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                  <text>Domingo 11 de Octubre de 1903.

.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

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EN_NUESTRA CASA
EL CU ARTO DEL ENFERMO

4.-Monogramas para mantelería.

Mucho deseo, amigas mías, que
los consejos que voy á daros no les
utilicéis por el momento; mas des•
graciadameote, en una época. 6 en
otra., rara es la familia. que no tiene que cuidar algún enfermo; cuan•
do menos lo esperamos, nos acechan
Y nos hieren los males; entonces las
esposas é hijas cariñosas mitigan
lc;s sufrimientos del enfermo con sus
atenciones y cuidados, sobre todo
con una esmerada limpieza, por ser
uno de los mejores remedios; bien
puede decirse que en nuestras femo·
ninas manos está el reposo, el va·
lar y hasta. la vida del que sufre Y
tanto nos interesa; pero el cariño y
la buena voluntad no bastan, ni el
saber cuidar enfermos es cosa que
de repente se improvisa: requiere
mucha reflexión y es preciso aprender.
Las diversas enfermedades exigen
distintos cuidados, pero hay a.lgu•
nos que siempre son idénticos; el
primero y más importante es el

5.-Traje de paseo, capota y saco de abrigo,

arreglo del cuarto del enfermo, pues
la alegría, la ventilación y la limpieza influyen considerablemente
en su curación, por lo que no debéis
dudar en llevar al enfet·mo á la me•
jor habitación y más tranquila de
la casa, á no ser que estuviera tan
grave que hubiera peligro en transladarle.
Antes quitaréis la alfombra y to•
das las colgaduras, tan difíciles de
limpiar, y de ningún modo debe re•
moverse el polvo microbiano en el
cuarto del enfermo; si el mal ha sido tan repentino que no ha dado
tiempo de tomar esta precaución,
no permitáis nunca que se barra la
alfombra, pero cuidaréis de que se
pase un pallo humedecido con agua
y vinagre. Los cepillos ml)cánicos
pueden emplearse alguna vez, pero
las menos posibles.
El aspecto de una habitación de
enfermo debe ser muy alegre, sobre
todo en caso de enfermedad crónica. Si es posible, las paredes deben
estar pintadas de color claro y
adornadas con algunos cuadros boIl:itos; estos detalles influyen pode•
rosa.mente en el ánimo del enfermo,
y le sostienen en un estado satis•
factorio que ayuda mucho al médi•

�EL MUNiDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.
co, á las medicinas y á. la. naturaleza..
Suprimid toda. la. tapicería; en
los crista.les poned bonitos visillos,
y una. alfombrita á los pies de 1a cama. y alguna. otr-a, también pequeña.,
es lo único que puede tolerarse; en
cambio multiplicad las mesitas,
cubl'iéndolas con hule blanco, 6 en
su defecto, una servilleta 6 mantelillo muy limpio, que renovaréis todos los días.
Estas mesitas os serán muy útiles
para dejar las medicinas, las tazas
de tisanas, los remeilios urgentes y
á veces ciertos instrumentos de cirugía.

Es indispensable conocer las reglas de la antisepsia á fin de ayudar al médico, y no obligarle á que
esté inspeccionando constantemente; importa mucho también tener
con los enfermos prontitud y decisión en los movimientos; su estado
nervioso es generalmente irritable
y los que va.o y vienen á su alrededor suelen exasperarles, por lo que
se debe tener á mano cuanto pueda.
necesitarse: la medicina que tiene
que tomar, la cuchara de plata en
un recipiente de a.gua. fresca. y clara, el mantelillo para secarle la boca, la taza 6 vaso con los bordes
muy limpios, el termómetro para
tomar la temperatura del enfermo y
que a.ntes de ponérsela, se sacude con
un fuerte golpe, á fin de que se ponga á los 35Q, y de este modo saber
exactamente la temperatura del enfermo; el pañuelo ligera.mente rociado con agua de Colo nia, para
refrescar las sienes 6 los labios. Si
bg,y necesidad dt.bielo, se conserva

Domingo 11 Jle O9tubre de 1903.

