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                  <text>Grande~ Alma&lt;;enes de Nooedade~

"EL CENTRO MERCANTIL"
~s. Robert y Gía.--="""""•••••••"""••••""••••••-..""••••
tos mas Grandes y meJor surtidos dt la RtPública.

Registrado como arttcu,o de aea,mda elue, en

Año XIII-Tomo 1

a

de NoTlembre .. 189._

lmpneeo en papel de la F.a,ra d• San Rafael.

Número 16

Mélica, 15 de Abril de 1906

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�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Fundador y Propietario,
LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
Director,
LUIS G, URBINA.

Gerente,

Secretarlo de Redacción,

LUIS REYES SPINDOLA.

JDSE GOIIEZ UGARTE.

Subscrlpelón foránea, Por trlmetitre ....
En lac1~pltal, al mes......................

$

4.50
J.25

Los asuntos de redacción deberán tratarse directamente con el Secretarlo.
llo se dewuelwen orl¡lnales.

LA SEMANA
FANTASIA SOBRE TEIIAS MISTICOS

-Dla herm&lt;»-0, caliente, asoleado, lleno de
luz. 'I'rabajo ahora frente á mi balcón favorito,
el que mira al Xorte. )lá.c; allá de los techos de
las casas, más allá de las puntas de los árboles,
se esfuma, en claro obscuro, el paisaje: un pedazo de bosque, en medio de una cenicienta llanura, y, en el limite, la cordillera color de ágata sucio en las primeras estribaciones y de
azul opaco, de azul de porcelana vieja,en la remota serranía, que casi se funde con el gris luminoso del horizonte.
Incrustado en el primer montículo que ::i.vanzasobre el llano, alcanzo á distinguir el santuario de Guadalupe, la capillita que blanquea al
sol. :Xo veo los contornos, veo nada más una
mancha sólida sobre el matiz verde azuloso de 1
cerro. Yohesubidoallf, hace muchos aiios . . .. Y
me pongo á pensar, á la buena de Dios, en sucesos de lejanos días. ¡Qué diantre! Yo contaría aqui, á guisa de entretenimiento, estas cosas que puntean, como llamas fatuas, la obscuridad de mi memoria; pero esto no será una
crónica; una confidenchi no puede ponerse en
el lugar de una crónica. Porque han de saber
mis treinta y seis lectores (me daré el placer
de soilar al margen de Barbey d 'Aurevilly que
con frecuencia soy un adivino más que un escritor. Estoy obligado á penetrar en lo porvenir y á describirlo; por medio de sutiles inferencias, de asociaciones misteriosas, de voladoras síntesis, suelo pormenorizar acontecimientos que sucederán, y con algunas horas de adelanto, me anticipo al destino.
)lis treinta y seis lectores habrán podido observar que si no soy un buen escritor, soy, en
cambio,un malísimo adivinador: mis predicciones resultan falsas, J' fallidos y en¡¡-aiiadores
mis augurios. Así y todo, si¡¡-o mi ofic10 de historiógrafo del futuro, con m1 habitual paciencia
y extremada y sincera voluntad; así Dios melo
tenga. en cuenta como yo lo merezco.
Pues bien: este artículo saldrá impreso seis
días después de haber sido perge!'íado; estas
cuartillas emborronadas á saltos de pluma, hechas lineas tipográficas, ocuparán la primera
plana del próximo número de El .Munrl-0 ll11strad-0 •(¿el próximo?) y hablarán, por supuesto que hablarán, del aspecto de )léxico durante
los dlas santos, de las impresiones místicas que
sacudieron el alma popular y la sacaron de su
modorra. indiferente y profana ........ , de Jo
que no ha. sucedido todavía, en fin, de lo que
probablemente no sucederá nunca.
¿llablaré del domingo de Ramos? Ese para mí
es pasado, es ayer. En efecto, á la. puerta de un
templo de barrio se aglomeraba el gentío devoto. )luchas manos enarbolaban palmas. El aire
olía á amapolas recién cortadas. Yo pasé en
tranvía por frente al templo y recibí una gran
bocanada de incienso que me envolvió en una
indefinible meditación. Me acordé de la arcaica muletilla. de un anciano piadoso y optimis•
ta: "Todos tenemos nuestro domingo rle Ramos, me repetía el vejete ........ "y también
nuestro viernes Santo."
Y pensé ayer: ¿cuál habrá sido mi domingo
de Ramos? La satisfacción de mis pequeñas
vanidades; la realización trunca y tardía de
mis caprichos y de mis ilusiones: la resurrecci(m
de estas esperanzas fénix, que han sido como
el resorte y la fuerza de mi vida; ese áureo
puntito de ideal que se aleja de mi tanto cuanto yo me acerco á élJ y que ahora brilla, por lo
tanto, á la misma aistancia que en mis anos
juveniles ...... ¿Cuál de todos esos días que se
esconden en la memoria habrá sido mi domingo de Ramos? .Alguna vez sal! á la existencia con mi palma. en la mano .... ¡bah! recuerdo que muy pronto me la arrancaban por el
camino; me la arrebataban; y recuerdo también que e!! ocasiones lo que yo creía palma
era un carnzo.
)11 \iernes Santo: Ese si no lo olvido; y si me
reconcentro, si hurgo en mis trastos de aflorar
me encontraré viernes sant-0s á. granel, chicos
y grandes, sencillos ó solemnes, de iglesilla
como ésta, de barriada, y de l!'ran templo, de
catedral, de pompa y ceremoma. Yo creo que
todos somos asl. ¿ Y por qué'/ Rehacios en recordar los días felices, y maniáticos en recordar
los dolorosos. ¿Será que el sufrimiento deja

rastros más hondos y persistentes? Tentad,
treinta y seis amigos míos, tentad á aplicaros
el refrán del vlejecillo piadoso. ¡,A que no dais
exactamente con el domingo de Ramos? La
huella de la alegría. que pasa es la del trivial
símil: la de una ala de golondrina sobre el haz
del mar. Busca tú, soñadora de los ojos de oro,
busca en el arca. de la alianza de tus ilusiones
de niña, esa maiiana, esa. hora, ese momento
de felicidad en que tu espíritu, triunfante y
seguro, entró en la ,Jerusalén de tus ensueños.
Tu domingo de Ramos es el primer amor; tal
vez el primer beso, furtivamente sentido sobre
los labios, en el rincón solitario donde todo
parecía convidarte al abandono y donde el de·
seo tendía ante tu mirada adormecida los indecisos mirajes de una. dicha nueva.
Busca tú, inquieto buzo del placer, que te
sumerges en el océano turbulento de la voluptuosidad, ávido de pescar la perla de una simpatía espontánea y pura que te recompense
de tus angustias y de tus desesperaciones. ¿Tu
domiilyo de Ramos fué aquel en que sorprendiste el hechizo de una idealidad fragante en
el fondo de una sonrisa apasionada y pecadora?
Busca M, poeta que deliras por que sobrevivan tus rimadas teorías 1í tu melancólico y
ob:;curo existir, que es como la sombra oscilante que proyecta sobre la tierra la lámpara votiva de tu encendido pensamiento. Para ti, pobre quimérico, el rápido minuto de goce, el famoso d-Omingo es aquel en que de la rebelde y
muda indiferencia de las cosas extraes, como
granos de oro del negro a.renal, la forma transparente y bella en que has de vestir la esencia
de tu espíritu contemplatirn y nebuloso.
Buscad, mis treinta y seis amigos, buscad ese
preciso instante en que el alma se abrió como
un lirio pata recibir su gota de rocío de amor,
de fe, de esperanza, de glorificación.
¿Xo es Yerdad que están mustias y desteilidas esas remembranzas? ¿ No es verdadconfesadlo sinceramente---que son inconsistentes y vagas, como las visiones de una evaporación, como los fantasmas de la bruma que el
viento rompe y desfleca en los crepúsculos invernales'/
En cambio ese ...... esos i·ien,es de Dolores,
¡qué lúcidos, qué presentes, qué claros, qué fijos
están en la conciencia y cómo vuelven y brillan á la sola eYocación, al tímido llamamiento
de la memoria.!
No; no me los contéis, amigos soiiados, camaradas invisibles de mis lucubraciones histé•
ricas; ya los conozco; ya los he visto: un poco
de traición, un poco de amargura, un poco de
desengaflo; el paso de la pena, que es como el
cierzo, arranca nidos vacíos y hojas secas y
los riega sobre nieve de olvido ..... .
De todo ello me he vist-0 precisado á hablar
en dos ó tres centenares de lineas, que urge
terminar aqul, porque mis artlculos, como los
muertos de los cementerios de antaño, han de
caber en el hueco de un nicho preparado de
antemano.
)lo me queda más espacio que el que me deja la lápida para el epitafio, es decir, para el
titulo. ¡, Y qué título voy á ponerle á estafantasla obligada, á este delirio provocado?
No sé .. . .. .
¡.\.h ... !si en lugar de estos escarceos sentimentales, os hubiera narrado, mis treinta y seis
amigos, la impresión de mi visita al santuario
de Guadalupe, que miro allá incrustado en el
alcor de ágata., como una sólida mancha
blanca .... !
LUIS

G. URlUNA.

*

EL JURADO DE AYER
Un P,;oceso c;élebre.-est.afas á los Gompeñ1es de 8esuros.-Mescareñe y soc;los--f;I peh•le,-8u ec;tlt.ud
ent.f' el tribuna! del pueblo.-1\udlenc;la de
le, meñe,na.

Ayer, á las 10 a. m. y en el segundo salón, comenzaron las audiencias del Jurado, en el célebre proce,,;o de )lascareiia y socios, acusados de
estafas á las Compaíiías de Seguros, proceso conocido con el nombre de "Los Peleles," por serlo los protagonistas del delito en cuestión.
-El proceso, tan hábilmente llevado á término por el Juez Instructor, Lic. Alza.mora,
consta de tres cuadernos de tres mil fojas, poco más ó menos, y de las constancias procesales resulta que, á pesar de la negativa absoluta en que se han encerrado algunos de los
comparentes, y del mutismo obstinado de
otros, los acusados están convictos, ya que no
confesos de los delitos de que se les acusa. Algunos episodios de esta audiencia, entre otros
la comparecencia del Pelele y su careo con Mascareil:a, aunque infructuoso por no desistir ni
uno ni otro de su actitud, han producido una
profunda. emoción en el público y revelado la
consumada pericia del juez 89 de lo Criminal,
presidente de los debates.

Damos á continuación el interrogatorio de
Mascareila, uno de los principales acusados
Sus generales son: Ramón l\lascareila, bi!ba¡:
no 50 ailos, casado, comerciante.
P.- Mascarei'la, amonesto á Ud. á que se produzca con verdad en cuanto fuere interr_ogad
á fin de no a~ravar su situación y de obten~
la indulgencia del Jurado. ¿En qué época Y con
qué fines se aseguró CJd. en la "Maternal" en
la suma de cinco mil pesos?
R.-¡Quia! Baldomero me dijo un día: "Si daa
doscientos duros al afi.o, cuando te mueras te
entregan cinco mil, peso sobre peso.¿ Y si me
muero antes'! le pregunté.-l\Iejor, me contestó, porque entonces pagas menos y te da.o de
todos modos tus cinco mil duros." Entonces me
aseguré.
l'.- La intención dolosa es manifiesta y no
lo es menos la premeditación. ¡,Cuánto tiempo
después de asegurado falleció Ud?
R.- ¡Canario! ¡pero si no me he muerto'
(Movimiento de indi¡mación en el público.) ·
P.-Adviert-0 al público que si no se abstiene de toda manifestación, haré evacuar la sala. Continúa el interrogatorio. Mascarena.· es
Ud. libre de confesar ó de negar; pero yo ~toy
en el deber y en la posibilidad de confundir A
Ud. con hechos irrefutables y con documentas
fehacientes. Aquí tiene Gd. el certificado de
defunción, calzado con la firma del Sr. Doctor
Alanls, el acta del Registro Civil, levantada al
efecto, y la boleta. para el panteón. Esta prueba documental es irrefutable; la verdad legal
indiscutible, y nada pueden contra ella las per~
sistentes denegaciones de Ud. Pero no es eso
todo; queda todavía la prueba testimonial
Cándido Xarváez, Ramón Arangurrcn y PalO:
ma Garibay están contestes en sus declaraciones, y afirman haber velado el cadáver de Cd.
la noche del 11 al 12 de marzo del afio antepasado.
R.-¡Quia! ¡qué han de haber velado!
P.~yoy á probarle á Ud. que sí velaron. Ud.
fallec10 entre &lt;i y 7 p. m., pasada la primera
emoción de sus deudos, all como á las ocho y
med1a de la noche, mandó usted á Cándido X arváez á que trajera unos cirios y unos candeleros, dándole una tarjetita para la cererla del
Santísimo y un recado para el sacristán de la
iglesia de Sta. Cruz .Acatlán.
B.-No es verdad; yo estuve en "El Xivel"
toda la tarde y hasta más de media noche con
Telésforo1 ajustando un corretaje de azúcar y
de arroz ae las Villas.
P.-Entonces ¿cómo es que, ya tendido, pidió
Ud. á su mujer le torciera un cigarro y se llevara de la pieza á Paloma Garibay porque sentía Ud. alguna necesidad. La Garibay se retiró
á las once de la noche y su esposa de Cd. declara que lo de la. necesidad serla como á las nueve.
R.- Eso de la necesidad es cierto: pero fué
cuando volví de "El Xivel,"en donde habíamos
tomado unas copas de catalán.
P .-Yaya; ya comienza á confesar algo, siquiera lo de las copas. Continuemos. Acababan
de vestir y de tender el cadáver de l:d. cuando,
dándose una. palmada en la frente, como quien
se acuerda de algo interesante, llamó Ud. á Paloma y le dijo:
-¡Gracejo! ¿habrá café, sardinas y queso para los veladores'/
La sei'!ora de )Iascarefia contestó:
-¡Bah! estáte quieto, que todo está andando.
R.-¡Qué sardinas ni quéniño muerto! Todos
ésos son líos de Paloma.
P.-El jurado apreciará. En el resto de. la
noche dió l:d. sus instrucciones respecto á sepelio y éste se verificó al dla siguiente á las 4
p. m. en Dolores, en la fosa de quinta número
728,.U2. Condujeron el cadáver de Ud. en un motor fúnebre, el número 415, y los dolientes ocuparon el carro numero 18, motorista Yelasco.
(Se recordará que fuimos los primeros en comunicar á. los lectores todos estos detalles, a
ralz de la muerte de Mascarefio; que fuimos el
único periódico que los dió exactos, como lo probó en la memorable Polémica que se suscitó en
la prensa sobre si el motorista se llamaba Velasco ó \'elásquez. La hábil instrucción del proceso nos ha dado, una vez más, el triunfo sobre
nuestros rivales.)
P.- )Iientras conduelan el cadáver de Ud. á
Dolores, Ud. arregló sus papeles, hizo sus maletas y tomó el tren de 4-.21 para Querétaro.
El defensor.- ¡Protesto contra esa imputación
calumnlosa,fruto de la inquina de la Justicia y
de la policía contra mi defenso! ¡)Iascareña no
tomó el tren de 4.21, sino el de 7.32, y no fué á
Queréta.ro, sino á Michoacán,á encargarse de un
trapiche de caila!
!'.-Tómese nota de la protesta y hágase
constar en el acta.. Pero cumple á mi deber demostrar á la defensa que no hay tal calumnia
ni tal inquina. Consta en autos una carta. que
tres días después de su fallecimiento Ma.scare!'ía escribió de Querétaro. En ella encarece á su
yiuda la necesidad de apresurar la denuncia. del
mtestado y de cobrar la Poliza de "La Maternal." La presidencia de los debates para dará
la defensa, á la opinión y á la ley, p~ueba de su
imparcialidad, no tiene empacho en reconocer
que en esa. carta del difunto )Ia.scareiia á su
viuda, manifiesta una ternura digna de elogio,
para ella y para sus desventurados huérfanos;

