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                  <text>El Mundo Ilustrado

LA FLEMA BRITANICA

La Salud Trae Consigo

La Felicidad.
La mala salud es la causa
de los sufrimientos y no proporciona ningún placer. Toda
mujer que padece algún desarreglo de sus órganos femeninos
se puede convertir en vigorosa
y hermosa con el Compuesto
Vegetal de la Sra. Lydia R
Pinkham. A continuación publicamos la carta que escribe á la Sra. Pinkham, la Sra. Rhona
McCoy de Gran Caimán, East End, Antillas Inglesas:

El Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham
"Por muchos años fuí víetima de la menstruación dolorosa, sintiendo un fuerte dolor através de mis espaldas y
caderas; y habiéndome ;recomendado una amiga el Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham como ensayo, me
decidí á escribirle primero y pedir su consejo. Inmediatamente principié á tomar el Compuesto Vegetal y
desde que acabé la novena botella no me siento nada.
Un millón de gracias por lo que me ha hecho á mí y
no fallaré en recomendarlo á las mujeres que padecen."
A la venta en todas las farmacias.
Preparado en los Laboratorios de

LYDIA E. PINKBAM l\lEDI0INE CO., Lyun, Mau., E. U,

de

A,

Vl•Jaba por Inglaterra con un srmp,uco Joven e11yo apellldo he olvidado; sólo

recuerdo su nombre: Evarlsto. Aunque
por pura bolgazanerla nunca baya escrito
alg;o, te he considerado siempre como uno
de los m'5 preciosos lronlstas de la época. Solamente que, en vez de traducir su
lronfa en pequel!os papeles, la "vlv!a," lo
cual vale mis acaso, y la mezclaba i las
contingencias cotidianas que nada perdlan en ello .... Pues bien, cierto dla que
tomamos el tren para Ir i visitar no sé
qué castillo de los subLllblos londinenses,
me sentl de repente dominado en el vagón por Invencible nostalgla. Crel tener
que hacer participe de ella i Evarlsto, para sacudir un poco su Jovialidad habitual,
cuyo contraste con ml propio esplln me
exasperaba singularmente aquella tarde.
-.Mira, pues, un momento, le dije en
una lengua que sólo nosotros comprendla.mos (el francés vulgar), mira esas caras Impasibles de todos esos iugleses que
nos rodean, y su flema Insular te sirva de
ejemplo y te Incite á moderar tu locuaci
dail. No se conocen unos i otros y no
sienten deseo alguno de conocerse. Cada
uno piensa sólo en el objeto de su viaje
sin haber dirigido la palabra i sus vecinos, porq11e los Ingleses tienen horror i
gestos vanos y á palabras Inútiles.
-¡Sigue charlando! me respondió Evarlsto con elerta Intención. Pero no creo en
la flema brlUnlca mis que en la tlestra
espal!ola. 1Vamosl ¿Quieres apostar que,
si yo Intervengo, antes de la siguiente
estación, donde por lo demás balaremos,
es decir, antes de velnte minutos, toda
esa gente se habrá relacionado Y no tratará de dlslmular las emociones que voy
á suscitar en ellos?
-¡Vaya con la plcardlal contesté. Es
evidente que si tos injurias groseramente, si slmul■9 un ataque de epilepsia, o si
tocas el timbre de alarma ... .
-Nada de esto, dijo Evarlsto. Me contentaré, pues Ignoro su lengua y ellos
me respooder,o en la misma forma, con
una pequef!a pantomima apropiada; y te
respooao de que dentro de un cuarto de
hora todo el vagón estará en completo
desorden.
-¡Agradable perspectiva!
-En fin, ¿\I ó no? !Apuestas cinco pesos? Comprender,s que con el calor ,;¡ue
hace no trabajaré por tu linda cara.
Por pereu, y porque se calló, antes
que oor curiosidad, contesté.
-Vayan los cinco pesos.
Y me arrellané en mi rincón .
Andábamos ya desde cinco minutos. y
nuestros vecinos no nos hablan todavla
prestado la mis pequd!a atención.
Sin querer parecer Interesado en su
broma, no dejaba de vigilará mi Evarlsto con el rabillo del
Conservó, al prlnc plo, la más rlglda
Inmovilidad.
Después, de repente, como herido por
angustiosa inquietud, se Irguió de un
brinco y se puso á practicar en todos sus
bolsillos registros mlnuclosos y de los
m,s febriles. Por todas partes pasó su
mano: saco, chaleco, pantalón. Sacó, uno
tras otro, los objetos más disparatados:
un cuchillo de treinta y ocho hoJas, una
monedera sospethosamente chata, un paJ'luelo de mano, una colección de lápices
multicolores, una Ug;a con cintas. . .
Sea lo que fuere, los viajeros concluyeron por seguir todos sus gestos con
atentll&gt;o, y un ngo altruismo se despertó
en ellos. 1Eal no c.abla duda de que ese
desdichado Joven habla perdido una car·
tera repleta de valores. Era de seguro algún cobrador i quien un consumado ratero acababa de desvalijar. EmpezAbaose 6
cambiar miradas llenas de desconfianza.
Mientras taoto, Evarlsto volvió á seo•
tarse con aire desesperado.
Una vieja miss no pudo contenerse y
le Interrogó ....
El se contentó con significar. por gestos, su Ignorancia de la lengua Inglesa, y
se encerró en un doloroso sllenclo.
1Nuestros compalleros de viaje no le
lmltaronl Lor comentarlos continuaron.
Comprendl que se compadeclao de la pobre victima.
Pero Evarlsto se habla levantado nuevamente y siempre por stffas Imploró el
concurso de los viajeros para ayudarle á
levantar los acolchados de los esca nos:
Se levantaron todos como un soto hombre. Toda esa gente, poco AOtes impasible, se puso alegremente ti la obra, se revolvieron los acolchados. Un sel!or complaciente se puso en cucllllas y encendió
fósforos para alumbrar debajo de los asientos. Yo mismo. buen artista, y también
porque mi lodlfereocla hubiera parecido
sospechosa, me puse al lado de los de-

ºIº·

Productos mara.
vilJosos ,ara suavi.
zar,blanquearyater.
ciopelar el cutis.
Exigir el verdade•
ro nombre.
........ In,,..__ ...11.,.
J . 81MON,

r.i.uso. Bor. IIU.aoru

e LLIFLO RE
I

"

P.ua11

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POLVOS ADHERE
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1 '.i .1l

"EL MUNDO ILUSTRADO"

\1

~

ES EL MEJOR SEMANARIO.DE LA BEPUBLIOA MEXIOANA

más.

Os parecerá acaso superfluo Insistir en
q11e uo se encontró nada.
Evar!sto, vuelto i caerse sobre el asiento, hacia gala en su tara, por lo demil.s
oaruralmente movible como un trompo,
de todas las expresiones de la desesperación. Con una espontaneidad queme conmovió, el senor complaciente, abrió su
valija y nos exbtbló el contenido. Su ejemplo fué Inmediata.mente seguido y nuestro
vagón se trocó en un momento en una
ropavejerla.
Con toda su mlmlca, Evarlsto protestó
contra esta exhibición. tAb, por cierto
nunca la menor sospecha habla rozado su
alma! Su actitud desesperada, pero digna, atestiguaba basta en la desgracia su
legitima fiereza de viajar con tao perfectos caballeros, y sus miradas sólo expresaban una gratitud eoteroeclda. Por tercera vez se puso de pie y solicitó con
gestos el permiso de retirar so saco para
asegurarse de si el objeto no se babia,
por casuandad, resbalado por alll. Podéis
suponer qué emoción levantó semejante
petición. Por último, se consultaron entre
ellos y después de corta del!btración, el
caballero complaciente tradujo la decisión
general y significó i Evarlsto que, en vista de la gravedad del caso, podrla permltlrsele todo. Lifrimas de reconocimiento brillaron en los ojos de Ev■rlsto.
Apacible y sonriente hlio lo que habla
anunciado, mleotras que las misses finglan admirar el paisaje.
Una desgraciada sel!orlta de unos doce
al!os de edad, habiendo arriesgado una
mirada entre sus dedos, recibió, Incontinenti, de su madre uua corrección que la
hlio gritar, no sin motivo, y llevó el desorden á su colmo.
Evarlsto sacudió su saco con melanco.
lla. Por fin, ante el fracaso de sus averl·
guaclones, tomó el partido de resignarse
y de ponerse otra vez el saco. Volvió A
sentarse, y con la cabua entre tas manos,
afectó no pensar mis sino en las consecuencias terribles de su pérdida.
Mientras tanto, la estación se acercaba y
yo empecé á preguntar, no sin alguna cu.
rlosldad, cómo Ev■rlsto se arreglarta una
retirada honrosa. Huelga decir que babia
llegado A ser héroe de nuestro vagón, por
lo demis, muy cambiado. Todos nuestros
compal!eros de viaje, que se coooclan ya,
no hablaban sino de él, y adiviné su unánime pesar de Ignorar nuestra lengua,
que les hubiera permitido prodigar al desd!cbado muchacho los cons11elos Indispensables.
El treo d!smlnula su marcha, y est,bamos por entrar en el andén, cuando Eurlsto sacó su sombrero de paja para secar
su frente llena de sudor y de angustia. Y
de repente todas las facciones C1e su rostro expresaron u n a dlcba Indecible,
mientras miró al fondo de su sombrero
boca arriba sobre sos rodillas.
El vagón entero dló voces de alivio. El
objeto habla sido hallado. Por fin se Iba
á ver ese objeto, esa alhaja, ese paquete
de billetes ce banco, cuya pérdida babia
enloquecido al pobre Joven basta el punto
de privarle del sentimiento del "cant" y
de la ''respectabU!ty." Todas las frentes
estaban tendidas hacia el sombrero misterioso. Pero Evarlsto economizaba sus
efectos, cuando el tren se detuvo, y después de haber dirigido á toda la asistencia estremecida de curiosidad una soorl.
sa amistosa y circular, se rtecldló, portio,
i levantar el borde Interior de su sombrero, de donde sacó, con precauciones minuciosas y lentas, un pequelio copo de algodón .... que se Introdujo en la oreja de la
derecha.
Nuestra agilidad nos permitió salvar
al andén, antes que nuestros compañeros
de vla¡e hubiesen manifestado sus sentimientos. Pero la "flema británica" no
salló tan ganADclosa.
Y, á fe, no lamenté mls cinco pesos ....
mtxlme cuando volvl á gan,rselos A Evarlsto, al dla siguiente, en un bonito "p&lt;&gt;ker á seis."
R. CURNONSKI.

VA.LIOSO HALLAZGO.
El Sr. Don Jaime J aramillo di
Sons6n, Colombia, cuenta lo siguienU
que le pas6 cuando paseaba por la
calle, y s ~ él, encontr6 lo que lf
salv6 la vida. Dice: "Tenía yo una
:fuerta dispepsia que me tenía inú.til
para trabajar: paseaba yo por la calle
Y 1!1-e en~ontré una hoja de papel, la
alce y v1 un retrato de un individuo
que se había curado con las Píldoras de
Vida del Dr. Ross. Inmediatamente
las compré y las tomé, y la curaci6n
fuó casi instantánea."

eLmunoo
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�J. &amp; F. MARTELL

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_leer y escribir_ v. puede aprender Tene ur
e Ltbros por ~edio de mi sistema. Yo lo
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i ntese ahora y escríbame. l'onga su carta en
el corre!) hoy. Este pequcfio esfuerzo de su arte
puede :.er el principio de su carrera ~ {· h p
la ala
· " uc as veces
m suerte se ha trocado en buena
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de un hecho de-mu~ha menos importancia. Escriba
~ Y ªP.b~n~ del si~t~ma de instrucción que le hace
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Desconfiar de las Falsificaciones.

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LUNAS

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�El Mundo Ilustrado

El Mundo Ilustrado

Calendario de la Semana La~ Doncellas del Niágara
DOMINGO
26
(49 de mes y 69 D. P). SaDtos Juan y
Pablo, hermanos mbtires, y Antelmo,

obispo confesor. Oficio y misa de los
dos primeros santos: rito doble y orna.mento encarnado; se conmemoran la Dominica y acta.va de San Juan . Fnnclón
en San :Francisco, que celebran las dos
congregaciones de San Luis Gouuga.

LUNES
27
La dedicación de la sauta iglesia c&amp;tedral de Aguascalientes. Santos !,adial~o,
rey y Sansón, preebítero.-O6c10 y nusa
del 149 día de la Iu[raoctava de San Juan;
t:l rito es semidoble y permi!e la celebración de misas t&gt;rivadaa de d1f11nto.
J6 piter en cuadratura con el Sol, á las
o horas 23 minutos de la noche.

l

.Muchos siglos antes de qae hombre alguoo de la raza blanca pisara el contloente americano, dos numerosos poeblos Indios dlsputábanse et absoluto dominio del
territorio qoe hoy constituye el Suroeste
del Ca.nadá y el Noroeste del Estado de
Nueva York.
Era la de los iriquois, una poderosa nación muy temida y respetada por los ple•
les rojas de toda la América del Norte.
Entre las seis ó siete tribus que la formaban, una de ellas, la de los Ongltialiralis, tenla fama por el valor temerario
de sus guerreros, por la extraordinaria belleza de sus muferes y por la sabldnrla da
sos ancianos.
Eran duel'!os de toda la mugen Izquierda del lago Erle y dedlc4banse los hombres A la caza del bisonte y del búfalo,
cuando sus vecinos los liur011.s no les
propor(lonaban ocasión par a so~tener
sangrienta lucha.
Aquella tribu, que tao hllbíles cazadores tenla y coa tan valientes guerreros
contaba, era, entre todas, la que coa más
fanatismo se entregaba á las práctlc..s de
su extr1J1vagante religión.
So aldea principal se hallaba situada
poco mAs allá de una milla al Norte de
,qael preclplclo1 donde el lago Erle arroa sus aguas; ae aquella maravllla sin
goal en fa tierra; de aquel rocoso anfiteatro en el que enorme mua liquida, de
mlls de diez mil metros cúbicos por segundo, se precipita con hórrido estruendo,
formando Inmenso caos.
Y aquella enorme cantidad de agua
que parece descender del cielo, aqoellas
extensas y blancas nobes que elevándose del fondo del abismo el anfiteatro velan y el azul de la atmósfera encapotan,
tleneo por bue tranquilo lago, donde las
aguas quédanse lomóvll•s, cual st la horrible calda les produjera profundo letugo, del qae luego despiertan con espantosas convu1s1unes, produciendo aquel
Indescriptible u,ell•P11ll, aquellos rápidos,

j

MARTES
28
( Vigilia de. los ~antas Apóstoles, coo
aynno y abstlnencta de cames).-S~ntos
I,eón Il, papa confesor, lrene&lt;;&gt;, obispo,
y Plutarco mártires. Rito senudoble CO·
mo ayer. J.. las tres y media de la tard,e
se cantan en catedral las v[sper.as, s1gue11 loamaiti11es y laudes, terminando
el oficio después de las siete de la noche.

cuya hirviente, vertiginosa é Infernal carrera el 6nlmo suspenden y el espirito
del hombre m6s esforudo amedrentan.
Ta.o Imponente tspectllcolo no es extraffo que los Indios lo tuvieran por sobrenatural y que lo considerasen mansión
de Nilzt (genJo del mal), eterno enemigo
de Waco11dah (dios del bien), al que los
pieles rojas adoraban tanto c~mo temtan
los 0111ilalliralis al mal espirito, que, segdn la tradición India, habitaba en las
cataratas por él formadas, y al que se
esforzaban en complacer para librarse de
los males sin cuento que podta causarles-.
I
Era creencia y articulo de fe entre os
onglualirahs, que del genio del mal nada
tenlan que temer si todos los años. en la
época que ellos llamaban 'U'as$i pio·11i
(primavera), le enviab&amp;n la doncella mis
hermosa de la tribu.
Este sacrificio constltula el acto más
s,grado y de más Importancia en la ,Ida
de aqoel pueblo fanitlco.
Las doncellas se disputaban la gloria
de la eleccl6n, y I• designada, que lo era
momentos antes de la terrible ofrenda,
se conslderJ1ba la mils dichosa de las mujeres y se aprestaba con orgullo, entusiasmo y regocijo sin limites, al b6rbaro
sopliclo que, para alejar el mal de su
pueblo, iba li sufrir.

11
Comenzaba la época de wassi pi oni.
Los 0111/lii;lirahs regresaban á sos lares
después de largo tiempo de ausencia,
empleado en re!Uda y sangrienta locha
contruas vecinos los hurons, derrotados
esta vez, como otras tantas, por aquellos
terribles guerreros que mandaba el más
bizarro y mb Joven de los si;&amp;}mns de 111
trlb11, Antitialiuel Cel tigre).
Ola de 1trao fiesta en la aldea de los
onghiahri;lts era aquel eo que verificaba
su entrada triunfal el ejército vencedor
de los hurons.
A todos, segdn la etiqueta India, les
reclblan, á la entrada de la al.tea, sus
propias y respectivas mujeres, y alll les
presentaban manjares y vistosos adornos hechos de plumas y cintas, con los

que se engalanaban los guerreros la c..beza, el_pecho y los bruos,
Sólo 110 goerrero, el más Joven, el Jefe
principal de la tribu, no tenla Quito aque.
llos agasajos le hiciera. Anlinahuel era
soltero.
k , Z
.
La hermosa Joven 'Pmou a,1 · 111nm,
hija de un anciano s1;cl1em, amaba con
delirante frenes! 11 esforzado campeón;
pero éste no se habla dignado fifu en ella
s11 arrogante D11rada, y la encantadora
nlfta sulrla en silencio las horribles torturas que la causaba aqoel lnextlngulble
amor sin esperanza.
Sin esperanza, porque la apasionada
doncella bien sabia Que Anti11ahuel 1maba
, la hija de otro poderoso fefe, A la hermoslsima Hou-Oli pee, que II su vez estaba
prendada del valeroso Joven sachem de la
tribu.
Nadie Ignoraba estos amores, y ya en
la aldea se fijaba el dla ea que la cereD1011la de la boda hsbl• de celebrarse, seglln
el rito de los onglziaJ,ralis, después de haberse consomaoo el sacrlliclo al genio del

mal.

La época del horrible tributo habla llegado y no era prudente retrasar el envio
A Niang de la mis bella muchacha de la
tribu.
Terminadas las fiestas de la victoria,
se reunió el consejo.
A él fueron presentadas las doncellas;
los sachemsdeslgnaroo, como la m•s btr.
mo,a y digna del genio de las Cataratas,, Hou-011 pee, prometida del Invicto
guerrero.
Un estremecimiento convulsivo agitó
los mll,culos del Indomable mancebo al
olr la fatal sentenua del consejo. Empuñó lostlotlnmente su hacha de goerra,
y de un salto, como tigre á quien arrebatan su presa, fuese A colocar delante de
su am 1d1. dispuesto , partir el cráneo á
quien arrebatársela Intentase.
- Hou·Oli pee me pe1tenece-dijo con
ronca voz el m•ncebo.-Hou, 0/, Ptc es
sagrada. El que A ella se acerque caeril
muerto, rnls ples.
-Hou-Ohj¡ec es la m6s hermosa don.
cella de la tribo-repllcó un uciano sa·
clum. con sentencioso acento y solemne
ademán.-El Grao Espirita qolere que sea

MIERCOLES
29
San Pedro y Sau Pablo, apóstoles.. Oficio y misa propios: rito doble de pnmera clase con octava y ornamento encar11ado Función solemne en catedral, indul~ncla. plenaria y vlsi~ de lo,s siete
altares, oficiSDdo de pontifical el 1lus~r{simo señor Arzobispo. P!Jr la tarde ~ay
vísperas cantad.a s. También ~ay ÍUDCIÓn
en Guadalupe, la Bncarnación y otras
iglesias.-(P. S.)
. .
Cuarto menguante en P1sc1s, fi las 10
horas 2 minutos :2se¡undosde la 11oche.
Llo vi.oso.

