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                  <text>�EL :MUNl&gt;O ItUSTRADO
EL :MUNDO ItUSTl.tADO

El Espacio y la Libertad

medio más propicio á su vida. y á su actividad:
el águila., la atmósfera; el león, el. desierto; la.
ballena. y el tiburón, el océano. Por el espacio
que in va.de y que necesita. para vivir puede medirse la categoría de un ser en la. Naturaleza. ·
¿Por qué somos fanáticos de los horizontes
y de las lontananzas leja.nos é indefinidos?
¿Por qué nos sublevamos contra la jaula, contra la celda., contra la. cueva? Porque el amor
al espacio es hermano gemelo del amor á la
libertad, y porque el amor á la libertad es instintivo, natural, espontáneo é innato en toc;los
los seres;y refinado, exigente, imperioso en los
superiores y más elevados.
El amor á la libertad es primordial, irreflexivo y ciego. Odiamos tanto ó más las trabas
que se oponen á nuestros movimientos, como
las limitaciones que se imponen al espacio que
nos rodea. ,La jaula es odiosa.; P€\ro las esposas son -insoporta'bles. Entre_ la ce~dilla dé_
nuestra prisión y el grillete de nuestro presidio,nn hay, casi,elección posible.· Au n cuando
no tengamos ni necesidad ni intención de ejercitar la acción de nuestros miembros, aun re·
sueltos al descanso y á la inercia, no podemos
soportar que se nos sujete y se nos maniate, y
aun resueltos á dormir,no toleramos que se nos
venden los ojos.
Amamos, pues,el espacio, porque amamos la
libertad. El espacio nos ofrece campo para to·
das nuestras actividades, derroteros para todas nuestras caminatas, arena para todas
nuestras justas, estadio para todas nuestras
luchas, amplitud para todas nuestras empresaL
.
Vivir confinado es vivir ma.niatado, engrillado, agarrotado, impotente. No bien un ser
se esconde, se oculta, se encierra.,podemos asegurar que t eme, que huye, que renuncia á su
actividad ó que desconfía de su fuerza.
0

L amor al espacio es general y característico de todos los seres superiores. El firmamento, que ostenta su cúpula aérea y
transparente, surcada de nubes ó tachonada
de estrellas; el mar inmenso, que ofrece á I a
. vista. horizontes indefinidos é inaccesibles; 1a
llanura interminable, mar gris ó mar verde,
que parece con vid ar á la correría indefinida
á la carrera vertiginosa, á la expansión de
todos los movimientos y al ejerci0io de todos los actos, son tres de las cosas más grandes y más noblemente bellas.
El cóndor, que se cierne e¡¡ la~ alturas y cuya
pupila abarca casi un hemisferio; el corcel, que
galopa la crin al viento por la pampa interminable ó la. sabana. ilimita.da; el pez, que coletea en la masa sin fin de la. senda amarga.,sienten la. belleza. profunda y grandiosa del espacio, con ella. gozan y en ella se exta.sían.
Sólo los seres inferiores gustan de los horizontes limitados y de los recintos estrechos, y
sólo para. abdicar, en el sueño, en la letargia
ó en la somnolencia, de las aspiraciones superiores y de las altas actividades de la vida,
busca el roedor su agujero, se encierra. la oruga en su ca.pullo y se confina. la larva (\n su
celdilla. Mas no bien despiertan los seres á la
vida superior y aspiran á la. acción, buscan el
espacio como un campo necesario, adecuado é
indispensable á su actividad y repugnan,el ave,
la jaula; el pez, la. piscina.; el potro, la cuadra; el hombre, el claustro y la. prisión.
Todos los seres superiores, el hombre sobre
todos, buscan y anhelan el espacio como el

E

Lo mismo el topo en su madriguera, que el
monje en su claustro, que el luchador en sus
cuarteles de invierno, prueban, con sólo su actitud que renuncian á un género, por lo menos,
de lu~ha y, por lo menos también ,á alguna forma de su actividad ó de su libertad.
Y con sólo eso revelan algo ó mucho· de su
impotencia radical ú ocasional. Retirarse á
la vida priva.da, encerrarse en el claustro, buscar refugio en la mediocridad y en la estre&lt;:hez de la vida provinciana, «volverá sus estu dios predilectos&gt;, abandonar la amplitud de
la vida pública, como Cincinato, para confinarse en la estrechez del a vida campestre, consagrarse á criar gallinas ó á coleccionar timbres postales cuando se ha vivido la vida agitada y tumultuosa de las sociedades modernas,
todo eso revela cansancio, hastío, decepción,
fo_rmas_to~da~, _!L~tu?,let.,6__.d~nit~v:l!:s, ~e la. impotencia. .•
.
·
..
1
'El amor a l espacio y á la libertaJ es una forma de la fuerza; todo aqu·eJ que viaja, que emigra, que investiga y que aspira, busca la libre
expansión de su ser,y la libre acción de su actividad material ó moral, y da, con ello, pruebas
de ia conciencia que tiene de su poder, de su
capacidad y de su empuje.
· Por eso á Alejandro, á Cémr, á Mahoma, á
Napoleón, les parecía estrecho el mundo y buscaban algo más amplio y más vasto en que desplegar las· potentes alas de su actividad.
Y es que la liberta.el es fuerza, y el espacio,
materialó moral,es el campo de su acción. Sólo
la esclavitud es miseria, degradación é impotencia, como es ergástula impura, estrecha y
nauseabunda.
DR. M. FLORES.

La. empresa ha procurado montar las obras
que hasta hoy lleva presenta.das,con gran lujo.
Las decoraciones y el atrezzo son elegantes y
correctas, sirviendo ambas en mucho á la ilusión del público. Los mimos y mimas, los cuerpos de baile y las bailarinas principales evidentemente que son artistas de verdad. En esto
reside principalmente el mérito del espectáculo, y el éxito obtenido solamente de esto depende.
&lt;Coppelia&gt;tieneunadeliciosamúsica;y no es
menos deliciosa la. de&lt;Brahma&gt; y la Danza de
las Horas, si bien cada una de ellas es de muy
distinta factura, como el espectáculo mismo lo
requiere. La orquesta que acompaña las pantomimas y &lt;ballets&gt; es digna de ur!a muy espe·
cial mención. Pocas,muy pocas ocasiones habremos visto un conjunto harmónico de tal
imp01·tancia en una compañía de espectáculos
teatrales.

***
Las discusiones acaloradas-que llevan trazas de no terminar nunca--que existen.e ntre las
dos principales empresas de &lt;género chico&gt; en
la capital, han dado por resultado saludable
sacudir, basta cierto punto, la apatía secular
de los escritores teatrales mexicanos. La rara.
excepción se ha visto demostrada en el hecho
de que solamente en el Principal se haya.o puesto en escena, por primera vez, el mismo día,
dos obritas nacionales.
Tiene nuestro pueblo características sobradas para que el escritor que espigue algo en
las costumbres populares y separe algunos tipos bien estudiados, cuente con el éxito seguro.

***

Ya. se condensan en los cielos los nubarrones de tormenta que pronostican la llegada de
los arras antes. Las tardes se cubren de mantos
rojos y de.smayan lánguidamente en los momentos en que el sol tramonta en una gloria de
luz y de colores.
Et frío, después de su la1·go viaje por el norte, llega ya cansado y polvoroso á la Mesa
Central. Descansará entre nosotros algunos
meses y saldrá despues. llevándose á todos
sus buenos amigos, los ancianos, los pobres,
los tristes, los enferwos . . ..

TIXl'LA.-O.ASA QUE HABITÓ D. VICENTE GUERRERO.

Una de ellas es la de la casa que perteneció
á Guerrero y en la que habitó el héroe después
de consumada la Independencia. Actualmente
dicha. casa es de la propiedad de la viuda é
hijos del general D. Vicente Jiménez. Frente á
esta fiaca histórica, y, á iniciativa de la referida. señora, se va á erigir un monumento á
Guerrero, que tendrá una estatua de bronce
igual á la que se baila en el jardín de San
Fernando, de está capital.
La otra fotografía representa la parroquia
de Tixtla, cuya construcción data de la época
colonial.

00
iSWEE:T HANDS!

jJIPOn€RT€S
I
Princesita japonesa
. de impecable porcelana,
flor de loto, flor temprana,
que el amor arrulla y besa.

Por tus manos de duquesa,
por tu frente soberana,
por tus ojos de sultana
y tu boca-rica fresadiera todo mi tesoro,
hasta el sacro Budha de oro
que en el fondo de mi estancia

ANTENOR LESOANO.

•

En honor de Don Vicente Guerrero
ENacaba
la histórica ciudad de Tixtla (Guerrero)
de ser celebrado, con gran entusiasOS bosques tienen un alma. Entre las hojas
trémulas que se levantan al cielo, como en
uoa aspiración suprema,parece que palpita
un sentimiento de éxtasis.
Los bosques tienen un espíritu sutil quecompemtrll., invade, domina y satura nuestras almas. Pe aquí el prestigio que en todos los
tiempofrracionales de la humanidad ha tenido
la selva:: Los cuentos pueriles y arcaicos; que
mecen eó,la cuna la· naciénte imagínación de
todas las geµeraciones, siempre tienen episodios trágicos en los bosques; en ellos duerme
la &lt;Bella&gt; que dominará al tremendo Dragón;
en ellos los pigmeos -misteriosos derriban penosamente los arbustos con •los que encenderán, por la noche, cuando la sombra pF-Oteja
sus mar;üobras, esas hogueras que brillan co•
mo ojo'f febricitantes en la lejanía borrc;&gt;sa.
¿Sei-á un.dejo atávico el que nos conmueve
ante la.&amp; altas ramas y nos sumerge en meditaciones borrosas, incoloras, cuando la sombra
bienhechora de un bosque cobija nuestras
frente,s? El pobre hombre primitivo, el hombre
fiera, -~n lllS}ha eterna ccin la. hostil naturaleza,
con su. propia raza, la más temibl&lt;1 1de todas;
con lo;¡ elementos furiosos de aquellas épocas
geoló!!'ioa.s, debe haberse sentido es piado en la
penumbra de la selva por los ojos sangrientos
y ávidos de los demás hombres. En I a montaña, en•.los valles, en los sitios descubiertos todos, e'! hombre primitivo aguzaba sus largas
miradas penetrantes acechando la víctima que
habría. de ser su alimento cotidiano;podía ver,
cerciorarse·de que estaba solo, de que podía
descansar aflojando ra tensión de sus musculosos brazos. Pero entre los árboles, en la vereda tortuosa. que á través de helechos disfor·
mes y florescencias vertiginosas serpentea, el
enemigo vera silenciosamente; la emboscada,
la muerte, pueden estar á un paso, al alcance
de la mano.
La víbora de cruel ponzoi'ia puede descolgarse de cualquier rama, la fiera brincará elásticamente en el momento oportuno para destrozar los miembros crispados por el dolor, crispados por la rabia impotente, crispados por
la final agonía desesperada. El peligro y la

L

muerte eran los habituales h uéspedes del bosque.
Desde entonces el camino recorrido es grande. La humanidad asciende penosamente ensangrentando su planta en todos los guijarros
y rompiendo su piel y su ideal en cada espino;
pero el viaje es largo; mañana qería,q uizá, muy
tarde para comenzar.
Queda solamente en nosotros la reliquia atávica del temor, casi voluptuoso por lo indefi' nible, que nos asalta en todos momentos cuando el misterioso rumor de las boj as nos envuelve y compenetra. Yael hombre no hace la caza
del hombre en las quebradas, ni la fiera penetra á los aduares audazmente; pero la conciencia de su propia debilidad no puede separarse
del hombre; le sigue como la sombra lej&lt;ina de
un peligro inminente y desconocido.

