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ELIXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE CARLOS.
Lo recetan los médicos de todas las naciones; es tónico digestivo y antigastrálgico cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intestinos, aunque sus dolencias sean de más de 30 años de antigiiedad y hayan fracasado todos los demás medicamentos. Cura el dolor de estómago, las acedfas,
aguas de boca, vómitos, la indigestión, las dispepsias, estreñimiento, diarrea
disenteria, dilatación del estómago, O.lcera del estómago, neurostenia gástrica, hipercloridria, anemia y clorosis con dispepsia; las cura porque aumenta el apetito, auxilia la acción digestiva, el enfermo come más, digiere mejor y hay mayor asimilación y nutrición completa. Cura el mareo del mar.

Una comida abundante se digiere sin dificultad con una cucharada de Ellxlr
de Saiz de Carlos, de agradable sabor inofensivo lo mismo para el enfermo
que para el que está. sano, pudiéndose tomar.a. la vez que las aguas mineromedicinales y en sustitución de ellas Y de los licores de mesa. Es de éxito
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PIO X

En Frascos.

, ELECTO PONTIFICE DE LA IGLESIA CATOLICA EL

...

4 DEL

ACTUAT, Y CO~O~ADO ROY SOLEMNEMENTE,

�Domingo 9 de Agosto de 1903.

Las matanzas de frailes.
Las &lt;cposaditas» de 1860 empezaron en ca_sa
como suelen empez11r en todas partes, es decir,
entre muchacho:1 y con créditos liu_iitados.
Las noches las distribuimos entre criados Y
nifi.os por orde!l alfa~ético, como decía e~ mozo ó sea la primera a Rosa, la Eegunda a Petra• la tercera á Juan, etc., etc. se comenzo,
co~ \m presupue!'lto módico: peregrinos, medio; olla, un real; alc1;1-rtaces y _colación, _una
peseta; velitas y C?hetitos, medio y cuartilla¡
imprevistos, cuartilla.
Desde la primera noche mi padre comenzó
á meter el desorden, comprando y lanz11ndo
buscapiés y cohetes de bomba á la hora de la
letanía. La segunda posada cost6 ya veinte
reales· en la tercera tomaron ((participio" las
sefi.or¡s del entresuelo, y no sólo participio,
!'lino también una posada. Aquel presupuesto
corrió la suerte de tod,&gt;s, creció y creció sin
cesar y á vuelta de correo ya había música,
pasteles y vino, bailecito é invitados foránoo&amp;
.
Dentro de esta rápida evolución, á nadie
debe sorprender que la Noche Buena f~era un baile en toda forma, con cena, es decir,
con bacalao á la vizcaína, tortitas de robalo,
revoltijo, ensal11da de la noche ya citada, chongos, etc., etc.
.
No se omitió esfuerzo ni se economizó gasto para que la fiesta fuera digna de su objeto,
y Íos festones las guirnaldas, los farolitos, los
candelabros c:irgados de estearina daban á l~s
patios corredores y salones un aspecto mágico qu~ se reflejaba graciosamente en las grandes esferas de cristal, tan de moda entonces,
como un palacio encantado de Liliput.
.
Mi padre había lanzado gran número de invitaciones y todos contábamos con una noche
deliciosa.
Desde por la tarde comenzamos á re?ibir recados y esquelas de excusa. Sabe Dios qué
epidemia se estaba cebando en nuesttos parientes y amigos. Todo el mundo decía estar
enfermo y suplicaba se le qispensai;e de no
asistir á la reunión. Mamá, que había preparado todo en previsión de una gran afluencia
de invitados estaba contrariadísima y temerosa de que '1a fiesta resultase deslucida por
falta de «quórum."
Al caer la tarde, llegó mi padre un sí es no
es inquieto y desazonado. Circulaban noticias
alarmantes el ejército liberal se acercaba á
marchas f~rzadas á la capital desguarnecida¡
los restos de la guarnición se habían desbandado · el comercio hacía rondas; bandas de
«blus~s» y de guerrillero~, se acercaban á gran
prisa y se las veía en las goteras de la ciudad
caracoleando en sus caballos enflaquecídos y
lanzando ¡vivas! á la libertad y tiros al aire.
Las noticias de mi abuelo fueron aún más
alarmantes y estaban impregnadas de un pesimismo profundo.
-Esta noche los ,cblusas» saquearán la ciudad incendiarán los templos y :fusilarán á las
mo~jas. Zar~goza ha dad_o orden terminante
de no dejar piedra sobre piedra de los conventos ni títere con cabeza del clero secular y reguÍar. Quiere, sobre todo, apoderarse de los
tesoros de Catedral y de los fondos disponibles en el comercio. ¡Qué Noche Buena ni qué
calabaz~s! Cierren y apaguen; y tú, Sabino, á
ver cómo te disfrazas y dónde te escondes,
porque si te agarran, te fusilan con todo "'f tu
liberalismo y á. nosotros nos pasan á cuchillo.
Mamá alarmadísima, lloraba como una
Maadale~a nosotros chillábamos Je lo lindo,
la s~rvidu~bre rezaba y Ee santiguaba y todo
era confusión en la casa.
Mi padre, que al llegar h~bía mabifesta?o
inquietud, no bien oyó á mi abuelo, reaccionó como por encanto.
-¡Ah padrel conque sigues creyendo que
el ejército liberal es una horda de bandoleros!
¡Conque lo crees ~paz de deshonrarse co~ el
saqueo el incendio y la matanza! Pues bien,
esta ndche sabremos quién tiene razón, si tú
ó yo. Pero como yo sé que no habrá tales atropellos y como tengo fe ciega en celos mí?s»,
esta noche bailaremos y cenaremos como s1 tal

EL MUNDO ILUSTRADO

cosa y tendré la casa abierta de par en par Y
hecha una ascua de oro.
.
-¡Pero, Sabino, estás loco! ¿y si atraídos
por la fiesta, se meten á la casa?
-¡Qué le hace! Hay cena bastante pa~a un_a
guerrilla; los invitaremos y verás qué divertida nos d11.mos.
Papá Pepito no quiso oír más y se fu~ á su
habitación á aprestar su bayoneta, por si acasoM~-~á, sugerida por mi abuelo, dijo, no bien
quedamos solos:
-Sabino, no harás semejante locura .. Suspendamos el baile y no tentemos á Dios de
paciencia.
-No, hija, no suspendemos nada. ¡Qué! ¿no
tienes ganas de bailar con un blu~a?
Lejos de levantar ~l campo, ?31 padre todos nosotros nos pusimos á activar los. p_ieparativos. Se reforzó el alumbrado, ~e pid1ó t~~
pistón suplementario para la música; se abno
el zaguán de par en par, comenzaron á llegar
las familias invitadas y á las nueve de la noche comenzó el bail¿ en medio de la mayor
animación.
En el transcurso de la noche entraron los
blusas. Cada vez que oíamos tropel de caballos y gritos desaforados salpicados de tal cual
mosquetazo disparado al aire, mi !?adre mandaba tocar dianas ó el Himno Nacional Y salíamos á los balcones las señoras especialmente, y aquellas h~rdas de Ati~!, aquellas
chusmas salvajes sedientas de rapma y de sangre, pasaban haciendo ~a~lar y rayando sus
caballos, y saludaban diciendo:
..
-Buenas noches, nifias; que se diviertan.
¡Viva la libertad!
-¡Viva la libertadl-respondíamos en coro
y trnnsportados de entusiasmo.
Al amanecer de aquella noche que se decía
había de ser de saqueo, de incendio y de matanza, amanecieron fusilados y colgados de los
faroles de la Plaza de Armas, dos ...... ¿qué?
¿canónigos? ¿monjas? No, dos 1cblusas,~ cada
uno con un letrero en el pecho que decia:
"Por ladrón.,&gt;
DR. M. FLORES.

!

P IO X
€1 nutoo Pontífict dt la Tgltsla Romana.
El martes último, en la mañana, ·se recibió
en México la noticia de que había sido electo
para ocupar la Sede vacante á la muerte de
León XIII, el Cardenal Giuseppe Sarto, uno
de los miembros del Sacro Colegio más prestigiados en el orbe católico, por sus virtudes
evangélicas, su vasta ilustración y su espíritu
eminentemente liberal y cristiano.
La crónica que acerca de la elección del
nuevo Pontífice ha trasmitido el cable, nos da
á entender que las opiniones de los cardenales en el caso particular que nos ocupa, se encontraban profundamente divididas, inclinándose unos á favor de Rampolla, el Secretario
de Estado del Papa León XIII, y otros á la.
candidatura de Serafín Vannutelli, que contaba en su apoyo, según se decía, con muchas
probabilidades de éxito.
En la primera votación, recogida el primero
del actual, Sarto obtuvo únicamente cuatro
votos; pero á partir de ese momento, el candi. dato fué ganando en simpatía lo que los demás
&lt;cpapábiles» perdían en popularidad, y tanto
los "rampollistas» como los c&lt;vannutellistas,"
acabaron por inclinarse resueltamente al lado
del hombre que en las votaciones subsecuentes obtuvo la mayoría completa.
El lunes en la tarde, las cédulas depositadas con el nombre de Sarto, eran ya 37, seis
menos de las requeridas para el triunfo. En
esos momentos-dicen los cablegramas,-la
emoción que experimentó el Cardenal fué
muy profunda; se vió incapacitado para sostenerse en pie, y coi:imovido con el resultado
del escrutinio, declaró que tal honor no esta-

ba reservado para él y que renunciaría su e
taci6n al Trono Pontificio. Los cardenales h
bieron de convencerlo de que aquéllos eran
designios de la Providencia, y pocas horas
pués, el martes á las doce del día,Sarto le
taba su mano para bendecir desde una de
ventanas de San Peilro á todo el mundo
Jico. Sesenta votos, dieciocho más de loe
eran estrictamente necesarios, lo colocaban
frente de los destinos de la Iglesia!

