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eardtnal Ortglia di Santo Sttfano,
CAMABLENGO DE LA SANTA SEDE,

�Domingo 19 de Julio de 1903.

LEÓN XIII

Si quisiera buscar una impresión libresc_a
de esta figura, no iría á buscarla en las páginas de la «Roma» ele Zolá, sino que acudiría
siempre á otro gran viejo, y recorrería, como
á los quince años, aquel primer capítulo de
d,os Miserables,)) para encararme con l\lonseñor Bienvenido. ¿No tiene el combate de
Le6n ·xuI con el espíritu profundamente demoledor y analítico de la época, los mismos
rasgos que la lucha de Bienvenido con el alma
de Valjeán? ¿Y no ha podido decir con él á
las ccmciencias ganadas por el amor: «Lo que
yo os compro, es vuestra alma; la ap~rto de las
ideas negras, de los malos pensamientos, la
arrebato al espíritu de perdición y se la entrego á Dios?»
.
León XIII, espíritu intensamente fe~1ernno por la senE-ibilidad, ha guardado b'.1-Jº. su
apariencia de éxtasis, un perfE&gt;cto conoc1miento de la época. Su ternura, su misericordia,
ocultaba una primera necesidad: la de conservación. Para que la Iglesia fuera fuerte, era
preciso que viviera, y todo organismo que lucha contra un medio hostil, está condenado á
desaparecer. Y la tarE&gt;a fué cumplida, la gran
tarea de un anciano trémulo que ha extendido piadosamente sus manos sobre todos los
dolores humanos.,
¡He ahí una gran existencia cumplida! Tiene ya derecho al descahso.

En Faenza á seis horas de la Ciudad Eterna. mi comp~ñera de vrnje me dijo, con sus
suaves entonaciones venecianas:
-¿Va usted á Roma?
-No.
-«¡Pecattoll&gt;-agregó. -Vería usted algo
que le impresionaría profundamente.
-Claro-le contesté.-El Coliseo, San Pedro ..... .
-No-repuso ella.-Vería usted al Papa.
Cruzábamos, en una noche obscura de verano los removidos campos boloñeses, en un
mod~sto vagón de los modestos ferrocarriles
italianos. Mi compafiera, profesora de Venecia iba á pa!!ar en Roma unos días. Habíamds desenredado la charla poco á poco, y al
irse las horas, podía obser".ar que mi nueva
amiga era un espíritu amp110 y sereno, perseguidora infatigable de las ideas modernas.
La creía tan lejos, en aquel momento sobre
todo, en el que habíamos loqu1:ado ix~rngin~tivamente á través del «modermsmo&gt;&gt; hterar10
y filosófico, de impresiones religiosas, que. me
sorprendieron eus palabras.
-Sí-agregó ella seriamente.-Es preciso
ver este noble anciano blanco, cuyo amor ha
vencido eu todas las luchas. Detrás del viejecito cogiendo una flor, vifieta que ilustra el
«Cosmopolisi, de Bourget, existe una alma poderosa frente á los combates más fieros. ¿No
'
ha pensado
en esto, usted que acaso no sea
católico?
Sí había pensado en este niño de corazón
de a~ero en la obra robusta de este cuerpecito frágil 'y quebradizo, en el gran resurgimiento, por la Bondad,, de este Poder encerr:3-do ~n
la vacilante armazon de un nonagenanb d1áEn nuestra primera plana damos á cono• fano.
·
cer el retrato del Cardenal Oreglia di Santo
Fué un día de expectación aquel en que J oaStéfano, Camarlengo de la Santa Sede.
quín Pecci, Cardenal Camarlengo, antiguo
obispo de Perusa, quedó designado por el Sa•
El Cardenal Oreglia, que cuenta actualmente setenta y cinco años de edad, será, á la
ero Colegio para ocupar el solio que dejó Pío
IX. Vientos de tempestad rnplaban sobre el
muerte de Su Santidad León XIII, el que riagrietado edificio de la Iglesia. No había e1,
ja los destinos de la Iglesia católica, durante
perspectiva sino Reacción Y.~evolución. Era . los días que transcurran entre el fallecimiento
del ilustre anciano y la elección del nuevo
un supremo momento de cns1s.·
Pío IX había querido, á semejanza de JoPontífice por el Conclave.
Además, el Cardenal Oreglia está considesué, detener el sol en su carrera. El sol era la
Ciencia, contra la que el intransigente Pontírado en los altos círculos eclesifuiticos, como
fice enarboló su famosa encíclica. Por oponeruno de los candidatos que tienen más probase al triunfo de la investigación, que gnlpeaba
bilidadesde suceder en la silla de San Pedro al
tenazmente las conciencias, el jefe de la Iglesia
Santo Padre.
perdía las almas. Se amuralló en sus viejos castillos desmantelados y cerró las puertas á las
claridades que irradiaban los horizontes. ¡Ceder ó sucumbir! he ahí lo que esperaba á la
Iglesia. La intolerancia ceg_ó á _Pío IX y no
cedi6. Y en este torreón sohtar10, que amenaRecostada en el lecho de marfil, que muzaba ruina, murió sin comulgar en la Nueva
llían pieles raras y tejidos primorosos de pluFe que conmovía el mundo.
ma de avestruz africano, Glafira acariciaba
Cuando León XIII penetró en aquel antro,
distraídamente la cítara de concha que sostelo primero que hizo fué dejar entrar la luz á
nía en las manos, y no se resolvía á pulsar
grandes bocanadas. Era preciso iluminar aquesus cuerdas. La música la entristecía sin saber
lloa rincones obscuros, que el aire arrebatara
por qué; verdad es que otras muchas cosasaquel polvillo amarillento de lo~ siglos. El
entre ellas la puesta del sol en el mar, especnuevo Papa traía ya una antorcha bn la diestáculo mágico que en aquel mismo instante
trá: su voto contra la infalibilidad, sostenido
encuadraban las altas columnas jonias de la
vigorosamente en el Concilio de 1870. Era
balconada, toda tupida por la hojarasca de los
mucho: había que hacer más todavía. Y corosales trepadores-la entristecían también.
menzó aquella política de tolerancia, que lenY como los lánguidos ojos de Glafira se fijasen
tamente, fué apuntalando el nuevo edificio.
en la olas, dulcemente estremecidas bajo la caLa Iglesia se modernizó, ¡¡e hizo humaua,
ricia de fuego del astro medio hundido en ellas,
aceptó las triunfantes verdades que Pío IX
suspiró y dijo casi en voz alta: «Es que necehabía anatema~izado, y en vano el excursiosito amor.))
nista peregrino, después de la visita del EmNo había acabado de decirlo, cuando entró
perador germano al sucesor de Hildebrando,
en la ei,tancia Sulpicio el filósofo. Antes de sabuscaría hoy la losa color de sangre en donde
ludar, se dejó caer en un sill6n de alerce bajo
la pantufla papal pisoteó á Barba-Roja.
y guarnecido de cojines de estofa persa. ResHa sido una labor de todos los días, de topiraba jadeando y una tos seca y viva le desdos los minutos; una lucha cuerpo á cuerpo
garraba la garganta. Al fin se rehizo, y murcontra los enemigos, cada vez más osados, que
muró:
avanzaban en agitada turba. Eran voces de
-La escalinata ... Cada vez que la subo.. ..
sufrimiento y eran voces de cólera: faltaba
Perdona, divina Gla:fira, á un hombre á quien
pan y fe á los rebeldes, y la Iglesia, tal como
el estudio ha debilitado y fatigado antes de
la concibió Pío IX, no se los ofrecía. Penetrátiempo. Este achaque me lo alivia la curanbase á ella como se entrara en un sepulcro. Un
dera Eugrafia con unas dosis de zumo de disepulcro era, que en lo profundo guardaba las
gital. Hoy he olvidado tomar mis dosis por el
cenizas de los fieles. Y sobre este campo de la
afán de verte y escuchar tu deliciosa converirreconciliación y del odio, tendió sus manos
sación.
suplicantes este anciano blanco.