***

Y fué en el bosque, en el milenario bosque
que frecuenta,en las noches lunares,la sombra
rígida de los monarcas aztecas, donde la muerte cantaba melancólicamente er 13 de septiembre. Los invasores, fuertes: y seguros de iiu
fuerza, quizá más que de nuestra debilidad,
mandan sobre la colina sus huestes siemprE)
vtctoriosas. Para esperarlos. la Patria no tiene sioo un puñado de niños. No importa: serán
ellos los que sucumban «de cara al sob cuando
la bandera de las franjas y de las estrellas haya logrado trepar hasta el tor.reón del castillo.
La jornada deChapultepeces una de las más
dolorosas que existen en nuestra dolorosa historia. La magnitud del sacrificio pasma.
El mon4mento que la.gratitud nacional llena
de flores todqs los años, tiene mucho de heroico y mucho de funerario. A la triste sombra de
los ahuehuetes, parece que la Muerte, reina y
omnipotente, vigila en las cercanías;qued a aún
algo penoso que se respira lentamente como
un veneno volátil.
• .

***

Las fiestas españolas son,entre nosotros, un
trasunto fiel de épocas no muy lejanas, aunque idas para siempre.

Las fiestas españolas tienen todo el brillo
fastuosos y la pum posa alegría de la raza. Los
españoles de México, en el día de la Covadon·
ga., creen regresar por unas horas á la patria
ausentey disponen las fiestas en forma tal, que
la. ilusión sea completa.
Tenemos en la sangre los glóbulos generosos de la sangre latina y. por eso nos encontramos más alegres, más ampliamente alegres, en
las fi.estas de los españoles y franceses, que en
las fiestas americanas, por ejemplo, por más
que en unas y en otras estemos perfectamente
convencidos de que la fiesta es noble y agrada•
ble, su oriflen simpático, sus organizadores
hábiles, En éste la voluntad no impera, como
en tantas otras cosas.
Las fiestas españolas tienen el alto privilegio de comentarse entre nosotros, casi como se
podría comentar una festividad nacional. Desde muchas semanas antes de la rumbosa fiesta,
se indaga. cuáles serán las novedades imroducidas en el programa; se pregunta, con interés,
en dónde se efectuará esta ceremonia ó aquella. Lafiestaes'pañola tiene mucho de mexicana.
Ya en el tívoli. durante la romería, l os espa·
ñoles olvidan gustosos la paciente labor de un
año dti trabajos, para revestirse de la franca
alegría comunicativa que tantos milagros ha·
ce. Esta alegría es la que mueve las masas nu·
merosísimas que se congregan en el r ecinto y
que, como si fueran de una sola nacionalidad,
olvidando sus distintos orígenes y sus lenguas
múltiples,se entregan, sin reservas, á la bullí·
ciosa fiesta.

mo,el CX:X:1 aniversario del nacimiento del héroe de la Independencia, general D. Vicente
Guerrero, cuya cuna se meció allí bajo humildísimo techo.
La manifestación, tan sencilla como significativa, consistió en una procesión cívica forma.da por un gran número de vecinos, que después de recorrer las principales calles de la
ciudad, fueron á depositar ofrendas florales al
pie de la columna eregida en el lugar donde
existió la casa en que nació el héroe; y en un
concierto efectuado en el salón de actos del
Palacio Municipal, con el concurso de las principales familias de la localidad.
En esta página publicamos dos importantes
fotografías, que esperamos sean vistas con
gusto por nuestros lectores.

¡Oh, las pálidas manos
hermosas! esas manos que son hechas
para tejer guirnaldas
y coronar la sien de los poetas;
esas manos suaves
que al posarse en las cuerdas,
les arrancan un canto que parece,
más que un canto, una queja;
esas que en los floreros de la virgen
ponen, por las m:iñanas, azucenas;
que piden á las blancas margal'itas
una dulce respuesta;
que guardan en las hojas de los libros
otras hojas ya secas ....
y que hunden sus dedos
en la ola de rubia cabellera ....
¡Oh! esas, esas manos
tan pálidas, tan bellas,
que se alcen hacia el cielo, suplicantes,
cuando al fin yo me muera!
y a.sí, juntas .... ¡que pidan para mi alma
la dicha que no tuve aquí en la tierra!. ...
MARÍA ENRIQUETA,

1904.

De mi fuente la armonía
ya desgrana sus poemas,
y desata sus diademas
de joyante pedrería.
Todo luce y embalsama
-bella flor de Yokobamabasta el regio loto de oro,
desde el cielo en que fulgura
todo empapa de blancur a,
ven, ¡oh virgen! que te adoro.

III
Pobre bardo, con temores
yo te ofrezco solamente,
como tímido presente
de mis sueños, los fulgores.
Y mis versos, y mis flores,
y mi Budha sonriente,
protector omnipotente
de los místicos amores.
Que si fuese yo el Mikado,
por tus ojos fascinado,
para hacerte un rico don,
cometiera el sacrilegio
de robar cuanto de regio
guarda el templo del Dragón.
IV¡
Princesita japonesa,
luz de luna, flor temprana,
la de frente -soberana,
la de manos de duquesa;
¡,por qué ocultas en la espesa
sombra fiel de tu ventana
tu belleza soberana
que en delirios mi alma bésa?

***

En el teatro Arbeu hemos tenido la temporada de &lt;ballet&gt; muy animada. El espectáculo
tiene mucho de infantil, no cabe duda. Al ver
los movimientos rítmicos que la música acom·
paña á la sordina, nos alejamos á la remota
época en la que escuchábamos embebecidos,
con I a trémula admiración de los diez años,
las. pantomimas inolvidables. Pero en el Ar·
beu el arte redime á la pantomima y juntos los
dos forman un compacto y delicioso espectáculo, digno, por muchos conceptos, del público
refina.do que á ellos concurre.

esperando está impaciente
que perfumes su ancha frente¡
de tu amor con la fragancia.
II
Ven, no tardes, niña mía;
han abierto ya sus yemas
las doradas crisantemas
que ornarán tu gallardía.

No te ocultes, mi tesoro;
mira, ¡oh virgen! que te adoro,
y de hinojos en mí estancia,
yo te aguardo reverente
para ungir tu blanca frente
de mi amor con la fragancia.
TIXTLA.-EL TEMPLO PARROQUIAL,

c4lherfo Herrera.

�EL MUNDO IL'l.fSTRADO

El homicidio del Míster
(Para el eoneurao de ".El Mundo Ilnstrado")

I

T

HAT is

very good l~xclama.ba. el míster palmoteando alegremente á la vista de ese espectáculo nuevo para él.
Todo el pueblo se había echa.do á la plaza;

II
No había transcurrido una hora cuando llegó un mucha.cho á todo correr para decirnos
que los indígenas querían matar al &lt;gringo&gt;,
como llamaban á Johnsou, y que, como había
ido al pueblo con nosotros, nos lo a.visaba. para que fuéramos á prestarle ayuda..
Inmediatamente corrimos al lugar donde la.
procesión se había detenido, y nos encontra·
mos con que el milagroso Señor ya.cía en tierra
perniquebra.do, provocando el llanto de mujeres y niños y la. za!!a. de los hombres contra. el

;

.

-

;.;:::E;;'

,..-·

~

-------..
.rr

millares de indígenas se agitaban, y en aquel
momento en que la procesión salía de la Parroquia., todos los ojos se volvían hacia la
imagen del venerable Señor que en andas llevaban los cuatro jayanes más fornidos del
pueblo, y los puestos improvisados bajo sombras de petates, los fonduchos ar aire libre ,v
hasta los tapetes del &lt;carcamán&gt; quedaban
desiertos, pues los parroquianos cor dan hacia
el extremo de la enorme plaza, por donde iba
á desfilar la procestón.
La escultura. del santo estaba. muy lejos de
ser una. obra digna. de Cura.; pero, no obstante
su deformidad, era. vista por los indígenas con
los ojos de la fe más que con los del arte, y gozaba antigua. fama. de milagrosa, despertando
er. todos tierna. devoción.
¡Cuántas lágrimas acababa de hacer salir al
ser descendido de la. tosca. cruz, á la hora de
las siete palabras, por la tramo y a. teatralmente dispuesta. al efecto!
Y todo eso era interesante para Mr. Johnson,
que, recién llegado de su país, aprovechaba
cuantas ocasiones se Je brindaba.n de estudiar
las costumbres de nuestra tierra.
Sin más pensarlo se echó á. andar tras la procesión, no obstante nuestro empeño por disuadirle, pues á. e,a. hora. el calor era insoportable, los rayos del sol caían á plomo, y el cerro
á donde, según hábito anual, iban á dejar a.l
santo Seiior, est_¡i.ba bien retirado y el acceso
á la ermita, que en su cima se alzaba, erabastante penoso.
Na.da pudo hacerle desistir de su propósito,
y mientra.s mis dos compaileros y yo nos quedábamos en la tienda. de don Bernabé, neutralizando los ardores del clima. con sorbos de
cerveza. helada, el míster se perdió entre el tropel de devotos que, la. vela. de cera. en una mano y en la. otra el ancho sombrero de palma.,
se alejaban forma.ndo un pinwresco grupo,
una. ma.sa. compacta, á la. que da.ba un color
ble.neo empalia.do la espesa. nube de polvo que
a.Iza.han los fieles de albos calzones y camisa.s,
a.l imprimir en el suelo la. huella de sus huara.ches.
Por fin a.ca.bó de pérderse de vista el típico
cortejo, y sólo se oía, cada vez más confusamente, el esta.llido de los cohetes, los desacordes de la música de viento y los cantos de la
letanía.

después de quince días, estábamos instalados
nuevamente en la ciudad, de regreso del puebloque dejamos el domingo de Pascua, se nos
presentó el &lt;míster&gt; disfrazado con calzón ancho de ma.nta., sombrero jara.no y jorongo de
chilla.ntes colores, á pedirnos que le escondiéramos y no le denunciáramos, pues la. noche
de a.q uel Viernes Santo había mata.do á uno de
esos feroces indios que le perseguían y tenía
á la justicia. un miedo cerval.
Nos refirió que para. ponerse al abrigo de
las pedradas, había. entrado en un jacal, cuyo
dueño, también iodígena., le ofreció tenerle
allí sin entregarle á los que con tan terribles
golpes le amena.za.han; allí, rendido por el
cansancio y por los vapores alcohólicos, se
quedó dormirdo, y de pronto, a.l despertar no
sabe á. qué hora, vislumbró junto á sí un bulto . . .. ¡de fijo uno de sus perseguidores! . ... Estaba helado de va.por. No había duda: le habían denunciado ...... Iban á matarle ...... Entonces, el miedo le dió valor ( así nos lo dijo
él mismo): sacó su navaja y empezó á descargar furiosos golpes sobre aquel cuerpo ... . ¡La
sangre manaba. á. torrentes! ... . .. En ese momento salió la. lnna, hasta entonces vela.da por
nubes, y, al filtrar su luz por entre el pajizo
techo del jacal, a.lumbró la figura de un hombre que esta.ha. en el pavimento, inmóvil, cubierto de sangre de I a cabeza á. los pies y
con un gesto de dolor horrible.
Salió dispara.do Mr. Johnson sin volver
atrás la cara. . . .. corrió .... y corrió .. . . no sabe
cuiinto. Atravesó campos solitarios y se guareció en una. cueva., donde creyó estar á cubierto de indios y gendarmes, cuyo sólo nombre le ponía los pPlos de pucia.
AIJ( permaneció varios días horroriza.do de
su crimen, ¡crimen cometido en Viernes Santo!
r haciendo conjeturas que más le at"rmentaba.n: tal vez su víctima no ha.bía. entra.do allí
con ánimo de matarle, pues quizá. era uno de
los miembros de la. familia que moraba. en el
j a.cal. ... acaso el mismo que tan generosa hospi talida.d le había dado ... l
·
No tardamos en saber la verdad de lo ocurrido: el cuerpo que junto á sí palpó Johnson
no era un enemigo, sino simplemente .. . . un pellejo henchido del licor producto del maguey,
y el cadáver ensangrentado era nada menos

autor de ta.maña. fecborfa, que no era otro que
nuestro míster, quien, animado por frtcuentes
libaciones de &lt;tlama.pa.&gt;, cuyo sabor deseaba.
conocer, mezcal y otros menjurges nacionales.
había querido cargar al Señor, relevando á.
uno de los devotos, y en un traspié:. dió con st:
humanidad en tierra,
quitando á. la.s andas
un punto de a.poyo y
,~~
,,
ocasionando que, al
caer éstas, arrastraran consigo al santo.
Aquello fué el día
del juici2: gritos, rezos, maldiciones, lloriqueos, y, por fio, á
·~~
la. voz de &lt;muera. el
gringo&gt;, una. lluvia.
de pedradas sobreél,
que le obligó á. emprender de:.aforada.
carrera para ponerse ása.Jvodea.quellos
energúmenos logrando, no sin grandes
traba.jos,quedar fuera del alcance de los
que el venerable Seilor cuya. escultura. había
proyectiles.
hech0 rodar nuestro rubio amigo, y que, como
Por todas partes
;todos los cristos de pueblo, estaba verdaderabuscamos á J ohnson,
··/ / mente acribillado de heridas. El due!!o del jadespués delha.ber apa~ ' cal era ca.rpimero y habían llevado allí al
ciguado un tanto las
•
sa.nto para. que éste remediara. los desperfectos
iras de la. multitud,
, .
causa.dos por el golpe. Al saber ésto, exclamó
'pero inútilmente.
~
Johnson:-cAll right&gt;l c¡Bonita, papel hice en
¿~n dónde se había.
refugia.do? Na.die lo
//
la. cuevo&gt;!
sa.bía..
,
&lt;AUS BONUS ELEVAT FOPULOS&gt;.
Pasamos toda. esa
noche y el sigui~nte
día. en inútiles pesquisas, y cuando,

,~-.