EL MUNDv ILUSTRADO

en una. copa. recubierta. con frq,aela.
gruesa, 6 mejor a.úa, entre serrín.
Siempre á mano y muy bien arregla.do, el infiernillo para. calentar
la tisana recomenda.da y cuando
ha,ga. falta.
Colgad en la pared un termómetro para. fijar la tempera.tura del
cuarto, que será de 16Q
La habitación del enfermo debe
airearse á menudo, á no ser que el
médico lo prohiba. en absoluto;
cuando las venta.nas pueden abrirse por la parte de arriba, no hay
ningún peligro, pero esto, aunque
tan necesario, suele ser muy raro;
generalmente las ventanas se a.brea
en ~oda. su altura., por lo que hay
que rodear la. cama del enfermo de
un biombo eleva.do, para preservarle del aire demasiado directo, y
consultar antes la. temperatura exterior; la humedad, sob1·e todo, es
perjudicial á los enfermos, poi· lo
que ha.y que cuidar mucho de que
los paños y la ropa con que se le
muda, esté bien seca., y lo mejor es
calentarla siempre antes de mudarle; es tan necesaria la limpieza., que
á no ser ea ciertas enfermedades
agudas, que ya lo prohibe el médico, la cama del enfermo debe mudarse todos los días; con un poco
de precaución y destt-eza, la sábana
de encima puede variarse sin mo
!estar al enfermo; se enrolla. y una
persona á cada lado de la cama la
va subiendo, empezando por los
pies; después de colocada, se tira
poco á poco de la sucia., sin molestar nada al enfermo; en cuanto á la
ropa. que tiene puesta., hay que oír
al médico, en caso de enfermedad
grave, aunque la limpieza siempre
es buena; por lo tanto, muda.die lo
más frecuentemente que se pueda, y
si la. enfermedad lo permite, todos
los días.

Tratad de que el enfer.no no se
entregue á la. tristeza y desanimación. tan frecuentes cuando hay sufrimientos físicos; presentadle el
a.gua para su limpieza., fresca y perfumada: su ropa, muy blanca; cuidadla el cabello, peinándolo con
esmero, y si no pudierais emplear
el peine, cepilladle ligeramente.
Tened cierta coquetería. para
vuestras queridas enfermas, si cuidáis á una madre, una hermana. 6
una niña; no las suprimáis las cintas ni los encajes, á fin de adornarlas lo mejor posible y quitar á la
enfermedad su carácter triste y un
poco repugnante, que desaparece
bajo esos esmerados y minuciosos
cuidados.
También os aconsejo que rengáis
dobles colchones y mantas, para
cambiarlos y ponerlos al aire alternativamente; esta precaucióL es indispensable para los niños y los
viejos, y en caso de ciertas enfermedades graves, para todas las edades, porque de lo contrario, suelen
presentarse delirios inconscientes.
Vuestra obligación 6 la de la en·
fermera, si tenéis necesidad de ella,
es cuidar de todo. La. enfermera ha
de tener los cabellos muy arregla.dos, las manos perfectamente limpias y el delantal sin una sola
mancha.
Cuando se da algo á beber al enfermo, se desliza entre su ropa una
s.,rvilleta 6 pañuelo grande; así se
preservan las ropas y sábanas,
además de evitar al paciente la contrariedad y la. fatiga de mudarle

entt-e el día 6, peor aún, á'media noche.
Con las medicinas debe tenerse
especial cuidado; se colocarán en

cerles tomar las medicinas, y en estos casos se necesita. mue-ha paciencia de parte de la enfermera y además un tino especial, 6 lo que llamamos vulgarmente &lt;mucha maña&gt;.
Los progresos de la farmacopea
hacen más cómoda la absorción de
las medicinas; pero así Y todo, aun
hay algun as muy amargas .Y desagradables; procurad no mo¡a.r con
ellas los labios del enfe1·mo y apretarle las narict!s con vuestros dedos preparando antes algo para
que' se enjuague la boca sin soltarle las narices, y de este modo ni el
olfato ni el paladar percibirán el
mal olor y el mal gusto de la medicina.
Estas precauciones son indispensables con los niños, que generalmente no se dejan convencer con
razones; también es muy bueno para quitar el mal sabor de la medicina, mascar un poco de pan y tragarlo.
Completad el mobiliario del cuarto con una &lt;Cbaise-longue&gt; 6 un sillón muy cómodo para la enfermera.· una cama de las que se doblan
es ;iempre muy útil, bien para transladar á ella al enfermo mientras se
le hace la suya, 6 bien para que
descanse algunos ratos la persona

