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MUICO, JULIO 12 Df 1903.

Subscripción mensual for,nea $1.50
ldem,
ldem. en la capital $1,25

Dlrer.tor: LIC. RAl',UL Rtl'l!!I !IPINDOLA

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LEÓN XIII
(Del famoso retrato por Chartran.)

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�Domingo 12 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADó
ILUSTRADO

EL MUNDO

RECUERDOS.
Malamente puedo tener de la Intervenci6n
Francesa recuerdos her6icos y reminiscencias
épicas, ni menos aún _puedo narrar batall3:s
campales triunfos glor10sos, heroísmos sublimes que ~o son reminiscencias en mi espíritu sino cosas aprendidas más tarde ú oídas
entonces, pero no P!esenciadas ni vistas. De
aquella época, gloriosa al par que dolorosa,
mis recuerdos propiamente tales, son recuerdos de niño, y como tales, poco interesan!es
en principio; pero he encoi:itrado en ocasiones en ese «cuarto de trebeJOS» que se llama
mi memoria, impresiones delicad3:s, cuadros
vivos y animados, hechos sugestivos, y de
cuando en cuando hasta verdaderae enseñanzas morales sociales y políticas que acaso merezcan ser 'conservadas y divulgadas. Esas
impresiones, esos hechos, esas enseñanzas pueden ser una contribuci6n al estudio de lo que
fuimos, de lo que pensamos y de lo que sentimos en contraposici6n de lo que somos,
pensa~os y sentimos, yJpueden acaso ayudar
á definir lo que debemos y podemos i,er,
sentir y pensar.

***

Las épocas de Ayutla,la Constituci6n, el Golpe de Estado y la Reforma, son para mí enteramente crepusculares é indistintas. Apenas
entre la bruma de un recuerdo borroso se destacan algunos lineamientos más per~eptibles.
Todas las mañanas, Petra la cocmera, al
regresar del mercado, traía las noticias más
auténticas de aquellas luchas y de aquellos
conflictos. Mientras distribuía armoniosamente1 en la mesa de la cocina, sus manojos de
cebollas y sus «cuartillas,; de jitomate ( entonces se vendían cuartillas de jitomate), y procedía bajo el «controle,, severo de mi madre,
á hacer las cuentas con garbancitos, despepitaba todas las noticias recogidas en los puestos de las herbolarias y de las regatonas.
-Niña, no más le digo que ahí están ya.
-¿Quienes?
-Los puros. Ya le pegaron á don Miguel
en Calpulálpam y toda la chinaca se echa encima de ::México.-Son cuatro y cuartilla.
-No; son cuatro cerrados.
-No, niña, si éstos son los medios y éstos
los ,iclacos. »
-No; éstos son los tlacos y éstos otros los
medios.
-Y vienen colgando á la gente por todo el
camino, y robando y «saquiando,» y don Miguel se va á largar, y ya el comercio va á poner patrullas.
-¡Válgame Dios! y Sabino que no parece.
Sabino era mi padre.
A poco, galope de dragones; portazos de
los tenderos cerrando sus comercios, y El Cojo, legendario y tradicional, gritando á toda
voz y al rítmico compás de su muleta:
-¡La rrredota completa de los faisiososl
Este cojo era un papelero que, en los tiempos de paz, vendía «Las décimas del ahorcado» y «El hijo que mat6 á su madre," de Sixto Casillas, y en tiempo de guerra, hacía veces de Agencia Havas distribuyendo á «tlaco,,
boletines de la Campaña, y calificando, invariablemente, de faisiosos á todos los derrotados.
Al contingente noticiero de Petra se agregaba el de Papá Pepito. Papá Pepito, mi abuelo paterno, era un mocho desorejado, recalcitrante, irreconciliable,· á la vez que Papá Sabinito, mi padre, era un liberal mondo y lirondo, «puro,&gt;&gt; cuadrado ¡,or la base, de hermosa lámina y de exquisita y fina vitola.
Papá Pepito, á la hora de la mesa, desempacaba sus noticias, todas favorables á los
conservadores, todas optimistas para su partido. Para él no existían los hechos consumamados, ni la evidencia ni nada que no fuera
una no interrumpida cadena de victorias, una
indefinida sucesi6n de triunfos de «los suyos.,,
Mi padre lo dejaba decir y solía contestarle
ir6nicamente.
-¡ Ya sabes que les «dimosl»-decía Papá
Pepito transportado.

-Sí, papá, las espaldas.
-¡Ya tomamos Veracruzl
-;.En píldor!ls?
• -Don .Miguel le peg6 á Zaragoza.
-Sí, pero con las costillas y en la puntera
del zapato.
En ocasiones mi padre lo provocaba.
-Ya sabes que don Benito exclaustr6 á
las monjas de Veracruz?
-De seguro, ¿qué se puede esperar de ese
impío? El diablo se lo ha de llevar con todo
y botas.
-Pero, papá-decía mamá,-si en Veracruz no hay monjas!
.
.
Otro juego que nos hacía felices, era el siguiente: cuando Papá Pepito recibía á última
hora alguna noticia favorable á los suyos, solía callársela, y al día siguiente, al alba, afinaba su bandol6n y venía de puntillas á dar
mañanitas á papá con la noticia puesta en
verso y con música de las mismas. Ejemplo:
Ya perdieron esos &lt;puros,&gt;
Los hemos de aniquilar;
Vivan Márquez y los suyos
Por toda una eternidad.
Mi padre se mordía un codo; pero tomaba
en la primera oportunidad su revancha. Como quiera que no «poseía» el bandol6n ni ningún otro instrumento de música, llegado el
caso,organizaba una cencerrada. Se colgaba al
cuello con cordeles, á guisa de tambor, una
tabla que golpeaba con unos palillos; Berna,
mi madre, empuñaba una sartén y un cucharóh; Juan el Tiñoso, el criado, tenía á su caigo el caso de la conserva y el molinillo; las
criadas y nosotros, seis criaturas, no" armábamos de cacerolas, y á los acordes del Himno Nacional, íbamos á dar cencerrada á Papá
Pepito entonando estos 6 semejantes versos:
Libertad, libertad sacrosanta
Tus conquistas celebra la gloria,

Lucha aún, lucha aún y la histol'ia
Letras de oro en su libro pondrá.

Mi padre hacía mejores versos que éstos;
pero la colaboraci6n de mi hermano Carlos
solía extraviar su literatura.
Esto es lo que hoy llamaríamos el género
chico; pero había también episodios del género épico. Uno de ellos, peri6dico, regular, cronométrico, consistía en que, cuando«entraban»
los mochos, metían á la cárcel á mi padre;
pero en cambio, si «ganaban" los puros, lo metían también á la cárcel. Lágrimas de Berna,
chillidos nuestros, consternaci6n de la servidumbre cuando los cuerudos de Lagarde-eran
los más asiduos y eran mochos-se presentaban á catear la casa. Papá se resignaba, requería una capa española, hacía aprestar unas
tablillas de chocolate y unos bizcochos duros
y salía rumbo á Santiago 6 á la Acorda&lt;la
«arrastrando su alfange por la arena.»
Lo que había que ver era la actitud de Papá Pepito, hidrófobo, furibundo, implacable.
Había que encerrarlo en el cuarto del baño
para que no exterminara á los aprehensores,
puros 6 mochos, de su hijo. Su fanatismo conservador ofrecía un vacío, una laguna. Todo
lo toleraba, lo permitía y lo sancionaba de «los
suyos,,,menos que molestaran á Sabinito. Así
es que cuando, partido mi padre rumbo al
ostracismo, le dábamos suelta, se armaba de
una bayoneta despuntada y de un martillo
para hacerla entrar, y disfrazado de 11sospechoso,» se iba á rondar por la prisión, resuelto á
cualquier cosa con tal de que Sabinito no fuera víctima de una arbitrariedad. Felizmente
no lo fué nunca. Con 1cnsted dispense," mataban á uno; con 1,usted dispense,» daban suelta á mi padre con la misma regularidad que
lo encerraban.

una obra maestra, parecida á las que preceden á las elecciones en la gran República americafia. En la prensa, er.. los círculos políticos,
en los diplomáticos, se hace atm6sfe~a en favor de la elección de Monsefior Pecci, de cuyas energías aguardan todos la reconquista de
los antiguos privilegios.
Así en el seno mismo del conclave reunido
á toda' prirn, cuando u~o de los adversarios más
notables de esta candidatura, apoyaba la de
otro Cardenal, diciendo que éste era un santo,
contestaba el Cardenal Bartolini, ardiente sostenedor del que después fué Le6n XIII:
-Si Martinelli es un santo, que ruegue por
nosotros; pero ahora, no es un santo lo que
se necesita para el gobierno de la Iglesia.

***
La vida de Le6n XIII es la de un político,
un hábil hombre de gobierno, perspicaz diplomático, que sabe ponerse á la altura de las circunstancias; que cede precisamente lo que es
necesario ceder para bien de la Sede, pero sosteniendo siempre las prerrogativas sin las cuales el poder espiritual de la misma Sede sufriría considerable quebranto.
Siendo joven, rechaza las primeras insinuaciones para seguir la cai-rera eclesiástica¡ se
manifiesta sin vocaci6n para tomar los hábitos
sacerdotales, y se afilia en la Compañía de Jesús, plenamente convencido de que sus talentos le permitirán prestar grandes servicios á

***

Cuando la autoridad espiritual está apoyada por el poder físico, es muy fácil hacerse
oír y hacerse obe,lecer. Cuando la primera. existe s6lo para hacerse oír y obedecer y respetar
del pueblo, es preciso hablará éste en su propio idioma, y hablarle de aquello que ama, hablará sus sentimientos, conmoverle, sacudirle,
exaltarle. ¿No es así como Le6n XIII se hizo

***

La

No fué, sin embargo, una reñida lucha de
reconquista, ni se caracterizó por la intransigencia que todos aguardaban de él. Sus veinticinco afios de pontificado transcurrieron en
completa calma, y 111.s protestas que el Pontífice formul6 en contra del actual estado de cosas
en Italia, fueron protestas débiles, platónicas,
fueron las de un convencido de que la fuerza de
los acontecimientos es inmensa, y deque el único recurso para el Papado era emprender una
gran obra de adaptaci6n, de acomodamiento
á las exigencias de la vida moderna.

