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                  <text>Madres de Familia!
Las que padecéis con el llanto y los sufrimientos de vuestros pequeñuelos, es
pecialmente durante la difícil y peligrosa.época de la Den~ición, acudid al

Año XII.-Tomo I

.

Número 16 '

México, Abril 16 de 1905

Registrado como artfoulo de segunda elaae el s de Noviembre de 1891-Impreso en papel de la ·Fábrica !le San Rafael.

JARABE CALMANTE
del Profesor Francisco Bustillos, para la Dentición de los niños. Calma los dolores y la inquietud nerviosa, arregla las funciones digestivas y procura un sueño
natural y reparador.

.DESCONFIAD . DE LAS PREPARACIONES
.
LLAMADAS
.
CALMANTES ·QUE CONTIENEN DROGAS PERNICIOSAS.
'

EL

JARABE
CALMANTE
DE BUSTILLOS, NO CONTIENE .
OPIO, NI MORFINA, NI NINGUNO DE L.OS ALCALOIDES DEL
OPIO · - - - - DE VENTA 'EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS.

ll

: ... ~

.i' ~ _.\.

. ¡»,. .

..·

_D epósito general:

~,-,,._~_·¿-~- J;

, .

José Uihlein~ Sucesores,
.

.

Almácén de Drogas, Coliseo Nuevo., 3, México.
!

,;,,.. r..·-·

-------~-------------.J

PASCINACION.
'

(Cuadro d e Alberto Fuater,)

�Fundador, editor y propietario,
LIC. RAFAEL REYES SPINDOU.

Director,
LUIS G. URBINA,

Gerente,

Secretario de Redacción,

LUIS REYES SPINDOLA.

JOSE GOMEZ LIGARTE.

iuir:ripc!_ón foránea, por trimestre.......... 84.50
n a ce.p1ta.l, al mes.................................. I.25
co1::l9:~~ri~~ redacción deberán tratarse directamente
No se devuelven originales.

· ~elde 6 un cohvencido? ¿Eres un sabio 6 un
In&lt;?ompleto? ¿Eres un orgulloso ó un débil? ¿te
de3aste llevar de la ola jndiferente sin voluntad, sin prot~sta. sin e_sfuerzo; 6,' brújula en
ma1;10,. preferiste el camino de la negación y del
pesimismo que había de conducirte seguramente_ al reposo del que no espera, porque arrojó,
leJ_Os de sí, como estorboso fardo, la esperanza? .... . .
. -¿y ¡or qué me aconsejas tú que vaya á la
igl1::sia. ¿A qué he de ir? Bien sé que para exp~rim1::ntar la voluptuosidad mística, la emoción piadosa-mezcla de angustia y de misericordia,-puedo atravesar la cancela de un templo obscuro, colonial, pobre, de esos que cíe•
rran una sola y o_lvidada plazuela 6 se esconde1;1 entre los muros desportillados de un calleJÓn remoto: sé, que al levantár la verdosa y
mugrienta cortina de la
puerta, aspiraré n el aire
húmedo y frío, la fragancia divina de mís ensueños
de adolescente; sé que sentado en una banca apolillada, ó en la base de una
columna, ó en la grada,
de mármol gastado, de un
altar, pensaré en las cosas
idas, en las duh:es remembranzas de mis primeras
fantasías, en los brotes
primaverales de mis ide;i.s,
en mis sencillas alucinaciones religiosas, en la flamígera espada del ángel
de la guarda, ó en las verdes llamas, fosforecencias
de azufre, de los ojos del
diablo. Hundiré mi memoria en lo pasado; la remontaré á trayés del tiempo; la haré retroceder muy
leíos, y de allá, de los bru·mosos confines de mis pretéritos, traeré, suaves _y
puras, las rosas apenas
abiertas, de mis ilusiones;
los lil'ios de corola de
nieve, de mis inocencias:
todas las flores·de .mi niñez, bañadas en aljófares matinales. Los traeré en la barca de cristal en donde hacía mi fe sus lentas y felices
travesías por los mares azules y profundos de
los cielos cristianos. Mis labios volverán á
balbutir las oraciones que aprendí, y que, como esencia quecae gota á gota cayeron, sílabaá
sílaba., dela inviolada boca maternal. Un soplo
de frescura, como el aliento de un jardín remoto, ventilará mi alma, arca de trastos viejos, '
ar~a llena de herrumbre tanto tiempo cerrada
á los castos hálitos del recuerdo. Pero estas
emociones queme embarguen, serán efímeras, serán pasajeras, serán inconstantes, ,;erán frívolas. Inútilmente, hurgando en mi corazón y en
mi cabeza, buscaré un átomo viviente de aquellos delirios, un residuo molecular de aquellas
creencias, un gran'J de aquella mirra de fe, un
hilo áureo de la fimbria de aquella voladora
esperanza. Y saldré de la iglesia más triste,
más cansado, más desengañado de mí, más huraño ante el ajeno egoísmo, más avaro de mis
últimos despojos de piedad, de caridad, de
bondad.
No fué mi mala consejera la Sabiduría, no
fué la poesía; no fué la filosofía. La vida fué,
la vida, que me traicionó, que me hirió,
que me arrastró por todos los fangales, que
me salpicó con todas las impurezas: que me
hizo amasar cieno, engañándome con que era
polvo de oro; que me obligó á dar, aquí
y allá, por cualquier parte, con cualquier
motivo, á dar á manos llenas, el fervor, la
confianza, la juventud, el amor, la misericordia.
Tienes razón, voz compadecida, voz interna
y blanda, que me hablas en el silencio de la
conciencia con trémula entonación de plegaria;
me dejé ir, sin defenderme, sin luchar, cruzando los brazos, entregando el cuerpo á las ondas, por la corriente de la indiferencia y del
olvido. Vi, palpé, sentí que por bajo de las
creencias palpitaba, en tremenda convulsión,
la duda humana: que las almas estaban fatigados de esperar, de tener fe, y que en un terrible caos, dentro del cual se escuchaba un cataclismo, se ahogaba el uní vPrso en un sombrío
piélago sin orillas. De nada sirve querer levantar la gótica catedral de los primeros sue·
ños, con sus agudas torres, sus cala·das ojivas,
sus fi.ligran3:s de piedra, ~us delgados haces de
columnas; sería un trabaJo vano; un doloroso
juego de niños; no hay cimientos para empinar
esta maravillosa filigrana; vendría á tierra como un castillo de naipes. Pensar; sufrir; respetar( inclinarse delante de las gentes quepa•
san con su cruz á la espalda y su nimbo de
mártir-en torno de la frente. No distraerá
las almas contemplativas que cruzan por su sendero, mirando, mirando, sin bajar nunca la
vist(L, hacia el cielo opaco y sin estrellas. No
interrumpir las oraciones de los que yacen
arrodillados y besando la arena del camino;
no hurtar una ilusión que ·un pecho sano lle0

,.,.,.. .
;/

•

DIALOGO$ INTERIORES

-¿,Po~ qué no vas á la ~glesia? Dices que, á
veces, _siente_s la nostalgia de tus primeras
creencias; dices que te asalta, en ocasiones, el
deseo de vol ver, de regresar á tus infantiles
a~ombros, ~ tu~ cándidos éxtasis, á tus glor10sas fa_scma&lt;?10nes, á tus aprendidos rezos,
cuyos en1gmát1cos vocablos par.e cían encerrar
UD: P?der de milagroi á tus piadosas ternuras
cristianas, que te deJ_ab~n el espíritu impregnado de unción y de incienso .... En tus horas
de disgusto, en tus larg-os días de hastío en
tus años de ~ufrimiento; cuando sacude tu' corazón el dolor, 6 tu pensamiento se deshace
en borrascas de desesperación; cuando hallas
la vida inútil, la ilusion mentirosa y la carne
triste; cuando, como el ·obscuro po~ta1 has leído todos los libros, y, más allá de la duda tu
alma entera tiende sus· cansancios hacia 'un
nirvana inunito, -en el que la .existencia se disuelve para siempre en la honda neO'ra é infecunda de la nada; en tus inquietudes en tus
vacilacio_nes. ~n. tus m.elancolías, ¿,po~ qué no
vas á la iglesia? Prueba_dehacerlo; dices que
el ar~ es _un sugeridor ge cosas bellas, y mira
una iglesia: todavía conserva en los rincones
de las capillas, en el fondo de sepia de los retablos, en las viejas colgaduras, en los polvosos dorados de los.altares, en el ventanal de
vidrios desteñidos, en el fresco descascarado
de las b~vedas, en l~s. pintarrajeadas estrías
de las pilastras, en los rígidos mantos de las
esculturas, esa grave y solemne belleza que
eleva nuestras emociones á la vaga nube de la
meditación y _el rec~gimiento. Allí puedes aún
gozar de una i11:1pre~i6n estética y religiosa que
hará en tu conciencia el efecto de una caricia
sobre u~a melena alborotada; alisará- tus pen:
pensamientos revueltos y tus violentas y agitadas memorias. Y luego, recuérdalo: ¿acaso
te invap-ió el esceI_&gt;tici~_mo por la puerta' de la
verdad? ¿Fué la ciencia la que, después de enseñarte los tesoros de -su experiencia y los raudales de sus observaciones, te dijo: no creas?
¡,Fué la fiolsofía la que te condujo á la cima
del conocimiento, y desde esa cumbre, muy alta, muy alta, te mostró los horizontes de la
vida, para que. pudieras ver que el Universo
está vacío de ideal, y que toda la mecánica
portentosa de los mundos es una fatal obra del
acaso, u_na_ tran,sformaci~n incesante y estéril
d~l movirnie~to? ¿,La Sl!,biduda te. arrancó la
fe? ¿La marea de l:3- razón s_ub_ió, poco á poco,
hasta ahogar en ti, el sentimiento de admiración por el Gran Desconocido? ¿Eres un re1.

El muco t11strado

va escondida como una reliquia; no quebrar
con puño sacrílego, una esperanza mística· n¿
sopl_ar en una llama de más allá. Pass.r en' silenc10, escondiendo a_var~~ente el desencanto
r~mb_o á la muerte sm vis10nes, sin castigos'
sm bienaventuranzas.
'
Deja, pues, libre el paso á los que corren al
llam~do de la campana parroquial; espíritus
sensibles y ~uenos, para quienes la iglesia es
urna de lág:-imas y relicario de promesas.
LOS PASEOS DE SANTA ANITA.

. Hay.otro grupo, el más numeroso, la masa
m_nommada, la aglomeración del subsuelo que
mientras ta~to, se di vierte. Esta clase sí' que
no es escéptica; que no es ni crédula· es por
el contrario, idolátrica, creyente á su 'ma'nera
Nuesti:o pueblo, en su mayoría y á semejanz~
de ,casi todos los pueblos, tiene un patrono un
fetiche, un ídolo.
'
En su ansie~ad embrionaria de fe, se afei-ra
á una veneración, y en ella confía, con incurab)E: ceguera, y de ella espera más el biPnestar
f~swo, el place~ material, la grosera satisfac. c~ón, que el íntimo consuelo, el estado de "rac1a, la salud e~piritual. No cumple estrictamente con )os r~tos: antes suele aprorncharlos
para sus diversiones y entretenimientos mundano_s. De ~hí las verbenas. con nombres del
martirol~,gi_o ro!Dano, las luc~s; las tiestas populares, a la orilla de los atr10s y en torno de
los _templos. D~ ahí esa arcaica costumbre esa
añeJa _cere~om~, . e_sa reminiscencia del ¿ulto
de la iglesia primitiva. las t l'e1, caídas.
En. estos. día~ en que se conmemora el más
trágic_o episodio de la inefable leyenda cristiana, mientras la burguesía hace desbordar los
templ&lt;?s en f'.'-tigoso gentío, nuestro pueblo, la
masa mnommada, se entretiene en navegar por
el a!Pgre y sucio canal, que lleva á, flote una
mul~itu~ de canoas? empavesadas con flores
ordmarias y benderillas de papel. La aldea indígena ~~ Santa Anita es un cent1·O henchido
de reg:oci3O popular; sólo que allí la alegría
e~ peligrosa, porque es la alegría brutal y címca _de 13: e11:1briaguez. Y un canto obsceno,
una mterJecc1ón colérica que suena á grito de
fiera, un requiebro canallesco que parece un
r~clall!o amoroso d~l bosque en las edades prehi_stóricas, denuncian cómo se divierte allí
nuestro pueblo, al cuidado de la policía y
completamente descuidado del episodio trági•
co de la pasión.

