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                  <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

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4.- Traje de casa y paseo.

ta Pluma, la mano y la fabtza
No recuerdo en qué lugar,
ni á qué fin ni en qué ocasión
se b ailaron en un rincón,
'
reunidas al azar,
mm pluma muy usada,
pot· el sarro ennegrecida,
una mano desprendida
y una cabeza cortada.
Comprarlas quiso un inglés
y á verlas se aproximó
y pensativo quedó
'
oyendo hablar á las tres.
En su cartera apuntando
fué sus frases una á una;
cartera que, el tiempo andando
á_ mí llegó por fortuna,
'
srn saber cómo ni cuándo.
LA PLUMA

-Olvidada duermo aquí;
pero aunque en el polvo estoy
no me quita lo que soy
'
la gloria de lo que fuí.
Yo la historia enriquecí
los misterios aclaré,
'
las luces multipliqué,
y de la. nada en lo obscuro
brotaron á mi conjuro
amor, entusiasmo y fe.
LA JIIANO

-Mucho te enorgulleciste
y yo tu poder no acato,
que sólo de mi mandato
dócil instrumento fuiste
y de mí marchaste en pos.
¿Quién vale más de las dos?
¿Cuál debe ser más sagrada?

;.La pluma por mi guiada
ó yo movida por Dios. '
LA CABEZA

-Callad, vuestro orgullo vano
yo desharé como espuma:
¿.Qué fuera srn mí la pluma?
;.9né, sin mí, fuera la mauo,
srn el soplo soberano
del genio que alienta en mí?
¿A_qué vinierais aquí?
¿,Oibfmtarais, ni aun delejos
d~ mis glorias los reflejos
'
DI la ventura que os dí"?
EL INGLÉS

-Dice la cabeza bien
Y sus razones son grav~s
que µ.lumas tienen las av~s
Y el cerdo manos también.
pe!'º cabe~a en que ardiente
brille del rngenio el sol
¿qui~n la tiene? ¿Mucb~ gente?
Los rngleses sola.mente
Y acaso algún español'.
Lector, quienquiera. que seas
de cuantas cabezas veas
'
pocas hallarás vacías· '
pero diez tienen ideas '
Y noventa, tonterías. '
EDUARDO DEL PALACIO.

[a Uida dd Ocio
Qué dichoso destino
el del mortal que de seguir no cura.
el mundano camino
Y que labrar procUJ!a
•
un templo solitario á su ventura'.
Que mira indife1·ente
cuant? le cei·ca en el esquivo snelo
que DI honda pena siente
'
por el extraño duelo
ni en el ajeno bien h¡lla consuelo.
_¿(;lué aguardo yo del mundo
v~vien~o loco entre su ruido ~ao-o
st á mt anhelo profundo
"' '
ha d_e ofrecer en pago
glorias fugaces 6 mentido halago?
¡Oh blanda, ociosa vida'
IBh tresagio del goce de ~tra esfe
ama. combatida
ra'
torna por vez postrera
·
á tu lado de calma placentera.
. No vana ciencia quiero,
~i dó se oculta el bien al cabo ianoG9-ué más saber espero
"ro·
si sé que l .. que adoro
'
de amores para- mí guarda un tesoro?
Uno luche y padezca
·
en pes corriendo del laurel ansiado·
ora el otro encanezca
'
c_o n e~ peso abrumado
hsonJero, más grave, del Estado.
Aquel lea y maldiga.
e1 libro que su duda no resuelve
6 el curso al astro siga
'
que al horizonte vuelve
ó quiera el velo alzar que á Dios
envuelve.

Consúmanse estudiando
Y en vigilia. tenaz les baile el día·

Y yo en el sueño blando

'
pase la noche fría
reclinado en tu seno, Laura. mía.
Despiérteme tu beso
cua.nd o ~l cenit el sol haya subido,
Y, de ocio en el exceso
ele tu cintura asido
'
vay ª á sentarme en el cojín mullido .
Allí apure, delante
ªi
l_a. alta estufa, entre abriaad a ro•
e hco1· excitante
"'
pa

que e~ la chinesca copa
'
el Asia ofrece á la gastada Europa.
Y dé al aura liviana
por que á las horas á 'volar coad·
la planta americana
yuvl',
que en amorosa. nub¡,
á figurar las esperanzas sube.
5.- Variada colección de trajes de paseo.