EL CARDENAL OREGLIA

EL IDEAL DE GLA FIRA

Domingo 19 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

-Descansa, sabio Sulpicio-respondió Glafira cortésmente. -;.Si deseas bebE&gt;r leche pura de oveja? ¿un dedo de vino de ~híos? ¿una
infusión de manzanilla ó de salvática?
-No, tu vista es mejor que la leche y el
vino-exclamó el filósofo trasportado.-Seguro estoy de que mis males se curarían si me
permitieses, oh Glafira, enredar los brazos á tu
cuello, como enr~dan esos rosales blancos tu
balconada marmorea.
-Sulpicio, aunque no he pract~cado los misterios y mi cuello jamás ha sufrido cadenas,
ni aun de rosas, no ignoro que el remedio que
solicitas seria ponzoña para ti. Mírate en la
placa de pulimentado estaño y comprenderás
que toda tu sabiduría no te exime de querer
cometer una locura.
-¿Tan feo soy?-pregunt6 ofendido el sabio:
-¡No eres feo! En tu frente brilla el pensamiento· tu cabeza resplandece, tus ojos expresan alta inteligencia, ,y en ellos las ideas se
reflejan como estrellas en profundos lagos.
Cuando explicas las doctrinas de Tales y del
gran Heráclito, que enseña la continua tras••
formación de las cosas, su eterna mudanza,
paréceme que un hilo de oro sale de tu boca y
que á tus labios se asoma el alma del mundo.
Yo te admiro y te deseo á mi lado ... pero, sin
embarg0, no eres mi ideal, no eres el ser que
yo amaría. Mírate en la placa. Eres endeble;
tus piernas mal desarrolladas, canijas, descubren que nunca surcaste á nado ese mar salobre, ni salvaste corriendo alegremente ese azul
montecillo de solana á umbría; tus biceps no
han recibido la unción de aceite para resbalar, en la lucha, de las manos del enemigo;
tu pie no se apodera del terreno al pisarlo.
-Vamos-articuló irónicamente Sulpicio,
-ya sabemos cuál es tu ideal, Glafira; sobran
las explicacíones. ¡Qué casualidad! Ahí viene
el que, de seguro, lo encarna; ahí llega Auren-.
cio, que en materia de bíceps, no dejará qué
desear. Una puñada suya hace añicos á una
piedra. Todavía ayer jugó al cesto y á la correa, y barri6 el palenque de. adversarios.
Cuéntanos, Aurencio, cuéntanos tus hazañas
de hoyl-añadió mofándose.
Aurencio, ágil y gallardo, llevando aüosamente la túnica de lino, ceñida la cabeza con
doble galón de lana teñida en púrpura y que
mal comprimía los rizos alborotados de los
obscuros cabellos, se adelantaba y se quedaba
en pie á corta distancia de Glafira. La tela de
la vestidura era tan sutil, que dejaba transparentar la magnífica escultura del cuerpo, semejante al del Baco joven de Prasiteles, sin
afeminadas redondeces, musculoso ya, gracioso todavía en medio de su atlética robustez.
Las carnes, color de trigo maduro, relucían
como bruñidas por un lapidario.
-Hoy-declaró contestando á la indicación
de Sulpicio-traían un novillo bravo, amarrado, al sacrificio, y se les huyó á los sacrificadores. Fuí tras él: roe hizo cara; le agarré de
las astas y le torcí el testuz, hasta que bei!Ó el
polvo. Cayó á mis pies con las vértebras rotas.
He mandado dorarle los cuernos, y te traeré•
la cabeza, divina Glafira, á ver si obtengo que
una noche me permitas subir por esa balconada, á ejemplo de los rosales.
·
-Aurencio-declaró sin turbarse la hermosa,-esa noche no llegará nunca.
-¿Hay otro mortal más feliz á quien prefieres?-interrogó Aurencio. -¿Otro más forzudo, más recio, más infatigable? ¿Otro por
cuyas venas corra una sangre más rica y ardiente? ¿Lo hay, Glafira?
Ella, pensativa, antes de responder arrancó de la cítara un melodioso arpegio. Después,
con lentitud, pronunció:
-Tu torso, Aurencio, ha sido forjado por
Vulcan_?· Tu ancho pecho, que cubre un vellón rOJJZO, es el arca dP. la salud. Tu aliento
es una brisa juvenil, de primavera· huele á
miel temprana. Tus plantas, al and~r se incrustan en el suelo; tus clientes si 'ríes te
alumbran el r0stro. Pero tu ·fre11t~ es estre~ha
y cerrada; tu faz inexpresiva; tus ojos opacos·
tu hablar insípido; tu imaginación pobre. N~
eres mi ideal.
Aurencio, atontado, no se movió; Sulpicio,

complacido, sonreía ocultando el semblante,
por precaución, en el' embozo del manto. Oyéronse pasos; Glafira holeó al que llegaba:
-Hola, bien venido, ilustre Sidonio. Ya
esperaba yo tu visita; sé que á cada obra maestra que sale de tus manos vienes aquí solicit.ando la aprobación de esta profana, de esta
ignorante. ¿Qué ha8 terminado ahora?
-Vas á verlo. Es un juguete que te ofrezco, y lo he dejado en el vestíbulo.
-Venga sin tardanza-ordenó Glafira imperiosamente. -Un d&lt;Jseo no satisfecho es una
avispa enconada sobre el coraz6n.
Sidonio salió y volvió &amp; aparecer trayendo
un objeto cubierto con un pafio. Glafira lo
desenvolvió impaciente, y se vió una estatuita de mármol quP,, todavía crudo y brillante,
mostraba las últimas mordeduras del cincel.
La estatuita representaba un centauro en reposo.
--Glafira, inquieta amiga-dijo el artista
colocando su regalo sobre una mesa de jaspe
y dorado bronce,-un día te pedí amor, y, al
negármelo, me explicaste tu ideal. Creyendo
que no lo encontrarás en Atenas, ni en Corinto, ni aun en las misteriosas tierras orientale.,,
te lo he modelado en barro samnita y te lo he
esculpido en mármol vertélico, á fin deque Jo
tengas ante tu vista constantemente. Aspiras
á un ser que reúna las excelencias más altas
de la naturaleza humana y la animal; á la fusión de la fuerza y la inteligencia, el vigor y
el pensamiento ... Helo aquí.-Mira estas formas valientes, enjutas, nerviosas, de caballo·
mira esta noble testa de hombre, de sabio, d~
profeta-ya sabes que Chirón el centauro fué
tan docto oomo Apolo mismo.... Mira estos
cascos fiimes que subyugan la tierra al hollarla, y mira esta cara severa, reflexiva, majes-

prichosa mujer-grit6 enojado el filósofo.-Si
existiesen, monstruos serían.
-Serían semidioses-repuso Glafira, que
arrancando del balcón la más florida rama,
enguirnaldó con ella
el regalo del escultor
Sidonio.

Uranga, además, está reputado como uno de
los principales oradores sagrados de la Arquidiócesis.
La consagraci6n del prelado s,1 efectuará

EMILIA PARDO BAZÁN.

ministro dt nicaragua

tn ffléXICO.
Procedente de Nicaragua, llegó á esta Capi tal, hace pocos días,
el señor Dr. don Fernando Sánchez, Enviado Extraordinario
y :Ministro Plenipotenciario de aquella República cerca del Gobierno mexicano.
El señor Dr. Sánchez, cuyo retrato publicamos en este número, se muestra un
admirador entusiasta
de México y de rn
Administración pública, haciendo grandes
elogios de los progresos que durante los
últimos años ha realizado el país, y de la
obra llevada á cabo
por el señor General
Díaz. En Nicaragua,

'•

Sr. Canónigo D. Francisco Uranga, Obispo electo ~e Sinalua.
el nuevo Ministro ha
desempeñado puestos
tan importantes como
el de Secretario de Relaciones Exteriores é
Instrucción Pública,
que tuvo que renunciar para aceptar la
honrosa misión que le
fué últimamente encomend11.da.
La recepción del señor Doctor Sánchez,
como Ministro de Nicaragua, por el sefior
Presidente de la República, se efectuó el
jueves 9 del corriente
á las doce del día.

próximamente, oon toda solemnidad, en la:
Catedral de Durango.

OBISPO DE SIN.ALOA.

Con sus extrañas notas el alma oprimen•
en ~~arga.s horas dolientes gime~,
evocan las v1s10nes de un negro crimen
6 de una_ remembranza dulce y lejana '
que s_urg1~ con las luces de la mañana
Y extmgwó en su misterio la sombra arcana.

