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                  <text>~~·"Pa!n!si\\e,

de PEIUtY DAVIS•
Para Escalofrios, Cortaduroe

Cuemaduras

Y

EL MUNDO ILUSTRADO

Contuslon~a

No tien e Igual.

PLACAS FOTOGRAFICAS

Jlño X-tomo n-núm. 21

mtxico, nooitmbrt 29 4t 1901.

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cia de estudios y trabaJos excesivos.

ilIl¡tí)CID Mi~¼Il~éfülffi CID

(Estudio Fotográllro de 31. Ramos. )

�Domingo 29 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNOO ILUSTR!ADO

IMPRESIONES DE ESTETIOA

La Poesía
El alma compleja de la poesía moderna no
puede ser comprendida sino por altos y refinados espíritus. El arte se sutiliza á medida
que aumenta la cultura social; pero esa sutilidad en las ideas y en las sensaciones se escapa á todo aquel que no haya ah?ndado en el
análisis estético. De aquí que la rnmensa mayoría analfabeta, y aun las minorías intP;ligentes, sean refractadas á las nobles expres10nes rimadas. En verdad que el arte-uno de
los más inefables goces de la vida, -sólo puede Eier expresado, sentido y gozado por un escaso número de almas singulares y selectas.
Todo hombre de talento puede comprender,
en la primera lectura, un libro de estética. Lo
comprende en conjunto; pero, de seguro, no
gozará de la hermosura que encierra cada uno
de sus detalles. Se necesita una larga preparación una iniciación lenta y fecunda en el
raro c~lto del estilo, para conocer el significado psicológico de algunos vocablos, y para
percibir la magia de ciertas rimas. El lector
no podrá deleitarse con el subjetivo encanto
de las imágenes que se suceden ante sus ojos,
si su propia imaginación no le ayuda á revestirlas fastuosamente con un ropaje de encendidas pedrerías.
Se ha dicho que en materia de ideas casi
todo es viejo; pero el ei,:tilo es peculiar á la
personalidad intelectual. Deber de todo artista es procurar que sus pensamientos sean originales, hasta donde esto es posible; pero mayor deber tiene de cubrirlos con trnjes únicos
y bellos, en los que no debe advertirse el más
leve pliegue hecho por una mano extraña.
Eso, ante todo: que la forma en la frase sea
personal, y en el verso única, propia, de sello
inconfundible, sin un tenue soplo de ajenas
inspiraciones.
La origir.alidad en el estilo es la primordial
virtud del artista. A ella deberá tender desde
el instante en que ge inicia en su c11rrera de
laureles y de espinas. Aprisionar la frase rebelde en el molde de sus intimas sensaciones;
decir las co,:as con su manera espPcial; reflejar en las palabras, enlazadas peculiarmente,
su carácter y su espíritu y su propio temperamento: he aquí el hondo problema.
Quien posea verdadera fuerza creadora y
verdadera indiosincracia estética, lo resuelve
satisfactoriamente. Y alcanzado ese triunfo,
su nombre, vibrará en los oídos de muchas generaciones, y aun puede llegar á prolongarse,
indefinidamente, en la conciencia de los siglos.

Froélán Cfurcíos.

"

Cuentos Fantásticos
FLOREAS
Erase una vez un caballero, hermoso como
el día, valiente como una espada, llamado
Floreas de Kerhaveguen. Se Je consideraba
como un verdadero espejo de perfecciones: no
juraba jamás por el santo nombre de Dios;
respetaba á su soberano y sefior, el duque de
Geo:ffroy; daba á los pobres y no permitía
que se hablara mal de las damas en su presencia.
Sucedi6, pues, que un día en que perseguía un jabalí, se alejó de su séquito, y sintiéndose con sed, dirigi6 su caballo hacia un
manantial que conocía.
Al llegar tuvo una sorpresa: una joven vestida de blanco, estaba sentada en la orilla y
contemplaba su rostro encantador en el cristal de las aguas.
Al sentirse mirada, la joven levantó la cabeza, vi6 al caballero, y adivinando su deseo,
llenó de agua una hermosa concha de nácar
irisada, y se la ofreció sin decir palabra, sonriente y ruborosa.
El caballero bebi6, y esa agua fresca le pa-

reció ambrosía· pero cuando quiso agradecer
á su adorable ~scanciadora, no la halló á su
lado. ¡Había desaparecido!. ... .. Buscó en vano por todos lados, pero no pudo encontrarla. Sin embargo, no había soñado, puesto
que la concha de nácar estaba aún entre sus
manos.
Volvió á su ca.stillo y no dijo nada á nadie
de lo que le había sucedido. C,imo bien pensáü•, no durmió en toda la noche. Ap,..nas
aclaró, ensill6 su caballo y se fué á galope
hasta la fuente. ¡Ay, nadie le esperaba esta
vez! En vano pasó allí dos horas largas. Tuvo que volverse, 'desesperado. Al otro día y al
siguiente, y dur'ante todo un mes, acudió en
busca de su radiosa aparición, pero sin tener
mayor éxito.
Floreas adelgazaba y perdía colores día á
día, hasta que desesperado, resolvi6 concluir
con su vida para que se acabara su pena. Y
quiso, ya que se moría lentamente, ir á atravesarse el coraz6n allí mismo donde el amor
lo había herido por primera vez......... Besó
con lágrimas en los ojos la concha nacarada,
la tiró al agua y con un gran suspiro sacó su
espada..... . .
-¡Floreas! .... . .
¡Una voz dulcí~ima había pronunciado su
nombre! El caballero miró á su alrededor con
sorpre$a, pero no vió á nadie. Creyendo que
era juguete de una ilusión, volvió á. tomar su
espada para herirse con ella ....
-¡Floreas! ...... volvió á decir la voz.
Esta vez le pareció al joven que provenía
del manantial. Se acercó y vió que á través
del cristal le sonreía el rostro hechicero de
aquelJa por quien quería morir.
Con gran alegría se inclinó hasta el agua y
la tocó con los labios...... ¡Oh dicha! Sintió
una boca que se posaba en Ja suya y dos brazos flexibles que enlazaban su cuello!. ..... La
aparición salió del agua, y por su vestido
blanco, como pluma de cisne, se deslizaban
gotitas brillan tes.
La joven tendió al caballero la concha nacarada en que el arco iris había pintado su
prisma. Floreas cayó de rodillas:
-¡Oh! mi amada. ¿Acaso es mi corazón el
que me devolvéis así?-preguntó besando los
piececitos desnudos.
-Soy la hija del rey Numa y de la ninfa
Egeria; mi nombre es Floronda-dijolajoven
con su voz dulcísima. - Los bárbaros venidos
del Norte asolaron el bosque de Aricia y ante
ellos se dispersaron por el mundo las ninfas
latinas. Estaba condenada á errar hasta que
un hombre, sin haberme hablado jamás, llegara á amarme más que su propia vida.
-¡Y mi amor, Floronda, sólo coh mi vida
concluirá!
-¿Juráis serme siempre fiel?
-Os lo juro, Floronda-dijo el caballero,
besando los dedos de nieve que le tendía.
-Os amo, Floreas, y os creo .. . Pero no olvidéis jamás lo que os voy á decir. Si por desgracia algún día llega á latir vuestro corazón
por otra mujer, me perderéis sin remedio y
esta misma mano que besáis ahora, será para
vos presagio seguro de muerte inminente.
Floreas iba á protestar, pero la joven añadió:
-Que se cumpla vuestro des€0 y el mío.
Mañana os espero aquí con el capellán que
bendecirá nuestra unión.
Y antes que el joven pudiera hablar, sell6
sus labios con un beso, se fué corriendo sobre
el agua por encima de los nenúfares y desapareció entre los juncos.

***
Al otro día acudió Floreas con su capellán
y su séquito, y no fué pequefia su sorpresa al
encontrar en el sitio mi~mo &lt;le la fuente un
magnífico palacio levantado en una noche por
los genios.
Era el regalo de casamiento de la hermosa
Floronda.
Esta lo esperaba en el umbral. Le mostró,
sin decir una palabra, una mano esculpida en
el frontis de la puerta de entrada.
Hacia esa mano, con el rostro trasfigurado
por la dicha, levantó Floreas su diestra y re-

pitió solemnemente su juramento
dad.
Esa misma noche se casa.ron en la
del castillo y durante dos años fueron el
plo y la envidia de todos los casados del
rededores.

***
Sucedió que monsefi?r Geoffroy, duque
Bretaña, tuvo que partir para !aguerra
los normandos, que habían invadido s118
tas.
El caballero FlorC&gt;as, fiel á su honor de
ballero. hizo parte de la expedición y se
ró de Floronda con mil promesas de fid •
y de perpetuo amor.
En los combates se distinguió hasta el
to de llamar la atención de su señor el d
Geo:ffroy.
El el uq ue no tenía sino una hija, la h
sa !solda, la de los ojos de esmeralda; y
que no podía darle esposo que más le
niera que el valiente y caballeroso FJo
quien pronto amó como á hijo.
Terminada la guerra, confió sus pro1
al caballero, y fué grande su extrañeza
do supo que estaba cac:ado y, sobre todo,
nocer las maravillosas circunstancias en
su matrimonio i:.e había realizado.
Monseñor Geoffroy, que era obstinado
propósito8, hizo llamar á su capellán y le
guntó si no Yeía en todo esto algún so ·
ó manejo diabólico. Esto fué muy del
del capellán.
Por lo tanto, el duque trató de conven
caballero de Kerhaveguen de que estaba
jo la influencia de un espíritu infernal, d
corría riesgo de perder su alma, ele que
samiento na.da tenía ele católico y &lt;le que,
consiguiente, sería obra santa darlo por
lado.
El joven resistió mucho, antes de r
á las razones de su soberano, pero por fin
dió. Seis meses de ausencia habían aten
su amor por Floronda, y por otra parte,
da, la de ojos de esmeralda, ¡era tan he
y ¿no le tocaría á su esposo la corona de
que? ... Consintió, pues, y se fijó el día del
samiento.

