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                  <text>UNDO LUST~ílDO
Año XI-Tomo !-Número 5

·JII Pu~rto ·a~ u~racruz
Grandes Almacenes

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de Ropa y Novedades.

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MEXICO,ENERO31 de 1904

Subscrl¡icl611 me11sual forá11ea ......$ 1.50
ldem
ldem en la Capital,$ 1.26

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA
Registrado como art!culo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

Gerente: LUIS REYES SPINDOLA

Segunda Monterilla

y Capuchinas-México.

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Mandamos á vuelta de Correo todas las muestras que se.nos pidan.
Remitimos, FRANCOS DE POl{TE, los pedidos mayores
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LA PRIMERA L.ECCION

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l ?ot. de EL JEUNDO I LUS1.'1U .DO

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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IJ O íl1/ .: .,-.-.}":::-:-.:·~

C,N presencia de un niño, nada
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es wás frecuente, ni más espontáneo, ni m:1.s irresistible, que exclamar: &lt;¡Pobrecito!» Ya duerma como un justo, ya juegue, salte y corra
como un ciervo, ya coma como un
l obo, ya llore como una plañidera,
ya sonría como un ángel; envuelto
en encajes, lo mismo que ve.stido de
harapos, sonrosado como un capullo ó pálido como un lirio, sano
como una manzana ó enfermo como
una flor marchita; al contemplar á
un niño, la palabra compasiva y
dulce brota de nuestros labios como
la más genuina expresión de nuestros sentimientos y de nuestras
ideas ante tanta gracia unida á tanta debilidad.
¡Y cómo no! El sentimiento fundamental que los niños inspiran es
la ternura, y en el fondo, la ternura. es sólo una forma de la compasión.
Los seres fuertes, poderosos,
grandes y felices, suscitan entusiasmo, admiración, respeto, envidia.
Los próceres y los héroes, los sabios,
los potentados y los ricos, no inspiranjamás ternura, porque no suscitan la compasión; pero en presencia de la debilidad, de la impotencia, dela inocencia, de la pequeñPz,
surge y se impone la ternura, porque se despierta la compasión. Por
eso no nos la inspiran los paquidermos, sino los pájaros; ni las
encinas, sino los retoños; ni las
magnolias, sino los &lt;edelweis» y
· las violetas, y, por eso, también, no
la sentimos por los hombres hechos,
sino por los niños.
.
El origen de esa compasión es
doble. Desde luego, un ser débil e~
un ser en peligro. Desarmado é impotente, vive expuesto á todas las
asechanzas y á todos los amagos;
incapaz de luchar, cae á los golpes
de cualquiera acometida. No son
necesarios rayos para desgajarlo,
,ni hura.canes para derribarlo, ni
incendios para consumirlo. Tiene,
además de los enemigos del fuerte,

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sus proµios euemig·os; ·10 que pu.n1
el fuerte es una caricia, para el dl'ibil es una herida. La intemperie, el
trabajo, las más insignificantes contingencias de la vida á que el fuerte se sobrepone y que lo dejan en
pie, las luchas que afronta y en las
que resulta victorioso, son todas
mortales para el débil.
Su vida pende de· un cabello; el
edificio de su bil:)nestar y de su felicidad, es castillo de naipes que el
menor soplo echa por tierra, y su
estructura es tan delicada, que, como las alas de la mariposa, se paraliza al más ligero contacto ó á la
más leve presión.
En la especie humana, el niño
sintetiza y condensa todas las formas de la debilidad, como todos los
encantos de la gracia. Et amor que
profesamos á los niños, está formado del insaciable deseo de que
vivan y del temor irrefrenable de
que mueran. Deseamos para ellos
toda la plenitud de la vida y del
bienestar, y tememos, sin cesar, su
aniquilamiento y su desaparición;
son prisn'!'as luminosos que nos parecen próximos á romperse; sabemos que tienen la fragilidad del vidrio, y aspiraríamos á que tuvieran
la dureza del diamante; son oleaje
movedizo y espuma fugitiva á las
que exigimos la persistencia y la
inmutabilidad de la roca, y siendo
tiernos como los pétalos, quisiét·amos para ellos la solidez y la resistencia de los robles. ·

A&lt;le,n,ts, en el niño vemos el germen del hombt·e y presentimos las
luchas, las angustias, los desencantos, los dolores punzantes, las decepciones profundas, que son posibles y probables en su existencia.
No quh,iéramos en su rostro más
que caricias tibias de brisas perfumadas, y presentimos los I atigazos
de las ráfagas desencadenadas.; no
quisiéramos en su epiC:ermis lahuella ?e una arruga de pétalo, y presagiamos las.heridas del cardo; ·anhelamos para él todos los goces y
á la vez sabemos que le están res~rvados todos los dolores; aspiramos
á que co~quistetodas las glorias, y
nos sentimos temerosos de que sufra todas las humill aciones.
Nada hay más deliciosamente
cruel que el amor al niño mezcla
íntima de esperanzas y teu{ores de
deseos de bienandanzi. y de pre~entimientos de infelicidad. Al rededor
de las cunas, se congregan no sólo
las hadas, sino las harpías; bri!lan
astros Y se am_ontonan nubarrones,
resuenan cánticos y se oyen rugidos. Un niño es una presa que más
tar~e _hao de ~i~putarse la virtud y
el v1c10, la fehc1dad y la desgracia
la grandeza y la abyección la ri:
que2:a _Y la miseria, el pla~er y el
sufrirmento, y el amor que le profesamos es á la vez delicioso y atormentador.
Esas futuras luchas y esos posible~ dolores, los presentimos y los
con¡eturamos vagamente y justa-

mente
momentos
que el
niño seen
noslospresenta
más en
inocente,
menos respo nsable y menos consciente. Esa presa sonrosada y
torneada que la Naturaleza arroja á
las furias del destino, nos pa1 E}Ce
semidivina y adorable; la amamos
tanto más cuanto más pura: tememos por ella más cuanto más débil,
y nos sublevamos contra sus dolores tanto más cuanto más inocente.
Quisiéramos la omnisciencia para
preservarla y la omnipotencia para
protegerla, y ante su impotencia y
la nuestra, y en medio de las injusticias y de la~ crueldades de la vida, sentimos fundirse en compasión
y amor, es decir, en ternura infinita, nuestro corazón.
Por inocente, por irresponsable,
por débil y por predestinado al dolor, el niño debe ser sagrado para
el hombre; al niño pebemos amparo, protección, educa:iión, benevolencia y justicia; debemos armarlci
de todas armas para la lucha, fortalecerlo en Jo físico, en lo intelectual y en lo moral; acorazarlo contra el vicio y fortifiearfo contra el
mal; transformar su holocausto posible en apoteosis probable; de sus
inminentes derrotas, hacer triunfos
gloriosos, y consagrarnos á su felid ad tanto cuanto la Naturaleza
lo ha condenado á la desgracia.
E$e «;Pobreéito!»con que saludamos al niilo, es, en el fondo, el reconocimiento de una iniquidad y la
promesa de una repl!,ración. Por
eso las madres, que aman y protegen,
como nadie, á los niños, tienen siempre en los labios esa palabra compasiva y dulce, como tienen en sus
corazones toda la abnegación y toda la bondad humanas.

Cándida
C{1ndida el nve que lt Ju. altura su De
Y en luz se baiia deslumbrante y bella;
Cíllldido el rayo de la dulce estrella
Qtre ununcht el alba, y cándida la irnbe.

Cándido el nimbo del gentil querube
Q,ue junto ni solio tlcl Señor dcscnclln,
Y el alm1t de la cándida donccllit
De quien un ticrnpv elllimorndo c:-,tu,·c.
¡Oh divino portento de Natura!
A tus plantas el alma extasútda

Te contempla, radi1tnoo de renturn;
Y á la espléndida luz de tu rnirnd,i
Siento que eres, ¡oh cándida hermosura!
.Ave, nub~, fulgor, ímgel y Hmnctn.

._______..e_____

Enrique Fenuirulez Grtrncufos.
Enero de 1904.

/

Muerte del Sr. Lic. Gral. Francisco Pérez
ijrcTI MA de una penosa enfermedad, falleció en México el día 23 del corriente, el señor Licenciado General Don Francisco Pérez, caballero muy estimado en
los círculos oficiales por los servicios que prestó al país
en diferentes épocas y por la actividad y honradez que
lo caracterizaron siempre como empleado de la Administración Pública.
·
El señor Licenciado Pérez, qüe desempeñaba últimamente el cargo de Procurador General de Justicia Militar, era originario de Oaxaca, donde se recibió de
abogado el 4 de marzo de 1870; fué, por algún tiempo,
Oficial Mayor de la Secretaría de Gobierno de su Estado natal, y más tarde, sirvió como Pagador en la Brigada expedicionaria que hizo la campaña contra los
indios rebeldes de Juchitán. Peco tiempo después, recibió el nombramiento de Juez de Distrito en el Estado,
desempeñando, por último, el cargo de Diputado á la
Legislatura local, bajo el gobierno del señor Esperón.

En 1881, Y sien?º Gobernador de Oaxaca el señor General Don Porfir10 Dfaz, el Licenciado Pérez tuvo encom~ndada, por- ministerio de la ley, la Secretaría de
Gobter~o, ·y, final,~ente, pasó al Congreso de la Unión
como Diputado, permaneciendo all-í hasta el año de 1890
eTn _que se le nombró Magistrado Supernumerario del
ribnnal Superior del Distrito.
MAl _año siguiente, eJ señor Licenciado Pérez fué electo
ag1strado Pr_oJ?ietario,. y con tal carácter siguió prestando sus serv1c10s en aquel alto cuerpo, hasta los pl'Ímderos meses de 1903, en que se le removió al puesto que
esempeñaba á su muerte.

