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                  <text>Domingo lo. de Noviembre de 1903.
ro sus pérdidas enormes no eran
menos célebres y comentadas.
Al cabo de algunos años, el príncipe se quedó completamente arruinado.
Una tarde se presentó en un grán
Casino de los Pirineos Cl)D los últimos diez mil francos de su fortu·
na.
A los pocos minutos no tenía ni
un solo céntimo
Impasible y silencioso, abandonó su asiento y se dirigió hacia la
puerta, resuelto á suicidarse en el
acto.
Maquinalmente se registró los
bolsillos del chaleco y en uno de
ellos encontró un luis. Después de
un natural momento de alegría, recordó que el luis era. falso. Un co-

mL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
en medio de la general confusión,
la ilegalidad de aquella moneda~
¿Quién podría sospecbarunengaño
por parte de un jugador que había
perdido muchos millones y que aca·
baba de perder diez mil francos?
Además, la moneda tenía muy buen
aspecto y estaba muy bien imitada.
El sonido era lo único que revelaba su falsedad.
Sobre estos repugnantes razona•
mientns que ofuscaban los escrúpulos de la conciencia., dominaba la
voilenta tentación de hacer la últi·
ma tentativa. El príncipe no pudo
más y cedió.
Pálido el rostro y con las manos
temblorosas, se acercó á una mesa
de baca.rá y jugó el luis.
Su corazón latía con extraordi·

Ganó y no se atrevió á retirar el
luis.
La suerte le favoreció diez veces
seguidas sin haber recogido lamoneda.
El prícipe ganaba más de diez
mil francos.
Confundido entre un montón de
oro y de billetes, el luis falso no
hubiera pódido sorprenderá nadie.
Enardecida su pasión y no pen•
sando más que en jugar, el príncipe se puso á tallar y siguió ganando de un modo extraordinario.
Durante dos horas no le abandonó la suerte ni un instante, y á la
mañana siguiente salió del Casino
con quinientos mil francos en la
cartera.
Entre el aturdimiento que provo•

, . . J'li'
\

;,

\

,.

l

1

Bol'iskoff abandonó los Pirineos
y r~corrió Itali_a y Egipto, siempre Jugando y siempre perseguido
por su escandalosa suerte.
Todo_s l_os sistemas y todos los
procedtm1entos que anteriormente
le habían 9:rruinado, le daban ahora mat·av11losos resultados propo_rcionándole incalculables beneficios.
Sus martingalas triunfaban constentemente eu todas partes.
En los círculos de jugadores no
se hablaba más que de aquel fenómeno, de aquella suerte loca y en
su superstición tradicional, todos se
preguntaban la causa de tan extraordinario acierto, tratando de
a~erig_uar qué fetiche, qué talismán
misterioso, qué amuleto especial ó
qué táctica secreta podía poseer
aquel hombre.
Al cabo de algunos meses el
príncipe había recuperado con ~reces la inmensa fortuna que había
dilapidado.
Pe~o sus remordimientos y su terror iban en aumento.
El luis falso le perseguía. sin cesar. Bo~iskoff se consideraba coID:º un miserable, como un villano
digno del mayor desprecio, y deploraba. con toda su alma el deber
todo aquel dinero á. un robo á un
robo inicial, satánica.mente :Oultiplicado. Se tenía por un malhechor
por un infame que ilegítimamen~
se había apodera.do de la fortuna
de infinidad de personas honradas
que habían jugado contra ~l.
No le dominaba más que la idea
de verse privado de la emoción del
juego en condiciones normales, seguro como estaba de su ganancia
irremediable.
De día en día le fué pareciendo
más odioso el tapete verde, basta el
punto de que llegara á serle indiferente el juego.
¿De qué iba á servirle la vida si
el azar no había de intervenir pa•
ra naila en sus costumbres y en 11u
manera de ser?
La crisis llego á adquirir gran•
des proporciones.
_Poco tiempo después, el príncipe
b1zo testamento, en el cual daba
cuenta de su singular aventura y
legaba todos sus millones á los pobres.
A la ma!íana siguiente, se le encontró muerto.
¡Hacía pocos días que había cumplido veintiséis a.í:Ios !

