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                  <text>Dom!Lngo 26 de Alxri.l d~ 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domil.ngo 26 de Aba.il dA! 1901

El toco dt los ltlOjts.

7.-Trajecito bata con cuello
esclavl na para niñas de 3 i 4 años,.

11insabores, que podrían alterar, no
sólo la paz de su interior, sinotam
bién su belleza.
Efectivamente, para conservar la
belleza hace falta, ante todo, la paz
del alma, la serenidad d.e l corazón,
una vida exenta de cuidados, que
producen el insomnio, arrugan la
frente, contraen la boca y adelantan por tanto la edad de las arru¡¡-as.

A la frívolá, graciosa, en'oquecedora y encantadora va dirigido
especialmente este sermón, pues con
su graciosa cabeza de chorlito, que
gira cual las veletas, se puede temer
que, loca de su cuerpo encantador,
mimada por su marido, mimada
por todo el mundo, riendo, baih.ndo y jugando, se deje, sin embargo, arrastrar hacia una catástrofe
irremediable.
Son muy numerosas estas divinas
seductoras, á quienes no se puede
rehusar nada.
Sin embargo, á propósito de esas
catástrofes, tan frecuentes hoy día,
¡cuántos maridos hay tan culpables
ó más que sus esposas! Soberanos,
dueños de la fortuna, por ministerio de la ley, á veces no quieren
revelar á sus esposas, eternos menores de edad, la situación exacta
de sus negocios. ¡Hablar seriamente con una niña! es preferible que
desconozca una verdad que la inquietaría tal vez.
-¿Pero vamos á ver-decía un
día una mujer á su marido, que
veía á veces preocupado,-cuáles
son nuestros r ecursos verdaderos?
-¡Qué te importa!-le contestó
con impaciencia;-haz cuantas economías puedas, lo demás es cuenta
mía.
La mujer no hizo caso de esta vaga contestación y continuó gastando sin ton ni son, viendo además
que su marido no se privaba de satisfacer sus propios caprichos. Pocos años después sobrevino la ruina completa. Hoy día han desaparecido y expían en la miseria su
falta de orden, de previsión, y, sobre todo, de unidad en la administración de su fortuna, que en el
momento de casarse ascendía á algunos millones.
Cuando un marido hace conocer
á su mujer el estado de sus negocios,
da pruebas de que no la ti-ata como
á una niña irresponsable. La mujer
entonces, sintiéndose elevada por
esta confianz11,, querrá mostra rse
digna de ella y pondrá atención,
cuidando de la administración de
su casa.
La verdadera enc11,ntadora, la
que quiere serlo á cada instante de
su vida en sus mil qetalles, es la

5,-Trajeeito para niñas de 7 i 8 años.

mujer que al mismo tiempo cuida su
belleza y su reputación de alta elegancia, ocupando en el mundo la
posición que le dan su fortuna y su
el ase, y sabe dirigir y llevar su casa con sabia economía. Ahí es donde se despliegan los recursos del
genio femenmo: el orden, un orden
elegante en su interior, en su &lt;home&gt;
como dicen los ingleses.
Empleamos esta palabra á propósito, porque el &lt;home&gt; en Inglaterra es verdaderamente el santuario de la mujer.
Todo está ordenado y coordinado
en armonía con la felicidad del esposo, del porvenir de los hijos, del
confort de todos.
Esta encantadora tiene casi la seguridad de adquirir un gran ascendiente sobre el espíritu de su marido y de conservar su cariño.

~

.--Otro trajo infantil para niñas de
11, 7 añ08.

del manto real que cobije
desde el pie hasta la caben.

¡cuántos claveles de púrpur&amp;
en torno del pecho juega.ni

Tijeras de oro y de plat&amp;
los sabios dedos manejan
en el obrador luciente
del palacio de la reina,
hasta que al cabo del día,
sobre el blancor de la piedr&amp;,
terminada y primorosa
da la vestidura. espléndida.

De claveles &lt;de corona&gt;
está la corona hecha
y de grandes el a velo~es
el manto que arrastra y cuelga.
Está en capullos el traje
Y no en corolas abiertas
que abiertas se desharí¡n
solamente con tejerlas.

¡Qué orla de claveles blancos
forma la linda gorguera!
¡qué de claveles de oro
en los .vo;antes se mezcla.ni
¡cuántos claveles de sangre
enke la falda se enredan!

A~ dar la siguiente auror&amp;
al cielo su lnz primera,
p~ra entretener su hastío
viste su traje la reina
Y por que el día entr~abra
su vestidura soberbia
~n su jardín se reclin~
Junto á una fuente de perlas·
Y á medida que la luz
'
va dorando cielo y tierra,
los capullos de su traje
se hacen corolas risueñas.

DUQUESA LAUREANA.

EL HASTIO.

