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                  <text>La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
guardia contra las imitaciones.
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'EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 9

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MUICO, MARZO 1~ Df 1903.

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�EL :il[UNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

PÁGINAS DE VIAJE.

Un €nti~rro ~n flor~ntia..
(A PROPÓSITO DE LA PESTE BUBÓNICA.)

C

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f

A ciuda~l de los M.édicis ardía en un i n~~ndio estival. BaJo las frondas del Giardino Boboli, agostadas por un sol implacable, con la pe~adilla de la galería de retratos
de los viejos señores de Florencia--papas,
cardem.les, guerreros, una cohorte de rostros
osados, hipocondriacos, de grandes locos, .de
genios, de héroes, de malvados, caldeados por
la misma sangre,-aspiraba con delicia el aire
cálido que rizaba la obscura superficie del
Amo, en un ansia de luz y de horizonte.
A lo lejos, dPl otro lado del río, lns rígidas
masas de los palacios florentinos. ¡De los palacios florentinos, de cuya «gloria triunfal»1oh imperdonable ignorancia!-había yo hablado tres meses a11tes, en una crónica parisiens~! Enfrente de mí, el Palacio .Pitti, envuelto en un rojizo vaho de verano. Una muchacha pasó á mi lado canturreaudo 110 sé C]Ué
cosa. E inconscientemente me eché á andar
detrás de ella, con esa curiosidad inquieta que
ha llamado un humorista frnncés «la dicha
de seguir,» que consiste en ir forjando historias disparatadas acerca de una persona, que
á los veinte pasos desttparece y no volveréis á
ver mí1s en la vida.
Confieso que estaba yo en aquel momento
más cerca de Bocaccio que del Dante. ¡ Padre,
perdón! Y heme aquí desandando el camino
andado, y· h eme otra vez en las retorcidas callejas, camino de la Pinza de la Sefioría, el
salón al aire libre, en donde las multitudes se
codean democráticamente con el arte. Unos
pasos más y doy con el embaldosado lugar en
que flam1;Ó la h oguera de Savonarola.
1Y no llegué! De pronto, al volver una esquina, un espectáculo extraño hirió mi vist.i.,
dejándome por un momento absorto. Era
aquella una mascarada macabra, de la que no
pude darme, al principio, cuenta. Tras un hujier de enlutado tricornio y amplia capa negra,

seguían como una docena de peregrinos, fantasmas, trasgos, de túnica de raso y semblantes enmascarados.
Cuatro de estos aparecidos llevaban en hombros un féretro entreabierto que dejaba ver el
cuerpo reclinado de un muerto, cuyo rostro
amarillo ponía una nota clara en la sombría
mancha de aquel cortejo.
¿Soñaba? No; poco á poco, los ví avanzar y

EPINICIO DEL AMOR.
(CONFIDENCIAS POÉTICAS)

-Tú que lo sabes, oh poeta modernista, tú
que por intuición divina presientes las extrañas congojas de los espíritus enfermos, tú me
dirá&amp; lo qua pasa en nuestras almas enamorada:;¡ y dolientes.
Yo caminaba errante por los breñales de un
caro po baldío, perdida la orientación de los
senderos y"anhelan te por descubrir en el horizonte brumoso una estrella maga que enderezara mis pasos hacia la Bethelem de la Vida.
Y mis intei-rogaciones al cielo, mis quejas perdidaR entre• el rumor tranquilo del arroyo y el
misterioso silbar del viento entre las copas de
los árboles, quedaban sin respuesta en aquel
solitario páramo, testigo indiferente de misan-sia8.
De pronl.9, un pajarillo verdinegro, chirriando y saltando ante mí, fué subiendo poco á
poco de rama en rama, hasta la más alta cima
de un pino gigantesco, y daba trazas del mayor contento al enseñorearse de aquel sitio
donde la vista podía dilatarse por toda la extensión del bosc11je.
¿Me interrogaba acaso, me enseñaba el camino? Así me lo persuadió mi deseo, y no
emprendí tms él el vuelo porque no tengo alas;
pero apreté:el paso, corrí hacia la curo bre para abarcar con él mayor espacio, y subí, y rnbí, jadeante, fatigado, enfermo de fiebre intensa y enloquecedom que delirante me empujaba, me empujaba ayudando á mis destrozadas piernas y á mis debilitados pulmones
para no caer desmayado en medio de la selva.
¿Cómo llegué? Lo ignoro. El hecho es que
estuve en lo más alto; 1¡ue el paisaje esplenden-

aventura de galantería que juega con la muerte y que se llama el ccDecamerón.,,
Caían como espigas tronchadas por una hoz
invisible los miembros de las familias más
nobles, y también caían los plebeyos, envueltos en sus capas obscuras. Faltaba tierra para
sepultar tanto cadáver. Y faltaba también
quiénes los enterrasen.
Se huía de la peste á rápi.da carrera y á gran

ví arrodillarse á los transeuntes y persignarse
á las mujeres, mientras la comitiva seguía lentamente su marcha, y al rato la vía tomaba su
habitual aspecto, y la insubf'tancial vida florentina volvía á hacer sonar sui:¡ cascabeles,
enmudecidos inespP.radamente por un entierro.
Sí, un entierro, conservado {1 traYés de los
tiempos con sus lúgubres perfiles, una aparición medieval de simbolismo terrorífi co, que
encuadraba bien en aquel marco que tenía por
fondo los pesados muros de la Galería de los
Oficios.
Era el siglo XIV y la peste flajelaha la capital Toscana. La muerte había detenido el
alegre remoli1,o del amor y de la lucha, como
había detenido mi paso de incorregible &lt;cflaneun,. En aquel sepulcro sólo se hicieron oír,
como arrogante mofa, los frívolos acordes de un
trovador libertino. A los dobles de Santa María de las FlorPS, hacían coro el tintineo de copas y el estallido de besos escapados de esa

te apareció á mi vista deslumbrante de majestad y de pompa; que mi atónita mirada prendió en mi corazón el espejismo seductor de
una visión divina, convertida en realidad por
no sé qué maravillosa virtud; que esa visión y
r ealidad eran el alma angelical y el cuerpo albo y gentil de ella, de la mujerángel, toda espiritual y adorable, toda belleza y juventud,
con su forma esbelta y gallarda, su mirnd:1.
tierna y profunda, su expresión seductora de
bondad infinita.

***

La emoción sentida al contemplarla era tan
honda, que me embarg(, el uso de la palabra
cuando yo hubiera querido balbucir, hablar,
cantar, gritar el ardiente deseo de rendirle el
homenaje de mi admiracli()n y el culto que se
había despertado en mi alma.
Y Ella compartió conmigo el mismo sentitimiento; me lo decían sus divinos ojos, se
adivinaba en su actitud ruborosa y expectante, se sentía en las pal pitaciones de nuestros
pechos henchidos con el íuego engendrado por
cada latido de nuestros corazones amante~.
Entonces, en la plenitud de la vida y de la
dicha, duefios absolutos de los encanto'l de la
naturaleza que convirtióse en escenario magnífico y feérico de nuestra felicidad, nuestras
almas se entendieron y se acercaron á la mesa
nupcial del Amor para comulgar el pan eucarístico de nuestro cariño sin par.
. Oh, poeta modernisk-i que todo lo presientef', ¿por qué no morimos al gustn.r el goc... supremo, por qué, cumplido el destino final del
placer de amar, seguimos viviendo y padeciendo?

***

Domingo lo. de Marzo de 1903.

.EL MUNDO ILUSTRADO

En aquellas horas solemnes de pasión yehemente, cuando el sol, la luz, el calor, la tierra,

prisa se depositaba {t los moribundos en su
fosa, algunos de ellos ni aun sin eRperar que
rindieran el postrer suspiro. Un día se enterr6 á los enterradores, y Florencia qued6
entregada á los muertos.
Entonce¡,, la caridad hizo un n,ilagro: las
familias mfls nobles-las nobles familias democráticas florentinas-se c_ongregaron, acRS0
en alguna de aquellas amplias salas en donde
hoy la~ viejas armaduras han caído faltas de
cuerpos que sepan sostenerlae, y resolvieron
reemplazar á los enterradores.
Hicieron más los nobles florentinos : sublimaron la caridad encubriéndola, velaron sus
rostros, cubrieron sus cuerpos, y así la vida
fué más poderosa que la muerte.
Las costumbres se han conservado y los herma~os de la Misericordia son los que hoy entierran á sus hermanos.
Y he aquí lo que vi en la ciudad de los Médicis en una mañana de incendio estival.
CARLOS DIAZ DUFOO.

l~s plantas y las flores, cuando todo lo que
vibra entolia con nosotros sus himnos á la vida, el amor se inflama con el fuego sagrado de
11: naturaleza creadora y se expande en difu•
s1ones de fuerza germinativa que lleva polen
á todos los cálices amantes.
Pero Ella, en cuyos labios he libado la am•
brosía de su alma, Ella cuyos cabellos me em•
briagaron con el perfume que despiden, Ella,
la adorable, 1n nuble, la única mujer que ha
conmovido mis 1oentidos y se ha ensefiorE&gt;ado
ele mi espíritu, me encuentra humano, me halla torpe y grosero porque no me despojo de
la carne, porque soy hombre, en fin, terreno
y deleznable, como que es de arcilla el vaso en
que se deposita mi alma.
Poetas, filósofos, sabios: Yenid á mí, descifra&lt;lrne el secreto de mis torturas, decidme lo
que debo hacer para ahogar los impulrns del
corazón y hacer más luminosa é indeficiente
la llama del espíritu puro.

