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                  <text>ELÍXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE CARLOS.
Lo r ecetan los médicos de t odas las naciones; es tónico digestivo y antigastrá.lgico cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intesti nos, aunque s us dolencias sean de más de 30 años de antigiiedad y hayan fracasado todos los demás medicamentos. Cura el dolor de estómago, las acedias,
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EL MUNDO ILUSTRADO
AN1 X-TOMO 1-NUM. 24

MfXICO, JUNIO 1-1 Df 1903.

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CELESTE.
(Cuadr o ae Herbert Schmalz) ,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

·o IAS DE ROMA.
S. P.

EL PALATINO.
En algunas regiones del Asia ó del Africa. inex•
plora.da.s puede suceder toda.vía. lo que aquí su·
cedió: u-d pueblo de pastores, es decir, de nó_ma.des que necesita. fijarse en un lugar venta.¡oso
pa.r'a. la. defensa. de sus gana.dos; q~e inve~ta. ó
conoce el arado para hacer producir la tierra.;
que sin dejar de ser completamente pastor, comienza á. ser labrador, y que creyéndose rodeado
de fuerzas sobrenaturales, se pone en contacto
con ·ellas por medio de un grupo S3.CE:rdota.l, y
que sintiéndose rodea.do de fuerzas vivas (los
otros grupos que le disputan el paso ó el hogar),
entra. en contacto con ellas por medio de un grupo guerrero: un pueblo en esta. situación, se
encuentra. un conjunto de colinas en terrenos ó fértiles ó pantanosos, junto á un río, y allí
se detiene y lu,ha. por quedarse y lo logra a.l fin:
ésa. es la historia de Roma. na.ciente, á la que la
leyenda. (en buena parte fa.brice.da. por l?s griegos) ha puesto su marco de poesía. épica. y de
ensueño religioso. El cerro Fa.la.tino, alto de unos
cuarenta. metros sobre el pantano del Fo~o; defendido por el riachuelo del Vela.bro; domrna.ndo
la.s otras colinas de que estaba. aislado, era un
sitio admira.ble pa.ra. vivir y defenderse; allí los
roma.nos de la leyenda, que en el fondo son los
de la realidad, planta.ron sus cabañas redondas,
encerraron sus ganados que pacían en el pantano
y en los llanos próximos y se rodearon de una.
muralla de defensa; es decir, «ina.uguraron&gt; una
ciudad· es decir, para. concitarse la protección de
los dio~es, acudieron á los vecinos etruscos que
conocían mejores recetas para. esto, y el caudillo,
envuelto en el velo ceremonial, c_u mplió &lt;;on los
ritos augura.les y trazó un surco en la mitad de
la pendiente de la colina. cuadrilonga, levantando el arado en donde debían situarse las puertas:
a.sí definió la ciudad de Roma, cuyo recinto fué
sagrado, es decir, consagra~o á los dios~s, d_esde
·aquel punto. La profanación, el sacrilegio se
castigaba con la muerte: de allí la leyenda de
Remo el profanador y de Rómulo el inaugurador.
¿Y será. cierto que estas piedras, que estos bloques entre sí unidos sin cemento, por sólo el
peso son las reliquias de la &lt;Roma quadrata,&gt;
del~ que Rómulo fundó '? Yo lo deseo vivamente· a.sí podría decir que había visto materialmente '1a cuna de lo que ho.y es, no la raza, sino el
alma latina.
¡Oh! este Palatino, aun después que Roma hu-

Q. R.

bo dominado las colinas ·circunstantes, siguió
siendo la ciudad, por excelencia. Los roma.nos
veneraban allá a.bajo, por donde acabamos de
entrar, junto á la iglesia de San Theodoro, la
cueva en que la loba amamantó á los gemelos;
aquí arriba la casa del fundador, los restos de
la primitiva traza.; aquí estaba, por donde sube
la ca.lle pendiente que lleva al Foro, la puerta en
que ungía.o a.l entra.r ó al sa.lir los ganados
(&lt;porta. mugoni11.&gt;); juuto está el templo que
Rómulo ofreció levantar á Júpiter Stator [que
detiene], porque, como recordáis, lectores, los
sabinos, g ue tenían sus aldehuelas en las próxima.s
colinas, a.ta.ca.ron furiosamente á. los romanos
del Pala.tino, que les habían arrebata.do á sus
mujeres, y tal fué la embestida., que los romanos
pusieron pies en poi vorosa, y para contener aquel
pánico, RómuJo invocó á Júpiter, le ofreció un
templo y el buen señor les paró los pies y contuvo el corazón de los fugitivos. Y he aquí los
restos de ese templo. Muchos eruditos dudan que
estos vestigios tengan ta.maña. antigüedad; yo,
que no soy erudito, no lo dudo. ¡Pero si lo del
rapto de las sabinas es un cuento probablemente, me argüía uno de mis compañeros; usted
mismo nos lo ha dicho en la clase de historial
Sí, pero en primer lugar las luchas ent1·e los dos
pueblos, son innegables; los romanos se batieron
siempre, combatieron sin cesar, sobrevivieron á.
esas luchas y por eso fueron lo que fueron, la.
eelección se había verificado, eran los más aptos
para la vida.. Y díga me usted ¿qué camiao habría
tomado la historia roma.na, cuáa probable es
que nosotros no habríamos llegado á ser, si Júpiter no detiene aquí á los sabinos y les impide
tomar á. Roma, incendiarla y matar al ág uila en
el nido! Hagamos conforme á los sagrado s ritos
un sacrificio [mental] sobre estas piedras s antas.
Todo es emoción histórica. inexpresable en esta visita. Cuando en el lado de la Colina que ve
al Velabro, a l Capitolio, al mercado de los bueyes, junto al río («Foruin boarium&gt;) dice el guía:
aquí estu vo la casa de Cicerón, la que CJodio
hizo quema1· á. las turbas locas y que el Senado
hizo reconstruirá expensas de la República (como hizo la Asamblea con la de M. Thiers , quemada. por los clodios de la Comuna), se s iente
~alofrfo, como si las palabras fuesen una evocación, como si viésemos venir una sombra errante entre aquellas reliquias de un mundo materialmentemuerto, anímica.mente vivo é inmortal.
Hay mucho de artificial, de «voulu,&gt; en todo esto,
lo comprendo; p&amp;ro de estas a.ctitudes que tomamos ante nosotros mismos, se compone el ademán
total de la vida.

Domingo 14 de Junio de 1903.

mL MUNDO ILUSTRADO.

***

Augusto, cuando todavía se llamaba Octaviol
compró aquí una casita (precisamente la. de
orador Hortensio, el émulo de Cicer ón) y de esa
casita na.ció el Palatino imperia l; un siglo des•
¡:¡ués, ya. no vivía.en el cerro s agr ado más que el
emperador y su familia., con sus augusta.nos, con
sus libertos, con las servidumbres, en sus pal..
cios.
No sé si habrán quedado vestig ios de la casa
de Hortensio; si le&gt;s ha.y, no supieron mostrármelos los guías oficiales del Palatino. Lo sentí,
porque Hortensio fué mi patrón, como quien dice
el general vencido de mis primeras ambiciones
infantiles; ¡cuántas batallas perdimos juntos, mi
general ! ¡Como que Cicerón e.·a. nuestro contrario, y yo nunca logré, no sin amar¡rur~, ser ofi•
c ial de Cicerón! Veo perfectamente ea mis recuerdos sobre las paredes crudamente blancas de cal
del liceo en que á los once años estudiaba enMéri·
da, el escudo azul de los de Hortensio y el rojo de
los de Cicerón; éstos eran los primeros, los que
tenían mejores puntos de aplicación y de condueta. Los de Hortensio éramos los segundos, JO
siempre fuí de los segundos; no e1·a. de los ~egUDdos á veces, porque era de los terce;os; siempre
me ha sucedido lo mismo; me be res1gna~o á eUOml
hace tiempo, pero confieso que nunca qut~e á
jefe nunca· mi sueño dorado era ser de C1ceró11t
per¿ a.pena~ me acercaba un poco á él por 1'
historia por la aritmética ca.fa yo en brazos tle
HortensíQ .. . ... Y todo esto era ideado por nuel'
tro s anto y sabio profesor italiano_el senor M.,
galoni que según decían, había sido secretarfe.
de Ro~si c~ando éste fué asesinado en Roma;!
cuya vid~ anterior á su venida á Améric~ siempre quedó envuelta. para nosot1·os en el m1s'8ri:.
l a verdad es que lo creíamos ua cardenal fugi
vo. Pero volv!\mos á Hortensio, es decir, á Aft!
gusto.

