uniforme consistente en falda y blu_
sa de holanda cruda con r ul6s blancos, delan _
tales de bramante blanco y cofias del mismo
~olor; además, llevarán distintivo en el brazo
izquierdo con la cruz roja y las iniciales del
Hospital referido.

�DoilllÍngo 25 de Enero de l no:l.

EL MUNDO 11,USTRADO

E L MUKDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Enero de 1903:.,,

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EL MUNDO ILUS'TRADO

Domingo 25 &lt;le En€ro d&lt;&gt; 1V03.

EL :\fUKDO ILUSTRADO

Un "Dadmitnto" notablt.

DEL.A.. PAMPA

Como un recuerdo de las fiestas de Navidad
celebradas entre nosotros, publicamos fotografías del "nacimienton quP. la familia Pérez
Gallardo pu.so en su casa habitación de ]as calles del Pino, y que, á no dudarlo, fué uno de
los más notables.
· Las figuras, de cera primorosamente ,trab~jada, fueron hechas por la señora Mana V1llaseñor de Pércz Gallardo, quien, desde hace
tiempo, venía modelándolas.
.
El conjunto del «nacimiento&gt;&gt; á que nos referimos era del mejor efecto: los grupos estaban repartidos con arte, y hasta en los más
pequeños detalles se echaba de ver el primor
y la paciencia con que había sido arreglada la
composición.

Del vientre de la sier,·a descendieron,
:y con ramas de robles y de encina

sus músculos ciiiel'on.
Mugieron como toros atrevidos,
-corno yeguas otearon la colina,
:y como el mar lanzaron sus rugic'os.
Agitaron sus zarpas de colosos,
y sus crines hil'sutas
-sacudieron altivos y furiosos.
El rayo sus puñales le clavaba
al dorso de las grutas,
y á su:estruendo el ganado se agrupaba.
Huyó la tempestad; la noche entera.
se deleitó en Ia orgía
donde agotó sus fue1·zas de pantera.

IN PACE.

Y cuando el sol con fecundan tes rayos
sobre inmensos cadáveres hervía,
-el gaucho persiguiendo los caballos,
del pajonal surgía . .... .
JUS'l'O p ASTOR Ríos.

A la nave del tiempo indiferente,
no he de seguir la estela que ha dejado;
que grandes son los duelos del presente
para sufrir con el dolor pasado.

~• Sr .tanónigo D. .Rngtl .R. Uasconctlos

No ambiciono la gloria
de recordar las cosas fenecidas,
si vieue la memoria
á dejar más abiertas mis heridas.

Damos á conocerá nuestros lectores el retrato del señor Canónigo don Angel A. Vas-concelos, de la Catedral de Oaxaca, á cuya actividad se dehe, en gran parte, la reparación
del magnífico templo de Santo Domingo á
-que hemos hecho referencia en las páginas ~nteriores.

El recuerdo de sombras se reviste
y en sorda pena al corazón envuelve,

el que tl'iste pasó, porque fué triste,
y el del tiempo feliz, p01·que no vuelve!
¡Dejadme descansar! Nunca á mi oído
venga de ayer un eco ya lejano
á atormentarme con su ingrato ruido;
porque prefiero entre el tumulto vano
del festín en que pie1·do
á cada nuevo sol un bien querido,
á la vida punzante del recuerdo,
la muerte generosa del olvido! .....
MANUEL

S. PlCHARDO,

***

Se comprende mil veces mejor ]o infinito
por el corazón que por la inteligencia.

***

Para poder es preciso creer que se puede, y
esta fe debe traducirse inmediatamente por
los actos.
La "Adoración.''

Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas ....

Bóveda del Coro Bajo del Templo de Santo Domingo.

Ida es la gloria de sus encantos;
Pasado el sueño de su sonrisa,
Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
Ella .... ha jugado como un ¡,el'fume sob1·e una brisa!

El sabio practica el bien como respira: constituye su Yida.