Pero la reina suspira
entre tanta pompa bella,
Y e~ porque la flor del alma
la tiene cerrada y muerta.

De este país que ve en suei:ioB
todo el que los ojos cierra,
dicen que muere de hastío
&lt;Mari- posa,&gt; que es la reina.

¡Reina infeliz que te vistes
de frescas flores por fuera:
abre por d_entro esas flores
= Y serás feliz, oh reina!
SALVADOR RUEDA ~~

Es su constante manía
tener en lindas macetas
cuantas flores delicadas
contiene la primavera,
porque quiere á cada aurora
estrenar, hecho por ella, ·
un vestido de claveles
que cubra su estatua regia.

MANERA DE LIMPIAR GUANTES

El método más sencillo y más barato, consiste en calzarse el guante
que se va á limpia1· y frotarlo suavemente con un pedazo de franela
hume.decido con agua de jab6n. Una
vez limpio, se frota con otro pedazo
de franela seco hasta que toda la
humedad haya desaparecido.
Téngase cuidado de no descalzarse el guante hasta que haya secado
perfectamente para que no se frunza ó encoja.

Apenas despunta el día,
va recorriendo ligera
con sus damas los jardines
del palacio que la encierra,
y hasta él regresan trayendo,
sobre sus trajes de seda,
llenas las faldas de flo1·es
de tinta y forma diversas.

ALCACHOFAS RELLENAS.

En salón de fresco mármol,
de una blancura que ciega,
dan los cálices brilla ntes
como una lluvia risueña,
y así el mármol salpicado,
dirige la mi'sma reina
los tejidos de su traje
hechos en mágicas ruecas.
Pone á una dama á que rice
volantes color de crema,
á otra encajes de escarlata,
á otra tules de violeta.
Otras damas se entretienen
en labrar la fina tela

6.--.Trajecito con saco palet6 para
niñas de 8 i 9 afíos.

se despojan de las hojas exteriores Y se les hace dar un hervor en
agua y sal, se ponen en un tablero
á. que escurran bien, se tiene manteca en una cazuela, y después ~e
rellenar las alcachofas con up picado de ajo crudo, perejil, a.cei~
y pan ralli.do ó con carne muy p1cadita, se les pone en ellas á fuego
dulce, cubriendo la cazuela con una
tapadera de hierro con rescoldo
hasta que se tuesten. Si se quiere
con salsa, se pasan por un batido
de yemas y se echa una salsa de
avella nas.

1

Con este nombre designaban en
uno cde nuestros primeros manicomios&gt; á un pobre demente, que antes de serlo se llamaba D. Isidoro
V alterra.
r Fué hombre de talento, sin duda
para que no fallase el refrán que
dice que &lt;ningún tonto se vuelve loco.&gt;
Era rico, y gozó de la vida ampliamente: la moral no me permite
el uso de otro adverbio.
Pero á los cuarenta y cinco años
empezó á tener manías; fueron creciendo, fueron acentuándose y llegaron á ser peligrosas.
Al fin y al cabo, hubo necesidad
de encerrará D. Isidoro.
En sus últimos días de libertad le
dió por los relojes, y los paraba
todos. Cuando veía un reloj andando (naturalmente, en la forma que
andan los relojes), se ponía furioso. Quiso matar á su criado porque había dado cuerda al reloj del
gabinete, llamando a l fámulo á voz
en grito asesino, traidor, endemoniado. Intervino el juez; intervinieron los médicos; le formaron causa
por heridas; se dieron inf?rm1;s J?ericiales, y, es claro, la c1enc1a Jurídica y la medicina legal llevaron
á D. Isidoro al manicomio. No podía resultar otra cosa de tal conjunción.
En tal estado vivió muchos aíios,
no muchos, y sus únicas ocupaciones en este período final de su existencia consistían en escribir esu historia,&gt; según luego se vió, y en
romper las cuerdas de cuantos relojes encontraba ó se hacía llevar;
porque, como era rico, los parientes que habían de heredarle satisfacían de cuando en cuando los caprichos de D. Isidoro sin excesiva.
tacai'lería: no se pue&lt;le hacer menos
por quien nos va á dejar unos cuantos millones. Pe1·0 en fin, á fuerza
de romper las cuerdas de todos los
relojes que caían en su P?der, ro~pió la cuerda de su p1·op1a máquina.
Después de morir el pobre señor,
se recogieron muchos papelotes que
contenían «sus recuerdos,&gt; y entresacando los menos desatinados, y
dándoles forma semirracional, se
han escrito los siguientes apuntes.
Claro es que en ellos se habla de
cuenta de D. Isidoro, ·y que se escriben las cosas, no como fueron,
sino como él, en sn imaginación calenturienta, creyó verlas.
Y aquí empieza la vida de,nuestro héroe.

