<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3862" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3862?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T13:04:50-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="2506">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/1/3862/El_Mundo_Ilustrado._1903._Ano_10._Tomo_2._No._19._Noviembre_8..pdf</src>
      <authentication>a5c648af2d75d63ec75eecc54b49a64f</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="117686">
                  <text>Kolaneurol Oranier
D6 Ff\RI8
Aumenta el apetito, levanta las fuerzas, hace engordar á los enfermos, determina~do mejor _utilizaci~n de los alimentos.
Restituye al organismo la fuerza perdida por influencia de estud10s y trabaJOS excesivos.

EL MUNDO l'LUSTRADO
Jlño X-tomo n-núm. 19

mtxtco, n~oitmbrt • dt 1901.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA

Dlrector:°LIC. RAFAfL Rfl'tl, &amp;PINDOLA.

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO
---~.....
.-r~

So:zodonte
POLVO PARA LOS DIENTES

cu

,a1Y11 anttamttca1G

"BURNO PAR! LOS DIENTES MALfü,
!O MALO PARA LOS BUENOS"
Novedad en precio y cantidad.
Caja grande. Tapa moderna.
ljall

~

i{UCktl,

ntW York.

Sabscrlpcid1 meua■I r,r•aea Sl.5'
ldem,
lde-. e■ la capital SI.JI

EL MISMO

1• CIGARROS

"'"'º

COQUELUCH

So

~RRUGINOSO : SIETE M~UeaDRD
ht■ia,

~l,nda, Ce1nlacmia1, ,te.

PARÍS

20, 1■1 d11 Foa,n-St•'-'acqaes
1 ,n /u farmaciu.

LOMBRIZ SOLITAlllA
pulallln segura
en DOS horas, eln P URGA, por las cApsn•
las L. KIRN. Evitad Imitaciones. Dep6alto: Farm. HAUGOU, 54, boulevard. Edgar
Qu lnet, Parfs y en todas las farmaclu.

T111&amp;1l111t rultul I bl&amp;IIII, pt1 Puipllaa • 111

Lilfatiame, Em6fala, ua
Infartos •a loa Ganglios, etc.

POLVOS FUIIGATOBIOS GAD
PAR.IS - B08 bta, F1 B._

•11tn: l. UUDII, ..... J 4'11. l.

POTBOL
DKL DR. TOBREL DK PAIIS.

ASMA vCATARRO
l11CIGARRIU.OSESPIC~

º

11ft
lllll

TÓM~SID

Cardos
puPOLVO
6 el
•
Ooreslon11,Tot,Reumu,Neuralglu
ll:o todas las buenu Farmactas.

ormayor: 20,rue St.•Luare,Part■•
f.,t/ro,ta Flrm11ob-o cada Cl1arrlllo.

0000000000000000
Píldoras Digestivas y Antisépticas

SAINT-RAPHAEL,

Del Dr. B. Huchard, §
de París
Doradas, para los mos con dlama.
Plattadas, para los casos sin dlama.
Muy experime ntadas en l as enfer med a des del Aparato digesti vo.
Cotienen la materia acti va de los fer mentos d igesti vos y los a ntisé pticos más p oderosos, combinados e n una for ma nueva y aso•
ciados con otras substancias medici nales. Es el mejor r emedio p a ra la dispepcia, mala digestión estomac al é intesti na ), par.ala dia.rrrea, disenter ía., enfermeda des d el híga do , gastraJ.g 1a.s, Ja quecas
y en todos los ~asos en que l a digestió n es torpe y 1ft nutrición
imperfecta. ó c uando h ay infla mación ó i n fección del A p a r ato digestivo ó de los órganos a nexos.

8

§
§
§

Dt otnta tn todas las Droguerías vBoticas.
000000000000000000000000

Vino fortificante, Digestivo, t6nlco, reconstituyente, de sabor excelente,
eficaz para las personas débilitadas que los _ferruginosos y las _qulna1,
servado por el métod:&gt; de M. Pasteur Prescrtbese en las molestias del
mago, la clorosis, la anemia y las convalecencias, est~_vino se recomienda,
las personas de edad, á las mujeres, j6venes y á los ninos.

AVISO MUY IMPOB,T.á.HTE.
El único VINO aLtér co de s. RAPHAEL, el solo que tiene el derecho de
marse así el solo que es legitimo y de que se hace mención en el formul
del Profe~or BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cia., de Val
(Drome Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de los Fabrl
tea y e~ el pescuezo un medall6n anunciando el "CLETEAS.''
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

AS HEMORROIDE

Pocas personas ignoran qué triste enfermedad constituyen las hemorroi
pues es una de las afecciones m6s generalizadas; pero como 6 uno no 1e
habla r de estos. padecimientos, mismo 6 su médico, se sabe mucho menoa
1
existe desde algunos afios un medicamento, el :Elixir deVlrg-lai~
las cura ra dicalmente y sin ningún peligro. No hay m6s qu~ escn
Pharmacie Mo•,m11:, 2, Ruede la Tacl\erie, Paris. pa ra rec1btr franco
porte el folleto explicativo. Se veré cuan facil es librarse de la enre,rm
la mas penosa, cuando no la mas dolorosa. Veola en Lodas Droguer1aay ,11

)C&gt;00&lt;&gt;0000000&lt;&gt;00000&lt;&gt;00000&lt;&gt;00&lt;&gt;000000004-

x

SALSA
Al~unas gotas de esta salsa, afi adidas á cualquier manjar, le dan instantáneamente un g usto exquisito y sabroso. E'l un recurso inapreciable para todas las cocinas; se emplea en el

CALDO, SOPA, SALSAS, LEGUMBRES, ASADOS" ETC.
Es ec'.&gt;n6mico, porque se emplea gota á gota. No se altera el frasco, aunque quede abierto.

X&gt;OOC&gt;OOC.OOC&gt;OOC-&gt;OOOOOC&gt;OOC-&gt;OOC

¡TODO BS V ANIDAD1

Cuadro de C. ;\llan &lt;illbert,

�bomingo 8 de Noviembre de 190S.

EL MUNDO ILUSTRtADO

EL MUNDO ILUSTRJADO

El Culto á los Muertos
La extinci6n de un ser débil, tiene eiempre
mucho de doloroso; pero sobre todo, mucho
de exasperante. Está bien que el aftoso roble,
carcomido por el tiempo, deshojado por el
cierzo, devorado por el hongo, minado por
el microbio, encanecido por el heno y deformado por la excrescencia enfermiza y senil,
caiga al fin y se sepulte en el fango que saneaba y bajo el humus que nutría sus raíces.
A nadie irrita que el carcomido edificio, agrietado por la edad y derruido por la intemperie, venga al suelo en pedazos y se sepulte en
la tierra que orgullosa lo sustentaba. Es at.n
tolerable que el pino gigantesco y viril, henchido de savias y oloroso á resinas, desafiando á la nube preñada de fuego y á la tempestad radiante en fulguraciones, caiga fulminado por la chispa que con su altivez provoca,
y desgajado por el rayo que con su arrogancia
desafía.
Pero nada hay más odioso que ver flores
deshojadas por el huracán, arbustos desarraigados por el cicl6n y nifios aniquilados por la
catástrofe. Ese ensafiamiento de la fuerza contra la debilidad y de la brutalidad contra la
gracia, es repugnante y odioso y hacP. pensar
que, como la humanidad, la naturaleza tiene
también sus bandoleros y sus asesinos y que
hay un Jack el Destripador, lo mismo en las
tenebrosas barriadas de White-Chápel, que
en las faldas peladas y las gargantas abruptas
del MontrPelé.
Las fuerzas destructoras tienen esto de es•
pecialment.e odioso: pueden ser pulcras y gustan de ser repugni;,ntes. El Vesubio ti1:ne coqueterías de taxidermista y aplastamientos de
hipop6tamo. Acomoda dulce y suavemente
cenizas tibias y finas para sepultar intactos
un p6rtico, una estatua. un fresco, y amontona las rocas de Sísifo para aplastar y pulverizar una mariposa. En Pompeya hay aceitunas conservadas por la lava con el mismo esmero que en un frasco 6 en una lata de la casa Rodel y Comp., y columnas votivas pulverizadas como con una aplanadora de patente.
Recorriendo las llanuras devastadas y carbonizadas con las que se ensafi6 el Seboruco,
nada he encontrado indemne ni en pie¡ todo
era desolaci6n y ruina; un campo de cenizas
había sido un prado; un islote de escorias,
una selva; un mont6n de ruinas, un poblado.
Y en medio de tanta destrucci6n y de tanta
safi.a, entre dos rocas negruzcas y en la divergencia de dos corrientes de lava, m un rinc6n
de aquel caos, se erguía un rosal, carbonizado, pero intacto, con todas sus ramas, sus hojas, sus tallos, sus espinas y sus flores.
Salvo estas raras excepciones, lo desmesurado y lo incontrastable se ensafian contra lo
débil y lo gracioso. La encina de María Antonieta en Tria.n6n, ostenta un horrible hachazo del rayo, y de la herida abierta brotan yemas y retofi.os. Hay castillo feudal en que las
minas de los asaltantes han abierto puertas
monumentales. Las viejas bombardas han
cincelado los muros de las feudales fortalezas,
y la nueva artillería, grabado arabescos en las
murallas dfl los modernos parapetos. Aun
vencidos, los gigantes se ornan con las heridas que les han he~ho los titanes. ¿Pero qué
qued.i. de la paloma despedazada. por el milano 6 de la hormiga aplastada por el elefante?
Una pluma, copo aperlado que sirve de juguete al viento, y un rubí que la tierra bebe y
que nadie contempla ni admira.
Cuando los- rayos del sol beben diamantes
en los pétalos de las rosas; cuando el volcán
asfixia. ruiseñores en las enr!lmadas; cuando
el oleaje furioso estrella barquillas en los arrecifeis; cuando la langosta devora espigas en los
sembrados, todo lo agostan, el ser y su memoria; todo lo aniquilan, la vida y sus gérmenes; todo lo destruyen y anonadan. Dejadla hacer, y la naturaleza, indiferente á la.
vida, á la felicidad y á la gloria, todo lo espigará con su inexorable guadafi.a y sobre todo
pasará su rasero nivelador. No encontrarán en
ella piedad ni lo grande, ni lo sublime ni lo
poderoso. Pero ante todo, se cebará en la gracia, en la inocencia, en la debilidad, y la ve-

réis implacable contra el nifio, contra la mujer, contra la _flor, que vive un día, ?ºn~ra el
insecto, que vive una hora; contra la 1lus16n y
la felicidad, que duran un instante.
Respetará las Pirámides, monumentales,
aunque mon6tonas; las cordilleras, grandiosas,
aunque deformes; pero deshojará, despiadada, flores; disiparú, implacable, perfumes y
armonías; matará,cruel,nifios,mujeres y hombres· ee cebará en lo deleznable, aunque noble, 'y en lo perecedero, aunque sublime y fe.
cundo.
Contra este horror se subleva el alma humana, y como una reparaci6n, ha instituído
el culto de los muertos. Vengar dela destru'!ci6n y del olvido á los que fueron; hacerlos
vivir en el recuerdo, ya que han sido expulsados del mundo; perpetuar su memoria en
mármoles y granitos, ya que han de·ser pasto
de larvas y gusanos, tal es la si~nificaci6n de
mausoleos y lápidas, de Vías Apias y Pirámides egipcias. El hombre, eterno dispensador
de la justicia, inmortaliza en el recuerdo y en
la conmemoraci6n, todo cuanto de bueno, de
grande, de noble y de digno de amor 6 de admiraci6n ha destruido y aniquilado la naturaleza. Para la gloria muerta, cincela laureles; para la ciencia extinguida, funde estatuas;
para el amor ignorado y desvanecido, graba
lápidas; y de cada cemmterio, en cruces místicas, en cúpulas suntuosas, en minaretes- erguidos, en simples montículos de tierra cubiertos de flores, se eleva una protesta muda
contra la muerte, y un himno de gloria y de
amor lÍ. los que fueron.
Dr. éM. Flores.