DR. 11. FLORES.
(Continuará.)

Trono Pontifical.
amar? ¿No es á la persona venerable del pontífice amante del pueb_lo ~ ~efensor del débil, y
proclamador de la Justicia, más bien que á la
SeJe misma, á quien el mundo cristiano 6 no
ha rendido homenaje?
'
León XIII predic6 la obediencia á los gobiernos republicanos; reconoci6 los derechos
del poder civil; respet6 las libertades del pueblo, conquistadas por éste á costa de luchas

LEON XIII
La vida del Pontífice romano está-nos
han dicho los cablegramas-pendiente de un
hilo tenue, pr6ximo á romperse. Quizá en los
momentos en que este semanario circule, el
Cardenal Camarlengo haya tocado por tres veces la frente lívida del Papa, llamándole por su
nombre: «¡Joacbiml ¡Joachiml ¡Joachiml», y
los labios transparentes y delgados hayan permanecido silenciosos, y no se hayan abierto ya
los ojos profundos, reverberos de la potente luz
de esa inteligencia privilegiada:; y ante esa rigidez y ese silencio, los hilos eléctricos que
atan unos con otros los pueblos de la cristiandad, hayan transmitido, como un sollozo, la
noticia: ¡Le6n XIII ha muerto!
La Iglesia nunca lloraría bastante la pérdida. Jamás podría consolarse de la desaparición
de uno de sus pontífices más amados, más respetados, y que, por su prestigio personal, por
su propio valimiento, han llevado más alta la
insignia de la cruz.
Como los papas de los primeros tiempos,
León XIII fué un ap6stol de la fe cristiana;
como el monje Hildebrando, fué un reorganizador; y como ninguno de sus antecesores, fué
el lazo de uni6n entre las conquistas modernas
y las tradiciones del Papado.

Domingo 12 de Julio de 1903.

la Iglesia, fuera del estado eclesiástico, y alcanzar un nombre glorioso para su familia. He
aquí, sobre todo, su más grande preocupaci6n,
manifestada en correspondencias escolares, en
confidencias íntimas á sus parientes y á sus
protectores.
De esta manera lleg6 á la dignidad de Monseñor, y á ocupar lugar distinguido en la Corte pontificia, aun antes ele haber recibido las
6rdenes sacerdotales. De esta manera también
antes de los treinta años, era nombrado gober:
nador de uno de los estados pontificios, y más
tarde Nuncio papal en Bruselas, y en ambos
puestos dió pruebas de su gran talento político, su inquebrantable energía y sus dotes de
mando.
La muerte de Pío IX encontr6 al entonces
Cardenal Pecci en el puesto de Camarlengo
y, por lo tanto, encargado de manejar los ne:
gocios temporales de la Iglesia y de preparar
la e~~cci6n de nuevo pontífice. Desde Juego se
le vio desplegar sus grandes dotes de gobierno, asu~ir la_ actitud de amo Y. señor que
!ompe sm vacilar con algunas tradiciones, que
impones~ voluntad á t~do el Sacro Colegio,
que abrevia las ceremomas y precipita la elecci6n de nuevo pontífice, y ante la estupefacci6n de todos, va recto á su fin, seguro de que
s6lo así se resolverían las dificultades creadas
por la reciente agitaci6n política de Italia.
Se murmura entorndsuyo;se susurra que quizá quede en peligro lavalidl:lz de la elección· pero nadie se atreve á oponerse contra esa voÍuntad invencible y esa formidable actividad de
acci6n. Dice uno de los bi6grafos de Le6n XIII:
«los hombres destinados para mandar á los
otros hombres, tienen primero una tendencia
natural á no ver en ellos sino instrumentos de
su propia voluntad y que, absorbidos por la
obra que persiguen, sacrifican al mi11mo obrero al fin que se proponen conseguir.,1
Al mismo tiempo, la propaganda en favor
del Cardenal Pecci se hace con gran ardor: es

cama

de León XIII.

por todos. Lejos de esto ha sido tachada de
débil, de demasiado tole~ante y le ha valido
contrariedades y oposiciones que á veces han
rayado en rebeldías. El viejo clericalismo el
que nosotros conocemos en toda su intoler~ncia, jamás transigirá con la política liberal de
Le6n XIII. Ese clericalismo suicida no perdonará las complacencias del Pontífice de la
Paz. Pero, en cambio, la humanidad conservará su nombre con sagrado respeto, P-omo el
de uno de aquellos que se han esforzado por
la concordia humana.
Accesible siempre que se trata de asuntos
t~ascend~n~les, Le6n XIII, -como es bien sabido, r_eci_bi6 á una célebre escritora francesa
Y consm~i6 en darle su opinión respecto á las
persecuc10nes á los judíos.
- La tare3: ,de la Iglesia-dijo Le6n XIII en
aqu~lla ocas1on-no es sino de dulzura y fraternidad .. Debe combatirse el error y esforzarse en derribarlo; pero cualquiera violencia contr~ las personas, es contraria á la voluntad de
D~o~, á ~us enseñanzas, al carácter de que esto
y mvestido y al poder de que dispongo.

Casa donde nació León XIII, en Carpinetto.
Y su reinado fué un reinado de paz. Desde
la cárcel voluntaria en que vivi6 por t&amp;ntos
afios, seguía con atel'.!ci6n el movimiento político de Europa; espiaba los movimientos de
esta sociedad moderna que á veces parece haber perdido el norte y marchar sin rumbo fijo hacia las obscuridades (lel porvenir. Y
cuando vi6 surgir nubes de tempestad de esos
horizontes, cuando percibi6 en el silencio de
su claustro el rumor de tormenta, cuando vislumbr6 las dificultades del tremendo problema social, entonces dej6 oír su voz para interceder por los débiles, para defender con su
palabra elocuente los derechos del pueblo, y
al mismo tiempo para exhortarle, con la dulzura de un ap6stol, al orden, al trabajo y al
amor.
Y quiéh sabe si esa voz blanca, trémula, no
haya contribuido á extinguir muchos odios,
á desarmar, ~. veces, el brazo homicida del
anarquismo!

Vaticano.-Entrada A los Jardines
prhados de Su Sanfülad.

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La torre leonina.

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Oratorio privado de León XIII.
formidables, de heroicidades y de martirios.
¿C6mo no había de recibir los tributos del
pueblo?_ ¿C6mo no ha_bía de ser respetado por
los ~ob1ernos republicanos en cuyo auxilio
acudió para allanarles el camino?
El conden6 las persecuciones que en otros
tiempos fueron el arma podero~a del Pontificado. No rehus6 entrar en relaciones con los
homb~es de distinta fe; proclam6, hasta donde
e_s posible esper~rlo _de un j~fe de iglesia, la
h~ertad de conctencias, é hizo compatibles la
vida moderna y la vida religiosa. Sin duda
esta to~eran~ia l~ permiti6, no solamente evit~r el ctsma mmmente de la iglesia americana,
~mo ens~nchar de un modo considerable la
mfluencia del romanismo en los Estados Unidos.
Su política no ha sido aceptada de grado

-¿Entonces-preguntó la escritora-la guerra de religi6n? ..... .
-¡Estas dos palabras no pueden ir juutasl
Frases que, desde tiempos remotísimos habían sido dichas pocas veces y nunca p;acticad,as. ¿C6mo no habían de resonar en el corazon de los.pueblos, y rodear al Pontífice que
las pronuncio de una aureola mística, de la
cual_ se destacara su rostro, blanco como una
hostia, de rasgos firmes, inundada de luz?•..
Julio 9 de 1903.

DR. L. LARA Y PARDO.

NUESTROS GRABADOS

. Intercal_ados en el texto del artículo anterior, publicamos unos grabados que representan la casa en que naci6 Su Santidad, el 2 de
~ar~o de 1~10, en Carpinetto; la entrada á los
Jardmes privados del Vaticano el Oratorio y
la cax:na de Le6n XIII, y la 'torre, llamada
«leo1_nna,)) que corresponde á las habitaciones
particulares del Sumo Pontífice.

�Domingo 12 de Julio de 1.&amp;03.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

ñor PreBidente y del señor Embajador, se encontraban los señores Licenciado don Ignacio
Mariscal, Secretario de Relaciones; Me. Ceery,
segundo Secretario de la Embajada americana; Guillermo Heimcke y señora; Grand Duff,
Encargado de Negocios de Inglaterra; W . Conley, Vicec6nsul de los Estados Unidos; Conde

más notables las de hombres gordos y las de
niños. Los vencedores recibieron, como premios, trajes, paraguas, zapatos y otros objetos de utilidad. A medio día se efectuó una
ascensión aerostática por don Joaquín de la
Cantolla, siendo este acto del programa, de
los más llamativos. El globo se elev6 á consi-

l

S.

