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                  <text>L
Año XL-Torno ll.-Número 14.

Subscripción mensual foránea . . ... $ 1.50
ldem
ldem en la Capital.. $ 1. 25

MEXICO,~OCTUBBRE 2 de~l904.

Gerente: LUIS REYES SPINDOLA.

Dlreclor:I Llc.tRAFAEL !REYES SPINDOLA.
Secretario de Redaccidn: José Gdme(Urarte.

Registrado como artículo de segunda clase en 8 de Noviembre de 1894.

LOS MÁS GRANDES YMEJOR SURTIDOS DE LA REPÚBLICA
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•

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EL SITIO DE P UERTO ARTURO.-UNA PIRAMIDE HUMANA
" ......Delante de la.'baterfaqel t uerto Zarecloutni, se encon traba una alta pared ele .Piedra aue_losnlJ,ones puelleron escalar una ,·ez. El Cap1tán Lcbe&lt;llef, Jefe ele los eletensores del punto. se hallaba en la parte superior
del muro y con su pistola en uaa mano Y su espada en la

¡

otra, mató é hirió á 22 iaDOneses uue, trepando J)Or una
pirámide humana. trataron de salvar el obstáculo. Después del tercer asalto, el Capitán Lebecliet, a¡robiado DOr
el cansancio, so sentó y fué destrozado D()r u na bomba
...... "--Despacho de u11 corresponsal de guerra.
. ...

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El mal marido que en sociedad trata con d ul·
zura y con amor á su esposa, le sonríe, la aga•
saja y pondera sus virtudes, al vol ver á su
casa la maltrata de pensamiento, de palabra y
hasta de obra y le arma un caramillo por qui·
tame ali á esas pajas.
La mujer coqueta, frívola, desamorada de
su esposo y de sus hijos es, ea visita, toda ter·
aura, toda fidelidad, toda abnegación. Despil·
farra.da, no habla más que de economía, manirrota, pondera el orden y el método; banal,
afecta sensatez y profundidad de ideas.
Y así por ese orden. Ea ls. vida de socied_ad,
artificial, arreglada á. compás como un baila·
ble, sometida como la- carga en once voces á
&lt;tiempos y á. movimientos~, el hombre se abotona, moralmente, hasta el cuello, se oculta,
se enmascara, se disfraza; y si larnujer,en aca•
tamieuto de los preceptos de la moda, desnuda
sus brazos y ostenta sus hombros, pone, en
cambio una triple coraza á sus verdaderos sen·
timieotos y encierra, bajo triple llave, sus más
espontáneas propensiones.
Para que el ser real aparezca bajo el Stl~ ficticio; para que el hombl'e, tal c~al es, s'!rJa de
entre el uniforme con que lo revi~te la etiqueta;
para que el lobo voraz se revele bajo el disfraz de abuela bondadosa y amante, es oecesar1O que una pasión inesperada y súbita, un
sentimiento intenso é imprevisto, se apodere
del ánimo y momentáneamente ofusque y ciegue.
Se cuenta que Taylleraod era capaz de reci·
bir, de pronto, un puntapié ea el lugar de elec·
ción,siu que, por ello, se alterara su fisonomía
ni cambiara el tono apacible y plácido de su
conversación. Pero esto es una excepción es·
tu penda, por lo rara, y por lo general, bajo la
intluencia de una emocion intensa é inespera·
da, se abre el abismo y el fondo del alma se
ostenta ea toda su desnudez.
Bajo la influencia dei pánico, de la cólera,
de los celos, el que parecía generoso, se mani•
fiesta. egoísta; el gal ante, brutal; el amante, indiferente ú hosti1; el abnegado, exigente; el
bondadoso, cruel.
Pero no hay que creer que en esos instantes
de paroxismo y de extremada tensión del espí·
ritu el hombre se manifiesta tal cual es ea rea•
lidad. Laemocióomisma,si es exagerada., suscita tendencias, sentimientos y pasiones que
no nos son habituales y que nos transforman
en otro hombre. La alegda extrema, por ejemplo, puede convertir en buenos á. seres maoi·

COMO PUIDI LLIGARSI ACONOCIR
A LOS liOJl'\BJ'tE!S

I quisiéramos formar el aro concepto del car áct er, de las propensiones y de la.s tea•
deocia.s de las gentes, tomando como base
lo que hacen deliberada. y meditadameote, correríamos grao riesgo de equivoca.roo~ y de
hecho nos equivocamos á menudo.
Juzgar de la urbanidad real de una persona
por su actit!ld, sus modales y su conversae:ión
de sociedad, por el trato que da ó las conside·
raciones que manifiesta á los de::nás en un bai•
le ó en una tertulia., es sumamente a.ventura.do.
A menos que no se trate de palurdos, todos
procuramos, en esas ocasiones, escoger nues•
tros temas de conversación, pulir nuestro es•
tilo componer nuestra actitud y nuestro a.de·
má~ y raro es que no nos causemos, mediante
esas' precauciones, la impresión recíproca de
que somos hombres pulcros y cumplidos caballeros.
Las da.mas, especialmente, cantan discretamente todo lo que dicen, deja.o vagar por sus
labios una. sonrisa vaga y graciosa, fingen una
atención curiosa á la conversación que se les
da· y todas: casi sin excepción, aparecen ino·
ce~tes tímidas, virtuosas, modestas, como los
caba.ll~ros se muestra.o galantes, obsequiosos,
asiduos y corteses.
Difícil es reconocer,en esos galantes Romeos
y ea esas dulces Julietas, á los ogros y á las
harpías que, á solas, en confianza y emancipa·
dos de la tutela de las conveniencias, gritan,
rugen patean á la menor contrariedad y hacen
tabla 'rasa de toda circunspección y de toda
pulcrttud.
Para conocer á los hombres en toda su des·
nudez moral; para juzgar, acertadamente, de
sus sentimientos y de su carácter, ha.y que es•
tudiarlos en cotfia.oza, cuando se ven libres
de las miradas escrutadoras de sus semeja.ates
y de la censura. social.
El glotón que ea el banquete apenas prueba
bocado y toma pequeños s~rbos d~ vi!lo, ql!e
esgrime con maestría el cubierto é 10giere s10
ruido bocados microscópicos respetando la
blancura. virginal de los manteles y de las servilletas, á solas, devora, se llena la boca, ha·
ce chascar la lengua, se lame los labios, come
con los dedos, vierte los vinos y salpica con
las salsas.

S

fiestamente perversos, y el dolor ó la cólera
intensos, transforman en tigre al cordero.
Para conocer á los hombres á. fondo, sin temor de errar ni de que puedan aparecer lo que
no son, lo mejor es cogerlos por sorpresa y
examinar lo que hacen y lo que dicen sin haber tenido tiempo de pensarlo. Para ello, lo
mejor es sorprender sus exclamaciones. su
ademán, su gesto ante un suceso que no esperen y que los emocione sin ofuscarlos.
La caída ruidosa de un objeto permite distioguir,de un golpe,á. los nerviosos é impresiona.bles de los serenos y de los impasibles. La misma anécdota ó el mismo hecho sensacional permite saber quiénes son los malévolos y quiénes
los compasivos. Un niño, que de súbito entre
corriendo ea un salón, según sea, en el primer
momento, acogido, deja inquirir quiénes son
tiernos y afectuosos y quiénes son desamorados ó ásperos. La presencia de una mujer hermosa que no se esperaba encontrar, hace que se
trasluzca ea la mirada, ea la actitud, ea la exel amación que arranca, quién es es teta y quién
lúbrico, quién galante y respetuoso y quién indiferente, despreciativo ó frío.
Unas cuantas experiencias de este género,
coincidentes ea sus resultados, ilustran más
que años de trato respecto al fondo del carácter y de las propensiones de un bombre. El primer impulso de «los espíritus de contradicción&gt;
es decir &lt;no&gt; á. todo cuanto oyen; 1os amantes
de l a polémica, rara vez dejan acabar la frase
que se les dirige sin interponer, por lo meaos,
una observación; los malévolos, desprevenidos, nada encuentran bien, y los bo!!dadosos
&lt;pur saog&gt; aprueban y aceptan todo de primera intención.
Y es que en el fondo de la organización
moral del hombre toda emoción tiende á. convertirse, de s1lbito, ea expresión y en acción.
Cuando el hombre está sobre aviso,la reflexión
interviene, se interpone. se atraviesa al paso,
y la expresión ó la acción no corresponden ya
á la emoción que las suscita, llegando, á fuerza de freno y de conteocióo, ó á no revelarse ó
á fuerza de cálculo á. revelar otra cosa distinta y que no se siente ni se experimenta.
Pero por sorpresa.,el alma humana puede revelarse y se revela á. la luz de fugitivos relámpagos, es verdad, pero que, repetidos, pueden
alumbrar y dejar percibir todos sus abismos.

tun_idad brillante de imponerse; en estos momentos hubiera. sido bien
fácil
que se .adueñaran del &lt;mercado&gt;
.
.
. y que imrusi'eran sus ob ras ea
circunstancias
favorables.
(.Qué fatalidad
'd
d
.,
•
. pesar sobre 00sot ros en este
sent i o, que nos con eoa,. ser tributarios eternos del teatro español?

*

* * Nervo nos ha elegido te ñ
La «Hermana Agua&gt;, que diría Amado
y tiene p~ra nosotros coqueterías f,elioas de muj¿r enamorada. Hae;f a s~d~
ian esquiva en temporadas anteriores que creímos en su de
llegamos á convencernos de su indifere~cia. Este añ~ su visit spetº• que
longa.do más allá de los límites á. que nos tenía acostumbrad; se
prf"
dulce melancolía de_ las tardes lluviosas, parece que murmurasá. y~u~~tr~
oído toda~ la.s canc10_nes de amor y piedad suprema que ya. co
á.b .
mos á olvidar. Sea bienvenida.
meoz a

ª

ANTENOB LESCANO.

' '-

DR. M. FLORES.

•

-,létr~.
~ ~•-

Invitación al Señor Presidente de la República

·\

ld fxposi(ión de St. Louis Missouri

D

ESPUES de la semana de fiestas
patrias, ea las cuales se derro•
cha todo: la alegría, el dinero, el
tiempo y el trabajo; después de ~os
días glorificados por la proyección
luminosa de esa gran figura que domina el horizonte de nuestra iode•
pendencia; después de rendir al Padre Hidalgo los homenajes de recuerdo, cada día más grato y cada
día más grande, llega la semana dt1
reposo de plena tranquilidad, en
la que parece dominar en la met~ópoli el soplo lento de un sopor lll•
finito.
Pasaron ya los días de efervescencia,en los cuales se !ací9'. la_po•
blación toda en la arteria pr10c1pal
de la ciudad, en los que los trenes
de recreo traen, desde la dehesa le•
jana desde el rincón de la provio·
cia á los que no quieren dejar de
empaparse en la bullicios'!' alegría
cita.dina; y ~asaron los épicos desfiles en medio de la bruma dorada
que forma el polvo en remolinos
sutiles á la gru¡.,a de los regimien·
tos en :Oarcha. Lo~ últimos tor~ellinos de áureas chispas se perdieron en la sombra profunda de la
noche, dejando sola.me!'.!~ el de~lumbramieoto de una visión luminosa en la retina.
y los trenes de recreo vuelven rápidamente á. la lejana. dehesa, dejando en ella y ea los rincones pro•
fundos de la provincia, á los &lt;rancheros&gt;, todos adm~acióo y comentarios; á. los pequenos, que por al·
gunos meses tendrán un tema_para
sus conversaciones; á las m.u¡eres,
que comadreará.o en la_s haciendas,
refiriendo á. sus vec10as, meaos
afortunadas, cuáot_as y cuán gr_andes maravillas encierra la capital
en uno de los grandes días festivos.

