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                  <text>El Mundo Ilustrado

lESTIMONIO O~ UN
BANOU~RO R(TIRADO
El Financiero Wm. J. F. Rey,
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EL REMEDIO DB MUNYON
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all-rio. Un &amp;mico me aconsej6 que tomart
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"Ten~ siempre mucho plaCCI' en dar
lnfortDH de lo mararill010 que u el Reme•
dio de N:11n.7on para el Reumatismo 7 Jo qu•
bm, por mi. é Invito cordialmente f. 101 cu~
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El Ajenjo
Empezaba á anochecer. D~ pronto
se me acercó un hombre y adiviné,
desde luego, que iba á pedirme ana
limosna.
Volví la cabeu creyendo i¡uc el
desconocido me seguiría. Pero me babia equivocado. El tal sujeto estaba
apoyado en la pared, frotándose las
manos, azuladas por el frío, Me de·
han junto á él y me puse á contem
plarle.
A los pocos momentos saqué de ano
de los bolsillos de mi chaleco un
franc o y se lo di, diciéndole:
-/,Tiene u.sted hambre]
-Sí scüor-me contestó. Muchas
gracias.
El mendigo echó á andar con paso
vacila11te é inseguro,
-¡Soy un imbécill-dije yo para
mis adcutro,.-¡Es un borracho!
Pero de todos modos vale mis dar
diez Teces limosna á un bribón, que
negársela una sola á u.n pobre de ver•
dad.
Me encogí de hombros y me puse
en marcha; pero dominado por una
especie de sorda indig,¡¡ación, retrocedí bruscamente,
-No, señor, 110. Quiero saberá qué
atenerme con respecto á ese hombre,
Al final de la calle, la silueta del
mendigo se hundió en la sombra. Le
seguí con firme resolución .
El hombre entró al poco rato en un
c.~tablecimicnto, en cnya puerta se
leía: &lt;Vinos y licores&gt;.
Desde la calle Je Ti adelantarse
hasta el mostrador y sacar unll bote•
lla de su chaquetón. Me acerqué. El
mozo vertió en una medida de esta•
ño algo que no fut:ra posible distin·
guir, y después vació el líquido en
la botella.
En aquel momento saUó un parroquiano, y por la entornada puerta oí
una voz que decía.
-¡Un franco de ajenjo!
~h mendigo pagó, ocultó Ja botelJa
en uno de sus bolsillos, salió y pros1gni6 su caminata.
Estuve á punto de alcanzarle y de
arrebatarle la bot•lla para estrellarla
contra la acera.
Pero reflexioné y me contuve.
-Dentro de cinco minutos-pen,é
-encontrará otro tonto como yo y
volverá á las andadas. Pero quiero
saber adónde va, y el comisario del
barrio sabrá Jo que le toca hacer.
Las calles estaban desiertas á causa de la 11 nvfa.
El borracho y yo entramos en n11
dédalo de tortuosas callejuelas.
A los pocos instantes, e) descono•
cido se detuvo ante u.na casa sumamente pobre y entró e.n ella. Perma•
necí un momento á cierta distancia
y volví á seguirle.
E l mendigo subió lentamente la escalera y yo subí detrás agarrándome
al pasamano.
Conté siete pisos; el rnido de los
pasos cesó de pronto. Giró una JJa ve
y se abrió nna puerta que iumedia,
tamcntc volvió á cerrarse.
Proseguí mi ascensión y dije :
- Aquí es donde ha entrado. E,peremos.
De pronto, crd distinguir dos voces: una voz infantil y otra grave. La
primera preguntaba:
- ¿E~ muy tarde?
-No - contestaba la otra voz.¿ Tienes hambre?
-No, no.
-Mejor. Te traigo una cosa riquísima. Vas á probarla ahora mismo.
Es un jarabe delicioso.
Qoedéme aterrado, pregnntáudome :
- ¿Acaso ese miserable?
La voz grave repuso:
- Te gusta. ¿eh?
- Es muy fuerte.
- 1Es cosa rica! iBebe, hija mía ;
btbe!
Estuve á punto de precipitarme
contra la puerta y derribarla con t errible y decidido empuje. Pero me
contuve.

¡¡¡

-No-excl~,:oé.-Es preciso qnc la
justicia tome cartas en el asunto,
Cesaron Ju voces y se apagó l a l nz
de la habitación,
Esperé algunos minutos, y, en vis ·
ta de que no oía nada, bajé precipitadamente.
MirécJ número de la casa yel nom
bre de la calle, y en un coche que
encontré al paso me hice llevará la
comisada del barrio,
Un. empleado me escuchó con. indiferencia, y, ca.ando hube termuiado mi relato, me dijo: •
-¡Eso ocurre diariamente ! Y. ademú, e&amp;toy aquí solo. Vuelva usted
mañana á ver al jef:, si insiste usted
en su denuncia.
Con cfe~to, volví al día siguiente
y referí ·de nuevo la de.11nncia,
-Bueno-me dijo el comisado.lQué es lo queusteddueai' ;.Qaeentrcmos en casa de ese hombre?
- Si, seíí.or.
-Pacs vamos allá.
Entramos en la casa,
-Oiga mted-dijo el comisario á
la portera.-¿Vhe aquí un.inquilino
co11 una criatura de pocos a.íios?
- Si, señor, en el séptimo piso. Se
llama Landrey,
-Enséñeme usted el camino.
Después de subir la escalera, la
portera, toda sofocada, exclamó:
-IAqni es!
El comisario llamó una vez .• . . dos
veces y no obtuvocontestación, Empujó la 'Puerta y murmuró;
- ¡Está cerrada por dentro!
-¡Si h.a brá ocurrido alguna dcsgraci a!-dijo la portera.
Mandósc á buscar á un cerrajero.
Saltó Ja cerradura, abrióse la puerta
y nos hizo retroceder un olor acre y
nanseabundo ..Unadcnsa nube de.humo velaba los objetos y amorU,l!uaba
la luz.
El comisario adelantó cJ paso y
abrió la ventana.
-En aquel instante, Ti n:na cosa que
me heló de espanto.
En medio de la buhardilla había
un brasero apagado. En una silla
veíase una botella juuto á un vaso
medio lleno de ajenjo puro, En un
pobre lecho, cubierto de harapos, se
hallaba n11a niña, que parecía estar
dormida. En el suelo estaba tendido
el hombre con la cara torcida y los
dedos crispados, y cu la pared veía~c
un papel blanco con estas palabras:
cNo pudie11do encontrar trabajo y
obli~ado á mendigar, prefiero matarme y llevarme conmigo á mi hija.
Doy las gracias al caritati-.o t~~seúnte cuya limosna nos ha perm1hdo comprar una botella de ajc?jo.
Mi hija y y o nos la hemos bebido,
para q ue la muerte nos fuera menos
penosa.-LANDU'Y&gt;,
-!Pobre diablo!. .. . -murmuró el
comisario.
Yo pnmaned inmóvil, como aton•
tado, N-, veía ni los dos cadáveres,
ni la lúgubre dccoració11 de aquel
horrible cuadro de miseria. Tan sólo
vela el vaso y el d iabólico líquido,
que ofrecía."tonos opacos, con reflejos traidores, como la mirada de n11a
fiera, y verdosos como un mar en•
calmado.
MAUR ICIO LEVl!.L.

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Divino Redentor. Santos Alej_o, con!e•
•or y Marcelina, virgen. Oficio y misa
de ia ñe&amp;ta del d{a; rito doble de segunda clase y orname11to blanco; ae cenmemora I&amp; dominica y San Altjo. Fnncl6n
Rolemoe en Catednll al señor del Buen
Despacho; procesl6n con el Divinta~o
antes de la mi&amp;a, sum6n é indulgencia
plenaria. Funei6o titular é indulgencia
plenaria en la capilla del señor de la ltx1&gt;iraci6n,

LUNES
18
San Camilo de Lelis, confesor y fun•
dador de loa clérigos regulares, ministros de loa eufermos. Santa SlDforoaa y
sus siete hijos, mártires. Santos Arnnlfo, obispo confesor, y Marina, virgen.
Vísperas en la Concepci6n.

MARTES
19
San Vicente de P.rnt, confesor y fuodadoc de la Congregación de la Misión
v de laa Hermanaa dela Caridad. Santas
Justa y Ra.lina, vfrgenes mlrtires (su
fiesta d día 30). Fnnci611 é indulgencia

plenaria en la Coucepcl6n.
Conjunción superior de Mercurio y él
Sol, á laa 9 horas 23 minutos de la maña.na.

P r&lt;parado en los Laboratorios de

LYDIA E. PINKHAM MEDICINE OO•• Lynn, Ma8s., E. U. de A.

MIERCOLES
20
San Jer6nlmo EmiUano, confesor y
fundador de ta Congregacl6n de S6masca. s~nta Librada, virgen m,rtir (su
fiesta el dla 14 ele Agosto en la Archidiócesis y el 3 de Seplien, bre en la ciudad). Sa.nta Margarita, virgen tnártir, y
santos Bulmaro, abe.él, y Etfss, profeta.
Función , Señor San José en la basUica

Un riquisimo
sabor que dá apetito

de Guadalupe y procesión por la tarde.

se les dá á los platos de carne, i:escado,
sopas, aves, quesos y ensaladas, con usar

JUEVES
21

SALSA

81 triunfo de la Santa C1nz (del dfa
16). Siuta Praxedis, virgen, y santos
Juan, monje, y Daniel, proftta.
Conjunción de la Luna y Urano, á las
2 hora.. 29 minutos de la larde.

