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UNDO LUSTRADO

Registrado como a rticulo !le segunda c lase, en 3 de Noviembre rle 1894.-Impreso en papel de las Fé.bricas de San Rafael.

Año XV-Tomo 11

México, 29 de Noviembre de 1908

Sr. General Pablo Rocha y Portu, Veterano de las Guerras de Reforma é Intervención,
·¡· e n Gua n a juato el 19 del actual.

Número 22

�EL MUNDO ILUSTRADO

698

l!:L MUNDO ILUSTRAlJO

!Dfur~foric:

Cabe :todavía admitir variedad entre la
línea recta y la curva; pero es que el análisis de la forma no ha sido suficiente. La líDirector, Dr. Luis:Lara y Pardo.
nea, recta ó curva, no es más que agreg·ación de puntos, y éstos, como hace un rato
Gerente General,
las unidades, son todos idénticos.
Si de la forma pasamos á la materia, las
ALFONSO E. BRAVO.
cosas parecen pasar de otro modo J', en rigor, pasan lo mismo. Como la cantidad en
OFICINAS:
unidades y la forma en puntos, la materia
Calle de Alfara número 9, Mb1co, D. F. Apartado posacaba
por resolverse en átomos; ,r sobre
tal 2.570. -Teléfonos: Erlcsson, 1476.
Compañía Telefónica, 471.
que cada átomo es idéntico á los demás en
cada substancia, cuando se comparan los de
.
un!l ~u~stancia__con los &lt;le otra, tQdo.s res11lPRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN:
tan ser pu1·os y simples centros de energía,
En la O!udad .. .. .. .. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . $ 1.25
lo que los reduce á una desesperante uniEn los Estados,.......... ..... . . . . . . . . . . . . . . . . 1.50
En el Extranjero,.. .... . . . . . . .. . . . . . . . . . . . 2.00
formidad,
NÚMEROS SUELTOS:
No tanto, podrá respondérsénos, p01·que
En la Oapltal. ........................... $0,8.'S cs.
las
fuerzas son muchas y distintas y ya eso
En los Estados.... .. . .. .. .............. $0.50 cs.
constituye variedad.
No ha,r tal cosa. Los físicos han demostrado la unidad de todas las fuerzas; calor,
luz, electricidad, energía mecánica, todo es
lo mismo: vibración del éter, y los químicos
no están lejos cll' proba!' la unidad de In
materia; todo lo explican unos por el calor,
Dijo el poeta:
otros por la electricidad, antes de mucho
todo será radiación, y ,,oJvemos á caer, de
l'lle pe1· f1•opo 1xu·ia,· natura é Ú&lt;'llrt
lo mtHtiple y lo vario, en lo uno .\' enlomoy aparentemente tuvo razón.
nótono.
La Naturaleza es, en efecto, multiforme .,T
Las estructuras vh·ientes, tan disímbolas,
multicolora. Es incontable la variedad ele
ofrecen todas la misma particularidad: eslos seres é innumerable la di\·ersidad de
tar compuestas de tejidos; y al consuelo de
los fenómenos.
encontrar la ,·ariedad siquiera sea en las maEn el cielo: astros, nubes, meteoros, arnifestaciones de la \'ida, sigue el desengaño
coiris· en la tierra: flores, aves, montañas,
de arnriguar que los tejidos están todos
laO'OS ' ríos. Y ni un astro se parece á otro
compuestos de celdillas, y que éstas, á su
astro: ni una nube á otra nube, ni un sér á
vez, seg·ún reza la histología ultramicroscóotro sér.
pica, están también compuestas de celdillas,
Aun tratándose de las mismas especies de
;r éstas, seguramente, de otras, hasta que
cosas cada una difiere de las otras. No hay
se llegue, cosa indudable, á establecer que,
ni uo; rocas, ni dos árboles, ni dos hombres
como toda la materia, están compuestas, en
i!roales. Cada sér, individualmente considedefinitiva, &lt;le átomos que son centros idénr:do ofrece caracteres que le son propios
ticos de producción de una fuerza única,
y qu~ el resto de sus semejantes no presencualquiera qu~ ella sea.
ta. Entre dos gemelos median diferencias
Levantemos la vista al cielo. Su bellez'.l.
profundas y no median menos entre dos moes espléndida y su variedad inagotable. Las
nedas salidas del mismo troquel.
constelaciones se agrupan en tiguras capriDesde el átomo hasta el astro, desde la
chosas ,r disímbolas que los griegos compaceldilla hasta el hombre, desde el aduar
raron á diversos seres; cruzan, de tiempo en
hasta la sociedad, cada cosa es diferente
tiempo, bólidos luminosos; aparecen, de tarde las demás cosas y la variedad de todas
de en t:1rcle, astros caudales que ciñen coellas es inagotable.
rona y arrastran manto; una vaga niebla,
Los días se suceden, dicen los franceses,
pol rnl'e&lt;la de estrellas, la Vía Láctea, forma
y no se parecen; ni las demás cosas taro poco.
al Universo un cinturón degasaconstelada.
Pero ésto, que es evidente, sintéticamenPues bien: todo eso no es más que la rete, deja de serlo analítica1:11ente.
petición de una misma cosa y, en rigor, una
Las cantidades son legión y lo son tamcosa única: centros de atracción, de luz y de
bién los números que las representan. Mecalor, alrededor de los cuales giran planetas
dian abismos entre las decenas, los millares
seguidos de satélites en órbitas idénticas,
y los millones. La cantidad, en su desensegún las mismas leyes, y movidos por una
volvimiento, llena el infinito y es intermisola fuerza.
nable en grandeza como en pequeñez.
Eso, repetido testarudamente millones de
Ahora bien, la cantidad, analizada, deja
veces, eso es el cielo; y toda esa sucesión de
de ser varia para hacerse una. Toda cifra,
sistemas planetarios forma un solo c:)njunpor O'rande que se la suponga ó por insigto: la Vía Láctea.
nific:nte que se la considere, es tan sólo
Dondequiera que volvemos la vista, si
conjunto de unidades. Y estas unidades son
la simple contemplación nos revela en el
idénticas, invariables, siempre las mismas,
cielo y en la tierra una variedad infinita, el
cualquiera que sea el total que formen.
análisis nos hace caer en la más pesada moEsto hadaexclamaráSelgas: &lt;Parece innotonía.
creíble que se llame público á un simple
La ciencia no hace más que demoler la
conjunto de particulares&gt;.
labor del arte; .Y tan lo han comprendido así
Lo mismo la forma. Un sólido es un
los artistas, que, no pudiendo dejar de paamontonamiento de planos, dispuestos unos
g·ar tributo á la unidad, que es monotonía,
sobre otros, como las páginas de un libro.
han maniobrado hábilmente, héchose de
Serán en número tan intinito como se q uiealiados en las filas enemigas, é incorporado,
ra · pero todos son idénticos. Podrá alegará las reglas del arte, la de la unidad, á pesar
se 'que los planos constitutivos de un cubo,
de ser tan terrible enemiga de la variedad.
sus tajadas ó rebanadas, que diríamos en
La ciencia, entre tanto, sigue su trabajo
lenO'uaje vulgar, son diferentes de los que
de zapa y presentando á la Naturaleza en
for~n una pirámide triangular ó un prissu único y verdadero aspecto de monótona
ma exagonal, demos por caso. Pero en el
variedad.
fondo no es así y un análisis más profundo
lo demuestra.
En efecto, si un cubo es un amontonamiento de planos cuadrados JT un tetraedro
lo es de planos triangulares, como quiera
que todo plano no es más que un conjunto
de líneas, la pretendida diferencia se evapora y la monotonía &lt;le la línea suhsiste.

--

MONOTONA VARIEDAD

Crónica Científica
ESCULTURAS DE LUZ

O que sigue pudiera llamarse: "La fotogra.
fía para los ciegos." Antes, cuando se hablaba de fotografía y de retratos á un cie•
- - - - - - go de nacimiento, seguro que esto no
despertaba en su imaginación una idea precisa.
Un pobre sér que nunca ha visto nada, no podía
formarse una idea de lo que es la imagen. Sin
embargo, e~ I!robal]le que se ppeda desperta¡~n
él vagas analogías, puesto que, disponiendo del
tacto, puede conocer la forma, puede leer en un
libro con caracteres realzados, recorrer el contorno de una estatua y tener conciencia de él.
Por lo tanto, si se llega á obtener una fotografía con un relieve tangible, se habrá logrado una
fotografía para los ciegos. De esta manera, un sér
desheredado de la luz podrá conservar, y, por decirlo así, volver á ver, de alguna manera que no
sea por la memoria, la figura de los seres amados
y perdidos, sobre la cual ha pasado, durante toda
su vida, sus dedos para que se saturen de la forma, como si fueran otras tantas miradas.
A primera vista esto parece imposible; una magia irrealizable: ifijar los relieves de los cuerpos
por medio de la fotoquimia! Sin embargo, el señor
Baese, de Florencia, acaba de descubrir la fotoescultura.
Y no es el primero que intenta la solución del
problema; ya un francés, Francisco Willeme, había hecho algunas estatuitas y algunos bustos de
·fotografía directa de los modelos vi vos; pero su
procedimiento era demasiado complicado, y á pe•
sar de las modificaciones que le hizo su autor, fué
prácticamente inaplicable.
Después M. Barbichon, miembro de la sociedad
fotográfica de Francia, basándose en los trabajos
de Fox Talbot, y el sabio Alfonso Poitevin, llegaron á hacer fotografías en relieve, fundándose
en las propiedades de la gelatina bicromatada.
Estas propiedades son las siguientes:
H-Se hace más ó menos insoluble en su espesor, según la intensidad de la luz que la ha heri•
do é impresionado.
2:i--Puesta en el agua fría, no se infla en los lugares que han experimentado la acción de la luz,
mientras que las otras, por el contrario, afectan
un relieve considerable.
Las pruebas obtenidas por M. Barbichon sufrie·
ron una suerte muy curiosa cuando las quiso pre•
sentar á un salón de arte: en el salón de fotografía se las rehusaron como esculturas y en el de escultura se las rehusaron por ser fotografías, La
manipulación de este procedimiento era sumamente complicada y exigía una gran habilidad de
parte del operador, y, por lo tanto, no hizo mejor
fortuna que su antecesor.
El procedimiento que acaba de ser inventado
por el señor Baese es mucho más sencillo; pero,
para llegar á serlo, se ha teniJo que vencer grandes dificultades. Para darnos una idea de él examinemos un clisé fotográfico. Notaremos que los
blancos 'y los negros forman matices esfumados,
cuyas graduaciones no se relacionan tanto con la
plástica del sujeto como con los colores de sus
ropas y de la luz que recibe.
Si proyectamos esta negativa sobre una capa de
gelatina bicromatada, la cual sometemos en seguida al inflamento por medio del agua fría, obtendremos el mayor relieve en las partes obscuras y
el menor en las claras. Obtendremos, por lo tanto,
un relieve completamente falso, puesto que el color de un vestido puede modificarlo más ó menos.
Un saco blanco no dará ningún relieve, y un corpiño negro dará, en cambio, un relieve considerable.
No se obtendría mejor resultado con un original de un solo color, tal como una estatua ó un
bajorrelieve. En efecto, la luz no se repartiría sobre ese original, según la mayor ó menor distancia de sus diversas partes, al centro de iluminación. Esto depende de que un rayo luminoso que
tenga una sección de un centímetro cuadrado, por
ejemplo, que caiga sobre una superficie perpendicular á su dirección, iluminará con mucha más
intensidad que si cae sobre un plano inclinado;
en este último caso, iluminará mayor extensión,
pero con menor intensidad.
Por lo tanto, la iluminación de un modelo es
independiente de su relieve, y sólo tendrá relación con la mayor ó menor inclinación. de los diferentes planos que lo forman, ¿Cómo obtener
una fotografía en la que el claro obscuro no dependa de los colores ni de las sombras?
El señor Baese ideó colocar, entre el modelo y
la lámpara que lo ilumina, un prisma de vidrio
coloreado, el cual absorbe más ó menos luz, según el espesor que ésta atraviesa. La fotografía
obtenida con esta iluminación es muy defectuosa
en razón de las degradaciones de la luz, que están
muy atenuadas por la interposición del prisma.
El clisé obtenido presenta, además, los defectos enumerados antes, debidos á la absorción de
la luz por los colores y á la inclinación de las
diferentes partes del modelo.

SRITA. JOSEFINA VILLASEil"OR.

SRITA. ADELA VJGNON.

Reinas del concurso de Simpatía, abierto por el Sr. Nicolás Caamaño en Orizaba,

I/uminaci6n del teatro de Culiacán en las recientes fiestas en honor del Sr. General Cañedo.
Entonces1 lo que hay que hacer, es obtener otro
clisé, en el que las partes que recibían menos luz,
sean las que reciban más y viceversa. Comparando las dos negativas, notaremos que las degradaciones de luz, aunque muy debilitadas, se ~alla1;
en sentido inverso, y que los defectos debidos a
la inclinación de los planos y á la absorción de
la luz, se encuentran también invertidos.
La imagen positiva que se obtiene por medio
de un clisé negativo, no es, como todo el_ mundo
lo sabe, más que una inversión del negativo; por
lo tanto se comprende bien que, teniendo los dos
negativ~s que hemos obtenido, l?s m~smos defectos de degradación, pero en sentido inverso, los
positivos que se obt~ngan de el!os ten~rán defectos iguales y en sentido contrario también.
Sobreponiendo los dos positivos d~ m_anera.que
las figuras coincidan, lo que no es difícil, puesto
que las dos placas han sido tomadas desde el mismo punto y el sujeto no se ha movido, veremos
que las dos placas no forman más que una sola,
en la que las degradaciones de _luz se neu~rali~an,
lo mismo que los defectos debidos á la inclinación de los planos.

Quien haya seguido con atención esta ligera reseña, comprenderá que ~i se expone debajo de esta placa doble una placa de gelatina bicromatada
y luel(o se somete á un h.Lño de agua fría, se obtendrá una fotografía ~n relieve, muy J&gt;erfecta, del
sujeto. Tan fácil así es; pero no se le había ocurrido á nadie.
Lo que hemos reseñado son las operaciones que
.::onstituyeron el procedimiento primitivo; pero
éste ha sido modificado notablemente, y ahora el
aparato del señor Baese hace el trabajo, de una
manera automática, en todas sus faces. Con su
aparato perfeccionado espera el inventor obtener,
dentro de poco, no sólo relieves, sino estatuas
completas de los sujetos.
Se comprenden todas las aplicaciones á que está llamado el nuevo invento. Además de sus usos
artísticos, que serán infinitos, para reproducciones
de exactitud matemática no habrá nada que lo supere. Y si juntamos al nuevo invento con la fotografía de colores, sólo faltará que la diosa Venus
conceda la vida á las estatuas, como á Galatea, para obtener reproducciones perfectamente humanas.

SRA. CARMEN GONZÁLEZ DE SERRATO.

