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                  <text>..

.

Al.Puerto Qe;~ ·tracruz .
LA CASA MEJOR SURTIDA
DE LA REPUBLICA

UNDO LUST~ílDO
Año XL-Tomo J.-Número 7.

MEXICO,FEBRERO 14 DE 1904.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDDLA
Registrado como articulo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

Subser ipclóu mensual foráuea ......$ l. oO
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Gerente: LUIS REYES SPINDDLA

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Sr, Coronel Fernando Gonzílez

�EL MUNDO IÍ,USTRADO

El Carnaval.-Un gnitarrista notable
Los marinos alemanes.-Todo nn
drama.-La primavera.

O es la nuestra una generación

N alegre, ni con mucho. Los que
por los años medios del siglo pasa-

do fueron jóvenes, encuentran en
nuestra alegría una nota discordante. Nuestras risas suenan hueco, y
á menudo se escucha en una carcajada algo como la reminiscencia de
un sollozo. ¿Será que nos ha anegado el alma tanta filosofía y tanta
ciencia? Hemos apuntado á las estrellas telescopios de poder amplísimo y hemos resuelto las constelaciones en embrollados enjambres de
mundos.
Los mitos que alegraban el corazón de nuestros antepasados, se han
desvanecido en un horizonte gris,
opaco, que se prolonga dolorosamente hasta ignoradas regiones de
misterio y de dolor. Los rayos del
sol son para nosotros vibraciones
clasificadas en esta ó aquella forma, y á fuerza de estudiados, de
torturarlos en espectroscopios y
prismas, les hemos quitado todo el
dulce calor vivificante que en anteriores épocas propicias, alentaban
el '10razón de los viejos.
Pesa sobre nosotros un gran misterio. Hemos querido avanzar, profundizarnos en regiones en las que
nuestros abuelos divisan claramente el «non plus ultra&gt; de la leyenda,
y, después de la jornada laboriosa,
ensangrentados nuestros pies y frías
nuestras almas, nos hallamos ante
la esfinge secular envuelta en sus
humos impenetrables, en el fondo de
abismos negros en los que reina un
silencio muy semejante al de la
muerte. ¿Habremos hecho un viaje
circular, y después de tanta fatiga,
estaremos al principio de la jornada?
¡Quién sabe! La expectación de
nuestra juventud, tiene mucho de la
estupefacción que sigue á los grandes fracasos. No sabemos, no podemos divertirnos. El Carnaval es
la mejor demostración de que nuestras alegrías, nuestras pobres alegrías, entumecidas por el hielo que
flota en la atmósfera, han volado á

climas más propicios. ¿Volverán
algún día?
Entre tanto, las fiestas simbólicas
del Carnaval, que tanta risa y tanta verba animaban «allá en los tiem·
pos en que Diosquería&gt;,han desaparecido, para dejar sitio á algo siniestro, profundamente macabro, crispante, cuerpo muerto y putrefacto
de aquella garrida diosa alegre que
acompañó á nuestros padres con su
cascabeleo cte risas argentinas.

*

*
La guitarra se*presta
únicamente
á llorar los tres siglos de amargura y de esc:lavitud de nuestra raza.
En las quebradas 'de la sierra, en
los días lluviosos, ante la lejanía
borrosa, que se esfuma lentamente,
como un gran dolor que se prolonga en sollozos, en esos crepúsculos
lamentables, la voz de li,, guitarra
surge temblando, empapada en lágrimas de muchos infortunios y de
muchas derrotas.
Nuestro pueblo ama la guitarra,
porque en sus siete cuerdas encuentra ecos simpáticos que acompañen
las quejas de su corazón, herido
por los siete puñales simbólicos.
Hacer de este instrumento uno apropiado para la música moderna, es
un esfuer-w laudable.
En general, los guitarristas que
hemos escuchado en México, han
sido tocadores de flamenco, más ó
menos hábiles, pero sin elevarse
más ali á del estrecho círculo en que
giran, como lujuriosos pensamientos en una noche de fiebre, las mujeres con el mantón terciado, los
brazos al aire y una gran flama
sangrienta en los ojos inmensos.
Octaviano Yáñez ha hecho mucho,
ha dignificado la guitarra, basta
hacer de ella un instrumento capaz
de encerrar en sus estrechas paredes toda la pasión de la música moderna. Merece el éxito que ha coronado su digna labor. Es un artista.
*

*
Los marineros* alemane~,
en nuestra adusta metrópoli, han sido una
racha de frescos vientos salobres
del mar, que pasa por encima de
las huertas, de perfumes enervantes,
del Valle.

EL MUNDO llUSTRADO

Los huéspedes distinguidos han
pa'lado por la ciudad, alegres, con .
la alegría de un corazón sólido y de
una conciencia tranquila. Esos robustos lobos de mar saben ser exquisitos, cuando de tal cosa se tra•
ta, y saben encontrar la cuerda sensible que produce, al ser herida, la
risa franca y noble. Sanos, muy
sanos, robustos y macizos, parecen
hombres que han surgido al encanto de una evocación, de alguno de
los cuadros flamencos donde sus
antepasados quedaron «fijados en
la muerte» por el prodigio del arte.
Un drama banal, uno de esos pequeños dramas vulgares que lacrónica negra consigna y que pasan
por la memoria metropolitana como
pequeños nubarrones que no cuajan, ha arrojado á la prisión dantesca á un infeliz, y á la miseria-¿á
la prostitución quizás?-á dos mujeres. ,
Una mujer, una pobre alma de
mujer que se ase á los últimos destellos de su juventud con la tenacidad misma con que se adhiere un
instinto á los bajos fondos de la
conciencia humana. Un hombre que
no sabe aún que la juventud es una
hechicera cuyos misteriosos poderes no alcanza á remedar el artificio, y cuyas galas el amor apenas
imita burdamente; y una pobre muchacha, muy joven, muy sencilla,
que ama, como el sol alumbra, porque para tal cosa ha sido creada.
Y por fondo, cualquiera de los
infiernos que en la ciudad abundan
en los barrios bajos. La madre, poco cauta, vive arrullando su pobre
ensueño de mujer caduca, y rodeando al hombre amado de todas las
dulzuras de su temperamento excesivo y de su cariño sin límites. Pero
la hija crece, se hace mujer, se convierte en la tentadora, ante las miradas atónitas de quien, por más
que .lo procura, como un rasgo de
caridad dolorosísimo, no puede considerarse padre de aquella criatura.
La vida íntima, con todas sus
oportunidades, con todas sus pro-

miscuidades, con todas sus asechanzas, hace que la much9.cha vaya
descendiendo, por la lenta pendiente quehaceuncriminal de un hombre
honrado, hasta convertir el amor
sencillo de la hija, en el ardiente
amor de la amante, hasta quemar
sus alas de catorce años en el fuego de una pasión devoradora como
un incendio, avasallante como un
océano.
El hombre cede; la madre ruge de
dolor al sentir que se le escapa, con
aquel amante, su existencia toda de
mujer, al contemplar, después de
aquella aventura, los horizontes
fríos, helados, de la vejez asexual,
de la abstinencia total y desesperante. Después el rapto, como único modo de poner fin á la situación;
las acusaciones soeces, en las que
se arrojan lodo á la cara á manos
llenas, en la que las dos descienden
á los fondos más asquerosos de la
pasión humana, ante un juez impasible, que comentará, si acaso, con
una sonrisa, amarga como la náusea, el caso.
Y la entrada á la cárcel, la disolución de aquella familia que se había reunido, i,,l acaso, como una.
pequeña aglomeración de hojas secas, roídas por todos los gusanos,
combatida por todos los vientos,
condena.da á todas las caídas.

L

•

NUtVOS GOBtRNADORtS
N A licencia concedida por la
U
Legislatura ele Zacatecas al
Gobernador del Estado, Don Jena-

ro G. García, ha hecho que sea nom-

GHIGf\GO TRIUNFfl. EN TODf\ Lf\ Llf'IE.f\
ban consumado y en la· libre América de los
incendios que han sufrido.
Haberse quemado diez ó doce veces, da, en
tierra yankee, respetabilidad, escuadría, influencia electoral á un hombre. Los Pierpont
Morgan, los Rockefeller y los «tutti quanti&gt; del
multimillonarismo, tienen, sin duda, respetabilidad, p·oder y superficie; -pero nada hay comparable á la veneración que inspiran, á la influencia que ejercen y al respeto que se mert!cen
los siniestrados del incendio y los héroes de la.
conflagración. Casi no hay candidato que no
se presente á las urnas eón las pólizas y los
certificados que acreditan que ha ardido tal ó
cual número de veces, y el coeficie11te de combustibilidad es factor importante y hasta determinante de las preferencias populares.
Si Bryan ha sido vencido, es porque ni él, .
personalmente, ni su grupo, han podido presentar un activo de incendios comparable á la cifra imponente que presentan sus adversarios,
y sabido es que si R,oosevelt ha obtenido el
triunfo que se sabe, es porque logró probar que
si ni él ni sus propiedades han ardido .nunca,
en cambio era capaz de poner fuego al planeta
por los cuatro costados.
Lo que se dice de los individ.ios, se dice de
las agrupaciones. Cada poblado, cada ciudad,
cada capital americana, tiene su hoja de servicios, su «stud book&gt;, su árbol genealógico
del incendio; y Chicago, el fénix americano,
tres veces resurgido de sus cenizas, era motivo
de envidia, de celos y de intrigas. Gálveston

El Gral. Rivera empuñó por primera vez las armas en defensa del
país á las órdenes de los Grales.
Comonfort y Alvarez, habiéndose
encontrado con el grado de alférez
en el sitio de Ajusco y en la batalla
de las cumbres de Acultzingo. Comonfort lo nombró después su ayudante; y al lado de los fieles á la Patria, defendió la causa liberal en
Michoacán, Guanajuato, San Luis
Potosí, Oaxaca y Querétaro.
Cuando obtuvo el nombramiento
de capitán, peleó á las órdenes del
Gral. Angel Trías y algún tiempo
después organizó en Chalco un pequeño batallón, del cual se hizo
comandante, grado que le fué confirmado por el Ministerio de la
Guerra en reconocimiento de sus
meritorios é importantes servicios.
La toma de Toluca por las fuerzas
de su mando en diciembre de 1860
le valió el ascenso á General d~
Brigada, pues debido á sus esfuerzos, los Grles. Degollado y Be·
rriozábal, que se encontraban en
aquella población como prisioneros
del enemig?, lograron salvarse para prosegmr su campaña en contra
de la¡¡ huestes reaccionarias.
Además, el Gral. Rivera, que fué
en la época de la Intervención y el
Imperio uno de los guerrilleros liberales más tenaces y más decididos, concurrió á la batalla del 5 de
mayo, al sitio de Puebla eo 1863 y
á otros hechos de armas, donde tuvo ocasión de distinguirse como
valiente y como patriota. Al morir
contaba 72 años de edad.

Dr. M. Flores.

Sr. General A.urellano Rivera,

Los días van lentamente alargándose, como si despertaran, conlargos estiramientos perezosos, de un
sueño letárgico. Se presiente la llegada de la primavera, bulle en las
yemas la savia vivificadora, mientras en Occidente cada día es más
pomposa la muerte del Sol. La tarde, como una hembra voluptuosa,
despeina sus cabellos de oro ante la.
luz muriente, y las golondrinas, las
charlatanas, sacuden sus alitas,
rumbo á nuestro va.lle, anegadas en
el resplandor dorado del horizonte.

