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                  <text>EL Mu NDO
Jlño X-tomo n-núm. 16

ILUSTRADO

mtxico, Octubre

1s d~ 1903,

Director: LIC. RAr'AU RfYt~ ~PINDOLA.

Subscripcid• musual for,nu Sl.50
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Estudio Fotográfico
(" Am.erioan Photo Art.") ·

�Domingo 18 de Octubre de 1903.

iQui17ce Verde Nilo!
Si en estas épocas de desencanto, de desilusi6n y de escepticismo, hubiéramos de encontrar el refugio que han elegido las esperanzas
dulces y las ilusiones lisonjeras, no iríamos á
bus,,arlo en los floridos bosquecillos en donde
antes cazaba corazones el Amor, ni en los templos suntuosos en que las hoy caídas divinidades se hacían incensar y adorar, ni menos
aún en el fondo de esas frías y obscuras cavernas en que se han hundido las meditaciones y
las reflexiones de los Hámlets y de los Manfredos.
No; la ilusi6n tenaz y siempre irreductible;
el ensueño testarudo, nunca hastiado de desengafio; la fe cie~a y rectilínea, jamás convencida por la raz6n, n i desvendada por lamano brusca de la realidad, ni confusa ni derrotada por la experiencia, no encuentran ya
asilo en los faquirismos hi pn6ticos del vidente, n i en las luminosas fantasías del poeta, ni
en los ardores volcánicos del enamorado. Para encontrar esa fe testaruda de los antiguos
fanáticos, esa esperanza terca de los viejos
creyentes y esa certidumbre sorda de los añejos apóstoles, hay que registrar, no espíritus
de filósofos, ni imaginaciones de bardos ni
corazones de trovadores, sino pum y simplemente almas de jugadores y lucubraciones de
p royectistas de ruleta.
Porque, en efecto, una vez declarada por
Brunetiere la bancarrota de la ciencia, y codificadas por Nordau las grandes mentiras de
la Filosofía, del Derecho, de la 1-'olítica y de
la Verdad misma, los únicos hombres lógicoa,
cons~cuentes consigo mismos, sensatos y eminentemente prácticos, son los que en lugar de
prever eclipses, pronostican ((contrajudías», y
en vez de calcular trayectorias, saben ((tantear»
en su oportunidad una buena ((camonina.i,. Y
como es natural, á la fe en la tradición y en
la revelación, ha acabado, y con razón, por
substituirse una fe, comparable, en lo aventurado y lo fortuitÓ,después de una corta etapa en
lo racional, lo demostrable y lo experimental.
Por manera que hoy no hay que buscar creyentes fuera de ese mundo especial que frecuenta los garitos; y si abunJa quien dude de
Newton, de Torricelli y de Pascal, no abunda
menos quien crea firme y ciegamente en los
axiomas indiscutibles de: ((Nunca viene el as
pal rey"; 6, ((De dos de un color, á la mayor";
6, «Sota de patas, dos seguro,•.
Que tales axiomas inspiren fe, no debe sorprender á nadie, tanta así es su evidencia intrínseca; y por eso vemos cuánta gente sacrifica fortuna, dig1iidad, libertad personal y fe.
licidad doméstica al culto de esos grandes
principios. Tales así los mártires y tales así
los fanáticos indios, por tantos títulos dignos
de admiración.
Pues bien, hay mejor aún. Si los ap6stoles
delc&lt;albur" y los asiduos del&lt;cmonte&gt;1tienen apotegmas incontrovertibles y axiomas matemáticos que infaliblemente los conducen, como
á los anacoretas, al desierto social y moral, á
la abstinencia suya y de los suyos y al menosprecio público, los jugadores dt ruleta son aún
más «meritoriosos y gloriosos", porque van al
mismo Calvario de angustias y al mismo Tabor de oprobio y de miseria, sin el guía infalible y la norma segura de lo:1 grandes principios de Birján.
El ruletista, en efecto, no es una locomotora entre dos rieles; es un ave libre y poderosa
con todo el espacio al frente y to&lt;la la fuerza
en sus alas. Lo que el jugador de ruleta necei:ita, no es recordar 6 invocar un axioma previamente establecido, sino saber ,,tantearsei,.
Imposible averiguar, dado que vino el 36 colorado, si su sucesor será el 4 negro 6 el 18
fre~a machucada. La sabiduría de las naciones nada ha establecido á este respecto. Pero,
en cambio, el «tanteo)) es todo; el "tanteoN, es
decir, la proporci6n y el monto de las apuestas sucesivas.
Y de más á más, la cuesti6n del "tanteo", como todas las grandes cosas, es el huevo de
Col6n. ¿En qué consiste, en resumidas cuen-

EL MUNDO !LUSTRADO

tas, c&lt;el tanteo&gt;1? Pues pura y simplemente en
esto: si se ha perdido u na ccparada&gt;1 de «á peso", en ganar otra de lÍ dos . . De manera que,
en punto á ruleta, todo consiste en apostar en
forma y modo de perder las apuestas cortas y
de ganar las grandes, procurando que unas y
otras sean en lo posible, en número igual.
Supong~mos que mis lectores, 6 alguno de
ell()S han perdido diez apuestas de á peso:
pues' con ganar una de á veinte, ancha es
Castilla! Yo he visto este caso y es plenamente demostrativo: un amigo mío, hombre de
experie!\cia, de convicciones y de recursos,
fundado en cálculos previos cede tanteo» de una
rigurosa exactitud, buscaba el 15 ver&lt;le Nilo,
que estaba seguro de ccver venir" tarde 6 temprano, previsión que nadie pudo, científicamente, rebatirle. Como era pudiente, puso
una onza al 15 y la perdió; sonrib como quien
ve realizados sus propósitos, y volvió á poner
otra onza y la volvió á perder, y otra, y otra
y otra...... y pierde, y pierde y pierde!. ..
Todos sudábamos la gota gorda; aquello era
la ((degringolade" del Pactolo, la bancarrota de
la Ciencia, que diría Brunetierel Nuestro amigo sonreía ... De repente, en el momento oportuno, con ese golpe de vista Napole6nico que
decide de las grandes batallas y en el momento en que él comprendió que el quince verde
Nilo iba á venir, con una aterradora sangre
f,ín., con una terrificante serimidad olímpica,
con el aplomo y la seguridad de quien ehtá
seguro de triunfar, y á mayor abundamiento,
con cierto dejo y cierta coquetería Íl la Jácome, puso veinte onzas al 15 verde Nilo y preguntó al banquero:
-¿.Pueden jugar?
-Juegan-le respondieron secamente.
Todos palidecimos..... Giró la ruleta; el...
¡qué se yo c6mo se llama!, lanz6 la bola ..... .
una sucesión de saltos, de choques, de cabriolas de aquel cliablillo rojo ..... Brincaba de una
á otra casilla, tropezaba con los tabiques que las
separaban, giraba, coqueteaba, atormentaba,
y, entre tanto, mi amigo, seguro de sí mismo,
enrollaba un billete de cien, lo encendía en
una bujía del candelabro más próximo, y con
él ardiendo, encendía su puro.
Yo lo miraba y lo admiraba. Plinio, ante
la erupción del Vesubio que sepult6 á Pompeya y á Herculano; Nelson, en su barrica de
salvado; Napole6n, ante el sol de Austerlitz,
me parecían mezquinos y raquíticos. ¡Oh, la
previsión) El razonamiento se ofusca y empequeíitce ante ella. Yo hubiera querido ver
á Laplace, y á L::grange y ,i Léibnitz con todos sns cálculos frente aquel golpe de veinte
onzas rle oro.
-¡Quince verde Nilo!-anunció con voz
lúgubre y sofoca.da el... el. .. ¡como se llame!
Mi amigo sonrió, ó mejor dicho, continu6
sonriendo.
- ¿Gané?-preguntó con refinamiento de
duda.
Era un genio. Después vino ámenos.
Un día tuve que darle una peseta para que
se desayunara ...... y lo perdí de vista.
No volví á verlo hasta años después que
compré en cuatro rea.lee, al «Pe16n&gt;&gt;, mozo de
anfiteatro de la Escuela &lt;le Medicina, un cadáver para preparar mi examen de anatomía topográfica. El cad{wer era. el de mi amigo; el
genio de la ruleta qu&amp;, sabe Dios cómo y por
qué, fué á morir al hospital.
:Mi primer impulso fué respetar sus restos y
co~tearle un modesto entierro; pero quise ante
todo cerciorarme de si, como lo preveía hacía
tiempo, mi hombre era U\l gran cerebro y un
gran corazón. Como cerebro, la autopsia no
me ilustr6 gran cosa. En cambio, quedé satisfecho de su corazón. Era muy grande, muy
grande ...... ! Lo tenía horriblemente hipertrofiado.

LOS COLABORADORES
Los clarines convocan al pueblo para Ja
guerra y á su llamamiento se incorporan al
ejército nacional el arisco habitante de los
ventisqueros y el humilde jornalero de la llanura; el indómito serrano y el generoso costeíio. Los empuja la madre y los alienta la esposa 6 la amante.
Pocos de ellos vuelven; unos desaparecen en
la barranca 6 en el panta.no; otros caen bajo la."
balas enemigas; muchos quedan mutilados· y
ctüntos con la sangre envenenada y la raz6n
perdida por la influencia deletérea del clima
en nuestras zonas tórrirlas.

