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                  <text>L UNDO LUSTRADO
•

R egistra do como a r ticu lo

Año XV-Tomo 11

!1 e

sc~un da clase, en 3 de :--ovicmbrc ele 189 1.- Impreso en papel de las Fá.br icas de Sa n Rafael.

México, 6 de Diciembre de 1908

Número 23

CUERNAVACA HA SIDO EL DESTINO DE LA BRIGADA EXPEDICIONARIA Y EL TEATRO DE UN SIMULACRO EN LA SEMANA ULTIMA. LUGAR DE
LOS MAS PINTORESCOS, NOS DA OCASION DE PUBLICAR ESTA HERMOSA FOTOGRAFIA DEL SR. LUIS CUEVAS,
QUE REPRESENTA LA VIEJA E HISTORICA IGLESIA DE LA CIUDAD,

�726
!Dñll"edcrfo:

Director, Dr. Luis Lara y Pardo.
Gerente General,

ALFONSO E. BRAVO.
OFICINAS:

Calle de Altaro número 9. México. D. F. A1&gt;11rtado
tal Z.570. -Teléfonos: Erlcssnn, 1476.
Oom1&gt;aflía Teletón lea, 471.

--

PRECIOS DE SUBSCRIPCIÓN:

En la Ciudad .... .. ........................
En los Estados,.......... .. .. . . .. . .. .. .. .. .. ..
En el Extranjero... .. .. .. .. .. . .. . .. .. .. ..

$

1.25

1.50

z.oo

l'íÚM.EROS SUELTOS:

En la 0a1&gt;I t&gt;&lt;l. ..................... ...... $0.3.'I rR.
En los Est&gt;&lt;dos.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. $0.50 cs.

t&gt;OS·

mo posea ,·erdadt'ras pl'escas arLísticas, debo ded ucit' q nr sus pl'&lt;'frrPncias serían para China, en rlogio &lt;le la rual ha escrito
(dtimamente un brillantl' ,\' birn fundado
artículo comparatirn.
Ahora bien: es rosa perfectamente averiguada que el Oriente no es gTato sino á
los occidentales q ll&lt;' no lo conoct'n.
De esto puede cluclar quien no haya, leído la "Madama ürisante1m1, •· de Pierre Loti,
poema épico del más tétrito .v negro aburrimiento.
Pero en suma ";,' al fin Luis Urbina y José .T uan Tablada son poetas, r lo son de verdad, y faltarfan á todas las trnd iciones si
algo actual les gustara ,v si nlgo exótico les
repugnara. Lo bello, según ~pencer, es
tan sólo lo viejo, .r, agrngaríamos nosotros,
lo extraíio, lo exótico, lo extrnrng,rnte y ..
lo incómodo.

iPor qué son bellas las rninas? Pues .. ..
por desmantelaJas, por solitarias, por inEn Dónde en Qué Epoca habitables, por fastidiosas. Luego es cosa
clara que á Luis y á José Juan tenían que
Hubiera Querido Nacer -y Vivir
gustarles, respectivamente, In Y enecia del
Renacimiento y la Uhina de no importa qué
edad.
A los que ven para atrás tenemos que
ÍAS pasados, mis amigos de &lt;El
oponer los que ,Ten para adelante, que, coImparcial&gt; vinieron á preguntarmo es &lt;le presumir, están tan lejos ele lo
me en qué época y en qué país
justo como los otros. :;\!ns, acaso, toda yez
hubiera querido nacer y viYir.
que sobre lo pasado hay indicios, en tanto
Aunque la pregunta me cogió de improque sobre lo porvenir sólo conjeturas.
viso, contesté sinceramente que ;yo no huIIa,v, en el reportazgo tle ' 'El Imparcial;'
biera querido nacer en otra época ni en
diversas personas que se resignan, tal yez
otro país que los que me han tocado en
á más no poder, á haber nacido en este
suerte.
país; pero que hubieran deseado posponer
Después he leído, en el periódico de refesu
natalicio hasta dos ó tres siglos después
rencia, que casi yo so.v el (mico de mi opió
hasta
In realización de ideales que suponión, y que distinguidísimas persona-s, entre
nen
infalibles
.r &lt;le cierta é inequfroca re11ellas muy queridos amigos míos, hubieran
lización.
preferido quién nacer en otro país, quién
Virginitl Fábregas, por ejemplo, hubiera
vivir en otra época, y que no escasea11 quiequerido nact'r más tarde. Sobre que ésto
nes, á la vez, preferirían otras épocas y otros
es un deseo esencialmente fomenino, sobre
países.
que la simpática artista es jO\·en .\', lo que
Con su pan se lo coman. Y o sig·o ere.rent'S peor, &lt;ligo, uwjor, ó mejor,-no sé lo r¡ue
do que quien ha tenido la fortuna de que su
me dig·o,-todada belhl, no comprendo por
vida cabalgue entre la segunda mitad del
qué hubiera qnericlo esperar el &lt;lesen\'Olvi·
siglo XIX y el primer cuarto del XX, no
miento del arte dramático en :\léxico, parn
tiene nada ni á nadie que envidiar, y pne&lt;Lue las hatlas viijieran á depositartodos los
de reputarse hijo de la dicha con haber
dones sobre su cuna.
caido tan á tiempo en la existencia. Y creo,
asimismo, que quien en época semejante ha
Quien tenía pleno derecho á rcclama1· un
nacido ~, vi vid o en nuestro país, no t iene
nacimiento tardío, lo más tnrtlío posible,
por qué envidiar nada de lo que es exótico
hubiera siclo Pancho Cardona, tanto por sí
mismo cuanto por los progreso:; del arte
y extraño.
Luis Urbina, por ejemplo, hubiera c1u&lt;'dmmátieo nacional; pl'ro si é l no lo hit rerido vivir en Venecia en la época del Hl'- · clamado, ¿con qué derecho lo reclama Virnacimiento. Buena pro le haga; pero á legin ia Fábregas?
guas se conoce que el viejN1ito no conoce
No, señora mía. No debe nadi{' renunciar
ni Venecia ni la época del Renacimiento.
á ser etapa de nnaevoluci6n, so pretexto de
Venecia, hor aún, no es más que el barrio
,·er realizado el desenvolvimiento de quees
de la zanja cuadrada; y en la época á que
artífice principal.
se refiere Luis, Venecia no era más que la
Matikle 11ontoya sí t iene pleno derecho
zanja cuadrada, complicada con la colonia
á pedir haber ,·ivido, luchado .r trabajado
de la Bolsa.
en otra época .r en otro medio q ne en los
Hectifiq nemos.
nuestros. Su reino no es ele este mundo.
Para que en México se estime, en lo mucho
Estamos calumniando á la zanja cuadraque vale, el esfuerzo femenino en favor del
da y á la colonia de la Bolsa. La zanja cuatrabajo y en bien de la humanidad, pasarán
drada tiene el pudor de ser suqterránea, en
muchos años; y Matilde se ha adelantado á
tanto que el Gran Canal veneciano tiene
esa época. En este país, y en los tiempos
la desvergüenza de correr á descubierto; y
que corren, la mujer no es estimada sino
la colonia de la Bolsa brilla de luz eléctripor lo que tiene de víctima, de escla,•a, de
ca, mientras en Venecia brilla por su ausumisa ó de bella. Cuando la mujer quiere
sencia la luz, y, durante el Renacimiento,
tender las alas, salir de su esfera, emanci •
brillaba también por el mismo motivo la
parse noblemente, prescindir de la falsa
gendarmería.
adoración y de la pérfida generosidad del
José Juan Tablada es otra cosa y otro
hombre, no encontrad, en la p lebe social
cuento. Hubiera querido nacer y vivir en
más que el escarnio; pero en la aristocrncia
el Ortente. Rectamente se infiere que el
moral el respeto y la consideración.
inspirado José Juan conoce el Oriente tanEn cuanto á los arquitectos que hubieran
to como Luis Urbina Venecia. Una sola coquerido vi vil' en el siglo de Pericles y á los
sa habla en su favor, tanto como en su conmilitares que desearían haber nacido cuantra, á saber: que ni precisa el país oriend0 :México sea, no un país hospitalario y detal de su preferencia, ni fija tampoco época
mocrático, sino una nación imperialista ~
especial á su deseado advenimiento á esas
agresiva, me permitiré, salvo el respeto,
privilegiadas regiones. Como quiera que
s'ugerirles q ne en tiempo de Pericles los arJosé J nan no ha hecho panegírico alguno,
quitectos no cobraban el 10% sobre el preen circunstancia ninguna, de Turquía, la
supuesto de las obras, y que hay una mejor
India y el Japón, por más que de este últi-

y

727

l!:L MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

mtrn&lt;'ra de parodiar el "Si ri.~ p1Je1111 p111·11
Ó&lt;'l/11111'' ses la ele precaver la guerm consagrándose n las obras de la paz. Que lo diga el Gral. Dfaz.

Los Palé1cios de México

.;-,~
,,

Crónica Científica
EL ALMA DE LAS PLANTAS
J Oswinsky el Lulcr Burbank ruso. á quien
se deben ya muchas creacione~ hortículas que
no se habían siquiera ,o,ptchado antes, expresa, en un estudio que ac~ba de publicar,
su opinión de que la vida de las plantas es en
todo idéntica á la de los animales, y, por lo tanto, á la de los seres hum1nos¡ asegura que tienen
sus temperamentos, sus gu~tos, sus apetitos, sus
simpatías y sus horrores. Hasta ahora la ciencia
agrícola las había considerado como desprovistas
d e todos estos atributos y sólo se preocupaba por
que tnvieran alimentación conveniente por medio del riego, de que estuvieran protegidas en
contra de la inclemencia del tiempo y de que gozaran de una temperatura que favoreciera su desarrollo.
La cultura científica empieza á obrar de otra
manera mu y diferente. Tiene en cuenta la verdadera naturaleza de la planta, y se ha convencido
de que, para obtener un buen desarrollo, hay que
tratarla lo m,ismo que á los individuos de la especie humana, seres que sienten y que piensan.
Tómese, como ejemplo, al hongo. Examínese su
estructura, obsérvense sus movimientos sobre todo, y se notará que obedecen á una verdadera
&lt;lucha por la vida&gt;. Deposítese el plasmodio del
criptogama sobre una hoja de papel ó sobre un
pedazo d e madera, cubierto con gelatina, y se verá al plasmodio moverse, buscar, como si estuviera provisto de tentáculos imperceptibles, los lugares que están secos, y mostrar así que tiene
conciencia de su personalidad.
Para convencernos más de ello, coloquemos
una hoja de papel dentro del agua y veremos que
el ducus&gt; seadhiereá la hoja, como buscando protección contra la humedad¡ s1 se echa sal al agua,
se notará como un movimiento de horror, pues
no gusta de vivir en los medios salinos.
Oswinsky ha notado también que las plantas
son mucho más sensibl es á la luz que la mayoría
de los animales. Muchas de ellas buscan la luz
d el Sol y esperan su salida vueltas hacia el Oriente; m u chas también se cierran una vez que se
ha puesto el astro rey. Otras, ¡::or el contrario,
velan de noche y duermen de día; algunas de ent re las dicotiledóneas colocan sus pétalos de noche como si estuvieran muertas y parecen revivir
á los primeros rayos del Sol.
Algunas l eguminosas duermen sobre sus tallos¡
otras colocan sus hojas de tal manera, que nunca
reciben la luz directamente. Las llores que están
en macetas, dentro de las habitaciones, se inclinan
en dirección de la ventana Hay algunos lirios
que se inclinan hacia la luz, aun cuando se la dé
una lámpara colocada lejos de ellas, y cuando se
retira la lámpara, se nota un esfuerzo sensible
por ir en su seguimiento.
Algunas plantas pronostican las variaciones de
temperatura y se previenen para soportarlas. La
achicoria sabe cuándo va á llover y no se ab1e
para no sufrir los aguaceros. Las mimosas temen
el ruido, y las sensitivas sufren un ver.iadero
síncope al ruido del rayo. La mayoría de las llores si enten los efectos del éter, de la cocaina y de
la morfina.
De todas estas observaciones, deduce Oswinsky
que Aristóteles no estaba lejos de la verdad
cu ando hablaba del alma de las plantas. &lt;Tomar en
cuenta esta alma es haber andado la mitad del
camino que conduce al éxito&gt;, dice el agricultor
ruso. La planta vive por la reproducción, que es,
en último análisis, el fin principal de la vida de
los hombres. Por lo tanto, hay que cuidarlas en
vista de s n semilla, nutrirlas con este fin, y si se
sabe hacerlo de buena manera, la planta secundará al jardinero y al horticultor con una bnena
voluntad manifiesta.
Esto podrá parecer paradójico, poético, imaginario; pero la experiencia demuestra que no ha y
nada más cierto. La educación de las plantas está
llamada á ocupar un lugar entre las ciencias d el
porvenir.

~
•

Vista general de la casa.

De las muchas lineas que se han cons. tt'llido retÍt'ntemente en nut'stra ci udad, st'guramente que en pocas, si acaso en nlg·una,
se hn tenido un cui&lt;lado tan nimio como el
demostrado t'n la distribución tanto exterior como inlerior q uc Sl' observa en la casa c¡ue S&lt;' levanta en la t'squina de la terc&lt;.'ra ealle de la Industria, propiedad del Sr.
D. Guillermo ele Landa .\' Escandón.
lksde el l'lrgante pórtico, que da acceso
al amvlio vestíbulo ,Y á la señorial escalera,
hasta el último detalle de se1Ticio, se ha
dedicado especial atención, tanto al conjunto como á cada una de las partes que constituyen la casa.
Pasada la reja ele hicno, que señala el límite de la banc1 ueta, se halla un amplio jar-

Recámara del Sr. de Landa y Escand6n.
Un detalle del gran sa/6n.

abierta, por uno de sus lados, hacia una encantadora &lt;serre&gt;,
donde se culti,·an plantas finas de climas cálidos, que perfuman todo el aposento.
Frente á la monumental escalera y á un lado del gran balcón está la biblioteca, que refleja, en sus bien surtidos estantes,
los gustos literarios del propietario de la casa.
El gran salón de recepciones es un verdadero museo de

Sala de mrfaica.

dín de estHo inglés pt'rfectamente cuidado, que rodea á la tinca por dos lados, haciendo que se de'staque mejor su héhnosa
fachada. Esta está diYiclida en dos alas, que corresponden :ílos
clos frentes, las cuales están cli\·ididas por un torreón que ocupa la esquina.
Una de las fachadas ve al Sur, ;v, al centro de ella, hay un
amplio balcón que cierra una g·alería llena de lnz .V de colores. La, otra fachada mira- al Onente y, en el medio de ella, está, sobresaliendo, el amplio y elegante pórtico &lt;le! que .va hicimos referencia; pasada la puerta vidriera que cierra el vestíbulo exterior, se lleg·a al «hall&gt; ó vestíbulo interior, del que
arranca una monumental escalera de mármol con un artístico '
pasamanos ele hierro forjado.
En la planta baja ele la casa están los sig·nientes departamentos: al fondo del «hall&gt; está el comedor, hermosa galería

El "hall" y la escalera monumental.