JUEVES
30

''HH~'J,t;f;J:~E'f:lif-.ff,E;f-:féfé'

JULIO

~f,:f,:f-~·

Se considera á la Srta. Powell como la más
insigne violinista de su sexo.
Maneja un arco de violín con tanta uniformidad
y certeza como cualquier hombre· su tono es alto
y sensitivo; frasea hermosamente y tiene un delicado sentido de ritmo.
Y sus magníficas rendiciones son reproducidas con tanta
perfección-tan exactas al original- que el escuchar sus Discos
Victor es lo mismo como si uno oyera á la misma Srta. Maud Powell.

Discos de diez pulgadas- $2.50 Plata cada uno

La conmentoracl6n del apóstol San
Pablo (conmemoración de San Pedro).
Santa I,ncina. virgen. FUDclón titular en
la parroquia de San Pablo.

m

Vd. gozará en oir los solos
de violin por Maud Powell

1f\

''H;f3,,

VIERNES

JQ
La octava. de San Juan Bautista. Santos Casto, Secundino, obispo, mfirtires,
Leonor, obisoo coofesor, y San.Aaron,
primer sacerdote del orden levfüco. En
catedral vísperas cantadaa cuatro días
por estar la indulgencia. de 40 horas. En
todo este mes solemne.e cultos por la noche en el Col:gio de Nlña9, que celebra
la Cofradía del Divino Rostro.
Conjunción de la Lnna y Saturno, á
las 8 ho"'" 8 minutos de la noche.

SABADO
2
La visit.eci611 lle l\Ja1ía S1tnLísim11 :1
Santa Isaht&gt;l (se relehra con rito dol,le
,'le Fe¡rnuda cla,e ). $dntos Proce,o y
Martiniano, mártires, yOl6n. obiFt&gt;O confesor. :Función en la Ilasllíca de Guada.lu pe de la diócesis de Que, étaro.

64028 Polonaiae
•
64075 M6lodie 64073 Menuett
64074 Souvenir 64027 Canción Eslava de la Cuna
64076 (a) La Abeja (Scbubert); (b) Vals del M--.nuto
64104 Muurka 64]1)3 En el arroyo

-

Vieuxtemps
Gluck
Mozart
Drdla
N cruda
Cbopin
- Zarsycki
- Boisdeffré

Discos de doce pulgada.s-$3.50 Plata cada uno
74025 El día de San Patricio Vieuxtemps
74026 Finale de E menor Concerto Mendelssohn
74135 Thii.ie- lntermezzo (Meditación Religio1a) - Massenet
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Cia. Víctor y constituyen 1a mejor evidencia de los impor tantes perfeccionamientos hechos recientemente.
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LO QUB HARA.

cr;fi;lo para colmar de bienes Ala tribu de

Una mujer compra una máquina de coser por el trabajo que
ejecut.9. y no como un mueble.
Un hombM lleva un relox para.
que le indique la hora y no como inversión de un capital so..1rante, y el mismo principio se
sigue en e] caso de enfermedad.
N ecesitamos la medicina 6 el
tratamiento que alivia y cura.
El tratamiento de una enfermedad no admite empirismos. La
g ente tiene derecho á saber lo
que es una medicina y sus efectos antes de tomarla. Debe hab81' dejado conocidos antecedentes de beneficios en ca os idénticos, una serie de curaciones que
prueben sus méritos é inspiren
confianza. Precisamente porque
tiene tales antecedentes, es que ]a

Antinahuel no contestó.
Con la mirada Insegura y torta, los brazos tendidos, bala la cabeza, pálido ydeseocaJado el semblante, nadie en 61 boblera reconocldo al Indomable é Impetuoso
guerrero de los on¡h,ahrahs.
El anciano súcliem que este efecto habla
producido con sus fatldlcas palabras. asió
de la mano á la desdichada Ho11
p,&amp; Y
la coodu/o fuera de la choza del consejo,
dlcléndo a:
-Todo est, preparado p,ra 0ue I• mu
feliz doncella de los 0111/tii;hrahs vaya en
busca de Nian¡ al fondo de la catarata.
-!ESU mi hlJ• dispuesta?
-Lo estoy, padre mio,
Guerreros y mojerl!I, afilos y ancl&amp;nos,
toda la rente de la tribu agolpóse, la orilla del lago, donde una pequella y blaoqulslma canoa, profusamente adornada
con flores y frutos, se hallaba preparada,
conforme al ceremonial acostumbrado, para conducir , la Joven dichos• que en bien
de su pueblo babia de ballar la tumba en
aquel espantoso terremoto de 1goas.

PREPARACION de WAMPOLü
se compra y emplea sin vacilaciones 6 dudas. Su buena fama es
la sólida baGe en que se cimenta
la fé del público y el buen nombre tiene que ganarlo por buenos
resultados. Para los fines para
los cuales se recomienda, es leal,
eficaz y práctica, hace precisamente 1o que tiene Ud . derecho
á esperar de ella. Es tan sabrosa
como la miel y contiene todos
los principios nutritivos y curativos d ~l .Aceit e de Hígado de
Bacalao Puro, combinados con
Jarabe d e Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Cerezo
Silvestre. Merece la má.s plena
confianza en casos de Anemia,
Escrófula, D ebilidad
ervio a y
General, Influenza, Impurezas de
la angre y Aíecciones Agotantes. "El Dr. i\lanuel Carmona y
Valle, Ex-Director de la Escuela
Nacional de :Me dicina de M é xi co,
dice: Conozco y empleo su preparación en todos los casos en
que es necesario reparar las fnerzae d el organismo; teniendo ]a,
ventaja de que los enfermos y
aun los nifios la toman sin repugnancia." Nadie sufre un desen,
!Iatlo con esta. En las Boticas.

lOS METILOIDES
representan el tratamiento más moderno,
seguro y eficaz de la gonorrea y otros
Aojos purulentos. Sus efectos se notan á
las poros horas de tomarlos y no causan
estrechez ni molestias como sucede con las
iny¿cciones. Pida Vd en todas las Boticas
los Metíloides, su precio es razonable y s11J
ef~ctos satisfactorios.
De venta en las Boticas,
entrtgada A Ni411t , SI el lnveocli&gt;le gae-

rrero Antínal1u1t se rebela contra W 4&amp;oti-

daft, que el dios del bien nos a bandone y
que Niang arroJe naestros coerpos á los

tigres para que sean por ellos despedazados y comidos después por los buitres.
El conjuro del anclano llenó de terror á
todos los que el acto presenciaban, y basta Anti114/1111l dejó escapar de sus manos
el arma terrlbleqoe, amenazador, blandla
y quedó sumido en extralla y rápida postración.
N•die duda,a que la maldición del más
venerable Jd11 de la tribu se cumplirla.
Tal era el fanatismo de aquellos pieles
rojas, que lnstaotineameote se lanzaron
sobre Antínaltud, dispuestos i darle
moerte y ve11ficu después con su cad,ver horrible y repogoante ceremonia en
desagravio de la ofeosa hecha al Gran
Esolntu.
Hou-0'1 p,i; se toterpuso y le salvó la
vida,

-¡Deteneosl- grlt6 la Joveo.-Yo no
pertenezco á A nHnaltu,i , porqoe el gran
Wi;co11dal1 qoJere que sea de Niant. ¡Dichosa yo que tengo la fortuna de Ir aJ sa-

mis bérmanosl

B1 Ilustrísimo Senor Arzobispo de Gnadalajara
Recomienda la Pe-ru-na

º''

111

La noticia de lo ocurrido en el consejo
t111 lo s1;c/1tms, al ser elegida la victima de
Num¡¡. circuló rápidamente por la aldea y
todos los habitantes preclpitáronse f. la
orilla del lago oara ver salir de la choza •
11 JQfeD Ho11• Oh pee que, en comp&amp;ffla del
ancl1nolndlo, caminaba al l11gu del sacrl·
ficto.
Poc.. era ya la distancia que de la bar

ca la separaba, cuando rápidamente Y
abriéndose calle i viva fuerza por entre
la muchedumbre, con so negra y ondolosa
cabellera tendida sobre la espalda. cente
lleante la mirada, erguida I• cabeza, m1l•~tuosov resuelto el ai!•mln, apareció la

hermosa Pmouliali-Zminn , y con rapldu
sin Igual si.ltó li la barca, empuM el remo, y separando de la orilla la débil ea,barcaclón con un solo golpe, dijo, con argentina voz:
-A11lini;huel vivirá dichoso con el amor
de Ho1yOb p,c, y yo seré feliz pidiendo A
Nian¡ Ubre , mis hermanos de los males
qua les amen.u10,
Con espanto presenciaba esta escena
un octogenario Indio, que su encorvado
cuerpo dificultosamente sostenla apoyado
en el asta de una mohosa y vieja lanza.
Ya la canoa que A 'l'mouki;/i-Zminn
coodoclA, bal!Aba.se en el centro d.e los r,pldos, y coo vertiginosa carrera marchaba
hacia el abismo, cuando el anciano se dló
cuenta del terrible esped6culo qoe presenciaba, y acometido por violenta exdtacló11 nerviosa. con último y supremo esfuerzo, se lanzó al lago, saltó , una canoa y arroJlndola dentro de la corriente:
- ¡Nol-gntaba.-1No es mi bija la destinada al sacrlfidol ¡No quiero perderla!
Ella es la encuitada de entregar mi espirito A Waco11d4h. ¡No tengo otro amor
que el suyo! ¡Es mi único consuelo ¡Es
mi uafca felicidad!
La distancia y el lejano estruendo de
las cataratas apagaron la voz dd anciano
que, como si no fuer1. bastante la Impetuosa marcha Que lmprlmla á la canoa la
corriente de las aguu, remaba con tltánl·
to esfuerzo y aogostlosa ,osledad para
alcanzará la embucadóa, donde su Idolatrad• bija corrta bada la horrible manf 16n
de Niant,
M.ás que embarcaciones, pareclan las de
Penouki;lz Zmi11n y su padre dos flechas,
lanzadas por arco extraordinario con fuerza sobrenatoral.
La febril ansiedad del anciano, la agonla qoe A su almatortaraba, v1óse un mo·
mento próxima á terminar con el triunfo
de su delirante propósito.
L 1 barca que le arrastraba tan próxima
lle&amp;ó, estar de la de so hija, qoe ya los
&lt;rispa.dos dedos de su manó la tocaban,
Con lndescrlptlble Júbilo soltó los remos, e:i:teadló los bruos, c.on ambas manos aferróse A la canoa de Pa11oukaJ,-Z~
11i11n. y en el momento en que eoo freoétl·
ca alertrla l!ritaba:
-¡Oab! ¡O.ihl ¡El Gran Esplrltu DO quiere Que el viejo sacfum pierda, su blJa l
Violenta sacudida separó , las dos barcas y las colocó sobre el borde de ,,. cata-

rata.

El arco tri,; las Iluminó un instante con
sus brillantes colores, y envueltas en Inmensa y argentina nube, acompat!adas
del estruendo por las aguas producido,
ambas rodaron al fondo del abismo, que
de tumba sirvió al anciano guerrero y II la
tan desdlch•d• y hermosa hija de la tribu
de los 011ghiahralis.

IV
Aquel lugar, que los Indios coaslderabao
mansión del eenlo del mal, donde era sacrificada la más hermosa dooeella, es hoy
el sitio de los Estados Unidos lmpresdndlb!emente y con asombro visitado por
cuantos viajeros llegan á la América del
Norte.

Catedral de Guadalojara, México

TOS BRAVA ALIVIADA POR LA PE-RU-NA
++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++~
Perwna 1Dn.1,(J KJ'u. Oo., _ .
Guadal~ia1·a, K é:iao.
i
( olumbus, O. , E. l . -1.
~lbnt f,J, 1.?0D.
'.t
i .Jíu.1J lfeñores míos:-1en(Jo la sati,efaceión de co,mmicar

1
I

á u8tede.~ q1w el u&amp;o del medicamento denominado 'Pe1·111,a''
l.,.1, curado 1·adicalmente en pocos dfo8 á 1L1ia pu•1sn11ct de 1a i
+ .familia, que 1.:eníeb vad ciendo, desde liacía do," 111e8e-', d1J uua
+ toH 11wlt8ta y per,,iste11te.

i
i

lJe 11,"ii!&lt;h~ afe.ctfoimo_ cr_ ':{
,
JO E IJE JEST/8,
Arzooi&amp;po de Uuadaloim·a.

f

i
¡

1
l

t

f

.++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++-1 ++++
remedio puede posibleNINGUN
mente recibir mayor elogio que
el que ha recibido la medicina que
ha llamado !a atención '! men:cldo
la. recomendación de un arzobispo
de la. madre de las iglesias, I&amp; Santa Iglesia. Cat óUca., el llustrfslmo y
reverendlsimo seilor llcencladodon
J osé de J esfü Ortlz, arzobispo de
Gu adal ajara..
Tales d Jgnldades no condescenderían á. dar su recomendación personal á un remedio, 1\ menos que
baya demostrado sus méritos en
ca.sos peli¡rrosos.
Para erifermedades causadas por

cambios y pecullarida1es del clima,

la. Peruna es el remedio más cono-

cido en el mundo.
Para enfermedades mucosas de
la nariz, la garganta, el estómago
ú otros órganos internos , la Peruna es e l remedio que proporciona
a.l!vlo.
Ali vla. inmediatamente y s us curas son permanentes, como lo t estifican miles de personas.
Como remedio del bogar, es el
primero.
En la casa. del rico 6 del pobre,
la Peruna. ccupa. un p ues to de honor.

La Peruna se vende en todas las droguerías, en dos ta•
maños, de $1.00 y $2.00 botella.
El nombre de Ni.gara, que tiene aquella
la Naturaleza, es conocido
en todo el mundo; pero sólo mls lectores
conocen la fantistlca tradición de los Indios, primeros pobladores de aquellos deliciosos bosques, que acabo de contarles.
Algunos habitantes actoates de aauel
pals cuentan boy, y mochos aseguran haberlo visto, que en las noches de luna,
durante el mes de Abril, se ve claramente
eatre la bruma producida por la eatuata,
vagar en rápidos giros las almas de las

maravilla de

doncellas Indias, samficedas el geofo dtl
N1•gara.
Y la verdad es que aquel lugar, Iluminado por la luna, es tan fantástico que
la Imaginación a,enos solladora fórjase
mil extral'!•s visiones al contemplar aquel
monstruo desconcierto de las aguas, produciendo el más gigantesco, humoso y
sobreo.tural especUculo que á la vista
del hombre puede ofrecerse.
FEDERICO JAQUES.

�El Mundo Ilustrado

EL R~PIRftR PROFUNDO

LasMujeresEnfermas Deben Probar con el Compuesto V•etal
de la Sra. Lydlél E. Pinkham.
¡Fijarse bient en este paquete del
Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia
E. Pinkham, que ha curado á más
mujeres que ningún otro remedio
en elmundol
La Sra. Francisca Puigde Solana
de la ciudad de Cienfuegos, Rer :blicade Cuba, en carta que eSl ril ·
á la Sra. Pinkham se expres; a
"Cumpliendo un deber á V d. de~ atr
por la curación que me facilitó, debi II á 1
gran medicamento, le escribo las siguientes
lineas:

El Compuesto Vegetal de Lydia E. Pinkham
"Llevo de casada 3 a1ios, durante cuyo tiempo be sufrido terriblemente de dolores al aparecer del periodo mensual. También te~ía
un flujo que me aniquilaba, y lo que era peor, falta del apetito.
Alentada por algunas amigas, resolví tomar el Compuesto Veffetal
de Lydia E. Pinkham y sometem1c á su tratamiento. Hoy, gracias á
V d., me encuentro libre de los achaques que antes sufría y tengo un
bermoso niño que es la alegría de la casa. Recomiendo á toda mujer
que sufra de esas dolencias, como yo las sufrí, que 110 demore su cura
sino que se someta sin pérdida de tiempo á vuestro tratamiento."

Haee dos a!los, di;" el doctor Sheldon
Le&amp;Ylt ID ID dlttmo libro 1ob11 bl¡lene,
emprendl un eurso de tres meses de eJer·
ciclos de resplr■clón, aco1Dpa!l1do de la
pr.f.ctlca de los bJbltos del dominio sobre
mi mismo, partlcalarmente en lo qae se
rdiere l. la salad, con muy satisfactorios
resaltados.
El respirar metódica y profundamente
tiene una feliz tnfloencla sobre la salud Y
ocupa, ademAs. como un ejercicio, un
puesto prominente en el dominio del
lndMdao sobre si propio. Es un ejercicio
que puede practicarse en las boru de des•
canso, con seguridad de adqulrlr grao beneficio para la salud 1eneral del cuerpo.
Las personas que adquieren la costumbre
de respirar profundo, esttn exentas de
contraer la tuberculosis.
La manera mejor de practicar este eJer·
elclo, es la sl&amp;11lente: S16otesecon el cuerpo perfeetamente recto y con naturalidad,
el pecho saliente y la cabeza lna:nt•d•,
resplrese profund1mentenrlas veces bael6ndolo lo mu profunclo y sostenido que
se paeda, de 1• manera que lo hacen los
nadadores al sumtrclrse en el a1aa. R.,..
pitase esto un ,e¡ulu nllmero de veces al
seotuse , pr1.ctlce.r el eJerdclo y procll•
res, tener constancia dlllante un periodo
de tiempo Indefinido.
No solamente es este eJerdelo un preurvatlvo ele la tisis, c!el catarro y otras
enfermedac!es del pecho, sino que es. un
buen remecllo contra la lodJgest!ón y el
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LYO, J OSÉ LUIS REQUENA
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Gerente,
MANUEL S. PALACIOS
OFICINAS,

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Rn el extranjero, por tri me•tre , 450
NÚMEROS SUELTO :
an la capital .
En los Estados
En el extra uj ero
Atrasados . . .

S o.;¡o
0.35

0.50
0.50

NO SE DEVU0LVEN ORIGINALES

§emana
DON JUSTO SIERRA
A figura de don Justo Sierra,
no la del abogado, ni la del
político, ni la del ministro,
sÍllo la del literato, la del historiador, la del poeta, es la
nota de actaalidad de la semana.
Ha sido electo presidente de la Academia Mexicana de la Lengua, correspondiente de la Real
Española,
Y nada tendría ello de interesante-aparte del
honor dado y recibidp,-si no fuese por cierta
singnladdad que, á mi ver, entraña el caso: la de
que la Academia, contra la costumbre sancionada y establecida, ha con6ado sus destinos á un
espíritu joven, curioso, inquieto y francamente
refractario á la idea de estancamiento, de ecle•
siástica inmovilidad, de odio á toda nueva orientación que, en el fondo, entr.iñin esas doctas corporaciones.
Mncho se ha discurrido y escrito á propósito
de las academias. Qaiéoes las tienen por fríos
sarcófagos adonde van á reposar su su.eño de olvido ó de gloria, los que en la plenitud de la vida faeron de activida,d ejemplo, y agobiados por
la edad, incapaces de un nuevo impulso, temero•
sos de toda innovación, conservadores recalcitrantes, se acogen al sillón académico para dor·
mir¡ quiénes por bdnartes de lo viejo y apÓlillado
las desdeñan, sombríos baluartes en los que se
resiste á la renovación de ere.dos y escuelas, y
la momia del pasad~ se yergue airada ante el de·
bo del presente. 01.ros, por el contrario, prodigan alabanzas, considerándolas como templos en
los que se mantiene vivo el [;ego sagrado del
casticismo, y sabios varones se congregan sin olro
fin que el de la defensa de los flleros del orden
contra los ataques revolucionarios de la juventud.
Ha caído en desuso· este géuero de discusíone,.
Lejanos están los tiempos en que Zola descargó
sus golpes de maza sobre la Academia Francesa,
y pasaron los dfa.s en que la phuna de Leopoldo
Alas puso de oro y uul á los señores de la Española. Ha llovido desde que Daudet escribió El
Inmortal .... Mas, á pesar de que las controversias no surgen ya, ni salta la chispa de la burla ó

del odio¡ á pesar de que, todavía ayer, Marcelo
Prevost, novelista de polvos de arroz muy que•
rido de las damas, infestó de aromas de bu.doir
el helado recinto donde se congregan, en P,ufs,
los caballeros de las verdes palmas, la idea de
que las academias son, por antonomasia, conservadoras y retrógradas, no desaparece.
Y be aqu( que en esta callada ciudad de Méxí·
co, que nunca ha escuchado el fragor de literarios motines, nues~ra Academia, que apenas si
da, de vez en cuando, señales de vida, rompe con
manoseadas prácticas- quizás á pesar suyo, pues
confieso que desconozco los reglamentos qne la
rigeo,-haciendo ocnpar el sillón vacante de la
presidencia á uno de sus o.icmbros, si bien el m.l.s
antiguo por la fecha de su nombramiento, uno
de los más modeTnos, en el intelectual y noble
sentido de la palabra, y uno de los menos académicos, si admitimos que este vocablo presupone
hábito conseTvador y rehacio á todo lo nuevo.