***

Y una voz lejana dej6 oír la respuesta del
Filósofo:
-:-:,El alma anima la materia, y á mayor ele•
vac10n ~e espíritu corresponde igual pureza en
los sentidos.
Y un canto delicioso como los salmos de
David, alegró á la mohtaña con la canci6n del
Poeta:
--El Amor es la génesis de la Yida: ama
con todas tus potencias y sentidos porque el
Amor es el a!rpa de la Eternidad.
ANTONIO ENRÍQUEZ,

EL C.&amp;B:tl.A.V AL.
to qut tra y lo qut ts.
¡También tú, oh Ca:naval, alegre y bulli·oso Carnaval, también perteneces clefinitiamente al beterogéueo y voluminoso lío de
eosas que se van! Nadie lo hubiera creído:
ya muy viejo, parecía que habías entrado
a vez por todas en las costumbres de esta
bre humanidad que, como la mariposa en
s de la luz, en pos va siempre de todas las
iones de reír, aun cuando á la postre quee sus alas en la risa y perezca sin galas ni
usiones; parecía que tú, viejo y simbólico
:naval, que ponías caretas sobre las másca'&lt;l! y máscaras sobre las en.retas, estabas desnado á sobrevivir á muchas otras cosas de
taño, porque tenías la fuerza de la alegría
1te arrullaban los armoniosos de!&gt;granes de la
1úsi~!. Pero n?, la humanid~d, que se cccos1opoht1za,» esta cansada de reu en las mismas
estas y de baila1: las D?ismas danzas; quiere
ír todavía y quiere bailar más aún pero con
ras risas y con otras danzas. Tú, 'venerable
~naval, ya no le !~astas, tus bromas le pacieron por demás rngenuas, el sonido de tus
scabeles lastim6 sus oídos, ávidos de nuevos
nes, y has muerto, Carnaval has muerto
rque el olvido y el desdén 'son muertes'
~ndo el olvido y el desdén empiezan á se;
1versales. Y hoy por hoy, hasta en los lu1res ~n que con mayor imperio reinaste, en
:necia, en Roma,, en Niza, sólo pasas como
1 recuerd.o c~da dia menos intenso; París te
le~ra art1~c1almente y rápidamente; por lo
m~s, !ª M1-careme y el Carnaval son dos cod1stmtas.... .. . . . . . . La ceniza del miércoles
c~uoso que abre el rosario de los cuarenta
de penitencia, ha caído sobre el Carnaval
mo cae la tiena sobre la tapa de un ataúd.
1Carnaval ha muerto; descanse en paz el
rnaval!

Cuando, pasados los días ruidosos la juventud que alegre danzara, recibía ;obre la
frente recordación crucial y negra de que el
hombre es polvo y en polvo ha de convertirse
á pesar del recogimiento cuaresmal á pesar d~
las severas exhortaciones de los sa~rdotes á
pesar de las purificadoras expiaciones impu'estas por el tribunal de la penitencia, los recuerdos del Carnaval quedaban ocupando las imaginaciones juveniles, y más de una honrada y
fecunda pareja que hoy peina canas y acaricia
biznietos, sintió por vez primera la recíproca
atracción al cruzarse sus miradas por sobre el
atrayente misterio de la careta ..... .
Preguntad á los ancianos de esa época acerca de los contentamientos carnavalescos de
antaño y escucharéis profundos suspiros ..... .
Si son sensibles, tal vez hasta se desprenda
una amarg,1, lágrima de sus cansadas pupilas ...
Pero el tiempo corre y con el tiempo, como

recorren la ciudad comparsas ni estudiantinas.
La reunión carnavalesca en el Paseo de la
Reforma no se distingue gran cosa de la de
otros días de fiesta; apenas si una que otra
máscara vergonzante y provocadora de la burla popular, se atreve á recorrer la aristocrática calzada, ya en un coche de alquiler, ya en
una bicicleta ...... de alquiler igualmente. En
la calle, quizá recuerden los restos de algún
cccascarón,,, roto por mano infantil, que estamos en tiempos de carnaYal. Por lo demás,
nada lo recuerda.
¡El Carnaval ha muerto: descanse en paz el
Carn aval!
SARDIN.
El mn.r es la única belleza, la única fuerza
natural que el hombre no ha podido deshonrar ni disminuir.

***
Cuéntanme que an.ta:ño, cuando eran jóve, Y alegres y bulhc10sos muchos viejecitos
e hoy toman el sol y arrastran sus rememnzas por las calles de esta Metrópoli el
aval de México era suntuoso. Los go~o
de !a cccremai&gt; social organizaban compary «¡uga~an 1~ caret~, con singular donaire;
.casas ma.s aristocráticas se·abrían para rebU: á los dis~razados, y en los tiempos del
idente Ari.sta y de la serenísima dictadura
/º.n Antomo López, hasta el presidencial
acio d~i-ramaba sus luces sobre las parejas
\ ataviad~s d~ ~il disfraces, se entregaban
Y cundo eJercic10 del pecado ino-enuo antes
~onsagrarse á los cuarenta días°de ar~epenit:º oficial. T L?ego, en los elegantes salo. e Teatro Nacional que ya no existe la
ciedad. , mexicana
·
'
· la ·ruidosa
'
coutemplaba
papnsion de la juventud dorada y el bastón
c,apáS,
. . ervurn-( ¡este eterno 'caballero ha
rev1V1do al Teatro Nacional! )-resonaba
re el pavimento con entusiasmos primavees ........ .

tlijo alguien, ,,tout passe, tout lasse, tout
casse"I

***
¿Qué ha quedado del Carnaval, en México?........ .
. La l:'~imera noticia que se tiene de la aprox1macion del Carnaval está constituida por la
aparición de algunas feas máscaras de brillantes y escandalosos colores en las puertas de los
eftanquillos y en los improvisados ccpuestos»
del portal...... He aquí la diferencia del Carnayal de antafio al Carnaval de hoy: la que
existe entre la perfumada careta de raso y la
mal oliente careta de cartón ..... .
Hoy ya no cese juega la careta,, como antaño se jugaba (tal vez porque hoy" se lleva careta durante todo el año); hoy, los bailes de
máscaras son orgías repugnantes; hoy ya no

l

DE "MISA NEGRA"
LLAMADA.

Ven, soy joven aún y puedo darte
l\lis savias confortantes y bravías
Que no sufren ni menguas ni atonías
Y podrán con sus bríos confortarte.
Nadie sentirá celos:-por el Arte
-Ese país de eternas gemonías Voy can tando funestas elegías '
Y á mí, sin peligrar, puedes llegarte.
.Dices 9ue no.soy joven, porque has visto
1\11 espíntu seml y macilento
Como el cuerpo lumínico de Cristo?
Rí! soy joven aún; más entró en mi alma
Un amor desastroso, tigre hambriento
Que devoró las dichas y la Calma.
'

TEMPLO.

¡Mi_remos 17uestro templo! ¿Qué hermosura!
¡Qué mmensidad ostenta y qué grandeza!
Es templo universal Naturaleza
Abierto á toda mundanal criatdra.
SuA gramas son alfombras de verdura,
La luna lampadario de tristeza,
Y el mar es un nostálgico que reza
Bajo el inmenso domo de la altura.
.Este es P~ templo. ¡Ríndete ele hinojo~,
Mientras vierten las aves sus cantares ..... .
Prende ya los fanales de tus ojos,
·
Desgrana de tus labios la sonrisa
Y de Naturaleza en los altares
'
Celebremos ¡oh virgen! nuestra Misa.
JOSÉ

1-f.

SrnRRA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

(«Ni son todos los que
están ni están todos los
que son.&gt;)

[Súplica al lector: qu~ se fij~ en que en todos estos artículos es c:un el m_1smo asunto ~l
tratado, en todos es ca:-;i el mismo persorn~¡e
que se fotografía; pudiera creerse. que el m1,;mo autor de ellos estaba loco; sm e1~1!&gt;~r~o,
como ceno hay loco ......... » no se atre\'lo a firmarlos,y me.veo precisado, yo_9u~pue~lo asegurará ustedes c¡ue estoy en m1 ¡mc10, a poner
la firma á el'-ta colección que de entre mucho~
papeles revueltos he tenido que recomponer.]