~31(HélER
Dt "VlfJOS ROMANTICISMOS"
IDILIO

Así como Frnncesca, ella lela
la eterna historia,
la historia del amor, triste y sombría.
El indio uTabar6 1 11 con su tristura
nnia nuestras almas amorosas
dos almas sln ventura,
'
cual se nuen los efluvios en las rosas:
y calJando su angustia nuestros labios
---¡oh canto de amargura!--n uestr«s ojos dijt&lt;ronse mil cosas.

el~~ c~iáver del señor Licenciado Pérez fué · inhumado
a
P~r la tarde en el Panteón Francés concurriendo al sepe!J? el señor Presidente de la Re¿úblic.,. y numerosos amigos del finado. Una brigada de las tres armas, al mando del General Brigadier Lauro Villar hizo á su cadáver los honores de ordenanza.
'

VRIM1\S 1\· L0S SUBSeRIPT0RES

El ritmo del charrúa despertaba

en las heridas almas

un quejido de amor. ¡Ella soñaba!
La bóveda del cielo transparente
mandaba un rayo de su luz trnnquil,1.
á la divina frente,
~- al cla,•arse en el libro americano
húmeda y temblorosa la pupila,
la .flor de la esperanza se entreabría,
m1 mano descansaba entre su mano
y Dios--que es todo amor--nos sonrcí;t,

"La Piel de Zapa,"-Nuestro próximo concurso,
Al concluirse la edici6n de novelas ·de Ponson du Terrail, que repartimos á nuestros subscriptores, hemos recibido muchas indicaciones referentes al género de literatura que debíamos elegir para los
lectores de EL MUNDO ILUSTRADO.
Nunca hemos desdeñado tales indicaciones, y aunque no siempre
las hayamos obsequiado por razones para. nosotros concluyentes, nos
esforzamos por complacer al público; y es por eso que vamos áinaugurar nullstra nuevii serie de primas con la notabilísima obra del exquisito Balzac, traducción correcta de «La Peau de Chagrin.»
Este libro _es .~n delicioso cuento en forma de novela, y la trama ó
argumento s1rv10 al autor para filosofar sobre los diversos actos de la
vida, con esa atingencia de criterio, esa sencilla claridad y belleza de
lenguaje que son, sin duda, uno de los principales méritos del libro
porqu~ hace~ accesible y en extremo agradable su estudio, á pesar d~
las especulac10nes científicas que se entremezclan en el discurso de la
narración.
¿Balzac prohija una superstici6n? ¿la ridiculiza quizá? pero ¿q~ién

podrá n;gar la existencia real de tantas ficcion;s en el seno
·
de la mas avanzada civilización de todos los tiempos?
mismo
~~ caso es que «La Piel de Zapa» es el talismán ~ás bella t
poetico de que se sirvió el ilustre autor de la «Investigación d f~be
sd~lutoid, para hacer la psicología de un estado social particul:r ºmuy1gno e su numen.
·
Creemos, por lo mismo, que esta obra será del com leto a rado de
nu~:~~l~:~tor: va ~nd un_ vo_lumen en 8~, encuadernfdo á lagrústica.
~s e crec1 o tiraJe y de la encuadernación de los e·emplar~s, retaraarán el reparto de los mismos más de lo que h b · é J
querido; hasta Febrero próximo.
u 1 ramos

i

.

***

:e:1emos ya arreglado nuestro primer concurso y en el nú
prox1mo daremos á conocer las bases.
mero
l :r~iaramo; esa grata sorpresa á nuestros lectores y tenemos fe en
e·t· ~11?tc ornép eto plor la novedad que encierra y porque tiene un pos1 1vo n er s para os abonados.

AÑO NUEVO
¡Un afio! Q,ui71t un moment-0
de la lucha transltori&gt;t,
la aspiración á la gloria
que se pierde como el viento;
es de la tumb&gt;t el acento,
dardo que amenaza¡· hiere.
•ma ilusión qne se quiere,
una vida que se ale¡a, .
es un suspiro, unr, que¡a,
oigo que nace 6 que muere.

Si es ilusión, bien venida;
si es mentira, bien hallada,
que si al fin todo es la Nad1t
no h ay que pensarlo en la Yida.
¡Venga otro año! En la partida
buena 6 ruin de nuestra suerte,
hay que ser grande y ser fuerte,
y que vecya cuand o quiera
desplegando su bandera
nuestro Ocaso, que es la muerte,
Adulberto Utrriedo.

TUSOJOS

Bellos, inmensos, profundos
son tus ojos, vida mía,
'
esplendente lejanía
de otros seres, d~ otros mundos·
fuegos vivos ¡· fecundos
'
donde guardo mis anhelos
mis angustias, mis desvelo$!
ojos tiernos y soñ1tdos!
ojos divinos y amados:
sois dos soles, sois dos cielos!
Si no me habéis de mirar
ccrráos, divinos ojos!
ojos...... si tenéis enojos,
ojos ...... si habéis de llorar
es mejor hagáis matar
'
al que os lleve. en sus anhelos,
en sus an,~ias y desvelos1
¡ojos divinos, soñados,
ojos grandes adorados
que sois soles y sois cielos!
Enero de 1904.

J filllbm•tu Om•,•iedo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

La Legación de México
EN LA ARGENTINA
BJETO de constantes elogios, por parte
de la Prensa de Buenos Aires, ha sido
la suntuosa residencia que el Señor Ministro de Méx;co en la Argentina, Lic. D.
Francisco L. de la Barra, tiene establecida
en la calle de Santa Fe, una de las más hPrmosas y más aristocráticas de aquella dudad.
l!;l chalet, cuya fachada principal ofrece,
por su estilo arquitrntónico, un scberbio
golpe de vista, está decorado y amuel;&gt;lado
con suma elegancia, siendo dignos de admiración en él desde la entrada {el «Halb),
que da acceso á las habitaciones de la planta alta por una escalera que en su primer
descanso se divide en dos brazos, basta el
último de los departamentos. El despacho
del Señor Ministro.es lujosísimo; pero donde se ad vierte mayor del'rocbe de elegancia
y de buen gusto, es en el comedor, estilo
Luis XV, y en el gran salón de recepciones,
que á menudo abre sus puertas para recibir
á numerosas familias de la alta sociedad
argentina y á los diplomáticos. extranjeros.
La más notable entre todas las recepciones ofrecidas por el Señor Ministro de Méxipo, es la que se efecmó en septiembre último, con ocasión del aniversario de nuestra Independencia, pues tanto el Sr. de la
Bacra corrto su disti nguida esposa la Señora Elena B. de de I a Barra, pusieron todo
cuanto estuvo de su parte para que la fies:
ta resultara digna de su objeto, haciéndose
acreedores á los uuís entusiastas elogios de
sus amistades por la cortesla con que atendieron y cumplimentaron á sus invitados.
Entre la buena sociedad bonaerense, los
Sres. de la Barra cuentan con •grandes y
mereéidas simpatías.

O

***

A título de información EL MUNDO ILUSTRADO reproduce en sus páginas los retratos del muy estimable diplomático y de
su señora esposa, dando á conocerá sus lectores, además, cinco fotografías que representan la fachada, el «Hall», el despacho, el
salón de recepciones y el comedor de la Legación.

EL MUNDO ILUSTRADO

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA GO~STITUGIO~ Dt 1857
LOS ULTIMO.$ COMSTITUYENTE:.S

E

L viernes próximo, 5 de febrero, · celehra

e1 amor y el sulcldlo.-e1 Gonsejo de Salubridad.-La temporada
en Orrin.-La próxima visita de los marinos alemanes
á Méxlco.- Drama en Arbeu .

E

S en balde que queramos eludir un deber que pesa sobre no,otros,
como la tremenda maldición que la Leyenda Bíblica arroja sobre
las generaciones que no han nacido aún. Nos sigue la inexorable
ley de vida, &lt;como la sombra al cuerpo.» El instinto, como una fiera
nunca domada, pasea siempre por las tenebrosidades de nuestro cerebro,
como un remordimiento, espiando la oportunidad de hincarnos la garra
en lo más sensible y vivo de la carne.
•
El Amor, el Dolor., la Muerte, son los tres clavos sangrientos con los
cuales nos crucifica el Destino. Forman los ·tres colores fundamentales
de los cuales se derivan todo matiz y toda coloración·en la existencia.
Como tres criminales cómplices, van siemprP juntos, siempre unidos por
el mismo d.ilito. Est&lt;ín siempre en n0sotros como el Mal y corno la Mentira. Apenas si los grandes esfuerzos dela civilización han logrado vestir con un sombrero de copa, un gabán y botas charoladas· al instinto
que guiaba, rugiendo, en las selvas pl'irnitivas, al hombre, ávido de amor
y de carne. Por más que bagamos, nuestra voluntad flaquea; es un centinela obligado á velar constantemente; se rinde, dormita, y el hombre primitivo que va dentro de nosotros, aprovecha tales somnolencias. El
amor, en nuestros días, fácilmente evoca el recuerdo del amor en los
clanes prehistóricos. Basta quitarle la levita para sorprenderlo en toda
su natural y hermosa bravura salvaje.
Porque el Amor es tan grande corno la Muerte. Los ojos de los enamorados tienen las mismas languideces de lvs ojos de los moribundos; ambos presienten la llegada de un misterio; de un misterio enorme, voluptuoso, que condensa quizá en un segundo los ensueños de muchas noches
de ávida contemplación interior.
Ha pocos días un enamorado, después de una noche de orgía, no contento aún, busca en la muerte el término de su ensueño. Como un puente
de pórfido sangriento, se tiende l a Agonía, entre los dos grandes amores
y dolores supremos, entre el Amor y la Muerte. Todos, como un niño que
sale de su casa por vez primera, notarnos un vago sentimiento de espanto al entrará ese maravilloso puente y retrocedemos hacia la Vida; más
valiente, más loco, más audaz, este pobre enamorado anónimo atravesó

que debe seguir cuando lucha con enemigos forrnida~les de e~ta c~ase. La
ciencia ha armado el brazo del hombre con armas siempre v1ctor10sas, y
ya la ley ha autorizas].o los gastos que demanda la campaña.
Cabe á nuestro Consejo de Salubridad, al Sr. Dr. Licéaga especialmente, el orgullo de haber iniciado el plan de combate, como en poco
tiempo más habrá de caberle el orgullo.no menos grande ni manos fundado de haber saneado la costa mexicana.

rápidamente el &lt;trait-d'union,» sumergiéndose en la «o-ran sombra» con
los labios olorosos aún á los besos de su amarla.
~
,
La o_la negra_ avanza rápidamente. Nos rocleit y compenetra la nada;·
nos_sentimos espiados constantemente por un ojo pres&lt;,nte en nuestros
suenos 3; en nuestra~ alegrías. A todas horas nos sorprPnrlemos á nosotros mismos arrod11lados ante esa divinidad ubicua y he-rmética á cuY? solo nomb_re sentimos e~ coi:azón enjuto y frío. ¿Qué mucho qu~. á medida que ! a vida avanz~, srntamos el vértigo que nos incita á arrojarnos
en ese ab1s?10 co!1 ten_acidad mayor ca~a vez? El suicidio es un místerio,
como la existencia misma, como la muJer, como nosotros mismos .·...