***

li

Una ascención al Palatino se llam a en el
guaje de los guías ; visitar el Palacio ?e los
se.res. Y era. de ver la cara compungida de
amigo Pepe Velá zquez, excelente ~om paílero
viaje por lo consecuente y lo _pare¡o, como
decimos, pe rn que no había sido _pag3:do por
Gobier no como yo para saber h1stor1 a, cuan
se veía en a.quell o~ espacios rod~ados de m
de ladrillo ó d e ese r elleno especial _que lof
manos usaban y afir maban con ladrillos Y u
revestían de má rmol ó piedra, mur?s 3:ltís
á veces, y derechos ó curvos, pero 10fin1

desnudos, enormes esqueletos de edificios, con
los pisos destrozados en que apenas qu~dan
fragmentos de mármoles y sombras de mosaicos:
¡Esto es el palacio de los Cé~ares!
.
En primer lugar,d~s palac1os,&gt;deberíadec1r_se;
son varios, todos u01dos, es verdad, pero bien
car acter ísticos: Augu~to, que encontr:ó una Roma de ladrillo y la de¡ó de mármol, hizo el suyo,
modesto en comparación de los otros, cierta.mente· no era más que la ca.sa del patricio romano,
u~ poco ampliticada: el pórtico, la sala de rec~pciones ó audiencias («ta.blinum&gt;), luego el_per!s·
tilo (patio rodeado de columnas), con hab1tac10nes á lo largo de los cort'edores, y al fondo el
comedor ó «Triclinium;&gt; los adoratorios ó lararios, las bibliotecas, los ja.rdincillos ~nte;iores complicaban, pero no alteraban la distr1buc ió~ clásica. Pero la casa de Agusto quedó un
poco abandonada en tiempo de Tiberio, que odiaba á su padrastro y que se hizo edificar en la
parte de la meseta. que veía al Capitoli~ un palacio propio, pronto abandonado también_ ~or
su propietario, que prefería las nefandas dehc1asdel Golfo de Nápoles, la divina copa de coral y
oro y zafiro en que el cruel viejo engast~ ~in
cesar efímeros rubíes de sangre humana. L1via,
viuda de Augusto y madre d~ Tiberio, s~ retiró
también del ót&gt;sierto palacio á una cas~ta que
hizo decorar primorosamente por sus prntores
griegos.
. .
.
Un loco de ata.r subió al solio imper1a1 y no
quiso ser menos que su antecesor Y también tuvo
su palacio del la.do del Foro; míransedesdeéste
la. 3 ruinas del palacio de Ca.lígula sobre la casa
de las Vesta.les, á guis_a de gigantesco coh:J?e.nar
desbaratado y sin abe1as. Ca.lígula, para v1s1tar
á su berma.no Júpiter y acordar con él asua~os
del imperio ó regañarlo cuando fuera nec~sario,
se hizo levantar un puente entre su palaCJo y la
roca del Capitolio. O~ co~fieso que este megalómano infame, y sangmnar10 y depra.v_a.do, tal vez
porque deba. sospecharse que era un irresponsable divierte y hace reír un poco. A sus contempor án'eos no les ca.usó tanta risa y uno de ellos,
constantemente befado y ul~rajado por el César
demente, lo espió en el criptopórt1co (un largo
pasadizo oculto) y lo mató.
Claudio el imbécil, sabio filólogo_, qu~ no~ h_a.
dejado muy buenos datos sob~e la historia prim1tiva. de Roma y cuya hist-0ria privada es la d_e
una calabaza., diría. séneca, yo buscarí3: el símil
más bien en la zoología. que en la botánica., porgue es una de las n¡ás prodigiosas representaciones tauro-humanas que hay en los anales latinos, ¡lean á Suetonio y á Tácit? quienes duden!
no edificó na.da aquí. Su mu¡er, una señora.
pelinegra. que se disfrazaba con una gran peluca
rubia y acompaña.da de un&amp; sola esclava. se escapaba de noche por el criptopórtico, bajaba_ al
Foro Jo atravesaba y se perdía en los tugurios
infectos de la Suburra., de do~de regresaba antes
del sol, dassa.ta., sed non sat1ata;&gt; esta ~adama
Claudio se llamaba. Mesalina. en el pala.c10; en la
Suburra, la loba: ¿no será tod? est~ un chismazo
del amigo Juvenal? A Cla~d10, _cierto día que
había comido devorado, me¡or d1cho, uaa. ó dos
libras de bongos condimentados por la coci~era
Locusta un gran &lt;cordon bleu&gt; que solía gmsar
con sa.ls'a. de mu~rte, suc~di? en el solio el hijo
de su última mu¡er Agr1pp10a., hermana de. Ca.lígula, y que se había empapa.do en las ~áximas
mora.les de Séneca, el preceptor de su h~¡o, para
tener el gust-0 de hacer todo lo contrario; ¡pero
tanto que es para santiguarse) El tal hijo sellama.be. Nerón, que dejó el Palati_no, por chico y
por cursi y se fué á hacer p11,la.c1os á otra parte.
Buscaba 'buscaba.. Un díaseincendiógranpa.rte
de Roma\ habéis visto ese inc_endio en «Quo y:adis·&gt; es lo que ahí se ve me¡or; y Nerón d1¡0:
ést¡ es la mía. y sobre lace.;iza levantó uaa casa
de oro en cuyos jardines podía caber todo el
Palati~o. Todo allí era imp~ov_isado, pero enorme y no os repetiré l_a descripc1ó~ de las maravillas• Roma incendiada había sido para el s~premo' bergante imperial una lámpara. de Aladlno á. su luz habían surgido prodigios del suelo.
N~ era esto lo que le tenían á. mal los roma.nos,
sino que todo fuera para él; hasta entonces los
emperadores habían construido para el solaz del
pueblo; éste ante todo.
A esa tradición volvieron los Flavios, que reconstruyeron ma.teri~lm~nte una parte de Roma,
que hicieron un Capitolio de oro y elev_aron en
l a fantástica mansión neroniana. el Coliseo; ya
Roma tenía su inmenso «Circo máximo&gt; para. las
car reras y las luchas,el &lt;Circo llaviano&gt; era casi
r edopdo para los combates de gladiadores y de
fieras y para las batal_las na.v_a]es (&lt;na_umaquias&gt;). El último Fla.v10, Dom1cia.no, tirano
político del tipo de '!i_be;io, más espi.J?tab_le_ y
menos serio que el v1e¡o impuro de Ca.pri, erigió,
no una casa, para eso tenía la de Augusto, sino
un verdadero palacio en la colina imperial;
Marcial y Sta.cío, el elegantísimo y el a_mpul~. sísimo poeta de la. adulación abyecta y srn lím1tes, nos han descrit-0 los portentos del nuevo
pala.ciú imperial, la sala de audiencias sostenida por soberbia.s columnas, decorada por altísimas hornacin11.s en que descansaba~ grand~s
estatuas de los dioses y en cuyo ábside Dom1ciano, á la usanza oriental, se hizo erigir un
trono (los otros emp~radores no lo habían usa.do); el peristilo de tres mil metros cuadrados,
y el comedor que se confundía. con el olimpo,
con el cielo, decían los poetas arrodillados; ro-

L a Casa de Calígu la.

deado (le jardines (nínfeos} y dispuesto á maravilla para esas orgías sin nombre que tan teatralmente organizaba Nerón y que el mancebo
El agábal, el emperador invertido, había de extremar y refinar con torpezas extra.humanas,
siglo y medio después.
Pero Domiciano era un culto; él regaló á Roma para juegos grieg'.ls, un estadio en pleno
Campo de Marte, que aún conserva su forma y
su nombre(«Circo agonale&gt;) en la pla.zaNavonn~,
con tan insigne pompa. &lt;fontana.da.&gt; por Ber01ni y su escuela. Otro est_adio hizo_ construir Domiciano junto á su mansión p.ilahna.
.
Los Antoninos conservaron los pala.cios sagrados · pero erigieron sus grandes monumentos fo;os templos, arcos, termas, en la. ciudad,
no 'en el c'erro imperial. Vino después el te1·cer
siglo: Septimio Severo quiso rápidamente hacer lo que los otros habían hecho sucesivamente para hacerse perdonar su origen y fisonomía
.africana. La verdad es que él y su feroz hijo
Cara.calla fueron constructores babilónicos;
para aprovechar una orilla del Palatino aún no
ocupada, prolongó la superficie haciendo substrucciones .,.igantescas que aún quedan, allí encima estab; su mirador, su «belvedere,&gt; desde
allí veía med ia Roma y asistía á. los juegos del
Circo máximo.
Luego vinieron los abandonos, las invasiones,

'
!
los saqueos furiosos y rápidos y los despojos
metódicos; mármoles y bronces desaparecieron
ó fueron mutilados: los mosaicos se hundieron
rotos; la maravillosa. túnica de arte de aquellas
casas dignas de los amos del mundo, fué arrancada en jirones y distribuida entre los templos
de la religión nueva ó arrojada al polvo y á la
incuria. del tiempo. Cuando los vi_rrPyes bizantinos estaban en Roma, solían vivir en estos
palacios a.penas habitables ya. La vegetación,
la incuria hicieron lo demás; los techos cayeron, y los muros, sin su blindaje de bronceó de
granito ó de mármol, vinieron al suelo y soterra.ron los pavimentos de incomparables mosaicos, dejando en pie eno1·mes fragmentos que
recortan en el cielo sus trágicos perfiles. Luego
los señores romanos del Renacimiento, los favo•
ritos de los papas, pusieron sobre todo esto sus
jardines y sus &lt;villas&gt; (los famosos jardines
fa.rnesianos). Ha.ce poco liega.ron los arqueólogos y la exhumación comenzó .

***
¡Qué fría estaba. la gris mañana. de Enero que
visitamos por vez primera. el Palatino; qué frías
las cosas, qué eternamente frías, qué muertas!
Visitamos: debía decir devoramos, porque nos
metimos por todas partes sin orden ni cronolo-

Restos de la Roma "quadrata.''

�bomingo 14 de Junio de 19M.