Mientras, el tiempo volteará. pau•
sadamente sus complicadas máqui•
nas, para. volver á. presentarnos
viejos días, como fechas nuevas,
las antiguas alegrías, como llaman·
tes admiraciones, y los dolores, los
eternos dolores que siguen á. la bu•
manidad «como la sombra al cuer·
po&gt;, siempre renovados, constante·
mente afinados, dotados de un nue·
vo vigor y de una potencia mayor
que nunca.

***

Se encuentra ea la capital un pianista. de grao mérito. que dará. al·
gunos conciertos en Arbeu para de·
licia de los cdi!letanti&gt; y mayor
honra del arte musical. Pertenece
á la generación joven que ha logra•
do, en pocos años relativa.mente,
dominar el difícil instrumento, y
que tiene delante de sí un porvenir
largo y seguro, poblado de éxitos
y de triunfos.
Benjamín Orbón es espail.ol; pe•
ro es artista, y ha sabido encon·
tra.r,en los elemer tos de que se dis•
pone en los países hispanos, sufi•
cientes fuentes de inspiración para
dotar su inteligencia de preciadas
cualidades. Es un artista. y es un
pianista consumado, para el cual
el instrumento clásico no tiene se•
cretos. Además, es joven.
Con estos elementos se camina
mucbo y se va. muy lejos. Orbón
triunfará. dondequiera que se pre•
seote, porque pertenece á. la peque·
ffa comunión de los elegidos que
llevan ea la frente la. estrella in·
marcesible que los hace reconocer
en todos los países, en todos los
tiempos, ea todas las edades.
Dará solamente dos conciertos
con programas selectos, dignos de

un maestro, en los cuales las piezas de prueba abunda.o, hasta convencer al criterio más displicente;
en los dos conciertos anunciados
se revelará. al público, como se lia
revelado desde los primeros com•
pases que toca., á los &lt;&gt;scasos&lt;dilettanti&gt;que le ha.o escuchado particularmente.
Como todos los artistas modernos, jóvenes, es un enamorado de
la música aplastante, sacra., monumental de Wagoer; se comprende
sin esfuerzo que ha sido mucho lo
que ha estudiado de las produ:.-ciones'inmortales del gran maestro alemán, y que las ha estudiado con
«a.more» tal. que á. pesar de sus in·
númeras dificultades, las domina.
El público merece una. felicitación: de algunos meses á. esta parte los pianistas de altos vuelos no
temen ya aventurarse en nuestro
país. Sabeo ya que si es bien cierto
que nuestro público tien~ justificada fama de hosco, en cambio, es
cierto también, que nuestra educa·
ción artística se e.ocueotra ya suficienteroEfote avanzada para que no
sea de temerse un fracaso injustificado para el artista de corazón y
de talento.

rrente á. los teatros de aquel géne•
ro; pe.ro hay que hacer algo, hay·
que trabajar algo, por poco quesea.
Mientras tanto, los empresarios
de género chico se dirigen á España.
en demanda de la necesaria auto·
rización de los' autores, unidos en
sociedad mercantil, para poder re·
presentar ea México las piezas de
zarzuela que tengan éxito ea la península ibérica. Los autores nacionales han desperdiciado una opor·

***
Ea el Principal hemos tenido un
estreno, que el monstruo tuvoá bien
condenar sin apelación. Poco,muy
poco se necesita para zurcir una
piecesilla del género cbico; apenas
si un esbozo de argumento, dos ó
tres números de música alegre, al·
guoas frases ingeniosas, y se tiene
ya un éxito seguro. Poco, muy poco es lo que hay que trabajar para
dominar al público,babitual concu•

SR. BENJAMÍN ORBÓN
Notable planl$ta.

L 23 del pasado fué recibido en audiencia especial por el Sr. Presidente de la República, el Sr. Lic. Arnoldo Shaoklin, comisionado
por el Jefe de la Exposición Universal de St. Louis, el Hvo, Da.vid
R. Francis, para invitarlo á hacer una visita á la Gran Feria del
Mundo.
·
El Sr. Sbaoklin, que se presentó en Palacio acompañado del Sr. Embajador de los Estados Unidos, Gral. Powell Claytoo, pronunció al
encontrarse frente al Primer Magistrado, un pequeño discurso, en que
hizo elogios muy entusiastas del contingente que México envió al cer·
tamen y de la magna obra de engrandecimiento del país, que hace un
cuarto de siglo viene realizando el ilustre gobernante que hoy rige nuestros
destinos.
De manos del Sr. Shaoklio el Sr. Pre•
sidente recibió la invitación escrita del
Jefe del certamen, que reproducimos ea
esta página, y que traducida al castellano dice así:
''St. Louis, Septiembre 5 de 1904.-Se·
ñor: La República de México respondió
de la manera más generosa á. la invitación del Presidente de los Estados Uni•
dos para participar en la Exposición
Universal de 1904.
El pabellón nacional de México, sus
magníficas instalaciones ea los varios
palacios de exhibición y su banda mili·
tar, se cuentan entre las cosas más notables de la Exposición, y han merecido
y recibido la admiración de millones de
visitantes.
Sr. Lic. Arnoldo Shanklln.
México ha mostrado al mundo sus
progresos en la civilización, y el desenvolvimiento de sus maravillosos recursos naturales. Hay una cosa
más que México puede hacer para alcanzar la medida completa. de su
notoriedad en la. Expvsición Universal: la presencia personal del talento maestro y de la mano maestra, se desea grandemente y se aprecia·
rá. mucho.
Coa el próposito de hacer una invitación especial á. Su Excelencia el
Presidente de la República. de México, la. Exposición ha comisionado al
Sr. Arnoldo Shanklio para ser portador de esta 1expresión cordial de
simpatía, darle nuestras gracias más expresivas por lo que México ha
hecho en la «Feria del Mundo&gt;, y hacerle una invitación para visitar
la Exposición antes de su clausura en Diciembre 19 de 1904.
Esperando la buena· volunta.d del Señor Presidente de la República de

E,

México, con las seguridades de nuestra admiración y más alta estima
Tengo la honra de quedar de Ud. humilde servidor.
'
(Firmado) David R. Francis,
Presidente.
A Su Excelencia
General Porfirio Díaz,
Presidente de la República de México."
El Sr. General Díaz contestó al Sr. Shanklio dando las gracias más
expresiv:as perla. honrosa invitaciÓJ? que se le hacía, y excusándose de
concurrir personalmente á. la Exposición, en virttud de que la ley fundamental del país le prohibe salir fuera del territorio nacional, y de que
podrían ser prolongadas las gestiones que hiciera á. fin de obtener del
Coog:1'eso el permiso respectivo. El Sr. Presidente agregó que ei-timando, sin embargo, en todo su valer la distinción de que era obj~to 1 nombraría gustoso probablemente á. uno de los Señores Secretarios de Estado, para que lo representara en St. Louis.
Tanto el Sr. Embajador, como el Sr. Shaoklin, se retiraron de Palacio
lameotao_do que al Sr. General Día.z no le faera posible concurrir á. la
gran Feria del Mundo; pero quedando, en cambio, muy complacidos de
11!' •~ordial acogida de que habían sido objeto por parte del Primer Magistrado.
El Sr. Shanklin fué obsequiado el lunes último por el Sr. Presidente
co_n un baoq~et~ ínt~mo, que se efectuó en Chapultepec y al cual concu·
rrieroo las distrnguidas Sras. Doña Carmen Romero Rubio de Díaz Doña. Luz Díaz de Rincón Gallardo y Doña Luisa Ra.ygosa de Día~ la
Señorita. Clayton y los Señores General Día.z General Claytoo Líe
Shanklin y D. Francisco Rincón Gallardo.
'
'
•

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

DAMAS DISTINGUIDAS

I
EN EL CIELO

EL ALMA DE LA TARDE
En las lejanías del ocaso tiende el crepúsculo_ sus s~das maravillosas. ~ajo un velo diáfano, en una niebla argentada, empiezan a envolverse los ob¡~tos · y el cielo luminoso del estío, palidece. Reina en las verdes frondas un s1len~io sagrado, y un esplendor indeciso dora las cumbres. En la_ llanura, entr~
los follajes, se ven grandes manchas de sombra. Fulgore: a~ar1llento~ Yfugi·
tivos pasan sobre los árboles, rielando sobre las aguas hmp1das del r10. En el
horizonte del oriente aparecen los primeros crespones de la noche, Y en_la a~ta
bóveda las primeras estrellas, como blancos jazmines. Cruzan el espacio pá¡aros de tardo vuelo. Y del este obscuro y del oeste incendiado, del norte Y ~el
sur de todas las lejanías, del seno de los bosques y de lo profundo de la t:e·
rra: de las leves brisas y de los vientos del cielo, surge un rumor confuso, mul:
tiple é infinito. Voz de agonía que ante la noche negra se escapa del alma do
liente de la tarde.

o

El cielo y yo quedamos frente á f rente;
eran. como tropel ele informes canes
persiguiendo una fuga de titanes,
las nubes mllligrosas clel Poniente.
y

En el fondo de p úrpura canclentc,
los f01·zaclos y altivos ademanes
erguíanse en coléricos afanes
y vaguedad de sueño....... ..
De repente
se iluminó de sol el friso obscuro,
y el oro interno, sideral y puro.
rompió en deslumbramientos ele escarlata,
resplandeció con palidez ele luna.
y lentamente se cleslúzo en una
apacible visión de ópalo y plata.

II
EN EL LAGO

Las aguas. con azul fosforescencia,
reflejan el crepúsculo dh'ino
más tenue. más sutil, más cristalino
bajo la luminosa t ransparencia.
Las ondas. en su gárrula impaciencia.
se desgranan en 1iolvo diamantino.
y en un rosa de.nácar, dulce y fino.
diluyen, de los rojos, la violencia.
Los matices celestes, áureos domos.
torres do llama. encajes policromos,
submarinos alcázares fabrican:
y el lago. en la fusión ele los colores,
es un muaré joyante. que salpican
con pétalos ele luz. ardientes flores.

III
EN EL ALMA

....Y todo vivo en mí.... pero iouién sabe!
Entre la sombra. la concie11cia mfa
e 1.nta, con ideal u1ela.ncolía,
no sé qué sueño misterioso y grave.
Por una estefa ele oro v~ la nave
rumbo hacia. el bodzont en agonía,
y á lo lejos,
álgica clel día.
en el postrer fulgor se baiía un ave.
0

Yo Pongo en la remota lontananza
una piadosa y mística esperanm
como una ofrenda á mis delirios vagos.
y junto mis humanos desconsuelos
al dolor infinito de los cielos
:r á la inmortal tristeza de los lagos.
Lago de Cbapala, septiembre de 100!.
Luis G. Urblna.

FROILÁN TURCIOS,

Amo al león· si agita la melena,
la artística melena alborotada,
su actitud imperiosa me enajena,
pláceme su soberbia rebelada.

cortejo, dirigiéndose luego á la estación del
ferrocarril, después de recibir Maximiliano, en
la puerta principal del muelle, las llaves de la
población que le fueron presentada s en una
bandeja de plata. El acto fué muy solemne.

Las llaves son de oro, están perfectamente
conservadas, y tienen, en la parte superior, grabado el escudo de la ciudad. El estuche donde
se guardan es de caoba y está forrado interiormente de terciopelo.

