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                  <text>Cárlos Manuel Dnrán.

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'a

~~~

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clientes y que no tiene competidores en el
precio.
Vende sólo á, l o s ' a
comerciantes.
......

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,.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Vicios de nuestro carácter
En esta época por que atravesamos, toda de
lucha por la vida, de selecci6n natural y de
supervivencia del más apto; época feliz en la
que por cada vacante hay cien candidatos, y
mala sea la comparaci6n, para cada hueso hay
cien perros, el talento, la aptitud, el vigor, la
aplicaci6n, son las armas mejores para alcanzar el triunfo, y las sendas más amplias y rectas para llegar á la meta.
Dentro de los regímenes modernos en que
no existen privilegios por ministerio de la ley,
ni posiciones heredada8, ni castas cerradas;
ante la puerta abierta á todos, sin distinci6n
de clases, para llegar á los honores, las riquezas, el prestigio y la posici6n social, sólo el
talento efectivo, el mérito real y la laboriosidad infatigable, son bastantes á hacer salir á.
los hombres de la nada, y á presentarlos engrandecidos y dignificados á la admiración y
al respeto de sus semejantes.
De una manera general así es y así pasa.
La posición, la riqueza 6 el prestigio conquistados son, de cien casos en noventa la
medida del yalor intrínseco moral, intelectual
6 físico, de quien los ha alcanzado, y á juzgar por la regla y no por las excepciones, el
régimen de la libre competencia es el más
equitativo, porque, en definitiva, hace justicia al mérito, y resulta más estimulador
ya que en general alienta y recompensa el es:
fuerzo humano y acrecienta su energía por
medio de una educación intensiva de la actividad inteligente.
La masa de las gentes, entre nosotros, piensa de otro modo, y juzgando de la validez del
principio por el examen de las excepciones que
ofrece; haciendo una estimación defectuosa
de lo que es el verdadero mérito, y creyendo
aunq_ue sin decirlo, que el mérito es uno y n¿
múltiple, ha acabado por invertir los términos y por creer que es precisamente al incapaz á quien sonríe la fortuna, y que es al merecedor á quien vuelve la espalda la veleidosa
divinidad.
Este error tan común nos hace intolerantes
con el sabio, el rico 6 el poderoso injustos
con el paciente y el constante, i~exorables
con el triunfador y envidiosos de todo lo que
brilla, descuella y se impone.
¿Quién en México reconoce dotes virtudes
é inteligrncia al empefiero ó al abarrotero?
Pase reconocerlas en tanto no arriban no prosperan y no nos salpican en las calÍes con el
lodo que huellan sus troncos de caballos· pero una vez enriquecidos á fuerza de labo; de
energía, de habilidad y de audacia merca'ntiles, lo único que sabemos es apellidarlos idiotas, picaros 6 á lo más, afortunados.
Mientras nuestros amigos y conocidos no
llegan á ser diputados, senadores, gobernador~s d_e Estado! altos empleados públicos, capitalistas ó miembros de academias ó sociedades científicas, llevamos nuestra deferencia
basta recoliocerles capacidad honradez ó instrucción; pero no bien sube~ un peldaño de
la escala, levantamos las manos al cielo fingimos escándalo y no cesamos de pregu'ntarnos á qué puede deberse que hombres sin mérito, sin servicios, sin cualidades, ignorantes
como carpas y malos como la peste, progresen, prosperen, se engrand~zcan, en tanto que
otros, verdadera~ente mentoriosos (por hipocresía no nos citamos á nosotros mismos)
permanecen obscuros, ignorados y posterga:
dos.
No tengo idea de que la exaltación de un
hombre sea bien acogida entre nosotros y
contadas son las personas, tal vez en la actualidad no pasen de una, que llegan á convencer á sus conciudadanos, del talento 6 de
los virtudes que las adornan.
Hay, sin embargo, una manera de hacerse
respetar y considerar, y de reconquistar la estima de sus semejantes: venir á menos caer
del pedestal, desprestigiarse 6 fracasar. '
Dentro de la expansibilidad natural de nuestro ca~ácter y dadas cierta generosidad y cierto desmterés que nos son característicos, ¿cómo

EL MUNDO ILUSTRADO

LA CODORNIZ

comprender ese feo vicio nuestro y esa tendencia que tanto desdice del tipo caballeresco
que parece ser nuestro bello ideal moral? ¿CóLlamábase Elena de Naires, y, en plena · .
mo, nosotros, que sentimos nudo en la garventud y en plena belleza, minábala sorda JU
ganta y angustia en el pecho á la noticia del
te la tisis.
menmal ajeno; cómo, nosotros, entusiastas y casi
Los médicos la enviaron al Mediodía
delirantes por todo lo que brilla, descuella y
las primeras heladas, abandonó con su ·'my' ,á
se impone, sentimos tan fácilmente la envido, Rogelio de Naires, que la adoraba su handia y lamentamos tanto el bien de los demás?
' insta.
ermoso mºdo campestre de Av~lles, para
Este vicio es de origen atávico, en parte, y
la~se en Bauheu, en las rnmediaciones d
en parte también de origen educativo. Atávifüa
e
co, sí, del lado andaluz de nuestra ascenden.
El_
cambio
de_
cl~~a
y
la
suavidad
de
ai
cia. Nada hay, en decto, más celoso, más eneJerc1eron al prmcipio una acción saludahl'8
vidioso, más cáustico en la crítica y más sisen el estado de la enferma.
temático en ella, caiga quien cayere, que el
El enamorado esposo estaba encantado
andaluz, que hereda á su vez todos los vicios
bende_cía la mágica influencia de aquella ti y
y todas las gracias de sus antecesores morra milagrosa.
eriscos.
Pero
_El~na
no
se
equivocaba,
pues
su
cruel
Pero la educaci6n ha fortalecido, en lugar
presentimiento le revelaba, sin duda, los ~rde atenuarla, esa propensi6n. La educaci6n,
fidos progresos de la dole1,cia.
la social principalmente, no ha vigorizado en
Con efecto, ~l mal seguía su marcha y connosotros el sentimiento del deber sino el afán
ducía
á la Pª?iente hacia un fatal desenlace,
del aplauso y de la gloria.
'
Sólo Rogeho no notaba la alteración en la
. No sabemos encontrar en la propia conciensalud de _su_ esposa, confiado en el próximo
cia la recompensa de nuestras virtudes y la
restablecumento. Marido y mujer daban larcompensación de nuestros eacrificios. Nos son
gos paseos por los floridos senderos durante
forzosas las aclamaciones, los lauros, los himlos cuales daba el esposo rienda s~elta 6. aua
nos triunfales, las lisonjas de la multitud.
ensueños de esperanzas.
Cuando nos faltan esas compensaciones, nos
Sin embargo, cuando llegaron los calores da
creemos defraudados, burlados, robados. Haabril, 1~ ?ebilidad de Elena se acrecentó de un
bíamos bregado, luchado, vencido, no para
modo visible.
retirarnos á la Cincinato, sino para ser arrasLa infeliz no tenía fuerzas para andar y únitrados como César en el carro triunfal. Tenecarne~te daba vueltas por el jardín, entre lot.l
mos corazón y propensiones de soprano ligera
naranJos, cuya robusta florescencia surgía por
ó de bailarina estrella, vivimos del «bravo »
todas partes con crueles ironías.
del «bis» y de las &lt;(llamadas á la escen~»
En cierta ocasión oyeron Elena y Roge ·
y cobramos en proporción; los ramilletes de
u°: característico canto de ave, tres notas:
la galería son nuestra alfombra· con los lauprimera prolongada, y bre,es las otras dos.
ros de nuestros triunfos hace'mos nuestro
-¿Oyes?, dijo Elena-es el canto de la
lecho de delicias y nuestro pedestal de glodorniz, el mismo que solíamos oír en los
ria, y sentimos envidias histéricas de prima
pos de Avelles.
donna y rencores insaciables de comprimaria
-Sí, contestó Rogelio-el mismo que vol,:
cuando alguien, sea quien fuere, grande ó peveremos á escuchar alli en agosto.
queño, merecedor ó indigno, nos roba una
-No-repusoElena,-porque no podrhol
palmada, un pétalo de flor ó una hoja de
v_er á nuestro castillo. Estoy condenada 6.molaurel.
nr y aquí exhalaré el último suspiro. Lo a6,
Felices los que no saben sentir envidia! Y
porque ayer oí que el médico lo decía al d
de_sgraciados los que la sienten. Hay un sentipedi~se. No lo niegues, porque estaba yo •
miento más grande, más noble y más pródigo
condida tras de una puerta.
en goces íntimos y en felicidad inefable: la
Rogelio trató de protestar contra aque
admiración. Quien no sabe admirar, no puepalabras y cu~rió de besos á su compañera.
de ser feliz ni es digno de vivir.
-Sí-añadió Elena,-me moriré pronto,
te volverás á Avelles, y después de haberm
llorado por espacio de algún tiempo me oM•
darás y te consolarás con otra...... '
-Te juro..... .
-No, Rogelio, ~o m? jures nada. Oye
canto de la codormz baJO los olivos. Cuan
vuelva á cantar en la pr6xima primavera,
no te acordarás de mí.

CRUZANDO LA BARRA
(DE LORD TENNYSON)

Declina el sol bajo la gris techumbre
Donde la estrella de la tarde brilla
La voz del hado sin piedad me no~bral
Quizá silencie su gemir la orilla
·
Cuando la deje por el mar de sombra.
Mas la corriente dormitar parece
Cuando susurra el viento vagabundo
Sobre la espuma que la linfa adorna
Y la ola del piélago profundo
'
Su origen busca y al misterio torna.
Un crepúsculo gélido y brumoso
Y los sones del viejo campanario
Luego el espacio de tinieblas vist~I
Quizá cuando me embarque solita~io
No haya un adiós apasionado y trist~.
Y s~ mis Tiempos y Lugares dejo
A los impulsos de tenaz corriente
Espero ver al Celesti'l.l Piloto
'
Cuando la barra lóbrega y silente
Cruce y me aleje por el mar ignoto.
JUAN

E. ARCIA.

Domingo 4 de Odubl'e de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

so, del mismo modo que
vuelve á encender una antorcha mal apagada agitándola al aire.

lo~ países que us~n plata y los que tienen pat1 on ?ro, y estudiar los medios de dar fijeza al
cambio entre unos y otros. Se tn,.tó también
de la conveniencia de dotar á China de una
moneda de valor estable.
