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AL
PUtRT
Dt VtRACRUZ
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Año XI.-Tomo 1.-Número 22

I

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MEXICO, MAYO 29 DE 1904.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA
Regis t rado como arUculo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

Subscrlpcl6n mensual foránea ...... $ 1.t o
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Gerente: LUIS REYES SPINDOLA

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Srlta. Gabrlela Saldaña,

CABEZA DE ESTUDIO.
(Fol. Gómez Gallardo, -l uadalaJara.)

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

mantillas blancas, concluyendo la escena personas del pueblo y algunos frailes, todos esplénóidamente pintados.
En el coro se a.perciben el seilor Obispo y
canónigos, y en el altar el sacerdote oficiante
con el incensario, cuyo incienso se ve l; cuyo
olor se siente, pues toda la escena respira. un
ambiente de tranquilidad y recogimiento que
encanta..
Artística.mente tiene uno que fijarse en el
«tour de force&gt; que el artista. se ha impuesto
al colocar tocándose; sobre el &lt;rojo&gt; de la. alfombra, los trajes terciopelo crojocereza&gt; de
las niñas, al lado los «encarnados vivos&gt; de
dos monaguillos, el del altar de la Virgen y
los terciopelos crojooscuros&gt;, de viejo uso, de
las columnas Cinco rojos perfectamente armonizados y distinguiéndose por sus matices y
tonalidades. También están hábilmente tocados todos los metales. En realidad, toda la ejecuci6n es franca y algunos trajes y cabezas tstán espléndidamente pintados.
L a composición en profundidad, moderna,
sin exa.o-eraciones de perspectiva en los primeros ter~iuos. La luz, bien repartida y pasando
sin brusca transición de lo más claro en el
centro á la difusa en los lados, da una entonación vigorosa. y rica. de color y una solidez en
el primer término que. hacen que e~ta. obra sea.
superior en su armomosa entonación y en la.s
ca.11nes bien empastadas, a.1 cuadro &lt;'lel monaguillo que posee la Academia de Bellas Artes.
Ejecutado en Roma., en el mismo estudio del
celebra.do pintor, lo escogió el señor de L.anda,
probaudo así su acertado conocimiento e~ la
elección, puesto que nos ha traído á México,
de dicho autor, la. verdadel'a. obra maest1·a..

ga suya le había. &lt;lio.:bu justnmeow el &lt;lía anterior que se le notaba una. pequefla decoloración en la. manga llerecba. Y era. cierto, ahora.
la veía muy bien. Después, recogiéndose la
falda, se puso á contemplar sus zapatos franceses: los tacones estaban ligeramente gastados. Y aquel Ia. era Ia mejor de sus blusas y éstos sus zapatos mejores. Y recordó entonces
cierto terno maravilloso que estaba en el esca.parata de cierta modista, y también un exquisito abrigo que justamente vendría. admirable con aquel terno. También pensó en cierto
bejuco de oro que podría llevarse sobre el abrigo, y en cierta sortija con un hermoso solitario, marca Tiffany.
Miss Brown vol vió á sentarse y meditó largamente~ después se incorporó con violencia y
se puso en pie. Se levantó una mujer caída.
Gua1·daría el dinei·o.

muy semejante á Miss Brown misma-joven,
a.Ita, rubt'J. y de pe1 fil sonrosado,-apareció
bajando por la próxima escalera y se dirii;t"ió
hacia ella. La desconocida estaba ataviada
con el mismo sombrero, terno y abrigo que
Miss Brown había escogido en su imaginación,
y ¡qué guapa y elegante estaba!
-Perdonad, ¿erais vos quien llamabais en
el número 33?
Miss Brown contestó afit·ma.tivamente, considerando de paso, con cierta codicia., que aunque ella era más bella que la desconocida, ésta
se veía notoriamente más «chic&gt;.
-Llego, pues, á tiempo-dijo la dama..-Este
es mi cuarto. Tened la bondad de entrar.
Miss Cecilia Brown lo hizo así y fué pregunta.da de la manera más ama.t&gt;le del mundo cuál
era el moth-o de su visita.
-Soy repórter-em pezó Miss Brown apretando nerviosamente el libro de notas que llevaba
en la mano-y he venido á averiguar el motivo
de ese extraiio a.viso de usted publicado en la
sección de &lt;Perdido y Encontrado&gt; de nuestro
periódico.
Al saber que la visitante era repórter, la da-

EL BARÓN DE CATLLÁ.

~

El Et6rno f6IB6Ilill0
LA FIESTA DEf, MES DE MAYO EN' LA CATEDRAL DE VALENCIA,-(CUADRO DE JOSÉ Bl~NLLlURE.)
(Propiedad del Sr. D, Gnlllermo de Laoda y Escaudóo.)

La Fiesta·del Mes de Mayo,
EY LA CATEDRAL DE l'ALE.fCLl
Cuadro de José Ben lllur..

j

DAMAS

MEXICANAS

$RITA TERE'!A ARAH10.
,•
(Fot. del, Gómez Gallardo.-Gnadala,lara.)

ELLISIMO cuadro del ilustre Directot· lle la. Academia. española en Roma., que aquilata, una vez más, el
gusto exquisito ae los buenos, aunque esca.sois, aficionados con que cuenta la metrópoli .
.1!:ntre la mística semiobscuridad de los templos góticos, se aperciben los calados de pie•
dra de la puerta de la izquierda y algo de la
ornamentación barroca del órgan&lt;&gt;, al la do
opuesto. En el centro, el coro de estilo gótico
florido y, en el fondo, el altar de mediados del
siglo XV.
Mescolanza propia de dichos templos, cuyas
obras duraban siglos, y en que cada siglo iwprimfa su estilo y cada geoeración afladía. ¡,us
ofrendas; con virtiéndOStl así los temph,s en verdaderos museos 1u·quitectónicos y artísticos de
incalculable riqueza. En este medio se desarrolla la esceu11,, una misa mayor en honor de
la Virgen en el m~s de mayo, el mes de las .llores, y en la ciudad de las .1101 es, Valencia.
Y como si tanta i-iqueza en imágenes, tallados y colores, no bastara para la. tiesta. de la
Virgen, la.s esbeltas columnas han sido revestidas de terciopelois recamados de oro, y los
bellísimos bajorrelieves admirablemente esculvidos de la barand&lt;\ de l órgano, cubiertos de
igual manera, desapareciendo á la vista, así, lo
ue mejor g usto be.Jo Ju más llamativo.
Pero 111. fe sencilla de los habitautes de la
&lt;Huerta&gt;, que acucttm con los pendones de los
gremios á celebrar la tiesta prima vera!, así lo
requiere; ¡todo es poco para su Virgtn! .. . . y
.a.si la bellu. alfombra de oriental diuujo y só1·•
dido y potente colorido, tampoco les basta, y
frescas flores de todos los ru11,tices Ia esmalt11,u
vor doquier.
'fibia. luz, jugando con l a de los cirios, hiere
la alfombra, y resph.ndeciendo en el traje de
tr11.ma de oro y aJJófu.r de la Virgen, irr11.di11.,
cual si de la illlagen misma saliera. la. luz que
ilumina todo el cuadro.
A los pies del trono de la imagen, cuatro
niñas vestidas de reinas de la cbuerta&gt;, con
a1·caicos trajes de terciopelo color de cereza
con franjas de c,ro y altas coronas dora.das,
trajes de guardarropí a pintados con un gusto
y franqueza de toque admirables; dewáis, sus
madres con sus mejores atavíos, y, por último,
en la penumbra, los &lt;huertanos&gt; con sus pen·
dones y sus capas ~ceremonia, En el ó1·ga.no,
el maestro de capilla y los niños de coro.
Al lado opuesto, otras cuatro niñ~s con lindos vestidos de bl11.nca mll!,elina, ofreciendo las
ocho niñas sus canastillos de flores á la Virgen. Siguen las señoras de la Congregación de
María., jóvenes y distinguidas con sus diáfanas