EN LA ESCUELA DE TIRO DE SAN LAZARO
Hoy según está anunciado, se efectuarán en
la Esc~ela de Tiro de San Lázaro, las pruebas
de preparación de explosivos y voladura de
algunas obras militares, como puentes y vías
férreas, construídas ex profeso para las experiencias por individuos de la clase de tropa,
pertenecientes á distintos batallones.
El puente que representa nuestro grabado,
se volará por medio de petardos provisionales,
formados con frascos de vidrio que contendrán dinamita, y con cargas alojadas en los
macizos que sostienen la construcción. Las
pruebas de resistencia de la obra se verificaron en días pasados, haciendo que formara
sobre ella un numeroso personal.
Conforme al programa aprobado por la Secretaría de Guerra, habrá también ejercicios
de tiro de precision con fusil y carabina Maüsser.

Domingo 12 de Julio de 1903.

ocupó el lugar de honor, tomando asiento á
su derecha el señor Embajador y á su izquierda el señor General Frisbie, Presidente de la
Junta organizadora de las fiestas. Los demás
asientos fueron ocupados por los miembros
del Cuerpo Diplomático y los señores que integraba'.1 la Junta mencionada. Los brindis
cambiados entre el señor General Clayton y el señor Presidente de la República causaron la más grata impresión y
fueron ruidosamente aplaudidos.

.

S. León XIII en la "portantina."

El placer producido por una obra artística, es, para cada quien, la medida de su mérito: de ahí la eterna diversidad de nuestros juicios.

A.

FRANCE.

J:as fitstas dtl 4 dt tulio.
Con un brillante festival efectuado en el Tívoli del Elíseo, conmemoró la Colonia americana, el cuatro del corriente, el 127? aniversario de la Independencia de los Estados Unidos.
El programa de las fiestas comprendía, además de la ceremonia cívica, consistente en un
discurso pronunciado por el señor Embajador
Clayton y en la lectura de la «declaración de
Independencia,» la celebración de distintos
juegos atléticos y la de un gran baile, que se

verificó por la noche en el salón principal del
mismo Tí voli.
En el fondo del local, y á los lados de la
pista arreglada para las carreras,se levantaron
dos tribunas: una adornada vistosamente con
banderas mexicanas y americanas, que se destinó al c;eñor Presidente de la República y á
los señores ministros extranjeros y á sus familias, y otra, dotada de una amplia gradería,
en que tomaron asiento las personas deseosas
de escuchar á los oradores.
El discurso del señor Embajador, lleno de
frases 1ue revelan la alta estima en que la Colonia tiene al Primer Magistrado de la Nación
y la franca amistad que une á la República
del Norte con nuestro país, fu~ varias veces
interrumpido por los aplausos de la corn:urrencia. Al concluir el señor General Cla vton su
corta, pero entusiasta alocución, el se.flor ,v.
W. Blacke dió lectura al acta de Independencia de los Estados Unidos, pronunciando después un discurso, cuyo tema fué el &lt;CGingoísmo. » En la tribuna de honor, además del se-

Pruebas de resistencia del puente militar en San Lázaro.

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de Vinci, Ministro de Italia;
General García Vélez, Ministro de Cuba; Herr Floecker, Encargado de Negocios
de Alemania; Conde delKielmanseg, Secretario de la Legación de Austria·
Ingeniero don Leandro Fernández, Secretari~
de Comunicaciones; Francisco Coronado, Secretario &lt;le la Legación de Cuba; Evers, Encargado de Negocios de Bélgica; Vizconde De
la Tour, Encargado de Negocios de Francia;
Emilio l\Iorthz, Cónsul de Chile; Capitán Ha,,,
liwell, Vicecónsul d':l Inglaterra; Soughimura,
Ministro del Japón y su primer Secretario, Shinovo; Marcial Martínez, Encargado de Negocios de Chile, y su señora.
Terminada la ceremonia cívica, se jugaron
algunas carreras á pie, anotándose entre las

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El Sr. Gral. D1az recorriendo el Tivoli.
Ejercicios de fuerza.
El Sr. Gral. D1az presenciando una carrera de niños.

derable altura, y el aeronauta fué á caer er. un
edificio de Bucareli.
Repartidos en el Tívoli había. puestos de
cerveza, helados y confetti.
Antes de retirarse el señor Presidente de la
República, se sirvi6 á los invitados un ,clunchi,
en el salón de patinar. El señor General Diaz

La animación que reinó durante el día en
el Tívoli, fué muy grande, y la concurrencia
escogida y muy numerosa. En cuanto al baile, d¡remos únicamente que tanto por el buen
gusto que se advertía en el adorno del local
como por la elegancia desplegada por las da'•
mas en sus trajes y tocados, constituyó sin
duda, la nota más saliente del programa'.

�Domingo 12 de Julio de 1903.

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EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Julio de 1903.

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La ascensión aerostMica en el Tfvoli.-Grupos de curiosos presenciando el acto.

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Ejercicios de fuerza.-EI paseo por el Tlvoll.-Carrera de hombres gordos.

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�Domingo 12 ele .Jnlio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Jtomeo !/ cluliefa.
I
Renovaban las dos familias- Pasqualis y
Dericas-las muy antiguas y ardientes luchas
de los Capuletos 'y Montegos, con la sola diferencia. que no se vertía la sangre, pei·o derrochaban dinero; enti-e sí no se daban aquellas muertes atroces de otros tiempos, pero por daca las
pajas, allá va un pleito, cuyo término era imposible prever. Pleiteaban con aquella voluptuosidad o:-procesal&gt; propia de la gente provinciana;

enemistad entreios Pasqualis y los Dericas. Eran
vecinos en la ciudad y en el campo; pero cuando
se encontraban, veíanse-y aun tratábansecomo unos perros de presa. Iban las mujeri:s á
misa, pero á distintas_ iglesias. Si las.señoritas
Pasqualis usaban tra¡es azules, era. evidente que
en el acto se presentarían las Dericas con vestidos color de rosa. En el Concejo Municipal, los
Pasqualis eran siempre conservadores; los Dericas oposicionistas siempre, y, naturalmente, ¡a.más estaban de acuerdo. Hay que agrega1· á todo

forma el amor sentimientos conocidos, vigila•
dos, establecidos, anotados y protegidos por las
abuelas indulgentes; estimulados por las madres,
sabidos por todo el mundo; en una palabra: son
sentimientos sin fuego, sin lágrimas, sin ternura, sin caprichos, muy tranquilos, muy lentos y
muy fríos ....
Pero Carlos Pasquali había tenido la buena
suerte de pasar una vez quince días en Nápoles,
circunstancia ésta que le bacía tratar con cierto
desdén las costumbres de provincia; y María
Derica, por su parte, pasaba íntegras las noches
llorando á moco tendido por las heroínas de novelas, y envidiando sus desgracias, sus lágrimas
ó su muerte.
Bien habrá de comprenderse que necesitaban
estos seres un amor excepcional. Hubo primero
miradas furtivas, palabras murmuradas muy
quedas, claveles caídos de un balcón, sorpresas
y satisfacciones fortuitas .... En :seguida, ayudados por la complicidad de una obrera que iba
á ganar el día de su labor casa de la madre de
l\Ia.ría, corrieron , ntre las manos de los jóvenes
unos veinte renglones y la consiguieiite respuesta; mas luego llegó una diminuta cartica, después una muy larga, y finalmente, aiéronse á escribir epístolas de ocho y diez páginas, que
muestran en el más alto grado la insensatez de
los que están enamorados.
Mas abl tan cortas fueron las dichas de estos
amantes, como pronto los alcanzaron las lágrimas y los dolores! Todo el mundo los acechaba,
los expiaba; tenían placer los vecinos en sorprenderlos, en denunciarlos, y todas las iras paternas-avivadas por once voluminosos procesos-caían sobre las cabezas de aquellos desventurados como un manojo de rayos. Se dispu-

á cinco metros de distancia, callándose al menor
ruido y temiendo por instantes que los iüterr~m•
piera.n en su coloquio aéreo. Pero ¿qué les importaba'? De seguro que no ca;mbia.?an ellos _su
situación por ninguno de los imperios de la. tierra.
d
Mas la noche menos pensada, el hermano e
María' que no podía dormir, se levantó, encontró qu~ la puerta estaba abierta, oyó ruido de
voces y sorprendió á su hermana. Tiró la ventana á Carlos en la cara, dió un solemne bofetón á María, y la encerró en su cuarto por muchos meses ....
Al día siguiente se tapiaron las ventanas. ¡Oh
vosotros todos, fieles amantes, que sufrís por un
amor desgraciado: imaginaos los tormentos de
aquellas dos criaturas infelices! Eran ilegibles
sus cartas, borradas las let1·as por las lágrimas.
Largos renglones de signos de exclamación se
alineaban como una. hilera de solda.dos prusianos que están bajo las armas, y prorrumpían e_n
imprecaciones contra la suerte, contra el destino, contra la. fatalidad y demás seres impersonales que son sordos y mudos, y que como se
se.be ni oyen ni responden. Mil y mil proyectos,
fantásticos muchos, irrea.lizables todos, se elaboraban y discutían: pero horas después ya no
satisfacían, y relegábanlos r.l olvido. Muchas
veces había querido Carlos huir con María; pero
su padre lo tenía sin blanca en el bolsillo, y no
podía el pobre joven reunir un par de duros con
que pagar dos puestos hasta Nápoles. Por un
momento llegaron á pensar en el suicidio!!. ...
pero muy pronto pudieron aprecia.r que no era
el suicidio solución de aquel estado ....
Al fin y á la postre, su a.mor tomó el tipo de
todos lo amores regulares : las imprecaciones siguieron siendo las mismas, y ni uua noche pudieron conciliar el sueño, &lt;sin antes haber vertido sobre el papel amigo el exceso de su dolor!!&gt;
De no otra cosa se trataba en el pueblo que
de la constante, de la firme pasión é indecibles
tormentos de aquellas pobres criaturas. Despertaban el interés genera.!; y si un extranjero, por
casualidad, acertaba á permanecer allí unas horas, en el acto hacíanle visitar las ruinas del
anfiteatro romano, y de seguida, como necesidad
impretermitit&gt;le, coatábanle la historia de Carlos
y María. Estos, á su vez, halagados, y si se q uiere, henchidos de vanidad, tomaban actitudes circunstanciales, muy del caso; ella, por ejemplo,
estaba pálida, triste, extenuada, sin risas jamás.
Sólo hablaba de &lt;sus días sin luz y sin a.mor,&gt;
rechazaba toda distl'acción, y se esforzaba de
mañana á tarde por parecerse á uua heroína de
Jorge Ohnet. Y Carlos dábase largos y solitarios paseos; melancólico el ca.rácter, aire pensativo, cerrado todo de negro, y considerándose
feliz si lograba inspirar piedad .... Nada; por
todas partes no hacía más la gente que conversar de estas pobres víctimas y pensar en ellas;
siendo agraciados, y muy bien y especialmente
recibidos, todos los que tuvieran noticias últimas y buenas. No tenemos para qué decir, después de escrito lo anterior, que Carlos y María
llevaban dignamente el peso, no muy liviano, de
su absoluta popularidad.

