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                  <text>EL MUNDO llUSTRAOO
Jfño X-tomo n-núm. s

mtxico, Jfgosto 23 dt 1903.

Director: LIC. RAf'AU RfYtS SPINDOLA.

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UN FUMADOR
(Fol. M. Ramos.)

�Domingo 23 de Agosto de 1903.

€1 dtstino dt la Humanidad.
Muy joven es todaYía la humanidad y, según
todas las apariencias de verdad, tiene ante sí
millones de años. Poco es eso para las almas
sedientas de infinito; pero no es, no, de ninguna manera, despreciable cantidad, porque,
apenas si podemos darnos de ella idea imperfecta. Empero, por distante que esté ese día,
al fin vendrá, y vendrá con él la extinción de
nu~stra especie. ~pagará el sol su luz, y antes,
quizá, habrá la tierra absorbido sus mares, su
atmósfera habráse hecho incapaz para la vida;
y después de haber progresado en proporciones que no podemos imaginarnos, regresará la
humanidad, degenerará, desaparecerá! ..... .
«¡Y nada quedará de nosotros, que hemos
pensado; de nosotros, que hemos amado; de
nosotros, que tanto hemos sufrido! No es posible. Sentimos algo en nosotros que no puede perecer!»

EL MUNDO ILUSTRADO.

Acuérdome de los tiempos en que la Italia,
como el Fénix. renacía á nueva vida. La Ristori, reina de la escena, dominaba á la juventud parisiense, á la que ya pertenecía, y arrancaba la admiración de todos mujer tan eminente. Y entre mis recuerdos veo, como si
fuera hoy, el ademán soberbio de la gran trágica, cuando ataviada con el traje de una Musa, arrojaba lejos de sí la lira, exclamando:
que no cantaría más la Italia, mientras no
hubiera reconquistado su libertad perdida!
Y hoy, pregúntome si es bastante solamente hacer vibrar cuerdas sonoras, cuando la noche amenaza ahogarnos entre sus sombras densas!
De cierto que es mi voz muy poca cosa; empero, por pobre y débil que sea, ¿no podrá
despertar acaso UM voz más poderosa? ¿Quién
sabe si la semilla llevada por el viento, á la
ventura, no vaya á germinar en el coraz[in de
uno de esos hombres de voz de fuego, cuyo
ministerio es la propagación de las ideas!

.
.
Sobre Arte.

CAMILO SAINT-SAENZ.

«Es imposible-decimos-que nuestro deseo
no implique una realidad.» Al contrario· es
perfe?tamente posible. ¿Quién de vosot~os,
por eJemplo, no ha deseado ardientemente remontar el curso de las edades, y vivir-aun
cuando no fuera más que un día ó una hora
-en tal ó cual de los tiempo!' que ya pasaron?
Desde luego, no es admisible en tsto ilusión
ninguna; y bien sabemos, pero sin duda ninguna, que jamás hemos de ver á Pericles 6 á
Cleopatra. Creer lo que deseamos es natural·
. no ejerce ninguna
'
mas est a creencia
acción'
sobre los hechos.
-Pero entonces, ¿dónde eatá el término?
-¿El término?
No lo hay.
Nada en la naturaleza tiende á un término
6 á un fin; 6 más bien cada fin ó cada término es á su vez un punto de partida; y la naturaleza, en su obra, preséntanos á diario
el espectáculo de un perpetuo círculo vicioso.
Véase la planta: germina y se compone de una
raíz, de u_n tallo y de bojas que van naciendo.
Crece rápidamente, y nuevas hojas y nuevos
tallos ap~recen. La raíz nutre el tallo que carga las hoJas; pero éstas nutren también al tal~o. y el ~llo da vida á la raíz. Hay reciprocidad. :No se ha llegado aún al término definido. ¡~l término es la flor! El botón engruesa, se hiende, se efectúa el milagro y la flor se
abrel Empero, la efímera flor no es más que
el templo de la fecundación· realizada ésta la
. y cae; pero' el fruto se des'
fl or se march Ita
arrolla y madura. ¿Es éste por ventura el término? Su función e" la de contener el grano·
y ~i no vemos más que la apariencia, es u~
obJeto completo y terminal. ¡Error! El grano
no es otra cosa que el embrión de la planta
futura, y de este modo, el ciclo recomienza.

··················· , ......................................
Siglos hace, la Francia era la luz del mundo; y P.sta luz amenaza empafiarse. Traídas
s~bre l_as olas de las Walkyries, las brumas del
N_orte mvaden nue~tro cielo, trayéndonos los
d!oses escan~inavo8 que combaten contra los
dioses _del Olimpo; en tanto que de las ardientes regiones de la India vienen hacia nosotros
l~s di vinidadés orientales con sus brazos múlt!ples Y. sus trompas. de elefantes. El Evangeho, sabiamente dulcificado por la Iglesia. cede
el puesto á un EvangP.lio extranjero del que
no C?mprenderían los santos una palabra si
volvieran á este mundo. En verdad nadie lo
comprende ni se cuida de comprena'erlo, porque eso _de comprender es para el rústico, y
la necesi?~d de entender bien las cosas, es como un v1c10 del que tratáramos de desasirnos.
Abandon_amos la _fe, no por la razón, sino por
la credulidad; deJamos el dogma por el milagro, á Nuestra Sefiora de París por Nuestra
Sefiora de Lourdes. El espiritismo, el esoterismo, !l~menta!l todos los días en órganos de
pubhcidad, s1~ que contemos esos baturrillos
tan m9:l coordmados de palabras sin sentido,
que exigen, no obstante, nuestra atención y
respetos.
Todo eso ,mbe, todo eso asciende triunfa de
nosotros y nos cubre de tinieblas. '

Un artista es un creador de cosas hermosas.
Revelar el Arte, ocultando al artista, tal es
el objeto del Arte.
El crítico es aquel que puede traducir en
otra forma ó con nuevos proce,limientos la
impresión que le dejan las cosas hermosas.
. La autobiografía es la más alta y la más baJª de las formas de la crítica.
Los que encuentran fpas intenci&lt;'nes en las
cosas hermosas, son corrompidos sin ser seductores. Es una falta.
Los que encuentran hermosas intenciones
en las cosas hermosas, son los cultivados. A
éstos les queda la esperanza.
Son los elegidos, para quienes las cosas hermosas significan So:lncillamente la Belleza
Un libro no es moral ó inmoral. Está ·bien
6 mal escrito. Es todo.
El desdén del siglo XIX hacia el realismo
e_s semejante á la rabia que se apodera de Ca~
hbán al contemplar su rostro en un espejo.
. El desdén del siglo XIX hacia el romautiCismo, se parece á la rabia de Calibán al no
contemplar su rostro en un espejo.
La ~ida moral ?el hombre forma una parte
del obJeto del artista, pero la moralidad del
~rte consiste en el uso perfecto de un medio
imperfecto.
El artista no desea probar cosa alguna. Pero las co~s verdaderas pueden ser probadas.
. El artista no tiene simpatías éticas. Una
simpatía °!oral ~n un artista, trae consigo un
amanPra_miento imperdonable del estilo.
. JPl artista no debe caer nunca en la iwpreVlSlÓn. Puede expresar todo.
. Para el artista, la idea y el lenguaje son los
mstrumentos de un arte.
El vicio y la virtud son los materiales. Desde el punto de vista de la forma, el ti1'º de tod!1s las artes es la música. Desde el punto de
vista de la sensación, el comediante.
Todo arte es á la_ vez superficie y símbolo.
Los que buscan baJo la superficie lo hacen
por su cuenta y riesgo.
'
Lo propio los que intentan penetrar el símbolo.
E~ el espectador y no la vida lo qui' el Arte
refleJa realmente.
La diversidad de opiniones acerca de una
obra de arte, demuestra que esta obra es nueva, complexa y viable.
Cuando las críticas
tt,
.
.difieren, el artista esa
d e acuerd o consigo mismo.
Podemos perdonará un hombre que ha a
becbo_algo útil, con tal de que no lo admife
La úm~a exc~sa de haber hecho algo inútil.
es admirarlo mtensamente.
'
OSCAR WILDE.

EL MUNDO ILUSTRADO

1a dama del abanico blanco.

NEGRA DAMA

( CUENTO CHINO. )

