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                  <text>Domingo 30 de Agosto de 1903.
ascendían los escrúpulos morales
del sacerdote.
Y, sin embargo, él era injusto con
San Lucas, á cuya advocación pertenecía su parroquia. No quiere esto decir que desdeñase al evangelista, sino que sus predilecciones
eran evidentes para las &lt;Animas
del Purga.torio.&gt;
Cuando algún feligrés le encargaba una función de iglesia, le inducía á que fuese en sufragio de las
Animas; no había boda, ni bautizo
r.i entierro de que las Animas dejasen de sacar partido pot· consejo
del cura; él oficiaba con preferencia
en el altar de las Animas; la mayor
cantidad de aceite y las velas más
gordas, ardían en las lámparas y
candelabros de las Animas; ¡qué de
responsos, qué de flores, qué de
novenas y triduos por las Animas
b9nditas del Purgatorio! ¿Obedecería esto quizá á su doctrina de amar
á los débiles sobre los fuertes'I ¿Era
tal vez un poco monomaniaco el señor cura.?
El célebre aboga.do de la población, con tener cierta tacha de incrédulo, decía que en aquello había
algo de egoísmo, porque el cura de
San Luca.s era él propio un «ánima
bendita.&gt;
Ello es que, aparte de esta casi
chochez, el cura disfrutaba de todos
los prestigios de la bondad. Dirimía
contiendas de familia, cortaba p leitos incipientes, acercaba corazones
dispersos, y en más de una ocasión le debieron sus conciudadanos
hasta resolver cuestiones de orden
público. Lo que no arreglaba el
cura de San Lucas, no lo arregl aba
na.die.
Sobre todo, en asuntos religiosos
era una potencia. Ya podían darle
moribundos impenitentes ó simplemente fríos: él los calentaba y pet··
suadía con su sencilla oratoria en
términos dequenoseleescapabaninguno. Ese mismo abogado á quien se
aludió antes, doceañista y casi ateo,
aunque hombre de rectitud y de fibra, enfermó una vez con peligro
de muerte. El cura de San Lucas se
presentó desde luego en su casa con
la pretensión de hablarle á solas.
-¿Viene usted á fastidiarme?-le
dijo trabajosamente el enfermo.
-Al contrario-respondió el cura:-vengo á facilitarle á usted que
haga lo que se le antoje, evitando
que otro le moleste con sus visitas.
-¿Y cómo es ello?
- Pues nada: usted seguirá creyendo lo que quiera, pero como de
seguro no quiere el escándalo, impropio de un hombre de las condiciones de usted, ahora salgo y digo
que se ha confesado; voy á laparroquia por la Eucaristía y usted
la recibe ó no, para mí es lo mismo;
el pueblo aplaude y los devotos se
trnnquilizan: ¿qué va usted perdiendo en esto?
-¡Pero, señor cut·a!-exclamó el
paciente incorporándose en la cama
con ademán airado:- ¿por quién me
toma usted á mí? ¿Me cree usted capaz de una superchería semejante?
Primero me allano á que haga usted
de mí lo que quiera.
-Pues ¡de rodillas, penitente!gritó el sacerdote con voz de mando-y á depositar en mi oído sus
culpas y su arrepentimiento.
Debió decir el cura estas palabras con tan eficaz energía, que el
enfermo se abrazó á su cabeza permaneciendo largo rato en comunicación con él. En seguida fué absuelto, y poco más tarde trájole el
párroco solemnemente la sagrada
Forma, que el moribundo recibió
contrito, entre el asombro de cuantos le rodeaban.
Al salir del aposento, y antes de
entonar el -&lt;Te Deum laudamus&gt; del
ritual, hubo quien le oyó decir al
cura:
-¡Pues no hubie1·a faltado otra
cosal
Ci,,mpañas de esta especie se le
presentaban al bondadoso sacerdote todos los días. Habíalas de diferentes clases, como, por ejemplo, la
que le promovió una antigua sirvienta de la mayordoma de Animas
de la parroquia. Era esta última
una mujer entrada en años, de sangre azul y tostados pergaminos,
más rica de vanidad que de bienes,
autoritaria y casi despótica con sus
inferiores.

