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                  <text>�EL MUNDO ILUSTRiADO

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

eR0N1e1\

(*)

Y murió en silencio .. ..
«La risa la reputé por error,
dije al gozo:-¿Por qué vanamente te engañas?
(Eclesiastés, cap. 11, vers. 1~).

Oídme los de duro corazón, los que estáis
lejos de la justicia».
Yo tenía el alma pronta á la risa, abierto el
corazón al sano contento de vivir.
Acababa de leer las coplas rlel Arcipreste de
Hita. Gustando el dejo picante de su musa
regocijada y fresca, franca ~n la 1:&gt;urla y en el
decir aguda y retozona, quise olvidar que es la
existencia dolor y llanto.
.
Pretendía convencerme de que era la vida
alegre como día de sol, dichos~ como amor que
no exige fidelidad y constancia.
Me hallaba muy cerca de afirmar que era la
mujer, como la esposa tierna y delicada _d~l
ccCantar de los Cantares», flor del campo y lmo
de los valles, huerto cerrado, fuente de ag~1as
vivas· muy lejos de juzgarla como el Ecltsiastés la' pinta: ccmás amarga que la muerte,_c?n
corazón que es red y manos que son pns10nes~.
Anhelaba saborear los goces que, regalando
los sentidos son deleite del alma. Pensaba
que era la boca, y no la frente, el sitio de los
besos.
Tenía razón el ingenioso Arcipreste. Dos cosas mueven al hombre en la vida: ccmantenencia y ayuntamiento con fembra placenter8,),.
¿Para qué dolores? ¿Para qué tristezas?
Nada de adornar, con los colgajos y los ll~rones flécos de una literatura falsamente afhgida, un drama ".ulgar: ccel cri?3:Pn de tercera,&gt;,
á la antigua, vaciado en l?s VIeJJS m?ldes del
Caín, sin complicadas psicolo~ias m r~~n~mientos de crueldad y perversión; el smcid10
con carta al juez de g~ardia, prodi:cto diari_o
de la vida. ~ra preferible reír: la risa, me dije es la salud del alma.
'y sin embargo, no reí.
...
Algo más profun~o y dol?roso que su1C~d10
romántico de amor o tragedia de celos atribuló mi alma pronta á la risa; mi corazón, abierto al sano ~ontento de vivir.
Los periódicos del 15 dieron la noticia.
Es drama manso, silenci~o; sin sangre ni
estrépi~o. U°: hombr~, con _indud~ble derecho
á la existencia, se deJÓ morir de fno; acaso con
anhelos de vida se abandonó á la muerte; tal
vez débil no se'lanzó á conquistar por la fuerza lo que' no pudo conseguir con el propio trabajo ni de la piedad ajena. . .
Oiganme los que se dicen cristianos, los que
llenan templos y oratorios de cera y de flores,
los que sufragan cultos en cumplimiento ~e
vana promesa ó en petición de frívolo capricho los que rodean de boato y brillo una religi6n de humanidad y pobreza.
En la. madrugada del 14 ha muerto un hombre en Madrid: lo mató el frio. Eran necesidad y miseria las solas dolencias de su cuerpo;
tristeza y desamparo, las de su espíritu. Acaso no conocía traición de mujer ni ingratitud
de amigo; que son am~stad y amo;es sentimientos de lujo, para quien padece frio y hambre.
Yo evoco la amargura infinita de su peregrinación por las calles solitarias, en la noche,
helada, silenciosa.
Si pretendió en huecos y portales esperar
que alborease un nuevo día ~e desv~n_tura, no
logró su propósito: los guardias le hicieron seguir calle adelante.
Pudo fingirse enfermo. ¿Para qué? No hay
camas en los hospitales.
Tal vez, con escándalo, hubiera hallado
abrigo en la cárcel.
Eso nunca. Era su libertad el único calor
que le quedaba.
y el desaraciado erró de quicio en qmc10,
·vagó de p;erta en puerta: no haaó almohada

(*)

Obtuvo recientemente el primer premio en
el concurso de crónicas de «El Liberal&gt; de Madrid.

para su suefio triste en las jambas duras:
mordíale el cierzo serrano las carnes mal cubiertas.
.
. h .
Tal vez un impulso de de,1prec10 le hizo mr
de la ciudad cristiana, que le negaba calor Y
abrigo.
Llegó á las afueras. Delante, _el campo se
extendía, árido y mudo; una tapia le ofrecía
apoyo. Se dejó caer.
Rentía sueño, mucho suefio .... •·.
, .
Una sola 1uz brillaba ante sus OJOS, deb1l Y
oscilante, perdida en el misterio de la son:ibra.
Cantó un gallo. Ladridos, lejanos y tristes,
rompieron el silencio de la noche.
Sentía sueño, mucho sueño .... . .
Y durmiéndose en la vida, despertó en la
muerte.

***

Esta es mi crónica: tiene en su sencillez el
dolor· brota de su mansedumbre la amargura.
Un'hombre que muere aterido sobre la helada tierra, frente al campo desolado y yermo,
bajo el cielo azul, en la noche serena y clara.
Murió de hambie. de frío; no tuvo amor.
Durmi6se cara á la luz esperando:el albor
'
' es fuente de vi'd a.
primero, nuncio
del sol, que
Quizás despierte en la región de la luz perdurable donde se acaba el llanto.
¡Aiegre Juan Ruiz! Seguro estoy d~ q~e tu
regocijada musa habría troc~do en lagrimas
su risa para cantar fin tan miserable.
Ya ~es. No tuvo ccmantenencia ni ayuntamiento con fembra placentera».

...

ENRIQUE DE MESA.

SU~NO VIVIDO
[Traduccl6n de GUILLERMO VALENCIA]

El valle del crepúsculo llenaban

perfumes grises de color de plata,
como cuando la luna. se tamiza
por entre nubes de borrosas tintas.
No era la. noche sin embargo. Presto
con las aromas de matiz de argento,
se disiparon en el valle oscuro
mis vagos pensamientos de crepúsculo,
y entre las aguas de una. mar tranqui~a
me hundí callado .... y se me fué la vida.
Vi cálices de flores misteriosas
y negras, que brillaban en la sombra;
y en crecientes de tinte anaranj~do
-como tibios fulgores de topaciouna luz que pintaba la floresta,
de tl'iste claridad amarillenta,
y todo estaba lleno por las olas
de una rara cadencia melancólica.
Y sin lo"rar siquiera comprenderlo
mi turb;da razón, pero sabiéndolo,
clamaba sin cesar entre mi mente
que aquella realidad era la muerte ....
Y la muerte hecha música; la. hermana
de los hondos anhelos; la que ama
á los seres que viven, y los busca,
toda vigor entre la noche adusta..
Y en silencio y oculta entre mi alma,
lloraba por la vida una nostalgia,
y lloraba y lloraba como llora
el que se va-llevado por las olas
de una. enorme embarcación marina
de fantásticas velas amarillasque á los tenues fnlgores del ocaso,
desde las aguas de un azul opaco
consigue di visar en la ribera
todo el cariz de la ciudad paterna;
y se ofrecen las ca,lles á sus ojos,
y percibe el murmullo de los pozos,
y de los caros bosques familiares
aspira los aromas otoñales,
y se finge de pies entre I a arena,
como en las horas de la edad primera,
trazado de inquietud, con las pupilas
arrasadas en lágrimas esquivas,
y ve el roto cristal de su ventana
y tras ella su alcoba iluminada.....
Pero la enorme embarcación marina
que no surte jamás en las orillas,
sigue adelante en el silencio mudo
que hacen las aguas de un azul oscuro.
Sobre los viejos mástiles, tendidas
melancólicas velas amarillas.
HUGO VON HÓFFMANNSTHAL.

a

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRlAOO

VOZ D~ f\Lf\RMI\.
En la tarde brumosa
flotaba la trizteza venenosa
que nuestras pobres almas invadía,
y nosotros, con ánimo cobarde,
ni vencerla supimos esa tarde
ni aceptarla queremos todavía.
Aspiramos el mal en el ambiente
y perecer dejamos la alegría .
de nuestro amor naciente,
sin que todo en nosotros se opusiera
y en el breve coro bate decisi vo1
ó triunfadores fué~emos, ó alttvo
el amor con sus júbilos muriera.
Doblamos las cabezas, resignadas
á la sutil presión del pensamiento,
mieotras iban en rápido aislamiento,
como aves de sus nidos ahuyentadas,
á, perderse las tímidas mit-aúas
del paisaje en el lin&lt;le ceniciento.
No se unieron jamás desde ese instante
con aquel arrebato delicioso
que asomaba del pecho palpitante
cuando el amor incólume vivía,
y que era luminoso
para tu alma y la mía
más, mucho más, que el sol de mediodía!
Se buscan hoy con ansia como entonces,
se confunden, se besan
y se repiten los antiguos ronces;
pero ¡ay! sobre ellas pesan
las brumas de la tarde en que sentimos
nacer el mal que inermes recibimos.
¿Por qué me culpas hoy si me ves triste?
¿Por qué te culpo yo_ si así ~ veo·?
¡Ni yo supe lucbar m tú suptste
en la hora precar1a;
y hoy remeda en nosotros el deseo
al estéril furor de Prometeo
destrozado er.. la 1·oca. solitaria!
¡No sumes el agravio á la tristeza!
¡No aumenten mis reproches tu amargura....
¿Volverá la. ventm·a
cuando el amor á despojarse empieza
Je la sana, de la íntima ternura:'...

