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[L MUNDO ILUSTRADO

----

UIT 4"Tl.PHILIQVI -

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Director: LIC. RAF,UL RfYf!!&gt; !!&gt;PINDOLA.

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ROJECEB.

COQUELUCHE

mtxico, Jlgosto 30 4t 1903.

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1

i

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¡
¡~'

Le participa también que por los últimos vapores ha recibido ~
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1

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DEL DR. TORREL, DE PARÍS.
U nica prepsraci6n que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un notable po -ter exc~tante dc1l folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afeccwne3 decal vante3 del cue1 o cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abu_ndante y bien cuidada, es, ~in duda
alguna: el ornato meJor de la mujer; el P ETRO L pro porciooa el medio más eficaz para conservar este bellfaimo
atributo.
El uso del

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P!TROL. DRL. Dr. TORR!L., D! PARIS,

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evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado
DE VENTA EN LA$ DROQUER/AS Y FARMACIAS.

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~~~~~~~~~~~~~
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LORD SALISBURY, Eminente Estadista Inglés.
t el 22 del actual.

Subscripción mensual forinca S1.50
idcm,
ldcm. en la capital SI, 2S

Gerente: LUI~ Rfl'f!!&gt; !!&gt;PINDOLA

�Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

to pasar así los senderos del Asia, y esos deGran número de niños creen que los recién
siertos que sólo surcan huellas lejanas Je canacidos Re encuentran dentro de los huertos
mellos, hacia santas peregrinacioneR en coó en las florei&gt;. Una amiga mía-dice-me ha
marcas misteriosas.
'
confesado que hasta los nue,·e ailos andaba
Y porque regresaba &lt;le In Meca, el humilde
Paula Lombroso dedica en la «Revista )fobuscando en las plantas del huerto un niño !l
y mísero mendigo, ha&lt;ljí muy venerable, lle&lt;lerna» un intere~ante artículo al estudio de
punto de nacer. En realidad, esto no es máo
vaba en su frente descarnada el turbante verestacuriosri cuestión:¿,Por qué los ni i1os toman
maravilloso que ver salir un pollo de un
de, que revelaba su sabiduría.
con tanto interés e!:'as historias fantústicas de
Así, pues, Gu1""7Bab(1, que tenía la misión de
huevo.
árboles que bailan, piedra::; que cantan, botas
Para el niño no existe la distinción entre el
traer al pachá de Buda los bienes más preciode siete leguas, anillos que hacen invisibles á. _ reino mineral, vegetal y animal; el antroposos de la tierra--lo que en su vida errante ,
¡;us poseedorei&gt;, y tantos y tantos otros cuenmorfismo es innato en él. Así, la niña de Taitravés &lt;le diversas naciones, le hubiera pa~
tos extraordinarios é inverosimiles?
ne cree que la luna juega al escondite, y el
cido digno de envidia,-Gul-Babá, después de
)luchos creen que esto depende del desarroniño de Paula Lombroso, de dos años, cree
haber enumerado todo lo que excita la admillo &lt;le la imaginación; pero no deb~ ser así,
que el tren va á Turín para hablar con el abueración de los hombres, después de haber conporque yo-diée la escritora-he tenido á la
lo; así, los niño~ que oyen un fonógrafo, creen
templado sin alegría. muchos tesoros Gul,·ista mucho tiempo gran número de niños,
que hay dentro un hombre escondido. Nadn,
Babú, el sabio, volvía con las manos 'vaeíae.
y estoy persuadida de que tienen poquísima
pues, tiene de extraño que les parezca corrienEn ese momento, después de tantos mafantasía y de que loll relatos maravillosos son
te que los animales hablen.
res
frar.quea&lt;los, tantas llanuras y ríos eruinterpretado!:! por ellos de un modo que ni siEs, pues, muy probable que las fábulas
za&lt;los, el hadjí llegó al pie de montañas muy
quiera i;ospechamos ni menos podemos imaagraden á los niños por la realidad que ellos
altas.
ginar. Este mundo supranatural no tiene pales dan. Creemos transportarlos á un mundo
Las cimas cubiertas ele nieve tocaban el firra ellos nada de mágico ni de increíble, sino
fantá~tico, cultndo la realidad es para ellos tan
mamento,
pero un país tibio se extendí&amp;
4ue les parece sencillo y «natural,,, ya que lo
fantástica como nuestros cuentos. Al niño le • abajo, todo perfumo.do por un penetran
que ven y oyen, realmente es tan maravilloso
sucede con las fábulas lo que á los jóvenes con
olor.
como aquello para ellos.
la poesía y á los adultos con la ciencia.
Gul-Babá se maravilló de no ver sino cam•
Yo he visto, por ejemplo, á mi hijo, de diez
FERXAXDO ARAUJO.
pos
de rosas. Eran de tres colores: blancaa,
á catorce meses, preocupa&lt;lo por un hecho que
encarnadas y amarillas, y de cien mil matidebía parecerle portentoso: las campanas. ViCaracas.
ces.
víamos cerca de una iglesia, y cuando las
Y Gul-Bnbá conoció que esas montañas eran
campanas sonaban, llenando el aire con sus
los ~alkanes, y ~se país era resguardado por la
alegres tañidos, el niño se maravillaba, busLORD SALISBURY.
-yert1ente Kazanl1k. No estaba, pues, muy lecando la causa de aquel ruido. Otro hecho no
JOS de Hungría. Ei1~onces, cansado del viaje,
menos curioso es la pasión de los niños, entre
aturdido por el aire embalsamado, Gul-Babi
los nueve y los diez y ocho meses, por los zaAraba de morir uno de los más grandes esse durmió cerca de las rosas.
patos. Nada les entretiene tanto como sus zatadistas del mundo, y que por mucho tiempo
Al despedirse, cuando iba á emprender de
patitos. Y es porque los estiman como parte
dirigió la política del Imperio Britúnko: Lord
nuevo la marcha, se acordó, inquieto de 81l
de la propia persona, debiendo sucederles lo
Sálisbury.
misión. Muy pronto se prePentaría del¡nte del
mismo con los anteojo!', pues las per~onas que
Roberto Arturo Tálbot de Gnscogne, Marlo'&gt; gastan llaman extraordinariamente la atenpalacio de Buda.
qués de Sálisbury, ex-primer Ministro de la
¿Qué rara maravilla le traería, después de
ción de los niilos.
Reina Yictoria, murió á los setenta y tres afios
tantas
miserias humanas comparadas'? ¿Qu6
También creía el niño de la Lombroso que
de edad, después de haber dedicado todas sus
las ov •jas balan con la cola, porc¡ue cuando
tesoro supremo, en el hueco de la mano?
actividade~ al servicio de su país, excepto en
tiraba de la cola ÍI una oveja que le habían reSilenciosamente, Gul-Babá meneaba la calo~ dos últimos años, en que se retiró á la vida
galado, balaba. Un niño de &lt;los años tenía
beza: había tocado la vanidad de las cosaa.
pnvada, cediendo á la fatiga y á la enforgrandísimo miedo de lCJs árboles, y esto era
Pero cuando sus miradas iban de una á otra
meclad.
muy natural: si un bastón no se tiene en pie
supe_rficie florida, de pronto se preguntó, ron•
Era el Marqués de Sálisbury un estadista
por sí solo, ¿cómo los árboles pueden sostemovido por el perfume vigoroso:
por t~rnperamerito. Desde muy joven ocupó
nerse? De aquí el temor de que se cayeran y
-¿Y qué más rara maravilla que esta qu
un as~ento er,i el parlamento, y debido á sus
le hicieran &lt;laño. Otra niña, de trts aiios no
he
encontmdo aquí? ¿Qué tesoro puede com•
energias y ~\ sus aptitudes, no tardó en ser
quería mirar_ la~ estr~llas, p~rque quema~; y
pararse con éste?
procla.~ado Jefe de uno de los partidos políties que las as11111laba a las chispas que sin duAlegre, entró en el campo. Xada igualaba
cos militantes.
&lt;la la habían quemado.
,
la belleza de esas rosas.
, P?r var~as ~casiones fué miembro jefe del
En el curso de la vida ven los niños cosas
Vaciló largamente, inclinado sobre lo3 cáli(,ab~nete mgles,_ y tuvo que estudiar y resolmaravillosas: un día de invierno se asoman
ces embriagadores; surgían de todas partee,
ver 1mportantís1mos problemas.
á la ventana, y ven el paisaje transformado
deslumbrantes como u~a seda mágica, y sua•
. La muerte del célebre estadista ha conmotodo vestido de blanco; unos creen que es azú:
ves como carne de muJer.
vido hondamente al Imperio Británico y el
car, otros que es sal, otros que es el Señor
Concluyó por tomar la más blanca de todas
Rey Eduardo ~a manifestado su profunda peque envía migajitas de pan~ los pájaros; ¿po~
las, rosas, que es la rosa de la inocencia, y la
na. ~or la pérdida de un hombre que era inqué no han de creer en lluvias de confites y . sustituible.
mar encarnada, que es la del amor.
•
bombones, ó de monedas, después de haber
Las ocultó, tembloroso, en su bastón hueco,
El puesto que ocupó &lt;:orno Primer )Iinisvisto una nevada?
y luego ?ontinuó su marcha á toda prisa.
tr?, está ahora ocupado por su sobrino 1Ir.
Me acuerdo-dice la Lombroso-de una niAl aleJarse, con goce en el corazón, satisfeBal!~ur. ~e. cree que, aunque retirado de la
ña de cuatro años, que ayudando á RU madre
cho de su robo, se acordó de que no había topoi: ~1ca, Sahsbury prestaba ayuda eficaz á su
á llevar un cesto, donde babia un trozo &lt;le
mado la última de las rosas.
sobrmo, en los asuntos más dificultosos.
r.a.rne cruda, vió dos ó tres perros acudir y
X:, vol_viendo á pasos precipitados, se apogirar en torno del cesto.-Sienten la carne
doro apnsl\ de la rosa cuyo color es amarillo y
dijo la madre.-Pero ¿cómo si el cesto estÁ
que aparta los malos deseos.
tapado? ¿cómo saben que lle~amos carne si no
Entonces, llevando las tres rosas en su baa·
la ven?, decía la niña, maravillada.
tón hueco, el peregrino de barba blanca se fu6.
Esta misma niña, viendo poner al sol ropa
por la montaña ligero como un niño.
mojada, que lí. la media hora estaba seca, pre)Iarchó días y más días.
Tal es el n_ombre_ en~ntador que lleva, en
guntaba: ~Pero ¿dón~e va el agua,.quién se la
Buda,
la
colma
de
Jardmes
floridos
limitada
Baj_ó .P?r río, rápidos, sobre balsas de árbolleva?» ¿Como esta mña, antes de ver seco lo
les; d1ng1a de paso una mirada á los castillOI
por altas mu rallas, cuyo recinto &lt;lo1~ina deshúmedo, ha de sorprenderse de que lo dulce
fuertes, construídos en las alturas como nede el f~ndo de un pasado de leyenda el ~ncho
se vuelva amargo, y lo blanco negro? ¿Y el
Danubio y Prest.
'
gros nidos de águila.
'
eco? Se oye el grito que repite la palabra se
Por
último,
conoció,
en
la
extensión
de la
_Y
taffi:b_ién
es
hermoso
el
cuento
que,
en
el
busca de dónde sale, y no se encuentra n~da.
mis1:10 sitio, se nos narró, con sus cándidas
llan~ra, que entraba en el Alfold. Reconoci6
¿Qué puede ser eso? Una voz del aire1 un esvers1one~ populares, en que se manifiesta el
las ciud~des húngaras con sus casas bajas, de
píritu, una persona invisible que se esconde.
al,ma abigarrada de Hungría, caballeresca. y
calles alineadas, como estaban antes las tien·
Hay otro grupo de cuestiones que los niiios
das
en los campamentos bárbaros.
barbara.
se plantean y que demuestran que lo que es
· En aquel tiempo reinaba en Buda Alí Pa, Y ~~Y. pronto anduvo á lo largo del gran
imposible µara nosotros, es para ellos cosa nachá de Turquía. En la antigua mona:quí
no, dmgiendo un saludo amistoso á los mil
tural y corriente. Un niño de Egger decía á
do!1de, desde mu~h~ tiempo, se habían exti~:
barquitosmolinos, anclados en medio de la
su abuelo:-Cuando yo sea grande y tú peguido
los
_reye~
cristianos
de
la
raza
de
Arpad
corrient~, cuyas ruedas de anchas paletas muequeño, yo te llevaré. Otra niña no comprensobre ~as 1gles1as blasonadas de las flores de¡¡;
len e~ trigo de las mieses y cuya linterna dodía cómo se hace para crecer, y creía que basde
A~Jou,
se
levantaba
la
torre
cuadrada
de
méstica oscila por la noche sobre el a"ua
pro0
taba añadir un pocoá laspiernas los brazos y
los mmaretes.
funda.
el cuello. Otra niña, hermanad~ la Lombroy en ese mis~o tiempo vivía un sabio llaYa Buda erguía sobre el Danubio sus mina•
so, creía que los personas nacían como son:
mado G?l-Baba. Era un hombre muy vie·o
retes Y torres. Y Gul- Babá se regocijó, apreunos como niños, otros como hombres hechos
cu_yos pies se habían gastado en todos los ~~
tnndo en su mano el bastón hueco que contey otros como viejos. Otra niña creía que asi
mmos del mundo. Marchaba e11corvado con
nía las rosas.
'
como los niños son hijos de los hombre;1 las
su larga barba blanca flotante al viento.'
. Por último, después de tantos años de cien·
piedras pequeñas son hijas de las grandes y
Apoyado en un bastón hueco, le habían viscia Y de marcha, el hadjí llegaba al término,
los bastoncitos de ks bastones.
'