***
Fué ésta una hermosa y suntuosa oo
nia. Todos admiraban la belleza de loe
novios. Por la noche, en el baile, no
atenciones ni dulces palabras que Flo
prodigara á !solda, cuyos ojos de esm
brillaban de amor.
De repente, y para asombro de todoe
concurrentes, el caballero dió un grito y 88
so pfili&lt;lo como un muerto, indicando
dedo que temblaba, un sitio de la pared..
dos se volvieron para ver qué cosa tan
ble podía causar semejante ebpanto á un
bre del valor del caballero de Kerhav
Nada vieron que pudiera explicarlo, pelO
Floreas, había visto en la pared una
una mano que él conocía:¡ la aparici6~
que lo había amenazado Floronda! La .
por otra parte, desapareci6 casi en segu!
El duque y su hija se burlaron am
mente de él, y muchos invitados pensa~
había hecho demasiado honor á los vm
monseñor Geoffroy. Las converEaciones
Yieren á reanudarse y los intrumentos de
sica á dar la sefial de bailar. Como no
á reproducirse la visión, Floreas se con
ció de que había sido víctima de una
nación.
Terminada la fiesta, el duque é Isolda
bieron á su hermoso coche, que debía
cirios al castillo que monseñor Geoffroy
regalado á los novios. Iban alegremente,
cedidos de los servidores con hachas en
das, y Floreas, á caballo al lado de la por
la, cruzaba miradas de amor con la h
!solda.
Repentinamente,al llegará una encruci"
un furiorn golpe de viento apag6
chas, y el caballo de Floreas, espan
encabritó. A pesar de los ,izfuerzos de su
te, se desbocó á todo correr á través del
po ..... .

law

LA CRUZ DE LA J.;.XPIACIÓN.

En el cielo no había ni luna ni estrellas....
El viento silbaba en los árboles y los buhos
lanzaban gritos siniestros... El miedo se había apoderado del corazón del pobre caballero, que esperaba ser destrozado de un momento á atro ...
De repente tuvo una exclamación de alegría.

Le pareció ver luces que brillaban á lo lejos: creyó que serían las antorchas de la escolta y consiguió dirigir hacia ellas el galope
desenfrenado de su caballo.
Pero esas luces ¡ayl no eran sino fuegos fatuos que brillaban sobre un pantano, en el
cual fué á enterrarse el caballo con su jinete.
Cna forma blanca se irguió ante Floreas,
lo estrech6 contra sí, y soldando los labios á
sus labios, ahogó su grito de espanto en un
grito de amor!

Domingo 29 de Noviembre de 1903.

La Cruz de la "fxpia(ión"

AL DIOS AMOR

En la capilla de San
.José, en Catedral, donde
se conservan, como es sabido, los restos de los héroe!, de la Independencia ha sido colocada una
sen'cilla cruz de pino, de
más de cinco metros de
altura.
La cruz, que nada tiene al parecer d6 notable,
está provista de pequeños
compartimientos, en cada uno de los cuales, á
guisa de reliquias, se
guardan terrones y fragmentos de madera de los
edificios que pertenecieron en otro tiempo á la
Iglesia, y que, en virtud
de las Leyes de Reforma,
pasaron á ser propiedad
de la Nación, demoliéndose á medida que ha sido
necesario, ya para el establecimiento de escuelas
ó edificios análogos, 6
bien para abrir nuevas calles que faciliten el tránsito en la población.
La cruz, que se C'onoce en Catedral con el
nombre de «Cruz de la
Expiación», es, desde que
«El Imparcial» &lt;lió la noticia ,le que allí se encontraba, objeto de la curiosidad de los fieles y
de los turistas.

El carro deja de la cipria diosa
¡Ligero Amor! y el ala presurosa
Tiende á la margen del sonoro río,
Donde, radiante de beldad, se bafia
La que es tormento mío.

00
En la Escuela de Artes
Publicamos en este número una fotografía
en que a.parecen los Sres. :Ministro de Justiciaé
Instrucción Pública, Lic. Don J ustino Fernández, y Subsecretario de Instrucción, Lic.
D. Justo Sierra, así como algunas damas y
caballeros concurrentes á la inauguración de
la nueva planta de fuerza motriz de la Escuela
de .Artes y Oficios.
La fotografía á que nos rderimos fué tomada por los empleados del Establecimiento.

Bajo el amplio dosel de la verdura,
Entre las linfas que el retozo empaña,
:Mientras al juego sin temor se entrega,
Resalta la esbeltez de su cintura
Como una ánfora griega.
¿"N'o miras su garganta tentadora,
Su cabellera., envidia de la aurora,
Y sus traidores ojos,
Por su diáfano azul, del cielo enojos?
Toma de tu carcaj el más agudo
Dardo ligero y fuerte
Que para ti Vulcano forjar pudo:
De su pecho desnudo
:Mira, ¿no ves en el izquierdo lado
Fresco botón rosado
Que se destaca sobre el seno breve
Como una flor en medio de la nieve?
¡Allí está el carazónl ¡El dardo lanza,
Y logre su castigo y mi venganza!
Mas ¡ay! en va.no cuidadoso acechas,
El pulso firme, el ánimo seguro:
¡Sobre ese mármol culminante y duro
Se embotarán tus aceradas flechas!
ENRIQUE GoxzÁLF:z MARTIXEZ

"

TRAS lAS l~EJAS
Inmóvil, y clavada la pupila
sobre el mar el vencido caballero,
al choque de las olas, el reguero
de plata ve que el torre6n destila.
La hosca mirada del guardián vigila
en la sombra, tenaz como el acero;
y en el sordo rencor del pri"lionero
de sus recuerdos el tropel desfila.
· Crece la noche ... ¡Su adorada espera!
Por el aire, cual música de gloria,
rumor de besos la ciudad düunde.
Y siente el arlalid cómo ligera
hierve su sangre en ansias de victoria,
¡porque el amor en sus entrañas cunde!

Félix L. Campuzano.

A la misma hora se derrumbaba el castillo
de Kerhaveguen, construí&lt;lo, por los genios en
una noche, no quedando mas que un. ~ontón
de piedras, en una de la~ cuales se d1stmgue,
esculpida, una mano abierta..
D. FLEUÚ.

00
BOHEMIA
En con tréla al azar en mi camino,
Y ante esa aparición gehtil y pura,
Tuvo la senda de mi beh·a oscuta
Su miste1ioso lampo repentinó.
Jo-uales rumbos nos trazó el destino,
Ma; despué~, por su culpa, en su locura,
Rodó al abismo como flor impura
(!ue arrebata, al pasar, el torbellino.
Angel caído, al levantarse quiso
Disfrutar del alegre paraíso
Donde el ideal primero le sonriera.
Y por rudas tormentas combatida,
Cruzó por los zarzales de la vida .
Con rumbo hacia el país de la quimera.

luan Aymerécñ..

EX LA ESCGELA DE ARTES Y OFICIOS.-EL SE~OR MIN'ISTRO m: JUSTICIA y LOS IN\'ITADOS
Á LA INAUGURACIÓN DE LA NUEVA PLAN'rA DE FUERZA MO'l'RIZ

�bomingo 29 de·Novlembre de 1903.

:ítL MUNDO ILUSTRADO

¡Cuánto esfuerzo perdido en las rompientes
que la espuma blanquea(.
¡Qué eterno forcejear en las corrientes,
contra viento y marea!
¡Siempre siempre huracanes desatndos
y ~scollos eEcondidos!
Y siempre, sobre mares ignoradoi,,
cielos desconocido~!
Hústa la aguja ni polo dirigida
mi cálculo burlaba,
Y ÍL maléfico influjo sometida,
del rumbo me apartaba.
Y así he buscado el puerto, de año en año,
siempre con vano empeño:
¡Toda nueva promesa, nuevo engaño!
¡Todá esperanza, sueño(
Xo fué sólo furor de los ciclones:
¡culpa cabe al piloto!
¡Qué de velas, Señor, qué de timones
mi torpe mano ha roto
Y aún sigo, entre los duros elementos,
sobre el hirriente abismo!
¡Cansado estoy del mar y de los vientos!
¡Cani-ado de mí mismo!
Ya, en rní, cuanto descubro no provoca
ni un temor ni un dei,co:
,
Sólo siento subírseme á la boca
F.
la náu~ea del mareo;
Ni un recelo cobarde me da guerra,
ni una ambición me anima.
¡Tierra, Señor, te pido! ¡Tierra! ¡Tierra!
¡ Pt:ro échamela encima!

