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                  <text>AL PUERTO DE VERACRUZ
J GR!~~~~o!~~!~~~~~~A~Ec!~~!}As~J?R~~E~ J

L
MEXICO, DICIEMBRE 25 de 1904.

Año XI.-Tomo II.-Número 26.

e,reall: LUIS REYES SPINDOU,

Director: Lic. RAFAEL REYES SPINDOU.
Secretario de (tedacci6n: Jos~ Gdmez U1arte.

·

,

Registrado como articulo de segunda clue, eu S ~ Noviembre de 1894,-Impreso en papel de la Fé.brlca de San Rafael.

TI.a~§ ~Fil§ ~~RWID)I6§ V M1I6JJ~~
§ [J ~,r Il fil)~§ fil) I6 L1\l ~ I6 Ilt&gt; ITJ1E3 TI.a Il ~ ;Al

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ESCUCHANDO.

�Et MUNDO ItUSTRADO

Inhorto.-Llvta BerlendJ.-~ Qolén ea "Zazá" ?-Italia
Vltallant.

E ,STA crónica. esperaba. vestirse bien, como las fantasías becquerianas, para. poderse
presentar dec!'nte en la escena. del mundo . ...
del ''Mundo Ilustrado," se entiende, que no
ha.y que amplificar de tal manera. los deseos,
que resulten á la postre ridículos por exceso
de fatuidad y presuacióa.
La escena. en que pueden andar mis crónicas
es pequetla, tanto que los límites á que ahora.
está circunscrita se recorren en un abrir y cerrar de ojos, si bien es verdad que encierran
una pe.labra grande en la que ca.ben muchas
cosa.s, todas las cosas que uno quiera. La es·
cena de mis artículos es un mundo .... pero entre comillas.
Cuat.ro signos ortográficos, como cuatro garfios, aprietan esta voz hermosa. cuyo infinito
significa.do se escapa, á pesar de la. tortura. á
que está sujeto, como un perfume sutil de idealidad .Y ensue!!o. La célebre frase de Musset
a.cerca de su vaso, me viene á la memoria para
aplica.ria. á propósito ce mi reaparición en este periódico y en esta sección: mi mundo es pequetlo, pero sirvo en mi mundo. La verdad es
que, de cerca. ó de lejos (casi siempre de cerca).
no he deja.do de estar aquí, coa mis amigos,
con mis cama.radas, con los míos, no sólo aq uellos á quienes conozco y con los cua.les he
compartido el pan y el viao de la. vida, es de•
cir, mi ca.roe y mi sangre, sino también
los otros, los desconocidos, los que nos finge
la. ilusión en una leja.na penumbra. como mirándonos y escuchándonos y siguiéndonos;
alma.s atada.s á la. nuestra por un hilo de luz
misteriosa á través del cual aos comunicamos
impresiones íntimas. Es consolador pensar
que allá lejos, ea un remoto é indeciso horizonte espiritual, ha.y manos paternales que se
nos tienden, y ojos curiosos que aos miran con
piedad, y buenas sonrisas que nos alientan y
una que otra. lágrima. compasiva que cae alguna. vez cuando se nos escapa. uaa. queja entre
las fruslerías literarias de la crónica. El célebre D' Aurevilly ere$a tener treinta y seis lectores; no era.n muchos por cierto. Sin embargo, él \uvo la. va.nlda.d d11 contarlos. ¡Cuánto

:Et MUNl&gt;O ILUSTRADO

con un desengallo. Aquel que había. venido del
mundo de los honrados á holgar un tanto su
fastidio con los ósculos que se pa.gan y los
frívolos afectos que se olvida.o, se volvió á
casa., limpiándose el alma. del amor de &lt;Zazá&gt;
como se limpia uno el poi vo de las botas cuan:
do llega. de la ca.lle.
«Z azá&gt;, siguiendo su ilusión, tal como un
chicuelo s igue á un pá jar o que se le escapó
de la. ma.ao, se asomó á ese DJUado de la virtud. Iba. iracunda. y celosa: pensaba. eacontr&amp;r3e con una. riv al , y ao, se eacoatró con
una nilla. Era. una. hija del amante infiel. Entonces se estremeció el infecundo seao de
&lt;Z azá&gt; y una. onda. ams.rga. imp·regaada de
ternura, a.bogó su última. espera.aza: la. de aer
madre.
A s~ es. &lt;_Zaz~&gt;, mujerci~a de boule-i:ard, caprichos1lla, 10qu1eta, con histerismos bajos- herencia ma.ldita de sus genitores a.lcohólicos con a.nsias nobles de beberá grandes sorbos
la. vida., con lúcidas aspiraciones á subir del
lodo en a.las de un amor bueno, con vagos y
dulces sueños maternales que le cantan a.! oído
suaves palabras y le pinta.a, entre la niebla.
del futuro. risueñas cabecitas rubias ....
Así es cZazá&gt; .... y a.sí surgió, eae ser carne de placeres y saco de sufrimientos, de
la. extraordinaria. faculta.d expresiva de Livia.
Berlendi.

mejor es adivinarlos, presentirlos, imaginarlos, innominados y esfumados en uaa indecisa
aspiración, no de gloria., sino de simpa.tía! No
son precisa.mente lectores, soa fantasmas de
lectores y se parecen á esas nubes del crepúsculo que forjan con un poco de luz y de vapor
cuanto anhela. la imaginación en sus infantiles
delirios.
Y á estos mis fantásticos lectores les diiro
medio a.vergonza.do y cariacoatecido: Buenos
días. Y comienzo á balbucear mi disculpa: la
crónica debía venir mejor vestida, pero poco
acostumbrada. ya. á la. elegancia. de sa.lón y sí
a.l trajín diario de la prensa, no se perca.ta.be.
de busca.r los figurines de I a moda. ni, como
antes solía., desprenderse los veinticinco alfileres; a.oda.be., por el contrario, como Dios le
da.ba á entender, con tra.je holgado y cómodo,
con el propio pa.ra hacer todo movimiento sin
temor de echar á perder la tela ni de que lamotejaran de presumida. y petimetra..
Hoy, ca.si de improviso, la. obligan á pergeila.rse, y prendiéndose una. florecilla. retórica.
aquí, y un listón poético allá, y un viejo fis·
tol de metáforas donde caiga., así al vuelo, comienza. á ha.blar deshilvanada.mente á sus lec·
tores imaginarios ... . y les dice:

a.zul un hilo de oro que se deshace en un efímero crisántemo de chispa.a. ¡Ah! Las posadas;
la. noche buena.
¡Con razón na.die piensa, por ahora, en cZázá&gt;, la. buena., ni en &lt;Ma.gda.&gt;, la. desgracia.da.!
LUIS G. URBINA.

~¡,

LA LOGICA Y EL CRIMEN
IBN la. psicología de todo criminal descuella.o, al gra.do de constituirla. casi por completo, dos hechos: un extra.vio mora.) y un desatino lógico.
Si descontamos los criminales rematada.mente locos, po1,eídos de a.luc!naciones, presa.
de incorregibles delirios, que viven en ese ma.ca.bro mundo a.parte en que todo es sinrazón
y a.bsurdo, en que ni las emociones, ni los peasa.mientos ni la. voluntad siguen leyes definidas, ni derroteros norma.les ni principios raciona.les; si descontamos este género de delincuentes que, propiamente, no lo son ni a.ate la.
ley civil ni ante la. ley moral, todos los demás,
aun los desequilibrados, aun los extra.vagantes, aún los fronterizos de la. locura.,entran en
nuestra. fórmula.
De esos dos elementos fundamenta.les del crimen, uno, el extravío moral, es el más percep·
tible, el mejor conocido, el más público y el
más notorio. Toda una gra.n categoría. de delincuentes lleva. el nombre de &lt;pasionales&gt; y se
ca.ra.cteriza. por el ímpetu, por da ceguedaa&gt; y
y el &lt;arrebato&gt;,como dice el Código Penal,que
los arrastra. a.! crimen. Ta.les el caso del celo•
so que sorprende,6 cree sorprender, á su ama.da en fia.gra.nte delito de infidelidad y la. &lt;pasa.
por ojo&gt; á tiros ó á cuchillada.s. Ta.l igualmente, el del retlldor que por un guillo ma.l sonante ó una pa.la.bra. peor dibuja.da.,desnuda. la. cha.veta. y la. emprende á puñala.da. limpia con su
propio padre, so pretexto deque es &lt;muy hombre&gt; (no el padre, sino el hijo, ó por mejor decir, hijo y padre, puesto que en México,eR cosa.
bien sa.bida., todos somos cmuy hombres&gt; hasta. la. quinta. generación y subsecuentes; ósea,
más a.llá de la. maldición bíblica) . Ta.l, también, el que contesta con un &lt;golpe de revólver&gt;, que diría. el ma.rqués de S. Basilio, á un
pisotón extraviado en Ia. P Ia.za. de J a Constitución un 15 de septiembre á. media noche á la.
hora. de «El Grito&gt;.
En todos estos &lt;ta.les&gt; domina.o, predominan
y superdominan,respectiva.mente, la ira épica,
la. cólera. blanca, el amor ciego, el dolor intolerable; son,pues, pasionales en toda. la. extensión del término,y el extravío moral, pues que
en el orden mora.! hay extra.vio siempre que
ha.y exceso, &lt;prima&gt; y domina., sin excluirlo,
al desatino lógico.
Pero hay otros eta.les&gt; en quienes es el razonamiento de pie de banco, el silogismo de cua-

***

***

¡Gran triunfo el de la. Berlendil ¿no es verda.d? E ita a.rtista, que carece de otras fa.culta.des, pero que tiene la. supremll facultad de uaa
expresión extraordlna.ria., halló ópera. en donde esta.r como una. esta.tua en su hornacina.:
cZazá&gt;.
V es que cZazá&gt; interesa. por los recuerdos
que evoca: es un tipo común de la. vida moderna., un ejemplar de cocotte medio romántica;
medio calcula.dora., mitad tierna., mitad caprichosa, que un bello día se encuentra, sin saber cómo, caída en la trampa del a.mor. Goza,
sufre, llora., ríe, pega. y a.caricia, besa y muerde, y, á tonta.s y á Joca.s, entre seria y casquivana., va. enhebrando en su idilio callejero,
la.s apa.sionada.s ilusiones de la.s mujeres de
veinte a.lios. Porque á pesar de todo, «Zazá&gt;

'

Otrn triunfo artístico: el de Italia. VUalia.ni. A esta. comedianta. de altos vuelos dra•
máticos, no se la. puede juzga.r aún. Es preciso, para ello, verla. recorrer el tabla.do en
otras dolientes figuras de mujer. La hemos
visto en día.ría Estuardo&gt; suprema. de a.ltivez
regla. y de dolor orgulloso; en «María Antonieta&gt;, magnífica de inspiración trágica, en la.
«Locandiera&gt;-otra faz de su ta.lento-subyugadora. de gracia. coqueta. Sin embar go, no
es posible juzgarla toda.vía.. Pa.rticularmente,
los dos primeros papeles son de elevada. entonación melodramática, pero carecen de psicologia No son estudios de almas. El más compuca.do de los ca.ra.!teres teatrales que hasta.
hoy nos ha presentado la Vata.liani, es «Magda&gt;. El engranaje pasional ds esta mujer del
Norte, sí tiene un difícil mecanismo. La. lucha.
íntima. de esta. ca.ata.ate, más refinada, pero
menos buena. que &lt;Za zá&gt;, se traba. entre dos
amores: el filia.! y el paternal. Vence éste; vence la ma-dre á,.la lrija, pero, ¿con qué sufrimiento y, sobre todo, con qué remordimiento?
Magda, en un arrebato de orgullo, en un brioso ímpetu de libertad, a.sesinL, á su padre
(¿qué, no es un asesinato esetremeado ultraje
de enérgica slncerida.d, a.rrojado á la. blanca.
ca.beza del coronel Lelke, dentro de la cual no
ca.mbian más que dos ideas aferra.das y tercas:
la. rígida disciplina. de la familia., el estricto
cumplimiento del deber?) Pero esta parricida.
no nos causa. horror; no provoca. indigaaclón,
sino compa.sión. No es perversa, no, es des•
gracia.da.. Y una multitud de estados de alma,
hábilmente combinados por Sudderman, nos
la. presenta, ya. tierna., ya voluntl)riosa, ya.
dócil, ya ira.cunda; mala., nunca.
Y este tipo de &lt;Magda&gt; ha sido interpreta.do con sumo talento y suave finura por la Vita.lía.ni. Pero toda.vía no hemos visto bien la
fuerza. y la. estatura. de la. actriz; ahorg, está
inclinada. calzándose el coturno. Esperemos á
que se ponga. en pie.

