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                  <text>Registrado como arUculo de segunda clue en 8 de Noviembre de 1894.

Año XVI-Tomo I

México, 27 de Junio de 1909

Sr. Lic. Emeterio de la Garza,
Defensor de Pedro Castilla

Número 26

�EL MUNUO ILUSTRADO

1414

EL MUNDO ILUSTRADO
1415

1ntelectuales Disti nguidos

&amp;! ,fic.

-

DI RECTORI O :

ª·

P r opietario, V ICTOR M . GARCES

&amp;meferio de la .9arza,

Jr.

DIRBOTOR y GllRBNTB,
AL F ONSO

E.

BRAVO

OFICINAS:

ALF
TAC
IL US

ENEMOS hoy el gusto de publicar, en
la primera página de nuestro semanario, el retrato del señor licenciado don
Emeterio de la Garza jr., uno de los
más j6venes, prominentes é ilustrados
miembros del foro mexicano, diputado
desde hace ~muchos años al Congreso Nacional, político entendido, hábil periodista., notable orador y
hombre de negocios y de gran porvenir.
La oportunidad que aprovechamos no puede ser
más legítima por nuestra parte, ni más honrosa
para el defensor de~Pedro Castilla, que áfuerza de
trabajo, abnegaci6n y por su indomable valor y ei:fuerzo, ha logrado poner al procesado en absoluta
libertad, por unanimidad de votos y contra todo
viento y marea.
El triunfo del joven jurisconsulto es de los que
hacen época en la historia de nuestra jurispruder.cia, pues seguramente que no hay en ella un caso
igual, dados los poderosos elementos con que tuvo
que luchar, y dada la circunstancia de que el precesado había sido, no s6lo condenado por el tribunal popular, sino que esta sentencia estaba ya causando ejecutoria; la Penitenciaría del Distrito Federal vi6 salir por primera vez, de sus celdas, á un
hombre al que ya creía propiedad suya; esto es la
primera vez que sucede, y es debido solamente á
los esfuerzos del inteligente y activo defensor.
La lucha que para conseguir este resultado em•
prendi6 el licenciado de la Garza jr. contra amigos
y enemigos, siempre firme, sereno y constante, á
pesar de los fallos y sentencias en contra de su defendido, que echaban por tierra todos sus argumentos y esfuerzos cuando creía ver realizados sus
prop6sitos, es un caso que ya la prensa de toda
la República ha presentado como modelo de empeño, desinterés y valor.
***

No tienen raz6n los que á última hora quieren
discutir el éxito y disputar al licenciado de la Garza jr. trabajos y méritos que son indisputables, pues
de ellos todos somos testigos. La verdad se impone y llega á triunfar de todos modos.
Es un proceso que hará jurisprudencia, pues leyendo los discursos del licenciado de la Garza jr. ante el tribunal popular, y la expresi6n de agravios

ante el Tribunal Superior, se encuentra un estudio
completo de lo que es legítima defensa, fuerza moral y otras exculpantes de la ley penal, además de
que son piezas literarias muy bien escritas.
Consideradas las piezas de defensa del señor de
la Garza jr. desde el punto d_e vista didáctito, bien
pueden ser tomadas como una cátedra, pues no
s61o los estudiantes de derecho, sino l;&gt;s abogados,
e.1 el ejercicio de su ardua profesión, hallarán en
las citadas piezas enseñanzas sumamente provechcsas, y no vacilamos en recomendarlas á su estudi0.
Los entendidos en asuntos penales creen que es
un caso notable en los anales de la jurisprudencia
mexicana este éxito tan difícil, tan bien trabajado
y tan redondo. Lo cierto es que de los mil trescientos ochenta presos que por distintos motivos
han ingresado en la Penitenciaría, s6lo Pedro CaEtilla, sentenciado ya á doce años, ha vuelto á jurado
y después á ser libre, vindicado del todo en la sociedad.
Esta debe al licenciado de la Garza la devolución
de uno de sus miembros que había sido segregado
de ella injustamente y encerrado en una penitenciaría para purgar un delito que no ha cometido.
Gracias á la brillante defensa del inteligente abogado, el error se patentizó, y el tribunal del pueblo, obrando con perfecta J' absoluta justi(icaci6n,
puso en libertad á Pedro Castilla y borr6 de la hii:toria de nuestra justicia lo que hubiera podido ser
una mancha indeleble con· el tiempo.
Es un proceso que se ha ganado ápum def ensa.

***
Nosotros felicitamos al licenciado de la Garza jr.,
deseando que en nuestro país haya muchos hombres como él que desinteresadamente y por s6lo
amor á la justicia, descubran y corrijan l0s erro;es
judiciales, que son pocos para honra de nuestros
tribunales, pero siempre son muy graves. La administraci6n de la justicia es la base de la sociedad,
y hay garantías de que será cuidadosa y honrada
si tiene directores como el licenciado de la Garza jr.

Calle de Alfaro nú";tero 9. México, D. F. Apartado postal 2570
Teléfonos: Encsson, I,470. Compañía Telefónica, 471.
PRECIOS DE SUBSCRIPCION:

En la Ciudad . . .
En los Estados. . .
En el Extranjero. .

$ I.25
2.00

NU!IIEROS SUELTOS:

En la Capital . . . . . . . . . . . . . . . . . $ o,.'15 cs.
En los Estados . . . . . . . . • . . . . . .
0.50 cs.
Despacho de subscripciones para la Capital :
2a. de Mesones, 14. T eléfono Núm. 488,

lmpreso en papel de las Fábricas de San Rafael

y Anexas, s. A.

LA FÉRULA
Para subyugar á l_os ~nimales y convertirlos en dóciles instrumentos de sus des1gmos, el hombre ha empleado antes que
el halago: la fu:rza, y más que la recompensa, el clstigo. Para
e_l palafren ha mventado la espuela; para la cuádriga, el látigo; para el buey, la coyunda y el aguijón.
. D~ndequi:ra qu~ ha_ encontra·do resistencias ciegas, ignorancias _irremediables, mstmtos brutales, los ha domeñado con la violencia. Tan cruel como con el animal lo ha sido con la muj
con el niño y con los demás hombres.
e-r,
El látigo ?el capataz, el garrote del jefe de chusma la macan~ d:I c~c1que, la_ espada del capitán, han revestido Ja forma
de mst1tuciones sociales, y desde la palmeta hasta el pa,tíbulo
todo~ l~s ~ecursos de. la fuerza han sido medios de educación:
de d1sc1plma, de gobierno y de dominio.
La fábula de Damocles es un símbulo de la historia humana.
No hay hombre que no haya visto ó no vea suspendida de un
cabe! !o,. sobre _su cabeza, la espada amenazante. La humanidad
ha v1v1,do, baJo perpetuas amenazas. Desde el pater familias
hasta el satrapa, han empuñado la disóplina ó el alfanje y
la~ han hecho silbar y las ,han descargado sobre cabezas humilladas 6 espaldas doblegadas.
. Todo _aquel que gobierna, lo mismo un thogar que un impen,o, es siempre un domador. La fiera que dormita en el corazon de cada hombre, para mantenerse sumisa necesita ver
~lame~r ante sus ojos el hierro candente y en m~nos de su senor ou chasquear el azote.
~º. se ha neces_itado menos que eso para traer al troglodita
e_stu~1,do y feroz a ·las excelsitudes y las delicadezas de la civihzac1on, y para transformar los instintos destructores en hábitos y virtudes sociales.
. Hay que estudiar la historia antigua y las costumbres subsisten.tes en los pu_eblos pr·imitivos, para comprender la cruel
n_eces1d~d del castigo como recurso disciplinario. Esas poblac10ne~, incendiadas y p~sadas á cuchillo _por Mahoma y por
9eng1s Khan, esa razzia feroz -de los barbaros á través del
imperio romano, ese incesante humear de hogueras inquisitonales,. esa selva de horcas y de picotas feudales en la Europ~ med1oeval, y las guerra,s devastadoras, y los códigos ,cfespiadados prueban, á la vez que el poderío, la debilidad humana.
El hombre rudo no encuentra otra cosa contra el obstáculo
que e) empellón que lo derriba ó la explosión que lo
pulveriza. Torturar ó destruir cuando no se sabe convencer
ó se'du_cir, es una brutal necesidad humana. Para reemplazar
la mana por l_a fuerza, para que se haya heoho posible la era
de la persuasión y de la educación derrocando el empuje de
la fuer~a b_1;uta, ihan sido necesarios muohos siglos de estudio,
de med1ta;1on y ?; progresos intelectuales y morales; y aun
hoy todav1a al nmo se le educa por la violencia, al hombre

se le reprime por la fuerza, y hasta al loco se le pretend
rar con los sistemas -del ,presidio y de ·la penitenciar'1 e cuEl temor al castigo reprime, sin duda . enfrena m 1. A
no 'Ver más
1
1 d
•
, ora iza.
,
que os resu ta os aparentes del uso de la fuerza
no p~ede ponerse en duda que es un medio eficaz para refr.e~
bar dmpetusd, para moderar arrebatos, para mantener al homre entro el sendero del deber y de la vfrtud.
A, falta del sentimiento del honor, de desenvolvimiento tan
tai,d10; &lt;á falta de la conciencia del deber de tan ,d'f' ·1
.
' ' tu Y en el corazón humanos el
1· 1c1 arra1go en el espm
amenaza constante y sus peligros inminent;s puc!r1go, con su
nos en la lí~ea recta y hacer del rebelde un ~umis/
que en ocasiones es forzoso llegar hasta lo inhuman
. .
poner r~speto,por la fuerza; sobre que ,la represión u~ª:~~~~
~eJ castigt solo es efi~az. ~u ando este último es in¡ludible y
t~º:s nt f acemo5i l~ ilus1on de poder eludirlo, tienen los ~ise u~r~a e mconveniente radical de que no bien sus
ª,¡agoi5 se dmpa?, la ~era interior se desencade~a y se lanza
3 ma ,- tanto mas sedienta de estragos
d
más duramente fué reprimida.
Y e sangre, cuanto

~:~t::~:;

°

En pre_sen~i,a del dó;nine la escuela permanece tran uila
tingle daplicdac1on. ~o bien el maestro se ausenta la alg\rabí~
Y e esor en comienzan.
El gr~ve problema criminológico de la reincidencia
prueba irrefutable del poder precario de la f
B . es
pesd de los grillos y de las esposas los delincue~~::~ueI!~º
c_or eros; r?tas las cadenas, recobran al punto su condición d
t1gr~s. Casu_g~r pu_ede ser una necesidad; pero . amás será e
medio defimt1vo m permanente de moralizació;,
un
. :Al co,ntrario. El castigo parece siem re á . l
iniusto o desmesurado. Bajo la influenci~ d~ aq~~itn. ? stf:e,
~parente para los demás; pero real y efectiva naraª IIlJUs ICla,
~ncuban y ~ desenvue!ven en la conciencia gérmenese~i ~~!:i
.e rendcor. ~ hay delincuente penado que no se considere 'VÍctima · e sus Jueces de sus g d'
.d d d
' .
, u~r ianes, de sus enemigos de la
:ocie a &lt;l' e ~s propias victimas. Sentirse víctima es' desear
t!~c~eJo u!~dita
que no se le prive de la vida, el sentiblemente á s' ' ·
· ahonda Y aca_ba. por sugerirse irresis1
.
1 mismo os peores sentimientos y las más ba. as
pas10;1~s; y ~ldcabo de los años, la cárcel y el presidio devulel-

s:~

~:~º:
1

~:n::rr:m;id~s,ª~~ t~~v:~s:sº;tª~~b~l~;s, arrepentido, cientos
S1 el castigo ha de repetirs ,
d
1~ •~ida do~éstica, de inefica: ;::n,~ ~~:t~~;r~d~~e!t~sa~ee:1
vier. e, precisamente, en vez de mora lizar. .En f
d castigado el hombre, se habitúa á ello se endureceuerza e ser
y lei·
· empeora moralmente.
•
. os de hacerse meior,
Nada, se
ha curte, '
p_ehgroso que ese crescendo paralelo del castigo y de I y mas
s1dad., Cada nueva pena inspira un odio y un rencor a perver:
¡poco ,a poco, el carácter del penado se agria y se tue::Yº~!~'.
d~ todo pud_or .Y tod~ freno; llega á desanar el cast'i ~ .
mirar!~ con md1ferenc1a, á gloriarse de él. La pro ia m!1Ja~
ll1;ga a ap_arecex: como un mérito, y á esta alturf toda en!111end_a es imposible, todo arrepentimiento quimérico todo me
1oram1ento moral irrealizable.
'
·
La práctica del mal es algo como una revancha
venganza cont:a quien castiga, y el delito y el 'c~i~~ una
·~st~s _emped::mdos, llegan -á llamarse "propagan-da de h ' e?,
re1v1nd1cac10n de derecl1os ,hollados" "protest
. echo,
tra _la injusticia social," "defensa deÍ débil con:r;ee1ef~~r~/.~n1S1 la conducta humana ha de encontrar correctivo efica
permanente, ese correctivo ha de nacer ,dentro de la
• z .Y
• d f
conc1enc1a
Y no vemr
e uera. y ha de apelar á la razón
l
Y ha de basar~e en la, convicción y en la co:Ci:ci~
e _er, .l;'dno en el miedo ego1sta de tener que sufrir por haber
d e1mqm o.

J:¡

;{'b'

DOCTOR

M.

FLORES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

1416

tyli_
r-ní Aguglia, lntirna

-

Si Mimí Aguglia en la escena es un prodigio, ,en su casa es
un encanto.
Verdaderamente no encuentro otra palabra que, en la armonía misteriosa de sus sílab1s, defina, encierre y dé una Vlga,
i oh, sí! una remota idea de la suma de espiritualidad, de
franqueza, de gracia que esta mujer encierra. Es un encanto.
Desde el -tablado me conmovió, me torturó, me hizo delirar, me
elevó á la cima del supr,emo entusiasmo; en su retiro, en su
rinconcito de intimidad, me sedujo. Yo la veía ir y venir,
acompañando las palabras, dichas en un castellano caprichoso,
mezclado de italiano, con gestos expresivos de su rostro moreno, de su rostro al que dan vida los ojos, unos asombrosos,
unos extraños ojos negros; la veía reir, sacudiendo la delicada cabecita negra, de rebeldes rizos, la cabecita pensadora que
ha sabido concebir tantos abismos de pasión, tantas desesperaciones y tristezas tantas, y que ahora se yergue y se inclina tan
gentil, tan simpática.
La miraba, y me decía:
-¿ Pero será ella? ¿ Puede ser .ella, la actriz de los estupendos momentos trágicos, esta mujercita que es casi una chicuela, ,que ríe tan ingenuamente, que habla de modo tan sincero, tan abierto y que parece, efectivamente, como que no se
da cuenta de su valer inmenso?
Y ella era, en verdad.
Estábamos en un amplio salón, el'i una de esas grandes salas que 1parecen destinadas á albergar a.l que llega, al que no
las conoce y, por lo tanto, no las ama. No se descubrían ahí los
muebles que tienen algo, un no sé qué, del ,que los posee, del
que los cuida, del .que de ellos se sirve de años atrás, y les
considera algo así como personajes mudos de la comedia de
la vida propia. Era el pasajero nido de esta ave de paso. Y,
sin embargo, respiraba llaneza, respiraba simplicidad. Había
ahí un a,mbiente interesante, nuevo, peculiar, como si al contacto de un alma exquisita aquellas cosas, tan comunes, tantas
veces vistas, cobrasen un extraño prestigio. Por los cristales
del balcón entraban oleadas de sol, de un sol cálido, dorado,
de primavera. El ruido de la ca.lle, muy leve á la siesta, se atenuaba aún más, agonizando suave, dulcemente, en la dila-

tada estancia.
•Eramos seis: la ilustre actriz, su hermana Sasa, su esposo
el señor Ferrau, el actor Rapisarda, mi amigo el poeta Luis
Castillo Ledón, y yo.

•
Luego de haberse prestado amablemente á la indispensable,

á la obligada pose reclamada por el fotógrafo, Mimí Agu~lia
había venido á sentarse entre nosotros. Contemplábala yo en
su traje de siciliana-el mismo del tercer acto de la Malfa,
escogido por ella para el retrato,- y figurábaseme entonces
-tan natural, tan simple y á la vez tan interesante aparecía,como la artista predestinada á encarnar, en el mundo del arte,
el tipo genuino y originalísimo de su raza. Las pupilas negras
fulguraban bajo del ,pañolito florido que destacaba sus tintes
de bi'anco, de verde y de rosa, de la negrura del pelo. El
cuerpo nervioso, delgado, f,lexible, ceñido por la sencilla falda
y el no menos sencillo corpiño que dejaba ver el cuello, movíase constantemente, no estaba un solo momento en reposo.
Dijérase que traducía, que revelaba el alma inquieta que guarda. ¿ Y ,qué decir de la voz? La voz cristalina, vibrante, llena de fuego, divinamente matizada, fluía á raudales, era un
tommte, un torrente de expresiones pintorescas, un torrente iri-

..

,,.