***

Recbinati las articulaciones de acero. La11
gigantescas poleas se retuercen quejándose de
la presión de las bandas, y los volantes, girando vertiginosamente, arrancan suspiros al aire
que hienden. De improviso, entre los crujidos
de la madera, los gritos del fierro y los ayes
del viento, breve y desgarrador alarido humano interrumpe aquel salmo del trabajo.
Al día siguiente es sepultado el cuerpo heclw pedazos de un infeliz operario; una placa
de madera que pronto será destruída. por el
tiempo, señala aquella tumha .... .. Y las máquinas, entre ta11to, siguen fabricando varillas
doraclas para lechos de amor; bronces resplandecientes para los palacios y las catedrales·
monumentos soberbios para los preferidos &lt;l~
Dios 6 de la Fortuna.

EL MUNDO ILUSTRADO

aldea,. consumido aún por la fiebre 6 por la
anemia, y á tantos que yacen olvidados en el
hoya.neo abierto á gran prisa y mal cerrado
con t res 6 ,cuatro paletadas de tierra. ¡Quién
recuerda a la madre desamparada á la hija
huérfana, á la viuda ó á la novia, que allá en
la montaña, en el llano y en la costa besnrt
con efusión un retrato y lo exhiben co;, orgullo, pensando que todos saben la historia y
todo el mundo piensa en quien ellas adoraron!
Para estos pobres seres no hay aleluyas ni
magníficats.
Pero la Patria siquiera levanta monumentos
á los héroes anónimos que sucumbieron en la
g!1err~. La ~Ol:ágine. industrial y mercantil,
solo tiene victimas ignoradas cuya memoria
no perpetúan ni historias ni e~tatuas.
Por esto fué ~an si~1pí~tica ~~ nota que apuntamos en la última d1stnbuc10n de premios de
la Exposición de París: el reparto de recompensas á los colaboradores.
. El solda?º humilde, el minero inválido, el
1ml?resor ~~ego, el pobre jornalero que muere
d e msolac1on, labrando la tierra para el sust~nto :i,jeno, son los colaboradores en todas las
v1cto~as de los grandes hombres, en todas las
excelsitudes .de la Ciencia, en todos los ava:~ces de la soeledad.

Gran incendio en llérida

Como fantasmas ó fuegos fatuos, se delizan
por. las negras crujías del socavón y lai, resbaladizas escaleras de muescas los mineros que
'
van a, roen per el suelo y á arrancarle
sus músculos de plata y oro; á desgarrar sus entrañas
de carbón de piedra para fundir éstos ó sus
macizas carnes de sanguíneo cuarzo de cinabrio, para apartar aquellos preciosos metales
con que se hacen las coronas; con que la bella dama se engalana y fascina; con q ue el caballero compra sus placeres.
Hay un derrumbe y los barreteros que entraron cantando alegres su monótono y triste
"Alabado•, salen con lágrimas en los ojos rezando la "oración de difuntos» por sus co~pañ~ros á quie~es dejan .... .. allí, en las profundidades té~ncas de la tierra, devorados por
ella en castigo de haberla herido y violado.

***
Sólo se oye en el taller un cuchicheo mewlico: el de la letra que los ágiles dedos del cajista van rápidos enfilando en el reluciente
componedor.
. ¡Cuántos de esos obreros, tan inteligentes é
mstruíd,os generalmente, agonizan al llegar
ape11as a la edad madura sumidos en la. noche eterna y angustiosa d~ la ceguera· ó como
. de las minas de mercurio,' con
'
e 1 operar10
la
~spa.lda _rrematurameute encorvada, semPjan
1ro01ca rnterrogaciún á la justicia di ri nal

·· ·· ······ ······ ··················· ·············· ·········

***
Yuelve el general victorioso; lo aclnman Ja.q
tt~rbas, resuenan las m6sicas y lo felicitan pto•
¡.Hos y extraíios; el industrial enri(Juece, es
condecorado, esenia altos puestos políticos; al
duefio de minai,. que drsconoce el sabor del
agua, le hastía el del ((champagne" y Je lasti•
ma el :pavimento no alfombrado; a rroja con
desprecio la noble señora el collar de oro1 por·
que ha visto uno de diamantes; y al autor del
hbro lo colman de lisonjas el p6blico y la
prensa.
_.. .• ~It~itart fa~r~canle1 ~anquero,.d.ama, autor,
reciten honores· acumulan riquezas· s6lo ven
. y amor para
'
'
so~r1s~
ellos en las mujeres;
6 ad•
mirac16n y respeto en los hombres.
Y cuán pocos hay que mirando al vencedor
en las luchas de la vida moderna recuerdan
a~ soldado gue se ahog6 en el lod~ 6 se precip1t6 en la sima, al que vaga en la ciudad 6 la

babfan sido ya devoradas por el fuego, contándose entre ellas la cristalería del señor P.
Narváez Pérez; la ferretería "La Balanza", un
gran almacén de materiales, propiedad del
señor Agustín V. Castillo una botica una pa, y 1a Droguería del
' Bazar. '
nadena

ESOR)!E~ PÉRDIDAS

. Con abundancia de datos habló «El ImparCial", en días pasados, acerca de un terrible incendio ~currido en la ciudad de Mérida el dos
del corriente, y que ha llamado la atención de
todo el paÍR por las enormes pérdidas gne

'i

t

... ?

JuLio Pouu.T.
Octubre de 1903.

***
La co~sternación que produjo en la sociedad mendana el terrible siniestro fuf verdadernmente espar.to~a: los mora&lt;lorefl de los
edificio~ .cercanos salían á las c11lles implorando aux1ho, temerosos de morir entre las llamas 6 bajo las paredes de sus habitaciones y
en los cruceros vecinos al lugar del sucesd se
agolpaba una muchedumbre dolorosamente
impresionada por las terribles escenas que se
desarrollaban á su vista. Los pal'lajeros del Hotel del Bazar, al darse cuenta de que las llamas invadían los escaleras y los corredores
abandonaron sus cuartos, descolgándose uno~
por los balcones, y saliendo otros por las puertas, casi asfixiados por el humo.
Las antoridades hicieron cuanto estuvo de
su parte para contener el fuego y para socorrer en aquellas aflictivas circunstancias á todos los que se encontraban en peligro. Lo primero no pudo lograrse, desgraciadamente
pues como ~ntes decimos, Mérida carece del¿
más nece~ario para ello: el agua es muy escasa, Y debido á esto, no ha podido establecerse
allí un cuerpo de bomberos.

***

EL MENDIGO
:.\Iérida.-A,enida del Bazar.

***

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Hay algo tenebroso en el que implora
Con fulgores de rabia en la mirada
Y al retirar su mano descarnada '
Sin la limosna, se estremece y ll¿ra ..... .
Acaso la visión abrumadora
Del m,artirio de una hija idolatrada,
Que solo espera una caricia helada
Cuando el ansia del hambre la devora!
O tal vez el reproche de amargura
Que su rge del dolor y la miseria
A ese Dios de bondad y de dulzura

'

Porque,no arranca de la exangüe arteria
Del cornzon, el soplo de ternura
Que late sin piedad en Ja materia!
CLARO On!'\CURo.

Hac~d que lo justo sea fuerte Y que lo fuerte sea Justo.
·

En cuanto al valor de los edificios y mercancías destrufdos por el fuego, perFonas

o~~ionó á algunos de los principales estableC1m 1ento~ mercantil.e~ de aquella plaza.
L~s primeras noticias que se recibieron en
l\1éx1co con relaci6n al siniei,tro, eran de tal
manera !1-larmantes, que muchos yuc:1.tecos
aquí resi~entes, se apresuraron á pedir por
telégrafo informes precisos sobre el número de
casas destruida~ por el fuego y sobre los accidente• que pudieran. sobrevenir, tratándose de
una poblac16n que, como. Mérida, no contaba
co°: los recursos necesarios para conjurar el
peligro ?e ser en gran parte, si no totalmente,
consumida por el voraz elemento.
L~ ª°:siedad dominante entre Jo¡¡ yucatecos
era_J~1,;t1ficada, pues cuatro horas después de
rec1b1rse la noticia de que la Ferretería del
Ba_zar. se encontraba ardiendo, y de que los
ed1~c10s cercanos e!'taban próximos á ser invadidos por las llama!', se recibit&gt;ron nuevos
telegrall?a~ que hacían suponer, desde luego,
que el sm1ei-tro alcanzaba las proporciones de
una verdadera catástrofe.
Casi todas las casas de la calle del Bazar
Edificios destruidos en l\férlda por el incendi'Q.

bien i1~Iormadas le, hacen ascender á cerca de
dos ~1ll?nes de pesos. La mayor parte de las
negociaciones que sufrierou pérdidas est'
aseguradae.
,
an

P AISAJE
El negro vientre de Ja tierra amiga
d~sgarran los arados bienhechores·
nerte el sol sus aljabns de fulgore~
sobre los granos que darÍln la espign.
Sin que les acobarde la fatiga
Y envueltos ele la siesta en los vapore!'
c.on ruda. mano van los labradores
'
libertando l0s surcos de la ortiga.
El suelo hierve al amoroso beso
del. astro rey, y su testuz al peso
fatigoso del yugo, el buey inclina.
Fuego de horno en el campo se derrama
y una dorada y deslumbrante llama
las blar1cas flores del jaral calcina.
JER6NIMO

J.

m

REINA.