Para cubrir la vacante que al hacerse
cargo de la Diócesis de
Chilapa dejó en Sinaloa el Ilimo. señor
Doctor don José Homobono Anaya, ha sido designado en Roma
el señor Canónigo don
Francisco Dranga, de
Sr. Dr. D. Fernando Sá.nchez, Ministro de Nicaragua.
la Catedral de Durango.
tuosa, don~: se trasluce la conciencia y la
El nuevo obispo naci6 en Santa Cruz de
contemplac10n de las cosas extramateriales - R:osales (Chihuahua), en 1864; hizo sus estu¡Es tu ideal!
·
dios con notable aprovechamiento y recibió
-¿Dónde habita la raza de los centauros
la~ P:imeras órdenes cuando ape;ias contaba
sabio Sulpicio?-preguntó Glafira.-Allá iré'
vemtH~6s
años de edad. Su vasta ilustración
aunque me ensangriente los pies en el camin¿
Y su eJemplar conducta, le han conquistado
Y tenga. que c:uzar los desiertos sin agua y los
entre el cler? _duranguense generales simpamares sm límite.
tías, Y 1~ notic~a _de su promoción al episcopa-Los centauros no han existido jamás, cado, ha sido recibida con beneplácito. El sefior

·-·
[OS UTOJ:Tll€S

Me e~cantan ~os sollozos de los violines.

A lo le¡os seme¡an áureos clarines

q1;1e en la g_uerra sonoran los paladines.
Tienen el ritmo agudo de las cigarras
6 en las tardes alegres, bajo las parr~s
el sonoro lamento de las guitarras.
'
Las almas de los violines son cariñosas·
s_aben cosas _amables y misteriosas:
'
tienen alas ligeras y luminosas.
Conocen el idioma de las neblinas
y remedar. las verdes nadas marinas
con sus voces vibrantes y cristalinas.
Y cuando

Ramilletes de ritmos son sus canC1iones:
cuando entre los silencios vibran sus sones
se estremecen de angustia los corazones
'
Ellos hablan de a.mores vagos é ignoto~
tra.vendo á la memoria nombres remotos'
de ídolos adorados há tiempo rotos.
Los violines alegres gritan retozan
cantan el ·~la_ro cielo, ríen y gozan; '
mas los v10hnes tristes ¡cuánto sollozan!
Es á veces monótono su sonido
Y otr~s tiene el acento de un gran gemido
que viene de un lejano bosque de olvido.
_¿Q'll;é sollozante ~nsueño lleno de abrojos
d16 vida á los dolientes violines rojos
q~e de lágrimas tristes llenan los ojos? .
S1mbol~ de un _sentimiento dulce Y vibrante
su espJr1tu que¡oso va suspirante
'
con el rumor del vuelo de una alma errante.

Honduras.

FROILÁN TUROIOS.

�Domingo 19 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO,

Domingo 19 de Julio de 1903.

=

LAS PRUEBAS MILITARES
EN SAN LÁZARO.

Con asistencia del señor Presidente de la
República y de un gran número de jefes y oficiales del Ejército, se efectuaron el domingo
anterior por la mañana, en la Escuela de Tiro
de San Lázaro, las pruebas militares dispuestas para ese día por el señor Corone1 Enrique
Mondragón. Director del establecimiento.
Las pruebas á que nos referimos resultaron
muy interesantes, pues aparte de que pusieron de manifiesto la ~olicitud con que el Gobierno atiende á todo lo que se relaciona con
la buena instrucción de la clase militar, demuestran, por sí solas, los adelantos que en
un ramo tan importante como es el de la preparación de explosivos y su empleo en la destrucción de obras materiales, han realizado los
alumnos de la Escuela.
El acto dió principio con una disertación
que, acerca de los cuerpos explosivos, de la
manera de fabricarlos y de su aplicación en
campaña, hizo el Subteniente de Caballería
José Rincón Gallardo, puntualizando las pro-

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, ..: ...,. .. ~

"-

El Sr. General Diaz en el campo de

-'

,1c_ ·.,

~-~

operaciones.

pañadó de los sefiores Generales Curiel, Villegas y Salamanca, y del Coronel l\Iondrag6n,
se dirigió á visitt1r las obras que momentos
después debían ser destruídas.
Estas eran: un gran puente, en cuyos estribos había minas de 220 kilos de pólvora cada
una; una fortificación de campaña, donde ~e
encontraba almacenada una gran cantidad de
explosivos; una vía. férrea, un muro, y, por
último, una línea telegráfica. Los almacenes
de la fortificaci6n estaban situados dos metros
abajo del plano de fuego y debían ser volados,
produciéndose la inflamación de los explosi•
vos en ellos contenidos, por la ruptura de un
frasco de ácido sulfúrico, mediante la conmoción producida por un proyectil disparado sobre un blanco determinado. Concluída la
visita, se dió principio á las voladuras, desPaso de la infanteria por el puente.

piedades que deben caracterizarlos. Los oficiales Manuel Corona, Gabriel Rivera, Alberto
Salas, Carlos l\fartínez y Enrique Pérez, hablaron en seguida, para P.xponer: el primero,
la teoría relativa á la clasificaoión de los explosivos en su completo desarrollo; el segundo, la que corresponde á la fabricación de petardos reglamentario.&lt; y provisionales; el tercero, las vimtajas que ofrecen las pólvoras·modernas sin humo, sobre las pólvoras negras
antiguas, en campaña, y, el último, los principales puntos concernientes al empleo de los
mismos petardos reglamentarios en la destrucción .de puentes, vías férreas, líneas telegráficas,apertura de brechas é inutilización del material de artillería. Los cinco oficiales substentantes prepararon en seguida algunos petardos,
y el señor Presidente de la República, acoro-

Voladura del puente y del muro.-(Instantáneas tomadas á 300 metros.)

truyendo primero la línea telegráfica y la vía
férrea. Esta tarea estuvo encomendada al Capitán Guillermo Rubio, á siete oficiales1 alumnos de la Escuela, y á igual número d e cadetes. Los postes y los rieles, tras una fortísima
detonación, quedaron reducidos á pequeños
fragmentos diseminados en el campo.
Con siete cargas concentradas de 10 petardos cada una, se destruy6 desp~és un muro
de piedra de 1 metro 50 centímetros de espesor, 3 de altura y 10. 50 de longitud. El efecto producido por la explosión de los petardos
fué terrible: una enorme nube de polvo.. y .de
humo cubrió el lugar en que se hallaba la
construcción, que fué totalmente destruida.
Más notabl-:l sin duda que las experiencias
anteriores, fué la de apertura de brechas en
los parapetos ~e la fortificación. Un grupo de
oficiales rompió el fuego de Artillería sobre
los puntos en que estaban localizados los almacenes de pólvora, y al cabo de algúnos disparos, logró el impacto, produciéndose lavoladura de los mismos almacenes. La remoción
de tierra, piedras, etc., ocasionada por la voEl señor General Diaz Y un grupo de jefes y oficiales sobre los escombros.

r----=-=------=----==----==-----=-=---c---------

El señor

Presidente recorriendo

el campo.

ladur~, fué enorme,.-y la brecha abierta muy grande.
~or.J?t q~e to~a al puente, tenía una resistencia de cincuenta toneladas·
su ong1 u era e vemte metros, la anchura del tablero de 4. 95, y la d~

Voladura de la fortincación.-\lnstantáneas tomadas á 300 metros.)
Aspecto del campo después de la voladura de las obras.

Oficiales Y cad€tes que tomaron parte en las pruebas.

�las rampas de siete. En las extremidades de éstas se construyeron torreones aspillerados y almenados. que
simulaban la defensa de los «apoyos»,
empleándose en toda la obra 650 metros cúbicos de tierra. Eh la construcci6n tom6 parte el Capitán Guillermo Rubio, el Batall6n de Zapadores,
y algunas faginas de diferente!:! cuerpos de infautería.
En la destrucci6n de esta. obra se
emplearon ocho kilos de dinamita y
cuatrocientos cuarenta de pólvora, volándose primeramente el tablero y
después los estribos. En el lugar en
que se había levantado el puente, quedaron las profundas oquedades producidas ror la acci6n de la enorme cantidad de explosivos empleados en la
voladura. Antes de ser volado, el
puente fué sometido á una prueba de
resistencia haciendo que desfilaran por
él la infantEoría. y la caballería.
Además de las pruebas á que nos
hemos referido, se efectu6 otra: la de
voladura de una caja de dinamita por
medio de tiros de precisi6n con carabina.