--

EN UN ALBUM

ijN grupo de muchachas subió

TOPOLOBAMPO.- Un buque destinado al transporte de materiales de construcción para el ferrocarril

UNA NUEVA CIUDAD
EL FERltOCARlUL DI&lt;: KANSAS ClTY

Uno de los ferrocarriles que, sin duda alguna., contribuirán en mayor t&gt;sca.la al progreso
del país, estableciendo la más rápida y fácil comunicación entre una de sus regiones más ricas
y las costas del Pacífico, es el que se construye
actualmente entre Ka.usas City (E. U. A.) y
Topoloba.mpo, puerto mexicano considera.do
por los geógrafos como uno de los mejores del
mundo.
En la línea de este :Cerrocarril, y no lejos de
Oklahoma, se ha levanta.do una. nueva ciudad,
de 2,000 habitantes, que, para honrar dignamente á. la distinguida esposa del Sr. Gral. Día.z,
Presidente de México, se titulará Ciudad ''Carmen."
Nuestros grabados representan el solemne
momento en que se clava el último riel, en terrenos de la nueva. ciudad, en presencia de un
numeroso y distinguido concurso.
El otro grabado muestra la bahía de Topolobampo, é indica c?mo se hace el desem~arque
de los rieles destmados á la construcción del
ferrocarril, por los buques rieleros procedentes
de Liverpool,
El puerto crecerá y se mejora~~ mucho en
breve tiempo, ya que por sus condiciones naturales es el primero de los del Pacífico.

Cruza. serena el azulado espacio
Dora.da nube en ondulantes giros,
Cual leja.no reflejo de topacio
Sobre un fulgor de espléndidos zafiros.
Forma. un dosel la. trémula. enrama.da.
Que a.traviesan del sol las luces rojas
Y se mueve en la. arena. calcinada
'
La. dentellada. sombra. de las hoja.s.
Preludia. el viento un cántico sagrado
Que acompai'ia. la selva. estremecida.,
Y el poeta despierta. alborozado
Al sentir en su espíritu agita.do
La vibración inmensa. de la vida!

la verde colina., al caer de la tarde. Un grupo de mucha.chas a.legres, unas blancas y pálidas, otras
morenas y mórbidas. Todas de ojos dulce~ y
de bocas floridas.
De la a.Ita cumbre mirábase el despliegue
pro&lt;iigioso de la seda violeta. del crepúsculo;
mirába.se el fulgurante incendio del ocaso trágico; y hacia el sur un vasto deshoja.miento de
rosas de sangre y de irisa.dos crisantemos....
Bajo la vasta bóveda azula.da. todo yacía en
una calma profunda. Ni una nube, ni una estela errante, cruzaban el éter luminoso. Apenas, como una. lágrima cristalina., como una
flor de plata., una estrella. leja.nísima parpadeaba. en el claro horizonte.
Las mucha.chas reían, ha.blando de cosils banales, sin sentir el encanto de la divina. tarde.
Reían, inconscientes de la magia inefable del
crepúsculo, de la gloria de las lontananzas
del ~ilencio sagrado que se difundía por lo~
ámbitos colma.dos de fulgores. Inconscientes
reían y hablaban de cosas banales . ...
Sólo u_na. de ellas, de ojos pensativos y blancura. de Jazmín, so!!a.ba. con un país de músicas
y de aromas, mirando el oca.so ensangrenta.do.
!36!0 uaa. de ellas recogía en sua pupilas la
tristeza. profunda. de la tarde, como el alma. de
un poeta. recoge un átomo luminoso,ó un sonido, ó un aroma.
Y es que en el suave espíritu de toda joven
penqa.tiva. y hermosa ha.y una. nébula. de ensueño, que en las horas de melancolía. se
a.soma á sus ojos, más bella. que la. más pura
lágrima ..... .

ADALBERTO A. ESTEV .A.

Oculta.ron los astros sus fulgores,
La negra. noche recogió su manto ....
Entreabren sus cálices las flores
Y empieza el a.ve á modular su canto.
Va. despertando ya. Naturaleza.,
Y se oyen los preludios de su acento
En el flébil rumor de la. maleza
Y en la. voz melancólica. del viento.
Suelta. el alba. los pálidos ca.bellos
Y se cubre de aljófares el prado,
Y fúndense en el aire, en mil destellos,
El tinte azul, el rosa. y el dora.do.
La parda. a.londra. eléva.se lig11ra
Cantando a.legre, á las etéreas salas,
Y desciende veloz á. la ribera.
A humedecer la. punta de las a.las.
Allá. a.bajo la. trémula neblina
Levánta.se del ha.z del quieto río,
Como flotante y blanca muselina
Que sa prende en el álamo sombrío.
A poco, el sol, brilla.nte y altanero,
Ha.ce caer lll niebla con molicie,
Y como cinta de pulido acero,
S~ dibuja la inmóvil superficie.
Al claro borde del cristal se asoma.
El sauce, que abrillantan las espumas,
Y en él posada. esparce la paloma
Gotas de luz al sacudir las plumas.
Ensayan misteriosa. melodía
Los zenzontles, aún medio dormidos,
Y rompen en confusa greguería.
Los loros que despierta.nen los nidos.
El canario que vuela. entre las flores,
Y el «carden al&gt;, la. crei na&gt; y I a. cesmera.ld a&gt;,
Lucen al sol sus vívidos colores
Verde, azula.do, purpurino y gualda.
La. violeta, escondida en el follaje,
Perfuma el aura. con esencia. pura,
Mientras oculto el ruiseñor salva.je
Canta en el fondo de la. sel va. obscura.

FERROCARRIL OE KANSAS CITY. MEXICO Y ORIENTE - fundación de una nueva ciudad

Columnas de humo en espiral radiosa
Se a.Izan de las recónditas ca.bañas,
Y destacan su forma caprichosa.
Las crestas de las ásperas montaña.s.

ARTE fOTOGRAflCO.-Un paisaje de Tizapán
,

• ,

_ ...

1

FROILÁN

TURCIOS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

El General Rafael Re,1es, Presidente de Colombia.
Cuá l será su polít ica.- EI Imperio Otom~no Y los
Est ados Unidos.- Las promesas del gabinete del
Sultá n.-La guerra en Orient e .- La táctica de Kuropat kine.- Comlenza la gran batalla.

cerca de veinte años, desde que subió
al poder el partido conservador en l_a
República de Colombia, la nación ha s1•
do sacudida por convulsiones revolucionarias
que han ensangrentado el suelo y retardado,
por modo eficaz, la marcha ascendente de la
república. No conformes los liberales con la
marcha general del país entregado á la espa.n·
tosa reacción de Núñez y Caro, en más de una
ocasión a.pelaron á las armas, siendo impoten·
tes para provocar un cambio por los medios
legales. La última revolución, cuyas heridas
sangran todavía, fué larga, tenaz y porfiada.,
ocasionada á choques con los países vecinos,
provocó el empobrecimiento del país, estancó
todas las fuentes de la pública riqueza, agotó
sus fuerzas activas, y mientras los políticos
se entregaban al obstruccionismo en la~ cámaras nacionales, ni vieron que cada día era
más urgente la construcción del canal de Panamá, ni percibieron cómo los intereses mate•
ria.les del Departamento, al amparo de ero·
presas extranjeras, meditaban la secesión que
se h izo sin efusión de sangre, arrancando un
r ico jirón a l territorio colombiano.
Como una solución á la guerra civil que duraba ya varios años, sólo se entrevió la can·
didatura de un presidente que pudiera tener el
apoyo de los partidos beligerantes, y antes de
que se diera l a última batalla, antes de que
quedara aniquilado el último elemento rebelde, se señaló al general Rafael Reyes como la
única alta personalidad,en la política militante colombiana, capaz de asumir el poder, con
l a aquiescencia de todos los partidos, que en él
veían u na esperanza en medio de las cal amidades públicas que pesaban sobre la nación. El
señor Marroquín, que había ascendido al poder, eliminando al presidente constitucional

H

ACE

San Clemente, en movimiento insurrecclonal,
se adhirió á esta combinaoión política, y aunque con g1·andes dificultades que estuviero? ~
punto de encender de nuevo la guerra fratr1c1•
da, el general Reyes acaba de inaugurar su
administración, que promete ser de grandes
beLeficios para Colombia.
Algún periódico colombiano ha dicho que el
nuevo presidente trata de inaugurar una pol~tica semejante á la del geI!t&gt;ral Díaz en México. Ojalá y así sea y pueda la república hermana al amparo de un gobierno fuerte, entrar
·en un~ nueva era de progreso, y libre de sacudidas exenta de dificultades, ol vidar sus pasados' rencores, restañar sus profundas heridas y despertar á la-vida de paz y de trabajo
que establezca sobre bases firmes el crédito de
la nación.

***

Un punto estuvieron muy tirantes las relaciones de Estados Unidos con el Imperio Otomano. Tiempo bacía que el ministro americano en Constantinopla reclamaba, con justos
moti vos, se diera en el imperio á los misioneros y establecimientos de educación americanos el mismo tratamiento y consideraciones
que se dan á los de otros países. Las notas de
Mr. Leishma.n quedaban sin respuesta; sólo
obtenía promesas tibias que aplazaban una y
otra vez la solución indefinidamente; hasta
que, decidido Mr. Hay á obtener lo que pedía,
dispuso que fueran á aguas turcas unos cuantos cruceros para apoyar su petición. Ante esta actitud, pronto se doblegó e1 gabinete del
Sultán, haciendo nuevas promesas de dar satisfacción completa á .las reélamaciones de
Washington. Desgraciadamente hay que con·
ven.ir en que esas promesas no han sido cumplidas tan pronto como era de desearse, y á
nadie extrañaría que, en la lentitud ordinaria
con que despacha sus asuntos la Sublime Puer·
ta, hubiera nuevos aplazamientos en la cuestión americana. Así lo creen aún en Washigc

ton, de modo que la solución obtenida es sólo
una tregua en la campaña emprendida á favor
de las escuelas é institutos educativos sosteni •
dos en Turquía al amparo de los Estados Unidos.

