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                  <text>AL PUERTO
DE VERACRUZ

____________________

L UN-DO LU5TflílDO
Año XL-Tomo I.-Número 8.

MEXICO, FEBRERO 21 DE·1904.

Su~serlpclón mensual foránea ......$ 1.ó0
l&lt;l em
ldem eu Iii Ca1iltal. $ 1. 2¡¡

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINOOLA
Registrado como articulo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894 .

..._

Gran06S ftl,Mft6GNES 06 ROPft UNOV60006S
Espléndido surtido en:

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~
Informamos á nuestra distinguida clientela que hemos recibido y puesto á la
venta el surtido más completo de

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:,.../ir

" .J - -

Sombreros paro lo Primavera
suplicamos á nuestras favorecedoras se sirvan visitar nuestro departamento
de Modas, y ver las últimas creaciones de París.

y

Nos permitimos recordar á nuestra clientela
que tenemos establecidos grandes
: · talleres de Vestidos y Som=
breros, á cargo, res=
pectivamente,
de hábiles

Modistas y Costureras
·;
.
de las mejores casas
_ de -~-~ _rue de la Paix y avenue de I'Opera en París.

En Honor del Héroe Don Vicente Guerrero
Destile de manifestante:i por Plateros y San ~'ra.ncisco. - Lleiada de la Comitiva al Circo Orrin.- Rmnbo al Panteón de San ~·ernando.

Gerente: LUIS REYES SPINDOLA

�!t lrroNDO

Un-Carnaval en Colonia

L

LEGAMOS á Colonia el martes de Car•
naval del año de 1890, á las primeras
horas de la noche, un grupo de compatriotas y yo, y después de instalarnos en el
hotel, de hacer una «toiletten y de comer,
salimos á dar un paseo para formar concepto de la ciudad, y, sobre todo, de su famosa
catedral.
De pronto, y en el fondo de una callejuela estrecha, vimos un gran pórtico, profusamente iluminado, y un grupo de alemanes
rubios, sonrosados, resplandecientes de limpieza y vestidos de rigurosa etiqueta. Nos
acercamos, llenos de curiosidad, y tratamos
de inquirir qué era aquello. El grupo de alemanes nos abri6 paso, nos formó valla y
nos hizo ademán de que podíamos pasar.
Vacilamos. Nuestra indumentaria era la de
todos los touristas bohemios. Vestíamos«ulstersn á cuadros, calzado amarillo, :fluxes grises y gorras de viaje, y aun alguno de nosotros llevaba una bolsita de mano y unos
gemelos, con su correspondiente correaje.
Preguntamos en francés qué era aquello,
y nadie di6 trazas de comprendernos. Desde
antes de 1870-71, no hay alemán que no posea el francés; pero tampoco lo hay que
quiera hablarlo, en Alemania al menos.
Los modales corteses y las sonrisas afables de la Comisión de Recepci6n, nos indujeron á entrar al edificio; y tomados nuestros boletos en una taquilla adyacente, penetramos al misterioso recinto. Subimos una
escalera monumental y llegamos á un vas•
tí.simo sa.16n, del más rico y puro estilo gótico alemán. En el fondo se elevaba una inmensa gradería, en cuyos peldafios, tanto
así eran vastos, veíanse mesas y sillas, como en un café; al rededor del sal6n «reinaban una inmensa sillería, y, de trecho en
trecho, sobre maderos enclavados en el pavimento, grandes carteles que rezaban, en
italiano: «Tenori», «Soprani», «Bassi.&gt;&gt;
No cabía duda: aquello era una sala de
conciertos y, de seguro, nos tocaba asietir á
uno de esos festivales grandiosos, tan frecuentes en Alemania. La desesperación de
mis compafieros de viaje, todos ellos sordomudos en materia de música, no conoci6 límites, como no los conoci6 tampoco mi alegría.
Eramos los primeros en llegar, y en espera de lo:,¡ acontecimientos, tomamos posesión de una mesa y nos instalamos en ella,
para ver de qué se trataba. Esperamos largo rato.
De repente, un grupo hizo irrupci6n en la
sala. ¡Pero qué grupo! Ellas y ellos vestían
trajes de baile; pero ,,calzahan» unos sombreros de lo más extraño y extravagante que
pueda. darse. Una señora joven, hermosa,
elegante y ricacamente vestida y cuajada de
diamantes, llevaba, p or sombrero, una gallina enorme en vía de empollar sus huevos· su acompafiante ostentaba un juego de·
té para seis personas, primorosamente tejido con paja de Italia; otra beldad enarbolaba un acorazado de escuadra perfectamente
armado y tripulado; el de más allá se ufanaba de un sombrero de copa que automáticamente se achicaba basta lo microsc6pico ó se alargaba hasta lo monumental; la
de más acá se refugiaba bajo un globo aerostático.
A este grupo siguió otro, y luego otro y
otros más, hasta; henchir el sal6n, y cada
Rombrero era mas raro, extravagante y sorprendente que sus predecesores. Había ahí
yelmos de Mambrino, cascos romanos, chambergos mosqueteros, boinas catalanas, embudos tanquineses, fieltros bretones, turbantes turcos, gorras alsacianas, tocados rusos.
Aquello era una historia caricaturesca y bufa del sombrero á través del tiempo y del espacio desde la tiara hasta la montera, desde el 'casco de pelear hasta el gorro de dormir y desde el corozo hasta la escafa.ndra.
Era algo más. Toda la flora y toda la fauna se daban cita en aquellas cabezas de ale-

n USTRADO

manes. Figuraban ahí ratoneras con su poblaci6n escolar; jaulas de canarios. cilindros
giratorios de ardillas con ardillas vivas, fauces abiertas de leones del Atlas, de tigres de
Bengala, de hipopótamos de la India, de
cocodrilos de Egipto, Jaban alojamiento á
rubias cabezas de Gretcheus y á fisonomías
venerables de nobles padres de familia.
Las industrias extractiva y manufacturera, estaban dignamente representadas: aquí,
por un cañón Krupp; allá, por un martillo
pilón; más allá, por un junco chino; luego,
por un avío de pesca; después, por una
trampa de lobo. No había utensilio de menaje, desde la sopera hasta la cacerola,
desde la cafetera basta la canasta del mandado, que no figurara dignamente. Y luego,
el moblaje y sus accesorios: roperos de lunas, canapés imperio, escaparates bretones,
biombos chinos, sillones Voltaire, pu pi tres
americanos. ¡Y la juguetería! Cajas de música, autómatas malabaristas, implementos
de polo y de ttbasse hall».
Desde lo alto de nuestra gradería veíamos
toclo aquello girar, ir y venir, bailar, saltar,
y nos parecía asistir á un 0afarnaum, á un
sábado bullicioso y entusiasta de toda la Naturaleza y de toda la Humanidad. Donde no
giraban los caballitos al son de un organillo,
rodaban los planetas al rededor de un sol
eléctrico, y donde no despedía vapores perfumados un pebetero árabe, chisporroteaba
y flameaba una estufa holandesa.
Aquello era, á la vez, épico, macabro y
bufo; es decir: esencialmente carnavalesco.
Habíanse dado cita Tirteo, Pierrot y la Madre Celestina, y todo aquello danzaba, cantaba, gritaba con una alegría sana, espontánea, decorosa y pura.
Eramos felices. Aquellos jefes de familia,
aquellas nobles matronas, aquell0s ángeles
de juventud y de candor, aquellos nifios rubios y sonrosados, se entregaban á los transportes de una alegría sin mancha, de un
placer sin resabios y de una felicidad sin remordimientos.
La Comisi6n de Recepci6n vino á nosotros, con ademanes, corteses, nos invit6 á
seguirla y nos llev6 á un almacén de sombreros, anexo al sal6n de baile. U na vez ahí,
quiera'3 que no quieras, nos hizo abdicar de
nuestras gorras, y elegir un tocado análogo
á la situación. A mí toc6 en suerte un astrolabio; otro de n:.is compañeros prefiri6
una fuente luminosa, con surtidores coloridos; los demás adoptaron, respectivamente,
un barco submarino, un ecuatorial y una
Mule-Jenny. Notamos, entonces, la falta de
uno de los nuestros, hacendado de Ateneo y
campirano, que nos hacía rabiar -con el volumen, densidad y peso de su equipaje.
Volvimos al salón, escoltados por la Comisión de Recepción, y fuimos objeto de
una cariñoRa acogida. Se destap6 Obampagne en honor nuestro; las daml!s más encopetadas y las jóvenes más bellas, nos invitaron á bailar; fuimos presE&gt;ntados á las mejorP.s familias, conversamos con todo el mundo; ellos en alemán, que no estudiamos, y
nosotros en espafiol, que ellos no comprendían; pero unos y otros encantados, recíprocamente, de nuestra afabilidad, de nuestro trato, de nuestro «esprit» y de nuestra
erudici6n. Y ya lamentábamos profundamente la deserción de nuestro campirano,
privado de tan honestos é intensos goces,
cuando, de pronto, el edificio se sacudió hasta en sus cimientos, como bajo la acción de
un terremoto. La multitud se arremolinaba,
todo eran gritos, pataleos, aclamaciones, desbordamientos de entusiasmo, frenesí delirante, que apenas lograban dominar la orquesta y las masas corales, que lo eran todo
el mundo, entonando la «Kaiser Marcb», de
Wagner, y el Himno Imperial Alemán.
Qué era aquello? Nuestro campirano, que
en un momento de genial inspiración, había
corrido al hotel, descerrajado una sombrerera
monumental y encasquetándose su sombrero jarano blanco, como un inmenso pilón de
azúcar en medio de una interminable llanura de Siberia, y bordado, cincelado, recama-