Domi,ngo 6 de 1:lept!embre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

El cargo que desempeñaba en la
iglesia la hacía grande amiga del
párroco, aunque con la distancia
propia de quien venera al ungido
muy por encima del hombre. La
viuda del mayorazgo1 que así se le
decía en la poblacion, echaba de
menos que el señor cura no fuera
&lt;de clase;&gt; pero aun así, las Animas
benditas y las mutuas virtudes les
unfan en una especie de sagrado
consorcio.
Sucedió, pues, en casa de esa señora, que al cabo de más de cuarenta años de servirla lealmente, puso
en la calle á la que cuando niña le
dió el pecho y que durante casi medio siglo fué, más que su sirvienta,
su esclava.
Era de ver la pobre vieja asida á
las manos del cura cubriéndolas de
besos y de lágrimas implorar con
ayes angustiosos su protección en
aquella catástrofe.
El cura, impresionado, en efecto,
corrió casa de la mayorazga á poner paz; pero ellá con malos modos
le salió al encuentro diciéndole:
-¿Viene usteJ ya á tomar parte
en los chismes de esa bribona'?
Porque todo el que va á hacer un
bien en casa ajen a es ordinariamen •
te mal recibido. El cura, sin embargo, que conocía á la señora, replicó con calma:·
-Ni esa infeliz mujer es una bribona, ni los dolores del corazón
pueden ser chismes.
-Pues yo soy dueña de mi casa
y hago en ella lo que quiero.
-Es que el dueño de una casa no
está autorizado para hacer en ella
lo que quiera, sino lo que deba.
¿Por qué despide usted á esa anciana\&gt;
-Por ladrona.
-¡Imposible! ¡Ella robar! ¿Qué
es lo que ha robado"?
-Cinco duros en oro de ese cajón.
-¿Y nada más?
-Nada más.
-¿Es la primera. vez?
-La primera, que yo sepa, en
cuarenta años.
- Pero ¿no me tiene usted dicho,
señora., que nunca ha cobrado su
salario entero, y que le guarda usted casi un capital? ¡Cómo se com•
pt·ende entonces! ....
-No se ven!la usted con argumentos especiosos, señor cura, está
confesa y convicta.

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo 'fttban.

El sacerdote se dirigió en ademán
interrogante á la pobre vieja, que
de rodillas y anegada en llanto se
asía á los vestidos de su señora, y
la oyó expresar confusamente estas
palabras:
-¡Tiene razón, tiene razón!
-Pues ahora- dijo el cura revistiéndose de ese carácter que empleaba en casos difíciles-ya no me conformo con lo que aquí se ha hablado; necesito explicaciones concretas. ¡Ya. no soy amigo, no soy clérigo; soy juez!
La viuda del mayorazgo, sobrecogida por tan severa actitud, se
prestó á referir lo que había ocurrido.
Aquella •vieja estúpida tenía un
nieto á quien había dado en amar
como si el muy bribón se lo mereciese. Todas las cantidades que deducía de sus ahorros eran para el
nieto, el cual se hizo haragán, pendenciero, vicioso y endemoniado.
En tal situación le tocó la quinta,
y aun quería la abuela gastar seis
mil reales en redimirle la suerte;
pero la señora se opuso, negándole
el dinero. Consideraba ella preferible que lo domaran en el se1·vicio
del Rey, y, si esto se conseguía, á
la vuelta encontraba un capital para hacerse hombre. ¡Los disgustos
que le proporcionó el mozo mientras tanto! Llegó la hora de entrar
en caja, y el quinto exigió con malos
modos cinco duros para el viaje.
La señora l&lt;Js negó también, porque
temía que se gastaran en la taberna y se le declarase prófugo. Había
que dejarlo irá palo seco. La vieja lloró mucho: ¡era naturall Lo
que no lo era tanto es que con abuso de confianza sustrajese del cajón
de una cómoda, que sólo ella podía
abrir, la moneda de oro que le entregó al nieto.
Concluido el relato que se extrae•
ta, el cura condujo á la señor a á un
gabinete próximo, cuya puerta cerró, y con tono solemne dijo:
-Hay que perdona.r á esa mujer.

-¡Perdonarla!
--Sí, perdonarla. ¿Me tiene usted
por ho.nbre honrado"?
~Como no hay otro.
-¿Me considera usted capaz d
,una acción semejante?
e
-Primet:o dudaría de mí propia,
;-Pues bien, señor a, yo llevo conm1_¡l"O na_ torcedor queme amarga 1
existencia.
a
- ¿Cuál?
-Una vez me encontraba en tan
gra~de apuro de di_nero, que saqué
mecha oo~a del ceptllo de las &lt;Animas benditas.&gt;
JOSÉ DE CASTRO y

SERRANO,

CANTARES.
Hay quien se empeña en querer
y en vez de querer olvida,
¡yo me empeñé en olvidarte
y te amo más cada día!
A todos lados se inclina
esa flor que besa el viento,
¡es mudable como tú,
igual que tus pensamientos!
N. D. DE ESCOBAR.