�728

EL MUNDO ILUSTRADO

729

EL l'tfUNDO ILUSTRADO

obras de art&lt;' .Y de riq uezn: no hay uno solo, de los objetos que lo ocupan, que no llame la ntención por alguna de las clos citadas cualidades. .Jarrones ele porcelanas ricas, tanto francesas como orientales; muebles de estilos refinndos y ele ¡)l'ocedencia
auténtica; ricos cortinajes de sedas y ta pices raros; pinturas calzadas eon firmas cll'
renombre universal: todo se destaca sobre
un fondo de riquísimo estuco.
En la pnrte altn cll-\ la casa, se hallan las
rccfünaras y alcobas, las cualC's tu,·imos el
gw,to de visitar también, gl'acias 11 In galante amabilidad del señor ele Landa y Escandón. Pie.::as destinadas á la vida íntima;
no se nota en ellas la lujosa ostentación rt ue
en los rlepartnmentos en los rt ne se desa1·1·0lla la ,·ida social de una de las familias mns
distingllidas de nue!:itra ciudad; pern ~í se

Actualidades Extranjeras
+------+

Fotografías enviadas especialmente para "El Mundo Ilustrado"

nota que son parte de las que sin rncilación
hemos llamado, y lo repetimo~, una de las
residencias mejor organizadas en 1Iéxico.
La galantC'rfa clrl espléndido propietario
drJ suntuoso palaeio no se limitó á permitirnos admirar lns U!'llems de él, !:iino que
nos permiti6 tomar ele ella vistns fotográficas, las que tenemos l?I g·usto de ofrecer á
nuestros lectores adjuntas á estas líneas,
parn c1ue con ellas, mejor que con la más
ví,·icla drsc1·ipció11, se clen cuenta ele las riquezas .r J)l'C'eiosidadrs que en&lt;:icrrn. una ele
las resideneias q UC' rnn más justicia hal'á
que la ci udad ele México melva it merecer
el título clc «ciudad &lt;le los palaeios&gt;.

Recámara"de la Sra. de Landa y Escand6n,
El gran sal6n cíe recepciones.
El sal6n comedor.

Después de la cuestión presidC'ncial en
Estados Cnidos, la curstión clrportiva E'S la
r¡uE' más apasiona. Elrcto Taft y ckrrolaclo
Ilr,rnn, l'esuelta la sucC'sión ele Hooserelt, la
atención públicn se fija ahora en h1 campaiia deportiva q ne acaba clC' eomenza r .\' q ur
durará todo el inrierno. En rralidad son clos
las grandes campañas deportirnsque se hacen durante el año rn la He¡níblica recina.
La primera es la ele VC'rano, Pn que se efectúa el campeonato ele b:1se-b.1ll. La otra es
en im·iemo, en la qu&lt;', como la nieve impide ese ejercicio, se le su bstituyc por el football, que eslá haciéndose rl jm•go nacional
1U11ericano, .r que es, sin disputa, el más int&lt;'nso de los juegos al aire libt·e. l'na ).
otra entasiasman .r ponen en tensión á todo
C'I pueblo nme1·icano; pPro en la primrra son
profesionales quienes luchan unos C'on otros,
en tanto que en la segunda, In ju,·C'ntud escolar toma principalísima parte, y, por lo
consiguienlE', el interés es mueho ma.vor.
Una ele las fotografías quC' puhlieamos en
esta página fu(- tomada durantC' uno ele• los
partidos más famosos, que se jugó el 1-! dC'
Noviembre último, entre las Unirnrsidades
de Yale y dr Princetor, lns dos más gTancles
de los Estados Unidos. El juego fué presrnciatlo ¡ior treinta mi I E'Sp&lt;'C'tadorrs. La
Fni\·ersidacl de YalC' obturn el triunfo.
-Las sufn1g·istas no pierden el tiempo y
continú,rn luchando por ohtC'ner el rnto fomenino en las elecciones. lngfalenn .r Estados Unidos son teatro de In más intensn
agitación en ese sentido, .r mientms lns sufragistas inglesas tu vieron, en días pasados,
la ocu rrencia de introcluC'irse astutamente
al Parlamento británico, las americanas hicieron mucho rnido durantr la reciente
elección municipal de :X nern York. Las fotografías q ne publicamos fur1·on tomadas
durante la manifestación monstruo que S&lt;'
rl'ectu6 el día ele la C'lecciún.
En este punto, el feminismo acaba de obtener un triunfo mt1.,· seifalndo con la elección de ~[iss Dovr: que acaha d0 obtener el
sufragio parn el pursto ele «alcaldesa» en la
ciudad británica dr W.rcomh. Es la primera mujer f!UO va á clesempeiiar, en el mundo,
el cargo ele jefe del cuerpo municipal.

Las sufragistas, arroiadas del interior del «City Hall», se instalan en la puerta::

El "hall" al fondo el comedor.
"Serre" adjunta al comedor.

Miss Dove, la primera alcaldesa electa en el mundo

Un ¡ueto de «foot-balt&gt;,

�73l

EL MUNOO ll,US1'l!AIJO

L BENEFICIO de Virginia Fábregas llevó
público hasta llenar, por completo, todas las
localidades del coliseo de San Andrés. El
programa ofrecía dos estrenos: &lt;Magda&gt;, de Suderrmann, vertido al español, y &lt;La Fuerza Bruta&gt;,
de Benavente, comedia en un acto que en la coronada villa alcanzó grande éxito, y que, entre
. nosotros, pasó apenas, y eso debido á la ocasión
con que fué estrenada. Esa noche y en ese teatro,
á fuerza de la dosis enorme de cariño que tiene
para la Sra. Fábregas el público á él asiduo, se
hubiera aplaud,ido hasta &lt;El Apoteosis de un
Exodo&gt;.
En cuanto á &lt;Magda&gt;, ¿vimos efectivamente la
obra de Suderrmann?
Mientras atronaba el aire en derredor mío el
chasquido entusiasta del aplauso, el uniforme y
sordo runrún de la sorpresa que recibió á la hermosa actriz, deslumbrante de lujo y atavío, ostentosa, brillante y provocativa, vi pasar el cortejo
de &lt;Magda&gt; que han contemplado mis ojos: desde la Reiter hasta Tina di Lorenzo (sin que pueda olvidar á Teresa Mariani). Y mi memoria fué
despertando en cada escena, en cada frase un gesto, una actitud, un silencio; esos inesperados silencios teatrales que son, á veces, más intensos
que el llanto y la agonía.
Virginia estaba allí, con el disfraz de «Magda&gt;.
Entró ágil, con desenfado y llaneza, con un aire
mundano de mujer libre y habituada á despertar
deseos. La &lt;Magda&gt; de Virginia no era ninguna
de las que yo conozco; no era la nerviosa rebelde
de Virginia Reiter, ni la suntuosa aventurera intranquila de Teresa Mariani, ni la apasionada severa de Tina di Lorenzo; porque ellas tres ponían,
en su nueva vida de admiraciones y triunfos, el
vago surco que en el alma de &lt;Magda&gt; dejaron
su honestidad primitiva de humilde mujer alemana, y que se borra en la &lt;Magda&gt; en español,
dejando sólo la &lt;chic&gt; parisiense, mariposa de
cuerpos y de almas.
No es la excesiva, la apasionada germana que,
por un impulso de temperamento, deja el regazo
patet'llo por las conmociones frecuentes del amor,
cuyo desengaño le sirve milagrosamente de escala
para súbir al reino del Arte: esta &lt;Magda&gt; flamante
más parece una &lt;habituée&gt;, una predestinada arrepentida que probó el placer y le amargó los labios; que respiró el aire y perforó cavernas en
sus pulmones, y que, desencantada, torna al hogar
como el hijo pródigo.
No es esta la &lt;Magda&gt; de Suderrmann. La cantan-

E

te prusiana que hemos visto en el teatro extranjero es la burguesa chiquilla, toda sinceridad que,
al probar la vida, su acre sabor contrajo el gesto
de la falsedad; es la bonachona criatura que, á
fuerza de vivir en carnaval, trae pegada á la cara
la máscara de la comedia.
Por eso no puede ya sacudir sus coqueterías de
camerino, ni su constante pose y hasta su lenguaje chapurrea modismos y locuciones extranjeros
que no puede reprimir. Pero, en toda esta modificación de su vida exterior, queda intocada la rebelde, la indisciplinada que protesta de toda autoridad, la dominadora.
Y &lt;Magda&gt;, en español, se desvirtúa, se esclaviza,
se rebaja.
Nuestro temperamento y nuestra raza no conocen esas imperiosidades en el alma femenina que,
entre nosotros, es toda bondad y amor, toda resignación y humildad, toda ternura. La &lt;Magda&gt; de
Suderrmann, acaso por extraña á nosotros, no es
simpática¡ pero sí emocionante, y traducida á
nuestro idioma é interpretada por espíritus de
docilidad latina, ni nos seducen sus placeres ni
sus pesares nos desgarran el corazón No penetra
hasta el fondo de nuestro sentimiento, no ~e infiltra, no ahonda; pasa como una nave: á flote y
zozobrando.
Por eso no es posible exigir, ni siquiera pedir
que una actriz de nuestro temperamento se identifique con el personaje germano.
¿Es esto decir que la &lt;Magda&gt; de Virginia Fábregas no alcanzara aplausos?
No: los hubo y con exceso. Se trataba de agasajar á la artista compatriota en su noche de honor
y el cariñr ¡ la simpatía se desbordaron.
Lo que he dicho de ella, en la interpretación de
ese abstracto personaje de &lt;Magda&gt;, lo hago exteosi vo á todos los que con ella trabajaron.
El aspecto del teatro era soberbio. Todo su público se había reunido allí para aplaudir á la beneficiada, y cuando ella apareció, cayeron flores
hasta alfombrar sus pasos.
Fué una noche de rosas.
El lunes último se despidió la compañía con
la obra de los Quintero: &lt;Las de Caín&gt;, y el jueves hará su presentación en el &lt;Degollado&gt; de Guadalajara, donde hará, como acostumbra, su temporada de invierno. En esta ausencia ocupará el
&lt;Virginia Fábregas&gt; el transformista &lt;Aldo&gt;, de
quien ya nos hemos ocupado.

VIRGINIA FÁBREGAS EN "MAGDA"

•••
En Arbeu, Borrás ha logrado un mayor triunfo
con el drama hermano de &lt;Tierra Baja&gt;: &lt;Mar y
Cielo&gt;, de Angel Guimerá, y más grande triunfo
en &lt;El Abuelo&gt;, de Galdós, representado el miércoles último.
Había verdadera expectación por ver al admirado actor en'esta obra, y los deseos, tan avivados
con los triunfos anteriores, quedaron satisfechos.
&lt;El Abuelo&gt; de Borrás no podremos olvidarlo
nunca.
LORELEY.

*

días los entregará al municipio. En su residencia se encuentran reunidos todos los Ridgeley y el mejor amigo de la familia, el Mayor Maurewarde: han
venido para asistir á la imponente ceremonia. El hermano de Jesson, Ricardo (á quien la carrera diplomática obliga á vivir lejos de Inglaterra), ha llegado también.: siente, desde luego, viva simpatía por su nueva cuñada, á quien
no conocía. Los viajes, la permanencia en el extranjero, le han enseñado á no
respetar ciegamente la &lt;respetabilidad nacional&gt;.
Como Ibsen se había burlado en &lt;La Comedia del Amor&gt; y &lt;Los Pilares
de la Sociedad&gt;, de sus virtuosos compatriotas, Pinero no ha temido bromear
con la devoción inglesa y la pureza del &lt;home&gt;. Ha satirizado los principios
de la familia, que están al servicio del egoísmo; la moral general, que es favorable á los intereses particulares; la austeridad, que es enemi¡¡a de la indulgencia, y de la bondad, que teme el gozo y el arte.
No solamente contra Nina se han unido los Ridgeley, sino también
contra toda alegría. El alcalde presenta una petición de vecinos que desearían un kiosco instalado en los jardines de Aunabelle. Los Ridgeley se estremecen al pensar qué aires de baile podrán turbar la serenidad de ese lugar. Rechazan con indignación la oferta de Nina, que desearía levantar á sus expensas uua fuente adornada con una estatua alegórica. Temen la imaginación
libre del escultor, que sin duda revelaría formas femeninas bajo los árboles
de Annabclle. También quieren apartar á Nina de esta fundación. Quieren
que asista á la ceremonia sin participar en la obra. Nioa, que uo puede contener sus lá¡(rimas, se inclina, sin embargo, ante esta voluntad de los Ridgeley.
Pero sabe que, sin consultársele, se le ha dado al pequeño Roberto, como sala de trabajo, el&lt;boudoir&gt; de Annabelle, que hasta ese día había permanecido
cuidadosamente cerrado. Jesson le había prometido esa pieza. Puesto que es
así, puesto que todo el mundo se empeña en herirla, no se presentará al día
siguiente en la tribuna oficial. Esto causará en la pequeña aldea un escándalo, y N ina se encierra en su recámara, desafiando á los Ridgeley y á su marido.
Llega el día de la ceremonia. Los Ridgeley, vestidos de negro, i:stán dispuestos á partir con Jesson. Esperan todavía que Nina los acompañe. Esta
eutra¡ la acogen gritos de sorpresa y de indignación: ¡su vestido es co·
lor de rosa! Con toda calma explica á su esposo que ella no tiene razón de
vestirse de luto¡ que ese día es, para ella, i¡(ual á todos los otros y que está
decidida á no vivir con los muertos. Y cuando Jesson le reprocha que falta
al respeto que merece la memoria de Annabelle, le responde que él fué el más
gravemente infiel al recuerdo de la muerta cuando se casó con el aya de su
hijo. Esta réplica, por Jo justa, irrita á Jesson; éste declara que lamenta amargamente ese matrimonio, y Nioa estalla en sollozos.

LA CASA EN ORDEN
CABA de ser traducida al francés, y representada en París,
la ú!tima comedia de Arturo
W. Pinero, el más notable
dramaturgo inglés de esta
época, cuyas obras han sido
discutidas, comentadas y reconocidas por todos como
producciones de gran aliento, que bastan para formar una personalidad en
el mundo literario; la nueva obra ha sido tan discutida como ks otras; su éxito en París ha sido
franco, y segurameute que no tardará en ser traducida al castellano. Esto recordará que algunas
de las obras de Pinero se conocen en México y
una de ellas, que nos fué dada á conocer pridieramente en italiano con el nombre de &lt;La Seconda Moglie&gt;, gustó mucho. Creemos que nuestros
lectores leerán con_ interés :1 extracto siguiente
de una de las me1ores revistas publicadas en
Francia, respecto de la nueva obra:
Hemos conocido una mujer amable que se llamaba Froufrou. Meilhac y Halévy nos contaron
su historia. Pensé en este seductor parisiense al
ver en la escena á la inglesita Nina que es la heroin~ ~e Pinero. No es, como Frouf~ou, la hija de
un vividor: su padre es un venerable pastor. No
ha crec~do en una _r:sidencia lujosa: tenía que
dar lecciones para v1 vir. No está curiosa de goces
~undanos, bailes y comedias: no es más que sencilla y alegre, y es su carácter el que inquieta á
Henry Jesson, el viudo con quien se ha casado.
Este cree que Nina no es «respetable&gt;. Quisiera
que su rostro fuese grave, su tocado correcto sus
actitudes austeras. ¿Cómo es posible que pe~manezca tanto tiempo en el jardín con sus perritos?
¿No tiene el deber sagrado de mantener &lt;la casa
en orden?&gt; Annabelle, la primera esposa de Jessoo, sí se dedicaba á esa augusta labor por lo
cual Jesson permanecía fielmente ligado ai recuerdo de la muerta. Y por esto ha quitado á Nina la
autoridad doméstica para entregársela á Géraldiue Ridgeley, la hermana de Annabelle. Nina se
encuentra aislada en la casa de su marido. Siente pasar sobre ella el desprecio. Sufre. Llora.
¿Por qué no declara á su esposo que la tutela
de Géraldine le e~ insoportable? ¿Por qué no cierra la puerta á Sir Daniel Ridgeley y á Lady Ridgeley, y también á Price Ridgeley, el padre, la
madre y el hermano de Annabelle? ¿Cómo permite á toda esta familia que le haga observaciones que la hieren y que critiquen agriamente su
conducta? Es que Nina, antes de casarse con Jesson, era el aya de su hijo, el pequeño Roberto. De
condición social inferior, está habituada á recibir órdenes. Se siente vagamente avergonzada de
haberse convertido en la dueña de una casa donde parecía destinada á obedecer siempre. Se asombra de ser la esposa de Jesson, rico propietario y
notable político.
Apenas si pregunta por qué Jesson se ha casado con ella. Si tuviera menos modestia recordaría que este viudo inconsolable no fué insensible
á su gracia. Nina posee, pues, un poder quepodrá vencer todas las virtudes de Annabelle. Mas
no lo sospecha. Nina parece resignada á su suerte. Par~ honrar la memoria de la muerta, Jesson
obsequia á sus electores unos jardines que llevarán el nombre de Annabelle. Dentro de algunos

A cto segundo -Nína ante los reproches de los Ridgeley.
queja. Los Ridgeley abusan de ella y Ricardo lamenta haberla desarmado. Se siente responsable
de su desdicha. Da primero una lección justa á
Price Ridgeley, que se ha permitido hablar á la
ligera de Nina. Para hablar á su cuñada de sus
implacables enemigos, se decide, al fin, á decir la
verdad á Jesson, entregándole la correspondencia
amorosa. Ha tenido antes cuidado de expulsar de
allí al Mayor Maurewarde.
Jesson queda como estúpido. Sus ilusiones se
disipan. Ya no tiene sino muy corta estimación
por la esposa que tuvo la casa en orden. En cambio, aprecia la generosidad de Nina, que no se ha
servido de esas cartas. Comprende que es superior á los Ridgeley y que debe defenderla de sus
hipócritas ataques. Les invita sencillamente á ir
lo menos posible á su casa. Aleja de ella á Géraldine. Vivirá en lo sucesivo sólo con Nina.
Pero, ¿cuáles serán sus sentimientos respecto
de su mujer y respecto del pequeño Roberto? ¿Estará menos triste? ¿Nina llegará á crear en esta
fría residencia un poco de alegría? ¿Su gracia dará á Jesson el olvido'/ Al terminar la pieza se
siente el temor de que Nina y Roberto tengan,
ante ellos, un porvenir doloroso.