~·j4

Los zapatitos r,u~vos
Qué sanos, qué frescos regocijos los de aquel
hogar, cuando Ambrosio, el joven papá, volvía de la oficina, después de varias horas de
labor asidua. que pasaba llenando esqueletos
de recibos y hojeando á la continua los grasiento~ padrones del municipio.
·
Como quien cumple con una obligaci6n dulcísima impuesta por el amor filial, los dos hijitos de Ambrosio al!omaban sus caritas por la
ventana tan luego como sonaban las do.:e en
el reloj de la parroquia veciua, y eran de oírse
y de verse las expresivas aclamaciones y los
sacudimientos de alborozo con que aquellos
cuerpecitos salían corriendo al encuentro de
su padre para prodigarle en plena calle sus
besos y abrazos de bienvenida.
Llegados al hogar, aquello era una convivialidad de agasajos y de confidencias dulces
entre los c6nyuges y los hijos. Como sabroso
y embriagante aperitivo del cudiciado almuerzo, se trababa en la pequefia familia una charla alegre y sana, mientras la cocina saturaba
el ambiente de la casa con el olor incitante
del cocido y la fritura que hervían á fuego
manso. ¡Inefable dicha la de aquel hogar santificado por el beso de una pobreza inmaculada. y riente!
A menudo Ambrosio, al volver de la oficina, gul!taba de llevarles á sus pequeñuelos,
oculta siempre en coloreadas envolturas, una
golosina cualquiera, alguna chuchería que excitara sus gustos y los hiciese saltar y sacudir
los mofletudos bracitos con nerviosidades rebosantes de loca curiosidad.
¡C6mo reía el burn papá al verá los chicuelos que gesticulaban lloriqueando y se sacudían y saltaban qon gestos de desesperaci6n,
cuando él con calma torturante les decía poniendo en alto el regalillo: "¿Qué será ~sto
amiguitos? Vamos, adivinad qué será y os l¿
daré». Y aquellos ojitos y aquellas manitas
locas, en vano se movían queriendo atrapar el
bultito misterioso, que era desdoblado pacientemente por el-buen papá en medio de deliciosa algarabía.
Pero nunca el placer se mostraba más intenso en la faz de los dos hermanitos, como
cuandv Ambrosio llegaba á su casa oprimiendo bajo el brazo la vistosa cajita de cartón con
los zapatos nuevos. Entonces sí que reían, y

en el delirio de sus goc~s, Ernesto y Juanita
[así se llamaban los chicuelos] corrían como
d_esespera.dos por toda la casa, estrechando efll.
s1 vamente los zapatos nuevos y dando al aire
vocecitas discordantes de alegría que de pronto se tornaban en jirimiqueos al ver que la
mamá, ocupada en aplanchar las ropitas que
habí9:n de vestirse, no les ponía los a.nsiadoe
za.patitos nuevos.
Aunque para los espíritus superficiales Am
b_rosio_~ra uno de tantos_ que_ cargan c¿n.,;.
s1gnac1on la cruz matnmomi.l sin saborear
nnnc~ las mieles de la dicha, él no lo sentía
así, m lo demostraban su semblante siempre
risuefio, ni sus palabras, siempre sat~radasde
optimismo. No pocas veces le oí confesar ingenuamente: trabajo demasiado, es verdad·
pero mis fatigas, mis agitaciones material~
son ventajosamente compensadas, delicioeamente retribuidas con carifio y bondades en
el seno de mi hogar.
Y de veras Ambrosio era feliz. Su sola am
bici6n, como él decía, era disfrutar de buena
salud; pero la vida es ciega y, en sus crueles
ironías, pocas veces da al hombre lo que
hombre le pide.
En pleno goce de venturas inefables y cuan.
do más abundosos y lozanos eran los sue.fioa
que su mente acariciaba, Ambrosio fué p
de una fiebre de mal carácter, de una de
fiebres que ofrecen complicaciones y rebeldí
nada fáciles de combatir.
Ni los mismos cuidados de su mujer, ni 1
besos de sus hijitos, ni las prescripciones
cultativas fueron poderosos á darle alivio
aquel cuerpo joven que se consumía con la
rrible ansiedad de quien ama con ardor la vi
da y siente que sus fuerzas se agotan y que
aleja del pobre hogar siempre querido.
Ambrosio: en su gravedad, falto de fue
para articular palabras, dirigía sus ojos,
pliamente abiertos, á su espoea y sus chi
los, que lloraban en silencio junto al lechod
enfermo.
En menos de ocbo días, la luz y la fr
cia primaverales de aquella casa habíanse
cado en sombras y tristezas de pavoroso ·
vierno.
-¡Todo acab6, chiquitos míos!-decíales
madre á los huérfanos parvulillos.-Pa
se fué de nosotros muy lejos, muy lejos.
-¿Y ya no volverá á traernos dulces y
patitos nuevos? ¿A d6nde se fué, mamá?
-Al cielo, hijitos; pero desde allá os
dará juguetes y golosinas.
Indecible suplicio el de tener que con
de este modo infantiies duelos y pensar
no volvería quien llevaba al hogar las sab
sas golosinas y l©s flamantes zapa.titos.
Pocos días después de la muerte de Amb
sio, Ernesto y J uanita le indicaban á su
má, con dejos de pesadumbre, que los bo •
citos se rompían. Los dedillos asomaban
las puntas averiadas, como tibios capullitoe
rosa; los zapatos perdían color y forma, y
pobre viuda s6lo pensaba en que sus hijos
drían que exponer sus piececitos descall08
las durezas del suelo y á las frialdades de
humedad.
-¡Hoy es domingo, mamá: mis za
nuevos, mis zapatos nuevosl-gritaban
ilusi6n los pequefiuelos1 alborozados por_
repiques de la parroquia que llamabanám
Y la madre, impotente á contener el ll
que de sus ojos fluía, perc, sin detenerse
poco ante la enormidad de su desdicha,
ofreci6 á sus niños los zapa titos nuevos Y
rri6 luego á ocultar sus ansias entre las al
hadas del marido ausente.
Ernesto y Juanita tornaron á sus ju
Saltaban y reían, aunque á trechos se em
naba eh su memoria la eabrosa ilusi6n de
botines nuevos. Tal idea fué 'por algunos
una obsesi6n angustiosa para la joven roa
y sus pequeños; tal idea bullía como cla
candente en el alma de la pobre mujer Y
fulgía como iris de esperanza en los anh
vivaces de los chicuelos.
Una noche, mientras oraba la madre por
esposo, junto á un viejo cuadro de la P
ma, Ernesto se sacudi6 nerviosamente
camita, agitado por la dulzura atrayen~ 8
suefi.o que lo hizo balbutir con entus1a

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

-¡ Mamá, ya me trajo papacito mis zapatos
nuevos!
Y reinó el silencio. La madre se repuso un
tanto de la brusca impresi6n experimentada.
Ernesto se había quedado dormido nuevamente.
Bajo el dominio de angustia desgarradora,
recrudecida por el afán de sus chicuelos, que
aun en sueños nombraban sus botitas nuevas,
la madre tomó la resolución de levantarse muy
de mañanita para ir á pedir fiados dos pares
de zapatitos para los niños.
Al amanecer, Ernesto se despertó acariciando desde luego una flor de ventura, la idea de
ver y palpar lo que en su sueño había visto y
había palpado.
,- ¿D6nde están mis zapatos nuevos, mama.cita? ¿Dónde está papá?
La madre tom6 la vistosa cajita de cart6n,
y mostrándosela, ebria de amor y de sollozos
mientras J uanita dormía, los puso entre la;
manos inquietas del chicuelo.
-Aquí están, hijo mío, tus zapatoe. Anoche te los trajo papacito.
BENl'l'O FENTANES.

Cosamaloápam, 1903.

00
"¡Todo es Vanidad!"
En primera plana publicamo!s una copia del
cuadro de Allan Gílbert titulado «¡Todo es
Vanidad!,, y desconocido casi por completo en
l\Iéxico.
El cuadro, en cuya composici6n entran dos
figuras de mujer, parece, visto á cierta distancia, que representa una calavera: las cabezas
simulan las cuencas de los ojos; los vasos colocados sobre u!la n:iesa,. la dentadura, y el
~a~tel, el maxilar mfenor. Un espejo que se
distingue en el fondo, completa el efecto que
busc6 el artista y que logr6 admirablemente.

o
Las Visitas á los Panteones
. !~contable fué el número de personas que
siguiendo la costumbre establecida de largos
años atrás visit6 en esta ocaei6n los distintos
panteones de la ciudad con motivo del «Día
de Muertos».
Las calzadas que conducen á la Villa de
Guadalupe, á l_a Piedad y á Dolores, principalmente, se vieron, desde las primeras horas
de la. mañana, transitadas por numerosos grupos ~e la gente del pueblo, y por trenes y carruaJes que durante todo el día desfilaron sin
interrupci6n. En los panteones había algu-

Los puestos dEIJ "Dra de Muertos", en wi calles del 5 d.e Mayo.

nos monumentos adornados con preciosas coronas y pafios negros.
En esta plana. reproducimos una vista de •
La pasi6n que impele á muchos hombres á
almacenar dinero, no es tanto la avidez de la
la calle ~~l 5 de Mayo, donde se instalaron en
riqueza, cuanto el tE,rror á la pobreza· quieesta ocas1on los p_uestos de golosinas del Dfa
de Muertos, y otra del costado poniente de Caren hacerse con el dinno una fortalez~ para
tedral, t0mada en los momentos en que el
defend~ rse, en la cual, aunque mal, vivirán
t ranqui1os, al amparo de las amenazas de la
mercado de flores se vi6 más concurrido por
el público.
enemiga terrible.

o

d

"Día de Muertos".- El mereado de flores.