Lo ;fesso ttrnpo

,, r..

G,etel. ("""'-" vot•)

...

FRANCICO DíAZ SILVEIRA.

~tr-bo a

o..~

rn~ nc!a i suoi tu

AGUAS MUERTAS

FROILÁ..1\' TURCIOS.

••

En la mayor parte de los casos, el infier11:o á
que se reduce la vida entre, marido y muJ_er,
no proviene de que el uno o el vtro se ha)an
vuelto malvados 6 irrazonables; pero es el caso
que no pueden discutir entre ellos sin alterarse por efecto de los recuerdos ( que con el asp~cto y el acento se despiertan mutuamente)
de bs contrastes y las acrimonias pasadas,
Tal vez se entendieran si pudieran hablarse
través de una pared, y con una voz en que e1
uno no conociese la del otro.
E. D' A11ncrs.

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Dio Ce • del

Septiembre, 1903.

Aguas muertas, aguas inmóviles de matices metálicos, circuidas de musgos de oro!
En los fúlgidos días de otoñ&lt;&gt; parecéis un
vasto espejo en cuyo fondo duerme l~ ~som•
bra y en las horas lunares, una campma de
esU:eraldas luminosas. De vuestro seno no se
escapa el más tenue ruido, porque yacéis
muertas1 cristalizadas sobre las arenas pro•
fundas. Tal así, á veces, las ideas, en el cerebro del hombre.
Mudas y glaciales, en los hondos silencios
nocturnos sois un símbolo misterioso y sereno. Reflejáis las sombras errantEis de los p~jaros y de las nubes; en vuestra _superficie
dejan largamente los crepúsculos tremulas estelas sangrientas y rielan los espectrale~ plenilunios; y la lu~a, mágica princesa,. va _ex•
trafiameute á mirarse en vuestra lámrna impasible.
.
En vuestro líquido cristral caen, en octubre las hojas secas· y si el aire las mueve,
vagan allí como cad~veres de mariposas. ~ 8
nenúfares son los favoritos de vuestras frialdades· y ellos viven de vuestra muerte, extrafios y 'bellos, como todas las cosas que brillan
en el misterio.

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Hansel y

rD Ir

Gretel

~ve - glie - ran

L miércoles se puso en escena esta pequefia joya del teatro lírico, escrita por Húmperdinck, en un pr ncipio, para
un teatrito de aficionados, y luego arreglada para escenarios
artísticos por su autor, en vista del éxito que coronó su representaci6n y la importancia que fué adquiriendo. Se dió m11yor
desarrollo á la instrumentación, pero la música conservó su carácter de delicada y sencilla originalidad.
Su argumPnto es un pequeño cuento de hadas iñgenuo, y su
adorno musical es apropiado á él, pues á pesar de las proyecciones
de ópera que se le nan dado, la obra tiene mucho del sabor de
su esencia primitiva.
. Publicamos el c,duettino", de l?s dos nifios Hansel y Gretel, página musical inspuada,_ en la q_ue,se revela el estilo que campea en este cuento lírico y que los C&lt;dilettantrn no deJaran de agregará su repertorio, pues es, en verdad, precioso.

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-no¡

1

r r r? 1 O

r ,; l

Duedal malm'han da guardar~

ne&gt;, Duem'her. da gul
1

--al. le v,e del

***

~n cuanto al éxito alcanzado por esta deliciosa óp.era, en la primera representación, poco t~ne?I?S que a9regar. El público, como sucede siempre en otros casos,
guardó al pr1r.cipio la ma_s prud~nte reserva; pero, poco á poco, fué sintiéndose
subyug_ado por aquella música salpicada de bellezas, y, al terminar el primer acto
~plaud1ó. En el segundo-lleno de una poesía encantadora--siguió con profund~
mterés y paso á paso el desarrollo de la obra, y al final, aunque sin darse todavía
C?,enta exacta del mérito de Hansel y Gretel, porque no basta para ello una audición, se manifestó altamente satisfecho.
El desempefio fué un triunfo para la Compafiía: la Maccari caracterizó la Gretel
con yer~adero amo;, !ª Belloni estuvo muy discreta en el papel de Hansel, y la
Pozzi hiz? una bruJ.ª irreprochable. Los demás artistas que tomaron parte en la representac16n, contribuyeron notablemente al buen éxito obtenido.

. da

re

al. le v,., del

,lel!

�Domingo 15 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUST&amp;\D0

EL MUNDO ILUSTRIADO

Domingo 16 de Noviembre de 1903.

sentara el policía, me había hecho pasar los
«Rayos Y» por el cuerpo y conservaba mis
moléculas separadas en grado suficiente para
pasar á trav{·s de los cuerpos sólidos, si bien
quedando plenamente visible aún. En la celda de la pri8ión reflexioné más tranquilo.mente. Había cometido una gran torpeza al interesar al avaro y cruel .Juez Ilard en mis experiencias. Resolví salir en la misma noche
de mi calabozo, ir á mi laboratorio, tomar el
carb6n que había quedado efi lugar del diamante y restituirle su primitiva forma, mediante los «Rayos Y».
Así lo hice, esperando que fuera la noche
sombría y que la ciudad estuviera dormida.
Llegué á mi casa y me fué fácil despolarizar
el carbón, volviendo á lucir el diamante entre
mis dedos. Pero una idea tonta [el día entero había estado ofuscado seguramtnte] · me
asalt6.
Me dirigí á la casa del juez. Todo el mundo .dormía. Pasé, siempre á travfi- de las paredes y de todos los objetos que encontraba á

Los Rayos
•

Me había dedicado de tiempo atrás, desde
que aparecieron los primeros estudios científicos acerca. de esas radiaciones curiosísimas,
Rayos X Rayos Becquerel, Luz Negra y demás qu~ en la ciencia moderna son, seguramen'te la vanguardia de asombrosos descubrimient¿s. me había dedicado, decía, á experimentar ~on estas fuerzas desconocidas, seguro
de que en ninguno de los ramos de la Física
v de la Química podrían ser mis trabajos más
fructuosos.
Precisamente acababa de descubrir ( que
mejor sería hubiera~ perman~ci~o en e) más
profundo ¡;ecreto) ciertas rad1ac1ones mixta¡;,
que procedían tanto de una cn~~gica cor.rie11te
elfctrica, como de una emanac1on lumrno~a,
de especie poco co!1ocicla. Había yo lo~raclo
formar radiaciones que hal.Jía llamado" Rayos
Y• solamente, por darles un nombre, pues
pr~paraba una conferencia en la univer¡;idad
local, para presentar ante e!, profc.sorado mi~
estudios y pedir la aprobac10n que yendría a
ratificar mis teorías.
·
Los «Rayos Y» tenían, como , es de suponerse, curiosas pro¡_iiecladcs,. una &lt;le e~las
era la de ampliar, en Cierta medida, los espacios que separan entre sí los átomos y las moléculas. Aún no había yo logrado determinar
claramente cuál era el género de tales radiacionei:;; pero la técnica necesaria parll: rroducirlas me era muy pe1fectamente familiar.
Se sabe que las moléculas que forman, por su
aglomeraci6n en número infinitamente grande los cuerpos todos de la creaci6n, se encuentr~n entre sí á cierta (.lif1tancia unas de otras,
&lt;le manera que, comparatinlmente al tamaño
&lt;le tales elementoe, se puede decir que median
entre ellas espacios tan considerables quizá,
como los que median entre las estrellas y planetas que constituyen el mundo sideral.
Estaba yo, tranquilamente, buscando la
manera de ampliar mi descubrimiento. Había
logrado ya que mediante la aplicación de loii
«Rayos Y», las moléculas que forman el cuerpo humano se separaran entre sí de uno á diez
billonésimos de milímetro. Con esto bastaba
para que, cuando el desplazamient~ ~e las
moléculas era pequeño, los cuerpos sohdosen apariencia -quedaran dotados de la propiedad ele pasar ÍI través de los otros. Cuando
el desplazamiento era suficiente, quedaban los
cuerpos primero im·isibles, y, además, dotados de la anterior particularidad curiosísima.
Calcúlense cuáles serían mis esperanzas, dotado como estaba del poder de ampliar los espacios intermoleculares de mi cuerpo, de tal
manera que, cuando menos, pudiera yo pasar
á través de los muebles, de las paredes, de
cuanto cuerpo existe; pudiendo, adem(1s, hacerme absolutamente invisible cuando se me
ocurriera aplicar á mi cuerpo el desplazamiento más considerable que dan mis uRayos Y».

