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                  <text>,.

Precio det!E1emplar, 50 cs.

Domiogó 3 de Julio de 1904

-

1/-. ,-:_:-=-- ~
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�Al Pu~rto &lt;:I~ '7eracruz
GR~NDES ALMACENtS
DE ROPA Y NOVEDADES

t ------------------------- 1

L. UNDO LU5T~0DO
~fEXICO,,JULIO 3 DE 1904.

Año XI.-Tomo ll-Número 1
Dlmtor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOU

Sa bscrlpel6n mensual forinea..•...$ 1 •.60
l dem
ldem en la Capital. $ 1. lli

&amp;mate: LUIS BEYES SPIIDOU
Registrado como articulo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

SEGUNDA MONTERILLA Y CAPUCHINAS. MEXl1)0
1

DEPARTAMENTO DE PARA UERIA
Varaguas para eaballeros \
Paraguas Godet, Algodón .... ..... ................. . 59 centímetros, 8 varillas .... .. ~.. $ 2.00
,,
,,
,,
finos ............ ........ 59
,,
8
,,
2.25
,,
,,
,,
Extra . . . . . . . . . .. . . . . . . . 59
,,
8
.,, ... H . .
2.50
Paraguas Velo.x, Sarga, Algodón .... ..... ....... . . 64
,,
8
,, ... ~... .
3.00
,,
,, Satín
,,
..... ... .. ........ 64
,.,
8
,, ... ....,• 4.00
,,
,, todos niquelados ....... , .... ... 64
,,
8
,, .... ... .
4.50
,,
,, Sarga Veloutina Seda. . . . . . . . . . 64
,,
8
,, .. ...... \ 5.00
,,
,, Presidentes.
,, .... ..... 64
,,
8
,, ••••••••
5.25
,,
,, Niquelados,
,, ... .... .. 64
,,
8
,, ...... ... 5.50
,,
,, sin costura, Gloria, Seda .... .. 64
,,
8
,, ... ... ... 1 6.00
Paraguas Mignon, sin costura, ,,
,, ......... 64
,,
7
,,
6.25
,,
,, Sarga de Seda ............ ........ 64
,,
7
,,
7.50
,,
Automáticos .... ...... ..... ... ..... .. .. ... . 64
,,
12
,, ........ . 9.00
,,
Velox, Presidentes, Extra........ .. ... 64
,.
8
,, ...... ... 9.00
,,
lVfignon, Extrafinos ...... .... .... ...... . 64
,,
7
,, •••••••• • 1 9.50
,,
,,
Sistema Inglés.. . . . . . . . . . . . . . 64
,,
8
,, ......... 0.00
♦\

Paraguas para Señoras.
Paraguas 1\Iignon, Sarga Algodón ........ ........ 59 centímetros, 7 varillas..... . ...
,,
,,
Veloutina Seda.. ... .. .. .... '. ... 59
,,
7
,, .. . . . . . . .
,,
,,
Seda Gloria ... ... .... ........... 59
,,
7
,, . . . . . . .. .
,,
,,
Sarga Seda. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
,,
7
,,
. .. .. .. . .
,,
Stick
,,
,, .. ... .... ...... ... .... 59
,,
7
,, . . . . . . . . .
,,
Velox, Presidentes .. .. ........... .. .. .. 59
,,
7
,, . . . . . . . . .
,,
Mignon Extra.finos ..... .... .... ...... ... 59
,,
7
,, . . . . . . .. .

00
125
~5
55

q:O

7. O
81

Además de las clases que indicamos, tenemos&lt; un es.,léndido surtido de Paraguas Extrafioo
y armados, basta $ 35.00 la pieza.

Impermeables para e!lballeros.
?•

,..,

•

Macfarland, un color, con capuchón .... .... ... ... ... ....... .':........ .. ........... . ..... .....$
Con~aught, capote, un color, con esclavina y cap21chón .... ....... ... . .. .......... . . .
Fash1onable, Sobretodo, un color, con esclavina1·y , capuchón desmontable .. ... .. .
Connaught, Capote mezclilla, dos vistas, con esclavina y capuchón .... ... ...... ...
,,
,,
,,
,,
• ,,
,,
clase extra.
Sobretodos con cuello de Terciopelo..... . ........... . ... ... .. .... ... ........ . ...... ... .... .
,,
,,
,,
superiores ... .................. .. ............ .. ..... .
Mangas de Hule lisas, blancas y negras.
60X80 P. I.. ...........................
,,
,,
,,
,,
,,
:1 2 · 84
,, ............ .. ........... ..
,,
,,
,,
,,
,,
74 94
,, ........ .... . ............. .
Mangas de Hule asargadas, blancas'y neiras 72 84
,, ................ .. .. ... ..... .
,,
. ,,
,,
,,
,,
.74 94
,, .. .... ............ ..... ... .
Mangas Imper~eables, un color
60 80
,, ... ............. .. . ... ..... .
''
''
''
72 86
'' ··· ························
,,
,,
"
74 96
,, ..... . •.•................... .
Mangas .impermeables, dos vistas
60 80
,, ... .. ... .. ... ..... ...........
,,
''
''
72 84
'' .... .. ... . ...... .. .
•·74 94
,,
,.
,, .
'' . ............... . . .
Forros de Hule blancos y ,negros p3:ra so.rp.breros planos. . .. . ........... . . . ... .
Forros de Hule blancos y negros para sombreros.de copa.... . .. . ........ . .. .
Zapatos de Hule para hombres, á ..... .. ............ . ...... . . ..... . . . 2.25 y
,,
,,
,,
forma especial.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ·. . . ... .
,,
,,
,,
para señoras, á. . . . . . . .. . . .. . . . . . . . . . . . . . 2.00 y

23.5
24.50
25.50 \
27.00
32.00
28.00
35.00
7.00
9.00
10.50
12.00
14.00
17.00
19.00
21.00
18.00
20.00
22.00
1.5Q
1.75
2.50
3.00
2.25

exposición &lt;le S &amp;r, L uis J"\lssou ri.

LA VUELTA AL HOGAR~
( Grupo da Chas. J. llulll¡an.)

�tí. ?troÑDO ILUSTRA:bO

EL MUNDO llUSTRADO

la l1undación en la Piedad

EL SPLEEN

l,

E

L spleen, fastidio 6 aburrimiento, es
un estado del espíritu peculiar al hombre culto, civilizado y superior.
Comencemos por definirlo y sigamos denominándolo en inglés, no solo por ser los ingleses quienes mt&gt;jor conocen el fen6meno y
más asidua y concienzudamente lo practican, sino también porque los términos fastidio, aburrimiento, hastío, no dicen todo lo
que dice la palabra spleen.
El aburrimiento 6 el fastidio son pasajeros, transitorios, parciales; el hastío es consecutivo al abuso de un goce; el spleen es orgánico, constitucional, radical y total. A todo el mundo le puede acontecer fastidiarse
de algo, aburrirse de alguna cosa; pero conservando su capacidad para gozar, para disfrutar, para ser feliz con otros motivos 6 en
otras ocasiones. El tedio mismo, que es lo
que más se parece al spleen, no es tan radical, tan absoluto ni tan cr6nico.
El aburrimiento, el fastidio, el hastío y el
tedio, son media luz, penumbra, crepúsculo;
el spleen es sombra, obscuridad, noche.
Lo~ primeros son cansancio, fatiga, enervamiento; el segundo es el vacío del alma.
Con el aburrimiento es compatible la esperanza; con el fastidio, la aspiraci6n; con
el tedio, la resurrección de las ilusiones; con
el hastío, el regreso de los ensuefios ausentes. El spleen es incompatible y excluyente
de todo lo que es goce, esperanza, ilusión ó
ensuefio. En aquellos bagazos del alma
agotada, queda aún un resto de savia, y en
los nectarios secos se conserva aún alguna
gota de miel. El spleen es yesca, hojarasca
de la existencia; esponja que ha borrado recuerdos é ilusiones; granito que repele y embota el cincel; hielo que enfría y extingue
el fuego; nube negra que o11scurece toda luz.
El dolor suele ser excitante y estimulante
de la idea y de la acción; en el fondo de
ciertas tristezas yace nn sentimiento dulce,
tierno, y en el fondo, grato; la melancolía es
deliciosa; el desencanto, como ciertos frutos,
puede ser áspero y amargo por fuera y encerrar una pulpa nutritiva y grat.a al paladar;
la cólera entona todas las fibras y tiempla
todos los resortes de la acción; la indignaci6n es entre los sentimientos un manjar de

dioses. Hay pasiones que fustigan, pero que
azuzan; otras que ennoblecen y engrandecen,
otras que acarician.
Sólo el spleen es negro, frío, hueco y vacío. Bajo su influjo ni se ríe, ni se llora, ni
se espera, ni se ansía, ni se proyecta, ni se
emprende. Es un licor que embrutece y no
una ambrosía que embriaga; es, alrededor del
hombre, la ascensi6n silenciosa, fría y rígida del sepulcro. El spleen no es protesta, es
abatimiento; no es repugnancia, es indiferencia; no es antipatía, es insensibilidad; no
es empuje, es inacci6n. Y •~se abatimiento,
esa indiferencia, esa insensibilidad y esa
inacci6n, tienen conciencia de sí mismas, y,
_cosa horrible, están fríamente descontentas
de sí mismas.
El spleen, esa bomba aspirante de todos
los jugos y de todas las savias del alma, no
le deja más que la conciencia de la lobreguez
y de la irrespirabilidad del ambiente en que
la sumerge, sin el consuelo y la compensaci6n de anhelar la respiración en medio de
la asfiXÍa, ni la desalteración en medio de la
sed. Como las lívidas fosforescencias marinas, el spleen es luz sin fuego; permite ver
y no llega á alumbrar y finge flamas sin desprender su calor reconfortante y fecundo.
Padecer spleen es convertirse de cepa vigorosa en el vifiedo, de cafia jugosa en el
surco, de flor fragante en el prado, de ceiba
umbrosa en el monte, en la planta seca escueta, incolora y mohosa del herbario. Todos los órganos subsisten, pero están muertos; todos los vasos persisten, pero vacíos;
todas las flores se conservan, pero incoloras
y sin perfume; todas las semillas sobreviven, pero infecundas. El spleen diseca al
hombre, como el seco arenal, los empalagosos bálsamos, las bandeletas ceñidas y los
vientos ardientes momifican el cadáver. El
spleen es la muerte en la vida, la noche en
pleno día. Del spleen al suicidio no hay más
que un paso.
¡Pobres razas del Norte condenadas al
spleen por sus nieblas, por sus brumas, por
sus cierzos helados y por sus interminables
noches polares!
No; nuestro sol y nuestro cielo son inconciliables para esa invernada del alma qu~

se llama el spleen. Ellos irradian luz, calor,
vida, alegría, felicidad. Nos enervan, es
cierto, pero nos acarician. Bajo su benéfica
influencia somos, es verdad, menos fuertes;
pero en cambio somos más buenos y más
felices. Y acaso, acaso, en balance y en definitiva, resulte que si las razas del Norte han
hecho todas las conquistas, las del mediodía, han levantado todas las cosechas, y que,
acaso también, hayamos nosotros, los soñadores, los ilusos, los antiprácticos, disfrutado lo mejor de la vida, y que nuestra existenda de cigarras valga más que su existencia de hormigas.
Roma fué, á la vez que latina, grande y
feliz; ha creado 6 secundado tres grandes civilizaciones y aún subsiste y progresa.
¿Por qué no habríamos de llegar nosotros
á la felicidad y á la grandeza sin pagar tributo á ese Minotauro, el spleen?
¡Sería una excelente jugada digna del espíritu latino!