***

La experiencia no es más que una mezcla
de hechos y de interpretaciones. La ciencia
deja de merecer este nombre, desde el momento en que se limita á coleccionar y á mencionar hechos puros.

***

El señor Canónigo Vasconcelos es uno de
los sacerdotes más estimados de la sociedad
o~aqueña, 110 sólo por su talento, sino también:por las virtudes evangélicas que loadornan.
MINIATURAS
No permitas que el sol ardiente seque una
lágrima de dolor antes que tú mismo la hayas
enjugado.

***
No hay enemigos más encubiertos que un
lisonjero, un ambicioso y un envidioso.

El trabajo, tn una palabra, no es otra cosa
que el restablecimiento parcial de equilibrio,
y toda fuente de trabajo se agotará el día en
que el equilibrio uní versal se alcance. Entonces la inmovilidad reinará en el mundo silenciosa y triste.

***

La educación puede considerarse como una
segunda existencia dada al hombre.

***
Las cualidades vienen de la naturaleza pero las virtudes son el fruto de nuestra educaci6n.

*"'*

Aquel que no ha comido su pan con lágrimas, y que no ha pasado noches de dolor llorando en su lecho, no conoce aúñ una fuerza
divina.

El viejo sol; Osiris,
que las arenas del desierto dora,
después que enciende con la luz del iris
las transparentes gasas &lt;le la aurora,
esplende en el zenit.
Su roja hoguera,
que finge el brillo de purpúreas clámides,
los átomos inflama, y reverbera
al pi':'l de l_as pirámides.
Mudas las aguas del sagrado Nilo,
sueñan con inundar pueblos remotos;
y moviendo las ondas con sigilo,
sobre azulados cálices &lt;le lotos
asoma la cabeza un cocodrilo.
Entre el follaje verde,
que la ribera esmalta,
pareja de ibis jugueteando salta,
y otra en el seno del marjal se pierde.
El viejo sol: Osirls,
que colorea con la luz del iris
las gasas de la aurora y de la tarde,
en lo más alto de los cielos arde;
y á través del desierto solitario
se divisa á lo lejos del camino'
la silueta borrosa del bedurno'
en la giba dorsal de un dro111edario.
ANDRÉS A. MATA, '

Quizás ya nunca nos encontrarémos;
Quizás ya nunca veré á mi errante desconocida:
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
El uno á un lado y el otro al otro, como dos remos,
ToJa la vida bogando juntos y separados toda. la vida.
JOSÉ SANTOS

Los Reya. m.!gos.

DE VIAJE
Ave de paso,
Fugaz viajera. desconocida:
Fué sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante, pero un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura. plástica. y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo ....
No era la Grecia,
Era. la Roma del Cristianismo.
Al rededor de sus dos ojos-¡oh qué ojos esoslQue las facciones de su semblante desvanecidas

Un grupo de pastores.

CHOCANO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 25 de Einero de 1903.

....

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Domingo 25 de JDnero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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-¿La Aeñorita Romane, no es esto? Tengo mucho gGsto en saludarla, seÍ1orita. ¿Cree usted que va _á estar contenta en nuestra al-

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,,;-~it?&lt;!'· .. - -~-. ~~:-¿~;.

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··.·.·:

LA INSTI.T UTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
.,
TRADUCCION Df "fL ~UNDO llU~TRADO,"
(CONTINÚA.)

Acepté, y me ayud6 á instalarme; á poner en orden las cosas de
uso corriente. Cuando se retir6, tomé mi desayuno en un rincón
de la sala del tapiz verde. Las ventanas daban á la llanura silenciosa y blanca, sembrada de arbustos cuyas ramas tenue,; y sin hojas se destacaban airosamente sobre la limpidez del cielo.
Nada se movía en torno mío; el espacio no me enviaba el más
leve soplo.