Tcbouang-Ti,en, del país de Senng, era
letrado que llevaba la sabiduría hasta el d
prendimiento de todas las cosas perecede
y como buen chino, no creía en las cosas e
nas, y no le quedaba para contener su al
sino la conciencia de escapará los errores
m ~~es.de l_os h?m bres, que se agitan para
qumr rnút1les riquezas ú honores vanos
Pero era necesario que esa satisfacció~ fu
se profunda, porque después de su muerte
proclamado feliz y digno de envidia.
Durante los días que los genios descon
d_os del mundo le concedieron pasar bajo
cielo verde, entre arbustos en flor saucee
bambúes, Tchouang-Tl:len tenía la ~ostum
d~ pas~ar soñan~o en. esos países en que
vivia srn saber como m por qué.
Una mañana que erraba á la ventura en
pendientes floridas de la montaña Kam-H
se encontró impensadamente en un cernen
rio, en el cual los muertos reposaban,
el uso del país, bajo montículos de tierra
tida. A la vista de esas innumerables tu
bas que se perdían en el horiz.m te el le
meditó sobre lo3 destinos de los h~mbree.
¡ Ay, se dijo, mirad la encrucijada en q
se confunden todos los caminos de la vi
¡Cuando una toma sitio en la man:;ión de 1
muertos, nunca se vuelve al día!
No es singular esta idea. pero resume en
bastante bien _la filosofía de Tchoua11gy la de los chinos, que no conocen sino
sola vida, aquella en que uno ve al sol fto
cer á las peonías. La igualdad de los he
nos en la tumba _los ~onsuela ó los desespe
según que estén rnchnados á la serenidad 6
la melancolía. Tienen para distraerse u
multituJ de di?ses verdes ó rojos, que al
nas veces resucitan los muertos y ejercen
magia divertidora.
Pero Tchouang-T:;en, que pertenecía 6
secta orgullosa de los filósofos, no pedía
suelo á los dragones de porcelana. Como pe
seaba MÍ r,,u pensamiento á través de las tn
bas, encontró súbitamento á una joven eefi
ra que llevaba traje de luto es decir un
go vestido blanco di' tela gr¿sera y si~ cost~
ras. ~entada cerca de una tumba, agitaba u
abanico blanco sobre la tierra aún fresca del
túmulo funerario.
'
'
Deseando conocer el motivo de acción tan
extrafia, . Tchouang-Tsen saludó á la jov8"
con política y le dijo:--1\.fe atreveré, seftora,
á preguntaros: ¿quién está en esa tumba
~or qué os tomáis el trabajo de abanicar la
t1er.ra que Je recubre? Soy filósofo busco 111
' me escacamas, y h e aqm, una caui,a que se
pa.
La joven señora continuó abanicando en•
rojt-ció, bajó la cabeza y murmuró algunaa
palabras que el sabio no oyó. Renovó mu•
chas veces su pregunta inútilmente. La seflora no.se cuidaba de él y parecía que su al·
ma hubiese pasado toda entera á la mano que
movía el abanico.
Tchouang•Tl:len se alejó tristemente. Aun·
que conocía que todo no era sino vanidad,
era naturalmente inclinado á buscar el móvil
de las acc~ones humanas y particularmP.~te
de las ~UJe:es; esa pequefia especie de en&amp;•
tura le msp1raba una especie de curiosidad
malévola, pero muy viva. Prosiguió lenta·
mente ~u paseo, volviendo la cabeza para ver
el abanico que batía el aire como el ala de
u?~ gran mariposa, cuando súbitamente una
v1eJa, que él no había visto le hizo sefias p&amp;·
ra que la siguiera.
'
Lo llevó á la sombra de un sepulcro m61
al~o que los demás, y le dijo: «Os oí hacerf.
mi ama una _Pregunta que ella no respondió.
Per~ Y.º satisfaré vuestra curiosidad por un
sentimiento material de cortesía, y en la esperanza de que me daréis, en justa reciproci·
dad, un papel mágico que prolongue mi vida.•
Tchouang-Tsen sacó de su bolsa una moneda, Y la vieja habló en estos términos: La
señora que visteis en la tumba es la señora,
la viuda de un letrado llamado 'Tao, que mu•

Domingo 23 de Agosto de 1903.

EX UX ALBLDf.

A los efectos mlÍgicos que vuestra faz inspira

Resuenen armoniosas las cuerdas de mi lira·
Y en sus galantes rimas el verso triunfador,'
Salude reverente las opulentas galas
Que la rosada Venus y la severa Palas
Ü.3 dieron como ofrenda de olímpico esplendor!
La noche tenebrosa pre,tó á vuestros &lt;'abellos
Su negro más profundo; y ÍI vuestros ojos bello::i
El almo sol empíreo su lumbre celestial·
La flor os _dió perfL!mes; y soberano porte
La her~nc1a pere~rma de alguna regia corte ...
II erenc1a que revive de vuestro chic triunfa!.
E_l negro hermoso y puro de vuestro negro traje,
J~uc1ente ?orno un ~v~ de espléndido plumaje;
hl negro mtacto y agil, el negro brillador
De un ojo circu'irlo de 11{\cares y rosas·
El negro de unas trenzas crespadas y ~edosa~
Es negro que ilumina la ruta del amor!
'

. E~ negro tan ~adiante mi musa ya se inspira,
1: vibran armoniosas las cuerdas de mi lira·

Y en sus galantes rimas el verso triunfador'
f-aluda reverente las opulentas galas
'
Que la rosada Venus y la severa Palas
Os dieron como ofrenda de olímpico esplemlorl

J. M.

GALIXDEZ.

A LA COPLA
Tiene la mariposa cuatro alas
tú tienes cuatro versos voladore~·
ella, al girar, resbala por las flor~s·
tú por los labios, al girar, resbalas.'
Como luces su túnica, tú exhalas
de tus versos divinos resplandores ·
y fingen ocho vuelos tembladores '
tus cuatro remos y sus cuatro pala¡.:,

Valleto.

Estudio fotogr&amp;fico

rió hace quince días, después de una larga
enfermedad, y esa tumba es la de su marido.
Se amaban tiernamente. Al expirar el señor
Tao, no podía resolverse á dejar á su esposa
en el mundo, en la flor de la edad y la belleza. Se resignó sin embargo, porque era de un
carácter muy dulce, y su alma se sometía voluntariamente á la necesidad. Llorando en la
cabecera del señor Tao, que no había dejado
durante su enfermedad, la señora ponía por
testigos á los dioses de que no sobreviviría á su
esposo, y que compartiría su tumba como había compartido su lecho.
Pero Tao le dijo: c&lt;Señora, no juréis eso.»
xAl menos, replicó ella, si debo sobreviviros y estar condenada á ver la 1uz del día cuando vos no la veréis más, sabed que no consentiré jamás en hacerme la mujer de otro; y no
tendré sino un esposo como HO tengo sino una
alma.n
Pero Tao le dijo: «Señora, no juréis eso.»
- ¡Oh, señor Tao! señor Tao! dejadme jurar, al menos, que no me casaré en cinco
afios!
Pero Tao le dijo: «Sefiora, no juréis eso, jur:i.d tan sólo guardar fielmente mi memoria
en tanto que la tierra no se seque sobre mi
tumba."
La señora Lu hizo un gran juramento y el
buen Tao cerró los ojos para no volve;los á
abrir!
La desesperación de la señora Lu fué inmensa; sus ojos btotaban un mar de lágrimas.
Rompió los juegos de porcelana; pero todo
pasó, y el torrente del dolor se agot6. Tres
días después de la muerte de Tao, la tristeza
de la señora Lu se había hecho más humana·
supo que un joven discípulo de Tao desea~
ba atestiguarle la parte que había tomado en

su duelo, y juzgó con razón que
no podía dispensarse de redbirlo,
y lo recibió suspirando. El joven
era muy elegante y de una bella
figura; le habló un poco de Tao
y mucho de ella: le dijo que era encantadora y que la amaba;
ella le dejó decir. El
joven prometió volver
y la señora Lu lo espera cerca de la tumba de su marido, donde la h::béis visto pa1,ar todo el día secando la tierra con su abanico.

Ya te enredas de_l alma en una queja,
ya en azul campanilla de una reja
ya de un mantón en el airoso flec¿.
En el suelo andaluz, copla has nacido
.
'
'
y bene1,1-ave
musical-tu nido
¡de la guitarra en el sonoro hueco!
SALYAJ)()R Rt'EDA.

***

Cuando la vieja terminó su narración, el
sabio Tchouang-Tsen
dijo: la juventud es
corta; el aguijón del
deseo da alas áloshombres y mujeres jóvenes. Después de todo,
la sefiora Lu es una
buena persona y quiere cumplir sujuramento.
Es un ejemplo para
las mujeres blancas de
Europa.
ANATOLE FRA'N'CE.

Una jota.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

====,,,....,,.=--...:.=====================,..................---==============
su vida., con su inexperiencia, el perdido encanto de la vieja composición, que poco á poco !'esurgía bajo los inbií.biles declvs de la madre.
Sor Leocadia ya no reía. Miraba atentamente
á la risueña pareja. Alta, bien proporcionada,
dejando adivina1· en ella á la. futuramatrnna, la
mayor. Nerviosa, indc cisa, manejanrlo á su
hermana como pudiera hacerlo un hombre, la
pequeña. En ambas estaba simbolizado uu mundo nuevo, un mundo d,dlusiones, de esperanzas,
de dudas, de desalientos.
El piano cesó de pronto. Las jóvenes corrieron hacia la mad1·e, y, uniéndose con ella, esti-ecbáronla junto á sus corazones. Sor Leocadia
se puso en pie y entonces las tres se levantaron
para despedirse. Era muy tarde. Ya no había
sol.
Las confidencias y las manifestaciones cariñosas, se repitieron con mayor desorden aún que
antes.
-Nada, nada: la mayor estaba cont.E'ntísima
de casarse, y como no la consultaran más que á
ella, ¡muchos hijos! ¡muchísimos! ¡Los adoraba!
¡Había nacido para batallar con veinte chiquillos!
-Y tú, ¿qué quieres ser'? ¿Te gusta.ría quedar•
te aquí conmigo·?-pregunt6 la religiosa á la
niña.
-Aún no sé-repuso la interrogada abriendo
sus inquietos ojos;-más que santa .... me gusta.ría ser reina .... y si no, me gustaría. ser una
gran artista, una cantante que hiciera muchos
gorgoritos. Lo que á mí me gustaría es que hablasen mucho de mí.
-Dios te conceda lo que más te convengaconcluyó la monja, poniendo su blanquísima mano sobre la revuelta cabellera de la ambiciosa.
-¡Qué pena separarnos!-gimió la .madre estrechando á Sor Leocadia. El consuelo que me
queda es verte tan buena, tan robusta. Tú, que
fniste siempre tan delicaducha y tan expuesta
á .... ¿Te acue1·das'.-' ¡Qué µredicciones! ¡Jesús!
Los médicos no saben lo que dicen. ¡Pues nunca
estuviste tan sana!
-Adiós, adiós. El os bendiga.
-Adiós, Carmel a de mi alma. ¿Hasta cuándo,
mujer, hasta cuándo'!
-¡Quién sabe! ¡Nuestros caminos son distintos; pero .... ya veis .... cuando menos se piensa ... . quizá pronto .... Adios. ¡Que se haga su