***
La multitud qu➔ llenaba la «Piazza» acl
al Vicario de Jesucristo, y el telégrafo llev
buena nueva á todos los pueblos y á todos
con..zones unidos en la religión del Cruci
do. Un alegre repique se dejó oír en toda
ma, mientras el Pontífice regresaba á su
del Cónclave. Pío X-éste es el nombre
llevará en Jo sucesivo Giuseppe Sartoocupar, conforme _á los cánones, la sil la de
Pedro, en presencia de todos los carde
reunidos en la Capilla Sixtina.

***
Inmediatamente despuéii de la elecci6
mientras el Príncipe Chigi, como :Maestro
Cónclave, redactaba el acta de costumbre,
X penetró á una pieza contigua á la sala
votaciones, para revestirse con los ornam
que el rito prescribe. De manos del Secre
de la Congrega::ión recibió el solideo pa
poco después volvió á la sala para tomar '
to en el Trono y recibir la manifostaci6n
obediencia que debían prestarle los miem
del Cónclave. Todos los cardenales besar
mano y el pie del Pontífice, besándoles
á su vez, la mejilla en señal de paz. En
imponente escena está inspirado el dibujo
en otro lugar damos á conocer: el dibu'
ha procurado presentar los retratos de los
denales más notables, ajustándose hasta
de es posible. en la composición del cun.d
lo que ha dicho el cable con relación á la
remonia y á los detalles que son, en el
de costumbre. Concluído este acto, el
Colegio enton6 el 1cTe Deum,» y levantán
el Papa, pronunció con voz entrecortada
fórmula de la bendición, que todos los pr
tes escucharon con la cabeza inclinada y
cubierta.

***
Pío X, que cuenta en la actualidad 68 a
nació en Riesi, de la Diócesi de Treviso,
Italia, el 2 de junio de 1835, y fué elevad
la dignidad cardenalicia en junio de 1893,
cibiendo el nom hramiento de Patriarca de
necia y Obispo de .Mantua, donde pa sido
neralmente estima&lt;lo por la pureza de sus
tum bres y por sus ideas progresistas.
El hecho de ser elegido contra todo lo
se esperaba, puesto que era uno de los «pa
hiles» menos avocados á ocupar la Silla, ca
en Europa una sorpresa general; pero tam
un regocijo que comienza á traducirse en
corriente de simpatía hacia su persona. _S_e
sidera, en efecto, que Pío X sabrá conc1har
intereses de la Iglesia con las necesidades
los pueblos y con los fuero'! de la modema
vilización, y mucho esperan de S? esp
bien orientado y libre de preocupaciones
gares, los que anhelan encontrar en él
continuador de la sabia política del Papa
ya tumba acaba de cerrarse.
Si así es la Iglesia católica ensanchará
dominios el Pontificado se verá libre de
tremendas conmociones á que pudieran a .
trarlo la intransigencia y la estrechez de m
de otro Papa qne no tuviera en su abono,
mo el décimo Pío, los méritos del hombre
cioso, sabio y conciliador.

y

EL MUNDO !LUSTRADO

El stñor tic. Don Protasio t aglt.
Víctima de una terrible enfermedad intestinal, falleció el día último del pasad.o, en su
residencia de la calle de Santa Catarma, el sefi.or Lic. Don Protasio Tagle, uno &lt;le
los miembros más prominentes del
Foro mexicano.
El sefi.or Tagle figuró en la política del país hace algunos afi.os, desempeñando puestos muy importantes en la Administración Pública.
Fué Diputado al Congreso de la
Unión, bajo el Gobierno del Presidente Lerdo de Tejada; Gobernador
del Distrito Federal á la caída de
aquel gobernante, y, á partir de esa
época, Ministro de Gobernación, primero, y de Justicia é Instrucción
Pública después. La cátedra de Derecho Romano, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, estuvo á
su cargo durante algún tiempo.
Al tener noticia del fallecimiento
del notable jurisconsulto, multitud
de p3rsona,i visitaron su casa, contándose entre éstas muchos caballeros
de representaci6n. L:is coronas depositadas en la ca.pilla ardiente por
los amigos del finado, fueron numerosísimas.
El sepelio se efectuó en el~Pa.nteón
del Tepeyac.

puerta de su recámara para llevarle las pruebas de sus artículos, y el sirviente que las llevaba le efltregaba también todos los días el
salario para su sostén, y él seguía trabajando,
leyendo y escribiendo. ....... y bebiendo para
vivir.

contra el duro colchón del raquítico lecho.)
En la calle preguntaban: 1c¿dónde está el autor de los cuentos raros?» . .... .
Nadie supo, hasta que un día, en lugar del
cuento de Luis, apareció la noticia de que
aquel autor había muerto.
¿Fué un suicidio?
¡Quién sabe!
El ingería mucho alcohol, tomaba
pocos alimentos, y luego escribía en
una forma tan rara, y se le ocurrían
unas cosas tan locas! .. ... .
FRANCISCO ZÁRATE Rmz.

RONDELES
El soñador bizantino
de la blonda cabellera,
boga triste y peregrino
en su góndola ligera;
Una trova en su camino
va cantando, lastimera,
el soñador bizantino
de la blonda cabellera.
En alas ele RU destino,
persiguiendo una .quimera,
caerá envuelto en sol divino
el soñador bizantino
de la blonda cabellera.

***

Tétrica y desencantada
llena de melancolías,
mi alma muere fatigada
en la aurora de sus días.
Al despuntar la alborada
de las ilusiones mías,
mi alma muere fatigada
en la aurora de sus días.
¡Ay uolorl Tu mano helada
marchitó mis alegrías;
por eso triste y cansada
mi alma muere fatigada
en la aurora de sus días ..... .

tutntos dt manicomio.

Los que no llegan á S. Hipólito
EL CUENTISTA
Llegó el día; estaba harto de cantinas y harto de amistades de cantina, de hombres que se le acercaban
en tono dulzón: "Yo conozco á usted
ya mucho; lo he leído, y tenía deseos de ofrecerme á sus órdenes,
siempre, incondicionalmente á sus órdenes.. . .
etc.: etc.»
Resolvió que era mejor conocér á los hombres, sin que ellos le conocieran, y que era
mejor hablará los hombres Pin tener la necesidad--¡penosa necesidadl-de contestarles, y
se encerró en el pobre cuarto, del cual para
nada volvió á salir, solo entre sus libros y solo con su pensamiento. Amante de la noche,
enamorado como la Luna del Plamita, al que
no cesa de perseguir, abotonó las aldabas de
las ventanas y encendió la luz d~ su quinqué
de pantalla verde.
Todas las noches renovaba el gas del quinqué y el alcohol de su
lá ro para ( ésta la lleva ba en el cerebro), y á
f
la luz de las dos flamas, vivía ignorando
si allá, en la calle, había luz del regio sol ó
de los plebeyos focos
eléctricos.
Pretextó pitra los
amigos que lo buscaran: siempre en los
momentos precisos en
que llamaban á su
puerta los esc·asos amigos que se acordaban de él, &lt;cacababa
de dormirse," y el doctor había recomendado que durmiera mucho y que durmiera
tranquilamente. (Se
pasaba la noche leyendo y dormía algo
cuando el sol asomaba y lo saludaban alegl'emente los felices!)
Había que llamar á la

Domingo 9 de Agosto de 1908.

JOSÉ M, CARBONELL.

Sr. Lic. Don Protas!o Tagle.

Decía la cocinera-¡mentira!-que el médico había prohibido al enfermo que viera la luz
solar y que conversara con visitas, y que¡verdad!-hacía mucho tiempo que no necesitaba cocitar, porque cuando su amo tomaba
alimento, eran huevos crudos y f'angre de res.
El médico no había podido prohibirleqne trabajara intelectualmente,·porquP. de ese género
de trabajo vivía, pero sí trabajaba poco ( quería decir la mujer que escribía poco¡ él no dejaba de trabajar, cerebralmente, ni en sueños,
porque los ensuefios le azotaban la cabeza contra la almohada y le magullaban el cuerpo

La vida sin amor es jardín sin flores. -J.
SAND.

*
Mejor es temer que confiar demasiado. SHAKESPEARE.

*
El genio concentra en sí sus aspiraciones. BYRON.