tas fábulas y los niños.

ca montaña dt las Rosas.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Agosto de 1903.

tario de la Legación Mexicana en Wáshington;
el centro de las arcadas llenas de sombra, el
en 188-&gt; pasó á Italia con la categoría de seSe difunde la noticia de que un sabio con turhúngaro está de pie, al lado del turco.
gundo, y cinco años después á la Gran Bretabante verde ha llegado. Los chaouchs de Alí
Alí Pachá, medio desnudo, 6. quien damaíia, donde permaneció hasta el mes de octuPachá forman hileras. En el fondo de la casa
saje un esclavo negro, tiene detrás de él á Gulbre de 1891, ¡,ara volverá los Estados Unidos,
blanca donde el señor otomano vive retiraBabá.
con
el mismo carácter. Nombrado primer
do, entra Gul-Babá.
--¡Yo he robado la rosal-exclama el h(m·
Secretario, tuvo á su cargo interinament{' la
-¡Y bien! ¿Dónde están las m_aravillas esgaro.
Legación de nuestro país en aquella Repúbliperadas? ¿Qué asombroso tesoro trae?
-¡He sido yo!-grita el turco.
ca, desempeñando, á partir de 18H6 y en diGul-Babá abre su bast6n y saca los tres ta- .
Gul-Babá mirn, más tranquilo, la disputa.
versos períodos, iguales funciones en Alemallos marchitos.
El rostro del húngaro manifiesta en rasgos ele
nia, por ausencia del Ministro.
-¿,Eso es todo'? ¿Simiente de rosas?
fuego el orgullo &lt;le su conciencia; el del turco
El nombramiento extendido al sefior Co\'aY Gul-Babá se sonríe, mientras el Pachá de
el ardor de un fanatismo resignado.
rrubias ha causa.do muy buena impresión en
Oriente, pensativo, se interroga ...... El hadjf
Y el viejo piensa en la belleza, en la virtud
los círculos diplomáticos. Próximamente salt iene razón. ¿Qué cosa más hermosa que las
desp6tica
de las rosas.
drá de Alemania el nuevo Ministro, para diriflores? Alí, satisfecho, ordenará, pues, que se
-Seiior, dice al fin al Pachá: que alarga la
girse á Santiago de Chile y establecer allí su
den al viejo jardines sobre la colina. Que planespada, impasible, bajo las manos ágiles del
te allí y culti,·e sus rosas, para que Buda
residencia.
negro: dígnate dejarme á mí. el cui&lt;lado de la
sea adornada por su brillo y regocijada por su
venganza. Entrégame estos enamorados.
olor.
Ali Pachá hace una señal. El viejo Gul se
Toda la estación, en la colina, Gul-Babá,
lleva sus prisioneros. Los acompafia hasta el
con regadera y aznda en mano, trabajó infatijardín de las rosas.
¿Qué es un poeta? l'.n temperamento &lt;legablemente. Y muy pronto, de las tres rosaA
Pero ¿qué es lo que le pasa al santo hadji?
de Kazanlik nacieron miles y miles de roAas
licado que vibra hasta ciertos leves impulsos
Se inclina sobre las rosas encarnadas y hace
de que muchos seres no
que, á diei le¡_(uas á la redonda, embalsamase dan cuenta,y que sabe
ban el aire. Se veían de lejos sus manchas
traducir esas vibraciones
blancas, púrpuras y amarillas, semejantes Ít
en encanto. Así, pues
grandes estandartes inm6viles.
Entonces se agitó la cqdicia de las damas
mientras los impulsos:
de Buda. A la curiosidad de los primeros días,
las causas externas, sean .
sucedió un frenesí d~ deseos. Todas apetecían
las mismas, mientras el
mundo no cambie, los
la posesión de una de esas rosas.
Pero ninguna pensaba. en su deseo en la ropoetas conservarán ciersa blanca, que es la &lt;le la inocencia, ni en la
to aire de semejanza enamarilla, que aleja los malos pensamientos.
tre sí, llegando en ocaCada una soñaba con la encarnada, quería la
siones hasta la coincidencia Y como el mundo
rosa del amor.
Muy pronto, saqueados de noche, los jardiapenas se transforma pones de Gul-Babá, solamente floridos de blan•
co á poco, poco 6. poco
co y amarillo, no tuvieron ya una sola de las
también se transforma el
purpúreas rosas mági.cas.
arte, aunque pueda tener
El ha&lt;ljí exclamaba que 11quello era un asem ú Ití ples man ifestaciosinato, u11 sacrilegio. Más apasionado por sus
ned en una época dada.
queridas hijas que todos los amantes de Buda
El triunfo de la juvená la vez, consiguió del Pachá que se levantatud, del vino y de las roran alrededor altas murallas erizadas de punsas, puede inspirar rotas de hierro.
mo ha inspirado p~taR
Pero una tarde que en las plazas públicas
de Grtcia y p¿etas de
habían danzado osos, llevados por domadores
Pereia. Pero el temperade Transilvanía, con gorros puntiagudos unos
mento de cada poE&gt;ta
j6venes de la ciudad, impulsados por s~s nocue~ta por algo. Así, las
vias, dieron muerte á esos animales y vestimuJeres que hacen reír
dos con pesadas pieles peludas, es¿ai~ron la
á Quevedo, amar~an :'t
pared, sin hacer caso de las puntas de hierro
l\Iusset,desesperan á JIPini del sueño inquieto ele Gul-Babá · ni una rone Y matan .á Acuila.
sa encarnada quedó por la mañana'.
Entonces los chaouchs á caballo recorrieron
Un poeta, BaudelairP. flP
la ciudad y proclamaron en todas las encrucipasma de voluptuosidad
al olor de un viejo frasco
jadas:
«¡Quien viole de aquí en adelante el jardín
donde hubo un perfunwde las rosas, será degollado!»
y otro poeta, \'íctor Hu~
Y el deseo de las mujeres de Buda se acrego, se desata en líri&lt;•a
indignación cuando en
centó.
Una semana no había transcurrido y la hiel remoto é ignorado rinja de~ )?yero impuso á un jovtln húngaro esta
cón de un país ignorado
c?nd1c1on : i~l;\ rosa e~carnada!; y al mismo
y remoto, alguna mano
~1em~o, la hiJa de un _neo musulmán impuso
SR. :\U(rngL COY.\Hlt"GBUS, :\linlstro de :m•xlco en las Hepl\blicas ~e César oprime ó apn,~ un Joven turco la misma condición: ¡la rosa
Sudamericanas del racifico.
nalea el seno de la Liencarnada!
dos
grandes
ramos.
Los
jó,·enes
atóuitos
le
,
.
bertad. Cervantes y RaLlegó la noche. Ei húngaro y el turco sin
contemplan. Sin decir una pal~bra, con' un
~elms mueve~ á risa; Esquilo y Shákespeare
saber uno de otro, resolvieron intentar la ~uerademán lleno de mansedumbre, Gul-Babá les
a espanto. ~uc1ano ríe de lQs dioses de Homete. El húngaro se disfrazó de turco y el turco
alarga
los
ramos,
Y,
después,
como
tiene
renro, y Voltaire ?e la fe religiosa de Calderón.
se vistió de húngaro.
'
cor aún, los despide enojado.
Pero ~10 es ~ácil que un poeta de ahora se paQuizá frustrarían así la mala suerte
Tal fué la última lección de la vida de Gulrezca ,\ Hes1odo, por ej~mplo, poeta que co. Y los dos llegaron en la sombra á u~ punto
Babá,
que,
desde
ha&lt;:e
trescientos
años
duerrresponde á _otr:i, !nodahda~ de civilización; Y
diferente ~el~, muralla; se alzaron contenienme en la m?ntafia de las rosas, y cuya tumba
sí. puede comcidir, aun sm propósito delido la respuac1on y llegaron al fin, con las mave, cada pnmavera, florecer los campos blanberado, con Shelley, Hugo Fóscolo \'erlaine
nos ensangrentadas, hasta las rosas color de
cos, purpúreos y amarillos, los campos diviUhl~nd, Casa~ ó Campoamor.
'
'
sangre.
nos de Kazanlik.
Solo _q~e s1em~re será el mayor poeta el
Pero l~s chaouchs vigilaban bien. El húnPAUL Y \'1cTOR )IARGUERITTE.
más o~1~ma~. Mientras ~o se logre obtener
g_aro vestido de turco se escapó,y el turco vesuna or1gmahdad, aunque sea relativa no se
tido de húngaro quedó preso.
debe ~sc_ribir. l\Iás vale emplear el se~timiento artistico que se posea en comprender y
Y toda. la ~iudad sabe á la mañana siguiengustar á los maestros. Pero eso yo preconizo
te la desgraciada tentativa. Se cortará la cabee~ ,placer, raro y generoso, de la contemplaza á un hombre &lt;le raza magiar. En ese miscion, de la comprensión, de la admiración.
mo momento está delante del Pachá Ali. Intenta en vano excusar su crimen.
La Comisión Permanente del Congreso GeRU.l.'J:SO BLANCO FOlliBONA.
Un remordimiento domina, atormenta al
n~ral, ~a a~robado el nombramiento que el
enamorado salvo; 1,no es él, magiar, el que ha
EJec~tivo hizo á f_avor del señor Miguel Covarobado la rosa? ¿No le obliga su deberá entrer~ubias ~ar~ cubrir el puesto de Ministro Plegarse y _revelar todo al Pachá? Salvará al mempotenc~ar10 de México en las Repúblicas
nos, al inocente.
'
Sudamericanas del· Pacífico.
AHÍ, pues, en el patio de la casa del coman. El señ?r Covarrubias se inició en la carrera
dante, donde un chorro de agua mllrmura en
diplomática el año de 1880 como tercer Secre-

