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                  <text>!Qnl'llgo 20 de Dl&lt;llembre de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
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INVERNAL
No sé por qué el invierno trae á
mi a.lma. una. sensación dolorosa. de
tristeza. y hastío. Ese cielo eterna.mente gris y eterna.mente mop6tono,
ese ambiente penetrante y frío como
el hielo de las tumbas, parece que
vinieron á cubrir mi corazón con
una. mortaja y á arrebatar traidora.mente mis ilusiones y el vigor poderoso de la. vida., sostenido hora
tras hora por el impulso secreto del
que quiere endulzar la lucha por la
existencia. Los recuerdos tristes
acuden en tropel á mi mente, y des•
ordenados y confusos, brillan y desaparecen para perderse en las tinieblas de mi alma. AlH, en mi última
contemplación, y como un calidoscopio, v:eo pas:i.r á la sociedad con
su oompa y sus miserias, sus placeres y sus lágrimas.
Contemplo esa sociedad elegante
y culta, que arrastra lujosa librea
y cubre su cuerpo con tupidas pieles, siempre feliz y siempre sonl'iente, aunque muchas veces la punzadora de la conciencia. ó el fantasma
de la de,sgracia hayan querido oponer una valla insalvable á las legítimas ó ilegítimas ambiciones hu·
manas.
Salid de vuestra casa. y la veréis
pordoq uiera,en los regios alcázares
con escalinatas de mármol, en los
templos, en los paseos, en los teatros, en los clubs. Allí, la alegría.
tiene su imperio, y si no, un cambio
de luz natural por la luz artificial;
el oro, que todo lo puede, les presenta á. la Naturaleza muerta, con
nuevos atractivos de vida, con n uevos encantos que alimentan su fantasía. soñadora.
Pero dentro de esa entidad social
á donde no ha llegado la voluptuosa sensación que da la fortuna ....
.donde todo es tétrico y frío, donde

..

no se siente la risa. franca y retozona del que n-:&gt; tiene qué pensar en el
mañana, para ésos .... el invierno
es un sudario que cubre temporalmente sus cuerpos exhaustos y fatigados por el traba.jo y por el hambre,
La lucha por la existencia se le
ha.ce al pobre más difícil y costosa.
Parece que la Natura.laza llora con
ellos las miserias del mundo; parece que quisiera confundir las lágri
mas del cielo con I as de los desgracia.dos que tan trabajosamente suben la cuesta de la vida.
¿Queréis conocerlos? ¿queréis aliviar su existencia? ¿queréis demostrarles que el oro no envilece las
conciencias y no apaga los generosos sentimientos del corazón? Id y
buscadles p1·esurosos, que los hall aréis por todas partes ; llevad veneros amente vuestro óbolo, que la.

recompensa va siempre acompañada con la nob'eza de la acción.
A URELIO MURILLO.

o
SERtNf\Tf\
Graciosa niña, deja tu lecho,
Ven al balcón;
Que emocionado llega á cantarte
Mi corazón.
Si es que tú duermes,
¿Duermes acaso
Pensando en mí,
Cuando en tu sueño
Por otros mundos
Vagas feliz?
ra.1 vez ingrato tu pensamiento

Lejos esté,

Mientras el mío volando cerca
Besa tu sien.
Graciosa niña,
Deja tu lecho,
Despierta ya:
Porque tus ojos
Le dan á mi alma
Consuelo y paz.
Cuando mis noches
Tienen por cielo
Negro capuz,
Las sombras huyen si compasiva
Me miras tú.
DANIEL UREJ-1A,

~ijp
Para lograr que te olvide
no sé lo que hará tu madre;
pues la muerte, con ser muerte,
no tiene poder baf&gt;tante.

..

s.-&lt;:olección de vestidos para visita Y reunión,
4.-Trajes de luto y de medio luto.