A

Pero una divinidad le trae un consuelo. No es
el hada que viene en ayuda de Cenicienta: es la
diosa que reina en el viejo teatro. Su palacio es
el almacén de los accesorios, y su varilla mágica
no está adornada de cintas suntuosas, sino de hojas de papel. Y ha entregado al pequeño Roberto un saco que perteneció á Annabelle. Roberto
lo descubrió en el &lt;boudoir&gt; de la muerta. Como
no lo pudo abrir, se lo llevó á Nina, y ésta encuentra en el saco cartas que el Mayor Maure·
warde, amigo de la familia, escribió á Annabelle,
y que prueban que la implacable esposa ~1;1éamante de Maurewarde, que Roberto es su h1¡0 y que
los amantes debían huir con el niño el día mismo en que Annabelle murió en un accidente de
carruaje.
.
Nina tiene en sus manos su vengan.za. No piensa entregar á Jesson esa correspondencia; pero
puede hacer saber á los Ridgeley que puede des·
honrar á Annabelle y les ob1igará á humillarse
ante ella y á dejar la casa. Participa su proyecto
á su cuñado Ricardo, quien le declara que no debe manchar la memoria de Aonabelle. Le mues·
tra que los amantes han expiado su falta cruelmente, y que matando á A~nabelle, _la Pr~videncia quiso evitar un escandalo, 1mpon1éndole
abandonar el hogar conyugal. Este razonamiento
conmueve á Nina y no deja de asombrar á los espectadores. Es cierto que se trata de la hija de
un pastor y que este origen la obliga á venerar los
sermones. Así, pues, entrega á Ricardo las cartas
fatales á fin de que las queme.
No se contenta con renunciar á su venganza.
Vestida de luto asiste á la ceremonia que glorifica á Annabelle. No desea ya luchar. Presenta excusas á los Ridgeley y consiente y se pliega á todos sus caprichos. Su energía está rota. Todo el
mundo podrá ya insultarla sin arrancarle una

Aclo cuarto.-Escena final,

�732

EL MUNDO ILUSTRADO

733

EL MUNDO ILUSTRADO

EJ--ENIGtvtA
Novela por J. Berr de Turique

Ilustraciones de Lillo.

Traducida especialmente para "El Mundo Ilustrado"
(CONTINUA)

- Ya me dará usted noticias de ese Syracusa,
dijo el señor Le Quesnel. Es un regalo que me
hicieron hace cosa de diez años. Algo completamente superior, ya verá usted.
Dirigiéndose á la señora Le Quesnel:
-A menos que le hayas dado fin. ¿Quedará algo todavía?
-Sí.
La conversación continuaba.
El comandante Maudru anunciaba su nombramiento próximo en Melun. Y aunque dejaba entender la satisfacción que le causaba ese ascenso,
expresaba su sentimiento por no poder, en lo sucesivo, ir con tanta frecuencia á «Iris&gt; debido á la
distancia.
La señora Le Quesnel murmuró:
-¡Qué lástima! Perder amigos como el señor y
la señora Maudru ..... Porque son tan preciosas
en el campo estas relaciones de buena vecindad,
sobre todo para quien pasa generalmente cinco
meses completos en Demartin, y algunas veces
completamente solo.
-Pero-interrumpió la condesa de Theil-el señor Le Quesnel no se ausenta nunca por mucho
tiempo, ¿no?
- Casi tres días por semana. Tiene que irse el
domingo por la noche después de comer y no
regresa sino hasta el miércoles ó jueves.
En este momento entró Lucy.
-Mamá, ya no hay Syracusa.
- Con razón lo alababa usted tanto-dijo Ricardo á Le Quesnel- riendo,
-¡Pero ese vino se ha evaporado!-dijo Manuel.
La señora Le Quesnel se mostraba incrédula.
Todavía la antevíspera quedaban cuatro botellas.
Estaba segura de ello, absolutamente segura, pues
las había contado ella misma; y luego nadie había tomado de ese vino.
Se sentía cierto ambiente de malestar. Sin duda
no se trataba sino de un latrocinio banal; pero
esa historia, que estaba viniendo inmediatamente
después del asesinato cometido en las inmediaciones, caía de la manera más inoportuna. Todos
los ojos estaban fijos en el procurador.
-¿ Qué piensa usted de eso ?- le preguntó el señor Le Quesnel.
Se encogió ligeramente de hombros.
-Pienso que este asunto no es grave. Seguramente que, ó la señora Le Quesnel contó mal, ó
se engañó sobre el vino contenido en las botellas.
- Absolutamente, absolutamente- replicó la señora-no hay error posigle.
- De todos modos-replicó el señor Le Quesnel
-no es por cuatro desdichadas botellas que nos
vamos á quebrar la cabeza.
En un rincón de la sala, Manuel, divertido, miraba á Ricardo.
-Egpere usted- dijo en voz baja á Plassard,
que se encontraba cerca de él-jvamos á sacarle
de quicio!
y tomando la palabra con la mayor seriedad:
-En efecto, á primera vista .... por cuatro desdichadas botellas .... ¿Pero quién puede asegurar
que este asunto no es, en realidad, más grave de lo
que parece hoy?
..
.
.
-Evidentemente-di10 Ricardo, sm notar la
malicia de la pregunta. Se sabe de dónde se parte,
cuando se comienza una averiguación; pero no se
sabe nunca adónde se llegará.
Manuel, después de hacer seña con el codo á
Plassard, se había dirigido á la señora Le Quesnel:
-Usted nota hoy, señora, que le han robado
cuatro botellas. Pero sería muy asombroso que se
hubieran detenido allí, y tal vez mañana notará

usted que la han despojado también de objetos de
mayor valor . . . .. .
- ¡Oh! exclamó la señora Le Quesnel aterrorizada.
Queda bastante para Ricardo que, lanzado sobre
la pista, no puede menos que añadir, sin notar las
sonrisas del subprefecto y de Plassard:
- !Quién sabe si hace años que le vienen robando á usted!
La opinión general estaba ya hecha.
Quizás la situación era grave.
La señora Maudru, conmovida, recordó que había conocido antes á una señora á quien robaban
así, y como se trataba de objetos sin importancia,
á fin de evitarse molestias, había preferido hacer
como si no lo notara. Pues bien, una mañana la
habían encontrado estrangulada en su cama.
La condesa de Theil añadió que una de sus amigas, que vivía en León, tenía, desde hacía veinte
años, el mismo criado, uno de aquellos que parecen destinados á obtener el premio dé virtud.
Pues bien, un día se supo que ese criado era jefe
de uua banda de rateros.
Evidentemente, la situación no podía quedarse así.
-Dado todo lo que se acaba de decir, mi querido procurador-dijo gravemente el señor Le
Quesnel-no tendría ya ni un momento de tranquilidad si no se aclarara este misterio.
-Sí, sí, es necesario absolutamente-afirmó la
señora Le Quesnel.
-Tanto más que esta noche debo partir por ...
{en este momento la voz del señor Le Quesnel se
turbó ligeramente) por más tiempo que de costumbre . .. . Y la idea de que mi esposa y mi hija
pudieran estará merced .. ..
-Sea-contestó Ricardo, - voy á tranquilizará
usted.
VI
- ¿Quiere usted hacer una averiguación?-había
dicho el señor Le Quesnel.
-¡Bah! Avf.riguaciones es un término demasiado grande; sólo quiero una pequeñísima indagación.
Los invitados, poco dispuestos á asistirá algún
interrogatorio penoso, aprovecharon la circunstancia de que fuese avanzada la hora para despedirse.
Mientras que los señores de la casa, que, por lo
demás, no habían hecho nada para retenerlos, los
despedían hasta la reja del jardín, Lucy se encontró sola con Ricardo.
Este hombre, que jamás le había impuesto respeto, ni siquiera en la época de su infancia y á
quien ella trataba familiarmente á pesar de la diferencia de edad que les separaba, y sobre quien
ella sentía tener un ascendiente real, venía, en un
instante, á revestir á sus ojos una importancia
nueva.
Dejaba de ser amigo para convertirse en magistrado. En su fisonomía se acentuaban los rasgos
duros. Ella se le representó con su toca, en su asiento, implacable hacia el acusado. Aquel jardinero,
á aquella sirviente culpable en verdad, pero cuya
falta tenía excusas sin duda, se la imaginaba, de
antemano, conducida ante los tribunales y, después, arrojada al fondo de una cárcel.
Se despertó su piedad.
Se acercó á Ricardo y gentilmente, con tono
acariciador, le dijo:

-Tengo una gracia que pedir á usted señor
mí~
'
Ricardo sonrió.
-¿Una gracia? lá mí, señorita Lucy? ¡Veamos!
¡Hable usted!
- Pues bien- dijo suavemente,-es que si usted
descubre al autor de Pste insignificante latrocinio
no se muestre con él muy severo. Una buena amo'.
nestación, ¿no es verdad? Nada más.
Ricardo volvió á sonreír,
Hubiera s_ido capaz de hacer más por ella.
-Entendido- contestó¡-pero á condición de
que ~o se trate más que de una falta sin importan~ia. Supói:igase usted que, de hilo en hilo, llego a descubrir ..... .
- ¿Todo un complot contra la seguridad del jef~ del Estad~? ¡Oh! ~ntonces, en ese caso, es usted
hb ·e de pedir ~rabaJos forzados ó destierro.
- Dos penas igualmente crueles-concluyó Ricardo.
-¡?h.! en cuanto á eso - dijo Lucy,-no soy de
la o_prn1ón de uste,d. Si tuviera que elegir, yo no
vacilaría. Escogena el destierro.
. - Tal vez tenga usted razón-contestó Ricardo
riendo.
.Y_ luego, como si esta afirmación de la joven
vrniera á recordarle su propia situación, añadió
con la voz ligeramente turbada:
-Por otra _parte, en este mundo, ¿quién de nosotros puede Jactarse deno haber sufrido nunca la
pena ~~l dest~er!o? Desterrado de un país en que
se quisier~ . vivir. Desterrado de un corazón en
que se quisiera entrar . .... .
Lucy le vió con atención por un momento
-¡Qué triste dice usted eso!
·
-No, no - respondió vivamente Ricardo.
--Por lo demás, con frecuencia he notado en
usted ese aire de tristeza.
-¿Y cuándo?
-Pues . ... en ciertos momentos.
- Precise usted-preguntó él.
-Dios mío . .. . .. No sé cómo explicar.
-Sí. Inténtelo usted ...
Ella habí_a dicho demasiado para quedar allí.
-Pues bien .... vea usted .... como ahora sobre
todo cuando usted me mira.
'
_El pro&lt;:ui:;ador palideció un poco. ¿El había sufrido e~ ndiculo de saber que su secreto estaba
descubierto?
Fingió un aire incrédulo, y contestó:
- Entonces renunc~o á comprender, señorita
Lucy, por qué n_o es ciei:;tamente su palmito fresco
y sonriente quien podia hacer en mí la melancolía.
~ Qué pas~ entonces en el espíritu de Lucy?
,Fué el disgusto de tener que batirse en retirad
confesando que su observación no se fundab ª
nada?
en
¿Deseó, puesto que la ocasión se presentaba
comprobar que l.f noveli_ta que se había imagina'.
do sobr~ el pasado de Ricardo era exacta?
- ¡Quién sabe!-murmuró.
El señor Duroc se sobresaltó.
Ella temió haberlo lastimado y llena de confusión, añadió:
' '
-¡Oh! le pido perdón. Haga usted cuenta
no he dicho nada.
que
Pero Ricardo, por indiferente que pareci·er
t ~ba d emasia
· d t
a, eso urbado para quedar en la incertidumbre.
•
Tomó la mano de la i?".en, y, con tono muy dulce, pero en el que se adivmaba el imperativo:
- ~bsolutamente, señorita Lucy, le pido que s
exphque.
e

ª

Lucy intentó desprender su mano, lamentando
ya amargamente su imprudencia.
-¿Para qué? ¡Puesto que iba á decir una tontería!
Ricardo retuvo á la joven cerca de él.
-Pues bien, diga u~ted, de todos modos, esa
tontería. ¡Lo quiero! ¡Lo exijo!
Lucy estaba sin salida. De repente se le presentó en la imaginación un símil entre su situación
y aquella en que iba á encontrarse el acusado
dentro de un momt&gt;nto, ese acusado cuyo partido
-sin darse cuenta por qué-había tomado de antemano. Que, por su desd~cha, p~onu1;1c~ara una palabra de más ... . y estana perdido. 1Ricardo no le
soltaría!
Así espantada inmediatamente por la idea de
una l;cha, para la que se sentía sin fuerzas, prefirió declararse vencida.
-Es que .... dijo después de una segunda va·
cilación ..... . usted va á encontrarme tonta ..... .
indiscreta y pretensiosa . . . .. .
-¡No absolutamente! Soy incapaz: de encontrarle á usted esos defectos.
Y añadió, al quedar ella silenciosa:
-La escucho.
-Pues bien-dijo Lucy ruborizándose,-me he
preguntado, desde hace mu~ho tiempo, por qué
un hombre de su edad, y seno como es, se mostraba tan gentil, tan afectuoso, tan excepcionalmente atento para una muchacha como yo .. . .
- ¡Ah!
- Y trataba de explicarme también por qué me
miraba usted, á veces, con un aire tau ... tan triste, y tan dulce al mismo tiempo.
Ricardo ansioso, esperaba el fin.
- Sí po~que con los otros (no sé si ya se lo he
dicho 'antes), usted me parece tener la mirada muy
dura, señor mío.
Ricardo ahora se sentía más turbado aún que la
joven.
-¡Ah! con los otros tengo .... . .
Lucy fué quien primero se r~hiz_o. Y viendo
que había salido del paso más difícil, dijo sonriendo:
-¡Vamos! Confiese usted que era un problema.
-¿Del cual ha encontrado usted la solución?
dijo Ricardo con vivacidad.
Pero inmediatamente lamentó haber hecho esa
pregunta.
¿Qué respuesta iba á recibir?
.
.
- He encontrado uoa, Usted me dirá s1 es exac•
ta. Esta es: usted lleva en el corazón el recuerdo
de un gran amor, y esa persona, á quien usted
amó en otro tiempo, y que, tal vez, ha muerto, ó
en fin, que de cualquier mod~ está p~rdida para
llSted ... . pues bien, la casualidad quiere que yo
me le parezca un poco ..... .
Si Lacy hubiera adivinado toda la verdad; si le
hubiera dicho, ó aun si le hubiera dado á entender: &lt;Soy vo á quien usted ama&gt;, como la confesión de uu sentimiento igual y recíproco no podía venir después de parte de la joven, Ricardo
hubiera creído morir de confusión.

