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V

Gonzéllez,

Clecto Primer t\r~oblspo de Puebla.

�Domingo 25 de Octubre de 1903.

LOS GRANDlS HOMBRlS
En toda Europa-dice en la &lt;&lt;Nueva Antología,: Paula Lombroso-asistiroos á un verdadero concierto de fiestas conmemorativas
celebradas en honor de los grandes hombres.
En Italia, por Leopardi y por Mazzini; en España, por Calderón y Colón; en Portugal, por
Camoens y Pombal; en Francia, por Víctor
Hugo y Dumás; en Noruega, por Nansf'n; ~n
Alemania, por Virchow, y hasta en Polonia
hemos visto el espectáculo de todo un pueblo
que para celebrar el 25? aniversario del «¿Quo
Vadis?,,, regala á su autor un ~stillo magnífico, con su parque correspondiente.
Todas estas fiestas revelan la tendencia actual de los pueblos de admirar y reconocer con
mayor prontitud y facilidad á sus grandes
hombres. Savonarola y Jordán Bruno fueron
quemados vivos por haber predicado la liber•
tad del pensamiento; Galileo fué atormentado
por afirmar que la tierra se movía; Colón muere miserablemente por haber descubiert.o un
Nuevo Mundo; Dante no era en sus tiempos
más conocido que lo son hoy Trilussa y Pasea-.
rella, y Shákespe'lre pareció á sus coetáneos
tan poco digno de ser tenido en cuenta, que se
han perdido las huellas de su persona.
Más tarde, los grandes pen~adores no han
sido quemados; pero han sufrido todo género
de amarguras. Jénner fué ridiculizado por su
descubrimiento de la vacuna; Beccaria fué tratado de loco por combatir las crueldades de la
tortura y de la pena de muerte; i\Iazzini tenía
que emigrar y ganarse la vida con ~~tículos_de
revistas; para el gran Cataneo, soc10logo, lmgüista, legislador y matemático, no se encontraba más que un cargo modestísimo de profesor del Instituto de Lugano ...... Pues bien:
de treinta años acá, las cosas han cambiado
mucho.
Los compm,itores contemporáneos :Masca¡zni, Franchetti y Puccini, en Ital!a; MasRenet,
Bizet y Saint-Saens, en Francia; Bretón y
Chapí, en España, se han hecho célebres en
edad juvenil, mientras qne Beethoven moría
ignorado y miserable, y Wágoer mismo tuvo
que esµera.r veinte años las caricias de la fama.
Y lo mismo pasa con los literatos. Leopardi,
Foscolo y Alfieri tuvieron e:cacasa fama, mientras que Amicis, Fogazzaro y Annunzio lagozan grande y productiva; B,dzac andaba siempre abrumado de deudas, Flaubert no conseguía reparar las brechas abierta!' en su fortuna, y Lamartine arrastraha míseramente su
vejez, mientras que los Goncourt, Daudet y
Znlá han reunido grandes fortunas; y Rúdyard
Kípling, á los veintitrés años, se hace pagar
á duro cada línea, llegando á eclipsar la celebridad de Dickens y Tacknay.
Y otro tanto sucede en el campo científico.
El descubrimiento de Volta apenas fué notado, y el de Marconi le da fama, ho9ores y millones en plena juventud; Hélmholtz tardó en
conquistar un nombre ilustre, y Roentgen se
ha hecho popular en un momento; J énner fué
ridiculizado, y Pasteur enaltecido, y los sueros antidiftéricos de Roux han sido aceptados
en el acto por el mundo entero.
¿Por qué esta transformación? Desde luego,
por la enorme difusión moderna de los medios
de publicidad.
Los grandes maestros tienen hoy admiradores
en todo el mundo, y las glorias y los aplausos
de los extraños repercuten en el propio país.
Otros reinvindicadores de los grandes hombres
célebres fueron y son los periódicos. Es verdad que éstos existían también hace un siglo;
pero su organización, sus medios y hasta sus
fines, eran muy distintos de los dtl hoy, su
público era muy reducido, su información
sumamente deficiente y su esfera de acción
muy limitada.
Hoy, cualquier descubrimiento no queda
encerrado en los austeros muros de los laboratorios y de las Academias; los periódicos lo
pregonan y lo vulgarizan, y los autores ven
publicados por todas partes su retrato, su pensamiento y su vida. Es p0sible que baya muchos que no sepan todavía en qué consiste el
aparato Marconi; pero es seguro que todos han
oído hablar de Marconi, el autor del telégra-

EL MUNDO ILUSTRADO

fo sin hilos, y se interesad por sus viajes, por
su fortuna y por sus éxitos. Y luego sucede
una cosa curiosa: el público, á fuerza de oír
hablar de un hombre, de sus inventos, de sus
hechos, de sus triunfos, se encariña con él, se
enorgullece de ser su coro patriota y ;iu contemporáneo, y le conflagra toda su admiración,
estando dispuesto, para hor.rarle, á todos los
sacrificios.
Otro motivo más profundo del cambio á que
asistimos es que hoy el miso11eísmo es mucho
menos qde lo que fué en otro tiempo. Ante!!, el
hombre, acostumbrado á vivir tranquilamente en un rincón al que apenas llegaban más
rumores que los de la ciudad vecina, debía
sentir un choque profundo al contacto de _lo
nuevo. Hoy, acostumbrado á moverse, á viajar, á respirar el aire de todo el mundo, no se
sorprende de nada ni es hostil á nada. El público tiende á elevarse hacia el nivel de los
grandes hombres, y los grandes hombres, por
su parte, tienden á acercarse al público; y de
esta doble corriente nace la comun;.ón de ideas
á que asistimos, sin los esoterismos y exoterismos de las escuelas antiguas.
Es evidente, en suma, que nuestro tiempo
es propio para estos hombres superiores, que
pueden surgir en el campo de la ciencia ó del
arte y que sacan de su superioridad amplia
cosecha de fama, honores y riquezas, como el
público saca de ellos á su vez no menores ventajas y satisfacciones.

PAISAJE TROPICAL
Magia adormecedora vierte el río
En la calma monótona del viaje,
Cuando borra los lejos del paisaje
La sombra que se extiende en el vacío.
Oculta en sus negruras el bohío

La maraña tupidll., y el fo!Ta.je

Semeja los cala.dns de un encaje
Al caer del crepúsculo sombrío.
Venus se enciende en el espacio puro.
La corriente dormida una ¡,ira.gua
Rompe en su viaje rápido y seguro.

Y con sus nubes el poniente fragua
Otro cielo rosado y verdeobscuro
En los espejos húmedos del agua.
JOSÉ A . SILVA

EL PASADO
Yo he nacido con alma de lnuno.... En otros dlas
Habité de l&lt;&gt;s bosques la sagmda espesura,
En siete tubos frágiles canté mis alegrlas
Y conoc! el di vino sabor de la hermosura.
Aprendl de las pájaros las gratas armonlas,
Y á veces, al impulso de una inmortal locura
(Las Ménades lo saben!), lancé en la fronda obscura
El clamoroso grito que anuncia las orglas.
, Mas quiso un dios injusto, para colmar mi druro,
Hacer del fauno un misero pastor, cuyo reballo
Verás, oh caminante, detrás de las colinas.
Huyeron, para siempre, las ninfas á mi paso
Y en mi doliente flauta saludo al sol de ocaso,
De algún antiguo templo sentado entre las ruinas.
LEOPOLD-0 Duz.

RIMA HEBREA
Página de álbum.

Eres azul de mar, y me fascinas
como una primavera, y en tu vago
y romántico hechizo vierte un mago
no sé qué languideces bizantinas.
Un sortilegio flota en tus retinas,
como la tarde en la quietud de un lago;
y en tu sonrisa que nimbó el halago,
todas tus seducciones son felinas.
¡Oh tú, la flor que la leyenda awmca
de la escultura pensativa y blanca
que el Arte siempre arrodillado espía ... !
Eres azul de mar, perfume y gema
y alzas, como una lírica diadema, '
tu encantador orgullo de judía.
EMILIANO liERNÁNDEZ.