Cuando ruge, brillante la mirada,
en su altivez olímpica y serena,
parece un gladiador que á la mesnada
desafía, mostrándole la arena.
El león es audaz, y noble, y bravo,
y no ha nacido para ser esclavo;
por eso, si algún rostro se perfila

..

tras de los hierros que le forman yugo,
el león, entornando la pupila,
parece despreciar á su verdugo!
ALBERTO HERRERA .

Llaves históricas
Hace poco tiempo la prensa dió la noticia de
haber sido encontradas, en el archivo de la Tesorería municipal de Veracruz, las llaves de
oro que el Ayuntamiento del lugar puso en
manos del archiduque de Austria, Fern~ndo
Maximiliano al desembarcar éste en tierra
mexicana el 28 de mayo de 1864, en unión de
su esposa la princesa Carlota Amalia y de algunas personas de su servidumbre.
El buque que condujo á Maximiliano á Veracruz entró en la bahía el 28 á las dos de la
tarde, siendo uno de los primeros en cumpli·
mentar á la imperial pareja D. Juan N. Almonte, uno de los mexicanos que durante su
estancia en Europa habían trabajado co0: más
empeño por el establecimiento de un gobierno
monárquico en México.
El 29, en las primeras horas de la maña~a,
desembarcaron los príncipes con su respectivo

EXPOSICIÓN DE ST, LOUIS MISSOURI -EL PABELLÓN DE CUBA,

LLAVES JDE ORO ENTREGAD.AS Á M.AXlMJLI.AN O Ji:N VER.A CRUZ

(1864).

�EL MUNDO ILUSTRADO

[a situación tn Extrtmo Orltntt.-EI frataso dt tiaoyang.- [a mponsabllldad dt Orloff.- ta rttirada bacla muckdtn.- EI víacrucls dtl
•
tlfrcito moscovlta.- [a táctica dtl mariscal Oyama.- [a sutrtt dt Putrto Jlrturo
hará. un mes que los rusos, asediados por todas partes en sus fuertes posiciones de Liaoyang, temiendo ser envueltos y aniquilados por el atrevido movimiento
del General Kuroki, que atravesó Al río Taitsé, amenaza.ha la retaguardia de Kuropatkine y trataba. de cortar su retirada, se vieron
obligados á. abandonar aquellas fuertes posiciones, dirigiéndose bacia Mukden para evitar
una catástrofe. Terrible y casi sin precedentes en la Historia fué aquella serie de combates que duró varios días y en los cuales las
bajas por ambas partes fueron numerosísim1l.s.
Atribuye el General Kuropatkine, si no todo, gran parte de su fracaso a.l General Orloff,
á quien había ordenado se sostuviera á. cualquier precio en Yentai, apoyando la izquierda rusa y oponiéndose al movimiento de flanco de los japoneses. Hasta ahora no está bien
RONTO

P

del desaliento necesario producidos en tantos
días de combate, que al fin terminaban con la
eterna marcha hacia. el Norte, dejando la ciudad, que no pudo defenderse, envuelta en llamas espantosas, con sus grandes almacenes,
sus formidables obras de defensa y sus va.liosos depósitos de provisiones de hoca y guerra
en poder del enemigo.

***

Y comenzó de nuevo el viacrucis del Aiército moscovita iniciado en las orillas del Yalú;
y siguió .;u marcha. hacia Mukden, acosa.do
de cerca por las avanza.das japonesas; continuó la fatigosa. retirada teniendo que sostener
rudos y repetidos combates de retaguardia,
que á haber sido emprendidos por un ejército
enemi¡!'O menos diezma.do que lo fué el japonés
frenteá. Liaoyang, menos agoviado por la fa.

za.dos de los beligerantes. No queriendo el general ruso perder el contacto con las fuerzas
enemigas en toda la línea, ha ordenado constantes reconocimientos á su caballería,la. cual,
en su arrebato, ha traspasado á veces las Jí.
neas japonesas, replegándose de nuevo á sua
posiciones, después de averiguar las del enemigo en fuerza y consistencia por diversos rumbos.
Entre tanto, el mariscal O.vama, siguiendo
la táctica que ha sido común en la presente
campa.íia., extiende su línea de combate de frente basta. sesenta millas, amenazando por el
este, el oeste y el sur, las posiciones rusas; inicia un gran movimiento envolvente, que al
se logra, habrá. de arrollar los dos flancos de
Kuropatkine, tratando de aparecer á la reR•
uua.rdia para cortar la retirada. de los rusos.
Parece que las disposiciones del terreno y la

Puerto Arturo. Grande como es el admirable
berofsmo de sus defensores, no puede durar indefinida~e.nte la.resistencia.de una plaza. con recursos limitados en municiones y provisiones
d~ boca; no 1rnede ser inagotable una gua.rnic1óa que resiste ataques continuados de un
enemigo pertinaz é incansable, perdida. por
completo toda espera?:za de recibir algún soC';)rr?, Uno y ot~o día se renuevan los ataques;
d1ar1amente reciben los siLiadores refuerzos
que les llega.~ de Da.Iny; en vano batallones enteros d~ los lªP?neses vuelan destrozados por
)as t :a.1dora.s mrnas, al acercarse á los fuertes
1nteriore_s; en vano se renuevan los ataques
con el w1smo heroísmo por parte de los sitiados, cau,ando enormes pérdidas á, sus enemi•
gos. Algún ?i_a., que no Cr'eemos remoto, faltar án las muaic1ones para los fusiles, se agotarán para. los caflones; y los hospitales repletos
de enfermos y de heridos, serán los' últimos
p untos en donde quede enhiesta la bandera.
rusa._, por falta de personal suficiente para
servir las baterías de los fuertes y para. oponerse con la. punta. de las ba_vonetas á los continua.dos ataques de los sitiadores.
Y _en esta. porfia.da y continua lucha., sigue
creciendo_ el rencor entre los enemigos, aumenta la. ra):na entre los combatientes, se a.giganta. el od10 en~re los C?ntrarios, aguijoneados
unos por la impotencia y la. desesperación y
a.lenta.dos los otros por la muerte sembrada
entr~ su~ fila~ en )os esfuerzos supremos de
una. rnút1l res1stenc1a.
A veces recordamos que en el sitio de Sebastopol, que duró dos inviernos, sitiados y sitiadores, en los momentos de tregua., charlaban
como buenos cama.radas, y no era extraño que
algún solda.do fra~c~,, herido frente á Ja.s trincheras, f~era a.ux1_hado por algún camarada
ruso, herido también, compartiendo en dulce
fraternidad, la. última gota de agua ó el último
trago de a.,ruardiente que quedaba en la caramañola. Frente á Puerto Artu ro nada ha.y que
p~eda. compararse á este sentimiento de humanidad; los que caen en el campo, cuando llegan
á toc~rse, porque las ambulancias no los han
recogido, se hunden en las sombras de la muerte entre crisnaduras de odio y eternos abrazos
de rencor. ¡Horrible secreto cuya solución sólo
p~~de encoi:it~arse en las luchas de raza. y divis10nes relig10sas!
29 de septiembre de 190!.

o

z. z. z.

NECR.OLOOICA
ROFU~DA sensa?ión ha causado en la al. ta some~a~ mexicana la noticia del repentmo fallecim1ento, . en Madrid, del señor D.
l\~an,uel Itu_rbe, En_via.do Extraordinario y Mimstrn Plempotenc1ar10 de México ante las cortes de España y Portugal.
El señor !turbe, que era uno de los mexicanos más distinguidos residentes en Europa, naP

expresión de su condolencia por tan sensible
pérdida..

*

No menos dolorosa *ha* sido para México la
muerte del señor Dr.Jua.n Navarro, Cónsul General de nuestro país en Nueva York acaecida
en aquella ciudad el lunes último á, c~nsecuencia de un ataque apoplético.
'
El señor Navarro nació en Morelia el aíio de
1823 y recibí? e) título de médico en la capital de la Repubhca. Apenas empezaba á ejercer su profesión, cuando tomó las armas contra el invasor americano, cayendo prisionero
en el memorable asalto al convento de Cburubusco. Después de permanecer preso por algún
tiempo, fué puesto en libertad por el general
Twigs. Restablecida l:i. paz, fué nombrado
profesor de Clínica externa en la Escuela de
Medicina de México, puesto que desempefi6 durante doce años.
Cuando sobrevino la. intervención francesa
el sei'ior Navarro combatió también en defen:
sa del país, cayendo prisionero cuando desempeñaba el cargo de Jefe del Cuerpo Médico Militar.
Por último el 4 de septiembre de 1863 fué
nombrado Cónsul General de México en Nueva
York.
En esta capital, lo mismo que en Nueva
York, su muerte ha sido muy sentida.
Sr. D. Manuel lturbe, t en Madrid recientemente.

ci? .en México. el aíio de 1844, de una de las fall!ihas más ar1~tocráticas, y recibió una. educación esmeradís1ma. Su carrera diplomática. databa del '.1-íio de ~89~1 en que fué nombrado Ministro Plempotenmar10 en Inglaterra y Alemania..
En mayo de 1896 se le designó especialmente
para representar á México en la coronación de
l&lt;?s soberanos de Rusia, y en abril de 1899 se
hizo cargo de las legaciones de Espaíia y Portugal.
. La. capital de España fué la residencia preferi~a del señor !turbe, y en su palacio de Madrid s~ reunía lo más selecto de la corte. Sus
recepc1oi;es eran notabilísimas tanto por la
suntu_o sidad en ellas desplegada', como por las
atenciones que los seíiores de !turbe tenían
siempre para sus invitados.
. El sei'ior Iturb~ servía el cargo de Ministro
srn aceptar retribución de ninguna clase, no
obstante _lo_s enormes gastos de representación
que le. o_rigrnaba su permanencia en Madrid como Mm1stro de México.
El dis~in_gu\do diplomático fué objeto de bonr?sas distmc10nes en Europa: el Zar le wnfirió la Gran Cruz de San Esta.nislao de Rusia
Y la. reina. de España la Gran Cruz de Isabel
la Católica.
Prueba muy clara de la alta estima en que
se tenía en ~spaña al se~or !turbe, es el cablegrama ~speci3:l ~ue el mmistro de aquel país
en México recibió de su gobierno, y en el cual
se le recomendaba. que á nombre de S. M. D.
Alfonso XIII hiciera presente al nuestro la

LA BATALLA DE LT.AOY.UW,-ATAQUE NOCTURNO DE LAS POSICIONES RUSAS POR LOS JAPONESES.

averiguada. la. responsabilidad del General
Orloff; sólo se sabe que ha sido separitdo del
mando por orden del Comandante en Jefe del
Ejército ruso, y que tal vez se le clé un retiro
torzoso, como castigo de su conducta. en la úlfima batalla.. Hay gue creer que la. resolución
de Kuropa.tkine es justificada. y que el Comandante ruso no ha querido sacrificar una víctima inocente para encubrir su derrota. para.
explicar su retirada da Liaoyang, en donde
todo el Imperio moscovita tenía puestas sus
esperanzas, creyendo que todos los esfuerzos
del enemigo se estrellarían ante las formidables fortalezas á tanta costa. levantadas y recibirían una dura lección de los defensores,
ansiosos de combatir
llenos de anhAlos por
devolver su prestigio las armas del Czar.
Cualquiera. que baya sido la ca.usa para el
abandono de Liaoyang, nú ca.be dudar que la.
retirada. se ejecutó en orden admirable, operación difícil en las circunstancias en que se
emprendía con numerosos heridos, con múltiples bajas en oficiales y tropa, enmedio de la
natural fatiga, del consiguiente abatimiento,

