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                  <text>L UNDO LUSTRADO
Registrado como articulo de segunda clase, en 3 de Noviembre de 1894.-Impreso en papel de las Fibl'lcas de San Ra.faeL

Año XV-Tomo 11

México, I!&gt; de Noviembre de 1908

Monumentos interesantes de arte colonial

Número 18

�566

Et MbNoo)ttism.ilio
In\!
'
11,V11ll'KtCl!'llO:

Director, Dr. Luis Lara y Pardo.
Gerente General,

ALF'ONSO E. BRAVO.
OFICINAS:

Calle de Alfaro número 9, México. D. F. AD&gt;t.rt&gt;t.dO DOS·
tal 2.570. -Tsléfnnos: Erlc.,s"n, 1476.
Compailí&amp; Telt,tónlca, 471.

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PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓK:

En la Ciudad ..............................
En los Est1&lt;dos. ......... . . . . . . .. . .. . . . . .. . .. .
En el Extranjero,...... . . . . . .. .. . . . .. . . . .

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2.00

NÚMEROS SUELTOS:

En la 01&lt;plt:.l. ........................... $0.3.5 cs.
En los &amp;.Lados . .............. .......... $0.50 cs.

La Puntualidad
hay alguna cualidad que
SI mente
permita distinguir claraá un anglosajón de
un mexicano, es la puntualidad.
Los anglosajones son
la puntualidad misma y
se creerían deshonrados si, habiendo prometido llegar á las dos, se presentaran á las
dos y cinco. Un inglés amigo nuestro se levantó la tapa de los .sesos por haber acudido á una cita con diez minutos de atraso. Y
lo peor del caso es que la culpa no fué suya: su reloj se había parado sin previo avi~o y nuestro amigo no se dió de ello cuenta 'hasta después de muerto, de donde dimanó el retardo.
Un yankee, éste no amigo, antes bien
enemio-o nuestro, es decir, del que habla,
se co~umió en cruel y letal melancolía por
una causa semejante. Y dicho sea en honor
de la verdad, no sólo los anglosajones, sino los germanos, los galos, los ítalos y los
iberos del norte participan de tan envidiable virtud, á grados no menos envidiables.
En México se dan casos, pero son muy
raros, r dada la informalidad de la masa de
nuestros conciudadanos, suele suceder que
los hombres bien inclinados y de puntualidad innata, acaban por escarmentar y
volverse tan poco puntuales como lamayoría de la Nación.
· E~ verdad que hay almas bien templadas
y caracteres enérgicos que resisten á la tentación y que yerguen su puntualidad de
o-ranito como una roca inmutable en medio
del cabrilleo de las olas. Pero es esa una
excepción digna de bronces y de mármoles,
tanto así es rara (111)ÍS en nuestra sociedad.
Los demás somos informales por esencia,
presencia y potencia; gozamos con serlo y
hasta hacemos gala de ello.
Y, bien mirado, no es un placer banal
el de hacer esperar. Hacerse esperar es
mantener la atención ajena fija en nuestra
persona; es exacerbar, en los que esperan,
el deseo, el anhelo, las ansias de la impaciencia; es darse garantías de producir una
conmoción, un sacudimiento á nuestra llegada, y es, por fin, darnos importancia, hacernos valer, dejar entender que estamos
tomados por entero, que no nos basta nuestro tiempo, que los negocios, la sociedad,
las preocupaciones nos han acaparado; en
suma que somos alguien y que no es un
cualq~iera, ni un pelagatos, ni el primero
que pasa quien va á llegar.
Este efecto teatral de la espera lo conocen los artistas .Y literatos muy á fondo.
Esos momentos que preceden á la salida de
la primadona; esos instantes que el orador
tarda en desplegar su discurso y en calarse
las irafas; ese siglo de jadeante ansiedad
pre~rsor del anuncio. "El Señor Mi~~stro,"
pronunciado solemnemente por el u31er, todo eso realza la emoción, la retina, la hace
exquisita.

tas muJeres nos parecerían infinitameh•
te menos bellas y menos elegantes si no se
hicieran esperar, J el efecto de sus entradas
de reinas en los salones .V en los teatros se
perdería, en parte, sin el aguijón de la impaciencia con que las aguardamos.
Los magnates que, en fuerza de dinero ó
de poderío, saben todo lo que hay que saber .Y conocen á foi;ido el corazón hun~ano,
retardan siempre el momento de deJarse
ver. Por eso interminables salones y pasadizos preceden al lugar en que reciben, y,
por eso, gustan de imponernos largas antesalas antes de admitirnos á su presencia.
En arte y en literatura el procedimiento
de la espera está reglamentado, sistematizado y es obligatorio. Discurso sin exordio,
tratado sin prólogo, fragmento musical sin
preludio, son deformes: están mutilados é
incompletos, les falta algo y esa falta la resentimos porque por ella no nos encontramos bien preparados para la emoción que
nos espera.
La informalidad, pues, es propia de razas emotivas, sensibles y de temperamento
artístico. Por eso los latinos, y sobre todo
los meridionales y los tropicales, somos tan
informales.
Para nosotros el tiempo no es dinero sino emoción. Sólo preferimos lo que nos
impresiona, lo que nos conmueve; sólo una
cosa odiamos: el aburrimiento. Al tedio anteponemos todo, inclusive la ira, la tristeza, el dolor.
Llegar con retardo es provocar emoción.
No importa que éstasea la cólera de los que
esperan; lo importante es que nuestra persona pro,Toque impresiones, que no caiga
con el desgarbo y la sosería de una mariposa en una taza de atole.
Además, los seres emotivos y sentimentales gustan tanto ó más de producir impresión que de resentirla. A falta de cosa
mejor preferimos hacer un berrinche; pero
si podemos tender á los demás de una cólera, tanto mejor: nuestro placer será mayor
aún.

Y bien considerado todo, la informalidad
no nos es tan funesta como pudiera parecerlo. La falta de puntualidad, que es calamitosa ahí donde todo el mundo es puntual, se hace inofensiva .Y hasta amena alú
donde ninguno lo es; que es nuestro caso.
En estas condiciones, la informalidad no es
más que puntualidad retardada; á tanto
equivale como á que todos hubiéramos
atrasado nuestro reloj, lo cual no tendría,
ni tiene en realidad, inconvenientes para
nadie.
Los inconvenientes de la informalidad
son grandes, enormes, al grado de hacerla
odiosa; pero de ello tienen la culpa las gentes puntuales. Si dejaren de serlo, todo caminaría como sobre ruedas; y que dejen
de serlo les es más fácil por estar en minoría, que el que los informales cambien de
modo de ser.
Pasa, como se ve, en estos particulares, lo
que con la distribución de la riqueza. Lo
malo es que haya ricos y pobres; si todos
fuéramos pobres, nadie lo sería; y si todos fuéramos ricos, no habría más que pobres. Sólo que propondría yo lo segundo
de preferencia á lo primero.
Resumiendo: Un buen programa de reg·eneración nuestra podría formularse así:
Que todos los puntuales se conYiertan á la
informalidad y todos los pobres á la riqueza.
Y es probado.

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567

tttlsruM

LA CIENCIA YEL CRIMEN
CRONICA CIENTIF"ICA
O ES RARO ver escrito que la
ciencia puede ser utilizada
por los enemigos de la sociedad, para la mejor realización
de sus tristes proezas, ó para
obtener la impunidad, una
vez que las han cometido. Ya
son los envenenadores que,
merced á conocimientos profundos en la química y la fisiología, atentan contra la vida de sus
semejantes é impiden que se descubran las huellas de sus crímenes. Los falsificadores, los estafadores suelen aprovecharse de conocimientos
científicos para la realización de sus atentados, y
sabido es que los ladrones de cajas fuertes necesitan conocimientos d e mecánica para ejercer su
delictuosa industria. No es necesario explicar cómo los anarquistas se dedican al estudio de los
explosivos para preparar sus bombas h cmicidas.
Mas, por otra parte, la ciencia presta servicios
inestimables en el descubrimiento de los delitos,
hasta el punto de que, en la actualidad, un buen
jefe de policía debe tener conocimientos científicos más que elementales para orientarse en sus
laboriosas y dilíciles tareas, y debe recurrir casi
siempre á exámenes periciales de naturaleza científica.
La aplicación de las ciencias á esta clase de investigaciones es muy interesante, y aun ha sido
llevada demasiado lejos por imaginaciónes exaltadas. Ultimamente se ha puesto de nuevo al debate en Europa, y con ocasión de ciertos crímenes
recientes, cometidos en Inglaterra, la cnestión de
si sería posible, por medio de la fotografía de una
persona que acaba de morir, recoger las últimas
impresiones visuales que recibiera. El problema,
á primera vista, es verdaderamente sensacional.
Figuráos cuán simplificadas quedarían las investigaciones judiciales si fuera posible, mediante un
sencillo procedimiento fotográfico, obtener una
fiel reproducción de las imágenes visuales que hubieran podido impresionar ese ojo en los últimos
momentos de la vida. El asesinato sin testigos
sería descubierto muy fácilmente, y cuando menos, las condiciones especiales en que hubiera
cometídose cualquier crimen de esa naturaleza,
serían mny útilmente reveladas por este procedimiento. No es extraño, pues, que investigadores
serios se hayan consagrado á hacer experimentos
en tal sentido y que sigan empeñándose en esta
clase de trabajos.
Algunas ligeras consideraciones permiten, sin
embargo, deducir que es verdaderamente imposible obtener tales re velaciones, y que esos procedimientos están irremisiblemente destinados á
fracasar. En primer lugar, no se ocultan las dificultades que hay para obtener una fotografía de
la retina, que se encuentra en la parte posterior
del ojo. Es verdad que se conocen aparatos que
permiten proyectar al fondo del ojo un haz de
luz suficiente para ello. Los oculistas usan á cada
momento de esta clase de aparatos, y si no utilizan para ellos focos de luz muy poderosa, es por
el daño que podría causar al ojo vivo. Pero los
oculistas que han aplorado millares de ojos humanos por medio del oftalmoscopio, no h.!n llegado á obtener más que imágenes más ó menos
claras de la terminación del nervio óptico, de los
vasos sanguíneos que allí serpean; pero nunca de
las impresiones visuales recibidas por la retina.
Es la retina, ó sea la placa sensible del ojo, la
expansión terminal del nervio óptico, que está
encargada de trasmitir al cerebro, por intermedio de ese cordón nervioso, las impresiones que
recibe. El centro cerebral es quien las conserva
y aun las reproduce á voluntad muchas veces; pero todos los hechos observados demuestran que
en la retina las imágenes no persisten sino momentáneamente. La multiplicidad de imágenes
que se suceden y se perciben claramente, una tras
otra, indica que la retina no puede retener, durante un tiempo considerable, la misma imagen en
las condiciones ordinarias. Para que una imagen
persista, es indispensable que la impresión por
ella producida sea extraordinariamente intensa,
como sucede cuando se ve fijamente un foco de
luz muy viva, y que la imagen persiste por un
tiempo más ó menos grande, probablemente en la
retina misma.
Pero la objeción principal que puede hacerse á
esa teoría, es que, aun en el caso de que la retina fuese capaz de retener una imagen por algún
tiempo, esto sería durante la vida, mas no una
vez que la muerte hubiese suspendido todas l as
funciones. Desde el momentoqueocurre la muerte, se producen cambios radicales en la intimidad
de los tejidos, y sabido es que esos cambios se
producen con más rapidez en el tejido nervioso,
de que la retina está formada. Así es como, la primera función que se suspende, es la facultad,
propia del tejido nervioso, de trasmitir las impresiones de l os órganos superficiales á los centros, ó las reacciones de éstos á aquéllos.
La suposición de que sería posible fotografiar
la imagen retiniana, se deriva de un experimento
muy interesante hecho, hace tiempo, por un fisió•

Sr. D. Manuel T. Garcla y su esposa Doña Marciala García de García,
quienes acaban de ceteb, ar sus bodas de diamante.
logó notable. El fisiólogo mató un conejo, le extirpó rápidamente un ojo y expuso éste de manera que la retina recibiera la imag_en de una ventana vivamente iluminada, por un hempo bastante
largo; sujetó en seguida el fondo del ojo á un procedimiento semejante al revelado de una placa
fotográfica, y obtuvo una imagen confusa de la
ventana.
Tal experimento difiere radicalme~te de los
otros. Sabido es que en el fondo del ºl? se ela~ ra una substancia especial llamada &lt;purpura visual&gt;, que se destruye por la luz y se regenera ~n
la obscnridad. Es claro que, en tanto que hubie se en el ojo una cantidad sensible de esa substancia sería fácil obtener una imagen confusa de un
cn~rpo muy luminoso que en ella se fija~a por u.n
tiempo considerable_- .Pero esto no qui.ere d~cir
que una imagen, rec1bi.da dura~te. los ulhmos instantes de la vida, pudiera persistir después de la
muerte.

Bodas de Diamante
E l ~ábaco 24 del mes próximo pasado se efec-

Las bodas de diamante de los señores García.-La
ceremonia en el templo de San Cosme.

h1ó en la iglesia de San Cosme una ceremonia rara entrenosotros: la celebración de las bodas de
diamante de dos esposos que han pasado sesenta
años de l una de miel.
A las diez de la mañana se presentaron en las
puertas del templo el señor Don Manuel T. ~arda, de ochenta y cinco años de edad, y la senora
Marciala García de García, de más de ochenta, para celebrar el sexagésimo aniversario de su matrimonio.
A las puertas de la iglesia fueron recibidos por
el párroco, lo mismo que sesenta .años antes, quien
vestía traje de grandes ceremonias. A la entrada
del templo se celebró la primera parte de la fiesta después de la cual los desposados se dirigier~n á las gradas del altar, donde se repitió la ceremonia nupcial de la velación, igual á la celebrada sesenta años antes, apadrinada por dos hijos
de los señores García,
Terminada la fiesta, los desposados se retiraron
á los acordes de la marcha de Tannhauser.
Sesenta años antes se había efectuado la misma
ceremonia con ligeras variantes y la celebrada
hace diez días hizo recordar á los octogenarios
una vida llena de alegrías y de satisfacciones mu1u 1s, de las que guardan, como recuerdo, una nu-

,-.,r

Grupo de descendientes de los señores Garcfo,,-L(I familia n!lmera sesenta y tres persona,,

merosa descendencia en tres generaciones. Tienen
los señores García siete hijos, cincnenta y cuatro
nietos y dos biznietos.
Los grabados que acompañan estas líneas representan á los señores García el día de sus bodas de diamante, la ceremonia en el templo y un
grupo de parte de su numerosa familia,la que, sin
duda, es la más grande que existe actualmente en
la República,

NUPCIAS
El sábado 24 del mes próximo pasado se unieron en matrimonio la señorita Obdulia Miranda y
el señor Don Julio Necoechea, compañero nuestro en las labores periodísticas.
La ceremonia se efectuó sin ostentación y con
toda sencillez, ante las familias de los desposados y algunas personas de su intimidad; el nuevo
hogar se inició de una manera modesta; pero no
por eso cuenta con menos elementos para abrigar
en él una larga y completa felicidad.
Conocemos á los contrayentes y no desconfiamos de que nuestras esperanzas y nuestros deseos
se verán realizados en el hogar de los señores Necoechea.