EL MUNDO ILUSTRADO

trtadón dt un nutv0 Jlrz0bispado
Se ha confirmado plenamente la notici
que bac~ al~ún tiempo circulaba en las eal.~
ras ecles1ásbcas, de que el actual obispado de
Puebla sería erigido en arzobispado antes de
terminar el corriente &lt;1ño.
Según se nos informa, las bulas de la Santa
Sede que ordenan la erección del nuevo ario,.
bispa&lt;lo, están ya en poder del señor Iba
actual Obispo de _Puebla. quien vino á M~
co hace pocos d1as con el fin de señalar de
acuerdo con el señor Arzobispo Alarcón, !~fecha en que deba efectuarse la ceremonia correspondiente. Por documentos proced
tes de Roro~. se tiene conocimiento, ademú,
de que el mismo sefior Ibarra será quien ejerza ~a jefatura suprema de la nueva Arquidi
ces1s.
Esta noticia ha causado muy buena impre,,
sión entre todas las clases sociales de Pueb
que ven en el señor !barra á un hombre
tati vo, sabio y prudente.

IL® Mun~rrtt~
La «Revue des Revues,, ha tenido la bu
i&lt;lea de preguntar á varios literatos fran
lo que piensan acerca de la muerte.
He aquí algunas de las contestaciones
bidas:
«Yo no sentiría morir si solamente set
se de abar.donar lo que la vida nos concede
agraclable, cosa rara entre la multitud de
tidios que nos rodea; pero á mí la muerte
inFpira la misma. desconfianza que la vi
Entreveo en aquélla una serie de met.amo
sis micróbicas, una división infinitesimal
penosa de mis facultades en muchedumb
de bacilos y vibriones, que á su vez 1rnfri
padecerán, esperarán y serán desengafia
según proporciones ínfimas, pero igualm
intolerables. Dicho de otro modo : la mu
no me promete el reposo, la nada, sino
absurda y obscura palingenesia, de la
adivino las etapas. Aquí, por lo menos,
que me eHpera: los fastidios materiales,
trabajos sin intervalo, la ho,:tilidad de
ami¡zos, el odio de los adversarios, los
los de los que me rodean y el desprecio
siento por mis ineficaces esfuerzos. Desp
¿no será todavía peor? La ciencia respo
l'robablemente. -PABLO ADAllI».

Nuestra opinión individual significará poco, puesto que lo único que podríamos decir,
es: «Horno sum et níhil humani á me aliénum
puto». - p ABLO y VÍCTOR MARGUERITEl&gt;,

*

«No temo la muerte; pero el morir me fastidiaría.-FRANCISCO DE CROISSETll.
·

*

«Sí, sentiría morir, por muchas razones, y,
sobre todas, porque esto sería dejar á los que
amo y me aman, y Jorque deseo ver crecer á
mis hijos. -VmoINIA DEMONT-BRETOJ\'».

G uanajuato de gala
Le. visite. del Señor Presidente

La ciudad de Guanajuato, una de las más
importantes del paíR, se prepara para recibir
la visita del señor Presidente de la República
quien ha sido invitado para inaugurar las dis~
tintas mejoras materiales llevadas á cabo en
la población, por el progresista Gobernador
del Estado, Lic. Don Joaquín Obregón González.
Los preparativos que se han hecho para
cumplimentar debidamente al señor Ueneral
Dfaz y á las personas que irán oon él á Guanajuato, indican que las fiestas organizadas
con este motivo van á ser muy suntuosa!' y
que los distintos actos que deben efectua:se,
conforme al programa, revestirán un lucimiento verdaderamente extraordinario.
A reserva de ofrecer ú nuestros lectores la
c~?nica detallada de los festPjos y una clescri pc10n de las obras que serán inauguradas juntamente con el Teatro Juftrez-el primero. sin
duda, entre todos los del país,-publicamos
en este número una fotografía del exterior del
Palacio Legislativo y una vista del bellísimo
salón de sesiones de la Legislatura. En nuestras próximas ediciones daremos á conocer
otras fotografías muy importantes del «Guanajuato Moderno".

Guanajuato.-Fachada. del Plaila.cio del Poder Legisl,ativo.

i·. ' \

'

.

*

«La literatura de todos los tiempos afi
el amor á la vida y el temor de la mu
desde Eurípides, cuyo viejo FereR declara,
&lt;cAlcestes»: «Pienso que es largo el tiempo
sado bajo la tierra, y que la vida es corta,
ro dulce,,, y Horacio, que dice en alguna
te: «Véame yo gotoso, desdentado, tulli
pero que viva»; hasta La Rochefoucault,
de cuyas máximas es: «El sol y la muert.e
se pueden contemplar con fijeza»; y J'
que escribe: «Todo lo que yo conozco eA
voy á morir muy pronto; pero lo que m
noro es esta pícara muerte que yo no
evitar .... .. ))
Todos los hombres sinceros convendrán
su horror á morir, ya sea que el temor
muerte los hipnotice, evocando la idea
nada ó el de otra vida expiatoria; ya sea
la vida los embriague, ó simplemente los
cante como fuerza de acción, fuente de
bilidad, cambio de afecciones; ya sea po
no quieran desaparecer antes de haber
zado una vida woral, bella y v1::rdadera, 6
vida de arte, que t!alve pasajeramente su n
bre del olvido, ó una vida útil á los de
que contribuya á realizar ese proyecto,
algún día emancipará á la humanidad
ciente.
Y, sin embargo, hay mom1mtos en qu9t
si sin disgusto, nos despojaríamos de ~
da por una gran causa, un acto heroico.
sacrificio de amor, y por menos aún: ~r
capar de un triste descorazonamiento, de
dolor moral, de un sufrimiento físi?o;
por una explosión de placer, en esos 108
de perfección en que el alma alcanza una
monía tan completa, que anhela disolv

Domingo 25 de Octubre de 1903.

Gu.a.najuato.--8al6n de sesiones de la Legislatura,

�Domingo 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ElL MUNDO ILUSTRADO

pedido de una sefiora anciana que le había
acompañado basta el muelle.
La tal señora era la tía de J obn Bárrisson,
única parienta que le quedaba.
Milady Osborn-que así se llamaba la anciana-había hecho las veces de madre á Bárrisson, el cual se había quedado huérfano en
su infancia.
La travesía de su sobrino fué feliz.

II
Diez años habían transcurrido en el momento en que comienza esta historia, desde que
JohnBárrissonsehabía establecido en Sydney.
Sus negocios habían prosperado extraordinariamente.
En recompensa de su laboriosidad, el gobierno le nombró cónsul de Inglaterra. John
Bárrisson tenía entonces treinta y tres afios y
deseaba casarse. Pero, como hombre práctico,
no quería contraer matrimonio con una mujer rica, sino con una mujer virtuosa, tr&lt;1.bajadora y econ6mica, ante todo.
En tal virtud, escribió á lady Osborn la siguiente carta:
ccSydney, 8 de mayo de 1875.
«Mi querida tía : Como le be dicho á usted
ya, mis negocios marchan admirablemente.
Me gusta la Australia, cuyo clima es admirable y muy superior al de la madre patria. Lo
único que me aburre es el vivir solo. Por tanto. espero que me preste usted el servicio de
buscarme entre eus relaciones la mujer que
pueda labrar mi felicidad, uniendo su destino
al mío.
«Le ofrezco una buena dote, porque quiero
casarme con una mujer pobre y honrada que
me lo deba todo.
«Acept..'1ré á ojos cerrados la que usted me
diga. Si la muchacha acoge bien la idea, después de haber visto la fotografía que le incluyo, pídala usted en matrimonio y reconózcale
en mi nombre la cantidad de cuatro mil libras

esterlinas, que le serán entre15adas después de
la firma de contrato de boda en Sydney.
«Además tendrá usted la bondad de adelantar á mi futura el dinero necesario para el
viaje.
«Reciba usted un abrazo de su sobrino. John Bárrisson&gt;&gt;.
III
Transcurrió cerca de un año sin que la tía
Osborn hubiera otorgado á su sobrino el honor de contestar á su apremiante carta.
John, consagrado á sus negocios, pensaba
de cuando en cuando en el asunto; pero, engolfado en sus operaciones mercantiles, que
se sucedían sin descanso, acab6 por olvidarse
en absoluto de su matrimonio.
Cada tres ó cuatro meses un buque conducía á Australia cierto número de condenados
de uno y otro sexo.
En su calidad de cónsul, John Bárrisson
iba á bordo, y después de haber comprobado
la identidad de los presos, los confiaba á los
agentes encargados de indicarles las tierras
que dP-bían explotar y la cabaña donde debían vivir, después de haberles entregado
las semillas necesarias para el cultivo del terreno.
Un día notó entre los presos la pre1&lt;encia
de una mujer, cuyo candor y belleza le cautivaron desde el primer momento.
Tendría á lo sumo diecisiete afios.
El cónsul abrió el registro de informaciones
y leyó lo siguiente:
cc:Miss Clarck Jenny, huérfana desde hace
algunos días, ha solicitado de la policía el favor de que se la condujera á Australia para
moralizará los desgraciados á quienes la miseria ó la adversidad había arrastrado al crimen.
ccEs una joven muy virtuosa y muy instruída, que ha sido recomendada especia-lmente
por el Almirantazgo.
ccSe su plica al c6nsul de Sydney que la atien-

COMISION DE PARASITOLOGIA.-El Museo.