.
Según se _ve en el informe que rindieron y
q~e. ha pubhcado &lt;cEl ~:1_undo» diario, los comisionados_fueron recibidos muy bien por todos l?s gobiernos de Europa, y el éxito de sus
trabaJOS fué bastante satisfactorio.

*
¡Ah! el hombre, ser il6gico, inconsistente y complicado, es tan impotente
para prolongar su dolor come para prolongar su placer!
El río de la vida, donde
todo se sumerge, se aniquila y se pierde, arrastra con
la misma velocidad en su
corriente nuestros esfuerzos
y nuestrasdebilidades,nuestros goces y nuestros sufrimientos.
Al año Biguiente en el
mes de abril, en el 'camino
que conduce de Beaulieu á
San Juan, paseábase Roge•
lío, llevando del brazo á
una preciosa rubia, hermosa y elegante, cuyos ojos garzos le provocaban la adorable embriaguez del amor naciente.
:Mientras Rogelio, consagrado exclusivamente á
las delicias del momento actual, no se acordaba ya de
la pobre muerta, oy6 de
nuevo el canto de la codorniz, ese llamamiente al amor
que las aves de paso lanzan
periódicamente al espacio.
.,Rogelio se detuvo y sintio un escalofrío que lo hizo e~tremecer de pies á cabeza. Parecíale ver
surgir ante sus ojos el fantasma de Elena
murm_urándole con triste voz: «¡Acuérdate:
Rogeho; ac0:érdate de tus palabras!»
-¿Qué tienes?-preguntó la rubia á su
amante.-¿En qué piensas?
-Nada, hermosa mía- le contestó· -la
brusca traslación del sol á la sombra ~e ha
producido una sensaci6n de frío .. ...... .
Habíase realizado la predicción de Elena·
habíase consumad.? el cri;11en del olvido, y eÍ
canto de la codorniz llevabase consigo á través de los olivares, el juramento hecho á la
muerta.

ta Batalla de flores
En los flancos, jardines y marina
Y por ~l centro, heraldos y tambore~
precediendo al ejército de flores
'
que combate en la gloria vespertina.
Nardo Y hortensia, dalia y clavellina
lan_zan el proyectil de sus colores,
Y tien~e, entre los múltiples fulgores,
su ~o~icroma red la serpentina.
Lmos humanos pasan en carruajes
con pétalos y aromas en los trajes
las reinas siendo en la floral bataÚa.
Y entre tantas, triunfante cual ning~na
la del negr? mirar suspira y calla
'
en el boscaJe azul de la tribuna·
naciéndole en el rostro, que arr~bola,
como en campo de armiño, una amapola.
MANUEL

1903.

PICHARDO.

Sr. Enrique C. Creel.

ANDRÉS THEURIET.

Sr. Luis Camacho.

El señor Senador Don Jtgustin del Rio

*
. ,Según su propio pre.sentimiento, Elena m
no_ en su qumta del Mediodía, y Rogelio, h
chido de dolor, regres6 á Avelles acom
fiando el cadáver de su esposa qu'e fué en
rrado en el jardín del castill¿_
Durante los primeros meses que se sucedi
ron, el pobre viudo no sali6 de las ce
de su casa, consagrado exclusivamente al
cuerdo de la que fué su amil.dísima conso
. La soledad en que vivía le era tan n
ria como dolorosa.
. Sentía la nostalgia de las caricias de o
tiempos, y la al~gría de los campos despe
en él una necesidad de amar que casi llega
á avergonzarle.
Hallábase una tarde de agosto asomado
una ventana, cuando de pronto oyó en los
brados ~as tres notas de la codorniz; y aq
llamamiento de las aves de paso le obligb
reconcentrarse en sí mismo
'
. ~xaminóse escrupulosa~ente y se sorp
dio del sesgo que en algunas semanas bab
tomado sus ideas.
.
. Avergonzado de las preocupaciones que
distraían de sus pen~s, comprendió que la
ledad es mala conseJera y resolvió viajar.
Esperaba que el movimiento evivaría sud
lor, conservándolo así más puro y roís in

s.

Sr. Eduar1lo Meade.

ta tomtsión monetaria
Publicamos en este número
l?s retratos de los Sres. D. Enrique C. Cree!, D. Luis Camacho Y D. Eduardo Meade
.
qmenes,
como saben nuestros'
lectore~, fueron enviados por
el Gobierno mexicano á Europa, á una comisión especial.
Los mencionados caballeros
competentes todos en asunto;
de finanzas, se unieron á una
comisión de los Estados Unidos, para recorrer las capitales
de Europa y conferenciar con
los comisionados de cada uno
de los gobiernos interesados en
el comercio de Oriente.
El objeto de esta misi6n fué
e_n general, el de poner de re~
lleve ante los gobiernos europeos, la desventaja que para
tod?s ~os países tiene la gran
oscilac16n en los cambios entre

Vfo_ti~a de una antigua enfermedad de·ó
de existir el día 25 por la mañana en '
J
b bºta ., d 1
,
su casa
a i c10n e a Avenida de Bucareli, el señor
Senador
d
t DonhAgustfo
- del Río, cabal!ero que
. uran e mue os anos desempeñó cargos m
importantes en la Administración pública uy
que contaba en la buena
sociedad
mex·icana
' y
.
.
con mue.h a_s Y merecidas simpatías.
La noticia de la muertt&gt; del señor del R{
cau~ó en México, por lo tanto, una impresió~
muJ _doloroea. Su casa se vió visitada
multitud de personas distinguidas que se a pr~~
suraron á hace~ P!esentes á la familia dei finado sus sen!imientos de condolencia ' el
lecho mortuorio, c?locado eñ la capilla a~d1ente, quedó, en un mstante, casi cubierto o
las c~ronas depositadas ante él por los d
r
Y amigos del señor del Río.
eu os
Los,funerales se efectuaron el día 26 en el
Paateon d~ Dolores, concurriendo al acto l
se~~r Presidente de la República, los señor:"
.
~
)Mimstros de Gobernaci6n y Comun·icaciones
os representantes de las Cámaras Legislativa~
~!~brados para ello, y numerosos partícula-

a

Al morir, el señor del Río desempeñaba el
cargo de Tesorero del Congreso General.

�-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

memorativas que el Ministerio de F?mento
francés acordó distribuir entre los Jurados
de los distinlos grupos en que estuvo dividido el certamen.
El total de recompensas que alcanzó nuestro país en la Exposición, asciende á 1,092
premios, cantidad que se descompone como
sigue: 34 grandes premios, 115 medallas de
oro, 243 medallas de plata, 343 medallas de
bronce y 357 menciones honoríficas.
El grupo que obtuvo mayor número de premios, fué el de Agricultura. Las recompensas
otorgadas ascienden á 210, contándose entre

SOLEMNE DISTBIBUCION DE PBEIIIOS
EL TEATRO ARBEU

Hoy por la mañana, según está anunciado,
se efectuará en el Teatro Arbeu la solemne
distribución de premios entre los expositores
de los Estados, Distrito Federal y Territorios
de la República que concurrieron al gran certamen internacional de París de 1900.
El loeal, recientemente reparado y decorado, no lucirá en este día ningún adomo especial; pues se ha creído, y con razón, que cual-

En el camino, cerca de un estanque
,
t h b
, Be encont ro con ~ ro om re que también lloraba.
Le pregunto qué tenía.
El hombre refirió que se le había enea
do de llevar á la ciudad un saco lleno de rga.
que se había dormido cerca del estanqu:ro,
que, durante su suefio, el saco había caídoJ
agua.
Entonces, el mujik le preguntó por qué no
se echaba á nado para buscar su oro.
-Me asusta el agua- contestó el hombre.
No sé nadar. Daría con gusto veinte pie7.a1
de oro al que me sal)ara lo caído.
El mujik pareció alegrarse· pensó:
.-Dio~ quiere resarcirme 'de la pérdida de
mis bestias.
Se desnudó y entró en el estanque; nohall6
nada.
Cua1:1do salió del agua, su ropa había deeaparec1do.
Aquel hombre, que era el otro ladrón habíasela robado.
'
LEÓN TOLSTOY.

En

ti

Jardin.

Con el cauto terror de un bandolero
adelanto á la luz de las estrellas
'
por un vergel de plantas las más bellas
pisando leve el cándido sendero.
'
A rastras, escondido entre el romero
en las zarzas dejando de mi huellas '
arribo hasta las tapias, ¡ay! aquella~
donde mi amor reside prisionero.

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\ll\bn UI' 111 1-0,11 ,·10

Trepo después allí, desesperado,
por la abrupta muralla, en ansia loca
mudo, trémulo, ardiente, ensangrent¡do;
No bien mi mano la ventana toca
cuando siento el ambiente perfumado
de la estancia ¡y el beso de tu boca!
EDMUNDO DE .uncrs.
Exposición de Parts.- Los diplomas.

quier compostura, por insignificante que fuera, bastaría para que el público no se formara
idea completa de las importantes obras que
se han llevado á cabo para hacer de ese teatro
uno de los mejores y más bien acondicionados
de la capital. Dejando para otra vez la descripción detallada de esas obras, sólo diremos
que, tanto en el patio y en los palcos, como en
el escenario, se ha operado una verdadera
transformación, haciéndolos mucho más cómodos y elegantes. Los que conocieron el antiguo salón, no podrán menos que sorprenderse al ver el estado en que ahora se encuentra.
En cuanto á la fiesta que va á celebrarse es1

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Placas

conmemorativas.- Anverso y reverso.

ta mañana y que presidirá el Primer Magistrado de la Nación, el programa se compone
de un discurso y una poesía, encomendados
respectivamente á los señores Amado Nervo y
Luis G. Urbina, y de algunos números de música cuyo desempeño estará á cargo de la orquesta del Conservatorio. La aplaudida artista Amalia da Roma cantará un vals de Arditi.
En este número publicamos fotografías de
los diplomas y medallas que serán entregados
á los expositores, así como de las placas con-

éstas 10 grandes premios y 2 medallae de oro.
Es indudable que la alta significación de la
fiesta atraerá al Teatro Arbeu un público numerosísimo.

El progreso alcanzado por los hombres,
es más que su pensamiento bajo múltipl
modalidades, formas, necesidades y fines.

LOS TRES LADRONES
un mujik llevaba al mercado de la ciudad,
para venderlos, un macho cabrío y un pollino. Un cencerro pendía del cuello del primero.