***

Mi amigo, el Juez Hard, se present6 lamafiana precisamente en que acababa yo de perfeccionar mis aparatos productores de «Rayos
Y», con objeto de tener conmigo una conferencia privada. Era el Juez Uard un mal sujeto
que no.die de la comunidad apreciaba, por sus
malas inclinaciones y por las intrigas que le
habían abierto el paso de la magistratura, en
contra de los deseos de todos sus compañeros.
El objeto de su visita, según pude después
comprender, era doble. En primer lugar, pretendía encontrar la ocasi6n de ver si lograba
descubrir algún detalle que le permitiera obligarme á que lo asociara en la explotaci6n industrial de mis descubrimientos. Además, según me explicó, le habían entregado, para su
venta, un hermoso diamante y quería que,
mediante mis aparatos y mi experiencia, le
dijera basta qué punto el brillante ern legitimo y valioso.
Para investigarlo, dejé al Juez Ilard en mi
despacho y pa&lt;!é, no queriendo asociarlo á
mis experiencias, á mi laboratorio, que estaba
contiguo. Vi, al entrar, que se encontraba un

f
-.;

1,

reóstato en mal estado y que corría el riesgo
de polarizarme fácilmente, sin quererlo. Para
corregir el defecto de la instalación, dejé sobre
un estante, de láminas de vidrio, el diamante
del Juez Hard. Era una hermosa piedra de
alto valor, que brillaba intensamente. Viéndolo estaba cuando, con asombro que se comprenderá fácilmente, vi que en unos cuantos
segundvs cambiaba de forma y de color, desprendía unas cuantas chispas y se trocaba en
un fragmento de carb6n, negro, insignificante ......
.La lámina de vidriQ sobre la cual lo había
yo colocado, estaba en contacto con los reóstatos que empleaba para hacer pasar mis «Rayos Y•, y seguramente que, entre los efectos
desconocidos de tales rayos, existían los que
habían producido el cambio. Separadas un
diez billonésimo de milímetro las moléculas
del diamante, quedaba convertido en el pedazo de carb6n que primitivamente le había &lt;lo.do nacimiento.
Antes de que yo pudiera evitarlo el Juez
Hard, con la impertinencia que le ~ra característica, abri6 la puerta, no queriendo por
más tiempo contener su curiosidad infantil.
Tal era mi male~tar, mi perplejidad que me
preguntó agitadísimo:
'
- ¿Es_ la piedra lo 9ue pretenden que sea
sus duenos? ¿Vale el dinero?

Y no reflexioné en la cla~e de persona
me escuchaba. Le contesté casi como •
blara conmigo mismo. Su contest::ci6n
1,0 not-lr el error en que me encontroba.
-¿Qué me cuenta usted?-me dijo con
no de voz más agrio que encontró á su
ce. Me interesan poco los rayos y d
mientas. ¡Mi diamante, 6 me nré preci
creer que es usted un ladronzuelo vul
Perdí la cabeza. Tantas emociones
en unos cuantos segundo¡;, me trasto
Queriendo demostrarle que no era lo q
saba, tomé rápidamente los reóstatos
emanaban mis «Rayos Y», y los hic~
mi cuerpo, y antes de que algo pudiera
tar, había yo pasado dos 6 tres vecee á
las paredes. Sus ojos se dilataron n
dos, por un momento Jo vi titubear¡
mirada maligna y cruel que le era n
volvi6 rápidamente á sus pupilas.
-Hermosa prestidigitación-;-di~o.
camente. -Pero me interesa mas m1d1
Pronto; termine ustecl sus juegos ó l_-'
mediatamente á un policía, y se ganllP'
diez afios de presidio por ladrón . ..
-Llame usted al policía-le d1Je;teresa poco ir á la cárcel, puesto que
salir de ella cuando quiera. Y ~ntes
reflexionara sobre mis palabras 1mpard
ru
el policía estaba al lado del Juez H
servil sonrisa de los débiles ante loe
- Este hombre me ha robado. Le en
para prueba, un grueso diama.1te que
á devolverme ahora. Bajo mi respon'!1l
preséntelo en la demarcación de pali
nombre.

***
Por fortuna, momentos ante!! de 4

mi paso, basta la alcoba de Hard. Al verme entrar, á través de los muros, Hard, que no se
había dormido aún, qued6 por algún tiempo
atónito. Nada dijo. Me acerqué á. un perchero en el que se encontraba un chaleco y sin
hablar tampoco, dejé el diamante en 'uno de
sus bolsillos. Esperaba que al día siguiente el
Juez Hard iría á la cárcel, confesaría tener la
piedra en su casa y me rehabilitaría. En efecto, muy temprano lo vi ya en mi ce!Ja usando de la facultad que le concedía su ~mpleo
de juez.
Pero en vez de pedirme excusas y de prometerme lo que yo esperaba, me dijo en tono
s11 rcástico:
-He visto algo que no me explico, y he
comprendido que es usted poseedor de alguna
U]isteriosa fuerza quE&gt;, bien explotada, nos duna una fortuna á cada uno. Voluntariamente
es difícil que usted con¡;ienta en asociarme á
sus e:'-periencias y permiti!me que explote industrial~·iente sus descubn~ientos; pero tengo en mis manos su porvenir. Solamente saldrá de la cárcel en el momento en que firme
u n d?cu~ento ,a~ociándome por igual á. sus
experiencias y exitos. De otro modo tendrá
usted uno. condena de diez afios por l~urto.
-Pero-le contesté-el diamante se encuentra E&gt;n poder de usted. Y o mismo lo he dejado en su chaleco.
-Lo creo; pero ¿cuenta usted con los testitigos suficientes de e!te he~ho? Porque yo,
personalmente, me cmdaré bien de anunciarlo
al público.
C01;D-P,rendí ~ntonces que toda mi obra, toda m1 vida, m1 porvenir, estaban en manos

del Juez IIard, que seguramente explotaría
su situación en detrimento &lt;le mi persona y de
mi honor. Por otra parte, me repugnaba f'l
pensar tan s6lo lo que sería capaz de hacer el
avaro, cruel, seco &lt;le corazón y criminal Juez
Hard, si tuviera en sus manos mi descubrimiento. Se despidió de mí, siempre sarcásticamente.

nador. Aunque le agradecía. su interés por mi
causa, le dije que no aceptaría nada que no
fuera la completa rehabilitación de mi honra.
Discutimos y me convenció de que no por
mí, sino por mis estudios y en beneficio de la
humanidad, debería aceptar el indulto; ¡,ero
le impuse la condición de que habíamos de
trabajar juntos por conseguir mi reivindicación completa, absoluta.

***

No había pasado un mes cuando, por intervención del Juez Ilard, á quien yo no había
vuelto á ver, fuí condenado, ú pei:ar de mis
protestas, por el .Jurado. que el mismo Hard
presidió cínicamente. )le condenaron á los
diez años de presidio que me había prometido
en nuestra entrevista.