PENSAMIENTOS.

tinguida como numerosa, se puso en escena
«Philemon et Baucis,» 6pera de Gounod desconocida en México, cubriéndose los demás
números del programa con la Marsellesa y el
Himno Nacional mexicano, que ejecutó la
banda de Artillería, y con un arreglo de ¡¡"Mignón» tocado magistralmente por la orquesta
que dirige el maestro Polacco. El señor ~eneral Díaz y su distinguida esposa concurrieron
á la hermosa velada, así como los miembros
del Cuerpo Diplomático y sus familias. El señor Presidente fué ovacionado, tanto á su llegada como al retirarse del sal6n, por la multitud quE llenaba el local.
El baile en el Círcul(}francés estuvo animadísimo y se prolong6 hasta las primeras horas
de la mañana del quince.
Además de las fotografías relativas á la kermesse, ofrecemos una en que aparecen el señor Encargado de Negocios de Francia y algunos caballerJS concurrentes á la recepci6n
por él ofrecida el día 14.

Es locura creer que todo se sabe, y
es sabiduría estudiar siempre.

EN LA PLAYA

NUPCIAL

....

En la capilla particular del señor Arzobispo se efectuó el día 11 del corriente el matrimonio can6nico de la sefiorita Gertrudis l\fartínez de Arredondo
con el señor don Rafael Combaluzier.
Las simpatías con que los contrayentes cuentan en la buena sociedad mexicana, hicieron que la ceremonia 118
viera concurrida por multitud de familias y caballeros distinguidos.
Terminado el acto, se sirvió una comida íntima en la casa del sefior Licenciado don Francisco Martínez de Arredondo, padre de la desposada, y por la
tarde los recién casados emprendieron
su viaje de bodas rumbo á ChapalL

*

¿Cuál es el peor de los engaños? Engafiarse á sí miswo.

*

Antes de retirarse de San Lázaro el
sefior G'3neral Dfaz, recorri6 el campo
para visita1 los puntos en que se encontraban momentos antes las obras
y cerciorarse del buen resultado de los
experimentos.
El Sr. Presidente regres6 á la ciudad
después de medio día.

El Encargado de Negocios de Francia y un grupo de Invitados ! la recepción.

Cuando descendimos del tren, teníamos el
mar ya enfrente.
Ella no se imaginaba que ese mar de que

La firmeza de carácter de los grandes

hombres es un ideal de moralidad vi
voy luminoso, que la historia reco
en sus páginas y que obra siempre en
la vida de los pueblos.
Sra. Gertrudls Martlnez Arredondo de Combaluzier.

*

La naturaleza no ha dicho ni dirá 11u
última palabra.

- - -- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -------•

Las fiestas de la Colonia Francesa
Publicamos en este número algunas fotografías de la kermesse organizada por la Coloni afrancesa en celebraci6n del anivereario ele

Domingo 19 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Julio de 1903.

la toma de la Bastilla, y que se efectu6 el día
14 en el Tívoli del Elíseo.
La fiesta á que nos referimos, no obstante el

fuerte aguacero que se desat6 por la tarde sobre la ciudad, se vi6 concurrida por innumerables personas y tuvo un lucimiento extraor-

dinario. El adorno del local era sencillo, pero
de buen gusto: en la fachada había grandes
piezas florales, dominando en la comhinaci6n
de sus colores el rojo, el blanco y el azul, y en
el interior, frente á la puerta de entrada, un
hermoso busto de mujer que representaba á
la:Guerra, destacándose entre musgos y palmas. Banderas francesas y mexicanas, profusamente distribuidas en el parque, completaban el adorno del Tívoli.
En cuanto á los puestos, los que más llamaron la atenci6n por su originalidad y elegancia
de su decorado, fueron los de la señora de
Grendop y el de las señoras Sallet y Wileim.
El primero simulaba un kiosco ,,renacimiento," sobre cuya cúpula se veía un monstruo marino arrojando por la enorme boca
confetti y cigarrillos; y el segundo, un pabell6n «art nouveau,» notable por la pureza del
estilo.

*
•*

Con relaci6n á los demás números del programa á que se ajust6, en esta vez, k celebración del glorioso aniversario, diremos que
tanto el concierto que se di6 el lunes en la
tienda de Villamil, como el baile efectuado
el 14 en el Círculo Francés, fueron indudablemente las notas salientes de los festejos. En
el Orrin, lleno de una concurrencia tan dis-

De paseo por el Tfvoli.

tanto yo le hablaba en mis versos, fuese tan
grand~ y tan azul. Loca de emoción, admiraba y admiraba cómo iban y venían las olas,
cantando siempre su mon6tona canción. En
tanto que ella corría sobre la arena, yo la miraba y me parecía más bella que todo cuanto
encerraban mis extensos horizontes.
De pronto y con un gracio:io mohín, se volvió á mí:
-¿Quiere ustéd que me quede aquí quietecita, esperando aquella ola, aquella grande
que viene allá?
Y la ola enroscada, formidable, que parecía
que venía á envolverla y arrebatármela, fué
disminuyendo su tamaño, y como una onda
de níveo encaje, salt6 sobre su falda, deshaciéndose en muchas gotas que la besaron.
¿Desde d6nde vendría aquella ola y cuántos años pasaría surcando la inmensidad para venir á b¡,sarte?
RAFAEL ANGEL TROYO

Grupos de concurrentes á la Kermesse.
Adorno de:ª fachada . &lt;lel .,T!~oll.-Busto de la Guerra, colocado á la entrada.

�Domingo 19 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Julio de 1903.

EL CUMPLIDO
I
Inclina ¡oh Noche! tu faz de sombra bañada en llanto
de claridadés, Y da á. mi mente tQdas lr.s calmas
que das al mundo cuando al besarlo tiendes, cual manto,
tu cabellera, llena de sueno, sobre las almas.

II
Tú. que cerniste tu gran silencio sobre el suplicio
del Cristo exangüe, que contemplaba vagar con pena,
sueltos los bucles y en torno al ara del sacrificio,
como incensario de carne blanca, la Magdalena;
Tú que desciendes vaga y enorme, como una mano
que el Orbe errante pusiera. sobre sus sienes frías,
para en la sombra buscar al fondo del cielo arcano
su senda eterna que casi esfuman las lejanías,
Dame en tu copa las aguas negras del Aqueronte,
aguas de muerte, que recorría de extremo á extremo,·
aquel esquife cargado de almas, que el horizonte
iba rompiendo con las cadencias de su amplio remo.
Porque mi mente, más que la tierra, más que los mares
te necesita, vaso de olvido, cáliz de brumas:
la tierra suel!a bajo las rosas crepusculares,
los mares cantan bajo los lirios de las espumas¡

Y hasta las cumbres parece que oran á la esperanza
cuando tú vienes y que la luna, rasgando tules,
surge desnuda como una virgen en lontananza
'J'. da á la espalda sus vaporosas trenzas azules . . ..
Porque ya vengas ó te retires, todo en los orbes,
todo lo riges con tus compases vastos, profundos,
y, en el gran ritmo que altiva marcas, todo lo absorbes,
y das la norma que en lo infinito siguen los mundos.
¿Por qué yo quedo mudo é impasible, cuando te elevas
como si fueras de los abismos un alto ensueñ'.o,
y no comulgo las negras hostias que al éter llevas,
pan de sepulcro, nota de arcanos, óleo de sueno?
¿Tan sólo bajo las losas blancas y sepulcrales
tendré tu calma, tendré tus sombras, tendré tus velos
tendido al fondo del pebetero que, en espirales,
eternamente su incienso de almas tiende á los cielos?

Inclina. ¡oh Noche! tu faz de sombra, bañada en llanto
de claridades, y da á mi mente todas las calmas
que das al mundo, cuando al besarlo tiendes, cual manto,
tu cabellera, llena de sueño, sobre las almas!
l\lIOUEL LUIS ROCUANT.

