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                  <text>L
Registrauo como artículn

Año XV-Torno 11

l

1

UNDO LUSTRADO
&lt;• /S&lt;''5Unda claRe, ""ll 3 de No\'iembre &lt;le 1894.-Impreso en papel de las Fábricas de San Rafae l.

México, 8 de Noviembre de 1908
Vidas Viejas y Flores Nuevas

..

De un óleo por A. Gedovius, para "El Mundo Ilustrado."

Número 19

�Jllt Mtl'NDO ll,t1S'.11RADtl

i'éeompensa nntic1pac1a c1e incontables sa•
críficios. Por eso son solemnes .v suntuosas;
Director, Dr. Luis Lara y Pardo.
Gerente General,

ALFONSO E. BRAVO.
OFICINAS:

Oalle de Al!t\rn n1ímPrn 9. México. D. F. Ap'\rtado t&gt;&lt;&gt;S·
tal 2.á70. T ..léf 1oos: Ertc,,sr,n. 1476.
Oompañfa Tdef.ínlca, 471.

--

PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓ!i;

Jea la Ct11dad .............................. $ 1.2:'i
F.n lo,, F,,tadO!l. ......... .. .. . . . . . .. . . . . . .. .. . 1.:,0
En el Extranjero.............. . .. .. .. .. . . 2.00
NÚMEROS SUELTOS:

F.n la Owpltal. ........................... $0 3.5 cs.
En lns F.st,\OOS ..... . .................. i-0.!\0 cs.

La Gran Apoteosis
L

A mujer tiene, en sn Yidn,

tln solo día dr grnndeza .Y
Lle apoteosis: el de su boda.
De niiia, \'Ístrnla sus padres dr blanco, préndcnla
l'l ,·clo albo, ponen en su
mano el ramillete ele rosas y la llernn al
templo tí ofrecer flores á :\!arfo. Los ojitos
nc&lt;r1·os chispean, las pupilas azules brillan,
so;ríen lo, labios nacarados, Hotnn al ,·il'nto las perfumachls cnhellprm,; .r el enjambre
de palomas, al pie dt&gt;I 11ltar, lanza sus arrullos en forma ele cánticos.
~lás tarde, en los umbrnlcs de la ndolPscencin, el capullo, vronto :1 entreabrí l'M', ve
brillar .r siente ele nul'rn C'n sus J&gt;l~talos el
tibio calor de los rayos del ciclo. \'ueh·e la
niña n re,·estir las· alb,1s vestiduras .r los
bhincos ,·rlos, y, prnstero1ula 01 nl. ,·ez ante
el altar, n' venir lmci,t ella la hostia hlanq.,
uísima, emblema ele pureza .r de re&lt;kn'.:1011.

.Más tarde, .r ya rn tmlo &lt;'l &lt;'splenclor &lt;le
su belleza, el primer baile despirrta su coraz6n á las emocion&lt;'s misterio;:as; la paloma blanca .r la rosa, mística se transforman
en ágil y alada mariposa, .r, por la primera
vez, la joven se siente hzlla ,\' se si&lt;'nte mujer.
Pero estos esplendores, de los que es centro de com·ergl'ncia y foco &lt;le irradiae:ión.
palidecen al fulgor del gmn día.\" ante la
deiticación de hl gran apoteosis; .r si al pie
de la Yirgen ern paloma, ante el comu lg-atorio, ángel .V en el baile, rrinn; ante el altar
y bajo la corona de azahares .r las tem1es gasas, se transforma en diosa.
Jamás la mujer es mús bella, jamás se la
siente más pura y mns intangible, jamás se
la ve á la yez más ruborosa .v mns md ia.nte,
más tímida .,· más triunfal que l'I día &lt;'11 q ul'
entrega su corazón, su albedrío y su &lt;l&lt;-stino al que ha de ser su t&gt;sposo.
Para ella aquellas flores .r aquellas l11ces;
en su honor aquellos himnos .r aquellos homenajes; para su ambiente aquellos perfumes. ,
Todo,s los que la han amado la han colmado de dones, como las l)uenas hadas á los
recién nacidos -:i· vienen á formarle cortejo
y séquito de honor.
Cuando envuelta en nubes, como suelen las estrellas, ~- arrastrando cauda como
los cometas, llega al templo rodeada de toda su corte, seg·uida de pajes, rodeada de
damas de honor y de caballeros sirvientes,
clavadas en ella, como en una aparición,
todas las miradas, inclinadas como al paso
de la soberanía, todas las frentes, la mujer transfigurada, no tiene de humano más
que los lineamientos y aparece, á la vez,
ángel, reina y diosa.
Las fiestas nupciales son la reparaci6n
que ofrecemos á la mujer de la obscuridad
en la que la hacemos vidr. de la ~sclavitud
que le yamos á imponer, Lle los dolores y
de las angustias que la esperan: son una

por eso, aunque duran un instante, rnlen lo
que toda una existencia.
Al confiar 1í la esposa un tesoro clr honra
que gual'dar, al imponerle la maternidad
con todo su cortejo de dolores .v de responsabilidades, al exigirle labre nuestra clich1t
con su amor, con su belleza y con su virtud,
sabemos qur no llr.vamos una emperatriz :í
su sol io, sino más bien una vídima, 111 sacrifitio.
Y al rer que va .'loo riente :í la pirn, como
al &lt;rLeocalli» sangl'iento h1s \'Íctimas inmolachls á IIuitzilopoxtli, tenPmos, indi,·ichrnl
y colecti\'ameute, la ,·idenc:ia de la sublimidad de aquel sacrificio. .Y no queremos otra
cosa, que hacer arder en el altar todas las
luces, que reg-ar en l'I pa,·imrnto todas las
flor&lt;"s, que evaporar en la atmó!-.fera todos
los perfumes .v que encender eu el firmamento todos las astros.
Quisiéramos que tocia la sot iedncl .,· tO(fa
la Naturnleza fueran testigos de la sublimidad ~- la grandeza clt&gt; a&lt;¡ul'lhL inmolación
mi unta ria de tant,1 belleza. de tanta ht•rmosura .r ele tanta, \'irtucl 111 bi1•11 de la Naturaleza~· dr la espetie; quibi~ramos, ante
aquel holocausto, todas las prn!-.tP1·naciones
y todos los homenajes. y q ne tocios lo!,, Jll'chos exhalaran el himno ti innfal q11e debe
acompaiiar al sacrifkio á lodos los hPrnísmos.
Por srntirse, n11nque no Sl':l má..; que un
inst:rnte, superior á todo y :í todo.s; por
,·er.sl'. una, rez 1:,iquiera, la cscla,·a tra11~formada en sob:-ra11a; pur !-.l'lltir.,,e, n111u111c
sólo un punto, árl.,itrn .r su l ,yug-adorn, hl
mujer se rrsignn á ese camino del calrnrio
que se llama la maternidad.
Ya espos··, su cab¿za, un solo seguulo
nltirn, tl'ndní que clohll'g-;lrse a11tc las exigrncias .,· las nPtesidades de su nuern existencia; tendrá que seg11i 1· amando de~deñada, que seguir ob:drcicndo menospreciada .r tiranizada, q uc seg·uir 1:,ipndo fiel
cngaiiad,1, que maní fcstarse satü,feclm hm ta de la miseria .r drl oprobio, ., que ostcnt:1r la srrt&gt;nidad en la frente .r la dulce s01:risa en los labios.
Pasados los µrimeros transportl's, el hombre rnl\'erá á la brega .r al combate diarios; su cankter se agriará por los fracasos
de la ambición ó los desdenes de la fortuna; querrá encontrar en el hogar lo 'l ue en
\'ano ha buscado en la calle; .r la mujer, tan
herida como el hombre por l'l desencm1to,
por el fracaso .r también, ií yeces, hasta. por
la miseria, y la ignominia, deberá consolar
en \'ez de blnsfcm:1r, sonrl'ÍI' en vez de llorar, ,v prestar al hombre el npo,ro .,· el consuelo de que tanto ha menester ella misma.
En rnno la humanidad ha progresado tanto, en rnno el derecho .Y la justicia han realizado tantas conquistas, en rano las costumbres se hnn dulcificado y las le.res se
han hecl10 m:ts .,· m:1s protectorns del débil:
todal'ía ho.r, como en ht edad de piedra, PI
hombre trabaja mrnos, sufre menos .Y alcanza ma.ror bienestar, grandeza y g-loria
l1t1e la mujer.
Tocla\'Ía ho.r, como entoncPs, la mujl'r
pelea al lado del hombre; .\' después de la
victoria, es á él á quien se corona de laurel
y es ella la q ne pn~pam el festín y si1Te á
los comensall's el banquete.
La mujer, con sus Yirtudes, ha de neutralizar los ,·icios del hombre, con la economía reparar la procligitlidad, con la fidelidad pagar la inconstancia .\' todavía ha de
compartir las miserias y el oprnbio, que
alentar la debilidarl, que consolar la decepci6n, que curar la enfermedad y que afrontar la muerte para chtrnos hijos.
En cambio de todo esto, sólo le ofrecemos In, apoteosis de su fiesta nupcial.

DR. M.

00

FLoRES.

CRONICA CIENTIFICA

599

i..lL ~túNDO tLt1STJUí&gt;O

Ferrocarril de Colima á Manzanillo

los Sentidos y su Evolución

HACE

mucho tiempo que Jorge
Wilson definió los ór.!(anos de
los sentidos como las «sendas
del conocimiento&gt;. Esta definición es excelente, pues claramente señala el papel que
desempeñan los ojos, los oidos
y demás órganos sensoriales
en la vida. No vemos con los ojos, ni oimos con
los oidos; éstos no son más que los medios para
trasmitir al cerebro las sensaciones producidas
en esos órganos por la luz y por la vibración sonora.
E,tos no tienen poder de discernir. No hacen
más que recoger y registrar las impresiones que
reciben del mundo exta,or para trasmitirlas á
las celdillas cerebrales que están destinadasá ocuparse de ellas. Después, estas celdillas clasifican
las impresiones recibidas, dictaminan acerca de
ellas, y de esta manera se despierta el discernimiento, y se ejercita una de las más maravillosas
funciones cerebrales: darnos cuenta de lo que vemos y de lo que oímos ó sentimos.
Una vez recono:ida y señalada la diferencia,
entre el trabajo de recibir y trasmitir sensaciones y el de clasrficarlas y tener conciencia de
ellas. procederemos al estudio de los sentidos entre los auimales que ocupan lugares bajos en la
cs;ala zoológica y los que ocu p:m los altos. Para
empezar. nos ocup~remos de seres, á los que se
considera como exc luidos del mundo de la sensibilid~d: las plautas, seres que poseen u,1 sentido
que podríamos llamar de tacto generalizado. Si vemo,; q ne una flor se c1err&lt;1 al recibir un soplo frío,
debe111.,s consider.ir que está dotad:i c'.e un poder
de sentir muy semejdnte al que tienen los animales. Aquí no se trala de nervios seguramente,
como no se puede hablar de nervios tampoco en
el mundo de los annn.1les inferiores.
La materi?. viviente ósea el protoplasmamuestra siempre una potencia de sensibilidad como parte esencial de ella. Un ser viviente no necesita de un sislema nervioso para reaccionarante impresiones recibidas del mundo exterior. Lo
único que se ne.:csita es materb viviente; de este principio partirá la creación de un , istcma
nervioso, necesidad que se hará sentn po, krior•
mente como resultado de un desarrollo de la ,•ida
y del organismo. Lo único que hacen los nervios
es aguzar la sensibiliclad y hacer que los que lo
poseen sean más aptos para recibir y responder
con mayor prontitud al estímulo procedente del
mundo exterior.
El sér dotado de un sistema nervioso adquiere
con él la facultad de diferenciar las sensaciones
recibidas, aparte de la de percepción, que es com11n á todos los seres que viven. Es como si iniciáramos el sentido del tacto con la defensa contra los enemigos y la necesidad de llevar el alimento á la boca, y lo desarrolláramos después para responde á otras necesidades de la vida y conforme á la variedad de las sensaciones que nos
vienen del mundo exterior.
Hay que notar también que la creación y el desarrollo de celdillas cerebrales, destinadas á la percepción de los diferentes sonido&lt;, olores y demás
sensaciones, deben haberse efectuado en consonancia con el desarrollo natural de los o idos y de
los ojos, considerados como órganos de recibir y
trasmitir sensaciones, Seguramente que es una
cuestión muy difícil la de decidir si la evolución
de los sentidos se debió al desarrollo del cerebro 6 si la de éste fué provocada por la de los
órganos de los sentidos, al tener que responder á
la infinidad de sensaciones recibidas, lo que hubiera tenido que originar la creación de celdillas
encargadas de las nuevas sensaciones.
Nos inclinamos á creer que el estímulo vino
del exterior, y, para valernos de un ejemplo perfectamente visible, empezó por crear esas manchas de
color que vemos en algunos animales inferiores,
las cuales, obrando siempre bajo la influencia exterior, se convirtieron, con el tiempo, en aparatos
apropiados para recibir las sensaciones luminosas,
y más tarde se convirtieron en ojos, 6, en otro
orden de ideas, creó primero esas bolsas llenas
de viscosidades, como las que vemos á los lados
de la cabeza de los peces, las que evolucionaron
basta convertirse en los complicados órganos llamados oidos.
Hay una prueba que podemos aplicar á todos
los animales para darnos idea de su origen, y esta prueba es la de su desarrollo. Parece extraño,
pero el proceso de desarrollo es exactamente e l
mismo que el de evolución. El desarrollo de un
órgano 6 de un sér, no es más que un compendio
de la historia de su evolución. Apllquese esto al
desarrollo del sistema nervioso y se llegará á la
conclusión de que tiene que haber evolucionado
de acuerdo con las necesidades creadas por las
impresiones del exterior.

PUENTE SOBRE EL RÍO TUXPAN.

MUESTRA DE TERRAPLÉN ARMADO, CERCA DE MANZANILLO.

Está muy próxima la inau~nración de una de
las línea• de ferrocarril más importantes de la
República: la que unirá la capital con la costa del
Pacífico.
Durante muchos aüos fué el sueño de los ferrocarrileros dd país contar cou una linea que,
partiendo de la ca pi tal, terminara en alguno de
los puertos del Pacífico, los más importantes de
la República, si se tiene en cons1&lt;.leración sus
condiciones naturales.
Si á este natural deseo se une la circunstancia
de que el camino entre la ciudad de México y el
puerto de Manzanillo es uno de los más pintorescos y hermosos del país, se comprenderá
lo mucho que significa, desde tcdos puntos de
vista, la linea que fué terminada hace do~ semanas y que será inaugurada dentro de muy pocos
días.
Mnchos años hace que se proyectó la línea de
que se trata, y aunque ha tenido que sufrir al.~ unas modificaciones su trazo primitivo, se puede decir que ya se terminó sobre los mismos

UNA ''PASADEl&lt;A ' AL Plt: DEL NEYA_:\l,

pl:inos que se habían proyectarlo. La parte comprendida entre México y Guadala¡ara ha estado
en explotación durante varios aiios, y es bien conocida; pero la parte que se extiende entre Tuxpan y Manzanillo es casi totalmente clesconocida
y la queencierra las mayores bellezas y la que,
por la misma razón, ha dado más trabajo á los
constructores.
El paso sobre el río Tuxpan. el cual cruza varias veces y sigue en la mayor parte de su curso,
las harr;mcas que se hallan á los lados del Colima y otra infinidad de accidentes del camino, lo
hacen más pintoresco y más atractivo. Las grandes obras de ingeniería que se han construido para vencer esos accidentes y dificullades, son dignas de la admiración de todo el mundo.
Hay quince túneles, entre ellos el más grande
que ex:iste en la República, y nna infinidad de
puentes, desde simples pasaderas hasta el enorme
de la Quesería , que mide cerca de ciento treinta
metros Los trabajos de terracería son quizás úuicos en su género; debido á la clase de terreno por

donde pasa el ferrocarril y al ímpetu de las aguas
en tiempo de lluvias, se ha necesitado armar
los terraplenes con muros de cemento que los protejan á los lados.