***
En las playas calurosas qi;e el mar ataca, .:iomo una gran ambición
que se acerca_ á su objet&lt;;&gt; tenazmente, con insistencia de &lt;parti pris»; y
en nuestras ciudades baJas; en todo recinto donde la ciencia del bombr·e
no ha llegado aú·n; y en cualquiera concavidad de la~ sierras del litoral
se encuentra el monstruo legendario que ahuyenta á los inrn ig1·antes y
cobra, añ? por año, una pesada contribución de sangre.
Paremda á las deidades sanguinarias de la leyenda ha imnuesto un
tributo á nuestro país, que le ha sido pagado, necesari~mente. Habíamos
llegado á conformarnos con tal azote, sabedores de que no era fá..:it librarse de sus garras.
.
.
La Muerte reina sobre el mundo con el despotismo de' un revPzuelo
oriental, ebrio de salvaje alegría y de vino barato. La Muerte, la ·rrnplacable, mere~e el nombre de &lt;Nuestra Señora del 01 vid o Eterno» y ¡ ,ajo
tal advocación le hemos rendido pleito homenaje, llevando á, sus altares
todos nuestros miedos, todos nuestros espantos, toda la floración de
nuestros corazones débiles y enfermos, de nuestras almas débiles y enfermas.
•
La Fiebre, la siniestra deidad de las costas, va á ser vencida de seguro Y la campaña _ha comenzado, dirigida hábilmente, hasta lograr encerrarla en sus últimos reductos y darle el golpe mortal .que para siempre
,nos libre de su prefjencia.
Porque l¡¡, .cieqt?_i_a,~,~ h,~Jado ya y bll., m~rcado al hombre .el .camino

***
Sabido es que el Congreso Constituyente
estuvo formado por los miembros más distinguidos del Partido Liberal mexicano. En
él figuraron Don Francisco Zarco, Don Pon-

***
El Circo ha abierto sus puertas á toda la chiquillería, cuyas carcajadas resuenan ya en el salón de Villamil. Viene de lej»nas tierrns á verter, ante las miradas atónitas de los pequeños, las ánfuri;Ls llenas de chucherías milagrosas.
Bell, por. supuesto, es el rey de la risa
en esta temporada como en las anteriores. Pasma considerar en qué raudales
de amor á los pequeños encontrará este
clown las mil y mil muecas de su rostro
pintarrajeado y maravilloso. Basta ver
el aspecto de las graderías en el Circo,,
para convencerse de que todos somos niños, ele que todos llevarnos aún á cuestas, por añosos que seamos, al pequeñuelo mofletudo, cándido y riente que
nuestras madres balancearon, ba mucho
tiempo, en la cuna.
¡El Circo! Esta sola palabra es el mágico talismán que cambia en sonrisas
¡
el frágil y ligero llanto de los niños. En
,
el Circo la vida vuelve pQr los fueros
,
que ba perdido en otros lugares; triunfa
en toda la línea. La alegría de vivir-un
mito delicioso-parece la realidad en
ciertos momentos, cobra caracteres de
veracidad admirables, como si la franca
risa argentina fuera el &lt;sésamo» que SR DR. o·. EDUARDO LICÉAGA.
abre el jardín de los ensueños á nuesPresidente del Consejo de Salubridad.
tras miradas. ·
A las puertas del Circo dejamos nuestra túnica de miserias y de do•
lor'es, de agrios r encores y desapacibles envidias. Nos transforma en ese
recinto el banal espectáculo que tanto gustamos en nuestra infancia ya
ida, en nuestros primeros años 'que, en nuestra memoria, son ya flores
secas y amarillas con un vago perfume secreto.

***

EL &lt;VINETA,» CRUCERO ALEMÁN.

lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, Dios
y la Patria os lo demanden».
A este acto imponente y severo, si¡rnió la
lectura, de un breve :Hscurso de Oomonfort
y el.de contestación que, á nom bre de la
Asamblea, pronunció Don León Guzmán.

la República el aniversario del juramento solemne del Oódico Político expedido en
virtud del plan de Ayutla, ei:i. igual fecha de
1857, por el Congreso Constituyente.
La nueva Constitución fué jurada aquel
mismo día memorable por la Cámara de D iputados y por el Presidente de la República,
en el antiguo salón de sesiones del Congreso,
que existía en el Palacio Nacional. Abierta
la sesión aúte una concurrenciá numerosísima, el Diputado Don-.Jo~é María Mata dió

Se anuncia la visita de los marinos alemanes q·1e vienen á nuestra
buena ciudad por algunos días. Se han· organizado algunos festejos para
recibirlos dignamente.
Traen la comisión de saludar al Señor Presidente, dada por el Kaiser Guillr.rmo JI. Y esta misión hace más simpática aún la lleo-ada de los
«lobos de mar», curtidos por el viento que eternamente sopÍa sobre el
Golfo de México.
.
Se les 1·ecibirá dignamente y mucho !JS lo que , ignoramos acerca de
las fiestas que b_an de celebrarse, pues solamente en parte se han aprobado los programas que han de llenar los pocos días en los cuales seran
nuestro huéspedes el Capitán ~cboeder y sus marinos.

***
Pronto se abrirá en el Tea!ro Arbeu la temporada de drama español.
Era una promesa que nos bab1an hecbo, una grata promesa que por
fortuna, está para convertirse en una realidad dPI iciosa. _
'
En l_a ignomin)a á que nos condena el malhadado «género ínfimo»,
en el desierto artf~llco en que ten_emos que vivir por fuerza; la llegada de una_c?mpama de drama, se:ia y _completa, tiene para nosotros muc~o del aliciente que, en épocas leJanísimas, tenía para nuestros ceremomosos abuelos la llegada á Acapulco de la &lt;Nao de China.»
, En aquel)a época la noticia llegaba con &lt;propios» atezados, que corr1an los vericuetos de nuestras montañas con las piernas musculosas
desnudas. Se somentaba en todas _las obligadas tertulias familiares el
suceso, se hacian apuestas sobre s1 llegaban mayores cantidades de sedas labradas ó de lacas o ro y negro.
Cuando en la tien_da del_ español amigo se recibían las pesadas cargas, era aquello u!;la irrupción ele días alegres. P.irsonas había que, por
m_uchos meses, sonaban.en la llegada de la «Nao» semifantástica; y por
anos enteros algunos alimentaban sus esperanzas ·con sueños mil en los
r._uales v?l&lt;;aba la mag-ia a:.r tística &lt;le! Oriente todas las sed.erías biper-bóhcas y s101estras de sus biombos y de sus mantillas.
Ahora nos pasa lo mismo. Esperamos largos meses la llegad., de
esa_&lt;Nao» que viene de más allá de la Cbina, de esa maravillosa &lt;'mbarcación de forma.s atormentadas, en las que viajan nuestros sueños todos
nuestros pobres sueños de desheredados del arte....
'

m

\
\

S11;ÑOR LTC DON .JUSTHW FERNÁNDEZ.

(

\
.,
SEÑOR LIC. DON IGNACIO MARISCAL
SEÑOR DON BENITO GÓMEZ FARÍAS.
lectura al proyecto, y, habiéndose declarado
cianQ Arriaga, Don Manuel Romero Rubio,
que la minuta estaba conforme en todo con
Don Guillermo Prieto, Don Ignacio Marislos autógrafos aprobados; los representantes
cal-actual Secretario de R elaciones Extede las distintas Entidades fueron, uno por
riores;-Don Benito Gómez Farías - hoy
uno, .firmando la Ley Fundamenta) de la
Senador
al Congreso de la Unión, - Don
República.
I gnacio Rarnírez, el célebre tribuno; Don
En seguida, el Vicepresidente-del CongreJosé María Mata., Don Justino Fernánso, Don León GuzmáQ, prestó el juramento
dez-Secretario de Justicia é Inetrucción
de reconocer, guardar y hacer guardar la Ley
Pública en laactualidad;-Don Ignacio Luis
Suprema, y, conducidoporvariosdiputados,
Vallarta, eminente jurisconsulto; Don Félix
el Presid'eµte de la Asamblea, Don Valentín
Romero-hoy Presidente de la Suprema CorGómez Farías, se arrodilló después, jurante de J us-ticia de la Naci6n, - y muchos otros
do ante el libro abierto de los Evangelio~
cuyos nombres guarda, piadosa, la HiPtoreconocer también y hacer guardar la obra
ria.
magna á que había dado cima el Congreso,
De aquella pléyade de hombres ilustres
,'
tras luminosas y largas discusiones. «Hubo
no quedan, vivos, más que los señores Maun mom'lnto de. emoción profunda, dice un
riscal, Fernández, Romero y Gómez Farías.
historiador, al ver al venerable anciano, al
SEÑOR LIC. DON FÉLIX ROMERO.
Los
cuatro pertenecen al partido avanzado y
patriarca de la libertad
á los cuatro debe nuesde México, .ofreciendo
tro país grandes y muy
el apoyo .moral de su
meritorios servicios,
nombre y de su gloriit
que están en la conal nuevo Código Políciencia de todos y que
t ico)). Gómez Farías
no cabe enumerar en
se encontraba enfermo;
tan cortas líneas como
difícilmente podía ROS·
éstas.
tenerse, y su presencia
en . la Cámara causó
*** '
una emoción indesOreemos que la pucriptible.
blicaci ón de los retraLos diputados, puestos de los distinguidos
to¡;; en pie y extendiensupervivientes del 57
do la mano derecha,
, .
'
sera vista con agrado
prestaron después el
en todo el país, por
jurament.o, haciéndotratarse de un asunto
lo, por último, el Preque trae forzosamente
sidente de la R&amp;públiá la memoria el reca, en estos términos:
cuerdo de l,Ós e~ormes
«Yo, Ignacio Oomonflacrificios qúe costó á
fort, Presidente subsla Patria constituirse y
tituto de la República,
conservar incólumes,
juro ante Dios reconoen medio de terribles y
cer, guardar y hacer
sangrientas luchas sus
guardar la Constituinstituciones.
'
ción Política de la República Mexicana, que
hoy ha expedido el
Congreso». -- El Vicepresidente de la CáAN'rlGUO SALÓN PEl, CONGRES(? EN ~ L PALAqO N;\OJONAL,
mara repuso; ccSi así

____

�EL ~U~-~-JLUSTRADO

7iNA valiosa joya del arte

, F&lt;in duda alguna el estudio
que el maesLro Don AntolÍo Fabrés tiene e~tablecido en
la Academia .Kacional de Bell s Artes.
. Desde la puerta· que da a so al interior del estudio, gra- c10.a por el encaje blanco d u arco que se extiende á todo
el «p?rtieri, y termina hacia suelo por un canto de mosaicos, se revela el estilo orien . Tapicerías cuajadas &lt;le arn- ·
bescos y cojines de :-;eda de ia cubren por completo el pavimento, y capicho¡.;os tejid
estrellas y «broderies» de mil
colores, a¡,,cie11den por lós ·os, en cuyas puerta.s y ventanas lucen su bien trabajad
ebrería lámparas repujadas
en cobre y descuellan suntr s cortinajes de Damasco.
El mennje e.; no menos ipleto y elegante. Divanes de
sedas mult1~oloras, escabel .e 1oánualo incrust~dos de _nácar, mesas ricamente bordad · &lt;le filigranas fantast1cas, t1bores de donde emergen palmas •d~ naturaleza ~uerta, y una
soberbia colección de armlll! p ov1::;ta de culebrrnas, espingardas, armaduras completa~, Y taganes, lanzas, espadas y espadines de la Edad :Media.
A fin de que nuestros Jecto_ s se form~n una idea de las
riquezas artísticas que conU ne el estucho del maestro, pubhcarnos dos fotografías que ·epres~ntan unos de los detalles principales del m!BJll estud10, acompaíiándolas de
otras dos en que aparece¡,[ S; Fabrés entregado á sus.labores. Próximamente darernosfá conocer otras fotografías del
notabilísimo estudio que, en pinión d_e los conocedores, es
superior al que el maestro ftll establecido en París antes de
fijar su residencia en México-

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Francia é ltalia.-Sus glorias y sus tradiciones.-Hermanos en la lucha.-L~ Revolución Francesa·
y el "ressorgimento."-Solferino y Sedán.- Servia y su estad(lamentable.
La suerte del rey Pedto,-La corona de espinas.-Rusia y Japón.
Temores y zozobras.-.La situación no mejora.-Los
planes de caótpaña.-Supuestos Proyec=
tos del Japón.-Conclusión.