II
Pero como todo tiene término, he aquí que al
cabo de tres á cuatro años de continuas luchas,
de llantos cuotidianos, de quejas y gemidos,
cambiaron de aspecto los acoat1::cimientos. Una
mujer de mucho corazón-pues todavía las hay,
-haciendo lujo de persuasiva elocuencia, conveqció á los padres de que los pleitos costaban
mucho; que 1ejo,, de dejar utilidad personal, sólo convenían á los abogados, los que de los ex-

pedientes hacían su agosto. Dec~ales aquella
buena mujer que con toda segur1dad aq~ellos
jóvenes morirían sintiéndose tan contrariados
en su amor, y qu~ no podíamos ni debíamo~ ser
más severos é intolerantes que Jesús, el Cristo,
que había tenido per~ón p~ra sus mis~os enemigos. Para ser concisos, diremos que ~1zó aquella mujer tanto, tan bien y con tanto acierto, que
llegaron las dos familias á pactar una transacción, en la que figuraba como primer capítulo el
matrimonio de Carlos y María.
Todo el mundo pensará-es natural-que. fueron dichosos aquellos jóvenes con semeJante
afortunado desenlace: ciertamente .... Sólo que
para ser verídica, véome obligada á confesar que
fué su primera entrevista embarazosa y molestísima. Tenían ellos costumbre de verse des~e lejos, á hurtadillas, y dehablarseen la_obsc1;1ridad,
muy por lo baje•. El cambio de la s1tuac1ón los
desagradó, y al desagradarse, se encontraron un
tanto ridículos. No encontraban tema de con ver-

Domingo 12 de Julio de 1:)03.
-Carlos, separémonos .. .
-Bueno, separémonos, respondió tranquilamente.
Temprano, al siguiente día, despedíase Carlos
para un viaje de negocios, y María para Nápoles á casa de una de sus primas, á donde soñaba 'encontrar un héroe digno de ella.
Quebraron de nuevo las relaciones de ambas
familias. El padre de María abrió una ventana
que daba 6 caía sobre el patio de su vecino, y
éste, para vengarse, construyó un palomar sobre
una pared medianera. En el acto, como del cielo caída, llegó la pl'imera citación, «incontinenti&gt; la segunoa, una tercera, etc. Por último, recomenzaron los procesos, y por esta vez, al decir de los abogados, sin esperanzas ningunas de
transacción posible.
MATILDE SERAO.

Del libro "torat6n de muJer."

LIED.
I

sación; no sabían qué decirse, y esperaban con
impaciencia febril el momento de separarse. Como ya no había más lágrimas que mezclar con
las gotas de su tinta, dejaron de escribirse. Como la vida se había hecho fácil para ellos, no
había tampoco padres suspicaces que engaliar,
ni palabritas voladas al oído, ni mucho menos
proyectos audaces formados para el porvenir.. .
Iban á casarse estos jóvenes enamorados, tan
prosaicamente como todos los novios se casan.
y como en la ley común habían entrado, nadie les
prestaba la más ligera atención, ni mucho menos
sefles mostraba como un ejemplo de singular fidelidad. Ahora, la curiosidad del lugarejo ó
pueblito se había despertado por la mujer del
prefecto, que parecía tener una culpable simpatía por el substituto .... Un caso muy grave.
Halláronse abandonados los dos prometidos,
y una frialdad glacial los separaba. Juzgaba
Carlos que la virtud de su l\f&lt;\ría, aquella virtud
que él tanto había exaltado en sus cartas, venia
muy á menos en el hogar. Y á Mal'Ía se le representaba su bien amado como un joven muy trivial en sus gustos; dándose por otra parte á pensar que concluir por un matrimonio estúpido
un amor como el que ella antes había experimentado, era totalmente indigno de una admiradora.
de Jorge Obnet.
Dijéronse algunas palabras intencionadas sobre las &lt;ilusiones rotas por la realidad,&gt; sobre
esperanzas que eran como &lt;mirajes engañosos
del desierto;&gt; sobre lbs &lt;decepciones de la vida,&gt;
y otras frases románticas y alusivas. En esto,
sobrevino una disputa, á poco, otra .... basta
que el día más cla,•o, dijo María con irritado
acento:

Ea pueblos en que hace ley
el derecho de las almas,
las mujeres
se declaran.
Y entt·e las ardientes hijas
de Moravia,
á los gitanos hermosos
dicen su amor las gitanas:
cuecen una dulce tot·ta,
coa su marca,
y la dejan á la puerta
del que aman.
Y en otro pueblo romántico,
en Birmania,
cuelgan al venir la noche,
las muchachas,
la "lámpara del amor"
de su florida ventana,
y en el rayo de un espejo
va la luz á la cabaña
del hombre por quien deliran,
como si fuera una carta.

JI
Con las gitanas aprende
de Moravia,
Y á las muchachas imita
de Birmania:
IY pon la torta en mi puerta
y el reflejo en mi ventanal
MANUEL S. PlCHARDO.

Junio, 1903.

Es la expresión de la bondad en los ojos, una
belleza que transfigura aun los 1·ostros más feos.
JULES LEMAITRE.

***

Una de dos: ó abate la Democracia al Arte, ó
eleva el Arte á la Democracia.
G. M. V ALTOUR.

**

*
No condenó Dios al hombre
á trabajar; le condenó á v~vir, concediéndole el trabajo como cfrc unstancia atenuante.
ERN EST LEGOUVÉ

SONETOS.
como que fue1·a ésta una de sus más gratas aspiraciones, uno de sus más hermosos deseos. Así
se explica que pleitearan, ó por despecho. ó por
ira ó por disgusto. Desde luego (y fácilmente
se comprende), eran fútiles y de ninguna significación los motivos de aquellas litis incesantes:
un arroyo que cambiaba de dirección; una cabra
que saltaba por encima de un vallado, ó un arbusto que dañaba un cercadito, etc., etc. Y llovía el papel sellado; y los secretarios escribían
en su estilo bárbaro providencias amenazadoras; y los juicios se seguían, los gastos aumentaban y los abogados pedían su licencia ó su retit·o, seguros como lo estaban, y según la marcha
de los sucesos, de trasmitir estas querellas-como herencia-á sus hijos. Nadie podía darse
cuenta de cómo se había formado tan grande

eso, los cuentos, las maledicencias, los dichos
mordaces, las alusiones malignas, las palabras
de doble sentido; en una sola frase: las cbismograf(as más bajas, y tendremos la medida de
todas las suciedades y ofensas que pueden lanzarse, en provincia, dos familias rivales.
Pero en medio de éstas y aquéllas, Carlos, el
mayor de los Pasqualis, y María, la segunda.
génita de las Dericas, se enamoraron ciegamente; fué aquélla una pasión violenta, y tanto, como había sido la enemistad de las familias.
Salvo que en los pueblos .no tiene variedad ni
accidentes el a.mor. Las relaciones comienzan,
por lo general, desde la. infancia.; siguen sumarcha en los juegos del &lt;escondite,&gt; continúan en
las fiestas de familia, y van á terminar ante el
prefecto y el cura. Con muy pocas excepciones,

so condenar las ventanas; se cerró con candado
la puerta de li,, azotea; se contaron los claveles
prohibiéronse los paseos, y se cambiaron cad¡
domingo las horas de irá misa .... mas á pesar
de todo esto, amábanse ellos siempre lo mismo.
Los regaños, sermones, prohibiciones y el cúmulo de dificultades, sólo servían para levantar más
la llama de aquella hoguera. Aun en las más rigurosas noches de invierno, Jevantábase María
se vestía, envolvía.se en un chal, calzábase su~
anchos pantuflos, y conteniendo la respiración
temblorosa y llena de miedo, bajaba la escaler¡
para mirar por la ventana del primer piso á
Carlos, que esperaba en la calle, apoyado en Ja
pared. Así conversaban por dos ó tres largas
horas, sin darse razón ni cuenta del frío de la
lluvia, ni del sueño perdido; hablaban si~ verse1

I

II

III

EN EL BOSQUE

jCRUDELIS ,6.MOR!

LUZ Y SOMBRA

En el landó soberbio reclinada
Con indolente y lánguida altiveza,
Envuelta en blondas de oriental riqueza,
Hoy la be visto en el bosque .... ¡Cuán turbada

Dijo la muerte ¡ venceré! y, traidora,
Rauda saeta disparó al amante
Que al punto en tierra dió, y agonizante,
Auxilio, en vano, de la Vida implora.