***
Si fuera capaz de sentir emociones profundas
el empedernido corazón del emperador otomano, es indudable que en estos momentos habría
vuelto con dolor sus ojos al pasado, viendo
morirá su hermano Amurat V, después de largos y prolongado, sufrimientos, después de
permanecer por más de cinco lustros en el _o bscuro asilo que le servía de prisión, desposeído
del trono y despojado de sus honores por su
hermano el célebre Sultán Rojo.
Es verdad que Amurat había ceñido la ensangrentada corona, siguiendo el camino ordinario de tantos y tantos Osmanlies, exaltados
al poder entre las conspiraciones del harem en
que papel tan principal han jugado el veneno
y el puñal; es cierto que su predecesor, Abdul
Azzis, había muerto asesinado,pero él, Amurat,
al cabo de cuatro meses fué declarado loco
en consejo de ministros y proclamado Comendador general de los Creyentes su hermano
Abdul Hamid, el actual Sultán, en quien se
fundaban grandes esperanzas para el mejoramiento del Imperio.
•
¡Vanas ilusiones! Palpitantes está.n todavía
los miembros destrozados en las repetidas roa·
tanzas de Armenia; todos recuerdan,con estremecimientos de horror,las terribles hazañas de
los rudos albaneses y los feroces kurdos; nadie ha olvidado las hecatombes de Creta, y en
la memoria de todos está presente la terrible
derrota que sufrió Grecia, después de la insurrección cretense, rota sangrienta que in·
diferente presenció la Europa cristiana, sin
querer intervenir hasta que la. madre Hélajle
se había agotado en las 11 anuras de Larissa.
¡Pero qué va á sentir el Sultán la desap arición de un pobre loco real ú oficialmente de-

LA GUERRA EN ORIENTE.-~OLDADO!'&lt; RUSOS TRANSrORTANDO TUBOS
DE!lllNAS MILITARES Á YUCHULÍN.

LA GUERRA RN ORIENTE.-U!'1A BANDA DE MÚSICA RUSA
EN LIAOYANG.

clarado! qué le importa la caída de un mártir
más á la. profunda. fosa que ha abierto su administración que ha inundado de sang1·e los
di versos territorios del Imperio!

***

Bien hacían los que pensaban que los planes
del geceral Kuropatkin y su hábil estrategia
habían de verse coronados a~ fin por el éxito.
Casi puede decirse que hasta la llegada del antiguo ministro de la. gu~rra á Manchuria, comenzó en realidad la organización de las fuerzas moscovitas que habían de oponerse al enemigo. Es evidente que Rusia no estaba preparada para la guerra y no hay que detenerse á
demostrarlo; pern también salta á la vista que,
dados los inmensos elementos con que al parecei: contaba el gobierno de San Petersburgo,
para el evento desgraciado eu qut&gt; el Japón se
hiciera agresor, no han podido corresponder
de ningún modo á las realidades de la campaña. Hay algo en el fondo de la administración
militar rusa que ha podido entorpecer la marcha de lós contir:1gentes, dificultar el anvío de
provisiones, poner obstáculos al perfeccionamiento de los pi i.nes del Estado Mayor General, y sólo así se explica la serie de reveses
que ha sufrido el Imperio moscovita en sus
fuerzas de mar y tierra, desde el combate inesperado de Cbemulpo y el inopinado ataque de
Puerto Arturo, hasta la retirada de Tatcbe•
kiao, y la salida infructuosa de la escuadra,
encerrada en la bahía de la fortaleza sitiada
al extremo de la península de Liaotung.
Fi.Jto de los elemento!I necesarios para emprender la ofensiva y sin tiempo suficiente para organizarse,frente al avasallador empuje de
los japoneses, perfectamente preparados con
anticipación para la guerra, hablóse desde un
principio de que la táctica de Kuropatkin habría de-ser puramente defensi va, fin""iendo ó
ejecutando retiradas hacia el norte, para que
el enemigo avanzll.ra,embriagado por sus triun~
fos, hasta estrellarse en el punto que fuera la
verdadera resistencia. de los rusos.
Después d~l sangriento paso del Yal ú; después ~el terrible combate en Nashan, que abrió
á los raponeses la pel'línsµl a donde se asienta
Puerto Arturo, para establecer el asedio por
tierra; después de los choques tremendas en
Vafangow y en el paso de Mofü,n, que dejaba
libre á los enemig-os el camino hacia el norte·
después del abandono de Fenguancheng y d~
la retirada de Haicheng, todas las miradas ansiosas de propios y de extraños se concentra·

LA GUERRA EN ORIENTE.-U:~ DESTA CAMENTO RUSO.

ron en Liaoyang,donde el general Kuropatkin
había levantado un .extenso semicírculo de
hien provistas fortificaciones, r donde todos
esperaban se haría fuerte.

*
**

Y así ha sucedido. Se ha ~ablado de que el
general Okú había avanzado demasiado hacia
el norte, cortando la vía férreaé interrumpiendo la&lt;; comunica'ciones con Mukden; no ha sido así, pues uno de los principales cuidados.
una de las más prefer~ntes preocupaciones del
comandante ruso ha sido mantener libre su ]í.
nea de comunicaciones, y quizá precisamente
, - - - - - - - - - - - , - - - , , - - - - - - - - - - - . . . : . . .-'--.,,.,..,,..,.,,.,...--,
por esta circunstancia,
pues la línea antes era
muy extensa, se ha aplazado una y otra ·vez la
b~talla deci_siva, Q.ue
en más de una O&lt;;asión,
segdn los plane&lt;; japoneses. ha estadoá punto
ile librarse, pero que
Kuropatkin con hábiles
movimientos, aun sacrificando su nombre y su
fama militar, ha podido aplazar por var~o,s •
I{le~~, _.,

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•

.

Septiembre f&lt;&gt; 1904.

:e ~t•·.. ~ . -__: &lt;:__

- !Íacei1ñasemao~ dPR
pués que se suspendie·
~on las lluvias, que los
Japoneses emprenaieron en apretadas y fuertes columnas su movimiento decisivo de
avance sobre las fuertes
posiciones de Liaoyang. Los tres primeros
Mas de combate parecíau demos~r11&gt;r que ~¡

EL CZAR BENDICIENDO Á UN BATALLÓN QUE MARCHA Á LA GUERRA,

avance era un nuevo triunfo, pues los rusos
después de tenaz resistencia, en Amping, y de
otra un poco débil en Anshasghan, se retiraron en buen orden, pero con grandes dificultades, sosteniendo combates de retaguardia á
sus posiciones de segunda línea.
'
El día 30, después de un día de calma, par e",e haber comenzado l a batalla decisiva, en
. donde se juega la suerte final de la campaña
del presente año. Ayer continuó con nueva fu.
ria el combate, y según las úl timas noticias recibidas, se sabe qne los japoneses han sido rechazados. que han perdido muchos cañones
que bB-t,allones enteros han caído prisionero~
y que Kuropatkin, rechazado el primer empuJe, a~anza hacia el sur en movimiento envolvente contra los jap,o neses.
No es tieippo todavía de declarar el resultado final de esta batalla; hasta última hora se
sabt&gt;, sin embai:¡ro, "que los rusos ha.o iniciado
una.importante y tri;scendental jornada en que
el éxitos~ inclina de su lado.
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�EL MUNDO ILUSTRADO

•

-EL HEROE DE HUA.XUAP A.M
Episodio de la Guerra de Independencia

"ENDIENTES de los labios del maestro y absortos en sus amenas explicaciones, una
docena de muchachos de lo mejorcito de
la escuela del pueblo esperábamos con ansia
que nos hablara de uno de los hijos del lugar
que en la guerra de Independencia se habían
distinguido como verdaderos héroes, ett la noble empresa de darnos patria á. los mexicanos.
Aquel día se nos había ofrecido una historia
interesante y conmovedora, y todos, grandes y
chicos, habíamos dejado de buena gana los
juegos infantiles de la hora de recreo, para
atender al cuento que iba á narrarnos nuestro
paciente profesor, cuento que se refería á la
gran epopeya nacional iniciada en el pueblo
de Dolores, y consumada en México por el Jefe del &lt;Ejército de las Tres Garantías&gt;, el me·
mora.ble 27 de septiembre de 1821.
Por fin el anciano se colocó sus gafas verdes sobr~ su nariz de caballete, hizo tranquila.mente un cigarrillo de boja de &lt;to_tomozle&gt;,
se limpió el rostro con su ancho &lt;pa.hacate&gt; de
colores chillantes, y después de toser con su
tos más ceremoniosa, comenzó así su narración.
I

P

Aquel día el «Mocho&gt; había ca~inado diez
leguas sin descanso y apenas había probado
bocado substancioso; su alimento se había reducido á algunos &lt;totopoxles&gt; (1) que }levaba
en su mugriento zurrón y á a¡rna fresca tomada en el hueco de la mano, al pasar por los
arroyos que encontraba en su largo Y, fatigoso
camino. El mendigo insurgente, á quien todos
sus conocidos llamaban &lt;El Mocho&gt;, era un
mártir que ya había derramado su sangre en
aras de la causa que proclamara Hidalgo en
el pueblo de Dolores, y que acababa de llenar
de gloria el insigne cura. de Necupétaro, el
gran Morelos, en el inmortal sitio de Cuautla,
donde por setenta y dos días se habían estrellado todos los esfuerzos del virrey Venegas y
de su sanguinario brazo arm~do, el célebre
brigadier D. Félix María Calle¡a.
Aquel pobre indio,que recorría todo el sur de
la Nueva España en medio de la deshecha. tormenta. revolucionaria., armado de su t~sco bordón de &lt;yaga.lán&gt;, er~ una de las víctimas sacrifica.das por el tement~ cor~nel D. José de
Régules Villasante á su maudita crueldad, en
(1) Tortilla. de malz tostada de modo especial,

la plaza de Yanhuitlán; era uno de lo~ catorce
infelices que, por el delito de haber !1ac1do americanos, habían sido atados á la picota, de orden del sanguinario jefe realista, y des~ués de
azotados, se les habían cortado las ore¡as PI!-·
raque fueran pregonando,por todos los ámbi tos del reino, 1a.s hazañas de los defensor~s de
1a dominación española. en la tierra. santifica.da por el Padre Las Casas y conquistada ~or
la espada de Cortés, al servicio de los odios
tlaxcaltecas, contra el imperio de Mo&lt;?te~uma.
Eran los últimos días del mes de Juho del
año de 1812, tercero de la proclamación de la
Independencia, cuando el &lt;Mocho», después d_e
una difícil jornada, llegaba, procedente de Ch1lapa., á las pos~c;ones fortificad as del as tropas
realistas que s1t1aban hacía más de tres meses
la. villa de Hua.xuá.pam, donde, rodeado ~e un
grupo de valientes escogidos, resistía. el rntrépido héroe del sur D. Va.lerioTrujano al gru_eso de las fuerzas de Oaxaca, que en número
superior y con elementos cuantiosos, pretendía
en vano domefiar con incesantes combates al
esforzado hijo de Tepecoacuilco.
Cubierta. la cabeza con un pañuelo de color
indefinible á fin de ocultará las miradas de
los soldados de Fernando VII la falta de sus
orejas, que por lo menos lo haría objeto de las
burlas de aquella soldadesca., el &lt;~ocho&gt; se
acercó á un grupo de soldados realistas, que
formaban en el campamento del coma.nd!l'~te
Caldela.s, segundo en jefe de las tropas s1~1adoras, y extendiendo una mano seca y curtida
por el sol, dijo con voz destemplad a:
-¡Una caridad, señores amos, por- el amor
de Dios!
Como aun en aquellas tropas quedaban todavía corazones cristianos. á pesar de las pastora.les del llmo. y Rdmo. Sr. Dr. D. Antonio
de Bergosa. v Jordán, obispo de Antequera en
el Va.lle de Óaxaca., en las cuales apellida~~ á
Jos•insurgentes &lt;envi-ados de Satanás é h1¡os
del infierno&gt;, uno de los soldados tomó una
torta de pan y se la dió al &lt;Mocho&gt;, diciéndole:
-Há,rtate, perro hambriento . .
El &lt;Mocho&gt; se alejó cabizbajo y siguió recorriendo el campamento con aire de indiferencia, pero procurando registrar 1o todo, y esperando que llegara la noche para penetrará la
villa sitiada.
II
Destacado don Va.ledo Truja no, por orden
de Morelos, para operar en las MixtPcas, ,ca.~ó
sobre Silacayoápam en enero de 1812. S1gmó
por todos los pueblos de la región predicando
la,. buena nueva, concentrando elementos y haciendo de su guerrilla un fuerte destacamen~,
que llegó á. inspirar recelos a.lcomar:.dante militar de Oa.xaca. Pudo sorprender un convoy

......

