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                  <text>DE

L UNDO LUSTltílDO

T

Alío XI.-Tomo Il.-Número 23.

MEXICO, DICIEMBRE 4 de 1904.

Subscrlpcl6n mensual forinea ..... $1.50
ldem
ldem en la Capital.. $ 1. 25

Dlmtor: Lic. RAFAEL REYES SPINDDLA.

81n1t1: LUIS REYES SPINDDU.

Secretario de Redacción: José Gdmez Urar1t.

Reglstrado como arttculo de segwid a et ase, en 3 de Noviembre
•
' 1894. Impreso en papel de la FAbrtca de San Rafael.
de

IL~§ ffJJA§ ~~;AiNID)IB§ Y MlIBJJ~~
§ [D ~u Il 1D) ~§ 1D) IB IL1\l ~ IB IP [U 1EILIl ~ ~

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SR. 001'1 RAMON GORRAL,
Vicepresidente de la República para el período constitucional de 1901 á 1910

�EL MUNDO ILUST~ADO
~L MlTNDO llUSTAADO

Lfl surERSTIGION
L

ro en que hacer trepar sus lle.nas envolventes.
Más tarde, cuando envejecen,. les quedan todas las malas mañas, sin conserva.,· ninguno
de los encantos de la juventud; y de ahí esa
multitud de jamonas tímidas, coquetas de la.
superstición y ca.paces de inspirar miedo á los
mismos espantos.
Los supersticiosos por e.mor á Io maravilloso, son generalmente varones. En éstos la superstición es un sport y un dileta.ntismo. Encuentran, sin duda, que la. vida.es monótona y
rara., que no ofrece sino espectáculos ha.na.les
ni provoca sino emociones borrosa.s, sin relieve, sin colorido y sin intensida.d, como esa&lt;:1
grisallas que los pintores suelen borronear
cuando enea.rece la. pintura de aceite.
.Pa.ra. ha.cer más amena la existencia., accidenta.ria má9 y darle algo de color y de ca.lor,
se inscriben en la. masonería., deseosos de pe•
netrar secretos tanto menos penetre.bles cuan•
to que no existen, y llegan á sentir el ca.losfrío
de un tenor de encargo durante las pruebas oe
a.dmisión. A la vez se ha.cen presentar en casa.
lle un médium ó de una ídem, lo que puede ser
más emociona.nte, y se 5ntrege.n á las prácti•
cas espírite.s con especial fervor. Si vienen adivina.dores del pensamiento, acudtln como mosca.s y proponen cuestiones y problemas arduos:
-¿Qué está haciendo Pío X~
-¿Me saca.ré la. lotería.?
-¿Cómo se !lama. mi sobrino Nicolás?
Y vuetven•á su casa.estupefactos de los prodigios que ha.n presenciado.
-Figúren~e que le pregunté qué este.ríe. haciendo el Papa y me contestó: ~i duerme, ronca; ¿Me sacaré la. lotería.'/ y respondió: según
el nÚUlero que compres; lo del nombre de mi
sobrino no pudo dt:cir más que el de pila., por•
que ya. este.be. muy fatiga.do y porque dijo que
llli pregunte. no he.bfa sido completa..
Además de todo esto, leen á. Alle.n Ke.rdeck
y á Crookes, y á éste no le aprenden nada de
sus tubos ni de sus aplicaciones; pero si se
&amp;.similan toda su telepatía. y creen á pie juntillas en que con un esfuerzo de la voluntad se
puede inclinar del le.do que se quiera. el platillo de una balanza, y otras mil atrocidades de
ese jaez. Excusa.do 1:1s decir que consultan el
oráculo, echan las cartas, practican 1s. cábala y asisten á. todas las pedreas con que los
espíritus suelen obsequia.r á ciertos inquilinos
cándidos de casas destartaladas.
¡Lo que esta ele.se de gentes han visto en esa
v ida agitada, no es para contado! D. Juan Manuel las ha detenido una noche al salir de la
logia; otra noche, por los Angeles, oyeron un
grito desgarrador y vieron á una mujer vestiua de blanco que corría como huyendo de algún peligro; acudieron:
-¡Señora, señora, cálmese Ud. !¿Qué lepasa.? ¿en qué podemos servirla?
La. mujer, muda, seguía corrien'do; la a.lcanzaron,y al pretender sujetarla., volvió la cara:
era un~ ca.lavera; crujieron sus huesos: era un
esqueleto, y se desvaneció en la. atmósfera.
dando un Ja.y! lastimero.
Pero ·lo más curioso es lo del tesoro. En una
accesoria. de Tezontlale mata.ron á. un antiguo
ladrón de ca.minos retira.do del oficio. Desde
entonces el muerto venía. á rondar por el rulil•
bo prodl'ciendo espanto y poniendo en fuga á
todo el mundo. Un día uno de nuestros héroes
de la superstición fué y esperó al muerto y le
habló y el muerto le dijo que por allá por Sta.
Ana,en el corral de una ca.saque es empeño,él
(el muerto) había enterrado un tesoro. Nuestros héroes dieron parte y fueron con la policía. ¿Pero qué tanto ha que los gachupines del
empeño lo han de haber saca.do? Porque por
más que se escarbó, no se encontró ni tlaco.
Y así vamos en materia. de supersticiones;
los que las inventan ni siquiera se guiñan el
ojo unos á otros, como los antiguos augures;
en cambio, el públlco que los e.coge suele pasar las de Caín á . fuerza de miedos y e.prensiones.
Al fin y a.l cabo él se tiene la. culpa, porque
en materia. de superstición, como en tauromaquia., la mitad de la suerte la ha.ce el toro.

A superstición es hija. de la ignora.~cia..
Como la. ignorancia. es nochti, está. poblada de fantasmas y de apariciones, y surca.da. de fuegos fatuos y de l11ces fosforescentes.
Da la misma manera que en medio de las tinieblas los ojos creen vercibir contornos vagos y lineamientos indecisos, como de sombras en movimiento, que círculos lívidos giran
ante la. pupila. a.cbrcándose ó e.l5jándoije de
ella, que imágenes vaga.mente colo1·idi.s de los
objetos que s1:1 acaban de ver flotan en a.que)
océano negro; del mismo modo, para el espíritu sumido en la ignorancia, todo son fa.nte.s•
mas, e.par·iciones, fosforescencias y ve.gas
imágenes, d_eformadas y descoloridas, de la
realidad.
.
En la superstición, como en el sueño, la. ficción y la realidad, la fantasía. y la observación, la. razón y el desvarío, se mezclan, se
confunden, i;e unifica.o y se deforman unas á
otras; y es ~ue el sueño es á !a vez padre y
engendro de tinieblas, como lo es la superstición.
.P-,ro así como después de una pesadilla., y
ya en plena vigilia., persisten no sólo las congojas y las angustias que produjo, sino también y por cietto tiempo, las sensaciones .Y las
imáge!les que la a.compaña.o, con la superstición suceae que sobrevive á la ignorancia.,
que es su origen principal, y dura y se prolonga. en pleno período de ilustración.
Uno de mis amigos, gran orador, gran escritor, inteligente é ioijtruíd.o como pocos y
despreocupa.uo y DESCAMISADO como ninguno,
no bien ve tres luces encen'1ida.s en un cuarto,
ó enciende otra. ó a.paga. alguna de las tres,
porque la Trinidad, que en Religión es un
misterio, en alumbrado es un pésimo augurio.
Entre las personas ilustradas persisten aún
la.s supersticiones de la roe.ripcsa. negra, de los
trece comensales, del martes, del día trece y
otros más, y en plena civilización y en el siglo de las luces se ha. visto, y se ve, poner la.
escoba. tras de la puerta para que se retirlln
los importunos, tocar las jorobas de los contrahechos para a.traer se la felicidad, leva.otar
del polvo y de algo peor las herraduras que
dejan regadas las bestias, porque son portebonheur, y colgarse dijes, jetatores, te.lism¡i.nes, y otras zarandajas para conjurar el mal
ó procurarse el bien.
¿Por qué esta. persistencia. de la. superstición, después de disipada. la ignorancia? La
llorona no se pasea á medio día por plateros
y San Francisco; los muertos no se.len de su
tumba sii.o á la hora regla.menta.ria. de media noche; los duendes son nocturnos como los
murciélagos y los buhos; la aurora hace cesar
el aquelarre: ¿por·qué, pues, la superstición ha
de subsistir eu la plena luz .de la inteligencia
y del saber?
Por d-o s razones : por coquetería., en unas
gentes, y en las más por a.mor á lo maravilloso, á lo emocional, á lo impresionista..
Por coquetería: he.y personas que gustan de
no ser como todo el mundo, de ofrecer á la
meditación de sus amigos, pe.rientes y personas de estimación, lados misteriosos de su
ser, rincones obscuros de su conducta tentadores para. la curiosidad de los demás, episodios de su vida anómalos, singulares, sorprendentes, inexplicables·pe.ra ellos mismos y
pal'&amp; los demás.
Estos ta.les son telepáticos que sueña.o una
noc~e que un a.migo ó pe.riente se les ha muerto á diez mil leguas de distancia, y que al tercero día. reciben el cablegrama. corroborativo
del suceso.
-Yo nada afirmo ni niego-agregan después
. de contar el hecho,-ni quito ni pongo rey . Les
cuento lo que me pasó y santas pascuas; allá
los sabios que expliquen el fenómeno.
Y naturalmente brotan de las adoquines los
sabios capáces de explicarlo todo con la creaDR. M. FLORES.
ción del substantivo «Telepatía&gt;, tan poco in•
teligible como el fenómeno.
•
Entre estos coquetos, se cuenta.o, natural~~
mente, una mayoría de mujeres, y lo que es
peor, una. nQ desprecie.ble -,,:antidad ·de señoras mayores.
~q uélla.s llevan sus supersticiónes,como sus
sortijas ó sus dijes, por vía de adorno ó de
bu~n parecer; éstas las llevr.n, como sus postizos 1 sus vendajes, para provocar si!DP.atis. y
L cielo es un Proteo maravilloso; ya en
l~st1ma., Y unas Y otras p9:re. producir 1~preanteriores épocas los líricos de nuestra.
sión, para lla.m!Lr la. atenc1ó~, p~ra. grao3ee.rpatria. habían dedicado á la fantasmagoría. cese las prefer~nc1a.s de su e.udltorw. .
leste sus raptos de inspiración más sonoros, y
En efecto,. ..,puede darse ~ada más rnterese.nhabían a:gotado el voca.b1dario encomiástico
te que un3: Joven superstic;osa. .que todo lo teditirámbico. El cielo,que pesa sobre el espírit~
me, que vive en perpe~ua rnqmetud y que pahuma.no vivo lo mismo que una losa funeral sorece ree;la~~r a.s1ste_nc1&amp;, compe.ñí!l! defensa y
bre el cuerpo muerto, tiene coqueterías felinas
proteCC!Ótl :. ..,Qué me¡_or que tra.nq_1!_1l!_z~rla~_que ___y absurdos femeninos, cuando extiende el cerúba.la.dronea.r Y darse humos de valiente con
leo manto bajo el signo tropical propicio á la.
ella, que ofrecérsele como e~cudo y como proMadre Naturaleza.
tector? De a.~í que 11!-s muJeres propendan á
El cielo ha. sido en nuestro valle un etérno
aparecer tím1_das, dehcada.s, enfermizas, ~exiinspirador; á la luz roja de los crepúsculos
bles como e_l Junco, trémulas ~omo la h?J.a. de
vespertinos, las nubes sonámbulas adquieren
otoño, ateridas de frío Y de miedo Y. sohc1te.nrelieve y se transforman en monstruos apoca.do rodrigón en que apoyar su debihdad y mulípticos, que riñen descomunal batalla., en la