¡

tiga !de tantos días de combate, pudo haber
convertido la retirada. en una completa derrota. Es de notar aquí, sin duda, cierta debilidad en las fuerzas de caballería de que dispone
el Mariscal Oyama., que si huhieran sido com·
peten tes en esa. retira.da., habrían dado cuenta.
dA las merm11das huestes rusas. sembrando el
pánico por todas partes y convirtiendo en mí·
seros despojos las fuerzn.s del enemie-o.
Pronto la. energía de Kuropatkine logró res·
tablecer el orden en todas sus filas, llegó á
Mukden y á las comarcas vecinas donde sus
tropas pudieran descansar dela ruda. brega que
acababan de sostP-ner. Conocedor profundo de
la. comarca que ocupaba, tomó sus posiciones,
aprovechándose de las condiciones topográfiCllS del terreno y basta ahora ha esperado á
pie firme el a vanee de los japoneses, quienes
no menos fatigados, después del triunfo, han
necesita.do también del descanso antes de emprender operaciones decisiva&amp;.
Casi durante todo el mes ni un solo día ha
deja.do de ha.her pequei'ios encuentros, escaramuz¡i.s sin importancia. entre los puestos a.van-

necesidad de extender tanto las líneas avanza·
da.s,son ahora menos favorables para. los iapo·
i;eses,que lo fueron en el avance sobre el Llao•
yang'; pero en cambio, las posiciones en Muk·
den y en los diversos pasosquAdominan elca·
mino hacia Harbln, las fortificaciones en la
Mancburia rusa y en Sinminting, no pueden
ofrecer la resistencia que ofrecieron las de
Liaoyang, obras admirables de ingeniería
militar, preparadas con anticipación, para ha•
cer una tenaz resistencia..
Entre tanto, á toda prl sa llega. el invierno
en aquellas altas latitudes; rápidamente des·
ciende el termómetro y la. paralizaci6n en las
operaciones casi parece imponerse á las fuer·
zas comba.tientes; pero no ha de ser tan pron·
to que antes no podamos ver a.l¡¡'ún mo•
virolento decisivo, algún combate sangrleni&lt;&gt;
que determine dónde han de establecerse los
cuarteles de invierno de las fuerzas moscovl·
tas.

***

Es imposible dudar la suerte que aguarda '
• EXPOSICIÓN DE ST. LOOIS MISSOORI.-INDIOS ESQOIMALES.

Sr. Dr. Juan N. Navarro, t en Nueva York recientemente.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

fll Oll6 no OUl6F6 GalOO, la taza ll8Ila
[tpisodio históriGo premiado Gon $25 por "El Mundo Ilustrado"]
I

F
L

L domingo 2 de mayo de 1813 había sido un día espléndido en la re-

gión meridional de Nueva E;¡µaña, y los habitantes del pueblo de
Chiapa, á inmediaciones de Tasco, en la intendencia de México,
disfrmaban,á las seis de la tarde, de uno de esos crepúsculos luminosos,
tibios y perfumados que tan comunes son en la tierra templada.
Pero Fr. José de la Soledad Ay ala y Montalvo, cura párroco de
aquella jurisdiccióc, aunque contaba ya cincuenta años de edad, había
logrado resistirá la influencia seductora del clima, bajo el cual vivía
desde antes que estallase la insurrección, entonces en auge; y durante
aquella tarde apacible y ornada de celajes de plata y de cortinajes de
púrpura, mientras sus feligreses dormitaban tendidos en cómodas hamacas, él se había ocupado en despachar su correspondencia, de la que, al
sonar las campanadas del &lt;ángelus&gt;, lacraba; lleno de satisfacción, la
última carta.
Después se puso en pie. Su ceñ:da sotana hacía resaltar no menos
la delgadez de su cuerpo que el color blanco mate de su rostro, cubierto
hasta la mitad de la frente por una montera negra y animado por unos .
ojos perspicaces y una boca desdeñosa que le daban marcado aire de
inteligencia y de energía.
Dió algunos pasos en la estancia, entonces alumbrada. por la vela
azul de esperma que había servido para fundir el lacre, y por una lámpara de ala.ba.stro,suspendida cerca de un cuadro de la virgen de los Remedios, que ocupaba la parte más visible de uno de los muros, frente á
un Santocristo, tamaño natural. colocado en I a pared opuesta..
Una estantería llena de libros, un-- pupitre y una mesa &lt;central&gt;, un
armario y dos rinconeras, un &lt;nacimiento de Jesús&gt; coloca.do bajo capelo de cristal, varias sillas con cojines de terciopelo carmesí, dos canapés provistos de guardapolvo verde, un sillón forrado de cuero de Córdoba y bajo éste una piel de tigre curtida, todo colocado con esmero y
simetría, formaban el mobiliario del recinto.
Pintábase una viva inquietud en el semblante del cura, que iba y venía al azar por el gabinete, cuando entró, á pasos cautelosos, una mula.tita como de quince años de edad, la que, sin chistar palabra, se detuvo
frente al sacerdote.
-¿Qué quieres, Glafira? ¿me busca alguien? le preguntó con interés
el párroco.
.
-No, padrecito; péro dice la &lt;señá Mal'ena&gt; que si ya le traigo á su
&lt;merc;.é&gt; la colación.
,
- Todavía no. Dile á Magdalena que prevenga · chocolate para otra
persona, porque voy á tener visita. ¿Lo oyes?
- Sí, padrecito, contestó la joven.
Y salió tan silenciosamente como había entrado.
II

En cuantc&gt; al cura, cada vez más inquieto, se sentó en su sillón, diciendo:
-Es la hora crítica._... Y ¡por Dios vivo! no creo que me engañe. Me
ha dicho que vendrá y es seguro que viene. Pero, ¿llegará á tiempo el·
otro? .... ¡Ah! Si alguno de los dos faltase á lo ofrecido, si el golpe diese en falso, ¡qué desdoro para mí, que he ofrecido á la corte tan valiosa conquista! Pero vendrán, sí. El cielo no puede menos de favorecer
una empresa tan útil á la causa del orden ....
El padre se detuvo de pronto en su soliloquio, alzó los ojos y vió
delante de Má Glafira, quecomollevabaza'pato bajo y se acercaba siempre con unción al eclesiásfüio, no había hecho ruido al regresar.
-¿Qué quieres? le preguntó impaciente Fr. José.
-Padrecito, que ahí está uh señor que busca á su &lt;mercé&gt;.

A estas palabras, el párroco se levantó.con viole~cia de ~u asiento,
se puso )as manos sobre el corazón, como si aquel aviso_ hubiese ce~tuplicado sus latidos y él quisiera contenerlos, pe_rm_aneció ~lgunos !Il~tantes mudo é indeciso, y dirigie0:do, en~~• sus inciertas miradas hacia
Glafira., que lo contemplaba atómta, le d1¡0:
-Conque un señor, ¿eh?
-Sí, padrecito.
l
Pasaron. algunos instantes de silencio, al cabo de los cuales dijo e
cura al parecer ya repuesto:
:_Bueno, pues dile que pase
III

va España,el reinado del desenfreno. Y esto ¡por Dios vivo! que no puede caber más que en cerebros de bestias.
El insurgente, á pesar del dominio que ejercía sobre sí mismo se estremeció visiblemente al escuchar tan insultantes palabras. Apr~tó con
fuerza los dientes y los puños y abrió la boca para contestar· pero el
cura no le dió tiempo, porque cont_inuó con afectado aplomo: '
-¿Qué es lo que han hecho los msurgentes en Guanajuato? Asesinar
saquear, incendiar, cometer, en fin, los más horrendos crímenes.
'
-Pero esos excesos que todos nosotros lamentamos en lo más íntimo
del alma, replicó con fuego el insurgente, no son más que la consecuencia fatal de las _atroces crueldades cometidas por los dominadores. ¡Qué!
¿el haber reducido á los dueños de estas tierras á la condición de brutos
el haber envilecido su raza, el abofetéarlos material y moralmente dei
modo más bárbaro y sistemático, el marcarlos en el rostro con hierros
encendidos, el pisotear, en fin, de la manera más despiadada su condición de hijos de Dios, común á todos los humanos, es, acaso dar muestras de las más altas virtudes? ¿es cumplir con las enseñanz;s de Nuestro Señor Jesucristo? ¿es amar al prójimo? ¿,es hallarse en el reinado de
la justicia y del bien?
El cura simuló un acceso de tos para no responder, y dirigió, con
disimulo, otra ansiosa mirada hacia el rel()j,
-Pero no hablemos más de esto, continuó el mariscal serenándose.
Ni yo he de convencer á su señoría de que sus juicios son erróneos, ni
s u señoría ha de logr ar de mí algo semejante. Más vale, pues, continuar
ca.da quien por nuestro camino, permaneciendo fieles á la amistad á distancia, pues sin esta precaución nuestros mutuos sentimientos de estima pudieran sufrir graves quebrantos.
Diciendo esto, se puso de pie para retirarse. Pero el eclesiástico,que
no se esperaba aquel movimiento y que dirigía de soslayo una nueva
mirada al reloj, que parecía fascinarle, se apresuró á replicar:
- No, no. No salga su merced .... sin enfriarse un poco, pues en estos climas el relente es malísimo. Tome asiento de nuevo su señoría y
h ágame la gracia de escucharme. Yo creo ....
SúbitamentP se detuvo el cura., inclinando la cabeza á un la.do, con
ese ademán particular de quien percibe á distancia algún rumor y quiere aguzar el oído, para darse cuenta de su naturaleza. Un destello de
alegría iluminó poi· breves segundos su semblante.
El mariscal se inclinaba en aquellos momentos para tomar asiento
otra. vez, y no vió el gesto del cura, cuyo rostro había tomado ya. su habiiual continente, cuando Correa le dijo, respondiendo á su insinuación:
-Sí, estoy pronto á escuchar á su señoría.
-Gracias, dijo el cura en extremo agitado y hii.ciendo mucho ruido
con la silla, al mismo tiempo que fingía toser fuertemente. Es el caso
q ue .... digo, es el caso . ... repit1&gt; . . ..
y sin saber qué decir, veía con disimulo y zozobra, no ya hacia el
reloj, sino hacia las puertas.
-Es el caso .... decía su paternidad.
-Pues vuelvo á decir, tartamudeó el párroco, digo ....
Nuevos accesos de finjlida tos y nuevos movimientos de la silla sobre
el suelo procuraron ahogar un rumor vivo y creciente que llegaba de la
calle.
-Vamos, ¿le pasa algo á su paternidad? dijo el insurgente con extrañeza al ver el desconcierto del sacerdote.
-No, no, sino que .. .. en fin .... para coordinar uno sus ideas ..... .
En aquellos momentos sonaron fuertesgolpesenelzaguán de Je,casa.
-¡Ellos son! exclamó con vivacidad el cura, sin darse cuenta de que
hablaba en voz alt¡¡.,
-¿Quiénes son «ellos?&gt; preguntó el insurgente con acento terrible,
porque una sospecha acababa. de surgir en su espíritu.