PERLISTA
El gran escritor no est_aba. aquella tarde da humor de literaturas. Hay
días así en que la vocamón se sube á. la garganta., produciendo un cosquilleo de náuseas y de antipatía. Los místicos llaman &lt;sequedad&gt; á estos sucesos de desaliento. Y los temen, porque devastan el alma.
-¿Quiere usted que salgamos, que vayamos por ahí,
á casa de algún librero de viejo, á los almacenes de obje·
tos del Japón?
Conociendo su afición á la bibliografía, su pasión por el
arte del remoto Oriente, creí que le proponía una distracción grata. Pero era indudable qne tenía los nervios lo
mismo que cuerdas finas de guitarra, pues bufó y se alar·
mó como si lo indujese á un crimen.
-¿Libreros de viejo? ¿Tragar polvo cuatro horas pa-

RAÚL ETTERT.

Los amores para el hombre
Son las flores de la. vida.:
En los niños son jazmines,
Azucenas en las niilas,
~ioletas en las esposas,
Y en las madres siemprevivas.
Cuando á mis manos llegó
Tu carta, dueño querido,
Todo el pesar que tenía
Se convirtió en regocijo.

mercia.nte se lo bahía dado al devolverle un cambio, y el principe
se lo había metido en el bolsillo
con objeto de anojarlo á una cloa·
ca para retirarlo de I a circulación.
De todos aquellos millones perdidos en las principales bancas del
mundo, de todos aquellos castillos,
bosques y territorios que constituían la colosal fortuna del príncipe Boriskoff, sólo quedaba aquella
miserable moneda falsa.
Una idea asaltó de repente la
imaginación de aquel desdichado.
-¿Por qué no bahía de probar
fortuna con aquel lui.,?
Al principio, su sólida honradez,
el sentimiento de probidad que le
habían legado sus antepasados, su
altivez aristocrática, se sublevaron
contra el mezquino intento.
,¡Cómo era posible que el príncipe Boriskoff se presentara á. realizar una de esas infamias que sólo
ponen en práctica los bribones de
la peor estofa?
Pero no le abandonaba la maldita. idea, que seguía insinuándose
con la sutileza de los deseos vergonzosos. ¿Quién podría conocer,

naria violencia. El jugador no disponía de otra moneda para poder
alegar su error en caso de que se
descubriera la falsedad. Su intento
criminal sería notorio y la muerte
no habria de librarle de la infa·
mia.
Estuvo á punto de echará correr,
pero una fuerza irresistible le detu, o.

ca la ganancia continua, que cons·
tituye todo lo contrario de la lucidez resultado de la sucesión en la
pérdida, el príncipe, al regresar á.
su hotel. sintió remordimientos por
haber adquirido aquel dinero con
una moneda falsa. Aquellos quinientos mil francos procedían de
un engalío ignominioso é indigno
de él.
Su angustia duró algunos roo•
mentos; pero la desvaneció sin tardanza el egoísmo de haber obtenido
el medio de satisfacer su pasión.
El príncipe sig-uió jugando y ganando siempre. El recuerdo del luis
falso se le imponía como una idea
fija. ¿Qué misterio encerraba aquella moneda falsa y sin valor para
que de ella surgiera aquel río de
oro, aquel Pactolo incesante? ¿Qué
tenebrosa. divinidsd dirigía aquella sorprendente maquinación de
azar?
Y sus remordimientos se acentuaban más y más. Al príncipe le quemaba. las manos el oro de sus fabulosas ganancias.
El terror se asociaba á. la vergüenza de que el aristócrata se hallaba poseído.

Colección de trajes infantiles de casa
y paseo.

Trajes de calle y delantaleel.

Domingo lo. de Noviembre de 1903.

ra descubrir finalmente un libro nuestro, con expresiva dedicatoria á.
alguien, que lo ha vendido ó lo ha prestado por toda la eternidad? ¿,Japonerias? ¡Buscarlas! Son mu!Iecos de cartón y juguetes de zinc fabricados
en París mismo, recuerdo grosero de las preciosidades que antaño le metían á uno por los ojos casi de balde. Eso subleva. el estómago. ¡Pufl
-Pues demos un paseíto sin objeto, sólo por esca.par de estas cuatro paredes. Nos convidan el tiempo hermoso y la ciudad animada y hasta embalsamada por la primavera. Los árboles de los &lt;squares&gt; están en flor y huelen á gloria. Y á.
falta de árboles, trascienden los buñuelos de las freidu•
rías, la. ropa de las mujeres, el cuero flamante de los arneses de los caballos, los respiraderos de las cocinas .... Sí;
la manteca de los guisos tiene en París un vaho delicioso. ¡A mí me da alegría el olor de París!
El maestro, pasando del enojo infantil á una especie
de tristeza envidiosa, me fijó, me escrutó con lenta mirada penetrante.
-Tengo ese olor-murmuró hablando consigo mismo
-metido en los poros del cuerpo; si me retuercen, sale á
chorros. ¡Qué no daría yo por encontrar regocijador y
tónico el olor de París, como allá en 181101 En fin ... . porque á uno se le acabe la cuerda, no se van á parar los demás relojes. ¡A la calle! Calina .... mi sombrero, mi abrigo, mi bastón, mi portamonedas ... .
El ómnibus nos soltó en el bulevar, á tales horas-las