ministro dt mtxico tn Sudamtrlca.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Agosto de 1903.

El botón dt rosa.

CHURUBUSCO
EL ANIVERSARIO DEL

20

Hace muchos días que miro en mi jardíu
un botón pálido, cuyos pétalos Eemejan a lita~
de pájaro que tiene frío, y que espera el mo•
mento de marchit:use como las hojas del ~alvaje rosnl en que nació; hojas que caen comv
11 u,·in. helarla 1&lt;ohre él.
Desde r¡ue le vi, me vi te11tado tnmbién ú
arranra1 lo pam ofrecerlo á la cine amo. Después pensé que es1 tlor moribunda, agonizando en In. melancolía del otoño, era muy poco
digna d~ 1&lt;u triunfadora belleza.
Sin embargo, ese botón pálido le hubiera
dicho, mejor que yo, que á sus pies ha de dei-hojarse mi último pensamiento y que una rosa inmorlnl florece •1,iempre en el jardín de mi!'
sueños. l'n rosnl cuyas raíces están en el doloroso fondo de mi alma.
Y algo íntimamente fraternal llora en mí al
contern ;,lar la dei-esperada agonía de las flores
moribundas, brotadas muy tarde para gozar
de la gloria de las esplendideces primaverales,
y semejante al amor tarclío que cuenta :::aenos
las felicidades venideras que el inútil tesoro
de los placeres perdidos.

DE AGOSTO

La agrupaci6n obrera «Gratitud» organiz6
para el día 20 del actual un:3- sencilla cne~onia en recuerdo de los mexicanos que muneron gloriosamente por la Patria en la defensa
del Convento de Churubusco, atacado en 1847
por las tropa&amp; norteamericanas invasoras.
La agrupaci6n invit6 para que tomaran parte en aquel acto, á la~ diversas so~iedades Y
corporaciones mutualistas ~e lac3;.pital,_y ~uchas fueron las que, atendiendo a 19: rnvitaci6n, enviaro!l á Churubusco delegac10nes especiales que las representaran.
.
A la llegada de los invitados, el históri~o
pueblecillo ofrecía un risueño aspecto: multitud de personas tomaron los primeros trenes
de la mañana para dirigirse á él, y moll?entos
antes de que diera principio la ceremonia, era
ya imposible abrirse paso entre el gentío
que después de visitar el convento, se agrupaba 'ante la plataforma destinada á la Mesa
Directiva de la agrupaci6n de obreros y á los
oradores. En las cercanías del convento se
instalaron numerosos puestos tle golosinas,
improvisándose así una animada verbena.

Am,IAND 8ILYESTRE.

Los delegados de las agrupaciones mutualistas.

DEL VASO DE PLATA.
Lábrame ya, platero,
la copa del verano;
y antes que todo, en ella
pondrás al r6seo Mayo;

Y luego has ge imitarme
el néctar delicado,
con el mayor esmero
la plata cincelando.
Pero no junto al vino
me grabes los extraños
misterios, ni del mundo
ningún terrible caso.
Grábame á Baco, el hijo
de Jove soberano,
y á la Diosa de amores,
Himeneos fraguando.
Bajo un parral frondoso
de racimos cargado,
pon Gracias, y Amorcillos
sin flechas y sin arco.

La Junta Organizadora Y los oradores.

Y grábame una turba
de j6venes gallardos ;
y en medio de ellos Febo
diviértase jugando.
ANACREO~TE.

El programa, que se componía de algunas
piezas de música y de poesíae y discursos alusivos á la solemnidad, se cum,pli6 en todas sus
partes, siendo uno de los nú!Ileros que ~ás
impresionaron á la concurrencia, la alocuci6!1
pronunciada por el señor José V. Monsur1,
veterano del 47. Las frases del sefíor Monsuri, desnudas de pompa, pero llenas de s~nceridad, le conquistaron un aplauso entusiasta
del público.
En cuanto á la parte musical, estuvo ftcar"º de una orquesta típica y de la banda del
Estado Mayor, que envi6 la Comandancia Militar.
Al pie del monumento erigido á los defensores de Churubnsco, los delegados de las sociedades obreras y algunos particulares depositaron hermosas coronas.
Antes del mediodía termin6 la manifestación.

,.

CONTINENTALES
[Sonetos Tn41anosJ
J.Q,;

COCUYOS.

Parpadeos ele luces vacilantes
bordan la sel va cuando mu ere el día,
á manera de extraña pedrería
que relumbra y se apaga por instantes ..... .
En desatados círculos errantes,
brotan cocuyos en la selva umbría,
cual si alguien, con la fiebre de la orgía,
arrojara puñados de diamantes ..... .
De día ocultos en la verde alfombra,
s61o en las horas de nocturna c.i.lma
divagan á través de la espesura;
y á fuerza de brillar entre la sombra
acreciPntan su brillo, como el alma '
que á fuerza de sufrir se hace más pura!
LA PIEL DEL PU)IA.