***

Se oyen á lo lejos, en la fría serenidad de
la. noche, coros letárgicos de niHos y villa.acicos populares. Un cohete, al subir, pinta. en el

---

ITALIA VITALUNI.

LIVIA BERL.ENDI.

tro términos, el sofisma. de confusión ó la falacia &lt;post hoc ergo propter hoc&gt;, el que los
arrastra. a.l delito, los hace navega.r en la. justicia. correcciona.l y enea.llar, mondos y lirondos, en ba.rtolinas.
Los razona.mlentos de esta suerte de criminales arden en un ca.ndil. Ta.! ha.y ,porque hay que
seguir con los &lt;ta.les&gt;, que arra.nea do como las
mangas del cha.leco,juega. la. decena fundado en
que cde dos de un color á la mayor&gt; y en que
nunca viene un a.s &lt;pa&gt; un rey, y se lleva. los
fondos de la. cl\ia. de su pa.tróa para. apostar
una ca.moniaa. á espa.das, infa.lible como S S.
Pío X y segura. como la. muerte del pecador; y
del justo, podríamos agregar.
En este orden de ideas nada. me sobrecoge
más, si ca.be el término, que el razonamiento
de ciertos delincuentes que, perdidas la. paz y
la tranquilidad, públicas ó privadas, matan ó
roban á. alguien para. recobrarlas. Natura.1meaie, si antes del crimen ca.recía.n de paz y
de tra.nquilida.d, después de él nada es más
precario que su tranquilidad y su paz, llámense privadas, llámense públicas.
Ejemplos: Tenéis un enemigo acérrimo, morta.!, que no os deja. á sol ni á. sombra., que se
os atra.viesa a.! paso en todos vuestros intentos, que con sus chismes, intriga.s, empresa.a,
turba. vuestra paz y embaraza. vuestra carrera;
que soñáis con él, que os lo encontráis hasta.
en la. sopera., que escribe en los periódicos y
os dice lindezas, redacta anónimos ca.lumniosos á vuestra. esposa., etc., etc. Al ai'io habéis
perdido, si sois cándido, sesenta gr11mos de
peso bruto, y merecéis serlo por ha.barios perdido; ha.béis ma.l dormido, por falta. de carbonato, dos ó tres noches; se os ha derramado
la. bilis por deficiencias en la culinaria. doméstica.,y un bello día os decí11 á vos mismo:cEsta.
situación es insostenible; Sóstenes ó yo, no
ha.y más remedio; es fuerza que yo recobre mi
tranquilidad; que vuelvan para mí á sonreír
las mismas dláfa.aa.s a.urora.s; que en mi hogar
blanco y puro, tornen á surgir los días felices
y las noches apacibles; que todo vuelva á ser
a.buadancia y prosperidad; sonrisas y no an¡rustias; placeres y no dolores; que mis hijos,
cohibidos y humilladc,11 por las calumnias de
ese bandolero de Sósteaes, puedan levantar
a.Ita. la. frente y enorgullecerse de un padre hoy
vergonzante y a.poca.do ante la .i.udacia. y la.
avilantez de un enemigo gratuito. Y ella., la.
dulce y a.bnegada. compa!!era. de mi vida., sedienta de bienestar, de dignidad, de posición
bien gana.da. en fuerza de vit~udes y de l,lenesta.r bien conquista.do con su labor humilde, pero inteligente y digna., que levante un día. la.
frente y excla.me: ¡soy su esposa! digna. como
él del apta.uso de la.s multitudes y de la. estimación de las mujeres honradas.
¡ Y á ello! Un bello día., como decía. el Dr.
La.vista., en la piquera. de ls tienda. se suscita.
una discusión, se agria.o los ánimos y el honrado padre de fa.mili&amp;, el perseguido, el· sediento de honra. y de tranquilidad ...... ¡ paf!
le enja.reta. á Sóstenes un rifiazo calibre cua.-

tiene ilusiones-¿quiéa no ha. visto caléndula.~ á la. orilla. de los paatanos?-y una que ha
echado más raíces en su cora.zón, como que en
él ha. encontrado savia de juventud y de ca.ritlo. La primera ilusión de &lt;Z azá&gt;, es ser a.ma.da. honra.da.mente y eternamente. Esta dolorosa. na.dería, que es el idea.) de cualquier perdida, toma. cuerpo en el espíritu de cZ 11zá.&gt; y lo
llena., !o colma, lo a.nega..
La estrella. de café- concierto que hacía. gultlos picarescos, se puso pálida. y pensa.ti va.
Y lo que comenzó con una. travesura., aca.bó

_,.__-,
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~~
CARLOS DU SE,
Primer Actor de la Compañia Italiana de drama.

1

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~~-=====-:--'

PESCADORES.
(DlhJo dt Llllo),

renta. y ocho,que «bastó&gt;, como dicen la.s revis•
tas taurinas.
Y ba.stó, en efecto, no sólo pa.ra despena.r al
difunto, sino también pa.ra. aeshoarar al mata.dor, pa.ra. confinarlo en bartolinas, para.
hundir á su fa.mili&amp; en la miseria. y en la. vergüenza., y para. que el delincuente perdiera no
sólo la poca. tranquilidad de que disfrutaba.,
sino también toda. aquella. á que él y su familia. hubieran tenido tal vez derecho, si su jefe
hubiera. ra.zona.do con más lógica. y demostrado más sentido común.
¿Otro ejemplo? Pues ahí va.. Días pasados
un carnicero mató al actuario de un juzi;:ado
gue procedía al embargo de su carnicería..
¿Que por qué lo ma.tó? N:ld&amp; más simple ni
más idiota.: lo ma.tó porque, dice el delinouente, el embargo lo hundía en la. miseria.
¿Y el crimen, preguntamos nosotros, le asegura.be. la. prosper1da.d y la. grandeza? ¿ni siquiera. el bienestar? Se dice de Lattitte que hizo
su fortuna. recogiendo del suelo un a.l.filer. Pero hasta. a.hora. na.die, que se sepa, ha. mejora.do de condición a.sesinando actuarios de juzga.dos. El crimen del carnicero en cuestión
es, pues, Idiota., ilógico.
¿Y qué tal los que roban para. salvar su lwnra, comprometida 6D la. firma. de un pa.ga.ré ó
en una. deuda de juego? Estos dan idea. de la.
lógica del conde Ugolino que, dicen los franceses, se comió á sus hijos para impedir que
murieran de hambre.
¿Y qué tal los que se suicidan para no deshoara.rcon,sus estafas y topillo11 el nombre que
llevan? Estos dan idea. de los que, acosa.dos
por las chinches, LES QUEMAN EL PASTO pa.ra.
acabar con ellas. Es la misma lógica. La. mis•
ma., idéntica.mente, que la de ciertas mujeres
que SE LA PEGAN á su marido para. salvar su
honra comprometida. en algún negocio turbio.
Yo conocí á . un individuo que, enamorado
á muerte de una virtuosa. joven que le pagaba
en la misma. moneda, y deseoso de labrar su
felicidad, robó laca.jaque le estaba. confiada.,
para. montar su casa. y realizar su enlace. Casóse, y en plena luna de miel, le cayeron, lo
encerraron en Belén, ea donde aún pernocta.
y espera. una. sentencia. de uaos ocho á doce
ai'ios de prisión. Su esposa. en tanto (ya es
madre), en el paraíso, en la. gloria., en el empíreo, feliz como un ángel, viuda. en vida de su
esposo; su hijo, huérfano ya., en vida. de su
padre y, natura.lmeate, lleno de gratitud y de
11mor al sa.l va.je granuja. que ha sabido hacerlo ta.o plenamente feliz.
El granuja, en ta.ato, alega. en estrados que
robó por amor y por labrar, como lo ha. logrado, la felicidad de ser amado y de su prole!
¿Qué pensar de todo esto·f
¡Nada! qua la mitad de la virtud es la lógica; que el delincuente, antes que un impulsivo,
es un sofista; que si se difundiera. en las masas el razona.miento correcto1 habría. menos
deliacuencia. y que, en punto a. criminalid3d,
fuera. de la. lógica ao hay salvación. Q. E . D.
O&amp;. M. FLORES.

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EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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LA EXPOSICIÓN EN LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.-LA SEGUNDA SALA,

LA EXPOSICION

EN LA ESCUELA DE BELLAS ARTES
LOS DISOIPULOS DEL SR. FABRES

E

L 20 del actual quedó clausurada. la exposi•
ción de dibujo y pintura abierta. al público
en los salones de la Escuela de Bellas Artes
con el fin de dar á. conocer los trabajos ejecutados, durante los ciuco últimos meses en su
mayor parte, por losdiscípulos del señor profesor D. Antonio Fa.brés.
La exposición estuvo dividida en cuatro sa-

las distintas, destinándose: la primera, al des·
nudo; la segunda, al traje; la tercera, á. la pintura. y composición; y la cuarta,á. los trabajos
que, para ejemplo y estímulo de sus mismos
discípulos, hizo el Sr. Fabrés, ya fuera de la
Academia, ó bien durante las clases, e:; presencia. de los concurrentes á. éstas.
Por demás está decir que el Certamen que
acaba. de efectuarse ba. sido objeto de los más
favorables comentarios, lo mismo entre los artistas que entre todas aquellas -personas para
quienes el cultivo rle la pintura y el dibujo es ·
cosa que no debe ni puede deseuidarse entre
nosotros. En cuanto al éxito obtenido por el
Sr, Fa.brés, nadie duda.que mucho, muchísimo
es lo que el Maestro ha logrado, haciendo que
la juventud abandone añejas y perjudiciales
rutinas, para lanzarse por derroteros más am-

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.:JI~,

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APUNTES DE .ANTONIO GÓMEZ,

plios y menos tortuosos á la conquista del
triunfo.
Hubo en los salones de la exposición trabajos que acusaban desde luego disposiciones
muy poco comunes para llegar á. áomin1t.r la
línea. y comprender y seutir el colo~: Antonio
Gómez, que obtuvo en el torneo el primer premio, expuso un autorretrato y unos &lt;a.puntes
de la calle&gt;, muy notables por su rara. energía.:
Diego Rivera, varios paisajes al óleo y algunos carbones muy bien ejecutados; Alberto
Garduño, una pintura muy bella- &lt;Los Cernedores&gt;-y varios totales y apuntes hermoiiÍsimos; Roberto Montenegro-una gran esperanza del arte,-una cabeza. de mujer, al pastel,
bellísima, un grupo de acuarelas y dive:-sos
apuntes á. lápiz. De Saturnino Herrán, Francisco de la Torre y Antonio Garduilo, debemos también hablar con elogio. El primero
tiene trabajos que revelan sus rápidos adelan·
tos y sus magníficas fa.cuita.des para el dibujo
y la pintura, y e l segundo. óleos tan llenos de
vida como &lt;Las casas con lluvia&gt; y cEI pa·
tio&gt;. Entre sus trabajos á lápiz y al carbón,
cuánta.se un retrato ae mujer muy delicado.
Gardufio presentó, con otras obras, un &lt;patio&gt;
al óleo que llamó mucho la atención.
El segundo premio filé adjudicado á Diego
Rivera; el tercero á Alberto Garduilo, y las
menciones honoríficas á Roberto Montenegro,
Saturnino Herrán y Antonio Gardufio.
En el certamen se distinguieron también no•
tablerp.ente, por sus buenos trabajos,los alumnos Benjamín Coria. Ramón López, Patricio
Quintero, Fernando Elizalde, Carlos Zaldíver,
Armando García Núñez, Rubén Guzm án,
Saturnino Herrán, Alfredo Escontría., Juan
Peón del Valle, Juan de Dios Arellano y Juan
N. Rondero. En los lotes correspondientes á.
estos alumnos, se veían algunos apuntes y dibujos acabados, muy dignos de aplauso.
A reserva de publicar fotografías de otros
dibujos y pintura!,, damos á. conocer en este
número unos apuntes de Antonio Gómez y un
estudio de Herrán, así como las vistas de
la 2~ Sala y de uno de los lotes principales de
la Exposición Reproducimos también en estas páginas un apunte de Norma.odia hecho
por e! Sr. Fahrés.