que marchaba. á la capital de la provincia. ·y
tomando cien fusiles al enemigo y algunos re·
cursos pecuniarios. Puso bajo su mando las
tropas dispersas que había reebazado en Yanhuitlán Régules Villasante; pero perseguido
de cerca por los destacamentos realistas enviados de Oaxaca., se encerró en la Villa de Huaxuápam, enviando antes a.viso al Cura Morelos de la situación en que se encontraba..
El brigadier Bonavia., comandante militar
de la provincia., envió de la capital una brigada mixta de tropas abigarradas, fuerte de mil
quinientos hombres, con ca.torce piezas de ar·
tillería. Estas tropas iban al mando del defensor de Ya.nhuitlán, D. José Régules Villasante.
En esa brigada formaban los mozos que habían armado D. Gabriel Esperón y D. Juan de
la Vega; pero el grupo más curioso. lo constituían sin duda, los del batallón de J&amp; &lt;Mermelada&gt;' levantado por el obispo Bergosa, entre
legos' y sacristanes, vestidos con uniformes
mora.dos, al que debieron su nombre. Iba á las
órdenes de Régules el comandante Caldelas
con negros de la eosta. que habían limpiado de
«monstruos&gt; de la insurrección los distritos de
.Tamiltepec y Juquila.. dando muerte á Antonio
Valdés, jefe del movimiento revolucionario.
El día 5 de abril se presentó la. brigada frente á Huaxuápam, y desde luego se estableció.
un sitio en forma., ocupando Ca.ldelas, como
segundo en jefe, el cerro del1Calvario, que do·
mina completa.mente la población por el norte;
al sur se situó con sus fuerzas D. Juan de la
Vega, Esperónporel J?Oniente, yel punto principal de ataquP, al oriente, quedó al mando de
Régules. Después nuevos batallones estrecha.·
ron el asedio.
Ciento diez días pudo resistir Truja.no á las
herzas sitia.dor11s. Ni un día dejó de haber
combate en los di versos puntos a.trinch~r~dos;
y aunque llega.roo á escasear las mumciones
de guerra y los alimentos, era tan sevei:o el
orden y tan rígida la disciplina estable~1do~
por Trujano, que nunca se o~·ó una que¡a, _m
se levantó una sola voz que bablara. de rendirse al enemigo.
.
Cuéntase que al primer ataque contra la v1·
lla, emprendido por los realistas el día 10 de
abril. como careciera Trujan o de cafiones, mandó recoger los cana.les de hoja de lata de las
casas principales, y colocándolos en los para.petos como piezas de artillería., los mandaba
disparar con pólvora sola, haciendo estalll!-r
al mismo tiempo gruesas cámaras para fi?g1r
ante el enemigo que tenía una poderosa artillería.
Poco tiempo después, á pesa~ de S?, acendrado sentimiento religioso, el Jefe rnsurgente
mandó fundir caflones con a,lgunas campanas

EL MUNDO ILUSTRADO
de la parroquia., bocas de fuego que se cargaban con las piedras redondas del arroyo vecino y con las balas que lanzaban los sitiadores.
III
D. Valerio Truja.no, patriota. sincero y cristiano viejo, brotado, como nuestros héroes todos, de la. masa del pueblo, fué arriero en sus
años juveniles; cuando la campa.na de Dolores
despertó al pueblo mexicano de su sueño de
tres centurias, el movimiento de insurrección
lo sorprendió con algunas deudas y tuvo la
delicadeza. de sofocar sus impulsos patrióticos
y trabajar sin descanso para solventarlas, antes de ofrecer su sangre y su vida en el altar
de la Patria.
C1'istiano ferviente y sencillo, supo coordinar sus sentimientos patrióticos con su fe, no
obstante que á su oído llegaban las excomuniones lanzadas por el alto clero contra los
caudillos de la Independencia.. Esa fe sincera
y ese ardiente patriotismo fueron el alma de
la defensa de Hua.xuápam.
Milita.res y paisanos, formando una sola familia., cuyo padre reconocido era D. Va.lerio
Truja.no, vivían una vida de disciplina. militar y monástica. al mismo tiempo. Todas I as
horas del día, todas las ocupaciones de los habitantes en la villa sitiada,eran indicadas por
el toque del clarín ó el clamor de la. campana,
que lo mismo convocaba. á los defensores para
volará las trincheras á rechazar los repetidos
asaltos, que los congregaba. en el templo parroquial á. unir las almas en una sola plegaria,
pidiendo al Dios de los ejércitos la victoria.
para las armas americanas.
IV
Publicado por la orden de la plaza, se había
da.do á conocer un decreto mandando celebrar
solemne novenario en honor del &lt;Señor de los
Corazones&gt;, que se veneraba. en la parroquia..
Repartiendo cuidadosa.mente las exigencias del
servicio y las prácticas piadosas, todos los
habitantes debían concurrir á. la novena.
Era el último día de aquellos ejercicios de
piedad. Las bóvedas del viejo templo habían
resonado con las plegarias de los patriotas.
Todos los corazones palpitaban esperando
algo sobrenatural, esperando un verdadero
milagro que salvara á la plaza sitiada de los
horrores del a.salto, si llegaba á caer en poder
del iracundo Régules.
.
Cuando los fieles defensores se retira.ron del
templo, el general Truja.no, siempre vigilante
en el punto de mayor peligro, recibió por la
noche la visita del «Mocho&gt;, que descubriéndose con todo respeto, le entregó un papelito
diciendo:
-E,;to le manda á vuestra merced el señor
Cura Morelos.
A la luz de una fogata desenvolvió el papel
y vió con a.sombro y con inmenso regocijo estas solas palabras que enviaba, como un rayo
de esperanza, el héroe de Cua.utla.: &lt;Sostente
todo lo que puedas; ya marcho en tu auxilio&gt;.
Como rayo cárdeno que rasga las tinieblas
y baña en claridades los antros más obscuros,
a.sí corrió por todos los campamentos la. noticia del esperado socorro. Como por arte de
encantamiento se iluminaron las casas, los cirios ardieron de nuevo en el altar, se entonó
un Tedéum en el templo, las campa.nas se echaron á vuelo en a.legres repiques y los heroicos
defensores de Hua.xuápam, olvidando sus penas pasadas, sus miserias sufridas, sus hambres dolorosas y su sangre vertida, se unieron
eo una sola voz para. cantar al &lt;Señor de los
Corazones&gt; y para dar vi vas á. la Irrdependencia de la América mexicana.

sus puestos. En las primeras horas de la mañana un destacamento de las tres armas al
mando de D. Miguel bravo atacó el Ca.lv.a.rio,
que defendía el valiente comandantE: Ca.l?elas.
Inútiles fueron los esfuerzos del ¡efe msurgente; su arrojo se estrelló contra las posiciones de Caldelas, y hubo de retirarse con grandes pérdidas, dejando los dos cañones quetraía
en poder de los rea.listas. En vano ac?,dió Truja.no á sostener, desde la plaza, el mtento de
Bravo· Ca.ldela.s supo resistir el doble a.taque,
y otro' día más de indecisión y de penas con
grande desaliento pasó fatigoso para los defensores de Huaxuápam.
VII
El destacamento de Bravo no era más que
una avanzada. de las fuerzas que en persona
mandaba el heroico Cura Morelos. A las diez
de la mañana del 29 de julio cuatro columnas,
lanzadas por distintos rumbos, se acercaban
contra las posiciones de los rea.listas. D. Hermenegildo Galea.na, al frente de sus bravos
surianos, fué el encarga.do de tomar el Calvario, donde pereció el cpma.ndante Caldelas, exclamando al morir: &lt;;Viva España!&gt;
D. Miguel Bravo, el derrotado de la víspera. mandaba la columna. que a.tacó á Esperón
ha~ia el sur; pronto lo rechazó, y con ansias
ardientes de vengar su afrenta, por la derrota
anterior rebasó las lfneas de Esperón y se
unió co~ Galeana. en las posiciones del Calvario.
D. Juan José Galea.na, hermano de D. Hermenegildo, y D. Vicente Guerrero ataca.ron los
otros puntos débiles, en tanto queMorelos cargaba sobre el punto principal que defendía. Régules.
Truja.no desde la plaza. movió todos sus elementos de combate, los dirigió sobre los puntos más amenazados; en su empuje denodado
logró darse l&amp;s manos con sus hermanos que
venían á auxiliarlo, y cogiPndo entre dos foegos á las azoradas huestes españolas, á poco
se vieron los insurgentes dueños de las fuertes
posiciones de los realistas.
Régules no pudo resistir a! doble ataque de
dentro y fuera de la. poblac1óo; en vano p,retendió reunir á sus dispersas tropas. Muerto
Ca.ldela.s que era el más militar de los sitiadores, el' jefe i;ea.list~, desmoralizado y roto,
se unió con D. Gabriel Esperón y escapó al
galope de su caballo para Yanhuitlá.n, punto
de cita para los derrotados.
Incansable Morelos en sus operaciones, des tacó fuerzas suficientes contra los que huían,
que fueron alcanza.dos en Yanbuitlán, antes
de poder reorganizarse, y deshechos completamente los restos de aquel ejército que se había estrellado ante la constancia y el patriotismo de D. Valerio Truja.no.
Pocos meses después, cuando el general Morelos tornó por a.salto la ciudad de Oaxaca,
Régules Villasante fué sacado de dentro de un
ataúd, donde se había escondido, en el con-

vento del Carmen y fusilado al día siguiente
en el mismo sitio donde los jóvenes Armenta. Y
López, enviados por Hidalgo, habían pa.ga~o,
con su sangre, el delito de a.mar á su patria,
siendo los mártires primeros de la Independencia en el suelo oaxaq ueño.
VIII
El profesor se limpió con s:1 paliac~te. una
lágrima que brotaba de sus o¡os enro¡ec1dos,
y con voz convulsa. siguió hablándonos del heroico hijo de Tepecoacuilco.
-¡Pobre don Va.lerio!-nos dijo,-muy poco
tiempo sobrevivió á sus triunfo_s.
Cuando el señor Morelos se situó en Tehua.·
cán de las Granadas, para estar á la v~r~ de
los movimientos de París y de Llano, y v1g1lar
los caminos de Puebla y Orizaba, ·de Oaxaca y
México, destacó á Trujano para que las P!l-1:tidas realistas no pudieran encontrar prov1s10·
nes en la línea de Tlacotepec á Tepeaca.
·
El 4 de octubre de aquel mismo año se situó
Truja.no en el rancho de la Virgen,situado e~tre a.q uellas poblaciones. Pronto lJegó á noticias del coronel Saturnino Sama.niego, que
mandaba. en Tepeaca., la llegada. del jefe insu!'gente, y con trescientos hombres se desprendió
para batirlo.
Truja.no sólo tenía á su~ órd~nes cien solñados escogidos, pero muy mfer1ores en nú_mero
para poder resistir el ataque de los rea.hstas.
Sin embargo, no queriendo huirá la vista. del
enemigo, se fortificó cuanto pudo en las Cl!-sas
del rancho, donde fué a.taca.do por Sama.Diego
1a tarde del día 5.
.
Rudo fué el asalto y heroica. la resistencia. y
al caer de una tarde triste de octubre, do.s días
después, todavía. resistía Truja.no detrás _de
sus débiles parapetos. Deri:epen_te la casa prmcipa.l donde se defendía. el ¡efe rnsurg~nte comenzó á arder por todas partes. Tru¡ano, en
un heroico esfuerzo, seguido por un grupo de
soldados, rompe J,.s filas enemiga.si dejando
ca.torce cadáveres en el campo. Herido, ~esa.lenta.do triste por la derrota, aunque hbre
y a de I as' ba.l as rea.listas, busca con ojos angustia.dos á su hijo que lo acompañaba: no lo
encuentra., y, lanzando ¡a.y! doloroso, vuela
otra vez hacia la casa envuelta. en llamas para sal va.r á su hijo, y cae exánime con catorce
heridas.
·
Al día siguiente, cuando llegó Galeana. con
fuerzas de auxilio, sólo pudo recoger el ensangrentado cadáver de Truja.no, que conducido á Tehuacán fué enterrado con todos los
honores que cor~espondfan á su grado militar.
-Hijos míos, dijo el anciano preceptor con
voz ca.si sollozante, lloremos al recordar la
gloriosa. muerte del héroe de Hua.xuápam.
Todos los niños estábamos llorando. Nos
abrazamos unos á otros, y apretándonos entre
sus brazos temblorosos, el maestro nos decía:
&lt;Acuérdense de los que saben morir por la Patria&gt;.
CONSTANCIO PE~A IDIÁQUEZ.