LA VISITA
La campana. del convento sonó primero tres,
después siete veces, anunciando la llegada de una
visita y previniendo á la hermana Leocadia. que
alguien reclamaba. su presencia en la sala de recibo.
A pasos menuditos y recogido pulcra.mente el
hábito azul, bajó la religiosa !03 peldaños de la
escalera., santiguóse al cruzar frente á una ima•
gen de Santa Teresa que decoraba el muro, y
tras de toser con discreción monjil, empujó la
puerta del locutorio.
Dos ó tres mujeres se lanzaron a l locutorio,
abrazándose á ella y besando su rostro.
-¡Carmelal ¡Carmela! ¿No nos esperabas, verdad'! ¿no nos esperabas? Sabíamos que hoy llegarías aquí, de paso para Barcelona. ¡Qué alegría., poderte dar un abrazo! Eustaquio no pudo
venir. ¡Ya lo sentirá el pobre!
Atropellábanse por hablar, quitándose unas
á otras la palabra, sin permitir que la monja les
respondiese más que con monosílabos.
Eran tres mujeres. La primera gorda, descuidada, satisfecha de vivir, luciendo restos de un
parecer agradable. La segunda, moza, delgada,
pendiente del traje y de la compostura. La tercera, niña, con grandes ojos rodeados de obscuros cfrculos que hacían vivir un rostro mate y
atormentado.
La monja se dejaba palpar; veía con agrado
á aquella familia de quien viviera separada tantos años, recordaba palabra.3, gesto~, sentimientos. Extrañábase de novedades, de mudanzas,
de exageraciones.
-¿No sabes? Chonchito se nos casa. Sí, se nos
casa con un chico de aquí, muy bueno y muy trabajador. Si te quedas unos tlías, ya te lo traeremos.
Y la moza sonreía, sonreía seria, plácida10ente, contemplando las fotografías de la pared,
descubriendo los paseos del jardín que se veían
d.isde las ventanas, mientras la niña 1 jugueteando con el gran rosario que la monja. l levaba colgado á la cintura, murmuraba muy quedo:
-¡Qué bonito es ser monja! ¡Llamarla todos á
una la tia monja!. .. . ¡Qué bonito es se1• santa!. ..
¡Ser la. santa. de la. familia! . .. . ¡Y yo que no te
conocía! Si vieras, tía Carmela, qué ganas tenía
de besarte y de abrazarte! ....

-Loquilla, loquilla - responnía dulcemente
sor Leocadia con su voz monótona de antigua
profesora.-¿Crees que el ser santa. es Ucil'?
¿Quieres serlo porque te parece bonito'? Como
que no hay más que decir: ¡vaya, voy á ser una
santa!
En esto la moza dió un grito de sorpresa, y su
voz dulce de enamorada exclamó melancólicamente:
-¡Qué jardín! ¡qué paz! ¡qué tranquilidad! ¡Si
me encerrasen en él, me moriría! Aborrezco los
cipreses, que cuando se mueven con el viento
parece que d~cen: No, no creas en nada, todo pa'.
sa. ¡Qué wér1to tao grande el renun::iar á todo
tía Carmela, cuando todo es tan bvnito y Dio~
lo ha crea.do para que, admirándolo. le admire·
mos á El por comparación!
-No hagas caso de estas dos chifladas-concluyó la. madre cogiendo las manos de la monja.
y besándoselas una después de otra.-La mayo.r
va á casarse. Todo lo qu i no es su novio, Je parece mal. Cásese en buen hora. Será esposa modelo, madre perfecta. Nació para el mundo. Tiene en sí sobra de vida. La pequeña aún no sabe
nada. 1:odo le choca, hay que vigilarla: se parece á t1, pero con menos cabeza.
La monja paseaba su mirada alternativamente
de la moza á la Diña. La madra prosiguió:
-Nuestros proyectos son gloriosos. Al novio
de ésta le ofrecen una plaza muy buena en M:ílaga. A Eustaquio le recomiendan un clima más
templado, y yo, con tal de no separarme de el los
estoy bien en todas partes; de modo que nos ire'.
mos. Los hombres piensan establecer un "ran
negocio nuevo, con la representación de un: casa inglesa! que, según aseguran, nos hará ricos.
Para Marrncha tampoco me disi?usta el cambio
Eo"fin, seremos muy felices. Te aburro,¿ verdad·?~
con esto_s proyectos tan vulgai·es y mediocres.
¡Qué qmeresl Yo ya no soy más que eso madre ·
r~nuncié á t~das mis pretensiones. Tú,' si estu'.
v1e1·as en m1 caso, harías lo mismo; pero1 amiga, te dedicaste á otra cosa mejo1·: nos cbafaste
á todos eligiendo estado.
&lt;Era cierto-pensaba la. monja.-Ella ella solita, sin el consejo de nadie, había elegiclo esta.do; IIl:a.s._. .. ¿era razón el haberlo elegido para
presc10d1r 01'.1 adelante de su persona, para no

contar en los planes de familia con su prox1m1•
dad ó su presencia, para no haber hecho nada
por verla en tantos años? .... Sí, sí- concluía.al
fin,-era razón .... era justo ... ella fué la que
se separó primero, la que rompió primero el la•
zo con que la naturaleza lo~ uniera.&gt;
En tanto seguía la madre refiriendo gracias,
historias, sin orden ni concierto, todas referen·
tes á sus hijas. Por fin, y no obstante las súpli·
cas de la interesada, empeñ6se en contar á sor
Leocadia los pormenores de sus amoríos con el
que pronto iba á ser su esposo.
-Nada más tonto: una noche habían ido al
teatro á ver una actriz extranjera, de paso en la
población. La comedia. repres1;ntada fué tan ver·
de que, roja de vergüenza la. niña, y sin atreverse á mirar al escenario, dedicóse á registrar las
butacas; reparó en un muchacho.... . y nada,
porque al segundo acto se marchó ... . . y en el
paseo concluyeron de arreglarse. ¿Verdad que
era muy tontoi' En su tiempo, en el tiempo de
Ca1·mela y de su hPrmana, se hacían las cosas
de otra manera. Ella se enamoró de Eustaquio
en un baile de máscaras del Real, cuando vivían
en Madrid. Aún l e parecí-a estarlo viendu. ¡Qué
sueño! ¡Y pensar que C armela asistía también al
b~ile con un dominó negro y rosa! ¡Sor Leocad1a! ¡Cómo variaban los tiempos! Pero había
cosas que no se olvidaban nunca. El vals, el vals
por ejemplo, que tot:abaa aquella noche, lo tení&amp;
,iiemprl: en la memoria. ¿Qué cuál era? ¿,Pero se•
ría posible? ¿No lo ncu1·daba'? Aquel de la.lá,
!alá, la, lari. ... ¿Tamµoco? ¡Qué lástima no ha·
ber allí un piano para .. . .
Mariucba, encantada, señaló uno arrimado al
muro, y la madre, presa de súbita iaspi1·acióo,
sin hacer caso de la l'isa burlona de la monja,
lanzóse hacia él, levantó la tapa, recorrió con
los gruesos dedos el amarillento teclado, y tras
algunas vanas tentativa:,,, primero torpe, despué s armonioso, por fin completo, elevóse por
los aires el dtmo de un vals antiguo, antiguo
como los amores que recordaba.
_-¡Bravo! ¡hravo, mamá! ¡Sigue, sigue!-vo·
c1feró, contentísima, la chicuela, al mismo tiem•
po que agarraba po r la cintura á su herma.na Y
coruenza t&gt;an ambas á dar vueltas a.irosísimas
por el cuarto, renovando t:on su juventud, con

voluntad, así en la tierra como en el cielo! ¡Yo
siempre rezo por que seáis muy felices!
¡Muy felices! ¡Lo dest&gt;aba con toda su alma!
¡Era lo único de material, de vivo, de agradable y de doloroso que la unía al mundo! ¡Qué
poco hnbfa cambiado su hermana! ¡Siempre la
misma! Su hija mayor se le parecía. Su porvenir estaba, indudablemente, en crear una familia, en pelear cara á cara con la vida. En cambio la menor .... la menor, como había dicho la
madre, se parecía. más á ella, á Carmela. La
misma vivt&gt;za, la misma resolución, las mismas...
¡Qué sueño, qué sueño era la existencia! ¡Cómo
la niña de ayer podía convertirse en la mujer
enérgica, activa, en la fundadora de hoy! ¡Qué
hermosa labor! Encargada. por los superio1·es,
marchaba á otra provincia para organizar un
nuevo convento; con aquél serían tres los fundados por ella .... QuizÁ. funda.ría mlÍs .... aún era
joven, aún .... ¿Qué diferencia podía caber entre
la existencia de .... No, ella no había sido tampoco estéril para el mundo. Su labor estaba visible. No había sido de las que co:iardemente se
1efugian en un claustro para vivir sin preocupaciones ni c1.1idados ajenos. No; había luchado,
había sufrido... había .... La frente de Leocadia se apoyó sobre los fríos cristales de la ventana. A sus pies se extendían el desierto jardín,
adornado aquí y allií. por varios santos de piedra. La sombra invadíi. los paseos más alejados. Las bojas sPcas rodaban por las praderas.
Los ciµreses agita.han blandamente sus copas,
dándose µaz unos á otros. Las palabras de la
enamorada resonaron en los oídos de la esposa
del Seilor:
-1:'areceque al moverlos el viento. dicen: «¡No,
no creas en nada . .. . Todo pasa!&gt;
Algo se apretó en la garganta de la monja, y
molesta por una opresión desconocida, alejóse
de los cristales para sentarse frente al abierto
piano, cuyas amarillentas teclas interrumpían la
obscuridad tristona que comenzaba á invadfr el
cuarto.
Una vez allí, sus manos exangües levantáronse para aflojar el cordón que sujetaba la toca,
mortificando la carne, y poco á poco descendieron hasta posarse sobre la superficie de marfil,
arrancando un débil quejido á las fatigadas cuerdas.
La sombra iba creciendo por momentos y la