***

Todo. mi \1 ida en la prisión. circulaba en redor de un pensamiento único: encontrar la
manera de rehabilitarme; pero bahía confiado
mucho en la honradez del Juez Ilard y no tenía pruebas dP. ningún género en su contra.
Solamente me quedaba esperar un milagro.
La obsesión constante me enfermó. En la ení~rmería de la cárcel conocí al Padre Angel.
Era un verdadero !'acerdote, honorable piadoso, un hombre de bien. Me tomó ca;iño y,
en las tardes, en cuanto terminaba su servicio
en la prisión, subía á la celda en que purgaba
yo una condena tan injusta.
Le conté mi historia y ni por un momento
dudó de mí, sobre todo porque al mi-:mo tiempo que le explicaba el poder de los «Rayos y,,
pasaba, ante sus ojos, á través de las parede;
de piedra de mi celda.
-¿Por qué, put'la-me preguntó,-aún permaneces en la cúrcel? Podrías salir á la hora
que quisieras ......
-Pe!o no saldría rehabilitado-le contesté. -11i honra está por encima de mi libertad.
El P_~dre Angel, muy impresionado, me
prometio s~ ayuda y quedamos en que todas
las 1,ocbes iría á 9uedarse en i:ni lugar, para
que fu~ra yo á _mi casa, á m1 laboratorio, á
P,erfeccionar mis descubrimientos. Así lo haciamos noche por noche. Un día el Padre Angel me llevó mi perdón firmado por el Uober-

***

Desde el primet día comenzamos á trnb.tjar. Teníamos en nuestras manos los «Rayos
Y,'., que llevados ?-1 grado mayor de dei,plaza- ,
miento, nos permitían hacernos in ,·isibles. l~n
ese estado podríamos sorprender al Juez Hard
y arrancarle la confesión &lt;le que era yo inocente.
SeguimO!', invisibles, por espacio de algunos días al Juez Hard en todos sus paso!', y
desc_u brimos, en efecto, datos que nos podrían
servir para lleg~r á conf~n~irle por completo..
Estábamos, siempre s1gmendo á IJard en
l~s carreras &lt;le caballo~ el Padre Angel
yo;
vimos que Hard había aposta.do fuertemente
por ~leterminado c_a ball?, no el favorito, y presumimos qu~ hubiera Cierto arreglo criminal.
En pocos mrnutos nos convencimos &lt;le que
era un robo descaraC:o el que Hard premeditaba~ Había puesto de acuerdo á cierto jockey
ladron, para que cerrara el paso al favorito
cuando éste se adelantara. Es juPgo que muchos bribones conocen bíen. Pero yo me acerqué prude_ntemente al favorito y Íe comuniqué, mediante un pequeño aparato portátil
que 11eva_ba á pre,·ención, la facultad de los
«Rayos_\•·, Así podría pasar por encima, por
en rned10, a través del que se le opusiera.
, El_ espectácul? de Hard, indignado por la
perdida, era odioso. Contaba con la ganancia
segur~ por su criminal proceder, y fué para él,
ade~as de una sorpresa desagradable, un:i
pérd1da,fuerte; am~a~ bastantes para que 811
~a~ cara~t~r se exh1b1era. Minutos des pué,.:,
md1gnad1simo, se prcsentaba en el Club donde le habían admitido por casualidad' solamente.
El P~dre Angel y yo le seguirnos. Pero mi
desgracia me perseguía y había de comunicarse, como mis «Rayos Y11, á las personas que
m~ acompafiaran. l\1e distraje en el Club
mientra~ ~l Padre Angel, cansado, se sentaba
en un ~1llon de brazos, cerca del fupgo. Nunca hubiera so_sp~cl~ado lo q.ue pas6, á pesar de
que fu~ el prmc1p10 de mi rehabilitación.
, .., Furioso, repugnante, se present6 el Juez
Hard, antes de que comprendiéramos que
!1º podi~ vernos (porque seguíamos bajo la
1~fluencia de los «Rayos Y»), se precipitó al
sillón donde reposaba el Padre Angel, sentán-

y

r

..

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

del año paFlado, después de examinar con t
da escrupulosidad, los distintos proye~tos p
sentados por algunos ingenieros alemanes
El edificio tit&gt;ne cuarenta y un metros·
frente, y está dividido en dos alas, de dieci
ch? metros de fondo .cada un~. En la plan
baJa se encuentran situadas siete piezas
clases, un espacioso flalón de conferencias y
departamento de la dirección, y en la alta
habitaciones privadas del jefe superior' d
plantel, otras piezas para clases y un salón
dibujo.

***
La inauguraci6n se verific6 á las once de
mañana, hora en que se present6 á. las pu
tas del plantel el señor General Díaz. Loii
flores Bar6n Von Fl6ecker, Encar~ado de N
gocios de Alemania., Ric1mlo Díener Hu
Schérer y Julio Albert, recibieron al 'pri
Magistrado, conduciéndolo ha~ta el salón p ·
cipal del Colegio. Una vez que el señor p
dente tomó asiento en el lugar de honor, d
pués de haber escuchado el coro «Preis Li
que un grupo de niños entonó á. su llt&gt;g
el sefior Von Flóecker pronunci6 una t&gt;ntusi
ta alocuci6n para dar las gracias al señor
Colegio Alemá.n.-La fachada

dose rápidamente, creyendo que estaba vacío.
Por un segundo sus ojos se dilataron, sus
narices resoplaban, mientras yo, comprendiendo lo que pasaba, grité:
-Pase usted, Padre Angel. ¡Pase usted á
través de él!
1mposible. Unos cuantos movimientos más,
y Harcl qued6 sentado en el sill6n. El Padre
Angel había desaparecido por completo.

***

Me retiré angustiado, pensando en suicidarme, ya que mi desgracia era tan persistente.
Toda la noche pasé insomne. A la madrugada se present6 el Juez Hard. ¿Era el Juez
Hard? Su mirada era dulce, tranquila su apostura. Fácilmente reconoci en su voz algo como un eco de la voz del Padre Angel. Me hab16 dulcemente.
-He comprendido mis errores. Mi conciencia me impediría vivir si no hubiera, previamente, rehabilitado la caui.a de usted. Vengo
á que me acompañe á la Corte. Declararé que
el brillante se encuentra en mi poder y que,
s61o por un error que ahora no comprendo, be
podido negarlo en el jurado. Deseo que comparta usted mis bienes, ya que ha sufrido usted tanto por mi causa, y, además de nombrarle mi heredero universal, tengo intenciones de que ante un notario declaremos ser, no

solamente amigos, sino algo así como padreé
hijo......
Y no sé si debo agradecer al Juez Hard 6 al
Padre Angel mi rebabilitaci6n y la existencia
feliz que hoy llevo.
Arreglo del Ingles para "El Mundo Ilustrado."

o
Inauguración del Colegio Alemán
Con asistencia del señor Presidente de la
República y de los miembros más distinguidos de la colonia alemana, se efectu6 el día 5
del actual la inauguraci6n del Colegio Alemán,
cuyo edificio se levanta, en terrenos de Romita, en el lugar que ocupaba el tívoli 1,Petit
Verflailles».
El terreno en que se encuentra el Colegio
mide ocho mil metros cuadrados aproximadamente, y fué adquirido por la Junta Directiva del Ei;tablecimiento en treinta y dos mil
pesos. Grandes árboles sombrean el edificio
y desde los balcones de éste se dominan perfectamente los más bermo~os paisajes del
Valle.
La construcci6n, protegida por una reja de
hierro que v1:, á la calzada de la Piedad, y por
bardas de mampoatería que la separan de los
predios colindantes, se comenz6 en noviembre

El sefior General Díaz, al terminar su alocución, fué o,,acionado por la concurrencia.
De,ipués ocup6 la tribuna el Presidente del
Coni;ejo de Admini:-tradón, sefior Díener,
quien excitó á los padres de familia para ']Ue
pre!'taran al colegio torla. la ayuda de que fueran capaces. El dlimno Imperial» cerr6 el
programa, pa.!'-ando en seguida todos los invitados á uno ele los salones, donde se sirvió un
lunch-cham pagne.