Por Mark Lemon

-----

Pani El Mundo lluslnido

-&lt;PERDIDO. - Durante la cma.tinée&gt; de ayer
jueves, en el teatro de la,Albambr!I-, se p~r&lt;lió
una. bolsa de piel de Rusia contemendo $2,000
en billetes de Banco y una moneda. desga,tada
de diez centavos. La person11, que ha.ya _encontrado esos objetos, puede guardar los diez c_entavo; si devuelve los 2,000 pesos. Cuarto num.
33. Hotel Knutsford&gt;.
Mil&gt;s Cecilia. Brown arrojó al suelo, con un
gesto de cólera, el diario de la maña.na. en que
acababa de leer el a.viso anterior, en la sección
de «Perdido y Encoutrado&gt;, y ab:ió, con s1;1s
dellos nerviosos, una. bolsa de piel de Rusta
conteniendo dos mil pesos en billetes de Banco
y una veq ueña moneda desgastada de diez centa.vos. Apenas podía creer lo que veían sus
ojos. ¡Bah! Un hombre- ¿ó acaso sería una
mujer·~- habído perdido dos mil duros en moneda buena. y corriente, y, además, diez centavos
.. . . ¡y teuía el descaro de ofrecer lo último a l
que le entregase lo primero! -¡Magnífica recompensa- exclamó Miss Brown sintiéndose
poseída de indignación como si hubiese sufrido
uu ultra.je.
.
Miss Cecilia Browu era. una Joven soltera de
unos veintitrés años, alta, rubia, de piel sonrosada.. El día anterior, en la &lt;matinée&gt; de selloras se había encontrado cou aquella bolsa,
y ent;rándose de que se bailaba en posesión de
una pequeila fortuna, inmediatamente se puso
á recorrer las calles elegantes de modista en
modista no en verdad porque se hubiera propuesto guardarse el dinero y gastarlo, sin?
simplemente pa.ra ver cuántos hermosos vestidos puede uno comprar con dos mil pesos.
También es cierto que estaba segura de obtener una bonita recompensa, y con ella, cuando
menos, podría comprar un elegante traje y un
precioso sombrero.
¡Pero ahora.! Miss Brown se !evantó de su
asiento y empezó á recorrer, agitada, su pequeña ¡,ero coqueta habitación. Aquello era
intolerable. Una pequeiia moneda desgastada
en cambio de dos mil pesos. Eso era. burlesco,
ultrajante. No; no consentiría en semejante
ingratitud; no devolvería. el dinero y co~ ~sto
daría su merecido al dueño de él. ¡Decididamente no! Y Miss Brown se detuvo; en seguida.,
cruzada de brazos, dió con el pie un enérgico
gol pe en el suelo, como_µar3: co_nfirma.r su decisión, y sus lindos labios dibu¡a.ron unl!'. sonrisa enigmática. e Me quedo con ellos&gt;, di Jo.
Pero aquella pequefla. pieza desgastada . ...
Er a necesario mira.ria. de nuevo. La tomó del
fondo de la bolsa de piel de Rusia y la.examinó
detenida.mente. No. después de todo, noistaba.
muy desgastada. Todavía podían verse en ella
los dibujos del troquel y algunas letras. Y la
lucha. mural empezó. Quedarse con el dinero,
no sería honrado. Pero ¿por qué había de set·
lo contrario? En cambio, devolver el dinero,
sólo le produciría diez centavos en. comp,en$a·
ción. ¿,Qué ha.ría? ¿Gua~a.r los billetes? Devolverlos .... ¿devolverlos?
.
Miss Cecilia Brown se acercó á un espe¡o y
contempló su elegante blusa. de seda. Una a.mi-

La. aesgasta.da. moneda, retenida. en uno de
los pliegues de la enagua, cayó al su&lt;1lo produciendo uu sonido argentino. Miss Brown la
miró por uu instante con aire absorto y como
sorprendida.. Después la. recogió y la volvió á
examinar cuidadosamente. ;,Qué podrá ser esto? pensó. Ea segui&lt;la no pudo menos de reírse
de la ocurrencia. ¡Ofrecer aquello en cambio dA
dos mil duros! Esto sí que es raro. ¡Diablo!
¡,Por qué, en suma, el dueño de aquellos billetes ofrecía sólo aquella miserable mon¡,oa como recompensa al que se los devolviera?
~iss Cecilia. Brown sintióse invadida. &lt;'le nna
curiosidad irresistilJle. ¿Sería avaricia? No;
un hombre avaro ó una mujer avara ofrecerían, al contrario, una recompensa liberal para que los dos mil pesos les fueran devuelt(!s.
;.Por qué, pues, se ofrecía. sólo aquella moneda
de diez centavos? ¿Por qué? Mientras más consideraba el asunto. más interesada se SE'ntía.
ea el misterio y más y más poseída de curiosidad por aclararlo. Aquella. noche durmió mal
y el sueño no le trajo ninguna solució a. &lt;Uoa.
moneda. desgastada de diez centavos&gt;. ~Quien
haya encontrado esos objetos puede ¡;t"uard ar la
&lt;moneda&gt; si devuelve los billetes.&gt;. ;,Qué significa esto? ¿Qué podrá significar? Era preciso
q 1.1e ella lo clescu briese.
Sin embargo, en medio de la fiebre de curiosi&lt;'l ad que la dominaba, Miss Brown no olvidaba los principios elementa!P.s de la prudencia.. Ella satisfaría su curiosidad, pero no entregaría. los dos mil pesos. Esto era esencial.
Así, pues, con los billetes ocultos en su corsé,
por t.i acaso se viese obligada á r .. ndirlos, y
un libro de no_tas en la mano, Miss Cecili11.
Brown se encaminó al Hotel Knutsford y llamó
resueltamente en el número 33. Llamó repetidas
veces sin obtener contestación, y muy cor..trariada, dieponíase á pardr, cuando una dama

ma. del número 33 tomó una actitud más fría y
seria.
- Ah-contestó con negligencia mirando á
Miss Brown á través de su impertinente:- de
suerte es que usted viene de su periódico para
saber algo de lo que significa ese extraño aviso.
Realmente. Miss . .. . . .
-Miss Hill.
-Realmente, Miss Hill- prosiguió la dama
desembarazándose de su sombrero y de su
a.brigo, - siento no poder informará los periódicos sobre los notables incidentes del caso;
usted tendrá la amabilidad de excusarme.
La voz de la dama tomó otra v¡,z inflexiones
JDás d u Ices cuando observó que Miss Brown se
llevaba la. punta del láp:z á los labios en actitud preparatoria de tomar notas. Quizás adi·vinó que Miss Brown no era repórter.
Los repórters no llevan el lápiz á la. boca,
al mE&gt;nos cuando el lápiz es indeleble.
-Seguramente que sí, seí'!ora. - respondió
Miss Brown, sintiendo que su curiosidad llegaba al colmo.
-;.No que réis sentaros un momento, Miss
Hill'? Estoy segura que este trabajo de repórter
d ebe cansaros en cuerpo y alma.
Miss Cecilia Brown aceptó la invitación y
tomó asiento enfrente de la desconocida. Naturalmente, a.bordó el tema de la pieza desgastada de diez centavos, é insinuó, é insistió y
pre¡untó, pero todo en va.no, La d&amp;ma desvia-

�EL MUNDO ILUSTRADO
ba la conversación á otros objetos de la manera más dulce y discreta. Finalmente, con la
mayor cortesía y suavidad, di6 á entender á
Miss 'Brown que su visita se había prolongado
más de lo necesario.
Miss Brown se levantó; SA sentía desconcertada. La dulce y afectada discreción de aquella
dama había frustrado su astucia; se sentía. vencida. Sólo un recurso único le quedaba. para
satisfacer la curiosidad que la consumía. Si
devolvía los $2.000, podría saber por fin lo que
significaba la desgastada moneda de diez centavos.
Se llevó la mano al seno, sacó la bolsa de
piel de :::tusia que contenía la moneda misteriosa. y los billetes y la puso en el centro de la
mesa. Las dos mujeres se miraron cara á cara.
La dama habló primero, y tomando la bolsa
exclamó, sonriendo g1·aci11samente:
-¿Cómo podré jamás agradeceros bastante?

Después abrió la bolsa. Los billetes todos
estaban ahí y también la desgastada pieza de
metal.
-Ah-dijo siempre sonriendo, - aquí tenéis
esto quA os pertenece ahora.
Miss Brown miraba altemativamente lamoneda que tenía en la mano y la cara sonriente
de la huéspeda.
-Pero .... -dijo al fin, y la expresión de su
rostro completó la frase.
- En efecto-dijo la dama,- debo explicaros
ahora por qué ofrecí como compensación esa
moneda de diez centavos. Cuando perdí la bolsa, conté el caso á un amigo mío y é,te me
aconsejó que, puesto que había. yo perdido la
bolsa en una &lt;matinée&gt; de señoras, por lo que '
seguramente una seilora la debía de haber encontrado, el medio más seguro para obtenei, la
devol'ucióo del dinero, sería el.de ofrecer como
recompensa la moneda de diez centavos.

EL MUNDO ILUSTRADO
-Pero no entiendo aún- empezó Miss Brown.
- Sí, querida, no comprendéis- prosiguió la
dama siempre sonrieodo.- Si la persona que
encontró la bolsa era una mujer, no podría vivir hasta saber por qué razón se ofrecía una
piera de diez centavos por dos mil duros; y,
naturalmente, su curiosidad la conduciría directamente á mí con la bolsa. De esa manera sería casi seguro que los billetes me serían devueltos. Pero en- realidad, querida-añadió l a
dama con mis dulzura,-aquí, entre nosotras,
os diré que no creo que nosotras las mujeres
·seamos en realidad más curiosas que los homl;&gt;res.
Cuando Miss Cecilia Brown salió del número 33, Hotel Knutsford, aún apretaba entre sus
dedos nerviosos la moneda desgastada de diez
centavos.
B. CALERO.

Franela y el Vatlcano,-ltPcuerdos de la Edad llledla.-La protesta del Papa contra el Goblel'no francé•.-Ruptura de relaciones entre la República Y la Santa Sede,
Budht11s y orlstlanos.- Un eosneño japonés.-La campaña en l\lanchnrla,-Rnmores aenaaclonales, • · Gran batalh\ próxima.