Notas Extranjeras
Los pueblos que aun no pasan las riberas
de la civilizaci,m, los que cuentan generaciones largas de vida, pero han perma~ecido
siempre en cierto estado de somnolencia, de
paresia social, son los más á propó!-ito para
que las supersticiones encuentren un ancho
campo en que germinar y den frutos de los
mayores y más curiosos.
La rebeli6n que contra el poder del Sultán ha ensangrentado los vericuetos de los
Ba.lkane~, no ahora, sino desde hace muchos
afios, ha obligado á la atención púb!ica á
volverse hacia aquellas apartadas regiones,
en las cuales un pueblo extraño, mezcla rara de
europeo y de asiático, vive la existencia mon6tona de la esclavitud y del trabajo.
Entre los pueblos que forman las provincias septentrionales de Turquía - lo mismo
las que aun permanecen en poder de Abdul
Hamid que las que han sacudido, en parte,
el yugo de tan cruel soberano, - algunos
existen de lo más anormal que pueda darse.
El pueblo de Rumanía, por ejemplo, recuerda, vaga, remotamente la época ,m la que
los soldados romanos, al mando de Trajano,
extendían los lindes del Imperio hasta más
allá del Vístula y hasta las montañas de Escocia, y recuerda también su ori~en ( que
aún queda grabado en el nombre mismo del
país: Rumanía), y ha deificado al Emperador Romano, uniendo en una mitología in-

SEHV!A.-LOS ENFER'.\10S EN LA &lt;SELVA ENCANTADA.&gt;

haga más en beneficio de
su enfermedad que las
emanaciones de los pinos, saludables y balsámicas.

***

Recientemente se registraron en París motines
sangrientos que procedían de una causa meramente infantil, pero que
muestran lo que es e3a
«alma de \as multitudes,&gt;,
variable, amenazadora,
débil y enérgica. á la vez.
Se reunieron en la Bolsa
del Trabajo algunos empleados que pretendían
hacer una protesta contra
cierta forma de elección
que existe para cubrir las
plazas de los empleados
municipales.
En días anteriores se
había presentado ante el
Parlamento una moción
en la que se protestaba
precisamente contra la
forma misma en que tal
elecci6n rle empleados se
hacía. Los hombres reunidos en el mitin de la
Bolsa del Trabajo, aunque sabían esto, no qui-

sieron, no pudieron esperar el tiempo
hubiera sido justo, para ver si sus p
tenían efecto, antes de recurrir á los m
violentos.
Algún orador estrepitoso tom6 la pala
Habl6 de «los derechos sagrados del pu
vilmente hollados», 6 bien se extendi6
ca de «la inviolable ley de vida que regía i
sociedades humanas, contra la que el A
tamiento de París trabajaba sordamente
sombra.» Y el resultado fatal fué que,
pués de una pequeña algarabía, formada
el mismo !lal6n de sesiones, la Guardia
blicana se vi6 en la ineludible precisi
usar de la fuerza para reprimir el escán
de!'alojando el local.
Fué eso suficiente para que los cerebros
}orados, dementes, de la multitud, sugi ·
ideas de sangre. Los amotinados se arma
hirieron á los defensores del orden, que i
vez se vieron forzados á hacer uso de BUI
padines. La confusi6n fué atroz. Loa o
res elocuentes desaparecieron como por
til16n, y los pobrei:s hombres del pueblo,
pasa siempre, fueron los que recibieron
más duro de los golpes, sin darse cuenta
daderamente de por qué se encontraban
aquel desorden y de cuál era. la causa que
fendían.

***

Ha muerto recientemente en su quieto
tiro de Charlotenburg, el Profesor T
Mommsen, una de las más envidiables cel
dades alemanas.

PA.RIS.-LA POLICÍA REPRIME LOS ESC.\NDALOS HABIDOS
FRENTE Á LA &lt;BOLSA DEL TRABAJO.&gt;

fantil las remembranzas de una época remota y las ,mpersticiones actuales. Para los
campesinos rumanos, Trajano es la deidad
tutelar de los campos.
Los servios son parientes cercanos de ellos.
Y los servio,- conservan también tradiciones
pintorescas, crédulas las unas, religiosas las
más, como la que representa el grabado que
ofrecemos á nuestros lectores.
En los alrededores de Relgrado-la capital de los infelices monarcas aj ustidados en
un levantamiento pretoriano, - se encuentra una selva muy vieja, muy extensa, muy
obscura. Poblada de todas las ficciones del
ensueño, llena de todos los terrores de la
sombra, los servios guardan ¡,ara ella un respeto religioso. Pegan en los troncos roídos
por el tiempo, las insignias de sus santos fa-

Domingo 29 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

voritos. Y llevan á sus
enfermos, á sus pobres pacientes, á que
las emanaciones resinosas de los pinos les
alivien los pulmones
ulcerados por la tisis.
Porque la tisis es una
de las más comunes
enfermedades entre los
campesinos servios.
La tradición hace de
la ((Sel va EncA.ntada,,
de Belgrado un sanatorio g1 atuito para los
pobres. Quizá la fe,
la gran fe de los débiles y de los oprimidos,

FEDI\RH:O BALART.

00

CRISANTEMAS

TLODORO MC;.MMSJ&lt;:N, CÉLEBRR lllS'IORLAI:OR Y FlLÓLCGO.

Gráciles crisantemas,
Las pálidas, las blancas, las enfermat',
Las que impregnaron los rizados pétalo&lt;;
Y matizaron las coronas trémulas
Con blancos rayos de la luna l!ena;
Las que en sus tallos débiles
Se ven temblar anémicas
Sin brisa que las mueva,
Porque estremece sus corolas frúgiles
Indeciso vibrar de neuarstenia;
Amables cri~antemas,
Símbolos de mi amor en primavera,
Cuando os miro, doliente y angustiado,
Desde las ruinas donde mi alma sueña,
Parece que se impregnan vuestros pétalos
De la apacible luz de mi tristeza.
Ignacio CJ3ra&lt;r10 Befancourf.

No era alemán de nacimiento. Había nacido, hact: ochenta y seis afios, en Dinamarca;
pero dei;de sus primeros afios fué con ~us padres á su patria adoptiva, en la que hizo sus
estudios superiores.
Mommsen fuéunade las grandes figuras modernas, especialmente como historiador y como fil6logo. Sus obras, escasas, pero monumentales son el criterio que se consulta con
mayor f;ecuencia en materia de historia, de
Roma especialmente.
l\lommsen fué un gran estudiante. Su existencia entera la dedicó á estudiar, y como tenía un gran talento, el fruto de sus estudios
ha sido grande y notable, pero tenía el grave
defecto de hacer política.
Fué Mommsen el gran enemigo de la p_olí.tica &lt;le Bísmark. Se ~ió pen•eguid?, en d1st!~tos períodos de fiU v1&lt;ln, por sus 1&lt;leas pohll;
cas, y fué, quizás, el único hombre qu~ logro
imponerse á la voluntad soberana, rectllín~n,
ag'uda como una espada, del Canciller de Hie

ABATIMIENTO
Llegó al fin lo que el alma dolorida
me daba por presagio:
(Milésima ilusión desvanecida!
¡Milésimo naufragio!

00
Es una ley del acrecentamiento del bienestar, el multiplicar las necesidades con mayor
rapidez que los medios de satisfacerlas. -YAJ.TOUR.

rro.
Los funerales de ~fommsen fueron un duel_o
nacional en Alemania. El Emperador Guillermo fué de los primeros en enviar su ofrenda floral á la cnf.a mortuoria. El pueblo en
masa, que quería mucho ál ¡?ran historiador,
acompañó sus restos mortales hastn el cementerio.

PARIS.-LA POLICÍA EN LA &lt;BOLSA DEL TRADAJO.&gt;

m

ALREDEDORES DE )IEXICO.-:t:N EL CANAL DE LA VIGA.

�Domingo 29 de Noviembre de 1903.

La Celeste Aventura
&lt;Echa tu red y sacarás
un gran pescado; en su
boca encontrarás una moneda de plata, con la cual
pagarás el impuesto del
César&gt;.
Nu~ro Te,ta!nenlo,

Ahora, cuando sor Eufrasia, esa divina criatura ha desaparecido, hundiéndose en la Luz,
¿por' qué ocultar aún el sentido humano del
ccmilagro» que la deslu~br6? De.seguro, la noble santa-que acaba de extmgmrse á los veintiocho años, superiora de una orden de Hermanitas de los Pobres, fundada por ella en
Provenza,-no se hubiera escandalizado al conocer el secreto «físico» de su súbita vocación
ni. esto hubiera turbado un solo instante ¡~
visi6n de su humildad ...... Pero, á pesar de
todo, es mejor que no haya yo hablado hasta
el día de hoy.

***

A co~a &lt;le un kilómetro de Aviñón se elevaba, en 1860, no lejos de las verdegueantes recaladas, hacia arriba del R6dano, una casucha
solitaria, de s6rdido aspecto; horadada, en su
único piso, por una sola ventana de herrados
contramarcos, se destacaba visible, frente IÍ. un
VERACRUZ.-LA AVENIDA ALLENDE, DESPUÉS DEL INCENDIO DEL DÍA 18.