.....

sado por luz de sol que ostentaba .todos los cambiantes, todos
los visos del iris.
Hablaba, hablaba .... Yo había ido á preguntarla, á procurar descubrir, por medio de la vulgar pregunta, lo que
pensaba, lo que sentía, lo que amaba, lo que odiaba; cuáles
eran sus predilecciones; cuáles las cosas que desdeñara .....
Y la pregunta, la vulgar, la odiosa pregunta, por ventura
mía, se quedaba en mi boca, inmovilizada, anulada, inútil,
ante aquel mar de frases, de frases bellas, de frases expresivas que vivían, ante los ojos de mi imaginación, una espiritual y recóndita vida de ensueño.
Habló .... ¿ De qué habló? ¿ Qué dijo? No podría expresároslo. Lo recuerdo todo. Sólo que este recuerdo es á la manera de una visión, de una fantástica visión en que todo se
confunde, en que todo se revuelve, como las aguas del to~rente. que se despeñan, que espumean, ,que se irisan, y van
a monr, susurrantes, en ·prados, en verdes prados de hierba
y de rosas.
En el nimbo de ,luz de oro, su figurita seductora sobresalía
del cuadro. Una sonrisa de muda aquiescencia, una sonrisa
amable para las palabras de su hermana, lucía en la linda
faz morena de Sasa Aguglia. El actor Rapisarda asentía también. i Y todos asentíamos, cómo no! El credo artístico de
Mimí es para seducir á los &lt;¡ue aman el arte. Esta artista,
ésta que á mí me da la impresión de una chicuela risueña
sabe emitir teorías muy hermosas y, sobre todo, muy huma'.
nas, en lo que al teatro concierne.
-Yo amo la verdad, la verdad sobre todas ,las cosas-decía.- Para mí no existe la moda, no existe la belleza impuesta, la belleza física y omnipotente de la actriz que quiere subordinarlo todo ,á su esplendor ...... ¿ Conoce usted Zaza?
¿ Conoce usted La fea, de Rusiñol?
Y á propósito de laza, hizo toda una profesión de fe. Para
ella Zaza, la Zaza que hemos visto ordinariamente aparecer
llena de elegancia y de chic en tantas temporadas, es una muj.er, al principio, ordinaria, inculta, ,sin noción de galantería
fina, en bruto, para expresarlo g~áficamente. Ama á Dufresne
se entrega á Dufresne, porque Dufresne le gusta, como po'.
dría gustarle un traje vistoso. Le ama vulgarmente. Es una instintiva. Y aquel amor, que va penetrándola, que va empa~ándola, &lt;¡ue va envolviéndola lentamente, acaba por convertirse en ella en una necesidad. Después, cuando Dufresne la
abandona, cuan?º rueda por el mundo de la galantería, cuando alcanza la nqueza, el esplendor mundano, entonces, y sólo
entonces, es cuando llega á refinarse, á despojarse de manera
. .
.
'
casi 10consc1ente, de la ruda corteza de la marisabidilla de
café de pueblo, y se torna en cortesana delicada, suave, inquieta, que desdeña á Dufresne al volver éste á ofrecerle de nuevo
un leve, un pasajero amor, justamente porque este amor es pasajero, é inferior, por tanto, á la melancolía infinita del abandono.

•
i Qué bella, qué nueva, qué sincera se me aparecía la gran
artista hablando así! Veíala yo al modo de una rara avis de
la escena. Porque, decidme, ¿ no es casi -inverosímil que una
actriz, que es una mujer, ó mejor dicho, mil mujere,, puesto
que representa el molde en que se funden tant:is almas femeninas, desdeñe el tocador ,por el arte?
Y en tanto yo pensaba esto, ella se ponía en pie con esa
su graciosa, su encantadora nerviosidad, y explicaba y sostenía sus conceptos.

Argentina Ferrau Aguglia, de un año ocho meses de edad nacida en Buenos A' . - '1' ,
.
t · d · ·¡·
"M l'
"
,
nes. ~t 1m1
Agugl1~ en raJe e sw1 iana, en .r a ia. "-En La Pecadora. "-Aurelio Ferrau Aaugha, de ocho meses de edad, nacido en Catanía. -Mimí Aguglia en "Malía" "'

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1418
,La realidad de la interpretación escénica trajo comigo el
esperado el ansiado tema del teatro siciliano. Y era de ver rn
aquel di~hoso, inol.vidable insta~te, refleja-rse en la cara,. e~
los ojos, en la in~eligentie cahec1~~ _negra, el a~or de Mu~1
Aguglia, por su ,tierra, por su S1c1!1a llena d~ ,u·r. 'f :le paisajes, espléndidamente latina .Y a~r:1~ana al mismo tie~po.
- j Oh, &amp;icilia 1-Y. al _decir S1c1ha, . ~us pup1h,s br)' !aban,
como si allá en su mtenor fa evocac10n del pa1s le, ano la
deslumbrara.-¡ Oh, Sicilia ! Usted no tiene idea de lo hermoso que es aquello. Si fuese á mi •t!erra, , quedaría e1_1rantado de la hospitalidad que allí se brrnda a los ext: an¡eros.
Se les quiere mucho· las familias traban amist3,-f con ellos,
desde luego .... -Y 'añadió, sonriendo:-¡Oh, pero si fattno
ma]e, si fauno male, entonces, qué caro las pagan 1. . . . Ya
usted conocerá á los sioilianos ....
.De su teatro regional tiene predilección por la M alia &lt;le
Capuana y La Lupa de Giovanni Verga.
-¡ La Lupa! Allí hay un carácter, todo un carácter, como ~
mí me gusta, ,vigoroso, entero. Allí ~uedo gasta~ ~oda, m1
fuerza, puedo vivir, puedo tener, ampliamente, prod1gamente,
grandes al'ranques ....
Rodando, rodando, la conversación vino á parar en México.
..
.
-¡ Mi piace molto!-exclamaba, con un delicioso lengua¡e.
-E sopra tutto . ... Sobre todo, el bosque, el bosque de Cha ...
cha .... ¿qué? ¿ Cómo se dice?. .. . j Eso es,. de Cha~ulte?ec !
Me· sedujo. Yo no conozco otro tan bello, DI e? Pans, m en
Londres •ni en Italia .... Y creame que se lo digo de verdad.
' No sé mentir. .....
Soy franca.
Agradece mucho las demostraciones del público mexicano.
Placíame mi.rarla, tan risueña, tan modesta-tan modesta como creo no exista otra mujer de teatro,- oyéndonos hablar,
á mi amigo y á mí, de lo significaüvo de su triunfo, casi glorioso, en nuestra escena.
-A pesar de todo-le dije,- usted no podrá olvidar por
un instante á Sicilia, ni ser lo suficientemente dic!hosa lejos
de su país.. . .. .
Ella nada respondió. Pero su inmovilidad expresiva respondió ,por ella.
-¿ Es usted de Pa.lermo?

-Sí nací en Palermo. Pero ahora vivo en Catania. Ahí
están :Ui familia y mi casa.....
Y nuevamente vi fulgurar los ojos negros.

•
,Era que la añoranza del hogar, del hogar distante, de una
encantadora 'Villa situada en la pendiente de la montaña,
con el Etna á la izquierda, y el mar azul al frente--según
ella me la pintó,- venía á turbar su memoria.
. ,
Súbitamente, hubo de alzarse un murmullo dd corro. M1m1
Aguglia -se levantó¡ á los ~jos de Sasa. ~sornó el ..content?. Y
Rapisarda y Ferrau mostraronse tamb1en ,regoc1¡ados. ¡ Era
que llegaba el correo, el correo de Si~ilia ! ¡Era el soplo ~res:
co, silvestre, oloroso á flores, de la tierra natal, que vema a
refrescar las sicilianas frentes 1
De uno de los sobres, de estos sobres que han viajado tanto
en pos de las personas amadas, &lt;brotó, junto con la esperada
carta, una fotografía.
Mimí Aguglia la cogió, trémul~, ~ntre sus manos, bes-á?dola riendo saltando como una ch1qmlla. Su voz se aseme¡aba
ed aquel 'momento á un go¡,jeo: tan pura, tan cristalina, tan
transparente ,salía de los labios emocicllados.
-¡II mio bimbo!-exclamaba.--¡11 wiobimbol ¡Caro, caro
piccolo mio 1
Y nos tendió la fotografía. Era el retrato de su segundo
hijo, Aurelio, el más pequeño: un chiquitín robusto, guapo,
lleno de vida.
-¡Es mi hijo!-nos decía.- Véanlo ustedes. ¡Qué fuerte,
eh! Parece mentira que sea mío ....
Nos habló también &lt;le la niña, de la primogénita, de Argentina-nombre que le puso en recuerdo de,, Bue~os .~ires,
donde nació,- que, como su hermano, es tamb1en ch1qmttna y
linda . ....
Y ,entonces, en sus ojos profundos, en su b~a alborozad~, en
su cabecita inteligente, tan viva, tan graciosa, como anunadada por un fuego interior, vi algo que me sorprendió tanto
ó más que la ar,tista victoriosa: ,vi á la mad.re.
CARLOS GONZALEZ PEÑA.

NOVELA

Versión Española de L. Lara vPardo

Por F. Marión Crawford

Ilustraciones de Llllo

•

(CONTINUA)

CAPITULO V
e

c
el

~ucu}
y

ví

~ª\
na
to

1419

La pequeña señora Durand-De Rosa condujo á Margarita
det!'ás del escenario, precisamente antes de que concluyera el
segundo acto de "Romeo y Julieta." La famosa profesora de
canto gozaba de tprivilegios en el teatro de •la "Opera" Y el
portero que guardaba el •pasillo, entre la sala y el escenario,
hizo una profunda ,reverencia al abrir la puel'ta para dar paso á ella y á Margarita. En la actualidad, en ,los grandes teatros de la "Opera," todo se lleva en perfecto orden y no es cosa fáól escurrirse detrás del escenario cuando la representación no ha conoluído. La joven sintió nueva impresión de horror é inqujetud. Era la prime_ra ".ez que se encont:ª?ª en la
intimidad &lt;le esta vasta maqurnana del placer arttstico, y la
primera impresión que recibió fué la de haber sido arrojada
desde un paraíso artificial á las profundidades de un artificial infierno. .En los rincones se veían, en la penumbra, ob-

jetos de las formas más raras : hombres de rostro pálido en
traje de trabajo, estaban inmóviles en sus IJlUes~os, esperand_o
y escuohando · otros formaban grupos en los rmcones, vestidos á la us~nza medioeval, ry isus armaduras y brocados
brillaban en la obscuridad. Por entre -los bastidores, Ma'l'garita podía mirar á veces el escenario envuelto en la obscurida~ i
el sonido de la orquesta le llegaba como ahogada y parec1a
que el tenor cantaba en voz baja. .En una plataforma de madera -sin pulir, como á dos metros encima del escenario, estaba
madama Bonanni, vestida de raso blanco, sosteniendo con las
manos las cortinas del balcón. No lejos, hacia la izquierda
del escenario, un hombre hacía funcionar una luna de luz de
calcio detrás de una IJlantalla de cristal azul. Un grupo
nume;oso de coristas permanecía en ,la semiobscuridad tr~s
un bastidor pendientes de la voz del tenor y esperando 01r
la nota ide ~adama Bonanni que les indicara cuándo debían
safü. Marga'l'ita hubiera querido esperar allí también; ~~ro
la maestra la condujo de prisa llevándola de la mano y gmandola entre los obstáculos que los ojos desacostumbrados de la

'

joven no acertaban á ver desde luego. Aquello era tan familiar
á la profesora como su misma casa, porque una gran parte
de su vida la había pasado entre todas aquelfas cosas; mas
para Margarita todo era extraño, repulsivo y hasta inquietante.
Aquella iba á ser su propia vida también antes de mucho.
Quizás en pocos meses ó dentro de pocas semanas estaría también sobre aquella plataforma como madama Bonanni, esperando salir, nimbada por la luz de luna, 1para que la oyeran
cantar dos mil personas. Púsose á pensar si, ·llegada la ocasión,
se sentiría atemol'izada, ya fuera por la probabi•lidad de que
su voz se ahogara en la garganta en el momento decisivo ó de
repente emitir una nota horriblemente falsa, y de este modo
poner punto final á su carrera. De pensarlo, su corazón latió
apresuradamente y Mar,gar,ita oprimió nerviosamente la mano
de su maestra¡ mas un momento después, que la música le
llegó sonora á sus oídos, sintió intensos deseos de ser ella
quien estuviera allí, en ,lugar de madama Bonanni, separada
del púbHco solamente por el fino encaje de una cortina. En
aquel momento no pensaba en Lushington, aun cuando todo el
día había recordado su rostro ,tal como lo viera cuando se encontraron por un momento bajo los •á~boles, en la mañana
del día anterior, y sintió que algo de su vida se había ido para siempre, que no podría olvidar por mucho tiempo¡ pero
todo este recuerdo se desvaneció ante el deseo ansioso de estar
allí cantando, como sabía que podría cantar como no había
cantado nunca antes.
La señora De Rosa la condujo 11ápidamente á un corredor
obscuro y un momento después Margarita se encontró en el
camerino de la gran cantante, grandemente iluminado. El techo de es-te cuarto era bajo, las paredes blancas é innumerables lámparas eléctricas sin pantallas Menaban toro el sitio de
luz deslumbradora. Veíase desordenado, é incómodo y sin gusto alguno, un tocador cubierto de bot~llas de grasa y ,P_intura,
horquHlas, alfileres y otros muchos ob¡etos de uso fam1har para la cantante¡ 'Veíanse, junto á gran número de aniHos y joyas de gran valor, todo en la mayor confusión. A un lado
había un gran espejo vertical que tenía á los lados otros cristales pequeños y movedizos y candelabros igualmente movi•bles. De una de las •paredes pendía media docena de trajes
.de teatro y abrigos; no lejos de la puerta, dos grandes baüles
abiertos y vacíos. E,l aire era caliente, sofocante, preñado de
olores disímbolos. Cuando entraron las dos damas, había tres
personas en la pieza. Una doncella _de altísima estatura, ro_stro cadaivérico y cabello negro y lac10; otra doncella, de baJa
estatura y obesa, hizo una reverencia y mostró, al sonreír, sus
dientes fuertes y parejos. Ambas vestían de negro y llevaban
delanta.Jes blancos. Era la tercera persona un hombre maduro
en traje de etiqueta, que se •levantó y estrechó la mano de ,la
profesora y se inclinó ante Margarita.
Parecía ser un hombre muy tranquilo é impasible, familiarizado á ,todo aquello. Su aspecto daba la impresión de que
aquel hombre debía estar siempre vestido como lo estaba, de
casaca completamente nueva, camisa inmaculada, ohaleco

blanco no usado antes y corbata de nudo hecho. Tal vez esta
corbata era lo que rompía en cierto modo la armonía de aquella apariencia, por lo demás, correcta. Usaba el cabello muy
corto, llevaba la barba amarillenta y grisásea cortada en
punta; sus manos rechonchas estaban enguantadas &lt;le blanco;
sus ojos pálidos mi-raban tranquilamente á través de los lentes y recordaban los ojos de los pescados que en un acuario
van, nadando, á chocar contra -la ,pared de vjdrio, como si
miraran á los curiosos. Estos ojos examinaron á Margarita
con atención.
-Señor Schreiermeyer, aquí tiene usted á la señorita Donne
mi discípula-dijo la -señora De Rosa.
'
-Mucho gu-sto.....
Siguió examinando la mirada escrutadora el rostro de la
joven, y bajo esa mirada, Margarita sintió la misma impresión que un enfermo cuando el médico le toma el pulso.
-¡ Hum !-gruñó suavemente Schreiermeyer, en tono musical. Tal vez esta era una buena señal, porque la señora De
Rosa sonrió con aire satisfecho. Margarita miró en derredor
buscando una silla desocupada; pero tal parecía como que no
,la~ hubiera en los cuartos usados por madama Bonanni. Había una; pero Sohreiermeyer se la había apropiado y se sentó
de nuevo en ella con perfecta calma.
-Siéntense ustedes-djjo al acomodarse.
-Sí ..... --&lt;:ontestó Margarita, que permaneció de pie.
De pronto Schreiermeyer pareció darse cuenta de que Margarita no podía sentarse y de que las doncellas no parecían
dispuestas á ofrecerle un asiento. Por un momento su rostro
y su apariencia toda se transfiguraron; una de sus rechonchas
manos se e~tendió en ademán imperioso; sus ojos pálidos vieron á través de los lentes, y dirigiéndose á las doncellas:
:-i A ver dos sillas !-gritó con voz de trueno. Margarita
quiso •protestar.
-Pero si todo está ya dispuesto .... --&lt;:ontestó la cadavérica
donceMa.
-¡ Al diablo todo eso !-gritó Schreiermeyer.- )Dos sillas,
1pronto !
Parecía como ~i foese á estallar, aunque no se moviera de
su asiento. La esquelética doncella retiró de una de las 6illas
un corpiño bordado ,y lo puso en uno de los baúles; pareció,
al hacerlo, un enterrador que colocara el cadáver de un niño
en su ataúd. La otra l'ió, ,emeñando todos sus dientes y desocupó la otra silla, después de lo cual ofreció ambas ,á las dos
damas.
-Háganme ustedes el favor de sentan1e-dijo Schreiermeyer
en tono excesivamente dulce.
En cuanto estuvieron sentadas, Sc!hreiermeyer volvió á ser el
mismo ihombre, tranquilo é impasible; se disipó el brillo furioso de sus ojos y su mano rechoncha fué á colocarse beatíficamente junto á -la otra.
-¡ Qué amable es usted !-exclamó la señora De Rosa con
gratitud.
- i Hum !-gruñó Schreiermeyer mu9icalmente, como si lo
fuera.