•

POR IRMA
La. niña.-¡oh Musa.!- de celestes ojos,
Cabellos áureos y radiosa frente,
Que de tu ensueño vislumbró el encanto,
Versos te pide.
No ya la adelfa de marchitas hojas
Doliente llore sobre tu albo seno,
Ni de la endecha el gemebundo ritme,
Diga tus ansias.
. Sumisa ofrece á la beldad tus flores,
Batiendo el ala en material caricia,
Y en su corona virginal engarza
Diáfana perla.
Y de tu lira castellana vuele,
Cantando vuele á regalar su oído,
Cual bella alondra de apolíneo canto
Fácil estrofa.
A. FORTOULT HURTADO.

CONCURSO DE NIÑOS

A tarde del lunes último, á consecuencia
de una terrible tormenta que eayó en las
montafias del Ajusco y San Bernardo, el río
que allí nace y se conoce por río de la Piedad &amp;e desbordó sobre el pueblo de este
no~bre inundándolo en toda su extensi6n.
Huelga decir el pánico que se apoderó de
los haÓitantes del referido pueblo al ver que
el agua con asombrosa rapidez, subía de
nivel y 'que arrastraba en su corriente ropas,
muebles y aves de corral, invadiendo por
completo las casas.
La mayoría d6 los yecinos, con~ide!ando
el peligro que corrían en sus hab1tac1ones,
las abandonaron para huir, unos hasta Mixcoac y otros hasta México. Algunas fa~ilias
que no tuvieron tiempo y modo de salir, y
otras que por cuidar sus intereses ni lo habían intentado se refugiaron en las azoteas
de sus casas esperando que el agua bajase.
Pasados los primeros momentos de confusión los jefes del 1? y 23? Batallones de Infant~ría, que se encontraban alojados en ~os
cuarteles de la Piedad, ordenaron que salieran faginas al mando de varios ofi~iales á
prestar auxilio á los vecinos, conduciendo á
los que más peligro corrían á los a~tos de
los edificios militares, que eran los qull más
garantía prestaban por la solidez de su construcción.
Como á las nueve de la noche el agua empez6 á bajar de nivel, pudiéndose ent~nces
apreciar los perjuicios causados por la rnesperada avenida. Varias casas y jacales contiguos al río se derrumbaron, y todas las
siembras de los campos que rodean al pueblo, quedaron totalmente destruidas..
El comercio de la Piedad tuvo pérdidas de
consideración, pues todas las mercancías
que había en las bodegas, se echaron á perder.
Una. mujer y un nifio que se encontraban
á. la orilla del río, fueron arrastradoA por la
corriente, pereciendo ambos.
El asp!lcto que presentaba la Pie?ad a~ día
siguiente de la inundaci6n, era_ bien triste;
casi todas las casas estaban desiertas, y como el agua no había bajado por completo, el
tráfico por las calles se hacía difícil. Además como los cuarteles estaban inundados
y la' tropa no podía estar allí, la Secretaría
de Guerra orden6 que inmediatamente los
batallones salieran, uno para esta capital y
el otro para Tacubaya.
El río del Consulado también se desbord6
el mismo día, inundando parte de la colonia de Santa Julia y otros terrenos. Las pérdidas sufridas por los propietarios del rumbo, fueron relativamente cortas.

LA INUNDACIÓN EN LA PIEDAD -LA CALLE REAL AL SIGUIENTE DÍA. DEL SUOESO.

--,

LA INUNDACIÓN EN LA PIEDAD.-EL 23Q BATALLÓN SALIENDO PARA MÉXICO.

....

Nuestro Concurso Literario
Como el j'ueves 30 expfr6 el tiempo
hábil para la presentación, en nuestras oficinas, de las piezas literarias
á que se refieren las bases del tercer
Concurso de EL MuNDO ILUSTRADO,
en 1904, avisarnos á las personas de
fuera de la capital que nos hayan remitido algún trabajo últimamente,
gue sólo admitiremos, como recibidos
en tiempo oportuno, los originales depositados en el correo antes del mismo día 30.

Próximamente daremos á conocer las
bases del cuarto Concurso.
LA INUNDACIÓN EN LA PIEDAD.- UN ASPECTO DEL OENTRO DE LA POBLACIÓN,
LA MAl-lANA DEL DÍA 28,
EUGENIO MÁRQUEZ Y NAVEDA.

RODOLFO ESPINOSA.

JOSEFA CALDERÓN Y GUTIÉRREZ,

�:EL MUNDO ILUSTRADO .
EL MUNDO ILUSTRADO

A Prima.vera es una da.mita.
gentil á laque todos amamos
más ó menos platónica.mente.
Tiene su a.mor caracteres especia.les
que lo diferencian de cualquiera
otro de los que llenan nuestros corazones. Para. ama.ria á ella, olvidamos nuestras rencillas eternas de
machos; deponemos la actitud de
eterno desafío que arde en nuestras
mira.das como una. mala. flama. y se
traduce por refinamientos irónicos
de cortesía..
Ella es la. única. que hace el milagro de volvernos niños. Alivia
nuestros cuerpos ca.osados y presta.
a.la.das energías á nuestros espíritus. Es la. novia común siempre
ama.da., y más mientras mayor es
el número de los que la pretenden.
Atavismo, ternura. mal arranca.da.
de lo más hondo de nuestro ser, espasmo que nos sube á la garganta.
como cuando tenemos muchas ganas de ser buenos, de salir del
pantano en el que nos engolfamos,
de orar, de volverá los buenos tiempos en los cuales nos dormíamos
soñando ea la. visita. del buen Dios
y en la. protección de un ángel cuyas a.las cubrían, como un blanco
escudo, nuestros cuerpos frágiles y
nuestras almas más frágiles aún y
más pobres y desnudas: todo esto
nos a.salta.· y nos conmueve en cuanto entramos en contacto, espíritua.1mente, con la. Prima.vera.. Es la.
buena. maga. que en sí lleva. los bálsamos de todos los alivios y los
perfumes de todas las bondades.
Y volvemos á ella. con la misma
intensa. emoción que nos a.boga.
cuando, al cabo de muchos años,
cansados ya., enfermos y hastiados
en la. misteriosa sombra. de la noche, ![!Urge!:! de la. na.da, envueltas
en el prestigio de un claror desleído de luna., esas formas en las cuales reconocemos á la. mujer ama.da.,
á la. única. ama.da., á la a.roa.da. eterna, ida hace tanto tiempo para
nuestro mal y por nuestra. culpa.
A medida que se va. diluyendo la
ciudad en los oros de la. mañana
piimavera.l; mientras más nos alejamos y más en la. incierta. penumbra. se pierden las formas conocidas
-harto conocidas, por desgracia,
de torres y deedificios;-en cuanto
la. visión metropolitana se va esfumando en la lejanía, comienza á
invadirnos el penetrante efluvio de
vida. que emanan los campos. La
naturaleza recobra sus fueros omnipotentes, transitoria.mente perdidos en la. balumba cita.dina; como
un oxígeno purísimo y afina.do penetra. á nuestro ser el hálito vivificante de la flor, del musgo, de la.
fuehte, del árbol resinoso y balsámico ....
El milagro se ha.ce: la vieja tez
rugosa y los harapos de Fausto,
ca.en al conjuro del Mefistófeles de
la. leyenda. teutona; caen así lns
jirones y ha.rapos de nuestra alma.;
nos volvemos jóvenes; fluye la sangre coruo un potro brioso en nuestras venas, ·sonando llamadas de
diana. en las sienes. La. alegría de
vivir nunca. se comprende wejor.
Y después, cuando volvemos á
la. ciudad con la. penosa impresión
y la. inconsciente resistencia con que
penetra. á su presidio el presidiario
que vió- un momento tan sólo- el
mundo exterior; cuando dirigimos
ya. nuestros pasos á la ca.lle, á la.
plaza., á la. metrópoli, á la. lucha.,

L

al fingimiento y á la. tortura., vamos,
impensadamente, retardando el paso, cual si fuéramos niños que llegan al dintel de la. escuela.
Detrás, en el campo, queda la. vida, la franca., noble y salva.je vida
huma.na.. Delante tenemos la. falsa.
existencia que la civilización, la.
rutina, la fórmula. bao construido
en totalidad; la falsa. vida. que nos
lastima. y nos hiere. Al pasar las
garitas, un gran hálito de tristeza.
envuelve nuestra alma, que se encoge asusta.da. y temblorosa.