Sra, Obdulia Miranda de Necoechea.

�568

EL MUNDO ILUSTRADO
------,.-

569

EL l\JUNDO ILUSTJtADO

-,,

Vista general de la casa del Sr. Stampa.

Residencias Modernas
Hace muy pocos días que fué inaugurada la suntuosa residencia del señor Don Manuel Stampa en l a calle de Lerma, de la aristocrática colonia
Cuauhtemoc.
La fachada del edificio, sencilla y sin nada que se pueda llamar detalle de
ornamentación, no corresponde al elegantísimo interior, en el que se ha derrochado bu en gusto y &lt;savoir vivre&gt;.
Una escalinata, tan sencilla como el resto de la fachada, conduce á un
&lt;hall&gt;, en el que empieza á admirarse la delicadeza y exquisitez de los habitantes de la regia mansión; en el primer piso están los salones para recepciones y fiestas, de los que da idea una de las fotografías que reproducimos; los muebles de estos salones son de estilo Luis XV, el mismo que domina en toda la sala; entre otras cosas se admira un hermoso tapiz que alfombra el piso del salón mayor.
En el mismo piso se hallan el salón-comedor y sus dependencias, que corresponden en elegancia á los salones de recibir.
El piso alto de la casa está destinado á las habitaciones privadas, á las
cuales no penetramos, pero sabemos que son suntuosas como las que nos fué
dado admirar.
El edificio está construido en la esquina de dos calles y en la parte posterior está rodeado por un extenso y hermoso jardín, al fondo del cual están
las cuadras y cocheras.
Ilustramos esta nota con algunas fotografías de la casa, tomadas con luz
artificial al caer la tarde; por ellas verán nuestros lectores que nuestros
elogios no son injustificados, y que la nueva residencia del señor Stampa bien
merece un lugar en una ciudad que ha dado en llamarse de los palacios, nombre que quizás dentro de poco sea justificado.

Departamento de preparación de fulmínato de mercurio.
mientras que se recibían las máquinas é impleme!1tos. Fué presidente de esa comisión el señor General de Arhllería Adolfo
Iberri, á quien, después del desempeño d~ e:lla, se 1~ _ha encomendado la dirección del nuevo establecimiento m1htar.
El edificio fué proyectado y construído bajo la dirección de

Máquinas para embutir cápsules.-FabriCflción de cascos.

La Fábri::a Nacional de Cartuchos
En nota anterior informamos de la inauguración de la
Fábrica Nacional de Cartuchos, anexa al departamento de
Artillería de la Secretaría de Guerra.
Dijimos entonces, y ahora lo confirmamos, que el establecimiento puede ser considerado como uno de los mejores en su género¡ el plan general y la instalación de la maquinaria se hicieron bajo la dirección de una comisión
especial que fué enviada á Alemania con el único objeto
de estudiar los modos y procedimientos de elaboración,

o

D
D

Departamento de cargadores.

6
~

Vestlbulo.

Par de jarrones ofrecidos por "El Mundo ilustrado" al puesto más artístico de la
Kermesse de Tacubaya á favor del Congreso de Madres.-Fué obtenido por el
puesto de confetti rosa, á cargo de las Sras. Luz Cervantes de Ocampo y
Concepción Cervantes de lcaza, y Señoritas María Luisa Reyes
Spíndola y Marta Parlange.
Fabricación de la me~cla explosiva.

oficiales del cuerpo de ingenieros constructores, entre ellos
los capitanes Luis V. Macieu, que lo comenzó, y Mario E
Santafé, á quien tocó terminarlo.
Cuenta la fábrica con setenta y cinco- departamentos, en
los que se llevan á cabo todas las operaciones necesarias
para la construcción de municiones para armamento Manser de siete milímetros, que es el que usa nuestro ejército.
Los talleres principales de la fábrica son los q ne se dedican á la fabricación de cascos, en los que se convierten
discos de latón en cartuchos cilíndricos de forma especial,
listos para recibir la carga de explosivos y balas.
El local destinado á la mezcla de los explosivos se halla
aislado del resto de la fábrica par un foso de un metro sesenta centímetros de ancho, con el objeto de evitar la propagación de los explosivos en caso de que se produzca alguna. El mismo departamento se halla aislado del de cápsules por medio de un extenso jardín que tiene el mismo
objeto.
Hace poco más de diez meses que la fábrica se puso en
movimiento y no s~ hizo su inauguración oficial sino hasta
que se tuvo la seguridad de que las máquinas funcionaban
perfectamente, como lo probaron las experiencias, hechas
delante del señor Presidente de la República.

�510

l!JL MUN.1.)O lLU~'flUl&gt;O

571

EL MUNDO ILUSTRADO

-------- -

Sr. José Porrúa, distinguido orador.

Sr. Jusé Viñas, pianista.

En la Es&lt;:;uela de Comercio
El día veintitrés del mes próximo pasado se
efectuó en la Escuela Superior de Comercio una
agradable velada literariomusical, con la que los
alumnos del establecimiento celebraron el día
onomástico de su director, el señor Don Rafael
Sierra.
En esa fiesta se inauguró el Teatro Salón de la

elementos artísticos de los más valiosos en la Colonia española de México.
Fué encargado de hacer el elogio del inmortal
músico el Sr. Don José Porrúa, distinl(uido periodista español y afamado orador, que alcanzó un
nuevo triunfo en la tribuna en esa noche. El pianista Don José Viñas tomó parte en los números
musicales y también reafirmó su fama de ejecu-

Srita. Guadalupe Pérez Bonilla, soprano dramática

Sra. Sara Reyes Sp{ndola de Meyer
(Fot. de "El Mundo Ilustrado.")

Sr. Jorge Dufour Jenkins.

El enlace ~le.ver-Reyes Spíndola ha sido una de l11s notas sociales más simpáticas de estos días. Se efectu6 el sábado 24 de Octubre en la iglesia de San Hip6lito, artísticamente adornada é iluminada con multitud de foquillos incandescentes.
..A la ceremonia concurrieron familias muy distinguidas. El

Sr. Noé Quintero, barítono.
escuela, en el cual tuvo lugar el programa de la
velada, que resultó amena y escogida. Publicamos
una vista del teatro inau~urado y los retratos de
las personas que principalmente contribuyeron al
é::rito de la fiesta.

Sr. Jesús Franco, tenor.

EN HONOR DE SARASATE
La Colonia de vascos en México organizó y llevó á debido efecto una hermosa velada en honor
de su ilustre compatriota el gran violinista Pablo
de Sarasate, que murió recientemente.
La ceremonia fué lucidísima. Se efectuó en el
teatro Principal, y para darle brillo, se unieron

matrimonio ciYil se efectu6 poco antes, en la misma mañana, en 4t,
hermosa residencia que la familia Re,yes Spíndola posee en la avenida Juárez. El señor Presidente de la República asisti6 á laceremonia J7 firm6 el acta matrimonial, como testigo. A mediodía fué
ofrecido en Cbapultepec un almuerzo á los desposados. El señor
Me,rer y la se~ora Sara Reyes Spíndola de 1\leyer han partido ya
para Nueva 1 ork, de donde pasarán á Europa, en un viaje de recreo que durará varios meses. Fijarán su r esidencia después en
México.
. , La desposada recibi6 numerosos .V muy valiosos obsequios. El
fotog-r~b cb «El Mundo Ilustrado» obtuvo, en la mañana de la ccremo::b, b s fo~og-rafías (] uc publicamos en esta página.

Sr. José Pierson, maestro de música.

AJ,'Cf dcb:m haber contraído matrimonio, en la iglesia de Ntra.
Sra. de L :mr dcs, la hermosa .V distinguida Srita. Gloria Lillo
Forastcr .\° el Sr. Jorge Dufour Jenkins. La noria es de familia espa~ola, ]¡'1.ia ~el estimable caballero D. Hafael Lillo y hermana del
artista del mismo nombre. El no,·io pertenece á la colonia americana Y, t'.l.nto él GOmo la hoy señora de Jenkins, son altamente estimados en la sociedad mexicana.

tante. El violinista Rocabruna cooperó al éx ito
de la velada, ya tocando solo, ya con el qu:nteto
de que forma parte muy principal.
Publicamos los retratos de los señores Don José
Porrúa y Don José Viñas.

o

Srita. Gloria Lillo Foraster,
Sriia. Sofia Piña, soprano ligera.

El Sr. Lic. Rafael Reyes Sp{ndola y la señorita
su hija entrando á la iglesia.

Salón Teatro que acaba de inaugurarse en la Escuela de Comercio.

Interior de la iglesia de San Hip6lito duronte el enlace
Meyer-Reyes Splndola.

�572

EL l\IUNDO ILUSTRADO

573

El.. JllUNDO ILUSTRADO

LA BANDA DE POLICIA EN LA HABANA

Oyendo á la Banda de Policía desde los balcones del Palacio Municipal
de la Habana.-En el balc6n central está el señor Alcalde.
La prensa diaria ha informado yade los triunfos
obtenidos por nuestra prestigiada Banda de Policía
en la capital de la República de Cuba, y de las
muchas atenciones de que ha sido objeto de parte de las autoridades cubanas.
Gracias á la amabilidad del señor Coronel Félix Díaz, Inspector General de Policía, podemos
ofrecer á nuestros lectores algunas fotografías tomadas durante la estancia de la Banda en la Habana, las que reproducen las principal es escenas
de esa estancia.

Mesa I'' íncipal del banquete ofrecido á la Banda de Policía
p or rl señor Alcalde de la Habana.

Los periódicos habaneros, sin distinción de partidos, se han expresado de la Banda en los mejores té1 minos. Esta dió un concierto á su llegada
en el malecón del puerto, y, á pesar de que el
tiempo fué muy malo durante él, asistió una numerosa concurrencia, que soportó la lluvia y el
viento por oir á nuestros paisanos y aplaudirlos
calurosamente.
El segundo concierto fué frente al Palacio
Municipal, y para corresponderá él, el alcalde de
la ciudad, señor Cárdenas, ofreció á los músicos

La Banda de Policía locando frente al Palacio Municipal de la Haban:i
en medio de una multitud de entusiastas admiradores.

una cena en el hotel &lt;Sevilla», uno de los mejores
de la ciudad. Después de cada una de las piezas
de que se compusieron los conciertos, los músicos oyeron grandes ovaciones, y el señor Preza,
como director de la agrupación, fué objeto de las
más grandes atenciones.
Las fotografías que reproducimos represeutau
el concierto dado frente al Palacio Municipal,
la mesa principal del banquete eu el hotel «Sevilla» y los miembros de la Banda con su director.

Grupo Je los miembros de la Banda de PolicEa, inmadu
durante sit estancia en la Habana.

Lf\ HUIDA DE, Df\FNB
Eu la llanura del Atica; cuando nació la ciudad
soberana, el dios del sol vió una mañana, en las
riberas del Cefiso, á una ninfa de quien quedó
prendado súbitamente por su cabellera blonda, su
gracia tímida y su frescura primaveral.
Ella miraba correr el agua por encima de sus
pies de marfil y soñaba en el desconocido, dulce
y encantador como ella, que no tardaría en decirle, en voz baja, las palabras que necesitaba su corazón.
De repente un relámpago ilumina la tierra, el
cielo, la onda del Cefiso; y Dafne vió aparecer al
joven Apolo, resplandeciente la blancura del
cuerpo, llameante la mirada, la coraza de oro, de
luz el casco, terrible, ardiente y puro.
Habló. Y á lo~ acordes de su voz armoniosa, el
aire vibró como una lira.

Dafne no lo escuchó. Y espantada por el fulgor
del inmortal amante huyó de él.
Más rápida que las ondas corrió hacia las moradas del hombre; pero sintiendo muy cerca de
ella los pasos ligeros del Olímpico, quien sonreía
alegre y orgulloso, gritó entonces á lo alto:
-¡Oh Zeus formidable! Mis fuerzas desfallecen.
Estoy perdida. Tú sólo puedes socorrerme. ¡Ten
piedad de mí!
Oída fué al instante su plegaria. Y en el momento que la mano del dios tocó su espalda, la
ninfa fué transformada en planta.

Desde aquel día, sobre el claro Cefiso se inclinan las rosadas flores del místico laurel. Sin voluptuosidad alguna, el caminante aspira su amar-

go perfume. Ni el fuego estival ni las nieves invernales marchitan sus pétalos. Pero algunas veces,- á la hora pesarosa en que las estrellas ape·
nas salpican con su oro pálido la lividez del cielo,-acompañadas de un canto triste las hojas
murmuran:
-¡Dafne! ¡Dafne! ¡Con qué castigo ha respondido á tu plegaria impía el mayor de los dioses!
Tuviste miedo á las alegrías sobrehumanas: has
merecido tu arraigo en el suelo, has merecido tu
eterna cautividad.
«Tú, tan bella, ¿por qué huiste del abrazo divino? Piensa, ¡ay! que las que han amado al radioso Apolo reinan, á su lado, en la gloria, y son las
madres de los semidioses!
«¿Acaso no lo sabías?»
CHAATINA P svc.

FIE8Tf\ A R T l8TIOf\

"Un sueño de amor,'' representado por las i:eñoritas Aurora Pérez
Gallardo y María Ve/asco Rus y el señor Arel/ano.

"Entre el amor y el interés."-Por la señorita Marí-i de la Luz Za·
valeta y los señores Víllena, Zavaleta y Chávez.