***

Hasta los cuarenta años, D. Isidoro gozó de perfecta salud. Pero al
cumplir da cuarentena&gt; le asaltaron como por sorpresa varias enfermedades, todas ellas provistas
de nombres formidables. D. Isidoro empeñóseen que semoría, y, sobre todo, se le metió en la cabeza
que había de morir en el mes de enero ó en el mes de diciembre.
&lt;Al acabar un año, azabaré yo,&gt;
decía con profundo convencimiento. Así es que el 31 de diciembre era
en estos últimos tiempos para el pobre señor un día tr.-istísimo, un día
de crisis y de angustia.
¡Morir en un Sao Silvestre! ¡Qué
crueldad del destino y qué falta de
respeto para con una pe1·sona de
tan altas cualidades!
En uno de estos días nefastos volvía D. Isidoro en su coche de ver
al médico, y había adquirido en
aquella consulta la evidencia de
que no le quedaban ni veinticuatro
horas de vida.

9.-Trajes de paseo. Uno de chaquetacorta y el otro de tela escocesa.

Subió, ó lo subieron, la escalera.
Entró en su gabinete. Echó á todo
el mundo fuera, y se entregó á la
más negra desesperación.
¡Morir! ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A
quién estorbaba en el universo?
¿Qué mal bacía á nadie? ¿Qué iba
ganando el Cosmos con que él muriese?
El no era una mala persona, ni
era un imbécil. Admiraba la naturaleza, admiraba las artes. Así es
que por awor á la naturaleza viajaba mucho, visitaba los Alpes, los
Pirineos, Sniza y Andalucía. Así
es, repetimos, que, á .fin de proteger las artes, compraba cuadros y
asistía á los conciertos y á los estrenos de los dramas.

¡Qué más se le puede pedir á un
hombre honrado!
El daba limosnas, muchas limosnas; siempre llevaba los bolsillos
llenos de perros chicos y grandes y
volvía á casa con los bolsillos vacíos.
Luego amaba al prójimo. ¿Qué
más se le puede pedir al ser humano?
No era muy seguro que creyese
en Dios; pero, por si acaso, procu. rii.ba. no ofenderle, y de todas maneras casi creía en el diablo. Y esto
es ya un principio de religiosidad.
Digámoslo de una vez, aunque D.
Isidoro no lo confiesa: siempre fué
&lt;supersticioso,&gt; muy supersticioso.
Dados estos antecedentes, se com-

prende que el hombre se diera á todos los diablos.
Y, en efecto, resolvió darse al
diablo.
D. Isidoro había llamado al cielo, como Don Juan Tenorio; pero
el cielo no le había oído, sin duda
porque no lo merecía. Se había hecJ:io. devoto, h_abía rezado, siempre
pidiendo á Dios que le devolviese
la salud, p~ro en vano; le parecía,
en sus dehr1os, que bajaba de lo alto una voz, diciéndole en tono burlón: c¡La salud! ¿Conque la salud?
Ya sé para lo q1Je quieres tú lasalud; espera un poco.&gt;
Acaso era la propia conciencia de
D. Isidoro la que así hablaba.
¡Darse al diablo! Esto ei·a su úni-