Una institución benéfica

del Cáucaso y crisantema, ya logradas, y cuyas flores, secas y pulverizadas, son muy eficaces para la extinción de los mosquitos y de

En pro.-erho de la Al(rlrulturs

Damos á conocer en este número las fotografías de los departamentos principales del
local que ocupa en Betlemitas l~ C?misión de
Parasitología, fundada el 1? de Julio de 1900
por la Secretaría de Fomento.
El Museo, que representa uno de nuestros
grabados contiene únicamente muestras de
plantas e~fermas y de sus parásitos ( animales
6 vegetales); de los aparatos pulverizadores, y
de los insecticidas y fungicidas que se emplean
con buen éxito para extinguir las plagas, así
como una variada colección de ejemplares de .
aves benéficas á la Agricultura. En el catálo- .
go de este Museo ?onstan el número de la
muestra el nombre científico y el vulgar de cada plan~. y de sus parásitos y su procedencia,·
á fin de tener siempre á la vista los datos que
deseen los interesados y de que :;:ean en cada
caso mucho más fáciles las consultas.
Para que el público comprenda la importancia del Museo, diremos que en los tres años
que lleva de establecida la Comisión, ha recibido ocbecientas ochenta muestras de plantas
enfermas casi todas cultivables, lo cual prueba que n~ se había tenido basta h?Y: ~n el país
ni la más remota idea de los perJmc1os causados por las plagas á la Agricultura.
El sistema de conservación de las muestras,
ideado por la Comisión, consiste en insert.arlas sobre una lámina d~ yeso protegida por un
marco de madera y cristal, que permite se conserven indefinidamente y que puedan apreciarse con suma comodidad en todos suii detalles.

LA DOTE
I

***
El invernadero, de hit:rro y cristales, está
dedicado al cultivo de plantas insecticidas.
Al rededor de la fuente se ven las de peritre

otros insectos que invaden las habitaciones.
Además, se cultivan otras plantas insecticidas,
también muy eficaces.
Otro de nuestros grabados representa un es-:
capara.te que contiene bolsas de manta-al parecer llenas de dinero---que no son, en con•
junto, más que la prueba objetiva de los resultados obtenidos en metálico, ó mejor dicho,
de lo que han dejado de perder los agricultores que siguiendo los métodos recomendados
por la Comisión, han combatido las plagas
que invadían sus tierras. Hasta ahora, estA
comprobado, por certificados auténticos, 'que
esos resultados representan un valor de........
$165,000. Las personas que han visitado loe
salones de la Comisi6n, C()mentan favorablemente esa prueba objetiva.
Por último, diremos que la Comisión cuen•
ta con una biblioteca de 1,378 obras, la mayor parte sobre Parasitología é Historia Natural; con un laboratorio de Bacteriología y con
un gran microscopio de Zeiss, entre cuyas lel!·
tes existe una que vale mil pesos. La Com1•
sión ha publicado el primer tomo de su «Bo·
letín" y una obra, profusamente ih1strada, que
trata de las plagas de la Agricultura.

COMI&gt;SION DE PARASITOLUGil1.- Lo que han

ganado los agricultores.

Después de hab6r estudiado con provecho
en el colegio de Oxford, Jobn Bárrisson selan·
zó á los negocios, y al cabo de cinco años de
un trabajo incesante, había logrado ahorrar al·
gunos miles de libras esterlinas.
Como todo inglés práctico, pensó que para
aumentar su fortuna, lo mejor que podía hacer
era trasladarse á las colonias.
Una tarde del mes de julio de 1865, John
Bárrisson se embar~ba en el ccVictoria)), roag·
nífico vapor que hacía el servicio entre Lon·
dres y la Australia, después de haberse des·

COMISION DE PARASITOLOG!A.·-El invernadero.

Domingo 25 de Octubre de 1903.

da, pues es una mujer acreedora á todo género de consideraciones».
John Bárrisson se acercó á Jenny Clarck, la
saludó muy cortesmente y la ayudó á bajar la
escalera del buque.
El representante de Inglaterra la condujo
al consulado para ponerla bajo la salvaguardia de la bandera británica. Jobn Bárrisson
se había enamorado de ella locamente.
A los ocho días de la llegada de miss Clarck
á Sydney, un pastor bendecía el matrimonio
de los dos jóvenes.

IV
Al cabo de tres meses, un día en que lady
Bárrisson estaba sentada en el despacho de su
marido ocupada en la contabilidad de la casa,
una compatriota golpe6 con sus dedos un cristal, sobre el cual se leía la palabra: «Caja».
Lady Bárrisson acudió al llamamiento y
cogi6 de manos de la desconocida una tarjeta,
en la que se leía: «Miss Gówling.-De parte
de lady Osborn».
-¿Viene usted para algún negocio?-preguntó lady Bárrisson.
-Sí, sefiora.
-Yo reemplazo al jefe, y si puedo servirla
á usted ......
-No.
-En ese caso, voy á entregarle la tarjeta.
Siéntese usted.
Jenny se dirigió á la pieza contigua, donde
estaba su marido.
- ¿Qué quieres, hija mía? ¿Deseas descansar un rato?
-No; vengo á traerte esta tarjeta que acaba
de traerte una sefiora que espera cohtestación.
J obn leyó la tarjeta y de un salto se puso
en pie.
-¿Qué te pasa?
-Nada, nada. No vale la pena de que te lo
diga. Y, además, puedo equivocarme. Ya hablaremos después.

�Domingo 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Notas extranjeras
La guerra civil en larruetos.- La. cuestión de
tilleros ingleses en Boston.

MARRUECOS.-Las

tropa.s fieles haciendo honores ail Sultán

Maredo■ia.-Ar.

Parece que el régimen administrativo delos
sultanes tiene ya en nuestros días muy pocoa
partidarios fieles, aun entre aquellos á los cuales el Corán, desde sus primeros años de vida,
hace que consideren «descendientes del Profeta,, á los monarcas bajo cuya absoluta soberanía viven. Los que aún quedan, de origefl.
·m usulmán, los escasos habitantes que recuerdan en el siglo XX las pompas y el esplendor
á que llegaron los mahometanos después del
«raid,i fanático del reiglo XVI, poco conformes
con ,la promesa de un cielo después de )a
muerte, se han rebelado en contra de sus amos,
pretendiendo que se les haga11 concesiones
políticas que permitan un género de vida menos absurdo y menos malo que el que actualmente llevan.
En Marruecos, á pesar de las leyes !ocalea,
que prohiben en absoluto la adopción de loe
métodos modernos de comercio, y en general,
de la civilización misma; á pesar de que 1111&amp;
clerecía intransigente y atrasada amenamcon
males eternos á los que ab&amp;ndonan la dulce fe
y la manera pacífica de soportarlos yugos que
Mahoma sofiara; á pesar de todo, la fuerza de
la civilización ha traspasado las fronteras y b&amp;
llegado á conquistar al mismo Sultán Abdul-,,
Aziz.
•
Esto ha disgusta.do profundamente á los ha;
bitantes de la nación y especialmente á J
nobles, cuyos dominios y prerrogativas s ·
rán mucho en el momento en que ese pueb
sacuda su tradicional pereza y entre, resuel
y decidido, en la senda del progreso.
La lucha es ya vieja, da.ta de algunos
ses, sangrienta; y de algunos años, sorda;
ro la fortuna hasta ahora no se ha most
decidida á protegt:r á ninguno de los dos
dos beligerantes. A menudo son las fue
imperiales las que huyen perseguidas de
ca por los rebeldes, y á menudo estos últim
son los que dejan las cabezas en manos de
soldados de Abdt.1-Aziz, como aparece en
grabado que publicamos.