El sábado 24 del mes próximo pasado se abrieron los salones de la elegante residencia de los señores Pérez Gallardo para recibir á sus numerosas
amistades, quienes iban á presentar sus felicitaciones al señor Lic. Don Rafael Pérez Gallardo, con motivo de su día onomástico.
La señora Doña María Villaseñor de Pérez Gallardo, esposa del señor Ji.
cenciado, organizó una artística fiesta para obsequiará los felicitantes, la cual
resultó muy hermosa y dejo gratísimos recuerdos entre las personas que tuvieron el placer de asistir á ella.
En un amplio salón, arreglado exprofeso, se representaron algunos cuadros plásticos muy artísticos.
De cuatro se compuso la serie, y en todos ellos se notó el buen gusto y
propiedad artística de los organizadores. El primero representaba las Artes. Muy-propia fué la representación de la Música, la Pintura, la Escultura
y la Poesía, la cual estuvo á cargo de las señoritas Luz Pérez Gallardo, Lucía
Zavaleta, Dolores Noriega,·María Velasco Rus, Aurora Pérez Gallardo, Carmen Solórzano y los señores Salvador Villena, Jos(Pérez Gallardo y Daniel
Chávez.

Morales, Elisa M. de Horcasitas, María Luisa J. de Velasco Rus, Josefina C.
de Arroyo de Anda, Elena B. de Clark, Dolores O. de Núñez, Manuela S. de
Montaño Ramiro, Natalia C. de Castillo, Aurora D. de la Lama, Carlota M. de
Ortega, Carmen G. de Solórzano, María V. de Franyutti, María M. de Zavaleta, María M. de Do man, Manuela M. de Verástegui, Mercedes Flores Alatorre
de Maza, Guadalupe P. de Castillo, Dolores V. de Rebolledo, María Ch. de
Castillo, Guadalupe C. de Velasco, Emilia B. de Cordero, Manuela R. de Barranco y María M.. de Escudero.
Señoritas Blanca García Teruel, Mercedes, Isabel y Concepción Rabasa,
Luz y María Franyutti, María Elisa y Josefina Horcasitas, Esperanza y Dolore~ Montaño Ramiro, Margarita y Evangelina Casasús, Aurora y Felicidad
Davalos, María y Teresa Arroyo de Anda, Elena y Alicia Clark Sofía y Lucía Núñez, María de la Luz y Dolores Morales, María Sánchez .A.ldana, Isabel
y Margarita, Vela~co, Rosal~a Zapata Vera, María Dupont, Concepción y Guadalupe Verastegu1, Hortensia Montero, Luz y Mercedes Maza, Dolores Noriega y Mahlde Velasco Rus.
Señores Lic. José R. Avila, Lic. Joaquín D. Casasús Antonio Maza Francisco Montaño Ramiro, Francisco Solórzano, Lic. Luis VeÍasco Rus Lic. Alfonso
Torres Torija, Pascual Luna y Parra, Adolfo de la Lama, Lic. Est~ban Maqueo
Castellanos, Miguel Puga, Manuel Zapata Vera, Luciano Núñez, Gustavo
Miguel y Miguel Castillo, Lic. Antonio Sánchez Aldana, Ignacio Burgoa, Luí~
Martínez de Castro, Francisco Verástegui, Guillermo Clark, Dr. Fernando
Ortega, Tomás Rebolledo, Alfonso Cordero, Néstor Escudero Francisco Noriega, José D. Morales, Agustín Dorman, Federico Dávalos, Antonio Coca Carlos Márquez, Rafael Hornedo, Roberto Curie! y otros.
'

" La reina de Alejandría y su corte."-El papel principal , stuvo á
cargo de la señorita Dávalos.
El se)!undo cuadro se llamó: «Entre el amor y el interés»; el asunto era
muy original y llamó la atención de los concurrentes, entre quienes motivó
varias discusiones. Sn representación que estuvo muy cuidadosa, fué desempeñada por la señorita María de la Luz Zavaleta y los señores Villena, Z:ivaleta
y Chávez.
El tercero de los cuadros llevados á la escena-fué sumamente hermoso;
estaba basado en un asunto histórico que se presta para darle gran lucimiento: «La corte de la reina Berenice de Alejandría&gt;. L&lt;'s ti ajes, las actitud,·s y
el conjunto fueron objeto de estudio especial, lo que dió por resultado una
representación irreprochable. El papel de la reiua estaba á cargo de la señorita Dávalos, quien estuvo hecha una verdadera soberana.
El último cuadro fué de gran belleza; se llamó 4:Un sueño de amor&gt;. El
asunto era de gran ternura, y las personas que lo desempeñaron también lo
trataron tiernamente.. Una joven dormida, cuyo sueño era velado por el ángel
del amor, veía en sueños un apuesto galán. Los personajes fueron representados por las señoritas Aurora Pérez Gallardo y María Velasco Rus y el señor
Arellano, quienes red bieron calurosas muestras de aprobación de parte de la
numerosa y selecta u oncurrencia.
Después de los cuadros plásticos, se tocaron algunos números de concierto por las señoritas Elena y Carmen Rebolledo y el señor Luis Pérez Gallardo.
Cerca de la media.noche los in vitados pasaron al ambigú, donde se sirvió
una exquisita cena, terminada la cual todos los concurrentes se dedicaron á
bailará los acordes de las mejores piezas del repertorio de la orquesta Lerdo.
De entre la numerosa concurrencia pudimos recoger los siguientts
nombres:
Señoras Herlinda M. de Burgoa, Catalina Altamirano de Casasús, Mercedes H. de Rabasa, Man•lela García Conde Avila, Carmen Mariscal de Luna
arra, María D. de Zapata Vera, María F. de Dávalos, María Mercenario de

,,,
Sr. Ricardo Alduvín, Presidente de la Sociedad de Alumnos de Me.
dicina, y dos de los iniciadores de la misma.

•

�574

l!lL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

••••

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575

~ .....,. ~ ..-- ~i►.-- ~i►.-•~m

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ITEATRALESI
Li►.-- ~..-- ~•-- ~ ..-- ~ ..---.~ ..-- ~J

pala~ras: &lt;El perdón es, á menudo, la peor de las
mentiras&gt;.
Y estos dos personajes: la señora Baudricourt
y Juana, son, en sí, todo el drama. La madre inconcebible que odia á una hija y la hija altiva
ante ese odio, que, en vez de sufrir, se rebela¡ que,
en vez de callar, protesta, y que en vez del techo
del hogar, prefiere el de un amante, sacrificándolo
todo, ha$ta el honor. Una hija que va hasta el fin
de su exaltación, como la madre, llega hasta el
término de la injusticia.
El primer acto, lleno de interés, presenta la tesis d~ la obra con un diálogo brillante y fácil y
termma con un toque sentimental y hermoso. Es
un bello acto¡ pero el mejor de la obra es el seg1;1ndo, sobre todo desde la escena en que Juana
dice claramente á la consentida Susana todo el
odio que siente por ella, que le ha robado el mejor de los amores: el de su madre.
- 1:ú me llamas cariñosamente- le dice,- pero
n~ sientes !as palabras que pronuncias¡ son un
chsé que benes en el alma, y si no, repite estas
palabras: &lt;Juana, hermanita, yo te quiero mucho&gt;.
Y Susana se turba y balbute sin poderlas pronunciar.
Entonces suena la hora de las verdades, de toda
la verdad. «¡Renuncia
á tu matrimonio, Susana! dice la sacrificada, los Roizel s o n
unos ladrones&gt;.
Antt esta revelación,
la preferida se desmaya: viene Francisca,
luego la Sra. Baudri·
court y, al fin, Baudricourt mismo.
Y aquí la escena culminante con que terminó el acto¡ los insultos, las calumnias, las
ofensas de la madre á
la hija sacrificada, y la
rebelión de ésta ante tanta cru e 1 da d.
Prende su sombrero á
la cabeza altiva, y ante todos los suyos declara cuánto ha penado
y cómo no quiere penar más. Les da s u
adiós como un último
"La Sacrificada."-Primer acto.
grito de sufrimiento y,
con un beso á Francisca, se marcha para siempre.
Tampoco extraña el carácter bonachón de BauLiterariamente termina aquí la obra.
di:icourt, ni su carencia de energía para imponer
El acto que sigue es abominable. Falso, esperaá su esposa el cariño por Juana¡ ni menos sordo, sabido de antemano, daña horriblemente la
prende el desenfado de los aventureros Roizel.
buena impresión que dejaron los actos anterioRepito: el único personaje cuya psiquis choca,
res, y hace decaer el entusiasmo, matándolo rees el de Mme. Baudricourt, y la razón es clara: En
pentinamente como una apoplejía.
la vida y en el teatro-que es la historia de la
¡Lástima de final!
Vida-el personaje simpático, por excelo,ncia, es
&lt;La Sacrificada&gt; estuvo desempeñada á concienla madre. Y en esta obra se hace una tortuosa
cia. La Sra. Fábregas, por tan hermosa, hizo que
desviación, un aniquilamiento cruel del senticomprendiéramos menos las preferencias de la Sra.
miento maternal.
Baudricourt. En su interpretación estuvo ajustaLa señora Baudricourt es odiosa porque para
da á la complexidad del diíícil personaje de &lt;La
una hija cierra no sólo el corazón, sino la inteliSacrificada&gt;, esa alma mezcla de dolor y rabia, de
gencia¡ por Juana, por su Juana, no siente nada,
amor y despego que le valió muchos aplausos en
no comprende nada, no ve nada¡ maltrata, ofende,
la primera representación.
humilla y llega al colmo, á la calumnia.
Dorville, el Sr. Mutio, tuvo momentos felices,
Nosotros, en este medio lejano al culmen de la
aunque, en general, nos pareció un apasionado en
civilización europea, no conocemos, no concebifrío,-valga la frase-quizá por la monotonía del
mos una madre así. Y Gastón Devore, en su obra,
acento ó escasez de inflexiones de la voz. Discrenos la presenta digna de todos los odios ó cuantísima la Srita. Cancino y la Sra. Monreal agrado menos de todos los desprecios: no hay en todable en su antipático papel.
da la obra un solo rasgo que haya sido concedido
El Sr. Vásquez hizo un Roizel (jr.) bien entencomo atenuante á este repulsivo personaje, ni sidido y los demás completaron la labor con méquiera el perdón que otorga á Juana en el acto
rito. Alberto Michel ha logrado una buena tratercero, ya que ella misma lo rechaza con estas
ducción.

••••

L Teatro Antoine, de París, abrió su temporada de 1907 con la comedia en tres
actos de Gastón Devore: &lt;La Sacrifiée&gt;,
L.!:::==:::.✓ que hoy, castizamente vertida al
español por Alberto Michel, ha
constituído un éxito franco para la compañía de
Virginia Fábregas.
La prueba más clara del éxito alcanzado, fué
las discusiones que se entablaron en cuanto cayó
la cortina después del último acto.
La obra es falsa, decían unos.
Es humana, afirmaban los otros.
Y así rodaban los calificativos de boca en boca,
en pro y en contra de la obra nueva.
Y esta diversidad de opiniones era originada
por uno solo de los personajes de &lt;La Sacrificada&gt;: por la Sra. Baudricourt.
En efecto. Todos conciben y aceptan el carácter de las tres hijas, y más el de Juana una especie
de &lt;Cenicienta&gt; que, por falta de am~r maternal
de ese sublime amor que dulcifica todas las al~
mas, s~ vuelve. hosca, dura, impulsiva y fiera¡
~rancis_ca, la pn_mogénita, que se resigna á todo
sm abrir los labios, y Susana, la consentida mimada y preferida.
'

Sra. Soledad Goyzueta, que ha reanudado sus
triunfos de cantante en el Orrin.

*

4 4

Linares Rivas, el triunfador comediógrafo español, dió la nota alegre de esta función con el estreno de un sainete lleno de gracia fina: &lt;Cuando
Ellas Quieren&gt;.
Su diálogo fresco y fácil, las situaciones bien
logradas y la tesis de la obrilla-que también estas humoradas suelen tener tesis-hizo del estreno un buen éxito. El público rió y aun aplaudió
una escena que en el teatro de la tanda hubiera
sido interpretada con escándalo de los oyentes¡
pero en este teatro, donde la perspicacia no llega
á la malicia, pasó sin lastimar purezas.
Fueron, pues, dos triunfos para el teatro «Virginia Fábregas&gt;.
En esta semana se habrá estrenado una nueva
obra de Pepe Gamboa: &lt;El Día del Juicio&gt;, cuya
crónica imparcial daremos ilustrada en nuestro
próximo número.
Será lo único que rompa la cadena de Tenorios
que se nos espera.
¿Cuándo terminará esta cursi costumbre?

•

*

4 4

Los periódicos españoles recientes nos traen
crónicas de la última obra de Joaquín Dicenta,
estrenada en el Salón Regio de Madrid, cuyo título es &lt;La Confesión&gt;.
Entre los varios cronistas hallamos al del Fígaro de Barcelona, quien, á pesar de que se muestra muy severo co_n Dicenta, concede que su nueva obra es la mejor que ha escrito, sin exceptuará
&lt;Juan José&gt;. Según el citado cronista, la obra puede considerarse como una &lt;comedia, drama, tragedia comprimida ó lo que se quiera¡ una pieza
muy sencilla, muy lógica, muy bien pensada, muy
bien escrita y exenta de los efectismos, retorismos y salvedades que afean otras obras del mismo autor . . .. .. &gt;
Esto es lo que recogemos de los cronistas de
allende el Atlántico. Cuando la obra llegue á
nuestras manos ó á nuestros escenarios, tendremos mejor ocasión para ocuparnos de ella.
LORELEY.

ARTISTAS DE LA COMP ARÍA BORRÁS: AMALIA SÁNC HEZ, NARCISA LÓ PEZ, JUAN ROMÁN, DOMINICA MARTÍN E Z,

''Cuando Ellas Quieren." -Escena culminante.

"Cuando Ellas Quieren. "-Primer cuadro.

CARMEN BOVE Y AMPARO PLASENCIA,

¡¡.11

�EL MUNDO ILUSTRADO

577

EL MUNDO ILUSTRADO

Y estas palabras parecieron volar en el aire como una caricia. Aurora hizo con la cabeza un
signo afirmativo.
-La señorita Fannyme ofende con citar delante de mí versos de otro-declaró Bruno con seriedad.-Hablemos de política 6 de literatura.