m, ltUNDO nuSTRADO

do, incrustado de oros, platas, sedas, cobres
y pedrerías.
Salido del hotel, y en el trayecto hasta el
Gürsenich, el pueblo lo aclamó; llegado al
baile, su sombrero hizo furor. La Comisión
de Recepci6n, que en realidad era un jurado de concurso, le discernió las palmas; sus
incontables rivales le rindiero:i parias; en
un instante conquist6 todas' las simpatías.
Calmada la primera emoción, se organizó el
cortejo. El municipio asistió en cuerpo, la
guarnici6n formó en columna, recorrimosla
ciudad entni antorchas y músicas; y clareando el alba, que pos6 sus alas sonrosadas, de toda preferencia, en el «jarano» nacional, nuestro campirano recibió su diploma, él decía díploma, de manos de las autoridades, la rosa de oro de manos de las
damas; y el jarano, que el autor, agradecido,
cedió á la perfumada Colonia, figura, bajo
un capelo, en el Museo Municipal.
Desde aquella noche memorable he adquirido e.,ta convicción: que si nosotros, los
latinos, creemos divertirnos, los germanos y
los anglosajones eaben divertirse. Y es que
no hay verdadero esparcimiento, si no es
honesto, y nosotros propendemos á sólo esparcirnos con la deshonestidad.

Dr. M. Flores.

o
EN HONOR DE UN HEROE
E,L MI\RTIR DE GUILI\PI\N
El domingo último, por la mañana, se efectuó una manifestaci6n patriótica en honor del
héroe de la Independencia de México, General Don Vicente Guerrero, sacrificado por
sus enemigos políticos, en Cuilapan, el 14 de
febrero de 1831.
Los manifestantes, entre los cuales se en•
contraban los miembros de casi todas las
agrupaciones mutualistas de la capital, y los
representantes de los Estados y de los cuerpos de la guarnición, se reunieron frente al
Palacio Municipal para dirigirse en comitiva al Circo Orrin, donde debía efectuarse una
fiesta cívica en memoria del ilustre insurgente, bajo la presidencia del Sr. Subsecretario
de Instrucci6n Pública, Lic. Don Justo Sierra. El acto-se vió muy concurrido, cubrién•
dose la parte literaria del programa con un
discurso que pronunci6 el señor Rafael
Ramos Pedrueza y con una poesfa recitada
por la Srita. Gabriela Z. Hernández. La señora Guadalupe L. del Río cantó la aria de
«Cavalleria Rusticana», y el Sr. José B.
Portillo la de «Dinorah». Los demás núme·
ros fueron cubiertos con piezas de música.
Terminada la simpática fiesta, la comitiva se organiz6 nuevamente para encaminarse al Panteón de San Fernando, donde reposan las cenizas del mártir, y depositar ante
la tumba de éste numerosas coronas de flores.
En nuestra primera plana publicamos cuatro fotografías relativas á la patri6tica ma·
nifestación.

AsJ&gt;ttto tleil atrio de la Cate&lt;1ral-cle Puebl&lt;t ctl tlnicub1•in1t las plMas connu-,noratfras de {{f erecdún (lt•l Arzobispado.-Re1&gt;&lt;t1•to de com.id(( á los J&gt;&lt;&gt;bres en el Colegio Teresia1w.

vido en obsequio de los prelados que concurrieron á las fiestas; y la distribución de prendas de ropa y alimentos á un buen número de
menesterosos, hecha. en el Colegio Teresiano
por un grupo de sefloritas de la. buena. sociedad. Todos estos números del programa resultaron muy lucidos y bao dejado entre los católicos de Puebla. la. más grata impresión.
En cuanto á la. ceremonia religiosa., ésta. se
efectuó el día 8 del actual por la mafia.na, sien·
do verdaderamente notable por el lujo y esplendor que en ella predominaron.
El altar mayor lucía un magnífico adorno,
haciéndose uso en esta vez del hermoso ajuar
de plata que posee la catedral, y que no se usa.·
ba desde el tiempo de Maximili ano.
La solemnidad principió con la lectura. de
los documentos pontificioR re] ati vos á la. erección del nuevo Arzobispado, siguiendo después
la. misa en que ofició de pontifical el Señor Ar·
zobispo Ala.rcón, teniendo como diáconos á. los
Prebendados D. Antonio Santillana y D. Agustín A. Nieva.
El Señor Obispo de León, Dr. D. Leopoldo
Ruiz, ocupó la Cátedra sagrada., impresionando vivamente al auditorio.
A esta solemne ceremonia. concurrieron, además de los Sres. Ala.rcón y Ruiz, los Sres. D.
Atenógenes Silva, Arzobispo de Micboacá.n;
D. José M. Mora, Obispo de Tulancingo, y D.
Rafael Amador y Hernández, Obispo de las
l\lixtecas, único que tendrá el carácter de sufragáneo del nuevo Arzobispo.

***

Con una. velada literariomusical dió fin la
celebración del establecimiento del nuevo Ar·
zobispado.

00

Las fiestas Arzobispales en Puebla

L

A elevación del Obispado de Puebla á la.
categoría de Arzobispado, fué motivo pa.·
raque en días pasados se efectuara.a,. en
la. capital angelopolitana., algunos feste1os,
tanto de carácter religioso coino profano, que
atrajeron á un público numerosísimo compuesto, en su mayor parte, de fa.mili as de las poblaciones cerca.nas y de miembros del alto ele·
ro mexicano.
Todos los templos de la población se veí9'.D
engalanados con festones, banderolas y ?ort1najes, y muchas fueron las casas de part1cul&amp;·
res que también ostenta.bao adornos, dando á
la ciudad. un hermosísimo aspecto. Por la. no·
che la. iluminación de las calles fué muy pro·
fusa.
.
Entre los actos con que se celebró la. crea.el 6n
de la. nueva Archidiócesis, menciona.remos: una.
velada que se efectuó en el Palacio Arzobispal
y que estuvo muy concurrida.; un banquete ser·
D68puéa de la funot6n 1•eUaloaa,-.dapecto del at1•io de Cated1•al,-El Sr, .4.1'%0blapo lbarra Pl'e.tld·t enao la 11elada Ute1·a1•lo11u«1lcal.

�Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

***

TTENIA Thuillier

precedido de
una gran fama. La prensa de
la Isla de Cuba, muy especialmente, había vaciado todo el vocabulario de la hipérbole y de los ditirambos Eln su loor; se le consideraba como el renovador de la escena española, tan noble, tan alta,
tan apasionada; pero tao llena de
rancios defectos de dicción y de
amaneramientos imposibles.
Nuestro público es hosco. Celebridades extranjeras de indiscutible mérito se han presentado en
los teatros metropolitanos y han
visto, con extrañeza, que el público, lejos de entrt&gt;garse fácilmente,
de dejarse conquistar con agrado,
ponía todos sus nervios crispados,
todas sus reservas, todos sus recuerdos de anteriores fracasos, al
servicio de una especie de hostilidad innata, de un exagerado criticismo.
Thuillier lo ha visto. La noche
del debut el público acudió al reclamo, pero acudió receloso y frío,
haciendo reminiscencias de viejos
engaños y lleno de escepticismos y
de dudas. Cierto: mucho era lo que
sabíamos acerca del artista y de su
compañía; los ecos de tanto aplauso sonaban aún en nuestros oídos.
¡Pero es tao fácil engañarse!
La sala presentaba un hermoso
aspecto. Cuando la cortina se levantó, la att&gt;oción era perfecta, y
en las primeras escenas, cuando
Thuillier hizo su aparición, alg unos -aplausos dispersos resonaron
en la sala.
El público fué conquistado en poco tiempo. Ya en las escenas del
segundo acto [«De Mala Raza&gt;], en
las absurdas escenas con las que
el genio de Echegaray sabe bordar
admirables dramas, el público estaba entusiasta y contento. ¡No le
habían engañado 1
Y el triunfo vino por los debidos
caminos, vino natural, espontáneo
y legítimo. Porque si es cierto lo
que al principio de estas líneas decía· acerca de la innata hostilidad

}i_

Los Bueyes
¡Vro vlctls !

Van con su lento andar; estremecidas
las musculosas testas bruscamente
bajo el yugo oprobioso: las enormes
pupilas en las órbitas se mueven
con una triste lentitud, y nada
pone viveza en ellas; permanecen
clavadas en el suelo y nada miran
sino la senda misma, y nada advierten
sino el tropiezo próximo: ellos saben
cuán dolorosa es la ca.ida siempre
y cómo aumenta ew dolor el hierro
dé la aguzada pica introduciéndose
en su trémula carne atormentada.
De sus hocicos jadeantes penden
brillantes hilos que en el blanco polvo
trazan complejas curvas que ~arecen
los misteriosos signos con que escriben
estos desheredados de la suerte,
en la página inmensa del camino,
la•sombria odisea de sus crueles
marchas interminábles á·lo largo
de-,UI1a ruta sin fin.

El Carnaval es un dulce fantasma
que nuestra generación conoce por
referencias tan sólo. Los que des·
criben á las veces los «bailes del
Nacional&gt; y citan nombres conocidos y hablan de aquellas reuniones célebres, de los incidentes y
anécdotas de la temporada, son todos viejos, son todos de otra generación y se nos aparecen como seres misteriosos que han habitado
en mundos desconocidos que apenas soñamos.
Era un buen much acho el Carnaval. Aparecía en é pocas leja nas por
algunos días tao sólo, lleno de cascabeles y de sonoras risas, para
emba ucar un poco á los jóvenes y
y dar bromas á los amigos. E ra un
buen muchacho y se divertía-¡milagro ostensible!-en nuestra ciudad, cansada de estar aburrida.
Pero el tiempo ha pasado rá pidamente y el muchacho alei;rón ha
degenerado. con no menor rapidez
por cierto. Todavía hace un año se
le podía·ver en los arrabales, mal
vestido, ebrio, aporreando a lguna
vieja canción y en compañía de mujeres dudosas. Ahora tal \'ez haya
muerto.
Hoy llega la cuaresma cuando
no la esperamos, cuando el Carnaval no ha llegado aún. El ceño
adusto de la cuarentona no tiene
para nosotros la reprobación de
antaño. ¡ Somos demasiado inocentes! ¡No sabemos ya divertirnos !

de nuestro público, lo es también
que el talento se impone y que Thuillier tiene talento. Tiene, además,
un gran amor, una pasión siocera
y noble por su arte y yaesestomu·
cho tener.
Después vino el «Otelo.&gt; La formidable figura del celoso shake~piriano ha sido ioterpretaua de mil
maoeras por los grandes artistas y
cada uno de ellos ha puesto algo
de su personalidad al servicio de
la vieJa idea trágica de Shakespea·
re. Porque el autor se limita á derramar en las cuartillas blancas la
hiel y la brasa de una gran pasión,
como él la concibe, como él la sentiría, como él la manifestaría; mejor dicho: dejando al intérprete
completar esa personalidad y vestir esa pasión, para presentarla, no
ya en la forma de un simple diá logo, sino como .un hombre vivo, co•
mo .in ser completo y animado.
La siniestra figura negra de 0telo ha cautivado la imaginación de
todos los artistas. Hay tanto del
dolor humano, del intenso y constante dolor humaoo en los gritos de
pasión y de rabia del moro vece•
ciaoo, que los grandes poetas to***
dos y los grandes literatos, se han
Un grupo de facultativos amerisentido sistemáticamente atraídos canos ha visitado la ciudad, con la
por ese enorme corazón adolorido especial
misión de estudiar nuesy sangriento.
tros sistemas sanitarios. Es éste
Otelo es una pasión humana, es uoo de los actos encaminados á
la pasión misma en sus manifesta- uoiformar la acción de las autoriciones supremas, y, por ende, los dades americanas y mexicanas, paque interpretan el papel en la esce- ra lograr con mejor éxito y con
na, no hacen sino aplicar esa gran menor tardaoza, el anhelo que hace
pasión á su temperamento. Thuil- siglos persigue COil!O un vago fan •
lier siente, vive y encarna al moro tasma á la humanidad tod a : alejar
siniestro, y su Otelo es digno de to- la enfermedad y la muerte.
da mención y dEI toda alabanza.
Nuestro país tiene un grao eneEl público, después de la primA- migo. Uno de esos enemigos tr aira función, quedó satisfecho. Pero dores y ocultos, reocorosos y tenatemía que lastimara el coturno trá- ces que persiguen en la sombra,
gico, por apretar demasiado, el ta- acechan la oportunidad y l a aprolón de Thuillier. En Otelo se con- vechan debidamente. Enemigo oculvenció de su error, y si de la fun- to; de los desconocidos, y por tanto,
ción inaugural había salido satis- •nunca. tomados en c onsideración
fecho, de ésta salió convencido. debidamente. Los extraojeros sí lo
Algo más, salió emocionado,
conocían bien; pero para nosotros

*
**

como si aún pesara sobre ellas
el h umillante yugo... ...

,
Los tardos bueyes
son los esclavos del trabajo. Nunca
s us formidables nervios estremece
la conmoción del goce, ni el espasmo
d e la pasión, ni el súbito deleite
· d el ardoroso amor.
Ellos ignoran
todo lo que es placer y no apetecen
sino un puñado misero de pasto
para calmar el hambre de sus vien tres......

Cuando, al clarear el alba, los p astores
se van con su ganado al r.ampo verdP,
lor ternerillos brincan dJl alegria,
los potros riñen amorosamente
con las jóvenes: yeguas, las ovejas
-que miran como miran las mujeresvan en nutridos grupos juguetean do
por la empinada senda hasta perderse
tras la silueta de una loma; sólo
los pensativos, los adustos bueyes
a ndan con lento andar, las poderosas
cabezas inclinadas-t ristemente,

r

***

Y a el frío ha dejado la metrópoli,
y los meses floridos se avecinan en
a.legre desfile. La noche parece una
enamorada de quince años que,
cuando el Sol se ha puesto y sus
miradas indiscretas no pueden mo•
]estarla, sale, toda llena de temores
y de rubores, á recibir el homenaje
de su amado.