• ••
Aparte de las bellezas de la construcción y de
lo m11cho que hay que admirar por parte de los
trabajos ejecutados, las bellezas naturales de los
paisajes, por los que atraviesa la vía, bastan para
iustificar un viaje por la región. Los que lo hemos hecho á lomo de mula y con infinidad de dificultades y trastornos, experimentaremos un placer sin ig11al al repetirlo á bordo de lujosos trenes y rodeados de todas las comodidades del Pullman; los que no lo han hecho, deben hacerlo para
conocer nna de las más hermosas y fértiles regiones de nuestro país.
'
Cruza la vía por en medio de grandes extensiones sembradas de plátanos, por sobre barrancas
cuyo fondo no se puede distinguir, en parte, por
su enorme profundidad y, en parte también, porque están cubiertas de una exuberante y rica
vegetación.
Cuando se pasa cerca del Nevado y se le ve,
por el camino de mulas, catorce veces desde otros
tantos lugares, presenta á la visfa tantas faces diferentes, que se llega á dudar de que sea la misma montaña. El pico, cubierto de nieve, se destaca por encima de las nubes y va lentamente acercándose al viajero, y cuando parece que va á tocarse, se aleja de nuevo y ésto por catorce veces
diferentes.
Basta que la línea una á la capital de la Repú~lica con l_a costa occidental del país para que su
1mportanc1a, desde el punto de vista comercial,
sea grandísima¡ en efecto, llegando el ferrocarril á
la ciudad de México, puede conectar con todas
las vías que hay en el país y poner en comunicación á las poco conocidas costas occidentales con
el resto del país. A parte de esto, la riqueza de la
región recorrida basta para dar importancia á la vía.
¡Cuántas riquezas han quedado inexploradas en
la sierra por falta de un medio rápido de comunicación! Desde el punto de vista industrial hay
maderas, piedras y frutos; desde el punto de vista de la minería, es incalculable la enorme riqueza que duerme por falta de quienes vayan á despertarla de su sueño.

• *•
Tales son las energías que pondrá en movimiento la nueva línea, y de allí que no hayamos vacilado en llamarla una de las más importantes de
la República.

00
l'ANORAMA GENE RAL DE COLIMA,

�900

EL MUNDO fLUSTHAOO

E..L JARDIN DE. PALACIO

J:L ~!U~DO ILUST l! .\l&gt;O

,¡() 1
tH-E-E-H-f-E-.f-HE-E-E-ffi-E-H·i-~é-'t,'H~tft,,ff-'-ti-'nH~H;ffÉcfi'E-ftfE-ÍÉ'iHf-t

j

En el riejo pahlt'io I irr1~i11al, dentro d1' los muros
macizos qut' le clan el aspecto de una alhóndiga, hechos
para defender la autori(hul real contra los desmanes ele
las multitudes in&lt;lómitas, existe un jardín mu.r hermoso

El Congreso Católico de León ~

'11·H-t.i-t-t-t-t'J-t'i-t-t-t'J·U-!-t.H-!-t-!.- t-t-!,U:t,U'J,t-t-t,U-!:t.i:!.i:t:!-t.i:-!:t'i'-!:t'i-t:t:t-t:t:t:t;.

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• ¡;;

1

~\~~.

siempre &lt;lcnt,rn d1•I et·itrrio di' la
religión católica.
La idea.ele este ¡wriótl ico fué iniciada durante una d(' las 1íltimas
sesiones del Congreso, .r fué l'ecibida con tal entusiasmo, que en seguida se abrió una suscrición drstinada á sufragar los primet·os gastos de publicación; la lista de sus
critores fué encnbezada por el mis
11;10 señor Arzouispo Ouilloll', prt's1dente del Congreso, .Y el entusin;:mo &lt;lr este prelado fué sN·undadu
por todos los as.istentcs.
En esta página presentamos fotografía:; tomadas para «El ~I unclo Ilustrado&gt; durante la reunión
tlcl rPferido ( 'ongr&lt;&gt;so, cuyas sesiones se efectuaron l'n PI ~eminario.
Otrn de las fotogrnfías es la Cull'
dml, don&lt;ll' ~e Cf('ctuarnn ulo·unns
teremonin~ religiosas.
'"'

Ilmo. Sr. Dr. J. d~ J&lt;'stís Mora, Obi~po de León.
Plafoforma de honor.

\' muv poco conocido, como que no se le advierte desde los sitios que más fre~uenta el público. Se encuentra en la parte posterior dPl edificio, hacia la derecha ,, hacia él dan las ventanas de lo que forma realmente la residencia
presicle'ncial.
Xo ocupa una gran superficie; pero, gracias al &lt;'xquisito cuidlHlo de que
es objeto por parte del señor Larralcle, Intendente ele! palacio, es uno ck los
más hermosos que se pueden yer en nuestra metrópoli. Con frecuencia es 1·isitado por turistas y aun por personas residentes en ~léxico. Es cu rioso &lt;¡ue
la mayoría de los visitantes sean extranjeros; pero lo mismo acontece con muchas otras cosas bellas que poseemos: pasan inadvertidas para los que rrsicl&lt;•n
aquí y en cambio, entusiasman á los ,·isitantes.
,
p'u'bhcamos en esta página algunas vistas tomlldas por nuestro fotógn\fo. por
deferencia del :,;;r. Larrnlcle, y que pueden clar idea de la belleza ele este jardín.
Afíacliremos que es fácil Yisitarlo con permiso del señor Intentlmte y rspec·ialmente las personas que Yisitan la capital no deben desaprovechar la oportunidad para. ello.

.\taha _de efectuars&lt;' en la hi:5:órica ci u&lt;la&lt;l de León, asiento del ohisp_atlo &lt;lel m~smo nombre,_ In reu,m?n del Congreso Católic-o Agrícola-So&lt;·ial. Est,r Congreso ha sido el 11IL1mo ele una serie el&lt;' reuniones sen;iejantrs que se han ~fectuad~ ¡,cr!ódicamente r!1 ,lire1·sos puntos de la Hé¡HÍlil1ca, con el o_bJeto de cl1scut1r asuntos so(:Ialrs .1· agTícolas, siempre dentro de _los límite~ i°;lpueslos P?r la fe católica. Estr Congreso ha exced ido en 11nportanc1a a los ~n~enores, tanto por haber estado wesiclido por
un ari,ob,spo .Y haber as1st1do á 1~1 los sríio1·1's Obispos ele Tulancino·o r
de Leon .v el doctor Fnnáncle_z, Drán clr la Cat&lt;'cl ml, como por &lt;'sta~ r¿pr_esentaclos los ~eíiores arzo~1spos .r obispos mexirnnos ,\' haber concurndo un gran,,numero de agnculLorcs dP diversas 1·e(l'iones
del. ¡la'1s
...
( .
. En este vongreso se trata1·011 asu ntos muy intrresantes, como por
PJemplo, el de los B~ncos agrícolas .r casas de pr¡Sstamos, el salario de
los labradores. el cultivo de las ph~ntas trxtiles, los forrajes, la estaclístic.a ag-ricola .I' _alguno; otrns. Se c1tn, muy rspecinlmentr, r l traba jo dl'I
:-;¡•, J t~an :\Ia!·iano Lo pez, .sate~lrátic~ drl Sem inat·io de León, Src1:('lario
del ~e11or Ob1sp~ de rs~ cl10ces1s, qmen tl'ató 1·esp{'cto del slllario dr los
h1?l'1egos, cxpontc~do _ideas 1·erdad{'rnnw11tP lilwralPs ,\' anrnzadas; cxpl!c.anclo la conve~1encia ele hacer que los lahradorcs participaran l'll las
ut1lt&lt;lMles que o~t1~nen los haccn1ndos, opinó que el jornal debe numen-•
tarse :" que cl ~ax1mum clP t~·aba.1~ diario clebp srr dt:&gt; cli(!z horas. Este
tral&gt;'.!.lº es muy mtere~an_te, s1 s&lt;' t1e~e l'n ~ll&lt;'nta que, en la mayoría de
los ~staclos-dr la H&lt;'pul~lic-a, &lt;'I lraba.¡o ag-ncol.1 t's, g-t'nPrnlmrntr, dr más
dP diez horns ,\' el sn lano l'S mu,r b:1,1 0.
En ~I mismo C~ng'l'('so se hizo l'C"ferencin :'t lo::; rrsultados obtenidos en
!ns 1·et!01ones ante1·1on'_s, .V, ent,re ellos, se cití&gt; t&gt;sprcialmente la fundación
tlP soc1Nlacles cooperativas en fuluncinJro.
, L' na de las medidas de más trascendencia, y seguramente la que más
l_1~rn r¡ur_ sr rec~1rr~le_est; (:o.ngrr,so,. rs la fundación de un periódico qur
se
( atohca i-iocml~
1 llamai, á la «l'-\rm,rn,1
•
,
, el cual , como lo 1'ncli·ca s u nomi:·r. sem s&lt;'manano y sr ocupnt·a ele los intPrrses ele la clnse a~rícola,

Edificio del Seminario, donde se reunió el Congreso.
El salón de sesiones.
Interior de la Catetral de Le6n.

o

�J,]f, )ff:,,&lt;1)0

i02

Ef., MUNl)() fLUSTRAl&gt;O

ILUS1' ll.\l)O

res ávidos de contemplar, en ese personaje audaz
y gentil, su propia emotividad y su propio anhelo. Don Juan es un antepasado, un pariente lejano que queremos y admiramos, y sentimos que
las leyes nos prohiban imitarlo
Viendo, desde las butacas, las hazañas prodigiosas del héroe sevillano, nos estorba en las piernas el doblez inmaculado que creó el Príncipe de
Gales, y nos pesan los faldones del jaquet.
Quisiéramos ceñir la malla de colores vivos y
la gorguera almidonada. Llegamos hasta á confeccionamos, &lt;in-mente&gt;, la trusa que usaríamos
y notamos en el flanco el peso de la espada.
En nuestros labios bulle la provocación y el
insulto. A nuestro pecho llama un amor prohibido y defendido que nos sentimos capaces de poseer y arrancará quien lo prohibe y defiende, y
aplaudimos sinceramente sus crímenes y admiramos, con entusiasmo, las hazañas de ese aventurero de juventud eterna.
En nuestros teatros, salvo una ó dos excepciones, la obra de Zorrilla, de la que decía Adolfo de
Castro que era &lt;prueba evidente de su genio como poeta lírico y cantor legendario&gt;, fué hecha
en cómico.
En Veracruz, por ejemplo, se hizo un Tenorio
extraordinario reformado as{:
Acto 1&lt;?-Gran rumba veracruzana en la Hostería del Laurel.
Acto 39-Cantos exóticos por la trouppe japonesa.
En el acto del panteón, los japoneses matarán
á palos, por medio del Ken-jitsu, á Don Juan Tenorio.
¡Y hubo un lleno á reventar!

••••

••••
convertir las ventas en palacios y las maritornes
en Dulcineas.
Don Juan, el desalmado aventurero, es nuestra
juventud. El sevillano espadachín y astuto, que
tiene siempre en los labios la provocación y el
reto, y el acero en las manos dispuesto á ensan-

."

"'

--

-....

-.... -....-.....
-....

-.... -,

LORELEY.

*

Publicamos en la página anterior los retratos de
las Sritas. El vira de Teba, Luisa de Teba y Luisa
Algoy, y de los Sres. Carlos S. Solórzano, Manuel de
la Bandera y Gustavo Márquez, del Conservatorio
de .Música, que formaron un simpático cuadro de
aficionados inteligentes, para representar el &lt;Tenorio&gt;en Tacubaya. Obtuvieron gran éxito, especialmente la~ señoritas, que son muy aventajadas discípulas de Eugenia Torres.

SRITA, LUISA ALGOY.

Fol. d, "El Mundo Ilustrado."

bien prohibido; no amamos á Doña Inés, odiamos
á Don Luis, y no es el triunfo el amor ~e la novicia, sino la burla del caballero prometido.
El tercero, el romántico gascón, es nuestro sér.
Cyrano, la última hoja de nuestra flor de lis en
campo de sueño de la heráldica de nuestra r, za,
es la tercera parte del alma nuestra.
Ese vividor poeta, ridículo y sublime, pendenciero y misericordioso, tiene el sentido de lo real
y desprecia la vida. Su espíritu romántico, su actitud de fanfarrón, presuntuoso, superficial y ame-

SRITA, LUISA DE TEBA,

Fot. dt "El Mundo Ilustrado. 11

ESDE el siglo XVI, en la comedia de Juan

Cueva, y poco después en dos obras
ID) dedellagran
Tirso-aquel que á orillas del

Manzanares labraba versos como Petrarca y fué
uno de los primeros que hizo psicología repasando las cuentas de su rosario,-desde su cadencioso Burlador de Sevilla, el personaje español que
todavía hoy nos encanta, el aventurero Don Juan,
tomó nombre y forma.

•

EL COMETA MOREHOUSE
Para "El Mundo Ilustrado."

SRITA. ELVJRA DE TEBA, QUE SE DISTINGUIÓ EN
EL PAPEL DE DOÑA INÉS.

Fot. d, "El Mando Ilustrado."

grentarse por una futilería, es nuestra púber voluntad. Queremos, más que el triunfo, la .e~hibición del triunfo; más que el amor, la env1d1a de
los otros por ese amor; y no saltamos los muros
del convento por un bien amado, sino por un

SR, MANUEL DE LA BANDERA,

Fot de "El Mundo Ilustrado."
SR. CARLOS S, SQLÓRZANO.

no, es nuestro espíritu y es nuestra actitud. Así
vamos por el mundo los latinos, con la retórica
en los labios y el vacío en el cerebro, con el traje
llamativo y el cuerpo deforme y con el único
afán de que nos oigan y nos miren, aunque después nos sonroje la burla.
Pero también, como ese &lt;histrión de pasiones&gt;,
amamos sordamente por no provocar la risa con
nuestras deformidades al declarar ese amor, ypreferimos poseer un alma más que un cuerpo.
Nuestro romanticismo nos lleva hasta á hacer
que de los labios de Roxana bajen besos por las
yedras para la boca de Cristián, si sabemos que
esas caricias nacieron de nuestras palabras dichas
en la sombra¡ y morimos tranquilos, adorando como el hidalgo Don Alonso, la vida de ensueños
recorrida¡ como el Don Juan, la vida de amores
caminada, y como Bergerac, nuestro penacho.

Fot. dt "El Mundo /lastrado."

Viene á nosotros, lo miran nuestros ojos con el
prisma policromo de lo~ versos de Zorrilla, y nos
encanta su finchazón, nos seduce su fanfarronería
y admiramos su falsa audacia.
Porque todos llevamos dentro un pedazo del
alma del «Tenorio&gt;.
La raza latina, nuestra raza, amante de quimeras é hidalguías, tiene sus tres héroes, como una
flor de lis en su heráldica: Don Alonso Quijada,
Don Juan Tenorio y Cyrano de Bergerac.
El primero, el ingenioso hidalgo, es nuestro espíritu: fantástico hasta la locura, soñador hasta la
quimera, redentor hast¡t la heroicidad.
Sus altas voces de fe, de misericordia y de reto,
son florecimientos de su ingenuidad y de su santo amor á la justicia, de su anhelo á la conquista
de lo irreal é intangible, de todo lo que por grande y bueno y alto es inaccesible, vago y flotante,
y que á fuerza de esa locura de redención suele

SR. GUSTAVO MÁRQUEZ,

Fot. dt "El Mundo Ilustrado."

