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                  <text>OPINIÓN

DE UNA GRAN DAMA
Agradar es el deseo de todos; pero
¿cómo causar buena Impresión si tenemos el cutis manchado, cubierto de
granos y con mal olor?

El Agua Tropical ·

EL

Mu No o

ILUSTRADO
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ldeia.
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mtxlco ]UIIO 16 .dt 1903.

Jlño X- tomo 11- núm. 4

Cierente: LlJI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAf';UL RlYf&amp; &amp;PINDOU.

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___

.

.._

En Frascos.

DI OS

formó á. la mujer con el mismo fin
1
que ha creado las flores con sus colo- 1
res y sus perfumes, las fuentes, los
pá.jaros y marlpooa.s, para embellecer
la Naturaleza {; impregnar de poesía
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sexo, si estos fuesen atendidos debidamente para conservarlos. El "Ja,.
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•

PETROL~
.

DEL DR. TORREL, DE PAR(S

Unica prepa:aci6n que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, su~v1za y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

"PAPA

EL USO DEL PETROL DEL DR. TOBREL, DE PARIS.
evita la calvi~ie prematura, que tanto afea y comunica al hom•
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

VERE MORTUS EST."

EL CARDENAL CAMARLENGO DA FE DE QUE

TOMEN VINO DB S, GERMAN

s. s.

LE6N

xm HA MUERTO.

�Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

=

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Julio de 1903.

'"

EL PAPA
LOS JARDU-ES DEL YATICA..'W.-DOS PÁGISAS DE «COSM6POLL'!.ll

...... Tal vez ambos, el creyente y el escép·
tico, se dejaban invadir por la melanc6lica atm6sfera del lugar donde h11.bíafl evocado el
cruel·desenlace de la tragedia en que habían
intervenido como actores más (i menos directos.
Los grupos de obscuras encinas verdei!, circundados por setos recortndos de una' manera
uniforme, se estremecían al rededor &lt;le elloio.
Ningún otro rumor más que el de su follaje,
unido á la queja mon6tona de una fuente cercana, se oía en este cercado que, de l1i una
parte, dominan los muros de la antigua Roma, y de la otra, la inmóvil y majestuosa cúpula de San Pedro.
Fuera de los üos paseantes; parecía como
que los únicos huéspedes del jardín pontificio fuesen los dio~es de mármol, res~os del
arte pagano e~parcidos en los bosquecillos y
colocados allí, á la sombra de la gran Basilica, por el capricho de los Papas de la época.
del Renacimiento; quién sabe si por orden del
propio Le6n X, á quien siguió por estos jardines su corte de gloriosos artistas y poetas delicados.
Bajo el t6rrido é implacable cielo azul de
una. sif'sta de junio, ese pueblo de blancas estatuas prestaba á aquellas soledades la solemnidad que se desprende de las ruinas de un
pasado glorioso.
¿Tales simulacros de dioses no habían asís:
tido acaso al derrumbe de su Olimpo y de su
culto, para asistir a.hora, como mudos testigos,
á h. deposici6n del Vicario de Aquel que fuera causa. de su ruina?
En los ángulos de las avenidas, urnas gigantescas, de mármol también, perfilaban la
esbeltez elegante de sus líneas.
La vegetaci6n desbordante y enmarafiada
por el soplo de los vientos, aparecía de un verdor más vivo sobre el fondo mortecino de la
verdura. imperecedera de los setos y las carrascas. Las plantas nuevas parecían pal pitan tes
y dolori&lt;ffi.s de verse aprisionadas en este cer-

NUESTRA PBIIIRBA PLANA
Conforme á los ritos de la Iglesia Ca.t6lica,
antes de ser embalsamado el cadáver de un
Papa y conducido al sitio en que han de celebrarse las honras fúnebres, el Camarlengo de
la Santa Sede debe convocar á todos los cardenales residentes en la Ciudad Eterna, á fin
de que, reunid&lt;'s en la cámara mortuoria, asistan l'í. la declaraci6n hecha por aquel dignatario, de que el Pontífice está «verdaderamente
muerto.»
Esta ceremonia es muy imponente y conmovedora. El Camarlengo se despoja de su
traje•ordinario para revestirse con las ropas violeta, que simbolizan el duelo, y tomando un
pequeño martillo de plata, se encamina hacia
el lecho en que yace el Pontífice. Ora un momento hincado sobre un cojín que se encuentra•cerca del lecho; se pone luego en pie, aparta el velo que cubre el cadáver, y golpeando
por tres veces la frente del Papa, á quien llama. en alta voz por su nombre, pronuncia estas palabras, que todos los cvncurrentes al
acto escuchan con religioso recogimiento: «Papa vere mortuus eslll........ En seguida. el Camarlengo rocía el cadáver con.agua._bendita, y
los cardenales, que permanecen de rodillas,
recitan el «De Profundis. •
El anillo del «Pescador» es recogido por el
mismo dignatario de la mano del l'apa y destruí.do después en presencia de los cardenales.

cado que el-1, en realidad, una prisi6n voluntaria'. es cierto; pero por lo mismo más est~echa. y definitiva: el último fragmento de ~1erra y de Xaturaleza abandona.do al vencido
augusto del Vaticano.
Jamás ~Iontfan6n había sentido, como en
ese, instante, la intensa poesía de esos jardinefl,
únicos en el mundo, ni la opresora tristeza
que exhalan sus mudos matorrales, sus estrechos parterre@, sus fuentes mismas y sus terraza.", desde las cuales no se divisa. mfls que
la muralla de ronda y, tras de ella, ionumera bles chimeneas de fábricas, brutal símbolo
de la victoriosa actividad moderna ..... .

.

***

...... El personaje que aca.ba de aparecer súbitamente en el cuadro melnnc6lico del desierto jardín, de una manera que parecfa sobrenatural, de tal manera su presencia comentaba al vivo el dis1,urso del apasionado gentilhombre, era el propio Padre Santo, que se
dirigía á su carruaje para ir á su acostumbrado paseo.
Dorsena, quP. sólo conocía á Le6n XIII en
retrato, miró un anciano encorvado, quebrantado, cuya blanca sotana brillaba bajo la capa
roja. y que se apoyaba con un brazo en un prelado &lt;le su Corte, y con el otro, en uno de sus
oficiales. Apartándose, como se lo recomendara Montfan6n, para. no atraerse une. reprimenda de los guardiants del jardín, pudo estudiar á gusto el fino perfil del Soberano Pontífice, que se detuvo ante un· macizo de rosas,
á hablar fau,iliarmente con un jardinero que
le escuchaba arrodillado. Vi6 la sonrisa de infinita indulgencia de su boca de corte espiritual; vi6 el relam paguro de sus ojos radiantes,
que justificaban el dictado de «lumen in crelo,»
aplicada al sucesor de Pío IX por una célebre profecía. Vi6 la mano venerable, la mano
pálida, diáfana, que se eleva para dar la bendición solemne con tanta majestad, levantarse basta una espléndida rosa, y vi6 los de-

El dibujo que aparece en nuestra primera
plana, representa la escena de declaraci6n
de la muerte de Su Santida&lt;1 León XIII.

VERSOS DE LEÓN XIII.
Reproducimos en italiano y en español, la
poesía que Le6n XIII envi6 al célebre historiador milanés César Cantú, con motivo de la
felicitaci6n que éste le dirigi6 en vísperas de
las fiestas de Navidad y dd Afio Nuevo.
Dice así:
LA :MORTE

dos, desprendido!' del blanco mitón, inclinar la flor sin cortarla, como para no lastimar
á una frágil creatura de Dios.
El anciano Papa aspir6 un segundo el perfume de la rosa recién abierta y prosiguió su
marcha haciit el carruaje, cuya Ailueta se divisaba vagamente entre los troncos ele las encinas verdes.
Los negros corceles arrancaron con un trote
sumamente rápido, y Dorsena, volviéndo!&lt;e á
Montfan6n, mir6 gruerns lágrimas al borde de
los párpados del vi&lt;·jo zuavo, que, olvidando el
resto de su conver~ación, exclam6 suspirando:
((-He ahí el único plac~r del que es, sin
embargo, el sucesor del primer apóstol oler
las flores y caminar leguas y leguas en c¡rruaje, lo más de pri!&lt;a que pueden correr sus
caballos ...... Se han arreglado cuatro tristes
ki16metros de camino &lt;le rueda que se cruza
en forma de madeja sobre sí mismo, al pie de
la terraza donde nos hallábamos hace un momento ...... Y por allí va él y camina y carnina, haciéndose la ilusi6n del vasto espacio
que le está prohibido recorrer ... .. .
Espectáculos muy trágicos he visto en mi
vida, ¡vaya! He combatido y he pasado una
noche entera herido en un campo de batalla
entre dos muertos y sintiendo que me rozaba¿
al paso las rue&lt;lm; de la artillería de los vencedores, que desfilaban canta~clo ...... Y, sin
embargo, nada me ha conmovido tanto como
el paseo de este anciano, que jamás ha proferjdo una queja y que no posee nada suyo, máa
que esa fanega de tierra, para moverse libremente ..... .
Pero hay una palahra magnífica que este
santo anciano escribi6 en una ocasibn de su
puño y letra, abajo de este retrato, d;stinado
á un misionero. Es de Tertuliano y explica
por sí sola la vida de León XIII: «Dehitricem
martyrii fidem, la fe está obligada al martirio ...... »
P A UL BOURGET.

LA MUERTE
Ya al extinguirse tardo el sol poniente
Brillan, Le6n, sus rayos en tu frente; '
En las exhaustas y cansadas venas
El ritmo de la vida late apenas. ,
Vibra, muerte, tu dardo· el cuerpo inerte
Será frío despojo de la ~uerte.
M~s,. rota su pasi6n, con santo anhelo
Rap1da vuela el alma y busca el cielo.
Acaba el largo y áspero camino,
i~ al fin, .Señor, descansa. el peregrino!
S1 tu graCJa merezco, Dios clemente
Repose en ti mi alma eternamente. '
LEóN Xm.

Del sol cadente che si na~conde emai
Splenden, Leon, su te, gl' ultimi rai ·
Nelle riar1&gt;e vene inardita
'
Lenta, lenta si spegne omai la vita.
Vibra morte lo stral, le fredde spoglio
Chiuse in funereo vel, la tomba acogli~·
Ma. fuor di sua prisione lo spirito anelo'
Ratto dispiega il vol, ricerca il cielo.
D'aspre lunga. cammino questa meta·
Beh! Signor mio, la santa voglia acq~eta
E se di tanto, tua mercé, son degno
'
Lo spirito accoglie nel beato regno. '
LEoN Xm.