Pensé que se había realizado mi sueño de otros días, cuahdo ansiaba encontrarme lejos del mundo.
Ahora iba yo á estarlo.
Sólo me acompañarían los pequeñuelos y el campo cubierto &lt;le
nieve. Pues bien: si Dios Re dignaba permitir que esto bastara para
llenar mi corazón, ¿por qué habría de quejarme?

•dea? Alto; llevando con soltura un elegante vestido. de tela p~rda;
-descubierta la frente amplia, coronada de cabellos grises¡ ,el conJ.~mto
•del rostro exce"ivamente distinguido y en él ?na expres1on d:, t11ste¡
za que conmovfo. no obstante la plácida sonrisa que a~ompadabad
-esas palahras: tal era el hombre, e!l a¡,ariencia. muy bien .e U?ª o,
-que me salu1!aba á 1~ f!lañana sigmente en el dintel de la 1gles1a, al
salir de la misa dom1111cal.
.
.
.
Alcé la vista, y él pareci6 sorprenders~ de ll_lIS miradas. Se rn-clin6 como si hasta ese momento me hubiese vist?. .,
~Soy el Sr. Raibert, ~eñorí~; el alcalde á quien se s1rv10 usted
hacer una visita ayer. ¡Cuanto siento no haber estado en casal ¿Ha
encontrado usted todo conforme á sus dese?s?
-Ab1&lt;olutamente, sefior, muchas gracias. Phrasia y el Sr. Durand no podían haberlo h~cho mejor _p~ra mí.
-Tanto mejor. señorita. Les felicitaré de nuevo P.ºr. ello. Un al-calde necesim ser algo corno el padre de todos sus ~dmm1.strados ..... .
Y sí encuentra usted algo que la desagrade, y está en mis manos el
remedio..... . ...
d
'
Le di nueni.ment.e las gracias, asegurándole que n~ a tema .que
-&lt;lesear, si no era á mis p 3queñas discípulas, entre quienes ansiaba
mucho encontrarme.
-¿No necesitaría ~1sted un día de rep,oso?
.
-~o, señor, no! ..ulegué ayer, y el dui. de hoy, con ser dommgo, me ha caído muy bien para descansar¡ con esto creo que me bas1ta y aún me sobra.
.
.
__ Bien veo que es usted ammosa! Nuestra anterior P:ofesora era
muy amada aquí; pero más bie?, rnn~rada. Usted, señorita, esté segura de conquistarse todas las !llmpat1as,-........
.
Al pronunciar estas palabras, hablo más quedo. M:1 rostro debe
baberse nublado hasta el punto de hacer que mi interlocutor-s~ arrepintiera de su última frase. Vi que se tu~bó. Trat6 de exphcarn;e
&lt;¡ue !'e refería á mi juventud, la cual consideraba como una garantia
-de éxito para con las alumnas.
Ltieao como en derredor de nosotros !'e formaban grupos de
personas°q~e salían. de mis:1, el alcalde, se dirigió á uno de esos grupos; con cierta grac10sa alt1".ez ~e, acerco t. las m~c~achas que lo for'lllahan y á ellas y á mí nos rnv1to á trab~r conoc1m~ento. El cm:a salía de la iglesia en esos momentos: también le llamo y me le traJo.
-La nueva pastora de este rebaño, señor cura.
.
-Ah! Ah! Bien, muy bien! Somos pastores de almas, señorita!