�r

1420

-La señorita Donne tiene magnífica voz de soprano-se
aventuró á ,decir la profesora después tle una pausa.
-¡ Ah !-dijo el gerente con -la mayor indiferencia.
Hubo otra pausa.
-Lírico-dijo tímidameme la señora De Rosa.
O~ra pausa. Sohreiermeyer pareció no haber oído y ni se
movió ni las miró.
-¿ Lírico ?---ilreguntó de pronto, pero con sobriedad extrema.
-Lírico-respondió la señora De Rosa inclinándose un poco
y abanicándose con ra,p,idez.
Otra pausa.
- j Gracias á Dios !-exclamó Schreiermeyer sin moverse;
pero de una manera tan entusiasta, que Margarita le miró
sorpr&lt;:ndida. La señora De Rosa sabía que también ésta era
una señal excelente. Miró á Margarita y le hizo una seña expresiva. Cualquiera que haya sido lo que Sohreiermeyer quiso
tlecir a•I dar las 1gracias á Dios en aquel momento, la profesora
estaba perfectamente cierta de que él sabía su negocio. Probablemente necesitaba soprano lírico para la próxima temporada
y eso podía conducir á un contrato inmediato para Margarita.
- j Qué calor hace !-dijo Margarita en voz baja.- ¡ No
hay aire aquí!
Las donceHas se limpiaban el rostro con el 'Pañuelo y el abanico de la señora De Rosa se agitaba con verdadera furia.
Schreiermeyer parecía totalmente ,ind·iferente á la temperatura. Ha de M1ber estado reflexionando sobre )a,s últimas •palabras ,de Margarita, pues se volvió hacia ella lentamente, después de una pausa de casi un minuto.
-¿•E l corazón de usted funciona bien?
- No lo sé.-Margarita somió.- Nada sé de mi corazón.
-Entonces, está bien-dijo el gerente.- Debe estarlo, porque tiene usted cutis magnífico. ¿ Come usted y duerme bien
siempre?
-Perfectamente. ¿,Es usted médico?
La señora De .Rosa hizo una seña foriosa á Margarita. En
el apacible rostro del gerente se dibujó una vaga sonrisa.
- Algunos me llaman ,verdug~ontestó,- porque mato á
los débiles.
-No me espanta el trabajo-dijo Margarita, riendo.
- No. Usted engordará si canta. Engordará usted mucho.Hablaba con convicción.- Después tle los cuarenta añosagregó, como por vía de consuelo.
-Espero que no.
-Sí. Así se11á. Es la sefürl exterior de éxito en esta carrera. Las cantantes que enflaquecen pierden su voz.
-Yo nunca engor,dé-dijo la señora De Rosa, como un lamento.
-Prech1arnente, quenida señora-contestó Sohreiermeyer.Por eso se retiró usted.
Mangarita se sonprendió un poco al oirle llamar á su profesora querida señora, y más todavía de que la buena señora
encontrase aquello enteramente natural. Pero sus reflexiones
sobre la obesidad y los modales de la gente de teatro fueron
interrumpidos por el repiqueteo ,de unos tacones en el corredor.
Había terminado el acto, y -la señora Bonanni regresaba del
escenario. En un momento llegó á .Ja puerta, entró al cuarto
seguida de otra doncella que llevaba su abrigo. Vió primero
á Margar.ita, que se puso en pie para saludarla. Margarita
sintió como si todo el mundo se le viniera encima cuando la
primadonna la estrechó entre los brazos y la besó en ambas
mejillas. El abrazo fué de potencia terrorífica y causó la caída
de una pequeña cantidad de pintura.
-Señorita Donne-gritó la primadonna soltando á Margarita, pero volviéndola á tomar instant,áneamente por el puño
y haciéndola girar como á una muñeca:- Aquí tiene usted
á Schreiermeyer. ¡ El gran Schreiermeyer! j El terrible
Schreiermeyer ! Aquí lo tiene usted delante, hija mía. ¡ Tiemble I j Todos tiemblan delante de Schreiermeyer !
El gerente se había puesto de pie; pero estaba completamente imperturbable y mudo, ni siquiera gruñó. La señora Bonanni soltó el puño de Margarita y se encogió de hombros.
-Schreiermeyer-dijo, como si hubiera olvidado completamente á Margarita;- si ese hombre que man~ja la luna vuelve á darme el reflejo en los ojos, salgo del balcón y desafino.
Entonces oiná usted a·l público. j Esto es verdaderamente insoportable! j Voy á quedarme ciega por toda la vida!
Se frotó vigorosamente los pintados párpados como si quisiera cerciorarse de que veía. Margarita la miraba, no enteramente cierta de no estar -soñando, y pensaba cómo era posible
que semejante rostro y figura pudieran todaivía producir impresión de juventud y de gracia, cuando se la miraba del
otro lado de las candilejas; y sin embargo, Margarita misma
había experimentad0; la impresión hacía apenas un cuarto de

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

hora. La máscara de la señora Bonanni era una máscara gruesa de grasa, pintura y polvo. La peluca era la más tosca que
había visto; el rostro parecía gigantesco comparado con la
estatura de la mujer, que, sin embargo, no era corta; los
párpados, los párpados estaban positivamente empastados de
pintura, y las pestañas parecían cerdas pegadas unas á otras.
Dió un rudo apretón de manos á Schreiermeyer y volvió á
estallar con violencia:
- i Es insoportable! ¿ Entiende usted?
-Perfectamente.
-Schreiermeyer-exclamó madama Bonanni.- Si usted no
atiende á mis quejas, me niego á continuar la ópera. No cantaré el resto. Busque usted alguna otra persona. Me voy á mi
casa. Desvístanme-gritó, dir.igiéndose á las tres doncellas,
ninguna de las cuales hizo el menor movimiento.- ¡Oh! ¿ No
lo hacen? ¿ Le tienen miedo? ¡Ah! j Bah! j Yo no !-Schreier·
meyer, rehuso á continuar y me niego absolutamente. ¡ Voy
á tlesvestirme!--A lu cu:11 arrojó lejostle sí con un solo movimiento la peluca, que cayó pesadamente en el suelo como una
ma'Sa informe. Una de las doncellas al momento la recogió
y comenzó á peinarla. El cabello negro de la señora Bonanni
·quedó libre y suelto, dándole salvaje apariencia.
Schreiermeyer sonrió.
-La señorita Donne cantará el resto de la ópera con gusto,
no me cabe duda-dijo amablemente, mirando á Margarita.
El corazón de la joven dió un salto á esta propuesta repen·
tina, antes de darse cuenta de que Schreiermeyer parecía no
hablar seriamente.
-Por mpuesto que puede cantar-dijo la señora De Rosa,
comprendiendo perfectamente;- pero nuestra querida amiga
es demasiado amable para no disgustar al público parisiense
-agregó, dirigiéndose á la primadonna y hablando en tono
dulzón.
-Nada puede cambiar á ese hombre-agregó madama Bonanni como desencantada.
-Nada más que el sonido de su maravillosa voz, angelical
artista-dijo Schreiermeyer.- Esto me hace siempre llorar,
especialmente en el última acto ,de esta ópera.
Margarita no pudo comprender la intención del gerente,
tanto menos cuanto que muchas veces había visto á los
espectadores llevarse el pañuelo ,á los ojos durante la escena
en la tumba.
-Ponme mi peluca-dijo madama Bonanni á la donce1la
cadavérica, sentándose frente al espejo.- Debemos hablar de
nuestro asunto de una vez-continuó, riendo súbitamente, con
la mayor .calma.- La cita es en mi casa, mañana, á las 10
de la mañana. Schreiermeyer, la señorita Donne nos cantará.
Lleve usted un pianista y al ministro de Bellas Artes, si usted puede encontrarlo.
-No llevo en fa bolsa al ministro de Bellas Artes, queridísima señora; pero lo intentaré. ¿ Por qué cita usted tan temprano?
-Porque me desayuno á las once. Dígale al ministro que el
rey vendrá también, y ~si vendrá. Todos los ministros son vanidosos.
-,.. El rey ?-replicó Margarita sorprendida.
-Está en París-exclamó madama Bonanni descuidadamente.- Es viejo amigo mío y anoche cenamos juntos. Le hablé
de usted y dijo que vendría si podía; pero nunca se puede
contar con esas gentes.
Margarita era ,demasiado tímida para preguntar de qué
rey hablaba madama Bonanni, y supuso que su profesora
se lo diría oportunamente, y después de todo, podría no ir.
Sin embargo, Margarita deseaba que fuera, porque jamás en
su vida ,había hablado ,á un personaje real, y •pensó que sería
muy d,ivertido ver á un rey verdadero y vivo en el ambiente
excéntrico de la primadonna.
-Yo le diré á usted todo cuando la haya oído canta r. Usted y yo almorzaremos después solos y hablaremos. Hay un
buen lado ,en el carácter de Schreiermeyer. Nunca adula sino
cuando quiere algo. Si le dice á usted que canta bien, esto significa un contrato para el año próximo. Si le dice á 1j.5ted que
canta divinamente, su debut será la semana próxima, ó tan
luego como usted pueda ensayar con la cornpañía.-Le tocó
en los carrillos con una horquilla mientras hablaba.
-Así es que todo está arreglado. V,áyase usted á dormir,
hija mía, á menos que quiera usted oir á la pobre vieja Bonanni cantar el resto de esta estúpida obra.
(Co:iti1111ará)

1421

f(1Lf301
El Poema de la Juventud
Purp11ra11do la sangre de su herida
el . obm!ro jtt~ón de terciopelo,
1111 ardiente J1tve11tud yace sin vida
con los brazos abiertos sobre el s11eÍo.
Rota la blanca pluma del sombrero,
desgarrado m manto de escarlata ·
y, junto al puño del quebrado ac;ro
rola también la cítara de plata.
'
Al escuchar sri grito la11ci11ante
callóse el ruiseñor entre la umbría,
y hasta la ltma se ocultó temblando;
y á su lado, lamiéndole el semblante
como un lebrel quedóse la Poesía
'
á los fantasmas de la Noche aullando.

II
Bajo u11 arco triunfal entró en la vida,
entre risas, aplausos y canciones,
de una loca pasión el alma henchida
y la escarcela llena de doblones.
A su afán imposible 110 hubo nada·
durmió su amor en tálamos reales; '
la mano pronta para la estocada
y el labio fácil á los madrigales.
En locas fiestas derrochó sus días;
tu•vo encuentros; cayeron cien donceles
bajo el áureo fulgor de sus puñales.
Y siempre en sus nocturnas correrías
ladrando le siguieron los lebreles
de los "Siete Pecados Capitales."

III
En líricos y amantes ejercwos
educó á las futuras juventudes,
y 110 tuvo en la vida otras virtudes
que las virtudes de sus propios vicios.
Senda adelante caminó de prisa,
sin temor á asechanzas ni emboscadas.
T omó castillos con una sonrisa
y conquistó sonrisas á estocadas.
Audaz y altiva atravesó la tierra
sonriendo al peligro y á la guerra;
mas siempre nobles sus audaces manos
mpieron los prestigios del acero:
los cintarazos para los villanos
y la estocada para el caballero.

•

IV
Desde sus miradores, más de u11a
Julieta arrojó audaz á su deseo,
bajo el sueño de plata de la luna
la romántica escala de Romeo.
¡ Y wá11tas veces, sobre amante falda,
postrado de rodillas, con respeto
deshojaron sus manos la guirnalda
de las catorce rosas de 1111 soneto!
Fué su vida de amor, , .. l Cuántas doncellas,
al claustro ó al hogar arrebatadas,
á la pálida luz de las estrellas
6 á los trémulos rayos de la aurora
galoparon desnudas, desmayadas
sobre la grupa de su yegua mora!

V

Coronada de rosas y jazmines
entre el fasto oriental de tus ocasos,
apuraste e11 diabólicos festines
el vi11d del placer en sacros vasos.
En la noche encendió tu serenata
una divina fiebre de deseo,
y con tu viva cítara de plata
amansaste las fieras como Orfeo.
La visión de tu vida duró apenas
lo que dura un manojo de azucenas.
En traidora emboscada sucumbiste
em~ozado en tu larga capa ·grana,
la misma noche en que ai espejo viste
entre tus rizos la primera cana.
F. VILLAESPE3A.

o
TAÑIDO
En tañidos lentos riman las campanas
un toque de 11:uerlos en la lejanía,
y son esas tristes músicas cristianas
i dardos que se hunden en el alma mía!
Son evocadoras de otras vibraciones
que en una mañana riente de sol
al derrumbamiento de mis ilusio,;es
cantaron la muerte de mi coraz6n.
i Oh, el ta_ñido lento de las campanadas
q!'e e_n agomzantes notas apagadas
szn piedad evoca mi vieja aflicción!
Cuando en los latidos de sus vibraciones
dirán compasivas sus lánguidos sones
i que conmigo ha muerto mi eternal dolor f
MIGUEL E. SILVA.

o
CLARO DE LUNA
¿ Te acuerdas? Fué una noche romántica de Mayo.
/1ertía la na~iente luna su limpio rayo
Sobre el paisaJe en calma. . . . Tú, soñadora y triste,
A evocar los galantes recuerdos te pusiste
De . la pasión excelsa, que devoró el olvido,
BaJo el sueño pro/undo de las aguas sin ruido.
!bamos siempre juntos por la paz del sendero;
Brillaba entre las sombras un rútilo lucero
Que f ué de nuestro idilio callado confidente·
Oíamos la suave sonata de la fuente;
'
A nuestro paso abrlan sus cálices las /lores,
Y nos daban su dulce canción los ruiseñores.
El tiempo raudo vuela .... Fué mi ventura breve;
Las blancas tuberosas y los cisnes de nieve
Hoy por ti me preguntan en el jardín umbrío
Y no sé qué decirles .. .. Siento en el alma ef frío
De la muerte. . . . Y resurge del fondo del pasado,
Como 1ma flor de ensueño, tu rostro idolatrado.
Tu werpo, que fué mío, bajo la tierra escondes·
Te llamo en todas partes.,,. pero 110 me respond~s.
A penas e11 la noche se yergue el sibilino
Conjuro del misterio, la esfinge del Destino·
Y en la florida senda presiento hallar algu11d
/1 isión, por entre lirios, en el claro de luna.
EDUARDO CARR EÑO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

1422

La Canción de las Gemas
Es el hombre de las gemas opaladas,
de las gemas opaladas y brillantes
y radiante~,
como cambian sus miradas
los amantes.
En sus manos, y m s1t ropa y e/1 s1t wello,
brilla siempre de las gemas_ el _destello.
Es un hombre 1n1stenoso,
es el vástago postrero y , orrulloso
de la estirpe de unos pr111c1pes y reyes.
Su desprecio es á la gente tan profu11do,
que odia leyes
y para él es s11 sér solo todo el mundo.
Siempre solo por las tardes v~ hacia el mar
y sus tristes pensamientos que de(zran,
en sus gemas y en las aguas agit~das,
creen que hay unas miradas
de unos ojos que le miran
sin cesar.
Es hierático en su porte, y su figura
tiene siempre la expresión de la amargura.
Creo que es trasunto errante
de otra raza, otras edades,
y parece re!ivivo ~~ _habit~nte
de antiquísimas as1aticas cwdades,
de las épocas aquellas wyo fin ,
alumbraba el nuevo d1a
en la agonía
de un f estí11.
Sacerdote de unos í~olos caldos, .
ó monarca de unos reznos que m11rieron,
ó poeta de unos himnos ~a perdidos . .
que en los bosques religiosos se ext111g11ieron.
Alma en pena
de fatal tristeza llena.
Un espíritu que vaga,
un espíritu q11e errante,
de una vida de pasión tiene co7:dena.
Una /¡¡z q11e es vaolante,
que titila y 110 se apaga.

y sus gemas y las aguas de sus mares
son consuelo de sus male~ y pesares. .
{I e en sus lampos y cambiantes un abismo
que le atrae,
y allí cae,
y allí esconde su a11hela11te paroxismo
su alma triste,
que en la busca va de un goce que no existe.
Redivivo,
sér q11e de esple1~dores lll'lfO un día.
Es el solo miembro vivo
de una vieja dinastía
que reinaba en el país de templos ~e oro,
donde guarda, con m ~ombra, el sicomoro
la morada de algún dios de los amores,
que alli hicieron
.
con los cálices gigantes que cogieron
de unas flores.

es

1111

Ya no reina sobre nada.
De ms gemas los matices que varían,
son reflejo de sus ansias, las que guía,1
á su alma atormentada.
¡Oh, tristeza de placeres no gozados!
¡Oh, amarg11ra de deseos 110 log,:adqs!
¡ Oh penumbra de las almas solitarias,
astr;s muertos de los cielos de la vida,
misteriosas y lejanas lnmi11arias,
luz extraña en las montañas encendida!
Es 1m hombre misterioso,
de unos reyes es el vástago orgulloso.