EL FIN DEL POEMA
Afüi, en el lejano barrio de torcidas callejuelas, vivía en su destartalado cuartucho el
pobre «Mirlo de París.• Su pequeflo cuarto era
un nido de ha.~bre y de poesía á donde llegaban los ecos distantes y alegres de la gran ciudad. Ali~, en s~ apartado rinc6n, el poeta cantaba el himno a la luz y rreaba la rima bella
y potente.
Hacía ya algún tiempo sofiaba con el pujan·
te vuelo de las aves. ¡Oh! Ama ba las alas las
alas que cruzan la gran inmensidad y co~du-

León XIII y su familia en 1867.
cen hasta el azul. Su sueño, en el que también se mezclaban los horrores de la miseria,
era uu poema, y ese poema, con su parvada de versos locos y suhlimes, le llenaba el
cerebro á manera. de pájaros bravos y cautivos.
Y aquella. noche de crudo invierno, con el
estómago vacío y las manos ateridas y heladas, miró fijamente por el ventanillo de su
buhardilla hacia allá, hacia el riñ6n de la gran
ciudad donde se alzaban los palacios iluminados, y:dijo: «Para vosotros, ricos potentados
que ahora, en estos momentos de mi tristeia,
os calentáis á la lumbre de la estufa y lleváis
el est6mago satisfecho; para vo,-otros, los poderosos que despreciáis el harapo y os reís del
verso sellsible que canta el dolor; sí, para vosotros, voy á abrir la puerta. de la. jaula á mis
fieros aguiluchos; ya sentiréis el mordisco de
su corvo pico.• Y agarrando la pluma, puso
este título: «La Miseria.»
La buhardilla enmudeci6, y en medio de
aquel silencio s6lo se oía el arafiar de la pluma sobre el papel y á veces un nervioso castafletear de dientes.
Las cuartillas se amontonaban una tras otra
garrapateadas á la ligera por el rasgueo ince~
sante de la pluma. Las horas pasaban y pasaban.
Fuera, la nieve, con su mon6tona canci6n
y dentr?. 1.a loca fiera olvidad9: del hambre
del sufr1m1ento. Ya el poema iba á concluirse, cuando de pronto un grito desesperado:
«¡ No hay tinta!», y el poeta 1:1e irgui6 como un
loco. Y aquel eco, que reson6 en las tinieblas
como un gemido, era el grito del luchador
que quiebra su espada en el combate la maldici6n del mendigo á quien se le arrebatase el
último pedazo &lt;le pan que come; y entonces,
como un le6n que se vengara á sí mismo se
hundi6 la pluma en un brazo, y empapándola
repetida!! veces en la roja tinta de sus venas
escribi6, triunfante, sus últimas estrofas be~
llas y atrevidas como banda de soberbias águilas!

A JALAPA
Cesto de lises donde Amor anida,
Vell6n de armiño, columbina pluma,
En el collado tu beldad se esfuma
)Iientras menos visible más querida.
De níveo raso y de cresp6n vestida
Velo nupcial á tu esplendor la brum~
Eres flor de la niebla., flor de espuma'
Por el viento del trópico mecida.
'
Brillas en la serena lontananza
Con prestigiosa irradiaci6n suprema,
De fuegos en munífico derroche,

Y, saga de ilusiones y afioranza
Pareces en la sombra una diade:na.
Caída de la frente de la Noche.
RAFAEL DELGADO.
Hay dos cosas á las cuales es preciso acostum.brarse, so pena de encontrar insoportable
la vida: son las injurias del tiempo y las injusticias de los hombres.-CHA::lffORT.

*

Suel~n las nubes hacer sombra al sol: así
las pasiones se la hacen al raciocinio.-PLUTARCO.

y

RAFAEL ANGEL TR-0YO.

Es más difícil aceptar un consejo que rehusar un regalo.-TO)!MASEO.

El Interior de la Basílica de San p edro, donde estuvo expuesto el cadáver de León XIII.

�E L MUNDO ILUSTR ADO

Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Julio de 1903.

En d Uaticano
te6n

xm intimo.- ta misa.-

€1 paseo por los Jardlne s. - tas
audltntlas.- €1 almutr%o.-tas guardias.

La dolorosa impresión que en :México, como en los
demás pueblos del orbe católico, ha causado la muerte
del ilustre anciano que durante un cuarto de siglo rigió los destinos de la Iglesia, nos obliga á publicar la
información gráfica que aparece en estas páginas, y que
consideramos &lt;le importancia para nuestros lectores.
Mucho se ha escrito acerca de la vida del Papa, y
con los detalles de sus costumbres, para no hablar más
que del León XIII íntimo, podría formarse un libro;
pe10 en la imposibilidad de dará este artículo mayor
exte~sión que la que nos permite el limitado espado de
que disponemo~, nos concretamos á publicar únicamente los apuntes necesarios para la explicación de nuestras i lustraciones principales.

derecha y á la izquierda del tabernáculo, se en_cuentran
dos candelabro¡;, considerados como verdaderas Joyas del
arte, y dos estatuas de santos. Pío Centi:a, invariable!llente asistía á Su Santidad en la ceremoma. Los dommgos
y Íos días de fiesta el Papa, si se encontraba bueno ue
salud, ofrecía Ja diisa en la capilla que precede al salón
del trono, permitiéndose á algu~as personas, como una
~racia especialísima, que concurrieran á eJla oyéndol_a desJe una sala vecina, cuyas puertus permanecían abiertae.
d,e6n XIII1 asienta el autor de Ja obra á que nos referíamos, decía la m1sa muy lentamente, con profunda piedad y conciencia muy exacla de la grandeza de esta función «temible para los miamos ángeles,,, como revelá la Iglesia.»
Después de haber celebrado el santo
rncrificio, el Papa asistía .í otra misa,
dicha por un capellán de servicio. Era
su acción de gracias.

LAS PRIMERAS ORACIONES.

León XIII, comunmente, abandonaba el lecho"á
las seis de la mañana, hora en que su camarista, Pío
Centra penetraba en su habitación para ayudarle á
Yestirs~. Su cama era sencilla y muy estrecha; al pie
de ella se veía un reclinatorio cofl un gran cojín rojo,
y sobre éste, el «libro de horas.» Pasados algunos momentos que Su Santidad empleaba en el aseo sumario de
su persona, se disponía á rezar las primeras oraciones, encaminándose después á una pequeña sala, contigua á su cuarto, para celebrar la misa. E l altar se
levanta sobre una p lataforma de un solo escalón; á la
l. León XIII en su despacho. - 2 á 7.
actitudes.-8. El estandarte pontificio.

.

EL DE&lt;;AYUNO.

El desavuno de Su Santidad consistía en una taza de chocolate ó café
con leche. En los jardines del Vatieano, desde 1888, había constantemente
algunas cabras que los carpinetenses
regalaron á su ilustre conterráneo, y
que proporcionaban la leche necesaria
para el alimento del Pontífice. )luchas vece¡;,, durañte su paseo de cos-

Expresiones y

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1

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á. ~- El Pa.~a. de pa~;~:. ll~gad~~-á, lo.s ja.rd: nes;. el de~ca~~ e;J; ~v~sta. con su sobrino.- 9 yl0. En la. cportentina.&gt;- 11. S u Santidad rn coche,
,f.(!,;"! I

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Julio de 1903.

EL ALMUERZO

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Poco después de medio día, Su Santidad
almorzaba caldo, huevos y carne; esto era todo. Solía tomar, además, una copa de burdeos y un poco de ensalada, que ordenaba se
le condimentara burlando la vigilancia del
Doctor Lapponi, que se la tenía prohibida.
Ultimamente, el Papa almorzaba siempre solo,
pues raras veces lo acompañaba á la mesa su
Secretario particular ú otra persona. La costumbre que en otras épocas existió de servir
un almuerzo para doce de los dignatarios más
notables, después de servir el del Papa, qued6 no hace mucho tiempo suprimida.

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Domingo 26 de Julio de 1903.

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'

EL PASEO EN COCHE

1/

Tras una corta siesta, los «sediarii» conducían á Le6n XIII en una silla de manos ( irportentina") hasta las rejas del Vaticano 6 la puerta de Pablo- V, donde, por lo regular, lo esperaba su coche.
El cortejo pontifical que acompa:fíaba á Su
Santidad, se componía de dos guardias suizos,
con la alabarda en el hombro; dos guardias
nobles y un camarero. El Papa, con su séquito, atravesaba generalmente las salas de Rafael, las galerías de los mapas geográficos, el
ea16n de las tapicerías y el de los candelabros,
para bajar por la gran escalera del Museo hasta la entrada de los jardines. Durante su paseo en coche, iba siempre escoltado por guardias nobles á caballo. Este paseo, ordinariamente, duraba dos horas que el Padre Santo

~

/ C&gt;ó r.J/'\."
~ \ _j \

vlJL/P
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,

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~

empleaba en leer su breviario 6 en conversar
con las personas de su séquito. La hermosa
calle cercada con plátanos y con encinas que
va de la puerta angélica á la puerta «cavalleggeri,» fué la preferid;¡, del Papa para su paseo
ordinario.
EL GABINETE DE TRABAJO

El despachode Su Santidad era sencillísimo:
un cuarto amueblado con algunas sillas forradas de tela roja, y un escritorio «ministro.»
Al frente de éste un sill6n y una pequeña mesa con cubierta de terciopelo verde. En el despacho, casi siempre, se veía una jaula con
pájaros cuyo canto constituía la única nota
alegre de aquel severo cuadro.
LAS GUARDIAS. -LA FAMILIA PONTIFICIA

Para terminar, agregaremos algunos apuntes relativos á los guardias del Vaticano y á la
familia pontificia.
La Guardia Noble se compone de un coronel, un teniente, un subteniente, ocho «exentos,,, un «exento&gt;, con fuuci6n de Ayudante,
ocho «segundos,» un «segunclo» con función
de ayudante, cuarenta y ocho guardias, un
furriel, ufi escudero, cuatro clarines, un maestro de armas y un almacenista. Para pertenecer á esta guardia, es preciso, además de poseer un capital de 20,000 francos, como mínimum, presentar un título de nobleza reconocido de setenta afios atrás por la Corte -pontificia.
La guardia suiza reside en un cuartel anexo

tumbre, Le6n XIII acarici6 aquellas cabras y convers6 alegremente con el
pastor encargado de cuidarlas.
'
LAS AUDIENCIAS.