C

IEMPO era ya de que las dos naciones
latinas que en Europa más genuinamente representan el pensamiento y
las tradiciones de la raza, y llevan en sí, con
sus glorias seculares acumuladas en el gran
desenvolvimiento de los hijos de Lacio, las
glorias y las tradiciones de los pueblos que
sojuzgaron; tiempo era ya de que las dos
naciones que más estrechamente han vivido
unidas por el Ideal y vinculadas por el Arte; de que los dos países que hoy forman
dos pueblos y ayer eran una sola familia; de
que la Francia republicana gloriosa y la Italia monárquica coronada de
inmarcesibles lauros, se unieran más íntimamente, ya que
s6lo han vivido apartadas en
la apariencia durante los últimos lustros de la pasada centuria.
La gran revoluci6n de 1789
hall6 una Italia medioeval y la
despert6 á la vida moderna;
en0ontr6 una agregaci6n de
f,1!
pueblos y naciones italianos
I
que se odiaban entre sí, suje#
tos á soberanos diversos que
1
,
.....
de manera diversa los explo.
taban, y les habl6 á todos de
solidaridad, les enseñ6 los derechos del hombre y ech6 la
semilla que fructific6 al cabo
de varias décadas, fundándose
la nueva Italia, la Italia de
Cavour y de Mazzini, la Italia
que resurgi6 una y . reformada
al estampido de los cañone~
que tronaron en Solferino, y al
estruendo-¡ay!-de las bom., bas prusianas que derrumbaron el imperio del tercer Napole6n, entre lo~escombros humeantes de Sedán:
Las suspicacias de los esta distas, el consecuente alejamiento de los gobiernos, el
dolor que en el pueblo francés
sigui6 á la «débacle», un resentimiento mal disimulado
entre .los dos países, la Triple
Alianza y otro cúmulo de circunstancias que fácilmente se
forman, aunque no se comprenden, todo contribuy6 al
apartamiento en que han vivido Francia é Italia. Pero
los tiempos lían cambiado: ya
no se siente en la naci6n que
pele6 á través de las edades pot el Rin_:fra_ncéf", ·ya no se experimenta con tanta ms1stencia el deseo del desquite ni el ansia de
la «revancha»; por eso se aproximan los pue•
blos hermanos. Ayer fué saludado el joven
rey Víctor Manuel en París con un entusiasmo rayano en delirio; para el 6 de abril.pr6ximo se anuncia la salida del presidente
Loubet rumbo á la ciudad de las siete colinas, á donde va, n.o simplemente á pagar
una vjsita de cortesía internacional, sino á
estrechar unos vínculos que nunca debieron

aflojarse, á reanudar una franca y leal amistad que nunca debió hat:Jer perdido los caractere~ de la más pura fraternidad, á hablar: con la cordialidad con que se resolvi6 ·
la suerte de la moderna Italia en la entrevista de Plombiéres, de. los nuevos lazos que
en lo sucesivo deben atar á pueblos hermanos.
Fructuosa por más de un concepto tiene
que ser la visita de M. Loúbet á Roma: servi¡á, á no dudar, para encauzar las corrientes de simpatía que desde hace tiempo cruzan en opuestas direcciones á travl::s de los

v'&lt;.(_

\ 't-'~

e,·

téril la acci6n del rey Pedro, nieto de Jorge
el Negro, y que su situaci6n en su minado
trono se hacía cada vez más insostenible.
Nuevas informaciones, llegadas posteriormente, nos hablan de con~piraciones pr6ximas á estallar, de trabajos de zapa que carcomen y amenazan el mísero reinado, de
sordas maquinaciones que se acercan, de
odios profundos que se amontonan, de desquites crueles que se preparan, y todo esto
mezclado con la roja visi6ñ de la tragtdia
del pasado junio, que salpic6 de i,angre, y
de sangre de reyes, el solio de Belgrado, hace que el mísero monarca sueñe mejor en el retiro, que en
la lucha contra enemigos cuasi invisibles.
Los partidarios de los regicidas se mueven i,in cesar·y su
influencia negra no termina,
,I
sino, antes bien, parece fortificarse; los parientes de la difunta reina Draga no descansan por su parte, y hablan de
venganzas; aquéllos acusan al
actual rey de connivencia en
sus maquinaciones; éstos se
quejan de él ante la impuñidad
del crimen horrendo, y todos
traen á mal traer al soberano
infeliz coronado de espinas,
que no otra cosa es la áurea
corona que en hora Riu ventura acept6 para sus sienes. .
Y allá van los unos maquinando venganzas, los otros
tramando conspiraciones; allá
van, preparando todos el desprestigio del usendereado reino, buscando, tal vez sin sospecharlo, el protectorado ex- .
tranjero, 6 quizá la vuelta á la
servidumbre de que salieron,
despué&gt;1 de haber combatido
sin t regua y de haber derramado towmtes de sangre generosa en defensa de la patria
soñada:

LOS SOLDADOS RUSOS EN MANDCHURIA.-UN BAILE AL AIRE LIBRE,

a!lima al Czar; con toda prudencia, pero con
eierto dejo de malicia por parte de los estadistas de Tokio, quienes procuran, y parece
que lo han conseguido, ganar tiempo, antes
de decidirse francamente por la remisi6n de
la disputa á los peligros é incertidumbres de
una contienda armada.
Díjose en los pasados días, que el orgulloso Imperio del Sol Naciente no estaba listo
para la lucha, y que no lo estaría hasta el
primer día del pr6xirno febrero; y cosa singular, á medida que se acerca la fecha señalada, las dificultades parecen crecer, las sombras se agrupan en nubes de tormenta, y los
mismos que mostraban mayor confianza en
la terminaci6n honrosa y satisfactoria de las
diferencias en disputa, hállanse, en la npariencia, más dispuestos á creer en el rompimiento de las hostilidades. No quiere decir
esto que se haya p~rdido toda esperanza, y
que se considere irremediable la situaci6n
para los que con an3ia desean la'paz; pero es
un hecho que las zozobras crecen y las inquietudes se hacen más punzantes, al ver
que, lejos de vislumbrarse la anhelada soluci6n, se hacen á este respecto· las predicciones menos halagadoras.

***
Alguien ha sorprendido, 6 creído sorprender, hasta los planes de los pr6ximos combates, según las opiniones de un militar de
alta graduaci6n en el ejército niponés. Háblase de. desembarques futuros en Chemul po,
para crear una base segura de operaciones en
territorio coreano, y poder así, entre los puertos Arturo. y de Vladi vostock, puntos de apoyo de los ejércitos rusos en movimiento, tener la vista fija, por un lado, en Mandchuria ohjeto de las predilecciones moscovitas,
y, 'por otro, en los movimientos de las escu~dras del Czar, punto objetivo de la estrategia
estudiada por el Estado Mayor del gobierno
de Tokio. En esa posici6n, si los desembarques no son estorbados eficazmente por la
flota y las tropas de Rusia, pod_rán dar los
japoneses, como lo esperan_, el pnmer golpe,
asegurar el éxito primero de la campaña.
Vendrán luego-agregan ellos- nuevos contingentes de tropas moscovitas; irán los cosacos á apacentar sus caballos en las llanuras fértiles de Corea; no iml)orta: ya estad
dividida la energía rusa y poco han de poder los japoneses si no logran prolongar la

campaña y dadas sus condiciones de vecindad par~ . las operaciones, luchar y luchar
por mucho tiempo, hasta agotar las fuerzas
del coloso.
Esto se ha dicho; pero lo cr1:emos_ por lo
menos anticipado y desprovisto des6hdo funmento. Esperemos el desarrollo de los acontecimientos que no ha de tardar, y confiemos
en que la diplomacia alcance un v~rdadero
triunfo, con un pacífico desenlace del conflicto como lo desean todos los hombres de
buen~ vomntad.
X.X. X.
27 de enero de 1904.

09
Verdad como la luz es, á mi ver, quemayor prosperidad puede alcanzar ~m yueblo
instruído, poseedor de ~orto tern~ono, que
uno inculto, señor de dilatadas tierras. De
donde concluyo que más acrtedor al lauro
de los inmortales es el ciudadano que aplica
todo su poder á difundir la instrucci6n entre sus compatriotas, que el guerrero que
corobate ardorosamente por conquistarles
nuevos dorrijnios. -AIVER.

***

MANDCHURIA.:_UNA BANDA MIÚTAR RUS A.

Alpes legendarios; para dar nueva y más
poderosa eficacia al tratado de comercio recientemente concluído; para despertar los
viejos ideales que antes á los dos pueblos
animaban; y si no alcanza, cerno es de creer·
se, esa uni6n á desatar los nudos de la «Tríplice,&gt;, pará las rP.laciones diplomáticas más
claras y las relaciones de las colectividades
más cordiales.