EL MUNDO ILUSTRADO

'1423

En sus manos, y en s1t ropa y en s1t cuello,
brilla siempre de las gemas el destello.
Son las unas opaladas,
mortecinas, apagadas,
y las otras son radiantes,
de fulgores rutilantes.
, J

A sí son sus devaneos,
ilusiones y deseos.
Son reflejo de lo que ama y lo ,¡ue anhela,
y por eso, al contemplarla, se wnsuela
s11 pesar,
pues sus tristes pensamientos r¡ue _deliran,
,,:en e11 ellas 11110s ojl/s que le miran
siu cesar.

.1

'

Es el hombre de las gemas opaladas,
de las gemas opaladas y brilla11tes,
y radiantes,_
co,::o cambian sus miradas
los amantes.

LA ASOCIACION CRISTIANA DE~JOVENE1 ,,

PWKO DE REPIDE.

o
¡ Oh! la paz de las almas. ¡ 0/z! (a paz de la ~-i/a,
venturosa quimera, ilusión bendwda.
Suave rayo de luna, claro sol 4e bonanza
que disipa las brnmas de la gris lontananza.

En s11 busca mis sueños han bogado por mares
de profundas angustias y de _grandes pesares,
y, atrevido argonauta, en 1111. empresa de amores
he retado tristezas y he batido dolores.
En la escala sublime de los dulces reflejos
de tus ojos divinos, he mirado á lo le7os ,
1m destello brillante de la paz que yo ansio.

EL NUEVO EDIFICIO DE LA ESCUELA NORMAL

Y al llegar á mi alma ese rayo de plata_
e11 mi pecho he sentido que el amor se dtlata
¡ y mi momento he olvidado la crueldad del hastío!
MIGUEL

E.

La asoc-iación "Cr-istiana de Jóvenes" celebró, en ia última
semana, la ceremonia de colocación de la primera piedra del
nuevo edificio destinado á servirla de asilo.
Dicha ceremonia fué presidida por el señor don Ramón
Corral, vicepresidente de la República, en representación del
señor General Díaz, y á ella concurrieron personas distinguidas de nuestra sociedad, entre las que señalaremos á los señores don GuiMermo de Landa y Escandón, gobernador del
Distrito, y general don Félix Díaz; así como los miembros
honorables &lt;le la colonia americana, tales como los señores Tomás· P•hillips y W. W. Blake, presidente y vicepresidente de
la referida asociación.
El señor Phillips pronunció un discurso, en el que habló
largamente de ,los triunfos alcanzados por la asociación d-e
"Jóvenes Cristianos," fundada en Londres en 1844.
,El acto terminó con la colocación que de la primera piedra
del edificio hizo el ~eñor Corral.

ÜLIV,\,

o

Otra ceremonia semejante, aunque más significativa que la
anterior fué la colocación de la primera piedra de la que
será, ed el futuro, un hermoso monumento consagrado á la
instrucción pública: la escuela Normal de profesores.
Verificóse ésta el domingo último á las diez y media de la
mañana, hora en que se presentó en el lugar destinado á la
construoción del edificio, el señor Presidente de la República,

Primevera
Señor licenciado Manuel M errado, señador, muerto el
18 de los corrientes

Del inmortal regazo las savias removidas,
torna la tierra en brotes y galas vegetales;
en ascuas olorosas se envuelven los rosa!es_
y abren al sol los pájaros las alas reprun1das.

General don Porfirio Díaz, á quien acompañaba el señor
secretario de Instrucción Pública y Belfas Artes. Fueron recibidos ambos funcionarios por los señores profesores don Leopoldo Kiel, director -de la escuela Normal; don Juan Mancilla
Río, jefe de la ,sección de enseñanza normal, y numerosos profesores y alumnos del plantel.
El señor teni-ente coronel don Porfirio Díaz, ingeniero director de las obras, &lt;lió amplias explicaciones á propósito de
ellas en una alocución. Terminada ésta, el Primer Magistrado inspeccionó los trabajos preliminares de la construcción
y colocó en la primera piedra del edificio el tradicional cofrecillo con el acta de la ceremonia, monedas y publicaciones
del día.

Rasgan de Dios sublime las ma11os e11cendidas
del suelo las calientes entrmias maternales,
y homéricos los ríos descuajan sus raudales .
y brotan himnos, gérmenes, en Niágaras de -.,das.
Como 1111 vital prodigio, desdobla Abril sus ramas,
la primavera surge vistiéndose de llamas .
y la bautiza ardiendo la concha del sol rubio;
Entonces canta en forma de coros de pinares,
ríe con los temblores inme11sos de los mares,
y besa con lumbradas grandiosas del fles11bio.

LOS ESTUDIANTES

SALVADOR RUEDA.

Señor doctor Tobías Núñez, fallecido
reci,ntemente

No podemos omitir en esta sección una nota que, aunque sólo informativa, es, por extremo, simpática.
Trátase de la clase estudiantil, de la bohemia de las aulas
que, la mente llena de ilusiones y el bolsillo vacío, ha aguza~
do aquélla en beneficio de éste, solicitando y obteniendo de
las empresas de espectáculos y de las casas de comercio rebajas y concesiones importantes.
'
iEste pequeño triunfo logrado por los estudiantes tendrá
la virtud de hacerles comprender cuánto vale el espíritu de
asociaoión, y qué peso tiene una iniciativa no individual sino
presidida por la colectividad.
'

�EL MUNDO ILUSTRADO

1424

EL MUNDO ILUSTRADO

142S

De hoy en adelante, á semejanza de los estudiantes europeos, los mexicanos se proveerán de tarjetas especiales cuya
presentación bastará para que se les hagan apreciables descuentos en teatros y casas de comercio. De esa suerte, la bohemia, con ser tan amable como antes, será menos desastrosa.
Vaya un elogio para ,la "Academia Metropolitana," en cuyo
recinto dan sus audiciones los eximios artistas del Cuarteto
de Bruselas, y para el teatro "Virginia Fábregas," que
fueron los primeros en acoger, con entusiasmo, la proposición
estudiantil.
INDEPENDENCIA

La secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes ha
expe&lt;l1do una convocatoria, invitando á los literatos mexicanos para que escriban la letra de un poema sinfónico y coral
que habrá de titll'larse Independencia, y que será ejecutado
en el próximo centenario.
Bien conocidas son ya las bases á que habrá de sujetarse
el concurso en que se presenten las producciones de los escritores que se apresten á tomar parte en él. Sía embarg'J, no
está por demás recordarlas brevemente:
La libertad, en cuanto á forma y estilo, será absoluta siempre que no pase de los límites señalados por el género. La
ejecución del poema no podrá durar menos de 30 minutos
ni más de 60. El autor de la obra premiada recibirá un diploma, una medalla de oro y la suma de $3 1000. Se creará
un segundo premio y diploma, consistente, aquél, en la cantidad de $1,000. Finalmente, el plazo para la ,remisión de las
obras comprenderá del 15 de Septiembre al 15 de Octubre venideros, y el jurado que las examine estará compuesto de tres
•personas.
tLa idea de celebrar el aniversario de nuestra emancipación
con una obra musical no puede ser mejor, y es acreedora á
la simpatía de las personas cultas. Pero ¿ son acaso esta forma de concursos adoptada por la secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, y, asimismo, el género de poema sinfónico ,sujeto á un tema determinado, los más adecuados para
llevar á su realización el bello pensamiento?
Es de creerse que no.
¿Por qué?

L.A PRIMERA PIEDRA DE LA ESCUELA NORMAL.-t:L
SEROR PRESIDENTE CERRANDO
L.A PIEDRA ANGULAR

Porque ya hemos visto á lo que, en materia de arte, conducen los concursos oficiales. Nadie olvida el fracaso de los
concursos dramáticos; nadie olvida tampoco que en la época
en que éstos se celebraron, lejos de revelarse talentos artísticos, se consagraron mediocridades reconocidas. Y es que, en
primer lugar, ni en México, ni en país alguno, los escritores
que han sido sancionados ya por la crítica, suelen tomar parte

LA PRIMERA PIEDRA OE L4 ESOUl!!.U NORMAL. - EL SEROR PRESIDENTE SE RETIRA
DESPUES DE LA .CEREMONIA

RECEPClON DIP~OM~TICA.- Señor Caval_canti de la Cerda, secretario de la legación del Brasil.-Señor
don Alfredo Barrón, pnmer introductor de embaJadores.-Excelentísimo señor don Francisco Javier da Cunb.a
envi~do extraordinario y 1;11!nistro_plenipotenciario del Brasil.-Señor Rodolfo Nervo, segundo introdi¡ctor d~
emba¡adores.-El excelenhs1mo senor da Cunha presentó sus credenciales en audiencia solemne el 23 del actual.

EXCURSION ESCOLAR.-Alumnos de la escuela oficial del Estado de Hidalgo, al pie de las pirámides de
Teotihuacán, durante la excursión efectuada el 7 del actual.
(Fot. Bustamante).

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1427

en este género de torneos; y, por lo que toca á los principiantes, en su gran mayoría, cuando se. deciden á entrar en la liza,
padecen del terrible sarampión literario, sin contar con que
nunca reclamó el verdadero talento, para lucir en todo su esplendor, de los concursos de arte, ya que, cuando á ese talento acompaña una voluntad, se impone por sí mismo, sin extraña ayuda.
Por lo demás, haciendo punto omiso de los inconvenientes
señalados, y ciñéndonos al caso particularísimo de la convocatoria para el poema sinfónico, cabe decir que, desde luego,
la imposición de un asunto tan abstracto y en cierto modo tan
poco original, no producirá, seguramente, buenos resultados.
l!Jl artista reclama, ante todo, libertad para el lilesarrollo de
6US ideas.
En buena .hora que el concurso se verifique. ¿ Pero qué no
,habría sido mejor, y de resultados más efectivos, que se hubiera designado á escritores de reconocido talento y cultura
para que, sin someterse á asunto determinado, y teniendo tan
sólo presente el pensamiento que habrá de inspirar la obra
coa ocasión del centenario, se hubiesen puesto á la tarea tranquilamente, sin los grillos, sin las cadenas de un asunto
impuesto?
Así lo creemos. El porvenir resolverá si estamos en la verdad.
LAS TRIBUNAS

Señor M oreira Penha, presidente del Brasil, muerto
recientemente

El

LA ENTREVISTA ENTRE LOS PRESIDENTES

Primer

DIAZ Y TAFT

Es ya un hecho que se concertará, para fines del presente
año, una entrevista entre el presidente de los Estados Unidos,
Mr. William H. Taft, y el señor General Díaz, la cual tendrá lugar en algún punto de la línea divisoria del Bravo.
Para la celebración de esa entrevista se aprovechará el viaje que tiene proyectado el alto funcionario norteamericano á
los Estados del Occidente, en el próximo otoño. Ambos presidentes saldrán en una fecha, fijada de antemano, de sus respectivas capitales, para encontrarse, en determinado día, en
el límite de las dos naciones.
A juzgar ,por los rumores que á este respecto circulan, la
idea &lt;le la entrevista surgió por mediación de nuestro emhaja-

Aerodromo
. del
Mundo

•

· Señora Sofía Sicilia de Masieu, Señor ingeniero Luis M.aJieu
(Fotografía Pacheco)
dor en W,áshington, quien, en una visita hecha á la Casa
Blanca, se enteró de los deseos del presidente Taft de que
aquélla se realizar.a, y, habiendo consultado con nuestra secretaría de Estado, comunicó á la cancillería de los Estados
Unidos que nuestro Primer Magistrado abrigaba los mejores
deseos á ese respecto, y estreoharía, con gusto, la mano &lt;le
Mr. Taft.
Caso de verificarse, será ésta la primera vez que dos presi,dentes de las repúblicas vecinas se entrevisten, y redundaná,
sin duda, en bien de la mejor intelig-encia entre ellas, y para
que la amistad que ahora reina, nacida de la comunidad de
intereses, se fortifique más ,y más.
Esperemos, pues, esta eatrevi6ta, como un acontecimiento
en la diplomacia de América.

UN VUELO OE OELAGRANGE

LA POLICIA PROTEGIENDO A LOS

AVIAOORESOESPUES OEL. FRACASO DEL. AEROOROMO OE .JUVISY, FRANCIA

La fiesta de premios á los alu11111os de las eswelas primarias en el teatro "Arbeu"

�EL MUNDO ILUSTRADO

1428

Obras Maestras de los Grandes Pintores

CL SAPO

"San Jorge y el Dragón,'' por Tintoreto

El sapo, hijo de la piedra, bajo una piedra vive y allí
cavará ,su tumba.
A menudo yo lo visito, y cuantas veces levanto la piedra,
temo hallarle y temo qu_e h:eya desaparecido. Pero siempre está ahí.
Oculto en su agujero, donde apenas cabe, lo ocupa plenamente, hinchado como la bolsa de un avaro.
Cuando la lluvia lo arroja de su madriguera, se detiene en
mi presencia. Ensaya unos saltitos pesados, y, acurrucándose,
me mira fijamente con sus ojos enrojecidos.
Aunque el mundo insensato lo trate como á un leproso, yo
me siento á su lado y no temo aproximar á la suya mi cabeza de hombre.
¡Ah! logre yo vencer un último esfuerzo de repugnancia
y acariciarle con mi mano.
¡ En la vida cuántas veces no se injurgita uno cosas más
nauseabundas!
Ayer incurrí en una falta de discreción mientras él fermentaba;· hinchado y sudoroso.
-Pobre amigo-le dije,- no quería darte un disgusto;
pero, por Dios, qué horriblemente feo eres tú.
El abrió su boca, desdentada y pueril, llena de un tibio
aliento, y me respondió con ligero acento inglés:
-¿ Y tú, -qué tal?

Si las artes, débiles en su origen por la pobreza de su~ 1mdios de expresión, se manifestaron con esbozos secos é informes, las épocas demasiado civilizadas, experimentando el cansancio del oficio perfecto, tornaron, por sí mismas, á la ejecución incomple\a, á la franca improvisación. Encontramos ahora por todas partes, en pintura y aun en escultura, rastros de
esta pasión por lo indeterminado que, á ·veces, cae en -lo incompleto. Lo que llamamos ilustración es, justamente, una de
]as formas del arte fácil del improvisador. De ahí la presente boga ·que alcanza, la cual no taJ.1dará en pasar-¿ es acaso
aventurado preverlo?- del dibujo á la escultura misma, que
quizá se muestre entonces en un estilo plástico y popular, en
~) cual se ensaya actualmente la mano de algunos escultores
franceses.
Pero si el arte ofrece tal carácter en sus comienzos y en su
p leno esplendor, en todo tiempo, sin embargo, suelen aparecer
artistas aislados, los cuales están dotados de tan extrema vivacidad imaginativa, que son incapaces de resistir á la fascinación del asunto y á la necesidad de traducir inmediatamente
su pensamiento; razón por la que producen sin exquisitez,
cuidándose bien poco de perfeccionar la forma.

•

}ULES RENARD.

□

EL MUNDO ILUSTRADO

Marce/ Prevost, nuevo "i11mortal" de la academia fra11cesa

mmm~m~mmmmmmmIDmmmmm

Tintoreto fué, en los albores del Renacimiento, un maestro
&lt;le este género, arrebatado por la furia de invención de un
Gustavo Doré grandioso, que pintara en escenas colosales sobre
los muros de una ciudad entera, las turbas ardientes nacidas
de su cerebro, Entre la frondación lujuriosa del arte contemporáneo, su feroz talento se ofreció erizado, con la gracia pintoresca de un espinoso caído en una canastiMa de flores. Muy joven aún supo que se pedían á cinco pintores célebres cartones
para cierta decoración, y habiéndose puesto á la labor, acabó,
en breves días, no cartones, sino cuadros; llevóles á quien
aquéllos solicitaba, y declaró que los cedía como obsequio.
Ante tal ardor y fa,::ilidad tan grande, no cabe admirarse de
la abundancia de sus producciones, v se puede .suponer que si
las circunstancias le hubiesen permitido dar libl'e curso á su
impetuosidad, habría invadido,seguramente, todas las paredes
del Vaticano.
A este vigor y á esta acometividad admirables, Tintoreto
unió la independencia, la altanera fiereza, la maliciosa finura. , . . Habiéndole rogado Gonzalo de Mantua que fuese á
decorar su palacio, él le respondió que no acostumbraba cambiar de residencia sin su familia; por lo que el gran señor hubo de enviar, galantemente, invitación para la esposa y la hija
del artista, amén de una escolta que fuese á su encuentro.
Aretino lengua terrible, hab'la mal de él. Cuéntase que
T intoreto,' la primera vez que le encontró, púsole bruscamente
una pistola bajo de la nariz, y se sirvió del arma para medir
la estatura de su detractor, luego de l-0 cual dijo á éste que,
equivocadamente, le había creído más grande.
En sus numerosas decoraciones de Vienecia, sobre todo en
las del palacio de los Dux; en su soberbio Milagro de San
Jlfarcos de la academia de Venecia, y finalmente en su San Jorge, ad;iértese es~ ~ez~la de fant~sía y de verdaC:,. ~: im~rovisación y de ongmalidad. Examrnad esta compos1c10n. é No
revela el brusco dernrden de un primer arranque su carencia
de unidad su insuficiencia y su vivacidad? Cierto que un
maestro clásico y ponderado hubiese desdeñado esa primera
visión para buscar una acción ~ás sólida. Tintoreto, en cambio, no gustaba de perder el tiempo.