México, D. F., julio 30.-El
Doctor Urrutia, Médico Cirujano
de la Escuela Práctica y dela Escuela de 1\Iedicina de México, ha
firmado lo siguiente:
«La Eruulsi6n que lleva el nom•
bre de Scott ( únicamente preparada por los Sres. Scott y Bowne)
es una preparación que llena los
requisitos de la ciencia, y á laque
deben la vi&lt;la muchos de los en•
fermos de mi clientela. »

;· ·······..........................

"S~!.t;,!!,:,,.~A~!!~•.~~!A ii
San Fr11nri,r.n v:n11 ,lng~leR

.

-~

!

- lit¡

♦

Los bienes fueron valuados
en $125,000

i

La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua"
Companía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Hace pocos dlas que se practico la
apertura del testamento del llnstrlsl·
mo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago, Illinols.
La fortuna d'el distinguido prelado 1111cendlO A cerca de $125,000 oro ame•
rlcano; y segQn el Inventarlo que se ba
publicado, loe bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pOllzas de • 'La Mutua.' • Compa!Ua de
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,1,00
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pOllzas ll,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . • . . . . . 37,000 oro.
Entre las disposiciones del selior Arzobispo, en su testa.mento, se blcleron
sta.s:
A su hermana, seilorlta Kate Feehan,
que estuvo alempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,00U
oro .:e una de las pólizas de seguro;
A la sellora Ana A. Feeha.n, viuda del
sellor doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del eellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pOllzas, y $5,000 oro en
efectivo; a. la Academia de Mn Patrl·
clo •e Chlcago, dé la que es preceptora
en hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1\ltlma póliza; A 111
escuela • 'Santa Marta·' de enseñanza
prll.ctlca para varones, de Feehanvllle,
llllnols, que era 111. lnstltucl6n por la
que mú ee Interesaba el sMor l rzoblspo, se entre¡raron los $4,000 resta•J·
. . la Qltlma p6llsa.

2.-T raje de paseo.
1.-Trajes de casa y visita,

El tertamen de modas.

1
♦

tie re:;ervan l;allia&lt;I eu (Jarro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Com'.)dores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San F,.anol•oo, Núm. B, Nléxloo,

a. 11-.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

La gran Exposición de Modas de
San Petersburgo, se ha transferido
para el mes de ener? del_ 3:ño entrante, según regia d1sposic1ón_ de
la Czarina. Parece ser que la real
orden ha traído algunos tt·astornos
para los exposito res, que habían ya
desembolsado buenas sumas para
la confección de prendas femenin~s.
Sea lo que fuere, la orden supert0r
es terminante, y de nada habrán de
servir las protestas que se levanten,
pues lo ordenado, ordena~o está Y
nadie habrá de contraventrlo.
Aunque no ha habido ~xpli&lt;:a~iones aclaratorias de la dtsposic1ón,
todo hace suponer que ésta obedece
á los empeiios de una encumbrada
Duquesa de la Corte rusa. Esta no·
ble, según las malas lenguas, está

en combinación con uno de los principales talleres moscovitas. de modas v como la Duquesa priva con
su ;o·beran a, consiguió ~e ésta que
la Exposición se transfiriera hasta
que el taller termine su co~ting".nte,
un contingente soberano, r1quísuno,
elegante, abrumador ....
¡Ah! Las finanzas no. se divor0;ian
ni de aquello que pudtera C?~side•
rar se como mer amente esp1ntual.
La evolución civilizadora de la humunidad es uoa vorágine en cuy a
sima cae todo lo que de alguna manera preocupa á los hombt·es. Y
cumo las finanzas ocupan lugar
principalísimo en esta&amp; preocupaciones, na.da tiene de raro que 18:s
finanzas evolucionen á p~sos gigantescos y arrastren co~sigo todo
aquello que jamás h8: tenido ~arácter comercial. No quiere decir esto