Tres ladrones vieron al mujik; uno de ellos
dijo:
-Voy á robarle el macho cabrío sin
que lo note.
Otro ladrón dijo:
- Después, yo ie robaré el asno.
-Tampoco es difícil-dijo el tercer
ladrón.-Yo le robaré toda la ropa que
lleva puesta.
El primer ladrón se acercó furtivamente al macho cabrío, quitóle su cencerro, que ató á la cola del asno, y se
lo llevó.
En una vuelta del camino, el mujik
notó que le faltaba el macho cabrío.
Púsose á buscarle.
Entonces, elsegundo ladrón salió al encuentro del mujik y pregunt6le qué buscaba. El
mujik le respondió que le habían robado un
macho cabrío.
-Le he visto-replicó el ladrón.-Hace
un momento pasa.ha por el bosque un hombre
que conducía un animal como el que dices;
aún puedes alcanzarle.
El mujik corrió en busca de su macho cabrfo; el ladrón, encargado de tener cuidado
del asno, poco tardó efi huir con él.
Cuando el mujik se volvió y se encontró
también sin asno, echándose á llorar marchó
sin ver hacia dónde.
'

Las medalla.s.-Anverso y reverso.

"""""""'"""'"""'"""'======....,======...,,====_:EL::,.,,M:,:U~ND~O:;;,.,,~IL~U::S~T~RA~D~O::..,=========~Do~m~in~g~o.,,:,4 de Octubre de 1903.

LA SOLTERONA
En una de las callejuelas muertas en que
cubos macizos de seis pisos aplastan con su
sombra á las minúsculas casitas con jardincillos, en uno de esos c~llejones de antaño que
huelen á sótano y tienen, en París un aire
indecible de provincia, residía la sefi~rita Ursula.
. Su h.a bi~ción, de tree piezas, daba á los jardmes, _Jardmes. de pob~es enrejados verdes y
raquíticos follaJes, glorietas económicas donde hay siempm sombra, por la razón de que
no se ve nunca el sol.
Una vaquería prolongaba, á la izquierda su
alero largo, y exhalaba por las aberturas ¿lores de establo.
Algo más lejos, en un recinto del tamaño
de un pañuelo de bolsillo, unas gallinas picoteaban y un gran gallo, erguido sobre sus espolones, lanzaba su canto sonoro.
-Como si fuera el campo-decía la señorita Ursula, con cierta afectación, bajando los
párpados y con un mohín en la boca, actitud
q~e, ella consideraba .di~tinguida y que se infhgia como el cumplimiento de un rito.
Nadie en efecto, se fijaba en la corrección
tanto como la señorita Ursula y ninguno la
aplicaba más escrupulosaqient~.
Levantarse, saluüar, andar, hablar no eran
. actos naturales; debía mezclarse
'
'
á sus OJOS,
en ellos algo de formalismo, una especie de
gracia convencional y austera.
Sus reverencias á la antigua moda las hacía
retrocediendo; cuando le tendían la mano
sólo alargaba el extremo de sus dedos fríos'·
cru~r las piernas le hubiera parecido incon~
vemente.
La señorita Ursula tenía la tiesura de una
maestra de buenos modales para grabados de
modas.
En aquel momento, sentada en un viejo sillón ver1e. de Utrecht, se mantenía rígida como en visita, y su rostro, voluntariamente sin
e:rpres~ón, parecía indicar que aun sola consigo misma, observaba la dignidad que se debe á si propia lo mismo que á los demás.
El reloj producía un tranquilo tictac. So•
bre un almohadón reposaba Minouche, la
gata.

Los dos pescados colorados giraban melancólicamente en su pecera.
No se oía, en el barrio desierto, ningún ruido. Era una tarde de domingo.
_ ~sos días, la infatigable actividad de la senonta :i;rs;ila holgaba. Descansaba de sus giras caritativas á los cuatro puntos cardinales
de París, porque, durante toda la semana, una
gran dama la empleaba en investigar, comprobar demandas de socorros y llevar limosnas á
los desgraciados.
Provi~en?ia anónima y dispensadora oculta, la E~nonta Ursula viajaba en ómnibus de
suburb~os, trepaba á los pisos negros y fétidos,
volvía a su casa, después de haber corrido de
la mañana á la noche, mo1ida pero satisfecha.
'
Profundamente buena, y tan buena que los
q~e la conocían no se fijaban en sus ligeras ridic.ule?es, se consolabd. de su vida mediocre,
solitaria, .descolorida, pensando que era útil á
8 ~ 8 semeJantes, y que al trasmitir la caridad
ªJena, tenía con la ilusión de la riqueza los
goces de és~a, sin la responsabilidad.
'
Ese dommgo, como todos los domingos se
había puesto ~n traje de seda obscuro y ~na
gorra de encaJe sobre sus cabellos grises.
. Esta?ª concentrada, tan inmóvil con sus
OJOS baJos, que hubiera sido difícil adivinar si
pensaba ó dormitaba.
Pero. no dormía, pues le hubiera parecido
reprensible; no se duerme de día sobre todo
en su salón. Tampoco pensaba pues bastante
lo hacía durante seis días, c~n los registros
q.ue debía llevar, las notas que tomar, impres10nes y recuerdos que fijar mentalmente.
Saboreaba, pues, el reposo dominical. Se
mecía en el vacío, el silencio y el aburrimiento, no soñaba en nada aletargada en la nada
con los ojos abiertos. '
'

***
Sonó la campanilla de

la habitación. Fué
tan imprevisto, porque nadie iba á ver nunca
á la señorita Ursula el domingo que Minouche, la gata, se sobresaltó y los' pescados encarnados se detuvieron atónitos en su pecera.
¿Se habría equivocado alguien? No, porque
seguían llamando.
La señorita Ursula se turbó: ¿sería un telegrama?; pero ¿de quién?
¿Una mala noticia?; pero ¿de dónde?
Fué á abrir. Era una vecina, la sefiora Buchard, madura, pero buena moza aúu con su
traje grie. Llevaba de la mano un niño mofletudo, con rizos rubios.
¿Una visita? ¡qué amable era! ¡Y qué hermoso niño! Les hizo entrar. Y su mano señalaba sillas, con nobleza.
Pero la señora Bucbard, tan pronto como
se sentó, confesó, no sin asomo de turbación
que su venida era interesada.
'
Invitada á ir á comer al campo con ami~as,. en jira de recreo, y con el te~or de que
el mño-Loulou se llamaba-se fatigara había pensado... entre vecinos... rogar á l~ señorita Ursula que lo cuidara y lo tuviera y entretuviera mientras tanto; pero, sin duda la
distinción de la solterona, lo serio de los sillones rígidos, y las alfombritas sobre las cuales
había que poner los pies, la intimidaban,
porque confusa, después de haber tartamudeado estas explicaciones, se levantó, excusándose de la indiscreción; aparte de todo
b~en podía llevar _á Loulou, por más que lo~
mños en esas partidas de recreo.... y adea:iás
el agua ..... .
--No importa. Confíemelo usted-dijo la
señorita Ursula con bondad;-estoy segura de
que seremos muy buenos amigo!:!.
Pero no e~taba tan segu~a como decía, por
no:hab~r cmdado ~unca mños, y sí vagamente mqmeta po~ ~a idea de los peligros quepodía correr el nmo: caídas, contusiones, empachos, etc.

-Entonces, ¿de veras no le incomodará á
usted? ¡Qué amable es usted!
La señora Buchard salió y la señorita Ursula se quedó sola en presencia del bebé un
p~rsonaje, con. ~us veinte meses, sus pocos
dientes, su nar1c1ta remangada y sus mejillas
de manzana.
Loulou la miraba fijamente y la solterona
perdía su seguridad al conocer que su continente aristocrático, su tiesura toda su distinción reconocida, no ejercían i~fluencia alguna
sobre ese sefiorito, inexperto en buenos modales y con tan poca costumbre del mundo que
cuando ella quiso adelantarse para pone;lo en
sus rodillas, él retrocedió con una mueca de
angustia.
-¡Mamál-llamó, pronto á llorar.
El corazón de la solterona se conmovió dolorosamente. ¡Pobre niño! le causaba miedo.
¡Con ~l que ~o fuera á gritar y á odiarla!
-Mira-diJo con su más dulce voz -vamos
á hacer jugar á la gata.
'
Y tomando de su canastilla de labor una pelota de lana, cosa inaudita, contraria á la prudente economía tanto como á la limpieza la
lanz?, al piso, donde :Minouchc la atrap6, la
arr0JO de un zarpazo y la volvió á tomar de un
salto, desh_aciéndola casi con sus garras.
-También nosotros vamos á jugar.
~e apoderó de la mano del nifio, que ya no
resistía mucho. ¡Oh dulzura de esa manecita tibia, el contacto de ese cuerpo endeble
tanta debilidad y tanta vida!
'
'
- ¡Mira qué lindos pescados encarnados!
Y como éstos, quietos é inertes, la contemp_laban con un~ especie de estupidez, la señori~a Ursula! á nesgo de mojar la filoseda de sus
mitones, hizo un acto extrardinario: azotó el
agua con los dedos, el agua venerable é inmóvil que no renovaba sino en fechas inflexibles
en proporciones infalibles, con lentitud pru~
dente.. Los peces rojos, indignados, saltaron
frefiéticamente, y Loulou encantado alargó
la mano hacia ellos.
'
'

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Ahora, domesticado, estaba muy quieto, en
brazos de la sefiorita r rsula, que le ensefi6
muchos juegos.
Enternecida hasta casi llorar, la sefiorita
Ursula contemplaba al niño, alternativamente serio y risueño, que pedfa ¡más! y 1más! 6
decidiendo que ya tenia bastante, ya voluntarioso como un hombre.
Sentía una sorda. emoci6n, inexplicable y
desconocida, en sentir estremecerse contra ella
el flexible cuerpo, las piernas desnudas, la
carne de leche.
Pasaron horas, interrumpidas por peripecias, 16.grimas, risas, rabietas del niño, bizcochos con leche, la gata, celosa, á la que hubo
que echar á la puerta, hombrecitos de papel
recortados con tijeras, juego al escondite, en
que la solterona. thorror! estuvo á punto de derribar la. puerta.
Y trascurri6 tan bien el tiempo, que el nifi.o,
dormido, reposaba hacía. mucho, envuelto en
un chal, sobre el lecho de la solterona, cuando, á las once de la noche, llam6 la sefiora
Buchard, discretamente, á la puerta.