En lugar de esto, la buena suerte quería qu'e la
joven no hubiese comprendido sino á medias, y
que el modo con que interpretaba el afecto de
Ricardo permitiese á éste redoblar sus atenciones
y su ternura hacia ella.
-Usted es una profunda psicóloga, exclamó,
desde que se hubo repuesto de su emoción.
Orgullosa de haber adivinado, preguntó:
- Al menos no me tomará usted á mal el que se
lo haya dicho.
-¡Tomárselo á mal, señorita Lucy! ¡Pero por
qué si así es! ¡Si es enteramente así!
Y le tomó la mano y la besó.

VII
Ricardo recorría el jardín con el señor y la señora de Le Quesnel preguntándoles sobre el número y la calidad de las personas á su servicio,
cuidando de pasar, ante la habitación del jardinero ó ante la cocina, para dirigir una ojeada á la
fisonomía de cada uno de esos personajes.
Lucy había quedado en el salón.
En cualquier otro momento, sin duda se hubiese detenido á pensar de nuevo en la conversación, un poco extraña, que acababa de tener con
el señor Duroc. Pero su inquietud de antes, sobre la ausencia de Teresa, volvió á apoderarse de
ella desde que estuvo sola.
-¿Por qué no ha venido? ¿Qué ha podido pasar?-se repetía.
En este momento Teresa apareció en el umbral.
- ¡Ah! ¿tú? gritó lucy corriendo á encontrarla.
Estaba inquieta, ¡figúrate!
-Sí, respondió Teresa en tono poco turbado,
en efecto .... es tarde.
- ¡Pensaba que habría alguien enfermo en casa
de ustedes! Y luego, ¿comprendes? no era eso solamente. Por segura que estuviese de tus padres....
en tanto que la palabra que se espera no haya sido pronunciada ..... .
y ya abría los brazos para recibir á su amiga,
cuando la vió que retrocedía algunos pasos, volviendo las miradas hacia otra parte.
- ¿Qué? preguntó.
Ante el silencio embarazoso de Teresa, Lucy se
volvió súbit~mente temerosa.

-¿Habló Máximo á tus padres?
Teresa, conmovidísima, tomó las
manos de su amiga.
-¡Pobrecita! ¡Te pido perdón!
-¿Perdón? ¿Por qué?
-¡Porque yo soy quien ha estimulado ese amor entre mi hermano y tú! lQué quieres? ¡Te amaba
tanto! ¡Mi gozo hubiera sido tan
vivo si te hubiese llamado hermana! ¡Estaba tan segura también de
que mis padres aprobarían esa
idea!
- ¿ Entonces no? - preguntó
Lucy.
-No.
Lucy se había dejado caer en un
canapé y grandes lágrimas surcaban
sus mejillas.
Teresa la contempló con verdadera piedad por un instante, y des·
pués, volviéndose á su hermano,
que acababa de llegar y qne vacilaba en entrar:
-Puedes entrar; estamos solas;
Máximo.
Máximo se acercó entonces. Su
VOZ temblaba.
- ¡Lucy, hay que tener valor!
Esta, haciendo un esfuerzo sobre sí misma, se había calmado un
poco.
- Entonces- preguntó á Máximo-sus padres se oponen á su casamiento.
- Sí¡ pero tranquilízate. No soy
de aquellos que se someten sin resistir. Y nos casaremos de todos
modos, adorada Lucy-agregó tomándole las manos y cubriéndolas de caricias.
Teresa, por su parte, apoyó á su
hermano.
-Sí. No es más que un retardo.
Un año ó dos de paciencia tal
vez. Ustedes son todavía bastante
jóvenes uno y otro para recobrar
el tiempo perdido. En Alemania
los novios esperan mucho más tiempo.
Lucy se sentía hoy más dueña de sí misma.
-En fin, ¿qué es lo que sucedió?
-Pues bien, esto es, - dijo Máximo ....
Pero, callando de repente, como si tuviera miedo de no expresarse con las precauciones suficientes, hizo seña á su hermana:
-Habla, Teresa.
Esta replicó:
-Esta mañana, después del desayuno, Máximo
confesó á nuestros padres que te amaba desde hace mucho tiempo y les suplicó que fueran oficialmente á pedir tu mano.
-¿Entonces?
-Después papá declaró, de la manera más formal, que no daría nunca su consentímiento á ese
matrimonio.
-¡Oh!
-Sí, en vano supliqué, rogué ....
La actitud de Lucy se hizo huraña.
- Pero en fin, lpor qué? lQué es lo que les he
hecho yo á sus padres?
Teresa la tranquilizó.
-No eres tú, querida mía, puesto que te encuentran encantadora. Pero se trata de cuestiones de
interés, de los que no comprendo gran cosa. Papá
es financiero y creo que, cuando se está en las finanzas, se tratan los asuntos del corazón desde
un punto de vista especial.
Lucy se irguió:
-¡Mis padres son ricos! ¡Tengo gruesa dote!
¡Quinientos mil francos cuando menos! Ustedes
se lo han dicho asi al señor y la señora Le Quesnel, lno es verdad?
Teresa contestó vivamente:
-iOh, no es esto! Aunque tus padres hubieran
sido siempre pobres, ante las súplicas de Máximo
papá hubiera consentído de todos modos ....
Lucy comprendía cada vez menos. Su voz se
hizo suplicante:
-Veamos. ¿Qué es lo que ustedes me ocultan?
Máximo, entonces, se volvió hacia ella y tomándole las manos:
'

(Continuará).

���MR. BRYAN
EN MONTERREY
•

D

URANTE diez días la ciudad de Monterrey
hospedó al ilustre derrotado de la última
campaña electoral en los Estados Unidos,
.Mr. William J. Bryau, quien, por tercera vez, vi·s itó nuestro país.
Después de su reciente campaña quiso descansar y pensó en nuestro país. que tan buenos descansos le ha proporcionado en otras ocasiones.
Pasó la frontera mexicana el 'día 20 del me~ próximo pasado, y , desde su entrada á territorio me'ficano, fué objeto de las atenciones á
que sus méritos, tanto personales como políticos, lo hacen acreedor.
Luego que se supo en Monterrey la
proximidad del distinguido visitante,
la colonia norteamericana, los hombres &lt;le negocios y el mismo señor
Gobernador de Nuevo León, que es
amigo persona\ de Mr. Bryan, prepararon á éste una brillante recepción.
A su llegada á la ciudad se alojó en
la casa del señor Coronel Robertson,
Director de &lt;The Monterrey News&gt;,
-y amigo íntimo de la familia Bryan.
De las primeras personas en presen- ·
tarse al aloja'lliento de ésta, fueron
el señor Gobernador y la señora su
esposa, visita que fué correspondida
el mismo día por la tarde.
La colonia norteamericana, con con·
:sentimiento de Mr. Bryan, arregló un
programa de entretenimiento en honor de los visitantes, por medio del
,cual les mostró su aprecio y estimadón. Después de un día de descanso
,en la hermosa quinta &lt;Bella vista&gt;,
]Propiedad del señor Robertson, Mr.
Bryan salió rumbo á Aldamas acompañado por un grupo de buenos tiradores, con el objeto de dedicarse á la
caza de patos y bajo protesta de no
ihabhr á éstos nada de política.
A su regreso de la cacería, el gran
demócrata asistió á la fiesta del &lt;día
de gracias&gt; (thaksgiving day), en la
que se le nombró orador oficial¡ el
discurso que pronunció en esta ocasión es una hermosa pieza oratoria¡
evitó, en lo absoluto, hablar de política, y mostró, como en todas las
oportunidades que se le han presentado, su cariño por nuestro país y
por sus adelantos. El tema del discurso fné &lt;la cooperación&gt;, y trató este
asunto empezando por hablar de los
individuos y terminó aplicando sus
observaciones á los países vecinos;
dijo que los americanosde los Estados
Unidos que van áEuropa hacen mal,
put&gt;s deberían venir á México, en donde tienen
tanto que observar y aprender, como en cualq u iera de los países que se hallan del otro lado del
Atlántico. Este, como todos los discursos del distinguido tribuno, fué acogido con grandes aplausos y muestras de sincera aprobación.
f!i Durante la fiesta de&lt;gracias&gt;, expresóMr.Bryan
su deseo de ser presentado á los principales hombres de negocios de la ciudad, los legítimos representantes de la banca y del comercio; este deseo fué expresado en presencia de los jefes de la

cervecería &lt;Cuauhtemoc&gt;, y como, por otra parte,
ningún local se presta tanto como el de la fábrica
de la citada cervecería para una reunión de hombres de negocios, los señores Sada, con la galantería que los caracteriza, invitaron á Mr. Bryan
para que la presentación que deseaba se hiciera
en la lábrica donde se elaboran las exquisitas cervezas de reputación nacional.
Aceptada la invitación, se fijó el día 27 del mes
próximo pasado para la presentación, y á las diez
de la mañana de ese día estaban reunidos, en el
edificio de la cervecería, todos los hombres que
representan la actividad comercial de la populosa
ciud.i.d capital del E~tado de Nuevo León.

Fuentes, José L. Garza, Noé Garza, Jesús González Tre•iño, Francisco J. González, José J. González, Ricardo M. González:, Jesús María Hinojosa, Fél ix Hoeck, Rafael H. Lillo, Salvador Madero, Ignacio Malo Best, José A. Mu~uerza, Ricardo
L. Ortiz:, Valentín Rivero, Víctor Rivero, Rodolfo
J. Rodríguez, Ricardo Sada, León Signoret, Enrique Sada, A lberto Sada, Jesús Sada, Pablo Sagarra,
Carlos Saavedra, Pablo Salas y López, Daniel Salas y Lóper, Jesús Sandoval, Vicente Solís. Constantino de Tárnava, Ramón Yarza y B. H. Wright.
La visita . fué minuciosa, aunque incompleta,
por la premura del tiempo: todo~ y cada uno de
los departamentos recorridos fueron objeto de la

El sitio de honor en la mesa del "lunch-:hampagne" en la cffvecería «:::uauhtemocJo,
Pocos minutos después se presentó á las puertas de la fábrica el visitante de honor, acompañado por el señor Coronel Robertson y del señor T.
A y res Robertson, Vicecónsul general de los Eshdos Unidos en Monterrey.
El señor Don Francisco G. Sada, Gerente de la
cervecería, hizo la presentación de Mr. Bryan á
las personas que lo esperaban, y qut: eran las siguientes: Señores Roberto Bremer, Ingeniero Francisco Beltrán, Manuel Cantú Treviño, Ingeniero
Nicolá~ L. Feilberg, Miguel Ferrara, Fernando de

Grupo de visitantes á las puertas de la cervecería &lt;Cuauhfemoc&gt;.

detallada atención del visitante, quien se informó,
con curiosidad de sabio observador, de los métodos y procedimientos de fabricación. Se visitaron
los departamentos de cocimientos¡ la casa de máquinas de refrigeración y el nuev9 ltepartamento
donde se está construyendo una gr,n refrigeradora, que ocupará tres grandes generadores eléctricos, la sala de embotellar, el departamento de entiquetado y envase, un gran edificio de cuatro pisos, de acero, destinado á almacenes generales de
botellas¡ los talleres de forros y cajas, la casa de
molinos, de siete pisos y la fábrica de hielo.
El tiempo había transcurridó brevemente y los
visitantes empez:aban á sentir la necesidad de
descanso¡ con la oportunidad característica en los
directores de la fábrica, los invitaron á un exquisito &lt;luuch-champagne&gt; que se sirvió en los amplios salones de la casa de cocimientos.
Los suculentos manjares y el esmerado servicio
hicieron honor á los encargados del ambigú. A la
hora del champaña el Sr. D. Francisco Sada, en
corta y expresiva alocución, pidió al Sr. Coronel
Robertson que, á nombre de todos los presentes,
y especialmente á nombre de los jefes de la negociación, hiciera saber á Mr. B_ryan los buenos
sentimientos que despertó su visita y lo muy halagados que se sentían con ella.
El Sr. Robertson es un orador de fácil palabra,
que ha sido aplaudid" en la tribuna en diversas
oc1siones, y por lo tanto, su discurso fué elocuente y lleno de figuras retóricas que entusiasmaron
á los oyentes.
En contestación p. él, Mr. Bryan tomó la palabra y se expresó en los siguientes términos:
&lt;Señores:- Aunque no puedo contestar con la
elocuente palabra del Sr. Robertson, puedo manifestará ustedes mi estimación de las atenciones que se me han dispensado hoy y de las pruebas de cortesía que se han dado á la señora Bryan
y á mí en esta visita y en otras anteriores,
«Hace mucho que he sentido interés por la República de México, y ese interés ha aumentado
con las visitas~ue varias veces he hecho á este
p:iís.
&lt;Siempre he considerado á su presidente como
á uno de los hombres de Estado más grandes que
hay en el mundo; pues tomando en cuenta todas
las circunstancias en que se ha encontrado, y cons iderando los trabajos que ha emprendido, creo
que no hay en el mundo, en la generación prese nte, ninguno que ocupe tan encumbrada posición con may ores méritos pan el aplauso univer-

sal (aplausos). Me satisface poder hacer tales elogios ~e_él, pues creo que los merece, no sólo en
la opm1ón de los que han visto de cerca su labor,
sino también á juicio de los que han llegado á
venir á este país.
&lt;Vine á este Estado al hacer mi primera visita
á México hace once años, y entonces conocí al
señor General Reyes, quien hizo en mí una impresión como muy pocos hombres la han hecho¡
y al hacer esta nueva visita lo he saludado de
nuevo, y me causa satis facción ver ~us ideas y las
de otros hombres y su labor entusiasta para construir la base en que se está erigiendo la civilización mexicana. Tengo muchas esperanz:as del
porvenir de este país, pues llegarán ustedes á ser
un pueblo fuerte, y no creo estar engañado en
esta creencia. Estoy tan seguro del futuro de
vuestra patria como lo estoy del de mi propio
país ó del de otras repúblicas del mundo, y opino porque se estrechen más y más las relaciones
amistosas existentes entre México y los Estados
Unidos, relaciones que harán á los habitantes de
ambas naciones reconocer y estrechar los lazos de
amistad y obrar de acuerdo con los propósitos de
hacer el bien. De todo corazón opino como Mr.
Robertson, que este país está entrando en una era
de prosperidad. Creo que aumentará mucho el
bienestar de todos los países, aunque circunstancias especiales puedan retardar temporalmente
su progreso; y hay una razón entre otras que induce á creerlo así, y es que los hombres principales facilitan el intercambio de ideas en el mundo de la política de todas las naciones.
&lt;La circulación monetaria es siempre una parte en la medida del progreso. Las circuns1a 1cias
han cambiado dentro de los últimos 12 ó 15 años,
pue~ antes de 1896 el peso había estado subiendo
y los precios bajando, cuyas circunstancias se
debían á la creciente escasez: d~ dinero, tomando
en cuenta la producción del mismo. Estas circunstancias lueron tan bien conocidas, que se convocaron tres congresos internacionales, á los cuales las naciones enviaron sus representantes para
estudiar qué podría hacerse para salvar al mundo de un desastre. Pero providencialmente las
minas de oro empei:aron á dar un torrente de
metal amarillo, y hoy en día podría acuñarse más
dinero con la producción anual de oro, que lo
que podría haberse hecho hace 12 años con la
producción de oro y plata¡ y al venir tal aumento en la provisión monetaria del mundo, se ha
obtenido una solución para la depresión industrial. Durante los últimos 12 años hemos experimentado una era de prosperidad casi universal, y
espero ver una continuación de este desarrollo
y progreso del mundo industrial, mientras la provisión de dinero llene la demanda para todos los
fines. La manera de continuar esta situación bonancible es buscar facilidades de dinero y evitar
la decadencia de los precios. Me da gusto ver que
México siga los sistemas de otras naciones y sa•
ca ventaja de estas circunstancias universales.
&lt;He visto, desde hace años, que se encuentra
bastante diticultad para definir la palabra &lt;ci vilización&gt;; pcr lo q ne á mí toca, la definiría como el
desarrollo armonioso de la raza humana, de manera
física, mental y moral, pues no puede haber civilización completa que no incluya un desarrollo
moral, mental y físico. El hombre que se desarrolla sólo físicamente, no es más que un bruto¡ el
hombre que se desarrolla sólo física y mentalmente puede llegar á ser una maldición; pero cuando
el hombre se desarrolla fuerte de cuerpo y activo