zo donde varios empleados estaban descar-Pero ..... .
gando
balas de algodón.
-Déjame solo con esa mujer.
-¡Stéphenson!-gritó.
John se dirigió al despacho, abrió la puer-¡Aquí estoy!
ta é hizo pasará la inglesa, que esperaba en
-¿Eres soltero?
la antesala.
-Sí,
sefi.or.
--¿En qué puedo servirla á usted?-le pre-Pues vas á casarte en seguida.
guntó. d
.,
. G' .
,
-¡Cai,arme yo!
Por to a contestac10n, m1Rs ow1mg saco
-Sí.
una carta de su bolsillo y se la entregó á John.
-Pero......
Era una carta de la tía, concebida en los si--No hay pero que valga. Tu futura es
guientes términos:
compatriota mía y aporta al matrimonio cua«No hepodidocontestar antes, á causa de una
tro mil libras esterlinas de dote.
larga enfermedad que he sufrido. Durante mi
-Acepto.
convalecencia he ¡,ensado en ti y he realiza-Sígueme.
do tus deseos, dando al fin con la mujer que
Y al entrar en el despacho, J ohn hizo la prete conviene. Es hija del pastor Gówling. Tosentación
de su dependiente á miss Gówling.
do está en debida regla y he hecho la petición
-¡Santo cielo!-exclamó ésta.-¡Es muen tu nombre, con la correspondiente oferta
lato!
de las cuatro mil libras esterlinas.
-No tengo otro
,,Estoy segura de que serás feliz en tu hogar,
hombre
de quien
y me felicito ~e haber podido co~tribuir en la.
disponer en este momedida de mis fuerzas á tu dicha en este
mento. Me es igual
mundo.
que le Bcepte usted
«Tu tía, que te estima.-Ana Oaborn».
ó que le rechace. Le
-¿Ha leído usted la carta?-dijo miss Gówaseguro, sefiori ta,
ling.
que brilla en los ne•
-Sí, sí.. ....
gocios por su acti-Pues bien; espero que usted cumplirá su
vidad y su honrapalabra. Mi padre me ha dado una carta padez.
ra el pastor de Sydney. Se la be llevado; pero
-Pero aumentano estaba en casa, y su criada se la entregará
rá usted la dote.
cuando vuelva. El es el encargado de bende-La interesaré en
cir nuestra unión. No hay tiempo que perla
casa.
der.
-¡ Esto ya es o-Nuestro matrimonio es imposible... portra cosa!
que estoy casado.
*
-No lo creo. No hay aquí ninguna mujer
A los quince días
digna de usted.
se celebraba en Syd-Está usted en un error.
ney
la boua del mu-No importa.
lato Stéphenson y
--¿Cómo que no im por la? ¿Quiere usted que
de miss Gówling.
sea bígamo?
-No, sefior. Pero hay un contrato, alguna
B. GADOBERT.
de cuyas cláusulas es preciso cump!ir. Recibiré la dote y regresaré a casa de mi padre.
--El contrato dice que la entrega se verifi•
Puede decirse que
cará después de la boda, y yo no puedo casarse ha terminado un
me con usted.
cuadro, cuando ha
-Arréglese usted como quiera; pero yo indesaparecido todo
sisto en que se cumpla la obligación mí&gt;s imrastro de los medios
portante para mí.
empleados para ob•
-¡Se me ocurre una ideal ¿Quiere usted
tener el ·resultado.
El trabajo borra la
casarse con mi dependiente principal?
huella del trabajo.
-¿Y la dote?
-WHÍSTLER.
-La daré cuando se firme la escritura.
-¿Dónde está ese hombre?
*
-Aquí.
El mejor sistema
-Hágale usted venir. Le acepto por esde defensa es el ataposo.
que. -DE MoLTKE.
MARRUEJCOS.-U111a victoria.
Jobo Bárrisson se dirigió hacia un coberti-

tar que algunas de las fie¡;:tas qut-darah deslucidas por una lluvia mole!&lt;ta y poco galante. Por lo demás, tanto política como ~oci11lmente la vi,;ita del Rey Víctor al Prei-idt::nte
Loub;t, ha sido un verdadero acontecimiento.

La guerra se prolonga, y los extranjeros
residentes en las ciudades más grandes de
Marruecos sufren necesariamente á consecuencia del estado ae
los negocios, paralizados por hostilidades
que no parecen tener
un fin próximo. Las
grandes potencias, que
ya de antemano se han
ocupado de la suerte
probable de estas regiones, parece que han
celebrado nuevos contratos y hasta se dice
que Francia, de acuerdo con las dtmás naciones interesadas, ocupará á Marruecos,
imponiendo sobre el
belicoso pueblo su protectorado definitivo.

***
El Czar de Rusia acaba de llevar á feliz término una obra digna de alabanza, en favor de
la civilización. La Conferencia de Styria, en
la que se ha tratado de zanjar las dificultades
de Oriente. Después ha estado presente á la
lujosa ceremonia nupcial del Príncipe Andrés
de Grecia con la Princesa de Battemberg. Damos un grabado que representa al monarca
moscovita y á su augusta esposa, en traje ruso, traje tan pintoresco en ellos como en un
ccmujik,,,

~
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-':1 .
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.#.
• .. 1

RIMAS
:+¡-

·1

***

Si en Marruecos la
1
suerte de las armas se
muestra á las veces fa.
vorable á los rebeldes
para volverles las espaldas al día siguien.•
te, en Macedonia, al
parecer, la revolución
.
-·
se halla en sus últimos
momentos y son las
agitaciones de la agonía las que aún sacuden el sueh,, perpetuaMaoodonia.-Un.a mezquita destruida con dinllllD.lta..
mente eusangrentado,
del imperio otomano.
La muerte \. que se ha comprobado) del
ccléader» de los revolucionarios, Boris Sarato:ff,
La vieja ciudad de Boston, una de las que
alma y vida dA la rebelión, parece que influen los Estados Unidos tienen historia, una de
ye de un modo probablemente decisivo en la
las pocas que vió ya edificadas el siglo XVIII,
suerte de los alborotadores macedonios. No
se encuentra de gala, á consecuencia de la
por ello dejan de regi.,trarse aún con frecuenhonra que le han dispensado los miembros de
cia algunos de esos atentados que da tristeza
la «Honorable Compañía de Artilleros de Lontener que consignar, pero que son inevitables
dres», personas todas de muy alta posición
en la guerra, especialmente cuando las hostisocial, que se han agrupado para servir á la
lidades empeñan en un combate á pueblos de
patria británica en calidad de artilleros.
fanáticos.
Vieja es la institución y por ello se la enLos revolucionarios, al decir de los turcos,
cuentra citada en los anales de las grandes
y los turcos mismos, si hemos de creer á los
campañas inglesas, siempre con honor, siemrebeldes, han acudido á un procedimiento, papre con elogio.
ra aterrorizar á sus enemigos, tan salvaje coEn Londres se les aprecia mucho y en tomo peligroso: la dinamita.
das las grandes celebraciones se les mira marDe aquí las frecuentes explosiones, que deschar, rectos y serios, con o;US grandes unifortruyen siempre edificios de cierta importanmes bordados y bajo el peso de sus morriones
cia, y lo que es peor, las existencias de algude lana negra. En Boston existe una soci~dad
nos infelices que en nada son responsables
muy semejante, cuyo nombre ~sen todo igual
del estado de las cosas.
(menos, por supuesto, en la designación dela
Nuestro grabado hará comprender los estraciudad en que radican) al nombre de los hogos que ha causado en la mezquita de Uskub,
norables artilleros de Londres. Son artilleros
en pleno territorio rebelado, la explosión de
de Boston los que han invitado á ir á visitaruna bomba, puesta allí por manos criminales
les á los artilleros de Londres.
que no ha sido posible descubrir.
La ciudad de Boston ha dado muestras de
estar muy contenta
con los huéspedes
y ha celebrado fiestas numerosas y
diarias, todas muy
lucidas, en los días
que los miembros
de la ccHonorable
Compañía de Artilleros dA Londres»
han permanecido
en la capital deMassachusets.

t ~~--~ .-.

--

***

de l&amp;lil tropas del Sultán.

Los artilleros ingleses en Boston.

Domingo 25 de Octubre de 1903.

La visita del Rey
Víctor Manuel de
Italia á la capital de
la República francesa, ha sido muy
pomposa, y la alegría franca del pueblo francés, sólo ha
tenido que lamen-

Allá en la playa quedó la nifia.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vaporl
El marinero canta entre dientes.
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiósl ¡Adiós!
Sola, llorando sobre las olas,
Mira que vuela la embarcación.
Aún me hace señas con el pañuelo
Desde la piedra donde quedó.
¡Adiós! ¡Adiós!
Vistió de negro la niña hermosa,
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera,
Y en las pupilas llanto y amor.
¡Adiós! ¡Adiós!
RuBÉN DARÍO.