***

Así, cada año, los teatros rebosan de espectado·

,

1E-1N uno de los últimos números de este perióJ..I;¿¡dico, el Sr. Prof. D. Luis G. León nos dió á
conocer el resultado de sus observaciones del
cometa que, en estos días, es visible con gemelos
de teatro.
También nos dió á conocer una reseña sucinta
d\\ los cometas que se han presentado durante el
siglo que corre, y nos habló especialmente del
cometa Halley, que próximamente será visible y
que vendrá, una vez más, á ratificar el dominio de
la matemática, permitiendo al astrónomo predecir un acontecimiento celeste, que fatalmente se
producirá.
En el cometa .Morehouse se han notado en estos días cambios sumamente notables, no sólo en
la forma de su cola, sino también en las condensaciones ó ráfagas que parten de su núcleo¡ basta
comparar el dibujo que el Sr. León hizo de él la
noche del 11 del actual, con la fotografía obtenida en el Observatorio de Tacubaya la noche del
dfa 19 de Octubre, para cerciorarse de esto.
Como se sabe, el cometa fué descubierto la noche del 2 del pasado, y su aspecto era el de una
nebulosa sin núcleo y con una pequeña cola; con
esa apariencia permaneció hasta el 30, aunque aumentando de brillo á causa de su aproximación á
la Tierra¡ pero el 1'? de Octubre se notó, con sorpresa, que el núcleo había disminuido de brillo y
que el apéndice, en forma de cola, había desaparecido, viéndose reaparecer el día 3, aunque sumamente pequeña.
Sin cambiar de aspecto per~aneció hasta el 15,
en que se notó un gran cambio en la forma de la
cola; ésta comenzó por aumentar de tamaño y volverse sumamente delgada, presentando condensaciones á manera de ráfagas brillantes ó costillas
que parece que giran junto con todo el cometa al'.
rededor de un eje¡ del examen de todas las observaciones hechas en los observatorios, se podrá
deducir si realmente hay movimiento de rotación
ó simples cambios en la forma.
Su aspecto el día 16 era el de una especie de
tridente, siendo los dientes de los bordes mucho más pequeños que el central, que se prolongaba en una cola delgada; á partir de ese día, las
ráfagas fueron disminuyendo de tamaño, con excepción de la central, hasta volverse á ver con esa
forma el 19; el 20 casi tuvo la apariencia del 18·
pero lo que ha sido más notable, es que el día 23
se le volvió á ver con el aspecto del 20 y el 26
con ese mismo aspecto. El día 22, al siguiente de
haber alcanzado su máximo brillo, presentó las
mismas ráfagas que el 19, aunque más largas y
brillantes, pero la posición de éstas era la misma•
de llegarse á comprobar el movimiento de rota:
ción de este cometa sobre sí mismo, el período

Don Justo Benltez; el Presidente del Ecuador, Her von
Bulow, Lord Beresford y Mr. Magoon, Gobernador de
Cuba.
En cuanto á la séptima silueta, fué acertada en la
mayoría de las veces, y las pocas confusiones que encontramos fueron la del General mexicano Don Manuel
Mondragón; del Mayor Alfredo Dreyfus y el Rey de
Grecia. Hubo otras diversas, pero menos frecuentes.
Encontramos la lista completa de las nueve siluetas
exacth, que son: la del Presidente Armando Fallieres;
de S.M. Alfonso Xlll con su primogénito; del señor Penha, Presidente de la República del Braril; de Mr. Roosevelt; de S. M. Eduardo Vil; de S. M. Guillermo 11; de
S. M. Victor Manuel; del seftor General Porfirio Diaz y
del Lic. Manuel Estrada Cabrera, únicamente en catorce soluciones, remitidas por las personas siguientes:
~uz _Marte! Meza, de San Pedro, Coahuila; Maria de
:sulhvant, de Monterrey, calle de Wáshington número
Lf7; de la señora Guadalupe Pérez de Escudero, de Te1&gt;1c, calle de Veracruz, 85; de la señora Ester M. de
Velásquez, _de México, calle de la Cerbatana número 1;
d~ la señonta Luz Castillo, de Mexico, Avenida Pomente 24, número 1,019; de la señorita Maria Eugenia
González G., de_ México, Espalda de San Andrés, número. 1; de la señorita Raquel_ Méndez, de México, Reforma
numero n6; de la señorita Soffa Huesca Rivera de
Chalchicomula, Puebla; de la señorita María Luisa Aldre~e, de Ensenada, Baja California; de la se!lorita lgnac1a Charles, de México, Puente de Monzón número
8; del selior Fidencio Rodriguez Berchl de E~senada
B_aja California; del señor Alfonso Mor¡les G., de A\é~
x1co, calle de la Perpetua número 19; una solución, sin
firma, procedent_e de San Andrés Tuxtla; y de la seliorita
Esperanz_a Barron, de Ensenada, Baja California.
Aparecieron como dudosas una de Batopilas, Chihuahua, en la_ que se atribuye la quinta silueta al Rey
d_e_ Inglaterra o al Emperador de Austria, y otra soluc1on, pro~edente de Guadalajara, en que se atribuye la
tercera silueta al Presidente del Brasil al selior Roca
Expresl~ente de la_ República Argentina, ó bien al Jeté
del qabmete de !taita. Por lo tanto, estas soluciones se
consideran ~mo simplemente aproximadas, que no se
pueden equiparar con las anteriores que son enteramente exactas.
'

El cometa Morehouse; de una positiva tomada
en el Observatorio de Tacubaya.
probablemente será de tres días aparentemente,
pues habrá necesidad de hacer algunas correcciones por la posición de la Tierra, para deducir el
movimiento real. Las observaciones visuales no
tienen el peso de las fotográficas como se comprende¡ así es que para llegar á concluir la rotación, habrá necesidad de discutir todas las fotografías tomadas en todos los observatorios. Para
concluir, diré que según las efemérides del Observatorio de Lick, en California, el cometa irá
disminuyendo de brillo rápidamente, á partir del
10 de Noviembre, siendo ya invisible á mediados
de Diciembre, por estar casi entre los rayos del
Sol.
Octubre 27 de 1908.
JOAQUÍN GALLO.

*

Resultado del Déeimotereer Conturso

DE

todas partes del pals recibimos soluciones al décimotercer concurso, ó sea al de las nueve siluetas
de personajes notables. El recuento y examen de las
soluciones ha sido muy laborioso. Un gran número de
soluciones S'llamente eran exactas en lo que se referla
á tres ó cuatro figuras que, como las del Sr. General
Dlaz, del Presidente Roosevelt y del Emperador Guillermo, estaban sumamente claras. No hubo una solución
siquiera que fuese equivocada en lo que se refiere al
Presidente de México, y muy pocas lo fueron en cuanto
á los otro3 dos personajes antes mencionados.
Descontando el número incontable de las soluciones
que estaban equivocadas en más de dos personajes, hubo muchas otr~s que estaban acertadas, con excepción
de la tercera silueta de la parte superior, que pareció
ser el escollo con que tropezaron la mayorla de las concursantes. Al misterioso personaje atribuyeron los nombres más variados, como puede verse por el siguiente
resumen:
En 48 soluciones encontramos que á la tercera silueta se. le da el nombre de Don Manuel Amador Guerrero,
Presidente de Panamá. En 37, el del General Cipriano
Castro, Presidente de Venezuela. En 16, el nombre de
M. Clemenceau. En 16, el nombre del Señor Lic. Don José !ves Limantour. En 18 soluciones venia ese nombre
en blanco. En 12, venia el nombre de Dan Tomás Estrada Palma, Expresidente de Cuba. En 9, el del Rey de
Suecja. En 81 el de algún personaje japonés. En 6, el del
Presidente de Costa-Rica. En 6, el del Presidente de la
República Argentina. En 5, el de Mr. Root. En otras 5, el
del Presidente de El Salvador. En 41 el de Francisco José.
En 4, el _del Preslde_nte Zelaya, de Nicaragua. En 4 1 el
del Pres1de~te Dáv1la, de Honduras. En 4, el del Presidente de Smta. En 4 1 el del Señor Lic. Olegario Molina,
M1mstro de Fomento de México. En 3. el del Rey Leopold~ d_e Bélgica. En 3, el de Mr. Taft. En 2 1 el de Rudyard
K1plmg, el famoso poeta anglomdio. En 2 1 el de Mr.
T~ompson, Embajador de los Estados Unidús en México. En 2, el del Sepor Mariscal, Ministro de Relaciones en México. En 2, el del Presidente de Chile.
En 2, el del Rey de Servia. En 2, el del Rey de Grecia;
Y los nombres siguientes fueron e,1contrados por nosotros una vez cada uno en distintas soluciones: Maura
Rey de Rumania, Mr. Bryan, Rey de Noruega, Mr. Hu~
ghes, Gobernador de Nueva York. Conde Esterhazzi. el
Zar Nicolás, el General Smlrnoff, el Prlncipe de Bismarck, _el Presidente del Perú, Mr. Cortelyou, el famoso
hacendista americano; el notable político mexicano, Lic.

SR, PENHA,

Presidente de la República del Brasil.
Publicamos el retrato del señor Presidente Penha
para que nuestras lectoras puedan compararlo con IÁ
silueta que apareció más dudosa.
Conforme á las bases del concurso, los tres premios
fueron sorteados entre las personas que firmaban tas
ca~orce soluciones 9:ntes referidas. Y la suerte favorec10 á la~ persona~ siguientes: _seliorita Raquel Méndez,
de México; señorita Maria Luisa Aldrete de Ensenada
Baja California, y Luz Marte! Meza de San Pedro Coa~
huila. A disposición de estas personas se encuéntran
los premios ofrecidos.
Preparamos un concurso tan interesante como éste
para nuestro próximo número.

••••••••••••••••

Sr. General Lic. José de la Paz Alvarez, Magistrado del Tribunal Superior de Justicia Militar, t el 3 del actual.

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El vencedor de la carrera de motocicleta.s,

U11 nwm,•rrlo sensaáonul.

Ganó el montado por el señor Luis Illanes Blanco, corriendo seiscientos metros en cuarenta segundos.
Las carreras séptima y novena fueron las más sensacionales por lo que
respecta á caballos¡ los dos eran «pur sang&gt;, montados por «gentlemen
riders&gt; y jockeys. En la séptima venció un caballo poco conocido, «Barlette&gt;,
de los establos de L. Blum y en la novena «Dalesman&gt;, de la misma procedencia.

Carrera de obstáculos.
Entre el Club «Hércules&gt; y el Hípico Militar formaron un programa Je
carreras que se llevó á efecto el domingo primero de los corrientes en los terrenos del hipódromo de Peralvillo. Si bien es cierto que algunos exigentes
dicen que no fué muy selecto, de lo que no puede quejarse nadie, se!(ura·
mente, es de su variedad: hubo para todos los gustos y para todas las aficiones deportivas: carreras en caballos, en bicicletas movidas á fuerza de pier-

Partida de los ciclistas.
h1.bían pisado nuestro hipódromo y de los que se esperaba mucho justamente, en vista de sus antecedentes gloriosos, tanto de abolengo como de he·
chos consumados por ellos mismos.
La primera carrera de caballos, tercera del programa, se convirtió en un
match entre Oceaner de «Blum&gt; y «Nancy :Crown&gt; del mismo; hay que advertir que los c,atro caballos inscritos eran del mismo propietario, el cual match

Estas fueron todas las carreras üe cabal os que hubo; en los intervalos
de una á otra, y ocupando los turnos impares del programa, hubo carreras
en bicicletas, las que, por mucho que interesen, siempre resultan tediosas.
La primera, á mil seiscientos nueve metros, la ganó Jorge Watson en dos minutos cincuenta y cinco segundo. La tercera la ganó Carlos Morales, y la
quinta, en la que se disputaba el campeonato de peso ligero, la ganó el mismo. La octava la ganó Francisco Carreto, del «Club México&gt;.
La décima carrera fué para motocicletas ó bicicletas con motor; diez
vueltas á la pista; premio: copa de campeonato, la cual fué ganada por W. W.
Gotte en quince minutos treinta y ocho segundos.
La décimaprimera, lo mismo que la décimasegunda, fueron para automóviles de turismo, y al final se hizo una carrera de exhibición para automóviles de carrera.
La fiesta fué de invitación, y las tribunas se vieron llenas de una numerosa y selecta concurrencia; tanto en las graderías como en el terreno que se
halla al frente de ellas, se veían ricos y elegantes trajes, ya de colores claros
entre las damas, ya los severos de los casimires y paños entre los varones.
Si desde el punto de vista deportivo la reunión no merece considerarse
como un gran acontecimiento, socialmente considerada sí fué una reunión
animada y elegante, á la que concurrieron los elementos más distinguidos de
la afición dr.porti va. Los organizadores de la fiesta bien pueden estar satisfechos de ella, y creemos que en gran parte tal ftté el objeto de la misma al organizarse.

Los cícli.,las del Club "México" que ganaron el ca111peo11afo.

Acompañan estas líneas fotografías tomadas durante las carreras, tanto de
la pista como de las tribunas.

*
LA BURLA DE..L AGUA
El teniente Robles lli:gando á la meta.

Los a11tom6víles en la línea para partir.

na, en bicicletas con motor y en automóviles; las carrerasá pie estaban anun·
ciadas en el forro del programa que se repartió á la entrada; pero fueron las
únicas que faltaron para acabar de hacer el programa á gusto de todos los
«sportmen&gt;.
Entre las carreras de caballos, las carreras clásicas, sin disputa, hubo algunas que llamaron la atención por tomar parte en ellas los caballos que nunca

fué ganado por el primero, en un minuto cuatro segundos y tres quintos.
El cuarto lugar del programa lo ocupó una carrera militar entre Chapultepec y Bird Wood, montados por el alumno Revilla y el teniente Robles,
respectivamente; ganó el segundo. La sexta fué «para todos&gt;. Rezaba el programa: «Caballos del país, con fierro, que no hayan ganado ninguna carrera ó
match en el presente año&gt;. Entraron siete caballos, casi todos desconocidos.

Fín de la carrera de ''pur•sang."

Listos para la carrera de molocicleias.

EL riachuelo viene

charlando un idilio rústico entre cañaverales. Con
melodiosa travesura, entre diáfanas risas, comenta, el móvil verdor de
las márgenes. Pasa con premura por de-bajo del puentecilo de madera, arrastrando guijas, en fuga hacia el valle verde, hacia el río turbio, hacia el remoto mar lleno de amargura y de truenos. Es compasivo con las bestias sedientas, y acaricia, con jovial lujuria, las pantorrillas de las campesinas que le
roban el agua. No conoce la tristeza sino en los días de invierno, cuando
su caudal se enturbia y alborota bajo el cielo nublado.
En el puente precario, recostado sobre la baranda to~ca, inclinándome hacia el fugitivo frescor del riachuelo, me hundo en mi solitaria cavilación
como en un antro. La tarde es tibia y polvorienta como en una batalla. E{
cielo tiene un difuso resplandor melancólico, blanquizco. El valle verde
es un sitio encantador y el silencio es profundo y triste. De vez en cuando un
soplo de brisa caliente suscita en el caña•eral, el c~al mueve sus grises
garzotas con solemnidad guerrera bajo los cielos de aluminio.
Siento que la soledad es amarga y que la vida es tlura. El crepúsculo
me parece erizado de puñales como una asechanza, y quiero consolarme escuchando los gozos del agua corriente. Miro con afán la linfa clara y fresca en
que se copia el cielo monótono. Pero aunque aguzo lo~ sentidos, no alcanzo
á comprender la canción del agua: entra por mis oidos, 1e,bala por mis nervio~ co1110 un sopor insípido y se desvanece al cabo eu uu leve malestar. A
fuerza de mirar, logro ver reflejada mi faz en la inquieta superficie del
arroyo. Mi rostro baila, tiembla, se de forma en la onda desigual. Ya se enco~e, después se alarga, como un fantástico pez. El riachuelo lanza una risa
húmeda ....
Y bajo la tarde, yo sonrío,

o
La exhíbicíón de automóviles de carrera.