Rasga el puñal con acerado diente
la pintoresca piel; brotan raudales
de sangrientos rubíes y corales·
y el puma rinde la achatada fr~nte.
Dobla, sobre su cuello airosamente
la rodilla Nemrod; himnos triunfales'
puguan entre los ásperos breñales·
y se tiñe de púrpura el torrente ... : ..
La piel envuelve, con abrazo estrecho
la desnudez del cazador fornido:
'
1qué orgullo siente cuando cubre un pecho;
, mas su orgullo es m~yor cuando reposa,
a la manera de un tapiz tendido
bajo los pies de una mujer herm'osal
EL PASEO DE AGCAS.

(Asunto limeí1o.)

~ijo al virrey la Perricholi un día:
- Si te seducen mi morena frente
mi boca de granate y la elocuenU:
luz de los ojos que mi amor te envía·

'

si mi busto provoca tu ardentía
dame un espejo, asombro de la g¡nte
donde pueda mirarme dignamente '
cada vez que me llames: ¡alma mía!
Y respondi6 el virrey: Toma esta mano
Te prometo un cristal digno de un bada ·
con profundos y límpidos reflejos.
'
Haré un «Paseo de Aguas)) veneciano
para que te contemples retratada
'
no en uno solo, siuo en mil espej'os!
JOSÉ S. ÜHOOANO.
Grupos de la gente del pueblo que con curr·1·0· ••
t. la
manifestación.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

�Domini;o

:;o de Agosto de 1903.

La cabaña de Zorim era la más pobre, pero
la más limpia y aseada de toda aquella ribera.
Y es que Zorim, como acostumbrado desde
muy joven á vivir junto al agua, tenía por Pila
verdadera devoción, adorándola con mayor fervor quizás que á los ídolos ele la pagoda cu~ras
cúpulas se columbraban á lo lejos. Por todos
los tesoros que el rnjá Ranjee _ocultaba en_ !'IU
palacio ele Kalimul, no hubiera consentido
Zorim en llevar manchad:;;.s sus ropas, descosidas sus sandalias ó enmarañados sus cabellos· fuera para él tal desaseo y desidin. una
ofe~sa irreparable á las límpidas aguas del lago que amorosas besaban su cabafia y pródig~ le ofrecían aves y peces para su sustento,
ya que no para su regalo.
Sabía Zorim, por haberlo_ pregonado un?~
heraldos en toda aquella r1bera, que el raJa,
Ranjee andaba muy desasosegado é inquieto
en busca de un ave extremadamente rara, la
única que le faltaba en la colecc~~n d~l jardín
de su palacio, y por cuya poses1on diera, de
buen grado subidísirno premio á quien se la
presentase.' Todos los pescadores _de la ribera
se pusieron al acecho en los paraJes del lago
donde solían acudir las aves acuáticas, y quién
más quién meno¡,, ninguno quedó sin espe•
ran;11s de lograr el galardón ofrecido por Ranjee. Solo Zorim, satisfecho y contento en su
pobreza decía: cr¿Para qué he de afanarme?
¿No me' dah las aguas el continuo sustento? Si
tuviera mujer é hijos, de seguro que su amor
despertara en mí el ansia de riquezas; pero mi
esposa es el agua, mis hij3:s _las redes, m_i hacienda la barca, y no amb1c1ono otros b1ene~,
que tal vez me acarrearan más aflicción que gozo. Lejos del trato de mis semejantes, no C?nozco la doblez ni el engaño, ni temo que mis
amigos me traicionen. Las estrellas me cuentan las glorias de Brahrna y mi conciencia me.
prohibe dañar al prójimo. Esto me basta para
gobernar mi vida y no ~cha:: de menos, en esta apacible soledad, la falaz y bulliciosa compafiía de las ciudades.,,
Así decía en filosófico soliloquio el pescador
Zorim, sin tener noticias de Diógenes, cuando
á orillas del lago y á la misma puerta de su
cabaña vino á posarse un ave cuyo magnífico
plumaje deslumbraba la vista, y cuyas esbeltas proporciones corresponqían á las galas de
que la proveyó la naturaleza. Era aquel hermoso pájaro una maravillosa muestra de la
potencia creadora de Brahma. Matices y colores, luces y sombras, dhfumes y tornasoles;
gamas jamás concebidas por el arte y armonías nunca logradas por humanos pinceles, se
aunaban portentosamente en aquellas alas,
que plegadas parecían incrustados estuchee, y
abiertas semejaban lluvia de no imaginada pedrería. El penacho que adornaba airosamente
la elegante cabeza del ave, las plumas que en
línea circular ceñían su cuello, formando como un medallón de topacios y zafiros en su
garganta; el largo plumaje de la cola, cuyos
tornasoles reflejaban los rayos del sol en inquietos cambiantes, y que por lo tenue resplandecía como la cabellera de un cometa, to·
do era magnífico, majestuoso, paradisíaco y
peregrino. Era el ave que faltaba en la colección del rajá Ranjee y en cuya busca andaba
éste tan qesasose~ado é inquieto.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

-¿Dónde vas, bnen homhre? ¿Acaso no saPosóse el ave en una levísima prominencia
bes que está prohibida la entrada ~n el recinto
ele la orilla del lago; mas, desgraciadamente
del palacio, o es qu~ no temes las ir~s ele Ra_npara ella, cedió á su peso el montículo arenojee? Hazte a tras y largate de aquí, s1 no quieso cual si fuese una trampa puesta adrede, y
res que tu cabeza sirva de presente al rajá.
vi~o á dar con su cuerpo en tierra. Forcejea-A verle venía-respondió el pescador.
ba el ave por servirse de las alas, cuya longi- ¿Tú, coh ese pelaje, querías verá R_anjee?
tud y delaadez más bien le eran estorbo que
A
buen seguro que por tus hermoeos OJOS iba
auxilio c~ando salió Zorim de su cabaña y no
á divertirse de los grav-3s asuntos en que en
tuvo m~s que alargar la mano para coger el
estos momentos ocupa su atención. :Márchate
gracioso bípedo, en el instante en que había
y no me apures la paciencia. No está el rajá
logrado por fin arrancar el vuelo.
para perder ~l tiempo oyen~o pedigüE&gt;ñerías.
-Bien dicen-exclamó Zorim-que la suerVolvió Zonm las espaldas sm despegar los late es ciega y la fortuna loca. Por la ribera anbios y se disponía á tomar la vuelta de su cadan azorados los otros pescadores en busca de
bañ~ con el ave oculta bajo el brazo, cuando
este magnífico rinimal, sin poder dar ni con su
apercibiéndose el centinela de aquella especie
rastro siquiera, y á mí, que ni lo buscaba ni
de matute, exclamó:
lo quería, se me posa en la puerta de la caba-Escucha, buen hombre, ¿qué es lo que
ña y en la palma de la mano como si dijéraahí escondes? ¿Trajiste acaso malas intenciomos.
n!)s? Ven acá y no te apreeures, pues alservi•
Y dirigiéndose al ave que entre sus brazos
cío del príncipe conviene descubrir ese misteaprisionaba, prosiguió de esta. manera:
rio.
-¡Infeliz de ti porque naciste hermosa! Si
-Ni traje malas intenciones:._replicó ZoBrahma no pusiera en tus plumas los arrebo-·.
rim,-ni es un misterio, sino un ave hermosa
les de la aurora, los cambiantes del iris, lm1
y rara, lo que bajo mi brazo oculto. Es el ave
matices de las flores y los reflE&gt;jos de las piepor cuya posesión anda Ranjee desasosegado
dras que ambiciona el hombre, rozaras descuié inquieto. Quería ofrecérsela sin esperanza de
dada y juguetona las aguas del lago, rizándopremio, pues aunque-pobre y menesteroso, me
las con el suave soplo de tus alas. Pero Ransatisfago con el placer de contentar á nuestro
jee te codicia y no es bien que príncipe tan
príncipe.
magnánimo y justiciero se desasosiegue por tu
-¡Oh, qué maravilla!-exclamó el centin~
posesión. Se te acabó la libertad, y en el esla al ver el magnífico plumaje del ave acuáti•
trecho espacio de un jardín has de alegrar la
ca que Zorim le mostraha. - ¡Pero si por ella;
vista de tu dueño.
Encaminóse Zorim con su valiosa presa hate van á dar un tesoro! Mira, sé discreto y cecia el palacio del rajá, donde llegó cuando ya
rremos un trato. Te deja_ré pasar libremente,
el sol estaba en la última etapa de su cotidiacon tal de que al salir me des la mitad de le&gt;
no camino. En la puerta de la principal moque por el ave pidas ó te ofrezcan. Si no te
rada estaba apostado un centinela que, cumconviene, lo perderás todo, pues me será muy
pliendo la consigna, detuvo á Zorim en los
fácil decir que te proponías asesinar al prínumbrales con estas palalo,ras amenazadoras:
cipe.

EL MUNDO ILUSTRA.DO.

