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                  <text>CONflDfNCIAS

EL
Jlño X-tomo n- núm. 1

Mu Npo ILUSTRAD o
mextco, Jlgosto 16 dt 19oi.

Gerente: LUI&amp; Rt Yl&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAIL R fl't&amp; &amp;PINDOU.

son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad ele síntomas molestos que seguramente habr/í. usted sentido alguna vez 6 cuando
menos en parte.
El imi-omnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación ele pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, sueño ó pereza inmotivados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la me,
moria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin cama aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
To&lt;lo este cuadro de síntomas, unidos á otros muchos que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte &lt;le las enfermedadrs consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría ele los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no impo•
sible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos 18
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustt&gt;d, como hombre pensador se preocupa de su estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á eate respecto dicen los médicos más afamados. Tome sin pérdida de tiempo el

Wino 6e dan Sermá/J
D e l Doctor

LATOUR BA UMETZ,
que sin molestia de !lingún género, devolverá á su organismo :el completo vigor y la plena salud que había perdido.
Teniendo fácil remedio todos los males que forman el principio ele las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano ele usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
Xo siendo el

Vino de S a n Ger01án
una prepanción empírica, sino que: está ajustada á los más rigurosos principios de la ciencia y que ha sido no solamente aprobada sino
prescrita por los más eminentes y conocidos médicos, puede u!:ted tamarla sin temor, recomendarla á s11s amigos, darla, á su familia
con absoluta confianza dvnde quiera que haya un dolor que aliviar ó una enfermeelad que combatir.

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LA CORONACIÓN DE PÍO X.

�t&gt;omlngo 16 de Agosto de 1908.

Una lección de moral.
(Véase el artículo "Las matanzas de fru.iles. ")

No bien mi abuelo «tuv•&gt; viento,• como dicen los franceses, de que había «dos ?olgados»
en la Plaza de Armas, debe haberse dicho: «ésta es la mía,» y tomándonos de la ~ano~ Carlos mi hermano y á mí, nos cond UJO al pie del
patíbulo para darnos una lección «objetiva• de·
moral.
Es sorprendente que en aquell_n ~poca, ya
remota, en la que ni Pestalozz1 m Froébel
eran conocidos entre noi:otros y en que las reformas pedegógicas no eran ni s~spechadas en
México, se aplicaran ya las lecc10nes de cosas
á la educación moral.
En efecto, cada vez que había fusilado, y
nada más frecuente que el que lo hubiera, los
padres y tutores madrugaban y hacían madrugará sus hijos ó pupilos, para llevarlos á
presenciar la ejecución, hacerles palpará d_ónde conducen el vicio y el crimen! y demo_strarles prácticamente que por descuidar el silabario ó el catecismo, puede llegar un hom b1 e á
la deshonra y á la muerte.
.
En aquella sazón, tenía yo un miedo cerval
á los muertos, y los espectúc~los cr~entos 1!1ª
horripilaban y causaban vértigos. ~ien hubiera querido quedarme en casa y deJ&amp;r en paz
los restos de los que fueron; pero ~i abuelo
no cej6, y hube de acompañar\?, páhd~ y trémulo como si me fueran también á fusilar.
Ll~gamos. No olvidaré jamás aquel espectáculo. Los bandoleros pendían de dos de los
faroles de la plaza, frente á Pal_acio. ¡Qué Cf!-•
belleras hirrntasl ¡Qué barbas incultas, crecidas y ralas! Un lodo sanguinolento manchaba sus caras y sus ropa!!; en las blusas roj_as se
dibujaban y destacaban coágulos renegridos.
Colgados de las arcas, con ~nas cuerd~s, sus
cabezas pendían como abatidas y med1ta1:&gt;undas y sus ojos entreabiertos parecían mirarnos al soslayo. De tiempo en tiempo, por entre aquel •aguacero de m~chas» y «de ~ilachas,•
que diría Guillermo Prieto, se deslizaba por
una hebra de harapo ó un hilo de cabellera ó
de barba, una gota de sangre, rubí en el basurero, y caía al suelo.
Yo no tenia para aquel espectáculo más que
estupor y náusea, y no pod~a des~i9:r los ojos
de tanta miseria y de tanta 1gnommia. Por la
primera vez de mi vida la mu~rte _se me ofrecía en cínica y triunfal apoteosis, ~mta en sangre, erizada la melena de ~umé~1de y alzando en alto un padr6n de informa: «¡Por ladrónh
Mi abuelo hablaba entre tanto. Yo casi no
oía de su discurso más que palabras sueltas:
virtud 1 trabajo honor ....... Era la lecci6n de
moral dada al ~ído, con voz anegada en lágrimas é impregnada de profunda y sincera ero?·
ción. Poco á poco, y arre~atado por s~ propia
elocuencia, la voz de mi abuelo se hizo más
vibrante se form6 un corro al rededor nuestro cirdulo atento, curioso y creciente, que
no~ estrechaba y oprimía, para ver lo quepasaba y oír lo que se decía, y la ~\ática s~ ~onvirtió en disertación. Papá Pepito se dmgía
ya al pueblo le predicaba virtud y honor; confiaba en que: como se había ya dicho antes
y había de décirse después, la sangre de aquellos bandoleros sería la última que se derramara por la odiosa causa del crimen, y_creía
ver al México de mafiana pr6spero y fehz por
el trabajo honesto, gracias á aquellos terribles,
pero necesarios escarmientos.
En ese momento sinti6 que le sacaban el reloj. Con un movi~iento súbito, ~e apoderó de
la mano que le registraba el bobillo, el ratero
quiso desasirse sin logra~lo; ~ma breye lucha
seguida de la completa victoria de mi abuelo,
nos dejó en el centro de un clar? de la multitud antes apiñada y atenta. Mi abuelo tenía
sujeto de la mano á un joven, casi un adolescente, vestido de camisa y calzón de manta,
chilapefio y calzado con huaraches.
La peroraci6n se enderez6 entonces al ratero:
-¿C6mo, ¡infeliz!, ante estos cadá!eres,
frente á esta picota, cuando corre ante ti san-

EL MUNDO ILUSTRADO.

gre de ladrones, y la infamia de su crimen.horroriza á todas estas gentes honradas; mie~tras los padres de familia traen aq;ií á sus hijos para que vean palpablemente a dónde los
podrá conducir la mala conducta; cuando estás seguro de que mofiana tu cadáver vendrá
á substituirá alguno de éstos, todavía teatre·
ves á robar?
-«¡Pa que viasté, sifior, lo que nos cuesta!n
-dijo el ratero, y aprovechando el est~por de
mi abuelo ante su cinismo,_ logró d~esas1rse, ~?
abri6 pnso á través de la gente y ctesaparec10
por entre las cureñas y cajuelas de una batería tendida junto á Palacio.

***

Años después, he reflexionado e~ aquel_ suce.so. Dos escarmientos bastaron á 1m pedir el
saqueo y el incendio de la ciudad; pe:o el raterismo no resintió poco ni mucho la influencia de aquellas ejecuciones sumarias y sin form11. &lt;le proceso. Miles de hechos más ó menos
análo~os, han venido después á probarme que
más puede el rigor contra los crímenes que sugiere la violencia, que sobre los que consuma
la habilidad· que la sociedad está mejor armada contra el bandido, que contra el ratero ó el
estafador, y que vence mí1s fácilmente á Muzzolino que á «Chucho el Roto ...
DR. M. FLORES.