***

Bien decíamos, al hablar de la infeliz Servia en nuestra cr6pica anterior, que era es-

Entre tanto, el conflicto rusojaponés está en pie: puede
asegurarse que substancialmente en nada ha influídopara su soluci6n el transcurso de
una semana; el Imperio moscovita que disputa al Jap6n
la preponderancia en Extremo
Oriente, cede, no cabe duda, ante las demandas del Imperio niponés; pero las concesiones á su temido rival, que aumenta en
proporci6n sm exigencias, no bastan á dar
· pacífica sol uci6n al conflicto.
Rechazada por común acuerdo de los contendientes la oficiosa interveñei6n de las potencias amigas: sigue estudiándose en los gabinetes la embrollada cuesti6n, á nue,,tro entender, con una buena fe admirable, en San
Petersburgo, guiados los políticos rusos por
el noble sentimiento en favor de la paz que

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MANDCHURIA.-~~ Y¡RREY ;\LEXIEFF :nsANDO REVISTA Á l,AS 'l'lWPAS

MANDClIUlU;\,-UN TREN PE ARTil,LERÍ A,

�EL MUNDO llUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

~!
POR JOSE SUTOS CHOCANO
~J4,.
EL MtDIODlf\ EN EL ISTMO
romo ph1&lt;·ti bruílich\. por l;i o!n,

Lf\ Ff\UNf\ DE f\MERIGR
NiPga. B1IO'on rtc AmériC'n el portento,

EL BOf\
lt'.n sus. nnrlos hn\· f11cr,m~ mistcrio~ns:

fulge la R.renn: el ,1g-1u1. se rrt1rn.:
min.s,mn. sutil ht &lt;•il•n.ign. r&lt;\8.pim:
y en ese hálito. el sol pint&gt;1 su iu1reoh1.

,1 trnYés &lt;le sn f»nna. El sabio ronde•
cntm en la selv,i; y le prcguntn "" dónde
p11NIC e11t'ontrnn111 bruto corpulento.

f.Ohrr- i:.u IPntrnn, ·vihrHci6n de enojo~:
lirnpi&lt;l,..z &lt;l(' C'!-:mernJñn. C:'ntrc sn:,:; ojos;
~- c-n ~11 ('Scamn, rorricntc.-s luminosaí-.

E1i la. piznrrn. &lt;lo ln. pin.y;\ ~~In.

;.lfHl.ml leones tnl \·ez·? Vano C'fi ~11 intento...
;,mc11111trs hnbrá'' NAclic rC'spondc ...
E~ que tfll vez el nu'1!-ic11lo se e~('onde
pan1 dejarle &lt;·nmpo Hl pensamic.-11to...

lluPrrnc (&gt;nrnrcn&lt;lo t-nbrc bliln&lt;lM• ro~ns;

una tortug,1. Al~t11rg,trlt1 cxr1ra:

,·. ni redor rlc un lngitrt-o qnp ._e e~tirn.
bnten cien peces :o.u cnt·orvnrla. rola.
El Aire qni&lt;.-to·es.t~: ni un itYe ru1!-·A:
~úlo ú\'cn~r Pn el nrnr. qn&lt;•&lt;•l !--Ol :ihrm:.tt,

mnrm.nrnciones ron temblor de n•zo:
"en ln. reYerbern.nte Jt.'jnní:l. ...
t'n meñio riel sopor dl'l 1n,,ñiodin,
~e 1lbr(' la. inmensidnrl ('QlllO UII b()f:tCZO...

~º~

Mf\RINf\ TROPIGf\L
El re-mern npoyó }A 11 birrtn rmrno
rontrA el &lt;·r1i-:ro ckl h11q11l•: Y lcntnmcntc
~e nlejó t•l pn!--trc-r bntP .. Enorme lcntf•,
hnjo el ojo del sol. em el orca no.
Puc$.tA la proa hnrin el &lt;'"nfin Jcjnno,
el hnq11c de las Jn&lt;lins &lt;le ()(·cirlente
zRrpó, llcnrndo (t lu enropr;i gente
los tesoros del ~nielo nmPritano .....

Y ,111!\. en h1s ¡,Ínyns. entre espumas rotus,
cnnnflo c1 buQnc, vir&lt;1n&lt;to en i;;us ~nhclos,

YOl\'iÓ la espulda con brutal desaire,
se leYnntó nn,i bnnd,1 &lt;le irn,"iotns,
rual si f11esc el n&lt;1i6s de cien p11iiuelos
snspensos y ngitados cu el aire ......

;,Y el bo&gt;1? ¡.Y el rondor? ¿Y el ,•neorlrilo·.•
~ndo potente: n.rm.1H1uc vi:-dornuio:
&lt;•lan1. de ncc-ro; que. Bnffon se n~o1nbre ...

l'cro ln idea del que • brió este asilo
no f11l• b11~('nrlc ni brntr un exc•enurio.

sino fué darle otro cscennrio ni hombre!

Pt'fO. ni &lt;i&lt;'sC'n\ oh·C'n-:f' en sus nntnjos,
Jnt•f.l t1n 811 lnrg,1 piel rirn1l0~ rojos,
Ol'S el(" J&gt;&lt;n-o rrnl r moripO,"-nS.
~ rpIc.' S&lt;" &lt;'S&lt;'np/) df'.' nn mono~rarna,
d11n:;,nrnlo vn sobre ln YC'rdc .e-rnmn,

&lt;lP Hn fneg-o nrtificinl ,\ In. mR.nern.;
y en 11n {1rbol ni fin C'iñ&lt;- !'-ill Jnzo.
f'iii(' i-11 rC'd&lt;'dnr ele un bruzo
Ja urtisticn c-sµirul de nnn pulsera.

(•01110 ~"

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Lf\ GEIBf\

Lf\ Gf\OBf\

En la~ \·irg&lt;?ne~ sPl\'n~. rorpnlento
yergue sn tronro ele n11aosns fnnrns,

que improYisnn ,·ihrnntc~ pc-nh1granrn.fi
vn rl'L toda::: las mt'isicas ctel \'icnto.

BAjo su somhr11. pAirfarcnl i\F-iento
presta al hibricrro en lns mullirlns g-rmnn~;
;\ su:-1 pit·s. dps(lnvuclvc panorumns:
y brindn, con su copn, al firmamento ...

Dúc-il c·Hohn. entre los sabios manos
&lt;lcl ornamcn lndor. r--e tru.nsfigura.
t·n ndornos de nrtistira. moldura.

mfts primorosos cnnnto más livituios.

runa &lt;k niílo~ y ntaú,t d~ anrian~o:-.:
lecho en que dÚermc pUtcidn hermosura;

pórth·o cie 1111 n]c;\znr de ventura.:

y bn,tn trono de regios soberanos.

Grnb11 C'n In tierrn eno·rmc~ c·icatric~s.
m1'-:- no ln hiere 11i penetnt en vnno.

'El pcnctrnntc olor de la m,idera
tinge ,)J olhlto un1l.. ilusión extraña.

porqnc el árbol que nhonda ~ns raicec,

como si el alma de los bo•ques fuem;
y así. aunque el lustre_del barniz engaña,

ya que resalta sobre todo un mundo;

el-i. al i~unl riel pcnSt1111iento humnno.
siempre más grtlbde cumito más profundu!

en más de tmH. tfll ver. corte extranjera

se respim el olor de la montañr ...

EL GONDOR
Al clesp1111ll\r rl cstrcllndo roro,
pósase en una c1íspid~ nevadll:
IO'('nvnelve el rli,i rn la postrer mi:rndn;
)' reYient,i á sus pie.s trueno sonoro.
En hltlnca gola es impNinl decoro;
~u c&lt;'ño w1rnniJ. pomo dP e~ptt&lt;ln:
~11~ g-arrn~ siPmpre en Actitud nirnda.
run'os pufü1lcs entre estuches de oro.
f:olit,r rio ~n la cúspide se siente:
en his pálidas nieolas se confunde;
cksnmece los brillos dr s11 ,iureohi;
,. rsfnmándose. entonces, lentamente.
hunde el' la noche, corno el almtist1b1111dc
en la mcdit&gt;1ción cuando está ~ola!

se

~º~

EL Gf\lMf\N
Enorme tronro que arrastró la oh1.
,·ncc el rt-1imán varado en Jn ribera;
e.~pinazo de &gt;1brupta eordill&lt;·rn,
fauces de abismo)' formidable col&gt;1.
El sol lo envuelve en reluriente aurei.ln;
y parece vestir &lt;·ota y cimcrA.

cun1 monstruo de metal que n•verbern
)' que n1 reverberar se tornasola ...
rnm6Yil como un fdolo sagra&lt;lo,
c-eñido en n1nllas dtl compacto acero.
contempla el ngua. cxt,\tico y somhrio,
á manera de 1111 príncipe encantado
quo vive etcrna.mun~c prision&lt;1ro

en el palneio de crist&gt;tl de un rio!

ON la pupila clavada en la
Soy el alcohol. Mi linfa, sublimizada por aromas y matices, es como
sima misteriosa del dolor la boca del abismo cubierta de ramajes florecidos: atrae porque encubre
humano, descubro el fon- las entrañas del precipicio. Mis ansias turbulentas se coronan de regocido tétrico y sorprendo jos cuando en las luchas de las pasio·nes humanas hundo el acero de los
g-uiñapos y tinieblas; oigo cuchillos en la carne de los senos vírgenes; cuando llevo en el plomo ó
chasquidos de puñales ho- en el cianuro el beso de la muerte, sobre la frente pálid,t de.los suicidas.
micidas, lamentos de tráSoy el alcohol. En mi corcel &lt;le color de sangre cabalgan, en aquela·
1:ricas agonías y sollozos rre tempestuoso, la Locura y el Hastío, el Crimen y la Miseria. La onda
de labios inocentes que de mis esiragos imponentes lleva de una generación á otra el germen de
·elevan al cielo la flot· de sus plegarias corno un eco de perdón.
incurables raquitismos, de hemiplegias torturantes y de morbosos sediBusco en el flujo de las podredumbre~ al espíritu infer~al que las in- mentos que arrancan al músculo su energía y á la celdilla cerebral sus
forma; y del fondo ensangl'entado del abismo, de las entran as de la enor- más altas vibraciones. Mi estandarte rojo y negro flamea sobre I a vida,
me cuenca se levanta hasta mi oído, con clamores de tempestad, un~. voz corno el ala de un halcón apocalíptico que cracita entre escombros de
que diabóÚca se reo-ocija al hace1'meel terrible inventario db sus tl'iunfos.
miserias :fisiológicas y lágrimas de Jolor.
-Soy el alcoh;l-me grita.-Para. rendir á mi do·
¿,Qué es la fuerza del. hombre ante mi fuerza? ¿Dónminio la voluntad del hombre, inicio mi labor de sede está el poder de ese luminoso espíritu que ha sabido
Los
colaboradores
de
El
MUNDO
ILUSTRADO
ducciones ofreciendo consuelos á las penas, llevando
domeñar la altivez del rayo; que ausculta las entrañas
guirnaldas enrojecidas de alegría á las almas sediende lo infinito y orgulloso y triunfante se pasea sohreel
tas de ventu,·a.
oleaje iracundo de los mares? ¿Dónde está ese espíritu,
- Soy el alcohol-repite la voz.- Para someter las
creador de tantas maravillas, que yo convierto en jualmas á mi imperio, halago al insensato, ofreciéndole
guete de mis garras;'
vigot· al brazo rendid-o por el trabajo, fiereza á su _coSoy el alcohol. Soy el incansable combatiente y
razóo y cárdenos resplandores al haz de sus peosa:m1e~perpetuo vencedor de la dignidad humana. Mis fuerzas
tos. Me infiltro en los orga.nismos bajo la apar1e~ci_a
se robustecen con el vaho que se levanta de los coágu•
engañosa de !'l&gt;Lvia que vivifica, y al empuje de ?Jl pi·
los de sangre con que enfloro las encrucijadas de mi
queta lacerante, no hay fr~nteque no se eclipse_, ni d1g:
camino.
nidad que no !'le •'stru¡e, m brazo que no se rrnda: 1~t
El epinicio más alto de mis heroísmos se revela
espíritu asolador puPdes hallarlo en esa turba envilecicuando llevo el hambre y el odio á los hogares y visto
da y gastada que claudic,t por calles y tabernas, arras•
de luto á la orfandad queme canta con la elegía de sus
trando como pesada carga, un cuerpo tembloroso, de
sollozos.
carnes 'amarillas v flá~idas. Mi espíritu soberbio canta
Soy el alcohol, y en la. fíebl'e de ;mis delirios, me
su poema de gloria en los hogares sombríos, donde llodisparo como un rayo hasta el¡-asiento de Dios, cuando
ran los pequeños abt·azados á las madres para salvarbrota la blasfemia con que el borracho consagra las
se de las iras que levanto en los corazones que me
podredumbres de mis altares.
aman.
Enero-1904.
Soy el alcohol. Bajo las arcadas ~úgubres de los
manicomios congrego y sacudo una legión macabra de
espíritus imbéciles, de organismos impotentes que gesticulan,:gritan, cantan, y lloran y desenvu~lven el a~- Muchas de nuestras llamadas virtudes no son más
senal de sus hórridos extravíos en contorsiones horr~que vicios d_isfrazados.
,
Sr. Beµito Fentane,i.
bles, en pesadi~las vi_olent~s que hallan su epílogo si-En todo negocio humano se puede hallar siempre
lencioso en el vientre msaciable de las tumbas.
un inconveniente.