Tod_os los días, á las ocho de la mafiana, el Cardenal Rampolla era recibido por
~u Santid~d, y después de la entrevista, que duraba más 6 menos tiempo, según la
importancrn de los asunto~ tra_tados, el augusto anciano hacía la corta jira, que tan
grata era para_él, por los JardmeR. _Hablaba, á veces, con su jardinero, para darle
«buenos conseJoS» en punto á botámca, y, tras uri momento de desc:mso se dirigía al
s~l6n donde regul_armente daba audiencia á los dignatarios de la Iglesi~ y á los particulares que pr~viamente lo hubieran solicitado.
El ~eremomal de costumbre en estos casos, es muy curioso: primero, el triple
s~ludo, o sea uno á Ia puerta de entrada, otro en medio de la sala y el último á los
pies del Papa, á qu~e':1 se besa la ~andalia. Durante la audiencia, ei' Pontífice permanece sentado y el v1S1tante de pie. Concluída la entrevista éste para no dar la
espalda al Padre Santo, sale andando hacia atrás, y nna vez 'que d~saparece, el Papa ordena la entra~a de otra de las personas que esperan verlo, y aRÍ Rucesivamente ~a.s ta que Joda~ o algunas de ellas, según el caso, han logrado su objeto. Los no
catol~cos, están dispensados de la observancia del ceremonial.
¿Como he de ~acer?-preg_untaba una ocasi6n al Mayordomo un norteamericano
prote~!'3-nte, á quien Su Santidad había concedido una audiencia. El Mayordomo
ocurrio al Padre
para resolver .el punto, y Leo'n XIII 1e d'·
· f Santo'b'd
1Jo: «Deci'dl e que
h aga como s1 uese rec1 1 o por el Presidente de la República de los Estados Unidos.»