angustia, una angustia indescriptible, se apoderaba de la monja hasta dejarla paralizada, inmóvil sobre el asiento. Los retratos de los santos patronos de la comunidad cesaron de distinguirse en los muros para confundirse dentro del
círculo negt·o. Las sillas se borraron también.
Las ventanas sólo rellt&gt;jaron opacas siluetas.
Cuando la.obscuridad fuécompleta, interrumpióse de pronto el silencio del cuarto por un acorde
tímido, vacilantP, que procedía del piano. Al
primero siguieron otros más resueltos, ligeros,
desenfadados, basta constituir la melodía, el tema del vals, del pobre vals antiguo, soso, vulgar, que horas antes se escuchara en la misma
habitación. Aquella aJt&gt;gre música, mal medida,
y recordada apenas, mPjor que danza acariciadora y rítmica. semejaba. el confuso y trabajoso
esfuerzo practicado por una nifta de ocho años
para vencer las dificultades de su lección.
¡Niilos! ¡Niilos! ¡Cuándo se deja de serlo!
¡Cuándo se ba sido verdaderamente en la vida!
De pronto, el piano cesó . ... de nuevo volvió
á empezar, al mismo tiempo que see,cucbabaun
murmullo continuado, qut&gt;jumbroso. La música
seguía y el murmullo también .... No, no podía
dudarse .... Eran sollozos .... A la mitad de un
arpegio, interi-umpióse de nuevo la música, oyóse un grito abogado .... gl'ito de dolor, de socorro .... al que siguió la caída de un cuerpo pesado; después varios gemidos, algo más débiles;
después un ronquido .... una especie de estertor .... después nada .... La vibración de las
cuerdas del piano extinguióse .... las siluetas
opacas de la ventana se bor1·aron por completo.
El silencio se enseñoreó con majestuosa pavura
de cuar.to alcanzaba la vista.

.. ····· .... ..... .. .. ··········· ··· ···· . ··········
Al cabo, resonaron unos pasos preci pitados,
después otros, después más. Se oyó el cuchicheo
de voces femeninas. Eotrea brióse la puerta. Adelantaron la cabeza varias religiosas, y al penetrar la luz en el cuarto, lanzaron ácoro un grito
de horror y de compasi ón.
Sobre el piano, en violenta postura, descefiidas las tocas y alborotado el ceniciento cabello,
yacía el cuerpo de sor Leocadia. Los ojos, abiertos aún, miraban con espantosa fijeza algo que
no se podía determinar. Por sus narices deslizá,base, casi imperceptible, un hilillo de roja san-

�EL ?,rt,Nt)O ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

tu voluntad ó sin ella. Tu siempre has obedecido á tu señor; pues bien,
sé sumiso ahora.
-Todo, menos eso: pide y seré obediente como siempr,:; pero no
me exijas la entrega de mi mujer.
-Si es así, dame tu vida. Me la has ofrecido muchas veces, y ahora
necesito que se cumpla tal promesa.
-Se cumplirá, pero con una condición: debo matar antes á ~Iilia,
é inmediatamente mi sangre se juntará á su sangre.
-¡Ingrato, pen·er:;o!-gritó Atlacatl, lleno de coraje.
-¡Ni ingrato ni perverso! Si falta mía ha sido unirme á una mujer,
más ingrato y más perverso es quien arrebatar pretende una mujer que
tiene dueño.
Atlacatl, ciego &lt;le ira, tomó con presteza su maza de roble y se lanzó
sobre Tep-Ta.
En ese instante llegó l\Iilia y se colocó entre ambos.
Tep-Ta aprovechó esa circunstancia para apoderarse de la maza
del cacique, y de un solo gol pe en la cabeza dejó exánime á la inocente )Iilia.
Y huyó rápidamente.

***

Las aves de rapiña, pocos dfas después de este suceso, condujeron á
los que buscaban á Tep-Ta á una hondonada muy profunda: allí estaba el cadáver del indio que tanta fama llegó á dar al país de estos guerreros.
CARLOS

A.

btE:SDI.\..

Gna polmi,:a relativa es compatible con lo que hay de m1s noble en
el carácter.

*

El carácter es una propiedad. Es el más noble de todos los bienes;
es un derecho á la aproba0ión general y al respeto de los hombres.

*

Ninguno e~tá obligado á ser rico ó grande, no, ni á ser sabio; pero
todo hombre está obligado á ser honrado.

*

Si11 principios, el hombre es como un buque sin timón y sin brújula, abandonado para ser impelido de aquí para allá por cualquier
viento que sople.

ASILO DE l\IENDIGOS.-:!\1arfa \'liia~ y Ambrcsla Rodr1guez.
gre que venía á caer sobre los morados labios.
-¡Pobre snr Leocadial-exclamó al fin una de
las religiosas.-¡Ya decía el doctor que podía
ocurrir una desgracia el día menos pensado!
¡Pobre hermana nuestra! ¡Y lo que pierde con
ella la orden! El corazón; el corazón hermosísimo que tenía es lo que la ha matado. Avisad,
avisad en seguida á todo el mundo, y nosotras
de rodillas; un Padrenuestro por su alma.
«¡Paternóster! .... &gt;
Al,l•'ONSO DANYH,A.

EL ASILO DE MENDIGOS
LOS MAS VIEJOS
En este n(1mero damos á cor.ocer los retra•
tos de los mendigos más viejos que Pxisten actualmente en el asilo fundado hnce algunos
años en la calle del Sur, y sostenido hasta la
fecha con fondos de particulnree.
Lo!! mendigo¡¡ á que nos referimof:, son: Marfa Yiñ:1f:, de 102 afios de edad; Amhrl)sia Rodríguez, de ll9; Gabriel Rendón, de 80, y José E. l\Jatus, de 65. Este último, Fegún dice,
naci6 en Peten, Guatemala, y fué durante sus
mejores afios uno de los más famosos cabecillas revolucionarios de aquel paÍ!'. Pobre ~abandonado de sus partidarioi;:, vino á México
con el propót-ito de buscar aquí trabajo, pero
urgitlo por la miseria. y ciego, se vi6 obli¡m&lt;lo
á ingreFar al Asilo ac&lt;'giéndose ú la benéfica
ini-titución.
En cuimto ÍI Rendón, cuenta que fué jornalero y que no sabe en qué año le arrebataron
el azadón para hacerlo abrazar el fu~il. «Me
lleYaron de chinaco-dice-y peleé contra los
mochos el'! Querétaro. »
l\Jarín Yiñas y Amhrnsio Rn&lt;lríguez. no ohstante su a,·anzada edad, consen·an todavía el
recuerdo de algunos acontecimientos notables
de la Historia de ~léxico.
En gehernl, loR mendigos Fe encuentran-satisfecho.s y muy ap;radecidos á la inf'titución
qtH' les proporciona los m~dios i ndispensables para la subsi~tencia.

TEP-TA
LEYENDA I NDI ANA

~o había otro como él para manejar el arco.
«Tepescuintle» que veía, era presa ~egura:
la saeta no se separaba un punto de la dirección que le imprimía su certern mano.
Era un indio corpulento, tle fuerza admirable, ~gil como un Yena&lt;lo que ha escapado
muchas veces &lt;le la persecución &lt;le tenaces cazadores.
Salvaba hondonadas y atraYesaba ríos con
rapidez pasmosa, y siempre se le vi6 aparecer
ni lado opuesto, ileso del todo y sin demostrar

fatiga.
l\inguM de lo, súbdito~ de At.lacetl gozó,
como él, de tan señaladas comidericirn~s: era
el comr añero ins~paral le del cae.que y, casi

siempre, el único responsable de cuanta arriesgada empresa se realizaba en el reino.
Tep-Ta obedecía ciegamente á 11u sefior, y
por él hubiera hecho con guslo el sacrificio de
su vida.

ASILO DE MENDIGOS.-J'osé E. Matus

***

En los dominios del famoso Lemp~ra conoció á l\Iilia, una india pequeñita, pern bieD
formada, ardiente y encantadora como 1110 1111
había encontrado entre las mujeres de Cuau,tlán.
Tep-Ta se prendó de sus gracias, y comoencontrara resistencia de su parte, la arrebató
de en medio de una fiesta, y huyó con ella,
hasta obligarla á llegar en su compañía á la
tierra cuscatleca.

***

-Entrégame á. tu mujer-le dijo el rey
Atlacatl. Dámela para no quitártela á la fuer•
za. Milia es de mi agrado, y debe ser mia, ~ D

JAMAICA.-Una vista del canal
ASILO DE MElNDIGOS.-De charla.

(Fot. V ALL.ETO.)

�Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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(Fot. Carmichael).

Camino de México á. Cuernavaca..-U na curva.