NOTAS METROPOLITANAS

E

gloriosa. presencia. del sol, que se duerme ·lentamente; en las madruga.das soñolientas y frías
del invierno, el Cielo se desmaya. en un lila
deslava.do, hasta que el relicario flor al de la
aurora abre al sol los derroteros diurnos · por
la noche, cuando la. Luna desvelada y a~émice. surge envuelta en los cándidos linos siderales, el Cielo cobra tersuras de lámina. metálica.
de fría. lámina. gris de acero pulido, en cuy~
superficie perfora el Infinito los infinitos puntos estelares.
Y cada día. el cambio es más notable, y más
mara.villa.; las estaciones ejercen su influjo
misterioso sobre nosotros, por intermedio del
Cielo, en el que demuostran toda su pompa
aristocrática. el Otoño y la Prima.vera, y cuaja
todas sus lágrimas el Invierno y arde todas
sus luminarias el Verano.

ahora nos azotan. ttn11. nublaz6n enma.ra.fl11,d11,
ha cubierto la ciudad con una gran cúpula que
parece un paño gris agitado por la fría. ~ano
del viento. Como quedan aún muchas flores en
los tallos, el anacronismo de esta asociación
pr oduce ~ierto des~quilibrio ver tiginoso y aumenta, s1 cabe, el mtenso frío que sopla desde
las erguidas cumbres de los volcanes tradicionales.
Tiene el cielo analogías extra.ñas y similitudes con el alma. humana: el eterno frío predispone á la eterna tristeza.. Llueve llueve llueve interminablemente. . . .
'
'

.

ANTENOR LE.;;CANO

OPIMAS MIESES

***

Nos vamos "europeizando." Hace algunos
lustros, nuestras estaciones eran más americanas que normales, más hermosas que justas;
apenas si se podía. hacer un distingo entre la
estación húmeda y molesta que reinaba. en los
meses calurosos del año, y la estación seca,
nunca. suficientemente fría. para merecer el nombre de invierno. Cuando las últimas nubes había.o terminado su peregrinación anual por el
cielo del Valle, las estrellas adquirían un lustre milagroso, parpadeando intensamente en el
azul cobalto del cielo nocturno; las frescas
madrugadas invernales comenzaban desde el
día siguiente á la. última tarde lluviosa, y se
prolongaban, como un collar de perlas orienta.les, hasta. los primeros días de la Prima.vera,
en los cuales el retoño se aprestaba á reventar
en una lujuria. floral complicada y exuberante.
Pero hoy, como si una sanción celeste viniera. á corroborar nuestros deseos de progreso,
el otoño se ha. constituído, robando días hermosos al V a.lle y adelantando una estación futura. La. llu vía, fría, tenaz, constante, triste como un pensamiento humano,abruma el antiguo
esplendor tranquilo del cielo; se pierden las
montañas tutelares en una bruma. de ensueño,
muy leja.na., muy honda, y pasan por el siniestro asfalto metropolitano las figuras friolentas, inclinadas hacia el suelo, en actitudes forzadas, como si sobre sus espaldas pesar a materialmente el profundo gris celeste.
La. noche se despoja. de todas sus galas; deja
su gasa. y sus estrellas; pierde en fulgores lo
que gana en tenebrosidades; transforma el altísimo cielo; deshace el encanto de los horizontes divinamente imprecisos, y a.paga en parpadeos lamentables los focos eléctricos leja.nos.
El espectáculo es nuevo, hasta para los más
viejos metropolitanos; si en lo sucesivo hemos
de tener un otoño real, precursor de un crudelísimo invierno, nos habremos europeizado
hasta. en este sentido.

LA

tierr3: h~rida._pa.rece gemir bajo la ancha. hoJa v1ctor10sa. que se hunde en su entraña. El arado se abre camino haciendo á un
lado la maleza. segada el día antes. En lo alto
del carro de hierro va el conductor.
Atrás, siguiendo el surco, la mano ágil del
sembrador arroja la. semilla como una lluvia.
de oro. Se abre la mano y el grano de trigo
cae para ser cubierto después por el humus fecundante.
Hay mucha luz en el aire. La atmósfera. tien~ una traspa1·encia de cristal de roca. En los
OJOS de los labra.dores hay triunfo y alborozo.
Cruzan c3:ntando el himno de la. vida bajo la
gran gloria del s&lt;;&gt;l. Son los altivos conquista.dores, los soberbios heraldos del porvenir que
á su paso van dejando incubado el desierto.
La naturaleza habla entonces al alma del
hombre. Ha.y cantos de esperanzas y de júbilos, que parecen descender de lo alto envueltos
en_ondas mus~cales de misterio; y el semblante
~e los traba.¡adores se ilumina adquiriendo
tmtes de aurora. Tienen la visión de la cosecha.
Ante sus miradas surge el campo florecido
la espiga abundante, fecundada. por los rayo~
del gran luminoso que les dora la frente llenándoles el alma de calor yfuerzas nuevas.
Por eso la alegria les reboza en el rostro. El
músculo enérgico y la. paz interior revelada en
sus fisonomias,dicen que el cuerpo está sano y
el alma contenta..
_¡Es? es vida! Así puede desafiarse el porvem r sm temores y sm debilidades. No pueden
tenerlas, ellos, los bravos y serenos lucha.do~s que á su paso van dejando incubado el desierto. No pueden tenerlas los que aman la vi-

Nuestro Número de Año Nuevo

d11, P~r la vida misma., por los encantos que
ella tiene en sí, y que la t ierra, buena y generosa hmadre, les ofrece devolviéndoles el germen echo planta vigorosa. en su vientre proficuo.
Llevan sol en el alma y por eso la amargura
no nubla nunca las frentes de esos bravos y se•
r_enos luchadores, de anchos pechos y mirada
Bbre, cuyas existencias se desenvuelven arrulladas P~r los cantos de la grande y fuerte, be~ Y sabia, amante y siempre joven y robust a.
D10sa.
La a legría tiene vida germinativa en sus corazones, donde se abre como en las ramas la
flor.
L a. esper:anza es, para ellos, la brega del día..
El1a constituye el futuro.
El fruto de la. mañana podrá ser arrebatado
por el torbell~o. ¡Qué. importa! ¡Quién piensa
en_ eso! La semilla. ha sido arrojada y el árbol,
toz3:no Y fuerte, volverá á erguirse desafiando
as iras del cielo. La. simiente no sucumbe la.
raíz queda en la tierra y el retoño suele br~ta.r
con más empuje, con más poderosa fuerza.
Eso_ puede leerse en los semblantes de los
traba¡adores que abren el surco y arrojan el
~rano de trigo como lluvia de oro sobre el taJO anhelante hecho en la tierra virgen.
ALBERTO GHIRALDO.

o
IRAS SAGRADAS
H!3-Y en el fondo del tormento humano
ansias que vibran en feroz latido
Y en la. plegaria. de un ideal menÚdo
al cielo acuden implorando en va.no!
Pero hay también rencores de gusano
que se yergue del cieno en que ha caído
Y I a venganza. brilla en el gemido
'
cual siniestro fulgor en el pantano.
Que en esas almas que el destino azota
con el dolor-¡sangrienta. disciplina.la.! fin el odio en llllma.ra.das brota;
como una tempestad que se ilumina.
cuando en las grietas de la bruma rota
surge vibrante el rayo que fulmina!
CLARO ÜOSCORO.

OTRO CONCURSO
Está ya en prensa el número especial de Navidad y Año Nuevo, que
hemos venido preparando con , toda
anticipación, y que comenzará á circular en la última semana de Diciembre.
La edición, hecha en magnífico papel Couché, estará impresa á colores
y contendrá, además de los cuentos
premiados en concurso, diversos artículos y poesías de literatos distinguidos y dos primorosas obras musicales: un ccWals Lento,» inédito, del
maestro Jordá, y una ccGavota)J de
R. BarteJ, muy en boga en París y desconocida todavía en México. En el
mismo número se publicará también
una serie de interesantes artículos en
que se describen, por escritores not~bles, las fiestas de Navidad que se celebran en diferentes países de la tierra. La parte artística ha sido encomendada á nuestros más hábiles dibujantes.
***
Tenemos ya en estudio algunas mejoras y reformas de importancia que
implantaremos en este semanario á
partir de enero de 1905, deseosos de
corresponder de esta manera á la buena aceptación que nuestros trabajos
han tenido en el público. Próximamente daremos á conocer las bases de
un nuevo concurso muy interesante
para todos los subscriptores.

*
**
Por las calles de la. ciudad cruzan los alegres
grupos que forman la. población flotante:_han
venido de muy lejos, aprovechando las ~1scutiblesfranqueza.s de una empresa ferrocarriler a.,
á presenciar las fiestas pre~idenciale~, á ver en
México las grandes proceswnes cívicas, á ser
quizá víctimas de tima.dores y rateros, á pe.s8:r
ºtodo el lento Vía Crucis que la hostilidad c1tadina impone á los recién llegados.
.
Me imagino el espectáculo: en las avemda.s
estrechas vuelca la ciudad todos sus habitantes. Las viviendas de los barrios se vacían en
un formidable éxodo. En las aceras blancas se
aprietan y molestan desde el anciano temb!o•
roso, en cuyos ojos -t urbios se enciende súbito
una. chispa de entusiasmo al ver pasar lastropas, y que camina lentamente apoyado en un
bastón y en una esperanza; desde la nií!,a anémica, de grandes ojos perversamente moce?·
tes, que pregonan la inevitable ley _de her encia
y ·manifiestan los estragos del atavismo; desde
el chicuelo desharrapado y flacucho que due~ á
hoy en cualquier rincón de la ciudad y _ro~rir
en cualquier presidio, hasta el charro cmt1la.n·
te lleno de admiraciones infan.tiles y de bor·
d~dos áureos, en cuyos ojos, prolong9:dos
por la. atención, parece se fijan para s1em·
pre los nunca vistos espectáculos; ha.st9: el
hijo de la gleba. que surge de un apar tado ID·
fiemo y conserva en sus ojos sanguíneos el
intenso pasmo de la luz, todos, en heterogénea
mezcla, se codean y aprietan en las aceras.
A lo lejos rasga el murmullo el sordo t?que
de atención prolonga.do en una gran_ que}&amp;, {
comienza. el desfile: como en un vértigo s1mu •
táneo pasan y pasan los hombres; pasan las
músicas dando al aire el estruendo de sus
·
en. los
bronces;' pasan los carros a 1egóricos,
as
cuales se sostienen las figuras emblemát1
en un equilibrio dudoso; pasan Y pasa.i:i ~
grupos, desbordándose como en una crecien
formidable las aguas de un río.