l

AVE MARIA
( c:..adro /Ü A.• Lonza.)

tampoco tiene reparo &lt;'n declarar que )Iascar~!'ía en vida v después de su muert&lt;': se ha. mamfe.~tado marido tierno y padr!l amoros?; que en
ese orden de ideas su memoria queda mc6Jumc
y que salvo el extra,·ío que hoy lo trae. al banquillo, ni vi YO ni muer~o !1~i dado nota de su
conducta como jefe de lam1ha.
El incidente dramático se ac,erc~. J&gt;or lo ~nterior, nuestros lectores habran ~omprendido
cuáles son, respectivamente. los sistemas ~e 1~
defensa y de la acusación. Aquélla ~eces1ta a
toda costa probar &lt;JU~ )Iascareila vive, Y no
omite esfuerzo para lograrlo; la acusación, s~cundada maravillosam~nte J?0r el ,Juez de Instrucción, necesita endenc1ar la muerte de
)lascareiia, á pesar de las testarudas denegaciones del difunto, por ser ella el punto de
partida y la base de la acusacl?n· Hasta este
momento la acusaciún predomma; ha hecho
una conquista. lmpo.rtante. La verdad Je¡¡-al e.-,tá de su lado y documentos oficiales é mcontrovertihles la establecen. Pero la defensa,.que.
salvo una vig-orosa prot~sta, !&lt;e ha mantemdo á.
la expectativa parece preparar un gran golpe.
E~primido )fascarefüt por el juez ~asta hi
(1Jtima gota de jugo que pu~_de dar de 1&lt;1, Yagotado el parque de hi acusac1on en lo que se refiere á Ja defuncitln del declarante, el ~e!ensor
Lic. Larralde-célebre ya en el foro cr1mmalse levanta v dice:
- Pido 1a· comparecencia d,el pelele ..
El ,Juez v el )linlsterio publico resienten !!'sacudida. 'La défensa ha desenmasc_arado súbita, oportuna y hábilmente. s~s bater1as, y t~dos
comprenden que sus pos1c1ones son fo!m1dable.c; La ansiedad del público es indescriptible
cua~do cuatro mows de la ,\gencia Gayosso,
de gran uniforme y con el moflo de gasa .negra
al brazo introducen el féretro. El presidente
de Jos d~bates y la policía. son impotentes para
mantener el orden y e) juez instructor lo consigue á. duras penas, mvocando el respeto á la
muerte y á los despojos del alma de los que
fueron.
d. d
¡·
Descubierto el féretro en me 10 e un re 1gioso silencio, comienza el careo.
.
Decepción del público. )lasc~rel'ía_ s1gu~ ne:
gando: el pelele guarda una actitud 1~p~•nbl~.
la defensa. sonríe irónica~ente ): el )hmster10
úblico rechina en silenc10tl~ dientes.
P Larralde ha obtenido un tnunfo: probar que
la verdad legal rentas veces invocada por la
acusación es de aplicación di-!dosa. A ngestro
repórter Je dijo en interi:ue privada:
-Tengo al juez en el bolsillo. Su verdad legal a.un suponiendo que sea verdad y sea lega.lJ..
¡,!\ quién·.se aplica.? ¿I\ mi defenso ó a.l pelele·,

y despué.c; de entrar e_n , profuri_~as consifü_iracione." jurídicas, se retiro regoc1Jado, ~!1nente, tronando bu rle.c;cament e los dedos r d1c1endo:
-¡Tengan su verdad legal!
Yeremos lo que dan de sí los debates.

Costumbres religiosas
Los indios han subido á la. montaña por troncos y piedras para construir un templo en un
lugar milagroso de aquella ~omarca; se escapa
de la sierra, coronada por riscos y bre~ales, un
confuso rumor al acercarse la multitud que
desciende ba.jo la luz meridional: recias figuras
de bronce, cuerpos que se anarcan, espaldas que
se abaten bajo el peso de enormes pedruscos,
informes desprendimientos de cumbre. .
.
Todos son habitantes de aquella region casi
salva.je, hombres de pequellos oj?~ como negras
cuentas lucientes, seguidos de muos ventrudos
y triguefíos de bueyes y mulas enfloradas,
porque el reÚgiosoa.carreoconstituye un extra!'ío festln. Todos forman una lenta. culebra que
camina y se pierde entre el polvo, espeso nimbo salpicado por el chispeo reluciente de las
hachas.
Los animales con negligente majestad, como
inspirados también de fervor místico. van uncidos á los troncos. yertos cadáveres de rugosa
piel que arrastran diflcilmente sobre las veredas empinadas y hostiles. )Jientras ta.nt&lt;?, .entre las arrugas del monte, que parecen trag1cos
gestos de piedra. míra.nse lmndidas las chozas
humildes, Jos toldos enyerbados, los tugurios
de paja y varejal, que duermen al rumor del
gran río. en cuyos líquidos masas mojan su follaje los naranjos er.. flor, y sobre el cual erigen
las palmas sus pi umeros y los plátanos sus pendones de raso hechos ti ras.
Y el destile se acerca. hacia el caserío. Un
grupo de moradores, con la mano encima de los
ojos para velar la luz, espera á la. entrada, bajo
los árboles, que proyectan su sombra como un
negro borrón de tinta sobre la. página v~rde ~el
prado. Las mujeres llevan á. sus chiqu1llos msa.ciables, sujet-OS a.l pezón; los ancla.nos, fuertes

como roble.,;, de pro~igiosa longevidad monta
ñeza, muestran la. nsa de sus hlanc~s dentaduras y toda la multitud que afluye a borbotones
al encuentro. haceolr un peculiar crujido de ropa almidon.adas.leva.nta~omo alegres ensel'ías,
jóvenes y s1mbóhcos carrizos.
Llega la procesión jadeante, obscura y sudorosa.
El calor tuesta é irrita la plel,.y los cántaros
se sumergen en el arroyo .... Los indios, lacios
por Ja pesada carga, apenas pueden avanzar, y
los bueyes, en cuyos cuernos se entrela_zan ramas de laurel, parecen héroes leg~ndanos. bravo~ capitanes que regresan del triunfo. En la
dura cuesta que borda el cafetal, por donde van
subiendo hombres y animales, rompen sus cápsulas los algodoneros, y los naranjos de follaje
lustroso muestran sus vivos frutos hechos de
sol. Un campo amarillo parece á lo lejos un
chateo de oro y tremulantes antorchas de verde
luz los bosqu~s que destellan en las quebradu•
ras del monte.
. .
Y en el barro de todos aquellos rostros rnd1g-enas, rudos y quietos, taimados ó bravios,. se
dibuja un ge.-;to de fe, de aMvica veneración
religiosa· en aquéllas frentes adornadas con
hirsutos 'mechone.-; de cabellos, tiembla confusamente una ,·isión de miedo y de esperanza,
un éxtasis obscuro y estúpido, un vago anhelo
de bien eterno Yde poesía, que precede á la
danza mon6tona á veces ó frenética ....
La procesión deja su carga aplastante al llegar al lugar en que ha de construirse el tem•
plo donde se levanta, en crispada mueca de
an¡nistia. el árbol milagroso, un cedro colos!)-1
horriblemente desgajado por el rayo, y que, sm
un follaje. abre la desolación de dos ramas desnudas afectando la forma regular de una
cruz.
Ene.ARDO COLÍX.

Nuestras ilustraciones
La oleografía que publicamos en la portada
de este número, y la que, con el titulo de "¿Soy
vo por ventura, )fa.estro?," aparece en otro lugar. forman parte de la c-0lección de la )Ioderna Librería Religiosa.
Tanto éstas oleografías, como las demás ilu~- ,
traciones en colores que ofrecemos hoy al pu
blico fueron reproducidas en nuestros talleres
por ei procedimiento de trlcrom!a.

�Crtpaba d dUICt Rtdtntor la cum_ _:_
. dtl 6ólgota, agobla4o por et peso
dt la lnfamantt cruz.
[a mucbtdumbrt
lt ctrcaba.
Dt a,ronto sonó un btso
tn ti stmblantt livldo dd :Justo,
yd qut lt dtó aqud b~so, así lt dilo
al nazareno: "Jlugusto
Stñor, si utá tn tu mano,
(puu trts dt DIO$ biiO)
secar ti octano
y-convertir la titrra en·----bumo vano,-1

-

..,_ -

¿por qué no calmas tu pesar proliJo?
¿En dón'1t tstán tus rayos vtus trutnos
qut sobrt tantos mistros sayonu
no arrotas? tos malva'1os corazones,
más qut dt ira, dt Jgnoranda lltnos,
por qué no arrancas ólos tornas buenos?
¿JI qué ti dolor qut tntrva vasesina?'·
r ti tristo, tsa blancura ensangrentada,
qut todas nuestras almas ilumina,
como un muerto calló, .. ... .
illo dilo nada!
:JUJ:10 'ftOREZ

�EL MUNDO ILUSTRADO

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8UE1'!0 DB REDENOIÜN
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Era un claro patio, abierto, bajo el azul, enlosado de mármol. A cada lado se alzaba un ar. ma.rio en forma de terraza, fresca. y sonora c0mo el claustro de un monasterio.
Al fondo de la arquería, al frente del austero
frontispicio del Palacio, se extendía un velario
de estofa escarlata con franjas de oro, proyectando una sombra cuadrada y dura: dos mástiles de palo de sicomoro rematados en una flor
de loto le servían de sustento.
Alll se aglomeraba la multitud, confundiéndose las túnicas de los fariseos, orladas de azul;
el rudo sayón de esta.melia de los obreros, sujeto y apretado por un cinturón de cuero; los amplios albornoces de listas blancas y cenicientas
de los hombres de Galilea, y la. capa carmesl de
los mercaderes de Tiberiade. Algunas mujeres.
fuera de la sombra del ,·elarlo, alzadas en la
punta de las chinelas amarillas, extendlan por
cima del rostro, contra el sol, la punta de sus
mantos ligeros.
De aquella. multitud brotaba un intenso olor
á sudor y á mirra. Más allá, por cima de los
blancos turbantes apiliados, relucían al sol los
extremos de las lanzas. Y en el fondo, sobre un
solio, un hombre, un magistrado envuelto en
los n_obles pliegues de una toga pretexta, más in,
móvil que un mármol, apoyaba en el pullo fuerte su barba espesa y gris. Los ojos parecían indolentemente adormecidos; una. cinta escarlata le sujetaba los cabellos; y por dentro, sobre
un pedestal que servia de respaldo á su silla
curul, la broncinea figura de la Loba Romana
abrla la boca voraz. Pregunté á Topsius quién
era. ese magistrado melancólico.
-Cierto Ponclo, llamado también Pilatos,
que fué prefecto en Batavia.
Lentamente caminé hacia el patio, procurando, como en un templo, apagar todo lo posible
el ruido irrespetuoso de mis pasos.
Un grave silencio caía del cielo rutilante; só·
lo á veces, del lado de los jardines, se ola, áspe-

ro Y triste, el alarido de los pavos reales. Ex~
tendidos en el suelo, junto á la balaustrada del
claustro, los negros dormlan con el vientre al
s_oL Una. vieja contaba monedas de cobre, acurrucada delante de su cesta de fruta. Enlosandamios puestos sobre una columna, unos albafl_iles componlan un tejado. Y los nifios, en los
rmcones, jugaban con sus discos de hierro.
En un esp~cio con pavimento de mosaico, delante del sollo donde se erguía la Loba Romana, Jes(1s estaba de pie con las manos cruzadas
suavemente, amarradas por una cuerda que
ca.la hasta el suelo. Un largo albornoz de lana.
gruesa con listas pardas orlado de franjas azules, descendía. hasta sus sandalias, sujetas por
correas, Y ya gastadas en largas peregrinaciones
por el desierto. No ensangrentaba la cabeza esa
inmunda corona de espinas que yo habla leido
en los Evangelios. Lucia un turbante blanco
hecho con una faja de lino enrollada, cuy~
puntas flotaban sobre sus hombros. Los cabellos
se~os echados por detrás de la oreja, caían en
a.milos por su espalda, y en su:rostro flaco, requemado, bajo las espesas sobrecejas unidas en un
solo trazo negreaba. como una profundid~d infinita el resplandor de sus ojos y la ondulación
de su barba cara.coleada y aguda. No se movía
fuerte y sereno delante del pretor. Sólo algú~
estremecimiento de sus manos presas traducla.n el estremecimiento de su corazón, y á veces respiraba larga.mente, como si su pecho
acostumbrado al libre y claro aire de los mon:
tes Y lagos de Galilea, se sofocase entre aquellos mármoles, bajo el pesado velario romano
~n la estrechez formalista ,de la Ley. A un la.d¿
Sareas, vocal del Sanhedrm, después de haber
dejado en el suelo su báculo de oro, iba desenrollando y leyendo una obscura tira de perga•
ru lno con un murmurio monótono y somnoliento. Sentado en un escabel el asesor romano
sofocado por el calor del mes de Nizam, refres:

-

"'·

- ...