o
ARTISTAS JOVENES
J0SE M, LUPERCIO

En este número encontrarán nuei:;tros ledores una i:;erie de retratos y paiFajes firmados
por el señor José :\J. Lu percio, fotógrafo de
Guadalnjara.que obtuvo últimamente
en l\Iarlrid el riiplo•
·
ma único ofrecido
por un periódico especialista al antor
,., ....
ele lm1 trabnjo&lt;i que,
á su jnicio, fueran
mús bellos y estuYieran mejor ejecutados.
Lupercio, á quien
i:;in vacilar puede
llamarRe un artista,
es joven aún, y por
rn dedicación y su
1alento merece que
se le tenga como á uno dP. los mejores fotógrafos de la República. Ama á. f!U arte con
verdadero amor, y mái; por vocaci6n que por
lucro, se le ve siempre entregado al trabajo, á
un trabajo que F&lt;i mucho tiene de industrial,
mucho tiene tam hién de artístico, desde el
punto de vista del buen gusto.
Lfl. obra ele Lupercio no es la obra de un
espP.ciali,.:ta: lo mismo se encuentran en sus
mue,-trarios cuadrmi de co!ltum bres nacionales
que viRtas que reproducen los má'I encantadores pai,:ajes; lo mismo el retrato del personaje
6 de la dama ele polendas, que el del granuja
6 el de la pordiosera; lo mismo, en fin la escena que se deRarrolla á las márgenes del río,
que la que se dPsenvuelve en el obscuro cuchitril del proletario: todos los asuntos pasan por
su cárni.ra, y todo sale de sus manos lleno de
verdad·, de esa verdad que muchos ambicionan, pero que pocos logran.

g1'Ul)O

de alumnos.

neral Dfaz, que honraba con su presencia
Colegio, y para encomiar su meritísima la
de gobernante. EL Encargado de Xegocios
minó su alocución con un ¡viva! para el se
Presidente, que la concurrencia secundó
entusiasmo.
El coro de nifios cant6 luego nuestro Hi
no Nacional, y el señor General Díaz, le
tándose de su a1,iento, correspondió {das
tuosas palabras del señor Barón, diciendo,
tre otras cosas, que: "aunque el señor En
gado de Alemania había llamado fiesta f
liar á la que estaba celebrándose, debía
considerarse mayor y de más trascenden
porque era un acto del que debía felic~tar88
país, ya que las escuelas de las colonias
tranjeras difundían los elementos de P
ridad y de adelanto.
-((Ojalá-agregó el señor Presidente-:-&lt;r
se establecieran sucursales de este colegio
otros lugares importantes de la República,.
d,os alemanes han concedido siempre .
cha importancia á la causa dé la instru
popular, y con mucha razón había conl
Moltke que las victorias de. las arm~ al
nas se debían, en primer lugar, al increi:11
to de la escuela alemana».

Izando la vela.

( Fot. Lupercio.)

~n el paisaje, sobre todo-y esto no quiere
decir que eus retratos no sean por lo regular
ohraA muy acabadas,-Lupncio es un m11tistro: ahí están sus «marinas», que un pintor no
desdeñaría para in»pirarse en ellas: luz conjunto, todo es digno de verse; ni una s~la figura que eRté fuera de i;u lugar- el fondo se
aleja, y los grupos aparecen, no ~pelrnazados
y como puefltos sobre un fonclo de cart6n !lino desprendiéndose de la lejanía; como debe
ser, en una palabra.
En cuanto á loi:; retratos, se advierte deFde
luego que el artista conoce á. maravilla los
eft&gt;ctos de contraste y quei.,aheimprirnirá.i;us
figuras un sello de verdadera dulzura. La cabeza de estudio que publicamos en primera
plana, .Y 13: cabeza de viejo que aparece en otro
lugar, Justifican lo que decirnos.
El triunfo obtenido por Lupercio ha sido
pues, legítimo, Y. ojalá que lo~ aplausos qu¿
por él se le han tnbutado, lo eet1mulen y alienten para seguir cultivando un arte que tanto
ha progresado entre nosotros.

Colegio Alemán.-Salida de los niños.

Colegio Alemán.-Un

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

o
. La imaginación, dejada libre, no nos da caS! más qu~ ama.rguras y dN•conte11toi:;; l'Ólo
n~s da sat1Rfacc1ones y placerei, cua 11 cI 0 la dom1.na la voluntad, y la raz6n la obliga á trabaJar con un fin.

Taller de Lupercio en Gua.dülajara.

�DomLn.go 15 de Noviembre de 1903.

F-L MUNDO ILUSTRADO
.

""""'"

Domingo 15 -de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUST RADO

BELL
Han pasado ya algunos años y, á pesar de
ello, no puedo olvidar la impresión que recibí una mañana de noviero bre.
Dormía tranquilo, soñando, como suefian
siempre los pobre!!, en lo que nunca había de
alcanzar, cuando dei;perté rnbref&lt;altado al oír
la voz de mi hija, que me gritaq,a a l oído estas
palabras:
-¡Papá! ¡Papá! ¡Bell ~e ha vuelto loco!
Y había tal tristeza, dolor tan infinito tan
gra.nde, en aquella exclnmación que salió como un quejido por los labios de la criatur~
que, alzándola en mis brazos, tuve que con:
eolarla con mimos y halagoEi, asegurándole
q ue es0 no era cierto, que Bel! volvería muy
pronto, bueno y sano y coloradote-icoloraclote Bell! Dios mío, qué disparn te!-que ella
le vería, y lo aplaudiría y lo Ealu&lt;laría como
en otras ocasiones.
Y cuando, ya convencida, la despedí con
dos besos ... ...... ó con doscientos, porque los
besos que se dan á los hijos nunca i::e cuentan, me quedé triste, cabizba jo, temiendo cerciorarme de la veracidad de la infaui,ta notiria, lanzada imprudentemente por un peri6dico.

***

¡Bell loco! Bell el enharinado, el arlequineEco, el extravagante, el único, el insustituible Bell, ¡loco! ¡E!'o era imposible! ¡No, no
ponía conformarme con la id"a de que sobre
todos los que tenemos hijos, cayera esa desgracia!
Bell lo era todo para mi hija: con él sol'íaba si estaba dormida, en él pensaba al despertar, ba!'taba su recuerdo para hacerla reír,
y palmoteaba de gusto cuando le presentábamos el muñeco en el que u n «artista» ignorado
había hecho la caricatura de1 popular clown.
Si la niña estaba enfermita y se n egaba á
t0mar la medicina, dernparecía su rebeldía al
invocar el nombre de Bell; sus c,i.prichos infan tiles, sus enojos, sus terquedades de chicuela consentida, morían como por en canto al
decirla seriamente: «¡ Se enoja Bell!,, Entonces la nifia se t ransformaba, se volvía dócil,
consecuente y buena, y con arrumacos y coqueterías de mocosa, preg untaba:
-Papa, ¿,me l levarás á ver á Bell? ... ... ¿Y
qué h ará, eh? ¿Tocará la cafetera? ¿Saltará
muchos caballos? ¿Se dará de !:'ent obes?
Se le aseguraba que sí, que haría todo eso
y muchas cosas más que habría inventado
durante su ausencia; y, llegada la soñada noche, arafiando las pocas m0ne:las encerradas
en el caj6n del armario, sncri ficando lo más
ii,dispensahle, dejando algún objeto en ma•
nos del avariento prestami!,ta, se reunía la
cantidad necesaria para poder ocu par un lugar en la alta gradería, y alla. íbamos todos,
a legre~, gozosos, rifndo de an temano con las
ocurrenciaA de la chiquilla:
-Si Bell me pide un beso, ¿se lo doy?
-Sí, hijita, cuantos quieras.
-¿Y él no me puede regalar otro Bell?
Porque yo quiero tener un Bell en la casa.
-Pues, eso ya es más difícil; pero, en fin,
veremos.
Ya en el Circo, cuando me sentía arr~llad_o
por ese tintineo de las risas frescaf', cnstal!·
nns, puras de los niños, olvidaba todas mis
tristezas, todas mis miserias, m is dolores todos, y, riendo, pero con un sollozo en lagarganta, bendecía á aquel hombre á quien debíamos esos pocos momentos de alegría, que,
dei,graciadnmente, los pobres no podíamos
ofrecer muchas veces á nuestros h ijos.

.

~;lAfcDO

s A-i'JL !+-f. z

¿

***

-LAV ANDERAS. (Fotogra ffas de Luperc!o).