*
La virtud no es otra co~a que la hermosura
del alma.-BACON.

*
La fe en la idea ultraterrena es el consuelo de los pobres. V1CT0R Huoo.

*"

Los grandes filósofos son los genios de
la razón. -CICERON.
El deseo apresura y
crea el porvenir. -TOMMASEO,

*
Los hombres sin carácter son monedas sin
efigie.-A. TURNIER.

*
Pide á los dioses la
felicidad, á ti mismo
la prndencia.-SocRATES.

*
,,,
TIPOS NACIONALIDS.- Mujeres yaq1is.

La templanza y la
moderación en la juventud son una garantía para tener una vejez feliz.-PiuTARCO,

�Domingo 9 de Agosto de 1903.

..

LA JAULA VACIA

LOS NUKVOS UNIFOR\IBS DKL EJÉRClTO
En nuestra edición anterior dimos cuenta
de que el sefior Presidente de la República había aprobado, en lo genernl, el proyecto de
reforma del uniforme del Ejército, presentndo
á la Secretaría de Guerra por una Comisión
especialmente encargada de estudiar el mismo
proyecto.
Ampliando la información que publicamos,
diremos que e~ta Comii:;ión está i ntcgrnda por
los señores General Yictoriano Huerta, Presidente;CoronelesJ onquín )faa~s y Mnn uel Blásquez, y Teniente Coronel Eustaquio Dur{rn,
vocales; y Capitán de Artillería Luis G. Gam' boa Secretario. l~n cuanto al uniformr, nos
par~ce oportuno dar á conocer los siguientes
datos:
El Jormún que&lt;lar[1
suprimido, ..:onstando
el traje ele gala para los
jefes y oficiales, de estas prendas únicamente: ca!ICO, levita cerrada al frente con una
hilera de botones, siendo las vueltas de las
mangas, el cuello y la

Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

• EL MUNDO ILUSTRADO

Erase un amiguito muy leal, melancólico,
tierno, apa~ionado, que lloraba y reía para
contarme las cuitas &lt;le i;u alma encarcelada y
triste.
Hacía tres años que vivíamos juntos. Yo
tocaba en el piano mis mpsodi&lt;ts, y en la cúrcel estrecha de su ji\ula. ponía.se á gorjear.
Cuántas cositas dulces, cuántos halagos
tiernos modulaba co:1 su garganta, nielo de
harmonía!I. A ratos, apasionado, trbte, improvimba. una elegía del alma. A ratos, con
su nervioso·aleteo, ~altaba inquieto, rúpido,
del uno al otro lado u.e la jaula, intentando
con pruebas la fuga, asomando á intervalos
por entre la verja su bella callecita rubia.

sen en la alcoba lo mi~mo que antes; ~onando
como torrente de harmonías, como lamentos
y sollozo;; &lt;'0010 rauJal de lágrimas eternas
para sus ~speranzns de libertad y amor perdidas para siempre.
.
Abrir la puertecilla para que volai;e era privarme de su canto, renunciará su amor ,j compañía, olvidarlo, quitarle mi cariño. Dejarlo
allí, tan tri~te, tnn esclavo y solo, era crueldad. Y pasaban los días .....
¡ Pobre canario mío! Una mañana lo encontré muerto. Y con él en la mano, mirando su
plumaje de i;eda, descolorido y mu~tio, la boquita sonora sm aliento, muela y i;ombrfo, y
los ojillos entreabiertos, empañados co~ el hálito infame de la muerte, me acordf de su can- ~
to. Y pensé mucho rato, mucho rato.'..... en
la cruel desventura de las almas que, cual mi
canario lloran cantando su e,clavitud y en
vano cl~man por el amor y la felicidad ante el
egoísmo injusto de' sus amos......
•
F, PÉREZ FUEN'II'¡S.

LA ESPIGA DE ORO ,.,
.¡
(HOJA DE ÁLBUM)

, ol,

.

Artilleros en traje de campaña.

para el de ¡elégrafos y ferrocarriles, siendo
gris el color de los uniformes; ª.~arillos par.a
los inválidos, y gris para el Feerv1c10 de Administración Militar. La i;nojarra de los cascos
para regimientos y servicios en las grandes
formaciones, llevará un chorro de seda encarnada.
Por lo que ve á las prendas que constituyen
el equipo del soldado, han sido tambi(n reformadas, á fin de que ofrezcan mejores condiciones de sencillez y comodidad.

Símbolo d~ la vida y de la abundancia, altiva se alza en el campo la espiga, coronada
de oro.

Las Campanillas.

*

Se estremece, agitada por ~l viento,
La cortina de azules campamllas;
Flores madrugadoras y sencillas
Que se abren con gentil dei-pertamiento.

Cargada de armonfos y de fragancias,
baja de los pinares de
la montaña, que suenan como liras, la. brisa. de la mañana, ú. mecerla y arrullarla con
primor y delicia.

Las columpia, al pasar, c~n manso alie
El céfiro al venir de otras onllas,
Y en su balcón de verdes redecillas
Hacen visajes al gorrión sediento.

*

Triunfantes las ha visto la mañana,
Mas morirán al declinar el día ...
Es de esas flores mi esperanza hermana.
Como ellas ¡ay! en soledad sombría
Las ilusiones, con su pompa vana,
Nacen y mueren en el alma mía.
VICENTE ACOSTA1

Muy poco deseo y lo poco que deseo, lo
seo poco.-ELIA:N'O.

*
El honor es el más noble estímulo &lt;1el v
--VICO.
Oficiales de in:fanter1a..-Trajes de campafia y de gala.

cartera del color del distintivo del arma ó servicio correspondiente en cada caso; pantalón
con una y dos franjas.
El uniforme para el servicio de guarnición
y de campaña, se compondrá de: un saco cerrado al frente con una hilera de botones,
tres bolsas al lado derecho y dos al izquierdo
-las dos superiores, con tapa de cartera-y .. , Caballerfa.-Trajes de . campaña y de gala
vueltas iguales á. las de la levita. Pantalón
idéntico al de gala; kepí con visera de uña y
un cincho que sea distintivo del arma.
¡Pitdad,
Para el traje de gala se prescriben las caponeras de metal, en los hom broa, teniendo en
el centró tres estrellas para los cm:ouele!, dos
¡Estoy enamorado de tus ojos!
para. los tenientes coroneles, una para los ma•. Líricos, turbadores y arcanos,
yores, y un:l, dos ó tres barras, :respectivaabrasan y fulguran con los rojos
mente, para. los subtenientes, tenientes y caincendios de los soles africanos.
pitanes. Los generales Brigadieres llevarán
A
tu
santuario aC'ércome de hinojos
en el casco una águila al frente.
con anhelos divinos y humanos.
El distintivo particular de cada arma ó c;er¡Ten piedad de mis férvidos antojos!
vicio lo constituirán: el cincho del kepí, el
. ¡Estoy enamorado de tus manos!
cuello de la levita 6 saco, las vueltas de las
Ya no hay para mis pi.es ruta de abrojos,
mangas y las carteras posteriores, que serán:
ni para mi pasión duelos tiranos.
rojos para los jefes y oficiales de caballería é inYa
se
fueron del alma los enojos;
fantería, GendarmP.B del Ejército y servicio de
• ya sueño con los mártires &lt;'ristianos.
transportes; carmesí para los cuerpos de Es¡Acércame.á la lloguera de tus ojos
tado Mayor y artillería; negros, de terciopecon el suave contacto de tus manos!
lo, para el Colegio Militar; guinda para el serANDRÉS MATA.
vicio de Sanidad y tren de ambulancia; azules

Artilleros en traje de gala.

l::Joldados de caballerla y artillerla en
traje de gala.

Qué bien seguía las frases de mi piano. Era
un himno al amor y á la naturaleza; eran suspiros hondos &lt;le su alma, pidiendo libertad.
Un día le busqué compañera y se alegró
muchísimo. Ya no estaba como antes, ya tenía con ,qni?n compartir su triste ¡,uerte; pero
no canto mas.
¡P:,bre canario! En fatal hora yo mismo
quise que aquella compañera del infortunio lo
abandonase; porque era necesario que él cantara, dejando de amar en el sacro silencio de
su pasión de artista, y que sus trinos triunfa-

Y el sol, con 6sculo
de fuego, besa á la dorada espiga, ufano del
triunfo de eu pasión
fecundadora y eterna.

*
Compendio eres tú
de la vida y de la belleza y altiva t&amp; alzas
con Ía corona de tu juventud y de tus gracias.

*
Desde el sacro Olimpo, de· la lira de los
poetas se desprenden,
como aves mensajeras,

Comisión que presentó el proyecto de los nuevos uniformes.

los más suaves versos, que á ti llegan para
decirte con primor y delicia las más dulces
cosas; y al roce de sns alas en tus labios, se
ahoga la armonía en el perfµme de tu aliento.

*

Y el Amor, en la plenitud del ensueño y en
el éxtasis del deseo, te besa, ufano de encontrar en ti el germen fecundo de la belleza y de
la vida.

n. MAYORGA UrvAS.

stñora!