ENCUENTRO DE GA.TOS
Un gato amarillo y blanco, recostado á la
orilla de un elevado techo. Xo duerme ni tampoco tiene intención de dormir. Obedeciendo
á los instintos contemplativos de su raza, está
ahí para sofiar, observando al_ mism~ tie1;JlPº
las lejanías circundantes. De improviso: Junto al ángulo de una pared vecina aparecen dos
orejas saliendo detrás de una chimenea, dos
ojos e~boscados, una cabeza de ademán resuelto: otro gato!
Negro enteramente y silencioso, con precauciones de apache, al descubrir al primero,
vuelto de e!lpaldas, se detiene un momento
para reflexionar; después, por una serie de
contramarchas muy estudiadas, poco á poco ·
avanza sus patas sedosas.
El soñador, sin embargo, siente la aproximaci6n del visitante y vuelve bruscamente la
cara: orejas bajadas al momento, ligero mohín en los labios, imperceptible movimiento
de las garrae dentro de su estuche aterciopelado.
Con una calma en extremo afectada y alto
el lomo, el recién llegado se aproxima mientras que el primer ocupante, sin moverse, lo
foca con el fuego de sus ojos verdes.
Es evidente que ya se conocen un poco y
se tienen cierta estimaci6n; sin eso, el duelo
sería inevitable.
Con sus mismos sesgos y altos prolongados
llega el gato negro, al fin, y deteniéndose á
dos pasos del amarillo, siéntase erguido un
momento mirando al cielo, como diciendo:
«Ya ves que mis intenciones son pacíficas;
vengo yo también para admirar este hermoso
panorama.»
Entonces el otro vuelve la mirada, ya tranquila, hacia los lejanos horizontes, en señal de
que ha comprendido y no siente desconfianza
alguna; al ver este ademán el gato negro, se
echa á su vez, pero 1con qué acompasada lentitud va doblando en varios tiempos y movimientos una por una sus patas sedosas! Algunas miradas cambiadas aún, medio cerrando
los ojos en forma de sonrisa amistosa. Y, en
fin, sellado el pacto de confianza, los dos, sin
ocuparse el uno &lt;lel otro, quedan absortos, en
una honda contemplación, en l\n largo ensuefio.
•
PIERRE Lo1'I.

=-=

LA MUERTE DEL PAPA
JI i,ropóslto 4t nutstros graba4os.
En el presente número completamos nuestra información relativa á la muerte del Pa¡&gt;1
Le6n XIII, dan&lt;lo á conocer algunos grabadoe
-reproducidos de periódicos europeos-que
representan, entre otros asuntos, la confesi6n
del Sumo Pontífice y el aspecto de la Basílica
de San Pedro í1 la hora en que el público deefilaba frente á la capilla donde el cadáver estuvo expuesto.
A al~unos de nuestros lectores les habrá sorprendido, indudablemente, que mucho ante.
de que se recibieran en México aquellos peri6cos, hayamo'! publicado nosotros un grabado
en que aparecía el Camarlengo &lt;le la Sede dando fe del fallecimiento dPl Papa, y otro que
reproducía, tal como la describi6 el cable, la
escena de sus funerole8.
Esto que aparentemente no'I acusaría de
lig~rez~, tienf:, sin emhnrgo, su explicaci6n
muy clara: á nadie, por ejempl?-Yª sea fot6grafo ó d1bujante,-pudo perm1tírsele la entrada á la recámara de Le6n XIII, en los momentos en que Su Santidad se confesaba, ni
tampoco en el instante preciso en que Oreglia,
golpeando con el martillo de plata la frente
del Pontífice muerto, declaraba la vacancia de
la Sede Romana. La «Illui:tratión» francesa,
no obstante, ha ofrecido á sus lectores dos dibujos que reproducen aquellos actos solem•
nes.
¿Cómo ha si&lt;lo esto posible? Es claro que
para reconstruir ambas e!-cenas y ¡&gt;resentarlu
al público con el sello de verdad que puede
exigerse del periodismo moderno, el dibujante contó solamente con retrato2 y fotografías del Jugar, y con los datos que con respecto
á esas ceremonias, proporciona el conocimiento de costumbres Aeguidas de largos afi01
atrás. La composición del cuadro, mÍIB ó menos artística ó más ó menos llamativa, qued6
por completo á su arbitrio, y no por ser, en
parte, los trabajos de esa índole, producto
de la imaginación, dejará. de descubrirse en
ellos un fondo de verdad que interese al p6·
blico, siempre ávido de noticias y de il~stmciones oportunas. A mayor abundamiento,
diremos que entre los diversos dibujos relati•
vos á una misma escena y publicados por 101
mejores periódicos de Europa, no hay dos, de
distinta firma, acordes en los detalles; pues
mientras en «L'Illustration» aparece el Papa
tendido en una cama de latón en el momento
en que Oreglia declara que ha muerto el Pon•
tífice, en el «London News» ap~rece tendido
en la cama de madera que us6 siempre.
Siguiendo nosotros el procedimiento aceptado ya en todas partes por el público y que
siguen unos periódicos tan prestigiados como
son «L'Illustration• y el «London NewA,• noe
resolvimos, en obsequio de la op0rtunidad, A
publicar los ~rabados á que antes hicimos referencia, aprovechando para la ejecución de
los dibujos correepondientes, los retratos de
los cardenales y las fotografías del Vaticano
que erafi necesarias para reconstruir, conforme á las noticias ministradas por el cable, laa
escenas respectivas. Por lo que ve á los traj~
tuvimos á la mano las obras que los descnben y presentan con más fidelidad.
. .
El éxito que hemos alcanzado nos i~dica
que éste es el camino que debemos seguir, Y
así lo baremo!!: el público, en su mayoría,
acepta con gusto nue1&gt;tras ilustraciones, y tan·
to este semanario, como «El Imparcialn Y «El
Mund,&gt;,• han tenido que aumentar, en los úl•
timos días, su tiro ordinario.

***
En primera plana ofrecemos hoy un rlibujo
de la coronación del nuevo Papa, hecho según la información que contienen los cablegramas y conforme á los datos que acerca de
la ceremonia hemos recogido de fuentes muy
dignas de crédito.

Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

mutrtt dtl stñor tic. tancAsttr lonts.
En la ciudad de Cuernavaca, á donde había ido en busca de salud, falleció el domingo
anterior por la tarde, el sefior Lic. Don Alfonso LanCÍlster Jones, caballero muy conocido
en :México y generalmente estimado en los
círculos sociales y políticos.
El sefior Lic. Lancáster Jones, que durante
más de un año desempefió en Inglaterra el
cargo de Ministro Plenipotenciario de nuestro
país cerca del Gobierno de Eduardo VII; venía padeciendo, hace algún tiempo, una 8:f;c·
ci6n pulmonar. Para atender á ~u curacion,
po\icitó y obtuvo del sefior Presidente de la
República ser relevado de
su alto puesto, y despu~s
de una larga. travesía, que
mucho contribuyó á exacerbar sus males, vino á la
capital con el prop6sito de
dirigirse de aquí al punto
que los facultativos le señalaran como más á propósito
para su restablecimiento.
La enfermedad, por desgracia, había adquirido caracteres muy graves, y el
terrible desenlace sobrevino
á los pocos días. Los deudos del paciente, que se encontraban en México, fueron llamados á Cuerna.vaca
--donde se hallaba ya su
esposa,-y poco después ,de
su llegada, el señor Lancaster J ones entró en agonía,
muriendo á las dnco y cuarenta de la tarde.
En el Hotel de Cuernavaca donde residía e1 distinguid o jurisconsulto, se _improvisó una capilla ardiente, depositándose en ella el
cadáver durante algunas horas. El señor Gobernador
del Estado, Coronel Alarcón y otrcs funcionarios,
enviaron coronas, haciendo
presente á la familia del fi.
nado su condolencia por tan
sensible pérdida.
El cadáver del señor Lic.
Lancáster Jones fué embalftamado y traído á México,
para inhumarlo en el Panteón Francés. A los funerales concurrieron numerosas personas de representaci6n.

para que más fácil le sea evitar las persecuciones de sus enemigos. El equilibrio entre el
ataque y la defensa se ha roto. Es necesario
restablecerlo.
-¡C6mo!-exclnmé balbuceando,-¿en eso
estás pensando? ¿Y nosotros los hombres no
somos tus hijos predilectos?
Ella frunció un poco el entrecejo.
•--Todos los animales-dijo- rnn mis hijo3.
De todos me preocupo igualmente y á todos
por igual los extermino.
-Pe10 ...... el bien ...... la raz6n ...... la justicia ...... -murmuré.
-Esas son palabras humanas-repuso la
voz de hierro;-yo no conozco ni el bien ni el

EN HONOR DE PIO X
misa y "Te Deum,,

eatearal.

~Iuy justificado era el entusiasmo con que
los católicos esperaban la celebración de la
~füa que el Cabildo Eclesiáljtico clispu~o en
honor del Papa Pío X, pues pocas veces, como el domingo último, se habrá efectuado en
la Basílica una festividad mejor organizada y
más solemne.,
El templo, literalmente henchido por una
concurrencia en que '.le veían representadas
todas las clases sociales, lucía sus más ricos
adornos: grandes lienzos de
felpa roj!L, franjeados de oro,
que cubrían las columnas,
y multitud de luces distribuidas en los candiles de las
bóvedas, en el ciprés y en
los altares. Los candelabros, floreros y demás paramentos que decoraban estos
último~, ofrecían, en conjunto, un soberbio golpe de
vista.
A uno v otro lado de la
crujía, y 'cerca del ciprés,
se levantaron dos amplias
tribunas: una, destinada al
Cuerpo D~~lomático, y otro,
á las familias de los señores
11inistros y á las damas de
la mejor sociedad mexicana,
q~e habían ofrecido concurnr.
El señor Arzobispo .\larc6n se pr~sentó en Catedral
poco antes de la hora fijada.
para la ceremonia, y á las
nueve y media dió principio la ~füa, oficiando en
ella de pontifical el mismo
Prelado. Los señores Canónigos Herrera, .Jainaga, Cruz
y de los Cobos, asistieron al
oficiante.
La Misa cantada, que fué
la de Gounod, llamó verdaderamente la atenci611 del
público, pues tanto la orquesta como el coro, desempefiaron con mae:;tría los
hermosos, pero difíciles números que componen la obra.

Concluída la Misa, el señor Alarc6n entonó el «Te
Deum,» echándose entonces
á vuelo todas las campanas
del templo.
Entre la concurrencia,que
era numerosísima, se encontraban casi todos los miembros ,del Cuerpo Di ploroático y algunas damas de las
más distinguidas en los mejorPs· c!rculos rnciale.,;.

La Naturaleza
Entré en una inmensa sala subterránea de altas b6veda".
Todo ella estaba iluminada por un resplandor que
parecía surgir del suelo.
En el centro estabn. sentada una mujer de majestuoso aspecto, vestida de un
amplio traje verde.
Apoyaba en la mano su cabeza y parecía
meditar profundamente.
Comprendí que estaba ante la Naturaleza y
al punto nació en mi alma algo como un temor sagrado, ó reverencia silenciosa.
Acen¡uéme á la mujer sentada y, después
de saludarla ::on respeto, la dije:
-¡Oh madre común! ¿En que estás pensando? ¿Acaso en los futuros destinos de la
humanidad? ¿En las condiciones necesarias
para que alcance toda la perfección y dicha
posibles?
Lentamente volvió la mujer hacia mí sus
ojos sombríos, penetrantes y temibles; entreabriéronse sus labios, y oí su voz resonante, como de hierro que chocara con hierro.
-Pensando estoy en el modo de dar mayor
fuerza á los músculos de la pata de la pulga,

tn

Sr. Lic. D. Alfonso Lancaster Jones.
~al: _vuestra razón es _mi_ley. Y, ¿qué er¡ la
Justicia? Yo te dí m1 vida, yo te la quitaré
para dársela á otros seres, sean gusanos ú hombres, indistintamente. Tú, mientras no te llegue la hora, si~ue en la lucha, procura defenderte y no me importunes más.
, Quise replicar, pero toda la tierra en torno
fofo mugió sordamente; yo me estremecí de
espanto.
¡Entonces desperté!
IvAx TouRGUEXEFF.

.,11/ligida
¿Qué culpa tuve, si con ser tu amante
A la cita no fuí, tierno amor mío
'
Si la noche era obscura, intenso
frío
Y vino el suefio y me venció al instant~?
Si tuve culpa, vuelve á mí el semblante
Blando, amoroso; no con cefio impío
Mi voz dPsoigas, tú perdón ansío
Torna po_r mí, te seguiré anhelante ..... .
1Iira ~on qué an_siedad te espero y llamo;
Soy débil, POY muJer, no me acongojes·
Dímelo y presto volaré al reclamo.
'
¡No, de tu corazón ¡ay! no me arrojes!
Que con toda mi alma yo te amo
Y me duele en el alma que te enojes ..... .

¿¡

ENRIQUE FERNANDEZ GRANADOS.

�Domingo 16 de Agosto de 1903.
Domingo 16 de Agosto de 1903.

--

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO 11,USTRADO

Misa solemne en Ca.t-edra.1, en a.cclón de gracias Por la. elección de P'Io X.

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\ .1)~...:_....J.[.:;..::~=
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SaHda de la. concurrencia por la puerta. del Seminario.

(Fot. de "El Mundo nustraOo.")

�Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL liUNDO ILUSTRADO

POESfAS INDOSTÁNICAS
EL LOTO
El Loto, especie de gran J
asiático, es flor sagrada y sim
licaeotreegipcios é iodostáni
Ea Egipto, ea la religión de
mes, significaba iomortalid
adornaba. las estancias de
Dioses; en la Indio. se rep
á Lackmi, esposa de Krisna
nieado por trono el loto. Ap '
das al corazón las hvjas de J
curan las pasiones desgraciad

Loto, trono de dioses y de diosas,
mágica, suave y poderosa flor,
de encantadoras ninfas predilecta,
del Indostán flor6n.
¡Sálvame! En lo escondido de mi pecho
un veneno me mata roedor:
calma por tu virtud el fuego vivo
que arde en mi coraz6n.
En las fiestas de Krisna, en las que el pue
á la divinidad alza su voz,

vi... un extranjero tntre las verdes palmas,
más hermoso que el dios;
sí, más gentil que los divinos genios
que pululan de Brahama en la mansi6n.
Su, dulce acento penetr6 en mi alma
como flecha veloz.
En vano á todo sacerdote imploro:
no hallo filtro que alivie mi dolor;
en tus hojas, ¡oh Loto!, solamente
fundo mi salvación;
que ellas sean mi bálsamo suave ..... .
En su bajel el extranjero huy6 .... .
Devuélveme la paz .. porque me abraso:
porque muero de amor!
(Traducción de MARTl- MIQUEL.)