Doml'llgo 20 de Diciembre d8 1903

�Domi'Dgo 20 oe Diciembre oe 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

LA URRACA

sonrisa;pero después quedóseserio
y acariciando la rubia cabeza dei
aprendiz, le contestó:
-Mira, chiquillo; yo sé lo que te
pasa, y de seguro, sin equivocarme.
Tu corazón es mucho más viejo que
tu cabeza, y hay que decirte la verdad. Esas quimeras que te forjas
son muy perjudiciales. Trabajando
no llegarás á ser rico; serás siempre un esclavo. No tienes capital
no tienes padrino, el mundo te obli:
gará á ser pobre ó á envilecerte. Y
e~ más: no debes trabajar para ser
rico. Esa sería una mira demasiado pequeña.

Tenía ella nueve a.iios, y él más
de doce.
¿Cómo se habían visto? Por las
tardes se abría la verja del jardín,
situada en un extremo del pueblo,
y la niña salía á ver cómo regresaban del campo los rebaños. Fué
cuestión de un momento.
-¿Cómo te llamas?
-Juan. ¿Y tú?
-Aurora.
Y en seguida pusiéronse á jugar
como si se conocieran de toda la
vida. Ella le azotaba con la comba,
le pegaba con el pañuelo, le hacía
traer del taller trocitos de madera
para hacer palacios. Todo su afán
era hacer palacios.

ElL MUNDO ILUSTRiADO

cabeza. al ver á Juanillo estacionado en la carretera. En el otro iba
el aya con tres criados.
Al pasar arrojó el carpintero por
la ventanilla un objeto dentro del
coche; una. colosal cabeza. de urra•
ca con anteojos y cofia que había
tallado la noche anterior, y en cuy a frente había escrito esta solapalabra: EQUILIBRIO.
Era su venganza.
Después, cuando á la vaga luz del
crepúsculo vió desaparecer á lo le•
jos los carruajes, el niño rasgó su
blusa, quebró sus herramientas y,
antes de decidirse á dejar para siempre el edén de su infancia, para probar fortuna, lloró toda la noche
sobre aquel césped que la marquesita no volvería á pisar.
ANTONIO ZOZAYA,

El la dejaba hacer y la miraba.
embobado. Era muy hermosa aquella niña, con su cara de arcángel
circundada de bucles casta.ños, sus
ojos serenos y grandes y su tocado
de hadas que la envolvía en encajes
y perfumes.
-Ven-le dijo una tarde.
Y le entró en el jardín yor la
puerta reserva.da al guarda. ¡Qué
jardín tan hermoso! ¡Qué alamedas
tan frescas y sombría.si ¡Qué .filas
de rosales, de clemátidas y de dondiegos! Y después, á: lo lejos, el
&lt;hotel&gt;, como decía Aurora: un palacio soberbio, con balcones, balaustradas y escaleras de mármol.
Era hermoso.

.
..,: ~·

de entonces al niño siempre que
procuró tallar ó dibujar una cabeza de urraca.
· Aquella vez no anduvo listo y la
inglesa le vió. La niña asustóse
también y se miró aterrorizada, como lady Macbeth, las manos cubiertas lastimosamente de agua y de
barro. La inglesa fué derecha al
carpinterillo.
-¿Qué haces aquí?
Y al ver que no le contestaba, le

señaló abierta una puerta de las
estufas, gritándole con voz nasal:
--¡Fuera de aquí, granuja!
¡Granuja él! ¡Qué vergüenza!
Se miró, y por primera vez se dió
exacta cuenta de su pobreza.
Sí. Era un intruso, un vago, un
pordiosero; su blusa, su gorra, todo su ajuar era un harapo que desentonaba en aquel cuadro de faustos y de grandeza.
¿Que hacía él, el hijo de la roen-