**

* **

Echados á la sombra de algún álamo,
cuya elevada ramazón se yergue
en mitad del potrero, á esa hora
en que el callado campo se adormece
ba¡· o la gran mirada abrasadora
de fecundante sol, indiferentes
á cuanto les rodea. sacudiendo
la sucia piel á fin de que se vuelen
las moscas agrupadas en las lacras
que les hicieran los pincbazos crueles
de la ferrad,t pica. restregando
las enormes mandlbulas, que muelen
el pasto no rumiado en la mafia.n a,
caldas las orejas. como imbéciles,
ahi están los esclavos del trabajo,
los eunucos del harem campestre,
los que no aman, ni juegan ni retozan,
los graves. los adust os, los que siempre
tristes están pensan do en los idilios
de las· tardes rosadas..... .
¡Oh los bueyes!

Cuántas veces
con mirar resignado contemplaron
sus cansadas pupilas, á la tenue
claridad del crepúsculo, el idilio
de un noble toro lleno de altiveces
con una hermosa ternerilla joven
de ancns llenas, redon das y lucientes......
·Y ellos...... no aman. Son los eunucos
qu e en el harem del campo languidecen
mirando las caricias que se hacen
el sultán de las bravas altiveces
y la sultana de ancas opulentas..... .
A veces luce en sus pupilas breve
relámpago ardoroso. ¿Acaso olvidan
su triste condición?...... Quizá recuerden
el luminoso tiempo en que ellos fueron
también sultanes del h arem campestre..... .

***

***

Parece que ha habido ciertas demoras e~ la ejecución de los grandes conciertos de bandas militares
q ue se nos tienen prometidos. Pero
los maestros trabajan activameote
y pronto tendremos ya implantadas
estas audiciones de una manera
forru al y definitiva. Elementos dis•
persos hay que una voluntad poderosa puede reunir en un haz com•
pacto, capaz de figurar digoamente
en cualquier parte.
S!lrá un hermoso obsequio á la
sociedad, que no tiene, por desgracia, demasiados espectáculos dig•
nos de su cultura.

Entonces sus p µpilas nuevamente
giran con triste lentitud y nada
pone viveza en ellas: permanecen
clavadas en el suelo y nada miran.
nada ven, nada observan, nada advierten...

·*

No juegan: el dolor los tornó graves.
No retozan; están muy t ristes siempre.

se disfrazaba de amigo, y veces hubo en que sorprendiera la buena fe
de los poetas y les obligara á cantar en su loor.
De~de las épocas coloniales este
enemigo ha despoblado á la nación
la ha envilecido, ha alejado de su~
costas al trabajador extranjero que
busca un abrigo y un apoyo1 y nos
ha gas~ado ~l poco dinero de que
la o~món dispone. Este enemigo
formidable es el clima.
E n nuestras costas hierven los
gérmenes de todo mal y de toda enfermedad. Cuando el«PadreApolo&gt;
hiere con sus flechas doradas los
bosques de o uestras montañas, y el
calor atenacea las carnes, y es de
fuego 13: atmósfera y de fuego el
s1;1~lo mismo, la fiebre, la sioiestra
h1¡a ~e nuestro clima, sale de sus
guaridas, a vanza sigilosamente,
aprovechándose de los elementos
mismos que para el progreso del
país se han acumulado pacientemente, y hiere y mata hasta en las
poblaciones de importancia. La
fiebre ha causado muchos males á
México.

Pero es sólo un relámpago y bien pron to
se extingue. Entonces sus mirad~s v uelven
á hacerse dulces, suaves, resignadas.

M, Mauallanes Mom·e.

LAS RUINAS DE TEPEJI.-ENTRADA AL SUBTERRÁNEO DF, LA FORTALEZA

Un Descubrimiento Arqueológico
EL "CASTlLLO DE MOCTEZUMA"

L

A prensa de información se ha ocupado en
los últimos días de un importante descubrimiento arqueológico, hec&gt;ho á inmediaciones de Tepeji Viejo por los Señores Fraok
Pierce y Félix Carrera.
Trátase nada menos que de una antiquísima
fortaleza que los campesinos del rumbo designan con el nombre de «el Castillo de Moctezuma&gt; y que se levanta, destruída en parte por
la acción del tiempo, en la cumbre de una moo•
taña y sobre una especie de plataforma, alrededor de la cual se extiende una barranca profundísima. Esta plataforma ó meseta está unida al cuerpo de la misma montaña por una estrecha faja de terreno y se ve cortada á pico
sobre el abismo.
La configuración especial de aquel saliente
de la mootañ a hizo pensar á los Sres. Pierce
y Carrera en que tal vez pudiera ser obra del
hombre, y auxiliados por unos &lt;guías», cono•
cedores del terreno, emprendieron la expedición á aquel lugar, encontrándose en la cima
con una enorme coostruccióo de piedra colorada, cuyo estilo arquitectónico y cuya distribución interior la hacen aparecer como uno de
tanto sedificios aztecas que escaparon de la
obra de destrucción emprendida por los conquistadores.
Los muros de la fortaleza están construidos
casi á la orilla de la barranca, con piedras perfectamente labradas y cortadas en forma de pirámides truncadas; tienen un espesor de metro
y medio y en algunos puntos una altura de diez

TEPE.JI VlEJO. - RUINAS DEL TEMPLO EN LA FORTALEZA.

metros. De trecho en trecho se advierten llos
escombros de la serie de torres que, á lama·
nera de las de los cast illos feudales, flanqueaban la fortaleza. Además, y en el centro

de un amplio patio, se encuentra una pieza en
ruinas, que se supone haya sido de algún tem·
plo.
Enila parte correspondiente á la entrada, se

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

todas las probabilidades, los constru~tor~s de la. fortaleza. se propusie•
ro n al abrirlo establecer unacomun1cac1ón con la barranca para a.pro'
· el agua.d e un arroyo que corre por ésta..
vechar,
en caso' necesario,
Por último, diremos que el «Castillo de Moctezuma&gt;, con todas sus dependencias, cubre diez acres de terreno.
.
Los Hres. Pierce y Carrera tomaron algunos c~oqu1s Y fotografías de
la fortaleza, á fin de gestionar la ayuda d~l Gobierno en la exploración
y estudio que se proponen hacer de las rumas.
.
En este número verán nuestros lectores las fotogTafla.s mencionadas.

00

NEeR0L0GI1\
t¡L. SCNOR DIPUTADO D. JOSC MARIA VIU,ASANA

bahía de Chemulpo, porque pretendieron en vano oponerse á los desembarques japoneses en tierra coreana; intentos frustrados de otros desembarques en las cercanías de_ Puerto Arturo, por los súb~itos d~l ~Iikado, que fueron acuchillados por
)os t~rribles cosa_cos; amenazas aqu1, movimientos de concentración de fuerzas allá,
mqmetudes crecientes, sombras que se levantan, temores y aprensiones que á todos
alcanz3:n: he aquí en resumen el estad~ que á nuestra vista se ofrece de la presente contienda armada en las remotas regiones de los mares chino-japoneses.

E

L MUNDO ILUSTRADO c.o nsigna hoy una noticia dolorosa: la
de la mu~rte del Señ_or Diputado D. José ~.faría Villasana, acaecida el miércoles último, por la tarde, en racubaya.
.
El fallecimiento del Sefior Villasana es para nosotros motivo de
muy justa y de muy honda pena, I?ues aparte &lt;le que fué si~~pre el
finado uno de nuestros mejores amigos, muchos_ son l~s servicios que
prestó á esta publicación, como director artístico primero y como
asiduo colaborador después.

***

***

Sr, Diputado D. José María Villasana,
t EL 17 DEL CORRIEN TE.

Villasana fué en México uno d~ los caricaturistas más celebrados
y uno de los dibujantes más hábiles y más expertos: A él se ?eb!ó,
en gran parte, la popularidad lograda p~r ,,El Ahu1zote))-;-periódico
que hizo una tremenda o~~si?i6n al Gobierno de D. Sebas~~án Lerdo
de Tejada,-y á él se deb10, igualmente, la.buena aceptacion que tuvo más tarde el «México Gráfico)), semanario que fundó en 1891 y
que sostuvo durante algún tiempo. Además, colaboró en distintas
revistas, hasta que, al ver la luz EL MUNDO ILUSTRADO, come~zó á trabajar con nosotros, haciéndose acreedor á la más franca estimación por sus excelentes cualidades personales y su am?r al trabajo y al estudio. Sus «cuadros de costumbres,,, que pub)icó en P.ste
periódico, contribuyeron á hacer más ~rand~ su popularida~.
Por lo demás el Sr. Villasana desempeño, durante su vida, cargos de importa~cia en la Administ.ración pública. Fué algunos a_ños
,,vista» de la Aduana de México cuando estaba aún en vigor
el régimen de las alcabalas, y Diputado por el Distrito. de Comitán
( Chiapas) al Congreso de la Unión. En la Esc~ela. Nacional Preparatoria desempeñaba el puesto de Profesor de DibuJo.

ven dos grandes pilastras y un foso muy profundo, abierto, sin duda.,
para. impedir el acceso del enemigo en caso de guerra.