'

CREPUSCULOS
Pnra --El Mundo Ih:strado"

En I a fiebre de luz de los ocasos
se hunde la tarde en purpurinas olas
y remeda un manojo de amapolas
sobre un tapiz de sedas y de rasos.
E n la casa olvidada, de tus pasos
se oye el eco doliente; en las consolas
agonizan, muy. tristes y muy solas,
las !lavas crisantemas en los vasos.
Se hunde en· las salas, de tu voz perditla
el vago ritmo; cruzan por tu vida
- donde el fulgor de los ensueños ardecon intranquilas ansias los temores,
y á la muerte de tiodos tus amores
te enfermas con la angustia de la tarde.

CUADROS DE ALBERTO FUSTER

Nuestro_semanario da hoy a la_ estampa la
r~producc1?n d~ unos cuadros pintados en Itaha J?Or el mtehgente y estudioso pensionado
me~i~ano_ Al):&gt;ert?Fuster. En ellos se ve una
decidida mclmación por imitará los grandes
decoradores modernos. Estas obras de Fuster
demuestran labor y perseverancia, é indican,
además, un bravo anhelo de vencer. De seguir
así, Fuster llegará. Así lo deseamos para provecho suyo y .gloria del país.

México.
DANIEL RoSAS.

oooooooooooooo~~~~U"-,"';:...r;~~~~-~~~-..... 000000000000000000000000

EL f\RTB Y Lf\ Of\BELLERf\

Lms G. URSINA.

P

CRISTO
...Y brotaban las blasfemias con un ímpetu sal vaje
¡¡orque el odio entr~ la turba como un virus se extendía;
y Jesús, sin una queja, su camino prosegufa,
majestuoso ent re la furia de aquel lúgubre oleaje

Roja sangre maculaba las alburas de su traje,
el dolor sobre su frente pavoroso se cernía,
y el Ungido•los insultos de la plebe recibía
cual si fuese inmune al golpe, y á la b efa l' al ultraje.

Y POr fin .agota el crimen sus infamias t enebrosa~;
y por fin Jes ús expira entre angustias espantosas;

pero enmedio de los gritos.ele las sombras.de los muertos,

surge dulcemente bella su lumínica flgurii
como hablando á sus verdugos de perdón y de ternura....
ies un lirio luminoso, con los brazos muy ab!er-tos.

ALBERTO HERRERA.

ocAS personas se han preocupado de in-

quirir, si es que ha habido alguna, las
misteriosas relaciones que existen entre el temperamento, el caracter, las aptitudes humanas
y la forma. cantidad, calidad y distribución
de la cabellera.
Tal parece, á primera vista, que para tener
talento, ser sabio, sentir hervir en el cráneo la
-inspiración; que para poder entonar himno's
como el poeta 6 ensartar silogismos como el
dialéctico; para animar el mármol con el cincel ó desenmascarar los secretos de la naturaleza con el microscopio ó el telescopio, lo mismo da ser hirsuto que lacio, cabelludo que
calvo, lampiño que barbado,
El pelo es una esecreción sólida de la piel,
dicen los tratadistas; corno las uñas, es un adminículo sobrante, excedente, redundante, sin
organización, casi, y sin vida, sin funciones
asignables, neutro, pasivo, sin conexiones
chicas ni grande~, con los altos centros en que
se elaboran las ideas, y exterior y extraño á
esos misteriosos laboratorios del pensamiento,
de la pasión y del arte.
A priori, pues, el pelo tiene que ser extraño
al hervidero del volcán interior, á la latente
fermentación de la idea, á la germinación pateo~ y al brote vigoroso de esa vegetación inter10r que es ciencia, arte, virtud, heroísmo,
amor ú odio.
.
Se concibe que los ojos, implantados hondam~me,. como por v ig-orosas raíces, en los heID:1s~erios cerebrales, resientan todos los s3:cudim1entos y todas las vibraciones del espíritu,
qu~ sean profundos y escrutadores en el sabio,
b_rillantes y ardientes en el poeta, dulces y
tiernos en la mujer, ardientes y penetrantes en
el héroe.
Se concibe igualmente que la fisonomía, unida á los focos de la idea y de la pasión por toda
una red de hilos nerviosos, sea espejo fiel del a lma, cambie con ella y con sus diversos est ados,

los exprese y los traduzca, sea melancólica en
el tristísimo Dante, ceñuda y austera en el rebelde y desencantado en Miguel Anjlel, apacible
y dulce en el felicísimo Rafael, idílica y delicada en el dulce Mózart, y épica y leonina en
el poderoso é impetuoso Beethoven, y profunda y aquilina en el sublime Wagner.
Que las manos, los miembros, el busto, expresen y se ajusten al giro de las pasiones y se
afilen, se ensanchen, se vigoricen, se yergan ó
se dobleguen, según la fuerza, la voluntad 6 el
dolor humanos, nada más natural. Todo eso,
aunque exterior y corporal, recibe del alma
impulsos, presiones, y á ellas acaba por amoldarse y con ellas por armonizarse.
Pero los cabell&lt;1s, apéndices casi inútiles y
casi extraños á la· vida interior y sin comunicación ni conexión comprobadas ni casi posib les con la hornaza de todos los ardores y con
el foco de todas las irradiaciones, ¿qué tienen
que ver con nuestros iluminismos y nuestras
meditaciones, y cómo acaban por dar nuestra
alma idea clara é idea suficiente'!
Y el hecho es indudable. Lo saben y lo conocen y lo expl?tan los pin~ores, y más que el~os
los caricaturistas, y gracias á él pueden pmtar almas con guedejas.
Nada hay de común, en efecto, entre la cabellera, presente 6 ausente, del sabio y la tormenta capilar del poeta erótico ó del poeta romántico . En el sabio, la cabellera es, en general, escasa, rala, l_acia, marchita; ~n. el po~ta,
en el pintor, es hirsuta, revuelta e md6m1ta.
Tal parece que el hielo de la meditación ha
agostado en el cráneo del s_abio toda _la fl_ora ·
capilar, y que el fuego tropical de la ~nspiración la ha _c onvertido en el poeta e:i impenetrable juncal.
En todo Montmartre, barrio parisiense de
artistas no se encuentra un solo calvo; en cambio, cer~a del Instituto y de )a Academia, no
hay casi .hombre con pelo.

En la cabellera mulata de Alejandro Dumas,
padre, se mellaban las tijeras de los peluqueras; Alfredo de Musset, Alfredo de Vigni, Alfonso Daudet, tenían verdaderas selvas en la
cabeza. lván Tourgerneff ~ra tan melenudo y
tan barbado, que parecía l a imagen nevada del
viejo Noel.
En cambio, la est adística demuestra que el
noventa por ciento de los miembros del Instituto Real de Londres, del de Francia, del Pasteur, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, etc , etc., por inexplica.ble transposición que no nos atrevemos á llamar de vísceras, tienen en el lugar del cráneo una rodilla.
¿Quién no reconoce al anarquista y en general al apóstol revolucionario por su cabellera
inculta y revuelta-, por su bigote y su barba
erizas y rebeldes'? ¿Q~ién se atrev!lría á representar á un padre de la Iglesia de bigote y perilla, ó con casquete inglés? En cambio, un
lansquenete ó un mosquetero, resultan absurdos con la sota-barba característica de los
profesores de obstetricia.
El cabello lacio, rígido, corto y cortado coma cepillo, revela á leguas al prevoste y al
maestro de :.i.rmas; un doble anzuelo sobre el
labio superior, denuncia al conquist ador, y
cuando el pelo invade y obstruye los conductos auditivos, parece decir al trauseúnte: " No
despertéis al monstruo que está ahí dentro."
Un patriarca rasurado, es tanto menos
concebible cuanto que el arte capilar es posterior á esas épocas ya remotas, y en cambio
un puritano se consideraría desonrado si peinara de romántico.
Dime lo que comes, te diré lo que piensas,
decía un sabio. Enséñame el pelo y te diré
quién eres, parodiaríamo~ no_sotros.
DR. M. FLORES.

�f:1 ln114o tl1stra4o

-

El m1110 111stra4o
~, - ;;;;c::;:r :r

2.

1

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DE, 'SFORT

(

Fiesta hlplca

en Peralvlllo

E

domingo último, por la mañana, se efectuaron en el Hipódr.omo de .Peralvillo las
c ... t-reras de caballos organizadas por el "Club
Hípico Internacional," con el concurso del
Club Hípico Militar.
Las nueve carreras que comprendía el programa, se jugaron en el orden siguiente:
Pl'imera carrera, á 400 metros, con caballos
del país y con peso libre. Se jugó con los caballos "Gyi,," •·Pancho," "Cori," "Pepito,"
'·Paisano" y "Plata," resultando vencedores
los Sres. Frederic W. Davis, que montaba el
''Gyp,'' y R. Bourjau, que montaba el ''Pepito."
Segunda carrera, en "Sulkey" (cochecillo
de do i vat·as con un solo asiento). Esta se di,.. vidió en tres partes, ó sean otras tantas carreras d istintas, ofreciéndose el premio respectivo
al que ganara en dos de ellas. En la primera
parte 1·esultó vencedor el caballo "Almount,"
yue con&lt;lucía el Sr. L. Courtier, y en la segnn•
da y la tercera, el "General Alger," que conduría el Sr. L. Blum.
Tercera carrera, para socios del Club Hípico
Militar, á quinientos metro~. Entraron los cahallos ''Japón I," "Chin-chun-chan," "Japón
H," "Minúto," "Vukano" y "Uno." otorgándose tres premios: el primero al Teniente
de artillería Ji:nrique Anaya, que m0ntaha el
"Uno;" el segundo al Subteniente Jesús Plata, que montaba el ''Minuto," y el tercero al
Teniente Eduardo Elizondo, que montaba el
"Japón I," hermoso ammal, propiedad del Sr.
Capitán D. Porfirio Díaz, y que llamó la aten·
ción del público por su magnífica estampa.
La segunda parte del prourama se cubrió con
una carrera de caballos cruzados, con peso Ji.
bre y á seisciento,; metros, e.n la cna 1 triunfaron: en primer lugar, f&gt;l Sr R. W. V.'elton,
que montaha P.l "Baby;" en seg-undo, Al Sr.
Frederic W . Davis, que mont¡¡ha, el "Dinorab," y en tercero, p,] 8r. Rob. E. Philip, que
montaba el ''Onofroff."
L

Las demás carrer11s fueron: una á 800 metros,
con caballos ingleses y peso libre; una "internacional, " al trote, á dos mil ochocientos
metros, y, por último. una de obstáculos, á dos
mil metros, con caballos de todas clases y peso lihre. En la primera. alcanzó el triunfo el
S r. D. Camus; en la segunda, que fué indurlablemente la más notab 'e, los Sres. Capitán M.
M . Bridat (primer lugar) y Teniente. Eduardo
Ehzondo; y en la tercera, los Sres. Domingo
Camus y José :e:nebrand.
Entre los concurrentes á las tribunas se cruzaron algun~s apuestas, siendo las de mayor
cuantía las Jugadas en la "carrera internacional."
En cuanto al éxito obtenido en esta ocasión
por el "Club" org-anizador, diremos que fué
muy satisfactorio: los corredores más afamados tomaron parte en tan simpática fiesta, y el
público con~urrente á las tribunas fué, no sólo
numeroso, smo selecto.
Los vencedor.es en las distintas carreras recibieron como premios diplomas y objetos de
arte.
l . Aspecto i:eneral de las trlbnnas.-2. El
Sr. Camus en la séptima oarrera.-3.
PrJmera parte de la carrera en
Snlkeys.-4 y 6. Sr. Davls. , •

,1
1

1.-El Sr. B lum en la carrera en Sol·
key,·- 2, El Sr. Uav ls en la prime·
ra ca.i:rera.-3. Carrera de ob9·
tácolos,-4. Carrera en Sul·
k~y.-ó y 6. E l Sr. Jt. w.
Welton en el caballo ·•Bahy."

..

Instantáneas de "El Mumlo Ilustrado", al milésimo de segundo.