Para saber algo,
do. -GoETHE.

*
El honor es como la juventud, una vez
dido, no se halla más.-CAXTU.

El Camarlengo recita las preces de ritual ante la uro.a en que fueron depositadas las vfsceras de León XIII, después de embalsamado el cadáver.

.

Domingo 16 de .Agosto de 1903.

�MISA SOLifimrt n:nttTkii!ÍAL EN ACCION DF, GRACIAS POR LA ELECC[O. E Pro

X .-ASPECTO DEL CIPRÉS, DE LA CRUGÍA y DE LAS TRIBUNAS DE LCS INVITADCS.

�Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL RAYO
Madre haraposa: tú que á las puertas
vas con las manos siempre tendidas
y hallas las bolsas siempre desierta~
y las conciencias siempre dormidas;
tú que en la alforja de tu miseria
vas recogiendo los desperdicios,
que en el naufragio de cada feria
sobre las playas echan los vicios;
tú eres la hija del que en la guerra
se armó soldado, vibró su acero, ·
rodó en las luchas; se hundió en la tierra...
¡y hoy nadie sabe si fué guerrero!
Tú eres la hermana del que en los dientes
del engranaje cayera un día:
las ruedas fueron indiferentes·
pero los hombres más todavía'!

Domingo 16 de Agosto de 1903.

Tú eres la viuda del que al abrigo
del Sol, muriera sobre el a;ado:
hoy todos comen pan de su trigo·
tú no lo comes ... ¡y él lo ha sembrado!
Tú eres la hija, tú eres la hermana
tú eres la viuda, siempre en trabajo·'
tú eres la madre que hará mañana '
una bandera de cada andrajo!
En las entrañas, como un consuelo
guardas un hijo del ?1uerto esposo ....'..
Nube de harapos: prensa en el cielo·
pero en el cielo más tempestuoso! '
No será tu hijo tieruo querube
copa de mieles, ni flor de mayo ..'....
Madre haraposa: tú eres la nube· ·
¡y en las entrañas tienes el rayot'
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

1901

I
Media noche de poi· filo
y en calleja solitaria,
recatado entre las sombras
como siniestro fantasma,
por la cólera turbado
está don Luis de Moneada,
que le han robado la honra
y quiere tomar venganza.
Y ha de tomarla cumplida,
y completa ha de tomarla.
que ¡por Cristo! que otra igual
el rey mismo no tomara.
No en vano su pecho alienta;
no en vano de alta prosapia
es don Luis vástago altivo,
y tal dice su ar•ogaocia;
no en vano ganó laureles
en Portugal y en Italia,
y conservó de su abuelo
blasón, empresa v espada.
Cuando de la vil deshonra
cae en el rostro la maucha.,
y quieu la lleva no siente
que sus iras se uesatan
como el huracán bravío,
como tempestad que estalla,
como el trueno que retumba
en llanuras y montañas,
no merece, por menguado,
el hono1· de la. venganza,
y el deshonor le mancilla
y la deshonra le infama;
pues ta.oto el tRmor le ofuRca
que olvida qu~ tales manchas
sólo el ace1·u las borra,
sólo con sangre se lavan.
Por eso entre las tioieblas,misteriosas enlutadas
que si al traidor dan ayuda
Je traicionan por la espalda,como so111bra ¡.n1.vo1·usa,
como siniest,·o fanta,ma,
en el corazón ¡.a·entlidas
de tal afrenta I as 11 amas,
reprimiendo su coraje
y conteniendo la saña,
por la cólera turbado
está don Luis de Moneada.
Y habrá de quedar memoria
en la. gente castellana
de cómo lava su afrenta
quien tuvo en tahto su foma.

Sr. General Francisco O. Arce.

N ECROLOGIA
El lunes por la tarde murió en México el
señor General Don Francisco O. Arce.
La muerte del se:fi.or General Arce ha sido
mny sentida en los círculos r..lilitares, pues
aparte ~e que el ~nado era uno de los jefes
más antiguos del EJército, contaba en su abono con antecedentes muy honrosos.
Comenzó su carrera por los años de 1845 {i.
1846, concurriendo, como cabo, á la batalla
de Churubusco. Al iniciarse la guerra de la
Reforma y de la Intervención, el General Arce se mostró un partidario decidido de las intituciones liberales, luchando al lado de Como~fort contra los franceses, en calidad de
Teniente Coronel. Estuvo, después, en la batalla de San Lorenzo y en muchos de los innu!I}erables hecho~ de armas que, á partir de
esa epoca, se sucedieron ein interrupción. hasta 1867. En este afio, el señor General asistió
como Jefe de la 2~ División del Norte al sitio
y toma de Que.rétaro, que determinó la caída
del llamado Imperio y el triunfo definitivo
de la República.
Restablecida ésta, el señor General Arce fué
sucesivamente, Comandante de la J:-laza Go~
~ernador de Sinaloa y de Guerrero, Diputado y
Senador al Congreso de la Unión en diversos
perí?dos. Al mori¡, desernpeñ_ab~ el cargo de
Pr_e~1dente de la 2. Sala del Tribunal Superior
M1htar.
A los funerales, que se efectuaron el miérco,
les con los honores de ordenanza, concurrier?,n la mayo~ p3:rte de los jefes de alta graduac1on en el EJérc1to y muchos particulares.

II

Por buena que sea la cabeza, no puede casi
nada contra el corazón. - ScuDERY.

¡Las doce! Sonó la hora.
¡Uuál se despierta la rabia
y cuál \"acilan los celos
entre dudas y esperanzas!
Por fin llegó; qut: si el toque
de la sonora campana
con su lúgubre tañido
no le dP.spertara el alma,
que estaba soñando sueño

*
. Las pasiones son los únicos oradores que
siempre persuaden.-LA RocnEFOUCAULD.