•••

N NAPOLES, ante el
eterno é inmutable paisaje clásico: el mar inmóvil y sombrío, surcado por una línea de plata brillante y temblorosa¡ el Vesubio negro,
agitado por un soplo
ardiente; las islás envueltas en ligera bruma;
,
á lo lejos, barcas, como
fantasmas, bajo el cielo
claro, casi transparente¡ y, en el 'golfo encantado,
una serenidad absoluta, una belleza impasible,:·-;::
, ,En la terraza se veían, 6, mejor dicho, se adivinaban los claveles en flor, rojos y frescos como
los labios de Fanny¡ los grandes ojos glaucos de

María, que se había puesto en las delicadas orejas,
á través de minúsculos agujerillos, dos jazmines
de flexible talle, tan blancos como las mejillas
que rozaban ligeramente; la frente pensativa, el
perfil sereno y las trenzas brunas de Aurora, la
recién casada¡ el cigarro encendido de Justino,
semejante á un microscópico reflejo del cráter
en erupción; la melena rubia de Bruno, el poeta
de los fáciles éxitos; y, por último, el resplandor
de un brillante puesto en. el dedo de Carlos, el
rico contratista de obras públicas, Y al lado, detrás, aquí y acullá, por todas partes, otras terrazas

b~ñadas por el claro_r lunar; otras terrazas imprecisas apenas bosqueiadas en la niebla diáfana . ...
El silencio se prolongaba.
Las dos jóvenes callaban, distraídas. Aurora
estaba absorta. Justino, profundamente ocupado
con su cigarro. En cuanto á Carlos, había hablado
poco; tal vez calculaba interiormente el costo de
construcción de un ramal, 6 el de explotación de
nn~ vía principal. Entonces Bruno, que, en su
cahdad de poeta, se creía obligado á decir cosas
muy comunes y vulgares, respiró profundamente
y exclamó:
-¡Qué buen olor de conserva de tomates!
:-Yo solamen~~ percf bo el perfume de los jazmmes-respondio Jushno que, por contradicción,
se había puesto elegiaco.
María se inclinó un poco, cortó un clavel y se
lo arrojó. Justino lo pilló al vuelo, pero no dió
las gracias por él.
-Es la conserva de
Ana Rafaela, nuestra vecina-dij o Fanny,- regresando de un viaje de
exploración y haciendo
crujir complacientemente sus za patitos lustrosos.
-Debe haberla puesto
al sol esta mañana .. .. El
sol es muy útil para las
conservas-hizo n o t ar
Bruno con aire de convencimiento.
-El sol es hermoso.. ".
dijo María con voz armoniosa y caliente.
-Yo no me permito
hablar de la luna ante estas damas-añadió Bruno
con desprecio.
-La luna se parece á
un primer amor-replicó
J ustino, admirando su
propia frase.
Fanny sonrió y golpeó con su abanico un
pliegue de sn falda, que
se había desordenado¡ la
palidez de María pareció aumentar; Aurora se
estremeció y sonrojó¡
Jnstino arrojó lejos de
sí su cigarro extinguido,
y el taciturno contratista alzó la cara. Pero cada
u n o de los personajes
presentes se aislaba en
un pensamiento, tal vez
en un sentimiento. Bruno, el poeta, adivinaba
que la situación se hacía
ligeramente ridícula¡ las
almas se enternecían en
esta noche de estío ante
las palabras: primer amor.
Había que disipar esos
ensueños, esa ternura insólita y un poco necia.
- ¡Primer amor! ¡primer amor!- exclamó encabritando el caballo alado de su imaginación.
Tonterías, niñerías.. . ...
Cuando pienso que tuve
también mi primer amor
(y todavía no estoy bien
cierto de ello) me pongo
rojo de vergüenza. Figuráos un jovencillo, un
adolescente d e zancas
largas, de manos rojas y
codos nudosos que palidece, pierde el comer y
el beber, que se recorta
sus futuros bigotes con las tijeras de su hermana
mayor, que se anuda corbatas maravillosas, que
escribe versos .... sí, versos, Dios mío! Un jovenzuelo que se enamora siempre de la mujer más
tonta y estúpida de la vecindad; de la primita, de
la hija de su profesor, de la obrera de la casa, de
la camarista de su mamá, de la primera que se le
presenta, aunque sea una vieja de cincuenta años:
eso es el primer amor. ¿No es para dar risa? Rubores idiotas, palideces absurdas, discursos ridículos, timideces pueriles, temores, sonrisas, lágriIdas, desesperaciones inútiles: esto es el primer

amor. Dos enamorados que tiemblan de ser sorprendidos por sus padres y castigados ¡dos transidos ~e amor, _que es~riben cartas de diez p áginas
con imprecaciones, Juramento~, faltas de ortodrafía, interjecciones, puntos suspensivos, lágri"mas
que se mezclan con la tinta, incoherencias, besos
celestes, en un estilo demasiado terrestre¡dos enamorados que quieren huir, que desean matarse,
matará los demás, que quieren casarse, y de los
que una usa la falda corta y el otro va todavía al
colegio ... . eso es el primer amor: un amor lánguido, pálido, incoloro, dulzón como un jarabe
simple! Y sin embargo, oigo que le alaban, y todo
el mundo se enternece cuando hablan de él. .. ...
¿~ara qué sirve ese primer amor, fav or de decirme?
Y como había llegado á cierto irritado tono se
calmó bruscamente, pensando que es necesario 'ser
correcto.
Los demás le miraban con asombro.
- ¿Qué dicen las damas?-preguntó haciendo
una reverencia.
Mas parecía dirigirse particularmente á Fanny.
-Para nosotras las mujeres, el primer amor es
siempre el último- respondió aquélla con su bella audacia de joven precoz, mirándole bien de
frente.
Bruno bajó los ojos durante un momento y pareció que hubiera caído toda su falsa exaltación.
- El amor es hermoso como el sol. ... . .-dijo
lentamente María, juntando las manos como para
orar.

•
••
Sólo Aurora continuaba en silencio. Sonreía
melancólicamente mirando al mar, pensando en
su primer amor, en su esposo, en el brillante oficial que en esos momentos caminaba á bordo del
«Vettor Pisani&gt;, en los fríos y lejanos mares del
Japón.
-¡Bah! Estás en uu error, Bruno-dijo Justino
buscándose en el bolsillo otro cigarro. Y o estoy
por el primer amor: es fresco, ingenuo, cándido·
es el incierto balbuceo de un niño que empieza
hablar, es el alba llena de rayos y claridaces es
u?-a deliciosa ignorancia .. . . Goces pequeños quiza¡ pero que, por el momento, ahogan por su exuberancia. Las impresiones son profundas y, sin
embarg?, conservan extrema delicadeza¡ el perfume es ligero, pero capaz de embriagaros¡ se siente el alma de fiesta y el corazón gozoso; se siente
na~ar en el azul y en _el ét_er¡se siente uno en posesión de un tesoro meshmable, como si vagase
uno en el espacio al pensamiento de ser todo uno
para el otro .... . .
Y una gravedad insólita estaba en su voz·el cigarro se consumía vanamente entre sus dedos.
- E~ ~n idilio- replicó Bruno, con un ligero
encogimiento de hombros. Sea, admitamos el amor
para obedecer á la tradicional voz de la multitud·
digamos que existe, que es una fuerza, una poten~
cía¡ pero, al menos, debe ser robusto y sólido . .. .
es necesario que sea un drama en vez de un idilio; un mediodía ardiente en vez de una pálida
aurora; una fiebre furiosa en vez de un sencillo
rubor; un perfume violento que aturde y anonada¡ un poema ardiente en vez de un vago balbuceo; una flor tropical en vez de una tímida violeta; una_ciencia absoluta en lugar de la negra ignorancia.
- ¡Paradojas!- gri tó J ustino.
-¡Verdades!- contestó el otro. Si yo amara ....
- Mucho cuidado, Bruno, que nos va usted á
hacer confidencias- interrumpió Fanny.
Bruno se inclinó, dominado una vez más por la
voz harmoniosa de la joven.
Todos estaban graves y serios, como si quisieran, cada uno por su parte, resolver un penoso
problema. Se aislaban unos de otros, en uno de
esos momentos extraños de egoísmo en que el alma se repliega en sí misma y el cuerpo queda mudo, como una ventana celosamente cerrada.
Fanny se balanceaba en su cabecera, murmurando palabras vanas, mordiendo suave y distraídamente unas hojas de verbena que le teñían de
v_erd~ l_os labios. Bruno la miraba fijamente, como
si quisiera entender sus palabras con los ojos.
- ¿Qué dice Fanny?-preguntóJustino á María
apoyando la mano en la silla que ocupaba la jo'.
ven.
Esta, repitiendo los versos del poeta:

á

Apres avoir souffert, il faut souffrir encere·
11 faut aimer san cesse, aprés avoir aimé. '
(Después de haber sufrido, hay que sufrir todavía·
hay que amar sin cesar, después de haber amado.)

En la calle de Santa Lucía, los tres se detuvieron un poco. Bruno y Justino discutían aún.
-Tu amor rosa y blanco no es artístico, querido.
- Pero sin primer amor no podría haber segundo; esto es elemental en aritmética!
- ¿Lo crees?
-Estoy seguro. El drama viene después del
idilio. Está probado . . ..
-¿Por la aritmética?
- ¡Bruno, te pones farsante!
- No, querido. He acabado por creer en el amor.
Es la debilidad de los grandes hombres ..... .
- O de los pequeños ... .
- Eso está por ver ... .
- ¿ Qué piensas tú, Carlos?
-Creo que ustedes dos se engañan. En Jugar de
hablar de amor, valdría más amar ..... .
Y su alta y delgada silueta se perdió en la sombra de la calle Chiatamone.

El Ceñidor de Boda
I
La mañana d e mis bodas recibí la orden de seguir al marqués de Gr ean, para ir á sostener al
ej ército de los bretones, más allá de los mares.
- "Ven conmigo, paje mío; hoy debo despedirme de mi esposa . . .. ¡Oh! ¡cómo se me despedaza
el corazón!"
·
A medida que se acercaba á la casa, crecía su
temblor, y cuando entró, el corazón le latía con
fuerza.
- ''Ay, Aloida! debo embarcarme, d ebo dejarte...
-En nombre del cielo no te embarques, no me
dejes, amor mío. El viento es mudable¡ el mar,
traidor. Si llegaras á perecer ¿qué sería de mí ?
Con la impaciencia de recibir noticias tuyas, recorreré la costa, pre.~untando de cabaña en cabaña: Marineros, ¿habéis oído hablar de mi esposo?
La joven lloraba, y él trató de consolarla:
-No llores por mí, Aloida¡ te traeré de ultramar un ceñidor, un ceñidor de púrpura, adornado
de rubíes.
Cuando la aurora apareció, el caballero dijo
tristemente:

Vislü general de Sarajevo.
111
Mientras los mendigos convidados á la boda
iban y venían por la casa, un nuevo pordiosero
llegóse á pedir hospitalidad.
-¿Pudierais darme qué comer y una cama? Cae
ya la noche, y no sé d ónde pasarla.
- Ciertamente,- dijo la dueña de aquella morada;-tenéis razón, cae ya la noche, la alegre no-

MATILDE SERAO.

*
LA BOSNIA
A cuestión de Oriente sigue siendo la preocupación deEuropa.
Las cancillerías continúan ocupándose de
la proyectada conferencia, la cual, según los pasos que llevan, no se efectuará nunca.
Los incidentes menudean; ya el viaje del
príncipe heredero de Servia á San Petersburgo,
del que se dijo qne era de gran importancia para
el estado actual de cosas, y que al fin resultó que
tenía por objeto el que el príncipe se case con su
prima la gran duquesa Pavlovna, é infinidad de
detalles, muchos de los cuales han resultado có·
micos al fin. De todos modos, la paz europea no
se ha quebrantado, ni parece que esté á punto de
quebrantarse; los aprestos militares de Montenegro, de Servia y aun de la misma nueva nación,
Bulgaria, no valen la pena de tomarse en consideración, pues aunque el nuevo Zar tiene un ejército de cuatrocientos mil hombres bien disciplinados y equipados, si á las potencias no les conviene la guerra, y es seguro que no les convendrá, no dejarán que se haga, sino que esperarán
á que Turquía, que de por sí se va acabando lentamente, agonice para poder repartirse un cadá. ver que, no por serlo, será menos coJiciado.

IL

Vista á ojo de pájaro de Sarajevo, capital de la Bosnia.
-El gallo canta, ¡oh, hermosa mía! Es de día
ya . .... .
- No, -dijo ella,-es la luna, es la luna, amor
mío, la luna que brilla en la colina.
-No,-replicó él,-por desgracia es el sol lo
que alumbra ; tiempo es ya de dejarte. ¡Adiós, adiós,
dicha mía!
Y se marchó. En su tránsito, las urracas no dejaron de repetir: "Si el mar es traidor, más lo son
las mujeres."
11

Alrededores de Novi, Bosnia.
Mientras tanto, Austria sigue con sus buenas
ideas de quedarse con la Bosnia y la Herzegovina. Según periódicos ingleses, la historia de estos
deseos se originó por los de las citadas provincias
que, queriendo tener una constitución, se la pidieron á Francisco José, cuyos s~ntimientos democráticos les inspiraron confianza.
Francisco José les hubiera dado esa constitución, desde luego, de la mejor voluntad; pero como las provincias sólo estaban &lt;ocupadas&gt;, pensó
que esa ocupación no le daba bastantes derechos
para darles una nueva forma de gobierno; para
que ello fuera posible, se necesitaba que las provincias estuvieran bajo el dominio de Austria de
una manera definitiva¡ por esta razón, y sólo para poder satisfacer los justos deseos de los bosnios, fué por lo que el emperador Francisco José
decidió la anexión de las provinsias &lt;ocupadas&gt;.
Ahora, si esta anexión no parece bien á alguien
que esté en condiciones de impedirla, es seguro
que no se llevará á cabo; pero como es probable
que las potencias se ocupen de algo más importante durante su conferencia, es casi seguro '}Ue
Francisco José aproveche las primeras convulsiones mortales de Turquía para quedarse con una
buena parte de ella.
Ilustramos estas líneas con algunas vistas de la
capital de Bosnia y sus alrededores, lugares que,
dentro de poco, estarán bajo el régimen constitul!ional del Imperio austro-húngaro.