• ••
Don Justo Sierra es, en efecto, no espírilu jo•
ven y siempre abierto li la renovación de todo
ideal estético. Su juventud filº reside en los años,
sioo en el pensamiento. Es joven porqa.e ha sa•
bido evolucionar, mantenerse constaotemente á
la altura de su época, no quedarse nunca atrb.
No hay orientación. nueva que no haya estudia•
do y de la cual no se asimilara Jo que de mejor
creía que residiese en ella. No ha cerrado los
ojos ante el despertar de las geoeracionu nuevas, ansiosas de un nuevo ideal, de una nueva
encarnación de belleza; antes, por el conhario, se
ha a6Uado á ellu, dirigitndolas, encaudndolas
¡{ veces, y logrando el milagro-raro en estos
tiempos de rudo wdividualismo, en un hombre
de sesenta años-de que los mozos nacidos casi
medio siglo despuis de él, no le miren con el mirar desdeñoso, au11q11e Jleno de respeto, con que
comúnmente se mira á los hombres que encarnan
no pasado muerto sino qae, tendiéndole la maDO como á un. coñtemporáneo sayo, le 111.men
maestro,
Y ninguno, en verdad, entre los escritores lllexicanos, puede aspirar con mayor jastida á tan
elevado titulo, como el autor del Canto al Genio.
Nacido en una época que, seguramente, no reputará la histol'ia de nuutra lilerahu-a como la
de mejor buco gusto¡ en tiempos en que un ro•
maoticismo torpe hacía presa, con honrosas
excepciones, de buena pade de nuestros hombres
de letras; en el reinado de una literatur¡ diametralmente opuesta á la boy reinante, don Justo
Sierra supo adivinar, con rara clarividencia, el
porvenir, y, en fnerza de evoluciones sucesivas,
no sólo no ha sido un retrasado, sino qu~
con su enseñanza y con su. ejtmplo contribuyó
de modo poderoso á formar la generación arlis•
tica de hoy.
IQaé enorme distancfa recorrida vemos entre el
poeta de los Cu.enfos Románficos y el autor del
Discu.n,o á Emilio Ci.tStelarl Es tan grande que la
clave de ella sólo fa descubrimos admitiendo en
el lejano soñador de negra cabellera de las Veladas Literarias un pensamiento equilibrado y sereno, una sensibilidad íácil á la más tenue emo•
ción, una perspicacia critica á toda p.rueba, y,
sobre todo, uoa sinceridad, uua amplitud de
criterio que le impulsaban li admirar, sin rebozo,
las manifestaciones literarias más diversas y dig •
nas de -ser admiradas.
No de ot:ra i;uede se u:plica11 la inftuencia vivfsima que don Justo Sierra ha venido cjer-cieudo en trapos literarios actuales, cuya filtaciói:.
estética difiere en abso uto de aquella de los de
ayer, y la juvenil frescur1. de sus pr.oducciones.
-recientes.· Por e.ncima del historíado:r-artista, del
poeta y del crítico, los muchachos de estos tiempos simpatízan con el hombre dotado de una tau
sutil co?Dprensión de lo moderno.
Y es por ello que la juventud, ioquieta y rebelde siempre, se reconcilia por atiora con las
academias . . ..
CARLOS GONZÁLEZ PERA.

Los Mártires de Antaño
niñ1&gt;s de antaño
íuuon mártires de deseos, los de la época pre•
sente viven hastiados,
hartos, cansados y ahí·
tos de todo.
Autes una sola pa1abra ngfa toda la educación de la iofaucia: ¡No!
Hoy otro JllonosHabo Jo ha reemplazado y ese
monosílabo es: ¡SJl
Recuerdo que en mi niñu nada ó casi nada
nos era permitido, y todo, casi todo, nos estaba
vedado,
No éram: s daeños de interrogar, se reputaba el
colmo de la mala cTianza terciar en la conversa•
cióo de las personas mayores.
En el ramo de bebidas y comestibles estábamos
reducidos á la porcíón congrua y i nuestra más
simple expresión, No nos era dable comer chiiimoya, ni s1.ndb, ni ciruelas del tiempo, so pretexto de que aquélla bacía mal ai la bilis, la ~e•
guoda e:nfriaba el baz:o y las terceras atacaban la
garganta, ¿Un bongo ó una trnfa? Ni por pienso,
si vale el término¡ y en mat~ria de bebidas, una
sola nos era pnmitida, la más simple, la mh ~a
na, la más pura, la más oatiiral de toda~: el aqua
fontana de los médicos prdaoles.
Si de estas consideraciones pasamos á las de la
wd11menlaria 1 comprobaremos iguales 6 parecidos fenómenos. Un par de zapatos bibla de durarnos un par de meses, mínimum, y, ó los da.ra•
bJ, 6 veía para qué oacía, De ahí que ocbo
días después de estren-idos ya tuvieran un ventanal á la altura del dedo gordo -y chnccos ambos
tacones. A h.s dos semanas la zuela, en abierta
pugna con la chinela, bostezaba lameJ2tablemente
y al andar hacía 11n raído ensordecedor de castañuelas. El resto del tiempo, hasta los dos meses
reglalllentarios, aqnello se disolvía en saoics -y
llegibamos al altar, es decir, á un nuevo par de
zapatones con el pie e.n el suelo en el estricto
sentido del término.
Nuestra ropa no era nnnca nuestra de primera
intención. Venía á nosotros á través de naestros
progenitores y primogénitos, como los baiios en
Zacah:cas, en donde es fama que primero se baña
el papá, después, y en la misma agaa, la mamá y
luego los hijos por orden cronológico. El lodo
que queda se cede á la servid11mbre para el mismo fin ó para usos domésticos.

•

RUINAS DEL PANTEON GENERAL,

cola de pato adornada con vistosos alamares,
gran cuello vuelto, á la marinera, botas de charol. guantes lila y /horroresco referens,! sorbetera
alta, ancha de alas y terminada casi en pnnta.
Las niñas, ¡ pobrecillas! se las metía dentro de
una enorme crinolina, forrada con una falda ea.ajada de olanes encurujados, se las encerraba. bajo uo gorro monameotal forma cabriolet, se las
enfundaba en unos calzones, ¡pero qné calzones!
largos como la esperanza de un pobre, anchos co ·
mo manga de confesor, y terminados rumbo al
pie por un embutido de doce ó catorce p11tgadas
de esbtara. Botío de mahón y de resorte, orejas
al viento, y media, blancas de algodón completa•
b1n aquel atavío.
¡Estábamos espantosos! Se nos afeaba, á mayor
ab11ndamieoto de oo dejarnos comer, beber, pre·
gantar, retoursobre los 11UJebles1 ni escupir en las
alfombras, ni siquiera comer.nos las uñas, ni meternos el dedo eo la nariz.
¡Y la escuela! Aquello era de ver, ó mejor, de
jamás haberlo visto.
La pJJmeta y la disciplina, á la orden del día,

Así nuestros vestidos. Nuestra blasa había comeo:ndo por ser levitón ancestral, luego pasaba
á jaque1te paterna, se metamorfo~tJh rn seguida
en saco rabón del mayorcito, después en paletó
del set.ando nato para llegará nuestros hombros
transformado en bluu ó en chamura guayabera,
La ropa femenioa, más tran~formable de por
sí, sufría más y mis completos avataru. El. vestido de quillas de h. milmá se transfiguraba en
manteleta de la tía, en peinador de la bija casa•
dera, en falda zancona de la adolescente y remataba la suerte convertida en mantillón de lujo ó
en pañales de brega de Ja recién nacida.
De ah[ diálogos de esta ó parecida natnralna:
-¡Pero hombre de Dios, cómo acabas la ropa!
Esos paotalones que traes los usé dos años, á tu
herm;ino le duraron uno y á ti á los seis meses
ya se te caen á pedazos!
-Pnes por eso ha de ser, papacito.
Y pase que la •opa bnbiera sido hereditaria
cou tal de que no hubiera sido tan ridícula.
Pero qut modas, !Dios m1o! ¡qué modas aquellas!
Para llorar á lligrima viva ó para reír á carcajada tendida, basta consultar en un álbum de la
moda de entonces la sección de indnmentaria infantil. Los niños de ocho á diez años vestían pantalón la.rgo, ceñido á la pierna, chaquetilla con

LA ESCUELA DE N1R1ts.- OTRO ASPECTO DEL
PANTEON,

L-'I ESCUELA DE ESTUDIOS SUPERIORES, - FOTOQRAFIAS OE LAS RUINAS DE LA O/UOAD DE
OARTAGO, COSTA RICA, ENVIADAS AL SEflOR DOCTOR DON MANUEL SORIANO POR
EL SEIJOR ANGEL M, V ~ LAZQUEZ, 0/STINQUIDA Pl!RSONALIOAD DI:
AQUELLA REPVBLICA

sin contar las orejas de barro, las genllBu:ionn
sobre piedrecitas de hormiguero, ó en cruz con
nna piedra en cada mano. el calabozo hirviente
en cucarachas y ratas bodegueras.
¡Y qaé maestros! Sacios, con media navaja
dentro, mal vestidos, mal encarados, mal hablados
v hasta mal pagados. ¡Y qué enseñ anza! El B A
BA, el catecismo y el Fleury (pronúnciense todas las letras y dese al nombre acentuación grave). la• cuatro reglas, á veces nada más dos, y
pare usted de contar.
iY qué edific ios escolares! Vecindarios poblados de ¡tente maleante; vapores amoniacales y
,iullhfdricos capaces de asfixiar al Caballito de
Troya¡ oscuridad , polvo, bancas cojas, mesudesveocijadasl De veras daban gaoas de la.rgarse al
playón á virar el carey, antes que educarse en
semejantes planteles.
Y eso que sólo hablo de los uternados. En
cuanto á los internados, ni la clircel municipal,
ni el presidio de Ulúa, ni menos aún un cuartel,
darían hoy idea de lo que eran en aquel eoton•
ces un San Gregorio, nn Sao Ildefonso ó 110 San
Jaan de Le!Ián.
¡Culpas (aeron del tiempo!. ...
Sin duda alguna. Lo cual no obsta para que
quede Justificado el rubro de este mal pergeñado
artículo.
No cabe duda: los niños íucroo los verdadercs
mlirtircs de antaño.
DR. M. F LOR ES,

�de sol ardiente!, ..... Y el beduíno cantaba_; pero debilitábase su voz: poco á poco; Y se interrumpía br11Scamente como eón un ~~llozo.
-¡Pobre Mohamed! Estás como prisionero aq~í
-¿no es verdad?-decíale la Joyen con su cariñosa voz, mientras que las lágrimas la velaban
los azules ojos.
.
-No, no-respondía el mancebo! y sus _labios
temblaban, como si hubiera querido decir ~tra
cosa; pero sonreía, mostrando. los blancos dien•
tes, y quedaba mudo y pensativo.

"'
••

EL BEDUINO
E llamaba Mohamed y tenÍll
de dieciséis á diecisiete años.
Era alto, ligero y los ágiles
miembros perfectos paredan
fundidos en bronce; en el rostro alargado, de perfil de medalla, brillaban los ojos ¡fraudes y obscuros, y los sutiles labios descubrían
los .tientes blancos, aguzados y fuertes como los
de un gato.
Miss D;aisy Egerton Yióle un día, cerca de uno
de los caprichosos y pintorescos bodegones árabes del Cairo¡ y, mirándole, había pensado en las
obras maestras ,erecorromanas de los museos de
Italia, en los Efebos y en los Discóbolos de bronce. La armonía de las formas, envueltas en la túnica blanquísima sobre la cual el capote negro
caía, á g11isa de pelo, con natural elegancia un
poco austera, dábale la apariencia má, S11gestiva
de la belleza oriental. Aquel día quería irá las
Pirámides, y el joven beduíno parecióla el gafa
más sedactory que más bien respondía á la poesía &lt;le los inmen11os sepulcros.
-¿Q11iere~ acompañarme?-le preg11ntó en in,elés, sonriéndole con su dulce sonrisa de criatura
buena.
-Yes ma'am,-rcspondió el jonncitc-, con su
Yoz musical, fijando en los azules ojos de la
blonda mi~s sus iris que esplendían como negras
gemas sobre el blanco de la córnea, ligeramente
veteada de sangre.
Y desde aquel d{a, Mohamed fné. el compañero
fiel de la rica y noble viajera sin familia y sin
pensamientos, ávida de visiones y de emociones.
G11ióla á trav-és del Cairo, á través de sus calles
nuevas, amplias, de los grandes palacios modernos y de sus callejas árabes, sucias y retorcidas¡
la g11ió por todos los arrabales. Navegó con ella
en el río perfecto, pálidacente azul, descolorido
ea las lejanías como un viejo cuadro; límpido y
apacible en las orillas sombreadas por palmeras
abigarradas con sus diminutas ftores, pobladas
por los'ibis sagrados y cáudidos¡ espejeando en
la tersa hondura de sus aguas la austeridad de
los templos en ruinas y la i,racia de las casuchas
indígenas; la g11ió á la ardiente llanura de Gizeb,
y con la mano sutil, un poco temblorosa por la
emoción, hubo de mostrarle las blancas Pirámides, soberbiamente ergtiidas sobre el fondo del
cielo purísimo, como un desafío lanzado á los siglos¡ le o:.ostró la Esfiuge trágica en su misterio
de granito.
No era como los beduíuos en general: verdaderos bandidos del desierto, violentos, astutos, la•
drones por naturaleza¡ no. En bueuo, afable, sumiso como una niña, y la fiereza iooata de la
lúcida mirada la atenuaba una suavidad pensativa, un poco triste.
Apresurado, gentil, adivinaba los deseos todos
• de la joven viajera¡ proveía á sos necesidades
con diligencia afectnosa y devota: por la uoche
dormía tendido sobre un tapete, tras de la puerta de su alcoba, siempre armado, como si vigilase
un tesoro, y era por la mañana el primero en saladarla con su sonrisa dulce y trauqnila.
Satisfacía, dócil y dichoso, los deseos todos y
todos los caprichos de la niña; pero se rebelaba

cuando, con su fría audacia anglosajon•, ella que•
ría exponerse á algún peligro.
Cierto día que, atravesando una llannra desierta, había columbrado en el horizonte lejano una
caravana de caballeros armados, un tanto sospe·
chosa, tornó atrás, resistiendo enérgicamente á
las amonestaciones de miss Daisy Egerton.
-Pero ¿qué temes? Si me asaltan, buirás,-díjole ella irritada.
-¿Huir yo?-respondió el mozo, con un dejo
de amargura en la voz suave.
-¡Oh! lQ11é harías entonces?
-lwoalddie foryou, ma'am (Moriría por usted,
señora)-repuso sencillamente Mohamed, y sus
nel!ros ojos relampaguearon.
Cuando miss Daisy anunció a) joven compañe•
ro que iba á abandonar Egipto, él la miró fija•
mente, y en su semblante fuio transparentóse un
tan dolorido estupor, que la muchacha sintió una
gran piedad.
-¿Te desagrada no verme mb?-le preguntó.
-¡Oh, tanto, tantol-repuso el joven con sofocada voz.
-¿Vendrías conmigo á Europa, á Italia, donde
el cielo es bello como aquí, donde el mar es azul,
donde h.iy río~, y montes, y árboles y ftores?
-¡Oh, vaya si iría, por Mahoma!
-Bien, mañana partiremos juntos.
Mohamed l a contempló, feliz, ensoñando;
después se arrodilló ante ella y Ja besó las ma•
nos con gesto humildemente amo.roso.

Así, sin 1111 suspiro, sin una queja, el beduino
dejó el Nilo azul por el rubio Tíber, dichoso de
continuar su humilde oficio de compañero fiel y
discreto.
Roma, con sus villas umbrías, con sus fontanas canoras, con sus inmensos palacios, con sus
ruinas yacentes, contemplaba, en parte por lo
menos, su alma oriental, melancólica y soñadora,
y los obeliscos egipcios que elevan aquí y allí,
en majest:!losas plazas, su línea rígida y el egante,
dábanle el recuerdo suave, un poco nostálgico,
de la patria lejana.
Mas, por encima de los recuerdos y de la nos•
talgia, estaba el afecto profundo, sjn Jfmites, por
su beUa señora: todos sus cuidados, todos sus
pensamientos, todas las palpitaciones de su corazón ingenuo y gallardo, eran para ella, para la
frágil criatura rubia. Todo el vasto horizonte
natal, donde las pupilas vagaba11 libres é inquie•
tas, contraíase ahora á la plaza de España, .siD
tiendas ni tapetes, sin muebles ni b;agatdas.
Cuando corda á lo lar¡!o de la ribera umbrosa
del Nilo, cuando trepaba á las blancas pirámides
orgullo particular de los bedumos, no se habh
sentido tan dichoso como ahora en el pequeño
saloncito, sentado sobre el tapete, á la manera
característica de los orientales, atento á mirar á
la blonda moza que leía ó bordaba, atento á escuchar su música llena de hechizo nuevo para él.
-Canta, Mohamed-decíale á ve~es miss D.dsy.
Y él cantaba, con su fresca voz un tanto trémula; cantaba ciertas tonadillas de blanda cadeucia, lentas y tristes melodías que parecía difundir en UD oculto dolor, una secreta esperanza, un suave recuerdo, una triste queja. La rubia
hija de Albión encarnaba para él toda belleza, era
como las huríes que alegran el paraíso prometido
por el Profeta. Y él la cantaba ana canción en
la que se hacia la alabanza de sus gracia8, mayo•
res que las de las huríes:
Le Uri han li. chiome brune come viole
Ma le iue chiome ha1100 i1 fulgor del sole:
Han J(li occhi neri nel giocondo vise,
Ma gli occhi tuoi son come il fioralis~.
En aquellos cuatro hum.lides versos residía toda su admiración por la blonda belleza extran•
jera.
Y á través de tales cmtos, Daisy veía el mágico pah de Cleopatra. veía el místico Nilo que le
diera tanta dulzora, y sentía la nostalgia profanda de aquellos amables lugares de ensueño ..... .
¡Oh, volver allá, volver todavía una vez volver
como las golondrinas que emigran á lo~ países