F.lL MUNDO ILUSTRADÓ

EL MUNDO ILUSTRADO

gía,con desesperación de nuestros cicerones; los
&lt;bedekers&gt; no fueron desenvainados. Corría un
remusgo por entre aquellos lamentables esqueletos que nos llegaba al nuestro, glacial y penetrante; parecía un soplo de ultratumba; nos
sentíamos clareados como los palacios á través
de cuyas arcadas veíamos discurrir las sombras
de los Augustos y Domicianos bajo las especies
de mises de habla inglesa que escogían las ruinas para flirtear con sus blondos compañeros,
ó asestaban los kodaks á los muros que erguían aún en el espacio helado sus lamentables
fragmentos de donde caían grandes trozos de
sombra que parecía hecha de siglos, y añoranzas y silencios ....
Entramos en el criptopó1·tico que corre al
margen de los palacios de Calígula y Tiberio.
Es un amplio pasadizo cerrado completamente,
excepto sus extremos, y que recibe la luz por
lumbreras cuyos bordes el tiempo hacarcomido.
Es un verdadero túnel, tan alto, que parece angosto; el revestimiento de bóvedas, muros y techos ha desaparecido, sólo quedan los últimos
pilones de ladrillo que sostenían el empuje de
las bóvedas y hasta ellos están en parte desbaratados; por aquella sombra casi nocturna, acá
y allá encharcada de claridad glacial que caía
de las aberturas cenitales, discurríamos en silencio, cuando el guía nos dijo: aquí mató Cherea al emperador Ca.lígula. Contestamos á una
y sin pensarlo: hizo bien, y seguimos nuestro
camino. Pero al frío material que nos hacía tiritar, unióse desde aquel momento un frío de
otro género, un frío moral, diríamos; aquE'I ambiente que nos parecía siniestro, se volvió trágico. Y veíamos al muchacho aquel de veintiocho años, cabeza pequeña. en un cuerpo enorme,
con el rostro de vieja lívida en que los afeites destinados, no á. hermosearlo, sino á. darle un aspecto aterrador, no acertaban á disimular las
arrugas y parpadeos seniles, con la implacable
senilidad del vicio; lo veíamos caer con la cabeza partida al primer golpe del fierro de Cberea, bañado en sangre y levantándose y cayendo nuevamente bajo los puñales. Su guardia
germánica había tomado otro camino al subir
del 1!,oro, en que se habían celebrado unos juegos en honor de Augusto, y no lo pudo socorrer; su tío Ulaudio, que le seguía de lejos cojeando, y con la cabeza, trémula como si en lugar de cuello tuviera una espirnl de alambre, y

la boca siempre abierta y Jlena de baba y de
gula, se ocultó detrás de una tapicería,de donde
lo arranca.roo los germanos enfurecidos y lo hicieron emperador.
Entramos en la casa de Livia; si estas pinturas son de su tiempo, era una gran aficionada
al arte puro, madama Augusto; un paisaje, una
calle de Roma, un tema mitol6gico (Io guardada por Argos y salvada por Mercurio), y ornamentación decora.ti va en varias partes, esto es
todo; es bastante µara dar idea del admirable
sentimiento pictórico de los artistas que por
aquí pasaron hace veinte siglos. De vuelta de
Pompeya quisimos rever estas pinturas; no, ninguno de los frescos de la ciudad muerta (y :.on
ct:!ntenares) es superior á éstos ni en dibujo ni
en delicia de colorido; parece que los siglos les
han puesto delante un cristal ligeramente ambarino, pero que les han conservado mejor sufres•
cura y su encanto.
Dos horas ¡rastamos en recorrer pórticos, salas regias, triclinios, basílicas, exhedras, pedagogios (escuelas ó efebias de jóvenes soldados
de la guardia imperial), grandioso todo, triste
todo, como que no hay nada; sí, si hay, 1estos
e.le ¡rnredes, lu.s suficientes para marcar las masas de los edificios, algunos a1·cos que parecen
ojos eoormt&gt;s sin pupilas, algunos paredones de
ladrillo y tierra que parecen milagros de equilibrio, todo hueco, todo vacío, tl'uzos de un cadáver inmenso disecado implacablemente por el
tiempo. Esto, el Foro mutilado, los bustos y las
estatuas que se custodian en los museos, producen la impresión de que es Roma un anfiteatro,
el supremo anfiteatro de anatomía ....
Lo que está en pie son las sustrucciones del
palacio de Severo, varios pisos de arcadas que
muchos creen un palacio en ruinas y que son los
cimientos de la postrt,ra de las casas imperiales ..... De encima d!l ellos se ve la traza dttl
Circo máximo y los 'fragmentos albeantes del
cementerio israelita y el Aventino escueto enfrente. Aquí abajo estaba un pórtico de varios
pisos (&lt;el zeptiiooium;&gt; JI) destruyó Sixto V para apl'Ovechar el material) erigido por el eropel'ado1· africano, con obj!lto de servir de perspectiva final á la vía Appia, que se ve salir de
Roma entre ruinas y pe1·derse en Ju. maravillosa
melancolía de la campiña roma.na, entre relic¡uias y sepulcros.

***
De estas visitas sale ?ºº cabizbajo,

silencio-

so, como cuando se deJa una casa mortuoria
como cuando se ha visto un cadáver......
'
¿Habrán hech? bien_ lns arqueólogos en exhumar esta Rom_a imperial de su tumba gigantesca, para satisfacer una cu1·iosidad que no se
sacia, que no puede saciarse'! Pero ha.n violado_ así el miste1·io, es dec_ir, la poesía de estas
ru10as. ¿No estaban me101· ba¡o sus jardines
~aroesios y su villa Milis, sombreadas por los
cipreses negros, y los cedros verde~, y las enci•
nas ahora. quemadas por el invierno y las higueras que descienden opulentas y frondosas
(en estos momentos son huraños esqueletos gráciles y feos) de las hignt&gt;ras de los tiempos de
Rómuloi' ¡Cuánto indefinible encanto habría en
esta Roma sagrada adivina.da entre las llores
y ahora vi~ta en fra~n-!entos irreparables ent~
las narraciones fast1d1osas de los &lt;cicerooep
uniformados!
Sí, pero cómo ayuda todo esto que se ha exhumado á la evocación. ~l espíritu trabajosa y
dolorosami,nte, pe1·0 por la herza, pero inevitablemente, complt&gt;ta los muros, rehace las bóvedas, pone ea pie las columnatas, restaura los
estadios y repone los mármoles, ll1·ooces mosaicos, jardines y fuentE's (¡ohl lu.s divinas' fuent¿s eternamente wurmu1·antes de Roma), y todas
las líoeas se completan y reto1·na el encanto de
Jos cu.piteles y el relieve de los frisos, y cuelgan los cortinu.jes asiáticos en las entradu.s de
lus tl'iclioios, y las estatuas griegas sonríen ó
cantan en sus nichos ..... .
Y un inmenso regocijo se difunde en el alma
se ve alzarse y vivir lo ideal. .. . Y vienen lue~
golas sombras, y cuentan todu.s ellas su drama
su idilio, su risu. .... Un grafito por aquí encon~
trado y que se conserva en un museo, representa á. Cristo en forma de asno crucificado; ésia
fué la primera impresión que hizo el cristianismo sobre el pueblo romano; entre esa caricatura y la transfiguración de Ra.fael,¡qué transformación! ni las de las edades geolog1cas pueden
servir de metro á estlls tru.nsforwaciones del alma! Vida intensa del almn hecba de nues,ra comunión con los muertos: ¡Oh Roma, oh Roma, á. quién no has du.do el derecho de llamarte
Roma míal
JUSTO SIERRA.

j

PÁGINAS DE VIAJE.
LOS PEDOS DE LUCEBR!.
Carlos Sarrus, un exquisito crítico de arte,
ha escrito, no recuerdo con qué motivo: «Todo hombre tiene dos patrias: la suya y Francia.»- Y yo creo que todo hombre nacido en
país libre, tiene también dos patrias: aquella
en que nació y Suiza, d hermoso jirón coronado de picachos blancos, tenuemente asomados á. la superficie de lagos azules.
La libertad es allí una función orgánica;
parece que baja arrastrada por el viento que
desciende de los ventisquero¡¡, que brota con
la generosa savia de las viejas selvas de pinos,
que se esparcE: con las corrientes de agua,
que se alza en himno en las gigantescas moles de granito que escalan el cielo. Pero ¡penetrad más hondo! Poblad aquellos valles,
sembrad-como el Diablo de la leyenda-caseríos y «villas,» suspended nidos humanos en
aleros de abismos, y siempre veréis la simbólica flecha de Tell partiendo el corazón de
Gészler.
Y martilleando tenazmente sobre esa idea,
en aquella rosada mafiana estival, frente á las
agudas agujas dt- San Ligero, vino, de pronto, una aparición á descubrir el secreto de la
gran fuerza harmónica que sentía latir en torn-o mío. Aparición minúscula, casi insignificante, baladí, fugitiva para los ojos de un
viajero presuroso, que sólo procura abarcar
los contornos gruesos, las líneas de relieve:
un cochecillo cargado de botes con leche, tirado por un perro. ¡Ah! sí, es verdad! La libertad es fuerza, porque es acción, porque es movimiento, porque es trabajo! He ahí el secreto.
Sólo los pueblos ricos son pueblos libresha dicho un estadista ilustre;- pero para ser

rico, es necesario que el mazo golpee el yunque, que el agua mueva el molino, que el
músculo atirante el brazo, que la máquina
haga andar la fábrica, que el buey arrastre el
arado, que el perro conduzca el carro. Y una
ráfaga de luz pasó sobre la blanca ciudad policroma, rebosante de los ruidos de la vida. Y
pasaron también por mis oídos las varoniles
estrofas del poeta de "La Camparn/':
''Afianzado en el suelo fuertemente
ya el molde está de recocida greda:
hoy fabricada la campana queda.
obreros, acudid á la labor."
Y como para responder á mi evocadón, de
lo alto de las torres de la ''Hof-Kirche" comenzaron á descender las notas broncíneas
que como clarines de combate llamaban á la~
huf:stes alegres, á las que cantan la victoria
en la tarea, á las que responden (t la energía
de la naturaleza con su energía propia y fecundan la existencia con la simiente viril del
impulso.
Minutos antes, desde el Restaurant del
Gütsch, á. doscientos metros de altura, Lucerna se me había aparecido dormitando al pie
del círculo de montafias que la rodea como
si quisiera protegerla de las 'lliradas lividas.
El sol se había alzado perezosamente, envuelto en un tul de brumas, y lanzaba sus dardos
sobre el Reuss, que se deslizaba presuroso bajo bosquecillos obscuros; aquí y allá chispazos rojos sobre el albo crestón de un~ monta.fía. Dormitaba la bella ciudad policroma
arrullada por las rítmicas ondas del lago.
'
Ahora, el sopor había huído y la robusta
potencia de un gran pueblo se hacía sentir en
las avenidas, repletas de turistas, llegados de
todas parte:&gt; del mundo, para contemplar espectáculos de naturaleza, indiferentes á este
otro espectáculo del hombre en acción de la
vida escapándose á borbotones, para h¡cer an-