�Domingo 18 de Octubre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO lLUSTRA.DO

Domingo 18 de Octubre de 1903,

Soltmnt novtnario tn la toltgtata
EL DÍA DE LOS MINEROS

Para celebrar el aniversario de la coronaci6n
de la Virgen de Guadalupe, alla(unas agrupaciones de industriales, comerciantes y profesionistas, organizaron un solemne novenario
que di6 principio en la Cole11:iata el día 3 del
corriente con una brillante función religiosa.
Durante los días sefialados para la serie de
festividades que acaban de efectuarse, el santuario se vió concurrido por incontable número de devotos, y las calles, donde-como es
de rigor en esta clase de fiestas-se advertía
un movimiento inusitado, invadidas por una
muchedumbre ansiosa de divertirse á sus anchas con los pintorescos y típicos grupos que

y aquél se hizo notar por un esplendor verdaderamente extraordinario.
Las fotografías que publicamos fueron tomadaE el domingo, y representan, entre otros
asuntos, el interior del templo en los momentos en que allí se verificaba la misa que costearon los mineros y
que fué, sin duda, una
de las más 110tables
del novenario. El altar mayor estuvo ese
día adornado con guías
de camelias, crisántemos y azalea-1, distinguiéndose, á uno y otro
lado del pn·sbi terio,
los estandarh3 de las
distintas corporaciones

ella el s~fior _Arzo~ispo Alarcón y e~tuvo muy
coocurnda. fernnnada la ceremonia de la misa el Prelado bendijo las flores que presentara~ los fieles, según la autorización especial
que para ello recibi6 del Papa Le6n XIII el
año pasado.

El tren

de obreros que asistieron á la ceremonia.
En la nave central
se encontraban numerosas familias de la
buena sociedad, entre
.
las cuales recordamos
-~~
"-. ~.
á las de Teresa, Pesado, Olmedo, Segura,
Zaldí var, Quin tanilla,
Gorostiaga, Trueba, y
E.l Novenario en la Colegiata. -Espera¡ndo los tnenes en el Zócá' o.
Valleto. Entre los concurrentes se encontraba, además, una comisión
caracterizan á nuestras más animadas verbe&lt;le barreteros. La parte musical. cuya direcnas populares.
c-ión estuvo á cargo del maestro Jordá, fué
~El novenario, dispuesto sin omitir gasto alju¡;taroente elogiada.
guno, re1rnltó magnífico, tanto por lo que ve
En cuanto á la funci6n del día 12, que ceal servicio religioso, como por lo que se refiere
rró la serie de fes ti vidades religiosas, ofició en
á la concurrencia: esta fué selecta y escogida,

-~...

---

d,e

los invita,dos.

EL ABCA
A penas oy6 el ruido de las muletas, abri6

Lucas completamente los ojos turbios y ardientes, que dirigió hacia la puerta, en cuyo
umbral iba á aparecer su hermano. Toda su
cara, enflaquecida por el padecer, devorada
por la calentura, llena de granos rojizos, adquirió en el acto expresi6n de dureza casi fu-.
ribunda. Asi6 convulsivamente las manos de
su madre, gritando con bronca y entrecortada
voz:
-¡Echale, échale! ¡No quiero verle! ¿oyes?
No quiero verle nunca, nunca, ¿oyes?
Ahogábansele las palabras en la garganta.
Sofocado por un acceso de tos, apretaba ner•
viosamente las manos de su madre y abríase-

le la camisa á cada esfuerzo del palpitante pecho. Tenía la boca hinchada, y en la barbilla
una especie de costra formada por granos secos ya, que á cada esfuerzo se resquebrajaba y
echaba sangre.
Su madre procuraba apaciguarle.
-No, hijo mío, no le verás más. Harás lo
que quieras. Le echaré, le echaré. La casa es
tuya, hijo, toda tuya. ¿Me entiendes?
El le tosía en la cara.
. -:-1Ah?rª,. en seguida!-repetía con feroz
msistencia, mcorporándose en la cama empujando á su madre hacia la puerta.
'
-Sí, hijo mío, ahora, en seguida.
Daniel se present6 en la puerta sostenido
por las muletas. Era un desdichado con una
cabeza muy grande y muy pesada. Tenía él
pelo tan rubio, que parecía blanco. Los ojos
eran de dulce mirar, como de cordero azules
con pestafias de color claro.
'
'
Entró ~in decir nada, porque la parálisis le
había qmtado el habla. Pero vi6 los ojos de
su hermano fijos en él con cruel energía y se
detuvo en mitad del cuarto, apoyado en las
muletas, perplejo, sin atreverse á dar un paso.
Le temblaba visiblemente la pierna derecha
corta y torcida.
'
Lucas le dijo á su madre:
-¿Qué viene á hacer aquí el tullido ese?
¡Echalel Quiero que le eches. ¿Oyes? ¡En seguida!
Comprendió Daniel y mir6 á su madrastra
que ~e levantaba ya. Le dirigió tan suplicante mirada., que no se atrevió ella á hacerle nada. Y entonces, sujetando una de las muletas
con el sobaco, hizo con l&lt;t mano libre un ade~án de desesperaci6n y dii-;gió hambrienta
o¡eada al arca del pan que estaba en un rincón. Aquella mirada decía: «Tengo hambre&gt;:.
-¡No, no! No le des nada-empezó á chillar Lucas, _agitándos~ en la cama, imponien•
do á la mu¡er el capricho de su odio. - ¡Nada!
¡Echale fuera!

Llegada d&lt;l la concurrencia al Santuario

Daniel dejaba caer la cabeza sobre el pecho.
Temblaba y tenía los ojos llenos de lágrimas.
Cuando su madrastra le puso una mano en el
hombro y le empuj6 hacia la puerta rompió
en sol}ozos, pero se dej6 llevar.
'
Oyo en segui~a.cerrar la puerta y se quedó
en la meseta, gimiendo con violento y continuo sollozar.
L~cas le dijo á su madre con rabioso acento:
-¿Lo oyes? Lo hace adrede para ponerme
peor.
El sollozo del hermano continuaba, entrecort.:i-_do de_ cuando en cuando por extraño
grumdo, tris~e como el estertor de una bestia
de carga moribunda.
-:¿,No 10 oyes? ¡Anda Y échale escaleras
a ba¡o
La mujer se levant6 de un brinco corri6 á
la puerta y se fué sobre el mudo 1:vantando
las ás~eras manos, acostumbrad~s al gol
al castigo.
pe Y
Lucas, a poyado en los codos decía.
-¡MáP, más!
'
·
Callóse Daniel, golpeado. Baj6 á la calle
EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.-Llegalda de los invitados.

EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.- As,pecto de 'la nave oen.tral y del ailtar mayor.

abogando el llanto. Tenía hambre porque llevaba dos días casi sin comer. Co~tábale trabajo arrastrar las muletas.
Pas6 una turba de granujas corriendo detrás
de una cometa que se elevaba cabeceando.
Unos tropezaron con él, diciéndole:
-¡Eh! ¡Tullido!
Otros le escarnecían, gritando:
-¡Corre, caballo!
Otros, aludiendo á
la cabezota, le preguntaban con mofa:
-¿A cómo la libra
de ésa&gt; tullido?
Otro, más cruel, le
hizo caer una muleta
y salió corriendo. El
mudo se tambaleó, cogió después trabajosamente la muleta y ech6
á andar. Gritos y risas
de chiquillos se perdieron hacia el río. La
cometa, semejante á
un ave de país fabuloso, se eleva en el cielo suavemente sonrosado. En el muelle
cantaban á coro gru{)OS de soldados. Era
pasada la Pascua y hacía buen tiempo.
de Guadalupe.
Daniel, que sentía
en las entrafias los
mordiscos del hambre, dijo para sí:
-Voy á pedir limosna.
~I horno del panadero impregnaba el aura
primaveral &lt;le g_rato olor á pan reciente. Pas6
un hombre vestido de blanco con una tabla en
la cabeza, en la cual tabla había hileras de
~orados panes, humeantes aún. Dos perros
iban detrás del hombre, levantando el hocico
Y meneando el rabo.
Daniel temió desfallecer de inanición y pen~~:

dej3:ba pasar débil perfume de incienso y de
ben¡uí. De cuando en cuando vertía el 6rgano torrentes de notas.
Daniel s~nti6 humedecérsele los ojos con
nuevas lágrimas, y pronunci6 con el coraz6n
esta ardiente plegaria:
-¡Sefior, Dios mfo, auxiliadmel
Lan_z6 un acorde el órgano, que hizo vibrar
como mstrume::itos los pilare!!· después alegres notas claras. Resoo6 lavo~ de los so~hantres. Devotos y devotas, de dos en dos 6 de
tres ~n tres, entraban por la única puerta.
Damel aún no se atrevía á tender la mano.
Cerca de _él empezó á gemir un mendigo:
-¡Una limosna por Dios!
Ayergonz6se el ~udo entonces.
V16 á su madrastra entrar en la iglesia muy
arropada.en un manto negro. Y pens6:
, -¿ Y si yo me fuera á casa ahora que no esta la madrastra?
Tan imperioso era el tormento del hambre
que no esper6 más. Iba que volaba con su~
~?letas, er;. demanda del pan. Al pasar le
di¡o una mujercilla riéndose:
'
-:¿Vas á ganar el primer premio de carrera
tulhdo?
'
. En un per!9uete lleg6 á casa, jadeante, palpitante. Sub10 la escalera con sigilo tomando
grandes precauciones. Buscó á tientas la llave
en un hueco de la pared, donde solía dejarla
su madra~tra ~uando salía. Di6 con ella, y antes de abm muó por la cerradura. Lucas parecía que dormía en la cama
Daniel pens6:
'
·
-:~Si yo pudiera coger pan sin despertarle!
D10 yuelta á la llave, despacito, despacito
contemendo el aliento, temiendo despertar ~
su hermano con los latidos de su coraz6n