***

***

EL MUXDO ILUSTRADO envía á la familia de su buen amig? y
colaborador el más sentido -pésame, depositando la flor de su carifio
sobre la tu~ ba que acaba de abrirse.

Los exploradores, durante su visita , las ruinas, descubrieron tambi1n
la entrada de un subterráneo que se cree sea. muy extenso, pues, segun

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.

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Villasana en su lecho mortuorio

.

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Ap1mte ele ,llcal&lt;le

UN CI\MPl\1'1\(NTQ Of COSRCOS (N MPJ'iDCHUR.IF\.

Política General
La g-uerra rusoJaponesa,-Sln notl•
cl&gt;1s.-La situación en lo general.Poca co•a.-La nota de E stados Unl·
dos.- Sus tendencias aparentes y sos
tendencias reales.-La filantropía y
el Interés. - Complicaciones poslbles.- DJmarca. TorQo¡a y la India
Ingless.- La solidaridad humana. Los perjuicios de la guerra.-Xnestros deseos.

Entre la multitud de rumores, versiones y noticias que de
los centros de operaciones se
esparcen para todo el mundo
por medio de las agencias cablegráficas, es difícil, por no
decir imposible, entresacar lo
que haya de cierto en la embrollada situación de Extremo
Oriente, donde se libra en estos
momentos lucha tremenda entre los pueblos asiáticos de raza mongólica, sacudidos por
ráfagas de civilización occidental, y el gran Imperio eslavo,
que ahora representa ante la
humanidad absorta, no diremos la idea cristiana, pero sí la
cultura de las naciones europeas, comprometidas, mal que
le!! pese, en el actual conflicto.
No se puede, en efecto, decidir á través de las varias
opuestas afirmaciones que llegan á nuestro conocimiento,
cuáles son las ventajas obtenidas por el Japón en sus prime,
ros triunfos, ni cuálea los descalabros sufridos por Rusia en
sus primeros reveses. Uno, dos
ó quizás tres ataques sobre
Puerto Arturo, sin resultados
decisivo!! ni mucho menos; alguno que otro buque de las
sendas escuadras con averías
de mayor ó menor consideración, algunos vapores mercantes capturados en alta mar por
las fuerzas beligerantes; ldos
cruceros rusos hundidos" e.a :Ja

En medio de estos line:3-mientos. q_ue apenas bastan. á dibujar los perfiles de la
lucha, destácase con claridad mendiana la nota enviada por el Gobierno de Estado1:1 Unid~s á las potE:ncias beligerantes y á l~s neutrales, pidiendo que sea efectiva
la n_eu~rahdad de Chma, y que ~odas se ~dh1eran_ ante la _necesidad indicada de que
se hmite el campo de las operaciones, deJando, si es posible, Mandchuria y Corea
fuera del alcance de los combatientes. Aparte de lo utópico de estas indicaciones
pretendiendo que quedeh fuera de la acción de los beligerantes precisamente lo~
territorios en ~isputa, pues es ind~da_ble que el conflicto ha sido provocado por la
prep~1;d_eranc1a sobre aquellos territorios, q_~e cada cual. de los contendientes quiere
y ambiciona para sf, con absoluta exclus10n de su rival, nada. más humanitario
que limitar la extensión &lt;le las hostilidades, que, por lo mismo tendrán que ser menos violentas; nada más á propósito para procurar que la gue~ra pase con mayor
rapidez, que marca1: una línea más allá de la ?ual ~o han de tolerarse combates, y
más que todo, defimr y sostener la verdadera situac10n del Celeste Impe.rio colocado por la fuerza de las cosas en condiciones que le exponen á los golpes de' los dos
pueblos enemigos, y en el estado de guerra, sufre por ambas
partes y padece con el choque
de fuerzas encontradas sobre
su mismo imelo.
Y á pesar de lo sencilla que
~~=--~r---4-_Jeo la apariencia es la indicación del Gobierno americano,
á pesar de sus tendencias filantrópicas, no ha sido fácil
obtener la aquiescencia de los
gabinetes á quienes fué dirigida, pues aunque ha sido aceptada en lo general, se han puesto reparos de importancia para
su, a&lt;:eptación definitiva, y la
mas mteresante es la observación hecha por la Gran Bretafia, exigiendo que la neutralidad efectiva que se quiere asegurar para China, se extienda con igual eficacia á las conces~ones extr~njeras y á los _puertos que por sus
c1~c1;1nstancia_s están propiamente bajo :el domimo extranJero.
¿Y qué hay de real en esta tendencia con dejos fi~antrópicos, tan ajenos á estos tiempos de
despiadada y cruel lucha por la vida, lo mismo entre los pueblos que entre los individuos?
¿Qué hay detrás de ese &lt;&lt;FILOCmNISlW», cuando
hace ape~as tres años los mismos gobiernos que
ahora quieren congregarse para la defensa de
China, se coligaban para su perdición en el
último año del pasado siglo, entrando casi á
saco, como en país conquistado en los espléndi-

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�EL

La

MlJBDo

ILUSTRADO

Guerra ~uso=Japonesa

~- -~-- ElCombate -Nayal en Puerto Arturo, según las noticias trasmitidas por el Cable (9 de Febrero de 1904.)

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�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

.-.

dos palacioR y suntuosas residencias de los Hijos del Cielo? ¿Qué
pensar de ese extral1o amor á la
tierra 6 al pueblo chino, vilipendiado ayer y declarado fuera de
la comuni6n ,Je los países cultos,
porque no pudo reprimir con la
rapidez deseada la insurrecci6n
de los «b6xers» forajidos? ¿A
dónde van esas potencias, pretendiendo defender lo que se disputaban en antes como segura presa?

'l'ABASCO. -EL «CHONTALPA&gt;~EN«BOCA NUEVA&gt;.-UN ABREVADERO.

***

TABASCO

Es que hoy, como ayer, no se
aparta la viRta codiciosa de aquellas comarcas, que convidan con sus ocultos tesoros y estimulan de
manera eficaz á la reinante manía del kil6metro cuadrado; y ya
alguien lo ha anunciado: si China es arrollada por los beligerantes en el actual conflicto; si su neutralidad, declarada oficialmente, no es sostenida por acuerdo internacional, la guerra, llevada á
su suelo, será la se11al de general levantamiento contra los extranjeros. Y no es eso lo peor, sino que á favor de esos levantantamientos comenzará de nuevo el reparto entre los neutrales, y se
extenderán las concesiones, y se dilatarán las esferas de influencia,
y la famosa ,&lt;puerta abierta)) para todas las concupiscencias, podrá
atrancarse, como parecíau atrancados los puertos de Antung y de
Wiyú, en la desembocadur.a del río Yalú, por influencias de Rusia
sobre Corea.

uLa Holanda de América"
OMO en estos últimos días se ha. habla.do
mucho de Taba.seo, á propósito de la. iomi•
gración portorriqueña., que se estudia con

C

La. agricultura es de aquel Esta.do la. fuente
única. de la riqueza publica. Sus productos son
todos los de las tierras cálidas, cultiva.dos de
una. manera. rudimentaria y señalándose como
principal el cacao. De éste be.y tres cosechas
en el ai'lo, á que llaman los tabasqueños: «a.le·
gría», &lt;inverna.da&gt; y &lt;cosecha&gt;. El maíz seco·
secba. dos veces.
También son de importancia. el cultivo de la

lo cuenta. cc,n un tramo de diez kilómetros que
une el ingenio de Nueva. Zela.ndia., 6 sea. el prin•
cipio del Río Seco, con la. ciudad de Cárdenas.
Queda. en pie el proyecto de llevar esta. vía
basta. el puerto de Chiltepec, á fin de dar salida. á todos los productos de la. Chonta.lpa., que
es la zona más rica..
Muy recientemente se formó una Compañía
nueva. que tiene la concesión de otro ferroca.-