Así pasaban los días; era él siempre el fiel compañero de la muchacha; la seguía á todas ~artes
como una sombra impasible ante las m1rsdas
curiosas y sorpre~didas de sus ami,fas y de sus
amigos, del pueblo y de la multitud cos~opolíta de la inmensa ciudad, que vibraba jubilosa en
la gran vida invernal. Mirar á su am¡a, obedecer•
la como un buen can fiel, era todo para él.
Todos los lnoes miss Daisy recibía á sus amigas romanas y á las de la numerosa colonia extranje1a: UD ondear de plumas, un rumor de se•
das un estallar de risas, un murmullo vivo en
varias lenguas, lleoabau de gracia y de alegría los
saloncitos coquetos, envueltos en sombra y en
perfumes. Y Mohamed, sentado en el tapet~,
en un rincón, con los ojos siempre vueltos hacia
su patrona, estatua vi viente y pintoresca, objeto
de la viva admiración íemenilli, veía y escuchaba con su imperturbable calma oriental.
Pero un día, junto con el regocijado enjambre,
entró en el salón un representante del sexo fuerte: un joveu príncipe romano, alto, sutil, correctamente vestido de negro, con noa orquídea en
el ojal.
Fné derecho hacia miss Daisy, se incliDó con
una leve sonrisa y la besó la blanca mano. La
muchacha enrojeció, y sobre su delícada faz hubo
de pasar como uoa dulce turbación,
Mohamed, desde su rincón, vi61 observó y quedó inmóvil, impasible; sólo su corazón tuvo un
estremecimiento y una irradiación s11 pupila.
Desde aquel día el príncipe continuó sus visitas, que, poco á poco, no se limitaron al lunes,
siqo que hubieron de repetirse tambiin eu los
otros días, cuando Daisy estaba sola.
Era bello aquel príncipe del rostro pálido y
fino, de los grandes ojos pensativos, de los lucios
cabellos castaños, que se partían sobre la frente
blanoa y lisa en ona raya sutiL Mohamed, á pe•
sar suyo, le admiraba; mas en el fondo de su áni·
m•, simple y buena, surgía una vaga inquietud.
C11ando la Yeía sentarse á la vera de Daisy y
envolverla toda en una caricia de su mirada penetrante, y hablarla en voz baja, como con un
susurro, en su hermosa lengua musical, para él
casi desconocida, sentíase como oprimido; pare•
cíale que su blonda señora no le amase más, como antaño;que tuviese el J&gt;eosamiento todo puesto en el del bellísimo príncipe, misterioso para
él como la Esfinge.
Daisy Egcrton, la audaz y descuidada ¡Jlobetrolier, no leía ya, en efecto; no bordaba, no tocaba; largas horas dejaba transcurrir como absor•
ta en mudas contemplaciones. Y Mobamed la
miraba como un perro fiel mira á su dueño¡ la
miraba pidiendo por caridad una palabra, uoa
sonrisa, esperando que le dijese que cantara aque•
llas canciones lentas en las cualu habrfa infundido su tristeza.
Pero los diminutos labios de coral estaban como
helados, y los ojos de lirio vagaban en el misterio.
iAh, dónde estaban los hermosos días pasados
allá, en su país soleado, en una dulce comunión
de pensamientos y de efectos! ¡Parecían ahora
ta11; l~jano~! ¿Habría muerto para siempre aquella
felic1dad? ¿El extranjero, bello y silencioso, la
babia, pues, destruidoY

.•.

Un día, al entrar en el salón, cuyo blando tapete atenuaba sus pasos, vió al lindo príncipe
inclinado sobre la joven: su brazo apretábale el
hile; posábanse sus labios sobre los de ella en un
beso largo, voluptuoso.
Mohamed fijó en él, por un instante su mirar
lúcido y desesperado; después alejóse ~autamen~,:, yendo á refugiarse en un ángulo del pequeño
Jardín.
Algo se había despedazado en su corazón· en
torno suyo reinaba algo como 11ll vacío una' desolación.
'
-¿Por qué, por qué sufro tanto?-preguntábase con aog~stia; y allí,,.en el escondíte verde y
remoto, de¡aba correr todas sns lágrimas, desahogaba todo su dolor. ¡Ohl El amaba á miss
D_aisy, la amaba con todas las fuerzas de su alma
n~fen Y fuerte, con todo el ardor de su sangre
oriental. La devoción, el respeto, aquella hn1Dil•
de rendición de todo su sér ¿se traducían pues
en el sentimie11to nuevo y gallardo que 1~ dier~
tanta dulzura y que ahora le daba tantos auhe•

•

los? El beso del extranjero, despertando en él
sensualidad mezclada de celos, había sido como
la revelación de aquel amor profundo, sin conñnes, que floreciera en su corazó n allá,, l~ largo
de las riberas umbrosas de su bello río, sm que
él lo advirtiese.
¡Y ante tan brusca revelación quedó desconcertado, torturado, aterrorizado casi; sentíase tan
humilde, tan pobre, tan lejano de la preci4:1s~
criatura rubia, mientras que el otro, el extranJero bello y fatal, el pálido príncipe, le estaba tan
cerca!. . . . . .

•••
Era hacia el anochecer, y la luna surgía en el
cielo; las campanas de la Trinidad de los Montes y de las iglesias cercanas lanzaban al aire
frío la mística tristeza de sus solemnes sones . . .
Mohamed se recobró; miró las nubecillas color
de rosa, alargadas como llamas, que Botaban aquí
y allf, sobre el fondo del cielo.
-Alá es grande,- m11rm11ró inclinando la frente con reverencia, y corrió con el pensamiento
al muezzin que, á la caída del sol, erguido sobre
el alto minarete de la blanca mezqulb, invitaba
á los árabes á la plcglaria.-Alá es grande,-repitó aún, y salió de su escondite luego de haber
cuidadosamente secado sus lágrimas: l(rande era
su fiereza para mostrar su debilidad.
Entró con paso firme en el saloncillo, y ocupó,
calmoso, el sitio habitual. Daisy estaba frente á
él, y parecía, más que nunca, absorta en sus dulces pensamientos.
-tOh, Mohamed. has estado fuera mucho tiem•
poi ¿Pensabas en tu Nilo?-le preguntó sonriendo, y añadió después:-Volveremos allá pronto,
¿sabes? volveremos con é~ con Claudio, y tú nos
servirás de guía. Somos novios, nos casaremos á
fioes del mes y tú llevarás la cola de mi vestido
de desposada. Te pondrás un turbante nuevo,
adornado de piedras cintilantes como gemas; parecerás un sultán. ¿Estás contento, di?
-Sí,-respondió el joven, apretando convulsivamente los labios para que oo se le escapa.r a un
sollozo angustiado que en su corazón nacía.
Y Daisy no se apercibió de su dolor¡ no se dió
cuenta del temblor de sn voz; no vió las dos lágrimas que le surcaban la faz, aquella faz perfec•
ta que aparecía tan sutil bajo la sombra del cándido turbante, y que tenf.a un tan visible sello
de tristeza y desaliento.

.•.

Era bien entrada la noche cuando el doméstico
annoció que el pducipe volvía. Mohamed le vió
en\rar, le vió inclinarse ante la moza y estrecharla contra sí como cosa suya, y besarla, no ya
en la mano, sino en la frente blanca que enrojecía
ligeramente¡ y le oprimió un dolor tan vivo y
agudo, que hubo de penetrarle el corazón com.o
algo material, como una hoja fría y afilada. Sintió que vacilaba; tenía como 11J1a niebla ante los
ojos; y, á través de aquella niebla, veía al p;i.lido
príncipe, sol~moe y dominador, enfundado en el
grave traje negro, con la acostumbrada ftor capri·
chosa en el ojal Aquel extranjero le daba frío en
el corazón¡ sobre su beJlo rostro pálido y enigmático, como un rostro de esfulge, parecíale leer su
propio destino.
Levantóse y salió del salón; sentiase sofocado;
tenía necesidad imperiosa de respir .r aire.
Bajó á la plaza de España, tranquila y bien
oliente, encuadrada en las sobrias líneas de sus
majestuosos edificios. La luna envolvía en su
candor el obelisco de la Iumacnlada, caía sobre
los rostros calmosos y solemnes de los evangelistas, y, como ideal río de plata, favoreda con
la sombra y con la luz las Une.as armo11iosas de
la admirable escalinata¡ arribi, en alto, el sutil
obelisco que sostenía la cruz, y las dos airosas
cóp11las de la Trinidad de los Montes dibujaban
sobre el cielo terso las vivas formas, y los sutiles chorros de ag11a de la Bucaza de Bemini
dejaball oír un murmullo discreto y suave.
Rápida avanzaba 1a noche. Mohamed continuó
absorto s11 camino á través de las avenidas a1Dplias y frías, invadidas de las fantásticas sombras
de los clásicos palacios y de las iglesias austeras.
Sólo su paso y la líquida voz mesurada de las
antiguas fuent.es, interiumpfan aquel divino silencio. Roma semejaba una ciudad muerb, encerrada en la majestad de su gloria y de su belleza.
Llegó á la plaza del P6polo. La inmensa plaza,
ceñida de las puras líneas del Valadier, como por
un circulo mágico, aparecía sumida en el candor;
las estatuas y el monumento ecuestre de Víctor
Manuel destacábanse, con apariencia de espectros, entre la obscura masa arbórea del Pincio y
de Villa Borgbese.
El obelisco de Heliópolis se erguía sutil y elegante, haciendo resaltar netamente su rfgida li·
nea, y el agua de las fontanas caía con perenne
murmullo, rítmico y sonoro, bajo el resplendor
lívido de las lámparas eléctricas, como argentada
polvareda llena de iridesce11cias.

Mobamed se detuvo; su alma vibrante y opri·
mida también por el dolor, sentíase subyugada
por el aspecto misterioso y atractivo de aquella
vasta plaza solitarill, en la cual la he.rmosa iglessa de Santa María del Pópolo evocaba la maca·
bra leyenda del errante espíritu de Nerón, sepul·
tado en el cerca.n o Pincic, el viejo Collis Hortv.•
loram.
¡Le había tantas veces hablado miss Daisy de
aquel terrible déspota imperial que aterrorizab&amp;
;l. los romanos aún después de su trágica muerte!
Y ahora, en la imaginación ardiente, ingenua y
torturada, el libre hijo de las Pirámides asociab1,
á la fosca silueta del remoto tirano, la del bello
principe misterioso que le robaba su único amor.
Y permanecía absorto junto á las parleras
fuentes.
Aquella claridad que inundaba todas las cosas,
que penetraba en todos los rincones¡ aquella){.
quida armonía; aquellos árboles inmóviles bajo
el rígido ciclo invernal; aquel obelisco adornado
de jeroglíficos, le llenaban el espíritu de u.n a calma
trágica y melancólica y de sueños y de Yisiones.
¡Oh, aquella luna blanca y fría esplendía tam•
bién, acaso, allá en su patria, en la amada patria
lejana donde floreciera su amor infeliz; quizás
rizaba con sus rayos el bello río sereno! El veía
ahora aquel místico Nilo, como lo había visto
tantas y tantas veces¡ lo veía argentado al beso
de la luna, casi inmóvil entre sus riberas arbó·
reas, de las cuales surgían las palmeras, vigilan.
do en el silencio y en la noche la dormida campiña, reflejando en el misterio de las aguas límpidas i.u grandeza y poesía. !Amado río de ensueño, que sabía de su infancia y de su adolescencia: cómo deseaba encontrarse ahora á sus orillas;
cómo hubiera querido confiarle su dolor!
Daisy volvería allá, mas no sola con él, no: habría de acompañarla la felicidad de su grande
amor. Y Mohamed siatió un estremecimiento.
¡Oh, no, no queda ver de nuevo su tierra
con aquel extranjero que le robara su dulce se-

fiora! Hubiese profanado aquellos lugares de paz
y alegría. Q11&lt;ría partir solo con ella, con su rubia hurf; queda llevarla en la barca, lejos, muy
lejos, en el líquido misterio azul¡ queda besarla
y cantarle, entre besos, su canción. Y la breve
canción, que tenía la desesperada nostalgia del
amor, volvió á sus labios con amarga dulnra;
Le Uri han le chiome brune come viole,
Ma le tue chiome hanno il fulgor del sole,
Han gli occhi neri nel giocondo viso,
Ma gli occhi tuoi son come il fioraliso.
Las últim.a s palabras murieron sofocadas en
un sollozo qae pareció un grito.

•

4 •

Era al amanecer, y DAisy Egerton dormía sere•
namente en su alcoba blanca, soñando en los be·
sos de su príncipe, cuando sintió unos labios
fríos que se posaban levemente en los suyos. Se
estremeció, despertó, y, á la débil laz de la lamparilla, miró al beduíno erguido á su lado, pensativo y mudo: los ojos negros cintilaban como
gemas.
-¿Qué haces aquí, .Mohamed, qué quieres?griló azorada.
El no 1:espondió: envolviófa toda en una mirada triste, dulce y pasional, que decía muchas cosas, y, retrocediendo después, alzó la cortina de
t~rciopelo que caía sobre la puerta y desapare•
c1ó.
-,Adónde vas, Mohamed ?-todavía gritó Daisy. con todas sus fuerzas.
Poco tiempo más tarde, la campanilla del telé•
fono resonó en la casa tranquila.
La policía avisaba , mis Daisy Egerton que en
la plaza del Pópolo, junto al obelisco, había sido
encontrado muerto su bed11ino, con un pequeño
puñal clavado en el corazón,
PJA RTCCl ARDI.

(Traducción especial para El .',fondo Ilustrado.)

�usa Castellana ~
La amada hace encaje de bolillos
-tQué estás hacienao¡
- Encaje de bolillos.
- Labor de araña ..... .
- Cllsi de poeta.
- ¡Orgullosa 1
-(Que no! Acércate, mira
y aatnira 1 si comprendes, la tarea.
Torcer y retorcer hilos sutiles
como palabras bellas,
y hacer con ellos rosas,
laberintos, cadenas,
nubes de blonda. y gasa,
redes de tul para prenaer estrellas.
t No te parece un sueíío
toda esta. sutileza i
Arquitectura frágil y florida,
frágil como un poema,
florida como un prado
«por el inflajo de la primarera&gt;.
iTe ríes de la citai Muy mal hecho;
para ser encajera
concienzuda y artista,
hay que tener erudici6o poética.
Yo aprendo en los sonetos de Petrarca
IÍ. tejer más perfectas
las rosas de mi encaje,
y pensando en las trenzas
de Laura, cuando muero lus palillos,
suelo soñar que suenan
á palabras de amor que algaien suspira
para míl rSi supieras
cuántos palacios do ilusión y ensueño
á compás de las manos que manejan
agujas y palillos,
ve.o tejiendo en el hilo y en la seda
sobre el fondo del tedio cotidiano
Ja.s almas de mujer, siempre en espera
de la flor que la. vida les promete
y que llega . . .. 6 no Uegal
Es triste ser mujer t verdad, chiquillo 1
sentir tanta impaciencia
como el hombre que más por Ja aventure,
y el amor, y la guerra
del pensamiento contra el pensamiento,
y tenerse que estar la vida entera.
sentadita. á la. orilla del camino,
engañando las horas con la rueca.,
esperando á que pase el caballero
que viene de vencer á la quimera.
y busca el premio de unos dulces ojos . . ...
t Y si no pasa 1 i Y si la primavera
se va, y nacen arrugas en la. frente
sin que la vida. cumpla i.u promesa i
Por fortuna la aguja
corre que corre, y los palillos vuelan,
y la. ílusión florece al sortilegio
de las manos de ceca,
en jardines bordados,
en rosas de hilo y seda.,
en marañas de encaje
que, con dulce impostura, nos consuelan
de la esperanza y la desesperanza,
del tedio, del olvido y de la. ausencia..

Tú que pasaste á tiempo por mi vida
y paraste mi rueca:
por la ca.nci6n que se durmió en la rota
maraña, haz un poema
para el ensueño de la interminable
costura, para el vuelo de la hebra
aire e rri ba, aire abajo,
para el ruidito con que á la encajera
le van mintiendo amores los palillos,
para las niñas quo bordan y esperan.
Acaso ellas Jo lean en uo día
de más honda tristeza,
y, suspirando agradecidameote,
perfilen una flor para el poeta.
G, MARTÍNEZ '

!ERRA.

La sacude eo sus garras, terulJlorosa,
Y la asfixia .... 1creyéndola liviana 1
La mira. luego, inmóvil y sombrío.
iente profundo espanto
Y rueda de sus ojos todo el llanto
q ne en lo más hondo de su pecho hervía.

~~ 1

IEIN

jJ AILlP A =~

Fiesta en honor del Duque de Montpensier.

Después .... coroosi husera de sí mismo,
ale tambaleando.
Ve la sierra y .... se acuerda sollozando
De ciertas rocas y .... de cierto abismo.

Y allí &lt;!orre1 detiénese en Jas breíías,
Mira el fondo profundo,
Gira, salta, y, al fin .... en un segundo
Hecho trizas desciende por las peñas!
JULIO FLOREZ.

~

OBLACION
Hay fa.maque un día de gloria
para el Arte y la Bellez9,
los rosales y los lirios
de los jardiues de A tenas,
por sacra ley de los dioses
transformáronse en doncellas,
en cuyas núbiles manos,
ensortijadas de estrellas,
cogían los sabios ligures
la flor de las recompensas.
Oliente flor de esos campos
gané, señora, en ]a apuesta,
Al poner en vuestras manos
ese simb6lico emblema,
cumplo, al par que un alta. honra,
una cristiana sentencia:
volver la flor del tributo
al tallo de do naciera.

A.

PELLERANO CA TRO.

Esla composición fué improvisada. por
su autor al ofrecer, á la reina de la fiesta
la flor natural obtenida en los juegos flora~
rales de] presente año en Santo Domingo.

Celo de Fieras
Duerme un viejo león en so guarida
Y sueña que su amada
Ruge en P-1 bosque inmenso, enamorada
De otro le6n de sangre enardecida.
Y siente celos, y con rabia loca,
Desgarrándose el pecho,
Al querer levantarse sobre el lecho
Un ragido fatal truena en su boca.'

Ausencia
(Qué extraña melancolía.
hay en las calles desiert11.s
y en las grandes plazas yertas
de la capital vacía!
tPor qué no se encuentra aquí,
cediendo á mi loco empeño,
la marquesita de ensueño
que está tan lejos de mU
Quizá en tristezas iguales,
recordando nuestras citas,
deshoja las margaritas
de mis locos madrigales.

O en las nubes de arrebol,
deletreando mis deseos,
me manda sus coqueteos
sobre una flecha de flor.
Que entre mi caricia alada
me trae á veces la brisa
con pétalos de sonrisa, '
reflejos de su mirada.
Y que gracias á los vientos
que ayudan nuestros amores,
seguimos cambiando flores
en forma de pensamientos.
Pero, á pesar de la. huella
que dejan los corazones,
no todas mis ilusiones
pueden llegar hasta ella.
Y cuando abandona el día
sus alegres vestiduras,
hay en las calles oscuras
una atroz melancolía.
MANUEL

UGAR'fE.

Y despierta; satánica alegría.
Cruz!\ por su semblante.
Su leona está allí, y en ese instante
En lamerle la cara se extasía.
Pero altivo, con fuerza soberana,
Al verla tan hermosa,
t.OS (.A~AOORl!!'S,

�•

1

ODIO y Amo~

cado de nuestra sociedad, y
esta distinguida concurrencia
se retiró sumamente satidecha
de la hermosa fiesta, lo mismo
que el invitado de honor,
Este, acompañado por el señor de Landa y Escandóo, se
dedicó al dfa sigoiente á la caza mayor en los montes de a
hacienda.