Yo he visto á usted durante la mi,;a. Por cierto que mostraba ustect
mucho recogimient:.! Ya lo quisieran para sí muchos de mis feli;gresesl
Se volvi6 á mirará la,; j6venes, encantadoras, inteligentes, aun-que campesinas (en el mús agreste sentido de esta expresión), ele
-franco reir, de robusto talle, de rostro fresco, encuadrado en la cofia
-ribeteada de encajes... . ......
-La piedad, querida hija, es la primera g~rantíal
--¿Garantía de qué, señor cura?-¡:;regu.1to una muchachii. n~uefia.
.
-Vea usted! Vea usted!-dijo el buen cura, desconcertado.Delfina mucho cuidado! Usted ríe de todo. ¿Qué pensará de uste&lt;l
~sta sefiorita? Ella parece muy seria, y así debe de ser. Le prohibiré
á. usted que la mire, si no ha de ser usted juiciosa.
La muchacha no rliú importancia á la reprimenda.. Sigui6 rien-do, y lueg) entabló con sus compafierns una charla en «patois» que
no pu&lt;le yo entender.
Esa alegría y ese lenguaje que no comprandí, me entristecieron.
El cura me hizo algunas preguntas acerca de mis antecedentes, de
mi o.igen, etc.
-Volveré á verla, hija mía. Vaya ahora entre esa juventud..... .
no es indigna de usted ....... . .
-Oh! ciertamente, señor cura. ¿Por qué había de serlo?
Murmuré esto con temblorosa voz, que contrastaba con la firmeza de mis palabras. Las muchachas nada entendieron. Se agolpaban
cerca de nosotros, mujeres y nifia!s, mis futuras &lt;liscípulwi, c¡ue no ,;e
~ansaban de mirarme. Los chicuelos, menos interesados en verme,
se dispersaron al momento, correteando y arrojándose bolas de nieve.
El alcalde había desaparecido; pero e11tre el grupo ele hombre1;:, no se
por qué me llamó la atención el rostro de un joven como de veinte
años, á quien miré como si fuese un antiguo conocido, y que se ruboriz6 cuando nuestras miradas se encontraron.
Toda la gente de la aldea se enJontrabn. á la salida &lt;le misa. A
poco anrlar se dispersó en familias que tomaron cada cual el camino
de m casa, y pronto me encontré i:ola, en lo alto de la vereda que
conducía á la escuela.
¡Sola! Un suspiro de ali vio escap6 de mis labios, y me caus6 alar"' ma. ¡Ohl Quién sabe si iría yo á estar siempre descontenta aquí. Durante tocia la misa, mi alma se había reconcentrado en una súplica
que reunia mis resoluciones y mis deseos de poder ,;orortar la vida
fácilmente; es decir, con amor, puesto que el amor es el secreto de la
posibilidad de vivir.
¡Dios mío!--murmuraba-permitid que les ame. Referíame á
todos los habitantes de la aldea... .. . El señor Raibert surgi6 ante mí,
en la misma vereda, que era también la d&amp; su casa. ¿Aparecía ante
mí como un alivio, como un contrapeso que me permitiese soportar