'El Rey V1ctor Man\lfil

CUADRO
El mar está tranquilo,
Las ráfagas nerviosas de los vientos
no agitan el cristal de la onda pura
donde copia su azul el alto cielo.
Es sublime la calma. La ribera
se aduerme en la pereza del silencio.
Cuán poco duradera su quietud. Se siente
vago rumor que viene de lo lejos
semejando el chasquido que en 1~ selva
produce el huracán, torpe y violento.
Y se encrespó aquel mar que semejara

un cristalino espejo;
y como notas de soberbias liras
que dan vigor á los honrados pueblos
vibraron, al chocar sobre las rocas '
las turbulentas olas con el viento. '
LUIS MARTÍNEZ MARCOS.

m

�Doming_o 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

tal vez un ente capaz de pronunciar, como los
papagayos; pero tener inteligencia, alma .. ... .
El Profesor Lévisson se detuvo estupefacto.
Crear un ser inferior, desprovisto de cualidades, era lo que más había esperado; pero ante
las expectativa de que aquel deforme y repugnante remedo de la humanidad tuviera una
alma, sintió que una responsabilidad enorme,
aplastante, para la cual no tJstaba preparado,
caía sobre su conciencia.

***

escapaba de las manos cuando creía haberlo
cogido.
¿Siempre? No; ahora perfectamente cierto.
La celdilla insignificante que se había formado en su cápsula, el germen de vida que en
distintas ocasiones, anteriormente, se había
desvanecido en los momentos en que creía haberlo asegurado, estaba ahL Era un hecho,
crecía, y crecía con una violencia tal, que sobrepasaba todas sus ideas acerca de este
asunto.
Pens6 que pudiera ser el caso que ya en
otras noches le había acontecido. Sospechó
que sus nervios, en constante tensión, le en¡iañaban, que su cerebro padecía y que era todo
una ilusión. Salió un momento al aire libre
del jardín, para calmarse.
La noebe era hermosísima. Una de esas noches infinitas, tibias, tranquilas, llenas de estrellas y de paz. La
idea del Creador Supremo se asociaba automáticamente en la
razón de Lévisson con
la idea de sus experiencias, de sus creaciones. Ahora era cierto: podía crear mundos, puesto que podía
crear una humanidad,
por inferior que se la
quisiera suponer; podría llenar de hombres
las zonas desiertas del
mundo. Era un «creador)). Y un pensamiento de orgullo infinito
RÚrgió en su cerebro.
Volvió rápidamente,
para darse cuenta, paso por paso, del maravilloso experimento.
La creatura estaba ahí.
Respiraba lentay tran
quilamente, y hacía
ya algunos movimientos para enderezarse.
Una deforme extremidad se dibujaba en
cuatro distintos puntos del cuerpo, mientras en un apéndice,
al principio absolutamente informe, se dis~ r~)
tinguían ya hundí' !{.
mientos y salientes
que eran un remedo
de un rostro humano.
La imaginación de
Lévisson, mientras espío.ha atentamente la
marcha del fenómeno
sin par, caminaba, caminaha.... Horizontes
no explorados por
hombre alguno apare,
,.,
cían ante sus ojos, en_J
trecerrados
y fijos
en la
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _iiiiii_ _......._
.........,......,......,.,.;
cápsula donde
la crea-

El doctor quedó por un momento anonadado. Años enteros había pasado en busca del
germen de la vida, y años enteros la aurora y
el ocaso le habían sorprendido en su laboratorio. Resonaban aún en sus oídos, por más
que había ya pasado tiempo de ello, las críticas chuscas, amargas, acres de sus colegas de
la facultad, críticas en las que, más que un
afán científico, se asomaba la envidia, la rastrera envidia que los descubrimientos hasta
entonces realizados por Lévisson provocaba.
Había abandonado á su esposa, á la que
amaba sinceramente, y á sus hijos, que formaban la alegría de su vida. Todo lo había dejado y ya no sabía de cierto cuántas noches y
cuántos días, años quizá, había pasado en su
laboratorio, siempre empefiado en descifrar el
problema magno del origen de la vida; siempre en persecución de un fantasma que se le

tura, «su creaturaJ&gt;, se desarrollaba rápidamen.
te. Vió que los hornillos que calentaban
habitación funcionaban bien; temió que un
súbito enfriamiento fuera á dar muerte á 1lll
producto de la química cuya vida. indispen.
sablemente, debería ser un soplo fugaz yr
rísimo. La creatura se¡iuía creciendo.
Aparecieron en el fondo de dos cuen
hondas dos ojos negrisimos, pequeñ os,
móviles en extremo. Las manos, muy la
ee habían desarrollado perfE&gt;ctamente, y ]
piernas. cortaR y nudofas, hacían repetid
movimientos d.e flexión. La respiración
tranquila, lenta, como la de un niñ o dormid
Con la cápsula que en la mano conserv
Lévisson, leva.btó cuidadosamente al homb
cill@ aquel, que previos ciertos movimien
de ec¡uilibrio, quedó recto sobrE' sus pies,
baleándose.
Después, ante la mirada de Lévisson, el
músculo se redujo, sentándose y cruzando
manos por encima de las rodillas. «La acti
del hombre primitivo», pensó el profesor.
fué á consultar las notas de un cuaderno,
ra cerciorarse de que la fórmula que ha
creado á aquel ser deforme, estaba bien ano
da. Súbitamente una mosca, que volaba
torno de la cápsula, pasó muy cerca del
músculo. Con un rápido movimiento sus
zos atraparon al insecto, que desapareci6
su boca, una hendedura deforme, en la q
se veían los dientes agudos y blanquísi
El Profesor, ante el acto del hombrecillo
ficial, se acordó de que él mismo no había
mido hacía ya mucho tiempo.
En la primera pieza. de las que formaban
pabellón aislado en su jardín, piezas á las
se tenía absolutamente prohibido que n
entrara, se encontraba un torno por el
pasaban sus alimentos al sabio y los
que su esposa tenía interés en que recibí
Tomó algunas provisiones y las ilev6 al l
ratorio. En los pocos minutos que tard6
tomar una copa de vino, remojado en 8
pedazo de pan, el crecimiento del homú
fué considerable. Se había desarrollado
completo. Ya en su pecho aparecía una
¡ia, que el Profesor tomó ,l)Or un signo de d
dencia.
Debía violentarse si quería preSf'ntar
obra» ante los críticos que tanto le habían
lestado cuando hacía la franca exposici6n
sus ideas. Debía salir, gritar en voz muy
que sabía cómo se creaban hombres, qu~
origen de la existencia no era ya un m
rio .... . .
Y pensó en estudiar detenidamente al
músculo, hasta saber qué grado de inteli
cia podía desarrollar, ó si solamente el in&amp;
to animal era el que le movía. Le acerc6
manjares. Escogió el homúsculo un f
to de carne cruda, que devoró mientras
ojillos le brillaban.
.
-Es un animal solamente-dijo Lé
-Animal solamente--contestó el boro
lo.
Fué otro descubrimiento. ¿Podría ten~
ligencia un ser creado en una rétorta, ro
te procedimientos químicos solamente?

Cansado, más moralmente que de otro modo, se retiró, abrumado por su propia conciencia, á la segunda pieza de su laboratorio, en la
que se tendía, de cuando en cuando, en un diván cuando quería descansar. Un sueño reparador le sobrecogió en el que veía mundos nuevos, poblados de aquella raza bestial, inferior y
repugnante que él había creado.
Un sentimiento de angustia le oprimía. Se
agitaba dudando ya de sus propios méritos
creía que ya no debería presentarse ante su~
compañeros de estudios á exhibh- aqueUa
nauseabunda copia de la humanidad que había salido de sus retortas. Se despertó sobresaltado ..... .
El homúsculo, la bestezuela viscosa y miserable, estaba .sobre él, con los ojos inyectados, la hoca abierta, tratando de oprimirle la
garganta, de herirlo, para devorarlo seguramente.
El instinto mismo, la repugnancia el dolor
todo junto, le enloquecieron, y sin pensar 1~
que hacía, se precipitó sobre «su» creación empuñando una varilla. El hombrecillo huyó rápidamente y se arrodilló detrás de un mueble
levantando sus manos unidas en ademán d~
eúplica ..... .
, Lévisson comprendió que él era el que te•
n~a la culpa, pues engreído en su triunfo, olvidaba que aquel hombrecillo era una forma
baja, inferior, degenerada de la humanidad
y debería, racionalmente, tener los vicios to~
dos de los salvajes. Le dió alimento. Ya el
homúsculo hablaba y las palabras que una
vez oía, quedaban grabadas perfectamente en
su memoria. Un día, muy poco después preguntó á Lévisson:
'
-¿Tú sabes quién ·soy yo?
El Profesor titubeó un momento. A pesar
de la evidencia, á pesar de todo, no podía

creer, no quería comprender que aquel viscoso, sucio, bestial hombrecillo, era capaz de
tener memoria, entendimiento, voluntad, esperanzas y dolores. Se resistía ya á creerá sus
propios ojos.

