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                  <text>UNDO LU5Tf{000
Año XI.-Tomo U-Número 8

MEXICO, AGOSTO 21 DE 1904.

Subsulpcl611 mensual torin11 ......s 1.60
ldem
ldem e■ la Capital.$ l. li

. 8111111: LUIS REYES SPINDOU

Dlmtor: LIC. RAFAEL IEYES SPINDOU
Registrado CODlo articulo de segunda claae, en 3 de Noviembre de 1894.

1

Especialidad en artículos para Iglesia, Oalonería,
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.

1 p

•

Completo y Escogido Surtido de

PAPEL TAPIZ

Mandamos á vuelta de correo todas las muestras que se no
Remitimos, FRANCO DE PORTE, los pedidos mayores
peso no exceda de 15 kilos.

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d: ; z
1

~nOO
· ,. cuyo

Signorett Honnorat y f ompañía.
Estudio Fotográfico
(M. Torres.)

�EL MUNDO ILUSTl[!DO

EL MUND.O ILlJ'STltADO

EL JUEGO Y LA EDUCACION

E

sentimientos, y contribuye á fortalecer la voluntad y á formar el carácter.
.
.
Con tal de que el juego no sea so.ht!l'rio, sm"!
colectivo, ni anárquico, sino disc1phnado, n1
reglamentario sino libre; con tal de que plantee problemas'que agucen el ingenio, _que cree
dificultades que estimulen la inventiva, que
ofrezca ciertos peligros que exciten el valor
y ciertos triunfos que promueVliI?, la emula·
ción; con tal de que a.u.o.que ~e leJOB y de _un
modo general remede las actividades propias
de la vida real, el juego es la mejor escuel!I' de
la infancia y el mejor sistema. de educación,
no acaso para retóricos y académicos; pero
sí para lu~hadores y hombres de. acción, es decir para la mayoría de la especie humana.
Con razón en las Universidades inglesas,
americanas y alemanas, por cada hora de estudio hay otra de &lt;base• ball&gt;, de &lt;foot-ball&gt;,
de«canotage&gt;, de lucha y carreras, y, en sur~a,
de esos juegos colectivos, viriles, á la vez disciplinados y libres que los anglosajones designan con el nombre de &lt;atletics&gt; y con los
que forman generaciones sanas, robustas, valientes, inteligentes y emprendedoras. .
Es evidente que jugando á la &lt;mom1ta&gt;, á
&lt;las escondidillas&gt;, á da canasta de llores&gt; Y
«al toro&gt; (juego este dltimo, que era, y con razón la pesadilla de Don Enrique R~bsamen,
porque, é!ecía, no hay manera de que los nifios
mexicanos jueguen á otra cosa) no hemos de
formar jamás la raza conjura.dora de los reales ó supuestoa destinos manifiestos á que se
nos dice condenados.
Felizmente los &lt;atletics&gt;, aunque á. veces
brutales, comienzan á hacer prosélitos en nuestra juventud juguetona, y si más tarde, en el
parque frondoso de algún centro docente del
país, las clases medias &lt;a.prenden á jugar en
regla&gt;, llegaremos á. ser fuentes de cuerpo, de
espíritu y de voluntad,y á dispersar, con nuestros cantos de regocijo y de triunfo, al enjambre de siniestras aves, agoreras de terribles catástrofes y de babilónicas ruinas.
Y así, sin paradoja sea dicho, jugando habremos salvado á la patria.

L juego es la escuela de la vida. y por serlo,
es la. ocupación predilecta. y la. preocup~ción fa.vorita. de la. infa.noia.. T~dos los a.01males superiores juega.o, y la. ".a.r1edad, la. tena.cida.d ¡ la vivacida.d de sus Juegos revela.o
la. clarividencia. de sus instintos y la. forta.leza
de su intelectualida.d.
Véanse, si no, á. los felinos en particula.r, Y
á. los a.nimales de presa., en genera.!. Apenas
abren los ojos á. la luz y comlen~an á. se.r duefios de sus movimientos, empiezan á. Jugar.
Acechan presas imaginarias, luchan con ?nemigos fantásticos, emprendei:i ha.tallas épicas
y tena.ces persecuciones de hoJ&amp;S secas que caen
de las ramas de vellones de lana arrancados
por la zarza ~ la oveja, se agazapan defendiéndose del insecto que pasa, fingen acechos,
emboscadas y a.cometidas, muerden, desgarran
y despedazan cuanto á. su alcance encuent!ªº•
y practican,en grande escala. y con mar11,V1llosa técnica, la esgrima del zarpazo y de la dentellada. Si logran atrapar una. pr?sa, prolongan su suplicio dejándola,medio viva aún, emprender una fuga bien pronto detenida, una
defensa al instante reducida á. la impotencia,
y todo para prolongar sobre el moribundo los
deleites y las voluftuosidades del combate y
para galvanizar e cadáver y dilatar el momento del reposo.
En el otro extremo de la escala,el cervatillo,
tímido y ágil,ensaya escalamientos imposible~,
se esfuerza,en las puntas de las rocas,en reahzar equilibrios imposibles, emprende huidas
verti¡¡-inosas, aguza el oído, la _vista y el o!fato y adquiere así, jugando baJo el ramaJe ó
sobre la ladera, la agilidad, la. ma.licia, la rapidez de la carrera !}Ue más tarde han d_e ser la
protección de su existencia y la seguridad de
su persona.
El juego no existe, como no existe, propiamente hablando, la infancia ni en los animales
en quienes predomina el automatismo, ni en
aquellos en que la lucidez del instinto es basDR. M. FLORES.
ta.nte á. suplir al cálculo de la. inteligencia. La
larTa, el gusano, el molusco, el crustáceo, º!&gt;
juegan: viven desde el primer mom~nto su v~da monótona y automática de máqurnas rudimentarias, sin ese previo ansa.yo, sin es9: serie
de tentativas más ó menos aborta.das, sin esa
educación, en fin, que para adquirir la plenitud de su desenvolvimiento y de su acción necesitan otros seres.
Tampoco juegan la abeja. ni la hormiga, en
quienes el ciego instinto ha de reemplazar Y, á.
os crímenes pasionales están á la orden
veces con ventaja, las lucideces maravil~osas
del d(a. Los sociólogos, los que tienden á
de la inteligencia. Larvas, necesitan nutrición
explicar los he.!hos todos que presenta el
y protección; seres formados, entran de plano
complejo organismo que llamamos sociedad,
á la vida, al trabajo, á la lucha., sin transición
á. la luz de un criterio netamente físico, que deperceptible ni preparación alguna necesaria.
jan las altas elucubraciones, gratas á los penSufrida su definitiva metamorfosis, saben ya
sadores, para otras edades y que pretenden sotodo cuanto necesitan saber, y pueden, de primeter al hombre á. las inflexibles leyes de la
mera intención, cuanto deben hacer. Cosechar,
animalidad, dirían que el desarrollo de la crialmacenar, cuidar de las larvas, construir niminalidad en su3 manifestaciones pasionales,
dos maravillosos, encontrar y realizar equilisedebe,especialmente,á la influencia de las albrios portentosos de potencias y resistencias,
tas temperaturas que la canícula trae consigo.
escoger materiales, emprender saneamientos
Creerán los otros, los amigos de la. educaal par y aún mejor que los ingenieros, los arción religiosa especialmente, que el desarrollo
quitectos y los higienistas; mandar como los
de los delitos de sangre, de origen amoroso,
estadistas, obedecer como los ciudadanos, tose debe á la falta de una educación netamente
do en esos seres privilegiados es intuición,
moral, que haga del hombre y de la mujer una
don divino, resultante complexo y maravilloso
máquina temerosa de Dios. ¿Quién tiene razón
de una organización preestablecida y ajustada
entre
ellos?
matemáticamente como un cronómetro.
De las pasiones que levantan y sublevan el
Mas no bien el insUnto, sin desaparecer,pues
espíritu humano y hacen del hombre una arissiempre existe, palidece como un crepúsculo y
ta débil, á. merced de vientos huracanados, es
se debilita, y no bien la inteligencia empieza
el amor, desde tiempo inmemorial, el que más
á. despuntar y á brillar como una aurora, ensubleva y levanta más, y más enardece y catonces el ser, no armado originalmente de tolienta los odios y las rencillas. El · espíritu de
das armas para la lucha por la vida, necesita
la raza, de la especie, que diría Schopenhaüer,
órganos que ejecuten, voluntad que mande, invela por la conservación de la estirpe; mueve
teligencia que gobierne é ilustre, y el juego
á. los hombres con resortes poderosísimos; endesenvuelve, fortifica, crea toda.a las facultavuelve en el crespón rosa de la propia felicides rudimentarias y todas las apfüuiles nadad, la necesidad de la especie, y torna a.l homcientes.
bre civilizado á las épocas luctuosas, somPor eso el carnívoro, el cuadrumano, pero
brías, imborrables, en las cuales el macho
sobre todo el hombre,que representa, en la eshumano defendía su hembra á la entra.da de
cala animal, el mínimum de instinto y el málas grutas domiciliarias, armado con el grueso
ximum de inteligencia, son los seres más jubastón y rechinando los enormes incisivos,
guetones.
prontos á rasgar la epidermis del enemigo.
El hombre con los brincos, saltos y carreEs el amor, el eterno amor, el que convierte
ras, sin objeto al parecer, de su infancia, se
á. un caballero en un energúmeno y hace de
dota á si mismo de fuerza y de destreza, tan neuna dama. una mujer caída. En el amor los
cesarios después en la vida. A fuerza de g-ritar
poetas de todos los tiempos y de todas las edasin medida y de agitarse sin objeto, desenvueldes han encontrado los acentos que, vertidos
ve sus órganos respiratorios, acelera la circuen las ánforas cristalinas del verso, despierlación de su sangre, acrecienta las excreciones
tan la admiración y dan ala.s poderosas t la
purificador:i.s, y robustece su organismo físico
frase halagüefia. El amor es el tema eterno,
y perfecciona sus capacidades.
eternamente agoiado; pero que siempre renace
Este aspecto gimnástico é higiénico del juede sus cenizas más poderoso que nunca, argo y esta. educación sensorial y locomotriz
mado de todas armas, como la Minerva mitoque procura, son lo mejor conocido y lo más
lógica; rey del mundo y verdadero soberano,
11xplotado en la educación de la infancia. Pero
lo mismo de las tribus atrasadas, en cuya alel juego no sólo ensena á mantenerse en equima borrosa apenas si se delinea vaga.mente el
librio, á moverse con rapidez y precisión, á
espejismo de una existencia distinta. á la exishacer uso de los músculos, de los tendones y
tencia animal, que de los refinados que la civide los huesos, no sólo a,ruza. los sentidos y viliza.ción ha nutrido con sus jugos delicados,
goriza el cuerpo. El juego, bien comprendido y
que la edncación ·ha forjado á su manera., á
sabiamente reglamentado, educa otras fa.culta.través del atavismo de mil generaciones.
des más altas y mejores, y coopera grandeY el amor es el que ha da.do vida. á un drama
mente á la educación de la in~ligencla., de los
obscuro, todo bailado en la sangre de una in-

o

CRONICA METROPOLITANA

L

feliz muchacha que apenas entraba, temblorosa y asustada, á la vida. El amor, ensalzado
e.qui y vilipendiado allá.; el am?r,elevado á la
categoría de un dios ó convertido en ~n demonio 1 por la diatriba humaná; el amor magotable y misterioso que hace de todas piezas las
almas de los am'antes, sin tener en cuenta las
leyes d~ la. sociedad ni la voluntad humana.. .

***

¿Cómo fué? Es imposible saherlo fijamente.
Había cierta frialdad entre los dos enamorados, fria.lda.d que había s/do la !}~tural co~secuencia de una de tantas 10trom1s1ones car1t!ltivas. Se había a.firmado á María que su DOVIo
llevaba. una vida más ó menos desordena.da;
María había. impuesto á ~u enamorado. la o~ligación de cambiar el régimen desu ex1stenc1a,
amenazándole con expulsarlo de su corazón,
como si tal cosa fuera posible.
La. familia, modesta, honorable, S? divertía
tranquilamente. Era el día de la. Rema _de los
Cielos· había que celebrar el amversario¡ los
a.migo~, los parientes, conversa.han en el pequefio salón, mientras María ?ªJaba vagar su
espíritu juvenil en lejanas regiones de ensueiio. Quizá algún vago presentimiento aconsejaba su alma¡ quizá la visión trágica de su
muerte próxima atra!esó, poi: un momento, la
diafanía azul de su melo. ¡Quién sabe!
Repentinamente aparece en la calle el enamorado ansioso de ver á. María. Los detalles han' sido olvida.dos, quizá, por los mismos que presenciaron la espantosa escena. El
enamorado penetra á la casa. María sal~ á recibirle á reiiirle tal vez, por su audacia. El
herma~o de la muchacha interviene también;
hay un momento de confusión¡ suenan los disparos, y el cuerpo de la infel~z doncella c~e
pesadamente mientras el novio huye y no ee
sabe cuál fue'la mano que la hiriera.. ..