�Domingo lo. de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo lo. de Noviembre de 1903.

EL !MUNDO ILUSTRADO

llorado mucho; de manos pálidas,
prolongadas, divinamente cuida·
das, manos de aristocrática y de
monja claustral.
Después de los primeros saludos
y cumplimientos, el maestro dijo,
señalando hacia mí:
-Es extranjera.... Yo rogaría á.
usted que la informase de algqnos
detalles referentes á su oficio ... á su
arte, me atrevería á decir.
-¡Arte!-pronunci ó la señorita,
sacudiendo la cabeza.-Oficio y muy
oficio. Me dedico, seffora, á enhebrar perlas; es decir, á colJcarla~
de manera que luzcan todo lo posible, y que vayan exactamente aparejadas st&gt;gún su magnitud y su
oriente. Ya ve usted qué cosa tan
sencilla. Pasen ustedes á mi taller,
y así formarán idea de cómo trabajo. Justamente tengo entre manos
la gargantilla de un rajá, un tesoro
de la India. Por aquí. ..

hilera de estupendas perlas, enormes, redondas, de dulce reflejo, lácteo y opalino.
-Son las dt:il rajá- advirtió la
sefforita.-De primera magnitud. Y
digo de primera, porque si ha.y otra
ranura, toda.vía más a.ncba, esa...
sólo se llenó una. vez, cuando Oxen,
el millonario norteamericano, compró secretamente u 1a. sarta antigua,
dicen que de la virgen de Lo reto.
Eran colosales . .. pero disparejas.
Me vi apurada para casarlas, y al
fin no quedaron bien: mi conciencia
me lo repetía.
-¿Y cómo se le ha ocurrido á usted ejerce1· esta profesión?-interrogué curiosamente.
-¡Ah!. .. Es la historia de mi vida-murmuró la anciana., cuya piel
plegada y amarilla, del amarillo de
la vitela antigua, se coloreó un poco.-El maestro lo sabe, y puesto
que usted es su amiga, no tengo re-

cinco de la tarde-atesta.do de gentío. La inmersión en las olas de la
multitud reanimó al maestro. Con
visos de animación me propuso llevarme &lt;algo que me interesaría
quizás&gt;. La restricción era en él
habitual. Su espíritu cansado evitaba afirmar con energía cosa al·
guna..
Internándose por calles menos
frecuentadas, no lejos de la plaza
de la Concordia., nos detuvimos en
el portal de una casa grande, semi•
antigua, época de Luis Felipe. JJ,l
portero suspendió la lectura del
&lt;Gaulóis&gt; para informarnos.
-¿,"M.ademoiselle Merry? Perfectamente .... En el patio, escalera
del fondo, á la derecha. Quinto
piso.
- ¿,No le mo!estará á. usted la subida ?-indiqué al maestro.

-¡Como no hay remedio! murmu·
ró encogiéndose de hombros. Si ha
de conocer usted á la ensartadora
de perlas .. .. Ya un día le hahlé á
usted de ella. Creo que merece los
ciento veintiocho escalones ....
Arriba. De piso en piso, la encerada escalera, al principio obscu•
ra, se llenaba de claridad. En el
cuarto respiramos. En el quinto, al
repique de la.campanilla, salió una
vieja sir-vienta, de rizada y almidonada papalina, semejante á las que
se ven en los retratos flamencos, y
nos hizo entrar, con exclamaciones
cordiales de bienvenida, en un saloncito de mobiliario usadísimo,
anticuado y limpio como el oro. A
los dos minutos, presentóse la sefforita Merry. Era otra anciana, de
papalina también, pero papalina de
encaje negro con cintas malva; de
rostro que aún conservaba las medio desvanecidas líneas de una hermosura. delicada. é ideal; de ojos
azules, descoloridos como violetas
marchitas; de fatiga.dos párpados,
como tienen las personas que han