La sefi.orita Ursula no oy6 las palabras de
gratitud. S6lo tenia ojos para el dulce rostro
y el hermoso cuerpecito: una matern:da.d tardía, llena de todos los pesares, todas las desilusiones, todos los sufrimientos, todo lo incompleto de la vida, se despertaba en ella.
Nunca había conocido el dolor y la alegría.
de ser madre: nunca los conocería.
Y, cuando eRtuvo sola, llor6.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUND0 ILUSTRADO

¡Ah! Los días que han pasado
llenos de sombras están,
y en pos del bien anhelado
del coraz6n es imán
'
el pasado!

Pero cuando se corren «cincuenta kil6metros
por hora», por algún camiuo polvor~e~to, la
sombrilla 1ohl la sombrilla. está prohibida.
No queda más que el velo, espeso como un
sudario 6 las máscaras diversas que los sastres
•sporti~os» han procurado crear, cuidán~ose
únicamente de hacerlas eficaces y prácticas,
sin preocuparse en manera alguna. por la belleza.
Hay que creer que ambos términos eran ~ncompatibles, puesto que, con _raras excepciones, los inventores no han evitado la extravagancia. sino para caer en la fealdad.
Este imagina. una especie de armadura de
tela verdadera lente en la que los ojos apare.
cen ' cubiertos por enormes antiparras
convexas, mientras que una capucha cubre la cabeza y protege los cabellos contra el polvo.
Otro, conservando las disformes antiparras,
cubre la cabeza entera de tisú, abriendo a.bajo

A mi pesar te recuerdo,
si en el mar de la amargura,
como un náufrago, me pierdo;
y si río ... ... me tortura
tu recuerdo!
Yo pensé que en el olvido
pudiera el alma arrojarte
desde tu caliente nido,
¡mas aunque quiero olvidarte......
no te olvido!
FERNANDO DE ZA y A~.

extraños y consiente difícilmente en ocultar
sus rasgos y afearse de esa manera, por lo cual
estima mucho más el velo, que deja su completa apariencia al rostro.
Los burlones, de seguro que se complacerin
en recordar este corto diálogo, atribuído i m
francés y un inglés-creo que diplomáticoe,en el momento de firmar un tratado de pu
en el que Napole6n reclamaba una indemnizaci6n considerable:
-Es asombroso que os atreváis á reclamar
dinero-decía el inglés;- nosotros batallamoa
solamente por la gloria.
-¡Qué queréis, milord-contest6 el otro,se pelea siempre por lo que no se tiene!

PAUL y VICTOR MARGUERITTF..

ta moda y d automooilismo
NUEVAS ELEGANCIAS

La extravagancia, la fealdad, mejor dicho,
la fealdad misma de ciertos trajes 6 accesorios
creados para el uso de las "chauffeuses», deberían alejar para siempre de las lindas cabezas de todas las mujeres bonita11, la idea de
practicar el sport del autom6vil.. .... si es que
alguna cosa fuese capaz de repugnar á una
mujer cuando se trata de gustar de un placer
6 simplemente de obsequiar las exigencias de
la moda.

Ecos de las fiestas patrias
Con motivo del aniversario de la Independencia, la autoridad política de Sombrerete,
Zacatecas, organiz6 un combate de flores para
la tarde del día 16, y algunos otros festejos, que
resultaron muy l ucidos.
En la fiesta floral tomaron parte las familias más distinguidas de la poblaci6n, concurriendo á ella numerosísimas personas de todas las clases sociales.
Entre los concurrentes llamaron la atenci6n
los alumnos de la EscuelaJuárez, que vestían
el uniforme del Ejército, y que á 1~ voz de
mando de sus profesores, efectuaban distintos
ejercicios militares. El grupo fué aplaudido por la precisi6n y desenvoltura con que
marchaba.
La serie de festejos efectuados en Sombrerete, termin6 con una velada literariomm,ical
que se di6 en la Escuela Oficial de Xiñas.
En Ciudad Guerrero, Chihuahua, se cele-

Aspecto del terreno, después de la voladura de la fortificación.

braron también, con el mayor entusiasmo, las
fiestas de la Patria, contándose entre los números del
programa. un simulacro de
defensa y a.taque de un fuerte por el Bata.ll6n infantil
«Guerrero,, v un destacamento del 18? de Infantería.
Las fortificaci6n tenía 20
metros de longitud por dos
de latitud y estaba rematada por dos torreones almenados. Tanto los niños como la tropa del 18?, demostraron durante el simulacro su buena instrucci6n en
el manejo de las armas y
una exactitud y destreza
verdaderamente notables en
los distintos movimientos
que ejecutaron. Los niños,
que simulaban estar heridos
6 muertos, eran llevados á
un "puesto de socorros»,
donde se les obsequiaba con
dulces y juguetes.
Al terminar el ataque y
defensa dt:l fuerte, la enorme obra de mampostería
que lo formaba, fué volada

MIOSOTIS

con poner alrededor de su cachucha un velo
más 6 menos opaco, atado con gusto. El rostro queda así enteramente oculto; pero al menos no se deforma ni aparece grotesco y queda
perfectamente protegido contra la intemperie.
Si ha de creerse á los peri6dicos ingleses
bastante provincia.listas, sin duda la «cha.uf~
feuse» de Ultra.mancha repugna estos medios

SOM'BRERETE.-Un grupo de alumnos de la Escuela "JuA.rez."

......

de la nariz una disforme abertura que da á la
paciente--si así puede de~irse-el aspecto de
no sé qué pájaro fantástico, algo así entre un
loro y una arpía.
Algún otro, creyendo hacerlo mejor, ha procuri.do conservar á la máscara cierta apariencia de vida, modelírndola, esmaltándola, sin
conseguir, por torpeza, atenuar la impresi6n
penosa é irritan le que produce siempre un rostro disfrazado de esa manera.
Por último, hay quien-y esto como un esfuerzo hacia la elegancia-ha engastado sencillamente los enormes anteojos de letrado
chino, en ufi vf'lo de encaje.
Un gran número de apasionadas por el automovilismo, desdefian semejantes invenciones complicadas y bárbaras, y se contentan

Hay que creer, en el caso de que tra
que las sportwomen francesas están de
suerte seguras de su superioridad en cu
nes de elegancia y de tal manera confiadaa
sus encantos, que no vacilan en sacrificar
parte de ellos, á cambio de un placer dem
do vivo, preocupándose únicamente del.
cer que experimentan en correr los camt
reales á gran velocidad, y sin cuidarse
efecto que producen ante los transeúntes.
Sepultar, disimular un talle fino y gracioso
entre los pliegues flotantes de un horrible guardapolvo· hundirse en pesados y vulgares abrigos; arAesgarse hasta á soportar la capa de
cuero rígido y mal oliente, todo eso es nada.
Lo que hay que ver son los aparatos que
se confeccionan en París para df'fender de
las injurias del viento y de los mordiscos del
sol los rostros que, no ha mucho tiempo, no
se 'hubiesen atrevido á afrontar el mediodía
en el campo, tan s6lo por no ocultar sus encantos bajo un velillo un poco espeso.
Y aun en ese caso, la. elegante poseía el recurso de la sombrilla, que, manejada por manos hábiles, es casi tan graciosa como su abanico.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Desde que tu amor me f&lt;1lta,
tengo el cielo de enemigo,
y á mi redor todo salta.
para imponerme el castigo
de mi falta.
La dulce fe no me guía
ni la esperanza me alienta,
ni escucho la melodía
de tu voz, que en la tormenta
fué mi guía.

Monumento A. Renán.

con una &lt;'.argo de p6lvora. En las fotografías
que publicamos pueden verse, tanto el ai.pecto general de la fortificación, como el que presentaba el campo después de la voladura.

monumento á Ernesto Rtnán
Acaba de inaugurarse solemnemente en Treguier (Francia), tierra natal de Ernesto Renán, la estatua de este fil6sofo.
Empeñosamente procur6 el escultor, M.
Juan Boucher, ponerles á la vista á los
conterráneos de aquél, el Renán que conocieron, tal como volvi6 n su tierra casi á la edad
de sesenta afios.
Aparece el filósofo sentado en un banco rústico, con bast6n en la mano, y cerca de él su
sombrero, un fieltro grande. A espaldas suyas se levanta la diosa de la Sabiduría con
quien él sofí.aba: Palas Atenea, á quien invocó en las páginas perdurablemente admirables de la «Plegaria en el Acr6polis».
El monumento fué fundido en París.

�Domingo 4 de Oetubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

tos Sobtranos dtl Hogar
Niños y Niñas

LA INSURRE(CION EN IIACRD0!1A
LA DINAMITA EN ACCIÓN

Por los abundantes despachos cablegráficos
que acerca de los sucesos de Macedonia han
publicado «El Imparcial» y «El Munqo&gt;•, habrán visto nuestros lectores que lejos de desvanecerae el temor de que la insurrecci6n contra el Sultán se extienda y cobre nuevos bríos,
son más remotas cada. vez las probabilidades

de que el movimient6 llegue á ser sofocado
por la Sublime Puerta.
Los rebeldes, dispuestos á sacrificarlo todo
por una causa que sin duda consideran santa,
ensanchan cada día sus dominios; organizan
centros de propaganda para atraerse adeptos,
y en su empefio de resultar á la postre vencedores, ocurren á cuantos medios están á su
alcance para causar al enemigo la mayor suma de males posible.
Entre estos medios, está el empleo de bombas de dinamita eu la voladura de trenes y de
puentes que puedan facilitar á los turcos la
rápida. movilizaci6n de sus tropas.

El grabado que publicamos repres1:mta el
carro comedor de un convoy destruído en parte por los insurrectos. La voladura causó la
muerte de algunos pasajeros.
Un despacho fechado en Sofía el 29 de septiembre, anuncia que la rebelión ha sido pro·
clamada en todos los departamentos de ~ ~ce•
donia que permanecían en paz. Estas noticias,
que indudablemente llamarán la atención del
mundo entero, demuestran que no está aún
cercano el fin de la guerra y que tendremos
todavía que lamentar sucesos ta.n atroces como los que últimamente se han ·registrado en
los Balkanes.