�EL MUNDO ILUSTRJADO

Domingo 8 de Nov!~mbre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo:&gt; 8 de Noviembre de 1903.

de grandes hombres de pacotilla, erigida en
la plaza pública, las generaciones siguientes
reflexionarán:
«La historia contemporánea nos enseña que
el hombre cuya efigie está delante de nosotros
levantado por encima de las frentes de la muchedumbre, lué un mediocre 6 peor aún. ¿Basta, pues, para pretender tal honor, manifestarse hábil durante su vida, hacerse amigos,
ser vivo y listo? ¿Virtu:d, valor, talento? ¿Para
qué?
«Seamos malignos y podremos aspirará todo, hasta á la gloria antes reservada á los héroes.»
Y, así, en vez de esforzarse hacia lo ideal,
la juventud se entregará á los vaivenes de la
habilidad y de la intiiga.
Tal es la importancia que doy á la cuestión
de los honores póstumos, y tales son las razones que me hacen darla tanta in:¡.portancia.
Por eso be visto con gran placer la realización de un proyecto acariciado mucho tiempo
por Paul Meurice-uno de los más antiguos y
de los mejores amigos de Víctor IIugo,-proyecto que consistía en dotará París y, por consiguiente, á Francia-casi podría decirse hasta al mundo entero, -de una especie de museo íntimo á la gloria del prodigioso é inmenso poeta cuya palabra poderosa llenó el siglo
1

GU.\.X.\.,JU.\.TO.-Fueote de "La Libertad."

GUA.~A.JUATO.-El camino á. la presa "Esperanza."

Gua17aJuato
Completamos nuestra información relativa
á las suntuosas fiestas de Guanajuato con algunas fotografías que, debido /da abundancia
de materia!, no nos fué posible dará conocer
en nuestra edición del último domingo.

Entre esas fotografías figura una vista del
camino carretero que conduce á la pref1'a «Esperanza» y que fué tomada por el fotógrafo
de «El Mundo Ilustrado», precisamente en los
momentoa en que una muchedumbre numerosísima se dirigía al •itio en que se hallaba
el Señor Presidente de la República.
En otro de nuestros grabados aparece la
fuente monumental &lt;le «La Libertad)), una de

lns más hermosas co11 que cuenta la pobla •
Reproducimos también una vista del ·
del Cantador, notable por el aspecto que
sen ta el caserío cercano á ese sitio de
otra en qú.e aparece un 1&lt;de~canso» de la
escalera del, Palacio del Poder Legislativo.

00

Victor Hugo

GUANAJUATO.-Palacio Legislativo. Un descanso de la escailera.

to, lué grande. Me ens.eña á qué esfuerzos hacia lo bello un hombre debe dar su vida,. me
ensefüt el camino: intentaré imitarlo.
Creo· que muy pocos entre los que sentirán
ese estremecimiento de ambición noble. estén
en disposicióu de realizar su ensueño. Pero al
haberlo experimentado, les quedará siempre
el respeto y el gusto por las bellas acciones y
las hermosas obras.
Aun cuando no vivieran sino una existen cia modesta y obscura, conservarán en ·el fondo del alma una llama de ideal y de generosidad de esa inicial emociófi ante la gloria merecida.
En el tráfago habitual de la vida, en medio
de sus ocupaciones mAs humildes, se acordarán de que hay cosas que merecen nuestro respeto y nuestro entusiasmo: el valor, el desinterés, la elocuencia, el talento.
·
Enseñarán Ít. .sus hijos á reverenciar esas cos:1s. Así se mantienen, en un pueblo, las cualidades de espíritu y de corazón sin las cuales
está entregado á la decadencia.
Si, por el contrario- y esto se efectúa con
frecuencia hace alg(m tiempo-se prodigan
los honores supremos sin discernimiento, ¿qué
sucederá? Que el nivel intelectual y moral tenderá á descender.
Ante la imagen de falsos grandes hombrea,

La. ca.sa. cfel potta..- Los 1rar,cfe.s J,on)bres.
tuas ir,n,ereei ◄a.s.-'Oíctor 1-tUJo , ◄ l tJuJ&amp;Qtt
e.b21.r,lsta..-Pereirir,a.ciór, llt era.rJ•.

GU.!.....'1AJUATO.-"El Cantador."

Inglaterra tenía la «casa de Sháke,,
Francia tiene ahora la «casa de Víctor H
No puede menos de estimularse el rec
de una nación por sus grandes hombres.
tre las riquezas de patrimonio com6n, n'
na es más preciosa que la memoria. de 101
por sus virtudes 6 por su genio, dieron
á su país. No conviene escatimarles IOI
nares póstumos.
No por ellos eólo, sino por el ejemplo_
que el recuerdo de un pueblo está ligado
pasado. Cuanto más glorioso es este
más hermosa e:e consicierará la perpet
ele esa gloria tradicional : por consiguiente,
rá más esfuerzos hacia el ideal.
Si, á veces, me indigno, lo confieso,
do paso al lado de una estatua inmereei
decir, cuando veo en la plaza públ ica,
bule\·ar, en una esquina, la efigie ~e m
ó bronce de algún poli ti castro med10cre
vida no ofrece ninguna lección que pu
aprovechar las gf&gt;neraciones nuevas, es
considero que ese mármol ó ese bronce
ser otra cosa que una prima á la vanidad
turna de tal personalidad discutible; Y
que debería ser un ejemplo.
Sí: convendría que la juventud, al
con el pedestal de una estatua, pensara: el
mereció tal honor supremo lué bueno, fu6

die~ y nueve y resonará muy lejos en el porvenn.
El concejo municipal de París so asoció generosamente á este proyecto y compró con el
objeto de realizarlo, en la Place Royale una
casa que el poeta habitó durante varios 'años
en su juventud.
'
Las reuniones de la Place Rnynle en casa
de Víctor Hugo, son célebres. Todo; los homhres que más adelante fueron notables en letras y ar,tee, fue.ron á saludar allí al joven jef&lt;1
que habia llevado á cabo la revnlución literaJ
ria ~~mántic;:i . En un volumen de recuerd~
pn.r.1s1ense~, Teorloro de Banvi11e hace un cuarlro en contador de esas recepciones de 1a Place
Ro vale.
Tan pronto como estuvo en posesi6n de esa.
casa, M. Paul Maurice se 09upó en reunir los
recuerdos del poeta, que debían constituir el
o:,useo Victor Hugo que se ha inaugurado recientemente.
, Es sabi1o _que Víctor Hugo tenía dones art1st1co, m ult1ples. ¡,Quién, después de su muer~f&gt;, no ha visto, repr?ducidos por periódico~
1lustradoe., uno 6 varios de e~os extraordina-rios. dibujos en que el poeta daba ala, á su ingemo, á ~u imaginación?
. En la Place Royale se encuentra una
ción numerosa de estos qibujos. Todos son á
cual más. curiosos y so~prendentes. , ~o J!PJa.;

colec-

GUA.NAJUA.TO.-Presa de San Renovato,

�Domingo 8 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRIADO

.

escribía, tan pronto sublime, tan pronto
miliar, siempre admirable.... La transfo
ción de una mancha de tinta ó de café
procedimientos poco conocidos. Y, en ~f~
todo era bueno como instrumento de trabajo
á Víctor Hugo cuando dibujaba.
Un fóeforo, la punta de un lapicero cu
extremo afilaba, que sé yo. Algunos de 1
paisajes que se creerían á primera vista ej
tados á. la sepia, están teilidos sencillamente..
con café con leche.
Con estcs medios más bien inesperados
sigue resultados sorprendentes».
'
Como dice Gaütier en las líneas que he
tado, del contraste entre la luz y la sombra
ce surgir efectos chocantes. En esto, por
parte, el pintor procede como el poeta. ¿Q
efectos extraiios ó sublimes no eacó del ch
de las palabras?
Dibujante, es cierto. Pero no fué sólo
Cuando hemos admirado esos cuadros
dos dispuestos con acierto sobre las pared
vamos á sentir otras sorpresas.
•
¿Qué son esos muebles de un gusto á la
refinado y bárbaro, de una arquitectura
tástica y á veces extravagante?
Algunos están realzados con pinturas
rativas. ¿En qué comarca del universo lo■
encor.trado el poeta?
Es muy sencillo: los ha fabricado él
ino, tallando la madera, ensamblando las
zas, ajustando los «panneaux•, barnizánd
ornamentándolos con esculturas ó pint
extrañas.
En su casa de Guernesey había amueb
también el comedor con muebles fabri
por él. Y ea un asombro profundo para el
sitante, no sólo contemplar esos objetos
dos de las manos del gran poeta, sino
que halló tiempo para dedicarse á ellos,
tras su cerebro concebía y su pluma
los poemas inmortales de la «Leyenda de
siglo!'»,
El ((Museo Víctor Hugo» contiene tam
manuscritos originales de ciertas obru
gran lírico. Además, algunas salas están
cadas á su iconografía.
Es, como todos sabe11, innumerable. Be
creído deber reunir, además, cierto núm
telas debidas á pintores célebres de nu
época y que representan escenas ó pe
de sus obras.
Hay alli, entre otros, cuadros firmadoe
Rochegrosse, J. P. Lauréns, Carriere,
Fournier ........ .
Por último, en una de l&amp;s piezas de la
se ha construido con exactitud minuci
cuarto mortuorio, el que ocupaba en la
de la avenida de Eylau cuando la muerte
á sorprenderle.
Como se ve, este museo íntimo puede
var en efecto el titulo d·e «La casa de Vf
Rugo».
Será de a.qui en adelante un lugar de
grinación literaria para los turistas del m
entero. Los jóvenes poetas de mañana
rán allí con respeto.
Porque, si ciertos jóvenes han aíect.ado
rante algunos años un ridículo desdén
genio magnífico y prodigioso de Víctor H
fué por moda, por «snobismo,,, y e&amp;W
de «snobismo» no se cotiza ya en el m
de las elegancias intelectuales.
En verdad, fué una ligera reacci6n·.
lsi. tendencia contraria, contra la adm1
hiperbólica, sin control y sin freno, deque
objeto Víctor Hugo antes.
Pero confieso que prefiero este exceso,
daderamente, ¿cómo no quedar deslumb
cegado, si se quiere, por la fulgurante I
$Ellll[U1N!2
esa obra poética de una riqueza inagota
¿Y se iría á chicanear por fruslerías,
de descubrir mínimas imperfecciones,
Estudio fotográfico .-(Colección Pellandinl.)
chas invisibles? ¡Vaya con Dios! Eso el
tarea de retórico huraño, á que los poe
formación
de
una
mancha
de
tinta,
ó
de
café,
mente por la elección de los asuntos: siluetus
deben
condescender.
sobre una cubierta de carta, sobre cualquier trode ciudades ó de castillos fuertes de la Edad
¡No!
Los jóvenes rimadores del JI?
zo
de
papel,
en
paisaje,
en
castillo,
en
marina
Media, perdidos en una bruma de ensuefio, siirán á esa casa de Vfotor Hugo con cun
de una originalidad extrafia, en que, del chono también por la ejecución, y hasta por los
pero también con respeto, y cuando pi
que de la luz y de las sombras, nacía un efecto
procedimientos de la ejecución.
umbral, un mo\'imientci instmtivo hari
inesperado, sorprendente, misteriol'o y que
«¡Cuántas veces-escribe Teófilo Gautier,dP,scubran
ante la sombra gigantesca d
asombraba hasta á los pintores de profesión! Al
cuando nos era dado ser admitidos casi todos
poeta.
mismo
tiempo
que
dejaba
correr
los
rasgos
colos días en la intimidad del ilustre escritor,
FRANCISCO Co'l'PÍ..
mo al descuido, el gran poeta charlaba coálo
hemos seguido, con ojos de sorpresa, la trans-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