Abrió una puertecilla disimulada
y nos encontramos en un taller,
cuarto clarísimo, vacío, sin alfombra, sin co1·tinajes, casi sin muebles,
excepto un taburete bajo y una \lle·
sita negra con ranuras paralelas,
de diversos anchos. En el suelo una
pirámide de cribas de agnjeritos
menudos; en el fondo una caja de
caudales, de hierro y acero, destinada á. encerrar las perlas de noche.
- Antonieta, sillas para este se·
flor y esta señora-ordenó la perlis·
ta.-No extraffen ustedes ver la ha·
bit"ación tan desnuda... Si una per•
la. salta de la ranura ó se me escapa
á mí de entre los dedos, tengo que
encontrarla; no voy á disculparme

con que no parece . . . . Las junturas
del piso están tomadas con cera. ·
Perlas hubo aquítasadas en cientos
de miles de francos . ... Si no morimos asesinadas y robadas, yo y mi
pobre Irmna, milagro será. Jamás
duermo tranquila; me levanto á
rondar; el menor ruido me eriza el
cabello. ¿Ven ustedes? E stas cribas
son para cribar las perlas cuando
se quiere hacer con ellas eso que
llaman un collar de perro. ... para
lo cual se necesita que tengan una
igualdad extl'aordinaria, absoluta;
si no,noes bonita lajoya.Perocuando las perlas alcanzan este tamaffo ..... ¡entonces á simple vista las
combino!
Seffaló á las ranuras de la mesa.
En la penúltimá se alineaba una

paro en contársela. . .. Ante todo,
algo que á usted la sorprenderá: soy
&lt;única&gt; en mi profesión en París...
Quiero decir que á nadie sino á mí
le llevan á hilar sartas de perlasj
que los joyeros á. mí acuden, y a
pesar de ser bien escaso el número
de collares magníficos en Europa,
como todos vienen á parar aquí,
ando siempre agobiada de labor. ..
Es cosa siagular: parece facilísimo
hilar perlas, y facilísimo sería., en
efecto, si se redujese á ponerlas
una tras otras ... Pt&gt;ro cabalmente
es indudable-lo aseguro por experiencia-que sólo hay una combinación dada y que cada.hilo requiere la suya.
Si ensarto cincuenta perlas, puedo equivocarme de cuarenta y nueve modos, y acertar sólo de uno.
Así es que, á veces, ensayo los cincuenta, basta descubrir el modo.
Se cuenta que tengo un secreto para
hilar. .. Ya saben ustedes mi secreto. Y además, este oficio no sirve
sino para quien sienta una chifladura por las perlas, como yo la
sentí desde niña. No poseo ninguna,
ni tamaffacomo un grano de trigo.. .
y manejo las mejores del mundo.
Aquí los collares de la desgraciada
Emperatriz; aquí, los de las princesas; aquí, los de las reinas, de las
actrices, de las impuras, de las archimillonarias, de las od&amp;.liscas
turcas, de las imágenes católicas ...
Ya, ya voy á &lt;eso&gt;¡ á. cómo se reveló mi vocación de perlista. JBien
sencillo! En dos palabras. Yo tuve
una hermana y un novio. Mi hermana, hermana sólo por parte de
madre, heredó de un tío suyo una
gran fortuna. Entonces mi novio
rompió conmigo y se dedicó á pretenderla; mi hermana le hizo caso.. .
y se concertó la boda. Poseíamos
un collarcito de familia, unas sar-

LO IMPREVISTO

abrasaba, y á los inmóviles follajes
del jardín, mieatras Acol, muy apacible, lleno de elegante soltura, con
las manos blancas y finas, prepará·
ba. el ponche con champaña en una
ensaladera rústica de porcelana
con flores.
-¡Pero si lo imprevisto existe!
1Si en la vida no hay otra cosa!
Mfra, Fromont, cuán sencillo es.
Azúcar, limón, canela. Las fresas
y l as frambuesas no son de lo más
ortodoxo que digamos; tanto peor,