�EL llfUNDO ILUSTRADO

606

TRADUCIDO

Los Grandes Edificios de México

I

L constante progreso de la capital de la
República se nota, principalmente! por
as grandes y herm9sas construcciones
que, á diario, se levantan en todos los
rumbos de la ciudad, especialmente en
aquellos que, por sus condiciones de higiene y belleza, son los llamados á formar los principales
núcleos del vecindario, La parte céntrica de México tampoco ha escapado á la inexorable ley de
las reformas, y, prueba de ello, es el crecido número de hermosas fincas que ostentan, airosas, la
hermosura de sus fachadas.
Una de las transformaciones más notables, es la
representada por esta fotografía, que reproduce
el suntuoso &lt;Edificio Quirk&gt;, situado en la esquina de la A venida de San Francisco y calle de
Gante. Hace apenas unos cuantos meses se levantaba en este lugar una ruinosa y vieja casa, que
deslucía el conjunto de modernos edificios que la
rodearon; pero, gracias á la iniciativa del estimado y conocido capitalista inglés, Don Tomás
Quirk, puede contar México ahora con una de
sus fincas más hermosas. Efectivamente, el &lt;Edificio Quirk&gt;, nombre con que se conoce esta casa,
acaba de ser inaugurado espléndidamente con las
oficinas de hombres de negocios y de profesionales mexicanos y extranjeros.
El señor Quirk, que lleva muchos años de residir en nuestra República, ha labrado aquí una
fortuna brillantísima, gracias á su honradez y
energía para el trabajo¡ y dicho caballero, á pesar
de su capital crecido, prefiere seguir viviendo en
nuestra patria en vez de hacerlo en In!(laterra,
donde residen muchos miembros de su familia.
El señor Quirk quiere á México y lo manifiesta
con acciones tales, como las de emprender constantemente negocios brillantes que, además de
producirle bu-enos resultados, colaboran al engrandecimiento general de la República. Entre
las empresas principales del señor Quirk figura
la Compañía Ladrillera de Teoloyúcan, S. A.,
que, entre las de su género, es la primera en México. Además, es ,miembro principal de otras muchas empresas florecientes. Como colaborador inteligente y activo de este hombre de negocios, figura el señor Maximiliano L. Sielzer, muy relacionado con los principales hombres de empresa.
El señor Sielzer regentea el &lt;Edificio Qnirk&gt; y es
colaborador muy importante de &lt;La Compañía
Ladrillera de Teoloyúcan&gt; y de los otros negocios en que tiene participación ~l Presidente c;l.e

esta Compañía. Los extranjeros que, como los seTÍores Quirk y Sielzer, se identifican á nuestras
costumbres y á nuestro progreso, son los factores
importantes de nuestro desarrollo y los que
deben tomarse como modelos de laboriosidad é
inteligencia.
Y ya que hablamos del gran «Edificio Quirk&gt;, cuyo costo es de cerca de un millón de pesos, bueno
es decir algo acerca de las negociaciones y oficinas
que lo ocupan¡ pero, antes de seguir adelante, manifestaremos que esta gran finca fué contratada y

Sr. Do11 Tomás Quirk.
edificada por la&lt;Compañía Mexicana de Construcciones é Ingeniería&gt;, que tiene su despach? en el
«Centro Mercantil&gt; y de la cual es Ingemero en
Jefe el Señor Teniente Coronel Don PorfirioDíaz.
El trabajo de decoración del edificio fué llevado
á cabo por la acreditada casa Evers y Cía., de es·
ta capital.
. .
.
Los principales despachos ~el «Edificio_ Q"?1rk&gt;
están alquilados por las siguientes neg?c1ac~ones
y profesionales: El Banco Federal, la Joyena de
A. C. Smith, La Cía. de Construcciones y Présta-

mos en México, Cía. Financiera Mexicana, Dr. D.
G. Turnbull, Lic. Juan R. Orcí, Ing. Johnson &amp;
Enos, The Suchi Timber C'? y otras más.
.
También se encuentran los Sres. P. Avehne y
A. Delalande, concesionarios exclusivos enMéxico de la gran casa de París &lt;Pathé Fréres&gt;, fabricantes de películas cinematográficas, aparatos de
proyección, fonógrafos, discos y todos los implementos necesarios para dejar elegantemente montado desde un gran salón de espectáculos hasta
un sencillo y modesto aparato para familias.
Los negocios de esta casa son muy importantes
y están ramificados eñ toda la República.
Señores Alfred Horwitz y Cía., propietarios de
una joyería y casa de antigüedades, que ocupa la
esquina de dicha casa y que, por su variado surtido y precios moderados, es muy conocida en todo el país.
Granger Furnishing Co., elegante camisería y
sombrerería, cuyo surtido procede directamente
del extranjero, especialmente de las principales
fábricas de los Estados Unidos. Los caballeros
más conocidos de México se surten en esta casa
que es, por todos conceptos, recomendable.
El señor Humberto I. Braschi, que entre los distintos ramos que abarca su casa, figura en primera
escala la importación de carbón de piedra en toda
la República, siendo el más antiguo é importante
comerciante en este ramo. Se ocupa también en
otras empresas, como la que acaba de contratar y
es la construcción del camino carretero y para
automóviles de Iguala á Chilpancingo, Estado de
Guerrero.
Señores Luis Monroy Durán y Cía., S. e. C., Ingenieros contratistas muy reputados en la República, representantes y agentes exclusivos de la
afamada fábrica de cables de acero &lt;F. W Scott&gt;, de
Reddish, Ingl.¡ de la &lt;Ropeways Ltd.&gt;, de Londres, y de la gran fábrica de maquinaria&lt;Hollman
Bros&gt; y de otras muchas casas importantes, interesados también en otras empresas, como la Cía.
Explotadora de Montes en Oaxaca, en minas, etc.
El muy conocido médico cirujano Dr. P. W.
Monroe, acreditado por una gran clientela.
La Cía. Cubana de Inversiones &lt;El Guardián&gt;,
cuya casa matriz está en la Habana y cuyos negocios en México, ya muy importantes, aumentan cada día.
El cirujano dentista Dr. L. Engber!(, que por su
honradez y habilidad profesionales se ha dado á
conocer ampliamente en esta capital.
Todavía hay algunos despachos vacantes, y el
señor Sielzer está dispuesto á atender afablemente á todos los visitantes del edificio, para enseñar
los departamentos que están por alquilar

M

PARA

"EL

MUNDO

ILUSTRADO."

- Oiga usted: ¿le molestaría dejarme pintar este patiecillo?
-No señor¡ al contrario, de muy buena voluntad,-me contestó una señora como de cuarenta
años, alta, vestida de luto y con bondadosa cara.
Pero no sé qué cosa podrá usted pintar aquí; es
tan chico y lo tenemos todo en desorden; porque
estoy sola, con una pobre hermana que está muy
enferma, y no me queda tiempo para nada.
- No es más que copiar las flores.
-iAh! ¡vaya, vaya! Si le hubiese usted visto el
año pasado, cuando todos estábamos sanos y mi
pobre marido (q. e. p. d.) vivía, entonces sí era
un gusto verlo. La hiedra trepaba hasta el techo,
de manera que siempre teníamos sombra. Pero
ahora . ... ¡ay!. . . . . . me falta humor y las plantas
quieren que se las cuide como si fueran personas.
Desde que la pobre muchachita está en este estado, parece que las flores lo comprenden.
Había visto el patiecillo desde la entrada: un
rincón lleno de luz¡ las paredes, azules, de un
azul intenso, sin medias tintas de ultramar violáceo, capaz de avergonzar al mismo cielo de la
costa¡ un brocal tan azul, una escalerilla azul, y
en medio de tanto azul un grupo de macetas y
tiestos, de los que se desbordaba gran cantidad de
llores. Allí, la mal va real junto á lo rosa opulenta¡
allá el lirio, de un candor inmaculado, junto á las
diminutas violetas de hojillas semiabiertas¡ más
allá grandes hortensias, cuyo verdor se desvanecía para cambiarse en color de rosa, y una gran
trepadora que manchaba, con puntos de oro, la
sombra de los arbustos.
De cerca observé que realmente las plantas estaban descuidadas¡ debían sufrir por el calor y la
sed¡ las hojas se tostaban y las flores se decoloraban¡ sentían tristeza¡ sentían la nostalgia de una
mano que las acariciase: el abandono se notaba
en todo, y las más sensibles, como los lirios, inclinaban el cuello lánguidamente y parecía que
sufrían; pero sucedía que en ese estado todo lo
que perdían en salud y fuerza ganaban en simpatía.
Tomando una silla que la buena señora me ofreció, comencé á trabajar. Extendía el color en la
tela, manchaba, diseñaba y tornaba á manchar pa•
ra recomenzar desde el principio otra vez con la
fiebre del trabajo que se comienza¡ y la señora, de
pie á mi derecha, parecía tomar mucho interés en
mi trabajo y me hablaba continuamente:
-¿Sabe usted? Mi marido era pintor de paredes¡ así comprendo lo que es la pintura. Para pintar cortinajes en las salas y angelitos en las recámaras, para imitar la madera y el mármol no había ninguno como él. Su mano valía un Perú. iAh,
señor, si usted lo hubiera visto trabajar! Era ligero como el relámpago: hacía cualquier trabajo
en un abrir y cerrar de ojos. Mas, el pobrecito ha
muerto y ..... ¿ve usted? ..... Ahora me queda
la hermana que los médicos ya han desahuciado....
Mientras me decía esto, observé que sus ojos
miraban atentamente una ventana cerrada que daba al patiecillo. Yo, atareado con mi trabajo, respondía con monosílabos¡ y ella, creyendo que me
perturbaba:
- Bueno, me dijo, me voy. Usted haga y deshaga como si estuviese en su casa.
Continué trabajando todavía un poco. El sol
huía en el firmamento y se acercaba al ocaso
cuando, tras la vidriera de la ventana en que la
señora había tenido fijas las miradas por largo
tiempo, ví un rostro terriblemente pálido: dos ojos
inmensos y como hundidos bajo una frente de calavera, c:.ue miraban con mirada dolorosa, baja, sobre la vidriera. Parecía ser trna muchacha joven
y perdidamente enferma¡ una muerta tras el cris-

ILUSTRACIONES

tal de un nicho; una visión de aquellas que dejan una impresión de horror imborrable. Era como la impresión de una figura de cera que hubiese muerto dentro de una vitrina¡ una impresión
de aquellas que se sueñan por la noche.

***
Al día siguiente volví á la misma hora á continuar mi pintura, y encontré á la enferma sentada
ante las llores del fondo.
En aquel baño de luz y entre las plantas me
pareció menos fantasma que el día anterior. Me
pareció más carnal y con mayores señales de belleza. Los ojos eran azules como el patiecillo y
parecían contener una alegría ida y una alegría
naciente: tal brillaba en ellos la juventud y á
veces se velaban de una melancolía tan profunda,
que era imposible mirarlos. Eran el espejo de un
corazón joven que reflejaban alternativamente el
azul sereno y las brumas que pasaban dentro
del pensamiento. Les rodeaba una aureola obscura, haciéndoles parecerse á dos astros declinantes
en un ocaso umbroso. A veces parecía una niña¡
á veces una viejecilla. No debía tener más de
diez y seis años. ¡Pobre muchacha! ¡Pobre flor!
-Diga usted,-me dijo con voz suave:-¿le molesto?
-No, señorita¡ de ningún modo.
-Pero, si le estorbo _á la vista, me iré.
-No se mueva usted¡ en tal caso, me iría yo.
No se movió la pobrecilla, no se movió ni un
momento siquiera, excepto cuando tosía. No se
movió hasta que el sol le cayó encima, acariciándole las manos, besándole el rostro, cubriéndola
de besos de oro, reví viendo el frío de aquel cuerpo que parecía extinguirse.
Y o no podía pintar: no veía el cuadro, no veía
á otra cosa que á ella. Quieta, recogida y trémula,
parecía que las otras flores la miraban, y todo parecía mirar la figura, y á mis ojos todo desaparecía,
y ella era todo el cuadro. El resto solamente formaba aureola, servía de fondo, de cielo azul. Las plantas, las flores, las paredes pintadas, la sombra de
la trepadora, la luz del sol, todo, todo se fundía,
todo se iba esfumando en torno de aquella nota
tan triste, de aquella flor más triste y más vívida
que las otras, que inclinaba el cuello como lirio.
Instintivamente, como si pintase una flor más
en el cuadro, comencé á retratarla sin que ella se
diese cuenta¡ y no es posible describir la mezcla
de dolor y egoísmo de pintor con que se buscan todos los pliegues del sufrimiento, las señales de la muerte que se acerca y los colores que
se vau perdiendo cuando se está ante un modelo.
En aquella ansiedad terrible no se ve más que la
finura del color¡ de aquellas buenas enfermas, á
medias tintas violáceas que se pierden en esfumacionas finísimas: el color, la forma exterior y
la expresión de las angustias del alma. Y mientras la pintaba con crueldad inconsciente, la pobre enferma no me parecía sino una figura, algo
de belleza macabra, la naturaleza muerta, estupendamente hermosa.
A poco rato se movió y sonrió, dando á entender que se había dado cuenta de que ahora la ~staba copiando¡ pero siguió tranquila, consintiendo en que yo continuara mi trabajo. Luego, haciendo un esfuerzo, se levantó y se acercó al cuadro, y mirándole fijamente exclamó:
-¡Dios mío! ¿Tan destruida, tan enferma estoy?
-No, señorita. Es que apenas la he esbozado¡
es que ....
Se alejó.
Cuando estuve aute la ventana, sin pensar que
yo la observaba, la veía tomar un espejito y mirarse largamente¡ me pareció que suspiraba, y lue-

DE

A.

GEDOVIUS.

go se dejó caer en su asiento, con la mirada fija
en el cristal.

***
-¡Si me hubiese usted conocido hace tres meses!-dijo al día siguiente á la misma hora.-Entonces habría podido decirle: ahora sí me puede
usted hacer un hermoso retrato. ¡Tan alegre, tan
risueña que era! Todo me hacía reir. Mi hermana
tenía que reñirme á cada momento, pero en vano .... Para el baile era yo la habilidad misma.
¿ Ve usted este traje? Lo llevaba puesto el día de
la última fiesta. lQuién lo diría, eh? Era el primer baile á que yo asistía, y bailé todo, todo: no
estuve quieta ni un momento! Dicen que eso fué
lo que me hizo mal¡ pero yo no lo creo. Me oprime esta tos, que dicen que no tiene importancia
alguna¡ pero yo no sé, no sé qué pensar. A veces
creo que no será nada¡ mas otras veces me viene
un terror de morir, que lloro constantemente, yo
que jamás había llorado!. ... Pero no sé por qué
le refiero á usted estas cosas ... .
-Tenga usted valor, que no tardará en curar.
-¿Acaso es usted médico?
-¿No ve usted que soy pintor?
-Sí, lo veo¡ pero lo pregunté por broma. ¡Cuánto me gusta la pintura! ¿Ve usted? Si yo fuera
pintor, pintaría siempre cosas alegres¡ bosques
llenos de sombra, panoramas, casas ~uevas y señoras hermosas y bien vestidas, y ... , iqué sé yo!
cosas que fuesen alegres. lQniere usted que vaya
á sentarme?
-Como usted quiera. Y o voy ahora á pintar
las flores.
-¡Pobres flores!-dijo pasándoles la mano por
encima como para acariciarlas y yendo á sentarse
á su lugar.
- ¿Ve usted? Me parece hoy estar mucho mejor. iAl fin podré ir á bailar!- me dijo después,
riendo con tristeza infinita.
¡Pobre muchacha! Poco después de haberse sentado le atacó la tos, aquella tos que parecía salir
de lo más profundo de sus entrañas, una tos que
parecía arrancarle la vida dejándole el alma deprimida. ¡Pobrecilla! Vi que le brotaron dos lágrimas y corrieron á lo largo de su rostro¡ y así,
con la cabeza baja, permaneció en actitud de ensueño. ¿En qué pensaba? Acaso no pensaba, ó
pensaba vagamente¡ y nada era más amargo que
aquella tristeza hecha de ensueños confusos, de
dudas, de presentimientos extraños¡aquella tristeza sin nombre, que era como una gran nube que
envolvía el alma y que dejaba el corazón entre
brumas, que parecía el ocaso del sol de la vida,
el crepúsculo y la nostalgia de las cosas descon.&gt;cidas. ¡Morir! A los diecisiete años morir y sentirse morir cuando se abre la ·ventana llena de luz
y de esperanza y tener que decirse á sí misma:
''En un mes, en ocho días, quizá mañana, tendrás
que despedirte no sólo de lo que amas, sino también de todo lo que habrías de amar!"
Pero ¿por qué habría yo comenzado este cuadro?
Luego, permanecía pensativa¡ yo, contemplándola con el pincel inerte. Me parecía como si fuese una clepsidra llena de gotas de sangre.
&lt;Ahora no faltan más que cinco-pensaba¡ahora cuatro, tres, dos&gt;. Y llegando á uno, decía
para mí: «Ahora caerá de su corazón la última gota y ella quedará muerta sobre los tiestos de
llores&gt;.
-¿En qué piensa?-me preguntó de improviso
como si leyese en el fondo de mi pensamiento.
- Estoy muy contrariado porque el cuadro no
me resulta bien.
-¿Será ,que no estoy bastante quieta?
--Sí, usted está quieta; hablo del fondo, de es·

�609

EL MUNDO ILUSTRADO

de ella, á la hermana, y muchas veces $alía si n
haber visto á 11adie¡ cuando un día ella bajó y me
dijo: 4'.Vengo á que tennine el cuadro».
Ya es tiempo-me atreví á responder,
Pínteme u~tcd, replicó sentándose en el sitio
acostumbrado. Jamás la había visto tan con ten ta
como aquel día: todo era hacer proyectos para el
porvenir y edificar castillos en el aire. Cuando
estuviese curada, cambiaría todas las llores del jardín, sembraría muchas rosas y muchos claveles.
Nada de lirios, porque cuando se marchitaban tenían 1111 aspecto muy triste. Se haría 1111 vestido
color de rosa, parecido al que tenía una amiga
suya, y cuando llegase la fiesta del país, no dejaría
de concurrirá ningún baile. Sí: volvería á bailar,
y quería divertirse y vivir, sob1·e todo vivir, porque no era justo morir tan pronto. Quería regar
las llores; y la viuda y yo tuvimos qne regarla•.
Al recibir el agua parecía que revivían agradecidas, y ella las miró de modo tau misteriorn, con
mirar tan vago, que su mirada pareció todo
un mundo secreto de dudas y csperauzas.

eervecerla ellaLLÁfemoc
Üfrece un !/Janr¡uefe á los fleriodisfas.