El veintiuno de enero la. población de Arras
estaba de fiesta. Sonaban las campanas; desde Saint Wa.ast hasta San Nicolás, dialogaban
desde el alba, y lal-1 notas de bronce, cayendo
sobre la ciudad, hacían temblar la nieve al
borde ae los techos. Las estrechas calles obscuras, empavesadas de banderas y banderolas,
decoradas con tapices, enguirnaldadas de flores, esforzábanse bajo el cielo gris en resplandecer de alegría. Toda la ciudad estaba en pie,
endomingada; los burgueses habían calzado
sus zapatos con hebillas de plata; y las hurguesas, con trajes de seda Pompadour, se estudiaban delante de sus espejos para asemejarse á
las marquesa!I; las niñas, para estar mejor rizadas, guardaban sus papelillos en la cabeza
hasta el minuto supremo; y los niños, listos
todos é impacientes, deslizaban sus caritas por
las puertas entreabiertas y se interpelaban de
un umbral al otro:
-¿Ya lleg.'.,?
-Todavía no, pero ya viene.
- Entonces, ¿es seguro?
-¡Seguro! Vaya si es es seguro. Los correos
que preceden están ya aquí. Tie·nen grandes
botas.
-Mamá, los correos ya están aquí.
¡Gran acontecimiento! )Ionseñor el Delfín
de Francia es esperado desde hace tres días.
Pasa y se detendrá. Debe oír la misa en Saint
Waast, el cura lo ha dicho; el confesor del
Delfín lo ha prometido al abate. Y la hermosa Delfina vendrá también con el Delfín. Es
tan bella, según se dice! Esto constituye un
gran honor para la ciudad, porque muy pronto, sin duda, la joven pareja estará en el tro-

no de Francia, puesto que Luis XV se halla
tan enfermo.
-¿Cómo se llamará cuando sea rey?
-¡Luis XVI, pardiez!
-María Antonieta tiene dieciocho año~.
-¡ Y él que no tiene más que veinte! Es bonito ser rey tan joven.
-¡Ah! el muchacho hará carrera.
Todo el mundo es feliz, se precipita, se agrupa en las calles. Los rostros flamencos se eni:;anchan con risas bonachonas. Ya el pueblo
menudo se aprieta frente á las viejas caeas
consistoriales. Todos converean. Los hombres
bien informados, que fingen tener lazos con la
nobleza y mantener reh,ciones en Yersalle!:',
refieren cosas del príncipe y la princésa, sus
caracteres, casi su vida.
«¿.La ha viflto usted? ...... -¡Tiene una tez!
-¡Y una piel! Se diría que la luz pasa á través de ella ...... -¡Y tan alegre! Ríe siempre.
Sobre todo con Monseñor de Artoia.-Lo!'l
dos se pa~ean en burro por el parque.-¿En
burro? Usted quiere tomarnos el pelo; las reinas van á caballo, no en burro; usted comprende que pueden elegir monturas ...... -¿Es
cierto que ella le engaña?-¡Chitónl Si la oyeran á usted.-- A mí me han asegurado que
sale por la noche...... -¡Cuentos! ¿Había él de
permitir eso?-Ella le dice que es la moda en
Austria. -Entonces ...... ¡qué! ¿no t'S él el
amo? .... -Según se dice, la adora.-Pues bien
yo, si fuese siquiera hijo del rey, os aflegur~
que haría reQpetar mi hogar ...... -Es un buen
hombre ...... -Un buen rey, lo será sin duda v
nada orgulloso. -Trabaja en cerrajería en
pieza.-¡Eso te cuentan, pero anda á ver) Ha-

su

ce eso para adelgazar.-Trabaja con un verdadero obrero que, es del pueblo y que le enseña
su oficio ... -Pues lo que es á mí me gusta eso,
es preciso que los reyes sepan hacer alguna
cosa ...... »
,
A lo lejos sonaron tambores y los pífanos
resonaron alegremente bajo el cielo que se había aclarado y que, sin una nube, mostraba su
azul pálido, casi malva. De muy lejos, una
voz sorda que crecía lleg6 por la calle Vinocq
y muy pronto se convirti6 en un grito:
- ¡La carroza!
En la plaza todas las voces repitieron:
- ¡La. carroza!
Inmediatnmente, como salen de una caja
los juguetes nuevos, los altos personajes, en
traje de gala, i,alieron de las casas consistoriales por el agujero de la puerta principal y se
alinearon entre las columnas del p6rtico; el
obispo encontrábase en medio, teniendo á su
derecha al cura de Saint Waast, y detrás de
ellos, á. su alrededor, dondequiera, las sedas
de colores vivos palpitaban, buscaban su sitio
y se detenían; encima, los siete arcos formaban coronas de sombra; en el fondo del cuadro, un grupo de niñitaR vestidas de blanco,
eemejaba un gran bouquet de margaritaeoculto
en una cueva.
De pronto, la músie;a de la ciudad, agrupada en un rincón, toca un aire de danza. Casi
inmediatamente unos dragones desembocan
en la plaza al galope. Detrás, entre las cabe•
zas de loR caballos, se distingue una placa que
brilla reflejando el cielo; es el techo de la carroza. Las gentes se paran sobre las puntas de
los pies. La doble fila de dragones deepliéga-

�·Domingo 19 de Julio de 1903.

se en abanico y el coche real avanza hasta los
tapices; los gentileshombres á caballo se inclinan hacia las dos portezuelas.
~: La Delfina es la primera que desciende. Hela ahí al pie de las gradas sonriendo ya. Inmediatamente a parece el Delfín con un casac6n avellana. T;n gran grito estalla al rededor
y surge de la plaza, de las ventanas.
Los pavil'Jlentos y los muros retiemblan con
un alegre viva, un conmovido grito de amor,
de reconocimiento, de alegría filial que va hacia aquella pareja llena de esperanzas, la reinecita y el reyeci:o de mafí.ana.
A la saz6n se les ve bien. El es grave, un .
poco pálido, un poco cansado, con ojos á flor
de epidermis; ella, al contrario, levanta la cabeza, para provocar la vida que aspira ~on su
blanca nariz y que mira frente áfrente bajo el
arco altivo de sus cejas; su boca tiene el a~pecto de un beso; las plumas y las agujas tiemblan sobre su cabello, que se estremece todo
con vibraciones rojas; todo en ella vive, hasta
sus ropas; el pueblo ya no ve más que á ella,
y el hurra que constituye el saludo popular,
se extingue dulcemente en un murmullo de
ternura........ .
La mujer ha sentido el amor, se vuelve sonriente hacia una tercera que se desliza fuera
de la carroza, criatura menuda, temblorosa,
deslumbrada, cuyos ojos se llenan de lágrimas
al ver el triunfo de la amiga adorada: es madame de Lamballe, la más turbada de los tres,
quien dice á la Delfina:
-Inmediata.mente que se os ve, se os ama.
Al decir estas palabras, un dulce recuerdo
tiembla en el fondo de su memoria y la princesa continúa sonriendo:
-¿Estarías celosa por ventura?
--¡Oh, no! Yo soy feliz cuando se os ama.
Entre tanto, la carroza, al mandato de un
gentilhombre, se mueve dejando libre el sitio,
y Monsefí.or de Arras avanza hacia los príncipes; la reinecita ha hecho una graciosa reverencia y ahora se ve al prelado, cuyos labios
se mueven y que habla sin duda, inclinarse,
erguirse, después hacer de nuevo ceremonias,
inclinar la cabeza hacia uno de los hombros,
hacia el otro, en una serie de pequefí.os salu1los amables y rápidos. A cada movimiento de

EL MUNDO ILUSTRADO.

su jefe, sus dos manos abiertas sobre su pecho
se alejan y se aproximan como si arrojasen follajes y flores invisibles.
En seguida el blanco cortejo de las nifiitas
encamínase militarmente con pasos rígidos;
las dos más pequefí.as, guiadas por el obispo,
dan aún tres pasos, y de gol pe se detienen presentando á la Delfina un enorme ramo y una
bombonera de porcelana de Arras donde 'hay
unas palmas pintadas sobre azul. María Antonieta se inclina y besa en la frente á las niñas. Los vivas estallan como un trueno. Luis
vuelve la cabeza y se descubre gravemente;
pero la reina futura, con un coqueto gesto, envía con la punta de los dedos un saludo amistoso y alegre, y dice á la Lamballe:
-El amor del pu1.:blo calienta.
Después:
-Toma este ramo, que pesa mucho.
De pronto ríe, añadiendo en voz baja:
-Mira c6mo sufre el Delfín con su cuello
tan apretado.
Luis, en efecto, parece muy molesto y á veces levanta. éu ment6n estirando la cabeza hacia el hombro para despegarse el cuello. Pero
pronto ya no se le ve más; ha penetrado bajo
la b6Yeda y la escolta se cierra detrás de él.
La gran sala del viejo castillo es obscura;
dos sillonPs sobre una estrada· esperan á los
ilustres huéspedes. Apenas sentado el prínci•
pe, con un signo de la mano ha permitido al
obispo que le presente á los notables. Proferidos con una unción sacerdotal, los nombres
flamencos caen en el silencio y cada uno de
ellos va acompañado de un saludo profundo,
hecho en la sombra por el personaje á quien
se nombra.
Después, á otro signo, un jovencito avanza
zurda y torpeme!}te; entre sus manos tiembla
un papel.
-¡Oh, dice la princesa, versos!
Pero los versos son latinos; con una YOZ débil, traviesa y semiagria, el adolesce.1te dice
su poema, y el cura de Saint "\Yaast sigue el
ritmo con su nariz, asesorada por sus párpados,
señalando las insípidas bellezas; se regocija
del aprovechamiento del discípulo y mira al
Delfín, el cual continúa estrangulándose con
su cuello.