EL INCENDIO EN BALTIMORE
OS norteamericanos se han creado, enmateria de incendios, una verdadera especialidad. «Baten el record&gt; no sólo por la frecuencia,
sino por la magnitud y la importancia de esta
variedad de siniestros, y rayan en sport y en
diletantismo su desmesurada afición y su práctica asidua y sistemática de la «quemazón» en
grande escala.
Otros pueblos y otras razas gustan de poner
un gallo frente á otro gallo, un duelista frente
á otro duelista, un torero frente á un berrendo,
un cazador frente á un oso, y basta un ejército
frente á otro ejército. Nuestros vecinos, sin desdeñar, al menos en los últimos tiempos, este
último género de sport, prefieren, ante todo y
sobre todo, extasiarse con la lucha mortífera
de los comburentes, con los combustibles y con
los chisporroteos, los llameamientos y las humaredas que acompañan á esas nupcias de fuego del oxígeno con el carbono ó con el hidrógeno, en su caso.
Las estadísticas yankees prueban, con cifras
medias y tantos por ciento irrefutables, que cada edificio de aquel heroico pueblo se ha incendiado dos vece&gt;s y una fracción en el último
ejercicio económico, y que la ci1;1dad que no ha
ardido tres veces, se ha consumido cuatro en el
mismo lapso de tiempo. ·
En Francia las gentes se vanaglorian, recíprocamente, de los duelos que han «sustentado»; en Inglaterra de las apuestas que han ganado en Alemania de los vasos de cerveza que
se ha~ bebido, en Italia de las «vendettas» que

campeonato parece inconmovible.
En vano. los ~omberos y los cuerp~s de rngemeros han pretendido
alimentar el fuego de Baltimore y
complicar sus efectos, empleando,
e!1 ya.sta. esca.l_a y ~ara extinguir el
simestro, la drnamita, la lidita las
inyecciones de hidrógeno carb'ura·
do y las duchas de petróleo bruto.
Todo ha fracasado; y esta noble y
enérgica tentativa de Baltimore ha
dado higa por los cuatro costados
Los juristas, que en todo se han d~
meter, h:i,sta~nelfuego, atribuyen el
buen éxito, Jamás desmentido de
Chicago, á la sabia legislación' en
cuya virtud, ó en «virtud de la cu'áb
que es lo mismo, toda víctima de u~
incendio queda, por. sólo ese hecho,
exonerada de todas sus deudas y
resulta «á mano&gt; con sus acr~edores.
Los j1;1r!s~as de Baltimore se proponen rniciar y hacer adoptar una
ley según la cual las víctimas de
los incendios recibirán de sus acreedores el monto de las deudas con
e~los contraídas, con un rédito mímmo de tres por ciento al año.
Todos tienen fe en que la Legislatura aprobará la ley. Si así fuere
el próximo incendio de Baltimore'
ofuscará á todos sus predecesores'.
Las compañías de ferrocarril preparan ya, en ese evento, trenes de
excursión á precios bajos y se ha
constituido una sociedad la «Camp~ment Fire Spectacl 'Company
Lim», _que prepara a~ojamientos y
C?modidades especiales á los tour~stas que deseen presenciar el &lt;feérico» espectáculo.
No dejaremos de faltar.

le había tendido una red capciosa. No pudiendo desbancarlo en el terrAno del fuego, había
pretendido derrocarlo en el del ciclón y la tempestad de nieve. El jingoísmo yanqui sonrió
con desprecio y se encogió de hombros. El cataclismo aéreo lo dejaba frío. El valle del Mississipí ensayó la vía húmeda, y quiso, con sus
múltiples, devastadoras y reiteradas inundaciones, apagar los fuegos á la siempre ardiente
Cbicago. El fiasco fué completo. Baltimore,
despechada,tt.alió entonces al frente, y quiso
combatir, en el mismo terreno que la Sultana.
del lago Michigán, y su simulacro de incendio
le dió higa y le resultó la carabina de Am·
brosio.
Al principio, la Unión Americana suspendió
su juicio y llamó el proceso á prueba. No era
posible, de primer momento ni de primera intención, fallar en conciencia. Aquello que comenzaba en luminaria, podía acabar en incendio. Una de dos: ó el fuego arrasaba la ciudad, dejaba sin hogar á ciento cincuenta mil
familias, causaba pérdidas de tres á cuatro mil
millones de dóllars, y la ciudad, reconstruida
en tres meses, volvía á arder en quince días,
en cuyo caso Chicago quedaba en ridículo, con
todo y su banal demostración del teatro Iroqués, ó el fuego se conformaba con devorar
veinte ó treinta manzanas de casas, con producir estragos por la ridícula suma de do;; ó
trescientos millones, y se extinguía en cuarenta y ocho horas, en «el cuaL caso&gt;, Baltimore
qiaedaría deshonrado y escarnecido.
Hasta ahora, al parecer, Chicago triunfa, su

t el 7 del corriente.

Los funerales del Sr. Gral. Rivera se efectuaron el día, 8, por la
tarde, en el panteón de Dolores,
tributándose al cadáver los honores de ordenanza por una brigada
compuesta de las tres armas. Entre
los concurrentes al sepelio se contaban algunos jefes de alta graduación y numerosos amigos del finado.

II Sr. 6eneral Aureliano Rivera
A infausta nueva de que había muerto el
L
_Sr. Gral. D. Aureliano Rivera, circuló el
domrngo p~sado y fué confirmada, pues á las

doce 7 med~a de ese_ dí~ dejó de existir aquel
amer:itado Jefe del e¡ército, cuyos servicios á la
Patria fueron grandes en época de prueba.

Sr. Lic. D. Eduardo G. Pankurst, Gobernador
interino de Zacatecas.

Sr.~D. Carlos Gnevara A.larc6n, Gobernador
interino de Gnerrero.

brado para que lo substituya, interinamente, el
señor General Licenciado Don Eduardo Pankurst, que durante muchos años desempeñó el
puesto de Magistrado del Supremo Tribunal de
Justicia Militar.
El nuevo Gobernador de Zacatecas cuenta
con innumerables simpatías, tanto en México
como en su Estado natal, y es seguro que su
paso por el gobierno, dados los antecedentes
de honradez, laboriosidad y energía que distinguen a I señor Pankurst, será fecundo en bienes
para Zacatecas.

El Inspector General de Policía
A muerte del señor Coronel Don Carlos ViL
llegas, quien durante siete años desempeñó
el puesto de Inspector General de Policía hizo
que el Primer Magistrado de la República' nombrara para substituirlo al Coronel Don Fernando Gon_zález, Jefe de su Estado Mayor.
El agraciado con el nombramiento de Inspector General, es originario de Oaxaca y cuenta
C?arenta año_s de edad, de los cuales veinti·
siete ha dedicado al servicio de las armas
pues comenzó su carrera en el Colegio Milita;
cuando apenas contaba 13 años.
El señor Coronel González ha estado en las
campañas de Sonora y Yucatán haciéndose
acreedor por su brillante comphrtamiento á
algunas condecoraciones, entre ellas la del
Mérito Militar, que le fué otorgada como recompensa á sus buenos servicios.
El nombramiento hecho en su favor ha sido
aco~ido con beneplácito por toda la ~ociedad
mexicana. El señor Coronel González, no o bstante el puesto que desempeña, conservará su
cará?ter de Jefe del Estado Mayor del señor
Presidente.

***

En virtud también de una licencia concedida
al señor Don Agustín Mora, Gobernador de
Guerrero, ha sido designado para substituirlo,
con el carácter de interino, el señor Don Carlos
Guevara Alarcón, uno de los vecinos más caracterizados de aquel Estado.
El señor Guevara Alarcón es originario de
Chilpancingo, donde se inició en la carrera
política desempeñando distintos puestos bajo
las administraciones de los señores Generales
Don Rafael C. Cuéllar y Don Francisco O. Arce. En la época en que este último estuvo al
frente del Poder Ejecutivo, fué nombrado Ofic~a.l Mayor del Despacho, haciéndose cargo en
diversas ocasiones de la Secretaría, por ministerio de la ley, dm·ante los gobiernos del mismo
~eneral Arce y de los señores Ortiz y Mercenar10. Además, el señor Guevara ha desempeñado varias veces el puesto de Diputado á la
Legislatura. Ultimamente era Tesorero General del Estado.
El nuevo Gobernador es generalmente q uerid_o en Guerrero, por sus dotes de hombre laborioso y honrado.

Sr. Coronel Fernando González, Inspector General
dePollcla.

�tL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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EL &lt;VINETA&gt; EN VERAClfüZ.

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La Escuadra Alemana en Veracruz
Cortesía del Emperador Guillermo
L señor Barón Von F loeckher, Encargado
á

E de Negocios de Alemania, comunicó la
Secretaría de Rel aciones que para dar cuna
prueba de amistad y consideración á S. E. el
seilor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos&gt;, S. M. Guillermo II había dado orden
de que una división de cruceros de la. marina
a.lema.na, hiciera. una. visita á la República.,
tocando algunos de aquellos cruceros los puer-

tos de Tampico, Coatzacoalcos, Campeche y
Progreso, para reunirse, finalmente, en Vera.cruz.
Esta demostración de la simpatía que el
Emperador Guillermo tiene por nuestro país y
por el ilustre hombre de Estado que rige sus
destinos, fué acogida, ta.oto entre los círculos
oficiales como entre la colonia alemana residente en México, con positivo entusiasmo. La

Secretaría de Uelaciones comunicó al sel'ior
Barón Von Floeckher que el Gobierno Mexicano quedaba impuesto con satisfacción del
acuerdo de Su Majestad, y que los buques alemanes serían recibidos en nuestras costas con
todos los honore;¡ de la cortesía na.val; y la
colonia, una de la.s más lab0riosa.s y honora.bles que existen en el país, se dispuso, sin
pérdida de tiempo, á organizar una serie de

.. _......
,_;;~;~;~~;;~;✓;&gt;)-&gt;~~..;~~~~~-.;:,,~)":'~~~~-:~~./:~✓"&gt;~;;;&gt;:-;¿~~y-,¿,... ,..,.

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J 'rn '+n,:..'., -N

EL COMODORO SCHROEDER Y EL SEf:fOR BARÓN VON FLOECKHER A BORDO DEL &lt;VINETA.&gt;

fiestas en honor del Jefe de la división y de los
tripulantes.

***

...
•

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.

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• _........ -"'&gt;"--.-

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I

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•

El día 4-, á las once de la mañana., entra.ron
en la bahía. de Vera.cruz los primeros buques:

el &lt;Vineta.&gt;, que en otra ocasión visitó ya. las
costas mexicanas y que es el &lt;insignia&gt;; el «Ga.zelle&gt; Yel cFa.lke&gt;. Al avistarse la. flota., las baterías del puerto correspondieron al saludo con
21 cañonazos, y las emba.rca.ciones surtas en
esos momentos en aguas del Golfo, enarbola-

·~t..