•
La exuberancia y el poderío dramático de su genio no se
agotaron coa la edad durante su la:g~ car:er~. Hast~ su
muerte, en el campo florido del Renac1~1ento itahan~, _Trntoreto representó b hierba ru~a y salvaJe en que rev1v1era la
sa,•ia áspera de las edades mcultas.

♦

1429

CHOPIN
Mucho se ha escrito á propos1to de este genio de la mus1ca; y en lo que se refiere al !hombre, iá su vida privada, á su
carácter, costumbres y aficiones, se ha escrito mucho falso. Como lo indica el musicógrafo Kleczinsky, los críticos de Chopin, en su mayoría, han hecho del más delicado pianista un
' 1héroe en tono menor," un desesperado á la Byron, languideciendo crónicamente en una exaltación romántica, enfermiza
y por demás insostenible. Es indudable que algunos hechos de
su existencia han dado margen á esta exagerada interpretación.
Chopin fué, realmente, un sensitivo; granjeóse la adoración
de muchas damas aristócratas, tuvo amores novelescos, sufrió
de neurosis en los años últimos de su vida; pidió, días antes
,de morir, que se diese sepultura á su cadáver vestido con el
traje de concierto-su unitorme,- junto á las tumbas de
Bellini y Cherubini; ,que se enviase su corazón á Varsovia, .
que se derramase sobre su ataúd el puñado de tierra polaca
que le fu6 obsequiada en una ánfora de plata por ,los condiscípulos del conservatorio de \1/ola, cuando salió el artista por
vez primera de la patria. . . . Por último, murió joven, rodeado de admiraciones y afectos, lleno de gloria .... Todos estos
poéticos detalles, combinados con la rara exquisitez y bellez:i
de su música, estimu laron, evidentemente, la inspiración visionaria y henchida de lirismos de los biógrafos románticos. Se
extremó la nota idealista, hízose de Chopin una nebulosa figura de balada que muy pocos rasgos conserva del individuo
real.
Federico Chopin-exceptuando, naturalmente, los últimos
años de su vida,- no fué un sombrío ni fué un "atorment1do"
á la manera de Alfredo de Musset. Es claro que no pudo sustraerse al espíritu de su época y, necesariamente, tuvo que
ser romántico. Pero ni en su música más alambicada, ni en
los actos más excéntricos de su vida, conoció esa afectación.
ese énfasis, esa "pose" rebuscada de muchos contemporáneos
suyos. Nunca fué teatral; huía de la notoriedad, escandalizábale la actitud melodramática de algunos colegas ,que como
Liszt y Pa~anini, ca~tivaban á su auditorio, t;nto ~or su
talento musical maravd loso, como por el amaneramiento exagerado de sus modales.
No se debe considerar toda la existencia de Chopin á tra,·és
de los padecimientos morales y físicos que entenebrecieron sus
últimos días. Si es cierto que, ha~ia' el fin de su vida, se apoderaron de él_ los más crueles terrores supersticiosos, inspirados
por su creencia en los tormentos del purgatorio, también cabe
rec~r-dar_ 9ue conoció la al_egrí_a, Ja· serenidad de -espíritu y la
sat1_s:facc1on 9ue d:i la glo~1a b1e!1 ganada. De su música puede
decirse lo mismo: no es Inste m sombría en su totalidad. Entre sus composiciones hay algunas de gran brillo rebosantes
de una alegría irrefrenable, y que acusan la má~ inequí vica
satis.faoción de vivir.
Ohopin foé, siempre, muy 'Cariñoso, expansivo y alegre en el
círculo de sus íntimos. El "sprit" que derrochaba en sus charlas cnnfidenciales recordaba su origen francés; tenía una facultad observadora muy desarrollada r el don de atrapar instantáneamente, el punto humorístico ó ridículo de toda~ las
cosa_s._ Era un caricaturista de primera fuerza; pero á esta
habilidad se adunaba un tacto tan bondadoso una consider:ición !ªn grande por todo el mundo, que, le)os de suscit1rle
enemistades, le atraía, por lo contrario, nuevos adictos. Sus
cartas, llenas de sá_tir3:&gt; finísimas, ~e han perdido en su mayor
parte; por desg~ac1a solo quedan fragmentos; pero estos frag~en~os han deJado entrever la verdadera personalidad del
pianista, demostrando hasta qué punto 1había falseado su carácter el exceso de oropel prodigado en las reseñas de algunos
biógrafos románticos.
Ohopi?, s!n ser el muñeco de la leyenda, sentimental y afectado fue, ciertamente, un hombre que atraía 1!a admiración
fen:e~ina. )lo se trataba solamente de un compositor de música
dehc10sa, llena de suave fascinación y etéreo refinamiento:
era un perfecto caballero; además, con los modales aristocráticos .de la nobleza, en cuyo, trató pas? toda su vida, poseía
una rnteresante figura; gusrabale vestir con suma elegancia
y por. su parte, tenía culto verdadero por las mujeres herma~
sas, bien puestas, con manos muy •blancas r títulos retumbantes. No _era ".anidoso;_ pero, su _afición innata por la exquisitez
y el ref111am1ento le 111ducia a buscar estas cualidades en todas partes, bajo todas las fopmas. Necesitaba respirar una atmósfera de lujo y distinción para se~t!rse inspirado, y si le
rodeaba un ei1Jambre de bellas y patricias admiradoras tanto
mejor. Por esto brilló mucho más en la intimidad de lo~ salones que en la plataform:i de los "concerts,lull,."

�1430

EL MUNDO ILUSTRADO

-Obras Maestras de los Grandes Pintores:

EL MUNDO ILUSTRADO

'1

1431

Lf\ FERIR EN TLf\LFAM

Palco de las reinas en la corrida celebrada el último domin&lt;To
"'

SAN JORGE Y EL DRAGON
Por TINT0RETO

,El amor al hogar y á la patria fué siempre la pas10n dominante de Chopin. Profesaba tal afecto á su familia, que, estando ausente de ella, acostumbraba dormir con las car·tas de
su padre bajo la almohada: esperaba, de este modo, encaminar
sus sueños hacia el hogar lejano. A pesar de su dulzura de
carácter é irreprochable urbanidad, era muy capaz de re~entir una ,descortesía ó familiaridad de mal gusto. Cuéntas.e que,
habiendo asistido á un banquete en el casa de un rico parisiense, tuvo éste la ocurrencia de invitarlo á tocar después de
la comida, lo que fué una violación vulgar de la etiqueta que
debe observarse con un artista di1,tinguido. Chopin se excusó.
Después, como insistiera en su pretensión el dueño de la casa,
alegando que Liszt y 11halberg no se habían desdeñado de
tocar en su salón, el artista tuvo la respuésta siguiente:"¡ Pero, señor, he comido tan poco!" ....
La absoluta originalidad de la inspiración chopiniana ha
tenido, en la música moderna, una influencia más considerable de lo que se cree comúnmente. Fué el polaco .un verdadero
innovador, hizo añicos ciertos moldes convencionales de la
composición pianística, abrió horizontes ignorados, fundó una
· escuela.
A pesar de que muchos pretenden que la originalidad en
su manifestación suprema, el genio, no puede tener imitadors por ser, en esenci~, indivi~ual, el mérito d~ ,todos. los grandes genio se ha aquilatado siempre por su acc10n estimuladora
y progresista;
'
se les venera porque son 1,°~ " e1eg~"dos ;" pero
más todavía porque han trazado nuevos e 1mprev1stos senderos á la actividad y al pensamiento humanos.
El genio de Chopin cumplió su misión; legó á los continua.:
dores de su escuela las fórmulas recién descubiertas, recibiendo la música moderna el impulso y el desarrollo consiguientes. Su innovación peculiar consistió en utilizar 1los cantos populares y la música naci~nal de s~ país, idea:lizándola á su
manera y dándola una 1mportan_c1_a, de~~noc1da, _ha_sta entonces eu la historia de la compos1c1on clas1ca. Los 1m1tadores
de es~ método orig~nal no han escaseado; aihí están Dvórak,
Tsohaikowsky, Grieg, Braih.ms, etcétera.
Ohopin fué un revolucionario en música e~c~pcionalme~te
afortunado. No tuvo que luchar contra esa hostilidad que !uzo
tan difícil la imposición de l~s obras de Wagner; _desde sus
pr,imeros ensayos encontró amigos qu_e le comprendieron Y le
alentaron sin reserva. Tuvo por admiradores a hombres como

Che~ubini, Bellini, Baillot, _Brod, Tranchomme, Hiller, Herz.,
Berlio~, Meyerbee~, D~lacro1x, Any ScbeHer y Enrique Heine.
Schumann mamfesto, desde luego, una entusiasta admiración po~ 1~ músj¡=a de_ Chopi,'.1. Al escuchar por vez primera
las variaciones La c1darem . . . . tuvo una exclamación de
asombro:-"¡ Cómo! .... ¿ un opus 2? ¡ Señores abajo sombrerós: se trata de un genio!". . . .
'
La. música de Chopin recorre la escafa entera deJ sentimiento. Vibra en ella la pasión, el triunfo, la melancolía el amor
á la patria, el terror, la desesperación, el orgullo 1~ ternura.
La~ "Po1onesas" encierran
.
1os gritos
· guerreros de todo
'
un pueblo; en a•lgunas, realmente cree uno percibir el estruendo de
la batalla, el heroísmo exaltado hasta la locura las ambicion;s nobilísimas q~e tocan el. cielo en una embri~guez momentanea, e? un trrnnfo pas,a¡e_ro, desplomándose, en seguida,
en un_oceano de sangre y lagrimas ... Solloza en esa música la
Pdloma entera.
. Las sonatas,. los estudios, fas baladas, los dos divinos conciertos para piano y orquesta, forman una colección de obras
~ae~tra~ ¡ hay en estas pie~as un sentimiento, una poesía, una
msp1Tac1on que pueden calificarse de celestiales.
Predomina la tristeza en las últimas composiciones del mí,sico polaco. i Cómo habían cambiado los sufrimientos al brillante y satisfecho pianista, predilecto de duquesas! .... Nada
quedaba. de aquel discípulo de Elsner, con sus deliciosas broma_s, su rnfant1•l ~u.en humor, su briosa juventud, llena de entusiasmos y propos1tos ....
La desesperanz.a que expresan a!gunos de sus preludios y
nocturnos, 1mpres1ona como los gemidos de un moribundo. Vagos anhelos del alma, delirantes raptos, inquieto malestar recónditas melancolí_as, hastíos. profundos é indefinidos; y ~llá,
en el fonlclo, una inmensa tnsteza de renunciamiento de desencanto, una especie de abandono trágico aJ desti~o á Ja
muerte próxima, presentida, invocada quizás.....
'
Chopin ~urió prematuramente, agotado por la enfermedad
que contraJo á causa de su excesiva dedicación al estudio. Diríase que su alma, demasiado superior é impaciente del sufrimiento físico, abandonó, en un arranque de rebelión ese cuerpo exan?üe, incapaz de seguir colaborando en la obra genial
y magmfica.
Es cierto que "el arte inspiró su ,ida, consumiéndola" .. ,
A, HERRERA 0GAZON.

�EL MUNDO ILUSTRADO

1432

,

EL MUNDO ILUSTRADO

1433

Monumento a un Sabio Mexicano
UNA GRAN QUI.NTA DE SALUD
La feria de Tlálpam, ,que está llevando á la ,imp.ática ciudad á tantas personas deseosas de disfrutar de las ,delicias del
eampo, ofreció grandes atractivos ,para el ldomingo último,
y con objeto de disfrutar de ellos, tuvimos el gusto de visitar á la histórica villa &lt;le San Agustín de las Cuevas. Nuestro paseo por Tlálpam, a'! mismo tiempo que ,sirvió de expansión al espíritu y de descanso de las •diarias tareas, nos permitió conocer un ver,dadero monumento que perpetúa la memoria de un sabio médico mexicano, tanto más cuanto que,
fué fundado •por él mismo, es sostenido por sus descendientes, quienes no descuidan de él, con objeto de que nsponda
á las e'levadas intenciones de su fundador y sirva par:i que

vierno, el pedregal le protege de los vientos directos del norte,
y tampoco llega á sentirse un frío extrema.do, si bien es cierto
que ni aun en los lugares más descubiertos de nuestro hermoso
valle _se puede decir que el clima sea inclemente.

•
!fallado el s1t10 propio, faltaba dotarlo debidamente, y á
eso dedicó su atención el sabio. doctor Lavista. Su empeño, en
este sentido, tuvo el misma é~ito lisoniero que había tenido la
~elección de sitio apropiado.
Gran conocedor de •la ciencia médica y de las condiciones
esenciales de un establecimiento como el que trata-ha de
fundar, el sabio no escatimó gastos ni conocimientos para que
respondiera á las mas refinadas exigencias de los adel11ntos médicos de nuestra época.
Cuando la muerte a.rrancó, de entre los que lo amaban, al
distinguido y filantrópico médico, ,1tabía fundado un monumento suyo que hará que su memoria se guarde con veneración por muoho •tiempo y su nombre sea bendecido por todos
los que gocen de los beneficios del bien arreglado establecimiento, y por todos cuantos sepan apreciar un esfuerzo hecho
en favor de la humanidad.
Pero una vez que el monumento estaba erigido, se necesitaba conservarlo y sostenel'lo en los mismos principios que ldeó
su fundador, y para esto nadie mejor que el continuador del
glorioso nombre que llevó el docto1· La,·ista .

•

Señor doctor Rafael Lavista, fundador de la quinta de salud
de Tlálpam
las generaciones que han venido después de éste le agradezcan debidamente sus esfuerzos en favor de la humanidad.

•
Hace poco más de veinte años, por l~s de 1887 y 188~,. el
doctor don Rafael Lavista, •lumbrera eminente de la medicina
mexicana y hombre de ideales altamente altruistas y humanitarios decidió la fondación de una casa de salud en la que los
enfer:nos estuvieran libres de las molestias que necesaria é
ineludiblemente hace sufrir al paciente su estancia en un
,hospital público, y pudieran, rodeados de un ambiente grato
á la vez que ihigiénico, y atendidos por médicos eminentes en
los diferentes .ramos de la medicina moderna, olvidar su penoso estado y recobrar la salud perdida, ó en caso de que esto
no fuera posible, como en varios casos de enajenación mental,
pasaran su enfermedad de una manera tranquila hasta donde fuera posible, poniendo, para ello, todos los medios imaginables.
Escogió el insigne doctor la ciudad de Tlálpam para establecer la citada casa, y seguramente que no pudo estar más
acertado en su elección; Tlálpam disfruta de un clima muy
hermoso· durante el verano tiene una brisa constantemente
fresca y' nunca llega á temperaturas extremas; durante el in-

Y así fué; desde la sentida muerte del sabio mexicano, su
hijo, el señor don Javier Lav,ista se encargó de la administración de la quinta y ha procurado, no sólo •que esté á la altura
que fué fundada, 'Sino que progrese de acuerdo con los grandes descubrimientos modernos de la ciencia médica¡ de esta manera el señor Lavista ha demostrado el gran &lt;;_a.riño ,que sient-e por
su padre, conservando y mejorando constantemente el mejor monumento que puede elevarse á su memoria, el que 61 mismo
creó.
Colaboran en la noble tarea los más distinguidos médicos
de nuestra facultad, como se verá por la siguiente enumeración: ocupa el lugar de director de la finca el señor doctor don
Eduardo Licéaga, cuyo solo nombre es una garantía, pues
su fama no sólo llena toda la República, sino que -es reconocida en fos países extranjeros en los que ,ha representado, venta•
josamente, al nuestro. Su larga permanencia en el puesto más
importan.te del Consejo Superior de Salubridad, en el que ha
emprendido gloriosas batallas en pro de la salubridad pública, su larga y proveohosísima práctica en el ejercicio de la
medicina, y la fama notoria que ha adquirido en la dirección
de la misma quinta de salud, lo ponen á la cabeza de la facultad médica, puesto que se le ha confirmado con su nombramiento de director de la escuela nacional de Medicina.
El depart&lt;1mento de enfermedades nerviosas se halla al cargo del doctor Ruiz Edorzain, secretario de la escuela nacional de Medicina y renombrado especialista en este ramo· á la
presencia de este hábil especialista ,debe la quinta ila' gran
fama de que goza como asilo especial para enfermos de las
facultades mentales.
Además de los citados eminentes médicos, son internos los
siguientes: doctores Luis A. García, J enaro Paoheco y Nicolás Martíoez; dan consultas en la quinta los doctores Ramón '!caza, José Terrés, director del Instituto Médico Nacional; Gregorio Mendizábal, J. Peón del Valle, Alberto López
Hermosa y otras eminencias médicas. La mayoría de los citados son profesores de la escuela nacional de Medicina miembros de la academia del mismo r:tmo, y sus nombres s~n todos
y cada uno garantía de pl'áctica é idoneidad en el ejercicio de
la medicina.