V

Intriga.dos andaban, entre tanto, los rea.listas sitia.dores, al ver el extraordinario júbilo
que palpitaba. en la población, que un día antes parecía, ante sus ojos hambrientos de sangre y de matanza., presa fácil para sus armas
triunfadoras.
Era la noche del 22 de julio de 1812, que siguió a.q uella tarde en que los soldados del rey,
con olímpico desprecio, habían saciado el hambre del mendigo insurgente, del miserable
&lt;Mocho&gt;, en quien nadie se fijó.
Al notar Régules Villasa.nte la desusada animación del enemigo,mandó reunirá. toda prisa
un consejo de guerra, compuesto de los principales jefes de la. brigada sitiadora. Propuso
á sus subordinados levantar el sitio inmediata.mente y salir al encuentro de las fuerzas que
venían en auxilio de los sitia.dos, pues no á
otra cosa debía a.ti-ibuirse aquella animación.
Después de animada discusión en que se cruza.ron palabra.11 dnras entre Régules y Ca.Id!')·
las, prevaleció la opinión de éste, y se acordó
mantener más estrecho el sitio y hacer rendir
la plaza á la mayor brevedad p_osible.
¡Pobre Caldelas, quién hubiera creído que
dos días después caería herido de muerte, al
filo de los ma.ctíetes suria.noR esgrimidos con
brío por los solda.dos de D. Hermenegildo Ga.leana!
VI
Amaneció el 23 de julio, y el espléndido sol
americano encontró á sitiadores y sitiados en

EXP0$1CION PE SAN LUIS MISSOURI.-RANCHEROS NORTEAMERICANOS.
( Bronce de f. Rem ne-ton) ,

�EL :MUNDO ILUSTRADO

ECOS DE TODO EL MUNDO
La enseñanza de las enfermeras en el Jap6n.
Los lnit!Pses en el Tlbet.-Los chinos en
Sndáfrlca--En e l Mar .Rojo

A venido súbitamente la guerra á cambiar
en mucho,la faz de los asuntos, lo mismo
en el ,Tapón que en Rusia. En los momentosenquelos dos pueblos-que hace medio año
se despedazan implacablemente y que en estos
siete meses de campaña sólo parecen haber refinado sus odios, para prolongar por muchos
meses más las hostilidades, se vieron envueltos en la contienda-trataron de oponer el uno
al otro lo mejor de sus ejércitos, sus más tre•
mendos buques de guerra, los elementos todos
en general, capaces de inclinar, en uno 6 en
otro sentido, la simpatía de esa diosa malhu-

H

1

Además, precisa desalojar con rapidez los campos de batalla, quemuy probablemente han de
quedar cubiertos, literalmente cubiertos de
muertos y heridos.
Por eso no debe llamar la atención el hecho
de que tanto el gobierno del Japón, como el gobierno imperial moscovita, estén procurando,
desde que !os primeros disparos del cañón retumbaron en el Cerro del Oro y en la anfractuosa bahía de Puerto Arturo, reunir el mayor
número que lesisea dable de tropas, es cierto;
pero también el mayor número de oficiales facultativos y enfermeros que habrán de ser los
que detengan la invasora marcha de ese formidable enemigo que decide del triunfo en muchos casos: de la epidemia. A la vez, habrán
de ser los que animen á los soldados, prometiéndoles la asistencia constante, humana, caritativa que abrevie los sufrimientos de los he•
ridos.
La enseñanza de 1as enfermeras es de tal manera importante, que el gobierno imperial del
Japón ha tenido cuidado de alentarlo con todo
género de prerrogativas, rodeando á las mujeres que lo ejercen de toda clase de consideraciones. Para aprenderá colocar las curaciones y vendajes en toda Europa, se estila, desde
tiempo inmemorial, la práctica, el aprendizaje
en los hospitales que va adiestrando la mano
del enfermero 6 del futuro médico. En el Japón ha parecido más práctico, para evitará
los enfermos los sufrimientos 6, cuando menos,
el peligro de sufrir una mala curación, hacer
el aprendizaje en monigotes especialmente preparados, anatómicamente construídos, para
que la enseñanza resulte completamente utilizable.

EL MUNDO ILUSTR'ADO
rrieron unos cien defensores, mientras que los
indobritánicos solamente tuvieron diez 6 doce
baj&amp;.s.

***

Si la suerte de los buques de guerra que pertenecen á las dos naciones que en la actualidad
se despedazan en Manchuria no llama la atención por ser, hasta cierto punto,natural el que
sean echados á pique por los cruceros de la
matrícula contraria, no pasa lo mismo con los
buques que pertenecen á naciones neutrales, y
que solamente por necesidades del comercio
pasan por aguas en las cuales se ejerce la vigilancia oficial metódicamente. En el Mar Rojo, muy especialmente, han aparecido en los
últimos días buques de la marina voluntaria
rusa que pretenden impedir, estacionándose en
la ruta del Canal de Suez, el contrabando de
guerra.

La expedici6n al Tibet.- EI asalto á los fuertes
de Gyantse.

morada y versátil que se llama la Victoria, y
á la que más 6 menos todos rendimos pleitohomenaje, al temer espantosamente sus desdenes.
La guerra ha venido á interrumpir casi por
completo los negocios, no solamente en los dos
pueblos beligerantes, sino en todos los que se
encuentran cerca del centro de laR operaciones
guerreras. En Rusia, como en el Japón, ~e preparan todos los nacionales á triunfar, sea porque la suerte de las armas les sea favorable,
sea por la tenaz resistencia, por la inquebrantable voluntad. que es la fuerza oculta de todos
los decididos. Pero para que el triunfo sea un
hecho, es preciso, ante todo, hacer que los cuerpos que actualmente pelean en Manchuria
sean numerosos, que sus armas y sus avituallamientos estén en el mom&lt;&gt;nto oportuno, en
el sitio mismo en el que sQ les ha de necesitar.

~ L

La enseñanza de la cirugia menor en las escuelas japonesas,

***
Terminada la nefasta guerra del Transvaal,
en los momentos de estupor que siguieron á. la
capitulación de los últimos boers que aún se
sostenían con las armas en las mano, la voz de
uno de los más queridos generales de la próxima á extinguirse nacionalidad boer, se levantó para declarar que la dominación de los ingleses en territorio de las dos antiguas repúblicas sudafricanas, sería una interminable

serie de dificultades, en parte solamente domina.bles. La siniestra predicción parece que se
ha venido cumpliendo.
Ya terminados los arreglos de paz, quedaba
aún por rehacer, material y moralmente, la
nacionalidad muerta, extinguida por la lucha
sin cuartel y sin merced en la que al lado de
los hombres muertos, quedaban los ranchos
quemados y los implementos de agricultura. rotos. Quedaba mucho por hacer y .. . . no había
brazos.
La labor era imposible en estas circunstancias y a;sí lo han comprendido los gobernadores ingleses de las hoy colonias, procurando,
cuando menos importa,cierto número de trabajadores chinos, ya que de otra nacionalidad
sería absolutamente imposible encontrarlos.

Muchos defectos tendrán los súbditos del Ce- •
leste Imperio; pero de fijo que mayores son los
que se deriv an de la ausencia de o breros en las
fábricas y de peones en los campos.
La inmigración de chinos se ha tolerado; en
numerosos grupos los llevan á Africa los va•
pores contratados especialmente para el caso.
A su llegada, como una medida de prudencia, para poderlos en seguida identificar, los
chinos son sometidos á la práctica de los sistemas minuciosos de identificación que se estilan en los presidios. Y asi va poblándose lentamente la que fué república sudafricana. del
Transvaal, mientras los héroes de la guerra
han _emigrado de su patria quizás para no volver Jamás ....

Páginas de la Moda
ELEG~NCIA Y DISTI NCION
OS trajes más ingeniosos son
los que revelan mayor distinción; quiero decir que los arreglos de adornos y guarniciones
deben mostrar que la ejecutante ha .
procurado reunir los materiales en
ricas combinaciones, procurando
el mejor efecto. Los encajes se cortan y ajustan en diferentes partes
de los cuerpos y faldas; las cintas
se enrollan y desenrollan denun·
ciando sorprendente habilidad en
el dibujo; y cada partícula de los
atavíos de cualquiera clase es de
tal suerte coloca.da, que ' demuestre
cla.r:amente la inmensa cantidad de
trabajo manual empleado para
obtener la originalidad del conjunto.
En el orden de los aderezos, gran
número de mujeres de gusto sostienen su propia individualidad y
ofrecen sugestiones á sus modistas, presentándoles, con frecuencia,
luminosas ideas. No consagran
mucho tiempo al asunto, mas están
alertas, y sin hacerse esclavas de
la moda, se mantienen al tanto de
las necesidades de sus guardarropas. Cuando la mujer empieza á.
ejercitar ru imaginación con respecto á sus trajes, pronto se encuentra en
el imperio sin límites de la fantasía, alcanzan
do luego el poder de vesticse con distinción
belleza y elegancia.
'
¿Dónde, cómo inspirarse para combinar
acertados proyectos de trajes? ¿Dónde? En
los colores de los objetos que á diario vemos,
en las telas graciosamente desplegadas de las
tiendas, en los vestidos mirados en la calle...
.... Al contemplar materiales y colores mezclados, se escogen y combinan, en el entendimiento, los diferentes géneros y adornos,siendo estas laR combinaciones que á menudo resultan
más artísticas y hermosas. Una mujer que se
acostumbre á pensar con talento sobre estos
a.suntos,hará milagros de buen gusto, novedad
y perfección.

L

***

Continúa la marcha de la expedición inglesa
hacia Lasa, la santa capital ,:el budhismo,
completamente obscurecida por los incidentes
sensacionales de la guerra de Oriente. No porque la guerra rusojaponesa sea la que hasta
hoy tiene el privilegio tristísimo de tener en
suspenso la curiosidad del mundo, deja la expedic-ión del mayor general Macdonald de ser
una de las campañas destinadas á tener significadomayor dentro de muy poco tiempo. La expedición británica que se dirige aLTibet será la
base de arrf&gt;glos que muy probablemente tendrán importancia capital y decisiva en la fu.
tura división territorial de la región central
de Asia.
La marcha del general Macdonald hacia la
capital sagrada del Tibet, ha. sido tranquila,
para el mundo exterior, privado de noticias
frescas por la lejanía de los sitios en los cuales opera la división inglesa; pero en realidad
ha sido de lo más penoso que pued11. darse en
parte por la topografía de la zona atravesada
por el pequeño grupo indo británico, y en parte
por la rebelde y tenaz oposición hecha por los
tibetanos.
Dimos anteriormente cuenta de la captura
del monasterio de Gyantsé por las fuerzas del
general Macdonald, y de la tremenda lucha
que precedió á la captura del fuerte por los
ingleses. La lucha, á lo que parece, no solamente se redujo al asalto de las principale;;
posesiones tibetanas; sino también á una serie
de fuertes y trincheras secundarios, que formaban una nutrida red de defensas, suficiente para detener el empuje de los ia vasores.
Los tibetanos desalojados de Gya.ntsé procedieron á ocupar los fuertes de la segunda Jí.
nea, en los cuales creían sostenerse. Una bri•
llante carga de los británicos dió fin á la resistencia, no sin ·que dur'ante cuatro horas el
estampido del cañón demostrara la rebeldía y
tenacidad de los defensores. El mayor Lyer
pereció en la jornada, y la misma suerte co-

el «cricket&gt;, cualquiera de los múltiples juegos
de «sport&gt; que tanto á las razas sajonas agrsdan . Solamente cuando &lt;no hay rusos á la vista&gt; se puede ahora disfrutar de la inocente dis•
tracción.

La lnmigraci6n negra en Afrlca.