Quedóse Zorim pensativo por un momento,
y al cabo aceptó el trato del centinela. Entróse, pues, en el palacio y fué conducido á la
presencia de Ranjee, que ya desconfiaba de
completar su colección; pero al ver el ave que
Zorim traía, admiróse sobremanera y se alegró grandemente en su corazón, por ser aquel
raro ejemplar el único que le faltaba.
-Señor-dijo Zorim,-aunque pescador,
no soy rudo, pues letras y libros alimentaron
la infancia de mi espíritu, por más que desengañado dd mundo, haya escogido la soledad
y la pobreza como únicos con~ejeros de mi vida. cé la fidelidad que te debo y el ansia con
que dEseabas la posesión de este alado ramillete de joyas y flores. Tuyo es sin que te haya de atormentar el agradecimiento.
-En verdad -dijo Ranjee, dirigiéndose á
los personajes de im corte,-nunca creí que las
cabañas pudiesen albergar letrados y filósofos
bajo apariencia de pescadores. Pero juro por
mi fe que no te has de marchar sin el galardón debido á tu generosidad. Pide cuanto
quieras, que pronto estoy á concedértelo.
-Desairarte fuera, ¡oh príncipt::!, no corresponder á tus deseos-contestó impasible el
pescador,-y así pido que, en recompensa ordenes me sean administrados cien azbtes 'por
manos del verdugo.
Miráronse asombrado3 los circunstante!' con
aire de sospecha sobre el buen juicio de quien
de tan e?Ctraña s;1erte se expresaba, y el mismo RanJee quedo sorprendido de las palabras
~el pescad?r; pero recelando que algún misteno encubr1an, le preguntó:

-¿Y qué te mueve á pedir tal premio, cuando otro en tu lugar no sabría poner medidas
en su boca?
-Señor-respondió Zorim, -el centi:iela
que cm;todia las puertas de tu palacio y vela
por tu so¡;¡iego, no quiso abrirme paso si antes
no le prometía partir con él lo que por mi rega!o me _dieras. Pídote cien azotes para que
caigan cmcuenta en sus espaldas; así tendrá el
castigo de su f~lonía.
Alabó el rajá la oc.urrencia del pescador, y
en el acto ~andó llamar al centinela para que,
en ~resenc1a de la corte toda, recibiera los promet1_dos a~otes. En cuanto á Zorim, no quiso
RanJe~ deJarle marchar sin recompensar esplénd1daffiente su acción, y ordenó que se le ·
e~tregara una tal~9a de oro, con la que el ya
neo pescador volv1ose ufano y satisfecho á las
soledad€s de su cabaña.

.....

Los hombres prometen según sus esperanzas, y cumplen según sus temores.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

Es preferible que la maldad quede impune,
á que una buena acción quede sin recompensa.

*
Entre un adulador pérfido y un amigo, hay
la misma diferencia que entre una cortesana y
una mujer honrada.

*

De~pués de la _palabra, el silencio es el poder más grande que hay en el mundo.

JUNTO A LA FUENTE
( DE M. J. GUYA U. )

Se desgranaba el agua dulcemente
Y, escuchando la música sonora,
'
Una niña arrogante y seductora
Llenaba un jarro en escondida fuente.

*

Doraba la· campiña el s~l poniente
Y roobre el jarro la gentil pastora
'
Inclinaba su frente soñadora
Viendo subir el agua lentamente.

*

. El chorro brillador v cristalino
Rizado por el viento vespertino '
Rima en el jarro cántiga serena'.

En las revoluciones, los revolucionarios hacen el gasto, y el pueblo pacífico paga la
cuenta.
La ociosidad del espíritu y del cuerpo se
parece al moho: gasta más que el trabajo.

*
Luchar con las dificultades es el medio más
seguro de vencerlas.

Como el agua que corre, así es mi vida
Y si doblo la frente dolorida,
'
Es por ver si mi copa al fin se llena!
Traducción de M. R.

BLANCO-BELMONTE.

�Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Ante la estatua de Cuauhtemoc

«Oh tú, el m(is admirable de los avarientos, tu fama ha traspuesto las
distancias, como los rayos del sol
llegan hasta las profundidades de
un pozo, y yo_ vengo á artojarme á
tus gloriosos pies y á a prender las
maravillas que realizas, si es que tu
bondad me Jo permite.»
El maestro avaro estaba i-entado
ú la puerta de su tienda, y metido en
sus harapos desgarrados por todas
partes, parecía un pez en una red.
Miró con ojos indiferentes al avaro
de Kufa, y le vió cansado v hambriento, imposihilitado de i,nponérsele. Le habl6 así: «Oh hermano
mío, bienvenido seas; tengo la lección más preciosa que impartirte;
pero ~oy muy pobre y no pmdo dÍlrteb sin paga.n Y señaló la cantidad
que sería el prerio del ~flcreto.
A esto el avaro de Kufa gimió
lloró, gruñó y suplicó, y el maestr¿
avaro sonrió y dijo: «Bien lo hace1&lt;,
verdaderamente, ¡oh perln tle la avaricia!, pero trato es trato: si no paga~,
no ha.y i;ecreto.n Y aeí fué que recogió del de Kufa, no i-olamente las
monedas que había obtenido mendigando por el camino, i-i no también
las _ropas exteriores, dej(1ndolo nada
más que con las interiores. El avaro de Kufa quiso entonces que el de
Basora le alimentara, puesto que le
había. de1&lt;pojado de cuanto tenia, y
el maestro le bes6 y le dijo: «Bendito seai-, hermano; tu alimento es.'
tá incluído en el convenio y vamos
inmediatamente al mercado á comprar algo que comer." A esto, el a.varo de Kufa olvidó su disgusto y siguió al maestro á la tienda d~l pa.-

Entusiasta manlftstaclón.

.\nte la estatua de Cuauhtemoc.-La Comisión del Ayuntamiento.

Domingo 30 de c\.gosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Siguiendo la costumbre establecida de algún tiempo á esta parte, el &lt;lía 21 del actual
por la mañana, se efectuó l:\ manifestació1~
que en memoria del último Emperador azteca, organiza anualmente el Ayuntamiento de
México.
La glorieta donde se levanta la estatua del
heroico Cuauhtemoc, se vió con este motivo
muy concurrida. Grupos de personas de todas
las clases s_ociales se dieron cita. en aquel lugar, distinguiéndose entre los concurrentes algunos niños que vestían el traje de los antiguos 1:1exicanos, y un numeroso grupo de
extranJeros.
A la➔ nueve y media dió principio la ceremoni~ con un discurso lln nahuatl, que pron1:111c1ó el señor Presbítero Don José Pilar Sandoval, trnúucién&lt;lolo aespués al castellano.
En .;eguic.la, un curo formado por cincuenta
ni~os cantó el Himno _N~cional, que el público eFcucho con recog1m1ento.
Tanto la glorieta como el tramo ele la calzada compremliclo entie aquel sitio y la estatua de Carlos IV, estaban aúornados con mástiles y gallardetes de los colores n.acionales.
El monumento ostentaba grandes guías de flores y musgos, artíscamente distribuídas.
Las autoridades de los pueblos cercanos enviarou algunas coronas, llamando la atención
entre todas las recibidas, la de Milpa Alta.
Era de forma oval, estaba. formada de crisántemos, pensamientos, nomeolvides y violiitas, y atada con cintas blancas en que se leía
esta inscripción: «Descendientes aztecas á su
Emperador Cuauhtemoc. Milpa Alta. D. F.,
agosto 21 de 1903. »
'
Ademns de los señores Regidores Montafio
Ramiro, Ordóñez, Mariscal, Fernández Castelló y Priani, que representaban en la ceremonia al Ayuntamiento, concurrieron todos los
prefectos políticos.de las uiunicipalidades del
Di:;trito.
La banda de Artillería amenizó el acto con
piezas escogidas.

E, monumento de Cuanhlemoc adornado para la ceremonia.

nadero, con el ánimo dispuesto á recibir la lección, á causa del hambre
que sentía.
Llegaron y el maestro preguntó:
,,¿Tienes buen pan?i, Y el panadero
respondió: «Sí; por cierto que tengo
el mejor pan posible, tan fresco y
suave como la mantequilla.i,
Entonces el avaro de Kufa se
alegró, porque creyó que iba ya. á
comer. Pero el maestro le dijo: «¡Nota bien esto, hermano!» Se compara la mantequilla con el pan, y se
la declara mejor, y esto por un panadero que eabe bien de panadería.
Y como consumimos tan poco, nos
será más barato, y creo que es juicioso y tconómico conformarnos
con mantequilla.&gt;,
Marcháronse á buscar la mantequilla en casa del tendero, y le preguntaron si la tenía buena. Y él
respondió: «Sí; por cierto que la
tengo, señores míos, de la. mejor
posible; tan a:omática y fresca como
el aceite ele olívo!i&gt; Y otra vez el
avaro de Kufa se lamió los labios,
excitado su apetito por las palabras
del tendero. Pero de nuevo le interrumpió el maestro, diciendo: «Observa también esto, ¡oh tú que vienes en busca. de sabiduría! El aceite de olivo es comparado con la mejor mantequilla. Por tanto, es preferible el buen aceite, como es mejor que las estrellas la luna. Pasemos á cai,a del vendedor de aceite."
Y habiendo llegado, el maestro
preguntó: «¿Tienes buen aceite?" Y
el vendedor contestó: xTengo del
mejor posible, tan fresco y transparente como el agua.n

LOS DOS AVAROS

Grupo de niilos vestidos a la usanza de los aztecas.