.t
1

11

••

(. f ' '
~~~~==~.=:=:::=:::======:s¡¡¡¡¡ii55¡¡::: :;=~:=::~

l. Une. función pontifical. - 2. La. guardia palatina. ~e.;l:p:e.:sa:r~S:~.S~.~ 3~0::fi.~l
.
c1a es de la. Guardia Noble -4 M
· ·
a.estros de ceremonias del P apa.
5• L a escolta del Papa,

ra\i;t~rior ~e la Capilla S_ixtina.- 2. Ayuda. de cáma.5 León ~ªrr· 3. Uncsecretario.-4. Caballerizo de S S
•
Y su orte íntima.
· ·

al Vaticano y está especialmente encargada ~e
vigilar las salidas y corredores del Palac~o
Pontificio. Su instituci6n data del Papa Juho
II, y el dibujo de los uniformes que lleva, ~s
obra de Rafael. El personal consta, aproximadamente, de cien hombres.
Completan el «Ejército Pontificio,» los individuos de la Guardia Palatina y los Gendarmes del Vaticano.

***

La familia pontificia la componen: 1? Los
Cardenales Palatinos, llamados así porque habitan en el Palacio Pontifical.-2? Los Prelados Palatinos.-3? Nueve camareros secretos
de Su Santidad.- 4? Un sacristán, confesor
del Papa.-5? Un Secretario de la Cofigregaci6n del Ceremonial.-6? Los Prelados de la
Casa de Su Santidad. Esta comprende diversos cole~ios; entre otros, el de Prelados asistentes al trono y el de los protonotarios apost6licos.
Además, figuran como miembros de la Familia Pontificia un gran número de camareros, el Estado Mayor y los Oficiales Superiores de la Guardia Noble y de la Palatina y los
familiares.
Por separado, publicamos un grupo que representa á los miembros de la familia Pecci
que vivían en 1867, y una vista del interior
de la Basílica de San Pedro, donde estuvo expuesto el cadáver de Su Santidad el jueves último.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Julio de 1903.

casi todas las graderías interiores y parte a;1
exterior, quedaron convertidas en huna t~~:cii
escombros en un gigantesco esc?m ro e _e i
su obJeto preciso, a.1entero·, se itegó á olvidar
gunos supusieron que est a.b a cubierto por una. techumbre cónica.
te
y empezó su explvtación secular como can ·
ra; hasta. que por fortuna., un _gran i?ªPª culto,
Benedicto XIV, después de mediar el sigl_o XVIII,
lo consagró como un templo á los mártires Y poco á poco quedó limpio, en parte r_esta.ura.do Y
sus fragmentos sostenidos con altísimos ta.ludes
de ladrillo que, feos_ como_ son, serán perdona.dos en gracia de la. mtención.

***

DIAS DE ROMA.
El Coliseo.-·Las Catacumbas.
Cuando iba á escribir su Ifigenia, Grethe estuvo largo tiempo estudiando en estampas las
obras maestras de la escultura griega; eo buena
receta. ésta y lo prueba que vista. á distancia. la
tragedia. del maestro de Wéimar, se antoja hecha. por Eurípides, sin parecer, sin embargo,
un remedo (¿cómo se dice &lt;pastiche&gt; en castellano?) . Pero es muy difícil, imposible quizás,
substituir ese promedio de estados de alma que
se llama &lt;el espíritu moderno&gt; con el equivalente antiguo; hundirse á fondo en la. litera.tura de
una época., aproxima algo, ¿,pero quién se hunde
a.sí? Yo creo que el caso es rarísimo, sobre todo
cuando se trata de poetas, ¿.quién que no sea
francés, inglés ó español, puede creer que de veras penetra. en el alma. de la. poesía española,
francesa ó inglesa.? Los poetas no se traducirán
nunca., por eso; un elemento irreductible, intraducible se esJa.pa.rá eterna.mente á la. versión. En
cuanto á explicarlos, ya. es otra. cosa.; no hablo
de Víctor Hu¡¡;o ó Emilio Ca.stela.r explicando á
Shakespeare y á Byron, porque aunque los poetas poseen intuiciones maravillosas para. comprender á los poetas, por regla. genera.! tienden
á identificarse con ellos y los deforman espléndida.mente, y es el ca.so de Hugo y Ca.stela.r.
Taine, Menéndez y Pelayo, que son artistas, pero que son estudiantes, que sienten, pero que
conocen el método, analizan mejor á los poetas
exóticos. Pero no ,e trata. de eso, se trata. de convertirse en ellos; y para la empresa. que a.puntaba. a.l principio, de substituir á nuestra. alma individual la colectiva. de un tiempo lejano, valen
más lii,s artes de forma visible, palpable, transformable, las plásticas: pinturas, estatuas, relieves, monumentos .... Yo habría. querido sentir como los roma.nos sentían; ¿pero cómo, sin
preparación bastante, sin tiempo suficiente"? Lo
que hacía. era graduar un poco para prevenirme
mejor, sin a.tender á cronologías, sino á la. importancia creciente de obras de carácter determina.do.
Por supuesto que estoy contando una. fábula.:
no hice esto; el primer día. que estuve en Roma.
me fuí á ver el Coliseo, me harté de él los ojos;
pero cuando volví, la. última. vez, sobre todo,
puse en planta. mi sistema.: lentamente me dirigí
á él desde el Foro: Ara.luce me acompañaba y
quise que tuviese conciencia. de la. conciencia. que
tenían los romanos de su grandeza y su fuerza.;
éste es el fondo del alma. romana.; el romi,,no luchó por ser fuerte, se sintió fuerte luego y trasmutó su fuerza. en grandeza. al ci.bo; y no sólo
la. fuerza. física. que depende del ejercicio, sino
la q.ue dimana de la voluntad y se trasmuta. -en

fuerza moral (&lt;virtus&gt;), ésta., sobre todo, laque,::
tiene a.l carácter por músculo y por a.rmll.. Esta.•·
fuerza. moral roma.na., fué su don de mando, ca.da. vez más penetra.do de razón; el &lt;j us&gt; transforma.do en jurisprudencia ... Y me callo á tiempo, esto va. volviéndose disertación de escuela.
de derecho ....
El Coliseo es el sello de la. grandeza. romana.;
el alma romana. se sintió traducida en aquel monumento imperial: grande, dura., orgullosa., profundamente despreciadora. del dolor ajeno: cuando se hizo huma.na., cuando se hizo cristiana., se
disolvió y se trasmutó; fué cuando el «Forum&gt; se
convirtió en el &lt;campo vaccino&gt; y el Ca.pitolium
en &lt;ca.mpidoglio&gt;: mejor para. el wundo, pero
su alma histórica había muerto ....

*
**

Vagar y diva.g¡¡.r en las ruinas del Foro, dejar
venir lenta.mente del fondo de los siglos bajo la.
triple nave de la. formidable basílica. que Constantino le robó á Macencio, un sentimiento inexpresable de admiración y sumisión; poner nuestra alma. en contacto con la penumbra de los
tiempos muertos, subiendo por el borde de la.
hondonada. del Foro al a.reo de Tito, acora.za.do
hasta. hace un siglo con los restos de la. fortificación que en él habían apoya.do los tei-ribles
señores bandidos medioeva.les y a.bí detenerse,
para. recibir un bailo de suprema melancolía, no
sé qué boca.na.da de tristezas y nostalgias que
vienen de muy lejos, de muchas tumbas sin cruz,
sin nombre, sin muertos .... Es el mismo efecto,
en el orden subjetivo, que produce el acercar al
oído un caracol para. percibir el ruido lejano
de la mar, el caracol es un fonógrafo del océano; así, aquí, se oyen las tumbas del mar de las
edades. [Este cliché viene también del fondo de
la. retórica..]
Luego se baja. a.l a.reo triple de Constantino,
tan censura.do y tan hermoso, y se desciende al
salir, á un sitio centrado por un cono medio
deshecho, ruina de la gran fuente en que se lavaban los gladiu.dores sudorosos &lt;meta. suda.ns&gt; ....
Largo rato hace que venimos viendo el Coliseo; siempre produce la. misma impresión aplastante, lo mismo cuando se le ve de golpe viniendo en &lt;vettura&gt;, entrando en la. depresió.i en que
se yergue y corriendo á. todo galope jle los incansables jamelgos roma.nos en torno de la circunferencia exterior del edificio (más de medio
kilómetro) que bajando á él á pie y lenta.mente
para. enfocarlo bien.
Está en una depresión; parece que con su ma-

sa. ba. hundido el suelo ... . Más allá de los bor-s
des de tierra, se ven jardines, casas, templos, el
arco de Constantino .... Sabemos bien lo que ali
hubo: las termas de Trajano, el doble templo
Roma y Venus, unidos por los ábsides (por el
lado del Coliseo se entraba al de Venus, allí ea•
taba. frente á él, el coloso de Nerón .... nieto d
la dama. Nerón, como sabéis, era descendien
de Venus; porque la familia. de Julio César des•
cendía de Eneas, hijo de Venus, y Nerón deseen•
día de Au¡rusto, sobrino de César, por su madre
Agripina. (hermana de Ca.lígula,. l'. .... no le~is
á Suetonio) por su abuela. Agr1pina [la muier
de Germánico, era. éste un excelente muchacho,
¡pero qué sangre, Dios mío, qué sangre!] y por
su bisabuela Iulia: una verdadera sacerdo\isa
tle Venus la. señora esta. ....
El Coliseo tiene un color singular; tiene color
de olla. puesta. frecuentemente á la lumbre; algu•
ná. vez, a.l sol pleno, parece color de sangre lavada. y restregada; por una gran porción de so
circunferencia., el Coliseo es elíptico, pero á pri•
mera vista. parece redondo; perdió ha. tiempo su
parte superior que al derrumbarse ha. irr&lt;lgularizado artísticamente }as líneas del contorno.
Pero hay un lado, donde los restuuradores ba.n
realizadv una. no escasa. labor, en que se puede
medir completo en altura el edificio, tal como
ra. Cuatro pisos, de, arcos superpuestos, exceJ.!•
to el más alto en donde los claros son cuadr1•
longos ent1·e pilastras; los tres inferiores ornados de columnas un poco empotradas en los mu•
ros; en ellas del dórico a.l jónico y a.l corintio,
se asciende por los tres ór(lenes clásicos; un ar•
q uitecto griego se habría escandalizado, por
supuesto, de esta triple serie. de columnas puramente ornamenta.les, que no sostienen nada. La
ventaja de no ser a.1·quitecto griego es inmensa,
la comprendo en ebte instante en que me encanta
tamaña heregía. académica ... Inúti.1 decir q ue:18ol
estatuas que brillaban bajo las ar.cadas, brillan
ahora poi· su ausencia; ó sirvieron para. romper
las cabezas de los bárbaros, ó los bárbaros lea
rompieron las cabezas, ó ya en tiempos más cul•
tos fueroQ destina.das á los hornos de r.al, por
otros bárbaros más bárbaros que toda la barba•
ríe junta.
Porque habréis de saber que esta enorme mole,
varias ocasiones incendia.da y quebrantada pro·
fundamente por los terremotos, una. vez que las
luchas de gladiadores cesaron y luego terminaron las de fieras, sirvió en parte de fortaleza
como todos los mo,numentos romanos á los tarri·
bles nobles que se disputaban los jirones de la
ciudad eterna p.ara. ser .dueftos de los papas, 1

Entramos después de besar yo piadosa.me1:1te la
lá . da de consag1·ación (con ese beso se obtienen
lar~a.s indulgencias, largos perdones:-lo queed
im erdona.ble, me decía. Deffis, es qu~ oes~ uste
esf iedra. en que han dejado su~ m1crob10s los
labi~s de dos millones de peregrmos; es verdad,
ro O soy en el fondo muy pueblo, muy_ perepe_ o). Un sol débil, un sol de decadencia., un
f~t°sin color nos entibiaba á través de los espesos sobretod~s .... Nada se nos figuró,_ nada !!u•
dimos evocar, no vimos ni á los mártires, m á
las fieras ni á los grupos de orantes rodeados
de muerU: ni á los gladiadores, desnudos ó vestidos de hierro luchando con lanzas, con espadas con tridentes ... No vimos na.da; allí esta~&amp;
la «logia&gt; imperial, no nos tué da!1o reconstrmrla. allí la. de las Vestales, imposible de figurárn~sla: En ese cráter que ~a.!-'8cía d~~trozado por