'•

~

1

i~:1

. ·¡
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�El ffll140

LA MUJER JAPONESA
"Las guelsbas son cerezos de abril cuYas flores vuelan á todos los vientos!"
Kaibam

··cuando te cases, pintarás de negro tu
clentaduray rasurarás tus cejas ...... "
Afurasaki J.•hikibu.

Tres documentos se tu vieron presentes en México, durante largos año~, para juzgar al pue

Tl■straclo

ba _trenza como el chino que lavaba la ropa, ·y
todo deducido del biombo de brocado y del tibor de kaolín .... Entre el John Chinaman más
hediondo y degenerado y el tmperador TaikoSama, no' había para el vulgo diferencia .. . .
Después, la ''Señora Crisantema" de Lotí
con su insoportable gofirismo y su falsedad
absoluta, nos enseñó á desdeñar al pueblo épico, sabio y esteta, en todo aquello que no fuera la fabricación de faroles de papel, biombos
y transparentes de bambú.
A mi regreso del país japonés fueron legión
los que me preguntaron con el tono de un ateniense del tiempo de Pericles informándose
acerca de los Melámpodos: .
~1.Y estarán los japoneses tan civilizados
como nosotros .... '!
Esa pregunta del orgullo y de la ignorancia,
insinuaba en mí una profunda tristeza .... Para bien de mi patria, sólo hubiera querido
contestar: "¡Nosotros lo estamos tanto como
ellos!"
Hoy, los episodios de la gloriosa epopeya
nipona han arrebatado como un trofeo, más
. valioso que todas las indemnizaciones de guerra, el respeto de la humanidad para la gran
nación. Hoy, admirar·a1 Japón, es un snobismo. Yo bendigo al hado, al ' ·Kami" iniciador
y propi&lt;'io que hace muchos años, una tarde
otoñal de mi niñez, puso un libro de la ''Mangwa" en mis manos, y á través de Okusai y
de la poética Ono-no-Komati, ~ntes de Togo y
de Oy ama, me hízo consagrar el más ferviente
amor de mi alma al diviuo y mágico país ....

leite el encanto rítmico y silencioso, la hermética coquetería y la gracia _sutil y refinada de
la musumé.
Verá á través del humo de incienso con que
el recuerdo perfuma y vela los íntimos episodios de una vida, á la frágil y delicada mujer
con la eterna sonrisa de su ritual de amor tañendo el "samisen" al caer la tarde, cu~ndo
en los altos pinos las cicadas han adormecido
su rumor. Habrá de verla en las ocupaciones
domésticas, preparando el té junto al breve ·
brasero, el "jibashí", haciendo bruñir el casco de ébano de su cabellera corvina, frente al

El m,1110
niosos y poéticamente sugestivos, los "yobina" ó nombres de mujer: Kaorú-San: la fragante· 0-M: amor: 0 -Yuri: azucena; 0-Tar.u:
cigüeila de arrozal; O-Cho: mariposa; Murasakí Sama: Púrpura; 0 -Fuji: flor de Wistaria;
Utako: poema; 0-Banka: niebla vespertina....
F.scucha·rá viniendo de una tarde remota
bajo los cerezos flor·dos de una casa de té, el
delicioso cantar, lleno de amor escondido y
silencioso:
·
''La manga de mi vestido
que el llanto llegó á empapar,
contempló un desconocido
y ¡ay de mí! no he conseguido
que tú me vieras llorar!.... "

Tl■strado

nales," triunfan por la ostentosa hermosura y
·el sutil arte de agradar, que forman un profundo y elaborado código amoroso. "La mujer debe siempre sonreír al hombre;" " Lapalabra de las gueishas es melodiosa y pérfida;"
dicen los cantores de las "Casas Verdes," y
entre esas máximas de amor frívolo y venal,
surge á veces un hondo sollozo que cuenta el
impulso hacia.la ilusión y el triste regreso tras
del desengaño.
"Las mujeres parten sobr.e una quimera alada y vuelven sobre las rodillas" ....

y en sus trajes de aparato, en sus deliciosos
kimonos bordados y floridos, la theoría que el
recuerdo hizo surg-ir, se desvanecerá en el
misterio de lo que fué.

nos grosero que el baile_ occi~ental, no e~ por
parejas de hombre y muJer smo por muJet·es
solas que exaltan el "gesto secular" á la m.agnitud de un símbolo. Rusiñol, el pin~or y el
poeta ha dicho que un jardín es un paisaje
puest~ en verso, y así podría_ decirse _que la
gueisha es la más alta expresión estétlC'l, del
encanto de la mujE&gt;r ..... .
Pero no hay que ir a l hierático Yoshivara ó
á la risueña casa de té, para sentir la rara é
insinuante grada, 111 exquis ,ta feminidad de la
mujer japonesa. La crfal:1a de 1;1na hoster~a r~ral la paisana que refle¡a su imagen al mchna;se sobre el arrozal inundado, tienen su
agreste encanto y su perfume forestal.
En todas partes la musumé es encaotadora,
flor de aire libre y de refinamiento palatino,
vibrante cigarra 6 áureo faisán.
Es buena, es infinitamente dulce, tr ?-nquila y
delicada, y como el samurai cubiert,, ue i:e-

***

Pero si los guerreros nipones, descendientes
de los feudales samurai que hicie ·on dA su vida nacional una vasta y sonora epopeya, se
nos presentan ya tales como son, bravos, heroicos, justificando la fie1·a lrase del emµerador Yeyás: "La espada es el alma del Samurai", consumando ha:,.añas que fueron fábulas
en los libros de caballerías orcidentales, Ja
mujer jap9nesa, la delicada bara-musumé, sigue acur, u .. ada en las mentirosas páginas de
Loti, e.orno animal gracioso;pasivo y egoísta ...
El ilustre escritor, que quizás bajó á- tierra
mientras su buque carboneaba, no halló más
senderos que aquellos en que se habían impreso ya las huellas del marinero en huelga y del
agente viajero .... En pleno Japón ·continuó obsesionado por el tibor y el biombo.. . . .
*.
I\IUSUUES,

blo japonés: el tibor, el biombo y la "Crisantema" de Pierre Loti. ..... Con tales documentos, nuestra noción del pueblo maravilloso era
muy semejante á la que de los mexicanos se
tiene todavía en el extranjero: el tocado de
P.lumas, el cuerpo desnudo y embijado y el
'tentetl" de obsidiana chispeando entre el la.
bio perforado.
·
Se llegó á saber en México que el japonés
más ilustre fumaba opio, comía ratones y usa-

**

Un inglés, empedernido "globe-trotter" ,contaba una vez en mi presencia, que después de
haber· recorrido todo el mundo, se había casado en el Japón, porque tras de maduro examen, se había persuadido de que si existía una
mujer capaz de reunir todas las condiciones
para ser un¡i. buena esposa, esa mujer era la
japonesa, y nos refería cómo la musumé realiza esa rara per[ección.
Sin entrar en tan trascendental análisis,todo
el que haya tenido la fortuna de vivir en el
"Flowerly Kingdom", ha de recordar con de-

JJL KU.IHílllA DEJ. lllUSXO,

EN EL TOCADOR,

Gu~;ISHA SHUIBASHI.

tocador de muñecas, ó quemando en un pebetero de Kutani el kozen, el aromado incienso
bajo el altar de los "Kamis" .... La verá pasar sonriente en el raudo Kuruma, tirado por
un atleta que por su agilidad y su color moreno parece un bronce gladiatorio de Policleto,
yendo al parque de Uyeno, á los baños de mar
de Homoku ó á la fiesta otoñal de los crisántemos en Dango-Saka ... .
Recordará dilectamente los nombres armo·

Pero por precepto del código galante, 1;1n_a
gueisha no deja ver al hombre su alma afll¡rida, y es más fácil ver _lQc~r una perla submarina ó un diamante ba¡o tierra, que ver llorar
á una japonesa. Los transportes de la pena ó
de la alegría que desarmonizan la figura humana están proscritos por la etiqueta del Japón, ~ormada, como 1~ vida t&lt;?da_ &lt;3:e ese pa~s
harmonioso, por inflexibles principios estéti
cos.
La 1 ·odori " la bailarina profesional, es la
.:-.ompañer.a de la gueisha; el!- uno de n1;1estr~s
grabados, tres bailai:in~s miman la actit~d ritual de la triada de simios sagrados, haciendo
con su muda comedia un juego de ideas y de
palabras no tt-aducible en castellano. .
El teatro japonés tien" grandes. semeJanzas
con el griego, en su forma ~s~nc1al y en sus
detalles, y el baile evoca as1m1smo e~as fig-uras aéreas y ondulante~ de las kráteras Y. de
los aríbalos. El baile mpón, aunque es la Justa transición entre l~s al"tes de_reposo y lo_s de
movimiento tiene mas de estético que de dmámico. Como' todos los bailes, tiene un sentido
genésico, es un simulacro amoroso; pero mfü

UNA GUEISHA,

Tengo abierto ante mí un álbum en que el
grabado japonés, con su deliciosa cromatización, reproduce los doce trajes de que el trousseau de una novia se debe compon·e r: un traje
azul bordado de tallos de jazmín y de bambúes
para el mes primero; otro, verde mar con flores
de cerezo; otro, rojo con ramas de sauz; otro,
violeta bordado de amarillas flores de matricaria; otro, púrpura, sembrado de caracteres que
relatan los rigores del invierno ....
Pero no es la mu·s umé suave v recatada la que
más se atavía con esos esplendores; más bien
hay que ver en la gueisha ó en la hierática
"oirán" esas pompas de indumentaria.
Como la musumé por la dulzura, por las virtu~~s _doméstica s' y por h ingenua coqueter~a,
la oirán" y la gueisha, "bellezas profesio-

SIRVIENTAS DE UNA CASA DE TI;;.

gros hierros es la suma expresión del obscuro.
soldado, lagueisha, la "oirán" aparatosa, suntuosa, hierática, es la expresión estética de la
musumé, es la flor espléndida de un jardín de
amores seculares, de hondos poemas, de toda
uña vida galante apasionada; y rQmántiea, y la
expresa en su inmovilidad estatuaria de ído
lo, en su misterio esotérico de esfioge ....
Y por eso tal vez ama honctamente y no
vierte una lágrima, y" t iene los labios d.orados
y no sabe besar ... ·-~·
México. Í905.
JOSÉ JUAN

11TAKO Y &lt;&gt;-TUIU

SHA.MISEtl'li y ·xoTO,

}'A.RODIA ÓEJ. "KOiJllii",

TABLADA.

�El maaao_111stra4~

El m11ao tllStr440

....

EL NIÑO EN LA TUMBA
POR HANS CHR.ISTIAN ANDERSBN.

Ilustre escritor, cuyo centenario 1cab1 de celebruse con gran pompa en Dinamarca.