UN ÁRBOL NOTABLE
l\Iuy conocidos son eu la Iluasteca Veracruzana unos á rboles gigantescos cuyo tronco
tiene, por Jo regular, el aspecto ele una serie ele
col umnaf:l, más ó menos gruesas y elevadas.
Estos notables ejemplares, como es sabido,
tienen su origen en una especie de parásito
vegetal que nace en las ramas de algún árbol
de una semilla depositada en ellas, ya sea por
los p:íjaros 6 por la acción del viento. Una
vez que el parásito comienza á desarro!larse,
echa nuevas raices. que crecen y se alargan
hasta penetrar en el suelo y que se transforman, con el transcurso del tiempo, en troncos
que dan á su vez origen á otras muchas raíces
que se enreda.u al árbol entrelazándose hasta
cubrirlo con una verdadera red. Las rníces se
engruesan y se unen cada vez mfü•, y el árbol
que &lt;lió albergue al parúsito, acaba por desaparecer.
La fotografía que publicamos representa un
curioso ejemplar de esta-clase &lt;le árboles.

nifia callejera!-casta y buena como esas florecillas que se abren prendidas de los festones
que verdean nacidos en las grietas de las ojivas de las catedrales, místicas y sencillas como una ofrenda de la piedra á la Divinidad.
Odette era buena, honrada y casta ... ¡por eso
soñaba en Lobengrin!
La última ,·ez que la vi, llevaba su cesta
cuajada de flores. Camelias que por lo blancas parecían espolvoreadas con nieve; otras
con estrías rojas como si estuvieran heridas;
rosadas unas cómo mejillas de sana colE'giala,
y otras carmesíes como cuajarones de sangrE'.

Vio!etas púdicas y dalias hijas del invernadero, con ropajes pomposos' y opulentos como
de princesitas de minuet; cri1:-ántemos quepa•
recían explosiones ele rr,,yos de oro, como er,
una pirotecnia; rosas inglesas de pétalos sedosos y colores matE's, y en mitad del cesto un
humilde ramito rle hamaméliclas tempranas,
aromosaf:l, destilando la esencia de sus cálices,
parecidos á una gota de oro fundido que re~altara rnbre la albura de un e~trellado copo
de nieve. Y Odette corría &lt;le aquí para allá
vmdiendo sus flores y rE'galando bUS sonrisas
dt-formef:l, empcfiadísima en vender aquel

CUENT8S RÁPIDOS
LA FIORAJA
A Mademoiselle Romanticisme.

E:;toy i ntrigaclo porqu¡, ha muchos clíns que
no veo á Odette, la floristilla del Odeón; la última yez &lt;JUC la Yi, Oclette estaha trágica }'Ol'
lo triste, y ha desnpareciclo desde entonces
mi1-1tnio~amente.
Tú la conociste: ¿te acuerdas de ellR? Era
una napolitana que vagabunrlE'ando probablemente con algún c&lt;pifferari,,&gt; habia llegado desde el golfo azul turquern que cuida el Vesubio,
hasta las orillas del Sena en plE'no París. Era
fea ... ¡qué fea! con su cabello cobrizo, i-us ojo8
indolentes y grandes de ovino, su boca ancha
de belfo¡; carnosos, su cuello grueso y sus manos con reminiscencias de manos de simio.
Pero era buena y casta-¡qué prodigio en una

Huasteca Vcracruzana.-Un Arbol nota.ble.

�Domingo 2:l de Agosto de 1903.
ramito de hamamélidas que se habían abierto
caprichosamente en mitad del otoño. Rosas,
crisántemos y camelias se iban prendidos de
las solapas de loE jaquets, 6 acariciadas en las
manos de coquetuelas .,l,oulevardieres;• sólo
la.'l hn.mamélidas se quedaban rezagadas ..... .
¿,por qué? Al verlo, Odette las dió muchos beSOf? &lt;le ternura, como si la niña huérfana sintiera con las flores huérfanas, y las flores desdeñadas comprendieran á la niña desdeñada
del amor, de la fortuna y de la dicha!
- Caballero, estas hamamélidas ...... huelen
mucho, más que las otras flores ..... no serán
tan bonitas, pero tienen aroma....•....
El caballero miraba despectivamente á las
florecillas y tomaba una camelia.
-Las hamamélidas, señorita, no son tan bonitas como las dalias, pero tienen aroma ......
La grisetilla tomaba una dalia de hojas abullonadas y dejaban las hamamélidas. De qué les
servía el aroma sin la forma, lo atrayente, lo
su~estivo, lo aparente?
Por fin, al caer el sol, el cesto se vaci6, quedando en él sólo las hamamélidas, casi marchitas, pero siempre olorosas; se sabían morir
noblemente, sedientas por la falta de agua de
un húcaro, pero destilando perfume y ron
muchos besos &lt;le Odette. La fioristilla fué á
reclinarse en uno de los bordes del Puente
X uevo, y tomando del cesto en el suelo las
hamamélidas, se puso á verlas y á cavilar. Como ellas era ella: pura, llena su alma de aroma; la gotn de oro de los cálices, era la gota
de oro de EUS sentimientos; la albura ele los
pétalos, lo inmaculado de sus sentimientos;
cualquier transeúnte aceptaría regaladas las
florecillas, pero no con cariño; ella podía entregarse también con sus quince años á cualquier
hombre que no la tomaría por amor ...... y así
como para las hamamélidas no había un afecto, tampoco para ella lo había; y así como
para ellas no venía un d uefio, para ella no venía Lohengrin; y al día siguiente las florecillas amanecerían muertas y manchadas en el
mont6n de la basura callejera, y ella .. . ... ¡podía amanecer en el mont6n de lo humano que
rueda al lodo! ¡Sola.. .... sola ...... qué tristeza!
¡Pobres flores! Se morían de sed, querían
agua ...... Y vié:-!dolas y dándoles el último bt:so, las arrojó al Sena, pudiendo ver, á la luz
crepuscular, cómo se iban, navegando muellemente balanceadas, despacito y como diciéndola: «¡.Adi6s, hermana! «A Bientotl»
Odette, con los codos en el antepecho del
puente y la barba entre las manos, absorta y

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Una rJxcursión escolar.
Con ~:.s~ buen éxito han comenzado á e.[ec·
tuarFe ,~ excursione11 científirai- que previene
el '¡1lan de estudios de la Esruela ~acio11al
P .reparatoria contándose entre las más intereMntes la qu~ emprendieron á la Cima y el
Monte de las Cruces loi- alumnos de la clases
~le Química y ~fineralogín.
Los Profesores Andrés Almaraz, Guillermo
B. Puga y .Juli{rn Sierra fueron los q?~ acompañ~ron á los a_lumnos en esta ocas10n, concurriendo también, como preparadores, los señores Adolfo Castañares, .Joaquín Pnalta y
Nicolás Rojano. Lo~ excursionistas snlieron
por el Ferrocarril ~acional el día 11 ~el corriente, dirigiéndose á unas canteras s1tuad~s
-en las Cruces, con el fin de hacer en aquel sitio alguna.s experiencias sobre voladuras de
roca&amp;.

Con las precauciones del caso, se abrieron
seis taladros en diRtintos puntos, cargándolos
con dinamita de 40 por ciento, para hacerlos
estallar por medio de una. chispa eléctrica. L~s
alumnos, que presencia_ro_n con todo eletemmiento las pruebas, recibieron &lt;le los proíe~ore¡, las explicaciones neceFarias con respect? al
método empleado. Después les fueron exph~ados los efectos del agua sobre las substancias
solubles de h1s rocaR, haciéndose, para el mejor resultado de la conferencia, algunos experimentos práctico!-&lt;.
En cuanto al ramo de Mineralogía, el profeiaor di6 una lección sobre la configuración y
constitución del terreno.
Durante el viaje, se tomaron fotografías_ ele
distintos punto1:1, siendo alguna,- de ellas m~tantáneas muy bien logradas. La que pubhcamos representa á un soldado en el momento en que se le encabrita el caballo que monta.

A. LA SIESTA.
HERIWL\

Ni ,·olador insecto ni susurrante aheja;
Del sol bajo la lumbre el bosque se adormece,
y al suave terciopelo del musgo se parece
La. luz que tamizada. la. fronda. pasar deja.
"Herodfas". Cuadro de Veronés.-(Dil la colección Chavero)
ensimh,mada, miraba con sugesti6n el agua
que corría y las hamamélidas que se iban en
las ondas recostadas ...... La campana del cercano convento de ...... llam6 como si llamara
á alguien, y Odette, vol vié:idose al sonido corno si respondiera, dijo:· «¡No! 1Xo pued~.... !.11
Ü?ette _ha desapar~cido desde esa vez, que
la_ v1 trágica en su tristeza, y esto me tiene intrigado.

E.

MAQUEO CASTELLAXOS.

PARA UN AMIGO
Hasta_t_u bo¡rartranquilo, franco y hospitalario
Que cob1JÓ mil veces mi ensueño solitario
Que como un oasis fresco se alzara en mi damino
Y donde m~ brindaste de tu pan y tu vino,
Donde abrieron sus rosas mis raras alegrías
Y plegaron las alas mis tristezas sombrías
Lleven_ estas estrofas un pulla.do de flores '
Con m1 afecto muy hondo y mis votos me_iores.
Cuando la vida negra nos envuelve en su ola
D&amp; amargura y de duelo, y el alma está muy sola•
Cuando la frente punza la corona de espinas '
Y el spleen nos arropa con sus vagas neblin~s·
Cuando el amor di vino extinguió sus reflejos '
Y la noche se acerca y la dicha está. lejos· '
Cuando llora el espíritu y de luto se viste'
Y_ se apaga el recuerdo como un astro muy triste
S1 enc~ntrar_nos de pronto en la intrincada send~
Un car1fio sJDcero que la mano nos tienda
Que para nuestras penas tenga en los ojos Iianto
Y para nuestros júbilos en los labios un cant '.
Que cure las heridas y calme los hastíos
v,