APtTN'l'E DE NORMANDIA1 POI(F.AIJRÉS,

�EL MUNDO ILUSTRADO

La Exposición en la Escuela de Bellas Artes.

EL MUNDO ILUSTRADO

OTRAS

VIDAS

VII.

Una bummación.

L

A señora que nos obsequió el gatito nos
hizo de él, antes de entregárnoslo,un elo.
cuentísimo panegírico.
-¿Lo ven ustedes tan ~biquito y tan mono? Pues es azote de los ratones .... ¡Y de una
precocidad ! Jqué precocidad, Dios mío! .... Al
mes de nacido cogió el primer ratón, un ratón
enorme, casi tan grande como él .... ¡ Si ustedes lo hubieran visto! ¡daban ganas de comérselo! ¡Qué gatito tan valiente! .... Por supuesto
que es incapaz de devorar un bicho de ésos ... .
¡Uf, qué asco! Juega con ellos nada más, se
divierte un buen rato y los deja .... Eso sí, en
tratándose de otras comida~, es muy goloso,
¿por qué no he de decirlo? Todos tenemos nuestros defectos, verdad? Y á un primor de gatito
como éste bien puede perdonársela un peca.di-

espantará á los ratones. En cuanto ellos bue•
lan que hay un gato ... El bichito en tanto se
lamía en un án,:!'ulo de la pieza las manos, que
la cocinera había untado de mantequilla, &lt;para que se engriera en la casa&gt;.
Era sin duda un primor de bichito .... cruza•
do de Angora, con una gran cola esponjada. y
unos ojos de topacio estriados de plata. Parecía. un ovillo de seda floja.. Toda la piel estaba rayada de flavo y las garras casi no se le
veían, por el fleco finísimo que las cubría. Y
una arroga.ocia en la i.ctitud .. .. en los movi•
mientos .... Jpero qué arrogancia!. ...
La sei'iora dijo q •1e se llamaba. «Fierabrás&gt;,
nombre que habfa. merecido por sus hazaftas
con los r11tones. Y en efecto, entendía cuando
se le ñaua este nombre.
- ¡Fierabrás! ¡Fierabrás! le decía Clara,castai'ieteándole los dedos.
Y el gatico enarcaba el lomo, hacia cola de
pararrayo y se repegaba á las faldas de Clara
lanzando un maullido gutural:
-Rrrrrr ... .
-¡Pt1ro has visto qué mansito ! exclamaba.
Clara; nadie lo diría al verlo tao altivo y tan
jactancio5o .... Ven acá,primor de mi vida, déjame que te bese.
-Rrrr ... . respondía el &lt;primor&gt;, con tanta
gracia, que Clara, loca de entusiasmo, acabó
por perfuma.rlo con su mejor perfume japonés.
En seguida buscó un listón azul y lo ató al
cuello del bichito, suspendiendo del listón una
chuchería de plata dorada.

***

llo venial. No dejen ustedes donde él pueda
verlos, ni leche, ni queso ni fiambres, porque
probará de todo .... ¡ah! un bocadito no más,no
se alarmen ustedes; pero probará, eso sí, vale
más qu¡i yo se los ad vierta.
-No importa, dijo Clara, con tal que coja
ratones .... porque oiga usted, está la casa infestada. de ratones . No nos dejan dormir y una
noche de éstas se atreven con no~otros. Se han
vµelto más audaces ....

***

\

M0SQUETER0.-[Dibujo de Saturnino Herrá n].

Nuestro número especial

LA

se~ana entrante se hará el reparto de
la edi~ión de Navidad y Afio Nuevo preparada por EL MUNDO ILUl'\TRADO en obsequio
de sus subscriptores. El número, lujosamente
impreso á colores en magnífico papel «rnucbé&gt;
fabricado por la Compaflía de San Rafael,
contenrlrá Jo siguiente:
«El Viejecito&gt;. por Amado Nervn.-«El Invierno&gt;, por el Dr. M. Flores. - - «Vidas Tristes&gt; (cuento premiRdo en concurso) por el Lic.
Enrique Torres Torija.-«De aquellos tiempos .. .... &gt; (cuentopremiadoen concurso) por
José Elizondo.-«Vals Lento&gt; (música de Luis
G. Jorrlá)-&lt;Flor del Campo&gt; por Eduardo Colín. -i:La Navidad&gt; (cómo 11e celebra en ilistintos países de la tierra).-&lt;lndustrias de Noche Buena&gt;, por N,imo.-«La Mai'iosa&gt; y &lt;El
Aguinal!IP.&gt;, por Bl;lpi~~ F~»i111es..--:-&lt;Inver•

nal&gt;, por María Enriqueta.-&lt;Notas del Ai'io&gt;,
por X. -&lt;Política. Exterior&gt;.-&lt;El Suefio de
Navidad&gt; (cuento del inglés).-&lt;Nocbe mala
en Noche Buena&gt; (cuento del concurso ).--cGavota&gt; (música. de Bartel).
El número aparecerá Ilustrado con numero. sos grabados y constará de sesenta. páginas.

PAGINA TIERNA
Aquella tll.rde triste como tus ojos,
que el sol entre sus rayos languidecía,
temblorc&gt;sa tomaste mi m.ano fría
y apenas la rozaron tus labios rojos.
Después, enardecido por tus sonrojos,
tomé la.tuya breve que y a. oprimía,
y en un beso allí puse cuanto sentfa...
mis ansias, mis desvelos y mis anto1os ..... •
;Oh tarde misteriosa de excelsa calma.
que viste nuestros puros castos excesos,
ciñe á su noble frente la ete rna palma.,
disuelva tus perfumes, tus embelesos,
que en tu libro trazamos &lt;"On nuestros besos
una página tierna como su alma!
RAMÓN Hl!lRNÁNDEZ PORTELA,

Clara no exageraba. A pesar de dos ó tres
r!l.tonera.s distribuídas en varios rincones y
una de las cuales era el a.levoso y nunc!I- bien
ponderado «Ca.pito&gt;, una legión de ratas y ratones había invadido la casa. Se hubiera dicho, en las noches, que espantaban,á causa de
la multiplicidad de ruidos misteriosos que se
oían por todas partes. A veces se percibía. por
espacio de muchos minutos un tictac semejante al del telégrafo, como si el alma en pena de
un telegrafista quisiera. comunicarse con nosotros. Otras, uo ligero y persistente ruido de
sierra acababa por enloquecernos con su tenacidad y monotonía En ocasiones, surgía de
tal ó cual escondite una especie de suspiro sofocado, alternando con él cblllidos rabiosos.
La noche se poblaba frecuente de pasos furtivos, de rumores enigmáticos. Los libros y los
bibelot,s caían con estruendo. la loza se estrellaba contra el suelo .... y bastabi,, volver los
ojos á cu,¡.lquier parte para ver desvane&lt;"erse
uo misterioso bulto gris que corría con tal ,·a·
pidez y co·n tal traza que se hubiera dicho que
rodaba. No era raro despertarse con sobresalto al sentir en el lecho el contacto rápido y fugitivo de una piel sedosa .... Era una hermosa
rata que campaba. por sus respetos entre las
sábanas.
-Por fin e~to va á acabar, exclamó Clara
con un suspiro de alivio. Sin duda que los primeros días y por más que diga la señora, el
gato no hará gran cosa; pero así que crez~a
un poq uillo, cuando menos con su presencia

Por la noche, la recamarera consultó si debía poner las ratm:eras.
-¡ Para qué! exclamó Clara, casi enojada,
¿no ves que ya tenernos á Fierabrás? Y Fierabrás, que parecía haber oído esto, sepaseaba con cierta. actitud suficientista por las
piezM,, mirando de soslayo los rincones.
- Yo creo que no sería malo ponerlas, insinué interviniendo: el gato es aún pequeflo
y,además, hay tal cantidad de sabandijas que
no se daría abasto. Le ayudaremos con las ratoneras dos ó tres dfas, mientras él se ingenia
para desterrar solo todos los ratones.
Clara no quería convenir en ello .V se puso
mal humorada porque yo humillaba en su
concepto á Fierabrá.s,basta que por contentarla, afta.dí:
--Por Jo .demás, creo que basta con una ratonera por ahora, simplemente para no dejar
á Fierabrás toda la tarea .. .. después ni ésa
será. necesaria. Y la criada puso una sola ratonera en la pieza contigua á nuestra recámara..
Clara cenó nerviosamente, de prisa; deseaba que nos recogiésemos cuanto antes; que
cuanto Rntes llegase la hora de las justicias,
en que Fierabrás empezaría á dar fin con la
casta ratoneril.
A cada instante se levantaba de la mesa, é
iba en busca del gato para ver en qué se entretenía éste.
-¿Qué estás haciendo, minino? preguntaba
con voz insinuante.
Minino se había acurrucado por lo pronto
cerca de una hornilla en lacocinay ronronea. ba dulcemente.
--Eso no está bien,minino, ¿pues y los ratones?
Minino alzaba la cabeza, fijaba en su interlocutora la clara mirada de sus ojos de topacio, llena de vaguedad y de ensuefto, y seguía
ronroneando como si tal cosa ..... .
-Ha de estar cansado, dijo la coai::.era. Sabe Dios cómo lo habrán traído por esas calles. Pero ya verá usted , niña, eo cuanto repose un poco .. .. . .
Soonron las diez y nos recogimos, teniendo
cuidado de dejar todas las puertas de comunicacióc entreabiertas, á. fin de que Fierabrás
pudiera discurrir por las habitaciones á su ~abor y entregarse tranquilamente á su cacería.
Excusado es decir que Clara en mucho tiempo no r erró los ojos.
La. oía yo removerse constantemente en su
lecho y al menor rumor se incorporaba y preguntaba:
- ¿,Has oído?
-Duérmete, mujer, decía.le yo, ya mai'iana
veremos qué ha hecho e l gato. Déjalo, n paz.
La primera parte de la no..:he transe&amp;?T!+

sin novedad. Clara acabó por . dormirse, después de haber murmurado con un escepticismo que, aunque miti,:!'a.do, mostraba lo que la
decepción empezaba á obrar en su espíritu:
-Creo que hiciste bien en dejar la ratonera ..... .
Pero á. eso de la una, empezó á oírse una serie de rumores: el gato maullaba furioso y parecía arrastrar con estruendo por la pieza inmediata una cosa pesada. Esto, unido á las carreras furtivas de siempre y á los chillidos de
los ratones.
Clara se sentó en el lecho, lanzando un ¡ ah!
mezcla. de sorpresa y satisfacrión.
- -1Por fin! ai'iadió, disponiéndose á levantarse
-¿Qué vas á hace,.-? le dije. ¿Quieres atrapar
un re,friado inútilmentei' Deja á Fierabrás
tranquilo en su tarea.
-Tengo miedo de que los ratones y las ratas le bagan mal, es tan chiquito y ellos tan
audaces ..... .
- No te creas, no le pasará nada, no es tan
tonto oara dejarse comer, y además puede
huir. Todas las puertas están entreabiertas.
La verdad es que yo tampoco estaba muy
tranquilo respecto de la suerte de Fierabrás;
pero dominé mis inquietudes y procu·ré dormirme, pensando en que aquel Napoleón de
los gatos no podía correr ries~o alguno.
El estruendo siguió por mucho tiempo y por
fin aquella cosa que se arrastraba. por la
pieza pareció quedar inmóvil y no volvió á
oírse más que uno que otro chillido de ratón.
Clara se durmió de nuevo, más tranquila,
murmurando:
-Sin duda que ya lleva media docena.