H

AN pasado treinta y cuatro años &lt;lesde
que el «Ré gallaotuomo&gt;, impulsado por
las aspiraciones del nueblo italiano penetró ·por la Puerta Pío Latina á la ciudad de las siete colinas, que por virtud de soberanos extranjeros había vi vid o lare-os y nrolongados siglos bajo la autoridad del obispo
de Roma y primado del mundo católico; 34
años han pasado desde que la casa de Saboya const1t~yó la unidad de :i;talia, der:i~ando el débil dique que se ofrecía como ultimo
reducto á los sueños del Dante, y todavía la
cues~ión par i ce tan candente como si buhiera
sido ayer cuando el Pontífice romano fué despojado de la triple corona, como si persistiera
ínteg-ra y para siempre inmutable la fórmula.
de Pío IX, como si resonara perpetuamentP- el
«non possumus&gt; pronunciado en hora solemne
por el Papa que se ligó en cierto modo con la
revolución, para ser después su enemigo más
encarnizado.
Cuando ascendió á la Sede Apostólica el Cardenal Sarto, como candidato de transacción,
después del veto interpuesto por el gobierno del
Emperador Francisco José de Hapsbur.go-Lorena, y se le indicaba como un Pontífice dulce
y bueno, con las virtudes cristianas toda~, con
los conocimientos de la época presente y con
la conciencia de su altísima misión en el seno
de las modernas sociedades, muchos pensaban
que sería un Papa hasta liberal, capaz de dar fin
y remate feliz á la cuestión romana y de aceptar
los hechos consumados, no sólo porque son
irremediables en sí mismos, sino también porque llevan en sí el reconocimiento del inalienable derecho que tienen los pueblos para darse los gobiernos é instituciones que mejor les
parezcan, ó con los cuales pretendan llenar mejor sus aspiraciones á la paz y á la ~elicidad. Vana esperanza é ilusiones vanas las
que pudieron abrigarse por un momeóto: nueve meses después de su coronación, ha encontrado Pío X el primer tropiezo y ha mostrado
la intransigencia misma que sus antecesores.
Fué á Roma en misión de paz y de harmonía
entre los pueblos el Presidente Loubet, su pre-

.

-- ........

.

'

mo magistrado de la República Francesa con
gobierno laico, y creyendo el Pontífice romano
que estábamos en los tiempos medioevales, en
que podía, con su omoipotericia, impone.r á los
soberanos basta las humillaciones de Canosa,
y asentarse como árbitro de los destinos de los
pueblos conocidos ó por conocer-como cuando marcó la línea alejandrina,-lanza á la faz

.

.

de las potencias católicas una protesta por la
visita de M Loubet al rey Víctor Manuel III,
representante de la monarquía Jpgítima que
reina sobre el pueble&gt; italiano. El nieto del
fundador de la Italia unida no habrá extrañado nada en la actitud asumida por el Papa; pero el gobierno francés no ha hecho esperar mucho tiempo la respuesta, á pesar de la moderación del Ministro M. Delcas~é: ha llamado a l
Embajador de la República Francesa acreditado en el Vaticano, dando á este acto todo el
alcance que pueda tener en las prácticas diplomáticas, y quién sabfl si urgido el gabinete que
preside M. Combes-á quien un periódico clerical llama graciosamente el moderno J uda~.se denuncie el concordato celebrado con Napoleón, y se inauguren con más vigor y decisión los tendencias ya manifestadas en otras
ocasiones, para decretar de:finiti vamente la separación entre el Estado y la Iglesia.

***

J

***

Y si es laboriosa y
lent a la evolución de las
instituciones r eligiosas, es mucho más tardía y difícil la adopción
de sus principios por
los pueblos, y mucho
más lenta y la boriosa
la tarea de hacer que
los individuos vay an
acomodándoseá las tendencias de una religión.
masas por lo general
ignaras, que por serie
de generaciones han vivido al amparo de un
culto y se han desarrollado á la sombra de un
f ...natismo. Por eso ere€•
mos extemporánea la
'l'OKlO -VO'l'ANUO LOS G ASTOS PARA LA GUERRA. - EL MINISTRO DE
noticia echada á volar
HACIENDA CONTESTA UNA!INTERPEL.AClÓN EN LA. CÁMARA,
por el cable de que las
clases directoras de J a_
pón trataban de implanIII ó repartía como feudos propios la extentar y procuraban favorecer por todos los mei:ión de la tierra con el célebre Alejandro VI.
dios posibles la propagación del cristianismo
Francia bajo la moderna tercera República, no
en el Imperio del Sol Naciente, y luego, bajo
es la de los tiempos napoleónicos, ni siquiera
la presión del elemento oficial, cambiar cosla del segundo imperio; ha sabido darse un gotumbres, h ábitos y tradiciones, á :fin de poner
bierno laico de acuerdo con las aspiraciones
al país en condiciones semejantes á las de los
de las generaciones nuevas. Y si por capriehos
pueblos occidentales.
del Napoleón I II perdió la amistad sincera de
¿Qué se pretende? ¿Cambiar sencillamente el
Italia, qu'e habían engendrado los triunfos alculto de Buda por el de Cristo? ¿Hacer que el
canzados en la guerra con Austria, llegó despueblo adore y reverencie al sublime Galileo,
pués de Solferino á Mentana, y obligó á la
al mártir del Calvario, ·en vez de prosternarse
casa de S a boya á buscar en Prusia el apoyo
ante los a ltares del gran Zakya-Muni, que se

ofreció en holocausto por librar al mundo
orient al de la tiranía bramánica y fundó la doct rina con su ejemplo de amor y de paz,. esperando el nirvana en el t iempo y en el espacio?
No; las conversiones de las masas á las nuevas doctrinas, por más accesibles que éstas
sean á las inteligencias vulgares., no se hacen
de orden superior, aun cuando se lleven á sangre y fuego: son fruto de una labor gradual y
progresiva .que va infiltrándose en las almas,
que va p reparando los corazones, por lo comú n co,nenzando entre los pequeños, para ascender después en olas invasoras hasta las
c umbres, derramándose luego como lluvia de
bendiciones sobre las edades y los tiempos por
venir.
Si para completar su obra evolutiva pretende el J apón crear un cristianismo oficial arreg lado para sus necesidades, más que en las
iglesias, de be iniciar su labor en las escuelas;
a.sí fundará algo sólido, así podrá h acer que
la luz penetre en las est ratificaciones seculares
que forman el fondo de l a ci vilización niponesa.

•

r.;A Qttllll\RA_l\t1SOIÁPpNID8.A 1-t.01i.1 Q()S i\009 RéJ9tSrclll~l)J lfl'fl A'l'AQU.l!l / DE X.OS JAPONESES,.

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*

* , que produce estos
La situación, ent re t*anto
impulsos en eJ imperio de MatsuH1to, sigue con
-varia fo_rtuna para los beligerantes. Como queriendo sati~facer la creciente ansiedad que por
t odas partes se experimenta por conocer el desenlace del conflicto, cada vez más distante, han
circulado en estos últimos días rumores de los
más sensacioaales, y á propósito de ellos se
han Ianzado comentarios inspirados en las simp atía.b á favor de los rusos ó de los japoneses.
Se ha hablado de derrotas en Maocburia, de.
cambios en los planes del General Kuroki, de
movimientos contra Puerto Arturo rechazados
con enormes pérdidas, y después de tantos rumo res y noticias más ó menos fundadas, sólo
se sabe de cierto que la escuadra japonesa ha
perdido dos de sus buques principales echados
á pique frente á las costas de la península de
Liaotung por accidentes de campaña; el Yoshinoy el Hatsuse bajoel sudariodelas olas, arrastrando en su hundimiento centenares de marinos, atestiguan las dificultades con que se tropieza en torno de los puestos rusos.
Suspendida por unos días la marcha invasora del ejército japonés, que, rota la resistencia
en el r ío Y alú, se dirigió con flrmezahacia las
plazas fortificadas del norte, procurando flanquear las fuerzas enemigas, el avance ha comenzado de nuevo: cada día que pasa nos acerca al momento solemne en que se ha de dar una
batalla de importancia, pero no decisiva, en
las comarcas manchúes. Los beli1?erantes se
hallan cada vez más en contacto por medio de
sus exploradores; una nube negra se cierne SO ·
bre los campamentos y muy pronto, al cárdeno r esplandor de los relámpagos y entre el
horrísono estruendo del rayo, podrán contemplarse escenas espantosas de terrible destrucción.
Mayo 26.
Z. Z. Z.

VÍCTÍMAS INOCENTES DE LA GUERRA.-RKFUGIADOS RUSOS .AGUARDANDO
LOS THENES EN HARBCN,

· ~-

~

que le negaba su antigua aliada para consumar la unidad, no
había de impedir ahora,
por etiquetas de dudosa obligación que el
Supremo Magistrado
de la R epública pagara
cortesmente la visita de
París, hecha por el
joven Víctor Man uel
entre las aclamaciones
de la multitud.
Y de ahí la protesta
de Su Santidad . ... ¡Qué
lentamente evolucionan
las institucio'n es religiosas! ¡Cuánta extrañeza causa ver que baya quien piense qne
pueda perdurará travé ~
de las edades la influencia que ejerció la
espada de Carlos Marte!, que creó al PapaR ey!