***

Y es tan cierro que ni la filantropía ni el amor empujan á las
potencias en sus pacíficas tendencias, que por otras partes háblase
de complicaciones posibles. De modo oficioso, aunque inesperadamente, el gobierno británico se ha dirigido á la débil Dinamarca, inquiriendo si estaba en condiciones de defender su neutralidad con sus propias fuerzas, en caso de que Rusia intentara ocupar los puertos daneses, como base posible de operaciones contra
las costas inglesas. Refiérese también que, estando á punto de estallar de nuevo la insurrección macedóni&lt;_:a contra el gobierno del
Sultán, movimiento apoyado mis ó menos abiertamente por Bulgaria, era tiempo-así aconsejaban á Turquía-de declarar la guerra al principado balkánico, ahora que Rusia, entretenida en su
conflicto principal, no podría auxiliar á su inquieto protegido.
Decíase, por fin, y es anuncio de última hora, que el Imperio Moscovita disponía una expedici6n en dirección de los confines de la
India Británica, por aquellos países innominados del centro de
Asia, que ya se dejan influir por los rusos, ya se dejan atraer por
los ingleses.
De esos tres puntos de complicaciones no todos han de dar ocasión y motivo para ellas; pero por lo menos tienen E&gt;l espíritu suspenso y en tensi6n continua, al pensar que el trabajoso equilibrio
europeo está pendiente de tan delicadas circunstancias, qne en
cualquier momento pueden hacer que la guerra, como reguero de
pólvora, se extienda en general conflagraci6n.
Muéstrase la tirantez de la situación no s6lo en los centros donde se desenvuelven las operaciones militares y navales, no sólo en
las comarcas inmediatamente amenazadas por el conflicto armado,
sino en todos los centros de producción y de• consumo, en todos
los mercados, donde la especulación desconfía y el negociante se
esquiva, por temor de las contingencias en perspectiva. Que en la
humana solidaridad que alcanzamos en los tiempos presentes, nada acontece en un extremo del mundo que no tenga resonancia en
todas partes; no hay perturbación, por insignificante que parezca,
que no tenga eco doloroso en las regiones más apartadas.

ALMIR8NTE
"~MIMURA¡

***

Nosotros mismos hemos visto
sufrir el cambio sobre el exterior
alzas extraordinarias en pocos
días, que necesariamente habrán
de infuir en el movimieuto finan- .
ciero del país; y en nuestra corta
esfert de acción sentimos los resultados de la lucha, que quisiéramos ver pronto terminada, por
tratarse de dos pueblos awigos,
dignos de desarrollarse libres de
las punzantes dificultades de una
guerra cruel.

TABASCO.-UN CACAOTAL,-UN AFLUENTE DEL USUMACINTA

interés y se ve como la. salvación de la. Agricultura de aquel Estado, nos parece oportuno dar
á conocer algunas fotografías de la. rtgión.
Taba.seo, por su configuración territorial,
sus numerosos ríos, unos na.vega.bles la. mayor
parte del año, y otros considerados como vías
perpetuas de comunicación fácil y segura., y
por sus extensos lagos, que desaguan en el Golfo, ha merecido el nombre de Holanda. de América..

caña de azúcar, la explotación de la. caoba, que
en todo tiempo se exporta. á los Esta.dos Unidos
y la. extracción del hule.
Ta.be.seo a.provecha. sus vías fluviales en esca.la muy limitada., por la esca.sez de barcos
útiles, el exorbitante precio de los fletes y las
dificultades de la. comunicación por tierra..
Ha.y varias empresas de navegación, pero
todas traba.jan con irregularidad.
En cuanto á ferrocarriles, a.q uella. región só-

rril, para. enlazar con San Juan Bautista zonas
de gran importancia..
El día. en que se logre la. inmigración de Puerto Rico, en los términos pi anteados, y la. regularidad de la naveg-aeión Jlu vial combinadq, con
el servi::io de vías férrea.s, Taba.seo habrá a.de•
la.ntado prodigiosamente.

X. X. X.
Febrero 18 de 1904.

_ _;.,.;:"11-.~
~

'!.~1

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-PUE:.RTO

DE.

C~l=MULPO.

TABASCO. -LA &lt;PEONADA&gt; DE UNA. HACIENDA. -EL MUELLE DE SAN JUAN BAUTISTA.

(FOT. M. FRANCO.)

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

La "Mancha de Hierro en Oaxaca
11

A terrible plaga conocida con el nombre
de «Mancha de Hierro» y que destruye
de una manera asombrosa los cafetos,
apareci6 en algunos plantíos de Oaxaca, causando, como era natural, estragos muy considerables en los cafetales; pues hubo algunos de éstos, como el de «El Faro,&gt;, situado
en el Distrito de Cuicatlán, que se vieron
invadidos por la plaga y pr6ximos á desaparecer.
La Comisi6n de Parasitología emprendi6,
con toda actividad, los estudios necesai'ios
para comprobar la natur&lt;tleza del mal y poder, de esta manera, combatirlo con éxito;
pues en cuanto tuvo noticia de que la expresada plaga invadía los cdetales de Oaxaca, la Comisi6n referida acoi1sej6 que éstos
fueran regados con caldo bordelés, preparado según la f6rmula qne la misma Comisi6n
ha dado á conocer á los interesados.
Tanto en el cafetal de «El Faro», como en
dos 6 tres más de los que se encontraban invadidos por la «Mancha de Hierro,, se hizo lo
que la Comisi6n aconsejaba, y gracias á ello,
se ha logrado que la enfermedad desaparezca
en su mayor parte, salvándose así numerosas
plantas que estaban á punto de perderse; pero en otros, según se nos informa, los propittarios se han negado á combatir la plaga,
exponiéndose á una pérdida segura y, lo
que es peor, exponiendo á los demás dueños de haciendas cafeteras, que pueden ser
destruídas por la «mancha", 6 sufrir perjuicios muy grandes. E:ita conducta es verdaderamente censurable.

Páginas de la Moda
Trajes de Baile y Recepción.

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CAF'E'rAL «EL FARO »-CASA HABITACIÓN.

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AS recepciones y los conciertos siempre
han prestado oportunidad á las damas
elegantes para lucir sus encantos, su ,&lt;chic» y
su donaire. No es para menos, dado el carácter severo de estas fiestas, en las que debe
reinar la mayor pulcritud, no s6lo en el porte de las damas, sino en los trajes que ostenten y hasta en los menores detalles que los
adornen. Todo en una recepci6n debe ser de
alto tono, de exquisito gusto. Aunque no me
refiero á las recepciones diplomáticas, que
son frecuentes en nuestra capital y á las cuales s6lo asiste un reducido grupo de personas, no por eso debe desatenderse este géne-

La etiqueta ha marcado sus cánofies, y nadie que se precie de elegante y sociable, debe desviarse en lo más mínimo de aquéllos.
La exquisita urbanidad, la afabilidad en las
maneras, la distinci6n en el porte, son factores que se imponen á todos los concurrentes
de una recepci6n. Inútil es decir también
que los dueños de la casa son los primeros
que en todo deben dar el ejemplo de atencior es y galanterías. Ya que os hablo de estas
reuniones, os diré algo que vierie á prop6sito. Por regla general, en nuestras fiestas de
etiqueta, las damas ·quedan separadas de los
caballer&lt;?s al finalizar algún número musical

REGANDO LOS CAFETOS CON EL CALDO BORDELÉS.

PLOR DE TUMBA
A la niem,01·ia, de ttlfi perro.