La familia cristiana, fundamento y base de
la sociedad moderna ( que podrá no ser cristiana, pero siempre tiene los caracteres esenciales de aquélla), se basa en la existencia de
los nifi.os. Los nifi.os forman el anhelo sempiterno y la constante preocupaci6n de los padres. No tener niños es algo muy semejante
á no tener tranquilidad.
De cualquier manera que sea, en los hogares humildes, como en los hogares soberbios,
entre gent.1 de poca ilustración, lo mismo que
en las clases profesionales, el nifio forma el
complemento de la felicidad doméstica. Para
juzgar hasta qué extremo el vacío que deja
una de estas pequefias naturalezas frágiles es
sensible, bastará fijar un momento la atenci6n en el rostro de una madre que acaba de
perder al pequeño, y en la manera de ser de
un padre en circunstancias semejantes.
Evidentemente que hay mucho de falso, de
convencional, de ridículo, si se quiere, en el
amor moderno, lo mismo que en su consagraci6n, sea al pie de los altares ó ante la mesa
de un juez del registro civil; pero si existe es.to y no lo vemos; si se olvida constantemente
la parte ineludible y tosca que abate el nivel
de la pasi6n humana, es, s6lo, porque el na-

cimiento de un nifi.o santifica todo; endulza
todo; ah,gra todo.
Y basta ver un hogar en el que falta la risa
franca de un pequeño, basta Pscuchar las quejas de una esposa que no es madre, para calcular hasta qué limite el lazo de unión que
forma un niño es estrecho y fuerte. Es éste
uno de los milagros de equilibrio en los cuales se funda la sociedad en que vivimos. Dos
personas llenas de malas pasiones-por el solo
hecho de pertenecerá la raza humana,-que
en poco tiempo llegarían á considerar la vida
en común como absolutamente imposible,
cambian en un ,;egundo de opini6n, se tornan
tolerantes; de ariscos que eran, olvidan, benévolamente, sus defectos más graves, se ven
con cariño, cuando días antes se herían con
miradas de odio profundo. El milagro lo ha
hecho el nacimiento de un nifio.
El instinto, ya que no el raciocinio, que en
estos casos poco valA y poco significa, lleva,
como de la mano, á la mujer hacia la maternidad. El instinto trasforma á la chicuela vana y alocada, en la madre tierna, abnegada,
devota. Pronto recuerda la esposa cómo arrullaba t. la muñeca en los años de su infancia.
El arte de ser buena madre no se aprende, se
sabe, por razón del sexo mismo.
Pero si un niño, con su sola presencia, llena de rumores alegres el hogar más pobre; si
una criatura ilumina con sus grandes miradas
ingenuas, hasta los más tenebrosos cubiles de
la fiera humana, en sus más atrasados representantes; si es necesario, absolutamente preciso para un hogar, el barboteo de una vocecilla infantil, la enfermedad que nada respets, el crup, el sarampión, la viruela, tornan
instantáneamente el cuadro. La intranquilidad más angustiosa se instala cerca de la cuna del nifio enfermo. El padre olvida sus negocios, se vuelve un pequeño que llora con el
médico y que cree en supercherías; la madre
olvida todo, menos que su hijo se muere. Hay
como una súbita irrupr.ión de miedo en el
hogar, así sea pequeña y pasajera la enfermedad del niño.
Y esto, que sucede siempre y que sirve para afianzar más y más los vínculos de la fa.
milia, es intolerable cuando se prolonga por
meses y por años. Un niño enfermo crónicamente, es algo muy difícil de concebir, algo
que choca r.on nuestros sentimientos innatos
de justicia. Algo que no es dable analizar, pero que se siente muy hondo.
Fácil será evitarlo. Lo más sublime de la
misi6n de una madre, es precisamente que
ella, y nadie como ella, puede responder de
la salud de su h;jo¡ como ella, y nadie más
que ella, puede formar el pequeño corazón y
la pequeña inteligencia en los momentos en
que se abre á todos los vientos y es capaz de
todos los contagios. De no ser por la ma-

Domingo 4 de Oetubre de 1903.

ternidad, el amor humano sería inmundo.
Y la maternidad no reside solamente en el
hecho de dar á luz un pequeño, no. Mayor
suma de abnegación y de cuidados se precisan para los meses subsecuentes. La madre
está llamada para echar los cimientos sobre
los cuales se edificará, más tarde, el edificio
entero de la felicidad ó de la desgracia del hijo. Creo firmemente que es de esta época difícil é inevitable, de la que data siempre el
cariño agradecido de los hijos hacia los padres, y el cuidadoso y previsor cariño de los
padres hacia los hijos.
L:i, infancia llena con sus alegrías el hogar
moderno. En el hogar está el trono de los niños¡ es de ellos la casa, por ellos se adorna,
para ellos se hace confortable. Un hogar sin
nifi.os, será siempre algo absurdo, muy difícil
de entender.
Nuestras ilustraciones hablan por sí solas.
Hasta en el llanto algo hay que hace adorable al niño. Basta con el hecho de que no sea
un hombre ni una mujer, para que merezca
nuestro amor y nuestra protección sincera. Si
en algo se distingue un hombre salvaje de un
hom~re civilizado, es, precisamente, en que el
salvaJe ahandona y mata á los pequeños, porque son débiles, mientras el hombre civilizado los ama y los protege por la misma raz6n:
porque son débiles.
NEMO.

Fotograffas de Arriaga,

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

ARTISTAS
Artistas que amáis de coraz6n el arte, cerrad ante vosotros las puertas de lo pasado;
pensad y vivid en medio de los pueblos que
rugen á vuestro alrededor como las olas del
Océano.
La humanidad sufre y está en perpetua lucha; en lugar de inmortaliza: á los h~roes que
sucumbieron en la guerra, mmortahzad con
vuestros pinceles ~ los mli_rtires de ~uestr~s
sangrientas revoluciones. Pmtad med10 t~ndida en el sepulcro á esa misma humamdad;
pintadla cubier~ aún con los viejos h3:rapos
de la aristocracia y de la monarquía; pmtadla cayendo de nuevo en su ensangrenta~o
ataúd á impulso de las lanzas de la barbarie;
pintadla agonizando, llen? ~e podre e! coraz~n,
de úlceras el cuerpo, de tmieblas el alma; pmtadla muerta ya, hasta que, animada otra vez
por el espíritu del que volvi6 la vida á Lázaro, rompa sus ataduras y renazca 3:l m?ndo,
rejuvenecida por el amor y por la ciencia.
Sed constantemente los cantores de vuestro
siglo; sed, si es que sois artistas, sus profe~s.
Contad uno á uno los suepiros de esta sociedad y reproducid los tormentos que los arrancan de su pecho lacerado; removed el fondo de
as miserias de los pueblos y hacedlo aparecer

EL MUNDO ILUS'DRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

á la superficie, para que se estremezcan sus
autores ante su propia obra¡ recoged los votos
y las aspiraciones de los que sufr_en, y apenas
entreveáis el alba de la regeneraci6n, alegraos
y derramad su rocío sobre ~antos corazon~s
abrasados por la desesperaci6n y el sufrimiento.
á .
Dejaos impresiunar por ePe valle de l gngrimas que llamamos mundo; cuando no quepa el dolor en vuestra alma, sim bolizadlo en
los seres que os rodean, ver~dle _á raudales
sobre vuestros cuadros y seréis artistas. Habréis comprendido el mundo y el mundo os
comprenderá; crecerá ~e día en. día vuestra
inspiraci6n y la pcstendad no mirará con desprecio vuestras obras, porque v?rá_ en ellas
vuestros sentimientos, los sentimientos de
vuestra época.
Si s6lo pintáis lo presente, reconocerá eternamente en vosotros á los artistas del siglo
XIX¡ si llegáis, además, á encer~ar lo futu~o
en el círculo de vuestras producciones, seréis
tenidos eternamente como artistas y como precursores. Está abierto ante vosotros un mundo de que podréis hacer brotar torrentes de
poesía; acercaos á él llenos de fe en el porvenir y lo haréis brotar de entre rocas abrasadas
por un sol de veinte siglos.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

RIMA

UN COJÍN ARTÍSTICO
Cuando ella pasa junto á mí temblando,
vuelvo atrás la cabeza,
y extático me quedo contemplando
su adorada belleza.
Tornan á mi recuerdo las historias
de los pasados días,
y se desprenden ¡ay! de mis memorias
hojarascas sombrías... •·•

Para ser remitido á la Exposici6n de ~an Luis Missouri, fué entregado á la Secretaría de Fomento por una señorita de nacionalidad espafíola, un hermosísimo cojín de seda, con el que será obsequiado S. M.
Alfonso XIII.
El artístico cojín, valuado en dos mil pesos oro, tiene en el centro,
bordadas con verdadero primor, las iniciales del Rey, y en las esqui-

Prosigo mi camino silencioso,
pensativo me quedo,
y su recuerdo dulce y amoroso
me estremece de miedo.

y entonces me pregunto entristecido,
llorando mis dolores:
-¿Por qué tan presto de mi pobre nido
se van los rmse:fi.ores?
-¿Por qué de la que quiero en este mundo
un mármol me separa?
-Porque hay en ti un abismo.muy profundo
6 es tu alma muy rara!. .....
JOSÉ

M.

de nácar, vestiduras con broches de zafiros, cimeras de esmeraldas en
los cascos, cinturones de turquesas, sedas de azul claro bordadas de
oro y cuajadas de perlas.
¿Con qué comparar aquel cielo de ardiente blancura~ Cuando una
mujer joven y hermosa, floreciente de salud y estremecid~ de placer,
ataviada ya para su boda, sujeta su:i cabellos ~on la perneta de oro,
se adorna con sus collares ele perlas y sus pendientes de rubíes; cua~do todas sus alhajas reflejan sus luces en su carne sonrosada y 1;&gt;alpitante entonces rodea su frente con velo blanco; pero su rostro lo munda d~ luz, y la gasa en que parece ocultarse forma un nimbo que la ilumina.
Así, este mar, bajo su cielo esplendoroso, en su riq~~za de clari~ad
hirviente, y ya alejadas las nubes lívidas, aparece debc1oso y subhm_e
como el himeneo divino de un grande hom~re tras la noche largu~~ima de su desesperaci6n. También su amada tiembla ruborosa, tambien
es demasiado bella, y despierta en nosotros, por simpatía, lo que él por
su mérito.