Bell loco, era Bel! muerto. Y Bell muerto,
significaba un vacío en el hogar. El, inconscientemente, mandaba, y reinaba y goberna·
ha en mi casa; ante la suya, corría avergo?za·
da mi autoridad paterna; si ahí había trinos
de pájaros, risas contagiosas, estallidos de sa·
na alegría, á él se l e debía.
Lo consideraba como al segundo padre de

E9'J I po
Tipos Nacionales.-lndios lluicholes.

fie.ff,4

/4.J &amp; O fc,f;:,2._

2-¡, /7/

(Fotografías de Lnperoio,)

�Domingo 15 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRIADO

mi hija, y no me sentía celoso de esa extrafta
paternidad, porque, gracias á ella, había disfrutado de algunos momentos de olvido d
ese olvido que es la anestesia del dolor. ' .
Pero ahora todo eso se iba, se había ido ya,
seguramente._ La desgracia nos. arrebataba ¡
ese buen amigo que robn ha á 1111s ojos Ja:¡ mi
radas de los ojos de mi hija.
•
-¿Qué har~mos, papá?-preguntaba la ni.
ña.-Y esa misma pregunta yo me la rep~tía.
«¿Qué haremos?,, Porque no era yo solamente,
éramos mucho¡, los que teníamos precisión d
solucionar ese difícil probl!'rna.
Y al formularm~ la pregunta, !'urgía ant.
mi vista la extrafia figura del payaso. Mas no
podía im11ginármelo encnrado, corno lo afir.
m~ba el pe~ióc!ico,. allá en su _casa. de Guada
laJnra, febril, 111qu1eto, extra.viada. la mirada,
soñando con esas gran&lt;lezas fabulesC'as con
e~as opulencias de sultán, l!on esos ho~oNI
regios que, se aecía, constituían iiu delirio·
' en t ui-insta,
.
1ocnaz, anun.'
no: ante mÍ aparecrn
ciándose con su eRtridente é inirnitnhle carca.
jada, y i;altando á la pista en rne&lt;lio di:! un coro de risas y de aplnusos.
Como una ob., esión consoladora. alentaba
aún la esperanza...... ¡ Bell loco! ¡Si no podía
ser! ¿Cómo él, el ccclown,» el paya~o que d&amp;;
todo se burló, que de todo hizo mof.L v
.casmo, iba á caer en ese ridículo delirio de
grandezas inagotables? ¿Qué más grand
que ser amado, adorado por tantas alrnrui pu•
ras, aún no envenenadas en los pudrideros d
la vida?
E~taría. enfermo; eso s~ P5&gt;dría ser cierto¡ y
en ese caso, deberiamos ir a curarlo, á decirle que procurase sanar pronto, porque nos ha•
cía mucha falta. Y ... otra idea: le llevaríam
á los niños. ¿No había él curado á tantoM coa
su sola presencia en la arena del C1rco·t ¡Puea
ahora lo curarían ellos con las caricia~ tle eua
manecitas suaves como copos de algodón, coa
los húmedos besos de sus bocas, con su inter
mina ble parloteo y con la sinfo11ía armoni
de sus risas. Y sería hermoso, muy hnmoeo,
verles á todos en conmovedora procebiórr, agi•
tando las sedosas melenas rul,ias ó neg11U1, y
repicando besos, uno. dos, muchos, muchoe,
en los pálidos y secos labios del payaso.
Después, ya curado-porque se curarla,
¡vaya si se curaríal-nos le traeríamos por
acá, á su casa, á su México, á su Circo¡ le
pondríamos el traje bombacho de seda am~
rilla con «caras,, de luna, redondas como platos; le pintarrajearíamos el rcstro, le peina•
ríamos el copete; y así, como empujado poruna avalancha dominadora, aparecería en la
pista soltando al aire su estridente carcajada.
en medio de un coro de risas, y de grito8 1
de aplausos.
Pero ...... ¿y si la noticia era cie1 ta?-pen·
saba yo. - Y entonces llegaban hasta mí, claras y distintas, las palabras de mi chicuela:
-¡Papá! papá! ¡Bell se ha vuelto loco!

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

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***

(Fotograf!a de Luperclo.)

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Pasaron dos días. La mua estaba triste,
C0!1 esa tristeza misteriosa d1, las criat
precoces.
-Papá, ¿qué no «inventarán» otro Bell?preguntaba.
Y al oír la respuesta dudosa, volvía á 811
desesperante mutismo.
Al fin, una noche en que vagabundeaba Y
por la ciudad, se me ocurrió llegarme á laOfi•
ci;ia de Telégrafos y preguntar si se había recibido alguna noticia de Bel!.
·
-Sí, señor; precisamente hoy remitió
un telegrama dirigido á un pariente suyo.
Indagué el domicilio del pariente y cons&amp;guí que me mostrara el telegrama, que, en resumen, decía: «Knvíame dinero.-BELL.•
¡Bell no estaba loco! ¡Bell estaba más cuerdo que nu11ca!

Yistas de Ocotlán y de Chapala.

-

,

Y esa noche hubo en mi casa cantos, risa1
alegría.
Octubre 30 de 1903.

Manuel M. PPltS•
Cuernavaca.-El "Parque Carmen Romero Rublo de Dtaz," inaugurado el 15 de Sepfü,::nbre.

\.

,.

�Domingo 15 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRiADO

EL MUNDO ILUSTRJADO

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

----------

Nuevo Parque en Cuernavaca
El 15 de septiembre se inaugur6 en Cuernavaca el Parque «Carmen Romero Rubio de
Díaz», formado en uno delos sitios más pintorescos de aquella población por iniciativa del
señor Gobernador del Estado, Coronel Don
l\Ian uel Alarcón.
El nuevo sitio de recreo es muy espacioso;
está sembrado de frondosos árboles, que dan
sombra y frescura á sus glorietas y avenidas,
y cuenta con artísticas fuentes de mampostería, dotadas con bonitos juegos hiclráulicos.
Al pie de los árboles se ven grupos de plantas
finas en forma de abultados, y sobre las pilastras de las banquetas, jarrones y otras figuras
•tue hermosean notablemente el conjunto.
En este número damos á conocer dos fotografías del nuevo parque, á reserva de publicar otras próximamente.

00
Notas Extranjeras.
Se han hecho muy curiosas experiencias en
la línea eléctrica de tranvfos entre Zossen y
l\Iárienfeltle, en Alemania: Se ha tratado de
experimentar cierto sistema para la construcción de vías de este género, ideado por una
'casa de Berlín. La Yía, los durmientes, los
postes conductores del cable, los «trolleys", todo ha sido moclificado para que los experimentadores pudieran atreverse á dar velocidades de ciento cincuenta kil6metros por hora.
En ciertos momentos, la velocidad conseguida
por el curioso carrolocomotora fué de doscientos kilómetros.

***
Se encuentran ya de vuelta en Roma los
Reyes de Italia, después de su viaje á través de
Francia y de su permanencia de unos cuantos
días en París. Parece que aún queda un eco
de las suntuosas fiestas en que el pueblo
francé::1 demostró su amistad al italiano y su
estimación por el Rey Víctor l\Ianuel y la Reina Elena.
Uno de los más suntuosos alojamientos conocidos, se dispu ,o parn los reyes en la Secretaría de Relaciones Extranjeras.

*
**
Los ingleses acaban de celebrar en Egipto
el aniversario de la ocupación de este territorio por las fuerzas británicas. Para celebrarlo,
se repiti6 en el escenario maravilloso que domina la pirámide de Cheops y la Esfinge misteriosa, una parada militar, reprod ucci6n exacta de la que en 1882 hicieron las fuerzas al
llegar.

Nueva locomotora eléctrica.

Desfile de tropas inglesas frente á. las plrAmldes de Egipto.

.· f ii .
¡

¡

i

En la faz del marqués no se ad vertía
ni en su voz cadenciosa y reposada,
que un gran dolor su corazón mordía.
Bra noble y tranquila su mirada,
su actitud no era humllde ni altanera,
sencillo era su porte y esmerado,
y llevaba. la rubia cabellera
echada atrás con femenil cuidado.
Ocultando el enojo reprimido
que impulsaba su altivo pensamiento,
frente al rey, que escuchaba distraído,
dijo el marqués con reposado acento:
-Tan sólo vuestra gran sabiduría.
dar pudiera, seiJor, tan buea gobierno;
¿,qué mortal, sino vos, inspiraría
ta.ata honrada labor en vuestro reino?
Vuestro gran corazón ha iluminado
con firme claridad vuestra. prudencia.;
y en la. austera virtud encastilla.do,
no turba la maldad vuestra concieacia.
De ánimo duro, corno fino acero,
¿,quién joya más valiosa ha. conquistado?
Y siendo como vos, puro y austero,
¿_qué reyes más virtud han alcanzado?
Proseguid, Majestad, por esa senda;
no dejéis que el demonio traicionero
con sus dulces halagos os sorprenda,
y torzáis vuestro juicio justiciero.
Calló el marqués. Mas, dura la mirada,
sacudiendo su altiva cabellera.,
y la mano en el pomo de la espada,
prosiguió con ardor ae esta manera:
-No obstante vuestra altura prodigiosa,
á vuestra honra tal vez no convendría.
una acción que, liviana y bochornosa,
al reino por entero indignaría.
Vuestro alcázar esconde una cautiva;
por muros y por sables resguarde.da
mantenéis, Majestad, como enemiga,