LA OLA

.Sobre el trémulo mar dulce resbala.
y á la. gracia triunfal con que aparece,

el céfiro errabundo un canto exhala
el palmeral distante se estremece.

, y

•'

Avanza, y un momento resplandece
• al l'OI que se hunde en la insondable sala;
túrgido seno virginal p_arece,
~- su ésp1tma, el ampo de la nieve iguala.

.

~

1

Luégo en purpúrea. claridad se tiñe
bajo el raro crepúsculo que ciñe
la. combo. iµ,urtle -ealmas llameantes;

"
y en beso' atrón:Í.dor&gt;donde
la vida,
Caba.ller1a.-Un oficial y un soldado.
en traje de gala.

rueda sobre la playa convertida
en lluvia de zafiros y diamantes.
.A.rtilleros, de , gala, e

formación. ,.

...... . ,"-..~---·

'&gt;..

.¡

•

•

:AUGUSTO NfÉNilEz:LoYNAZ.
~

-~~

�EL MUNDO TLl'STRADO

Domingo 9 de Agosto de 1903.

Domingo 9 de A,sosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL LOCO
I
«¡El loco, el loco!,» gritó una voz, y al instante, como movidas por un resorte, todas las
caras se volvieron hacia el mismo punto. Oyéronse chanzonetas, risas burlescas, risas de
esos criminales civilizados que hacen mofa de
la desgracia ajena, miradas de indiferencia y
frases de compasi6n. Alguieh dijo «¡pobre!";
otros, «¡dei:graciado!» Y todas !ns miradas continuaron fijas en la delgada figura &lt;le un hombre que srguía su camino, callo arriba, impúvido, ignorante de la alharaca que su presencia producía.
Pregunté quién era el que lograba atraer ele
esa manera la atención de todos los transe6ntes, y se me contest6: «Un infeliz, un hombre
que tiene la manía de reconocer á su esposa
en todas las mujeres hermosas que encuentra
al paso. Las persigue, las molesta y ha llegado á llamar á alguna casa, diciendo que en
ella habían escondido A !'U esposa.»
Al oír esto, por un afán de curiosidad que
á menudo se despierta en mí y me hace, inconscientemente, recotrer calles y calles siguiendo á
un anciano, á un niño, á un joven 6 fi. un matrimonio que yo creo feliz, apresuré el paso y
casi corriendo por en medio del arroyo, C..'\US~ndo }ª extrañeza de la gente que iba y yenía, llegue (l dar alcance á un hombre que, lentamente, serio, circurn~pecto, seguía su c..'\mino
volviendo la cara solamente cuando á su la~
do pasaba.alguna mujer bella y 1.,ien ver,itida.
Adelantéme un poco, hasta rozar mi cuerpo
con el suyo, pues mi maldita miopía sólo á
esa di11ta.ncil\ me permitía. verlo, cumo deseli.ba, á todo mi sabor. Era de una regular e,tatura, pero tan flaco, seco y enjuto, ele una delgadez t.'\n extremo&amp;'l, que lo hacía parecer
enormemer1te alto. Vestfa pantalones grii:e.~,
angosto11, pegados á la pierna como la funda
de un paraguas; saco nrgro, exceF:iv,1mente
corto y que apenas le lle~aha {l la cinturn · suplía la falt.'l de camisa con un paii uelo d~ i-eda, negro también, anudndo ni cn.,Jlo y sujeto con un prencle&lt;lor de ¡,lat:i, en el que estaban grabadas unns iniciales; cubría. i,u c·abeza
un sombrero de cop'.l, pringo,o y quebrado,
y, para com plPtar aqt11·lla ei-trnrn b6tica fiaura
mi homlire lucfa un hermo;;u ramillete d~ vio~
!etas que se balanceaba en el ojal del saco,
como las cabezas &lt;le un puñado de ahorcndos.
El blanco mate de su cuello
y de su rostro,resaltab'l. doble-

I
I

mente sobre el color negro del pafiuelo de seda. Era la suy1L una palidez de neur6tico, de
enfermo, y tn.l parecía que In. sn.ngre de su
cuerpo se había ahuyentado de las venas que
entrecruzaban su cara para cargarse toda en
los ojos, en esos ojos de grandes pupilas de un
azul profundo, ojos hundidos en sus oquedades, circuídos de grandes ojeras amoratadas,
pero en los que se advertía un brillo, un resplandor extraño, llameante, que infundía á
la vez miedo y respeto.
Como no me separaba de su Indo y juntos
seguíamos caminando, lleg6 á fijar;;e en esto
y clav6 en mí una mirnda que me dejó perplejo y me hizo \'.Ol ver la vista hacia otro lado.
Nunca ha caído sob1e mí una mirada como la
de los ojos del loco. O&lt;lio, rencor, desprecio;
todos los sentimientos y todas las pasiones
malas er,itaban amalgnmadaf', por decirlo ai:í,
en el veneno de aquella mirada que brotó de
sus ojoia y se c!av6 en los míos. No fué, sin
embargo, bastante á amedrentarme y seguí
caminando cerca de él.

II
Anochecía. Comenzaban á chirriar los carbones encendidos de la luz eléctricn, cuando,
1al fin! salimos de las cnlles populosas para
internarnos en las silencioi:nR de los barrio!:'.
Era todo lo que yo esperaba. l\Ie acerqué al
loco y le toqué la eF:paldn, resuelto h decirle
nlgo. Xo medió tiempo para ello. Volvi6se
hncia mí, se detuvo un momento, mir6me de
nuevo fijamentP, con su horrible mirada y
echó á andar apresurando el paso. Le seguí ·
también, y 111 poco rato, sin tuc.1rlt-:
--DisptniEeme usfrd, amigo mío, le &lt;lije
clnndo á mi rnz una entonación dulce y cariñosa.
-Déjeme en paz-exclam6 con voz débil,
npagnda, que parecía snlirle de las concavidades del est6mago.
Insistí, regué, juré que no era yo un enemigo_; que no quería, burlarme ,'e 61; que ,·iera en
nn á un amigo; ~1, á un amigo que quería
consolarle si sufrín. ¿No sabia él, acaso, que
las penas, por grandes que i::ean, disminuypn

si podemos confiarlas á una persona que
interese por nosotros?
Hablé mucho; supliqué más, acarici(mdol
consolándolo, y, por 6ltimo, logré meterlo·•
el cuartucho que servía de cantina en una taberna del barrio.
Pedí al dependiente una botella y dos ,
i;os, é hícele seña de que nos clejarn solos.
loco llen6 los vasos de un alcohol amarillento•
apur6 el suyo, aprovechún&lt;lose de los mome '
tos en que yo encendía un cigarro para repetir la operaci6n co11 el ,·aso que me pertenecía•
colore6sele el rostro, arrojó una bocanada ~
humo. y, con voz de ventrílocuo, dijo:
-No, no, señor, yo no soy loco como el
vulgo cree. Usted que pnrec/J ser un hombre
honrado, usted que Ee interesa por mí, usted
que es ... que quiere ser mi amigo, usted, ¡el
6nico!, sabrá la causa de mir, desgracias.
1Al fin hablaba! ¡Al fin triunfaba mi curiosidad!
Bebió de un solo trago la tercera copa de
aguardiente, y comenz6 Íl contar, con infantil
sinceridad, la historia de su infortunio.
Poco á poco fué animándose; temblábanle
las manos, y conforme il,n adelantando en 811
relato, notaba yo en su yoz esas inflexiones.
esos «trémolos» que s6lo produce el dolor verdadero cuando lince vibrar las cuerdas dd Bell•
timiento ......

III
Sí, sólo &lt;lespufs de seis añof', seis años hnrribles de humillaciones, de vejámenes y de
sufrimientoA, de verdaderos fuetazos dndos en
su orgullo de hombre y en su amor propio de
de1-heredndo, con1-igui6 ver realizada su única
ambiC'ión: hacer suya aquella mujer á quien
adora.ha.
Ella le quería, le quería mucho, supuesto
que por él drjaha todas su➔ opulencias y comodidades &lt;le niña mimada y rica, por la hu•
milde casita de bohemio enamorado que él ia
ofrecía. ¡ Qué feliz era y cuánto le agra&lt;leda
la felicidad que con 1,u amor le había dado!
Todavía recordaba laf! muchns veces que, ya
unidofl, en su hogar, de rodillas ante t-lla
y empapándole las
manos con sus lágrimas, entre promesas de eterno amor, le renovaba su
agradecimiento....