Jw

S 1. se considera el asunto desde el punto de
vista· político, no cabe duda que el Pontífice
romano ha cometido un error, que puede tener
graves y trascendentales consecuencias para
las relaciones entre la Sede Apostólica y la
cristianísima Francia, donde se necesita más
dulzura y mansedumbre que enérgicas protestas, que_n? conducen á nada práctico. ¿A quiénes se d1r1gen esas protestas? Indudablemente
á los E~tados católicos, que están en comunión
con la Santa Sede; pero esos Estados tienen
también ::,us deberes polfticos que cumpl ir, y
no pueden-como no pudo M. LoubPt- colocarse fuera de la comunión de los pueblos cultos
por g uardar sus amistades con el monarca sin
corona, preso voluntario que reside en el Vaticano.
. Pero la Iglesia sigi¡e su camino marcado; es
mmutable, según su~propias declaracionPs,· y
en van.o .corren los tiempos y cruzan las edades!
cree v1v1r ahora como en los siglos pasados¡

en las épocas para siempre ldas en que doml•
uba. con Gre¡orio VII; le¡lalaba, 0011 Julio

LA GUBRaA:RV80JA.PONlllBA1-VN lUCGIJdIENTO iTAPONJ!Ji FlUllNTlll Á PtNG-Y..A.N!i (NOJ.\TJD p~ QOJ.\.lllA,)

�!t MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

• 1

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CHAS fiestas religiosas se han
elebrado durante el septenario, y
entre ellas ninguna seguramente como la que ha sido ofrecida por las mitras provinciiinas á la Guadalupana. La
erección en Basílica de la Colegiata en la que
la Virgen India se encuentra, ha suministrado el motivo suficiente para el de'hoche de
luz y de colores que han constituído las ceremonias de dedicación.
La Virgen de Guadalupe PR mexicana,
netamente mexicana, y no en balde el Parlre
Hidalgo, en la época sangrienta de la independencia nacionnl, levantó por encima de
sus bla'ncos cabellos la enst-ña en la que aparecía con i;us manrn~ juntas y una gran sonril'a enigmática la Virg!'n india. Podrá in
cierto que la aparición haya sido u11a firción
de algún caritativo obi!'po de los primitivos
que rigieron la igl!'f::ia mexicana en las tristísimns etapas que Figuieron inmediatamente á la conquista de Cortés; podrá ser que de
la leyenda, desmoronada por loi:; dedos frío,;,
sin sangre, &lt;le algún Rilogismo de hierro,
solamente queden migajas indignas ele que
se les tome en considnació11; pero la leyenda seguirá viviendo en el corazón sencillo
del indígena.
Corn,idérest:l el espectáculo. Sohre las ruinas de la civilización que se hundía para
siempre en la noche VP.1tigin0Fa dt-1 paF¡ido,
por encin1a &lt;lel ídolo que demo~traha con
!'U im¡,aRivirlael !'U impotencia absoluta, sobre la sangre y el fupgo de la época de hierro y de Mmgre, quPdaban flotando los harapos del alma del indio. Pobre alma peque,
ñita y deforme, si se quiere; pero siempre
una alma, una alrua humana f'u,c!'ptible
quizá de gozar, susceptible seguramente de
sufrir.
El horizonte n!'gro hacía desaparecer los
últimos rayitos ele esperanza que cal!'1,t:1.ban
el alma del indio. La sombra era total y
absoluta. ¿En dónde esta.han los reyes que
pasabnn coronados por la pluma verdinegra del colibrí, en sus literas de inmaculada blancura? ¿En dónde !'Staban los diosPs
que aparecían antes cubiertos por la snugre
del sacrificio y por el oto y la plata de las
minaB, en sus altos tronos de granito, poderosos y herméticos?
Nada; por encima del suelo completamente cubierto &lt;le sangre, de eangre roja de hermanos, el cielo se extendía como una pesada
lámina de plomo, en la que los astros no pudieran lucir. El horizonte, hasta ¡wrderse en
los abismos del infinito, solamente tPnía olores de mat&amp;.fiza, ele tragedia. El indio iba
lentamente con los pies manchados y la frente vacía, mientras• no silbaba como víbora
trágica en el aire el látigo del encomendero
que le hiciera avnnzar más de pri!'a, siempre
más de prisa. ¿Hacia dónde? Hacia la
muerte y el olvido.

Entonces surgió, por encima de este mar
de sangre .hunrnna, y de miseria humana y
de dolor humano, la figura trar:quila y sonriente de la Virgencita india. Ella hablaba
al· siervo con el dulce lenguaje de sus mayores; ella llevaba, siendo la madre rle Dio!',
Riendo reina y santa, el humilde huipil de
la india. Ella era buena y tenía para el fodio palabras que éste solamente había escuchado allá muy lejos, cuando sobre la su-.
perficie inhollada de la laguna se de!'lizaba
su canoa, la canoa paterna en la que la IT).adre le arrullaba con los cantos de los abuel01,.
El indio vió á la «madrecita,1 que se le
aparecía, que llegaba á él, que le hablaba de
paz, de caridad y de perdón. ¿Que sus promesas eran falsas? ¿Acaso lo bOn menos fas
que la vida no-, hace desde niño!'? ¿.Acaf:o,
por tal razón, las olvielamos, por rnás que la
duda nos haya puesto sohre aviso, soplándonos pafabras de odio en los oídos?
La tradición de la Virgen india es un
acontecimiento de caridad, de alta misericonlia, q ne muy difícilmente ol vi&lt;lar:í. el indio. l'odrá desmoronarse la nacionalidad á
,fuerza de tanta sangre constituí'da; pero por
encima del trágico naufragio qnedr..rá, con su
hermética sonri!'a de bondad. la VirgenP-ita
buena y humilde qne supo hablrtr al inelio
de snH padres, siervos. que 16 supo inspirar
un poco de amor á su vida de i•sclavo, que
le hizo olvidar el porvenir de su raza de paria,:.
Por eso es qu!', aunque la crítica hif,tórica
dei,,barate la leyenda convirtiéndola Pn un
engaño cualquina, trivial y sin conciencia
· de su propio valor, por más que se le demuestre lo que haya &lt;le verdad, el indio, el
vencido, el humilde irá siempre con un ramo de flores á visitar á la &lt;Cmadrecita» que
le habló en su idioma, olvidado por todos.

***

Lns obras del genio humano nunca pertenecen á. esta ó á la otra generación, ni pueden encerrarse en los estrech0s límites en los
cualr.s florece y muere la vida humana. La
obra del genio, por serlo, tiene alns suficientemente po&lt;lerosas para volará rtlturns desconocidrts, por encima de las razas y de los
tiempo!:!.
Cuando Sardou lanzó al teatro su ccFedora», la alianza francorrusa tenía enamorada
á esa frívola coqueta que en Europa se llama la opinión francesa. Con la refinad&amp;. elegancia de su estirpe de reyes, el «chic» francés se deieitaba ~incerame11te al ver en la
escena el tipo, un poco artificial, un poco rí. gido, dt:: la rusa nihilista y conspiradora..
El teatro de Sardou ha sido juzgado ya por
hombres de alta estirpe intelectual; la 6 ltima palabra, sin embarg'), será imposible
pronunciarla aún, pues poco es el espacio de
un siglo para poder ver á suficiente distancia las creaciunes del dramaturgo.

No son como la flor del poeta, que muere
con el sol que la vió nacer, pues llevan en
sí la rara e&amp;encia de los avatares y de las
trasmigmciones, y el sueño Pn que las vemos
sumergida,1, por más que nos engafü\ no es
el sopor de la muerte, sino la !etargia de la
que han de resucitar cuando sea el tiempo
propicio para ello.
Hoy la guerra &lt;la cierto barniz de actualidarl-el suficiente para quA nos cautive y
nos haga ¡:uyo,;-á la obra de Sardou. ·La
Empref:a ele la Mariani, al a.parecer entre nosotros desputSs de su larga tPmporada anterior de retiro, ha escogido ccFedora», tanto
porque !'abe que es una de las creaciones de
Terel:'a Mariani ·e n la que la actriz itálica se
P-leva máfl alto, cuanto por la notoriedad q11e
los actúales acontecimientos de Oriente dan
á la trifi'te y pálida figura de e!'a rm•a
aventurera que el genio de Snrdou ha improvi~ado con cuatro brochazos de un tone,
fuertA y unas cuantas frases troqueladas á
fuego.
Después hemos dsto la¿cMagda&gt;'., de Suderman, que era·"ª m1Pstra viPja amiga, nue;;tra cunocicla de antaño. La obra del dramaturgo teutón no es muy gustada por nuestro
público, porque es Fajona, porque no viene
en ella el alma latina que entre floeotros
nlienta.
·
Sin Pmbargo, comprendemos la lucha ele
esa actriz, que no por pasear altiva y triunfadora por los escenarios, levantada del fango
por las alas poderosas del arte, dPja de ser
una madre. La extraña mezcla de este personaje nos interesa, no cabe dudn,-; pno no
entramos por completo en su espíritu, porque tiene las nebulosidades de lo!'; países donde el signo S!'ptentrional irradia en la noche
serena.
Después la Mariani encarnará . para nosotros todas las heroínas frívolas ó magnánimas, poderosas ó tímidas, voluµtuosas ó
castas que el teatro moderno impone rtl espíritu proteiro de la actriz de talento. Vivirá
para nosotros en los extraños medios artificiales en los cuales se mueven desele Ofelia
hasta La Tosca, liorando, gimiendo, sonriendo, gozando, en. esa curiosa mezcln, algo
caótica, que es la que hace se asemt-je tanto
el esceuario de un teatro á la vida real.