•••

No volvió á bajar al pafiecillo.
-¿Quiere usted verla? me pre~untó un día la
hermana mayor.-Eslá muriendo¡ pero usteJ la
encontra, á levantada.
Subí y la encontré rodeada de sus amigas, todas jóvenes, todas alegres, vestidas de claro: flores de primavera junto á nna tumba, como un
vuelo de alondras junto á un pajarillo trémulo,
un pajarillo con las dos alas plegadas, con el estertor de la agonía.
¿Ha terminado usted el cuadro?-mc dijo todavía.
-Sí. ya está concluído.
Si es así, ahora puedo morir.
Pero ¿ por qué dice usted esas cosas?
-iPor reir! . . .. , En verdad no he estado nunca
tao bien, murmm ó. Y permaneció como adormecida.

..

**

No despertó más.
Blanco el féretro, !:is amigas vestidas de blanco,
pasando por la blancura del camino: eran les funerales de un lirio. Con las llores del jardincito
la hicimos una corona, que depositamos scbre el
féretro, y si me hubiese atrevido á ello, le habría
puesto también el cuadro.
Se habían ido el fondo y la figura, y de aquel
pat,ecilloazul, antes tan alegre, no quedaban hoy
más que cuatro paredes. Pequeño como era, parecía n na capillita azul, abierta y desmantelada¡ un
{Judo de mes de María desnudo y empobrecido
por el viento del invierno. Todo en derredor e~taba quieto: arriba la trepadora colgaba como desvanecida¡ a4uí el sol sin reflejos; en lo alto una
ventana abierta y vacía.

te azul del patiecillo. Pero no se moleste usted,
descanse.
-¡Oh, pronto descansaré bastante!
Para darle valor estuve por decirle una broma;
pero viendo su mirada resignada y cvnvencida,
la broma se me ahogó en la garganta y solamente
volví el rostro como si me ocupase atentamente
del cuadro.

•••
Al día siguiente no bajó -al patiecillo, ni al siguiente tampoco. Al otro día la vi tras la vidrie-

ra. Sonrió y me saludó¡ á su tos l os vidrios se
opacaron, y ella, con su mano descarnada, los l impió y después se retiró a,l interior de la pieza.
Un día vino su médico, y como yo lo conocía,
entablamos con versa.:ión, mientras ella, desde
arriba, con s11s ¡!raodes ojos de enferma, espiaba
tratando de sorprender una seña, un ademán, un
movimiento que la sacase de su duda, El médico
me dijo que no volvería á verla otro día.
Yo no faltaba ningún día. Unacorrientedesimpatía me llevaba allí y el cuadro casi no me servía sino de pretexto. Veía yo pasará las amigas

.lllucho tiempo expuse el cuadro, y se me dijo
que alguno de los parientes había preguntado el
precio.
Eran unos primos y fní á buscarlos. ¡Pobre g~nte! Quizá querían tener uu recuerdo de la pobre
niña muerta!
-Verá usted,-:nc dijeron¡-la casa que usted
conoce la teníamos en venta¡ y como algún conocido nue~tro en América ha hablado de comprarla, quisiéramos mandarle la piutura, (si acaso u sted no quiere mucho por ella), á fin de que puedan ver cómo es la casa.
-¿Y la niña?
- La niña ... .ioll! la niña no importa: la borraremos.

Puestos levantados por la cervecería 4'.Cuauhtemoc&gt; en las fiestas de Covadonga en Puebla.

A ya prestigiadacervecería«Cuauhtemoc», deMonterrey, que no hace cuatro meses estableció
..,..,_,=----;~ir,;.
su agencia en Puebla, donde ya otras compañías habían sentado sus reales, pero á las que
está derrotando á gran prisa, ofreció¡ por conducto de su agente el Sr. D. Luis D'Angelo,
un suntuoso banquete á los miembros del segundo
Congreso de Periodistas de los Estados, reunido en
Puebla á últimas fechas.
A la invitacion que el señor D 'Angelo hizo á todos
los señores periodistas, que representaban á casi todos los periódicos de la República, acudieron aquéllos, celebrándose la fiesta
en el arjstocrático restaurant «Giacopello», el más elegante de la ciudad.

A las siete de la noche se sentaron á la mesa los comensales, enmedio de
la alegría más franca y de la fraternidad más hermosa, y mientras duraba la
'
1
comiqa, una buena orquesta dió selecto concierto, siendo aplaudidísima.
El Sr. Lic. Heriberto Barrón, en nombre de la cerveceríaj ofreció el banquete, y le contestó, dando las gracias, el Sr. D. Carlos R. Menéndez, Presidente de la «Prensa Asociada de los Estados», teniendo frases verdaderamente halagadoras para la cervecería «Cuauhtemoc», á la cual se acordó dirigir un
expresivo telegrama de agradecimiento y simpatía, por las atenciones de que
hizo objeto á los periodistas.
El señor D'Angelo recogió, autógrafos, varios pensamientos dedicados á
SR. DO.N LUIS D'.ANGELO,
la cervecería por
Agente de la Cervecería 4'.Cuauhtemoc&gt; en Puebla,
1 o s congresistas,
que ofrecí6 el banquete.
pensamientos que
publicaremos en otro número, concretándonos hoy á hacerlo con el del señor Menéndez que, casualmente, llegó
á nuestro poder:

SANTIAGO RUSIÑOL.

«La cervecería «Cuauhtemoc» se ha hecho acreedora á la estimación del público mexicano, por la bondad
de sus productos y por la cortesía de su Director hacía
la Prensa Nacional».
I
Puebla, Noviembre 4 de 1908.
CARLOS

Grupo de periodistas que asísti6 al banquete ofrecido por la
cervecerfa «Cttauhtemoc&gt;•

•

R.

MENÉNDEZ.

La cervecería «Cuauhtemoc» obsequió á los señores
congresistas hermosos carnets, carpetas de piel de Rusia y billeteras, todo con inscripciones alusivas.

�610

JCL MUNDO ILUSTRADO

611

EL MUNDO ILUSTRADO

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· ..

. •',_;',;
.': ...·:

Rres. William H. Taft y James S. Sherman, candidatos á la Presidencia y Vicepresidencia de los Estados Unidos,
respectivamente, proclamados por el partido republicano.-Triunfantes en
las recientes elecciones.

•

Sres. John W. Kern y "\Yilliam ,l. Br,van, candidatos á la Vicepresidencia y Presidencia de los Estados Unidos,
respecti n1mentc, proclamados por el partido demócrata. - Derrotados
en las recientes elecciones.

�612

EL l\fUNDO ILUSTRADO

Fonógrafos y Cine111atógrafos

ILA (Q)!FIEN§IlVA

PAtHE FRERES, PARIS

Novela original por Alberto Chabrol.

P. Aveline y A. Delalande, Unicos Concesionarios para la República Mexicana
Almacenes y Oficinas: Calle de Gante·núm. J. Apartado 509.

Teléfonos: Mexicana, núm. 1736; Eússon, núm. 59.

11111íflkí~IIIIIIIIIIIIU

Almacén para ventas al menudeo defon6grafos Pathé Freres.

La casa P. Aveline y A. Delalande, únicos concesionarios en la República .Mexicana de los establecimientos Pathé Freres, de París, fundaron el mes
de Febrero de 1906, en la casa número 10 de la calle de Zuleta, un establecimiento para la venta exclusiva de todos los aparatos que fabrica en sus inmensas fábricas de Chatau, Vincennes y Joinville-Je-Pont [Francia] la Com·
pañía General de Fonógrafos, Cinematógrafos y Aparatos de precisión. [Establecimientos Pathé Freres, de París].
La importancia, siempre creciente, de los negocios que dirigen los Sres.
P. A veline v A. Delalande, acaba de obligarlos á buscar locales más vastos, de
los cuales pueden dar una idea las fotografías que ilustran estas líneas, en

Vis/a parcipl del almacén de fonógrnj, ,s al 111t-nudeo.

las cuales se po?rá notar, al mi~mo tiempo, que no se ha descuidado ningún
detalle para umr el coufort á Jo agradable en los soberbios almacenes del
edificio QUIRK,
Los señores Aveline y Delalandehan hecho coincidir la inauguración de
sus nuevos almacenes y oficinas con el recibo de 1ma gran remisión de todos
los aparatos creados últimamente por los establecimientos Pathé Freres tanto en cinemató)!rafos, cuyos nuevos proyectores con ventanillas automáticas
garantizan contra incendio, corno en fouógrafos de modelos muy elegantes, y
de discos con las última~ impresiones hechas en París, de todas las novedades artísticas (canto y orquesta• ), que son apreciados en todo el mundo.

613

1,: r, ,1PNl&gt;O JLUSTB \DI&gt;

S

R. MERLIN,
Doméstico de la casa del sefioJ
Marcos Delombre.
25 bis, rue Notre-Dame-desChamps.
Parls. (Para h, sefiorita Miette ).

¿Tuvo ,\\arcos tiempo de leer
esta dirección? Mi mano estaba
~obre el a al n11smo tiempo Que su mirada, según creo;
y su mano, ca,i al mismo tiempo también, cayo rudamente s,.bre la mía, aplastándola con un golpe seco.
Con sólo mi gesto h3bria él podido saber que esa carta
me era personal . . y ... de orden intimo ... ¡Oh. su voz!
no, no era ya su voz, sino una especie de silbido ronco
que debe s•rvir desde que el mundo es mundo para todas esas emociones en que se mezclan la cólera y el disgusto.
-¡Déjeme ust~d ver, Miette, yo lo quiero! ¿Entiende
usteJ ? ...
¡No, no la verá! 1ntentó levantar mis dedo,; uno á uno;
pare:la que queria queorarlo,;, me hacia sufrir humblemente .. nu,stras manos 1zqu1erdas luchaban .... Su
fllerza de hombre iha á v~ncer; pero entonces me incliné sohre la m~,a. sobre el álbum, sobre mi mano, sobre
la suya, y los apreté .:uant, pude con m, rostro. Oi á
/1\arcos 11;ntar mi nomhre como si le hubiera hecho un
mal atroz, como en Id queja de un herido cuando la herida le irrita to,ll el almd .. Y me causa pena hJherlP parecido tan mali., m• causa pena mi locit resist.:nc1a; pero
tenía miedo, ¡oh! tenía miedo cte cejer y todo esto me
obligó á hacer e~ta cosa txtraña, inaudita. de besar la
mano de Marcos en una súpli~a desesperada ....
J\\arcos l~nzó un grito no menos extrafio que mi beso,
que me helo de p1~s á cabeza, en tanto que arrnncó su
mano de mis labios y la sawJió como si le hubiesen hecho una quemadura dolorosa. Le vi que fué á caer •n
un sillón en que quedó postrado un momento con la rabeza en las manos. Y cuando retiró su ro,tro me oarecia pálido hasta los labios .... Me parPció que iba á morir de di,gust/J y de espanto ... mis dedos permanecie•
ron incrustados en la carta sin que m, , oluntad interviniera entonces para nada .... Marcos me habló en voz
baja que apenas reconocl .. .
-Después de .... lo que a,.aba usted de hacer Miette
usteJ debe comprender que, i no me da esa ca:ta en ei
instante mismo, todo está conclu!Jo entre nosotros ...
para siempre!
¡Oh, cómo µu Jo creer que yo le desafiaba! ¡Cómc,! Apenas tuve la fuerza de murmurar:
-¡i\\a fi rnal
Se 1rguió, y con los ojos inmensamente ar1ertos y el
ro,tro .ri,;pado. me lanzó e,ta~ terribles palabras:
-¿,\\añana? ¡Mafiana como hoy, comosiPmpre. usted
mentirá! ¡Ustetl es la mentira misma. la más peligrosa
simuladora que he conocido! .... ¡Salga usted de aqul
criatura cruel! ¡Criatura perversa!....
'
Hubiera quendo saltarle al cuello, pedirle perdón ó
más bien explicarle que no tenia nada que perdonarmL.
Pero este arrebato de un hombre que me era tan poco
familiar me fulmi~ó ...... No sé cómn pud~ llegará la
puerta que me designaba todavia por el movimiento foroz de su brazo.

***

Almacén de vPnta de los aparatos cinematogr6ficos de Pathé Freres.
Oficina.•, privadn, sala y sulón úe pr,,yeccíonPs.
i'E-:....E:i'E:f&lt;f:H,E:H, ............E-:......................................................E-c ...E:.............H,i'..Eci-:!Eéic~:E:•éH•.H-:E-c..........E-:...............

COMPAÑIA EXPLOTADORA CINEMATOGRAFICA
Oficinas: Gante Núm. 1 (Edificio Qnirk). Apartado Núm. 509

Los conocidos empresarios, Sres. Enrique Rosas y José Alva, han formado una sociedad mercantil bajo la razón social que encabeza estas líneas, y
han establecido bien acondicionadas oficinas en la calle de Gante número 1.
La casa á que aludimos, digna de mencionarse, se dedica de una manera
amplia al alquiler de películas cinematográficas, habiendo invertido dichos
señores un buen capital que representan UN MIL O&lt;;HOCIENTAS PELICULAS que han aportado, y las cuales se encuentran en perfecto estado de conservación, y harán, por lo tanto, floreciente á esta empresa.
Debemos añadir que bien informados de la importancia de esta negociación, así como del buen orden administrativo que tiene, sabemos á ciencia
cierta que esta empresa tiene celebrados contratos de importancia con la casa de los Sres. P. Aveline y A. Delalande, únicos concesionarios de la reputada casa PATHE, de París, así como con otros fabricantes de películas, para
comprarles varios ejemplares de cuanto produzcan¡ por lo tanto, en poco
tiempo más será vastísimo el repertorio de esta empresa, la que, según tenemos entendido, está patrocinada por la honorable negociación de los Sres.
P. Aveline y A. Delalande, de París.
Hemos estado accidentalmente en el interior de dichas oficinas, y hemos
notado un movimiento extraordinario, saliendo continuamente remisiones de
vistas para diferentes lugares de la República, cosa que hace presumir la demanda de este artículo¡ también hemos oido de personas conocedoras en el
ue¡!ocio, que en el momento no hay empresa de esta índole que tenga un repertorio tau variado y tau en buenas condiciones el estado de las películas,
y sin duda por esta causa tiene tal movimiento¡ hemos visto también saloues
de la Capital. de los más importantes, servidos por los Sres. Rosas, Alva y
Compañía ósea la '"COMPAN!A EXPLOTADORA CINEMATOGRAFICA,"
y en obsequio de la verdad no deja que desear, tanto sus magníficas proyec•
ciones, como lo varíado y novedoso de sus películas.

Teléfonos: Ericss, n, Núm. 59; Cía. Mexicana, Núm. 1,736.

Y ahora, todo está concluido. . . . . . Des pué, de ha her
apenas tocado su almuerzo. Marco, se v1,tió inmeJia·
tamente para dirigirse, según pare.:e, á una matiné; m
la casa de la sefiora Lambrecy. Regre~ó como homhre
libertado á sa novia, á su círculo, á quien no pone entre
ella v él el abismo del misterio, que no ,;e goza con su
ternura como parece hacerlo la audaz Miette.
¡Dios mio! ¿por qué me negué todavía á hablar? ¿Por
qué? .... ¡No ,él ¡lo amo, lo amo como no sospechaba
Q~e se pudiera amar cuando me a!revi á tomar la ofm·
~zioa frente á frente de aquel á quien mi tfo quena convertir en mi prometido, mi esposo! ....
¡ La ofensit•u la encontraba tan sencilla cuando bajé
de m1 peñ~n de Anglesl y ahora me parece un acto de
demencia mcrelble .... ,\\arcos lo juzgará asf 1 sln duda
cuando haya leído la confesión que acabo de escribirle'
y hoy tendrá, menos que nunca, el deseo de llamar s~
esoosa á la aventurera EnriquHa de Angles ....
Y. por otra parte, ¿qué esperar? .... El dijo que todo
estaba concluido entre nosotros, y, para cump:ir su palabra, no regresará esta tarde, sino despué~ de que se
haya comprometido solemnemente ....
¡Oh, Dms mfol ¡Dios mio! ¡Se necesitarla un milagro!
_Ptro ¿cómo no pensé ya en ello? Hay, en pleno corazon de la crndad, un lugar escogido á propósito donde
se hace el milagro á la luz del mundo. En otro tiempo,
cuando era yo pequeña, encontrábame mortalmente enferma de escarlatina y fui salvada por un voto que mi
madre. seoarándose un momento de mi cuna fué á hacer ante el altar de Nuestra Sefiora de las Viétorias ...
¿Por qué no serla yo escu.:hada como lo fué ella? Cierto. pedir el amor de Marcos; es pedir algo más indispensable que la vida misma ...
-Merlin, ve á buscarme un carruaje, te lo suplico
-¿Un carruaje? ... ¿Dónde vamos?
·
-Tú solamente hasta el primer sitio de coches, yyo ..
voy á Nuestra Sefiora de las Victorias.
-Pero ¿te acompaño?
-No; es inútil.. _ti ~ochero me volcará tal vez; pero
no me comerá .. .. m, pnmo podrá venir más pronto de
lo que pensamos ... y tendrá ne;e,idad de hablarte
Merlín murmuró muy bajo q..ie si el sefi~r al llegar
nia necesidad de hablará alguien, no habla de ser ciertamente, á él . . .
'
-¡Todo esto dará lugar á nuevos embrollos!-gimió él
en voz alta con los ojos al cielo. Y luego, tú sabes, yo
estoy ya cansado .... 1Entre lo que se debe y to que no
~e debe decir! ....
-Pero tú no tienes nada que ocultar de mi visita á
Nuestra Señora de las Victorias ...

te-

tL DIARIO DE MARCOS.
Jueves 3 de Enero por la noche.
lino de los departamenfos interiores de conservación de películas.