Las familias Bryun y Robertson en la Qui11ta &lt; Belh v sta&gt;,
en su inteligencia, y educa á la vez su carácter
moral, podemos esperar de él las cosas más grandes para el bien común. (Aplauso. )
&lt;Estoy hablando ahora á ricos 1::ombres de ne¡:!ocios, y debo decir que se me ha juzgado mal al
decir que no soy amigo del capital. Yo soy amigo
de todo lo que es justo y bueno, y jamás me opondría al derecho d~ propiedad, que es la bas.e del
pro¡(reso del mundo. (Aplauso.)
«Cuando un hombre ocupa una posición política, puede echar los cimientos de relaciones ben éficas entre las naciones, porque en los tiempos
modernos todos los países, más que nunca, dependen unos de otros. Cuando un hombre goza de
prosperidad, se dice, generalmente, que posee una
independencia feliz¡ pero esto es un error, porque entre más alta sea la posición de una persona,
más grandes son sus obligaciones y responsabilidades. No hay nadie independiente: este país es
dependiente del nuestro; los Estados Unidos tienen dependencia y deberes serios hacia ustedes y
todos los países tienen obligaciones entre sí. La
independencia de un p1ís se mide también por la
inteligencia de sus gobernantes y por el espíritu
de progreso de sus ciudadanos. No conozco mejor
medio para juzgar á las naciones que aplicarles
las reglas que usamos para los individuos; y de
igual modo que creo ventajoso para mí que todos
mis vecinos aprovechen, hasta donde sea posible,
sus oportunidades y gocen de la mayor prosperidad, creo también benéfico para mi país que todos lo~ otros países gocen el desarrollo más com·
p leto de sus recursos, y no puedo imaginar nin-

gún bien permanente para mi patria que pudier.l
ser comprado á costa de algún daño para otra nación. Deseo ardient emente que los Estados Unidos tengan mochos merecimientos haciendo muchos beneficios á otros paises. Tales servicios
pueden hacersededistintas maneras· perohay una
forma en la cual podríamos, ahora, a~mentar nuestra _utili?ad para otros países. Creo que nuestras
~mv~rs1dades debieran dar más atención á la
c1enc1a de gobernar y debiéramos traer estudiantes de todas las naciones hacia nuestras Universidades. Estos estudiantes, educados en nuestras
~eorías df: gobernar y familiarizados con nuestros
ideales é mt~reses, volverían á sus hogares llevando_ 1~ me1or d~ nn~tra Patria y usarían los
conoc1m1_entos, as1 obtenidos, para beneficios de
sus_ propios hermanos. De esa manera tendrjamos
amigos en todos los países y, teniendo amigos, estaríamos más seguros que con ejércitos y armadas. La bandera americana no debiera verse más
como signo de guerra y de fuerza sino como emblema de libertad, paz y justicia. '
&lt;~adie de los que viven en México desea más
ardientemente que yo la prosperidad de este país
y que espere con más ahinco que el éxito corone
su marcha hacia adelante. No hay nadie tampoco
que se regocije más por el progreso que tengo la
seguridad que será alca=ado por esta •nación y
s~s habitantes.-Señores, doy á ustedes las gracias&gt;.
Las últimas palabras del gran tribuno se ahoga•
ron en!re los estr_uendosos aplausos de los oyen•
tes, quienes le tributaron u~ ovación que, segu1'.lmen~e, será recoz:dada por mucho tiempo por la
smcendad y entusiasmo que la animaron.

***
Con esto terminó la fiesta que reunió alrede•
dor del eximio político, á los hombres pr~minen•
tes de la sociedad regiomontana, quienes tributaron un merecido elogio al gran demócrata.
Después de esta fiesta, asistió Mr. Bryan á una
función en el teatro &lt;Juárez&gt;, durante la cual recibió nuevas muestras de la estimación que ha sabido crearse entre los habitantes de la capital del
Estado de Nuevo León.

,

***
Diez días después de su llegada á la ciudad de
Monterrey, salió de ella Mr. Bryan y se dirigió
al Norte, rumbo á los Estados Unidos á confun-·
dirse entre la ~ultitud de ciudadanos' trabajadores que contribuyen al engrandecimiento de su
país por medio de su trabajo constante y asiduo.
E! d~a 2 d~ los corrientes salió Mr. Bryan de
· territorio mexicano; antes de dedicarse á sus cuot idianas tareas, irá á cazar: pavos salvajes al rancho de King, en Texas. Una ver descansado de sus
fatigas durante la campaña que acaba de terminar, vol verá á sus diarias labores, llevando im
recuerdo grato de su tercera visita á nuestro país,
la que le habrá afianzado aún más en sus ideas
acerca de nuestra prosperidad y nuestro p or venir
brillante.

Recorriendo la propiedad del coronel Roberlson.

�-

EL llmNDO ILUSTRADO

ENRIQUE BORRAS
/

&lt;INCA HARTOG II', VACA~OLANDESA, GRAN PREMIO DE CAMPEONATO
y MEDALLA DE ORO.

LA RAZA HOLSTEIN ENJMEXICO
Jra4ucido 4,1 periódico "Ho'stein ~riiscan",de lo(Estados Unidos
"El desarrollo de los
intereses de la raza
Holstein en México
está progresando en
una escala considerable, y especialmente
desde que los exportadores se han limitado á embarcar únicamente ganado de sangre pura y de alta clase el cual se acompañ~ con el certificado
de registro y el traspaso correspondiente.
Varios individuos de
SR. D. URSINO ARE LLANO, la raza Holstein han
fu;dador del e.•ta blo de la sido enviados á México, cuyos pedigrees
calle del Aguila.
sería difícil trazar, Y
aunque la superioridad de este ganado "de clase
. ferior sin dudaalguna ha hecho mucho en fa~~r de '1a localidad que los recibió, tales exportaciones han demorado y estor_bado el mer~do
de ganado de sangre pura que tiene los certificados de registro adecuados.
"En estos últimos años, sin embargo, el _ga~ado,
con su pedigree ha demostrado _su superioridad,
y los mejores criadores no quieren tener na~a
ne hacer con el ganado sin papeles para su pie
Je cría, y hay ahora varios notables ganaderos q_ue
poseen ganado, el cual daría fama á cualqui~r
criador de los Estados U nid?s. A parec4:. promi·
nen te entre los criadores mexicanos el ~nor Flo•
rencio U. Arellano, de la ciudad de Méxtco, Y tenemos la fortuna de poder demostrar la gran cla•
se de su ganado, reproduciendo la~ foto~rafías de
varios magnificos animales y al mismo hemp? el
hacerle presente la felicitación de la fratermdad
de criadoi:es porque posee un lote tan notabl~ de
padres. La genealogía y ca~id~d d~ estos amm~les son sin disputa alguna, mdiscuhbles Y consh•
tuyen ~n excelente tributo para la empresa, conocimientos, destreza é inteligencia del Sr. Ar_ellano, quien merece el éxito que sabemos esta obteniendo."
,
El hacer una descripción extensa de la magmfica genealogía de los toros que figuran ilustrados,
es apenas necesaria, porque sus nombres demuestran en alto grado la excelencia de su sangre en

&lt;LADI ROUBLE DE KOL&gt;, VACA HOLANDESA, SANGRE PURA,
IMPORTADA, 9 A!1"OS 8 MESES.

un promedio en pruebas oficiales en producto de
las líneas de que vienen¡ pero daremos algunos
mantequilla de 27.93 en 7 días.
datos que son de verdadero interé~.
.
Esta vaca obtuvo el gran premio de campeona·
En primer término figura el toro c:Brooks1de
to y medalla de oro.
Hengerveld Paub, núm. 26,029, hijo de la gran
En tercer lu!(ar fidura la vaca &lt;Lady Rouble de
vaca en la raza &lt;Netherland Hengerveld&gt;, núm.
Kol&gt; número 50 883 cu ya prueba oficial fué de
13,106, cuyo registro oficial fué de 26 libras 10
348 libras 3 onza's d; leche en 7 días, y 13 libras
onzas en 7 días¡ 18,293¾' libras de leche en un
9 onzas de mantequilla en 7 días, á los 3 años d_e
año, dando 3.92% de grasa, figurando en su geneaedad, figurando en su extensa genealogí~ los ~n1logía las notables vacas &lt;Pauline Paul&gt; con un
males más notables en la raza¡ pues solo as1 se
registro de 31 libras 1 onza de mantequilla en 7
explica que &lt;Lady Ronbte de Kot&gt;, al hacer su
días y 18,069 libras de leche en un año¡ la de Kol
prueba oficial, á los 3 años de edad, su leche ha2ª con un registro oficial de 26 libras 9 onzas de
mantequilla en 7 días, y 536¼ libra~ de leche en
ya dado 4.14% de J!ra•a.
7 días; asegurando que á
ese país no se ha man•
dado toro que tenga ya
hijas en el avanzado registro oficial¡ con tan es•
pléndidas producciones
en leche y mantequilla,
llamándole con sobrada
razón toro &lt;Standard&gt;.
Este toro fué premiado por el jurado califi cador con una reserva de
campeonato. Como se verá, su genealogía es limpia y bien hubiera_ merecido el gran premio de
campeonato; pero el jurado sólo le concedió una
reserva en vista de su
edad, según se dijo. Como
esta condición no estaba
estipulada en los requ~sitos del concurso, seria
bueno que se fijara oficialmente un límite de
edad para los campeonatos, para evitar sorpresas
desagradables como la re•
"uROPSKY_SAGGIE," RESERVA DE CAMPEONATO.
cibida por el Sr. Arellano.
En enarto lugar figura el toro &lt;Empire Kin¡(&gt;
En segundo lugar figura la vaca «Inca Hartog
núm: 29,551, un animal de espléndida genealogía,
2ª&gt; núm. 40,500, un modelo de la raza con un muy
teniendo por antecesores al notable toro en la raalto registro y que creemos no se ha m;.nd~~o
za &lt;Netherland Prince&gt;, á la vaca «Lady Fay&gt;,
otra igual á ese país, atendie~do á su producc~on
que hizo un registro á los 4_ años de ed~d de ~O,Of 8
que es notable, pues prodnJ" en_ prueba oficial,
libras de leche en un año¡a la vaca &lt;P1etert¡e 2-&gt;.
86 libras de leche en un día, 19 hbras 4 onzas de
q ne dió 30 318 ½ libras de leche en un año, ó sean
mantequilla en 7 días y 575 libras 9 onzas de le13,953 kil~gramos de leche¡ á la ~Pauline Paul&gt;_,
che en 7 días, á los 5 años de ed~d¡ figurando en
de 31 libras una onza de mantequilla en 7 días¡ a
su genealogía los más notables e1emplares de _la
la de «Kol 2ª&gt; con un producto de 26 libras 9 onraza, pues esto se explica viend_o su genealog1a,
zas en 7 días, todos estos &lt;récords&gt; oficiales.
que sus 13 antecesoras madres tienen un pr?me•
Hubo además una reserva de campeonato á fa.
dio en pruebas oficiales de leche- de 86.53 ~1bras
vor del toro &lt;Dropsky Saggie&gt;.
por día: en su pedigree sus 19 antecesoras tienen

A PRIMERA y única vez que he visto á Borrás de cerca, fué en su cameri110 del Arbeu, durante un entre•
acto.
Yo hubiese querido entrevistarle, hablar largo y tendido con él sobre
su arte, sobre su carrera, sobre sus
aficiones, sobre sµs com.ienzos y
posteriores triunfos teatrales .... Movíanme á ello
no sólo el deber periodístico, sino la admiración¡
elemento éste el más poderoso para vencer toda
timidez, allanar todo obstáculo, y acercarme á la
que, hoy por hoy, es la gran figura en la escena
mexicana. Pero-y aquí llega el momento de ser
francos-no creo en la intervíew. El que un e~crítor ó periodista, cuya tarea es la de comunicar
sus impresiones ó informaciones al público, se
cuele muy diestramente en las ):labitaciones de un
personaje ponderado en la ciencia ó en el arte,
con el fin de preguntarle lo que piensa, cómo vive, qué ha hecho y qué determina hacer en el futuro, paréceme, á más de cómico, grotesco, pues
preguntón y preguntado bien se cuidan de ponerse una máscara más compacta que las que de ordinario gastamos en la vida, y todo se reduce á
una pose cuyo espíritu, genialmente arlequinesco,
encárgase de agrandar el lector, creyéndola sincera.
As~ pues, no me decidí á importunar al señor
Borrás. Apenas si he cambiado tres ó cuatro palabras con él, precedidas y seguidas de un apretón de manos-como tantos otros que daría el artista á sus devotos de ambos Continentes.-Me
limité á ver y oir cuanto á su personalidad se
refería, y ahora no hago más que trasladar mis
impresiones al papel, simplemente. He creído más
útil el procedimiento de inducciones y deducciones que el de falsas interviews.
Allí, ante el espejo, en el pequeño cuarto luminoso, hallábase el héroe aplaudidísimo de tantos
dramas y tragedias. No lucía la rara y á la par
atrayente vestimenta de Manelich¡ ni la de Juan,
el viejo obrero. Vestía elegante traje de color, y
ocupábase en hacer, c.&gt;n nimio detenimiento, el
lazo de su corbata. Un rumor sordo y vago. como
el del mar en tiempo de calma, venía á morir en

***

Borrás.-Caricatura de Massaguer,
&lt;EMPIRE KING,&gt; TORO HOLANDÉS, SANGRE PURA, IMPORTADO,
8 AROS 8 MESES,

«l'ROO :•IOE HENGERVELn l'AUL&gt;, TORO HOLANDÉS, SAN::iRE PUR•,
RESERVA DE CAMPEONATO.

la reducida estancia. Los admiradores, los indispensables y eternos
visitantes del artista celebrado,
arrellanábanse en mullidos asientos, escuchando con atención la
palabra breve, incisiva, de Borrás,
ó haciéndole preguntas á las que
él respondía volviendo apena~ el
rostro inteligente, de nervioso
ge&lt;to.
·
Desde mi rincón hube de complacerme en mirar, con mirada escudriñadora, la figura erguida, aristocrática, de noble señor, del artista, reflejada en la tersura del
cristal. De su fisonomía, lo que
con mayor relieve se destaca 1
hiere la atención de quien le contempla, son la frente y los ojos.
La frente es ancha, despejada, como abierta á los grandes pensamientos y á las grandes inspiraciones¡ los ojos, pequeños, hundidos en la cavidad craneana, fulguran al resonar la frase que bro•
ta de los labios enérgica, con extraño vigor. Y éstos se contraen
á menudo, apareciendo en ellos
una sonrisa llana, amable, que está en armonía con la expresión
peculiar de la faz toda, expresión
que denuncia al impulsivo, al
franco, al triunfadorsatisfecho de
la lucha.
Nunca en el artista excelso que
admiramos en el escenario ó en el
libro hemos de encontrar, al sorprenderle en la vida, al burgués
que de vulgar peca y al resto de
sus vulgares semejantes aseméjase:
al mismo Borrás que vi recitando
con dulzura bucólica á los campesinos asombrados en La Madre Eterna, y al que admiré en el
mítin de Los Viejo.•, es al que ahora veo en este
diminuto cuarto de bastidores adentro. Hay en él,
en la intimidad, la misma arrogancia, el propio
sello de distinción que en la escena.
Advirtiendo esto, 110 pude menos de recordar
entonces cuanto del actor catalán sabía¡ y la historia de su vida dijérase que se aparecía á mis
ojos, como su figura, ¡(rabada en caractere~ diamantinos sobre la biselada lnna.