UN BOTE DEL &lt;VINETA, &gt;

t

LOS CRUCEROS &lt;GAZELLE&gt; Y FALKE.&gt;

CUBIERTA DEL &lt;GAZELLE,&gt;-UN DISPA¡!O DEL &lt;VINE'fA.&gt;

ron sus banderas festejando el arribo de los
cruceros. El pabellón mexicano ondeaba en todos los edificios públicos y el muelle se veía.
como nunc:i. concurridísimo.
Momentos después de la. llegada de los buques de guerra., el señor Barón Von Floeckher

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

VERACRUZ,-RUMBO AL «VINETA.»

pasó á bordo del «Vineta» para saludar al Comodoro Schroeder y darle la bienvenida, y más
tarde, á la una y media, fué recihida por el Jefe de la escuadra la comisión que envió á Veracruz la Secretaría de Guerra y Marina para
cumplimentar en nombre del Gobierno á los
distinguidos visitantes. La Comisión, que estaba integrada por los señores Coroneles G ilber-

en su honor, en la Lonja Mercantil, un gran
baile al cual asistieron las principales familias
de Veracruz.
El día 5 y á bordo del buque insignia, el Jefe de la escuadra ofreció un banquete al señor
Encargado de Negocios de su país y á la Comisión de la Secretaría de Guerra q:ie fué al
puerto á cumplimentarlo, recibiendo por la tar-

En la misma mañana, el Comodoro Schroeder y el grupo de sus subalternos que lo acompañó en su viaje, fueron recibidos por el señor
Presidente de la República y por los señores
Secretarios de Guerra, de Hacienda y de Relaciones, haciendo la presentación de los mari·
nos, tanto ante el señor General Díaz como
ante sus Ministros, el señor Von Floeckher.

rinos en México. Ene! Jockey Club, el Sr. Gral.
Don Francisc,o Z. Mena ofreció al Comodoro y
á los tripulantes del «Vineta», del «Falke» y
del «Ga.zelle» un gran banquete, y el Casino
alemán abrió el lunes por la noche sus salones
para festejará los distinguidos huéspedes con
un baile, al que fueron invitados los miembros
del Cuerpo Diplomático y sus familias, y numerosos caballeros y damas de la alta sociedad
mexicana. Además, el señor Von Floeckher les
ofreció por la tarde una brillante recepción en
su lujosa residencia de Coyoacán; habiendo
sido antes obsequiados con un banquete por
aquel distine;uido diplomático.
Antes de partir rumbo á Veracruz, los marinos visitaron algunos establecimientos oficiales, el Bosque de Chapultepec y la Alameda,
mostrándose, en general, muy complacidos de
S'l permanencia en la Metrópoli.
La salida del Comodoro Schroeder y de los
marinos que con él hicieron el viaje á México,
se efectuó el ma1:tes, llegando después á la Capital los tripulantes de los cruceros que permanecieron á bordo de éstos en ausencia de su
Jefe.
Las fiestas efectuadas en su honor resultaron también muy lucidas.

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¡~¡~
'

***

Es indudable que la prueba de simpatía que
de parte del Kaiser han recibido, tanto nuestro
país como el señor Presidente, contTibuirá á
robustecer los lazos que unen á mexicanos y
alemanes, haciendo que su amistad sea cada
vez más estrecha y más fecunda en bienes para
las dos naciones.

«VINETA.»-EL COMODORO SALE Á RECIBfü Á LA COMISIÓN DE LA SECRETARÍA DE GUERRA.

00
LEVIA CARMINA
A Matllde.

¡Hosana al vencedor!-¿Qué ser humano
O qué divinidad librarse puede
De ese dios, de los dioses soberano;
Del rudo golpe de mortal saeta,
O en lucha competir, que al fin no ruede
Bajo la planta del terrible atleta? ....
¡Amor es siempre vencedor!-Un día
Cuando la esbelta Juventud prendía '
En tu semblante la primera rosa
Y en tu mirada dulce, y candorosa,
La suave luz de pubertad nacía,
¡Cuánta blasfemia profirió tu labio
De ese dios de los dioses en agravio!
De ese dios que al ofrte sonreía
Y ya para su triunfo preparaba
Su dardo más punzante,
Propio para tu seno de diamante ....
VISI'l'ANDO EL «VINETA. »

to Luna, Gustavo Maaffs y Capitán Gabriel F.
Aguillón, fué recibida 4 bordo con los honores
correspondientes, cambiándose entre el mismo
señor Coronel Luna y el Comodoro Schroeder
frases de galantería y de afecto para Alemania
y México y para sus gobiernos.
Por la tarde, el Comodoro hizo una visita al
Comandante del puerto y por la noche se dió

de la visita del señor Comandante de la plaza.

***

El Comodoro Schroeder y un grupo de jefes
y oficiales de los tres cruceros, salieron el mismo dfa por la noche rumbo á México, llegando
aquí el 6 por la mañana. En la estación del
Mexicano estuvioron á recibirá los marinos
los miembros más prominentes de la colonia.

Las frases cambiadas entre el Primer Magistrado y el Comodoro, fueron muy afectuosas, Y
las entrevistas con los señores Licenciado Mariscal, Licenciado Limantour y General Mena,
muy cordiales.
El corto espacio de que disponemos nos im·
pide dar crónica detallada de los festejos con
que se ha celebrado la permanencia de los ma·

¡ Amor es siempre vencedor! .... Rendida
Te ve á sus pies y con desdén se aleja.
¡Oh, cuánta sangre mana de tu herida!
¡Cuál hiere el alma tu doliente queja!. ...
Mas ya raudos los vientos
Llevan á los oídos de Afrodita
De tu dolor los débiles lamentos;
La Diosa te reclama
Para el divino culto, arde la llama
Y el Amor, por ser bella te perdona.
Salta á la barca si feliz ser quieres,
Da al mar la blanca lona
Y dirige el timón rumbo á Citeres ..... .
ENRIQUE FERNÁNDEZ GRANADOS.

o
LOS HEROES
Gigantescos y rudos como tallados
en un bloque de piedra; rostros curtidos
color de viejos bronces enmohecidos
'
y cabellos hirsutos y enmarañados.
Fulguran en su diestra los afilados
aceros, de eternales glorias bruñidos,
y se graban sus pasos, como esculpidos
en la cima eminente de los nevados.
'
Son los héroes invictos. Sobre el brumoso
escenario del Andes, do el sol los baña
en un vago reflejo de luz· extraña,
yo no sé lo que tienen de fabuloso ... .
¡me parecen forjados por un coloso
en el yunque ciclópeo de la montaña! ....
DAMIÁN

Buenos Aires.

CUBIERTA DEL «GAZELLE.»

f.

GARA Y.
GRUPO DE JEFES Y OFICIALES DEL «VINETA.~

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

1

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1

cieron al trote los oficiales del Ejército, resultando vencedores en ésta el Capitán sec,undo
Gabriel Cuevas, que montaba el caballo ~Gru·
mete»; el _Teniente Ernesto Ortiz. que montaba
q:E[ Gorrión», y el Mayor Luis Pérez Figueroa
que montaba PI caballo q:Luzbel.»
'
Los clubs Militar y Alemán hicieron la quinta carrera, habiendo resultado en ella vencedores los Sres. L. Brauer, Dr. Dettwiler y A.
Chavaud.
La úl~ima c arrera, que fué la más sensacional, se ¡ugó e!1tre. algunos rurales, ganándola
los Sres. Jesus J1ménez y David Pérez.
Otro concurso de salto de obstáculos fué el
q~e cerró el programa, y en éste resultaron pre·
rmados los Sres. Mayor Pérez J&lt;'i..,ueroa L;
Brauer y Teniente Ernesto Ortiz. º
'
El _S_r. Gral. Rosalino Martínez, Comandante Militar de la ?laza, hizo á los vencedores el
reparto de prern10s, consistentes en objetos de
arte.
La concurrencia fué selecta y estuvo forma·
da por muchas personas, entre las que recordamos á las siguientes:
Sritas. Domínguez, sobrinas del Secretario
de Guerra; Sra. Algara de Joy, Srita~. Dolor es Núñez, Ana Robalo, Me G1·egor, Sra. Me
C_r:ery, Guernesey y Forst , Sri tas. Martínez,
ht_Jas del Comanda.ate Militar; Sritas. !.';arco,
Pmcel, D. Pablo K~si~owski y señora, Rugo
Scherer y ~efiorl!-, '.J:emente von Fink, Attaché
alt&gt;~mín; W . ~e1rnpe y seño1·a, · capitán Reef,
Lms Torres R1vas, Coronel Antonio z. Rojas,
Ma.yor Gar~ía. Cuél!ar, Rodrigo Valdés, D. HiP_óhto Ada!1d; marrnns alemanes, Capitán de
ft agata Be1rnke. Dr. Knohe, Capitán Teniente
von Bechtal,heim, Capitán Teniente Stelzel,

1

1

'

N el hipódromo de Peralvillo se efectuaron
el domingo próximo pasado, unas carreras de caballos organizadas por el Club Hípico Militar, y en las cuales tomó también parte
el Club Hípico Alemán.
Las carreras fueron para inaugurar el hipódromo y abrir la serie de ejercicios hípicos que
se verificarán durante la temporada de 1904.
Tanto el Sr. Gral. Díaz como el Ministro de
la Guerra, Gral. D. Francisco Z. Mena, fueron
invitados para que presidieran el espectáculo;
pero por motivos ajenos á la voluntad del primer Ma~istrado, el Sr. Gral. Díaz no pudo
concurrir, quedando la presidencia á cargo del
Sr. Gral. Mena, quien se presentó á las diez ele
la mañana en aquel lugar, habiendo tomado
asiento en la tribuna de honor y teniendo á su
de,r echa al Sr. Schroeder, Comodoro de la di-

E

visión naval alemana que ha llegado á. VPracruz últimamPnte, y á su izquierda al Sr. Bar6n von Flreckher, Encargado de Negocios del
Imperio Germánico.
La tribuna expresada la ocupaban, además
de las personas que herno~ mencionado, los se·
ñores D. Ramón Corral, Ministro de Goberna-

OFICIAL DE RURALES JESÚS JIMÉNEZ.

fueron invitados para que concurrieran á ;1a
fie~ta hípica que reseñamos.
U n concurso de salto de obstáculos cubrió la
primera parte del programa, habiendo sido 30
individuos de tropa los que se presentaron á
él. De éstos resultaron prE&gt;miados: el cnnductor
de primera Arnulfo Morales, el guard ia José
Padilla y gendarme Manuel Lomelí, con el primero, segundo y tercer premios respectiva.mente.
La segunda carrera (á 500 metros) fué ganada por las )'eguas q:Angelina» y q:Ancora», que
montaban los capitanes Luis G. Pradillo y Manuel M. Bridat.
Los socios del Club Hípico Alemán hicierOL
la tercera carrera (á 600 metros). habiendo resultado vencedores los Sres. L. Brauer, con la
yegua q:Raya», y O. Groth, con la yeguaq:Teya.»
A 1500 metros fué la cuarta carrera, que hi-

Teniente von Steinreker, Subténiente Ayudante
C. von Voigt, Ingeniero Bitterltertruz Pagador Kunz y Teniente de primera Lorey.'
La fiesta terminó cerca de las dos de la tarde, Y to~os los asistentes á ella se retiraron
muy satisfechos.