di11:a, junto á aquellas verjas doradas, aquellas estatuas y aquellos
ramilletes de flores?
No; no eran para él para quien
se enarenaban aquellos magníficos
paseos y se encendían aquellas artísticas farolas.
Bajó la cabeza y salió, mientras
la niña se encamina.ha al palacio,
oyendo silenciosa y turbada la reprensión de &lt;miss&gt;, dictada en voz
agria, desentonada y chillona.
Ya no volvió á salir Aurora. Algunas tardes llegaba cautelosamente el aprendiz hasta la verja, pero
na.da escuchaba.
Una tarde, por tin, la cara sonrosada de la niña apareció por entre las barras de hierro y las enredaderas. Se puso de pronto muy
encarnada, separó de él la vista y
desapareció.
-¡Se a.vergüenza de mí!-pensó
el muchacho.
Y se marchó al taller. Entró decidido, resuelto, y preguntó por el
maestro.
-¿Qué te ocurre, Jua.nillo?-le
dijo.
-Me ocurre-le contestó el chiquillo entre suspiros y sollozos, me ocurre que quiero ser hombre y
trabajar y hacerme rico y poderoso como los forasteros del jardín
grande. Que quiero trabajar de día
y de ;;,oche, y aprender, aprender
sin descanso para conseguir una
fortuna.
El maestro le miró sorprendido y
pareció dibujar en sus labios una

Miró entonces el aprendiz al ebanista con los ojos muy abiertos.
-¿Crees tú que no sé-conteste&gt;
éste-que estás enamorado de la.
chiquilla del marqués? Pues lo sé,
porque el aya ha venido á decirme
que le estás estorbando { que ha tenido que echarte de all para que
no distrajeras á la niña. Y ahora
quieres de pronto ser rico para volver con un hermoso traje y arrojará la cara. de la vieja el oro á puiiados. ¿No es eso? Vamos, contesta.
El niño púsose rojo como una ce-reza y calló.

-Pues déjate de ilusiones tontas
-prosiguió el obrero.-Entre los
ricos y nosotros hay un abismo muy
grande, que no se llena a.sí como
así. Somos de otra raza y tenemos
muchas cuentas que ajustar. No;hay

'·'-' ·" . ......

En cuanto Juan se salía del taller,
ya se sabia: se limpiaba la blusa,
se alisaiba. el cabello, ceñía á su
garganta iln pañolito blanco de su
madre, y derecho al jardín.
¡Qué dichoso estaba! Los macizos
de flores deslumbraban con vívidos
matices; los pájaros volaba.o disputándose los últimos r eflejos del
sol.
Y allí estaba la niña.
-¡Cuánto has tardadol-le decía,
amorosa. y tierna.
Pero él teníaquetrabajar;sumadre era una desdichada y pobrísima
viuda, y ha.bíaqueganarun jornal
para mantenerla.
El maestro habíale dicho á Juan
que llegaría á ser un artista: ya sabía tallar en madera, y muchas veces llei;aba con flores ó con pájaros
esculpidos por él, que la niña guardaba asombrada y gozosa .
Una vez se les hizo ya. de noche
cogiendo frambuesas y persiguiendo mariposas, y el aya salió del
hotel á buscar á la niña.
Era una inglesa, avellanada y
seca, cuyo retrato se apareció des-

6.-Modelos de bordados y tejidos y espalderos de trajes
para invierno.

un millón ganado honradamente, y
la mayor parte de esas hijas de ricachones llevan en las venas la sangre de muchas criaturas despojadas. Tú no puedes encana.liarte ni
sabrías; renuncia, pues, á la ambición. Y, sobre todo, trabaja, no
para subir, sino para nivelar. Así
es como trabaja la Naturaleza.
Y cogiendo al mucha.cho de la
mano, le condujo á la. huerta.
-Mira-le dijo.-AQuí todo pa•
rece inerte é inmóvil. ¿No es cierto?
Pues en cada planta, en cada. gota
de agua., en cada grano de arena,
late la vida, y esa vida no es sino
una lucha. eterna por el equilibrio,
por el ni ve!.
Uniendo luego entre sí dos surcos
separados, el agua del más alto
precipitóse al punto de la abertura.
Arrojó una piedra. en la pequefia.
balsa que él formó, y aparecieron
grandes círculos que fueron ensanchándose. Levantó luego la mano
y mostró al niño sorprendido el humo de la fábrica que se disipaba en
el ancho azul.