LEA &amp;; PERRINS.

VIERNES
22

La original y verdadera WORCESTERSHIRE.

OJOº

HOY E!ITU LA CANÍCULA

Busquen la 6rma de LEA &amp; PERRINS en blanco atravesada
en Ja etiqueta roja. Sin esta ninguna es verdadera.

guaJORETy HOMOW

,

Doloras,Rstarllos
Suprss1on11s d9 10, Menstruos

f Coaltor Soponln8

le Bear

su :idmaa 6n en los Bospltalee
de Part-. explican I:&amp; boga dt
ese producto para todos los uso~
del toc11dor : Cuidados de ¡.,
Booa , qur. purifica, ds lo~

Cabello• cura cald111 detiene
LocloDea dGi lec Crm, Cul
dado• Intimes, ~te
Df4~~h rAr "'1.1 f&amp;!.l~Ú\11\,u
111:~ ~ r,-Al!\~A@J,1&lt;11a&gt;,
V l a l , , U t l l ~ ~ - ~ ··
·

l . ~ !i~!ifu,n,m

SABADO
23
( Vigilia de Santiago). Sin tos Apolinar, e.hispo m,rtir, y .Liborio, obispo
confesor.

Í: ~~!!!d:~!~t~a~~2o~■

deterslvu y oioatrtz&amp;nte• q1it'
ban merecido al

Santa Marl'a Magdalena, ilustre J&gt;COÍ·
tent", y San Platón, m,rlir. Funcl6u en
la Profesa y otras iglesias.
Llena en Sagitario. 41 hw 2 horas o minutos 28 a,gundos de la mañana. LluVh,so.

SEROB.6.S
EL APIOL DE LOS
Cura,.,

_ lfllUlll. l&amp;l,LS~.P1rl1.rlo4uFm"".

LINIMENTO GENEAU

Solo TOPICO
NOmplundo el

l'aego ola dolor 1l1
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rapida y 1eaur,1. d•
111 Coler11. lltpa.,.
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Torct-du.raa.ctc:.••ot.e.
8•"11111•0 f ~HOlo-

UWO 1Dm■)Onbl&amp;.

Parl1, 165,Rue S'-Honor, J todu Fum.mu

El Canto de las Islas
A las crecientes olas abriendo va de
banda A banda su portal enorme el estrecho de Gibraltar. Sus dos montantes
de piedra dan paso A la crecida; de umbral hace veces la rota cumbre de Calpt.
Con gritos de pavura precipitase la
mar, cual si tronase e ún en la celeste
bóveda la vo1,de Adooal; y rueda envuel•
tt con pel!ascos, bosques, cierzo y cieno,
en ella cabalgando, cual en salvaje corcel, el torbellloo.
Crece, y, famélico monstruo, la rugiente catarata atrae las eguas de Etrurla y
de Chlpr~; menguan del AdrlAtico los lagos, del Egeo los argentados rlos, y de.rr4mase, adora rota, el vasto Mediterráneo .
A manera de cocodrilo, •larga el Ntlo
su boc1 ; Esmiroa, Efeso y Troya se ale-

Jan de Neptuno; con bruo de roca ,gá•
rrase al Asia el Islote de Tiro; y al buo
de Sabara presentan las sirtes su desnudo seno.
DIiatan los Apenloos su hermosa huamenta de múmol; el6,ase ProvtD.la
ver s111glr sus silas de oro; y, caa de
pr1miclales retoftos un tallo¡ rodbnse los
continentes de nmos de Is as en flor.
Asl, al apagarse ti sol, van en veloa
carrera sus rayos, cual rfos de oro licuado hacia Occidente; la claridad, el buJUclÓ, la vida del unirerso con 61 declinan,
y es el firmamento un volcado mar de
arreboles.
Mas, entre los pliegues de la dorada
veste que el dfa recoge, cual perlas des•
engarzadas, brillan algunos luminares;
chispas que quedaron de la Inmensa pira,
huellas del astro ~gante que llenaba los
clelos.
De los dioses madre, ¡oh Grecial medda como Venus por las olas, dormla■ en
aquella lóbrtga noche, y no percibiste el
tranquilo ni las asordantes armonlas con
qae samlóse la Atlintlda; desgarra.dJI,
empero, cual manto de raso azul, la mar,
c,ae aun en dos de sus pliegues teabrua,
te mostró 1desnada al delo; despertaste,
y A los trémulos rayos estelares y, los
de la luna amiga, volviste carll'losa los
ojos, sol'lollentos llln, bada el jar41n de
las Hesp6rldes.
Por tus arenales rodaron entonces siete
sonorosas cáotl&amp;as, cual de garridas sirenas que á lamentar vloleun á tus playas sus cultas y sus amores.

fara

DELOS
Por el tridente de Neptuno, arrancada
de uno de los tres bor&lt;les de la hermosa
Slcilla, vlme lanzada, cual nueva estrella,
al azul del Inmenso mar.
Al contemplarme las garlotu C4lronada
de copos de espuma, me tomaron por sa
cándida pareje; crey6roome las igullas
aca,tlcas, temprana flor de loto que hubiese abierto su virginal c,pullo entre
randas de mar y coralinas,
Al divisarme de la Etolia en las márgenes, a los halagos de la aurora, me tuvo
el Aqueloo por cáUz de maeoolla que le
brindaba aromas en sus riberas.
JuzgAronme las Islas bajel de rumbosa
vela que atestado de pe1 fumes, Impulsaban hacia Dórlde los aromosos c6firos de
Epldauro; y con mllslca, murmurios Y cánticos, tritones y oceAnlda" Iban eo pos
de la argentada cinta de mi ligera estela.
En mi seno bailó regalado acogimiento Latona, c11aodo perseguida por la soberana Juoo, celosa por Jdplter, hasta los
rlos halan de sus pasos, negtbale la selva su maleza y el bravlo león sus cubiles;
recostada de mis palmeras á la sombra
parló, y de Febo y de Diana cuna, los meel dulcemente en mis brezos.
Delando entonces las orillas del Pactolo, sfete veces me rodearon los canoros
cisnes de M.eooJa, y las del cielo fugitivas
horas danzaron en torno, volcando sobre
mi sus haldadas de mlttos, terebintos Y
siemprevivas, de Ambar, corales, topacios
y esmeraldas.
Cual la eglantlna rn campo de violetas, reina soy de todas las Islas; mas,
aoocbe, presurosa a an am,go de cercana
tormenta, acoglme a las calas del mar de
Mirtos, que adul1010 con mi aliento divinal, y plegando mis aln de hoy mis, aqul
aferro mis Ancoras.
LA.9 CICLADAS
Nlofas de ples de rosas, sall,mos en
airoso grupo de las pleyas de Alg6llda
para ver á la flotante Delos, 4 flor de agua
yeado y viniendo raudas como ella; cuando, coogeltndose nuestros ples, arra.igaron transformados en ramas de madripora: dllttanse nuestro dorso y ebtlrneos
pechos en asequible promontorio; penetra
en nuestras veoas la frlaldad marina; C-OD
gulroald•s de narcisos, lentiscos y enebro
nos coronamos; y en m.tglca dispersión,
como céllcas flores en torno de la Isla m
que Latooa dló á lu:r, nos convertimos,
para de orla servirle, en oasis de los
mares.
LAS EQUINADES
Ninfas también. hijas del Aqueloo, con
tantos lirios, nenúfares y Junquillos ornamos los altares de otus divinidades,
que para el de nuestro padre qued6nos
tao sólo boja.rasca, troncos y ramiza.
Con horrlsono grito aplayó el rlo, sal•
tan4o como l,ón_ en su carrera; nosobas
hacia el mar por el atalo sorteamos su terrible embate; mas al rebasar sus bocas,
entre escollos y nubes de espuma, su faral resuello nos convbtló en pillas, donde
Proteo A apacentar vleoe sus focas.

MOR.EA
Cual hoja de morera al remootar lasavia prlmavtral, &amp;lento, con Ignota fuerza,
esparcirse mis mirgenes amenas .

El Mundo Ilustrado
A tl, Z1ntet flor de las Islas Jónicas, te
veo cambfaoao aromas con las flort!I de
Elida; , Beocia enluarse por un puente
de oro de mi Corinto gentil; y en1111orados
de la riente ateres, el blforcado Maleo Y
el Teoaro, con sendos ramos de palmera.
tender hacia ella los amorosos bruos.