Era el momento en que el rubor divino
'De la pálidá aurora el cielo baña,
Gime la alondra tfmida y huraña
Y se oye alegre del clarín el trino.

Pasó, volviendo á mí su azul mirada,
E inclinó levemente la cabE&gt;zal ....
En sus ojos, tan bellos, la Tristeza
Ha fijado inclemente su morada.

Amor conduee á la que el triste adora;
Y, pálido al mirarlo, vacilante
Se arroja al lecho y clama, y sollozante
Le oprime y besa y sin consuelo llora.

El sendero seguí, y en el camino,
Al trasponer la húmeda rnontaiia,
Descubrí en el boscaje una cabaña
Unida al tronco de robusto encino.

No es ya la blanca virgen pudorosa
Por quien causó el Amor eternos daños
En la edad fugitiva de la rosa:

De pronto calla, se estremece, !ría
Mira en sus brazos la materia inerte
Y el alma en garras de la Parca impía ....

Y llevé hacia el umbral mi planta inl'ie1·ta ....
De la cabaña en el rincón yacía
Miserable mujer lívida. y yerta.

Han pasado por ella luengos aí'ios
Y sucumbe, infeliz víctima hermosa,
En el seno de amargos desengaiiosl ....

Y entonces ¡loca! sin temer su suerte
Hiérese el albo seno y á la umbría
'
Región se lanza y triunfa de la Muerte!

Junto su seno un niño sostenía
Yerto también .... Entrecerré la puerta.
¡Oh, cuánta sombra ante la luz del día!
E. FERNÁNDEZ GRANADOS.

�Domingo 12 de Julio de 1903.

DIHECTOR DE LA ESCUELA DE AGRICULTURA
En substituci6n del sefior Ingeniero José C.
Segura, que por mucho tiempo estuvo al frente ele la Escuela de Agricultura y Veterinaria,
ha l'!ido nombndo Director de este importante
establecimiento el señor don Manuel ele lbarrola.
El nombramiento hecho á favor del sefior
lbarrola, hombre dotado ele un espíritu práctico poco común y de conocimientos que lo
hacen muy á propósito para el cargo que va
á desempeñar, fué recibido con a.plauso en los
círculos agrícolas, considerándolo muy acertado.
El nuevo Director tomó ya posesión de su
empleo.•

Para quien sabe observar un número de periódico de modas, es un documento psicológico de lo más intnesante y vale tanto como
una novela y aun más que varios libros de
crítica. Semana por semana tales publicaciones me ofrecen un sincero y tornadizo reflejo

GRÁCIL YFRÁGIL
¿Os gustan los periódicos de modas? Yo, los
adoro.
Sus dibujos, sus consejos, sus indicaciones,
su jerga misma, me divierten en grande. Su
lectura hace descansar y ejercita la imaginación, puesto que permite sofiar y combinar
adornos que no es fácil llegar ii poseer ... También son moralizadores. Cuando la serpiente
de la coquetería nos F-ilba al oído: «Seda...
batista. ... encajes de \'alenciennes.... irlanda .. . etc.,» el bueu peri6clico de modas nos
induce á contestar: «Algodón ... rasillo ... percal... tira bordada... etc.," y nos consuela de
nuestra forzada prudencia al afirmarnos que
en una. mujer bonita «todo produce el mismo
buen efecto.»
A un tiene otra ventaja el periódico de modas: contiene los más seguros, indiscretos é
íntimos datos acerca de la mujer contemporánea.

Sr. Manuel de lbarrola.

de la figura femenina en 1903.. . Y á tra\'és
del aspecto se adivina el alma.
Dime cómo vistes, hermosa. sefiora, y te diré quién eres. El color de tu enagua, la tela
de tus trajes, la forma de tu sombrero y hasta

la hebilla de tu zapatito me referirán cuanto
te concierne aun lo que á nadie confesarías y
lo que tú mlsma ignoras; por_que si es pueril
decir que una inglesa no se viste como u~a española, ni una burguesa _como una a_ctnz, se
puede afiaclir que el traJe expresa tmtes del
carácter infinitamente más delicados.
Una mujer descuidada no llevará jamás esos
vestidos de millares ele pliegues y volantes que
exigen pruebas minuciosas y prolongadas conferencias con la modista. No «tendrá corazón•
para ocuparse de todo eso por puro placer.
Por el contrario la alegría de un amor reciente se revela e~ su vecina por su recrudecimiento de coquetería y por la necesidad de
modificar su guardarropa, que no se encue~tra
en harmonía con el color de sus pensamientos.
La esperanza de gustar, el contento de haber agradado, conducen irremisiblemente á las
mujeres á los almacenes.
Si nuestras biznietas, dentro de cien años,
hojean alguna colección de periódicos de modas les recomiendo cil)rtos números de la prima~·era de 1903, donde, en fotografías del natural pueden verse las distintas prendas del
traje '«Reforma,» holandés y alemán. Comparando tales fotografías con algunas de pari- .
sienses á quienes nuestras modistas envuelven
en «guipure" y linón, nuestras descendientes
comprenderán la doble tendencia, la doble corriente que atraviesa el mundo femenino actual.
Hay mujeres que viven para las demás (y
en verdad que su altruísmo no es siempre una
virtud); mujeres que se han impuesto la misión de ser bonitas y hacerse amar, de ser el
ornato del mundo, la alegría de los ojos, y,
algunas veces, la de~esperación del corazón.
No son por eso las esposas menos fieles ni
las peores madres, y aun pueden llegará merecer el cielo por rns secretos sacrificios y por
su abnegación; pero aun en el potro del martirio, pensarían en arreglar su peinado y mo-

rx

El &lt;:oro de Catedral.

Do~ingo 12 de Julio de l!l03.

EL l\IUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

ri r de una manera graciosa. Aún se acomo~an á
la protección masculina y_ á su dependen;1a secular y son mujeres, muJeres y nada mas que
mujeres.
Son lal:i fervientes adoradoras de las modas
gráciles y frágiles. Han inventado las ropas
que se abren en flor, el sombrer? abeu_rdo y delicioso que aureola la cabe~ sm abrigarla, l~s
chales que flotan, la muselina que ~e.en 1!111
pliegues nacarados, las faldas que d1buJan z1gzags, los entredoses en forma_ de losanges, los
listones que se fruncen, se tienden, e:e adornan ... todo lo que es suti_l, costoso y co~plicado. Parece que sus vestidos reemplazan a las
nubes que velaban á los diosas antiguas y que
les prestan una especie de majestad, de gracia,
de divina irrealidad ...
Hay otras mujeres me~os bellas, 1!1~~C'S
lices 6 sencillamente de d1v~rsa cond1c1~n, u~teligencia ó humor, qu~ quieren ~ara s1 vida activa. No renuncian, por Cierto, a ser
encantadoras pero tratan de realizar un nuevo ideal de e~canto femenino, más grave, más
sobrio, más franco; no renuncian á la elegancia, pero la transforman ó la ~ransporta_n. Como las necesidades del trabaJo las obligan Í\
caminar largos trechos, á trep~r en los trenes,
rl disminuir los instantes destinados al tocador suprimen toda complicación, toda «fioritur~. • Son las enemigas de lo grácil y lo frágil
y han criado el vestido sastre.
El vestido sastre es á menudo una obra maestra de artística simplicidad, cuyas líneas harmoniosas revelan los más bellos contornos del
cuerpo femenino; la s:3-ya, ~ecta, la chaqueta
corta tienen una gracm facil y caballeresca.
Es el 'uniforme de las mujeres que desean guardar sus encantos invirtiendo el mínimum de
tiempo y de dinero.. No quiero hablar mal de
él... todo lo contrario ...
Pero cuando de reformas se trata, pronto se
llega á los extremos. Las holandesas y las alemanas no se contentan con suprimir los abusos predican la gran Reforma, el protestantismo' de «la toilette». Xo más encajes, no más
telas suaves y delicadas, no más bajos ruidosos ni corsés, ni broches ni alfileres!
"\Ted una señorita reformista, de fiuos y bellos rasgos, vestida con la combinación, la espantosa y clownesca combinaci6n, con jersey
de lana de algod6n ó de seda. Encima se coloca un~ camiseta almidonada, un calzón de
seda ó de tejido de lana, sostenido con ... tirantes( (¡Una mujer con tirantes! ¿No es cosa
de hacer retroceder al propio don Juan?) Nada de corsé; un •portagarganta» y un cintur ón de cuero no muy oprimido. Las holandesas se colocan encima un traje, no del todo
desagradable, que se abr~cha con boton_es de
presi6n. Las otras reformistas ... pero de¡emos
hablar á un periódico de modas: «Según la
señorita quiera ser más 6 menos elegante, se
pondrá, como el señor su hermano (¡oh!), ya
sea un casaquín, un vestón ó una chaqueta,
la enagua será corta para el taller y el paseo,
y larga para visitas ú otra ceremonia ... »
¡Hay que ver el aspecto de la señorita vestida como el señor su hermano!... Lleva una
enagua de paño negro que le presta un aire
así como de pastor protestante. Una mujer
vestida así parece dispuesta á comentar la Biblia. En su vida, á francés alguno le pasará
por las mientes cortejarla.. Parece demasiado
respeta.ble ...
Su aspecto sugiere los más serios pensamientos .. . y un deseo irrestible de contemplar
las mujercitas de \\'illette, risueiias y vestidas
de corto. ,
Esos horrores, tirantes, cinturón, calzones,
casaca, pueden no afear mucho á una mujer
joven y bonita ... figuraos una buena sefiora
de cincuenta años, maciza y arrugada, con
semejante aparato!!. ..
¡Ah, si yo defiendo, si elogio el honesto, eI
cómodo, el gracioso vestir de sastie, soy, en
cambio, enemiga encarnizada del traje ccReforma»! No lo necesitamos entre nosotras!
conservemos, al menos, bajo el exterior estricto y simple del paño inmutabltl, la picante y
fresca elegancia de los bajos, la finura de las
ropas interiores.
Salvemos de la antigua y deliciosa elegancia todo 10:que pueda salvarse.