anguilas saben mejor cuando se
echan vivas en la cazuela: esto no
es sino un métJdo bárbaro, y las
personas que lo defienden diciendo
que no hay manera de matar una
anguila, demuestran una crasa ignorancia.
Ciertas contracciones musculares
tienen lugar después de haber dado
muerte al an ima.l, pero desde el momento en que se le separa la cabeza
del tronco, no experimenta sufrimiento alguno.
Igualmente cruel es la costumbre
de echar langostas ó cangrejos vivos en el agua hirviendo. Estos
crustáceos se matan con facilidad,
y ning11na cocinera debe ignorar el
modo de hacerlo. Un espetón afilado, metido á través de la cabeza y
cuerpo de un cangrejo, le mata instantáneamente.
Si se trata de una langosta, se
clava un cuchillo en la tercera articulación de la cola y el animal muere al momento.
Una de las cosas más raras en
materia. culinaria, es encontrar un
bistec bien hecho. Todo consiste en
llL creencia de que la. carne debe
freírse, siendo así que el verdadero
bistec se hace á la parrilla. La
manteca ó el aceite empleados para
freír, endurecen la carne y la hacen
indigesta.
Cuando no se tiene á mano una
parrilla, puede emplearse una sartén, pero calentándola casi al rojo
antes de poner la carne en ella, y
sin usar grasa ni aceite de ninguna.
clase,

Ingrata y fría beldad
que yo no alcanzo tampoco,
tú eres la felicidad
que desd" mi tierna edad
voy buscando como un loco.
Siempre corriendo anhelante
tr&amp;.s esa belleza esquiva,
siempre viéndola radiante,
pero siempre fugitiva

o

LA FELICIDAD

secretos de Cocina
La carne pierde toda su substancia si se cuece demasiado. Según el
gran químico Liebig, 789 centígrados es la mejor temperatura para
hervirla.
La carne debe ponerse en la cacerola cuando el agua esté hirviendo;
se deja así durante tres ó cuatro
minutos y luego se retira. un poco
del fuego, de modo que se encuentre
á una temperatura 259 más baja que
la que antes tenía.
P.or este método se forma un a especie de costra. que impide que los
jugos de la carne se pierdan en el
agua..
La misma ley debe seguirse para
asar. El calor, muy grande al principio, debe ir decreciendo poco á
poco. Tl,ngase presente que la car•
ne asada sobre la hornilla es siempre más gustosa. y más tierna que
la que se asa. al horno.
Por otra parte, el asado es el procedimiento más caro para guisar,

-¿Lo ves?-dijo al niño silencioso y suspenso.-Tran~forma por el
calor esus aguas, enc1érralas c~nvertidas en vapor en tubos de hierro y tendrás la locomotora. Po~q ue la vida no es más que un eqm·
librio de fuerzas, y el mundo un
equilibrio de átomos y la luz un
equilibrio de vibraciones, Y esas flores, esas plantas, esos seres que
ahora contemplas, no son srno productos de corrientes, ~e energías
que ¡¡e precipitan, Jo mismo que el
agua de las regueras, á b~scar un
nivel, que, una vez c~:,nseguido, produce la armonía universal.
-Ahora. vete-le dijo-y ~r~baja.
Pero no pienses más en imitar á
aquellos que, queriendo burlar las
leyes de la vida y perpetuar la desigualdad, no hacen más que preparar, sin saberlo, la~ grai:ides transformaciones de la h1stor1a..
El niño retiróse turbado. Jamás
había oído hablar así á su maestro.
Pero de todo aquello una sola. c~sa
quedósele grabada. en la memoria:
la marquesita jamá!- sería SU)'.~·
Llegó al fin el verano y se d1Jo en
el pueblo que los «señores&gt; se marchaban.
. á J
.
·Por qué sobrecogió
u_am11 0
aq\ena noticia? Para él la niña no
existía. Pero esta vez perdía la última esperanza., porque Aurori.. se
marchaba para siempre: se había
vendido el jardín Y el hotel.
A la tarde siguiente, dos carruajes se alejaban del pueblo. E~ uno
de ellos iba. Aurora, que volvió la