El Fastidio
;,Qué es el fastidio? Aun no se ha dad? con una
definición cabal rle ese estado de espít1tu que se
resuelve en tristeza, cansancio y bostezos. :.largarita de Angulema acertó á fijarlo con cierta
irónica. elocuencia: el fastidio es un sufrimiento
común á todas las personas bien nacidas. La
frase es más ingeniosa. que certera., porque excluyo del aburrimiento á las criaturas indelicadas á los plebeyos d., alma y á los mediocres
que' so allanan á vivir sin nostalgias que signifiquen rebelión contra el acompasa.do sucede1·se
de las horas y la monotonía desesperante de las
cosas.
A menudo oímos decir: me a.burro, no puedo
con mi alma, la presencia de las mujeres y de
los hombres me enoja, el transcurrir del tiempo
me inita. y me a.pena, la visión uniforme de las
cosas me fatiga. Interróguese á quien de esa
suerte expresa sus cuitas sobre la naturaleza de
su mal y se mostrará cohibido y vacilante, no
sabrá explicar.por qué se cansa, por qué se irrita y se aflige, por qué se fastidia.. Quizás os deje entrever que el origen de su mal, reside en
algo que le ad vierte de la desproporción enorme
que hay entre lo que da de sí la vida y lo que se
espera de ella, entre lo que se proyecta. y lo que
se logra, entre lo que soñamos y lo que la realidad nos concede.
Tal vez os diga que el fastidio nace de la comprobación de la lentitud con que se renueva todo el mundo, del convencimiento de nuestra impotencia, para ser fc1ices, del absurdo en que
nos ha colocado el destino trayéndonos, sin
previo aviso, á un planeta cuyo mecanismo ioterior nadie se ha tomado el trabajo de explicarnos.
Todo eso es vago, retórica sentimental, pi:.ra.doja vistosa que deslumbra y recrea, pero que
no pe1·suade. ¿Será el fastidio, como declara
Emilio Tardieu, el sufrimiento que va del malestar inconsciente á la desesperación razonada.:'
Entramos en la vida por el umbral de la ilusión.
nos escoltan en los años de la adolescencia la
ternura, el candor y la fantasía., herma.nas clementes de nuestra niñez. Luego, en plena juven:
tud, nos acechan las tentaciones, los deseos sin
freno, las ansias desatadas, las calenturas delirantes.
Y de improviso, allá, al trasponer 1a treintena., frontera. inevitable entre la mocedad que se
despide y la madurez que llega, cuando aún no
se han eva.perado en nuestros ojos las lágrimas
que vertimos por las mujeres, cuando toda.vía.
nos asedia el recuerdo del último amor, que nos
hizo creer, como los cariños anteriores, en la
perpetuidad de los sentimientas huma.nos, cuando se nos figura que el mañana traerá para nosotros una nueva cosecha de pasiones, de deseos,
de goces y de esperanzas, be aquí que nos salen
al encuenLro, 'por sorpresa, la melancolía. y el
fastidio.
Y limpios aun de canas, sin una arruga en el
semblante, sin nubes de cansancio senil en los
ojos, sin nada que cohiba la agilidad de nuestros músculos, concluimos por exclamar con el
poeta:
Me resigno á vivir sin alegrías,
como un ave sin alas,
y las leyes del mundo inexorables
acepto sin protestas y sin lágrimas.
No busco en lo invisible
consuelo ni esperanza.,
y no me inq ui~ta. ni me quita el sueilo
que acabe la comedia h&lt;'y ó mañana.
¿Por qué esa transformación en lo íntimo de
nuestra vida'? ¿Quién no~ ha deparado el encuentro de la melancolí'\ y el fastidio'?
*
••

El fastidio, ha dicho Emilio Tardieu, prende
más fácilmente en las mujeres qi..e en los hombres. La indigencia. de la natura.:eza. femenina,
y la inferioridad de su condición social, hacen
de 1a mujer el candidato más aventajado para. el
aburrimiento. • Los hombres hemos levanta.do
murallas para confinar el vuelo de su fantasía,
y hemos puesto á. su voluntad el doble grillete
de las costumbres y t.el qué dirán. Ese sistema
celular ha hecho de la mujer la eterna sometida,
la criatura. débil, cuyos sentidos emperezados
no rebasan la corteza de la.$ cosas. Las cimas
de las ide~s y los extremos de las sensaciones,
le están igualmente vedados. Su vida es una
perpetua imploración á. nuestro egoísmo.
Nos pide todo: amparo, fe, galanterías, placeres, cariño y consuelo. Hasta las virtudes que
más alabamos en la mujer, son un donativo
nuestro, porque si no la educamos, no es honesta; si no la consideramos, no es sobria; si no la
hacemos madre, no puede correr el surtidor de
su ternura y su abnegación materóa.les. Su dependencia. de nosotros la expone al fastidio.
Hemos empequeñecido su existencia encerrándola, hemos limitado los viajes de su imaginación
apartándola de las artes y de los libros, que so~
los más nobles recreos del espíritu; hemos reducido geográficamente su reino hasta dejarlo
entre las cuatro paredes de nuestra casa; hemos
a.buaado de au paaivldad y de

1u aumiaion,

haa-

Estudio fotog:rafic.&gt;' .-(Colección Pellandini).
· ta excluirla. de todo derecho á Ía protesta á la
que ~emos hu~illado, preferido y olvidad~, como s1. fue_ra. una cosa de uso circunstancial y
tra.mutor10.
¿C6m? no se ha de aburrir? Re fastidia., no
por s!1c1edad como nosotros, voraces é hipócritas d1sfrutadores de todo, sino por sed, por curiosidad, por huma.no y excusable deseo de vivir. El deber, que correapoude como oa.te¡oria.

moral á. los seres más complejos· y elevados á
lo~ hombres, es, gracias á nuestro egoísmo, 'el
asilo for~oso de las mujeres. Y á las puertas
de ese asilo en que encerramos á nuestras compafler~s, montan _la guardia los tres verdugos de
la mu¡er: la. sociedad, el marido y la familia.
¿Quién meJor que ella ha de definir el fastidio?
MANUEL BUENO,

�Domingo 8 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
ElL MUNDO lLUSTRlADO

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

Cuadros de Cusachs
En el sal6n de Embajadores del p
Nacional han sido colocados cuatro cuadroe
grandes dimensiones que representan ·
tintos episodios militares y que fueron
chos en España por el afamado pintor
sachs.
El lienzo, cuya foto~rafía reproducimoa
va el nombre de «El Ultimo Cartucho,
presenta el momento en que una granada
troza el techo del cuarto que sirve de alo
miento á dos prisioneros, matando á uno
éstos. La composición está muy bien
diada y el conjunto es muy interesante.
Próximamente daremos á conocer loe
más_ cuadros.

y

Junto á la fuente
[DE OUVAUJ

Se desgranaba el agua dulcemente,
Y, escuchando la música sonora,
Una niña arrogante y seductora
Llenaba un jarro en escondida fuente.
Doraba la campiña el sol poniente,
Y sobre el jarro la gentil pastora
Inclinaba la frente soñadora
Viendo subir el agua lentamente.
El chorro brillador y cristalino,
Rizado por el viento vespertino,
Rima en el jarro cántiga serena.
Como el agua que corre, así es mi vida,
Y si doblo la frente dolorida,
Es por ver si mi copa al fin se llena!
!.f. R. BLANCO-BELMONT&amp;.

..

VIENTOS DE OCTUBRE
¡Salud, vientos de octubre, bien venid
Al romper en itlegre sinfonía,
Recordáis .con tristeza al alma mía
_Tiempos mejores para siempre idos!

El último cartucho.
Guadro de GU66Ghs.

Fisonomí~s.

La cometa de vuelos atrevidos,
Pintoresca y triunfante, que ascendía.
Y una puesta de sol, que era uns orgfa
De luces y matices encendidos ... .. .

Mácedonla.-Trqpas turcas entrando á. un pueblo rebelde después de bombardearlo.

l\Iirándpse en el río gemebundo
Los cocoteros de sonante palma
Con su verde abanico siempre abie~to ......
Las ~olondrinas aturdiendo el huerto:
¡S6lo flores y luces en el mundo,
S6lo cantos y sueños en el alma!
V. AcosTA,

~.14..

Notas extranjeras
La c;uestlÓn de Mac;edonla.-Las Últimas
hueltas en Franc;la.-Dos estatuas.

La revoluci6n E}n Macedonia, cada día opone menos resistencia al avance de los turcos
triunfadores. Y no es que el ,Dios de los Ejércitos» se haya, por fin, acordado de S. 111. Abdul-IIamid y de sus «bashibasucks», no; sino
que los rudos vientos del invierno, que P-op]an
sobre las desoladas cuestas de los -Balkanes,
obligan ya. á los revolucionarios á buscar un
albergue que los libre, más que de las persecuciones, de Jas inclemencias del tiempo.
El invierno-desde ]a primera vez que Jas
fuerzas del Sultán han tenido que luchar en
los Balkanes por la media luna de su bandera
-ha sido el precursor de una época de tranquilidad relativa y de descanso. Tranquilidad
y descanso muy engañadores, por cierto, porque es precisamente durante esaestaci6n cuando han estado reponiéndose de sus pérdidas
los rebeldes para comprar armas, buscar nuevos jefes y levantarse en la siguiente prima,·era más tenaces, si no más futrtes; mfü~ desesperados, si no más valerosos y confiados en su
causa.
Pero si para. Jos{(bashibasucks» y demás fuerzas turcas significa descanso la época de los
fríos, para loe habitantes pacíficos de las villas macedohias la cosa es distinta en lo absoluto. l'iiientras en los montañosos recodos se
baten los turcos, los habitantes viven más 6
menos mal-más · mal que bien-en sus pequeñas aldeas; pero en cuanto los revol\rnionarios, con la anuencia de los habitantes ó

sin ella, invaden los pueblos, comienzan á la
vez los asaltos y los bombardeos de las pequeñas poblaciones, desarrollándose entonces es•
cenas tan tristes, tan desoladoras, como la que
representa :uno de nuestros grabados.

***

Recientemente, los ricos distritos industriales cercanos á ArmentiCres, en Francia, han
pasado por una crisis seria. Forman el principal, casi el único medio de vida de los habitantes de la regi6n, las fábricas de hilados
que existen en gran número. Pero los patrones y los obreros no parecen estar en la mejor
armonía, y la huelga se declar6 hace unos
cuantos días. Hasta aquí nada de extraño se
encuentra; pero, por desgracia, nu11ca faltan
cabezas mal aconsejadae, y los huelguistas

creyeron que antes que esperar, era preciso
proceder á, injuriar á los patronee, amenazándoles con destruir sus propiedades. Como todas las poblaciones obreras de importancia,
Armentieres cuenta con su 1&lt;Casa del Pueblo»,
en la que los obreros se reúnen, sea, en tiempos normales, para charlar y pasar un .rato
animado, sea, en tiempos calamitosos, para
urdir la mejor manera de exponerse y de exponer á sus familias á un mal rato.
En ArmentiCres se decidi6, en la Casa del
Pueb1o, que era justo hacer la guerra, no platónicamente, sino á balazos, golpes y pedradas, á los patrones y á los que los defendieran.
La autoridad civil, como es de suponerse, no
estuvo de acuerdo con este plan, y pidió á la
fuerza de gendarmería que limpiara las calles,
en las que ya comenzaban á levantarse barri-

Inauguración de la estatua de W'agne r, en BerUn.