*
Si el talento es una piedra preciosa el tacto
es la montura.
ESTUDIO FOTOGRAFICO

(Mora.)

de horripilantes patrañas
¡por el Cielo y por la Virgen!
juraría el de Moneada.
En la torcida calleja
una sombra se adelanta
que arrimándose á los muros
caurelosa se recata.
Ya se acerca sigilosa,
y, aunque lentas las pisadas,
en las baldosas resuenan
más distintas y más claras.
Ya se adivina el embozo
al fulgor de pobre lámpara
que enciende piadosa mano
para cumplir una manda.
¡Con que es cierta. su deshonra!
¡Cierto que Beatriz le engaña!
El rondador se detiene ....
y está en la reja una dama..
¡Es ella! ¡Viven los cielos!
¡El único amor de su alma!
¡El amor de sus amores!
¿Ella? ¡Beatriz! ¡Ira y rabia!
¡Ah! No mintió quien le diJo:«Conde: celad vuestra casa,
&lt;que el honor alguien os roba
cde noche por la ventana.
«Y es oprobio y es vergüenza
«Pn tal hembra tal infamia,
&lt;y es villano quien la sufre
&lt;si no busca. la cobranza.&gt;

III
-Perdonad, ~eñora. mía,
si más rápido que el viento
y en alas de mi alPgría
no he venido .... Que lo siento
en el alma juraría.
-Si sois puntual á la cita,
por qué mP habláis de perdón?
¿Perdóo·t Quien le solicita
de tal manera acredita
que está muy puesto en razón.
- ¡Qué mucho si en raudo vuelo
teoctió sus alas mi endecha!
-¡Qué mucho si amor acecha
y pertinaz en su anhelo
me atravesó con su flecb a!
-Amando el hombre procura
unir la dicha. y la suerte ....
-Y en su delirio no· advierte
que si el amor es locura
Je lleva á encontrar la. muerte.
-Esclavo soy del Amor,
y Amor, señora. es abeja
que al volar de flor en flor,
en una sola se dej a
la vida con el honor.
- Sois galán ....
-¿Y quién, señora,
~ i acertó á ,·eros la c¡¡rr, , -

que es envidia de la Aurora,- ,
al hablaros no os hablara
como estoy hablando ahora?
-¡Ay, Diego! Que e~toy dormida
al oíros me pal'ece ....
Si fuese pasión mentida
la que en nuestro pecho crece,
no me robara la vida.
-¿,La vida:' ¡Plácido sueño
que, al són de música suave,
basta. nosotros risueño
llega de Amor en la nave
como buscando á su duPñol
¿.No supisteis de una flor
que, al despuntar la mañana,
rompió en pétalos de grana
la cárcel de su rubor?
¿Y nunca triste rumor
de alguna canción lejana
us contó, por la ventana,
pesares de un trovador'? f
¿,Jamás, delirante y loca,
tocó en ardiente embeleso
una boca vuestra. boca?
-Awor en las redes preso
ile otro amor que amor invoca
es flor y es canto y es beso!
¿.No supisteis de una estrella
prendada de un ruiseñor,
qne en los sauces del alcor
noche á noche se querella?
-¿,Y vos no sabéis si ella,
temerosa del azor,
tiembla mirando al cantor
cuando se avecina á vella?
-¡Va.no afán!
-¡Triste querella!
- ¡Una. historia de dolor
tao sentida como bella!
-Un cuento de trovador:
POR EL BRILLO DE UN A ESTRELf,A
GERIFALTE Y RUISE~OR.

-¡Cuánto vuestra voz conmueve!
-¡Atrás, villano y alt"ve
que así en la nocturna calma ....
-Fueg&lt;&gt; de Dios! Quién se atreve':
- ¡Sálvanos, Virgen del alma!
-;.Quién sois vos'?-el uno dice;
-Vos quién sois:'-el otro clama;
- ¡Diego Núijez de A lbornoz!
-El Conde Luis de Moneada.
Paso á paso y en silencio
apareados avanzan,
se detienen freute a l Cristo
y se miran cara á. cara.
A combatir se aperciben,
tiran sombreros y capas,
y las manos de ira trémulas
requieren fuerza y espada.
Ya con la vista se miden,
calcu lando la distaod11;
ya con rPcelo se acercan,
ya cnutt-losus se ut .can.

¡Cómo brillan los estoques!
¡Cómo se cruzan y enlazan
á los fulgores rojizos
de la mortecina lámpara!
Trémula chisporrotea.
del farolillo la llama,
y es muy o,cura la noche
y la claridad escasa.
Y los rivales no ceden;
en las tinieblas batallan;
entre la sombra se buscan,
y de la soml:&gt;ra se amparan.
Redoblan vigor y brío,
ebrios de cólera y rabia,
y son dos tig1·es que luchan,
y son dos hombres que matan.
Mano firme, mano artera,
esquiva un bote con waña,
y mortífera se hunde
basta la cruz una espada.
Un cuerpo que se desploma,
una vida que se apaga,
y unos pasos que de prisa
se alej!ln .... y luego . . .. nada!
IV
Llena de horrible congoja,
presa de mortales ansias,
por saber quién era el muerto
agual'Cló Beatriz el alba.
¡Qué tarde que llega el día!
¡Las horas qué leo tas pasan
cuando las cuenta entre dutlas
poi· sus temores el alma!
Alzó un cadáver la ronda,
llevóle envuelto en la capa,
y recogieron del sitio
un srmbre1·0 y una espada.
Del farolilo apagó~e
trémula y roja la llama,
y al fin,-consuelo dt:l tristevino la luz dese ada.

Beatriz partióse de Burgos,
y don Luis partióse á Italia,
ella buscando retiro,
el Conde buscando hazañas.
Pero en Burgos y en Toledo
y en la torre de Moceada,
donde con tocas de vmda
cuhre su afrenta la clama,
se.ben que el Conde ofendido
tomó de su honor venganza,
y logróla muy completa,
muy á tiempo y muy callada;
que la deshonra sabida
ni es vergüenza ni es infamia,
si la castiga el a ce1·0
y si co n sangre se Java.
MIGUEL HERNÁNDEZ -TÁUREGUI

Ja.lapa.-1903.

�Domingo 16 de Agosto de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 16 de ,\¡;osto de