o

E

N la pequeña ciudad de la
Nueva Inglaterra, en l·a que
el ca~o actu,tl se ha registrado, dicen los vecinos que la
gente es buena; la cárcel, muy pequeña; cornµarativamente al tamaño de la ciudad, se ve frecuentemen te vacfa, y, desde que el Consejo
Municipal tomó posesión del pequeño edificio de la plaza principal, no
se sabe que nadie baya sido condenado á muerte, ni á uh número considerable ele años de presidio.
Y es que la existencia de tan pacíficas gentes es fácil y tranquila,
por haber en las cercanías suficientes campos para obtener legumbres,
cet·eales y 'to'do lo que para la alimentación de los habitantes se requiere. El comercio y el trabajo de
algunas fábricas locales, les proporcionaban dinero para una subsistencia, si no con altas comodidades y lujo. sí con lQ necesario
para vivir trnnquilamente. El clima, por último, y la lejanía relativa de los grandes poblados, daban
cierto aspecto de paz permanente,
nunca desmentida por los vecinos.
En una de las noches en las cuales la botica del pueblo estaba más
concurrida y se encontraban ahí el
Alcalde, el Jefe de la Policía, el médico, el maestro de la escuela _y algunos de los vecinos de mayor prominencia, se discutía acaloradamente algo que debería interesará
todos, pues contl'a lo que siempre
sucede en las discusiones de pueblo,
los particulares no se injuriaban,
ni las palabras sonoras atravesaban el viento.
Era, sin embargo, el tema de la
conversación, intet·esante; pero por
un extraño milagro, estaba de
acuerdo el médico con el Alcalde,
y éste con ~l boticario. En pocas
palabras, el asunto era éste;
Vi vía bastante aislado, casi solo, en un a¡ vieja granja de los alrededores, situada enfrente del camino carretero, un vecino que en épocas anteriores mucho había figurado en la política local, pero que,
viejo ya y con fondos suficientes
para mantenerse, se había retirado
de la socieJlad y rara ocasión se
llegaba hasta la plaza del pueblo.
Este humbre. el «Tío Olduck»,
había sido algo avaro, y se susurraba que tenía fuertes depósitos
en los bancos de la- ciudad; pero,
por otra parte, ánadiehabíahecho
mal nunca, y á nadie se le conocía
por enemigo, á pes,Lr de lo &lt;!ual, la
n0che anterior había sido asesioado vilmente.
Habían los- asesinos (porque seguro que eran &lt;los, cuando menos,
los criminale~); habían, decía, sec•
cionado el cadáver, después de darle de puñaladas, con verdadero
ensañamiento, y habían pretendido
quemarle e'1 la chimenea sin conseguirlo, tanto µor las dimensiones
de ésta, -cuanto pcrque el día los
había sorpl'endido en la operación
siniestra.
¿Quiénes habían sido los culpa·
bles? La opinión era unánime. No
había en el pueblo entonces ningún
extraño; nadie había sido visto en
los caminos, en cuatro ó cinco día,;
cuando menos ; solamente existían
en la ciudad dos hombres, los dos
criminales, no porque algún delito
hubieran cometido en esa población,
sino porque habían llegado hacía
algunos años, y se afirmaba que
p_rocedían de algún presidio lejano

un rrohlBma Juai6ial

en el que habían purgado una condena por asesinato.
Ya en la población, los dos criminales, estrechamente vigilados,
nunca habían cometido delito alguno; pero sí eran borrachos, pendencieros, poco aficionados á trabajar y de mala índole. Ellos deberían sel' los criminales, porque ellos
tenían que serlo.
Tal era la opinión de 'los que en
la botica discutían y era .también la
unánime opinión de todos los vecinos, de todos los cuatro ó cinco mil
que en la aldea t-enían su residencia.
Habían sido aprehendidos los dos
bandoleros. Negaban, por supuesto, su participación en el asa·lto y
en el homicidio; pero ne, habían logrado pro'har que se encontraban
fuera del sitio del crimen en los momentos en que el pobre Olduck había perecido.

los que éstos fueran? Entonces sí
que la!'l opiniones quedaron divididas. Muchos de los vecinos, incapaces de matar una mosca, decían:
-Si yo fuera del J urado, á los
dos condenaría. ¿Podernos vivir
tranquilos, si :;aJen de I a cárcel los
dos bandoleros, que, por desgracia,
se han avecindado en nuestra población? ¿,Quién podría vivir en
paz en estas circunstancias? Debemos influir para que los dos sean
enviados á la horca; cuando menos, á la penitenciaría, por toda su
existencia.
-Pero-le respondía otro de los
vecinos--ya se sabe que el abogado
de Jolrnson dice que sólo admite la
condenación total ó la absolución
sin términos medios. Hay que ahorcarlos á los dos, ó que maodarlos
á la calle á los dos, juntos tam•
biéo.

A la sensación causad a por el
descubrimiento del crimen,• siguió
la que causaba la actitud df! los
abollados defensores de .Tohnson y
de Peterick, los dos oandoleros,
probables asesinos del tío Olduck.
El abogado había dicho en· todas
partes «que el caso era el arí$irno;
que su cliente, Jobnson, era ó no
era culpable; que en el primero de
estos supuestos, debería ser ahor•
cado, y puesto en libertad en el segundo, y que nada admitiría que
no fuera uno de estos dos extremos».
Se discutía mucho la actitud del
hornb1·e de leyes, y meses después,
cuando la causa iba á ser preseotada al Jurado, uno de los más prominentes \·ecinos, que, en uno de Jo,;
senderos que llev-aban al pueblo
había encontrado á varios de sus
a.nigos, decía «que e1·a ele esperar·
se fueran condenados Johnson y
Peterick, porque éste último había
ya confesado su culpabilidad».
Y el caso era cierto. Pero, ¿,habría que tomar en serio la declaración, llena de contradicciones, de
Peterick, al que todos conocían como un mentiroso incapaz de ~ospechar siquiera la existencia de la
verdadi' ¿Deberían los jueces populares-mandar á la horc,a, por la
sola declaración de un conocido
mentiroso, á dos hombres, por ma-

Y sucedió que, pocos días des,
pués, se reunió el Jurado, y los
mismos que sostenían la doctl'ina
de la condenación y que se manifestaban indignados, por· la debilidad
de los que con ellos estuvieron de
acuerdo, se vieron ya en el estrado
y sintieron sobre sí la 1:esponsabilidad del cargo y absoi vieron á los
dos acusados.
-Hemos pensado - decía días
después el que fuogió como Presidente, al contestar los cargos que
se le hacían en I a eterna reunión de
la botica del pueblo;-hemos pensado en que Peteri&lt;:k de seguro
mentía, tratando de lograr una disminución en la pena, que suponía
fuera la de muerte, porque estaba
muy asustado. Creyó que confesando una mentira, lograba salvar el
pellejo. Y, además, mintió por costumbre, porque siempre, y en todos
los casos, miente, porque es y a un.
hábito en él hacerlo.
Los dos hombres paseaban por
la calle y seguían su vida misma de
vagos y de borrachos, cuando se le
ocurrió al notario de la aldea, que
mucho creía saber de leyes, un infalible razonamiento que libraría
á la pequeña ciudad de los vagaburidos, sospechosos del asesinato
de Olduck, librando de temores á
todos los vecinos.
- Si Peterick mintió-decía el no-

tario-al declarar la histol'ia clt-1
crimen en los términos que ante el
Juez lo hizo, es culpable de perjurio y se le debe procesar por ello. ·
El veredicto del Jurado es prueba
suficiente de que ha mentido, porque él, Peterick, dijo que habíf!'
muerto á Olduck, y el Jurado voto
que no lo habían hecho.
Volvió á entrar á la cárcel Peterick, por lo tanto, cuando la acusación tomó forma. Enton&lt;'es el
pueblo tuvo su cun,rtu dfa de excitación en la temporada. Después
del día del asesinato, del día en que
se había dicho lo que el abogado de
Johnson pensaba hacer, y del día
en qu·e el Jurado había absuelto á
los dos sospechosos, ninguno fué
tan sensacional en la aldea como
aquel en que el mismo abogado que
sostuvo la inocencia de Pete1·ick y
de Johnson, y que consiguió ante
el Jurado la absolución, ahor·a, que
defendía á Peterick, apoyaba lave
racidad de éste, y, por Jo tan tu,
afirmaba la comisión del delito pot·
su defendido.
Pero como la absolución habfa
sido ya pronunciada por el Jurado,
era fácil decir en público, ahora,
que Peterick no mentía. El fallo ern
irrevocable, y así lo sabía el astuto
abogado defensor.
Tanto y tan bien sostuvo su tesis,
que el segundo ·Jurado absolvió a 1
vagabundo de toda culpa. Fué el
díu, de mayor expectación en todo el
pueblo, tanto por lo inesperado de
la sentencia, corno por la sensación
que causaba lo dicho por el notario, por el acusador que creyó im·
posible se salvara Peterick del dilema que había imaginado. Si habían J os dos vagos asesinado a 1
tío Olduck, deberían haber sido enviados á presidio, cuando menos;
si no lo habían asesinado, Peterick
mentía, y, por lo tanto, había cometido perjurio y debet·ía ir al presidio también.