una cándida nifla, secuest1·ada.
Por su santa virtuit ofrecería.
entera mi fortuna, y mi cabt&gt;za;
mi propio corazón arrancaría
si fuera mancillada su pureza.
Ella encendió en mi corazón ardiente
de un vivo a.mor la poderosa llama;
por eso alzo mi voz triste y doliente;
mi corazón vuestra. piedad reclama. .
.
Muy pronto ha de extinguirse mi ~x1stenc1a.
si no me oye vuestra alma compa.stva¡
que amengüe su rigor vuestra sentencia;
ctevol vedme, seilor, esa. ca.uti va.
-Comprendo, dijo el rey, que os enloquezca.
la gracia de esa nifla encantadora,
y que vuestra alma ese dolor padezca,
mi corazón vuestro dolor deplora.
Mas, si mi condición de soberano
otórgame el derecho de su vida,
/.qué de odioso tendría que mi mano
la tuviese en mi alcázar detenida?
-Pues vuestra condición de soberano
á vuestra alma un deber tiene prescrit-o:
nunca manchar vuestra gloriosa mano
con el légamo infecto del delito.
El rey cuya conducta. es decorosa
no ejecuta una acción que es reprochable;
é infamar una niña pudorosa,
no es, seflor, una acción recomendable.
Vencido he de salir en la, porfía
y mi noble pasión será burlada;
mas siendo de vuestra alta jerarquía,
mi espada buscaría vuestra espada .. ••
-Al punto refrenad vuestra insolencia
y el ardor de tan necia algarabía;
tan sólo ejecutarse mi sentencia
vuestra ruda altivez consegufría.
d "d
-No obstante que mi ruego os ha ~fen 1
y os causan mis palabras impaciencia,
debe estar vuestro pecho condolido.

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LOS REYES DE ITALIA EN PARIS.-La Reina Elena. del brazo de M. Loubel

__.

:Más os amo, señor, que á mi existencia.¡
si el cielo cotnpasi ve me otorgara
que en ddensa del trono la perdiera,
y cien veces la vida recobrara.,
otras tantas, señor, os la ofreciera.
Pero es digna mi voz y es decor?sa.,
pues mi nombre llevar no mereciera.
si ante ofensa tan cruda y dolorosa,
sin protesta mi frente sometiera..
-Noble marqués! Jamás varón nacido
estuvo como vos encadena.do;
pero amo vuestro pecho dolorido,
vuestra. ruda altivez me ha subyugado,

Descendéis de muy leales caballeros;
recorre vuestras venas ardorosas
pura saegre de indómitos_gue.-_reros
que empuña.ron espadas :71cto_r10sas.
Que olvide vuestro espíritu discreto
este desliz que mi virtud deplora¡
vuestra. noble pasión ahora respeto,
llevaos vuestra prenda tentadora. . ...
LUIS ANDRÉS ZúRlGA.

*

La más elocuente carta de consuelo que he
recibido en una gran desventura, fueron cuatro palabras escrita.:i con tinta roja por un desconocido: «Toda mi piedad».

*

Muchos hombres que tienen fama de trabajadores, no trabajan mucho más de lo necesario sino por desterrar de la mente la iclea de
la muerte.-E. DE AMICIS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Eh MUNDO ILUSTRIADO

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

Domingo 15 de Noviembre de 1903.

Las Terí\uras de la Muerte
Era un pueblecito, ca1:1i una aldea; en un
repliegue del monte se esc:ondía, humilde y temeroso, como el que huye del mundo y del
bullicio.
Y nadie en el mundo se acordaba de aquellas cuatro casuchas ocultas entre árboles añosos y arrebujadas, acaso para taparse mejor,
con enredaderas y emparrados.
Nadie se acordaba; pero hay un ser que
nunca se olvida de nada ni de nadie: en buena memoria no hay quieh iguale á la Muerte.
¿A qué cita no acude? ¿Cuándo se ha retrasado? ¿A quién hizo esperar si le llegó la hora? ¡Parece imposible que en el hueco de un
cráneo vacío quepan tantos recuerdos!
Pues era una tarde de invierno y la Muerte
se metía presurosa por el repliegue del monte. Iba de cara al viento: un viento de esos
que por venir rastreros, traen rPmolinos de
polvo, y el polvo se le metía, no diré por los
ojos, pero sí por los «cóncavos», á la vieja de
las agonías. Por eso, sin duda, se le pusieron
aquella tarde los «ojos tiernos», si vale la palabra. Hubo un momento en que se le metió
un mo,cardón, que anduvo revoloteando por
la pequeña caja hue~o~a, hasta que lo sacó con
la punta de la guadaña; hay moscardones que
nada respetan.
Entró al fin la Muerte en la aldea, y después, en una de sus casas más pobres, entre
tantas de humildad y pobreza.
En aquella casa vivía una abuela muy vieja, con su hija, joven todavía, y con una nietecilla de pocos años.
La abuela lloraba; a~onizaba la hija y á la
nieta la entretenían unas vecinas.
Como que no se esperaba más que la llégada de la l\Iuerte para que aquello acabase, y
aquello acabó en cuanto entró la siniestra
viajera.
... Se acercó á la cama, y tenía ya tan poca vida la pobre joven, que la Muerte no hizo más
que darle un beso en los labios, y el beso se

confundió con el último suspiro; aquél, helado, aún tibio é1:,te; despuéi:,, helados los dos.
Se asomó la Muerte á la ventana y no se
atrevió á salir de la casa; el viento era cada
vez más frío, más fuerte y más polvoriento.
Resolvió pasar en aquella casa la noche, se
acurrucó en un rincón de la salita que comunicaba con la alcoba y se decidió á dormir;
que por más que digan, á veces también echa
sus sueños la Muerte. Y sus sueños son muy
curiosos, alguna vez los contaré.
No cerró los párpados, porque no los tiene
su descarnada calavera, pero apretó los bordes de los cóncavos, los juntó todo Jo que pudo y los huecos se le llenaron de sombra: durmió. Algunas horas después despertó; porque
la Muerte tiene el oído muy fino; como que
es la única que oye á las almas cuando se escapan del cuerpo, á veces llorando, otras veces riendo. Despertó porque oyó un pequeño
ruido.
En el centro de la sala, en el suelo, estaba
en su ataúd la muerta, vestida de negro, con
las manos en cruz y pálida como' la cera; en
los cuatro extremos, cuatro velas encendidas.
La abuela, abrumada de consancio y de dolor, se había llevado á la niña á una habitación próxima, y se había quedado dormida;
¡pobre vieja! había velado muchas noches y
además la Muerte estaba cerca y alrededor de
ella anda siempre el i:,ueño.
La niña se aprovechó del sueño de la abuela, se le escapó de entre los brazos y se fué á
la cama de su madre; el ruido que hizo al entrar, fué el que despertó á la Muerte.
La Muerte miró con curiosidad á la pequeñu !la.
La niña llegó á la cama, se empinó cuanto
pudo y miró con la cabecita á ras de las sábanas; la cama, solitaria, ante el pequeño ser
se extendía como llanura helada en noche de
invierno; su madre no estaba en ella.

La Muerte pensó que en la vida hay muchos desiertos, pero ninguno como aquél.
El primer desierto á que la niña se asoma.
ba era el mayor.
·
Y se conmovi6 la Muerte algo, sih duda
porque el polvo d~l camino le había enternecido los ojos.
Corno la Muerte no tiene nervios, toda emoción en ella se traduce por crujimiento de huesos, y lP. cruji6 el esqueleto.
La niña oyó el crujido; se volvió y miró
hacia. !a sala. Vió luces y allá se fué.
Junto á la Muerte pas6, pero sin verla; los
niños no ven nunca la Muerte, aunque con ella
· se rocen.
En pie quedó la pobrecilla contemplando
el cuerpo inmóvil de su madre;
Al pronto no la conoció; luego sí, y empezó á llamarla muy bajito.
ce¡ Mamá! ...... ¡Mamálll
La Muerte enderez6 su esqueleto y observó.
La niña seguía llamando á su madre, pero
sih atreverse á tocarla; la inmovilidad y el silencio la daban miedo.
((¡Mamá, mamá, despierta! ¡Tengo frío!
¡Déjame echar contigo!))
A la }fuerte se le estremeció otra vez toda
la osamenta y enclavijó las huesosas falanges
de las descarnadas manos en los huesos de
las secas costillas. Si hubiera tenido corazón,
al corazón hubieran llegado los dedos. Pero
la Muerte no tiene corazón.
Al fin la niña se arrodilló junto a.l cuerpo
de la madre, y con la tibia manita hizo una
caricia en aquel rostro más frío que el mármol; pero la retiró con terror diciendo: ffj Fría
...... fría .... .. mamá; mamá ...... estás muy
fría!))
La Muerte, que nunca desea nada, tuvo un
deseo: poder dar calor á la cara de la pobre
madre para que la niña no dijese que estaba
fría.
Y se eropezó á restregar las manos una

....