( De E9a áe Queir6s.)
caba. con un abanico de hojas secas su tez rapada ! blanca como un yeso; un escriba, viejo
Y necio, en una mesa de piedra llena de tabularios aguzaba minuciosamente sus cálamos, y
entre ambos, el intérprete, un fenicio imberbe,
sonreía con la faz al aire y las man0s en la cintura.
Constantemente, en torno del velarlo, volaban bandadas de palomas. As! yovi á Jesúsde
Galilea preso delante del pretor de Roma.. . . .
En tanto Sareas, después de arrollar en torno
de la v_ari!a de hierro el obscuro pergamino,
saludó a Pilatos, besó una campanilla sobre el
dedo para marcar en sus labios el sello de la
verdad, é inmediatamente empezó su arenga
en griego, llena de citas de textos y rastreras
adulaciones ..... .
Su voz cascada y larga rodaba interminablemente. Yo bostecé debajo de su rostro, sentado en la Posas; dos hombres comían tamaras de
B~tara. Pilatos, con la. mano sobre el puno,
miraba somnolentamente sus borceguíes de escarlata, salpicados de estrellas de oro.
Y Sareas ahora prociamaba los derechos del
templo. El era el orgullo de la. nación Ja. morada predilecta del señor. ¡César Au~usto le
habla aportado escudos y \'asos de oro á ese
templo. ¿Cómo lo respetaba el Rabi?
¡Amenazando destruirlo! "¡Yo derrocaré el
templo y lo levantaré en tres días!"
T!)Stigos piadosos, oyendo esta ruda impiedad, se cubrieron las cabezas de ceniza, para
aplacar la cólera. divina .... La blasfemia arrojada. al santuario, llegó hasta el seno de Dios.
Bajo el velario, los fariseos, los escribas y los
"netenius" del templo, esclavos sórdidos, susurraban como agrestes arbustos que el viento comienza á agitar.
l Jesús
. permanecla indiferente , abstraído, con
os OJOS cerrados, como para aislar mejor su
suef!o continuo y hermoso, lejos de las cosas
duras y vanas que lo rodeaban.

El escriba apareció nuevamente,más rojo que
antes al lado del Rabi y de los guardias del
templo; veia á. Sareas perfilarse recostado en su
báculo. Después, entre el brillo de las armas
surgieron las Yaras blancas de los lictores; y
otra vez Poncio, pálido y pesado, en su amplia.
toga, subió las gradas de bronce, regresando á
su a,-lento curul.
El silencio era tan grande, que se oía el eco
de las bocinas á lo largo de la. torre )!aria.na.
Sereas desenrolló un obscuro pergamino, extendiéndolo sobre la mesa de piedra, entre los
tabulario,,;; ;y yo vi las manos gordas y pesadas
del escriba trazar una rúbrica, estampar un sello bajo las lineas bermejas que condenaban á
muerte al Rabi de Galilea, Jesús, mi Señor!
Después, Poncio Pilatos, con una dignidad indolente, levantando levemente el brazo desnudo, confirmó en nombre del Cesar la sentencia.
del Sanhedrin, que juzga en Jerusalén.
Inmediatamente Sareas, tirando sobre el turbante la punta de su manto, quedó en oración,
con las manos abiertas hacia el cielo. Los fariseos triunfaban: junto á nosotros, dos muy viejos, mesábanse las largas harbas blancas; otros
sacudían en el aire los bastones, i', lanzaban
sarcásticamente la aclamación forense de los
romanos: "Bene el belle! .Xon potest melius!"
Mas de súbito el intérprete apareció encima
de un escabel. La turba enmudeció sorprendida; y el fenicio, después de haber consultado
con el escriba, gritó en caldeo, alargando los
brazos cercados de manillas de coral:
-¡Tucuchar! En esta nuestra fiesta pascual,
el pretor de .Terusalén acostumbra, desde que
Valerius Gratus asilo determinó, perdonará
un criminal. El pretor os propone el perdón de
éste. ¡Escuchar aún! Yosotros tenéis el derecho
de escoger entre los condenados. El pretor tiene en su poder en las ergastulas de Herodes,
otro condenado á muerte ..... .
Descans6 y de pie sobre el escabel interrngaba de nuevo al escriba, que enrollaba los papy-

rus y lo:s tabularios. Sareas, sacudiendo la punta del manto, miró asombrado al pretor con las
manos abiertas en el aire. ~las el intérpret~
gritaba, levantando más el rostro rísueíio:
-Uno de los condenados ese! Rabí Jesús, que
a.qui tenéis y que :se dice hijo de David .... Ese
es el que os propone el pretor. El otro, endurecido en el mal, fué preso por haber muerto á
traición á un legionario, en un monte, en Xistus. Su nombre es Bar-Abbas. ;Escoger!
Un grito brusco y unánime partió de los fa.·
riseos.
-¡Bar-Abbas!
Y aquí y ahi, por todo el atrio, resonó confusamente el nombre de Bar-Abbas. Y un esclavo del templo, de sayón amarillo, acercándose á
las gradas del solio empezó á berrear:
-¡Bar-Abbas! ¡Oyelo bien! ¡Bar-.\bbas! El
pueblo sólo quiere á ¡Bar-.\.bbas!
Y así continuó h~ta. que •.m legionario le hizo rodar en las Josas. }las ya. toda la multitud,
más leve y fácil en inflamar que la. paja en el
fuego, clamaba por Bar-.\bbas; unos con furor
golpeando el suelo con las sandalias y los cayados de puntas de fierro; otros á lo lejos, Indolentes, levantando un dedo. Los vendedores del
templo, llenos de rencor, sacudiendo las balanzas de hierro y repicando campanl11as, berreaban entre maldiciones al Rabi:
-¡Bar-Abbas es mejor!
Y hasta las prostitutas de Tiberlades, pintadas de rojo como !dolos, herlan el aire con sus
gritos sibilantes:
-¡ Bar-.\bbas! ¡ Bar-A bbas!
Muy pocos conocían á Bar-Abbas, muchos no
odiaban al Rabí; mas todos aumentaban el tumulto sintiendo en la reclamaci6n de un preso
que habla atacado á un legionario un ultraje al
pretor romano, togado y augusto en su tribunal. Ponclo, entre tanto, indiferente, trazaba
letras sobre una larga tira de pergamino pues.
ta sobre las rodl11as. En torno de él los clamores retumbaban acompasados:

-; Bar-Abbas! ¡Bar-Abbas! ¡Bar-Abbas!
Entonces Jesús, sosegadamente, volvióse hacia aquel mundo duro que lo condenaba y en
sus refulgentes ojos humedecidos, en el fugitivo temblor de sus labios, sólo transparentó en
ese instante una amargura misericordiosa por
la inconsciencia de los l10mbres que empujaron
hacia la. muerte á su mejor amigo ...... Con los
pulios presos limpióse una gota de sudor; después quedó enfrente del pretor, tan imperturbable y quieto como si ya no perteneciese á la
tierra.
El escriba, golpeando con una regla de hierro
la piedra de la. mesa, tres veces gritó el nombre
de César. El tumulto se iba amortiguando.
Ponclo levantóse y grave, sin traducir impaciencia ó cólera, lanzó, sacudiendo la mano, el
mandato final:
-;Id y cruclticadle!
Y lentamente descendió del estrado entre los
aplausos feroces de la multitud.
Ocho soldados de la. cohorte siria aparecieron, pertrechados para la marcha, con los escudos envueltos en lona. Sareas, vocal del Sanhedrín, tocando en el hombro á Jesús, se lo entregó al decurión. Un soldado le desató las
·cuerdas; otro le tiró del albornoz;y yo, á través
de mis lágrimas, vi al dulce Rabi de Galilea dar
sus primeros pasos hacia la muerte.

♦

A TEAPA
Aun vive en mi memoria. el ca.ro suelo.
Donde risueña. transcurrió mi Infancia.:
La.s verdes loma.s, la. apacible esta.ocia.,
Que desde niño amé con ,rra.t.o a.obelo,
¿Cómo olv!Ja.r del bulUdor riachuelo,
La.s fuerza.s de león y su a.rro¡a.ncla..
Oua.ndo al ta.lt.r el bosque á la. dista.ocia.,
Trona.ntes olas leva.ntt.bt. a.J cielo?
Ali! tra.nqullo, al ma.l lndUerente,
Gowso recorrí Ja.orlJla. amena..
En brazos del placer y del content.o:
E re. la. eda.d de la. n1ñez sonriente,
Que t.l trt.vesear feliz sobre la. e.rene.,
llle da.be.. hermosa., su divino a.llent.o.
MANNEL GBEOORIO ZAPATA,

llléxlco.

�SARAI

-Está, sin duda, poseída de un demonio; le pediremos al
Maestro que la libre de él.
,
..
Pero cuando le hablaron, Jesus les d110:
-Dejadla. El espíritu que la posee es por ahora más pode•
roso que yo.

ARAI, de Cafarnaum, es hija de Jonás, pa•
trón de barca, y hermana de Simón y de
Andrés.
Jonás tenía por amigo y por vecino al
pescador Zebedeo, marido de Salomé y pa•
dre de Santiago y de Juan.
Sarai era hermosa y sensible. De niña
había jugado al borde del lago con Juan, que era apacible y de
rostro agradable. Ya más grande, iba todos los días en casa de
la buena Salomé y trabajaba junto á ella remendando las redes
ó los vestidos de sus hermanos.

***

Cuando tuvo diez y siete años, conoció que amaba á Juan,
hijo de Zebedeo y de Salomé; y como la trataba con amistad,
creyó que era amada por él y que pronto la pediría en matrimonio.
Fué entonces cuando se comenzó á hablar en el país, de un joven profeta que recorría la Galilea anunciando el reino de Dios.
"Entonces, dice el Evangelio, como Jesús marchara á lo largo del mar de Galilea, vió á dos hermanos, Simón y Andrés,
que echaban sus redes al mar. Les dijo: "Seguidme, y os haré pescadores de hombres." Al punto dejaron sus redes y lo siguie=
ron. De allí, habiendo ido más lejos, vió á otros dos hermanos, Santiago y Juan, que estaban en una barca con Zebedeo, su
padre, y que remendaban sus redes. Los llamó y al punto dejaron su barca y á su padre, y lo siguieron."
Zebedeo, volviendo á su casa por la noche, le contó esas cosas á su mujer. Agregó que cuando Jesús hablaba, nadie po•
día resistirlo. Sarai, que estaba allí, no se atrevió á decir nada, pues Juan no tenía compromiso con ella, pero en cuanto estu•
vo sola, lloró.
OS semanas después, Juan y sus compañeros volvieron á la casa. Traían á Jesús con ellos.
Jesús habló, y Zebedeo y Salomé creyeron en él, y todos estaban embargados por una emoción inexpresa•
ble. Pero Sarai no se conmovió, pues pensaba que aquel profeta le había robado á aquel á quien amaba.
Juan continuó tratándola con dulzura, pero sin notar su palidez y la tristeza de sus ojos.
Para agasajará Jesús, hubo en casa de Zebedeo una comida á la que fueron invitados los vecinos. Sarai
ayudó á Salomé á servir á los convidados y vió que Juan era el amigo preferido del profeta y comprendió
que sin duda ya nunca le pertenecería. Tanto temblaba, que dejó caer un plato, que se rompió derramando en
tierra su contenido. Jesús intervino para que no fuese regañada. Pero ella no tuvo ánimo para darle gracias.
El mismo día Jesús fué á buscarla al reducto donde lavaba los platos y le dijo:
-Hija, mía, ¿por qué estás turbada en tu corazón? Y ella se fué sin mirarlo ni responderle.
Juan permaneció algunas semanas en Cafarnaum, trabajando en su oficio de pescador, á fin de juntar algún dinero
para un nuevo viaje.
Sarai iba siempre á coser á casa de Salomé. Estaba tan triste, que por fin la anciana se dió cuenta y le dijo:
- ¿Cómo se puede estar triste cuando se conoce la buena nueva y se cree en el advenimiento del reino de Dios?
La joven pensó:
-Mi reino de Dios era cuando Juan me amaba, y mi buena nueva sería una tierna palabra de su boca.
El día en que Juan partió de nuevo para reunirse con Jesús, no tuvo ya fuerza de ocultar su mal. Corrió en pos
de Juan y lo alcanzó en el puerto.
..
- ¡Juan!, le gritó, yo te lo suplico, ¡no te vayas!
Se colgaba de sus vestidos; pero rojo de cólera y de vergüenza, él la arrojó sobre las losas. Algunas gentes que se encon·
traban allí, se burlaron de ella; los muchachos la siguieron con gritos insultantes, y ella regresó sollozando á la casa de su padre:
Desde entonces no se atrevió á volver á la casa de su vecina Salomé, y permanecía en su. casa al lado de su padre en•
fermo. Sus hermanos, cuando estaban en casa, la consideraban con dura piedad. Y á _veces decían entre ellos:

'

ESUS vino un día á Cafarnaum á tomar
algún reposo. Estaba acompañado esta vez
por galileas abnegadas, Juana, Susana:
María Cleofas y María de Magdala. Sarat
sabía confusamente lo que había sido la
Magdalena y pensaba:
-Esa sabrá, tal vez, un remedio para
mi mal.
1
d · rt le
Se arregló, pues, para encontrarla en un ugar este o,
confió su pena y le dijo:
-¡Tú
queamado
has ama:o,d:ocMórre_me~e
Magdala
-¿He
yo., tJO ana
.
. Yo
. no lo sé• Pero todos mis deseos, cuando los había contentado, se cambiaban
de1· bao más que cemza en mt boca.
.
en amargura Y no
ª
d t d
y quisiera conocer esa amargura y mascar esa cemza.
-Al
meno~~
dijodtJO
~arai,
~as yconhtenta
o t°!doe~1º:~ic~
amor que no engaña. Ama como yo al Hijo del Padre, al que posee
-¡Pobre
nma!,
Mana.
o e encon
r
las palabras de la vi~a eter~a.
r él es or uien sufro• y por eso mismo no puedo creer en su palabra.
- Yo lo odio, d•J~ ~ara1! P~~sbviió brebf1·es q recitó fó~ulas mágicas; pero nada pudo calmar su mal, Y de día y de noche
Consultó á una vteJa egipcia, e
'
1
l
n ba la sangre
la imagen de Juan la torturaba con un deseo que le secaba a carne y e envene a
.

·
·
d I p scua quiso ir con sus padres á Jerusalén, que no estaba ?.Iás que á do~
~¿::sv~:ºO:!r~:~p;u ~:ir/aprobó el piadoso pensamiento y esperó la curación de su htJa; p~ro Sarat
00 quería más que acercarse á Juan.
. .
,
d
'ó
En la posada en que estaban alojados, supieron la prisión ~e Jesus y su con ~nac1 Mn. , d M d
._
M ·
dre de Jesús y Juana y Susana, y Mana Cleofas, y Verómca y ana e ag a 1a stfuan Y1
tan cerca C:,mo to .,.'rmitió la escolta de soldados romanos. Sarai se juntó con los gaj
fi~::~~"E.8d¿l~r le parecía odioso; pero ella se decía á sí misma que muriendo el Maestro, Juan, con e

~~f¿:;:,';.

tiempo,
se. acordaría
de hhabed~óla
am,ado.
y desgarró sus venas; sangre corrió y el cuerpo todo se arqueó y se
El primer
clavo se
un I en
a mano del
. a1·usticiado
.
1
retorció.
Perofué
como
Jesús no
La cruz
levantada;
e1gritadba,
con enadSara
o cO1~naºb!upv~/~::~:~ llagas• Los agudos gemidos de las mujeres se oían sin interrup=
ción, Sarai,
atravesando_
~mor
populacho
reales·, Y le parecía que era ella quien moría, y que esos gemidos eran los
inmóvtl,el veta
lasdel
cosas.
como s1~nftef~:;1:~
no
lamentos de su corazón _po~ e~~: ~~s=~~ le dijo á Juan y á María: "He aquí á vuestra madre, he aquí á vuestro hijo," compren•
Luego, cuando Jesus a '
t , ida contaba á su pesar las gotas de sangre negra que caían una por una de los
d!ó que tod? había aca~::o J~~~ ::;c~dC:S ~~bre los dad~s que los s~yones, en cuclillas, arrojaban uno después de otro.
pies de Jesus, Y luego
d
n instante de desfallecimiento, gritó:
.
.
Pero
cua~do
el
Cruc1é1ca
oh,
enaub
donado?"
sintió
á
la
vez
que
un
horrible
consuelo,
un
principio
de
compasión
al
decirse:
"Padre mio, ¿por qu me as a~
• ,
,
.

.f.

"Ese
fambl
muert~
deposes,asperqaudeº1:as de las mu1·eres
redoblaban, .Y María,
madre de Jesús, caía privada de sentido entre los
Y como
a ié~
mismo
1em
.
.
brazos de sus compañeras, Sarai tuvo por vez ~nmera este, P~?sam1ento. ·
"Q izá existen sufrimientos mayores aun que el mio.
.
1,.,.
•
•ó á
s bargo, vu elto de su desmayo, el Crucificado, con un gran esfuerzo, levantó un poco su lacta ~~za. v1
- Su.m em
1os

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

soldados que jugaban á los dados su pobre túni&lt;;a; vió más lejos, sobre la ladera de la colina, la
multitud alegre, ciega y mala, y dijo.
"Padre mío, perdónalos, pues no saben lo que
nacen."
Entonces Sara1 se sintió vencida. La revelación de otro amor la atravesó como un relámpago y la derribó sobre el suelo. Un dolor tal,
ó tal vez un deseo tan grande la sacudió, que
se le rompió el corazón. Pero no fué hacia Juan,
fué hacia Jesús, hacia donde exhaló el último
de sus suspiros.
JULIO LE:MAITRE.

(De la Academia Francesa).
Traducido para "El Mundo Ilustrado," del
último libro del autor.

..

, UN EJEMPLO.

e

Amaro era un santo ermitaño que por aquel
tiempo vivía en el monte vida de penitente.
Cierta tarde, hallándose en oración, vió pasar
á lo lejos por el camino real á un hombre todo
cubierto de polvo. El santo ermitaño, como
era. viejo, tenia la vista cansada y no pudo reconocerle: pero su corazón le advirtió quién
era aquel caminante que iba por el mundo envuelto en los oros de la puesta solar, y alzándose de la tierra., corrió hacia él implorando:
-¡Maestro, dejad que llegue un triste pecador!
El caminante, aun cuando iba lejos, escuchó
aquellas voces y se detuvo esperando. Amaro
llegó falto de aliento, y llegando, arrodillóse y
le. besó la orla del manto, porque su corazón le
había dicho que aquel caminante era Nuestro
Señor Jesucristo.
-¡Maestro, dejadme ir en vuestra compañia!
El Señor Jesucristo sonrió:

-Amaro, una vez has venido conmigo y me
abandonaste.
El santo ermitaño, sintiéndose culpable, inclinó la frente:
-¡Maestro, perdonadme!
El Sefior Jesucristo alzó la diestra, traspasa•
da por el clavo de la cruz.
~Perdonado estás; sígueme.
Y continuó su ruta por el camino que parecía alargarse hasta donde el sol se ponía, y en
el mismo instante sintió desfallecer su ánimo
aquel santo ermitafio:
/
-¿Está muy lejos el lugar á donde camináis,
Maestro?
-El lugar á donde camino, tanto está cerca,
tanto lejos ..... .
-¡No comprendo, Maestro!
-¿Y cómo decirte que todas las cosas, ó es•
tán alli donde nunca se llega, ó están en el corazón?
Amaro dió un largo suspiro. Había pasado
en oración la noche y temía que le faltasen
fuerzas para la jornada, que comenzaba á presentir larga y penosa. El camino á cada instante se hacía más estrecho, y nb pudiendo caminar unidos, el santo ermitafio iba en pos del
Maestro. Era tiempo de verano, y los pájaros,
ya recogidos á sus nidos, cantaban entre los
ramajes, y los pastores descendían del monte
trayendo por delante el hato de las ovejas.
Amaro, como era viejo y poco paciente, no
tardó en dolerse del polvo, de la fatiga y de la
sed. El Sefior Jesucristo le oía con aquella sonrisa que parecía entreabrir los cielos á los pecadores:
-Amaro, el que viene conmigo debe llevar
el peso de mi cruz.
Y el santo ermitaño se disculpaba y dolía:
-Maestro, á veros tan viejo y acabado como
yo, habíais de quejaros asina.
El Señor Jesucristo le mostró los divinos
pies, que, desgarrados por las espinas del camino, sangraban en las sandalias, y siguió adelante. Amaro lanzó un suspiro de fatiga:

11:L MUNDO ILUSTRADO

-¡Maestro, ya no puedo más!
Y viendo á un zagal que llegaba por medio
de una gándara donde crecían amarillas retamas, sentóse á esperarle. El Señor Jesucristo
se detuvo también:
- A.maro, un poco de ánimo y llegamos á la
aldea.
-¡Maestro, dejadme aquí! Ved que he cum.
plido cien años y que no puede caminar. Aquel
zagal que por allí viene tendrá cerca la majada, y le pediré que me deje pasar en ella la noche. Yo nada tengo que hacer en la aldea.
El Señor Jesucristo le miró muy seriamente:
-Amaro, en la aldea una mujer endemQniada espera su curación hace años.
Calló, y en el silencio del anochecer sintiéronse unos alaridos que ponían espanto. Amaro, sobrecogido, se levantó ~e la piedra donde
descansaba, y siguió andando tras el Sefior Jesucristo. Antes de llegar á la aldea salió la luna, plateando la cima de unos cipreses donde
cantaba escondido aquel ruisei'ior celestial que
otro santo errnitafio oyó trescientos anos embelesado. A lo lejos temblaba apenas el cristal de un río, que parecía llevar dormidas en
su fondo las estrellas del cielo. Amaro suspiró:
-Maestro, dadme licencia para descansar en
este paraje.
Y otra vez contE'stó muy severamenle el Señor Jesucristo:
-Cuenta los días que lleva sin descanso la.
mujer que grita en la aldea.
Con estas palabras c~ó el canto del ruisefior
y en una ráfaga de aire que se alzó de repente
pasó el grito de la endemoniada y el ladrido de
los perros vigilantes en las eras. Habla cerrado
la noche, y los murciélagos volaban sobre el camino, unas veces en el claro de la luna y otras
en la obscuridad de los ramajes. Algún tiempo
caminaron en silencio; estaban llegando á la
aldea, cuando las campanas comenzaron á tocar
por sí solas, y era aquél el anuncio de que llegaba el Sefior Jesucristo. Las nubes que cu:

brlan la luna se desvanecieron, y los rayos de
plata, a.l penetrar por entre los ramajes, iluminaron el camino, y los pájaros que dormf.an en
los nidos despertáronse con un cántico, y en el
polvo, bajo las divinas sandalias, florecieron las
rosas y los lirios, y todo el aire se llenó con su
aroma. Andados muy pocos pasos, recostada á
la vera del camino, hallaron á la mujer que estaba poseida del demonio. El Sefior Jesucristo
se detuvo, y la luz de sus ojos cayó como la
gracia de un milagro sobre aquella. que se retorcía en el polvo y escupía hacia el camino.
Tendiéndole las manos traspasadas, le dijo:
-Mujer, levántate y vuelve á tu casa.
La mujer se levantó, y ululando con los dedos enredados en los ca.bellos. corrió hacia la
aldea. Viéndola desaparecer á lo largo del camino, se lamentaba el santo errnitafio:
-¡Maestro, por qué no haberle devuelto aquí
mismo la salud! ¿A qué ir más lejos?
-¡Amaro, que el milagro edifique también á
los hombres sin fe que en este paraje la dejaron abandonada! Sígueme.
-¡Maestro, tened duelo de mí! ¿Por qué no
hacéis con otro milagro que mis viejas piernas
dejen de sentir el cansancio?
Un momento quedó triste y pensativo el
Maestro. Después murmuró:
-'-i Sea .... ! Vé y cúrala, pues has cobrado las
fuerzas.
Y el santo ermitafio, que caminaba encorvado hacia la tierra desde luengos al'!os, enderezóse gozoso, libre de toda fatiga.
-¡Gracias, Maestro!
Y tornándole un extremo del manto, se lo
besó. Despues, mirándole los divinos pies, que
ensangrentaban el polvo donde pisaban, murmuró avergonzado y enternecido:
-¡Maestro, dejad que restafie vuestras heridas!
El Señor Jesucristo le sonrió:
-No puedo, Amaro ...... Debo ensei'iar á los
hombres que el dolor es mi ley.
Luego de estas palabras se arrodilló á im lado del camino, y quedó en oración mientras se
alejaba el santo ermitaño. La endemoniada,

(

enredados los dedos en los cabellos, corría ante
él: era una vieja vestida de harapos, con los
senos velludos y colgantes; en la orilla del rio,
que parecía de plata. bajo el claro de la luna,
se detuvo acezando; dejóse caer sobre la yerba
y comenzó á retorcerse y á plafiir. El santo ermita!'lo no tardó en verse á su lado, y como
sentia. los bríos generosos de un mancebo, intentó sujetarla, pero apenas sus manos tocaron
aquella carne de pecado, le acudió una gran
turbación. Miró á la endemoniada y la vió, bajo la luz de la luna, bella como una princesa y
vestida de sedas orientales, que las manos perversas desgarraban por descubrir las blancas
flores de los senos. Amaro tuvo miedo: volvía
á sentir con el fuego juvenil de la sangre las
tentaciones de la lujuria, y lloró recordando
la paz del sendero, la santa fatiga de los que
caminan por el mundo con el Señor Jesucristo.
Alzó los ojos al cielo, y solamente descubrió,
abiertas sobre su cabeza, las alas del murciélago Satanás. El alma entonces lloró acongojaqa,
sintiendo que la carne se encendía. La mujer
habíase desgarrado por completo la túnica, y

se le mostraba desnuda. Amaro, próximo á desfallecer, miró angustiado en torno suyo, y sólo
vló en la. vastedad de la llanura desierta el rescoldo de una ho~uera abandonada por los pastores. Entonces recordó las palabras del Maestro:
-¡El dolor es mi ley!
Y arrastrándose llegó hasta la hoguera, y
fortalecido escondió una mano en la braza,
mientras con la otra hacia la sei'ial de la cruz
á la. mujer endemoniada. La mujer huyó. Albeaba el día. El santo ermitafio alzó la mano
de la braza, y en la palma llagada vió nacerle
una rosa, y á su lado vió al Seffor Jesucristo.
RAMÓN DEL V ALLE-lNOLÁN.
¡ADIOS!
(MORJKE),
¡A.dwal.........Ma.s tú no sentiste

■

cuanto hay de profunda pena
en ese ¡adwsl Que dijiste,
tranqu!lo el corazón, la faz serena.
¡A.di61/ ...... iAh! veces sin cuento
yo ese ¡ad:wsl he murmurado,
y en Insaciable tormento
con él mi corazón he destrozado.