H0Gt\R O0NDB SB USR L1\ PBRUNA

SJCILIA

H tsta exhalar el último aliento, toda I a
noche han trabajado mis cldopes; golpes
de muos en yunqaes resonaban en las
fraguas del Etna; en su pavorosa, en Infernal chimenea velase un surtidor de llaaas y de humo; y por mont•flas y valles
de la tierra agonbante derramaba A bor•
botones el fJego de sus entraflas.
Htrrlsono retumbaban por O:a.so el estrépito, el 1torbelllno y el clamoreo, cual
de un continente que se cuartea con sus
ciudades, sus troncos y sus glorias.
Adn to loatananza troeoa y rela.mpaguu; de antiguo avezada estoy i tales
estruendos y fulgores , mas á su seno ya
ltalla no me enlaza; pues ¡:ara griega ser,
al verla dormitar en las tinieblas, he desprendido de ella mJ brazo de amiga.
LESBOS

Mientras entre Lemmos y Chio me entregaba anoche 4 deleitoso sueno [quizá,

aletargada aún sol!ando estoy] , mis dos
ftorldas mitades se encootraron enlua-

du, cual dos eslabones de hermosa ca-

dena.
Ya mis vlllues de Iza extleadeo sus da•

■ascos por los asoleados vergeles de Antlsa; ya el retozón corderillo, brincando
de seto y seto, saborea la Juncia que entapiza mis comarcas parelas, y Juaodo
carl.llosa, la mar que esculpe mis costas,
IDS suaves ligaduras, hoy mis dos hljas
c-elas se han dado un abraso sempiterno.
Cuando inhumanas mujeres, su lira y
sus laureles troceando, cortaron • Orfeo
la cabeza las olas, menos amargas que 5u
cora.r.ón, apartronlaen su falda de perlas,
dolientes la mecieron, y, restaftando con
besos sus heridas, depos!Uronla, como
ofrenda 411 las ninfas, en los jardines de
Flora de mis frescas orillas.
Entreabriendo sus labios ajados por la
■utrte, alil, cual marchito capullo que
r...-ln á las ljgrlmas de la aurora, exha16 el nombre &lt;le la bella Eurldlce; y, al
escucharlo yo, suspiré á la par.
Junto 11 Cisne, entre los astros, colg1roo su arrobadora llra, raudal de armoolas; Y, de tanto contemplarla en las al.
turas, en terrenas formas he copiado las
suyas celestiales.

TEMPE
Corriendo por el corazón de mis b'.ls·
ques como caballo sin riendas, perdió el
Peneos, andando los s iglos, su salvaje
galopar; al gorjeo de mis rulseftores y al
blando murmurio del clmbrel!o follaje, sos
&amp;rgtotadas olas, que besaba las 1bres y
Jaguetubao con ellas, enervindose de
pensil en pensll; y, á la sombra de rosales que embeben los rayos del sol. eo U lamo de azucenas y claveles, y bajo arca.
das de hiedra, aclurmléronse cual desfallecidas ugalas rendidas por amoroso
IUefio.

DesboJáronse madres el -,as, el espliego
Y las amapolas, del agaa al escarceo; y
tan sólo las estrellas, vestidas de azul y
4• nueYos resplandores, Iban alll á mecerse en las se,eoas noches del estlo.
Hoy venia i espejarse Juntamente con
ellas su pi.licia reina, cuando, abriéndose
las mugidoras olas ancha salida por entre
las plantas de Olimpo y del O.a, restltúyeose al lecho de su primitiva corriente·
Y YO, como en mi Abril florh,o, voM l
dar alberrue , la gaya primavera.
, Venid, Yenld, ¡oh vlrgenes tesalienses,
como al melifluo panal las mlsticas abeasl 4eJa4 Por mis crbtalloos menantlales
as foentes de Casta/la, 10h, Piérides! y ,
ffOCalldo las dulces cantloelas que dor•
m.ltan en la lira, decldme:-¿qul6n reC-Oge
de ml cielo cortina, el azul cobertor que
abrigo me daba en mi umbroso lecho?
tqol6n al Peneos gl¡ante arrebata de mis
florlferos hruos? ¿qaléo,como tenebrosas
dlrt'as, denla las aguas del Egeo, for1tadolas il retroceder? ¿quién en sus ondeadas playas hace surgir rerdeanbs
constelaciones de r1sueftas Islas?
Greda resJ)Oode:-Es Alddes mi hilo·
le be divisado la cor4111era que, mirado;
de los dioses en la Tesa lia, contempla la
ancha tltrra redondearse aplanada en tor ·
no, cual esmeraldino escudo orlado por el
grande rto oa:aoo.
P MI hlfo es quien suelta, de~atentado
eneos, tu¡ ,oros riendas, para que ol•ldes _el Tempe y sus amores; él, quien os
ha ab11no cual de mi Jardln tempranos
capallos 10h herbosas Clclade!I él quien
á tiJ Oteres, y A ti, que el nombre tomaste ae las hljas lasrosas, os ha puesto por
centinelas del E¡eo,

l

Residencld de Mr. C. Hallock, Antwerp, O., E. U. de A.
UNO DE LOS MILES DE HOGARES DONDE LA PERLINA
ES EL REMEDIO CASERO

CATARRO EN LA CABEZA

E l sellor C. Ha.lloek, de Ao.twarp, Ohlo, escribe como sigue:
cM.l hija A.lile se curó radicalmente el ca.tarro de la cabeza con tres
frascos de Para o.a. Dicha. medicina la he u 1ado por mucho tlem po como
un tónlco general y ta.mbJéo para. el catarro. Eitoy muy satisfecho de
sus erectos, y Ja recomiendo á. todos para el ca.tarro. C11alquiera. que
desee Informaciones, pnede escribirme A mi dlrecclóo&gt;.
Un Doctor Mexicano mu;y Reputado no•
E•cribe Manifestando •a Experiencia con la Peruna. el Famoao
Re.medio pora el Catarro

Tola.ca, México.
Seflores Peruoa Drug. Co.
Muy sefiores mfos:-Teogo el honor
de dJrlglrme i ustedes para atestiguar
una. vez más los beneficiosos efectos
de su prep&amp;ractón la Peruna.
L• Perona es, eo ml concepto, nna
de las mejores medlcloa.s para. las personas débiles y los~ue t.ienco afectados los pulmones yÑJs vasos llotttlcos
MI espesa. padecfa de ·'Una debJlk!ad
pulmonar que me preocupaba., y 1I terminar seis frascos de cPerunu, estaba
1 enteramente curada, aslcomo uo otilo
1de siete aiios, hijo mio{ que padecf11
1 llnfatlsmo, quedó comp etamente cu¡ rado con tres frascos.
1
Desde entonces la be usado en diez
neurasUnicos, en nueve oillos que padecian de escrórnlas, sobre todo en l os
ojos, teniendo ya ulceraciones en la
córnea, y en ocho ancianos octogenarios, á quienes na levantado las fuerzas admirablemente.

Sólo esperaba tener este nómero de
Catarro Crónico
observaciones, pa.ra tener una conclu
Carta de Mr. C. A. Reastrom, Ogalón general y satisfactoria y tener el
gusto de presentárselas, para beneficio den, Utha, E U. de .A.
de la. humanidad doliente.
c.Jon placer les manifiesto qne I&amp;
Quedo de ustedes afectísimo y ateo• medicina .Peruna me curó radicalmento S. S.-Dr. Vicente Estrada Montes te un catarro crónico.
de Oea.
&lt;Por recomeodaolóo de un amigo
comencé á tomar su maravfllosa PeruLa Pe-ru-na Curó ._Tod~ lo• Sintomoa na Los resultados fueroo muy satisfactorios, y hoy la recomiendo sin va,.
carta de Mr. J . C. Ctumpacker, Ko cilar á t.odo el que padece de cu.1komo, Iadiana, E. U . de A.
quJer forma de ca.tarro.
cSufria horribles agonfas; pero abccPuedo decir que de nada tengo que
quejarme actualmente. Me siento ra.me &amp;lento ta.o á~ll co1110 cualquier
bien, descanso bien toda la noch e, otro, y más lleno de asplracioo es que
tengo buen apetito y puedo comer antes.
&lt;Todos mis amlgos dicen que tengo
cualquier clase de alimentos.
&lt;No siento dolor ó perturbación nin- mejor semblante y los compelo A que
guna y puedo trabajar todos los días. prueben la Peruna. He contribuido
Puedo resistir toda clase de fatigas y con la mayor satisfacción á la. nnt&amp;
de muchas docenas de P.iruoa.
sentirme bien después.
cLa Peruna me curó los flujos de san - &lt;Su Pdruna es el mejor tónico resta u.
gre. la gripe y los dolores que sentla. radoT que se conoce para. una pe130na
&lt;Íla des&amp;parecldo el rnldo en los delicada y para el que padezca de l&amp;
oldos y la cabeza. MI Imaginación es t:.emerosa enfermedad, cata.rro&gt;.
clara y tengo buena memoria. T,,mgo
Los médicos más prominentes de Jos
el estómago en estado normal y me Estados U nidos de América, C&amp;nadi,
atento radicalmente bien.
México, Cuba y Puerto R ico Ja recoe La euraelóo de mi enfermedad ha miendan y prescriben en todos los casido verdaderamente una -victoria&gt;.
sos catarrales, agudos y oróotcos.