***

Bien ha.ce la. pedagogía. moderna.
en llevar á los niños al campo.
Nunca. como en la. infancia. precisa.
ta.oto que se estrechen los lazos sagrados que unen al hombre con la.
madre Naturaleza. Las excursiones
escóla.res que se han venido efectuando metódicamente, llevan al
ánimo de los pequeños educandos
la sensación de ligereza., de yigor,
de vida. que tanto ha.y que conservar en nuestras épocas de fácil
hastío y de tenaz renunciamiento.
Es una santacomuniónenlaquese
recuerda. al pequeño que es hombre,
que es un organismo compuesto de
algo más que un traje, una corbata. y un sombrero á la. moda..
En la. moderna. pedagogía. es eso
muy interesante. Lejos está ya la.
época ea laque se torturaba la débil
inteligencia infantil -0bligándola á
recordar las elocubraciones místicas de cualquier estafermo; en las
que se penaba., evitando la. alimentación, al niño desmemoria.dOjen las
que se ha.cían brillantes hipocrita.s
enfermizos, llenos de odio desde
los primeros años, llenos de cansancio al empezar la jornada.
*º**
Tendremos este año grandes fiestas americanas. Los miembros de
la. colonia-que ca.da día. son más
numerosos y cada año más ricos han pensado celebrar la fiesta. patria., la gran fecha a.merican.a, con
gran fausto, y en ello han pensado
santamente.
Tendremos en esta. fiesta un modelo de lo que es la. alegría. sajona,
la.franca alegría. sajona., nutrida de
buenos &lt;beefstecks&gt; y de cereales
abundantes y dora.dos.
Como la. colonia. &amp;.mericana. ha
crecido con la. vitalidad potente que
tanto nos admira en esa raza, ha.
creído llegado el momento de hacer
su día. digno de recordación imperecedera.. Ha. largos meses que traba.jan en secreto para presentarnos
muchas novedades, que de fijo lo
serán desde luego que nosotros formamos, naturalmente, una excepción en la manera de divertirnos.
Muchos son los que ban dicho que
nosotros &lt;tenemos la. alegría triste&gt;, en lo cual han dicho una. verdad inconcusa.. Asientos de antiguas miserias, temores innatos,
atávicos; la. infinita. pesadumbre de
ver á nuestra raza cansa.da., todo
se reúne y se auna. para hacernos
especialmente taciturnos, irremediablemente hastiados.
Hemos llegado á tener los caracteres de la vejez, sin haber sido
adultos. La taciturna y misteriosa
raza. indígena trajo de mundos desconocidos, de los cuales apenas un
v~go recuerdo nos_ queda, va.gas

a.prensiones de un mal terrible y
oculto; cansancio visible, producto
de invisibles esfuerzos efectuados
en é pocas prébistóricas.
Después, la dominación española. dejó un sedimento de odios y
de rencores ioexpresados en el alma
nacional. Sobre nuestra fren te pesan cuatro ó cinco mil a ños de misterio, trescientos de látigo, medio
siglo de sangre y de revuelta. Somos tristes.
Y cuando debemos alegrarnos,
cuando algún pequeño rayo de sol
llega á nuestras almas, es sólo para. alumbrar mejor en ellas los destrozos y las ruina s y aumentar la.
sensación de profundo desasosiego
que nos persigue desde la cuna. El
vino, el &lt;elíxir de vida.&gt; para. los
demás pueblos, sólo excita ea nuestros indígenas ideas melancólicas
que se traducen, en las quebradas
de la. Sierra Madre, en los hondos
barra.neos leja.nos, por eternas quejas de la guitarra, por constantes
sollozos de una canción que parece
un largo suspiro de la. raza. enferma. ....

***

Por eso la alegría. americana,
sajona, es rara para. nosotros. Es
una. franca. emoción de un cuerpo
sano que sabe está listo para la. lucha. y para el triunfo. Hoy veremos,
en gran escala., manifestaciones que
en años anteriores apenas se esfumaban, de esa. alegría. comunicativa. que sabe poner una gota de
bálsamo en todos los indispensables dolores de la vida., y sabe colorear de rosa. todos los horizomes,
por brumosos que se les q·uiera suponer.
Invitan los americanos á su fiesta; invitan con la conciencia. de que
han preparado bien «su día&gt;, y hay
que ir á ver cómo sabe divertirse
esa raza que sabe ha.cerio todo.

***

Teresa Maria.ni, en pleno triunfo,
ha seguido congregando, en el Arbeu, noche por noche, á todo los
que aman el drama alto y noble.
Es admirable la. resistencia de la
Maria.ni. Su repertorio es de los
más vastos; pocas serán las compañías que tengan tanta obra lista
para darse al público y de diversidad tan g-rande. Trabaja. constantemente Teresa Maria.ni; trabaja en
tan disímbolos personajes como la.
«Magda&gt; y &lt;La Dama de las Camelias&gt;, y á pesar de tanto trabajar,
nunca se le ve cansa.da.
Ninguna compañía, hasta hoy,
había. hecho la. campaña tan vasta.,
tan constante, tan vencedora. que
ha. hecho la. Compañía italiana.. La
tenaz labor de Teresa. Mariani explica en algo sus éxitos. Es una
de esas incansables estudiosas para. las cuales el a.r·t e no ~iene secretos, _porque si se empeña en o ponerle alg ún obstáculo, ella se empeña. en vencerlo, y, finalmente
triunfa.. Es la ley del trabajo.
'

***

Modesta como es, la. E mpresa del
Hidalgo ha. tenido una gran idea..
Ha pensado en los pobres, en los
humildes, en los que no pueden gastar una. suma. rela.ti va.mente crecida
en sus diversiones y en sus goces.
Ha abierto una serie defunciones

,!l'ñ,,,.UM J.tJrr,--r,n-~,¡--r• -· ....,.- · - · ·
populares, no solamente porque
son baratas, sino también porque
están escogida s las piezas entre
aquellas más accesibles al entendimiento popular. Nada de dramones
espeluznantes, en los cuales los
raptos siguen á las degollaciones;
nada de grandes problemas sociales de una clase á l a que los espectadores no pertenecen; en cambiv,
mucha buena voluntad, mucha gana de agra dar. Eso es todo.

***
La leyenda quiere que el Bautista llore copiosamente la. tortura.
infligida á la. madre por sus grandes culpas. La. semana, metida en
agua, rezuma. humedad como un
gran sótano sombrío. Los ríos se
desbordan iracundos. En la nebulosa transparencia se pierden los
altos volcanes, en vueltos para. dormir en sus blancos albornoces; y
mientras la. lluvia monótona. tamborilea sus misteriosas sonatas en
los cri~tales, el espíritu, acongojado y triste, se cobija friolento bajo
la gran a.la. protectora. del Hastío.

(!w¿;,_~

....
CRISANTEMOS
I
Fabulosas leyendas orientales
dicen del crisantemo la leyenda,
que.entrafia en dulce simbolo la ofrenda
de exaltadas primicias virginales.

Fingiendo atardeceres estivales
sus corolas deshójanse en la senda,
que señala al encanto la contienda
de áureos deslumbramientos floreales.
Sus péW os, á modo de venablos
de mil luces, á zonas mil alcanzan
?omo flechás de un sol irisdiscente,
y engarzando en sus pétalos vocablos
á. las comarcas del ensueño lanzan
fabulosas leyendas del Orien te.

.

Federico Uhrbach.

EXCURSION fSCOLAR
Cu!llpli~ndo con lo dispuesto por
la D1recc1ón de Instrucción Prima.ria, las escuelas superiores número
4 .Y númer? 9 para. niñas, emprendieron últimamente una excursión
al pintoresco pueblo de Texcoco.
Las excursionistas, presidid as
por el Inspector de E scuelas, Sr.
Cervantes N oreña, visita.ron el
Molino de F lores .y la fábrica. de
vidri(!, siendo e!l ésta. obsequiadas
con diversos ob¡etos fabricados en
su presencia. El Sr. Cervantes hizo
una minuciosa explicación á las
a.lum1;1as del origen de aquella. industria y de los procedimientos que
en ella se emplean.
L as peque!iuela.s fueron galantemen te a.tendidas por las autoridades de Texcoco, y obsequiadas con
flores por las niñas de las escuelas
de aquella. población. .

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LA[ EXCtJRSJóN J:scp¡,An A ~coco.-SRUf'O DE.;Rj FESORAS Y ALUM~is PE ¡¡A ~sc-pEi:,A Stll'lil!UOR NÚMERO 4.
(Fot, de L. Sllloeo),

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO llUSTRADO

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Gré3M~íKAb l
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~

Atentado salvaje en Haítí.-Actos d(herencias regresívas.-Complícaciones posíbles.-Polítíca americana.
La Convención Nacional Republícana.-Su plataforma y sus candídaturas.-La guerra en Extremo
Oriente.-La escuadra de Puerto Arturo rechazada.-Informes contradktorios.-Las operaciones en Manchuría.-Uníón de los generales japoneses.-La posición del general
en jefe de las fuerzas rusas.-Tristes revelaciones.

1
1

1.

G

ON gran asombro del mundo americano,
y con profunda tristeza por nuestra parte, pues nos duelen los extravíos de los latinos
de nuestro' continente, se ha desarrollado en la
capital de la minúscula república de Haití,
una de esas escenas que apenas pueden concebirse en los comienzos de la vigésima centuria.
Un grupo de soldados armados encargados de
dar·guardia en el Palacio nacional de Port-auPrince, más bien una partida. de facinerosos,
apedreó á los Ministros de Francia y de Alemania, cuando pasaban en carruajes abiertos
por frente á Palacio, acompañados de sus esposas.
Sorpresa, pasmo, indignación experimenta
el espíritu más sereno a.1 contemplar esos hechos qi:e son indignos de la cultura moderna,
y que, mal que nos pese, son desdoro y oprobio
para la. America latina, pues no faltan gentes
que, con poca ó ninguna lógica, atribuyan á la
generalidad de los pueblos jóvenes de nuestra
raza lo que sólo es atributo de ciertos caracteres ex:cepcionales, desarrollados á favor de
determinadas circunstancias de lugar y de
tiempo.
Si el salvaje atentado se hubiera cometido
al calor de un motín popular por las turbas
ignaras, aunque no disculpa, el hecho encontraría explicación en la psicología de las multitudes, fácilmente irritables y capaces, en el

ardor de una lucha de encrucijada, de cometer
los mayores disparates, al amparo de su mentida irresponsabilidad de niños malcriados.
Pero en el caso de Haití, faltan todas estas circunstancias. en esa explosión de herencia re•
gresiva nada hay que explique siquiera el
atentado.
Y pensar que con una simple satisfácción, en
meliflua nota oficial, quede terminado el inci·
dente, es pensar en lo imposible; ya marcha
rumbo á las aguas haitianas un buque de guerra. alemán para exigir reparación más cumplida, y no sería de extrañarse que un barco
francés tomara idéntico camino con igual objeto. Y comenzará la serie de las humillaciones, y no faltará quien hable con resabios jacobinos de internacionalismo, de abuso de fuerza, de preponderancia contra el derecho y de
otras cos&amp;.s por el estilo más ó menos dulces,
á los demagog-os, hasta llegará acusar de ineficaz la doctrina Monroe, porque no acude con
toda la grandeza de su origen en apoyo del
débil y en auxilio del menesteroso; y sí hay
que acudir, pero para aconsejará ese débil que
conculca. ajenos derechos, que sepa respetar
á los otros para poder ser respetado.