*
**
¿La misma impresión penosa de la tragedia
ofuscó por un momento las facultades de Rlvero,haciéndole que pretendiera. suicidarse? ¿Fué
herido, como lo asegura, por el hermano de
María,ebrio de ira al verlo ante su hermana?
Nadie lo sabrá probablemente. En esos casos,
si se recuerda nítida.mente todo aquello que ha
precedido á la tragedia, los detalles de ésta,
generalmente, esca.pan; es natural, es humano,
que en tales circunstancias nadie tenga. la sangre fría necesaria pa.ra darse cuenta exacta de
todos los incidentes dramáticos que giran en
torno de un ca.dáver.
Y la. pobre enamora.da quedó vestida con su
ligero traje de verano, suelta la cabepera florida, en la que ponía su nota sangrienta un
clavel de fuego¡ pálidas, muy pálidas las mejillas, la boca en intensa contracción, y, en
los grandes ojos entreabiertos, una interrogación hondísima, como si quisiera pedir cuenta
al destino de su existencia tronchada, como
si demandara al cielo, impasible y lejanísimo,
la consumación de un milagro salvador ....

***

En la. India misteriosa de los parias, de los
brahmanes, de los grandes templo~ poblados
or quimeras milenarias y por dioses de a.ciitud atormentada y feroz, en la p~ninsula madre de la raza. humana, entre los Juncales que
el tigre recorre agitando al viento el penacho
de su cola, al amor de un sol benévolo Y ~ecorati vo, pa.sa la pequefia fábula que baila la
compai:iía de Arbeu. El género, por más que
sea extrafio, desconcertante, ~e hermoso Y
nuestro público lo ha comprend1d? 9:si.
La. fábulr. &lt;dicha&gt; con los mov1m1e~tos rítmicos del b~lle, tiene un encant-0 arcaico,. dul·
ce y tranquilo, que le pre~ta doble atrac~1vo Y
realza la intriga. Cualqu1~ra narración mfan'11, traducida en el lengua.Je de la líne9: Y en la
harmonía del canto, toma las proporciones de
un ensuefio, se agiganta, adquiere cuerpo Y
mece los espíritus en una blanda atmósfera de
melancólica dulzura.
La. empresa de Arbeu merece un sincero
aplauso por habernos presentado el espectáculo que ahora explota.

•••

Parece que se formaliza la idea. de traer este aiio cuando la estación de lluvias haya termina.d~ una compaí'lía completa de ópera, que
nos co~pense de las muchas medianías que hemos soportado en las anteriores temporadas.
Volveremos á escuchar, de ser ~ierto lo qu~ se
nos promete, la voz de oro y cristal purísimo
de Luisa Tetrazzini. Esto sólo constituye una
promesa agradable. Además, vendrá. la Tetrazzini acompai:iada de un cuadro muy com·
pleto. Miel sobre hojuelas ....

***

La semana toda está. empapada en sangre: la
crónica chorrea el rojo líquido, como un v~rdugo después de una ejecución numerosa Y vio·
lenta. La vida es así: tiene sus días bl&amp;!)cos,
inmaculados, en los cuales el alma. se Juzga
paloma y tiene también, sus días roJos, como
tiene el' alma s~s noches espantosa.mente ¡9·
gras, en las que todos los engendros de la.1ebre atenacean cruelmente sus c_arnes Y flnJen,
ante sus ojos, las profundas s1ma.s, po~la.das
por el vértigo, en las cua.les la solll:bra ~1ene su
guarida y la muerte elabora sus misterios.
ANTENOR LESCANO.

Senn Y E. Yelmini, que fué la encargada de
organizar el festival, hizo los honores á los
invitados, con toda galantería. .
El adorno del local fué muy vi;&gt;toso, pues
por doquiera. se encontraban caprich ~samel?-te
enlazadas las banderas de Suiza, A em'!'ma,
Francia México Inglaterra y Estados Umdos.
Las p~redes d~l salón del baile fueron tapizadas con una hermosa vista de Lucerna, destacándose en el centro de un lago una eSt atua
de Guillermo Tell.

~~

LAS NAVES
Hay en los mares de la existencia
Naves que cruzan como al azar,
Naves que llevan velas de luto,
Naves que nunca regresarán!
Es su bandera la de la muerte,
su derrotero la. inmensidad,
El desengafio su cargamento,
y la tristeza su capitán!

***
No muy lejos, el mismo día, la ira vulgar de
un ebrio derramaba. también la saoj!'re de un
desconocido. La verbena de Santa María ha
sido de las que mayor contingente han dado á
las galeras dantescas de Belem. Por una depr~vación de criterio extraí'la, única tal vez,
el pueblo bajo entiPnde por fiesta una reunión
en la que necesariamente hay escándalos Y
aun crímenes. Y á tal grado llega la perversión del criterio, en este sentido, que, cuando
poi· rara fortuna una fiesta popular resulta
ordenada y tranquila, la. mayoría de los concurrentes se retira temprano, lentamente, mostrando, en sus actitudes y en sus miradas, el
mayor desencanto. como si se les hubiera en·
"&amp;fiado al llamarlos á un sitio en el que no
ha habido desórdenes ni desqracia.s.
La verbena era aliciente del crimen hace algunos aiios. P9:ra c~da día dedicado _al trabajo se rabian 1magmado dos de ocio, en los
qile había que celebrar tal ó cual festividad,
con todo el satánicoritualcanal!esco. Los &lt;p11est(ls&gt; de bebidas embriaga.ates en número superior¡ algunos, muy escasos, de comestibles;
una música cualquiera en un rincón de la pla·
za: eso era todo.
.
Pero si la policía estaba presente para evitar los delitos de sangre, si se procuraba., por
medio de una bien organizad&amp; vigilancia, que
los valientes permanecieran quietos, la fiesta
quedaba frustrada. La presencia de la poi.leía
y la lluvia tenaz y copiosa eran algo semeJ&amp;D·
te, fastidioso, abrumador,en la turbia conciencia de nuestro rueblo de hace veinte afies. Hoy,
por fortuna, e trabajo lla.mQ. á los talleres, Y
la escuela aleja de la taberna¡ quedan, sí, como restos de una falta de civilización que desaparece en la noche del tiempo, algunas ver·
becas, como la última, en la que, en medio de
los «puestos&gt; y á la turbia luz de los hachones,
la policía tuvo que levantar el cadáver de uno
de los paseadores, cuya existencia cortó súbi·
ta.mente el puiial de un ebrio.

CLUB SUIZO. -GRUPO DE DAMAS y CAB ALLEROS CONCtJRRENTESIÁ LAIÚLTIMA FmSTA.1 ...,

En su velamen siempre tendido,
Se enrosca el genio del vendabal. • • •
Como un cortejo de negras sombras
Vense á lo lejos atravesar!

·Cuál eslsulhistoria?l¿Cuállsu destino?
¿:in qué regiones su tierra está.?
¿Por qué se alejan como fanta.sma.s?
¿De dónde vienen y adónde van?
N adíe lo sabe, nadie ha. podido
Medir su arcano, ni Dios quizá.!
Por ocultarlas al mismo cielo
Su sombra extiende la tempestad!
Arriba lanza su flecha el rayo,
Abajo afila su garra el mar,
Enfrente el risco que se adelanta,
Al lado el viento, la sima atrás ....
El torbellino de la existencia
Es más horrible que el hura.cá.n:
Tiene su nube, centella, trueno,
Espuma, roca y obscuridad!
Dejad que pase la negra flota
Que á los abismos sin fondo va¡
Si Dios le niega su patrocinio,
¿Qué hará. por ella la humanidad?
Mas ei sucumben las tristes naves
En la batalla descomunal,
Pensad entonces que ellas lucharon
Con cielo y tierra, vientos y mar!
ADALBERTO A. ESTEVA.

CONCURSO DE Nil-lOS,-JOSÉ TREVIl-1O.

El Aniversario de la Independencia de Suiza
Conmotivodeha~r sido _los días2y~dela.ctual el613 aniversario de la 1ndepen_denc1.a de la
Confedera.ción Helvética, la Colonia suiza residente en México organizó un &lt;garden-partp
que se efectuó el domingo último e~ el amplio
y hermoso local que ocupa, en la Villa de Guadalupe el «Club Suizo de Tiro&gt;.
La fl~sta resultó muy lucida, siendo una. de
sus notas más salientes el banquete o!reC?1do
por la Colonia en uno de los salones pr1~c1pales, y al cual concurrieron más de doscientas
personas.
• ó
b ·1
Después de la comida se improv1s un . a1 e,
organizándose al mismo tiempo una serie de
juegos campestres, dura.nte los que reinó la
más franca alegría.
Una comisión, formada por l?s Sres. H. Perret Cónsul de Suecia y Presidente Honorario;' Claudio Pellandini, Presiden~ Activo de
la Sociedad Suiza de Tiro¡ U. Vu1llen~ier, E.
Tallen, P. Leuze, T. Steiner, P, Momer, B.

J:N EL CLUB SUIZO.-UNA ESCENA PINTORESCA,

�"
EL MUNDO llUSTRADO

EL 14UNDO ItUSTllDC&gt;

MUERTE DE LA SENORA

GUADALUPE CASTRO DE NORIEGA
EN las primeras horas de la mañana del vier.
nes 12 del corriente dejó de existir en est11,
ciudad la señora D~ Guadalupe Castro, esposa del distinguido caballero español Don Iiligo
Noriega, y una de las damas más queridas y
respetadas en México.
La señora de Noriega fué modelo de esposas y de madres; pasó por el mundo sembrando bienes y enjugando lágrimas, y si muchos
son los corazones amigos que la amaron y
_comprendieron sus virtudes, y que hoy lloran
su desaparición, muchos son también los corazones agradecidos que lamentan la muerte
de la que fué en vida, cariñosa protectora de
los pobres y de los desvalidos.
Su carácter afable y bondadoso, su exqu isito trato y su modestia nunca desmentida, hicieron de la señora de Noriega. una. de las galas más preciadas de nuestros altos círculos
sociales, y ésto explica por qué al morir han
sido tan numerosas las muestras de condolencia. tributadas al esposo inconsolable, y á loa
hijos que pierden en ella á una madre cariñosa
y buena.
LA MU&amp;RTE DE LA SRA. CASTRO DE NORIEGA,-LA CAPILLA ARDIENTE,

***

La capilla ardiente, donde fué depositado el
cadáver de la señora de Nol'iega, quedó instalada en la sala principal de la casa número 12
de la calle de Capuchinas, que habita su familia, formándose al efecto un túmulo sobre el
cual se puso el ataúd que guardaba los restos;
á la cabecera se veía un crucifijo y, rodeando al túmulo, gruesos cirios encendidos en
candelabros que ostentaban grandes moños de
crespón negro.
El ataúd era lujosísimo: todo de cedro, estaba cubierto en su parte superior con abullonados de raso negro, teniendo en sus costados
grandes chapetones de plata que hacían juego
con una cruz y una placa del mismo metal,
que se destacaban sobre el fondo de raso de la
tapa.
Las ofrendas florales r-olocadas en derredor
del túmulo fueron tan numerosas, que el espa•
cio de que se disponía para. depositarlas no
bastó á contenerlas. Entre las coronas de flores naturales vimos una del s.eñor General
Díaz y seilora, otra de los Marqueses de Prats
de Nantouilet, y las que remitieron las familias Sánchez Gavito, Sáncbez Ramos, Alda.soro, Gayol, Barroso, Rodríguez, Espinosa y
Fernández, aparte de otras muchas enviadas
por numerosos caballeros y familias de la mejor sociedad y por los parientes y deudos inmediatos de la estimable dama.

*

EL CORTEJOIFÚNEBRE EN LA CALLF DE CAPUCIDNAS.

EL CORTEJO FÚNEBRE EN EL PANTEÓN ESPA~OL,

Los funerales de la* *señora de Noriega. se
efectuaron el sábado 13 por la malla.na. en el
Panteón español, concurriendo á ellos el señor
General Díaz y S?ilor Don Ifligo Noriega, que
prssidieron el duelo; el señor Ministro de España, Marqués de Pra.ts; los miembros más
prominentes de la Colonia espafiola y nume•
rosas personas de representación.
El cortejo, compuesto de veinte carros enlu•
ta.dos en los cuales tomaron asiento los concurrentes; la carroza fúnebre y tres plataformas utilizadas para Ia. conducción de las ofrendas florales, partió de la calle de Capuchinas
á las nueve de la mañana, tomandó 111.s calles
de San Bernardo y Flamencos, para llegar al
Zócalo, y seguir por la línea de Ta.cuba basta
llegar al Panteón.
El servicio religioso estuvo á cargo del señor Pbro. Joaquín Araoz, y consistió en una.
misa. rezada de cuerpo presente, que se dijo en
la capilla del cementerio.
Terminada la misa, el cadáver, llevado en
hombros de los deudos de la fioada, fué conducido á la cl'ipta número 28, propiedad de la
familia Noriega, dándosele allí sepultura.. Las
ofrendas florales cubrieron completamente la.
cripta.