I
«EL IDIOTA.&gt;

1

l

QlJEL día volvió más
triste que de costumbre
á,su casa; había asistído á una velada durante
la cual pudo obseHar,
cuando leía sus versos,
que se abrían bostezos
tras ele los abanicos y se
frnncían sonrisas baJ·o
las manos. Hasta sus
oídos llegó esta frase:
¡Pobre soñador!
· · «en t re las nu-¡Tieneh razón! esto de v1v1r
·bes&gt;&gt; es tonto·, er;tudiaré á la Humanidad.
Al d ' • • t ~ Ji, á la calle y enfr6 en
iad~1g~1en e .a o
'
cl~~I~&amp;

..

Cuando volvía ele sus excur:-;iones, lle,~aba
unas veces dolorosamente muchas cuartillas
y la~ guardaba;otras veces, cr~yente ele que no
debería ce haber hecho» lo er;cr1to, r~m pía con
clcs&lt;lén, para la har;ura, mt~ch_as hoJas cu_~borronadas;otras noches, enr0Jec1do de verguenza, encendía en la vela, porque creía que la
dest rucción debía ser com plcta, los papeles
manehaclos.
Una noche al llegar ú su rec[unara harto lle
callejear, mús que cansado fíEicamente, malt!·eeho moralmente lo esperaba agazapado el 111 •
somnio ¡mal&lt;lit~! que se rió del rnuchacho
cm111do él entraba con la esperanza. &lt;le un sueíio consolador.
Apenas cerraba. los ojos, Y un grito, un quejido, una increpación,, le pro~·ocaba.n el salto
en la cama, y le hacian almr clesnie?madamente los ojos en meclio &lt;le la obscuridad ele
su triste alcoba.
Yolvíii á plegar los pÍ\rpados, Y una mujer
horriblemente empalidecida, grit~b~: soy maJre, que me lo devueh·an; es cr111_1111 al, . pei;o
es mi hijo; y una señora muy sena le deci_a
desde una silla nlta y con brazos, como las 81 ·
llas en que colocan á lo;-; niños Ji&gt;ª:ª q~i~ alca~icen á la mesa: ,,no; sena una rn¡ust1cia.» Un
hombre bien fuerte, pnsaba ,,rezand o» que ne, v1e¡a
· · ar~·e bacesitaba limosna para vivir. ,Cna
· · ., l ol e: «mand o.,i
taba á un chiquillo, rn¡unnm
Una niíia blanca llevaba el veeti&lt;lo
' manchado
l' d
con sangre. l:n hombre que corna empa 1 ecido y sudoroso, llevarnlo en la mano sacos de
&lt;linei·o era detenido por un guardián que le
)

EL :\IUKDO ILUSTRADO

decía: seíior, no se canse; yo llevaré los
1!n anciano rodaba muerto sobre el cam
araba en unión de dos bueyes, r;us com
ros; y un borrico muy_ gordo que Yestía
seriamente, tomaba as1e11to en una ampl
taca hecha con pieles de hom bre,i, ante
luclos ceremoniosos de un grnpo de so
roR.
El suefio era tan horrible que abajo
cama dos hombrecitm,, cedas títeres,» d
tizaban una figura mezcla humana y
temblando por respeto ú su amo muy
que los azuzaba: ¡adelante, aclclanle!
Después ¡naturalmente! no dormía,
la cama: fué al bufete, y bur;có las cu
escritas. Las ley6 con avidez.
Cuando concluyó, descomponía.
una mueca extrnña.
Clavó Ja cabeza sobre las palmas tle 1
nos, y dejó qne se le cerraran los párJ!&amp;
Ante su vista pasaron muchas ro]
desfilaron muchas negruras; se miró
damente malo! ¡En su corazón había 1
Has de crimen!
y se larg6 con los borrones que
entre las manos.
-·¡Xo; decididamente no; es una
..
me voy á las nuues! ,
t
Llegó hast.n
., el zaguan, y e1 por ern,
liento, le saho a 1 paso:
el
-¿Esperan á Vd. si lo buscan? ¿vu
pronto?
d
&lt;l'
-Yuelrn dentro e unos tas, creo q
ja.ré pronto.
•

,_&gt;a,,-=,C-&gt;a,&lt;.A-""C-,_,&lt;.,o,a~c-=,&lt;..o=,LO~LO~~~~,..,...::,,.,~.~.~-~-~-~.~-~.&lt;.c~,~•~•~•~•~•'4-'i'!,_"C..;,¡.,,&lt;.c-'i'!-,~.,.~.~.
......~~~.--,.,.
.....-,.,. -,.,......-,,.,..-,.,.,....-.........-,.,.,....-,.,,.................... .. .. . .

\Jorrió hasta una tienda que abrían enfrente
de la casa y de ,!onde :,alía la tos del mozo
madrugador, ;: se ei,capaban l?s últimos bostezos de una lamparas de petro~eo.
,
El dependiente le gruñó un feo: ¿ccque va a
tomar?»
,
I
.
.,
1
-Dispense Yd., ¿conoce a la I umr..nH1ac.
¿A qué hora _sale el tren :P;'lra la'3 nubes;
El depend1e11te le volv10 las espaldas, bostezándole:
-¡Pobre idiota! ........
Desde e,.:a madrugada, Yaga por las calle~,
sin rumbo, ·nirando ú la~ 11ulie,.:.
Unos lo mimn con lástmta, otros lo ven t·on
burla; alguno,, le da11 un centaYo, y to&lt;los dicen:
¡Pobre idiota!

veía compasiva cuando yo la preguntaba tantas cosas· y las estrellas que se han guiñado el
ojo cuando me han visto; tenían r~zó!1 los
hombres que, como tocios los monos, 1m1tando á los que est:ín más alto, imitaban á las estrellas y con los ojos se reían de mí, cnmbián-

Domingo lo. de l\!arzo de 1903.

LOS COlV.UECIRNTES DH LA PESTE.
Publicamos hoy uua fotografía que representa el grupo de eonrnlecientes de la peste
bubó11ica aislados en la barraca cc31 de Marzo,» ·

II
;YO CUIL\!

L\TRO enorn1e:,;

l'I

rio., me :unarillah:111
el ro:-tro púlido, co11111
&lt;le 111uerto, v rasurado, como &lt;le· clérigo.
lTahía mucho ~ile11do· en la habitación.
v lllucho luto en los
cuerpos de los presentes.
Yo estaba muy serio
cumpliendo con mi
deber ele muerto; e,;taba bien muerto, y como
si vistiera lulo por la muerte mía, estaba bien
negramente ensotanado, porque yo habfa i;ido cura· todo lo que vestía yo era negro, des'
.
de los calcet1:1es-no
me hab'mn puesto zapatos porque pensaban que los muertos por más
dedentes que ~ean no necesitan llevar calzado,
porque ¡al fin no ~m&lt;ian!-hasta el listón que
me ataba las manos, para procurarme, aun
muerto, la actitud heaHfica, pues creían que
yo había sido cura bueno!
Todos sentían, según decían, que yo hubiera muerto· unos sollozaban, otro? suspira.han.
Las ca~panas de la Parroquia, de la que había sido mi Parroquia, dobla.han por mí. En
la calle no se hablaba de otro suceso más que
de mi muerte, y muchos me elogiaban entre
copa y copa.
En muchas cisas había ceras encendidas en
mi honor aunque yo no las necesitaba, porque cchabía sido taií bueno.» .........

Mazatlán.-Los convalecientes de la peste bubónica.

dose la idea de que estaba yo loco; lo estoy,
y para no fasticlinrlos mfü, ó para no hacerlos
reír mús gratuitnmente ele mí, y por mi parte,
para J10 exponerme á sus carcajadas, me voy.
¡Pobres ranas si llego todavía con palabras
en la boca! ¡Pobres sapos si aún puede11 cnmo
los hombres comprencler que estoy loco, y fastidiarRe con mis maniíestaciones aliénicas!
Y el loco que hablaba ya en pie sobre la barda del pozo, gritó despidiéndose con el ademán:
-¡Adiós; que sean felices, cuerdos; yo, el
loco, me voy. porque no puedo soportarlo,i! ...
y i;e anojó tranquilamente a! agua.
FRANCISCO ZÁRATE

RUiz.

en l\Iazatlán, conforme á las órdenes dictadas
por el Consejo Superior de Sal u bridacl, para
impedir el contagio. Las personas que forman
ese grupo, seg(rn una importante correspondencia. que tenemos á la vista, son las únicas,
que, del 18 de enero al 11 del pa!-ado, escaparon á la. muerte curándose en el lazareto.
A título ele información, damos también á
conocer la fotografía de uno ele los departamentos ele que constan las barracas. La familia que aparece en ei-a vista y que i;:e encuentra aislada, es la. de don Santiago León, persona muy cono-:ida en l\Iazatlán.
El mal que la inteligencia se complace en

-¡Yo Cura, ). yo bueno!
¡Cuánta mentira suefia uno! ¿ ,·enlad?