Una noche, una noche de Diciembre, fría,
lluviosa, Jlegnha tarde del Circo, donde, contra su costumbre, á instancias de sus amigos,
había bebido un poco. Iba exaltado, nervioso, algo trastornad&lt;;&gt; de 1a cabeza. Al acercarRe á su C..'\fla, vió que la puerta del zaguán estaba abierta, y que un hombre salía. por ella
y entraba en un coche apostado cerca de la
banqueta, á tiempo que una figura blanca desde el balc6n saludaba y decía: «Adiós.»
¿Fué un sueño? ¿Fué realidad? No lo supo,
110 lo sabe todavía. Frenético, delirante, loco
-¡y en esos momentos sí que ei-ta.ba loco!se lanz6 por la escalera arriba y lle~6 hasta la
.alcoba.
;Ahí, en In cama, estaba ella, dormida 6 fingiendo que dormía!
Ciego de ira y de oclio, ele ese odio que s61o
se siente por las personas á quienes más i-e
quiere, á quienes se quiere mucho, la cogi6
por las muñccaf', la estruj6, sin hacer caso de
sus ~ritoia, In F:acudi6, ln e~cupió en el rostro
su delito con frases burdas, groseras, frases
qu! hahín. aprendido en cantinas y en otros
sitios de igunl jaez, y ... ¡maldita memoria!. ..
tal vez llegó hasta pegarla, hasta amenazarla
con el reYólver que nerviosamente oprimía su
mano!
¡Qué noche tan horrible! Ella, en su cuarto, llorando, loca y dese!&lt;peracla; él, en la i,ala, febril, nervioso, paseándose agitadamente,
hasta que ya muy tarde, el sueño lo venci6 y
cay6 pesadamente sobre un i:ofú ..... .

IV
¿Se enteraron los criados? ...... ¿Comunica- ron á Jo;; padres de i-u amada la terxible escena de la noche anterior? ...... Lo ignoraha también. Ya muy tarde, despertó, recordó lo
acontecido; y temeroso de haber sufrido una
ofuscaci6n, deseando suplicar, pedir perd6n,

arrepentirse y besar una vez más, siquiera futse la última aquellos labios que le habían
brindado la~ mieles de la dicha, corri6 hacia
la alcoba, jadeante, trémulo, temie~do una
locura, y ...... ¡nadie! vacía la estancia, vacío
también el guardarropa, revueltas las mantas
del lecho, y allá. sobre el mármol del lavamanos un ramo de violetas; entre las flores, frescns 'y oloro!'las, un papel rugoso y en él escritas, de prisa, con lápiz y con_ caracteres temblorosos, estas palabras:
«Te has engañado. El hombre á quien sorprendiste anoche . . era mi padre. Todo lo ha

1

1

1111-'i.!.i~S~~-l111

·~·

~~

traré, pese al mismo cielo! ¡Oh, y ehtonces!...
No pudo decir más. Una ola de sangre le
subió al rostro; centelleáronle los ojos con más
fulgor que nunca, y entre grandes sollozos,
trémulo el cuerpo como el de un azogado, cayó de bruces sohre ln mesa, deshecho en lágrimas.
Permanecí callado, respetando aquel dolor
infinito que logró también humedecer mis ojos;
y pasado un largo rato, cuando comprendí que
ya se había desahogado, 1ne acerqué á él, le
alcé la cabeza, sequé sus lágrimas con mis propias manos, lo obligué á recostn.rse sobre mi
pecho y acarició.ndolo como pudiera hacerlo
con un chiquillo, tuve para él frases de consuelo que no he podido repetir jamás.
Tomó mis manos entre las suyas, las bes6
mucha!' veces y fij6 en mí sus ojos, sus grandeR ojos de un azul profundo, empañados por
las lágrima!'!. Pero ya no había en ellos eea
mirada horrible que me bacía daño: de esos
ojos parecía partir, suave, acariciadoramente,
una mirada impregnada de cariño, de un agradecimiento tan grande, que me impulsó á arrojarme entre sus brazos.
El loco sonrió levemente.
-¡Gracias! ll1b dijo entre f'Ollozos.
¡El loco eRtaba curado! ¡Habíase realizado
el milagro de las lágrimas! ¡Las lágrimas ... el
supremo remedio para los grandes dolores de
las almas buenas!
:\!A STIET, ;\1. PANES.

Rahi&lt;lo ... No me voy; me arrancan de tu lado.
Todo te lo perdono.... B6!'lcame.. . . ¡y no me
olvides!»
¡Infame! ¡Asesino! ¡Ladrón &lt;le su vida, PÍ,
de su vida, porque Re la habían arrebatado con
ella, con su mujercita, para llevársela. .. ¿á d6nde, Dios mfo, á d6nde?
'
-Pero yo la encontraré, concluy6 el loco,
iracundo, transformado, desconocido, dando
en la mesa un sonoro pufietazo. JYo la encon-

�~omingo ~ de figosfo de 1~03.

el JYfundo J/usfrado

ELNU OPONTIFICE

PIO X RECIBE DE LOS CARDENALES LA p _ _.....,EMOSTRACION DE OBEDIENCIA EN LA SALA DEL VOTO.

�Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 ae Agosto de 1903.

SANTUARIO DE LOS ANGELES.-Altar mayor y _detalle del interior.

€1 Santuario dt los Jlngdts.
Utrbtna popular.
Año por año se celebra en la plazuela de los
Angeles una verbena que atrae á multitud de
pa11eantes y que, desde tiempos muy remotos,
está considerada como una de las más populares. Las calles que conducen á aquel apartado barrio aparecen engalanadas, desde las
primeras horas del día, con los LlÚltiples adornos que son de rigor en las fiestas del pueblo:
gallardetes y fl_ores de papel de Chi1?a, g~ías
de follaje, cortinas de gancho prendidas it las
puertas y ventanas, estampas toscamente di-

bujadas, esforas de cristal y lazos que, tendidos á lo ancho de la calle, de azotea ll. azotea,
simulan una techumbre policroma que el
viento agita sin cesar y que la lluvia desmenuza. El gentío que llena la vía pública aume,1ta por momentos, se extiende á lo largo
de las aceras una hilera de puestos cargad&lt;'s
de frutaR •lue la multitud entre vaso y vaso de
pulque de,·ora, y de chucherías que los nifios
reclaman á gritos, y las murgas c:a.llejeras, e!!caramadas en el entablado que amenaza desplomarse, «regalan• los oídos de aquella muchedumbre en que se codean el ebrio escandaloso y la mujer de malas costumbres, el
artesano y la doméstica, el rapazuelo y el hom ·
bre de mundo.

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I

SANTUARIO DE LOS ANGELES.-Interlor

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Las «luces» son uno de los mayores atractivos de la fiesta y lo que más concurrencia ha
llevado siempre á los Angeles. Las bocacalles
se ven henchidas de espectadores y el tráfico
tiene, necesariamente, que interrumpirse
mientras la diversi6n es celebrada con gritos
y silbidos. En este año, la verbena, que más
de una ocasi6n ha da.do margen á serios es·
cándalos, result6 muy lucida, no s6lo por lo nu•
meroso de la concurrencia que durante el día
de la funci6n religiosa visitó el templo y la
plazuela, sino también por la infinidad de
«vendimias» que había instaladas al aire libre,
con gran regocijo de los paseantes.

el mismo cacique mandó reproducirln. &lt;'11 la
pared principal cl~l .•oratorio,• ~ncnr¡rando á
los pintores que «1mit~ran y copia_ran fielmente la imagen de la Rema. de l?s Cielos:"
La imaJ!:en fué venerada primero hnJo laa&lt;lvocaci6n de la Asunci6n y después bnjo la de
la Purísima, sin que se s~pa Íl punto fijo por
qué ha venido á llamársela «de los A n¡:i;elel'I. »
La capilla casi destruídn por el abandono
en que estu;~ durante lar~o tiempo,_ fné reedificada en 1137 según asienta. el St&gt;nnr González Obregón e1~ su libro «~léxico Viejo.» Al
nño siguiente un particular comenzó á construir un nuevo edificio, y comn no le fuera poi-ihle terminarlo, dej6 hechos únicamente los
cimientos y parte de los muros. .
Por último, diremoc,, ciue el ternbletemblor
ocurrido en abril de 1776, hizo que la devoci6n del pueblo -por 1~ Yi_rgen de los Angeles,
numentnra extraordmarrnme n te,
pues fué incontable el número de
los que acudieron a.l sitio en que
se conservaba. la imagen para im-plorar su auxilio contra el terremoto.
El templo actual, uno de los
más hermo~os de ~léxico, se comt&gt;nz6 á construir en 1808.

Primaveral moderna
Obligado á tran~ladarme á una capital de provincia al Noroeste de Espa!'ia-de esta Espoil_a
qne lo~ extr11njero&lt;1 "" )ma!!'i_nan s_
iemp~e aeh1•
&lt;·barrada por un sol de ¡11c;t1e1a:-b1ce mis maletas sin olvidar mi ropa de abrigo, an_nque esto
~ucPdfa á princinio&lt;1 de mayo, y al subir al treo,
me instalé en el depnrtamento de en~ fumadores_,&gt;
a~pirnndo á fumar en él á todo m1 Jalante, s_in
quP mA incomoñase el humo de los cigarros a¡enos-pue'I ese departamento suele ir completamf'nte vncfo.
En efecto bastf\ el amanerer. hora en que no'I
cruzábamo~ con el expreso de Francia, nadievino á turbar mi soledad. Dormía yo profun~amente envuelto en mi manta, cuando se reahzó
el cru~e. No sé si {l. los demás les sucede lo que
á mí; si también notan, dormidos y todo, la sensación extrai'la y obscur!l' de no estar_ ya solos,
de la presencia de calgmen.&gt; Yo percibí esa sen-

Siento que ha.y un Dios, y no
siento que no lo _haya.-LA BRU·
YERE.