El, MUNDO ILUSTRADO
l(l•):!_

cial, conocido dd uno al otro extremo de la
República, por &lt;lon&lt;le viajaba coni,;tantemente
llevando á cabo, y casi :-iempre con li!lonje~
éxito, infinidad de transacciones comercialeti,
Penlía!le yerdaderamente contento¡ el apeti:o
E n la Catedral de Puebla.
110 faltaba, ni los buenos plato!l, ni el buen
humor; bebíamos fuerte, y la charla no cesaba
Publica.mm; en el nre,;ente número 1!0s fo.
un punto.
tografías de la l'att•1!ral de Puebla, que repreCuando los mozos servían el caf(·, J&lt;:nrique
s1·11tan el inte1ior dl'l temple,, decorado parn
San Román, que tenía la peculiaridad &lt;le no
la,; honraR fúnebres allí celebradas en memoser oportuno jamás, pregunt6 de improviso á
ria tie León XIII, y el túmulo que conforme
Pablo:
al ritual, se levant6 con n;te motivo en la na•
-Y has pensado en que tu futura se avenve &lt;lel centro.
drá fácilmente á seguir la misma vicia errante
Las honra,1, {t juzgar por lo que acerca de
que tú?
l'\las han dicho los periódicos de información,
-Seguramente que no-respondió el int.erpelado,-esto sería un absurdo.
-¡Psé!-afiadió Enrique.-Cuda uno obra
tl su manera. Sin embargo....... ¡En fin!. .... .
Nadie de los amigos de Pablo atrevi6se á
&lt;lemandar la explicaci6n de aquellas vagas
frases; temíamos, y con raz6n, que viniese á
enfriar nuestros momentos de gozo¡ pero la
impaciencia de Yélez asom6; quiso saber el
significado ele aquel enigma, é insistió con Enrique pam que éste &lt;liese término á i;u pensamiento.
-Xo, no es nada; un recuerdo que me vino á las mientes. Hi ustedes quieren, lo referiré, pero ........ .
Y como Pablo se empefiara en ello, San
Román prorrumpió, después de breves instantes de silencio:
-El hombre que figura en mi relato, existi6 y se extingui6 sin dejar huella ele su paso
por el mundo. Acompañado siempre y t utoreado, dig;ámoslo así, por nuestro común enemigo el Fra.caso, la cadena de años que arras•
tró sobre la tierra form6 un cúmulo inmenso
de desgracias y sufrimientos, sin que la Dicha
asomara m 'ls que por fugaces destellos, que
sólo s.,rvían para h:1cerle ver más espantosa
hi profunda ol&gt;scuridad de su destino.
Se contemplaba solo, amargamente solo, á
la edad en que el hombre achacoso, enfermo,
siente como el viejo tronco la imprescindible
necesidad Je un apoyo, &lt;le algo qUt. alegre la
tristeza del ocaso.
Acordábru;e de haber sido feliz. E-ste tiem•
po existió en verdad, pero muy breve, y de
ello tenía de vez en cuando sus visiones con•
fusas, especie de alucinaciones momentáneas
que parecían vivificar por segundos aquel es•
píritu abatido, y que al borran,e dejaban algo
como la influencia física de un &lt;lolor.
Y cuanJo aquellac; alucinaciones aparecían
en su cerebro, carcomido por el pesar y flagelado por el recuerdo, se podía verle dilatando
su,; ojos mortecinos, pugnando por retener
má.s tiempo aquella suerte de vaga somnolen•
cía que pasaba rápida, sin detener.,e y sin dejar tnÍl:! huella que la del pájaro en el viento.
Recordaba haber amado como se ama u na
sola vez en la vida., con ese amor que parece
llevar consigo el alma, aún después de eman·
cipach. de la materia. Aquello habla sucedido
en un tiempo en que su imaainación se roo·
vía ardientemente, haciéndole creer y esperar
en la felicidad completa de poseer para sí, y
para sí solamente, el cariíio de la mujer que
CATEDRAL DE PUEBLA.-El túmulo.
formaba su encanto.
(Fol. Bustamante.)
Duró esto un invierno justo. Caricias y suspiros cambiados en la honesta calma de un
hogar para los dos ...... Hallaba placer en pa·
resultaron muy ~olemnes, pues tanto el «Nocsear por los sitios frecuentados con su m ujer•
turno,» que se efectuó el día 4 por la tarde,
cita colgada á su brazo, 6 en pasar la velada
como la misa celebrnda al siguiente día, supeal dulce calor del nido instalado po1' él con
~os habíamos reunido aquell11. noche en un
raron en lucimiento ú lo 4ue era de espesus economías de campana. I~n ella había CÍ·
gabmete de uno de los mejores restaurants de
rarse.
la
ciud.ad,
á
previa
invitación
de
Pablo
Vélez
frado todas sus necesidades de afecto de pobre
El a&lt;lorno de la Catedral, severo á la vez que
un amigo nuestro que contraería. matrimoni~
abandonado, soñando en eternos días ele bien·
sencillo, consistía en gra n&lt;les ti ras de gasa que
estar que le hacían tornarse dulce y tímido
dos
dí~s
más
tarde
y
9ue.
~eseaba
despedirse
partían de la cúpula y &lt;le las bóve&lt;lai;, rematan•
de su Ylda de soltero, mv1tandonos á una cecomo un niño.
do en los muros, y en abullona&lt;los nE&gt;gros suna entre alegres camaradas.
Un día vino la orden de marcha. ¡Dosaf\08
jetos á los barandalet1 de la crujía y á los caCr~o '}t~e no pas:1bamos de ocho ó diez, toY medio combatiendo con los indios rebeldes!
piteles &lt;le las columnas, con grnn&lt;les lazos que
d0s, o &lt;·as1 todos, rle magnífico espíritu, formaA su regreso, un buen amigo di6le noticias
realzaban notablemente la belleza del conjunacerca de su mujercita. Después de vivir con
~la la '!1ayorí:i de hombres célibes, un tanto
to. El túmulo, instalado en el centro, fué el
JUP.rgmsta.'-, pero bueno!'! chicos en el fondo y
un viejo ricacho, ostentando carruajes y bri•
mismo que sirvió para las honras del Papa
ca.pa?es de reconocer que, á Yecei:i el matrillantes, había descendido á la pasi6n desen·
Uregorio XYI y consta de cuatro curr11os: el
momo et1, a.demás de higiénico y ~atura] un
frenada, muriendo más tarde.
primero, que rodea una barandilla, ¡.;ustentabuen generador de energías en ciertos c~racl&lt;~l había tenido una hija. Fué una niña que
ha una serie de lujosos ramilletes de metal y
teres.
le hacía olvidar casi sus anteriores sufrimien·
&lt;le gruesos cirios; el segundo, revestido de nePablo, que era un habilísimo agente comertos. Cuando la madre falt6 á sus debereR, la
gro y oro, lucía unos artísticos medallones con

POR LEÓN XIII

las armas &lt;lel Pontífice Leún XIII, y ;;ubre el
tercero, que afecta la forma de una pir~mide
truncada, se veían la figura ele la tinra y
las armas pontificales. El túmulo ostentaha, a1lemfü;;, dísticos y fra;;cs alusirns á la !'O·
lemnülad.
Por lo que hace al "Nocturno» y Íl la miKa,
tanto •n un:\ como en otra ceremonia ofició
el seilor Obi!&lt;po lh:irra, estan&lt;lo encomendado
el pa1wgírico &lt;le! Papa León ú los Canónigos
Don Florencio )[. Alnirez y Don Joaquín \'ur·
gas.
La concurrE&gt;ncia. fué numero!'a, y la parte
mufical &lt;le lo mús escogido.

F ernández.