que las exposiciones dejen de ser
eminentemente comerciales; per o sí
bncemos constar que hace algunos
años. cuanéto en las cortes europeas
se han celebrado conrursos de modas femeninas. las utilidades pecuniarias ocupaban un lugar secundario, pues lo principal era dar á
conocer al mundo elegante las poderosas facultades de la inventiva.
Como el plazo se alarga para la
Exposición de Sa.n Petersburgo,
puede y debe suponerse que el Certamen resultará má~ brillante, pues
sus elementos se mnltiplicará~, .Y el
contingente de los talleres parisienses alemanes, italianos, ingleses,
etc.' se ha.rá pasar por el crisol de
la ~ás severa crítica, para qne alcance un grado irreprochable de
perfección.
Pronto veréis en estas páginas,

lectoras roías, los modelos que ha_n
sido aprobados y que, po~ co~stguiente, ocuparán l ue-ar di stmgu1do
en la Exposición. H_a1;&gt;rá de todo :
trajes de paseo, de vi_s1ta, de casa,
de reunión, de recepc1ón, de katro,
de sport, de dueloi sombreros para
niñas, para sefi:0r1tas, Pª:ª señ_oras · tocas de vrndez, matmés, llstoo~s, guantes, calzado, joyas, etc.,
etc. En una palabra, el Certamen
será tan vaisto, abarcará tanto Y
tao to, que difícilmente habrá perso:
na que en su guard_arr?Pª cuente Dl
siquiera con la v1gés1ma parte de
Jo que en San Petersburgo habrá de
presentarse. Se cabulan en más de
dos mil las prendas de ropa que
habrán de exhibirse, aparte de las
cpetites choses&gt; 9u1: n~ debe';! mencionarse por su msigmficancia.
Pronto estarán en mi poder esos

�Domingo G de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

r:om::i:;o G de Sep-,iembre de 1903-

===

EL MUNDO ILUSTRADO

modelos y en seguida. los da.remos :í.
conQCer en estas páginas, para complacencia. de nuestra.s lectoras, pues
creo que todas pasaréis un agrada.·
ble rato con examinarlos minuciosamente, estudiarlos con detenimiento, y formar un juicio exacto
de la. evolución que sufrirá. con ese
Certamen la indumentaria femenina..
MARÍA LUISA.

SACRIFICIO
La luz de la. tarde agoniza, penetrando por la estancia de una humilde buhardilla. Sobre duro jer•
gón de mal espa.rto se ve sentada.
una. mujer que oprime contra su
pecho un niño famélico, como si
quisiera con el calor de su seno
apagar el hambre devoradora. que
sentía a.quella. criatura., que de vez
en cuando levantaba. su dora.da cabecita., y fijando su vista. en la ele
su llorosa. madre, se escapaba.o de
sus labios secos y amoratados por
la. neceslda.d, estas terribles palabras: ¡pe.o .... ! ¡quiero pan .... !
Entretanto, y en otro rincón de
aquelh~ desta.rtalada. estancia, un
a.nciano, postrado sobre unos i·estos de sucio colchón, presa de terrible fi-'bre que le martiri,:a, lucha.
entre la vida y la muerte. pidiendo
en sus constantes delirios ser arrebatado ya. de este inundo, para,ter·
minar con su vida las penas y sufrimientos que tenían postrado su
cuerpo y rendida su alma.
Por último, y como marco de aquel'
terrible y doloroso cuadro, un pÓbre hombre, 'joven aún, pues apen:i.s
cuenta veintiséis años, vestido con
el humilde tt-aje de los hijos del trabajo, cubriendo con las mn.nos su
dema.:rado rostro y como no queriendo presenciar el desenlac• de
aquel terrible drama, llora ama.r·
ge.mente, rogando unas veces y maldiciecdo otras, mientras que por su
calenturienta imaginación cruzaban
distintas y encontradas ide:i.s que le
tienen petrificado en el dintel de la
pequeña pue1·ta que daba entrada á.
aquella pequeña sucursal del Purgatorio. ¡Y cómo no llorar! ¡Y &lt;'Ó·
mo no jurar! ¡ Si hacía veintiocho
horas que no había entrado un pedazo de pan en aquella estancia!
¡Si eran su esposa, su hijo y su pe.-

4.-Traje de casa.