*

* Chicago la gran ConAcaba de celebrarse*en
vención Nacional del partido republicano, la

cual, después de aprobar la plataforma que es
la expresión de los principios adoptados por esa.
importante agrupación política de la Unión
Americana, ha lanzado á la faz de la nación
sus candidatos para Presidente y Vicepresidente de la República en la próxima campaña
electoral, proclamando á Roosevelt y á Fa.ir·
banks, los porta-estandartes de la marcha. concertada por el partido, en favor del país.
Detengáwonos un momento á considerar los
puntos más salientes de la. plata.forma republicana, la cual hoy, como en el período primero
en que fué electo McKinley, da. mayor importancia al parecer á. las cuestiones internacionales, quizá porque las de polítici. interior tienen firmes raíces en la concie!lcia pública y no
necesitan de exponerse en documentos de esta
naturaleza.
Apláudese, ante todo, la actitud asumida por
el gobierno federal oiln los asuntos de Panamá;
préstase grande y decidido apoyo á la política
de la «puerta abierta&gt; en China, aprobando
con decisión la marcba del mismo gobiel'DO en
sus relaciones con el Celeste Imperio, y si al
hablar del nuevo tratado celebrado con China,
no se hace alusión alguna á los actuales
acontecimientos de la guerra rusojaponesa,
tan íntimamente ligados con esa política, es
porque la cuestión es de suyo delicada; pero
bien se traslucen las simpatías en favor del

Imperio del Sol Naciente, quien por lo menos
en la apariencia es, en estos momentos, el paladín de las ideas americanas.
Todo esto como es natural, está en perfecta
oposición c~n los principios que proclaman los
demócratas, quienes en el último período de
sesiones de las Cámaras ferlerales, procuraron
en cierto modo contrabalancear las que llaman
tendencias imperialistas de los republi~anos,
-al tratarse principalmente de la aprobación del
tratado celebrado con la novísima. república
de Panamá.
y en medio de estas doctrinas contrarias,
hay que observar una circunstancia que forma
la fuerza ahora del partido republicano: este,
compacto y unido en una sola aspiración, ha
podido presentar sus candidatos; tiempo ha
que se anunciab~ la reelecció~ de Roosl:velt,
como un desideratum del partido; la. designación de VicepresidPnte era cuestión secunda.ria1 que se ha resuelto al fin con unánime
apl auso y en medio de unas manifestaciones
que nos recuerdan los tiempos de Lincoln. Por
su parte los demócratas todavía no logran p~nerse de acuerdo ni sobre los puntos de doctrina ni sobre los de personas; todavía no tienen
un candidato de prestigio bastante para podado presentar con probabilidades de éxito
frente á la candidatu~a republicana. E~peremos á que se abra la Convención de St. Lo~i~,
á ver si para entonces ya han cesado las d1s1dencias que dividen y apartan á l~s demócr~tas· si así no es desde ahora, y sm darse aires1de profeta, puede predecirse ~u próxima
derrota en las elecciones de noviembre.

*

* apartadas regiones
Y'mientras, allá en *las
del remoto Oriente, el drama tremendo de la
guerra sigue desa!'rollándose en sus diversas
fa.ses sombrías, sin que decaiga ni por un mo-

GUERRA RUSOJAPONESA,-UN DESEMBARQUE DE TROPAS JAPONESAS,

eleva. así las perdidas de los rusos, hay no.ticias de origen chino, es vei::dad, pero ~1 fin lll·
formes como otros cualesqmera, que dicen q_ue
ningún buque de la escuadra rusa se perdió.
En una nota digna de tenerse en c~enta, en u!l
cablegrama que se dice parte o_fi~ial del almirante japonés, asegura el hundimiento del «Pe-

Sea como fuere, la. hazaña del contralmi~an·
te Wietseft será una muestra de su arrOJ? Y
valentía.· ~ haber contado con la cooperación
de los b~rcos de Vladivostock, que sin duda
esperaba, y que no tardarán en estar presentes á otra nueva intentona, podrá dar un_ golpe de importancia contra las flotas enemigas.
El comba.te naval fué contrario, sin embargo, á la esc_uadra. rusa por la acción de los
destrovers ¡aponeses, que en esta vez como en
otras, han sido muy bien manejados.

*

* * más detall~das, son
Menos precisas, aunque
las notas que se refieren á las operaciones por
tierra. A vanza~do de Fen~ua!lch_eng, el general Kuroki, casi desde el dia siguiente á la batalla del Yalú, !se ha ido extendiendo lentamente, pero con paso firme y seguro, l?rocurando envolver el flanco de las tropas rusas. Su
avance hacia Siuyén ha marcado uno de los
puntos más importantes, y el haber atravesado los pasos y desfiladeros que lo sepa.r9:ba!1
del grueso de los moscovitas y de sus pr10c1pales posiciones, es á no dudar, de trascendentales resultados para la suerte furnra de la
campaña, como lo confiesan los jefes del Estado Mayor del Ejército ruso, residentes eQ San
Petersburgo. Agréguese á esto el referido
avance del general Oku, de quien se dice que
ha efectuado la anhelada yunción con su cole·
ga, y se comprenderá la. ans.ied!l.d que reina en
la capital de todas las 'Rus1as, á la hora pre~º~

TOKIO.-GRUPO DE OFICíALES DE LA ARMADA Y DEL EJÉRCITO JAPONÉS
y ATTACHÉS MILITARES DE LAS NACIONES EXTRANJERAS.

~UERRl RUSOJAPONESA,-LAS FUERZAS DEL GENERALOKÚ
ASALTANDO UNA POSICIÓN ENEMIGA,

GUERRA RUSOJAPONESA.-ZAP.ADORES RUSOS CONSTRUYENDO
TRINCHERAS EN PUERTO ARTURO,

mento el interés que despierta, basta en los que
como nosotros presenciamos la dolorosa y terrible escena sin los prejuicios y prevenciones
que ahora á los demás ciegan. Dos hechos de altísima importancia. sobresalen de entre los acontecimientos que se suceden en el campo de las
operaciones con pasmosa rapidez, después de
las lentitudes de los pasados días: la frustrada
salida de la escuadra rusa de la bahía de Puerto Arturo, y los movimientos de avance de las
tropas iaponesas. en que parece que los generales Okú y Kuroki han logrado lo que pretendían desde hace tiempo, unir sus elementos de
combate, para lanzarlos de consimo cootr~ el
grueso de las fuerzas del general Kuropatkrne,
que era el objetivo de sus maniobras anteriores.
Han pasado ya. seis días desde que el bravo
contralmirante Wietseft intentó en vano con
sus buques, y después de una labor lent3: y
trabajosa para poderlo_s tener todos en act1v?
servicio hacer una salida, buscando el enemigo al c~al consideraba superior P.n número;
co~enzó por limpiar la babia en lo posib.le de
las minas que en este largo período de rnacción habían dejado los japoneses, y después
se diri¡1:ió rumbo al sur, pensando que podía
tal vez burlar la estricta vil!'ilancia del enemigo. Vana esperanza: ya. el Almirante Togo tenía conocimiento de la marcha, y destacó sus
flotillas de torpe".leros y preparó sus di visiones de cruceros y acorazados para rechazar á.
los barcos prófugos y volverlos á su obligado
encierro. Han pasado seis días, y todavía las
versiones que hasta nosotros llegan no están
acordes en los puntos principales, y difieren
basta en lo e!lencial, como es la pérdida de buques rusos que unos hacen ascender á cuatro:
uno echado á pique por los torpedos japoneses, el a.corazado«Peresviet,&gt;y el «Sebastopol&gt;
con grandes averías, remolcado con el crucero «Diana&gt; al interior de la bahía, y un tercer
acorazado que se dice encallado en los bajíos
del cerro del Tigre. Y mientras esta versión

resviet&gt; sólo porque DO se le vió entrar en la
bahía cuando los otros barcos volvieron. Es
verdad que en otra ocasión, se dice que el torpedero japonés «Chakimura&gt; clavó dos torpedos en el .flanco de un ha.reo ruso del tipo
del «Peresviet:&gt; siempre quedará cierta. duda
sobre el asunto, hasta que lleguen datos cabales, principalmente de fuente moscovita.

.

Pero hay algo más grave y que ~ nuestra
consideración tiene más trascendencia: es la
serie de revelaciones que se atribuyen á un
oficial superior, quien, se dice, en ~na confidencia íntima ha hablado en térmrnos alarmantes de la falta de disciplina entre los oficiales del ejército que es á las órdenes del general Kuropatkine. Si fueran ciertas esas revelaciones, en ellas más que en otra parte, se hallaría la clave de los repetidos fracasos de los
rusos, en los campos de Manchuria.
29 de junio de 1904.
Z. Z. Z.