1

*

**
.
T a.do
Por desgracia. el cielo nos ha. hosti ~z do
rencorosamente, seman,as enteras, d~slucien á,
los festej.os y obligando á los orga.n1zador esa.taplaza.rlos para cuando la. intemp~rancia ue
mosférica calme y se a.plaquen los vientos 4

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES.-LA ILUMINACIÓN DE CATEDRAL.

�!t itUNDO ItUST:ítADO

OTRAS VIDAS
IV

ta a\ltntura de Don Pascual

E

N aquellos tiempos, que vieron minad·
miento y mi infancia, con lo cual dicho
está qut1 no vieron gra.n cosa, el Occidente úel país andaba muy revut1lto,
con especialidad el que hoy se llama 'l'erritorio de Tepic, disputa.úo sin tregua por los federa.les y los &lt;lozadeños&gt; y niao de inquietos
caciques que tenían á todo el mundo con él Jesús en la boca. A ca.da momento una irrupcuón
repentioa. de indios ponía. el pánico en los co·
razones y las gent e11 pacífictt.s,a.l grito de &lt;ahí
vienen&gt;,' con una agiliuad y a hab1Lua.J á _fueua
de ejercita.da., echaban mano ae lo meJorcno
que tenían: a.ihajas, sedas, recuerdos de familia. lo metían en los viejos baúles de alcanfor
cubiertos de cuero, orna.ao éste con intrincados
follajes 1 y clavetea.dos de cobre, y lo enviaban
á los co nsula.dos ó al cur a.to. Pasa.do el' s usto,
ca.si todo permanecía empacado por miedo á
l as subsecuentes sorpresas, y aquellos ba.úl11s
viaja.bao cu11ondo menos cuaMo v~ces al wtis.
L as familias mismas solían rtifug1arse en los
cons ulados y recuerdo que el a.lewán, qu., era
el preferido como asilo y que estaba. insta.la.u o
en un ca.serón céntrico, solía a.l b11rga.r hasL11,
ve inte familias, que se la p11,s11,ban ahi Jo mejor
que podían. Mientras se 11,veriguaba si la ciud ad quedaba. por (?or ona ó ¡,01· Loza.da, las
familias bailaban, JUi'&amp;ban Juegos de prendas
y tenían serena.ta los jueves y los domingos,
sí señor,. porque 110 fal taba. quien arregla.se
u~a. música para amenizar los ocios de los refugia.dos, en et gran patio, conver tido en pariá n gracias álos,vendedores ambulantes. ¡Oh!
os a;eguro que no se fastidiaba. uno en los con•
sul a.dos .... Para. los muchachos, aquella situación era. ideal. En cuanto que una voz de a.lar·
ma g ritaba.: cAhí vienen.&gt; -grito a l que ha.cía
coro el estruendo de las puertas de las tiendas
q ue se cerraban, el maestro los despachaba. á
s us ca.sa.s,y mientras se ponía en limpio si vencían los tirios ó los t royanos,no habla escuela..
Pero no par aba ahí todo: á la primera alarma,
l as fruter as del port al echaban á correr desesperada.mente, llevándose en su precipitación
la fruta que podían: el resto era para los escolapios a trevidos. Figúrense Uds. si aquel
estado de cosas no sería la beatitud suprema
para ellos~ •.•.
Espect áculos fa.milia.rísimos de tan ven·
t urosos tiempos de préstamos forzosos, eran
los a.saltos á las casas particulares y a.un los
b.omba.rdeos de los zaguanes, cuando los ha.bi·
tantas se resistían á entregar sus caballos; y
previendo esto,fortifica.ba. todo bicho viviente
s us portones, a.tra.ncándolos con cuanto palo
h abía en el corral y robusteciendo su resistencia. con sacos de arroz,en que se embotaban las
b al a s de los cañones.
No a.c~ba.ba.con est o la táctica: el jefe de la
casa, ..:on sus mozos, al primAr grito de alarma
trepaba. á lo que pomposa.mente llamaban &lt;las
alturas&gt;, es decir á l a. azotea, 6 se congregaba.
con los principales vecinos en la torre de la
parroquia., concertándose con ellos par a defender el centro de la ciudad.
¡ Ah! los q ue no alcanza.ron tiempos ta.les y
viajan a.hora en Pullman, y almuerzan en reata.ura.nts alumbrados por luz eléctrica. y sólo
ven como en panor ama. las asperezas de l a s
monta.iia.s quti la. máquina perfora y ladea , no
p ueden darse cuent&amp;. de lo que fueron aquellos tiempos
cen que Rocha. ya andaba por el mundo
y y a no eran de chispa los fusiles .... &gt;

Pero donde el romanticismo del bandida.je
llegaba al colmo del encaoto,era. en el ca.mino
de Tapie á Gua.dala.jara., digno de usurpar la
fama de Sierra Morena, t!e los Ba.Ikanes, de
S icilia. y de Córcega., con Ma.ffia. y todo. Había
y hay en este ca.mtoo un monte, denomina.do de
ios Cuartos, no sé por qué (acaso porque en él
hacían cuartos á los viajeros) ,Y sin excepció n,
en ca.da viaje, á eso de la. media.nía. del monte,
en medio det silencio interr umpido sólo por el
a nsioso rechinar dA la diligencia , .se oía este
grito ya fa.miliar á todo el mundo: &lt;Alto y
a.zorríllense&gt; .. . . Inmediata.mente los cocheros
obedecían; el sota saltaba. del pescante, abría
l as portezuelas del coche y ha.cía á los bandi •
dos u n signo que indicaba. que podían comen·
zar á desvalijará los señores pasajeros. Est os, por su parte, resigna.dos ya de antemano
al despojo, se habían ido quitando los trajes
hasta quedar en ropas menores, que era lo que
regularmente se les dejaba.;.ha.bían dado, para
que l as escondiese en las medias, sus a lhajas
al cura, si había alguno en el coche, lo cual
era. magna fortuna, y se a.zorrilla.ban humildemente, esperando con estoicismo el fin de la.
a.ventura para continuar el ca.mino. Los bandidos, después de abrir los baúles de la ~a.gay
t om11,r-lo,que·creta.o:-conveníente-,después de dejar en ca.misa á los viajeros, besaban la mano

al cura., le pedían su ben&lt;l.ici6n y se internaban
en e l monte silbando tal ó cual cancio ncilla. de
actualidad, entre otras aquella que decía:
-Isa.bel, ¿eres hombre?
-No, seño1·, soy mujer;
Pero tengo valor
De morir ó vencer . ...
Generalmente, en lo qu&lt;1 he contado paraba
todo lo del a.salto; pero á veces la cosa se
complicaba., especialmente cuando los federa.les fusilaban á cinco ó seis bandidos loza.daños, y éstos eran en general objeto de rigurosas
persecuciones. Entonces las represalias ejercidas llegaban á los más grandes horrores:
las mujeres, en presencia de ~us maridos ata.dos á los árboles, eran violada.a por aquella
canalla; los hombres eran mutila.dos, martirizados, y morían oyendo los insultos más soeces. En una de estas temporadas ~e represalias

EL MUNDO ILUSTRADO
con t ímida voz un pobre chiquillo q ue temblaba. repega.do á su padre.
-¿Adonde? Iá trona.r les!-respondió bruscamente el ca.pitán,-pa.ra.que no nos denuncien y
para que nos paguen las vidas de ésos (y señalaba á los &amp;_horcados). El chiquillo se echó
á llorar, gra.nJeándose así un puntapié de uno
de los bandidos, quien le dijo: &lt;Sea hombrecito&gt;. Don Pascual- hay que decirlo en su abono-no había desplegado los labios y marchaba. altivo. adusto y grave en apariencia aun,
que en realidad tenía. un t er r or de tod~a ¡08
diablos . . .. Por lo demás, los conti nuos azares
de aquellos tiempos, el perpetuo codeo con la

\\

comienza. mi sucedido, héroe del cual fué Don
Pascual Buendía, pe;-sona. especia.lísima. á
quien voy á presentar á mis lectores.
Don Pascual Buendía, comerciante de la cabecera. del séptimo Cantón, era.,sobre todo, una
persona formal, de una seriedad proverbial en
toda la comarca., donde lo mismo se decía:
&lt;Hasta que llovió en Sayula.&gt; que &lt;Hasta que
se rió Don Pascual&gt;.
Como á Jesucristo, según l a tradición roma- •
na, cja.más se le vió reír&gt;, aunque tampoco se
le vió llorar. ll:ra de pa.1o y de buen palo. En
la ciudad había desempeñado cargos impor- •
tantas: había sido Juez de lo Civil y hasta
Presidente del Ayuntamiento, va.rías veces.
Se pintaba. el bigote y usaba bastón de éba•
no con amatista, cosas que acrecían extra.ordinaria.mente su importancia.. Tenía tienda de
ropa, carretela., casa propia y otras cosas que
lo ha.cían más serio y respeta.ble aún .. . Bueno,
pues este Don Pascual tuvo que hacer en aquellos días un viaje á Gua.da.la.jara., y comprendiendo lo aleatorio de su seguridad en el ca•
mino, especialmente en e l Monte de los Cuartos, llevó consigo la menor cantidad de equipaje posible. En el Monte de los Cuartos
aguardaba., en efecto, una cuadrilla de la peor
la.ya que pueda verse y que, por desgracia.,
acababa. de ser muy dura.mente escarmentada. por los federa.les, quienes colgaron á var ios bandidos. La noche había. cerrado por
completo, una noche diáfana. y tranquila., toda
temblorosa de astros. De los árboles pendían
aquí y ahí, los cadáveres de los a.horcados recientemente, proyectando sobre la tierra su
sombra móvil y absurda., los odiosos ahorcados, q ue según voz de la gente del monte, &lt;chiflan&gt; con el viento I
El ca.zorríllense&gt; vibró en aquella ocasión
con más solemnidad que de costumbre. La diligencia se detuvo, y á la rojiza y crepitante
luz de las teas, los bandidos empezaron á apodera.rse,sin abrirlos siquiera.,de todos los baúles de la zaga y á c:i.rga.r con ellos algunas
mulas que traían y que á medida que se les
completaba. la ca.1·ga., eran internadas en el
cerro. Cuando hubieron concluido esta. faena
en medio del silencio angustioso y lleno de
presentimientos de los viajeros (hombres todos), el capitán dijo á éstos brevemente: «Siganme&gt;,y antes de que los malaventurados pensaran en hacer resistencia, fueron ligados de
manos y empujados ha.oía el monte.
-¡A dónde nos llevan! se atrevió á preguntar

muerte, habían a.costumbra.do de tal modo á
todo el mundo á las eventualidades trágicas,
que era frecuente ver á dos pasa jeros a.yudán·
dose con toda ca.lma.áhien mori r ,mientras marchaban hacia el para.je donde temían ser fusilados.
L lega.dos á un claro del monte, distante como un kilómetro del camino real, el capi&amp;án
se instaló tranquila.mente sobre un baúl, dispuesto á divertirse; ordenó que los pasajeros
fuera.o sucesivamente ata.dos á un tronco de ár·
bol corpulento, que limitaba el c laro, y fusilados uno á uno. Luego pidió aguardiente, que
le a.larga.ron en un bule, y bebió asaz. La es•
cena. era pintoresca. en extremo, como hubiera
dicho una Miss excursionista, de esas que se
perecen por las aventuras y q ue en vano las
buscan a.hora en estti México, q ue va perdiendo
su carácter romántico. Cuatro bandidos con
hachones alumbraban el claro. Pegada. al
tronco del árbol estaba la primera. víctima., á
quien el capitán había ordenado ofreciesen un
trago. de &lt;revienta.tripas&gt; e pa dar le ánimo&gt;;en
rededol', los on·os infelices que es peraban su
turno ligados y a.mordaza.dos,y frente al árbol
cinco pelados que examinaban sus fusile&amp; antes de proceder á la ejecmción.
E l primer disparo sonó, prolongando i.us
ecos en la infinita calma de la noche.y el infeliz ejecuta.do se desplomó á medias, con un ge•
mido, quedando detenido por las cuerdas que
Jo ligaban al tronco. A la descarga siguió un
grito de horror, el del niño de ma rras, grito
que le va.lió la mu erte inmediata , pues el capitán ordenó:
- Ahora este mocoso, para que no haga. es•
cándalo.