Un momento después a.parecía en el quicio de una de las puertas q_ue
daban al patio un hombre como de cuarenta y cinco años, a~to, rec10,
erguido, y cuya sola presencia debía infundir,desJe lueg?,ó m1e_~o 6{eseto. Su semblante morenó y sus negros ojos tenían una 1mpresi n c ar~
~e bondad é inteligencia que se transformaban de repente en relámpa
gos de impetuosidad; pe;o su frente, empalidecida por ignoradl!'s . am: r·
guras y su ceño plegado por dos arrugas ya indelebles, or1grna as
acaso'por larga~ y penosas luchas, daban á su fisonomía un aspecto e~traño entre melancólico y severo. Se conocía que aquel raro per sona¡e
se había afeitado hacía algunos día.s toda la barba; pero ésta e1;0pezaba á renacer y viéndola sombrear aquel semblante noble Y enérgico, no
odría decir~e con certeza, si se estaba delante de un sacerd?te ó de un
~olda.do. Env~lvía su fuerte busto una especie de 4:cotón~ de J?rg~ raya·
da á los la.dos del cual caían las puntas de una tilma ligera, cei:iía dsu
cu~rpo un ancho cinturón de cuero bayo, y sujetaban las extremida
de su pantalón de dril unas polainas de gamuza negra abrocha.das a
calzado.
¡
·
· da.
Al verlo derecho, tranquilo y con el sombrero en 8: mano 1zqmer ,
tendida á lo largo del cuerpo, Fr.,José se acercó sonr1e_nte áél, no sin
hacer esfuerzos extraordinarios para disimular su emoción.
r t
y sobraba motivo, pues el enclenque párroco, exaltado reaéM a, 8T
encontraba frente á frente del célebre excuradeNopala, D. Jos
anue
Correa uno de los insurgentes más fogosos y más afortunados enbíu!
anterio'res expediciones, pero á _quien los_ azares de 18: guerra h:
condenado momentáneamente á la obscuridad y á la qmetud, no o ~
te el grado de mariscal que le habían conferido los caudillos prominen·
tes de la insurrección, como recompensa de sus hazañas.
in·
El realista y el insurgente se estrecharon la mano Y pasa.ron a1

bres impacientes y de mujeres asustadas, pasos rápidos y acompasados
y roce estrepitoso de armas.
Correa, con los puños crispados y la mirada relampagueante, se
acercó á una de las puertas que daban al patio. Un oficial, con las insignias de comandante, se apeaba en aquel momento del caballo, Y á la
luz de la luna se veía tras él una chusma de soldados, de pantalones claros y casacas obscuras, uniforme de las tropas realistas.
-¡Ah! ¡Una traición! ¡un lazo! dijo el mariscal acercándose con calma aterradora hacia el petrificado cura. ¡Pues bien! ¡Yo mostraré á los
agentes de la Inquisición y á los sicarios de Calleja cómo muer e un insurgente!
Y al pronunciar estas pa!abras, dirigió la vista en torno del aposento, como si buscase un arma ó un objeto que pudiese suplirla.
-¡No, por Dios! exclamó el eclesiástico juntando las manos en ademán suplicante. ¿Resistencia en mi casa, en la casa de un ministro del
Señor? Vamos, padre, serenidad, una poca de confianza en mí y juro,
por lo más sagrado, que yo Jo arreglo todo.
Los soldados realistas se precipitaban ya en el gabinete con las armas prepara.das.
--¿Es Ud. el padre Correa? preguntó á Fr. José el jefe de la columna, que lo era el comand:i.nte Revilla.
--¡No, no! se apresuró á decir el interpelado, retrocediendo con espanto.
-Soy yo, dijo tranquilamente el mariscal.
-Pues dese preso en nombre de la justicia.
-¿Por qué causa? preguntó con dignidad el insurgente.
-Por infidencia al trono.
-¡Mentira! Jamás he jurado yo fidelidad al rey.
-No venimos aquí á discutir, sino á ejecutar. O se da preso, ó dispón¡rase á morir.
Y como viese en la actitud altiva y fiera de Correa que éste, lejos de
rendirse, se aprestaba á luchar, temió que arrebatase el arma á alguno
de los granaderos que estaban cerca de él y con ella se abriese paso
hast a I a calle.
Así fué que, dirigiendo una mira.da imperiosa á la fil a de solda dos
que tenía á su costado, gritó con voz de mando:
--Pelotón .... ¡apunten!
Unos de los soldados tendieron sus fusiles hacia el mariscal y otros
permanecieron indecisos.
Horrorizado el cura ante la idea de que en su propio gabinete secometiese uo asesinato, tomó con prontitud un crucifijo pequeño que estaba
suspendido á la pared, y presentándolo á la tropa, exclamó con firme
voz:
-En nombre del Señor de los Ejércitos, ¡a.bajo esas armas!
Los soldados obedecieron automáticamente.
- - ¿. Y con qué derecho se opone su seiloría á la ejecución de las órdenes militares de que soy portador? preguntó airado el comandante.
-Con el derecho, re,pondió en tono seguro el eclesiástico, que me da
un edicto de Su Excelencia el Virrey.
- ¿ Dónde está ese edicto?
-Aquí, respondió Fr. José, sacando de su faltriquera un pliego oficial y presentándoselo al comandante.
Este lo tomó con desconfianza, vió el encabezado del dPcreto, los sellos del gobierno virreinal y la última firma, que decía: &lt;Por mandado
de Su Excelencia.--Josef Ign&lt;.&gt; Soria y Negreiros&gt;.
-A ver, di jo, un soldado que sepa leer de corrido.
Varias voces designaron al sargento Burgos.
-Que dé dos pasos al frente el sargento Burgos.
Tras mil dificultades, pues tuvo que atravesar la tu1·ba de granaderos que habían invadido la sala, un mocetón como de treinta años rebasó la primera fila de soldados, y se cuadró frente á su jefe.
-A ver, sargento, lee eso lo mejor que puedas.
El sargento, colorado como un jitomate, tomó el pliego, y después
de estudiar lo escrito durante medio minuto, leyó tartamudeando:
cD. Francisco Xavier Venegas de Saavedra, Caballero del Orden de

l'_

ª!

1--

,-

t:n-

terior del gabinete.
IV
Cuando hubieron acabado de tomar el chocolate, servido en!~~:~
chinas. coloca.das en mancerina_s de plata., el c~ra, ql!e P.ª¿-''!cía !~radas
do por una secreta. pero invencible preocupación, d1rig1 sus
a.o·
hacia el reloj, colocado sobre una rinconera, freo~ á la luz d\uta de
dileja de aceite, y dijo, resumiendo la conversación que a.ca. a a
sost~:~~onces, han sido inútiles mis exhortaciones por traer á su mer·

i

ced al buen ca.mino.
te las más
- Sí padre, contestó el excura, como lo serían seg_u ramen
·O 1~
si O pr~tendiese que usía pasara á reforzar las filas msurgentes. 6
y
d?
haría su merce •
• d' 'd di
- ·Líbreme Dios de cometer tan horrorosa m 1gm a ; d
dig•
-i&gt;ues no creo que su se~oría tengl!' el d~recho exclusivo e ser
no Tampoco yo traicionaré ¡a.más á m1 partido.
1 h dado á en·
. -Pero es que las gavillas insurgentes ~ :y: esto yda
o. e que renet d á
erced- no son más que un hervidero e ere¡es,
, N 8•
ge:nJi desi~s y de toda autoridad, quieren establecer,en esta lea1 u

S:

-&lt;¿Ellos&gt; he dichot replicó azorado el cura.
- ¡Sí'
-Pue·s he hablado sin saber lo que decía,porque ignoro,en absoluto,
quiénes sean los que llaman.
V

Tras los toques dados con violencia en el zaguán, se había percibido el ruido tumultuoso de pisadas de caballos, voces confusas de hom-

�EL MUNDO ILUSTRADO
&lt;Calatrava, Teniente General de los Reales Exércitos, Virey, Goberna•
&lt;dor y Capitán General de esta Nueva España, etc. etc.
&lt;Por cuanto á que la clemencia del Rey, nuestro Señor, que Dios
&lt;guardE&gt; .... &gt;
-¿Qué documento es ese? interrumpió con entereza el insurgente.
-¿Qué ha de ser, respondió con diabólica sonrisa el cura, sino el
iodulto'1
-¿.El indulto?
-Sí, el indulto, que magnánimamente ofrece á su merced la corte,
sin otra condición que servir de hoy en más á la cansa del orden.
-¡Nunca! exclamó con altivez el insurgente. ;Nunca! ¡Antes el cadalso, que be desafiado tantas veces!
El cura se quedó sorprendido.
-Pt!ro, ¿lo ha rE&gt;flexionado bien su merced? añadió.
-Sí, respondió Correa con sequedad.
-;.Sabe ya que el crimen de infidencia se castiga con la muerte?
--Lo que sé es que cuantos combatimos hoy por la emancipación de
los americanos, tarde ó temprano tendremos que ser víctimas de sus
opresores.
-Eo ese caso, dijo el cura baci1mdo un gesto de desdeñosa indiferencia, que se haga la voluntad de Dios. Yo, como Pilatos, me lavo las
manos .... ya sin remordimiento alguno.
Una oleada de indignación subió al rostro del insurgente, que prorrumpió con ira:
-¡Sí, muy propio es de quienes se dicen partidarios de la justicia y
amigos del orden tender est1s viles asechanzas á los hombres confiados
como yo, mandándoles cartas hipócritas en las que les venden amistad,
para después entregarlos maniatados á sus verdugos, sin asomo de remordimiento! .... ¡Y pensar que todo esto se hace tomando el santo nombre de Dios! ¿Acaso Dios habrá consentido en ser cómplice en tantas iniquidades:'

EL MUNDO ILUSTRADO

Presa de una irritación terrible, el mariscal dirigió una mirada. de
reproche al imponente crucifijo que había visto al entrar en el aposento·
pero al contemplar el semblante apacible, doloroso y resignado del Cris:
to, cuya angustiosa y callada agonía había sabido expresar con patética verdad el escultor, su ira se desvaneció casi súbitamente, y dijo con
noble actitud y conmovido acento:
-Dios mío, sufriste mil tormentos en el mundo por amor á los desgraciados, y moriste ignominiosamente por su redención. ¿Qué menos
puede hacer un humilde siervo tuyo quP recibir con pacieoci a los ultrajes de los opresores y de sus sicarios? ...... ¡Soldados del rey, haced de
mí lo que queráis!
-¡Bravo, amiiro ! exclamó groseramente Revilla. Eso se 11 ama hablar
en plata. ¡A ver! Vengan los grilletes, cuerdas y demás adminículos prevenidos para esta danza.
- ¡Llevemos también nosotros con resignación la cruz de nuestro infortunio, añadió con triste voz el prisionero; que algún día brillará sobre esta desventurada tierra el sol de la justicia!

VI
Repuesto Fr. José de la zozobra que le causara la ,:ramática escena.
en que acababa de figurar como causa principal,escribió al Ilmo. D. Antonio Bergosa y Jordán. Arzobibpo de México, diciéndole que habiendo
desechado el «relapso&gt; Correa el indulto con que magnánimamente se le
brindaba, acaso la real justicia se vie r!l. en la triste necesidad de hacer
con él un escarmiento.
Por fortuna, el Arzobispo Bergosa, hombre caritativo y evangélico,
era incapaz de intrigar en la corte del nuevo Virrey, por empeorar la situación, ya bastante comprometida, de un sacerdote y cura de almas,
convertido, al tiempo de su alevosa aprehensión, en uno de los caudillos
más audaces del ejército insurgente.
ANTON10 ALBARRÁN,

Los asaltos g-anados por el Sr. Garmendia
fueron verdaderamente notables.
La «poule&gt; eliminatoria de florete se efectuó
el miércoles último por la noche en el local de
la «Asociación de Jóvenes Cristianos», y la de
sable debió verificarse, según estaba anunciado. el viernes á las 7 p. m., en el mismo local.
Tanto la cpoule&gt; efectuada en el jardín del
«Liceo Fournier&gt;, como la que tuvo lugar el

EL CAMPEONATO DE ESGRIMA
"Ponle'' eliminatoria de espada de combate

D NTID una numerosa concurrencia. se efectuó
Jl en dfo,s pasados, en el jardín del &lt;L iceo
Fournier&gt;, la &lt;poule&gt; eliminatoria de espada

SRES, GUSTAVO GARMENDIA, LIC P. OLIVAS PRIETO, CARLOS ANTILLÓN
Y EDUARDO BAZ.

mi.ércoles por la noche, se vieron muy concurridas, contándose, entre los asistentes á la
nrimera.. los Sres. Encargado de Negociol'l de
Rusia, Sr. Wollant; Brig-a.dier Joaquín Beltrán, Lics. José Zayas, Gonzalo Espinosa y
.i\ntonio Lozano, y un numeroso grupo ele oficia.les y alumnos del Colegio Militar. En los
salones de la &lt;Asociación de Jóvenes Cr istianos&gt; se dieron cita distinguidos caballeros
y familias de la sociedad mexicana y de las colonias extranjeras.