Contraieron matrimonio en Guanajuato
el 19 de los corrientes,

�UNA VIDA DE GLORIA
Y DE

SUFRIMIENTOS
ACE pocos meses dos periodistas franceses, para satisfacer
su curiosidad personal -y-con
protesta de absoluta reserva,
hicieron val'ias preguntas á
las principales personalidades
de estos tiempos. Les preguntaron quién es, según ellas, el
poeta más grande, el más gran pintor, el más grande
de los músicos, el más grande entre los novelistas y el más grande de los sabios que han existido.
Después, y como interrogación final: ¿Quién de
todos estos genios sintetiza mejor á los demás?
El resultado de este interrogatorio fué el siguiente:
El poeta más grande, Víctor Hugo.
El músico más grande, Beethovep.
El pintor más grande, Rembrandt.
El novelista más grande, Balzac.
El más grande hombre de ciencia, BaS'ón.
Por fin, el superhombre entre todos estos superhombres, designado por· una enorme mayoría de
99 voces, fué Beethoven.
No pretendemos explicará nuestros lectores, en
un artículo, á un hombre que sintetiza á todos los
genios superiores del muudo: sería una tarea demasiado difícil. Vamos sólo á trazar algunos de
los princ ipales episodios de una existencia maónífica y dolorosa, soportada con tanta nobleza by
estoicismo. M. Romaiu Rolland ponía estas palabras al fin de la hermosa y artística biografía que
escribió del gran artista: «Reanimemos, á 'ejemplo suyo, la fe del hombre en la vida y en el
hombre&gt;.
Empezaremos por la parte física, por 11sa cabeza
admirable que ha sido inmortalizada por tantos
pintores y escultores; una frente amplia y pote¡¡-

'

te, los misnios oj os luminosos que admiraron los
conteniporáneÓ§ .de Balzac -én el autor de la «Comedia Humana&gt;. Una expresión potente y, esparcidas por toda la cara, esa tristeza soberana, esa
melancolía altiva de los desgraciados y de los no
comprendidos.
·
En su juventud tuvo algunas veleidades de elcgaucia;se le vi ó caracolear por el &lt;Prater» en Vie-

na, llevar medias negras
y ponerse polvo. Más tarde, las tempestades de su
vida, la pobreza, el trabajo, barrieron estas preocupaciones. Salí a s in
sombrero, con una barba
de varios días y una melena salvaje, vestido con un saco y un pantalón de piel de cabra, Cuando lo veían pasar los muchachos, gritaban. «¡Mira! ahí va
Robinsón Crusoe&gt;. Y las gentes niayores se
burlaban del loco. Es inútil hablar aquí de
los frutos de la colosal labor de Beethoven. ¿ Quién
no se hl\ estremecido al escul=har la ~Appass.ionata&gt;
y á todos los pianos del mundo cantando y repitiendo la canción inmortal de la &lt;Sonata al claro
de Luna?&gt; Por otra parte, la vida explica la
obra y es tan interesante como angustioso ver á
esta última floreciente de gloria y de obras maestras, á pesar di: }as contrarie4ades de la otra.
Beethoven nac;ió el 16 de Diciembre de 1770,
en Bonna, ceréa de Colonia, de un padre alcohólico y de úna madre tuberculosa: Este detalle es
necesario: explica las múltiples cargas que pesaron,
como la fatalidad, sobre esta existencia de hombre; explica 1a·sordera gue sobrevino al músico
á los veintiséis' años de su edad.
El padre quiso saéar alguna ventaja de su hijo
desde que éste llegó á la edacf de cuatro años. Se
le exhibía como pequeño prodigio, después de una
preparación intensa que consistía en sentar al niño frente á su clavicordio y hacerlo tocar hasta
que le salía la sangre por las. y emas de los dedos.
A los once años formaba parte de la orquesta del
teatro; á los trece, era organista; á los diez y siete,
jefe de familia, pues ;.suruíaJa responsabilidad de
la educación de sus dos hermanos menores.
Iniciación en la v ida, primeros éxitos, primer
dinero ganado, que reanima al neófito.
· «Por ejemplo, escribía él á Wegler con una ingenuidad exquisita, veo á un amigo que se halla
en la indigencia; si el estado d e mi bolsa no me
permite auxiliarlo en seguida, no tengo más que

~:~~ia,yf\_

L'.1 Lcg-,tei6n m~xican:i l'n Tokio ocupa una casa propiedad de nuestro Gobierno ue co · t' ·
·
·
11
ml'ntc sl' aii:i pi i~1·on los terrenos de la residencia de nuestro representante y se adq~i~·ió 'un ~~1
e~?1otgo de a&lt;lmi_racif • H?cicntefías ele ese Jar&lt;lrn, que debemos á la amabilidad del Rr. D. Federico Gamboa tiubsecreta11.-o do
i~.
amlosen csdta P, ana fotogTalectores una idea ele lo pintm·esco del sitio.
'
'
e e acwnes, as que arnn á nuestros

�702

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ítU8T!U1)0

sentarme á mi mesa de trabajo, y en poco tiempo
lo he sacado de apuros. Ya ves que esto es en•
cantador&gt;.
Aquí tenemos que mencionar la catástrofe más
espantosa de su vida: En 1796, á la edad de veintiséis años, Beethoven se quedó sordo, El doctor
Klotz-Forest, que examinó el caso desde el punto de vista médico, declaró que el mal tenía su
origen en una afección ~eneral hereditaria. Diagnosticó un catarro de las trompas de Eustaquio,
catarro que se tranformó, en 1799, en una otitis
media aguda que pasó al estado de otitis catarral
crónica. Para componer su mú~ica se servía el
desgraciado de una varilla de madera, una de cuyas extremidades colocaba en la caja del piano y
la otra entre sus dientes; así oía, ó casi oía.
Léanse estas cartas, en las que Beethoven se
confiesa:
&lt;Mi querido, mi bueno, mi afectuoso Amenda:
tu Beethoven es profundamente desgraciado. Sabe
que la parte más noble de mi sér, mi oido, ha bajado mucho. Ya ea la época en que nos hallábamos juntos experimentaba síntomas del mal y los
ocultaba; pero desde entoaces esto ha empeorado
mucho. ¿Curaré? Lo espero, naturalmente, pero
muy poco¡ estas enfermedades son incurables.
¡Cuán tristemente debo vivir, evitar todo lo que
amo y que me es querido, y esto en un mundo
tan miserable, tan egoísta! ¡En.qué triste resignación tengo que refugiarme! Sia duda que me he
propuesto sobreponerme á todos estos males¡ pero
¿cómo me será posible esto?&gt;
A otra persona escribía lo siguiente:
&lt;En el teatro ten,go que ponerme junto á la orquesta para oir algo de lo que dice el actor. No
oigo los sonidos altos de los instrumentos, ni de
las voces, si me coloco un poco lejos. Cuando se
me habla en voz baja, apenas percibo, y cuando
se me grita, no lo puedo soportar .... Muy á menudo he maldecido mi existencia. Plutarco me ha
enseñado la resignación. Quiero, siempre que esto me sea posible, desafiar mi destino¡ pero hay
momentos en mi vida en los que me siento como
la criatura más miserable de Dios ..... ,¡Resigna•
ciónl ¡qué recurso tan triste! y, sin_ embargo, es el
único que me queda&gt;.
Todas las sensaciones, todas las tristezas, todos
los dolores físicos ó morales de un hombre como
éste, debían tener un eco artístico; el de esta catástrofe fué la &lt;Sonata Patética&gt;. Pero lo que es
admirable, es que, después de semejante prueba,
todavía el maestro haya podido cantar la alegría
con la exuberante juventud de algunas de sus
obras.
Un hombre como él debía preocuparse por los
inmensos acontecimientos que se desarrollaban
en esos momentos en Francia: la Revolución, la
epopeya napoleónica. Beethoven era republicano¡
se sabe que la&lt;Sinfonía Heroica&gt; foé escrita para
Bonaparte. El manuscrito primitivo lleva este título: &lt;Buonaparte&gt;. Cuando Beethoven tuvo noticia de la coronación de Napoleón, montó en cólera: &lt;¡Entonces no es más que un hombre como
los demás!&gt; exclamó; rompió la dedicatoria y escribió: &lt;Sinfonía Heroica ..... . para celebrar el
recuerdo de un hombre grande&gt;.
&lt;Romano revolucionario, espectro de Plutarco,
escribe M. Romain Rolland, soñaba en una repÚ·
blica heroica, fundada por el dios de la victoria:
el primer cónsul; y, golpe tras golpe, forjó la
«Sinfonía Heroica, Buonaparte&gt; y el final de la
&lt;Sinfonía en Do menor&gt;, Primera música verdader.\mente revolucionaria¡ el alma de la época vive
en ella con la intensidad y la pureza que tienen
los grandes acontecimientos en las grandes almas
solitarias, cuyas impresiones no son debilitadas
por el toque de la realidad. La figura de Beethoven aparece nimbada con los reflejos de estas gue•
rras épicas. Se ven por todas partes, quizás sin
intención, en las obras de ese período: en la obertura de Coriolau, donde se siente soplar las tempestades; en el &lt;Cuarto Quatuor,&gt; op 18, cuya primera parte tiene tanta semejanza con la obertura
citada, en la &lt;Sonata Appassionatta, op. 57&gt;, de la
que Bismarck decía: &lt;Si la oyera á menudo, sería
siempre muy valiente ...... &gt;
En Mayo de 1806, Beethoven se enamoró de Teresa de Brunswick. He aquí en qué palabras tan
deliciosas habla ella del acontecimiento:
&lt;Un domingo por la tarde, dice, después de comer á la luz de la luna, Beethoven se sentó al
piano. Al principio paseó su mano por el teclado.
&lt;Francisco y yo sabemos lo que significa esto.
Así preludiaba él siempre. Después hirió algunos
acordes sobre las notas bajas, y, lentamente, con
una solemnidad misteriosa, tocó un canto de Sebastián Bach: &lt;Si quieres darme tu corazón, que
sea al principio en secreto, y que nadie pueda
adivinar nuestro pensamiento común&gt;. Mi madre
y el cura se habían dormido; mi hermano, de pie
delante de mí, miraba; y yo, á quien su canto y
su mirada penetraban, sentí la vida en su plenitud. Al día siguiente por la mañana nos encontramos en el parque. El me dijo: &lt;Estoy escribiendo una ópera. La principal figura está en mí,
delante de mí, por tedas partes adonde voy, en
todas partes en donde estoy, Nunca me he sentido á tal altura. Todo es luz, pureza, claridad. Hasta ahora me parecía al niño ese de los cuentos de
hadas que va recogiendo los guijarros, sin ver las
flores que crecen en su camino&gt;.
Por uno de esos misterios frecuentes en las

existencias tan azarosas, á merced de vientos tan
contrarios, el matrimonio no se llevó á cabo. ¿Por
qué? Nunca se supo. Lo cierto es que Beethoven
amó hasta su último suspiro á Terei;a Brunswick,
y ésta amó á Beethoven hasta su muerte.
En 1810 volvió, pues, á su soledad, Soledad altiva é independiente. Aquí tenemos que hacer
lugar á una anécdota célebre, que probará que en
este sérel carácter estaba á la altura del genio. De
una carta del maestro tomamos las siguientes líneas:
&lt;Los reyes y los príncipes pueden hacer profesores y consejeros secretos; pueden colmarlos de
títulos y de condecoraciones¡ pero no pueden hacer grandes hombres, espfritus que se eleven sobre el fango del mund,o¡ y cuando se juntan dos
hombres como yo yGoethe, esos señores deben sentir nuestra grandeza. Ayer encontramos á nuestro paso á toda la familia imperial, La vimos de
lejos. Goethe se separó de mí para colocarse á un
lado del camino. Le dije todo lo que me vino á
la boca, sin obtener ningún resultado. Entonces
me aseguré el sombrero en la cabeza, abotoné mi
levita y me interné, con los brazos por la espalda, en medio de los grupos más compactos. Los
príncipes y los cortesanos hicieron reverencias;
el duque Rodolfo se quitó el sombrero para saludarme; la señora emperatriz fué la primera que
me saludó. Para divertirme, observé el paso de
la procesión por delante de Goethe. Se colocó á la
orilla del camino, profundamente inclinado, con
su sombrero en la mano. Después lo regañé y se
lo eché en cara¡ no le perdoné nada .... &gt;
Estos accesos de independencia fueron tachados de salvajismo. A pesar de todo, la gloria del
maestro crecía: en 1814 fué citado como una gloria europea en el congreso de Viena. Después vinieron las horas malas. Tres ricos señores se habían comprometido á servirle una renta de cuatro
mil florines á condición de que no saliera de Viena: no pudieron cumplir su compromiso. La sordera se hizo completa. En 1822 pidió que se le
permitiera dirigir el ensayo general de &lt;Fidelio&gt;,
y como no oía nada de lo que pasaba en el foro,
llevó á los cantantes y á la orquesta á un fracaso. Dos años más tarde, el 7 de Mayo de 1824, dirigía la «Sinfonía con coros&gt; ó más bien como dice el programa: tomaba parte en la dirección del
concierto, y no oía nada del ruido que se hacía
en la sala aclamándolo, no se llegó á dar cuenta
de ello sino cuando una de las cantantes lo tomó
de la mano y lo volvió de cara al público para
que viera á todo el mundo de pie y agitando pañuelos y sombreros, y aplaudía frenéticamente.
Cuando quería tocar suavemente las teclas, no sonaban, acariciaba el silencio ....
Estaba urgido por necesidades de dinero, atormentado por procesos, por cuidados domésticos.
Para colmo de desgracia, amaba apasionadamente
á su sobrino Carlos y éste le pagó con la más negra de las ingratitudes y le ocasionó inquietudes
y sufrimientos incontables. En medio de estas
pruebas, de esta vida mediana, conoció el admirable triunfo de la &lt;novena sinfonía&gt;, tocada delante de un público tan entusiasta que Beethoven
se desmayó de emoción. A partir de este momento, su alma indomable se habituó al sufrimiento.
No por ello trabajó menos bien, sostenido por
una ironía amarga, un desprecio intenso. Cada
día se enfermaba más, sufrió la ictericia, y después contrajo una pleuresía durante un viaje que
hizo á Viena para ver á su sobrino. Cuando llegó,
pidió á éste que le fuera á buscar un médico; el
sobrino se olvidó de ello y el médico llegó demasiado tarde. Beethoven, atacado de congestión
pulmonar y de cirrosis atrófica de Laenec ( enfermedad del hígado), se acostó, para no levantarse
más, en un lecho donde el desgraciado era comido por las chinches.
No había en la casa un centavo para pagar médico, medicinas ó alimentos. La sociedad filarmónica de Londres, por medio de un adelanto de
dos mil quinientos francos, contribuyó para endulzar en algo sus últimos momentos. Después
de haber sufrido tres operaciones, Beethoven expiró durante una tempestad, en medio de los relámpagos. Fué un extrañe quien le cerró los ojos.
Así murió, á la edad de cincuenta y siete años,
aquel á quien el sufragio de los artistas debía designar, ochenta años más tarde, aomo una de las
glorias más grandes de la humanidad.
H. D.

♦
LA GANCION DEL GONDOLERO
UNA JOYA MUSICAL

Llamamos la atención de nuestras lectoras, especialmente, sobre la página musical que acom•
paña á este número. Es, sin disputa, una de las
más inspiradas composiciones de Méndelssohn.
Su ejecución no ofrece dificultades serias y su
efecto es verdaderamente admirable. A propósito
de ella, circula una anécdota que pasa por ser verídica. Dícese que esta melodía fué improvisada
en un paseo nocturno por los canales de Venecia.
El compositor no acertaba á terminar esta página
cuando, precisamente en esos momentos, un reloj

cercano dió las tres. Y casualmente el tono de la
campana estaba perfectamente de acuerdo con el
tono de la composición. El compositor encontró
esta coincidencia muy de su gusto y puso fin á la
página musical con tres notas graves, imitando
las de la campana.

Las Traducciones de Versos

DEMachado
ZAYAS ha traducido los Trofeos de Heredia y
las obras completas de Verlaine. Estas son las novedades literarias. Me encuentro, ante las pastas invioladas de estas versiones, como
ante puertas misteriosas de una ciudad tal vez sacrílega y réproba, y no me atrevo á entrar ....
Siempre una traducción inspira primero recelo
y después desencanto, cuando no indignación.
¿Por qué la cólera divina de la leyenda estrujó
las lenguas de los insensatos de Babel con un horrible divorcio y marcó, con la discordia eterna,
el verbo de los hombres? ¿Por qué mató la voz
común de aquella generación soberbia y audaz, la
igual corriente que fluía por las gargantas, bañando á todos en una música de solidaridad y de comunión armoniosa?
Un grupo hizo más ríspido, más agrio aquel
lenguaje fraternal y único; otro lo relajó y diluyó en flojas cadencias; otro lo estranguló con sordos y roncos gluteos . ... Y nació, desde entonces,
esa necesidad molesta, el traductor.
El traductor, sociológicamente, es una de las
muchas fuerzas que unen á los pueblos en la Civilización, que no tiene fronteras¡ pero desde el
punto de vista del Arte, siempre serán las traducciones (salvo algún intento logrado providencialmente) tapices vistos por el revés, en que apenas se adivina el dibujo y el color entre los hilos
de la trama torpe y grosera, según el símil de Cervantes.
¿Pasará sobre estos versos castellanos que tengo á la vista el estremecimiento de lujuria y el
misticismo enfermo de Verlaine, la loca y vaga
abstracción de sus &lt;Romanzas sin palabras&gt; y la
burla divinade su&lt;Sagesse?&gt; Y el librodeDeZayas nos traerá al herrero heroico que concentró,
en cada uno de sus versos lapidarios, una epopeya salvaje ó el gesto enorme del mar ó el grito
pánico de los bosques, como cabe un gigante en
un plafón pequeño, combinando sabiamente la disposición de su escorzo? ¿Estará en este libro el
estro de Heredia, del cincelador que arrancó á la
forma, en lucha brava, sus trofeos sonoros y rutilantes?
El recuerdo de &lt;Las Flores del Mal&gt;, traducidas
por Eduardo Marquina, de esa impúdica versión
del poeta doliente y maldito, me separa de estas
nuevas traducciones. ¡Cómo en la pluma de Marquina, quizá mercenaria de un editor codicioso,
se convierte el resplandor sombrío y los acres
perfumes y el canto vibrante y nervioso del autor de &lt;La Carroña&gt;, en frase llana y pesada, en
hipérbaton de clicM, en versificación desabrida y
ripiosa!
Y es que la palabra tiene un valor insustituible en idioma distinto del que es su fuente. No
sólo el espíritu, lo inmaterial, lo inaprensible, lo
alado, es épico, lfrico, didáctico, dulce, grave ó
terrible, ingenuo ó irónico, sino también lo son
, los vocablos, los metros, las rimas, las letras, los
acentos, misteriosamente onomatopéyicos de los
giros más secretos del alma¡ hasta la vacilación ó
la firmeza con que se escribe, hasta el papel que
aparece limpio y terso ó con manchas de tinta y
manchas de llanto, todo es la obra íntegra, viva,
palpitante.
Una traducción es como el &lt;homúnculos&gt; que
quiso hacer el físico de la Edad Media, fabricando admirablemente celdillas, tejidos, nervios, sangre ( de acuerdo con fórmulas químicas, como el
traductor fabrica su obra de acuerdo con el Diccionario) y construyó una asombrosa maquinaria
humana, un hombre artificial, en quien estaban
obedecidas rigurosamente todas las fórmulas y,
sin embargo, no se movía, ni amaba, ni odiaba, ni
pensaba.
Y á pesar de que me atraen sobre mi mesa estos
libros sugestivos y acicalados, con su marca &lt;Vien
de paraitre&gt;, su olor fresco y su brillo satinado y
flamante, 110 los leo, y á la luz de mi bujía compañera, tomo la vieja edición verleniana de Vanier,
la sacudo del polvo y, acomodado en mi sillón,
destapo el frasco que contiene intocable la gris
melancolía del Pouvre Lelien, y leo una vez más:

703

••••
Glosando los carteles de Arbeu, para entresacar
la nota culminante y dar con ella cuenta en estas
líneas, sólo resaltan, á mis ojos, las tres geniales
creaciones de Borrás: &lt;Tierra Baja&gt;, &lt;El Místico&gt;
Y &lt;Los Yiejos&gt;¡ tríptico glorioso que pone al actor espanol, no á la cabeza de los actores iberos
sino más alto que ellos y al frente de todos lo~
artistas de fama universal.
Ermete Zaconi- á quien Borrás, con modestia,
llam~ maestrn- no posee mayores facultades que
este msuperable actor español, de gesto vario, de
acción llana y de voz rica, afinada en todas las
gamas. Su observación penetra en todos los detalles, hasta en fruslerías inconsideradas, y de ella
hace Borrás derroche pródigo en sus interpretaciones.
Allí están el Bautista de &lt;Buena Gente&gt;¡ el Menelich de &lt;Tierra Baja&gt;¡ el padre Ramón de &lt;El
Místico&gt;, y el Juan, el viejo atáxico del &lt;chef d'oeuvre&gt; de Iglesias, todos espíritus di versos entre sí
que el actor catalán repuja con el damasquinado
de su orfebrería.
Alrededor de estas estupendas creaciones giran, como satélites, todas las otras: &lt;Juan José&gt;,
«Mala Raza&gt;, &lt;El Adversario&gt;, que nos inundan
de luz el alma; pero es luz refleja, luz de luna, no
la transverberación directa del sol, como en aquellas que en nuestros jardines contemplativos hace brotar todas las flores de nuestra admiración.
La empresa ha comprendido tal diferencia de
luminosidades, y por eso, en los carteles, abundan
las repeticiones. De ahí que nada nuevo pueda
anotar en estas líneas, con excepción de «La Divina Palabra&gt;, de Linares Ri vas, y que paso por
alto por ser, como las otras, luz de luna.

***
En el &lt;Virginia Fábregas&gt; celebró su función
de beneficio el actor Cardona.
Dos grandes atractivos presentaba el programa:
un estreno de los Quintero: &lt;Las de Caín&gt;, y el
monólogo de Copée: &lt;La Huelga de los Herrer.:&gt;s&gt;,
recitado por Borrás.
Esto último fué la mejor impresión que se llevó el público aquella noche. Borrás puso toda su
alma, todo su gran espíritu vibrante en la recitación de los sonoros versos que tradujera Catarineu, y la ovación unánime, aclamadora, resonó como un nuevo y alto triunfo del prodigioso actor.
En cuanto al estreno de &lt;Las de Caín&gt;, diré mi
impresión:
La nueva comedia de los hermanos Quintero,
que no es comedia, sino un sainete en tres actos,
es un hijo anémico, de esos encantadores de la
gracia, deformado y endeble por la fecundidad
pasmosa de sus padres.
Viendo sus obras anteriores, no sabe uno qué
pensar de esos magos del ingenio.
¿Son coloristas nada más?
¿Son sus obras exclusivamente la traslación de
la vida al teatro?
¿No tienen más fin que el de entretenernos con
su fina gracia y re~ocijarnos con su campanilleo
sonoro?

••••
¿Las fábulas que crean tienen moraleja?
·
¿Q son lirismos que encantan sin más
fin que el de encantar?
En todas sus obras hay poesía¡ ¿pero
hay tendencia en ellas?
Sí. Los Quintero son los médicos del
espíritu español. Atentos á los males de
ese pueblo suyo, que tanto quieren, para
cada dol?r que le descubren, para cada
nueva tristeza que le notan, tienen siempre dispuesta medicina: la gotita de miel
para los labios secos, el perfumado aceite para las heridas laceradas.
Así, por ejemplo, en la oleada aventurera, en ese sacudimiento caballeresco
que agitó á España á fines del pasado siglo, los Quintero crearon como un calmante, como un rocío para aquella ~ed,
la encantadora sátira de &lt;Los Galeotes•
que fué sabrosa medicina para aqueÍ
acerbo mal, contagioso y endémico.
Más tarde cayó sobre el espíritu visionario de ese pueblo, todo ardor, la
pesante angustia de sentirse triste, de
creerse decadente, de llorar, y llorar y
llorar.
Y los doctores Quin tero, auscultando
este nuevo mal, esta terrible anemia que
con.sumía las energías de su patria, le
aplicaron, como remedio, su divina comedia &lt;El Genio Alegre&gt;, que con su repiqueteo sonoro, con su coloración ardiente, con su invasión luminosa como
la de un nuevo día, inyectó vida y sangre á todos los espíritus sombríos, regando en todos ellos el evangelio sublime
con que cierran su obra: &lt;Lo mejor de
la vida es la vida misma. Alegrémonos
de haber nacido&gt;.
Poco después, como_uncollar finísimo, ~
como una mancuerna Joyante, fabricó su
ingenio esa nota patriótica, toda poesía,
que l~amaron &lt;La Patria Chica&gt;, y que
fué, sm duda, una conciliación para los
"Imperio," famosa "danseuse que ha debutado"
espíritus separatistas.
en el Principal.
Así.' los Quintero s~n, algo más que
coloristas: son unos psicologos intensos,
benefactores del Arte, del Pueblo y de la Patria.
y hasta falsos. Un primer acto enorme, cuyo final
Ellos saben poner siempre, en las aflicciones un
- ~e :1P!a_uso-lo mata la salida sosa de un persoconsuelo; en las fatigas, un descanso¡ y cu~ndo
naJe muhl; un segundo acto maestro y un tercer
menos pueden poner, como en &lt;Las de Caín» unacto obligado. He aquí el resumen.
tan las bocas de miel, que fabrican en los ;icos
La obra, para mí, fué un desencanto.
panales de su gracia inagotable y fresca. Por eso
En la interpretación, tomando en cuenta que
yo veo en los Quintero algo más que al retratista
la obra f~é puesta en cuatro días, pudimos notar
algo_~s que al pintor. Veo en ellos la mano qu;
un plausible esfuerzo en todos, teniendo por nuesacancia, la palabra que consuela, la mirada piadosa.
tra parte que poner un poquito de imaginación
fªra resta~ edades en algunas de las hijas del seSu~ obra~ son intensas, aunque las vistan de
nor &lt;!_e Cam, entre las cuales merecieron aplauso
sencille,z. Tienen la profundidad de un mar y nos
la senora Fábregas y la señorita Cancino, quien
llevan a flote y contemplando el cielo.
tuvo escenas muy bien comprenditlas.
Po~,eso los he desconocido en su última proA esta representación pusieron realce los actoduccion, donde no han puesto más que gracia
res Galé, Vásquez y Mutio, que tuvieron á su car•
sin ahondar, sin bucear como en sus otras obras'.
go los personajes más visibles del flamante saine&lt;Las de Caín&gt; entretiene divierte hace reirte. En resumen: todos con deseos de agradar aunpero no deja en el alma esa' huella de perfum¡
que algunos no lo consiguieron. Se aplaudió únicon que nos penetra su labor de rosas.
camente el buen deseo.
Un asunto trivial, expresado en tipos grotescos
Anoche ha de haberse celebrado el beneficio de
la señora Fábregas con las obras &lt;Magda&gt; y &lt;La
F~erza Bruta&gt;; _esta última escrita para dicha actriz por D. Jacmto Benavente.

***
. La Colonia am~ricana, que con frecuencia orgamza repres~taciones po.r aficionados, acaba de
~ar una muy mteresante, y que resultó divertidís~ma, en el ~eatro &lt;VirginiaFábregas&gt;. Se represento la comedia «Are you a mason&gt;, ante un público formado
lo ~~ ~ranado de la Colonia, que
hall~ la obra diverhdtsima y á los intérpretes excepcionalmente correctos.

Pº:

LORELEY.

Obediencia.
- Juan, cierra la puerta de la azotea¡ el viento
está terrible.
- Pero mamá . . ... .
- No me gusta que me hagas observaciones· ¡cierra la puerta!
'
- -Pero es que . . ..
-Te ordeno que cierres esa puerta sin decir
una palabra más.

Je fais souvent ce reve etrange et penetrant
D'une femme inconnue et que j'aime et que m'aime,
Et qui n'est, chaque fois, ni tout á fait la meme
Ni tout á fait une autre, et m'aime et me compred.
WILHEIM MEISTER,

~. D~sp~é~ · d~ i~· ·t~~p~~t~d; la· ~~ff~~ ·~mpezó á
,.. ouscar á su hermana Luisa.
Juan contestó inmediatamente:
-Está en la azotea, mamá.
0

Borrás en "El Mfstico," una de las piezas en que ray a á mayor altura,

•

�EL MUNDO ILUSTRADO

704

C3oloc¡uio

D

de

ORA ISABEL DE VARGAS se
llamaba la Priora y Doña Catalina de Salazar se llamaba la
Observante. En religión, Sor
María del Divino Amor la una
y Sor María del Amor Hermoso la otra. Entrambas á dos,
elegida~ de la celeste gracia,
dechados de virtud y edificación de todos.
Era la hora en que, terminada la refacción postrera, tenían aquellas buenas descalzas, según la
regla de la Orden, el tiempo de su recreo vespertino. En la huerta, las novicias, como blancas palomas, nmníanse bajo los cipreses y la inspección de su directora. Las profesas paseaban emparejadas bajo el largo emparrado qu_e bordea la
tapia, y la Priora y la Observ3:nte deJaban transcurrir su rato de reposo en la celda rectoral, que
estaba en el segundo piso del convente., y desde
cuyas ventanas percibíanse, de un lado, la huerta
conventual y la llanura del campoy, del otro, las
calles de la villa. Era una tarde amena, escondíase un sol propicio á las jácaras y no á las elegías,
y finábase un día veraniego, caliente, dorado y
alegre como el vino castellano de Rueda.
-Dígame VuestraReverencia, madre-comenzó
diciendo la Observante:-¿deberé confesar, como
pecado, el haberme despojado del cilicio estos días?
Fray Diego es tan escrupuloso.
-Hermana-contestó la Priora,- esta es falta
menor si seguís cuidando de la mortificación del
espíritu.
O.-iAy! el enemigo me acecha.
P.- Será tal vez el pícaro demonio de las burlas.
O.- No, madre, es el peor de los demonios. El
del recuerdo.
A esto la Priora santiguóse y dijo:
- El cándido Cordero de Dios nos acompañe.
O.-Madre: vos fuisteis gran letrada en el siglo.
Y recuerdo que la santa madre y el santo padre
Fray Juan de la Cruz teníanos en grande estima
y os ponderaban con extremo.
P.-Vanidades de la tierra, mi hija. Eso no añoraremos más, y Dios sea servido.
Y las manos abaciales movían las gruesas cuentas del rosario, que sonaban unas con otras como
tablillas de lazarina.
O.-1Ay, madre, feliz vos! Diréos que he tenido
antinoche un conato de disipación. Dióme el intento de escribir unas glosas.

la Priora y la

P.-¿Glosas de qué y á quién? Místicas y di vinas, por de contado.
O. - No lofueran y cortara mis manos,Reverencia. Pero, ¡ay! que mientras las escribía, vinieron
fantasmas del siglo á visitarme.
. .
P. - Hermana: tornad á vuestro cuerpo el c1hcio. Diez años ha que vivo en esta santa casa, y
diez años ha que escribí mis últim..&gt;s versos.
O.-¿Son esos que en papel amarillento ya, Y
con tinta que pierde la color, vi el otro día?
.P- (Con cierto sobresalto).-¿Dónde. m1 hermana?
O.-Entre las hojas del Libro de Morfo Egipciaca, q ne me hicisteis merced de prestarme.
P.-¡Ah!
O.-Placiéronme, y los recuerdo. Titúlanse, veréis: El blanco rosal que se deshoja.
P.-(Entre una sonrisa y un suspiro).-Es verdad. Un soneto.
O.-Os mostraré que me lo sé hasta el fin. Es•
cuchad si es así. (Detiénese un punto, toma me•
moria, y con suave y reposada voz comienza á
recitar):
Mi corazón es un rosal florido,
Un frondoso rosal de blancas flores:
Vos lo sabéis muy bien, que habéis cogido
De sus últimas rosas las mejores.

Si una bárbara mano le menea,
Su flor responde al enemigo gesto.
Cuando alguien con guijarros me apedrea,
Con pedrea de rosas le contesto.
Pero, ¡ay! pobre rosal de triste suerte,
Entre la vida y vos, sois más que el fuerte
Vendaval de las furias repentinas.
Y como vais crueles, deshojando
Sus flores poco á poco, van quedando
Solamente en sus ramas las espinas.
Y terminando la Observante su declamación,
quedaron las dos en silencio y con los ojos humillados.
P.-¡Ay, hermana! Soy ahora yo quien doblará
sus cilicios. Es cierto que el demonio del recuerdo ha hecho presa de vos.
O.-Pero, madre, pues que de diez años á esta
parte no habéis vuelto á escribir ....
La Priora, como enojada con tales discursos, cogió al azar un Eucologio de sobre el bufetillo con-

ICI. MUNDO lLUBTRAOO

705

{)6servanfe.

Vistas de Nuestro País

tiguo, y comenzó á leer ó á fingi~ como ~ue leía.
La Observante, para imitarla, cogió del mismo lugar un libr&lt;&gt; de horas. Y quiso tal_ vez el pícaro
demonio de las burlas que lo abriese por donde
había un blanco papel, en cuya cabecera, con tinta que se veía fresca y reciente, estaba escrito:
Soneto.
Advirtiólo la despierta Sor María del Divino
Amor, y dijo al punto:
-- Véis que como los años ha hecho borrosa la
lectura del que sabéis, tomé partido de trasladarle á ese nuf.vo papel.
La Observante no quiso ser indiscreta para inquirir si ciertamente trataba de copiar aquellos
antiguos y doliente~ versos de ~el~ncol_ia, 6_ de
escribir otros nuevos, fruto de ulltma msp1ración. Pero aunque lo hubiese querido, hubiera sido inútil, porque en esto sonó el grav~ tintineo
de una campana que anunciaba que el hempo del
recreo había dado fin, y por entre los senderos
del huerto, bordeados de boj y de romero, tornaban á la casa las novicias como un blanco rebaño, y las madres graves pasaban del emparrado al
claustro bajo ya silenciosas, porque la parleta había concluido.
La Observante no tuvo más remedio que abandonar el libro de horas, porque la Prelada había
salido de la celda, y avanzando por la galería,
que ya la luna ,acarici~ba, marchaba _c~n ~eposado
y triste andar a la capilla, para pres1d1r a las buenas religiosas en la oración nocturna.
PEDRO DE RÉPIDE.

*
IMI~~li@]P)@Iln~©lIID@l$)

YANORAMA GENERAL DEL PUERTO DE MAZATLÁN

--~
-

:.,

.'

.