11

Habana, 1905.

FRANOISOO SJCLL:t!N.

�EL MUNDO ILUSTRADO

11

El Testamento de León Tolstoi.
¿SOY YO POR VENTURA., MAESTRO?

ASNA_V~~RUS
La esposa amante y el hijo lloroso, en vano
claman llamando á Joseph, porque el misero
Joseph ~a comenzado su maldita y eterna peregrmac1ón.
La sentencia de Jesús se cumple: el judío no
se daba un momento de reposo ni un instante
de tregua: presenció la crucificación; vióexpirar
al Salvador; estuvo en su sepulcro y cuando
José y Nicodemus cubrieron con p~ada losa la
s~p_ultura del huerto, Ashaverus miró á la luz
sm1estra de los relámpagos á Jerusalén que
huía de su vista en vertiginosa carrera; no pudo detenerse á dar el beso de despedida á su
amante esposa y á su tierno hijo, ni á sacudir
el polvo de sus sandalias, ni á saciar la sed de
su boca y el hambre de su estómago .... ¡anda!
¡anda! .... retumbaba el trueno con ronca voz al
rodar por el espacio, negro con la pavorosa ~egrura de las tumbas..... .
El cielo en un derrumbamiento terrible parece caer sobre s~ cabeza humillada; todos los
e~emen!,&lt;)s le fu~t1gan, empujan y atraen con sus
violencias, sus 1mpetus y sus vorágines· el hog:1r se ve allá á distancia cual la luz de ~n mástil que cabecea en medio de las encrespadas
olas¡ el hurl!,cán formidable le arrebata precipitá~aole ha~1a adelante, y Jerusalén, obscura y
triste, se pierde en el horizonte, apenas iluminado por la luz tre~ulante de los relámpa~os.
Pasa el Jordán, pide el bautismo que redime
á los réprobos; pero el agua lustral no borra su
pecado, Y • al caer en su maldecida cabeza, lo
vuelve á. impulsar con más fuerza; deja atrás
las campiñas aleires de Judea, las airosas palm,eras de Pal~tma y los seculares cedros del
L1bano .. _. ... ¡Piedad! ¡Piedad!-grita, y el eco
sonoro é implacable le responde iracundo:
-¡Anda! ¡Anda! ..... .
A_traviesa sel vas, recorre páramos, camina
desiertos, surca mares, y siempre tras sí la brisa, ~l austro, el aquilón, le dicen al oído, ensordecido de tanto escuchar:
-¡Anda! ¡Anda!
El destino lo devuelve á Jerusalén· ve su ho~ar entre l\amas; su hijo pereciendo y su mu~er carbomzada; á los lastimosos plafiidos el
impetu le lleva al lugar del peligro, pero mano
f~r~ea Y poderosa arráncalo del sitio para prec1p1tarlo en desenfrenada marcha mientras el
viento brama:
'

-;Anda! ¡Anda!
Ni la espada tajante puede herir su cuerpo
!}i el incendio devorar sus carnes: su cuerpo e~
mvul?,erable, y sus carnes, incombustas. Si cae
al abismo, el abismo le devuelve; si se sumerge
en el ~ar hirviente de espumas, la ola sonante
l&lt;;&gt; arroJa ~alvo á la mullida arena; vive, vive
s1empi:e vida larga y penosa de marcha errante
y contmuada.
El águila caudal hace presa con la acerada
garra en sus entlaquecidas carnes, elévalo hasta el sol, dejándole caer en el cráter del volcán
Y lá ~rupción horre11da lanza la miserable hu:
mamdad de Ashaverus de la profunda sima entre la lava hirviente que va á humear en impetuoso curso sobre el lejano y rojizo mar.
el huracán, el océano, la lluvia el trueno
el simún, cual látigos infernales,le fustigan l~
espaldas, encorvadas al peso del eterno y resonante: ¡anda! ¡anda!

-r:

Lleva.en las sandalias el polvo de todas las
generamones; es salamandra en el fuego, lince
en el muro, corcho en el agua, ala en el aire,
pararrayo en la tempestad, peregrino inca.nsable ~n el huma~o sendero; el reptil no clava el
agmJ~n en.su piel, ni los venenos le matan, ni
las epidemias lo enferman, porque la muerte
lo rechazl!-; y loco, delirante, con la melena hirsuta movida en la constante marcha, el cayado
corvo en la temblona mano, el pie li&lt;rero en la.
polvosa vera, pregunta de continuo: "
-¿A dónde voy?
Y J~ brisa del mar, el susurro de las hojas, el
bramido del león entre las selvas, el piar del
ave en la enramada, la Naturaleza toda indi·
ferente á su cuidado, le responde siempre:
-; Anda!. . .... ¡Anda!. .....
ÜAYETANO RODRÍGUEZ BELTRÁN.

Yo no sabría después componer y contemporizar. Inútil es vacilar y reflexionar más
tiempo sobre lo que quiero decir.
La vida no espera; mi existencia está ya declinando y á cada instante puede desaparecer.
Si puedo aún hacer algunos servicios á los hombres, si puedo hacerme perdonar mis pecados,
mi vida ociosa y material será. un aprendizaje
para los hombres mis hermanos, en todo lo
que me ha sido dado comprender más netamente que ellos: esto es lo que me tortura desde hace muchos años.
Todos los hombres saben, como yo, que nuestra vida no es como deberla ser, y que nos hacemos desgraciados mutuamente.
Sabemos que para ser felices y hacer felices
á los demás, es preciso amar a.l prójimo como á
nosotros mismos, y si no es posible hacerle todo lo que quisiéramos que se nos hiciera á nosotros, cuando menos no hagamos Jo que no
quisiéramos que nos hicieran.
Esta es la enseñanza de todas las religiones,
de todos los pueblos. y es lo que manda la razón y la conciencia de cada uno de nosotros. La
muerte de la envoltura corporal que nos amenaza á cada instante, nos recuerda el carácter
efímero de todos nuestros actos, y así, lo único
que podemos hacer y que puede procurarnos
dicha y serenidad, es obedecer siempre lo que
mandan la razón y la conciencia, si no creemos
en la revelación ó en lo que manda la enseñanza de Cristo, si somos creyentes.
Por otra parte, si no podemos hacer á nuestro prójimo lo que quisiéramos que se nos hiciera, cuando menos no le hagamos lo que no
deseamos para nosotros.
Y aunque conocemos desde hace mucho tiempo esta verdad, en lugar de realizarla, los hom-

bres matan y roban. Y en ve,. de vivir en la
alegría, la tranquilidad y el amor, sufren, penan y no sienten más que odio ó temor unos
por otros.
Por todas partes sobre la tierra, los hombres
tratan de disimular su vida insensata, de olvidar, de sofocar su sufrimiento sin poder evitar-

TOLSTOI

ENTRE

lo; el número de hombres que pierden la razón
y se suicidan aumenta de año en ª!'íº, porque
va siendo imposible soportar una vida contraria á la naturaleza humana.
Se me dirá: "Pero es necesario que la vida sea
así· es necesaria la existencia de los eroperadores,
de '10s reyes, de los gobiernos, de los parlamentos que mandan millones de soldados provistos
de fusiles y cañones, listos á arrojarse unos sobre otros; son necesarias las fábricas que producen objetos inútiles y perjudiciales, donde
millones de hombres, mujeres y niños son transformados en máquinas que trabajan 10, 12 y 15
horas diarias; necesaria la prisión de millares
de hombres.
"Tal vez sea preciso que la doctrina de Cristo,
que enseña la concordia, el perdón de las ofensas, el a.mor al prójimo y al enemigo, sea inculcada á los hombres por sacerdotes de sectas
innumerables, bajo fábulas estúpidas sobre la
creación del mundo y del hombre, sobre su castigo y su redención, y sobre tal ó cual rito y
tal ó cual sacramento."
Así hablan algunos; pero el corazón humano
no quiere creer, se rebela siempre contra la
vida mentirosa. Si nos dejáramos guiar por la
razón y la conciencia, viviríamos pensando,
amando y gozando.
Detengámonos en medio de cada una de nuestras ocupaciones, de cada uno de nuestros placeres, y preguntémonos: "¿llago lo que debo?
¿O estoy gastando inútilmente esta vida, que
pasa entre dos eternidaqes?"
Yo sé bien que parece imposible detenerse á
reflexionar un instante.
"Unos afirman: "Es preciso no pensar en sí
mismo, cuando la obra que se ejecuta pertenece al bien de la familia, del arte, de la ciencia,
de la sociedad, del interés general."
Otros dicen: ''Reflexionar ó no reflexionar,
todo es uno: se vive, después se muere; lo mejor es vivir para el placer. Cuando se quiere
reflexionar, se nota que la vida es peor que la
muerte. ¡Así, pues, vivamos sin reflexionar!"
No hay que escuchar estas voces, á todas
ellas debemos contestar sencillamente: '·Detrás de mi veo la eternidad durante la cual yo
no existia, ante mi siento la misma noche infinita donde la muerte puede á cada instante
sumergirme. Ahora puedo, cerrando voluntariamente los ojos, caer en una existencia llena
de miserias; pero sé que abriéndolos para mirar
en torno mío, puedo escoger la mejor y más feliz. Así, sea cual fuere lo que digan esas voces,
sea cual fuere la seducción que me atrae, por
avanzada que esté la obra comenzada, por encadenado que yo me sienta á la vida que me
rodea, me detengo, examino, y reflexiono."
He aquí todo lo que yo tenía que recordar á
mis semejantes antes de volver al infinito.
LEÓN T0LSTOI.

LOS CAMPESINOS.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

LEYENDO LA IMITACION
Van pasando las horas por mi pa,rque desierto
Mientras en los ramajes gime el viento otoñal.
Tengo el libro de Kempis en mis manos abierto
Y yazco en un solemne reposo conventual.
No hay nada más sereno que mi melancolía
Al paso de estas horas huérfanas de ilusión.
Ya no enciende sus llamas de oro mi fantasía,
Ni fluye el sensual vino de mi ardiente canción.
Las fuentes acompañan con responsos corales
El grave són recóndito de mi pena ancestral,
Y me hablan de infinitos y lastimosos males
Las brisas impregnadas de aromas.de hospital ..••••

Entre las ramas rígidas, entre las hojas mustias
Se extinguen las memorias de los sueños de ayer.
Entre las hojas mustias dice un coro de Angustias
Cómo es mancha la gloria, cómo es muerte el placer.
Y más allá del polvo de la larga avenida,
Más allá de los árboles, hay un árbol en cruz
:F:n cuyos píos brazos-se desmaya la Yida,
Como el santo Cordero de vellones de luz.
Van pasando 11s horas por mi parque desierto
Con la monotonía de confusa oración.
Porque aú~ sangrarmi c~rne, P?rque no estoy bien muerto,
Tengo el llbro de KempIS en llllS manos abierto
¡Su tesoro de muerte me da la Imitación!
'
J. T. ARREAZA CALATRAVA.

�EL 1rH1NDO ILUSTltA.DO

Visita del señor General Díaz

EL MúNl)O) Itt1STltADO

! las Pirámides de San Jnan Teotihoacán

L!JEG.AD.A DEL SEROR PRESIDENTE Á TEOTITIU.ACÁN.