Los vapores de la marina mercante de Rusia,·
que han estado vigilando la ruta de Suez, han
levantado actas de infracción en varios casos
y sus procedimientos han sido objeto de vigorosas protestas de parte de las naciones á.
las cuales los arm&amp;dores de los buques capturados pertenecen. La diplomacia se ha encargado de ir endulzando los rencores que los procedimientos de la flota voluntaria han producido; pero los viajeros que tienen que atravesar el l\Iar Rojo,por cuestiones de interés personal, saben bien que están frecuentemente expuestos á desagraoables encuentros. Por eso
es ya raro que se entreguen á las distracciones
propias de un viaje largo, distracciones que
tan frecuentes eran antes de que la guerra comenzara, mejor dicho, antes de que los moscovitas deJidieran estorbar el paso de los vapores mercantes sospechosos de llevar al enemigo
material de guerra.
En los vapores mercantes es frecuente ver
que los pasajeros se dec1ican, durante las largas tardes dela travesía á. jugar&lt;el basse-hall&gt;,

La_travesía del Mar Rojo,

***

Las señoras de avanzada edad se quejan de
no encontrar modas adecuadas para ellas.
Años atrás, las damas de nuestro país que
traspasaban los cuarenta, renunciaban á toda
g-ala, resignándose á penetrar en «La Sel va
Obscura&gt;, á la penosa vejez, con un acompañamiento de prendas sombrío y lúgubre. ¡Qué
diferente es ahora! A las mujeres de cuarenta
se las considera en el albor de la vida, y las
de cincuenta y aun sesenta toman particular interés en proporcionarse primorosos y adecuados trajes, abrigos y tocas. Por
supuesto, la mujer de edad
debP ser juiciosa. al escoger las prendas que adornarán su cuerpo y destacarán sus encantos. Las
buenas formas socia.les
exigen que evite lo brilla;nte y sobresaliente,
pues es ridículo y lamentable verá una mujer de
edad avarzada vestirse
como una jCJvencita.
Parece que las mujereR
del día ha.o aprendioo 6
tienen la ciencia ingénita. de en Vf&gt;jecer graciosamente, de conocer que no
es posible cubdr las huellas de los años, pno que
pueden vestirse tan discretamente, que aparezcan
casi tan atractivas como
las jóvenes, a.unque de diversa manera. La belleza. perdura en la vejez;

FIGURI:-IES NÚMEROS 1,

2 Y 3.

�EL MUNDO ILUSTRADO
la solución deseada y que hoy saluda al mundo elegante, es el modo de realzar y hacer seductora esa belleza.
Ya las mujeres de edad madura y de gusto
refinado no se tiñen el cabello, que se vuelve
blanquecino por la nieve de los años: dejan á
la Naturaleza su libre evolución, porque saben
que contradecirla es hacer muecas extravagantes de juventud, y que los cabellos blancos dan
majestad y apacible dulzura al semblante.

Et MUNDO ILUSTRADO
separados entre sí por trechos iguales á su an.
chura. El alto volante de la falda y los de las
mangas están plisadas en a.cordeón. Para hacer este hermoso traje, se necesitan 15 metros
de muselina de seda de 1.20 de anchura y de
25 á 31 metros de entredós. El forro de tafetán
ó de raso suave (12 metros) está velado por
una muselina de seda que realza al aspecto
de sutil del traje. Se toma para esto una muselina de calidad inferior á la de la falda; pues
sirve sólo para atenuar la brillantez del forro.
NúM. 6.--Vestido de &lt;garden-pa.rty&gt; en muselina plumetis blanca incrustada de ruedas en
bordado blanco. Canesú postizo, que permite
usar el vestido escota.do.
NúM. 7.-Vestido de etamina verde almendra; bolero fruncido en lo alto; falda á grandes pliegues redondos interrumpidos por un
volante montado en frunces; corbata de enea.je ocre; cintura y botones de terciopelo mal va.
Sombrero de paja almendra con escarapela de
paja bordeada por una escarola de terciopelo.
Del centro de la esca.rape!¡¡, se desprende un
ala sombreada de azul y blanco.
NúM. 8.-Traje de lana bayo-obscuro-dorado, guarnecido de grupos de estrechos bieses
de tafetán adecuado, formando eones con un
botón por vértice; falda de triple túnica; bolero con blusa de muselina de seda y cuello alto
de Venecia amarilla.
Toca de paja verde-maíz ataviada de coles
de muselina de seda blanca orladas con &lt;chenille&gt; negra.
NúM. 9.-Elegante vestido de paseo en velo
de seda blanco-plata; falda de olanes encabezados, orlando el inferior pliegues religiosos
coronados de gavia.dos; bolero y canesú de la
falda aplegadillados; gran cuello de linón antiguo. Motivos de &lt;guipure&gt; en las mangas y
sobre la falda.

..

CONCEPCIÓN GALINDO.

~~

NUt:;STROS FIGURINt:;8
NúM. 1.-Traje de visitas en paño de estío
gris muy claro; falda montada sobre un canesú en punta hecho de &lt;persianas de paño&gt;,
Cuerpo en grandes pliegues y ornado de una
especie de cuello formando cuatro puntas; amplias mangas de cuatro volantes ajustadas á
puños de &lt;guipure&gt;. 7.50 metros de paño serán
bastantes para la confección.
Toca de paja espiga, guarnecido de rosas y
follaje.
NúM. 2.-«Toilette&gt; de reuniones en«barege&gt;
negro; falda toda fruncida y adornada el bajo
de modo de formar guarniciones muy originales con escarolillas de muselina de seda. Pechero de velo y bolero redondeado y corto de
seda &lt;pékinée&gt;, orillado en lo alto por estrechos terciopelos y moti vos de «guipure&gt;, y, en
lo bajo, volantes de muselina de seda orlados
de escarolas. Mangas de bullón, recortadas en
dientes que caen sobre un ol¡in de «guipure&gt;.
&lt;Bambin&gt; de paja adornado por una doble corona de pequeñas rosas y de una col de muselina de seda.

..

I D ILIO

Carta de una Parisiense

En la alameda tranquila
que bordea la laguna,
nos dió alcance la pupila
soñadora de la luna.
Las parejas se alejaban
tras los árboles espesos
y en la atmósfera dejaban,
como estela, muchos besos.
Te apoyaste sobre el brazo
que en silencio te tendía,
y anduvimos largo plazo
con la luna por espía.
Las pisadas resbalaban
sin dejar ruido ni huellas,
nuestros ojos navegaban
en la noche como estrellas;
y tu cuerpo, tan pequeño
como silueta divina,
engarzado en el ensueño
de la blanca, muselina,
te hacía más hechicera
que todas las ricas galas ....
y parecías ligera
como si tu vieras alas ....
(En la alameda tranquila
que bordea la laguna,
nos dió alcance la pupila
soñadora de la luna).
Y por rutas tentadoras
bajo la noche estrellada,
anduvimos muchas horas
sin poder decirnos nada.

LENGUAJE DEL ABANICO

París, julio de 1904.
E ha representado recientemente,
aquí, en el Vaudeville, una comedia china que ha interesado vivamente á los aficionados á recons·
tituciones de costumbres de países
extranjeros.
Para nosotros el interés principal ha estado en el estudio del &lt;Juego del abanico&gt;.
En ese país, ocupado por la raza
amarilla que hace hablar tanto de
ella en este momento, el lenguaje
del abanico desempeña un papel poderoso. Según parece, todo chino
bien educado debe saber hacerlo
comprender todo con su abanico,
cuya ondulación inteligente sabe
expresar alternativamente, de inteliO'ible manera, todos los sentimien·
tos que puede experimentar el co·
razón masculino 6 femenino de los
naturales del Celeste Imperio.
El portador, ó mejor dicho, el manejaaor de este ligero utensilio, lo
mismo es masculino que femenino.
Hombres y mujeres lo usan y no lo
dejan nunca. l&lt;'orma parte absolutamente de la vida de todos los chinos.
Poi· el modo de golpear, de abrir,
de cerrar, por la mayor ó menor
vivacidad del ademán, ó por su lentitud preconcebida, se expresa, se
comprende, se adivina todo.
Dos chinos pueden, sin abrir la
boca, conversar á golpes de abanico.
Hasta conozco un chino muy erudito en este arte de· elocuencia, auténtico chino de N ankin, que, mejor que nadie, podría dar, al respecto, una bien intuitiva lección de cosas.
La habrá aprendido del actor que
personifica al joven enamorado de
la comedia en cuestión, cuyo des-

S

Manuel Ugarte.

~~f
La mentira deja siempre,
por más que se encierre para
no ser descubierta, un punto
franqueable por donde la verdad pueda entrar á destruirla.

*

Las buenas acciones son el
mejor argumento de las buena,; doctrinas.

.MOC&gt;AS. -FIGURÍN NÚMERO 5

NúM. 3.-Traje de tarde, en tela rosafresa;
falda montada en frunces alrededor de la cintura y guarnec"ida de dos olanes agraciados
por grandes botones de fantasía. Bolero largo
y recto bordeado con cintas anchas á cuadrícula y adornado con iguales botones que la
falda; blusa de muselina de seda que se abullona hacia el frente y parte inferior de las mangas.
NúM. 4.-Traje de linón rosa-suave adornado con grupos de pliegues; gran cuello del
mismo linón ornado con frunces y encaje «Cluny&gt; color de ocre. Metraje: 12 metros linón de
O 80 de ancho y 3 metros de encaje.
NúM. 5.--&lt;Toilette&gt; de tarde en muselina de seda negra, trabajada en plieg1rns y provista de
entredoses de seda negra en rombos; las intersecciones de los entredoses están ata vi ada.s con
flores bordadas en relieve con filigrana de oro
y seda negra. El cuerpo, muy sencillo, está todo hecho á pliegues ocultos y superpuestos.
En la falda, los pliegues, más anchos, están

MODAS -FIGURÍN NÚMERO

4.

MODA S. - FIGURÍN NÚMERO

MODAS.-FIGURINES NÚMEROS

6.

7 Y 8.

pecho se traduce con un golpecito da social, tiene, de todos modos, su que consiste en cerrarlo bruscamenseco de abanico vivamente cerrado, razón de ser.
te, después de haber esperado un
mientras el amor, por el contrario,
Por eso el abanico de Ninon de poco, como diciendo:
se declara con una serie de ligeras Lenclos, la exquisita Ninon deLen"Ya que es así, debo retirarme:
ondulaciones reiteradas, como las clos que era, según nos dice un cro- ¡no me comprenderás nunca! Buede un corazón que se estremece.
nista de la época, mucho más que nas noches."
Para el chino armado con un aba- linda, tenía también su lenguaje.
Una anciana pariente mía me ha
nico, la palabra no es nada y el Ella lo abría y se ocultaba el ros- contado que en tiempo del Imperlo
gesto lo es todo.
tro detrás de la hoja abierta del to- de Napoleón III, se había formado
Para expresar la cólera, hay que do, cuando no quería responder; lo una sociedad de señoras jóvenes del
levantar el abanico cerrado, como cerraba, por el contrario, teniéndo- gran mundo, elegantes y lindas,que
si se quisiera golpear al que os ha lo inclinado hacia el suelo, cuando inventaron entre sí un lenguaje del
irritado, después abrirlo súbita- confesaba la derrota.
abanico.
mente en. toda su extensión, y agiEn el teatro, como es de suponer,
Se contaban en pleno salón mutarlo con bruscos movimientos pa- el abanico sirve de mucho.
chas aventurillas secretas, pidiénra indicar que el furor no está calHay movimientos célebres de aba- dose consejos y servicios, sin que
mado y que el acceso continúa.
nico y que son tradicionales, como nunca nadie lo sospechara.
Si se quiere perdonar, por el con• se dice en lenguaje teatral. Así es
Ese pequeño instrumento que patrario, hay que cerrar suavemente el el de Celemina en el Misántropo. Lo rece vulgar y fútil, puede converabanico y bajarlo con lentitud con ideó mademoiselle Mars, la célebre tirse, pues, en un arma de guerra
un matiz de mansedumbre.
actriz de quien se habla aún.
de las más peligrosas y nunca se
Para expresar el orgullo satisfe-¿Qué sigJ?,ifica, decía mademoi- sabe, cuando está en una mano fecho y el contento de sí mismo, hay selle Mars, esa salida de Celemina menina, el mensaje que puede conque a,banicarse majestuosamente de que se retira muda, sin responder tener entre sus varillas finas y limuy arriba con el abanico abierto, á su enamorado que acaba de rom- geras.
·
y para manifestar el desprecio, res- per con ella? Moliere no ha puesto
BARONESA LlVET.
tableciendo las distancias, apartar réplica alguna y, sin embargo, ella
la cabeza levantando el abanico ce- no puede irse así, vergonzosamenrrado á la altura del rostro.
te, sin réplica. Agregar una frase,
El abanico desempeña tal papel una palabra, á una escena de MoJamás nuestras ilusiones nos son
no solamente en China, sino en to- liere, nadie se atrevería á hacerlo. tan queridas como cuando estamos
do el Oriente y hasta en nuestro Pues bien: á falta de voz, ¿Celemi- en peligro de perderlas.
país, donde, si no tiene la misma na no puede hablar con el abanico?
*
importancia y si toma menor parY mademoiselle Mars diseñó ese
La última de nuestras ilusiones
te en los accesorios de nuestra vi- famoso movimiento con su abanico, es la de creer que ya no tenemos.