La Peruna se vende eo todas las droguerías, en dos tamaños, de Sl.00 y $2.00 botella.
E! Hércules el que rasga, 10h Mtdlterr,01111 el velo de tus mJsterios¡ le be •lsto ■brlr las compuertas de Gibraltar, y,
biela los campos de Hesperls, con uoa
rama encendida , most:ar Dllnos hem.lsferlos al ca411co Neptuno.
Dijo¡ y cual pollada de albo cisnes es•
cuchar cercano i su nido de ■11sgo riberel'lo, el dulce plo de las que IH !len el
sabroso allmeoto, de las maternas ,1n
en busca, la~ Islas, ctodldas hlfas d•I
Egeo y de la G recia, entonaron un dinllco de natalicio, que auo, al mtc:trlts en

sus conchas, recuerda suspirosa ta inmensa m ■r.
En la laida de 11n monte se pe1foma y
SIi engalana la Or~ada; htl'lne la náyade
en fuente de lechal espuma; de cada árbol
tras la rugosa cortua late el coruón de
110a deidad¡ adquiere el mármol f Jrm,,
•Ida y e~plrltu y los amantes etti,os
Ytn en cada flor los verdosos ojos de púdica N~pea.
En las riberas, de las Gracias al com,s, tejen los pastores sus danns, de
•s acacias t la sombra, y en el tirmam,nto a.iul, las rltmlcas esferas.

r.

Y mientras que, con s us dones y los de,
Ceres, para cubrir de las Islas la desnu- nez, utlenae la enguirnaldada F,or• nae-·
va a lcatifAde verdor, Iris , que •aere sl111
el sol, pinta en su frao¡a los siete c.,_
res que loll!lartn los de os por dlTise· 'J'
del Slc:ro o ·lmpo entre las • rumas,
•bren los dioses al mts e~b:zadQ de IQS
mortales.

paso

JACINTO VEROAGUER, PB~O.

•

�UNDO LUSTRADO

0Rf\ND58 r\L,Mf\OENEB DE NOV6DADE8

EL CENTRO MERCANTIL
S . RE)BBRT Y e111 .• sues.

Registra.do como articulo .Je Sl)gunda clase en 3 de Noviembre de

Año XVII- Tomo II

1894,- I mpreso en papel de las Ftbrlcas de San Ratas!.

México, 17 de Julio de 1910

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...Alinlslro de &lt;!u6a en nue ·!ro pals, llegado á él recientemente

Número 12

�DIRECTORIO:

"EL MUNDO ILUSTRADO"
letllDUÚ■ealc per la
EDITORA NACIONA L, S .

Se fllhlica
COMPAfillA

A.

Preeldente,
LIC. JOSÉ LUIS REQUENA
Director Genenl ,

LIC. ERNESTO OH.AVERO
Gerente.
.MANUEL 8, PAL ACIOS
OFICINA.'!.:

4~ Calle: de Humboldt número S2. Méxjco, D. F .
Apartado postal, 14.9.-Ambos Teléfonos. 485

PREOOS DE SUBSCJUPCION (PAGO ADELANTADO) :
Bu la dudad, por me11 • • • . S 1.00
ltn 1011 Bstad011, l)Or trimeatre .
J.i S
Bu el u:tranjero, l)Or trimeatre . 4 So

NÚMEROS SUELTOS:
Bn la capital .
Bu loe Estados
Eu el extranjero
Atrasados . . .

$ O.JO
o.35

º ·So
O. ff)

NO SE DEVUELVEN O:BJGffi.ALES

§enumll
La Fuerza Bruta
OrIVO de discusiones si.a
cuento, de ganancia_s y pérdidas, de odios y enojos
fné, dos semanas lace, la
lacha entre JeHries y Jhonson, dos señores de allende el Bravo, blanco el ano
y negro el otro; pero representantes ambos de lo
que de mayor animalidad tiene el hombre: la
fuerza bruta.
Estos dos caba.Ueros venfan repartiendo, de años
atrás, en los Estados Unidos, tremendas bofetadas, Eran dos machos rudos de gra_ndes bíceps,
terribles paños, y de ana resistencia de bcstiu
para soportar el casiilo, ó sea los golpes feroces
que sobre ellos clesc:argaban ns adverHrios, El
uno, Jeffdes, habfa sido daeü o del campeonato
del mundo: paseaba por calles y teatros de la
Unión s11 gloria de hombre qae, en toda la órbita terreslrf', sabía propinar, como ninguno, los más
convencedores puñetazos¡ y el otro, el horrible
negro, ambicionaba dispntársela, para mayor
pustigio de su raza, despreciada, befada, odiada
en tierra yimq ni.
Y sucedió que al fin hubo de concer tarse el
formidable duelo, mediante el caal se resolverí a
quitn era el campeón de tan crueles roeros, decidiéndose, tras de no menados tropiezos, que la
lucha se verificara en Reno, un solitario pueblo
aislado en los desiertos de Nevada.
Darante semanas enteras, funcionó el cable; y
aquello fné decirnos si Mr. Jeffries sonreía ó dejaba de sonreir, si Mr. Johnson tenía ó no la piel
más negra qae de ordinario; cuántas pulsaciones
alcanzaba por minuto el héroe blanco, y cuántos
regüeldos soltaba, luego de comtr, el orangután
forzudo . ¡Nanea el cable fné más n.imio ni detallista! Conocimos, de los célebres boxeadores,
particularidades q11e antes, á no dudarlo, tan sólo
eran familiares á sus mujeres.
Mr. Jefiries hizo declaraciones á las que no
igualaron cu resonancia los discursos de M. Clemenceau: «Voy á volver loco á mojicones al negro ese&gt;- afirmaba.

Y el cable hacía: l it:, tic, tic.
Y ahí tienen ustedes al mundo enteriado,e de
que Mr. Jeffries iba á voher loco á bofetones al
.aefro de Jhonson.
Al cabo, una tarde, se recibió un despacho. Pecaba de lacónico y decía: dclfries y Jhonson han
e.atrado al rinf1&gt;,
Media hora después, otro: cMr. JcJk ies ba sonreído&gt;.
Momentos más tarde el que rezaba: «Para Mr.
Jefiries la primera sangre&gt;. Lo cual, en buen castellano, quería decir que Mr. Jeff'des había roto
los voquibles á Mr. Jhonson.
Y , el último: «Venció Jhonson&gt;.
Despaés, 1oh.l despaés, noticias de negros acuchillados, de motines y esciadalos en machas
ciudades norteamericanas, conmovidas, indignadas porque la raz a blanca t:.ab(a sido vencida,
porque la raza blanca_ había perdido sos prestigios y superioridad á manos del hijo de Aírica.

•••
¡Curioso espectáculo el de un pueblo civilizado que se apasiona por la lucha de dos gañanes,
y que con.s idera, como mengua de su nza, el que
uno de ellos haya caido, aniquilado bajo los puñetazos del otro!
Por sabido se calla todo comentario relativo á
la brutalidad intrínseca del cspecticnlo.
Se ha esorito en los Estados Unidos no poco
acerca del salvajismo que anima á las corridas
de toros. Pero, lqné va de ese salvajismo efectivo de Ja lucha_ de un hombre con una fier,, al
salvajismo monstruoso de la contienda cnhe dos
hombres! Contra aquélla claman las sociedades
protectoras de animales; mas se ocurre preguntar: ¿no hay en la vecina república sociedades
protectons de seres humanos?
A los ojos del artista, las corridas de toros, no
obstante su innegable y cacareado salvajismo,
tienen algo que halagae el cierno anhelo de belleza: el sol cayen,do á chorros sobre los apretados tendidos, en donde lucen los colores vivos
de femeniles atavíos¡ la salida de los algn,1dles,
caballeros en andaluzas jacas¡ la fiesta magnífica
de la luz, cuando los lidiadores, al compb de la
música, en una radiosa atmósfera de faego, hacen
el paseo por el redondel; el vuelo airoso de los
capotes perseguidos por el toro¡ la actitud ga•
llarda del torero ante la bestia inmóvil, ¡tantos
y tantos motivos de color, que sobresalen, qae
resaltan, que se elevan por encima de la eraddad del torneo!
¿Y qué hay, en cambio, de noble y de: bello en
nn pugilato? La grosería salta á la vista. Ya no
es la luz, ya no el trianfo del color, ni el ardoroso ambiente, ni lu actitudes heroicas, ni las
sonrisn de las mujeres: son dos machos semidesnudos qae se pegan, que se golpean encarni zadamente, qae se descargan en pecho y rostro
tremendas bofetadas ante una multitud aullan te,
ebri a de codicia, de odio y d e alcohol; animada,
como en el caso de Reno, de furiosos antagonismos de raza¡ vociferando, satisfecha en sus más
innobles apetitos, ante la sangre hamana que co•
rre, y pr esa de na dolor, de una cólera, de nn
desengaño que casi la lleva hasta la locura, al
tnirar al hombre blanco, al representante de la
raza, colgando, inanimado, ensangrentado, pobre
¡!niñapo humano, de una de las caerdas qae limitaban el sitio de la pelea!
En presencia de sucesos como éste, una infinita amargura nos embarga ; UD dcsconsnelo inmcn•
so llena nuestro espíritu. La sil aeta del viejo
Flaube:rt sargf', en un rincón de la memoria, y
pensamos en si este tan ensalzado progreso y esta tan alta ci •ilización de nuestro siglo, no serán, en resumen de cuentas, más que sueños de
Bonvard y lamentables imagUJacioncs de Pécnchet.
Y entonces, agurindonos toda vía i la esperan•
za, movidos por un impulso de nuestra fe, vi·
brando al unísono de las cuerdas de nuestro sentimiento latino, ganas nos dllll de gritar , esos
hombres:

¡No, no serán los J t ff'r iesnilos Jh onson losqae
decidan del destino d~ las r1zu; no son el negro
ni el blanco que se abofetearon en Reno los que
sintetizan el orgullo nuestro! ¡No temiis por·
q11e cayó Jcff'des, qae la raza blanca haya sufrí un revés qlle lamentari la historial ¡Abandonad
la contemplación del rin¡f; id i los laboratorios
donde aletea, en el silencio, el ala misteriosa de
la verdad ; id á los jardines donde los poetas cintan y pintan los pintores : id á los libros y á las
estatuas, donde alienta el alma de los hombres
insigu&amp;I ¡Ahí encontraréis á los verdaderos cam•
peones que elevan y que exaltan, á los espúilns
representativos de que habló vuestro Emerson,
á los formidables paladines que no caerán, ¡vivo
Dios! ante ningún pu ñetazo, y que son los que
dignifican, los que enaltecen á la mis gtoriou de
las razas hllmanu, con algo may superior, mucho más potente, infin itamente mú fuerte qae la
faerza bruta: ¡el cerebro!
CARLOS GoNZÁ.Ll!Z P ltitA.