E

duelo llenaba la casa y el ~esar todos los
de continuo, Y á todas horas pensaba en -sus
corazones: había muerto un niño, un pogracias Y primores, y creía oír su dulce acenbre niño de cuatro años que era el encanto y
to. sus placenteras palabras infantiles.
la esperanza de sus padres. Bien es verdad
El día d"l entierro, rendida por las anteri.oque aún les quedaban dos niñas tan buepas cores vigilias Y por el trastorno, poco antes de
mo hermosas; pero siempre el hijo que se pieramanecer pudo conciliar el sueño, propicia
de es el Ínás caro, y aquí sobre ser el único
ocasión que aprovecharon para llevarse sigivarón, era el más joven.
1osamente el féretro junto al cual descansaba y
¡Terrible contrariedad! Las hermanas· del ditransladarlo al aposento más retirado, con el
funto sufrían lo que sufren en estos casos toobjeto de que no oyese los martillazos cuandos los corazones tiernos; pero el inmenso desdo lo cerrasen.
consuelo de sus padres daba creces· á sus peAl despertar, manifestó vehementes deseos de
nas. El oadre estaba a~onadado¡ y. en cuant?
ver una vez más el cadáver de su hijo. - E l
•á la madre, era en realidad l a que había sufriataúd está ya cerrado, dijo el padre: era necedo, con esta desgracia, un golpe ~ás cruel é
sario.
irreparable. Durante la enfermedad de su hijo,
-Es decir que no había bastante con que
había pasado días y noches á la cabecera del
Dios fuese tan cruel conmi¡:ro, que también haenfermo cuidándole con indecible esmero, aca,
bíais de serlo los hombres!" exclamó anegada
riciándole con ternura y sintiendo entonces más
en llanto y con la voz entrecortada por los soque nunca que aquella criaturita formaba farllozos.
te de sí misma. Cuando fueron á colocar e cáLlevaron el ataúd al cementerio, y la incondáver en el ataúd para couducirlo al frío sesolable madre se quedó en casa con sus dos hipulcro, no podía convencerse de que hubiese
jas, hacia quienes tendía los ojos, y sin embarmuerto.
go, no las veía siquiera. Avasallada por el peDurante la enfermedad, venía acariciando la
sar, rio se ocupaba de nada, vivía maquinalconfianza de que Dios no había de arrebatarmb.n te y su espíritu flotaba sin reposo y sin
le su mejor tesoro. De modo que cuando no le
rumbo, como un buque abandonado á merced
cup0 incertidumbre alguna, es decir, cuando
del viento y del oleaje.
vió .que había muerto su hijo adorado, exclaAsí• pasó el día del entierro, Y trascurrieron
mó con el alma transida·de amargura:
los .sucesivos igualmente tristes y sombríos.
"Dios no debe saberlo, ¡ob, no! Es impoCon los Qjos arrasados en lágrimas y -el corasihle que lo sepa. Acá en la tierra habrá ser- · zón oprimido, ·así las niñas como su padre
vidores su)·os desnaturalizados que obrarán
contemplaban á la pobre madre, tratando en
según su capricho, incapaces de compr ender
vano de b.a1bucear algunas frases de consuelo,
las súplicas de uná madre. "
que no sabían proferir, y que ella tampoco huy trastornada por el dolor, llegó á olviilar~
biera escuchado. ¡,Acaso no eran tan desgrase de Dios, ,én•tanto .que asaltaban su espíritu
(liados como ella misma?
l os más sombríos y' funestos pensamientos.
.El sueño era quizás lo único que podía, ya
'.'La n;µíérte ea eterna, · pensaba; sepultado
· que no copsolar su espíritu, dar una tregua á
el hom'l:1re',':'s e ··d eshace en polvo, ·y todo acaba
su agJtac'ión; pero hacía ya mucho tiempo que
para ste~~re.t,D : •
· no lo conocía, y un día que lograron hacerla
Y no eil.cóntrando ni consuelo ni lenitivo á · acostar, se tendió y permaneció inmóvil sin
•su infortunio, cada vez más desolada, acabó
· prpf~rir 'una palaJ:?ra; pero absorta siempre en
por ei;itre¡¿arse á l a desesperación rµás fierac. _'
su.~ ideas. Su marido, una noc~e, ~espués de·
Ni ]2odfa'1 lorar, ni se-acordaba abs.Qlutamen- , ,eicuchar atentamente su respiración, creyó
te dé l'a:s,:dé&gt;s niñas, que sin cesar se acercaba,n_':i" r-!U:i:ih;Óida á su desventurada esposa, y daD;do
á eU11rOOn-se-lícito cariño. Su esposo solloza-lia :,.a. ··-g-racias-á Dios por el reposo que se había dlgá su lado, y ella permanecía sin verle ni oírle.
nado depararle, _se fué á desca_nsar á su vez,
El recuerdo del JJ.ifio muerto la tenía absor,t a
quedando profundamente dormido á los breves
L

momentos, con lo cual pudo amort-iguar por
espacio de algunas horas el dolor que le torturaba.
En tanto su esposa se levantaba y se vestía
apresuradamente y con el mayor sigilo salía.
de la casá dirigiéndose hacia el sitio donde de
día ·y de noche estaban concentrados todos sus
pensamientos, que no era otro que la tumba de
su hijo. Atravesó el jardín, salió al campo y
tomó una "Vereda que conducíá al cementerio.
No encontró á nadie en el camino, si bien que
tampo&lt;'o lo habría notado. Sus miradas estaban fijas en un objeto, los árboles del camposanto que tenía enfrente.
Era una tibia y encantadora noche de fines
de estío: el firmamento estaba tacbonadode es •
trellas. Penetró en el fúnebre recinto y fuése en
derechura hacia el sitio en que ya sabí!!- que se
hallaba la tumba, consistente en una espesura
de perfumadas flores. Cayó de hinojos y aplicó
la cabeza contra el suelo, cual si con ms miradas· pretendiera atravesar la tierra, ávida de
ver al hijo de sus entrañas. Y efectivamente, le
vió, y muerto y todo se dibujaba una sonrisa
angelical en sus labios, y ienfa los ojos exuberantes de ternura. Quiso levantar su manecita
y la encontró yerta y envarada. Permanecía
inclin_a da fObre la tumba, tal romo durante la
enfermedad solía poner~e sobre la cabecera.,
con sólo una diferencia: ahora daba libre curso á sus lágrimas, y antes las reprimía heroicamente por no acabar de entristecer al pobre
enfermo.
- ¡,Deseas reunirte con tu hijo? oyó que le
preguntaba una voz grave y profunda, pero
clara y bien timbrada que llegó hasta el fondo
de su alma.
Al oírla se irguió con sobresalto y vió un
hombre envuelto en negro manto y cubierta la
cabeza con una capucha; su rostro, aunque severo, inspir aba confianza y en sus ojos briHaba el brío de la juventud.
-¡Reunirme con mi hijo! balbuceó la madre
con acento suplicante. ¡Ob, tú, ser misterioso,
quienquiera que seas, llévame á él y te seguiré.
- Medítalo bien, repuso: yo soy la muerte.
¿Quieres seguirme?
Para responder más presto, dijo que sí con

un rú pido movimiento de cabeza, y en P.l • act o
sin tió hundirse el suelo leutamente . ba¡o sus
plantas; el hombre negro la envol vi~ ~on su
manto y quedó rodeacta de espesas tmieblaás.
Asi, se i·nternó en 1~"' ti·erra hasta mucho m s
abajo del sitio donde suele llegar la pala del
sepulturero.
Cayó el manto q~e la cubría Y se hall_ó en :un~
vastísima sala de imponente aspecto., llumma
da por los inciertos reflejos del crepúsculo., En
breve se encontró estrechamente abrazada ª su
hijo, en el cual resplandecía :ina hermosura
nueva inexplicable y desconocida. Exhaló un
grito de alegría que no tuvo eco ~n.las bóvedaí,
bajo las cuales resonaba una dehcio~a armon a
celeste que tan presto se oía allí mi~mo com~
se alejaba. Nunca unos acordes seme¡ante~ ha
bían halagado sus oídos, pues tenía1;1 la :7rntud
de calmar todo dolor y eran tan. ¡mster10sos,
que brotaban _al parecer was un in11:1ens? Y tu~
pido velo tendido entre la sala Y el m fimto es
pacio.
-¡Madre del alma mía!. decía el niño con
la misma voz que cuando viví~, en tanto que
ella lo devoraba con sus frenéticos. beso~, pre·
sa de una alegría desencadenada, sm límites.
El niño señalaba la cortina y de_cía:-;-Detrás
de este velo, madre mía, es todo. mfim~amente
más hermoso que en la tierra. Mira, mira, /,n?
- ·tos? 1·Oh , qué fehves á mis divinos companeri
ces somos!
Miraba la ma9-re, y no vislumbraba más que

t i.nieblas, pues aún veía con los ojos de este
m~fi~ra, iré á volar por el esp'acio infin~to, añadió el hiño; á vol ar en torno del Ü';Illll·
potente reunido con los demás angelitos .
,
?p
é
¡.Quieres que me vaya con ellos ero /,por qu
Úoras'? Déjame ir, que en breve vendrás á -reunirte conmigo eternamente.
-¡Quédate! ¡Oh! ¡Quédate! exclamó l a ma•
dre: sólo un ·m omento,_el tiempo de estrecharte
otra vez contra mi pecho.
.
y estrechándole contra su corazón, trémula
y convUlsa le dió un beso. Pero sobre la bóvedá r esonó 'su nombre, 'Proferido por una voz
quejumbrosa.
-J,No oyes? dijo _el niño: es papá que te lla,
ma.
Pocos instantes ·aespués se O):P-ron _nuevas
voces entrecortadas por sollozos mfantlles.
-Son mis hermanitas, dijo el niño: no las
o lvides, madre mía.
Por primera vez se acordó de los s~res que le
uedaban en el mundo, y sobrecogid!l' ~e anq ustia, dirigió los ojos á lo alto Y divisó un
fspeso enjambre de seres aéreos que revoloteaban hacia la-cortina, tras de la cual desaparecían. EntrA ellos le páreció reco~ocer á ~uchas
personas que babia visto en la t1~~ra. e? l ?3:n á
pasar con ellos su marido_y sus h i¡os, dir~~ié~?
dose para si·empre al remo -de dí
la eterm
d 1 atro
No: sus gritos y suspiros proce an e 0
lado de la bóveda •

-Madre mía, dijo el niño, y a resuenan las
campanas celestiales, ya_ sale el ~ol.
Un rayo de luz maravillosa -ymo á d_eslumbrarla. Al abrir de nuevo los oJos, el mño ~a bía desaparecido y se. sintió elevada al aire.
Tuvo frío levantó la frente, miró á-su entorno
y se enco~tró en el cementerio, sobre la t~t,nba
de su hijo. Había tenido u n sueño, un~ vis~ón,
de la cual se había valido Dios par~ iluminar
su inteligencia y fol'talec_er su espíritu . Arrodillóse y dijo una oración:--Señor, per!1óname si quise retener en el mundo un espíritu celeste; perdóname por babe!'me _olv~ilado de los
seres que tu bondad confía á mi cm~3:do.
Con esto se sintió el corazón ahviad?· Había amanecido: el sol remontaba el horizonte,
cantaban los pajarillo~, y las.campanas de l_a
iglesia señal aban la misa matmal. La sol~mnldad de aquellos momentos acabó de apaciguar
las torturas de su espíritu.
Regresó á su casa apresurada: su esposo
dormía aún y Je despertó, dándole un beso en
la frente.
Ella fué desde entonces la más fuerte y la que
alentó á los demás con palabr as de consuelo.Nuestra suerte, decía, está en las manos del Señor. ¡Bendita sea su santa voluntad!
.
y abrazando á su esposo y besando á sus bijas, que la co~templaban llenas de d~cha, pero
no menos asombradas ante un camb10 tan repentino, les decía:
•
.
- Dios me ha infundido valor, valiéndose
del niño que descansaba en la tumba.