En, a&lt;¡~el tiempo vi vía en una pec¡ueña cin·
dad, a. unll,as del E_ufrates, un hombrequeera
el avaro mas conocido y refirn1do. Con mucho
gu~to habría soportado ese hombre el 1mfriI1;1ie11t? m~s ~troz con tal de obtener la ganan·
c!a rr~as d1mmuta, ypormuchotiemposecon·
~1dero ?orno el más a.varo de toda. Arabia. .Muchi!. felicidad inocente le causaba la idea de
9ue en toda la comarca no hubiese quien le
1~ualara. en el arte de atesorar. Así fué que un
&lt;ha, cuando unos_ c?merciantes que acaba.han
de desembarcar vinieron á decirle: «Quita allá,
en Basora hayª?º~~ un hombre que es más
ava.~o que tú,» smtio que f'US entrañas se re·
torcian Y su razón se nublaba. Sin embargo,
pudo contestar: cc¿Es muého más que yo?", y
le contestaron: &lt;&lt;Es mucho más que tú como
la vaca es mayor que la ternera.,, Con'esto el
avaro se retiró á su ca!'a y se encerró tristemente, hasta que de la misma tristeza brotó el
consuele&gt;.
Porqu_~ siendo un hombre sensible y piadoso, se dtJO á f'Í mismo: ccEs la voluntad de
Aquel q~e todo lo puede, que yo sea humillado en_ mt, orgullo. Así se11, y no me desespero;
pero_ Jré ª, buscar ~ ese que es más que yo, me
arroJaré a sus p1ei-, y aprenderé algo de él.
«Porque puedo ir á BaFora á poco costo si
rmprendo el camino á pie, aunque tarde más
que, embarcándome.»
En seguida. emprendió la marcha é l1izo
and~nd? todo el camino hasta Baso;a, pro·
porc10nandose la subsistencia por la limosna
de los 9ue encontraba á su paso. Así llegó á
1 destmo con algunas monedas en la bolsa,
/era de que obtuvo gratuitamente buena can·
idad de víveres. Preguntó por el gran maes•
tro avaro Y, habiéndole encontrado, le dijo:

....

r

.\.specto de una parte de la glorieta durante la cermonia.

NUESTRO PAIS.-Barranca Y puente de Metlac, en el camino de Veracruz.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Agosto de 1903. ·

de correcto perfil. La tez, de nifia enferma,
tenía las tonalidades del marfil viejo; los labios simulaban una pequeña herida pr6xima
á cicatrizarse; pero en los ojos, que por su
mismo color, profundamente negros, parecía~
más hundidos, estaba aglomerada toda la vida que faltaba al resto de la cara. Esos brillaban como ascuas y tenían, á ratos, parpa•
deos semejantes á los de ciertos luceros cuya
luz parece que va á extinguirse para siempre
y vuelve á brillar con más fulgor.
Al verla, fijos mis ojos en los de ella; al
contemplarla con tal tenacidad que obligó_ á
la niña á acurrucarse en los brazos del anciano mi ímaginaci6n exaltada me hizo recordar
á ~lguien para quien habían sido todas mis
caricias, todas mis energías de hombre tenaz
y emprendedor, agotado ahora por el sufrimiento.
La niña enlutada desaparecía y ante mis
ojos se presentaba .... .. mi hija, mi «Mari, » como yo la llamaba, aquel ángel a&lt;lorado que
con toda su inocencia no pudo purificar las
entrafías de la pérfida que la había concebido!. .....
En mi alucinaci6n, la veía ahí, delante,
bailoteando para entretenerme, riendo con argentina risa, encaramándose dificultosamente
sobre mis rodilla¡_,, y, con su:; deditos de muñeca, arrancando traviesamente los bigotes á
su padre.
La veía, como cuando por la noche llegaba
del trabajo, un trabajo de muchas horas, y la
encontrabll. dormida sobre sus almohadonrs de

Pensaba en esto, cuando se lleg6 un tranvía
silencioso y casi vacío. Me fijé en el r6tulo:
«A Dolores. » ¡Ese eia el que me convenía, y
y á él subí tan apresuradamente como me lo
permitieron mis débiles piernas.
Tenía el tranvía, en su interior, algo de fúnebre de rnelanc6lico. Las persianas hacían
que 1~ luz se filtrase á hurtadillas, serpenteando a·quí y r llá, como temerosas de ir á turbar
la semiobscuridad que ahí reinaba. Las C'Orreas del llamador se balanceaban acompasadamente, el silencio era s6lo interrumpido por
el ruido que al rodar producía el coche, pues
los dos únicos pasajeros que en él me hacían
compañ.ía, permanecían callados é inm6viles
como estatuas.
Al entrar al tranvía, s6lo pude advertir dos
manchas negras, alta la una, diminuta la otra,
que se parecía á la primera.
Cuando mis ojos hubiéronse acostumbrado
á aquella obscuridad de nicho mortuorio, pude disti11guir las facciones de mis compañeros
de viaje. Eran un caballero como &lt;le sesenta
años, alto y delgado, y una niñita de cuatro
6 cinco, aproximadamente, un querubín de
cabellos rubios como los chorros del oro.
De la niña, cubierta con su vestidito negro
que le bajaba hasta los tobillos, s6lo podían
distinguirse sus bucles dorados y el óvalo delicado de su rostro, que rernltaba como una
mancha clara sobre el brazo del anciano, donde se reclinaba.
Inconscientemente clavé en ella mis ojos.
Había algo que me atraía en aquella carita

A esto, el avaro de Kufa no sinti6 despertarse su apetito, aunque
estaba más hambriento y débil después de esa correría. Pero el maestro hizo advertir ese último descubrimiento y dijo: «Observa esto también, ¡oh tú el más ardiente de los discípulos! Por esta regla hemos
probado todas l&lt;ts cosas que un hombre busca para su alimento. Y por
esta regla hemos descubierto que el agua es lo supremo. En casa tengo una gran fuente de ese regalo, el más precioso de todos, y con él
he de obsequiarte en prue_ba de hospitalidad.»
Y, por supuesto, al regresar, sólo puso agua en la mesa ante su huésped, porque habían descubierto que el agua ua mejor que d aceite,
el aceite mejor que la mafltequilla y la mantequilla mejor que el pan.
Y el hombre de Kufa no pudo contener un rugido de cólera. Pero
le venci6 el entusiasmo y le hizo exclamar: «¡Alá sea loado! Al menos no he hecho en vano tan larga jornada!"
L. LusK.

una artista amtricana
Para los que creen que en medio del gran industrialismo americano no puede florecer el arte; para los que sostienen que la mujer es
incapaz de sobresalir en las ciencias y en las artes, aquí está, como
un ejemplo notable, el de la afamada escultora Miss 8ybi1 C. Easterday; que actualmente visita México.
La artista es joven aún, pues no pasa de los veintid6s. años. De ·
hermosa presencia, impresiona.agradablemente desde luego por su
cultura y por lo refinado de sus gustos artísticos. Nacida y educada
en California, en la perla del Pacífico, en el romántico país del ensueño, legendario por sus riquezas fabulosas, por sus jardines encantados, la joven escultora ha pasado sus mejores años entregada al cultivo del arte, y sus obras son celebradas por los críticos de su país.
California parece ser, después de Boston, el centro artístico más imp . rtante de los Estados l'nidos. Quién sabe si el color .local del paisaje, con las montañas casi inaccesibles, con los huertos surgidos, á
fuerza de labor, del antiguo desierto; el mar que baña uno de los
' puertos más hermosos del pacífico; las vigorosas masas de granito de
la Golden Gate; el cielo límpido; el clima semejante al del sur de Europa, no influyan de manera decisiva para ello.
De una ó de otra manera, de California viene ahora una artista
distinguida, que ha encontrado la mejor atogi&lt;la en nuestros círculos
artísticos y cuyos trabajos han sido admirados. En este número reproducimos algunos de los principales.

1 az41-.--

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EN EL TRANVIA

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¡Aire, mucho aire purol-había dicho el Doctor.-Y, p_ues el Doctor lo decía, necesario era obedecerle.
Y á buscar aire puro, aire d~l campo para mis pobres pulmones
enfermos, salí aquella tarde, después de descabezar una siestecita que
de buena gana hubiera prolongado por media hora más.
Era la tarde de un domingo de primavera. El sol, hermosísimo,
caía como lluvia de oro sobre el asfalto, húmedo aún, de las calles.
Los zaguanes _de las casa~ vomi~ban gentes alegres, gentes del pueblo, que, luciendo ~l tra~e domrnguero, bien limpio y aplanchado,
salían en busca de d1vers1ones, de golosinas de sitio donde dar rienda suelta á su alegría; dispuestas á gastarse 'en ello los últimos centavos que sobraban de la raya.
Por la boca~lle hasta doQde llegué, pasaban y volvían á pasar los
tranvías eléctricos, rebosando pasajeros. Era media ciudad que emigraba momentáneamente, deseosa de otro ambiente y ele otros panoramas.
Y ahí ~ran de verse, asomando por las ventanillas, los rostros alegres
de las_muJeres, rostr~s broncíneos, bien fregoteaaos y limpios con l~s
ablucion:s d~ la mana~a, y de los que el sol sacaba chispas; ojos bnllantes, mquietos, curiosos de verlo todo que iban leyendo los letreros de los establ~cimientos. "j por fuera, por no caber ya adentro, col·
gando c~mo miembros mutilados1 algunos brazos carnosos, rollizos,
mal cubirrtos con las mangas ctel ccsaco» almidonado.
Luego ven_fan los tranvías especiales y los de l\fixcoac y San Angel, convertl~os_ en lucientes jaulas donde, aprisionadas, parloteaban como. paJanllos Y formando grupos, las muchachas, vestidas con
telas claras de colores alegres, tan alegres como sus caritas empolvadas.
El ruido del silbato del tranvía confundíase con el de las risas éste
con las armonías dt la banda quP venía en el coche Riguiente fo~mando todos ellos una algarabía entusiasta que convidaba á s~bir al coche Y saturarse ~e placer, de perfumes de flores, de esencias de mujeres elegantes, y a darse_ un baño de alegría juvenil.
¡De buena ~a,na hub1éralo yo hecho! Tentado estuve de ello varias
veces .._. .. • _Qmzas era eso lo que necesitaba...... Pero ...... ¿á d6nde ir
con mis tristezas y mis enfermedades?