,

. - Tendré que pedir limosna; si no, memoriré de hambre.
Caía ~enta~ente el crepúsculo. Cruzaban
por el Cielo d1áfan~ multitud de cometas que
se balanceaban, ba¡ando ya hacia el suelo. Las
campanas_ esparcían por la atm6sfera profundo y contmuo zumbido.
. Daniel decidi6 irse á la puerta de la iglesia.
Y apá se fué, casi á rastras.
La iglesia ei,taba abierta. En el fondo el
ª~¡ar mayor, iluminado por temblorosas l~ceci las, parecía una constelaci6n. La puerta

En 1111 Colegiata.-Sadlda de un grupo
de

concurnentes.

�'
Aquellos latido!" le parecía que llenaban la
casa de ensordecedor estrépito.
-¿Y si se despierta?-pensaba Daniel, temblando basta los tuétanos cuando se abri6
la puerta.
Pero el hambre 1e hacía audaz. Entr6 movjendo cuidadosamente las muletas, sin dejar
de mirar á su hermano.
-¿Y si se despierta?
El hermano, tumbado boca arriba, respiraba al dormir penosamente. De cuando en cuando le brotaba de los labios ligero silbido. La
única vela que había encendida en una mesa,
proyectaba en la pared larg!is sombras movedizas.
Llegado junto al flrca, par6se Daniel para
vencer el miedo. Mir6 al durmiente, y después, sujetando con los sobacos ambas mule-

tas, trat6 de levantar la tapa. El arca di6 un
crujido seco.
Lucas abri6 los ojos sobresaltado, vi61o que
bacía su hermano y empez6 á darle voces,
moviendo las manos como un energúmeno.
-¡ Ladr6n, ladrón! ¡Socorro!
Pero el furor le ahogaba. Y mientras su
hermano, encorvado encima del arca, cegado
por la gazuza, buscaba con trémula mano un
pedazo de pan, salt6 de la cama y se arroj6 sobre él para impedirle que lo sacara.
-¡Ladrón, ladr6n!-gritaba enfurecido.
Baj6 furiosamente la tapa, cogiendo el cuello á Daniel, que se agitaba desesperadamente, como víctima cogida en el lazo. Pero Lucas inutilizaba los eefuerzoe del cautivo; había
perdido la conciencia de lo que bacía y se
echaba con todo su peso encima de la tapa,

Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDv ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903-

como para degollar á su hermano. Crujía la
tapa, penetraba en la carne viva del cogote
aplastaba los vasos del cuello, trituraba ven~
y nervios, tanto, que al fin colg6 un cuerpo .
inerte fuera del arca, cuerpo que no daba la
menor señal de vida.
Entonces, al ve1 al tullido asesinado loco .
pavor invadi6 el alma del fratricida.
'
Atraves6 dos 6 tres veces, tambaleándose
el cuarto, que llenaba de espantos la luz de ~
vel3:, cogi6 á pufi~~os las mantas, se las echó .
encima, se envolv10 en ellas de pies á cabeza
se tap6 basta la cara y se ocult6 después d~
bajo de la cama. En medio del silencio rechinaba su dentadura, como la lima mordien-do acero.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

1

En la Preparat oria
LAS CLASES DE DIBUJO

En días pasados se efectuaron en la Escuela Nacional Preparatoria las pruebas prácticas y orales que, conforme á las bases respectivas, debían presentar las personas inscritas
como opositores para cubrir las vacantes de
dos profesores titulados de dibujo y dos adjuntos.
La primera prueba consisti6 en dos apuntes
del natural que debían hacerse en dos horas,
siendo uno de ellos el de un hombre del pueblo, con su traje característico, y otro el de
una pistola de chispa. La segunda consisti6
en la ejecuci6n de cuatro dibujos, en el término de 12 horas: tres totalizados y uno acabado.

Para los totalizados siryjeron de modelos
una cabeza de viejo, un grupo de libros y un
maniquí con paños, y para el acabado, un
hombre desnudo. El estudio de desnudo fué
ejecutado en seis horas.
El Jurado calificador, después de examinar
con todo detenimiento los distintos dibujos y
de recibir las pruebas orales correspondientes,
acord6 que era de nombrarse profesores titulares á los señores José María Villasana y José M. Ibarrarán, y adjuntos á los señores Juan
Stano y Juan M. Pacheco.
El Jurado estuvo integrado por los sefiores
Doctor Manuel Flores, Director de la Escuela·
An!,&lt;mio Fabrés, Germán Gedovius, Antoni~
Rmz, José M. Rodríguez y Cos y Antonio
Becerra Díaz.
En_ este_ número publicamos los principales
trabaJOS eJecutados por los profesores titulados
y por los adjuntos, así ~orno los que present6

.¡

el señor J .. Í:; Rosas, que tom6 también parteen la oposic10n.

1
&lt;,-

I

FRINE
Orillas de la mar. La gente griega
festeja á Ceres con ardor pagano
y á la holganza y al júbilo se en'trega
con su tirso de espigas en la mano.

\

La tarde arrulla al mar: como divina
canéfora que el éter embalsama
va en los rizos cahel1os de la oddina
deshojando sus pétalos de llama.

Dibujo de Sta.no.

Desángranse en la linfa astros heridos
la espuma es fleco de ámbar en la rib~

'

Dibujo de Pacheco

y fulgura~ los pétalos, prendidos
en los quiebres de la onda fugitiva

•

•

Se escucha un ronco rezongar de fragua
sopla el trit6n su caracol sonoro
'
y la sirena, alegre, echa á flor d~ agua
t:iu cola azul lentejueleada en oro.
Oteando el sendero, la cabeza
Pan e~tre el verde de la fronda asoma:
y se siente en la gran Naturaleza
como un inmenso arrullo de paloma.
-:--~allad!. .. -Y el entusiasmo arde sus bellos
cmos en sus olímpicas capillas.
En los ~úmedos ojos hay destellos,
Y eru pc10nes de sangre en las mejillas.

Y, enarcando sus brazos en guirnalda
el broche suelta de sus rizos bellos· '
Y echa á rodar sobre la nívea espaÍda
la negra ondulaci6n de sus cabellos.

y, ante la excelsa desnudez helena

se enciende el ojo sofiador de Apel~s.
Y mañana, ele un alba en el comienzo
cual si de efluvios de Friné se hiciera'
va á nacer «Anadi6mena» en el lienzo'
y «Afrodita de Gnido» en la cantera! '
SANTIAGO ARGÜELLO H.

Prosternada cay6 la gente griega,
de! ensueño en las místicas escalas
baJo un hondo_ silencio que despliega,
como un velario de éxtasis, las alas.
Entre esa muchedumbre de ansias llena
Praxíteles empuña sus cinceles·
'

'

La verdad es uña; las opiniones son varias
Y pueden engañar.

•

•·

Es que llega Friné!-Pasa la helena:
buscando el mar, su vista se dilata•
y ha susurros de linfa por la arena'
la cauda de su túnica escarlata.
Aproxímase al mar, llega á la playa.
Y, ~on gesto de Kipris Philomeda, '
quiere ser una linfa de la Acaya
Y con el traje de las ninfas queda.
La tÚ:nica se arranca, el broche suelta,
le quita el nudo al cintur6n le quita
la estema rica á la cintura e'sbelta·
la red de gasa en donde el seno b~bita.
Y la sandalia, cárcel primorosa;

'

Y, del pecho, la banda, que circula;
y hasta el leve estrofi6n azul y rosa
y hasta la cinta que en el muslo on'dula.
- ¡Anadi6mena!-claman.-¡Es la D 1
Y hay, en -yerdad, deslumbre sobrehu:~-~~ ..
en esa hostia de carne que blanquea
en la patena azul del oceano.

y ella entr~a_bre sus labios, y se irisa
su rostro d1vrnal de luz impreso·
Y se asoma una plácida sonrisa '
en la cárcel de púrpura del beso.

\.
,..,
Dibujos de Rosas.