....... ........ ......... .·.......................

Don Pascual esperaba. su turno, no por cier•
to con 1a a.lti vez de un roma.no de los buenos
tiempos; tenía miedo, un miedo atroz, que ha·
bía ido creciendo con el espectáculo de aquella.
carnicería. espantosa. .... Sí, tenía miedo (¿no
elita.ba. acaso en su derecho?), y si á duras pe·
nas lo ocultaba., era porque no quería que los
otros lo notasen, los otros que cmorían comv
los hombres&gt;, pero que, á pesar de est~, teuían
miedo también. Ma s ca.da nuevo testigo que
desaparecía. se hubiera. dicho que le dejab~/i
miedo, de tal suerte que cuando desapareci
último, don Pascual se quedó con el miedo e
todos . ...
d¡
Sólo una vieja. esperanza lo alentaba., la 8

d

rescate. por el cual pensaba ofrecer una fuerte
suma llegado el momPnto supremo .. . .
-Ahor a le toca á Ud • amigo, dijo el capitán que ya estaba algo chispo; venga antes á.
qu¡ yo le dé un trago, epa&gt; que no diga que
soy mala gente; á ver, que le quiten la mordaza..
Así lo hicieron,y Don Pascual se a.cercó más
muerto que vivo al jefe, que le alargaba. el
bule.
-· Don Pascual! excla mó éste al verle de
cerc'a . con movi miento de sorpresa; pero si es
Don Pascual B uendía. el rte Tepic, el hijo de
don Alejo, de mi protector ....
-¡A ver, desamárrenlo luego! añadió dirigiéndose á su gente, ¡es don Pascual , el hijo
de mi protector!
Don Pascual sintió que el alma le volvía al
almario y hasta ganas le dieron de besar a l
capitán. Afortunadamente, en aquel momento
crítico se acordó de que bahía sido Juez de
Paz, P residente del Ayuntamiento. etc. , y de
que su serenidad era pro verbial en Tepic, y se
contuvo. Pero no cabía en toda. su pomposa
personalidad de placer;porque de segurc,,aquello q uería decir que no lo mataban!
- Sí, señor, siguió diciendo el ba~dido. Su
padre de Ud. me sacó una vez ele la cárcel, me
salvó la vidll., porque iban á fusilarme, y me
dió dinero. Le debo muchos setvicios y valeduras y yo seré lo que Ud. quiera, pero á a ura.decido ni Dios me gana, y por eso no lo ~a.to
á Ud. Venga á. beber otro trago, ándele.
Don Pascual , que ya babia recobrado la noción de su re·s peta.bilidad, apartó el bule di-·
ciando con cierto melindre:-No bebe aguardiente. Yo sólo tomo vino de mesa . . ..
-¡Con mil del. ... rugió entonces el Capitán
echando al aire un expresivo terno, no se le
vaya á ampollar la boca hi. ... de (aquí otro
terno). ¡Conque me hace menos!
- Es que me irrita el aguardiente . .. .
-Pues más Je irrit11.rán las balas .... 1 aquí
otro terno). A ver tú, Melquia.des, que a.marren
á este delicado en el árbol y &lt;:¡ue le truenen.
Don Pascual, olvidando su dignidad, se
echó á los pies del bandido suplicando:
- ¡No me mate, beberéloqueVd. quiera!. . ..
- Es claro que beberá ( .... ) , y no sólo bebe
rá, sino que bailará ( .... ), aulló el capitán, que
ya estaba ebrio. A ver, vaya pensando qué we
baila, y pronto, que tengo prisa.
- Don Pascu:i.l s intió que se sublevaba. en él
todo el orgullo de su &lt;posición soci al;&gt; pero
ya. no se atrevió á resistir. En los ojos del
bandido había algo tan amenazador, q ue hubier a sido una temeridad contrariarlo.
- ¿Qué quiere Vd. que baile? suspiró Don
Pascual.
-c¡El Palomo!&gt; gritó el capitán.
Y Don Pascual se puso á silbar y á bailar
cEl P alomo&gt; . ...
Aseguro á Vds. que el espectáculo no tenía
par por lo a.bsurclo.
Don Pascual, en medio de aquella. banda de
fora jidos, en ropas menores (con calcetines
blancos), rodea.do de los cadáveres de s us com·
paí'leros y á la luz de las fogatas rojizas, bailaba con · la gracia y el primor de un oso de
feria . . ..

El ca pitán se divertía de lo lindo, y sus carcajadas, dignas de un dios de la Ilíada., resonaban eo el bosque dormido.
Terminado el baile, se imponía el canto.
-A ver, Don Pascual, gritó el capitán, una
cancioncita. ....
Don Pascual, lleno de vergüenza., se enjugaba. en un rinc ón el rostro con el dorso de la
mano, único pañuelo q ue le habían deja.do los
salteadores ....
-Pero si no tengo voz . .. si r,o sé cantar ...
-&lt;Masque&gt; . . . . replicó el capitán brevemente.
Don Pascual comprendió que tampoco en
es~a. vez era oportuno hacer objeciones y se limitó á preguntar con voz dolorida.:
-¿Qué quiere Vd. que cante?
-&lt;Las Amapolas&gt;.
.Y Don Pascua l, con las inflexiones a.rmon1osa.s que puede tener un tambor y la afinación de un,¡, cornet a de barro, cantó en un d!'·
solado falsete que lo hacía deliciosamente cómico:
Ama.polita.s moradas
de los llanos de Tepic,
si no están ena.moraÍl.a.s,
enamórense de mí. . ..
Una. salva de a.pl ausos premió este nuevo y
&lt;gracioso&gt; esfuerzo , después de lo c ual el ca pitán q uiso que Don P a scual &lt;echara maromas&gt;, y en seguida que hiciese el apache, y luego que bailase aún y torna.se y retorna.se á.
ballar, hasta que c ansa.do de la diversión y
&lt;pe. _g.ue todo&amp; vieran que era agradecido con
el h110 de su bienhechor&gt;, ordenó que trepa.sen
á. Don Pascual á un ca ba llo, y a.sí, en ropas
menores y con los o jos venda dos, lo llevasen
~l ca.mino real, á n nas dos leguas de aquel sitio, Y lo dejasen li':ire.
_Así se hizo y la víctima fué 11ba.ndonada al
Ple de un mezquite, donde más tarde lo encontraron unos arrieros.
Una. leve claridad empezaba á teí'lir el cielo
de nácar; á cierta distancia. se perfilaba. lama•• •ombria del monte, como una. pesadilla. le·

ARCO LEVANTADO EN HONOR DEL SR. VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA , EN IMURTS (S ONORA).

ja_na, y Don ~a~cual, restre¡?ándose los ojos,
mi raba. el paisa.Je y Sil palpaba. los miernb, os.
temblorosos con el frío de la maílana, como el
que vuelve de la l_ocura y sintiendo vagamente que algo mu.v importante de su personalidad había muerto aquella noche, con sus comp!lfleros, al pie del árbol-pa.Ubulo: su presti•
g io y su respetabilidad
¿Cómo se supü la escena en la ciudad? Dios
lo sabe. El ca.so es que de11de entonces, Don
Pascual cargó y ha de cargar aún, si es que
no se lo ha comido la tierra, con un sobrenom•
breó alias que le ha. escocido siempre: &lt;San
Pascual Bailón&gt; . ...

En las est~ciones y ciu~ades II! ás importantes del tránsito, el Sr. V1cepres1dente recibió
también significativas dtimostraciones de afecto y adhesión. E n Imur is se levantó en su honor un bonito arco triunfal coronado por una
locomotora y adornado con h aces de banderas
mexicanas .v america nas. Al pie de este arco
esperaban la. llegada. del tren q ue conducía a l
Sr. Corral, un grupo de jinetes llevando lanzas y banderolas roj a s, y otro g rupo muy numeroso, formado por los alumnos de las escuelas de niños y niñas del lugar.
El recibimiento fué m,u y entusiasta, é impresionó vivamente al distinguido huésped.

•

NUPCIAL

AMADO NERVO.

tn Honor del Señor Corral
Dimos cuenta ~ nuestros lectores de l as demostr~ciones_ de simpa.tía de que fué objeto el
Sr. V1cepres1dente de la República, D. Ramón
Cor r al, tanto en San Luis Missouri, como en
San Francisco California, durante el viaje que
co rno representante del Señor General Díaz
aea.ba. de hacer á los Esta.dos Unidos.
'
De regreso de S an Francisco, el Sr. Corr al
permaneció algunos días en Hermosillo (Sonora), donde fué también agasajado por la s autoridades y los principales vecinos del lugar. que
lo colmaron de atenciones, organizando en su
obsequio unll serie de fiestas que resultaron
lucidísimas, á juzgar por las crónicas que de
ellas publicó "El I mparcial " oportunamente.

~OP

En días pasados se efectuó en el templo de
Santa T_!lre~a el matrimonio de la virtuosa. y
bella senorlta Ma ría Esperón, con el estimab1e
caballero D. Angel de Campo, compañero
nuestro de.redacción, muy conocido y apreciado en México, como literato y periodista..
Las merecidas simpatías con que los contrl\yentes cuentan en los buenos círculos sociales
hicieron que la ceremonia se viera concurrida'
así por distin~uidas familias de la Capital'
como por numerosos caballeros de represent i
ción.
" El Mundo Ilustrado," que desea para el
nuevo hogar la mayor s uma de felicidades, reproduce hoy los r etratos del Sr . de Campo y
de su nigua esposa , 'la Sra. de de Ca mpo env~ando á los desposados su felicitación 'muy
smcera.