***

Como escuadrones diabólicos que cargan
al galope, pasan por el cielo amenazador los
vientos de tormenta. Cabalgan las nuues sus
más brio"os corceles en imposibles cabriolas,
tendiendo un manto de suprema tristeza sohre el azul implacable de nuestros cielos.
Llueve, 11 ueve interminablem!'nte y la tristeza de la 11 u via se infiltra como un letal veneno en el espíritu, trabajado por el tedio.

dl.nfenor Lescano.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

La Basílica de Guadalupe
SOLEMNIDADES RELIGIOSAS

{'_ ON toda suntuosidad se efectuó el día 24
del actual la ceremonia &lt;le erección eh
B_asílica ~e l_a Colegiata ~e Guadalupe, habiendo asistido al acto casi todos los arzobispos y obispos mexicanos.
La ceremonia, por ser enteramente nueva
atrajo á. multitud de personas, que llenaro¿
las naves de la Basílica.
A las ocho y cuarto, en la gran sala capit~lar se organizó la procesión, que fué precedida por los arzobispos y obispos asistentes
revestidos rle capa pluvial, mitra y báculo:
. El ma~~tro de ceremonias, Pbro. Felipe
1:meda, d1? orden para la ~alida &lt;le la procesión al atrio en el orden y Jerarquías siguientes:
Obitapo de Colima, Amador Velasco· Obispo de Huajuapan de León, Rafael A~ador·
Obi11po de Sinaloa, Francisco U ranga; Obisp~
de Tehuantepec, 9arlos Jesús Mejía; Obispo
de. Sonora, I~nacio Valdespino; Ohispo de
Ch~huahua,Nic?lás Pérez Gavilán; Obispo de
Chiapas, Francisco Orozco y Jiménez· Obispo de Le~n, Leopoldo ~uiz y Flores; Obispo
de Yucatán, Martín Tnschler; Obispo de Zacatecas, Jesús Alva; Obispo de Tabasco
Francisco Campos; Obispo. de Cuerñavaca'
Francisco Plancarte y Navarrete; Obispo d¿
Tepic, Ignacio Díaz; Obispo de Tulancingo
José Mora; Obispo de Aguascalientes José
de Jesús Portugal; Obispo de Querétar~ Rafael Camacho; Obispo de San Luis P~toeí
Ignacio Montes de Oca y Obregón; Arzobis~
po de Puebla, Ramón Ibarra y González·
Arzobispo de Guadal ajara, José de Jesús Or~
tiz;Arzobispo de Linares, Santiago de la Garza Zambrano; Arzobispo &lt;le Michoacán Ate-•
~ógenes S_ilva; A.rzobispo de Durango,' Santiago Zubiría y Manzanares; Arzobispo de
Oaxaca, Eulogio Gregorio Guillow; Visitador
Apostólico, Doménico Serafini; Arzobispo de
México, Próspero María Alarcón y Sánchez
de la Barquera; representantes del clero en
general, y muchas cofradías y archicofradías.
Al frente de la procesión iban el «Tintinabulum», el «Conopeum» y las mazas con las

U

LA B&gt;.SfLICA DE GUADALUPE,__..:.FACHADA PRINCIPAL.

EN LA BASÍLICA DE GUADALUPE,-ASPECTO DEL TEMPLO DURANTE LA FUNCIÓN DEL DÍA

urnas de cristal de San Diácono y San Plácido.
Al llegar á la puerta del centro, todos lo.;;
prelados ocuparon sus respectivos asientos y
Monseñor Serafini hizo entrega al Arzobispo
de México de los documentos pontificios relativos á la erección y á los cuales dió lectura.
Acto continuo, el Sr. Alarcón se dirigió á
los fieles y declaró en alta voz que quedaba
,,ad eternum» erigida en Basilíca la Excolegiata de Guadalupe, y, en ese moménto, el
Arzobispo de México abrió la puerta del centro, el de Michoacán la de la derecha, el
Arzobispo de Guadalajara la de la izquierda,
el Arzobispo de Oaxaca la del lado poniente,
el Arzobispo de Linares la del oriente, y el
Arzobispo de Puebla la del Sagrario.
Terminada esta ceremonia, &amp;e c&lt;1.ntó la salve y se leyó el acta de erección. El Sr. Serafini ofició de pontifical, asistido por los curas de San Miguel y Santa María la Redonda.
Al día siguiente se efectuó la consagración
de la Basílica con asistencia de todos los arzobispos y obispos.

o

CUENTO CHIQUITIN

E

N la ribera de un mar, sobre el árido
crestón de una roca formidable que
de continuo el oleaje besa suave y
rumorosamente, haj una choza semejante á
un nido de águila, donde un ermitaño vive
lo&amp; últi[r!OS días de su vida, puliendo con sus
manos largas y pálidas, corales primorosos
que, según fantásticas l~yendas, preservan
de la mala ventura.
En pos de un milagroso amuleto, fuí en
una ooai,i6n á le. choza del anciano ermitafto.

Su voz era dulce y triste como un eco de
JDN LA BAIÍUO.t. l)lll GUAl1ALUPlli,-LÁ PROOllilÓN JIIN'l'RANJ)() 4L TIIMPLO,

ultratumba; su mirada tenía tenues irradiaciones de crepúsculo; su ademán era reposado y solemne.
·
Yo le conté el origen de mi antiguo contradís; le dije .cómo el desdén de una mujer
era agudo y cruel estilete clavado en micorazón; le referí confid@cialmente todo el
largo historial de mis amores; le confesé cómo en mi lira sólo había canciones para
Ella; le describí con frases luminosas el fuego inmaterial de mi pasión; le dije cómo mi
vida era ingrata y monótona sin un seno cariñoso que recogiera, como una ánfora de
nácar, el llanto mío; le abrí, en fin, mi alma, rasgando el velo que esconde sus heridas; y cuando esperaba de su voz dulce y
triste como eco de ultratumba el consuelo
anodino; al buscar en su mirada. crepuscular
el análisis de mi dolor; cuando creí Llirar en
sus manos, largas y pálidas, el coral de la
buena ventura, só:o vi, con sorpresa, que de
sus ojos caían, co.m o perlas de riquísimo
oriente, do!'! lágrimas ruborosas que lentamente fueron á esconderse en los hilos canosos de su luenga barba venerable.
Y luego, después de referirme á su vez
una historia fatal de su juventud, cuyo epílogo era aquella roca formidable que el oleaje besaba suavemente, me dijo suspirando:
"¡Cándido joven! Si yo hubiera hallado el
milagroso amuleto que t{¡ buscas; si el coral
de unos labios hubiera sido bueno para mi
felicidad, yo no viviera hoy solo y sin ventura en esta árida roca que el oleaje besa rumorosamente.
El coral, sangre de un monstruo petrificada en el mar, pierde su virtud bienhechora
ante ese otro monstruo: la mujer».
¡Oh ideal!

***

No hagas que yo oonolura tni11 díae en la.
Qrilla. de un ma.1'1 @obre el á.rido crestón de

25.

una roca formidable, como el viejo ermitaño.
Para mi mala ventura hay un coral prodigioso: el coral de tus labios.
RAFAEL SnvA.

➔-~

·Se Muere el Día
(Paráfrasis de Longfolow.)
I
El día se apagó. Botan las alas
de la noche la bruma,
como si águila. ne¡rra y gigantesca
dejara. caer sus plumas.
Las luminarias de la aldea brillan
al través de la. lluvia;
extr_aña vaguedad siento en mi espíritu,
y tristeza y ternura.
II
Acércate y lee. Toma ese libro;
escoge una balada
.
dulce y encantadora, que mitigue
el cansancio de mi alma.
No quiero cantos de poeta egregio
que ruidosos estallan,
y que recuerdan el combate rudo
de la existencia humana,
III
De esos cantos no quiero en esta noche
sino versos de bardo
'
que suave arrulle y cuyo acento suene
como lluvia de llanto;
Acordes de uri laúd que el eco sean
de algo muy puro y vago;
y que en mi corazón vibrantes. caigan
como himnos del santuario.
IV
Acércate á leer. El ritmo poético
gemirá con ternura,
aleteando, cual ave enamorada
de tu voz en la. música.
'
Se tornará la bruma en una aurora·
y en mi alma una luz fúlgida
'
fórmará un arco iris de esperanza,
~omo tl sgl eJ:1 la. lluvia,
A, M.\YORGA RIVAi,

�l:L MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Páginas de la Moda

nea. ·La igualdad y simetría en estos pliegues es
uno de los factores más
importantes para obtener buen resultado rn el
conjunto. El talle cúbrese con una imitación de

I;xplicacíón de nuestros grabados
; Número 1.-Variada y elegante colecci6n
de trajes de paseo y visita, confeccionados
con telas de estaci6n y aplicaciones de encaje.:! 'y abalorios. Las hechuras de estos trajes
tl~ diferencian notablemente entre sí. Así es
cc;&gt;mo
,, ufios constan de faldas füas, mientras

otros se distinguen precisamente por la excepcional confecci6n de las falda·s, todas las
cuales son plegadas longitudinal 6 transversalmente, 6 constan de sobreenaguas, á semejanza de los vestidos estilo eastre.
El grabado de la parte inferior representa

un traje de visita, cuyo corpiño, de confecci6n enteramente modernista, es una prenda
muy delicada, pues con el menor descuido
en su corte 6 en las aplicaciones de sus adornos, resulta sin la elegancia debida. El peto
y el espaldar se ouhren de punto de Alenz6n;
las mangas están dividida1;1 en dos partes: en
la superior, entallada, se aplicnn adornos de
encaje obscuro; y en la inferior, aglobada,
punto rameado. El sombrero, para que haga ccpendanb1 con el resto del traje, no s6lo
por su originalidad, sino también por su elegancia, se cubre en toda su extensi6n por ligero velo de punto rameado, que, como lo representa el grabado, cuelga hasta por ,obre
los hombros. La confecci6n original de t-ste
vestido y el sombrero, forman un conjunto
muy agradable que sienta bien á las st ñoritas de talle esbelto.
Los demás trajes son, asimismo, de última moda y muy usados por las damas principales de Bruselas y París. Casi todos se
confeccionan con telas de coloree claros y los
adornos con il:'ten en pasamanerías de me-

resultados. Estos trajes, tanto los modernos
como los de estilo sastre, se confeccionan con
telas de la estación. Su corte está de acuerdo
á la última moda, y como lo dije al principio, lo recomiendo muy e~pecialmente. Estos trajes constituyen la última palabra de
la moda europea.