�Domdngo 26 d,e Abrll IClie: 1903

co recurso y su· única esperanza.
¡Mire usted que pedir•esperanzas
al diablo, al único ser que na_da espera! Pero el que está _perdido se
agarra á un clavo ardiendo,. y. D.
Isidoro se agarró al enro1ecido
cuerno de Satanás.
Estaba resuelto: llámaría al demonio. Verdad es quede algún tiempo acá el demonio no acude, al !De·
nos en persona, á tales 11 amamientos · pero esto debe consistir en que
codio la fe está tan decaída, no se
le llama de corazón y en serio. Se
llama pensando: «Te llamo, pero ya
sé que no vendrás.&gt;
No· nuestro hombre se propuso
llam~rle de veras, con todas 13:s voces de su cuerpo y todos !ºs mfernales alientos de su espíritu.
Le llamó y no vinu.
«Debe consistir, pensó él, en que
aún es de día (eran las onc_e y media de la mañana), y al diablo no
le gusta la luz del sol.&gt;
Entonces D. Isidoro cerró el balcón; corrió las cortinas; mandó_ encender un gran fuego en la chimenea, porque el di,ablo dl be de ser
muy friolero, segun lo que_ ab_usa
de las ascuas y del agua _b1rv1en·
do;no encendió la_ luz eléctrica, ¡&gt;orque estos modernismos de la ciencia no son del gusto de Satanás.
Satanás es clásico, e~rnentemente
clásico· pero encendió una vela
á Dios otra al diablo.&lt; El estaba
resuelto á entenderse de solo á solo
con el Señor de las Tiniebl~s.
Después se acercó á la chrmene3:,
sobre ella había un magnífico_ reloJ,
de que cuidaba mucho D. Isidoro,
y al cual él sólo daba cuerda en
días seiialados del mes; á un lado
y otro del reloj lucían figuras de
bronce representando á Fausto Y á
Mefistófeles.
.
Cogió con gran traba.JO al Melis·
tófeles y le colocó en una butacaj
en la de enfrente se SE:ntó y em1;&gt;ezo
su evocación casi á gritos y casi en•
tre convulsiones:
- ¡Satanás, ven á mí! ¡Yo te llamo Satanás,Lucifer, Belcebú, Mefistófeles; yo te llamo con todos los
nombres que tenga.si Ven á mí, noble ser de las tinieblas, del d_olor,
del mal y del pecado! pon Isidoro
Valterra te llama; y srn esperará
que fabriquen el «contrato de trabajo &gt; está dispuesto á contratar
contigo franca y lealmen~! ¡ Acude
á mi voz, que te ofrezco m1 alma, Y
mi alma vale la pena d_e que te t&lt;?mes esta molestia. Ser rnfa.me, rum
y maldito, ven pronto que no puedo
más!
y D. Isidoro se quedó. echado en
la butaca y casi sin sentido.
Pasó un rato; se fué recobri.ndo
oco á poco, y fijó la vista con anta en el sitio en q ne babia coloca·
do la figura de Mefistófeles.
La figura babia.crecido, se había
hecho flexible y· y a estaba arrellana.da cómodamente en la butaca.
«Esto es un diablo de veras,&gt; pensó D. Isidoro, entre alegre y ate•
rrado.
.
d ..
Luego oyó una vocec111a e v1e1O
que le decía:
-Aquí me tienes; ¿para qué me
llamas'?
-Para lo que te llaman todos: para venderte mi alma.
-Hace mucho que nadie me llama
para venderme su alma: me la dan
de balde.
-Sí; pero yo no soy tan tonto.
-Pues explícate.
-Según me ha dicho el médico,
me quedan pocos días de vida.
-El médico atrasa; te quedan horas: al dar las doce de la noche en
ese reloj, y al acabar el aíio, acabarás tú. Son las once y cuarto,
conque ajusta la cuenta.
A D. Isidoro se le acabó, ó poco
menos, de helar la sangre; pero repuso:
.
-Pensé 1:ener más vida.
-Tenías mucha más; estaba resuelto que llegases á los oc,he'ntay
nueve años; pero yo presenté un m~morial á la Potesta_d_ suprema, pidiendo que me permitiese encargarme de tu vida; y tales méritos ha•
bías hecho, que la Superioridad accedió á mi solicitud. Conque yo re:
solví que murieses al dar ese reloJ
las doce de la·no.e:he.
.
-Está bien-dtJO D. Isidoro, con
algo así como un chispazo de ~uz en
los ojos.-Hay que resignarse. ,Pues
aquí del contrato!

mE:. ?rIUND0 ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

tendió hacia el hueco los diez dedos, que se convirtieron en diez ca•
fios de moneditas de cinco duros, y
bien pronto rebosaba el noble metal.

D. Isidoro miró las doradas piezas co_n satisfacción y regocijo, y
aun hizo observar al diablo que la
masa había quedado floja· &lt;si le
dieras unos cuantos zarandeos para que se asentasen las monedas
aún cabrían más.&gt;
'
Así lo hizo el diablo con suma
complacencia, y pronto el barguefio quedó repleto y maeizo.

Don Isidoro volvió á su gabinete restregándose las manos. Miró
al reloj con sonrisa burlona y dió
unos cuantos paseos por la habitación.
Así estuvo dos horas. Al acercarse al reloj por última vez, respiró
á sus anchas. Y a no se oía la péndola y las agujas estaban fijas.
D. Isidoro se vistió, salió de casa y pasó el día y pasó la noche en
grande.
Volvió á las once y media y se
tendió en la butaca tranquilamente.
Poco después, en la otra butaca,

El diablo dió un &lt;bote de carnero,&lt; y D. Isidoro lanzó una carcajada.
-¿Qué dices?
-Mira el reloj.
Se acercó el diablo á la chimenea
y se &lt;quedó pálido,&gt; porque también el diablo tiene sus palideces.
-¡Está parado 1.... ¡Lo has parado tú!. .. .. ¡Trampa!.•.•• ¡Trampa
evidente y probada!
-No. Es que no tenía cuerda bastante.
-¿Tú lo sabías?
-Naturalmen~. (Tenía seguridad

Domingo 26 de Abrll die 1903

tes históricos de D. Isidoro, lo pasó en grande. Pero ¡qué desdicha!
Tomó un criado que resultó admirable; ¡qué honrado! ¡qué inteligente! ¡qué)eal! ¡qué trabajador!. ....
y ¡qué funesto!
Volvió una noche D. Isidoro, y
al entrar en su gabinete le llamó la
atención un tictac que le puso el
ca?0llo de punta. Se precipitó á la
chimenea y el &lt;reloj estaba andando.&gt;
¡No fué grito, no fué alarido, no
fué rugido el que lanzó D. Isidoro!