-Ahl cuán motóna es la vida!declaró Gervoise estirando los bra.zos -No acaban de llegar nunca
el deseado premio gordo de la lotería, ni la herencia de Amér~ca, ni
la buena fortuna en amor, nt la noticia que asombra como el rayo.
Con lo frrita.do de sl!-_mirada.,. no
parecía sino que maldtJese al cielo
inexorablemente azul, al sol, que

tas; mi madre me había regalado la
mitad á mí, á. mi hermana la otra.
Estaban mal hiladas. Hilé bien laa
mías, y pedí á la novia las suyas,
que hilé también. Al hacerlo, sobre
cada perla hilé una. lagrimilla ....
porque al fin es duro presenciar cómo se casa con otra el hombre 11,
quien queremos. La novia, al ver
el collar, creyó que no erá el mismo, sino otro mejor, donde yo había puesto perlas de la.s mías. Est.o
me indicó que debía b a berlo hecho..•
y cogí las mías y se las rega.lé. Al
otro día, no pudiendo resistirmás,
me escapé sola, me vine á París,
sin recursos, y se me ocurrió ofre•
cer mis servicios á un joyero, que
los aceptó. Ahí tiene usted la historia ....
-¿Y ba conservado usted siempre la afición á hilar perlas?
-Siempre, sí.. . pero á veces, por
momentos, me entra una fatiga, un
tedio; los ojos se me nublan, no veo
el agujero, ni el hilo, ni el orientAl1
ni 1a forma ... . Luego se pasa, ¡y a.
enfila.r con entusiasmo!
-Como nosotros, esa infeliz-díjome al salir el maestro, conmovido.
-¡Buena lección nos h a dado! Leo,
ción para escritores. De las combi•
naciones que pueden hacerse con
cincuenta pal abras, cuarenta y nueve no valen, sólo es artística una. ..

puesto que, á serlo, aromatizan.
Gaseosas, dos botellas de champa•
ffa (uno tras otro soltaron entonces
los tapones), hielo, y . ... ayúdenme
ustedes á sentir.
Los tres contemplaban fijamente
la mezcla de color de oro pálido, la
deliciosa alquimia, la maravillosa
bebida helada, en la cual burbujas
á millares se precipitaban á través
de la espuma.. Estaban impacientes.
La lengua se les pegaba al paladar,
el calor les rendía¡ no tenían más

que una idea: beber fresco, y echaban miradas de niño goloso al Jí.
quido compt:esto de hiel? y frut~s.
Hasta el mismo Gervo1se llego á
olvidar sus quejas.
-¿Por qué no llega algo nui;vo?
suspiró Ger voise.-:Mi vida esta regulada por una especie de penta•
grama como el papel de mú~ica.
Jamás he teuido aventuras m me
he encontrado en circunstancias fortuitas. Esta monotonía de lo diario
me desconsuela, me desPspera.

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EMILIA PARDO BAZÁN.

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. .

1

La mujer es superior al hombre
en todos esos instrntos misteriosos
de ternura y sentimiento.

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~

Nunca me digas adiós,
Que es una palabra triste:
Corazones que se aman,
Nunca deben despedirse.

2,

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Trajes Para n iñas de 5 á 10 años.

Modelos para bordados, cuellos y corbatas.

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'I ••.