***

Pero el primer Jurado afirmó que:
no habían asesinado a,l viejo los
dos acusados, y el segundo aseguró
que no mentía Peterick, al no habe1·
cometido perjurio.
Entonces decidieron enviar todos·
los vecinos un memorial escrito en
buena forma al diputado.que representaba en el Congreso Federal el
Distrito al que la población pertenecía. Discutieron mucho y ten di•
do la forma que habría de darse~ l
documento. Pedían que se reformar a la ley en último caso, si no e1·1L
posible resolver debidamente el
problema que se babia presentado.
«Si los dos acusados son respons:rl&gt;les de la muerte de Olduck, dech
el memorial, deberían ser condenados y estar en presidio. Si no lo
son, ha meotido ante los jueces P,·terick y debería, estar en la peniteu- •
ciaría por ello. PerocornoniJohu·
son ni Petel'ick habían sido en via
dos ¡Í la cárcel, luPgo 6 no habfa
sido muerto Olduck (y estaba ya.
enterrado), 6 algo había en la le.,
incompatible con la vida real, ó º"
existían los criminales, ó .... »
Todavía no reciben la contesta ción del diputado.
Elliot Flot&lt;•ei·.
Traducción de ''El fündo Ilustrado."

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Para las Damas
LABOR.ES
MANUALES

71oY á tratar en la presente página
Y de un asunto que mucho os inte-

re@a, lectoras mías, y en el cual deberéis fijar vuestra atenci6n. Me refiero
á las hs labores manuales, á ese «bouquet» dé maravillas que vosotras sabéis
hacer teniendo por úuicas armas una aguja y algt,nos hilos de seda.
Sobre el asunto se han escrito muchos libro~. Yo tomaré de ellos lo
principal y os lo presentaré, condensado en'. breves líneas.
Una mujer de hogar, la verdadera ccmujer;de su casa,i, en el sentido más amplio de la palabra debe saber,~por fuerza, c6mo se borda
una toalla de tocador, c6mo se confecciona un cojín de seda, ó c6mo se realzan,
en un pañuelo, las iniciales del padre 6 del
esposo. Ignorar el arte de estas labores, es

niendo los medios para qu-e
se ~esarrollenj· fructifiquen.
es de la única manera coml•
se forma la verdadera mujer
de hogar.
El arte de las labores ma •
nuales es muy extenso y~
veces complicado. Ya son
manufacturas de gancho ó
«crochet»; ya deshilados de
punzón; ya pinturas al óleo
ó á la aguada; ya, en fin,
otras diferentes manifestaciones que por ser tan larga$, no ~abaríamos de enumerarlas. De todas ellas no
podríamos hacer uba selección y presentarla á nuestras lectorai::. No: la tarea
sería dificilísima é infruc•
tuo~a, pues nada avanzaríamos, no s6lo con intentarla siquiera, ni con completarla aún. Así, pues, dejamos al gust.o de nuestras
lectoras y á su~ buenm; deFeos, la labor que traten de

'.rOALLAS BORDADAS
una verdadera acusaci6n de
pereza que se formula tácitamente en contra de las
mujeres. Si nosotras podemos ser maestras en algo,
debemos serlo en las labores mánuales, que no son el
coronamiento, sino la base firme y sólida de l o.s hogares modestos
y laboriosos.
. .
.
Aun la mujer acomodada, la rica señora que tiene cubiertas todas sus necesidades y que en los almacenes de modas colm~ todas sus
a:mbiciones, adquiriendo el traje de alto tono el saco-abrigo d~ moderno estilo; aun esa dama que parece haber sido creada l?ara d1sfru:
tar magníficamente de sus riquezas, debe saber, super_ficialmente. s1
se quiere, el arte de ~~s la?ores manuales. Mayor ne~es1dad y, pudiéramos decir obligac10n, tienen de conocerlo las remas de modesto
hogar ó las ~efioritas dé condición humilde. Aparte de ser para ellas
un arma poderosa de defensa, pues
en las vicisitudes de su· vida no se
verán exentas de utilizarlo como medio de subsistencia, constituye un
preciado y noble adorno que, por lo
menos, les da el satisfactorio y her•
mosísimo título de hacendosas.
Las niñas, particularmeute, son
las que deben aprender y llegar á
dominar este arte. Bien harán las:
madres de familia en exigirá sus hijas que no abandonen, ni un solo,
día, el bastidoi; y la aguja; en inculcarles en sus tierno&amp; corazones los
principios más sanos de laboriosidad
y limpieza; en obligarlas á que por
sus propias manos preparen y confP.ccionen el obsequio para el padre
ó el hermano. Sembrando estas teoOTRO BORDADO PARA· TOALLAS
rías en los corazones tiernos y po-

MQDELO lJE 'l'i,;JlDOS

borde alta estima, que además de pagarse
á muy buen precio, enorgullece y satisface
hondamente á quien lo ejecut11..
Para terminar, haré menci6n de un hermosísimo cojín de seda, bordado por una
sefiorita española que radica en México. La
prenda se va á exhibir en la pr6xima Exposición universal de St. Louis Missouri. Etite
cojín es una verdadera obra de arte. Se ha
bordado especialmente para el rey de España y constituye, verdaderamente, un obse·quio regio. En el centro del cojín aparecen
las armas españolas bordadas con seda blanca. :Menudas y artísticas guías de cordonci-

BORDADO PARA MANTELERÍA.

PANT&lt;(\LLA PARA LÁMPARA
emprender. Estas pueden ser de tejidos, bordados, deshilados, pinturas, dorados, pinograbados, etc.
Lo que más está en auge es la pintura. Dentro &lt;le poco tiempo, difícil
será encontrar una señorita que no
maneje el pincel y pinte rameados
en la tela de sua trajes, paisajes marinos ó cam pei-tres en la cubierta de
una mesa, alegorías en la portada
de un álbum ó &lt;Crecuer&lt;los» en el ángulo de un «cache-néz». Así, puei;,, os
recomiendo que intenteis algunos
trabajos de este género y que en vista de vuestras aptitudeE&lt;, los eontinuéi¡, hasta perfrccionarlos 6 los
cambiéis por otrol'&lt; que sean más ele
vuestro agrado y satisfagan más
vuestras disposicionei;,.
PoJéis dedicaros á bordar. El bor-,
dado es un manantial riquísimo, inagotable. Las multicolores combinaciones de la seda y la diverRidad de
asuntos ó de modelos que se pueden
explotar, hacen del bordado una la-

EN CONTRA Y EN PRO DEL CORSE

POR'l'APAPJ!]Ll~S CON BOl!O.\ DO

llo parten del escudo á los~cuatro ángulos del
cojín, donde se encuentran otros tantos escudos de las principales provincias ibéricas.
Los ángulos 6 esquinas del cojín se unen entre sí por medio de guías de mirto y laurel.
Al pie del escudo central se hallan las iniciales de S. M. el rey Alfonso. Esta prenda,
que es una verdadera obra de arte ha me·
recido los más sinceros y caluros¿s elogios
por parte de todas las personas que la han
exa-minado. Como dato curio~o agregarer.aos
qi:e un viajero inglés ofreció p_o r el cojín dos
mil pesos á su. duefia. La señorita española
se negó á venderlo.
·

Marcel Prevost, en una crónica del &lt;eFígaro», resucitaba &lt;ela gran cuestióni,: la cuestló1t
del corsé: la armadura esencial de la &lt;etoilette» moderna. No es cosa nueva la campaña
feroz contra el corsé: la Higiene le ha condenado ya hace mucho tiempo, y los estéticos
murmuran de él en nombre de la belleza.
Marce! Prevost se h~ apoderado de los antiguos argumentos, reforzándolos con la autoridad de su palabra y de su nombre. ·
,,Fcemina» se encarga de la defensa. Desde
luego se lamenta cede que se tr3:ta de quitar
á la mujer del siglo XX esta manera de revelar su tipo mental, su estética personab,
Su fuerza-dice otro cronista-está precisamente en que no se funda en ningún argumento. El corsé es un hecho y no hay natan sólido, tan inquebrantable como un
hecho.
&lt;ePara evitar-contesta Marcel Prevost-Ja
tortura de los cordones alrededor de la cintura, pueden adoptar las reformistas una
combinación que sujete el pantal6n á Jacamisa y haga descansar sobre los hombros el
ligerísimo peso de la ropa blanca.ii Prevost
explica, entrando en detalles de información
precisa, los procedimientos que pueden emplearse para sustituir el corsé «sin que ningún cord6n oprima la cintura, descansando
toda la ropa sobre los hombros y dejando libres los movimientos del toro y de los brazos,
Pero á esto contestan las damas francesas
que renunciar al corsé es renunciar á «vest~rse. ,, «Nos dan á elegir-dicen- entre qos
uniformes: ó la «neglige» dentro de casa, ligera y flotante, ó el traje «sastre,, con la _res-

BORDADO PARA UOJINES
tricción de que no puede ser demasiado ajustado, y además quieren que seamos elegantes.
La recomendaci6n tiene que dejarnos confusas.
BORDADO AL &lt;CCROUCHE'.l' »
En estas páginas encontrarán 'Ilis benévolas lectoras diversos modelos de tejidos, bordados, etc., que no dudo a provecharán para
la confección de toallas, colchas, cojines y
, otras prendas de utilidad y de lujo.
JOSEFINA.

?

SERVILLETAS CALADAS

OTRO BORDADO AL &lt;tCROUCHET.»

BORDADO PARA CUBREMESA

CEPILLO BORDADO

�EL MUNDO ILUSTRADO

OMO no aman las mujeres, así lo amaba.
S u amor se llamaba corazón. No tuvo
u n s olo día vulgar. No conoció la veleidad, ni el devaneo, ni el requiebro avent urer o y malsano. Era culto, fervor, idolatría.
E ra p ureza, una pureza .divina en la que nunca posó la sombra ruin de las profanaciones
h uman as. Un cr istal era su alma; y en el cristal de su alma, luminosa y vibrante como u na
p rim aver a de auroras, no se miró jamás sin o
el r os tr o de su amado, único y electo, vi va fl.01 ·
impetuosa de salud y juventud, desbordada en
la vida cual un tor rente de anhelos y alegrías.