Desde hace mucho tiempo el amor sentimental no era
para mi ya más que un escollo, salvado para ~iempre

por fin! La que en el amor de mi primera juventud se
complació en torturar mi corazón, no habla abandonado
su victima sino después de haberla dejado muerta: por
lo menos lo creyó, y yo lo crei también y llevaba mi corazón en mi pecho, lo mismo que en una tumba .... ¿Qué
ha sido necesario para reali?ar la milagrosa resurrección? que se aproxime un dedo de nina que ha hecho
palpitar, que ha hecho gritar, que ha hecho salir á e,e
muerto más vibrante y más vivo que r,unca!
Llamo en vano á mis recuerdos en testimonio: jamás
he temido la vida ta11to como hoy; nunca he esperado
tanto de ella como esta noche y tiemblo todavfa en este
momento por mis temores y oortodas mis esperanzas....
¡Oh, M1ette! ven pronto á di~ipar las unas y á cambiar
la~ otras en alegrfas definitivas, pe~ueña hada para
quien la, metamorfosis no son más que un juego ba·
nal.
i\\a&lt;;, ¿por qué hablo de metamorfo,is? No; Miette es
todo lo ljue es a la vez. Esta mañana, durante la escena
mas ext ra na en que jamás haya yo tomado pa1te. cuan·
do M1ette ,.1rpos1taba en mi mano ese beso terrible, si,
verJaderamente terrible, y al mbmo tiempo me rd1u• ó
un ,ulo t~stimorno de su conhanza, en un momento en
aue la exr,ul,é por fin; si, en ese momento acaso no vela
yo su alma de joven, blanca como un trajt bautismal, y
á la qJe un hombre privilegiado e'ltre todos correspondfa eu,efiar el bien, el mal, fa vida y el amor ....
S,n embargo, había yo pronunciado las pálabras irreparable,. Todo estaba concluido entre no~otros ....
,\\e vestl después de almorzar, anunciando á Merlín
m, 1ntencion de dirigirme á la matinée musica l y danzante qui! daba hoy ta señora Lambrecy. M,ette v~rta
en ese hecho la confirmación de ,u cte,grac1:1 t111al. Podria dejar mi casa sin hacer e~fuerzo para revelarme los
mlstmos que habi:i ocultado á su capricho; r&lt;gr.:sa, ia
á su pequeña aldea muerta; esperarla la co11clu,1ón fune,ta de su novela con ese cobarde enamorado ljUe su~pira, nero á qJíen las preocupaciones &lt;ocia le, 1nt1m1dan. y que no teme exponer la reputación de una rnña
tan bella y tan pura.
Pero de repente, cas: á la puerta de la casa de la seflora Lambrecy algo me dijo que no debla penetrar en
esa fiesta, que darla en ella el espectáculo de un tan·
tasma, que helarla el gozo de las jóvenes, que espantarla á toJas esas criaturas de cintas y encajes que revoloteaban ya en brazos de sus parejas, y que, en fin, tendri:i que irme á refugiar h&amp;,ta la antesala, ó bien retirarme definitivamente.
-¡Cochero, al bosque!
Me hice conducirá los lugares desiertos, más allá del
steeple-chase. Era un dia frlo y grb; no habia bruma y,
sin embargo, la melancolfa del cielo envolvió los árboles,
los setos, con una espe,ie de velo intangible, bajo el
cual toda la naturaleza (porque la primavera que debe
libertarla está lejos, m•Jy lejos,) parece oir suspiros de
amor ansiosos .....
¡Y yo mismo suspiro y amo! y !t\iette, esta primavera
adorable, se retira, se retira ~líl cesar de;pués de haber
venido á soplar en mi corazón esperanzas de dicha .....
¡Oh misteriosa niña! ¿quién ere~? ¿Es posible que un
humilde campesino te ha&gt; a reClbido del Cielo en su morada rústica? Tal vez una trá~1ca historia de amor causó tu nacimiento, tal vez no tuvi -te mas que una madre
adoptiva en la hermana de m1 viejo criado, y e,to rxplicaria los prosternam,er.tos i11cre1~1es del bu~n hombre,
lleno, á la vez. de compa~1ón y de respeto para una criatura noble y desdichada ....
¡Ah! si no hubiera más que este secreto en tu corta
exi,tencia, Ndette, y s, futrd e,te secreto el úmco que
tuvieses que darme á conocer mafiana, e~peraria á mañana con una impaciencia llena de sonrbas, sabiendo
que no tendria que conocer la parte que los otros han
te,ddo hasta hoy en tu de~tinol ....
Ma~ ese homhre de allá ... ese hombre á quien escribe y que le escnbe .... Puts bien, no. Una vez mas,
su tie,o en mi mano, e,te verdadero be,u de amor nv
me ha ~ido dado por labios que conocian ya el amor.
todavla una vez, Miette sofió, no ha amado .... y ¿quién
~abe st esa carta que me ha ocultado por un procedimiento tan extraño no fuera una carta de adios que hubiera impuesto ella misma? ....
¡Ah! por qué pronuncié e'lta especie de maldición con
la que expulsé á M1ette, por la cual la vi arrastrarse hacia la puerta, expresando en su rostro un increíble terror de nifia y casi un dolor de mujer . . Puesto que
me costaba tanto esperar hasta mafiana, ¿no me correspondfa provocar sus confidencias inmediatas, comenzando yo mismo por la confesión de mi ternura, y, en
Jugar de hablarle de convento y de conservatorio, hablarle de nuestro matrimonio?
¡Ah! ¿Quién sabe si la nifia enloquecida no habrá obe·
decido demasiado á mi orden de esta mafiafia? ¿Quién
sabe si no se ha marchado ya'/ ¿Quién sabe si no ha salido para siempre de esta casa cuyo dueño la trató como
esclava, que le debiera todo, hasta los secretos intimos
de su corazón? .... 1Miette perdida para mil ¡oh! ¡gran
lorrl que me he hecho este dado irreparable ....
De repente cesé en mi vagar lento y sm objeto y luego me entregué á una marcha forzada para aproximarme á los lagos, donde tendrfa oportunidad de encontrar
un coche que regresara vacío y que me condujera en
veinte minutos (quizá no demasiado tarde) á la calle
Notre· Dame-des-Chamrs.
Sin duda merec,a yo ese castigo; tuve que andar á
pie hasta la estacion de Passy; sofocado, con la boca
seca, menos por la carrera que por la angustia; apenas
si pude dar mi dirección al cochero al subir al primer carruaje que encontré frente á la estación.
El volver á ver mi casa con su aspecto de solidez perfecta, ba~tó para poner mi corazón en calma .... ¡Qué
terrore~ quiméricos! Como si mi buen Merlín no e~tuviera allí para hacer oir la razón á Miette en caso de
Que la cólera la hubiera impulsado á alguna resolución
loca ....
Entré en el salón: todo estaba allf en buen orJen, aun
el arpa que, erguida en su sitio, parecfa llamar la cari·
cia de la&lt;; manos de Miette; el sotabanco e~taba silencioso: ¿acaso esperaba yo que Miette saludara el ruido
de mis pasos cantando un himno de triunfo?
Llamé, y en seguida !Ji á instalarme en mi bufete,
donde todavia estaban extendidas varias de las hojas
escritas por Mie\te. Merlín tardó en venir. ¿Tal vez
Miette le habria dicho todo, y tal vez tstaba disgustado
conmigo por la severidad con que traté á esa nifia hacia la cual sentía una indulgencia inagotable? . . ¡Quél
¿~e mguia á continuar a m, servicio? .... ¡oh, gran Dios!
¿,e habría marchado llevándosela?... .
¡Respiré! Merlin se tardó un poco, pero al fin se

aproximaba á lo largo del corredor; su mano tomó la
penlla de la puerta ... fingf leer con atención.
-El sefior llama?
- ¡Ahl .... Merlin, favor de decir á Miette que le ruego suba un momento ....
Escogí esta fórmula para que Miette no se diese cuenta de m1 disposición actual. Pero Merfln no cerraba la
puerta y su tosecilla ronca me hizo volver -la cara. Veo
su gran rostro luna~ enteramente rojo.
-¿Qué hay, Merlrn? ...
Tu.,10 útra vez y luego me contestó:
-Sefior, es que Miette no está en casa.
Me puse en pie de un salto y á dos pasos de él, que
retrocedió hasta el cortedor.
-¿Se ha marchado? ¿se ha marchado?
-¡Ha salido, sefio11
-¿S_!lió? .... y la dejasteis salir sola? ¿á esa joven á
esa uma?
,
-Sefior, yo ~ismo la puse en un carruaje.
-¿En c~rruaJt? ¿y dónde la llevará ese carruaje'
-Pues t1onde queria ir, supongo ... . á N•Je~tra Sefiora de las V1ctor1as.
. Con esta Sfguridad, el pobre hombre, que se habla
v_,,ro de _nuevo ce.rea de_l escollo de la m~, tira tan dificil de evitar, sallo para irme á traer el carruaje
Helo aqu1 ante la casa ... ,',\¡ toca, m1 bolero, mis guantes .... ¡Oh, con qué_ fcrvor voy á orar ... arrodillada e..
las bal&lt;1v~as
y ,1 la Santa V1rge11 me escucha 1 si me
abre de par en par el curazon de Marcos, yo le da ré corno ex-voto, un gran corazon de oro con nuestros' dos
nombres trazados encima por un p_equefio cordón de
pe11as ...
El estupor me paralizó fa lengua cuando menos un
mmuto la, go. De repente vela ,osas extremadamente
úbscura~.
-¿M1ttte fué á NJestra Sefiora de las Victorias?
¿y cvn (!Ué ot&gt;jeto, dime? pero, ¡habla, pues! ¿con
vb1eto? ...
. -P&lt;ro, sefior ... e~to no tieue nada de extraordinario .. . cuanoo va uno a la igle~,a es para retar ¡me pare.:e!
,
A ~sas palabras, me acerqué al pobre hombre que se
retiro todavfa mAs, y exclamé:
-¡Las. igles~a~ en Parls se usan también para citas'
¿Oyes tu, estup1do?
·
Pero entonces el rostro de Merlín se puso verdadera~ent_e lunar1 porque se volvió lívido por esta acusación
d1rlg1da hacia su adorada sobrina
:-¡Oh! sefio_r! ¡Si usted no fuera el sefiorl . . .. ¡Decir que
Mtette tiene citas! ....
. Su _cólera, que comenzaba á grufiir tras su respeto no
d1smmufa en nada mi propia cólera· le repliqué en 'vo
todavfa más alta:
'
z
-¡Y _tú si te imagin!ls, por tu debilidad inaudita, hacer
la fehc1dad de_tu sobrmal .. . . En fin, tú no negarás ue
este amor lo tiene. en. el corazón, puesto que tú has Q agado con tu propio dmero el obsequio que ella com~ró
~n casad~ Boutlgny? Entonces, ámenos llUe no estés
todavla (o hayas vuelto) á la infancia, no puedes¡ norar que un enamoraao no se deja despistar fácilmenie
Y esta carta que tú mismo entrega~te á Miette esta m~~
fiana, esta carta ~ue guardaba cuidadosamente en un
álbum, ¿puedes tu negar Que se trataba en ella de la cita de hoy? .... ¿Puede~? ¿Te atreve~?
A m, d1luv10 ue apóstrofes, i\\erfin agitaba los brazos
como un atont_ado . ..... Se aprovechó ae q:ie me detuve
para tomar aliento y me respondió:
-¡Oh, yo, se~or, no niego nada! Ylo he dicho delante del _seilor, M1ettesabe Que me lavo las manos en t"d
El cm1sm_o de esa_cor,fesión que me renovaba, en Éfe~~
to, me petnficó; dec1d1damente el buen hombre está perdido: Me cruce de brazos para impeair que, siguiendo
m1~ impulsos, le sacudiera de los hombros y con acento 1ust1c1ero le pregunté:
'
-¿El honor de tu sobrina está de pt r medio y tu· te
lava~ las manos? ....
Alzo las manos abiertas como para rechazar el espectro de la locura y txclamó:
-¡El honor de ,',\1ttt,! ¡El honor de Mlettel
Después le vi calmarse, y con ti orazo tendido hacia
la ventana,_ agrego ét,P vd1-mt'nc1a menos brusca:
-¡Pero s, allf ~sta ,',\1ctlcl H.: oldo un coche en la
puerta .... PLles bien, que el stñor se ~xplique de u
buena ~Pz con ella de todos e,tos misterios, y que la vu~I~
va yo a llevar allá, de donde no deb1a haber venido nunca, purque, s1 esto dura un poco más nos volveremos
los tres locos de atar.
'
Mientras tanto escu!rió el bulto. Y yo, tan·rabioso como podria estarlo segun su prediccion, me precipité á
la ventana y la abrl en el momento' preciso en que ,',\iette abria la puerta del patio. Aungu_e el dfa comenzaba
á caer, vf bten bajo su rostro exqu1S1to, •semi~onriente
y su ademán al cerrar la puerta era el de una person;
ocupad!l en pensamientos enteramente serenos
-1M1ette!
·
A\zó los ojos_ hacia mi _observatorio, la vi estremecerse hgerament~, luego, doc,1, en lagar de dirigirse al sotabanco,_sub10 con el mismo paso tranquilo (su paso
de señorita ) la escalm1.
Hice encender la luz eléctrica, porque antes de que me
hablara queria sorprender la verdad en su fisonomfa
abri ante ella la puerta del salón. Antes de volverla ~
cerrar le arrojé con los dientes apretados ta pregunt
que me ahogaba desde hacia dos minutos·
ª
-¿De dónde viene usted?
·
E_lla parecia teme~osa de mi como en la maiíana; sus
labios temblaban; sta embargo, me respondió con ciert

·q~é

~~:

a

-Pue~, de Nuestra Sefiora ~ las Victorias. ¿Nos
lo han dicho á usted?
···
e
-Si, me lo han dicho, al mjsmo· tiempo que me han
hecho recordar que las iglesias son para rezar
· ol
mente, Miette.. yo estoy cierto de que se reza·¿0;/m:;
fervor, Y también más largamente cuando rezan dos
juntos, ocultos tras la sombra de u~ pllar
,Y.iette murmuró:
·
···
-¿Dos juntos?
Calló un inst!lnte, y después, sorprendiendo mi pensam1_ento_. lan~o una exclamación palideciendo más y
se dmg10 _hacia !a puerta_. Su mano estaba en la periÚa·
pero. _al ml',mo t1_empo, m, mano se apoyó en ta su a'
1mp1d1éndole abm. ,',\e puse á hablar, y mi voz no~ .'
más que un cuchicheo ronco:
ra
--Confiésemelo usted, Mi,tte:--~ i ui ted estaba e ola t n
Nuestra Sefiora de las Victorias, ¿es que habrá iuo ar .
zar por aquel á quien ama?
&lt;
-Si .... y que él nome ama . ...
( Concluircí.)

�614

EL MUNDO ILUSTRADO

LAS AGUAS

615

EL MUNDO ILUST ltADO

DEL NAZAS

,
'1

Publicamos el presente diagrama que pone de manifiesto, por manera gráfica e mcontestable, el despojo de que han sido víctimas los algodoneros del N azas en virtud de un
acuerdo administrativo_que amenaza con la ruina á una de las regiones más laboriosas y
ricas del país.
En efecto, los agricultores de la región alta han sido privados de las aguas del N azas
en el período del 20 de Agosto al 20 de Septiembre. Como el diagrama lo evidencía, esas
son precisamente las aguas que más aprovechan á los agricultores despojados, pues son las
aguas de preparación, sin cuyo riego toda siembra es imposible. En el mes de Octubre y los
que siguen, el agua del Nazas es muy poca; pero aunque mucha fuere, de nada serví-

ría, pues el riego que proporciona es secundario y, sin el primero, el de preparación, es completamente inútil. ¿De qué puede servir que el agua aniegue los terrenos en donde el germen
se ha perdido? Los lectores apreciarán toda la fuerza del documento gráfico que publicamos,
hecho con datos exclusivamente oficiales. La cuestión de las aguas del N azas, la más palpitante de las que inquietan hoy á la opinión pública, encierra un importantísimo problema,
que lesiona derechos individuales y puede poner en peligro la propiedad privada, y repercutirá, sin duda, aun en el terreno del crédito nacional en el extranjero.
En estos momentos hay gran agitación entre los agricultores, para quienes este asunto
es de mucha trascendencia. La República entera está pendiente de la solución.