*

En el San Juan de otoño la joven decía: He visto á lo lejos una nave que luchaba con las olas¡
de pie sobre la popa estaba el que amo; en una
mano tenía la espada; combatía de un modo horrible; la sangre cubría su traje¡ le rodeaba un
montón de cadáveres; al fin, mi pobre amigo pereció.
¡Ay! Al año siguiente se había casado con
otro .. .. . .
Concluyóse, entre tanto, la guerra. El caballero
está de regreso. Con el corazón alegre, y lleno de
júbilo, parte aquella misma noche á verá su adorada esposa.
Al acercarse á la casa, oye el sonido de las gaitas y de las tiorbas. Ve la aldea alumbrada por
antorchas brillantes.
- Festejadores del año nuevo que corréis por el
campo, decidme: ¿hay algo de bueno en la aldea
de donde venís? ¿Qué significa esa banda de música que se oye?
-¡Oh, señor! son los tocadores de tiorba que
ejecutan, dos á dos, el canto de boda. Ya veréis
la sopa de leche que atraviesa el umbral de la
puerta.

Bosnia.-Visegrand y su famoso puente.

che; amado mendigo: aquí se os dará dónde dormir y también podréis cenar con los demás. Acercáos, buen hombre, y entrad en casa: mi marido y
yo os serviremos con esmero; sed bienvenido á
nuestra morada.
Al comenzar el baile, después del primer servicio, la esposa preguntó:
-¿Qué tenéis, pobre hombre? ¿por qué no bailáis?
- Nada, señora; no bailo porque estoy fatigado.
La tercera vez que se pusieron al baile, ella le
dijo con una dulce sonrisa:-Venid á bailar conmigo.
Y mientras bailaban, él , inclinándose hacia ella,
le dijo al oí do:

Cementerio judío en Sarajevo.
- ¿Qué habéis hecho del anillo que recibisteis
de mí en el umbral de esta misma puerta hace
hoy cabalmente un año?
Aloida unió las manos levantando los ojos al
cielo y exclamó:
-¡Dios mío; hasta ahora había vivido sin afanes ..... ! Pensaba ser viuda y tengo dos maridos!
-Os equivocáis, hermosa mía, no tenéis nin.'
guno. Y , sacando un puñal que llevaba oculto
s e ~o cl~vó en, el corazón! tan violentamente, qu~
la mfehz cayo al suelo sm decir palabra.
En la iglesia de la abadía de Daoulaz se ve una
imagen de la Virgen, con un ceñidor adornado
con rubíes traídos de ultramar. Si deseáis saber
quién se lo dió, preguntad al monje penitente
que está postrado á s us pies.

�ir.r.

579

\T!T'll)() fl.(T&lt;lTllA p()

EL MUNDO ILUSTRADO

Resultado del Duodécimo Concurso
La mayorla de nuestras lectoras se interesaron en el concurso, que consistla en
reconstruir una figura-una cruz griega,formada por fragmentos de dos de los
anuncios msertados en el número correspondiente de este semanario.
Hubo algunas subscriptoras
que nos remitieron soluciones
incompletas, pues se limitaron
á señalar los fragmentos é indicar el anuncio á que perteneclan; pero se olvidaron de la
otra parte del concurso, que requerla la formación de una figura regular, cuando menos.
Las soluciones exactas que
recibimos fueron de las personas siguientes: Sri ta. Maria del
Consuelo Zárate, de Guanajuato, Desterrados, 8; Sra. Ester
A. de Alatorre, de Guadalajara,
calle del Retoño número 3; Sra.
Angela H. de Gallástegui, de
Sombrerete, calle de Hidalgo,
59; Sra. Felicitas Z. de Hernández, de Santiago lxcuintla, Tepic; Srita. Delfina Olivera, de
Oaxaca, 3~ de Tinoco y Palacios; Srita. Carolina Herrera
Welsh, de Jalapa, calle de los
Berros, n; Sra. Maria E. viuda
de Gaviño, de México, Consuelo, x; L. Gutiérrez, Santa Cruz,
de Guadalajara, López Cotilla
490; Emma Orozco, Dirección
General de Correos; Emma Valles, Zaragoza, 21, Parral; Sra.
Isabel L. de Padilla, de Tacubaya, 2~ de Dolores, x; Sra. C.
Saldlvar de Garza, Monterrey,
V1!1a~rán, 20; Srita. Soledad Martlnez. Gracida, de
Guadalajara calle de Hidalgo, 213; Celta Cárdenas
de Berlanga,' de Saltillo; Sra. Ra_quel F: de Gar~uño,
de Tenango del Valle; Niña Mana Herhnda Cehs! de
Orizaba. Ver.; sra. c lemencia B. _de Torres, Snta.
Luisa Sánchez de G0mez Palacio, Dgo.; Sra. C.
Treviño de Sáinz1 de Monterrey; Srita. Belén Villalobos, de Parral, Chih.
..
Como el número de soluciones exactas ex:ed10 al
de premios ofrecidos, fué necesario sortearlos entre las personas arriba indicadas. La suerte fa voreció á la Srita. Emma Orozco, de México, D. F.; Srtta.
S iledad Martlnez Gracida, de GuadalaJara, y Sra.
Angela H. de Gallástegui, de Sombrerete, á cuya disposición se encuentran los premios respectivos. ...:•J

XIV Concurso de "El Mundo Ilustrado"
11
EDIFICIOS Y MONUMENTOS

L a11 corrida11 riel dolllin(Jo Jj ch Uctuóre.-~1 la izq11iacla, de arriha á 1dJ11Jo: ima 1•e1·ó,1ic11 de "Relru11- J'i
pr1guito" (Plciza ".El TorM").- lJ11 lance de 0-aon 1 (Plaza ".Jlfé.rico").- " 11lore1w de ~tlgec:m8" rle.~p,1/~ r/e
1111 r¡,,;tr, ("El Trn•eo").- A la chreclw: " Oliiquito de B egoña" 1'11 m, lance de cap11 ("Jlé.1.·ico").- Tí°C1,11 te Segura en una ve-r6n¿ca (".El 101·('0"). -C/aomt en un pase de pcclw (".1.llé;fJico. ")
1

En vista del interés que despertara el concurso de las nueve siluetas de per.
sonajes, para el cual hemos recibido ya muchas. soluciones, hoy proponemos otro
seme¡aate Y_no menos sencillo. Bastará designar el nombre de todos y cuda uno de los monumentos cuya siiueta se·ve
en esta págma. La mavorla de estos monumentos se encuentra en la República Mexicana. y los pocos extranjeros son
1e los más conocidos. Unos y otros se ven representados, con frecuencia, en tarjetas postales álbumes etc
Se darán tres premios á las soluciones más aproximadas, y en caso de haber más de t;es exactás s·e sortearán
entre ellas, los premios. Las soluciones deberán ser umitidas al Departamento de Concursos antes del' 16 de Noviem~
bre próximo. Los premios consistirán en: Un hermoso devocionario; una terracota; un primoroso sachet.

�581

EL MUNDO ILUSTRADO

580

1/1"

EL MUNDO ILUSTRADO

NOVELA ORIGINAL POR ALBERTO CHABROL

EL SUEÑO HEROICO

(CONTINÚA.)

H

IZO con lentitud un signo afirmativo.
-Y ahora, tiene usted la certidumbre de que se casará?
Otro signo, esta vez negativo.
que penetra en mi corazón y lo
&lt;lilata agradablemente.
-As! es que el buen juicio le
ordena á usteá preparar el porvenir como si.. .. como si fuera á suce&lt;ler lo peor? Pues bien, déjemt usted que te diga cómo
he visto esta preparación de su éxito, de su felicidad!. ...
Le repito que un ano en el Conservatorio bastarla para
poner en sus manos la más alta recompensa; desde entonces su fortu,1&amp; estarla hecha .... Es necesario, pues,
que usted entre al Conservatorio, Miette; pero no podrá
ser antes del Otoño; de aqul á entonces reflexione; puedo yo retenerla aqul?
Miette murmuró: ·
-Pero, ¿por qué no?
-Por qué no? Es usted tan niffa? . . Qué edad tiene
usted, Miette?
-Diez y ocho anos dos meses.
-Y yo qué edad cree usted que tenga?
Su mueca pueril fué deliciosa; alzó los hombros:
-Yo no sél Por otra parte, ,:¡ué me importa su edad!
Me habla caldo bien la coraza de viejo solterón, pero
sucede que esta coraza es de papel y que una mano de
niña la desgarra hasta arañar un poco la piel.
Respondla ahora bastante bravamente á Miette.
-Por el sentimiento que le inspiro, poco le importa, en
efecto, mi edad; pero el mundo piensa de distinta manera que usted ... y ... .si usted me mirara con sus grande~ ojos cándidos y pudiera oirme sin comprenderme,
M1ette; pero, de todos modos. yo debo decirle todo, y si
usted siguiera aquí hasta el Otoño, me verla yo pronto
acogido en todas partes con sonrisas equivocas, y en
poco tiempo, según temo, con palabras despectivas. . ..
Miette pareció comprender, á medias por lo meno~,
porque bajó los ojos y se volvió á otro lado, en tanto
que su voz temblorosa murmuraba:
-Pues bien, para evitar que usted tuviese estas molestias, me resignarla á regresará mi casa.
-Regresar allá? Está usted loca, Miette? Regresar
hacia un peligro de que tan juiciosamente ha huido! ....
Exponerse de nuevo, voluntariamente esta vez, á la persecución de un hombre que, como me lo ha declarado
usted hace un momento, no tiene la intención de hacer
de usted su esposa? .... Y en fin, su novela terminará
con lágrimas y se verla usted para siempre condenada
á una situación baja y servil! .... No, yo he pensado en
algo mejor que eso para usted .. . . y .... para los dos, porque, á pesar de sus errores hacia mi, á pesar de su ..
de su poca confianza .. .. siento que nunca, nunca, podrla
usted llegará ser para mi completamente extrana . . ..
Tost un poco después de este nuevo 'lcceso patético,
para añadir con relativa firmeza:
-Y he pensado que serla bueno para u~ted pasar ale:unos meses de aqul al Otono en una casa de educación. Muy cerca de aqul está el Conventode las Damas
de Sión, lo sabe usted; la generala Versombre irla á entrar en arreglos con la Superiora. Merlín podría ir al
locutorio cuantas veces usted lo deseara, y la generala
se encargarla de usted con gusto, ciertamente, los dlas
de salida y . .. . nos verlamos en su casa.
Verdaderamente me complacla al fin de mi frase al entrever esta corte (quién sabe, tal vez una corte preliminar de bodas) que me serla permitido hacer á Miette,
que serla entonces la protegida, la hija adoptiva de la
generala ... Entregado á este ensueño me puse á pa.
sear en el salón y perdl de vista el rostro de Miette; pe·
ro de repente un inmenso sollozo me detuvo en mi paseo.
Me volvl estremecido hacia ella. Miette, de pie, se retorcla las manos: Acudl, le tomé las manos tratando de
calmarla, pero exclamó con voz entrecortada á cada palabra:
-Todo esto .... es .... es culpa de la señorita Lambrecy .... Oh! por qué la invitó usted! .... Por qué! La odio!
Eramos tan felices; sobre todo de cinco á siete, en la
otra semanal. . . . Le tomé las manos y la atrala hacia
mi, inclinándome de manera que nuestros alientos se
mezclaban y que mis labios rozaban sus rizos ... Me
amarla Miette sin saberlo, creyendo siempre en el horizonte de su primer ensueño? Era r.e&lt;;esario que lo supiera yo, que lo supiera inmediatamente, por fin! ....
-Si invité á la señorita Lambrecy, le repito que no
hay que culpará nadie más que á usted misma .... á su
ingratitud .... á su silencio obstinado .... Abra usted, al
fin, su corazón hasta el fondo, Miette; hágamelo conocer
todo, pequeña esfinge encantadora, pequeño enigma
malévolo! ....
Miette no respiraba sino con el aliento corto, y cuando me pareció olr la confesión palpitante de ternura, retiró un poco la cabeza como en un primer gesto de pudor
que requiere huir del beso de amor ....... Mis labios casi
rozaron su frente; si la tocan, Miette no se retirará, lo
sé, lo siento; pero en seguida, qué situación más diflcil,
con su secreto feroz siempre entre ella y yol ...
De nuevo la atraje por l11s manos, que todavla conservaba en las mlas . ... la conjuré, pero derrepente, ruidos
y rumores nos hicieron estremecer á ambos . . el,a se
apartó de mi; en la puerta entreabierta cerca de nosotros, la bondadosa cara de Merlín (atraldo sin duda por
los sollozos de Miette) se adelantaba tan curiosamente
crispado por la inquietud y el terror, que Miette le lanzó una de sus más frescas carcajadas.
Por más que no me hiciera gracia la aparición de este
estúpido buen hombre, no pude menos que hacer coro
con ella, y, sintiendo que para llevar la conversación