Aborrezco á todo el mundo en masa, y, en todo este mont6n,
apenas juzgo á uno 6 dos dignos de ser odiados especialmente.
Odiará alguno es inquietarse por él tanto como si le amara:
es distinguirle, es aislarle de la multitud; es hallarse en violento esta.do por su causa; es pensar en él de día y de noche ¡ es
morder la almohada al pensar que exjste. tQué más se hace
por uno á quien se ama¡
Las penas y trabajos que se toma!l por dañar á un enemigo,
ise sufrirán acaso para complacerá una mujer amadai Lo dudo. Para odiar bien á alguno, es preciso amar á otro. Todo
gran odio sirve de contrapeso á un gran amor.
Mi odio es, como mi a.mor, un seotimienbo confuso y general que desea cifrarse en algo y no puede conseguirlo. Tengo
dentro de mi un tesoro de odio y de amor, del cual no sé qué
hacer, y que pesa horriblemente. Si no puedo desahogarme de
uno 6 de otro, 6 de ambos á la vez, reventaré segurRmente, co·
mo esos sacos llenos de dinero que se descosen 6 se derraman.
IOhl !Si pudiera aborrecer á alguien! 1 i uno de esos
hombres estúpidos entre quienes vivo llegara á hacer hervir en
mis venas heladas mi vieja sangre de víbora, haciéndome salir
de esta vaga. somnolencia en que me encuentro!

~~
;'D
,·')

...

il,

...

111
¡¡;

TEÓFILO

r"

La ley de la vida
Tenéis vida y, por lo tanto, tenéisunaley de la vida. o existe vida sin ley. Cualquier cosa existe, existe en cierto modo, según ciertas condiciones, con una. cierta ley. Una ley de egregaci6n gobierna los minerales, una de desarrollo gobierna las plantas, una de movimiento los astros; una ley gobierna á ti y á
nuestra vida, ley tanto más noble y elevada, cuanto más por
encima esteis de todas las cosas creadas sobre la tierra. Desarrollarse, obrar, vivir según nuestra ley, es el primero, más
bien el úniéo deber nuestro .
.1osf.: MAZZI I.

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Dos tutelajes nocivos

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· *•

SEfJOR MAYOR JOSE F. Al/A LOS Y SEFIORA MARIA ELISA DE LA PORTILLA
CE AIIALOS.-Fol , l'aCh .

El gran enemigo del movimiento intelectual y, por lo tanto,
de la civilizaci6n, es el espíritu de protección; yo califico así la
idea de que la sociedad no puede prosperar, sino á condición de
que todas las cosas de la vida sean, casi á cada instante y en todas partes, vigiladas y protegidas por el Estado y la Iglesia: el
primero enseñando á los padres lo que han de ser; la segunda,
lo que deben creer.
TR.

-.V .. ~
• 111111111
1

AJEDREZ '
Problema núm. 7, por G. Stillingfleet John\OD
NEGRAS

El señor dou G11illen110 de
Landa y Escaudóu ofreció, el

viernes de 1~ semana pasada,
una brillante fiesta típica cu su
hacienda. de Jalpa, i:u honor
del sdior duque di: Mootpcusicr.

res .Alfonso del Río, ,J. G. Gutién·ez Topete, C. Barreras, Carmelo .Aren, .Adolfo
Amezcua y F. Irigoyen, de :México. At·turo J, :Medno Cervantes y A. Flores Villar, ele Toluca. Doctor Ernesto E ca.lona,
de Nao1inco '!t' .A.tilano oria, de Verncruz.
Al número 3, el ñor José Peredo, de
Pátzcuaro.
P ARTIDA JUGADA E TRE LOS
FRI1.'Z y

J. H.

EÑORES

A.

BLACKBURNE

Oambito del Rey rehusado

.

BLANCAS
1P4R
2P4AR

••
Deseaba el distiDgaido anfitrión que el noble visitante se
dícira. cuenta de las escenas Upicas de n11cistras fie.stas cam•
pcstrcs, y por lo tanto, procuró que toda.s esas escenas se
ofrecieran al los visitantes du·
ra»te la fiesta; hubo jaripco y
coleadero en au lienzo prepa•
rado exprofcso, Se bailó el jarabe; por dbtiogaidas personas
de nuestra mejor sociedad, y
, la llora de la comida, se sirviciron platillos nacionales.
Asistió il. la fiesta lo mis gra-

GAUTIER.

1

2 A 4 A
3 P 3D

:1 C R :1 A

4A4 A

4CR3A.

5 C .lA
6 P ,'\ D

5 C 3 A

6A5CR
7 C 2 D

7A5C
8A X C

8P X A
9 A XC

9 P 3T R
D X A
C 2 R
12 P 4 D
13 A X P
14 P 3 A
10

11

BLANCAS

Lu blanca.s j aegao y dan mate eu tru jugadas

Solución al problema número 5,
por A. W. Daniel

BLANCAS
1P7C
2 C 6 CD 6 T 6 D (mate).

NEGRAS

t

Cualquier movimiento.

Han mandado solución exRcta los . eíío-

NEGRAS
P4R

15 Enroca lado R
16 C _;C
17 T D c:asllla X

18 T 3 R (2)
19 D 5 T
20 A. X P
21

•r (.;

R) .3 A

T D casilla C
u P X P (1)

10

12 A 3 C

1.1 A

~

T (jique)

r4 T X P
15 Enroca
16 P 3 A
17 R casilla T
1

P 4

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19 A 3 C
20 P X A
21

T X T

22'1' X T
23 T 5 1\ (4)
74 D 6 T .
25 C s T

:16T6A
27
:,
29
30
31

T
R
D
T
R

6 R (6)
2 T
6 A ( laque) (8)
X D

casilla T

B CKLF,.
22 C 4 R (~)

23 e 3 e
24D2RI

25 P 4 A (5 )
26 P X P
Z7 P X P (l•que).
28 C 5 T (7)
29 R casilla e
30 T X P (jaque).
31 T 8 e (jaque).

TABLA POH JAQUE CONT

O

(1) No es buena esta jugada, porque permite enrocará. las blancas y organizar un
ataque mediante el sacrificio de un pe6n.
(2) Jug&lt;ada mu.v atr vida (loe produce
complicacione que prestan umo interés á
la partida.
(3) La defensa de las negm se distingue
por su precisi6u y habilidad.
(4) T 6 A _p arece ser en este momento
la jugada precisa pant ganar la parLida.
(5) Esta jugada salva á lru negras.
(6) ,'i 27 T x e, P x P (jaque) 2 R, 2
T, P 7 .A. . , ganan.
(7) Muy bien jugado. ,'i las blancas toman la dama ufrirán maLe en Li-e · jugadas.
( ) Otra magnífica jugada. , i las negras
toman la. dama sufrirán mate empezando
con 30 T , R (jaque). En e te hermoso
final ambo contendientes rayan J, gran altura.

�-

'

.

.

LA GRAN PRUEBA CICLICA DEL DOMINGO
El domin_go último se corrió la gran ca1-rera de
campeonato de resistt&gt;ncia entre los clubs de cíclistlls de la República; tomaron parte en ella corredores de todos lo clubs de la liga y lu. carrera fué
muy concurrida y sensacional.
Antes de la carrera de campeonato :e corrieron
otras preliminal'es. Lo. primera fué la de campeonato demedio fondo, á quince kil6metl'os de distancia, la cual fué ganada por el señor Garlo Moreno
Morales, pl'esidente del club «Centenario&gt;.
La segunda carrera fué á mil quinientos metros,
y en ella sólo tomaron parte tres corredores: fué
ganada por el joven Jesús InastriUos.
En e~uida e corrió una carrera á pie, de velocidad, en la que ganó Luis Mosser.
~ renglón seguido se corri6 la gran carrera de
campeonato de resi tencia á noventa kilómetros.
Danmte esta carrera se registró un incidente
muy desagradable: ya cerca de la meta dos corre-

1

1
.

'

D11 conciertos de l'epito Arríola.-De lis difiailttdu de la mísin
de Beetlove■.-Lu pr,ladios de Chopio.-U1 dmu n■tslro
en ti ulmjera.

E

L
QlfUPO Dll VllNCllDOlft!S.

dores, uno del club &lt;Centenario&gt; '!t' otro del &lt;Estrella&gt;, chocaron y ca,yeron llOr tierra, quedando
imposibilitado para seguir la gran prueba. Los
dos clubs á los que pertenecen lo corredore , reclainan los derechos de ·us re pectivos socios, y hay
quien asegure que el choque fué intencional .v pro,,ocado po1· alguno de. ello .
Afortuna.damente el incidente quedó arreglado
de una manera provi ionul, mientras decide la mesa de la liga á quién adste el derecho, ~· terminó
la carrera sin má incidente .
El campeonato quedó en el club &lt;Centenario&gt;,
p11es la carrera foé ganada por José Cruz, miembro del citado club. La fie ta deporUvn. termio6
cerca de la una de )n. tarde.

1.0S,.Rll!S/OFNTl!S Dl!L "HERCULES" Y OEL "GENTENAIIIO"

11!1. Plff!SIDENTI!! DI!!.. "Ct!!NT€NARIO"

'

'

'

N tanto se anuJlciao grandes
novedades musicales para d
próximo Agosto, como es la
ejecución de las nueve sinfonías de B~thoven por la
orquesta del Co.nservatorio,
Pepito Arriola da sus últi-

mos conciertos.
Se ha observado ya en estos postreros recitales una mayor aflaencia de público, ansioso de
aplaudir al pianista niño, aflaencia que celebro,
pues oo merecía otra cosa el pequeño intérprete
de los grandes maestros.
La co.a currencia de gente que gusta de este
género de espectáculos, es siempre merecedora de
loa calurosa, de alabanza. El piano, instrumento
sintético por elCceleocia, tiene, como ningún
otro, la fac11ltad de penetrar fácilmente eo el cspfritu de las colectividades selectas, y la de hacer éstas mis nutridas, mb y más amplias eada
día, porqae comunica ese flúido que mueve al
amor del arle, de unas almas 6 otras almas, de
espiritas exquisitos y llenos de virtad emocio•
1111, á otros más rudos, por lo mismo que la obra
por él realizada es eminentemente comprensiva
y seductora.
L-:is recitales de piano, coostituyeodo en sí
un espectáculo de arte supremo, sou, además,
medios preciosos para propagar la educación mu•
aical, despertando en los temperamentos comu·
nes, u:traños al arte de las divinas armonías, lo
que de sensitivos y propicios tienen para el arle
musical, Educan la sensibilidad, hacen amar y
entender la m11'ica á los profanos, -y preparan
inteligencia y sensibilidad á pruebas, si oo más
altas, sí más difíciles, como soo la mú.s ica de
orquesta y la de cámara.
La popularidad que entrenosotros va teniendo
el piano; la acogida franca que se le ha hecho en
muchos hogares-hasta en algunos humildes,- ha
contribuído, sín duda, poderosamente, á la buena
fortana de lo3 coucerlistas. Los concertistas ejercen ya, en cierto modo, una influencia que afecta
uo tan sólo al goce estético qne dau, sino á la
enseñanza que otorgan. Soo, á la hora presente,
maestros. Porque, ¿quién duda que Léviune Y
Hofmano, por ejemplo, han revelado misteríos
de interpretación á los iniciados en el aprendizaje del piano, que difícilmente poddan alcanzar nn grado de peoetració.n estttica tan comple·
jo y tan noble como el de los príncipes del arte
piaoístico?
Es lástima que tal obra no la completen los
críticos musicales. Los críticos musicales escasean en México de modo sorprendente. Es la•
meotable ver la poca seriedad y respeto coo que
se tratan las cuestiones de arte. Abunda la pala-

PRUDENCIA QR/FEl..l., NOTABLE ARTtSTA
DEL ''COLON"

brería insulsa, miscara coo que se encubre la ignorancia eu materia de estética, y obsénue con
peo.a la ausencia de ese saoo dcctorado de la
crítica, que tan graode y fructuosa i.nftuencia
ejerce como directora de la opinión all)biente.

...
Pepito Arriola ha dado, pues, dos coociertos
más: uno en el ''Colón'' y en la "Academia Metropolitana" el otro.
~Por inútil tcodriase, acaso, el hablar prolijamente de ellos, si se considera que los programas quec los integraron estuvieron formados por
obras ya ofdas en anteriores ncitales al pianista
niño. Pero ha sido esto, ju,.ta.m ente, la repetición
de las mismas obras lo que permite á recios criterios el ja%gar de los valimientos del pequeño
piaoiata.
Beethoven, Chopin, SchúmaD11, Rachmaninoff,
Liszl: he aquí toda la lista.
Del primero hemos tornado á oírle la "Waldstein," la magnífica sonata, joya una de las más
preciadas de la obra beethoviaaa, y la ''Souata'•
op. 2 número 3. De ésta, bellísima to todos sus
tiempos, Pepito Arriola dice muy bien el '' Ada•
gio" y el "All,gro assai.," ricos en frases, de una

deliciosa ternura, que más son para escuchadas
qae no para prodigarles la alabanza escrita.
Pero sí las condiciones de Pepito Arriola son
excelentes, tanto en digilación como en .fidelidad
de intérprete y sobriedad de colorido, es eo Beethovca, precisamente, donde se advierte en el
arfüta la nece~idad de los añcs para llegar á la
manera perfecta, No falsea, no yerra; pero su espíritu infaatiJ, que sabe elevarse muy alt&lt;', no logra, si.o embargo del titánico esfuerzo. llegar aún
á desbordar el raudal de cmocióo y de idus que
encierra esa música.
Beetboven es, qaizá, entre los clásicos, el que
ofrece más dificultades y el que exige mayor sapiencia de la vida y del alma humana en el intérprete¡ y si vemos á Pepito .Arriola ejecutar, de
modo inverosímil para su edad, dos de las sonatas, hacer prodigios de esfuerzo para sentirlas,
no por ello, tras de aplaudirle, dejamos de CODI•
prender que no es todavía Beethovcn el más propicio de los mautros para el arte del chicuelo.
Eo cambio, Chopin, ejemplo de sensibili•
dad entre los másicos, espíritu vibrante, triste•
torturado, Íllquieto, proporciona á Pepito Arriola
manera de lucirse con los "Preludios.'' Estos
breves poemas inttasos, estas diminutas frases
que surgen del piano como engarzadas perlas de
hermoso oriente, se acomodan á la fuerza Hsica,
necesariamente débil del niño, y-ícaso extr,ñol
-se aj astan de modo admirable á su propia sensibilidad. Hay que oírle dos de ellos, sobre todo:
los en si beinol y eo si natural mayor.
La Polonesa en la bemol, conocida por el o.ombre de Heroica, que sigaió á los Preludios el do•
mingo, no es, como éstos, de lo mejor del infantil artista; y tal se debe, principalmente, á la pulsación vigorosa que la Polonesa exig,, y á que
Pepito Arriola intenta quids suplir aquella violentando los thimpos.
¿Y qaé decir del Warum (¿Por qué?) de Schúmann? Esta liada miniatura, tau sentida, tan
llena de vaguedad y de misterio, eterna interrogación eu el silencio, eterna voz de 11n amante á
una remota amada, brota del piano como una
queja, como un dolorido murmullo que mentira
parece que el áoimo de un cbicaelo puda comprender y expresar tan bien, y que es un.a muestra del instinto poderoso del pequeño pianista
instinto que, si estudia y oo se cunfla á sí pro pio, lo llevará muy lejos.

•••
Noticias de Guatemala hacen saber que el beoe6do de Virginia Fábr,egas, celebrado en el mejor teatro de aquella ciudad, fué de seguros re•
saltildos artísticos, representándose el drama de
Marceli.no Dávalos, Jardines TráJicos. con aplan·
so cllnroso.
Ta.o buena nueva es dígna de ser consignada
en estas páginas, por tratarse del triunfo de un
artista mu:icaao en el extranjero.
MAESE PEORO.

,

�•

El Dr. Charcot Regresa del Polo Sur
Enorme Importancia de su Viaje
Después de veintidós meses de ausencia de su
patria, el lunes 6 del actual regresó el doctor
loan Charcot de su viaje polar, y foé n:cibido
por s11s paisanos en Rouen, tu medio del mayor
ent11siasmo.
El hecho de que el doclor Charcot haya regresado sano y sa 1vo á Francia, después de haber est n.diado la geografía del polo Sur, es irn acontecimiento que no sólo importa :ii Francia y á los
franceses, sino al mundo entero.
Desde el punto de vista científico, es un hecho
de la mayor importancia, si te tiene en consideración los enormes servicios que la expedición
presta á la geografía y á todas las ciencias auxi·
liares de ésta.
Los viajes al polo Sur se emprenden llevando
una de dos miras: 6 llegar lo más ce.rea posible
del polo, para Jo cual se necesita una gran resis•
tencia física y un gran ingenio de parle del jefe
de la excusión, (modelo de estas u:pediciones es la realizada por el teniente Sbakleton el
año próximo pasado); ó h~cer un estudio detenido de las costas, de lo que se supone-con gran
fundamento-un continente polar, y detallar, basta donde la ciencia lo permitt, la extensión y
con6giuación de este continentt.
Desde este ponto de vista, hay que coufesar que
la expedic:ión dd doctor Charcot no tiene má1
precedente que h hecha por él mismo hace cinco
años, la cual fué completada por los estudios hechos posteriormente por Nordenskjiold.
E l objeto que se había propuesto al doclor
Charcot por la Academia de CienciasdeParis, faé
el estudio de las costas del continente antártico
á lo largo del Pacifico austral. Desde á principio
del siglo XIX se tenía noticia de la existencia de
un vasto amontonamiento de tierra.s, las cuales
habían sido exploradas en parte por Domond
D'Urbillc en 1842, y que se extienden al Sur del
cabo de Hornos. En 1899 Gerlacbe aumentó considerablemente los conocimientos acuca de estas
tierras, y después de él, Charcot, en su viaje anterior, y Norde11skjiold, ampliaron aún más estos
conocimientos. Pero, del punto extremo alcall•

chocó co1\lra una roc.i.
zado pcr Cbarcot en
que estaba á Bor de
190S y la tierra de
Eduardo VII, ,qué
agua y s11frió serias
babía7 No se sabía,
averías: se necesita•
y el &lt;Pourquoi Pas7&gt;
ron ninticoatro ho•
(nombre del buque de
ras de esfuerzos y de
Charcot) llevaba á
trab•jos para poner de
bordo una pliyade de
nuevo á flote el bn·
hombres decididos á
que, y c11ando se con·
indagarlo.
siguió esto, se notó
1..A EXPEOtCICN "C HARCCT" A SORO O DEI..
"POURQUOI PAS?' '-El.. DOCTOR
El cPonrquoi-Pas?&gt;
que había perdido
CHARCOT, SU f.SPOSA Y
llegó á fines de 1908 á
parte de so falsa qui·
SU HIJA
las islas Shetb.nds dd
lla y de la base de su
Sur é inmediatamente se dirigió al Sur costcaAmadenmen. No obstante la gravedad de este accido tierra de Graham.
dentt, el viaje se continuó.
E~ta parte del continente anl:ii,tico prese11ta,
mb que ningnoa otra, el aspecto que los geógrafos llaman 6ordiano, el cual se ilustra perfectamente por los colosales trabajos de los noruegos
para afirm;ir el terreno de su pds contra los
emba.tes del mar. La región es un dédalo de islas
y de canales estrechos, CTUZado por un sinfín de
calzadas de arrecifes, en un c11adrode altas monta·
ñ.u cargadas de hicieras y de nieves: se dirfa que
es un continente helado en vía de emersión
cuando las tierras no se han separado completamente de las aguas.
En estos puajes, la navegacióa es sumamente
peligrosa. A pesar de todas las precauciones que
se tomaron, hubo vez en que el cPourquoi- Pas?&gt;

Una vez que se pasó la tierra de Loubd, descubierta por el mismo Charcot, se entró de lleno
en lu duconocido. La grao abond1Dcia de icebergs di6cn.lta mucho la marcha; pero, no obstante, se coatinúa ésta sin interrurcióu , y á cada
vudla de la hélice se tienen nuevas y muy gratas
sensaciones. En primer lugu se explora la isla
Adelaida, entrevista en 1830 por el bal1cnero inglés &lt;Biscoe.&gt; E11 lugar de los quince kilómetros
que les daba de extensión su descubridor, se nota que mide nada menos que ciento treinta. Más
allá siguen tierras cay.- existencia nadie sospechaba siquiera, de las cuales se tr;azaron cuidadosos mapas por el segundo de la expedición,
M. Bongrain, COll la ayuda de sus compañeros