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'' LA AMERICANA ''
Gran Fábrica de Hilados y Tejidos

Un patio de la fábrica.

Sal6n de telares.

TT 'i7NA de las cuestiones más trascendentales de

l,U

las que se trataron durante el Congreso Católico de León, fué la manera de remediar
las necesidades de la clase trabajadora y de los
peones de las haciendas, cuyos salarios no están
en correspondencia con sus exigencias, situación
que se presta mucho para abusos é irregularidades.
La cuestión del vestido, entre otras, ocupa un
lugar muy principal entre las que están todavía
por resolverse. Así es que luego que nuestro enviado especial al Congreso supo que en la misma
ciudad de León existe una fábrica en la que se
elabora y se expende con especialidad manta
gruesa. propia para el uso de los trabai.1dores del
campo, y que ella se proporciona á los labradores á un precio equitativo, ·quiso conocer esa fábrica, lo que le fué concedido galantemente por
los administradores de la misma.
La fábrica se llama &lt;La Americana&gt; y cuenta
con una historia tan larga como gloriosa. Fundada el año de 1877, ha dedicado los treinta y un
años de su existencia á mejorar constantemente
sns elementos de fabricación.
Dijimos ya que su especialidad es la manta
gruesa, propia para vestidos de peones y trabajadores de campo, ramo al que ha dedicado de preferencia sus atenciones y en el que ba II egad o á
una perfección que, seguramente, no ba sido igualada por ningún e~tablecimiento similar del país
Cuenta actualmente con una magnífica maquinaria inglesa de los últimos modelos y con un amplio terreno, el que ha utilizado con gran tino para la instalación de los edificios que abrigan los
diferentes departamentos del establecimiento fabril,
Estos e~tán perfectamente arreglados y rn su
ramo son, sin duda, de los mejores; son los siguiente,: de cardas, de estrechadores, de trósiles y de
telares; en el siguiente departamento está instalado un gran motor eléctrico de 85 caballos de fuerza, que es el que pone en movimiento la maquinaria; siguen el departamento de carpintería, e l t~1lermecánico, la~ máquinas para en!!omn tela~ y

la de limpiar hilazas y pábibs, la acepilladora y
la dobladora.
En el departamento de telares hay setenta y
dos máquinas, las que trabajan constantemente.
Los productos de e,ta fábrica han merecido
grandes distinciones y recompensas que le hau

Sr. D. Carlos Portillo. Gerente de la Fábrica.
sido concedidas en las exposiciones en las que
se ha presentado; entre otras, recordamos una medalla de oro y primer premio en la exposición de
Saint Louis Misso11ri y una distinción igua I en
rl concur,o i.1dustrial celebrado en la cindad de
León.

Al hablar de la fábrica sería injusto dejar de hacer una mención de las personas encargadas de su
manejo, gracias á quienes ha llegado á la envidiable altura en que se halla. Gira el establecimiento bajo la razón social «Viuda de Portillo&gt;, y es
gerente de ella el Sr. D. Carlos Portillo, hombre
hábil y trabajador, á cuya laboriosidad debe la fá·
brica una gran parte de su actual bienestar y bien
cimentado crédito. Igualmente ha contribuido á él
el Sr. D. Rafael Portillo, que desempeña el cargo
de maestro mecánico de los talleres, en el que
muestra gran habilidad, y que sin duda ha cooperado ;,l gran crédito de que gozan los productos de «La Americana&gt; en todo el país.
Para dar una idea de la gran demanda que han
alcanzado estos productos, citaremos un dato que
habla por sí mismo: durante los meses corridos
entre el primero de Noviembre del año próximo pasado al primero de Abril del presente, se
ebboraron y vendieron en la fábrica 36,432 kiIo•~ramos de hilaza y 22,085 piezas de manta.
Para sus trabajos emplea la fábrica á doscientos
obreros que disfrutan de salarios altos, si se les
compara con los que perciben en otros establecimientos de la misma clase: la mayoría de e~tos trabajadores son mujere~.
Lo~ amplios terrenos de la fábrica lindan con
la calle Soledad Norte, y la entrada de ella está
marcada con el número 101 de la misma calle.
Ilustramos las presentes líneas con varias vistas, reproducción de fotografías directas de los
diversos departamentos de la fábrica, tomadas durante la visita de nuestro enviado especial.
Publicamos también un retrato del señor Gerente, Don Carlos Portillo, de quien ya dijimos que e,
una de las personas que más han contribuido á elevará la fábrica y colocarla en el puesto en que
se halla, y á cuya amabilidad debió nuestro enviado el .~usto de visitar un establecimiento del que
no vacilamos en repetir que es uno de los primeros, en sn género, en u nestro paí5.

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·

1•111·11

Sulón de: trósiles.

Salón de trósilcs y telares.-Vista e.tlcríor.

1

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1

1

�618

,~r. mr~rno ILUSTRADO

619

lsL l\lU'.\'l&gt;O lLUS'l't: \DO

UNf\ Hf\OIENDf\ MODBL,O
Lo·s BENEFICIOS OE LA IRRIGACIÓN

El Clavicordio de la Abuela

Durante las conferencias de la Semana Católica que
tu vieron efecto últimamente en la
ciudad de León, el
Sr. D. Salvador Artola, distinguido
agricultor de la citada ciudad, presentó un estudio
importan tí si roo,
que llamó mucho
la atención y que,
de seguro, habría
servido para que
muchos de los agricultores allí presentes tomaran nota para implantar en sus fincas de campo los métodos pregonados
por el orador. El estudio del
señor Artola versó sobre
irrigación y cultivo de tierras en el Valle de León,
por un plan adaptable no
sólo á esos terrenos, sino á
todos los del país, por estériles que sean.
Si como el estudio del señor Artola hubieran sido
todos los presentados al Con- Despacho de la hacienda.-Parte:de las cernen/eras desde el mirador de la hac1·e d -B b
· d
á
greso, seguramente los frutos
.
,
.
n ª·
om arroJan o agua un canal.-Zahurrd0
que de él se hubieran obtedas con ce s de razas fmas.-Cone¡eras.-Molmo de mxtamal Y alfalfares.-Un ejemplar de raza Palanchino.
nido habrían sido más provechosos para los conferencistas y agricultores en
mejores ra~s extranjeras y del país, para los que
tecidas por norias á una profundidad de diez megeneral.
ha construido zahurdas, invento especial, gallinetros cuando menos, para tener diariamente nueve
El ~epresentante de «El .Mundo Ilustrado&gt;, que
ros y conejeras con las mejores razas y ganzos de
metros cúbicos de agua, con los que riegan los teTolosa.
apreció en lo que vale el talento y labores del Sr.
rrenos ahora tan fértiles. Hace 14 años cuando
Artola, solicitó, y fué galantemente atendido por
D_esde el punto de vista industrial, cuenta la
empezaron á trabajarse apenas, costaron' seis mil
este señor, visitar su hacienda, que se encuentra
hacienda con molinos de nixtamal que surten á
pesos y en la actualidad tienen un valor de ciená unos cuatro kilómetros de la ciudad. Muy imto cincuenta mil.
todo el ba~rio del Cohecillo, que es bastante granportante fué la visita á aquel lugar, en donde se
de, beneficiando á los habitantes con sus precios
El Sr. Artola, que ha merecido los parabienes
pudo apreciar los trabajos de un hombre laboriobajos. La~ habitaciones para peones y empleados
de todos los agricultores vecinos, que ya lo imiso, inteligente y constante.
son amplias é higiénicas. Reina allí el aseo ortan, es un verdadero agricultor técnico y honra
Las _:'rojes es el nombre de la finca de campo
den, _moralidad y hábito del trabajo dign¿ de
del país.
del senor Artola, finca que abarca una extensión
mencionarse y es, por todos conceptos el sistema
Las utilidades que saca de su rancho las inde irrigación.
'
de 180 hectáreas de terrenos planos enteramente
vierte en mejorarlo cada día, estudiando conslos que, debido á la calidad de su subsuelo abunLástima que no podamos hablar detalladatantemente todo aquello que pueda ser de utilidante en agua, ha podido su propietario convermente de es?s trabajos como se lo merecen, pordad. Allí se admira la canalización y el magnífitir en una fuente de riqueza, estableciendo un
que, en realidad, son muy importantes y hablan
co sistema de siembras y cosecha de maíz cebasistema de irrigación artificial por medio de bommuy alto del talento y laboriosidad de su autor.
da, trigo, garbanzo, cacahuate, papa, camot~, alfalbas centrífugas movidas por electricidad, y abasfa en gran escala, etc., etc., cría de cerdos de las

ª

AJulián del Casal.
En el castillo, fresca, linda,
la marquesita Rosalinda,
mientras la blanda brisa vuela,
con su pequeña mano blanca
una pavana grave arranca
al clavicordio de la abuela.
¡Notas de Lully y de Rameau!
versos que á ella recitó
el primo rubio tan galán¡
que tiene el aire caprichoso,
y que es gallardo y orgulloso
como un mancebo de Rohán,
Va la manita en el teclado
como si fuese un lirio alado
lanzando al aire la canción,
y con sonrisa placentera
sonríe el viejo de gorguera
en los ta pices del salón.
En el tapiz está un amor,
y una pastora da una flor
al pastorcito que la anhela.
Es una boca en flor la boca
de la que alegre y viva toca
el clavicordio de la abuela.
Es una fresa, es una guinda¡
los labios son de Rosalinda
que toca y toca y toca más.
Tiene en su rostro Abril y Mayo¡
en su mirada brilla un rayo¡
con la cabeza hace el compás.
iQué linda está la marquesita!
Es una blanca margarita,
es una rosa, es un jazmín.
Su cabellera es un tesoro;
si ríe, brota un canto de oro
en su reir de querubín.
El cielo tiene sobre el traje¡
si hay una nube es un encaje,
espuma, bruma, suave tul¡
como ella es blanca y sonrosada,
y de oro puro coronada,
qué bien le sienta el traje azul!
Ella hacia un lado inclina suave
la cabecita, como un ave
que casi va, que casi vuela¡
y alza su mano el son sutil
de la blancura del marfil
del clavicordio de la abuela.
La niña, dulce cual la miel,
canta á compás rondó y rondel,
canta los versos de Ronsard¡
y cuando lanza en su clamor
los tiernos versos del amor,
se pone siempre á suspirar.
Amor sus rosas nuevas brinda
á la marquesa Rosalinda
que al amor corre sin cautela,
sin escuchar que en el teclado
canta un amor desengañado:
el clavicordio de la abuela.
¡Amar, reir! La vida es corta.
Gozar de Abril es lo que importa,
en el primer loco delirio¡
bello es que el leve colibrí
bata alas de oro y carmesí
sobre la nieve azul del lirio.
Y aunque al terrible viaje largo
empuja el ronco viento amargo,
cuyo siniestro nombre hiela,
bien es que el pobre viajador
anime el vivo son de amor
del clavicordio de la abuela.
RUBÉN DARÍO.

BOSQUEJO
Para "El Mundo Ilustrado."

Un camino muy largo ...... el de la vida,
con espinas y rosas¡
de las primeras, muchas¡ de las segundas, pocas.
Allá lejos, muy lejos, como vagas
claridades de aurora,
un rayo de esperanza y un destello de gloria¡
-cuando no las oculta alguna nube
que pasa y se evapora,
se ven siempre á lo lejos, aunque nunca se tocan.

MUSICA TRISTE
¿ Un amor que se va? .... ¡Cuántos se han ido!

Otro amor volverá más duradero
Y menos doloroso que el olvido,
El alma es como el pájaro señero
Que roto el nido en el ruinoso alero,
' Sobre otro alero reconstruye el nido.
Puede el último amor ser el primero ....
Mientras más torturado y abatido,
El corazón del hombre es más sincero.
Tras de cada nublado hay un lucero
Y por ruda tormenta sacudido
Florece hasta morir el limonero.
¿Un amor que se va? ... ,¡Cuántos se han ido!
¡Puede el último amor ser el primero.
RUEGO
No te alejes del piano todavía.
Alada brote del marfil del piano,
Bajo el lirio fragante de tu mano,
La tierna y amorosa melodía.
Ese adagio tristísimo y arcano
Dulcifica mi espíritu doliente,
Como si presintiera por mi frente
La inefable caricia de tu mano.
Si dispuso el dolor, con golpe fiero,
Llenar de sombras la existencia mía,
Ya se levanta luminoso el día
y florece otra vez el limonero.
No te alejes del piano todavía ....
¡Puede el último amor ser el primero!
ANDRtS MATA.

El murmullo del mundo, que se escucha
como un eco de notas
que se pierden las unas, que se alargan !as otras;
-las primeras ríen,
las segundas lloran.Y cruzando el sendero solitario
-pues las grandezas siempre van á solasun alma de poeta
que se pierde en las sombras,
siempre yendo adelante, que es su guía
el rayo de esperanza
y el destello de gloria.
GUSTAVO

F.

AGUILAR.

México, Octubre de 1908.

*

PAISAJE
(Para tu Album).
Para "El Mundo Ilustrado."

Se oculta el Sol y sus postreros rayos
Tiñen el Occidente de escarlata, ,
Y entre ricos celajes, en Oriente
Tiende la Luna su crespón de plata.
Una parvada de inocentes aves
Cruza por el espacio, alegremente,
Y las esbeltas palmas se retratan
En el límpido espejo de la fuente.
Su imponente oración da la campana
En la elevada torre que blanquea,
Inspirando en mi sér una plegaria¡

UN POCO DE ENSUEÑO
La rueca de la amable fantasía
Danza en el pavimento aires livianos¡
Ven, y con la blancura de tus manos,
Hila un poco de ensueño, amada mía.
Las horas por vivir guardan arcanos
Acaso dolorosos, y en la vía,
La gasa de un ensueño amenguaría
El odio y el rencor de los hermanos.
Cubramos nuestros dulces ideales
Con el velo impalpable y transparente
De una ilusión¡ tomémonos cordiales.
Debe ser bello que al final del sueño,
La tierra nos acoja dignamente
Hilando el postrer copo de un ensueño.
EDMUNDO VELÁSQUEZ,

Y al mirarte pasar entre las flores,
El recuerdo de ayer arde y flamea
Con el fuego voraz de mis amores.
VIRGILIO AZAMAR.

Cosamaloapam, Ver., Octubre 7 de 1908.