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"La memoria descorriendo el velo del pasado."

'·Meditación."

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'" Flower-girl."

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--

---

El niño y el anciano son dos poetas encerrados en su impotencia:
el primero no puede todavía; el segundo no puede ya.

Miss Sybil U. Easterday, escultora americana.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

pluma, iluminada suavemente por la luz de la
veladora. ¡Cómo me desquitaba entonces de
las horas de separaci6n! ¡C6mo cambiaba cada instante de angustia diaria por un centenar
de besos dados en aquella boquilla fresca que
se entreabría como una rosa eh capullo! ¡Qué
placer tan grande experimentaba cuando sentía inundado todo mi rostro por el aliento,
esencia de pureza, que se escapaba sosegadamente por los labios de la niña dormida!. .....
Y al fin, cuando recostaba la cabeza sobre el
mismo almohad6n en que reposaba la de mi
hija, ¡cómo y cuánto lloraba, de alegría al ver
de cerca ese pedazo de mi alma, de tristeza al
pensar en la madre, muerta para mi, ya que·
para otros no!
La alucinación no me abandonaba. No; ¡si
era ella, mi hija, mi (eMari&gt;, la que tenía yo delante! ¡No era cierto que hubiera muerto de
crup entre mis brazos! ¡Mentira que por
aquel mismo camino que ahora recorría la
hubiese llevado á enterrar! ¡No; ahí estaba,
ante mi vista, al alcance de m is manos, mirándome mucho con sus ojazos preciosos,
abiertos, muy abiertos ...... l
Temblaba, sentía que el corazón me dolía
como si dieran sobre él como sobre un yunque·
mis ojos estaban inm6viles como los de lo~
muertos, fijos en aquel cuerpecito que yo creía
el de mi hija. Quería contenerme; me afianzaba á la banqueta encajando en ella las uñas
de crispados dedos ... ... Y no pude contenerme; sentí que algo·, como un enorme sollozo,
se me agolpaba á la garganta, que el coraz6n
se me asomaba á los labios, y dí un salto, un
salto de loba que arrebata á su cachorro; llegué hasta la niña, la tomé entre mis manos,
la besé en la boca con un ~eso largo y febril
como besaba á mi hija, beso que ahog6 el grito de estupor de la pequeñuela; y cuando el
padre, el verdadero padre, me la quit6 de los
brazos, salí á escape del tranvía, salté, á riesgo de matar1:11e, el escal6n, y tembloroso, jadeante, volviendo á todos lados mis miradas
extraviadas, me quedé solo ...... solo en mitad
del camino ...... !
MA]).7 JEL

M. p ANES.

�Domingo 30 ele Agosto de 190:J.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 30 de Agosto de 1903.

NOTA DE SOCIEDAD
Eu la cin&lt;la&lt;l de .Jalapa se efectuó en días
pasados el matrimonio del señor Lic. Enrique
Torres Torija, con la distinguida y hermosa
señorita Laura ~-Iuñoz y Lan&lt;lero.
La ceremonia religiosa, guefué muy solemne, se vió concurrida por las principales familias de la población y por caballeros de la
mejor sociedad. El señor Obispo de Veracruz,
Don Joaquín Arcadio Pagaza, dió la bendición á los de1&gt;posados, dirigiéndoles antes una
sencilla alocución escrita por él mismo.
El matrimonio civil se verificó momentos
después en h casa de la señora María Luisa
l\fuñoz de Reboul, concurriendo al acto como
testigos los señores Don Teodoro A. Dehesa,
Don Antonio Torres Torija, Don Francisco
.Javier Muíioz, Don Yíctor Manuel Castillo.
Don Manuel Torres Torija, Don .Javier Muñoz Landero, Don Ignacio Muñoz, Don Raúl
Dehesa y Don Luis Caraza.
Los obsequios ofrecidos á la novia fueron
muchos, contándose entre ellos algunos muy
valiosos.

La Sorpresa.
Durante la noche del 24 al 2,j vendimiario
de 179-!, una compañía elegida, destacada en
los puestos avanzados del ejército de los Pirineos Occidentales, ocupaba el famoso valle de Honceveaux, PSe paso salvaje, que evoca todavía la antigua epopeya, que servía de
extraño marco al modernismo &lt;lel vivac repu blicano,clébi1mente alumbrado en medio de
las tinieblas por la llama ele un fuego rústico.
El reflejo de las brasas mori hundas brillaba en los cili11dros de los tambores, encendía
las pirúmides ele los pabellohes ele armas y
hacía destacar sobre la seda nueva de la bandera, en el centro de una guirnalda de laurel
y de roble, la inscripción: «Semi brigada de
los cazadores vascos."
Solo, sentado en un montóh de mochilas,
las botas ante el fuego, los codos en las rodillas, el ayudante general velaba.
Bruscamente sacó su reloj, é interpelando á
uh centinela próximo, le dijo:
-Ve á avisar al hombre de guardia para
relevar el puesto de Burguete. Es ya la hora.
Ji;l hombre se fué hacia una carpa, entró
para salir luego con un niño de larga cabellera rizada que le cubrfo. el cuello.
Llevaba el traje de los aldeanos vascos,
pues el Estado carecía de dinero para el equipo de eus soldados: boina azul, blusa roja,
pantalón corto· negro y alpargatas blancas con
cintas, pero todo descolorido por el sol y las
lluvias, hecho jirones en los combates, soberbiamente ajado. Su persona acusaba el tipo
tradicional del montañés de esa región, mi-

Sobre un pétalo de rosa
una abeja se adurmió;
y la abeja milagrosa,
sobre el pétalo de rosa
en rubí se transformó.
La leyenda de la abeja
que en rubí se convirtió,
no es patraña ni conseja:
la leyenda de la abeja
en tus labios reví vió.

u~rsos d~ álbum.
De las fúlgidas estrellas
no te extrañen los enojos;
aunque fúlgidas y bellas,
tienen celos las estrell¡i.s
del encanto de tus ojos.
Alguien die~ del coral,
que te oprime cuando toca
tu garganta escultural.
Es, ¡oh niña!, que el coral
tif'ne celos de tu boca.

Sra. Laura 2'.L Lan.ctero de Torres Torija.
La nieve que en la montaña
colora el alba esplendente,
contra tu frente se ensaña.
¡La nieve de la montaña
celosa está de tu frente!
Tamhién la rosa, celosa
de tu belleza ideal,
se imagina más hermm;a.
¡Así piensa la celo~a
porque envidia á su rival!
ANDRÉS MATA.
1903.

Quien no sab~ lenguas extranjeras, no sabe
nada de la propia. Cada quien, por el solo
h~cho .de poder hablar, cree también poder
d1scurnr res1 ecto de lenguaje.

*

La supersti~ión es la poesía de la vida; por
eso no les dan a á los poetas el ser supersticiosos.

*

P';le&lt;lo prometer ser sincero, mas no ser imparcial.

EL PECADO
Era Elisa muy niña, yo muy niño·
jugábamos los dos alegremente
'
y si ella me besaba con cariño '
.vo le besaba con amor la frente.
Elisa fué creciendo, yo fuí mozo
.Y aún siguieron los besos con el juf'go·
Elifla fué mujer, hombre yo luego:
'
y aún ella me besaba sin reb(,zo.
Un día mi tutor y su madrina
los besos y los juegos prohibie~on •
y esta amorosa usanza peregrina,'
que era «grave pecado&gt;i nos dijeron.
Mas desde entonces, siempre que nos vemos
.Y solos en su C.'l$a nos hallamos
yo la digo muy triste: «¿No pec.c~mos?ii
Y ella me dice con rubor: ;c¡Pequemos!&gt;i
Sr. Lic. Enrique T.orres Torija.

Máximas de Goethe.

0.

CURTERO,

*

La ingratitud es siempre una especie de
flaq~1eza. No he conocido nunca hombres de
ménto malagradecidos.

*

~o.s _hombres han pensado ya todo cuanto
ee JU1c1oso; ahora lo que debemos procurar
nosotros, es seguir pensando en ello.

*

En numerosos casos guardo silencio porque
no gusto de desconcertar á los hombres, y me
complace mucho el que para ellos sea motivo
de alegría lo que para mí lo es de enojo.