Dibujo de Villasana.

Dibujo de

Ibarrarl!.n.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

IDL MUNDO ILUSTRADO

Notas extranjeras

instituciones financieras en las que ha reposado por cincuenta años el Imperio británico.
Bálfour trabaja por hacer la gestión de su ministerio más útil al país y á la corona. Ambos
son hombres de fuerza considerable en el campo político.

Lo• llnchamlento&amp;.-Una carta de RÓo&amp;evelt.-Temore&amp; de guerra.-Delfour y
Ghamberlaln.

***

El Presidente Róosevelt es un hombre-en
toda la extensión de la palabra -que se ha distinguido siempre por su carácter franco y leal.
Para un soldado de corazón que ama á su patria hasta el grado que Róosevelt ha demostrado ~on hechos amar á la Uni6n Americana; para un político de altos vuelos, como lo es también, y para un estadista sagaz, no habían de
pasar inadvertidos los excesos cometidos por
las multitudes, en contra de criminales negros.
Parece que, como los suicidios entre nosotros,
los linchamientos son en los Estados Unidos
contagiosos. La prensa nos informa un día de
que un negro ha cometido un delito repug•
nante, ha sido aprehendido por un grupo de
vengadores del pueblo mismo y ha sido colgado en el primer poste de teléfono habido á la
mano. Hasta aquí solamente se ve una manifestación del odio de razas. A los pocos días
se observa que los linchamientos aumentan, que los ejecutores populares, ilegales
por completo, se van extendiendo y aplican
la pena á delitos notoriamente desemejantes.
El Presidente Róosevelt ha escrito una carta
llena de buen sentido y de claras verdades.

Un personaje extraño, medio loco, medio
soñador, algo desequilibrado y muy rico, ha
llamado la atención recientemente por una
descabellada intentona de captura, nada menos que del Desierto del Sabara, en el que,
según decía, se iba á coronar Emperador.
Emitió estampillas postales, billetes de banco, dió títulos y condecoraciones y se encuentra ahora huyendo de la persecución que se le
hace por no haber cumplido con ciertas fórmulas en su campaña de conquista.
El Gobierno francés, después de la descabellada tentativa de Lebaudy, tuvo que enviar
un buque de guerra para rescatar á los marineros que dej5 abandonados en el Sahara en
tristes condiciones este «Emperador por su
propia voluntad».
En Macedonia sigue la guerra, por desgracia para sus habitantes, que ya han sufrido decepciones bien grandes. La ciudad de Kushevo, cuya vista damos, ha sido destruída por
completo, arrasada recientemente, y de sus
40,000 habitantes unos han sido muertos y
otros se hallan fugitivos en territorio búlgaro.

ChaiIIlberla!n y Badfour.

***

El Gobernador del Estado de Ohío comenzó
una recia campaña encaminada directamente á reprimir los linchamientos, que eran ya
demasiado numerosos. El Presidente Róosevelt le felicita cordialmente por ello, y en su
carta expresa la opinión de que los linchamientos, además de ser una forma de agresión
á la ley y á la justicia, y no de las formas insignificantes, es el síntoma de la decadencia
de una raza, y es capaz de llevará la anarquía,
á la tiranía, á los peores abismos á una nación en la que no se reprimiera con mano de
hierro.
El Juez Bréwer, de la Suprema Corte de
Justicia, viene en apoyo de las ideas emitidas
por el Presidente Róosevelt con otra carta que
ha causado honda sensación. El Juez Bréwer
afirma que el linchamiento es un acto de violencia repugnante y se pregunta la m~jor manera de reprimirlo, siempre dentro de la ley
y de la justicia.
El Pr~sidente Róosevelt ha contestado á la
pregunta con gran talento y gran sentido práctico. Es evidente que si en las 24 horas que
siguen inmediatamente á la comisión de un
delito, la justicia castiga al culpable, cuando
se quiera inducirá alguien á que linche á otro
criminal, no verá la razón de ser de esta violencia. Si las multitudes linchan á los criminales de la peor especie, es porque temen que
escapen al ca.'!tigo. Hacer rápida la ejecución

~-

***

de la ley, hacer la administración de justici&amp;. inmediata: he aquí la fórmula mejor
para reprimir estos delitos.
El Juez Bréwer es algo más radical en su
manera de pensar, pues afirma que, precisamente para que no se tarden, en los mil y un
trámites judiciales, las ejecuciones de los grandes criminales, se debe suprimir la apelación
en materia criminal.

El Juez Bréwer.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

La atmósfera política se encuentra densamente nublada en el Oriente, y no parece sino
que la guerra se viene encima á paso rápido.
Los «americanos de Asia», como se ha llamado á los japoneses, son un pueblo fuerte, que
acaba de despertar á la vida civilizada y que
se considera quizá más fuerte de lo que es,
después de la victoria que obtuvieron sus armas sobre las del caduco celeste imperio.
Los rusos, por su parte, forman una conglomeración humana formidable, que tiende
á esparcirse, con la clara y natural tendencia
de todos los pueblos para los cuales el territorio que habitan llega á ser estrecho por amplio que en si pueda parecer. Rusia quiere tener salida hacia el mar de China, que haga
valer el Ferrocarril Transiberiano.

4

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LA CONQUISTA DEL SAHARA.-Los oficiales superdores de Leln111dy.

Estos dos deseos de dos pueblos fuertes, estas opuestas miras de los dos gobiernos, son
la causa de la fricción molesta que existe y
que ya se teme seriamente que los lleve á la
guerra. Rusia cuenta con una formidable escuadra de noventa buques en Vladivostock y
Port Arthur.
Las notas últimas son de aquellas que frecuentemente se envían á los periódicos de
gran circulación, solamente por ser sensacionales; pero no cabe duda de que la reunión
de tan opuestos intereses en la Península de
Corea, puede ser causa de una conflagración
1
sangrienta.

El ave ·inmortal
En los muros del templo alejandrino
Cinceló un escultor una poesía,
'
Y el tiempo que á las moles desafía
Derrumbó el monumento peregrino.
De los escombros, con volar divino
Alzó intacta la estrofa su harmonía
Y forma que tan frágil parecía
'
Superó á la del templo diamantino.
Grabóse luego en otros monumentos
Y miró deshacerse sns cimientos
De los que libre se elevó vibrando.
Y de las ruinas de cualquier grandeza
Como alondra inmortal de Ja belleza
'
La poesía se alzará cantando.
'
SALy ADOR RUEDA.

***

El Ministerio Bálfour ha sufrido en Londres una sacudida formidable á consecuencia
de la cual perc;onajes del alto valer del Ministro Chámberlain han caído de su puesto.
Los nuevos ministros, laboriosamente escogí•
dos por el Rey Eduardo en persona, entre los
más idóneos de sus servidores de alto rango,
han comenzado á trabajar en resolver un problema fiscal y econ6mico cuya solución no se
anticipa.
Chámberlain entretiene sus ocios actunlmente, haciendo una campaña de zapa á las

EN LA C ELDA
No al rígido cilicio se doblega
Del torso escultural la línea pura
Ni ha podido el sayal que la tort;ra
De su seno vencer la comba griega.
.~ola á los pies del Nazareno ruega,
FiJa en El con angélica dulzur,¡,:
Ella que le ofrendara. su hermosura
Ciega de fe, de misticismo ciega. '
Y al contemplar del Redentor la frente
Que parece inclinarse pensativa
Cruza amorosa imagen por su U::ente.
Y al recuerdo importuno que se aviva
Avergonzada ante Jesús se siente
'
Y le oculta una lágrima furtiva!
ALFONSO VILLEGAS ARANGO.

DECLAMATORIA

:::s-+

BELLAS

La ciudad~ Kuahevo destruida por los turcos.

ARTES.-¡ Si no vendrá.!. ...

El bardo melenudo y decadente
Se pasó sutilísima y ligera
La mano por la blonda cabellera
Y se la alborotó sobre la frente. '
Plegó después el labio sonri:ente·
Volvi6 los ojos á la azul esfrra · '
Y con voz melodiosa y plañid~ra
Rompió el silencio de la absorta gente...
Y dijo sus estrofas. Nadie pudo
Sorprender los obscuros simbolismos
Ni salió nadie del asombro mudo. '
De repente estallaron las palmadas·
Pero sonaron los aplausos mismos '
Como si hubieran sido bofetadas ......
JosÉ S. CaocANO.

�ElL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Domingo 18 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

En la Preparatoria.-La Ultima oposición

el nifio había entreabierto los ojos y se percibía en sus labios una débil sonrisa . .... .
Mme. d' Arbelles creyó que después de haber vencido al sufrimiento, iba á morir de
alegría!
La respiración fatigosa había desaparecido,
el silbido estridente de la garganta se apaciguaba y una calma súbita sucedió á la terrible agonía de la noche!
Poco tiempo después, el niño recupera sus
fuerzas, y estando la curación completamente
asegurada, el médico no visita la casa más que
de tarde en tarde ..... .