dar una idea, para mover una maquinaria que
reclama que ninguna ruedeci!la esté ociosa.
Un criminalista moderno ha sofiado que en
la puerta de cada prisión se coloque una leyenda: c(Aquí, el que no trabaja, no come.•
Pero, de esta suerte, el trabajo resulta un castigo, es algo cruel y duro, determinado por la
ley de la existencia, justiciera, en el fondo,
ma13 impuesta al modo que los antiguos caba•
lleros cristianos imponían el amor á la humanidad predicado por el Cristo: á tajos y reveses. Someterse á esa ley, es ya una pena;
aceptarla con regocijo, hacer de ella un cimiento en que sustentar un edificio, es haber
glorificado el supremo objeto de la Creación,
al que une por un misterioso reguero de ener•
gías invisibles al gusano con la flor, al hombre con el astro.
Y en esa rosada mafiana de Lucerna, frente
á aquel cochecillo tirado por un perro, medité
largamente, mientras de las agudas agujas de
San Ligero caían las notas broncíneas de la
campana que llamaban á las alegres huestes,
como clarines de batalla.

'i!fad:.t ~ ff!it6
~

La despoblación de un país es el suicidio
de una raza.
ROOSEVELT.

El matrimonio es el principio del divorcio.
RENAUD,

Domingo 14 de Junio de 1903.

Escuda torrtcdonal para muJtns.
Próximamente se inaugurará el edificio que
por acuerdo del Gobierno del Di~trito se construyó en Coyoacán con el objeto de establecer
en él una Escu~!ª Correccional para mujeres.
La construcc1on se encuentra situada en terrenos c?lindanles con l:ian Angel, se divide en
dos secciones, afectas, una á la educación corre.:cional, y o~ra á la corrección penal, y
consta de dos pisos. En el superior se encuentran los dormitorios, lai; celdas ó 1:-eparoc la
enfermería y sus &lt;lependencius; y en d i~forior, los departamentos de recreo, ei;cuelas,
talleres, comedor, bafios, etc.
Acerca del régimen i11leriur de la Eocuela
la educación correccional com prenderú, sPgú1~
sabemos, un grupo al que deuen ingrei;&amp;.r las
acusadas menores de nueve años á quienes las
autoridades apliquen la reclu.,ióu µreventivu
y otro, que se formará con las we11orei; &lt;l~
veintiuno y mayores &lt;le calorce que el Gol&gt;ernador del Distrito uian&lt;le internar {L la Escuela para auxiliará los padres &lt;le familia en el
ejercicio de la patria poteRlad, Ri fuere necesario. Al primer grupo perlcnecerán también
las menores de catorce años y mayores de nueve que sin discernimiento infrinjan alguna ley
penal.
La segun&lt;la secc1on comprenderá un solo
grupo, debiendo formari:e éste por las mujeres
de catorce á dieciocho años de edad que hayan
sido sentenciadas juüicialmente.

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Escuela Correccional de mujeres.-Perspectiva del edificio.

***

Por lo que ve á la distribución interior del
edificio, la parte que ocupará la Sección Primera se compone de un dormitorio, dos salones para escuela, cinco piezas de c,separo,,, cincuenta celdas, un patio para ejercicios físicos
y recreo, un departamento de talleres uno
, un locutorio, un comedor
'
para en fermer1a,
y
una sala de aseo. La parte destinada á la otra
sección, consta de cincuenta celdas-dormitorios, que, en caso ofrecido, sérvirán para incomunicará las reclusas responsables de alguna
falta ; salones para escuela, talleres, enfermería, etc., etc. Además, en la planta general
del edificio, quedan incluídas otras dependencias, como son las habitaciones y el despacho
de la Directora, los almacenes de productos
de los talleres, los baños, la botica, la lavandería y la cocina.
En suma, la construcción obedece á un proyecto condenzudamentE: estudiado y está sujeta en todo á las condiciones higiénicas que
requiere un edificio de su naturaleza.

LA. NAVE DEL REY.

..

Fachada Principal

En el bajel vetusto de la vida
Como galeote arrastro mi cadena,
Y es para mí la suerte fiero cómitre,
Rudo, tenaz, y firme en su tarea.
Desde que apunta el sol, y tinto en sangre
Rompe las nubes negras,
H asta que oculta en cenagal pestífero
Su máscara siniestra,
Fijo en el banco, en medio de la turba
Que vomita blasfemias,
Brego sin esperanza, y á la cólera
Del Ponto pido fuerzas.
1-.ocuTOP ,
Al empuje de todos junto el mío,
.
Y avanza la galera,
Sm recelo de sirtes ni de ráfagas,
En pos de las tinieblas.
Si desfallece el corazón, y el remo
En mis brazos flaquea,
¡Guayl- grita el capataz, y vibra.el látigo
En mi espalda sangrienta ...
¡Cómitre! ¡ No desmayes ni perdones,
Ni compasión me tengas!
¡Chasca el rebenque! ¡Mátamel
Y ... acaba tu faena!"
RAFAEL DELGADO.

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Un patio de la Escuela Correccional

�Domingo 14 de J unio de 1903.

E L MUNDO ILUSTRADO
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EL MUNDO ILUSTRADO

de verba, interrumpida solamente por los acentos dulcísimos de Michonnet en el monólogo
y por el duetto de Adriana y Mauricio, duetto
breve, pero lleno de sentimiento. En intervalo muy corto, asistimos á uua sucesi6n de escenas c6micas, vivaces, llenas de sinceridad
[ especialmente en la música] .
Eu el segundo acto, «l'andante mesto» para
tenor «l'anima hos tanca» es una página inspiradísima, así como el siguiente dúo entre
Adriana y Mauricio, «noh e certo dei piu comm uni. »
El int.ermezzo ( que ha llegado á ser obligatorio), es otra de las páginas que se imponen,
y no cabe duda que el dúo de las dos mujeres,
si bieh por su efecto escénico recuerda el de
«Gioconda,» produce p rofunda impresión por
su fuerza dramática y sobre todo por su condsi6n.
El tercer acto comienza con una introducción originalísima. La declaración del Abate,
á guisa. de minueto, es deliciosa y pintoresca,
pues nos da el color local de la época con una
fidelidad admirable.
El «racconto» del conde de Sajonia, lleno de
bélico ardor, y la gran escena de Fedrá. recitada por Adriana, son los puntos culminantes
del acto.
E n el cuarto son muchas las bellezas para poder enumerarlas superficialmente. El
triste preludio, los tiernos acentos de Michonnet en el "duettino» con Adriana, son páginas
sentidas, soberbias, que se podrían llamar
psicológicas. H ay en este acto un crescendo
de bellezas musicales á las que da fin la frase
magistral «no la mia fronte che pensier non
m uta,» elevadísima por su inspiración y por
su concepto; frase repetida después por los
violines, en los momentos que preceden á la ca•
tástrofe, y que conmueven en lo mfls hondo.
Lo repetimos u na vez más: el maestro
Polacco imprimi6 tal fuerza, tal unidad, tal
intensidad emocional en la obra, con un talento que es tan grande como su esfuerzo, que ,
él se debe m uy particularmente, el aplauso
unánime tributado á. Cilea desde aquí.

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A n d a11 ~e ~11~ t e\~S •

-

PROYECTO DE PALACIO LEGISLATIVO.-La gran escalera.

El Proyecto para el Palacio Legislativo.
Para completar nuestra información relativa
al "proyecto de Palacio del Poder Legislativo
que formó el notable arquitecto francés M.
Bénard, publicamos en el presente número un
dibujo que representa la sran escalera de honor.
Esta escalera, en caso de que se_construya,
será no sólo de la!:! más hermosas que existan,
sino también una de las que, con justicia, merezcan ser consideradas como monumentales.
Las galerías que rodearán los dos grandes
brazos que conduzcan al vestíbulo situado entre el peristilo y la sala de pasos perdidos,
ostentarán primorosas columnas de mármol
amarillo de Siena, siguiéndose en el desarrollo
del proyecto un estilo verdaderamente grandioso, tanto por la riqu_eza de la ornamen~ci6n como por la magnitud de las proporciones.
La escalera, con las galerías, ocupará una
extensión de dos mil quinientos metros cuadrados, aproximadamente.