** *
Un día, el idilio se h izo pedazos. Se rompió
como una copa finísima, sumergida en rubí,
cont r a u na mesa de mármol. Y del choque en
la piedr a gloriosa, surgió una nota aguda, del g ada, penetr a nte, como la aguja de una daga,
como un !'itmo enigmático, como el ritmo de un
doloe ar·tista.
L a mano brutal de la desdicha habían sido
los celos. ·Nunca fueron, empero, más claros
ni má's di!mos. El er a incorregible y terrible.
Profes aba que el amo1, ◊Orno el sol , abre todos los dias; y C!'e ía que era necesario recibirlo, ab ,orbed o, r eflejarlo, bañar-,e en él, aprovecharlo, gozarlo íntegro como la luz del portento so esteta del cr epúsculo. Y al amor se en. t regaba como un poeta á sus joyas, como un
conquistador á sus sueños heroicos en la embriaguez de la guerra y la visión de la gloria,
q ue se eleva en el horror de la matanza, como
l a f ábula dil la r.e surreccióu sobre la miseria
del sepulc1:0.1
E ~ ama,ba todos los días y á todas las mujer es. Que fuer ¡m b~lla s, que fueran volu ptuosas,
q.ue v~braran, era lo que peclía. El amor unipersmi'al le pa recía un a prisión, una abominación.' Se sublevaba contra lo que él llamaba
ese aislamiento, como con tra una to r tura, como cont r a una bal'barie. Y más multiplicaba
sus amores, sus· amores; jocundos y vo1·aces,
cuanto más imperaba en torno suyo el enemigo, el fiero y tOL'pe, decía, defraudador de sorpresas, de bellezas, de venturas, de vida; tl'Onchador i mpasi ble de los mejores racimos de la
vid; que trabajab a como las religiones, para
la tristeza; 6 co mo l as tiranías; para la muerte.

***

po lita. Y se r o mpió l a copa, l a mirífica cop a
procelosa, inmer gida en rubi; p ero· el r ostro
del electo subsistió en el cristal de su alma, luminosa y vibra nte como u n a prim a vera de auroras.
Su a mor s iguió siendo cor azón; pero ahora
fué congoja, pesar i:iconsolable que la ' consu·
mía en la desesperación de un m artirio continuo, concentrado y cr eciente.
El no vaciló, la s acrificó s in pied ad. Entre
ella y tod a s, se decidió por todas. Sus ojos no
e1:an para ver-insistía -el espectáculo del
amor uno, ig ua l , i nmovili zad o en l&amp; repetición
y la identidad , como la marcha de las agujas
en el cuadrante. Se enco lerizó contra a quello
que llama ba ir r acional pretensión al monopolio de s u vida; le pareció q ue habían quer ido
mutilar lo; y d ió 'la espalda a l amor de María
en una violenta insu r recci ón de toda su existencia de bebedor de amores.

** *
Pasó el tiempo; para él en el vértigo, para
ella en la pena.
L a abogaban los celo s, la mataban. Vivía en
ellos co mo un a expiación. N o o bstante la ruptur a, cada nueva noticia de u n nuevo amor era
como un azote más supe:an do á los otros en
fiereza.
Y cuando h a sta ella llegaban, como en un
haz fl agel ante, todos los ecos de su vida, que
escuchaba como ecos de esmíndalo, apuraba. la
agonía na zarena, con la hiel en los labios, con
la sangre del a l ma en las pupilas, en silencio.

Improvjso, una nocbe de b a i le se encontraron. Fué uno de eso s encuentros e n que la casualidad parece prodiga1· to da la r evelación de
su inteligencia. Aprehen dida e n pomos de ópalo, en rosas r ojas, en liri_o s verdes, en azucenas
azules, en todos los caprichos del vidl'io y todo s los ma tices del colo r , i n u ndábalos la luz
incandescente.
L os ojos en los oj os, se m ir aron lar gamente,
hondamente, exas per a d a mente, con la emocióu
y el ímpetu de la vida vi vi da toda entera en un
.. minuto.
De p r onto,-él dió palabra y gesto al drama
en su i nstante de may or ang-ustia. Abrió los
brazos, avanzó hac ia ella; y e n uu grito patético exclamó:
¡María ! ¡Te amo más q ue nunca!
¡Ylyo también!, mu rm uró ella .

Ella no qu iso ser una entre tantas y se rebe·
16 valerosa y resignada. No, no formaré-se
di jo-en ese harén disperso de Sultán cosrno-

J A CIN;l'O LóP EZ,

EL MUNDO ILUSTRADO

Las Bendiciones de San Antonio

m

UY conocida es la tradicional costumbre de las «bendiciones de San Antonio,)) á las que acude en masa n uestro pueblo, . año por año, llevando toda clase de
a nimales engalanados con listones, flores y
otra variedad de adornos.
_El 17 del presente wes comenzó la serie
de bendiciones en la iglesia de San Antonio
Abad, y continúan verificándose cada dom ingo. Esto ha sido motivo para q ue la
t riste plazuela del barrio y las calles del
tránsito, por lo común carentes de tráfico y
animación, seencuentren en la actualidad aleg radas por entusiasta verbena, en la cual -una
g ran multitud de vendedores de fruta~, legumbres, platillos nacionales y otras golosinas, causan la delicia de las turbas &lt;le muchachos que a llí concurren, &lt;le los obreros,
y en general, de toda la clase humilde del
pueblo.
La fachada de la iglesia d·e S,in An tonio
Abad, en el momento de n~ayor afltwncia de
gente, y el puesto de una venderlorn. &lt;le legumbre$, cuyos gritos se mezclan ú los de
lo!l demás mercaderes que ofrecen S\IH «vendimias,i, representan, rt'spectivamPnte, las
fotografías que aparecen en e!--ta púgi nrt.

De lánguido abandoLlo en d u Ice exce~o ,
fijando en mí los celestiales ojos,
con gratas esqui veces y sonrojos
y el móvil talle entre mis brazos p1·eso :
turbada por mi erótico embeleso,
r'iendo de mis cándidos antojos,
posaron con ardor sus labio-, rojos
sobre mi sbn calenturienta un beso.
Despué, . .... . ¡purtí! L1. v!']('idosa suerte
me hizo llo1·ar en ya leja.no día
de dura ausencia, su tem pran:.1, muerte.
Mas ¡ab! con aquel beso todavía
en vano pugno por que no dPspierte
h ondas t ri stezas en el alma mía.
MANUEL A. SAN JUAN.
L ima,11903.

CHISPAS
El secreto de la dicha
consiste en tener paciencia,
y los senderos del mundo
caminar en línea rect a.
¿Eres pobre? Pues trabaja.
¿Eres rico? Haz obras buenas.
¿Eres ambicioso? Lucha.
¿Naciste león? Pues devora.
¿Naciste pájaro? V uela.
¿Naciste ví bora? Muerde.
¿Naciste buey? Come yerba.
M. DEL PALACIO.

!nécdotas de artistas
El Emperador José II preguütó
un día al célebre Padre Ma rtini:
¿En qué consiste que sobre músi ca se emiten juicios tan abs urdos,
cosa q ne no ocurre con las demás
bellas artes':'
-Hay dos r azones-respondió el
P~d:e Ma:tini: la pri~era que la
mus1ca exige ser sentida como el
amor ; la segunda, que la mayor
parte de los músicos no son escritores y l a generalidad de los escritores no son músicos.
Méxicv, D. F. , septiembre 21.
El Dr. Bernardino Beltrán dice:
«Desde antes de recibirme, en algunas personas de mi familia, y después de recibido, en mi clientela
particular, he usado con muy buen
éxito la Emulsión de Scott de aceite puro de hígado de bacalao con
hipofosfitos , únicamente preparada
por los Sres. Scott &amp; Bowne. Me
es muy grato manifestar los buenos
resultados que he obtenido, sobre
todo en el tratamiento de la escrófula y la tuberculosis pulmonar.&gt;

o

et tatJ1mento
del Ilmo. Sr. Arzobispo Fechan
Los bienes fueron valuados en $126,000.
La ma¡yor parte de lo t estado consistía e.n dos pól izas de $25,000
cada una, tomadas en " La M utua", Comp,a ñía de Seguros sobre
la vida, de Nueva York.

"SflNTfl FE" l,flMEJOR RUTfl
A Denver, Kansas Oity, St, Louis, Ohicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

"'.'~

Haice pocos dfas que ~e ,p racticó
la atpertura del testam,e nlo de.J. Ilustrís imo Sr. Al'zob~o D. Pat r icio
A.. F~ehian .en la c.iuda,d de Ohicago,
Illrno1s. La fortuna d,e[ distinguido
prela:do asoendió á i0errca de . . .
$125,000 or o americano; y según el
illllVentario que se ha pu.blicardo Jos
bienes que dejó .fueron como sigue :
Dos p6li zas de "La
Mutua," Com-pafüa
d,e Seguros sobre ,!,a,
Vi-da, de Nueva York,
por $25,000 oro ca.da
una, ó sean. . . . . $ 50,000 oro.
Dividendos a.cumulados
sobre una ,d,e las p.óJizas. . . . . . .
9,329 oro.
Ot:ria póliza &lt;le segu,r o. 14,000 oro.
Acciones en efectivo y
en Bimcos . . . . . . 37,000 oro.
Entre los disposiciones del s&amp;
ñor Arzobis-po, en su testamrento se
hicieron ést.ae:
'
A su hermana, señor ita Kate
F'eelhan, que estuvo si.empre con él
hasta su mue.rte, $40,000 010 en bonos y $25,000 oro en una de las pólizas de seguro; á la se ñora A.na A.
Fi€&gt;ehan, viud a de.J. s,eñor doctor
:IDduardo L. Feehan, hermano del
señor !Arzobispo, $25,000 oro de
otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo; á la Aca.diemia de San P,atri.cio de Ob.ica,go, de la qu,e es preoeptora s u hermana, Madre Maria
Catalina, $10,000 oro de la últim,a
.p óliza; á la escuela "Santa Marfa''
de enseñanza -práctica para varones, de Feelhanville, Illinoi-s, Q;Ue
er a la institución por J.a, que más se
interesaba el señor Arzobispo, s,e
entregaron :!OSI $4,000 restamt,eis de
.Ja última póliza.

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NUESTRO PAfS , - PUliJNTE DE LOS FRESNOS, - CUER NAVACA,

W. S. Famsworfh.- Agente General.
1~ San Francisco, Núm. 8, México, D. F.

�Año XL-Tomo L-Número 6,

Febrero 7 de 1904

Precio del Ejemplar, 50 centavo2',

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.Al Puerto de \;)~racruz

L UNDO LUST~ílDO

LA CASA MEJOR SURTIDA
DE LA REPUBLICA·

Año XL- Tomo I.-Núrnero 6.

MEXICO,~FEBRERO 7 DE 1904.

~Director: LIC. RAFm: nms SPINDOLA
Registrado como articulo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

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                </elementText>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Legación de México</name>
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