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Un Organo del coro.

.. . Correrá mucha agua bajo los puentes del
Rin antes que las parisienses se decidan á
llevar tirantes y renuncien á vestirse en !a
mañana como una flor que abre sus pétalos, y
á desveRtirse por la noche, pétalo blanco tras
pétalo blanco y batista trae lin6n, como una
flor que se deshoja.
::IIARCELA SINAYRE.

EL CORO DE CATEDRAL
Con unas foto~rafías clel coro de Catedral
damos principio á la publicación de una serie
que represenh, en detalle, el interior de la
Basílica.
El coro, considerado justamente como una
joya del arte criRtiano, ocupa el espacio que
cubren las bóvedaR tercera y cuarta de la nave central. La. sillería es de maderas preciosas, tallada primorosamente, y la reja, que lo
limita por uno de sus ladoi,, de metal. Tanto
ésta como la crujía, fueron hechas conforme
á los dibujos que se enviaron de México, en
:\Iacao del Japón.
En otro de nuestros grnbados aparece la fachada de uno de los 6rganos del coro, notable
por la delicadeza que se observa en sus detalles y por la hermosura del conjunto.

ABISMOS.
Dios puso en los abismos del espacio
esos vapores tenues,
que, en nube convertidos, se col?ran
con tinta suave cuando el alba. viene.
La nube engendra el rayo
que e!lparce por doquier estrago y muerte:
¡Culpad á Dios, que derramó en la altura
del huracán el germen!
Dios puso en el cerebro esas ideas
que poderosas crecen
y, comprimidas sin piedad. estallan
1:,oberbias, indomables y rebeldes.
La rebeli6n engendra
brisas de fuego y ráfagas de muerte:
¡culpad á Dios que puso en el cerebro
del huracán el germen!

LuI:-A

)IuSoz.

La guerra no es una solución: engendra solamente represalias.
D'ESTOURNELLE¡¡ DE CONSTANT.

*

Comprendemos toda.vía el heroísmo, ya qu&lt;'
M para practicarlo, por lo menos para aplaudirlo.

*

E-'fiLE l&lt;' AOBT.

La Iglesia es el hospital de las almai:.
Jorus KARL HUISMANS.

�Domingo 12 de Julio de 1'.l03.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Julio de l!1tJ3.

J:OS JISESTnJltOS DE SERUTJI
Como complemento de la informaci6n que
dimos hace poco acerca de los asesinatos de
Servia, publicamos un grabado en que aparecen reunidos el Rey Alejandro y la Reina Draga, el General Zinzar, Presidente del Ministerio, la Princesa Elena, el Ayudante de Campo
del fü.y y Nicodié Lunievicza, hermano de la
soberana, así como otros personajes que á consecuencia de la subl~vaci6n de Belgrado resultaron muertos. El Coronel Naumovitch, muerto también en el motín,
aparece á un lado, en primer término,
y en segunda fila algunos de los servidores del monarca que fueron asesinados 6 que emigraron á raíz de los sucesos,
Publicamos, además, el retrato del
Rey Pedro I, que substituy6 á Alejandro en el trono de Servia.

En la Tndia t;ambrttnta.
HACIA JIDJ&lt;cRABAD

Ya no más verduras, no más palmas.
La tierra ya no está roja. Casi hace
frío.
Ahora, los asombros del primer despertar, en el mes de Nizam, después
de haber dejado ayer la regibn tan verde de Pondichery y de Madrás.
En la mañana alcanzamos la planicie central de la India, en medio de estepas &lt;le piedra, y todo ha cambiafo-salvo el graznido
de los eternos cuervos.
Landas ardidas, llanuras grises, alternan
con campos de mijo, vastos como lagos.
En vez de los soberbios cocoteros, raros aloes
y datileros flacos agotados por la sequía, aparecen en torno de las ciudades, que también
han cambiado de aspecto para tomar un falso aire árabe.

El Rey Pedro l. de Servia.

El Islam pone su irnpresi6n sobre todas las
cosas, el Islam, que se apodera siempre de las
regiones tristes, del chispear de los desiertos.
Cambian también los trajes.
Ya no van los hombres con el torso desnudo, sino envueltos en túnicas blancas, ni llevan
largas cabelleras, sino que se cubren la cabeza con turbantes.
La sequía aumenta de hora en hora, á medida que se avanza en la monotonía de las llanuras.

Los arrozales, cuyos surcos se ven todavía,
están como destruídos por el fuego.
Los campos de mijo, aunque más resistentes amarillentos en su mayor parte, están coude~ados sin esperanza; eñ los que aún viven,
se ven por todas partes velado~es trepados en
andamiajes de ramas para arroJar á las rntas
y á los pájaros que devorarían todo: ¡pobre
humanidad espiada por el hambre y que se
obstina en defender algunos granos contra el
hambre exasperada de los animales!
Después del frío de la noche, sobre
la tierra derrama el sol implacable un
calor de hornaza.
El cielo se tiende límpido y azul como un zafiro.
Al final de la jornada, el paisaje se
vuelve enteramente extraño.
Hasta lo infinito, mijos y cañavera·
les quemados, masas de monstruosas
piedras obscuras, blocs erráticos, flancos lustrosos y fantásticas siluetas, los
cuales parecen haber sido hacinados
con un continuo deseo de lo raro y de
lo inestimable; unos de pie, otros inclinados, de manera que los grupos,
en ocasiones tan altos como montañas,
tienen siempre la más completa inverosimilitud.
En los momentos en que el Sol se
pone, aparece Jiderabad muy blanca,
en medio del polvo blanco, y muy musulmana con sus techos en forma de
terrados y sus minaretes ligeros.
Los árboles del contorno se deshojan, sedientos y moribundos, trayendo
á esta noche t6rrida un matiz anormal de estaci6n pasada, una tristeza de otoño.

*

El arroyo que pasa al pie de la ciudad, en
un lecho tan amplio como el de un rfo, no está lejos de secarse; sus aguas se arrastran tan
bajas que apenas se las ve, y los rebaños de
elefantes, grises como el légamo de las orillas,
descienden lentamente, tratando de bañarse y
de beber.

FUSTER.-Retrato á la inanera de Chaplin.

Acaba el día entre las llamaradas rojas del
Occidente, tras de la ciudad cuyas blancuras
se apagan en un azul ceniciento.
Entonces, y sobre el cielo magníficamente
hermoso, se esparcen callados los murciélagos
gigantescos.
PIERRE

Lo•.rr.

CUENTOS RÁPIDOS
LA PERLA DEL REY DE INAM

Inam era un reino rico y poderoso, no s6lo
por la fertilidad de su suelo y la laboriosidad
de sus habitantes, sino muy principalmente
por el gobierno sabio, justo y eficaz de su rey,
que se consagraba todo á la felicidad de su
país; pero el pobre rey sabía que, no ohstante
su rectitud y su honradez, su bondad y su
prcdencia, sus súbditos no le querían, dando
por raz6n cualquier pretexto: que era viejo,
que no emprendía guerras 6 que no dispensaba el cumplimiento de la ley.
Fl rey de Inam languidecía atacado de una
extraña enfermedad; sus noches eran de insomnio y sus días de tristeza; en vano había
apurado los brebajes de todos los médicos y
brujas del reino; en vano también había buscado la salud en distracciones y viajes; se moría irremisiblemente ..... .
Un día lleg6 á sus oídos la fama de un viejo y sabio hechicero, poseedor de innumerables secretos para la salud; saberlo y enviarle
una embajada, todo fué uno; pero el mago se
resistía para ir á la Corte, sin que bastaran á
decidirlo promesas de inmensos honores y dádivas; hubo al fin de cederá la fuerza, y march6, y al hallarse en presencia del rey, le
dijo:

Coronel Naumovitch.

El Presidente del Ministerio.

La Reina Draga.
El Rey Alejandro.
La Princesa Elena.

Nicodie Lunievicza.
El Ayudante de Campo del Rey,

FUSTER.-Cabeza de estudio.