El Incendio en Vera.cruz
E l más importante de nuestros puertos ha
sufrido, en el espacio de tres horas, una de las
catástrofes más terribles que se hayan registrado en el país, de largos afios á esta parte.
Un incendio imprudentemente provocado, y
favorecido por la fuerza de un norte formidad le, destruy6 siete manzanas de la ciudad,
bejando sin hogar y en la mlÍ.s completa miseria á mil quinientas personas.
El fuego, según se ha comprobado, se inici6 en la casa número 18 ele la Avenida Bra, vo, y fué poco á poco propagándose ha~ta invadir, primero, casi toda la manzana en que
ei&lt;taba situada la referida casa; pas6 después
á otra manzana, y de ésta á dos de las conti~uas y á cuatro de las ubicadas en la calle de
Guerrero.
La parte de la poblaci6n consumida por el
voraz elemento, formaba una de las principales barriadas industriales de Veracruz. Las
pérdidas que sufren, con este motivo, las clases trabajadoras, son, relativamente, enormes.
En este número publicamos fotografías que
representan los lugaret&gt;, llenos ahora ele escombros, donde se levantaban los edificios que destruy6 el fuego; así como una vista general del
puerto, y otra en que aparece una de las calles principales ele la poblaci6n.

EL INCENDIO EN VERA CRUZ-ESQUINA DE LA CALLE DE GUERRERO.

EL INCENDIO EN VERACRUZ.-RESTOS DE LA TIENDA

protector cuartel de gendarmería, situado en
los arrabales, sobre el camino.
Alli vivía, desde largo tiempo atrlls, un viejo israelita á quien llamaban el padre Mosé.
No era un vil judío, á pesar de su apagada faz
y de su frente de quebrantahnesos, de la cual
un bonete, de tela y color ya no muy preci_sos,
cubría y resguardaba la calvicie. Aún vinl, Y
nervioso sin embargo, hubiera sido capaz de
hostigar desde muy cerca á Abasverus, en algunas marchas forzadaE&lt;. Pero apenas salía. Y
no recibía sino con grandes precauciones. Por
la noche, todo un sistema de trampas y de
lazos lo protegían detrás de su mal cerrada
puerta.
Servicial, sobre to&lt;lo con sus correligion~rios, caritati.vo, sin embargo, para con todos,
no perseguía más que á los ricos, á los cuales
s61o prestaha, prefiriendo siempre atesora~.
• De este hombre prácticn y temeroso de D108,
las ideas ef'cépticas del Riglo no a Iteraban en
na&lt;la la f'alvaje fe, yMof'é ornbaentredos usu·
raR tan bien como entre doR limosnas. Noca·
reciendo de un cierto extraño corazón, seem·
peñaba en «retrihuir los menores servicios». Y
hl vez hubiera Rido sensible al fresco paisaje
que Ee extendía delante de su ventana, en los
niomentos en que exgloraba con sus ojos de un
gris claro los alredec\füé's ......
Pero una cosa lejana,' establecida sobre una
&lt;LA PLATA, &gt;

Domingo 29 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSfflADO

eminencia y que dominaba los prados ribereños hacia abajo del río, le echaba á perder el
horizonte. Esta cccosa», de la. cual apartaba la
vista con una especie de fastidio, muy concebible por otra parte, le inspiraba una insoportable aversión.
Era un antiquísimo cccalvario», tolerado, á
título de curio~idad arqueológica, -por las actuales autoridades edilicias.
Era necesario subir veintiuna gradas para
llegar á la gran cruz central, que soportaba un
Cristo gótico, casi borrado por los siglos, entre
las dos ci'Ucef:11 más pequeñas, de los ladrones
Dimas y Gestas.
Una noche, el padre l\Iosé, con los pies sobre un escabel, inclinado, las gafos en la nariz, el bonete contra la lámpara, sobre una
mesita cubierta de diamantes, oro, perl:iR y
papeles preciosos, ante su ventana abierta a 1
espacio, acababa de verificar sus cuentas sobre
u n polvoriento registro.
¡Se había retardado mucho!. ..... Todas las
facultades de su ser se concentraro1 tanto en
el trabajo, que sus oídos, sordos á los vanos
ruidos de la naturaleza, permanecieron indifer•mtes, durante horas enteras, á... cie1tos
gritos lejanos, numerosos, diseminados, terribles, que toda la noche habían estado atravesando el silencio y las tinieblas.
En ei:;e momento, una enorme luna clara
descendía de los espacios azules y no se oía ya
ru mor alguno.
-Tres millones! ... exclam6 el padre :Mosé,
colocando la última cifra debajo de los totales.
Pero la alegría del viejo, exultando en el
fondo de su corazón, lleno del ideal realizado,
concluy6 en un temblor. Porque-sin Jugará
un segundo de duda,-una glacial sens!l.ción
le invadía súbitamente los pies, tanto que, rechazando el escabel, se levant6 inmediatamente.
¡Horror!. .. El agua, á borbotones, inundaba su cuarto, bañándole las flacas piernas .....
La casa crujía. Sus ojos, al través de la ventana, vagaron por el exterior, y vieron, dilatándose, el inmenso río, cubriendo llanuras y
caro piñas ... ¡Era la ir.undaci6n 1... ¡ Era el desbordamiento súbito, siempre creciente y terrible del Ródano! ......
-¡Dios de Abrahánl-murmur6.
Y sin perder un instante, á pesar de su pánico terror i-e sac6 y arroj6 sus vestidos, si..1vo el reme~dado panta16n; se descalzó, introdujo, todo mezclado, en una pequeña bols11. de
cuero [que se colgaba al cuello], lo más precioso de su mesa, diamanteA y papelel:'1, pensando que, bajo las ruinaR de su casa, después
del suceso, sa.bría encoIJtrar muy bien el oro
desaparecido.
¡Flac, flacl vadeaba la pieza para t?mar, de
sobre un viPjo cofre, un paquete de billetes de
banco, ya pegados y mojados.
.
Después subi6 á la ventana, y pronunciando tres veces la palabra cckadosch», que significa c&lt;santo&gt;, se precipit5, conocié!'.!dose como
buen nadatlor, (t, la gracia de su Dios.
La casucha se despl?mó detrás de él, sin
.ruido, bajo las aguas ......
¡ Y á lo lejos, ni una barca 1
¿A dónde huir? Se orientaba ha?ia A~ñ6n,
pero el agua alargab~ ahora la dista~c1a. ¡Y
era lejos para él! ¿Donde reposar, donde hacer pie?
¡Ah! ...... ¡El único punto lumin::&gt;so, ~llá
lejos. sobre la altura, era ...... ese «calvar10&gt;1,
cuyas gradas desaparecían ya bajo el hervor
d';' las olas y los remolinos de las aguas furiosas.
- ¿Pedir asilo á esa imageu? ¡No, jam_ásl
El viejo judío era grave en sus creencias, y
bien que el peligro lo apurase,. bien que las
ideas modernas y los compromisos que ellas
inspiran estuvieran lejos de ser ignorados por
él, le repugnaba el hecho de debe~, aunque no
fuese mlÍ.s que la salud terrestre, a ... «ese que
estaba allí» ......
En ese instante su sombra, proyectándose
sobre las aguas ed que temblaban los reflejos
de las estrelias, hubiera hecho pensar en el
diluvio.
Nadaba al azar. De súbito, una reflexi6n
siniestra é ingeniosa cruz6 por su espíritu.

VERACRUZ.-v¡STA DEL PUERTO.

-Olvidaba-se dijo, soplando (y el agua
chorreaba desde las dos puntas de su barba)olvidaba que después de todo, esti allí ese
, _que no veo
pobre de c&lt;mal' ladr6n» ... A f e mia,
ningún inconveniente en buscar asilo cerca de
ese excelente Gestas, mientras vienen á salvarme.
Se clirigi6, pues, escrúpulos aparte y á
enérgica brazadas, á través de las undosas volutas de las aguas y en el hermoso claro de
luna, hacia las Tres-cruces.
.
Al cabo de un cuarto de hora, a parecieron
éstas colosales, á un centenar de metros de
sus ~iembros casi helados y aniquilados. Se
elevaban en ese momento, sin soporte visible,
sobre las vastas aguas.
Mientras las miraba, jadeante, tratando de
divisar, á la izquierda, el patíbulo de su preferencia he aquí que las dos cruces laterales,
más frágiles que las del medio, crujieron, empujadas por la corriente del R6dano; la carcomida madera cedió, y, en medio del terror,
ambas cayeron hacia atrás, en la espuma, silenciosamente, haciéndose una especie de pavorosa salutaci6n.
l\Iosé pernaneci6 sin avanzar, hosco, feroz,
ante ese espectáculo. Se hundi6 por un momento y luego sali6, echando de la boca dos
chorros de agua.
En ese momento, la gran Cruz sola, ccspes
unica» recortaba su signo supremo sohre el
fondo 'misterioso del espacio. Exhibía á su
pálido Coronado de espina!:&gt;, clavado, los brazos
extendidos, los ojos cerrados.
El viejo, sofocado, casi desfalleciente, no
teniendo más que el instinto de los seres que
se abogan, se decidi6, desesperadamente, á
nafar aunque fuera hasta el sublime emblema;