.,g~~~~."2'.•P-•."2•"'2•..:2•."2'.•""2'·"'2•" ' 2 • ~ ~ ~

~:s,,,.,;;;:,,.:s:;,.:s:s.:s,,,..,;;:,.,.,;;:,.,.'S:,.•'S:,.~~~~~~OP ~ ~ ~~~~"S;S•~•'S;S•"SS,•"S;S•"S;S•~

~~~~•Z7•'27•'27•'27•'27•"27•'Z7•Z7•'27•'27•'27•

NIHIL
Después del rudo estrago!
me enerva l a quietud a~etecida:
soy un inmenso Y. ªP.acible la,go .
que retrata el paisa¡e de la vida,
Y mis linfas, que a) aura se estremecen
y que la aurora tiñe de escarlata,
en las ta.rdes azules palidecen,
t
y en las noches de luna son de P1ª a.·
Soy un lago muy hondo ... • • •
... y tú, que osas violar mi ob~curo seno
con tus dulces pupilas entreabiertas,
por ver mi enigma y el dolor que escondo,
no h allarás en mi fondo
.
sino un lecho piadoso d~ hoJas muertas.··
Soy un inmenso y apacibl~ lago
coronado de sauces pensativos.••···
Si al copiar tu hermosura, ,
ligeros y furtivos
'
los amores me rizan ·c on su halago,

•

.

mis sueños pasionales
..
morirán con los trazos fugiti 'l'.ºs .
de la imagen que apreso en mis cristales.
Todo se b_o rra en mí .... todo se borra• • • •
Ni conservo memorias importunas.
Ni guardo amores, ni esperanzas llevo;
sólo así be contemplado tantas lunas
y siempre me ilumina un sueí'lo nuevo;
y sólo en esta paz que me consume. ·
aun hallo la ilusión ... . . el poJvo_ de oro
que, a l tocarlas, nos dan las ma~iposas ...
y sólo en este olvido encuentro á veces;
algo de virginal en el perfume
que irradia de las almas y las cosas.

*
**

¡Oh pálida, que in_quieres el misterio
de mis aguas tranquilas,
y en ellas te retratas
.
mientras sobre mi espíritu d~satas
la tempestad ~zul d~ tus pupilas,
¡ohl deja que llllpaciente
á. ti se acoJ&amp; mi;voluble anhelo.,• •

.

·deja ...... deja que te ame
con un amor efímero y ardiente,
lleno de luz, de 1-osas y de cielo;
asómate á mis linfas . .. .. y mañana,
cuando mire tu imagen tan lejana,
que olvide para siempre-tu belleza,
como un va.go crepúscu4&gt; sombrío
rasgará las quietudes de mi hastío
el místico fulgor de tu tristeza! .... . .
Deja que broten para ~u alma pura
como lotos risueños mis amores,
mientras oculto á risas y~ cong'?jas
bajo un sudario dé marchitas bo¡as
el sagrado pudor de mis dol_ores !....
¡Ah! no agites mi légat_no, mclemente;
es inútil tu afán ... . mi duelo es mudo ....
El Ideal que amé veló .s~ frente,
y al ir en pos de sus divmas huellas,
caí en l a lucha del dolor sañ'udo,
cubriéndome, al caer, con un escudo,
con un escudo azul 1ieno de estrellas.
RAFAEL CABRERA .

�El m11e10 111stra110

El fflllCIO TIIStraelo

Guerra Rusojaponesa
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··'·', LOS ULTUCOS DÍAS DE LA OCUPACIÓN RUSA•
. ASPECTO DJ&lt;~ LAS CALLES DE alUKDEN, E••

RETIRADA DE LOS RUSOS-DESPUÉS DE LAS PRIMERAS ·oPERACIONEs:DEL :!HAHO.

Las notas gráficas más interesantes que hemos podido recoger de la prensa extranjera,
con relación á la sangrienta lucha que se libra

e11 el Extremo Oriente, so11 dos: una, que represe11ta el aspecto que ofrecían las calles de
Mukden en !os últimos días de la ocupación

rusa, llenas de refugiados de las aldeas vecinas, expuestas sin cesar al fuego de los beligerantes; y otra, que reproduce una de las in-

EL GENllJRM, l,INlEVITCH1 JEFE DE LAS FUERZAS RUSAS EN MANCHURIA, -LO_S DISTURBIOS EN~ RUSIAI UN ESTUDIANTE
A.RENGANDO Á LOS CAMPESINOS.

numerables y dolorosas escenas que se desarrollaron durante las primeras operaciones emprendidas por los soldados del Mikado, c~nt~a
los moscovitas, en el Sbaho. En_este dlbuJ_o
puede verse el estado de abatimiento y de miseria en que las huestes del Zar se enc~ntraban al retirarse á Mukden, después de mtentar inútilmente detener el avance de sus
'
' gran ciudad ma°:chu.
, H eenemigos
hasta la
ridos, desmoralizados, pensando quizás en la
derrota que les esperaba, los rusos envueltos en
sus gruesos abrigos de invier°:º' de~filan,
armas al hombro, por l a llanura -mtermmable
que cubre la nieve.
Juntamente con este cuadro, de un realismo

desgarrador, publica "El Mund_o _Ilu_strado"
un bonito retrato del General Limevitch, _sucesor de Kuropatkine en el mando de los e¡ércitos del Zar en Manchuria. El viejo ~o~dado,
que goza, según se dice, de una popularidad Y
de un prestigio envidiables entre sus t r?Pª~•
está representado en el dibujo con su tr a¡e m_ilitar de campañ.a; en el fondo aparece su escolta de cosacos.

~

UNA MUSIG\ DE ORO
y siguió dócil la rhta,
sin hacer caso del dicho

FINTUM FRl~nTlVA,-LCIJ4DRO DE ALBERTO FUSTER,]

con que soñ.aba el capricho
de formarle una disputa.
Su tacón alto y sonoro
sobre el duro pavimento,
iba dejando en el viento
una música de oro.
Una •esquina y otra esquina
cruzó rauda· y desdeñosa;
alzando la vaporosa
falda gris de muselina.
Luego, perdida en la sombra,
en una calle desierta;
sentí crujir una puerta
y sacudir una alfombra.
R. BENA VIDES PONCE.

�El ffllldO 111strado
EL HOSPITAL DE SAN ANDRES

e

~~

dado ya comienzo á las obras de d
hción del edificio del ¡hospital de Sane1~drés, que hace más de dos siglos se levanta .
la calle que ahora ~leva su nombre
en
Este edific~o es uno de los mucb.os
1
1
•
que nos
egaron as antiguas órdenes religios
d
Nueva España y, como el del Hospital ~ le
el de San Ildefonso y algunos otros ofr
desde el punto de vista histórico rel~ti ~ce,
portancia.
'
va 1mLa' casa fué construída. para colegio de jes?ítas, de 162/l á 164-2. teniendo anexa un . l
s1a que ocupaba el sitio nonde ahora •e e:/g etra la r.alle de Xiroténcatl v un ª"" 10 d uentam t
· •
'·
.._,p
epar,
en ? para eJerricio!I espirituales.
En virtuil de la exnulsi6n de los jesuítas ciec:etada por C:;trlos III en Al último tPrci~ del
siglo XVI}!, ~l e&lt;lificio quedó abandonado dura?te algun tiempo, hasta qne el . Arzobi•po
Nuñe:,; de Raro solicitó le fuera cedino p~ra
est~blPcer Pn él un hospital, en vista de la necesidad
que h:ihfa de contar ron '"·na ra~a
/.
ó ·
~ a prop sito para at~nder al cuidarlo y cur ación ele
lo_s en_fermos clnrante J;i, Ppidemia de viruela
qne n1F1zm6 /1. la mPt1·6poli por aquel t 1·e
El h oc:p1_ta
· 1
mpo.de
. romo torl as 1as demii.s casas
o~nefirenma fundadas por los españoles en México. contRba con sns fondos propios. siendo
uno de los mejor dot11 do¡;:, En un pr incipio la
casa fné ronocicla, ron E\l nomhre de Santa A'
pero. á partir d~ 167íi, tom6 el de San And nén,
. • d "" h
s,
en v1r,,u
."e nhArs~ conC'edido el patronator de
la fundación al Capitán Andrés de Tapia.
E

t)

IBIL ID)~L ~~ 1D)I6 ~~IBIPIBu

ª'

(CUENTO PARISIENSE)

Crepet no estaba contento con su suerte. El soñó un tiempo seguir, como su alma
se lo pedía, la carrera de e~critor, de letrado erudito. Hasta pub licó un tomo de su gt·ande obra en varios volúmenes, El alma antiff!ta.
Ese primer tomo comprendía estudios sobre Simonioes, Arquíloco, Ferpandro y algunos poe• tas más Los volúmenes subsiguientes ,lebían
abarcar: uno á los moralistas; otr o, á los tribunos; éste,á los escultores; aquél, á los gener.ales. Así hasta completar seis tomos de ensayos sobre las diversas manifestaciones de la
en~rgía helénica.
UAN

J

i·

"* *

F.n el templo anexo al Hospital v que ocupaba,.romo :rntes ñi jimos. la parte. que boy corre~ponde á la._r.alle de Ximténcatl, estnv~ de1:os1tado el cadáver del Archir'!uque Maximi1•_ano. desde su conilul'ci6n de Quéretaro á Méx1r.o hasta su transla.r.ión de aquí á Veracruz
para ser embarcado á bordo de la -tristemente
célebre fragata '·Novara."
Por orden de Juáre:,;, los rPstos del príncipe
de la Casa de Austria fueron allí r eembalsamados, col~ándose el cuerpo de una gruesa cadena pendiente de la Jinternilla, en el crucero.
Tant? el Benemérito como su Ministro ·D.
Sebast1án Lerdo de Tejada estuvieron á visitar
el_ ~adáver del Archid:ique, efectuándose esta
visita á media noche y con el mayor sigilo en
octubre de 1867.
'
Después de_aquella visita se permitió á algunas personas la entrada al interio·r del templo Y aun llegaron á tomarse fotografías del
cadáver. La custodia de este estuvo encomendada á una guardia especial cuyo jefe contaba
con toda la confianza del Gobierno.

PATIO DEL HOSPITAL DE SAN ANDRÉS.

'

1

MUSICA DEL PASADO, ·-(CU~RO _DE ALBERTO FU;;ER.)

..

Pero de El alma antigua, apenas el volumen
sobre los poetas, llegó á publicarse .
-¡lmbéciles!-pensaba Crepet de editores y
lectores.
- ¡Imbécil!-pensaban. lectores y editores de
Crepet.
Lo cierto es que los tomos eran demasiado
voluminosos, que las minucias abundaban,que
el estilo era pobre, que el júicio no era directo.
En una palabra, la literatura erudita de Crepet no gustó. El único editor que se aventuró
á publicar el tomo sobre los poetas, apenas recogió otro fru to que la censura del crítico más
á la moda. La edidón quedó intacta. El solo
artículo del crítico fué suficiente á matar la
audacia de los editores, la improbable curiosidad del público y el entusiasmo literario de
Crepet.
Juan Crepet,recién casado, neces itaba comer,
vivir. Olvidó, pues, su literatura., sus erudi·
ciones de Untversidad, sus filosofías del arte,
Y empezó á trabajar en cierto Banco de París.
Como era honrado y laborioso, hizo carrera.
En pocos años ganóse confianza y estimación
de los superiores. El sueldo se lo aumentaban
poco á poco. Ahora vivía con holgura. En las
afueras de París tenía su casa con su jardincito lleno de rósas. A la sombra de los rosales
leía él de cuando en cuando sus manuscritos,
tomaba té con su mujer, ó m iraba mariposear
á Flor, su hija única, ya de nueve años, fresca
Y perfumada como su nombre.
· Pero Crepet no era feli?. del todo. Allá por
los. desvanes de su aluia soplahan ráfagas de
od10 contra aquel infame critico, quien, acaso
por presentida rivalidad, ó acaso por simple
malhumor, mató en un instante y de una sola
plumada todo el porvenir literario de Crepet,
todas sus ilu&lt;;iones de erudito.
Crepet decía á veces:
. -Quién sabe qué mala digestión ó qué callo
mflamado fueron causa del malhumor de este
A_rjstarco. Y ya se mira cómo ese momento de
b1hs ha troncha do una vocación.
Y luego Crepet añadía filosóficamente:
-Los hombres debían pensar un poco más en
}a trascendencia de sus actos.
Su mujer lo consolaba de tales amarguras, Y
aun le daba dulces reproches.
-Juan, no te quejes. ¿No somos felices? ¡,No
tenernos todo, hasta una Flor que perfuma Y
alegra nuestra vida? Tú andas exento de esos
odios que surgen ent~e literatos, {)omo tú mis•
mo dices. A ti todos te quieren. Además, con
los ahorrillos nuestros, ya pudieras publicar
tu o_bra entera. ¿No es cierto? Así, no dE&gt;bes
que¡arte.
-Eso justamente es lo que me indigna-ar·
gumentaba Crepet;-eso de arruinarse uno para
publicar su obra.

Y con la canteleta de la ruina ocultaba Crepet á su esposa la vergüenza de publicar á
costa de él, por falta de editor ..... .
-¡Y tanta porquería como se publica! ¡Oh,
qué gente tan imbécil!

*"*

Una tarde, al r~gresar Crepet del Banco,
encontr6 á su mujer angustiadísima, llorando,
entre un grupo de vecinos, á la puerta de la
cas·a . Era ya noche, y Flor no parecía.
-He corrido como una loca, Juan; á todo el