EL MUNDO ILUSTRADO

Los versos corren diciendo la majestad del
trono y la ventura de los pueblos bajo el cetro
de un rey sabio y las promesas de luminoso
porvemr. Poco á poco el orador se tr•mquiliza · á veces un epíteto mita con vehemencia.
~Iaría Antonieta, para desaburrirse, porque
no entiende, examina al jovencito flaco y seco
con gesticulaciones de madera.
-Ya. á quebrarse, dice á la Lamba.lle.
El colegial ha comprendido que se burlan
de él y se turba, pero se yergue, dejando ver
su cara biliosa, de frente fugitiva, de nariz
puntiaguda, de ojos glaucos, y su mirada, durante un segundo, se encuentra con la de los
príncipes. María Antonietn, sorprendida en su
broma ha cesado de reír, y Luis, descontento,
frunce' las cejas, y acaso para adquirir de nuevo compostura, se lleva un dedo á su cuello
que le estrangula.
La homilía continúa le:1ta. El Delfín se esfuerza en comprender algunas palabras para
adivinar el. resto. Por fin el poema concluye.
-Os agradecemos, señor cura, estas hermosas
palabras que nos habéis hecho oír á la Delfina y á mí. Este joven es sin duda uno de vuestros discípulos.
-Y de los más enérgicos, l\Ioneeñor. H uérfano recogido por mí, me recompensa con sus
virtudes y su empeño, porque lo educo para
ofrecer más tarde á vuestra alteza un devoto
servidor del trono.
-Es preciso, seí'íor cura, que le enviéis á
París, donde sus talentos se desarrollarún.
-Nosotros le proveeremos de una bolsa. .
- Y haremos bien.
El príncipe, para recibir el poema que se le
tiende, vuélvese hacia el jovencito, y las azules miradas de uno y otro se encuentran por
segunda vez.
- ¿C6mo os llamáis, señor?
}Iaximiliano de Robespierre.
-¡Está bien! acaso nos volveremos á ver.
El adolescente se inclina. Y de nuevo Luif
pasa su dedo alrededor de su cuello.
EDMOND HARACOURT. •

La gloria en los combates tiene dos coronas,
una para el vencedor y otra para el vencido.

LA DIRECCIÓN DE BENEFICENCIA
En los primeros días de este mes qued6 establecida en :\léxico la Direcci6n General de
Beneficencia del Distrito, á cuya vigilancia estarán encomendados en lo sucesivo los hospitales y demás establecimientos del ramo que
dependen de la Secretaría de Gobernaci6n.

Una cántiga amorosa
Rima el alma enamorada:
¡Juventudl. ..... dir.e la endecha
Que jamás se ha de extinguir;
Si se va la primavera
O ei llega la invernada,
El amor es sol que enciende
La alegría de vivir ......
Una cántiga amorosa
Rima el alma enamorada.
Una cántiga amorosa
Hoy dirijo á tu belleza,
¡Oh mujer! fecundo estío,
¡Oh mujer! eterno abril.. ....
Dulce hermana del lucero
Que al llorar llora rocío,
Siempreviva de pureza
Que al desierto haces pensill ......
Una cántiga amorosa
Hoy dirijo á tu belleza,
¡Oh mujer! fecundo estío ......
¡Oh mujer! eterno abril.
M. R. BLANCO-BELMO:NTE.

NOTA TEATRAL.
La soprano Amalia de Roma, que tantos

aplausos se ha conquistado durante la actual
temporada de 6pera, celebr6 el jueves, en
. Orrin, su función de gracia.

Domingo 19 de Julio de 1903.

La obra escogida por la beneficiada, fué
¡(Tosca." El púbico, que aprecia debidamente
el mérito de la notable artista, le tribut6 una
ovaci6n.

JI núñtz dt Jlrct.
Como gigante sol que, aun extinguido,
el mundo deja de esplendores lleno,
en nuestras almas, el fulgor sereno
de tu genio inmortal queda encendido.
Alzan tus «Gritos del Combate» el ruido
de las victorias líricas, el trueno
de la Fama; venciste, de Arte pleno,
la eternidad de tantos: ¡el olvido!
La Musa de dos patrias queda sola
sin tu aliento: la Cítara Española
el plectro desentierra de Quintana
para llorar el duelo que le asedia,
y tras ella, ¡la Lira Americana
gime en la cuerda funeral de Heredial
MANUEL

S. PlCHARDO.

Sr. Dr. Prisciliano Figueroa.

Con el carácter de Director se ha hecho carde la nueva oficina el señor Doctor don
Prisciliano Figueroa, hombre que cuenta para el buen desempeño de su cargo con energías y conocimientos muy poco comunes.
La Dirección ha quedado por ahora instalada en el local que ocupa la Secreta.ría referida.

¡1;0

·-·

CANCIÓN
(DE AltMAND !!ILVE5TRl!l)

Corre el año, corre el año
Como corre el arroyuelo,
Reflejando en sus cristales
La celeste claridad;
Y, cual ave gemidora,
El recuerdo tiende el vuelo
Y se borra del espacio
En la vaga inmensidad .....
Corre el afio, corre el afio
Como corre el arroyuelo.
Algo vive y algo alienta
En las flores casi mu1ttias
Del jazmín y los rosales
Que incensaron al verjel;
Y, buscando en las alturas
Lenitivo á sus angustias,
Vuela el alma de las flores
Entre aromas ele clavel. ... . .
Algo vive y algo alienta
En las flores casi mustias.

\.
Una cántiga amorosa
Finge el arpa de la fuente·
Entonemos en el bosque '
La dulcísima canci6n
Y, cogidos de las manos
Repitamos dulcemente '
La canci6n que en nuestro pecho
Rima tierno el coraz6n ..... .
Una cántiga amorosa
Finge el.arpa de la fuente.

Sra. Amalla. de Roma, soprano de la compa.ñ!a. de Opera que

acto.a en Orrin.

�Domingo ,.~ de Julio de 1903.
Domingo 19 de Julio de 1903.

CROQUIS
El pórtico del teatro estaba en silencio ... Llovía desde por la tarde. El agua incesante caía
á hilos. Parecía como si nada interrumpiera el
chapoteo monótono de la lluvia, que el viento
estrellaba contra las parede:-;, ó que chocaba
furiosa contra las aceras, para deslizarse suavemente por las calle,; &lt;le...,pués.
Goteaba sin cesar. Las líneas del horizonte
se borraban, esfumándose en la lejana bruma.
Espesos celajes cubrían el espacio inmenso. y
la tristeza ele la noche parecía reflejarse en la
obscuridad del cielo.
En pie, á lo lejos del pórtico, estaba un viejo de figurn venerable, pobremente vestido, de
larga barba blauca, que se doblegaba al peso
de los años.