IV
Una mañana, durante este tiempo, Mme.
d' Arbelles fué llamada á pasar con urgencia al
domicilio del Doctor.
Había una comunicación que entregarle.
Cuando ella llegó, el Doctor estaba muerto,
tendido sobre su lecho.
Catalina, su anciana criada, le entregó una
carta.
Ella leyó lo siguiente:
«Señora:

T

/1

Estudio de Viltasana.

ABNEGACION
I
Toda la noche, el nifío ha estado sofocado.
Un sonido ronco se escapa de su oprimido
pecho y, en d silencio de las tinieblii.s que se•
para la pálida claridad de una veladora, este
sonido asciende, lúgubre y terrible, como el
toque á agonía de los moribundos
En la visita de la noche, el doctor ha aplicado las inyecciones de suero antidiftérico;
pero ya sea porque la operación baya sido un
poco tardía, ya porque el temperamento del
enfermito se revelara contra el efecw deseado,
ninguna mejoría l:lensible se ha efectuado
aún.
Y á los primeros albores del alba, Mme.
d' Arbelles se tiende hacia la cabecera del lecho de su hijo, llena de angustia, velando sobre este único querubín, que la muerte cruel
parece ya haber tocado con sus dedos ......
¿Quién reconoce en ella, en estos momentos, á la reina adulada de los salones parisienses, á aquella á quien llamaban ccla encanta.dora Mme. d' Arbelles»?
Pálida, con los ojos irritados y ojerosos por
1a excitación, parece que vive en una horrible
pesadilla.
¡Su hijo en agonía!. .....
El coquetismo mundan~ ha desaparecido;
no se ve en ella más que a la madre dolorosa
.que se retuerce de desesperación. .
M. d' Arbelles la contempla, lleno de piedad;
luego, desesperado, recorre de extremo á extremo la alcoba, con el corazón oprimido, evitando manifeshr su pesar y mordiéndose el
bigote, lo que demuestra en él una gran preo-cupación y un profundo sentimiento.
Solitario, dando aún una nota más sombría
á este cuadro tan lastimero, hace oír su tictac
regularizado el balancín del péndulo que mide los minutos, ¡convertidos en siglos junto al
.querido enfermo!

"Hace ya largo tiempo que yo la amo. Pero yo no podía, no debía hacer la revelación
de mi amor. D' Arbelles es un amigo de mi
juventud, y vos, vos sois una honrada señora ... .
«Si yo os revelo hoy mi secreto, f'S porque
vos no tenéis nada de que se os pueda culpar.
«Atendiendo á vuestro niño, que he salvado contra los gérmenes de la terrible enfermedad, hoy muero víctima de ella.
«P~ro yo no siento nada, puesto que ha sido m1 amor para vos el que me dictara mi
~ebe~: yo quise devolver el hijo á RU madre,
1magmando que, en esta resurrección una
parte de mi alma pasaría á la vuestra! '
«Depositad flores sobre mi tumba besándolas con fervor: se dice que los b;sos de las

Estudio &lt;le ilbarrarAn.

El sol se eleva sobre el horizonte, y su luz
de púrpura vierte reflejos de incendio sobre
los vidrios de las ventanas herméticamente cerradas.
Suenañ las nueve; esperan al médico, y cada segundo de retardo aumenta la impaciencia del padre y de la madre.
Esta va, de minuto en minuto, hacia la
puerta á escuchar.
¡Se oye un toque al fin! ......

II
El médico entra en la alcoba, y de una ojeada examina la situación, que en casi nada se
ha modificado.
Este es un boro bre joven aún, el Doctor Pierre M:archal, de bello semblante, ojos soberbios y presencia aristocrática. Ya hoy es de
renombre. Sus trabajos anatómicos, sus investigaciones experimentales y su reciente nombramiento de profesor de la Facultad, lo han
puesto «de moda». Mañana quizás, será citado como un príncipe de la ciencia, será célebre.
Acto continuo, sin vacilar, se dirige al enfermito.
Mme. d' Arbelles lo observa.
¡Oh! vosotrosquetenéis hijo!', vosotros que
habéis gustado de la poderosa sonrisa de estos
seres adorables, sin duda comprenderéis la
triste ansiedad de esta madre!
Mme. d' Arbelles siente que se nublan sus
ojos; los sollozos la ahogan.
¡Acaba de comprender que es en vano abrigar esperanza!
Y necesita conservar toda su energía para
no caer quebrantada, vencida, anonad~da.
Pero mientras tanto, el doctor se acerca á
ella, le toma las manos y con voz firme le
dice:
-¡Se puede intentar el último esfuerzo!
Estas palabras fueron suficientes. Mme.
d' Arbelles se incorpora, un relámpago hiere

celadas de sus oros. y al bañar de luz el
ámbito inmenso del vacío, se arrellana con
muelle despreocupación en un océano de purpurinas nubes, cual un rey que muriese entre
deslumbres de oropeles y fulgideces de matices.
La naturaleza asiste impasible-parece taciturna-á la agonía del principe oe los astros.
El bo&lt;;que lejano envía leves rumores. Allí. los
pájaros se adormecen sin gorjeos. Las uro brías
arboledas crujen débilmente y á intervalos. Al
soplo del céfiro, como quejas comprimidas de
un titán, y del lago que besan espesos ramajes,
emergen, gangosos, los cantos monótonos de
las ranas.
El mar solemne y majestuoso como siempre, manda de vez eh cuando desde el horizonte una carga de olas que se debilita á medida que se aleja de su punto de arranque. Y
la mente calenturienta forja una alondra solitaria elevándose á una altura inconmensurable en alas del líquido elemento, para descender muy luego y sepultarse en las entrañas
del coloso que ruge y brama como á un formidable mandato apocalíptico.
Toca á su fin la tarde. El universo se vela
con el dominio del crepúsculo. Las golondrinas pasan en dirección al bosque, rozando el
agua con sus alas y lanzando gritos desapacibles. Escasas estrellas aparecen en lo alto cual
temblantes pupilas luminosas, y mientras una
honda melancolía se esparce por doquier, el
monarca de los espacios se hunde en el seno
del océano, silencioso y rojo.
LUIS GARZÓN FUNES.

mujeres reviven el corazón de los muertos á
través de sus cálices embalsamados .... . .
"Soy dichoso muriendo por vos ......-Dr.
Pierre Marchal».
Hondamente conmovida, próxima á ser presa de una fiebre devoradora, Mme. d' Arbelles
vuelve de su estupor.
·
Su marido la observaba; ella le alargó la
carta del Dodor.
Después de haberla rápidamente recorrido:
-¡Caro y noble amigo!-exclamó d' Arbelles efijugando una lágrima.-¡Era tan honrado como tú lo eres!. ..... ¡Que su última voluntad sea cumplida: llevaréis las flores á su
tumba como un recuerdo!
Cualquiera podrá observar, varias veces al
mes, en el cementerio del Pere-Lachaise, á
una joven elegante y bella que se arrodilla
delante de uua tumba, mientras un gracioso
niño riega sobre la losa pensamientos y violetas, que resaltan sobre el fondo verde y melan. cólico de los cipreses y de los sauces llorones.
La hermosa. joven no se retira jamás sin haber posado sus labios sobre un pensamiento.
De aquellos que la miran, los unos murmuran:
- Es una loca.
-¡ Lo ama bastante!-piensan los otros.
Estos son los que tienen razón.

G. MoussAT.

ACUARELA
El ciel0 está bruñido de gris. En frente, el
mar enorme bate sus olas contra las riberas
como en un insaciable deseo de arruinar, y á
un costado, semiperdidas entre las lejanías y
la bruma, las rocas acantiladas recuerdan vagamentede!!pojos informe11 de edificios derrumbados.
El sol ha. hecho un buen trecho de su marcha del cenit al ocaso, dejando tras sí las pin-

Cuando la pobreza toca la puerta, el amor
brinca por la ventana.

*

La verdadera y única riqueza de lús pueblos es la sobriedad; el lujo es la pobreza de
los magnates.

*

La felicidad verdadera cuesta poco; si es
cara, fio es de buena especie.

En 10 Preparatoria.-La Ultima Opasición

sus ojos. La horrible visión de la muerte
olvida; parf'cc &lt;lesa parecer delante de un ra
de esperanza.
-¡ Es necesario salvarle!-ba murm
el doctor.
F.ste manda se llame con urgencia á
médico ayudante y, cuando á pocos in
tes se presPnta, le indica todos los instrum
tos que ha de sacar de su estuche.
Es la traqueotomía la que va á practicar,
El niño no respira más que muy débilm
te; rn carita se ha puesto morada; todo
cuerpecito se debate convulsivamente bajo
terrible mal que le oprime la garganta y
le estrangula como un asesino.
-Señora-dijo el Doctor Marcha} con
extraña sonrisa,-yo opino que nos de
abandonar por unos instantes; mi colega y
d' Arbelles me ayudarán.
La pobre madre, afligida y con los ojosll
de lá¡?rimai-, implora con todo el corazón.
-¡Por todo lo más querido que tengo en
mundo!-añadió entonces el médico,
convencida que yo os lo resucitaré: valor
confianza!
Mme. d' Arbelles, después de haber de
tado un largo beso eobre la frente del n"
desapareció detrás de una espesa tapi
que separaba su cámara de la del enfe

III
Mientras tant•&gt;, la operación ha termina
El Doctor, después de haber sajado la
quearteria, provisto de un estrecho tubo
metal, había extraído las mucosidades q
obstruían la entrada del canal; el aire, pe
trando por el orificio abierto, proporcio
poco á poco la vida á los pulmones, á la
que el descanso tan buscado para el pequ
ser.
El Doctor exclamó al fin, dirigié1,dose á
d' Arbelles:
-Amigo, podéis llamará la mamá ..... .
Cuando ésta hubo aparecido en la aleo

Estudio de Stano.