le &lt;preguntó&gt; inocentemente si había. sido herido en la misma batalla.
El sordomudo hizo un signo afirmativo y en un pedazo de papel escribió quehabíacombatidoen AbbaCarima aliado de José Barassi, de
Bardello, y que éste, herido mortalmente, le había encargado llevar
á su madre la última. despedida.

Al comprender este extraño relato los buenos aldeanos no pudiero'n contener las lágrimas; únicamente el sordomudo conservaba
una sonrisa inexplicable, que asombraba á. los p1·esentes.
Pero el estupor de éstos aumentó
considerablemente cuando el sordomuelo se puso á referir cosas de la
aldea, citando nombres de personas

-Sí, yo soy José Ba.rassi, á quien
habéis creído muerto, y be acudido
á esta estratagema para evi¡ar la
emoción que mi regreso ha.bría producido á mi pobre madre.
Podemos figurarnos las exclamaciones de asombro, las lágrimas de
ca.riño que acogieron estas palabras. La anciana madre, á quien
no babia aband0nado el recuerdo
de su hijo, parecía lo0a de alegría.
Reanudando Barassi su relato,
explicó que había errado. °:1u~ho
tiempo por los arenales ab1sm10s,
conservando aún un fusil y b&amp;.yoneta, nutriéndose de raíces y durmiendo debajo de los árboles. Poco á
poco sus ropas se fueron deshila·
ch ando, hasta que quedó completa•
mente desnudo. En esta situación,
encontró un día una negra que se
compadeció de su infortunio, le cuic'ló, le dió una capa y, después de innumerables dificultades, le guió hasta el mar. ¿Cuánto tiempo duró esta aventura\' No puede decirlo, pero sin duda permaneció en Abisinia durante más de tres años.
Logró por fin embarcarse en un
buque inglés, en donde sirvió de
ayuda de cocina y navegó mucho
tiempo por lejanos mares.
Por último llegó á Grecia, se embarcó en un buque que sedaba á la
vela hacia Italia y llegó á Gaeta.
Desde allí, á pie y mendigando, había podido regresar á su aldea.
La población de Bardello le festejó mucho, y de todas 1as aldeas
próximas acudieron visitantes deseosos de contemplar las facciones
del sobreviviente de la batalla de
Abba-Carima y de estrecb&amp;.rle la
mano ....
LUlS PEDROStiO.

FUEGO Y NIEVE

orden, y se las pondrá un rótulo
con letra. muy clara, para evitar t-0do error y confusión.
Deben retirarse á la farmacia portátil todas las medicinas que no se
usan á diario y las que tienen base
venenosa., para no a~umu•
lar pociones y evitar toda
duda. y peligro.
Os repito que hay que te·
ner muy en cuenta la. impaciencia del enfermo y obrar
siempre con exactitud y rapidez; los ha.y tan difíciles,
que no hay medio de ha-

que le cuida. Adornad la habitación con algunas plantas verdes 6
flores sin perfumes; pero así y todo,
retiradlas de noche.
No olviiléis un reloj, porque es
de absoluta necesidad para administrar los remedios, y ya. veréis
eómo todas estas inteligentes precauciones facilitan vuestra tarea y
endulza.o los sufrimientos físicos Y
morales de vuestros queridos enfermos.