III
&lt;EL LOCO PACU'ICO.&gt;

L ccloco pacífico» estaba sentado sobre la
barda del pozo; la fa.
milia se había acostumbrado ya á sus
locuras inofensivas, y
lo dejaba que anduviese por toda la casa, y se olvidaba de

Mazatliin.-Una familia aislada en las barracas.

turloso tuaaro Histórico.

él.
¿Quién sabe si alguna vez llegarían á desearle que muriera para que dejase de sufrir,
para que descansara?
Allá aba.jo las aguas retrataban las negruras
de su espalda-el traje y la cabellera, -entre
las cuales blanqueaban dos renglones que se
llamaban cuello de la camisa, y en gradación
descendente de color blanco, cuello del cuerpo.
Repitió: cctenía.n razón; yo estaba equivocado ; se me ocurrió que la Humanidad estaba
loca; pero, ¡ Diablo! puesto que la Humanidad y yo no estamos ele acuerdo, puesto que
la numerosa Humanidad y yo tan solo no he~os podido ponernos á vivir juntos y á vivir
bien, y la Humanidad sigue tan acompañada
Y yo sigo tan triste. yo soy el loco; tenían raz6n los parientes que lo murmuraban tan hipócritamente; , tenían razón la Luna que me
LA CATEDRAL DE MEXICO EN CONSTRUCCION (Copia de un cuadro existente en el Casino Nacional.)

LA CATEDRAL DE MÉXICO EN CONSTRUCCIÓN.

En el Casino Nacional se conserva como
una reliquia de la época del Gobierno ~spañol
en México, un cuadro que representa la construcción de las torrPs ele Catedral v que aparece fechado en 1794.
' •
El cuadro referido contiene en una de las
esquinas inferiores, la explicación, numerada
que indica los edificios principales vecinos'
como el Sagrario, la Casa del Estado, la capi:
lla de los Alabarderos, r el templo ele Santo
Domingo. Una gran balaustrada de mampostería li1;1i~a el atrio de la Catedral y, fuera de
él, se d1stmgue, sobre una mesa, una imagen
del ((Señor del Cacao» y la cruz que se llamó
cc&lt;le los indios». Por último, y marcada con el
._!1Úmero 6, aparece la ,,estufa» del virrey, tirada por seis caballos y escoltada.
Ofrecemos en este número una copia fotográfica de tan curioso cuadro,

decir de las mujeres, es el desquite del bien
que el corazón se obstina en esperar de ellas
G. M. V ALTOUR.

LA ÚNICA Y F1EL. .. .,
Xo eres mujer sino rosa,
rosarreina inmaculada,
y yo, de tu corte a.lada,
la única y fiel mariposa.
¿Qué mucho que siendo hermosa
primaveral, delicada,
'
esté con tu corte ala.da
la única y fiel mariposa?
l\Ia.ñana, must_ia y rugosa,
aunque no estes rodeada
del enjambre que hoy te acof~
tendrás de tu corte a.lada
'
la única y fiel mariposa.
JUAN

B.

DELGADO,

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

Ca primua escuda en d territorio
Quintana Roo.
Creado por el Congreso de la Uni6n el Territorio Federal de Quintana Roo, en la parte de la Península Yucateca quefué teatro de
los rebeldes mayaR, se ha establecido en el naciente puerto de «Xcalak» la primera escuela
de instrucci6n primaria. El ¡?rabado que publicamos representa el humildEl local que ocupa el plantel, y el grupo de nifios que concurren á las clases.
El Sr. Presidente de la República., al saber
que había quedado ya establecida esa escuela,
dispuso se dotara con todo el material necesario para la enseñanza, y al recibir la fotogra•
fía que reproducimos, mandó se obsequiara
con libros y juguetes á los alumnos como un
premio á su constancia y á sus afanes. Los
niños, instruídos en la lengua nacional lo suficiente para adquirir los primeros conocimientos científicos, sustentaron hace poco su primer examen.

LA CAMPAÑA CONTRAELALCOHOLISMO.
Existe en los Estados Unidos una respetable agrupación femenina que se dedica exclusivamente á combatir el alcoholismo y que ha
formado, con este objeto, numerosos centros
de propaganda en aquella República.
La acción de esa benéfica sociedad no se ha
circunscrito á las ciudades del Norte en que la
embriaguez causa incalculables males, sino
que, salvando sus límites, se manifieEta ya en
las más aventajadas naciones del globo, que
han recibido sus trabajos con beneplácito.
A México ha sido enviada, para emprender
la campaña antialcohólica, la Sra. Addie Nórtham Fields, una de las más entusiastas propagandistas de la temperancia.
La Sra. Fields ha tenido que aprender español, y para el poco tiempo que lleva

EL MUNDO ILUSTRADO

en esta Capital,
se puede decir
que ya ha hecho mucho. Su
buena obra ha
empezado por
dar conferencias
á los presos de
la Cárct:l General y "á los de la
Penitenciaría, y
por recorrer algunos Estad os
de la República
donde se le ha
recibido con todas las consideraciones que me
rece por su laudable empresa.
En esta Capital se fundó una
sociedadde temperancia que es
presidida por el
Sr. Dr. Roque
Macouzet, y cuyas sesione¡: semanarias se ven
muy concurrí das. La Sra. Fields va á dar conferencias en
las escuelas Primarias y Superiore'!, así como en la Preparatoria, antes de partir de esta
Capital.
La agrupación qutJ ha formado creará nuevos centros antialcohólicos, á fin de que la campaña emprendida dé los resultados apetecidos.

PENSAMIENTOS.

EL MUNDO ILUSTRADO

L a Escuela de Xcalak.

EL ENTIERRO DE OFELIA.
I
Es la mañana. De los rosales
Brotan alegres, cual de un salterio,
Vibrantes cantos, himnos triunfales
Que a.Izan jilgueros y alond ras reales,
¡Los trovadores del cementerio!

II
El arte debe ser un órgano moral de la vida humana.

*

El objeto de la educación femenina no ha
de consistir en transformar á la mujer en un
diccionario.

*

Al pie de un sauce verde y somb
Junto á marmórea. tumba labrada,
Hámlet. el príncipe pálido y frío,
Con otro joven, en desafio,
Cruza, bizarro, su recia. espada.

III

La intolerancia y la malicia son
hijas legítimas de la falta de entendimiento.

*

Construcción y destrucción: todo el progreso de las sociedades
modernas rueda sobre
estos dos términos.

*

El reconocimiento es
parecido á cierto licor
de Oriente que no se
guarda más que en vaso~ de oro: perfuma á
las grandes almas y en
las pequefias-se agria.

*

Nada es tan difícil
de comprender como
lo que se ignora; nada
más sencillo que lo
que se sabe.

*

El genio es una larga
paciencia; el carácter
es más todavía: el carácter es la voluntad
sostenida, el esfuerzo
de todos los momentos, en todas las situaciones.

Paran la lucha los dos rivales:
Que un blanco féretro busca. su fosa
Por la ancha senda de los rm:aleA,
Y en él, ceñida de albos cendaleP,
Des..:ansa Ofelia, la virgen diosa.

IV
Aquella clara noche de estío
Junto á reciente tumba entreabierta,
Hámlet, el príncipe pálido y frío,
Derrama, presa del desvarío,
Llanto de sangre por su hada mu
V

Vierten los astros lumbres radio
Entre cipreses níveos jazmines
Dan sus esencias más olorosas,
De los sepulcros se abren las losas,
Y suenan cítaras y bandolines.
MANUEL REIN

La muerte en la empeflada
Contienda contra el ser, está venci
¿D6nde existe el imperio de la N .
En cielo y tierra y mar, bulle la v1
F'ELIFE TEJ

*
Releer es descubrir un libro
nuevo en un texto que ya se ha
leído.