�Domingo 8 de Noviembre de 1903.

ElL MUNDO ILUSTRIADO

cadas. El resultado
fué el mismo de
siempre: los obreros
fueron macheteados
[primero por la gendarmería, y en seguida, como opusieran demasiada resistencia, por fuerzas de caballería l lamadas á gran prisa
de los" lugares cercanos]. Las mujeres de los obreros
quedaron en la miseria las más, viudas algunas de ellas,
pobres todas. Los
patrones, después
de pedir á la gendarmería auxilio,
impusieron sus condiciones á los famélicos obreros, y como siempre sucede,
terminaron éstos
por aceptarlas, urgidos por el ham bre de sus hijos, y
engañados por los
ccléatlers» socialistas
que les habían prometido auxilio y
ayuda en todas formas.
Pero si en Armentieres la paz se
ha hecho, si los
obreros vuelven á
sus trabajos y los
talleres vuelven á
producir los hermo•
sos tejidos que enriquecen á la µoblación, no por ello el
Armentleres.- La "Casa del Pueblo".
conflicto ha dejado
de imprimir profundas huellas. Consecuencias lejanas de la huelTambién el mú,iico inmortal que se llamó
ga, han sido los persistentes rumores de que el
Ricardo Wágner habrá de tener su estatua.
primer Ministro Combes renuncia en estos
Después de las suntuosas fi~s·t as de Beyrutb,
días. Y se afirma que es una interpelación
en las que tan activa parte tomó la «Socisdad
que se le hará en la Cámara de Diputados, por
de las Obras de Wágner,,, se ha erigido el bronel léader socialista J uarés, relativa á los asunce en honor del inspirado cantor de las viejas
tos de Armentieres, la que hará que el ministeogonías germánicas, fuertes y misteriosas.
tro que ha logrado sostenerse algún tiempo,
El monumento se ha levantado en Berlín. Represente su renuncia ·ahora que tantos propresenta sentado á Wágner, y en su redor se
yectos tenía para la perfección del gobierno
ven sus creaciones más notables, simbolizadas
republicano tn Francia.
en los personajes más 'salientes de sus obras.
Alguna de las figuras fué ideada por el mismo Káiser, que dió al autor de la estatua el
proyecto ya dibujado. Es el símbolo del xlied»
Se ha inaugurado recientemente la estatua
alemán.
de Vercingetórix, el galo bravísimo que defendió su patria contra la invasión romana de
00
Julio César. La estatua se ha elevado en ClerEL
SEÑOR
M!NUEL
M. PANES
mond-Ferrand, y el Gabinete estuvo presente
en la ceremonia inaugural. Lo que ha llamado
Víctima de una terrible enfermedad, murió
más la atención en esta ceremonia, es el disel jueves último, en México, el señor Macurso del primer Ministro Combes, que, invinuel M. Panes, periodista que bajo el pseudótado á decir algunas palabras, no desdefió la
nimo de «Pedro Ponoportunidad de dar á conocer el programa de
ce» escribió durante
lo que piensa hacer en estos días, aprovechanalgún tiempo en las
do la reunión del Parlamento francés.
columnas de "El ImY son de interés, no solamente para Franparcial» y ccEl Muncia sino para el mundo, los proyectos que tiedo».
ne 'en mientes el primer Ministro. Piensa, á
El señor Panes, culo que dice, denunciar el Concordato de 1812,
ya
muerte nos ha sorque rige desde en ton ces sin in_terru pción y que
prendido
por lo inesmantiene el orden de cosas existentes en Franperada,
pues
hace pocia, entre la Iglesia católica y el Estado.
cos días que lo vimos
La separación absoluta de ambos poderes
todavía entre noso( civil y eclesiástico) según el plan que ha
tros compartiendo
propuesto el Diputado M. Briand, será la conlas rudas labores de
secuencia forzosa de la poli tica de ir. Coro bes.
la prensa, fué tamEn Francia, donde por siglos enteros la iglebién un colaborador
sia oficial ha sido la católica, este acontecientusiasta de ccEl Mundo Ilustradon donde
miento será indudablemente sensacional.
pubiicó algunos de sus cuentos más ~entidos
Por lo demás, aun los mismos s&lt;tcerdotes
y más bien escritos. Poco antes de morir puso
católicos y los obispos, después de la lucha
en nuei;tras manos el último, que aún teneque han soste~i~o por la_ cuestión de las Conmos en cartera, y que pronto conocerán los
gregaciones rehgiosas, piden que se haga de
lectores de este semanario.
una vez la separación total de poderes que, si
En este número publicamos el retrato de
algo les quita, mucho le permite en cambio.
nuestro estimado compafiero.

EL MUNDO ILUSTRIAOO

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

INVERNAL
Los copos de nieve
caían, caían,
sobre los cristales de las dos ventanas
que tiene la alcoba de la amada mía;
mientras que en la calle,
con mis penas íntimas,
solo me encontraba lanzando á los aires
esta cancioncita,
que era de nosotros
la dulce consigna:
ccAlma de mi alma,
vida de mi vida,
es un mar de goces, indecibles, puros,
que jamás terminan,
estar á tu lado,
mirar tus pupilas,
besarte la boca
y tener muy juntas, muy juntas y asidas
tus manos, mis manos,
tu alma y la mía!»
Viendo su demora,
me acerqué en seguida
á las dos ventanas
que tiene la alcoba de lá amada mía,
!Y cual no mi penal
¡y cual no mi cuita!
¡ver que no se hallaba la que quiero tanto,
mi ilusi6n querida!
Sentí dentro el alma
la tristeza misma
que sufre una madre cuando ven sus ojos
la cuna vacía
•
donde se encontraba
el fruto adora.do de una pasión íntima!
Alejéme presto
con pena infinita,
mientras que en la calle, los copos de nieve
caían, caían ..... .
ESTEBAN F01"CUEVA.

Fúndense en la obra de arte lo'particular y
lo general; el hecho y la idea se compenetran,
y la vida se trueca en inmortalidad. -YALTOUR.

CHIHUAHUA.-Torre

donde

estuvo preso Hidalgo.

LUGAIUS HISTORICOS
1,a prlsl6n de IJldKlo;o.-Casa que hnblt6 Jnárez en Chihuahua.

A título de información curiosa, ofrecemo"'
á nuestros lectores una fotografía de la torre
de la antigua capilla del Hospital Real de Chihuahu~, donde permaneció encerrado hasta su
muerte el Padre de la Independencia de México. La torre se levanta aún en la calle de la
Libertad-frente á la entrada del Palacio del
Poder Ejecutivo,-y en uno de sus muros,
puesta á poca altura para que pueda ser fácilmente leída, se encuentra, en letras de metal,
esta inscripción:
«En esta torre sufrió su última prisión el
Caudillo de la Independencia Miguel Hidalgo
y Costilla. Del 23 de abril al 30 de julio de
1811n.
Publicamos, además, una vista del jardín
,que lleva el nombre del héroe y en el cual se
encuentra erigido un magnífico monumento á
su memoria. El zócalo y la base son de mármol gris de Orizaba, y la columna que sustenta la estatua mide 45 pies. En el segundo
cuerpo, sobre columnas también de mármol,
se encuentran las estatuas de Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez, sacrificados, como Hidalgo, en Chihuahua.

'Dea:nplo de Tomochic.

repartidor de pan solía quitar á la ración de
su burro.
Cierto día lo encontré cargado de tablas,
fragmentos de cajas vacías y desechadas.
-Parece que ha encontrado usted trabajo,
le dije.

-Sí, señor-me respondió sollozando.Dios me ha mandado algo en qué ocuparme.
Voy á hacer la urna para enterrar al menor de
mis hijos.

P.

***
Juntamente con estas dos fotografías, que
formarán parte del ccAlbum directorio del Estado de Chihuabuan que publicará próximamente el señor Federico García y Alba, damos
á conocer la de la casa que habitó en aquella
ciudad el Benemérito J uárez, y la del templo
de Tomóchic. La casa, que, en la época en que
estuvo alojado en ella el eminente repúblico,
era Palacio de Gobierno, está actualmente ocupada por la Escuela Oficial número 3.
En cuanto al templo, sabido es que allí se
efectuó el último encuentro de las tropas fede:
ralea y de los indios rebeldes, en 1893.

***

Chihua.hua..-Jard.[n "Hidiailgo".

00

EL CARPINTERO

Monumento de Vereingetorix, en

HORA
Brilla la luna argentada,
del cielo en el amplio tul,
como una perla engarzada
en un abanico azul.
JULIO FLÓREZ.

*

El maltrato infligido á los nifios, lf'II mal•
el carácter para toda la vida.

Hacía diez meses que no encontraba trabajo aquel hombre laborioso y honrado.
¡Maldita guerra!
Había vendido lo mejor de su herramienta.
El Monte de Piedad y algunos compafieros de
oficio, más afortunados, se habían aprovechado de su mala situación.
No contaba con el favor de ningún amigo.
Los pobres no tienen amigos, y, cuando los
tienen, ssm tan pobres como ellos.
El hambre y la desesperación se dibujaban
en su rostro, bajo una palidez transparente.
Así caminaba las calles todo el día, llevando en la mano la escuadra y el compás, como
para decir á todo el mundo:
,,Yo soy carpintero y busc·o trabajo,,.
¡Nada! Volvía á su hogar, abatido, sin llevar un centavo ganado por sus manos; cuando más, algunos pedazos de galleta que un
CHIHUAHUA.-Caaa que h.a,b1t6 el Benemérito

Juá.Tez.

DE SALES PÉREZ.

�Domingo 8 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTR!ADO

EL MUNDO ILUSTRJADO

La Novela de un Sueño
Arreglo del Inglés para EL MUNDO ILUSTRADO.