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EL CARTERO
(CANTAR ESPAÑOL)

¡Dichoso el cartero
del barrio de Tria.na!
¡cuánta bulla mete!
¡qué a.legre algazara.
le sale al encuentro
todas las mafia.nas
cuando, al dar las ocho,
por la calle pasa.!
-¡Cartero, cartero!
desde una ventana.
una. linda. moza
con afán le llama:
diga usted, cartero, ?
¿no tengo ahora. ?.a1·ta.
y él, en la vahJa,
la busca, la saca .. •
-Aquí está, y no es una,
dos son hoy sus ~artas. • • ·
·que le traigan dichas
~omo traen palabras!
y mientras la moza
le responde «gracias&gt;
y una sonrisil!a
juega en su mirada,
él ya en otra puerta
con gran prisa llama.
• .
- ¿Quién va.?-Es el carte1 o,
-¿Sí? ....
Como por magia
vese abrir al puoto
la puerta cerrada,
y una linda.mano,_
como un lir10, pálida,
recoge, discreta.,
la cubierta blanca,
y otra vez se e~conde
tras de la persiana,
dejando un p~rfume
de flor desho¡a.da. • • •
·Qué mano tan linda!
[qué dichosa carta!

No bien esta escena
misteriosa acaba,
cuando ya se escucha.u
gritos y palmadas:
--¡Cartero, cartero!
-¿Dónde,dónde me hablan?..
- Por aquí, cartero,
alce usted la cara.•••
desde un ventanucbo
le grita una criada:
como hace muy poco
que vine á esta casa,
y no me conoce,
y espero una carta.,
para cuando venga
aquí hay que dejarla;
sepa ust-ed mi nombre:
soy Beatriz Colla.da.
y al cerrar de golpe
la vieja ventana,
temblo1 osa oscila
una parietaria
que al marco derruido
con amor se abraza,
y una leve lluvia
de flores al ad as,
con bla.odo susurro
se desprende y baja
envolviendo, amante,
en caricia grata,
al feliz cartero
de faz deleitada,
que del ventanillo
sus ojos no aparta ....
-¡Vamos! por lo visto
aquella muchacha
le ha sorbido el seso,
mU1·mura con gracia
una vendedora
que á ese tiempo pasa.
- Y diga, morena,
el cartero exclama:
¿acaso los celos
su lengua desatan? ....
- - ¡Cartero, cartero!
de prisa, mi carta,
que se van las horas

------------

y hay que contestarla..
Es un mozalbete
de gorra ladeada
que á los cuatr&lt;? vientos
devora con ansia
los cortos renglones
que encierra la carta,
y no bien concluye
de leerla y mirarla,
cuando en la otra acera.
al cartero alcanza,
y echando en su mano
un gran sol de plata,
de prisa le dice:
-Acepte esa dádiva
para que el domingo
tome con su amada
una manzanilla.
en &lt;La Corza Blanca&gt;.
Y el cartero, alegre,
la moneda. guarda;
mientras una. vieja,
que espera apoyada
junto al muro, tiende
sus manos ajadas ....
- ¿Qué? ¿uoa limosna? ... .
- ¡No, no! una carta .. .
-¡Ah! sí; ya recuerdo ... .
aquí está .... tomadla.
Y en tanto que besa
la vieja. la carta,
entre alegres risas,
gritos y palmadas,
el feliz cartero
del barrio de Triana.
por la calle abajo
prosigue su march:i ....
Nunca, nunca ha visto
tras de una ventana.,
dos ojos rasgados
de triste mirada
que al pasar lo siguen
con profundas ansias ....
¡Dichoso el cartero
del barrio de Trian al
MARiA ENRIQUETA.

�l

EL : llUNDO · llll'STl"ÁDO

EL MUNDO ILUSTRADO

Heredero á:,a corona de Rusia -Antinomias del t
.
Frente á Las 1:.::~:i~II Czar colmo padre y como soberano.-La misión del príncipe Alejo.-Las escuadras_de Rusia.
e Y en e estrecho de Corea.-La s uerte de Puerto Arturo.

E~~~:1 s~l*~~\~:~s~i ~~!f6

medio de los serios temores y de la&amp; graves preocupaciones ue em
reunido á iniciativa suya, no puede tener ahora el consuelo d
orfiart dlucha empeíi a~ a contra e1 Impe: en el s~grado de su hogar, espiando la primera. sonrisa de su e{~pos3:r
gías en la re te
'
ª reve ª 0 potentes é inesperadas ener- m~gém~o, porque los arduos negocios del Esta.do reclaman con im lJO _Pricomo una ~ot~e~e !i:tt~•r::~:nq:ayo de luz que rasga. las tinieblas, exigenc1a su opinión decisiva en la solución de los difíciles r 0biriosa
8 rompe e1 estruendo horrísono de
los combates com
de la guerra, aparte de las demás altas cuestiones ue
1 ~
emas
1
ga. al tálamo 'impeii:fd:i/sºR~~8:li&amp;~nz: enla d~s~echa torm~nta., lle- el régimen interior de sus vastos Y dilatados domiiiosfª re ac1onan con
hace largos aíios con randas a.n i
n ere ero. e trono,qu1en desde
E mpero 1~ cuestión dinástica que podía acarrear dificulta.de · te
1
corazones de los súbdiis del C s
tenía un asiento de cariíio en los
q!e~~diii:s:~1!!~~~;1:cfaºod~!ti~}:~~rl~astornos trascend!n!:1e~
lágrimas, se han olvidado los zar. or un momento se ~an enj~gado las
pduedes, Y se han unido los labios ~~~ess:s, se han ¡8uspendido las mquietu- den ~stdar tranquilos los servidores de la vieja' JJn~r~~í:spa
gra.01a amente llegara á faltar el ·ov C
1
. '
, si espara. saludar al a.ugust
í •
D ~na. so a Y solemne aclamación
estampido del caíión ::
n&lt;:ipe que viene al mundo acompaíia.do del nacer sería llam~do á s~cederle sln ~fsp~f:~ ii ~~~~~iªeis~:sac;~a de
castillo de San Pedr~ q Sa~ P~bmo atruena. en seíial de regocijo desde el
0
~:~~:sJ!~¿~~ei .Pr~ió~
con estruendo siniestrl frente á
eS t rd~fad deda.legría,que retumba. t~:~:d~Yt:~e~ss~ !~~!~t::;~tfc~~ª:r
se pierde en las soledades d 1
z a.se ia a. e Puerto Arturo, ó
crujir de los barcos ue e
ma~ con los ayes de los moribundos y el !~j:re:e;~t~ ~i~!~t~ri!~i:1o~ºN;u~as~~~~~ossindfanltiles, pre_;a;ra
s fí
e a creencia popular
las iTsl~steSa.ddle y enqlos :~;;.:~h~f~4auc~:e:~pantosa catástrofe, frente á que atribuye á s
Iglesdia ortodoxa.,ª~ a.J::ni~ie!~~~l º::~~~~o e:i 0~ 0artnii:ºplogte
,io d e la
ris smo el que persigue 1 80be
. .
,
re n ereasegurado su trono en un hi -0 su ª
rano ~oscovita.: desear tener mos esvanecer esa piad
que el cetro del poderoso imieri/~~pgr
tanto tiempo esperado, anhelar ha provocado públicos ie8;'o~ij~~r~~c~~~; b!ste ~ecir que el nacim~ento
8
os os rrncones del Imper10, y
del enfermizo príncipe Jorge acarici!r 1e~l
m1!' °sdmás robustas que las que por todas partes se han lv"
favorecidos los votos pro 1¿s d
ª 1 usi n e que al fin se vieran los az11res de la guerra para ieleigr~~ºia Pf1r lodmednos en 1~ apariencia.·
d
ega a e este niíio que espe
. !Lmantísima,esposa)y comp~íieri coªi!u pue~o, Y en el momento en que la ramos sea m
las aspiraciones varias del dÚata.do im!
JO que acaba de exhalar su i
!i: su¡¡ eseos con el Gran Duque Ale- periode los J:::i:rfra
alegría natural de padre di:e:o~Jido entre la pública expectación, la. la. nueva Constitudión ~el Impe~i~:al vez trae entre sus manos de nieve,
esp'!'rcimiento, porque casi en el mis!~ni~ io rueie encontrar el d~bido
á mmuto, la escuadra. de Puerto A
s an e, ora por hora y mmuto
*
na su abrigo al amparo de las forr::~º•fn des~spe;ado empuje,a.bandoFaltos en los últimos días d8 * t·* . d
.ción
que
guarda
Puerto
Artu
no
icias e fuente rusa sobre l a situaves de las revueltas olas, y es dispersa~ ones \tierra., se 13:nza á tra.r O' después de los asaltos intentados por
corta.ntes proras y pesados caíiones se O po_r 1os lrcos enemigos, cuyas los japoneses á fines del
ra ellos la posesión del 6e~!~dgefts,~os
~uales dieron por resultado pa¡Triste ha de ser para el Em era.cor pusieron su paso.
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nemos que atenernos á los inhelos de paz y de sus tendencias Pmanifi ptensar ql uce, á pesar de sus a.n- formes que suministran los mi
as as en e ongreso de La Haya., han de resentirse de indiscutib1:~!r~~~f¡~~~s, los cuales de por fuerza
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Dícese que en desesperada situación los barcos rusos en el interior
de la bahía,expuest?~ y.a sin remedio ni protección á los tiros mortíferos
de las baterías de sitio que en puntos dominantes han colocado los ja- ·
poneses, tuvieron que emprender la salida del día 10 á fin de substraerse á la suerte irremediable de antemano dacretada p¿r sus enemigos implacables, y que por tanto su empresa era como correr al desastre llegándose á comparar la situación del contraalmirante Witsoeft á 1~ del
b:avo Cerve:a en Santi~go de Cuba. Menos desgraciado que éste por su
vida, eI m_arrno moscovita encontró muerte gloriosa en el puente de su
b_uque rns1g01a, don~e una granada japonesa lo hizo pedazos; pero en
ci~rto modo más fehz en su empresa, si no logró romper las líneas enem1g9:s, dando por verdadero que sus barcos estaban irremisiblemente
~erd1dos en la bahía de Puerto Arturo, ha. logrado dispersarlos y los ha
librad~ de caer en ~anos del enemigo, que no los podrá utilizar en las
operaciones posteriores de esta campañ.a que parece prolongarse mucho
más de lo que se esperaba.
Despué~ de la tremenda lucha, en la que se sabe resultaron gravemente a variados el acora:Zado «Cza.revitch&gt; y el crucero «Askold&gt;, de la ·
e~cuadra :usa, y con accidentes más ó menos serios el «Novik&gt;, nada
dicen los ¡aponeses respecto á los daños propios 1 pues el Almirante Togo
comunicaba, al día siguiente del combate, que las averías de sus barcos se habían reparado y que sus pérdidas en hombres apenas ascendían á cerca de 200 entre muertos y heridos. Pero ¿qué ha sido de los
otr?s barcos moscovitas? qu~ rumbo tomaron los cruceros y acorazados
s9:hdos ~e Puerto Arturo? Ni en el Almirantazgo ruso se sabe, y el almi:ante ¡aponés no lo ha dicho porque no lo sabe tampoco ó porque no
quiere decirlo.
A lgunos chinos llegados s. Chefú han asegurado que la mayor parte
de los ª?ºraza.dos re~resa_ron al puerto de su origen; pero arguyendo con
lo que dicen lo_s funcionarios navales de San Petersburgo, diremos que,
ámenos de serias y alarmantes averías-de las cuales no ha. hablado el
comandante de la escuadra japonesa,-á cualquier parte podrían haberse ~irigido los navíos rusos, pero no á Puerto Arturo, de donde habían
salldo en desesperada fuga, como dicen los contrarios ó en admirable
tentativa para unirse con la escuadrilla de Vladivosto~k.
Ha.y una noticia suelta que ha pasado casi inadvertida para los que
pre~nden la completa_ derrota de la escuadra rusa: alguien vió frente á
las islas Saddle, no leJos1del lugar del combate, que varios barcos de guerra rusos tomaban carbón á bordo de unos buques carbGneros; ¿cuáles
ecan esos barcos? ¿no puede creerse que fueran los escapados al almirante Togo, los que no fueron perseguidos por lo mismo que se dispersaban
en distintas direcciones?
De los cuatro cruceros que salieron de Puerto Arturo, se sabe que el
&lt;;\skold&gt; se halla desman~la.do en Shangai, el cNovik&gt;, del que se dijo
prim~ro que se había hundido, cuánta.se ahora que después de su salida
de K1aocheu, donde permaneció 24 horas, caminaba hacia el estrecho de
Van Diemen, rumbo á Vladivostock, el «Diana&gt; ha llegado á aquel
puerto, y al _&lt;Pallada&gt; un(!S lo dan por torpedeado y perdido, y otros lo
hacen también en aquel mismo puerto. De los acorazados, que eran seis
al salir de la bahía bloqueada, se ha hablado sólo del «Czarevitch&gt;, que
maltrecho ! con averías que exigen largas reparaciones, ha sido desarma.do en Smchau; de los demás, sólo los chinos han dicho que habían
regresado al puerto bloqueado, y la noticia hasta hoy no ha sido confirmada.
Menos inciertas son las noticias que llegan del combate sostenido al
fin por el contrala.mirante Kamimura contra la escuadrilla de Vladivostock, que descendió del norte para intentar la proyectada unión con los
barcos del contraalmirante Witsoeft. El marino japonés con fuerzas superiores por el número y velocidad de sus elementos de combate, batió en
el Estrecho de Corea á los tres barcos rusos, de los cuales el &lt;Rurik&gt; fué

SOLDADOS JAPONESES ABRi l:NDOTUMBAS PARA LOS MUERTOS RUSOS,
DESPUÉS DE UNA BATALLA,

echado á pique, y los otros dos, el &lt;Rossia&gt; y el «Gromoboi&gt;, escaparon
hacia el norte, después de haber intenta.do en vano salvar a l barco que
se hundía, de donde el enemigo pudo recoger 600 náufragos.