EL BALCON
A ti linda lectora que me lees-y perdona que
te tut~e, en gracia de la costumb~e;-á ti, que ahora derramas la mirada de tus OJOS sobre estas líneas que trazó la mano de obscuro cronista, va dedicado este artículo.
y o de ti sé que amas las cosas pequeñas, las
cosas frágiles. .Por eso á H1 ~n est~s _días de periodismo noticiero, de pohhca fastidiosa, de tur•
badoras finanzas, se acogen los poetas. Tú, con
protectora mano, has acariciado
sus ensueños¡ tú, con atención que
en devota raya, aliviaste sus cuitas y congojas. En la atmósfera
suave, transparente de tu budoir,
si eres rica¡ ó en el rincón íntimo, encantadoramente dulce de
tu sala modesta, si á la clase me•
dia estás afiliada¡ ó en el taller,
durante el anhelado descanso, si
pobre naciste, has recorrido con
deleite las páginas que, en prosa
ó en rima, habláronte del sol, del
amor, de las flores, de todas las
cosas bellas que vinieron á teñir
de rosa las horas grises, ó levantaron una punta del velo que oculta la eterna realidad y el eterno
misterio .... ¿Qué extraño es, pues,
que se te consagre, de vez en cuan•
do, el comentario de lo frívolo, y
el cronista, pluma en mano, vuelva hacia ti también los cansados
ojos, y hable de algo que trascien•
da á ilusión y te sea, de consiguiente, grato?
Es quizá á la tarde, durante la
siesta, junto á ta balcón, cuando
lees esta revista, que no parece
sino que está hecha para tu regalo
y solaz. Todo en la casa respira
silencio. Todo duerme con el sueño reparador del día. Acaso lleguen á tus oídos rumores de fregoteo, allá, en la cocina, que, por con•
traste, te harán más apetecible la
delicada faena de leer que te has
impuesto. Acaso un gozquecillo
travieso juguetee en la alfombra
solicitando, con sus monerías, el
premio de tus miradas. Pero tú
no despegas las pupilas de los renglones de apretada lectura¡ de los
grabados que te transmiten, plásticamente, la sensación de la vida
metropolitana¡ de las ilustraciones y dibujos ejecutados con pri•
mor¡ y hasta-¿por qué no decirlo,
aunque peque de vanidoso?-de
esta crónica que aún no te dice
nada prometiéndote mucho.

EL ASTILLERO DE MAZATLÁN DURANTE UNAS REGATAS.

Un soplo de aire estremece las cortinas. De la
calle ascienden débiles ruidos: ya es el transeúnte endomingado que va de paseo, á festejar el día
de fiesta, después de las rudas ó monótonas tareas
de la semana, andando calles, encarcelándose en
teatros, ó yendo al campo á respirar la pura bri•
sa¡ ya el carruaje que remonta la vía al trote largo de sus caballos¡ ya el feo automóvil, símbolo
de nuestros años de industrialismo, que avanza
dejando una estela de ingratos olores.
Ahora abandonas sobre tus rodillas la historia~
da página. Ahora te distraes y fijas la mirada, ya
que no en la calle, en el balcón, no lejf's del cual
te encuentras. Y es ahora también cuando yo te
pido que me escuches-no atreviéndome á hacer•
lo antes por no apartarte de tu entretenimiento
en los ratos de ocio,- y pienses cuanto te sea po•
sible pensar acerca de eso que junto á ti tienes,
del balcón nada menos, que es el tema del presente artículo.
Adivino que sonríes.-¿Cómo-dirás,-para discurrir sobre el balcón es para lo que este cronista, que el diablo confunda, nos ha espe_tado tal
prólogo y dicho tantas lindezas que no vienen al
caso?
Y o te ruego, sin embargo, que no adelantes tu
fallo. ¿Has reflexionado por ventura alguna vez
en lo que el balcón significa, y en lo que el balcón representa, hoy como ayer, mañana como hoy,
según dijo uno de tus favoritos?-Yo creo que
sí· y aun me atrevo á suponer que al balcón de~s, pese á tus papás-muy señores míos- horas
inolvidables.
José Ingegnieros-un señor de nutrida ciencia
que quizá no conozcas-ha dicho, refiriéndose á
su visita á una vetusta y venerable casa que hasta ha poco existía en Verona y que inmortalizó
Shakespeare, que la humanidad agradecida debe
de consagrar monumentos á los amantes célebres
que han honrado al amor: á Romeo y Julieta, á
Eloísa y Abelardo, á Laura y Petrarca, á Dante y
Beatriz .... El amor engrandece el alma humana,
dándola celeste apariencia¡ al amor se deben muchas de las conquistas de la humanidad, en las
ciencias en las artes y en la vida; el amor lo ennoblece todo, lo embellece todo y todo lo di viniza, hasta cuando se debate en el fango, como ocurrió con el caballero de Grieux y Manón, ó con
la dichosa Dama de las Camelias, pór otro nombre Margarita Gauthier, que enterneció á nuestras abuelas y todavía sigue enterneciéndonos á
nosotros, sin que podamos remediarlo¡ y el amor,
finalmente, así en las ficciones de los artistas como en la realidad viva, es algo precioso, algo semejante á la copa sagrada del Graal, que estamos
en la obligación de glorificar con el mármol.
Y si el psiquiatra argentino es de opinión que
se levante un monumento al amor, yo propondría
que en ese monumento, si posible fuese, se enal-

teciera al balcón-elemento el más útil de que el
amor se ha valido para clavar sus dardos,-por
medio del bajorrelieve.
Porque el balcón-y aquí entra lo serio, querida y ha poco escéptica lectora,-ha desempeñado papel importantísimo en la humana historia amorosa. El balcón es más grande que las
pirámides, porque éstas encierran momias y aquél
mundos vivientes de pasión, almas que vibran¡
el balcón representa más que los campos de batalla célebres, porque en éstos segáronse vidas y en
aquél se concertaron existencias por venir. Y
mientras que en Waterloo se cierne el águila
creada por Gerome, yo no sé que al balcón se le
consagre otro homenaje, como no sea la &lt;'Strofa
de algún olvidado poeta, ó los claveles y miosotis que dili~nte mano blanca ponga en tiestos,
junto á la barandilla.
iAh! los prestigios del balcón ..... .
Allí fué donde Julieta, reteniendo á su amante
con los desnudos brazos ceñidos al cuello varonil, dijo las mara villosas ternuras:
¿Te quieres ir? Aun lejos viene el día.
La voz del ruiseñor, no de la alondra,
Hizo vibrar tu t{mpano medroso.
Canta en aquel ¡ranado cada noche;
Creeme, fué el ruiseñor, amado mío;

y donde Cyrano, según Rostand, murmuró aman•
tes interrogaciones ante la sombra de Roxana:
...... Commencts•la
A comprffl.drt, á pri,mt? voyons, lt rends•ta comptt?
&amp;ns•ta. man amt, un ptu, dans ctUe ombrt, qui monte? . ... . .

¿Pero son acaso necesarias las citas, para pon•
derarlas excelencias del balcón?
Por el balcón embriagáronse de amor los amantes. El balcón, adormido en el silencio de las
obscuras noches de las ciudades antiguas, escuchó
los requerimientos del galán, las protestas apasionadas de la doncella, y acaso un beso cuyo rumor
desvanecióse confundido con el follaje de arcaicos jardines. El balcón, iluminado por el claro de
la luna, sirvió de marco á muchas cabezas rubias
ó de negra cabellera que se juntaron en el éxtasis. El balcón, durante el día, abrióse, dejando
entrar rayos de sol que hicieron pensar á la mu•
jer en el ausente, perdido quizá en lejanas tierras, como buen soldado, en aquellos tiempos en
que la religión y las armas eran patrimonio de
gente noble. Y el balcón dió vida á muchos hombres enfermos de indiferencia y de hastío¡ y divinizó muchas horas de jóvenes recluídas por el
rigorismo de la vieja disciplina en la soledad de
sus moradas.
Ya ves, lectora amable, ya ves tú que dudabas
de la importancia del balcón, lo mucho que de
él puede decirse.

¡Lástima grande que haya perdido hoy no pocos desus legendarios encantos!
No existe ya la calle umbrosa, la retorcida y
angosta calleja propicia al amor y al misterio.
Han desaparecido los jardines que daban abrigo
á las alondras. Si Julieta se alzara de su tumbatumba real ó imaginada por el poeta, ¡qué importa!- no sentiría su pecho estremecido por el gorjeo anunciador de la aurora. Si el pobre Cyrano
viviera, no podría envolver su alma en la divina
palabra, á fin de hacerla llegar al balcón, á través
de la sombra. Se ha hecho la luz, y con la desaparición del misterio dióse puñalada mortal al
amor, siendo que misterio y amor van siempre
unidos.
Allí, en la esquina, tienes, ¡oh benévola! el foco
que ilumina con necia claridad tu balcón, burlándose de la luna que hoy sólo conmueve al decir de los críticos, á los vates cursis¡ allí 'está el
gendarme que todo lo ve y de todo es testigo·
m~y cerca ;¡:,asa el tren eléctrico con estrépito d~
mil demonios, capaz de ahogar en los labios las
más sutiles razones eróticas.
¿Y los amantes? ¿Dónde están los amantes?
¿Dónde está Romeo? ¿Dónde el enrevesado teólogo que fué asombro de doctores y encanto de
Eloísa? ¿Dónde el sentimental abate que adoró á
la linda ladrona de joyas que prodigaba besos?
¡Cuán distintos, jay, lectora mía! aquellos de entonces á estos que gastan calcetines calados, y choclos yanquis, y antiestéticos sombreros Panamá,
y se rapan la nuca, y comienzan por escribirte
en ~apel color d~ rosa, con muy buena letra y
mahsima ortograha, la frase consabida: Desde el
feliz momento en que conocí á usted . ... !
En el bal~ón sólo quedas tú, que con tus ojos,
y con tus nsas, y con tus gestos, y con tus trajes
ofrendas algo de la imperecedera belleza en la si:
métrica, en la regular, en la odiosa calle moderna.
Deja, pues, la revista; no acabes de leer esta
crónica, te lo ruego. Ve al balcón. Cae la tarde, y
en el Poniente irradian fulgores rojos. Ve al balcón, V haz ahí alarde de tus encantos y de tus
gracias: él es, él será siempre tu marco, marco
muy hermoso para tan linda imagen.
CARLOS GONZÁLEZ PERA.

~,_

'i¡~

De ir solos por la vida nos quejamos
A la contraria suerte:
Y solos:nunca vamos;
Que, mientras por la vida caminamos,
Siguiendo nuestros pasos va la muerte.

�706 ,

EL MUNDO ILUSTRADO

l!:L MUNDO ILUSTRADO

707

LA HACIENDA DE SAN JUAN DE .DIOS
UNA GRAN FINCA RURAL

Hermoso ejemplar holandé$.

En una de las regiones
más bellas del valle de
México, cerca de la ciudad de Tlalpam, se halla
la hermosa hacienda de
San Juan de Dios, de la
propiedad de la virtuosa
y caritativa dama Doña
Soledad Toriello viuda
de Arena.
La finca se halla, desde
hace varios años, al cuidado de los caballeros D.
Andrés y D. Alejandro
de 1a Arena, personas
bien conocidas y prestigiadas en los círculos de
hombres de negocios y de
empresa, á cuyos afanes
y trabajo asiduo se debe
el grado de prosperidad
á que ha llegado, prosperidad que está perfectamente probada por la e.xuberanc a~y esplendidez de sus
productos.
·
La organización de la hacienda es inmejorable y gracias
á ella, reina el orden más absoluto y todos sus tr;bajos se

t
....t

'' Kurio, '' suizo, reserva de campeonato.
Suizo, primer premio.

.
. -

---,.::;,- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ' . ' . " " " - -....

-

Suizo, primer premio.

Dos holandesas.

Una· calzada en la hacienda de San Juan de Dios,
«Canari Cok&gt;, primer premio.
Suizas, pura raza.

ejecutan con gran precisión, lo que asegura, de
antemano, sus buenos resultados.
Tienen los terrenos de la finca una extensión
de mil doscientas diez 'f ocho hectáreas de tierras cultivables, en las que se siembra maíz, cebada y alfalfa, tod~ para el consumo del ganado.
Las tierras son de un jugo notable; son terrenos
de sedimentación, antiguo lecho del lago de Xochimilco, que produceu trescientos granos por
cada uno de maíz sembrado. Se están bordeando
nuevos terrenos del mismo origen, con lo que la
hacienda aumentará en extensión y, por lo tanto,
en productos.

Vacas holaTtdesas de los establos de San Juan de Dios
Grupo de ganado holandés.
Fachada:de la hacienda de San Juan de Dios.

Los establos de San Juan de Dios son de los
primeros en su género; cuentan con doscientas
vacas de pura sangre, entre suizas y holandesas,
y trescientas cruzadas, las cuales producen, por
término medio, dos mil litros de leche diariamente, los cuales se venden en esta ciudad y en
las de los alrededores.
Hay un toril hermosísimo que está dedicado,
especialmente, á diez toros suizos de una preciosa lámina. Hay, además de éstos, otros diez y seis
toros importados, todos de pura sangre.
A todos los certámenes que se han celebrado en
Coyoacán ha enviado la ha~ienda de San Juan de

Dios, hermosos ejemplares de su ganado, y en todos ha obtenido los premios y las distinciones
más honrosas. Al último concurso envió un lote
de hermosísimos animales, que, con justicia, ha
llamado poderosamente la atención de los visitantes del mismo, tanto por la hermosa apariencia
de las reses presentadas, como por sus mágníficas
condiciones.
Formaba parte de este lote el bellísin::o toro
«Kuno&gt;, que ganó el año pasado el gran premio
de campeonato, animal de pura raza, importado,
y que actualmente tiene setenta y siete meses de
edad, También estaban en el lote los toros:

Holandesa1 primer premio.

&lt;Prin~&gt;, suizo, de pura raza, importado, de sesenta y siete m~ses de edad; &lt;Canario&gt; y «Duque&gt;,
holandeses, importados, de treinta y un meses de
edad cada uno.
Había, además, un grupo de vacas holandesas
im_portadas, de raza pura, entre las que se distinguieron, por su hermosura: &lt;Flora Pietretje de
K~b, «Di_wertje tulleta de Kob, &lt;Flora Pitertie
Wit&gt;, &lt;Pnnces de Kol Berly&gt;, &lt;Belle Daisy Wit&gt;,
«~urora Ellen&gt;, &lt;Aurora Katherine&gt;, «Mercedes
Pieve Heng~rvel&gt; y «Countess Beauty de Kob.
Todas ellas tienen de 33 á SO meses.
. E~ un lote de vacas suizas, importadas, había las
si~mentes: &lt;Duque_sa&gt;, con dos crías, y «Suber&gt;,
suizas puras, nacidas en la hacienda· «Niña&gt;
«Gacela&gt; y «Asturiana&gt;.
'
'
Todos estos animales fueron objeto de los más
calur?sos elogios, y agraciados por el jurado con
12 primeros y 8 segundos. Además de estas distinciones, cuenta la hacienda con una reserva de
ca~peonato, d_el año ~róximo pasado, y cinco
primeros premios anteriores.

�~:l.

708

LA HACIENDA DE LA PROVIDENCIA

11 l i :'- ¡,,. 11 U~TIU I H 1

concurso de ganadería que se efectuó en Coyoacán.
De las sesenta y cuatro cabezas que formaban el
lote presentado, cuarenta y cuatro obtuvieron
primeros premios y veinte segundos, además de
dos premios de campeonato: el de toros nacidos
en el país, obtenido por el «Quijote&gt;, hermoso
ejemplar que mereció los elogios del señor Pusi•
dente de la República, del señor Secretario de
Fomento y de todos los que tuvieron oportunidad
de admirarlo, incluso los otros expositores¡ y el
campeonato de toros s:iizos importados, que fué
obtenido por el «Adler&gt;, precioso animal que fué
traído al país hace menos de dos semanas.
Trajo el señor Parres á la exposición un lote de
cuarenta terneras, nacidas todas en su hacienda,
lote que fué motivo, no sólo de elogios, sino de
verdadera admiración¡ de ellas obtuvieron pri•
meros premios las siguientes: «La Catalana&gt;, de
34 meses de edad¡ «La Hechicera&gt;, de 26; «La Pin•
tada&gt;, hermana de la anterior;«La Auroia&gt;, de 20&gt;¡
«La Museb, «La Na v~rra». «La Joya&gt;, «La Rosi•

•
Sr. D. Pedro Dueñas y Sra. Juana lbáñez de Dueñas. (Fot. de " El Mundo Ilustrado "

D . W . Moreh ousc.

'El Quijote," cnmpeón de toros nacidos en el paí.•,
y "El Hidalgo," primer premio.

tomada después de la ceremonia nupcial.
Ruidoso y espléndido ha sido el triunfo obtenido por el Sr. D. Juan de la Fuente Parres
con su exposición de ganado bovino, procedente
de la Hacienda de La Providencia, en el reciente

NUPCIAL
La elegante capilla del Señor de Santa Teresa vistió, el lunes último, sus
blancas galas para servir de marco apropiado á la ceremonia nupcial en que
unieron sus destinos la Srita. Juana lbáñez y Peón y el Sr. D. Pedro Dueñas.
El decorador encargado del adorno hizo derroche de buen gusto, y
el aspecto del templo era encantador. Grandes guías ¿e flores blancas baja•
ban desde el centro de la cúpula para venir á encnadrar jarrones de porcelana de Sevres, que sostenían artísticos ramos de flore~.