ii

ü

1

1
it

u

dr!' los quP desfallecían de hambre
y de miseria!
El era el único amparo y sostén
de su familia: bacía un mes que se
encontraba sin trabajo; en vano recurría. á quien podía proporcionárselo, y irastados ya los pequeños
ahorros, fruto ele ~us privaciones,
en la enfermedacl de su padre y en
1as perPntorias necesidades de aquel
bumildísimo hogar, recurrió al último extremo, il' empeñando las ¡,ocas
y pobres ropas que tenían, habiendo llevado al usurero el día anterior
1as últimas y más preciadas prendas para ellos. Pero aquello también se acabó, y al pobre Juan, que
así se llamaba aquel desgraciado,
no le quedaba más que un recurso:
llamar de puerta en puerta, implorando la caridad pública para encontrar un pedazo de pan con que
mitil!'ar siquiera el hambre que sentían los cuatro. Lo pensó, y así lo
bizo.
-Espera le dijo á su mujer,oue pronto vnelvo. - Y abrazando
á su bijo:- Ahora te traeré panbalbuceó á su oído, mientras por
sus mejillas corrían abundantes lágrimas.
Y dirigiendo una lastimera mirada á. su padre, bajó, mejor dicho,
rodó a ,uellas escaleras, y tambaleándose recorrió I as aceras de la
ciudad, implorando una limosna
por amor de Dios.
Maquinalmente tal vez, ó por pedantería quizás, todo, menos por
caridad, un gomoso de esos que á
la caída de la tarde abundan en las
grandes capitales, alar,:ró dos monedas de diez céntimos áJuan, quien
se apresuró á.comprarua panecillo,
y ávido de llevarlo á su case, subió
volando aquellas pesadas escaleras
que poco antes bajara con el alma
angustiada. Porel caminnhabíaya
h echo el i·eparto; así es que alargo.o.

do un, pedaz_o á María sn espo~a,
oLro _l~ su h1Jo, se acercó á su ¡,udri
y m11tan11u et trozo que le curres~
¡,o.,día tu un 1wquPi1O perolito de
agua t t'mplada, porque ni cui Lón
t·osta?a y a para hacel'la hervit• le,·uuto la cul&gt;eza. ctel anciano, q~ien
ea un abnr y cei·rnr de ojos devoró
lo que ??u t,~nt1Holicituu le presentó bU h1¡0. ¡ ral era el hamlJt e que
sentía! Al poco rato un sueilo, al
pan ce~ reparador, engailaba aquel
1:mfe1·1111zo cuerpo.
-¡,Y tú no comes_, Juan mío'?-Je
preguntó María, viendo que su esposo gua,·daba en el bolsillo el último testo del panecillo.
Acrcó~e Juan á su esposa, y sea•~odose· sobre el duro esparto, Ja
dtJO muy quedo, pa1·a que no pudier,~ u.percibirse E:l viejo por si des¡,ertaba:
- Tengo un hambre de veintiocho
borns como la teníais vosot1·os hace poco; pero ya lo sabes, mi padre
IJSLIÍ. allí, y más falta le hace á él·
quiero cumplir hasta el fin con ei
sagrado deber de un hijo, y mienti-u.s yo pueda, mi padre no morirá
de hambre.
-l'uro morirá él y mol'iremos todos llObOtl'OS - replicó Marí11 mientras no hagas lo que tehedi~ho
huce y a mús de quince días, mientras no cojas á tu padre y lo conduzcas al Asilo.
-¡;\laría, por Dios!-dijo Juan,no me tortures más de esa manera·
y~ se apiadu.rá D_ios de nosotros;
mira, mañana. mismo comienzo á
ganur nuevo jornal¡ ya te be dicho
que lle encontrado trabajo, y, mal
que I.Jien, p&lt;.,dremos seguir tiranrto,
y creo que ya. no llegue otro día como el de hoy.
-Desengáñate, Juan, desengáilate; trnbajarlí.s mañana y te matarás
trabajando una semana, un mes,
seis. y siempre esta.rewos lo mismo:
la. nliberia uo S.3 apa1·tará nunca de
los umbrales de nuestra pobre mo1·ada1 porque tu jol'Dal escuo no
basta para atenderá la curación de
tu padi·e. Piensa que tu.mbién tienes
un hijo, y con él, contraído el deber
ue munLtoerlo, y no dejai·le perecer
dehambrecomohoy, porque,ya ves,
este íu1gd está más muei·to que vivo. Y todo por no hacerme caso,
Lodo por no llevará tu padre al
Asilo, doude estará mejor cuidado,
, onde no le ra.ltarán los alimentos,
donde ....