verdaderos ciclones de dehr10 homici!1~• DO acrr·
tamos á figurarnos la lava en ebullición de a.s
multitudes.•••
1· ó ó
Bajamos á la. arena, el guía nos exp ic e mo
se convertía aquel recinto en estanqui: para ~as
na.urna.guias sin inundar todas la.s oficmas ba.Jas
del anfiteatro, los cubiles de las fi~ras f~rma.dos
de enormes bloques comunicados mgemosa.mente con las bocas de salida al niyel de la. a.reo!!',
y los espolia.ríos, y todo ello si1;1 estar 1i:erméticamente cerrado y no lo entendimos. Vunos el
suelo surcado p~r varias fosas de donde surgían
las má,luina.s y las decoraciones para. los espectáculos, formidables tramoyas para fl!-r~as generalmente trágicas, que hacían 1~ delicia. de sesenta. mil espectadores, enfurecidos por la tensión nerviosa., por el olor de la carne huma.na
revuelta. con la animal, por el olor dela sangre.
[Y azorémonos ahora de los emp_era.dores aztecas sacrificando millares de víctuna_s, monótona y ritualmente, hasta apestar una. ciudad en~ra. de vapor de sangre y enfermarse y morir
cansados de arrancar corazones: claro qu~eran
animales feroces y claro que lo era. también el
cantor de las rapsodias homéricas que á través
de su lente de esmeralda., atisbab!!- la agonía. de
las víctimas y las victorias f,·enética.s de los leones sobre las frágiles y dulces muchachas arrancadas á las catacumbas.]

***

No vi na.da.; vi allá arriba, en el ~iso más a.~to
del Coliseo á unos peregrinos meJicanos (oa¡aqueños), q~e me reconocieron, me saluda.ron, ID:ª
abra.za.ron y yo les he de haber recordado~ Chila.m-Bala.m sacerdote maya, y ellos me tra.Jeron
á la. memoria. á Ahuizotl, empera.dór azteca.. No,
ni ellos ni yo, a.grE:gábamos lineas estéticas á
aquel cuadro grandioso y que nos parecía. mudo
porque no entendíamos su lengua. .... Como que
hablaba. latín ....
Cuando vino el crepúsculo, la sombr_a, 11!' noche, sin estrellas, sin luz azul y misterio~a,
aquello tomó, toma forzo~am~nte a.un á los OJ_os
menos habituados a.l sortilegio de las evocaciones, que no son más que la objetiv9:ción (1) de
la visión interior, un aspecto fa.ntást1co y temeroso por extremo; dan ganas de marcharse. El
guía. retiene explicando las línl&amp;S de arcadas
sosteniendo las graderías, las zonas de graderías separa.das por muros exuberantemente de·
corados· el sitio de los emperadores y las Vestales y l~s sena.dores y la. guardia, el de los _emplea.dos y gentes distinguidas, y ,allú ar~iba.,
junto a.l muro hoy _para.do .Y vacio, a.l pie de
los marinos que cuidaban de tender los vela.ríos, el pueblo, la. plebe, los «pela.dos,&gt; &lt;pilluti,&gt; que decían los roma.nos, y entonces ~i
hierven y viven todos aquellos huecos carcomidos, desquebrajados, rotos, rellenos de sombra
y de sombras ... ~l Dante que, busto _d~ náufrago entre las olas negras ó barquero s1mestro en
el mar del dolor, diouja su figura en todas las
tragedias de la.s cosas ó de las almas, Dante debe ae haber visto aquí en escorzo sus círculos
infernales; no les fu.Ita ni la. gran brecha trazada por el paso del Cristo que vino del sepulcro
para libertar las almas de los que en él había.o
creído antes de él. . .. Una. la.va más negra que
lo negro, más obscura que la muerte, suuia. á
borbollones del fondo de esas fosas .... De sus
olas espesas emergían las esca.las de luz por
donde subían y bajaban los ángeles ante los ojos
estát1eos de hvrro1· y ue fe, de 10s mártires cuyo
fanatismo fué la levadura uel mundo nuevo ... .

***

Las catacumba.s se pueden visitar de tarde, muy
tarde, no importa, allí siempre es de noche.
Cuando hice mi primera visita, el frío, la. lluvia.,

la. bruma hacían de la Vía. Appia, á cuya vera
existen l~s minas sepulcrales, un vestíbulo admirablemente acorde con el dédalo nocturno en
que íbamos á hundirnos. Nuestros coches abrían
un verdadero túnel en la glacial de~sida.d de la.
lluvia. de átomos de nieve, de la m_ebla crepuscular· los mármoles de la Vía Appia que desfila.bao' á nuestro lado, esfumad?s los contornos,
adquirían vaguedades fantásticas de ensueilo.
Paró el carruaje, bajó el guía., sacl!'mos con trabajo la cabeza. y en pos de las narices congela.das, la vista. empañada y acet tamos á verá n_uestra. izquierda. la silueta borrosa. de una capil!a.,
triste, desnuda., cualquiera, sol9:. En el friso
leímos: cQuo va.dis Dómine.&gt;. Ba.¡amos llenos de
sorpresa de emoción; estuvimos allí algunos
minutos 'parados, silenciosos, ¿qué era? ¿qué
veíamos'f nada ó casi nada.. Todo el poema de
Sinkiewicz que era. ya popular, que todos habíamos leído releído, invadió nuestros recuer_dos
y sentíamos su vida, su pasión y_ ~u color girar
en torno nuestro: el apóstol fug1t~vo, el fantasma del Maestro, la. aterradora uulzura del reproche. .. Todo lo revimos en ~n relámpago Y co~
la certeza de esa. visión seguimos nuestr(! ca.mino, más silenciosos, más ate!'idos, más tristes.. •
Yo tengo una. porción de certe~a.s absu_rdas que
forma.u una especie de decoración obligada. de
mi poca filosofía y de mi esca~a. ciencia_; son
bastidores pálidos, bor.ra.dos,_ ra.idos ~e mi tea:
tro interior un teatro mcend1a.do varias veces,
pero los vetustos y carcomidos telones al_líestán?
ni modo de evitarlos, ni modo de destruirlos, m
modo de retocarlos ... Esto lo he intentado varias
veces han resultado pintarrajea.dos, ridículos. ..
Uno de estos torillos, como dice~ los escenógrafos, e&amp; la. convicción de que_he visto, de qu~ _he
vivido ciertas épocas históricas, me son fa.mi ha.res · cuando he leído narraciones y descripciones
de ~lgunos de los episodios ~ue constit~yen su
trama, no me parece que me mformo, s100 que
recu.,rdo, recuerdo los detalles que leo y ot~os
que no leo, sino que evoco; na.t~ralmente_el tmo
con que he escogido involuntariamente mis reencarnaciones retrospectivas, revela~ mi temperamento psicológico [lsi no habré dicho una tontería!]: yo he navegado con los fenicios en busca de la Atlántida.; he visto c,antar á Sófocles,
bh,ndo adolescente desnudo y bello, el peán de
la victoria de Sala.mina; he asistido á las tragedias del cristianismo naciente ¿era. yo cristiano·~ ¡Ay! no; estaba entr~ los de Ne~ón y Domicia.no, por miedoso; he sido UJ? mon¡e espa~ol, y
he sido reformista en Alemania. y revolucionario en Francia., pero ya estos a.va.tares son. un
poco escogidos por mí desde ahora., son actitudes no respondo de ellos. Creo que á todos suced~ria. lo mismo y no me explico de otro modo
porqué estudiando ciertos períodos históricos se
sufre tanto, ta.oto, ó se goza. tan apasiona.da.mente ....

y

** *

Habíamos llegado á las catacumbas de San
Seba.stián. Las catacumbas [este nomb1·e secomenzó á usar en los siglos del cristianismo triunfante el nombre genédco de &lt;cementerio&gt; es el
usad~ por los cristianos primitivos] son excavaciones hechas en el subsuelo de la campiña
romana, principalmente por los cristianos delos
tres primeros siglos. El terreno se prestaba; el
culto de los muertos, forma de toda religión
na.ciente, expresión genuina del sentimiento religioso primordial en la humanidad de las edades
prehistóricas, exigía. á los adeptos del Cristo
conservar sus muertos y más cuando éstos en
sus lechos de tierra., debían esperar, según la.
creencia, en la. resurrección de la. carne, el supremo día de la justicia.; esta. fe, este dogma,
bastaba para. obligar á los cr~stianos á no incinerar sino á inhumar. Y lvs mhumados solían
ser la.~ víctimas de la intermitente, pero á veces
feroz persecución de las autoridades imperiales;
los restos recogidos a.l apagarse las antorchas
vivas, ó desatados de las cr.ices, ó extraídos al
píe del tajo dti los sacos de los verdugos ó piadosa.mente reclamados en los espolia.ríos de los
circos y de los anfiteatros, allí, en las paredes
de aquellas minas fúnebres, se depo&amp;itaban en
nichos, no profundos. para esconder los cuerpos
como en los camposantos de los tiempos posteriores, sino á lo largo de los muros, sino superficiales, para. tenerlos más cerca., para hacer más material, digámoslo así, la. perpetua
comunión de los vivos y los muertos, que fué
la. prodigiosa. fuerza moral de la religión naciente.
Creyóse antes que éstas eran inmensas canteras abandonadas, utilizadas luego por los cristianos; los trabajos estupendos (le Rossi han demostrado hasta la evidencia que esto no era
cierto: un cristiano ó cristiana rica compraba
al borde de la Vía un cementerio, erigía su mausoleo rodeado de un jardín, le pertenecía. el subsuelo, en él daba. abrigo á sus correligionarios
que cavaban, cavaban .. . Luego los subterráneos
se unía.o y á éstos otros, los que se abrían bajo
los terrenos adquiridos por las asociaciones de
pobres para enterrar sus muertos [ únicas que el
imperio permitía], y así se iba formando esta estupenda ciudad de la muerte, de donde, como en
los mitos eleusinos, iba. á brotar la llor de la.
vida nueva.. Cuando un subterráneo no podía
contener más muertos, se rellenaba. de nuevo con
la. tierra que se extraía de otros; algunas veces,

cuando contenía sepulturas de los grandes már·
tires confesores, se convertía en templo,~n salas
hondísima.s á veces, porque las catacu1:11 as son
pisos superpuestos de pasadizos, seáerig~a _el ali
tarde las tumbas allí oficiaba. el m s vi_eJo, e
resbítero como decían los griegos, ó el rnspecior el jef¿ de la comunidad, el epíscopéos, el
pa, como decían también los griegos; 1 presi ~
la~ ágapa.s, los banquetes ~ruga.les del pan Y
vino en memoria. de la última cena., Y genera
meo~ aquélla. era también la. cena postrera; en
la. noche perenne de las catacumbas se decí_an
todos adiós, se daban el beso ?e. paz, el anciano dirigía. a.l cielo sus preces pidiendo fe Y valor para aquellas almas ardientes y trémulas;
luego extendía sobre ellos las manos y luego, á
la. luz de las lámparas de arcilla, todos se sepa·a.ban el santuado de sombra quedaba solo. ...
~ l dí~ siguiente la. reunión se renovaba. en torno
del hermano, de los herma.nos envueltos en sus
sudarios y piadosamente reclamados en los espolia.ríos de los circos. . . .
.
La policía imperial conocí&amp; J?erfE:ctamente bie~
estos antros, y á ciencia y paciencia suya se hicieron· generalmente el respeto profundo del roma.no á, la muerte, los alejaba d~ ellos; algu~a.
vez como en los tiempos cruelís1mos de Dec10,
baj~ron allí los esbirros, mata.ron, emparedaron arranca.1·on á los fieles de sus tumbas. La.
pla~ta no podía arrancarse ya; sus raíces llenaban el mundo.

-~r
t

***

Visitamos la. iglesia. de este santo, el más popular quizás en la _leyen~a de oro y pú_rpura de
los primeros ma.rtiro~og1os, ~ue los pm_to~es y
escultores cuatro ó crncocentistas c~nv1rtier?n
en un tema. obligado, e~ una. a.ca.de~1a. (~e visto muchos San Seba.st1anes en Ita.ha.; mnguno
me ha gusta.do tanto como el del Sódoma. en los
Uffizzi, es la expresión más :µatética. del d0Jo1; físico que nos ha dejado el pmcel del Rena?umento). El monjecillo sacrisGá~ nos r~parttó unas