GruFO de ej,·mplares importud~s.
ta&gt;, «La Doncella&gt; y la «Exposición&gt;; esta última,
una preciosa ternerita de once meses de edad 1 des•
pertó verdadero entusiasmo en1re quienes la con•
templaron y entre los miembros del jurado cali•
ficador.

Figura número 1.

Esperando la salida de los desposados.
La ceremonia pasó enmedio de su augusta sencillez, y cuando los despo•
sados se retiraron, llevaban, con ellos, las felicitaciones de sus múltiples y dis·
tiuguidas amistades, que llenaron el templo durante la misa de velación.

*

tud que había dentro del campo del anteojo. Decididamente algo exlraordi•
nario había ocurrido en aquella cauda, que sufría tan notable transformación.
El lunes 19 y el martes 20 volví á ver el cometa, pero sin notar que la cauda
hubiera recobrado su aspecto primitivo.
En la sesión que celebró la Sociedad Mexicana de Geografía el jueve~
22 de Octubre próximo pasado, al presentar una nota acerca del cometa
que actualmente nos visita, presenté una teoría para tratar de explicar la
desaparición de la cauda. He comunicado mi teoría al Sr. Morehouse, des•
cubridor del nuevo astro, y en carta fechada el 12 del presente mes, me dice
que está de acuerdo con mi hipótesis y que va á darla á conocer en algunos
magazines de los Estados Unidos del Norte. La teorfa que presenté á la Socie•
dad de Geografía está contenida en las siguientes líneas:
(Pasa á la página 709.)

EL COMETA "MOREHOUSE"
Escrito expresamente para
"El Mundo Ilustrado"
~N

El Mundo Ilustrado, correspondiente al domingo 13 de Octubre próximo pasado, tuve el gusto de dar á conocer mis observaciones del cometa
"Morehouse," cometa que se ha hecho verdaderamente célebre por las
curiosas transformaciones que ha experimentado su cauda.
En la noche del miércoles 14 de Octubre, el viajero celeste se encentra•
ba muy cerca de la estrella "iota," de la constelación del Cisne, y la cauda,
fácilmente observable con anteojos de teatro, llegaba hasta la pequeña estre•
lla núm. 20 de la misma constelación. Dentro del campo de mi telescopio
de 80 mm. cabía la cabellera del cometa y la estrella "iota" del Cisne. Gran
número de estrellas pequeñas se distinguían á través de la cauda del come•
ta. En la noche del 15 de Octub1 e, el cielo estaba cubierto por nubes que eran
impulsadas por un viento del NE., y en un momento en que se despejó precisamente la región ocupada por el astro cabelludo, le dirigí mi telescopio y
me sorprendí grandemente al ver que la cauda había disminuido mucho
de brillo. Al día siguiente-día 16-recibí un telegrama del Sr. Eduardo
C. Pickering, Dfrector del Observatorio Harvard, diciendo que la víspera,
tanto el Sr. Morebouse como el Rev. J. H. Metcalf, y en el mismo Obser•
vatorio Harvard, habían notado transformaciones en la cauda del cometa. Por
las revistas recibidas de Europa, he sabido que iguales transformaciones fue•
ron observadas en el Observatorio de París. El día 16 la noche estuvo nota•
blemente despejada en el Valle de México. Observado el cometa "Morehou•
se" con el telescopio, la cauda estaba casi perdida y solamente se observaban
dos débiles ráfagas que llegaba¡¡ á dos pequeñas estrellas de octava magni•

!!;¿¡

Figura número 2.

Grupo de terneras nacidas en "La Providencia"
Grupo de terneras nacidas en la hacienda.

"Adler," campeón de toros suizos importados
De toros nacidos en el p~ís presentó el señor Parres á diez y siete,
que fueron otros tantos primeros p~emios, y ,mtre los que descolla•
ron, de una m~nera notable, el q.Qu1¡ote&gt;, del que ya dijimos que obtuvo el _pre~10 de_ campeonato, y el «Narváeu, tan hermoso, que
su propietario se v1ó en la necesidad de ceder á las instancias de
un expositor que se empeñó en comprarlo á cualquier pr.:cio.
Ademá~ d_el_ «Adler&gt;, el camyeón de los toros suizos importados,
que con ¡usb~1a obtuvo t~n senalada distinción, había seis vacas
que ~ueron 1mportad~s. ¡untas con él, y que obtuvieron primeros
p~emios todas. A pro~o~ito de vacas suizas, debemos decir que, , 111
dispu_ta, no hay en _.M.exico un establo mejor snrtidc-. El señor Parres bene el grandioso proyecto de reunir en él de mil qnin'cn•
tas á dos m_il :vacas suizas de pura sangre, y ¡arece que no está Jcios
del cumplimiento de su proyecto.

�Lf\ Hf\OIENDA DE, OOf\Ff\

portados, medida que prueba la prevhióu. de lo~
propietarios de la finc.1, pues bien pudiera suce·
der q Lte algunos de los árboles antiguos perdieran
su vigor por la edad y, en ese caso, no habría de
donde tomar nuevos retoños¡ pero con la magnífica precaución adoptada, no ha y el menor riesgo
de que esto suceda.
El sistema de riego de la finca es otra de lascosas muy dignas de llamar la atención de los hombres de campo. Tiene la hacienda en propiedad
los inagotables manantiales de «Peña Pobre&gt;, que
le suministran á diario agua suficiente para re·tar
uua finca de doble extensión de la que tiene Coapa, agua que se hace circular por un magnífico
sistema de canales que la hacen llegar hasta el
Canal Nacional, al que se vierte el excedente del
líquido. Además, y para el caso de que los terrenos llegaran á anegarse, lo que es muy difícil,
hay una instalación de bombas que ha costado
trescientos mil pesos, las cuales tienen una gran capacidad.
Se cultiva, actualmente, en la hacienda una extensión de un sitio de ganado mayor, y se está
tratando de desecar una extensión igual de terreno, que actualmente es una ciénega, con lo que se

1
Hermosa vaca de los e~tablos de Coapa, premiad« en Coyoaccí11.
Cerca de la capital, á las puertas mismas de la
ciudad y con una línea de tranvías que la une á
ella, se halla la hacienda de Coapa, propiedad del
Sr. D. Javier Algara, quien la adquirió hace cinco años en la suma de un millón quinientos mil
pesos, de su&lt; antiguos propietarios, la familia Tondlo.
.Recorrido~ doce kilómetro~ de la vía que une
la capital con la pintoresca ciudad de Tlalpam,
se llega á la parada de Coapa y al pórtico principal de la hacienda. El visitante debe prepararse
para recibir una serie de sorpresas, que no por
ser agradables, son menos impresionantes. El trabajo de toda la hacienda se hace por medio de
máqu111as modernas de los modelos más perfectos,
y en todas partes donde se lla podido se ha sustituido el trabajo del hombre y de la máquina
pnnt1ti va é imp.:rfecla por el de máquinas perfectas, silenciosa~ y moderna~, que los ejecutan
con una precisión y una rapidez maravillosas.
Un detalle de gran importancia es la economía
que ha acarreado, para la finca, el uso de las máquinas, pues como todas ellas están movidas por
medio de un motor de gas pobre, éste ejecuta diari&lt;1rnente, con un gasto máximo de sólo tres pesos, el mismo trabajo que hacen los motores de
otras clases, gastando diez y seis pesos por término medio, economía muy digna de fijar la atención de lo~ hombres de campo y de todos los que
usan maquinaria que tiene que ser movida por
medio de motores independientes.
Los productos principales de la hacienda son
maiz, cebada, trigo, leche y pulque. Sus establos
cuentan con vacas de primer orden y de sangre
pura, tanto suizas como holandesas, y cruzadas
de esas con del país, las cuales producen, por término medio, ciento veinte decalitros de leche
por día, con un mínimum, por cabeza, de diez litros d, arios.
La instalación de los establos es verdaderamente ad ni: rabie: las vacas suizas de pura sangre son
sesenta. .:u ya leche se utiliza para la enanza de

Las yeguas &lt;Basseda&gt;, &lt;Combí11atíon&gt; y &lt;Carcanet», de la hacienda de Coapa.

los becerros, sin que se venda una gota de ella¡
las holandesa&lt;, también de sangre pura, son ciento veinte, y la leche de éstas tampoco se vende,
sino que se utiliza para conservar la raza.
Para la conservación y almacenamiento de sus
¡!ranos cuenta la finca con trojes monumentales,
que parecen iglesia!f de tres naves cada una, y de
enormes proporciones.
Está la hacienda cruzada en todas direcciones
por calzadas sombreadas por árboles, que crecen
á los lados de ella, por en medio de las cuales se
pueden recon:er los prados, los campos de siembra y los potreros de pastura para el ganado, ya
sea en carruaje ó en automóvil. Ademas de esto,
hay en toda la finca un servicio de ferrocarril Dec-auvílle, fijo y movible, que se usa para el transporte de granos, personas y herramientas para el
servicio de la misma. En esta vía se hace uso de
plataformas de trucks, dobles.

•*•
Por todo lo antedicho se hace notar la hacienda entre las fincas de su clase¡ pero lo que la señala particularmente, detalle que no puede hallarse en ninguna otra, son los criaderos para ganado caballar fino. Cuenta éste con sesenta yeguas
de sangre pura, algunas de las cuales están representadas en los grabados que acompañan estas líneas. También publicamos fotografías de algunos
de los potrillos, hijos de esas yeguas, los cuales
han sido inscritos ya para las carreras del Derby
mexicano, que se correrán el año de 1910, y que
son los únicos que hasta ahora llenan las condiciones de ser nacidos en el país, de pura sangre,
y en los años fijados por las condiciones del primer Derby mexicano. Todos estos potrillos tienen la medalla del «Stood book&gt;.
Publicamos también una fotografía del caballo
semental, el &lt;Five Nations&gt;, cuya estampa y demás cualidades son la mejor garantía de la ga-

llardía y magníficas condiciones de los potrillas.
Este caballo fué presentado en la reciente exposición de l!anadería en Coyoacán, y apenas lo vió
el señor Presidente de la República, preguntó de
quién era ese hermoso ejemplar, el más bello, siu
duda, de todos los que se presentaron. Cuando se
informó á nuestro Primer Magistrado de que el
caballo pertenece al señor Algara, felicitó al poseedor de tan hermoso animal, que, sin duda, contribuirá mucho para el mejoramiento de la raza
caballar en nuestro país.