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�Domingo lo. de Noviembre de 1903.
-¿Lo imprevisto quieres?-contestó Fromont.-Búsca.lo desde a.hora.. Pero tú huyes de él. ¿Cómo es
posible que éntre en tu vida. m~c~nica.'! Te has impuesto una. disciplina de autómata.. Es preciso que
sepas vivir.
-Sí --afia.día. Acol,-nosotros tememos lo desconocido. Nuestra
casta., nuestro esta.do de fortuna,
nuestro estado de familia, la!! conveniencias, los hábitos, los prejuicios, todo nos ma.ntiene,de la. mañana hasta. la noche, en un círculo estrecho de ideas y de actos, de sentimientos y de sensaciones, del cual
no nos sabemos evadir. ¿,Por ventura. saldríamos á la. ca.lle sin sombrero? ¿Comeríamos tres horas antes ó después de lo acostumbrado?
¿Iríamos por curiosidad ó con intención caritativa á instalarnos en
un zaquizamí de un barrio de trabajadores? Por temor de caer en el
ridículo ó de que se nos tachase de
incorrección, no sabríamos arries•
ga.rnos á romper con nada de lo
que nos es ba.bitnal.
Fromont volvió á tomar la pe.labra. en estos términos:
-Ha.y personas á las cuales un
instinto particular pone sobre la
pista. de la a.ventura, y éstos son la
presa desesperada ó arrebatada de
los dramas más agitados, de las
desventuras más extravaga~tes. Estos hacen fortuna y se arruman sú·
bita.mente; boy sabemos qu_e _se casan y mañana tenemos noticia de
que han buido al fin del mundo; pasan por todas las metamorfosis,
caen en todas las zanjas, saltan en
todos los trampolines. Son las víctimas y los triunfadores de lo impensado.
Gervoise zampóse un bocado de
fresas y frambuesas y sólo se detuvo ante un pedazo de limón que fué
á atravesársela. Tras de lo cual
respiró.
-¡ Bah!-murmuraba. entonces. Si ha.y que darse tanta p~na para
procurarse algunas emomones ....
En verdad, Gervoise estaba. resuelto á no darse ninguna. Hallándose bien colocado en una grande
administración, se encarnaba en él
la. reaularidad llevada. hasta. lamanía. Calzar zapatos nuevos le hacía desgracia.do. Era preciso que
el pantalón formase determina.dos
pliegues. Iba por tal acer~ y no
por otra. Exigía pla~os guisados
en cierto número de mrnutos,contados reloj en mano. ¡ Y él,. él ei:a.
quien pretendía que la existencia
está falta de variedad!
-No-dijo Acol,-no es necesario ir muy lejos para encontrarse
cara á cara con el suceso que trabuca para siempre el destino de un
hombre. ¿No has resbala.do nunca.
en una corteza de naranja? Por
más que entonces ibas tieso y con
aire vencedor, ¡crac! te ves patas
arriba. Te levantas hecho una lástima, y los circunstan~es se ríen _á
tu costa. Ya traiga dicha ó desdicha, !o imprevisto no puede ser cosa larga. En cuanto á. mí, en vez
de llamarle, le consagraría cierta
desconfianza supersticiosa. ¿Has
pensado en lo que una mirada, un
amor súbito, pueden hacer que_si
pierda. del presente y del porvemr.
Lo imprevisto es el telegrama mortal, la enfermad y sus terrores; rara
vez trae buena cara. ni sonrisa de
buen augurio. Lo dicbo, yo le temo.
Acol había sido desgraciado casándose joven y sin reflexión. Aquella boda concluyó trágicamente, en
un duelo, en la muerte de un hombre y en la reclusión de una, mujer,
la cual se volvió loca. Por más que
hubiese transcurrido mucho tiempo desde entonces y todo se hubiera olvidado ya, quedaba de ello
una sombra de melancolía en el
flaco y altivo rostro de Acol.
Fromont continuó así:
-Lo mismo que el premio gordo
de la lotería, lo imprevisto se ofrece á ciertas personas sóla una vez,
y entonces es como un genio bienhechor que cuanto toca lo transforma y embellece. ¿Conocéis á Ménal
y á su linda esposa? Seres dichosos, si los hay, aquéllos.
Sacudió la ceniza del cigarrillo
y evocó en su mente el recuerdo de
la. jóven pe.reja.. Méne.l, médico de
una. población agrícola., era colega
1uyo¡ loa do■ habían ■ido ca.mara·

EL MUNDO ILUSTRAOO

das de colegio, y Ménal, pobre en
aquellos tiempos, era ya rico; Ménal, con no ser gallardo ni hermoso, era amado de una mujer encantadora, en tanto que él, el pobre
F1·omoot, luchaba trabajosa.mente
en París pa.ra hacerse una clientela. Este no sentía envidia alguna:
sin embargo, consideraba que el
azar había. hecho bien las cosas....
para. ot10.
-¿Y qué?-preguntó Gervoise.
-¿Sabes cómo, de la noche á la
mafia.na, encontró mujer, posición
y fortuna?-continuó Fromon~.
-No-respondió Acol.-Lo que
sí sé es que los esposos llevan un
buen tren, aun cuando vivan sencilla.mente. Tienen caballos y automóviles y su propiedad es muy hermosa.
-Pues nada - siguió diciendo
Fromont,- que Ménal, una vez,
viajando, equivocó el tren. Al notarlo, encontróse en una ciudad de
poca importancia y allí se detuvo.
No había medio práctico para volverse hasta cuatro hora.s más tarde. Ya está, pues, divagando por
el clásico paseo, y luego por la.s
calles medio desiertas; procura ver
cómo matará el tiempo. Ve la iglesia con su porta.da. El café del Comercio, donde hay muchas moscas en la cerveza.... . ... Periódicos ilustrados de en mes atrás ....
Se pasea por el espacio desierto
del juego del mallo, pasa frente al
cuartel de la gendarmería .... se
dirige otra vez á la estación. Aún
faltan tres horas. Entra en una peluquería. para que le corten el pelo;
ha ganado media hora. Busca.cambalacheros, pero allí no los hay.
Y el fastidio y el deseo del tren, que
no llega, y la consideración de un
día perdido, le hacen aquella población odiosa .... Silencio abrumador .... aceras sucias .... perros
llenos de lodo, tomando el sol. ...
escasos viandantes, 1 abra doras
fea.s, ciudadanos engreídos, todos
ellos con aire torpe . . . . ¡va.ya una
atmósfera de estupidez y esplín! . . .
Aquello era insoportable.