***

Habían sonado las doce.
Por el pórtico del teatro salían en desorden,
ó formando parejas, hombres y mujeres bellas
que ostentaban lujosos trajes y primorosas joyas. El anciano parecía reconocerlas. Quizás
fueran las mismas que vió desfilar, el mismo
día por la mañana, por la puerta de una iglesia. Pensó que serían almas caritativas. Con
el sombrero en la mano, dejando al descubierto su cabeza blanca, imploraba una limosna volviendo hacia _ellas sus ojos ~mpañn&lt;los. Temblaba al hablar, por el frío. Pero nadie escuchaba su voz. Pasaba inadvertido por entre
los hombres y las mujeres, que andaban sin
volver la vista, con pasos acompasados. Lle-

EL MUNDO Il,USTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.
gaba·n á la calle y se detenían. Los coches, al
trote insolente de los briosos caballos, llegaban basta allí para tomar su carga. Después
partían. Poc~ á poco la gente se retiraba.
Ellos, sintiéndose orgullosos, con el recuerdo
de los triunfos obtenidos; ellas, recordando las
palabras ardientes -.:on que sellaron sus amo-'
rosos compromisos. •

***

Cansado de pedir, marchóse el anciano también, con pasos desiguales, hundiendo de vez
en cuando sus zapatos rotos en el agua que corría aún por las calles. En sus ojos humedecidos por el llanto resplandecía el dolor. El
hambre lo asediaba. Tenía que resignarse á
vivir de la caridad. Ya él no podía trabajar;
le faltaban las fuerzas. Pero nadie, pensaba, se
compadecía de él; de nada le habían servido
su fe en sus creencias, la honradez para con
los hombres, la moralidad de sus actos, la
constancia en el traba.jo, y en un espasmo de
desesperación maldijo de la existencia al sentir el corazón aterido y arruga.do por el escepticismo .. .. . .
g_ S.

CASTA~EDA.

El mal, en una palabra: no es sino la ausencia del bien.

"'

Lo sobrenatural no Pxiste ni puede existir;
todo en el universo está arreglado por leyes.

Un alma sobrt un bilo.
Sobre el 6ltimo hilo de abajo ele un telégrafo se ha posado un golondrina.
Hay cinco hilos. ~e ha posado en el que toca las ramas en flor de una acacia joven.
Su túnica ele rizadas plumas se balancea á
compás de las mecidas del hilo. De pronto su
alma palpita. Es que pasa un despacho.
¿Qué clase de despacho'? Xada, una invitacióñ á comer. Sin embargo, la gQlondrina salta á otro hilo. Empieza de nuevo [i piar. ¡El
hilo la sacude!
Es otro despacho que pasa. _El avecilla se
estremece toda.
Nada grave, empero; acaso algo triste, una
cita que se aplaza 6 se rehusa. ¿_Quién i;abe si
hace sufrir un corazón? La golondrina sube
un hilo mús; sus patas pueden apenas po~ar. e
á causa de una nueva sacudida. Es un despacho anunciando la quiebra de una casa bancaria.
·
·
Otro saltito y ahora el hilo tiembla suavemente. El telégrafo transmite la dulce nueva
de unas nupcias.
La golondrina. canta, canta, toda alegre! y
sube más arriba. El último hilo se estremece
lentamente, prolongadamente, languideciendo.· Es alguien que ha muerto.
La golondrina emprende el vuelo, como una
pequeña alma blanca y negra!
ÜATULLE MRNDES.

*

La utopía ue la víspera se convierte en realidad al día siguiente.

UEnus t.ff JRE
Afrodita en el ébano esculpida,
Surgió de las cavnnas ele la. hullera
Con los ímpetus locos de la fiera
Por los venablos del amor herida.
Despertóse en su alma adolorida
Como un crótalo im~ano la Quimera,
Y corrió por el bosque y la ribera
Con la erótica mente enardecida.
Hundió su negra efigie triunfadora
En el cristal de agua tembladora
'
Sintiendo una. mortal melancolía'.
Mientras oculto en las tupidas frondas
La mir6 desposarse con las ondas
'
Un negro caballero de Etiopía.
-TUAN GUERRA

1903.

NóSEz.

SOBRE ARTE CRISTIANO

CATEDRAL DE MEXICO.-Crqgfa y reja. del coro.

La. época más artísticamente hermosa para
la religión cristiana, fué aquella en que la doctrina pura. comenzó á ensombrecerse con los
pavores del fanatismo.
Entonces levantáronse soberbias las catedrales góticas, enormes y delicadas· gigantescas masas de filigrana de piedra q~e perforab:i,n con sus cala.das torrecillas el azul de los
cielos cruza.do por el vuelo luminoso de los
arcángeles, y en cuyos ri~cones tenebrosos y
enfanga.düs acechaba el diablo rojo y cojo deforme, maligno y jorobado.
'
Los artistas cristianos, con el espíritu alumbrado por ce!estiales claridades, y amagado
por los sombnos terrores de~ infierno, supieron entonces amar y sentu como criaturas
ª:rulladas en el regazo materno por un maravilloso cuento de hadas1 mientras la rojiza penumbra del crep6sculo mvade la estancia po~lando de fantasmas sus rincones. Fu'eron
tiernos y grandes.
La m~dre de Dios tomó, bajo la sabiduría
de sus pmceles_ )'. el raer inspirado de su cincel, formas dehc1osa.s y purísimas de mujeres
como sólo las ven en sueños los doYOtos adolescentes.
l_,;&gt;s santos, los beatos, toda esa admirable
!egion _de seres austeros que se consumieron
rncendiados por un_a i~ea y por un amor, perduraron por el sorhleg!o de_s~1 genio, tn figuras graves y austeras o dehc1osas y sonrientes.

CATEDRAL DE 'MEXICO.-La. Asunción. Pintura principal de la. ct1pula, obra de Ximeno.
Pero donde el impulso de su pasión se manifestó más vive&gt; é
imperecedero, fué en las basílicas, en_ las catedrales, _en los monumentos levantados por la fe sobre la tierra, altos, maJestuosos y ~erenos montañas transladadas á la llanura por la_ fe y cuya. grandiosidad' de líneas principalrs, sahe trocarse e~ graCia y sonre!r en los
frisos y en los tímpanos, ó en horror, y gesticular en las gargolas Y
en los capiteles.
.
El arte gótico, florido y ·~ombrío coro~ una selva, Pº?l6 el continente viejo de sueños de piedra. Esencialmente cristiano, aprovechó los símbolos y los elementos decorativos engendrados y crecidos
en la húmeda obscuridad de las catacumbas; se enamoró de los ensueños de las visiones, de los deliquios y de las pesadillas de los creyentes 'y creó esas gigantescas construcciones, cuyos trazos generales
informa una solemnidad meditabunda y en cúyos detalles las líneas
ríen y gesticulan, se retuercen desesperadas, se enlazan graciosas ó
surten erectas como tallos de lirio; en cuyos ángulos las luces y las
sombras entablan el eterno combate del ángel y el endriago, 6 se funden en penumbras melancólicas como un petd6n, una reconciliación
ó una desesperanza .... ..
La catedral antigua es el palacio de Dios, pero también el refugio del diablo que, torvo ~ zurdo, ee e~conde en las tinieblas más
rec6nrlitas de la na.ve, esqmva.ndo la mua.da del Amo, y desde allí
acecha con cóleras grotescas, la albura gloriosa. de la hostia que elevan la~ manos purificadas del sacerdote; el oro ardiente del rayo de
sol que penetra. vi&amp;oroso por la ojiva; el trozo d_e cielo,_ de un azul
vibrante que deJa ver la cala.da claraboya; las tristes miradas de los
pálidos ~antos; la muerte dulce y horrible de Dios pendiente de la .
cruz; el chisporroteo de los cirios votivos; la nube blanca y aromada de incienso que .sube al cielo ......
El sentimiento religioso que elevó las catedrales y los monasterios es tan profundo, que aún ahora, el que penetra en ellos, se siente sobrecogido de religioso miedo.
De aquellos monumentos de la fe, salieron los religiosos de frente pálida y burdo ¡¡ayal, aguerridos á. las inclemencias d&lt;-' la Naturaleza, que cruzaron bosques, atravesaron montañas y !surcaron océanos, para irá llevar un fuego y una luz á los corazones!obscuros y desabriga.dos de los hombres de luengas tierras.
Y cuando la cosecha de almas fué fecunda, cuando el fuego y
la luz se propagaron, alumbrando y calentando á los desvalidos, á
los cle1,;heredados del reino de Dios, los religiosos pensaron en levantar monumentos semejantes á aquellos que fueron su cuna y su origen.

•

**

El arte cristiano en México raras veces lle-g6 á manifestarse por
manera netamente estética, y los monumentos elevados por el catolicismo en nuestra Nación aparecen, por lo general, amplios, bastos casi y á veces austeros, sin presentar nunca las graciaP atrevidas

CATEDRAL DE MEXI\.-0.-Madona, a.lrlbutda. A Murlllo.