GUERRA RUSOJAPONl']S.A,-U~.A SECCIÓN JAPONESA DE TRANSl;'ORTJ!:S :¡!:!'{ QOll!!!.A,

�EL HUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Esctnas dt la Uida ]apontsa
l. Interiores

O que más lle.me. la. ~tención en los interio•
[ res japoneses, es el a.seo minucioso, la. lim·
pieza. ble.nea., glacial.
Esteras irreprochables, sin una.. a.rruga, sin
una mancha, sin un sucio. Paredes de papel,
puestas sobre bastidores de correderas que pueden entrar unas en otras, 6 si se quiere, quitar•
las completamente; apenas dos 6 tres pequeñas
pantallas colocadas aquí 6 allá, una tetera y
un gran florero en que crece el lotus, y nada
más.
Las ensambladuras no tienen, por lo regular,
ninguna. pintura ni barniz; pero la.s hacen ca.•
ladas, con caprichosa coquetería, muy fin amen•
te dibuja.das; y conservan al abeto nuevo toda
su blancura., por frecuentes lava.dos con ja•
bón.
Los pilares de madera que sostienen la armadura, los labran con la. más espiritual fantasía., con singular capricho. Tienen unos formas geométricas de perfecta. precisión, y retuércen~e otros como aí'iosos troncos de árboles, a brazados por bejucos y plantas sarmentosas. Por dondequit•ra se ven escondrijos 6
secretos; nichos pequeños y pequeílitos armarios que disimulan del modo más ingenioso é
inesperado, en medio de aquella uniformidad
inmaculada de un papel blanco como nieve.
Río en mi interior cuando recuerdo ciertos
salones llamados &lt;je.pone~&gt; atiborrados de mil
objetos y revestidos con ordinarios bordados
en oro sobre raso de seda, que tanto he visto
en casa de nuestras bellas parisienses. En
Francia tflnemos los objetos de arte para gozar,
para disfrutar de ellos; pero en el Japón los
tienen para encerrarlos bien rotulados en una
especie de aposento misterioso, subterráneo y
cercado por una reja de hierro, lugar ese que
llaman &lt;godoun&gt;. Sólo en muy contadas veces,
y como prueba de honor que se hace á una visita distinguida, se abre aquel sitio impenetrable. En resumen: aseo minucioso, excesivo;
esteras muy blancas; madera blanquísima
también; una sencillez aparente, extremada en
el conjunto, y á un mismo tiempo increíble
preciosidad en los detalles infinitamente pequeños, tal es la manera de comprender el japonés
el lujo interior de sus casas.
11. Paisajes

En clara mañana. de octubre y con brillante
sol levante, balí de Yokohama en dirección del
interior de la isla Nippón, pero sin lugar determinado.
Iba.me á Dios y á la ventura ....
En nuestros carritos, rodados por hombrescorredores, emprendimos nuestro viaje en gran
parada. Rodábamos muy ligero y cortábanos
la cara el aire frío y penetrante del otoño.
Por más de una hora recorrimos el &lt;Toka Ido&gt;
(6 &lt;camino del mar Oriental&gt;), que es la más
grande y más anti¡rua vía de comunicación del
imperio japonés. Cuán larga es, llénala una
ininterrumpida hilera de tiendas, ventas de té y
casas de hospedaje. Vense unas, aunque elegantes, pintarrajeadas, con fa.roles y banderolas de papel; otras-y éstas forman el mayor
número-son muy reducidas y puestas negruzcas por el tiempo. De más sería decir que reve-

la.o un aspecto de extremada vejez. Y lo de
siempre: paredes siempre de madera; techos
muy altos-todos entre los rastrojos -y uniformemente coronados con cierta especie de melena verde, 6 sea una plataforma de hierbas y de
hojas de iris, que se ha formado por sí misma
en la cúspide de cada casucha. A nuestro derredor des.filan paisajes gentilísimos; colinas
llenas de verdura; pequeñas pagodas colocadas ingeniosamente entre los árboles, á trechos
convenientes; en fin, frescos y abundantes arroyos cubiertos de hermosos bambús.
Gentío inmenso se agita en este &lt;ca.mino del
mar Oriental&gt;; es un vaivén continuo. Gritos
de vendedores, risas, abrazos, encuentro y saludo de hombres muy listos y avispados que
corren como gamos; que se detienen un segundo en la puerta de cualquier figón para devorar un plato de arroz y tomar una taza de té, y
luego volver á correr con toda fuerza en sen•
tido inverso. Hállanse también algunos caballos empenachados con arambeles multicolores;
pero, sobre todo, hombres-corredores, hombres
cargadores, hombres que hacen todos los oficios
de fuerza y de velocidad quA en Europa sólo
se imponen á los animales. Ruedan unos á pasos largos en los cdjin- richi-ka&gt;, las graciosas da.mas pálidas y los feos señoritos japoneses. Otros, más fuertes, más lentos, suma.mente
rechonchos, pero puro músculos y vigor, se
pegan como bueyes á pesadas carretadas de
piedra. Y una procesión de gente del pueblo
que lleva en unas va.ras paquetes de arroz y
bultos 6 líos de telas; cajas de porcelana y
enormes jarrones (imitación de la China), que
son para exportar; van como en cortejo, á espaldas de hombres, embutido, cada vaso de
aquéllos, en un estuche de paja, como nuestras
botellas de champaña. En fin de cuentas: es
aquel movimiento toda la vida de una. grande
arteria comercial, en el más extravagante país
del mundo.
Al cabo de una hora larga de viaje, salimos
del «Tokaldo&gt; para entrar en campiñas tranquilas y senderos en los que se ven nuestros
&lt;bombrescarrera&gt;, oblie-ados á moderar su
precipitada marcha 6 loco andar.
Habiendo penetrado en una serie e.e pequeñas a.venidas. que se repiten todas iguales y se
suceden unas en pos de otras, pero todas entre
sí y de la primera á la ú !tima. de invariable semejf!.nza.
Seguimos las sinuosidades de aquellas especies de corredores 6 pasadizos de verdor vivaz,
pero ~eniendo por todas partes y constantemente limitado el horizonte por colinas frondosas, de contornos graciosos que también se
repiten 6 reproducen, como aquéllos, con parecido invariable. Los árboles tienen un verde
muy bello, amar illento á intervalos, por la acción del otoño. A lo largo del camino no se
ven más que arrozales y campos de mijo; 6
bien, verjeles en que los árboles .:ruta.les, todos
de una misma naturaleza particular al Japón,
están cargados con frutas de bellísimo color de
oro.
Cuanto más nos internamos en nuestro derrotero, más tranquilo se presenta. todo, después
de la agitación y movimiento de lá gran vía,
Se nos hace no sólo apacible, sino pastoral, si
se quiere, y hasta con vivos de aires de otros
tiempos.
De rato en rato vemos aldeas, como escondidas en el monte. En los alrededores trabaja

la gente la tierra. Acostumbran los campesinos usar largos vestidos de algodón, generalmente pinta obscura; 6 también vense algunos
casi desnudos, enseñando sus cuerpos amarillos. Horf'bres y mujeres, con el cabello muy
crecido, se ponen unos pañ:ielos, color azul
claro, y se los sujetan por debajo de la barba
con un lazo á la usanza de: &lt;Buenos días, misia Panchita&gt;.
Al acercarse uno á los villorrios, una :gro·
digiosa cantidad de muchachitos salen corriendo, con sonrisas ingenuas y a.grada.ble semblante, á vernos y á hacernos, á pesar de su edad,
cortesías é inclinaciones de ceremonia.. Caritas
de gatos; cabecitas afeitadas, mejor dicho, rapa.das á trechos, como jardín inglés, con plata•
bandas de cabellos sobre las orejas, y, hacia
la nuca, ciertos puntos redondos de donde salen coletas impagables.
Las hembritas, desde que tienen siete ú ocho
ailos, llevan á caballo en las espaldas un hermanito menor, al cual maltratan 6 aporrean
cuando juegan 6 corren, pero que ríe 6 duerme
sin llorar jamás. Ponen al bebé '&gt;Obre la espalda de la hermanita mayor, tan bien sujeto
por medio de fajas de género, que los dos palmitos cree uno que son de la misma persona..
Por delante de las casas hay jardincitos muy
bien atendidos, cercados de bayas bien podadas y muy bien dirigidas. Junto á algunas flores desconocidas, crecen las dalias como en
Francia, &lt;zinlas&gt;, margaritas-reinas, rosas de
Bengalas-más chicas que las nuestras y más
colorada.s,-y, naturalmente, anémonas del Japón. En vez de los manzanos de nuestt-os campos franceses, cubiertos en esta estación de
manzanas amarillas 6 rojizas, aquí, siempre el
mismo árbol: el ckaki&gt;, de follaje semejante al
del níspero, y frutas de color dorado más brillante aún que el de las naranjas.
El en que nos encontramos ahora, es un J apón enteramente campestre, 6 mejor dicho, lugareño. Muchas pagodas por todas partes. El
pueblecito más pequeño tiene dos 6 tres, levantadas siempre sobre montículos, á la sombra
de grandes árboles. Se sube á la,; pagodas por
escaleras rectas, con gradas de madera 6 de
granito, y teniendo que pasar, indefectiblemenre. bajo dos 6 tres pórticos religiosos llamados
&lt;Tori&gt;, de forma-sin error,-una misma, pero
no sé en qué rareza. misteriosa envueltos.
Nuestro camino no sube ni baja en medio de
los arrozales segados y del mijo recién cortado
y aún verde. Estamos siempre en campo raso,
campo sin desigualdades; pero también siempre
estrechados entre esas mismas colinas que nos
cercan como una prisión.
Por más fresco y risueño que separa.da mente
se presente ca.da vallecito, el conjunto es monótono y hasta triste; y creemos débase esto á
la impresión que tenemos de haber dejado de•
trás de nosotros unos idénticos á é3tos, de los
cuales tendremos que volver á salir por esta
conocida ya y única vía.
Repetirnos que estos sitio~ se reproducen 6
repiten, se cruzan, se enredan ó embrollan como un laberinto; pero, á la larga, oprímese el
pecho al verse uno cada vez más adentro en este país amurallado, sin horizontes, sin perspectivas ... .

~-'-------'

GUERRA RUSPJAPONfSA.-L• oscuadra del Al11lranto Togo maro~aado l todo npor dnpués de un ataque á Puerto Arturo.

PIERRE LoTI.
[D111 Academia francesa.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

fnel "Cotillón Oub"
Hace pocos días se efectó en el «Cotillón Club&gt;, uno de los mejores centros de recreo establecidos en la Metrópoli, un baile que se vió concurrido
por numerosas familias y que tuvo un
lucimiento extraordinario.
Eotre las damad concurrentes se encontraban la. sellara de Clark y las
Sritas. Dolores Cárdenas, Carmen
Tinoco y Cora Mitchel, que vestían
lujosos trajes japoneses; María y
Amelia. Aguilar, Adela. y Dolores Tovar, Ioés Leonard, María. y Juana
Mendizábal, Jeonie Blum, Eoriqueta.
Mora.les Pereira., Elisa Ri vero y María Mootiel, contándose entre los caballeros invitados, personas distinguidas de la sociedad mexicana y de
las colonias extra.ojeras.
El salón en que se efectuó la fiesta

fué decora.do con derroche de buen
gusto, siguiéndose en todos los
detalles el es,ilo japonés, que los
acontecimientos de Extremo Oriente han venido á. poner de moda, lo
mismo en México que en otros países. Los «carnets&gt;, muy lujosos,
ostentaba.o también artísticos adornos orienta.les.
En cuanto á animación, el último
baile del «Cotillón Club&gt; puede
consider arse como uno de los má.s

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.