***
Pensando en el compromiso que le había
llevado al experimento primordial, en su fama, en las críticas aceradas de sus comprofesores, había dejado pasar algunos días, dejando siempre para el siguiente la presentación
del homúsculo á la Academia á que pertenecía. Al entrar á su laboratorio ( que tenía
la precaución de cerrar bien desde el día en
que el hombrecillo le había atacado) se sorprendió al ver que dos de las bestezueÍas una
pequefiísima, se encontraban juntas. No'solamente tenía el homúsculo la facultad de vivir
en gellfiral, sino que era también capaz de reproducción. Tampoco estaba Lévisson preparado para resolver todos los problemas que se
le presentaban en estas circunstancias. Para
no dejar sospechar nada, se vió p recisado á
salir en la noche como un ladr6n ocultándose, r:ira ir á conseguir los alim~ntos que la
voracidad de aquellos hombrecillos consumía.
Cada vez se encontraba menos dispuesto á presentarse y proclamar su triunfo. La facultad
de generación, tan rápida, tan inusitada en
aquellos cl~formes seres, le aterraba por sus
consecuencias.
Desde que fueron dos (y en pocos días cada. uno de ellos se fué reproducil.mdo en cantidad cada día creciente), los homúsculos habían dejado de temer á Lévisson. Solamente
cu~ndo les lleva?ª alimentos quedaban tranquilos, adormecidos por la cantidad relativamente enorme de carne cruda que comían.
Pero en cuanto descuidaba algo las cerraduras, los repugnantes hombrecillos tendían á
escaparse, y había de emprender serias luchas
con ellos. Se admiraba Lévisson de que á
pesar de que golpeaba duramente nunca hubiera aparecido ni una herida, ni ~na desolladura sobre la piel negr·uzca de aquellos serés
degenerados y diabólicos.
Habían in ventado ya una especie de lenguaje formado de signos, palabras y gestos y se
entendían perfectamente ~ntre sí. Una vez, al
despertar de una leve siesta, los sorprendió
tratando de forzar la cerradura de una venta-

/~

9Y

Domingo 25 de Octubre de 1903.

na, con los ojos inyectados y la boca abierta,
escurriendo saliva, mientras sus dedos, ágilmente, sus seis dedos de las manos y otros
tantos de los pies, buscaban el secreto de la
llave.
Lo que buscaban, lo que les atraía, era el
grupo de pequeños, los hijos de Lévisson, que
jugaban en el jardín. ¡Seguramente que de
haber escapado, hubieran pretendido devorar
á los nifios!. .....
Lévisson, indignadísimo, füm6 el primer
hierro que tuvo á la mano y desprendió á golpes á las fierecillas, hiriendo á algunas y acorralando á las demás en la parte en que las
había creado. Unas cuantas gotas de sangre,
de una sangre amarilla y espesa, cayeron en
el pavimento, y la pestilencia que se esparl)ió
por todo el !aboratorio fué tal, que Lévisson
se vió obligado á salir desde luego, creyendo
que se ahogaba.

***

Ya mostraba el primitivo de los homúsculos señas claras de degeneración y de caducidad. Sus escasos cabellos eran blancos y se
inclinaba para andar, apoyándose en una varilla. 1:,évisson no se presentaba aún, ni en su
casa, m menos en la Academia. Pensaba en lo
que habría de hacer, en las consecuencias que
para la humanidad tendría aquella raza de
diabólicos engendros. Si atacaban á los hombres, el solo olor de la sangre de tales homúsculos sería capaz de derrotar á un ejército.
Y á medida que los días pasaban desalentado y triste, Lévisson se con vencí~ de que
deberían. perecer, volver á la retorta' en que
habían sido creados. Pero él, el creador infeliz, también debería sucumbir al propio tiempo que sus creaturas.

***

Urgido por su esposa, que hacía semanas
n? le veía, sali6, una i:ioche Lévisson, dejando
bien asegurada a la tribu de salvajes bestezuelas. La esposa le habló de sus pequeños de
que trabajaba demasiado. «Pronto me ;Hás
tomar un largo descanso,,, la dijo Lévisson.
Era que la idea fija en su cerebro cansado
había llegado á tomar la enorme magnitud d;
una obsesió1;1. Debería ~orir. Debería perecer con sus mfectas creac10nes; nadie debería
saber que en su laboratorio, siempre cerrado,
se había resuelto un gran problema de la cien-

�Domingo 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

-¿Nada se salv6?-pregunt6 Lévisson.
-Absolutamente nada. Unos cuantos pedazos de hierro y de cobre
retorcido¡:¡ y quemados,
fué todo lo que qued6
del pabell6n.
.,
Lévisson comprendio
que los homúsculos, en
sus pesquisas, habían
aeabado por desatornillar los maderos que impedían tocaran el re6stato, y que la enorm~ corriente, mal maneJada,
era la que había provocado la explosi6n y el incendio.
Y mientras un suspiro
dilataba su pecho ampliamente, de sus labios salía una sola frase:
-¡Bendito sea Dios!
J"\\JERTE

De Don Guillermo Barron
La buena sociedad mexicar.a acaba de perder á
uno de sus miembros
más prominentes: nos referimos al estimable caballero Don Guillermo
Barron, que falleció el 15
del actual eñ su casa habitaci6n de la calle de la
Independencia.
El fallecimiento, casi
repentino, del sefior Barron, ha producido una
dolorosa impresi6n entre
las familias más distinSr. D. Guillermo Balrrón.-( t el 15 del aotua.l).
guidas de la capital; pues
aparte de que se encontraba emparentado
cia. ¿C6mo había de morir? Muy fácilmente.
con algunas de ellas, muchas fueron las simEnérgicas corrientes eléctricas circulaban con
s6lo apretar un bot6n en su laboratorio. Un
patías que supo captarse en los mejores círs6lo re6stato bastaba para convertir en un inculos sociales.
Al sepelio, que se efectu6 el día siguiente
fierno de llamas la pieza entera.
Para evitar que los homúsculos tocaran el
en el Panteón Francés, concurrieron el señor
General Don Porfirio Díaz, el señor Secretario
re6stato, lo había cubierto con una pieza de
madera atornillada. Decididamente esa noche
de Guerra, General Mena, y un numeroso grupo de caballeros de representación, entre los
sería la última de su vida y de sus bestiales
creaciones.

EL MUNDO ILUSTRADO

cuales recordamos á los señores Guillermo de
Landa y Escand6n, Tomás Brániff, Licenciado Pablo Martinez del Río, Joaquín Redo
Manuel Escand6n, Antonio Alvarez Run'
Ignacio de la Torre, Alejandro Escandón, To:
más Morán, Julio Limantour, Pablo Escand6n, Sebastián Camacho y Manud Rincón
Gallardo.
En el retrato que publicamos, aparece el
señor Barron con el uniforme de capitán del
ejército inglés, al cual perteneci6 hace algunos afios.
La familia del finado ha recibido innumerables demostraciones de condolencia.