ADRIANA DE LECOUYREUR.
Opinl6n solirt ti maestro €lita.
Francisco Cilea es un poeta que une á su
verdadero talento una gran modestia. Jamás
hl:l presentado con bombo un0 solo de sus trabajos, ni se ha dejado seducir por éxitos fáciles. ¡Ama el Arte por el Arte! Esto lo ha probado tantas veces cuantas ha presentado un
nuevo trabajo, hecho, no en épocas, tijas sino

después de períodos de tiempo relativamente
largos, durante los cuales poco ó nada se ha
hablado de él. Es, en una palabra, un maestro
y un artista.
Lejos de seguir la escuela alemana ( empresa ardua y que acaba por absorber y borrar la
personalidad\ ha cuidado de conservar la
sencillez y claridad de su técnica, que indudablemente es la más aristocrática de las de los
compositores italianos jóvenes.
Fueron sus primeros trabajos la «Filda» y
la "Arlesiana». Esta última es una joya cincelada. Tesoros ele armonía, esbozos melódicos
vagos y origint1.les, coros conducidos con admirable maestría; toda la ópera tiene un sello
de melancolía extrafia y por momentos dolorosa, que deja una impresión indeleble.
El maestro Polacco, que dirigió la Arlesiana en Milán, dice que Cilea podría llamarse el
Massenet italiano.
La Adriana de Lecouvreur ha tenido-y esto es indiscutible-gran éxito entre nosotros.
Todos los trozos fueron aplaudidos y bisados.
Estamos, por lo tanto, S('guros de que la enfermedad del tenor Amadi fué la única causa
de que la «Adriana» no fuera la obra preferida
en la actual temporada. Tanto el conjunto como la «mise en scéne,» fueron cuidados escrupulosamente. A una. y otra. cosa se dedic6 con
amor el maestro Polacco, y lÍ él debe Cilea. el
mayor tributo de gratitud. Puede decirse que
ningún detalle fué olvidado y que para obtener la seguridad, la fusión deseada., no omitió
la empresa sacrificio alguno, hasta el de retrasar varios días el principio de la temporada.
No es del caso hacer aquí un esturlio crítico dfl la ópera y d,ebemos limitarnos á citar los
fragmentos más notables de esta partitura, que
hará época en México.
El primer acto es una comedia lírica llena

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-La mujer es una segunda alma de 11uestro ser, que bajo forma diferente, corresponde
á todos nuestros pensamientos, que despierta
á todos nuestros deseos que enciende, y á todas nuestras debilidades que llora.
-No siempre se han de refrenar las pasion es de los nifios con la severidad, ni siempre
se han de acostumbrar á los mimos y ca.ricial!.
-No todos los que leen saben leer.
-La variedad deleitael entendimiento.

Domingo 14 de Junio de 1903.

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�Domingo 14 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

LAS TORRES.
Serena!:', sobre la agitaci6n tumultuosa de
las ciudades, las torres de los templos yerguen
sus austeras siluetas.
Divinas viejas, hijas de las montañaR elevadas al cielo, como formidables plegaria~, por
todos los que han amado, por todos los que han
sufrido, por los que pasaron por la tierra con
la mirada fija en la altura, ~urlicantes y espe.
r&lt;tnzado!', contt;mplan indecisas, con las órbitas vacías ae sus ventanales, la ruda lucha
moderna de seres que jamái; convierten sus
ojos á los cielos.
Nuevos edificios de zinc y fierro, semejantes á carapachos gigantescos de monstruos antediluvianos, interceptan el horizonte que antes las torres dominaban; y las voces de las
campanas que llaman dulcemente á la oraci6n, se pierden entre el tumulto de la calle y
el chillar discordante de los silbatos de las fábrica!!.
El vigoroso empuj6n de la vida moderna á
veces derriba una de esas torre:1, U!!a de esaa
plegarias de piedra, para aprovechar ~us escombros formiaables en alguna raquítica construcci6n moderna.
Los gigar,tes van cayendo uno á uno.. .
Otros nuevos se levantan; pero frágiles, artificiosos, ccind ustrialmente» fabricados, evidenciando una fe insegura de sí misma, y que e.i
manera alguna recuerda los impulsos generosos y ardienteR que hirieran exclamar á los
canónigos de Burgos: «Hagamos un templo
tal que la posteridad nos tenga por locos.»
Las torres viejas, leprosas, desconchadas,
heridas por el rayo, maltratadas por la tempestad, desniveladas por los temblores, aparecen austeras y venerables sobre la marejada
de azoteas y se perfilan en el fondo azuloso de
las montañas.
Y esas viejas adustas tienen dulzuras maternales. En las oquedades de sus murallas
se abrigan las palomas que cruzan á veces en
bandadas estruendosas por cima de las calles
apacibles de los barrios lejanos, y en la ti?na
fértil de luengos terrenos tr_aída por los vientos y depositada en las cornisas, á las veces,
una leve flor silvestre crece y prospera, perceptible apenas como la sonrisa de un infante
en el regazo de su madre.
Por las noches, bajo la 11 u vía y los nublados, las torres son pavorosas¡ crujen, y se lamentan y dan libertad á. sus otros hijos, malos,
rapaces y siniestros: los buhos y las lechums.
Si las torres son mnjestuosas en las poblaciones si imnoblecen y decoran las sombrfaa
calles 'metropolitana.~, en los campos, humil•
des, sencillas, encaladai::, perdidas com_o velas
lejanas en los mares esmeralda del ~r~go que
comienza á apuntar, aparecen fam1h11res Y
hospitalarias.
El viajero que rPgresa de apartados lugarea
no puede contemplar con los ojos secos la torre del templo donde aprendió á rezar al lado
de su madre, aunque los fupgos implacables de
la vida hayan re8ecado su coraz6n.
¿Caerán algún día las torres? ¿Se ca~sarán
de implorar esos enormes brazos su_µh~ nteB
que se tienden hacia el cielo? ¿Substttuiran _á
los gallardos contornos de_ los templos, la~ 81•
luetas toscas de los cobei't1zos de las fabr1caa,
semejantes á bestias.grises que hozan, y á_las
gallardas líneas &lt;1e las torres un fúnebre eflZ&amp;•
miento de chimeneas?
Las torres son maj&lt;&gt;stuosas, benévolas, cordiales y hospitalarias; las torres se ende~ezR~
como símbolos sobre las muchedumbres rneb·
nadas; ,;e proyectan hacia el cenit como noblell
pensamientos. No temen; maternal~s y roblli"
tas atraen á los lastimados de la vida con 811
aspecto y con sus voces y les brinda~ la P8'.
numbra. pacífica del templo, adormecida por
un tibio olor de incienso.
la
Sobre las miserias metropolitanas, sobre
lucha vil y dolorosa por el mendrugo, las
rres, esas divinas viejas, bijas de l~s monta
fias, yerguen sus austeras siluetas, 1!11plorando del cielo, ciego y mudo, un perdon .........
una bendici6n tal vez.
C. T.

t°:

TORRE DE

~~

JUAN

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

EL ALBUM DE HIDALGO.
Pronto será remitido al Museo Nacional el
álbum que el Benemérito J uárez mandó poner
en la casa que habitó en Dolores el Padre de
la Independencia, á fin de que escribieran eu
él sus nombres las personas que_ visitaran el

Juárez, que aparece e~ la prim~ra página, el
registro de firmas se abrió,el_ 6 de JUDIO de 186~,
ocupando las primeras pagmas, con sus rúbricas los miembros del Gabinete republicano y
otr~s hombres notables adictos al inmortal
plebeyo de Gnelatao. La parte del álbum en
que se ve la constancia, está deteriorada, casi
por completo, y entre las pocas firmas que
se distinguen, figuran las de don Jesús Terán

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ALBUM DE HIDALGO,-La primer:i plígina.

histórico edificio. El álbum, lleno literalmente de autógrafos entre los cuales existen algunos de personajes que tienen en nuestra historia un lugar distinguido, es un volumen de
trescientas fojas, aproximadamente, está empastado con «tafilete» rojo y en la tapa superior
ó principal tiene, en letras de oro, esta inscripción: «¡Honor al primer caudillo de la Inde: pendencia de México, D. Miguel Hidalgo y
Costilla.» Según la constancia, firmada por

y don Juan Antonio de la Fuente, Secretarios
de Estado, y las de don Francisco Zarco, don
Manuel María de Zamacona y don Francisco
de P. Gochicoa, Diputados en aquella época
al Congreso de la Unión reunido en San Luis
Potosí.
.
En otra página, y encabezadas con la fecha
i&lt;16 ·de Séptiembre de 1864,» se ven las siguientes palabras puestas por el Archiduque Maximiliano de Austria el día mencionado: «Uu

EL MUNDO ILUSTRADO

pueblo que bajo la protección y con la bendición de Dios funda su Independencia sobre la
libertad y la ley y tiene una sola voluntad,
es invencible y puede elevar su frente con orgullo.i,
Las frases anteriores, pertenecientes á la
arenga que el día anterior pronunció el Archiduque desde la ventana de la pieza de estudio
de Hidalgo, para celebrar la insurrección de
Dolores, fueron escritas
en presencia de la. numerosa comitiva que lo
acompañó primero á un
Te Deum, cantado en la
iglesia parroquial en acción de gracias por la Independencia,y después á
un banquete que se dió
en su honor y al cual concurrieron los veteranos de
1810 que se hallaban presentes en la población.
Para escribir en el álbum, Maximiliano tomó
asiento en la misma silla
y se apoyó en la misma
mesa en que lo hiciera,
sesenta años antes, el esclarecido párroco de Dolores.
Juntamente con Maximiliano, firmaron en el
álbum don Juan de Dios
Peza, Subsecretario de
Guerra y Marina, don
Sebastián de Scherzenlechner, que había sido
ayo del Archiduque, que
lo awmpañó en su viaje de Miramar á México
(River~ «Anales del Segundo lmperio,,), y que
á la sazón fungía de Consejero de Estado; don
Angel Iglesias y Domínguez, Secretario de Gabinete del llamado Emperador y médico consultor
de su Corte, y el Coronel
Miguel López, que mandaba el primer regimiento de la Guardia Imperial. La firma de este último está burdamente tachada y sobre ella, casi
ilegibles, se ven los nombres de los que la tacharon y la declaración de
haberlo hecho así.
Otras firmas de personas adictas al Archiduque, aparecen también
en el álbum. En las demás páginas, i¡e encuentra una multitud de autógrafos que sería imposible enumerar: existen en ellas, de los señores General Dfaz y del
General Escobedo, de
Miramón y del Licenciado don Joaquín María
Escoto, acesor del Consejo de Guerra que sentenció á muerte á Maximiliano, y de otros hombres prominentes. Firmas enteramente desconocidas y ((pensamientos»
que, por lo incorrecto de
la forma y lo vacío del
fondo, revelan haber sido
escritos por gentes rudas
y sin ilustración, llenan
algunas páginas del libro.