Así trascurra el día
Y otro venga con él sie:npre conteo·

téngase su alegría,
to:
no entera,, el que, sediento,
en el festín se arroja tur bulento.
Yo_ libre de pesa.res,
e~ ocio adoro en plácido retir o
srn .ambición ni azares,
'
Y. aire puro respiro
srn exhalar ponzoña en mi suspiro.
Y cuando el mundo rueda
e°: n~gro torbellino de rencores,
m1 vida ociosa. y leda
·
huy a, Laura., entre llores,
ocupada tan sólo en tus amores.
EUGENIO SELLÉ~.

ta rdorma dd traj~ Jtm~nino
Pocas cosas hay que cambien con
más frecuencia que las modas de los
trajes femeninos, y, sin embargo,
en virtud de un fenómeno bastante
inexplicable, ca.da creación nueva
de esta moda se impone inmediata•
mente á nuestros ojos. Hoy día,
cl!'si no se puede creer que baya habido un tiempo en que el miriñaque
Y otros accesorios por el estilo pa•
r ecían indispensables; 6, para no
remontarnos tan lejos, que la cho·
carrera invención de los tontillos
h aya sido aceptada, hace veinte
años, por la generalidad de las ele·

gantes. Con casi todos los detalles
del traje femenino pasa. lo mismo:
son efímeros, y, mientras duran,
uno los creería. eternos. Ha.y algo
de lo ridículo, de lo imposible, en
la. moda de ayer y en la de mañana¡
hay una especie de necesidad en la
moda. de hoy.
No se debe perder de vista esta
doble observación cuando se quie·
ra.n presagiar los cambios que el
porvenir ha. de imponer al traje de
las mujeres. Prepárense ustedes
para aguant~r protestas, y también
burlas, si se les ocurre insinuar
que una pieza dada de la. vestimen·
ta actual ha de llegará abolirse un
día, ó á transformarse radica.lmen·

te. Un escritor a.migo pasó por esto
no ha mucho. Dedicó á estas roo'.
destas profecías un capítulo entero
de un libro que apareció el afio pa·
sado. Al final de ese capítulo el
autor llegaba á la hipótesis de 'un
vestido más holgado, más sencillo,
más uniforme .... Pueden imaainar·
se ustedes si recibiría. el hombre
cartas en las que se le bacía saber
que no entendía. jota de la. cuestión,
que estaba divagando.
Ahora bien: no ha transcurrido
aún un año Jesde entonces, y ya se
nos dice que la. reforma del traje
femenino está en vías de realizarse
en casi todos los países del Norte...
¿Se sonríen ustedes? ¿No creen que

las mod1:,,s holandesas lleguen á im·
ponerse en París? ¡Tengan cuidado!
Ha caído en mis manos un la.rao
artículo reciente, de una. de las p:rsonas más calificadas para. hablar
seria.mente de cintas y de moños 1 de
Mme. de Broutelles: no se trata a.b·
solutamente de copiar costumbres
de La_ Haya. ó de Dresde; se nos
anuncia, se nos demuestra un &lt;tra·
je reforma&gt; nacional, bien francés,
un traje reforma refinado, traído á
f'.arís. Croquis, patrones, comenta•
rios, na.da falta .... La sobria ves·
timenta del porvenir aparece allí al
lado, frente á frente, de los famosos
trajes modernos de Mlles. Toutáin,
Lender, Adiny .... Y esta intrusión

�EL MUNIDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.
evoca. el contraste que hicieron en
la corte de Luis XVI, entre los señores vestidos de oro, de terciopelos
y de encajes, la levita flotante, el
calzón.neg-ro y el sombrero sencillo
de Franklin.

***
Mi proyecto no es describir aquí
en detalle lo que se llama el traJe
reforma. Envío al lector, sobre este particular, á las publicaciones
especiales de la moda. Lo que interesa á la historia de las costumbres
es poner en claro las causas de esta
tentativa, y prever sus probabilidades de triunfo.