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tal, encajes de Inglaterra y cintas maravillosas, combinados todos de manera de formar
un conjunto agradable. Los sombreros que
deben llevarse con estos trajes han de ser tales, que no pequen ni por sus exageradas dimensiones, ni por su pequeñez casi mezquina. Por lo demás, y para dar fin á la explicaci6n de estos grabados, debo advertir 'lue
todos los trajes que representan son exclusivameñte propios para la actual estación de
verano, y que deben llevarse para los paseos
y vi!'itas de cumplimiento.
Número 2. -Elegantísima colecci6n de trajes de visita y de paseo, propios para señoritas y señoras j6venes. Muy especialmente
recomiendo á mis lectoras la presente colección de figurines, que es una de las hermosas y originales que se han publicado en las
presentes Páginas de la Mo'da. Son estos trajes de tal manera vistosos, correctos y elegantes, que seguramente muy pocos habrán ·
de superarlos. El primero de izquierda á derecha se confecciona con nansú, con muselina 6 con otra tela semejante de poco cuerpo,
Y se alforza de la manera que lo indica el
grabad.o, procurando que todos los pliegues
transversale~, tanto los grandes como los pequefios, no hagan fruncidos .ni pierdan la lí-

Grupo número 2,

«fichú~ adornado con punto inglés y aplicaciones de gasa plegadas ligeramente, de manera á asemejar «plisé». Las mangaE&gt;, englo'badas hasta sn mitad superior, se hacen terminar por puños que, aunque no muy estrechos, dejen percibir, no obstante, algún
ajuste en el brazo.
Por lo que hace á los demás vestidos, s6lo
debo aconsejar á las lectoras que se ajusten
por completo al figurín, pues de no hacerlo
así, estarán expuestas á no obtene.r buenos ··

Grabado número 3.-Finalmente, presentamos en esta secci6n cuatro figurines escogidos y de moda. Repreieentan, respectivamente, trajes de visitas, de viaje y de casa.
Los dos primeros del-lado izquierdo ( de visita), son de estilo moderno. Las 'dos faldas
se pliegan ligeramente. La primera consta
de sobrefaldas, y la segunda, aunque lisa,
lleva en su parte inferior pliegues más vastos, de modo de dar algún vuelo á la enagua.
Los corpiños son de confección semejante,

�Ét MUNDO ItUSTRADO
pues aunque el primero no lleva cuellohombreras de la misma tela como el segundo,
consta de mangas semejantes á las de éste y
del mismo entalle, tanto posterior como anteriormente. Los dos talles se rodean por cin-

turones no muy anchos, pero tampoco muy
angostos.
El segundo grabado no representa un traje, sino un abrigo de camino. La confecci6n
de esta prenda es sencillísima, pues al corte

EL l\!UNDO ItUSTltADO
talar del abrigo, s6lo hay que afí.adir algunos pliegues longitudinale:;i, de manera de
dar más soltura y libertad al entalle. En la
parte superior se prende la esclavina con
aplica')iones triples de cinta maravillosa, y
las mangas se confeccionan de forma aglobada, haciéndolas terminar por puños amplios é invertidos.
Por último, el cuarto grabado representa
una blusa de·casa confeccionada con «tela de
Vichy¡¡ 6 sedalina á cuadros, 6 cualquiera
otra tela de poca cone'istencia y propia para
la estaci6n actual. El corte, como puede verse, es sencillo en extremo, pues consta de
moldes llanos plegados 6 tableados á lo largo. Las mangas aj ustadas de los hombros, se
enanchan en su parte inferior, de manera de
formar una manga englobada. Los puños
· son estrechos.

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,JoSEFINA.

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Grupo número3,

CIUDAD FUNDADA
Santa Fe de Bogotá
B•jo un ennrme casco de reluciente acero
allá, en la cumbre. súbito apareció un guerrero
sobre un corcel nervioso........ .
Jiménez de Ques•dá
persignó los abismos con la cruz de su espada,
y convirtió los ojos, desde la brava alt.ura,
bacia el lejano rlo, que, entre una selva obscura,
se retorc!a abajo, con el zigzag de un gesto,
como una larga VI bora entre un florido cesto..... .
Por ese río, á modo de procesión flotante,
trájo él su fiera tropa, desde la mar distante,
Y selvas rtespeinadas, y trágicos esteros,
y ciénagas fe.laces cruzaron los viajeros.
jOh capitán! Las selv•s orlaban vuestra frente;
las ciénagas lamían los pies de aquella gente;
y los esteros, mndos de asombro al contemplaros,
se abrían á manera de grandes ojos claros......
El Magdalena hacia sus eses como un boa,
doblándose piado.so bajo IR audaz canoa;
y el capiti1n, gozando de tanta mftrs.villa
que un cuerno de abundancia vació sobre la orilla,
no se curaba nunca ni del caimán m~mbrudo,
ni de la araña infame ni del mordaz zancudo..... .
Y, en tanto, en las montañas, queparecl•n muertas,
jaguar adolorido li.mzaba sus alertas;
y una culebra, á veces. al fondo del boscaje,
silbaba como silba la flecha de un salvaje ......
Tal fué. Pero la tropa, gnnosa de la •!tura,
ve al fin, bajo los Andes, tenderse una llanura
de verde pa.sto y rica de floreciente abono,
como un tapiz tendido bajo los pies de un trono.
Y al ver que en ella un r\o sereno se destaca,
meciéndose á manera de gigantesca hamaca,
el husmeador caballo del capitán remueve
sus largas crines, tiembla con PI temblor más leve,
y arroja al aire un fresco relincho de ventura
que suena por encima de toda esa llanura......
Hecha de un solo tronco, más tarde, una piragua,
trazó por un instante su rúbrica en el agua,
del Magdalena á lo ancho; por In contraria riba
tropel de ondas sonantes llegaba desde arriba.
Y la piragua aquella que desprendió Qu=da,
fué á detenerse antA otro guerrero, cuya espada
relumbró al sol...... Vestla jubón de fina tela,
sombrero en ricas plumas y botas de áurea espuela.
Tal Belalcázar. Viene con su arrogante tropa,
como un desfile asiático envuelto en fausta ropa,
desde el Imperio mismo del Sol, donde Pizarro
fundió en oro macizo las ruedas de su carro.
El sometió á:sus plantas todo el reino de Quito;
y .ensanchando la curva de su anhelo infinito,
escaló las montañas, como ayer los titanes,
y robó el fuego sacro, 110 al cielo, ¡á los volcanes!

Se lanzó en marcha luego sobre Cundinamarca:
¡y no exploro más tierras la paloma del Arca!
El conquist6 á los Pastos tenaces y aguerridos.
En Popayán ron,picron los broncos estampidos
de sus arcabuzuws en un pregón de gloriu.
Vió los campos de Cali. Se perpetuó en la Historia
con Timaná fundada sobre inmortal cimiento;
que una ciudad es siempre mejor que 11n monumento.
Y, al fin, llegó hasta el puntv donde le halló la tropa
de Quesada. El brindóles con corazón y copa,
copa y corazón de oro. Y hublóles del Imperio
de Atahuulpa poblado de atrncrivo misterio,
dela de RumiJiahui reverberante esp,via
y de una tierra nunca por ia ambición soñad1t ..... .
Y deslumbró los ojo• de los conquistadores
con cántaros de arcilla que parechm flores,
vajilla regia, mantos de abrigadora luna,
joyas de raras piedras, trajes de pompa indiirna;
clavó contra la puerta de su tienda una cuña
de plata, y se hizo alfombra con pieles de vicuña..... .

mostrando tínicrunente ht punt1t de la eola.
Y ·otra vez vió la muerte de un boa utragantado,
qne d.espuús de lograrse de,·orar un venado,
retema en la boca lit brutnl cornamenta,
como ejemplo simbólico al que todo lo intenta.
Cesó el éxodo.
.
Entonces decidieron la vida
reposar juntamente. sobre aquella tendidn,

ver&lt;;Je r frci-:ca llanurn. ·y en un dia dP gloria.

la ciudad fué fundada por los tres. Tal la Historia.
Uno le puso el easco de la sabidurla;
otro li• envolvió en stdas de 1?racia y l!nllardia
y el otro. al son a legre de músieas /!Uerreras. '
tendió le ante las pl&amp;ntas las pi~les de sus fieras.
Ciudad que hace tres siglos que triunfa de la muerte
tiene las tres virtudes: SRbia, graciosa y fuerte.
'
Parece que una estrella prende tal ventura
y as\ es coro, • á lo lejos, .fonfunden rn figura·
de las historias viejas en los confines vagos '
los 'l'res Conquistadores con los Tres Reyes ÍITagos!