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11.- Vestidos de viaje para s~ñoritas J6venes.

-Como quieras; aunque no vale
la pena.
-Sí vale; porque tú sabes J?Or ex•
periencia que una alma no siempre
está segura. ¿Y si á última hora me
da por arrepentirme?
-Es verdad - dijo el diablo con
noble franqueza.-Mejor es el con•
trato.
.
.
-Pues siéntate á mi mesa y escribe; yo dictaré. Pero ant.E:s dame por
anticipado un poco de vida; las ho·
ras que me restan han de ser de
perfecta salud.
-Es que todavía no hemos firmade el contrato.
-Es un anticipo.
·
-Sea-dijo el diablo bondadosamente· porque en no tratándose de
la sal~ación, el diablo es bondadoso.-Se inclinó algo hacia adelante· extendió un brazo: prolongó un
d¡do que fué creciendo á modo de
florete y le dió á D. Isidoro entre
ceja y 'ceja. la célebre estocada de
Nevers.
D. Isidoro se sintió otro; ni más
ni menos que á los veinticinco añ?s.
-¡ Admirable! - exclamó con JÚ·
bilo.-Ya estoy á gusto; escribe.
El diablo se puso á escribir.
-Dicta.
Y dictó:
.
-&lt;Ante las invisibles potencias
celestiales comparecen .... &gt;
El diablo le interrumpió:
-Espera: tengo un _escrúpul? l~terario. Si las potencias son &lt;invi-

sibles,&gt;¿cómo podemos &lt;comparecer&gt; nosotros?
-Para nosotros ellas son invisibles; mas no lo somos nosotros
para ellas. Sigue.
-&lt; ...... comparecen Don Isidoro
Valterra .... &gt; Me pongo yo delante
porque yo soy «Gran cruz&gt; y tú no
tienes ninguna.
-Una tengo, y me sobra. Pero
continúa, que yo no soy vanidoso.
-&lt; ... Don Isidoro Valterra por
una parte, y por otra Satanás, sefior de los profundos; y lealmente
estipulan el convenio siguiente:
&lt;Artículo primero. Don Isidoro
vende á Satanás su alma entera,
con todos sus accesorios; en las
condiciones que marcan las demás
cláusulas.
&lt;Artículo segundo. Don Isidoro
vivirá .... hasta que den enel reloj
aquí presente las doce.&gt;
El diablo quiso interrumpirle, pe·
ro D. Isidoro se anticipó:
-Son tus palabras: tú lo has di·
cho: «Morirás cuando den las doce
en•ese reloj.&gt; No quiero queme anti•
cipes la muerte: francamente, no
eres de fiar.
-Pero, ¿y si me haces trampa?
-No hago trampa; ahora verás.
Sigue escribiendo.
-&lt;Pero ninguna de las dos partes
contratantes podrán tocar el reloj,
ni adelantarlo, ni atl'asarlo, ni pararlo tampoco. De lo contrario,
este convenio se anula en perjuicio

.-~::-

de la parte que á él falte. ¿Estás sa
tisfecbo?
- Lo estoy. Acaba.
-Acabo: «Artículo tercero. Mientras viva D. Isidoro, es decir: h_as•
ta que den las doce en el reloJ citado Satanás le concederá cuanto le
pida: salud, oro, posiciones eleva·
das deseos ambiciosos; en suma, le
ayu'dará con todo su poder en cuan·
tas empresas buenas ó malas em·
prenda.&gt;
-Oye: en las empresas'buenas no
puedo ayudarte.
-Si tó. me ayudas, dejarán de Berbuenas.
-Lo procuraré - dijo el •diablo
·
con angelical sonrisa.
- c.·Y qué
más?
-Basta con lo dicho. Aºfirmar ·
y firmaron: D. Isidoro con su
pluma· Satanás con la uíia del deÍ
do del'corar.ón, dejando en PªPf
un rastro de fuego: «Se.tan s,&gt; Y
rúbrica, que parecía un rabo e~ros·
cado. Después sacaron una copia.
-¿Quieres más?
-No puedes marcharte; peroan;
tes .... '¿ ves ese hermoso bargueílo ·
Abrelo, no tiene nada; llénamelo de
oro acuñado.
.
?
-¡No serían mejor billetes
-No· hay que &lt;sanear la m&lt;;&gt;neda &gt; co~o ahora se dice, Y empiezo
po~ sanear la mía.
.
-Como quieras, me es igua1· .
Se acercó al bargueño, lo abrió,

;1

1

·*
~

~-

);:-

..