•
Al cuidado de tan eminentes médicos, los enfermos reciben
la asistencia más esmerada, cada uno según su caso. El reglamento interior de la quinta está hecho de acuerdo con las exigencias de 1la más estricta higiene; en lo que respecta á la alimentación, salvo en los casos en que haya indicaciones en ,;ontra, se observa el siguiente régimen: se sirve el desayuno entre
siete y 1media y ocho de la mañana; la comida, á la una de la
tarde; l:i merienda, á las cinco, 3' la cena á las ocho y media

Gabinete de electricidad médica.-Departamento de cirugía.- A&lt;i:enidas en la liuerla.-Sala de billar
de la noche· cuando el estado del enfermo lo permite, esta~
comidas son' abundantes, y siempre, sin excepción, cocinad·1s
con esmerada atención y nim_i~ cui?a.do.
,,
.
En lo que concierne rol serv1c10 medico, se hacen v1S1tas diarias á todos los enfermos, 'Y son reglamentarias una por la
mañana, entre ocho y doce, y otra por la tarde, entre cuatro y seis.
Cada enfermo está asistido por un vigilante, y además de

esto hay dos jefes de servicio en cada departamento, cuya
obligación es vigilar que las prescripciones médicas sean escrupulosamente cumplidas según ordenata particular de cada
enfermo, en la cual se detalla el régimen de alimentación y
de medicación á que está sujeto.

•
Ocupa la quinta una extensión de

301000

metros cuadrados,

�1434

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
\

1435

La trágica Y la actriz moderna.-De "Malía" á "La Pecadora."-Mimí Aguglia
en el "Clavel Rojo."-La Santuzza.-El simbolismo de Galdós en "El
Abuelo."-Los últimos cuartetos de Beethoven
(:l~ienes apl_audieron ,á Mimí Aguglia el día de su presentac10n, no. dei.a~í~n de pensar, allá para sus adentros, que
en, 1~ actnz smhana ,se revelaba tan sólo un temperamento
tra¡pco, ca:1d~n~e, arro!Jador, tumultuoso, incapaz de someterse a las d1sc1pbnas y a los sous-entendus de la comedia moderna.
Efec'.ivamente, aquella J ana del drama del autor de Resegnaz1o~e mostrábase tan vivida, tan fuerte, tan espontánea,
tan adm1rab!emente vaciada e~ el molde artístico, que no era
aventura~o Ju~gar que la actnz, por afinidades temperamentales, se 1dent1ficab_a tan en absoluto con ella, que imposible
era cr~rla susceptib'le de amar, de comprender y de sentir
otros ripos que, en contraste con la fiereza de la heroína de
M alía, surgiera suavemente, llenos de matices delicados impalpables casi. Con los actores sucede lo que con los es~ritores: á un poeta lírico apenas se le concede que pueda cultiv~r la epopeya; á un novelista -se le niega el dominio escénico; ante una trágica se vacila en creer que pueda entrar
con pie fillile en la comedia moderna.
i Cuál no sería, pues, la sorpresa de quienes dudaron de la
amplitud de la personalidad de Mimí Aguglia cuando á la
noche siguiente de haberla visto interpretar la Jana, apareció
en La Pecadora!
Entre J ana y Daniela hay todo un abismo. No tienen un
solo punto de contacto, un rasgo común. En tanto que Jana
es ruda, ar,rebatada en su amor, .Oaniela es dulce y apacible.
Si acaso, se asemejan tan sólo en el dolor: son dos enfermas,
atatada la una por la neurosis; minada, lentamente minada
la otra por la tisis. La artista, para pasar de un cipo al otro,
había menester de una fleX!ibilidad contundente, irrecusable,
in'dudable, que la revelara cómo lo que es, como lo que nos reveló ser: una actriz sin imitaciones.
¿ Quién olvidará su Daniela?
La vi aparecer sonniente, con un no sé qué de coquetería
y de gracia que asombra, en e'l rostro y en los movimientos
todos, aun los más leves, haciendo gala de una espiritual elegancia en el vestir. Y coqueta, y graciosa, y espiritual) era
también su voz, empapada de una leve, de una soñadora mefancolía. Habló, revoloteó en la escena, lloró. Y aquellas contadas frases, y aquel revoloteo de pajarillo inquieto, y aquellas lágrimas contenidas casi á flor de ,párpado, bastaron para
mostrárnosla en una nueva faz de su talento.
En la cortesana que luego de haber recor-rido el mundo
galante, vendiendo caricias y besos, sentía d.espel'tar en lo
hondo de su ·ánima refinada ya, aunque nunca env:lecida, el
espíritu simple de la aldeanilla que fué, 'Y cumpliendo un deseo afanoso, un intenso, un invencible deseo de paz y de apartamiento del dorado vioio, tornaba á la ca·sona donde transcurriera, obscura y dichosa, su niñez, su niñez de chicuela pobre, soña-dora, enamorada sin saberlo del sol y del campo. Y
a1hí estaba msiosa de nobles cariños, ávida de franca ternura, pidiendo un rinconcito de.! rústico hogar donde abrigarse.
i Oh, pobre ilusa! Ignoraba que ella, naoida para el amor,
amor habría de sembrar ,á su paso, en tanto que la quimeradel afecto fraternal, de la adhesión familiar, de la paz, de la
paz suspirada, se desvaneciese como la neblina del paisaje, en
la olara mañana. Y es por eso que, en su muerte, una angustia
más grande que el propio sufrimiento físico la tortura: la de
que habiendo alcanzado la belleza, el esplendor, el oro, cosas
,á ~uohas vedadas, ,no turvo un hombre que la amara, un hijo
nacido de su carne mortal y perecedera que la continuase en
la v,ida cosas que á tantos se otorgan .... Su existencia se extingue 'como un soplo de aire en la .:ampiña clorótica de
otoño.
¡Ah! ¡ Y cómo en.tiende Mimí Aguglia est~ tipo priviile~iado del teatro de Gurmerá ! Hay que verla reir; hay que 01rla
11111rmurar las palabras del no esperado desencanto; hay que
1

Un dormitorio
Boliches
á la que se ha dado la siguiente distribución: Jiay cuatro jardin~s, ,una enorme huerta, cinco pabellones para enfermos,
oficrnas de lavandería, ropería, despensa, baños tibios, de re·gadera y de todas clases; botiquín, safa de recibir administración, sa,Jones de distracciones y recreo, y dep;rtamentos
anexos de los diferentes pabellones de los enfermo·s.
Entre estos últimos es digno de especial atención el de electricidad médica, ,que está montado con absolutamente todos los
adelantos en ese ramo hasta la feoha. Durante nuestra visita
se nos mostraron algunas radiografías 1hechas en el citado departamento, y las ha'llamos á la altura de las mejores procedentes de los gabinetes médicos europeos. Los resultados prácticos de est~ dep~rtamento han sido asombrosos, y es de esperarse que sigan siendo, dada la especial atención que se dedica á esta importante rama auxiliar de la medicina que cada
día adquiere mayor desarrollo.
'
Otro departamento de gran importancia y muy digno de la
mayor atención, por lo que significa en el tratamiento de los
enf ermos y muy especialmente de los lesionados del sistema
nervioso, es el ,de~tinado á diversiones ,y entretenimientos. Hay
dentro de la ,quinta un teatro biíllares boliches biblioteca
' .ca y sala de lectura·
' en el teatro
'
' funciones'
sa1a de mus1
se dan
de drama, comedia 'Y za rzuela 'dos veces al mes alternada·s
con exhibiciones de cinematógr~fo y de fonógrafo grafófono.
Nunca será bastante elogiada la idea de dar estas funciones
teatrales, pues tienen una influencia decisiva sobre el ánimo
del enfermo, ayuda muy poderosa 'para la curación de todas
las enfermedades y mu,y especialmente las ,que tienen su origen en el cerebro ó en :los nervios.

y

•

Sobre este ,c?njunto de pa_b~llones, departamentos y oficinas,
füota un espir_1tu de tranquilidad y de calma apacible; lejos
de lo que pudiera esperarse en un lugar destinado á enfermos

El pri1r.er jardín
Jardín del departamento de enajenados
y seres á quienes se su·pone ,entregados á la tristeza, ya que no
á la desesperación; en toda la casa se nota una dulce paz que
convida á la contemp'lación. La extremada limpieza, la cercanía de los bien cuidados jardines, la disposición general de la
quinta, borran de la imaginación toda idea de sufrimiento y
dan la impresión de una casa de recreo, en iJa que se pas:i un:i
temporada lejos del bullicio de la ciudad, en medio de los pb ceres del campo, para que, una vez que haya desaparecido el
cansancio de las cosas de la ciudad, se regr,ese á ella fortalecido y listo para continuar la lucha por la vida.
Tal es la hermosa obra que inioió el doctor don Rafael Lavista, y que continúa su ,hijo con la colaboración de las notables personalidades que mencionamos más arriba.
,Los grabados que acompañan estas líneas, reproducción de
fotografías que debernos á la amabilidad del señor Lavista,
darán á nuestros lectores una idea de la hermosura de la
quinta.

Totó M,jorana, primer actor de la rompn,Hn Ag119lia-Frrra11
contemplar su muerte, precedida de tremenda agonía p:ir:i
comprender á qué punto de perfección y de justeza llega.
Pero donde pude confirmarme todavía más en mi creencia
de que la ductilidad del ta'lento artístico de la actriz siciliana
es verdaderamente extraordinaria, fué en el Clavel Rojo breve drama de Ugo Ojetti, que descuella, sobre todo como' estudio de ambiente, y en el cual, por lo mismo, se de;conocen los
efectos. ¿ Qué puede admirarse de má'S simple de más natural
que la Ida de Mimí Aguglia en esta pequeiia obra? Apena~
se mueve; apenas habla. Va bordando con exquisita delicadeza ca,da una de las escenas del drama, 'Y cuando la aplaudís
luego de caer el telón, se os figura ver, no á la artista sin~
á una pobre ,y dolorida muj'er á la que tuvjmos ocasión de
sorprender en un momento lamentable de su vida.
De buena gana quisi'era aquí referirme, con abundosos detalles, á todas y ca·da una de las interpretaciones de Mirní
Aguglia. Mas, en la imposibilidad de hacerlo pasaré por alto
las representaciones de Bufere-drama bastan!e menos que mediocre de Sabatino López ;- diré que en Los carboneros tragedia gruesa de Orfani, que en manera alguna puede aj~starse al gusto moderno, tanto la ilustre actriz como el actor
Mejorana. hacen dos hermosos papeles, y Hegaré por fin á
Cavallerla Rusticana, la obra célebre de Verga. '
'
En este diminuto cuadro de ,vida siciliana obsérvase la fuerza
la intensidad que encerrar ·pudiese un drama en tres actos. Lo~
caractere&lt;s aparecen vigorosos, hechos á grandes trazos con
largas pinceladas. La acción, brevísima, se contrae, se de;arrolla rápidamente y lleva de la exposidón á la canástrofe con
una simplicidad y una violencia que asombran. Santuzza vive
sobresale con gran relieve: va del amor y de las lágrimas

á

�1436

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1437

IVÁN EL TERRIBLE

"Malía. ''-Obrn de presentación de Mimí Aguglia. - Acto primero

Acto tercero.-Escena culminante
Oiga (Mme: Litvinne)

Cabeza de lvá11 (Chaliapi11e)

�1438

EL MUNDO ILUSTRADO

la vergüenza y al arrepentimiento. Es un tipo de mujer hecho
de arranques y de timideces; tipo interesante d·entro de su
rusticidad misma, que Mirní Aguglia ha sabido penetrar con
esa honda penetración que le conocemos cuando encarna gentes de su tierra.
Forman una hermosa trinidad artística con Mimí en Ca'l!allería, el actor Rapisarda, que hace un Tm,iddu excelente, y, 'Sobre todo, Mejorana, rebosante de verdad en el Alfio.

•
:Enrique Borrás ha vuelto á presentarse en El A bue/o, con
Vfrginia Fábrega'S, que deleitó con la condesa de Laín, y las
señoritas Navarro y Cancino, discretísimas en la interpretación de Ddlly y Nell, las dos hermosa,s criaturas nacidas del
cerebro pensa•dor y artista del autor de Trista11a.
Y el éxito alcanzado por El A bue/o en el teatro "Virginia
Fá·bregas" ha sido tan franco, tan espontáneo, tan ruidoso, que
no puedo menos de creer que-dejando aparte la personalidad
del gran actor cata'lán, que en esta obra es genial - el teatro
de Pérez Galdós, tan profundo, tan humano, tan sincero, va
encajando ya en el gusto del público antaño á él rehacio.
Teatro del porvenir d•ió en llamarse al del gran novelista
español, como se llamó al de Ibsen. Y es que Galdós, dotado
de una amplia visión y un claro instinto de los problemas
humanos, visión é in~into propios del novelador glorioso, quiso llevar al teatro, como llevó a1l libro, concepciones que, por
su amplitud, rebasaban los estrechos y convencionales límites
escénicos. Apeló al símbolo; en personajes caractePizó grandes tendem:ias humanas, grandes ideas, grandes pasiones. Su
teatro, origina1ísimo, es algo á la manera de un monumento
sólido, á trechos rudo, leva·ntado no al hombre de hoy, ni
menos a,I español, sino al hombre de todos los siglos.
,Esa estupenda figura simbólica llena &lt;de misterio que se llama El Abuelo, que pa,sa tonante como un paladín de las viejas edades, barriendo las miserias modernas, trae á mi memoria, sin quererlo, el recuerdo de los gigantes del teatro de
Shakespeare.

•

•

El público meritísimo que con su constancia, con su devoción
y con su amor por el arte, ha sostenido la espiléndida temporada del Cuarteto de Bruselas en la "Academia Metropolitana"
escuchó con emoción profunda los últimos cuartetos de Beethoven.
El gtnio de Bónn dejó en esas obras admirables, que cons~ituyeron la postrera labor de su vida, la más exquisita esencia de su alma y la más •profunda sabiduría de su arte. Antes de emprender el supremo viaje, escanció en la copa de oro
las ú,ltimas gota's de aquella divina ambrosía que prodigara
tanto. Oyendo los últimos cuartetos, siéntese el ·soplo del inñnito; escúchase una voz superhumana, inmensa, que nos habla del más allá.
Emoción será para mí inolvidable la que experimenté co;i
los cuartetos op. 132 en la menor, y op. 131, en do soste11ido
menor.
¿ Quién, por ventura, podría expresar, en superficial crónica, }:¡ ternura del "canto de reconocimiento de un conva,leciente á la divinidad," en que Beethoven se elevó á Dios en el

EL MUNDO ILUSTRADO

fervor de la plegaria, y la melancolía innegable del adagio de
introducción al segundo de estos cuartetos, ante el cual se
arrodil'ló Wagner?
No fo sé. Hay ,infinitos espacios que no caben en las cuartillas blancas, en las blancas cuartillas que esperan, con la caricia de la pluma, el beso &lt;le un frívolo pensamiento.

..

UN TEATRO NUEVO

MAESE PEDRO.