Domi:ngo 20 de Diciembre de 1903

por la sencilla razón de que la carne pierde cuando se asa _más de un
30 por 100 de su peso, mientras que
cuando se cuece, apena3 pierde un 20
por 100.
Muchas cocineras crAen que las

Sentada está una doncella.
en el picacho de un monte;
su faz sonrosada y bella
•¡ .• ·1·•.·.····

•·.

y:cada vez más distante.
Cansado y a de correr
cual errante peregrino,
estoy próximo á caer ....
¡Felicidad .... ! ¡Desatino .•.. !
¡Tienes nombre de mujer!
L. J.

semeja una blanca estrella
desde el lejano horizonte.
Alas cual de mariposa.
bate en el espacio azul,
y con dejadez airosa,
como un hada. va.porosa,
envuelta. está. en fino tul.
Por la difícil pendiente
camina sin pesadumbre
joven robusto y valiente,
contemplando sonrYente
á I a ninfa de la cumbre.
Esfuérza.se por llegar
al picacho en que sentada
ella parece esperar,
mas cuando la cree alcanzada,
se lanza raudlL á volar.
El, incansable, prosigue
el empinado camino,
mas cuando cree que consigue
asirla por el tul fino,
1a ninfa volando sigue.
Hasta que así, contemplando
siempre á la bella delante,
el rendido caminante
rueda por fin, resbalando
al abismo en un instante.

7.-Colección de tejidos y bordados.

GARctA.

La espina de los dolores
me conoce tanto y tanto,
que cuando tiene que herirme,
me hace ya muy poco dall.o.

�Domingo 20 de Diciembre de 1903

filL MUNDO ILUSTRADO

Y abrieron sus áureos broches

t~d.as, todas las estrellas,
diciéndonos: ¡buenas noches!
V

Mientras la noche caía,
á tu cara. los sonrojos
le daban toq11es tan rojos
que creí que amanecía.!
Mi a.morosa. letanía.
escuchaste sin sonrojos,
Y sentí,a.l verme en tus ojos
que eras toda., toda mía! '
Después, tímida., partiste;

1lir. MUNDO ILUSTRADO

y temiendo la. asechanza.,
¡no me olvides! me dijiste.
Y en mi 11.lma, loco ó cuerdo,
miré el sol de la. esperanza
y la. luna. del recuerdo.

Domingo 27 de Diciembre de 1&amp;03

Y hoy que aún amo tu belleza
en tus aras estas flores
'
deshojo, Santa. Tristeza.!
EDUAROO

J. ÜORREA,

VI
Cambió la decoración:
vino el rencor importuno,
y su eclipse tuvo el uno
y la. otra su conjunción.
Voluble tu corazón,
de firmeza el mío ayuno,
entre los dos, de consuno
matamos á la ilusión.
'
El orgullo impulsó al austro!
que mató nuestros amores·
yo me fuí al sueíio, tú al ciaustro,

Sor Tristeza
I
Bajo la paz religiosa.
de este crepúsculo de oro,
se abrirá como una. rosa
mi pasión en un ¡te a.doro!
Haré que la rima., unciosa,
con lento rimo de coro,
parezca. una mariposa.
en el soneto incoloro.
¡Oh tú que eres toda casta!
Me encantan las palideces
de tu inefable belleza.;
y te a.doro tanto, que hasta.
una. virgen me pareces:
la Virgen Santa Tristeza.!

II
Tu voz se oye en los pensiles
si suspira. el arpa. eólica.,
y hallo en tus regios perfiles
una gracia. melancólica.

México, D. F., octubre 6.
He usado multitud de veces8.-Traje de baile y faldas de corte moderno.

••••••••••••••••••••••••••••••••••

"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADea,er, lusas City, St. Louis, Cblcago, lew York.
San Francisco y Los Angeles

Al

N cva,

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. sr. Jlrzobtspo Jttban.
Los blenee fueron valuado•
en $125,000
La mayor parte de lo testado conslstla en dos p611zas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua"
Compañia de Seguros sobre la'
vida, de Nueva York.

¡oh tristez11, pensativa,
arra.nea.da. de la ojiva.
de una. vieja catedral!