Una Cura Milagrosa
La veterana señora cntr6 lentamente al come~
dor del hotel¡ se dirigió, avanzando con mucha
di6cnltad, hacia la mesa y tomó su asiento, lanzando á media voz dolorosos gemidos con acompañamiento de protestas y lamentaciones, Mien·
tras se senía UD trozo de lengua de ternera, exprimió s11 desespención en alta voz:
-Todos estos balnearios ó sanatorios de aguas
minerales son iguales. Yo los he recorrido todos
y , sin embargo, ya lo ven ustedes, continúo sufriendo cruelmente los efectos de mi reuma ya
crónico. Había oído elogiar tanto este balneario ... . Tanto se me ponderaba la virtud de sus
ata as medicinales, que al fin me resol vf, y y:i ha·
ce ocho días que estoy por acá tomando bañ os
diariame)lte y tragando doce vasos de agaa por
día. ¿Resultado? Nulo. Mi estado no se lamodifica_do en lo má.s mínimo, Despierto todas las
noches con la espeluznante seosación de haberse
transformado mis rodillas en una colonia agrícola, instalada por ratODes de talla descomunal.
Es un suplicio intolerable. Yo, que en mis mejores tiempos podía tocar piano hasta qaince horas por dfa, sin fatigarme en absoluto, ahora no
puedo sujetar, con mi.s dedos agarrotado~, ni un
miserable tenedor. Mis vecinos en P-arís estin
desolados. Me escriben que la casa les parece
desierta desde mi partida, qae aquello de no escaclar, durante todo el día , el alegre sonido de
mis maravillosas escalas, produce en su ánimo
una impresión de vacío indefinible. l En qué p arará todo esto? Se me figura que no sanaré jamás.
Y la excelente señora, que acababa de probar
apenas el guiso que tenía delante, dejó caer dos
gt-uesas lágrimas, que rodar on por sus mejillas y
de alU al plato. Todos los comensales se maniíestaron conmovidos. Un caballero, ya de cierta
edad, que estaba sentado frente á ella, tomó la
palabra para expresar el sentimiento de sincera
conmi seración q11e todos sentían por sus dolencias.
-No desespere usted, señ ora, dijo. L os buenos
efectos de una cura no se experiment an en ocho
días de tratamiento h idroterápico. Un poco de
paciencia y ya aliviará.. Yo conozco casos (que
me constan), casos, repito, decoraciones maraviUosas, casi milagrosas.
El señor que así hablaba, poseía una bar bagris
alJ!o hirsuta y una cabeza de escobillón, no de
los mis suaves. Respiraba sal ud por cada ano de
los poros de su rubioundo rostro, y sus robustas
espaldas acusaban una contcxtun de acero y un
vigor nada común.
- IAhl señor, su.spiró la dama, yo no deseo otra
cosa que poder creerle. Usted tiene, según parece, poderosos motiYos para tener confianza en l •

e ficaoia de estos baños, Y el clim a de la localidad, Les favorable para la
salud?
- Mi d istingaida uíiora, continuó el maduro caballero, estimulado por
la atención q ue notaba por parte del resto de los comensales, qnlene■ habían intsrrampido so comida para escuchar sus palabru: cuando llegué
á este país, no pesaba, por cierto, mis de cincuenta libras. Apenu 11 tenía
las fuerzas i ndispensables para levantar el brazo y alcanzarme la nuca, Ni
hablar pad la, pues eran sonidos ininteligibles los que emitfa al hablar,
¿Será preciso qae yo les diga que, por entonces, una cuclara ó nn tenedor
me hubi era prestado á mi la misma utilidad que una alabarda i una lombriz ?
Y o no salía jamb del lecho sino en brazos, y pasaba, po,:- lo demú, mis
dlas en un estado de semisomnolcncia, no teniendo pua mí el menor interé, n ■da de lo qae ocu.rría i mi derredor.
Ustedes pueden cerciorane de que á la fecha tengo una cabeza regularmente poblada de pelos. Cuando llegué por primera vez acá, dificulto que
con toda la protección pilosa de mí cráneo apenu si hubiera po4ido lac&amp;r
una peluca para an gorrió11, Estahl. tan débil, tan desarmado para la lacha
por la exi stencia, que un niño de caatro años, de regular yigor, no hubjera
tenido la mecor dificultad en hacerme dar dos vueltas por el pol•o de un
simple empellón. En era mí estado, señora, á mi llegada á .:ate balneario.
Usted puede establecer la comparación,
El piadoso caballero adoptó un aire modesto, al mismo tiempo que maquinal mente tomaba con delicadeza, con el índice y pulgar de su nenuda
maco, una nuez de la lcutera y se disponí a i partirla, operación que al parecer revestía para tl gran importancia.
Los comensalea aplandf■n frenéticamente.
- ¡S1nthim1 Vi rgen! exclamó la doliente. Usted me hace concebir 1u
m•• halagadons esperanzas, Y dfgame, señor: l bacc m.ucho tiempo que está
nlted en este balneario 'i
-Yo, señ ora, dijo el 1eüor may sencillament~, nací aquí.
GABRI EL DE SAu r u c.

14

DE JULIO

Pocas fechas del año tienen Ja propiedad de conmo•er i todo el mando
como el 14 de J alio. Y es que no sólo se trata de la fiesta nacional del gra11
pueblo francés, razón que ya de por sí bastar.fa para ba_cerJa fiesta universal, sino qae se trata de algo mái: de la fiesta de la humanida.d y de la j usticia. Eo efecto, ninguna fecha significa tanto para la causa de la libertad
universal, como aquella en la que cayer on la~ puertas de la titrica prisión
de la B.&amp;Stilla a11te el furor del pueblo francés que acababa de proclamar los
derechos del hombre.
No creemos necesario recordar cómo todas las revoluciones que hicieron
la libertad de los paeblos a_mericanos, inclusive la nuestra, fueron consecuencia de la revolución francesa¡ tampoco creemos necesario recordar la
enorme inBaencia de la revelación en toda Europa; demasiado conocidos
son estos hechos para que ~e necesite recordarlos.

UIS F I EST AS FRANC ESAS, - 1..A~JUNTA D IRECTI VA E I NVITADOS DE H ON O R
EN L A K ERMl!SSE CELEBRADA l!I. UI.T I MO:ooMINO O EN EL T I VOI.I

Por esto es por lo qae ninguna de l as fi estas de las colonias eJrtraujer u
despierta tanto entusiasmo enh e n osotros como la de la coloni a france1a¡
en ella hav algo que es nuest ro, que nos toca m ny d e cerca.
E n este añ o, las 6esta.s francesas se h an iniciado de manera muy brillante. El domi ngo próximo p uado
se efecta ó, por la mañan.a , una 6u ta
de carreras, de la q ue n os ocupamos
en otro lugar, y por la tarde, l a tradiciona l «gr,111,de kermesse, en el tí•
voli d el Elíseo.
E l «sprit:t francés, el csavoir fair e&gt;
del paeblo, dotado especialmente para la alegría franca y p icaresca, tuvieron ocas ión d e mostrarse ampliamente d uran-te la encantadora fiesta¡
las bata llas de confetti y de frases
agadas faeron la nota dominante.
E l señor mini stro de Francia se
prese.ntó en el tholi poco antes de
las cuatro, y tod o el mund o se preparó desde luego , pasar una tarde
alegre, comedio del balllcio, y re•
cor dando las glorias de la patria di st ante; pero desgraciadamente se precipitó á las cuatro un ter rible clap arrón, que entibió mucho los áaimos y que h izo q ue la fiesta no luci er a tanto como hubiera lucido sin
el conCllrso del airado Neplano.

�_______

·------,----·--·,

,¡:un-------·----')
-La Deuda y-'

,

M.AGDAI.ENA, SU HTJA1

62 AFIOS,

25 AROS,

En el jardín del viejo hotel de la división, en provincias, muy lejos de Parls.-Magdalena se dis·
pone á coter rosag, por la mañano, y no bien
comienza d hacerln, pres611tase su padre, de medio uniforme, con bofas, dolmcfo y kep{.