cuanta.$ cerillas, las encendió y ba1amos; ca.da
negro pasadizo de sombra y humedad parecía un
pe1da.ño de una escalera de la.bedntos que iba. á
parar al centro de la. tier~a.; tod~ estrecho, sofocante y triste con una t1·isteza mmensa; parece
que se ha dejado una. vida pura. entrar en otra.
Nichos vacíos, ménsulas en que se colo~aba.n las
lámparas de arcilla., poca. cosa. en conJunto.
y sin embargo, é~ta fué la verdactera catacum'ba. primitiva, aquí, una vez triunfante el cristianismo se a.glomera.ba.n los peregrinos; pero
tras las 'invasiones que destruyeron á Roma y
cercenaron terriblemente su población, vino el
abandono y el empantana.miento de la. campiña
romana.· lus bandas de forajidos eligieron las cata.cumb~s por madrigueras y las habrían despojado por completo, si los papas no se hubieran
a.presura.do á sacar los restos de los santos venera.dos ya., y de muchos anónimos para repartirlos en los templos de Roma. y de Ita.lía. Ya.
na.da queda aquí, nada. más que un recuerdo inmenso .... Hace esto la impresión de un viaje al
cristianismo naciente, penetra uno en sus eutrañas se 11,cerca á las palpitaciones de su.corazón,
á l~s que ya. se extinguieron también, y aquí reviven: cuántas sombras, cuántas naves se perciben aquí, cuántas cabezas inclina.das ante las
tumbas convertidas en a.ras santas, cuánto murmurio de cánticos furtivos, de oraciones en que
aleteaba. una esperanza infinita. .... ¡Cuántos luchadores por el Ideal! Esto es lo que hace sagradas y benditas la.s catacumbas, por esto se
besan con tan profunda emoción las reliquias de
las lámparas de arcilla ..... .

***

En Sa.n Calixto, el gran cementerio descubierto y estudiado por Rossi, abundan las inscripciones, los vestigios del primitivo arte cristiano,
que es el arte pagano purificado por el alientv
de las almas renovadas; todo está aquí lleno de
símbolos, de hieroglíficos, de inscripciones y los
mismos caminos, los mismos laberintos, la.s mismas sombras, á pesar de las lumbreras ó clara.boyas que tragan un poco de luz exterior .... A
mi compañero y á mi, nuestro guía. nos hablaba
mal de San Ca.lixto, un papa. singular, banquero y de malas costumbres el guardián de este cementerio, nos decía. Yo no lo escuchaba., á wí
no me importaba que no hubiese en las catacumbas ni cruces (sólo dos me parece) ni mucho
menos crucifijos. Aquí la imagen de Cristo simbolizada. por los Orfeos y los Buenna.stores es la
del Cristo triunfante; estos mártires, estos supliciados, no tenían ante los ojos el dolor, sino la
resurrección y la gloria; por eso vencieron. El
alma cristiana., el grano de sal que había de sanifica.r la tierra, esta aquí representa.da. frecuentemente en esa mujer que reza, &lt;la orante.&gt;
JUSTO SIERRA.

�Domingo 26 de Julio de 1903.

Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

UN GATO SARNOSO.
Un gato viejo, sarnoso, echado de la casa por sus dueños, se había establecido en ia calle, en la acera de nuestra casa, en donde un
rayo de sol de noviembre podía calentarl? aún. Es costumbre de al&amp;unas personas de piedad egoísta, de enV?,ar así~ p~rder, _lo más _leJos
posible, á los animales á quienes no quieren m cuidar m ver sufnr.
Todo el día lo pasaba lastimosameute sentado en el marco de alguna ventana, con el aspecto más desgraciado y humilde. Objeto
de disgusto para los que pasaban, amenazado por los much~c_hos, por
los perros en peligro perpetuo, más enfermo hora por hora, viviendo sabe Dios c~n qué despojos recogidos penosamente en el caño, arrastraba allí solo su vida, prolongándola como podía, esforzándose para retardar la muerte. Su pobre cabeza estaba corroída de sarna, llena
de costras y casi sin pelo; pero sus ojos, todavía hermosos, parecían
pensar profundamente.
Debía sentir en toda su espantosa amargura el sufrimiento, el último de todos, de no poder hacerse su «toilette,» alisarse la piel ni peinarse, como hacen los gatos con tanto cuidado.
¡Hacerse su «toilette!» Yo creo que para los animales, así como para
los hombrea es é1.a una de las distracciones más necesarias de la vida. Los m~y pobres, los muy enfermos, los muy decrépitos, que á
ciertas horas se componen un poco, 'y tratan de arreglarse todavía,
no lo han perdido todo en la vida. Pero no cuidar más de su finura porque ya 110 hay verdaderamente nada más que hacer antes de
la' podredumbre final, me ha parecido siempre el último grado de todo, la miseria suprema. ¡Ah de los viejos mendigos que ya tienen, antes de la muerte, tierra é inmundicias en la cara, de los seres carcomidos por lepra visible que ya no pueden lavarse, de los animales
sarnosos que no inspiran ya ni piedad!
Me daba tanta lástima ver ese gato abandonado, que después de haberle mandado de comer á la calle, llegué un día á aproximármele y á
hablarle cariñosamente. Yo sé que los animales llegan muy bien á
comprender las buenas palltbras, y encuentran en ellas consuelo y
esperanza. Por la experiencia de ser siempre maltratado, tuvo al
principio miedo de verme detener cerca de él; su primera mirada fué
de desconfianza, llena de reproches y de súplicas.
-¿También usted viene á echarme de este último rincón de sol?
Pero comprendiendo pronto que yo me le había acercado por simpatía, y sorprendido de tan buena fortuna, me dió su buena y cordial
respuesta de gato.
Trrr! Trrrl Trrr!, levantándose por cortesía y aun tratando de hacer
todavía el arco, á pesar de sus úlceras, en la esperanza de que quizás yo
llegaría á hacerle alguna caricia.
No, mi piedad, única en el mundo que existía para él, no llegaba
hasta allá. El placer de ser acariciado no volvería á experimentarlo
jamás. En compensación, se me ocurrió quitarle la vida inmediatamente, con mi propia mano y de una manera casi agradable.

Una hora después ( eso pasaba en la pesebrera, en donde Silvestre, mi criado, que v~nía de comprar el cloroforwo, le había decidido á acostarse sobre el heno calievte, en el
fondo de un gran cajón que iba á ser cáir~ara.
mortuoria) hacíamos nuestros prepnrativos
que en nada lo inqnietaban.

dar á los que sufren lo que ellos juzgan ser la
paz suprema el derecho de abrir á aquellos
que no lo ha~ pedido todavía, las.puertas de
la eterna noche.
Por una vez levantó, para mirarme fijamente, su pobre ' cabeza, pronto muerta;
ñuestras
.
dora,
miradas se cruzaron; la suya mterroga

de tu ventana, en donde los perros no me
atormentaban mucho, en donde no sentía mucho frío. Por las mafianas, sobre todo cuan:
do el sol daba allí, pasaBa algunas horas ca~1
soportables, mirando en torno mío el m?v1miento de la vida, interesándome en las idas
y venidas de los otros gatos, en ten_er aún conciencia de las algunas cosas, mi~ntras que
ahora voy á descomponerme para siempre, en
qué sé yo que otra cosa que no tendrá recuerdos: ahora c(yo no seré más nada.»
Yo he debido pefisar, en efecto, que en el
último estado de aniquilamiento se desea prolongar la vida por todos los ~edios, hasta ~os
límites más miserables, prefiriendo cualquier
cosa al terror de no ser nada, cede no ser ya!i&gt;...
Cuando volví por la tarde á verlo, lo encontré rígido y frío, en la postura del sueño ~n
que lo había dejado. Entonces ordené á Silvestre que cargara el canasto mortuorio y lo
llevara lejos de la ciudad, á botarlo en el
campo.
PIERRE LOTI.

·-·

Todos aman su patria y muy pocos tienen
patriotismo. Para amar á la patria basta ser
hombre; para ser patriota es preciso ser ciudadano, es decir, tener las virtudes de tal.BERNARDO DE MO~TEAGUD0.

*

El hombre económico tiene tantos enemigos cuanto son los derrochadores.-BENTHAM.

*

Tomad el amor de la misma manera con
que el hombre sobrio toma el vino. No emborra:}haros. - D. M os0ETS.

nota dt Sodtdad.
El día 15 del actual, ante una concurrencia
formada por lo más selecto de la sociedad mexicana, se efectuó en el templo de Santa Brígida el matrimonio de la señorita Guadalupe
Rinc6n Gallardo con el señor Enrique Riva y
Cervantes. El señor General Don Pedro Rincón Gallardo y la señora Dolores Barron de
Rincón Gallardo fueron 16s padrinos de velación, y el señor Don Antonio Riva y la señora. Dolores Cervantes de Riva, los de roa.nos.
Concluída la ceremonia, que fué muy suntuosa., los desposados recibieron en el salón

-----

Excmo. Sr. D. Joaqufn Walker Martfnez.

-.......

NUBVO IINISTBU DE CHILE.
Sra. Guadalupe Rincón Gallardo de R iva.

En días pasados se recibió en los círculos diplomáticos la noticia
de que el Gobierno de Chile había nombrado al Excelentísimo sefior
Don 1oaquín Wálker Martínez, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de aquel país en nuestra República.
El sefíor Wálker Martínez, que desempefia actualmente el mismo
elevado cargo ante el Gobierno de la Casa Blanca, es ya conocido en
México, pues con la investidura de Delegado á la 21!- Conferencia Ititernadonal Americana, permaneció entre nosotros durante algunos meses. En su país natal, el señor Martínez ha ocupado puestos tan importantes como el de Ministro del Gabinete y el de Diputado á la
Asamblea General Legislativa.
La recepción del nuevo Representante de Chile por el sefior Presidente de la República, se efectuó el jueves último, á las doce del
día, con el ceremonial acostumbrado.

ta mutrtt dt "'.Juvtnal."
De una manera repentina murió en México, el 16 del corriente el
señor Profesor Enrique Chávarri, periodista que, bajo el seudónimo' de
«Juvenal,» colaboró durante su larga vida de escritor en las principales publicaciones de la Metrópoli.
'
«Juvenal» comenzó su carrera en «El Monitor Republicano,» dándose allí á conocer con sus famosas &lt;(Charlas dominicales,i, como uno de
los primeros escritores festivos del país. Sus artículos se leyeron
siempre con gusto, y la serie de ellos, que formaría, si se coleccionaran, un grueso volumen, constituye indudablemente su obra mejor
y más celebrada.
En los últimos años, el señor Chávarri escribió para el «Méxican
Hérald,i primero, y después para &lt;(El Imparcial.i,
La muerte del viejo periodh:1ta ha sido generalmente sentida.

Sr. Enrique CM.varri (Juvenal).

Habíamos enrollado una tarjeta de visita
en forma de cartucho, como había yo visto
hacer á los cirujanos en las ambulancias. El
infeliz gato nos miraba con aire confiado y
contento, creyendo haber encontrado al fin
una cama y una persona que le tuvieran compasión, nuevos amos que lo recogieran.
Yo me había inclinado á hacerle cariños á
pesar del horror á su enfermedad y había ~ecibido de manos de Silvestre el' cartucho de
cart6n empapado en sustancia mortal. Acariciándo~o siempre, traté de hacerlo permacer
allí quieto, y de introducirle poco á poco la
punta de las narices entre ese cartón adormecedor.
Al~o sorprendido al principio, rechazaba
con cierto espanto ese olor desconocido · sin
ero bargo, acabó por someterse de mod~ tan
sumiso, q~e vacilé en continu~r mi obra. El