•

•

,::~,:

Se unieron, desde entonces, uno y oLro guerrero;

y de sus dos Pspadas nació una cruz de acero.
Las t •opas de uno y otro se hicieron un conjunto,
cual lo hacen los dos ríos en ese mismo punto,
En ese punto, el Cauca se junta al otro r io,
como un dolor sombrio á otro dolor sombrío;
y fingen ambos luego, por entre las malezas,
una serpiente sola, ¡.,ero con dos cabezas..... .
11Nueva cierta he tRnido; viene gt)ntc e:;pañola
por los llanos. Se acerca».
De la montaña sola
tal escribe un mensaje c1tpiti1n desterrado,
con achiote silvestre sobre piel de venado.
jEra el otro! Faltaba; pero al fin ya venia ..... .
El Tudesco asoinóse por la selva bre. vla,
cual si fuese un dios rubio de los bosques paganos;
y entreabriendo las hojas con rns trémulas manos,
sacó á luz sus cabellos fulgurantes y rojos,
y el satln de su frente y el añil de sus ojos.
Detra,, dél los soldados le formaban tropeles,
envolviendo sus carnes en selvática;¡ pieles,
cadavéricos, tristes, sile·nciosos, sombríos,
trasijados por hambres y esquilmados por frio.~ ..... .
¿Desde dónde llegaban? Fre'demán era enfermo
de la fiebre del siglo. Ni en el llano más yermo,
nj en la sierra con nieves ni en el rlo sin vado,
sintió nunca en el alma despertarse un cuidado.
y él seguía, y seguía y segula adelante,
quebrantando las zarzas con su pie de gigante,
derrotando las olas con su pec)lo y su brazo
y rompiendo las nieves con la fe de un hachazo.
Él pasó por en medio de les tribus salvajes
cual Moisés por en medio de los bravos oleajes;
y vió á muchos corceles y vió á muchos soldados
por largulsimas flechas contra el suelo clavados.
Una vez vió que un tigre saltó sobre el sendero,
estranguló á un caballo, despedazó á un guerrero;
y huyó por las sabanas, entre la yerba sola,

José Santos Chocano.

' ;.

,' .'

d.O~

~ r.ll;~,. , . ~~L -...........

EN ARBEU

:SRf\~AliLI

E

L día 21 del actual debutó en el Teatro
Arbeu, con la «Magd a» de Sudermann,
la Compañía Dramática «Teresa Mariani», que tan gratos r ecuerdos dejó
entre nosotros durante su primera visita á esta capital.
Las obras q ue lleva puestas en escena son:
«Magda», «La Felicita en un Cantuccio», «Fedora» y «La Corte de Napoleón», siendo selecs
ta y distinguida la concurrencia que ha llenado las localidades del coliseo de San Felipe en
l as distintas r epresentaciones.
La Sra. Mariani lia recibido muestras inéquívocas del ca.riño y admiración que el público de México le profesa. Su presentación
causó verdadero entusiasmo, y hay que confesar que la eminente artista italiana ha sabido
corresponder con su labor artística á los aplausos de sus admiradores.
En este número publicamos los retr atos de
los principales artistas de la Compañía,

r

�EL MUNDO ll.USTRADO

€1 dt las florts
L-levo lirios y violetas,
lo me¡or de mis jardines,
lo me¡or de mis macetas;
llevo doscientos claveles,
. y doscientas clavellinas
y doscientos mil millones
de nardos y rosas finas;
llevo los blancos jazmines,
los de más ricos olores;
llevo, en fin, toltas las llores
que nacen en mis jardines.
Niftas, aqul está el florero,
el que vende más barato
y más y con más salero.

á los armónicos sones de aquel la á modo de d u Ice y lánguida
canturria con que en cada esquina anunciaba su presencia Joseíto el «Flore1·0&gt;, asomárunse,
como siempre ocurría, acá y acullá,
en puertas, y rejas y balcones, las
hembras en estado de merecer, avecindadas á la sazón en la Calle de
Zamorano.
Reclinado Joseíto contra la esquina de la qalle, al brazo el largo
cesto de mimbre, donde aparecía
profusamente representada casi del
todo la rica flora andaluza; echadli.
hacia atrás la mísera golilla, por
bajo de la cual desbordaba el largo
y negrísimo pelo en encrespactos
mechones sobre la frente juvenil y
en rizosos &lt;tufos&gt; sobre las atezadas sienes; fresco y primaveral el
moreno y acharranado semblante,
de tez tostada, ojos grandes y melados, pequeña nariz y boca grande,
de gruesos labios y blanquísima
dentadura. Y luciendo, todo hañado en sol, la poco flamante chamarreta azul, los amplios pantalones
de lhayorquín, que dejaban ver,
arremangados al tobillo, los pies
descalzos y renegridos, como jamás
sujetos á yugo de ninguna especie;
reclinado contra la esquina en gallarda actitud, con la mano libre á
modo de pantalla, junto á la boca,
dió fin al cadencioso pregón, con
los ojos fijos en Lola la «Mendruguito&gt;, en áquella chavala de quien
é l decía, cada vez que de elli.. se
hablaba, entre sus amigos y compañeros:
·
-Esa «gachí&gt; es mi ojito derecho
y un ala de mi corazón, y el que se
atreva á mirarla sin mi permiso,
tiene pena de la vía.
Y buen gusto pro baba tener J oseíto declarándose paladín de aquella
muchachita, recogida por el «Boq ueronero&gt; en una hora de compasiva emoción; de aquella chavahlla
de cara la más picaresca y tentadora
de las que por aquel entonces secábanle las fauces y aletargábanle la
pupila á los más de estuco de los
mocitos del barrio
Diez y seis abriles acababa_ de
cumplir Dolores, cuando un díaterminada la fatigosa brega diaria
-sentóse á réspirar el fresco relente
de la tarde en la puerta del corralón, en una de cuy as salas con
alcoba habitaba con el «Boqueronero&gt; y con su respetabilísima consorte, y sentada en el escalónrepetimos,-estaba Lola siguiendo
con mirada no exenta de envidia á
las más acomodadas de sus con ve•
cinas que di~currían por la calle
con aniinados bendui-rios, luciendv
sus crujientes vestidos de percal,
sus ·pañolones de crespón y sus pintorescos tocados, cuu.ndo Joseíto
el «Florero&gt;, que acababa de malbaratar, casi del todo, el contenido
de su gran cesto de mimbres, acercóse á ella con gallardo contoneo y
preg-untóle con voz dulce y acarici:;i.dora:
- ¿,Y qué, tú, profgio, no me compras ninguña de mis maravilla;;·?
Lola se puso encarnada, turbóse
un tanto y repúsole con voz de ar.gentino t imbre:
- No puede ser, yo no me pongo
flores sino cuando refresca el tiempo .
- ¿Y si yo' qmsiera regalarte las
más bonitas de las que yo cogí esta
mañana?
- Pos t-e estimaría la inti,oción
y .... ¡me alegro de verte bueno!
- Pos lo que son éstas te las pon,i,, tú hoy en tu matita de pelo.
Y al decir esto, ofrecía á la muchacha las más bellas ae las flores
de su canasto.
- Muchas gracias, ya te be dicho
que no puee ser-exc lamó Lola
rechazándolas dulcemente con la
mano.

Y

- Vaya si puee ser ; éstas las cogí
yo ~eosan~o en ti, ¿tú te enteras?
pa ti, pa t1, que eres prima hermana, por lo bonita, de la Madre de
los Pastores.
Lola ¡¡onrió al oír el apasionado
requiebro, y
- ¡Muchas gracias, ya que te empeñas! - exclamó cogiendo aquel
ramo de flores, que como humilde y
o 1o roso homenaje de amor ofrecíale
J&lt;?seíto el «Florero&gt;, al par que la
miraba con vehemente y apasionadí sima fijeza.