El último domingo, se efectuó la visita que
el Sr. Genl. Dlaz hace tiempo deseaba ha-cer á
las pirámides de San Juan Teotihuacán.
Acompafiaron al Primer Magistrado en su
viaje, los Sres. Vicepresidente efe la República
D. Ramón Corral; Lic. D. Justo Sierra, :MiniS:
tro de Instrucción Pública; Mayor D. Porfirio
Díaz, Mayor Sanuel García Cuéllar, y Capitán
Armando Santa Cruz, quienes llegaron en una
hora justa al lugar objeto de la expedición.
En 'feotihuacán fueron recibidos los expedicionarios por los Sres. Leopoldo Batres, Salvador Batres, Coronel .\ntonio M. .Escudero jefe
militar del punto; Eugenio Cambré, Dr. Pedro
Cázares, Presidente :Municipal, y Roberto Camacho, haciendo los honores militares al señor Presidente el 10&lt;.&gt; Regimiento de Caballería
que se hallaba detrás de la estación.
Instalados los excursionistas en varios carruajes, emprendióse la marcha á través de angostas calles, y después de ver la fachada del
templo de Santa )!aría Cuatlán, con sus bellezas de orden dórico puro, y atravesando el puente construido sobre la llamada «barranca de los
Muertos~&gt; llegaron por una corta rampa á la
explanaaa donde se asientan los distintos departamentos de la Dirección de Obras; desde
allf distinguíase ya la gran pirámide del Sol reverberando á los brillantes rayos del astro rey
espléndido que caldeaba bien la temperatura.
La exploración empezó después de breves momentos de descanso. Hacia el lado poniente de
la pirámide del Sol, se ven cerrillos diseminados, y por allí se supone que existieron santuarios diversos; se ven todavía en uno de
ellos huellas de fuego, rocas calcinadas y f ragmentos de huesos humanos.
El sefior Batres hizo una detallada explicación de todo, incluso de los trabajos efectuados,
para dejar al descubierto los materiales de la
pirámide en su segunda capa, y después de atinadas observaciones de los señores Genl. Diaz
y Don Ramón Corral, empezó el ascenso á la
pirámide ·que mide 253metros, de Oriente á Poniente, 220 de Norte á Sur y 95 metros perpendiculares de altura, tomada ésta con teodolito.
El pl"imer cuerpo termina en un corredor que
rodea toda. la. pirámide. El segundo tam bién
acaba en un pasillo volado hasta el costado
norte, y para facilitar las obras de consolidación, se han empleado unos trenes de madera.
Por fin, se llegó á la meseta superior de la pirámide, desde la cual se descubre el ameno valle de Texcoco, cuya hermosa vista contemplaron los excursionistas con entusiasmo, agrupados alrededor de una cruz de madera.
El descenso se hizo con mayor celeridad, y á
la sombra de una gruta se sirvió espléndido almuerzo al estilo mexicano; durante él, se refirieron animadas anécdotas, y reinó gran ale•
gría y satisfacción en todos los ánimos.
A las cuatro y media de la tarde llegaban los
expedicionarios á la estación de Buenavist,a,satisfechos del viaje.

~I

.~1

- --El Jardín Zoológieo de Chapnltepee.

TJ!:OTIIIU'ACÁN.-.ASCENSIÓN Á LA PIRÁMIDE DEL SOL.

La próxima temporada de Opera
Entre las muchas novedades teatrales que se
han inaugurado pasadas las festividades de
Semana Santa, debemos indicar la nueva compañía de ópera que anoche debió debutar en el
teatro "Hidalgo," formada con buenos elementos, con artistas que, como la Padovani, tienen
fama adquirida hace ya mucho t iempo.
Dichos artistas vienen ahora de Guatemala.,
de obtener muchos éxitos. La prensa de aquella
República ha consignado largas crónicas,haclendo apreciaciones favorables de todos los art istas y del conjunto de las obras puestas en escena.
El repertorio que aquí traen es de lo mejor;
se estrenarán algunas obras que constituyen la
novedad en los grandes teatros europeos, como
la "G ermania," que al decir de los grandes criticos, merece obtener triunfos en todas partes.
Los coros y la orquesta son, según noticias
buenos; por lo que creemos que el público irá á
lo que por desgracia no tuvo en "Arbeu" en
la última temporada.

EL SEROB GJIINEBU. DUZ VlBIT.A.NDO LAS RUINAS DIC LAS CASAS DE LOS SACERDOTES.

La colección de animales que se encuentra en
Chapultepec se ha enriquecido últimamente con la
adquisición &lt;3.e nuevos y v3:liosos eje11:1plares, _entre
¡ os que son dignos de mencwnarse varias pareJas de
palomas blancas y tornasoladas, gallos y gallinas de
un tamaño pequefiisimo, así como otros de gran altura· un toro de la India que tiene las piernas de longitud muy corta., y un par de avestruces.
Estos animales son de especies poco comunes, y algunos de ellos de alto precio.
A fuerza de cuidado se ha logrado aclimatar en
nuestra. región seres que P.ertenecen á muy distintos
lugares de la tierra, diferentes por completo en
condiciones atmosféricas.
Damos hoy á conocer á nuestros lectores varias fotografías correspondientes á los nuevos e jemplares
zoológicos que, como decimos, han enriquecido la eolecci6n de Chapultepec.

♦

BAJO LAS FRONDAS
Llega la aldeana al bullicio río
Que besa del saur. la.s verdes frondas,
y que mezcla el murmullo de sus ondas
de las a ves al lli'rato vocerío.
SedesI&gt;OJa. del rústico atavío,
desata. en breve sus guedejas blondllS
Que cubren anhelantes las redondas
morbideces Que besa. un sol de estío.
Con ne_¡¡ll¡rente languidez se Inclina;
se hunde ~11 en el a¡rua. cristalina.
pareciendo, al na.dar, fúlll'ldo astro
Que en la. Infinita. claridad se esfuma.,
y res u rire su cuerl)O de alabastro,
envuelto en CO.l)()S de riza.da. espuma.,
Joslli P. Lop:a.
(Inédita..)

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UN AUTOGRAFO DE MORELOS
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2.

Los mexicanos, cuyo amor patrio es siempre grande y entusiasta, verán con sumo agrado, seguramente, el autógrafo de Don José Maria Morelos que publicamos en esta página.
El mártir de la Independencia escribió esta carta á su hijo en vísperas de ser ejecutado, y su grandeza de alma y admirable energía se revelan, tanto en sus conceptos, como en los_caracteres de su letra, firmes y
claros.
El Wjo de Morelos, como es sabido, fué enviado por su ilustre padre

4

á los Estados Unidos, á completar su educación en un colegio. Hecho ya
un hombre, Don Juan N. Almonte, que así se llamaba el vástago del
héroe de Cuautla, tomó parte en los sucesos políticos más notables que
se registraron en el país de 1857 á 1867, siendo uno de los principales cori•
feos, del partido conservador.

' GU6UELMINA
.
M_AR'.C.HI

..- . Conh·allo.

.. .

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�EL MUNDO ILUSTRADO

~ E&gt;ágina~

de la NIoda4

Figurine(nú-s l, ! 11 $,
FALDAS CORSELETE,-NUEVOS ADORNOS,
MANGAS.- GUANTES Y MITONES

EL BUEN TONO, S. A.
ELAB~RA LOS MEJORES CIGARROS DE LA~REPUBLICA

Han pasado, lectora mía, los días consagrados al
recogi_miento del templo, la Iglesia conmemora la
~ngnenta tragedia del Calvario, y siguiendo el
eJemplo c;ue nos da enlutando sus altares y haciendo enmudecer las campanas, es preciso que las damas cristianas dejen por algunos días los trajes esplendentes de la presente estación y vistan de negro,
reemplazando en el día más doloroso de la mística
leyenda, el florido sombrero por la austera mantilla
de encaje.
Pero una vez que en las torres suenan de nuevo
los entusiastas repiques, retorna también la alegría
Y en calles y paseos destilan los trajes vaporosos y
alegres que forman el cortejo de la deseada primavera.

***
No son transformaciones radicales lo que caracteriza la moda de esta estación; se conservan los modelos á que estamos acostumbradas y se siguen mirando al lado de los trajes ajustados los vestidos
sueltos y flotantes de estilo "Directorio'' é "Imperio.''
Se ven en abundancia las faldas corselete y los
trajes Princesa muy parecidos á los que se llevaron
en el invierno; sólo que tienden á hacerse más sencillas; muy pocos adornos en la parte baja y éstos
por lo general planos: bieses, trencillas, galones, pequeños volantes cortados en forma, tiras de otra tela, etc.
Como nota nueva empiezan á llegar las faldas cerradas á un lado con botones por medio de ojillos
aparentes ó con broches disimulados. Estos trajes
exigen un talle perfecto, porque modulan completa·

n:i~nte el busto, y necesitan una esmerada confecCJOn1 p9rq1;1e hacen resaltar mucho cualquier defecto
por ms1gmficante que sea.
. Los pequeño~ corpiños que completan estas faldas
tienen_ la ventaJa de envolver completamente los bus~os ex1gl!os y abultarlos un poco; pero no convienen
a las muJeres gruesas, porque aumentan su espesor.
Con U!]a sola_ de esta;Ó fald~s y varios corpiños se
pueden 1mprov1sar vanos traJes.
Las faldas de corte vuelven á aparecer y no son
hasta ahora recil-tidas con desagrado; puede hacerse el corte pequeño por l¡i parte de atrás y prolongarse luego para formar el delantero delineándose ya
con pespuntes, ya con cintas ó gal~nes.
'
Esta disposición es bonita y de fácil confección·
los lados y la parte de atrás se cortan como de cos'.
tumbre.
Entre los adornos predominan las aplicaciones de

�EL MU NDO ILUSTRADO
seda, los straps y los galoncillos, sin desech arse los
volantes.

EL Ml!NbO ILffSTRA.DO
La primavera, Iect&lt;;ira mía, llena de flores los S&lt;,mbreros y pren~ e ramilletes en los corpiños¡ empiezan las excursiones campestres, los días de campo
)lenos de aromas y de sol¡ hay que disponer los tr '.
Jes de " s port. "
a

•••
Las mang~s transformadas d urante las evoluciones q u«: s ufrió la moda el año pasado no t ienen ahora sensibles modificaciones.
'
La ma)'.or parte son cortas , pero también hay mucha s semrlargas y la rgas.
En algunos corpiños que por la tela de que están
hechos )'. por el figurín q ue se eligió para ellos, pueden servir par:1 va:ios trajes, s e hacen puños que se
ro nen ~-s e qu itan_:1 v oluntad por medio de botones
d~ pres ,on; la ur:iron del puño con la ma nga queda
d1s 1mulada d~b.1Jo de un v olante de muselina de seda ó de encaJe.

JU6Z d6 la 60ft6 6IVII
R660ffll6Ilda 1a rt-RU-Nfl.

MARIA LUISA.

00
Explicación de los Figurines
Núm. 1.-Trajecito para niila de 3 á 5 ailos. Falda plegada en el ':°rpiilo, r_odeando el cuello una vuelta de ras o de algodon, con cmta á la orilla, el cinturón y los puilos ~e hacen lo mismo que esta vuelta.
Num. 2.-Delanta1 para seilorita. Se hace en piqué
blanco; en la parte inferior se adorna con un entredós·
iguales á éste van otros dos que cruzan sobre el pecho'
sujet~do en un ligero pliegue el vuelo del delantal, ;
sostem~ndolo sobre los hombros, se prolongan en forma ~e tirantes y s e abrochan en la espalda.
~um. 3.-Traje de casa estilo " princesa" para seilora Joven. Falda negra, subiendo hasta la mitad del talle
Y abrochada á un lado con botones; blusa de tela de lino
colo~ cruda, cerrada con botones: cuello volteado negro
lo mismo que los puilos.
Núm . 4.-Trajecito en tela " es cocés" para niila de 8
aílos. Falda tableada; blusa con alforzas anchas Y una
vuelta que se prolonga sobre el delantero¡ canesú de tela blan_ca con pespuntes Y tiras de listón detenidas con
botoncrllos; manga amplia, ajustando en un pullo volteado.

***
El mo~elo de blusa que privará en esta ec;tación,
es el de blusa rus a," que puede ir cerrada ó abierta s obre un cha l~co q ue se confecciona de mil mane·
ras, )'.ª de musehna ahuevada, ya de raso cubierto
de gurpure.

***
, !-os guan_t~s de seda empiezan á llevarse con buen
e xrto:.compitiendo con los mitones, que ya en el estío
del a no pasado aparecieron, siendo acogidos con
agrado por nuestras damas ele¡?:antes. Tan bello es
el guante de s ed~ de tejido tupido, como el calado
que se ve muy bren sobre piel blanca ó rosada; fa~
morenas deb_en escoger los guantes no calados.
. Al contrario de lo que se pensó al empezar á ini•
cms~ las mod~s primaverales, los guantes de seda
no s o]o. se veran er:i blanco, sino en todos los mati•
ce&lt;: pahclos. armo~rzando c~n el tinte del traje y del
sombrero. Los mitones exigen varias sortijas: la
moda de lle_varlas en dos ó tres dedos, y aun en todos, se extiende Y!l,, pero hay que huir, como en todo. de la exagt'racro n, que puede convertir una mano
hermosa en un escaparate de joyería.

TOMEN

VINO SflN úE,RMflN

F'igul'ln número 4.

El ESCRITOR PUEDA

Romeo-Marte: La muerte del escritor
espai'lol Don José María Pereda, acaeció
el dís 2 de marza del presente ai'lo.
Lidia: Se obseQula con té si las visitas
en las l)rlmeras horas de la noche: se sir-·
ve en la sala. ó en el corredor cuando 6&amp;te se presta si ello: puede acompal'larse la
taza de té de galletas ó pastelillos, y si se
oulere. de una copl\ de col!ac.
-Pronto tendrit Ud. los modelos .1e ropa Interior de nll!os Que desea.
PEREZA INTESTINAL-ASEO

tJna llfOOrante: Se ha podido notar Que
una alimentación abundante en leeumbres y frutas. corrige la pere:ta Intestinal
sin necesidad de usar laxantes.
-Para conseguir lo Que Ud. desea. el
,ínlco medio son los bai'los diarios de a¡rua
con un I)0CO de alcohol.
PARA APAGAR LOS VIDRIOS

Evarlsta: La pintura al óleo de cinc,
mezclada con barnlzsecante, se aplica con
una brocha, y en seguida se pasa con una
mui'leQ.ullla de lienzo fino, dejlindola secar. Por este procedimiento. los vidrios
Quedan muy bien. y aunQue despuél! se la•
ven con a¡rua y jabón, no 1e desprende la
vlntura.
SERVICIO DE MESA

LABORES AGRICOUS

--Contiene la mejór leche de váca.
completo· para niños, pe~sonas débiles

_

.,Alimento

yconva1eclente~'1

.