***

todos los vientos, se acentuaba una nube de
había dejado á cargo de unos vecinos compa•
tristeza que fingía en su semblante algo como
Enrique San Rom{1n guardó silencio¡ los de·
sivos de quienes él la recogió á su vuelta.
los pucheros que hacen los niíios al l~orar..
más permanecíamos también muelos, inclina•
La n ifia era el retrato de la ma,lre: de ésta
Y penc;aba sin cesar en aquella v1rgenc1ta
da la cabeza, como si mirásemos algo en el
eran sus grandes ojos de mirar apasionado,
ele labios rojos y entreabiertos, que le había
negro fondo de nuestras tazas de café; hasta
los rojos labios, ligeramente entreabierto:i, el
hecho creer en una nuevn felicidad posible.
que alguien que se hallaba cerca de mí, ex•
pelo castaño ob~curo y las manos rosadas y fi¿Por qué había huído? ¿Qué impor~'l.ba que
nas. La emoci6n em hurgaba (t Fernández cuan•
clam6:
hubiese amado á aquel hombre·? Y s1 le ama•
&lt;lo contemplaba un pequeño cuadro de pelu•
-Bah! Eso no pasa de ser .un cuento. ~e
ba,
¿por
qué
no
habérselo
dicho
á
quie~.
hu·
che azul, que encerraba su retrato tn tarjeta
Enrique,
más ó meno!'! mal urd1&lt;lo. La.fehc1biese sido feliz contemplándose en la felicidad
imperial. Entonces, &lt;le sus ojos mortecinos,
dad no depende más que de nosotros m1smo&lt;1.
de ella?
brotaban dos l(1grimas y resbalaban á intermiEntonces como en un solo mo\·imiento, le•
Por mucho tiempo permaneció viva y lace'
.
tencias por su rostro arrugado, que ;;e contraía.
vantamos nuestras
copas, y la a1gazara conb·
rante esta escena en su memoria, en el sueíio
en una dolorosa mueca. que partía el alma.
nu6 más ruidosa que en un principio, acaso
como en la vigilia.
Durante algunos afios, desvivióse con la ambición de hacer de ella una sefiorita instruída
y exquisita, que contrastaría con la ru&lt;leza. del
pobre soldado. El, mientras duraban las lar•
gas excursiones por el territorio, recorrido en
dirección &lt;le to&lt;los los vientos, había llevado
imborrablemente impreso el recuerdo &lt;le su
chiquilla, que pasaba su infancia en el inter·
nado de un liceo¡ y economizaba, economizaba hasta el extremo, para poder llenar las exigencias de aquel establecimiento á la moda.
A su regreso, la traía cosas raras de los lu•
gnres por donde cruzaba: objetos y chucherías desconocidos para ella, macetas y pájaros
que cui&lt;laha con gran solicitud y que ella le
pagaba con alegres exclamaciones de gozo y de
sorpresa.
Una noche volvi6 después de un año de au•
sencia pasado en las costas del Océano Pacífi•
co. Fué el primero que salió después del to·
que de retreta, dirigiéndose a.l liceo que guar•
daba á su nclorada chiquilla. ¡Qué aleg1íaiba
(L experimentar ella al verle, después de doce
meses ele au!lencia.! Pero la puerta del colegio
no se abrió á su llamada¡ las horas de visita
eran otrai;, y él, en su impaciencia, lo había.
olvidado. Dió media vuelta y se perdió entre
las calles de la poblaci6n, en busca de lP-cho.
Pasó la noche en continua zozobra, desper•
tando á cada instante, sonando que ella, sentada á su cabecera, le relataba su vida durante aquel año de encierro. No, ahora no se separarían¡ había. pensado en solicitar su licen•
cia, bastante merecida después de sus largos
servicios¡ ella. no volvería á la escuela,, arren•
daría una casita en los alrededores, donde ella
quisiera, y se transformaría en i:iolícita acom·
pañante de su padre, que tanto la adoraba.
A la mañana &amp;iguiente saltó ele su catre, que
s6lo había sido un potro ele tormento¡ quitó
el paño de sol á su kepí, acepi116 y vistióse,
acaso por última vez, el viejo uniforme, y se
encaminó al cabo al instituto.
Cuando la «madre» directora penetrG á la sala de espera en que se hallaba Fernández, no
pudo disimular la turbación que la embarga•
ba. Miró.bale con ojos aterra&lt;los, balbuciente,
sin fuerzas para contestarle.
La actitud de aquella mujer le dejó helado
de espanto. ((¿Qué era. lo que pasaba·? ¿Dónde
estaba su bija•? ¿Se hallaba enferma? ¿Había
muerto quizá?~ El desgraciado hombre presentía algo terrible que no podía adivinar. «Xo,
no había muerto. ¿Enferma acaso? Eso es.
Pero no ...... tampoco. ¿Qué era entonces?• Y
apurab? , apuraba á la directora á que le con.
CATEDRAL DE PUEBLA.-Una de las naves '1ate1ales.
tase inmediatamente la verdad.
(Fot. Bustamante.)
Las demás preceptoras vinieron, uniEmdo
sus disculpas: «Sí, se la había cuidado mucho,
con el ánimo de ahuyentar aquellas aves neBrillaron tantos soles desde que esto ocurrí 6,
demasiado quizá¡ nunca había &lt;lado graneles
gras á que había dado suelta el más inoportucomo hojas secas r rrastra el viento en los hos•
muestras de rebeldía¡ pero ......... »
no de nuestros amigos.
que!'!.
Sus
cnm
pañaR,
sus
tristezas,
sus
noches
Al fin supo todo; tuvo como una intuici6n·
ele
insomnio
fueron
acumulándose
en
él,
baTacubaya, 1903.
de su desgracia, y dijo la frase bruscamente.
jo
todos
los
climas.
Padeci6
la
fiebre
amarilla
A. GoNzALEZ CARR.\sco.
Un joven, un petimetre bahía emprendido
en el Golfo, calenturas en el Pacifico y recníel asedio ele la fortaleza, hasta lograr su ren•
dac;, y frío!l, y heridas y disenterías. Estaba
dici6n, y é:;ta se había tfectuado la noche r•r&lt;J·
muy gastado ya, cuando llegó la orden de su
cedente. La misma noche en que él llegaba,
retiro. La rPcibió con el talante ele] enfermo
ella huía.
que sopor1a los medicamento!&lt;, f.eguro de que
Este fué el último golpe. Des&lt;le entonces se
son inútiles, y tom6 un cuartucho Mo y deshizo uno de esos hombres bruscos que vagan
tartalado¡ que para recibir (1 la muerte, no pre•
al a.zar, sin objeto en la vida y sin deseo de
cisa el traje de ceremonia.
detenerse en ninguna parte. ous voces de
Un día, los curiosos vecinos advirtieron que
mando se hicieron más duras cuanto más bre·
la
puerta del viejo permanecía cerrada duranves, y de &lt;lía y de noche s61o se ocupaba de
te mucho tiempo. La autoridad se encarg6 de
sus obligaciones en el servicio, del cual no lleabrirla, y le encontró rígido sobre su lecho de
gó á separarse. Jamús volvió á reír, y cuando
campafia, en el descanso eterno de una vida
para ello acosúban le los coro pañeros, en su
llena tnn sólo d~ pesares y ele fatigas.
tosta.do rostro manchado por todos los soles y

�Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

VALLE NACIONAL.-Una calzada de cafetos y un iirbol notable.