Las plantas en las alcobas
Durante el día, cuando el sol estimula la nutrición de las plantas,
éstas no hacen daño ninguno en las
alcobas, pues están exhalando oxígeno y absorbiendo el carbono del
aire, que es perjudicial para la vida animal. En muchos hospitales
del extrall,.Íero se emplean hoy numerosas '9antas y flores para distraer la imaginación de ,los enfermos, n la vez que para purificar el
ambiente.
Por la noche, la cosa varía completamente: las plantas exhalan
entonces el carbono que recogieron
de día, y por consiguiente sería un
crimen tenerlas en la habitación
donde hubiese personas durmiendo.
En cuartos grandes y ventilados
por prudencia deben suprimirse laplantas por la noche; en las habis
taciones pequeñas, no es ya prudente, sino absolutamente necesario, hacer lo mismo.

�EL :MUNDO 1t'USTRADO
cios, e~., de que se acusaron humildemente los
peregr10os.

Coer,to Japor,és (l&gt;

***

KINTARO

L

A religión de los japoneses es el ~Shint&lt;?&gt;,
palabra que literalmente traducida quiere decir &lt;Vía de los dioses&gt;. Uno de sus
ritos consiste en la purificación del cuerpo y del alma antes de aproximarse á los cMiya&gt;, estatuas de las deidades.
.
Uno de los Miya más venerado por los Japoneses se encuentra en la cima del Fují, elevadísima montaña cortada á trechos por barrancos enormes, en los cuales se desploman impetuosos torrentes.
Ascendiendo penosamente por las ~endas que
serpentean entre precipicios, cammaba larga fila de peregrinos dirigida por un cK~nnushi&gt; ó sacerdote, llamado Gensuké. Los piadosos expedicionarios habían tenido buen cuidado en lavar sus cuerpos, bañándose en las
aguas de los torrentes, y purifi~a~ sus alimentos con sinceros actos de contr1c1ón.
Entre los peregrinos iba Kintaró, guapo y
arriscado mozo-todo Jo arriscado y guapo
que puede serlo un japonés-murmurando como los demás compañeros la frase sagrada
cRokkon Sbojo&gt;, lo cual quiere decir encastellano: &lt;Que las seis ·raíces de ml cuerpo sean
purificadas&gt;.
.
Kintaró, aunque repitiendo, como queda dicho las misteriosas palabras, parecía. tener el
pen~amiento muy lejos de lo que hacía y d~cía..
Sus ojillos oblicuos miraban algo muy leJano
sin duda y muy hermoso, y en sus abultados
labios se dibujaba de cuando en cuando una
plaoentera sonrisa.

1

:!
'

***

1

A Godo esto, la peregrinación iba avanzan~o
hacia la cima de la montaña. Allá muy aba JO
distinguíanse confusamente los verdes arrozales, parecidos á jardines tirados_ á cordel; l_as
manchas obscuras de extensos ptnares, las 10móviles aguas de tranquilo_s !agos, en cu~as
orillas aterciopeladas se d1st10guían, á. guisa
de ramilletes numerosos grupos de árboles.
Tan hermo~o paisaje pasaba inadvertido para Kintaró. Tenía el joven su alma llena del
recuerdo de su amada y en el Japón, como en
todas partes, el enamorado-así lo dice uno de
nuestros místicos-&lt;mora s.llí donde por contemplación ama&gt;.

***

1

't

Estaba ya la caravana próxima . al término
de su viaje cuando el cielo se cubrió de nubes
amenazadoras; levantóse, un vieo~o terr~ble
precursol' de furiosa tormenta, pehgrosís1ma
en aquellas alturas, y Kaminari,«Dios que ruge&gt; hizo estremecer el cielo con truenos formidables que los barrancos repetían con ecos
pavorosos.
.
.
Gensuké, el jefe de l8o peregr10ació_n,. se detuvo; los peregri~os, asu~~ados, le imitaron;
-La cosa es ev1deote-diJo, con voz y ademán solemnes, el sacerdote;- el dios Kaminari está irritado contra alguno de nosotros.
¿Cuál es el que no ha dejado sus culpas al pie
de la montaña y se acerca al templo del sagrado Miya con el corazón impuro? Salga el culpable de las filas y venga á humillarse ante
todos.
Nadie se movió. El trueno retumbó con más
fuerza. Algunos peregrinos, llenos de terror,
se acercaron entonces al sacerdote.
-Yo-dijo uno de ellos-me acuso de haber
tomado á. préstamo un saco de trigo sin habérselo pedido á su dueño.
-¡Eso es un robol-afirmó con tono severo
el sacerdote.
.
. -No--replicó el otro-porque pienso devolver el trigo en cuanto pueda.
Este pecadillo se co~sideró iosigniAcante.
Insignificantes se cons1deraroq t_amQien _13:s
menudas miserias, envidias, mentiras, perJUI·

0)Sacado de una relación auténtica.

Habían desembuchado todos, y Kinta.r ó permanecía pálido y mudo como un muerto.
...:.vamos á ver, Kintaró-dijo el sacerdote1
Y ¿tú, qué has hecho?
-Yo, contestó el joven temblando-casi nada.
-Es menester que lo confieses todo .... ¡Ay
de ti! ¡Ay de nosotros, si no hablas! ·
· .
-¡Confiesa! ¡Confiesa !--gritaron á una voz
los peregrinos.
-Bueno .. .. Confesaré . . .. Pocos días ha vi á
una mujer, estaba sacando agua de un pozo.
-¿Y era hermosa?-interrumpió Gensuké.
-Li.. flor del Loto no es tan bella. Sus ojos
eran negros como la noche; su boca, un. nido de
besos ....
-Al grano, al grano-interrumpió el sacerdote.
-Estaba sola-'-prosiguió Kintaró. ~Me acerqué y empecé á. decirla pali.bras dulces .... Ella
se reía ....
Kintaró se calló.
Hasta ahora nada has dicho que justifique la
cólera de Kaminari. Algo ocu]t:).s. Apuesto á.
que después .... la acompañaste á tomar una
taza de te.
--Es verdad. Pero fué ella la que me invitó.
-Tampoco veo en eso un crimen.
¿Quién no ha tomado te alguna vez
en compañía de una mujer más ó
menos hermosa?
Todos los peregrinos asintieron.
--Es que la mujer de mi aventura
era casada.
Gensuké lanzó una exclamación.
Luego, con voz severa, añadió:
-¿Y eso del te se repitió más de
una vez en ausencia
del marido?
-Sí, señor; se repitió.
~¿Y sobrecuántas
tazas calculas tú qúe
habrás tomado?
Kintaró hizo un
gesto que equivalía
á. decir: 1.No pueden
contarse&gt;.
El conductor de la
caravana. no se dió
por satisfecho con lo
que el joven había
dicho.
--Conocemos- dijo- la mitad de tu
falta; pero es menesMODAS,-FJGURÍN NÚMERO 9.
ter que la declares
toda. Dinos quié n es
esa mujer.
Pálido, como el reo á la · vista del suplicio,
ti an ciano
Kintaró guardó silencio.
-Habla- dijo el sacerdote. .
--Habla-gritaron los peregrrnos.
En esas almas que el recuerdo orea
En esto un relámpago aterrador deslumbró
los ojoi1 de los caminantes y un trueno espanCon las visiones tristes del pasado,
toso retumbó como una descarga de cien cu.ñoHay temblores de cráter apagado
nes.
Y una explosión de sombra en cada ideal
-Habla, habla ....
-¿Queréis que lo confiese todo?-preguntó
La ilusión-mariposa que aletea.resueltamente Kintaró.
No se acerca á ese cáliz marchitado;
-¡Sí! ¡Sí!
--¿Qui~res tú- siguió encarándose CO? el sa¡Roto está el prisma del ideal soñado!
cerdote-que diga el nombre de esa muJer?
¡Muertas las ansias que el amor caldea!
--S.í; yo te lo maod~; los dioses lo exigen.
-Pues bien; esa muJer era ... , tu esposa.
Y ¡oh suprema lrrisión! La frente erguida
Por la traducqión libre.
ZEDA.
Eo que la humana vanidad se escuda,
En luchas de titán cayó vencida;
La experiencia es ~l legado de la desgracia
y la hija del escarmiento.
Y astro tal vez en la batalla ruda,
Camina
hacia el ocaso de la vida
rodos los hombres que luchan por la vida,
Vagando en las tinieblas de la duda!
que están presos en su lodo, son más filósofos
que Schopenhauer, porque jamás una idea absCLARO Ü0SCURO.
tracta tomará una forma tan precisa como la
que el dolor arranca al cerebro. -MÁXIMO
Tabasco, agosto de 1904.
GORKI.

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'7ea Ud. á su Derecba.
Siempre que hablamos y tenemos nuestra vista fija á determinado
lugar, habrán Uds. notado que lo hacemos mirando invariableme~te
hacia nuestra derecha. Es la ley natural. Tome cualquier día un
asiento en el Paseo y se convencerá de ello. Encontrará el noventa y
cinco por ciento que inconscientemente voltean sus cabezas siempre
á la derecha.
Cuando vaya á caballo por el Paseo con dirección hacia Chapultepec, vea á su derecha, allí está el

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toda la hilera de eucaliptos y ligada por la antigua Calzada de la Teja, verá un gran terreno dotado con monumentos blancos que muy
pronto se pondrán para indicar las esquinas de las calles.
Dentro de muy pocas semanas verá un buen número de obreros
llevando sus herramientas para empezar el drenaje y colocar los tubos para el agua, y poco tiempo después se harán las calles con asfalto.
No sea Ud. como uno de aquellos que les decía á sus amigos, hace
cinco años, que los terrenos del

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se adquirían por una canción. Siga el ejemplo de los demás y compre
sus lotes, obteniendo las ventajas de sus precios. Venga á nuestra
oficina, Primera de San Francisco, número 4, ó á la de nuestros Agentes Generales, Sres. Prevost &amp; Vail, Primera de San Francisco, número 8, y le daremos toda clase de informes, así como una lista de personas prominentes que han comprado lotes en esta COLONIA, uonde
piensan edificar sus Casas-Palacios. Vea á alguna de estas personas
que han comprado terrenos en

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y pregúntele por qué ha preferido este lugar á otros numerosos que
hay en la ciudad; le dirá la razón y podrá inspirarse para comprar
el suyo.
Uno de los más prominentes negociantes mexicanos acaba de comprar lotes por valor de cincuenta y dos mil pesos en el Etilwell Place,
la semana pasada. No pagó más de diez mil pesos al contado, y el resto lo pagará en nueve años. ¿Cuánto llegarán á valer estos lot.es dentro de nueve años, si siguen aumentando en cada afio un diez por
ciento, como ha ido sucediendo duran ....e los últimos nueve añ.os que
han pasado?

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Año XI-Tomo 11-Núm. 1°1

.El Palacio de Hierro:. . S. A ..
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Apartado número 26

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1904, Año 11, Tomo 2, No 10, Septiembre 4</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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