La barca comenz6 á bogar sin interrumpir
el silencio, temeroso del lago adormecido. Los
remos al caer producían un ruido seco y triste. Encima de nosotros, á un lado y otro, las
estalactitas formaban extrañas figuras, m6nstruos, enormes cabezas de abiertas fáuces, que
ponían en el ánimo el terror del misterio y de
la sombra.
No osábamos hablar los pasajeros apenas,
sobrecogidos, á nuestro pesar, por la mudez
inmensa de las cosas. Angulos llenos de húmedas tinieblas se abrían á cada minuto á los
costados de la oarca, terribles como las fáuces
pétreas de las paredes. Y de pronto, en uno de
aquellos ángulos te ví, te ví por un instante
tan s6lo, sobre las ondas taciturnas. Sali6 por
fin á la luz radiosa de aquella mafiana magnífica. El lago se ensanchaba fuera, en derredor
de un templo de mármol donde Diana se erguía, blanca y radiosa, rodeada de una guardia de Tritones.
En los jardines de las riberas seguían las
flores ex6ticas esparciendo sus suspiros cargados de perfumes; las currucas, ligeras y alegres, gorjeaban en las avenidas de esbeltas
acacias. Una pagoda china, en una orilla, nos
aguardaba para mostrarnos el tesoro oculto de
sus riquezas orientales, casi esfumada, enigmática y fascinadora en su mutismo et&amp;rno.
Mas ¿te ví en realidad, 6 fué tu sombra fugitiva la que alcanzaron á distinguir mis ojos
en la nebulosidad opaca de tu rinc6n abandonado? Lo ignoro; pero bien sabe mi pensamiento que no te olvidará, pobre Madonna
triste. Sentí de repente irse mi alma haoia tí,

México y España
SIMPATICA FIESTA

En los peri6dicos de Barcelona encontramos una nota simpática: la de una brillante
recepci6n que con motivo del aniversario de
nuestra Independencia, ofreci6 á sus amistades el señor Múgica y Sáyago, C6nsul General
de México en España.
A juzgar por los datos que nos proporciona
la prensa, la recepci6n result6 verdaderamente lucida, pues muchas fueron las personas,
tanto mexicanas como españolas, que obsequiando la invitación del señor Múgica, se
dieron cita en el Consulado para conmemorar
aquel glorioso acontecimiento.
Durante la fiesta, que se prolong6 hasta las
altas horas de la noche, la animación más
franca y la cordialidad más completa reinaron
entre los invitados, como si de intento se hubiera querido hacer gala, en la reuni6n, de las
simpatías que unen á los hijos de Pela.yo y i
loEI hijos de Hidalgo.
Algunas niñas se presentaron luciendo sobre el pecho los colores de nuestra bandera, y
un pequeñuelo- el hijo menor del señor C6nsul-portando el traje del charro mexicano.
La concurrencia qued6 altamente complacida de las atenciones de que fué objeto por
· parte del Cónsul y de su familia.
El interés privado es el estímulo cuotidiano de la actividad humana; el interés público
es el aguij6n heroico de los grandes días.V ALTOUR.

***

México en Elspa.ña.-Ell Sr. Cónsul, su familia y a.lgunos, invitadoo en los

Al entrar en su laboratorio, una especie de
vértigo le sobrecogi6. Era como si su ser fuera lanzado á enorme distancia, más allá de la
atm6sfera y de la vida. Algo inexplicable sucedía. Y perdi6 el sentido.

balcones del Consulado.

Evocación

***

Un mes más tarde su esposa observaba con
angustia la faz de Lévisson, que yacía en su
cama. El Profesor, sintiéndose muy adolorido despertó, por primera vez en las cuatro
se~anas anterioreR, pidiendo un poco de agua
y reconociendo á su esposa.
-¡Santo Dios! ¿Me conoces bien? Has estado muy enfermo. Un mes hace que velo á
tu cabecera, mientras la fiebre te hacía delirar.
-¿Qué ha sucedido? Nada recuerdo. Mi
cabeza se pierde en conjeturas-contest6 Lévisson lentameat.e, mientras que á su cerebro
obtuso volvía el recuerdo de los últimos actos
conscientes de su existencia.
Pens6 en su descubrimiento, en la rápida
sucesi6n de disímbolos sentimientos que le
agitaron en las tres 6 cuatro semanas en que
vivi6 al lado de sus inmundas creaciones. Por
un momento crey6 que todo se había descubierto. Y lamentó haber sanado de la enfermedad que, según acababa de saber, le había
puesto á orillas de la tumba.
-Por una circunstancia inexplicable-decía la esposa,-cuando entrabas á tu laboratorio la última noche que cenaste en la casa, ¿te
ac~erdas?, alguna retorta que habías dejado
hizo explosi6n. La casa se vi6 en serio peligro. Fuiste recogido en los escombros, desmayado y sangrando por varias heridas.

Domingo 25 de Octubre de 1903.

La "madonna" de la ",lila" Pallnlcclnl.

F':1é bajo el cielo de Italia, pálido, puro y
luminoso como un lienzo de Vinci. Domingo.
La I?añana era serena y alegre; en los jardines inmensos y suntuosos de la gran «vil1a»
Pallaviccini, las flores exóticas exhalaban tenues suspiros perfumados y los ruiseñores
temblando de inspfraci6n en la espesura
bién palpitante, cantaoan el &lt;Craccontoi&gt; de sus
penas y de sus amores.
Fué aquella divina mañana cuando apareciste ante mis ojos, bella, obscura y turbadora
como un símbolo y como un recuerdo. Recorríamoe, curiosos de Arte, la inmensa «villa;,
maravillosa¡ y al llegar á la gruta salvaje,
d_onde los pies resbalan sobre el piso humedecido y ~as manos buscan á tientas las paredes
para onentarse en la penumbra súbita no soñé que había de hallarte, oculta y sol~, en el
fondo de sus revueltas intrincadas.
_En medio de la gruta, el lago parecía dormido como en un sueño de centurias ium6vil, mudo, petrificado como las es~lactitas
que le servían de cielo. Sobre sus espaldas
negruzcas y movedizas, una barca con un cisne en la quilla, como la de Lohengrin, y un
botero de rostro bermejo y ojos rapaces nos
aguardaban.

como si por instinto obscuro y vago -como
tu silueta esfumada en el ángulo estr~cho que
te servía de altar,-hubiese comprendido el
enigma ignorado y viviente que eras para
ella.
. .. Prosigui6 la barca, suave, lenta, silenciosamente.
.
Mas yo no te olvidaba, Madonna triste. Mi
mente había quedado teñida del encanto sombrío de tu memoria. Pensaba en tí y en la
mañana P?ra y linda, bajo E&gt;l cielo pálido, te
m~ apar~c1as de nuevo, bella, fascinadora y
emgmábca.
. Y quedaste grabada en el fondo de mi espín tu como ~l recuerdo y el emblema de un
amor perdido y muerto para siempre, «como
una virgen _en el fo1~do
una capilla en la
cual se hubieran extrngmdo todos los cirios»...

tam:

/

M.é xico en Espe.fia.-Un grupo de damas concurrentes á. la reoepclón
ofrecidla. por el Cónsul de M.'é:xico.

?e

LUIS RCDRIGUEZ-EMBIL.

México en Espa,lia.-El nifío Sá.yago.

�Domingo 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 25 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

GUA YMAS.~Sres. Esteban M. Calde r6n, F. T. Dávila, E n.rique A-costa, Jesé Delailianty, Guillermo R. Ro:nay, Claudio Mendoza y Leopoldo .l\1ayet.

Los Juegos Florales de Guaymas

el quinto, por los señores J.A. Naugle y Eduardo Gaxiola. En cuanto al correspondiente al
tema 3&lt;?, no se adjudicó á persona alguna, por
haberse declarado que las composiciones recibidas no llenaban los requisitos indispensables.

Parece que los Ju egos Florales iniciados y
llevados á cabo por prim ...r11 vpz Pn l\f?xi•·o
por la colonia española, toman carta
de ciudadanía entre nosotros, pueR á
los celehrado s de
poco tiempo á esta
parte en distintas
ciudades de la República, hay que agregar los que, con
motivo de las fiestas de la Indepen dencia, se verificaron en septiembre,
en el puerto de
Guaymas.
El torneo, según
nuestros informes,
result6 verdaderamente digno de su
objeto, no s6lo por
las numerosas composiciones en prosa
y en verso que recibió el Jurado Calificador, sino también,
y muy especialmente, por el extraordinario lucimiento
que revisti6 el acto
de lectura d€ la:i obras premiadas y
distribuci6n de recompensas á los ven
cedores. El primer
premio-flor natural -lo obtuvo el señor Alfonso Iberri,
autor de una composici6n titulada
«Mis Versos» ;el seg u nd o-$500,-el
señor Aurelio Pérez
Peña; el tercero$200,-el señor José Marfa Barrios de
los Ríos, y el quin- . Srita. Marfa Cañez, reina del torneo
to-$50, -el señor Leopoldo Mayet C. El se- 1' La fiesta, que se vió concurrida por la megundo premio fné ofrecido por el señor Minisjor sociedad de Guaymas, se efectuó en el teau;o de Gobernación, Don Ramón Corral· el
tro Escobedo, el quince por la mañana sientercero, por el Ayuntamiento de Guayma¡, y
do reina del torneo la sefiorita María C¡ñez,' y

Mantenedor,el señor F. T. Dávila. La Corte de
Amor estuvo formada por las distinguidas y
bellas señoritas Eugenia Cañez, Ester Connant, Beatriz Iberri, Catalina Gaxiola, Guadalupe Calvo, Carmen Velasco, María Suárez,
Dolores Cosca, Guadalupe Mendoza, Elena y
El vira Rivas, Berta 8eldner, Gertrudis y Clara Basozabal, Virginia Iñigo, Francisca Roa
y Elena DáYila.
El adorno del esct'nario, donde se instaló el
trono de la Reina, y el del salón, fueron de
muy buen gusto.
' En este número publicamos los retratos de
la señorita Cañez, y los de los señores Esteban
M. Calderón, Presidente honorario del Comité organizador; F. T. Dávila, Presidente efectivo; Enrique Acosta, Secretario, y José Delahanty, Guillermo R. Romay y Claudio Mendoza, vocales. Publicamos también los retratos de los señores Iberri, Pérez Peña, y Mayet, y los de los miembros del Jurado, señores Lic. Fidel S. Pujo! y G. J. González.