anonadamiento de un ser viviente. tanto como el de un hombre, tiene por qué impresionarno~; cuando pensamos en ello, encontramos siempre el terrible misterio. La muerte
trae consigo tanta majestad, que es.capaz de
engrandecer ror un instante, de inesperado
modo, las insignificantes escenas, desde que
su sombra se halla próxima á aparecer. En
aquellos momentos me parecía ser uno de esos
magos fúnebres que se abrrogan el derecho de

Fot. Valleto.

expresiva, con inteneidad extrema preguntándome:
- ¿Qué me estás haciendo? Tú, en quien he
confiado y á quien apenas conozco, ¿qué me
estás haciendo?
Y o vacilaba, pero su cuello se doblegó su
pobre repugnante cabeza se apoyó ahor~ en
mi mano, que no retiré; el aniquilamiento le
sobrevino á pesar suyo, y yo esperé á que ya
no volviera á mirar.
¡Y, sin embargo, aún me miró una vez! Los
gatos, como dice la gente sencilla, tienen siete
vidas. En un postrer sobresalto de la vida se
fijó en mí de nuevo, á pesar de su sueño n{ortal, y parecía haber comprendido ahora todo:
-¡ Luego es para matarme decididamente...
Y tú lo ves, y yo me dejo . .. Es demasiado
tarde .... en fin, me duermo .... 1
En verdad, tuve miedo de haber cometido
un error. En este mundo, en donde no sabemos nada de nada, no nos es siquiera permitido
tener piedad de una mauera inteligente. Su
mirada, infinitamente triste, cristalizándose
en la muerte, me perseguía como un reproche:
-¿Por qué has llegado á intervenir en mi
~estino? Sin ti? ~o hubiera p~dido rodar algún
tiempo más, vivir, aunque solo hubiera sido
por una semana más. Aún me quedaban bastantes fuerzas para permanecer sobre el poyo

\

/

(

\

1

1

1

Sr. Enrique Riva y Qervantes.

Fot. Valleto.

a_nexo al templo, las_ felicitaciones de .sus parientes Y de sus am1stades. A las seis de la
tarde, en la casa del señor General Rinc6n Gallardo, se verificó el enlace civil.
Los regalos hechos á la novia son valiosísimos y muy numerosos.

�Domingo 26 de Jullo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

En Honor dt ]uártz.
Sottmnt manlftstadón.

Las primeras coronas.

La comisión de la Escuela Normal de Señoritas.

La manifestaci6n que año por año organizan los liberales para honrar la memoria del
insigne reformador Benito Juárez, revisti6 en
esta ocasi6n un lucimiento muy notable, pues
aparte de que la concurrencia á la ceremonia
oficial que se verificó en San Fernando, era
numerosísirna, muchos fueron los establecimientos comercialPs y particulares que cerraron el 18 sus puertas en señal ele duelo.
Antes de las ocho &lt;le la mañana comenza,
ron á reunirse en el portal de la Diputación
las distintas comisiones que debían formar 1~
comitiva: el Comité Pa triútico Liberal; los
representantes de las Secretarías de Estado y
de las Escuelas Profesionales; de la Suprema
Corte y del Ayuntamiento; de las Sociedades
científicas y mutualistas; de los Estados de
la Federaci6n; de los Establecimientos &lt;le enseñanza. primaria y de otras corporaciones y
oficina!! que sería largo enumerar.
A esa hora 19.s calles que tenían que recorrer los manifestantes para dirigirse á San
Fernando, se encontraban ya henchidas de un:i
multitud ansiosa de presenciar el desfile, siendo muchas las casas que aparecían a&lt;lorhadas
con banderas y escudos de diferentes naciones. La comitiva, sujetándose al itinerario
previamente acordado, tomó el frente del
portal de )Iercaderes para seguir por Plateros
hasta la glorieta de Carlos IY, y de allí hasta
el lugar en que se levantaban las tribunas destinadas al Sr. Presidente de la República, á
sus Secretarios, ú la familia del Sr..Juárez y
á las demás personas invitadas. Apoyando la
cabeza en la glorieta referida, se encontraba
una brigada ele las tres armas, dispuesta para.
hacer los honores al Sr. General Díaz.
Al llegará San Fernando los últimos grupos que formaban en la comitiva se escuchó
un toque de atención, y la march~ de honor
·que batían las bandas, y el Himno Nacional
anunciaron la presencia en aquel sitio deÍ
Sr. Presidente. Acto continuo el Prime; Magistrado ~011;16_ asiento en el lugar de honor,
dando prmcip10 la ceremonia con una pieza
de música que ejecutó la banda de Zapadores.
La parte literaria estuvo encomendada á los
Sres. Lic. Rodolfo Reyes, José Pallares y Man~el H. San Juan. El primero pronunció un
discurso que fué aplr udi&lt;lo por los concurrent~s, y el último recitó una poesía llena de valientes ~rranques y muy inspirada.
Seguido de los 8res Secretarios de Relaciones, Gobernación, Guerra Comunicaciones
Justicia y Fomento el Sr. General Díaz s;
dirigi? después al i~terior del Panteón para
depositar ante la tumba del Benemérito1 una
h~r~osa corona de flores naturales. Los Sres.
Ministros depositaron en seguida :as suyas, y
poc? á poco las ofr~ndas que las diversas agrupaciones y los particulares llevaron á la. capilla, fueron cubriendo el monumento y la. columna~, hasta hacer que éstos desaparecieran baJo una capa de palmas y de floreil.
Entre las coronas que llamaron la atención
se contaban la de la Colonia Francesa forma~
da con ga~denias, azaleas y cris:'mte~os; la
de la ~loma Española, atada con grandes lazos ro¡o y gualda; la de las Zonas .Militares·
la de la_ Dirección General de Correos; las d~
lo~ ~obiernos da los Estados; la del Colegio
l\Iihtar y la del Casino Nacional. Hubo, además, otras muy artísticas y valiosas.
_Poco antes de mediodía se permitió al público la entrada al Pante6n y de esa hora en
adelante, f~é. i~calculable eÍ número de personas que visitaron el lugar. La ¡rnardia de
ho~or, por turnos, quedó á cargo de un grupo
de Jefes de alta graduación del ejército. .,, _
Por la ,noc~e, en la Cámara de Diputados,
s~ efectuo la _mstalación de la Delegación NaCional, reumda con objeto de preparar las
fiestas c?n que deba celebrarse en 1906 el
centenano del natalicio del ilustre hijo' de
Guelatao_. La Mesa Directiva quedó formada
así: P~esiclentes honorarios, Sr. General don
Porfirio Dfaz y Sres. Licenciados don Ignacio
4

Los representantes de los Estados.

Mariscal y don Justino Fe~nández. Presid_ente activo Sr. Lic. don Félix Romero. Vicepresidentes, Sres. Generales Francisco O. Arce y Jesús Lalanne. Tesorero1 Sr. don Gabr!el
Mancera. Primeros Secretanos, Sres. Gabriel
González l\Iier é Ignacio de la Pefia. Segundos Secretarios, Sres. Juan Dublí111 y Rodolfo
Reyes.

tas ¡,rimtras lágrimas.
- ¡Pues yo no he llorado nunca, gracias á
Dios!
-,.Nunca?
--Es decir, eso no es así tan :ibsoluto, lloré
una vez, hace ya algunos años, pero fué por
una simpleza. ¡Si supiflraisl Os digo que fué
una simpleza.
-¿,Por qué? ¿.Se puede E-aher?
--¡.Jamás! ¡Es un secreto!
BastG que Conchita se manifestara r,oseedora de un secreto, para que la curiosidad femenil se desesperara por arrebatarle á la preciosa Concha la misteriosa perla que llevaba_escondida en el pensamiento.
-¡A contar ese secreto!
-¡Sí, que lo cuente!
-¡Entre amigos no debe haber secretos!
-Y entre amigas no puede haberlos-dijo
inocentemente la más íntima confidente de
Conchita.
Era en mayo. Llovía una lluvia menuda y
pertiuaz. La tertulia íntima de Conchita había sido alegre y chispeante, pero el mal tiempo, la lluvia mon6tona y constante había influído melancólicamente en los espíritus, y
todos hablamos de nuestras primeras lágrimas
espontáneamente.
Cada cual refirió c6mo había hecho su ofrenda de llanto en el altar del dolor, y todos resultábamos con una vitja cil!atriz en el alma,
más ó menos grande.
Hasta Conchita tenía la suya. Ella tan joyen, tan bella, tan pura, tan feliz, también
había vertido las perlas dP sus negros ojos en
la inmensa y sombría. copa del dolor.
¿,Por qué?
Acorralada carifiosamenle por sus amistades, la dulce niña nos revel6 el secreto diciendo:
-¡Si es una tontería! Imaginaos que papá,
para celebrar el décimoquinto aniversario de
mi nncimiento, como dicen los periodistas,
proyectó un pic-nic que debía verificarse en
su hacienda, á plena luz, bajo los árboles, sobre el mullido césped, bajo el cielo azul.
Desde que nos dió la fausta nueva, podéis
figuraros mi entusiasmo.
Faltaban veinticuatro días no más para la
· fiest~. ¡Y qué lejos me parecía aquello! Yo
quería empujar el tiempo, abreviar las horas,
suprimir algunos días para que llegara más
pronto la fecha de mi cumpleaños.
¿Creéis que volví á comer regularmente?
¡Pues no! Mamá se alarmó. Papá me amenaz6 con no hacer nada si yo seguía así; y á fuerza de reconvenciones me seutaba á la mesa.
¡Perdí ci;::ico libras!
Cuando faltaba apenas una semana mi entusiasmo no conocía. límites.
'
Haciendo las invitaciones, me dolía no ver
en mis i~vita~as el regocijo que me poseía, el
cual _creci6 mas cuando mamá le dijo á mi
modista que me tomara las medidas para un
traje largo.
1El traje largo, Dios mfo! ¡Aquello era el
colmo de la felicidad!
Iba á vol verme loca. Si tú supieras chicadecíale Conchita á su amiga inmediata, -si tú
supieras lo!! besos ferocPs que le dí á mamá
aquel díal
No co~í nada; e!1 cambio, para halagar á
papá, recibí la lecc16n de piano correctamente, y en la clase de inglés, en que siempre estuve pésima, resulté admirable. l\lr. Hácker
se sonnó entonces por primera vez conmigo.
, E~ la noche no pude dormir; y pasé seis
dias insomne, pero el peor fué el sábado la
víspera del festival.
'
¡Qué noche, Dios mío! Nunca la olvidaré.

Llegada del Sr. Presidente á San Fernando.

Las Tribunas.

�Domingo 26 de Julio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Julio de 1903.

Las obras da Salina Cruz:.

1'

1

t

asomé al postigo y entonces fué cuando me
Después de probarme muchas veces mi nuedí cuenta de qu~ llovía torrencialmente! ¡Mes
vo vestido, me acosté sumamente fatigada.
nunca ha llovido como aquella ma~anal PaMamá estaba de lo más inquieta.
En otra ocasión nqs hemos referido á las
recía que todas las cataratas del Cielo se ~aAunque yo no lo creía necesario, puse el
obras de defensa y saneamietto del puerto de
bían
roto.
El
golpe
del
agua
hacf
a
un
rn_ido
despertador en las seis de la mañana.
Salina Cruz que se llevan á cabo por la Comunísono, ronco y formidable. ¿Como os diría
Recé locamente. No sabía lo que estaba repañía Pearson, y que tienden, como se sabe,
zando.
mis tristeza?
á hacer del mismo puerto uno de
Dejé todo arregladito para el
los mejores en las costas del Paamanecer, y ya en la cama, me
cífico.
puse á pensar si faltaba algo. PeLos trabajos emprendidos con
ro no, todo estaba listo: los guaneste prt&gt;pósito, se encuentran muy
tes, la sombrilla, el rnécessaire,»
adelantados, pudiendo asegurarse
todo.
que dentro de tres años, á lo suMuy tarde me dormí.
mo, habrán quedado concluídoe.
¡Y entonces I No quisiera decirDos de las fotografías que aholo, pero ef'.tamos en confianza. Entonces, yo estaba dormida, pero
ra publicamos. representan el
pensaba en sueños.
rompeolas del Oeste, visto desde
l\Ie veía en aquel hermoso camel cerro del Faro y desde el muepo lleno de luz, de flores, de múlle de madera. En otro ae nuestros