00
EL BESO
I
Dame un beso, paloma ... ,
¡Soy tan joven! Tu beso me levanta
cada vez que la vida me desploma.
¡Soy _tan débil! Tu beso me agiganta.
Es m1 labio tan solo y tan amargo
es el vivir tan largo
'
.Y es tan inmenso· mi temor por eso!, . ..
Fortaléceme, amada, dame un beso.

•,. ; ~'

' L .. .'.

·i

~ '

PERALVILLO.-éARRERA ENTRE SOCIOS DEL CLUB HÍPICC' ALEMÁN,

L,UZ DE L,UNA

Que besa las ramas,
Dos seres que tiemblan; la luz de la luna
Que el paisaje baña .. ..
¡Amor, un instante detén ahí el vuelo
Murmura tus himnos de triunfo y recog~ las alas!

-~·,..,

if;. s',' g • ,.

t:::

:Éú° ~ü~~¿¡·~-q~~-¿~~¿~:::: '1'a: ·¡;~¡~~- .. ....... ... .

EL SEROR GENERAL MENA Y EL ENCARGADO DE NEGOCIOS DE ALEMANIA EN LAS TRIBUNAS DEL HIPÓDROMO, - LA TRIBUNA CENTRAL,

Fiesta Hípico-Militar

•

Ella _e staba con él. ... A su frente,
Pensativa y pálida,
Penetrando al través de las rejas
De antigua ventana,
De la luna naciente venían
Los rayos de plata.
El estaba á sus pies, de rodillas
. .
Perdido en las vagas
'
V1s1ones que cruzan en horas felices
Los cielo.; del alma!
Con las trémulas manos asidas,
Con el mudo fervor de los que aman
Palpitando en los labios los besos, '
Entrambos hablaban
El lenguaje mudo,
Sin voz ni palabras,
Que en momentos de dicha suprema
'l'embloroso el espfritu habla,... '

1

En el Hipódromo de Peralvillo

·;w••;•s•:· :it&lt;/! "';' 1' -., •

Unos meses después, él dormía
Bajo de una lápida
El último sueño de que nadie vuelve
El último sueño de paz y de calma. '

...... -.A~ó~i:i"~," ~~-~ -ii~~;,~ .. · .-············ ··· ·
Con su gri.to bullicio animaba
De ese amor el tranquilo escenario.
¡Oh burbujas del rubio champaña!
·
¡Oh perfume de flores abiertas!
¡Oh girar cte desnudas espaldas!
¡Oh cadencias del valse que mueve
,
Torbellinos de tules y gasas!
Alh estuv_o más linda que nunca,
Por el halle tal vez agitada;
Se apoyó levemente en mi brazo
Dejamos las salas,
'
Y un instante después penetrarnos
En la misma estancia
Que un año antes no más la hubo visto

TPmblando, callada,
Cerca de él ! .... . . : . . .... . ..... , . , . , ..
. . . . . . . . Amorosos recue!·dos,
Tristezas lejanas.
Cariñosas memorias que vibran
Cual sones de arpa,
Tristezas profundas
Del amor, que en sollozos estalla,
Presión de sus manos,
Són de sus palabras,
Calor de sus besos,
¿Por qué no volvisteis á su alma? ... ,

A·s·~-p~~bÓ. ~; ·;i~¿ -~~- ~~~iir;,· ·· ·, ·
A sus ojos no vino una lágrima,
Ni una nube veló aquella frente
Pensativa y pálida;
Y mirando los rayos de luna
Que al través de la rt:,ja llegaban,
Murmuró con su voz donde vibran
Como notas y cantos y músicas
De campanas vibrantes de plata:
«¡Qué valses tan lindos!
¡Qué noche tan clara:»
J. A. SILVA.

00
LOS TRtS
Dialogaban los tres. Dijo el joyero:
-Bruño y esmalto en mi troquel sonoro,
para las novias, aderezos de oro,
medallas para el sabio y el guerrero!
Y exclacnó, pensativo, el jardinero:
- Con el C:iáfano aljófar de mi lloro,
las flores se g uarnecen., .. -Yo deploro
mi suerte!-profirió el sepult urero.
- Sí, mi suerte es fatal!. ... Tú, tienes flores;
q:éJ», oro, plata, gemas; yo .. . dolores!. ...
¡Jamás tengo un inst:i,nte de alegría!
No acierto á recordar que haya pasado
ni un a ño, sin haber yo sepultado
lo menos un difunto cada día.
JUAN DUZAN,

II
¿Has visto? .. . . El mediodía
me insulta y me condena, Necesito
abrevarme en tus labios, alma mía ,
Dame un beso: ¡tu amor es i tJ fioito!
i Gracias! ¡gracias! Tú sola no maldices
tú sabes que soy bue no y rne lo dices
tú me alivia.nas de la vida el pPso .. '..
Otro beso, paloma: ¡quiero uu beso!

lllll

III

UN BUEN SALTO.

ción; el Sr. Ingeniero Leandro Fernández, Ministro de Comunicaciones; el Sr. Capitán Don
Porfirio Díaz; los Ministros de España, Guatemala, Bélgica, Italia y Japón, y varios de los
Secretarios de las Legaciones residentes en México y los oficiales de los barcos alemanes, que

i~~!:

Ha caído la noche.
¡Cómo pasa la vida! .... Cejijuntos
nos despiden los hombres. ¡Qué de rl'Oche
de tristeza y de amor h icimos juntos!. ...
Muero de amarte, pero ¡quié n pudiera
vol ver contigo á la pasión primera!.,,.
2ué tu amor corno túnica de Neso
mas no importa: ¡fuí tuyo! Dame u~ beso!
DIEGO DUBL:É! URRUTIA,

00
SR. L. BRA UER.

f*~

'4w,W""&gt;e&lt;W:4ii-"""""A/c1Fw«WW:Piiir•;"C'.'"'V".&lt;HXWS.2 ., m
PERALVILLO, -CARRERA ENTRE OFICIALES.

,~,.,,.,,"_l.:

�EL MUNDO ILUSTRADO

El Primer Triunfo
C

UANDO Juan Francisco Lorrain se vió en el andén de la
espaciosa estación metropolitana;
cuando sus equipajes le fueron entregados y vió ante sí la enorme
sncesión de calles y más calles,
avenidas, encrucijadas y plazuelas, sintió un vértigo persistente
que soplaba en sus oídos. Creyó
que fuera el aire malsano, del que
tanto 1e habían hablado en su pueblo, aire de la ciudad populosa, aire que hace pálidos y enfermizos
aun á los niños de las capitales.
Había salido de su pueblo sin
más rumbo que la capital, sin más
apoyo que su fe en el triunfo de su
arte, en su talento. Sabía que la
vida era dura, que la competencia
de los imbéciles era tenaz y echaba mano de cuantas malas artes
puede concebir el cerebro humano.
Sabía también que el calvario, el
áspero y rudo calvario que ante sus
ojos se extendía, llevaba á la segura crucifixión. Pero tenía una es•
peranza, una de esas esperanzas
que amplían el horizonte de una
vida y que hacen un genio ó un loco de quien las alimenta.
Su violín era su capital único. Y
á fe que dominaba al difícil instrumento. En su pueblo, cuando á solas se internaba en la montaña cubierta de bosques, su violín et·a
ave, era torrente, era nube y era
alma
Tenía el amor intenso á su arte,
que sólo los grandes músicos conservan más allá de la época de la
primera novia y de la primera lágrima. Estaba seguro de que el
mundo entero, si lo llegaba á escuchar, lo comprendería inmediatamente, y sólo pedía á esa vaga deidad á la que tanto tememos--el
Destino,-que le proporcionara la
manera de tocar ante un grupo de
distinguidos «dilettanti.»

las que fundaba el castillo todo de
sus sueños, se desvanecían con una
rapidez que causaba hondas desazones al pobre músico. Cada semana llegaban hombres de rostros patibularios y de escasas palabras,
que, á cambio de un papel timbrado, le llevaban sus dineros, en una
sucesión ininterrumpida y siniestra.
Y, cuando ya las monedas se concluían, sin que la menor esperanza
se perfilara en el horizonte nebuloso, María, la adorada María á
quien había prometido volver pronto á sacarla del pueblo, llegó ino··
pinadamente, en una noche de postración y de amargura inmensas.
María era madre. No había querido esperar por más tiempo en el
pueblo, al convencerse de que l levaba en su_ seno á «su pequeño
Juan» con el que tanto habían so-

de la casa la obligaba á derrochar
sus fuerzas, más aún, en continuadas ascensiones peligrosas. Pero
siempre reía, siempre estaba contenta, y cuando Juan volvía de su
ruezquino trabajo, con el alma rebosando amargura, con la mirada
to.rva, la respiración anhelosa y
lívido el rostro, lapo bre muchacha
encontraba manera de decirle en
una charla argentina de avecilla
loca, todo lo que en el día había
soñado, todo lo que en sus éxtasis
había previsto, para un porvenir
cercano.

***

La ocasión, tanto tiempo buscada
por Juan Francisco, llegó como
siempre, inopinadamente, en el momento mismo en que más remota la
creía. En los pisos bajos de la casa, en lujosa habitación, vi vía un

***
La capita,l era muy grande. Más
aún de lo que en sus sueños la había
creído Juan Francisco. Las calles
sucedían á las calles, y las plazas
á las callejas en un interminable
desfile de edifi&lt;Jios, altos y bajos,
ricos y pobres, elevados la mayor
parte, humildes algunos, silenciosos todos, obscuros, cerrados herméticamente, en el silencio de aq uella noche de invierno.
Soplaba el viento furiosamente,
quejándose al chocar con las salientes y al internarse en las encrucijadas. El frío intenso mordía las
carnes poco cubiertas de Juan
Francisco. Había recibido, al salir
del pueblo, la dirección de una casa de huéspedes en la que poco,
muy poco cobraban. Y e~prendió
valientemente la marcha, fi¡ándose,
al pasar, en las farolas, donde se
podía leer el nombre de avenidas y
plazas, preguntando á los pocos
p11seantes trasnochadores, para
guiarse en su camino á través de
tal aglomeración de edificios.

***

Había creído Juan Francisco fácil, relativamente, hacerse oír por
los empresarios, con sólo decirles
«soy artista; quiero solamente que
me escuche. Nada pido en cambio.»
Pero en las tentativas que había
hecho para acercarse á esos misteriosos y omnipotentes personajes en cuyas man.os deposital;&gt;a el
Destino el porvemr de los artistas,
había sufrido siempre repulsas,
más ó menos francas, más ó menos
dolorosas; pero dolorosas y francas siempre.
N adíe quería escucharlo, por
más que sólo pedía eso: que se le
oyera tocar. Nadie había visto, detrás de sus miradas lacrimosas y
tristes la chispa del talento, que
ardía ~omo un lejano fuego, oculto
por una mansa neblina.
Su capital, el pobre capital reunido en tantos ali.os de sufrimiento
y de ahorro, capital formado por
las escasas monedas que la madre
prudente y amorosa había ocultado en el equipaje magro de Juan
I!'rancisco; las viejas monedas en

ñado allá, en el tranquilo pueblecillo, al amor de la mansa lumbre
de la chimenea, en el pueblecillo
pacífico y amado.