.

**..

La celebl'ación del campeonato de esgrima
á que nos referimos, ha sido Acogida con aplauso entre la g1&gt;nte culta de México. Los señores General D. Francis&lt;io Z. Mena, Ministro
de Guerra y Marina, y Lic. D. J ustino Fernández, Ministro de Justicia é Instrucción Pública., han ofreeido bondadosamente ceder los
primeros premios P-OrrespondiPntes á los vencedores en los torneos de sable y espada de
comba.te. La recompensa que recibirá el tirador que resulte triunfaotA en el de florete será
obsequiada por nuestro Director.
'
Los segundos premios serán costeados por
los Sr1&gt;s. Raúl Mille, Pedro Alfa.ro y Mauricio
Casesús, y los diolomas, dibujados por el distin¡¡-uid o artista Ettore Serbaloni.
Las pruebas á que deben sujetarse los que
aspiren á los premios mencionados, serán tres:

¡TRIST~ GORAZON!
SR. CAPITÁN RÓMULO TIMPERI.

de combate, para el campeonato organizado
por los ,:;eiiores profesores Angel Escudero
R6rnulo Timperi y Rafael David (ir).
'
El resultado de los tres grupos Que toma.ron
parte Pn la «poule&gt;, fué el siguiPnte:
Eo el primero salieron vencedores, en primer lugar, el Sr. Raúl Mille; en se¡nmdo, el
Rr. Fernando Colín; y en tercero, el Sr. Juan
Riva,:;; distinguiéndose notablement1&gt;, por su
ser1&gt;nidad y la fuerza de su brazo, el Sr. Mille.
En el seg-undo resultaron vencedores: el joven Juan Pedrazzi, que dió un asalto brillant,í-:imo; el Sr. Ricardo Malagón y el Sr. Lic.
Víctor Moya y Zorrilla.
En el tercero salieron vencedores, en el orden 1&gt;n que los mencionamos, los Sres. Gustavo GarmendiA., alumno del Colegio Militar·
Lic. Pablo Olivas Prieto y Carlos Antillón:

( l'nra Et, ~fr" oo

]J,¡;STRA l&gt;O) .

El viento leve sopló,
y con invisibles manos,
la flor de los avellanos
por todo el va.lle esparció ....
Y como las tiernas flores
de ese a rboli llo indúlente,
dice la sencilla gente
que curan males de amores;
yo vide muchos aldeanos
ir en fuga apresurada
por coger, en la caiiada,
la flor de los avellanos ....

*

SR. RAFAEL DA VID, JR.

**
Más tarde, paseando
un día
por un bosquecillo aj!'reste,
de un &lt;yolozócbitl&gt; silvestre
miré l a flor que caía ....
y como el viejo botón
partido en dos por enmedio,
es un eficaz remedio
para el mal de corazón;
yo miré, compadecida,
cuál llegaban, presurosas,
aldea.nas tristes y hermosas
en pos de la flor caída ....
*

**
Era entonces primavera
en el aiio y en mi alma;
soplaba el viento en la palma,
y 11n mí la ilusión primera.
Mas despué, que aquello vi,
un amarg-o pensamiento
latió en mi sien .... y al momento
la flor busqué y recogí. . . .
ASALTO ENTRE;LOS SRES, BAZ Y .ANTILLÓN,

ASALTO,ENTRE LOS SRES. GARMENDIA Y OLIVAS PRIETO,

SRES- JUAN RIVAS, ELIGTO OCBOA, FERNANDO COLÍN
Y RA Ú L MILLE.

SRl!!S. LIC. VÍCTOR MOYA Y ZORRILLA
RICARDO MAL ~GÓN y JUAN PEDRAZ ZI.

elimi1:1a.toria.s, semifinales y fina.les, siendo los
tres tiradores vencedores en la última prueba
los qu~ deban obtenerlos. Además, el ComitJ
orgamzador del campeonato concederá una
medalla de oro al tirador que durante las tres
pruebas observA la mavor elegancia y correcci6n en el manejo del florete.
Los jur_ados están compuestos por profesores y afic10nados dA reconocida competf'ncia.
como son los Sres. Pedro Alfaro, Pedro Lina:
r·es, Rafael López. Manuel B. Carrillo Mario
Rendón Espada. Bias Gri ssé. Rafa.Al C~rdPña
Pedrc Za.va.la, Nicolás Martínez y Daniel Gar:
~a. Para las pruebas finales SPrno nombrados
1urados de honor los Sre~. Subsecretario de
Instrtrnción Púhlica. Li&lt;'. Justo Rierra; Genera.les EugPnio Ras&lt;'Ón, Joaquín BPltrán y Licenciado Joaouío Serra,l dP: el Sr. Evert~. Secretario de la LPgación de Bélgica; el Sr. Wollaot, Encargado de Neg-ocios de Rusia· D
Rafael David (padre) y los Directores d~ lo~
principales periódicos de la ciudad.
Terminados los asaltos del campeonato se
dará uno de grao gala-probablemente en' algún teatro-entregándose ese nía los premios ofrecidos á. los vencedorPs. Esto~ tirarán
()OD los profesores Sres. Timperi Rendón
Escudero, Carrillo y David (jr).
'
'
El acto será nresiilido por Pl Ministro de
la Guerra, Sr. Gral. Francisco Z. Mena.

Luego á casa me llegué,
y entre alegre y pesarosa,

en una caja de roi¡a
la flor marchita llUa.rdé ....

..*...

¡Ah! mucho tiempo ha pasado
ne aquel entonces risueño!
Ho:v, para hacer un beleño,
la florecilla he sacado ....
Mas ¡ay! que en vano be bebido
con ciega fe y anhelante
l a dulce infosióo calmante
del &lt;yolozócbitl&gt; caído ! ....
¡No curaré! .... ya lo vi.
Este mal bnirá de mí
cuando esté mi corazón
como aquel muerto botón
que del suelo recogí. ...
8'laria Enréquefa.

00
EL USI IMP:CINTA
Besando pasa la risueña falda
de mi pueblo tranquilo y venturoso,
y deslizase luego, voluptuoso,
por inmensas llanuras de esmeralda.
Sus márgenes adornan. en guirnalda
flores mil que fecunda allí el coloso
'
copiando en sus cristales, majestuo;o
los colores azul, violeta y gualda.
'
El sauce que se inclina en la ribera
préstale sombra grata -en el estío
y el carnalote yJa gentil palmera '
dulces rumores á mi undoso río ....
Quiera el cielo propicio, cuando muera
bttñen sus aguas el sepulcro mío! .. .. .. '
JOSÉ M. PINO S.

CONCURSO DE NIÑOS.-Alda Luz Amóndola y Ru:;.

�EL MUNDO ILUSTRADO

ECOS DE TODO EL MUNDO
El Bautizo del Príncipe Alejo
N medio de las angustias que la guerra
siembra en los corazones de todos los bue•
nos súbditos del Zar Nicolás; cuando las
noticias de la campaña en lvlanchuria, con
una persistencia que parece obra de alguna di·
vinidad hosca empeñada en hacer padecer á la
&lt;Gran Rusia&gt;, llegan diariamente molestando
á todos; cuando se aproxima el invierno crudo
de los climas septentrionales y los japoneses
ava.nzr.n á maravillosa velocidad sobre la san·
ta ciudad manchú, un acontecimiento ha venido á alegrar,en parte cuando menos, los ceños
de los boyardos y á prestar esperanzas de un
futuro menos cruel al espíritu popular mosco•
vita, tan afecto á la tradición, á la leyenda, á
todo aquello que tiene perfume de edades idas
h ace mucho tiempo.
Ha nacido un heredero á la dinastía que go•
bierna todas lasRusias; el acontecimiento,tan
deseado en toda.monarquía, toma.en S. Petersburgo caraeteres milagrosos, adquiere todo el
prestigio de una voz profética, por las espPciales circunstancias en que se efectúa. El Zar
Nicolás, en su matrimonio, había tenido la
desgracia de no tener sino niñas, cuatro primorosas grandes duquesas, á pesar de todos
los votos, de todos los deseos expresados, de
todas las rogativas ante los &lt;iconos&gt;, por el

E

del nacimiento del Gran Duque Alejandro circuló por todo el territorio moscovita con la
velocidad del rayo,el Zar,en el colmo de la dicha, decretó una seriedemercedes,que habrían
de conmemorar el fausto acontecimiento, llevando hasta los más lejanos rincones de todas
las Rusias la alegría, bajo Ji,. forma de un hijo
devuelto á sus padres, de un padre devuelto á
su familia, de millares de prisioneros políticos
devueltos á la libertad y á la luz. Si á uno de
los antecesores del actual soberano en el trono
moscovita se le ha llamado el Libertador de los
Siervos, por su decreto inmortal que separaba
de la tierra y daba categoría de hombres á sus
súbditos, al actual emperador ruso debe aplicársele un nombre semejante; sus altas virtudes de mandatario clemente y civilizado se han
hecho ostensibles hoy que el nacimiento de su
primogénito le ha llenado de franca y natural
alegría.
En las prisiones de Estado, en las cuales el
régimen terrorista adoptado por estudiantes y
descontentos, mantiene una numerosa población, que no esperaba ya ver la luz libre del
sol nunca, la noticia del nacimiento del infan•
te ruso ha sido recibida con grandes aclamaciones al soberano que se ha captado de esta
suerte la voluntad y el agradecimiento eterno
de los prisioneros. No solamente ha perdonado, sin restricciones, á todos los que purgaban
alguna pena por delitos políticos: ha perdonado á los labriegos pobres las atrasadas contribuciones, en todos aquellos distritos en los
cuales circunstancias especiales han sembrado
la ruina y la desolación en la población rural.

EL MUNDO ILUSTRADO

Páginas de la Moda
TRAJES PARA DESPOSADA
A jove_n que va á casarse debe hacer, con
an terioridad, los preparativos indispen.
sables para su guardarropa. Esto es fácil asunto para aquella que disfruta de rentas·
pero la _de medios limitados se ve precisada á
ec&lt;;&gt;nom1zar en cada punto y á hacer el estudio
cmdadoso de lo que más puede necesitar: á
ayudar la. en esta empresa tienden las siguien•
tes reflex10nes.