Godfroy y Rouch; más lejos se descubre, al fin,
la misteriosa tierra de Alejandro l.
El banco de hieJo se hace c.-da vez más com•
pacto; pero se sigue lnchando con él comedio d:
Jas mayores dificultades. Se llega á dos k ilómetros de la costa; pero no se puede desembarcará
causa de la gran abundancia de hielos Botantes,
y en caso de que se llegara á pasar por entre estos hielos, no habría dónde poner el p i e. La costa de la tierra de Alejandro está formada por
todas partes por una muralla de nieve qucbradi•
za, eri zada de agujas de hielo que se quiebran
con gr.an facilidad.
Pero de todos modos, se ha obtenido ya un graJ1
resultado desde el punto de vista geográfico: se
han medido y se hau hecho planos de 011a ex ten•
sión de costas de mb de cnatrocientos kilómetros, y se sabe que la tierra de Graham se extiende hacia el Sur, hasta la alhlra de la tierra d.e
Alejandro I, la cual no es más que una isla.
Después de obtenido este resultado, el doctor
Cbarcot se marchó á hacer la exploración de la
bahía M.argarih1, la gran bahía abie,ta al Sur de
la Adelaida. Allí volvió á hallar las rocas á Bor
de agua, amenazando constantemente los Bancos

CIJRI DSAS FORMACI ONES DEI.. TERRENO: POLAR

del buque comedio de témpanos de hielo de diez;
y seis á diez; y ocbo _mdros de exlensióo, Botando á merced de las corrientes de agua. Cuando
no eran las rocas las que amenazabao, eran los
témpanos, que parecían querer aprisionar al
cPourqnoi-Pas?&gt; En tales circunstancia~, y en
vista de la terrible fuerza de los viento~, no había más remedio que refugiarse íunto á los témpanos flotante~, pues aunque se corría et riesgo
de ser t ritnrado entre dos, de tos peligros h-.bía
que escoger el menot inminente.
Al llegar el invie.r no la expedición se vió pre-

cisada á buscar u11 abrigo, Pero
no había u_inguno; los fiords que
se Laternan en las tierras y que
podrían servir de protección, CS·
tán bloqueados por los hielos, los
c11ales no han podido ser desechos por el débil verano polar,
Las costas no muestran por ninguna parte una roca que pudiera
servir de auxilio¡ por todas partes se extiende la vast.a muralla
de hielos quebradizos.
Obligado por las circunstancias, Charcot tuvo que derivar
muy a l Norte y refugiarse en las
costas de la isla Peterman, El
3 de F~brero el &lt;Ponrqnoi-Pas?&gt;
se hallaba fijo é inmóvil por es·
pacio de diez: meses.
Esta larga y forzos a inacción se empleó en
obscrvadones científicas y á la form;ición de co1: cciooes. E l buque se convi rtió en no laboratorio. Tres veces por día se hacían observaciones
meteorológicas, y cuando el cielo estaba algo
descubierto, los geógrafos h acían planos y los
natlll'alistas recogían e jemplares de plantas y
anim'1es.
Una de las observaciones más curiosas, hecha
por los zoólogos, fué la relativa á la vista de los
pingüinos. Estos pájaros lan peculiares tienen
la costumbre d.e emigrar de las tierras antárticas
cuando arrecia el invierno, y ngresan á ella con
el buen tiempo. Para sabu si vol vfan los mismos
á los mismos parajes, los sabios marcaron á algunos de ellos y marcaron sus respectivos r efugios;
al a ño s igu iente ni uno solo dejó de ocupar el
mismo rincón polar.
A fin es de Nov'ie:mbre de 1909, d estanqae de
hielo donde estaba prisionero el •Porquoi-P.as?&gt;
se deshieló y se emprendieron nuevas e:xplora•
ciones. Se hizo carbón en la isla de la Decepción
y se empleó un mes en exploraciones de las She•
tlauds. El 6 de Enero del presente año, Charcot
dirigió de nuevo la proa hacia el Sur; poco después se halló á la vista de la tierra de Alejandro l , y tuvo la fortuna de de~cubrir una tierra
nueva. Con este hecho el macizo continental de
Grabam adquirió 11na extensión muy considerable V se puede abrigar fuodadamente las sospechas de qnesereúoa con la t ierra de Eduardo VII.
Pero el banco de hielo es cada vez; mis grueso
y es imposible apro:x lmarse á la coi,ta; se cooti•
náa caminando hacia el Oeste, doblando hacia el
Sur cada vet que se puede.
Ningún buque hab(a holl ado esos parajes has•
ta entonces, y por lo tanto la draga y la sonda no
dej an de funcionar un solo momento, tanto para
la seguridad de la expedición como para recoger

/SI.A iJENNY, POI.O S IJR

ejemplares de la fauna y flora del mar. Así se lle·
ga hasta los 126 grados de longitud oeste de Pad• ;
pe:ro los ic&amp;ber¡!s son á caC:a momento más abun•
dantes ; la provisión de carbón se agota rápidamente y el escor bu to hace estragos form idables

IJN~Bl.OQIJE DE H IELO CA/DO SOBRE IJNA ROCA

en la tripulación En tales condiciones, al fin de
Ener o Charcot decidió regresar. ¡Hacia t res me
ses que la valiente expedición l uchaba con t oda
clase de d i6cultade~l
Gracias á la expedición francesa, los contornos
del litoral antártico han. quedado de lioeados en
todo el Pacifico O :cideotal. E, un resultado q11e
honra macho tanto al jefe de la sxpedic ión c;,mo
á sus a-y 11dao les y colaboradores, quienes ba o
contribu ido j!randemente al i m portan te t!xi to
cien tífico obteui do.

La Noche y la Muerte

Al ver la noche Adán por vez primera
que iba borrando y apagando el mundo, '
crey6 que, al par del astro moribundo
la. crención agonizaba eotern.
'

Mas I uego, al ver Iumbrera trns l umbrera
dulce brotar y hervir en un segu ndo
universos sin fin . . vuelto én profundo
pasmo de gratitud , ora y espera.
n sol velaba mil; fué un nuevo Oriente
su ocaso, y pronto aquel la luz dorm ida
despertó al mismo Adán, parll y fulgente.

. . t Por qué la muerte al ánimoiotirnidat
i así engaña la luz tao dulcemente
&amp;
,
'
c,por que no he de engeñar también la. vida?

1

UN H E RMOSO DIA DE VERANOANTAR'TICO. - EN LA TIERRA DE GRAHAII

E l.. "POU RQIJOI- PAS?" EN s11s: c11ARTE I..ES O E I N VIERNO

su oo WHITE.

�d~ "Mi esposa y mi paragua1;" "El paraguas de
Osear" y "La sombrilla," del poeta D'Hervilly,"
Ya veis. mis queridas lectoras, cuánta impor•
taocia se le concede á esta famosa arma íemeni•
na, qae deseo se convierta, para vosotras, en in·
nncible y victoriosa, durante el próximo estío .

Crónica
L cdor aumenta, lecto-

ras mías¡ los rayos del
sol caen á plomo en las
horas pesadas y silenciosas del mediodía¡
ábrense las blancas sombrillas de encaje,· comÓ
alas de mariposas que
buscan con ansia la fresca brisa perfumada de
los jardines, y bajo la tela vaporosa de esos graciosos accesorios, aparecen más suaves y bellos
los rostros femeninos; la luz, velada discretamente, les da uo delicado tinte que aumenta en gran
manera sus encautos.
Siempr,e se ha considerado la sombrilla como
un recurso exquisito de la coquetería de las damas; mirad lo que dice, á ese propósito, uno de
los escritores franceses más estimados por su estilo ameno y sugestivo: "La sombrilla no a.iiade
nuevas gracias á la mujer¡ pero si realza admu-ableme1&gt;te las que tieue. Es como el arma de un
soldado, que no le presta valor ni gallardía¡ pero
si Je da lUla b•illante ocasión de manifestar esas
cualidades caando las posee. Así la dama bella y
elegante sale á paseo con su arma de combate
para couquistar y rendir corazones¡y ya la enar•
bola gdlardamente abierta ó la lleva con adorable negligencia sobre su hombro, ó inclinada
muellemente hacia atrás. La sombrilla protege
s11 •toilette» de la claridad excesiva del sol, para
que éste no descolore los matices de las telas, y,
rodea como de un nimbo los encantos de tu rostro, semejante á un vapor levemente rosado que
atenúa y snaviza los contornos de las facciones,
a_uima el color des•anecido de la tez y circnnda
á toda la fisonomfa, de reflejos diáfanos. 1Q11ién
podría describir el luminoso kaJeido~copio del
pensamiento femenino, al usar ese pequeño ad·
minfoulol Bajo su bbveda blanca, azul ó rosa, el
sentimiento germina, la. pasión languidece ó estalla. ¡Caántas dulces sonrisas se han abierto á la
sombra qae prodace la corola de esa grandeB.or de
gasa! ¡Cuántas convencionales y encantadoras se•
fias de inteligencia y resplandecientes miradas ha
cubierto la tela discrtta de la sombrilla, protegiéndolas de la indiscreción ó celosa envidial Y
en otras ocasiones, ¡cuántos dramas se han ocultado bajo esa frágil nubecilla de sedal ¿Creeis,
acaso, que las mujeres la uhlizan solam:nte para
preservar su fina tez de los ardores del sol? Sin
duda que ese es el principal de sus empleos¡ mas
no el único por cierto. En la obra maestra de arte llamada &lt;toilette&gt; femen.ina, la sombrilla representa el importante papel de claroscaro. En
los juegos de la sombr1 1 la 60mbrilla es como un
disco de claridad, y en los cambios de la hz es

y preciosos esmaltes que npresenfan deliciosas
miniaturas de pasados tiempos. Para los mangos
se han empleado l::s mis exquisitos materiales:
el oro, plata y marfil pnlido. En un.a palabra, la
sombrilla ha inspirado, hada á los más claros ingenios, mnchas de sus obras; varios pcetas y prosistas han escrito, á este respecto, graciosas mono-

•••
Hay un lado consolador en el extremo á qae
han llegado nneslras modas¡ y es qne elJas tienen
gran dinrsidad entre sí; las mayores audacias
son permitídas, aun cuando vayan en coutraposición de las tendencias ge11nales; u así que
junto á nna falda de un metro veinte centimc-

como un 11.store ...

Las damas no gush.rfa11 tanto del sol si éste no
les suministrase la necesidad de ocultarse baio
la penumbra del encaje, defendiéndose as( de los
rayos esplendentes del astro rey. Sin contar con
la ventaja que ofrece á la mujer de maniíestar su
lujo y buen gusto en la elección de tan Hndos
muebles, paes en los pnños de las sombrillas se
han usado y se usan toda clase de ricas fantasías
decorativas. Alll los arabescos de perlas, diamantes y esmeraldas¡ allf los camafeos, topacios

gr.&amp;fín, gll.&amp;otes versos y hermosos artículos de
revis1as más ó menos serias. Por último, en el
teatro también se presta homenaje á tan lindo accesorio; se ha interpretado la espiritnal escena

Iros ~e largo, vemos otra plissada, con la notable
.. mphtu~ de siete ú ocho metros¡ pero conservando siempre. y ante todo, la impresión fina y
recta de la silueta,• condición sin. la cual no hay

sello de verdadera. eleg111cia. Las muselinas de
seda, plissadas, han encontrado en las túnicas
una encantadora oportunidad de manifestarse.
Citaré á. mis lectoras nn modelo, que acaso sea
la más exquisita creación de nJJ.A casa c.o nfeccio•
nadora de gran nombre. La túnica es recta, corta
y plissada, justificando así su nombre de túnica
"enfant de choeur," pnes tiene aspecto de sobrepelliz, hecha en muselina de seda rosa vivo, ador•
nada de un ancho encaje de Malinas. La. túnica cae
sobre una falda de muselina de seda color de cereza, iga.a lmente plissada, recogida en su parte inferior por un volante casi liso de encaje de Venecia,
que hace oficios de banda. La camisola de la túnica, ligeramente escotad;r, y los p11fios de las
mangas semilargas, son de ,rncaje de Malinas, el
c11al rodea también el escote del traje, formando
ese "coJlerette" coquetuelo, esa graciosa esclavin&amp; que está indicada casi siempre para los ata•
víos deliciosamente ju ve.u nes en la forma y en
la toualidad de los colores. En este modelo resulta un lindo conjunto de la transparencia de
las felas, pnes el matiz cereza, á través del rosa
vivo, se ve encantador.
Los crespones de China tussor serán, entre los
géneros de la estación estival, los que tengan
más privanza, sobre todo en los tonos pálidos,
como azul pastel, rosa "cbair," verde Nilo con fi.
nas U,neas blancas que dibujen drcolos, elipsis
y contornos ondulados, que le dan un aspecto de
linón impreso. Tales crespones tienen una frescura de color en extremo hermosa, y se les adorna con b&amp;ndas de bfltta flexible del mismo matiz
qne el fondo de la tela¡ por ejemplo: un traje
aznl pálido con ligeros dibujos blancos, en d
cual la túnica, b.utante Juga, deja ver solamente
veinte centímetros de la falda, cnyo color a.z11l
es ligeramente más snbido que el de Ja túnica y
carece de dibujos. Aquélla está orlada por una
banda de talfeta azul, festoneada con un cordoncillo de seda, abierta bajo los brazo~, al estilo judío, y el cordoncillo sigue contorneando las orillas. DelJajo se ve el color azal de) fondo y una
camisola interior de linón antiguo, bordado, com·
pleta este atavío, muy propio para una señorita.

También r:xiste el
refioam.icnto exqnisito de velar las telas
de un solo matiz con
muselina de sed,, ya
sea por medio de la
túnica, ó haciendo
é,ta misma en dobles
géneros,aunque para
esta combinación se
necesita recurrir á
grandes casas de modas, pues la dificialtad
de conservar fina y
delicada la silueta,
exige una mano maestra en el corle y en la
confección; pero si se
consigue re1111ir la
perfecta armonía de
estos dos requisitos
indispensables, se ob
tendrá, indudablemente en el doilettc•,
una elegancia suprema y particular.
Próximamente ha·
blaré á mis lectoras
de las novedades que
se prepuan ya con
toda actividad para
la estación caln.rosa
dd verano.
MARGARITA.

La Modista en Casa
A mujer que desee conquisbr el ca•
lificativo de elegante, tiene que
poner gra_n cuidado en sus atavíos
para dentro de casa. E• muy ge•
neral ver damas correctamente ves·
tidas en la calle y en losespccliiculos, á las cuales, ~i por desgracia
se les sorprende sin previo aviso en el hogar,
nadie podría creer que fuesen las mismas.
En efecto, lectoras mías, veréis que la citada
dama está sin peinar hasta mny entrado el día.
Su traje no tiene gnn diferencia con tl de
la doncella, nada en su porte ó en s11 persona os
habla de distinción oi de elegancia. La impresión
qae produce esta clase de mujeres es snmamente
desagradable, y toda señora, medianamente educada, debe procurará todo trance qne su &amp;specto
en el interior de su casa, corresponda con el qne
tiene en la calle y en las reuniones.
Muy fácilmente podr:i. conseguirse esto con un
poco de empeño y de buena voluntad. Los mode·
sos de batas que damos hoy, son muy propios
para confeccionarse en casa¡ reúnen, á un mismo
tiempo, hermosura y sencillez El primero es de
muselina de lana azul celeste. Su único adorno
consiste: en un ancho cuello volteado, hecho en
muselina de la Iadia, con pequeñu alforzas, entredoses y puntilla valenciana. Los paños son
iguales al l."nello. Eo la cintura lleva un cordón
de seda aitul celeste, el cnaJ tiene en Jas pantados pompones de seda floja.
La senciUtz de este modelo hace accesible su
coníección á todas las personas, ycnalquicra da·
ma puede ponécseb, segura de aparecer atuiada
con toda propiedad,

El segundo modelo es de muselina de laDa,
bdist.a ó seda ligera, blanca. En la orilla llel'a
tres anch.&amp;S alforzas. Lo mismo que el primero,
luce uu ancho cuello volteado, solamente qne
é11te es macho mayor y formando hombreras. Se
cruza uo poco sobre el lado izquierdo por medio
de un listón prendido con dos rosas, el cual termina en dos grandes p11ntas. A la orilla del
llo tiene uo volante de encaje de punto. Las
mangas son acampanad.as y llevan también un
volante de encaje.
Ede modelo es igualmente sencillo en su con·
fecció11 al an.te.rior, solamente que los adornos
son más vistosos y exquisitos que los de aquél.
Con poco dinero podrán nuestras lectoras confeccionar ellas mismas estas batas, con las cnalcs se verán m11y lindas y elegantes.
Ofrecemos también. en la página de hoy, dos
modelos de trajes de verano para señoritas de
15 .i 16 a.iios, propios para coníeccionarse en t1111sor, b.i.tista, piqaé ó crespón de China tussor,
que es la novedad de la presente estación.
El primero es de batista de lana en color champaña, adornado con entredoses de encaje de gaipute ó de Chantilly.
El segand.o es de crespón de China tnssor, color de heliotropo con dibujo crema. Fo1lda con
canesú, excepto el delantero, que es liso. El
cuerpo tiene alforzas en la parle sapedor. En redondo del pcquefio escote lleva nn bies de seda
Jiberty color de heliotropo, el c11al baja por e,1
frente basta la orilla de la falda. Camisola de
enc~je de guipare,

cn,-

Estos dos modelos son may apropiados para
paseos campestres ó salidas de mañana.
Deseamos que nuestras lectoras los encuentren
de su gasto y les sean útile,i.

�FoT. FÉLIX,,DE PARÍS,-ESPECIAL PARA

FoT.

Ftux, DE PARÍs.-ESPECIAL

MUNDO ILUSTRADO"

PARA ''EL MUNDO ILUSTRADO"
TRAJI DE TEATRO

1 0nado en tul negro sobre fondo de eda verde resedtt L9 falda tiene en la orilla uD ancho bies de seda
Con~ecc·
L
negra, tres escaro la de listo'n y UD ornato de las misma , limitando toda la aplicaC'i6n de enea.je que lleva en la parte inferior. El
cuerpo está adornado con bordado. al realce.

TRAJE Dli: r,1~En.-

"EL

ó

Dl!l

REUNIÓN. - Hecho en muselina de eda color de rosa, sobre fondo de satén liberty del mismo cokr.

La falda tiene á la orilla un bies de seda y una gaarnici6n de enc1je. So!:irefalda larga, borde.da de soutacbe, lo mismo que el cuerpo y
las mangas. intur6n de seda liberfy.

�El Mundo Ilustrado

-·•--·- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - : - - - - - - - - - - - ~

RALAS 0RMRS

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¿Por qué el Jarabe de Higos
Es el Mejor Laxante Para Uso de las Familias?
PORGUE
Es puro.
Es suave en su acción.