Fueron á. buscar inmediatamente
á la madre de Barassi, y el sordomudo confirmó su relato á la pobre

anciana y á los que la acompañaban escribiendo siempre con el lápiz ~n pedazos de papel, y añadió
detalles precisos respecto á 13: desastrosa jornada de Abba.-Carima.
Según decía, 6 mejor, según es:
cribía, él y su compañero ~arassi
pudieron escapar, al termrna.r la
batalla, á una furiosa carga de ll!'s
bordas abisinias, ocultándose ba¡o
un montón de cadáveres, y Barassi
murió al poco rato, diciéD:dole: &lt;Si
regresas alguna. vez á Ita ha, acuérdate de decirle á mi madre que huhubiera mue1 to más dichoso si hubiera. podido abrazarla. por última
vez . ... &gt; Ea cuanto á él, pudo alejarse protegido por la obscurida_d
de la noche abandonando (L un amigo que ya ~o necesitaba ningún auxilio.
Pero las terribles peripecias que
ha.hía. pasado le habían hecho volver sordo y mudo.

y circunstancias. particulares que el
soldado Ba.rassi podía conocer, pero que era extraño explicara un fo.
rastero. Paulatinamente una duda angu~tiosa invadía á los presentes. Este desgraciado, ¿no sería.
el mismo Barassi, en vez de su compañero?
Sin embargo, ni la. madre, ni las
herma.nas ni los parientes lo habían conocido.... Siete años de
ausencia habían borrado de su me·
moría la imagen del ausente-de todos menos de la. de aquella que había sido su novia. antes de marchar
con el regimiento. Hacía. cinco años
que estaba. casa.da. y ahora. era.mujer ca.sera y tenía hijos Cuando
llegó hasta ella la noticia de la extraña. arriba.da del sordomudo á
la aldea., corrió á verle, y por poco
cae desvanecida..-iEs el, el &lt;Ileppino&gt;, es Bara.ssi! .... -Exclamó desesperada.
Entonces el joven se turbó, le saltaron las lágrimas de los ojos, y
no pudiendo resistir más, exclamó:

Amor eterno, sin calma,
juramos con ansia loca:
tú jurabas con la. haca;
yo juraba con el alma;
por eso siempre indecisa
rechazabas mis antojos,
con lágrimas en los ojos
y en los labios la sonrisa..
Y yo, que en mis desvaríos
y en mis amantes excesos
sentía helados tus besos
y quemadores los míos,
decía buscando luego
consuelo á mis penas leve:
&lt;Esa mujer es de nieve.
La nieve se funde al fuego.&gt;
Nuestra. condición mudando
fueron los días corriendo:
la nieve se iba fundiendo
6 el fuego se iba a.pagando;
y si al unirse buscaban
olvido á mutuos agravios,
ya sentía yo en mis labios
otros labios que quemaban.
Hoy la ilusión y el hastío
en ti y en mí se han trocado;
tú lloras como he llorado,
yo como reíste río;
y cuando los besos pasan
á ser por el labio impresos,
creo que hielan mis besos
6 que tus besos abrasan,
y en vano te martirizas
por nnir en los amores
de tu nieve los vapores,
de mi fuego las cenizas.

Historia Romántica
Hace pocos días llega9a. á Bardello, pequeña aldea próxima. _á Va.rece, un pobre diablo, harapiento,
que llevaba. en el pecho un cartelón,
en el cual se leía: &lt;Haced caridad á
un pobre sordomudo, herido en
1896&gt;. Una. aldea.na, llamada Jose·
fina. Barassi, que permanecía_ en la
aldea. mientras las demás se iban á
las labores del campo, se le acercó,
y recordando que en la batalla de
Abba-Carima había muerto un hermano suyo en 1Q de marzo de 1896,
6.-Capotas, e1&gt;rbatas y modelos de tejidos.

-

7.-Formas para sombreros, y modelos de tejido y de bordado.

IGNACIO MENDIZÁBAL.

�Domingo 11 de Octubre de l:íO:!.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Al contrario, soy la mujer más
feliz del mundo.
-Estoy á las órdenes de usted,
señora.

EL APRENDIZAJE
I
-¡Qué feliz soy, Carl os !
Asomada á una ventana, la marquesa de R.... recostó su rnbia
cabeza sobre el hombro de su marido.
-¿De ver11.s, Genoveva?
-¡Ya lo creo! Me encanta todo
cuanto procede de ti.
-Exageras, bija mía, exageras.
-;,Pot· qué te muestras tan escéptico cuando hablas de nuestra ventura conyugal1
-Porque la mujer es un ser muy
complicado, sumamente difícil t'e
comprender.
- Déjate de tonterías y dame un
beso.
-Te juf'o que también me considero en extremo dichoso.
Y era la pura verdad. Hacía tres
afios que Genoveva y Carlos habían contraído matrimonio, sin que
ni una sola nubE' hubiese eclipsado
su felicidad ni obscurecido su vida
alegre y sosegada.