III
Hora. santa.. Dios oficia;
y con el tenue violeta
de su mágica paleta
á los cielos a.caricia..
¡Oh mi pálida novicia!
Mira. con ansia secreta
en tus ojos el poeta
una leja.na ca.ricia..
Todo calla, el a.mor vela;
y á la tarde que huye, miro
como á un pájaro que vuela...
Es instante de pasión,
y en el a.la de un suspiro

puedes darme el corazón.

IV

Sentí en mi alma. extraños vuelos,
invasión de cosas bellas,
y se rasga.ron los cielos

~

Tomo lu pa1tilla1 Luullel de Bro!llO'Qalala,

¡Te amo! te dice en secreto
mi romántico soneto,
porque llenas mi ideal,

Inclinaste la cabeza,
como las santas del coro;
y oí trémulo un ¡te adoro!
de tus labios de frambuesa..

PARA CURAR UN RESFRIADO !N UN
boticario le dffolnri
diDero II ao
f! maaB.
W,GrvwNballa•----

Tienes los rasgos gentiles
de una me.dona. católica.,
y esparcen tus quince abriles
una. fragancia. bucólica..

¡Qué gentil Santa Tristeza.!
En el soneto incoloro
radiará, cual chispa de oro,
tu romántica. belleza.

asegura el Dr. Leopoldo Castro-la preparaci6n denominada Emulci6n de Scott de aceite de hígado
de bacalao con hipofosfitos de cal
y de sosa, con buenos resultados
en casos de escrofulosis1 anemia
tuberculosis, etc. Están felizmen:
te asociados los hipofosfitos con
el aceite, y el sabor es agradable.

Se reservan c~mas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Umdos. Los Restaurants y Carros Comi:idores de
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entero. Para precios, 1tmerar1os y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
'•• San F,-ano/aoo, #íím. 8, M1hc/oo,

a. F.

································~

Haco pocu. u1as que se practlc6 la
apertura del testamento del lloatrflllmo Sr Arzobispo D. Patricio A. l!'eeha
en la ciudad de Chlca¡o, llllnoll.
La fortuna del dlatlngoldo prelado ucendl6 l cerca de $125,000 oro americano ; y segdn el Inventarlo que se ha
publicado, los bienes que &lt;1ej6 toeron
como sl~e:
Dos p6llzas de "La Mutua,' ' Compa!lta de SegorOB sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,000
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acomolados sobre ooa de las p6llzas
9,829 oro.
Otra p6llza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . 37,000 oro.
Entre las trlsposlclones del se!lor Arzobispo, en so testamento, se hicieron
éstas:
A so hermana, se!lorlta Kate Feehan,
que estovo siempre con él hasta so
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro en una de las pólizas de seguro;
l la se!lora Alla A. Feehan, viuda del
se!lor doctor Eduardo L. Feehan, hermano del ee!lor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las p(!llzas, y $5,000 oro en
efectivo ; l la Academia de San Patricio de Chlcago, de la que es preceptora
su hermana, Madre María Catalina,
$10,000 oro de la dltlma p6llza; t la
escuela ' 'Santa Marta' • de ense!lanza
practica para varones, •e Feehanvllle,
llllnols, que era la lnstltocl6n por la
qoe mla se Interesaba el ae!lor Arsoblapo, 1e entregaron loa U,000 re8t&amp;D·
tea de la dltlma ¡:6llaa.

Las Estrellas
(Na.rraoión de un Pastor Provenzal)