Bajo el peso de acerba melancolía
Respondí con halagos á tus lamentos,
Y ante el lúgubre cuadro de tu agonía,
Con dolor aletearon mis sentimientos.
Desde el último espasmo de tus congojas
Enlazados se agitan en mis verjeles
Muchos cálices muertos, de blancas hojR.s,
Muchos negros listones de sombras crueles.
¡Cómo no be de llorarte, si tierno y sano
Respondiste á mis dichas y mis tristezas!
¡Cómo no he de sentirte, si siempre i;ifano
Deshojaste caricias en mis pobrezas!

CAFETAL «EL FARO.»-ASOLEADERO.

1"íl

CAFETAL «EL FARO.»-GRUPO DE &lt;1:PISCADORES&gt;

Cuando á juegos ruidosos se dan mis hijos,
Cual contigo se daban en otros días,
Pienso al ¡,unto que faltan tus regocijos
Ep. el haz de sus plácidas alegrías.
Tú que fuiste un halago para tus dueños,
Robas hoy á mi frente muchos fulgores;
Y eres nota apagada sobre mis sueños,
Y eres ala sin brillo sobre mis flores.
Tu recuerdo imborrable sigue mis pasos,

Y con ansia medito que en muchas horas

Fuiste luz en la sombra de mis-ocasos
Y celaje en la llama de mis auroras.

Figura número 3

¡Cómo no he de se~ui~te en la _noche bruna
Que implacable á mis OJOS les mega verte,
8i cuidaste á mis hijos des&lt;ie su cuna
Y jugaste con ellos hasta tu muerte!

ro de la cortesía social, pues lo mismo en
México que en las capitales de los Estados,
se efectúan con frecuencia reuniones de etiqueta.

En la miel deleitosa de los amores
Que con júbilos nobles mi hogar escancia,
Mucho extraño una esencia: la de tus flores,
. Y aún me embriago al recuerdo de su fragancia.

Me ofreciste roit ajes de amor tan cierto,
Que cual raro deleite para mis ojos,
8epultura piadosa le abrí en mi huerto
A la masa sangrienta de tus despojos.
Y esa tumba sombreada por verdes bojas,
Que condensa recuerdos de amor, prolijos,
Es un triste amuleto de mis congojas
Y un misterio insondable para mis hijos.
•'·

CAFE1'AI.,«EL FARO,»- ORUPO DE -O'ISCADORAS, »

Febrero de 1904.

BENITO FENTANES,

Figura número 2

Las señoras y las señoritas deben ostentar
en estas ocasiones su mejor indumentaria; ·
aquéllas procurándola de color-obscuro, y éstas de claro. Ambos colores deben ser apacibles, pues nada hay que altere.tanto la armonía de un conjunto elegante de damas,
como los colores vivos exagerados. Los medios tonos son los colores que más asientan
á estas reuniones. La tela debe ser de rica
calidad, y los adornos y aplicaciones deben
acusar, si no riqueza, por lo menos elegaficia.

6 la recitaci6n de alguna pieza literaria, y solamente en el comedor y durante el baile se
ven entremezcladas las parejas de ambos sexos. Induda\,lemente que estacostumbreno
perdurará por más tiempo, pues nada hay
tan impropio y tan incivil como dejar que
las damas conversen entre sí cuando hay caballeros al lado de ellas. Lo mismo durante
el baile que en la mesa de comedor y en
los momeutos de descanso, los caballeros,
especialmente los j6venes, deben ser asiduos
servidores de las damas, á quienes deberán
adivinar hasta el pensamiento, en tratándose de obsequiarlas y complacerlas. Afortunadamente esta costumbre va en nuestro
país acercándose más y más á la moda europea,

�Et MUNDO ItusrB.ADO

EL MUNDO ILUSTRADO

***

Varios :figurines os presento en estas páginas. Todos son
enteramente modernos y de acuerdo con la última palabra
de la moda. En todos encontraréis elegancia y discreci6n en
los adornos, irreprochable corte en las faldas y nimia escrupulosidad en la confecci6n de los talles.
El número 1, elegante traje de reuni6n, se confecciona con
tela de seda, de color claro, y se adorna con punto de Alenz6n
y aplicaciones de seda. Los pliegues transversales de la falda,
el abullonado de las mangas y el ancho cuellohombreras,
que llega hasta la mitad del talle, son los únicos elementos
de atavío del presente :figurín. Ya veis c6mo no es el tonto
recargo de adorrios el único medio que hay para arreglar
vistosas prendas de lujo; por lo contrario, mientras más
sencilla, es más elegante nuestra indumentaria.
El número 2 es un precioso modelo de traje para baile. La
falda de seda, con sobrefalda de punto, se adorna con encaje
y con aplicaciones de cinta maravillosa, formando roseias de
trecho en trecho. El escote del talle es circular (los angulares se usan muy poco) y las mangas s6lo cubren la m;.tad del
brazo, tal como se estila en traj¡¡s de esta naturaleza. Aplicaciones de cordoncillo de seda, discretamente combinadas en
rombos, formañ los adornos de este elegantísimo talle, que
no vacilamos en recomendará nuestras lectoras. El peinado
deb6 ser sencillo, en consonancia con el traje, y s6lo debe ostentarse en él una pequeña guía de oro, rematada en un
motivo cualquiera.
Los modelos 3, 4 y 5 deben ser estudiados detenidamente
por nuestras subscriptoras, pues en ellos encontrarán la última palabra de la elegancia y gentileza de corte. Ajústese en
todo á estos :figurines la hechura de los trajes, y se tendrán
prendas de ropa dignas de lucir en ricos salones. Las telas son
de color claro, con excepci6n de la del número 4, que es
obscura y se lleva con sobrefalda de gasa, obscura también
de color; los plisé~ de las faldas y las aplicaciones de los talles, son enteramente adecuados para la naturaleza diversa

7

Figura número 5

"SflNTfl FE" l,fl MEJOR RUTfl
A Denver, Kansas Oity, St. Louis, Ohicago, New York,
San Francisco y Los Angeles ·

Flg, número 6,

de1la confecci6n y cuadran perfectamente con cada uno de los
estilos.
El número 6 ostenta igualmente tres vistosos modelos llenos de
elegancia y gracia. En éstos, como en los anteriores, deben seguirse al pie de la letra sus detalles, para que resulten buenas confecciones.
JOSEFINA.

~~p

DOLOROSA

Se reservan camas en Carro Pulman para todos los puntos en
los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de Harver en la Línea de Santa Fe, son renombrados en el mundo entero.
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1+ ·san Francisco, Núm. 8, México, D, F,

Figura númer~ 4

Tal empeño, brega tanta
porque un astro nos encanta
en la noche de la vida.
cuando á su luz se agiganta
el terror de la partida.
Más valiera, en la partida
fijar el constante empeño
sin dolernos de tal suerte,
y hacer un plácido ensueño
del ensueño de la muerte.

La tristeza de la muerte
junto á la vida, estimula
á vivir por nuestro daño,
porque la vida simula
la verdad en el engaño.
La dulzura &lt;lel engaño
nos sumerge compasiva
en las ondas del olvido,
y al instante, fugitiva
muéstranos el bien perdido.
¡Cuánto batallar perdido
en asirnos á la escala
de un.a ventura engañosa,
que en el alma tiende el ala
y se aleja presurosa!
Así vuela presurosa
de la vida la querella,
aspirando á un lento acaso.
cual si soñara una estrella
en no hundirse en el ocaso.
Pavoroso nuestro ocaso
nos aterra porque evoca
insondables lobregueces,
y doliente el alma, invoca
virginales palideces.
Si angustiosas palideces
de la vida en la partida
afánanse en domeñarla ... ,.,

nada hay mas triste en la vida
que el afán de conservarla.
FEDERICO UHRBACH.

1904.

t:i: tat11mt:nto

del Ilmo. Sr. Arzobispo Fechan
Los bienes fueron valuados en $125,000.
La mllo/or parte de lo testado con-

sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua", Compañía de Seguros sobre
la vida, de Nueva York.