E, hermoso semental "Five Nations," p,rdre de /ns polrancos
que tcm 11án parte en el D,rby d., 1910

~~~~~~~~~~

El patio del criadero e~tá perCecbmente acondicionado; por un lado tiene aleros y cobertizos,
y por el otro, boxes para el parto de las yeguas y
el cuidado de los ejemplares que están enfermos.
Fuera del patio, y á su derredor, hay praderas para la alimentación de los caballos, y campos y
calzadas para su recreo y ejercicio.
Podemos asegurar, sin lugar á duda, que este
departamento es el mejor en su clase en la República, y que los caballos que salgan de él, aparte
de servir grandemente para mejorar la raza en
nuestro país, darán á México buena fama como
país ganadero y productor de caballos de raza.
La casa de la hacienda es antigua y espaciosa;
cuenta con grandes salas de la época colonial,
amuebladas con gran lujo y elegancia, á la par
que con una encantadora sencillez, que cuadra
muy bien en una residencia campestre.
Anexa á la casa hay una inmensa huerta, que
después de haber sido cultivada durante muchos
años por los naturales de nuestro país, ha sido
puesta últimamente en manos de unos agricultores japoneses, quienes han hecho en ella verdaderas maravillas¡ han obtenido plantas y frutos
de modelos que no se conocían entre nosotros, por
más que nuestro suelo, hábilmente manejado, es
capaz de producir todo lo que racionalmente se
le pid:l.
Todos los campos de labor que están sembrados
con árboles, han sido replantados con árboles im-

•

1

•
Vacas cruzadus "La Cariñosa, " "La Española" y "La Níña"

«CameliaJ&gt;, «Con';ha» y &lt;Madrileña&gt;, vac~s de la hacienda de Coapa,
premiadas en el concurso Je Coyoacán. ·

«Lu Ga111a1&gt;, «Mora&gt; y «Gulatea&gt;, vucas &lt;le lo:;
e.&lt;fablos de Coapa.

"Rainbow," "Lucy Light," y Ali Abroad, con sus crías de dos meses,

duplicarán los ya considerables rendimientos de la finca. Los jardines
con que cuenta ésta son muy amplios y se hallan en pleno florecimiento, lo mismo que las huertas y lugares, en los que se cult1 van árboles frutales, la mayoría de los cuales son importados.
En lo q1;1e c~ncierrre á los productos de la linea en ganado, bastr,
para ~u elogio, citar el hecho de que han obtenido veintiún premi os
en el último concurso en Coyoacán, de los cuales doce fueron fl'l·
meros.
Tales son los progresos y adelantos á que ha llegado la hermosa
hacienda de Coapa, gracias á los asiduos cuidados é intelidencia mo,trados por sus propietarios, los cuales han hecho que á pe"sar de que
la finca se halla á las puertas de la ciudad, cuenta con todos los elementos de las mejores de su clase, no sólo en nuestro país, sino en los
extraniero•, y qne se pueda citar como un modelo entre sus similares
en todo el mundo.

�EL MUNDO ILUS'PRADO

Fiesta inaugural de la Escuela de Artes y Oficios.-El estrado oficial: á~la derecha del Señor President&lt;la Sr.i. Mercedes McGregor,
Directora del plantel; á la izquierda, el señor Secretario de lnstrucci6n Piíblica.
El Señor Presidente se retira del edificio.
EL COMETA "MOREHOUSE"

Instantáneas de la corrida del domingo últimc, to.'.Iladas es.r-edalmente para «El Mundo Ilustrado».
De arriba á abajo: á la izquierda, un par de «Negrito»; «Gallito)) rematando un quite;
á la derecha: una verónica de «Relampaguito»; espléndido par
de «Gallito))¡ «Gallito)&gt; perfilándcse para la
suerte suprema.

(Sigue de la páJ!ina 708).
"Por regla general, cuando un cometa aparece en las profundidades del
espacio, presenta el aspee!&lt;&gt; de una nebulosa redondeada, poco luminosa; conforme se va acercando al Sol, aumenta de tamaño y se observa en el interior
de la nebulosidad una zona más brillante que recibe el nombre de núcleo.
Muchas veces esto es lo único que se ve en los pequeños cometas; pero en
los grandes sucede que, al aproximarse al perihelio, parte de la m:isa cometaria que forma la cabellera, es rechazada en dirección contraria al Sol y forma la cauda. Resulta, pues, que la cauda es una prolon~ación de la atmósfera
del cometa, rechazada, sin duda alguna, por una acción eléctrica del Sol. La
acción magneto- eléctrica del Sol se manifiesta claramente, siempre que una
gran mancha ó que un l(rupo numeroso de manchas pequeñas pasan por el
meridiano central del Sol, y en los últimos años han ocurrido algunos casos
de esa naturaleza. Básteme recordar el paso de la gran mancha del 31 de Octubre de 1903, que produjo tremendas perturbaciones en los aparatos telegráficos de los Estados Unidos y del Norte de Europa. Fué una verdadera
tempestad magnética que registraron todos los magnetómetros del mu~do. Mi
ilustrado amigo el Sr. Profesor Don Manuel Moreno y And~, que estaba entonces encargado del Departamento J\1agnético del Observatorio Nacional de
Tacubaya, me mostró el diagrama de la gran perturbación producida por el
paso meridiano de aquel extenso grupo solar. El Sol envía, pues, hasta distancias enormes, efluvios eléctricos y flujos magnéticos que producen diversos
efectos. El análisis espectral ha permitido comprobar que la masa de los cometas es de naturaleza gaseosa, dominando en ella los hidrocarburos. Supongamos un cometa que se acerca al Sol. Las partículas materiales del Sol, disociadas por una acción eléctrica, se dividen en electrones ósea en corpúsculos electrizados que llevan una carga determinada. Estos electrones, que caminan velozmente, como la materia radiante en los tubos de Crookes, chocan
con la masa del cometa, donde también hay materia disociada, aunque no
todavía bajo la forma de electrones. Los corpúsculos lanzado, por el Sol ceden su carga eléctrica álas partículas de la masa cometaria. Supongamos que
es una carga positiva que podemos representar por + q. Pero como al mismo tiempo el Sol ha seguido lanzando un flujo de electricidad positiva, las
partículas de la masa camelaría son rechazadas y vienen á formar la cauda.
Si no interviene la acción magnética, la cauda será rectilínea; pero si esa acción magnética interviene por cualquier causa, la cauda puede deformarse,
como se observó en el hermoso cometa de Donati, en el año de 1858. Existen
en los gabinetes de física tubos de Crookes, que al ser iluminados por la corriente inducida de un carrete de Rumhkorff, producen efluvios de hermoso
color violado, que van del polo positivo al polo negativo. Basta acercar un
imán á las paredes del tubo de Crookes, para ver aquella materia gaseosa de
extraordinaria tenuidad encorvarse, deformarse y seguir los movimientos
del imán. Además, considero que si el Sol está engendrando manchas, su actividad no puede perderse en grande escala al exterior, y no ejercerá una acción sobre la cauda cometaria; pero precisamente en los días en que hemos
notado una debilitación en la c;,.uda del cometa "Morehouse," el Sol ha estado
enteramente inmaculado, según informes de mi laborioso amigo el Sr. Don
Jesús Medina, constante observador de la superficie solar. Resulta, que un
aumento de actividad e.xterna en el Sol, por la ausencia de manchas, ha producido una emisión mayor de energía y una mayor velocidad en los electrone,, que han tenido como efecto dispersar en el espacio la masa de la cauda
cornetaria, y, por lo tanto, hacerla más tenue y menos visible. El año próximo pasado observé cuidadosamente, y por mucho tiempo, el hermoso cometa
"Daniel," y n~ se notaron cambios notables en el brillo de la cauda, y en
esa época hab1a numerosas manchas en el Sol."
El cometa "Morehouse," descubierto el día 19 de Septiembre en la constelación de la Jirafa, pasó después á la de Casiopea y, más tarde, á la de Cefeo. Entró luego á la hermosa constelación del Cisue, llegó á la de la Lira y
actualmente se encuentra en la del Aguila. Cuando las condiciones atmosfé-

ricas lo han permitido, el cometa ha sido fácilmente observable á la simple
vista, con especialidad buscando puntos donde no moleste el brillo de la
luz eléctrica. Los pueblos de los alrededores de la ciudad de México, donde
el alumbrado es deficiente, se prestan muy bien p:ira la observación del cometa á la simple vista: Coyoacán, por ejemplo.
El dibujo que publico con estas líneas (figura 1) representa el lugar que
el corneta ocupaba en el cielo el sábado 14 de Noviembre álas 9 de la noche.
La c,trella que ~e ob,erva á la derecha, ó sea al Norte del cometa, es "teta"
de la Serpiente. La estrella brillante que se ve arriba del cometa, con otras
dos que la acompañan, es la estrella de primera magnitud "Altaír" del Aguila. Actualmente hay que buscar al cometa más al Sur, cerca de las tres estrellitas que se ven en el dibujo, la mayor de las cuales es "lambda" del
A~uila. La« otras dos estrellas brillantes, representadas en el dibujo, son ''Deneb" del Cisne (arriba y á la derecha) y "Wega" de la Lira á la derecha de
la torre. Esta torre es la del templo d e Santo Domingo, que queda al frente
de mi observatorio.
La fi~ura 2 representa el aspecto del cometa observado con el telescopio
en la noche del viernes 20 del actual á las 7 y 20 minutos. La cauda se ha ensanchado mucho y presenta unas ramificaciones al Sur. Tengo la satisfacción
de dar á conocer el retrato del joven descubridor del cometa, Mr. D. W. Morehouse, retrato que ha tenido la amabilidad de enviarme.
Por las efemérides calculadas por el Sr. Ebell, de Berlín, puedo decir
que de aquí hasta el 7 de Diciembre próximo, el cometa "Morehouse" caminará en la constelación del Aguila sobre la línea llevada de "zet~" á "lambda," y rumbo al Sur. Hay que buscar el cometa al Occidente desde las 6 y
media de la tarde, tan pronto como ya no haya luz crepuscular. Búsquese
primero con anteojos de teatro y después será muy fácil hallarlo á la simple
vista.
Para terminar, diré que, aplicado el análisis espectral á este cometa, se
ha encontrado que no solamente presenta las tres rayas características de los
hidrocarbnros, sino también las rayas del cianógeno, especialmente una de
las rayas que pertenecen á la región ultraviolada del espectro.
México, Noviembre 23 de 1908.
Luis G. LEÓN.

00
INAUGURACION 0( LA ESCUtLA 0( ARHS Y OFICIOS PARA MUHRtS
El domingo 22 de los corrientes, y presidida por el señor Presidente de la República, se efectuó la fiesta inaugural del nuevo edificio dedicado á la E,cuela Nacional de Artes y Oficios para mujeres.
Se halla éste en la calle de Necatitlán, y fué construido, desde sus cimientos, expresamente para el plantel que ahora lo ocupa.
Ya en otra ocasión hemos publicado vistas y descripcione, del nuevo
edificio, por lo qu_e nos abstenemo; de hacerlo ahora, limitándonos á ofrecer,
á nuestros lectores, vistas de la ceremonia iuau.:(ural, que fué hermosa y significativa.

�710

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

711

Un flegante Centro de Reunión
"Dulcería de la Opera"
Uno de los acontecimientos sociales y
comerciales más significati vos de la anterior semana, ha sido, indudablemente, la
inauguración de la &lt;Dulcería de la Opera»,
situada en la Avenida del 5 de Mayo, número 10.
El nuevo establecimiento, montado con
verdadero lujo y con un buen gnsto irre.
prochable, recuerda los lugares de pública

El-ENIGMA
Novela por J. Berr de Turíque
Traducida especialmente para "El Mundo Ilustrado"

"La Dulcerla de la ~Opera."
(Fots. tomadas el d(a de la inauguración).
reunión en los boulevards parisienses, donde todo es &lt;chic&gt; y &lt;confort&gt;.
La verdad es que México necesitaba ya un sitio de esta naturaleza, donde la sociedad elegante pueda darse
cita á diario.
La &lt;Dulcería de la Opera&gt; ha sido
fundada por el señor D. Raoul Mille,
estimable y distinguido miembro de
la Colonia francesa y jefe de la gran
Librería de Bouret, conocida y acreditada en toda la República.
La nueva casa será, además, un depósito de los productos confeccionados '.por~«Lá Chocolatería Francesa&gt;
situada en la Colonia Hidalgo, calle del Dr. Lucio, 10, y~que también es propiedad del
señor Raoul Mille.
Esta fábrica sólo tiene cuatro años de establecida, y ya está perfectamente relacionada en toda la República, adonde á diario sirve pedidos al por mayor.

•••
Distinguidas familias de México concurrieron el lunes pasado á la inauguración
de la &lt;Dulcería de la Opera&gt;, y todas ellas fueron galantemente atendidas y obsequiadas por el señor Mille, que recibió afectuosas felicitaciones de todos sus amigos. En
la inauguración vimos al señor Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes y á
los miembros más conspicuos de las colonias francesa é inglesa.
Se ha visto ya que nuestra sociedad sabe corresponder á los esfuerzos de quien
desea agradarla, pues durante todos los días de la semana ha estado muy concurrida la
elegante y aristocrática &lt;Dulcería de la Opera&gt;.

Fotografías tomadas al entrar la columna á;_la ciudad.

Ilustraciones delillo.

!CARDO contestó
con flema:
-Pues bien, cueste lo que me cueste, señor consejero,
creo que mañana
no podría evitar
hacer lo mismo.
No hace uno su
naturaleza á su
gusto. iQuéquiere
,·~ usted! Ante el cul~ pable que se oculta me ataca una
especie de locura:
la locura de saber. Dejo de ser accesible á la piedad, Mis propios intereses no me importan. Tampoco me importaría mi vida ó la vida de los míos.
No veo más que una cosa: el enigma que tengo
ante mí y cuya clave necesito arrancar á toda
costa.
-Entonces, dé usted su dimisión, amigo mío...
ya que es rico .
-Pero, ¿qué haría yo, señor consejero, si no
tuviera nada que hacer?
El viejo magistrado no pudo menos que sonreír.
-Evidentemente, con el temperamento que usted tiene .... acabaría por hi pocondriar!. ....
La señora Le Quesnel, dichosa de romper por
un instante la monotonía de sus horas con la visita de Ricardo Duroc, le trató con afecto. También Lucy volvió á verle con gusto porque siempre había tenido simpatía por él.
Los recuerdos de la infancia son los más tenaces.
La joven recordaba ahora, con reconocimiento,
que el señor procurador, que tenía más de treinta años cuando ella no pasaba de los ocho, n.&gt;
desdeñaba seguirla al jardín para hacer, con ella,
una partida de &lt;tennis&gt;, ó bien sentarla en sus
rodillas en un rincón de la sala para contarle
cuentos, en tanto que las personas mayores jugaban á las cartas.
A medida que ella tabía crecido, tl se había
mostrado siempre gentil para ella, benévolo; parecía tomarla ya en serio cuando todavía nadie le
prestaba atención. Sin darse cuenta de ello, se
sentía conmovida por las atenciones de ese hombre ya maduro y le concedía un lugarcito aparte
en su corazón, como á un gran amigo.
En los últimos años había reflexionado sobre
este caso, tratando de comprender por qué razón
ese hombre, de un carácter más bien sombrío, rudo con los demás por temperamento y por oficio,
se mostraba siempre, hacia eila, de una dulzura
tan exquisita.
Mucho tiempo atrás, Ricardo había perdido una
pariente á quien amaba mucho. Y Lucy había llegado á preguntarse si esta ternura, protectora y
conmovida que el señor Duroc le mostraba, no
pasaba, en realidad, en su interior por dirigirse
al sér desaparecido, á quien justamente ella se
parecería tal vez un poco. Más tarde la imaginación, despertada por lecturas é inclinada á lo romántico, había transformado insensiblemente la
pariente en amiga y después en novia.
Ricardo habría perdido una novia adorada 6,
tal vez, había roto con ella. De todos modos, era
un gran amor por el que llevaba luto, y al mirar
el rostro de ella, se despertaban en él lejanas y
tiernas remembranzas.
Por lo demás, en aquel día Lucy no se detuvo
en estas reflexiones. Considerándose ya desven.-

turada, porque la felicidad que estaba cierta de
obtener se le e~capaba aún por algunos días, tenía algo más que hacer que apiadarse retrospectivamente de los antij(nos dolores de otro, aunque
este otro fuese su mejor amiJ(o.
Pú~ose la señora Le Quesnel á explicará Ricardo por qué no había abierto aún su quinta para recibirá sus amigos; desde lue~o, á cau~a dela
verdadera necesidad de reposo para ella, de~pués
de la temporada que pasó curándo5e en Vichy.
Habló de5pués de los trastornos del señor Le
Que~nel, de ese oficio en el que hay necesidad de
estar siempre alerta.
- ¡Ah! si supiera u5ted, señor mío. qué contenta me vería si mi marido consintiera en retirarse
definitivamente de los negocio5. Podría hacerlo,
en verdad puesto que ha trabajado bastante para
disfrutar 1;n poco ahora de la modesta comodidad
que ha adquirido. Pero es imposible hacerle entender la razón. Se está acabando, se lo aseguro á
usted, se está acabando.
Luego púsose á preguntar por sus amigos de
Coulommiers. ¿Cómo estaban losPlassard? .. . . ¿Y
los Maudru? ¿El señor Manuel Leroy? ¿El subprefecto continuaba en su puesto? ...... Sin duda
que, en fecha no lejana, mejoraría de empleo.
Cierto que lo sentirían mucho todos en &lt;Iris&gt;.
¡Un hombre tan agradable, tan buena persona, tan
alel(re!
Recordó que tenía enfrente á un magistrado que
también esperaba, sin duda, adelantar en su carrera.
-Y bien, señor Duroc, ¿ y usted? .... No sabremos pronto que ha sido usted por fin mejorado en
París'! Hace lo menos quince años que se han olvidado de usted.
Ricardo sonrió.
-¡Oh! en cuanto á mí, señora, estoy clavado en
Cou lom miers.
-¡Es incomprensible! Un hombre de tanto valimiento!
Y añadió en seguida:
- No porque estemos encantados de verle aquí
todos los años querríamos ser tan egoístas ....
- ¡Oh! sí, interrumpió Lucy ..... .
Ricardo se inclinó hacia la joven.
Esta añadió sonriendo:
-Sí; me habría -gustado seguramente menos esta quinta si no hubiera encontrado á usted aquí
todas las temporadas, cuando era todavía niña,
para jugar conmigo y contarme hermosos cuentos ..... .
La señora Le Quesnel dijo vivamente:
- ¡Oh! es verdad, el señor Duroc ha sido siempre tan bueno para ti. .....