Y nos diga: tus goces y tus duelos son míos,
Sentimos que regresa radiante la ilusión
Y á la nueva esperanza se entreabre el corazón.
':l'al h_iciste... Yo estaba solo y desfallecido,
M1 vacilante paso guiaba hacia el olvido
Y enervada por una letal melancolía,
En tierra y sin aliento mi juventud yacía.
Abrumado por torvas y rudas decepciones
Iba bajando, lento, los duros escalones
Que en espiral funesto llevan al precipicio
Del tedio, el abandono, la enfermedad y el vicio
Cuando tú te acercaste, me tendiste la mano,
Y me abriste los brazos y me llamaste hermano;
Y mi fe tuvo entonces con tu palabra una ala,
Y vi que la existencia no era en verdad tan ma.la;
Y entonces vinculamos, con un afecto igual,
Nuestros dos corazones con lazo fraternal.
Más tarde, cuando el odio te disparó su flecha,
Rugió sobre tu frente la tempestad deshecha,
Y la pálida envidia, la vil calumnia, todo
Lo que es rastrero, abyecto y sucio de algún modo,
Amargó tu existencia y emponzoñó tus horas;
Cuando te lastimaron infidencias traidoras,
Y la amistad vendida te negó con sus dudas,
Y te manchó el engaño con el beso de Judas,
Yo te vi perseguido, iamuta.ble y sereno,
Y me puse á. tu lado porque sé que eres bueno;
Y porque estabas solo, l!iempre estuve contigo;
Y porque eras odiado, yo siempre fuí tu amigo!
Entre nubes del cielo y lodo de la tierra,
Con pacíficas auras y huracanes de guerra,
Nuestra a.mistad es árbol que \pan ta sus frondas
Y que á través del tiempo eclrl&gt; raíces hondas.
A ella. mi carifio sin esfuerzo le arranca
Estos versos, que dejo en la. página blanca,
Y que quiero que lleven á tu hogar, que es el mío,
El abrazo de hermano que de lejos te envío.

'

F . ~l.

Eatórnanse mis párpados y en ellos se refleja.,
Acribillando el dombo que la. arboleda ofre&lt;'e,
La luz del mediodía, que juega, y 1·espland_ece
y con furti \"'OS rayos forma una red bermeJa..
Hacia Ja ardiente gasa de tintas caprichosas,
De efluvios embriagadas y luz, las mariposas
Dirígense en enjambres piatados y risueños;
La red brillante cog,m mis dedos intranquilos
y en las sutiles mallas de los dorados hilos,

Voy-cazador poeta-aprisionando sueños.

un tovno andano.
HERIWIA

Con arte insigne y sin igual maestría,
Mejor que Ruiz, y Becerril y Arfeo,
Cincelo un asa, grabo un camafeo
Y sé engastat· brillante pedrería.
Sobre el metal que al iris desafía,
Siempre esculpí-pecaminoso empleo,En ,ez de un santo y místico trofeo,
Al Cisne y Leda., á Uaco en una orgía.
Damasquinando estoques y puñales,
Por el orgullo de obras infernales
Puse en peligro mi futura suerte¡
Por eso al ver que la. vejez me agobia,
Quiero cual Juan, el preste de St-govia,
Labrando un cáliz encontrar la muerte.

DE ÜLAGUÍBEL.

ENRIQUE GONZÁLF:Z MARTfNEZ.

1003.

Excursión escolar.-Los alumnos de la Preparatoria en el Monte de las Cruces.

Una instantánea.

Domingo 23 de Agosto de 1903.

INVIERNO
En el pálido cielo las neblinas
erraban como sombras espectrales
y la lluvia ponfa en los sau~ales
sus collares de perlas argentinas.
l'n lienzo gris las húmedas colmas
arropó con sus túnicas glncinles,
y las trémulas lumbres matinales
doraban á lns brumas opalinas.
El río rumoreaba en la espesura
y á lo lejos fi,1gía la llanura
jardines de esmeraldas refulgente~.

Y graneles gotas, con un ritmo vario,
resbalaban de un roble milenario
como si fueran lágrimas dolientes.
FROILA:S TURCIO~.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL llfONDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

ojos cerrados reco~tada sobre el banco ....... .
Flores maravillosas, con pétalo~ de escarcha,
adornaban su cabello, un velo mmaculado la
cubría.
-¡)Iarieta!. ..... ¡Ah Dios mío! .
Al grito de Justina, todos acudieron con
ayes, lloros y sollozos. En vano la lla.ma:on ...
«La Inocente• ya no oía las voces de la tierra.
H abía ido con su vestido de desposada á terminar su ensueño en el paraíso.

LA INOCENTE
-¿Y te gusta esto, l\Iarieta?
-¡Estarás bella con este lindo vrstido!
-¿Te gusta el celeste?
-¡Ya lo creo! ¡como ella es rubia!
~Iarieta Laroudet se puso á reír; una risa
infantil que prolongaba, acompañándola con
un balanceo de cuerpo. Ora sobre un pie, ora.
sobre el otro, inclinada hacia las costurera!&gt;,
las miraba trabajar con aire encantado.
Teresa, Mariana, Irma, las tres más hábiles obreras cte la aldea, desde una semana no
salían de la granja de los Laroudet. Tenían
que apresurarse; sólo faltaban cinco días para
la boda, y el vestido de la novia no estaba termi nado.
La boda debía ser hE&gt;rmosa.
El novio, Hilarión Larroque, era muy rico
y era, además, un mozo de excelentes prendas
físicas y morales: no había otro como él para
colocarse la boina cual si fuera una aureola, al
lanzarse en aturdidores «caballero solo,,, traídos del regimiento. Tenía, además. otra virtud: cantaba. Había que oírle, cuando, para
romper la monotonía de una larga comida de
bodas, subía rnbre su silla, con el chaleco
abierto sobre su faja roja, y con voz sonora desgranaba su repertorio, importado también del
regimiento.

Era una «inocente.» Se hablaba de ella suspirando, aunque se la quería, pues Marieta no
era mala, sino algo rezongona, cuando se la
contraria.ha.
Al presentarse Hilarión á hacer su corte ÍI
la noYia, la hennoi,;a morena ,Ju!'tina, hermana mayor de l\Iarieta. alguien. i,in pensar en
mal, ~e dirigió diciendo á la «Inocente»:
-1\laricta, aquí está tu novio: eres tú la
novia.
l\Iarieta se había puesto á reír: había compren&lt;liJo. l\liró á Ililarión, volvió á reír y vino á sentarse ~ su lado. J ustina se divertía
con esa comedia: su novio, para complacerla,
se divertía también, y en toda la casa, ese día
y los siguientes, se continuó el juego:
-¿Te casas, Marieta?
Ella contestaba:
-Sí, sí, ó se reía.
La madre intervino:
-No quiero que se burlen &lt;le mi pobre «Inocente» y trató de desengañarla· pero ésta se
enoj6 y quedó mohína durant~ muchas horas.
-Déjala, mamá-dijo Justina·-el día de
la boda, .\!arieta verá que se b~ engañado
y mientras tanto, más vale que esté con:
tenta.
Y las tres costureras, cuando fueron á coser
el ajuar, continuaron mec:endo la ilusión &lt;le
la «Inocente.,,
-¿Te gusta esto, )!arieta?
Y Marieta se inclinaba sobre todas las beJlas cosas que preparaban para ella las admiraba feliz y reía.
'
La víspera del &lt;lía fijado para la boda el
frío aumentó y el cielo se puso gris. Todo~ se
&lt;losolaban. J ustina é IIilari6n se amaban con
el magnífico egoísmo de las ternuras felices.
Aqu.ella noche, c?mo Hi)ari6n por última
vez deJara á su novia, J ustma sorprendió la
mi~ada de éxtasis con que la «Inocente» seguía
al Joven y de repente aqueJlo la irritó.
-Oye-dijo á Marieta, apretándole el brazo, -es necesario que esa comedia termine....
h~ d~~ado bastante._ No es contigo que se casa
JI1l:mon ... es conmigo, ¿entiendes?
Y como Marieta tomara un aire testarudo
su h ermana agrego• para convencerla mejor: '
-¿Cómo podrías ser tú In novia? ... ¿Tienes
acaso un velo blanco?... ¿Tienes corona·? .Mientras que yo, tengo todo eso ... l\lira.
Se envolvió en su tul blanco, colocó sobre
su rabeza la corona de azahares y dijo:
-¿Ve~? Soy yo la _novia. Se han querido
reír de t1. .. Ve á dormir, Marieta y consuélate. La próxima vez le tocará á
Marieta no se fué á dormir.
. Su cama estaba en la misma cocina, debaJO de una escalera que formaba una especie de
alcoba cerrada con cortinr.s. La «Inocente• se
sent6 en el borde de
su cama, cruz6 las
f ~
manos sobre las ro~,
dillas y trató de
comprender lo que
le había dicho su
herma.na. Qued6 así largo
tiempo. La lúmpara se apa,
gó.
Rin embargo, la obscuridad en la pieza no era completa; un reflejo blanquizco
caía de las ventanas y se alarga.ha sobre el suelo... Se
hahría dicho que la sombra
se hacía blanca. ~!arieta se
levantó, se acercó á la ventana y, de repente, distraí-

ti'.

Así es que, cuando los Larroque hicieron i;u
pedido, los Laroudot no vacilaron. Bien i,abían que desde tiempo atrás, su hija iba vensando en I!ilarión. El casamiento fué fijado
para la semana que precedía al carnaval.
Como se dice en el Bearn, los Laroudet «tenían su cruz,» es decir, su desgracia; esta cruz,
&lt;le veinte años, ojos azules y cabellos rubios,
se llamaba Marieta.

da de sus pensamientos demasiado pesad
miró.
·
Empujados por áspera brisa, copos, pri
ro ligeros, luego más apretados, caían len
mente, revoloteaban. La nieve poco á
cuhría los techos de las granjas, el muro
patio, el patio mismo. Y de toda esa blan
ra parecía surgir una luz confusa.
l\Iarieta abri6 la ventana. 'Gn copo vino
posarse sobre su mano, otros siguieron,
prendieron á sus hombros, á su cabello...