sica, de pájaros, ya perdida en el
grabados, aparece el rompeolas
voluptuoso vértigo del baile, ya
del Este, cuya construcción secobajo la sombra de un árbol, en
menz6 hace poco tiempo, talcoamable charloteo, reposando de
mo se encuentra en la actualidad.
la fatiga del último vals, y perdo•
Además, damos á conocer fotonadme, eran fantasías del sueño:
grafías de la grúa «Titán,, y de la
me sentía cortejada, me veía hasexcavación que se está haciendo
ta bonita, me oía llamar elegante,
para cimentar el dique seco. La
mis amigas me felicitaban por mi
grúa fué traída expresamente de
traje largo.
Gibrá.lta.r para substituir á otra
¿Y él... .. .?
conocida con el mismo nombre,
El, tan tímido, tan respetuoso.
que se fué á pique á consecuencia
Federico, que nunca me había
de los fuertes temporales habidos
hablado, pero que yo sabía bien
en el Pacífico durante el mes de
que me amaba. ¿Se acercaría á
febrero próximo pasado.
mí? ¿Bailaría conmigo? ¿Se enaEn cuanto á la «Dársena,» llamoraría de otra en el pic-nic?
mada de «Monolitos,» que forma.
Hice un esfuerzo para no soñar
parte del proyecto general de las
más, sobre todo en lo último, y
obras, está á la fecha casi termidesperté.
nada.
El reloj del comedor di6 las
dos.
El bien"y el mal, arrojados al
¡Qué triste suena un reloj en el
mundo, germinan y dan, tarde 6
silencio de la noche! ¡Parece que
temprano, sus frutos. Muchas veuna voz sombría y misteriosa de
ces la generación siguiente es la
otro mundo, nos dice que una hora de nuestra vida ha caído por
que viene á recogerlos.
siempre en el abismo de la eter*
nidad!
.
La taberna es, para !os pobres
diablos, lo que suelen ser los saSeguí pensando despierta en lo
lones á la moda para algunos lique soñaba dormida.
teratos: salones y tabernas empuSentía calor. Me leva1:té y abrí
jan igualmente á sus asiduos á la
un postigo de la ventana de mi
perdici6n.
alcoba.
Un rayo de luna cayó sobre mi
*
frente como una suave guedeja de
La política es como las mujeoro. Todo estaba en silencio.
res: se la ama en la juventud porEi sepwcro de Jui!.rez, el dta 18, después de la man1restac!On.
Una. frescura inefable entraba
que no se la conoce.
por el postigo abierto.
*
Me envolví bien, y al fin me dormí profunProfundamente abatida, me arrebujé eñ mi
La moda es el más activo de loa contagios:
damente.
lecho, me envolví fuertemente la cabeza para
no necesita de microbios.
no oír aquel aguacero desesperante, y _lloré,
A las seis en punto el despertador estall6 en
*
largamente, inconsolablemente!
un furioso repiqueteo vibrante y agudo. ¡Por
finl
RAFAEL SILVA.
En la obra de arte lo particular y lo geneCaracas.
ral se confunden; la acción y la idea se .comAl ruido argentino del reloj se unía otro ruipenetran; la vida se trueca en inmortalidad.
do ronco y monótono.
Al principio no me daba razón dt: lo que
El sol y la muerte no se pueden mirar fijos.
*
pasaba. Creía que estaba soñando todavía. Me
-LAROCHEFOUCAULD.
Todas las causas necesitan mártires.

ALMA RAZA.
I
Ya estaba la i.;angr~ seca
Del Ultimo Emperador,
Cuando en tierra tecpaneca
Halláronse el Rey Azteca
Y el Bravc, Conquistador.

II
«A la hoguera me arrojaste,
Hernán Cortés; y después,
De un madero me colgaste.
Dime, empero:-¿.qué ganaste
Con ahorcarme, Hernán Cortés?
«En la hoguera sonreía
Y en la horca sonreí;
Porque un día llegaría
En que muerto vencería:
Y muerto, Cortés, vencí!
«l\li espíritu, entre fulgores,
Fué aquel bello luminar
Que al esplender en Dolores,
Cambió el color de las flore'!
Del jardín de Miramar.
«No así el tuyo.-Prisionero
De la ingratitud quedó.
¿Recuerdas, bravo guerrero,
Lo que el rey Carlos Piimero
En Madrid te preguntó?»

III
Guardó silencio el Hispano
Conquistador.-Y después,
Como si fuese á un hermano,
Extendió su noble mano
Guatimoc á Hernán Cortés.
ANDRÉS

MATA.

Caracas, 1903.
BIENVENIDA

-¿Oyes? la lluvia cae, tengo frío!
La noche tiembla; el cierzo hace pedazo!!
Las ramas de los árboles, el río
Muge rabioso; estréchame en tus brazos,
Posa tu labio en el semblante mío;
¿Ya no me quieres? abre, tengo frío!
-¡Te esperaba, has tardado, tengo sueño!
Sufro, la vida me atormenta, agudas
Me hinca las ufias con brutal empeño
La zarpa del dolor, mas tú me escudas;
Entra! oh muerte adorada! sé mi duefio·
Quiero dormir contigo, tengo suefio.
'
JULIO FLÓREZ.

SALINA CRUZ.-EI rompeolas del Oci;te, visto desde el Cerro del Faro y desde

el muelle de madera.

SALINA CRUZ.-Muros de la di!.rcena.

SALINA CRUZ.-Rompeolas del Este, en construcción.

La paciencia no es
de todos; ella es virtud que pertenece solamente á los que saben vencerse á sí mismos. -SAVELLI.

Crepuscular.
Una de esas tardes
~rises, serenas, en que
el sol marcha al ocaso
sin púrpuras, despacioso, lento y como
abrumado de ca.usancio, enfilé la calle donde vives, sin rumbo
fijo, hostigado por el
hastío de todas las cosas, casi inconsciente
en la oquedad de mi
SALINA CRUZ.-Excava.ción para el dique seco.
alma pesarosa y triste.
Subía la calle indiferente, cuar,do súbito
surgió á mi vista la
silueta airosa del templo que proyecta. su
sombra de coloso casi
enfrente de tu casa.
Me detuve á contemplar sus viejos mu•
ros agrietados por el
tiempo, y pensando
acaso en que tal vez
allí estarías y podría
admirarte de hinojos,
recortando tu silueta
en algún ángulo misterioso, subí la escalinata y penetré en sus
naves. En aquella hora l0s fieles habían desertado del lugar de
sus rezos, y el sagrado
SALINA CRUZ.-La grúa "Titán."
recinto, silencioso, envuelto en la opaca claYo miraba con tristeza aquella lengüecita
ridad del crepúsculo que filtraba su luz á traviolácea revolverse casi exánime dentro del
vés de las altas vidrieras policromas, semejaestrecho recipiente de cristal. En sus contorba un baño etéreo de paz y de'quietud.
siones espasmódicas, ora se extiende abatida
Nadie había; los ruidos de 1a calle, sordasobre la fina pared del vaso, ora se esconde
mente repetidos por el eco de las bóvedas, hafugitiva y aparece de nuevo fulgurante, titácían trepidar el pavimento.
nica en su esfuerzo, fugaz en su esplendor; el
En el alto presbiterio, rodeado de una poabismo la atrae, la fascina, y sólo se ve allá en
bre y vieja reja, lucían cirios encendidos, marel fondo lleno de sombras, un punto luminocando en la penumbra fl.ameantes manchas.
so, semejante á una estrella perdida en un hoA un lado, en la nave izquiP.rda, suspendida
rizonte de tormenta........................... ..... ..
del techo, oscilaba ritmicamente una lámpara
Así en la noche de mi vida hay también una
de plata. En aquel sitio la sombra era más inluz tenue que brilla débilmente y oscila incetensa, y la luz de la lámpara se destacaba en
sante, extinguiéndose día á día.
el fondo negro de las tinieblas brumosas.
¡Es la luz funeral de mi esperanza!
La lucecita vacilaba, languidecía. A veées
parecía próxima á extinguirse.
ALBER'l' O DE lBÁf:IEz.

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~

Representante en la República: FINK y COMP., Capuchinas, 7, México.

BiTRATOS
-+-

Con el objeto de vulgarizar sus

espt~nd1dos Retratos al lápiz de carbon,

la Soc1EDAD ARTISTICA DE RETRATOS
DE PARIS entre¡rará á cada Lector y Sus•
oritor de este periódico un RETRATO arliatico.
de tamai10 natural 40 por 50 centim., en busto
y de perfecta semejRnza, ABSOLUTAMENTE
POR NADA, con la condición que el destinatario de
tan bonito Retrato nos recomiende á sus parientes v
amigos. - Sírvase el interesado poner sus nombres y su
dirección al dorso de su fotografia, y remitirla, por el correo
junto con este anuncio, suelto, al Señor TANQUEREY, Director,
22, rue de Turtn, Parts (Francia). Este ofrecimiento extraordinario no será válido sinó por unos 60 dias contando desde la
fechR de este periód 1co y por un retrato tan solo en cada familia.
- Como garantla de su lealtad se compromete formalmente
el Señor TANQUEREY. á pa¡¡ar la cantidad de MIL Franco•
á favor de un hospital de esa, en caso que la SocIEDAD ARTISTICA DE RETRATOS no hiciere dicho retrato gratuitamente
dentro del lazo de un mes.

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Agradar es el deseo de todos; pero
¿ cómo causar buena impresión si tenemos el cutis manchado, cubierto de
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EL GRAN

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.

El Agua Tropical
es el perfume más admirable que se
conoce; sus efectos sobre la piel son
inapreciables; limpia, cura las erupciones, suaviza y blanquea el cutis
mAs Aspero y obscuro y destierra los es el a.limento mas agradable y el mA.i
recomendado para loe nlfloe Je&amp;de la
malus olores del cuerpo.
edad de Beis A siete mesea sobre todo
Con el
en el momento del destete y durante
el periodo del crecimiento. "Fa.clllta
la dentición, uegura la buena formación de loa hueeoe."
el rostro adquiere y conserva la fres- PARIS, e, Avenue Victoria, y en toda,
cura y nitidez de la juventud.
las farmaclaa.
MU. A. FLEDERS.

La Fosfatina Fallares

AGUA TROPICAL

Véndese en el Coliseo Nuevo 6 y en
la Drogueria de Uihlein.
Los pedidos ~ E. Betancourt.

~ TOM~N

REMEDIO

de la naturaleza para la piel. Cura,
embellece. deleita y pone el cutis tan
fino como la felpa.
Si las mano~ están ásperas; si tiene pano en la cara; si hay erupción
ó escoriaciones en alguna parte del
cuerpo: si desea tener 1111 cutis fresco
y lozano; si quiere usar el mejor ja•
bón para el tocador; si desea mejorar
su complexióu; si tiene caspa en la
cabeza ¡ Pruébelo nsted ! . Precio 60 centavos.
Yo preparo y t~ngo experimentad.:is
... C."'.
remedios eficaces para mas de 57 enfermedades. Casi todos cuestan sola♦-'~ ..
mente 60 centavos P.n cua:qutera .,u .
·-, -~
macia ó a roguerfa. del mundo.
Escrlbame ampliamente los sfntoma.s
'
de su enfermedad. Yo le diré cómo ha
.
. ,
de curá.rsela. No cobro por recetar. Pf·
dase la "Gula de Salud, gratis A s~
A! ~ - ~ ,
licitud.
·
&amp;
Dr. James M. Munyon, ntímero 1,605 Arch. St. Filadelf!L PL (U. S. A.)
Bo~iquines y estu_ches para fam1llas al alcance de todos
Agentes generales: J. Labadie &amp; Cump., Sucesores.
Depósitos en México:
Sres. J. Uihlein Sucs.-Carlos Fé llx y Co.-Droguerfa del Elefante.Droguerfa del Refugio.-E'a Monterre ~-: Sres. E. Bremer y Cfa.-En Puebla:
Sr. J oaqufn Ibá.ñez.~En Oaxaca: Sres. Tolis y Renero, etc., etc., etc.
Temporalmente hemos subido nuc stros prer1os 20 por ciento, hasta nor·
inalizarse el cambio."
·

AV ISO IMPORTANTE
llll fosfato de cllll qu~ entra ez; la
cowpoelc1~n de a Fosfatina "FaileeetA preparado por un procedl,

,PS...

a&gt;lc;nto especial con ap&amp;rato i prop6sito, y no Be encuentra en el comercio.
Desconnen de las imitaciones y talatll.caclonea.

VINO DB S. GERMAN

MAGGI
PARA SAZO:'\A lt

CALDO,
SOPA,
Y SALSA.
En Frascos.

Funer·ales de León XIII.
CONDUCCI6N DEL CADÁVER AL L6CULO EN QUE FUÉ DEPOSITADO.

Dibujo de Alc.a.lde.

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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