***

Uno de los destroye.rs rusos que logró llegar á Chefú en misión reservada, pues aún estaba en buen estado de servicio, ha dado origen á
una aparente infracción de las leyes de la neutralidad por parte de
los japoneses: dos destroyers al mando del capitán F ujimoto, con bandera japonesa, penetraron al amparo de la noche al interior del puerto
chino y remolcaron al barco allí refugiado que obedeciendo órdenes de las
autoridades locales se había desarmado ya. Antes de este incidente hubo una lucha parcial entre japoneses y rusos, y al fin el destroyer fué
volado por disposición de su comandante, sin que la explosión de sus almacenes de pólvora impidiese que el barco fuera sacado de Chefú al remol•
que. Esta captura ha provocado enérgica protesta. de Rusia, presentada
al Japón por medio de la Legación francesa. en Tokio, exigiendo la devolución del barco capturado. El incidente tal vez se termine sin mayores complicaciones; pero debe tomarse en cuenta para las operaciones
futuras, que pudieran poner en peligro le. neutralidad de China que todos pretenden respetar.

***

¿En qué estado queda Puerto Arturo, después de la salida de la escuadra, la \lll&amp;l se dice intentó ayer una. nueya. salida? Es de creerse que
sea a.ngustioso,aunque no tanto como lo"pretenden l as noticias venidas de
Tokio, de donde se dice que ya es segura la rendición de la plaza.
Pronto se sabrá el desenlace de la. heroica defensa sostenida con
gran b río por los soldados que obedecen al general Stoessel, siempre
firme y vigilante en los puntos más amenazados de sus fortificaciones.

z. z. z,
Agosto 17 de 1904,

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A JAPONESA Á LOS COSACOS,

GUBRRA RUSOJAPONESA.-LOS JAPONESES RESISTIENDO UN ATAQUE
DESDE UN DESFILADERO,

GUERRA. RUSOJAPONES.A .-UNA AMAZONA MOSCOVITA
EN MUKDEN.

�EL MUNDO llUSTRADO

EL MUJfDO ILlTSTRADO

GUERRA RUSOJAPONESA.

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'1típ

más expresivos aquellos rostros duros, bronceados por ei sol, llenos de rasgos enérgicos;
rostros de «hombres&gt;. De hombr11s, sí. Que lo
cuente nuestra historia, ella ha visto salir de
esos tipos á los guerrilleros que eran terror
del francés con &lt;la corda&gt;, y agravio de la
Patria cuando peleaban con el terrible Dupin,
acaso sólo por una interferencia.. Buenos guerreros, comparables sólo á los «gua.ranys&gt;, á.
los &lt;hijos de las pampas argentinas&gt; y á. los
araucimos cantados por Ercilla.
Al influjo del licor, se pide la guitarra, se
tiempla, se cuentan las proezas realizadas eo
la anterior batida, y se recuerda de algún
compañero inválido, que hoy ve con tristeza y
nostalgia partir á los buenos y sanos para el
monte, sin poderles acompañar .... ¡Pobre Reginol El &lt;último porrazo le quebró el hueso
de la cadera&gt;, y ahora está. «renco&gt;, inútil, sin
más oficio que limpiar maíz, sentadito en I a
puerta de la troje. ¡El, que era tan atrabancado!. .....
En la puerta del jacal está la mocita hija d1-l
peón que allí vive, adormilada y coo las gl'eñas sueltas .... Entre los vaqueros está. el pro·
metido. Alguno grita c:¡bombal&gt; y el cantar
brota espontáneo, con ríspida música, pero
saturado de esa ingenuidad de sentimiento
que sólo existe entre esos corazones que se alimentan con la savia de los campos vírgenes y
el aura saludable que recogió en el sauzal flo
rido frescos a.romas embriagadores.

de los caballos, y los c:saltacamino&gt;, azorados, brincan de la espesura y se pierden en el
cielo dibujando círculos que se agrandan. A
veces es un venado el que de un bote tremebundo se pone á distancia de los ignorados enemigos; á veces una urraca que lanza un grito de
alarma. Los vaqueros van callados siempre.
Si hablaran, es seguro que las reses se espan·
ta.rían ..... .
Después de haber andado un trecho, comh•n·
za á sentirse cada uno poseído de vagos temo•
res; cada cual recuerda que q.Jlá, por el pa50
del coyote, son los apacentaderos de un cierto
sujeto, merecedor de todos respetos, y que suele
pagar muy mal á los que van á perturbarle en
su quieta y pacífica posesión. ¡ Ah, mal hay a!
¡Cómo no se le ocurra salir al paso y hacer una
de las suyas! El mismo caporal va preorupado .... Sólo porque el amo lo maudó. sP pu!'íle
ir por ese rumbo arriesgando una mala jugada
de ese truhán.

mensa; su silencio abrumador. ¿,Qué tiene esa.
infinita soledad, qué ese silencio fatal que los
corazones se sienten sobrecogidos y la razón
se entumece como una niña espantadiza á la
vista de un peligro? Estar en mitad de un bosque, en plena noche y no haber sentido cierto
estupor,no es posible; quien diga lo contrnrio,
será el más expuesto á saltar y huir horroriza·
do, con el simple ruiñillo de un insecto noctí·
vago, que pase zurnb»nño.
¡ Por fin! Y a se está en el famoso «paso del
coyote». El caporal distribuyE' rn gente; uno
aquí, otro allá; este montado. el otro á pie;
uno á horcajadas en un i\rbol; C'I oko de cen·
tinela. sobre un tronco viejo .... Y ahora, silencio; á esperar pacientementl' «:a av!'ntada&gt; .... PE'rO no se p•1ede cl¡,jar d&lt;' ¡wnsar en
Chaparreras; nadie SE' comunica narla.. y sin
embargo, aquellos \'E'Íute pt&gt;n~111niE'1 tPs están
gravitando todos E'll C'I cf, c11 lo pstt·echo de una
idea. 8i se a.parrCiE'l'!l ....

...'..¿Que quién es él?
-«CHAPARRERAS&gt;. En otro, té1 minos,c-1 Diablo. El diablo á. caballo y haciéndola &lt;le va·
quero, para lo que no es na&lt;la lerdo. Maneja
el cuero como el mejor, como nadie; monta á
veces un «mojino longando&gt;,y á veces un &lt;tordillo palomo&gt;, los dos capaces de saltar por
sobre un hombre montado. Usa un sombrerote
de á vara en la fa.Ida; gasta unas espuelas que
sacan chispas; su zamarra relumbra en las tinieblas .... ¡y vamos! lo mejor es no andar á.
medias vueltas con el tal Chaparreras; es muy
inconsecuente, y sabe á lo mejor «manear&gt; un
caballo y provocar un mal golpe, si es que no
las lleva á mayores, y entonces no hay remedio .... Se pepena á un muchacho, y ni más se
vuelve á saber de éste!
Francamente, francamente que no es cosa
de juego. A pesar del «refino&gt;, se siente la noche muy fría, casi hasta el calosfrío .. ¿Tiene el
estupor, cuando se va apoderando de nosotros,
grados especiales? Acaso. Primero esa erectilidad del vello en los músculos; después el
alejamknto de la sensación física ...... después
el pánico.
Allá por entre los árboles se percibe la ancha vega del río, con sus arenas que, á la luz
de la luna, parecen una marmariga de plata,
y con sus aguas que se deslizan indolentes,
con reflejos de cardillo, y sus represos con luces de esmeralda. La soledad del bosque es in-

U o ruido, un ruido so1·do de un caballo que
viene atropelJando todo dentro del monte, y
bastó. L a estampida fué general. Uno µor
aquí, otro por allá; el de á pie, sobre sus pies,
veloz como un gamo; el caballero, sobt·e pies
ó patas ajenas, rápido como el aire; el centinela abandonando igr;i.QPl,iniosamente el puesto .... el que estaba á horcajadas en la rama,
dejándose caer de «zapotazo&gt;, no importa cómo, con tal de huir .... En tres segundos, caballos, vaqueros y sus sombras, á media legua
de distancia! Ya allí, la primera palabra ....
El caporal medio mohíno, y haciendo de tripas
corazón.
-«¡ Cobardes! ¿Qué va á decir ahora el amo?
-Pos y usté, tata ¿que «entodavía está usté
allá?&gt;
-La verdad es que ....
-Si se lo c:icía» yo á este Ambrosio .... Que
nos sale Chaparreras, que nos sale, no tiene
ni remedio ..... .
Y entre tanto, allá, en la vega del río, en el
«paso del coyote&gt;, á la luz de la luna occidua,
el sal va.je toro hermoso de ancha testuz y de
rizada cola; de finos cuernos levantados y ojos
vivaces; de ligeros movimientos y agudo oído,
plantado en mitad de la vega, olfateando el
viento, escultural, recio, magnífico ...... dibujándose su sombra sobre las arenas que parecen marmariga. de plata!. .....
UN SORIANO.

«Olvidar no es un consuelo,
Que aquel que recuerda, adora,
Y el que adora está. en el cielo .. .. . .
Y ao por el cielo llora!
Y el que piensa con que olvida
Sufre engaños traicioneros;
Que no es posible, mi vida,
Que c:haiga&gt; noche sin luceros! ....

CONDUCCIÓN DE CA~ONES CAPTURADOS Á LOS RUSOS
POR LOS JAPONESES.

CHAPARRERAS
(Guento con sabor de la tlerruca )

A «lumbl'ada&gt;, hecha con algunas !'amas y
troncos secos recogidos del vecino monte
arde alegl'emente frente á la puel'ta del ja'.
cal, Y á su de!'redor, para ahuyenta!' el frío
los va9ueros c_ongregados y sentados, quié~
en cuclillas, quién en la blanca z!l.lea utilizada
pal'a hacer más cómoda la silla de montar
apuran 4_ sorbos el hirviente café y el agua!''.
diente criollo bautizado por antonomasia con
el nomb!'e de &lt;refino&gt;. En la penumb!'a de la
noche, en las cercanías d~l jacal, se perciben
los caballos, pobres rocrnes flacos, con las
monturas puestas y en ellas la &lt;soga&gt; que ha
de ser el .arma para la próxima ta.rea Aquel~os á quie_nes sus dueños tuvieron la precaución de qmtar los frenos, adelantan sus escuetos pescuezos á la tierra, buscando las briz·
nas de pasto; los menos afortunados, que llevan puestos bozal y freno, inmóviles y callados, pare~en reflexionar en la dura condición
de la bestia, que con toda man~edumbre tiene
que llevar su parte de trabajo en esta vida míse.ra, en la que el trabajo es condición para la
misma. Por sobre las cimas de los árboles
cercanos que agita el viento blandamente la
l~na en lleno !!'soma su faz de dama neura~ténica; Y allá le¡os, se dejan oir los cantos tristes ~e la calandria y del zenzontle, que junto
al nido amado, matan sus insomnios lanzando
al espacio sus duros ritoroelos.
Los &lt;muchachos&gt;, como les llama el viejo
caporal que preside la comitiva, han salido al
monte en busca de «una punta&gt; de ganado cimarró~. Ea llegado al rancho &lt;un matancero&gt;
que quia.re una docena de novillos gordos, para cuch1}lo, Y que para el efecto lleva una
gruesa v1 bor3: de cuero eon entrañas de buenos
pesos del águila, parte de los que serán para
el amo Y otra para los bravos que, corriendo
por entre matorrales y vegas, se ga.nan la vida
tumbando ,reses, herrando becerros y cayendo ellos mismos de vez en cuando, en remolino
fatal con el caballo, para levantarse con una.
clavícula ó una tibia rota .... ó para no levantarse más! Percances del oficio.
La ~ora mejor para ir á sorprender el ganado arisco es la media noche. Ya el caporal ha
&lt;venteado&gt; que una partida de reses que come
en el &lt;guamuchal&gt;, baja por el &lt;paso coyote&gt;
á beber agua al río. Que llegue la hora y la