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Q)río.'J)oLO~E.~ CARDE-NI\~

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brillantes de la. temporada. El entusiasmo no decayó un solo momento.
Cerca de mediil. noche, las familias concurrentes á. la. simpática
reunión fueron obsequiadas con
un te j apooés.
El baile terminó poco después de
las dos de la malla.na, hora en que
los invita.dos abandonaron el salón, llevando de la. fiesta los más
gratos recuerdos.

�EL Mtl'NDO llUSTlW&gt;O

EL MUNDO ILUSTRADO
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So\.

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Página~ de la Moda

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'"!'·

GRUPO NÚMERO

GRUPO NÚMERO

EL

Verano de Méxic,&gt; es muy exigente
para la moda femenina. En esta_ capi•_
tal las lluvias y los frecuentes camb10s de
temperatura, hacen que no sea posible aclimatar una moda en las telas ó en los sombreros por ejemplo. Por eso verán nuestras
lectoras que ponemos empefio en presentarles diversos figurines en los que entran desde las vaporosas muselinas, basta el grueso
paño de damas.
Ya que ·1a estación dispensa la clase de la
tela, la moda exige el estilo y el corte que
variado y elegante encontrarán en esta sección fiuestras lectoras elegantes.
Véase si no, los trajes de salón que com ponen el primer grupo de n).lestros figurines:
frente y espalda de un traje de foulard ver•
de nilo de falda amplia guarnecida con escarolas de listón crema, figurando peto otra
. escarola del mismo listón. Talle liso simulando una chaquetilla con cuello de guipiur
crema· manga suelta con una bomba de esta tela' sujeta al puño con un listón. Cinturón de plata con pasamartería.
La figura del centro viste traje de paño de
París con delantero recto con tres tablones
que bajan basta la medianía de la falda,
abriéndose más abajo en forma de abanico;
la falda es sencilla y elegantisima. Forman
la blusa grandes alforzas cerradas con un
alamar de pasamanería de seda; este mismo
forma el puño de las mangas, que son aro•
nlias y sencillas.
.. Es la falda del tercer traje forma.da por

un volante guarnecido con cintas de seda
azul pálido, siendo el traje de cheviot azul
marino. Un peto ondulado sujeta á la cintura la falda. En el busto no hay que olvidar
el cuello de surah azul pálido con una corbata blanca de encaje.
No vacilamos en calificar de excepcionalmente bellü el figurín que descuella en el
segundo grupo, que conversa en la terraza de
una villa. Es una dama que dei,cansa en
amplia poltrona. Es un traje de pafio color
de avellana. La falda es de alforzas que dibujan graciosamente las curvas y que se
encuentran con el alto festón del mismo pa•
fio adornado con aplicaciones bordadas. El
corpiño es liso, abierto ligeramente, dejando
ver un chaleco alto de pafio blanco con botones esmaltados. El cuello es de estilo americano volteado, cerrándolo un lazo de terciopelo rojo. La manga va sujeta al brazo
al formar el hombro.
Un traje marino y otro de falda, hechura
sastre, se ven al centro, y al fondo la ·espalda del descrito anteriormente.
·
Por último, describiremos el otro trafe de
visita, de crepé color guinda con lunares de
seda blancos, la falda amplia sujeta á un
cinturón de raso blanco en grandes tablones;
camisola de pongé de P.eda ·blanca sujeta á
la cintura; dos guarniciones de aplica.ciones
de encaje al centro del talle; cuello y pufios
de encaje bordado.

La. moda en los sombreros no ha cambia-

do aún, como se verá en los que lucen los
figurines del segundo grupo.

***

Incluimos también en las presentes páginas de la moda, un modelo de traje estilo
((reforma,, para visita; otro de sombrero de
paja, con adorno de plumae y un grupo de
sombrillas de color claro muy á propósito
para_la ¡,resente estación.

4+
CROQUIS PARISIENSES
LA ULTlMA B!Rii!CA

· Dónde está este año? ¿Se ha vuelto á
ab~ir, no más que por abrirse? ¡Ah! ~o lo
creo, ni para ella misma lo deseo. ¡Quién
sabe si las planohas que la levantaron han
servido de urna á los que las erigieron, y
mejor es que siga olvidada!
Porque entiéndase bien que no es de las
casillas del boulevard de las que quiero yo
hablar; no. No es de esas casillas opulentas,
que conocen el lujo del adorno, forradas sus
paredes de encajes é iluminadas con tres
lámparas de petróleo.
Es la desventurada barraca, la que vi establecida en un extremo sombrío del boulevard desierto, lejos del hormigueo central
de París, en cierto punto no concurrido, pero donde el alquiler era menos caro.
¡Menos caro! He a_hí precis~mente lo qu_e
decidi6 á aquel infeliz comerciante de chmpa- fabricante por obra del acaso,-que
pretendía co?j_urar la mala for~una, cuando
sólo hacía pmicos en un negocio que no conocía.

ME

ncuerdo perfectamente de la última
barraca ó casilla de vendedor, del año
pasado; de aquella pobre, mísera barraca
cuya historia nadie ha referido, pero que no
obstante todo el mundo debió ver y notar,
pues justamente manteníase en pie mucho
tiempo después de las otras.
¡Oh! barraca desgraciada que luchó contra
la mala suerte; que luchó contra todo, hasta el extremo de traspasar la época concedida, de correr los riesgos de la contravenci6n ·
barraca que quería vivir por sobre todo,
la que sólo alcanzó prolongar un tanto más
su_infeliz agonía.

y

·

Porque si hubiera estado al corriente de
las cosas, en los palitos, como yulgarmente se
dice habría sabido que el primer truco del
competidor es tstablecerse en el corazón, en
todo el centro de la multitud, en plena concurrencia, cierto; pero también en plena
actividad.
Ignorante y sencillo, prefirió aquel hombre aquel barrio extraviado, donde tenía
menos que desembobar para poder abrir la
tienda pero donde menos tenía el ensordecedor bullicio y victoriosa ·gritería de sus
vecinos.

2

Y allí plantó su miserable venta, como si dijéramos desperdigada, á la orilla de una acera por la que
nadie pasaba, frente á unas
casas en fábrica cuyos almacenes, al caer la noche, aparecen como profundos y sombríos mechinales.
S6lo había por toda compañía, y única, dos faroles
que proyectan en el suelo
unos rayos largos y lánguidos de luz rojiza.
En tanto, han pasado los
días; y unos en pos de otros, se han llevado
un jirón de esperanza.
De trechos en trechos muy largos se presentaba un transeúnte, quizás perdidoso, y
se detenía delante de aquel cabo de vela encendido, muy parecidó á esos farolitos que
alumbran el frente de las raeas en construcción. Se paraba, asombrado, antes que todo,
porque nada compraba; ó para preguntarse cómo se bahía tenido y acalorado la
idea de abrir una casilla en semejante inadecuado sitio.
Apenas se paraba un instante, en el acto
. se iba, huyendo del chillido áspero y monótono del vendedor, y más que todo, del aspecto feroz de aquel marchante famélico,
que- ante61 que otra cosa parecía una arafia
emboscada en el respiradero de un subterráneo, pronta á avanzar sol&gt;re el, objeto.
El hombre se ponía más áspero, se hacía
más feroz y famélico á medida que los días

pasaban, á medida que en su fuga vana y
rápida, devoraban la esperanza.
Y pensaba en su mujer y en sus hijos, que
esperaban el resultado dt, aquel duelo impotente contra la pobreza.
Pero ya toda ilusitín murió:-desvaneciéronse las esperanzas. Los copos de nieve
caen como hilas; la voz del vendedor se va
apagando; los paseantes apuran el paso, y
cada vez se ven menos y meno~, y como en
torbellinos penetran los copos hasta el fondo
de la barraca.
Los juguetes parecía que fueran de azúcar; y la llama de la lámpara semejábase á
una mariposa amarilla sobre la cual se encarnizara una bandada de otras blancas.
Por fin, una mañana vi á mi hombre que
desmontaba su casilla y empaquetaba sus
trebejos, sin tener el valor, siquiera, de probar fortuna esperándose un día más.
· Tenía entumecidas las manos; temblában-

�EL ?CUNDO ILUSTRADO

Et MlJNDé) !LUSTRADO
le los dedos y veíañsele heqchidoq de lágrimas los ojos.
De cuando en cuando veía al cielo cQn mirada vaga, tonta, estupefacta. Contemplaba c6mo al caer la nieve formaba con sus copos, como vellones helados que el invierno cardease, y contemplábalos como si quisiera acodarse
sobre aquel siniestro colch6n y dormirse en él para siempre.
¡Y fuese el hombre de la última barraca! Desgraciado!
¿Qué es de él? ¿Qué es de sus hijos, á quienes llevaba
un coche entero de juguetes, pero ni siquiera un mísero
pedazo de pan?
J. RICHEPIN.

00

S0L1\. • • •
ABIA trascurrido mucho tiempo y la toca negra de
su luto perpetuo adornaba siempre esa frente blanca y ocultaba su rostro bello de virgen oriental.
Sus cabellos negros caían sobre su espalda en desordenados bucles, y el sol airoso quebraba sobre e!los sus potentes rayos.
Vivía triste; incansable en su sufrimiento, devoraba ~n
silencio con ansia suprema las horas melanc6licas que le
traían el recuerdo de sus días felices, de sus gloriosos
triunfos ...... ..... .
Lo había amado mucho; en él había vinculado su amor,
sus esperanzas; pero ya cuando creía ver cumplidos sus
anhelos, la muerte se lo había arrebatado.

H

UN ALMUERZO AL AffiE LIBRE.