SRA, MARÍA ESPERÓN DE DE CAMPO Y SR, ANGEL DE CAMPO,

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL NUEVO PERIODO PRESIDENCIAL
Solemne ceremonia en la Cámara de Diputados.-Protesta del Sr.
Presidente y del Sr. Vicepresidente de la República.
Entusiasmo popular.
EL jueves por la. ma.fla.na.,a.nte una concurrencia. tan selecta. como nu:nerosa.,que llenaba.
los palcos y galerías de la Cámara de Diputa.dos, presta.ron la protesta. de ley el seil.or General D. Porfirio Día.z, como Presidente de la
República. para. el período constitucional de
1904 á 1910, y el seil.or D. Ramón Corral, como
Vicepresidente de la mism11o para igual pe•
ríodo.
Pocas veces, como en esta oca.sión, el entu•
sia.smo popular ha sido tan grande: la ciudad
se despertó alborozada., como en los días de
nuestras grandes fiestas, y desde las prim,,ra.s
horas de la maña.na-una mañana semienvuelta. por la bruma.,-la.s calles principales se vieron invadidas por una multitud de personas de
todas las clases socia.les.
Los edificios públicos y los pertenecientes á
las negociaciones mercantiles, lo mismo que
un gran número de casas particulares, lucían
vistosos adornos, destacándose sobre los muros y en lo alto de los remates, guías de flores
y hacesde ba.ndera.s que les daban hermosísimo
aspecto. La vista que ofre,;iían las a.venidas del
centr.o, muy especialmente las de Plateros y
San Francisco, fué mucho más bella por I a
noche: milla.res de luces, ya en caprichosas figuras, ó bien siguiendo las líneas de los deta.·
lles arquitectónicos, rea.Izaban l:l. hermosura.
dél adorno, iluminando las calles, que parecían, de lejos, arder en un incendio.

***
La ceremonia. de toma de protesta. se efectuó á las diez y cuarto de la maña.na., hora. en
que el Relior Presidente de la República. y el
sell:or Vicepresidente se presenta.ron á Ias
puertas de la. Cámara. Desde el Palacio Nacional basta. la. esquina. del Factor y la. Canoa
se formó una valla de solda.dos con el objeto
de facilitar el paso de la comitiva.; y, en ca•
rrua.jes a.biertos,désfiló ésta, ocupando los pri·meros coches los seil.ores Gobernadores de los

Estados que se encuentran actualmente en M'•
.xico, y las Comisiones de los Poderes Legislativo y Judicial. En los cuatro últimos iba.a:
los sefiores Ministros de Justicia., de Comunicaciones y de Fomento; los señores Ministros
de Relaciones, de Hacienda. y de Guerra.; los
señores Vicepresidente, D. Ramón Corral, y
Diputa.dos Benito Juárez, Sera.pión Fernández y Lea.adro M. Alcolea.; y el señor Presidente de la República., á quien acomp;,ña.ba. el lie•
flor Diputado D. Gabriel Mancera.. Cerraban
la. comitiva., á ca.bailo, los señores Capitanes
Porfirio Díaz, Agustín del Río, Armanoo Santacruz y Enrique Hurta.do, del Esta.do Mayor
del señor Presidente, y una. escolta. de guardias de la. Presidencia..
Durante el trayecto, desde la Plaza de la
Constitución hasta el pórtico riel ex-teatro
Iturbide, el señor Generi,.l Díaz fué objeto de
entusiastas y significativas demostradones de
adhesión y simpatía: el pueblo que llenaba. las
aceras, y las familias que presPncia.ba.n desde
las puertas y balcones el de.file, aclama.ron
con el mayor entusiasmo al Primer Magistrario. Al presentarse en el salón de la. Cámara el
Héroe de la Paz, un aplauso unánime se escuchó en el recinto, reinando en 6ste después un
profundo silencio.
El Sr. General Día.z, puesto de pie y ante el
Presidente del Congreso, Sr. Lic. Alfredo
Cha.vero, rindió la. protesta. en estos términos:
&lt;Protesto, sin reserva. alguna, l;'U&amp;rda.r y hacer guardarla. Constitución Política. de los Esta.dos Unidos Mexicanos con sns adiciones y
reformas, las demás quede aquélla. emanen, y
desempeñar leal y patriótica.mente el cargo de
Presidente que el pueblo me ha. conferido, minado en todo por el bien y prosperidad de la.
Unión&gt;.
El Sr. Cha.vero repuso:
&lt;Si así lo hiciereis, la. Nación os lo premie;
y si no, os lo demande&gt;.
En seguida. prestó la. protesta. el Sr. Corra.1 1

repitiéndose, al terminar el acto, los a.plausos de la. concurrencia..
A la ceremonia estuvieron presentes todos
los miembros del Cnerpo diplomático que residen en la. capital. Los palc0s intercolumnlos
fueron reserva.dos para I as familias del señor
Presidente y del señor Vicepresidente, y loa
primeros y los sel;'undos para. las damas y caballeros de la buena. sociedad mexicana. y de
las colonias extranjeras que habían sido invita.das al acto. En el intercolumnio destinado
á la. familia. del sefior Presidente, estuvieron
las sell:oras Romero Rubio de Díaz, Romero
Rubio de Teresa.. Día.z de de la.Torre y Raigosa de Díaz. El público que llenaba. las dfmás
loca.lid a des, era. numerosísimo.

*

*
El mismo día por la.* ma.fiana.,
el señor Presidente de la República. recibió en Palacio las
felicitaciones del Cuerpo Diplom~tico y de loa
Gobernadores de los Esta.dos, haciendo uso
ñe la. palabra., á nombre del primero, el señor
Embajador Cla.yton. y en reprPsentaclón de
los segundos, el Sr. Lic. Emilio Pimentel. Por
la·tarde, á las tres y media., se rear.udaron las
felicitaciones, recibiendo entonces el Sr. General DiAz la. del Ejército, la. de la. Colonia
Oa.xaqueñ:a., las dtl las diversas Secretarías dt¡
Esta.do, y las de las Colonias Extranjeras. El
Sr. General D. Francisco Z. Mena. llevó la
voz del Ejército, hablando los Sres. Lics. D.
Justo Sierra y D. Mi,zuel S. Macedo como represe1;1ta.ntes de los Ministerios de Justicia. y
Goberna.ción;el Sr. EnriqueTron, ánomhrede
bre de Ja. Colonia. Francesa, y tü General Whee•
ley, jefe de las fuerzas-de caballería. ri~l Sur
cuando la. guerra. separatista. de los Esta.dos
Unidos, en representación de un grupo de profesionales y hombres de negocios prominent.es
de la vecina República. que se encuentra en
México.
Los discursos pronuncia.dos por los Sres. E!ll·
bajador Clayton, Ministro de la Guerra y Lic.
Pimentel, así como por los- demás personajes

LLEGADA DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Á L A CÁMARA DE DIPUTADOS.

000000000000000000

:

1
1

:¡

DESFILE DE LA COMITIVA OFICIAL l'OR LAS CALLES DE VERGARA Y EL FACTOR,

LAS CALLES DE PLATEROS DESPUÉS DEL DESFILE DE LA COMITIVA OFICIAL,

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
que hablaron á nombre de los distintos grupo1 de felicita.ntes, causaron la más agrada.ble impresión. Las frases con que el seftor General Día.z contestó á. aquellos discursos, llenas de sinceridad y muy expresivas, fueron
recibidas por los manifestantes, con marcadas
muestras de entusiasmo. &lt;El Imparcial&gt; publicó ya íntegras algunas de esas notables
contestaciones.
Por la. maftana estuvo tocando en el patio
principal de Palacio la magnífica. banda de la.
gendarmería, recientemente formada, y por la.
tarde la del l!istado de Agua.scalientes,qu11 envió el seílor Gobernador D. Alejandro Vásquez del Mercado y que dirige el maestro Pa.. yen. Ambas audiciones llama.ron con justicia
la atención por lo s11lecto del repertorio y por
la buena ejscución de las piezas.

*

Por la noche, frente*á.*Palacio, se efectuó la
gran serenata. &lt;1ibpuestll por el Círculo de Amigos ele! sei!or Genera.! Díaz en honor del Primer Magistrado, y se quemaron á la. vPz unos
vistosos fuegos artificiales. La serena.ta, no
obsta.nts el intenso frío que se dejó sentir de
las ocho en delante, se vió muy concurrida.
En los sa.loa11q de la P,·esideacia, la Seftora.
Doña Carmen Romero Rubio de Díaz dió en
obsequio del Cuerpo Diplomático, y de sus
numero3as amistades,una brilli-nte rrnepción.
Los convidados. !!'alantemente a.tendidos por el
seftor General Díaz y por su distinguidi. esposa., escucha.ron la audición musical desde los
balcones, siendo ob,equiados antes de retirarse con un espléndido li.:ncb.
El viernes dos por la .noche se efectnó en
Minería el banquete dispuesto en honor del señor Presidente, y hoy por I a. mañana ~e verificará el desfile de carros alegóricos,que fué Lecesario diferirá causa del mal tiempo.

00
OREMOS

UN ASPECTO DE LAS CALLES DE PLATEROS LA MA~ANA DEL DÍA PRIMli:RO.

000000000000000000

Porque orar es pedir, mi limosnero,
Puesta en tu caridad mi &lt;'nnf'ianza,
Alargo á ti: mendiga la. Esperanza,
De tus próvidas manos, el viajero.
Cual de dádiva. escasa. el pordiosero
Tan sólo de ella. vive, quien no alcanza.
El brillo tentador de 1a pujanza
Iadomable del oro ó del acero.
Porque orar es pedir, ta.mbién implora,
Señor, conciencia. y luz, junto al abismo
Que corta. los ca.minos de la aurora,
Quien venera tu cruz sin fanatismo
Y aspira, solitario, donde llora,
A erguirse cual monarca. de sí mismo.
GONZÁLEZ GUINÁN.

LA ILUMINACIÓN DEL NUEVO EDIFICIO DEL CASINO ESPAFfOL.

LA ILUMINACIÓN EN LA CALLE DE LA PROFESA.

EL PALACIO MUNICIFAL1 LA NOCHE DEL DÍA PRIMERO.