Y, dirigiéndose al procurador:
-¡Positivamente usted la ha mimado demasiado! Y eso pase cuando era pequeña; pero todavía
lo hace usted, y, ya sea una partida de &lt;tennis&gt;
6 un libro lo que ella desea, está segura siempre
de encontrar á usted dispuesto á ofrecer la una ó
á traer el otro. Y o se lo aseguro- añadió riendoque va usted á hacer muy difícil la tarea para su
marido, si éste quiere agradarla.
-Si. ..... su marido-dijo Ricardo con voz un
poco vacilante.-La señorita Lucy está, en efecto,
en edad en que usted debe pensar para ella .. ...
Un poco turbada por el giro que tomaba la conversación, Lucy se retiró al fondo del salón para
arreglar algún cortinaje.
La señora Le Quesnel, á media voz, respondió
en tono de confianza:
-¡Vamos! que en este otoño cumplirá veinte
años .... Si quiere casarse con un joven . .. .. .
- Joven .... evidentemente, es necesario que sea
joven,-dijo Ricardo vagamenlc;,
- Sí, es preferible. Así, al menos cuando las dificultades sobrevengan ...... y sobrevienen siempre, se puede decir que se ha pasado juntos los
mejores años de la existencia.

En estos momentos el reloj daba las cinco.
Ricardo debía tomar el tren para Coulommiers.
Se puso en pie. El espejo de enfrente le reflejó su
imagen con el cráneo semidesnudo y numerosos
hilos blancos brillando en su barba.
-Sí, que sea joven- dijo.- En efecto, usted tiene razón .... creo que es preferible.
Y se despidió de la señora y la señorita Le
Quesnel.

IV
Las enérgicas medidas que tomaron los grand~s
refinadores para impedir el desastre, comprandQ
casi todo el «stock&gt; del mercado, habían producido su efecto. Si no se había evitado completamente d «krack», por lo menos se había limitado,
V los especuladores, que habían creído poder realizar grandes ganancias esperando la baja, se veían
ahora, al contrario, muy desorientados.
Lucy recibió la carta siguiente:
&lt;Queridísima amiga:
&lt;Desde hace algunos días parece que papá está
tranquilo; así, pues, mañana sábado en la noche
á la hora en que mamá, sentada en su mecedor~
teje, y en que papá, en su gran sillón fuma su pipa (¿recuerdas_ este cuadro, no es verdad?), Máximo espera decirles todo. No te emociones, Esto
irá como balsa de aceite.
&lt;La escena pasará de este modo:
«Comenzarán por inquietarse. Luego papá hará
algunas observaciones sobre la edad de mi hermano, los estudios que tiene que hacer todavía, etc.,
etc.
«Pero como tú eres para ellos la novia soñada
querrán mejor asegurar que correr riesgo más tar'.
de, y pronto se adherirán á las ideas de su hijo,
calurosamente apoyado por su hermana.
«A pesar de la seguridad de mis previsiones
estoy cierta de que vas á estar como en ascua~
durante dos días. Así es que el domingo próximo
es decir, pasado mañana, iremos en el día Marco~
y yo á visitará dris&gt; ¿y quién sabe? Tal vez
mis padres nos acompañen, porque querrán, sin
duda, hablar cuanto antes de este gran asunto
con el señor y la señora Le Quesnel. De todas maneras, en caso de que los sucesos se pongan á la
cuarta velocidad, pondré secretamente en mi bolsi!a de mano un par de g~antes blancos para papa. De este modo sería posible hacer, en cualquier
momento, la petición oficial.
&lt;Entonces, hasta el domingo, hermanita querida.
«Recibe mis besos.- -TERESA&gt;.
Para Lucy esta carta llegaba á tiempo. Hacía
dos semanas que todo se retrasaba y ella se sentía
notablemente enervada. Apenas dormía casi no
comía, imaginándose que el momento ta~ esperado no llegaría jamás. A tal punto que srl mamá
mirándola desmejorar, se inquietaba un poco.
'
Pero había bastado este momento para repararlo todo.
En su gozo, un gozo intenso, Lucy pensó arrojarse al cuello de su mamá y contarle todo. Este
movimiento hubiera est~ ,en armonía con la esp~ntan~idad de su nat~l"aleza franca, porque sufna c_asi _por haberse visto obligada, durante tantos dias, a ocultar r.ste gran secreto á la señora Le
Quesnel. Mas la retuvo una especie de incertidumbre. Quizás esta_ confesión llegaría demasiado
temprano,_porque, sm pensar en la posibilidad de
una negativa de parte del señor Tillier, tal vez
podrfa hacer alguna objeción á un compromiso
mmediato y preferir esperar, por ejemplo á que
Máximo hubiese pasado sus exá menes de d~ctorado ó terminado su permanencia en la refinería objeciones q_ue Lucy esperaba encontrar, por 'más
que estuvieses~g~ra de que, en principio, se tendría el consentimiento del señor y la señora Tillier ......

�712

Mas, de todas maneras, y dada su incertidt1m•
bre acerca de las condiciones en que se efectuaría el casamiento, valía más, para descubrir este
secreto, esperar todavía dos días, puesto que, en
ellos, todo se habría arreglado.
Las horas le parecieron largas hasta el domingo.
Lamentaba tambien un poco que este día justamente coincidiera con la primera recepción de la
temporada en casa de sus padres. Pero este no
era, en todo caso, más que un lil!ero inconveniente, porque sería siempre fácil, durante la partid.1
de cartas, condacir á Teresa al jardín para que
r efirier~ todo. Y si acaso, el señor y la señora Tillier hubieran proyectado hablar confidencialmente con el señor y la señora Le Quesnel, sabrían bien cómo encontrar medio para ello.
Durante toda la maüaua Lucy no tuvo punto
de reposo
-¡Pero qué tienes hoy, hija mía, pareces tan
agitada!
-¡No tengo nada, mamá, nada!
La señora Le Quesnel se dirigió á su marido:
-Ha~ notado, Emilio, lcómo ha mejorado Lucy
desde haa dos días?
-¿Ah, sí?
La manera como respondía, indicaba que no
había notado nada.
La señora Le Qnesnel se dió cuenta de ello.
Se encogió ligeramente de hombros, sonriendo.
-Dicho en otras palabras, no has puesto más
atención en ella ayer que hoy. Por lo demás, me
pregunto qué te puede interesar eu este momento
aparte de tus negocios de azúcar que te acaparan.
Er señor Le Qnesnel dió su excusa.
-No hay que tomármelo á mal¡ en efecto, estoy
ocupado por ahora.
-¿ No tienes disgustos al menos?
El señor Le Quesnel, en este momento, miró fi.
jam,nte á su mujer.
Inmediatamente que hizo la pregunta había ido
á tomar un plumerito, detrás de un biombo, sobre ta chimenea, para desempolvar un poco los
mueble•.
Era claro, por su calma, que ella estaba cierta,
de antemano, de la respuesta: «No, esposa mía ... &gt;
Mnchas veces, en el cnrso de su vida, viendo á
su marido oct1pado, le había hecho la misma pre-~ttn ta, y siempre le había respondido: «No, esposa mía&gt;. Y como los sucesos no habían dejado de
mostrar que decía la verdad, pnesto que los negodos habían ido siempre á más y mejor, ¿por
qt1é se habría alarmado hoy especialmente la señora Le Quesnel?
Solamente cuando ella, pasando á otra idea, llamó al camarista Pedro para -darle una orden, el
señor Le Quesnel, en lugar de contestarle, se dejó
caer en un sillón, tomando de la mesa cercana el
periódico del día. No lo leyó sin embargo (hay

EL MUNlJV ILU!JTl{AlJU

que creerlo, por más que tuviera el aspecto de
examinarlo con atención), pues lo tenía al revés.
Lucy gritó:
-iAh! El conde y la condesa de Theil.
Los señores de la casa se levantaron á recibir á
los recién llegados, se5uidos de cerca por el resto
de la concurrencia.
Tras las primeras efusiones, los cumplimientos
usuales, las indispensables palabras acerca del
tiempo y los sucesos del día, las señoras fueron
sacando de sus sacos de mano sus labores y los
hombres dirigieron una ojeada á la mesa de juego, ya lista,
-¡Ah! el buen «bridge&gt;--exclamó el señor Plassard.-¡Cuánta falta me hacía!
Inmediatamente, para indicar bien que no trataba de perder el tiempo, tomó una carta.
Le Quesnel invitó á los otros á imitarle.
-;Jueguen ustedes, señores! Dentro de un momento haremos una segunda mesa, cuando lleguen
los Tillier y el señor Dnroc.
Lucy vió el reloj.
-¡Las dos y media! Teresa debería estar aquí ya.
Pero el comandante prefería quedar como espectador¡ así es que la partida comenzó sin él, en
tanto que las señoras se acomodaban en sus respectivos asientos y Lucy se ocupaba en preparar
el té.
-¡Ah! me olvidaba-dijo de repente Manuel Leroy-Ricardo me encargó decir á ustedes que no
conhran con él esta tarde.
-¿Por qué? prel!untó la señora Le Quesnel.
-Anoche hubo un crimen, cometido en San Simón .... y como procurador de la República .....
Una especie de malestar se advirtió en la concurrencia .... . .
-Es espantoso-dijo la señora Plassard;-¡cuántos crímenes ha habido últimamente por aquí!
Pronto no habrá seguridad por ninguna parte.
-¡Pobre señor Duroc! iQué oficio tan cruel el
suyo- replicó la condesa de Theil.
-¿El?-respondió Manuel- bien se ve que no
conocen ustedes á nuestro amigo Ricardo. De
otra manera no le compadecerían, Ante un her•
moso crimen es como el cirujano ante una h ermosa operación.
En este momento se oyó el ruido de un automóvil.
-¡Ab.! es Tere5a, exclamó Lucy llena de gozo.
El ruido disminuyó¡ el coche pasó sin detenerse.
«No vendrán&gt;, pensaba inquieta.
Sin embargo, tuvo un momento de esperanza.
Acababa de abrirse la puerta del salón.
Se apresuró á ver quién era.
-¡Ah! &amp;í es . . ..
Fué Ricardo Duroc quien entró.

-¡Qué amable es usted, señorita Lucy, que ha
venido á encontrarme.
Besó la mano de la joven, que, fuera por la premura casi exagerada que había mostrado, no pudo
más que murmurar una frase vaga ... .. .
-lYa?-preguntó Manuel á Ricardo-pudiste
echar mano al culpable?
- Muy fácilmente. Confesó todo desde luego.
El subprofesor se apartó entonces de la mesa
de juego en que su presencia no era, por el momento necesaria, y se adelantó hacia el grupo formado por las señoras.
-¿Eh? ¡Cuando les decía que este señor tiene
el fuego sagrado! Es necesario que encuentre dificultades.
-Sí-confesó con desenfado el procurador¡sin eso, ¿dónde estaría el mérito? Lo que es interesante en mi oficio, es encontrarme voluntariamente frente á una máscara placentera ó asombrada, y por preguntas diestras obligarle á traicionarse de repente, á- contraerse, á palidecer.
-¡Qué hombre! - dijo Manuel con tono burles•
co.- Te aseguro que nos causas calosfrío.
El procurador añadió:
- Seguir la pista al individuo que se busca y
hacerle pasar, á pesar suyo, por la sorpresa, el temor y el espanto si es necesario, para llevarle, en
fin, á confesar su falta ....
-¿Qué alegría, no?
Y el subprefecto sacudió afectuosamente á su
amigo por los hombros.
Ricardo sonrió.
- iSí! Y esa alegría vale tanto, yo les aseguro á
ustedes, como la de presidir un consejo de revisión [señalando con el dedo á Manuel], ó comprar quinientos sacos de azúcar (señalando al señor Le Quesnel en la mesa de «bndge&gt;) ó aun hacer un «match» de «tennis&gt; señorita Lucy. Y aunq ne por la modesta parte que me toca, no se trata, con mucha frecuencia, más que de una bolsa ó
de un portamonedas que contenía tres francos y
medio, juro á ustedes que en el momento en que
llego al fin, es decir, cuando tengo la confesión,
experimento sin igual placer.
Manuel habría replicado tal vez. Pero se le llamaba al «bridge&gt;, en que los jugadores se reprochaban mutuamente sus faltas. Se oía la voz tronante del señor Plassard.
-¡Pero es creíble, señor Le Quesnel! ¡En diez
minutos van dos errores que comete usted! ¿En
qué piensa, pues?
Era ya cerca de las cinco.
Decididamente Teresa no vendrá.
Lucy, atenta al menor ruido exterior, se preguntaba qué habría podido suceder.
Su imaginación iba muy adelante. ¿Habría rehusado el señor Tillier su consentimiento? No, tal
suposición era imposible.
¿Entonces qué? ¿Una enfermedad repentina?
¿ Un accidente?
Ya los hombres hal)ían d ejado la mesa de juego.
La conversación se había hecho general.
Primero se había hablado del crimen cometido
en San Simón. Después, por transición muy natural, se habían cruzado las más di versas opiniones sobre la cuestión de la pena de muerte. ¿La
supresión de ésta era buena ó era mala? El comandante Maudru profesaba una opinión muy
clara, que reclamaba la severidad á todo trance.
-Cuando la culpabilidad de un individuo no
es dudosa, hay que suprimírsele. La colectividad
que paga impuesto está en derecho de rehusarse
á subvenir al mantenimiento de uu asesino.
La señora Plassard, que no habría soportado
que ante ella se matara una mosca, era completamente de la opinión del comandante.
Pero Manuel contestó:
-¿La sociedad? Pero sí de todas maneras tendrá que pagar. Sí no es el plato de fríjoles del
preso, sí el sueldo del verdugo.
En cuanto á Ricardo, vacilaba en dar su opinión.
-Garantizadme, desde luego, la infalibilidad de
la justicia ....
Por supuesto que estas graves consideraciones
y aun la evocación del cadáver de la anciana asesinada la víspera en su lecho, no impedían á la
conciencia encontrar suculento el pastel que se
acababa de servir.
-Pero usted no ha tomado nada, ·señor- dijo
de repente la señora Le Quesnel á Ricardo,
Lucy se acercaba con una taza en la mano.
-¿Un poco deté?
-Con mucho gusto- dijo Ricardo,- yo le pediría á usted algunos pasteles, porque á causa de
este negocio de San Simón, apenas pude desayunarme,
- Y no nos había usted dicho nada-replicó la
señora Le Quesnel en tono de afectuoso reproche.
Veamos, ¿no quiere usted que se le sirva algo un
poco más substancial?
Se volvió hacia Lucy q ne, aunque habiendo perdido toda esperanza de que llegara alguien á esa
hora, no despegaba las miradas de la puerta.
-Haz que traigan bizcochos y Syracusa.
- Bueno, mamá.
La joven desapareció.
(Continuará).

713

EL MUNDO ILUSTRADO

PSIQUIS

EN EL ALBUM NATURA

Para "El Mundo /laslrado."

Por do paseaste en la campiña,
grabada tienen, afable niña,
tu imagen bella las blancas rosas.
Y en sus alitas multicolores,
también grabada como las llores,
tu imagen llevan las mariposas.

Cuando el encanto de tus sueños roba
el dulce despertar de la mañana;
cuando tenue la luz llega á tu alcoba
tras la cortina azul de tu ventana
y hasta tu blanco lecho se desliza
y tus párpados abre cuidadosa,
como se abren al soplo de la brisa
los delicados pétalos de rosa,
;.no has oído muy quedo, muy pausado,
que llaman á tu puerta·~ ..... .
Es un suspiro que se me ha escapado
y que llega á buscarte y te despierta.
Cuando ocultas después tu cabecita,
hundiendo el almohadón de blanda pluma
que, al rodearla, imita
un torbellino de encrespada espuma¡
cuando el ropaje muévese impulsado
por los suaves vaivenes de tu pecho
y pensando en un frío no llegado
te envuelves en las sábanas del lecho, ~
¿roce de alas tus labios han sentido
que turba de la atmósfera la calma? ....
Es un beso en un soplo desprendido
que en mis sueños te dí con toda el alma.
Noviembre de 1908.
GUSTAVO

F.

AGUILAR,

*
EL REGRESO DE LOS BARCOS
La tarde va cayendo¡ el sol declina ....
parece que las aguas quedan solas¡
y al beso de la noche, ya vecina,
se cubre todo el mar con la neblina,
que es el traje de noche de las olas.
Las barcas pescadoras van llegando
al puerto, ya en la obscuridad sumido;
y, una á una las velas arriando,
presurosas al puerto van entrando,
como vuelven los pájaros al nido.
M. MORERA GARCÍA,

*
IE.N !LA CAILILIE.JJA
Al claror dela tarde que agoniza
cruzo por la vetusta callejuela.
En toda su extensión no se di visa
otro perfil que el corvo de una abuela
asomada á un postigo. De allí vuela
pesado olor á viejo. La sonrisa
furtiva de su cuerpo una mozuela
me da al través de aquel postigo. Prisa
me doy después en retornar. Es ella
á la que miro en el postigo abierto.
La saludo y le dicen cómo es bella
mis ojos y el tornarme á cada paso
por verla. Ríe .... El callejón desierto
condensa los fulgores del ocaso!
FELIPE

V ALDERRAMA.

En la alta cumbre, la blanca nieve,
luciente guarda tu cuerpo leve.
Y en la espesura del bosque frío,
entre las palmas, bajo las frondas,
en un recodo de glaucas ondas,
tus formas puras las guarda el río.

OCASO
Viene cayendo la tarde¡
El viento duerme en las hojas;
El perfume de los nardos
Se esparce fresco y sutil;
Pasa la tarde del tiempo,
Vuelve la blanca mañana
Y la noche vuela ufana
Desde un abril á otro abril.
Y a la tarde de mi vida
Se aproxima silenciosa;
La ilusión duerme en la noche
Del olvido y el dolor;
Ya no volverá risueña
Para mí blanca mañana
Ni la dulce edad temprana
De mi inocencia y candor.
Ya los lazos que á la vida
Atan con llores del aire,
Los encantos misteriosos
De la hermosa juventud,
Van cayendo uno por uno,
Como espigas olvidadas,
En las llanuras calladas
De la triste senectud.

En sus pupilas negras y graves,
tu dócil talle guardan las aves.
Y casta, pura, muy pensativa,
de las colinas en la aJJ.cha falda,
en dijes verdes como esmeralda,
tu imagen tiene la sensitiva.

R.

TREJO CASTILLO,

O Y E*.. . ....
(Pan «El Mund; Ilustrado).
Oye, doliente y pálida visión de mis ensueños:
cuando me hunda en la sombra de la melancolfa
no interrumpas mis sueños con cantos halagüefios·
de tu voz arcangélica con la rara harmonla
'
no interrumpas mis sueños!
Escucha: e~toy herido por las traiciones malas·
mi espmtu se encumbra ~obre de los perversos '
deja que abran sus alas de mirificas galas
'
y canten á la vida las aves de mis versos!
¡Jeja que abran las alas!
Deja que crucifique mi alma creyente y buena
y eleve, desde el trágico madero de mis rimas '
d caliz lle mi pena que el Destino envenena '. . .
Deja que alce, cual Cristo, del ideal en las cimas
el cáliz de mi penal
'

DORILA CASTELL DE ÜROZCO.

*

NOCTIVAGANCIA

Deja, visión doliente, fantasma de mis sueños
Que cun ~u desmayado blancor de eucaristla
'
fl~rez:an mi, ensuef\os como litios sedeños ....
Que en el jardln de Otoño de mi melancolfa
florezcan mis ensuef\osl

Joaé de J. Núñez y Domínguez.
Diluyóse en la noche taciturna
el alma vagabunda
de la última canción. En la desierta
calle, que fué bullicio y tráfico, resuenan
mis pasos persiguiéndose en el eco.