el oro que debía saivar triplicaba sus últimas
fuerzas y lo justificaba á sus ojo~, á los que
una inminente agonía volvía turbios. .
Llegado al pie de la Cruz-muy á dis~usto
suyo, dicho sea en su alaba!1za,-y al_eJa~do
de· ella su cabeza lo más posible, se resigno el
escapado de las aguas á asir y rodear con sus
brazos el árbol del Abismo, el cual, aplastando por la base toda: ra~6n human~, divide el
Infinito en cuatro mevitables camrnos.
El pobre rico hizo pie; el agua subía, soliviándolo basta medio cuerpo; alrededor de él,
la diluvial extensi6n muda.
-¡Oh! ¡Allá abajo, una vela, una embarcaci6nl
Grit6.
Viraron: lo habían visto.
En ese instante, una súbita elevaci6n de las
aguas ( alguna barrera que se rompía e11 las
sombras) lo llev6 hasta la llaga del costado.
Fué esto tan terrible y tan rápido, que apenas
tuvo tiempo de estrechar, cuerpo á cuerpo y
faz á faz, la imagen de: Ex piador, y de suspenderse, la frente hacia ~trás, las grue1,as cejas contraídas sobre sus miradas pen~trantes y
oblicuas ·mientras que removía hacia adelante toda~ temblorosas, las dos puntas horqui' de su barba gris.
.
lladas
El viejo israelita, entrelazado á horcajadas
ante Aquel que perdona, y no pudiendo soltarse miraba de reojo á su &lt;csalvador».
'-¡Teneos firme, qne ya llegamosl-gritaron
voces perceptibles.
--¡Al fin!. ... -refunfufi6 el padre Masé, á
qui.en sus músculos extenuados iban á traicionar.-Pero.... he aquí un servicio que me ha
prestado algui~n ... ¡de quien no lo !sper~bal
Y como no qmero deber nada á nadie, es JUS·

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VERACRUZ,-UNA CALLE,

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�ARTES

L.a Buenaventura.--¿Volverá por mt?

�Domingo 29 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

=

Cántico del Sol

Tom6 el oro, y sin siquiera asombrarse, se
levant6; bes6, sonriente, los sagrados pies, y
se fué hacia. la ciudad.
Habiendo remitido al razonable po~adero
los seis francos en cuestión, esper6 el día, allá.
arriba1 en su camita helada, comiendo su pan
seco d urante la noche, con el éxtasis en el coraz6n, el cielo en los ojos, la sencillez en el
alma.
Desde el día siguiente, penetrada de la fuerza y de la claridad vivientes, comenzó su obra
santa á través de los rechazos, las puertas herméticas, las palabras malignas, las amenazas
y las sonrisas ......
Y qued6 fundada su obra de luz.
Hoy, la joven bienaventurada acaba de volar en realidad, victoriosa de las burlonas y
sarcásticas ruindades de la tierra, toda radiante del «milagro» que cre6 su fe, de concierto
con Aquel que permite la aparición de todas
las cosas.
L'IsLE-ADA~r.

Señor alto, poderoso y ' bueno, tuyas son las
alabanzas, la gloria y bendición toda. A ti sólo se deben, y hombre alguno es diguo de nombrarte.
Loado seas, Señor mío, con todas tus criaturas, especialmente mi Sefior hermano el Sol,
que nos da la luz y el día, y es bello, esplendoroso y radiante, y da testimonio de Ti.
Loado seas, Sefior mío, por la hermana luna y las hermaI.Jas estrellas. Claras, bellas y
preciosas las formaste en los cielo!!.
Loado seas, Sef\or mío, por mi hermano el
vieflto; por el aire, las nubes, la calma y los
tiempos todos; con ellos sustentas tus criaturas.
Loado seas, Señor mío, por la hermana agua,
que es utilísima, preciosa, casta y humilde.
Loado seas, Sefior mío, por el hermano fuego; con él alumbras la noche, y es hermoso,
alegre, fuerte y robustísimo.
Loado seas, Sefior mío, por nuestra hermana la madre tierra, que nos nutre y sostiene,
y produce frutos diversos, hierba y pintadas
flores.
SAx FnA.,crsco DE Asís.

00

Cantares Mexicanos

U:-.A HOJA DE LOS &lt;CANTARES MEXICANOS,&gt;

to que lo retribuya... como lo retribuiría á un
vivo. Dém~sle, pues, lo que daríamos á un
hombre.
Y mientras que la barra se aproximaba,
~fosé, en su orgánico celo de hacer siempre lo
que se pudiera para pagar, registr6 e:-i su bolsillo y sacó una moneda de oro, que introdujo
gravemente y lo mejor que pudo entre los dos
dedos replegados sobre el clavo de la mano
derecha.
-¡Coriiente!-murmuró dejándose caer,
casi desvanecido, entre los brazos de los marineros.
El temor muy legítimo de perder su bolsa
de cuero lo mantuvo firme basta la recalada
de Aviñ6n. El caliente lecho de una posada
lo reconfortó.
Fué en 1::sa ciudad donde se estableci6 un
mes después, habiendo recobrado su oro bajo
los escombros de la antigua morada, y fué allí
donde expiró, en su centésimo año.

***
Ahora bien, en diciembre del año siguiente,
sucedió que una joven del país, una pobrecita huérfana, de rostro encantador, Eufrasia,¡qc*,
atrajo la codicia de ricos burgueses de la Vaucluse, los cuales, desconcertados por sus inexplicables rechazos, resolvieron tomarla por
hambre.
Fué bien pronto despedida, á instancia de
aquéllos, del obrador en que ganaba el franco
cuotidiano de su subsistencia y buen humor,
en cambio de once horas, solamente, de trabajo. [El obrador era sostenido por una de las
famihas más recomendables de la ciudad.] El
mismo día fué igualmente despedida del cuartucho donde daba gracias á Dios, mafiana y

noche; porque, hay que ser ju!.lto, el hotelero
que tenía niños que sostener, no debía, «n¿
podía)), en conciencia, resolverse á perder los
·seis bermOSúB francos mensuales del minúsculo desván que Eufrasia ocupaba en su casa.
«Por honrada que seas, dijo él, «no es con
sentimiento con lo que se pagan las contribuciones». Y por otra parte, tal vez sea «para su
bien», agreg6 guiñando el ojo, «que debamostrarme rip;uroso».
De modo que, en un crepúsculo de invierno, cuando el claro sonido del ((Angelus» pasaba en el viento,. la temblorosa y desafortunada niña marchaba á través de las e&amp;.lles de
nieve, y no sabiendo á d6nde ir, se dirigió hacia el «calvario».
Allí, incitada muy. probablemente por los.
ángeles, cuyas alas soliviaban sus pasos sobre
los blancos peldaños, se echó al pie de la profunda Cruz, chocando con su cueTpo contra el
eterno leño y murmurando estas ingenuas palabras:
- Dios mío: socórreme con una limosnita
ó voy á morir aquí mismo.
'
Y-¡cosa de asombrar al entendimientothe_ aquí que, de la ma~o derecha del viejo
Cristo, hacía el cual los OJOS de la suplicante
se elevaban, una pieza de oro cayó sobre el
vestido de la niña, y este contacto, con la sensaci6n 8iempre dulce y nunca turbadora del
milagro, la reanimó.
Era la pieza una moneda ya secular con la
efigie del Rey Luis XVI y cuyo oro amarillento b_rillaba sobre l~ falda negra de la elegida.
Sm duda, también alguna cosa de Dios cayendo al mismo tiempo sobre el alma virginal de aquella bija del cielo, reafirmó su valor,

Entre los innumerableEI manuscritos antiguos que se conservan en la Biblioteca Nacional, fué encontrado no hace mucho, por el señor Don José María Vigil, uno en que están
reproducidos en lengua «náhuatl• los cantares
mexicanos más usuales, antes de la Conquista, entre los aztecas.
El sefior Presidente de la República, al tener noticia del hallazgo, dispuso que se ,meara del•curiosísimo manuscrito una reproducción P,n fototipia, la cual se ha comenzado á
hacer, bajo la direcci6n del selior Dr. Antonio Peñafiel, en los talleres de la Secretaría de
Fomento.
Se cree que los «cantares», transmitidos de
generaci6n en generaci6n entre los -iztecas,
fueron coleccionados por alguno de los misioneros que en los primeros tiempos de la Conquista se dedicaron, con loable empeño, á
salvar de la destrucci6n los más notableA monumentos y escritopinturas históricas de los
indios. Esta opini6n se apoya en el hecho de
que en los «cantares» se encuentran algunas
ideas cristianas, que fueron indudablemente
intercaladas por el coleccionador, á. fin de
adaptar el texto á las creencias religioeas.
Los «cantares», según se nos informa no
han sido aún traducidos al castellano. '

Doml.Dgo 29 de Noviembre de 1908.

MlNERAL DE CONCHF.S!O (t;HIHUAHUA).

Por el Estado de Chihuahua
Completamos la serie de fotografías del Estado de Chihuahua que hemos venido publicando en este semanario, con algunas vistas de
dos de los minernles más importantes de aquella región de la República.
Estos minerales, donde encuentra ocupación
actualmente un gran número d-3 trabajadores,
y que se conocen con el nombre de «Conchefi.o» y ccPinos Altos». se bullan situados á las
faldas de la Sierra ~ladre, en comprensiones
del Distrito de Rayón.
La parte de terreno que ocupan las diversas
instalaciones, como pueda verl"e en nuestros
grabados, es muy pintoresca y ofrece, en conjunto, uno de los panoramas más bellos del
Estado de Chihuahua.