Ante él como ante ella deja de oírse 6 de verse una cosa aislada,
un ser li~itado, un fragdiento de la vida, es el coro univers3:l de los
vivos, del que se oyen los cánticos de al?gría y las lamentaciones de
dolor es el alma excelsa cuyos pensannentos somos nosotros; la natural~za entera, quebrantada por las necesidades que la mutilan 6 la
destruyen, pero palpitante en el seno de sus funerales y elevando
siempre al cielo, entre la mirada de muert?s que la ~ubre~, sus.manos
cargadas de generaciones nuevas, con el grito sordo, indecible, siempre
sofocado, renacie.ndo siempre, del deseo no satisfecho.

CARBONELL.
HIPO LITO

1903.

T AINE.

F . PI Y l',lARGALL.

MOVILIDADES
Mi cabeza temblaba sobre tu hombro risueño
Cual la flor de un.a planta floresta!: con halago
Repasamos las horas virginales de nn sueño
Tristemente adorable; y en tus ojos un vago
Desamor delineaba silencioso diseño
Sobre el fondo dormido ele las aguas del lago:
A tu talle de virgen se enroscaba el ensueño
Como al astro divino los delirios del mago.
Fué un ayer hechicero, y á través de la au~encia
Tus hechizos me llaman en fl.auteada cadencia
De sonrisas y cantos, de suspiros y besos;
Pero estamos tan solos ...... y el edén tan lejano,
Que olvidé los perfiles de tu rostro lozano
Y el albor apacible de tus ojos traviesos.

INDIOS KIKAPOOS

El doctor" Nutenua.

Un .i:Gkapoo.

Hace pocos días se encuentran en México,
con motivo de algunos negocios que interesan
á la tribu á que pertenecen, dos indios kikapoos que, por lo extrafio de su indumentaria
y lo típico de sus costumbres, han despertado
en el público una verdadera curiosidad.
En sus paseos por las calles y plazas, los in.
dios se ven continuamente rodeados por grupos de gente del pueblo, que no se cansa de
admirar su manera de vestir y que á todo
trance procura imponerse de todo aquello que
se relaciona con ambos «personajes,,.
A prop6sito de esta nota, que la prensa ha
consignado de mil maneras, publicamos nosotros unas fotografías de hombres y mu~eres
kikapoos, así como el retrato de El Conejo,
comanche habilísimo en el manejo de la carabina, que reside en Múzquiz, Coahuila. Entre los primeros figura el ,,Doctor» Nutenua,
que goza entre la tribu de grande estimaci6n.
Por lo regular, los kikapoos se dedican á los
trabajos agrícolas, que les proporcionan los
recursos suficientes para su subsistencia, y viven, desde hace muchos ~ños, sometidos por
completo á la obediencia de las autoridades.

Mujeres kikapoos.

VILLlERS DE L'L,LE ADAII!.

Cojfn que será. obsequiado al Rey de España.

nas inferiores las armas de España. La suma de trabajo y de paciencia
que representan los bordados es incalculable, pues como fácilmmte
puede observarse en nuestro grabado, no hay detalle, por pequeño que
sea, que no acuse en su ejecucil,n una labor tan difícil como dilatada.
En opini6n de los conocedores, el cojín es una de las labores manuales más notables que se han hecho en México de algunos años á esta parte.

€1 des~o y la fantasía
FRAGMENTO

················································ ··· ··················· ·····················
Potencias invencibles del deseo y de la fantasía. Por mucho que se
las combata, jamás perecen. Treinta afios de negocios, de números,
de experiencia se han amontonado en el manantial; ya se le creía seco, y de repente, al contacto de un alma grande, brota de nuevo tan
rico como el primer día; el dique se ha roto, y los materiales pesados,
compactos, que impedían la salida, arrastrados por la irrupci6n, sirven
para aumentar la fuerza de la corriente.
Por un caso extrafio, yo vol vía á ver en aquel momento los paisajes de
la India, únicos dignos, por su violencia y sus contrastes, de suministrar imágenes para tal música.
Al soplar los monzones, las músicas acumuladas forman una muralla monstruosa de humo, que invade todo el cielo y el mar; sobre aquella masa negra vuelan á millares las gaviotas, y la obscuridad formidable, tachonada de alas blancas, avanza hacia la tierra, devorando el
espacio y ocultando los cabos en su vapor densísimo. Los buques entonces se internan en el mar.
Uno de los últimos días claros y buenos, vi desde lejos las Maldivias, doce mil islas pequeñas de coral en un mar de diamante; casi todas están desiertas; el agua duerme en sus senos 6 marca una franja de
plata en sus arrecifes. El sol arroja allí á pufiados sus flechas de fuego;
en las revueltas de los canales brotan corrientes de oro fundido de
entre las dos oblicuas.
La extensa llanura líquida, sembrada de remolinos, parece un metal que sale de la forja, adornado de arabescos; millones de relámpagos
brillan en su superficie, como en las in&lt;.:rustaciones de una coraza; se
diría que es el tesoro de un rajá, armas y joyas, puñales con mangos

Person•ades de zarzue,a.-El lego de los Madgyares.-(Fot. Arriaga) .

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUST RADO

El t,ojalattro dt talmacb
Hace años, muchos affos, vivía.el Hojalatero de
Talmach, que subsistía de su trabajo. consistente
en hacer filtros y colocarlos á. domicilio. Y cierto
día pasaba por un sitio donde las aguas habían formado un pantano en el ca.mino. Iba á.
una casa lejana á. colocar una destiladera que le
habían enci.rgado; pero el camino se le hacía
largo, muy largo. A cada paso que daba, se hun-

día en el fango, y al sacar unlpie, se le atoraba
el otro. Era de buen genio el Hojalatero de Talma.ch; pero acabó por fastidiarse y decir: «Que el
diablo me lleve si vuelvo á pasar por el mismo
sitio en mi vida.&gt;.
Procuró salir del atolladero. Llegó á. la ca.sa
donde ya esperaba.n la destilader a, la colocó y
le pagaron tres chelines por su obra.
En el camino de vuelta á. su casa, encontró á.
un viejo, de traza miserable, que le contó una
larga historia de padecimientos y de dolores, le
dijo que se encontraba sin dinero, con hambre y
enfermo, y te1·minó por pedirle alguna limosna.
El Hojalatero de Talmacb metió mano á. su bolsillo, sacó uno de los tres chelines que había ganado momentos antes y se lo dió al pobre, que
se retiró bendiciéndole.
.Media milla má.s a.delante, otro viejo, semejante al primero, pero más miserable aún, se
presentó; refirió su historia de grandes dolores
y de gran miseria, se quejó amargamente de la.
suer te y terminó por pedir al Hojalatero de Talma.ch que. le diera. una. limosna. Era de buen genio nuestro hombre; llevó la mano á. la bolsa.,
sacó otro chelín y se lo dió al anciano, pensando que con un chelín que le quedaba. podrían comer él y su mujer.

Perolá. la media milla de ca.mino, otro viejo se
pl'esentó demandando al Hojalatero de Talma.ch
una limosna.. Era buen hombre el Hoja.latero,
consideró el esta.do de miseria en que se encontraba el mendigo y le dijo:
-Bueno, me queda sola.mente un cbelíndetres
que me pagaron por un trabajo que acabo deba.car en la. casa. de un propietario rico. Pero dividiré de buena gana contigo el dinero, porque me
parece que de veras estás muy necesita.do.
-No-le contestó el mendigo número tres,-no
bagas tal. Ante Dios te juro que cualquier cosa
que sea menos que un chelín, me servirá dll muy
poco y no vale la pena de que bagas el sacrificio, si no ha. de traerme beneficio de ningún gé•
nero.
El Hojalatero metió por tercera vez la mano
en el bolsillo, sacó el tercer chelín de los que le
habían pagado y se lo entregó al pobre.

***

cuarto de un enfermo. fíjate en la cabecera ó en
los pies de la cama. Yo siempre estaré allí para
advertirte. Si me encuentro en la cabecera, es
que debe morir el paciente, y entonces te retiras;
pero si est-0y por la parte de los pies, le das las
gotas y sanará desde luego.

A los pocos días, la esposa del Hojalatero de
Talma.ch tuvo un niño. Y cuando ya tenía ocho
días, lo tomó en brazos su padre y salió de su ca•
sa buscando un podrino que quisiera bautizar á
la criatura. El primer hombre que encontró en su
camino era un rico propietario, que le dijo:
-¿Quieres que sea yo el padrino de tu hij o y
compadre tuyo?
-No; tú eres un hombre rico, pero de mal corazón, y solamente quieres que sea yo tu compadre para explotarme en mi trabajo. Y siguió
adelante, esperando encontrar pronto un compadre en el camino.
Después encontró á la Muerte, que le dijo:
-Sé que buscas un padrino para que lleve á
bautizar á. tu hijo y yo quiero hacerlo. Creo que
te convendrá. encompadrar conmigo.
-Sí-le contestó el Hojalatero,-tú eres la única franca y buena para con los hombres y me
conviene que seas mi comadre.
Y volviendo al pueblo, la Muerte llevó á bautizar á la criatura y hubo fiesta en la casa del
Hojalatero y se divirtieron mucho los invitados,
porque la Muerte estaba de muy buen humor, y
toda la noche estuvo cantando y tocando en el
clavicordio que un vecino había presta.do para
la fiesta del bautizo.
Cua_ndo ya era tarde, la Muerte llamó aparte
al Ho¡alatero y le dijo: «Es preciso que te deje,
porque tengo mucho que trabajar, por lo que he
descansa.do en tu fiesta. Pero no quiero irme sin
darte un regalo, que servirá. para que hagas la
fortuna de mi ahijado. Toma este pequeño f rasco de vidrio y cuídalo mucho. Cou unas ('uantas
gotas de este líquido que le pongas en la boca,
sanará c~alquier hombre, alto ó bajo, r ico ó pobre, á quien asistas como médico, con la única
condición de que no sea su última enfermedad.
-¿Pero cómo podré saber que es su última
enfermedad?
-Tienes razón. Mira, siempre que entr es al

***
El Hojalatero de Talmacb puso un letrero en
su casa en el que anunciaba que había aprendido á curar y que era ya un médico. Afluyeron
los enfermos, porque muchas ocasiones salvó la
vida de los que aparecían como incurables. Y
sobre todo, porque siempre era su diagnóstico
seguro, y cuando decía que una persona se moría, se moría de cierto.