*
**

La llegada de María obligó á
Juan Francisco á buscar algo en
que trabajar siquiera pai:a alimentarla y para preparar la ropa del
que venía.
Buscó un alojamiento cualquiera,
humilde hasta la miser-ia, frío, alto
y desapacible. Instaló los escasos
muebles que alcanzó á comprar, y
dió lecciones, regalando su trabajo
á manos llenas.
María trabajaba, siempre contenta, siempre cantando aires del villorrio, tejiendo ensueños en un
deslumbramiento de amor. Se había
casado con Juan porla única razón
de que le amaba mucho. Poco á
poco se iba llflnando la canastilla
del futuro hijo, con pequeñas piezas
de ropa fina, hechas con los retazos
que el amordeMaríalograba transformar por completo.
Trabajaba rudamente, á pesar de
su estado. La interminable escalera

actor mimado por el público. Algunas noches, cuando faltaba hasta el alumbrado en la mansarda de
Juan, el infeliz músico tomaba su
violín, se retiraba al wás obscuro
de los rinc0nes y-fingiendo en su
imaginación que un gran público lo
escuchaba atentamente -rompía el
silencio de la noche con una extraña y genial sinfonía, en la que su
alma sollozaba todas sus miseria,.
Gustaba de imitar, en la soledad
de la noche, el rumor del viento, del
mar, el rugir del as olas, los ruidos
mil y uno que en las costas vagan,
cuando el mar conversa con las
sombras de la noche. Era como una
regresión al pueblo. Se sentía entonces transportado á la época, no
muy lejana y para siempre ida, en
la que solo en su casita, enfrente de
la inconstante planitud del océano,
soñaba con un ·porvenir de gloria y
&lt;'l.e riquezas.
El actor poderoso y querido por
el público, escuchó alguna noche el
extraño llorar de aquella serenata
de Juan Francisco. Pensó en aprovechar el talento que el músico demostraba, en el estreno de una comedia que preparaba. Por la mañana subió los escalones resbala-

•

&lt;lizos y elevados, y tocó á la guardilla del músico.
No lo quería creer Juan Francisco. ¿T!,ra verdad? ¿Le presentaría
al empresario para que le tocara su
sinfonía? ¿Sería posible que le contratara? Las preguntas de Juan
Francisco se atropellaban, salían
sin orden alguno de sus labios, trémulos de emoción y de gozo.

***

El empresario lo recibió. Pero
cuando el pobre artista sacaba su
violín, para mostrar basta dónde
llegaba su habilidad y su talento,
el gordo empresario movió sus dedos, recubiertos de sortijas, en un
gesto de supremo desdén. No era
necesario oírle. Debería venir en la
mañana siguiente á tomar parte en
el ensayo. Dobería tocar «eso del
mar» en una de las escenas de la
farsa que se estrenaría en poco
tiempo.
El músico salió anonadad&lt;,, sin
comprender bien qué era lo que sucedía. No podía comprender cómo se
le iba á contratar, sin escucharle, ni
qué papel era el que se le reservaba en la representación. Fué puntual á la cita. Por el camino, al dirigirse al teatro, discutía consigo
mismo cuál era la actitud que más
le convenía ado¡)tar. Pe1 o le molestaba no saber de cierto cuál era
su papel en la escena.
Se trataba de una pantomima en
la que un acto pasaba en el puente
de una embarcación llena de r-icos
que regresaban del veraneo, y de
infelices que emigraban de su patria. En cierto momento un músico
alemán [este papel se reservaba á
Juan Francisco] era llamado por
los via¡eros ricos para que les divirtiera algo. Y aquí debería tocar
su sinfonía imitativa, «eso del mar»,
que había llamado la atención del
actor socorrido por el aplauso del
público.
En el ensayo se le colocó en cierto punto, se le dijo cu&amp;.ndo y cómo
debería entrar y en qué fo rma, se
le aconsejó que hiciera algo capaz
de provocar la risa del auditorio.
Pero no se le pidió siquiera que tocara. Juan Francisco escuchaba,
casi sin entender, las palabras.
Cuando volvió á su cuchitril, fué
preciso que oyera el canto alegre
de su pobre María, que le hablara
ésta del hijo por nacer, que le refiriera, con sus palabras amables y
su mímica animada y descriptiva,
todo lo que había pensado hacer,
para «cuando ganara dinero con su
contrata y hubiera ya nacido el
pequeño Juan». ¡Si supiera lapobre mujer!
Pero no lo sabría. Juan Francisco se impuso como un sacrificio
inmenso el silencio y hasta supo
aprestar su corazón suficientemente para fingir la misma alegría que
manifestaba su pobre esposa.
Decíase el músico que, aunque
fuera en el disfraz de un emigrante
miserable, el público, una vez que
lo escuchara, sabría distinguir su
talento. Soñaba en futuras ovaciones que le pagarían con creces el
angustioso momento que la fortuna le imponía.

Un mar rujiente de cabezas humanas se extendía hasta el infinito,
ante los ojos maravillados de Juan
Francisco. El intenso resplandor
de las candilejas le cegaba, impidiéndole la percepción clara de los
objetos. Avanzó mecánicamente,
creyendo escuchar un murmullo de
aprobación. Pero tropezó con una
silla, y una carcajada brutal, imbécil, resonó en la sala. El músico
permanecía con su violín en la mano, anonadado, incapaz de pensar
siquiera en la situación. El actor
que le había llevado al teatro se
acercó á él diciéndole algunas palabras que se perdieron en el ruido
ensordecedor de las risas. Para el
público, la escena era finjida. El
mismo estupor dramático de aquel
músico de largos cabellos rojizos,
era divertidísimo.
Y Juan Francisco permanecía atónito, muy lejos de ahí, en espíritu,
y con el violín en la mar:o, sin acer-

tar á darse cuenta del caso. Otra
vez, tocándole en el hombro, el actor le dijo: «¡toque inmediatamente,
toque, porque va á hacer rodar la
obra!» Y el artista atacó su sinfonía ....
A medida que iban pasando por
su memoria, en la evocación misteriosa de la música, los sitios y las
escenas, maravillosamente descritos en a:¡uella su obra más cuidada
y más amada, iba Juan Francisco
adquiriendo el dominio sobre sí
mismo. Vió retorcerse, con la risa
bestial y burda que causaba su presencia, al público todo. Nadie es·
cuchaba la música. Este era un pretexto, sólo para exhibir la figura
interesante y risible de aquel músi·
co germano, de largo pelo encendí·
do ....
Nadie se dió cuenta de los mila·
gros de harmonía; nadie vió cuando Juan Francisco salió de la escena. Los histriones que finjían el

mareo en el puente del buque, absorbían la atención toda. Juan
Francisco se retiró taciturno, con
la mHerte en el alma. Alguien le qui·
tó la peluca, le dió sus rop~s y
abrió una puerta para que sahera
á la calle.

***
Ya era demasiado. Había que terminar, de una vez, con tales sacrificios. Juan Francisco se encontraba en ese estado de postración que
es el obligado precursor de la muerte. Pasaban por su mente, en ca·
balgata desenfrenada, ideas opuestas, y el conflicto de su alma repercutía dolorosamente en su corazón.
Sentía una opresión intensa que le
cortaba el resuello; y cuando llegó
á su casa, en el pasillo de la escalera, estaba decidido. Abrió la llave del gas, en el estrecho gabinete,
y se dispuso á morir.

Olas amargas bamboleaban el cerebro del pobre músico. Sentía que
se iba desvaneciendo rápidamente
su persona; que se diluía su al~a
en un anonadamiento negro y sm
dolores. ¿Era la muerte?
Cuando volvió en sí, el sol reía
en la ventana de su cuartucho. María, más pálida, estaba á su cabecera sosteniendo en sus brazos un
bulto. En grandes frases, violentamente, cuando se convenció de que
Juan Francisco la escuchaba, la
infeliz mujer le dijo cómo le habfan
encontrado, privado por la emoción
probablemente, aquella n~che de su
primera funcion, de su primer concierto de su triunfo. «El pequeño
Juan ~o esperó-decía- y ha venido al mundo precisamente en la noche del primer triunfo de su padre.»
Y sólo Juan Francisco sabía, ne
cierto, cuál había sido este primer
triunfo ..... .
K. JARBQE.

TEATROS
Debut en Arbeu

O ON

EMILIO THUILLIER

gran satisfacción de las amantes del
arte hizo su debut, en Arbeu, el miércoles último por la noche, la Compañía Dramática que dirige el notable actor español
Emilio Thuillier.
La obra escogida para d debut fué ccDe
Mala Raza,» drama de D. José Echegaray
muy conocido en México y muy del agrado
de nuestro público.
Si hemos de atenernos á la impresi6n dominante entre los que asistieron el miércoles á la función inaugural de la temporada.,
diremos que la Compañia es indudablemente una de las mejores que nos han vi~itado.
Thuillier, que ha sabido triunfar en Madrid,
donde el público que gusta deLdrama es tan
exigente, triunfó en toda la línea, revelándose un artista de corazón y de talento. Su
tendencia al cmaturalismo» se echa de ver
desde que aparece en las tablas y su labor esde aquellas que satisfacen y convencE&gt;n. Para Thuillier fueron la noche del debut, las
más entusiastas ovaciones.
La Sra. Ferri, ·la primera actriz, estuvo
muy discreta, distinguiéndose en los pasajes
culminantes de la obra por la buena interpretación de su papel. En cuanto á los demás artistas, bástenos decir que contribuyeron eficazmente al éxito obtenido, trabajando á conciencia y con deseos de agradar.
Damos en este número los retratos de
Thuillier y de la Sra. Ferri, así como los de
las damas jóvenes María Victorero y Mercedes Díaz Gambardella.

ANA[MOLLA;;FERRI.

o
Miniaturas
La política es como la guerra: devora hombres y millones.
-Las multitudes no se mueven á impulsos de una idea, sino á impulso de uu sentimiento.
-La segunda parte de la vida ee pasa
siempre haciendo recuerdos de la primera.
-El mal que hacen los hombres vive en
el bronce; sus virtudes las trazamos sobre la
onda.
-Las injurias se recuerdan; los favores se
olvidan.
-El progreso se mide comparando el presente con el pasado.
-Los hombres, reunidos como un haz de
flechas, son invencibles; tomados separadamente, se les rompe como cañas.
-Los principios de la ley natural con respecto al hombre, se reducen á un precepto
fundamental y único: la conservación de sí
mismo.

*

**de la represenY llegó la noche
tación. El actor que le había protegido, le llevó en su carruaje, dán·
dole aún algunos consejos. Ya en
el teatro, se apoderaron de él algunos de los coristas, le pintaron la
cara; bromeando y riendo, le pusieron una peluca de color rojizo,
ridícula, le vistieron casi con la indumentaria de un payaso. La amargura y el asco subían á los labios
de Juan Francisco, produciéndole
la amarga impresión de la náusea.
Pero pensó en María; pensó en
su hijo, en el pequeño Juan, cuyas
ropas tinas, resultado de meses de
trabajo, había sido preciso vendPr_
para comprar un pedazo de pa~. Y
se resolvió á triunfar por encima
de la hostilidad del mundo. Un hombre le sacó de su ensimismamiento,
tocándole en el hombro y arrojándole casi á la escena.