mundo he preguntado por ella. Nadie le ha
visto. No parece. ¡Hija mía, bija 9e mi alma!
Crepet se echó á su turno á la calle, desolado.' Al cabo de una hora regresó.
-¡,No ha venido'?
-No.
Entonces Crepet se d irigió resuelt.amente á la
estación de policía. Y se empezó la perquisición oficial. A hs demandas de la policía, los
vecinos, palurdos del arrabal, respondían necedades inútiles ó desorientantes.
Las comadres del vecindario daban sus opiniones.
-Yo la vi antier, á la puerta, arrulland&lt;Tá
su muñeca Lulú. Por cierto que la niña tenía
un aire extraño.
-Pues yo_ no la veo desde hace días; pero
ayer ad vertí que un gato negro se paseaba por
el tejado de esta casa, y me puse cavilosa.
Cuando un gato negro . ... . .
El comandante de gendarmes, un poco amostazado, cortaba la charla de aquellas pécoras.
-Bueno, señoras, basta.
Y como los curiosos se apilaban en la puerta, ordenó:
- Despejen la puerta. Cada uno á su casa.
Adiós.
·
·
Un carbonei:-o se presentó á la carrera:
-Tengo ·algo que declarar al señor comandante- dijo.
-A ver, ¿qué?
-A la misma hora que se extravió la niña
me robaron un haz de leña.
Entre el grupo corrió un murmullo. Aquello
no podía ser menos sino para asar á la secuestrada. ¡Pobrecilla!
A la mañana siguiente, los diarios todos de
París dieron cuenta del caso. Pubhcaroh r etratos de la niña, que nunca ·se había retratado, y bordaron una biografía de los padres.
En acceso de sentimentalismo, un cronista llamó á Crepet iluttre autor.
Y pasó la mañana. Y _pasó la tarde. Y pasó
la noche. De la niña no pudo averiguarse nada. Delante de la casa de Crepet se esta,.ionó
perennemente la multitud, renovándose á menudo con nuevos curiosos venidos de todas
partes de la ciudad, en roche, en bicicleta, en
automóvil, etc. Los diarios daban detalles íntimos de aquel matrimonio; se indignaban, se
indignaban contra el autor ó autores del inaudito atentado, y clamaban justicia. Todo París se interesó en el drama. En la casa de Crepet entraban y salían los reporters, tomando
notas, fotogratiando la casa, el jardín, la~ mufiecas, la cama de F lor.

En el barrio corrió una sospecha, que pronto se tradujo en certidumbre:
El perpetrador del crimen debía ser-¡,cómo
no'?-cierto mendigo asqu eroso, a.vejentado, de
nariz judía y cara de sátiro. Desde el rapto de
la chica naqie lo miró más en el barrio. Sí,
debía de ser él. ¡Bandido! Ya lo cogerían. Era
menester lincharlo.
Los periódicos se hicieron ero del rumor. A
los periónicos no les quedaba duJa. "Lincharlo, no-clamaba un diario muy circunspecto y
moralista;-pero todo el peso de la ley caiga
sohre el culpable. "
.
"El peso de la ley" era un eufemismo. Lo
que el just iciero diario quería que. caJera so•
bre el culpable era el filo de la guillotina.
Por último, vino á saberse que el mendigo
desharrapado había muerto días atrás, en el
hospital.
·
Los inconsolables eran los padres de Flor.
La madre, que estaha en cinta, cayó enferma.
El padre. bilioso, violento, hablaba de volar
con dinamita el barrio. de apuílalar, de sacrificar, de hacer sufrir. Quería sang-re.
-¡Ah bandido, si te cojo!-rugía furibundo.

...**
Cierta mañana le ánunciaron á Crepet una
visita. Era un empleado de algún edito1· de París muy conocido. Venía á progoner á Crepet
la publicación de El alma antigua.
-Son seis tomos y muy voluminosos-aventuró Crepet, entre alegre y desconfiado.
--No i-mporta--repuso el dependiente;--pero
la entrega del manuscrito debe ser ya.
El primer tomo "Sobre los poetas" había
volado en pocos días. No quedaba un ejemplar
en París.
Crepet aceptó. Esa noche no pudo dormir.
En su alma pasaban cosas extrañas. Su talento de erudito no era bastante á analizar ni com. prender I o que pasaba en su corazón. Tenía un
dolor y un placer. Su hija muerta, aquello era
horroroso; pero al fin, él,Crepet, era conocido,
era popular, era célebre. Los editores lo buscaban; el público lo leía. ¡La gloria, la glo·
ría,! .¡Cuán cara era la gloria! Y como su mujer estaba en cinta, pensó:
-"Bien.'pronto disfrutáremos de otra hijuela. ¡Cómo la. vamos á adorar! ¡La celaremos
hasta del aire; no la verá nadie, nadie; no la
verán nunca ! ¡Y mis obras publicadas, Dios
mío! ¡Y yo célebre!. ... Los caminos del Señcr
son desconocidos. No debemos rebelarnos con •
tra las disposiciones de Dios. ¡Padre mío,
Dios mío, no me desampares!.... . ,
A la postre se durmió. Y sobre el dormido,
sobre el atormentado rostro de Crepet, flotaba.
dulce, apaciblemente, una sonrisa.
·n, BLANCO F0MBONA.

ORIENTAL

Por último, el cuar to ó quinto día del secuest ro, se encontró, debajo de un puente, el cadáver de la chicuela. Yacía estrangulada, mancillada, los ojos fuera .de las órbitas, acardenalado el cuello, con delatoras manchas de púrpura en la camisita blanca..

¿Te acuerdas? Una tarde me dijiste:
-¡,Si yo te regalara. mil! cabellos,
qué harías tú con ellos?
Y yo te respondí, pálido y tri~te:
-Si una ave fuera yo, niíla adorada
formaría en u n árbol florecido,
'
con tus rll;bios cabellos blando nido!
Si fuera el claro sol de la alborada
en vez de áureos destellos,
'
lanzaría al espacio tus cabellos!
Si fuera yo la ondina de una fuente
haría un ahanico en esta hora,
'
para aplacar el fuego de mi frente!
Mas, como soy el trovador que llora
le pondría por cuerdas más vibrantes, '
tus cabellos flotantes
á _µii lira sonora!
JULIO FLOREZ,

�~I ffllldO

t11strado
La~euta
En el abismo asomas la frente, calcinada
¡¡or los rojizos fuegos de las fraguas solares,
y una ¡¡uerll creencia te ve transfigul"a&lt;la
en las maravillosas leyendas po¡¡ulares:
Un mago de los cuentos que cuenta Scherezada
-gran hacedor de extraños conjuros y avatares.la más hermosa y rica O!udad, dej/5 encantada,
en medio de tus irrises granitos seculares.
Cuando diluyen ópalos Y des¡¡arraman nieve
las manos luminosas Y cándidas de Febe,
contemplo, á la distancia. tus caprichosos riscos,
tus rocas verticales que levantó algún druida,
y emergen de tu mole baio ln. luz dormida,
columnas destrozadas y rotos obeliscos.
-RAFAEL LóPEZ.
Guanajuato.

1'

LOS CRUCIFICADOS
O crux, ave, SP~S ur,icz..

PUENTE DE l\IETLAC [ FERROCARRIL MEXICANO] .

La catástrofe de Metlac

Según parece, la empresa del Mexicano trata de construir otro puente en Metlac, que
substituya al antiguo.

en este número una fotografía
que representa el paso de un tren de car•
ga del Ferrocarril Mexicano por el puente de
Metlac, y otra en que aparecen la máquina y
los carros hechos peda,-os, á consecuencia de
la catástrofe ocurrida en los primeros días del
corriente, en aquel mismo punto de la línea.
El siniestro se debió, según unos, al hecho
de que, encontrándose en reparación la vía y
faltando· una parte del enrielado, la cuadrilla
de trabajadores no dió el aviso oportuno al tren
que se acercaba, colocando á distancia conve•
niente la señal necesaria, Y. según otros, ésta
señal fué colocada, y sólo al mal estado de los
frenos puede atribuirse el que el maquinista no
haya podido detener á tiempo el convoy. Sea
de esto lo que fuere, el caso es que la máquina
cayó hasta el fondo del barranco, arrastrando
once de los earros que componían el tren, y
que quedaron completamente reducidos á astí•
Has. El tren era de carga y los furgones iban
llenos de mercancías, cuyo valor se hace as•
cender á más de cincuenta mil pesos.
Las autoridades correspondientes han tomado cartas en el asunto, dictando desde luego
todas las medidas necesarias para hacer que la
averiguación de los hechos resulte completa y
poder exigir las responsabilidades del caso, si
es que las hay. El maquinista, el fogonero y
otros dos empleados resultaron muertos.

~~p

PuBLIC.AMOS

LAS MONTAf:ÍAS
BI Cuarto

Oh Derdurable página. de gloria, una mañana
tú viste, á la l uz de oro que los espacios hiende,
flamear como bandera d.i triunfo la. sotana
del gran Cura, y el sable del impetuoso Allende.
Como una trepadora ¡¡rolífica y lozana
cuando en los muros áridos sus floraciones prende.
cubriendo tu agria base, la Intensa vi.da humana.
hogaño por tus rocas estériles asciende.
A un q ue el fatal empuje de ciegos terremotos
disperse la materia de tus ¡¡eñ•scos rotos,
levantará la B lstoria tus cumbres más enhiestas,
Como testigos fieles de luchas inauditas,
y del valor del •·pfpila", que con su losa á cuestas,
un ¡¡edestal homérico conquista en Grana.ditas.
La Sirena
Dorada :por la lumbre de excelsas claridades,
ó negra, bajo el brillo de las constela~iones,
serenamente inmóvil. en las Inmensidades
del cielo azul, se ¡¡ierden tus áridos Cl'estones.
Mordida ¡¡orla cólera de rudas tempestades.
los flancos azotados oor bórridos turbiones,
el eco Inmenso guarrlas de nuestras lioertades,
cuando á tus ples rugieron como los Aquilones.
Escuetos. sin la :pompa de gayas vestiduras
en los desnudos torsos, se empinan tus granitos,
cerrando el horizonte con sus arquitecturas.
Y sólo cuando tiende sus manto, infinitos
la noche, me parece, que oculto en tus pavuras,
~elebra el aquelarre sus misteriosos ritos.

METLAC. -LA MÁQU1NA Y LOS CARROS DESPUÉ:5 DE LA CATÁSTROFE.

Muy negras son tus canas,
¡oh Trágico sombrío!
y muy dulce morir antes que llegue
la trémula vejez envuelta en frío.
e.A qué seguir con taciturno paso
de camellos? .... Dormid al pie del monte
para no ver manchado el horizonte
con el ávida sombra del Ocaso ..... .
En las nudosas cruces
agonizan los mártires; el brillo
roba el dolor á sus hinchados ojos,
que miran á los á mbitos desiertos
· con la turbia fijeza de los muertos.
Fuéles la tierra dolorosa: en haces
brotó p'ara sus sienes rama indócil
de puntas erizada; clavos fríos
que los frágile~ huesos taladraron;
para su cáliz de amargura lleno,
la vida- inmensa flor-sudó veneno.
En las cruces nudosas
se retuercen las víctimas, tocad¡,,s
de martirio las testas luminosas
por lívidos perfilts coronadas.
Lánguidamente en hilos tembladores
tibia la sangrQ ,POr su fa.z chorrea
y humedece los 'párpados, gotea
sobre la barba que en rojizos grumos,
cual en bronce tallada, se obscurece.
Y de sus cráneos la soberbia roca
no bate ya con las tremendas alas
el·gr ifo luminoso de lo eterno ..... .
Y se enturbió la linfa transparente
de las glaucas pupilas,
claros pozos de lumbre
que del vivir el tedio reflejaron;
·
mudo está el labio que de cumbre en cumbre
vibró en la lid relámpagos de aceru .... . .
¡Oh mártires! ¡Oh ruinas
que marcasteis el áspero sendero
con gajo alterno de laurel y espinas!
En torno de las cruces
do murieron las víctimas, aullando
se amontonó la plebe enfurecida
como un tropel de deslomadas hienas.
Y abajo, los zarzales por alfombra,
y arriba, el Numen, el Amor, la Calma;
los mártires, en medio,
rasgando-maertos-la terrena sombra
al blando golpe de su fresca palma.
¡Oh videntes, oh mágicos cantores!
Ahogad el himno, que la cruz aguarda
vuestras manos febriles;
huid rompiendo el arpa cristalina,
á refugiaros en la sombra. Llegan
los salvajes de puño sanguinario:
cuando en la viña del furor se anegan,
¡asesinan á Dios-en el Calvario!
El verso, cual la tenue lamparilla