¿Quién esBorrás? ¿Cuál la existencia anterior de este victorioso
que todavía hace cinco años era
un obscuro?
Enrique Borrás hállase ahora en
la edad que, según doña Emilia
Pardo Bazán, es época de los grandes esplendores artísticos y de los
grandes impulsos, porque el fuego
y ardimiento de la juventud témplase con el sereno pensar de la
madurez y las lecciones de la experiencia. Buena parte de su vida
se esfuma en la va~uedad gris de
la penumbra: la suprema aureola
no le ciñó sino hasta hoy.
Nació en Badalona, pueblecillo
de las inmediaciones de la ciudad
condal, siendo sus padres industriales acomodados. Era ya un predestinado á las lides escénicas,
pues desde su infancia sintió afición desmedida por el teatro, afición cuyos anhelos no se vieron
satisfec-hos sino años después, cuando, siendo un adolescente todavía,
debutó en el casino de su pueblo
con el Ernesto de El Gran Gal,oto,
En aquellos días su devoción teatral concentrábase en la persona
de don Antonio Vico, y así se comprende que Borrás, el gran Borrás
de ahora, el que no sabe de hinchazones ni lirismos, eligiese, como obra de presentación, la más
fambsa del teatro oropelesco de
Echegaray. Y fué tan inesperado
y á la vez tan decidido el buen
éxito, que el joven debutante firmó, desde lnego, contrata con la
Compañia Tutau.
Y aquí empieza, propiamente, la carrera artística de Borrás, carrera sin grandes incidentes, sin
grandes tropiezos ni clamorosps triunfos en muchos años: Borrás recorrió con la susodicña compañía, como galán joven y representando en castellano, varios teatros de su provincia. Más tarde,
.J!racias á la notoriedad que adquiriese y á Sil valer
inne¡!able, ingresó al teatro&lt;Romea&gt;, de Barcelona,
en calidad de primer actor, circunstancia á la que
el eximio artista debe, sin duda. el haber adquirido una personalidad propia, bien definida, en la
escena de su patria.
El renacimiento literario catalán-que dió origen al movimi_e nto político regionalista, común-

'

737

Borrás.-Caricalura de Líllo.
mente conocido por el nombre de &lt;catalanismo&gt;, alcanzaba ya, en aquellas fechas, Sil completo esplendor. La lengua catalana, antiquísina, que en
un principio usara toda la Provenza y que ahora
sólo se habla propiamente en el Rosellón, y se
extiende por toda ta cos~a de Levante, siguiendo
la cuenca del Mediterráneo, hasta cerca de Génova¡ - la lengua c. talana que, según la Historia, Julio César oyó hablar cuando invadió España y
formó colonia en Ampurdia, y emplearon los tro•
vadores en sus layes, y en ella escribieron sus
crónicas reyes tan famosos como Jaime I y Pedro IV,
renacía á la vida literaria. Su sueño había durado muchos siglos. y de su estado de marasmo,
acentuado desde 1714 con la pérdida de las Ji.
bertades del país, había revivido desde principios del si¡(lo XIX, no bien entraron en Cataluña las luces del progreso moderno y de la
libertad comtitucional. Don Mariano Aguiló buscó en las antiguas crónicas la verdadera fuente
del idioma, y Federico Soler ( Pitarrc,) había
echado los cimientos del teatro. Los Juegos Florales de Barcelona, infundiendo en el ánimo dd
pueblo el amor por los certámenes literarios en
lengua catalana, despertaron la idea de regionalismo, á la vez que nuevos cerebros suriían par.i
el cultivo de las letras. El catalán hab1a abandonado la cima de las montañas y las choz1s de los
pastores para irradiar, con destellos de or0, en las
estrofas de Mosén Jacinto Verdaguer, el poeta
santo¡ en los versos de una simphddd bucólica
de Juan Maragall, y en las pá_~iuas de arte moder•
no de Narciso Oller.
Enrique Borrás pudo ver, desde el escenario
del teatro &lt;Romea~, las faces más brillautes de este
resurgimiento, y aun tomar parte activa en ellas.
La literatura catalana alcanzó, de uu salto, el ni.ve! de las europeas. Había filósofos, dramaturgos,
prosadores y poetas: á Federico Soler siguieron
bien pronto, en el teatro, Guimerá, Rusiñol, Iglesias, Gual y Crehuet¡ Pompeyo Gener estudiaba el
movimiento literario desde un punto de vista
científico, enlazándole con los caracteres peculiares del ambiente y de la raza¡ al verbo inspirado
del creador de La Atlá11tida siguieron los de
Alejandro de Riquer, Maragall y Matheu, y estalló el lmmorismo ya regocijado, ya cáustico, de
Apeles Mestres y Emilio Vilanova.
En el teatro, todo período literario debe detraer
necesariamente sus intérpretes. El intérprete del
moderno teatro catalán fué Borrás.
Como losautoresdramáticos, queluego de beber
eu las fuentes del idioma, -ya que no de la tradición, porque carecían de ella, literariamente hablando,-habían snfrido hs influencias del teatro
extranjero, en especial del escandinavo, representado por Ibsen, y del italiano, que tenía por paladines á Giaccosa, Rovetta y Braceo, díferenciándose totalmente de los del resto de la Península,
-así Enrique Borrás traía consigo una personalidad nueva y una novísima fison omía. No era el
actor hinchado, declamador, ampuloso, al modo
de Valero, Calvo y Vico. Su pod~rosa emotividad
residía en el gesto y en el detalle; que no en la
pirotecnia de la declamación y en el grito. Dijérase que sus maestros son los italianos, y que á
los preceptos del naturalismo se ha ccfiido, sin
apartarse de ellos 1rn ápice.
( Sigue en la págí11a 744.)

�EL MUNDO TLUSTRADO

738

•
~-

tf ~ ,.

A PI Y MARGALL

Diafanizando el oro de la muerta
hojazón que á la rama se prendía,:
nimbó de luz fantástica é incierta
la casa de los pájaros .... •_y ardía
en el carmín solar un ala· abierta.

Hay en la vida de los pueblos horas
en la~ que lentamente, precursoras
de próxima tormenta,
nubes que forma el llanto que derraman
esclavos y oprimidos,
el siniestro cendal descogen graves:
y enmudecen las aves,
entra á rastra~ la fiera en su espelunca,
como un manto de plomo
sobre el mundo la atmósfera se extiende,
todo, aterrado, su labor suspende,
y hasta el aliento uní versal se trunca!
Cada vez más el horizonte cier¡"&amp;.
y estrecha su confín; más lobreg~te
sus crespones el nublo que se m~e
ocultando el azul de las alturas¡
más se enturbian las puras
aguas, limpias ayer, del terso estanque;
hasta que al fin, con formidable arranque,
rompe el turbión el yugo que lo aferra,
sacude todo su letal desmayo,
rasga su seno el nubarrón que aterra,
vuelca el cielo sus rayos en la tierra
y se alza un héroe donde cae un rayo!
Y así te alzaste tú, cuando caía
derrumbada una raza ante la historia;
así al fulgor de llamas y entre escombros,
sobre una tradición hecha pedazos,
enmedio del despueblo,
te erguiste levantando entre tus brazos
la augusta y santa libertad de un pueblo!
Hay voces del pasado que en las noches
trae el eco que, místico,
en nuestro oído sus murmullos vibra
y mil ensueños en la mente fragua,
y que vienen de allá, tal como apenas
llegan á recostarse en las arenas
los círculos concéntricos del agua.

Y en el eco en que sólo nuestro oido
oye un murmullo vago,
escucha el escogido
ora un canto de amor, ora un rugido,
ora el épico estruendo del estrago!
Y así, tras el halago
del alma apasionada
que todo en aras de su amor lo inmola,
atarea subiendo al infinito
el imprecante grito
que en la hoguera lanzó Savonarolal
Así anima y despierta
hombres y cosas de los tiempos de antes,
así sombras gigantes,
en el lívido belfo aun vibradora
la frase redentora
que fué del muudo pasmo,
sacuden el marasmo
del sueño de la muerte, y vemos cómo.
reviviendo con él su noble anhelo
~ndaz Vercingetorix se levanta,
y corno un mar con sus retumbos cauta
la epopeya inmortal de Masanielo ....
En cada etapa histórica, en cada época
en que el de arriba olvida al que está abajo,
en que para unos es todo contento,
todo andustias para otros y trabajo;
en la q;e sin recuerdos de que viene
de un mismo tronco todo,
el uno para holgar, cojines tiene,
para el descanso el otro, tierra ó lodo¡
en la que se figura
el que vive entre el bien y la grandeza,
que la madre común Naturaleza
hizo para escalón de su ventura
lo mismo que un ~uijarro, una cabeza;
surge algún corazón al que convergen,
como al cristal convexo van los rayos
del sol á convergir, angustias, quejas,
ímpetus contenidos y desmayos,
oprobios de hoy y humillaciones viejas.
Y así va concentrando poco á poco
al cHombre-humanidad&gt;calor.... y luego ....
¡al fin se forma el foco
y en lenguas rojas se levanta el fuego ....

¡Señor, tu fuiste Humanidad; tu grito
fué queja del esclavo y del precito,
y fué tu corazón como una lente
que recogió al través de lo infinito
los rayos todos de da zarza ardiente&gt;.

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Toda era paz, la tarde y poesía,
y yo la vi morir desde la banca
donde, cual lluvia rumorosa y blanca,
la gran fronda del álamo caía.
Para abarcar del horizonte el fondo
levanté lentamente la cabeza
y uní, al silencio del jardín, el hondo
silencio espiritual de mi tristeza.

Predicaste el decálogo ante un pueblo
lleno de malestar y de amarguras,
y tu voz {ué la de él: voz que redime¡
voz del Señor; ¡que cuando el pueblo gime
truena la voz de Dios en las alturas!
¡Ay! si no oyen tu acento en el murmullo
del eco que en las noches
llega del más allá; ¡ay! si no escuchan
esas voces lejanas que así suenan¡
¡ay los que torpes contra el pueblo luchan!
¡ay los que al pueblo así desencadenan!
¡Guarden los poderosos, los que gozan,
de ver que son los tristes sus hermanos,
y nobles, tiendan sus cuidadas manos
á las que el yunque y el cincel destrozan!
Lleven aliento á los que ahoga el lloro,
el pan al que carece de fortuna,
y pródigos derramen el tesoro
del verbo, que consuela más que el oro,
en el verso, en la escuela, en la tribunal
¡Oh, cómo es grande la misión que enseña!
¡qué grande el que se empeña
y lucha por el bien, y al fin arraiga
flores y arbustos en la dura peña!. ...
¡Quéle importa dormirá aquel que sueña!
¡El que enseñó á esperar, triunfa aunque caiga!
Y así triunfaste tú: fué tu caída
la del ~rano del trigo sobre el surco¡
en él se hundió tu vida
como junto á la vid se enclava el serpo,
para erguirse después ante el destino,
dando al pueblo á beber sangre en tu vino,
dando al pueblo á comer, pan en tu cuerpo!
!Qué grandeza hubo en ti! Justo es que ahora,
que tu cuerpo no es ya; que disgregado
en átomos, juguetes hoy del viento,
soplos doquiera llevan del aliento
que á ti te dió vigor en él pasado,
no tu tierra natal, el mundo todo,
mientras el mundo en el espacio gire
tu afán por romper yugos
y tu sublime abnegación admire;
que sobre el odio vil y las inquinas
tu espíritu inmortal triunfante suba,
y que enjuguen la sangre
que á tu planta arrancaron las espinas,
el mar azul en que se engasta Cuba,
y el mar que es manto azul de Filipinas!
¡Ciudadano del mundo: van los bronces
á modelar fundidos una idea
al modelar tu estatua; que ella sea
el pensamiento universal entonces!
¡Sí! que la humanidad en ella vea
al fulgor de las llamas y entre escombros,
sobre la tradición hecha pedazos,
enmedio del despueblo,
alzar &lt;Al Porvenir&gt; entre sus brazos,
la augusta y santa libertad del pueblo!
JOSÉ PEÓN DEL VALLE.

Noviembre 27 de 1908.

*

VESPERTINA

Ojos y corazón puse en el cielo
y sorprendí la misericordiosa
piedad de aquel Ocaso en agonía,
mientras enfrente, tras el grácil velo
que era una dulce ensoñación, la rosa
de nácar de la luna se entreabría.

*
**
¡Santa puesta del sol, que da el olvido
de un éxtasis angélico á mis males;
santa puesta del sol, que entibia un nido
oculto entre hojarascas otoñales!
Tú dejas á unas aves que se aneguen
en fulgor melancólico y tardío;
les das luz y calor antes que lleguen
la noche, el viento, la tiniebla, el frío.
Y como el nido que la fronda encubre
pone, no sé qué luz desconocida,
un rayo de esperanza en el Octubre
tan lleno de hojas secas de mi vida.

***
de mi sér ~a obsesión de tu belleza;
tu blanca imagen, tu cabello blondo,
y, en comunión con la naturaleza,
uno, al silencio del jardín, el hondo
silencio espiritual de mi tristeza.
LUIS

G.

.....---- ----.
... . -

l!TRBINA,

...

---- --- .

*

Vidas de M ísterio

ORGANISMOS DE HOJAS

Paradas en ti suelo sois notas dormidas·
pero al venir silbando los locos vendavales
tornan vuestras aristas crujientes espirales'
fantasmas rotativos que esconden raras vid~s.
Vu~stros embudos broncos de bocas retorcidas
deswben una danza de giros espectrales
y azotan con sus látigos las iras otoñales
vuestro veloz desfile de formas impelidas.
Hilando y más hilando vuestra hojarasca seca
va andando y más andando como alocada rueca'
que, al describir sus circulos, de un sér la vida adquiere.
Y mientras dura el giro de la visión briosa
es organismo errante con alma misteriosa '
que nace, crece, ondula, camina, canta y muere.
11
ORGANISMOS DE VAPOR

Sobre un fondo dorado la nube se deslíe;
antes, forma con luce; las flores de un magnolio·
después, vuélvese un principe sobre flotante solio
que en un vivido instante de su esplendor se engrle.
Primero que en jirones la nube se desvle
pinta un egipcio, un húngaro, un sirio y un' mongollo

y luego sobre el cúmulo de ardiente Capitolio

'
forja un dragón sangriento que inmensurable rie.
Traza después la nube fantásticos perfiles;
después el carro heroico del esplenttente Aquiles
y una visión, y un águila de pluma al sol tendid°a.
¡Oh, mutación de formas! Yo sé que unos momentos
tenéis venas de brumas, pasiones, sentimientos
y sangre, y ansia, y sueños, y amor, y encanto 'y vida.
SALVADOR RUEDA.

Un sutil dardo atravesó el follaje
y se clavó en el nido . ... El sol hacía
la última buena acción: sellaba el viaje
con la postrera caridad del día.