la vulgaridad y lo insípido que acababa de arrancarme un suspiro tan
dolornso? ...... ¡Lo ignoro!
. .
., Ol 'dé
Ese hombre me bahía saludado con exqmsita correcc10n. v1
el poquillo dei,precio que me causara su ~is~oria. Y luego, 1~ ema~ación moral debe tener una forma que se d1st111gue entre ma.mfestac10nes del mismogrado ...... Elegante y fina-¡de alma, por supuesto!acababa de reconocer los mismos matices en el alcalde. Hubo algo ele
dulzura en el saludo que dirigí á esa alma gemela de la mía!

XI
En esa misma tarde hice uha visita il sefior cura. Se mostró bondadoso aunque un tanto solemne, no dejando de prevenirme contra
ciertos'peligros que, segú!l él, debían abundar en mi soledad.
-Será tan penoso vivir sola á la edad de usted, sin que una esperanza legítima venga á sostenerla!
Y bajaba la cabeza, sin mirarme ya, pensando sin duda en otras
jóvenes solas y abandonadas como yo, á quienes había visto perderse en yo no sé qué rutas! También yo guardaba silencio, dejando á.
mi pensamiento hacia esos caminos qu&amp; adivinaba, con terror, bordeados de tristezas..... El cura había hablado de ,,esperanzas legítimas.»
Luego las hay ilegítimas, en el horizonte de una institutriz! ¡ Ah!
Que yo siga aµartada de ellas... .... Y, como á la vieja de la víspera,
murmuré:
-Quiero guardarme ele todo. Quiero no hacer siempre sino el
bien. ¿U61110 lograrlo, señor cura?
El murmuró, vacilante, como si hubiese expresado un medio imposible:
- Permanecer sin ningún deseo, pobre hija mía! Encontrarse
fe~iz en su soledad, no poblarla con ningún deseo ...... Ninguna esperanza ........ .
Esta última palabra me turbó. ¿Qué ciencia del corazón poseía
ese hombre que á cada momento insistía sin piedad, en prohibir las
esperanzas que llenan por sí solas la vida &lt;le una joven?...... Y me
miraba, ansioso de oír mi respuesta.
Un día, á una palabra de mi antigua protectora, y otra vez entre
las tumbas, me había yo sentido subyugada por las inefables promesas que un impulso de mi sangre joven había llevado hasta mi corazón. Pero, si para la realización de esas promesas era preciso desviarse un milímetro de la vía iiifiexible ...... ¡Ah! ¡Cuán poco me conocía el señor cura, si dudaba de mí!. ..... Me puse en pie, para dar fin
á la visita, con la frente erguida, y los labios sonrientes en su tácito
voto de austeridad.
-¿Jamás desear otra cosa que la soledad, señor cura? ¡Me será
muy fácil, yo lo aseguro!
Sacudí la cabeza, levemente, sin darme cuenta del peso que para ella alguna vez sería mi soledad. Repetí:
-¡Será fácil, muy fácil!

XII
Así lo fué .. Me agradaron mis discípulas; instalé mi pequeño hogar, y me apas10né pronto por el estudio y por el cuidado de rui casita. Así el tiempo me parecía breve. Ya era el arreglo de mi recá11;1ara, que me ?(~gustaba y qu.e cambiaba yo al momento; ya era un
sistema de rev1s1on de las lecciones, que me parecía preferible y en
cuyo desarrollo me ocupaba en las horas libres. El cuiuado de niii:!
útiles también me o~upaba mucho, porque era yo muy torpe.
También ~i cocinita me había ocupado¡ .pero me agradaba muy
poco. No ~abna yo encontrado pla0er en condimentar cuidado~am ~nte un platJIJo que después comiera yo ,;ola. Día tras día tomaba rnis
alimentos de prisa, casi siempre &lt;le pie, al lado de la estufa que humeaba aún.
Lo extraño e, que en aquella época, en que nada deseaba yo
me embarga.La la tri:steza á la hora de la comida. Comía, :siempre po:
seíd~ de vaga ansi_eda&lt;l, como si algo me falta:;e. Creo que habría yo
querido una me:;Ha con su mantel deslumbrante de l,lancura· una
flor en un vaso; al~uien .... :. una anciana madre, un chiquillo, ;lguno, ~n fiu, para quien hubiese preparado platillos. l\Ie imaoinaba la
m_eslta en 1~ pieza inmediata á la cocina¡ á mí, con un delabntal, inclrnada ans10samente ante la estufo, y después llevando la torta humeante, apetito~a, con una sonrisa de orgullo ...... EsiL vi¡;ión Rt: bonaba con ~l último bocado .. . ... Si era de noche, me retiraba rápidamente á m1 cuarto, donde me esperaban lo;i cuadernos de mis uisdpulas ........ .
( COXTINUARÁ. )

iCUIDADO, SEÑORA!

Vd. emp,ezaá engrosar, y engrosar es
envsJecer. Tomepues,todas fa, mauanas
en ayunas dos graJeas de THYROiDINA
ROUTY y su talle se conservará esodco
6 volverá á serlo.- El frasco de 60gra,Jeu 10•.
P.A.RIS, Laboratorio. 1, Ruo do CbO.teaudun.

IEDICAIENTG CIERTO t IROFENSITO El ABSOLUTO.
Téngase cuidado de eligir: Thyro1dlna Bouty.

o

a

a

e

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Ministro de Colombia</name>
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