Hll.()e pocos dfas que f!e practicó
la apertura del testamento del llustr!'simo Sr. Arzobispo D. Patricio
A. Fe-eoon en la ciudad de Ohicago,
Illinois. la fortuna dell distinguido
¡prela-do ascendió á cerca de . • .
$125,000 oro americano; y según el
in;ventario que· se ha publi&lt;:ado, los
,bienes que dejó fueron camo s!gue:
Dos pólizas de ''L&amp;
Mutua.," Compail.fa.
de Seguros sobre Ja,
:Vida, de Nueva York,

por $25,000 oro cada
una, ó sean-. • • • . $ 60,000 oro,
Divid·endos acumulados
sobre una, de las ¡p6Uizas. . . . • . .
9,329 oro.
Otra póliza de seguro. 14,000 oro.
Acciones en efectivo y
en Banoos. . . . • . 37,000 oro.
Entre los disposiciones del sefior Arzobis-po, en su testamento, se
hicieron éstas:
A su hermana, señorita Kate
Feeihan, que estuvo siempre con él
hasta su muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000 oro en una -de las p6liza.s de seguro; á la sefiora Allla A.
Foeiehan, viuda del siefior doctor
!Eduardo L. Feehan, hermano del
señor IArzoblspo, $25,000 oro de
otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo; á. la Aca.demia de San Patricio de Ohicago, de fa que es preceptora su hermana, Madre Marta
Catialina, $10,000 oro de la última
,póliza; á la escuela "Santa Marta"
de ~mseñanza prá.ctl&lt;:a para varones, de Feelhanville, lllinois1 que
era la Institución por Ja q'l!e más se
interesaba el señor Arzobispo, se
entregaron los $4,000 restwnl.€6 de
la última p(illlza.

�EL MUNDO nusrRAl&gt;O

EL MUNDO llUSTRADO
ra que se estime en algo, era entonces una 1?:rnvísima falta de decoro
el hacerlo sin pintarse de rojo previamente las mejillas y sin adornarse el rostro con dos ó más de
aquellas famosas moscas ó lunares
que tan en boga estuvieron entre las
refinadas cortesanas de Luis XIV y
de Luis XV.
Se lee á lo mejor en las Memorias
del tiempo ésta ó parecida noticia:
«Ayer muy de mañana se dt&gt;claró
un in-iendio en una de las habitaciones del palacio del marqués de
Tal; madamas Fulana y Menga.ni,,
se asustaron tanto, que salieron
atropelladamente á la calle hasta
sin darse colorete y sin ponerse las
moscas.»

porcionaba y que no tuvieron más
rivales en su siglo que los de lama·
dre que la concibió, para salvarla
del bárbaro puntapié de su feror.
marido que la produjo la muerte. y
de quien cuenta Plinio, en su «Historia Natural&gt;. que á fin de que no
le faltase la le..,he necesaria para
llenar su baño todos los días tenía
rebaños. &lt;l!l hunas que la s;guían
en sus v1a1es: cosas todas que verificaba en la crePncia de que el referido líquido quitaba las arrugas
del rostro, bacía más delicada la
piel y aumentaba su blancura, si
bien era preciso, para llegar á este
resul tado, según el buen naturalista citado, lavarse lacaracon él setecientas veces al día, número ca-

ll a república nacida en la imaginación del infortunado Tomás Moro,
«así como tiene por descaecimiento
el no cu idat· ele consPrvat• la hermosura natural, igualmente conde·
na al que con afeites y aderezo,,
procura aumentarla»; y segunda,
porque la composición de aquéllos
no es siempre todo lo inofensiva q ne
fuera ele desear, y tienen, la mayor
parte de ellos, su base en las sales
de plomo, de plata, de mercurio ó
de arsénico. que exponen á, rnuchas
enfermedades y envenenamientos;
,iparte de que i mpiden el natural fenómeno de la transpiración cutánea y que, después de todo, la mujer no solamente
«... . non es bella
Por tener zn.ucba congilla»

Esta pasión tan
desordenada que
sentían por emperejilarse y retocarse y por usar
altos tacones en el
calzado las damas francesas del
sigloXVII, sería.
á no dudarlo, lo
q UA motivó el gracioso dicho de La
Bruyere, de que
había que juzgar
acerca de las mujeres «casi como se mide el pescado,
entre cola y cabeza.»

***

Mejora cualquiier complex!On por hermosa que sea.
Ppne el cutis ta;n suave como la felpa.
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Aparte ya de estos excesos é intemperancias en la cantidad y variedad de las materias, base de los
usos ó afeites, ha habido también
en todos los tiempos una infinidad
de creencias y supersticiones, referentes á la pretendida manera de
conservarse siempre jóvenes y hermosas, y tales, y tan raras y tan ex·
travagantes han sido las cosas que
se han hecho, en efecto, con este fin,
que sin gran esfuerzo me 'trae á la
memoria el recuerdo de una Lais de
Corintio que se bañaba en aceite
todos los días; los baños de leche
de burra de la triste emperatriz Popea, mujer de Nerón, á quien nada
faltaba, según de ella dice Tácito,
sino la virtud, «prreter honestum
animum», á quien no bastaron los
encantos que el néctar lácteo la pro-

EL USO DEL PETROL
DEL

Dr. Torrel, de París

balístico, ni una más ni una menos;
los baños de fresas y frambuesas
de la hermosa y célebre española
Teresa Cabarrús, mujer de Tallien,
la cual, sin duda, ya que supo obligará éste, con el ascendiente que
sobre él le daba su belleza, á mitigar aquel furor revolucionario que
le condujo á organizar las mat anzas de septiembre y á ir escoltado
en sus misiones á la Gironda y á la
Vendée por I a espantosa guillotina, tinta en la sangre de tanto des·
venturado, le indemn;zaba, en su
querencia á lo roj o, haciéndole ver
cómo se bañaba ella en un líquido
parecido, por su color, al sanguíneo; las lonchas de carne con que
cuéntase que se recubría el rostro
al acostarse aquella célebre belleza
madrileña, conocida de sus contemporáneos por «La Montúfar&gt;, al recuerdo de cuyos encantos todavía
he visto brillar la mirada y colorearse el arrugado semblante de
más de cuatro ilustres vejetes; los
baños de Champagne, «intus et extra&gt;, que se dice han emplea.Jo algunas de las más famosas «demimondaines&gt; parisienses, y otras
mil excentricidades de que os hago
gracia merced á la brevedad.

***
¿Puede transigir la Higiene con
los cosméticos? En general, no; y
digo que no, por dos razones: la
primera, porque la Higiene, á semejanza de los ciudadanos de aque-

evita la calvicie prematura, que tanto afea Y
comunica-al hombre el repulsivo aspecto de
In las _Droguerías y Boticas un joven viejo y ganado.

que diJo el célebre marqués de Santillana, si.no que el uso de los cosméticos (l a congilla del prócer poe·
ta) hace perderá los tejidos suelasticidad y favorece, por lo tanto, la
formación de arrugas y el brote de
erupciones que a fean la fisonomía.
Sin embargo, y por regla general, la Higiene puede transigir con
aquellos cosméticos cuya base sean
los poi vos de at·1·oz, el óxido de
cinc ó blanco de Thenard, las sales
de bismuto y el alabastro, como
cosméticos blancos; y como rojos,
los que estén compuestos de t intura
de «grana kermes&gt; (cochinilla), de
cártamo ó de ros anilina; todos ellos
muy poco perfumados, por supuesto, pues si Jo están mucho, provocan dolores de cabeza y accidentes
nerviosos, sin contar con que el
abuso de los perfumes es hasta una
prueba de mal gusto y un signo de
degradación moral, y que lo mejor,
como ya creo haber indicado anteriormente, es no oJer á nada, pues
como decía P lauto, el gran poeta
cómico latino, una mujer que no
huele á nada, huele siempre bien.
Pero los mejores cosméticos serán
siempre el jabón y el agua, ésta
fresca y pura, y aquél ni rancio ni
alcalino y blanco ó de color amarillo, pues los demás jabones deben
su coloración á substancias minerales que no son siempre inocentes.
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Horacio, inmóvil, contempla •sobre la cresta del acantilado-la
Naturaleza y el azul del cielo templo inmutable.-Su pesada frente de poeta y de pensador reposa
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�Año XI-Tomo !.-Número 9.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1904, Año 11, Tomo 1, No 8, Febrero 21</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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