00
RIVALIDAD
Cierta noche en que el mar se retorcía
ante su inmenso pefiascal á solas;

un trueno asordó el aire, y parecía
que con su voz rivalizar quería
el formidable grito de las olas!
Iluminado por vivaz meteoro,
desgarrando sus nubes dijo el cielo:
ni las montañas con !!US minas de oro
ni el ancho mar i¡zualan el tesoro
de estrellas que fulguran en mi velo!
A lo lejos el bosque adormecido,
al bañarlo la luna en eus fulgores,
despert6 de su sueño, y sonreído,
á un alcázar de gemas parecido
abrió su arcada.... y se inund6 de flores!
¡El mar rugió!... y ante la noche llena
de flores y de innúmero!! ciriales,
rompi6 de !!US peñascos la. cadena,
y arrojó del playar sobre la arena
un diluvio de perlas y corale.c;!
.JUAN DuzÁN.

o

Es la religión un boya de salvamento al alcance de los náufragos de la vida.-CA)!lLÁs.

HACIENDA DE BENEFICIO DE CONCHE~O.

Copa de oro
Dame el buril con .que grabar solía
el artífice heleno, en copas de oro
ninfas danzantes en alegre coro '
y sátiros con rostros de ironía ......
En el contorno de la estrofa mía
grabaré, como artístico tesoro,
tu egregio busto, tu imperial decoro
y tu perpetuo abril de poesía ..... .
Mas tu copia mejor no Yale nada,
desque me ocultas con tu faz de diosa
el abismo de tu alma disoluta,
como Fi entre eFa copa burilada
me brindase!', con mano mentirosa,
envuelta en oro. la mortal cicuta!.. .. .

Jo!-f S. CnorANO.

:.UNERAL DE PINOS ALTOS
UNA CALLE DEL llllNERAL DE PINOS Al.TOS
( ClllRU AHU A),

(cHmUAHUA),

m

�Domingo 29 de Noviembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTR!ADO

FL MUNDO ILUSTR.ADO
Luego reflexioné en la pérdida, la enorme
pérdida de mis cultivos y de mis tubos de
colonias.

El G.6rm6n 06 ta Gt6rna Juv6ntuo
Me encontraba yo, ele vacaciones, en 'alta
mar, á bordo del yate «~Iirella•, que hacía la.
carrera entre Yalparaíso y Punta Arenas. La
tarde era tranquiln, y los pasajeros, después de
dos noches de tormenta pa~adas en la angustia. de los camarotes, cerrados herméticamente,
estábamos en grupos alegres charlando sobre
cubierta.
Entre todos, se distinguía un hombre alto,
serio, de amplia frente y mirada profunda,
que en los momentos de mayor confusión y
peligro, había estado valientemente tranquilo.
Era, sin duda, un hombre de ciencia, un hombre de mérito, y me atraía profundamente hacia él cierto aire &lt;le malestar, de enfermedad
física ó moral que le hacía pasar horas enteras
abatido, callado, en la contemplación del infinito móvil de las aguas.
Uno de tantos pretextos que en la navegación se enc,uentran fácilmente, me acercó al
hombre que tanto admiraba, sin conocerlo.
Le pregunté por su salud, que estaba ostensiblemente quebrantada. Sonrió simplemente y
me dijo su nombre: el Doctor :Mox.
Con sólo la enunciación de este nombre me
bastó para comprenderlo todo. El Doctor :Mox
había sido un sabio de reputación univer~al,
al que admiraba yo en la e;poca en que estudiaba medicina. Despué~, cuando ya era yo
un profei;ionnl, el interés que me intipiraba el
médico sabio y estudioso, creció por el hecho
de ,¡ue llegara á mis oídos cierta aventura de
la que apenas guardaba un vago recuerdo.
Era el Doctor ::\Iox el inventor de un procedimiento curativo que rayaba en lo maravilloso; pero el cho&lt;¡ue nervioso que recibió en
ciertos amores desgraciados, le hizo que olvidara todo: cienc;a, fama y gloria, y que se
retirara á vivir aislado. Ahora la casualidad
lo colocaba en mi ruta, y excusado es decir

con cuán tu afán lo interrogué, dt-1-,pués de haberle dado mi nombre, ignorado y pobre.

***

El Doctor )[ox, en la noche, cuando habíamos cenado, habló largamente conmigo, y de
su relación corn,en·o aún gnitos recuerdoi:. Me
contó la i,iguiente historia de su vida, de su
propia exie:tencia:
"Cuando terminé los
estudios en la Univerúdad de París, murieron en pocos meses todos mis parientes. Un
tío de California me
dejó una fortuna colosal. Nunca hubiera
tenido necesidad ya de
ejercer mi profesión;
pues, por otra parte,
me seducía más la idea
de seguir los cursos al
lado de alguno de los
grandes maestros de
las escuelas médicas
de Europa, y de dedicar mis estudios, mi
vida y mi fortuna á
conseguir algún descubrimiento de interés que fuera una bendición divina para la
humanidad.
«:\le dirigí á Viena,
donde existían en mi
época los mejores hospitales y en los cuales
sa.bía que las mejores
clínicas se encontraban. Al llegar, procuré informarme de las
circunstancias en que
podría estudiar mejor,
pues de tiempo atrás
bullía en mi cerebro
la idea de que «la ve•
jez, en sí, fuera de todo género de enfermedades, era el fruto de
una infección, lo mismo que cualquiera otra
dolencia». Por lo
to, buscaba con ahinco el momento de encontrar algún hombre
que µiuriera solamente de vejez, que no tuviera enfermedad al-

tan-

***

guna, en el que seguramente debería encontrar el germen de la ancianidad, en caso de
que existiera.
«En Yiena, en la primera semana de mi permanencia, conocí á Eisa. Era una. rubia hermo~ísima, de veinte años solamente, alta delJ?nda, cte ojos límpido:;, profundos y a;ules.
)le agradó su figura, y como de cual,¡uier manera habría de permanecer yo mucho tiempo
en la capital de Austria., ocurrí á los que hubieran podido conocer á Eisa, para ver de relacionarme con ella.
«ll:ra hija de un militar afamado, pero pobre.
Había muerto el padre cubierto de gloriosas
condecoraciones, sin dinero, y la viuda, que
en anteriores épocas había sido &lt;lami de honor
de la Corte austriaca, vi vía muy mode~tamente, procurando ocultará. sus numerosas relaciones la inopia de su existencia, :;in conseguirlo, por supue¡;to.
«Las anteriores informacioneE me sirvieron
desde luego. Busqué la manera de ser presentado á la viuda, y con el pretexto de que solamente en su casa habría de poder vivir decentemente, logré que me alquilara todo un
piso. InmediatamentP. cambié mi laboratorio.
«La. familia. estaba formada solamente por
la viuda, Eisa y un viejo perro de Terranova,
que se llamaba Max y que había llegado al
extremo de la vida y tenía la curiosa manía de
odiar á la viuda tanto como quería ÍL Eisa,
sin que para ello hubiera motivo de ningún
género.

***
«Mis estudios caminaban lentamente. En
ninguno de los casos en que me interesaba,
había logrado encontrar un hombre que no
muriera de enfermedad ó á consecuencia de
algún accidente. Cierta noche me fueron á
avfaar que en el hospital se encontraba un
hombre, anciano en extremo, que no padecía
enfermedad alguna. )le encaminé allá presuroso y llegué á tiempo para tomar unas cuantas gotas de su sangre. y desde ~uego,. e~ 108
tubos de gelatina que llevaba, hice mis siem·
bras, esperando que los microbios de la decrepitud, caso de existir, germinaran en ellos.
«Al día siguiente el infeliz bab~a muerto,
sin enfermedad, de simple agotamiento cau•
1:1ado por el siglo que había vivi?º· Fuí_al
hospital, me d1rigí afanoso al nucro.,copto,
para ver de encontrar el germen que afios h~cía estaba esperando, y tuve la ,inmensa di·
cha de ver en el círculo que alumbraban
las lente!! ai'nplifica.doras, el microbio claro,
distinto de todos los conocid&lt;'s, absolutamente
nuevo, e! germen de la vejez, y por lo tanto,
el principio de un suero que había de hacer'
los hombres jóvenes Pternamente. .'.\[uy tar·
de en la noche tomó mis aparatos todos 1
,
'
me volví á mi casa.
«Era una noche de invierno, apacible, muy
fría. Había nevado profusamente. Al volv~
una esquina cerca ya de mi casa, unos tri·
neos que regresaban de alguna diversi6n, ~e
atropellaron, arrojándome brutalmente '
rra. En los primeros momentos nada sen

u¿

«.'.\le deprimió intensamente el fracaso. Había visto en mis manos el germen de un maravilloso descubrimiento que me correspondía
por derecho, y una aventura ridícula me condenaba á seguir, por años enteros quizá co1riendo á través de. los hospitales en bus~a de
otro centenario que muriera sin enfermedad
alguna.
«Decidí correr fortnna, mejor, yendo á donde9uiera que ei:i el mundo supiera yo que
existía algúu ammal que fuera capaz de vivu
muchos años sobre el promedio que generalmente se ha concedido vivir á los seres crea?os. Hice mis preparativos para un largo viaJe, y el día en que me despedí de la viuda llérdembach-la madre de Elsa,-le dije sinceramente conmovido:
'
«--Voy en b~sca de a~go que me haga un
hombre por encima del mvel que habitualmente alcanzan los demás en esta vida. Tardaré
quizás unos cuantos meses, quizá unos cuantos años; pero quiero irme tranquilo. Señora,
pido á usted la mano de Eisa, para el día en
que haya terminado la misión que me he impuesto cumplir en la tierra.
«)le extrañó mucho la actitud de la madre
de Eisa. En su mirado. había más celos que
cariño materno. Me desconcerté por completo
ante la sospecha espantosa que pas6 por mi
mente en ese momento.
1
«Había sido la señora una dama de honor
de las más hermosas que habían pisado los salones de la Corte de Viena. Aún en sus cuarenta años, era hermosísima.
'
«Elsa, con gran contento mío, afirm6 á su
madre que era yo el único hombre que le interesaba, y que debería acceder la señora á mi
petición. Y con tal esperanza, partí para California.