***
Al día siguiente, muy de mañana, devorada
por la impaciencia, Clara se Jeva'ltó y sin darse tiempo más que para echarse sobre el cuerpo una matinée que estaba á. la ma.no,sa.lió á. la
pieza inmediata. Yo me quedé despierto y esperando con impaciencia el resulti.do de sus
pesquisas . ..... De pronto oí un grito de desconsuelo, seguido de las palabra&amp;: &lt;imbécil,
imbécil&gt;.
No pude contenerme y salté de la cama en
ropail menores, exclamando:
--¿Qué sucede? ..... .
¿Qué había de suceder? que Pl arrogante, el
suficientista, el jactancioso Fierabrás había
caído en la ratonera ..... .
Allí en un rincón, en la actitud más desgar. ~J,11'

'¡l~~~li•li'

.

bada y ridícula del mundo, como si comprendiera su humillación, conservando aún entre
los bigotes de plata briznas del queso que servía de cebo ...... y qu·! se había comido, Fierabrás, &lt;el Terror de las sabandijas&gt;, se bailaba acurrucado, y en rededor de la ratonera
habfa huellas inequívocas de la 13stancia de
una legión de ratones, que sin duda. estuvieron toda la noche contemplando su vergüel'za,
riéndose de él, vilipendJá.ndolo, escupiéndolo.
Instintiva'llente le busqué en la cola un cas•
ca.bel. ... ¿No le habrían puesto los ratones un
cascabeli' Mientras Clara, desilusionada hasta la muerte,exclamaba: ¡ridículo, ridículo!

�'F.T, :M'UNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL SEfl'OR CORRAL EN GUAYMAS.-EL SR.. VICEPRESIDENTE ESCUCHANDO UN DISCURSO DE BIENVENIDA.
ASPECTO DE LA ESTACIÓN Á LA LLEGADA DEL TREN".

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ARCO DE LA COLONIA CHINA.

\

EN HONOR DEL SR. CORRAL
N·días pasa.dos dimos CUPnta. del brillante
E
recibimiento hPcho al Sr. Vicepresideote de
la República, D. Ramón Corral, por los vecinos de Imuris (Sonora), y de las fiestas que
en su honor se prepararon en la ciudad de
Hermosillo.
Completando nuestra información relativa.
á la visita del Sr. Corral á aquel Estado, de
regreso de la vPcin-a República;, reproducimos
varias vistas fotográficas que representan,
entre otro!! asuntos, la llP.~aila á Guaymas
del tren que conducía al Sr. Vicepresidente,
el desfile· de la Comitiva formad&amp; por las autoridades y principales vecinos de la población, frente á la plaza, y el momento en que el
distiniuido viajero se detenía cerca del arco
le vantado en su ,honor por los obreros, para
oír el primer discurso de bienvenida que be. le

ARCO DEL COMERCIO DE GU.A YMAS.

dirigió. Juntamente con estas fotografías, publicamos las de los arcos que levantaron el
Comercio, la colonia china y los obreros. Este último presentaba el más hermoso aspecto:
construído con escalinatas á uuo y otro lado,
multitud de niñas de las escuelas se encontr11,•
han sobre él, decorá.n.dolo. por decirlo a.sí,
vestidas de blanco y sosteniendo en sus manos
ba.nderola&lt;i tricolores.
Las demostraciones de simpatía de que fué
obj.,to el Sr. Corral durante su corta perma.nencla. en Gua.ymas, fueron muy entusiastas y
numerosas.

00
Sensación.
Mirando la luz de la luna, acodado á. la baranda del balcón, pienso con suma tristeza. que
Ia luna está pasando de moda. La luz eléctri-

I

·I
"

ARCO DEL COMERCIO DE MAZATLÁN.

le ha quitad0 su trono. Ya la luna no es
siao un trasto inservible, de quien nadie se
. ocupa, sólo para uso de los poetas; ó bien pa·
ra alumbrar, como ruin candileja, los saraos
que de cuando en cuando cdebran los gatos
vagabundos en los tejados.
¡Pobre luna! Ya nadie se fija en ti, pienso.
Y mirándola con más atención, sorprendo en
ella la misma tristeza que revela el rostro
malhumorado de una vieja coqueta que piensa
en sus amores de antai'io, cuando era mucha•
cha y tenía el rostro fino como una flor.
Y por su rostro lleno ahora de afeites, por
su ancho rostro blanco, guisado con tod a suer·
te de cosméticos y aguas maravillosas, me parece que veo correr una lágrima, una la.rga lágrima que, láv¡i.ndole el polvo de arr~z., marca
en su mejilla arrugada una huella d1vmamente ridícula ....... .
Cll.

A. FERNÁNDEZ GARCÍ~ r

\

El parásito del tren.

EL SE~OR CORRAL EN GUAYMAS,-DESFlLE IOE LA COMITIVA.-ARCO DE LOS OBREROS.

- Sí- dijo·el amigo Pér ez á_to~os sus contertulios de café ;~en ·este periód1c~ a~abo de
leer la noticia de la mu.et·te de .11?1 amigo. Sólo le vi una vez,· y sin embarg-o, le .be re~orda.do en much as ocasiones. ¡Vaya un a1:mgo!
Le conocí una noche v iniendo á Madrid en
el tren-correo de Valencia. Iba yo en u~ de·
partam/Jnto de primera; en Albacete baJÓ el
único vi.ajero que me acompai'iaba, y al verme

solo, como había dormido mal la noche ante·
rior, me estremecí voluptuosa.mente, contem·
piando los almohadones grises. ¡Todos para
mí! ¡Podía. extenderme con libertad! ¡Flojo
sueño iba á echar hasta Alcá¡;ar de San Juan!
Corrí el velo verde de la lámpara, y el de·
parta.mento quedó en deliciosa penumbra. Envuelto en mi manta, me tendí de espaldas, estirando mis piernas cuanto pude, con la deliciosa seg uridad de no molestar á nadie.
El t1·el'). corría por las llanuras.de la Mancha,
ál'idas v desoladas. Las estaciones estaban á
largas distancias; la locomotora. extremaba su
velocidad, y ,mi coche gemía y temblaba, como
una vieja diligencia. Balanceá.bame sobre la

espalda impulsado por el. terrible traqueteo;
las franjas de los almohadones arremolinábanse; saltaban las maletas sobre las cornisas de
red; temblaban los cristales en sus alvéolos de
las ventanillas, y un espantO!'O rechinar de
hierro viejo venía qe abajo. Las ruedas y fre·
nos_gruñían; pero conforme se cerraban mis
ojos, encontraba yo en su ruido nuevas modu·
laciones, y tan pronto me creía mecido por las
olas, como me iroaginabá que había retrocedido hasta la niñez y me arrullaba una nodriza
de bronca voz.
Pensando tales tonterías me dormí, oyendo
siempr.e el mismo estrépito y sin que el tren se
detuviera.

�EL JrlUNDO ILUSTRADO
Una impresión de frescura me despertó. Sentí en la cara como un golpe de agua fría. Al
abrir los ojos vi el departamento solo; la portezuela de enfrente estaba cerrada. Pero sentí
de nuevo el soplo frío de la noche aumentado
por el huracán que l~vantaba el tr~n con su
rápida marcha, y al mcorporarme vi la otra
portezuela, la inmediata á mí, completamente
abierta con un hombre sentado al bordo de la
platafo~ma, los pies afuera en el estribo, encogido, con 13: cabeza vuelta hacia mí y unos
ojos que brillaban mucho en su cara obscura.La sorpresa no me permitía pensar. .,
~1·is
ideas estaban aún embrolladas por el sueño. En
el primer momento sentí cierto terror supersticioso. Aquel hombre que se aparecía estando
el tren en marcha, tenía algo de los fantasmas
de mis cuentos de niño.
Pero inmediatamente recordé los asaltos en
las vías férreas, los robos de los trenes, los
asesinatos en un vagón, todos los crímenes de
esta clase que había leído, y pensé que estaba
solo sin un mal timbte para avisar á los que
dordiían al otro lado de los tabiques de madera. Aquel hombre era seguramente un ladrón.
.
. d
El instinto de defensa, ó más bien el nne o,
me dió cierta ferocidad. Me arrojé sobre e\ desconocido, empujándolo con codos y rodillas:
perdió el equilibrio; se agarró desesperadamente al bordo de la portezuela, y yo segu~ empujándole, pugnando JJ?r arrancar sus cr_1spada~
manos de aquel asidero, para arro¡arlo a
la vía. Todas las ventajas estaban de mi parte.-·Por Dios, seílorito!-g1mi
· 'ó con voz a h ol!'ªd~.-Seílorito, déjeme usted. Soy un hombre
de bien.

Y había tal expresión de humildad y angustia en sus palabras, que me sentí avergonzado
de mi brutalidad y le solté.
Se sentó otra vez jadeante y tembloroso en
el hueco de la portezuela, mientras yo quedaba
en pie bajo la lámpara, cuyo velo descorrí.
Entonces pude verle. Era un campesino pequeilo y enjuto; un pobre diablo con una zamarra reme1,1dada y mugrienta y pantalones de
color claro. Su ~orra negra casi se confundía
con el tinte cobrizo y barnizado de su cara, en
la que se destacaban las ojos de mirada mansa y una dentadura de rumiante, fuerte y amarillenta que se descubría al contraerse los labios co~ sonrisa de estúpido agradecimiento.
Me miraba como un perro á quien se ha salvado la vida: y mientras tanto, sus obscuras
manos buscaban y rebuscaban en la faja y en
los bolsill~s. Esto c3:si me hizo arrepentir de
mi generosidad, y mientras el gailán buscaba,
yo metía mano en el cinto y empuílaba mi revólver. ¡Si creía \)illarme descuidado! .. ..
Tiró él de su fa¡a, sacando algo, y yo le imité sacando de la funda medio revólver. Pero lo
que él tenía en la mano era un ca~toncito ~ugriento y acribillado, que me tendió con satisfacción.
-Yo también llevo billete, seilorito.
Lo miré y no pude menos de reírme.
- ¡Pero si es antiguo!-le dije.-Ya hace a_ños
que sirvió.. . . ¡Y con esto te crees autorizado fara asaltar 'el tren y asustar á. los viajer os.
Al ver su burdo engaílo descubierto, puso la
cara triste, como si temiera que intenta~e yo
arrojarlo otra vez á la vía. Sentí compasión y
quise ru ,strarme bondadoso y alegre, para ocultar los efectos de la sorpresa, que aún duraban
enmí.
- Vamos, acaba de subir. Siéntate dentro y
cierra la portezuela.
-No señor- dijo con entereza.-Yo no tengo
derech¿ á ir dentro como un seílorito. Aquí, y
gracias, pues no tengo dinero.
y con la firmeza de un testarudo se mantuvo
en su puesto.
Yo estaba sentado junto á él; mis rodillas en
sus espaldas. Entraba en el depar!amento un
verdadero huracán. El tren corría a toda velo-

EL MUNDO ILUSTRADO
sin conseguir verme de cerca, y no quiero me
tomen la filiación. ¡Feliz viaje, señorito! Es usted la más buena alma que he encontrado en el
tren.
Se alejó por los estribos, agarrado al pasamano de los coches, y se perdió en la obscuridad, buscando sin duda otro siUo donde continuar tranquilo su viaje.
Paramos ante una estación pequeña. y silenciosa. Iba á tenderme para dormir, cuando en
el andén sonaron voces imperiosas.
Eran los empleados, los mozos de la estación y una pareja de la Guardia civil, que corrían en distintas direcciones como cercando á
alguien.