Iván el Terrible
La obra que, seguramente, obtuvo más feliz éxito entre las
representadas en París durante la temporada lírica rusa, fué
l'l!án el terrible, ópera en tres actos y cinco cuadros, sacada
del poema de Mei, por Rimsky-Korsakow.
Magnífica es la figura del célebre bajo Chaliapine en esta
obra y soberbia la interpretación que, por parte de la compañía rusa, se la dió en el teatro del "Chatelet," de la metrópoli
parisina. Mas, ello aparte, lván el terrible, pertenece al número de aquellas obras maestras que por sí solas se imponen.
Revela en su orquestación admirable, en lo selecto y originalísimo de sus temas, en lo perfecto de sus coros, y, finalmente, en
su forma armoniosa, á una personalidad no exquisita, s1110
genial de la música moderna.
Rimsk-y-Korsakow fué, con Mili Balakirew, César Cui, Modesto Moussorgsky y Alejandro Borodine, uno de los creadores de la música nacional rusa, que hacia 1854- comenzó á
abrirse amplio camino en el arte de Europa. Autor de varias obras célebres, formó escuela, impartiendo la enseñanza
á muchos que son hoy primeras figuras en la música rusa,
entre ellos Glazonow, actual director del conservatorio de San
Petersburgo, y murió en Febrero de 1908, luego de haber alcanzado no pocos triunfos, dirigiendo, personalmente, algunas de sus obras en los centros artísticos &lt;le mayor importancia
del viejo continente.
l'l!á11 el terrible puede considerarse como su más bella y
acabada producción.
He aquí una breve síntesis del asunto de la obra, á la cual
se da, en Rusia, el nombre de la Psko'Vitaine, porque la heroína del drama en una linda moza de Pskov:
I ván el terrible, luego de someter la ciud&amp;d de Novgorod y
&lt;le castigar rigorosamente los esfuerzos que ésta hiciera por
defender su independencia, se dirige á Pskov, resuelto á continuar las sangr,ientas represalias. La casualidad hace que
descubra en este pueblo á su hija natural Oiga, joven de diez
y ocho años, á la sazón enamorad:i de un mocetón de la localidad, lo cual ignora, como es natural, el tremendo monarca.
Recuerdos enternecedores de un pasado lejano vienen á mitigar la cólera del zar, quien, en magnánimo arranque, acaba
por conceder la amnistía á Pskov. Oiga ama locamente á
Toutcha, y he aqui que éste, rebosante de odio al zar, reúne
á un puñado de bravos como él, y con ellos penetra en el campo y se precipita sobre la tienda ocupada por I ván, con la
esperanza de llevarse consigo á Oiga. Pero el atrevido asalto hlce sus víctimas: Toutoha y su dulce amada quedan en él muertos,
é I ván, cuyos sentimientos paternales renacen ante la pérdida
de Oiga, entrégase á honda desesperación.

J

Desde el martes último cuenta la sociedad culta de México
con un nuevo centro de reunión, el cual, por su situación, por
el cuidado que se ha tenido al instalarlo y dotarlo de todas las
comodidades que exige un teatro moderno, y por el empeño
que tienen sus empresarios de presentar en él sólo los espectáculos preferidos por el público, será, á no dudar, el punto
de cita de todos los amantes de las diversiones de carácter
,ligero, tan necesarias en una ciudad que ha alcanzado el gran
movimiento que tiene la nuestra.
El nuevo teatro se levanta en el terreno qu ocupó, hasta
hace poco, la casa número 31 de la tercera calle del Ayuntamiento, y fué construído desde sus cimientos especialmente,
para el uso á que se le destinaba. El edificio puede considerarse
dividido en cuatro partes: vestíbulo, cantina "promenoir" y
sala de espectáculos.
El primero es amplio y bien acondicionado, de lo cual podrán convencerse nuestros lectores •por la vista de él que
acompaña estas líneas. La cantina se halla perfectamente surtida con los mejores caldos que se importan á la ciudad, y está
atendida por persona competente y entendida en la materia;
aparte del servicio de caldos, atiende el de refrescos, helados,
café, chocolate, etcétera, procedentes de una de las más acreditadas casas del ramo. El "promenoir" ó fóyer alto forma parte
de la sala de espectáculos, y, por lo tanto, las personas que lo
deseen puooen ocuparlo para gustar de las exquisiteces del
servicio culinario, y, al mismo tiempo, de los espectáculos
que se desarrollan en el palco escénico.
La sala, propiamente dicha, es un modelo en su género, sumamente cómoda y espaciosa; su decorado es muy sencillo y
artístico; domina el color blanco con sobrios toques de oro.
El palco escénico no desdice de la elegancia del resto del
edificio; cuenta con un magnífico decorado, abundante y artístico, propio para toda clase de espectáculos.
Como decimos ante&gt;, el teatro se inauguró el martes próximo pasado con una función que pudiéramos llamar de carácter privado, á la cual fueron invitadas familias prominentes de
nuestra buena sociedad, las que aceptaron galantemente la
invitación v llenaron las localidades del teatro en esa función
inaugural."
Iatercaladas con hermosas vistas de cinematógrafo, de
las que con justicia se llama "de arte," se presentaron ante
el selecto público las siguientes variedades: .Emma y Víctor,
que ya son conocidos del público y sancionados por el aplauso general; la simpática parejita de los hermanos Areu, la
que presentó bailes muy novedosos, estudiados y puestos especialmente para esta o~asión; los marionettes del profesor
d'Antin hicieron }:¡ delicia de los chiquillos y divirtieroa no

Vestíbulo
poco á las personas de edad; ·para terminar, se presentó el
hermoso número luminoso en que toman parte Emma y Phriné,
ante el cual se desbordó libremente el entusiasmo de la elegante concurrencia, que se retiró llevando los mejores recuerdos de ,la grandiosa fiesta inaugural.
En "El Alcázar" el público puede, por un solo precio, permanecer todo d tiempo que quiera y reconer á libertad todos
los departamentos, pudiendo ir al fóyer, en donde, como ya
dij,imos, puede gustar, al mismo tiempo de las delicias del
restaurant y las del espectáculo; en una palabra, "El Akázar" es el primer "Music Hall" de México.

�1440·

EL MUNDO ILUSTRADO

CRONICA

"El Alcázar."-La sala de espectáculos y el fóyer alto en el fondo

Niños Lucía Romay y llrturo Mejía, que bailaron la jota en la fiesta de caridad celebrada recientemente en Guaymas

1441 .

EL MUNDO ILUSTRADO

El calor sofocante del estío nos abruma, queridas lectoras;
los párpados se cierran en las meridianas siestas y el sueño
baja, suavemente, á envolvernos como una tenue gasa que
se extiende entr,e nosotros y la vida, haciéndonos olvidar .las
penas, los recuerdos tristes y los negros presentimientos del
futuro. De todos los misterios que permanecen inaccesibles á
las investigaciones de la ciencia, el sueño es, acaso, el más interesante; completamente impenetrable al aniálisis, es un eterno
y poético ,problema •que se levanta delante de las suposiciones
de ,los sabios, los cuales, muchas veces, durante esas pes1das
horas de estudio habnán sentido, sobre sus frente fatigadas, el
beso suave y alado de ese mismo -sueño misterioso que tratan
de definir y habrán escuchado su acento arrullador que les
dice al oído: "no descubras mi secreto, goza de él y descansa."
Entonces el sabio se abandona á la dulce invitación y duerme ..... frente de él las páginas blancas esperan ansiosas;
los libros abiertos semejan una pregunta sin respuesta; la luz
ha tomado un tono discreto y todo parece dominado por ese
monarca misterioso •que tiene poder ineludible hasta sobre
aquel tirano cruel nunca vencido: el dolor. Entra el sueño
á la estancia donde el enfermo gime, y su rostro enflaquecido
toma una e~presión de dulce calma y de tranquilo bienestar;
ha dejado, repentinamente, de padecer, porque el sueño le ha
tomado entre sus brazos y le ha arrancado del poder implacable del sufrimiento material.
Suspira tristemente la joven enamorada y llora sus más
amargas lágrimas, en el silencioso recogimiento de la alcoba,
recordando alguna íntima pena amorosa que ha desgarrado su
corazón y nublado, tal vez para siempre, el horizonte sent-imental de su vida; mas de •pronto las grandes pestañas obscuras se abaten sobre sus pálidas mejillas, húmedas por el llanto, como blancos pétalos cubiertos de rocío; la suave línea de
sus labios dibuja una .leve sonrisa ..... es el sueño, el sueño piadoso y consolador quien ha cerrado los tenues párp1dos
cansados para abrir, después, las puertas luminosas de la
quimera y, en el mágico palacio de _la ilusión, mostrarle_ al
amante voluble é ingrato que le sonne con los brazos abiertos. . . . . Las horas pasan y la joven sueña con la anhelada
dicha que la vida le ha negado; pronto vendrá ]¡; realidad
desoladora cuando llegue el despertar; mas, entretanto, duerme y es feliz. Y en el quicio destartalado de una puerta, en la
desierta calle dormita un pobre niño abandonado, sin padres,
sin pa~, sin 'hogar, en _la inclemente noohe ll_:1viosa; pero el
,pobrec1llo duerme sonriendo, pues en sus suenos se ve recostado en el regazo materno, cerca del brillante f~ego, donde
murmura la cacerola de la cual se escapa un apetitoso vapor;
el chiquillo vagabundo cree ver platillos suculentos, dor_ad!!_
pan, caliente y tierno, blanco queso, frutas_ maduras de vivos
colores; todo eso es para él, durante el sueno, la amorosa son-

risa de su madre, los bellos juguetes admirados en los lujosos a.paradores; todo esto le ofrece el pródigo y compuivo
sueño, que ha venido á acariciarlo en su miseria. Al pensar
en tan admirables transformaciones, lectoras mías, vienen deseos de respetar el sueño de los que duermen casi como se
respeta el momento de inspiración én que el artista y el sabio
se recogen, devotamente, para revelar después, en la obra
maestra, el maravilloso secreto que en el interior de sus almas
han escuohado.

•·
·En la moda, lo mismo que en todas las cosas de este mundo, se verifica una perpetua renovación; ahora los talles normales vuelven nuevamente á ocupar el reinado del cual fueron despojados por los trajes de estilo imperio y directorio.
Aún quedan algunos modelos de esos estilos; pero los nuevos, los verdad·eramente elegantes, fijan ya el talle en su sitio
natural. Esta evolución de la moda debe ser recibida con absoluto beneplácito por l_as personas de buen gusto, pues la belleza se a&lt;poya siempre en la verdad y así lo indican las obras
maestras del arte; por tanto, mientras más se incline el traje
á seguir las líneas naturales de la figura, más linda ser-á la
moda que permite á la belleza mostrarse en toda 'su hermosa
sencillez. Esta fué la regla única que siguieron los griegos,
maestros en el arte de la belleza plástica, para elegir el atavío
de la mujer. Podrá haber, ciertamente, modas graciosas, elegantes y originales en la profusión de telas; pero la escuela
correcta y clásica de la forma rechaza lo superfluo y voluminoso. De este último exceso no •podemos lamentarnos en la actualidad; la silueta femenina continúa manifestándose esbelta, fina, casi semejante á las estatuas de mármol cuyas
figuras están, levemente, dibujadas por líneas imprecisas y artísticos pliegues de elegante sobriedad; esta indicación de la
moda está fielmente observada hasta en los trajes sastres, en
los cuales la falda, un poco más larga y amplia que antes,
tiene todo su "chic" en los pliegues; éstos se dibujan por la
espalda y por ·el delantero con ,precisión, formando, á veces
u~ delantal muy ,gracioso; y el jaquet "redingot, recto, sobrio:
aiustado y largo. Las vueltas, adornadas con piel de seda,
igualando al tono del trajeó de matiz semejante; por ejemplo:
el paño ó la cachemira verde seco se verá muy elegante con
vueltas, puños y cuello de seda marfil. Se ha inaugurado en
los trajes sastres los colores vivos, lo cual constituye una verdadera nov,edad; hay, entre las sargas, algunas muy lindas
en color rosa coral antiguo, azul "saxe," el kaki dorado'
verde almendro, castaño obscuro y malva. Estos son los colo'.
res que tienen ahora privanza; realmente los trajes sastres
confeccionados en estos colores, tienen un sello juvenil ele'.
gante y gracioso. El color del cuello da una nota muy pe;sonal
al jaquet, por ejemplo: el kaki, adornado de verde bronce,
se ve admirablemente; el azul vivo y el rosa viejo tendrán
más relieve con el cuello, puños y solapas de terciopelo obscuro ó negro. El malva, queriendo mostrar que es el color triunfante de la estación, no admite ser compartido con ningún
otro y lleva las vueltas y ,pasamanerías en el mismo tono.
No dejaremos de seguir dando á nuestras lectoras las noticias
más recientes sobre las novedades de la estación de verano.
MARGtlf-lT.I.

�1442

EL MUNDO ILUSTRADO

Usos de Sociedad
Los Amos de Casa
Las ley.es sociales, que imperan en todas las circunstancias
de la vida, indican también la conducta que debe fenerse hacia
el personal de servicio.
Ninguna •posición, por elevada que sea, da derecho para hablar á los criados con brusquedad y desprecio; si ellos reciben nuestro ,dinero, nos prestan, •al mismo tiempo, sus servicios,
y se fatigan por esta causa. No se •puede, por tanto, exigir su
respeto si no se les trata con benevolencia y consideración;
obrar- de otro modo es vJolar las leyes de .la ,reciprocidad de
derechos. Las personas generosas y delicadas no se sirven jamás de comparaciones injuriosas que puedan humillar á sus
sirvientes; •por ejemplo, nunca dicen delante de ellos: "tal ó
cual persona se porta como un lacayo," etcétera. Siempre debe
tenerse en cuenta la dignidad humana y la justa susceptibilidad de los pobres y humi,ldes; este es, acaso, el más grande
honor ile nuestrns tiempos. Los amos de casa d-eben cuidar de
que sus crfados se traten entre sí con la mayor educación posible; no podrán obligarlos á que se profesen cariño, mas sí
imponerles respeto mutuo. Es preciso exigir que las órdenes
de los amos sean estrictamente ejecutadas, siempre que ésta~
sean razonables y que se manifiest,en con claridad y precisión,
no contradiciendo esas mismas órdenes, á menos de existir para ello motivos serJos y justos. Hay amos que acusan á sus
criados de u~a gran torpeza en ,e) menor negocio que se les
encomienda; son ellos mismos los causantes de ésta, .por la
confusión de sus ideas ó por la manera poco clara de expresarlas. ¡Cuántas amas de casa, que parecen no tener noción
del tiempo, aglomeran sobre sus sirvientes una multitud de
ocupaciones á la vez, cuando sería preciso -dedicar una hora
á cada una de ellas, para que resu !tasen bien desempeñadas!
En fin, es conveniente tomarse •por sí mismo algunos cuidados,
para no agobiar de trabajo á los criados; hay damas elegantes que llaman á sus doncellas para que cierren una puerta ó
levan~en un pañuelo que se les ha caído sobre Ja alfombra. Es
preciso no creerse en ridículo ,por •agradecer á un cr.iado que
nos preste un servicio, aun cuando éste sea obligatorio; el
criado tiene derecho á ese agradecimiento del mismo modo
que lo tiene á sus honorarios; ésta es cuestión de humanidad.
Sin embargo, la cortesía y consideración de los amos no debe
degenerar en familiaridad hacia los servidores; por ejemplo: es de muy mala educación la costumbre de escuchar las
habladurías y chismes de esas gentes; es preciso, sin duda, hablarles algo fuera de las órdenes que se les dan; pero es debido limitar ·discretamente esa conversación; se les puede preguntar por sus familias; se les aconsejará sobre la manera
colocar su dinero, animándolos para que hagan algunas economías; en una palabra, se les pued~ ayudar en todas sus
dificultades, pero sin descender nunca á esa familiaridad inconveniente.
A los criados antiguos, que han prestado muchos años de
servicio en la casa, se les debe asegurar la subsistencia. cuando la ,edad ó los achaques los pone imposibilitados de trabajar.
Esta pensión es, naturalmente, proporcionada á la fortuna de

1e

los amos. Las familias acomodadas y de cierto abolengo son
muy generosas á ese respecto; no vacilan ni en privarse de algunas _¡:omodidades, á fin de que sus viejos servidores disfruten de bienestar y descanso en los últimos años de su vida.
Los amos de casa están obligados á hacer un obsequio cualquiera á los criados que se casan estando á su servicio; y no
hay inconveniente ninguno en servir de testigos en sus bodas,
asistiendo toda ia familia á la bendición nupcial. Cualquier
acontecimiento dichoso, acaecido en la casa, debe señalarse por
una ,gratificación de los amos á los criados; por ejemplo: aumento de fortuna, nacimiento y bautizo de un niño, un enlace feliz, etcétera. Un trabajo extraordinario, desempeñ&lt;tdo
por los sirvientes, debe ser recompensado fuera del sueldo
fijo. A menos que existan motivos poderosos y graves, es conveniente conceder ocho días al criado que se despide par:i
darle tiempo de encontrar una nueva colocación. Si merece
un certificado pe su honradez, se manifestará con claridad que
posee dicha virtud, pues ésta será la mejor manera de protegerle. En el caso contrario, sólo ,puede decirse el tiempo que
ha permanecido en la casa, si no está seguro de su falta de probidad, pues si ésta se comprueba, la justicia reclama decir la verdad completa para evitar nuevas faltas
en las cuales, el silencio de los antiguos -amos, tendría cierto
carácter de complicidad. En cuanto á la etiqueta del servicio
no pueden dictarse leyes absolutamente fijas, pues varían un
poco, según las costumbres particulares de cada familia; pero
de ,un modo general se dice que los criados deben hablar á
los amos en tercera persona, dando á la dueña de la casa el
nombre de "señora" y al jefe de la familia el de "señor."
A los hijos de éstos deben llamarles: señorita, si se trata de
una joven, y niño ó niña, si son pequeños. Un sirviente jamás debe presentar á los señores ó á las visitas de la casa
un objeto cualquiera en la mano, si puede ser colocado sobre
una charola.
Si el amo, á causa de alguna enfermedad, tiene necesidad
de apoyarse en el criado, éste no le ofrecerá la mano, sino el
antebrazo, lo mismo que para ayudarlo á bajar del carruaje.
El cochero, sobre el pescante, no descubrirá su cabeza cuando
los señores suban al coche; solamente se tocará el ala del sombrero; no debe saludar á ninguno de sus conocidos cuando
los amos van en el coche. Los criados deben tocar discretamente ,á la puerta de la alcoba ó gabinete donde estén los señores,
salvo en los días de recepción, en los cuales introducirá á las
visitas é invitados sin tocar, anunciando, solamente, los nombres de éstos. Parece superfluo añadir que tanto las libreas de
los lacayos, cocheros y camaristas, como los trajes, cofias y delantales de las cridas, deben estar escrupulosamente limpios.
El lujo ,puede dispensarse; pero el aseo jamás. Es preciso cuidar en extremo de que los niños de la casa no traten familiarmente con ·los criados; ,esto puede traer consecuencias muy
graves para la moralidad de los niños; este cuidado no excluye que se les inspire benevolencia y consideración por la servidumbre, impidiendo que ,la traten con altivez y dureza. Las
niñas jamás deben salir en compañía de un criado, aunque éste sea de muoha confianza para ,la familia; Il'i tampoco puede
entrar un servidor á la alcoba de una dama, ya sea señora
ó señorita, de poca ó de mucha edad. Los usos sociales deben
observarse, no solamente en público, sino también en la vida
íntima.