*
Los hombres más temibles son los prudentes.
Sra. Addie Northam Fields

1.-0rilla de una presa, en Gu~najuato.-2. El Pico de Orizaba.-3. Una calle de
Pátzcuaro.--4. Ruinas de San Francisco en Zacatecas,

Domingo lo. de Marzo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-

Enstñanza dt los Sordomudos
notables Progresos.
\

1

Incalculables son los adelantos que en los
últimos años ha alcanzado la ensefianza de los
sordomudos. En Alemania se inici6 un movimiento sorprendente en ese sentido, y todas
las naciones se apresuran á seguirlo. Hace
veinte años parecía imposible, casi absurdo,
que un mudo llegase á hablar; hoy los pobres
niños desheredados de la naturaleza llegan á
articular palabras y emitirlas con relativa
claridad y precisión.
Creemos, por lo tanto, que será del agrado ele
nuestros lectores la información que publicamos en este número,con relación á la enseñanza que en la Escuela N. de Sordomudos se
imparte á los educandos. Los procedimientos
empleados para ello, se ajustan en todo á :os
más severos principios deuna pedagogía especial.
Es l111 fenómeno meramente fisiológico,
comprobado por In. ciencia, que la atrofia de
determinadas celdillas cerebrales trae como
consecuencia la hi perlrofüt &lt;le otras. Vulgarizando la explicación, diremos lo que todo el
mundo sabe: cuando los órganos de un i,enti&lt;lo no funcionan, se activa sobremanera el funcionamiento de los demás órganoR.
Aceptado este principio, agregaremos qne
casi todos los alumnos de la Escuela de Sordomudos, revelan desde luego una notable
inteligencia. De ello quedamos convencidos al
ver que los pequeños pensionados, en su mayor parte, tienen notabilísimas disposiciones

Leyendo "El Imparcial" en alta voz.

pa.ra el dibujo, especialmente la caricatura, así
como para las la.hores mamrn les 6 intelectnales qne constituyen las artes de litop:raffa. zincograha.&lt;lo, pintura al 61eo y Hcuarelas. caligraffa, costura, horda.do, etc. Lo~ tra.hajos rle
lo,o alumnos se exhiben en nn ~a.l6n espPcial.
En nueRtra visita al plantel, presenciamos
una clase ele «De~mutizaci6n», en la que ,:e
prepar:i. al sordomudo para la mecánica dE&gt;l
lenguaje articnlaclo. La prepa.raci6n consiFte
en hacer que el discípnlo se PjPrcite á respirar
ha.blando, á emitir la. voz y á adquirir una habilidad particular dPl tacto, de manera ele hacerle distinguir suficientemente entre sí las
vibraciones fuertes 6 débiles, extensas 6 localizadas quE produce la voz. Presenciamos
también un ejercicio de ccpalpeo de vibraciones» que se efectúa. de la manera siguiente:

mantel y sobre ella,la libreta reciente, el honÍ
do plato con el pan migado para la S?Pª Y e
puchero con el cocido humilde, pero b1_en condimentado, de ga1·banzos tiernos y amarillas patatas.
Algo muy grave había sucedido, no cabí a

~
'

\
'

"

.¡---•:

¡----;--;

o

ESCUELA DE SORDOMUDOS.- Salón de actos y de exposición.

mostr6 todos los departamentos del edificio, y
á la. galantería de este señor debemos las fotografías y datos que ofrecemos á nuestros lectores.

€1 Pucbero Roto.
I

Ejercicio de "desmutización."

El profesor toma la mano del hiño y la coloca en una regi6n especial de la garganta de
aquél; el alumno lleva su mano izquierda á sn
propia garganta y tsl profesor emite el sonido
de una letra q11e también es emitido por el
niño al sentir las vibraciones que produce la
laringe ele su maestro. Increíble parece el gran
desarrollo que adquiere el tacto en estos niños.
Pasamos de esa prueba á los ejercicios de la
pro&lt;lncci6n de la voz. Para éstos se enseña al
sordomurlo, además ele la emisi6n de la voz
natural, la'l posiciones bucales sirviéndose ele
espejos apropiados en los que el alumno ve sn
propia boca y puede- corregir la posici6n defectuosa de ésta. Estm, ejercicios son personales, lo que Yiene á conia;tituir una enseñanza
inrliviclual. Vimo~ también los ejercicios ele
gimnástica de la vista, que tienc;en á de,:arrollar este 6rgano y á facilitar la aclaptaci6n ele
las posiciones internas ele los 6rgirnos bucales.
J?e tal manera es extraorLlinaria esta gimnástica, (JUe los niños llegan á leer en los labios
y á_ aparentar que oyen perfectamente lo que
Ru 111terlocutor les comunica.
Por lo que respecta al estahlecimiento, está
&lt;lota.do de todos los aparatos modernos indispensables parn. su objeto.
El inteligente prof. don Luis Villa, á cuyo
cargo está la enseñanza &lt;le los sordomudos nos

Domingo lo. de Marzo de 1903.

J-OBRE la acera, en un cbarquito de cal. do poco grasiento, había esparcidos muchos garbanzos y patatas, un poco de
tocino,dos tajadas de carne y un hueso,
y entre todo esto,los pedazos desiguales
de un puchero roto, continente, antes de la catástrofe, de la comida de un jornalero.
Separábanse al pasar para no ensuciarse los
transeuntes, sin parar mientes la mayoría de
ellos en la desgracia que representaba aquel pucherillo deshecho en medio de la calle.
Bien pronto dos perros olfátearon el inesperado festín y dieron cuenta de las esparcidas viandas, disputándose luego entre gruñidos el hueso
que restaba, y que, como de costumbre, fué botín
del más fuerte. La acera quedó limpia.
II

No lejos de allí, junto á la valla de una casa
en construcción, un albañil, separado de sus
compañeros que dormían I a siesta tumbados en
el suelo, paseaba impaciente sin separar la mi-

duda.
y en estas cavilaciones, imaginando desgr~cias posibles el jomalero se separaba de la obt a
para llegará, la esquina de la otra calley_ver d_e
lejos si venía la muchacha; fumaba un c1gai:rillo y otro paraentt-etener el apetito, que ya iha
pareciéndose al hambre.
.
.
Por fin sonó la hora de traba¡o; los albañt
les, desperezándose, abandonaron su l~cbo . d_e
piedras, subie1·ou otr,t ,·ez á. los andam1os_y Ni;
ceto después de vacilar un momento, umóse a
ello~ y subió también.
Aquella mañana había tenido con el capataz
unas palabras sobre si esto 6 si lo otro, cosas
del oficio y de poca importancia; pe,:o podía suponer el hombre que s_i Nice~o se retirab~ ant;s
que los dem{1s,lo hacia e_no¡ado por 1~ ~ispu~~Resolvió, pues, no ped n· ~erm1so p,1,a m,~t:
cbarse, y continuar su traba¡o : pero en '.1quella:,
cuatro horas que pasaron basta las seis de la
tarde exponiéndose muchas veces ácaer porq~e
la debilidad le producía v,ihidos, no cesó de mirar á I a calle con la esperan~a siempre deque la
niña aparecería por allí aba¡o. La muc~acb~ no
vino y el jornalero se aferro entonces ,1 ht 1de;i,
de q~e en su familia había ocurrido algo gravisimo.
Por eso al terminar el trabajo, ecbándos~ al
hombro la chaqueta, eruprendio con tal rapidez

rada de la calle por
donde esperaba ver á
su bija con la comida
cotidiana.
Pero ~ranscurría el
tiempo y se acercaba ya
la hora de reanudar E&gt;l
trabajo, y la mucuacba
no parecía, y el pobre
Niceto, un hombrón de
treinta años, inquietábase más y más con el
est6mag-o vacío y la cabeza llena de pensamientos intranquilizadores.
Qué le habría ocurrido á la chica? Qué habría pasado en su casa?
Aquello no había sucedido nunca. Todos los
días de trabajo,sin faltA.r uno, al sonar las
doce en el próximo reloj
de la Trinidad, bajaba
el albañil del andamio
y encontraba á su bjita,
la cbatilla Rosa, que á
los nueve años de edad,
aún no cumplidos, tenía
el airedeunamujerformal, y que le aguardaba sentada en la acera,
á la sombra en verano
y al sol en inYierno,
con la blanca servilleta extendida á modo de

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otro ejercicio de "desmutización."

la marcha hacia su casa, con tanto anhelo como
temor de llegar á ella.
III

Ejercicios gimnásticos.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Una clase para niñas.