*

El más rico de los hombres es el
econ6mico, y el más pobre el avariento. -CHAMJ,ORI.

*

***

Acerca de la devoción que nuestro pueblo
bajo tiene por la Virgen de los Angeles y del
Santuario en que esta imagen se venera, nos
parece del caso extractar algunos apuntes que
corren impresos en un libro publicado en
1781.
.
En 1580 hubo en la capital de Xueva Espa·
fia una terrible inundaci6n que caus6 á los
habitantes de México muy serios perjuicios:
se suspendieron las fiest&amp;s religiosas y civile.'l,
escasearon los víveres. cerr6 sus puerta!! el comercio, y muchas casas, particularmente las
del rumbo de los Angeles, vinieron por tierra
á consecuencia de los deslaves de lo!! techos Y
de los muros. Los muebles de las habitaciones
fueron arrastrados por las corrientes, y, sin que
nadie supiera de dónde había salido-dice el
autor de la obra á que hacemos referencia, ·se vi6 entre los disti:itos objetos que flotaban
sobre las aguas, una «hermosa imagen de ~Iaría Santísima, pintada en lienzo, que condu·
cida en las ondas enfurecidas y ag;tada con su
muchedumbre y con los vientos, fué Jlevad1~
al barrio ele c,Coatlán,» ó Lugar del S:ilitre, has·
ta parar en el mismo sitio en que hoy se yenera. ,,
Atribuído á milagro, como era común y corriente en aquellos tiempos, el hallazgo de la
imagen,• un cacique noble mandó construir á
sus expensas una capilla de adobe en donde
estuvo expuesta á la veneración de los fieles¡
mae como la pintura se destruyera en parte,
debido á la "humedad y traqueo de las olas,•

El curso de la vida de un gran
hombre,queda como un monumento imperecedero de la humana energía. -SMILES.

*

A quitin más sabe, le desagrada
perder el tiempo. -DA::-TE.

Jnstantlíneas de la verbena de los Angeles.

sa.ción durante mi sue!'io,. y poco á poco me ?esperté. A la luz hlanquecm9: d_el amanecer vi en
el asiento fronterizo á U"l v1a¡e~o. Era un mozo
como de unos diez y nueve á veinte _aílos, de cn:•
ra fina é imberbe. Su obscura gorrilla de camino, parecida á la. prolonga.da toca con q_ue r~pr~sentan á Luis XI, acentuaba la expresión i~diferente y cansada de su fisonomí_a y la langmdez
fohril de sus ojos, rodea.dos de o¡eras profundas.
Sus manos enflaque1.,idas se cruzaban _sobre el
velludo cplaid&gt; que le abrigaba las_rod1llas y le
tapaba los pies; caído sobre el cpla1d,&gt; había un
volumen de amarilla cubierta.
.
}li imaginación, activa tejedora, sobreexc1~ada además por el movimiento d~l _tr~n, se dedicó
al punto á girar en torno del via.¡er1to enferf!lº·
Disenrrí la manera de entrar eI? conversac1ó_n
con él, y la encontré en el socorrido tema delc1garro.
_·Sin duda, le incomoda á µsted el humo, cuan·
do ha venido á este depa.rtamento?-pregunté,
haciendo ademán de embols!Lr la petac9: después
de haberla sacado por una 1nadvertencrn.
-No sei'Ior-contestó el mozo en voz opaca y
'
mate como si realizase un esfuerzo p~noso.-Pued~ usted fumar .. Yo
también fumaría s1 no me lo hubiesen
impedido.
-¿Está usted indispuesto?-pregunté demostrando Interés; y la respuesta afirmativa me dió hecha la
plática que deseaba entablar. Nad\e
se resiste á hablar de sus padecimientos. sean reales ó imaginarios.
Mi compañero, deogosamente al principio, animándose grndualmente después, me enteró de cuanto quería:
era venezolano, hijv de un espaiiol:
· venía de París, adonde le había en•
viado su familia para que se instruyese y formase, y atac11do de un mal
indefinible, tal vez neurosis compli·
cada con anemia profunda, se dirigía, por consejo de los médicos, á
pasar el ve1·ano al Noroeste de Es·
paila, en casa de un hermano de su
padre, rico propietario, dueño de
una quinta en el Valle de la Rosa.
Al oír este nombre dulce y sugestí·
vo, batí palmas; el Valle de la Rosa
estaba cerca de la ciudad á que me
encaminaba yo.
-¿Conoce ese sitio?-preguntóme
con el peculiar acento de su naís mí
compai'Iero de viaje, que se endere-

;é

�Domingo 2 de Agosto de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 9 de Agosto de 1903.
zó, echando á un lado la manta con desenfado.
-¡Sí lo conozco!-respondí.-He vivido más
de tres años en Urbígena, adonde voy ahora
otra vez, y el Valle de la Rosa, en que veran.,ábam?s, lo tengo tan presente como si lo estuviese viendo, ~orno lo veremos á medio día desde
esa ventanilla. No cabe soñar nada más divino
Vamos á pasar una serie de montañas abruptas·
ha~ta áridas y 1;&gt;el3:das, por lo menos en esta es~
tación, pues en ¡un10 se cubren de terciopelo ver•
de; pero el Valle, que recoge todo el sol y toda ~l agua de las arroyadas del invierno, ¡es un
ver¡el, un paraíso! Le sorprenderá á usted el
cuadro que pr~senta. En este tiempo del año los
árboles están igual que si hubiese nevado co'pios~mente, de tanta flor como los reviste; los alba•
r1c?queros y los _pavíos son plumajes rosa pálido, las fresas ro¡ean y huelen á gloria; los sender?s están lle~os de violetas tardías, y las ca•
meh_as, que alh son árboles corpulentos, tienen
al pie una alfotnbra de hojas encarnadas de una

EL MUNDO ILUSTRADO
¡las florecitas del campo! ¡Beéea!-é imitó el balido de la oveja.-¿Qué sentidó puede encontrarse en nada de eso? ¿Dónde existe función más
mecánica, menos intelectual que la de la Naturaleza? Llueve, brota la vegetación; hace sol, se
ag?sta; llega el otoño, las hojas caen; viene la
primavera, vuelta á sa,lir .... Es pu1 amente animal; fisiología ruin. No sé por qué la manía de
conservar la vida ha de hacernos transi&lt;dr con
las cosas más opuestas á nuestros gustos y á
nuestras convicciones .... Yo preferiría morirme
e':1 París, en el bulevar, sobre su asfalto, que viv1~ a~í en ese Valle de la Rosa, que por su descrip_c1ón de usted debe ser el arquetipo de la vulgaridad, el oasis de un paisajista cursi.
. Al decir estas amenidades, matices de carmín
tiñeron las mejillas demacradas del joven enfe1··
mo, y sus labios, que apenas sombreaba una dedada de bozo obscuro, se contrajeron irónicamente.
-La belleza- prosiguió. notando que yo me

cía inmóvil esfinge de cobre. Allá abajo se pos~ban, como grupo de palomas torcaces, las casitas, y cerca ~e nosotros una fuente sombreada
por sauces páhdos, se desataba murmurador
dándome envidia de beber un trago en el bu;'
de la mano, á manera primitiva. Confieso uº
olvidé enteramente n. mi compañero de viaje q a~
ra recrearme en aquellos pormenores, y sólJ&gt; le
recordé a~ n~tar que el tren se detenía y escuchar
que el art1ficrnhsta me decía con frialdad•
-Feliz viaje, a~~ós; be tenido gusto en. conocerle. ¡A su servicio!
Saludé y tendí la mano, declarando ll)i nom
bre y profesión: Félix Llaguna, Magistrado ·
. -Aristeo Abigail Fierro, poeta-respondió -~~
s~n algo de sequedad altanera el enfermo, volv1é!1dose para recoger su pulcro maletón de cuero rnglés y su somb1·erera, que le.entregó al criado que le esperaba con un birlocho.
Y como yo J:iici~se un movimiento al ofr lo de
«poeta,&gt; añadió srn perder la seriedad:
-Poeta decadente.

€1 cañón Bangt, d~ tiro rápido.
Un triunfo del stñor torontl mondragón.
Con éxito verdaderamente satisfactorio, se efectuaron en París, ha-

**

-1\

-Sefiora: mi bien mi luz mi cielo; no aspira á vuestro amor el pobre bardo· pero si le 'permití~ que os ame, si le permitís que bese humilde el borde de vuestra túnica él vendrá todas las m:;_ñanas cuando
el alba sonría y os despertará c~ntando amores, y pondrá en su lira
notas dulces, 'como el gorjear de los pájaros ecos suaves ~o~o el mur_mullo del arroyuelo; permitidme que os ame, condesa Alicia, y de mi arpa brotarán himnos á vuestra s?berana hermosura,_ cantos á vuestros
ojos azules como la flor de los acianos; y cuando surJa la noche del fon&lt;lo del laao el trovador arrullará vuestro suefio entonando cántigas
misterios~s' y refiriéndoos, entre los arpegios de su. laúd, l~s baladas
fantásticas que endechan las náyades en sus palacios de cnstal, y los
coros que canturrean los gnomos martillando en las entrafias de la

EMlLIA PARDO BAZÁN.