L

LOS JAPONESES CARGANDO Á LA BAYONETA
EN KINCHAU,

turba aquella. de gentes forradas de cuero, con
cortas &lt;capulinas&gt; y anchas pantaloneras con
gruesos zapatos amarillos y sombrero~ de
grand~s fal~as, asegura.dos bien con el cbarboq ue¡o&gt;, bien con un pañuelo colorado que
ha.ce doblarse las faldas hacia abajo, se irá á
poner en acecho en el paso del río y en un
momento determinado, caerá como ~na avalancha sobre las reses que procurarán salir de

estampida·' y entoneas.··• .,ay del muchacho
que no sepa aprovecharse Y hacer caer certe6ª;:i~~~r!! ~~~eéfr sobre las llav~s del animal
ro castigo¡ b ªs pata~. 1Sufr1rá, como ducamarada~ las ur1as despiadadas de todos los
vaintretanto llega la hora, bueno es tomar
do s~sºif!c~~~s ~~f!ºs de refino; yé~te, ha.cien·
'
ª 1a conversación y hace

¿Ripios? Seguramente. ¿Malas construcciones? También. ¿Quién ha dado en la peregrina
idea de que puede haber cantares con buena
gramática y mejor arte literario, viniendo,
como nacen, del pueblo? Pero,en cambio, nosotros no tenemos las mismas ideas delicadas,
vertidas con un alambicamiento que, no por
ser defecto, deja de dar un tono especial, cierto colorido á esos versos pobres, hijos de una
musa campesina. Querer olvidar lo que no se
ha de olvidar, es querer una noche sin luceros ....
Tú nunca me has de querer
Como yo te cquero&gt; á ti. ...
Tú naciste c:pa&gt; que t'amen;
Yo c:pa&gt; quererte nací!.. •.•.
«¡Bomba!&gt; ...... Y los cantares siguen en serie inagotable, mientras que el refino sí se ago·
ta, y ya los gallos lanzan su primer canto de
media noche, vibrante nota de un clarín de
guerra que toca llamada de atención. Los muchachos se paran, se desperezan, encienden un
cigarro mal torcido en las últimas brasas de
la «lumbrada&gt;, y finalmente van á componer
las monturas en los &lt;pencos&gt;, que conociendo
llegada la hora de la desazón, sacuden sus cabezas como demostrando su inconformidad con
aquel destino malhadado. Después, ¡arriba!
Por la vereda del monte van calla.dos, en una
hilera sombría que parece una procesión de
Quijotes mal dibuja.dos en la penumbra. La hojarasca se quiebra sordamente bajo los cascos

(Para el concurso de "El Mundo Ilustrado")

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I
En el rincón obscuro
de la pequeña estancia
ha tiempo gime, triste
y abandonada, el harpa.
El polvo que la cubre,
las densas telarañas
que forman, con sus cuerda.s,
la má.s tupida malla,
aeusan del olvido
la mano despiadada,
ó dicen ¡ay! ¡que el bardo
ya tiene muerta el alma .... l

Las recias tempestades,
las hórridas borrascas
del mundo, combatieron
su deleznable barca,
y al fin, rota en pedazos,
las ondas, irritadas,
trajéronla. en su seno
á la remota playa.
Y extintas ya las fuerzas,
la frente marchita.da
y en sombras convertida
la luz de la espel'anza,
el bardo melancólico
la muerte sólo aguarda
que corte, al fin, piadosa,
su;, luchas y sus ansias.

III
Mas súbito una noche,
la. luna, muy callada,

penetra cautelosa
por la desierta estancia,
rasgando la tiniebla
que envuelve funeraria,
del bardo moribundo
la frente mustia y pálida.
Despierta, se incorpora,
dirige una mirada
al ángulo en que duerme,
enmudecida, el harpa,
que un rayo de la luna
también iluminara.;
y se oye hondo gemido
que de su pecho exhala,
quizá al recuerdo triste
de dicha ya pasada,
y brilla en su pupila
la delatora lágrima!

IV
Avanza. Entre sus manos,
convulsas y agitadas,

sostiene, sollozando
y arrodillado, su harpa.
Sacúdela afanoso,
sus notas ya le arranca,
y al fin, á sus acordes
estremecido, canta.
Evocan sus acentos
de amor una balada
que a.sí en noche de luna
temblando levantara
al pie de la alta reja
de altiva castellana;
y al pronunciar el nombre
de la mujer ingrata,
la nota melodiosa
se extingue en su garganta
y rómpense, al unísono,
las cuerdas de su harpa,
con las amantes fibras
más íntimas de su alma.

José M. Pinos.

�ÉL ?rllJ'.NDÓ

Obras de un artista mexicano
El Sr. Fidencio L. Nava
poco habló «El Impa.rcia.l&gt; de los a.deHACE
la.otos que en el ramo de escultura ha. realizado el Sr. Fidencio L. Na.va., pensionado
por el Gobierno de México para perfeccionar
y completar sus estudios en los centros artísticos de Europa.
Los trabajos que el seffor Na.va. ha ejecuta.do
durante su permanencia. en el extranjero, son,
en su mayoría., muy hermosos y demuestran
que el joven artista ha. progresado notablemente en su carrera..
Entre aquellos tra.hajos, que hemos tenido
ocasión de ver en fotografía, figuran un busto
de matrona que representa á la República oorona.da. de laurel, y que se distingue por la. vigorosa. expresión del rostro y por su perfecto
modela.do; una. fuente á Sileno (niño), nota.ble
por su originalidad y la. maestría. con que están trabajadas las figuras; un estudio cPetit
Boudeusse&gt;, que en opinión de los conocedores
es una de sus obras más felices, y una. piedra.
funeraria..
Además de estos trabajos, que reproducimos
en fotograba.do, hemos visto otros del señor
Na.va., que próxima.mente daremos á. conocerá
nuestros "lectores, y que se titula.o: «Poupée
Dela.issée&gt;, cLa.s s ·ílfides&gt;, «.Escudo de Familia&gt; 1 cVaca.ciones&gt;, una. primorosa ménsula.
azteca., hecha. a.propósito para. sostener el busto de la República. antes mencionado, y una
porta.da. de periódico.
. Del mé~ito d~ los tra.ba.jos ejecuta.dos por el
Joven a.rt1s.ta., Juzga.rán los lectores en vista. de
la.a fotografía.s que publicamos.

•

ANGELINA

,--1

(Fragmento de un poema.)

Revuelan las erra.ntes golondrina.s
y en los a.leros ca.nta.n;
florecen los rosa.les fresca.s rosa.s
sobre la. verde grama.;
de maceta.s de púrpura. encendida.
se!a.dorna.n las acacias,

Et :MtJNDó ítUSTt\Xl&gt;ó

tttrSTitAl&gt;O

y por la. tierra. inmensa.
la. sonrisa. del sol se deopurra.ma.
Las a ves y los niños
juegan á melodiosas carca.ja.da.s;
los límpidos a.rroyos
corren de peña. en pella por la.s falda.s:
liis flores de los ceibos giga.ntescos
semejan rojas lle.mas,
y por doquiera vibra., en voz sonora.,
la. sublime canción de la espera.nza..
Fué entonces cuando vi por vez primera.
á aquella. dulce y trémula za.ge.la.,
alba. como los cirios que en los templos
alumbran sobre el a.re..
Las dos tremendas tisis
con su inmenso dolor la. destroza.bao:
esa. que bebe sangre de la.s niñas
y aquella. del amor sin esperanza..
Y de las auras frescas y olorosa.s·
que circulan fes ti vas por la.s play as,
aguardaba. el consuelo de sus penas
y de sus la.rgas noches desvela.das.

-c¡Oh afre delicioso!
¡Parece el aire fresco de la Pascual
1El pecho se me alivia
y aquí en el corazón no siento na.da! .
¡Yo quiero andar las verdes arboledas,
yo quiero ca.minar sobre las playas,
yo quiero ver las flores y el rocío
y el cielo azul y las palomas blancas!
¡Sácame de esta. cárcel que me aterra.!
¡Yo no quiero morir, madre del alma!
¿No escucha.sen el huerto?Es que en los nidos
resuena. la canción de la esperanza.!&gt;
Y la. ma.dre infeliz toda. perpleja.,
con profunda. emoción le contestaba:
-&lt;Prima.vera es fala.z, es engallosa,
es pérfida y malva.da.
Detrás de su hermosura está la Muerte
con su fria.ldad siniestra. y soberana.,
y detrás de sus flores de alegría.
la.a yedras de las tumbas solitarias.
¡No salga.a, Angelina.! Te lo ruego ·
por la. Madre de Dios, pura y sin mancha.
Después te llevaremos, hija mía,
á recibir el sol sobre la.s playas: ·
Y entonces vendrá Jorge
de la. ciudad leja.na.,
é iremos en su coche hasta la aldea.
y hasta la fa.Ida a.zul de las monta.ñas&gt;.

Su nombre era Angelina.,
y su límpida tez, diáfana y blap.ca.,
era como los ampos de la. nieve,
como una. rosa mística. y sin ma.ncha..

El macilento rostro de Angelina,
pálido como un mármol de Carra.re.,
se tifló de rubor, como los cielos
á la primera. luz de la alborada.

Su macilento rostro
á. ca.da. nuevo sol se ilumina.be.,
y con profundo anhelo
a.q uella. niña. enferma y desgraciada.,
triste como las nieblas del otollo
y más dulce que el a.gua. de Castalia.,
respiraba. con fuerza. los a.romas
de los robustos cedros de las playas,
. la penetrante esencia.
- ·
de la..s frágiles olas de esmeralda.,
y de la casta. flor de 1os a1mendros
la virgina! _-fragancia.

Y en la. emoción suprema
que en su angélica voz se a.divinaba,
cantaba dulcemente la alegría.,
la sublimeca.nción de la espera.nza.
GONZALO PICON-FEBRES.

"

EL VIOLINISTA Y EL CERDO

-c¡Yo quiero ver el sol¡ quiero la vida,
quiero dulzura. y paz aqu1 en mi alma!
¡Sácame de esta. cárcel en que muero
de soledad profunda. y muy ama.rga l&gt;
Y la ma.dre infeliz, siempre llorosa.,
hasta el ja.rdín espléndido roda.be.
la. silla. en que Angelina, flor de nieve,
esta.be. siempre mustia. y desolada..

EPISODIO SENSIBLE

•1

-··
•

'

Y cerca le ponfa,
L
en jarrones de greda. y porcela.na.,
,.
alguna.s rica.s matas de claveles ,
. .,
más rojos que la flor de las a.cacia.s.
,,_

e

OMO de~costumbre,'bien de ma.llana se lanzó á la. calle el terceto de La Filarm6nica de
los Ouatro Caminos, como pomposa.mente se
habían titulado aquellos tres infelices músicos,
sin que nadie, á la verdad, se molestara por tal
usurpación. Muy de (mañana, digo, acertaron
á dar con una boda de buenttemple. f Polkitas,
habaneras, chotises, fueronfpa.sto de::lo(ba.ila-

)

NAV A ,-FUNEIURIA,

...

dores, que, bien agarrados á sus parejas, como
si no las volviesen á. ver más, dába.nle gust? a.l
cuerpo y recreo á, los ojos, en tanto el padrmo,
blanco obligado de todos los chistes de la concúrrencia cuidaba. de mantener el fuego sagrado de los 'músicos con discretas y bien medidas
copas de vino.
.
.
Como digo, eran tres los e1ecuta~tes: el viento estaba encomendado al más resistente, que,
buscando efectos en su parcheado trombón, soplaba como si en vez de aire saliera. lumbre de
la espaciosa boca metálica del instr~ento; la
flauta para el segundo, era un contmuo fallo
de notas· bien es verdad que el hombre, a.bsolutamen~ desdentado, no era dueño de contener
el aire en los momentos de m9:yor peligro; Y
quedaba, par!!' las supr_emas dehcad~za.s del arco un violi01sta, víctuna, como nmgún otro,
dei formidable granizo del hambre. "Me río
yo-exclamaba en sus momentos de b~en humor que á veces los tenía-de los virtuosos!
¿Dó~de desde Paganini hasta Sarasate, encontrar un 'virtuoso mas ejemplar?" .
y no mentía. No era.o I?UY cor?iales las relaciones entre los de La Filarm6ni~a, pues ~ad!!'
uno apreciaba. distintamente el éxito. El v10hnista. muy á regaña.dientes, consentía. en '!-compa.lla~ tangos y cositas zarzueleras;_ él picaba
más alto: romanzas de Stevans, ca.nc10nes bohemias aires de Grieg· el trombón y flauta se dejaba~ llevar de la co~riente. ''¡ Si no tocár9:mos
más que lo que tú quieres-le decía.n al clásicomedrados andaríamos! ¡Vete con filoso!í9:s á
un&amp; juerga á, la apertura de un e~tableclllllento y verás!" Y el violinista ~os miraba por enchna de sus antiparras, sonriéndose con un supremo desdén de superhombre.
Al pasar por la plaza del Cai:men, se detuvieron ante el puesto de un carnicero, q~e pedía el Morrongo todas las m~ñanas. Mi_ buen
violinista., resignada.mente, tiró del arco, pei:o
al a.poyar con amore la barbilla sobre la ca.Ja.
del violín, sus ojillos grises rep~raron en un
hermoso trofeo de ca.rne, una bie~ modelada.
cabeza de cerdo, que e~·a una tentación. El cerdo se le a.parecía. sonr~ente, ~olup~uoso. El pobre violinista. suspendió en silencio el_ a.reo sobre las cuerdas, y calló mientras m1raba.co~
arrobamiento el cerdo{ que parecía decirle.
"¡Ven á, mí! ¡Tuyo soy "
Lms GABALDÓN.