*

MADRIGAL
Porque es blanco y es bello tu abanico,
porque es fino y es suave,
y porque se distiende y se recoge
como un albo plumaje ..... .
y porque sé que es tuyo, me parece,
poniendo en él mis frases,
que dejo resbalar una caricia
sobre el ala de un ángel. .....
FELTX CALLEJAS,

�l~L

,w,

1&gt;0 1 LliSTlt \ l&gt;Cl

LAS CUNAS
U

CRONICA
o armonioso ha quedado vibrando aún
el recuerdo después de la última temada musical. Las impresiones de arte
,no son como la estela que deja en las
olas el paso transitorio de un navío: consérvanse
imperecederas en el más íntimo y oculto s-intuario del alma, como lámparas de inextinguible claridad ó cual flores misteriosas, brotadas al calor
del fuego sagrado del arte, cuyos pétalos, siempre
frescos y perfomados, no pueden marchitarse
jamás.
Y aun cuando to&lt;las las manifestaciones artísticas son inmensas y exquisitas en sí mismas y en
la emoción que tienen el mágico pode, de produc'ii-, es, sin embargo, la música la más elevada de
esas cimas, la que corona esas alturas, como la
nieve luminosa y blanca que, en argentada diadema, brilla sobre la cumbre de los volcanes.
Toda palabra tiene su alcance limitado, toda
idea puede apreciarse en su verdadera extensión;
pero la música, en el divino idioma de la harmonía,
alcanza la intensidad más completa en la facultad
de expresar, y toca, con sus alas, el infinito en la
sensación. Los más altos artífices de la palabra
encuentran en su labor innumerables &lt;lrficult,,des;
la poca energía de los conceptos, cuando las ~randes pasiones humanas figuran en la es:ena de sns
obras, el deficiente color de las frases en aquellas
páginas en que el autor deseada ardientemente
trasmitir su propia vida sentimental; y como ,i
esto fuese poco, la pobreza del idioma para expresar los diversos y múltiples matic~s de la~
sensaciones, pues la riqueza del estilo no admite
usar los mismos términos, ni L monotonh de las
imágenes y descripciones. Y poco más ó menos,
en las demás artes, se encuentra circunscrito el
horizonte en que deba tender el vuelo la in,piración; solamente la música, llamada por un1va,al
opinión _&lt;arte divino», no conoce obstáculos ni limites; océano sin playas que lo detenl!an, deja correr sus aguas impetuosas en olas de harmonía,
confundiéndose el azul de sus perspectivas con
el lejano horizonte en el glorioso beso de dos inmensidades; y otras veces, con alas de águila, Ievántase hasta las vertiginosas alturas del genio, ó
bien se desliza entre las flores de los jardines como
tímida mariposa, ya cuando eleva el canto de trágicas pasiones, ya susurrando delicados y tiernos
amores que pasan sobre las aln.as como el suave
roce de una ala de pájaro, ó como el tibio rocío
de una aurora primaveral.
Sin duda que mis lectoras esperan, con ansiedad, la temporada de invierno, tan pródiga en
esas manifestaciones artísticas que nos llegan del
viejo mundo. Los teatros abren ya sus puertas, y
la Moda prepara los lujosos atavíos que las damas deberán lucir en esa clase de espectáculo~.
Especialmente en los abrigos se esmcnn la fantasía y el buen gusto á fin de confeccionar, en ese
artículo, todas las combinaciones más elegantes y
exquisitas que puedan imaginarse.
Parece que la novedad más importante en este
invierno, respecto de abri)!os, será la ori~rnal creación del manto zibelino. Estos elegantes abrigos
son sumamente cómodos y confortables; se hacen en piel de zorro, de nutria ó de cualquiera
otra. También se usa, para estas confecciones, el
paño ó el astrakán.
Las capas comienzan á aparecer nuevamente,
con mangas ó sin ellas, en telas lisas y de cuadros. Hay que elegir, sin embargo, la forma de
abrigo que convenga á cada persona, y me atrevo
á aconsejará mis lectoras que esta clase de abrigos
sea preferida por las de alta ó mediana estatura,
pues para las mujeres de talla pequeña es mejor
el jaquet ó paletó corto ó semilar_go. Los abrigos de grandes dimensiones se veo muy mal si
no son llevados por personas altas. haciéndo&lt;e
solamente una excepción cuando se trata de abrigos para salir del teatro ó baile, ,pues en este estilo los más elegantes son siempre larl(os.
El terciopelo, la piel, el soutache y l&lt;&gt;s grandes
botones de fantasía, serán los adornos preteridos
de esta estación. Las boas, estolas y manguitos de
piel, tienen actualmente gran privanza; nada más
natural, lectoras mías: el frío aumenta i-.us rigores y hay que ponerse prontamente ex: defensa; y si este motivo no fuera suficiente., ¿me
diréis si hay algo mas elegante y que embellezca

tanto el semblante femenino como la p,·oximidad de la obscura y luciente piel, junto de la tez
suave y sonrosada de un liudo rostro? Esto es
bastante, ciertamente, para que el reinado de las
pieles tenga largo tiempo la más completa aceptación.
MARGARITA.

tro en form:i de alero y que sirve para resguard.&lt;r
del sol).
Verónica iba siempre junto de Pedro¡ un día
acabó por buscar el amparo de su mano, fuerte y
segura á pesar de ser la de un niño, y, desde entonces, no la abandonó ya. Caminaban así, hablando y riendo, mirándose con asombro y cariño de
tiempo en tiempo.

.................. ' ........ . .......... . ... .

Pedro y Verónica
La hermana ile Pierre Loti, 1'\me.
Marie Viaud. acaba de morir. Era
una mujer superior que fué para su
hermano la más querida amiga. De
los papeles lntimos de la dama, encontrados en su bufete, acaba de
extraerse e, te recuerdo de infancia
c¡ue traducimos hoy para • El Mundo Ilustrado," y que es un re:latoJ de frescura y gracia, donde se
cuenta el idilio del re4ueño Pierre
Loti y de Verónica, idilio sencillo y
tierno. que trae á la mrmoria los
amores de Pablo y V.rginia.

RA en el centro de aquel pueblecillo, en una vieja casa con pequeñas
ventanas de fierro pintadas de verde, seg1ín la usanza de la isla.
Todo brillaba al be,o de un hermoso
y benéfico sol.
Había, al derredor de la vieja casa,
una especie de párterre lleno de
rosas bermejas, de resedá~, de ~randcs flores
amarillas y blancas que, por las mañana~. alzaban
sus corolas en actitud altiva, y que al fuego del
mediodía se inclinaban con sumisión sobre la arena. Todo este cuadro envuelto en 1,n penetrante
olor de azahar, la flor simbólica que, perezosamente, arrastraba el viento ..... .
Al frente, un caminito angosto llevaba en su
pendiente hacia la playa hermosa y amplia. Después de ella, el mar ...
Una docena de chiquillos, todos ellos hijos de
pescadores, con los pies desnudos y la cabeza al
aire, segníaT' ó precedían á mi hermanillo Pedro,
yendo y viniendo á su derredor como mariposas,
puestos los negros y hermosos ojos en los de Pedro, que no eran menos negros y grandes. Seguíanle devotamente y con aire de a~ombro. Porque en aquella época y en aquel la isla, un c-petit
mousieur», un caballerito, era cosa de asombro y
valía la pena de mirarle y remirarle.
Por el sendero arenoso,acompañado invariablemente por su apasionado cortejo, Pedrn bajaba todos los días á la playa para recoger las conchas
de todos colores que se amontonabai. eu esta parte de la costa: amarillas, rosadas, violetas, de los
tonos más vivos, de las formas más delicadas y
raras.
Las había admirables y lindas. Los chiquillos
recogían las más hermosas y corrían á entregarlas á Pedro, silenciosamente, con respeto, en actitudes casi solemnes.
Verónica era una de sus más asiduas acompañan1es. Un poco más pequeña que Pedro, fenia la
carita dulce y soñadora, la tez ligeramenté morena, y dos admirables ojos grises que relampagneaban misteriosamente ...... Llevaba en la cabeza
una grande kfrhenote blanca, (kichenote, vieja palabra del país que designaba un antiguo tocado,
especie de corneta monjil que avanza hacia el ros-

Al alba de Dios. la pequeña Verónica abría los
ojo~, saltaba del lecho y corría hacia nuestra casa. Acurrucada junto á la cerrada puerta, como
un anadoncillo de pi 11maje suave, la e11contr~ba
yo todas las mañanns al abrirla. Pcdrr, mientras
se vestía, pensaba que allí estaba su amiga: por
ella se hacía madrugador. De prisa lavaba su rostro, peinaba sus blondos cabe! los y corría hacia
la puerta Un gran beso sonoro y un nmplio abrazo era invariablemente el salndo. Después á la
plática; charlaban de sus trabajos de la víspera,
de s11s proyectos, de sus recolecciones de conchas
y riscos. Algunas veces, Verónica, antes de venir
á sentarse á la puerta, había hecho ya una correría por la playa y de allá traía maravillas. . .
-¡Mira! decía orgullosa, imira!
Y dejaba caer de su delantal encantado una cascada de colores que rodaba en confusión de nácar ....
Un día, hacia fines de Agosto, Pedro, después
de una larga meditación en que resol vía, sin duda, las di/i&lt;;ultades provenidas de las diferencias
sociales de mi hermanillo y de su amiga, aquél
dijo á é~ta, de una manera solemne y grave:
-Verón¡ca: nos casaremos los dos. Al volver
con mis padres les pediré el permiso.
El día 15 de Septiembre fué preciso abandonar
la isla.
Pedro había hecho una hermosa v especial recolección d.e conchas, estrellas de mar, riscos, caracoles, algas, g111jarros marinos ...... era aqnello
un tesoro del allo de una montaña. In,acrnble,
quería llevarlo todo; fué preciso seleccionar lo
mejor, y, ayudado por Verónica, se empacó todo
en cajas cuidadosamente envueltas y atadas con
cuerdas.
Habfa sonado la hora. Un enorme coche que
llegó de Saint-Pierre azoró el pueblo con su ruido de viejo herraje y el trote brusco de sus mulas. Este coche venía por nosotros.
Pedro introdujo en él, cuidadosamente, todos sus
paquetes; el equipaje fué colocado en el pescante: corté del parterre algunas rosas bermejas y me
hundí en la caverna negra de aquel coche, casi
fantástico por su vejez y rara estructura.
Mi hermano Pedro, que se había ya despedido
largamente de su pequeña prometida, tomó asiento junto á mí, y pude ver sus ojos nublados por
honda tristeza, mirando hacia el sendero arenoso
donde Verónica, el rostro oculto por las manos,
sollozaba en trágica y dolorosa actitud ..... .
Entonces, mientras el coche escapaba en ve1·tiginosa carrera, sentí erl mi alma como un gran peso-esto uo era por la primera vez,- y clavando
mis ojos en Pedro, me pregunté silenciosamente:
¿Q11é será de este niño en la vida? ¿Qne será de aquella silueta que, desde el fin del camino,
vuelve hacia nosotros sus brazos y sus ojos? ¿Qué
hay de desesperanza en ese pequeño corazón?
¿Qué hay de ... ngustia en presencia de este aban•
dono?
MARÍA V!AUD.

Ne.ta. Sabemos lo que ha sido de Pierre Loti.
Mas no sabemos ¡ay! nada de lo que se refiere á la
tierna Verónica.

POEMAS

UNA

casa sin niños-ha dicho un poeta sentimental-es como una jaula sin pájaro."
Todas las señoras, con muy raras excepciones, encuentran deliciosa lo loca al~arahía que meten los
chiqttillos por patios y corredores . .... Y ¿qué
diremos de los tímidos gorjeos de los niños que
aún no ponen sus piececillos por el suelo? Esos
son los consentidos, los mimados, los_ eternamente adorados por propios y extraños. Todo para el
bebé:. los mejores juguetes, los alimentos más suaves y más bien condimentados, las telas más finas, los encajes más vistosos .... Su pequeña persona es un muestrario de monerías y artificio: entredoses, puntas, gaveados, deshilados, alforzas....
¿Y la cttna? ¿qué diremos de la cuna, del nido en
donde reposa ese pajarito encantado? .... Pues de
la cuna diremos sencillamente que es una maravilla. El colchón y la almohada son de pluma¡de
holanda finísima las pequeñas sábanas; los pnnchns color de rosa ó azules, de suavísimo algodón,
y las colcllas ...... ¡ah! las colchas son un prodigio de arte. Acabamos de ver una, elegantísima,
en la cuna del predilecto de una casa rica; y en
bien de nuestras lectoras, hemos enviado al fotó.~rafo p,1r.1 que saque las muestras que hoy tenemos el gusto &lt;l; dar en este número. El fondo de
la colcha es de seda brillante color de ros:, encendido, y las estrellas son tejidas al cr&lt;'chel.
He aquí la muestra en tamaño natural. No puede ser más claro el dibttjo.

LOS MUERTOS

ra que le dé fuerza suficiente y no esté expuesta
á aflojarse.
Una vez que estén hechas siete estrellas iguales á las que indica el grabado 1, procédase á
j untarlas,-como lo indica el grabado número 2,cosiéndolas con hilo que tenga el mismo grueso
del tejido.

I
AJO el puro blancor de la nieve-se extiende el cementerio-desierto. A través de los árboles desnudos, raqu íticos y todos vestidos de blanco,-pasa
gimiendo el ábrego.
Y en un descenso incesante, caen ligeros-los
hermosos copos de algodón-agitando suavemente en el espacio-una bruma blanca y móvil.
Y las tumbas silenciosas y frías-los arbustos y
las finas cruces yertas,-se esfuman y desaparecen
-bajo ese apacible y pálido sudario.
Es la muerte inmensa de la naturaleza-que extiende, como un vasto velo,-su enorme y blanca
tristeza sobre la muerte del hombre.

II

Uniéndolas así, de siete en siete, r,ronto se formará una tela artística y elegante, que tendrá el
tamaño exacto de la cuna del niño.
Una vez alcanzado este tamaño, se procederá,

Y pienso en los muertos.-Olvidados, desnudos
y míseros deben tener frío-en la tierra, tiritando
dolorosamente-en sus lechos negros.
Y creo escuchar el gemido de sus lamentos, gemebundos y llorosos.-&lt;c¿Dó se ha ido el dulce calor
amigo-de los rayos del sol? iAy! el poco aliento
que nos queda se nos está helando!-Y con este
frío no es posible dormir.-Que vuelvan los días
ea que la 1ierra es buena y está tib1a,-y la brisa
murmura su canción.
e-Somos los eternos desheredados;-nos abandonó para siempre la alegría de la vida¡-y ahora
nuestro corazón se encuentra sin calor y desnudo,-y desnudo, completamente desnudo nuestro
cuerpo!
&lt;Somos los eternos desheredados;-y es menester que tengamos encima de uosotros luz,-calor
y flores para que nuestros ojos puedan-dormir
su sueño en paz&gt;.

III
Pero los copos innumerables caen siempre
fríos, hermosos é insensibles; y la grande y pura
sábana de terciopelo-va espesándose más y más.
Y siempre bajo ese vasto sudario-se extiende
el cementerio desierto;-y á través de los árboles
enjutos y todos vestidos de blanco-pasa el ábrego prorrumpiendo en sollozos.

VENDRAS

Las esquinas de la estrella van aumentándose á
razón de una cadena en cada vuelta y dos macizos verticales. Los plastroncitos realzados se hacen con cinco macizos verticales, cerrando los
cinco por medio de una sola cadena, apretada, pa-

co:no lo indica el grabado número 3, el cual muestra la colcha ya completamente terminaéla,-á
confeccionar el fleco, que se hace enrollando hilo
bastante en un cartón que dé el ancho conveniente y cortándolo por un lado. Después se cuenta
de diez en diez hilos, y con cada grnpo se hace
un nudo en las orillas de las estrellas.
Esta colcha es susceptible de hacerse más ó
menos elegante. Por ejemplo, puede tejerse con
seda blanca ó de color; puede también hacerse
con hilaza rosa ó azul, teniendo cuidado que el
color del tejido vaya en armonía con el color del
fondo. La q11e tomó el fotógrafo estaba tejida con
hilo del número 40. así es que resultaba muy fina,
y se veía deliciosa sobre el fondo rosa brillante.
Su confección queda al gusto de las lectoras.

Vendrás de hennosas y apartadas orillas .... -En
alguna parte, no sé bien dónde, comprendo que
existes. Desde la eternidad, mi alma ansiosa espera tu llegada encantadora á través del espacio.
En las horas de inmenso dolor, cuando el gran
fardo de la vida-abrumaba mis hombros con su
peso implacable,-el reflejo suave y dulce de tu figura, entrevista en sueñor,-poofa una caric'a en
las sombras de mi alma.
Y el encanto Iuminoso de tu mágica aparicióncuraba á menudo mi corazón herido, tal como la
caricia de una hermana¡-y el murmullo de bondad que descendía-de la fresca y clara sombra
de tu boca, llenaba mi corazón de esperanzas.
Comprendo y sé que tú existes .... y soy el único que lo s.;.be.-Conozco más profundam,-nte tu
rostro,-joh, Sueño fugitivo! ¡oh, Novia espectral!que las propi:ls máscaras reales que he tocado con
mis manos.
Te c;onozco hasta el fondo de tu alma diáfana
y sé que en ninguna parte de este mundo ninguna doncella ha tenido jamás la pura gracia azul
de tu mirada-inmen5a y bella como el cielo.
Tu nombre, que me reveló la voz de la nochr
-~s má~ dulce que el de la muerte; -y tu frent~
mas radiosa que la lumbre pálida de la luna y
la llama de las estrellas matinales.
Tú vendrás. . . . . Para ti, y en medio de un vasto piélago-formado con mis lágrimas, he construido una casa de cristal,-parameutada con ardienles rosas de qmmera,-y en la cual la Ternura ha colocado un lecho, muelle como una nube.
Y cuando caigas, estremecida, entre mis brazos
-y cuando mi frente ardorosa repose sobre tu se'.
no s~grado, tu alma se mezdará á mi alma,- y
monremos de una dulce y larga muerte ..... .
ARCHAG TCHOBANIAN1

(Armenio).

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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