La ca.usa primera hay que buscarla en el cuidado que los médicos
se toman, de unos aí'ios á esta parte, por 1a higiene femenina. &lt;N uestros corsés-dice Mme. de Broutelles- comprimen el estómago, el
hígado, el corazón, los pulmones;
nuestras faldas barren el polvo y
levantan los microbios .... El corsé
traba los movimientos. La mujer
que usa corsé, sufre un malestar
vago que perjudica su trabajo. Con

Eso es lo que confiesan las interesadas. Se ve que es el corsé la
pieza más desacreditada, más amenazada, del traje actual: también
esa pieza es su armazón central,
esencial. Los reformistas de Holanda, de Alemania y de Francia, están
de acuerdo en su supresión. Aun en
el caso de que se aplazara la revolución del traje femenino, no se puede asegurar que el corsé sobreviva,
por lo menos en su forma actual.
Será menester que se humanice, que
se suavice, que se resigne á no ser
más que un simple corpiño, 6, como
le llama púdicamente el periódico
de modas donde lo veo dibujado,
un «sostén del cuello&gt;. Los puntos
de apoyo de este sostén estarían en
los hombros, y nunca en la cintura.
El primer artículo de la Constitución reformista es la liberación del
talle femenino.
Para evitar la opresión de los
cordones alrededor de la cintura,
la reformista adoptará la combinación que liga el calzón á. la camisa
y que hace descansar sobre los hombros el peso de esta pieza de ropa
blanca. Encima de la combinación
se colocará el corpiño. A partir de
este punto, dos escuelas solicitan á
la neófita. O prenderá directamente
de los botones del corpiño el viso 6
el pantalón que, en el estilo moderno, es la única prenda interior, y
este sistema tiene el inconveniente
de subir el talle á la ID'anera de los
vestidos Imperio; 6, imitando á sus
rivales del sexo fuerte, disimulará
debajo ¿le la camisa de vista un lin·
do par de tirantes. encargados de
sostener el viso 6 el pantalón, y
después la pollera. En uno y otro
caso, no hay cordón que oprima la
cintura; todo el traje se apoya sobre los hombros, dejando libres los
movimientos del torso y de los brazos.
En resumen, el primer sistema
(holandés-alemán) da al traje de la
mujer un aspecto de ropa interior.
El segundo sistema (francés) da por
resultado un traje «de sastre&gt; un
poco suelto.
La comodidad de cualquiera de
estos dos sistemas es indiscutible.
Sobre su elegancia es sobre lo que
podrán hacerse objeciones. Y éste
es el punto que hay que dilucidar.

muy sencillo; precisamente, por la
forma &lt;tailleur&gt; 6 por la forma.
&lt;princesa&gt;. El gusto de los atavíos
complicados no es de ninguna ma·
nera innato en ellos: no lo adquieren sino á la larga, á fuerza de
asistir á la exposición permanente
del lujo femenino que ofrece la sociedad parisiense. Además, para
muchos de ellos, esta. educación suntuaria. no es más que un ejercicio
de vanidad.
No hay uno en diez hombres que,

si se pone á mirar atentamente los
trajes de las mujeres, reciba de ellos
más impresión que la de una mancha confusa. Hagan la prueba, señoras: pidan á sus íntimos que las
describan el traje que ustedes lle-

elicorsé a.justa.do no puede levantar
los brazos. Obligada cQmo está á
recogerse el vestido para preservarlo del polvo 6 del barro, se siente
molesta. en cuanto tiene que llevar
el paquete más insignificante, y se
fatiga en seguida. cuando anda. á
pie. En fin, la complicación de nuestro traje nos obliga á emplear en
nuestra &lt;toilette&gt; demasiado tiempo&gt;.

peque en lo ridículo de los encajes
falsos, de las pieles falsas, en todo
el fraude deplorable y conmovedor
del lujo económico.
Uno de los grandes beneficios
&lt;mora.les&gt; de la uniformidad en la
vestimenta masculina, es que el ka•
je de ci!lcuenta francos no se siente
mal al lado del traje de cincuenta
1uises. El de cincuenta francos piensa con sinceridad: «Soy igual á este compañero .... &gt;
¡Cuántas magulladuras se evitarán á. los pobres corazones femeninos el día en que la obsesión de los
trajes inaccesibles no sea ya un
martirio para las mujeres! ....
MARCEL PREVOST.