MARIA TnrnRY.

''LAGUNA VKBDE"
A título &lt;le información curiosa, publicamos
una fotografía &lt;le ln. «Laguna Verde," situada
{i corta distancia de Acúmbaro, en el Estado
de :Michoacán. La laguna, notable por la ~ran
cantidad de substancias rnlfuro~as y ferrugmoRas que contiene, aparece á la ¡¡i mple vista
complet.,mente verde, y despide un olor desagradable. Inmedinta á e~ta lngun_a, se encuentra otra que los campesmos designan con el
nombre' de «Larga", y que, sin embargo de e~L'l.r ubicada en los mic;mos terrenoi-, es &lt;le agua
potable.
,
.
Los hervideros &lt;le l\Iantaro, situados E&gt;n
comprensiones de la misma had_l'nda :1 e¡ue
pertenecen las lagunaf', son también m~y _nota.bles. La formación del terreno es volcamca,
y el ruido que producen se oye á tres kilómetros de distancia. En distintos puntos, los hervideros producen vapores que forman una especie ele columnas de humo, como puede verse en uno de nuestros grabados.

LA CIENCIA
una olslón lit Dantt
L o que p-.rsiste invariahle e11 r an·
"tidad, pero siempre modifl~od&lt;?se
ºen su Corroa bajo e:--as apanenc1as
ºsensibles que nos presenta el univer"so excede á la concepción y al co·
uo~cimieoto humann~; é!-o&amp; e-J un P&lt;&gt;"der d•scooocido é incogno,ciblo
uque c:.,tamo~ obligados á reconocor
"como s'n limites en el espacio.}
..sin priocipfo ni fin en el tiempe&gt;. '
HERBERT SPl'.NCER.

tonces bati6 las manos y se puso á reír¡ yano
debía tener pesar. Ya que Hilarión, para casarse con ella, quería que fuera velada de blanco, con blancas flores en el cabello, iba á ad&lt; r•
narse para él.
De un salto ligero ~!arieta pas6 la venta na,
que era muy baja. El frío era intenso. Pero
el hermoso velo blanco que iba á envolverla
la calentaría.
Allí había un banco. l\Iarieta se sentó, jun•
tó las manos y tuvo buen cuidado de no moverse mÍls, para no deshojar las flores delica•
das 11i rai;:gar el velo frágil que lentamente la
revestía.
«La Inocente» había ten ido razón; el Yelo le
daba calor... Ya casi no sentía el vien to.. . Se
adormecía, el alma en éxtasis. Ya creía oírla
música alegre del cortejo que venía á buscará
la novia.
Al alba, J ustina se levantó. Baj6, toda.vía
medio dormida, y fué á abrir la puerta para
ver el tiempo. Los copos ya no caían, perola
helada había endurecido la nieve, salpicándola de cristales lucientes, donde se miraba el sol
levante. Miró al cielo: estaba claro. La nieve,
como se dice al1{1, lo había limpiado. La úni•
ca molestia sería el cleshielo. Al pri mer rayo
ele sol, todo ese terciopelo blanco se cambia•
1 h (•11 lodo.
Satisfecha, Justina. iba
á cerrar la puerta, cuan·
do advirtió á. l\Iarieta
muy pálida y co n lOII

I
Dejaba Dante la. mansión del cielo,
donde ninguna. luz proyecta. sombra,
y se detuvo, preso de un a.obelo
que por jamás sentido, más Je a.sombra
y hace arrugar su frente, a.ates serena. ....
Pisa. una. nube que le brinda. a.lfomb1·a
de plata. azul como de luna llena;
y su fig-ura roja. ahí se agita.,
entre el cielo y el mundo, en grande escena,
como una. lengua. enorme que pa.lp!ta;
é irguiendo majestuoso ante el abismo,
tres veces "¡Beatriz!'' su boca grita ... . . .

··Laguna Verde".-(11khoacAn).
cella dice la cosa que me escapa
cdónde no puede penetrar mi mano;
evo descubro las leyes de una etapa
cen el curso de siglos ...... Donde habito,
«siempre la realidad mi sien empapa. . ...
&gt;Del espacio que miras infinito,
cdigo la ley; del astro que se int\ama,
egue es como voz de luminoso g1ito:
cdel combate del agua con la lluma,
egue constru)·e titánicos volcanes:
cde la materia inerte que una ebCama.
«cubre como un ropa.je, y tiene afanes
cde célula, el origen de la vida! ....
c¡Ahl, yo conozco los cien mil eng1·anes
cele la. materia á la materia. asida!
«¡Conozco que el amor, que es harmonioso,
cá la Creación entera tiene unida! ...
«Amor es el enganche misterioso
cde los astros sin fin en el vacío;
ca.mor es en la flor, conjunto hermoso
«de pétalos y polen; en bravío
«animal, es a.mor lo que lo agita;
cy a.mor la. Patria: &lt;:orno la onda al río,
«las almas se unen en la Patria!. .....
Grita
ca.mor en cada sueño; en la creencia,
ceo la unión fraternal, en la bendita
cunión humanitaria! .... . .
Y yo, la. Cien&lt;-ia;
csoy amor que las leyes armonizo,
cy la ley es amor, es coexistencia! ...... &gt;

V

Dante dudaba si era algún hechizo
lo que en su asombro deslizar oía ..... .
~[as de pronto una luz mirar le hizo
c¡ue una mujer ,:rra.ndiosa. aparecía.
y la Creación aba.rea entre sus brazos;
pero ¡ las manos en la sombra hundía! ....
¿Era. separación, y hechas pedazos
fueron sus manos, penetrar queriendo
en el mistei-io aquel'! ó ¡,quizas lazos
que detrás de la sombra t1stánse uniendo? ....
-«La mano de la Ciencia. es una mano
-dijo la misma voz que estuvo oyendocque se hunde á cada. instante en el arcano,
cy mientras más ahonda, más lo aumenta;
egue haciendo más vidente al ser humano,
clo incognoscible. al par, m(ls le acrecienta,
cy así prolonga su vivir alterno! ..... .
VI

Dante, extasiado, caminar intenta .....
Pero aunque firme atravesó el Infierno,
no puede soportar las mara.villas
con que se oculta aquel Poder Eterno;
los brazos abre, y dobla 1as rodillas! ..... .
~léxico, 11103.

II
Pero el misterio sigue en su mutismo:
y aquel vidente que en los siglos mira,
ya. nada. entiende, y duda. de sí mismo:
pues la. Creación enorme que ante él gira.,
Je estrecha. el corazón, y lo anonada.,
y no puede saber si teme ó admira.! ..... .
III

Recorre los abismos su mira.da.,
y aunque ve como un caos que derrumba.
entre la. confusión, siente 01·denada,
como vió la armonía de ultr atumba,
la máquina. sin fin del universo
que una. gloria separa d., una tumba! ....
Sus ojos, con afanes de converso,
escudriñan el fondo y periferia,
y descubren la unión en lo disperso;
y ven que con la fuerza. y la. materia
se forman desde el átomo invisible
basta el dolor humano y la miseria;
y que en transformación indestructible,
se disuelve la fuerza concentrada.,
ó se concentra agitación movible;
y es todo evolución, fuerza. heredera.,
movimiento que queda trasmitido,
sin que nada. se forme de la nada! ....

rv
Pero entonces, ¿el mundo que ha vi vi&lt;lo
ha.ce poco, el vidente, es fantasía•~ . . ..
c¡No! ... &gt;-le responde el eco de algún ruido:
&lt;Tú viste la verdad!. ... La Teología
cha gula.do tus pasos en su imperio
egue explica lo que yo nunca podría;
cpues mi imperio f-S el mundo y no el misterio;
cyo explico lo visible y no lo arcano:
cla nota. más vibrante del salterio,
cella la. da con Dios, y yo en lo humano;

"Laguna Larga."-(Michoacán).

ROBERTO

A.

EsTE\'A

Rmz.

�Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL GEMELO
La condesti. de Noroña, al recibir y leer la
apremiante esquela de invitación, hizo un movimiento de contrariedad. ¡Tanto tiempo que
no asistía á fiestas! Desde la muerte de su esposo: dos años y medio, entre luto y alivio.
Parte por tristeza verdadera, parte por comodidad, se había habituado á no salir de noche,
á recogerse temprano, á no vestirse y á prescindir del mundo y sus pompas, concentrándose
en el amor maternal-en Diego, su adorado
hijo único.-Sin embargo, no hay regla sin
excepción; se trataba de la boda de Carlota, la
sobrina predilecta, la ahijada....... X o cabía
negarse.
-Y lo peor es que han adelantado el &lt;lía .. .
-pensó.-Se casan el 16.... Estamos á 10... .
Veremos si madama Pastiche me saca de este
apuro. En una sema11a bien puede armar sobre raso gris ó violeta mis encajes. Yo no exijo muchos perifollos. Con los encajes y mis
joyas ..... .