MIS V~R 8 0 8
( Composición premiada con la flor natural en los Jueios Florales
de liuaymas.)

Amor de mis amores,
doliente Musa pálida,
tus ojos de tristeza me enseñaron
el secreto de glorias ignoradas.
Tus manos compasivas
- tan puras y tan blancasme acariciaron con el triple afecto
de una novia, una madre y una hermana.
Tus labios elocuentes
me hablaron de esperanzas;
y cayó la cascada de tus besos,
como una claridad, sobre mi alma.
Amor de mis amóres,
doliente Musa pálida,
tú sabes que mi numen es el triste,
débil enfermo de infioitas ansias.
Tú sabes que mis sueños,
como aves fatigadas,
ya n? pueden volar y se refugian
en m1 cerebro, como en una jaula.
(¡Pobre cerebro mío,
guarida de fantasmas,
cuánto jugo perdiste, alimentando
vagos delirios y quimeras vanas!)
Tú sabes, Musa mía,
mi culto por la Patria
p9r el Derecho, que es la ley suprema,
y por la Ley que del Derecho emana.
Tú sabes que mi pluma
no es la venal esclava
de las pasiones y del prócer; sabes
que á la razóo está subordioada.
Y sabes-centinela
perenne de mi alma.-

El Czar y la Czarina de Rusia, en traje nacional.

Momento de oro
Hay en la vida de cada hombre un momento de oro, una cima luminosa en la cual le
aauarda y donde recibe cuanto le es dado esp~rar en punto á prosperidades, á goces, á
triunfos. La cumbre es más 6 menos elevada,
más 6 men~s áspera é inaccesible, pero existe
de igual merte para todos, para los grandes

como para los pequeños. No hay si no que, á
la manera de e¡.e día más largo del año en que
el sol agota todos sus bríos y cuya mañana
parece un primer paso hacia el invierno, ese
&lt;CSÚmum&gt;&gt; de las existencias humanas no dura
más que un solo momento, después del cual
no cabe sino bajar. ¡Pobre hombre! Recuerda
bien el esplendor efímero de ese momento de
oro. En. ese punto alcanzaste la plenitud de tu
verano¡ las flores se deshacían en perfumes,

doblándose la rama al peso de la dorada fruta;
los campos eran cielo de espigas cuyos granos
tirabas tú tan miserablemente. Pero tu. e~:
lla comenzará á palidecer, poco á poco ira to
rrándose y descendiendo á su ocaso, pron
sus destellos no conseguirán romper h,~ lúgu•
hres tinieblas en cuyo seno va á cumpllrse tu
destino.
.ALFONSO DAUDET.

GUAYMAS.~res. ,Alfonso Iberri, Aurelio Pérez Peña, Lic. Fidel

s.

Pujoly G. J. GonzáJez.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Octubre de 1903.

La Caída de las Estrellas
(De Leconte de Lisle)
Caed, oh perlas de rosa,
Pálidos cirios, al mar;
Una niebla vaporo!'a
Satura la inmensidad;
El viento azota al pMar
Las bojas primaverales¡
Caed, perlas inmortales,
Pálidos cirios, al mar.
Del misterioso oceano
Dormid bajo su techumbre;
Ya plant6 el sol en la cumbre
Su tienda de soberano;
Un eco brota del llano
Que vaga triste y sombrío;
Dormid, lágrimas de estío,
En el profundo oceano.
Huíd, novias de lo Triste:
¡Paraísos ignorados!

EL MUNDO ILUSTRADO

El alba, tras los cercados,
De gotas de oro se viste;
Alegre está cuanto existe;
Huid, oh mundos distantes
Do van las almas amantes;
Huid, novias de lo Triste!
Id, luceros, al Poniente
Donde el cielo está sereno;
Ya el sol el bosque de lleno
Traspas6 con su ojo ardiente;
El ciervo bebe en la fuente,
El rumor del mundo empieza·
Id, hijas de la Tristeza,
'
Id, luceros, al Poniente.
¡Oh lámparas del Olvido!
Feliz aquel que os siguiera
Y en brazos de la Quimera
Viva siempre adormecido;
Odio, amor, lo que ha nacido,
Todo se ha muerto en el alma;
Dadnos la paz y la calma,
¡Oh lámparas del Olvido!

PBNSAMIBNTOS

DESCONOCIDA

Frecuentemente 'Je mima á lm1 nif?.os, aunque esto entraña un peligro para ellos; y muy
rara vez se mima á los ancianos, sin embargo
de que en ello no hay peligro.-ToURNADE.

La vi rezando de hinojos,
Y no la he visto después;
¡Qué grandes eran sus ojos,
Y qué pequeños sus pies!
Coraz6n, no me demandes
Si á turbar vienen mis sueños
¡Aquellos ojos tan grandes!
¡Y aquellos pies tan pequeños!
:M. DEL p ALACIO.

*

Nos dejamos llevar demasiado de la manía
de erigir estatuas y monumentos á los grandes hombres; pero menos malo es eso que relegarlos al olvido.-J. SIM6N.

Damingo 25 de Octubre de 1903.

*

Arrojados en la
tierra el bien y el
mal, germinan en
ella y tarde 6 tP.mprano dan sus frutos: la generaci6n
siguiente es á menudo quien los recoge.-DuRUY.

*

La mujer demasiado lujosa corre el
riei:go de ahuyentar de sí á los hom bres juiciosos que
pudieran pre tenderla. -AIVER.

*
Nuestro Pa.is.-Siallto de Ba.sruooachic
(Chihuahua).

que atravieso la ruta de la vida
con la cruz de mis versos á la espalda.
¡Humildes versos míos!. ...
Quisiera daros galas;
revestiros de púrpura y de oro,
enjoya.ros de perlas y esmeraldas,
·
zafiros y diamantes;
y ver cuál desfilara.is
por las suntuosas páginas del Libro,
como en una pomposa caravana,
cantando dulces himnos
de amor y de esperanza,
derramando torrentes de armonía
y raudales de luz sobre las almas!
¡Inútiles esfuerzos!
¡Aspiraciones vanas!,
siempre seréis los tristes peregrinos
que por la vida sollozando pasan.
Los peregrinos tristes,
de obscuras hopalandas,
como pálidos frailes pensativos
que lentamente, en procesión, avanzan
pidiendo á Dios, en tiernas
y místicas plegarias,
que llegue pronto el día en que se unan
con vínculos de amor todas las razas!

ALFONSO

m

!BERRI.

Es imposible la
felicidad cabal, porque lo que no hastía al ser humano,
por lo menos llega
á serle indiferente.
-AIVElt.

*

La taberna es para los badulaques
lo que con harta
frecuencia son para
los literatos los salones á la moda: salones y tabernas
conducen igualmente á la perdici6n
á BUS r.lientes.-ANATOLE FRANCE.

*

La política es como las mujeres: la
ama uno de joven,
porque no la conoce.-J. Srn6N.

La vida se compone de contradicciones.DRAGOMIROF.

*

La gue:ra es divina en si misma, supuesto
que constituye una ley del mundo.-DE MA1sTRE.

Toda causa ha
menester mártires.
-CLA.RETIE.

*

Estudio :(otográ.fico. (Ya.lleto).

La ~oda, aunque sin microbios, es más
contagwsa que cualquiera enfermedad. -VALTOUR.

*

Fuerza es querer vivir y saber morir.-N.APOLE6N,

La guerra rivaliza en poder destructor con
todos los azotes de la naturaleza. mas á
~e las tesis que la divinizan, es, segu'irá~f!~~
o, obra del hombre.-VALTOUR.

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�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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