II
Dolores, como siempre hacía desde la tarde aquella en que aceµtara.
el primer tributo de amor de Joseíto, salió al oír su cadencioso pregón á la puerta de la calle, y reclinóse contra el quicio á esperar á su
enamorado, mientras á pocos pasos
de ella mantenían vivo y sin i:uda
amoroso diálogo, Rosario la «Peinado_ra&gt;, una de las hembras de más
cartel del barrio, con Currito el
«Petaquero&gt;, uno de los mozos de
más bandera de todos los del Distrito.
Joseíto el «Florero&gt;, terminado
el pregón, por oír el cual abandonaban todos un punto sus quehaceres, a vanzó rápido hacia la puer ta
donde lucía sus indiscutibles he•
chizos y sus indiscutiblemente humildes adornos I a tan amad a por
él, protegida de Juan el «Boqueronero&gt;
-Ven acá, tú , José -díjoleá éste
Currito con voz imperiosa, al ver·lo
aproximarse á Lola.
-Aquí &lt;Jstá ya el que usté necesita, 11a lo que usté guste mandarrepúsole el muchacho acercándose
á la amorosa parej a.
- Pos vamos á ver si tiees tú flores bastantes pa enterri,.r á esta
señora que acal:ia de morirse de
ripente, porque le be dicho que no
la quiero querer porque no me da
la gana.
-,Flores traigo yo, no ya pa
enterrará esta señora, sino pa enterrar basta la torre del «Tiro»;
pero el caso es que siemure va á
r esultar más bonita la muerta que
la mortaja .
-Muchas gracias-exclamó Rosario, miPntras Lola, que no perdía
palabra, fruncía un tantico el preciosísimo entrecejo.
- Pos empiez a ya á conve rtirla en
un ri,,millete-dijo Curro, al par
que se limpiaba el sudor de 1a frente con un blanquísimo pañuelo.
-¡Y p a que quieo yo tantas flores !
¿ Se piensa usté que voy á poner un
puesto en la «Plaza»?
--Eso me dijeron á mí en secreto
esta mañana; µero si no es asín,
alargue usté ya un0 de esos puñaos
de jazmines que Dios le puso por
manos y tome usté lasque 111ás sean .
de su gusto.
- Bueno, las toma, é, no se a que
si no las tomo, se le ponga sobre el
corazón y me tome usté abonecimiento.
Y Rosario fué á coger una de 1as
rosas merlio escondidas en e l cesto.
-No. ésa no-exclamó bru scamente Jos• íto y casi arrancando de
manos de la «P einadora» la flor por
ella escogida.
- ¿Cómo que ,ésa no·?-preguntó
Curro con ásµero acento , mie ntras
Rosario miraba á Jo.s-eíto con pro•
funda sorpresa.
-Como que ésta no puee sPrrepuso J oseíto con resuelta actitud;
-esta rosa me encargó á mí mucho
t&gt;l rosal que no se la di era más que
:', la jPmbra con quien yo vivo so!Iando.
Y al decir esto, miraba de reojo
el «Florero» á Dolores, que le son reía llena de satisfacción y -de casi
infantil orgullo.
- Pus es1L qu ieo yo ó no q·uieo
ning una-exclu.mó !{osario sin disimu I ar su despecho.
-'I.'o se puee arreglar- dijo Curro
acercá adose á J oseít o:- t ú dices
que á ti te encargó el ros al que no .le dieras esa flor á otra que no sea
la jembra más detu gusto; pos bien,
des pué s que tú te viniste se arrepin•
tió el rosal y me e ncar·gó á mí que
t e r ecogiera la rosa y que te dejase
en cambio este duro como contraseña .
Y Currito, mientras hablaba, sacó del bolsillo, con arrogante acti-

tud, la moneda indicada, que ofreció
desdeñosámente á Joseíto.
Este miró con irónico desdén al
«Petaq uero» y l'epú ~ole encogiéndose de hombros:
- ¡Un«chusco»! ¡Quémoodetirar
á la ca.lle las rentas vitalicias!
-¿Te parece poco, charrán'? Pues
toma dos y vete a onde yo no te vuelv a á echar encima los ojos de mi
cara.
- Que no, hombr.e, que no; ni por
dos, ni por tres, ni por mil millones; esta flor viene exmirriá pa
quien ustedes verán ahora, y no
tiee usté parneses bastantes en su
faltriquera pa que yo me mate el
gusto de verla ahora mismito en su
pelito anillao.
Y diciendo esto, dirigióse rápidamente con lt~ flor en la mano á Dolores, á la cual le dijo al par que se
la of, ecía:
- Tómala ttl, quepa ti abrió en el
rosal y á ti me encargó el rosal que
te la entregara ....
Y algunos minutos después podí&lt;t
verse todavía cómo Lola 1a «Mendruguito», con la rosa prendida en
el negrísimo pelo, seguía con amoro~a mirada á José, el cual. al llegará la esquina, volvió la cabeza,
detú vose algunos instantes, soni-ió
dulce y picarescamente á la muj er
querida, y se alejó por tia, dando
al viento otra ver. aquel su armónico pregón, que más que pregón pareCia una oriental y dulcísima canturria.

€1: t€StJlffl€DtO

del Ilmo. Sr. Arzobispo Feehan

S7ILWCLL PLAc:c ·

Los bienes fueron valuados en $125,000.
La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mu•tua", Compañia de Seguros sobre
la vida, de Nueva York,

Heoo pocos dfa.s que se Practicó
La 9:pertura del test.amento &lt;Le! 11ustr1!1mo Sr. Arzobispo D. Patricio
A. Fe_ehan en la ciudad de Chicago,
mino1s. La fortuna del d!stinguido
)relado ascendió A cerca de. . . .
p25,000 _oro a,mericano; y se¡nín el
!~ventano que se ho publicado, los
bienes que dejó fueron como sigue·
Dos pólizas de "La
·
Mutua,"
Compafüa
de Seguros sobre la
Vida. de Nueva York,
por $25,000 oro ca,la
una, ó sean . . . . . $ 50.000 oro
Divirtendo~ acumnlados
·
sobre una de 1-as póliws. . . . . . . . 9.329 oro.
Otra póliza de seguro. 14,000 oro.
Acciones en efectivo y
en Bancos. . . . . . 37.000 oro.
Entre las disposiciones del señor Arzobispo, en su testamento i,p
hicieron éstas:
·
A su hermana, señorita Kate
F-eeban, que estuvo slempro ..on él
· hasta su muerte, $40,000 oro en boART URO REYES.
nos y $25.000 oro en una cte las pólizas de seguro; á la. señoro Ana A•
Feehan. viuda del señor Doctor
Eduar•do L. Feeban. hermano del
sefior Arzobispo, $25,000 oro de
MIENTE
otra de las pólizas, y $5.000 oro en
No importa que no me quieras; efertivo; á la Ac8idemia de San· Patricio de Cbicago. de la que es preSi me quisiste, mujer,
ceptort1 su herma'l1a, Ma&lt;tre Marta
Dime si son de placer
Catalina. $10.000 oro de la última
'l'us oj':lras.
póliza: á la escuela "Santa Marta"
. No importa- que no me quieras; de enseñanza prli.ctica para vnroEngáñame por favor ;
nes, de Feehanville, Illlnols. que
Dime que son de dolor
era le Institución por la q11e m!is se
Tus ojeras.
Interesaba el eeñor An.ohisJ&gt;O. E=f'
entregaron los $4.000 restantes rif'
FRAN CISCO A. DE !CAZA.
•• rtltlma D'\llza

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cuotas ~e vidje redondo, en moneda dmericand.
Ciuilad de Méx ico ......... $5fl.25
Pachuca . ..... . ... . ....... 56.25
Tolu&lt;'a. ................. . .. 55.85
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Saltillo . .. ... ........... . . 40.05
San Luis Potosí . ......... 46. 90
Tampico . ................. 55.20

Celaya., Silao, Irapuato,
Aguascal ientes..... .. .... $50. 90
Torreón .... ; .............. 45. 60
Parral. ................... 47.50
Guadalajara .............. 56. 25
Monterrey ................ 38.15

•

, Los b&lt;?leto~ son buenos yara hacer el viaje en cinco días en unsi.
u otra d1recc1ón.-El límite final de los mismos boletos Ps de 90
d_fas, pero en todo ca so no serán buenos más allá del día. 15 de di ·
c1embre de 1904.--Se hacen arreglos para apartamentos de Pullman, con camas directas.
DwUey Thornas. Agenie viaje ro
de Pasajes.-Apartado núm. 34,
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•

La más hermoso Colonia, no sólo por su posición,
que lo es contigua al Paseo de la Reforma, sino porque las personas que están comprando lotes, pertenecen á lo más granado de nuestra ~ociedad, quienes desean construir IQ.agníficos edificios, que, en
época no muy lejana, llegarán á ser el lugar más de
moda y el centro de las lujosas residencias de la
ciudad de México.
Sírvase investigar el alza á que ba .llegado en esta parte de la ciudad, de algunos años á esta parte,
y se convencerá de que no hay inversión más segura ni de más brillantes resultados que la que le ofrecemos.
. Por un acuerdo especial, se ha prohibido, para
siempre, establecer pulquerías ú otros establecimientos por el estilo en esta Colonia. Siendo estA
lugar pa.ra edificar fincas que llenen todos los requisitos de salubridad y, por consiguiente, para que
residan personas de refinada cultura, se hacen necesarias estas restricciones.
En menos de tres meses se ha vendido cerca de
la cuarta parte de este terreno, y esperamos que.para fines del presente año, todo~ los lotes habrán sido
tomados, y dentro de unos cinco años, este lugar ~ erá el más hermoso y saludable de la Capital de la
República.
Creemos que en un tiempo no muy remoto, México llegará á ocupar la primera fila por sus edificios,en el hemisferio occidental. Tiene la ventaja natural, que no gozan otras capitales: salud y cultura.
Continuamos vendiendo lotes bajo nuestro mi3mo
plan, es decir, veinte por ciento al contado y el resto en nueve años• .Ningún interés se paga sino después de que se hayan concluído: calles de asfalto~
. banquetas de cemento, drenaje y un sistema completo de agua.
¿Hay ·alguna proposición de terrenos mejor .que .
ésta?
Pal'a mayores informes, dirigirse á

United States y Mexican Trust Company,
Primera de San franlisco, 4,

ó á los Sres. Prevost &amp; Vail,
Primerd ·de San frdnds(o, 8.

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EL PALACIO_:_

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Año XI-Tomo 1-Ndm. 23
·,,=,..

Ca11e1·s. Bernardo
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1904, Año 11, Tomo 1, No 22, Mayo 29</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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