L

En_ primer ~ugar, habrá que hacer uno ó dos
s~nc1lJos traJes completos para las salidas or·
d1nar1as de un género obscuro de lana sea
sarga, cheviot, cachemir, velo ú otro cualquiera; de cuando en cuando se pueden utilizar las
faldas de dichos trajes con blusas de material
l avable ó seda, para variar el aspecto. Uno
de estos vestidos quedaría bien de velo café
obscuro, falda circuida en la base por cinco

El Zar y la Zarina Viuda, di r igié ndose al t emplo,
para asisti r al bautizo.

una alta dama de la nobleza más pura-en un
almohadón de plumas forrado de tercio pelo
escarlata cubierto por un riquísimo velo de
seda. Los padres, los abuelos, los parientes todos del reciennacido siguen en orden , y la
cor te toda cierra la primtlra parte del r isueño
desfile.
En redor de las carrozas de gal a, todas
de oro y terciopelo, cabalgan los altos funcionarios militares que forman l a casa del Zar
y formarán algún día la del heredero mismo.
Las escoltas, de gran gala también, se disputan el honor de guardar el carruaje en el que
camina el infante. Cosacos de tez quemad a por
la larga exposición al aire libre, bú3ares de
la guardia llenos de entorchados, coraceros,
cuyos petos relumbran al sol, toda una fortuna en galones, cabalgaduras y joyas; todo un
imperio sintetizado en escuadrones p roceden·
tes de los más distantes rincones de Rusia.

El cortejo palat ino oficial, en marcha rumbo al t emplo, con el Zarewitch Alejo y su guardia.

nacimiento de un varón que sostuviera la ban·
dera de Rusia en cuanto la edad impidiera ha•
cerio á la mano firme del actual soberano mos•
covita.·
Se había llegado ya á desesJ_&gt;erar; cada vez
que se anunciaba un alumbramiento de la Zar ina el pueblo, mudo y triste, recordaba que
no e~istía heredero en la dinastía reinante. Se
congregaba en los alrededores del palacio imperial en espera de la salva que babría de
a.nunciar la venida al mundo del nuevo vásta·
go de l a casa reinante.
En la hora solemne, cuando los primeros disparos de la artillería anunciaban el suceso,
todos contaban los disparos mism&lt;?s que.habrían de proclamar el sexo del reciennam~o:
si los disparos se detenían al llega.r á los vem·
ti uno la Zarina había dado á luz una nueva
duqu¿sita; si, por el contrario, segu~an hasta ·
completar los ciento uno reglamentarios, el nacimiento del ansiado heredero era un hech&lt;;&gt;.
y cada vez el trueno de los cañones desilu•
sionaba grandemente á la multitud reunida con
l a gran esperanza de saber el n3:cimiento de
un príncipe; cuatro veces consecutivas l a Zarina y el Zar tuvieron el desengeña de ver sus
deseos defraudados; cuatro veces hubo que
anunciar al mundo que Rusia quedaba sin he·
redero de la corona en espera de que la vol untad de Dios enviara un infante á los sobera·
nos y un futuro gobernante a.l_pueblo. En Ru·
. sía la religión forma parte mtegrante de la
existencia pública, hasta el extremo de que ~e
cons idera al Zar dotado de los derechos divinos que hacen de él un jefe de la iglesia or·
todoxa ; los pesares de la familia re~! no lo
son únicamente de ella y de sus parientes; lo
son también del pueblo, de todo el pueblo mo~covita que llora en los momentos de desg:ac1a
y ríe cuando la fortuna se muestra amiga Y
protectora de la casa del «Padre&gt;.

***

'[nmediatamente después de que el anuncio

***

Las mercedes que han acompañado al nacimiento del Zarewitch han sido comentadas con
grandes al abanzas.no solame1:3t~~n tierra moscovita,sino en todo el mundo Cl vihzado, porque
indican á las claras cuál es la manera de pen·
sar y cuál el espíritu q_ue anima al soberano
actual.

Veamos ahora la ropa interior. A
consecuencia de los tl'8.jes de este
año, es m_á s oe?esario que nunca que
los refa¡os sienten bien y sean
de formairrepro0bable. Los nuevos refajos son convenientes con Jos petos de
nuevas formas. Estos petos ó canesús
se hacen de una so·
la tela del material,
sobre la cualsemonta el refajo, ya sea

***
Días después del nacimiento del príncipe im·
perial Alejo.se dispuso el bautizo solemne del
heredero. En la corte ele S. Petersburgo se han
conservado algunas de las costumbr es me·
dioevales, que tanto brillo y tanta pompa dan
á las ceremonias oficiales de cualquiera especie.
La etiqueta de la corte rusa impone un traje
especial á todos y á cada uno de los que tienen
que tomar parte en las festividades y ceremonias, y estas costumbres especia.les son muy
hermosas. Tienen los colores, el cor te, los
adornos á la vieja moda de los s iglos idos, y
tienen, para el extraño, el encanto de una reconstrucción histórica.
En general, las cortes son conservadoras en
materia de etiqueta: la corte de S. Petersburgo
lo es como cualquiera otra, y más que ninguna
quizá, por virtud de las excepcionales circunstancias en que se ha desarrollado la historia
de los soberanos moscovitas. La amplitud des•
mesurada del imperio, la diversidad heterogénea de razas que lo pueblan, los usos y costumbres exóticos de tales poblaciones, se unen
y cooperan en circunstancias como el bautizo
del heredero de l a corona, para hacer de la
fiesta una orgía de colores, pocas veces admirada.
La corte, en traje de gran gal a; los altos funcionarios de la iglesia ortodoxa, con sus hábitos y sus altas cruces; los uniformes hermo·
sos y variados de los guardias imperiales, de
los cosacos, de los granaderos y de los húsares, desfilan ante la multitud asombrada. El
infante es conducido por la cuidadora oficial-

hileras de bandas de terciopelo adecuado y
cuerpo aj1;1stado terminando en pico por el
frente, est~lo María Antonieta. En el busto se
forman phegues transversos que convergen al
frente ?ebajo de ~n moño; pequeñas solapas
de terc1opel? fran¡eadas de encaje forman un
cuello pelerma que se abre sobre una camisola
de alforzas horizontales; mangas aplegadilla·
das de arrib~ á abajo por fuera del brazo para
simular dos bullones que se detie·
nen en un ancho puño con doble
caída de encaje. El otro traje puede ser estilo sastre.
A estos dos t r ajes con viene agre·
gar un tercero de hechura más delicada y de mayor gusto artístico
para l&amp;-s visitas y paseos más luj?sos ~ q~e se concurra. No es prrc1so ntngun gasto exorbitante: en
la habil!dad estriba la elegancia.
Hay t ra¡es de percal,que confeccionados con arte y bien puestos, resultan más hermosos que muchos de
ricas sedas. Para un buen éxito se
requieren dos cosas: tener idea
clara de lo que se quiere hacer y
saber ~ómo se ha de hacer.
Si le es posible la adquisición de
un cuarto traje de los llamados
~~oilette de soir&gt; ó traje de tarde,
hger?, vaporoso., apropósito para
reumones y conciertos, la joven esposa se encontrará muy agradablement~ ataviada y particularmente
grac10sa.
Una observación muy importante para una mujer casada es que
proc1;1re vestirse con nitidez y arrogancia, y a que esto no cuesta nada, y le valdrá la constante admi·
r ación y hasta el respeto del esposo.
Un saco de abrigo largo, suelto,
que pueda responderá los múltip les oficios de impermeable saco
de viaje, 11.brigo de calle, ;alida
de teatro, etc. , le sería excesiva~ente útil y le podría servir por var10s ~ños, co~ tal de hacerle pequeñas 10novac1ones según la moda.
Puede confeccionarse este abrigo
en casa.de una tela resistente y obscura. Un adorno barato, de buen
gusto y siempre á la moda, son las
bandas del mismo género pespun•
tea.das con seda, pues dan á las
prendas un estimable tono de ela·
boración.

La liberación de presos políticos ordenada
por el Zar .

Tanto al marchar la procesión hacia el tem·
plo, como á la vuelta, las músi~as militares
atruenan el aire con sus fanfarrias; la corte
está empavesada, la multitud recorre ~legre
las calles dando y recibiendo los parabienes,
. como si la felieidad de ~os monarcas f uera la
suya propia, como si el heredero nacido á los
soberanos fuera el primogénito de todo el pue·
blo ruso, nacido en señal de paz y en prenda
ele triunfo, con la bendición de: Dios de los
Ejércitos.

o

"¡ f I LICI DA!''
El episodio histórico publicado con est_e nom·
bre en nuestr a edición del 18 de Septiembre
fué escrito para nuestro concurso literario por
el Sr. Francisco H . Herrera, de Lerma (E. de
México).
FIGURINES 1 Y 2,

�Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
circular 6 de cuchillos. La amplitud necesaria en el extremo inferior
se da mediante un pequeño olán de cerca de 8 centímetros colocado á
su vez en el borde de otro olán que viene desde la rodilla. Los refajos
de color son grandemente económicos, cuando se confeccionan en telas
lavables, pero no en seda, que muy pronto se aja, estropea y destru ye. Ha.y delicados y simpáticos géneros á rayas y cuadros en la.nas y
algodones muy en boga. para. refajos y á precios relativamente reducidos para los servicios que prestan.
Es una preocupación muy generalizada que la ropa interior tiene que
ser fina; esto no es forzoso; todo ha de ser proporcionado á las circunstancias pecuniarias de cad&amp;. una; lo que es de rigor é indispensable,
es que haya prendas suficientes para andar siempre limpia.
También debe llevar la recién casada al menos do'l batas para las
mañanas y horas de descanso, y chinelas para. los mismos fines; dos
ó tres p&amp;.res de zapatos de ca.lle, que se escogerán cómodos, amplios,
de punta. redondea.da y tacón de regular altura; dos sombreros, uno para. las salidas ordinarias y otro para. los mejores trajes.
Este es el «trousseau&gt; de una. joven juiciosa., de clase media., pudiendo
a!ladir una multitud de accesorios en relación con los deseos y alean·
ces monetarios, como sombrillas, cuel,os bordados y una multitud de
pequeños adornos que pueden hacerse, habiendo tiempo é inclinación
á las bellas labores manuales.
C. GALlNDO.

~º~
NUeSTROS FIGURl~es
NúM. 1.-Tra.je para desposada de fino cachemir blanco; cuerpo y
falda hechos de anchos pliegues planos; caneqú de bulloncitos; bolero
r ecogido al frente y espalda.
NúM. 2. -Traje en piel de seda blanca. Ramos pequeños de azahar se
siembran ea el canesú.
NúM. 3.-Traje para desposada de crespón de China; fa.Ida de canesú
fruncido formando hacia abajo un gran volante guarnecido por cuatro
hileras onduladas de escarolas de «chiffon:», y arriba. y abajo del nivel
de l a rodilla, dos ancba.s bandas de enea.je orilladas por franjas rizadas del mismo «chiffon:»; cuerpo escotado y mangas cortas de tres
oJanes de encaje; cintura. 1azos y nudos de listón Liberty. Metraje: 23
metros de tela de 55 centímetros de ancho.
NúM. 4.-&lt;Toilette&gt; para madre de desposada. de tel a. color lila; el vol ante de la fa.Ida. se monta debajo de una banda; mangas obispo arregladas debajo de una. especie de solapa alforzada que rodea la banda
bordada que se abre en un canesú de muselina de seda. blanca..
NúM. 5. - Tra.je de raso duquesa. color marfil para desposada. La. fa.Ida está guarnecida de galones de seda marfil alrededor de las caderas
y á lo largo de los lados del delantero; cuerpo ornado de galones de
seda y motivos de pasamanería..

FIGURÍN 7.