Magdalena.-Llegas jaslamente á tiempo para
que te dé Bores.
El General.-Sf.
Magdalena.-lHiclste u:n hermoso paseo?
El General.- Sí.
Magdalena.-lPudo Mirabelle pasar sin miedo
el puente de hierro?
El General.- No.
Magdalena.-Sí ..... No ... , . ¡Mira qué manera
de respoaderl ¿Qué es Jo que tienes? ¿Acaso te
disgustaste con tu minhtro civil?
·
El General.-No del miaistro¡ se trata de tu
hermano.
Magda]ena.-(Vivamente). Ha jugado.

usted á maldecirme y tendrá razón. Estoy caído,
pero le juro por mi honor .. .. &gt;
El General.-iQaieres callar?
Magdalena.-¿Por qué?
El General.-No, no es á ti: es á él á quien me
dirijo, Se atreve á hablarme de honor... . . , ¡Ah,
perfectamente, perfectament,, ,eñor mfol
Magdalena-(Continuando) c .... que es la úl•
tima ve:z .•..
El General.-Ya la conocemos .... . ,
Magdalena.-&lt; .... y que no volveré jamás á tocar una carta.
El General.-E-n el término de ocho días, quizá .••..•

Magdalena.-&lt; .. , . no scri bastante mi vida pan expiar mis falta, .... &gt;
.
El General.-Frases..... Asquerosas frases hechas .... Nada sincero ... .
.Magdalena (A: su padre). Si es que vas á interrumpirme á cada palabra ....
El General.-Perdóname. Achácalo todo á la
cólera. ¡Vamos, callartl

r

El Geoeral.-Es un canalla. No tiene nada en
el pecho ... . ¡Ni tanto ad de corazón!
M.agdalena.-JOh, babia! Ponme al corriente.
El General.-Lee. Acabo de recibirla. (La da
una carta).
M.agdalena.- (Tomáodola). ¡ah, Dios mio, no
conseguiremos vivir tranq11.ilos!
El General.-¡Jamb! !Quiere mi muerte y la
conseguirá!
M.agdalena.-No hablc:s asf,
El General.-Lee.
- Magdalena. (Leyendo). cVuoul, 17 de Jmuio . .
Mi querido papá . . . 11
- El General.-(Que rabia por dentro). ¡Ya te da•
ré yo tii papá! ....
Magdalena.-Ten cuidado: 1110 vayan á oirle
tras del mnro del jardín.
El General.-Me es igual.
Magdalena.-Diríase que i mi lado sientes enojo.
E l General.-Tienes razón. Te beso. (La besa),
Eres linda. ¡Si no te: tuviera!. ... iVoto á ..... .
Magdalena.- No blasfemes.
El GenenJ. - Cierlamente, para nada sirve el
blasfemar. Pero siquiera alivia.
M.agdalena.-(Qae lee). &lt;Mi querido papá: va

~

la Dote J-

e

EL GENERAL DUJARROY,

,

Magdalena.-(Reanudaodo sn lec;tura).c .. . . Su•
cedió que tave la debilidad de tornar, ayer, al
círculo de cazadores. !He jugado! Al principio
comencé por ganar alrededor de din m.il francos ......
El Geaeral.-lNaturalmeniel
.;-:;
Magdalena.- , . ... Después los perdí. Continué
jugando, y perdí, y eeguí perdiendo siempre ... .
En. lio, que á estas horas debo veiJ1tc: mil . . .... &gt;
(Se interrumpe). ¡Oh! (Se hace gpn sile~cio, durante el cual un pájaro canta t'n un árbol).
El General.- lEhl ¿Qué dices tú de todo tst~
pobre.cilla?
· :,.
Magdale-na.-lQné graude es su culpa! •
E l Geaeral.-lTienes uu soberbio hermano!
Continúa. Qaic:ro que leas hasta el fia.
Magdalena.- (Emocionada). Es que .... no puedo . ...
E l General.- ¿Lloras?
Magdaleoa.- SL .. . Esfas cosas son superiores
á mis fuerzas·. .... .
El Gtoer.-l.-¡V•yaf ¿E:nlermarle t ú por e,tas
tonterías? .... No llores,. quc-po . mí puedo· res •
ponder: teogo los ojos secos y el corazón tambiéa .. , ...
.. .-., -~

Magdalena.-No es lo mismo: tú eres sa padre .....
El Gtneral.-Para mi desgracia. Y ahora ¿eres
tú la que se conmueve por él?
Magdalena,-No. No solamente por ti. Por ti,
por nosotros .... .
El Geoc:ral,-Cese tu llanto, ¡bah! Estoy furioso¡ pero, en el fondo, no hago bilis¡ he tomado ya
mi partido.
Magdalena.-¿Qné partido?
El General.-Antes termina. Ya te lo diré después.
.M.agdalena.-(Prosiguicndo e.n su lectara)11 .. . .
Sé que no tiene usted. esa suma, mi pobre _papá, Y,
sin embargo. Je pido de rodillas que la consiga,
cueste Jo que cueste .. . . &gt;
El General.-lEbl ¡Qaé fácil!
Magdalena.--1: ... . ¡Va mi bonor de por medio
y el de usted también! . ... &gt;
El General.-¡Nuncal ¡Qué torpe! !Yo estoy por
encima de todo eso, gracias 11. Dios! ¡Ah, fresco
estaría si mi honor, á mis años, mi honor que se
ha acreditado á fuerza de rudas pruebas, est11 viera á merced de ]as bellaquerías de ese bribón!.. ..
¡A. fe mía que si lo que dice no fuera lamentable, s¿rfa gracioso!
Magdalena.- (Continuando) . .. .cSi usted no
encuentra ese dinero, mi carrera acabó, y destruída está pua siempre. Como usted no lo desea,
estoy segaro de que intentará lo imposible. Espera. Las dos personas á quienes debo los susodichos veinte mil francos, lr:ece mil á una, nn
magistrado, y siete mil á la otra, un negociante,
me prometieron aguardar hasta el martes próximo por la noche. Ahora es víei:nes. Le suplico
nna vez más que haga un esfuerzo, y, al mismo
tiempo, le .pido perdón. No hay un minuto que
perder. Su desolado y arrepentido hijo, que se
regenerará para siempre.-Pablo&gt;.
El Geoeral.-lQaé opinas?
M&amp;gdaleoa.- Estoy atónita. ¿Qaé •amos á hacer? ¡Veinte mil francos! Pero, ¿no los tienes?
El Genen,l.-No. Y si los tuviera, seda lo mismo, porque no le daría diez céntimos.
Magdale11a,-1Y eso-lo dices tú!
El· General,-Si fuese esta la primera vez que
le sucedía, se podría intentar algo .... dirigirse 11.
los amigos . . . . procurar .... ¡Pero, no! No halla·
ria . . No conozco á nadie, ni tú tampoco .. ... .
¡Veinte mil francos!
Magdalena.-·Busquemos.
El General,-Jamis tuvim.os u.o céC1timo. JEsa
es todavía mi preocupación! Nada tenía tu ma•
dre¡ nada tengo yo.
Magdalena. - Tenfais algo mejor.
E l Gen&amp;ral.-¿Qat?
• Magdall:'na.-Un grande y 'profundo afecto.
E l General.- iOh, no es el afecto el que da la
comodidad en la vida!
Ma3dalena.-Pero da la felicidad.
El General.- ¡No por mucho tiempo, puesto
que la perdí! ¡Cómo la echo de menos aán!
Magdalena.-Y yo también..
E l General.- Mas, al menos, ella no vió estas
iDmundicias. Hubiera sido muy desgraciada¡ ¿110
lo crees ? ¡Sa Pablo!
Magdalena.-¡Ob, sí!
El Genen l.-Bien está donde ahora se halla, en
el cem·e oterio de Mostaguem, la cual la llevamos
ocho años hace ... ,¿te acuerdas? .. .. Una mañana
de invierno . . ... .
MagdaJena.-Sí. .. . sí. .. . Me parece ver el sitio
en que reposa, á la izquierda, entrando ....
E l General.- Cerca de una pequeña palmera.
1eanalla de muchacho!
Magdaleoa.-1Espera! Creo que: be encentra•
do . .. .