á Juan de su letargo, y cuando éste
se disponía á darle el mendrugo
que guardaba para sí, oyó la temblorosa voz de su padre que decía:
-Juan, hijo mío, ¡,dónde estií.s?
¿No tienes una sopita?
.
Y partiendo en dos su ración,
puso en las manecit&amp;s de su hijo un
pedazo, mienti·as que el otro lo volvió á. migar para darlo, como_ la
ración anterior, á su padre, quien
al tomar los primeros bocados, prorrumpió en amargos sollozos. , .
-¿Qué tenéis? ¿Por qué llorais,
padre rnío?-le di¡o Juan besánd~le en la frente y juntando sus lágri·
mas á. 1as del t~nciano.
-Porque be tenido un sueño horrible, ó delirio, no lo sé-repuso
el viejo,-pero te veía acompañado
de cuatro hombres que conducían
uoa. camilla pat·a llevu.rme al Asilo,
porque, cansado ya de mí, me abandonaste, y yo buscaba tu cariño...
tus cuidados .... pero en vano.
-;Padre mío!
-Espera, no me interrumpas; allí
en aquel asilo, falto de tus consue•
los para mayor castigo pa-,é much~s años no recuei•do el número,
y una d~ aquellas intermina.bl&lt;•s
noches vi que ocupaba la. cu~a al
lado de la. mía, un bombrE ¡oven
aún. Al amanecer aquel nuev~ día,
reconocí aquel compuiie,·o de_rnfoi·tunio. ¡ Era mi Juan! ¡e,·as tu, h1Jo
de mi alma!, lÍ. quien _habín co_adu•
citlo la noche anterior tu mism!)
hijo imitando lo que años auws hicist~ tú conmigo! ¿Sería aquello
una terrihle herencia que queual.Ja
de padi·es á hijos':' Nv puede ser,
porque no pued~ se~ ~ampoco que
aquel Juan de m1 deltrio fuei·as tú ,
¿ verdad hijo mío':'...... ¿Pet·o, por
qué lloras':' ¿,Por qué no me cont.estas·? ¿Por quó no me dices que todv
ha sido un sueño':'
Por toda contestación, Jua.n abrazó á su padre con tal fuenr.a, con
tal frenesí, que lo abogó coutra su
seno ca.yenuo ambas cabezas despJo0::ado.s sobre la sucia almohada,
mientras que en aquel momento be
oía una voz infantil que exclamaba:
-¡Pan! .... ¡Papá! .... ¡Mamá!...
¡Quiero más pan!
·

1

'

··· ····· ·········

Al día siguiente el Ju1.gado levantaba los cadáveres del anciano Y de
Juan, mientras que á. la puerta esperaba un coche celular para conducirá un manicomio á la pobre
María, á quien á duras_ penas pudieron arrancarle el mño, que de
paso dejaron los agentes de ~a. autoridad en la Inclusa, Hotel rnfan-

?.-Vestido de reunión.

6.-Traje de casa.

.

.

-

:»:?::~
/

5.-Vestido de paseo

-Buscará en vano el cariilo de
su hijo- le replicó Juan,-y al vei·
que no le encuentra á _su.lado, ~orirá de pena y de sentimient-0 vien·
do que yo le he abandonado en ~l
lecho de un Asilo, cuando ya s~ vi•
da se acaba, cuando más falta tiene
de mí, que no me be separado de él
un solo instante. No, María, perdóname. Sería un grandísimo remordimiento para mí.
..
-Pues, haz lo que quieras-d1¡O
entonces María;-pero yo_ tampoco
puedo consentir que sacrifiques la
vida de tu hijo por la de tu padre;
cuida.le enhorabuena, recoge su
posti·er suspiro, que no otra cosa
ya creo que puedas hacer por él, Y
perdóname que yo sea la q_ue -~usque en el Asilo pan para mi b1¡0 y
alimento para mí, que ya no puedo
más!_ y pretendiendo incorporarse le faltaron las fuerzas, cayendo
de'splomada. sobre el jergón, pr:esa
de uno de esos ataques que se sien·
ten por desfallecimiento, cuando el
estómago está vacío y la cabeza de·
jade funcionar.
Juan se sentía desfallecer por momentos contemplando el horroroso
cuadro' que á su vista se pre~eutaba luchando en su alma el dilema
bo~rible de mandar á su padre al
Asilo á terminar sus días, porque
los cuidados que su enfi:rmedad i·equería le robaban el tiempo para
ganar el mísero jornal, q~e no baJ'
taba á cubrir las nect&gt;s1dades e
todos ó dejar al anciano lanzar el
últim~ suspiro en sus brazos,. ex•
puesto ñ. que su hijo su~umbiera
también por falta ue alimento Y
cuidados.
-¡Pan!. ... ¡papá, da.me panlbalbuceó el pequell:o, despertando