EL MUNDO ILUSTRADO

MERCEDES DÍAZ GAMBARDELLA,

MARÍA VICTORERO

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EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRA1&gt;O

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fluencia y de nuevas adquisiciones territoriales.

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Entre tanto, dos acorazadoi, que eran fuerza y orgull? de las escuadras rusas y un cru-

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El conflicto ruso,faponh. -Tnttrrupdón dt tas ntgoctaciones. - Jlllta jacta tst•-eomtenzan las bosttlldadts.
En Puerto Jlrturo y en ebtmutro.- EI primer rtoés dt los rusos.-Et patriotismo dt los putblos y los principios bumanitarios.- En dtfensa dtt
"Padrt."- Probabilidadts para lo porotnir.-ta actitud dt las pottndas.
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pe.ar de las opiniones optimistas que
hasta última hora se substentaban en
las Cancillerías, y eran mantenidas entre los
hombres de buena voluntad; á pesar de los
esfuerzos que, po!' lo menos en apariencia, hicieron los Gabinetes para buEcar una solución
pacífica á las controversias ruso-japone;:a¡,,
cada vez más agrias, y á cada momento amenazando con un terrible rompimiento, los
acontecimientos se han precipitado de una
manera casi inesperada1 y hoy la guerra entre el joven Imperio del «Sol Naciente» y el
poderoso Imperio de los Czares, es un hecho
irremediable, acompañado de todos los horrores de una lucha porfiada y tenaz, como
tiene que ser la que acaban de emprender los
japoneses con su impaciencia y los ru.os contra toda su voluntad, si ha ele juzgarse por
las declaraciones hechas en hora postrera por
la corte de San Petersburgo.
Aún no llegaba á manos del Gobierno japonés la respuesta á su última nota, con las
concesiones dizque conciliadoras de Rusia;
aún se esperaba con ansia en todas partes
la anhelada contestación cuyos términos se
habían hecho públicos en su parte substancial, cuando ex abrupto y de modo intempestivo, e! Ministro japonés en San Petersburgo, pidió con urgencia sus pasaportes, y de

orden de su Gobierno dió por rotas y terminadas las negociaciones pendientes, decl:mrndo que, en consecuencia1 rn país recobraba
su completa libertad de a&lt;:ción para ref:guardar los quP. creía amenazados intereses propios en el Extremo Oriente. La actitud de
Rusia no era dudo~a ante esta declaración:
aguardó serena la marcha de los sucPSufl, no
sin lanzar la responsabilidad sobre $U rival,
en nota circulada á las potencias que habían
seguido con interés creciente las diversas fases del conflicto.

***
Imposible en las presentes circunstancias
decidir á ciencia cierta de parte de quién está
la responsabilidad en la contienda armada
que acaba de estallar. La luz de los primeros
cañonazos y el sc..rdo estruendo de los primeros torpedos clavados con hábil destreza en
la quilla de tres buques de guerra rusos, en
medio de las sombras recatadas de la· noche
del lunes último, en la bahía de Puerto Arturo, no soh suficientes á definir fas condiciones todas en que se han roto las hostilidades, ni. pueden arrojar la claridad que se
quiere para dar la solución á ese problema
erizado de dificultades por su propia naturaleza. Más tarde, cuando se depuren á la luz

de un criterio desapasionado y ajeno dP preocupaciones, los hechos que han precedido y
seguido inmediatamente al rompimiento, se
sabrá dar á cada uno su derecho igualmente,
conforme á los principios eternos de la justicia, que ni cuenta el alcance de los elelllentos de guerra de los com batiPntes, ni atiende ni com,idera la inmensa mole de ejércitos
que abruman á los pueblos con su enorme
pesadumbre. Entonces se sabrá si el Japón
ha sido tan impaciente como aparece, y Rusia tan conciliadora como se deja entrever;
se comprenderá entonces si el iniciador del
Congreso de la Paz no fué cegado por sus
propios apetitos ó los de sus consejeros; si
fué arrastrado, á pesar suyo, á un conflicto
que repugnaba, ó cedió s6lo en la apariencia,
pretendiendo abrumar con el peso del número á su competidor, lanzando sobre las fértiles regiones mandchúes y sobre las comarcas de la asendereada Corea, la avalancha de
sus cosacos, protegidos por los cafiones de su
potente flota, á la sombra de las inexpugnables fortificaciones de Puerto Arturo.
Sabráse al mismo tiempo hasta dónde volaban las pretensiones japonesas, cuál era el
límite de sus aspiraciones, cuál el arrebato
de sus concupiscencias, y hasta dónde podía
llegar en sus anhelos de nuevas esferas de in-

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1
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1

-

S. M. MUTZUH~T01 EMPERADOR DEL JAPÓN

Mas hay que prever un hec~o posi_ble Y. al
alcance de las humanas contmgencias: mutilizada por ahora, la parte principal de la
escuadra' rusa en las aguas orientales, pueden, cabe en lo probable, hacerse los japoneses duefios del mar, y entonces prevalecer, por tiempo más ó menos_ lar~o, sobre
los rusos cortando las comurncac10nes con
Vladivostock y entorpeciendo, de manera
más ó menos' eficaz las operaciones de los
ejércitos en tierra, donde superarán indudablemente los rusos, si logran concentrar sus
elementos en disponibilidad.

Pronto resonará también la
poderosa voz del Czar de todas
las Rusias, convocando á su
amado pueblo á la lucha, que
puede tomar el carácter_de guerra sagrada contra lo~ mfieles;
y ese pueblo, que mua. ?n su
soberano á la encarnac1on de
Dios sobre la tierra; esas innúmeras multitudes, que tienen
mucho de asiáticas en su c,mstitución , correrán apre-rnradas
al llamamiento, buscando, por
todos los medios á su alcance,
la manera de ofrecer la vida
por el Czar, su PADRE, su AMO
y su sExoR. Y se desbordarán
los ejércitos moscovitas, aun á
través de las heladas estepas
de la inclemente Siberia; se
desbordarán en ordenado ó
confuso tropel,-¿pero á dónde?-sobre Mandchuria y sobre Corea, que
han de ser, á no dudar, el teatro de los ?ºn:1bates por tierra, á pes~r de todas las ms1nuaciones de los Gabmetes, que, azuzados
por el gobierno americano, pretenden, á última hora, poner coto y sefiala~ linderos á
los caro pos de las futuras opera~10nes.
Seguirán los combates y contmuará la lucha encarnizada hasta que uno de los contendientes, falt~ del nervio indispensa~le d?
la guerra falto de los recursos necesarios a
sostener Íos crecidos gastos que demandan,
con im¡:,eriosas exigencias, las modernas t~cticas y la estrategia moderna, busque la mtervención pacífica, que ah~ra rechaza en
su orgullo, patriótico si se qmere, pero profundamente inhumano.

blime Puerta á sus siervos infelices, que aún
gimen en los Balkanes bajo el pesado yu~o
de la Media Luna; sufrirán todo, como vieron á la infeliz Ilélade, madre de pueblos y
cuna de la civilización, pisoteada por los cascos de los caballos turcos, triunfadores en
Larissa. Todo lo verán con los ojos serenos
de la neutralidad, porque, por encima de las
consideraciones meramente humanas, está
~iempre la. consideración del interés propio,
que prevalece en la tremenda lucba1 digan lo
que quieran filósofos y moralistae, filántropos
y pensadores. ¿No se ve clara la pretendid~ intervención americana en el actual confücto,
porque teme, no por el Czar ni por el pueblo ruso, sino por sus flamantes posesiones de Filipinas? ¿No
se insinúa que Inglaterra, neutral y todo, ha permitido --así
lo dice en un cablegrama de última hora-que l-0s japoneses
usaran del puerto de Wei-HaiW ei arrancado á China por
ami~tosa mediación, como base
de sus operaciones primeras,
que han costado á Rusia el primer revés en la contienda?
Esperemos: que grandes sorpresas nos prepara, sin duda,
la lucha que antier ha comenzado.

X. X. X.
10 de febrero de 1904.

o
PENSAMIENTOS
Muchas veces el que escarba, encuentra lo que no quería
hallar.

***

***

!

- -=-,-....-.-,:L••H___..
S. M. NICOLÁS II 1 CZAR DE TODAS LAS RUSIA$

cero protegido de no escaso valor, yacen l)ncallados á la entrada de Puerto Arturo, anunciando con sm entrepuentes desmantelados
y ~us torrecillas rotas y desarboladas, que el
primer golpe de la audacia jap?nesa les h_a
sido desfavorable, pues en el primer encuen •
tro ha logrado pouer fuera de combate treo&lt;
unidades táctitas de las fuerzas navales del
enemigo, aislar el resto ~e 1a flota que queda
encerrada en la bahía, mientras
permanezcan esos obstáculos
que la obstruyen, imposibilitándola ba11ta para. tomar el
carbón indispensable á las operaciones posteriores, y sobre
todo, haciendo ver ai enemigo
mismo y al mundo entero, que
observa la lucha como espectador, cuáles son los bríos que
animan al impetuoso pueblo
niponés, guiado por un gobierno fuerte y acompañado de
las manifestaciones de un patriotismo no desmentido en las
horas solemnes de prueba.
De otro combate se tiene noticia, ocurrido en aguas del
puerto coreano de Chemulpo,
donde se dice que dos cruceros moscovitas que trataban de
impedir el desembarque de
tropas japonesas, fueron desmantelados, b.undiéndose uno
de ellos con toda su tripulación.

***

No darles á las escuelas del
pueblo la importancia que se
merecen, es hacer causa común
con el diablo.

***

La razón necesita de la experiencia; pero ésta nuda vale
sin la razón.

***

La educación es una maestra dulce é insinuante, á la vez
que enemiga de la vioiencia.

***

Antiguamente la vejez era
una dignidad; hoyesunll. carga.

***

De quien pone los ojos en el
suelo, no fíes tu dinero.

***

UN &lt;VIVAC&gt; DE LOS RUSOS EN UN TEMPLO CHINO.

En ese caso, no enteramente remoto, la
lucha que de todoEO modos se supone porfiada y tenaz, tendrá que alargarse más de lo
que por de pr?nto e!·a de suponers~.
¿Y sufrirán 1m pas1~les las poten?]ªª que ~e
dicen amigas de los rivales en acc1on, sufrirán indefinidamente que se destrocen dos
grandes pueblo@ llamados por ley hist6rica
á ser los portaestandartes de la civi_lización
en los imperios petrificados del Asia secular? Sí lo sufrirán, como vieron borrarse del
mapa de Sud Africa el nombre de dos p~eblos heroicos· como vieron á los macedomos
sucumbir en ~anos de los bárbaros ((bashibasuks» del impío sultán Abdul Hammid,
no obstante que reclamaban su libertad después de tantas inútiles promesas de la Su-

Los que pudienclo defender
á un inocente, lo abandonan,
son tan culpables como los que
lo matan.

..