UN &lt;GENERA-L DE DIVISIÓN&gt;.

chachos de los barrios, guerras en las cuales
resultaban varios heridos y uno que otro
muerto.
Hoy, afortunadamente para el buen nom•
bre de la capital, ha terminado esa salvaje
diversi6n y la verbena s6lo se reduce á las
fiestas que se hacen en los establecimientos
balnearios y á la venta, en el z6calo, de kepis
y de fusiles de madera para los nifios.
En este día ( uno de los más felices del
afio 11ara los pequefios) se forma todo un
ejército de valientes en miniatura, pues desde el nifio rico que se habilita de general,
hasta el nifio pobre que s6lo puede llegar á
recluta,, desfilan por esas calles armados y

Todaa las noches se dirigía al (;ementerio. Una noche
muy triste, una noche en que el viento, meciendo fúnebre-

l

•. fi

~,r
SOMBRERO DE. PAJA Y GASA PARA VERANO.

mente los cipreses parecía lanzar gemi•
dos extrafios, pude verla. La luna, con
sus reflejos tristes, iluminaba aquel cuadro sombrío, desgarrador.
Ella, con los cabellos sueltos, de rodillas junto á la tumba de su amado,
le hab16 así:
«...... ... y continuaré viniendo. Hace
mucho tiempo que me dejaste sola,
pero tu recuerdo impreso ha quedado
siempre en mi alma. Yo sé que tú me
oyes, yo sé que las quejas que te cuento aquí al pie de tu sepulcro, hacen extremecer de amor tus cenizas; por eso
vengo. En estas noches pálidas en que
esa luna misterio&amp;a, testigo de tus pro•
mesas, derrama sobre tu losa sus reflejos apacibles y extraños, mi pena es
más íntima, mi sufrimitmto es más
cruel.. .... Tu beso de pasi6n aquella
tarde de primavera en que te juré amor
eterno, y la despedida que en tu lecho
de muerte me diste, han dejado sus
huellas prematuras en mi alma. En la "
alta noche, cuando trato de conciliar
el sueño, yo siento que me rondas, y
cuando duermo me despierta siempre

e~ frfo beso que imprimes en mi boca;
pero cuando te alargo mis brazos, cuando te llamo, tu sombra huye., ..
La cita que ~e dí está ya cerca; espérame a~uí; quiero estar contigo, quiero que Juntos compartamos el frío glacial de i?s sepulcro11, pues yo sé que
estando Juntos no habrá noches tristes, la luna brillará clara y apacible
llenándonos de esperanza!?. Entonces
esta toca negra que llevo sobre mi cabeza se cambiará por una corona de
azahares blanc?s como tus promesas,
puros como m1 amor; entonces tu sombra no rondará mi lecho ni sentiré
sobre mi boca ese beso'bel~do que me
llena de convulsiones extrafias ni huirás de mí cuando te llame.... espérame,amor mío; la cita está ya cerca y entonces seré tuya.. ................ »

***

La luna pálida desde lo alto
del firmamento quebraba sus
rayos sobre un manantial de
lágrimas que, corriendo silencioso sobre la baldosa de una
tumba, brotaba de los ojos de

t. ~

r~-- ...
COMPRANDO LA FRUTA DE SAN JUAN.

UNA &lt;AB.ANDERADA&gt;.

la novia sola, que lloraba sobre el sepulcro
de su amado muerto.

marchando con un aire de satisfacci6n en
que se refleja la dulce alegría de la infancia.
Las instantáneas que publicamos representan algunos cuadros de la verbena efectuada frente á una alberca y diversas escenas sorprendidas por la cámara ante los
puestos de armas.

GABRIEL A. VALENCIA,

~º~

El Día de San Juan

***
La '9erl&gt;er,a Popular

La fiesta de San Juan, como otras muchas
del mismo género, que s6lo eran pretexto
para escándalos y riñas en otros tiempos, va
cada año perdiendo adictos y no tardará eh
desaparecer.

Una delas verbenns que con más entusiasmo
se celebraban en México, era la de San Juan,
por ser este día el de gala para los bafios y
el sefialado para las «guerras» entre los muUN PUES'IO EN IL ZÓCALO.