-Conozco, señor, tus males, pero para curarlos no tienen poder mis filtros ni mis sortilegios; acaso podré sanarte con un recurso supremo. Tú tienes en tus tesoros muchas perlas y muy valiosas; pues bien, ponlas sueltas
todas, quítalas de sus engaste.s y ven conmigo
al mar; allí las arrojarás á puñados, y si hay
entre todas una que flote, esa será tu panacea
si la tomas disuelta en vinagre ..... .
No vacil6 el monarca; reuni6 todas las perlae de su tesoro, quitándolas de ajorcas y collares, y llevándolas en sendos canastos, se fué
á la pr6xima playa con el octegenario mago,
se puso de pie en una roca que el mar rodeaba profundo, y comenz6 á arrojar las perlas
en puñados; y las perlas se hundían pausadamente, sin sobrenadar ninguna. Así llegó
su turno al último canasto y al último puñado, que el rey arrojó tristemente al mar ......
¡Por fin! una perla flot6 hermm,a, esférica,
como una burbuja nacarada. Los marineros
la trajeron al rey, y al ir éste á ponerla en la
copa de oro que contenía el vinagre llevado á
prevenci6n, pudo convencerse de que la perla
aquélla, entre los millares arrojados al mar,
era la única falsa y por eso habia flotado. Interrog6 al viejo, y éste, confesando su delito
(él había puesto la perla falsa), le dijo:
- Señor, tú estás enfermo por el pago que
de tu pueblo recibes, á trueque de los beneficios que le haces. Esa perla representaba la
gratitud de aquél y, ya lo ves, era falsa, y así
ninguna virtud curativa tiene. He querid~
demostrarte que el mal que te aflige, s6lo se
puede curar de un modo: por tu propio esfuerzo, no preocupándote más de querer hacer que
la humanidad ca.mbie de índole ......
El rey de Inam, con ser tan sabio y tan justo, en demostraci6n de lo que es la gratitud
mandó ahorcar incontinenti al hechicero.
'
E. MAQUEO CASTELLANOS.

ro [JI UT mUERt:JI...
Yo la vi muerta: coroné sus sienes
de rosas frescas y azucena~ blancas,
y fué infinita, eterna y misteriosa
aquella noche que pasé velándola!
Yo vi también en sus pupilas negras
la luz de las antorchas reflejada,
y aquel fulgor extraño de sus ojos
me pareci6, en la sombra, una esperanza.
Y o la vi en hombros, por la vez postrera
descender la marm6rea escalinata,
y perderse después, como una estrella
que en un cielo de luz brilla y se apaga!
Después ... oí del reluciente féretro
el crujir de los clavos de oro y plata,
y aquel sonido misterioso y triste
me hizo verter desoladoras lágrimas!

······························· .. ........ .... .... .
························································
Cuando cubrieron la profunda fosa,
sentí que de mi ser algo enterraban ...
pero jamás sufrí corno he sufrido
en esta noche en que su amor me falta!
DULCE MARÍA BORRERO.

1903.

El arrepentimiento: he ahí el más inútil de
los sentimientos virtuosos.-J. Mantignon.

***

Los diplórnáticos sacan más partido de escuchar que de hablar, aun cuando hablen
bien.-Gabriel Hanotaux.

�Domingo 12 de Julio de 1903.

REALIDAD
(J;lstorla dt un J;troismo ~omántlco.)
-¿Rico?..... No mucho; pero sí Jo bastante
para no ambiciona1· más .... He sufrido y he gozado, y sé Jo que puedo esperar de la vida ....
He sido tenaz hasta lo increíble .... es el sec1·eto
de mi actual riqueza ... ¡tenaz! .... ¡hasta en el
amor, señores!
Y nuest1·0 simpático anfitrión, el rico hacendado_ que después de un paseo á caballo por su
qmnta nos sentaba á su mesa, rió irónicamente
al pronunciar la última frase.
-¿Hasta en el amor?-preguntó alguien con
acento de duda.
- ¡Oh! sí. ... un solo amur tu ve en mi vida fué
U?,a pasión romántica, intensa, que me biz¿ vivir muchos años una existencia de imbécil ....
basta que súbitamente fulguró ante mí el rayo de
la verdad .... pudo matarme, es cierto.... estuve á punto de morir .... ¡peroquénuevaexistencia después!
Nuestro extraño amigo se animaba. Sus ojos
relampaguearon ante recuerdos lejanos.. . . Calló un instante.
-Veo-continuó-que ustedes se interesan ....
Es, en efecto, muy curiosa la historia de ese amor
romántico que fué mi vida primera y de donde
arranca toda la fuerza de mi carácter mi alto
mo~o de conside:ar el mundo. No tengo inconvemente en 1·efer1rla; por el contrario ello halaga mi orgullo.
'
Concluída mi instrucción primaria, niíio todavía y ya huérfano, pude entrará la Escuela de
S3:n Ildefonso, gracias á las gestiones de mi padrmo. Allí tuve un amigo íntimo Aurelio un
muchac~o de mi eda_d, todo pasió~ y arreb'ato,
pendenmero y tan amigo de divertirse como enemigo del trabajo y del estudio.
Era rico. Yo le hacía sus dibujos; le &lt;soplaba&gt;

en las clases y en los exámenes; le escribía las
cartas de sus novias y le aconsejaba e.i sus pequeflos conflictos. El me obsequiaba dulces y libros .... ¡Novelas, muchas novelas! Fernández
y González y Alejandro Dumás poblaron mi
pobre cerebro de visiones pomposas, de imaginarios amores, de terribles aventuras, toda una
vida quimérica se desarrollaba en mi imaginación desenfrenadamente. Espronceda fué mi
poeta favorito, y mi única aspfración &lt;¡amar!&gt;
Era preciso que yo me enamorara con pasión
furibunda .. . . ¿,pe1·0 de quién? Yo hubiera deseado una reina-una duquesa, por lo .nenos;-alguna artista de alma de fuego, una bellísima mujer que viviese llorando la vileza del mundopecadora de amor,&lt;¡Pobre mujer para sufrir criada!&gt;,
como decía Acuña, cuyos versos sabía de memoria, ó cualquiera pastora con quien fuese yo á
vivir en las soledades de las montaíias ....
Pero no, señor, la soñada mujer que me había
de adorar instantáneamente, apenas me viera, y
á quien yo había de inmortalizar; la ideal prometida no aparecía y yo estaba desesperado,
pero seguro de que tendría que aparecer como
una aurora en et camino de mi vida.
Pronto apareció, en efecto, aunque no precisamente como me la imaginaba. Fué la hermana de
mi amigo Aurelio. Me llevó un domingo á su casa, una magnífica finca en Tacubaya.
Era Julia una sobe1·ana criatura en el delicioso despertar de su adolescencia. Más qué hermosa era ati-activa; imponente y dulce á un tiempo. El esplendor de su rostro estaba en los ojos ...
unos ojos soberanos, con pupilas de un verde de
acero que causaba miedo.
~a vi :º~eada de cierto lujo que á mí me pareció asiático, y su orgulloso ademán de niíia
mimada me hizo convencer de que ella era la
princesa de mis sueños.
Julia me vió al principio con repugnancia
acaso por mi traje raído y mis zapatos deslus'.
trado?; ~espués con suwa. indiferencia, cual si yo
no existiese.

Su anciano padre, que adoraba á sus dos hijos, me trató con altane1·a benevolencia, complacido en el fondo de que fuese yo algo como un
sacretario de su hijo ....
El tiempo fué transcurriendo, y diariamente y
á toda hora me encontraba en aquella casa como en la mía, si alguna tuviera entonces!
Llegué á amar verdaderamente á Julia con un
amor solitario, exaltadísimo como un culto ....
Y en mi alma fué creciendo la adoración, lenta.mente, divinamente, ilustl'ada por éxtasis que
me hacían feliz y por delirios que me enloquecían .... Y yo cultivaba solitario y dichoso aquel
amor inédito, como á una planta maravillosamente rica y delicada en el huerto de mi corazón ....
No pensaba en el porvenir. No bajaba nunca
á la realidad de la vida .... Me encastillaba en
el torreón de cristal de mi ensueño y allí adoraba á mi ídolo . ... No necesitab11, ni pedía más.
Mis contemplaciones al ser amado eran raras,
profundas, místicas. Cosa extraña, no sufría yo
cuando ella estaba ausente. Mi memoria, fiel, la
colocaba en el altar y mi alma se entregaba al
éxtasis como si estuviera presente el dios.
No me daba cuenta, ni tampoco me importaba
entonces, si Julia notaba mis adorantes contemplaciones ....
Después supe por ella misma que al fin reconoció mi amor, primero con ira -por el atreví
miento,-despnés con indiferencia y al fin con
cierto halago, con la voluptuosa complacencia.
que le produ:lía la intensidad y la constancia de
mi pasión.
¡Como que habían transcurrido ya cuatro a!Ios
desde el día en que la conocí!
En su casa me trataban como á un pariente
pob1·e, como á uno de esos «arrima.dos&gt;, como
se dice vulgarmente. Sin embargo, aparte de que
se me tenía. cariño, comprendían que yo era útil.
Lleva.ha la correspondencia del padre y del
hijo; vigilaba en sus negocios y visitaba sus hi,.ciendas, y todo esto sin dejar mis estudios y sin
abandonarme en horas de aislamiento á mis ensueños ....
Aurelio entonces empezó á llevar una vida de
calavera desenfrenado ... . Las mujeres fáciles,
el juego y las orgías le fueron alejando de la casa paterna, donde el padre lo defendía. cariñosamente, diciendo cuando las tías hablaban de ello:
-¡Eh! .... Son cosas de la juventud .... Así era
yo á su edad.
- ¿Cómo Luis no es así?-preguntaba.n refiriéndose á mí.
-¡Oh! ... . Es muy diferente.