Desde que Hearnes amaneci6 herido de tan
misteriosa manera, había mostrado ciertos
signos raros. Frecuentemente le escuchaba
hablando á solas, hondamente abstraído en
sus meditaciones. Creía, en un principio, que
la «locura del desierto» y la misma sed furiosa que por más de dos días nos había molestado, comenzaban á hacer sus efectos en la
cabeza de mi amigo, poco acpstumbrado á este género de viajes.
Era Hearnes un magnífico muchacho, alto,
fuerte, serio, muy apreciado por sus patrones,
y que, á lo menos hasta que yo lo conocí,
nunca había dado muestras de ser víctima de
una imaginaci6n demasiado calurosa y prolífica. En Nueva York, donde había pasado su
vida entera, contaba con muy buenas relaciones; entre sus amigos los había también míos,
y jamás alguno de ellos había hecho aiusi6n
á defectos cerebrales. La única locura que
había Hearnes cometido, E&gt;ra la de emprender
el viaje en que nos encontrábamos comprometidos, á través de los vastos desiertos del
Oeste, sin los elementos que fueran deseables
en el caso. Esta locura no era suya; más podría decirse que yo, habituado ya á tales expediciones, er.1 el loco; pues, sabiéndolo, no
me había preparado convenientemente y había
olvidado las experiencias adquiridas en mis
anteriores expediciones por el desierto.
La herida que tanto molestaba á Hearnes,
como lo dije anteriormente, era misteriosa y
rara. La noche anterior, cansados después de
que nuestras mulas habían caído muertas de
sed y de fatiga, nos hahíamos tendido á descansar bajo un cielo infinito, inefable, hondo,
purísimo.
S6lo los coyotes, numerosos, hoscos, de ardientes pupilas de oropel, vagaban en redor
nuestro. Ni un átomo de viento pasaba por
nuestras ardientes mejillas, calcinadas por el
ambiente alcalino del desierto. La noche culminaba, llena del inmenso misterio de que se
rodea la naturaleza en las horas nocturnas,
cuando un grito sofocado me despert6 sobresaltado, lleno de vagas inquietudes y temores.
. Creía, de pronto, que los pocos indios que
han ido á refugiarse en la enorme soledad del
desierto, hubieran, de lejos, seguido nuestros
pasos, y al.ver que las mulas nos habían abandonado, pereciendo en la marcha, y que estábamos solos, nos hubieran seguido con intenciones hostiles. Pero una larga mirada investigadora me convenci6 de que estábamoR solos,
absolutamente solos en la infinita soledad del
desierto y de la sombra. Entonces pensé en
las víboras múltiples y venenosísimas que en
tales sitios matan de una sola mordedura.
Todo esto pasó por mi can~a&lt;lo cerebro en los
minutos nebulosos en que el sueño cede sitio
á la vigilia y nuestras facultades se des i,iertan
obnubiladas aún y poco netas, vagas y llenas
de medrosas visiones.
Hearnes, después de &amp;.lgunas palabras que
no entendí bien, vendaba trabajosamente su
hombro derecho. En estos momentos la luz
de una aurora leja11í:sima, amarillenta, llegó
hasta nosotro::i, barriendo las sombras nocturnas. l\1e acerqué á Hearnes pidiéndole explicaciones, y sin decir una sola palabra, me
mostró su hombro desnudo. Temblaba en las
carnes una pequeña flecha. Yo había viajado
frecuentemente por los pueblos de indios.
Con sumo cuidado fui lentamente arrancando
la flecha, cuando Hearnes dijo con la entonaci6n de quien por fin, tras de esfuerzos enormes, llega ácoro prender algo que anteriormente le intrigaba:
-Ya comprendo. El villano me ha seguido
todo el día y me ha disparado á mansalva.,
cuando me vi6 dormido ..... .
-1Como no hayan envenenado la flecha!
La idea me había asaltado de que hu-hiera
indios que nos siguieran. Pero en la infinita

soledad del desierto, hasta donde mis ojos alcanzaban, la calcinada arena no mostraba más
que las huellas que el día anterior nuestros
propios pies habían marcado. No comprendía
yo c6mo nos hubieran podido seguir, indios
6 lo que fuera, ni á quién se referfa Hearnes.
Le interrogué:
-¿Quién es el villano á que te refieres? No
veo la huella de pasos, ni creo que sus flechas
alcancen más allá de nuestros ojos .. .. . .
Misteriosamente sonri6, sin contestar. Nada me dijo en algunas horas durante las que
nos levantamos y emprendimos de nuevo el
viaje. Dos días despué~, según mis cálculos,
habríamos de llegar al linde del desiert0, á los
primeros ranchos que deberían darnos sombra, por primera vez en los ocho días de nuestra fatal jornada.
A medida que el sol avanzaba, Hearnes deliraba más y más. Creía que fuera efecto de la
fiebre que había invadido su organismo á
consecuencia de la herida de su hombro. Sí
me llamaba fuertemente la atenci6n que aquel

muchacho, recio, musculoso, atlético, se resintiera de una herida que era solamente un
rai:guño; vero la sed, ardiente, tenaz, enloquecedora que habíamos padecido por días, explicaba suficientemente el caso, y no quise
seguir prestando atenci6n á sus palabras.
Parecía hablar con alguna persona invisible absolutamente para mí. Era como si oyera yo solamente la parte de con versaci6n á través de un teléfono. El lenguaje que Hearnes
ero¡ •leaba, me era absolutamente desconocido.
Parecía algo como los dulces, cadenciosos dialectos de las tribus antillanas. Parecía muy
absorbido en su conversaci6n misteriosa. Las
largas sombras· de nuestros cuerpos rápidamente se fueron recortando en el suelo blanco
y terso; llegaron á ser solamente un punto á
11 u estros pies y se vol vieron á alargar indefinidamente á nuestras espaldas.
A la mitad del día nos detuvimos un poco.
Hearnes alz6 del suelo un pedrusco; con gran
atenci6n lo estuvo examinando. Era una es•
pecie de malaquita, oval, con dos perforacio11es paralelas. Algún adorno de mujer india
á lo que me pareci6; pero Hearnes demostr6
gran satisfacci6n al hallarlo y se acercó á mí
diciéndome alegremente:
'
-En poco tiempo estaremos ya en sitio se-

guro. Este es uno de &lt;esus» adornos. Lo reconozco «porque yo mismo los he labrado para
ella».
¡Hearnes, ciudadano que jamás había abandonado Nueva York, que no había viajado
anteriormente nunca, conocía tal piedra! Seguramente que su herida lo bacía delirar. No
se explicaban sus palabras absurdas de otro
modo. Pero hablaba con tal tranquilidad y
con tanto énfasis, que me dejó por algunos
minutos verdaderamente admirado.

***

Cuando ya se deformaba el disco del sol en
lá lejanía blanca y calcinada, indefinida y larga, el cansancio y la falta de agua nos habían
fatigado de manera tal, que yo, el que conocía ya el desierto, el que parecía estar acostumbrado, por mi anterior vida vagabunda, á
todo género de dificultades y de trabajos, me
sentía desfallecer. Hearnes estaba alegre, extrafiamente alegre; pero corno su conducta en
todos los anteriores días había sido rara, no
me llam6 demasiado la atenci6n.
En cierto momento, cuando ya creía yo que
era conveniente descansar y buscaba con los
ojos un sitio en que pudiéramos dormir, escuché la alegre voz de Hearnes, que decía:
- ¡Ahí está! Bien sabía yo que no había de
tardar mucho.
En la direcci6n que señalaba el brazo extendido de Ilearne~, el de~ierto parecía bruscamente cortado. Una especie de hundimiento separaba el plano en que nos hallábamos
de un valle hermoso al cual daba vida un río
ancho, rumoroso y profundo, de aguas azules
que brillaban á los últimos rayos del sol. Una
vegetaci6n lujuriosa, tal como jamás la habfa
yo soñado, cubría ambas márgenes. Arboles
&lt;le formas extrañas, como enormes helechos,
de cien pies de altura, surgían en estrechos
tufos, sobre una tierra negra, recia, caliente.
El río ondulaba por el valle, hasta perderse
casi de vista en un delta hermosísimo, cubier•
to también de vegetaci6n de la misma clase
que la que tan cerca de mis ojos existía. El
l!lar, en la extrema distancia, se cubría de radiaciones violetas, brillantes como unfue11:o,fulgurantes, llenas de la gloria del ocaso. Y más
allá, •10ore el valle Iuminoso, se elevaban enor•
mes picachos cubiertos de nieve que reflejaba
las tintas rojas y violetas del ocaso y del mar.
Entre los bosques de enormes helechos,
animales monstruosos de eapecies que nunca
había encontrado en mis repetidas excursiones por todo el país, se movían con tardos
movimientos. Eran monstruos que deberían
de estar dotados de fuerzas considerables. Uno
de ellos, claramente reptil-una especie d_e
E&gt;norrne lagarto, - de,1pués de correr, persegm·
do al parecer, abrió dos alas membranosas Y
velludas y alzó el . vuelo en aquel ambiente
perfumado. Inmediatamente después aparecieron algunos homhre;1, fuertes, musculosos,
como nunca los había yo visto, que llevaban
armas en las manos, lanzaban grandes clamo•
res y perseguían al reptil volador, en sus rá·
pidos giros por el aire.
Era un espectáculo sobrehumano.. Me _había olvidado ya de Hearnes, de su mistenosa
herida y de sus raras palabras y maneras. Estaba absorto en la contemplación de talma•
ravilla, cuando Reames se acerc6, tocándome
el brazo y diciéndome:
-Ya sabía que estábamos muy cerca de
este valle. Nuestros trabajos se acercan á su
fin. Iré á ver «á mis antiguos conocidos", que
me
darán alimeutos) aaua
todo lo necesa·
.
o
'
no ......
Lo vi que se retiraba lentamente, cantando
entre dientes una• canci6n lánguida y mon6tona. En ese momento el último rayo del sol
pasó por encima de los enormes picos helados;
el valle se cubri6 de sombras lilas, y la noche,
una noche tropical, sin crepúsculo casi, avan·

zó rápidamente, subiendo por la montaña en
cuya cima me encontraba.
Unos cuantos minutos después, la sombra
se extendió (justamente como si una ola de
negro crespón se tiende sobre una mesa sin
medida), y ante mis ojos volvió á presentarse
el espectáculo desolador de la llanura sin fin,
eterna, blanca, inm6vil, infinita, desoladora.
¡Un mira.je! ¡Yo, viejo expedicionario, había sido engañado por los vulgares mirajes del
desierto!
Tal depresi6n me invadi6, que creía absolutamente inútil toda lucha contra ella. l\1e acosté en el suelo. deseoso de que llegara la muerte, llamándola, pidiéndole por favor que me
durmiera para siempre en aquel sitio, donde
mis fuerzas, mi vida me abandonaban, hasta
dejarme en un dulce colapso inconsciente, algo cercano á la muerte misma.

***

La noche había terminado; las luces del alba comenzaban ya á aparecer en el Oriente,
cuando desperté, sintiendo en realidad que
aún no me abandonara la vida. Con gran admiración vi que se acercaba al sitio donde yacía sin alientos para levantarme, Hearnes, del
que me había olvidado por completo en el exceso de desesperación que me il1vadió por doce
horas largas.
•-¡Arriba! - dijo Hearnes.--Arriba, que
tengo ya alimentos y agua y todo lo necesario. Es preciso primero que comas.
Y me acerc6 un curioso re~eptnculo de una
substancia desconocida, en el que iba un manjar extraño, que seguramente no había comido ni comeré nunca más en la existencia. El
hambre me devoraba. Silenciosamente comía
aquel raro platillo, mientras Reames me contemplaba atentamente.
Después me acercó un vaso, también ue
forma desconocida absolutamente para mí, y
en él había agua, deliciosa agua dulce, fresca,
que hacía tanto tiempo que no probaba. Hearnes, cuando hube terminado, me dijo, con
cierta sonrisa de burla:

-¿Estaba yo delirando? ¿No era cierto que
nos acercabamos á un sitio en que yo he vivido y que por ende conozco bien?
- Has vivido en ese sitio. Pero si todo ha
sido un miraje.
-No tal-me dijo con convicción.--Quizá
no pueda claramente explicarlo; pero nada de
mira.je hay en ello. «Yo conocía á los habitantes &lt;le ese valle y con ellos he vivido».
-¿Cuándo?
- De cierto no lo sé. Quizá hace diez millones de años. Quizá más aún. Pero sí ~é de
cierto que «apenas he llegado, me han reconocido. Y he encontrado al que me dispar6 la
flecha y le be castigado».
Como viera en mis ojos la infinita admiración que sus p:ilabras me causaban, se sentó
á mi lado, recapacit6 por un momento y comenz6 lentamente á hablar. Lo que dijo fué
lo siguiente:
«Desde que era yo muy pequeño, cuando
aún no podía tener juicio ni raciocinar acerca
de lo que me pasaba, era en mí muy común
que en los momentos de recreo, cuando me
quedaba solo, tranquilo, en un sitio silencioso, 6 bien cuando comenzaba á dormirme, ya
en la noche, sentía que mi cerebro, instantáneamente, dejaba de pensar. La sensación era
muy poco agradable; pero inmediatamente
después me sentía completami&gt;nte vivo, absolutamente razonable. Yo no había cambiado.
En cambio, todo lo que había en mi redor era
distinto.
«En los primeros años, ni siquiera me daba
cuenta exacta de lo que en realidad me sucedía. Cuando ya era más grande, se me acusaba de mentir y mis padres y maestros me
castigaron por lo que creían una ficci6n.
«Poco á poco mis éxtasis, 6 como se les
quiera llamar, fueron más y más largos y más
y más perfectos. A menudo puse en serios
conflictos á mis maestros, prE&gt;gonándoles hecho!-, circunstancias que ellos ir,noraban
.
acerca de una época remotísima,
y oque yo sa-'
bía bien «por haber vivido en ella,,. Los viaj·es retrospectivos fueron cada vez más y más
claros y más y más lúcidos. Siempre era yo
uno de los que en la
época vivía, y estoy
convencido de que solamente se trata de una
Yuelta, de una re~resión hacia vidas que
hace años, muchos millones de años, he vivido yo mismo y por
eso conozco perfectamente. De todos, los
que más me agradaban
eran los habitantes
. con ti&gt;mporáneos'
mis
del valle que hemos
visto, porque fué precisamente en una de
las chozas de ese bosque «donde encontré á
la mujer que más he
amado,,. Alguien la
cortejaba también y
nuestras rifiasfrecuentes me hicieron comprender, la noche anterior, cuando fuí herido, que nos acercábamos al sitio donde
quizá hace millones de
afios «yo he vivido en
paz, persiguiendo á
las bestias deformes de
aquellos tiempos».
- Pero la flecha es
real-le interrum ¡.,í · .
precisamente
la 'he
guardado y aquí la traigo .. .
-«También el agua
y el alimento es real,
contestó Hearnes. Tan
real como lo eran ayer
el ocaso, la ría y los
hombres, los árboles
primitivos y los reptiles voladores que he-

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

mos visto. Ya en anteriores épocas me ha acontecido que mi «regresi6n 6. vidas pasadas), es de
tal manera lúcida, clara, que los que me acompañen, por acci6n de simpatía, 6 lo que se
quiera, también ven, claramente, y sienten,
y escuchan, y respiran en el ambiente mismo
y en las circunstancias que «hace muchos millares de siglos)&gt; se reunían en «este mismo sitio en que estamos,,. Las montafias y los ríos
tienen tiempo para cambiar en un mi116n de
años.
«Cuando más vivo ha sido mi «viaje á épocas pasadas", se ha iniciado siempre una grave enfermedad en mí. Ahora temo no acabar
el viaje". ·
El pobre Hearnes tenía razón. En esos momentos aparecieton en el horizonte algunos
hombres á caballo; no de las ed:¡.des primitiva~, no; «cowboys» americanos, bien conocidos
para mí. Estábamos ya cerca de un rancho.
Pero Hearnes no lo supo, porque muri6 en el
sitio. Su cadáver está P-nterrado en el «mismo
sitio en que tanto am6 millones de años hace» ......... -J. HAWTHORNE.

00

La casa de Gabriel D' Annunzio
En la dulce colina de SettigMno, que domina el panorama oro y rosa de Florencia,
allí donde existió una antigua cantera de mármol, donde nació Desiderio, y Miguel Angel
fué amamantado por la mujer de un tallador
de piedras, entre los iris y las glicinas, envuelta en un manto de yedra, está la «villa"
de Gabriel D' Annunzio.
Un curioso admirador que fué á visitarle
nos describe la casa del poeta. Cuando lleg6,
D' Annunzio venía á caballo, precedido de cuatro lebreles, Donovan, Merissa, Biondella,
Crissa; nombre¡;, sonoros y musicales que lanzados á pleno pulmón en el vértigo de la caza,
deben cantar en el aire como una estrofa.
El almuerzo estaba servido en una mesa de
iglesia, frente á un banco ornamentado cual
una catedral; en candelabros de negra plata
cincelada, cirios de cera blanca, y en el medio
de la estancia, un gran misal abierto en un
facistol; la chimenea de loza celeste está.dedicada á la salamandra., madre del fuego, según
lo indica la inscripción latina. Conjunto que
hace pensar en la rara fusión de elementos
clásicos y góticos que se encuentran en el espíritu creador de «Las Vírgenes de las Rocas,,
lo mismo que sugieren el Narciso y la Cala~
vera que coronan la filigrana del escritorio.
En lo alto de :uno de los aposer1tos, tapizado de laureles en fondo púrpura; cuelga una
corona de bronce; en otro se lee este nombre
y esta fe~ha: &lt;e~abriel Nuncius" (1498).
D' Annunz10 explica que es la traducci6n de
su nombre en la ~poca en que hubiera querido nacer, en el siglo XV, durante el primer
Renacimiento.
-Ser bello, roro per una lanza en la rodilla
llevar con dos dedos la espada que los demá;
llevan penosame~te con dos manos, derribar
un caballo con e~ puño y, sin embargo, al sonreír tener la delicadeza de una mujer haber
sido «condottiere.»; tal es el deseo qu~ D' Annunzio expres6 mientras Florencia con la más
noble serenidad sentía caer sobre sus espaldas
la divina sangre del crepúrnulo.
En el dormitorio, cerca del lecho monumental, la espada de l\falatesta reposaba sobre
otro facistol; en los muros un cuadro de Tintoreto, la cabeza de Fl~ra, la de Juno y la de
El_eonora Duse; más leJos, en un paisaje iluminado por el esplendor de la luna reclinada
en la hierba, una mujer desauda, c~n esta deliciosa explicaci6n: «Víget dum pállida,, «vigorosa, aunque pálida,,. Desde la terraza ai través de los pinos y los cipreses, la Ciudad del
Lirio reflejándose en el espejo del Arno.
Tal ambiente tiene que ser favorable á la
producción de la obra de arte; el espíritu acariciado así por la belleza de lo que lo rod~a ba
de sentirse más predispuesto á interpreta~ el
alma de los seres y las cosas. Pobrecitos de
nosotros los que aquí nos llamamos artistas
y que en un rincón sin luz, agobiados por 1~
necesidad, maltratados por las rudas faenas de

�EL MUNDO ILUSTRIADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Naviem.bre de 1903.

la vida, bordamos nuestros suefios 6 buscamos
un átomo de oro en el fondo de nuestras meditaciones. Verdad que la imaginaci6n viene
á veces en nuestra ayuda y nos vierte sobre la
frente fatigada su cornucopia maravillosa, y á
RU influjo nos sentimos rodeados de los tesoros que la fortuna nos neg6. Ya que no poseemos telas suntuosas, ni mármoles impecables
ni joyas primorosas, conformémonos con divisar un pedacito de cielo y con tener sobre
nuestra mesa de pino, en un tiesto de barro,
un manojo de rosas frescas.

General Terrazas,
terminaron con un
baile que se di6 en
el paf,o del nuevo
edificio - co::i.vertido en salón-y al
cual fueron invitadas las principales
familias de la localidad.

PEDRO EllITLIO CoLL.

"

El Señor Gobernador de Chihuahua

•

Muchos padres de
familia ignoran que
de la escuela primaria depende el porvenir de sus hijos
y aun el de la Patria.

*

En Ciudad Guerrero

Hace poco que el sefior Gobernador de Chihuahua, General Don Luis Terrazas, hizo una
visita á Ciudad Guerrero, importante poblaci6n d~ aquel Estado, con el objeto de inaugurar un nuevo edificio para la Escuela de Niños, que se construy6 aprovechando un terreno cedido por el señor Don Tomás Dosal y
Hermosillo.
La recepci6n que se hizo al sefior General
Terrazas fué muy entusiasta: en las principales calles se levantaron vistosos arcos adornados con follaje y banderas, y en uno de los salones del nuevo edificio se sirvi6 en su honor
un banquete al cual concurrieron los vecinos

Si el ma.estru de
escuela quiere que
la sociedad le respete, sea él el priC. GUERRRERO.-NUJe'Vo edifio1o para la Escueda de Niñcs,
mero en respetarse,
el ganado no se prestaba para que luciera. sus
no convirtiéndose en cobarde y odioso verduhabilidades,
fué buena, sobre todo en las suergo de niños.
tes de cap&lt;!.
*
El público q-ued6, en cuanto cabe, satisfeAfl.ige á casi todos los mortales la manía de
cho
de la corrida.
aplaudir con mayor frenesí lo que menos entienden.

*
Mientras más se ha encenagado en el vicio
un hombre, mayor estimaci6n y respeto merece si se regenera.
No merece el respeto de los demás
quien no se respeta
á sí mismo. ·

*

Nos llenamos de
~atisfacci6n, de orgullo quizá, siempre que se nos aplaude, sin parar
mientes en si merecemos ó no el aplauso.

*

Para que la plebe obedeciese "motu proprio» las leyes,
menester sería que
el legislador las dictara al revés de como deben ser.

*

Es legítimo, muy
provechoso, y no
C. GUERRERO.-Un Arco triu.nW.
una muestra de soberbia, el anhelo de
más caracterizados de la ciudad y las personas
ser de los primeros, si no el primero en su esque acompañaron al señor Gobernador duranfera social.
'
te su viaje y su permanencia en aquel punto.
En el acto oficial de la inauguraci6n de la
escuilla, pronunciaron discursos los sefiores
Manuel Rocna y Chabre, Urbano Zea, Jefe PoTOROS
lítico del Partido, y Mariano Irigoyen, Director del Establecimiento..
1 .. El sefior General Terrazas, después de declaCon un lleno casi completo se efectu6 el
rar inaugurado el edificio, dirigi6 una breve
domingo último la inauguración de la tempoalocución á la concurrencia para enaltecer los
rada de toros en la plaza «México,,.
triunfos de la nifiez y felicitará los vecinos de
La novedad de la corrida consisti6 en la
Guerrero por los progresos realizados allí últipresentación de Antonio Montes, matador de
mamente.
mucha fama en la Península como hábil y vaLos festejos organizados en honor del señor
liente. La faena del diestro, no obstante que

"

"