Estudio de Pacheco.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNJ)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTl..ADO

EL PRIMER VIOLIN
CUBNTO CINOARO

En el coraz6n de las viejas selvas de Transilvania en las soledades misteriosas de la
floresta de pinos seculares, vive!1 familias de
pobres leñadQres cuy? e~caso Jo.rnal apenas
basta para evitar su miseria. Su vICla es de una
monotonía desesperante; los días se suceden

desbal'ltados en la que había nacido y de la
que segúu las probabilidades todai,, nunca habrí¡ de salir. Macha era hermosa, muy hermosa, con unas trenzas rubias del color del
más puro oro, y con un rostro apac~ble y cáhdido. Dos grandes ojos color de pizarra, nu-

cha, •tue cada día era má!'I hermosa. Solamente la wadre sabía el porqué de sus cambios·
solamente ella adivinaba la transformaci6~
que lentamente iban 103 años efectuando en su
alma.

***

Desde el linde del bosque donde la cabafia
estaba, se distinguían las piedras del castillo
regional. Las flamas de mil incendios habían
lamido los arquitrabes, y el poi vo de miles de
afíos había cegado lentamente el foso. El castillo estaba deshabitado desde hacía muchos
años. El viejo señor feudal había muerto,
mientras el heredero se divertía en la ciudad,
y solamente se sabía que era muy joven éste,
rn uy rico, pues poseía algunos castillos, y que
el rey le apreciaba en mucho.
Una tarde de otoño, cuaudo Macha iba ála
alquería para surtirse de los alimentos que
después habría de llevar á sus hermanos al
sitio donde ese día trabajaban, se sorprendi6
de ver que en la torre del homenaje, en lam'8
alta del castillo, flotaba una banda &lt;le seda de,
colores en la que se leía un lema. Días d
pués, cuando marchaba por el estrecho sen
dero Macha, llevando á su padre y á sus h
manos el alimento frugal que había de sostenerles en la ruda jornada de trabajo, el bosq
silencioso basta entonces, lleno s6lo de l
rumores conocidos y &lt;le los golpes del hac
de un leñador, se pobl6 súbitamente de v
y de gritos. Macha se ocult6 temblorosa, ·
explicarse la causa de su emoci6n, en un hut.i:
co de un gran árbol.
Por el sendero avanzaba, erguido en la m
tura de un hermoso caballo blanco, un jov
ricamente vestido. Su cabellera flotaba al vien
en procesi6n in~erminable y tedi_osa, sin que
el placer, eri mnguna de sus mil for~as, se
digne visitar á los humildes tra~aJado~es,
siempre solos entre los árb_oles .m1lenar1os,
siempre solos entre en el s1lenc10 pavoroso
de los senderos intrincados y peligrosos del
bosque.
.
El viajero que en la noche, perdido, sl: ª?erca sin pensarlo á una de las modestas viviendas de leñadores, quedará agradablemente sorprendido al escuchar las notas quejumbrosas
de un violín. Los cínga1os, de largas cabelleras negras y de trajes abigarr~dos y sucios saben sacar de él harmonías mefables y
ron~os gritos, casi humanos, de dolor y de
celo. Es el único placer de las familias de los
lefiadores ; y no debe sorp_render. á nadie esto,
si sabe la «leyenda del primer v10lím ~1:1e de
padres á hijos se conserva entre las trad1c1ones
populares que forman la historia de los moradores de Transilvania.

***

Una familia de campesinos vivía en uno
de los claros del bosque hace ya algunos siglos. El padre, la madre, cuatro hermanos y
una hermosísima doncella, que se llamaba
Macha componían esta familia.
Era~ muy pobres. La hija y la madre cocían los alimentos sencillos de la familia, mientras el padre y los cuatro mozos, el hacha al
hombro, desaparecían en el milenario bosque
de pinos. Cada uno de ellos atacaba su árbol,
y cuando ya solamente un fragmento insignificante sostenía el tronco, el más ágil de los
hermanos trepaba hasta la cumbre, amarraba
en ella un cordel, y el padre, dirigiendo la
maniobra daba los últimos hachazos, mientras los c~atro hermanos tiraban de la cuerda.
El árbol se bamboleaba, sus ramas chocaban en
la cúpula de verdura con las ramasdE: los demás
árboles, y, finalmente, caía al suelo, con gran
ruido que retumbaba en todo el bosque. Después venía la labor dura y difícil, el desgajamiento de las ramas, basta que el blanco tronco del pino era enviado por los torrentes hacia el valle.
Macha parecía feliz en la cabafia de troncos

blados, entre cejas
larguísimas, c o m pletaban su linda fisonomía. Pero no
era buena Macha.
Sus hermanos y
su padre la querían
mucho. La mimaban y siempre tenían para ella una
buena palabra. Por
ella se arriesgaha el
menor, Constan tiüo, á ir á la ciudad
en busca de golosinas; por ella los demás hermanos trabajaban uua hora
más, después de que
todos los trabajadores se rendían á la
dura faena,para poder llevarla un regalo el domingo; por
ella el padre se privaba de fumar una
buena pipa, para
que sus basquiñas y
sus corpiños fueran
la envidia de las demás muchachas.
Pocoápoco,mientras la juventud llegaba á pasos lentoe,
el carácter de Macha se hacía soñador, áspero para con
los suyos, incomprensible.
Los hermanos,
primero, creyeron
que estuviera enferma. El padre se
entristeci 6 y se iri itó, y alternativamente fué brusco y
tierno para con Ma-

to, apenas eostenida por un birrete cuya lar~a
pluma ondeaba. Sus ropas eran de un luJo
extremo. En las manos llevaba un halc6n.
Detrás venían millares de perros que galopaban, azuzados por el amo.
.
:Macha quedó deslumbrada por breves mstantes. Un ensueño inefable la adormeci6 e!1
el sitio mismo. Su alma se abri6 á desconocidos placeres. Aquel hombre era distinto de
todos los que ella había conocido hasta entonces. Aque~ hombre debería tener palabras y
pensamientos distintos, como diversos eran
sus vestidos. Macha quedó como en un éxtasis.
Un día se atrevi6 á ofrecerle una'3 flores.
Después le di6 agua, cuando el bei;moso caballero, cansado de recorrer la sel va, lleg6 desfallecido á la fuente del bosque. Pero el caballero no prestaba mayor atenci6n á la muchacha que á alguno de sus perros.
.
Y Macha desfallecía de amor. Después vino el invierno, largo y frío, las cacerías se
suspendieron y ~facha fué varias veces á la
p.oterna del viejo castillo. Pero el bello señor
estaba encerrado en sui, habitaciones. l\lacha
no pudo verlo. El invierno fué muy largo para la muchacha enamorada del castellano.
La primavera vino al fin. Una tarde, Macha que había inventado una canci6n, esper6 'como lo hacía diariamente, en el mismo
sitio donde antes había visto pasar al caballero. Este lleg6 con sus lacAyos, sus monteros,
sus perros; pero no vi6 á Macha, que, acompañándose de un tamboril, cantaba su primera canci6n de amor. Macha llor6 largamente,
porque comprendió que el caballero no la amaría.
La noche la sorprendi6 en el mismo sitio.
La luna estaba en menguante y los viejos árboles fingían monstruos desesperados en la
sombra, mientras la enamorada infeliz se retorcía de rabia, de amor, de celos, de impotencia. Le vino la idea de llamar en su auxilio al Demonio.
No había acabado de pensarlo, cuando del
tronco de un árbol viejo, herido de muerte por
el rayo y medio devorado ya por los insec:tos,
surgió un ente original, todo vestido de rojo,
con una gran cresta de gallo sobre su cabeza,
que le d ijo:
-Me has llamado. ¿Qué me quieres?
- Amo á un hombre que no me ama-le
contestó Macha.
El Perverso ri6 con una carcajada que resonó lúgubre entre la selva, toda solitaria y toda llena de miedos v de sombras.
-Quiero ayudarte-le di~o,-quiero hacerte un favor. Toma este espejo y cuando el
hombre que amas se haya visto en él, te amará ..... .
Macha corri6 desalada, hasta llegar á su
choza.. Toda la noche estuvo pensando en c6mo haría que el caballero se viera en el espejo encantado. Finalmente, cuando ya el sol
doraba el polvo del horizonte, se levantó, sin
haber dormido un solo momento, sali6 precipitadamente y se dirigi6 al castillo. Los monteros estaban listos para ealir, los perros ahullaban en el patio. Macha esperó.
Cuando el caballero salía, la mucha.cha enamorada le sali6 al encuentro y le presentó el
espejo. Curiosamente lo tomó el jinete. Pero
en cuauto lo hubo sostenido en sus manos, lo
arrojó colérico exclamando:
-¡ i1aldici6n! ¡maldici6n ! Es ésta obra del
Demonio. ¡Es mi misma imagen la que veo
en el agua dormida de este talismán maléfico!. .. . ..
Macha quedó en el sitio, desolada.
En cuanto se encontró en la selva, clamó
nuevamente al Diablo. La :figura roja y ágil
del Pe1verso cayó como una gota de agua en
su camino.
-Cálmate-orden6 el Dei:nonio. - Y a que
te has visto tú, ya que él también se ha visto
en ese espejo, los dos sois míos. Yo haré que
te ame el castellano; pero quiero en cambio la
vida de tu padre.
-Jamás-replicó Macha.-Mi padre no será tuyo.
-Como gustes. - Y así diciendo, desapareció rápidamente el Maligno.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