otra vez al punto en que la dejaba, era necesario tomarla de un poco atrás. le dije:
-Puesto que viniste, dale un buen consejo á Miette:
hazle comprender que (lebe aceptar ir al colegio hasta el
momento en que entre al Conservatorio.
Merlín, sin entrar más al saUn, alzó la barba rasurada y me replicó:
-Que hable ó que no h1ble, es lo mismo. Mie:te no
hará sino lo que ella diga.... . y además, ella sabe bien
quP me lavo las manos en todo!
Hecha esta hermosa declaración, se retiró tranquilo y
la puerta volvió á cerrarse. Miette se mantenla á algunos pasos de mi, vuelta hacia la ventana . . Se ha roto
el encanto ... ella hablaba ya con voz firme, muy distinta, muy clara, aunque baja:
-Yo le suplico que me conceda hasta el fin de la semana.. el sábado en la tarde le diré si quiero ir al colegio . ... ó bien .... yo le diré . ... todo lo que usted desea
saber; y entonces usted decidirá por si mismo ....
Yo no sé si debo temer ó esperar de esta frase, pero
después de todo, decido que conviene esperar.
esto
quiere decir que estará todavla Miette unos dlas más
cerca de mi; la ocasión de hace un momento, puede volverse á presentar; ¿volverá?
No se ha vuelto á presentar. Miette ha vuelto á ser
sencillamente, (excepto en el traje), lo que era antes de
lo que ella llama: la comida Lambrecy. Pasamos los
dias junto~ ... Noto, sin embargo, que sabe gentilmente emprender el vuelo en los momentos bastante numerosos en que me pongo .....llrico ......como si la mayor
coqueta de Par!s le hubiese enseñado el arte de estas
huidas sutiles y hábiles ....... .
EL DIARIO DE MIETTE.
Lunes 30 de Diciembre.
¡Qué desenla:e tendrá mi aventura! El gran proyecto
de mi primo es ponerme en el convento hasta que pueda
hacerme entrar en el Conservatorio.
Sin embargo, Marcos me ama: lo he visto, lo he sentido; pero antes de confesármelo, antes de pronunciar
la palabra casamimto. cree tener necesidad de la bendición del mundo ...... No se casa uno con su cocinera.. . Mientras que tal vez una joven nacida del pueblo, es cierto, pero consagrada como gran artista, y además saliendo del convento y puesta bajo el patronato
de la generala Versombre ...
No permitiré que se dé el cambio á si mismo; quiero
que se case conmigo como me ha amado, porque me ha
conoci Jo en la pobreza obscura de una sirviente. Pero
de lo que ouisiera poder persuadirte inmediatame1,te, es
de la falsed_ad de e,ta novela absurda que se ha forjado
él á propósito de un amor contrariado que sintiera yo
por un joven meridional! Primero me divertl de este
error tan extravagante y me parecla también que estimulaba mis sentimientos; pero no sé por qué ahora me
irrita, me hiere, me es insoportable! .. .. Cuando lo vi
ayer que sufrla por ello, estuve á punto de gritarle: ¡Pero si es á Ud. á quien amo, si nunca ha sido otro más
que usted! v creo que eso hubiera bastado; creo oue hubiera yo podido_ reservar el resto de mis secretos para
cuando me hubiera encontrado en el querido asilo de
sus brazos, que habria extendido hacia m[ sin cuidarse
ya de las bendiciones ó de los anatemas del mundo para
MiPtte la Arlesiana ....
_Vacilaba, no me atrevla . . . tenia miedo, ¡oh, tanto
m1edol aunque no fuese más q..e de su cólera . . . . cuando
Merlin, oue me habla 01do llorar, acudió creyendo en la
catástrofe del descubrimiento y que venl!l á participar
de mi desastre con un valor que habría debido salvarlo
de mis reproches .... Porque, en fin, todo ~e resolverá
hoy, y tal vez sea mi dicha perdurable! ... .
Por lo que pudiera suceder, prohib[ á Merlin quejamás, jamás interviniera, aun cuando por un aguj~ro de
la llave viera que mi primo me despedazaba . ..
Por lo demás, Marcos y yo (que concienzudamente
he reflexionado en el partido que me propuso) hemos
vuelto á ser los mejores amigJs del mundo y casi no
nos separamos. Me cuenta ,us viajes ....
¡Oh, nuestro viaje de bodas! i!riamos adonde él ya ha
estado, por todas pa1tesl Estoy celosa de todos los gustos de su vida que ha disfrutado sin mi y quisiera participarlos ...
EL DIARIO DE MARCOS.
Martes primero de Enero.
Esta mañana cuando Merlín, mientras arreglaba mi
ropa cepillada en la silla al pie del lecho, me diJ las felicitaciones de año nuevo, sentl gran vergüenza al tenaerle,-por no haberme atrevido a algo me¡or,-el billete
de Banco que cada año le doy como aguinaldo. Me pari:c!a cometer un pecado de falta del respeto, á la vez contra un viejo pariente y contra el "Chambelán de ta
princesa," (cuyo titulo tiene siempre el aspecto de
cumplir sus funciones cerca de Miette). Por qué no le
habrla yo comprado una tabaquera de oro incrustado
de pieJra~. regalo que se .ecost1Jmbraba en el curso del
antiguo régimen.
Debo co11fesar que Merlin no ha parecido hacerse la
misma pregunta ni participar de mis escrúpulos; su gratitud so: manifestó, hasta donde puedo acordarme, en
términos idénticos á los del año pasado. y nada pudo
hac~rme pensar que me ocultaba su orgullo lastimado.
¡Por otra parte, el aguinaldo de Miette me preocupaba mucho más! Ayer sal! para buscarlo: ¡Oh, algo bonito, sencillo, sin valor, sin pretensión, sin significación!. ...

Y para ad~uirir e,t~ objeto tan sencillo, sin valor,
etc., me encammé ha~1a la calle de la Paz y la recorrl
toda buscando con lentitud y escrupulosa atención en
lo, aparadorPs de las joyerlas vii tosas .. . Nada me
gu,ta para M1ette .. . ¿Nada? Si: esa sr nija, es:-: anillJ
de oro con un brillante y una perla .. . ¡Serla tan gracioso verlo en el pequeño anular de M1ettel . .. Pero hui
par3: no caer en la tentación de preguntar siquiera el
precio . . . . ¿Eshré loco? E,e anillo que querfa colocar
en el dedJ Je esa niña seria el primero de una caderia
que me cvnvertirla en e;clavo para el re~to de mis
dlas ....
RPgresé á casa con la, manos vaclas. Pensé librarme
de ~1 perplejidad por Miette misma, que me parece que
no_t1_ene vac1lac1ones en su elección. Medirla lo que
quisiera, y yo lo traerla en coche desde la tienda que
hubiera e~cogido ella.
Pero esta mañana, como todos los anos en igual fecha, entré á la recámara de mi madre, abrl un mueble
un pequeño escritorio flamenco, cuya parte superior en~
cierra un número infinito de ca¡·oncltos en que duermen
desde la muerte de ella, todas as joyas de las mujeres
de _la familia. Vi el cajón de las sortijas ....cuando menos
qumce, Y entre ellas, una muy sencillita: un myosotis
de pequeños zafiros con una gotita blanca enmedio ....
Volv\ á cerrar el minúsculo estuche; iba á depositarlo
en m1 bolsa, para poco después. cuando Miette subiera
á recibir su lección de canto .... Entonces ¿estaba decidí•
do? .... ¡Nol ¡nol el myosotis fué vuelto á colocar en su
pequeño lecho de satln blanco y luego en el cajón y éste
vuelto á cerrar. Y sal! de la recámara Jugando con una
caden~ de mal!, antigua, á la que está suspendida una
cruz bizantina, de un trabajo curioso de esmalte.
&lt;:)rdené á Merlín q~e hiciera subirá Miette; llegó ella
ag1t~d_a, aunque sonriente y como aspirando la alegria
de v1v1r por sus pequellas y finas narices.
-Miette, aqul tiene usted esto para que se haga otro
collar, porque te':)drá que ponerse seguramente otra vez
su traje de Artesiana, aunque no sea más que para ir á
un baile de fantasia . ..
-¡Voy á ponérmela inmediatamente para ver el efectol-exclamó encantada.
Y la ol bajar la escaltra de cuatro en cuatro escalones, y de cuatro en cuatro la subió la pequena Artesiana ~iez minutos más tarde, radia':1te y embriagadora ...
Admira su nuevo collar en el espeJo y me hace admirarlo .... Los esmaltes multicolores haclan un ef~cto maravilloso sobre el corpiño de raso color de rosal. ... tan
maravilloso, que tuve que apartar mis miradas y hacer
notar á Miette, con mi voz profesoral, que habla llegado
la hora de vocalizar ... . .y pasamos un dla delicioso .. . . .
¡Dios mlol ¡Qué será de m, pasado mañana, cuando
.M1ette me haya hecho su confesión, confesión tan pura
como sus miradas, cuando yo haya dado mi brazo á
torcer y ella se haya resignado, para agradarme, á entrar al convento! . ...
DIARIO DE MIETTE.
Martes primero de Enero.
¡Victoria! ¡Ohl ¡sil ciertamente, victoria! E;toy bien
cierta de que mi pnmo :me ama; ¿de otro modo me habrla
acaso da&lt;lo esta preciosa cruz antigua que su madre
usó, según me ha dicho, cuando era joven?
J\\e ama: ¡,i! y ... á medida que mi persuasión es más
completa, mi malestar .. . ...mi .... espanto, aumentan
cuando estoy cerca de él .. . Jamás tendré el valor de
hablarle después de mañana, no, jamas! Le dir&lt;\ quién
soy yo, y le dire tambien cómo lo he engañado! . ..... . .
¡DIOS mio! s1 la herida de su orgullo matase su ternura? ....
He concebido un plan. Todavla pasaremos el dla de
mañana junto~ ...... Quizá sea el último de los más bellos dlas de mi vida . .... Luego, desde el alba, pasado
mañana, me levantaré y obligaré á Merlín á que me lleve á Angles por el rápido que parte á las seis .... y, solamente después de mi partida, mi primo encontrará escrita _mi confesión .. Y luego .. .. me olvidará ...... ¡No!
Acudirá á Angles á buscará su es.,)osa ... .
Jueves 3 de Enero.
¡Todo está perdido! Merlín acaba de llevar mi baúl á
mi recámara, baúl que llené ya con mis ropas en desorden ..... . Rosina desempacará todo esto en Angles en
tanto que yo pasaré mi vida llorando . . . .
'
¡Oh, Maese Lorioll Usted ha sido la causa de la desgracia, usted, con su pescadera y su carta de agradecimiento.
Esta mañana, después de mis ejercicios de vocalización, platicábamos Marcos y yo en un momento de descanso: me hablaba de los teatros romanos, de las arenas que hay en Provenza, de todos esos admirables monumentos cuya duración tiene algo de terrible. según
dice él, entre las generaciones que duran tan p·oco. Al
venir á Parb habla yo traldo un álbum, en el cual colecciono fotografías de monumentos con el orjeto de afiadirle lo que encontrara mejor de monumentos parisienses. Ofrecl á Marcos irá b.iscar este álbum y mostrarle
varias vistas muy hermosas de las arenas de Arle•. De
un salto llegué á mi recámara y regresé; abrl el álb.im,
y, en lugar de una fotog1 afia, fué un gran sobre el que
aparecio á los ojos de m1 primo; un sobre que llevaba esta dirección, trazada por la letra tortuosa de Maese
Loriol:

(Continuará) .

LA FIESTA DE LOS BESOS

D("El Dorado," Epopeya Salvaje.

Para "El Mundo Ilustrado."

(Sobre un pensamiento de Carlos Ledgar).

Aquella vez el héroe dormfa en una hamaca,
que 1ba y venía como va y viene la re,a~a,
con ahand1no lánguido y grave ondulación.
L'ls párpado~ de seda cubrlan los radiantes
ojos como si fuesen e~tuch?s de diamantes ....
Y sólo se escuchaba latir un corazón.

El Rey Amor sus triunfos conmemora;
su~ jardines son sueños, embelesos,
y convida á su fiesta encantadora
á sus buenos amigos: á los Besos.

Soñaba. ¿En qué soñ 1ba? .. .S~ñ1ba en cien mendigos,
inton3aS las melenas, rasgados los abr1g~s
y cóncava, la~ manos en muda implorac1on ....
A veces, por delllnte del grupo. un caballero
pasaha; y, desatando su bolsa de dinero,
lanzaba por los aires el último doblón.
A veces, por delante del grupo, una elegante
matrona de aire ollmpico y clásico semblante,
pasaba á la manera de una visión triunfal:
postrados los mendigos rendlanla hcmendje;
y ella le daba el fino pañuelu d~ ~l~o encaje,
en que bordada en oro lucia su mic1al.
A veces, por delante del grupo, un relumbrante
obispo de amrlia túnica y llrico talante,
sentla que cala sobre su dla el J!lal: . .
se persignaba; y, lleno de esplntu cnst1ano,
como limosna daba, con persuasiva mano
y gesto soberano, su anillo episcopal .... .
Después, iban pasando magnates entre flamas
de raso, áureos mancebos, deslumbradoras damas.
Y regalaban todos, con pródiga largueza,
al grupo mendicante. Y el oro, pieza á pieza,
cala sobre el suelo con golpes de martillo
y se apilaba en cuajos de alucinante brillo.
Hasta que, al fin, cubierto de limpida armadura,
pasó un guerrero, sobria y esbelta la _figura,
impávido el semblante y adusta la mirada:
como no hallase nada con que atender al ruego,
detúvose un instante reflexionando; y luego,
llegóse á los mendigos y les dejó su espae1a.
Y cuando los mendigos se irguieron á porfia,
al ver que tal espada quizás les prometla_ .
el brillo de un gran dla de ensueno y amb1c1ón,
apareció una virgen de rubia cabellera,
con actitud romántica y traje blanco, que era
un rayo de sol pálido envuelto en un vellón.
Trala entre sus manos aglomeradas flores
de vividos colores y exóticos olores,
que de una selva acaso cogi~ndo fué al través;
y cuando los mendigos la vieron asombrados,
ella acercóse á ellos y les llamó sLIJados
y les echó un m1nojo de flores á los pies ....
Entonces, aquel grupo transfiguradamenle
cogtó flores y espaoa; y oyó que de repente
sonó en las lejanlas el ~co de un clarln.
Y con aquellas flores y con aquella espada,
al buscar rumbo en una planicie desolada,
se fué serenamente perdiendo en el confin . ...

La fama de una fiesta tan hermosa
hace acudir á todos con empeño,
y hacia el palacio van color de rosa
que formó el Rey Amor en un ensueño.
A'llo tu boca fresca, carnosa y corallnea;
tu boca que se abre como una flor v1rgh,ea
dende perfuma un beso,
roc!o de tu alma dentro de un cáliz preso,
más puro y cristalino que el matinal roclo.
Amo tu breve aliento
que respirar anslo,
porque en su soplo siento
como si penetrara todo tu sér dentro del mio.
"l' amo también tu boca;
tu boca donde el verbo perennemente_ evoca
viejas tonalidades de rezos y plegarias.
dichas por las novicias vlrgenes solitarias
en los desiertos coros,
en medio de sus éxtasis y sus arrobamientos;
plegarias qu~ son versos mlsticos y sonoro~,
hechos con mis palabras y con tus pensamientos.
Amo tus ojos verdes de nitidez profunda, .
tus ojos de esmeraldas, en donde tus pupilas,
bajo el sereno brillo de luz que las inunda,
.
siempre se ven mis claras, más hondas, más tranquilas.
Ojos en donde imprime
tu alma inmaculada
su gracia milagrosa, que salva y que redime
con sólo una mirada.
Yo velo sus insomnios y su doliente lloro.
Yo amo sus pestañas, sus párpados sedeños
y eternamente adoro
hasta las transitorias visiones de sus sueilos.
Y amo también tus ojos de transparencias frias;
tus ojos donde he vbb no sé qué lejanlas
llenas de soledades y de melancollas.
Amo su luz difusa de blanca madrugada,
su errante luz de agua, llena de ondulaciones,
como la luz sagrada ,
mágica y enigmática de las comtelaciones.
Tu espiritu y tu cuerpo, tu carne y tu latido.
Sangré, calor é idea;
todo lo que se ha unido
para que tu sér sea
la humanidad de un alma que arrastra peregrina
sobre la tierra árida, su exaltación divina.
FRANCISCO J. PICHARDO.
O~tubre, 1go8.