MUSA ANTIGUA
En ti ilbMm dt lil

tierra.
-Espera, espera, espera... , mi buen trovador Fernán.

señorita tnmtn fortuño.

***

Yo un poeta no soy; que los poetas
Pulsan su propia lira;
Y yo _tan s6lo soy una arpa muda
A quien su dueño en el sal6n olvida·

'

Y si no hay una mano que la pulse
El arpa nunca vibra·
'
Y si hay notas que viven e~ sus cuerdas,
En sus cuerdas están como cautivas.
¡Ah, cuántas notas que brotar no pueden
Hay en las cuerdas mías!
Son aves mil, de un bosque habitadoras
Por la nieve in vernal entumecidas.
'
Alguna vez de príncipes ya muertoe
De la Musa Latina
Vi_enen á mí las almas, y ellas solas
Mis cuerdas pulsan y á cantar me obligan.
Pero es porque lamento que la Muerte
Acallara sus liras,
Y anhelo que sus himnos sonorosos •
En mis cuerdas encuentren otra vida.
Y así canta Catulo sus amores
Su amarga hiel destila '
Y m~ldice de Lesbia, de esa Lesbia
A quien él am6 tanto, la perfidia.
Y Horacio canta el vino y los placeres
Las gracias &lt;le Barina
'
Y entona con dulcísima tern~ra
Su diálogo de amor de Horacio y Lidia.
Y así Virgili~, o_cioso bajo una baya,
Del Mmcio á las orillas
Con su zampoña pastoril celebra
Del predio readquirido las delicias.
Mas de esos cantos, apagados ecos
. . Son los que en mi arpa vibran;
E imitar nunca pueden la belleza
De aquella incomparable poesía.
DAMAS MEXICANAS.-Srita. Maria de la Encarnación Espinosa, (de Orizaba).
c_uarta de espesor. Verá usted qué verde tan dehcado el de los praditos, qué de agua cristalina
en las fuentes; Y por los setos, cuánta rosa sil\Testr~, q~e han dado nombre al Valle. ¡Y las alde_amtas. ¡El día que se cuelgan los aretes de
fihgrana y se. atan el &lt;dengue&gt; con las cintas de
seda! No sé si ellas son realmente tan guapas ó
es que las hermosea la naturaleza, que lo embe·
llece todo.
El moz_o guardó silencio, con el ceño fruncido
y una chispa de descontento en las negras pupilas; y de pronto, mirándome fríamente murmuró:
'
-:JLa_ Naturaleza! Para mí no hay cosa más
antipática.
.
La extrañeza me impidió ba.sta protestar. Me
quedé turulato, como solemos quedarnos cuando
~fmos una her:egía muy gorda, algo que echa por
t1e;ra afirmaciones que creemos indiscutibles y
evid?ntes. El enfermo, sonriendo con sarcasmo
contrnuó:
'
- Ya ve usted si !1,e nacido en un Continente de
n~turaleza espléndida ... Supongo que por lo
mismo la ~etesto doble. Todo lo natural me pa•
rece estúpido, bueno &amp;ólo para la gente rutinaria ·
y mansa... Para los especieros, como decimos en
París .... ¡El agua!, ¡los bosques!, ¡los p1·ados!,

escandalizaba, y encantado de ello _ 1 b 11
no es lo natural, sino al contrario '1 0 t•i
1 ~zla
obra del· hombre, creación de s~ in r. ci9: •
emancipada del ciego instinto No me tedéh¡rlenci_a
·
1 J·
•
e racimo, smo e ~cor; no la tez virginal y lavad
agua. pura, smo la que ha curtido é imp
ª ~n0
el amor y adobado la perfumería· no e{~na
de mármol, sino la estatua de Car
. oque
rosa rústica de los setos sino la orqJídux' no la
truosa criada en estufa,·' no el ani·ma.l e'.1- ~ons•
· 1 ·
viviente
smo a sierpe de esmalte y pedrería ó 1 á" ,
que canta por el mecanismo La ob e P1 Jaro
bre civilizado va en sentido· contrari~ª
hNm·
tu raleza. La Naturaleza se acuesta te
ª anosotros tarde, haciendo de la noche dí P.rtnN Y
turaleza es sencilla, y nosotros somos c~' ªr a.dos; la Naturaleza no aspira sino á mp icala especie, y nosotr.os, ¡qué diablo! . .P¡8rpetu_ar
semos suprimir!
,si a pudié. Estas y otr_a~ teorías análogas desarrolló
1
tadamente m1 mterlocutor, mientras nos exaábamos al Valle de la Rosa ue
acE:rc ·
mos cuando el sol ascendí~ su z~~ft fi~_avi;tagancia de madreselvas, en ráfa
· iva r~arrancadas por el airecillo jugueft: de esencia
en el departamento· y en un prado d' penetraba
e un verde•
gay 1"dea1, una gran' vaca roja' acostad
a, pare-

!

l!

l

cascos de mi corcel de batalla han machacado más cráneos enemigos
que hebras de oro tenéis en vuestras blondas trenzas.
Guerrero y rudo soy, oídme.
.
Dadme vuestro amor, y en cambio seréis sefi_ora de cuantas tierras se
divisan desde el más alto pico de Sierra BermeJa; dadme vuestro a~or,
y en cambio alfombraré vuestra estancia con banderas enemigas;
dadme vuestro amor, y en cambio derribaré con mi lanza cien tronos
para hacer uno digno de vos.
-Esperad, esperad, valiente Don Gonzalo.

Atla&lt;:hés militares que concurrieron á. las pruebas.

-Riquezas poder y amores te brindan, mi hija querida; si los aceptas, sola, muy sola quedará tu madre, vieja y sola como la vieja torre
feudal de Aguilares.
.
Para ti tu madre anciana s6lo tiene cariño.
Alicia, mi hermosa hija, no te apartes de mí, yo te amo más que
el rico Don Nufio, más que el guerreador Don Gonzalo, más que el
buen trovador Fernán.

ce poco las pruebas del cañ6.n Bange de tiro lento y afuste rígido,
transfor~ado por el sefior Coronel Manuel Mon&lt;lrag6n en cafi6n de
tiro rápido y afuste defor~able.
..
***
A las experiencias estuvieron prese~tes los attacbés militares de las
··············· ············· ················
Legaciones de Inglaterra, Estados Umdos y otros países, así como al·······························
El ábrego gemía estrellándo:e
gunos oficiales del Ejército francés y multitud de particulares.
rn la cruz del camino; en la cruz
Al hacerse los primeros dispa•
que velaba el inacabable dolor de
ros la concurrencia qued6 soruna anciana.
pr;ndida al ver la inmovilidad
Sonriente de gozo, acompañandel montaje de la boca de fuego
do á una gran dama, pas6 ante la
y el perfecto funcionamiento de
cruz y alej6se el rico Don Nufio.
su mecanismo. Veintitrés dispa•
Refrenando el corcel, el Alférez
ros en un minuto, fueron sufide Don Gonzalo deposit6 al pie
cientes para demostrar el éxi':.o
de la cruz el último trofeo arranalcanzado por el inventor, y las
cado por su sefior al enemigo.
ventajas que para la artillería
Arrodillado ante la cruz el troofrece la nueva pieza.
Para que nuestros lectores se
vador Fernán, entonó una endeformen una idea de la importancha triste como el ¡ay! de un agocia que reviste la modificación
nizante, y, rompiendo las cuerdas
hecha á los cañones Bange de 80
de su lira, se march6 para nunca
milímetros, por el Coronel Monmás volver.
drag6n, diremos que en la :-1-ctuaSola, sola, velando día y nolidad esas piezas se consideran
che
sc,bre la tumba de su bija,
casi inútiles para el combate por
qued6
la anciana Condesa de los
ser ante todo, de tiro lento, y
Aguilares,
y cuando Fernán alequ~ transformándolas conforme
jábase,
la
infortunada
señora, soal diecanismo ideado por aquel
El Coron~l Mondrag6n explica"indo el mecanismo de la pieza.
llozando,
exclamó:
distinguido militar, pueden te-¡Alicia, mi hermosa hija, la muerte &lt;le mí te apart6; pide á la
nerse como unas de las más efi.caces y sencillas para el manejo. La transformaci6n, por otra parte, remuerte que me lleve pronto á ti; porque yo te amé y te amo más que el
rico Don Nufio, más que el guerreador Don Gonzalo, más que el buen
sulta muy poco costosa.
El Coronel Mondrag6n recibi6 numerosas felicitaciones por los britrovador Fernánl. ..
M. R. BLANCO.
llantes resultados obtenidos en las pruebas.