�EL ltUNDO ILUSTRADO
ÉL MUNDO llUSTRADÓ

LOS BORREGUITOS DE ALGODON
Ya. no era. Blanca aquella. alegre y linda modistilla. que cruzaba. las calles, a.l salir del ta.•
ller, seguida. por mil p0llos que la importuna.•
ba.n con sus galanterías; ni era tampoco la re•
catada virgen que, tras una rejilla. de hierro,
departía con Pablo, el buen mozo que logró
conquistar su corazón. Hoy estaba convertida
en la triste esposa que, pálida y enferma, pa•
saba las boras consagrada. al trabajo para
procur_arse lo que le escatimaba su ingrato
compañero.
Tenía apenas tres años de haberse casado
y se encontraba poco menos que abandonada
por el desleal á quien tanto quería. Pablo, el
guapísimo chico que, á. despecho de sus compañeras de taller, la había hecho suya, no la
quería ya.; la abandonaba. semanas enteras y
sólo venía á verla cuando necesitaba quitarle
lo que Je producía su pobre trabajo de costurera, para ir luego á gastarlo quien sabe dónde.
Pero Blanca tenía otro consuelo además del
trabajo: un gracioso rubillo de dos años de
edad, á. quien amaba con todas las fuerzas
de su corazón. En el hijo derramaba el raudal

de amor que despreciaba el padre; en él cifraba la única felicidad que podía encontrar so•
bre la tierra.
¡Cuántas veces la triste madre, dando rienda
suelta á sus pasares, dejaba correr gruesas lágrimas por sus mejillas, pensando tal vez en
su amor perdido! .... Entonces una monada. de
Angelito venía á hac!'rla olvidar sus desventuras y trocaba insensiblemente sus lágrimas
en risa. Luego. sellando su reír con un suspiro sentaba sobre sus piernas al chicuelo, le
cubría. de besos, y le enseñaba á repetir el nombre de su padre, del ingrato que no tenía pa'l'a
él una caricia. ¡Pobrti mujer abandonada!
Cuando debía decir á. s11 hijo: &lt;tú no tienf's p&lt;\dre; el que tenías ha. huído de nosotros&gt;,)!' en•
señaba á pronunciar un nombre que, por mis·
terio inexplicable, bacía sonreír á la criatura
inocenre.
Una noche de fines de septiembre, en que llovía á torrentes, la pobre Blanca., que cosía
muy cerca del lecho donde reposaba su Angelito, R8 ·quedó di vagada pensando en aquellos
días felices de cuando estaba soltera; en aquel
tiempo en que, al volver del taller,entraba siempre cantando en su limpia. casita, donde la recibía su bue11a madre, a.hora muerta, con mil
caricias y agasajos .... Luego vino á. su mf'nte
el recuerdo de sus a.mores con Pablo .... Después vió ◊orno entre sombras cuatro cirios amarillentos alnmbrando el cadáver de la que le
dió el ser. Sus ideas se fueron confundiendo y
sus párpados cayeron poco á poco .... Cruzó
por su imaginación, como envuelta. entre brumas, la. gallarda figura del esposo ingri,.to ....
Respiró larga y desahogadamente, y se quedó
al fin dormida.
Y el agua. no cesaba. de caer; llovía mucho,
mucho ... .
De pronto sonaron tres golpecitos en la. puerta. Blanca. despertó sobresaltada y corrió á
abrir.
-¡Pablol- dijo sorprAndida al ver á su marido.
-Vengo malo- respondió éste con voz débil,
-me duele aquí. ... aquí. ... y señalaba el costado derecho.
-¡Jesús nos amparel--exclamó la. triste m:t·
jer, cruzando suavemente su brazo por la espalda. del hombre á quien ama.be. á pesar de
aua ma.lda.des; y muy deapa.cio, seenoa.mina.ron

ambos hacia el tibio lecho en donde dormía
dulcemente el pequeñuelo.

***

Atacado de una pulmonía. doble, estuvo Pablo luchando con la muerte diez y siete días.
Blanca en aquel tiempo sufrió muchísimo;
pero cumplió con valor todos sus deberes de
madre y de esposa Sin desatender un momen•
to á su hijito, se pasaba los días y las noches
cuidando con delicadeza esmer11da y abnegación sublime á su Pablo, á su amado esposo,
que entonces sí era de ella .. . . ¡sólo de ella!
i..:a máquina se mantuvo paraliza.da. tres semanas; no cosía Blanca y, por consiguiente,
no ganaba un céntimo; pero no faltó nada ne•
eesario en a.q uel 1:. casa, gracias, primero, á los
cortos ahorros de la costurera y, lue¡ro, al au•
xilio pecuniario que, día.con día., iba á llevar•
les una. muchacha de rasgados ojos y encarnadas mejillas que vestía. costosos trajes de colores muy vivos: una antigua compañera de
taller de Blanca, que había venido á mejor
fortuna. y que, después de haberse llamado a.n•
tes Patrona, tuvo la feliz ocurrencia de caro•
biarse aquel nombre por el de Gracia, como al
presente era. llamada..
Después de tristes días y noches horribles,
fué por fin declarado el enfermo fuera de peligro: Pablo entró en convalecencia.
Cuando en un hogar ha. estado alguno gra•
vamente enfermo y a.l fin se salva, ¡cuánta. felicidad viene á. compensar las amarguras pasadas! ¡qué dulce tranquilidad suceoe á la angustiosa. incertidumbre en que antes se ha vivido! Los días parecen más claros y más tibios,
las noches más largas, silencios11,s y frescas,
propias para el descanso.
·
Así sucedió en la. .humilde
vivienda de Blanca: desde
que su esposo comenzó á restablecerse, reinaba allí la dicha y la. tranquilidad,y mientras más días pasaban, más
bien se encontraban aquellos
tres seres.
Pablo iba. sintiendo la. benéfica influencia. del amor paterno; estaba loco con su lindo hijo; éste parecía. ir perdiendo ca.riño á su madre y
se había convertido en la
sombra des u papaítc;,dequien
no se apartaba un momento. Las veladas
eran deliciosas: Blanca. cosiendo en la máquina, y allí muy cerca de ella, el convalecien~ jugando con el chiquitín. Muchas veces
Gracia. dejando un par de horas sus alegrías
mundanas, iba. á. reunirse también con sus amigos y á. gozar de esos encantos purísimos,
muertos para ella desde el día en que dejó de
ser Petrona, la. costurerita sencilla. y buena.
Cuando Gracia. estaba allí de visita, Blanca
dejaba el trabajo y todos rodeaban al encantadnr chicuelo para divertirse con sus inago•
tablPs monerías. ¡Y cómo se reían cuar.do, batie[!dO palmas, hacían que el risueño Angelito
se pusiera á bailar levantándose el vestido con
amhas manecitas!
Una noche en que Gracia no se a.pareció por
allí y el niño se durmió muy temprano, estaba
Pablo desi&gt;sperado, sin tener en qué pasar el
tiempo. De rf'pente se dió una palmada. en la
frente y dirigiéndose á su esposa, exclamó:
-Se me ocurre una cosa.
-¿Cuál es ella?-preguntó Blanca. dejando
la labor.
-Que pongamos un nacimiento para que s&lt;,
di vif,rta el chico.
-PPro si aún faltan dos meses para la. No•
che Buena.
-Mejor--aijeveró Pablo,-así hay más tiempo para prepararlo todo. Gr11cia. va á. ser J:i.
madrina en la. &lt;acostada del Niño&gt;. Dame algodón para hacer unos borreguitos.
Blanca. sacó del cajón de una cómoda una
csnastilla repleta. de algodón y la puso en manos de su marido. Este comenzó desde aquel
momento su tarea.
Todas ias noches se entretenía. el embobado
papá en la fabricación de borregos, y el niño
estaba. loco de contento con los
animalitos: á cada uno que veía
terminado, lo acariciaba, le daba de comer y beber y, luego,
acercándose de puntillas á su
mamá., se lo presentaba haciéndole al mismo tiempo. «beee,
beee&gt;, para asustarla.
El inteligente chiquitín no estaba en edad de comprender
lo que era un na.cimiento; pero
chillaba y daba saltos de alegría cuando su papá le explicaba. que Pra. una cosa en que había. un Niño Dios dormido entre
pajas, laguna.A pobladas de patitos de colores, Reyes Magos
que venían del Oriente, los fa.
mosos borreguitos, y otra mul·
titud de curiosidades.
El tiempo iba corriendo, y
aquel ho¡a.r ta.n triate dia■ an•

tes, segi;ía convertido, ahora., en un caliente
nido de amores y ventura.
¿Habrá cuadro más tierno y más hermoso
que el que presentan dos padres carii!osos
embebecidos en las gracias de un hijito idolatra.do?
¿ Habrá delicias mayores que las que ofrece
un hogar tranquilo en donde reinan el amor y
la. abnegación:&gt;
Blanca era feliz; Pablo parecía encontr11.rse
s1;1-tisfecho; Angel crecía saludable, hermoso,
vivaracho ....
Pero una noche, después que el niño se durmió, sintió el fastidi&amp;do papá vivos desP.os de
salir á. dar una vuelta por las calles. Blanca.
Pxperimentó gran inquietud, mas no se opuso.
Salió Pablo y á buena hora ya. estaba de regreso.
Otra noche volvió á salir y regresó más tarde. Luego, al amanecer. Después .... ya no
volvió hasta pasados tres días; y así continuó
con su misma. vida desordenada de antes, llegando muy tarde las pocas veces que llegaba.
y sp.!iendo luego sin ser visto.
'
Y ¡adiós ventura.de la dulce esposa! .... Y
;adiós monadas del gracioso niño!. ... Murieron las veladas a.legres; se acabaron los bail~R al -son de bulliciosas palmas .... ¡Ya no
más borreguitos de algodón!
Por las noches, mientras Blanca, llorando
en silencio, cosía en la máquina, el rubio angelito, el inteligente chiquitín, sentado en una
silla muy bajita,repasaba. uno á. uno los blancos animaluchos, y besándolos, exhalaba. esos
suspiritos de niño que hacen estremecer los
corazones más duros. Después preguntaba á
su madre cuándo volvía. su papá., y la. infeliz
mujer, dándole un beso, le respondía siempre
que &lt;muy pronto.&gt; Y, luego, el triste niño,
murmurando la duke palahr·a: &lt;papá&gt;, se iba
aletargando poco á poco, hasta quedarse profundamente dormido, oprimiendo contra el pecho un borreguito de algodón. De allí le tomaba. en brazos la amorosa madre, le llevaba á.
1a. cama. y, cubriéndole de besos, le arropaba
muy bien.
U na noche ne mediados de diciembre bacía
mucho frío y blanca teoía á su hijo dormido
sobre las niernas. E ran las diez y la triste
costurera aún no seati11, sueño, y permanecía
sentada mirando dormir á. su preciosa criatura, y pensando en la ingratitud de su Pablo
que así les abandonaba, á ellos que tanto le
amaban .........
De pronto unos pasos disparejos resonaron
en la escalera y se fueron acercando basta cesar precis11mente junto á la puerta de la babi·
tación de B I anca. Esta pensó que sería su esposo y corrió á abrir llevando en brazos á. su
hijo. Abrió y una coriente de aire helado vino
á bañarles, haciendo estremecer al dormido y
,t la . despierta. A pesar de la. mala. impresión,
Blanca. se asomó aún para mirar .... Los pasos no habían sido de Pablo, sino de un veci·
no del piso ·J e arriba. que se detuvo allí para.
encender un cigarro La desconsolada esposa.
volvió á sentarse y así permaneció dos horas
m4s.
Cuando se levantó de allí y se dirigió á la
cama, iba alarmadísima.: Angel estaba enfermo, ardía en calentura. y su respiración era.
muy a¡ritada..
Llegó por fin el veinticuatro de diciembre
con su sempiterna alPgría y su característico
olorcillo á hirrba.s. Por tocJas partes reinaban
la animación y el contento. Las calles se encontraban repletas de gentes cargadas de juguetes, dulces y flores, y los niños pululaban