Ganó mucho dinero y compró una casa que la
hiio transportar, pagando muy caro, al sitio
donde siempre había tenido su cabaña. Pero sucedió que la fama había corrido por todo el rei•
no, y el Rey estaba enfermo y los médicos no
acertaban á curarle. Mandó que fuera el Hojalater o y le dijo:
-Buen hombre, me han contado que sabes
cur ar muy bien, y quiero que me cures, por que
mis médicos no han podido hacerlo.
El Hojalatero se fijó en que la Muerte estab a á
l a cabecera de la cama, y le hacía seBas de que
no debía darle a l Rey las gotas mágicas .

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tro&gt; ni una «Ave .María&gt; en cuarenta ailos y
cuarenta meses.
Y la Muerte se desesperó y maldijo. y nada
de raro tenía.

***
Por cien ailos el Hojalatero de Talmach siguió
curando con las gotas del frasco, que nunca se
agotaba. La Muerte Je perseguía; pero nunca
lugraba engañarle. Una noche vol vía el Hojalatero á su c11 sa, y se encontró con un joven que
se quejaba. amargamente.
- Yo soy el Hojala.te1·0 de Talma.ch, le dijo, y
puedo curarte de tus males.
-¡Ay hermano! le contestó el muchacho, yo
he muerto hace trescientos años, y solamente peno porque no hay una alma caritativa que quiera hacerme la caridad de rezar poi· mí un «Padre Nuestro&gt; y una. «Ave María&gt;.
Como era de buena alma el Hojalatero, sin
decir nada rezó l as oraciones. Al terminar de
hacerlo, el muchacho se transformó en la Muerte, que le dijo:
-Has rezado ya y me perteneces.
Nada tuvo que decir el Hojalatero. La Muerte le llevó á. su lado, primero al Cielo. San Pedro, que les abrió, preguntó el nombre del Hojalatero, consultó su gran libro y le dijo:
-De ninguna manera puedo admitirá un hombre que, puesto á escoger tres cosas, no escogió
primero la. bendición de Dios. Fuera!
Bajaron al Infierno; pero a.penas el Diablo
vió al Hojalatero, dió grandes alaridos, acordándose de los golpes de la herrería., y cerró su
puerta dis:iendo que nunca lo admitiría.
Volvieron al ca.mino de la Tierra. Pensaba
la Muerte qué haría con aquel hombre á quien
na.die quería recibir. Finalmente le pregunto qué
era lo que deseaba.
-Puesto que tú me has acompañado y me has
obligado á. seguirte, dijo el Hojalatero, deseo
que me hagas de nuevo un hombre y que nunca
te acuerdes de mí, por los siglos de los siglos.
Y la Muerte así lo hizo. Pero pocos siglos habían pasado cuando ya el Hojalatero de Talmach se ha.b,a convertido en una ruina, capaz
de dar compasión á la misma Muerte. El Tedio
nació de él. Y buscó á la Muerte suplicándole
que le llevara.
-No puedo hacerlo-Je contestó;-tú mismo
me has pedido que siempre sea tu vida respetada, y lo he prometido. De hoy en adelante, siempre hCOmpañarás á los hombres.
~ es por ~sto 9ue, en los banquetes, en los
bailes, en la iglesia, en la calle, dondequiera,
en todos los siglos de los siglos, que el hombre
se congrega, siempre el Hojalatero deTalmach,
convertido en el Tedio, que nunca puede morir,
p_o rque la Muerte le rechaza, acompaña. á. los
circunstantes y se encuentra en el corazón mismo de todos.
Arre¡lo del inglés para "El Mundo Ilustrado"

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•

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Dió entonces las gotas famosas al Rey, que se
levantó luego y le elogió mucho, dándole un
costal lleno de o~za.s de oro, con su sello, que
valía cada una cien chelines de plata.
Pero cuando más contento se retiraba el Hojalatt:ro de Talma.ch, la Muerte, muy indignada,
~e sa.hó al encuentro en un solar solitario, y le diJO que había quebrantado el pacto. Que le había
prometido que curaría. con las gotas del frasco;
pero que siempre que ella estuviese á. la cabecera de los enfer mos, los dejaría. tranquilos. Que,
por consecuencia, debería él mismo perecer.
. -Tienes razón que te sobra, COLltestó el Ho¡alatero; solamente te pido, por favor, que vaya~os á. mi casa para morir en ella., porque es
meior a.sí, y no que me muera. en el ca.mino.
Consintió la l\Iuerte y llegaron juntos á la casa. El manzano mágico estaba cubierto de manzanas apetitosas.
-Mira, comadre, dijo el Hojalatero á la Muerte: mientras saludo á mi mujer, para. que no se
asuste, hazme el favor de cortar una manzana,
que la boca se me ha.ce agua. solamente de verlas.
La Muerte cc,gió uno de los frutos y quedó,
en ese momento, pegada al árbol, y solamente
la voluntad del Hojalatero podría haberla. sepa.r1:1,do, por lo que éste la dejó pegada. por cuarenta años.

co en uno de los yunques, en el más grande que
había en el taller.
-Al venir en el camino -dijo,- he notado que
algo se mueve en mi saco, algo que no puede ser
bueno. Así es que si me hacen el favor mis buenos amigos, deben tomar cada uno un mar tillo
grande y dar recio sobre mi saco en el yunque,
hasta que lo que se mueve haya muerto.
Los herreros eran seis y todos muy fuertes.
Cogieron sus martillos de trabajo y comenzaron
á dar recios golpes. El Diablo chillaba más y
mejor ; pero no podía salir del saco sin que el
Hojalatero de Talma.ch en persona lo sacara de
ahí.
Cada~ vez que el martillo, con un bonito compás, caía sobre el yunque1 el Diablo daba una
gran voz; y mientras mas gritaba, más fue rte
pegaban los herreros, alarmados con la voz des•
conocida del Demonio.
Cuando se cansó de gritar, prometió al Hoj alatero que no le haría mal si le soltaba. E l Hojalatero consintió y el Diablo salió en forma de
una fuerte llama1·ada de fuego.

En ese momento las vestiduras del mendigo cayeron, una viva luz le iluminó y el Hojalatero
vió que tenía ante sí una persona lujosamente
vestida. y de facciones muy agradables.
-Yo soy un á.ngel-ledijo- quehesidoenviado por Dios á. ver si es cierto, como se dice, que
tienes muy buen corazón. Te be seguido por todo el camino y me be convencido de que eres caritativo en demasía; porque sé bien que tu mujer
te espera para comprar la cena, porque nada
queda en tu bogar para comer. Dios me autoriza para que, en premio de tu buen corazón, te
haga yo tres gracias. Pídeme tres cosas y te serán desde luego concedidas.
Por un momento, el Hojalatero de Talmacb pensó cuáles eran las cosas que más podrían servirle. Se acordó de que había tenido muchas molestias y no pocos dolores á. consecuencia de que
los vecinos aprovechaban sus descuidos para.
robar los objetos que dejaba en su bolsa, en la
que acostumbraba llevar sus utensilios de trabajo. Así es que pidió, por primera gracia, egue
todo aquello que él pusiera en su bolsa de trabajo, sola.mente pudiera salir cuando él, personalmente, quisiera. sacarlo de ahí, y no en otra
circunstancia&gt;.
Una vez concedido por el ángel, el Hojalatero
pensó cuál sería la segunda de sus peticiones.
Se acordó de que tenía en su pequeffo jardín un
gran manzano y deque nunca podía coger la fruta, porque antes de que madurara, los muchachos de Talmach la robaban. Y pidió por segunda gracia «que todo aquel que tocara su manzano se quedara prendido á. él basta que personalmente fuera. á. ponerle en libertad.&gt; Le fué concedido.

Y por tercera gracia pidió cque su canasta la
que le servía á. su mujer para ir al mercado ~na
vez que estuviera llena de provisiones n~nca
jamás, se vaciara por completo&gt;. Le f;é conce'.
dido también.
-Pero-le dijo el ángel-creo que has hecho
mal, porque lo primero que deberías haber pedido, era la bendición de Dios.
-Seguramente que hubiera sido bueno-contestó;-pero no por estar bendito, dejarían de
robarme mis útiles de trabajo, ni dejarían de comerse mis manzanas, ni dejaría de tener días de
poco comer, aunque mi hambre y la de mi mujer
fueran muy grandes.
_El ángel movió la cabeza y desapareció en el
viento.
Diez días después, sin acordarse ya de su juramento, el Hojalatero de Talma.ch fué llamado
á componer el filtro que había colocado la tarde
en qne le fueron concedidas las tres gracias
Pasaba por e~ mismo pantano y se cansaba. y~
de sacar un pie, para que se le enterrara. más el
otro, cua.n~o el Dia~~? se le apareció y le dijo:
- Hace die~ días d1Jiste que &lt;si volvías á. pasar
por este camrno, te debería llevar el Diablo&gt; y
aquí ~stoy para recordarte tu juramento.
'
. - Tienes razón, ahora me acuerdo de que es
cierto.. Estoy á. tus órdenes. Y siguieron ¡untos
el ca~mo, hasta ll~gar á las cercanías del pueblo, Junto á las primeras casas, donde el Hojalatero de Talma.ch le dijo al Diablo:
- Todos los vecinos del pueblo me conocen y
me daría vergüenza que me vieran pasar en tu
compañía. .Mientras llego á. donde me necesitan
hazme el favor de hacerte pequeñito para que~
l?~eda yo ocul~a1· en mi saco, donde llevo mis
ut1les de traba.Jo. Así me vigilas y nadie puede
verte.
El Di~blo no tuvo inconveniente en hacerlo.
Se re~u¡o al 'tamaño de un pedacito de plomo, y
el Ho¡ al a tero lo colocó entre .los demás que llevaba en su saco, llegándose así á. la ciudad
•-~n ella había un banco de herrar cuy~s ~aba¡adores eran buenos amigos del Hojalatero de
Talma.ch. Este llegó á la fragua y colocó su sa-

EL MUNDO ILUSTRADO

E

-Lo siento mucho, Majestad, dijo; pero es
absolutamente imposible que aplique yo mi ciencia á. vuestro caso. Es inútil todo.
-Cómo se entiende-dijo irritado el Rey ante
l a idea de que debería morir. - Curas á los mendigos y á los que nada te pagan, y no me has de
curar á mí. Te advierto que del Palacio no sales si antes no me has curado por completo, y
gue haré que te maten á. palos si no cumples con
este deseo mío, que es obligación tuya.