***

Hojeanqo este álbum, se experimenta algo
así como la impresión que experimentamos al
recorrer un cementerio. Del mismo modo que
descubrimos en éste, junto á la tumba de un
homore ilustre, el sepulcro de un hombre sin
fama y sin gloria, vemos en él, junto á la fra.
se concisa y elocuente del pensador profundo,

la palabra sin brillo del humilde hijo del pueblo. Liberales y conservadores, enemigos en
los campos de batalla, han estampado en él
sus firmas, como si todos, olvidándose de que
lucharon sin tregua por ideales muy distintos,
se sintieran, antes que todo, mexicanos.
Esta ofrenda al Padre dti la Independencia
no puede ser más hermosa, y desde el punto
de vista en que la consideramos, merece que
se la tenga como muy
digna del libertador.
Nosotros hemos querido dará conocer ánuestros lectores algunas de
las páginas más notables
del álbum, y en este número publicamos la que
contiene las firmas del
Benemérito de América y
de sus leales partidarios
y la que guarda las palabras del Archiduque de
Austria.

IMPRESIONES DE ESTÉTICA

La Palabra

Domingo 14 de Junio de 1903.

recuerdo; que cuatro voces unidas por un misterioso enlace, os den la imagen vibrante de
algo muerto en vuestro ser ó despierten en él
una hueva tristeza ó evoquen una visión de
hermosura... Que la palabra, en fin, tenga un
ala; que suene y resuene como un cántico; que
vibre en ella un espíritu, y diga, en un c,olo
ritmo, algo de lo que sentimos y de lo que
pensamos.

ARBOL DE FUEGO.
Arbol, bajo la púrpura florida
De tu copa, que Mayo ha engalanado,
Acaso alguna vez mi bien amado
Llegue á buscar tu sombra apetecida.
Para entonces la música sentida
De tus pájaros, guarda enamorado,

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En el verso puro ó en
la prosa tenue y honda,
' 7 ~ ~ ···U
la p~labra debe ser un
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canto. En cada vocablo
ha.y un espíritu y un rit•
mo. De aquí el poder
mágico de la música sagrada del estilo. La palabra es, en verdad, una
milagrosa harmonía; pero más intensa y múltiple
que cualquiera otra, toda
vez que puede expresar,
con sonidos precisos, los
más complejos estados de
alma.
Oyendo una suave sonata de Beethoven so:ñ.áis
dulcemente con tristes
cosas de a.mor y de dolor,
interpretando, de singular manera. su melodía.
Pero por más sinceras
que sean vuestras emocione.s, no podríais asegurar que fueran las mismas
que, al concluir aquella.
música, sintiera el divino
Ludovico. Las palabras
de una frase- tomadas en
su sentido absoluto como
harmonía y como pensamiento-sí os dan la idea
de la impresión precisa
que sintió el autor al darles vida y espíritu.
Es tan pobre nuestro
vocabulario, que á veces
-cuando la sutilidad de
nuestro ser quiere manifestarse en una forma diáfana y cristalina- deseáramos inventar palabras
y fórmulas profundas que
expresaran todo lo que
nos hace estremecer, sufrir ó gozar. Porque consideramos &amp;ntonces como
una profanación el tener
que usar los vocablos banales y las míseras frases
de cliché para decir cosas
ALBUM DE HIDALGO.-Autógrafo
hondas y puras que han
dormido un largo sueño
virginal en el fondo de nuestra alma.
Que no sea una melodía monocorde, sino
El esteta debe amar, sobre todas las cosas,
una polífona canción, amplia y sonora, derra•
la extraordinaria melodía de las palabras. El
mando sus notas como una cascada de pedredebe descifrar el sentido oculto de cada una
rías fulgurantes.
FROILÁN TURCIOS,
de ellas y hac'3rlas vibrar y harmonizarlas de
tal modo, que una frase sea el molde sagrado
de una pena ó Je un estremecimiento.
Que en una línea de prosa ó en un verso el
alma humana halle una dolorosa palpitación,
ó _una brusca sacudida ó la melancolía de un

de Maximiliano.

Y en el soplo más fresco y _perfumado
Envuelve á la que es vida de mi vida.
En tu manto imperial de tintas rojas
Envuelto, la canción de los amores,
De sus labios es bueno que recojas.
Bríndale tus tesoros y esplendores,
Bésala con el beso de tus hojas
Y báñala en la lluvia de tus flores 1
VICENTE AcosTA.

�Domingo 14 de J unio de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
lilL MUNDO ILUSTlliDO

LAS CAMPANAS.

§

arzo se había enamorado Biasce. Dos ó
s noches que no conseguía. conciliar el
sueño. Sentía. en todo el cuerpo hormigueos, ardores, picaduras,como si de un
momento á otro fueran á salirle dela piel, á millares, yemas, ramitas, rn.1nojr,s ele rosas sil ves-

tres. Hasta el fondo de su cuchitril entl'aba, sin saberse por dónde, fragancia nueva,
fragancia fresca y áspera de savia en movi miento, de almendros floridc•s .. .. Por Santa Bárbara. protectora.! La última vez que vió á Zolfina,
precisa.mente era en un almendro donde se apo·
yaba, contemplandu dos velas
en alta mar. Y sobre su cabeza
extendíase una a.legre blancura
balsámica que cuchicheaba al
sol; y á su alrededor veíase la
azulada florescencia ae un oleaje de lino; y en sus ojos había
dos vincapervincas abiertas y
debía de tener también flores en
el corazón.
En el camastro, pensaba de
nuevo Biasce enloqi..ecido en toda aquella luz, en aquel desbordamiento de vida primaveral.
Ya la línea extrema del Adriádico se iluminaba allá abi,,jo con
las primeras miradas tímidas de
la aurora cuando se levantó y
trepó por la esca.lera de palo
hasta los nidos de golondrinas,
hasta el rema.te del ca1npa.nario.
Flotaban por los aires voce~
indistintas y extrailas, semejantes á fugitivos alientos jadeantes, á res¡,iraciones de hojas, á
roces de brotes verdes, á susurros de alas. Dormían aún las
casas acurrucadas; parecía dormida á. medias todavía la llanura, cubierta con cortinas de leves nieblas.
De trecho en trecho, sobre
aquel inmenso estanque, balanceaba. el céfiro los árboles: en el
fondo, las colinas moradas se
degradaban en tonos más delicados, fundiéndose en el ceniciento horizonte.
En frente, el mar centelleaba
corno una faja de acero, con alguna vela obscura en la penumbra. Dominándolo todo, la fresca diáfana serenidad del firmamento, en el cual las estrellas
una tras otra iban palideciendo.
Las tres campanas inmóviles,
con el hueco vientre de bronce
adornado de arabescos, a.guardaban que los brazos de Bia.sce
arrojaran vibraciones triunfales á las brisas matutinas.

Y Biasce cogió las cuerdas. Al primer impulso, la campa.na mayor, la Loba, se estremeció
profundamente: dila.tóse, estrechóse, volvióse á
di latar su ancha boca: una ol a de sonidos metál icos, seguida. de una especie de mugido pro•
fundo, cayó sobre los tejados todos, se propagó
con el viento por toda la orilla, por toda la lla•
nura. Y los tañidos se precipitaban,se precipi•
taba.o. Animába.se el bronce, semejante á un
monstruo loco de ira ó de amor, oscilaba. espantablemente de derecha á izquierda, enseñaba la
boca á las dos aberturas, soltaba dos notas _am•
plias, profundas, unidas por contiouo zumbid~,
rompía de pronto el ritmo, aceleraba el mO!l·
miento hasta. confundirlo en un temblor de cns·
talina harmonía, que se ensanchaba. solemnemente en el espacio.
.
Aba.jo,las ondas sonoras y las o nd a.s lum1no·
sa.s arrojaban de las campiñas al s ueño, su?ían
las nieblas como humo, se doraban , se disol ·
vía.o suavemente en la claridad ma tutina: los
ribazos tomaban color cobrizo. Y súbitamente
oyóse otro sonoro tirnbre al repicar de la E~trige, agrio, ronco, cascado, parecido á u n ra.b10so
ladrido contra el rugir de una fier a . . .. Y des·
pués resonó el martilleo rápido de la Cantor~,
martilleo alegre, límpido, ágil, revoltoso, parec1•
do á un diluvio de granizo en una cúpula de
cristal.
Y luego se escucharon los lejanos ecos de
otros campanarios que despertaban : el ca_mpa•
nariode Sao Roque, allí abajo, campanar10ro·
jizo oculto entre encinas; el de Santa Tere•a,
enorme pilón de azúcar horadad&lt; ; el_ de San
Franco, campanario de convento . .. . d iez, doce,
quince lenguas metálicas que vertían e~ el cam·
po las sanas y alegres variaciones del himno do·
minkal, en luminoso triunfo.
Aquel estrépito embriagaba á Bias~e. Había
que ve1· al chicarrón huesudo y nerv10so, con
una gran cicatriz rojiza en la frente, menear
. jadeante los brazos, aganarse á las cue~das
como un mono, dejarse arrebatar por. la irresistible fuerza de su Loba querida, subll"Se á ~o
más alto para dar los últimos impu lsos á a
Cantora, mientras 1·etemblaban sordamente los
otros dos monstruos domados.
Allí arriba era un rey Biasce. Las espesas yedras escalaban la añosa pared descon~hada con
juvenil arranque; enredábanse en las vigas de la
techumbre como en troncos vivos; vestían los ro·
jos ladrillos con tapiz de hojitas correosa~,
lucientes, parecidas á las placas de esm~lte, do¡.
ga.ban por los anchos aleros como reptiles e
gados y pululantes;asaltaban las tejas animadas
por los nidos, nidos viejos y nu1::vos, llenos
dal gorjeo de amorosas golondrinas. Al po