I

(

_.,,,

-,ti&gt;:'
~-

***
No nos paguemos de bellas palabras, y pidamos á las portadoras
de corsés una respuesta franca:
&lt;¿Para quién se visten ustedes?&gt;...
Si responden que es para ellas mismas 6 para las otras mujeres, téngase por cierto que no son sinceras
6 que se analizan mal. La prueba
es que, en las situaciones, en los
centros donde no tiene la preocupación de ser notada, ni honestamente
siquiera, por el otro sexo, la mujer
pierde inmediatamente el gusto para arreglarse .... De modo que, detrás de las objeciones estéticas que
suscita el &lt;traje reforma&gt;, hay este
temor supremo: vestidas así, nuestros novios, nuestros maridos nos
sacrificarían inmediatamente á las
mujeres que se arreglan por el estilo antiguo&gt; ....
Pues .... sinceramente, este temor
me parece quimérico. La preferencia secreta 6 declarada., de los hombre's está por los trajes de dibujo

el traje reforma vestido únicamente
por desheredadas de la belleza y de
la elegan.cia. Yo me niego, por mi
parte, á Juzgarlo, y, sobre todo á
condenarlo, mientras no lo h~ya
visto adaptado á la gracia erudita
de nuestras p~i~cesas de la moda.
En estas condiciones, el traje reforma cos~ará evidentemente muy caro, casi tan caro como las complicadas vestimentas de hoy día. Pero
~f~ecerá la ventaja de poder ser
imitado con poco gasto, sin que 88

..-_

Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

exoHcadón dt

nutstros grabados.

En la primera plana del presente
número publicamos una variada y
vistosa colección de trajes de paseo casa y visita. Nuestras lector~s podrán darse cuenta, en vista de los grabados ~ que nos referimos de las evoluciones que lentamente va sufriendo la moda y que
en la época actual se han singularizado en vista de la llegada de
una nu~va estación.
Comenzando por el orden de colocación en que se hallan los grabados podrá verse que el primero,
cuya blusa es de estilo torero, consta de una falda enteramente lisa y
que sólo lleva en su parte inferior,
aunque el grabado no lo represente una ligera aplicación de pasam~nería. La blusa es muy elegante y de buen gusto. Recamada en
las solapas y llevando en éstas hermosas aplicaciones también de pasamanería, ostenta un bonito canesú de gasa. Las mangas han sufri·
do ya algunas transformaciones,
pues en su parte final llevan colgaduras de seda y enea.je.
El segundo vestido, ne paseo, se
confecciona con tela á cuadros y
en la blusa se coloca una espiguilla á manera de corbata., lo cual es
una originalidad, pues los modelos anteriores no presentaban esta
innovación. El tercer traje, tam•
bién de paseo, se confecciona con
tela de lana de color claro, y la
blusa, lo mismo que la falda, se ta·
blea en toda su extensión con me·
nudos pliegues. En el centro de la
blusa y al rededor de los hombros,
está el adorno principal de este
vestido, que consiste en una gran
aplicación de la misma. tela, ribe·
tea.da con cintilla maravillosa de
color oscuro.
Finalmente, los dos últimos tra·
jes de nuestro grabado, propios
para casa y visita, son toreros y
de estilo moderno. Ambos se confeccionancon ricas telas de seda, y,
en relación con la calidad de estas
telas, deben ser los adornos de
encaje inglés finísimo.

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&gt;

ESPERANZA.