Cuando yo guardaba reba.ñ.os en
el Luberón, permanecía. semanas
enteras sin ver alma viviente, solo
en los montes con mi perro La.bri
y mis ovejas. De vez en cuando pasaba. por allí el ermitaño de Montde-l 'U1•e en busca. de hierbas medicinales, ó bien topaba con la negra
cara de algún carbonero de Pi a.monte. Pero eran gentes cándidas, silenciosas por la costumbre de la. soledad, sin gusto por hablar, y sin
saber cosa ninguna de las que se
cuchicheaban en los pueblos y ciudades. Por eso, cua.udQ ca.da. quin
ce días oía yo por el ca.mino que
sube, las campanillas de la mula de
nuestro cortijo, trayéndome Ias provisiones de la quincena., y cuando
veía aparecer poco á poco sobre la
ladera la. vivaracha. cara del mozo
de laboró la roja cofia. de la vieja
tía. Norade, de veras que me sentía
muy contento. Hacía.me contar las
noticias de nuestros paisanos de
allá aba.jo, los bautizos ó las bodas; pero lo que sobre todo me interesaba. saber es qué era. de la bi·
ja. de mis amos, nuestra señorita.
Estefanía, la más guapa mucba.cha.
en diez leguas á la redonda. Sin
aparentar tomarme demasiado interés, me informaba acerca. de si iba
mucbo á las fiestas, á las veladas,
si acudían siempre á ella nuevos
galanes; y á los que me pregunta.sen qué me podían importar esas
cosas á roí, pobre pastor del moote,
les contestaría que teoía yo veinte
años y aquella Estefaoíaera lo más
hermoso que en mi vida he visto.
Pues bien ;eo un domingo: que esperaba. los víveres de la quinc~na, su
cedió que no llega.roo hasta muy
tarde. Por la. maña.na decía para
mi: «Eso depende de la. misa. mayor&gt;. Luego, hacia mediodía, 01.:u·
rrió una gran tormenta. y pensé que
la mula no habría podido pvnerse
en marcha por el mal esta.do de los
ca.minos. Al fin, á las tres de la ta.r·
ae, con el cielo despeja.do y la.montaña reluciente de a.gua y sol, oí

1.-Traje de invierno y sombrero de la estación.

entre el gotear de las bojas y eldesbordamiento de los hinchados a.rro.vos, las campanillas de la mula,
tan alegres y rápidas como un ¡rra.n
campaneo en día de Pascua.. Mas
no la conducían el mozo de labor
ni la vieja Nora.de. Era. .... ¿a.divináis quién? ... . ¡nuestra. seí!orita.!,
hijos míos; nuestra señorita.en persona., sentada. entre las banastas de
mimbre, hecha una. rosa con el aire
de las manta.ñas y la. frescura de la
tempestad.
El muchacho estaba enfermo, y la.
tía Norade de vacaciones en casa.
de sus hijos. La hermosa Estefa.nía
me hizo saber todo esto al bajarse
de la. mula, y también que llegaba.
tarde porque se había perdido en
el camino. Pero al verla tan dominguera, con su cinta.de flores, su brillante basquiña. y sus puntillas,
más bien tenía aspecto de haberse
retrasa.do en algún baile que de haber buscado el ca.mino por entre los
chaparros. ¡Oh, qué preciosa. criatura! Mis ojos no podían hartarse
de mirarla. Verdad es que nunca. la.
había visto tan de cerca. Algunas
veces, por el invierno, cuando los
raba.nos bahian bajado á la. llanura. y volvía yo de noche á la. granja. ,&gt;ara cenar, a.travesaba ella por
la se.la á escape, casi sin hablará
los criados,siempre peripuesta y un
poco altiva... . Y á l&amp;. sazón, tenia.la allí ante mí, nada más que para.
mí solo; ¿no era cosa de perder la.
cabeza?
Cuando hubo sacado del cesto las
provisiones. Estefanía. se puso á
mirar curiosamente en torno suyo.
Alzándose un poco la hermosa falda de los domingos, que hubiera
podido en~uciarse, entró en la cabaña. y quiso ver el rincón donde
yo me acostaba, el pesebre de paja
con la pelleja de cai·nero, mi gran
capa colgada en la pared, mi caya.·
do, mi fusil de chispa. Todo aquello la divertía.
.
-¿Conque es aquí donde vives,
mi pobre pastor? ¡Cómo debes de
aburrirte de estar siempre solo!
¿Qué haces'? ¡.En qué piensas?....
Ganas me dieron de contestarla.:
«En usted, ama&gt;, y no hubiese men-

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 25, Diciembre 20</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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