¡ Y falta.bao aún dos horas! Ména.l volvía por tercera vez á la. estación, cuando, a.traído por la. verdura de un hermoso y fresco jardín, entró maquinalm@nte en una
callejuela. Vió una verja., tras de
la cual había césped y grupos de
plantas; las calles enarenadas aparecían limpias; á travós de los árboles levantábase una casa de ladrillo rojo, con galería exterior y
escalinata, y a.domaban las ventanas cortinillas de seda obscura; todo aquello respira.ha una calma. dichosa. En una luciente plancha. de
cobre leyó Ménal un nombre que,
aun cua.ndo le era desconocido, causóle un pequefio sufrimiento, pues
á a.quel nombre precedía la palabra.
&lt;Doctor&gt;. No podía menos de confesarse que el colega no estaba mal
instala.do. Ménal leyó después:
&lt;Consulta de una á cuatro&gt;. De
pronto se oyó un piano á intervalos, cesó luego la. música, y surgiendo de entre las flores, una aparición radiante, una luz dorada,
una joven, subió á la galería.
Cogido en flagrante delito de espionaje, Ménal ruborizóse. ¿Le tomaría acaso por un mendigo ó un
soplón? La joven había mira.do algo sorprendida á aquel forastero
.... Este no vaciló ya, y con ademán espontáneo é irresistible, tiró
del cordón de la campafiilla, sin
darse cuenta. de la extravagancia
de aquel acto hasta que la aparición hubo salido de la galería y
llegó una criada.
-¿El doctor? . . . .
Si éste no se be.liaba. en casa,
aún podía Ménal escaparse del
lance.
-Allí esta el doctor-contestó la
sirvienta.
¿Qué hacer? ¿Qué decir? Pretextaría. una consulta·? Pero he ahí que
se le presenta sonriendo un caballero de rostro franco é inteligente
mirada. Un hombre excelente con
seguridad. Ménal no tuvo valor
para mentir: explicóle su visita, lo
del tren equivocado .... Le habló
como de colega á colega, conclu-

··•······......................... .
"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,;l.ansas Cíty, St. Lonis, Cbicago, lew York,
San Francisco J Los Angeles

yendo por revelarle lo que poco
~ntes _no osara, ~sto es, el súbito é
imperioso atractivo de la joven
El b?e.n doctor, que sería un h~tnbre origma.l, encontró naturalísima la ?Osa.. Hubo preguntas conversación y refrescos.
'
_-¡Teresa! ¡ reresa!-gritó el médico.
Y presentó al forastero su única
bija. El médico era viudo. Al pronto, Ménal no sabía qué hacerse ....
después fué tomando a.lientos. Conversaron á más y mejor .... y los
tres gustáronse uno á otro. Ménal
fu~ in vitado á vol verá la. casa. No
deJÓ de hacerlo. Por fin, casóse
Fromonte vació su vaso.
·
-S_í-dijo_ pensativo Acol,-eso
es lo imprevisto.
.-Y de lo _mejor en su clase--convmo G~rvo1s~;- pero sólo una vez
entre men mil, llega en semejante
forma.

-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

Pablo v Uictor margutrlttt.