***

P.;ro días después,
Macha, siempre triste,
espiaba. las rápidas carreras del hermoso se
fíor, y vi6 que en su
compafi.Ía iba una dama muy hermosa, tan
bien vestida como él.
Más ricamente quizá.
Los celos mordieron
su coraz6n. Una. nube
ofuscó su pensamiento.
-A mí el Maligno,
á mí. - E l Demonio
apareció en una mata
de flores, sonriendo
sarcásticamente.
-¿Estás decidida?
Podemos en un día
arreglar todo. Cede, y
tu amante será mañana el hombre que amas.
Sin decir una palabra, enloquecida por
la súbita visi6n que
ante sus ojos había pasado, Macha se encamin6 al sitio donde
su padre trabajaba,
guiando al Demonio.
Apenas éste se acerc6,
el pobre viejo dej6 su
hacha y se sent6 fatigado en un árbol. Pero no parecía ver ni á
Macha ni al Diablo,
que lentamente se acerc6, tomándole por
los pies. En un rápido movimiento lo hizo pasar por encima de
su cabeza. Cuando hubo dado algunas vueltas, solamente quedaba en sus manos una especie de caja alargada y vacía, una caja sonora.
-Toma__:dijo el Perverso á Macha.-Este
será el instrumento que te consiga el amor del
hombre que tanto adoras. Pero le faltan las
cuerdas.
-¿C6mo he de hacer para conseguirlas?preguntó la infeliz enamorada.
-Necesito á tus cuatro hermanos-contestó el Demonio.
Macha no sabía bien lo que pensaba. El Demonio la poseía de cierto. Sin una palabra
más, avanz6 hasta el sitio donde sus cuatro
hermanos reposaban, dormidos. Con un gesto
rápido los señaló al Perverso.
Este tom6 uno por uno á los cuatro le:fiadores y con ellos hizo cuatro delgadas cuerdas.
Las at6 al instrumento que había hecho con
el cuerpo del leñador padre y lo tendi6 á l\facha.
Pero ésta no pudo hacer de manera que
produjeran el menor sonido. La caja y las
cuerdas quedaban completamente mudas.
-Falta algo-díjole el Maligno. -Para que
tu amante se conmuevá, precisa que cantes
ante él la canci6n que en su hoñor has compuesto; pero me hacen falta los cabellos de tu
madre.
Una ráfaga de raz6n cruz6 el cerebro acalorado de Macha. Crey6 que el Demonio se burlaba de ella y resueltamente se negé, á complacerle.
-Como quieras-repiti6 el Perverso. -Pero, yo, en tu lugar, tendría menos escrúpulos.
Mira:
La selva se incendi6 de reflejos. Ante los
at6nitos ojos de Macha apareci6 el hermoso
caballero, rodeado de una servidumbre discreta. Una dama hermosísima estaba á su lado.
No se escuchaban sus palabras, en las queparecía que iba su alma entera. Pero la hermosa sonreía y en sus labios vagaba una frase de
amor.
Macha estaba loca. Si.I! hal&gt;lar,_co1110 si_em_pre, avanzó rápidamente hasta el punto donde la cabaña se levantaba. Allí la pobre ma-

dre preparaba los alimentos para el marido y
para 'los hijos. De un solo golpe, el Demonio
abatió á la infeliz, que cayó sin hacer un solo
gesto. Con sus cabellos ( que tendi6 en un
fragmento de madera) hizo un arco.
Entonces Macha se apoder6 violentamente
del instrumento diáb6lico y corri6 hacia el castillo á cerciorarse de su virtud.
Apenas hubo comenzado la canci6n del
amor, acompañándose del instrumento, cuando el hermoso caballero salió rápidamente,
atraves6 el puente levadizo y se arrodilló ante
Mnr.ha, jurándole amor eterno.
Ebria de dicha, la muchacha se dej6 conducir al interior del rico palacio. En ese momento había olvidado todo: su padre, sus hermanos, su madre, todo se desvanecía en el
inefable ensuefio de amor que se realizaba.

***
¿Fueron felices los amantes? La tradición
cuenta que, cuando en sus bodas los dos se entregaban al frenesí de una pasi6n desencadenada, en el exterior unos pobres cíngaros perecían de frío y de cansancio. Súbitamente
una flama coron6 la torre del homenaje, y los
muros del castillo crujieron bajo el peso de
una lluvia de fueg~. Los cíngaros, al pasar,
en el puente levadizo se habían encontrado
un raro instrumento que gemía, que hablaba,
que cantaba, que reía.
Y era porque en la caja del violín y en sus
cuerdas y en su arco; iban la vida entera de
un padre, el amor inmenso de una madre, y
el eterno grito de pasión de una muchacha
enamorada.

�Domingo 18 de

Octubre

de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de

Octubre

de 1303-

Impresiones de Estética
I.A ,\\USICA
Hay horas profundas en que sentimos el espír~tu ~bierto á toda impresión de belleza, apto, de una manera extraordmana, para recibir la
visita sagrada de las ideas. Entonces el alma, trémula como el ala de
una mariposa, percibe los matices de las más sutiles sensaciones y el
significado de las más extraña1:1 músicss, y gozamos singularmente de esa casta alegría que sólo pueden proporcionar los placeres espirituales, abandonándonos al encant9 de la poesía de las cosas. Por
que, en verdad, que aun á las más groseras formas de la materia
llega el hálito perfumado del ensueño, y que en todo cerebro humano han brillado, más ó menc,s intensamente, las luces de la fantasía.
En horas así, la música llega á producirnos una embriaguez inefable. Los sonidos nos adormecen con sus voluptuosas caricia~, y se
llena nuestro corazón de dulces quimeras. El poder de la harmonía
se manifiesta entonces en toda su plenitud y esclaviza nuestro pensamiento.

***

AMALIA DE ROMA EN TRAJE

DE CHINA POBLANA. (Fot. Na.pole6n.)

...... En una noche de honda nostalgia, cerca del monótono mar
turbulento, escuchamos hace algunos años, una formidable sinfonía
de Wiígner, el enorme viejo divino, á quien las almas de los artistas
rinden culto. Era, al principio, una verdadera tempestad melódica,
de relámpagos y de truenos y de terribles estruendos, que nos hizo
soñar con gigantescos derrumbamientos de montafías, con huracanes que arrancaban de las cumbres las rocas negras y de los bosques
los árboles milenarios ..... .
Después, bajo la obsesión de la estupenda harmonía, vimos pa•
sar, á la cárdena luz de un incendio, ejércitos en fuga, en el trágico
terror de la batalla. Oímos el ronco retumbo de las baterías, el ruido
de las armaduras y el galope de los corceles. Contemplamos los estandartes y los uniformes, las espadas homicidas fulgurando en el
aire y los cadáveres ensangrentados sobre la tierra muda .... .
De improviso, la tormenta musical se convirtió en una melodía
dulcísima, maravillosamente triste é impregnada de una melancolía
sobrehumana..... .
. . . . . . y en un esquife fantástico erramos entonces, bajo el rayo de
la luna, en un lago de aguas sonoras, oyendo el cantar de las sirenas,
viendo temblar sobre las ondas al loto de pétalos marmóreos.... Luego vagamos por una campiña florecida de violetas, esperando á la

C OQUETER IA
amada que nos dió una cita á la hora en que
muere el crepú~culo; ó emprendemos al primer f~lgor ~atmal, un viaje misterioso hacia
uua ribera ignota ..... .
. Y es así como el poder de la música se mamfiesta á veces en nosotros lanzándonos en
pleno ensuefio de ilusi6n y 'de poesía.
FROILÁN TuRCIOS.

Puente sobre el río Tenexapa. (Puebla.)

Inanguraeió1: de un puente
El día_ 8 del actual quedó abierto al servicio
del púbhco un nuevo puente de mampostería
c~nstrufdo sobre el río Tenexapa, en el Distrito de Zacapoaxtla (Estado de Puebla).
A la inauguración, que ameniz6 un cuarte-

(Colecoi6n Pe!1iandini.)

to, concurrieron algunos vecinos caracteriza- '
dos de las poblaciones inmediatas al lugar y
un gran _número d_e trabajadores de las haciendas del rumbo.
Jtl pue_nte es d~ co9strt1Cción sólida, y tiene
mas de cinco metros de anchura:·

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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