EN LA NOCHE
va.bao la última vez que se vieron...
En cambio, los recuerdos más d~finidos que conservan nuestros OJOS
inexpertos y descuidados, son precisamente tal cual aparición de un
dibujo neto, de un color unido: en
el estribo de un vagón, en la cubierta de un vapor, la silueta de una
viajera; 6, en una visita matinal,
de sorpresa, la libre gracia de un
cuerpo femenino, sencillamente vestido, en traje de casa.
He ahí por qué pienso que las
jóvenes reformistas no tendrían nada que temer de sus rivales, bien
entendido que á condición de que
no renunciaran á agradar. Por favor, no vayan á imaginarse ustedes

Al fin los fatigados párpados se
bajaron c&lt;?n len~itud,. velando l_as
pupilas tristes, mfimtamente tristes de la pobre desvelada, y entonces' ella so!!ó que deslizándose con
pena llegaba.á las puertas del templo del Destino y penetraba basta
el pie de un altar, y que cuando
tendiendo hacia la divinidad implacable sus manos temblorosas,
había pedido algo con 9ue _llenar
el inmenso vacío que la ilusión, la.
esperanza y la nostalgia de los pa·
sados días, habían dejado en su alma la voz severa de Aquél había. le ~ontestado: «De recuerdos&gt;; Y
despertó con un nombre querido
en sus labios, pálidos y seco~ como
pétalos de flor que se marchita.
DOLORES.

por que América surgiera
del genio que la soñó.
FÜése efbravo genovés, ,....._
marino y sabio profundo,
y al tornar, rindió á sus pies
nada menos que otro mundo ....
Aquí termina mi cuento,
pero sucede, Isa.bel,
que, sin ser ése mi intento,
sobra á mi cuento pa.peL
Como la pluma al vagar
fantasear al numen deja,
me ocurre una moraleja;
aquí la voy á estampar:
Tú en el mar de la ilusión,
con ~l a.mor por bajel,
has conquistado, Isabel,
otro mundo, .... un corazón!
RAFAELESTEVES

BUROZ.

CUBITO DE A.LBDII
.--Voy á contarte, Isabel,
en pocos versos no más,
un cuento, si no es infiel
mi memoria:
Tú sabrás
que hubo un 1?ravo genovés,
marino y sab10profundo,
que dijo:--Le falta al Mundo
todo un continente.
Pues
Llegó al Trono de una dama
que ostentaba un~ Co:ona,
á quien hoy la Historia abona
por su gloria y por su fama.
y aquella Reina hechicera
un gran hecho realizó
6.- Corbatas, bordados, :vestidos de casa y delantales.

7.-Trajes de paseo, vestidos para niños y modelos de bordados.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de _1903.

EL STRADIVARIUS
I
Mr. Lebonnat'd, primer violín en
los conciertos del Conse1·vatorio, se
dirigía cierta maíl.ana á casa, de su
bija Ana, casada con 1fr. Deroy,
modesto empleado de Hacienda, en
busca de noticias de su nietecita
Paulina.
La niña, preciosa criatura de seis
años estaba enferma bacía dos meses. devorada por la anemia.
Cuando Mr. Lebonnard hubo llegado al quinto piso de la casa del
bulevar Aragó, donde vivía su
bija, se detuvo para tomar aliento
antes de ll&lt;\mar, y se quedó dolorosamente impresionado al oír la
voz del médico:
-Ya sabe usted, señor, lo que
le tengo dicho. Esa nil'ia se marchita en el clima de París, y necesita mucbc; aire y mucho sol. Lo
mejor sería llevarla al Mediodía,
á Niza .... Con que pasara dos meses á las orillas del mar, estaba
completamente curada. Es preciso
que á toda costa bagan ustedes un
sacrificio. De lo contrario, no res pondo de la niña.
Salió el médico, y acto continuo
entró Mr. Lebonnard.
-¡Conque, según parece, eso anda mal!-dijo el abuelo de Paulina.
-¡Vaya con tu médico! Habla de
ir á Niza., como si se tratara de ir
á un pueblo de las inmediaciones
de París! ¡Todos son lo mismo!
Francamente, los médicos no deberían asistir más que á príncipes
rusos y á tenores italianos. Voy á
ve1· á Paulina y vuelvo en seguida.
Tengo que decfrte una cosa muy curiosa.