que entre las tumbas ocultaba Roma,
a lumbre mudo vuestras almas. Hielo
lleváis en el espíritu cansado,
y á los Libros-el árbol de doloresdel matador que insulta vuestro Lluelo,
sólo llegan los bárbaros clamores.
Pobies muertos, que en hórrida solumbra
durmiendo están: la ráfaga de gloria
sobre su frente pálida no alumbra.
¿Qué impor.ta si mañana el Orbe acude,
el Orbe acude entero
· á recoger los huesos polvorosos
del mártir que murió sobre el madero?
El libro quedará cual leño santo,
de seca sangre por doquier teñido ....
y á l a víctima, en tanto,
sofocará la zarza del olvido.
Muy negras son tu., canas,
¡ oh Trágico sombrío!
y muy triste morir antes que llegue
la trémula vejez envuelta en frío.
¿,A qué ¡,eguir con taciturno paso
de camellos? .... Dormid al pie del monte
para no ver manchado el horizonte
con el ávida sombra del Ocaso . .... .
En las cruces nudosas
perecerán los mártires. Doliente
el I deal, las alas fatigosas
plegando en el azul, lánguidamente
descenderá sobre I a tierra, herido;
· y como el Genio del silencio mudo,
las almas tristes lo verán caído
sobre el sangriento marco de su escudo ....
GUILLERMO VALENCIA.

CONFESIÓN DE UN GRAN SANTO
lo~ santos del paraíso búdico nadie tan devotamente adorado como Dhar•
ma,el célebre eremita á quien millones de
japoneses, chinos é indios consagran un culto
secular y ferviente. La elegante dama que á
las cinco de la tarde sirve en doradas tazas de
Satzuma el pedumado té, no sospecha qué es
lo que bebe y lo que hace beber á sus invitados . ... .. La maravillosa- leyenda de Dharma,
el santo cuya principal hazaña· vamos á rela•
tar, le aclarará ese tenebroso misterio.
Dharma se había dado á sí mismo la peniten·
cía de no dormir. Una noche, sin embargo, s'e
durmió y no se despertó hasta el siguiente día.
Indignado de haberse dado pruebas de tal de·
bilidad, se cortó los pá.rpados y los arrojó le·
jos de sí, como pecadores miserables que man·
chaban la santidad á que aspiraba.
.
Entonces se produjo un milagro: los párpa•
dos echaron raíz en el lugar en que habían caí•
do y un arbusto germinó, lleno de esas hojas,
que recogieron los campesinos de las cercanías
y con las que hicieron la infusión perfumada
que ahuyenta el sueño.
Pero ese milagro que por incidente mencio·
namos, nada es junto al episodio ejemplar y
· portentoso que vamos á referir.
Una radiante mañana del estío japonés, ba·
jo un cielo azul atravesado por el blanco
vuelo de las cigüeñas emigrantes, en la espesura de un bosque de bambúes todo sonoro y vibrante con la estridulación de las cigarras,
Dharma, el santo y viejo eremita, reposaba,
pensando en cosas santas y deseando aniquilar en el Nirvana la alegría con que llenaba
su ser aquella mañana tibia, diáfana y sonora.
Seguía con los ojos la marcha lenta de su tor•
tuga familiar, el único ser que compartía su
retiro,y veía el glauco carapacho de grandes escamas, brillantes aún por el agua del estan·
que, avanzando penosamente ha cia él . ... Pero
de pronto tembló asombrado, notando que los
pequeños ojos del animal se agrandaban y
resplandecían llenos de inteligencia en un ros•
tro humano. No había podido ni murmurar
una exclamación de estrañeza, cuando en vez
del perezoso reptil veía erguido ante sus ojos
á. un hermoso guerrero cubierto con armadura
de negra laca llena de arabescos de oro y que
hablaba dirigiéndose á é l;
-Santo Dharma, decía, ha pasado tu ~poca
d~-prueba; has vivido durante,años en el silen•
c10 y en la meditación; para aplacar tu ham·
bre no has tenido más que las yemas del bam•'
bú y en invierno la nieve ha llegado á tapiar
la entrada de tu gruta. Los altos espíritus es·
t~n contentos de ti y tras de tu Iarga peniten ·
c_1a, una vida de dulzura ha comenzado para
t1. ¡Mira, Dharma,quiénes te iniciarán en la felicidad!. .....
Dharma siguió el ademán del misterioso gue·
rrero,que señalaba hacia el estanque de donde
hacía un momento había sa.lido la tortuga, y

E

N'.L'RE

que ahora era una pagoda deslumbrante de
diáfano cristal. En su interior pasaban dete•
niéndose un instante, para sonreír al santo, las
mujeres más bellas que pudo soñar el más re•
finado poeta orienta,!. Eran las bayaderas de
los templos sagrados, las "vaginés" de las is•
las de donde no vuelven los navegantes, eran
las ·'apsaras", ángeles y mujeres del paraíso
indio. La estridulación de las cigarras se ha•
bía convertido en voluptuosa música, á su rit•
mo todas aquellas huíres desenvolvían las lf.
neas de sus cuerpos divinos y llamaban á Dhar·
ma con vehementes reclamos .. . .
Pero el Santo, en su bonda sabiduría, reflexionó que todo aquello tenía más aspecto de
una tentación diabólica que de una recompensa
celestial. Y tomando un puñado de guijarros,
lo arrojó delante de sí. Al punto, como el surtidor de una fuente que se agota, el kiosco de
cristal desapareció como absorbido en el estanque.
Pero el tentador,firme ea su armadura negra
y oro, no se dió por vencido:
-Santo eremita, dijo á Dharma, comprendo
que rehuses el amor de las mujeres y que anhe•
les otro premio más grande. Te daré el poder
y la riqueza. Helos allí. .. .. .
Al punto un clamor de trompetas y un sordo
trueno de tambores hizo vibrar el e8pacio sa•
cudiendo las menudas hojas de los bambúes. Y
el estanque se dilató en un inmenso camino re•
sonante al paso de los marciales ejércitos y los
séquitos·suntuosos que avanzaban hacia Dhar•
ma de todos los lugares de la tierra.
Eran los príncipes más poder~sos, los ra•
jás y los emperadores que sumisos rendían
homenaje al santo y se prosternaban ante él,
dándole el mando supremo de sus testas coronadas y volcando ante sus ojos torrentes sono•
ros y deslumbrantes de oro y pedrería ... .
El Santo pareció vacilar trémulo y fascina•
do· pero al punto,rechazando_la t_entación, co•
gi6 un puñado de arena y lo arro¡ó ante sí ...
Todo desapareció; esta vez, en la apacible
calma del bosque de bambúes, el tentador de la
armadura negra había desaparecido también y
Dharma sólo pudo ver á la lenta tortuga que
se volvía á sumergir en el estanque ....
· En 'todo el Imperio, en el Asia entera, desde
el país transbaikal hasta el golfo de Siam se
supo el episodio de la tentación del Santo Dharma y de su victoria contra el M~lo. Camellos
enjaezados, ~raves elefantes Y. ligeros palan·
quines condu¡eron á los peregrmos que desde
el país de Amour y desde la meseta del Decau,
llegaban á ver al austero e1 emita y á besar la
orla de su manto. Los peregrinos no se cansaban de ver á Darma y su rostro sereno en que
parecían flotar todas las, beatitudes de la tierra.
·
Pero los peregrinos, en medio de su admira·
ción mística, notaban con extrañeza que cada
dos horas, el' Santo eremita se levantaba del

tronco de cerezo que le servía de asiento y se·
dirigía á una peña de cuya hendidura sacaba
un frasco lleno de un líquido í•ubio como el
oro y del cual bebía largamente con avidez y
beatitud.
Un murmullo dtl sorpresa, que pronto se hi•
zo hostil, corrió entre los millares de peregri•
nos agitados. ''¡Cómo, se decían unos á otros,
et Dharma que á todo renunció y salió triun·
fante de las tentaciones, tiene u .. a debilidad y
un deleitel ¿Y la contemplación espiritual? ¿Y
el Nirvana .... ?
Ante aquellas exclamaciones, que se hacían
amenazadoras,Dharma no se inmutó. Ocultan•
do algo en·la manga de su hábito, subió á una
alta roca desde allí se dirigió con voz firme
y sonora las tribus y pueblos congregados á
sus pies, diciéndoles:
-Calmaos, hermanos míos, y no me conde"
néis sin oírme. Bien sabéis que he desdeñado
·los mayores bienes de la tierra .... Desdeñé el
amor de las mujeres porque es duelo para el
alma y quebranto para el cuerpo ..... Desdeñé
el poder porque el magnate es menos libre que
el paria, y desprecié la riqueza pQrque el peor
de los demonios hace sonar el oro y brillar á
los diamantes . ..... He sido fuerte en medio de
la tentación: pero no he podido renunciar á lo
que es mi salud y mi fuerza. ¡Ved, hermanos
míos, lo que me ha hecho triunfar! Pecado es
el amor, pecado son la tiranía y la avaricia;
pero esto no.es pecado. Y Dharma levantaba
en su diestra,ante sus millares de oyentes, una
botella de áureo licor, una botella de la magníficaCervezaqueel abora !a Cervecería«Cuauhtemoc» de Monterey, marca "Carta Blanca", de
exquisito sabor y propiedades cmrativas para,
los males de estómago, como lo pueden asegurar todos los que han tenido la oportunidad de
tomarla.
·

f

EL MARQUESO'l'E DE LIV ALBA.

�El ffl11do TI1ffl'ado

El mu do 111strado

r

OR touas partes se en-

cuentran ya los trajes
primaverales: sargas
¡raloneadas 'de trenzas mohair, etaminas y velos forman encantadoras toilettes, todas recubiertas de
rulós y de coulissés en tafetán.
Los terciopelos aún retien,en su boga; los de más
alta novedad son delgados y suaves, y se denomina!?- terciopelos de estío.

** *

dos rompen la uniformidad de los trajes café
obscuro, azul marino ó habana. Esta nota cantante anima ia toilette más sencilla.

***

El bolero sigue figurando en primera línea;
se le da el aire de blouson por una alta cintura,
aproximada á su contorno inferior; á menudo
no se fija esta cintura más que sobre la espalda, hasta la costura de sisa, dejando sueltos
los delantero8' Algunas vece, el bolero es corto, tocando el corselete. Otras ocasiones es flotante, ocultando á medias la cintura, siendo
en otras corto, redondeado en la base v con
pelerinas sobre los hombros. Estas diversas

El verde se lleva mucho: verde un poco fuerte para los trajes ligeros, y muy pálido para
los trajes sastres. Después de los verdes vienen
los habcmas, los bayos, los grises y los malvas.
Los colores vivos no se utilizan tanto como
antes, emplándolos hoy de preferencia en los
adornos; loR cordoncillos ó ga,lones de seda
verdes, crudos, cerezas, amarilios y naranja·

NUESTRO PAIS.-TEMPLO PARROQUIAL DE LAGOS,

MINIATURA
.... ALrÉ la frente y vi centellar las estrellas,
esas "enormidades de la noche." Marte fijaba
en mí su ojo colérico y sangriento; pero Venus, el apacible planeta "que convida á amar,"
me sonreía con su luz dorada y melancólica.
Allá, muy vaga, como los recuerdos de la nifiez, se extendía la maravillosa Vía láctea,
cual una lejana procesión de bienaventurados

peregrinos, recorriendo, en busca de Dios, l as
inmensidades del tiempo y del espacio.
Tanto me absorbió lo infinito, que me sentí
anonadado, me creí una idea extraviada en la
obscuridad, un recuerdo flotando en el vacío,
una mirada en lo insondable, un átomo suspendido en un abismo. La eternidad me oprimía. Solo, inmóvil, silencioso, me vi tan pequeño y abandonado .. que indefinible angustia
mordió mi corazón. Y lloré y oré. Mi plegaria
resonó como un trueno en la inmensidad y mis
lágrimas esplendieron como astros en l a som-

bra. ¡Y me sentí grande y acomoañado: gran·
de, porque .c onocí la grandeza de la oración Y
í
creí con ella; acompañado, porque junto á ro
se alzó la clar idad de la esperanza!
.
Entonces, resplandeciente, cruzó por mialma
un pensamiento consolador, y vi que Venus,