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9.-Miltin6e con eneajea,
s .-Manteleta abrigo de paaeo,

�Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

.¡

til de los hijos del crimen y del infortunio; en una palabra, de los
desheredados de los hombres.
J. CRUZ RIVERA.

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

&gt; -:~

LA CIGAB.B.A.
En los campos andaluces
que embelesaron mi infancia,
me enseñó desde pequeño
á cantar una cigarra.
Abierta a.l sol y á los ruidos
como una esponja mi alma,
bebió por sus lindos &lt;poros&gt;
cuanto en la tierra se guarda.
Sentí músico mi oído,
&lt;gustó&gt; el color mi mirada,
y en las líneas de las rocas
adiviné las estatuas.
Mi espíritu confundido
con mares, cielos y plantas,
llegué á dudar si yo fuera.
trozo de cuantv miraba.
Pájaro en medio del viento,
burbuja. en medio del agua,
molécula. en dura. piedra,
botón abierto en la rama,
era. mi ser todo á un tiempo,
y de un r11cirno colgada.,
una. cigarra ardorosa.
me decía: «¡canta., canta!&gt;

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nu«tros grabados.

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L._......... ······

10.-Ropa interior y blusa para casa.

Cantar? cómo? con qué cuerdas?
Entre las trémulas callas,
del viento gárrulo oyf'ndo
las melodiosas palabras,
y viendo rodar del río
el tropel de ondas perladas,
preguntaba tembloroso:
¡cantar! ¿y cómo se canta.?
Dondequj.t'ra, en torno mío,
bella canción preludiaban,
desde la tromba en el roble
hasta el insecto en la mata.
Opera para mí solo
era la tie1·ra acordada.,
y yo estaba en la gran fiesta
sin voz, sin nota y sin arpa.
Y entre el sonoro concierto,
desde el verdor de una parra.,
la cigarra abrasadora
me decía: «¡canta, canta!&gt;,

á oír su bella. palabra.
Los dáctilos de Virgilio
con voz ardiente declama,
y sudan de las estrofas
miel y resinas preciadas.
A Anacrl!onte interpreta.
y recita. sus estancias,
que llevi.n el sol heleno
y zumo de verdes pámpanas.
Tiene la sa.l&gt;ia. doctora
en una cepa su cátedra.,
en una cepa de Chipre
en andaluza injertada.
Y desde el claro racimo,
siempre redobla. mis ansias
con sus ardientes canciones
diciéndome: &lt;¡canta, canta!&gt;

Desde entonces me alecciono
ue mi &lt;maestra&gt; en las &lt;aulas,&gt;
y acudo en las rojas siestas

Versada. en letras !atinas,
las griegas entiende y habla,
y en la gran Naiuraleza
tiene su templo y su ara.
Yo la sigo en la vendimia

tras de las cestas colma.das,
qne en los pe.seros se tienden,
donde el calor las abrasa.
Yo sorprendo lo que dice
á los nidos en las ramas,
á la hormiga en su granero
y á la abeja entre la.s matas.
Cuando á. la tierra desciende
el sol en olas de llamas,
«¡fermentad!&gt; á. las bocegas
dice con voz abrasada.
Los sarmientos se retu&lt; rJen
al ronco son de su arpa,
y yo entretanto la escucho
que me dice: «¡canta, cantal&gt;

Con ella canto, y entiendo
el ritmo de su pentágrama;
ella es la. encendida. musa
que bal'la. en sol mis estancias.
Artista. que el arte adora.,
por la belleza se afana,
y las cuerdas de su lira
á ningún interés ata.
El gran crisol donde hierven
vidas de seres y plantas,
Na tu raleza. creadora,
es el portento á quien ama.
El fuego engendró su cuerpo
en una espig-a dorada,
y por lo ardiente parece
sol que en estío se cuaja.
Nunca se rompan tus élitros,
artista sublime y sabia,
y al son del arpa. que toco
¡canta tu música, canta!
SALVADOR RUEDA.