El Gtneral.-¿Qaé cosa?
Magdalena.-Dinero ... . El recurso que bascábam.:,s ... .
El General.- No bosques, no. Ya te dije desde
el principio que mi partido está to.mado. Es muy
se:ocillo; él se las entenderá como pueda, el muy
pillo; no quiero ocuparme de nada.
Magdalena.-Siu embargo ...
El General.-De nada.
Magdalena.-Pero su carrera, sus galones . . ... .
E l Gc:neral .-Poco me importan.
Magdalena.-ReBexion.a, papaíto.
E l General.-Calla. Soy el ámo.
Magdalena.-Sí. Lo eres¡ pero no en este mo•
mento, de ti mismo. La cólera te hace proferir
cosas que no pie11Sils y que lamentaría.s si las
pusieras en pdctica.
El General.- ¡No veo peligr., alguno!
M.Jigdalena.-Sí. Te conozco. Acuérdate de todos los sacrificios que hiciste por Pablo, cómo le
has amado y cómo le quieres aúo, á pesar de
todo.
El General. Se acabó. No Je quiero más. Es un
extraño.
Magdalena.- 1Vamosl
E l Gc:neral.-Paede morirse, No es ya mi hijo.
Magdalena.-lOb, 110 digas eso!
El General.-Sí estuvitramos en campaña, y él
se encontrase á mis órde11es, le en viada sin vacilar á que dejase la piel en el pauto que creyera
más pel igroso, y lo haría ell:presamente con el
deseo de que no pudiese escapar, .. .
.Magdaleoa.-¡Perfcctame11te! Estamos de acuerde. ¡Le sigues queriendo, yt lo ve~! lQné soldado irritado no diría otro tanto, á propósito de sa
hijo? Le quieres y le perdonarás.
E l General. -No. Mucho tengo ya qu~ sentir
de él.
M.•gdalena.-Le perdonarás..... má.s tarde .. . .
algún día.
El Gencral.-No.
Magdalena.-Paesto que yo he hallado un medio ...•
El Geoeral.-Es inútil. Ya sabes mi decisión.
Magdalena.-Déjame.
El General.-No.
Magd.alena.-Te d iré . ...
El General. ¿Con qué objeto?
Magdalena.-Te diré cuál es ese medio.
El General.-No quiero conocerlo.
Magdalena.-¿Parece que tienes miedo? . . . .
EJ General.-¿De ese to recurso?
Magdalena.- Sí... .. Algo como sí adivinaras . ...
El General.-iA.bsolutamentel ¿Cómo piensas
que imagine dónde puedes encontrar veinte mil
francos? ¡Veinte mil fr.1u1cos nosotros!
M&amp;gdalena.- Los tenemos, sin embargo.
El General.-Pero yo no puedo disponer de
ellos.
Magdalena.-Yo sí.
El General.-No v ,yas más lejos.
Magda!ena.-Es mi dote,
El General.-Basta. De esto era, justamente, de
lo que no qnerí• oirte hablar. Por ningún motivo. Esos veinte mil francos son tn dote, y provienen. mitad de to madre, mitad de tu abuela¡
son para ti, nada más que para ti, para ti sola.
Y tú tienes necesidad de ellos, más que nadie.
Así, pues, ni una p1labra más sobre este asunto,
Magdalena.- Pero, explícate, ¿para qué los necesito?
El Genenl.-Para casarte.
Magdalena.-Para nada me sinieron hasta el
presente, pnesto qae aquí estoy aún sin casar,

cerca de los veintiséis años. !Soy ya casi una señorita vieja! Y, por otra parte, mientras tú vivas,
no me casaré.
El General.- Pero, ¿después?
Magdalena.-¡Ob, menos aún ! Hay hermauasde
la caridad en Mostaganem, precisamente á un la•
do del cementerio ... . Es a llí adonde iré el dia
en que no existas.
El Gen ; ral.-Tooterias. Guardarás tu. dinero.
Esti dicho, ¿verdad? Ta hermano es uo bribón,
y en. manera algun.a aceptaría que te sacrificaras
por él, Ademb, podría saberse. ¿Y qué pensada
de mi todo el mundo?
Matdalena.-Así lo quiero y as í lo h aré, á pe•
sar tuyo. ¡Ta hijo, el bribón de tu hijo! ¡Pero si
le adoras! iY yo también, compadeciéndole y
censurindole, hasta maldiciéndolt! Además, estoy en el deber de ser baena para con él basta la
debilidad y l a indulgencia, hasta el extremo. Debo de excusarle siempr e, pelear por su causa. No
tiene á mamá, y yo soy quien la reemplazo. Mamá te diría todo esto si estuviese aqu{. Te recordaría su nacimiento, vuestras alegrías cuando
habló, muy niño, de ser soldado¡ porque ella no
tenia miedo á la guerra, y su alma era militar,
aunque tierna .... Y tus lágrimas más tarde, cuando viste por primera vez de uniforme á tu Pablo
en Saint-Cyr. Perdona . ... perdona y desemba•

•:

~,

A-;~..t;::F-"--✓

rá:zame de ese dinero que me fastidi a . . . Noten•
dria gusto en guardarlo ahora, te lo juro. Envíaselo, ó llévaselo mejor . .. . Vete esta noche . .. .
¿Verdad que sí? ¡Dime que sil
El Gtneral.- (E:mocionado ). No . .. . Es nn~rror
tuyo .. . .
Magdalena.- (Prosig11itndc-). Sólo que con una
condición: que él no sepa de dónde le viene. ¡Le
d i rás que uno de tos amigo~!. . . ...
El General.- ¡Oh, :iot ¡Si á ello me re.signase,
quiero que sepa la verdad . . . . Yo le diría: &lt;Te
traigo estos veinte mil francos¡ tu hermana no
tiene ya dote. Así Je curaría quizás.
Magdalena -Entonces, d ícelo, si erres que le
haga cambiar y le impida jngar en lo porvenir.
Dícelo.
El Geueral.-(Qoe no puede más). Ve remos .....
Charlaremos luego de esto. (Cogiéndole la cabecita entre sus mano~). ¡Cómo e.res bella, y buena,
y pedectal Eres mi aoosudo. Si los muertos nos
vieran.. .. Ella estaría orgn.llosa .. . . Coge tas
flores . . . . (Se a leja precip1tadamente).
Magdalena.- (Sola). ¡Pablo deshonrado ú obligado á presentar su dimisión! Moriría papá.
E NRI QU!: LAVEDÁ.N.

(Traduccióa especial para El Mando Ilustrado.)

�Pa11 icip.a11 ttS l-ll lu pliu,cr:1

(

~

·

~

U u l,ueu j ioet.e

carrera

l ' no de los vencedores

,Cas Jiesfas ~rancesas
ELEGANTE REUNI&lt;JN DE CABRERAS

-

....

Un bnen salto
En otro lugar de este mismo número hacemos mencíón de las
carreras de caballos, efectuadas el domingo último como principio
de las fiestas, con las c11ales la colonia francesa, residente entre
nosotros, ha celebrado el aniversario de la toma de la Bastilla en
et presente aii.o.
La reunión de carreras, tanto por su or¡¡aniz.a.ción como por su
concurrencia, y por las person.as que asistieron á ella, es 11na de
la.s más elegantes que se han registrado en la historia de la lie~ta
hípica entre nosotros.
El seiíor Presidente de la República, ga.lantemente invitado
por el comité de Ju liest"s para presidir las carreras, aceptó la in.
vitación, y se presentó en el campo de la fiesta á las diez: de la ma.
liana, acompañado de la señora su esposa¡ tanto los miembros de la
colonia francesa, como las tropas enviadas al efecto, hicieron al
Pdmer Magistrado los honous debidos á su puesto, y en segoida
se procedió á cumplir con el programa de la fiesta en la forma siguiente:
La primera carrera fué sensacional, verificándose entre miembros
delcClnb H(pico Francés», mentando sus propios caballos. El vencedor fué el capitán D. Hernáll.dei con sa cFov. El segundo lagar lo obtuvo ArmandoArriojaconcCuervo&gt;, y el tercer premio fué
de M. Laborda, que no estaba inscrito.

La carrera sexta, sin duda, h1é la mb interesante,
pnes era la de prueba de
obstáculos. Vencieron en
este nú.mero, eñ primer lugu, el capitán segundo Rodolfo Casillas; en segando,
M. Aadry, q &lt;1e su frió on t e•
rrible tolpe. E l capitán se•
gundo, antes mencionado,
recibió unaovaciónnutrida.
El carroassel que ocupó
el séptimo número, ful ar•
tíst.ico por las figuras que
ejecutaron los jockeys.
El concorso de charros
se tuvo que suspender por
no haber asistido los j ioetes.
Fueron jueces de honor
los señores buón Reicl:.s•
thoíen, J. de Romero Dnsmet, marqués de Giudalupe, Gustavo Bloch, Gtorges
Pinson, John Kent, E . Welton, Alex Geuin y teniente
coronel Pércz Figueroa.
La elegante fiesta terminó
cerca de la una de la tarde.
En las tribunas se dió cita toda la sociedad distiJJ.•
guida de México, entre l a
cual se caenhn conspicuas
personalidades de la colonia francesa, con la caal, como decimos e11 otro lagar,
nos hemos identifica.do los
mexica.nos para la celebra·
ción de la fiesta de los de•
rechos de la humanidad.
Con esta dislini:uida re•
unión hípica dió comienzo
la serie de fiestas, que continuó con la kermesse acer,
ca de la cual hablamos en
otro luj!ar, y que ha seguido
sumamente anima.da. E l día
catorce se repitió la grande
kermesse; de e lla nos ocuparemos posteriormente.

El segando torneo, en •SolkeJ•, lo gan6 L. Blam, con
su primoroso &lt;Cristal&gt;. Ob·
tuvo segundo premio el mis•
mo por su d.ady Danton&gt;
y el tercero fué de W. Andry, con cPalomv.
Este número fu é mu y
aplaudido y gustado. El se•
ñor Pcesidente de la Repúbliea suplicó que se repitiera, volviendo á vencer el
&lt;Cristal&gt;.
La carrera ole obstáculos
dió principio después de la
anterior, habiendo vencido
el señor Salvador Laborde,
ocupacdo los demás contrincantes 1 o s sJguientes
puestos: En segundo lugar,
Zivy¡ en tercero Holsen, eD
coarto, A. Arrioja¡ en quinto, M. Labordete y en sexto
A. Mayou.sse.
Se verificó en seguida la
carrera de 800 metros para
toda clase de caballos y ye•
guag, no tomando parte en
ella ningún miembro del
•Club Hípico Francés&gt;.
La victoria fue deZakrze .
rosky, que sacó una gran
ventaja á sus competidores,
obteniendo d primer premio. En segundo lugar, lle•
gó á la meta el teniente César Ruiz Chivez, y en ter ·
cero Raúl Guzntán Arce. En
este número se registró nn
accidente desagradable, que
fué una terrible caída de M.
E. Holsen; pero no íué de
consecuencias afortunadamente.