cidad; sobre los Jermos y terrosos desmontes,
resbalaba la mancha roja y oblicua. de la abierta portezuela, y en ella la sombra encogida del
desconocido y la mía. Pasaban los postes telegráficos como pinceladas amarillas sobre el
fondo negro de la noche, y en los ribazos brillaban un instante, cual enormes luciérnagas,
los carbones encendidos que arrojaba la locomotora.
El pobre hombre estaba intranquilo, como
si le extraílase que le dejara permanecer en
aquel sitio. Le dí un cigarro y poco á poco fué
hablando.
Todos los sábados hacía el viaje del mismo
modo. Esperaba el tren á su salida de Albacete; saltaba á un estribo con riesgo de ser despedazado, corría por fuera todos los vagones
buscando un departamento vacío, y en las estaciones, apeábase poco antes de la lle~ada y
volvía á subir después de la salida, y siempre
mudando de sitio para evitar la vigilancia de
los empleados, unos malas almas enemigos de
los pobres.
-Pero ¿dónde vas?--te dije.-=-¿Por qué hace; este viaje, exponiéndote á. morir despedazado?
Iba á pasar el domingo con su familia. ¡Cosas de pobres! El trabajaba algo en Albacete
y su mujer servía en un pueblo. El hambre les
había separado. Al principio, hacía el viaje á
pie; toda un'\ noche de marcha, y cuando llegaba por la ma!'!ana caía rendido, sin ganas
de hablar con su mujer ni de jugar con los chicos.
Pero ya se había espabilado, ya no tenía
miedo y hacía el viaje tan ricamente en el tren.
Ver á sus hijos le daba fuerzas para trabajar
más toda la semana. Tenía. tres: el pequeílo era
así, no levantaba dos palmos del suelo, y sin
embargo, le reconocía y al verle entrar tendíale los brazos al cuello.
-Pero tú-le dije-¿no piensas que en cualquiera tle estos viajes tus hijos van á quedarse
sin padre'/
El sonreía con confianza. Entendía muy bien
aquel negocio. No le asustaba el tren cuando
llegaba como caballo desbocado, bufando y
echando chispas; era ágil y sereno; un salto y
arriba; y en cuanto á bajar, podría darse aliún coscorrón contra los desmontes, pero lo
un-portante era no caer bajo las ruedas.
No le asustaba. el tren, sino los que iba.n dentro.
Buscaba los coches de primera, porque en
ellos encontraba departamentos vacíos. ¡Qué
de aventuras! Una vez a.brió sin saberlo el
reservado de seiioras; dos monjas que iban
dentro gritaron ;ladrones! y él, asustado, se
arrojó del tren y tuvo que hacer á pie el resto
del camino.
Dos veces había estado próximo,
como aquella. noche, á ser arrojado á la vía por los que despertaban sobresaltados con su presencia, y buscando en otra ocasión
un departamento obscuro, tropezó
con un viajero que sin decir palabra le asestó un garrotazo, echándole fuera del tren. Aquella noche sí que creyó modr.
Y al decir esto señalaba una cicatriz que cruzaba. su frente .
Le trataban mal, pero él no se
quejaba. Aquellos seílores tenían
razón para asustarse y defenderse.
Comprendía que era merecedor de
aquello y algo más, pero ¡qué remedio, si no tenía dinero y deseaba
ver á sus hijos!
El tren iba limitando su marcha
como si se aproximara á una esta-·
ción. El, alarmado, comenzó á incorporarse.
-Quédaté-le dije-aún falta otra
estación para llegará donde tú vas.
Te pagaré el billete.
-¡Quia! No, señol'-repuso con
candidez maliciosa.-El empleado,
al dar el billete, se fij'l.ría en mí:
muchas veces me han,\fperseguido

·'¡Por aquí! .... ¡Cortadla el paso! .... Dos
por el otro lado para que no escape ... A.hora
ha subido sobre el tren .... ¡Seguidla!"
Y, efectivamente, al poco rato las techumbres de los vagones temblaban bajo el galope
loco de los que se perseguían en aquellas alturas.
Era, si11 duda, el amigo, á quien habían sorprendido, y viéndose cercado, se refugiaba en
lo más alto del tren.
Estaba yo en una ventanilla de la parte
opuesta al andén, y vi cómo un hombre saltaba desde la techumbre de un vagón inmediato,
con la asombrosa ligereza que da el peligro.
Cayó de bruces en un campo, gateó algunos
instantes como si la violencia del golpe no le
permitiera incorporarse, y al fin huyó á todo
correr, perdiéndose en !a obscuridad la mancha blanca de sus pantalones.
El jefe del tren gesticulaba al frente de los
perseguidores, algunos de los cuales reían.
-1.Qué es eso?- pregunté al empleado.
-Un tuno que tiene la costumbre de viajar
sin billete-contestó con énfasis. - Ya le conocemos hace tiempo: es un parásito del tren, pero poco hemos de poder ó le pillaremos para
que vaya á la cárcel.
Ya no vi más al pobre parásito. En invierno, muchas veces me he acordado del infeliz, y
le veía en las afueras de una estación, tal vez
azotado por la lluvia y la nieve, esperando el
tren que pasa como un torbellino. para asaltarlo con la serenidad del valiente que asalta
una trinchera.
Ahora leo que en la vía férrea, cerca de Albacete, se ha encontrado el cadáver de un hombre despedazado por el tren ... Es él, el pobre
parásito. No necesito más datos para creerlo;
me lo dice el corazón. · 'Quien ama el peligro,
en él perece''. Tal vez le faltó inesperadamente la destreza: tal vez algún viajero, asustado
por su repentina aparición, fué menos compasivo que yo y le arrojó bajo las ruedas.
¡Vaya usted á preguntar á la noche lo quepasaría!

Política General
Plrotttnla franma.- €1 duelo dt Dtroultdt.- ftadonall$fH v sodallstas.- ta oudta dt un dtsttrrado.- €1 btroisa10 dd 6tntral St0tml.
- ta rtslstmla dt Putrto Jlrturo.- ta outlfa dt la ¡,rl111a11m.

f

ALTOS de acontecimientos de sensación
que sacudan á las siempre hambrientas
multitudes, anhelantes de historias ex•
traordinarias y de narraciones novelescas,
los fraaceses, esperaado el momento oportuno
en que el Ministerio Combes ponga. definliivameote sobre el tapetA la cues1lón temida de la
separación entre el Estado y la Iglesia., se ba.
~ntretenido dfas pasados Cúo el cuelo de P aul
Deroulefo, babi do en un l&gt;Uf&gt;lllo fronterizo con
el diputado socialista. M. Jaur~z, á causa de
las agitaciones en honor de Juana de Arco y
de al gua a fra.se disonante del antiguo jt&gt;fe ele
111. Liga de Patriotas contra el colf&gt;ga. de M.
Mil!eraod, por la supuesta labor antipatriótica contra la tradición que intentó un profesor
de Historia,en un p.i is donde &amp;e proclama á v&lt;'z
en cuello la autonomía del prúfe&amp;orsdo y la
ilimitada libertad del pf&gt;nsamlento. Curioso
ca,¡o de resabios jacol&gt;inos, muestra srngular
de atavismos olvida.dos, que pretenden volver
coa asombro á épocas remotas en las que en
nombre de la libertad se eRclavlzaba, y f&gt;n
nombre de h, soberanía nacional se imponía
la odiosa servidumbre de bs convenciones.
Y después del duelo escandaloso, pero sin
resultados, y de la vuelta de Marce! Habert al
suelo francé:1. cumplido el plazo de su destierro, al que fué sentenciado por ataques contra.
la seguridad de la República en complicidad
con el mismo D~roulede; despué11 de renovar•
se las labores de la mentada. Liga de Pa•
triota.s, que tanto agitó á. Francia durante la
revisión del famoso &lt;a ffalru del triste eoafinado á la isla del DiablCI, y que levantó su
mano sacrílega sobre la frente ungida de Zola, hay todavíc1, un hecho de poca importancia
que crece y se agiganta á favor de los forjadores de consejas para alimentar la. insacia•
ble voracidad del público: se t rata de la muerte del diputado M. Syveton, quien apareció
un bella. maflana. asfixiado por los gases carbónicos en su residencia coqueta de Neuilly,
no lejos de la. hermosa. ciudad-luz. Era. tam•
bién un nacionalista que en plena Cámara
marcó el rostro del General André, Ministro
de la Guerra, durante el arrebato de una acalorada. discusión; el mismo que, antes de presentarse ante sus comitentes .:on la túnica lomaculada del apóstol, había manchado con
no sé qué misnias repugnantes su bogar, y has•

ta. había tocado quién sabe qué fondos secre•
tos, puestos en sus manos por los mismos á
quienes a.tacaba con fiera salia.
Y se ba hablado de asesinato y de vengaazas políticas; se han echado á volar por
los cuatro vientos de la publicidad, historias de escándalos inenarrable,, de pasiones absurdas, de secretos de alcoba., muy propios para. dar pábulo á las crónicas &lt;bulevardiaras&gt; y ofrecer material adecuado al lnge•
nio espirhual de loa parlsienses,que oo bal111n
en qué emplearse durante el actual período de
calma, en que el Ministerio logra salir triunfaate de los ataques que le endeu-zan sus enemigos.

***

Y mientras en París se reúne la. comisión

internacional que ha de deslindar las respon•
Fabilidades en el obscuro inddt ote del Mar del
Norte, y IC1s delegados extranjeros que for•
man el tribunal son rtcibidos en audiencia
~olemne por el Presidente Loubet, y allá. en
Londres, la Cámara de Comercio, oyendo los
a.lej!'atos de los interesados, hace sublr á tres
millones de francos las cifras de la. indemnización que habrá. de pagar el gobierno moscovita á los perjudicados poi· el lamentable
incidente que echó á. pique dos barcas pescadoras la noche del 21 de octubre, allá. ve la
escuadrilla del Vicealmirante Rojestven,ky,
allá .va. en socorro de la gran fortalf&gt;za rusa
del Ex\remo Oriente, la cual hace meses y meses resiste con admirable heroísmo los repetidos embates de las fuerzas niponesas, acumu1a das con todos loa elementos disponibles en
la. reo ínsula de Llaotung, para rendir la plaza.
Eo vr..no se han prolongado por días y días
los terribles bombardeos; en varo las huestes
japonesas, despreciando la muerte. se han lanzado una y otra vez contra. los formidables
reductos y las inaccesibles trincheras; en vano
ban &lt;'Onquistado palmo á palmo, con Inmensos
sacrificios de vidas, cada uno de los puntos que
ocupan frente á las fortificaciones Interio res;
en vano han concentrado frente á la. babia.
unidades navales riara mantener en estrecho
bloqueo al In doma ble Puerto Arturo: la fortaleza resiste toda vía, de pie aún sus muros ca.1cinadoa, enhiestas sus murallas; un puflado
de valientes, escasos de municiones, sujetos á

ra.ción de hambre y con toda clase de privaciones, casi sin espera.nza de a.uxilio, resueltos á
perecer ba.jo los escombros de la última trinchera, resisten, con su bandera f&gt;narbolada., y
cuando la metralla la azota y abrumados por
la pesa.dumbrA del número tienen que arriarla,
se replegan á la. fortificación vecln a, y son ne·
cesarlos nuevos ataques y precisan nuevos y
más cruentos sacri5cios por parte de los sitia.dores, para dar otro paso y a vanz11r hacia el
interior de la fortale?.a, donde los esperan
otras resilltencias y los aguardan sacrificios
@if&gt;mpre renovados é lnaj!'otable~.
Así en el cerro dA Vlsakoie., llamado de 203
Metros, así en Klnkuan, as{ en todas partes,
riesde la sangrienta hecatombe del cerro de
Nasban, que abrió el -paso á los sitiadores,
hasta la11 minas que hicieron volar el fuerte
E~te en el formidable monte de Kikuan.

*••
Eatreta.nto, la actividad iacansable del general Nogi ha deshecho la escuadra que se 11.brigaba en el interior de la bahía, despuéq del
desgraciado Intento para. escapar el 10 de
agosto, en que el &lt;Czarevitch&gt; quedó desarbolado y tuvo que refugiarse en puerto alemán
pa.ra. no caer presa de sus persPguidores, y el
&lt;Novik&gt; fué destrozado y el «Diana&gt; huyó y
los barcos restantes tuvieron que rf&gt;gresar á
su punto de partida para no sufrir la mi~ma
suerte. Apenas quedan allí algunos contratorpederos que quizá no tarden f&gt;n sufrir ata.quAs más formales, y á pesar de todo, la plaza
no se rinde, el puerto espera los recursos que
con gra.ndes pellgros le llegan de fuera, y el
General Stoessel, firme en au puesto, con un
corazón de bronce (,ue nada abate. sigue sien·
do el alma de la resistencia y el espíritu que
anima. aquel montón de desolación y de
ruina.
Por tierra, en los campamentos dila ta.dos de
los ejércitos beligerantes,todo parece dormido,
ha ata que la. risueiia primavera, que hincha de
savia. los tallos y corona de flores los brotes,
traiga con el calor y la vida. la. rabia para el
combate en los pechos y la sed de venganza. en
los corazones.
22 de diciembre de 190!.

-Desde que le conocí- terminó diciendo el
amigo Pérez,-han pasado cuatro años. En este tiempo he corrido mucho, y viendo cómo viaja la gente, por capricho ó por combatir el
aburrimiento, más de una ve.i he -pensado en el
pobre gañán que, separado de su familia por
la miseri11., cuando quería besar á sus hi¡os,
tenía que verse perseguido y acosado como al!maña feroz, y desafiar la muerte con la seremdad de un héroe.
V. Be.ASCO

lBÁREZ.

EL SITIO DE PUERTO .ARTURO.-UN ATAQUE.DESESPERADO DE LOS JAPONESES Á UNA POSICIÓN RUSA.

z. z. z.