CUTIS !;UNULOSO

El TE.-ROPA DE NINOS

Enrluueta: Ilace ya mucho tleml)() Que
no se usa trinchar en la mesa: ó se parten
las viandas en la coclna. ó se hace en el
comedor sobre los muebleclllos 11 amados
trinchadores: pero de todas maneras, si la
mesa deben lleear ya los manjares listos
vara servirse.
Se acostumbra, tanto servir los platos y
pasarlos. como presentar el platón si cada comen:tal l)ara Que se sirva si su eusto.

•

hacen todavía con ventaja acodos. se ter•
minan los injertos I)()r Incisión. 7 Ee comlenu.n 1011 de escudete con retoi'los Que
se hayan cortado en febrero y marzo.

Campesino: El mes de abril se de,;tlna si
renovar en la huerta los semilleros de guisante,;, habas, coles, rlibanos y zanahorias.

Se siembran ya las calabazas, pepinos y
t&gt;lmlentos: se plantan los fresales y espli•
rraeos l' se deacubren las alcachofas. Se

Atala: Prepare Ud. una leche cosmética
hirviendo tres puerro~cortados si lo lareo,
en medio litro de leche, durante 30 ó 40
minutos: se filtra y se euarda en frascos
de cristal, constituyendo uno de los mejores líQuld0t; para limpiar. suavl:tar y dar
transparencia al cutis.
HIELO ARTIFICIAL

Monlcaud: En una vasija de barro se 1)0no una mezcla de dos partes de licldo sulfúrico y una de agua. y se ai'lade sulfato
de sosa en I)()lvo. Se I)One dentro de la vasUa de barro una de cristal llena de a,rua
pura y bien tapada, Que Quede bal'lada I)()r
la mezcla: se deja durante 15 minutos, al
cabo de los cuales el agua se babrli con vertido en hielo.
El MAL OLOR OE LOS BARRILES.-BLANQUEO
DEL CUTIS MOREIIO

Ama de casa: Para destruir completa·
ment" el mal olor Que conservan los barriles Que han contenido vino, se bailan
con gas cloro ó con cloruro'.del)()tasa.
- La piel morena. I)()r obscura Que sea,
se blanQuea lavlindose diariamente con
aleonas eotas de espíritu de vino, con le·
che virginal. ó con las l&amp;'Uas destiladas de
murajes, fresera plateada y flores de baba.
IIIÑA DE PRIMERA COMUIIIOII

Buena Madre: Una nlí'!a de l)rlmera comunión no debe llevar má.s alhajas QUO
aretes y un prendedor de perlas, ademá.s
de la cadenilla de oro Que S06tlene al cuello la. medalla con su nombre y la fecha de
su primera comunión.
TRAJES DE HILE

Joven y bella: Los trajes de baile para
una sei'lorlta. no dében tener exaeorado el
escote, y pueden adornarse con guías de
florecillas bien dispuestas. El abanico
puede ser blanco ó del color del traje. lo
mismo Que 1011 zapatos y las medias.

MARIA LUISA

SEDERIA Y CORSETERIA FRANCESA
Refaarlo, N6.mero 13,

..

Esta. ca.sa. ha. a.lca.nza.do envidiable fa.ma. en el ramo de corsetería.,
al que ha. dedicado una. a.tención
sin límUes.
Aca.ba.n de llega.r dePa.rís para los

1.......
••.•.•·•··•
- ~-.
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-~-:-•••••:••1

Eogna( Bisquit
1····•·=•:-.
~:.w:•:;;•:••
~!e:e::4!·•:!•;
:•:e:~:-:e:~
·•·•·••·•···•·
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1

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1

dos notables profesoras en el corte,
quienes son una verdadera especialida.d en el difícil y delica.do arte
de la confección de corsás.
Hay siempre en existencia un surtido inmenso de telas exclusivamente para estas confecciones.
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del folleto e:i:plicatil'o escribiendo á : Pharmacie HORID!z 20, Rue de la
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PALACIO MUNICIPAL, GUADALAJARA MEXICO.

Señor Santiago Mendoza, exjefe Político del ler. Cantón del
Estado de Jalisco, en la actualidad Juez de la Corte Civil, y
su hijo Don Casimiro Mendoza han sido curados por la Pe•
runa de Enfermedades Catarrales.
+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

ri

Ouadalajara, México, Abril 26, 1905.
Muy Estimado Señor:

Tengo el honor de manifestarle con satisfacción que
desde luego que mi hijo Casimiro y yo empezamos á to•
mar la Peruna, inmejorable medicina que V. ha preparado,
notamos mucho alivio en nuestras enfermedades, de tal
:t: suerte
que mi mencionado hijo, á la fecha sanó ya del
catarro epidémico llamado influenza, que padeció, y yo
estoy notablemente aliviado de los pulmones, que desde
hace algún tiempo siento afectados por mis ocupaciones de
oficina.
No vacilo, por lo tanto, en manifestar que la Peruna
+ es el mejor remedio para las enfermedades de que he he•
cho referencia.
Me subscribo de V. respetuoso, su muy affmo. S. S,

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1
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S. MBNDOZA.

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+

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La. influenza es conocida. por "grippe" en todos los Estados Unidos.
En a.Jgunos pa.íses la Ha.man "influenza." Es realmente una. epidemia
de car,cter catarra.l.
Por veinte años ha sido la Peruna en el Nuevo Mundo el remedio prin•
cipal.
No es solamente aplicable al primer esta.do de la. influenza, cuand.:&gt; se
asemeja. , un resfrío, sino también es infalible para este último y en
casos crónicos de la. misma. enfermedad.
La Peruna es el remedio para la. tos, resfrío, influenza, bronquitis y to•
da enfermedad catarral qua afecta. la cabeza , la garganta y los pulmones
En ca.sos leves, cura inmediata.mente y poc~s dosis de Peruna son ne:
cesa.rías.
En casos crónicos, es conveniente continuar tomándola por va1·iaa semanas.
El plan m,s sabio es poneI"se bajo un trata.miento de Peruna tan pron.
to como se presente una tos ó resfrío.
Pocas dosis de Peruna han evitado serias enfermedades y ahorra.do mucho dinero en doctores.
Archivadas tenemos infinidad de cartas de personas que han sido curadas por este remedio infalible.
Estas cartas vienen de gente de toda.a esferas sociales, de todo el conUnente.
En el rótulo de cada frasco de Peruna se da. la direcci6n para. su uso
También en el libro del Dr. Ha.rtman "Las Enfermedades de la Vida,' i
el cua.l se puede obtener gratis de los droguistas.

�EL MUNDO ILUSTRADO

ORIGEN YTRANSFORMACIONES DE LA CARETA

del actor no llegaba clara y distinta á todos los ámbitos del teatro, se colocaba en
la boca de la careta una pieza de metal para que la voz repercutiera tonante.
Entre los indios norteamericanos tuvo
la careta por origen el deseo de ocultar
las emociones del ánimo. De este modo,
cuando dos guerreros se hallaban dispuestos á singular combate, podfan ocultarse recfprocamente la emoción que embargaba su ánimo.

EL MUNDO ILUSTRADO
barba y cabellos del muerto. para entrar
en batalla con semejante disfraz.
También cuelgan de las puertas de sus
cabal'las estas máscaras horribles como
trofeos fúnebres, que según creencia del
pals, protegen de todo infortunio á los
moradores. En este caso rellenan la cavidad craneana de una especie de almáciga
que preserva al hueso de las injurias de
la lluvia y del viento.
Tal fué el primitivo origen de la careta
en madera labrada. Sin embargo, estas
molduras trataron de copiar las fisonomlas de los caudillos valerosos, y aún actualmente forman parte principal de los
adornos empleados en las ceremonias del
culto religioso.

HISTORIA on ABANICO

na. La multitud llenaba el sagrado recinto, y la bella La.m SI, bija de un Poderoso
mandarín, Incomoda.da. ))Or el calor y los
va.:oores del Incienso, se q_ultó su máscara
y la. a.¡rltó frente á su rostro .... .,y así na.ció el abanico.
Por esto, sin duda, se encuentra. en todos
los países de Oriente. En el Japón se salu·
da. con el abanico, con él arrullan las madres á sus hijos, castigan los maestros las
faltas de sus alumnos, las jóvenes se co-

El arte de manejar el abanico ha. formado en todo tlem))O parte de la gracia femenina. Este delicado obJeto de adorno,
a.dovtado en todos los vaíses y q_ue se ha
conservado á través de los siglos. tiene
una historia fértil en curiosos episodios.
El abanico ha. tenido grandes épocas, su
fabricación ha variado mucho.

munlcan con sus prometidos, y el verdug0
anuncia al reo la. inexorable sentencia.
En Europa. todos saben q_ue España. ba
sido una. de las clutlades en q_ue más reinó
el abanico; Lord Beaconsfield admiraba.
el arte con que sabían manejarlo las madrileñas y las sevillanas.
"Ya lo desplleg&amp;n, decía. con la. lentitud
vom:oosa. y la Inconsciente elegancia. del
vája.ro de .Tuno, ya. lo a.¡rlta.n con una.atrae·
ttva. vlvaclda.d, :va. lo cierran bruscamente

El abaniw hace J,000 años, $egtin una estatua.
de Tanagra.

si se cree lo que dice un :ooeta. célebre en
un evlta.flo:
"Cl-git le va.uvre Du'l)Orta.11,
QuCmourut d'un COU'I&gt; d'éventall.''
Colección d(cartta&amp; de cartón-piedra pet'tenecie'lltu á lOB iarsonnjes de un dramajapont,,
Carla de ob,idiana de los nat,iralts
de Ml;Jíco

El primitivo objeto de la careta fué preservar y proteger el rostro contra los golpes del enemigo; y de aquf que en aquella
incipiente fase de sus evoluciones sucesivas, fuese el ornato de la careta cosa de
muchlsima menos importancia que su resistencia é impenetrabilidad. Como natural consecuencia, las tribus guerreras
adoptaron en los combates máscaras de
espantable aspecto para infundir terror en
el adversario, acrecentándose este peculiar carácter á medida que decrecfa el pu-

De todo esto se desprende que en un
principio fué la careta un emt&gt;lema fúnebre, y as! viene á resultar que las elegantes máscaras que causan la alegria de un
salón de baile, tienen por predecesora la
parte delantera de un cráneo humano,
conservado supersticiosamente para actos
y ~eremonias fúnebres.

"El
Dentífrico Ideal"
Llmvla. y conserva la
, dentadura como nlne,!n
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•••••... J.,U.•. S.A.

f.l tuiamenio

Del rumo. Sr. Arzobispo Peeban

Careta empleada por lOB nal•trales de
Tibet

-+-

Ln

Careta de madera toscamente labrada
pertenecie'llte á los indígenas
de Si/Mria

ramente defensivo, hasta desaparecer casi por completo en los nuevos modelos
que se inventaron, para prestar á sus
moradores un temeroso continente.
También llegó á suceder que las formas
y hechuras de las caretas que inspiraban
aversión ó temor en tiempo de guerra,
excitasen la risa en tiempo de paz; y el
ridiculo, según afirma el Dr. Dall en su
excelente tratado de caretas y antifaces,
parece constituir el únieó rudimento humorlstico entre los pueblos salvajes. Sin
embargo, andando el tiempo, cierta clase
-de caretas llegaron á ser tfpicamente pec¡Jliares de los bufones, que las emplearon en los públicos divertimientos, amJlliándose entonces el obleto social de la
careta, que de allt en adelante tuvo distinto uso en el teatro, en las alegarlas de
1~ vida civil y en las ceremonias religiosas.
. El uso de las_ caretas en las representaciones dramáticas y en las procesiones

funerarias, fué muy general en Grecia y
Roma. Los actores del teatro griego cambiaban de caretas para expresar los diferentes estados de ánimo de un mismo personaje.
En las excavaciones llevadas á cabo
hace algunos años en Grecia y el Asia
Menor, se hallaron caretas de oro, bronce,
barro cocido, madera pintada, corteza,
vegetales y lienzo.
un curioso artificio de las caretas tendfa á acrecentar el volumen de la voz. Algunos teatros griegos eran capaces para
3,000 espectadores, y como la voz natural

-

~IHH fllrtl flillfH H

La mayor parte de lo ti!stado con
sistra en dos p611zas de $25,000
cada una tomadas en "La Mu•
tua," Compañía de Seguros sobre la vida, de Nueva York.

Hace pocos dfas que se practicó
la apertura del testamento del lluatrrsimo Sr. Arzobispo D. Patrtclo
A. Feehan, en ,l,a ciudad de Chlca,;,o.
Cinl'is. La fortuna del dlstin.gu1Jo
prel¡;do ascendió f. &lt;'N"&lt;':\ de .•..
$125,000 oro americano; y según el
tn:venta.rlo que se ha publicado, los
'bienes que dejó fueron como sigue:
Dos póllms de la MuCareta represrntativa del tigre divi110
&lt;le lOB siameses II empleada en BUS
Obras teatrales

Careta caracterisltca del &lt;1einat1io Oloma en
tre los índtos Kuat&gt;wll

El salvaje perdido en la inmensidad de
los bosques crefa obrar piadosamente y
ejercer una acción de filial cariño al guardar, como veneranda reliquia, el cráneo
de su padre, y de aquella calavera de profundas y huecas órbitas nació la careta.
Los papúes cortan la cabeza de los cadáveres, y después de someterla á un
procedimiento de momificación, tajan
tranquilamente la parte anterior y se sirven de ella como de careta, afiadiéndole la

tua, "Compafüa de
Seguros sobre la Vida, de Nueva York,
por $25,000 oro cada
una, 6 seun. . . . . 50,000 oro
Dividendos acumula,dos
sobre una de las póillzas. • •
• • ,. 9,329 oro
Jtra póliza de seguro. ,.14,000 oro
Acciones en efectivo y
en Bancos. . . • • .,37,090 ,ro
Entre las di&amp;pOSi&lt;:iones del eefior Arzobispo, en su testamento,
se hicieron ést!as:
A &amp;u hermana, señordta Kate
Ei'eehan, que estuvo siempre con el
hasta: su muerte, $04,000 oro en bonos, y $25,000 oro en ulll.l de las
Pólizas de seguros; á la sef'íora
Ana A. Feehan, viuda del señor
Dr. Eduardo L: Feeha,n, hermano del señor ArzobiS1pO, $5,000 oro
de otra de las ipól!zas, y $5,000 oro
en ef~t!vo; á. la Acade:mia de San
Patiric!o, de Chicago, la que ea
preceptora, su hermana, Madre
Mar[ aCatalina, $10,000 oro de la
!í1tima póliza; á. la escuela "Santa
Ma,r[a," de en&amp;eñanza prá.ct11::a para v11Jrones, de FeehanvL:Je, Illinois,
tue era b institución por la que
más se Interesaba el selior Arzo.
oispo, se entregaron 'los $14,000 reabanioos de 1a tlltlma pólú.a.
0

Careta pin.lada de rnjo 11 amarillo q,u
en el terrliori-0 de .Alaska

te enconcontró

1125,.