RESPUESTAS

r~ile á esos pa•eos cainp,slrcs y á uas largas e1:-

Liliaoa: Mucbo gasto be tenido de que le agra
daran los modelos de "esfido y delaotalo.
-Los ojlllo111 cioh.s é hila.za para hacer el encaje ioglts, los paede 1uted eocontnr t:n cLa
Gran SederJa&gt; 6 eo &lt;El P.ajeit, casas de comercio
muy conocidas y acreditadas eo esta capital.
-Para quitar las espinillas u batno usar d
jugo de limón y la. tintura de beojuí¡ pero, ve
ces es preciso recnrrir á ext.n.erlas por medio de
la presión, cuyo remedio es doloroso¡ pero e6CJ!1:.
-Si desea usted es1ar menos delgada, le recomiendo que tome alguna preparación de arsénico, consultando antes coa un médico hábil¡ y eo
cuanto á los alimentos mh propios para eogordar, se prefieren las fécnlas, la leche en abundancia y la cerveza.
Tengo verdadero gusto en llamarme amiga
saya, y deseo complacerla en todo Jo que se sir"'ª consultarme.

rarsiooes eo a ato, qae dan á utrd laoto miedo
y exaltan su sistema nervioso, enfermo '/ alterado por una vida de coostaote coulndiccióo. La.
velocidad extraordinaria de la c.a rrrra produce
á asted vtrtigos ó fatiga, que sn esposo jazga fingidos para evitarse el fastidio de uos paseos¡
ere.e que t.al mi,do es falsamente: exagerado y le
advierte su antipatía ror las ecomcdias á domicilio&gt;; t,odo esto es muy doloroso para noa m11•
jer delicada y enferma¡ comprendo la profunda
pcoa de usted, aconsejándole, ademh de la discreta C.)o!ormidad, que sude ser la mejor arma
-para lri11.afar de esos caracteres dupóticos, aoa
intriga iooce.n te t ingeniosa, c11yo felit resultado
vi ea un caso análogo al de usted.
Una dama colocada eo situación semejante i
la de &amp;Tímida&gt;, confió sus pe.nas á uoa amiga íntima muy inteligente y sensata ; ésta le aconsej6
hacer su aliado al mtdico de la casa, para que
hablara al esposo coo toda la autoridad de la
ciencia, pooiéodole de manifiesto los peligros á
que estaba expuesta la enferma si recibía impresiones desagradahlu. El mtdico desc:mpriió hábilmente su papel, ponderando el e,tado delica•
do de la señora y declarando que su muerte era
inevitable si no se le complacía en todo. El esposo, muy alarmado, pues á pesar de su mal carácter y de sas extravagancias, ten[a cariño á la
señora, cambió de conducta por completo; se
marchó solo l sus ejercicios deporl i vos y ella
gozó, desdi: entonces, de una paz y ona tranquilidad que en poco tiempo le devolvieron lasaJ11d y Ja dicba. E,e mismo éxito deseo para usted, y espero que pronto me comunique á ese
respecto gratas noticias.

VARIAS NOTICIAS

Fady: Doy á usted el modeJo de traje que desea. Está hecho eo foulard blanco, salpicado de
lunare.s uul marino. La sobrdaJda lleva á los
lados seis botones de fantasía que fiogen recoger.
la 1111 poco. El cuerpo tiene unas hombreras formadas por grandes alfonas. Caoestí de encaje
ligero.
También doy á usted otro, qae sin ser precisameote de sobrelalda, síoo más bien falda con canesú, pudiera parecerle más propio pan ser con·
fecciooado en tela ligera.
Está hecho eo alguna de dicbas telas, adozoa•
do con encaje valeacano 6 de punto.
-Para quitar i la piel lo áspezo y qu.emado
por el sol, es mu.y eficaz a~ar h. siguiente preparación: -naa cucharada de: glicedoa, dos de leche.

dos de ago.a de: Colonia, diez gotas de tintura de
beojai y el jugo de uo limón.
S= pone esta mezcla so'bre el rostro todas la s
nocbes, antes de acostarse, y al día siguiente se
Java con agua tibia, á la cual se le pooe un poco
de végcto.
Creo que con tal procedimiento muy pronto
cooseguirá usted mejorar so tez.
-Uaa señorita debe dec.ir solamenle su nombre cuando le u preseotado un caballero; el ofrecimiento de su casa debe dejarlo á cargo de sos
padzes ó hermanos varones.
UN MODELO

Aurora· Eo esta sección verá asted el modelo
de ,ombrcro que me pide. Es de paja de arroz,
y su adorno consi&amp;te en an gnn lazo de gasa
eazul perla&gt; y un ramo de rosas.
- En cuanto i su preguoh de q-ne si podr.á salir i pueu en compañia del amjgo fo fimo, cuyas
cualidades me describe usted detalladamente,
me atrevo ;i aconsejarle que no lo haga, pues aun
cuando ningÚJl peligro teodrfa con dicho amigo,
pn&lt;liera usted ser criticada da.rament• por la sociedad, que 110 admite esos usos aceptados por
completo eo oltos países¡ es debido cond 11cirse
conforme ¡I, nuestras costumbres y no á l:u extraojc:r.u.
COMEDIAS

Elisa: A coolfonacióo doy á usted los tí1olos

T

1

de: comedias propias para ser npreseutadas por
aficionados: cEI nido ajeoo&gt;, &lt;Intereses creados&gt;,
de Bc:navc:ute; cVida que vuelve&gt;, cEl amor que
pasa&gt; y cLa reja&gt;, de los b.erma.1101 Qo.intero. Si
desea usted alguna pieza más ficil y de estilo
b11m.orístico dctu minado, pcdrfa elegir eLa
c:uema ftoja&gt;, de Vital Aza,q11e es una pieza m11-¡r
iogeoíosa y llena de incidentes, graciosamente
preparados, y &lt;Los langostinos&gt;, del mismo gtncro que la citada •interiormente.
UN CONSEJO

T!mida: 511 calo ea bastante complicado; nc:ca1 sita hacer aso de macha prudencia y de inagota•
ble abñegación para complacer á su esposo, cayo
carkter dDmiJlutc exige de usted que lo acom-

ll1ARGAR1TA.

'

Es agradable.
Es eficaz.
Es barato.
Es bueno pa.ra Jos nlllos.
Es excelente para las seflorae.
Es conveniente para los hombres ocupados.
Es completamente Inocuo en cualquier ctr
cunstauela.
Lo usan mlllares de fa.mlllas en t,odo el
mundo.
Los médicos Jo estiman como un laxa.nte
valloslslmo.
SI Ud. lo toma., estará t.omando el mejor
!u.ante que se conoce en todo el mondo.
Sus iogredtentes son todos sa.ludables.

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ii'I
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Su acción es suave, eln eltclios consecutl·
vos desagradables.
Está enteramente desprovisto de s11Stan•
olas deletéreas.
t d
•
Contiene los principios 1axan es e e1eruas
plantas.
Oontlene los prlnelplos oannlnat1 vos de
otras pla.ntas.
Contiene llq uldos a.romátleos de sa.bor agrada.ble y retrescante.
Todos sus componentes son pares
Están sabia. y cteutlticamente combloados.
Fo1man una. bebida déellcfosa..
d.,_bes
Para obtener sus ben ficoa efect,e, " e
siempre compar el legitimo, preparado por la
catlfornll Etgsltup Company, San Frincúco, Cal.

Se vende en tod.a • hu droguerbu y botica•
·U.- t:J--tt:IUU't,t.-t:t:1-'t:t~:-t.'t:t:t.'t:tll.-t-t:l-t~ t!l-t-t't:t!¼ti-t"l't !t:M'

_:

!..

~

J

AGENTES GENERALES PW U llEPUBLICA IEXICANA:

JOSE UI HLEIN, Sucesores

.,

;

Almacén de Droa-a•

1
..
!t!-

CALLE DEL COLISEO NUEVO NUMERO 3 .-MEXICO

;

H,f..-...,

~H·.S.U,f-lif:f:fi•"l'.1tf-~M-.S.M:l,fifif!ltl&lt;'f-:lilt...f;. . .-.."l'. ............

Las Cartas de Musset
Ha.o aparecido eo estos dlas. durante
poco m.is de uoa semana, en el folletln de
EJ Fígaro de esta clodad, las cartas qoe
allá en la tercera década del slglo pasado
escribió Alfredo de Musset á una Joven
c.on quien maotovo alg6n tiempo relaciones amorosas. La Joven mJsma, qae
después de la muerte de Alfredo se anió
legalmente en matrlmonlo con el hermano mayor de 6ste, con Paal de Musset,
rué quien coldados1.mente conservó di·
chas cartas, y un 1110 antes de morir, an.
tlana y viuda, las depositó en la BlbUo•
teca Nacional con encargo expreso de
qoe no fuesen comunicadas al pl1bllco
lector del departamento de manuscritos,
hasta. transcurridos trelota al!os. Ella falleció en 1881-, el plato se cumpltó el otro
dla y El Fígaro compró el derecllo de lo•

sertarl•s en su fol letln antes de Que apa.

recleseu en forma de libro. movido el periódico sin duda por el ruido que el suceso
de antemano hacia, y .muy ansioso de
aprovecharlo antes qae los lectores deseabrlesen el escaso valor y el casi nulo
Interés que las tales cartas entraflaban,
desengal!o q11e hoy de cierto babrtn ea:perlmentado los compradores del volumen.
Pdsoles El Ftgaro este titulo: Carlas
d, Mussd á la Des«moeida., no embargante que aun antes de darlas , luz se cono·
cla y pregonaba el nombre de I• persone;
y podla leerse Impreso en multltud de papeles que se babia llamado Alm6e O'Al·
ton, y que las cartas mismas hablan sido
leidas, retocadas y preparadas para rutara Impresión por et que era marido de EUa
y hermano de El,· caso bien curioso, que
no debe haber ocurrldo muchas Teces. Y
viene realmente , ser lo qoe de mu cu•
rloso el caso nos ofrece, pues nada ha ganado con ello la reputación de Alfredo ele

Mosset. y silvanseúnlcamente e~taq car

tas de descender, un nivel lncntble de

Insipidez é insignificancia, por lo que de
cuando en coando tienen de libertinas,
de frlamtnte hlbrlcas y fatuas, sin perta ·
me al&amp;uno de verdadero amor ó de pasión
sincera. También, por supuesto, sin lmportanda alguna literaria.
¡Qué diferencia, qué enorme distancia
entre estas vulgares relaciones y lapasión violenta y tri&amp;ica que, en cartas vibrantes de emodón, escritas preclsament:,
en esa misma d6cada del siglo XIX, pocos
allos antes, dejaron inmortalmente expresad• el mlsmo Alfredo de .M.usstt y la
Ilustre muJer Ludia Aurora Duplo, lacélebre escritora que el mundo conoce bajo
el nombre de Georg, Sa111J. No hay semelanza posible entre ambos casos, claro esii; pero causa verdadua lútlma vu ahora extraer de la nada, del depósito mortuorio en que yacla olvidado, un Musset
sensual, Incapaz de amor, de abne,acl6n,

de sacrlficto, esclavo de su pereza y de
sus vtcloa para pretender colocarlo al lado del otro, ta.o sinceramente apasionado,
, qllleo los diversos clramitfcos episodios
de esas relaciones 1.morosas, pactficamen•
te loterrumpld1s en Venecia por efecto de
reclproc.o desencanto, reanudadas una vu
y otra vez en Parls bajo el Impulso de Incontrastable frenes!, arrancaron 1'grlmas,
gritos de dolor. maldiciones, como no ha
solido el muodo olr traducidas en palabras encendidas c.on tal •ce.oto de verdad,
con tanta poesla y leogua¡e tan hermoso.
Ea esta correspondeoc a entre ambos
famosos amantes, que no fué publicada.
Integra basta hace poco tiempo, que dejó
Ceorze Sand !eunlda y preparada para
apar&lt;1tfr cuando fuese oportuno en defensa de su memoria, y cuya publlcacl6o re·
tardó, slo causa y sin razón, la berma.na
bueder1 de Musset, sorprende, desde
luego, que sean de Idéntico valor !Iterarlo,
Igualmente bellas. las cartas de uno y
otro\ aunque bien diferentes entre si. Los
bomores rara vez han legaao á la historia
literaria c■~as d: 1.mor verdaderamente
apaslo"ad1s y sinceras, y para demostrarlo, basta.ria (ejemplo antiguo y decl·
sl,o) l.;a distancia Inmensa que eo rranqoeza, nobleH y profondldad de sentimientos separa las cartas eternamente
conmovedoras de la sfn par Elolsa, la
abadesa de Puacleto, v !as frlu, arllfi·
clales y ffolstas de Pedro Abelardo, el
gran escol stlco liberal, su fuooso y desgradado emante.
No fué 6st11. es verdad, la opinión de
Juan Jacobo Rousseau, A quien rarec:erla
Impartir esp•dal competencia el ser autor
de la N11,ca Elolsa. Pero queda muy desvirtuada la fueru del parecer de Rousseau , si se recuerda que fa6 emitido por
el mismo que no aceptaba como escritas
por mano fmeo lna las Cartas de la Reliz,osa Portuguesa, publlcadas en francés el
allo 166g en Parls: ''Las mujeres, dijo en
esa ocasión, no saben ol sentir ni describir el verdadero amor," y conclufa apos•
tanda que las tan aplaudidas cartas portuguesas h11.blan s!do escritas por un
!!ombre, y eran, por tanto1.-.011a Impostora.
Podla, en efecto, 1fi rm.ar 1&lt;ousseau cuanto se le antojara en ef particular, pues
nadie babia visto los orl&amp;ID1les de esas
cinco e:i:traordloarlcs eplstolas; pero hay
coosentlmltnto general respecto de su autenticidad, Conocedores ta n lntell¡,:eotes
y sotlles como Stendhlll y como Salnte
Beuve, no vacilaron un solo lnstaoti en
aceptar como realmente escritos por 1101
pobre mujer abandonada esos patéticos
lamentos.
No pretendo yo sostener con esto que
todas las mojeres eoamoradas, aun provistas de antemano del dóo de escribir
bien en verso ó prosa, sean, por la sola
coalldad del sexo, capaces de prodocir
cartas como las de Elolsa ó las de Julia
Lesplnasse. Pero la regla &amp;tneral puede
establecerse salvando las excepciones.
Masset poseyó 11.buo:laotemeote en prosa y en verso, lo mismo en su Confesw11
que en las Noc/11s y en multitud de varias otras de sus poesl11.s, la facultad de
expresar, de pintar al vivo, por todos sus
aspectos, la pasión del amor, la coal, ona
vez por lo menos, en su encuentro con
Aurora Duplo, experimentó en toda su
fuerza con su melancolla Infinita, sus dimeros deleites y sas amargas postrimerln . Las cartas que escribió á Gtorg1
Sand tienen tanta vida y desbordante pa•
slón como las de las mis cilebres 111ujeres. CooslJeudas A este propósito, para
no tenerlas por una , x~epcJ6n en el sentido antes expres,do, debe atribuirse ,u
excelencia, lo que Indudablemente bobo
de .muy ftmrnloo v delicado en el grao talento poético de /r\ussel Lo cual me trae
l. la memoria. aunque sin pretender darle
aplicación es!'eclal al CHO, que Swlnburne, el Inspirado vate Inglés , habló de él
una vez llaml.ndolo Mademoisel/1 d, MtiS·
set al aludir pnctsamente , sus borrascosas relaciones con Ceo, ge Sa,,d.
En el próximo mei de Noviembre se
cumpllr!n cien allos desde el dla del nacimiento de este poeta., que falleció, premlltaramente agotado ya desde mucbo
antes, á los cuarenta y siete aflosdudad,
y cuya reputadón parece haber crecido
bastante en estoR últfmos tiempos. Tiene
ya una estatua en Neullly , las puertas
de Parls. y tendri otra pronto ,n esta capita 1. donde nadó y murió. No es, por t"n•
to, tel11 coincidencia que hayan venido á
aparectr en el ano de esa conmemoración
secular, las cartas , Alioée D'Altoo; pues
~I de algo ,;lrven, sfri mis bien para recordar debllldades de su c.aricltr ó el larto ecllp~e final en que acabó su carrera
de artista.

BNRIQU!? P~i?YRO.

Parls, Eoero,

1 9 10.

�El Mundo Ilustrado

El Mundo Ilustrado

LA SINCERIDAD

EL ASILO CALDEIRO
r

,

Desde hace algú.n tiempo se ha desarrollado en '
México la noble tendencia de realizar obras filantrópieat. Por este motivo, y con el laudable
propósito de estimular á nuestros compatriotas á
continuar tan meritoria labor, es por lo que no he-

re.sponde la fundación, en el que ha acreditado
una vez más su talento y su competencia el ilustre arquitecto don Luis María Cabello y Lapiedra, autor de los planos y bajo cuya dirección 1e
han ejecutado lu obru. Ocupa el edificio una

elogios y testimonios, tantas recomendaciones
de médicos ca.ltos y sinceros, que han preconizado en sus informes la potencia curativa de las
especialidades del doctor Caldeiro, que, con toda 'foluntad y mo'fidos por un espontáneo deseo,

mos podido substraernos á la tentación de dar á
nuestros lectores la noticia de la fundación de
un asilo para huérfanos, obra del eminente médico espaíiol. doctor Manuel Caldeiro. De este asilo, próximo á inaugllI'arse, y que estil situado en
el Madrid moderno, pueden nuestros lectores
formarse una cabal idea por las fotografías que
ilustran estas lineas. La revista ílustrada de Maddd &lt;Bla.nco y Negco&gt;, de fecha 21 de Mayo de
1910, da cuenta de tan magnífica obra en los siguientes términos encomlásticos:
&lt;Damos u.na noticia de verdadero interés: la de
la próxima inauguración del &lt;Asilo Caldeiro&gt;,
eclificado en la parle más elevada del barrio llamado Madrid moderno. Débese á la filantrop[a
de un hijo de Madrid, don Manuel Caldeiro, y
está dedicado á los huérfanos hijos de esta villa,
los cuales encontrarán en él, no sólo asistencia y
refugio, sino también escuelas para su enseñanza
y talleres para el aprendizaje y práctica de di-

Son Puramente Vegetales,
Son Azucaradas,
Son un Laxante
Suave pero Eficar.
VISTA GIENl!RAL 01!.L ASILOCA LOE/RO

supuficie de 11,906 metros cuadrados, de los cua-

nos atrevemos á recomendarlos muy sinceramen·

les 5,230 se hallan construidos, quedando espa-

te, ¿Cuántos de nuestros amables lectores no

ciosa huerta y grandes patio, de recreo, con

habrán hecho experiencias con otros medica·

vaquería y gimnasio¡ por lo e11al, y dada su exce•

mentos, sin obtener resultado satisfac1orio para

lente situación topoJ!ráfic•, contribuirá á que el
nuevo edificio realice debidamente los fines de

su salud1 Tenemos la seguridad que machos en-

su construcción, pues ademb de sn carácter ar•

organismo ó de desarreglos estomacales, tncon-

quitectónico, adecuado á su destino, reú.ne con•

trarán su pronto alivio y curación completa con
dichos medicamentos. Por esto creemos que ha
de serles grato saber que existen específicos preparados por tan distinguido, culto y filántropo
doctor, y mucho más ha de agradarles si tienen
en cuenta que pueden conseguirlos en México,
pues hemos oído decir que el doctor Caldeiro tie·
ne depósito general de sus medicinas en ladroguería de los señores José Uihlein, sucesores.
No cabe duda que la labor del señor Caldeiro
es altamente meritoria. Sus obras son de las que
tienden á mejorar la condición de los deshere•
dados, con la fundación del asilo para huérfa•
nos, y á llevar la salud y la alegría á los eníe.rmoscon sus preparaciones medicinales. Son obras
que perduran en la mente de la humanidad, que
aplaude tan caritativa labor, y de las cuales debe
sentirse satisfecho. La única recompensa á que
aspiran las almas nobles, que se sacrifican en bien
de la humanidad doliente, es la satisfacción que
les produce hacer una buena acción, y esta satisfacción noble y legítima debe tenerla el eminente doctor Caldeiro, pues su buena obra la proclaman miles de corazone.1 infantiles agradecidos
qne , él deben alimenfo, hogar y educación, miles de enfermos que han recobrado la salud perdida, gracias á sus específicos Sarzogenol y Dig :stivo Caldeiro,

tivos que se han empleado, que contribuirán i
los buenos resultados que el lundador se propaso.
El &lt;Asilo Caldeiro&gt; está. terminado hace tres
años, y su inauguración se verificará en breve,
como hemos dicho&gt; . ..
El doctor Manuel Caldelro, á quien se debe la
fundación de dicho asilo, además de filántropo,
es nn notabiUsimo y culto doctor en medicina,
cirugía y farmacia. Es profesor del Cuerpo Sanitario del excelentfsimo Ayuntamiento de Madrid

y revisor del mismo Ayuntamiento¡ miembro del
claustro extraordinario de la Universidad Cen•
tral de Madrid, y miembro condecorado de la
Cruz Roja espaiola, sociedad que tantos simpa-

verso.1 oficios, como el de encuadernación, lito•

tizadores tiene entre nosotros.
E,tos altos títulos han dado á conocer el nombre del doctor Caldeiro en toda Europa¡ pero,

grafía, imprenta, carpintería, talla, zapatería y

más que por nada, goza de una celebridad mun-

sastrerfa¡ recibirán, asimismo, enseñania prácti-

dial por sus incomparables medicamentos espe-

ca de agricultora y jardinería en campos anejos

ciales y patentados, qne obran de una manera

al edificio, y la de mecánica y electricidad, á cu-

infalible contra la debilidad general del organis•

yo efecto se ha instalado una estación eléctrica

mo y contra las enfermedades del estómago. El

prodactora de tláido.
El edificio es amplio, desahogado y con bien

Sarzogenol, activo reconstituyente, vigoriza las

entendida orientación. El sol y el aire penetran

inofensivo y completo, las faerzas musculares,
siendo, por consiguiente, un remedio illl}lejora-

plios y ventilado,, y los talleres espaciosos y

ble para los tísicos, convalecientes y, en gene•

bien dispuestos.
Tiene instalación completa de bafíos y de du-

ral, para todos los débiles. Y el di¡estivo Cal•
deiro, su otra preparaclón, que cura de manera

general de desagües. Tiene también todas las de-

radical todas las enfermedades del cstóm,go por
muy antiguas y pertinaces que sean.