V

II
Un día que macla.me R .... asistió
cop una de sus primas á una venta benéfica, á la que había acudido
todo París, notó la presencia de
una mujer morena, hermosa y elegante que detrás de un mostrador
vendía objetos de diversas clases á
sus muchos amigos y admiradores.
- ¡Qué mujer tan bonita!-exclamó la marquesa de R .... -¡,Qui~n
es?
- Luisa Ver-neuil, la nueva estrella de la Comedia Francesa.
Precisamente al lado de Genoveva hablaba de la actriz un grupo
de caballeros.
-Es una mujer encantadora-exclamó uno de ellos-y de una conducta irreprochable.
- Será ahora- dijo otro.
-¿Qué quiere usted decir con eso?
-¿No saben ustedes que ha tenido en su vida un drama por demás
interesaott.?
-¡No lo creo!
-Sí, señor, una pasión por un
hornbt·e que también estaba loco
por ella.
-¡Es singular!
-Hace cuatro años que se ver ificó la ruptura.
-¿Y quién era ese mortal afortunado?
-El marqués de R. ...
Genoveva se puso pálida; pe1·0
serenándose luego rápidamente, á
pesar del golpe que acababa de recibir, salió del salón en unión de
su compañera.
Sin embargo, al llegará la puerta, se volvió y miró atentamente {~
Luisa Verneuil.

8.-Trajecito infantil.

seaba aprender el arte del teatro,
ese arte tan hermoso y tan útil.
-;.Util pat·a usted, señora'I
-La vida tiene dramas imprevistos,. contra los cuales hay que prevemrse.
Luisa Verneuil miró con sorpresa á la recién llegad a.
-¿Ha sufrido usted mucho?-le
preguntó.

La profesora no t&lt;'nía más que
alabanias para su discípula. Madarne Perrín acudía diariamente á
casa de la actriz, con objeto de ganar su confianza para averiguar el
secreto de su vida íntim a.
Al fin se estableció una profunda
simpatía entre aquellas dos mujeres.
Genoveva, no obstante, no podía
alejar de su corazón la idea de que
su marido había amado á aquella
mujer antes que á ella.
Un día, después de la acostumbrada lección, al notar la acentuad a tristeza de 1a actriz, le suplicó
que le confiara la causa de sus sinsabores.
- ¿,Para qué? ¡mis penas no pueden interesar á nadie!
-Sin embargo ....
-Sí; usted es quizás la única mujer que podría comprenderme ....
¡,Pero á qué hablarla del luto que
llevo en el alma?
-,:.Qué luto es ése?
-Un luto muy doloroso por la
muerte de un ser que existe, de una
te1·ou1·a que era el enea.oto de mi vida. Amaba á un hombre generoso,
pero débil ; bueno, pero sumamente
exaltado; celoso, y tal vez demasiado cándido y sensible.
-¡Corno yo!-pensaba Genoveva.
Ese hombre no supo comprenderme y me hizo sufrir de un modo extraord inario.
-¿ Y qué ha sido de él?
- Se casó y dicen que es feliz. Lo
creo, porque era un hombre leal y
porque yo le enseñé á conocet· y
apreci ar debidamente el corazón de
la mujer. Estoy segura de que ante
su nueva compañera no será víctima de los arrebatos y de las debilidades que antes le dominaban. Hizo conmigo su aprendizaje.

.................................

it "Sf!!t;!!,:1,.~A.~!~...~~lA i!
8~• Franci,co_! ~~Angeles

f

•
:

:

~

~~"t,,_;;~

.