EL VALLE 1'ACI01'AL

conservaba su espíritu radioso, renovaba sus cuotidianas libaciones
al arte, disipando así las brumas de su filosofí!L.
En silenciosa distracción, uno por uno, examinaba sus cuadros. Aquí
un Hellen en el rigor de 1m línea, á la vez vaporoso como un Chaplín.
Le seguía un Benjamín Constant: el glauco Oriente, Homero, el alma
entera del genial aeda. Después, el Vesubio, agitado, rojo, contrastando con la bahía de Nápoles, risueñamente azul, iluminada por el sol
que ahuyenta la tenue gasa matinal...... Pero con más orgullo se deleitaba en un valioso Corot-&lt;cX!.nfaR danzantes»-que no pudo arrancarle el gobierno de Francia. Completaban su colección francesa otros
autores, gracia unos, encanto otros, armonías triunfantes todos; reflejos, muchos de ellos, de un genio que sobrepasó á su época: Puvís de
Chavannes. Entre los italianos destacábase, esfumando graciosas reminiscencias de la Gioconda, una florentina del tiempo de los Médicis.
Los espafioles estaban vigorosamente representados por Villegas, Domingo, Sorolla y otros all}igarrados coloristas. Además, Barbudos para mirar con l~nte, y los eternos Galofres.
En toda la sala, en profusibn, muebles antiguos, mármoles, bronces
-el clasicismo salpicado en hermosas reproducciones destinadas al
pobre artista que no puede salir de la tierra.-Entre esas n,producciones descollaba una magnífica Venus de Milo.
Lacerada por el dolor, aquella alma de escepticismos suaves, encontraba en ese baño para su espíritu la paz anhelada. Así, siguiendo la
visita de su museo, llególe el turno á un hermoso retrato de su padre,
y el pasado, en una onda de ternuras, llenó su alma.
Niño todavía, bien lo recordaba, fué enviado á estudiar á Europa.
Cruzaba eu adolescencia llena de facilidades, cuando murió su padre.
Grabado en su espíritu estaba aún el desgarr&amp;miento producido por la
noticia, tan cruel á la distancia, que le hizo salir de la casa, inconsciente, anohadado por el golpe. Rodó así por las calles hasta llegará
un puente donde se cletuvo. Era m otofio. El día moría silencioso,
y al desvanecerse su luz, esfumábase ya el azul nocturno; el frío, ese
primer frío de la estación, que hiela hasta el alma, se hacía sentir.
Las hojas caían en miríadas tristes, vagarosas, como si despidieran al
tiempo germinador. Las aguas del Sena, resignadas, escarceando apenas, corrían, corrían sin cesar, semejantes á las horas fugitivas. Y el
adolescente de entonces, la cabeza apoyada en su mano, miraba la vida
que se le aparecía inexorable. Amarrado á su existencia, bajo la égida
carifiosa de su padre, todo fué dulzur11., sin encarar jamás el problema
del hombre. ¡Qué lejos estaba ya todp eso!. .. .
DeFpués revivió, fugazmente, los afios pasados más tarde en París;
las páginas voluptuosas que, como buen habitante del Barrio Latino,
conservaba en su historia; las fiebres de la juventud adormeciendo sus
i.1clinaciones artísticas, lo cual no le impidió, sin aparente consagración, educar su gusto, ya delicado de suyo. Entonces empezó á comprar esoR cuadros.
Y los acontecimientos se siguieron en su memoria: la vuelta á la
tierra, tras larga ausencia, haciendo de su casa un centro de artistas,
lo más refinado de la sociabilidad de entonces; recordó también su
paso por lo¡¡ salones-las crónicas de la época rememoraban sus gallardías, su ágil conversación impregnada de amable ironfa,-la vivienda solariega, su casamiento, el hogar nacido al calor de risueños
sentimientos, el hogar hoy entristecido por su cruel enfermedad ........ .

***
En aquel momento sintió que un frío sutil le subía al corazón. El
eco distante de unas notas de piano llegaba á su oído, evocándole el
cuadro famoso de la agonía de Chopín, acariciada por la música, la mú-

Fotografías de

VALLE NACIONAL.-Un ma.na,ntlal.

Conducido en el sillón rodante,
Don Andrés de la Huerta daba su
p~seo habitual por la gran sala de
p_mtura. Después de una vuelta apacible, quieto ya, piadosamente quiet?, recorría sus hermosas telas, repitiéndose la historia de cada una.
Tras esa historia, en misteriosa asociación de ideas, le asediaban enjam- .
bres de recuerdos como si estuvie. en los' lienzos.
ran escritos
Alto, enjuto, combado, por el dol?r. El tiempo, en surcoR melancólicos, marcaba en aquel rostro su
desdén por una vida más. Barba y
cabellos encanecidos· la frente diáfana, traslucía pens~mientos austeros. Y allá, en el fondo de sus pupila¡, llenas de azul brillaba toda la
vi?a que una parálisis quitara á sus
miembros ........ .
En su ~incó_n favorito, aquella vez,
con son_ risa triste., el anciano de cuer(Fot. F. Torres.) po rí g1do, que venciendo su atonía,

los

toros espafioles, tomadas en Coamatla.

sicamitip;adorade su dolor...... Elfríosubía, subía siempre. Sonaron,
con lúguhre tafiido, las campanas de la Buena Muerte despidiendo á
los que se van. Por una ventana, abierta en lo alto del salón, se
veían las copas corpulentas y i;,erenas de los árbolel', en la Avenida.
El frío le invadía ya el corazón. La muerte flotaba imperiosa en
~quella vaga sombra; y al descender, le daba
bempo para abrazar el Arte todo en su eterna
despedida. Un rayo de luna, filtrado furtivamente, se reflejó en el alma del anciano iluminándola. Fijó la mirada en la Ven'us dP
Milo. Y llevó de la vida la más pura imagen
de la belleza........ .
JORGE LAVALLE CoBo.

f rtpúsculo dt uida.

tos toros dt flooadonga.
Grande es el entusiasmo que reina entre los taurófilos por asistir á
la corrida que la Junta de Covadonga está organizando para dar mayor
realce á las fiestas espafiolas del mes
entrante.
Se sabe que la comisión que tiene
á su cargo el arreglo de ese número
del programa, desea contratará los
mejores espadas de la Península, y
,¡ue, con este objeto, ha dado ya al
apoderado respectivo instrucciones
para que los diestros no dejen de
escriturarse por falta de dinero.
Los toros que se lidiarán son ocho
y pertenecen á la magnífica ganade-

(Fots. F. Torres.)
ria de Carriquiri, que tanta celebridad ha alcanzado por la bravura y
hermosa lámina de sus reses. Los
toros se encuentran actualmente en
In hacienda de Coamatla, poco distante de la Capital, y de allí serán
transladados á los corrales de la plaza.
La cuadrilla, según se dice, se compo!!drá de cuatro matadores diez
banderiller?s y ocho picadora~, y el
correspondiente personal de ayuda.
En este número publicamoR unas
fotografías que representan al ganado en el campo de C0amatla,

Los principales cosecheros del valle .Nacional han determinado exhibir en la próxima Exposición de
San Luis Missouri, una interesante
serie de vistas estereoscópicas de loS
grandes plantíos de tabaco y de cafetos que explotan actualmente.
Dada la importancia que en los
últimos afios ha alcanzado la explotaci6n de los feracísimos terrenos
que forman el Valle, es indudable
que la exhibición será observada con
interés por todos aquellos que estén
efi aptitud de entablar relaciones comerciales con u uestros centros productores.
Entre las ilustraciones que publicamos, pueden verse una hermosísima calzada de cafetos, un manantial
y una casa de estilo moderno que
sirve de habitación á uno de los cosecheros.

Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

DEL TRÓPICO

I
PRIMAVERA

Dice el viento sutil su melodía,
constelado de pólenes de plata,
y en la ancha fuente luminosa y fría
el infinito su esplendor retrata.
Del áspero pefión la catarata,
bajo la intensa claridad del día
su Cll bellera :íquitla tlei;:ata
'
en rizos de fulgente pedrería.
Resurgen emociones misteriosas ..... .
La tierra exhala un hálito fecundo
y el cáliz perfumado abren las rosas.
Una dulce harmonía llena el mundo ...
Y en un espasmo insólito y profundo

vibran de amor las almas de las cosas.
VALLE NACIONAL.-Casa de un co!!echero de tabaco. ·

(Fot. F. Torres.)

FROILAN TURCIOS.

�EL MUNDO llUSTRAOO
Jfño X-tomo n-núm. s

mtxico, Jfgosto 23 dt 1903.

Director: LIC. RAf'AU RfYtS SPINDOLA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Alfonso Lancáster Jones</name>
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