BLANDON

(De las Pa1torales de Loneo)

Leve como un perfume:blanca. y rara
como un bajorrelieve de mezquita;
antes que Prima.vera despertara.,
se deshojó como una marga.rita..
En su belleza, fugitiva. y clara,
resucitó el encanto israelita,
y en el óvalo fino de su cara
ese rubor de la primera cita.
Fué una gótica virgen.-Su piadosa
sonrisa. fué un dolor.-En la ternura
ingenua. de su frase pudorosa
hubo la paz de lo que ya. no existe,
y en su apacible gesto de amargura,
algo que fué muy dulce y fué muy triste.
EMl:LIANO HERN ÁNDEZ,

México, 1904.

~

LAS SIRENAS
Surgen de entre las aguas temblorosas,
como haz de erubescentes porcelanas,
tiritan, se estremecen, y nerviosas
sacuden sus ca.bazas parnasianas.
Dejan volar sus crines caprichosas
cual tendidas banderas soberanas,
y en sus pupilas arden las gloriosas
lumbres de las leyendas horacianas.
Van flotando cual raras floraciones,
vero al oir gritar á los tritones,
sumérgense en las ondas centelleantes;

y al brillar las _escam~s de sus colas,
semejan una lluvia de diamantes
ca.yendo entre lo verde de las olas.

NAVA,-&lt;LA PETITE BOUDEUSE&gt;,
N.lV.l,-&lt;FUENEE Á SILENO&gt; (~O,)

PARAFRASIS

1904

ALBERTO HERRERA,

L~ SIESTA

\

\\ \'

Duel'me Cloe; Dafnis vela.
el suello de la niña encantadora,
y de la. flauta rústica y sonora
un dulce arrullo virgilia.nr, vuela.
-¡Chist, traviesos cabritos! ovejuela.
que por demás te muestras baladora.,
no despertéis á mi gentil pastora,
más atractiva. cuanto más me cela!
Dice el zagal Y en tanto en el turgente
seno de Cloe ocúlta.se impaciente
cigarra huyendo de a.ve que la acosa.,
Dafnis encuentra la. ocasión propicia.:
busca, prende al insecto, y aca.ricia
dos venustas palomas, nieve y rosa._:1....,
JUAN B. DELqAJJ(J, v

"

1 1

La Sra. Elisa de la Maz~. ¡1 1

MUNDO ! LUSTRADO reprodU&lt;;e hoy en sus
ELcolumnas
cuatro fotografías de !'a Sra.,Eli-

sa. de la Maza, actriz estudiosa. y mo'des.ta que
actualmente trabaja. en el Teatr? Hi9'algo,,?ón
beneplácito del numeroso público que -concurre, semana por semana, a.l coliseo d'e Cerchero.
Elisa. de la Maza ha procura.do. y á, fequelo
ha conseguido, realizar una. obra dfmiséricor·
dia, por decirlo así: atraerá los_que gastan el
exiguo jornal de la serna.na en Juergas y verbenas, ofreciéndoles, á cambio de una suma. tan
insignificante que hasta los más pobres pue•
den desembolsar, funciones en que se representan lo mismo las viejas obras de capa. y espada que las de moderno repeftorío,sin excluir,
po~ supuesto, aquellas que tienden, de manera
muy directa., á elevar el nivel moral del pueblo.
El éxito que ha coronado los esfuerzos de la.
sellora de la Maza es muy merecido; pues,
aparte de que su desprendimiento redunda, so •
bre todo, en bien de la clase obrera., su labor
como artista. denota que ama el estudio y que
hace cuanto está de su parte para. salir airosa
en el desempeño de los distintos papeles que caracteriza..
Ojalá que l a modesta a rtista prosiga. en su
empello de establecer en México las funciones
populares de drama, ya que son tan escasas,
entre nosotros, las di versiones capaces de proporcionar al pueblo la. ma.nera. de divertirse
á poco costo y con provecho.

f

�EL MUNDO llUSTRADO

EL JiílJNDO ILUSTRADO

IN@U~@ (n}n~@r1@r~
:Í~1~~ ~f. l.~ MA'Iw

---

'

ta.. La. manga, infinitamente graciosa. Y
seductora, se ha.ce de un volante del mismo enea.je a.poya.da sobre un volante interior de :Ouselina. de seda. Ambos volantes están montados al borde de una.
cinta formando bra.za.lete, llg11;do a.l hombro por cinco banda.s de la. misma. cinta.,
dejando desnudo lo alto del bra.zo.
Metraje: 12 metros de crespón de 1.20
centímetros de ancho; 12 metr os de seda.
para el fondo de la. falda; 3.50 centímetros de encaje para el cuerpo; y 5 metros
para. la. fa.Ida..
.
NúM. 2. -«Toilette&gt; de cgu1pure&gt; de
Venecia. color de ocre a.dorna.do C?n or o
y muselina. de seda; ma.nga.s term1!1a.da.s
en punta.; cintura. y la.zos de terciopelo
a.na.ra.nj a.do.
NúM. 3.-Tra.je en crespón de China.
Pa.rma. con grandes pliegues .ocultos,
guarnecido de volantes de enea.Je ligero
amarillento y esca.rolas de tafetán recorta.do, matiz Pa.rma. En e.l esco~, berta de muselina de seda plisa.da. rncrustada. de encaje.
.
Los tres volantes de enea.Je que orna.n
la falda. están coloca.dos ca.da. uno so bre un ancho pliegue reli~ioso, d el que
sólo se ve el borde. El pliegue superior
está forma.do de la. misma. fa.Ida, en tanto que los otros están hechos en el vol ante.
Ch'
NúM. 4.-Tra.je en crespón de
_rna.
glicina guarnecido de frunces y motivos
de grueso cguipure&gt; Cluny &lt;bis&gt; r od~a.dos de vola.ntitos fru ncidos de musehne.
de sed a ma.lv a.
NúM. 5.-El talle «Luis XV&gt; de este
traje es de seda cliberty&gt; a.marillo-~ulce,
adornado con terciopelo que hace Juego

raoinas 06 la Mooa
Trajes de Baile
s preciso buscar la. novedad, la. invención, la. fa.nta.síacuaado se trata. de combinar un traje de baile.
Lo que sienta biE'n á la juventud son las disposiciones sencillas de la. tela., y la Moda permite poner en práctica esta. sencillez.
Las telas que se prestan mejor para. los frunces, volantes,
t-ullones, pliegues de lencería, etc., son las que deb~n elegirse
para. que el resultado sea. satisfactorio y fácil la. ejecución.
Indispensables elementos de a.dol'no constituyen los terciopelos--eometa., bieses, listones suaves, encajes y pa.sa.ma.nería.s
de seda.
Haciendo estrechos los bieses y rodeando con ellos las incr ustaciones de cguipure&gt; ó las aplicaciones de tela. estampada.,
resultan adornos ciertamente nuevos y favorables.
Los terciopelos-cometas se prestan á una. multitud de combinaciones, y su precio es tan módico,que se les puede emplear
mucho sin hacer locos gastos: con ellos se forman cuadrículas
en el fondo de las escara.pelas de seda. sua.vP., de un lindo efecto
cuando se siembran á intervalos regulares sobre volantes fruncidos.
Las esc&amp;.roliilas juega.a, por supuesto, un papel interesante en la confección de estos trajes: con ellas se circuyen los volantes, se encuadra.~ los entredoses y se a.ni man los adornos de
las mangas y ca.nesus.
¿Se dP11ea. una fa.Ida tan económica como graciosa? Hága.se
de dos volantes fruncidos terminados por escarolas y montados por una cabE'za y varias filas ~e frunces. separados por pequeiloq intPrvalos. En Jugar de. ptazas en lo a.lt&lt;? de la. fa.!da,
pónganse plie"ues de lencería, s1 no gusta el empiezo fruncido.
Algunas personas se cansan del plisado á sol; se lleva mu-

E

NÚMERO l.

ho es verdad mas con razón es el preferido de la Moda: sus
e lie' ues se a.ju~tan á la cintur a; no engrues9:n como los frun¿es, ga.plegadillados y bullones, que es. aecesa.r1? a.gr upa.r los con
mucho arte y dispensar con mesura, s1 no ~e quiere desfigu_rar la
silueta. El plisado á sol es muy a.propósito para tel.as ligeras
transparentes; de allí que se emplee. c_on_ta.nto éx1~0. en las
!toilette&amp;&gt; de baile. Para quitarle la tr1v1ahd~d se ut1hza.n los
&lt; lie ues religiosos&gt;, colocando dos ó tres hileras e1;1 la parte
ufedi'[ é inferior de la fa~da: este adorno es de superior efecto
que Jos entredoses de cguipure&gt;.
. t
Un bonito adorno para el cuer po es ponerle una c1n ura. a1;1cba formando punta delante y adornada. atrá~ por una serie
de ¿udos de seda suave. Un gran fichú de muselina. de seda a.rnlía. los hombros y destaca ma.ravillos'!-men~ el cuello.
p No se olvi&lt;ie que las pequel'ia.s mo~1fica.c1ones causa.das por
richo y gusto de cada una cambian el aspecto general de
1
e cap
la «toilette&gt;, imprimiéndole un carácter absolutamente personal.
C. G ALINDO .

..

NUE.STROS FIGURINE.S
--.I
NúM. }.-Modelo en crespón meteoro &lt;hoja.
de rosa&gt; plisado á sol, bolero corto, mangas
y bajo de fa.Ida de tul
cguipure&gt; amarillento· be.rretas de los
bo'mbros de tercio pe ·
Jo rosa borda.das con
perlas;cintura de seda suave color rosa.
Este lindo modelo
es de una interpretación muy fácil, al alcance de todas. Sobre el sencillo cuerpo plisado en acor- .
deón un alto volante d~ tul cguipure&gt;
dibuja.un bo1erocorto y flotante que se
a.larga un poco delan te formando pun-

NÚMERO

3.

�EL MlJ'NDO ntrsTDDO

EL lt11NDO llUSTJW&gt;O
patios, escudriñándolo todo por entre los montones de leña; recorren los miserables cuartuchos, repletos de familias andrajosas, que se
prosternan á su paso. En la última choza de
la aldea, una. mujer puesta en cuatro pies da
de mamar á. dos niños gemelos sobre la. paja.
de un establo. Sobre su pedestal de laca, un
Budha desdorado observa impasible esta esce·
na de animalidad.
Sergio se vuelve bruscamente hacia. el lindero del bosque de pinos. Diez llamaradas brillan un instante entre el ramaje, oyéndose simultáneamente el rápido silbido de las balas.
El cabo herrador ca.e de bruces sobre la. crin
de su caballo, pierde los estribos y resbala a.l
suelo hecho un ovillo.
-¡Adelante! grita alguien.
El enjambre de cosacos embiste lanza en ris•
tre, arrastrando en su acometida á los dos amigos. El caballo de Sergio salta por sobre el
cerco de una huerta dentro de la cual ha.y una
carreta. abandona.da.. Por encima. de ésta ve á
varios hombrecitos ágiles que se repliegan,
allá en el fondo del terreno. El guante ble.neo
de uno de ellos designa á los rusos, con gesto enérgico. Brilla un relámpago, y una mano
invi!lible arrebata el casquete de Constantino
Mikh&amp;iloff.
- jPle á. tierra! .... ¡Fuego!
Sola.mente entonces puede darse cuenta Ser•
gio de sus impresiones, mientras se desliza de
su cabalgadura y empuña su cara.bine. que llevaba en bandolera.
-Me pueden matar .. . . ¡Oh Catalina. Pa.vloffl
.... ¿Sabes que en este momento me pueden
matar?, ... ¡Catalinal. ... ¡Catalina!
Suena otra descarga, que le produce calambres de vientre, como si él hubiera recibido
todas las balas. Dirige una mirada hacia su
derecha: detrás de su bayo, el hijo del pope
apunta tranquilamente su arma, con el ojo izquierdo cerrado, apoyando el cañón sobre la
montura. A la izquierda,el veterano Alexeiew
y el peluquero Dombrowski, rodilla en tierra, apuntan al grupo _de japoneses, eligiendo
sus víctimas entre los tiradores amarillos acos•
ta.dos sobre la nieve, como moscas negras sobre un mantel blanco.
Oyese en ese momento un rápido galopar de
caballos y el chocar de sables y estribos. Es
todo el resto de la sotnia, que carga sobre el
enemigo por ambos flancos del pelotón de tiradores cosacos. Al frente, todos los pinos se
iluminan con el relámpago de una nueva descarga. El poney colorado del cantor Gorki se
desploma, desarzonando á su jinete, cuya barba aparece cubierta de un líquido rojizo. Sergio advierte entonces que él no hace fuego.
Echase la. carabina al hombro, elige una vícti•
ma entre esos pequeños japoneses esparcidos

loff, ella, que se jacta de ser tan buena ama.zona?
Constantino se ríe, pero no responde. Sergio
no sabe qué pensar. ¿Por qué se obstina en no
hablarle de Catalina? Juntos, sin embargo la.
vieron por primera vez. Fué en casa del eo~do
Oblomoff, cuya amante la había recogido desatinad a, perdida., expulsa.da de la. casa. pa.ter•
na por progenitores demasiado severos, abandonada por un seductor demasiado joven y demasiado pobre. Juntos admira.ron su belleza.
entre el humo de sus pipas. Juntos la consola.:
ron, la a.legra.ron, la llevaron al circo·, en donde la hartaron de champaña alemán y de confituras polacas. Más tarde, Const.a.ntino acompañó muchas veces á la pareja de enamórados
al teatro y á los paseos campestres que organizaban en las orillas del Dnieper de abundosa.
pesca. ¿Por qué finge ahora que cree en el
pretexto inventado por Sergio, de que se ha.
hecho cosaco para reanimar más tarde la. revolución liberal en la. Universidad de Kieff
demostrando á los ca.mara.das que no se muer¿
por haber estado en las prisiones de Irkoutsk
llevándoles la palabra de orden de los jefes'
internados en la Siberia Oriental?-¡Ohl ¡Quá
inquietante sospecha! ¿No sería Constantino
un espía del comité proscrito?

y de punto de Inglaterra.; fa.Ida. de la. misma.
seda, velada por una túnica de muselina de
seda amarillo-dulce plisada á sol y orlada de
una cinta. de terciopelo suave amarilla; en la.
base alto volante en punto de Icglaterra.