"'

N"o es la piedad un fin sino un medio de
lle~~r al más alto grado a'e cultura con la tranqmhdad de e~píritu más pura. Por esto es de
notar que qme!:les se proponen la piedad como
un fi_n, la~ más veces acaban por convertirse
en hipócritas.

rada franca y resuelta,rostro enérgico y delga.do, cuerpo vigoroso, elástico.
A cinco pasos del ayudante general, el pequeño cazador vasco se paró, saludó, y con
los ojos fijos, esperó militarmente.
-Acércate, muchacho - dijo el oficial, saludándole con gesto á la vez marcial y paterno. Luego, después de arrugar la frente, como para recordar algo:
-¿Tu nombre·?
- Joannes Echeparre.
- Ah, sí recuerdo. Sois tres Echeparre en
los cazadores vascos, toda la familia, el abuelo, el padre y el hijo.
- l\Ii padre ha rn uerto.
-¡ Pobre niño! ¿Y el abuelo?
-Vive y continúo la C-ªffif1ªña con él.
-¡Peio me pareces D'td'y Joven!
--Ya tengo diecisiete años.
- ¿Diecisiete años, y has sido designado
para esa guardia de noche?
-Sí, señor.
-Es inconcebible. ¡Elegir un muchacho
de diecisiete años! ¿Q,uién ha podido mandarte para ese servicio?
-Es·...... que ..... .
-Vamos, habla sin temor.
·-Hace un momento Ecbebarne entró en la
carpa para avisar á mi abuelo, que dormía:
«Vamos, de pie, es tu turno, es la hora.» Yo
estaba despierto. Entonces contesté: «Pre,.ente.,i Tomé mi fusil y vine en lugar del viejo.
Vea, sefior, hay que dejarle dormir: con sus
sesenta afios pasados está muy cansado; y mi
padre, al morir, me ha recomendado tener

cuidado de él. Yo soy fuerte, podéis contar
conmigo. ¿Qué hay que hacer?
-Be trata de relevar al camarada que guarda el paso de Burguete. El puesto es muy
peligroso y la consigna sencilla. Si el español
quiere forzar el desfiladero, el centinela debe
hacerse matar para dar á los refuerzos el tiempo de acudir.
-Está bien; estoy pronto.
-¿Me has comprendido bien? Tendrús que
resistir hasta la muerte.
-Hasta la muerte.
-¿Y si al ver al enemigo tienes miedo?
-La gente de mi país no conoce el miedo.
-Bien contestado. Pero ¿qué dirá tu abuelo cuando sepa que le has tomado el turno?
Vet(\ á pedirle permiso.
-Eso no, no quiero que lo sepa.
-¿Pero si te sucede alguna desgracia?
-Ocurra lo que ocurra, os juro que el viejo estará satisfecho de mí.
Vamos, pues, cazadorcito-concluyó el general acariciando la cara del niño, -pnnte en
camino. Eres de buena semilla, digno de los
tuyos y de tu brigada.

***
Mientras que la noche volvía á cerrarse sobre el imberbe montañés, el oficial secó su
párpado con gesto furtivo, pues la admiraci~n y el re~peto eran unánimes hacia e1;:a pareJa tan desigual formada por el viejo y el joven Echeparre, soldados de la misma compafiía, que combatían bajo la misma bandera
para VPngar rt.spectivamente la memoria del
hijo y del padre, de su querido desaparecido.
_Despunta el dí~. El. Yiejo Echeparre, dommado por un 1mpenoso sueño continúa
durmie_rido bajo la carI_&gt;a; toda la f~tiga de la
campana parece reumrse en su pobre carne
arruinada por las privaciones y las veladas. '
De repente un tiro de fusil le hace sobresaltar. Tfende el brazo para buscar á su nieto
pero no encuentra á nadie y llama:
'
-¡Joannesl ¡Joannes!
Ninguna respuesta.
Mientras tanto continúa el tiroteo, amplifi.
cado por los ecos de las montañas.
Una espantosa y fulgurabte idea atraviesa
entonces el cerebro del abuelo. Sí, recuerda
ahora. A él se le había designado de servicio
para el paso de Burguete. ¡Joannes ha debido
1r en su lugar! ¡Oh, maldito sueño!
Fehrilmente, entre el tumulto del vivac
que se deshace apuradamente, pues el enemi:
g? emprende la batalla por un ataque simult~neo de todos los puestos avanzados, el anc1~no va de grupo en grupo, siempre con la
misma pregunta en los labios:
-¿Dónde está Joannes?
. -Nadie sabe, nadie ha visto ni puede deCll'le. nada. ¡Oh! ¿Cómo quitarse esa duda angust10sa?
De repente, dominando el rumor oye la
voz fuerte del ayudante general:
'
-Una sección va á correr al desfiladero de
B~rgu~te: Espero que el chico Echeparre podra re~1stir hasta la llegada del refuerzo.
Ol~1dando la disciplina, el abuelo interpe•
16 al Jefe:
-¿Es ac~so mi J oannes? Solito, allá arriba?
Me lo van~ matar y por mi culpa. ¡Oh! miserable, que he hecho !
-V~mos, valiente. No pierdas tu tiempo
e~ l!or!queos. Unete á esos.hombres. Llegaras a tiempo para salvar al niño.
P?r una senda abrupta, la pequeña tropa
empieza ur.ia ascensión vertiginosa. Horriblemen~e páhdo, 1~ frente arrugada por la angustia, las pupilas engrandecidas por el terror, el sex~g~nario, que parece haber recobrado su prod1g1osa agilidad de antafio, corre

•

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 30 de Agosto de 1903.

á la cabeza de la sección, siempre más ligero,

•

repitiendo con voz uniforme:
-¡Me lo van á matar y por mi culpa!
Cado tiro le hace estremecer y correr más
aprisa. Un cuarto de hora después llega al
paso crítico, dom e, según la consigna, el
centinela debe hacerse matar. Es un largo corredor rocalloso que une. dos valles. Desde
allí Joannes, al abrigo de un trozo de granito,
apunta cuidadosamente, y cada tiro lleva la
muerte á todo enemigo que aparece al otro
extremo.
En cuanto el viejo le percibe, lanza este grito triunfal, donde vibra toda la felicidad de
volverle á ver:
-¡Valor, Joannes, estoy aquí!
Pero, aprovechando el momento en que el
niño se da vuelta para contestar el saludo, un
enemigo le envía una bala. El joven ~azador

ROMANZA.
Sus pestañas cargadas de sombra
Velaban sus ojos profundos y negros;
El amor, como luz de una estrella,
Cintilaba lánguido rompiendo ese velo.
Era aquélla una noche de luna:
La luz de la luna que alegra los sueños,
Dilataba con vaga tristeza
Mi cansado espíritu en los firmamentos.
Yo le dije:-«La noche se mece
Llevada en los hombros del vasto silencio;
Allá arriba en los cielos azules
Hay estrellas pálidas que ven lo que hacemos.
En la selva los aires dormidos,
En el largo río las aguas gimiendo,
·y la espiga temblando en el llano,
Y el alta montaña callada á lo lejos,

EL MUNDO ILUSTRADO

deja su fusil y cae en los brazos del viejo, llegado á tiempo para recibirle.
Mientras que los camaradas se lanzan sobre
la plataforma, desde luego cerrada á los españoles, el abuelo aleja un poco al joven héroe
que ha salvado el puesto, le tiende sobre musgos y le lleva la cantimplora á los labios.
En el nimbo oscuro de sus cabellos, el delicado rostro del niño tiene ya la blanca huella de la agonía. Poco á poco, sin embargo,
su boca exangüe se crispa, sus párpados baten;· reconoce al anciano. Entoncet&gt;, con voz
entrecortada, pronuncia delirando:
-¡Abuelo, perdóname! Dormías tan bien
esta noche bajo la carpa. .. ........ Llamaron
¡Echeparrel Es mi nombre, después de todo,
y he contestado: ((presente» ... Figúrate. que el
general me encontraba demasiado joven para
la tarea. Le dirás que he cumplido con mi

Y los ruidos ahogados del bosque,
Y la roca informe que orilla el sendero,
Y la sombra del árbol que canta,
Trovador inmóvil mirando á los cielos,
Son, le dije, son cosas muy tristes,
Son cosas que dejan una ansia en mi pecho
Que despiertan los hondos suspiros,
'
Soplos de esperanzas, sombras de recuerdoe. »
Respondióme:-cc¡Qué bella es la luna!
Y o siento y no puedo decir lo que siento.
En las noches como ésta, ¿no sabes
Cuál es la palabra que agrada al silencio?,i
-ccEn las noches como ésta, le dijll,
Se siente en el alma murmullos de versos·
Los que dicen ccyo te amoi, esta noche, '
Dicen lo que dicen la tierra y los cielos.,,
FRANCISCO GAVIDIA.

*

El sentimiento del deber cumplido es para
nosotros una música á media noche.'

deber como un:&gt; grande. ¡Oh, dormías tan
bien! ¡No, no podía despertarte!
Las gotas rojas continuaban rodando por
su pecho. Cm, voz apagada, el niño agregó:
-Había pensado: voy á hacerle esta Rorpresa. Mafiana su turno de servicio habrá pasado y su nieto estará de regreso ...... abuelo,
háblame. ¿No estás contento con mi sorpresa? ........ .
Esta fué su última palabra.
Poco después, un cazador, al aproximarse
á los dos Echeparre, encontró al abuelo que
tenía estrechamente abrazado el cuerpo de ~u
nieto. Pero cuando quiso separarlos, se &lt;lió
cuenta de que el viejo también era cadáver.
La sorpresa de .Joannes le había muerto.

H.

PEYRE DE BÉTOUZE'r.

EN EL PAVÉS.
Lo que observé, en mi lira he reflejado,
y en mis versos grabé lo que he sentido;

cuando gocé venturas, he reído;
cuando sufrí pesares, he llorado.
Nací para guerrear como el soldado,
y á los humanos golpes advertido,

prefiero en liza 8ucumbir vencido
á morir en el lecho ase3inado.

No me rindo jamás. Mi interna llama,
siempre que llega la borrasca, acrece
y con su luz mi corazón inflama.
. ¡Mi corazón! Al árbol se parece:
si á cada vendaval pierde una rama,
con más flores en mayo reverdece.
°MANUEL

S.

PICHARDO.

LA ELECCIÓN DEL NUEVO PONTÍFICE.
El Cardenal Rampolla depositando su voto.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

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EL aE SAIZnECARLos
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.Co receta,¡ los médicos de todas las naciones para las enfermedades c[el
estómago é intestinos,· cura el 98 o/:, de los enfermos, aunque sus dolencias
sean de 30 años y /¡aya,¡ fracasado todos los demás medicamentos. &lt;Jura :
dispepsias, diarreas y disenterías, la dilafaciór¡, la úlcera, catarro
intestinal y todas las demás afecciones del estómago é intestinos.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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