LOS DOS EN UN ABANICO
EL

Cuando perfumado el viento
Carmen, tu abanico mueva '
no olvides que el pensa.mie~to
de tu fiel amante lleva
con su cora.zón y aliento.
ELLA

Como una alegre canción
tu aliento y tu corazón
Aureo, en mi abanico ;iento.
¿Cómo olvidarte un momento
si ellos mi esperanza. son? '
€1 eantor dt 6uadamiu.
Texcoco, México, Agosto 16.
Siendo universa.lmente reconocidos los benéficos efectos del aceite
de hígado de _bacalao y los hipofosfitos-escribe el Dr. Rodrigo
López Parra, de la. Facultad de
México, á los Sres. Scott &amp; Bowne, -ha cabido la satisfacción de
poder presentar á. la humanidad
doliente esos valiosos agentes en
feliz combinación, que ha salvado
la vida á gran número de enfermos.
Su grato sabor y excelentes propiedades reparadoras de las fuerzas
hacen de la Emulsión de Scott 1~
medicina predilecta para toda esa
seri~ de enfer~_edades en que el organismo debilitado necesita una
reparación rápida y segura.

_ _ _ _ _.,.,.-.:'.I'__

i

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Ft:,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

FARNSWORTH.-Agente General.

ta. San F,-anol•oo,, 1u,,.. 11,, ltll1b!Cloo,

o. F.

f'ARA CURAR UN RESFRIADO EN UN OO.
Tome _las _pastillas Luantea de Bromo-QIIÚÚIII,
81 boucutao le devolverá 1u dinero II ao se c11ra
La lirma E. W, Groye ao halla en cada -.illa,

EL TESTAMENTO

Dtl 11.mo. sr. Jlrzobts,o Jttba
Los bienes fueron valuado■
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua",
Compañia de Seguros sobre 11
vida, de Nueva York.
Hace pocos u1as que se practicó ta
llpertura del testamento del llustrlal•
mo Sr Arzobispo D. Patricio A. Feeball
en la ciudad de Chlcago, Illlnola.
La tortuna del distinguido prelado ucendló a cerca de $125,000 oro americano; y segOn el Inventarlo que ae ba
publicado, los bienes que dejó tuel'OII
como sigue:
Dos pólizas de "La Mutua,' ' Compallla de Seguros sobre la Vida, de
Nueva York, por $215",000
oro cada una, ó sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pólizas 9,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . a7,000 oro.
Entre las &lt;llsposlclones del sellor Arzobispo, en su testamento, se hicieron
éstas:
A su hermana, sellorlta Kate Feehan.
que estuvo siempre con él haata 1111
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seg11ro :
a la sellora Ana A. Feehan, viuda del
se!!or doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $15,000 oro •
efectivo ; a la Academia de San Patrl•
clo de Chlcago, de la que es preceptora
Sil hermana, Madre
María Cat&amp;llna.
$10,000 oro de la di tima pó!IZ&amp;; &amp; la
escuela • 'Santa Marta' • de enaellaDIII
prlctlca para varones, de Feehan-rllle.
llllnola, que era la 1D1t1tuclón por la
que mla ■e lntereaaba el Hllor .Ar■o­
bllll)O, ■e e11tresaroa loa
ill ele la dlil■I pOIIII,

,,,ooo ,_...

1.-Trajes de casa y visita.

La Contemplación del Cielo
(PARA LAS DAMAS)

El sol acaba de hundir en el océano su disco de púrpura,. El inmenso mar se adorna con los tonos ar·
d_ientes del astro, reflejados por el
cielo, y semeja un espejo de tur•

quesa. y esmeralda. L~s olas arrollan oro y plata, y vienen á romperse ruidosamente sobre la p~aya,
ya asombrada por la desaparición
de la celeste antorcha.
.
Se siente pesar por la ausencia
del astro del día, que con tanta generosidad derramaba sus gozosos
resplandores en tantos corazones
henchidos de dicha y de alegría._. ..
Se sueiia. contempla.odo el grandlo-

so espectáculo, y el ensueiio hace
olvidar que los minutos vuelan rápidamente. Pero poco á poco aumenta la obscuri!dad y el crepúsculo cede á la noche.
La mirada más indiferente que
asistiese á la puesta del sol que baja tras las ondas del distante ~or_i·
zonte del mar, no podría res1~tir
en aquella hora al espectáculo imponente de la naturaleza..

Ya la. claridad del creciente lunar, que parece una barquilla luminosa suspendida en los cielos, es
bastante viva para soltar en el mar
lentejuelas de plata, movibles y esciotilantes. Lentamei¡te, baja también el astro de la noche bacía el
horizonte occidental. Un mundo
resplandeciente, que domina el cielo del ocaso, atrae nuestras miradas: es la estrella del Pastor, es

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 18, Noviembre 1</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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