00

JfJ:fflJfS En J:JI DTEOE
J: NVUELTOS por la bruma y por

los ligeros
cesar, encorvados bajo el peso de sus barbudos jinetes,
trotan los ágiles caballos cosacos, dóciles como lebreles. Hombres y bestias descienden á
los blancos barrancos, se pierden en ellos, reaparecen, escalan la pendiente. Los cascos de
los corceles desatan avalanchas de guijarros y
trozos de hielo. Ya están sobre la altiplanicie
desierta. Aquí y allá algunos delgados arbustos sacuden sus ramas, agitadas por el viento.
Enjambres de cosacos acuden de todos los puntos del horizonte, destacando sobre la blanca
sabana sus siluetas puntiagudas y movibles.
-Sergio Ivanovitch, el número de los nuestros aumenta cada día más .... Qué te parece . .
La cosa marcha bien.
-Sí, querido, . ... ¿Tienes vodka en
la calabaza? Tengo los pies duros de
frío dentro de las botas. ¡Oh! No estamos aquí mejor que en la prisión de
Irkoutsk.
-Sí, pero aquí á lo menos uno se
mueve...... Mi cerebro se petrificaba
en ese establo. Además, olía demasiado á sebo . . ... Toma la cantimplora
Sergio Ivanovitch.
'
-A la salud de nuestros hermanos
Constantino Mikhailoff.
'
Oyese el silbato
del teniente, que ordena ensanchar el
círculo de batidores. Los dos soldados se alejan del
resto del destacamento. Pueden con•

L, copos de nieve que caen sin

Un pitazo del oficial interrumpe estas reflexiones. Se ordena por gestos á. los cosa.coa
que vayan á reconocer la aldea. Los techos
cargados de nieve se confunden ca.si con la planicie y los muros grises se distinguen con dificultad. Apenas si los torbellinos de humo que
vomitan las chimeneas denuncian la. vida. cercana encerrada dentro de las habitaciones informes, que los cosacos rodean con precaución. Penetran después en ellas, registran los

ECOS DE TODO EL MUNDO
TRAJES DE BAILE,-NÚM.

versar ahora á sus anchas, á media voz.
Sergio se manifiesta inquieto por la opinión
que habrá merecido á sus compañeros de cautiverio el paso que hao dado él y Constan•
tino, estudiantes como aquéllos y condenados
todos á la deportación en Siberia, á causa de
los sucesos políticos de Kieff. Ellos no quisieron enrolarse, por no deber nada á la benevolencia ministerial, ni aun la gracia comprada
al precio de la sangre que derramarían tal vez
las armas japonesas en este suelo ingrato de
la. Corea.
Pero no es por heroísmo guerrero que Sergio
se encuentra en ese momento con la lanza al
brazo y el sable á la cintura, pronto para abalanzarse sobre los guerreros del Nipón, en
esa ruta polvorosa que se alarga hasta Seúl.
Se encuentra allí persiguiendo la esperanza de
recuperar su libertad una vez terminada la guerra, para ir á reunirse con Catalina Pavloff
una joven de Kieff, que lo ama .... Sí. ... Es se:
ro que continúa amándolo. ¡Oh! ¡Esa Catalina,
con sus gruesos labios de mujer sensual, con
su linda voz que sabe ca.otar con ternura las
romanzas de la Pequeña Rusia y con malicia
los &lt;couplets&gt; de París! Sergio se felicita de
haber sido el mozo jovial y elegante que ella
amó, que ama todavía, que amará mañana,
cuando él se encuentre de regreso en el barrio
del monasterio de Santa Sofía, en su habitación guarnecida de tapices afghe.nes, de pieles
de Siberia, de chucherías de Persia, perfumada
con el olor del tabaco turco, que se esparce por
el ambiente en amplias espirales de humo. Bien
se ha. guarda.do Sergio de echar mano de estos
argumentos, en pro de su resolución de enrolarse, cuando se dh1cutía animadamente este
asutto en los corrillos que formaban los prisioneros al rededor del calorífico de la prisión
de Irkoutsk. Otros eran los pretextos que invocaba, de índole patriota y revolucionaria.
Pero su compañero Constantino Mikhailoff no
ignora., seguramente, el móvil secreto de Ser-

4,

Los torpedos en la guerra moderna.-Una sesión
de gimnasia en presencia de Pío X.- EI
"bey" de Túnez en Paris.-La pro•
cesión de los "glgll"en Nola.
El mausoleo de la Reina
Victoria y del Prin•
clpe Alberto.

gio. ¿Lo sospecharán también sus demás camaradas de infortunio? ¿Le perdonarán, en tal
caso, su debilidad ó la esgrimirán más tarde
contra él como un arma de censura? ¿Y qué
motives ha tenido Constantino para aceptar
también la conmutación de la pena, en la forma ofrecida por el gobernador? ¿Le tendrá. tanto afecto que ha querido compartir con él los
recelos de los revolucionarios y los peligros
de la hora presente, entre las brumas heladas
de ese país lúgubre?
Constantino contesta con evasivas á las reflexiones emitidas en voz alta por su a.migo y
cambia de conversación, llevándola á los asuntos de la lfUerra y á los peligros que 'corren.
La sotnia trota sobre la altip1anicie. Los copos de nieve vúelan al viento ó se adhieren á
la erin de los caballos, á los faldones de los
capotes, á los pelos de la barba.
-J?ime, Constantino, se arriesga á . decir
Sergio,-¿qué figura haría-aquí Catalina Pav-

desgracia, la guerra en oriente sigue sin
esperanzas próximas de llegar á una solu·
ción que las dos potencias empeñadas, los
países neutrales y
la humanidad toda,
,
habrían de recibir
con marcada. s mues•
tras de júbilo.
Cuando la cam•
pai'ia en oriente dió
principio, los amigos dela.paz, lo mismo en Europa que
OR

P

I
TRAJES DE BAILE.-NlJM, 5,

PRUEBAS DE TORPEDOS EN LA llliliUNA
INGLESA,

por el blanco suelo y dispara. El retroceso del
arma le causa como una contusió11 -en·el hombro. Aspira con fuerza el olor sofocante de la
pólvora. La mancha negra. de la. tropa japo•
nesa. no se mueve, sino que se ilumina con la
llamarada. de una nueva descarga.
Sergio se exaspera por haber errado el tiro.
Todos sus nervios se ponen en estado de tensión. Siente desarrollarse en el fondo de su
pecho un sentimiento nuevo, un sentimiento de
odio por estos amarillos japoneses que pueden
matarlo sin haber tenido tiempo de ver á Ca•
ta.Una.
¡Ah, no! El quiere volver á Kieff y á las cúpulas del monasterio de Santa Sofía; á. su pequei'io departamento adornado de tapices
afghanes, de pieles siberianas, de chucherías
persas.
A la derecha, á la izquierda, por todas par•
tes, los cuerpos de los caballos echados sirven de parapeto á. los hombres. Un olor de establo, penetrante, de pelo sudoroso, de cuero
y de pólvora, llena el espacio. Los cosacos se
llaman por sus nombres. Los oficiales, sin
apearse de sus caballos, dirigen el tiro de los
soldados, sin preocuparse al parecer de la lluvia de balas que cae á. su alrededor.
-¿Qué haces que no tiras, Sergio Ivanovitch?
. . . . Apoya. la culata sobre E:l hombro . . .. apun•
ta bien .... calma. .... ya es tiempo, señor estudiante!
Sergio dispara. su arma y la retira del hom•
bro para cargarla de nuevo, cuando advierte
á su lado á Constantino, que lo mira con aspecto angustioso. Su rostro parece el de un
viejo enfermo, con palidez que el reflejo de la.
nieve ha.ce aún más lívida.
-Sergio, dice, dejándose caer suavemente
en tierra; tengo una bala en el vientre . ... voy
á morir .... si vuelves á Kieff, dile á Catalina.
que me enrolé por volverla á ver algún día ....
Ella me amó siempre, desde aquella noche que
la llevamos al circo ... .
-¡A caballo! . . .. ¡En retirad al
Sergio obedece como un autómata. No sabe
todavfa cómo se encontró de nuevo á caballo,
en el tumulto de la retirada; cómo pudo atravesar nuevamente la aldea y la altiplanicie, á
galope, ni cómo puede f!xistir un dolor animado, vivo, que come, que bebe y que galopa á
través de los bosques de pinos blanqueados
por la nieve, hacia las descargas cerradas que
chisporrotean en el lindero del bosque, en las
goteras de las aldeas, ó en el recodo de un
sendero, disparadas por esos horribles hom•
bracillos de tinte amarillento, que surgen de
todas partes para arrancar la vida hasta á los
corazones que ya han muerto.
PAUL ADAM.

en América, pensaban que habría de ser sol amente una. sucesión de pequeños encuentros,
en los cuales perecerían pocos hombres, porque la. suerte fina~ n~ deja.ría de delinea~se
desde los primeros mcidentes de las operacio·
nes hostiles. Se han equivocado de medio á
medio y si algo ha.y que lamentar profundamente 'en la guerra de oriente, es la serie de
sangrientos combates, má s sangrientos aún
que todos los que anteriormente habían formado las grandes campañas en el mundo. Ade•
más en esta campaña. ha.y que tener en cuenta
la f~lta de incidentes determinantes de una finalidad cualquiera, las inútiles pérdidas de los
enemigos que después de destrozarse mutuamente1 se 'encuentran hoy, después de siete meses de lucha, en condiciones iguales á las del
primer día, listos para seguir la _guerra por
muchos meses, por años quizá.; dispuestos á
sacrificarse aún en encarnizados y continuos
encuentros.
Ta mbién dicen los críticos de guerr a que algo muy notable en la actual campaña a~iá.ti·
ca es la utilización racional, correcta, cientí·
fica de medios de destrucción que basta la fecha'más pertenecían á la teoría. guerrera, que
á la práctica de los combates. Todo lo que de
4rnevo se conoce, todo lo que puede ser un método de destrucción seguro, ha sido utilizado
por los beligerantes en oriente.
Los torpedos, hasta hoy, eran más bien un
juguete científico, cuya potencia destructora. se
comprendía; pero en apoyo de ella solamente
se citaban algunos casos a.isla.dos, sin la menor fuerza como hechqs indiscutibles. Y tanto
era. a.sí que después de la batalla naval de
Santia.g~ de Cuba, en la que se utilizaron más
las piezas de gruesa artillería que los torpe·
dos, y en la que la escuadrilla del Almirante
Villa.a.mil no pudo poner un solo torpedo en el
casco de los navíos 11,mer:.canos sus enemigos;
después de aquella. trágica be.talla, decíamos,
se llegó á. pedirá Jos gobiernos de las grandes
potencias que construyeran cruceros rápidos,
no acore.za.dos, cuya velocidad era un riesgo
en los comha.t.es' ni mucho menos torpe_d eros
inca.paces de sostener una lucha, por ~er decora.ti vos solamente.
·
Desde entonces, los perfeccion·a mientos han
sido múltiples y se ha logrado, esp~cta;Imente
en la marina americana, dar una simestra pel'·
fección á los torpedos automáticos. Los que la.