EL MUNDO ILUSTllADO

- ¿Es posible que yo lo dejase así?-murmuró ca&amp;i en voz alta.
Era el primer cajón de la izquierda. La
condesa creía haber colocado en él su gran
rama de eglantinaR de diamantes. Súlo encerraba chucherías sin gran valor, un par
de relojes de esmalte, papeles de seda arrugados. La señora, dei,azonada, turbada, pasó á
reconocer los restantes cajones. Abiertos estaban todos; dos de ellos astillados y destrozada
la cerradura. Las manos de la dama temblaban· frio sudor h umedccía sus sienes. Ya no
cabí~ duda; faltaban de alií todas las joy~s,
las hereditarias y las nupciales. Rama de diamantes, sartas de pPrlas, collar &lt;le chatones,
broche de rubíes y b,illantes ... ¡Robada! ¡Robada!
Una impresión extraña, conocida de cuantos se han visto en caso análogo, dominó á la
conc.leRa. Por un instante dudó de su memoria dudó de la existencia real de los objetos
qu~ no veía. Inmediatamente se le impuso el
recuerdo preciso, categórico. ¡Si hasta tenía
presente que al envolver en papeles de seda y

· Hervideros de Marrtaro. {Mlchoacá.u)

Tocó un golpe en el timbre y. pasados algunos minutos, acudió la doncella.
-¿Qué estabas haciendo?-preguntó la condesa impaciente.
-Ayudaba á Gregorio á buscar una coi,a
que se le ha perdido al señorito.
-¿Y qué cosa es ésa?
-Un gemelo de los puños. Uno de los de
granate, que la sefiora condesa le regaló hace
un mes.
-¡Válgame Dios! ¡Qué chico! Perder ya
ese gemelo, tan precioso y original como era!
No los hay así en Madrid. ¡Bueno! ya seguiréis buscando: ahora tráete del armario mayor mis chantillíes, los volantes y la berta.
No sé en qué estante los habré colocado. Registra ... ... .. .
La sirvienta obedeció, no sin hacer á su vez
ese involuntario mohín de sorpresa que producen en los criados ya antiguos en las casas
las órdenes inesperadas que indican variación
en el género de vida. Al retirarse la doncella,
la dama pas6 al amplio dormitorio y tomó de
un secreter un llavero, de llaves menudas; se
dirigió á otro mueble, un escritoriocómoda
Imperio, de esos que al bajar la tapa forman
mesa y tienen dentro sólida cajonería, y lo
abrió, diciendo entre sí:
-Suerte que las he retirado del Banco este
invierno ...... Ya me temía yo que saltase algún compromiso.
Al introducir la llavecita en uno de los cajones, notó con extrafieza que estaba abierto.

algodones en rama el broche de rubíes, había
advertido que estaba sucio y que era necesario llevarlo al joyero á que lo limpiase!-El
muelle estaba bien cerrado por fuera ... -cal.
culó la señora, en cuyo espíritu se iniciaba
ese trabajo e.le indagatoria que hasta sin querer verificamos ante un delito. -Ladrón de
casa. Alguien que entra aquí con libertad á
cualquier hora; que aprovecha un descuido
mío para apoderarse de mis llaves; que puede pasarse aquí un rato probándolas... Alguien
que sabe como yo misma ti! sitio en que guardo mis joyas, su valor, mi costumbre de no
usarlas en estos últimos afios ..... .
Como rayos de luz dispersos que se reúnen
y forman inte!lso foco, estas observaciones
confluyeron en un nombre:
-¡Lucía!
¡Era ella! No podía ser nacliemás. Las sugestiones de la· duda y del bien pensar no contrarrestaban la abrumadora evidencia. Cierto
que Lucía llevaba en la casa ocho años de excelente servicio. Hija de honrados arrendadores de la condesa; criada á la sombra de la familia de Norofia, ptobada estaba su lealtad
por asistencia en enfermedades graves de los
amos, en que había pasado semanas enteras
sin acostarse, velando, entregando su juventud
y su salud con la generosidad fácil de la gente humilde. Pero-discurría la condesa-cabe ser muy leal, muy dócil, basta des¡nteresado ... y ceder un día á la tentación de la codicia, dominadora de los demás instintos. Por

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Agosto de 1903.

algo hay en el mundo llaves, cerrojos co
recios; por algo se vigila siempre al pob
cuando la casualidad 6 las circunstancias l
ponen en contacto con los tesoros del rico..
En el cerebro de la condesa, bajo la fuerte·
presión del descubrimiento, la imagen de
cía se transformaba--fenómeno psíquico del
más curiosos.-Borrábanse los rasgos de
criatura bi;ena, sencilla, llena de abnegaci6
y aparecía una mujer artera, astuta, codiei
sa, que aguardaba, acorazada de hipocres(
el momento de extender sus largas uf\aa
arramblar con cuanto existía en el guardaj
yas de su ama ........ .
«Por eso se sobresaltó la bribona cuando l
mandé traer los enct1jes-pensó la señora, o
deciendo al instinto humano de explicar en
sentido de la preocupación dominantecualqui
hecho.-Temió que al necesitar los encaj
necesitase las joyas también. ¡Ya, ya! Espe
que tendrás tu merecido. No quiero ponerm
con ella en dimes y diretes: si la veo llorar
fácil que me entre lástima, y si la doy tie '
á pedirme perdón, puedo cometer la tonte
de otorgárselo. Antes de que se me pase lain
dignación, el parle.»
La dama, eobre la misma tabla de la cóm
&lt;laescritorio, trazó con lápiz algunas palab
en una tarjeta, la puso sobre y dirección, 1i· •
el timbre dos veces, y cuando Gregorio, el ayo
da de cámara, apareció en la puerta, se la en
tregó:
-Esto, á la delegación, ahora mismo.
Sola otra vez, la condesa volvió á fijarse
los cajones.
-Tiene fuerza la ladrona-pens6 al ver l
dos que habían sido abiertos violentamente.
Sin duda, en la prisa, no acertó con la llavecita propia de ~ada uno y los forzó. Como
salgo tan poco de casa. y me paso la vida
ese g'.l.binete ..... .
AL sentir los pasos de Lucía que se ace
ba, la indigóación de la condesa precipitó
curso de su sangre, que dió, como suele decirse, un vuelco. Entró la muchacha trayend
una caja chata de cartón.
-Trabajo me ha costado hallarlos, sefiora.
Estaban en lo más alto, entre las colchas d
raso y las mantillas.
La señora no respondió al pronto. Respiraba, para que su voz no saliese de la garganta
demasiado alterada y ronca. En la boca revol•
vía hieles, en la lengua la hormigueaban insultos. Tenía impulsos de coger por un brar.o
á la sirvienta y arrojarla contra la pared. Si
la hubieran quitado el dinero que las joyu
valían, no sentiría tanta cólera; pero es que
eran joyas de familia, el esplendor y el decoro de la estirpe ... y el tocarlas, un atentado,
un ultraje ..... .
Se domina la voz, se sujeta la lengua, se in•
movilizan las manos ... los ojos no. La mirada
de la condesa buscó, terrible y acusadora, la
ele Lucía, y la encontró fija, como bipnotir.a•
da en el mueble escritorio abierto aú n, con
los cajones fuera. En to~o de asom bro, de
asombro alegre, impremeditado la doncella
exclamó acercándose:
'
-¡Señora! ¡Señora! Ahí. .. en ese cajoncito
del escritorio.... ¡EL gemelo que faltaba ! ¡El
gemelo del señorito Diego!
La condesa abrió la boca, txtendió los bm•
zos, comprendió ... sin comprender, y, rígid~,
de_ golpe, cayó hacia atrás, perdido el conoc1•
uuento, casi roto el corazón.
EMILIA PARDO BAZ..\X.

SOMBRAS
Como esas nocturnas tinieblas falaces
Que envuelven la tumba gigante del sol,
Así mis recuerdos se posan fugaces
En tu alma, sepulcro glacial de mi amor.
Por eso no importa que cantes y rías;
Y o sé que mi penas á ti llegarán,
Cual llegan inmensas las noches sombrías
Allá do se cuajan las olas del mar.
JULIO FLORE,:.

Bogotá.

PRESO.
Cuaqro &lt;1e J. H. S;-lvestre.

�-

[L MUNDO ILUSTRADO

----

UIT 4"Tl.PHILIQVI -

LECHE ANTEF
CUlllC ON pronta711tguracl1 con lo

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3AAPULLID J 8, TEZ BAR
ARhUGAS PAECOC

Director: LIC. RAF,UL RfYf!!&gt; !!&gt;PINDOLA.

EFLORESCENCIAI
ROJECEB.

COQUELUCHE

mtxico, Jlgosto 30 4t 1903.

Tralallltllt r11lm.l j lat1m1, ,., h■lrul11• ttl 111

POLVOS FlJIIG!TORIOS GIDIEB
P AIUS - 208 bta, F1 8~0.rala
.... rO-,•J. IIIUII.

HIERRO

.,IIIH: J WU

&amp;ra■

QuEVENNE
Aprobado
!IED1:11A,1PW1

Joyería y lelejerfa

la. •lateroa 11 v 14

perlaACiD.4•

El mta acfüo J económico, el 6111t
Hierro Inalterable ,n lu, 11mea CÜOIGL

1

-

Cura:Anemia, Clorosis. Debllldi
lilgfralSe/lo lela "Un ion d11F1brio1nll"

~-~,,_-~-~-t..-1!\·~•¡~·.¡,¡,..-i·~ ·.¡,¡,."'·~ ~-~~-~"'-~~·-1;;:-.-i~~-~~-~-i.:,-..'.g..~ ·~·-

1,, Bue des Beau-ArlJ, PWS

!
;
; N}me. A- Lafage i
!
===
i
; MODAS YCONFECCIONES.

;

i

Tie11e el gusto de participará su numerosa clientela que para

1

i

(llATA DOLOR)

Es una cura rlt.pida para

adquirido para

una Sta. modista dt París.

...,,---....._..

i

Enrique 6. Schafer.

¡
¡~'

Le participa también que por los últimos vapores ha recibido ~
un gran surtido de
)

Doll~dadts dtl mtJor gusto.

Reumatismo

~

1

i

t..~.~-~-~-~-t4~.t4~.t4~.~-(4-';!~.~.t4~.t4-'i'}.~.t4-&gt;,"}.~.~-t4-'l'},~.J

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 8, Agosto 23</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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