Vi vía muy lejos, en el camino de Cara.banchel,
y dudó si llegará la plaza Mayor para montar
allí en el tranvía: pero éste se retrasaba muchas
vE&gt;ces, y creyó preferible ir, como siempre, andando.
Por medio de la calle. para que no le estorbase la gente, iba casi corrie1:1do, cuando al Jleg-a1·
á la plaza del Progreso, v16 sentada en medio
del jardinillo á la muchacha. La vislumbró desde muy lejos y dudó. Al persuadirse de que era
ella,corrió en su busca.
Con su bracito apoyado en el respaldo del
banco rústico y el otro caído á lo largo del cuerpo, cabizbaja, inmóvil, estaba la cbatilla. Tenía
junto {t sí la cesta de la comida, y en ella los
ojos muy abiertos y encendidos por el llanto.
-Rosal-gritó Niceto.
La cbica,al oir la voz de su padre, como quien

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

despierta de un letargo, le miró espantada y sin
moverse.
-Qué es esto? Qué haces aquí? Qué te ha pasao? Por qué no me has llevao la comida'? Vamos, di, responde pronto. Por qué has llorao?
Qué te han hecho':'
Todas estas preguntas salieron de su boca á
borbotones y dichas con la voz trémula de la inquietud y del temor, en un tono que tanto tenía
de reconvención como de cariño.
-Ay, padre, padre!- exclamó por fin la muchacha rompiendo á llorar ruidosamente. - No
me pegue usté.
- Pues qué has hecho para que te pegue?Cuándo te he pegado yo? Dilo, bribona.
-Nunca, nunca; pero hoy sí lo merezco.
-IIabla pronto si no quieres que te zurre de
veras; y basta de llanto, y no llames la atención
de los que pasan. Qué te ha sucedido?
Entonces la niña le contó. Balbuciente y entre
sollozos que no podía conténe1·, dijo que al notar que dentt-o de la cesta iba poco seguro el puchero de la comida, quiso col0earlo mejo1·, y al
sacarlo se le cayó al suelo y se hizo pedazos.
-Acabáramos!- exclamó al oírlo Niceto, respirando con libertad.- Y por qué demonios no
fuiste á decírmelo'!
- Porque temí que usté me pegara .... Como era
una cosa tan gorda!
- Vamos, vamos á casa, que tu madre estará
con la misma inquietud que yo be tenido.
-No, madre no me espera hasta el anochecer,
porque me dijo que iuern á casa de la tía Isidra
en cuanto comiéramos, y creerá que estoy allí.
En cuanto comiéramos! Esta frase hizo al pad1·e caer en la cuenta de que también la muchacha había sido víctima de la rotura del puchero
y que no habría comido tampoco. Levantó la tapa de la cesta que la niña llevaba colgada del
br11zo, y vió que la libreta estaba intacta.
-Oye tú, chiquilla, ¿y por qué no te has comido el pan':'
-¡Estada bueno!-exclamó Rosa.-¿Qué había
yo de hacer eso sabiendo que usté no había comido?
Niceto se inclinó hacia la pequeña, y cogiendo
entre las manos su cabecita rubia, se la comió á besos.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-No hay más remedio
- añadió el albañil - que
ocultarla lo que ha pasao,
para lo cual es preciso
comprar otro puchero.
-Eso es lo mejor, padre&gt;,
eso es lo mejor-dijo la muchacha con la alegría de
quien se ve libre de un
gran peligro.
Entraron en una cacharrería y por treinta céntimos, que Niceto guardaba
para tabaco, compraron un
puchero, el que hallaron
más parecido al otro en
forma, en colot· y entamaño.
Y cuando de nuevo emprendieron la caminata.,
pensaba el albañil para
sus adentros:
- Mi hijita, teniendo hamhambre, no ha comiqo por
que yo no comía, lo cual
prueba que este comino tiene un aJma muy g t·ande.
Y la muchacha iba diciendo para sí:
-Mi padre se ha. quedao sin una pena pa comprat· este pu~hero y evitar
así un berrinche á mi madre y á mí una cachetina,
lo cual prueba que mi pad1·e
es un bendito.
Y así, orgullosos el uno
del otro, cogidos de lamano, marchaban con talgozo en el pecho, que compensaba I a angustia del
estómago . ...
V

La ·señá Pepa, la esposa

ESCUELA DE SORDOMUDOS.Haciendo una caricatura.

IV
Cuando ya tranquilos y
alegres el padre y la bija
se encamil'.!aban á casa se
le ocurrió de pronto al' albañil algo que !Fi hizo frun
cir el entrecejo y detenet•se.
- ;.Sabes lo que pienso,
Rosita?
-¿,Qué piensa usté, padre?
-Que en cuanto tu madre sepa lo que te ha pasao, arma el gran zipizape
y nos da la noche. Ya sabes lo que es, una santa de
Dios ; pe1·0 con unos prontos, que sólo yo se los
aguanto. Ni tú te libras de
una azotina, ni yo de un
disgusto, si procuro evitarla.
Rosita contestó con una
mirada elocuentísima. Lo
que su padre decía. era indudable.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.
Una lecci6n de aritm6tica.

Poco era callar entonces, cuando para
evitar un disgusto
acababan de hacer
mayores sacrificios.
La señá Pepa, gru•
ñendo todavía, fué á
desocupar la cesta de
la. comida, y al en•
contrarse con -Ja libreta entet·a no pudo
menos de exclamar
con sorpresa:
-;.Qué es est.o?
¡_Habéis comido bo1
sin pan?

***

Niceto y la cha\i•
lla se quedaron ató•
nitos:aquella impre•
visión lo descubría
todo; pero, como in&amp;•
ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otros ejercicios gim násticos.
pirado súbitamente,
contestó riendo el al•
baFJil:
de Niceto, g ruñía por todo y á todas ho-¡Quia, mujer! Si es que traemos tanta gazuras. Si no precisamente una santa, coza que digo, dije: pues compro una libreta más.
mo su marido asegurab~, era buena, muy
Y ahí la tienes pa. zampárnosla luego.
buena; pe1·0 con un ge010 de todos los
La niña sonrió admirando el ingenio de su padiablos.
dre para tramar embustes; pero a.sustóse de nue~u hombre !ª temía más que á un pevo al ver que su madre, sacando de la cesta el
drisco, y co~ este tenía gran semejanza,
puchet•o y mirando á su fondo, decía con acento
porque sus iras pasaban pronto.
irónico:
Cuando vió llegar aquella noche juntos
- Si traéis tanta hambre no será por haber coal _Padre y la. hija, los recibió diciendo á
mido sin gana, porque el puchero está tan r ebagritos:
fiao que paece nuevo.
-¡Vamos,
_Se ag ravaba el conflicto, y comprendiénd~!º
ahora me exN1ceto, arrebató el cacharro á su mujer y d1JO
plico la tarmir ándolo:
danza! El pa- Sí que es verdad: está limpio como una patepá y la niña se
na; pero basta de conversación-añadió poniénhabrán entredolo en el fregadero entre unas cazuelas- y á
tenido, como
cenar, que es muy tarde.
de costumbre,
Como echándolo á broma, cogió él mismo la
mirando lo s
g ran fuente en que humeaba el g uisado dispuesescaparates y
to p_ara la cena y la. puso sobre el mantel.
diciendo:si yo
N1ceto y Rosa, con no disimulada voracidad,
fuese rico, te
metieron á la vez la cuchara, sin esperar á que
compraría esla. madre se sentat·a á la mesa.
to y lo otro y
- ¡Válgame Dios-exclamó la señá Pepa al verlo demás allá.
los;~ualquiera diría que tenéis hambre atra¡Bobadas que
sá. 1N1 que no hubierais comido en tó el día!
entonces decía
- Ya. te lo dije antes-contestó el albañil con
á la chica!
la boca llena; - por eso traje la libreta pa posMás valiera
tre.
que hubierais
Ecbáronse á reir los tres, cruzóse entre el pavenido de pridre y la hija una maliciosa mirada. de inteligens aá poco más;
cia, y siguieron cenando con más deleite que
se me pega.la
nunca, no sólo porque era mayor el apetito de
cena.
ambos, sino porque el guisado aquella noche
t~nía p_ara ellos una salsa muy sabrosa: la saNicetoy Rot1sfacc1ón que nunca experimentan los malos 1
sa no se dieque es el premio más grande de los buenos.
ron por entendidos.
MIGUEL RAMOS CARRlÓN,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "(L ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA. )

El paisaje era triste ..... . Mentalmente repasaba yo los nombres
de los pueblecillos: Gréoux y San Román; Bramafan del otro lado.
Por todas partes, cuánta paz! ¿_Qué harían las profesoras de todos esos
lugarejos, en esos mQmentos? Imaginaba verlas contemplar la somhra;adivinaba en aquellos corazones la misma tristeza que embargaba
el mio .. ... . Y mi alma desfalleció. Las palabras del preceptor se unieron en mi pensamiento á las de Victorina y á. las del Sr. Broardel el
digno cura de Chavoux. Me pareció que todo formaba una cad~na
continua: la predicci6n de la buena mujer, la inquietud del ministro
del Señor, la revindicaci6n del joven profesor.