~

III
¡Conque Carlos había amado á
otra mujer antes que á ella! ¡Qué
de1·rumbamiento de ilusiones! ¡Qué
abismo entre ellos desde aquel momento!
Genoveva no dijo una palabra ,í
su marido, deseosa de estudiar á
aquel hombre que le había hecho
creer que su corazón no había palpitado más que por ella.
Después de haber derramado
ocultamente algunas lágrimas, Genoveva se enjugó los ojos.
-¡Qué importa!-exclamó.-Eso
pertenece al pasado, y ahora no
me ama más que á mí.
Pero en el fondo de su alma subsistía una curiosidad, subsistía el
deseo de conocerá aquella mujer y
de averiguar el secreto de la pasión
que había profesado á su marido.
Y un día, a rmándose de va.101·, se
dirigió á casa de la actriz.
IV
-Anuncie usted á madame... Perrín- dijo Genoveva al ayuda de
cámara-y dígale que vengo con
objeto de tomar lecciones.
La ma1·quesa de R. ... fué introducida en una sala, en la que esperó breve rato.
Al fin se presentó la actriz.
Me.dame Penín le explicó el objeto de su visita y le dijo que de-

..i
:

Luisa Verneuil estaba en lo cierto.
-Pues en ese caso-pensaba Genoveva, -he labrado mi felicidad á
costa de la dicha de esa mujei·.
. En el momento de separar~e para
siempre de I a actriz, Genoveva
acer:&lt;?ó ií ella , la cogió de Ja manose
11; dr¡o con voz agitada por la emdc1ón:
-¡Teng-o que ped irle á usted mil
perdones!
--¡.Perdonarla yo á usted? . A santo de qué"?
c.
- El hombre de quien usted me
hablaba hace un instante ha sabi
d? hacer dichosa á su c~mpañera:
s10 duda porque al hacerla sufrirá
usted, comprendió Jo que hay de
bueno. y de santo E'n el corazón de
la mu¡er. He venido deseos a de conocerla á usted, queriendo odiarla
Y ahora comprendo que le debo ¡{
usted gran parte de mi felicidad
Soy la marquesa de R....
·
Y Luis~ ':erneuil contestó á Ge,
noveva sin inmutarse y con la más
asombrosa frialdad:
-¡Ya lo sabía!
H. DE FORGE

Una vez renovadas las fuerzas
l os_ enfermos pueden dormir tran~
quilos y no temer á los ataques
de la insidiosa tisis y de otras eufermedades. Para reconstituir el
organis~o y purificar la sangre, el
uso contmuo de la Emulsi6n de
Scott de aceite de hígado de bacalao es el gran recurso. Sírvanse nuestros lectores enterarse de
lo que dice sobre el asunto el Dr.
D_. Luis A. Díaz y Díaz, de la
Cmdad de México:
«Me es grato manifestará Vds.
que los resultados obtenidos con
1~ Emul~i6n de Scott en mi práctica médica, han sido enteramen
te satisfactorios tratándose de enfermos á quienes les ha sido necesario reparar sus fuerzas 6 en
convalecientes de enfermedadades cr6n_icas, que tanto destruyen
e_l ? rgamsmo, como la escrófula,
tisis, etc., etc.;,

EL TESTAMENTO

Dd 11.mo. Sr. Jlrzobisp0 'fttban.
Los bienes fueron valuados
en $125,000

La mayor parte de lo testado consistia en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañía de Seguros sobre la
vida, de Nueva York.
ITace pocos u1as que se practicó la
upertura del testamento del llustrlsfmo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chfcago, Ifllnole.
La fortuna del distinguido prelado asc~ndl6 tl. cerca de $125,000 oro americano; y segfío el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que dejó fueron
como sigue:

•

:•t

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe son renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios 'y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.

♦ en

¡

i.................................
ta. San FPanolsoo,, Núm. B,, NIIJxloo,,

a. F.

Dos pólizas de "La Mu.
tua,'' Compnilla de Segu,·os sobre fa Vida de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de fas pólizas
9,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones ~n efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 117,000 oro.
Entre fas d'fsposlcfones del seílor Arzobispo, eo su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, señorita Kate Feehnn,
que estuvo siempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de fas pólizas de seguro:
tl. fa seílora Ana A. Feehan, viuda del
sei1or doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del seílor Arzobfspo, $:.!5,000 oro
de otra de fas pólizas, y ~5,000 oro en
efectivo ; (L la Academia de Sao Pa t ricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de fa tíltlma póliza; ll. la
escuela ''Santa Maria'• de ensef!nnza
practica para varones, de Feehanvflle,
Ilflnols, que e1·a fa Institución por la
que mll.s se Interesaba el sef!or Arzobispo, se entregaron los $4,000 restantes de la l\fllma póllza.