***

«.'.\le habían afirmado que en California existe un grupo de árboles seculares. El Gobierno
americano ha preservado del hacha del leñador algunos ejemplares de precio inestimable. Se cree que estos árboles alcanzan vidas
de mil y de mil quinientos años. Y puesto
que son seres vivos, de existir, como yo losabía, el germen de la decrepitud, también en
ellos era posible que lo hallara. .
«Me instalé en un villorrio cerca del cual el
hermoso grupo de árboles milenarios se erguía.
Poco avancé en los primeros días. Cierta tarde, con grave desconsuelo mío, se presentaron
los alumnos de una escuela acompañados de
su profesor, que me interrogó largamente, sin
conseguir respuesta alguna categórica de mis
labios, acerca de mi intención al hacer aquellos estudios.
«Pero era un hombre de·ciencia, un observador, y en las pocas palabras que se me escaparon, comprendió cuál era mi anhelo, cuál'
el objeto de mi viaje y de mi permanencia en
tan apartadas regiones.
«A la mañana siguiente, cuando nos volvimos á encontrar, me dijo:
« -Seguramente intereeará á usted un ejemplar único que poseo. Se comprende que busca algún animal que haya pasado el término
normal de la existencia, y yo potieo una rana
que tiene más de cuatro mil años.
«-¿Cómo es posible? Las ranas no viven
tanto.
,,-En efecto - me dijo. - Habitualmente
la rana no vive tanto. Pero esésta una rana única. Yo mismo, en mis exploraciones en una
mina de carbón, la he sacado del alvéolo de un
block de antra.cita. Seguramente que ha permanecido en ese lolock desde la época de formación del terreno carbonífero, es decir hace
más de tres mil afios próximamente. '
«No pude contenerme. Le expliqué claramente el objeto de mi viaje, mi:; esperanzas
y mis observaciones. Y me regaló la valiosa rana, envuelta en unos algodones en una cajita
ele madera.
«Inmediatamente comencé mis trabajos. Una
incisi6n profunda me di6 una gota sólo de la
sangre de aquel batracio. La sembré inmedia-

ta1!1ente en mis tubos de gelatina. Al día sigmente tenía, de nuevo, mis «colonias• del
germen de la eterna juventud. Porque seguramente que en e:-ta vez, ya con la experiencia anterior, no habría de perderlas en vano.

***

«Llegué á Yiena en la noche. La madre de
Eisa estaba enferma; Eisa la acompañaba á
la cabecera de su lecho. De nuevo en el momento en que mi amada me besó' al d1ume
la bienvenida, creí sorprender en' la mirada
de la viuda aquel rayo de celos que me había turbado tanto á mi partida. En la misma
noche, Eisa, preguntándome el resultado de
mi viaje, supo que tenía por fin el germen en
mi poder. Inmediatamente me propuso que
lo ensayara en ~fax, en el viejo perro que durante mi ausencia había cegado y permanecía. horas enteras al pie del lecho de Eisa, esperando ya solamente que el último aliento
le faltara.
«Al principio me resistí á la insinuaci6n de
Eisa. Aún no tenía completos mis estudios·
quería experimentar, pam lanzar en seguid~
la nueva en todos los centros científicos.
«Pero Eisa insistí&amp;. Quería mucho al pobre
perro, que verdaderamente inspiraba lástima.
Me acabó de decidir la bienvenida alegre del
pobre animal, que, una vez que me reconoci6,
tuvo aún fuerzas para acariciarn1e.
«Preparé inmediatamente cierta cantidad
de mis cultivos, tomé los útiles necesarios y
le inyecté á :\lax una pequefia cantidad 'de
aquel líquido, que habría de hacer la eterna
juventud del hombre.

***

«Al día siguitmte, lo que primero me des-

Domingo 29 de Noviembre de 1903.

pertó fue la súbita aparici6n de un perro de
'ferranova, joven, robusto, vigoroso, que saltaba alegremente á mi vista y que me reconoció desd9 luego. Era )lax: el milagro estaba hecho. Era la p,imera vez que experimentaba el efecto de los cultivos, y la sorpresa me
paralizó por algún tiempo mientras el perro
i,altaba y corría por mi pieza.
:: «Después, e,1 vista de que podía ser solamente una coincidencia inexplicable, de que
no estaba aún seguro, y de que no podrían,
científicamente, aceptar mis ideas sin previa
experimentaci6n, propuse á Eisa que guardara
el más profundo secreto en cuanto á los resultados de la operaci6n en el perro, para que
no se divulgara la nueva.

***

«Entre tanto yo seguía activa, febrilmente
mis experiencias, en lo particular, sin declarar francamente el resultado de ellas á los demás médicos de los hol'lpitales que frecuentaba. Nunca me dejó de dar pleno resultado la
aplicación del «suero de la eterna jm·entud»,
como !e había llamado Eisa desde que se interiorizó lo bastante del procedimiento.
«Pero la enfermedad de la señora seguía. Los
demás médicos afirmaban que era. un caso
perdido, que solamente se podría mantener
aquella existencia por algún fümpo, más ó
menos largo, pero que no había remedio.

�«Eisa, con las lágrimas en los ojos, me pidió
que aplicara á fa enferma mi suero, que la
salvara, porque tenía ella la plena seguridad
de que solamente por tal medio se ali vi aría.
llfe negué lo más que pude, porque jamás me
había olvidado de la siniestra mhada de la
de nuestra existencia.

'""

Por fin, Elea, con la

***

«Me encontraba á la mañana siguiente en mi

estudio, solo, porque á falta de sueño, había
preferido hacor algunas observaciones. Repentinamente se abri6 con estrépito la puerta de entrada que comunicaba con un corre-

dor y percibí el sonido de un traje femenino
que se acercaba. Creí darle una sorpresa á Eisa, para refiirla en seguida, por haberse levantado tan temprano. Dos brazos blanquísimos pasaron por encima de mi cuello, y
una mejilla, ardiente, aterciopelada, se recli-

nó en la mía, al mismo tiempo que sentía el
dulce peso del cuerpecito sobre mí.
«Creo no haber pronunciado ninguna palabra. Solamente sentí que ardía mi cerebro y
que mi vista se ofuscaba en una deliciosa va-

guedad. Busqué, anheloso, los labios frescos
que se tendían hacia los míos.
«En esos momentos la puerta se abrió violentamente. Eisa estaba en ella, airada, despidiendo rayos de indignación por sus azules
pupilas.
-,¿Quién es esta mujer? me dijo, estrechándome el brazo. ¿Qué quiere esa mujer y
por qué razón tiene tales confianzas contigo?
«Aquel mismo día salí de Viena .. . Y busco

resplandecía con fulgores tremulantes y pálidosl
Yo la dije:

He mirado esfumarse en la albura
La silueta de un águila blanca,

-A vuestros pies y en la sombra; gusano enamora.do de una estrella, dejasteie para siempre enceguecida mi pu pila, y me devoraré de
dolor aquí abajo, mientras que vos brilláis arri-

La sefiora que reina en la altura

Y á los buitres las plumas arranca.

POEMA EN PROSA

tenacidad femenina, me afirmó «que en el ca-

so de que no le diera yo guata en tal cosa, juraba por la memoria de su padre que no habría de ser mi esposa jamás.•
«Tuve la debilidad de conmoverme. InyecM nuevamente mi suero á la señora, que eataba ciertamente grave, al grado que casi no se dió cuenta de 1,, operación. Terminada ésta, me volvieron á asaltar los remordimientos, y una especie de vago presentimiento me desconcertó.

BLA80N

aún en viajes larguísimos el olvido indispensable para mi existencia y para mi alma lacerada». -J. W.

viuda en los dos momentos m6.s significativos

Domingo 22 de Noviembre de 1903.

EL MUNÍXl ILUSTRIADÓ

lllt. MUNDO ll..USTRiADO

Domingo 29 de Noviembre de 1903.

ba. llfi alma os esperaba ha mucho tiempo.

No es el cisne ideal de Darlo
Ni es el fúnebre cuervo de Edgardo
No es el cóndor guerrero y bravío '
Lo que ensalza mi lira de bardo.