CLARO DE LUNA
(BEETHOVEN)

En alta. noche la canciór. serena
trae en su giro vagabundo er viento,
como ráfaga triste de un lamento
que allá en el fondo del pasa.do suena.
¡Oh, cuál tl'aduce la profund1:1- pena.,
la amarga. soledad del pensar1;11e~to1
la breve dicha, el hondo sufr1m1ento,
con frase vaga de misterios llena!
Sobre las teclas pálidas del piano,
desgranando su I!Ota. cristalina,
parece una hbélula tu mano.
Y tu frente de anémona se inclina.
al ev&lt;'car del ruiseñor germano
la sollozante vibración divina.
LEOPOLDO DfAZ.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Et MUNDO ILUSTRADO

PARA LAS DAMAS
Los Bailes de fantasía.-Peinados u Traies,
Nosotras, las j6venes de la presente generaci6n, s6lo sabemos lo que es el Carnaval
por lo que de él nos· cuentan. Bieti desearíamos tenerlo nuevamente entre nosotras y
agasajarlo con todas las alegrías, con todas
las carcajadas que merece. Pero ¡ah! s6lo conocemos la tumba de Pierrot.......
Dejemos al Carnaval en sus manifestaciones populares, generalizadas, tal como no lo
veremos más, y hablemos un poco de bailes
de fantasía, ya que estas reuniones se efectúan con frecuencia en México y son siempre tan elegantes y están siempre tan concurridas. El baile de fantasía tiene encantos
especiales. En ellos se despliega un verdadero ingenio artístico para la confección de
trajes. El mayor triunfo de una mujer que
asiste á estos bailes, es ser proclamada reina
de la fiesta, por la. elegancia y originalidad
de su disfraz.
He aquí, pues, un medio de lucir las habilidades femeninas y de tomar parte en un
torneo del que son juecés todos los concurrentes al baile. No se estilan ya los conocí-

i¡l1

IPEIN ADOIDE FANTASÍA «GITANA,»

1

1

en la casa de un noble italiano, el sefíor de
Manutelli. Dice el cronista que á la mitad
de la fiesta se entreg6 un rico list6n de seda
á cada uno de los danzantes. En cada grupo
se separaban los caballeros de las damas y
formaban línea tendida á lo largo del sal6n.
En seguida, como si se tratase de bailar lanceros 6 minuetos, los grupos de un extremo
de la sala avanzaron hacia sus contrarios, y
al compás de la orquesta llegaron á una gruta que había en otro de los extremos del sa16n y cada uno de los danzantes se instal6
en el sitio que tenía marcado, hasta formar
una apoteosis de la Primavera.

PEINADO DE FANTASÍA WUQUESA.»

P

ASARON ya en nuestro país los alegres
tiempos del Carnaval. Apenas si, como
débil remedo 6 lejano recuerdo de pasadas
épocas, quedan en algunas ciudades, especialmente en Mérida, las bulliciosas algarabías y los disfraces multicolores de los tiempos en que Arlequín y Colombina discurrían
por teatros, calles y salones, al agudo retintín de sonoros cascabeles.

et test.11mento

EL CALENDARIO
Observo que cada cual
con indiferencia igual,
se sirve del calendario
que le indica de ordinario
los días del mes puntual.
Y todos, de enero á. enero,
y con el mismo interés,
van arrancando á su vez
la hoja del día primero
hasta la última del mes.
Y en la página deshecha
que cae al suelo estrujada
nadie fija su mirada,
porque ella encierra una fecha
que no sirve para nada.
Sin darse cuenta del daño,
todos con empeño extraño,
todos con el mismo afán,
quitando las hojas van
hasta que concluye el año.
Engañándose quizá,
su mal el hombre entriltiene,
y así cuenta no se da
que cada hoja que se va
es una menos que viene.
En existir tan preca,rio,
se arranca una hoja y se olvida
que aquella hoja desprendida
es parte del calendario
que compone nuestra vida.
Así, de manera igual,
pierde en la época estival,
el árbol, hoja tras hoja;
así de ellas se despoja
sin sentir ni el bien ni el mal !
CALIXTO VELADO .

La falta de nutrición es la causa
primordial de las enfermedades extenuantes. Véase lo que dice el muy
prominente Dr. D. Pablo Córdova
y Valois, de la Ciudad de México:
«Tengo el gusto de manifestarles
que el uso de la Emulsión de Scott,
en mi práctica de muchos años, ha
sido siempre satisfactorio, pues supera á toda otra preparación cuando se trata de enfermedades de los
órganos respiratorios ó de las afecciones por falta de nutrición. Re. une, ademas, la ventaja de tener un
gusto agradable, pues los enfermos
en general no la rehusan.»

del Ilmo. Sr. Arzobispo Fechan
Los bienes fueron valuados en $125,000.
La m~or parte de lo test.ido consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua", Compañía de Seguros sobre
la vida, de Nueva York.

Hace pocos dfas que ~ practicó
la apertura del testallllento del Ilustris,imo Sr. .A:rzobilSlpo D. Patricio
A. Feehiam en la ciudad de 0hicago,
Illinois. La fortun:a diell distingmdo
¡prelado ascendió á. cerca de . . .
$125,000 oro americano; y según el
ÍiD/V.entario ,que !le ha publicado, Jos
,bienes que dejó fueron como sigue:
Dos póli~as de "La
Mutua," Compañia
de Seguros .sobre a~
Vida, de Nueva York,
p,or $25,000 oro ,cada
una, ó sean. . . . . $ 50,000 oro.
Di,viruendos -aoom.ulados
sobre una die las aióJizas. . . . . . .
9,329 oro.
0tm póliza de seguro. 14,000 oro.
Acciones en efectivo y
en

Baill.COS. • • • • •

37,000 oro.

Entre los -disil)OSliciones del señor Arzobispo, en, su testa.miento, se
hicieron ésbals:
A su hermana, señorita Kate .
Fleehan, que estuvo siempre con él
hasta su muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000 oro en •mu, de -las póliza,s, de seguro; á la señora Ama A.
F\elehan, viuda d-eJ. señor dootor
!Eduardo L. Feeliaru, hermano del
señor IArrzobispo, $25,000 oro de
otra, de Jas pólizas, y $5,000 oro en
efectivo; á la Academia de SMl Fa,
tricio de Ohicago, de ia qu10 es ·preceptora su ,hermana, Madre Ma.ria
Calla.Una, $10,000 oro de la última
,p.óliz,a; á la es,cuela "Santa Marta"
de enseñanza práctica para varo'lles, -de Feelhanvi!le, lllinois, que
era la institución :por Ja que más se
interesaba el señor Arzobispo, s,e
entregaron dos $4,000 restam.tes de
Ja última póliza.

"SflNTfl FE" l,fl MEJOR RUTfl
A Denver, Kansas Oity, St, Louis, Ohicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

TRAJES DE «FRANCESA» Y «CRISANTEMA.»

¿Preguntaréis cuál era el objeto de las cintas? Pues formar precisamente la apoteosis final. Al efecto, el organizador de la gruta y artista director del cuadro final, había estudiado uno á uno los trajes de
las damas, y para formar el conjunto, en la gruta había hecho las
siguientes indicaciones: cerca de una pefía, junto á un surtidor, al
pie de un árbol, etc., había colocado una cinta y todas ellas de diverso color. Correspondiendo á su idea, había manifestado igualmente á las damas que al llegar á la gruta buscasen el sitio que tuviera
un list6n igual en color al qu_e tenian en sus manos. De esta mane1a
se formaba el conjunto, que podía variarse cuantas veces se quería.
Análogos á estos entretenimientos hay otros muchos en los bailes
de fantasía, que siempre producen un efecto original y gracioso.
Aquí, en México, se han hecho ya cosas parecidas y estas fiestas
han dejado eco en la sociedad, pues muchas de ellas se recuerdan con
agrado.
Los figurines de nuestra presente página son modernísimos y del
último corte de la moda. Veréis dos esbeltos tocados de fantasía: el
pelo rizado en abundantes quebraduras; un penacbo de plumas coronando la cabellera y un lazo de cinta lánguidamente plegado y haciendo consonancia con el aspecto general del peinado. En el otro
modelo son los zarcillos indianos, las plumas de pavo, la cabellera
abutidante y suelta y una graciosa corona-encaje y medallones arcaicos los que forman el conjunto y dan vida al peinado. Por estos dos
modelos podéis inspiraros é idear otros más, tan hermosos y agradables como éstos.
Respecto á los trajes de fantasía, los hay para niñas,. para j6venes
y para sefíoritas. La niña «crisantema», la joven «alsaciana», la señorita ccduquesa», la ccvendedora de pájaros», son otros t3:ntos modelos
de buen gusto. La confecci6n de estos trajes debe ser ureprochable.
Sus telas aun cuando no sean de exquisita calidad, puesto que no
todas las'familias podrían adquirirlas, sí es necesario que sean, por
lo menos entrefinas. Las aplicaciones de encaje, listones, etc., así
como las'alegorías, pueden ser de ccbi~cui~1,, es decir, finas, delicadas. (Debo advertir que la palabra «b1scmtn ha tomado_ carta de naturalizaci6n en el tecnicismo de la indumentaria femenrna. )
El traje de crisantema y en general los trajes q,ne represente:1; flores, pueden confeccionarse con pape! adecuado, o con tel~ ccp!1ssén,
que se presta más que 1.iinguna otra a este género de combmac1ones.

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-~,&gt;··

TRAJE DE «ALSACIANA,»

TRAJE DE WUQUESA.»

dos trajes de domin6, que, por anticuados,
ni el recuerdo merecen. No: ahora priva el
·modernismo y son los disfraces de «crisantema1i, de «reina de Parísn, de «sofíadora)), de
ccpensativa)) y otros más los que son dignos
de la atenci6n de las damas elegantes.
Y a que de bailes hablamos, os diré algo
nuevo de este «sport.,i
Los bailes de fantasía no s6lo son vistosos
y agradables por los trajes que ostentan damas y caballeros, sino también -por las figuras que en ellos se forman. Acabo de leer un
pei-i6dico europeo en el que se publica una
cr6nica de un baile elegantísimo celebrado

TRAJE DE «VENDEDORA DE PÁJAROS,»

JOSEFINA.

Se reservan camas en Carro Pulman para todos los puntos en
los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de Barver en la Línea de Santa Fe, son renombrados en el mundo entero.
Para precios, itinerarios y otros- informes, dirigirse á
W. S. Fa.msworth.-Agente General.
l '[San Franclsco;Nú.J:n. 8, México, D. F.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Alma de América

EL lfUNDO lllTSTRADO

Recetas Utiles
Para barnizar los pisos de las habita-

ciones.

MUERTE DE JAGUAR
¡Cómo tiembla en el árbol, ~uspendido,
atizando las ascuas de sus o¡os,
el que ayer en sus trágicos enojos
envol via la sel va en un r ugido!
Sello de lacre, sobre el flanco he~ido,
mancha su piel con go~rones ro¡o~;
y en la agonla de sus mrnm.bros flo¡os,
suél tase, dilatando un alarido ......
Alza la fren te: a rquéase; y se estira.
Una flecha Jo h irió ...... l\luer~ reposa..... .
En sus ojos relumbran dos cristales;
y d e la flecha, que sobre él se mfra,
la sangre corre por. la piel hIStrosa
como si fuese u n lulo de corales..... .