a,quí y allá, _aumentando el laberinto con sus
¡,itos y so~aJas..
En el primer piso de la gran casa de vecindad donde vivía Blanca, en las habitaciones
de una familia muy amiga. de fiestas, se hacían
grandes preparativos para. recibir con toda
pompa al Salvador del Mundo. Un sin·
número de señoritas entraban y salían con ju•
guetitos de loza., con cucuruchos Je papel 1·ellenos de confites, con cintas, flores y tpdo
aquello indispensable para. una magnífica
acostada de Niño. Entre aquellas jóvenes ll¡¡nas de ilusiones y esperanzas, que aún no habían probado la.s amarguras de la. vida, todo
era júbilo, anima.da charla y sonoras carcajadas.
No sucedía lo mismo allá arriba., en el entresuelo, en una triste y obscura vivienda por
cuyo piso bien se nota.ha que hacía varios días
que no pasaba una escoba,y cuyos pocos muebles estaban desordenados y cubiertos de polvo. En este pobre cuartucho, que era el de
Blanca, se habían enseñoreado la tristeza y el
desconsuelo más profundos. El gracioso rubillo estaba enfermo; el tibarl atáu chiquitín, el .
dueño de los borreguitos,seeocontraba grave,
muy grave .... El travieso Angelito .... ¡se mo•
ríal
Era. de noche. Tres mujeres rodeaban el lecho del pequeño enfermo: Blanca., Gracia y
U'Úa de esas pobres ancianas que husmean dónde ha.y un enfermo de gravedad para. estar allí
presentes á la. hora suprema.; una de esas in·
felices despreciadas por todos y á quienes todo
el mundo aborrece y mira. como á criminales,
por la sola. manía de vestir cadáveres y rezar
últimas oraciones.
La vieja y Gracia permar..ecían inmóviles y
mudas á. la. cabecera.; Blanca, sentada en el
borde de la. cama é inclinada. sobre su 'hijo,
bacía. á. éste mil caricias y exclamaba de vez
en cuando con voz tiernísima., trémula y sofoca.da por el llanto: ¿Dónde te duele, hijo de
mi alma? ¿Qué quieres, mi amor? ¿Tienes
frío? .... ¡No llores, prendecital .... Yo soy tu
mamaíta querida. ¿Me quieres mucho? ... ¿Por
qué no me respondes, luz de mis ojos? .... ¡Háblame, niñito liado!. ... Háblame,encanto adorado! .... ¡Háblame, vor favor! ..... .
Pero el niño no respondía; sus tristísimos
ojos color de cielo estaban fijos en los de su
madre; su pálida boquita entreabierta no se
movía; su respiración iba siendo más lenta á
cada instante.
Blanca se levantó, llenó de leche una. cucharadita cafetera y la acercó á los labios del enfermito ; éste no hizo ademán alguno de repugnancia ni de agrado. La. pobre mujer vertió el
líquido; el niño abrió y cerró la. boquita varias veces y la leche se escurrió por sus pálidas mejillas ....

Sellos Hispanos

tOJ:€D0
¡Qué evocación tu vísta nos despierta
en muros, tallas, mármoles y herra_jes!
¡Ciudad, no es necesario que trabaJes:
tu orgullo es perdurar viviendo muerta!
Una épica. jornada en ca da Pi_ier~a,
por donde entraron pueblos y ltna.~es;
cien leyendas en templos y almenaJes;
y basta en el polvo una lección abierta.
El alma. busca. el góticb postigo
por el que se asomara Don Rodrigo
á. ver·la Cava., que pasión le brinda,
Y el baño de ladrillos encarnarlos,
que a.un parecen estar empurpurados
con las ví~genes rosas de Florinda.
MANUEL

S. PICHARDO.

Noviembre, 1904.

o
PARA UN ARTISTA
Parte la noche en dos el rayo aleve
Y aletea el relámpago un instante
De horizonte á horizonte; el resonante
Carro del trueno se desploma. Llueve.
Llueve, y la tierra sitibunda bebe
Con ansia el lloro de la. nube errante,

-Ya está acabando-resopló la vieja. al oído de Gracia.
-¡Dios mío, Dios míol-murmuró la excosturerilla, cubriéndose el rostro con las manos.
Blanco soltó la. cucharita, retrocedió unos
pasos, y clavando sus crispados dedos entre
~u enmarañado ca.bello, se quedó inmóvil unos
ID~tantes, con la mirada fija en la pobrecita.
criatura. De repente lanzó una sorda. exclamación, como si hubiese encontrado un recurso infalible, y corrió hacia la cómoda. Tomó
de allí una cajita blanca de cartón; volvió con
ella. hasta el lecho de su hijo; la destapó, y sacando algunos borreguitos de algodón, los
presentó al niño, prorrumpiendo al mismo
tiempo en una serie de exclamaciones tan ca.riñosas como tristes.
El nii!o permanf'cía inmóvil y mudo, con los
tristísimos ojos color de cielo siempre fijos y
los descoloridos labios entrenbiertos.
-¡Angel!. ... -dijo muy quedo la desola.da
madre, apartando con ambas manos los dorados rizos que cubrían la blanca frente del chiquitín ....
1Silencio sepulcral l. ...
-¡Angel l. . .. -gritó, levantando, fuera de sí,
la rubia cabecita. .....
El nii!o no respo:idia; continual::a con los
ojos siempre fijos y entreabierta la boquita..
El Angel que fué la única alegría de aquel
pobre bogar...... ¡había volado al cielo! .....
Blanca. ya. no lanzó un grito, no exhaló un
sollozo, no ver-tió una. lágrima. Se volvió hacia. sus acompañantes, y con una intensa mirada. de id iota envolvió á las dos mujeres.
Gracia, abrazándose á un pilar de la cama,
rompió á llorar; la. vieja se hizo disimulada y,
fijando sus miradas en un cuadro de la Virgen
de los Dolores, comenzó á. mover los Jabíes
como si rezara, mientras una lágrima peque·
ñita iba dando tumbos por entre las sinuosidades de su rostro apergaminado.
Dos ó tres horas más tarde, el cuerpecito de
quien fué el inteligente, el charlatán Angelito,
estaba tendido sobre una pequeña mesa. cu_bierta con un paño blanco, casi escondido en·
tre un diluvio de flores que Gracia había llevado.
Blanca. permanecía muda. inmóvil y con la
vista extraviada. De repente se quedó mirando fijamente al muertecito, y sus labios se contrajeron con extrai!a. sonrisa; después iué á
buscar la cajita blanca de cartón; sacó de ella.
los borreguitos, puso uno entre las enjutas y
amarillentas manecitas del que fué su encanto
sobre la ti'3rra, y colocó los demás entre las
flores. Luego volvió á sentarse y prosiguió inmóvil, silenciosa., divagada.
Al poco rato resonaron en la escalera unos
pasos disparejos que se fueron acercando.

Después se escuchó una voz destemplada Y
hueca que hacía supremos esfuerzos por tara.•
rear una canción vulgar......
Blanca lanzó un grito, se incorporó bruscamente é hizo ademán de huir; pero se quedó
allí clavada y sus labios volvieron á contraerse con la misma extraña. sonrisa de momentos antes.
De pronto se abrió la. puerta y apareció .Pa.•
blo tambaleándose.
Blanca. se adelantó en silencio, le tomó de
una mano, le condujo basta muy cerca del
montón de flores, y, señala.nao al muerto, le
dijo al oído:
-¡Nuestro Nii!o Dios!. .....
Pablo abrió los ojos desmesuradamente,
lanzó un brami.do terrible y retrocedió espantado.....
Blanca le miraba fijamente con sus grandes
ojos de idiota., y sus pálidos labios seguían
contraídos con la siniestra. sonrisa.....
Gracia, abrazada al pilar de la cama, exha•
Jaba sollozos muy hondos, y la vieja, arrodillada frente á la. imagen de la Virgen, rezaba
en alta voz, mientras un raudal de llanto corría por sus enjutas mejillas.
Sonaron las doce.
Abajo, en la. habitación de aquella. familia
tan amiga de fiestas. la orquesta. rompió á. tocar, y acompañada de panderos, pitos y sonajas, un alegre coro de frescas voces cantó:
&lt;Aromas se quemen de plácido olor;
«Delante del Niño derrámense flores;
«Adórenle reyes y pobres pastores
&lt;Y cantos se entonen al Dios Sal va.dor&gt;.

Mientras que el aquilón con su pujante
Soplo las sel vas y la. mar conmueve.

l:il'I l:iL 01:iSll:iRTO

Ruge el torrente acrbcentado, el río
Desbórdase y anega la llanura,
Y en medio á tanto horror, la luna, el frío

'
Rostro muestra en fugaz desgarradura.
Como una calavera en el sombrío
Recinto de una inmensa sepultura.
1904.

JULIO FLOREZ.

LÍMBANO CORREA MERINO.

Se hunde el sol en ocaso. y al hundirse figura
ignicente _pupila que tenaz parpadea, •
con Sl\ngrie,itas oleadas, el desierto empurpura.
y empurpure. le. nube que en el éter flamea.
"Hasta el jaiqne del moro, que sus rnos murmure.
tinto en viva escarlata, como SRngre chorrea
•
por el anca huesosa, macilenta y oscura
del paciente camello, que el oasis rastrea..
Los matices del rojo fücendianrlo el ambiente ·
llue,en polen de hlego en la paz del Oriente; ·
y en el tnl.g1co nimbo, con su dura sonrisa
Sl\ludando á la comba rutilante v desierta
se levanta la Esfinge, como eterna divisa '
como eterna divisa de una raza ya muerUL.
ALBERTO HERRERA.

A un Converso

~~p

VESPER
Marchabas sin mentor, cuando entre flores
sorprendiste un zagal que, recostado,
tañía el caramillo delicado
cuidando sus cabritos trisca.dores.
Era Virgilio-rey de los pastores,á él te llegas, feliz y emocionado,
y le dices: «Señor, ·pues no has negado
impa1·tir tus miríficos favores,
perdona si, extraviado en mi camino,
famélico me acerco á mendigarte
algo que me conforte ... voy sin tino;
tu pan intelectual conmigo parte,
da.me á beber I as heces de tu vino...&gt;
y te dió en comunión al dios del Arte!
JUAN

B.

DELGADO.

(POSTAL)

En este paisaje
yo quiero que mires
la luz que se alE&gt;ja.,
la tarde tan triste ..... .
Los pájaros mustios
que vienen de lejos
trayendo despojos
que anhelan los cuervos·
las rubias espigas
'
de tallos resecos
que alados cantores
inclinan al suelo ....

··¡Q·u·~ t~· ~-1~~- t~~- ¡,¡·a~~-~···
no tenga en su ocaso
angustia tan larga!
LEoPOLDO,

�-Et MUNDO ItUSTltADO

Et MUNDO llUSTltADO

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LEYENDA ORIENTAL
Er, ui, albun,

dejando, tras la sorpresa,
el mundo con sus desvíos,
despechada á la princesa
y sus salones vacíos.

L! BAND&amp; REPUBLICm DE PARIS

Y la Banda de Artillería

Para recibir honores,
según cortesanas leyes,
de encopetados señores,
de príncipes y de reyes,

¿Qué es tu álbum? Un palacio
donde por rendirte honores,
buscarán, Margot, espacio
prosistas y trovadores.

en el anchuroso espacio
de una vega floreciente,
mandó construir su palacio
una princesa de oriente.

Mas al hallar á sus puertas
un trovador peregrino,
con las alfor¡as cubiertas
par el polvo del camino,

Se irguió al fin en la campaña
la soberbia construcción:
pasmo de la gente extraña,
de la propia, admiración.

temiendo estoy, Mar&lt;&gt;'arita
que contigo nuevamente
la leyenda se repita
de la princesa de oriente.
U. A. PÉREZ.

Mas cuando fueron abiertas
á las voces de la fama,
puso un_m.endigo á las puerta!
de s~ palacio la da-ma,

Y refieren los anales
,que, por' aquella locura,
'nadie cruzó los umbrales
de la regia arquitectura;

.