--

Y pienso en ti- (¿Por qué?) Viene del fondo

•

Last&lt;los foto~1·affas de la pa~tGe'superior y media, á la clc1·ccha, fucmn tomadas por el Rr &lt;1 J -:\hrtíncz en :i\lor&lt;'I.
e 1a corl'l&lt;1a en ()ne toreo aona. Las otras son de h corrida Qll "F'l Tot·' » i 1 . . . ' . " '
,,
1.1,
«Bienvenida» en la muerte de su seo-undo
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Y
en
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pa-,ado,
.Y
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,
asquez en un pase e muleta.
t l u1·an

�EL MUNDO ILUSTRADO

740

CRONICA
A HISTORIA, llamada oportunamente por
algún escritor, vida de los que no existen,
tiene alguna semejanza con la misteriosa
..__ _,., y fecunda labor de la·tieri:a, ,e~ la cual
los despojo! de todo lo que se cree muhl vuelven á germinar y más tarde á florecer con nuev_a
y brillante existencia. Las hojas secas y amarillentas conviértense en polvo, que más tarde alimentará á los nuevos.retoños, verdes y lozanos, ó
á las aterciopeladas flores, deslumbrantes de juventud y belleza.
Cuentan los versos de populares coplas que
también en las tumbas nacen flores, en cuyos pétalos habita la esencia de seres que la muerte alejó de nuestro lado. Tan dulce y melancólica poesía está inspirada, seguramente, en la contemplación de la Naturaleza, que infatigable en su producción creadora, de las cosas muertas hace surgir la vida.
De un modo análogo hace la historia con las
pasadas épocas, pues maravillosamente, y al enérgico influjo de la palabra evocadora, se reconstruyen personajes y acontecimientos ya lejanos de
nuestros días; vuelven á reproducirse los cuadros
de antiguas costumbres; el de~orado, _mueble~ y
trajes de otros tiempos, sobrevive también en pinturas y relieves de inspiración histórica, poniendo de este modo, una resistencia hábil y poderosa' al olvido implacable que el tiempo deja á su
paso. Hay grande encanto en el recuerdo de algunas edades, cuyas costumbres poéticas y galantes parecen compendiar el alma toda de una época; y hasta en los trajes y atavíos femeninos
alienta la inspiración de los artistas que engalanaron, con el brillo de su fantasía, la belleza de
las mujeres y el lujo de los salones.
Actualmente inicia la moda una reconstrucción
histórica en los sombreros elegantes y voluminosos que recuerdan las graciosas y liudas damas
de la corte fastuosa de Luis XV. Las grandes formas de fieltro y terciopelo, guarnecidas con largas
plumas de avestruz, hacen pensar en las hermosas cabezas cuyos cabellos se peinaban en bucles sedosos y lucientes y suaves ondulaciones, lo mismo que ahora, pues el sombrero, como toda corona pone sus leyes, y el peinado es el primero en
ac~tarlas ya que es lo más pró.timo á su imperio.
Aun c~ando el terciopelo y el fieltro tienen la
preferencia para la confección de los sombreros,
también el otomano disfruta de gran favor. Eutre
los últimos modelos hay uno de esa tela, extraordinariamente elegante y sobrio en stt combinación· la forma es muy grande, de un color violeta
seco,' que parece ser ~l (avorito de _las damas en
este invierno, y por umco adorno hene una sola
pluma de color de mal va, en tonos SUJ ves, y de tan
grandes dimensiones, que después de rodear la
ancha copa formando penacho, baja_ po~ un lado
casi hasta tocar el hombro. La asociac1on de esos
dos colores tan exquisitos, ni demasiado sombríos
ni demasiado claros, forman un conjunto verdaderamente elegante y de buen gusto.
El azul en todos sus matices, desde el azul roa·
rino hasta el pizarra y el eléctrico, será uno de
los colores favoritos para los sombreros de invierno· y en cuestión de adornos, no sólo las plumas te~drán privanza, sino ta[Jlbién algl,lnas pieles, por más que esto parezca extravagante. ~n
bonito modelo de sombrero nos demuestra practicamente el feliz resultado de esta audaz confección, pues la forma es de satén azul obscuro, ccn
grandes alas muy tendidas, y un zorro blanco rodea la copa· á esto hemos llegado, lectoras mías, á
poder colo~ar un zorro, con toda amplitud y graciosamente, sobre un sombrero. En cuanto á la comodidad de este capricho de la moda, no puede
asegurarse que sea muy completa, pues ya se deduce d pe~o de semejante confección sobre una
delicada cabeza femenina. Sin embargo, no es remota una evolución á ese respecto, y quién sabe
si pronto vendrán los diminutos "bibis," como
muestra de la última palabra en materia de elegancia.
Por ahora hay que someterse al reinado de los
grandes y majestuosos sombreros, desde los atrevidos fieltros estilo Luis XV, hasta la forma plana y sencilla, en la cual se (enrollan largas bandas torcidas de satén ó liberty. También se usan
flores enormes, con pétalos de seda y de terciopelo; y la más nueva de las fantasías en los ador-

nos es, sin duda, la corona de plumas, hecha hábilmente con pequeñas plumas destrozadas y unidas de pájaros del paraíso.
Se usan también inmensas alas extendidas, cubriendo casi todo el frente del sombrero. En este
artículo la variedad es muy grande; pero la más
en boga de las fantasías traídas para el invierno,
es la de las alas de- ibis, matizadas en rosa, desde
el tono débilmente rosado de la aurora, hasta el
rojo fuego del sol poniente.
Sobre los grandes sombreros levantados se colocan siempre las plumas de avestruz, ó aigrettes,
que son de atrevida y graciosa elegancia; pero dichas formas se diferencian solamente de las planas por la manera original de recoger uno de sus
lados y por la disposición de las plumas, pues
la forma no se levanta casi sobre la cabeza: apenas tiene una imperceptible barreta que la eleva ligeramente, y al peinado toca, con sus bucles
y ondulaciones, llenar el hueco de las alas le·
vanta das.
Algunas formas, no menos elegantes, se inclinan al lado izquierdo, con el ala bajada suavemente sobre la sien. Cuand) no pueden llevarse
estos grandes sombreros, ya sea porque la fisonomía no va de acuerdo con ellos, ó por cualquier
otro motivo, queda el recurso del sombrero-toca,
muy bonito también, y adornado con grandes alas
y abullonados de terciopelo ó satén.
Mis amables lectoras tienen ahora un amplio
campo para elegir la forma de sombrero que mejor armonice con sn rostro; la moda y el espejo
les dirán, sin duda. algo más oportuno de lo que
pudiera indicarles.

*

LAS PLUMAS DE LAS AVES
EN EL ADORNO FEMENINO
AS plumas que la mujer pone
en sus cabellos y en sus sombreros entran en el número
de esas graciosas futilidades,
de las cuales sabe ella sacar
un maravilloso partido para
el adorno de su persona. Mas
¿piensa acaso que estas bagatelas, venidas casi siempre de tierras lejanas,
representan un admirable gasto de audacia, valor
é ingenio, por parte de intrépidos y hábiles cazadores? Seguir el camino de las plumas, desde que
baten el viento en las alas de los pájaros, hasta
que son colocadas graciosamente en la «toilette&gt;
femenina, es poner delante de los ojos de nuestras lectoras una serie de escenas pintorescas y
dramáticas, al mismo tiempo que mostrarles datos
muy curiosos sobre la considerable importancia
de este comercio.
Entre los adornos que el animal presta al hombre, no hay otro en todas las épocas más buscado
y estimado, como las plumas de pájaros.
Siempre se ha presentado, como muy natural, la
idea de aprovecharse de este artículo para realzar
la belleza de la mujer, adornando con él los peinados y sombreros. Esta idea es muy antigua y
su origen parece nacer en las edades más remotas
de la humanidad. Es indudable que nuestros antecesores casi prehistóricos, ~e adornaban con plumas de volátiles, cazados por ellos mismos. Los
salvajes de nuestra época actual hacen también
uso de ellas. Sobre los monumentos egipcios, que
datan de quince ó veinte siglos antes de la Era
cristiana, los escultores representaban personajes
llevando plumas de avestruz, ya en los cabellos,
ya en los abanicos de las mujeres. En Roma, los
guardias de los emperadores usaban grandes cascos empenachados de plumas, y las damas de elevada alcurnia cubrían, con ellas, sus cabelleras
hermosas y rizadas. En la Edad media, los cascos
de los guerreros estaban igualmente adornados
con soberbias plomas. En el siglo XV este artículo de lujo vino á ser uno de los principales orna-

tos de las damas; en esta época las plumas costaban sumas elevadísimas; de manera que las grandes señoras llevaban sobre la cabeza verdaderas
fortunas. Al partir del Renacimiento, este adorno tuvo un empleo más discreto en el traje mas·
culino; poco tiempo después no lo llevaban los
hombres más que en el uniforme militar. La gran
época guerrera de la revolución francesa es la
edad triunfante del penacho. En los atavíos de
las damas adquirieron las plumas una importan•
cia verdaderamente extraordinaria. María Autonieta puso á la moda peinados extravagantes y
voluminosos, en los coales fig11rab10 las plumas
de avestruz; este uso se mantuvo hasta la Restauración, en cuya época fueron reemplazadas por
las de los pájaros del paraíso. Bajo el segundo
imperio, los penachos reaparecen nuevamente, y
desde entonces los suntuosos tocados, levantados
como un edificio sobre lss cabezas de las damas,
se han a bandonado¡ mas las alas de los pájaros
han venido á ser el ornamento indispensable de
los sombreros femeninos. La pluma es actualmente, como la piel, objeto de un comercio considerable. Para proveer á las necesidades de la moda,
los volátiles de muchas regiones del mundo son,
á millones, sacrificados sin compasión. A causa
de esta caza despiadada, los pájaros y los animales, cuyas pieles se utilizan, serán pronto exterminados. Tal vez el apasionamiento de la moda
por estos artículos se convierta, para los pobres
animalillos, en un recurso salvador, pues como
todos los accesorios que tienen un reinado demasiado próspero, pueden caer bien pronto del fa·
vor de las damas, y entonces las aves y los cuadrúpedos, tan perseguidos, se hallarán en paz y
podrán reconstruir sus agotadas especies.
Las regiones del Norte son de los principales
centros de producción en este género. Dichos países proveen, en grande abundancia, no solamente
de plumas á la moda, sino también de las que se
utilizan para almohadones, cojines, etc. ¿A qué terribles destrozos dan lugar las necesidades industriales de la época actual? Algunas cifras nos
permitirán juzgar de ellos. Solamente en el pequeño archipiélago de las islas Féroes, treinta
mil gaviotas son matadas todos los años. En el
distrito de Obdorsk, en Siberia, se exportan, en al•
.!(unos años, hasta 650 kilogramos de plumas. Pero
la caza de todos esos pájarcs no es, ciertamente,
nad.o fácil. Cada año cuesta la vida á mucho, pobres hombres, que por unos cuantos sueldos trepan á las montañas más escarpadas y peligrosas,
para robar los nidos de las a ves colocados entre
las rocas.
A fin de apoderarse de algunos pájaros, los cazadores de las islas Féroes emplean dos artificios,
que requieren tanto valor como ingenio.
Suben á aquellas alturas armados de bastones
provistos de un grueso anzuelo, con el cual sacan
de los huecos de las rocas los infelices pájaros, á
los que tnercen el cuello rápidamente.
Las gaviotas son atrapadas por medio de un hilillo atado á una larga pértiga de cuatro ó cinco
metros. El cazador se instala sobre una parte saliente de la barranca y allí procura tener libres
sus movimientos. Luego, con una lazada en la
punta del hilillo, va cazando con esta astucia á
las aves, que sin la menor desconfianza revolotean en torno de él. Con un solo golpe pueden
apoderarse de dos, tres y cuatro volátiles, y si el
cazador es muy hábil, su botín, al fin de la jornada, puede llegar hasta un millar de víctimas. Para
los habitantes de las islas Féroes, la escalación
de las barrancas constituye un &lt;sport&gt; nacional.
Los perseguidores de los nidos ponen su amor
propio en hacer ostentación de verdaderas audacias de valor, y estimulados los unos por los
atrevimientos de los otros, llegan, á veces, á hacer
actos de increíbles locuras. Muy á menudo estas
temeridades son castigadas con terribles desgracias; pero ningún accidente puede moderar el intrépido ardor de esos jóvenes cazadores. Antiguamente, para detener á los imprudentes, se dictó una ley que juzgaba como suicidas á los c1zadores muertos en las montañas y, en consec•1encia, se les negaba sepultura sagrada. La familia
podía, sin embargo, rechazar esa sentencia poruu
medio que parece inspirado en las pruebas jurídicas de la Edad Media . Un amigo ó pariente del
difunto debía grabar algunas palabras sobre la
roca en que se había verificado el funesto accidente, para probar así, de un modo práctico, que
la caída no había sido resultado de una temeridad.

741

EL MUNDO ILUSTRADO

Esta vida, constantemente expuesta á los grandes peligros, eleva, naturalmente, el alma de esos
hombres, y todos los viajeros exaltan unánimemente el alto valor moral de los cazadores de nidos de las islas Féroes. Son valientes como leones y ca?allerescos como paladines de la Edad
Media. Si en un paso peligroso algún cazador, padre d~ u':1a numerosa familia, pierde el bastón que
le es i°:dispensable, inmediatamente su compañero, un ¡oven soltero, le tiende el suyo, diciéndole: "Toma, salva tu vida, que es más necesaria
que la mía." Y, alg_unos instantes después, el pobre muchacho tropieza y cae en las insondables
gargantas de aquellos precipicios.
Muchos incidentes, terribles unos y curiosos
o_tros, hay en la caza de los pájaros, cuyas plumas
sirven para el adorno de -nuestras bellas lectoras
á quienes continuaremos dando estos datos e~
otra ocasión.

otras. Esta caja debe ser mucho más larga que todas. Dos cajas, una sobre otra, son bastantes para formar una elegante chimenea. El aparador del
comedor está hecho de tres cajas. Una caja bocaabajo servirá muy bien, recortándole convenientemente las patas, para hacer la mesa. Para hacerla más perfecta, póngasele otro cartón más grande
encima.
Viene ahora el biombo. Quítese á una caja los
dos lados más pequeños; así quedarán solamente
los dos lados restantes y el fondo. Y para que el
biombo resulte más elegante, cálese por la parte
de arriba y recórtensele las patas.
Hay que tener cuidado de que todos los muebles guarden perfecta proporción. Una vez concluídos, píntense de azul con pintura esmalte.

El Invierno y los Patinadores
PARA LAS DAMAS
Manera de hacer, á domicilio, un mobiliario
para casa de muñecas

Vamos á proporcionar á las mamás la manera
práctica de hacer un buen ahorro con la manufactura, á domicilio, de un mobiliario para casa
de muñecas. El procedimiento no puede ser más
sencillo, y pasamos á exponerlo.

~

,~

.

.

··.:::::--, -

- ~ -:__

-~----

Las muñecas necesitan camas en que dormir,
mesas, sillas, chimeneas para calentarse, lavabos,
etc., etc. Es preciso atender á su confort con el
mismo cuidado con que atendemos al nuestro (al
menos así lo piensan las chiquillas que tienen
muñecas y que se preocupan por ellas como las
mamás por sus hijos).
He aquí la manera de hacer todo ese mobiliario. Comencemos por la cama: tómese una cija de
cartón y desgárrense sus cuatro lados; después
dóblense los lados de la caja hacia dentro haciendo unos cortes por la parte baja de la cama para
indicar las patas, y luego córtese también el calado de la cabecera y piesera.
Otra caja de cartón servirá para hacer la silla,
Se desgarran los cuatro lados del cartón; luego se
van doblando uno sobre otro hasta dejar solamente un lado sin doblar, y de allí se pasa á los calados del respaldo y del asiento.
El lavabo está hecho siguiendo el mismo sistema que se empleó en la silla; pero para este mueble hay que escoger una caja más larga que las

--

~~---___,,.