__,,,,.,.:

,.-~-°;::)

ª

10.-Colecci6n de trajes de paseo y visita.

-¿Quieres más?-preguntó Satanás?
-Por ahora, no.
...:..pues me retiro. &lt;Hasta luego.&gt;
-Como gustes.
Don Isidoro le acompafl:ó hasta la
antesala, y al despedirle le dijo,
extremando la cortesía:
-Ya sabes que has tomado posesión de tu casa.
-Hace tiempo.

flotaba una neblina, que no tardó
en cuajarse en fopma de diablo.
-Ya estoy aquí-dijo el &lt;espíritu
malo.&gt;
-Ya lo veo.
-Vengo á buscarte.
-Me parece que es pronto. Pero
no importa, &lt;esperarás sentado.&gt;
-Falta un cuarto de hora.
-Falta más, bastante más que un
cuarto de siglo.

absoluta de que á &lt;las dos&gt; se acababa la cuerda.
--¿ Y no me lo dijiste?
-Ni tú lo preguntaste. Conque
adiós ..... es decir, al diablo ••••. ,
hasta dentro de algunos afios.
El diablo rugió colérico; pero al
fin se fué con el rabo entre los cuernos, que no siempre lo ha de llevar
entre las piernas.
Pasaron años, y, según los apun-

_Fué algo sin nombre que rasgó el
aire y bamboleó la casa.
Acudió el criado.
-¿Quién ha entrado aquí?
-Nadie. El reloj estaba parado
y le he dado cuerda.
Entonces fué cuando D. Isidoro
se lanzó sobre el fámulo y quiso
matarlo.

..

.. *

En la muerte de D. Isidoro hubo

�EL ).1.1.JNDO ILUSTRADO.

Dom!lngo 26. d.e A.brll die 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

PASTEL DE PATATAS.

dos circunstancias muy notables.
Por disposición suya le llevaron
en aquel día. el reloj de su gabinete y los adornos de la chim9nea.Pe•
ro sólo le llevaron una figura de
bronce, la de Fausto.
Del Mefistófeles na.da se supo.
D. Isidoro tampoco preguntó por
él. Dió cuerda al reloj; se ~entó
enfrente, y al da.r las doce,. d1~ ~u
a.lma á . . . . ¿á quién? A la Just101a
eterna..
. .
Algunas horas después no v101eron prt,0isa.mente los diablos á llevárselo· pero vinieron los herederos con '1a.s cara.'I tristes, los dedos
engarabitados y vestidos de luto.
JOSÉ ECREGARAY,

Se a.san las pata.tas sobre la.ceniza., se pelan y reducen á masa. Se
deslíe ésta en seis yemas de huevo
por libra de masa y cuatro onzas
de azúcar en polvo. Se amasa todo
junto. Se echa en seguida. la cáscara. de de limón rallad u, su zumo Y
claras de huevo; hecho esto, se ponen en una tartera ligeramente unta.da. de manteca. de vacas, se le hace
formar la corteza y tomar color ba•
jo el horno de campaila.

RECETAS DE COCINA.
PATATAS

Á

LA ALEMANA,

Pélense y pártanse en rE'banadas
las patatas cosidas en estofa.do,
córtense peda.citos de pan delgados
y cuadrados, fria.se todo con man·
teca de vacas, póngase en un_plato
hondo y riéguese con un coc1do ~e
harina de patatas. Antes de servirlas se puede dar color el gniso rociándolo co azúcar y poniéndolo en
el -horno de campaña. .Ta.mb,én
se puede bañar con pala hecha as·
cua..
PATATAS

Á

PATATAS

Después de cocidas, peladas y
cortadas, se pone en una cacerula
un pedazo de manteca. de vacas
a.masado con harina, se deslíe con
nata, se sazona con sal y pimienta.,
se mezcla esta salsa: cuando esté
próxima á cocer, se echan las pata.tas, se saltean y sirven bien ca·
lientas.
PATATAS

Á

Á

Expllcad6n dt

nuutros grabados.

LA HOLANDESA ,

Hágase una masa de las patatas
como las precedentes; rebóguese,
sazonándola. con sal, pimienta. y
yerba finas picadas; se moja con un
poco de jugo de vaca, se forman
bolas, se rebozan en yemas de hue·
vo batidas, se fríen y se sirven
guarnecidas de perejil frito.

LA POLACA.

Pónganse á coser patatas bien la·
v11.das en agua con un poco de man·
teca de vacas, dos cebollas grandes
en cuatro pedazos, tomi}l~, Ja.u1·el,
basílica, clavo, sal, y p1m1enta en
grano; déjese coser hasta que se
pueda hundir un dedo dentro; póngase en una. criba á que escurran;
se pelan, se parten en do~ ó tres
partes y por encima se cubren con
salsa blanca ó con alca.parras.
PATATAS

Á LA CREMA, ·

ALCACHOFAS

Á LA

PEBRE.