1:

/r:

Biasce le tenían por loco, pero al lí arriba era
rey y poet a . Cuando se combaba el cielo sereno
sobr(;l la florida campifla, cuando el Adriático
brillab a con chispas de sol y anaranjados velos,
cua ndo ll enaba las calles el tráfico, permanecía
en el r emate del campanario sin hacer nada. como salvaje halcón, aplicando el oído al costado
de la L oba, del terrible y soberbio animal que
un día le babia descalabrado, y de cuando en
cuando le daba un golpecito con el dedo doblado, p a r a escu~bar sus largas y deliciosas vibraciones. Cerca de él relucía la Cantora como una
joya en su envoltura. de arabescos y cifras, con
la im agen de San Antonio en relieve; más lejos
la Estr ige mos~~aba la panza, vieja ya, surca~
da por una rend1Ja en toda su lo ngitud y con los
bordes desportillados.
¡Cuánta meditación junto á las tres campanas,
qué va¡rabundear de sueños extraños, qué arrebatos lírico s de pasión y de deseo! ¡Y que ga llard a e r a y her mosa la imagen de Zolfina, surgiendo de aquPl mar de ondas sonoras, entre los
ardores del mediodía, ó desvaneciéndose á la ho•
ra. del crepúsculo, cuando l a Loba sonaba con
tonos cansados y melancó licos, y espaciaba sus
repiq ues b asta morir de languidez!
E ncontrá ronse una ta1·de de abril en la pradera, tras los nogales de la Monna, bajo un cielo
opa. li no en el cenit y con manchas moradas hacia el Poniente. Tara.reab&lt;1. ella segando hierba
p a ra la vaca preñada. Subía le el olor pr imaveral á l a cabeza y le daba vértigos, como los vapores di&gt;! viuo dulce en octubre. Al inclinarse,
le r ozaba á veces la falda la desnuda carne, levemente, como acariciándola, y el placer le hacía entornar los ojos.
Biasce andaba contoneándose, caída. haci a
atrás la gorr a, con un ramito de claveles en la.
oreja . No era. mal mozo B i asce. Tenía ojos
j!'randes y negr os, llenos de campesi na. tristeza,
de u na como nostalgia, ojos que recordaban los
de los a nimales cautivo~. Además, tenía su voz
cierto enea.oto, algo hondo que no parecía humano. No conocía ni modulaciones, ni flexibilidad
ni morbideces. Allá a rriba, juuto á sus campanas, a.l aire libre, á toda luz, en la gr an soledad, h a bía aprendido un lenguaje lleno de sonoridades, de notas metálicas, de imprevistas
asperezas, de profundidades guturales.
-¿.Qué hace usted, Zolfinar
- Heno par a la vaca del tío Miguel, eso bago
- respundió l a muchacha rubia, que seguía encorvada. para recoger la hierba, palpitante el
seno.
-¿Nota usted la fraganc ia , Zolfina? Estaba.
yo en lo alto del campanario; miraba las barcas
que el viento griego empuja mar adentro, y ha
pasad o usted por abajo , cantando.. .. Cantaba
usted &lt;F lorecillas Cam¡,estres.&gt;
Se calló porque sentía algo e n la garganta.
que le ahogaba. Silenciosos ambos, escucha ban
el arnplio susurro de las nogueras y el murmullo del mar lejano.
Bia.sce, muy pálido, acabó por inclinarse tambié n hacia l a hier ba, y entre aquella. voluptuosa

frescur a vegetal, sus ávidas manos buscaron las
de Zolfina, colorada ya como una b rasa.
-¿Quiere usted que le ayude?-dijo de repente.
Biasce le cogió la muñeca.
-¡Déjame!-murmuró l a pobre muchach a con
desfallecida voz.-¡Déjame, Biasce!
Su arnor crecía como e l heno, y el heno subía,
subía como una ol a, y en medio de aquella marea. ver de, Zolfina, er guida con un pañuelo rojo
atado á la cabeza, parecía. una espléndida amapola. ¡Qué alegres retornelos entre las hileras
bajas de manzanos y morales blancos, á lo largo de los matorr ales cargados de nísperos y madreselva, por los carnpos donde amarilleaban
las coles flo r idas, mientr as a ll á a.bajo, en Sa.n
Antonio, la Cantora bacía. variaciones tan alegr .is que parecía una urr aca en celo!
Pero una mañana que la esper aba Biasce en
la fuente con un ramo hermoso de alelíes r ecién
cogidos, Zolfina no acudió. Estaba en la cama,
con viruela negra.
¡Pobre Bia.sce! Cuando lo supo , se Je heló la
sangre y se tambaleó más que la noche que Je
rompió la cabeza1la1Loba.; y 1no obstante, tuvo

Domingo 14 de J unio de 1903.

que subir al campanario y romperse los bra-zos
tirando de las cuerdas, con la desesperación en
el a.lma, entre el barullo del dorní ngo de Ramos,
ante la insultante alegría del sol, de las ramas
de oliva, de las telas bonitas, de las nubes de
incienso, de los cantos y de l as oraciones, mientras su pobre Zolfina. sufría, sabe Dios qué tormentos, virgen bendita, ¡sabe Dios qué tormentos!. . ..
Tuvo días ter ribles Biasce. A l c:ier la noche,
rondaba alrededor de la. casa de la enferma, como un chacal en d~rredor de un cementerio; pa•
rábase á veces ba.Jo la ventana cerrada iluminad!!- por dentro, y, con los ojos henchidos de
lágr1was, veía. pasar sombr as por los cristales;
aguzaba el oído, se apretaba con la mano el pecho, quebrantado por el ahogo, .Y seguía dando
vueltas como un loco ó corría á refugiarse en el
camp_anar io. Allí pasaba de noche largas horas, Junto á las campanas inmóviles abatido
por inmensa angustia, más lívido qu~ un cadáver. Aba.jo, por las calles inundadas por la luna y por el silencio, no pasaba un alma. Delante, el mar triste y rizado que rompía con monótono rumor en I a desierta play a.: arriba el cruel
azul.
'
. Y más lejos, debajo del techo que apenas se
vislumbr aba, Zolfina agonizaba tendida en la.
cam~, sileo~iosa, corriéndole por la cara ennegrec~da cuaJa~ones de materia purulenta., ca.llad_a siempre, mientras palidecía la vela en la claridad crepuscular y se convertía el cuchicheo de
las plegarias en explosión de sollozos. Dos ó
tres ve'?es 1!3".ªºtó la cabeza rubia, penosamente,
cnmo si quisiera hablar, pero las palabras se le
queda.bao en la garganta, y le faltaba. el aire
l a abandonaba la luz. Movió los labios con abo~
gado estertor, como un cordero al cual degüellan, y se quedó fría.
. Bi_asce fué á ver á su pobre muerta. Alelado,
vidr10sas las pupilas, miró el ataúd engalanado
con frescas flores, bajo las cuales se exk,ndía.
a quella.. podr edumbre de carne joven, aquella
«;:orrupción de humores descompuestos ya deba.Jo del nevado lino. Miróla un momento mezclad!&gt; con la_ muchedumbre, salió, volvió á. su guarid!!-, subió la esca.lera de palo hasta la mitad
cogi ó l_a cuerd~ de la Cantora, Je hizo un nud¿
corredizo, metió el cuello en él y se dejó colgar
en el vacío.
La~ sacudi~as ~el ahorcado hicieron que,
rompiendo el s1lenc10 del Viernes Santo, lanzara
la Cl!-ntora,_ con u~ relámpago luminoso, cinco
ó s~is rep1q ues rnesperados, alegres, argenti~os. una.bandada de golondrinas surgió del teJ ado hacrn el sol.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

�Domingo 14 de Junto de 1903.

EL MUh.0O ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Uisita dd RtV Eduardo 41 Papa.
Publicamos en este número un grabado que
representa la visita del Rey de Inglaterra á S.
S. León XIII, en el Vaticano, durante supermanencia en Roma.
Siguiendo la costumbre estable~ida,_ el Rey
se dirigió del Quirinal_ á la ~mbaJa_da !nglesa,
para ir de ella á la. res1denc1a pontificia, don·
de le aguardaba el Papa. Al penetrar el coche
que conducía al Rey en el patio de Sa~ Dám~so el marqués de Sachetti se adelanto á abrir
la 'portezuela, presentando en seguida al_ soberano inglés al Secretario del Ceremoi:i1al, al
jeíe de los guardias n~bles y á ott~s dignatarios. Al pasar del salon del trono a la antecámara secreta. León XIII !'!alió al encuentro de
Eduardo VIÍ, estrechándole cordialmente la
mano. El Papa Vtstía sotana blanca con muceta de terciopelo rojo.
.
.
La entrevista duró más de qumce mmutos.