II
Mr. Lebonnard estaba en la sala
sentado junto á Mad. Deroy, y hablaba con animación:
-Figú r ate, hija mía, que días
atrás recibí la visita de un inglés
que deseaba. comprarme .... ¿qué
dirías? .... ¡nada menos que mi
violín, mi Stradivarius! .. Me ofrecía por él diez mil francos! Le desp.:,dí diciéndole: &lt;Aunque llenara
usted esta habitación de guineas y
de medias coronas con la efigie de
Su Majestad la Reina Victoria, no
le daría mi violín, esa joya fabricada en 1102, en Cremona, por el
propio Antonio Stradiva.rius.
-Ya veo la escena-dijo Ana,
sonriéndose melancólicamente. ¡Aviado estaba el inglés con un fanático como tú! Aunque te ofrecieran las minas de Golconda, no te
desprenderías de tu violín.
-¡Pues es clar o! Pero son 1-as
tres y tengo que irme al ensayo.
Recuerdos á tu marido y cuida mucho á Paulina. El domingo vend1·é
á almorzar con vosotros y traeré
una langosta. ¡Vaya, adiós, hija
, 1
mia
.....
Y uniendo la acción á la pal abra,
Mr. Lebonnard, todavía muy ágil,
á pesa1· de sus sesenta y cinco años,
bajó á toda prisa la escalera, temeroso de faltar al cumplimiento de
su deber.

8.-Modelo de pint ura y tejido.

inducirle á que se desprendiera de
aquel objeto maravi;loso y extraordinario que constituía todas las
ilusiones del anciano.
Y la desventurada madre, persuadida de que era preciso renunciar á aquella espe1·anza, entrevista por un instante, dió rienda suelta á su llanto.

IV
Paulina no mejoraba; Mad . Deroy y su marido esLaban desolados.
Llegó el domingo y Mr. Lebonnard se presentó á la hora de almorzar.
Estaba, al parecer, muy contento, y antes de sentarse á la mesa
dijo á sus hijos:
-Vais á tratarme de gorrón. Os
había prometido una langosta y
no la traigo. Pero, en cambio, os
daré una noticia que va á colmaros
de alegría. Figuraos g ue se me ha
ocurrido la idea de que vendiendo
el Stradivarius, podría permitil'me

el lujo de pagar el viaje de Paulina á Niza.. Por consiguiente, con
el violín bajo el brazo,corrí en busca del inglés, á quien encontré en el
hotel Brístol. Y el asuntó marchó
á peñir de boca. Como el milord se
mostraba sorprendido por el brusco cambio operado en mí, saqué de
uno de los bolsillos de mi gabán el
retrato de Paulina y se lo enseñé.
«Caballero-le dije,-si le vendo á
usted el violín, es porque con el dinero que va usted á darme pienso
salvar la vida de mi nieta, cuyo
estado de salud exige un vi.aje al
Mediodía.&gt; ¿Y sabéis lo que me
contestó el demonio del inglés?
Pues bién, me miró cara á cara y
me contestó: &lt;Señor Lebonnard, no
soy tan mala persona como pudiera usted suponer. Hagamos el trato que voy á proponerle. Le regalo á usted cinco mil francos, con
una condición. Tiene usted sesenta y cinco años, y yo treinta y cuatro. Lógicamente se moriI-á usted
antes que yo. Si, como espero, me
precede usted en el otro mundo, be-

Toluca, M:éx., agosto 21.
La Presidencia del ConsPjo Huperior de Salubridad de T oluca
Esta.do de l\Iéxico, ocupad a po~
e~ Dr. Juan N. Campos, revistió,
sm duda, de peso, autorización é
interés á las siguientes pa labras
firmadas por ese facultativo:
"Con buen éxito y en gran escala he venido haciendo uso durante muchos años de la excelente preparací6n denominada Emulsi6n de Scott, notando que en
muchas enfermedades, como en
la tuberculosis, escr6fula, etc., y
sobre todo en la infancia, da resultados superiores á los qu e se
obtendrían con cualquier a otra
preparaci6n de su género.»

Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de N ueva York.
Ilace pocos u1as que se practicó la
apertura del testamento del I lustrlslmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feeban
en la ciudad de Cblcago, Illinols .
La fortuna del distinguido prelado ascendió ll. cerca de $125,000 oro ame·
ricano; y segñn el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó !ueroo
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compaiíla de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, ó sean. . ~ r;o,ooo oro.
Dividendos acumulados so!l,3:!!J oro.
bre una de las pólizas
Otra póliza de seguro. . . 14,vvO oro.
Aceioues en efectivo y en
Bancos . . . . . 'r" . 117,000 oro.

♦
♦
Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Esta.dos Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSW0RTB.-Agente General.

ta. Ban F,-anol•oo, llflm. B, Wltbc/oo,

a. F .

································~

á r iesgo de hacer suponer al otro
que sus argumentos son incontestables. Naturalmente, este silencio
tiene que ser cortés, discreto, no el
silencio odioso de los matrimonios
mal avenidos, que es un silencio de
disgusto y aborrecimiento. Pero si
el marido y la mujer son de genio
vivo y no pueden evitar las discusiones acaloradas, entonces deben
ponerles término inmediatamente;
auu más: deben separarse é ir, él á
fumar un cigarro en la biblioteca ó
en el jardín, ella á tocar el piano ó
á segui1· una novela., hasta que am·
bos hayan olvidado toda la cuestión.
Un error en que incurren muchos
casados, es evitar toda conversación sobre asuntos de dinero. Pero
ni la pareja más eni,.morada puede
vivir sólo de amor y del aire que
respira; no es dado á todas ellas,

Un solo agravio puede destruir
una larga a.mistad, á semejanza de
una cadena que para romperse Je
basta con que se le quiebre un eslabón.

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzobispo fttbn.

1

r

AUGUSTO FAURE.

EL TEST AMENTO

III
Madame Deroy pensaba que con
los t1·es mil francos de sueldo de su
marido y las pocas economías que
había en la casa, no era posible enviar á Paulina á Niza.
Había que renuncia1· á semejantt&gt;
propósito.
Y la pobre mad1·e se echó á llorar, en la creencia de que su adornda hija moriría quizás ¡.ior falta
de un rayo de sol.
De pronto se estremeció.
La historia del Stradivarius oprimía su pensamiento. Aquellos diez
mil francos ofrecidos por el inglés
á Mr. Lebonnard, eran una tabla
de salvación. Significaba.o el viaje
de Paulina á Niza. ¡Diez mil francos! Indudablemente, el inglés debía estar loco; pe1·0 aquella demencia bienhechora podía salvar la vida de su hija.
Sí, pero•. ,. ¿se preshría :M.r. Lebonnard á vender su violín? En su
pasión de artista y dominado por
su fanatismo, no habría medio de

redo el Stradivarius, que me legará usted en ~u te.staID:ento. En el
caso contr~rio, mis exigencias quedan destruidas por sí m ismas · se
queda usted con los cinco mil f; anco.s, con la obligación de tocar en
mis funerales el &lt;Ave María&gt; de
nuestro di vinolGounod. ¿Le conviene á usted el trato?&gt;
¡Vaya una pregunta! Como podéis figuraros, inmediatamente quedó a1·rreglado el asunto.
Madame Deroy estaba loca de
alegría.
-Y:-afiadió ~r. Lebonnard con
ID:ªh.c10sa sonrisa-tengo la conv1cc1ón de que be hecho un excelente negocio y de que tocaré el &lt;Ave
María&gt; de Gounod, en el entierro
del inglés. Y ahora, hijos míos, á
la ~esa, porque tengo un hambre
ca.moa.
Después de almorzar haréis el
equipaje. Esta misma tarde me llevo á Paulina á Niza, y dentro de
dos ó tres meses os la devolveré
completamente curada. iA la mesa
hijos míos, á la mesa!
'

Ent1·e las d"isposlclones del senor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sellorlta Kate Feeban,
que estuvo siempre con él basta sn
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro:
r, la seilora Ana A. Feeban, viuda del
señor doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y i5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la Qltima póllza; A la
escuela • 'Santa Mar!a' ' de ensenanza
p~ctlca para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuc!0n por la
que mlls se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la 111tlma póliza.