**
Tomad la. hija.*de
una buena ma-

dre, si queréis buena esposa.

Núm. l. :_Trajes de casa y visita.,
estilo reforma, co?feccionados, el
primero con tela hgera, color claro, y el segundo con tela más ~onsistente color oscuro. En el primero luce~ como únicos adornos pe·
queñas aplicaciones de_ cinta color
neuro ribeteados con crnta. muy a.ngo~ta,' de un col~r más cla1·0. Lo_s
pliegues del traJe parten de la mitad del corpido y llegan hasta cerca de la parte inferior de 19: f~ld9:,
desde donde el vestido contmua. h·
so. Un cuellohombre1·as de peque·
ñas d11nensiones cubre la parte ~uperior del corpiño,y las mangas, de
es,ilo moderno, se hacen tenn1uar
por angostos ¡,uños.
El segundo traJe, también de estilo reforma, no presenta en su confección novedades dignas de a.no
ta.rse.
.
Núm. 2.-Elegante traJe de paseo de estilo enteramente moderno
y n~table por su elegancia y bueu
gusto. Trajes como éste pl'lvan en
1as grandes poblaciones euro¡&gt;eas
y son apreciadísimos por las damas portadoras d~I chic y del bue_n
tono. La confección de esoo vest~do aun cuando no es muy compl1·
cada, requierl'I estricta aLt&gt;oción pa.·
raque eu todos sus detalles sa1ga
semeJante al modelo. En las mangas, particularmente, deb? por,e~·se
gran cuidauo para. que caigan bien
y no formen pliegue~ de ~al gusto
que alterarían la umforrn1dad. He·
corn..ndamos á nuestras lectoras este traje.
.;

Núm. 3.-Traje de calle, estilo
sastre, propio para sel'loritas. La
blusa cerrada enteramente y con
un lig~ro entable en la cintura, lleva
dos grandes solapas que en la parte superior se abren á manera de
cuellobornbreras. Las mangas, de
estilo japonés, luc_en ~n pequeña
adorno en su parte rnfer1or, forma.do con cinta ma1·avillosa é igual á
la que constituye los adornos d~I
cuello. La falda es enteramente h
sa, y lleva. por únicos ~do~nos, en
su parte inferior, aplicaciones d_e
cinta formando rectángulos obhcuos de lados salientes. El conjunto de este vestido es muy agradable y constituye una verdadera novedad.
ESPERANZA.

Traj.alto1 lnf1ntllN,

que me inspiró ese caril'I~ .
que es tan súbito en un v1eJO.
-Hola., ¿tú eres el pastor? ?
-Sí señor; ¿y qué se ofrece.
'
-¿Tienes
pa.d res..,
-No, ~el'lor._;
_•Cuántos años tienes•
e,
·Trece!
1
•
?
-¡.Y cuánto ganas, amigo.
-Un duro.
-¿Al día?
-¡Anda, ma.ño!
- ·Un duro alrnes?
e,
-¡Que no, digo!
Un duro «al año!&gt;
II

Le dejé que se marchara.
y en el monte me senté,

UN DURO AL AÑO
I
Monte arriba, cara al viento,
buscando reposo y calma,
íbarne yo muy contento
dándole descanso al alma;
y cuando á lo alto llegu~,
y al dar la vuelta á la.cima,
un rebaño me encon_tré
que se me venía encima.

Avanzaban las ovejas
.
marchando al paso _tranquilas,
y pasaba.e las pareJas
al sonar de las esqupas;
y á los últimos relleJ_os
de los rayos ve~pertt~os,
las vi perderse á lo l_eJos
por los ásperos camrnos.
Detrás de ellas. lentam~nte,
dando al aire una canción,
y sacando indiferente
su mendrugo del zurr? n,
venía un pastor, U? mño,
un imberbe zagaleJo,

y avergonzado, la. cara.
e~ las manos oculté.
Pasaron por mi memoria
tem¡&gt;los, palacios y re_yes,
los aplausos y la. gloria,
los discursos y las leyes,
los millones del banquero,
1as fiestas del potentado,
réditos del usurero,
ladrones en despoblado,
fortunas mal heredadas
en el tapete perdidas,

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 2, No 10, Septiembre 6</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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          <name>Coverage</name>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Certamen de modas</name>
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