***

Disipóse aquel sueño; y el gran héroe dormido
penetró, de una fuerza m1stenosa encendido,
en la sombra profunda como un buen !'Ofiador.
Y la sombra era á modo de una selva bravla .. . .
Y abrió, entonces, los ojos; y se vió que tenla
en la diestra una espada y en la izquierda una flor . . ...
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

~'~
if~

/ lPi l AMilMAIE.
(INÉDITOS)

Ya llegan. Ved aquellos que alborotan
con la risa de plata de los besos:
son los de la niñez; son los que brotan
inocentes, alegres y traviesos.
Ved aquel con su traje de Romeo
que derrama sonrisas seductoras:
es el Beso Romántico, el deseo
de todas las doncellas soñadoras.
Es pobre y es poeta; de la vida
rechaza siempre el miserable yugo,
miembro de la familia ya extinguida
de que fueron Musset y Víctor Rugo.
¡Con qué respeto ven á aquella santa
con vestido de virgen, pura y bella!
El Beso de la Madre que adelanta ... . . .
¡todos bajan la voz delante de ella!
Beso ceremonioso aquel que, tieso,
viste de diplomático extranjero
Jlevando al pecho cruces: es el Beso
que llega tarde y que se va el primero.
Y esos que hablan de historias y de intrigas,
y que inconstantes de pareja mudan,
son esos Besos Frívolos de amigas
que se encuentran al paso y se saludan.
Un carruaje en la putrta se detiene;
¡qué lacayos, qué lujo, qué elegancia!
Es buen mozo y es joven el que viene
vistiendo el rojo frac con arrogancia.
Inmenso crisantemo luce airoso
en la solapa de su frac flamante;
las mujeres se dicen: ¡qué buen mozo!
y los hombres exclaman: iqué elegante!
Adora la champaña, el baile, el juego:
es el Beso de Amor, que cuando besa
todo en él es pasión y todo es fuego,
y quema, y arrebata, y embelesa.
Nadie faltaba al comenzar la fiesta,
y se escucha uu murmullo alegre, inquieto,
cuando comienza á preludiar la orquesta
los primero~ acordes del minuete.
¿Quién es aquel que llega de improviso
con extraña faz, pálida y fría?
¿Por qué viene, si nadie le dió aviso,
á interrumpir la fiesta y la alegría?

Para "El Mundo Ilustrado."

*

Un Solitario Amor

La nocte era fría, callada y muy negra;
los astros brillaban más tenues que nunca;
en ronda siniestra graznaban los buhos
y el viento silbando azotaba las tumbas.

Se detiene; los labios no desplega,
pero todo ante él quedóse inerte .. . .
No lo espera ninguno y siempre llega . . . . . .
Es el último Beso: ¡el de la Muerte!
GUSTAVO

y.~¡ ;iéJa~· en· t~- i~iiio -,~·P¿Ii~e .Añiói'a mi~
florecio en la floresta de mi melancolla,
inmutable, y eterno, tu amor espiritual.

Los brazos tendidos, palpando en las sombras
y hollando las plantas espinas agudas,
vaóaba yo en tanto, sin guía ni rumbo,
cu:1 mudo fantasma de triste figura.

F. U!trbacli.
Amo tus finas manos de tenues palideces,
tiernas y cariñosas;
tus .manos donde, á veces,
tibias y perfumadas , como si fueran rosas,
se rompen tus caricias llt)nas de timideces.
Amo su roce ágil, su piel humedecida,
sus azuladas venas por donde va tu vida,
y su contacto suave,
intenso y misterioso como el calor de un ave.
Y amo también tus manos
que imitan como vuelos trémulos y lejanos,
si rápidas se alelan ó Intimas se enlazan ,
curvas y oscilaciones, que en mis ensueños trazan
sendas de redención. Y en mi melancolía
parece que tu mano piadosa é inocente
sigoa sobre mi frente
tu religión, que es toda la luz del alma mia.

En el laberinto de los mausoleos
yo vi que un espectro fugaz de ultratumba
seguía mis pasos, tal vez intentando
• cubrir mis pesares con su larga túnica.
iQué dulces fruiciones las que allí sentía .. ,
La vida es un golfo letal de amargura
y acaso nos brinda consuelo y descanso
al linde borroso de la calma única . ...
¿Y á d6 dirigía mis pasos furtivos?
No sé; solamente deduzco, en mis dudas,
que entonces buscaba consuelo á mis males
y alivio á mis penas vagando entre tumbas.
R ANULFO P ENAGOS.

F.

A G UILAR,

~~
if~

SIMBOLO
En el mármol jaspeado de la mesa consola
hay un cofre que guarda para siempre tus rizos·
y no muere la gloria de sus negros hechizos '
como muere en la playa el temblor de la ola.
Está oscuro el ambiente. La campiña está sola:
es Invierno: hay un vuelo de menudos granizos
que en los árboles secos ponen una aureola
como blanca diadema de diamantes postizos.
Y qué tristes los campos en sus albos relieves....
Se dijera que el blanco fulgurar de las nieves
simboliza, inconsciente, tu vejez prematura.
Pero ensaya la n ieve su ritual despedida:
iy los campos se cubren otra v ez de verdura . . ..
y en ti queda la nieve para toda la v ida!
Matanzas, 1908.

A GUST Í N A COSTA.

�582

EL MUNDO ILUSTRADO

583

EL MUNDO ILUSTRADO

Confecciones de Ultima Moda
dorada aurora de una dicha imprevista, como de
las sombras de la noche se levanta la luz deslumbradora del nuevo sol, radiante de esplendor.

CRONICA
•
L triste Noviembre anuncia su llegada
la fúnebre voz de las campanas que
tocan á muerto; los enlutados
crespones flotan en estos días por
todas partes¡ diríase que también la Tristeza celebra su fiesta con solemnes y expresivas ceremonias; en el obscuro y fresco verdor de los cementerios tiende sus melancólicas galas en una lluvia de simbólicas flores; rosas blancas que semejan almas tristes, violetas y heliotropos, con sus
trajes de luto religioso; pensamientos negros, poéticos representantes del duelo, y azules nomeolvides, suave y delicada imagen de la fidelidad y
del recuerdo. Bajo la húmeda sombra de los árboles,
en la tranquila soledad de la ciudad de los muert&lt;'s, las flores y las almas llegan como una oleada
de brisa, en cuyas alas la vida y el afecto vienen
á saludar, en el más poético y delicado de los
idiomas, á los seres queridos ausentes para siempre¡ los pétalos de las flores y el llanto de los
ojos caen como piadosa caricia sobre las olvidadas tumbas. ¡Dulce y encantadora poesía la de los
cementerios! ¿Gustarán de ella, también, mis amables lectoras? Los espíritus delicados y afectos al
placer inefable de la contemplación, han amado
siempre esa forma poética en que se presenta la
tristeza de la muerte, y muchos poetas y artistas
excelsos han ido á buscar, en la paz de lós cementerios, nuevos impulsos al vuelo de su inspiración para cantar la elegía de las lágrimas, de las
cuales dijo un escritor de talento poco común:
&lt;qu-itadle á la vida las lágrimas, y le quitaréis lo
mejor,. Allí, entre el perfume de las madreselvas
y de las rosas, bajo la alta bóveda de los árboles,
cuya sombra de fino encaje besa los mármoles de
las losas que cubren los sepulcros; mientras los
pája1os en las ramas cantan la alegría de la vida,
tan cerca de la muerte, allí no se siente espanto
ni tristeza: una suave melancolía, amable como
el descanso y elevada como el ensueño, viene á
hacer grata compañía en la apacible y misteriosa
región de las tumbas. Todo se va perdiendo en la
lenta agonía de la luz¡ el silencio llega como el
dueño de aquel sitio tranquilo y solemne¡ las
puertas van á cerrarse: es preciso partir; mas en
la vereda estrecha y sombría se encuentran los
últimos visitantes de los muertos¡ bellas enlutadas apresúranse á salir, volviendo por última vez
sus ojos velados, en los cuales, como la luz del
crepúsculo, flota una tierna y postrera mirada. Los negros velos y las telas de luto parecen
aumentar su misterioso encanto.
Hay una ventaja indiscutible en esos atavíos, y
es la elegancia que en sí tienen, comunicando, á
quienes los llevan, una severa distinción. El insustituible crespón inglés es, como siempre, el
adorno obligado de estos trajes, los cuales se
adaptan siempre á las indicaciones que la Moda
va ofreciendo en sus diferentes confecciones. Hemos visto un elegante modelo de traje para luto
riguroso en cachemir liso, con sobrefalda que se
prolonga por el frente en un ángulo hasta la orilla del traje¡ la falda interior es toda de crespón
inglés, lo cual da á este modelo gran originalidad¡
en la parte inferior lleva tres bieses del mismo
crespón. El cuerpo está hecho en cachemir liso,
con hombreras de estilo japonés, adornadas con
tres bieses de crespón y abiertas sobre un delantero de este mismo crespón alforzado. En la elección de los sombreros para luto hay una marcada
prefuencia por la toca, con su largo velo flotante que cae cubriendo la espalda, alargándose más
ó menos, según lo riguroso del duelo. Estos sombreros son los más propios y discretos para el
luto de esposo, aunque la viuda sea joven. Para
Cltalquicra otro panmtesco, aun de los más cercanos, puede aceptarse la forma de sombrero que se
prefiera, siendo siempre indispensable el velo por
detrás¡ éste puede ser de crespón inglés ó bien de
gasa opaca. El velo en el rostro es también un requisito indispensable en el luto riguroso; pocos
accesorios del adorno femenino tienen tan grande
influencia como este para favorecer al rostro. Las
líneas se suavizan bajo los pliegues del velo, y la
tez aparece más tersa y suave á través del vaporoso tul de luto. Tal vez muchas de mis queridas
lectoras sabr.in, por experiencia, cuán frecuentemente sucede que la belleza, adornada con los
atavíos de duelo, suele ten'der mágicas redes álos
corazones, y de las negras gasas se desprende la

---•r'"

o

MARGARITA.

CHAMINADE

G

Moda, que opina en todo como una sultaa, y hace y deshace á su gusto, ha dado un
ºlugar muy distinguido entre sus músicos
predilectos á la exquisita Madame Cecilia Chaminade.
Todos los pianistas, en la actualidad, interpretan su música. Los principiantes hacen esfuerzos
por vencer las dificultades de esos arabescos dibujados en tonalidades raras; y los artistas acabados encuentran en esa música original amplio
campo donde desahogar alguna emoción íntima,
ya sea de pena, ya de jovial alegría. Porque la
música de la Chaminade lo tiene todo: el canto á
la felicidad y la elegía al dolor. Hay en sus notas para todos los gustos.
Hoy tenemos el placer de ofrecer á nuestras
lectoras el último retrato de la distinguida com-

positora. Madame Chaminade nac10 en París¡
tiene cuarenta y siete años. Cuando apenas era
una niña de ocho, llamó la atención de Bizet por
su manera especial de tocar el piano; ya acusaba
una personalidad desde entonces. Comenzó á estudiar con el gran maestro Le Couppey, y á la
vez tomaba clases de armonía y fuga con el profesor Savad. Tocaba música de cámara con Marsick, Delsarte y Godard.
A los 18 años se presentó por primera vez ante
el público, obteniendo un éxito completo. Y poco después comenzó á dedicarse á la composición.
Sus obras causaron la admiración de Ambroise
Thomas, quien decía: «Esta dama no es una mujer que compone, sino un compositor que es una
mujer).
La sei'íora Chaminade es viuda, hace dos años
que murió su esposo.
Todas sus composiciones son bellísimas é interesantes. Sus romanzas para canto son interpretadas con delicia por sus adoradores, y la artista
tiene predilección por ellas. &lt;Para estudiar mi~
romanzas,-dice- aconsejo y recomiendo much:&gt;
al cantante que antes de hacerse cargo de la música, lea el verso y lo entienda. Hoy, todo lo hacen los
versos; y el idiom:1 francés, especialmente, cuenta con un tesoro de exquisitos poemas quintaesenciados en unas cuantas palabras. Sabiendo el sentido del verso, posesionándose de su si~nificado,
la expresión de la pieza está ya salvada. Ye jamás he puesto música á versos que no hagan
en mí una profunda impresión¡ y siempre los escojo sentimentales y delicados. A ellos, seguramente, debo la mayor parte de mis éxitos; á ello,
me acojo siempre, y de ellos espero todo. Las p~labras de mis romanzas han sido traducidas al
inglés; pero yo prefiero que se cante1;1 en fra11cés,
pues mi oído ha buscado con cuidado y pacien-

cía que el sonido de la nota y el de la sílaba que
le corresponde, guarden perfecta armonía, y ésto
tiene que perderse al ser traducido á otro idioma. Recomiendo, pues, que se prefiera el mío.
Una vez comprendido el significado del verso,
debe el cantante estudiar, muy despacio, las notas, teniendo cuidado de no equivocarse, porque
un equívoco al principio significa un equívoco
hasta.el fin-al menos en mi experiencia como
maestra, esto es lo que he observado siempre- y
por eso recomiendo mucho que las notas se lean
lo más despacio posible. Opino que no hay nada
más propio para el cantante que -icompañarse por
sí mismo las piezas. Con dos ó tres años que se
dediquen al piano, basta para pnder acompañar
mis romanzas. El cantante, si no se acompaña, no
es.tá completo,.

•

L traje sastre sencillo, con la
falda plegada y el saco corto,
poco más ó menos será la hechura dominante de la estación. Tenemos, además, el saco
entallado, complemento elegante del traje sastre. El más
«chic&gt; de estos paletós será
el jaquet con ó sin chaleco, y pued~n elegirlo ~as
señoras cuya figura les permita aspirar al estilo
severo.
Hay que atender, además, al corte y á la hechura, para completar el conjunto elega~te de uno de
estos trajes. Los forros y entretelas tienen que ser
de muy buena calidad y muy bien arreglados, para producir el resultado que se desea e]\ estos esti los de supremo '.!11sto.