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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Rtfltxionts al azar
sobrt ti matrimonio
Hubo un tiempo, que yo mismo
recuerdo, en que, tanto los hombres
como las mujeres, usaban anillos
de compromiso. En mi opinión, esta costumbre era linda. El anillo
de compromiso deberían usarlo el
marido y la mujer, no sólo como recordativo constante de la fe jurada, sino ta.m bién como un talismá u;
debería se1· una joya querida, dada
al marido por la mujer, así como á
la. mujer por el marido, é imprimiendo en ella en uno y otro caso
un beso ardiente de amor.
El anillo ele compromiso es una
joya tan preciosa para las mujeres
amantes, que be sabido de algunas
que se enloquecie1·on al perderlo.
;,Cómo no ha de ser también inapreciable para el hombre que ama á su
mujer '?
Siem1ll'e que dos personas que
hacen vida común no son de la misma opinión ó del mismo gusto, tiene que haber concesiones por parte
del uno ó del otro ó de Jo contrario ocurrid u11 co~fiicto. En el lenguaje conyugal, «concesión&gt; equivale á «dc·ber&gt;. H ;, y que hacer coneesiones hasta en la co11versación
dia1·ia, y d, ben evitarse siempre, Y
con el mayor cuidado, las discusiones largas. Las discusiones son,~ o ,·
lo general. inútiles: nunca llevan el
convencinü~nto, y pueden hacer co1·rer á uno u11 grave riesgo: el de
que ¡,ierda el dominio de sí mismo.
Con el deseo vehemente de probar
que tiene razón, el hombre deja esc,apar palabras que después lamenta haber pronunciado, traiciona
P.e usamientos que siempre ha quer~do reserv a r, y cuando la discu sión termina, esas palabras quedan
Y el dafio está hecho.
En cuanto una discusión toma un
giro demasiado vivo, uno de los
dos debe tener bastante dominio de
sí para dejar de echar más leña al
fuego; debe quedarse callado, aun

1.

1.- Trajes de paseo y sombreros de la estaci6n.

sino á mu.v pocas, por cierto, el
gastar sin llevar cuenta. El marido y la mujer son dos amigos, dos
socios que deben reunirse constantemente en «petit comité&gt;, para tratar de todos los asuntos de interés
pecuniario y equilibrar su presupuesto de gastos é ingresos. Una
vez á l a semana, por lo menos, deben dedicar una hora á esto, mano
á mano, como dos grandes amigos.
De ese modo, con la confianza mutua, cada cual alentará al otro á
pensar en el porvenir, y poco tí. poco llegarán á encnntrarse en posesión del mícleo de una pequeña fortuna., que iní inspirándoles un interés cada vez mayor, y que un buen
día resultará ser, para sorpresa de
ambos, bastante abultada y productora de un interés que acrecienta conside1•ablemente la renta ele
que disponen.
Una mujer casada no debería
consentir nunca en recibir tanto á
la semana para los gastos domésticos, tanto al mes para sus vestidos,
y ser tratada, por decirlo así, como
un dependiente de su marido. Ella
es la que debería resol ver, teniendo
en cuenta la situación económica, si
puede permití rse comprarse dos
sombreros ó uno solo. Ni la i11clicación de esto, ni mucho menos la
orden, deberían partfr del marido,
sino de ella.
l\Ie gusta el sistema francés, en el
que el hombre consulta á la mujer
sobre todas las cuestiones importantes ele carácter económico, como
la inversión de los ahorros, etc.
Pero esto es porque, desde el día de
su casamieuto, el marido francés se
pone á instruir {L la mujer en los
detalles de su profesión ó negocio.
y en las especulaciones mejores y
más seguras de la época; y siempre
é inmediatamente la nombra su ministro de hacienda [en la masa del
pueblo, á lo menos]; y, no vacilo
absolutamente eu asegu1·arlo, por
eso la fortuna de Fran~ia es estable y sólida. En efecto, gracias
á la in fluencia de la m uje1·, las familias francesas han in ve1·tido su
dine1·0 en los títulos más seguros

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 14, Octubre 4</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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