Se escogen las m~s pequenas, se
parten en cuatro pedazos, se las
quitan las primeras bojas, se corta
la parte superior de las otras y_el
tronco, se cuecen en agua, y se sir· .
ven en agua fría conla.s vinagreras,
sal y pimienta.
ALCACHOFAS

Á LA

1

SALS.A. BLANCA
Traje de visita y casa.

Se limpian, cuecen y ponen en
agua fría como las anteriores. Se

LA m::QUESA.

Pélense y córtense en pedazos,que
se deberán haber cocido en agua de
sal con un manojo de ajedrea.; pón·
ganseen una cacerola con algunas
cucharadas de salsa corta.da, espesa· des líense en ella yemas de huevo' y sala ligeramente, se afta.de un
buen pedazo de manteca de vacas
y se liga. todo meneándolo con ra.•
pidez.

.. ................................
"SANTA FE," LA MEJOR RUTA

__ ____

ADenter,:1ansa1 City, SL Loals, Cblcago, llew York.
..,....
'"""'\
San Francirco J Los Aueles

vuelven á calentar a l tiempo de
servirlas, metiéndolas en agua hirviendo después de quitada la pana
inferior. Se ponen en un plat.o
ecbádolas salsa blanca en el hueco
del cogollo. Se puede también ser·
vir la. salsa aparte en una salsera.

EL TEST AMENTO.

Dtl 111110. Sr. Jlrzoblspo ittbaL

PATATAS ENSARTEN,
Se pelan y cortan en rebanadas
delga.das después de cocidas, se ponen E'n un sartén con muy poca. man·
teca de vacas ó de cerdo, y se vuel·
ven hasta que tomen un color subi·
do; se sirven las salsas. Para guarnecerlas se pueden emplear las espinacas, relleno de carne ó de ropa
vieja, en lugar de l as cortezas de
pan fritas.

♦

nace pocos c'lfa1 qoe ■e practlc:6 la
apertura. del testamento del Jluatrlalmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feebd
en la ciudad' de Cblcair;o, Jlllnola. La
lortuna di dl1tln111ldo prelado uceD•
dl6 A cerca de $1:.!5,000 oro amerl&lt;:no;
y sect1.n el lonntarlo que ae ha pull 1·
c.ado, lo■ blene■ que tlej6 foeroo como
,11ue :

PARA CURAR UN R!SFRIADO EN UN DIA
'fowe las patullas Launt" de Brom~loa.
Bl botu:..rlo lo devolYOr, 111 dinero II oo 10 cura.
La ñrma K. W. Gro-n M baila eo cada cajita.

Una vez renovadas las fuerzas,
los enfermos pueden dormir tranquilos y _n? tem_e~ á los ataques
de la imo&lt;l1osa t1s1s y de otras enfermedades. Para reconstituir el
organismo y purificar la sangre,
el ui;o continuo de la Emulsi6n
&lt;le Scott de aceite de hígado de
bacalao, es el gran recmso. Sírvanse nuer-tros lectores enterarse
de lo que dice sobre el asunto el
Dr. Luis A. -Díaz y Díaz, de la
ciudad de México:
''Me es grato manifestar á ustedes, que los res.~ltados obtenidos con la Emuls1on de Scott, en
mi práctica médica, han sido enteramente satisfactorios tratándose de enfermos á quienes les ha
sido nPcesario reparar sus fuerzas ya en conYalecientes de enfer~iedades cr6nicas, que tanto
dPstruyen el organismo, como la
escr6fula, tisis, etc.''

Los bienes fueron valuados
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Entre las •11poalclones del seflor Azsoblapo, en ■u testamento, ■e hlcleroD
éatae:
A sn hermana, sel!orlta Kate Feeht.n,
qoe estovo siempre con él huta aa
muerte $40 000 oro en bonos y $:.!Cí,ooO
oro d; una' de Ju póllzas de 1eguro;
l la sellora Anna A. Feehan, viuda c'lel
sellor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor A rzoblspo, $:!5,000 oro
de otra de lt.8 p6llzas, y $5,000 oro en
efectivo; l la Academia de San Patrl·
clo de Cblcago, de la que es preceptora 1u hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro lle la dltlma p6llza; A 1•
escuela • 'Santa Maria'' de en■ellanaa
prtletlca para varones, de Feehaovllle,
Illlnole que era la ID1tltoclón por la
que mÁ1 se Interesaba el ■ellor A~
blapo, se entregaron los $4,000 reataD·
tea •e la dltlma p6llu.