USOS DE SOCIEDAD
N otra ocasión dijimos á nuestras lectoras
algo sobre el placer de la buena conversación, del que tan poco se disfruta actualmen- - - - te á causa de varias circunstancias, entre otras, la facilidad con que se mezcla la murmuración en todos los círculos sociales, impidiendo, de este modo, tratar de asuntos verdaderamente agradables é interesantes. Hay también otro obstáculo en las visitas y reuniones para lograr que la conversación sea expansiva,
franca y animada. Con frecuencia se observa que,
cuando está11 reunidas varias personas, no se
acostumbra formar grupos entre las más conocidas é íntimas de ellas, á fi11 de conversar de una
manera grata y cordial, pues sin haber una razón determinada, ésto causa mal efecto en todos
los círculos de reunión, y así, es preciso tener
una conversación general v en voz alta. Esta costumbre tiene varios incoavenientes, entre los
cuales, el primero es, sin duda, establecer la necesidad de que una sola persona vaya sucesivamente haciendo el papel de &lt;confereucista,, y todos los demás, de oyentes. Como no puede haber
el mismo grado de confianza ó de simpatía entre
los concurrentes, esa conversación, generalizada,
tampoco puede ser agradable á todos, dando por
resultado una completa falta de expansión y de
atractivo á las reuniones. Formar diferentes grupos entre la concurrencia no significa, de ningún
modo, hablar en voz baja, ni faltar en lo más mínimo á la buena educación: es simplemente buscar la compañía más propia y más grata para tener un rato de agradable y franca comunicación.
Así vemos, con frecuencia, que el conversar de
arte, ó de asuntos sentimentales, no es ni poco
agradable á los que desean tratar de política, historia, ciencia ó cualquier otro motivo ajeno á
los a11teriores; y aun cuando la cortesía social
obliga á ser flexible á todas las conversaciones y
á procurar que los demás estén agradados, no se
encuentra en este esfuerzo de complacencia lasatisfación que podría tenerse si con la más amplia
libertad se eligiera e l grupo de personas con el
cual se encuentre más semejanza de ideas é inclinaciones, ó cualquiera otra simpatía individual.
Los recién presentados en la casa tienen, de este modo, mejor oportunidad para evitar la natural reserva que se experimenta en un círculo de
personas desconocidas¡ y de la cortesía de los
dueños de la casa depende ya solamente poner
en relación á los antiguos amigos, con los que
han sido presentados nuevamente.
La conversación, de este modo, será franca y
cordial, y tendrá todos los encantos que ese desahogo del espíritu puede tener¡ no habiendo -ya
el justo y natural temor de fatigar á los concurrentes con asuntos que pueden ser muy interesantes para algunos, pero tal vez fastidiosos, y sin
ningún atractivo, para otros. No puede negarrn
que, á veces, es una verdadera contrariedad escuchará alguna persona monopolizando por completo la conversación, y todo el resto de la concurrencia soportando con a~pecto de resignación
mal disimulada, aquella interminable catarata de
palabras sin interés ni atractivo para muchos de
los presentes, hasta que alguno de ellos, con más
audacia y resolución que los otros, se despide
brevemente, dando. con esto, feliz oportunidad á
las demás personas para imitarle siu tardanza.
Es probable que, si en nuestras reuniones se admitiera cierta libertad á ese respecto, éstas tPndrían más atractivo y se extendería la costumbre
de frecuentar los círculos sociales.

También se llevan levitas que generalmente
llegan abajo de la rodilla, y convienen solamente
á las mujeres de alta estatura. Realmente se necesita una esbelta figura para llevar bien el paletó
que llega hasta la rodilla; hay una inmensa variedad de modelos en dichos paletós, de formas
excéntricas y con mayor ó menor atractivo. Los
hay enteramente lisos¡ otros, adornados con la
misma tela, en sesgos ó tablas, que vienen de la
manga al centro de la cintura, á fin de que ésta sea
reducida y los hombros anchos.

Aunque la combinación de tres colores parece
de pronto extraña, lo cierto es que algunas telas,
nuevas para estas confecciones, vienen combinadas así; pero solamente en tonos muy suaves y
para ser llevada, por damas de aspecto distinguido y de gusto refinado. A cierta distancia, estas
telas parecen de un color indefinido. Las rayas son
muy comunes, pero los «plaids, tienen la supremacía. Los paños f.inos de fantasía entran también
en la hechura de trajes &lt;plaids) ó rayados, y
agradan, sobre todo, por su novedad.
Los paños lisos de buena calidad serán muy
usados en la próxima estación de invierno para
los «trajes sastre, más elegantes, cuya perfección
depende, sobre todo, del color y de la correcta
aplicación de los adornos. El terciopelo, ¡!alón,
encaje gn1eso y bordado de trencilla ó soutache,
serán los adornos preferidos para este estilo de
trajes. Los paletós serán de treinta pulgadas,
más ó menos, en forma de jaquet, ó bien entallados y de forma caprichosa. Todos se llevarán muy
adormdos, con chalecos, vtteltas, puños, y en raros modelos, con grandes bolsas.
Las faldas cortas llegarán al tobillo ó al empeine del pie, y las tablas tienen ya una completa
aceptación.
Los paletós serán de di versos estilos; el «prin-

ce chap&gt;, y formas parecidas á éstas, tendrán mucha privanza. Son los de est~ estilo, medio entallados, y su elegancia depende exclusivamente de
la corrección de su corte y de i:u hechura. Los
nuevos modelos de paletós entallados traen, por
el frente, las esquinas cuadradas en oposición del
jaquet
Son, sin duda, muy elegantes para algunas personas¡ pero en general favorece más el corte de
jaquet.

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Ailgc

dlie

lE.\Ccllllcmn&amp; Il}¡cm~ittfo&amp;

Damos aquí á nuestras lectoras unos breves
apuntes sobre algo de economía doméstica, pues
en este asunto, cualquier detalle puede considerarse importante, desde el momento en que, reuniendo en conjunto esos pequeños cuidados, insignificantes en apariencia, se encuentra como resultado el orden y la economía que toda buena
ama de casa debe tener siempre presente en el
gobierno de su hogar.
Es preciso no poner nunca el agua caliente, casi hirviendo, antes de soltar el agua fría en las
tinas de baño, porque nada maltrata tanto su esmalte como eso. Debería colocarse esta advertencia en todos los cuartos de los baños públicos,
para que las personas que hacen uso de la tina,
tomaran [las precauciones necesarias á ese respecto.
Para limpiar alfombras y tapetes, es muy útil
la siguiente composición: Se deslíen 250 ¡!ramos
de jabón y se ponen á hervir en medio litro de
agua; se añade otro medio l itro de agua caliente, en la que se habrán disuelto 15 gramos
de sales de tártaro¡ luego se limpia el tapete ó
alfumbra con un cepillo duro, mojado en esta
mezcla, frotándMe á lo largo del hilo: y se
quita la jabonadura con un lienzo mojado en
agua fría. Si la alfombra tuviese mucho color verde, se añade á dicha composición una taza de vinagre, para que no se destiña la alfombra.
Al hacer pasteles, debe emplearse siempre azúcar de clase superior, que se pasará antes por un
tamiz fino. Si en la confección de los pasteles
es preciso usar cáscaras de naranja ó de limón
para darles aroma, rállense éstas y luego humedézcanse con un poco de coñac.
También es conveniente cubrir los moldes de
los pasteles con papeles untados previamente
con mantequilla, y tener listo otro papel engrasado para ponerlo sobre el pastel, que después de
estar bien cubierto, se le pondrá encima el fuego,
si se ha de dorar por la parte superior.
Para limpiar los espejos debe usarse un jabón
llamado de arena, y en seguida se limpiarán con
algunos lienzos de franela, á fin de que no se empañen, como sucede cuando se limpian con cual·
quiera otra clase de lienzos, de los cuales se desprenden pequeñas motas.

00

Para Estar Bien en Casa
Desde hace algunos años que los ingenieros han
tomado la costumbre de inspirarse, para la constru;:ción de las casas nuevas, en el estilo Luis
XVI, lo cual es, sin duda, muy gracioso cuando
se hace con gusto; pero es muy molesto en los
momentos actuales, eo los que están de moda los
muebles antiguos de la época del Renacimiento y
aun de épocas anteriores.
La separación de las piezas de la casa por medio de vidrieras anchas con vidrio; cuadrados
pequeños, es muy molesta en este caso, á pesar
de que tiene su utilidad, puesto que permite que la luz se reparta de una manera uniforme
en todo el cuarto. Pero estos comentarios no tienen ninguna utilidad puesto que el «modern-style»
de la arquitectura se ha impuesto y nada lo hará
variar¡ lo que hay que procurar entonces es armonizar este e~tilo de la mejor manera posible
con los muebles que poseemos.

Las cortinas llamadas &lt;misterios,, con que se
adornan esas vidrieras, son una magnífica transición entre el estilo de la casa y el de los muebles¡
por lo tanto son artículos á los que se debe dar
la mayor importancia. En lugar de hacer uso de
las sedas ligeras de colores blanco, verde ó ro~a
claro, que se asocian tan lindamente con los estilos frívolos del siglo XVIII, se usarán sedas antiguas, con los matices rosa viejo ó rojo viejo, tirando un poco al frambuesa. Este último matiz
es caliente y anima mucho las piezas. Lo~ muebles de encino y de caoba se destacan de una manera admirable sobre él. Las grandes cortinas de
las ventanas se hacen de los mismos colores, lo
que da un efecto muy arrullador por las noches á
la luz eléctrica.
Pe-·o si la decoración estilo Luis XV ó Luis XVI
es molesta en los comedores y en los salones de
recibir, en cambio, en las recámaras es el ideal soñado. En efecto, nada es más gracioso ni más coqueto para guardar los sueños de una mujer hermosa, que las delicadezas de estos estilos ligeros
y finamente elegantes.

***
Las personas que no dispongan de bastante espacio para hacerse un budoir, podrán improvisarlo en su mismo cuarto de tocador. En este cuarto
íntimo, al que penetra la lnz después de haber
pasado por pesadas cortinas, la «chaise-longue&gt;
está indicada, una &lt;chaise&gt; di vid ida en dos ó tres
partes, á menos que se prefiera la antigua silla de
respaldo tendido, cubierta de brocado ó de seda
clara. Esta se cubre, á su vez, con una malla ó con
una piel de color chinchilla ó blanco. Sobre el
respaldo y los brazos se acumulan un sin fin de
cojines redondo~ de muselina antigua, cubiertos
con encaje de Cluny ó de Valenciennes. Estos cojine$; para que sean más suaves, se les llena de
pluma fina y se les reviste de satín rosa niel, cu-yos tono~ tenues son esclarecidos por la cubierta
de encajes.
Los cojines redondos son preferibles á los cuadrados porque no se gastan de las esquinas.
Naturalmente que tanto los cojines, como sus
cubiertas, las de los muebles y todos los trabajos
de co5tura ó de tejido, deben ser hechos por la
misma habitante del budoir, para que todo esté
en tono. No se comprende cuánta importancia tiene este detalle. El trabajo de la mujer está en
mejor armonía con el cuarto y con la atmósfera
que se respira en él que el del mejor tapicero. El
trabajo de la ama de casa da al cuarto un sello
de mayor intimidad y más &lt;en casa&gt;.
Además de significar esto una economía considerable, es una satisfacción encantadora el poder
ejecutar esos trabajos, eu los que se revela el cariño de una mujer por su casa. Cada objeto toma
algo del pensamiento que lo inspiró. se impregna
del sentimiento que lo creó y contribuye así á la
intimidad del cuarto más íntimo. Con un poco
de gusto se puede hacer infinidad de combinaciones con muselina, bordados y encajes.

.

"•

Tanto para las recámaras como para los cuartos
de tocador, son muy buscadas esas antiguas mesas para peinar que se llaman &lt;marquesas,, de madera de rosa, llenas de cajoncitos, de tabletas y
de rinconcitos para secretos que hacen pensar en
lo que tendrían que esconder en ella~ nuestras
abuelas. Si no puede uno permitirse tales l ujos, lo
que es muy excusable, se hará uso de una mesa
de madera, barnizada de laca blanca, con una cubierta de muselina con encajes y protegida por
un cristal biselado del tamaño exacto de la mesa.
Un espejo con marco blanco, barnizado también,
de laca y dos candelabros son todo el adorno de
esta mesa, el cual se completa con la infinidad de
pequeños objetos que tan bien conocen las muchachas coquetas: polveras, trastos más ó menos
~~r::~~!do~eªs t;~~! ;~~le~:!:t!~~:Ja:f:~~•1!~~
damente esta mesa de tocador. Para terminar diremos que algunas damas que pueden darse el lujo de tocadores elegantes, prefieren la mesa blanca laqueada por parecerles más cómoda¡ además.
se pueden substituir los objetos costosos que se
venden en los grandes almacenes, por otros que
no son de tanto precio, pero que tienen un sabor
más personal en su elección.

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FoT. Fí~LIX,

DE

PARís. - MonAs BÉr1rnn DAVID.

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•

FOT FÉLIX DE PARIS
' . - MODAS PERDOUX,

.

Salida ele teatro 6 de baile. Lujoso manto zibelino, de color chinchilla; el cuello es de nutria, en
forma de esclavina r vuelto hacia abajo; en la orilla está guarnecido de pequeiías colas

'

Traje de baile, hecho en velo azul de Sajonia, bordado
de oro. Este elegante traje, estilo imperio, lleva sobrefalda,
derecha por el frente, cayendo ligeramente por l~s lados.
1 El corpiño tiene una ancha franja en forma de cinturón,
bordada de oro; el escote es redondo, guarnecido en la orilla de soutache. Las mangas son hasta el codo, completamente bordadas de oro.

t

•\

�VICTORIA

..

La Cerveza de la Aristocracia
La Colonia Alemana la prefiere porque es igual á la mejor que se
fabrica en aquel país.

Sin Rival por su Calidad
Ligera, digestiva y al mismo tiempo nutritiva. Es de las más finas
que se elaboran en México.
Uno de los mejores triunfos de la Cervecería T oluca y México, S. A.

-1----..----------------------

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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