EL MUNDO ILUSTRADO

El primer paseo del niño recién nacido depende de varias
circunstancias: si está en buenas condiciones de salud y el
tiempo está bueno, podrá sacarse á los quince días de nacido;
este •punto está tan bien determinado, que es el tieinpo que la
ley señala para legitimarlo; si ,el niño está delicado y enfermizo, se retardará su salida; la primera deber-á ser corta y
poco á ,poco se irán alargando, de manera que cuando el tiempo sea favorable permanezca fuera de la casa el ~ayor tiempo posible, en los jardines, evitando siempre el contacto con
los demás niños, porque muchas veces en esos lugares es adonde
contraen enfermedades contagiosas como el sarampión, la viruela, escarlatina, etcétera; ,á medida que el niño vaya creciendo, se procurará, de vez en cuando, .llevarlo al campo á respirar el aire libre y recibir el sol, que le son tan necesarios como
una buena nutrición; su apet.ito se mejorará, su poder digestivo y
sus fuerzas aumentan, y su permanencia en el campo ejerce
una influencia muy benéfica sobre su salud.
En los primeros meses es llevado en los brazos por la madre
ó la nodriza, ·poniéndolo horizontalmente; á los cuatro ó cinco meses de edad el niño puede llevarse sentado, porque en
esta época su columna vertebral tiene más resistencia; se procurará cambiarlo de un brazo á otro con el fin de evitar posiciones viciosas y el cansancio que le ,produciría teniéndolo en
una misma postura. Hay muy buenos modelos de cochecitos de
paseo para los niños, que se escogerán con buenos resortes
para evitar los sa,ltos y sacudimientos que les son perjudiciales para su digestión y su cerebro; además de este requisito,
se pr~erirán los que estén provistos de un capirote para protegerlos contra el viento y los rayos del sol; tienen, entre otras
ventajas, .Ja de evitar el cansancio á la persona que los lleva;
pueden descansar como si estuvieran en su cuna y hasta dormir perfectamente.
El niño, instintivamente, hace por sentarse; después, á los
nueve ó diez meses, paulatinamente comienza sus primeros
ensayos de marcha; debe evitarse que lo •haga de una manera
prematura ,porque trae como consecuencia las corvaduras de
las piernas, desviaciones del pie, actitudes viciosas de la columna vertebral, porque su fuerza muscular es muy débil en

1443.

esta época y va desarrollándose poco á poco, hasta que se
afirma; el niño se siente fuer te (,hace el solito) y comienza á
dar los primeros pasos en su vida infantil, que constituyen
el ,encanto de sus padres; ¡y cómo gozan y se divierten al ver
que su hijo sale triunfante en sus primeros esfuerzos de marcha!

Se han inventado varios aparatos para enseñar á andar al
niño y se conocen con el nombre de andaderas; deben desecharse todas, y sólo se recomienda la cesta de mimbre alargada, en ila cual se coloca al niño; porque tiene la v,entaj'I de
tenerlo asegurado contra los golpes por la falta de vigilancia,
y cuando la f,uerza muscular se desarrolla, el n,iño se levanta
y se pasea alrededor de ella, sosteniéndose de la orilla ; contribuye al desarrollo de los brazos y de todo el tronco, y favorece la gimnástica de todo el cuer,po.
DOCTORA COLUMBA RIVERA.

�1444

EL MUNDO ILUSTRAOU

1445

EL MUNDO ILUSTRADO

LA ~1U

ENELrl06AR

Confecciones á Domicilio
Tenemos el gusto de dar á nuestras lectoras dos modelos
de prendas de vestir para señora, confeccionadas á domicilio.
El primero es una elegante bata de mañana y el segundo un
kimono para ,peinarse.
.Pasemos á describir la bata. Esta se hace de "moustard"
azul pálido y va adornada con anchas cenefas, cuyo bordado
está constiti.ído 'Por una complicada greca de color azul obscuro combinado con negro. El efecto de esta cenefa es muy

Tener una cocina arreglada é higiénica, en donde se vigil,e
que los manjares se condimenten con cuidado, para que la mesa esté servida con gusto y •propiedad es, sin duda, la primera
atención de una buena ama de casa; pero este primer cuidado estará seguramente muy incompleto si el comedor no tiene
un aspecto elegante, confortable y risueño. A fin de que nuestras lectoras puedan, con la mayor facilidad, arreglar artísticamente su comedor, damos hoy el presente modelo, que representa el .lienzo de pared en donde está colocado el aparado.e.·
Este es de madera de roble obscuro y de forma severa llena de
elegante sencillez. A un lado del aparador es~á ·colocado un
sofá de la misma madera que aquél, tapizado de tela á rayas.
La mesa es de roble, como el aparador, y lo mismo que el
sofá, imita la forma y los ta.liados de dicho aparador. Está
cubierta por una carpeta de etamina gruesa, en color crudo,
bordada al punto de cruz con hilaza de colores vivos. Un
gran tapete, puesto debajo de la mesa, completa el conjunto
de este elegante y sencillo comedor.

bata se recoge en la cintura por un grueso cordón de seda
azul p•álido.
Respecto del modelo de kimono para 'Peinarse, diremos esto: Es
de muselina moteada y va adornado con fajas anchas, estilo
"roulos," bordadas cou grecas ó ,gaveados. El molde d-e este
kimono es sumamente sencHlo. Extendido por completo sobre
una mesa, presenta la figura que, en forma de picos, podrán
ver en el grabado nuestras lectoras. El patrón no puede ser
más sencillo; el kimono resulta muy cómodo.

o

Labores Femeniles
Algunos caballeros suelen ser sumamente afectos á coleccionar pipas, ya sea que fumen, ó ya solamente que, por instinto
de coleccionistas, gusten de poseer un variado número de ellas.
Para eualquiera &lt;le los dos casos, muy eon~eniente será que
la señora de la casa se interese •por la afición de su esposo,
procurándole el modo de colocar sus pipas de una manera
v-istosa. Para ese efecto, ofrecemos á fas lectoras de este .semanario un bonito modelo de portaipipas que, sin traerles mayor
gasto, es de un efecto completo. No ihay 'Sino ver el grabado
para comprender la manera como está hecho ese porta,pipas.
En el guardapolvo de madera que rodea la parte baja del
muro del gabinete ó despacho, se atornillan ocho ó diez (los

DESENGRASADO

Desengrasar el caldo perfectamente, cuando se ha sacado la
carne, es también principio esencial que debe observarse, tanto bajo el punto de vista higiénico, como bajo el punto de vista
culinario.
Desengrasar es quitar toda ,la grasa que está en la superficie, con el cucharón destinado á este servivio. Se tendrá cuidado, al quitar la g.asa, &lt;le quitar lo menos posible de caldo.
Esta operación se hace más fácilmente cuando el caldo está
hirviendo, siempne -á orilla de la lumbre.
Las grasas que resultan del cocido y otras cocciones pueden
hacer, cuando han sido ·perfectamente clarificadas, muy buenos fritos.
Se clarifican las grasas, haciéndolas cocer á fuego lento durante ,una hora. Se deja enfriar un cuarto de hora y se cuela
después por el colador chino.

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que sean necesarios), de esos arillos dorados, especie de armellas con tornillo, que se consiguen en todas las tlapa.Jerías.
Dentro de cada uno de ellos irá una pipa. Presentadas de
este modo, las pipas lucirán perfectamente sus tallados; la
señora dirá con esto que es -inteligente y artista, y el marido,
complacido, estará satisfecho de sus pipas y de su mujer.
El otro modelo representa un portatijeras. El alma de
este útil objeto es de cartón rbastante duro. Todo va forrado en
seda ó peluche color verde musgo. La parte de atrás es más

SOPA DE PURE DE LENTEJAS
Se escoge un cuartillo de lentejas gruesas y rubias, procu.rando que sean ,siempre del año, lo cual debe hacerse, por
regla general, con todas las legumbres que se empleen para
sopas y purés. Se lavan las lentejas con agua tibia y se ponen
en una cacerola con tres cuartillos de agua, onza y media de
cebollas enteras, cinco adarmes de apio y cinco adarmes de
sal. Se ponen á cocer, y cuando las lentejas es~án hirviendo,
se cubre la lumbre y se dejan hervir á fuego lento J1asta su
,entera cocción. Para asegurarse de ésta se aprieta entre los dedos una de las lentejas, la cual debe deshacerse fácilmente.
Para hacer.las más tiernas y facilitar la cocción se tendrá
cuidado de verter, en la cacerola, la cuarta parte de un vaso
de agua fría, de media en media hora, sin exceder, en totalidad, de la cantidad de un vaso. Cada vez que se añada agua
fría, se avivará un momento el •hervor. Cuando están bien
cocidas las lentejas, se escurren en un cedazo. Se guarda el
caldo ,que han dado; se pasan, comprimiendo, por el cedazo,
reco~iendo en una cacerola el puré. Se va añadiendo varias
veces una parte del caldo para que la legumbre pase más fácilmente. Hecho el puré, se vierte en la cacerola; se hace cocer y, al primer ,hervor, se ,pone al lado de la hornilla, duran-

te media hor:i, removiendo con la cuchara de madera para
impedir que el puré se pegue. Luego se corta media onza
de pan en pequeños cuadros y se pone en la sopera; se añaden dos onzas de mantequilla, se vierte el puré sobre la mantequilla y el pan, se agita con la cuchara para que se incorpore la mantequilla, y se sirve.

agradable á la vista, debido al contraste del color azul fuerte
á sus bordados, resaltando sobre el suave azul de la tela de la
bata. Esta es de corte completamente recto y va plegada en
la parte del hombro, cerca del cuello. Las mangas son de
forma caprichosa, angostas en las hombreras y amplias en la
parte de los puños. Llevan también el adorno de la greca. Esta

ARROZ PARA LAS SOPAS DE PURE

En las sopas de puré se puede reemplazar el pan con el
arroz. La cantidad de arroz para sopa que se sirva á cuatro
personas es una onza. Se lava perfectamente el arroz con
agua fría, y después se le deja remojar con medio cuartillo de
agua puesta á hervir; se añade media onza de manteca y dos
adarmes de sal. El arroz debe estar cocido al cabo de veinte
minutos. Se mezcla el arroz con el puré, añadiendo en la sopera una onza &lt;le mantequilla. Se remueve bien y se sirve.
alta que la de adelante; y ésta va dividida en dos, con objeto
de dar cabida á dos tijeras. Un cordón color de rosa fresa,
de seda y bastante grueso, orla todas las orillas y sube, rematando en una coca. El bajo y los lados llevan, igualmente,
una coca de cordón. Este artístico objeto debe colgarse en el
muro del cuarto de costura.

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FoT. FÉLIX,

DE PARfs.-&amp;PEOIAL PARA

FOT. FÉLIX, DE

"EL MuNDO ILusTRADO"

TRAJE DE CALLE.-En foulard violeta seco, con lunares blancos, La falda está adornada en la parte inferior
con pequeñas alforz~s y un vo!ante abullonado, ~I cuerp~ lleva d~s bandas ~uarnecidas con pasamanería del
mismo color del tra¡e y pequenas alforzas. Canesu de enca¡e valenciano con listones violeta1 entrelazados En
el cuello lleva un vuelo de tul rizado.
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MANTO

DE

PARÍS. -&amp;PEOIAL PARA

"EL MUNDO ILUSTRAD011

TUL Nl!GRO,-Elegante manto de tul negro guarnecido con bordados de plata, imitando gaviotas
y dibujos de ornato

�1444

EL MUNDO ILUSTRADO

1448

.:· C9nsultas.para las Damas
TRAJE DE CALLE

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Presumida.-Doy á usted el modelo que desea para traje de
calle. Está confeccionado en velo de París, color cereza. El
cuerpo semeja un bokro de corte muy original; va adornado
con una pasamanería de seda del mismo color del traje, y lle·

CONSULTA INTIMA

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Rosina.-Es bastante difícil dar una opm1on acenada en
el asunto que ,hace usted favor de consultarme. Pero deseando
ayudarla del mejor modo posible, le diré .Jo que me parece respecto del obstinado é inexplicable silencio epistolar que guarda
el joven con quien tiene usted relaciones amorosa-s tan antiguas. Muohas veces esas relaciones se forman en la niñez, como ha sucedido -en el caso de usted, y cuando lkga la j\llVen·
tud, los caracteres, ideas y sentimientos han cambiado en uno
ó en otro; por cuya circunstancia es muy difícil que esos amores infantiles se sostengan en las mismas condiciones en que
fueron formados. Según yo creo, su prometido ha cambiado
totalmente de modo de ser, y ese ,silencio en que se ha hundido,
cuando á usted le consta, -por personas amigas que residen en
la misma población en que él vive, que recibe las cartas de
usted, es una forma dura y un tanto diplomática para demostrarle que no está dispuesto tá ,sostener las promesas de matrimonio hechas en su •primera juventud.
Ciertamente le falta valor y lea·ltad para confesar su cambio de sentimientos; pero, á mi juicio, debe usted romper cuanto antes esas relaciones que, no aceptándose por uno de los dos,
es como ,si una pobre ave, á fa cual se le ha cortado una ala,
tratase con la otra de elevar ,su vuelo.
Siento infinito darle esta opinión que, sin duda, le causará
pena·; mas á veces es .preciso manifestar la verdad por amarga que sea.

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OBSEQUIO
Blanca.-En esta sección verá usted el modelo que desea de
bolsa para guardar el abanico y los anteojos de teatro. Se hace
de tafeta color de maíz, cubierta con encaje de guipure y rodeado de puntilla. En la abertura de la bolsa va un volante
de seda blanca y otro de tafeta, con encaje valenciano.
Para confeccionar esta bolsa se requieren dos partes de tela,
que midan 25 centímetros de largo por 19 de ancho; estas telas cubren con el encaje de guipure y se unen para formar
la bolsa. Los volantes necesitan una tira de taffeta que tenga
cuatro centímetros de anoho, por un metro treinta centímetros
de largo; y otra tira de gasa del mismo ancho, •pero con un
metro ochenta centímetros de largo. Se hacen y prenden dos
rosas de gasa con centro de seda, color -de maíz, y se sujetan los cordones con presillas de hilo de oro. Este modelo de
bolsa es muy gracioso y elegante; seguramente que su amiga
queda11á muy complacida con ese obsequio.

1
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dichas sustancias están perfectamente incorporadas, se retiran
del fuego, agitándolas sin cesar, y cuando estén completamente frías, 5e les añadiilá la solución siguiente: anilina Bismarck,
dos gramos; agua destilada, doce gramos; alcohol de cuarenta grados, doce gramos. Se disuelve la anilina en el agua y se
le añade el alcohol.
-.
Esta crema tiene la ventaja ,de conse~varse indefinidamente;
da muy buenos resultados prácticos y es muy económica en su
preparación.
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va grandes botones forrados de la misma seda. El cinturón es
de terciopelo cereza, de matiz más obscuro, en forma de corsé.
La camisola y los puños interiores que llevan las mangas son
de gasa blanca, alforzada, y van guarnecidos con entredoses
de encaje valenciano.
CEMENTO
A rquitecto.-Aun cuando las noticias que me atrevo á darle
no deben serle muy útiles, según infiero por 5U acreditada
firma, tengo el mayor gusto en complacerlo diciéndole que el
cemento, para adquirir •lustre, necesita ir mezclado con grava
y arena fina, puliéndolo después con la "llana."

CALZADO
Pioleta.-La preparación que indico á usted da muy buenos
resultados •para conservar el calzado de color y hacer que éste
tenga un aspecto sier_npre _limpio y elegante.. Parafi~a, cincuenta gramo_s; esteanna, diez gramos; cera. virgen, diez ~ramos· colofonia en polvo, dos gramos; aceite de trementma,
cien' gramos. Se pone esta mezcla en baño de María, y cuando

MARGARITA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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