No! Quizá las pobres culpables no lo eran tanto, puesto que en
su camino todo l o que estaba. en pie las rechazaba y luego se golpeaba el pecho con remordimientos, cuando no se había evitado la caída
al abismo. ¿Hay, pues, un abismo, que los demás conocen? Ah! J6venenes adorables de la calle Bergers, tan animosas y tan puras, y
que sofiabais una vida tan sana y tan feliz, caeríais también en el
abismo? ¿Sucumbiríais también?
Y yo, María Teresa, la altiva. pero amasada del mismo barro
.que las otras, y cuyo coraz6n pesaba tanto, tanto, de estar vacío,podría librarme de la caída?
·

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Hola! El abate Chavard que baja por la cuesta ...... A dónde
irá?
El abate hermosísimo en los pliegues severos de su sotana, caminaba lentam~nte leyendo su br~viario.
.
.
-He allí u~ excelente hombre-dijo la joven- La institutnz y
él, son dos ángeles del Señor.
Esta semejanza con el recuerdo de la hermosa escultura de Santa Ana me rausó ci~rta turbación. A mis ojos asom6 la inquietud y
' pasó una muda pregunta..........
por ellos
.
-Oh! Son dos ángeles!-me dijo la joven en voz baJa, para no
mezclar á su marido en estas explicaciones.
Le creí al momento. Pero entonces - qué cosa más extraña!yo, que siempre había mirado con cariño á los es'?osos, _sin envidiarlos jamás, héme aquí celosa, al pensar en la apacible dicha de la señorita ~Iorín.
.
CPlosa! Esto era lo que no me había explica~o de~de el .Pnmer
día. Esa joven vivía amando, y sin que la maled1c~hcia pud1 ~se h_erirla. Ella vivía sola y relegada, como las otras, sm porve_n!r, sm
esperanza; y sin embargo, su frente pm:a respl~ndecía de felicidad ....
Vivía amando ......... Y yo soñaba con igual bien.·····:· ¿Por qué ~10
habría de probar jamás ese biPn divin.o, de que se ahment.aba la JOven profesora de San Román? De súbito, ante ese voto, mis celos se
purificaron, se convirtieron en nobld emulación..
.
En el camino lleno de sombra, cuando mis armgos se separaron de mí, y cua~do habían aparecido ya las estrell~s cintilantes,
mi alma se desprendió de su cuerpo y asom6 á los labios, temblorosa como las estrellas en el firmamento ........ .
-Amarte también, Dios mío, amarte con locura!. .....

XX
Si hubiese sido un poco psicóloga, cuánto me habría turbado e~e
voto ese afan de amor- aun del amor divino que había yo escogido! Pero nada de esto pensé. Iba hacia ese amor, como un labio sediento va hacia un manantial. Y al inundar mi alma de piedad, me
parecía sentir verdaderamente la calma refrescante que da el agua,
en tanto que realmente me bañaba en fuego ..... .
Fueron momentos inefables. Todas las tardes entraba á la iglesita, con paso presuroso, coh la D?-ente absorta. P~s~ba las horas arrodillada. Al exterior cantaba la primavera, los paJarillos rozaban con
el ala las vitrinas cerradas, entraban por las aberturas de la hóveda,
voltigeaban encima de los bancos de roble, se posaban por un momento en los ángulos del altar y después salían, dejándome en mi
recogimiento y rni embriaguez......
.
.
Para mí el universo estaba encerrado en el altarcito de esa iglesia silenciosa. l\Iis visitas á mis amigos los Arbert eran menos frecuentes, así como á la señorita Pelisier, de Distroit,que en otro tiempo me había causado interés, por su lucha de amor, tan reñida, contra las insinuaciones del joven noble, enamorado de ella .. ... .Hablaba
poco á Pherasia y la daba poca oportunidad de que me rPfiriera
aquellas terribles historias respecto á las intitutrices de las cercanías.
En cambio, mis relaciones con la señorita l\Iorín eran cada vez
más estrechas. Mi nuevo estado de alma me colocaba claramente en
la misma ruta, y la aproximación fué inevitable. La joven me daba
consejos, sostenía, mi fervor, me prestaba libros de santos y otros igualmente piadosos. En un solo punto no estábamos de acuerdo: ella se
confesaba con frecuencia, y me invitaba á seguir su ejemplo.
-Nada es mejor-me decía, mirándome con sus ojazos á la vez
ardientes y fríos, semejantes á los de la Santa Ana, que siendo de
piedra, parecían poseídos de la fe más viva!......
.
- ... Nada es mejor, señorita. Es un baño constante, que no deJa
la menor mancha en nuestra alma ..... Y los consejos del confesor son
como una flama en que sin cesar se caldea nuestro celo ..... JUse usted
de él! ¡Es tan bueno no ocultar nada de nuestros menores desfallecimientos, decirlo todo al padre, que representa á Dios!
Quise usar del mismo medio con igual entusiasmo; no lo pude
por mucho tiempo. Pronto no tuve ya qué decir al ladre Boardel, y
éste mismo ya no sabía qué repetirme.
-Muy bien, querida niña; podrá usted comulgar el domingo,
por ejemplo, y el viernes, que es el día del Sagrado Corazón, y es sábado, en honor de la Virgen ...... Todo va así muy bein ...... Tiene
usted la absolución para todos esos días. Vamos! Ahora es bueno salir un poco, distraerse como antes ...... Me gustan eEos paseos i::anos
que hacía usted. lla llegado usted á ser muy piadosa y eso es muy
bueno¡ pero no hay que caer en exageracionei;:. El vino de Dios es un
poco fuerte ...... Será usted capaz de absorber siempre las mismas
cantidades?
.
Yo inclinaba la frente, turbada por las palabras del buen cura,
conmovida hasta en el fondo de mí misma.
Al día siguiente, ó en la misma tarde, se me presentaba la señorita Morín. Radiante, aureolada, hablando poco, pero refiriéndome
sus recientes confesiones, me hacía ver su vida amplificada, surgida
como una corriente lustral, de ese confesionario en donde unía su
pensamiento de mística con el de aquel artista piadoso que era el
abate.
Entonces me vinieron revelaciones. Seguramente que aquellos
dos hijos de Dios eran puros como ángeles¡ pero q;.1é bien hechos,
qué adecuados estaban, la una para derramar su alma á los pies del
otro, que recogía las emanaciones que exhalaba ese espíritu, y de ellas
hacía estatuas de santos, destinadas á los altares sagrados ..... .
-¿No ama usted mucho ese sacramento, señorita María Teresa?

Dom¡ngo 10· de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La profesora me miraba sonriendo co~ indulgencia, pe~o asombrada de que no pudiese yo adorar lo que a e~l~ la enloqu_ecia.
-No es eso-dije con vacilación ;-es qmza que el senor cura de
Chavoux no se presta para ello .... .. Usted tiene más suerte que yo, el
abate Chavard seguramente que puede comprender~~- .
-Pues bien, venga usted á verle-me respond10 la Joven con toda sencillez.
,
La miré y me causó admiración. ~ me s.e,ntl avergonzada del
fondo que había descubierto detrás de m1 devoc1on. . .
-¡No!-murmuré al fin-ni el abate ~hav~rd .m nm~ún otro.
¡Ya no quiero tanta pied.ad! Creo que _no esta alh un remedio.;···:
Los ojos de la señonta Morín me rnterrogaron en vano. No rei::pondí...... .. .
.
.
... Me separé de ella, dejándola en la glona del sol_ pomente y regresé paso á paso, mi san~'l. sacudi~a de los días anter10res tlesvanecida como el humo de un rncensano ........ .

XXI
Desde entonces noté que sufría un poco. _Fué algo co~o una fiebre que no se manifestaba ni en el calor de mis manos m en lo encendido de mis mejillas; pero que me consn11:1fa, _no o~stante. ,Y me
parecía que á cada hora se llevaba alg?
m1 ex1stenc~a. Hab1a rea:
nudado mis antiguos paseos. En las tibias tardes, me rnternaba alla
lejos, por los campos en don~e los trigales, se desborJaban, co~no ,una
copa llena. Los puntos culmrnantes parec1an atraerme. Subia a lo
más alto de las cuestas, y me sentaba sobre el 1:1-rn~go¡ cerraba la sm~brilla para no llamar la atención d_e ~os traba~adores, y permanec1.a
así horas enteras con el pecho oprimido, perdida entre las movedizas gramfoens, c¿mo una gran flor negra. Y me entregaba á mis ensueños.
No eran ya los deseos de antes que, por su Yaguedad, me eran
soportables. Era la cofi~iencia de ~i d?lorosa. sol~dad, que me desesperaba, que me persegu1a con obstmac1611. l\I1s mua.da~ vagaban por
el campo y se fijaban en todo lo que ~e ha~la~a de umones y ?On:fidencias en los campesinos que trabaJaban mclmados sobre la tierra.
-Estos -me decía yo-aman su tierra y trabajan para alim"lntar á sus pequeñuelos. Si están tristes, si se abaten, tienen parientes
pr6ximos que los consuelan y los animan ...... ¡Yo estoy sola!
No pensaba en el m~tri,monio. Pero h:i,brí~ des~ad~ que el señor
cura Brardel estuviese mas a la altura de mis exigencias rntelectuales;
ó que la señorita l\Iorín, menos ddvota, me atenJiese un pooo más; ó
que existiese siquiera mi antigua aya, para llevarla conmigo á aquel
destierro.
Pero estaba sola, sola hasta la muerte.