~úmero l. Estos elegantísimos
traJes de casa y paseo, requieren
un verda.dero gusto para su confección. El corpii'lo del primero lleva
un ele¡¡-antisimo cuellohombreras
de traje inglés, y en los puilos colócase el fino encaje de igual manera.
Deben fijarse nuestras lectoras en
que la parte superior y anterior del
sombrero luce un adorno de encaje
idéntico al del vestido. En la falda de éste y basta un poco después
de la. mitad, se hacen a.parecer las
aplicaciones de cordoncillo de seda
que parten desde el ta.lle. Por lo
que respecta. al segundo modelo,
nuestras simpáticas lectoras deben
fijarse en lo graciosa. que es la ancha cinta que cae á lo la.rgo de la
falda., sirviendo como de cenefa al
elegante adorno de eo&lt;'aje inglés.
Número 11. De una. teta mui fina
y propia para la presente estación
de ca.lores, se confecciona el traje
que representa este figurín. Lo que
contribuye esencialmente para darle la bonita y elegante vista que
ostenta, es el peto de tela diversa.,
de cruzadillo, y la. ancha y fina gasa
de encaje que de allf pende basta la
pa.rte inferior de la falda. Por lo
demás, el traje es de sencillisima
confección, y ya. nuestras lectoras,
por explicaciones que hemos hecho
a.nteriormente, conocen los proced i•
mientos que deben emplearse.
Número 13. De exquisita forma y
confección es el sombrero de este
grabado. A una forma de paja, resistente y de buen tamaño, se la hace cubrir con gasa de seda, y sobre
ésta y rodeando á la forma, secolocan cuatro hileras de pequeilos
pliegues. En uno de los lados, como puede verse en la figura, se colocan dos plumas de avestruz: una
de ellas ca.yendo sobre el tocado, y
la otra, en pequeña forma de resplandor, levantú.ndose sobre la primera.. Un a.nchl) botón forrado de
seda, completa el sencillo adorno
de este sombrero, que en todo se ha
sujeta.do á la forma de bolero. • ,.
Número H. Sobre una armazón de
paja, cuya forma puede variar de
acuerdo á. los gustos personales, se
coloca., con gracia.y buen gusto, un
ancho plegado de gasa de seda,
cuyo color ha de semejarse un poco
a.l de la forma de paja. Sobr·e este
plegado de gasa, y en lavarte posterior c..el sombrero, se hace pasar
un a guía de fio1·es. Como se ve, no
puede ser más sencilla la confección
de este sombrero, y, sin embargo,
el resulta.do que aquélla produce,
es de muy buen efecto. Mientras más
claro sea el color de este sombrero,
es más elegante. Aconsejamos un
fino azul pálido.
Número 16. Propio pa.ra.sel'loritas
es el sencillo y vistoso traje que representa nuestro grabado. La tela,
de color claro y muy poca resistencia, propia para la estación primaveral , contribuye también en gran
manera para. el buen efecto del vestido. El ancho cuellobombreras es
de muy bonita. vista, y, partiendo
de él á lo largo del talle, una vistosa. aplicación de cintilla y borlas.
La fa.Ida no lleva más adornos que
los pliegues representados en el fi.
gurín.
Numero 20. No nos cansaremos de
recomendar á nuestras lectoras este

1.-Traje de etamina con guarnición renacimiento.

elegante figurín, que representa un
traje muy serio y muy valioso. A
la buena calidad de la tela, debe
agregarse también la buena calidad
del adorno, pues aun cuando este
último no i.e encuentra. muy recargado, sin embargo, su calidad deberá ser de lo mejor. El doble cuello, uno sencillo y el otro de hombreras, produce uua. hermosa vista.;
el primero de estos cuellos se hace
cubrir con terciopelo, interi-umpido
con pequeilas aplicaciones decintas.
Las mangas, dobles en su parte infel'ior, a.sí como el cuellohombreras,

se hacen ribetear por cinta terciopelada de color obscuro.

EL MISTERIO.
Vestida con las galas nupciales,
flotando sobre sus hombros el amplio y sutil velo de desposada., sujeto á su gentil cabeza por un aro
de oro cua.jado de pedrería, bajó
Elena de Agramont á la cripta del
castillo, donde en labrados sepul•
cros de mármol, adosados de dos

en dos á los muros, dormían el sueno eterno sus poderosos antepasados.
En perpetuo testimonio de fidelidad conyugal, al lado del sarcófago que contenía. los restos de uno de
los varones de Agramont veíase la.
tumba de su esposa, ostentando
aquél y ésta las estatuas yacentes
de los en ellos sepultados. Escudos
é inscripciones esculpidos en el mármol de las tumbas parejas, pregonaban linajes y apellidos de a.mbos
esposos, fechas de su fallecimiento
empresas por él realizadas y virtu~

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 17, Abril 26</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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