ElL MUNDo ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903.

El martirio dt sor Bibiana
Dos años hacía que sor Bibiana
alimentaba secretamente aspiraciones quimé ricas é indefinidas, cuando se supo en el convento que algunas hermanas dejaría.o la vida contemplativa por la acti va, y saldrían
á practicar la virtud en un hospitalillo, cuidando enfermos y asistiendo moribundos.
Fundado tal establecimiento por
sacerdotes, sin más recursos que la
caridad pública, el obispo, asociándose á la buena obra, les ofrecía el
personal de enfermeras, reclutado
en los monasterios.
Sor Bibiana se brindó gozosa.
Al fin encontraba un camino que
recorrer: la deseada senda de espinas que á su corazón parecía de
flores.
No obstante, al año de asistir enfermos en el hospital, empezó á extinguirse el entusiasmo de sor Bibiana.
No era que las vigilias y las fatigas rindiesen su cuerpo; era que
lo invariable, constantemente obscuro de la labor, abrumaba su espíritu.
Volvían á acosarla las mismas
ansias que en el convento; vol vía á
sollar con algo que tampoco en el
hospital encontraba. La senda de
espinas no subía enroscándose hacia la cima de enhiesto monte, se
desarrollaba uniforme,sin interrupción, por una planicie árida.
Lo que hacía ella, sor B ibiana,
igual podría hacerlo una sirvienta,
una lega de esas que, como máquinas, funcionan sin sentir verdadero
impulso de heroico sacrificio.
Mudar apósitos, doblar ropa
blanca, acercar á los labios del enfermo la taza de caldo ó el vaso de
limonada refrescante, parecíanle ya.
á sor Bibiana, adquirido el hábito,
quehaceres caseros que se cumplen
por rutina, con el alma á cien leguas
y el pensamiento adormecido.
La repetición del acto embotaba
la fina percepción y gastaba el celo
de sor Bibiana; sólo el sentimiento
del deber la sostenía, y á cada. order. de la superiora, obedecida estrictamente, pero sin ilusión, una
voz, la voz tentadora de antes, le
murmuraba allá dent ro:
-Hay más, Bibiana .... Hay algo
más.
Ocurrió que por aquel tiempo vino á ingresar en el hospital un enfermito, del cual las hermanas,
aunque tan hechas á ver dolores Y
males, se compadecieron profundamente.
Era un nifio de cinco años, con
todo el brazo devorado por una
horrible quemadura, atribuída á
neglig-encias, intencionadas quizás,
de la indiferente madrast ra, que no
había venido á verle ni una vez,
abandonándole como pajarillo que
el temporal lanzó del nido al pie del
árbol.
Rubio y lindo, demacrado por
tanto sufrir, el niíio atrajo á las
hermanas en rededor de la cama
donde gemía: eran mujeres, bajo el
sayal latía su seno, que pudo haber
sido de madre, y las traspasaba de
lástima tanta inocencia desamparada y to1·turada cruelmente.
Degenerada la llaga en mortal
h1cera, amenazando la gangrena,

,.
' \.,\,,,)

/~.,&gt;
).

. .:_,
~

~ ~

,, ..

.r

.

1.-Elegantes vestidos de visita.
era· preciso cortarle el br azo entero
á, la criatura.
Tenían las hermanas húmedos los
ojos y descolorida la faz cu~ndo el
médico dispuso que se tr_a¡ese _lo
necesario para proceder 10med1a-

ta.mente á l a operaci ón, y la superiora, enternecida, con voz de abuela á la cabecera de un nietecillo,
preguntó si no había medio de salvar al enfermo sin aquella carnicería espantosa.

- Hav un medio . ... -contestó el
doctor,:_pero..... ¡Si este niño tuviera madre! Porque una madre
únicamente.. . Ya ve usted, era preciso cortarle á. una persona sana y
fuerte un trozo de carne, para in-

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 15, Octubre 11</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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