�EL MUNDO ILUSTRADO

:tt MUNDO ILUSTRAl&gt;O

MAURICIO
(Dt nuestrc concurJo de f.uentos de Ntvlded y Año Nuevo.)

URICIO era un mocetón de veintis años, gallardo y fuerte como un
ble, honrado á carta cabal, de
conversación ingeniosa y fácil
trabajador y listo como pocos. El aspecto qu~
le dabtm su traje ajustado, su sombrero de anchas a.las con toquila. y galones de plata1 su andar airoso y su mirada de lince, era e l de un
ranche~o _simpático. No es extraño qne con estas envidiables cartas de recomendación fuese
el pollo mimado de las muchachas casaderas y
guapas del pueblo. N'o había reunión, bautizo
~atril:!lonio, cumpleañ_os . ó baile á que Mauri~
cio de¡a.ra de ser un mvitado de preferencia..
Más de una madre suspiraba. en secreto, pro-

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NUESTRO PAÍS.-CANAL DE RANCHO NUEVO Y HORNOS (E&amp;TADO DE MORELOS.)

VOCES DEL SILENCIO
(Para EL MUNDO ILUSTRADO)

Allí, bajo el tosco
Carcomido techo,
Bajo el techo de aquellas ruinas,
Por la huella marca.das del tiempo,
Nació en una. noche
De paz y misterio,
Aquel ángel en forma de niña,
AquAl ángel venido del cielo ..... .
Todo era alegría,
Todo era contento,
En aquella mora.da ruinosa,
Por las huellas marcada del tiempo.
Los padres lloraban,
Lloraba el abuelo;
?.~ás ¡cuán dulce aquel llanto de dicha.1
¡Cuán dulce y cuán tiernol ..... .
Brillaba. serena
La luna en el cielo,
Y suq rayos, en haz argentino,
Alumbraban el vasto aposento,
Donde al par se ofan,
En a.legre y extraño concierto,
Junto con las va.gas
Voces del silencio,
El tictac del reloj incansable
Y dAl grillo el tenaz criqueteo.
Todo era a.lE&gt;gría.,
Todo era contento ........ .
Más ¡cuán presto la dicha se acaba!
¡Cuán presto! ¡cuán presto! . .... .
Ioútil ha sido
La. ciencia del médico:
Nuevo ser á la vidn. ha llegado;
¡Ma.s la madre ha muerto!
Y allí, reposando
En el mismo lecho,
Donde no hace un instante, la ni!Ia.
Exhaló sus gemidos primeros,
Allí, de la madre
· Yace el frío cuerpo,
Contraída la faz por el último
Anhelar del instante supremo.
Cuatro grandes cirios
Arden junto al lecho,
Y el cadáver ya rígido alumbran
Con su brillo trémulo.
Y óyense sollozos,
Y óyense lamentos,

Y óyense las vagas
Voces del silencio,
Y e l tictac del reloj incansable,
Y dAI grillo el tenaz criqueteo.
Do es amargura,
Todo es luto y duelo
En aquella morada ruinosa,
Por las huellas marcada del tiempo..... .
Primero, la. madre;
Después, el abuelo,
Cuando van despertando en la nii'ia.,
De la edad juvenil los anhelos.
Pimero, la madre;
Después, el abuelo ...... .
Otra tumba. querida, otra tumba,
Que de lágrimas pide otro riego ..... .
Y, en tanto, en las sombras
Del vasto aposento,
Resuenan las vagas
Voces del silencio,
Y el tictac del reloj incansable,
Y del grillo el tenaz criqueteo ..... .
Allí, reposando ,
'En el mismo lecho,
Donde dió sus primeros gemidos
AquAl ángel venirlo del cielo;
Allí, reposando
En el mismo lecho,
Donde, en lucha tenaz con la muE&gt;rte,
Dió la madre el gemido postrero;
;, U{ esté. del padre
El rígido cuerpo,
Contraída la. faz por el último
Anhelar del instante supremo.
Los cirios lo alumbran
Coo su brillo trémulo,
Y la niña solloza., solloza,
Con sollozos que oprimen el pecho ... .. . .
Primero, la madre;
Después, el abuelo,
Y despuéj 1 otra tumba adora.da,
Que de lágrimas pide otro riego ..... .
En tanto, en las sombras
Del vasto aposento
Resuenan la.s va.gas
Voces del silencio,
Y el tictac del reloj incansable,
Y dAl grillo el tenaz cr,iqueteo.
Después, de parientes
Se ha llenado la casa del duelo.
El olor de la herencia los llama:
¡Son tan sólo banda.das de cuervos! ......
Y pasan los a.í!os,
Y va a.pareciendo
La miseria en aquellas ruinas,
Por la huella marcadas del iiempo;
Y pronto se eleva

Del hombre el espectro ... . . .
Y la pobrA doncella es vencida
Por !l.quella. bandada de cuervos ..... .
Y, al salir la mísera
Del hogar paterno,
Resuena muy triste
La voz del silencio,
Y el tictac del reloj incansable,
Y dPl grillo el tenaz criqueteo.
En tal desventura.
Quéda.le un consuelo,
El consuelo divino del llanto,
El amargo placer del recuerdo.
Los ruinosos muros
Del bogar paterno,
A ernucba.r la enseñaron las vagas
Voces del silencio,
Esos mil rumorPs,
Que parecen venir de muy lejos,
Que parecen venir de muy cerca,
Y qu'I están en el propio cerebro.
Y ella lns escucha
~on oído atento,
Y á. la desdicha.da
Esa10 voces son otro consuelo.
E§cuchando siempre
La voz del silencio,
La doncella é. la muerte sonríe,
Del nbscuro hospital en un lecho;
Y más que en su oído,
En su pensamiento
F,l tictac del reloj suena grave,
Y dE&gt;l l!'rillo el tenaz criqueteo.
Allí, en una noche
De. paz y misterio,
EntrPel grave rumor de las vagas
Voces del silencio;
Allí, en un obscuro
Y olvidado lecho,
La. don,..,ella exba.ló de la vida
El último aliento ..... .
Por fio, ya disfruJ.a
Del reposo etf&gt;rno,
.
Junto é. aquellas tres tumbas queridas,
F.o el cementerio.
Y de la doncella
Arrullando el sueíio,
AquPlsueñotra.nqullo de muerte,
Quietud y misterio, .
Aquel sueiio de siglos y siglos,
Sin despertamiento,
El tictac del reloj ya no ~uen9:,
Sino el vago rumor del silencio,
Y el susurro del viento en los sauces,
Y del grillo, el tenazcriqueteo ... • •·

F, GUERRA-CASTRO,

bablemente,por la dicha inefable de contar al•
guna vez á aquel guapo chico en el número de
la familia.
Mauricio no era rico, no era pobre tampoco;
sus bienes de fortuna consistían en algunas tierras de labor y en una bonita casa. Su padre,
que había muerto bacía tres años, le llamó con
urgencia una noche que se sentía desfallecer, le
tomó convulsiva.mente la diestra y le dijo: "cuida. á tu madre y á tus hermanitos". Sí, padre,
murmuró Mauricio, y no pudo decir más, porque un nudo le apretaba. la garganta.
El encargo fué cumplido religiosamente: jamás se vió en el pueblo un hijo más ama.ble y
respetuoso ni un hermano más jovial y com•
placiente.
Era el 24 de diciembre ........ En el camino
que conduce de la capital del Estado al pueblo
ha.y una caña.da deliciosa, poblada de árboles
corpulentos y plantas que florecen en todas las
estaciones del año, y en medio de la cañada
un cortijo conocido por los del rumbo con el
nombre de "El Venado." Cerca de esta pequeña finca a.pareció, bajo las coposas frondas,
Mauricio, caballero en magnífico rocín, fehz y
alegre como nunca.. Sentíase poeta, conquista·
dor, capaz de mil hazañas heroicas; y era na·
tural: su rebosante juventud sentíase multipl~ca.da. con los encantos de aquella perenne prima.vera..
Tras él iba un peón estirando una mula car•
gada. con dos cajas enormes.
Apoyada en una de las venta.nas de la finca,
esperaba. impaciente una joven de diez y ocho
años. Verla nuestro héroe y espolear su caballo en dirección de la ventana, todo fJJé uno.
¡Qué coloquio más apasionado y delicioso!
Después del mutuo obsequio ~e soni:isa.s dulces
y miradas tiernas-muy propias de Jóvenes que
se entienden bien,-dijo Mauricio: Te espero esta noche sin falta; no olvides que tienes empe•
fiada tu palabra.
- Sí respondió ella, iremos con mucho gusto;
sólo e~peramos á mi papá, que no debe tardar
mucho.
-Bueno, saludos á don Andrés y doffa Ma•
ría; me marcho porque ya es un poco tarde, y
hasta la noche, Lupe.
-Hasta la noche, Mauricio.
Lupe era realmente una muchacha ~ermosa.,
esbelta como un junco, la tez rosada, 010s gran•

des, la.bios color de grana.da, pelo a.bunda.nte
castafl.o obscuro, manos blancas v sonrisa de
diosa. Educada en un buen colegio de la me·
trópoli y habiendo tratado con frecuencia. áfamilias de la buena sociedad, Lupe era un tesoro en su tierra natal. Con todos estos adoro os,
no muy comunes aún entre jóvenes de buena
posición, es natural suponer que la simpática
Lupe fuese cortejada con insistencia por los
más apuestos señoritos del rumbo.
Ella desdeñaba á todos, sólo Mauricio era
objeto de sus pensamientos; con.su buen talento y los dictados de su corazón siempre certeros, había adivinado que aquel gallardo mozo
era el único capaz de hacerla feliz y comprenderla. en toda su grandeza de alma.

***

Daban en la parroquia las once de la noche.
En la grandiosa bóveda del cielo, Sirio brillaba con fulgores de diamante; Aldebarán semejaba una inmensa gota de sangre; Orión, ese
asterismo maravilloso, predilecto de Urania. y
de los astrófilos, se destacaba soberbio como
un Zeus del firmamento; el Navío, maltrecho
por la tormenta, con su estrella Canopo, -que
preludiaba voraz incendio, se perdía balanceándose penosamente en los inmensos mar.es del
Sur; las Pléyades y las Híadas antojábanse
grupos de Vestales, eternamente ocupadas en
alimentar el fuego ¡,agrado en honor de los dio•
ses.
El espectáculo del pueblo era fascinador;
multitud de cohetes hendían el espacio, las cámaras tronaban en el a.trio del templo, la campana mayor llamaba á misa de gallo, las orquestas y murgas tocaban en varias casas, mil
fogatas flameaban en la plaza y en los patios,
y un incitante olor á buñuelos saturaba. el ambiente.
El poético aniversario del nacimiento de
Cristo no podía ser festejado de otro modo más
bullicioso y alegre. Aquello era una noche de
fiestas orientales.
L&amp;. casa de Mauricio no tenía rival en todo
el pueblo. El patio estaba iluminado deliciosamente con fa.roles venecianos. la entrada de la
sala, convertida en gruta; el' 'nacimiento", sobre todo, era un primor, con su Niño Dios recostado sobrA almohadones de seda, cubierto
de encajes, bajo el portalillo de cartón y rodeado de bueyes, mulas, camellos, borregos y
caballos de barro. La enramada, cuajada. deesca.rcha., heno, luces y juguetillos de cera, daba
al conjunto el aspecto más bello que pudiera
imaginarse.
Mauricio, dicho sea con permiso del Niño
Dios, era el héroe de la fiesta; iba y venía. por
todos lados obsequiando refrescos, dulces, nueces y pasteles á sus numerosos invitados; de
vez en cuando se detenía junto á Lupe y quién
sabe cuántas ternezas le decía al oído, lo cierto es que ella, ensimismada, convertida. toda en
oídos, sonreía con inmensa satisfacción.
Entre tanto, los niiios de la casa y de los invitados, y otros muchos que habían sido a.traídes con las armonías de la música y los fulgores de las luces, corrían en el extenso patio y
brincaban sobre las fogatas. Y como entre los
muchachos no hay alegría sin ruido, cual más
se empeñaba en sacudir su sonaja y en tocar fu.
riosamente su corneta de hoja de la.ta.
No hay algarabía comparable con esta escena; no hay enjambre que revolotee más y mejor en el colmenar.
¡Oh dulcisímas alegrías de la vida! ¡oh encanto de los verdaderos paslltiempos! Sólo a.sí
se puede tener tregua en las rudas faenas y en
las mil vicisitudes de la existencia..