La Alcoba
ESTABA ayer clavando un cuadro en mi alco-

ba. cuando entró mi hijo.
- ¿Quieres explicarme una cosa, papá?
-¿Cuá l?
-Colocas en el salón, en el despacho, hasta
en el gabinete, dibujos, grabado3, pinturas,
estatuitas y objetos de arte de todas ele.ses;
pero en tu alcoba no se ven más que retratos ó
fotografías de mi madre, míos, de nuestros parientes y de las personas que má s quieres. ¿Por
qué lo h aces?
-¡Ohl dije sonriendo, has tocado á una de
mis más íntimas y pe,rso.nales ideas.
-¿Quieres explicá rmela?
- ¿Qué es lo que no te digo?
-Habla, pue.s.
En mi concepto, la alcoba es á. la casal!&gt; que
la conciencia al alma ; es decir, el fuero mter•
no, el santuario. En las demás habitac~ones se
vive junto con otros; en la alcoba se vive con•
sigo mismo. En la alcoba se verifican los cuatro actos en los que uno se halla con mayor
realidad frente á su corazón: allí es donde nos
dormimos nos despertamos,estamos enfermos
y morimo~, y aul!. podría añadir que allí es
donde se vel a, pues es donde nos acompaña aquella pálida hermana. de la noche que á tu edad
sólo se conoce de nombre, pero que á. la mía es
compañera casi inseparable: ¡~l ins.omniol .
Pues bien, en estas cuatro situaciones ó cir•
cunstancias, es cuando necesito reunir junto á
á. mí á todos los que quiero ó he querido. Tú
no sabes aún lo que es el despertar. Despertar
para ti es abrir los ojos, estirar los brazos, es
decir: ¡oh, qué bien he dormido! Es saltar de
la cama cantando y recob!'ar alegremente Y
con vivacidad la posesión de una casa que nos
pertenece.
Pero cuando han pasado cuarenta años, este
renacimiento de cada mañana no se verifica tan
aprisa ni tan alegremente. A medida que nos
desprendemos del sueño, estamos en el mundo
real y sentimos renacer en nuestro corazón todos los cuidados, todas las angustias. Es la
hora de tomar determinaciones, de formar pla•
nes para lo porvenir, y es también la hora en
que lo pasado vuelve con ma,yor facilidad á
presentarse á nuestra memoria.
E. LEGOUVE.

Las mujeres mueren dos veces: cuando cesan de agradar y cuando cesan de vivir.

marina de guerra que nuestros vecinos del nor
te usa, están constituidos en forma tal, que se
pueden disparar desde baterías que se encuentran situadas bajo la línea de flotación del crucero, en sitio perfectamente invisible, y, sin
embargo, son,de tal manera exactos y podero·
sos,que en experiencias recientes se ha podido
destrozar enteramente rocas situadas á dos kil ómetros de distancia, rocas que de haber sido
un navío, seguramente se hunden en menos de
un minuto. Los torpedos americanos son dis•
parados por medio de aire comprimido, en cañores de acero de forma y mecanismo especiales.

l

LOS NU.EVOS CARONES PNEUMÁTJCOS PARA
EL DISPARO D.E TORPEDOS.

�EL MU'NDO ILCJSTitAno
que de él se esperan, precisa que se le dispare
en cierta forma, que solamente la práctica en•
seña. De aquí que en todas las marinas de
guerra europeas existan, por reglamento, días
fijos al mes, en los cua~es se hace la práctica
de disparar torpedos, srn la «cabeza&gt; explosiva, por supuesto. Los torpedos llevan una cabeza de madera blanda para estos ejercicios.
Cuando se ha disparado, se corrige l a puntería en vista del resultado, se toman apuntes,
para subsanar las imperfecciones quelamáquina disparadora ó el torpedo mismo puedan tener, y estas observaciones se traducen por datos, que se guardan cuidadosamente en los registros especiales del b_u que. Así sólo se consigue que la oficialidad y marinería lleguen á
adquirir conocimientos indispensables para
manejar,con todo éxito,las terribles máquinas
de destruccción.

***

Si el torpedo se perfeccic.na y llega á ser en
pocos años un elemento decisivo en los combates navales, los medios de comunicación entre los buques m¡sroos y la costa, por una parte, y los códigos de s,-ñales, para la mejor comunicación misma,se perfeccionanrápidamente
también. Los japoneses en Manchuria y en Co·
rea han estado usando, á lo que dicen los corresponsales extranjeros que marchan con el
ejército del Mikado, un método que antes eraco·
nocido,es cierto, pero que se hahíadejado abandonado por no estar perfeccionado: el megá·
fono. Este aparato estaba formado por un cor·
netín de metal, en cuya extl'emidad pequeña se
colocaba la boca y cuya extremidad mayor se
dirigía á los buques, ó fortificaciones ó regimientos, con los cuales se pretendía hablar,
consiguiéndose así un aumento considerable
en la potencia sonora de la voz. Los japoneses
han perfeccionado los megáfonos, y los que
ahora usan, tienen una membrana vibratoria.
especial, que sirve para reforzar JD.ás aún el
sonido, permitiendo, por ende, la comunicación
á distancias considerables.

\;&gt;ea Ud. á su Derecha.
Siempre que hablamos y tenemos nuestra vista fija á determinado
lugar, habrán Uds. notado que lo hacemos mirando invariablemente
hacia nuestra derecha. Es la ley natural. Tome cualquier día un
asiento en el Paseo y se convencerá de ello. Encontrará el noventa- y
cinco por ciento que inconscientemente voltean sus cabezas siempre
á la derecha.
Cuando vaya á caballo por el Paseo con dirección hacia Chapultepec, vea á su derecha, allí está el

***

EL &lt;BEY&gt; DE TÚNEZ EN EL MINISTERIO DE LA
GUERRA EN FRANC'IA,

Una de las características de la finada reina
Victoria de Inglaterra er a el intenso amor que
profesó siempre á su esposo, el príncipe Alberto, durante su vida conyugal y después de
la muerte del príncipe hasta el fallecimiento de
la soberana del Reino Unido.
Nada de extraño tiene, en virtud de tal cari •
ño, la erección de un hermoso monumento funerario, cuya ejecución dió comienzo pocos
días después de la muerte del príncipe consorte. La reina Victoria claramente expresó el
deseo de que &lt;su cuerpo reposara al lado del

STILWELL PLACE

que .;;abían apadrinar el arte en todas sus manifestaciones.

Adelante de Cuauhtemoc, pasando la tercera Glorieta, á lo largo de
toda la hilera de eucaliptos y ligada por la antigua Calzada de la Teja, verá un gran terreno dotado con monumentos blancos que muy
pronto se pondrán para indicar las esquinas de las calles.
Dentro de muy pocas semanas verá un buen número de obreros
llevando sus herramientas para emp~zar el drenaje y colocar los tubos para el agua, y poco tiempo después se harán las calles con asfalto.
No sea Ud. como uno de aquellos que les decía á sus amigos, hace
cinco años, que los terrenos del

** *

EL USO DEL MEGÁFONO POR LOS JAPONESES
EN MANCHURIA.

· París es una capital deseada por los soberanos exóticos. Apenas pasa mes sin que llegue
á la capital francesa un mona1·ca de nombre
más ó menos sonoro, que pasea por el simple
gusto de hacerlo. E l bey de Túnez es el último
de los monarcas, huéspedes de París, que sale
de su país con el íntimo deseo de no volver á
,,us Estados, prefirien.do ser un modesto ciudadano en París, á ser el soberano en su corte.
El bPy de Túnez pasó cuatro días, como bués·
ped de honor, en la capital de Francia, y en los
cuatro días fué agasajado por el gobierno de
la galante manera que saben hacerlo los franceses. Se le llevó á las carreras t-n Longcbamps, se le ofrecieron almuerzos y cenas en
los ministerios, se le presentó á Jas actrices
famosas que actúan en los coliseos de París,
se le mantuvo en constante estado de asombro
y alegría. Y á los cuatro días, desvelado, rendido, lleno de la comunicativa alegría trance·
sa, el bey volvió á sus Estados, tal vez con el
íntimo deseo de abdicar, para irse á radicar
en París. No sería, por lo demás, el primer
noble que hace algo semejante. Si París bien
vale una misa, como dijera el rey galante, también va.le la abdicación y hasta el destierro.

***

***

Quien ve en retrato al Papa Pío X, evidentemente cree estar en presencia de un hombre no
mayor de cuarenta y cinco á cincuenta años.
Se ve claramente en el pontífice la existencia
tranquila, racional, higiénica que ha llevado:
es un perfecto modelo de salubridad y de conservación.
Por eso no debe extrañar que Su Santidad

UNA SESIÓN DE GIMNASIA EN PRESENCIA

DE PÍO X.

haya recientemente favorecido la reunión en
Roma, de sociedades gimnásticas, que han'hecho ejercicios delante de él mismo y del Sacro
Colegio. En uno de los hermosos patios de la.
residencia oficial de los pontífices, se levantó
un dosel para el Papa, y en una rotonda especial se situaron los cardenales. La fiesta fué
muy celebrada, al decir de los que asistieron
á ella, por el pontífice y por todos los cardenales. «Mens sana incorpore sano&gt;,dice Pío X
y por eso el Papa ha querido dar pública
· clara muestra de su gusto por la gimnástica
siguiendo así el ejemplo de los viejos Papa~

y

Las pequeñas ciuétades italianas, viejas, legendarias, llenas de la sombra qi;e proyectan
los siglos, tienen costumbres cuyo origen se
pierde en la noche de los tiempos y que son
admirables, muchas veces, por su cándida fe
y significativo simbolismo. La fiesta de los
«Gigli&gt; en Nol_a, cerca de Nápoles, es una
de esas celebraciones origh:.ales y antiquísimas. Se celebra el día de San Paulina.
Los artesanos de Nola construyen por su
cuenta enormes obeliscos de madera, que pe·
san hasta setenta quintales, revestidos de curiosas inscripciones y decora.dos al estilo churrigueresco. Estos obeliscos, cargados por cuatro hombres, son los «Gigli&gt;. Por la ciudad
entera se pasean los portadores, con los cu·
.riosos obeliscos, al son de música que, preci!¡amente, deben ir en enormes buques, sobre
ruedas.
Tales buques van en
las· calles maniobrando
lo mismo que. si en el
mar estuvieran; la música ento'n a los cantos
populares, qúe la multitud aplaude y, á veces,
acompaña, y la ciudad
. entera se engalana. Y
en medio del sol abr\l,·
sador, pasan los portadores de los &lt;Gigli~ y
los marineros y músicos
en las galeras empavesadas.

STILWELL PLACE
se adquirían por una· canción. Siga el ejemplo de los demás y compre
sus lotes, obteniendo las ventajas de sus precios. Venga á nuestra
oficina, Primera de San F!ancisco, número 4, ó á la de nuestros Agentes Genera)es, Sres. Prevost &amp; Vail, Primera de San Francisco, número 8, y le daremos toda clase de informes, así como una lista de personas prominentes que han comprado lotes en esta COLONIA, donde
piensan edificar sus Casas-Palacios. Vea á alguna de estas personas.
que han comprado terrenos en

LA PROCESIÓN DE GIGLI EN NúLA.

de su esposo, para resucitar con él el día del
Señor&gt;. En la puerta del mausoleo, muy re·
cientemente concluído, se leen, en latín, las pal abras de esa frase. Los dos reales esposos es·
tán representados en már.mol, en traje de cor·
te. tal como aparecían en la época de sus esponsales. Cuarenta años la figura del príncipe
fué la ú~ica en el mausoleo, que hasta hoy se
ha termrnado y sella.do con lo'I dos ataúdes
en su interior. Está á flor de tierra.

STILWELL P-LACE
y pregúntele por qué ha preferido este lugar á otros numerosos que '

hay en la ciudad; le dirá la razón y podrá inspirarse para comprar
el suyo.
. Uno de los más prominentes negociantes mexicanos acaba de comprar lotes por valor de cincuenta y dos mil pesos en el Stilwell Place,
la semana pasada. No pagó más de diez mil pesos al co:qtado, y el resto lo pagará en nueve años. ¿Cuánto llegarán á valer estos lotes dentro de nueve años, si siguen aumentando en cada año un diez por
ciento, como ha ido sucediendo durante los últimos nueve años que
han pasado?

***

De las más difíciles
ope:raciones es la de disparar un torpedo auto·
mático cuya máquina se
encuentra libre en el seno de las aguas. Es muy
caro un torpedo,y para
que dé los resulta.dos

EL MAUSOLEO DE LA REINA VICTORIA Y EL PRÍNCIPE ALBERTO
EN FROOMORE.

,

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Año XL-Tomo II-Ntímero 9
Dlr1ctar: LIC. RAFAEL REYES SPINDOU

uN·oo· LUSTllílDO
MEXICO, AGOSTO 28 DE 1904.

,

SabllCl'lpcl6• mensual ror,nea......s l . 50
ldem
ldem en la Capital. S t . lió

8111111: LUIS RETES SPINDOLA
Registrado como artículo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.

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peso nó exceda de' t ~ _kilos: ,
:•. , . ,..~
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t· : ✓-i'-~ }•· ~ ·~. • Signorttt Honnorat~y f ~mpañía. ·!

19ill(o ·

. ~'(} .· ·~~
CABEZA DE ESTUDIO.
( De I; colección de la Crlstaler1a de Vergara.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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