LAS MARAVILLASDIL RADIO
No hace todavía un afio que se anunci6 á
los hombres de ciencia que los sefiores Curie, de París (un matrimonio de sabios que
ha de producir aún cosas muy buenas en el
dominio de las ciencias físicas y naturales),
había encontrado, en los desechos del mineral de uranio, una substancia nueva, de admirables virtudes, pero aún no estudiadas debidamente.
•
Ante un congreso internacional, los señores
Curie dieron lectura á un trabajo en el que resumían los estudios que pacientemente habían venido haciendo de tiempo atrás. En
efecto, habían descubierto un cuerpo simple
más. Le habían llamado «radio)) porque tenía
ciertas propiedades que en otros cuerpos habían sido llamadas «radio-actividad» y se encontraba en la «pech-blenda», uno de los residuos, muy voluminoso por cierto, de la fabricación del uranio ( otro metal raro) .
Para preparar el pequeño tubo de vidrio
que contenía apenas ccseis centigramos» de
cloruro de radio, p.abía sido preciso calcinar,
tratar por agua hirviendo, primero, volver á
calcinar y tratar, finalmente, por el ácido
clorhídrico, una cantidad de pech-blenda no
menor de tres toneladas, y el trabajo, en su
totalidad, había sido de cuatro meses.
Se esta bleci6 en los alrededores de París
una casa en la qu·e ee tratan los residuos de
la fabricación del uranio que llegan de Bohemia. En esta casa se han preparado, después
de infinitos trabajos y gastos, h11,sta la fecha,
«cuatro gramos de radio».
No es extrafio, por lo tanto, que cueste el
radio, en estos momentos exactamente «tres
mil veces flU peso, en or~ puro». Ya es bastante el costo; en cambio las propiedades del
radio lo hacen invaluable, ya en el sentido
netamente especulativo, 6 ya en el meramente
práctico.
No se ha preparado el radio puro, porque

es dP-maúado inestable y se descompone á
la temperatura ordinaria, como sucede con
el sodio y el potasio. Solamente se conocen el
cloruro de radio 6 el bromuro del mismo metal, y con ello tis con los que se ha experimentado. Forman una sal en todo semejante á la
sal de cocina, aunque ligeramente gris y muy
delicuesr.ente. Por esto se usa, para las experiencias, el radio dentro de un tubo en el que
se ha hecho el vacío. En nada influye el vidrio, puesto que las emanaciones-de tres 6rdenes &lt;).istintos, cuando menos---que el radio
emite, pasan el vidrio, como lo hace la luz.
La propiedad primera que llamó la atención
en el radio, es la de emitir luz y calor, notables, ya por un term6metro 6 á la simple vista, sin perder un solo átomo de su peso. Ha
calculado un profesor francés que si se lograra tener «un kilogramo)) de radio, se podría
calentar una habitación· de regulares dimensiones, de manera que en cualquier momento
su atm6sfera se encontrara á tres grados, centígrados, sobre la temperatura ambiente. El
gasto que se produciría en esta calefacción, sería tal, que al cabo de «cien mi\lones de años»
se habría gastado justamente «un miligramo
de radio». Este dato, rigurosamente científico,
puede dar una buena idea de la extrema división á la que alcanzan las moléculas de radio que producen calor y luz.
El radio, además, produce tres géneros distintos de radiaciones, de las cuales las más
útiles, hasta ahora, son las «radiaciones rádicas» que corresponden, en todo, á los famosos
rayos X de Roentgen. Un cirujano, por ejemplo, provisto solamente de un tubo que contenga tres á cuatro centígrados de radio, puede producir exactamente los mismos efectos
que con una. vol uminosa batería, carretes de
Rúmkorff, y demás, precisos para la producción de los rayos X. En presenci~ de estas
emanaciones del radio, los diamantes legítimos adquieren un gran brillo, de modo tal
que en una sala absolutamente obscura, un
solo diamante de ciertas dimensiones es suficiente, si se le acerca un fragmento de radio,
para emitir una luz que alumbra la. estancia.
Los diamantes falsos, por supuesto, no producen este efecto inexplicable.
Sobre la piel humana, estas er..1anaciones,
producen efectos distintos, según el tiempo de
acción y según el estado de la piel. Queman,
profundamente, sin el menor dolor, cuando
van lentamente obrando sobre la piel y las escaras que producen son dificilísimas de curarse, pues no cicatrizan: parece que el radio

EN LA

PLAZA

MEXICO.-Antonio Montes en la. primer.a, oorr!da..

afio tras afio; hilo á hilo tejeré mi fúnebre corha muerto todo género de vitalidad, muy prodel. Cada hebra de pelo será como un verso
fundamente. En caro bio, en 1 a piel enferma,
en ese largo poema. Y ese poema será fabripor un «lupus», por ejemplo, se ve al aplicar
cado por mis manos con todos los cabellos de
el radio lenta y constantemente, que. la cicalas mujeres á quienes he amado, con los cabetriz se forma y va extendiéndose rápidamente.
llos entre cuya seda milagrosa se han muerto
Sobre lo!! elementos infel'iores de la existodas las flores de los jardines. Y todos los
tencia, microbios, amibas y demás organisbesos de mis labios . .. .. .
mos inferiores, la acción del radio es mortal.
Y cuando no quede ya sino la final hebra
Lo es también para los ratones, palomas y
fúlgida, será el día escogido y fatal. ¿Para qué
animales de esta talla; pero la muerte sobreentonces la vida? Ya sabré yo darle aplicaci6n
viene, en estos casos, mucho tiempo después
al trágico y fúnebre cordel.. .. ..
de la aplicación del maravilloso metal s. los
Pero me falta todavía una cabellera imposianimales.
•
En cambio, los
huevecillos de un
pez que no han sido
fecundados, crecen
y dan nacimiento á
peces perfectos, con
solo que se les acerque un tubo que
c o ñ te n g a radio.
Aquí crea !a vida;
más allá la destruye. Esta es la acc ·ón del radio, en
general. Las larvafl,
por ejemplo, viven
como larvas, sin pasar al estado de ins e c to s perfectos,
mientras tres generaciones de su especie crecen y s-etransforman. Las maravillas del radio comienzan apenas á
El Radio.-Una conferencia dieil Profesor Cur'ie.
estudiarse, ¿residirá
en este m et a 1 la
esencia misma dela vida?-NEMO.
ble: a:pen~s entre.vista, sofiacla largo tiempo
por mis o¡os y mis manos. Y es una cabellera
larga, fluida, cristalina, exótica, color de agua,
color de alga: la cabellera de una sirena. Necesito ~us infinitos hil_os verdes, transparentes
y finísimos para termrnar mi cordel.. ....
Y diciendo esto, miraba mi amigo con las
Cabellos femeninos
pupilas asombradas, el fondo de s~ vaso de
ajenjo, como si mirara de improviso vastos tesoros fabulosos en el fondo del mar.
- Amo los cabellos de las mujeres-me decía-los amo, pero no á la manera de BaudeA. FERNÁNDEZ GARCÍA.
laire, el poeta maldito, que amaba la áspera
crin de una negra, olorosa á aceite de coco, y
la cual le hacía soñar en los puertos ardientes,
llenos de navíos, cargados con odres de bálsaMINIA TURA
mos y palos de canela.

o

CRONICAS DE POETA

o

Sur les bords duretés de VOS meches tordues
Je m'enivre a.rdemment des Fenteurs confondues
Del' huile de coco, de muse et du goudron.

EL RADIO.-Fosforesoencla &lt;le las piedras flr.as.

Domingo 8 de Noviembre de 1903.

Mi amor es más dulce y blando. Amo los
cabellos que tienen al tacto ternuras de agua
y que, á las manos sabias en acariciarlos dan
la sensaci6n de la más inverosímil de las sedas, la invisible seda del humo. Sí. Hay cabellos que son tan finos como el humo ..... .
Y mi amigo hablándome con su voz más
velada y untuosa de su enfermizo amor, me
mostró su colecci6n de cabellos femeninos. La
colecci6n estaba compuesta s6lo de cabellos de
morenas, de cálidas hijas del tr6pico. Los ha~ía des~e el color de la más anémica y clor6tica hoJa de tabaco, h!l.sta el negro profundísimo, negro tan negro, hasta lanzar, como en la
· pluma espejeante de los paujiles, esos rarísimos resplandores azules. Y desde el cabello
color de hoja de tabaco hasta el de color imposible, toda una escala de matices como los
matices de los vinos afiejos. Cabellos como
borgoña obscuro, cabel1os como borgoña pálido, cabellos com·o borgofia negro ..... .
-Y en verdad son como el vino--me decía.
-Cada hebra de pelo es para mí como una
go_ta ~e licor. Me embriagan. Y hay en ellos
mil hilos turbadores como otras tantas mil gotas mortales.
Yo no soy poeta, pero yo haré de mi vida
un poema. Cada día, cada día, á cada muerta ilusi6n, yo tejeré pacientemente, en el silencio, cual un benedictino, con cada hilo negro
de m_is amados cabellos, un fúnebre cordel.
L~ te¡eré lentamente, entre lágrimas. Tejeré
mi cordel, que adelantará paulatinamente,

Eres primorosa y admirable cumo una joya de. Benvenuto. Eres fascinante y turbadora como el co~lar que ceg6 á Margarita. Eres
una flor de purpura.
La naturaleza hizo en tí un inverosímil trabajo de opulencia en la brevedad modelada
marm6rea y rítmica.
'
Tu belleza entona el himno de Venus inmortal leve y sua~e. como un rumor de olas
en un~ _Pla~a de lmos ~lorecida. Es apenas
la caricia dispersa de leJanas músicas volupt?osas. P~r?}uego, ~n la absorci6n enigmática de la vis10n contmua y penetrante tiene
la fuerza de una diana marcial, tiene'el im _
petu de una tempestad.

··············· ······························-··············
Pasa ut?a voz arc~na, una voz del abismo;

y en la tnsteza trágica, en el gran cielo fatal

impónese una sombra negrísima, cual la som'bra de duelos sobrehumanos; mientras en la
proc~losa lontananza, i;in arroyo de sangre
precipítase en un gran bloque de nieve.:....
¡ ACINTO L6PEZ

��</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="1">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="1">
                <text>El Mundo Ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2">
                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101273">
            <text>El Mundo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101275">
            <text>1903</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101276">
            <text>10</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="55">
        <name>Tomo</name>
        <description>Tomo al que pertenece</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101277">
            <text>2</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101278">
            <text>19</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101279">
            <text>Noviembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101280">
            <text>8</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="101297">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101274">
              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 19, Noviembre 8</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101281">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101282">
              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101283">
              <text>Miscelánea</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="101284">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="101285">
              <text>México Ciudad</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="101286">
              <text>Periódicos</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="101287">
              <text>Siglo XVIII</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="101288">
              <text>Siglo XIX</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101289">
              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101290">
              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101291">
              <text>1903-11-08</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101292">
              <text>Periódico</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101293">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101294">
              <text>2017788</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101295">
              <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101296">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101298">
              <text>México, D.F. (México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101299">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="101300">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="3027">
      <name>Culto a los muertos</name>
    </tag>
    <tag tagId="3029">
      <name>El fastidio</name>
    </tag>
    <tag tagId="513">
      <name>Guanajuato</name>
    </tag>
    <tag tagId="3030">
      <name>Lugares históricos</name>
    </tag>
    <tag tagId="3031">
      <name>Novela de un Sueño</name>
    </tag>
    <tag tagId="319">
      <name>Panteones</name>
    </tag>
    <tag tagId="3032">
      <name>Radio</name>
    </tag>
    <tag tagId="1063">
      <name>Víctor Hugo</name>
    </tag>
    <tag tagId="3028">
      <name>Zapatitos nuevos</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