~
~

I

~

,,

,.:· .

?-ir~=:,.,...,,..,

En este número publicamos una fótografía
en que aparecen, formando un solo grupo, el
personal de la Banda Republicana de París,
que es sin disputa una de las mejores del mundo, y el personal de la Banda de Art_illería.,
que nuestro Gobierno envió al Certamen como
parte del contingente militar de México.
El grupo está tomado al pie de uno de los
principales y mií.s hermosos ed1ficios de la Exposición, y en él puede verse en traje de gala.
á todos los ejecutantes de una y otra corporación. Al frente del nuJl1eroso personal figura~
el Director de la Banda Republicana Y el D~rector de la de Artillería, Sr. Capitán D. Ricardo Pacheco.

.

Las fotografías de la Legación de Esp~ña.
que publicamos en nuestro número anteri r,
fueron tomadas por el conocido fotógrafo r.
Napoleón,

8

PUESTOS DE LA CRUZ ROJA JAPONESA FRENTE Á PUERTO ARTURO,

UN SOLDADO RUSO SOCORRrENDO Á UN OFICIAL JAPONÉS.

�Et MUNDO ILUSTRADO

LA MODA EN EL HOGAR
SOMBR!ROS Dt INVlfRNO
nues1ras lectoras en la figura. 1, un sombrero que no dejará de a.irra.da.rles: primero, porque es coqueto y gracioso, y, en seguida., porque junta. lo útil á lo
a.grada.ble; no es frágil, cuesta. muy poco y
puede llevarse desde este mes hasta. fines de
abril; su ejecución es muy sencilla., mas un
poco larga. á ca.usa. de los &lt;coulissés&gt; que ha.y
que hacer en el tafetán; pero las personas que
emprendan este traba.jo, quedarán seguramente satisfechas del resulta.do obtenido, pues un
sombrero de tafetán &lt;coulissé&gt; como éste, es de
una. solidez á toda. prueba.
Precisa tener cuida.do en la. elección de un
tinte de tafetán que no se descolore con el uso.
El rojo grosella. muy sombrío, el color &lt;pensamiento&gt; del tafetán de que está hecho el sombrero de nuestra. figura. 1, son tintes muy hermosos y dura.bles; a.l contrario, los rojos claros y mal vas morirán con el contacto de la. 1uz.
En general, para. un sombrero de día, es preferible escoger un tono obscuro. Un tafetán
ca.sta.íl a. ó nutria. sería. encantador, guarnecido
de rosas &lt;té&gt; ó de un pájaro en los sombríos
• amarillo y naranja.: algunas veces los verdes
claros hacen también buenos matices. En fin,

E

NCONTRARÁN

NÚMERO l.

sombrero. Se fruncen los dos bordes de la. banda. y se fijan: uno en el interior de la copa,
donde se disimula con el forro; el otro secoserá encima del ala y se oculta. bajo la. drape•

Si el a.la es entera.mente coulisée la. copa to
será también. Se empleará pa.ra e~to una. banda. de tafetán de 18 centímetros de altura, 80•
bi:e 1.20 met~os de longitud. Se ejecutará el
mismo tra.ba.¡o que pa.ra.. el a.la., haciendo los
pequeños phegues frun~1dos de medio centímetro ca.da. uno y espac1ándolos 3 ó 4 según
lo alto de la copa.
•
'
Si el sombrero tiene una drapería. de terciopelo, no será necesario recubrir la. copa. con
tafetán fruncido, bastando colocar bieses de
tafetán plano y bien tensos.
Los S{mU)re'fOS en general. -Hablando ahora
de los últim&lt;?s estilos, han alcanza.do el éxito
los &lt;lampar~lla&gt;, marqués, tricornio y otras
formas semeJa.ntes.
Son preciosos los pequeños marqueses &lt;Napoleón&gt; en fieltro negro, con un triunfante penacho blanco. Muy en boga están también las
capelinas de anchas ala.ti 6 sombreros &lt;Restauración&gt; en terciopelo negro, a.travesa.dos
por una larga amazona blanca; el efecto es un
poco duro, pero armoniza bien con las grandes boas de plumas blancas que todas las da.mas usan por la. tarde.
Se vuelve tambié n mucho á los fieltros Luis
XIII, remangados bajo una bella pluma.. He
visto UilO en fieltro &lt;tierra de Siena» con una
corona de minúsculas plumas «colimagonnées&gt;
de color c~ampaña, posada alrededor de la copa, y una Inmensa amazona alargándose á un
la.do. Este género de sombreros es muy seductor y puede usarse de día. y de noche, en el teatro y en las visita.,·.

NÚMERO 3.

NúMERo 2~

para. la. noche se podrá da.r la preferencia. a.l
tafetán blanco nevado, el cual a.parecerá muy
elegante adornado con plumas bla.nca.s ó gruesos coles muy apretados de tul blanco, ó también con bouquets de violetas de Pa.rma..
Sobre un sombrero negro ó blanco se pueden colocar plumas sombrea.das verdes·ó a.zu•
les; a.mba.s son igualmente lindas y muy &lt;chic&gt;.

ría de terciopelo (fig. 3). Si se elige un som•
brero de tafetán blanco ó gris, ó si no gusta.
la. dra.pería. de terciopelo, Ja. banda. fruncida.
deberá recubrir entera.mente la cara. superior
del a.la. y montarse alrededor de la copa. (fie-.
4); en este ca.so se cortará el tafetán sobre 31
ó 32 centímetros de altura., y se a.umenta.rá el
número de cabeza.s fruncidas.

***

Coulisage del tafetán.-Escója.se para. este ~énero de sombreros una. forma. muy tiesa.. Se
puede utilizar de una. manera. excelente un
sombrero de pa.ja. viejo, pero que conserve
buena. forma..
Córtese derecho, á lo la.rgo de la. or-illa. del
tafetán, una banda de 2.50 metros de longitud,
sobre una. u.ltura. de 22 centímetros, admitiendo que el a.la. del sombrero mida. a.delante 13
centímetros. Márquense los puntos de reparo
con hilo blanco, separando a.sí la. banda.en cuatro porciones en el sentido longitudin!l.l: el
medio de la. banda. correspenderá a.l medio delantero del sombrero; los dos extremos del tafetán se juntarán atrás, y los otros dos puntos de reparo se dejan á los lados del sombrero; de esta suerte los frunces quedarán plegados con uniformidad.
La primer fila de frunces se hará á los 5 centímetros de distancia, del lado de la. orilla del
tafetán (fig. 2); allí se hace un pequeño pliegue de medio centímetro de altura, el cua.l,
una. vez fruncido, formará una. cabeza que seguirá el borde del sombrero; á cuatro centímetr.os de este borde, un segundo plieguecito,
igual a.l anterior, queda. debajo del ala.. Acaba.das la.s dos hileras de frunces, se dispondrá, con a.yuda. de alfileres, la. banda sobre el

NÚMERO

4,

Vemos igualmente las capelinas de anchas
alas, de copas derechas y altas, en terciopelo
fruncido, con un penacho de ph1mas muy levanta.do y una. drapería en tul que cae sobre
los hombros en una sola brida., á menudo única, que se enrolla contorneando el cuello en
una. nube vaporosa, muy dulce por el tinte.
Estos sombreros, de vastas proporciones, no
dejan de ser incómodos para. la. noche: figurémonos lo que dirán nuestros pobres vecinos en
el teatro, de las imprudentes que no se quitan
el sombrero, si las modistas no discurren algunas formas más moderadas.
Daremos una buena. idea. para toca: imagínese un fieltro rojizo, cuyos bordes están en•
rolla.dos sobre la copa de manera. de producir
una. forma alargada. y estrecha; á la izquierda., una fa.ata.sía. de paraíso matiza.do, pasan•
do del naranja al blanco puro; los bordes del
sombrero llevan una banda. de paño blanco
pespuntea.do. Esta. toca, sencilla. y sobria,
acompaña muy felizmente los trajes sastres,
E l marqués es asimismo cómodo para sa.li- .
das diarias.

EXPLICACION DE LAS LAMINAS
FIG. 5.-Tres hileras de cinta de terciopelo

NÚMERO

5.

se acomodan franjeando la parte media de la
cara inferior del ala. La copa tiene una roseta de cinta en un la.do y una de flores en el
otro.
FIG. 6.-Esta atractiva. toca es de color sua.vo; se enrolla. graciosamente á los lados y se
adorna con una. grande rosa del lado iz·
quierdo.
FJG. 7.-Esta ca.pelina de castor y terciope·
lo sua.va, se adorna. con malina y rosas.
FIG. 8.-Este sombrero es de fieltro blanco
y terciopelo negro; muy á propósito para traje sastre.

COLONIA CUAUHTEMOC
La más hermosa Colonia no sólo por su posición,
que lo es contigua al Paseo' de la Reforma, sino porque las personas que están comprando lotes, pertenecen .á lo más granado de nuestra sociedad, quienes desean construir magníficos edificios, que, en
époc.a no muy lejana, llegarán á ser el lugar más de
moda y el centro de las lujosas residencias de la
ciudad de México.
Sírvase investigar el alza á que ha llegado en esta parte de la ciudad, de algunos años á esta parte,
y se convencerá de q_ue no hay inversión más segura ni de más brillantes resultados que la que le ofrecemos.
Por un acuerdo especial, se ha prohibido, para
siempre, establecer pulquerías ú otros establecimientos por el estilo en esta Colonia. Siendo este
lugar p&amp;ra edificar fincas que llenen todos los requisitos de salubridad y, por consiguiente, para que
residan personas de refinada cultura, se hacen necesarias estas restricciones.
En menos de tres meses se ha vendido cerca de
la cuarta parte de este terreno, y esperamos quepara fines del presente año, todo, los lotes habrán sido
tomados, y dentro de unos cinco años, este lugar será el más hermoso y saludable de la Capital de la
República.
Oreemos que en un tiempo no muy remoto, México llegará á ocupar la primera fila por sus edificios,
en el hemisferio occidental. Tiene la ventaja natural, que no gozan otras capitales: salud y cultura.
Continuam-0s vendiendo lotes bajo nuestro mismo
plan, es decir, veinte por ciento al contado y el resto en nueve años• .Ningún interés se paga sino despnés de que se hayan concluído: calles de asfalto,
banquetas de cemento, drenaje y un sistema completo de agua.
¿Hay algnna proposición d·e terrenos mejor que
é.,tn~

r:ra mayores informes, dirigirse

á

liil!d Sü~ y Mewn Trust company,
PlimiUSUfmma,4,

á i los Sres. PrtvtJst &amp; van,
Priman·, lle Sil frn:lsu, 8.
NÚMERO 6,

NÚMERO

7.

_NÚMERO 8.

�Año XI-Tomo 11-Nllmero U

GRANDES ALMACENES DE

Domingo 11 de Diciembre de 1904

El Palacio de Hierro. S. -A.

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Año XI.-Tomo 11.-Número":,24.

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Registrado como artfculo de eegunda clue, en 8 de Noviembre de 1894.-Impreso en papel de la Fábrica de San Rafael.

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�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1904, Año 11, Tomo 2, No 23, Diciembre 4</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Aventura de Don Pascual</name>
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