pendencias precisas, dispuestas en inmejorables

No puecerá i11oport11no que demos á conocer

condiciones. Es un edificio, en fi.n, coni1truido á

en este lugar estos medicamentos. Hemos leido
en muchas revistas médicas• de Europa tantos

la moderna y á propósito para los fines á que

fermos que padecen de debilidad general en su

naturalezas gastadas, hace recnperu, de un modo

en él por todos lados¡ los dormitorios son am-

chas, lavabos y demás, con agua abundante y red

Píldora~
del Dr.Ayer

Las

Para la Dispepsia,
Estreñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
Hígado y Vientre.

cliciones excepcionales, por los medios construc-

OOOTOR MANUEL OALOEIRO

DE SAMUE.L PEPYS

ENTRAOA PRINCIPAL Ol!L ASILO

"Oon las Píldoras del Dr. Ayer he
obten.ido ~iempre una acción más segura todavía que con otras píldoraa
muy en uso y que por su crédito se han
familiarizado entre el vulgo. Son muy
fáciles de tomar y no causan dolores
ni repngnanoia."
A . MAETINEZ V A.RGAS,
Catedrático de Medicina,
Granada, Espalia.
Co.da. 1,01nito ostent" la. fÓrnut la. en la
rotula.ta.
Preuunte 11,&amp;ted .i s1t "'id,ct&gt; lo que opina
d e las PildOt'ttS del D,•, J1yer,

:Preparadas por el DR. J'. O. AYERy-CIA.,
:t,,;r,vell, Mua., E . U . de.A..

i ~~!!dd:~

!~2~t~c!a,

deteralva■ y oioatrizante■ que

han merecido al

coaltar Sapontnl

Looioa
dados

Du#n¡f&amp;PI

Tlálpam, D. F.-•Teléfono M. 16.

cale

Cul

~

11:N

...

.A4 "

El Sr. Do_n Juan B. Prieto R., dt
Ibaqué, Tollina, Colombia., hablando
~obre lo que le ~alv6 la vida, dice:
ror deber. y gra!ítud creo muy convelUente ma~festai·les que desp..iés de haber padecido m.ichos años de varias
enfermedades del hígado y el estómago
las que me hacían sufrir horriblemente'
no obstante de tomar muchas medicin~
Y consultar á varios médicos cuando
se me ocurrió tomar las afam~das Píldoras de Vid:, del Dr. Ross: Con sola:nent~ cuatl'O frasquitos que he tomado,
me s1ent~ e11 perfecta salud. Así es,
Jue C~rtifico q11e debo mi vida á las
naranllosas Píldoras de Vida del D11
8,os,"

Caso asombroso ea la historia es, por
consiguiente, el del inglés Samuel Pt•
pya, que con paciencia beuedJctina escribl6, durante mh de nueve años-desde
Bnero de 166o huta Mayo de 1669-todo
cuabto le ocurría y todo cuanto pensaba,
sin aumentar Lo bueno, ni disminuir Jo
malo y consignando algunas debilidades
que aonrojañan al mis despreocupado.
Su minuciosidad en casos ladJferentes 6
pueriles ea asombrosa. Anota el mal sermón que oye, el cauto desafinado que le
desagrada, el mucho ó poco público que
está en el teatro. También, como e.aun to
importante, babia cgn deleite de la pierua de carnero 6 del pastel de pavo q ue
come, del vino que bebe en demasía1 del
par de zapatos que. estrena 6 del pnmer
traje de terciopelo que se pone al pasar
, mejor fortuna. No olvida, naturalmen·
te, sus éxitos como músico aficionado, ni
la belleza y elegancia de su mujer, que
lo deleitan.

da d tiene,

R a Cr

timo■,

zado•.

Quinta de Salud
"R• ta·t"
VIS a

Le Beuf

su :.duustón ea lo Hospitales
de Parl•, e:ipllcan l boga de
ese producto para l i&gt;dos los u os
del tocador : Cuidados de la
Boca i quia ¡purul.ca, ds los

Cabellos CUJ'~

La sinceridad de loa libros de memo·
rias y de los diariosjatlmoa, es mú aparente qne real Como dice la gráfica fra.
se inglesa, se escriben w i/11 an l!Jle to //,e
C()r,ut·, 6 como se traduciría libremente
en español: •mirando de soslayo•. Bl
hombre más severo se inclina á hallar
méritos en sns propias faltas y razones
para sus defectos. Vieja como el mundo
es la justicia de la observación del Evangelio sobre •la paja en el ojo ajeno y la
vilt'a en el propio•.
Los que e11c.riben secretos de au vida,
procuran, pues, sdornar sus actos con el
mejor ropaje posible, 6 por lo menos,
satisfacer la vanidad que los mueve, ha·
blar des{ mismos, present!ndose bajo el
aspecto para ellos más interesante. El
dnico Casanova confiesa sus estalas, .as
estupendas aventunis de amor y sus l)roe:zas físicas, para qne se admiren au habilidad, su magnetismo sobre las mujeres
y au constitucl6n de hjerro.. E l retórico
Juan Jacobo Ro1U1sea11 está siempre en
escena, en sus famosas Confesiones, buscaudo producÍJ la emoción 6 arrancar el
aplauso. Madame Roland, sn disclpula,
quiso que las generaciones futuras se enteraran de que ella (mujer y con las debilidades de au sexo) poseía el alma inmaculada de un héroe. En libros como
estos y otros mue.h es de su clase, es donde podría tal vez comprobarse la amarga
Idea de La Roohefocauld : •Lo que llama·
mos nuestros vicios y virtudes, no son, ,
menudo, sinonueatro amor propio dJsfra.

•

Asistencia cientmca de
enajenados, morfinómanos,
alcohólicos y quirúrgicos,
empleando los medios terapéuticos más modernos. E ti.caz atención para los enfermos. Departamento especial para señoras. Instalación eléctrica completa.
Rayos X, corriente de alta
tensión, mecanoterapia.
Director Médico,

EDUARDO LICEAGA.
Médico "encargado :del departamento de enfermedades nerviosas,

Dr. A. Ruiz Erdozain.
Administrador,

J. Lavista.

Hasta aqu{ 116!0 parecería el buen Pepya un fatuo, como muchos que han
existido en todos los tiempos. Pero hay
algo más grave. Un día llfga , la lgleaia, ae acerca, una joven devota, procu·
ra disimuladamente apretarle la mano y
tomarse otras libertades. Ella se retira
con gran indignaci6o, :y Pepys cousigna
la ~cena en au diario sin el menor escrúpulo. Otra vez, también en la igleeia, cncuentta una Joven más complaciente que
la anterior. I,o que ocurre no es para contarse, pero lo narra Pepys con todo• sus
detalles en las p,gín.as de su libro extraordinario. Compra en otra ocasión una
obra pornográfica, teme que si llegara ,
saberse, pelirre su reputación de hombre
virtuoso; pero la lee coa deleitl', la destruye después y, en seguida, lo escribe todo. Se echa una amante, y anota sus citas, sus paseos con ella en coche, sus
gaatoa. Recibe en au c11&amp;a ! un amigo, lo
colma de atenciones, y escribe en el diario sua sospechas de que el amigo est!
enamorando , su mujer. Ea descubierto
por ésta en adulterio, y para aplacarla,
escribe á su cómplice una cuta de insultos1 indigna de na hombre de honor dlriP.éndose , una dama. Nada consigue.
Pide perdón de rodillas y manifiesta su
resignación de aguantar cuauto au mujer
le !mpon1ta eu venganza, incluso la deshonra. Ella perma11ece inflexible. Bntoncea se arrastra como un perro, gime,
se poue en evidencia, promueve escenas
lacreíbles, ae considera el más desgraciado de los hombree, y se &amp;lenta á escribirlo todo con la severa imparcialidad
de uu notarlo.
¿No ea Samuel Pepys el colmo de la
sinceridad? NI cobard{as, ni mezquindades, ni adulaciones , los poderosos,
ui cu.a uto puede un sér egoísta pensar y
hacer por iaterh bastardo, aunque nunca lo confieee, lo oculta Pepys. T odo lo
cousigna sin atennacioues ni comentarios. Verdad ea que uo pensaba que su
libro viera nunca la luz pública. Lo escribía en caracteres taquí¡rrafos, al¡una.s
veces disimulados. Guardaba el manuacr!t.o lej03 siempre del alcance de otra
pefllona. Bscribfa e6lo por el placer de
escribir y para adelantar esa obra, única
en el mundo (abrumado de otros trabajos durante el día ), robaba horas al sueño, permaneciendo! veces con la plnma
en la mano hasta el comienzo de la aurora. No pocas ocasiones le asaltó el temor, que co11sign6 segúa su costumbre,
de que el libro se descubriera y causa, a
un verdadero escándalo. Hnbiéralo sido,
~iu duda, porque Pepys 110 sólo narró
sus ptcados, sino los aj,nos.

El Vivificador

DEVUELVE EL VIGOR PERDlDO.
Un hombre d~bil ca como un reloj que
nece,ita diracle cuerda. ., el vrv [FJCA·
DOR DE llfUNYON producirá el mi1mo
efecto en cac hombre &lt;JUe I&amp; cuerda en el
reloj. Si o, sc:ntís nervioso, ,i cstais de mal
humor, si habeis perdido la confianza en al
mismo, si carece.is de vlgor varonil, tomad
inmed,atamen~ este r emedio,
Cada una
de lu 75 pastillas del VIVIFICADOR que
contiene un frasquito está llen&amp; de vitalidad.
No gasteis más dinero en curanderos charlatanes, en medicinas falsa• 6 cargando el
organismo con droga, perjudiciales. Tomad
el VIVIFICADOR DE MUNYON inmediatamente '1 comenzareis , acntir el efecto
vivifiudor de cala medicina despuc, I'
tomar la ¡,rlmera dosis.
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tienen buena la dentadura y la
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excelente, mas eficaz p~a las personas debilitada~ que los
ferruginosos y las qumas. Conservado por el método de
M. Paateur. Pre~cribese en las molestias del estómago la
clorosis,,la anemia y las conyalecencias ¡ este vino se r~comlenda alas personas de edad, a las mujeres, jóvenes ya los niños.

AVISO MUY IMPDRTAN_TE. - El único Y/NO auténtico de
S. RAPHAEL1 el solo que twne el derecho de lla.ma.rse a.si el solo

que es legitimo y de que se ha.ce mención en el formJia.rio del

Profesor BOUCHARDAT es el de M" CLEMENT y C'• de Va.lence

(Dróme, Fr_a.ncía.). - Ca.da Botella lleva. la. marca de J~ Unión de
tos FalJrtcantes y &amp;11 el pescuezo un medalló11 anunciando el
"CLET.E.AS '1 , -Los dema.s son grosera.sy peligrosa.sfalsitlcaciones.

�El Mundo Ilustrado

Dolor en la espalda es dolor en los riñones
¿Le duele á usted alguna vez la espalda? ¿Se siente débil y que no puede andar y tan adolorido q"Ue apenas puede continuar en su ocupación?
¿Está usted cometiendo el error que cometen millares de personas que su•
fren como usted, esperando que le pase? El verdadero dolor de espalda, de
los rifiones-llámesele mejor dolor de los rifio-nes-no pasará permanentemente hasta que no se curen los rifiones. Ese dolor puede cesar por algún
tiempo; pero retornará. Dificultades urinarias molestarán á usted y lo mismo
jaquecas y sensaciones de pesadez y 111areos. Quizis se siente usted ca11sado,
aburrido y u:ha11sto todo el tiempo. No tenga usted duda de que sus riñones
necesitan atención, y procúrese CD cualquiera buena farmacia ó droguuía
los siguientes ingredientes:
Jarabe compuesto de Hipofosfitos........ .•. . . . . . 4S gramos
Jarabe compuesto deZanaparrilla ., •.. .•. , .••• , • 60 gramos
Extracto compuesto vegetal Arvelina.. . . . .. . . . . . 1S gramos
M.ézclese todo bien en illlll botella y tome media eucharada después de
cada comida y al acostarse. Esta preparación da alivio inmediato á los rilio•
nes enfermos, e:q,ele las impurezas que entorpecen sus funciones, alivia la
congestión é inflamación: sana, fortalece y cura, purifica y enriquece la san·
grey destierra el dolor y sufrimiento de los rifiones para siempre.

~-----~-----~
1

~os Lugares para Recrearse

1

en las montañas y las playas durante
el verano, están ya abiertos. Permita·
nos sugerir planes para su recreo.

1
1
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de puntos en México
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hasta Octubre 31 de 1910

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trrl&amp;aclcl\es 'f eabafionea. Fo.-t!Jlca 1ml uflaa y la• da brilt&lt;&gt; 'f t r u s , - A QN ltL, Pn"""11T_., 18, AVENUE DE L'OPtRA, PAIIJI.

1

Hace poco cumpliéronse trescientos
años de eu muerte. Murió el 3 de Mayo
de 1709 en desgracia política (taque hu•
bo de sufrir después de la revolución
que destronó i Jaime II). y legó al colegio Magdalena, de Cambndge, del que
fué disclpulo, una. biblioteca es1&gt;léndida
y sus papeles. Entre éstoa iba olvidado,
sin duda por él mismo, el diario que una
enfennedwd de la vista le hizo suspen•
der en 1669. Hasta 1825, 9,ne lo editó
Lord Braybrooke, no foé impreso este
libro ssombroao, del que se han hecho
desde entonces numerosas ediclonea,
casi todl.9 e:irpu!'l'adaa y que es m!s popular cada día eu Inglaterra.
¿Cómo explicar esta eitrañ1 fi¡-ura?
A veces ocurre la Idea de que hombre
tan original fué liólo un &amp;"fafomano qu.e
necesitaba dar dendao ( an deseo inven•
cible de emborronar papel. Pero des•
pués de leer el libro se siente mb respeto que ant:ipat{a 1&gt;0r el autor, ( pesar
de sus faltas, La verdad honra siempre,
más en perjuicio de quien la dicta, y
Pepys parece mejor que los otros )&gt;ombres de su época. Como ellos, se vi6 en
el caso de ahogar mu.cha.a veces los impulsos de sn corazón, de di6fr8Z8r ens
puiones, de andar por el mundo cubierto con una mbcara; ~ro en la soledad
de su eue.rto, el disfraz le era insoportatable,., en lugar, como los otros, deaoureir debajo de la cattta, tenia que erran•
cbsela, contemplarse tal cual era (6
mejoró peor, poco importaba; pero nuu•
ca hipócrita) y verse el alma como en un
espejo, antes de salir ( represeDtar la
comedia de cada dfa.
JOSÉ DEARlltAS V CÁRDENAS,

CUBNTO

1

1

t

Uoa pobre anciana que vivía, en una
choza humilde, de la caridad que recibfa
diariamente, repartía sus limosnas á todos los pobres de los alrededores1 porque ella necesitaba poco, infeliz v1ejeci1a que le sobraba con lo que las stñoras
del pueblo le mandaban. Su alma y su
vida erau el s{mbolo de la paz. Su rostro
_reflejaba la mh completa calma, la seret1idad mb absoluta. Por alll pasaban
los coches de las familias y se detentan
á veces en la choza humilde.
-Y usted, buena mujer-le preguntaban-lde qué se vale para ser tan feliz?
Ella sonre[a con dulzurs.-•Es un sccreto•~ont~staba;-pero habl~udole inFiatido un df.a una joven ( quien habfa
visto nacer. le dijo; •mira, hija mfa, jamás he hecho mal, no tengo una sombra
en la conciencia . . . . -¡ s6lo eso basta pa·
ra dar la felicidad•. :Entonces la viejecita miró el horizonte inacabable, inlinlto .. . y murmuró: •la dicha y la paz la
proporcioD.B.11 únicamente el 11raN!

Postración
Nerviosa
"Sufría de tal manera de postraci6n nerviosa, que crei que
nada me baria provecho. U na
amiga me recomendó la N'erVina
del Dr. Miles, y aunque sin fé,
me resolví á tomarla. Pronto
me comeru:é i aliviar, y hoy:
estoy completamente bien. H
SRA. D. I. JONES,
Ckvcland, Ohio.
Infinidad de cnfermedade.s no
son otra cosa que dificultades
nerviosas. Los nervios son los
qt¿ hacen que el corazón dirija
la sangre al través de las venas,
que los pulmones to11."len oxigeno, ~ue el cst6mago digiera
los alimentos, el hígado secrete
la bilis y los r:iñorics filtren la
sangre. Si &lt;alguno de estos
órganos está débil, a debido
á los nervios' particulares que lo
fortalecen. La N ervilla clel Dr.
Miles es un especifico para los
ne~ios, calma la irritad6n y
asiste en la gena-ac;i~n de fuerza.
F,s pues claro que Ud. no comete
un error al tomarla cuando Ud.
csd. achacoso.
De venta en tDdH lu Botlca1
Preparada par

MILES MEMCAL CO.,
llkhart, E, ele Indiana, E1tado1 Unl4•

Conservar sano á un niño
es mucho más fácil que ayudarle á
recobr&amp;r la salud perdida. Sl se
quiere preservar al nif!o de las tan
temibles afecciones estivales, el cólera., le. dl&amp;rrea, el ca.tarro intestinal, etc., a.liméntesele con el único
alimento conocido en su género,
cKUFE.KE&gt;, que da excelentes resultados en el nmo sano, en el que
padece afecclooes gastrointestinales y también en el débil y retrasa·
do en su desarrollo.
cEL N!RO DE PEORO&gt;, folleto
instructivo que se reparte gra.tls en

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que se venden ahora en Sud America
son imitaciones espurias de la

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verdadera SALSA "WORCESTERSHIRE"
DE ORIGEN busquese primero que la
firma de LEA &amp; PERRINS
aparezca en
blanco
diagonalmente sobre la
etiqueta e'n todas las
Proveedo,es
tJ1:tentiid°' de S. M.
botellas.
el Rey de ln~latel'n.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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