------

__ ~,:::...::~.,_. .

Los patinadores se habían p~esto tristes porque
este &lt;sport&gt; estaba casi olvidado. La bicicleta vino
á derrotar á los patines, y mientras éstos dormían
humillante sueño en las covachas la bicicleta
alada corría por todas partes con vértigos locos.
Pero p_asó ya también esta novedad, se hizo vieja,
y no sin cierto enternecimiento descendimos á
los sótanos, abrimos la puerta y sacamos nuestros
enmohecidos patines. No servían ya, es verdad;
pero como las l(randes casas de comercio conocen
bien nuestras volubilidades, tenían ya en sus
aparadores lo que habíamos ido á buscar á los
desvanes, y no tuvimos sino acudir á ellos para
prove~rnos de hermosos y flamantes patines.
Lástuna es que no tengamos aquí el invierno
real que tienen otros países. En el Gran Parque,
de Londres, las escenas son divertidísimas. Señoras, niños, viejos, todo el mundo patina allí. La
nieve ~resta cariñosame_nte su blanca alfombra, y
los pahnadores van y vienen, apostando carreras
haciendo equilibrios maravillosos. No se me b~
olvidado lo que en cierta ocasión vi allí. Un amigo me dijo:
- Si mañana quieres divertirte, ven conmigo al
Gran Parque.
Acepté su invitación y me encontré, ¿con qué
creen ustedes que me encontré? pues nada menos
q:Ue con., ... una boda. El novio .y la novia, cogidos de la mano, recorrían el parque vertiginosamente. Ella llevaba su vestido de desposada; él
sus azahares en la solapa de la levita. Los suegros
bregaban para darles alcance; las damas de honor
de la novia huían también como arrastradas por
un vértigo; los convidados seguían su huella, y
hast": un galgo fiel, que ciebió asistir en primer
térnnno á la ceremonia del matrimonio, corría
desaforadamente ladrando con júbilos de loco.
Aquella escena era incomparable. No he visto después nada que me haga reir tanto. Para escenas
extravagantes, Londres.

COLORES QUE SE USARAN
EN ESTE INVIERNO
Entre los colores más de moda en este año fi.
gura principalmente el verde. Hacía tiempo que
no se usaba tanto y nunca como ahora había habido tan diferentes y delicados matices de verdes.
El color favorito es el verde bronce que se encuentra en varios tonos, desde el ~ás obscuro
hasta el más claro. En raso, este color mezclado
con gris, da un efecto maravilloso é indefinido
IJ?ás agradable ,aún que un solo c9Jor. iQué di ver'.
sidad y fantas1a han desplegado en este año los
fabrica°:tes de ~añ_os! Parecía que en el pa•ado se
había dicho la ultima. palabra en esta materia; pero los que han aparecido en este otoño superan á
los anteriores en lo suave, sedoso y en la diversidad de colores.
Los paños de color café, como chaudrón cedro
hoja seca, etc .... se usarán mucho, así co~o algu:
nos azules, entre los que descuella el azul pavo

de diferentes tonos. También hemos visto preciosos trajes, hechos de paño azul marino, porcelana,
celeste y turquesa, entre los colores claros.
Hay una variedad completa de grises, no sólo
para trajes de ese color, sino combinados con los
colores nuevos, como azul, amatista, verde, fresa
y otros. El color gris es, sin duda, el que se presta más para combinarlo con otros colores. Hay
gran variedad de tonos en los grises, humo y topo, que hacen más favor que los grises azulosos,
por lo cual se han generalizado entre las damas
de buen gusto.
Vuelven á usarse este año el l(ris elefante, humo de Londres y topo, que no han decaído para
nada desde hace algunos años que aparecieron.
Es preciso ver estos matices de color gris para
apreciar su elegancia y distinción, que no pueden
explicarse con palabras, y cuyo efecto depende
muchas veces, de u~a varia,nte pequeñísima en el
tono. Los rasos gns claro son los más bonitos
porque el brillo del género les da vida sin qui'.
tarles nada de sus tintes suaves.
'
Las faldas de estilo Directorio ó Imperio, con
bolero de talle muy corto, que pusieron de moda
las parisienses ele~antes durante la primavera pasada Y 9ue no tuvieron mucha aceptación, se han
generalizado hoy bastante, y un buen número de
trajes cortos, para calle, tienen un estilo Directorio ~an. marca~o como las de falda larga, siendo
estos ulhmos, sm duda, más graciosos y elegantes. Las faldas cortas, ceñidas como un guante por
la parte superior y con más ó menos vuelo en la
,nferior, son difíciles de llevar, aunque ahora se
encuentran modelos y moldes que dan buen resultado en su corte.
En general, las faldas serán más bonitas este
invierno que en la primavera pasada. Todavía se
llevan las faldas pleg~das, hechas de géneros suaves y delgados; pero las que están más de moda
para los trajes de calle, son de corte circular co~
bastantes costuras para que uo se cuelguen y un
pliegue invertido en la costura de atrás. Las faldas de lana llevan botones en el frente ya sea en
la parte de abajo ó enmedio, ó en lo~ lados lo
mismo que se usaban en las faldas lavables, dur~nte este verano.. Los botones con ojales y presillas, verdaderas o figuradas, serán una parte importante del adorno de los vestidos de calle en
este invierno.
Los adornos de b!eses y botones de raso negro
ó del color del vestido, para los abrigos y faldas
de lana, que ~e.ron una novedad en la primavera
pasada, subsishrán. Entre los trajes elegantes
se -.i:en muchos adornos de raso negro, en combinaciones verdaderamente artísticas y delicadas.
Los prendedores de gran tamaño constituyen
a~tualmente todo el chic, tales como se usaron en
tiempo de nuestros abuelos. Exceptuando los camafeos, todos los demás son muy vistosos. Los
prendedores modernos resplandecen y brillan
pues están hec_hos con una sola piedra grande d~
colores mi. y vivos. Son un adorno llamativo en
el que no debe haber nada modesto. Esa pi~dra
es la que los constituye, porque la montadura es
un aro delgado que _la sostiene alrededor, sin quitarle nada de su brillo. Las piedras transparentes, por regla general, no tienen montadura sólida que lesquitar!asu diafanidad. Paraestos prendedores lo~ amatistas y topacios se usan más que
las otras piedras transparentes, como el granate,
el óp~lo ~e un solo color y el común, porque el
topacio, bien tallado, resplandece con luces de
fuego Y el amatista tiene destellos más delicados.

*

Un sindicato neoyorkino tuvo la idea de comprar el &lt;Herald&gt; de Nueva York, y dirigió un telegra~a ~ Gordon Bennet, á París, en el que decía
lo siguiente: ¿Por qué cantidad vendería usted el
«Herald?&gt;
. Contestación: Edición diaria á tres centavos
e¡emplar; los domingos, cinco centavos.

•••

. Par~ dar . una idea de la enorme población del
imperio chmo, dijo un profesor á sus discípulos:
-Por ca~a vez que respira uno de ustedes mueren dos chmos.
'
A poco rato vió á uno de los chiquillos que resoplaba como un toro.
- ¿Qué estás haciendo, Juanito?
- Matando chinos, señor.

�FoT.
FoT.

F1:;ux, DE PARís.-:MonAs

TRA-TE

LAF~,KRIEHE.

DE CALLl&lt;J.- Confeccionado rn terciopelo

neoTo con camisola ele seda blanca, cubierta con
aplica~iones de encaje inglés.
El delantero del busto y los hombr9s van cu biertos ele un rico bordado de oro mate .Y nácar con
motirns arte nuern.

FÉux,

DE PARís. -:MonAs BEER.

TRAJE DE BAILE. ·-Hecho en tercio1wlo rojo fneg·o y tul blanco, bordado ele perlas.
Este elegante traje, estilo Directorio. original en
su confecci6n, tiene la cola, el delantero y la orilla
de la falda de terciopelo; los lados son de tul, bordado al realce en seda y perlas.

1

�744

EL MUNDO Il,USTRADO

Para Curar el Reuma y la Gota
TOMEN

REUMATOL
8

Pulmofosfol -

==

'

M,ditamtnlo dt lt6uro ixito para cvrar la Nnrastoia y 1nf,nntdadt1 ntrvioso1, Dtbiüdad, Falta
dt nu.trici6n, Fatiia mu,cular y ntroiosa, Dtmtrcraci6n, Con11alu1ncia1 l,ntas, Escr6falas y Raquitis-

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Apartado 468

Enrique Borrás
(Sigue de la página 737 ).
Y Borrás fué el creador de los héroes del teatro
de su región. Ha conquistado ruidosos triunfos,
encarnando el Manelich de Tierra Baja; el Juan,
de Los Viejos, pobre obrero que se rebela en contfa
de la injusticia social; el Padre Ramón, de El Mis•
tico, drama tosco, sin grandes méritos, pero que vivirá porque evoca una sombra augusta: la sombra
del poeta infortunado q ne cultivó llores blancas de
misticismo y cantó cataclismos geológicos; el Flo·
rencio, de La Madre Eterna; el Jacinto, de El Palio Azul, encantador idilio en el que el amor y la
belleza pasan, dulcemente, envueltos en el peplo
sombrío del supremo dolor v de la muerte ... ..
¡y tantos, y tantos otros que aún no le he visto
y de que no tengo noticia!

***
Pero estaba de Dios, como ordinariamente se
dice; ó de los empresarios- que es lo más probable,-que la gloria de Borrás no había de encerrarse en Cataluña, ni ser el catalán, lengua que
sólo hablan pocos millones de seres, la única que
recibiera sus inspiraciones.
Una de tantas noches dióle la ventolera al gran
actor Ermete Zacconi, rey de la escena italiana,
que á la sazón se encontraba. en Barcelona, por
asistir á una función del &lt;Romea&gt;. Ignoro lo que
el ilnst~e artista sentiría viendo á Borrás, ni qué
demostraciones hizo, ni qué cosas dijo del creador
de Manelich; pero es lo cierto que Zacconi declaró aquella noche á Borrás como uno de los gran•
des actores de nuestro tiempo, y que Borrás fué
consagrado entonces por el gran sacerdote del
teatro contemporáneo. El actor que vegetase en
la atmósfera demasiado local, harto enrarecida de
uu teatro barcelonés, ignorado de América y de
la propia España, despertaba de pronto á la celebridad.
Apresuróse el empresario del teatro de la &lt;Comedia&gt; de Madrid, don Tirso Escudero, á contratarle con su Compañía para dar una serie de re·
presentaciones en catalán, las cuales dieron comienzo con Tierra Baja, lograndó Borrás una de
sus mejores é inolvidables victorias. La crítica
madrileña hubo de enalteccrle, pero tan sólo le
saludó como paladín de un arte meramente regional: fué tema de actualidad el discutir si Borrás
ser la tan grande en castellano como en la lengua
de Verdaguer.

MEXICO, D. F.

Y memorable como el tema fué el chasco que
los que de ello dudaban se llevaron: Borrás representó, en el beneficio de un artista, un acto del
Juan J o1J§¡ y el éxito-según el común decir-.•o·
br1&gt;pas6 á la.• e.•pe• onzas.
De ahí en adelante, Borrás sería no el gran actor catalán, sino también el artista que en el teatro español ocupa~e lugar señaladísimo: el primero á la hora presente. Unióse con Rosario Pino, é
hizo una lournée por España; yendo después á
Buenos Aires con compañía propia, amén de em•
prendr.r, como ahora lo hace, un viaje artístico á
la Habana y á México.
Es verdaderamente asombroso cómo Borrás,
que durante años toda una vida,-hablase el catalán en el teatro, pudo cambiar de idioma, en•
trando cou el pie derecho en la dramaturgia es•
pañola. Su dicción castellana es pura, musical,
correctísima; milagro que debe, sin duda, á su
prodigiosa voz, que á más de flexibilidad es rica
en matice~, y á su talento. Y este milagro tanto
más me intriga, cuanto que Enrique Borrás, que
en la escena, como he dicho, es pulcro hasta el
exceso pronunciando la lengua de los clásicos del
siglo de oro, en la conversación íntima tiene el
marcadísimo acento catalán que tener pudiera un
emigrante de Barcelona llegado en el último
barco.
Y pasando á otro género de consideraciones,
relacionadas espiritualmente con las anteriores,
cabe preguntar: -¿Es Borrás tan grande en el teatro de su terruño, como en los demás, español y
extranjero inclusive?
Y o creo que no, contra la opinión del ilustre
actor mismo, cuya obra favorita, y en la que cree
estar mejor, es El Alcalde de Zalamea. No pienso
que imite á nadie en sus interpretaciones castellanas y francesas: Borrás siempre será Borrás, es
decir, el actor personalísimo y de supremo talento creador; pero en ellas no advertimos la propia
fuerza, la genuina y genial inspiración que en el
teatro catalán, por más que sean-¿quién lo niega?- bellísimas, y en ellas se revele Borrás como
el más grande de los actores españoles que cono•
cernos.
De buena gana disertaría en este particular, copiosa y largamente. Pero observo que mi cerebro
se va cansando de evocar yde escribir mi pluma.
Allí, en el propio cam,•rino, desde el rincón,
mientras oigo al artista-que ya ha terminado su
toilette ante el espejo-charlar vagamente con sus
amigos, me asaltan, como las abejas de oro de que
hablaba el poeta, las mil deliciosas pequeñeces
que de él me han contado: Borrás es muy culto y
muy jovial en la vida corriente. Sus amores ar-

tísticos están representados, en la escena, por Ermete Zacconi, su protector y amigo; en el teatro
extranjero, por lbsen; en el catalán, por Iglesias.
Y sus afecciones íntimas, las que todos guardamos en el ara secreta, extrañas á la curiosidad
malsana de la turba, como algo muy puro y muy
blanco que sólo para nosotros sonríe, se encarnan
en su hijo único, un buen mozo que, según me
dicen, edúcase ahora en un colegio de Suiza.
Y aún seguiría evocando, evocando todas esas
menudas y lindas cosas, si no fuera porque cuando más distraído me hallaba en mis cavilaciones,
dejóse oír la última llamada del segundo acto, y
en el estrecho pasillo que al cuarto de Borrás conduce, prodújose una confusión indecible y se escuchó el vaivén apresurado de actores, actrices,
maquinistas y empleados, que precede á la entrada en escena .... Tod&lt;'s nos pusimos en pie. Ahí
estaba, erguido y sonriente, el ¡!ran actor, que no
adivinó sin duda, en este cronista que ahora escribe y al que estrechó la mano como tantas otras •
manos estrechara. en señal de amistosa despedida, al intruso ávido de desentrañar su personalidad íntima.
Yo le pido me perdone la indiscreción, en gracia de haberle ahorrado la interview,-que no es
menudo ahorro por cierto ..... .
CARLOS GONZÁLEZ PE~A.

Por mayoría:
Un profesor de cirugía pasaba visita con sus
alumnos á la sala de un hospital. Al pasar junto
á la cama de un &lt;caso dudoso&gt;, se detuvo y fué
preguntando á cada uno de sus seis acompañantes:
-¿Qué opina usted? ¿debemos operará estepaciente?
Todos dijeron que no, y después de ellos el
profesor dijo: «Pues os habéis equivocado todos;
es un caso en el que hay que operar y mañana lo
haré&gt;.
-No hará usted tal, dijo el enfermo; bastante
mayoría es seis contra uno y no me dejaré.

***

Un negro se enfermó y mandó llamar á un médico de su raza y color; viendo que éste no acertaba, llamó á un blanco, quien empezó á examinarlo . Entre otras preguntas le hizo la siguiente,
¿Tomó el otro médico su temperatura?
-Pues no lo sé; pero hasta ahora lo único que
me ha faltado es mi reloj.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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