~WJ
EL ~1AIZ
Brota la m ilpa entre hojas rel ucientes
v se destaca Pn los fecundos llanos,.
i&gt;rocla mada &lt;¡ue fué por. los h ispanos
reina de Jns md1genas simientes.
Entrea briendo s•1s hojas sonrientes
a l contacto fugaz de aires livianos,
deja ver la mazorca, cuyos gra nos
fingen hileras de apretados dientes.
El tallo, que en las h ojas se hu n de.esquivo,
hace pensar en el la drón que enc1ern1.
en su c rispada mano {mrco tesoro;
porque parece u n brazo fugitivo,
que se escapa del fondo de la tierra
con un puñ udo de pepitas de oro....

_LAS 0~&lt;QUIDEAS
Anforas d e cristal, a iro-'as gal ns
[: de enig máticas formas sorprendentes,
diademas p ropias de soberbias fre ntes,
adornos d ignos de faustuos;.s salas.
E n los nud os de un tronco hacen escalas
y ensortijan sus tallos de serpient:.,s,

hasta quedar en la altitud pendientes
á manera de pájaros sin alas.........
Solas como ca;,ezas pensativas,
brotan ellas, sin torpes ligadu ras
de tirana ralz, libres y altivas;
qne ellas también con lo mezqtúno en guerra,
q_uieren vi vir como las a lmas puras
sm un solo contacto con la tierra ........ .

~OP
DANTA SORPRENDIDA
F..stremecióse la montafia obscura;
y hasta la orilla de la clara fuente
una danta llegó, que b,avamente
se improvisó una senda en la espesura.
Enturbió con su sed el agua pura;
mas inmóvil quedóse de repente,
al mirar que en el agua transparente
salpicaban los astros su blancura.
Súbito, apareció lrágil piragua:
sonó del boga el canto de tnsteza,
el chischá~ de los r emos contra el agua.
Cuando lo oyó, la danta entró en recelo;
y al suspender, de pronto, In cabeza,
se encontró con los astros e n el ciclo!

~OP
LOS C0NQUISTADOl&lt;ES
F..sc, Pizarro: el de la fren te erguida;
J&lt;:se Cortez: el del cabello undoso;
PnSÍt Alv;i:ado en su corcel brioso;
Valdivialleva el suyo de la brida.
¡.Y ése? ¿Y aquél? En ptlrpura encendida
envueltos van, oregando Sl!l repo~1
cual si fuesen el grupo lunnnoso,
de los conquistadores de la vida.
Chispeante de oro el puño del cuchillo;
la coraza, cubierta de lulgorcs;
pleno de sol el reluciente casco:
pasando vA.n con el temblor de un brillo,
cual si fuesen bordados en colores
sobre grandes tapices de. Damasco.........

José s,11110.1 Chocano.

EAN los suelos de las habita·
ciones de madera ó ladrillo, se
barren perfec-tamente y se les pasa
una rodilla ó trapo grueso. En seguida ~e pintan con una brocha
mojada en aceite de petróleo, barniz común, trementina, mezclando
bermellón, ocre, cardenillo, etc., ó
el color que se quiera. Luego que
esté bien seco, se frota el piso con
un cepillo.
Para dar el color rojo, se toma
una libra y media dtl cola de Flandes y se hace disolver al fuego en
doce cuartillos de agua; pásese por
un lienzo y deslíanse en esta disolución seis libras de rojo de Prusia
ó de almazarrón fino; se pone al
fuego, y cuando está muy caliente,
se aplica á los ladrillos con un tra•
pito; se deja secar y se da otra mano. Después se prepara el encáustico, echando doce onzas de cera en
una cazuela con tres cuartillos de
agua; se hace hervir todo y sé aña•
den poco á poco cuatro onzas de
potasa disuelta, revolviéndolo con
una cuchara de madera. Cuantlo
está frío, se extiende sobre los I ad rillos con un pincel grueso, cuidando de no frotar más que dos veces sobre un mismo paraje; antes
que se seque enteramente, se frota
con un cepillo de suela.

S

Modo de Umplar los guantes sin mojarlos.

Se toma miga de pan y polvos de
huesos muy quemados, y se restre•
gan con ellos los guantes; se frotan
después con una franela impregnada de polvo de alumbre y tierra de
quitar manchas y quedarán perfectamente limpios.
lllantequllla salada,

La mantequilla salada, cuando
ha sido bien preparada y es de buena procedencia, resulta más agradable al paladar que la mantequilla fundida. Sirve muy bien, no solamente para la cocina, sino para.
la mesa.
Ajustándose en la preparación de
la mantequilla á las recomendaciones que vamos á indicar, la salazón
permite conservarla un año próximamente.
Es preciso escoger buena mantequilla, lo más fresca que fuere posible. Para limpiarla de todas las
partes lechosas y caseosas que encierra, conviene y aun es indispensable lavarla en agua fría, agua
que se renueva hasta que quede perfectamente clara y sin que el lavado
deje en ella tintes blancuzcos ni el
más mínimo rastro.
La operación del lavado es sumamente importante, desde el punto de
vista de la conservación de la mantequilla, por lo cual insistimos en
este punto.
En las haciendas normandas, el
lavado se practica en grandes cuencos abiertos en troncos de árboles,
,.meneos que miden á veces hasta 6
metros y más de longitud.
En todas las localidades, en general, cuando la maotequillaes buena para ser salada, se empieza por
dejarla escurrir siquiera un poco;

y luego se hace entrar en su masa
la sal correspondiente, en la pro•
porción de 50 á 80 gramos de sal por
cada kilogramo de manteca. Hiendo
muy seca y muy pulverizada, se puede emplear indisti1,tamente la sal
blanca ó la sal gr-is; pero la pr-imera, esto es, la blanca, es siempre la
mejor y debe en todo caso preferirse.
Para más comodidad, la mantequilla se sala diviéndola en trozos
de uno ó dos kilogramos, á los cuales se une la sal en las pr oporciones convenientes. La sal se incorpora á la mantequilla salpicándola
con profusión,ó por otro cualquiera
de los medios practicados.
Terminada esta preparación, sólo
falta depositar la mantequilla en
los vasos destinados á conservarla.
Estos vasos, ante todo, se han de
lavar con agua hirviendo y han de
ser cuidadosamente secados, para
que no le den mal gusto.
Es prudente no cerrar los potes
de una manera definitiva, para poder examinarlos algunos días después y cerciorarse de que la mantequilla no ha disminuido de volumen
y de que no se ha despegado de las
paredes del pote como sucede á menudo, lo cual no es conveniente. Si
esto ha sucedido, es necesario llenar los vacíos con una fuerte salmuera que debe recubrir la mantequilla en algunos centímetros. Esta
salmuera se hace disolviendo en
agua caliente la mayor cantidad de
sal que en dicha agua se pueda disolver. Antes de echarla en los potes hay que dejarla enfriar.
Cuando este accidente no se ha
producido, bast a echar sobre l a
mantequilla una capa de sal que
puede estar separada de la masa
por una rodaja ó redondela de estameña ó de tela de tejido suelto.
Para impedir el contacto del aire,
se cubren los potes herméticamente
con tapaderas bien ajustadas ó con
pergaminos.
C uando se ha empezado á consumir una conserva tle mantequilla.
salada, es bueno tomar las precauciones que hemos prescrito para la
fresca, es decir, recubrir los potes
comenzados con una capa de agua
fresca, la cual se renueva sea todos
los días ósea cada vez que se saca
del pote una porción de mantequilla.
l\lantequllla á media sal.

Para conservar la mantequilla á
media sal, como se hace g eneralmente en las familias, se le mezclan
16 gramos de sal por kilogramo,
lavándola antes con mucho cuida·
do. La mantequilla á metlia sal se
pone en jarros ó pucheros de barro
vertiendo encima una salmuera lo
más fuerte posible para que no se
despegue.

..

PARA EL CABELLO

Los cabellos demasiado grasos,
conviene lavarlos con una esponja
llena ele es ta disolución:

Monyoo habla coo las mujeres·

D.,

De agua destilada de brea..... 300 gr.
,, clorato de pota~............... lO ,,
,. amoniaco llqm d o. ... ... ...... 4 ,,
M. s. a. (Dr. E. Monin .)

Se consigue dar un hermoso color
castañado obscuro ó negr o al ca bello, lavándolo, primero, con una
débil solución de carbonato de potasa, y luego, con una mezcla compuesta de 10 partes de ¡ugo de corteza de nueces ver des y 90 de alcohol, cuya mezcla liay que dej arla
reposar diez días, y filtrarla después antes de hacer uso de ella.
Para teñirle de rubio, h ágase hervir, hasta red ucir en u na mitad el
líquido, 300 gramo s de ruibarbo en
un litro de vino blanco, ú ntense los
cabellos con el referido coci miento
y déjense secar. La coloraci ón pasa pronto, pero es la única inofensiva.
La capa se qu ita friccionando todos los días el cuero cabelludo con
una ó dos cuchar adas de est a solu •
ción previamente calenta da :

J

El Jabón del Avellan o de la Bruja

realmente es un a !i:nento y vivificador de la piel.
Alimenta y nutre la p.jeJ tanto como los alimentos nutr en el cuerpo. Po•
ne cada poro en u na condición salu•
dable; a.siste á la Naturaleza en ¡:u•
rificar el cuerpo de venenos ; evita inflamaciones y suaviza y cura las par•
tes irritad,a s. Cura las hendiduras de
las manos y labios y toda forma de
esca ldadura. No hay jabón, no hay loción, no se ha descubierto ningún ba•
ño que la,n rapida.mente t ranquilice á
los bebés que sufren de picaduras ca
tientes ó cualquier forma de ronchas
como el J abón del Avellano de Mu
nyon. E l cailma1ite efecto que hace en
los niños es casi instantáneo. Yo deseo
que cualquier persona que s ufra de
la piel, y atormentada de picazón, que
se bañe con el Jabón del Avellano
usando el ag ua lan calien te como la
piel la pue&lt;la resistir. El! alivio será
inmedia to.

D &lt;c

De agua destilada de rosas.... 50C gr.
,, licor de Van-Swieten........ JO(! .,
hidrato de cloral............... 2o .,
M. s. a. (Dr. Martinenu.)

La caída de los cabellos en los
convalecientes, se contiene frot ándose mañana y noche con el siguiente líquido:

MUNYON.

Dr. Muyon, núm. 1.505. --rch. St
li'iladelfia E. U . de A .
Agencia General, J. Labadie Sucs.
y Cfa., P rofesa 5. De venta en todas
las droguerías de México.

D "'

De alcoholado de limón....... 150 gr.
,, ácido clorhldrico.. ...... ... .. . 4 .,
M . s. a . (Dr. Barré.)

La caída prematu ra de l()s m ismos, friccionándose á ma 11ana y
nocbe, durante tres minutos. con esta pomada:

POR
50

D &lt;c

De áC'.ido bórico en polvo. 3 gr.
ácido láctico en !dem. 75 centigr.
:; vaselina ..................... 125 gr.
M . s. a . y aftádase el perfume que más guste.
(Doctor Oisicus.)

La célebre &lt;pomada corintia» de
los antiguos, que decían era la que
prestaba á las cabelleras de las
griegas aquella suavidad y aquel
bello tornasolado q ue l as dist ing uían, se componía de las siguientes substancias:

Centavos
Oro
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excesiva sequedad del cabello
se remedia friccionándole con
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una. brocha suave empapada en la . COQUE LUCHE
mezcla siguie nt ·, que también deti&lt; A

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ne su caída:
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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      <name>Dublin Core</name>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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