suave planeta que convida á am_a r, me sonre a.
QOn su luz dorada y melancólica.

f

HENRY SWIFT,

FIGURINES

1, 2 Y 3

�El mudo TIPtrAdO
transformaciones muestran á las claras que
por bastante tiempo será un favorito de lamoda.

Figurines del día

El redingote tiene siempre sus devotas: pero
exige· un corte impecable, una ejecución perfecta y no sienta sino á los lindos talles. Es, pues,
una forma menos práctica, i:nenos fácil de
adopción que el bolero.

1. - Precioso ,v~stido en paño satinado verde
pardo; faldatumca de, bordes dentados con
una escarola de ~afetán é !1,ileras de m¿tivos
bordados; los mismos motivos y escarolas en
el corpiño, i_ncrustado de guipure de Venecia·
moños y cmtura en tafetán verde. Sombrar~
de crin negra, guarnecido de plumas sombreadas del verde al bla1,co:
2.-Traje sastre en pafio color habana: falda adornada de dos hileras de bordado en· sc&gt;utache del mismo tono; chaqueta larga ornada
de idéntico bordado; cuello, botones' y bajos
de mangas. de terciopelo más obscuro; vueltecitas en paño ~lanco, con soutache de oro. Sombrero de paJa blanca, doblado de paja amatista y provisto de una tou.ffe de violetas.
3.-Toilette de ceremonia, para señora de
edad media, en raso suave Medoc; falda ornada de abullonados de la misma seda; corpií!o
con fichú plano en viejo linón bordado; corbata en raso y punto de Inglaterra; bajos de
mangas y chalequín del mismo encaje. Sombrero en terciópelo cwlissé, matiz Medoc. provisto de plumas adecuadas.
·
4.-Sombrero de tafetán, para todas las estaciones. Se recubre la forma con tafl!tán gris
perla, drapeándolo á lo largo del ala, cuyo
contorno está ocupado por dos bieses de tafetán
verde almendra; se completa la guarnición por
touffe de botones de 01·0, que descienden por de•
trás.
5.-Toilette de reunión, en crespón de China
blanco, ornado de guipure de Irlanda y de nudos en cinta de terciopelo verde almendra; cintura y puños en pana verde, guarnecidos de
motivos de gitipu1·e.
6.- Toilette de baile. para joven. Falda en tul
azul pálido con motivos en seda, posada libremente sobre un forro en tafetán, con volantes
de plisé. Todo el traje está recorrido á int.ervalos regulares por cintas de seda azul pálido.

*••

*
Una guarnición que *no* ha perdido sus gra-

cias es el repinzado. Se le hace á lo largo, á lo
ancho, en festones, en ángulos y en cuadrados. Se dispone ingeniosamente, de manera de
ajustar el vestido, sirviendo también de precioso adorno. Los straps pespunteados se encuentran asimismo en gran variedad de estilos;
y muchas faldas están guarnecidas de strap&amp;
en tafetán, en terckpelo ó en tejidos semejantes; tienen anchuras diferentes y están cercados por un vivo de color intenso, que suele
reemolazarse por un soutache fantasía. En lugar de estos trajes se usan con frecuencia las
trenzas de mohair y de seda, del mismo tinte
que el traje; estas trenzas dibujan arabescos
que encierran en sus lazadas caprichosas incrustaciones de terciopelo, disposición tan nueva como elegante. La mezcla de paño, trenzas
y terciopelo es muy empleada y servirá de
transición entre los trajes de primavera y los
de verano.

***

Las faldas se ensanchan más y más en su
base; algunas tienen ocho y nueve metros de
contorno, lo cual es una exageración, tomándose como término medio el límite de cinco
µ¡etros. Lo alto se ajusta con pinzas pespun- ·
teadas, cuando se trata de una falda de lana;
sobre tafetán, terciopelo y telas ligeras, se hacen siemnre frunces ó coulissés. Las faldas no
tienen cola, tocanJo apenas el suelo para el
uso diario de calle.

*

* * son más y más aro
En cuanto á las mangas,
plias arriha, montadas á frunces y acabando
muy lisas, como las mangas mitones que descienden hasta la mano.
Para ' 'le soir" se hacen muchas telas pintadas. Los encajes y bordados no sabrían luchar,

FIGURIN

4. .

destl.e el punto de vista de la fantasía, con estos tejidos pintados, de los que cada espécimen
es una creacción. La muselina de seda y to,das
las sederías más comunes, lo mismo que las
más suntuosas, decoradas con flores y arabescos, adquieren toques de novedad y encanto.
Esta pintura. hecha á la ligera, ni se escama ni
destruye la flexibilidad de la tela; se la puede
frotar entre las manos sin que se menoscabe
sensiblemente. Cualquier persona qúe tenga
rudimentarios conocimientos en la pintura,
hará bien ensayando sus habilidades en un traje sencillo, el que sin duda subirá de valor.
M.(\.RÍA LUISA.

UN TRIDNFO MAS DE LA
CAJA MOSLER
i" fi

JI !I

'

"Tehuantepec, 2 de Abril de 1905.
Señores
MOSLER, BOWEN &amp; COOK SUCR.
Apartado No. 658.
México.
Muy señores míos:
Por la presente participo á Uds. que anoche á las 1'2 ocurrió un gran incendio en mi Hotel denominado "Hotel Europa" en el cual tenía una caja de las más pequeñas que venden
Uds. contra incendio habiendo escapado solamente lo que contenía dicha cajita, pues tanto la referida casa como los equipajes de los pasajeros que se encontraban en esa noche
fué destruido por el fuego.
La caja de referencia fué abierta ante la autoridad y de ella se extrajeron papeles, valores y billetes
de los viajeros.
Doy á Uds. las gracias por la buena clase de caja de la cual les compraré otra tan _luego como me esta•
blezca.

Bating
Pow«er

Soy de Uds. atto. afmo. y S. S.

(POLVOS PREPARADOS
PARA LEUDAR

"ROYAL")

••

,,

Para hacer el más delicado
pan, tortas, pudíncs, tortillas, etc.
Hace que los productos que con
él se confeccionan sean livianos,
deliciosas y saludables.
Tiene más fuerza que cualquier otra levadura y es la ú~ica preparación que los cambios
de clima no afectan. Se mantie- ·
nen frescos y guardan su fuerza
hasta que son empleados en la
confección de . tocia clase de pastelería.
El renombrado Royal Baking
Powder conocido en el mundo
entero sólo se fabrica por la
RoYAL .BAKING PowDER Co., de
Norte América.

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ROY

NEW YORX, U. S. A.

FIGURÍN

5.

FIGURIN Ü.

''CAJA J\lOSLER'' LA UNCOA REAL~lENTE INVULNERABLE A LA ACC1O.l'i
DEL FUEGO, Y A PRUEBA DE TODOS LOS EVENTOS,

"El Ciudadano Manuel Bejarano, Jefe Político de. este Distrito.
Certifica: que la relación hecha en esta carta es verídica, por haber presenciado la apertura de la caja "MOSLER" después del incendio.
.

Un timbre de$ O.SO, cancelado.
Un sello que dice: "Estados
Unifos Mexicanos". - Jefatura
Política del Distrito de T ehuantepec. Est. de Oaxaca.

11 moster Bowen y ~ook 11

Tehuantepec, Abril Z de 1905.
El Jefe Político,

Sucr.
2a. de San Francisco,
Vergara y 5 de Mayo.
MBXICO

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LABORES MANUALES.

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SOPAS
Sopa marsellesa, 6 caldo de pesmdo fresco.

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cómo se la prepara. -F
~
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teca. en una cacerola
_ ,,.
~~
,,.
hierve, se a!l.ade harina e.,
dad proporcionada al espes\.
se desea darle, agitando mu,
con el fin de q ue la harina se mt.
ele muy bien con la manteca. Esti_,
operación se efectúa sobre el fuego • 1~
muy vivo y continúa hasta que la '
salsa haya adquirido el color re- 1:l
querido, que en general es el de la pe

Mientras más condimentos Y más
diversas especies de pescados se
onen en una sopa de esta clase.
~
~ejor resulta. Entre los peces preferibles se cuentan el mero, lamerluza, la carpa y el lenguado. ~ara
una sopa que haya de serv1.r á
~~:as~::a
:~
~ : r \ ~ ,~,.,.,·
seis personas, se toman cinco
1
libras de pescado y dos docenas
~°n~:~!~;d:1!~~~1:
de almejas ó l apas, un ped_azo de
corteza . blanca de naranJa, . una hecba cuando todavía no ha toma- el caldo. Ec..
,
cebolla. dividida_en cuatro, hoJa. de do color; la más usada es la de co- y se sirve cal1'.
laurel, a.jo, pereJil, cl_av.os de co- lor de canela. Deb,i cuidarse mucho ser algo espesa. ~
mer, azafrán, sal, p1m1enta., un de que no se queme, pues esto da- I?erse á mano ca ,_
vaso de vino blanco por per- ría gusto amargo á l a salsa. Ade· de usar agua con
sona, después de haber lavado, más, puede dárselecolor por medio rina hecha con cebot.
Sopa de macarroú,
escama.do y cortado en trozos el de un poco de caramelo. •
pescado. Pónese todo en una caceSopa de queso.
Se hace de la misma ma,
rola a!l.ádese aceite de comer para
Para hacer esta sopa hay que la anterior, con la difere1.
cubr'ir todo y se expone á un fuego
muy vivo durante tres cuartos de preparar un caldo 1;11agro. '.J?ómase que se reemplaza el pan por L..
~
o
hora. Córtaseel pan en rebana~as, queso fresco. por e1emplo cincuen- rrones guisados á parte, segú1. 0
pásesalas por manteca y ~e vierte ta gramos [próximamente media ha procedido con los fideos. c_ua,nrruuéálÜil.§lTIID(O)
libra]. Rállase la mitad, y se cor- do se quiere hacer este pota.Je del,
O
encima sirviend0 muy caliente.
o
Podrían multiplicarse en extre- ta en rebanadas muy finas. En el manera superior, se usa sólo el
fondo de una sopera que pueda po- queso de Italia llamado parmesa- ~ ~Il.énl§
~
mo las clases de sopa.
En algunas de las sopas ante- nerse al fuego, se coloca un poco no ó bien mitad de él Y mitad de
riores hemos heeho uso de la sal- de manteca y después una capa li· gr~yere [un queso francés Y suizo
sa de manteca y har ina. :S:e aquí gera de queso raspado, cubriendo blando] ó de alguno análogo.

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y Relojería

.f ontra las Jlf~ttion~s

Han trasladado su Establecimiento de la primera de
Plateros núm. 4, al nuevo local construido expresamente para ellos, en la

1D)~Il ~§ll@lIDiléfü@CIDo ~CIDilCIDIF~§ IPSlilncdlCID§o ILnrmITéID11Il§Il1ITlCIDo
~CID rm wéfüil ~~~rm ~Iléfü§ IL~rm ÜéID§o ~CID ffil§~~un ~fil ~Iléfü§ cdl ~
~éfüIFÜCID§o ~IID~ITmllléfü ~IlCIDif(O)§Il§o

Segunda de ·Vlateros, Número 11.

Es necesario tomar un tónico y reconstitu= .
yente que aumente los glóbulos rojos de la san=
gre, reanime la temperatura, regularice el siste=
ma nervioso y vigorizando ·tos aparatos de la vi=
da orgánica, haga. recuperar las fuerzas perdidas
y volver al organismo á su primitivo vigor. Los
·principales médicos del mundo, entre los cuales
se cuentan celebridades tales como el Dr. Rigal
de París, Dr. Anselmier, París, Dr. Schuster, d~
París, ürignan Barcelona, Dr. Padro, Maitrid, Dr.
Vidal y Ríos, Puerto Rico, Dr. O. Villaronga, Pon=
ce, y muchos otros cuyos nombres se han publi=
cado en la prensa, aconsejan en estos casos tomar

Tenemos el gusto de participará nuestra distinguida clientela y al público en general, que para la apertura de nuestro
nuevo local, hemos recibido un gran surtido de Brillantes
·Perlas y Piedras Preciosas, Alhajas finas, Relojes y artícu~
los de fantasía :propios para regalos. Toda la mercancía es
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nueva.
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1905, Año 12, Tomo 1, No 16, Abril 16</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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