FIGURINES

5 Y 6.

NÚM. 6.-Vestido para ceremonia nupcial , de crespón de
China azufre, incrusta.do de muselina. de seda. bordada y recortada; cuerpo recubierto por un bolero drapeado de muselina. de seda bordada; cintura de raso L iberty verde imper io.
NúM. 7.- Arreglo del velo sobre el tocado.
N úM. 8.- Vestido para desposada, de crespón de China;
la amplia falda recogida por dos bandas forma un volante agraciado por doble fila de escarolas de «chiffon&gt;, que se
triplica en la cauda; cuerpo drapeado; mangas abullonadas de doble puño, franjas de «chiffon&gt; bordean la pelerina y las mangas. Metraje: 27.50 metr os de tela de 55 centímetros de ancho.
NúM. 9.-&lt;Toilette&gt;de muselina de seda bordada; la fal da.
lleva dos volantes coronados con aplicaciones y extremados
por colecitas de seda; cuerpo de eton suelto r mangas campanas.
NúM. 10.-Traje de raso Liberty blanco guarnecido de punto de Ingl aterra; falda plisada á sol; canesú de muselina de seda rodeada de bieses de
raso.
NúM. 11.-cToilette&gt; de madre de desposada de
cchantilly&gt; negro y encaje blanco recamado de oro.

F IGURINES

JARDINeRIA
Consejo sencillo para preservar las pla n.
t as de los at aq ues de los c aracoles
Y d e los insecto s

Sabido es el d a ño que los caracoles Y los insectos de todas clases
hacen á las plantas, de cuyos renuevos más t iernos son muy voraces.
_Para impedirlo hay un medio sencillo Y poco conocido hasta abora
pu~s se funda en experiencias muy
r~cientes. Consiste en trazarcon un
prnce_l un círculo de aceite común ó
de oh vas. al rededor de la. planta
que se quiere preservar. Repitiendo la operación todos los días durant~ cierto espacio de tiempo, se
consigue hacer la planta inaccesible para toda clase de insectos y
g-usao_os, pues se ha observado que
el aceite es un veneno muy activo
para esa~ especies animales. Hasta
11!-s hormigas respetarán la planta
s1 se usa este procedimiento.
'

...

La mujer es una creación del hombre: nuestra ima·
g inación y nuestros deseos hacen su belleza, su gracia y su misterio.

*

Los que aman no dudan de nada 6 desconfían de
todo.

*

Secreto para preser var las flor es Y los
árbo l es fruta les de las pr i mer as heladas

En el pueblo,
como en los niños, la curiosidad
es el pr incipio de
la falta de r espeto.

. L?s medios más sencillos son casi s1en:ipr~ los más eficaces y los
más difíciles de hallar.

*
En sueños siem·
pre es uno vencedor.

~
FIGURINES
FIGURINES

3 Y 4,

8 Y 9.

10 Y 11.
En este caso se encuentra el sec~eto que vamos á revelará los jardrneros, seguros de que serán muy
pocos l_os que lo sepan. Omitimos
la exphcación científica del experimento Y nos limitamos á exponer
éste, recomendando su eficacia..
Entre las ramas de la planta ó
del árbol frutal entrelácese un a
cuerda. de cáñamo, dándola vari as
vue}ta!ól y dejando que uno de sus
ext. el?os caiga hacia el suelo y vay a á rntrod ucirse en un cubo lleno
de agu~. Lasheladasque pueden sob~even1r durante la noche, en el co•
mieazo del invierno, no dañarán al
árbol ó á la planta en lo más mínimo. Ea_cambio,se formará una capa de hielo en la superficie del agua
del cubo.
Si se quiere tener la curiosidad
d r.acer la experiencia completa
P og ase al mismo tiempo otro cu'.
bo con agua al pie de un árbol en
el que no se haya colocado cuerda
a lgu1;a. Por la.mañana.se ob;¡ervará, s1 ha helado, qne el árbol dela
cuerda no _ha sufrido y su cubo está
~elado, mientras que el otro árbol
1 abrá sido perjudicado por el hieo y .edl agua del cubo permanecerá
líqui a.

6

�EL MUNDO ILUSTRADO

COLOQUIO CON LA VIDA

~

y el hombre respondió, con semblante a.batido:
á
fl' t .
.
-Me has arrastrado un con i~ ? m~rior
con mi propio yo. Has agi;_zado mi mtehgencia, de tal modo, que, seme¡ante al filo de ur,a,
espada, se hunde l_acerante Y doloroso en lo
más profundo de m1 ser. • • •
-·Háblele Vd. con más altivez! ¡No se la.menk como una débil mujer! interrumpió su
compañero.
.
Pero el hombre contmuó:
-¡Acuérdeme una. tregua tu tiranía! ¡Oh!
¡Déjame gustar un poco siquiera la dulzura de
la dicha!
.
d'b 'ó
En los labios de la Vida se ~ u¡ una nueva sonrisa, semejante á la_ páhda reverberación de las nieves, no heridas por los rayos
del sol.
í
.
ó
?
-Dime: al dirigirte á m ¿exiges ruegas .
-Ruego, contestó el hombre, _como un eco.
-Tú imploras como un mendigo de pr&lt;?fesión; pero es necesario que lo sepas. La V1d_a.
no da nada de limosna. Ten presente _que U? hombr~ hb
· d . se apodera de mis dones, srn pedirlos. T~ no
re no pi e. un esclavo de mis caprichos. Sólo es hbre
e~1~:s~t¿ur:nuncia.r á todos sus deseo~, concretándose á
qperseguir
· un fin • • • •I•·Me has comprendido? .... ¡Ahora ve-

ELANTE de la Vida, ruda y feroz, permanecían de pie dos hombres, dos seres por ella
decepcionados.

D

tek1 hombre comprendió, se echó _co1:10 un perro á los
pies de la Vida, para recoger las m1ga¡as que caían de su
mr:·mirada de la Vida se dirigí? entonces al otro hombre, cuy as facciones rudas tenían impreso un sello de bondad.
.
'?
-¡,Qué pides tu.
..
-Yo no pido nada; yo ex110 algo.
·Qué cosa?
1
-~La ¡us
· t·ici:al. Dámela. Después ya
tomar
o
-,
. . sabré
d'
1 todo
te la
que neces1·to. Por el momento ' .rei v1n rno
L hso amen
· do e
justicia La he esperado mucho tiempo. a eáex~1&amp; . n
el sufri~iento, en la sombra, sin dar reposo mis miembros fatigados. Mucho he esperad_&lt;&gt;:.·.; pero la hora ha.
sonado ya .... ¿Dónde está la Justicia:
.
.
-&lt;La tienes en tu poder&gt;-res pondió la Vida, impa.•
sible.

-¿Qué queréis de mí? les preguntó )a Vida.
y uno de ellos contestó con voz fa t igada:
-Me subleva el espíritu, la crueldad de tus
contradicciones. Mi alma se esfue_rza- e_n vano
or penetrar el sentido de la ex.istenc~a Y s_e
~iente invadida por las tinieblas de la rncertiÍ
dumbre. La razón me dice, sin embargo, ~uee
hombre es el ser más perfecto ?e la c~eaci?n-.
--¿Qué pretendes? interrumpió la V1da,s1empre impasible.
.
_ Quiero dicha! .... y para que :i;o pu_eda conseguirla,
es n~cesario que concilies los dos pru~cip1os opuestos q~e
se reparten el imperio de mi alma, pomendo de acuer o
mis deseos con mis deberes.
-¡Sea! No desees más que lo que debes hacer.1 respondió la Vida. con dureza.
.
, ó 1b
-·No'
¡Yo no quiero ser tu víctima! exc,am e om1
b e y 0· que quisiera dominarte, ¿debo co~deoarme vo1:nta.ria~ente á vivir bajo el yugo de_ tu~ caprtcho_s?
el otro
- ·E
· •xprésese Vd • con menos énfasis!
d rnterrump1ó
V'd
hom'bre, que permanP.cía. más cerca· e 1a i _a.
Pero, sin h acer caso de sus palabras, el primer hombre
continuó:
· · en a.rlD:onía con
-Insisto en que tengo derecho d~ v1v1r
mis as ira.ciones. No quiero ser Dl el.hermano n1 el esclaP. ó¡"tmo por deber de serlo. Puedo llegar á serde m1
vo
, obedeciendo
.
• á m1· propia
· vol un tad
l
·pr
gusto no
srno
..
0 que' la sociedad disponga de mí como u~a pie&lt;,l te que sirva para contribuir á la construcción de
d rarner
.
· f 1· 'd d Soy
· ·,
en que se encierra
m1· propia
l as prisiones
, .
. 1· be 1c1 a .
hombre soy alma, soy esp1ritu:. debo se1 i re.
_ Detente! dijo la Vida sonriendo fríamente. Has hablado mucho, y todo Jo que po_drías a_gregar es ~osa que
'l. me la tengo por sabida. Exiges tu hbertarl ... ,GP?r qué
~o te la ganas? ¡Lucha conmigo! ¡Véncame!,¡Hazt~ l_lll amo,
ue O seré tu esclava! ¡No ignoras con-qué fac¡!1dad_ me
iomfto á los vencedores! ¡Pero hay quevencerme.GTe sientes ca. az de librarme batalla para ~omper las c~d~ni_i.s de
p t'd um bre?• ('·E-tás
seguro de triunfar de mí. &lt;',Tienes
tu serv
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cuarto Gon6llrso de1904
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los escritores del país á un c~rtamen
literario que tendrá por obJeto premiar:
l. Al autor del mejor cuento de
Navidad.
II. Al autor del mejor cuento de
Año Nuevo.
.
Las bases á que se su1et~rá el certamen, son las siguientes:
..
1~ Los originales deberán re~lt1rse directamente á nuestras oficmas,

'

Cognac Bisquit

. _,:______, /

----

-DANZA DE LAS HADA~:
·
ECOS DE LA TEMPORADA DE &lt;BALLE~~o~~L:Vf.fe~~'.._pte. de San Francisc~.-BaJoS~

(2~ calle de las Damas núm. 4), antes pondientes, no habiendo, por l_o t~nto,
del 31 del presente octubre bajo so- jurado especial calificador. AsunisroJ'
bre cerrado y señalado con un lerr:a la Redacción se reserva el derec~o
ublicar los cuentos no prenna
6 pseudónimo remitiéndosenos, baJO P
· t e, Paoo·ando ' Por
juzgue convemen
t·
otro sobre m'.arcado con el mismo que
cada uno de los que utilice, la can 1pseud6nimo ó lema, una tarjeta ó_p~i~de diez pesos.
.
ue
go que indique el nombre, dom1c1ho dad
4i). Los autores de los trabaJOS q
y lugar de residencia del autor.
áJ'uicio de la Redacción sean los roe2i). Tanto el cuento de Navidad, co. .
· 0 la suma
mo el cuento de Año Nuevo, no po- jores, recibirán, como prerrnst' traba.drán contener más de tres mil pala- de cien pesos cada uno. E ~s . en
bras cada uno, y deberán ser, forzosa- jos se darán á conocer al publico EL
un número especial que pr~pJrªeoemente, inéditos.
3i). Queda exclusivamente reserva- MuNDO !LUSTRADO para el 1 · e
do á la Redacción de EL MuNDO !Lus- ro de 1905.
TRADO decidir á cuáles trabajos deben adjudicarse los premios corres-

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De lo Bueno~
Lo Mejor.

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Secretario de Redacción: José Gómez Urarle.

Registrado como articulo de segunda claae en S de Noviembre de 1894,

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LA CORTESIA EN LA GUERRA.
U n dra ¡rón Ja ponés ofre'-'lendo l a lumbre á un prision e ro ruso.

•

( De foto¡rafia.)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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