·ment~; sólo la.s mujeres permanecieron , 1a. expectativa.
Cinco minutos después algunos zuavos é imperialistas preguntaban por Mauricio, y no
contentos con la respuesta negativa. de las se·
ñora.s, le buscaron brusca y empefl.osamente
por todos los rincones y hasta debajo del ''nacimiento."
A la mañana siguiente supo Mauricio, por un
pro,Pio, que su casa había sido atropellada., sus
bueyes decomisados para escarmiento de otros,
el poco dinero que tenía en caja robado, su
madre y su novia insultadas. Además,se le buscaba con insistencia..
No había remedio;entrega.rse era una locura;
luchar era forzoso. La ira cont ra los enemigo"
de su patria le encendió el rostro súbitamente.
¿Cómo era posible que pasara por semejantes
vejaciones? El, tan honrado, trabajador é inofensivo, ¿había de soportar en silencio tamaña
humillación? ¿Qué pensaría su prometida, en
cuyo concepto él parecía ser la personificación
del honor'I
¡No, y mil veces no!¡ Resuelto como un guerrero japonés, bravo como un tigre herido y sañudo como Júpiter tonante, forjó su plan y mar•
chóse camino de la sierra.
Ocho días después nuestro intrépido joven se
había dado de alta en la guerrilla de Honora.to
Domíng-uez, ese bravo jefe, especialista en batir y quitar convoyes del enemigo.
¡De cuántos hechos heroicos fué actor Mauricio! Su fama dé valiente llegó á las filas enemigas y era objeto de constantes sinsabores y
sobresaltos. En su tierra se contaba que ya era
General.
Pero no es la ocasión propicia de hacer la
epopeya de los héroes y defensores de la amada patria. Dejemos al historiador y al poeta
que cumplan con su misión.

*

**
Un año había transcurrido;
Mauricio se encont_rab~ á cien legu3s de distancia. El cuerpo
de eJérclt-0 á que servía con el grado de capitán,
había ~ido completamente derrotado, y en la
confusión del desastre, cada quien siguió el camino que mejor le plugo.
En medio del bosque, perdido en los andurriales, con el negro manto de la noche encima,
la cabeza y un brazo vendados con pedazos de
manta, caminaba lentamente el joven capitán
sin saber hacia dónde. A lo lejos, entre el ra·
maje de una encina, distinguió una lucecilla.,
luego otras varias. ¿Qué sería aquello:&gt; ¡,un
campamento enemigo? ¿un poblado cualquie1·a?
Preciso era desengañarse; además de que se
sentía desfallecer de hambre, el sueiio le acosaba desapiadadamente y el cuerpo herido le exigía unas horas de justísimo descanso.

***

De pronto se oyeron unos tiros de fusil y al•
gunos gritos destemplados. Un mozalhete, azorado, llegó corriendo y dió el aviso: Ahí 1:ieMn

los zuavos.

Efectivamente, la patria pasaba por la prueba más dolorosa quizá, por ese sangriento vía
crucis que denominamos la Intervención Francesa.. Maximiliano había sido proclamado Emperador de México; el Presidente Juárez peregrinaba. por nuestros Estados del Norte, y los
ejercitos de Bazaine invadían los poblados en
son de conquista..
Mauricio, que simpatizaba. con los republicanos y que en más de una ocasión les había prestado pequeños servicios, se alarmó un tanto con
la inesperada nueva; pero repuesto muy pronto, fuése á la caballeriza y echó la silla á su
noble alazán, que resoplaba inquieto, como si
adivinara. un percance grave.
·
De un salto se colocó en la silla, escuchó con
atención un momento, y dirigiéndose á su madre, dijo:-¡Ya vengo, no tengas temor!
- Hasta luego, Lupe.
Lupe estaba lívida por la emoción y la sorpresa, aunque no alcanzaba. á comprender toda la magnitud de las circunstancias.
Don Andrés Fernández, el padre de la chica,
gritó desde el zaguán: ¡Pronto, que ya vienen,
están ahorita en la plaza!
Dominando á duras penas los impulsos de su
alma fogosa, Mauricio se alejó al trote largo.
¡La fiesta se convirtió en velorio! Los hombres, uno á uno, se fueron alejando prudente-

La profusión de luces, el perceptible alborozo y el repique de las campanas, le aseguraron
que estaba inmediato un pueblo y que en el
pueblo había fiesta. Sin vacilar se acercó al
primer jacal que tuvo á la vista; una.señora le
salió al encuentro.
-Buenas noches, señora; ¿,no tiene usted algo que cenar?
-No, señor, ¿qué quiere usted que baya en la
casa de una pobre?
-¡Algo!. ........... aunque sea una taza de
C&amp;.fé.
-Pues, ¡¡ase usted, veremos qué le sirvo.
-¡Gracias! y se apeó de su alazán, inconocible por l? qerren~ado y flaco.
¿Qué vió el capitán Mauricio en aquella especie de pocilga?

�. Ét MlrnDO II.USTRAl&gt;ó

ÉÍ. ?tttmi&gt;O Ií.USTRADÓ
Vió lÍ. dos niños, varón y mujercita, que atizaban con empeño una olla tiznada., puesta sobre tres piedras, en la cual se cocía una calabaza. La niña estrechaba contra su pecho una
escoba vieja, envuelta en trapos sucios, á. guisa de muñeca, y de vez en cuando cambiaba miradas alegres con su hermanito, anticipándose
al momento ansiado de saborear la golosina
que hervía á borbollones en la olla.
La señora era viuda, y con la viudez le sobrevino una desgracia más grande: la miseria.
Su esposo fué soldado de la República. y murió como bueno en el sitio de Puebla. ¡Cuánto
pensaba en él!
Por penoso que le fuera convencerse á sí misma de su penuria, la realidad estaba allí de
cuerpo presente, no había remedio; la calabaza,
con un trozo de piloncillo, de agregado, era lo
único que tenía para sus criaturas en aquella
noche de gran fiesta.
-:¡?ero, dígame, señora. ¿qué fiesta tienen
ustedes, que está el pueblo tan alegre?
-¿Cómo, señor, no sabe la fecha en que vive?
Hoy es Noche Buena.
-¡Ah!. ... ¡de veras!. ... dijo maquinalmente
el capitán Mauricio ....
Un mundo de ideas se agolpó en su cerebro,
el corazón le latía con fuerza, la sangre le calcinaba, sentíase casi aplastado bajo el peso de
las emociones; los recuerdos que parecían de
ayer,comenzaron ó desfilar en su presencia uno
tras otro. Vió primero su casa concurrida y alegre, luego á su madre en el patio con la angustia reflejada en el rostro, á su novia casi
con ganas de llorar, á sus hermanitos corriendo á esconderse y á él mismo escapando á tiempo de la furia de la soldadesca. ¡Oh! cuánto sufría el infortunado capitán. Sin sentirlo, dos
gruesas lágrimas se le rodaron.
Algo extraño debieron ver la señora y sus
niños en el roo;tro del soldado, puesto que no
se atrevieron á hablar una palabra ni á moverse de sus sitios. El, que había permanecido sentado, con la barba apoyada sobre la palma de
la mano que tenía sana, de repente, con aquella viveza que le era tan peculiar, se irguió:
-Oiga usted. señora, ¿hay aJguna tienda regular en el pueblo?

LA SALA DESIERTA
Su ventana está. cerrada,
La ventana eo que solía
Asomar su faz mi amada
Cuando la tarde moría.
Quiero mi mundo evocar,
Paraíso de quimeras .. ..
Voy lo de adentro á. observar
Al tr avés de las vidrieras.
A la sal a silenciosa
Dirijo, inquieto, la vista,
Y al ver que todo reposa,
Mi corazón se contrista.
En medio á tanto mutismo,
¡Cómo su ausencia resalta! ... .
Todo está, todo, lo mismo ... .
¡Ella solamente falta!
¡Ya truncada estás, historia!
¡Ensueños, ya sois hüidosl
¡Cuál llegan á. mi memoria
Aromas de tiempos idos!
La silla que se ha.lis. al frente,
Muelle parece que aguarda
A la que lloro yo s.usente,
Aquélla que tanto tarda.
En la ta.llada consola
Está abierta la novela
Que leía cuando sola
Pa.saba la noche en vela;
Como es aquella doliente
Noche del último a.diós,
Cuando besé su alba frente,
Cuando lloramos los dos ....
Como en noches de agonía,
Noches de rayos y lluvia,
Cuando en las manos hundía
La hermosa cabeza rubia ....
Un ramo casi deshecho
Mis ojos mira.o allí. ...
¡ El que llevaba en el pecho
La última vez que la vil ...
Parece que ecos de danzas
Cruzan el salón desierto ....
El libro de las romanza!!
Está sobre el piano abierto;
Y como todo lo abrasa
El sol con sus resplandores,
En el patio de la casa
Secas estarán las flores.

-Sí, señor,la tiendagranile dedonPédro Cuevas tiene de todo.
-Bueno ...... voy allá un momento.

***

En la grandiosa bóveda del cielo, Sirio brillaba con .fulgores de diamante; Aldebarán parecía ojo congestionado del Tauro; Orión se
destacaba soberbio, cual z·e us del firmamento;
el Navío, malt,echo por la tormenta, con su estrella Canopo, que preludiaba voraz incendio,
se perdía en los inmensos mares del Sur, en tanto que las Pléyades y las Híadas, esas eternas
Vestales, alimentaban el fuego sagrado en honor de los dioses.
Una hora después, Mauricio regresó trayendo un cesto lleno, cubierto con un pedazo de
periódico. Los niños, muy satisfechos con su
sabroso dulce de calabaza, se durmieron tranquilamente; sólo la madre esperaba.
- Señora, dijo
Mauricio al entrar, tome usted
estas chucherías
para sus criaturas.
-¡Mil gracias,
señor; es usted
muy bondadoso!
Las criaturas
~
soilaron mil co~
sas hermosas;vie,.,-s;
ron al Niño Jesús
"
que se reía con
ellos, que los tres
jugaban á la guerra con caballitos y soldados de
barro, que comían
confites y que jugaban á la pelota.
Mauricio también soñó; soñó
que su madre, Lupa y él, tomados
de las manos, ca-

Eo medio á. tanto mutismo,
¡Cómo su ausencia resalta .... 1
¡Todo está., todo, lo mismo ... .
Ella solamente falta!
ls11ael Enrique Arclnlagas.

..

ORTO.
Emerge el sol.
Se rasga la neblina
como en jiro::ies de intangible velo,
sobre el éter azul, la golondrina
pinta el zigzag de su tortuoso vuelo.
La luz, desde la cumbre que se empina,
rueda en lluvia de rosas haijta el suelo;
arde el oro en la fuente cristalina,
y hay cambiantes de nácar en el cielo.
Del templo, todo luz, d la floresta,
surge un himno triunfal á. toda orquesta,
y mientras vibra en perfumado ambiente
0

el ritmo augusto del brillante coro,
el sol, como un rajá magnificente,
riega su polen de amaranto y oro.

OCASO
Tramonta el sol.
Se espesa la neblina
rizando en ola.s su flotante velo;
bulliciosa y gentil, la golondrina
vuelve á. su nido en caprichoso vuelo.
A1m hay luz en la cumbre que se empina,
mas ya raza.o las sombras por el suelo;
canturrea la fuente cristalina
y hay cambiantes de óvalo en el cielo.
Triunfa una dulce paz en la floresta,
que ha enmudecido la emplumada orquesta,
y mientras llega en alas del ambiente
el eco suave de lejano coro,
el sol, como un rajá. magnificente,
muere en su lecho de esca.ria.ta y oro.
ALBERTO HERRERA .