El Hojalatero estaba muy intrigado. Reflexionó sobre su situación por espacio de algunos
minutos, y dijo al fin:
-Que salga todo el mundo de la cámara, menos el Rey, yo y cuatro soldados bien fuertes.
Se hizo así, y antes de que la Muerte pudiera
protestar, el Hojalatero ordenó que los soldados
cogieran la cama y la invir tieran, esto es, que
pusieran la cabecera en donde primero estaban
los pies, y viceversa.
Entonces la Muerte quedaba en los pies y no
en la cabecera.

Y en este tiempo fué y dió las gotas, y como
nunca estaba la Muerte en la cabecera, nunca se
morían los enfermos, y los panteones quedaron
vacíos y el Hoja.la.tero de Talma.ch se hizo muy
rico.
Cuarenta años después el Hojalatero volvió, y
la Muerte, que se cansaba de estar pegada á la
manzana, le dijo:
-Te doy cuarenta años de vida si me sueltas.
El Hoja.latero consintió en ello, y en esos cuarenta años los panteones se llenaron, pues la
Muerte estuvo muy ocupada haciendo todo el trabajo que faltaba en la Tierra, por su forzosa
inactividad anterior. Pasados los cuarenta años,
filé á ver al Hojalatero y le dijo:
-Ha. llegado el tiempo. Ven conmigo.
-Tienes razón que te sobra. Solame::.te te pido que me dejes despedir de mi mujer y de mis
hijos. Mira: está ardiendo este cabo de vela, sólo te pido que me dejes libre hasta que se haya
terminado.
La Muerte vió que el cabo, que era muy pequeilo, solamente ardería unos cuantos minutos,
y no tuvo inconveniente en dar el permiso que
el compadre le pedía.
Cuando lo hubo dado, el Hojalatero sopló el
cabo de vela y lo enterró á cien pies debajo del
suelo. Y la. Muerte tuvo que trabajar otros cuarenta ailos buscando el sitio donde estaba el
cabo.
Cuando lo encontró, lo encendió desde luego;
cuando se hubo terminado, buscó al Hojalatero de Talma.ch y le dijo:
-He cumplido mi palabra. Ya se acabó el cabo de vela y vengo por ti.
- Me parece razonable-le contestó el Hojala.tero. - No tengo más que pedil'te sino que me dejes decir un «Padre Nuestro&gt; y una &lt;Ave María,&gt; porque en los últimos doscientos ó doscientos cincuenta affos, he descuidado un poco
mi alma.
-También me parece razonable, dijo la Muerte. Justo es qua te permita yo, ya que eres mi
compadre, que te pongas en gracia..
-Bueno; pues ahora no rezo un «Padre Nues-

JII [ago teman
Nada iguala el encanto, la pureza
De tus aguas azules y dormidas,
Oh lago de las márgenes floridas,
Inexhausto raudal de la belleza!
En ti Byron reclina la cabeza

Y soñando en tus playas escon&lt;lidas
Dulce bálsamo brinda á sus heridas '
El otoño en su lánguida tristeza.
Tus crepúsculos de oro son divinos!
El sol deja en tus cielos opalinos
Los dibujos fantásticos de Goya ......
La existencia, á tu lado es sueño breve·
Y ascendiendo, cual águil~s de nieve
'
Te saludan los Alpes de Saboyal
'
LEOPOLDO DiAz.
Ginebra, junio de 1903.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRA.DO

A juzgar por lof' rendimientos que dejó ála
empresa la corrida de inauguraci6n-S6,000
en números redondos,-es indudable que en
lo sucesivo obtendrá muy buenas gauancias
pues para ello cuenta con u~ público, en s~
mayoría compuesto de americano~, muy poco
exigente en todo lo que se relaciona con la
faena de los diestros y con las buenas condiciones del ganado.
.
.
Publicamos además de una vista exterior
de la Plaza y de otras del interior, el retrato
del señor Ingeniero Pani.

NUEVA PLAZA DE TOROS
Con una corrida que se efectu6 el domingo
20 del pasado, fué inaugurada en Ciudad Juárez una magnífica plaza de toros que se levanta en la calle del Comercio y que, tanto
por su buena distribuci6n, como por la clase
de materiales con que fué construída, puede
coMiderarse como la mejor de la República.
La plaza, un poco más reducida gue la
«México&gt;&gt; la de Puebla y la de Moreha, está
hecha, p~ede decirse, á perpetuidad; sus ~mplias y bien dispuestas graderías son macizas
y están revestidas con cemento, y las lumbrera!! que protege una hermosa arquería, son,
en 'cuanto á comodidad y elegancia, una verdadera obra maestra. Al rededor del edificio
y para aprovechar loR huecos que d~ja_ron las
gradas, se construyeron algunas vivien?as,
que producen á la empresa un_a r~nta considerable. El costo total del edificio se eleva á
$47,600.
La fabricaci6n de la nueva plaza estuvo encomendada al señor Ingeniero Camilo Enrique
Pani hombre muy estimado en la Frontera Y
parti~ularmente en Ciudad Juárez, do~de_ ha
construído con éxito otros muchos edifici_os.
A este ir.teligente Ingeniero se debe también
la construcci6n de la plaza de toros de Aguascalie::ites.

uusos sencillos
Yo pienso cuando me alegro
cual un escolar sencillo,
en el canario amarillo
que tiene el ojo tan negro.
Yo quiero, cuando me muera,
sin patria, pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores y una bandera.
JosÉ

MARTL

Domingo

4,

de Octubre de 1903.

ceesfibradora "Ruiz @sorio"
UN INVENTOR YUCATECO
El creciente progreso que alcanza el Estado
de Yucatán, debido muy especialmente á la
considerable alza del precio del henequén su
principal y puede decirse única produc~i6n
en los mercados extranjeros, ha impulsado e!!.
los hijos de la Península grandes alientos para lograr no s61o alto grado de cultura social,
sino lo que efitraña carácter singular digno de
todo encomio: proporcionar á los labradores
de sus campos mayor número de facilidades
en el trabajo, procurando economías de importancia á los capitalistas y útiles de notoria
significaci6n á la industria.
Uno de los yucatecos que en estos últimos
tiempos se ha distinguido más por su espíritu
progresista y por su empeño de facilitar las
rudas faenas del campo, es el señor Don Tomás Ruiz Osorio, quien á sus dotes de hombre laborioso, ha sabido unir conocimientos
muy estimables en mecánica, á la cual ha consagrado, desde los primeros años de su juventud, una existencia que está siendo fecunda en
bienes para el jornalero, necesitado más que
otro alguno en aquella regi6n de la costa, de
medios que amengüen la dureza de su cuotidiana tarea.

*

Don Tomás Ruiz Osorio consagr6se, años
ha, con decisi6n verdaderamente inquebrantable, á buscar el medio de que el filamento del
henequén obtenido por máquinas más 6 menos complicadas y que entre sus cuchillas desfibradoras dejaban gran parte de los productos
de ese riquísimo agave, resultara de más pingües ganancias para el hacendado. A esto tendieron su perseverancia y su labor continua
que han rendido el fruto deseado, con la in-

tremo rudimentarios de que
se valieron por mucho tiempo. Y con sobrada raz6n de
unos y otros. Más que el
valor de cada máquina, el
hacendado se encontr6siempre en la necesidad de aumentar con grandes cantidades las partidas de egresos, para atender á la com postura continua de las desfibradoras que servían en
sus fincas, y el jornalero sentía profundo temor y retardaba su trab11jo, porque en
la máquina veía no una
amiga que lo ayudara eficazmente, sino un enemigo
pronto á mutilar sus brazos,
y, las más de las veces, á
causarle la muerte entre las
afiladas ruedas.
La máquina del señor
Ruiz Osorio puede ser manejada por un jornalero cualquiera, aunque carezca de
los más rudimentarios conocimientos de mecánica,
pues su inventor ha conseguido alejiu de su aparato
toda complicaci6n que pudiera servir de estOl'bo á los
trabajadores y de pérdida
de tiempo; no necesita de
que el propietario recurra á
los servicios de loe especialistas en el ramo, ya que si
Sr. Tomás Ruiz Osorio.

La desflbradora "Ruiz Csorio."

C. Juárw.-El redondel y los tendidos

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Aspecto de la Plaza durante la corrida.

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venci6n de la má,luina desfibradora que lleva
el nombre de su autor.
No nos pondremos á referir las ventajas que
este elemento, á todas luces utilísimo, proporciona á los propietarios y jornaleros yucatecos,
porque no es nuestro objeto más que presentar nuevo testimonio de que la constancia y el
trabajo todo lo vencen y á todos benefician.
Baste decir que la desfibradora inventada por
el señor Ruiz Osorio, ha merecido la aceptaci6n
general de los interesados un el cultivo y explotaci6n del henequén, como á las claras lo
pregonan el número de máquinas vendidas é
instaladas en las fincas de campo y el convencimiento engendrado ya de que otra alguna de
su clase puede competir con la del inventor
yucateco, en economía de tiempo y de dinero.
Las desfibradoras de henequén hasta hoy
conocidas y que, en su mayoría, demandan
fuP.rte capital-pues tan s6lo para su iustalaci6n hay que levantar edilicios adecuados y
muy costosos,-han siclo siempre miradas con
prevenci6n por los hacendados y hasta con temor por los peones de las haciendas, que preferían á las ventajas que estas máquinas pudieran rendirles, los antiguos aparatos en ex-

en la labor pierde alguno de los elementos que
la componen, puede ser substituido inmediatamente por el mismo encargado de atender á
su movimiento; y, además, al desfibrar las hojas de.la planta, no destroza el filamento y produce, en consecuencia, mayores rendimientos
al industrial.
No sin grandes obstáculos ha resultado vencedor el señor Ruiz Osorio en esta lid del trabajo, pues la competencia amonton6 á su paso
todo género de dificultades que, si en verdad
no hicieron vacilar la firmeza de su espíritu
retardaron la hora del triunfo, que por est~
motivo es aún más digno de estimación.
El éxito que ha coronado los esfuerzos del
inventor yucateco y el agradecimiento de las
clases acaudalada y proletaria de su E4&gt;tado
natal, son el mejor lauro que ha podido obtener en esta lucha benefactora para la industria del país.

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DIGESTIONES,
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Del Dr.B'UCHABD de París.
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CURIOSIDAD
("..i\..merlcan Phete Art. l tudio.")

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 14, Octubre 4</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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