1
..,~

)

~~~{~

r:..':J,-A',,

.,~"~-&lt;r"~J

;

TRAJE DE VISITA ESTILO REFORMA,

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~.

--~/ ,;/'
SOMBRILLAS DE VERANO.

EN EL EXTERIOR DE LA ALBERCA. -LOS &lt;PUESTOS&gt;.

�EL MUNDO llUSTRADO

Comedia
tonto esto de narrar
cosas que pueden verse sólo
con asomarse á la ventana ó
á la puerta. Por puertas y ventanas trepan al asalto la helada, el
bochorno, el tráfago y las impurezas de la vía. pública .... ¡Quién poseyese una urna hialina y en ella
se claustra.se, aletargándose antes
como los milagreros faquires!
Dentro de la urna, tapadas con
cera las aberturas de los sentidos;
revulsa la lengua para obturar la
laringe, allá el dolor que revolotee
y entenebrezca el aire. ¡Dolor! ¡Dolor ajeno, sobre todo! ¿En qué nos
ataiie? ¿No le basta á cada cual su
ración? ¿No es inconcebible tortura
la mera percepción del dolor universal? Si revuela á nuestro alrededor un solo murciélago, nos
cris¡,a, si en una gruta pabellonad~
de sa;tas de murciélagos se nos
aplana encima el enjambre, nos
ahoga. El dolor universal agita el
aire con millares de alas de sombra. No nos cabe dentro sino el sufrimiento propio, ¡y rebosa tantas
veces!
Una mujer-una sirviente, niñera
en casa de modestos empleadospasaba, á fin de orear y dar jugadero al niño, largas horas en ag uel
jardín de plazuela, bajo los árboles no muy hojosos, al pie de_ la
ruin estatua del poeta dramático.
Vigilaba, inquietamente, de buena
fe a.l chico, rubito celestial, aureo-

P

ARECE

PfRfGRINACIONfS
A ROMA, A LOURDfS
Y ATURRA
SANTA

'

'

De acuerdo con los arreglos hechos por H. Junta
encargada por los limos.
Señores Arzobispos y Obispos de la República., para
organ izar una gran peregri·
nación á Roma, según los '
deseos manifestados por Su
Santidad el Romano Pontífice Pío X, el

FERROCARRIL
·CENTRAL
MEXICANO
(que fué la línea escogida.
·para hacer el viaje por St.
Lonis y Nueva York), ha
arreglado que, á fines deO..:tubre de 1904, salgan de esta capital trenes espPciales
compuestos de coches PULLMAN,
y aun cuando la Peregrinación de que se trata, es exclusivamente religiosa, se
ha decidido visitar la gran

Exposición Universal
de St. Louis Missouri

•

Las personas interesadas
pueden dirigirse á las que
subscriben.

Pbro. J. Trinidad' Busu~o,
P'l'esülente ele la Junta.
PaffO(lllia de R,gina.
Mé.,ico, D.F.

w. D. Murdock,
Aoenú Genet•al de Pasajeros.
F. C. Central Mea:ica-no, Patoni, 4

Méa,ico, D. F.

lado de bucles; no le perdía de vista· le limpiaba con la mano las
ar~nas incrustadas en las rodillas
por las caída~ frecuentes y le ~njugabael pasa¡ero llanto con labios
calientes, maternales. Los actores
del teatro fronterizo, al sá.lir del
ensayo, se fijaron en el cupidín y
algunos le atusaron los rizos. Especialmente un representante menos
joven de lo que parecía, faz picaresca y rasurada de estudiante de
la tuna, ojos gastados y curiosos,
embebidos de sensualidad y desilusión, indicó á sus compañeros:
-El chiquillo es divino, pero la
niiiera no es maleja. ¿Cómo te llamas?
-Lorenza.. Y el pequei'io, Manolito; ~n casa le dicen Malito.
-;.Qué edad tienes?
-Veintiuno ..... Malito ha cumplido tres.
-Eres muy rebonita, Lorenza....
¿Hace mucho que sirves?
'
-Del pueblo he venío en agosto,
porque se murió mi madre, y padre
casó á las pocas semanas ....
Desde entonces, diariamente, á la
hora en que el ensayo remata y las
luces del alumbrado no parpadean
aún entre la.arreciada.neblina de las
tardes del invierno, el comediant11
buscó á Loreoza. en el jardinete. El
palique era corto; ¿de qué se va á
charlar con una pobre sirviente,
una lugareiia? Se charla lo estricta.mente ne-cesario para. trastornar
su espíritu hasta donde requie1·e
uoa seducción vulgar y regocijada.
El chiquillo les embullaba; servía
de pretexto á los diálogos. Un día
que consil{uió el comediante llevarse á Lorenza sola á un café vecino,
apenas sabía qué decirla. Faltaba
Me.lito, alrededor de cuyo cuerpo
se encontraban las manos de los
dos personajes del idilio callejero.
Situación al pronto tan desabrida, la salvó el comediante con un
fragmento de comedia apasionada
y romántica, CO!'tada para otro e;,-

€t testJlmEnto

del Ilmo. Sr. Arzobispo Feehan
Los bleaes tueroa nluados

ID

cena.río. Lorenza no había puesto
los pies en el teatro jamás. El que .
nunca jugó, gana la primera vez
que apunt11, á una carta; el que nunca vió representar, no distingue la
ficción de la vida-¡que tanto tiene
de ficciónl-Entregó Lorenzo. aquel
día. todo s\J. ser, cometiendo la. locura mortal de no reservarse el
alma. Cuando volvió al lado de su
niño, Je empujó distraídamente; el
chico rompió en congoja, uno de
esos lloriqueos de criatura queparecen no tener causa conocida.
Vino la primavera. Los actores,
cumplidas sus tareas de Madrid,
buscaron contratas en provineias.
Lorenza supo por el conserje del
teatro que Marinar, segundo galán,
pasaba á un cuadro de compañía.
formadp para. recorrer las ciudades
catalanas. Le esperó, le preguntó
tímidamente, con el encogimiento
noble del amor profundo, cuándo,
dónde volverían á verse. El actor,
previas unas cuantas evasivas, soltó la tardía verdad. . Se iba; y de
todas maneras .... Era casado; tenía ya dos retoños... Lorenza, róás
blanca que su delantal, no le a..iu•
só. no protestó del engaño. Los
golpes de feroz violencia no dejan
acción á la defensa. Tampoco lloró.
Todo se le había paralizado en el
cuerpo; diez minutos permaneció
sostenida por la pared del teatro
después de alejarse Marioer á paso
rápido y cobarde de avergonzado
deudor. De repente los nervios saltaron, la sangre cuajada ardió y
rodó en las venas. Echó Lorenza á
correr hacia su casa-la de sus
amos, su refugio,-y apenas oyó la.
reprimenda de la sei'iora, que la
noche anterior había secreteado en
la alcoba conyugal.
-No sé qué tiene esta chica. Ya
no atiende á Malito; ya no le muda
la ropa; ya ni barre; es un escándalo.
Y el marido, adormilado y deseoso de paz:
-Pues mujer, ¡á la calle con ella!
A la mañana siguiente, Lorenza
desmintió las censuras d'c'l am11,:
nunca fué mejor cuidado, m~s mi-

mado de su chacha el pequei'iín. Le
hartó de caricias y le regaló dos
medallas de plata con la efi~ie de
la Virgen de la Trebolera, unicas
preseas que Lorenza había poseído.
Hizo cuidadosamente las cam'as,
barrió la casa entera, ayudó en la
cocina á mondar patatas y aun
charoló las botas del matrimonio.
Un cuarto de hora antes de servir
el almuerzo salió, empujando sin
violencia la puerta; subió con agilidad dos pisos, del tercero á las
bohardillas, y se detuvo ante la
ventana del rellano de escalera. que
caía al patio. Un vértigo la forzó
á sentarse en el duro banco destinado á aliviar el cansancio producido por tantos escalones. Era la
altura de un quieto piso-cuatro y
el entresuelo. -Lorenza se enderezó
y se aproximó á la ventana, que
entreabrió con cautela. Allá abajo,
las Josas del patio recién fregadas
lucían al sol; en el centro, el hundido sumidero formaba un negro y
férreo ombligo. La. niñera se retiró
amedrentad a ;pensó ad vertirel f, ío,
la. durPza. del ea rejado en el rost1 o,
en las sienes. Entonces se humedecieron sus Jagrimale~. Sentía perder la vida. y no podía sopo,tarla.
Unas chanclas se arrastraron; el
ruido ascendía por la oquedad de
1a escaler11. El portero, morador
de la bohardilla., era ele ~egnro
quien subía á comene su puéhe,.etP.
Lore-nza se irguió; aquel hecho insignificante revestía las p1 oporciones de una sentencia. ¡ Si la encontraba el portero allíl Arrimó
del todo á la pared las hojas cle la
ventana y se inclinó má~. Un hormigueo irresistible en las plantR!I
de Jos pies; una sensación de pueril
miedo de que se le cayesen los 11retPs ...... Se echó las ma.oos á los
:óbulos de las orejas. Entre clientes, sin conciencia, murmuraba:
&lt;JJesús, Virgen de la Trebolera,
valerme!&gt; Y beoda de aire y de tris•
teza, ansiosa de volar, o.o de caer,
se descolgó más,abrazó el vacío y se
abismó, dando una voltertta. y nn
chillido involuntario ....
EMILIA P.ARDO BAZÁN.

á su Derecha.
Siempre que hablamos y tenemos nuestra vista fija á determinado
lugar, habrán Uds. notado que lo hacemos mirando invariablemente
hacia nuestra derecha. Es la ley natural. Tome cualquier día un
asiento en el Paseo y se convencerá de ello. Encontrará el noventa Y
cinco por ciento que inconscientemente voltean sus cabezas siempre
á la derecha.
Cuando vaya á caballo por el Paseo con dirección hacia Chapultepec, vea á su derecha, allí está el

PLACE
Adelante de Cuauhtemoc, pasando la tercera Glorieta, á lo largo de
toda la hilera de eucaliptos y ligada por la antigua Calzada de la Teja, verá un gran terreno dotado con monumentos blancos que muy
pronto se pondrán para indicar las esquinas de las calles.
Dentro de muy pocas semanas verá un buen número de obreros
llevando sus herramientas para empezar el drenaje y colocar los tubos para el agua, y poco tiempo después se harán las calles con aifalto.
No sea Ud. como uno de aquellos que les decía á sus amigos, haoe
cinco años, que los terrenos del

$125,000.

La mayor parte de lo testado con. sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mu•
tua," Compañía de Seguros sobre
la vida, de Nueva York.

Hace pocos dias que se praoticó
la aipei,tum. del testamento del l'lustrisi!mo Sr. Arzobispo ]). Patricio
A. Feehan en la ciudad de (;hicago,
minois. La fortuna del disting1üdo
prelado ascendió á cerca de . . . .
$125,000 oro americano; y según el
inverutario que se ha publicado, los
bienes que dejó fueron somo sigue:
Dos pólizas de • "La.
Mutw1,"
Compañia
de S~ros sobre la
Vida,rle Nueva York,
por $26,000 oro cada
una, ó sean . . . . . . $50,000
)ividendos rucumulados ·
sobre una de 1las póliza,s. . . . . . . . . 9,329
Otra póliza de seguro. 14,000
Acciones en efectivo y
en Bancos. . . . . . 37,000

fx~osi(ión ~e San luis.
cuotas de viaje redondo, en moneda ameri(ana.
Ciudad de México ......... $5R.25
Pach uca.. .. . . . . .. . . . . . .. . 56. 25
Toluca ................. . .. 55.85
Querétaro ................. 51.40
Saltillo ................... 40.05
San Luis Potosí ......... 46.90
Tampico .................. 55.20

Celaya, Silao, Irapuato,
Aguascaliente~ . . ......... $50.90
Torreón ......... .. ........ 4:J.60
Parral .................... 47.50
Guadalajara ....... . .. . ... 5t5.2.'i
Monterrey( ................ 38.15

oro.
oro.
oro . .

se adquirían por una canción. Siga el ejemplo de los demás y compre
sus lotes, obteniendo las ventajas de sus precios. Venga á nuestra
oficina, Primera de San Francisco, número 4, 6 á la de nuestros Agentes Generales, Sres. Prevost &amp; Vail, Primera de San Francisco, húmero 8, y le daremos toda clase de informes, así como una lista de personas prominentes que han comprado lotes en esta COLONIA, donde
piensan edificar sus Casas-Palacios. Vea á alguna de estas personas
que han comprado terrenos en

STILWELL PLACE

oro.

Entre 'l as dispos,lciones del señor
Arzabisipo, en su testamento, se
hicieron est1s.
A su hermana, señorita Ka.te
Feehan, que estuvo siempre con él
hasta su muerte, $40,000 oro en bonos y $26,000 oro en una de las pólizas de seg11lro; á la señor-a. Ana A.
Feehan, viuda del señor Docu,r
Eduardo L. Feeban, hermano del
sieñor Arzobi.s¡po, $5,000 oro de otra
de •l as p0lizas, y $5,000 oro en efectivo; á 'la Academia de San Patricio de Chicago, de la que es preceptora su hermana, Madre Maria
Caitalina, $10,000 oro de la última
ipóliza; á la escuela "Santa Maria"
de ,enseñanza prádica para viaro1D es, de Feehan.ville. ldnois,
que
era la institución ll}Or la que más
se interesa,ba el señor Arozbispo,
se entregaron los $4-,000 r,estantes•
de la última póliza.

STILWELL PLACE

Los boletos son bueno·s para hacer el viaje en cinco días en una
ú otra dirección.-El límite final de los mismos boletos es de 90
días, pero en todo caso no serán buenos más allá del día 15 de diciembre de 1904.--!3e hacen arreglos para apartamentos de Pullman, con camas directas.
DwUev Thomaa. All'ente viajero
de PasaJes,-Apartado núm. 34.
TORREON. Coah..

Dewit Hammond, All'ente viajero
de Pasajea.-la, San Francisco, s.
lllEXICO, D. F.

W. S. f'amscworfh.-Agente General.
1' San Franclsco Núm. 8. M~:dco. D. F.

y pregúntele por qué ha preferido este lugar á otros numerosos que
hay en la ciudad; le dirá la razón y podrá inspirarse para comprar
el suyo.
Uno de los más prominentes negociantes mexicanos acaba de comprar lotes por valor de cincuenta y dos mil pesos en el Stilwell Place,
la semana pasada. No pagó más de diez mil pesos al contado, y el resto lo pagará en nueve años. ¿Cuánto llegarán á valer estos lotes dentro de nueve años, si siguen aumentando en cada año un diez por
ciento, como ha ido sucediendo durante los últimos nueve años que
han pasado?

¡

!

�EL PALACIO
DE HIERRO. S. A.
Galle de San Bernardo

-

MfiXIGO

e

Apartado número 26.

Afio XI-Tomo 11-Número 2

Domingo JO de Julio ,e 1904

Precio del Ejaaplar, 50 cs.

1

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venderemos á precios INVARIABLEMENTE BARATOS.

No dejéis de aprovechar esta oportunidad.

f

Este periódico prepara un gran número extraordinario para el mes de Septiembre próximo:
L

-

~

�Año XI.-Tomo U-Número 2

MEXICO, JULIO 10 DE 1904.

8abscrlpcl611 mennal foránea ......$ 1. 66
ldem
ldem e11 la Capital, S 1, li

Dlractor: LIC. RAFAEL BEYES SPINDDLA
Registrado como a.rtfculo de segunda claae, e-o 8 de Noviembre de 1894.

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Dt.partamtnto de 6tneros dt Jllgodón f antasia
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Rem1tlmos, FRANCO DE PORTE, los pedidos mayores de $ 25.00 cuyo
peso no exceda de 15 kilos.
'

Signorttt Honnorat y tompañía.

--

L

-~~IÍlllll------'ll-..

LAS FIESTAS DEL 4 DE JULIO
et S~ijor C.er,eral Díaz pres~r,clar,&lt;lo
"
lt .,
..los Ju~ioa atlétlcos,-C.rupo &lt;le r,¡;:,
.,0 ~

e"
tr~Je
.,
• lJ r,a &lt;:a.rrera ~ ple
7
.,
..,e azt ecas,,-.sa o ...e savl~ por a.lun,r,os &lt;le! Colea-Jo
'
,. •MJIJt~
·, -r: ur, u.,
...esarn,e."

81rut1: LUIS REYES SPINDOU

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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