�Domingo 19 de Julio de 1903.

==

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

En níveo mármol cincelar quería
un cuerpo de querub; seguro estaba
de que si su escultura terminaba,
de la gloria el laurel conquistaría!
Entró al taller que en sombras se envolvía ...
el artista con fiebre trabajaba,
y junto al cuerpo, á quien hablar faltaba,
le sorprendió la claridad del día.
Creyó ver al querub alzar E:l vuelo,
y al abrazar su cuello, cual un loto

la escultural cabeza rodó al suelo.
Y «é!,• abstraído en su ideal remoto,
con los ojos clavados en el cielo,
cayó sin vida junto al mármol roto!
JUAN DUZAN.
1903.

*

LÓ más triste en el presente, es el porvenir.
G. M. V ALTOUR.

*

La vida á la moda y la literatura excitista, no son sino imitaciones la una de la otra.
VALTOUR.

NUESTRO PAIS.-Rlveras del Rto Alvarado.

CATEDRAL DE MEXICO.-Un detarle del ciprés.

y

torres de Catedral.

H"ubo un día en la historia del mundo en
el que el vórtice tre~endo ~onde las aguas
del Océano se arremolinan, giran velocísimas
y se abren formando un embudo gigantesco
una gigante flor de líquidos pétalos y cáliz'
por lo profundo, negro, por lo insondable es'~antoso, se abrió por vez primera y de éi salió la Muerte empuñando su guadaña ...

¡La vida es un Máhlstrom y la vida es la
fuente de la Muerte!
Allá viene el guerrero romano en su barcaza trirreme; vuelve victorioso de las tierras
Héb~idas, _trayei:ido muchos esclavos y un rey
cautivo; simboliza la gloria el triunfo y la
c~mquis!a, y ebrio de ellos, n~ ve que la vorá•
gme está á proa, tremenda y fatal, y desapare-

preocupada de sedas y faraláes que de objetos
que aviven sus ¡¡entimientos y ennoblezcan
sus ideas.
C. T.

EL MAHLSTROM
Ekko, un viejo Froll * que habita en uno de
los fiords * de la costa occidental e~candinava
y que desde su gruta socavada por las olas en
los peiione:- venlinegros, húmedos y engalanados con fantásticas florescencias marinas, ha
oído por muchos siglos, y cada veinticuatro
horas, el estruendo formidable del Máhlstrom
cuando abre sus fauces asesinas, me contaba
lo que sigue:
«-¿l\Ie preguntas qué es el l\Iáhlstrom? Los
marinos que se remontan al Bóreas para cazar ballenatos, como ignoran lo que es el miedo y el carác~er se les e!1durece en la brega, se
mofan del abismo llamandole «el ombligo de
la tierra» ... Yo, que le conozco mejor, te diré
que es el «Padre de la .Muerte.•

* Froll, personaje de 111. mitolo¡ría escandinava; comparable á los gnomos ó duendes.
* Fiords' pequelil.&gt;s y numerosos ¡olfos de la
costa de Suecia.

r=

mHRfflOt ROCO

ni la belleza de detalles de los templos europeos.
La Catedral de México es uno de esos edificios levantados por la fe conquistadora, sobre los f'scombros de la idolatría.
Edificada por orden del sombrío monarca
español Felipe II, tal parece como que recuerda y trae al ánimo la pe::;adez ceremoniosa del
Escorial. Majestuosa y sin gracia, más que
obra de un impulso religioso, parece un símbolo de dominio, una masa pesada y vencedora cuyos cimientos aplastasen implacables
los «cúes• y 1adoratorio;:;» de que habla Bernal Díaz.
Sus torres, mudas, con la mudez de la piedra
no animada por el arquitecto; sus puertas,que
nada dicen al ánimo; la seca austeridad de sus
naves y de sus arcadas interiores, más recuerdan las épocas malignas y dolorosas de la Inquisición, que los sencillos tiempos del cristianiRmo primitivo.
En sus entrañas atesora, Rin embargo, obras
deliciosas de artistas·cristiano¡.;, ricas piezas de
madera tallada, cuadros de maestroe, retablos
dignos de admiración; pero todo esto permanece ignorado para el vulgo, que si acaso se
abisma ante el grandor del templo, la groseza.
de sus muro!.' y otras nimiedades aún más deplorables, pasa impa&lt;&gt;.ible ante un Murillo y no se d~tiene ante una obra de Berruguete.
A veces, algún extraviado extranjero es
quien da una voz de admiración ante tal obra
de arte; pero su exélamación se pierde entre
la general indifereucia de la multitud, más

Cúpula

mz:;

-r

*

El amor es la alegría de los jóvenes y el tirano de los viejos.

ce en ella cuando se creía invencible... ¡Adi6s
victorias, fuerza y mérito! ¡Ya están sepultos
en el seno terrible!
De los verjeles de Occidente viene con las
entrañas henchidas de oro, pedrería y esencias,
el velero que avanza confiado para abordar las
tierras del Xorte y dejar en ellas su valiosa
carga. Lo llenó el Trabajo, lo enriqueció la
Constancia y lo impuls6 la Induetria. A su
bordo trae hombre~ que sueñan con el descanso o.espués de la honrada lucha: en el hogar la esposa espera y los niños sueiian que
1Santa Claüss» se acerca cargado de juguetes...
Y el velero, sorprendido por el abismo, cae y
se hunde para siempre. ¡Pobres tesoros y pobres esperanzas! Un instante para desaparecer,
y muchos años para reunir;;e ...
El genio audaz avanza en el va.por, gigante de los mares; la hulla quemada en·los intestinos de las máquinas, arroja por las chimeneas densas volutas de humo negro; el talento es el propulsor de la hélice que rebana
las aguas; la mole trepida toda, dejando en su
pos un camino de espumas blancas sobre el
piélago azul. El genio vencerá al peligro; es
fuerte, es denodlldo, es audaz... ¡La lucha es
corta y el abismo tt:iunfa siempre!
Bregando en las olas y asidos de un madero que flota, náufragos de infasta catástrofe,
dese,-;perados por vivir, se acercan un hombre
y una niiia: son el Sentimiento y la Virtud.
El es quien la protege, ella quien le anima;
por él, los corazonee saben oír las voces de la
fraternidad, de la fe, del amor; por ella, las
almas saben ser buenas. El turbión crulll, que
no sabe distinguir, que no tiene ojos de piedad, atrae al madero, lo encadena en las aguas,
lo remolca y lo precipita al fondo ... ¡También
«ellos» sucumben!
¡La vida es un 'Máhlstrom y éste es el «Padre
de la Muerte!i, En él perece todo.»
Calló el anciano Ekko, y en la noche de
la triste1~'l de sus palabras, reverber6 para mí
un astro imperturbable; uno solo, pero inmenso; uno solo, pero radio!&lt;o. El abismo devora
todo, sí, todo menos la Idea. Del vaho mismo de su vórtice, se levantará infinita aquélla
y se cern~rá uso?re él,» sutil, ligera y luminosa, para u á deJar gérmenes doquiera, como
del sepulcro donde yace el cuerpo en descomposición, se levan ta la nueva vida en• la oruga
y se cierne en la mariposa ...
E. MAQUEO CASTELLANOS.

C--TEDRAL DE MEXICO.-Perspectlva de las na.ves.
NUESTRO PAIS.-Vlsta de Tlacotalpam,

�OPINIÓN

DE UNA GRAN DAMA
Agradar es el deseo de todos; pero
¿cómo causar buena Impresión si tenemos el cutis manchado, cubierto de
granos y con mal olor?

El Agua Tropical ·

EL

Mu No o

ILUSTRADO
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ldeia.
ldem. e■ la upltal $1.11

mtxlco ]UIIO 16 .dt 1903.

Jlño X- tomo 11- núm. 4

Cierente: LlJI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAf';UL RlYf&amp; &amp;PINDOU.

es el perfume má.s admirable que se
conoce; sus efectos sobre la piel son
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___

.

.._

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DI OS

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1
que ha creado las flores con sus colo- 1
res y sus perfumes, las fuentes, los
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bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

VERE MORTUS EST."

EL CARDENAL CAMARLENGO DA FE DE QUE

TOMEN VINO DB S, GERMAN

s. s.

LE6N

xm HA MUERTO.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Cardenal Oreglia</name>
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      <name>Ministro de Nicaragua</name>
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