BL SURCO

Sobre el jaspe del lago, un barco de ébano,

En las aguas dormidas del ensueño navegaba
la barca de mi Amor, y mi ojos miraban mag-

netizados el horizonte por donde debíais venir .... .. Voy tras vuestro amor, impalpable y
fatalmente como la luz tras el astro que la produce ó como la sombra tras el cuerpo que la
proyecta. Tenga fin vuestro augusto sufri-

Ella habita una roca escarpada
Que asemeja un baluarte rendido;
Y aunque lleve una flecha clavada,
Nunca exhala de duelo un gemido.

de velas negras, que boga sin remos, abre un

surco de nieve. Va con lentitud hacia Occidente. ¡Oh! tan lentamente, que apenas se oye el
estremecimiento de 'iUS alas tristes. Y, sin em-

miento; no es verdad que el dolor sea t1uestra
herencia¡ la vida no es para sufrirla, sino para
vivirla¡ no se nace para llorar y gemir, sino para
luchar y vencer. La humanidad es mentirosa

No se bafia en la sangre inocente
De los albos corderos pascuales,
Lucba altiva, gloriosa y valien te
Con leopardoe y fieros chacales.

bargo, en la calmada languidez de la tarde,
oigo un sonido inmaterial, que es un grito ex-

halado por el Alma del Barco.
El Alma del Barco gime, y en ese extrafio
gemido mi espíritu reconoce-así como los sentidos separan dos olores mezclados-el fastidio y el espanto. Porque el Barco está cansado de ver desde hace muchas horas tras de sí
ese surco color de féretro. Quería huir de él
para irá reposar allá abajo cerca de los mágicos palacios de cobre rojo que edifica el sol
poniente; 6 bien detenerse silenciosamente, á
fin de que el lago, alrededor de sí, no sea sino
una llama de mármol verde.
Pero un viento impetuoso infla sin tregua
sus velas, y él mismo, con pesada carena, cava
el surco que le fastidia y le espanta.

cuando se empefia en hacer malo y feo lo que
en el mundo es lo más bueno: el hombre, y
lo más bello: la mujer. ¡Y son felices aquellos que pueden dormir tranquilamente sobre
los lauros del deber cumplido y del amor fecundo! ¡Amadme!
- Yo te amo-dijo la radiante visión,-te
amo, pero no puedo ser tuya. El Ideal es sa-

No doblega su blanca cabeza
Cuando el astro de luego despierta.
En el belfo volcánico reza
Por el águila madre ya muerta.
Sobre el férreo broquel del embate,

grado, y no se toca. Eterno como la muerte es
nuestro amor; guárdame tu corazón y ámame
siempre; pero ámame en la luz cintila11te de
)a estrella; en el azul de los cielos; en la armo-

A manera de antiguo amuleto,

Llevo el ave gentil del combate,
Que me sirve de escudo y de reto.
Ju~"

GUERRA

ENSUENO
o

Y entonces, una voz de tal manera misteriosa é íntima que no sé si parte del Barco 6 de
mi Alma, murmurn. en el aire violeta de ]atar-

de: ¡Ohl ¡no ver más tras de mí, sobre el lago
de la Eternidad, el implacable surco del
tiempo!

Cuando sumido en más hondas meditaciones me hallaba; ella, Ofelia de un extrafio paraíso, entró, tomó mi mano, la apretó con fruición; fijó en mí su pupila de topacio; como
una bendición desgajó sobre mi frente la mala
opulenta de su pelo, y se alejó luego, lenta-

EPHRAIM MIKHAEL.

'""

mente, silenciosamente, como si temiese pro-

Heroicidad, y muy grande en verdad, es
arrancarse de las potentes garras del vicio, deopués de haber caído de lleno en ellas. VAL-

fanar con la palabra la expresión de su ternura, sus ojos fijos, fijos sobre mí.. ... .
¡Erase así una estrella, que en la estancia

TOUR.

nía infinita de los astros. Adórame en el polen

KúÑEz.

de las flores; en el rumor inmenso de los bos-

•

ques; en las remotas lontananzas del océano.
Yo vivo en ]as regiones donde gime tu espe·
ra.nza; «yo soy el numen de tus suefios vagos;-

ánfora que guarda el tesoro inacabable de tus
ansias¡ pero no puedo ser tuya. Amame de
lejos, y envíame las misivas de tus suefios

hasta que «cifias las vestiduras de un querube» y por los espacios del misterio levantes el
vuelo á las regiones excelsas donde reina el
sol.. ....
Y, la Ofelia soñadora 4 intangible, sigui6
su rumbo: camino de un lejano, extrafio é

ideal paraíso.
JUAN LISCANO.

o
EN UN ALBUM

)

La Primavera, pródiga y fecunda,
del árbol viste las desnudas ramas
que sienten, al abrigo de las hojas,
renovarse su savia..
'

•

'!"\

' .

•

1!'

.,i~~

, ... ~

.'

.

Llega el Invierno asolador y frío,
barren la selva sus heladas rachas ... .. .
Di, Primavera, ¿á dónde van las hojas

'
'

'

que abrigaron la rama? .... . .

Arbol desnudo que vistió la mente
con sus flores más bellas
es un álbum también, en donde el alm~
la extinta savia del amor renueva.

Pero vendrá, más triote que el Invierno,
el Olvido, María .. ... .
¿A dónde irán las hojas de tu álbum
donde quedaron las estrofas mías? ..... .

'Dufce 81!aria 'Borrero.

o

LA SERENATA
Ceñuda descendi6 &lt;le la montaña,
lenta la noche á la feraz colina;

Estudio Fotográfico

trota el lobo ululando, é ilumina

( Colección Pellandlnl.)

con igniscentes ojos la campafla.
Filie, puee que l\lirtilo te a.compaña,
suspende tu labor de campesina,
la sien cansada en el jergón reclina

y el luego extingue ya de tu cabafia.
¡ Duerme! Y cuando despiertes con el brillo
del sol radioso en el azul risueño,
en pie hallarás á tu zagal sencillo;

Mirtilo el boquirrubio tiene empeño
de arrullar con su flébil caramillo
tu virginal y regalado sueño.
JUAN B. DELGAOO.

NUESTRO PAIS. - CANAL A RANCHO NUEVO Y HORNOS (CUERNA VACA ).

Pensamientos de Ainr

cuantos medios lícitos te sugiera el entendimieuto.

*

Tiene por fuerza que ser 1a Moda, algunas

veces, antiestética, antihigiénica ó estrafalaria, porque suele suceder que provenga de
gentes tan ignorantes 6 tan caprichosas como

menos de desengaños, penalidades y amarguras.

"'

acaudaladas.

*
Al entrar en cada nuevo

Cada año que dejamos atrás, es una serie

Cuando sepáis que á un hombre le despeaño, fórmate fir-

memente la resolución de no salir de él sin
haber ascendido siquiera un peldafio de la escala social; y para ver de alcanzarlo, emplea

dazan sus contemporáneos, tened casi siempre
por cosa cierta que, una vez muerto aquél, se
trocará el encarnizamiento en admiración y

alabanzas.

�ELIXIR

ESTOMACAL
SAIZ

DE

CARLOS

PETROL

EL

DEL DR.TORREL,DEPARÍS.

Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

Jlfto X-tomo n-núm. u

l"\UNDO ILUSTRADO
m'txtco, Dtdtmbrt 6 4t 1903.

Cierente1 LIJI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAf'AtL RrYf&amp; &amp;PINDOLA,

==

EL USO DEL PETROL
DEL

Dr. Torrel, de París
evita la calvicie prematura, que tanto afea y
comunica al hombre el repulsivo aspecto de
un joven viejo y ganado.
f

r

4il6oras 'lDÍ/Jestivas g Jtnlisépticas

1

Del Dr.BUC!HABD de París.
DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS.

Ira Jeyerú J lelejerta
l•llilatwMll9l.f.

,

~

·PltOS. . . rf~

Enrique 6. Schafer.
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~

~

.,,

C5PINILLl\5,
~

LA ''lfOSFATINA }fALIIBB:Su

es el alimento mú grande y el más recomendado para los nli'io~
desde la edad de seis ti siete meses, y particularmente en el mo
mento del destete y dur,mte el período del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutrallza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que .es tan frecueate en los n11Ios. -PABIS, 6 AV .ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS..

Agua Pastor, cuNcl6n segura, lnofellll·
va de las espinillas situadas en las &amp;111
de la nariz, en la frente, en 108 carrlllCII.
causadas por el Demodex, pe.ráslto coatagloso que marra y agujera la piel Y deaftguran ; hace oesaparecer las arroga■ cJel
rostro, da blan cure. 11. la tez, suavlsa r
[orta Ieee e I cu tls.
El frasco, 4 francos.
Parts.-Secretlin, 20 Aveoue de wa,ra-.
Extranjero.-En las Boticas Droguerflf,
Perfumer!as.

Kolar-1.eurol Oranier
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A u m enta el apetito, levan t a las fu er zas. h ace engordará los en fermos, determinando mejor utilización de los alimento&amp;

ltt•stit u~·e a l organiRmo la fuerza pt!rd ida por inAueneia de estudios y trabaj os excesivos.

Arte Clásico

DIA.GGI pa,ra, sazonar CALDO, SOPA, Y SALSA.

SabKrlpdcill meaw11 ren■ea su•
Idea.
ldta. e■ la callliUI $1.JS

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 22, Noviembre 29</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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