l

r

***

¿Cr~e~án ustedes que en mi obcecación, lejos
de afhgirme, su sentencia me hizo soñar y exaltar aún más?
Sí. ... pensé_: &lt;¿Por qué no podría conquistar
yo por cualquier prodigio de heroísmo ó de fortuna. aquel tesorol' .... &gt;
Y espe~é, confiado en que la suerte y mi perseverancia ~ograrían tan alta conquista.
Y_ la ocas1_ón se presentó como ·deparada por
bemgno gemo tutelar. Fué una noche en que nos
encontrábamos Julia, su padre y yo discutiendo
el proyecto de mejoras á su casa de Tacubaya.
El plano presentado por el ingeniero aquel mismo día, estaba sobre una mesa. Yo les explicaba
los detal~es de la ampliación del jardín.
Repenti1:amente la puerta de la sala se abrió
con estrépito .... Los tres lanzamos un grito de
espanto. Aur~li?, ll~no de lodo y de sangre el
paletó, se prec1p1ta, Jadeante y lívido, y dejándos~ caer ~n el sofá, exclama:
-,Quec1errenelzaguán! ¡Rematado á un hombre!. ... ¡Ya vienen pormí! ....
. Renuncio á detallar el horror y la desesperació:n de la escena. Biiste decir que, en efecto, Au~eho, en una casa de crápula en que bebían y
¡ugaban toreros y mujerzuelas, había matado á
uno de 9:quéllos, atravesándole el vientre con el
verduguillo de su bastón. Escapó aprove.!hando

agra.decida profundamente,
me amaba al fin, con el amor
con que las antiguas doncellas premiaban Jas maravillosas proezas de sus paladines, á la vuelta de la Cruza.da ( a.sí lo creía yo'..
Ella iba á verme á la cárcel, de incógnito, vestida de
nei.ro, cubierta el rostro por
un tejido velo, acompaña.da
de un criado nuevo en su casa, llegando en coche de sitio.
-¡Tu acción es el tesoro
más grande que pudiera imaginar mi padre como dote
que metraes! .... Yo te amo,
Luis, con toda el alma... Dios
velará por ti...... y cuando
salgas de esta inmunda cárcel, seremos felices, allá muy
lejos, en cualquier país del
mundo que no sea éste!. ...
¡Por nadie me hubiera yo
cambia.do entonces!.... Tan
feliz me sentía ....
No existían para mí las
amarguras de la abominable
prisión de Belén, ni me daba
cuenta de la marcha del proceso, hábilmente conducido
por un abogado pagado á
precio de oro. . . . Y o seguía
vi viendo en el país de los sueflos. . ·. Mi abnegación me enamoraba de mí mismo.

***

***

Pasó un afio. Mi amor crecía, cada vez más
profundo, más ideal, más extraordinariamente
puro. Sin embargo, era ya complicado. Empezaba á sufrir.
Y era, en verdad, encanta.dora mi rubia Julia,
con sus magníficos ojos verdes impregnados de
fiereza y dulzura! ....
Y mi constancia desarmó su esquivez. Su vanidad femenina, acariciada por la extraordinaria
potencia de mi romántica pasión, la hizo serme
a~icta. Tuvo piedad y anheló ser generosa conmigo.
Una tarde en que por casualidad nos encontramos en el amplio corredor, me dijo, alzando
la frente y mirándome con dulce ternura:
-No quiero que usted sufra por mí .... ¡Olvídeme!
Esta frase llovió sobre mi alma una felicidad
infinita .... Vi abrirse de par en par las puertas
del cielo .. . . No contesté .... Permanecí absorto
bajo la caricia de seda de sus palabras.
-Va.roo~ . ... no sea usted tonto .... Yo lo quiero C?m? á un buen hermano .. . . Vaya, más que
~ mi 11?-ismo hermano . . .. Pero ese amor suyo es
imposible. Para que no sufra más necesito decírselo: &lt;Mi padre&gt;-y subrayó e~érgicamente
estas palabras-«sólu me casará con el que traiga un tesoro de dote .... &gt; Sea usted mi hermano. ¡Nada más!

Damas Mexicanas.-Srita. Leonor Ferrer. (De Orizaba).

Domingo 12 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

..

Fuí sentenciado á diez ailos
de prisión, por el delito de
homicidio en riña, siendo yo
el agredido.
A partir del día de mi jurado, ella dejó de ir á verme.
El criado iba, como siempre, y me decía:
-Está enferma, seilor. Llora mucho; está inconocible.
¡Y qué cartas le escribía yo!
Le suplicaba que no se abatiera, que esperara cinco años
tan sólo, para cuando saliera. yo, obteniendo la libertad
preparatoria . . ..
Tuve remordimientos: ¡yo
era cau3a de su enfermedad-!
Estuve triste .... y ella seguía
más y más enferma del corazón, según me decían.
Hasta que una tarde me diDamas Mexicanas.-Srita. Guadalupe Couto. (De Orizaba).
jo el criado:
-¡Ha muerto!. ... Rece usted por su alma .. . .
la confusión general y el pánico en que se transLe_ cavé un sepulcro en mi corazón. Fuí desformara la orgía. Tomó un coche y acababa de
graciado como nunca; llorando con tremendo
llegará Tacubaya.
d~lor ~l remordimiento de haberla matado con
mi pasión._. .. Fu~ una locura de tristeza la que
me acometió en mi bartolina llorando á mí ado-;Desgraciado!.... ¡Desgraciado!... . ¡Cien
rada muerta....
'
veces desgraciadol-exclamaba el anciano meA nadie de su familia veía yo desde la noche
sándose los cabellos, sin poder pronunciar otra
aquella, aunque el anciano hacía que nada me
palabra.
faltara. Aurelio había marchado á Europa
-¡Esto es la muerte de todos nosotros, Dios
En la cárcel me llamaban &lt;El Santurrón;· ~Í
míol-lamentábase Julia, anegada en llant&lt;J.verme tan pálido, tan triste y tan imbécil. ...
¡Que no lo sepa mamá!. .... ¡Oh Señor! ¿por qué
nos has abandonado? ... .
***
Y mientras los dos se lamentaban en el colmo
i·•"( una mañana, cierto antiguo camarada de
de la desesperación que los fulwinaba, yo oía el
co eg1~ que fué á visitarme, me contó su muerrelato que de la tragedia me bacía Aurelio, conte.•••
1Se había casado con un rico comerciante
vulsamente lívido, con los ojos agrandados por
en Nueva York!
el terror ....
T_rl!-s el cboqu,3 brutal que me produjo fiebre y
A medida que me daba cuenta dela terrible esdel~r10, pasé, muy débil del cerebro, á San Hicena que me refería y de la que a.ate mí se despóhto • • • • Allí tuve la noción de la vida. Al volarrollaba, una idea heroica se levantaba en mi
ver á la _cárcel, comprendí el mundo .... Encaucé
espíritu al par que me sentía dichoso, conside!a tenacidad _de mi carácter por la vía del traba.rándome así un salvador épico.
JO.•••. Estudié mucho .... Salí con ahorros
-¡Señor-exclamé sin poderme contener,-no
trabaJé la tierra, y la tierra no ha sido ing;~t~
hay por qué afligirse; Julia, cálmese usted ....
conmigo
.... Soy rico ya ....
Aurelio, yo te salvo! ¡Yo soy el que maté á ese
. · ··~&lt;ella&gt; la encuentro á veces en su carruahombre!. ... Préstame ese paletó.... Que venJe en hapultepec. · · · Al verme palidece atrozgan por mí!. . . . ¡ Yo lo maté!. ...
mtoen~, yo ~onrío, Y picando espuelas á mi reti~Todos callaron estupefactos. No comprendían.
, sigo mi paseo ..... .
Pero ~nvolví en tal mirada ~e amor y de súplica
á Julia, que al fin comprendieron todo: mi amor
H.F.
y mi sacrificio.
:-¡Gracias, Luis!. ... Al que salva la vida de
mis padres, ¿con qué se le podría pagar?
¡Y por sus divinos ojos pasó como un relámpago la soñada promesa de su amor!

***

Y fuí un gran héroe, señores; ni más ni menos.
Me sacrifiqué 1·ománticamente ... . La policía me
encont~ó aún con el paletó ensangrentado ....
Confesa haber matado al torero .... con las circunstancias enumeradas por Aurelio .... En &lt;la
c!Lsa&gt; se pagó bien á la turba que presenció la
riña Y. que estuvo de acuerdo conmigo en sus declaraciones.
Yo en la cárcel de Belén fuí dichoso, admirándome á m! mismo, seguru de que algún día, después de anos y aíios, una vez extinguida mi condena, obtendría como esposa á Julia, ya que ella,

RELIEVES
El soberbio palacio se destaca soberbio y
dominador como si tuviera la conciencia completa de s~ ofensiva superioridad sobre las
pobres casucas que lo rodean; sus mármoles
de alba brillantez, esplenden regiamente como
si de sus poros surgieran argentados hilillos
de luz.
Agoniza el sol.
En la pentélica escalinata, digna del palacio de un Dux, se ven des figuras de contraste: ella lleva en sí cantando estos rotundos
poemas: Belleza, Soberbia, Riqueza. Eu él
cantan estoia: exilios: Hambre, Pobreza, Humildad. Este se inclina como endeble arbusto azotado por B6reas; aquélla se irgue como
flor acariciada por Favonio.
Son dos símbolos.-Dos símbolos de la vida; un poeta diría: ((Son la Vida y el Tiempo ... ¡No! son dos hijos de la sociedad. El
hombre de los harapos tiende la mano y balbute:
((¡'Muero de hambre! Una limosna ...... »
Pero la hembra no escucha; el frufrú de la
seda de su falda apaga la voz del desgraciado.
Y su mano queda vacía mientras ella desciende seguida de su lacayo.
Llega el coche.
La mano y el gesto del hambriento siguen
implorando.
La luz desfallece.
Suena la portezuela. Entonces ella arroja
una pieza blanca que brilla como un astro
maldito á los ojos del andrajoso que fallece de
hambre y de odio.
Y la se.flora dice al lacayo:
¡Para la cena de Bobí!
Bobí es el perrillo mimado de la sefiora.
JOSÉ M. SIERRA.

. Los avaros, en suma, se privan de todo
para los otros: son altruistas sin sentirlo.
REVEILLIELE.

*

Lo que en un pobre se llama vicio, en un
rico lleva el nombre de capricho.
PAUL Y VÍCTOR MARGARITE.

*
El dolor es una
advertencia necesaria, un estímulo
para la acti vjdad
del hombre. El dolor es la vía del
perfeccionamiento

*
El mal, en una
palabra, no es sino
1 a ausencia del
bien.

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eardtnal Ortglia di Santo Sttfano,
CAMABLENGO DE LA SANTA SEDE,

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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