?e

XXII
Cual si hubiese sido una serpiente que mi paso despertara, el
hombre desde que me vió, apartó rápidamente la maleza, y de un
salto se me puso delante. No pude menos que gritar:
-¿Usted se orultaba? ¿Me espiaba'?
.
Se balanceó delante de mí, el guapo mozo borracho, con los ojos
brillantes y los labios húmedo:-.
-Sí, me ocultaba, respondió con voz ronca.-Perdóneme usted
eso, y el haberme embriagado. He bebido para poder hablará usted...
de otro modo, no habría podido.
No sé qué de sincero se exhalaba de ese hombre. ¿Dónde había
yo visto esa mirada, llena de admiración?
-¿Acaso para hablarme es necesario beber? ¿Es usted de aquí?
-Sí, soy Sil vio l\Ioutet. Soy quien primero vió á usted, á su llegada, una hermosa mañana. Eso ha sido demasiado para mí. ....... .
Después, he ido á misa todos los domingos, y nunca había bebido,
hasta ahora, y eso para hablará usted ...... Luego ya 110 volveré á
beber, y si es todo en vano, no me queda sino arrojarme desde esa
peña ........ .
Y me señaló una de las rocas más altas.
-Hable usted, Silvio Moutet.
---Vea usted, yo la amo con locura ...... Está usted oola y triste,
¿quiere usted ser mi esposa? Usted dará su clase, yo cultivaré mi campo. No beberé nunca. Soy hombre honrado. Pregunte usted y así se
lo dirán. ¡La adoro!. .....
Se exaltó, y torpemente se puso de rodillas.
-Vea usted : cuanto haya &lt;le más difícil, lo haré por usted. Seré su siervo, no su marido ...... ¡Será usted mi reina!. .... .
No parecía estar ebrio ya. Sus labios, secos por el fuego de su
pasión, pronunciaban claramente esas palabras, de poesía viril y cándida. Mientras hablaba, me fijé en su hermosa cabeza, en sus rasgos
puros, en s u talle erguido. Y mil detalles oh-idados me vinieron á la
memoria, recor&lt;lán&lt;lome al campesino á quien encontraba siempre en
mi camino á la iglesia y en cuyas miradas había leído lo que ahora
me decían sus labios. m seguía de rodillas.
-¡Se tiene necesidad de ser amado!-prosigui6-¿por qué no
aceptarme á mí, si no tier.e usted compromiso? ¿Acaso porque soy
campesino?
Se levantó, vacilante, pero ya tranquilo, tan resuelto que le detuve, porque se encaminaba á la roca.
'

LA "CIGARRERA MBX~CANA"
Siguiendo 11uestra costumbre de t r á e?~~;
cer en este semanario los datos re1a v~s
industrias que alcanzan en el pa¡~, !ftoa riJ~
ca de paz que atravesamos, el m sl t g f
f' b o.
de I)rogreso of recemos a, n uestros ec ores
'
'
·m
ortantec;
1
tografías de una de as. mas 1 P
· a ncas de tabacos establecidas ac~ualmente e1:i 1a
ca· )ital: nos referimofl á 1~ "Cigarrera Mex1~anal" cuyo soberbio eclifi?10 ocupa en_ la gifn
av~nida de Bucareli, el sitio donde por muc.10
tiempo se levantó la plaza ele toros tle Poncia-

é

no Díaz.
I ·
" t
Al hablar de la "Cigarrera 1 ex~cana:
a~1
conocida y apreciada en el comercio poi la excelente calidad de sus productos y] por ~l capital que representa [$ l._750,~00 ' ~~ ;ce:
mos más que rendir el debido tributo~ a on
rad.ez y á la perseverancia en el t~ab~JO, fac~s Principalísimos de engrandec1m_1~nto paia
re
toda empresa que se propone ~dquHn· la
' r&lt;&gt;s.
pet;bilidad y el crédit~ T?ecesanos para. elevarse rl la altura más env1d1able.
Si alguna negociación ha lograd~, en
tiempo, ensanche y provecho, es, s1,n du~a a
que hemos citado. ~uatro tle las mas
sas negociaciones c1garrerm, co_~ que cof
A. 1 un 1a cap1"tal-Ampudia y Compama,
S
Nozuri Compañía, Pesquera ucesores .Y .
;ieg/Sucesores-aportaron pa.ra const1tmrla,
no s6lo su capital, sino el crédito que st~s m~~
cas habían conquistado en los mercado,, y .
triunfo en triunfo, porque ha)'. que adve~tn
que la ''Cigarrera'' los ha obtemdo en los prmci ales torneos de la actividad hum~n3:, ha
ado á ser lo que muy p~cas negocrnc10nes
g an. un centro de trabaJo para las clases
a 1canz .
· l
do
donde se estimula al operario 10nra
o breraS
• ·
centro
se le remun era á conciencia, y un .
;roductor que apenas si basta para satisfacer
las exigencias del consumo: tanta es 1.a_demanda que tienen en el _público s?s exq msitas ma1.ufacturas, sus Yanadas .1~a1 cas.
O
Recordamos que en J?1c1en~IJre de 19 ], 1os
D e lega.&lt;l o S r,u, 1.,u, 2a· Conferencia Paname11cana
,
.
,
hicieron una vi~ita á la notable falmca: 1:nas
dP 1300 obreros sostenía entonces
C1ga•
rrera." La im¡,rei,ió1, cam;ada en el a111mo de
los Congresistas po r aquella colmena humana_~
no pudo ser n1ú:; grata: el orden, el aseo obse1_
v·tdo en todm; los departame11tos llamaban ve1tl~dent111t·nte la atención; en. li~s ~odegas, los
tercit,s de tabaco formandP pHam1de, tor.aban
la techu111l,re, y en el departamento &lt;}e elal,orac1ún u1,a lllUltillld de ourerns ren d1an CLilto
al trali'.1j11. Las rnú,¡uinas e1,g:trgolad~&gt;;·as «~m~~atk," las «Cu111a:,w para la fal,ncac1un de CI-

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Fachada principal del edificio d e la "Cigarrera Mexicana," en 6ucareli.

garro torcido y cabeceado, y las ccWis~one,1,
ro ias ara el de pegamento, fueron JUS-~aiiie~te a~miradas. En l~s dem~s dcpen~enci~l
de la ccCigarrera» se noto también el aseo y
orden más perfectoF-.
.
.
De entonces acá la Fábnca ha segmtlo a 1canzando los n1ás notables progresos, pues
·t de la fundaci6n de nuevos talleres, paapa1 e
,
• .,
S 1'·'"' 000
ralo cual la Compañia a&lt;l:1mn? en
.vv,
el edificio del Frontón .Jai-Ala1, es digna ele
comignarse la periecci6n que ha logra~::&gt; en
unto á manufactura, y el aspecto de retinada
~legancia &lt;¡ne da siempre {t sus productos con
Jns artístirns enYoltnras que emplea y la variedad de clases de parid que entran en la fa1Jricaci6n de los cigarrillos.
,.
Buena prueba. por lo d~mfo;, de q_ue 1n «Cigarrera Mexicana» ha sal)l(IO conqmF-larse los
mayores triunfos, PS la_r:~ompenFa qL'.e obtu'"º en ht última Il:xpos1cwn P3tnn.mencana de
Búf'falo y el premio que le fue otor¡.r~do en la.
rerient~ Expo:,ición NHcwnal del 11,s~aclo de
México. -¡_;- 110 de Jo~ grabado,-,_que ,ruhl1~amos,
representa. el Diploma confendo ll la Compa-

( CoNTINU ARÁ. )

Salón de elaboración de "La Cigarrera."

ñía en el Certamen de Búffalo, y que consistió en medalla &lt;le oro.
Tan honrosa distinción, h~bl~, m~iy aH~.~n
favor de la. importante negoc1nc10n,rndust11a.l.
También publicamos una fotograf,ia &lt;l~ 13: fachada de la fábrica, y otra del salon pnnc1pal
de elaboración.
El establPcimie11.to ele la «Cigarrera)) d:~ta
del mes de Noviembre de HlOO _y, por.~o lll!Smo es una emprei::a muy reciente._ 81 en el
podo tiempo que tiene de es~'l.blec1da, se ha
elevado tanto y est(, tan acreditada. ei~ el comercio, es indudable, de totlo punto mdndable que sus adelantos se.rán, dentro &lt;l.e po~o,
sorprendentes. Como Gerente de 13: ~egoc1ación ha figurado, clei:;de su estal..Jlec1m1ento, el
Sr. D. Ricardo del !lío. persona muy Yersada
en los negocios de !a ~ompnilía y muy apreciada por su bhonos1dad y hon~·adez.
Ifay que felicitar, pues, ú la «Cigarrera," con
tanto mayor raz6n, cuantc.. que es, para nuestros obreros, una casa donde encuentran el
pan y el amparo de sus familias.

Diploma concedido á "La Cigarrera" en el certamen de Búffalo.

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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I

iü~:llÑiil

. &lt;Jnl11•1·11ad111•

1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 9, Marzo 1</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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