Los faroles eléctricos
parecen parpadear. En una ráfaga
de viento frío que del cerro baja,
los dormidos recuerdos se sacuden.
Sueño. Ensueño. Ambiciones y las fútiles
conquistas del amor y de la gloria.
La luna en mengua es una hoz que corta
espigas en el cielo florecido
de estrellas. Los latidos
de algo enorme palpitan en secreto,
(el alma abrumadora del silencio),
y el reloj de la torre
abre su ojo insomne
que en esta paz nocturna y dolorosa
sufre la pesadilla de las horas.
L EONCIO MARTÍNEZ Y MARTÍNEZ,

*

LAXITUD
No como enantes ambiciono el día
p~ra gozar deleites con sus horas,
dilatando en lo azul esas canoras
a ves de ensueño que en mi sér había.
No como ayer, proyectos la alegría
ha cada noche para las auroras,
ni rumbo á la esperanza van las proras
de mi inquietud y mi melancolía,
•
Ni goce ni dolor hay en mí mismo,
Ahora finge el silencio de un abismo
mi corazón, exento de reproche
para la vida de falaz promesa,
y mi cuerpo y mi espíritu en pereza
claman por el olvido de la noche.
FELIPE VALDERRAMA.

�EL MUNDO ILUBTBADO

714

715

EL MUNDO ILUSTDORA

to, que si la razón se inclina á censurar la fantas~a, vencida, perdona; y cuando pasan'seda, terc~opelo, enca1es, plumas, muselinas, velos, flores,
cmtas y v.olantes, el más grave sonríe y, con cierto acatamiento, exclama: ¡Salve, fémina!

G.

MARTÍNEZ SIERRA,

LA MODISTA EN CASA

CRONICA

l

AS NOCHES DE INVIERNO, lectoras mías,
son tranquilas y gratas cuando al dulce calor de la chimenea y de los corazones reunidos bajo un mismo techo y un mismo
ideal, se ven pasar las horas de la'velada, como palomas viajeras que tienden sus alas hacia la región
misteriosa del tiempo, de donde nunca han de
volver.
Afuera el viento invernal gime, y su lúgubre
voz parece amenazar al atrevido que intente traspasar el protector dintel de las puertas del hogar;
los árboles, en los desiertos campos y en los jardines de la ciudad, sacuden sus ramas escuetas á
las cuales se ha quedado prendida, con invencible
fidelidad, alguna hoja amarillenta, semejanteá una
esperanza postrera, que se acoge al ensueño con
angustiosa desolación, para_ no morir arr~batada
por el viento helado de la implacable realidad.
El cielo nocturno esplende con la 1uz de sus
astros más brillantes y puros, mientras más se enfría la atmósfera; parecen decirnos, con su luminoso resplandor, que los flotantes crespones de
las nubes estivales son como las fugitivas ilusiones enemigas de la luz y de la verdad.
Pero á medida que el frío aumenta en las calles
y en los campos áridos y tristes, el calor del hogar se reconcentra y parece más vivo y confortable· ¿será porque las almas necesitan la proximidad de las personas queridas, en otras ocasiones
ausentes y como olvidadas de la familia? Tal vez¡
mas en esas largas veladas, cuando cerca de la
mesa de trabajo se encuentran reunidos dos seres
que acaso por ligeros resentimientos se habían
separado, entonces un saludo al invierno "br~ta
interiormente de aquellos corazones, como un himno á la bella estación de los días breves cual realidades pasajeras, más rica en dichas íntimas y
en largos reconcentramientos, durante los cuales
se dilata la perspectiva de los sueños en amplia
y hermosa extensión. A la luz de la lámpara, se
trabaja y se tejen juntamente la fina labor del encaje y la eterna red de los p~oyectos y_de las reconstrucciones de pasadas dichas¡ y mientras las
bellas manos delicadas, con mágicas evocaciones,
cubren de ornato y de flores la tela, el adormecido pensamiento evoca los complícados arabescos y las perfumadas rosas y violetas de un recqerdo lejano.
_
• .
.
.
También otra so'l.adora infatigable, te¡e, borda
y dibuja sus caprichosas fantasías artísticas, que
figuran no poco en la vida imaginativa de la mujer: la moda, siempre la moda, ~bil artífice, consejera y guía de la belleza femenina.
En la presente estación de iJ1.vierno, la tendencia general de las confecciones se resume en un
e'stilo que define el carácter de los trajes preferidos actualmente por las damas. El estilo ''Directorio" es el reinante, á pesar de que existen otras
muchas formas elegantes y exquisitas. Pero la nota predominante de la estación es la e,sb,elte.z, el
adelgazamiento de la silueta. Para 1~ mu¡eres
delicadas y flexibles, esto es muy fácil_ de conseguir¡ basta llevar un traje de cort~ ie~:-illo y con
líneas definidas, sobriedad en los JÍliegues y la
cola terminada en punta, á fin de marcar el conjunto del traje¡ par~ las .damas men9s esbeltas, la
cuestión se complica, sin embargo¡ los recursos
de la moda tienen suficiente poder para alcanzar
un éxito completo en l a impresión óptica. De la
habilidad en el corte de las faldas depende este
resultado¡ así es que, en su aparente sencillez de
túnicas griegas, estos trajes requieren verdaderos
prodigios de arte, á fin de tener un aspecto elegante. Nunca como hoy, los grandes maestros de la
confección han tenido campo más vasto para desarrollar su talento.
Después de hacer notar la f~rma dominante ~e
los trajes de la presente estación, hay que decir
al~o sobre las telas favoritas que se usarán. Parece°que obtendrá la preferencia el otomano, ya sea
en los elegantes trajes ''Directorio," ya en los de
corte princesa¡ en los jaquets Luis XV, en las levitas y aun en los mismos sombreros, el otomano
reinará seguramente. E sta es una tela, bella y sedosa, que sólo puede te1:1er en la actual~dad, como
rival, al paño d e seda, 1g~almente fl~xible y suave con su matiz de cambiantes refle¡os, cuyo encanto es indudable. No por esto debe creerse que
el terciopelo ondulante y acariciador, el satín 6
el crespón de China, habrán cesado de figurar¡ al

contrario, están en plena aceptación, lo mismo
que el tussor, el cual va á tomar un aspecto netamente invernal con su elegante y lindo tejido moteado caprichosamente, que le permite prolongar
sus éxitos en una estación en la cual se hubiese
rehusado la privanza del tussor liso y sin ningún
dibujo del año pasado.
A esta variedad de telas de seda es preciso
añadir las gasas transparentes y vaporosas, el velo real, el tul de punto grueso, el de seda metali ·
zada, y una nueva muselina de sed;,, más espesa
y resistente que la •antigua, aunque sin perder la
ligereza graciosa de ésta. Todas las telas que
constituirán la elegancia de los trajes de teatro,
baile 6 reunión, se bordarán de oro mate., lentejuela, nácares irisados, tubillos de cristal y toda
clase de imitaciones de piedras preciosas¡ las
aplicaciones de terciopelo en dibujos egipcios, 6
flores matizaáas en diversos tonos, pondrán también sus calientes reflejos sobre estas vaporosas
telas, y serán el refinamiento del buen gusto en
las confecciones de los trajes de ceremonia, en la
presente estación.
Es indudable que nuestras amables lectoras dedicarán algunos ratos de las veladas de invierno
á pensar en la combinación de sus atavíos para
las reuniones y espectáculos, en los cuales les desea un éxito completo.
MAR GARITA.

*

Galas y Mujeres
EN EL JARDIN ENCANTADO DE PARIS

N el jardín encantado de
París, sobre el asfalto,
bajo el cielo pálido,
sobre los bien enarenados jardines, bajo el
sol tibio, en el aire que
huele á Otoño, ha florecido la maravillosa
flor que corresponde á
la sutil luminosidad y
á la tibieza de aquel
aire: la flor de la triunfante feminidad.
París es la mujer de París: toda su majestuosa
artificialidad de la vida es marco para su artificialidad exquisita¡ la languidez de los jardines es
símbolo de su ternura superficial¡ el rumor del
agua en las fuentes es como su voz que no dice
nada, pero que habla á la fantasía tan dulcemente, que casi parece oírla el corazón¡ la luz velada
es el mirar maligno de sus ojos: la bruma leve
que cierra las perspectivas, es como un anuncio
de su aparición. Por las calles frívolas para ella
riendo frívolamente, ondulando, amando apenas,
dejándose amar, fingiendo que llora tan perfectamente que se engaña á sí misma¡ y la ciudad con
sus colorines, con sus luces, con sus músicas, con
la fantasmagoría de sus escaparates, le ayuda á
engañar y á engañarse¡ porque ya he dicho que la
ciudad y la mujer son hermanas gemelas, hermanas cómplices que van muy de la mano echando
polvo azul á los ojos ilusionados; y suena para
pagar á la ciudad y á la mujer, el tintineo, el tin1ineo de todos los oros del mundo¡ y la ciudad se
enriquece, y la mujer vive ... . hasta que muere,
trocada acaso la comedia en tragedia. Allí están
las aguas, á veces tan negras, del Sena, suministrando todo el elemento de fatalidad que es menester para dramatizar estas vidas un poco locas,
un poco perversas, un algo sentimentales y un
mucho inconscientes.
Pajarillo sin seso, con una chispa intermitente
anidada en el corazón, friolenta, golosa, envidiosa- todo adorablemente,-esta muñeca perfumada, que siempre tiene sed y á menudo saca las
uñas de gata, ha nacido con el instinto de la compostura. Ya de niña, enmedio del arroyo, con cuatro harapos viste á la muñeca como á una reina¡
obrerilla, trotando con la caja al brazo por los bulevares, lleva el organdí con elegancia de crespón
de China; el tul, con majestad de encaje; el sombrerillo de pocos francos, con imperio de corona,
y las flores de trapo se hacen de ilusión al posarse en el rubio blando de su cabellera, Mujercita

burguesa, hace de su cuerpo una tentadora y bien
compuesta estrofa, y sabe la línea, y conoce la
ciencia del pliegue, y acaso deja de comer por el
placer de verse linda y de arremolinar volantes
con frufrús de sedas en torno al tafilete del pulido zapato . . .. sobre el que hay una hebilla que
ojalá fuese de metal precioso; pero que siempre
suele ser linda.
Por toda esta ciencia, por esta innata sabiduría
en el vestir, cuando para el serpentino cuerpo de
la parisiense la riqueza puede lograr los terciopelos de Oriente, las pieles del Norte, los paños
de Inglaterra, las sedas de China, los encajes de
Bélgica y de España, las lentejuelas de París y
las tenues muselinas, no hay poema comparable
al poema de su figulina, que ha robado la nobleza de líneas á las más sugestivas tanagras, la ondulación al agua, el revuelo á la espuma, el rumor al aire que pasa entre los árboles y el perfume al más suave de los olores campesinos; de tal
manera en el conjunto del cuerpo y del traje se
compenetran los diversos elementos de belleza,
que no se sabe si la gracia del movimiento está
en el impecable corte de la falda 6 la sabiduría
del corte en la maravilla de flexibilidad de la tela 6 en el milagro serpentino del cuerpo sabio en
movimiento; y otro tanto ocurre con el color, cuya armonía no se sabe si está en la tenue ligereza
de los velos 6 en el aroma, que al revolotear en
el aire despiden, 6 en la arrogancia de la cabeza y
cuello que lo sustentan.
Es por la mañana, casi mediodía: los plátanos
del bulevar, bajo el sol pálido, tienden leves sombras por el suelo; la multitud va y viene en el
trajín diurno al trabajo, á la lucha por la vida¡
¿crees que á esta hora la parisiense, flor de estufa, descansa de las mundanas fatigas de la noche,
del teatro, del baile? Nada de eso: para la mañana, la mujercita elegante ha inventado un deber
que la hace madrugadora: el de lucir el traje corto, el trotteur de paño, falda airosamente ceñida,
chaquetilla 6 bolero que se entreabren sobre la
muselina de la blusa, sombrero diminuto y correcto, botas de cuero claro, paso menudito, pero
rápido, porque este traje es de quehacer, de negocio, de mujer ocupada; hay que hacer con él la
inevitable tournée de compras antes del almuerzo.
Para el cual ved al maravilloso traje de casa, hecho de la más frívola, lánguida y plegante de
las telas, con un color que casi no es color, con
una forma que apenas es una ilusión de forma. Si
por la tarde han de hacerse visitas, la fantasía,
apoderándose de las líneas del traje de mañana,
quiebra donosamente su severidad alargando la
fálda, bordando motivos orientales de seda policroma sobre la monocromía propicia del paño,
empenachando el sombrero con la soberbia de
atrevidas plumas, calzando finamente el pie de
negro, la mano de un propicio color, amplificando el velo que cubre el rostro para envolver en
bruma favorable la cabeza, Y esto con toda libertad de línea, de estilo, hasta de fantasía¡ porque
pasó la época de la modas tiranas y hoy cada rostro puede elegir la luz que le conviene, y todos
los ojos son sabedores de la sombra que mejor
cuadra á su claro ú obscuro color; así una concurrencia femenina ha perdido toda monotonía, y
los afortunados que, al caer de la tarde, sentados
en las terrazas de los cafés, miran pasar la ola de
feminidad engalanada, bien pueden imaginar que
por arte de magia se ha compuesto para ellos una
cien veces multiforme fantasmagoría; á esta hora
la ciudad, París, se envuelve en una especie de
hálito sentimental que tiene un poco de ternura
difusa¡ hasta en el corazón del artificio urbano
deja sentir su magia melancólica la influencia de
la puesta de sol. Y cuando el sol se ha puesto,
París se trueca en maravilla, porque su artificialidad, con las luces anuncios, las músicas, las películas cinematográficas, llega á su grado sumo¡
entonces hay que buscar á la elegante en casa,
presidiendo la comida de ceremonia, 6 en casa
ajena asistiendo á ella, 6 en el teatro, 6 en el music-hall, 6, si es verano, paseando bajo los árboles
de los jardines, hechos lugar de esparcimiento. Y
como la ciudad, ella ha alcanzado la cumbre de
su soberanía, y todos los tejidos maravillosos y
todos los encajes y todas las plumas y todas las
suavidades é irisaciones y ondulaciones del mundo parecen hechos para marco de su personilla
insensible é irresistibl~¡ viendo el traje casi poemático, se piensa en la epopeya prolija de las
manos humildes que han hecho, horas y días y
noches, labor de araña para embellecer aquella
viviente frivolidad¡y tal es el poder de su encan-

EXPLICACIONES PRACTICAS
Cómo Cortar el Corpiño
( Véanse las fígurQ1J publicadas en el número anterior)

FIGURA
FIGURA

16

20

He aq l1 í el delantero concluido.

Entallad bien la tela sobre el busto, prendiendo con alfileres, y el sobrante dejadlo al aire.

FIGURA
FIGURA

13

Cortad siguiendo la línea del brazo que se ve
bien á través de la tela.

FIGURA

17

Unid el delantero con el costado, teniendo cuidado de recortar al derredor del brazo. Después,
tomad la espalda y el delantero y unidlos.

FIGURA

18

Haced las pinzas de dos pliegues dobles, dejando, entre ellos, un intervalo de dos centímetros.
FIGURA

14

Con e1 pequeño trozo que sobra del delantero,
cortad el segundo lado de debajo del brazo.

LA MODA DEL BRAZALETE
Está poniéndose de moda la costumbre de llevar tantos brazaletes como quepan en el brazo.
Las jovencitas que se inician en sociedad son las
que patrocinan esta costumbre, y hay algunas que
llevan hasta una docena.
Los brazaletes están también en boga como regalos de boda.
Los hay de oro lisos y de oro grabado¡ éstos
son más elegantes y más vistosos; los hay flexibles y los hay también rígidos, adornados con piedras semi preciosas.
Los que gozan de más favor son los que llevan
zafiros americanos y topacios escoceses.
Las señoritas que poseen piedras pequeñas las
están haciendo poner en argollas apropiadas para
brazaletes.
Esta moda y este furor no es más que una parte de la boga de que disfrutan actualmente las
modas imperio. Es bien sabido que la emperatriz
Josefina usaba tal cantidad de joyas, que los joyeles de la reina María Antonieta le parecieron de·
masiado pequeños; en vista de ello, siempre llevaba sobre su delicado cuerpo todas las joyas que
no podía guardar en sus cofres.
Las modas imperio, al ser revividas, han traído
con ellas el furor por las joyas de la emperatriz
Josefina. Se fabrica toda clase de cadenas de acuerdo con los dibujos de los brazaletes. Las sortija$
que se usaban todavía hace menos de un año y
que tenían una piedra 6 dos, han pasado á la historia, y en su lugar se usan joyas con monturas
de los dibujos más caprichosos.

*

FIGURA

15

Cortad la tela siguiendo el derredor del cuello.

FIGURA

19

Cortad lo que sobre de las pinzas, y marcad el
centro del delantero.

21

He aquí la espalda terminada.

Un peluquero, que había pasado una noche tormentosa, tenía al día siguiente el pulso poco firme y cortó la cara de un parroquiano muchas vece_s. El cliente sufrió todo con paciencia, y al terminar el tormento, se levantó é hizo un buche de
agua, después de lo cual empezó á sacudir la cabeza con fuerza.
-¿Le duelen á usted las muelas?
-No, pero estoy viendo si todavía no se me
sale el agua por los carrillos.

�TRAJE DE RAILE.- De estilo imperio, hecho en tul
negro bordado ele oro. Sobrefalda que termi:_a en dos
picos por un lado y se acorta ligeramente por ~etrás.
Escote redondo adornado con un lazo ele terc10pelo
neg-ro y dos ele~ntes brnches de camafeos. Mangas
cortas y estrechas.

FoT. FÉLIX,

DE

PARís.- MoDAS

REm'ERN.

TRAJE DE CALLE. - Eleg·,uit0 traje de seda azul
eléctrico, de estilo princesa, con sobrefalda ligeramente recogida á un lado, formando graciosa drapería. La parte superior del corpií'j_o y las mangas
están cubiertas por una rica aplicaci6n de terciopelo en el mismo color, bordada con hilo de oro y plata.

�....,_________________________ -

VICTORIA

La Cerveza de la Aristocracia
La Colonia Alemana la prefiere porque es igual á la mejor que se
f ahrica en aquel país.
,,

Sin Rival por su Calidad
Ligera, digestiva y al mismo tiempo nutritiva. Es de las más finas
que se elaboran en México.
Uno de los mejores triunfos de la Cervecería T oluca y México, S. A.

--------------------------1. .

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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