México, Diciembre de 1904.

minaban por un sendero dehermosura sinigua.1
y repentinamente oyeron un canto, el canto d~
los ángeles, que decía: "Hosana, hosana:gloria
á Dios en las 2 lturas; paz en la tierra á los hombres de buena voluntad."
. A la mañana siguiente., cuando el sol salía
los niños del jacal seguían soñando,no obstan'.
te que estaban bien despiertos, pues tenían ála
vista dos rorros encantadores, cornetas, sonajas, pelotas y varios paquetes de dulces finos.
Ambos niños se interrogaban con la mirada:
¿qué signiJicaba aquello?" jamás habían visto
cosa igual. Se!furamente el regalo era propio
sólo de niños ricos. Ni uno ni otra se atrevían
á tocar nada; los rorros de ojos azules y carrillos sonrosados era. algo así como seres divinos, hasta que la madre, conmovida y sonriente por la infantil turbación, hizo el reparto de
los objetos.
El capitán Mauricio iba ya bastante lejos.
Muy de madrugada montó á caballo, y una vez
orientado, tomó el camino de su tierra. Estaba
satisfecho, había peleado por la libertad de su
patria, había derramado su sangre, había cumplido con su deber. Ahora, justo era pensar en
los suyos, estrecharlos contra su corazón, verlos siquiera una vez.
Su pensamiento había volado más allá del
horizonte, á cien leguas de tlistancia, y había
regresado más pronto que la chispa eléctrica.
¿Qué le traía? ¡Muchos besos y bendiciones de
su madre! ¡Muchos suspiros de su novia!
V. D . BAEZ.

LOGO Dfi R~MA.T~
El zagal estaba
en tós sus cabales,
pero andaba siempre cavlloso y triste
por lo del novia.je
de la moza aquella que por él cegaba
. y con otro le hicieron casarse ....
Era el pobre zagal vergonzoso,
un mocico de esos buenos y formales,
y causaba pena verlo á. tóicas horas
murrio, callaíco, sin hablar con naide ....
¡como si por dentro de •s í, que lo fuera
minando de muerte, llevara un mal grande!
Pál trebajo era un negro: salía,
hecho un esclavico, con la casa ala.ate ....
&lt;!Mis pies y mis manos!&gt;
cuando lo mentaba decía su padre ....
Pues solo el mocico, y aunque vió mal tiempo
se marchó con el carro de viaje,
y en mitá del camino, la nube
le pilló de golpe, sin poder librarse ....
Se caló ista los güesos; la ropa
se secó pegaíca á la carne ....
le entró calentura; se vid o á Ia muerte
¡y loco de aquélla queó de remate!
Le dió la locura por ser lo contrario
de lo que era enañtes;
cantaba y bailaba
sin empacho en mitá. de las calles
tan suelto y alegre, que el pobre paecía
más felis que naide .. . .
¡Detrasico del loco iba siempre
escurrío de pena su padre!
Luego, algunos días,
al zagal le entraron arrebatos grandes ....
había que atarlo,
porque no era cosa de verlo estrozarse,
y al viejo le hicieron llevarlo á las javias,
¡que era igual qua vivo sepultura darle . . . . 1
Y al hijo á. la jaula llevó engailaico ....
El zagal cantaba, mientras que fn la calle,
escurrío de pena y de angustia,
mirando á. las javias, lloraba su paélrel

. ............. ·············· ······ · ····· ········

Al mocico, ahora,
otra ves lo tienes en tós sus cabales;
pero ya no canta: lo ves, como en tiempos,
caviloso y triste por lo del novia.je
de la moza aquella que por él cegaba.
y con otro le hicieron casarse ....
Da lástima verlo:
murrio, callaíco, sin hablar con naide,
¡como si por deotro de sí, que lo fuera
minando de muerte, llevara un mal grande!
Cuando estaba loco, paecía más cuerdo ....
¡páece ahora más loco que enantes!

·

'Vicente Meáína.

P1\GIN1\S DE L1\ M0O1\

H

EMOS llega~o á los días fríos; los tafeta_nes Y muselinas han cedido su puesto á los
terc10pelos suaves,&lt;failles&gt;,otomanos y pieles.
Los ~nos bronce y verde, aliados tendrán
gran éxito en este invierno· por ot~a parte
todos los tintes brcnceados' harán furor. E~
cuanto a! estilo, será. difícil dar una nota exac,a, pues Jamás ha concedido la moda más libertad á las mujeres que desean hacer valer su
personalidad, vistiéndose cada una en el género de estilo que mejor le está. Sin embargo
debo decir que el Luis XV y el Luis XVI &lt;sont
en faveur&gt;; los talles son mucho más ajustados Y el ~usto se destaca mejor, pues las grandes modistas han abandonado por completo
los cuerpos blusa.dos, con el objeto de suprimir esa~ bolsas de polichinela que deforma•
ban la silueta.

ULTIMAS NOVEDADES
La moda del día favorece decididamente á.
las m1!jeres bi~n hechas, lo cual alegrará con
seguridad á. mis amables lectoras.
Las mangas obedecen también al plan general de destacar el busto, con la amplitud en
lo alto.
_Es forzoso confesar que estos detalles cambian totalmente la figura que estábamos habit~ados á contemplar desde hace varias estamones, con los hombros caídos, sus cuerpos
blusa.dos y las mangas muy ornadas en el antebrazo.
Las f~ldas no presentan una trasformación
tan radical: .:ontinúan sie!ldo muy ataviadas
~eñidas á. las caderas, muy amplias en lo ba~
JO, con una ligera tendencia, sin embargo. JI.
ser un poco menos largas, pero arrastrando

aún de una manera razona ble y redondeada.
Habiendo entrado el &lt;footing&gt; en nuestras
costumbres, las mujeres elegantes se aprovechan de esos paseos higiénicos para aportar
á. su coquetería un nuevo elemento dándoles
ocasión estas salidas matinales d~ lucir los
~ás bellos trajes sastres, cortos de preferencia Y de una simplicidad exq:iisita.
La chaqueta muy larga está en boga· con
todo, no es de aconsejar'!e con la falda c'orta
porque el E&gt;fecto no es seductor. Se ban hech~
á últimas fechas de &lt;rough clotb&gt; ya liso ya
de fantasía, siendo esta tela la que produce
más vistosos resultados en la prenda de que
tratamos. La falda á grandes pliegues planos
6 con un volante en forma y la chaqueta de
largos faldones gozan de inmenso favor.

�1L )171ND0 ILUiT:&amp;ADO

COLONIA CUAUHTEMOC

tF?

tas &lt;toilettes&gt; de vt-

sita., se hacen de prefe·
rancia. en el estilo Luis
XV; el talle se drapea.
al través, formando
punta., y un gran cuello encuadra. los hombros mientras lo alto
del ~scote est~ guarnecido de enca3es. Las
mangas es\á.n compuestas de bullones superpuestos, dPja.ndo el antebrazo desnudo. La
fa.Ida, montada á. . pequeí'los pliegues, tiene
mucha amplitud.
Como nota general'
mnchos trajes de comida están guarnecidos
de ligeras bandas de cibelina; y las mangas
mitenes, 1argas basta
cubrir el metacarpo,
vuelven á ~star en bo·
ga.Numerosas e1egantes
visten en la tarde Y noche unchábito&gt; Luis XV
ea terciopelo cfrappé&gt;,
sobre una. falda. de tul
que forma tres volantes
plisados y orla.dos de
un estrecho bies de
terciopelo, sembrado
de pequeños medallo·
ae&lt;1 Pompadour..
Uao de los luJOS de
este invierno será~ los
cea.me.feos&gt; obten1dvs
con la. ayuda. de la~
pieles. Así, los za.patos guantes Y sombrero,' serán de i~éotico
color que el traJe,
¿Se imagina a us!,edes
la bel'mosa. a.pa.r1cióa
de una dama vesti-!a.
toda de un solo tooo,
desde la punta d~l z~pa.to basta el ca1gre.;
te&gt; de su sombrero.
Esto convierte á. la. mu·
jer en una. rica fio_r,
admira.ble en su gracia.
y armonía.

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MARÍA LUISA,

DESCRIPCIOl

•

DE LOS FIGURINES
NúM. l. -Her~osa
ca.pa de piel, term10a·
da. por ca.bezas del mismo animal.
NúM, 2.-Manga de
paño crudo, decorada
coa botones y un ribete
de terciopelo.
NóM. 3.- Blusa. da
piel de cisne lila' adorna.da con rulós de terciopelo más obscuro,
borda.do con puntos.
NóM. 4. -Hermoso
manto de piel de seda.
blancocrema con bao•
das bordadas; está hecha con una. drapería.
en cascada. á. la espalda, a.lforzándose y recogiéndose ~a. parte superior deba.Jo del canesú.
t
NóM. 5. -Cbaque a.
eton, de terciopelo ca·
fé a.dorna.da. con gra.nd¿s botones metá 1kos.
NúM. 6.-Abrigo ¡&gt;a•
ra. invierno, en paño
verde guarnecido por bieses de seda; aelanteros sueltos y espa.lda. entallada.
NúM. 7.-Elegaate abrigo de invierno, de palio veneciano color champaña., vistosamente
ataviado con cintas.
NóM. 8.- Abrigo suelto de invierno, en palio
color mal va; está. montado sobre uni,, pequelia. pieza que á la. vez forma canesú y chaleco;
dos filas de cpufflogs&gt; rircuyen la parte inferior y las mangas pelerinas superpuestas á.
las del abrigo, se unen á éste bajo una banda
del piel.
NóM. 9.-Traje invernal de palio café granito; la falda, adornada con dos bandas de
encaje, lleva atrás una especie de solapa orillada por una banda de piel; cuerpo cruzado
con vueltas de piel, abriéndose sobre un pechero de paño blanco; pequeñas i:uangas adornadas co::i piel y fra~j a de . enea.Je que cae sobre un puño de·enca1e también.
NúM. 10.-Impermea.b~e de ccra.venette&gt; gris,

FIGURINES

10, 11, 12, 13, 14, 15 Y 16.

guarnecido de bandas pespunteadas y abriéndoRe i;obre un chaleco que se abotona.
NúM. 11.-Blusa de faldones, en piel de seda
blanca.
Nú M. 12.-Capa en pallo cbeige&gt;, de delanteros cruzados, los cuales llevan incisiones que
permiten el paso á pequelios cstraps&gt;.
NóM. 13.- Elt&gt;gante capa en pa ño color bronce, pasada al frente y montada á. grandes pliegues debajo de uo cuello que tiene vistas de
encaje y cae sobre una capa que cuelga en
ambos lados en forma de cascada; una. doble
franja de encaje figura. las mangas.
NúM. 14.-Traje de calle. en clansdowne&gt;
azul con ornamentos de terciopelo.
NúM. 15.- Toca en castor café, adornada.
con piezas de terciopelo y trencilla de oro;
una roseta gigante de terciopelo a.l lat'.lo izquierdo y hacia. a.trás, termia a. el aderezo.
NúM. 16.-lmpermeable de ceravenette&gt; azul;
cuello y fa.jo de terciopelo; delanteros sueltos
y espalda. recogida por el cinturón.

La más hermosa Colonia, no sólo por su posición,
que lo es contigua al Paseo de la Reforma, sino porque las personas que están comprando lotes, per~necen á lo más granado de nuestra sociedad, quienes desean construir magníficos edificios, que, en
época no muy lejana, llegarán á ser el lugar más de
moda y el centro de las lujosas residencias de la
ciudad de México.
.
Sírvase investigar el alza á que ha llegado en esta parte de la ciudad, de algunos años á esta parte,
y se convencerá de que no hay inversión más segura ni de más brillantes resultados que la que le ofrecemos.
Por un acuerdo especial, se ha prohibido, para
siempre, establecer pulquerías ú otros establecimientos por el estilo en esta Colonia. Siendo este
lugar p&amp;ra edificar fincas que llenen todos los requisitos de salubridad y, por consiguiente, para que
residan personas de refinada cultura, se hacen necesarias estas restricciones.·
En menos de tres meses se ha vendido cerca de
la cuarta parte de este terreno, y esperamos que para fines del presente año, todo3 los lotes habrán sido
tomados, y dentro de unos cinco años, este lugar Fe.rá el más hermoso y saludable de la Capital de la
República.
Creemos que en un tiempo no muy remoto, México llegará á ocupar la primera fila por sus edificios,
en el hemisferio occidental. Tiene la ventaja naturai que no gozan otras capitales: salud y cultura.
Continuamos vendiendo lotes bajo nuestro mismo
plan, es decir, veinte por ciento al contado y el resto en nueve años. Ningún interés se paga sino después de que se hayan conclnído: calles de asfalto,
banquetas de cemento, drenaje y un sistema complefu de agua.
dllay alguna proposición de t.errenos mejor que
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Para mayores informes, dirigirse á
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1904, Año 11, Tomo 2, No 26, Diciembre 25</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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