¿Serás tú acaso espíritu errabundo
De la Musa Latina
Y por eso pretendes tú de' mi arpa
Lai. notas arrancar hasta hoy cautivas?
¡Ah! si es así, ¡oh Musa inspiradora!
Sé tú la bien venida•
Haz el ~rpa vibrar y en hdnor tuyo
Desatara torrentes de armonía.
Mas ya lo ves; sus cuerdas están mudas·
Y aves entumecidas
'
Sus º?tas son; ~as hielan en sus nidos
Las meves del mvierno de mi vida.
JOAQUÍN D. CASA$ÚS,

Julio 30.

Decid una sola palabra, y un ejército de esclavos, negros eomo el
fondo del precipicio de Geb-Elvira, se pondrán á vuestras 6rdenes;
decidla, y de la Circasia y de la Armenia, doncellas vendrán á quemar
perfumes en vuestro camarín.
Amadme, noble Alicia, y en los treinta y dos remates de vuestra
condal corona engarzaré joyas tan valiosas que los soberanos más ricos envidiarán vuestra riqueza.
-Esperad, rico Don Nuño.

.,.

**
--Por vos, mi hermosa duefia, he vencido en cien combates, y los

Un disparo con el Bange reformado.

�Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
~L MUNDO ILUSTRADó

ccYo soy el «hanum,»
dichosa, dice cantando la
bella sierva; yo sor la
«vencedora de los corazones,» y el de mi Sef\or,
«el hermano del Sol,» lo
tengo á mis pies.
«Yo soy una de las cuatro «cadinns,» para. quienes el Gran Se,ñor guarda sus calientes besos y
su primer abrazo l;Uando
el sol deja de dorar los
ajimeces del Serrallo. Yo
tengo mi kio!'CO primoroso y mi corte de reina,
mis altos funcionarios,
mis eunucos negros, mis
esclavas blancas, mi carroza de oro, mi góndola
forrada de raso, y tengo
ccmi dinero de las pantuflas,» que es la renta de
una provincia del reino
inmenso de mi dueño y
siervo.
«Yo canto y él se conmueve; bailo y él se alegra; río y se desarruga
su frente, como el ceño
del cielo desaparece ante el rayo del sol; suspiro y entristece, lloro y
quiere morir.
«Mas, detrás de estos
muros altos y espléndidos que limitan mi reino, dejé un país vasto, y
en él un hogar pobre,
con dos ancianos que
acaso han muerto ya del
TIPOS NACIONALES.-India yaqul.
dolor de mi ausencia.
LIED
«Toma, Señor, los brocados con que me cubres, las joyas con que me adornas; y toma tu
carroza y tu g6ndola; y la corte con que me
I
honras, y las el&gt;clavas con que me sirves y el
La tez ruborosa
dinero
con que me envileces; toma tu co~az6n
y humildes los ojos,
con
que
°;le engañas, y déjame tan s6lo un par
mi amada son:íe, sonríe como ángel,
de
sandalias
cou que atravesar el desierto pay escucha á m1 lado mi canto amoroso.
ra ir á encontrar á mis padres y besar el 'sue-Oye, platero!
lo en que libre nací, pobre é inocente.»
Afila el cincel, y pronto
Eso canta la esclava hermosa, y una lágripara el dedo de mi novia
ma !&gt;rota de sus ojos grandes y negros.
hazme un anillo de oro.
Riquezas, honores, voluptuo~ molicie, nada llena el alma del esclli YO que no ha nacido
II
para ser!?, ¡El aire li_bre, el suelo propio, el te«Adi6s, mi adorado»
cho hum1lde1 pero sm guardas, el cuerpo fatime dijo llorando ......
gado, pero sm cadenas, el pensamiento rey, la
Qué triste es la ausencia! Qué tristes mis noches,
y en vano la espero, y e11 vano la llamo!
-Oh tapicero!
Para guardar su retrato
y las cartas que me escriba,
hazme una caja de raso.

conciencia soberana; y sobre la fn-nte tan ~Glo
la mirada de Diosl-N. BoLET PERAZA. ·

J:a canción dt las narantas.
Con los golosos labios, irritados
por el ardiente zumo, amada mía,
y á plena luz, atravesando huertos.
cantemos la canción de las naranjas!
Falsamente modestas, han ceñido
su roja piel con el rama.je obscuro,
como mejillas de mujer, brotando
de entre el desorden de cabellos negros
como roses en medio de las ruinas.
'
¡Son las bijas del Sol, las encargadas
de esparcir su alegría por el mundo!
-Muerde ésta, amada, con tus blancos dientes
y entorca las pupila11, recordando
la gloria de los árabes!-Sus fiestas
•
llenas de luz; los patios y las cañas,
los húmedos jardines y los bailos
desbordantes de vida, estremecidos
por el largo reír de las Sultanas
y el dulce suspirar di, las cautivas:
recuerda, amada mía, las Huríes
que están, como naranjas luminosas,
tentando el apetito de los buenos
en el gran paraíso de las almas!
¡Muerde, mujer traviesa., el fruto ardiente
y que el zumo abundante, al escaparse
por el labio entreabierto, corra en hilos
por tu sedosa piel, y cuello y manos
huelan como naranjas al besarte!
-Así resbala el agua entre los labios
abiertos de las piedras; así el Día,
como triunfante risa, se desprende
de la siniestra. boca de la Noche,
cu'!-ndo sus labios gigantescos-cielo
y tierra-se entreabren. ¡ ~Iuerde, amiga!
¡muerde los frutos de color de fuego
y sorbe ufana el abundante zumo!
iL~s lluvias _tristes, las neblinas densas,
las meves del 10vlerno se detienen
ante el azul país de lus naranjas!
Triunfan las favoritas de la Vida
junto á la espuma de las playas rojas,
y el_pue~lo, recibiéndolas alegre,
las 1mag1na dones misteriosos
que cultivan las macos de las hadas
para bien de los dioses. - Y al gustarlas
las niñas atrevidas, á su b;1mauo
cuenten la historia. de las tres menudas
naranjas del Amor! ¡Muerde, adoro.da!
¡Muet·de los frutos del amor, que tienen
la corteza de fuego y Ia piel suave
como un ala de blanca mariposa!
¡;\luerde, esperando el triunfo del Verano
los deliciosos frutos del Invierno!
'
. Sí, cuando todo pase, en los lejanos
tiempos de la vejez contempla.ti va,
cuando á la cumbre de los montes llegues
donde todv son témpanos y rocas
todavía con gusto las causadas '
pupilas volve1·ás bada los valles·
todavía los frutos encarnados '
como labios alegres, desde lejos
te dirán malicio~as expresioues-'
y con ri,a. ~enévola~ya u.ocian~,
ya. flur medio ca.ida. eu lo infinitobendecirás tu juventud de amores!
-!\quel uiul país de las naranjas.
E.

III
Mi alma solloza,
mi vida es martirio ......
¡Qué triste que canta la brisa de invierno!
¡Qu6 triste mi alma se muere de olvido!
-Sepulturero!
Mi ataúd está ya listo ......
hazme una huei;a muy honda,
que quiero dormir tranquilo!
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

€1 canto dt la tsdaoa.
Sentada sobre sus muelles cojines, los pies
desnudos y ungidos con oliente sándalo; el pebetero exhalando vahos de resinaR que eu,briagan con su aroma; el arpa apoyada en el hombro, los dedos prestos á herir las cuerdas así
está la bella esclava, así se prepara á cantar el
triste salmo de su servidumbre, que el señor
hastiado y desdefioso, escuchará somnolient¿
allá en su diván riquísimo.
NUESTRO PAIS.-Plaza de la Constltun!On
~
en Sayula, (Jalisco).

MARQUINA.

Bellas A rtes.-1D ILIO ORIENTAL

Domingo 9 de Agosto de 1903.

�CONflDfNCIAS

EL
Jlño X-tomo n- núm. 1

Mu Npo ILUSTRAD o
mextco, Jlgosto 16 dt 19oi.

Gerente: LUI&amp; Rt Yl&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAIL R fl't&amp; &amp;PINDOU.

son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad ele síntomas molestos que seguramente habr/í. usted sentido alguna vez 6 cuando
menos en parte.
El imi-omnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación ele pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, sueño ó pereza inmotivados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la me,
moria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin cama aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
To&lt;lo este cuadro de síntomas, unidos á otros muchos que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte &lt;le las enfermedadrs consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría ele los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no impo•
sible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos 18
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustt&gt;d, como hombre pensador se preocupa de su estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á eate respecto dicen los médicos más afamados. Tome sin pérdida de tiempo el

Wino 6e dan Sermá/J
D e l Doctor

LATOUR BA UMETZ,
que sin molestia de !lingún género, devolverá á su organismo :el completo vigor y la plena salud que había perdido.
Teniendo fácil remedio todos los males que forman el principio ele las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano ele usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
Xo siendo el

Vino de S a n Ger01án
una prepanción empírica, sino que: está ajustada á los más rigurosos principios de la ciencia y que ha sido no solamente aprobada sino
prescrita por los más eminentes y conocidos médicos, puede u!:ted tamarla sin temor, recomendarla á s11s amigos, darla, á su familia
con absoluta confianza dvnde quiera que haya un dolor que aliviar ó una enfermeelad que combatir.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 6, Agosto 9</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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