EL VELO.
En la sacra montaña de oro, bajo la bóve- ·
da de oro incrustada de diamantes, tamaños
como sol~s- los majestuosos personajes del
Triángulo, Brama, Visnú y Siva, dedicábanee á combinar, por primera vez, las fuerzas y
acciones necesarias á la existencia de un mundo. Mundos eran-pero en potencia solam~nte- aquellos inconmensurables globos _diamantinos, magníficos, trasparentes, pero mertes y glaciales, semejantes á facetad~s trozos
de hielo· y para que desde sus entranas á su
corteza ~e desarrollase la intensidad ardorosa
de la Vida, era indispensable manchar su limpieza y apagar sus lucee, encenaga~ en barro
su cuerpo cristalino, convertir en tie~ra sombría lo que era refulgente piedra preciosa.
Y no bastaba la transformación en lodo pa•
ra producir la vida: se_ ,requería al_g o más terrible aún. Los del Triangulo se m1ra~on ~ensativos, vacilando; adivinaban el misterio y
sabían en qué condiciones se desenvuelve la
Vida, por ley fatal. «La Vida-dijo ~rªD?ª, el
creador-es sensualidad, perpetua mqmetud
de la carne.»-«La Vida-declaró Visnú, el
conservador-es interés, incesante estímulo
gástrico.»- «La Vida-respondió Si va, el destructor-no es sino odio, combate, mue~te.»
Callaron un momento, indecisos y contristados. porque no acertaban á dar á la Vida otras
fórmulas bellas y nobles; al fin Brama elevó
su voz. :con todo eso, es preciso que la Vida
sea. .11 «Sea»-repitieron Siva y Visnú.
.
Descolgando uno de los solitarios que tachonaban la bóveda-no de los mayores,-

Visita del Rey Eduardo :i Le6n XIII.

Brama lo hizo girar rápidamente entre las
palmas de sus manos, amasándolo. El ?ri_llante globo perdió su claridad y se conv1rt1ó en
masa ignea que despedía sulfurosos vapores
y exhalaba'llamaradas volcánicas.
Poco á poco el globo se fué apaga_ndo y enfriando, y apareció, á manera de gigante cu·

bierto de vello, revestido de vegetación densa

y colo~al, selvas intrincadas y húmedas, pobladas de alimañas monstruosa.a. Se las veía
luchar, disputarse la hembra? el pasto, romper y pisotear troncos y rama.Je, ensangrent.ar
el suelo virgen. Brama, el cr~dor-desde el
inmenso cáliz de loto que le sirve de trono Y
asiento,-contemplaba tristemente el esti:ago¡
Visnú, el conservador, reclinado en su hoJa _de
higuera, sonreía; y Siva,el destructor, el ebno,
el de cuádruple rostro, que luce sobre _la. _cabeza el segmento de la luna, reía con Júbilo,
respirando deleitosamente el olor de la sangre.
-La naturaleza no es sino guerra. y desorden-dijo al fin Brama pesaroso.-Falta en
ese mundo la luz: falta el pensamiento. Sobre
los apetitos ciegos y las fatalidades físicas po~dré á un ser capaz de inspiraciones meta~ÍSJ•
cas, que busque la perf,icción, sepa _dommar
sus sentidos coro¡ renda los Astras, rnterpn_,te el Verbo practique con pGreza y austen·
dad el Hacrificio.
·
-Y á ese ser - pregunt6 Visnú-¿le harás
inmortal'? ¿Le eximirás del dolor? ¿Le comu·
nicarás tu divina esencia?
Antes que Brama respondiese, Siva, el de
la piel de tigre, alzó furioso sus cuatro braz08
armados.
- Nada puede ser inmortal ni divino en ese
mundo que acabas de crear-grit6.-Pertenece á 111. corrupción y me pertenece, por conll8cuencia. Vosotros' creáis y conserváºis para que
..
yo aniquile. Soy la única erdad,_ la definitl:
va. En mí viene á parar y a re~um1rse la crea_
ción. Ese s3r superior que quieres ~acer ~
recer en la Tierra, engendrará, se ahmen llar'
morirá. Es mío. De su cráneo haré un co 1
que será el atributo de Si va.
. , Vi.s-¡Oh rojo Siva, insaciable!-profino

y

y

Panorama de la ciudad hacia el N. 0.-(Tomado desde Catedral) .

nú.-Yo te digo que esa criatura racional,
consciente, no se contará en el número de tus
víctimas. Si es capaz de reflexión; si puede
saber lo que traen consigo la vida y el inevitable hado; si tiene la certidumbre de morir
al fin, de!!pués de tantas penas, anulará con
su voluntad la creación; suprimirá el dolor no
engendrando; arrancará la raíz del árbol amargo, y se salvará salvando á su especie. ¿No es
cierto, Brama? El ser que posea luz de pensamiento, ¿Re avendrá á vivir?
Fl creador, con serena y luminosa sonrisa.,
extendió In mano y señaló al último término
de la montaña ele oro, en el cual se divisaba
una pagoda de paredes de turque~a. Ante la
escalinata de aquella pagoda hacían la guardia extrafias figuras: una era de varón, formada de floreii, lotos azule~, alteas purpúreas,
rosas de A_lejnndría de encendido corazón,
azucenas de aroma que perturba el sentido;
dentro del pecho de la figura ardía fuego devorador, pero las flores no se marchitaban,
porque brotaba de ellas incesantemente copioso rocfo de llanto. La otra figura cambiaba
de aspecto á cada instar.te: movibles placas
multicolon:s parecían girar y desvaneceri!e,
borrándose cual los olas al contacto de la playa, sobre los contornos fingidos de un cuerpo
juvenil, onduloso y serpentino. Tan pronto
se cubría de sombra como irradiaba luz; ya ee
envolvía en gris humareda, ya se irisaba con
las dulces tintas de la aurora. Hubo un instante en que la envoltura fantásticafse rasgó,
y bajo el prestigio se divisó un esqueleto ..... .
De la pagoda de turquesa vieron entonces
Siva y Visnú que salín una mujer, y la reconocieron al punto. Era la esposa de Brama,
mndrP, y matriz de todos los seres, con múltiples encarnaciones y varios nombres. En tal
momento se llamaba Maya, y no podía llamarse de otro modo, pues la envolvía de pies
á cabeza, recatando por completo su hermosura sin par, el maravilloso velo que tanto envidiaban las otras diosas, consortes de Visnú
y de Siva. No s6lo la envolvía, sino que arrastraba. y flotaba en torno de la divinidad en
pliegues de elegancia regia. Los que la miraban acercarse quedaron deslumbrados. El velo no se podía comparar á nada: se supondría
entretejido con hebraA de sol, rielares de luna, titilaciones de estrellas, reflejos de agua
profunda herida por luz de antorcha, destellos de rubí oriental, suavidades de oriente de
perla, claridades de pupilas, relampagueos de
hojas de armas, hilos de seda invisibles á fuerza de finura, diáfanas orlas de encaje de cristal. A cada paso de la diosa, el aire vibraba y
refulgía.
Al llegar cerca de los tres personajes, Maya desvió un poco el velo y enseñó su risueña
cara celestial.
-1\Ie encargo-dijo-de que el hombre se
avenga á vivir. Bajaré al mundo, llevando
conmigo á la pareja de guardianes de mi pagoda-el Amor y la Mentira,-después, desprendiéndome de mi sagrado velo, envolveré cofl
él toda la superficie del globo; y el hombre no
verá la t&gt;xistencia siuo al través de este tejido
mágico. Seré para la especie humana la mayor bienhechora; la conduciré, velada, hasta
el último confín del dolor; y la envoltura del
velo de ~laya, á quien los mortales nombrarán «Ilusión,x cubrirá sin tregua lo descarnado y lo horrible de los destinos humano!l.
Absortos ante la diosa, los del Triángulo callal&gt;an, a.probando el discreto ardid con el cual
haría tragará los míseros mortales el anzuelo
de la existencia. Sólo Yisnú, que tenía un espíritu crítico muy refinado, rumiaba una objeción.
-Divina madre de los seres-resolvióse á
de&lt;!ir por último,-tu idea es excelente é ingeniosa, y ·yo aseguro que dará feliz resultado;
pero... ¡itlivino un inconveniente grave. Tu
rústico velo es de un tejido tan delicado y sutil, que cuando envuelvas en él al globo que
tu esposo acaba de acondicionar para la Vida,
la agitación de los hombres romperá la mágica tela, y entonces, por el desgarrón, se verá
la realidad desnuda.
Maya cruzó sobre su seno pequeño y redondo los brazos torneados, y con profunda piedad, suspiró:

-¡Ay del que la vea!
-No importa-rugió Siva, triunfante.-El
velo de la celei,te Maya está vivo, y por donde se rompa, se volverá á juntar de suyo, naturalmente.
EMJ:r..rA PARDO BAZÁN.

LA MUJER DANZANDO.
Danza, mt.jer, porque las-aguas corren
•
y las fl,ores derraman
perfumes de placer, y las estrellas
se de.Qhacen en lágrimas.
Danza saliendo de la muerte obscura
que oprime tus espaldas,
y las dos flores blancas ele tus manos
en la noche levanta!
Ofrécete al continuo movimiento
de la vida que pasa;
loor etemo á la actitud cambiante
que transparenta el fuego de las almas!
l\Iueve la flor dorada de tu cuerpo
al compás de la danza;
deja empapado en tu perfume el aire
y derrocha la luz de tus miradas!
Como incensario tu cabeza ondule
coronada de llamas;
como incensario del amor oculto
bajo las ricas aras.

Domingo 14 de Junto de 1903.

Entrégate á las danzas! A mis ojos
brilla tranfigurada
bajo la lluvia musical, que llena
de un chorrear de fuente tus entrañas.
Te haces sagrada hundiéndote en las olas
de la música vaga;
todo tu cuerpo, abriéndose, descubre
el interior misterio que lo embarga.
l\lujer danzando, enamorada viva,
tus hombros s;e adelgazan
como corriente de agua por la noche:
tus pupilas se agrandan!
Eres como milagro que !'le inicia
bajo el cambiante velo de las danzas;
como suave nenúfar que se mueve
con movimiento oculto sobre el agua. •
Se ha desprendido mustia de tu frente
la primera guirnalda;
se han desprendido mustias de tu espíritu
las ideas prestadas.
Tú sola reinas en In Danza.
Ruedan
flores blancas de almendro por tu espalda,
te envuelve una luz suave, y por los ojos
se te derrama sobre el mundo el alma.
Dijérase que el Universo entero
copia el compás alegre de tu danza;
que, oscilando, las flores
la imitan encantadas.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel).

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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