La última corrida en la · Plaza México:"

contra otra; pero por más que hacía, los sarmientos huesosos siempre estaban helados.
Vencida en este empeño, se pnso las ma.nos
delante de la boca y en ellas echó el vaho;
empeño también inútil, era vaho de sepultura en noche de nevada.
Entonces le ocurrió una idea: acercó las
manos á la llama de una de las luces; pero la
luz se apagó.
La Muerte se dió por definitivamente vencida; alguna vez lo ha de ser.
La niña seguía llamando á su madre con
monotonía de péndola de reloj ó de corazón
que late.
La Muerte abría y cerraba. la boca al mismo compás. Es decir, la boca no; lo que hacía era separar y juntar en forma grotesca los
dientes, como si imitando á la niña, quisiera
decir también: «mamá, mamá)).
Al fin la niña lloró muy bajito.
&lt;&lt;Mamá...... mamá...... tómame en. brazos
y procuraba separar las manos cruzadas
de su madre y abrirle los brazos para que la
recogiese en ellos.
Imposible: no tenía fuerza para tanto la
pobre chiquitilla. Los brazos de su madre
estaban rígidos; los dedos de sus manos eran
clavijas de hielo.
Pero esto sí estaba al alcance de la Muerte.
Dar calor no puede; hacer que la Muerte abrace, e1&lt;0 sí.
Y se acercó al cuerpo de la pobre mujer;
se inclinó sobre él; le separó los brazos como
abriéndolos, de modo que no parecía sino que
la madre los estaba abriendo como de co!itum bre ...... y esperó. A la ni:ña no se atrevió
á tocarla.
Y así estuvieron: la muerta eu medio; á un
lado la niña arrodillada, llorando, llamando á
su madre y con los puñitos en los ojos; al
?tro lado la .muerte, arrodillada también, baJándose casi al nivd de la niña y sosteniendo
abiertos los brazos de la madre. Así estuvo
esperando con paciencia suma, porque nadie
tiene más paciencia que la Muerte.
Al fin la niña mir6; vió aquellos brazos que
se abrían, y se dejó caer en ellos contra el pecho de su madre.
La Muerte, con mucho cuidado, cerró los
brazos y puso las manos de la madre muerta
sobre la cabecita de la niña.
• • • • • • )&gt;

Una vara de Re yes.-Montes "adornándose. '• .-Un par de '·Faico."-Un pase de Montes.

Cuando la Muerte se puso de pie, sin duda
por el esfuerzo y por lo violento de la postu;·a, se había sofocado y sentía un poco de
calor.
La niñ·a se iba durmieudo; pero no se dormía del todo.
-Mamá .... .. ríete .... Ríete, mamá..... decía, acariciándole !a cara,
La Muerte quiso reír; pero r.;sultó una
mueca horrible.
Entonces se fué al balcnn y lo abrió; amanecía una mañana muy fría, pero espléndida; celajes de color de rosa; neblinas flotantes; rayos de luz.
Y pensó la Muerte: ccRi~as, por ahora no
hay más que ésas: las del amanecer)).
Pero la niña no acabaha de dormir; lloraba callandito, y llorando, decía:
-Mamá ...... mamá ...... cántame ...... cántame ...... Si no me cantas, no me duermo.
La l\Iuerte vaciló; después abrió la boca;
fué un bostezo horrible, pero de la negra caverna no salió ni un sonido.
Medito un momento y se dirigió otra vez á
la ventana.
Se asomó y de entre la enredadera que por
ella trepaba, cogió un nido. Los pajarillos se
alborotaron; el padre y la madre salieron huyendo. La Muerte puso el nido al lado, muy
cerquita de la niña, y mientras los pajarillos
piaban, el padre y la madre revoloteaban alrededor del nido, alrededor de la muerta, sobre la cabeza de la niña, por entre las luces
agonizantes, corno mariposas colosales. Y
mientras volaban ansiosos, piaban y piaban,
tanto, que cantaban casi.
Canto debió parecerle á la niña, porque se
durmió al fin, recostada ~obre el pecho de su
madre, e1~tre los brazos de la muerta, pegando su canta á aquella otra cara rígida, fría
inmóvil, mojándola con sus lágrimas.
'

.·- ~,

La Muerte se inclinó; con dos de sus dedos,
como con pinzas de hueso, cogió una de aquellas lágrimas.
Después salió de aquella casa, salió de la
aldea y siguió por el repliegue del monte, llevándose efltre las tenacillas verdosas de sus
dedos la lágrima de la niña, cogida de las frías
mejillas de la madre, como el ladr6n que huyera lJevándose una perla robada.
Dos ó tres veces se la llevó á los labios; pero no tenía labios con que recogerla.
Se la llevó á los ojos, pero no tenía ojos que
humedecer.
Y al fin salió el sol; una de sus rayos fué
persiguiendo á la sinie,tra ladrona, y á fuerza de acariciar la lágrima, la evaporó.
Cuando la- Muerte sintió que entre sus dedos no había nada, dejó caer el brazo con algo parecido al desaliento, se escarbó los huecos de los ojos, como si en ellos sintiese singular picazón, con la punta de la guadaña, y
siguió su camino. Y allí acabaron las ternuras de la Muerte.
JosÉ DE ECHEGARAY

••

VERSOS. SENGILLOS.
Si ves un monte ele espumas
es mi verso lo que veR·
'
mi. verso es un monte, ' y es
un a banico ele plumas.

Mi verí'O es cual un puñal
que por el puño echa flor;
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
y ?e un carmín encendido;
m1 verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.
Mi verso al valientP agrada·
'
m1. verso, breve y sincero
es del vigor del acero
'
con que se funde la espada.
J osÉ

1L&gt;\RTÍ.

,

.,,

Un pase de "Faico."
NUESTRO

PAIS.-Panorama

de la "Barranca de Tfo Roberto." (E. de Mor,,10 ~.)

---

)j;;y
,__.....

Otro pase de Montes.

Un:. capa de "Faico."

�EL MUNDO ILUSTRADO
Jtño X-tomo 11-núm. 21

mtxtco, Dol!ltmbrt 22 lit 1903,

Director: LIC. RAf'AfL RtYf5o ~ PI NDOLA.

Subscrlpcidn mensual
ld t m,

forfnt■

Cier ente: LUI~ RtYf5o 5,PINDOLA

Eco de la5 fiestas de Goa17aJoato.
Hoy publicamo~ una vista de uno do los Salones del Palacio Legislativo últimamente inaugurado por el Sefio r Presidente
de la República.
.
Debemos hacer constar, en honor de la verdad, que tanto el decorado como el mobiliario de todo el Palacio, han satisfecho
en alto grado, así por su elegancia como por su severo estilo y perfecta manufactura, al mismo Señor Presidente y á todos
los Ministros extranjeros, que estaban en la firme creencia de que eran importados de Europa.-Al informarles que todos los
muebles del Palacio, sin excepción, se han fabricado en la conocida Fábrica de Jorge Unna y Gía., de san
Luis Pot o si, se apresuraron á felicitar al Señor Unna, que estaba presente, y el Señor Presidente al saber que la Fábrica ocupa solamente obreros mexicanos, estimuló á dicho Señor á que siga en su difícil tarea de po~er la industria ~acional á la altura de la europea. No dudamos que asi lo haga nuestro antiguo amigo de San Luis Potosi, ya tan ventaJOsamente conocido en todo el Pais.

Sl.50

ldem. ea la capital SI.U

Placer 5opre1170.

F~fqzON ~

CJ-fP

V//IZ/ZI/J

(Eatudio Fotográfloo de Lupero1o),

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Ternuras de la muerte</name>
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