Careta con juego mecdnico cOl&gt;.!irulda ll"" los
indlgeJtas dd BUdelte de Alaska

Careta egipcít&gt; d, ,AtucóII mndé,,,.
macla en los diefraces pt)J)Ula1'es

Manera dt manejar el abanico entre
las espa1!olas.

Un g0lve de alJa.nlco comenzó el roman·
ce de amor de Luis XIV y• María. l\lanclnl,
li'ué en una cacería real: los dos ca.lJalga•
ban la.do á lado; María vuso al paso su
blanca jaca.1· con una exquisita. coquetería dejó caer su abanico. Luis bajó de su
caballo y lo devolvió á la bella., que sonrió
ruborizada,

El gran rey no sabía hacer versos ó cuan·
do menos. los ha.cía detesta.bles; pero los
:ooetas se encargaron de hacer madrigales
y sonetos q_ue tuvieron ))Or tema. el abanico recogido :oor el rey.
Se puede morir de un golpe de abanico,

El abanico q_ue habla el Idioma de la. galantería., de la. ternura y del corazón, sabe también hablar el del orgullo, de la va•
nldad, el despecho Y la. cólera.
El 22 de agosto de 1770, J\lme. de Barry
fué vresenta.da a. la. corte ))Or 1a condesa.
ñe Rea.ro. Illzo una entrada. soberbia, cubierta de alhajRS, chisveando sobre su pecho un riquísimo abanico que va.recía aflr·
mar 'l)()r su actitud, que anonadaría. á todos los que trataran de ser sus enemlg0s.
Se notóq_uemlentra.spasaba. Mme. de Ba.rry, la duquesa de Gramont. q_ue basta. entonces ba.b(a. disfruta.do de la predilección
de la corte, cerró brusca.mente su abanico
con desvecho y lo estrechó entre sus manos trémulas.
Las anécdotas de este género son Incalculables; todo el mundo está de a.cuerdo
en q_ue el abanico en manos de la. mujer,
es el Instrumento de su fantasía., el signo
de su voluntad y el cetro de su ma.iesta.d.

¿ De dónde viene el abanico?

na.ce ya. mucho tlem'I)() se celebraba. en
Tamba, ciudad de Ohlna..la. fiesta de la Lu·

Un taller de abanicos.

-~000000000000000000000000000000000000000000000000

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8o
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OOOOOOOOOOOOO&lt;XX&gt;&lt;X&gt;&lt;XXX&gt;oooo8

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Luis XVI figura aún aJ. lado de Necker
bajo la eKlda de Minerva. en un ab&amp;nlco.
Aparecieron después los emblemas 7 l
divisas revoluclon&amp;rla.s,como el triánn¡ia
el gorro frigio. l~i, escarapelas.
o,
La austeridad Jacobina repudió esos d
talles de corrupción, el abantco se
esencialmente montañés.
Las nlnfas de Boucber y los amores de
Fra,lt'Onard se reemplazaron ror la esta,.
tua de la Haz6n ó por la horrible cabeu.de
Ma.rat. DOrQue el abanico Jugó un gran D&amp;pelen la historia de este hombre.
A las 7 de la noche del sl\bado 13 de Julio
de 1793, aí'lo II de la República, una mujer
Que llevaba en la mano un abanico. b&amp;j6
de un carruaje de alQuller y se dlrlirló, la
casa de Marat, pretendiendo hablar con

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h.:

.,

él.

Abanko, qiu: dtcoran la rilla gutaJ..orui
dd Sumo Pontlfice.

semejando el batir de las &amp;hu de un pájaro. 1Es un instrumento wáa-lcol

En Francia. no puede eecribtrse la vida

mundana. de los salones sin consa,irrar al
abanico un ca.pítulo eSPeCI&amp;l. La épaca en
Que el u:rte de las :relaciones sociales lleiró
á l&amp; perfección, tué precisamente la éPoCa
del abanico. El del sli;rlo XVII[ es un poema. dellcloso: todo concurre á hacer de 61,
no sólo una encantadora chuchería. sino
una. joya perfecta wr sus monta.duras de
fino ma:r0I. de Irisada concha. nácar. y las
maravillosas cinceladuras da.masautna.s.
En cuanto á la hoja, Watteau. Boucher,
l&lt;"'raK()na.r, Pater Y otros muchos, no se des·
deí'raron de dibujar y pintar en la boja
frágil del abanico. Y derrocharon en él los
tesoros de su paleta.

\\~~;¡1
,,

E.qta visitante era Carlota Cordas, laJa•
dlt 1rlrondina.
Pitsó la terrible época. y el abanico •
hizo bélico, adornándose con cascos, corazas.banderas Y trofeos. Sobre la boja nimbada de una aureola. se. perfilaron la levita rris Y el sombrero pequeño. F.n FonkJ..
nebleau, en Saint Oloud, en las Tullerfu.
el capricho tle Josefina y la docilidad de
María Luisa lo hicieron peQueñfslmo, de
manera. que podía caber en el escote del
corpU'lo.

- :.--~9~~
u,,

Wat.uau.
pera-amino :r en el cual todos los sobera•
nos de Europa han escrito pensa.mlen-

w,.
En la exposición "e París de 1000 ti.curó
un abanico de Mme. Claretle que tenía las
firmas de todos los u.rttsta.s do la comedla
francesa.
El 1:1banlco formará siempre ua.rte de la
"toilette" de nuestras elegant.es, y ofrecerá á. los artistas modernos ocasión de colocar obras maestras al la.do de las que admiraron al mundo antli;ruo )ºque se conservan todavía como rel!Qulas de exquisito arte.

y couelsa, P'-rll• que todo aquel que lo le.a pued•
oom11reuderlo. Por medio de - este libro lntere•
1antu ae han salvado mucbaa vidas, y aatvari
adn muebaa mAI por muy oeroanaa que ae ha•
Uen de la sepultura..
Esti escrito e1:clu1lvamente pa;ra 101 Bl•P•·
no Americanos 6 mia bien para 111, raza Espallola por el Profesor E. C. COLLINS,de la
Uuiversldad de New York.
1"ocfo el que ha leido este libro dice que vale
1u pe10 en oro, Es un libr.) para todo el mundo.
Para las peuonas que p:ooen de buena 1ulud
recomeodamoa los capítulos que tratan aobre
la manera de lmpedlr las enfermedades.
A )01 que ae ha.Han enfermos reoomendam o
101 capítulo1 que tratan det.odu lu enferme

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23

!Cuántos argumentos se utll1zaron para
motlTOS de pintura en los abanicos! Escenas pastorlles, aleKQrías, hazañas heroicas, asuntos mitológicos, galantes y familiares; extraí'los dibujos fantásticos, flores
palsajes, etc. Toda la hlstorl&amp; del siglo
XVIII puede saberse DOr medio de una
colección de abanicos.
Los que pertenecieron á la. hermosa.. rel•
na. María Antonleta. son aún disputados
oor los coleccionadores. En 1800 se encon•
tró en Burdeos. en una feria. el Que le
fué ob'.ieau!ado el dfa de su matrimonio;
la montadura es de marfil esmaltado con
tncrustaclones aue forman valomas y coravmes con M y A enlazadAs, y en la hoja.,
hecb11, de ta.teta de Florencia, se encuentran representados tres medallones rodeados de rosas y mlosotls.
En otro de los abanicos de Ma.rfa. Antonleta se veo los retratos de ella y de Luis
XVI y det.rá.s unas fli;ruras Que simbolizan
la esperanza, la abundancia. y la.fidelidad.
El abanico aue ofreció á 111. retna la ciudad de Dleppecon motivo del nacimiento
del delfín, figuró en la exooslctón de 1807.
Cuando el 8 de aa-osto de 1188, María Antonleta tuvo que abandonar precipitada,•
mente Versal\es, dlstrlba;ró á sus aml5ras
fieles, sus aban leos como un recuerdo.

•••

La fabricación del abanico es a.hora ex•
.:\uslvamento francesa: se hacen oor ~rmino medio 10 millones de abanicos. de 101
cuales 2 se venden allí mismo. y 8 se en•
vfan al extranjero, sobre todo it Espaila.
Portu1tal, Ita.Ha. México, las AntUJas. el
Perú, Chile y Ilrastl.
Lo que hace esta fabricación tn6nl'6mente curlost\, es la división del traba.Jo.
Para confeccionar un abanico se necest· ·
tan, por lo menos, 20 obreros.

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PARIS. 43, Bue de Salnt.onge, P ~ Y l'A.RMJ.CU.9.

•
••
El abanico no escapó á la revolución
francesa; así como el pailuelo, las bombo·
neras, las caJa.s de rapé, etc .• recuerda
ideas, pastones, ILCOnteclmlento,s de una
éDQCa.
Lo mismo aue durante el reinado de
Lu\s VI había representado escena.a de
moda, HDroduJo después la apertura de
los Estados Genera.les, la toma de la.. Bastilla, la fiesta de la Federación,
•

LAS

rn objeto de A.rte que ha. tenido tan ln.rR'" y brlllitnte historia, no P()(lí11. deJu.r de
tmoonerse al gui,to de los coleccionadores.
Estos han contado entre ellos á dos !;Obe•
r11.uas: la reina Victoria de lnglu.terra Y
la reina Isabel de Espafht.•
Rajo el patronato de la primera se abrió
en Londres, en el ai\o de 1870. una de las
más célebres expQSlcloncs de abanicos, Y
entre los más nota.bles de la real colección
se encontraba uno de estilo Luts XVI
Que perteneció á María Antonleta.
La reto&amp; Isabel, muerte. en París hace
dos ai'los, había. reunido en el palacio de
Castilla más de 800 abanicosUno dado pQrMme. de Sevlg-né á.su hija:
otro aue perteneció á Mme. de Pomva·

JJ 1ii183~ N

JOYERIA,
RELOJERIA,
OBJETOS DE ARTE.

abanico pintadoJ)Of'

dour. F.n la colección de la baronesa 1e
Rothscblld se encontró un notable abanico
de Watteau que revresentaba. las fiestas
de Versa.Hes, Y un coleceton11odor de la isla
de Elba. l)OSeía un &amp;banlco chino, esculpido en marfil, que x,erienecló á Paulina
Borghese, berma.na de N aDOleónLa r!Queza de la.s montadu,as da 11 los
abanicos coleccionados en el Oriente valores fabulosos: una colección de abanicos
chinos y ja).)Oneses. reunidos 'OQr un Inglés,
es estimada en 3.'iO 000 francos.
Por líltlmo. htlY que citar los abanicos
autórra.fos: la Pa.t.tl t)OSee uno hecho en

Se usaron los ab!lnlcos extraordinariamente g-ra.Tides. como el abanico de plumas
ne1tras que la emveratrlz de A ustrla. He·
-vaba constantemente desolegado ante su
rostro; estl\ mujer. asesinada en Génova
el año de 1898. esta.ha. siempre A.ureolada.
de esa g:ran ala nelfrtl,, aue le servía para
evlt.ar las miradas de los curiosos.
El abanico más jfl'ande de plumas que se
ba. hecho. fué ua.ra Sara Bernhart, aue lo
usó en la representación de "La Dama de
las Camellas." Le fué ofrecido en un huevo de Pascua., y se dice aue ha sido el huevo más ,rande que han tabrlcado los dulceros.
Abor&amp; los abanlCOl:I más en bog&amp; son lo-.
de blonda., Imitándose los medallones an•
tlguos con encaje de Chanttlly ó de Alenzón.

Bajo el reinado de Luis l&lt;"'ellpe se usa.roa
verdaderos momlruos. un08 abanicos co,.
losales Y del peor gusto¡ Dero esto DroduJo
una reacción t'a.vorable. Un hombre de
rusto, Desrocbers, emprendió la tarea de
reformar el abanico; desDués de muen
esfuerzos logró asociará su emuresa 4 ,.,.
brlcantes y obreros, Y triunfaron sus desf«·
ntos, Fué éste un verdadero renacimiento,
que consna-ra.ron las exposiciones de IS.~J
de 1867.
El abanico de boda. de la condesa de p.,.
rís, el Que regaló á la emueratrlz Eug-enl&amp;
la princesa Mat.llde, fueron exqulslMI
obras de arte.

En todos los buenos estableci•
mientos se consigue

2 tapas plata para hombre ............
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'
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S. M. la Reina Elena, de Italia,
quien personalmente ha socorrido á las víctimas de la erupción del Vesubio.

Rafa.a.
Número 17

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1906, Año 13, Tomo 1, No 16, Abril 15</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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