...
Aspecto de las tribunas.
Gentlemeu riders después de una carrera.
lnstantáneQs tomadQs por el Sr. J. Tatle y Aguilar.

El quin lo n-6mero del pro•
grama lo cubrió la curera
plana á 600 metros, siendo
en ésta el primer premio,
una hermosa y egua cayo
valor es de $2,000, obsequiada exprofeso por M. Sedegreen. Este premio lo ob·
havo M. Labordette,siguiéndole A. Ar.rioja en segundo
lagar y T. Martín en tercero.

En el Paddock .-La. ca.rrera de obst.á.culos
lnsluntáneas del Sr. J. Tatle y A,eailar.

�EN HONOR CE GRIEG

~

usa Castellana

11

~-ll~~~~~~~~~~~~~~-~~~~.~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~M§~~~~~~~~~~i.~~~~~~~~
-~~~i.~i~j~~
i~~~i.~~~~~~~.~~~~~~-~~~~~~~;~~~;~r==========

~R~Il§ 1fIl§
l
La encontié, en mi camÍJlo y conversamos
de cosas agradables.-Ella bada
fiesta de los rosales de: los hue:rtos
parándose á mirarlol', y yo estaba
tan abismado e:n ella, que las cosas
me parecían patrimonio suyo
y las consideraba con respeto.-Q11ie.ro aprender á conocer la vidame decía e:n voz baja;-tus palabras
me han llenado de asombro; he estado oyendo
los versos, que caían de lllS labios
como lluvia de Bores. y la tierra
me ha parecido nueva; es necesario
que me enseñes la vida.y yo: -te escucho
con toda la atención de mis entraíias;
te creo primitin; me hu hablado
con exquisita ingenuidad. ¿Ignoras
el evaugdio de la vida? ¿Quieres
oido de mis labiosi' Limagiuas
que no lo cumples? ¿Y por qué?-Es preciso
que me cuentes tu vida: juzg.tremos
después de conocerla. -Yo no vivo
de nlugana manera-proseguía
la. primitiva de la palabra ficil. Soy una distra!da, UDI encantada
de todos los momentos. Me parece
qa.e et mundo es una fiesta de colores
ofrecida á mis ojos; imagino
que la tiena ¡tan grande! es una seha
donde un continuo viento hace armon las
para gustará mis oídos. Veo
que brota el sol, haciéndome sensibles
los granillos de arena, y que la noche
se apodera de todo, para darme
la sensaci6n brutal de las montañas,
No tengo tiempo de c,nsarme; á vece~,
apoyadas las manos en el tronco
de un árbol [avorito, me levanto
sobre las puntas de los pies, Y miro,
entornando los párpados, el .igil
reb11Uir de los pijaros pequeños
en lo interior de un nido nuevo. Entonces,
hiriendo como el hierro de una lanza
la cortina de sombra de las hoju,
llega un rayo de sol hasta m.is párpados,
y me obliga á entornarlos. Y yo, llenas
las mejillas de 1oz, me quedo quieta,
sumisa bajo el sol, tibia la frente,
viendo pasar y hervir mi propi.a sangre
á través de los párpados, y alegre
de sentirme abismada en el incendio
del astro que hace el día. Así consumo
los años de mí vida; soy la muda
contempladora de las cosas bellas.
Estoy en mi rinc6n-y siempn busco
los que producen llores:- callo; espero¡
y en el banquete de la vida, apuro
mi parte dulcemente.- He procurado
que siempre, en el otoño, esté vacío
mi vaso de cristal y qa.e"Jo llenen
con nuevo j11go las vendimias nuevas,
porque el vino es amigo de la,sangre
que acaricia mis ven.a s. Nunca á nadie
tuve por m.6s dichoso que á mi misma.

- ¿ Y de he ser yo quien i vivir te ensdir,
maestra de la vida?
-lYc&gt;? . ...
- Tas labios
han pronunciado las palabras únic:as
del evangelio mío; tú lo has dicho:
consumir nuestra parte en el banquete
y ten e~ pronto el vaso á las nndimias
que han de veair.-Sigamos conversando,
qne, como miel de abejas, me parecen
todos tus pennmie:ntos agradables,

Enuuoo

M.i.llQUJlfA,

i,Qaé cantaremos los poetas,
si con el hacha el leñador
todas bs flores y los árboles
de nuestros cármenes tal6¡
si la barbarie á la Belleu
sus blancos brazos mutiló? .... . .
Sólo llorar podemos hoy
el bello tiempo que pasó,
y poetiza nuestros recuerdos
y engrandecer nuestro dolor
entre las ru.inas del pasado,
sin fe, sin pi.trias y sin Dios.
F.

VLLLAESPl!:SA.

~
Mi ll'Omrai.nticc ell'illllleffiio tte a«lliívffllm

SONETO

( D, Salmodia, de1 cora.e6n).

Este gran don R1&gt;m611 de las barbas de cbiv&lt;-,
Co ya sonrisa es la flor de su 6gara,
P.arece un viejo d ios. altanero y esquivo.
Qne se animase en la frialdad de su escultora.

Mi romAatico ensueño te adivina
ve~tida con el gris de la neblina,
cruzar el viejo parque abandonado,
tendida al viento y goteando lluvia
tu destrenzada cabellera rabia,
como un rayo de sol anubarrado,

El cobre de sus ojos por in~taotes fulgura
Y da ona llama roja tras uu ramo de olivo.
Tengo la sensación de que siento y que vivo
A su lado uua vida más intensa y más dura.

Se refleja en los charcos ceuícientos
ta regio perfil blondo,
como en el verde y tembloroso fondo
de vetustos espejos poi vorientos.
Y te pierdes fugaz en la avenida
ÍJlterminable, cual la propia vida,
que custodian e$finges de granito,
dormidas eatre acaotos y entre hiedras.
Y á tu p1,o veloz lanun las piedras
un sollozo de amor al infinito.

PARA EL SEROR DON RAIION DEL VALLE-INCLI N

Este gran don Ramón del Valle-Ioclán me in(qnieta,
Y á través del zodíaco de mis venos actuales,
Se me esfuma en radiosas visionu de poeta,
•

O se me rompe en un frasco de cristales.
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
Qae le lanzan los siete pecados ca pitales.
R usÉN D \PÍ-&gt;.

¿Ad6nde vas, visión? ¿Hacia qué vag.:,
país de nieblas emprendiste ,uta?
¿Tienes •a regio alcázar en la gruta
encantada en el fondo de atgúa lago?
Belleza fog;_tíva y vaporosa
que: diste á este crepúsculo lluvioso
un perfume romántico de rosa,
¿en qué lecho encantado hallas reposo?
Mientras el cielo sus tristezas vierte,
yo persigo tu huella en la avenida,
como persigne el ojo de la Muerte
los pasos fugitivos de la Vida.

Me iln&amp;y IR11: mmteea mlli Jllllllnehia
( De Salmodias de1 corazón).
No hay Romeos ni JDlietas,
aan oaando existe el mirador,
y canta al rayo de 1a hwa
en d gran1do, el ruiseñor.
¡Pobre Julieta, ha muerto tlsica,
tosiendo sangre, en el jergón
del hospital, mientras Romeo
-yace en obscuro callejón,
de parte á parte atravesado
por el cuchillo el corazón!
1Y con vosotros, h. poesía

hace ya tiempo que murió!. ..•..

AVE
¡Oh, lejuas memorias de la tierra lejana,
Olorosas á yerbas frescas por la mañana!
¡Tierra de maüales húmedos y ~onoros
Donde cant;i.n del viento los invisibles coror,
Cuando deshoja el sol la rosa de sus oros,
En !a cima del monte que estremecen los toro~!

¡Ob, los hondos caminos con croces y consejas,
Por donde atardecido van trenqueando las viejas,
Cargadas con la leña robada en los pinares,
Y que en aquella noche ha deahnmarensusllares,
Mientras cuenta sa voz los cuentos seculares
Y á lo lejos los perros ladran en los pajaresl
¡Oh tierra, de la fabla antígaa h ija de Roma,
Qa.e tiene campesinos adullos de palomal
El lago de mi alma, yo lo siento ondular
Como la seda verde de un naciente lin'ar,
Cu.ando tú pasas, vieja alma de mi h:igar,
En la música de algún viejo cantar.
iOb, tierra, pobre abuela olvidada y mendiga,
Bésame con tu alma ingenua de can tiga! ...
Y que aromen mis versos como aquellas manzanas
Qae otra abuela solía poner en las ventanas,
Donde el sol del invierno daba por las mañanas.
iOh, mis viejas abuelas, mi s memorias lejana.s i
Ro,,ólf DEL VAtlE-INrL.(N,

EL. PROFESOR DEL. CASTIL.1...O CON S US
A L.UMNOS , -PROFESOR CARLOS DEL CASTIL.LO

..

E l profesor don Cul os del Castillo, queriendo rendir homenaje artíst ico á Grieg,organiió
una fiesta musical en honor del gran m úsico,
en la cual sólo se tocuon obras de é l.
La fiesta faé en la casa del profesor d el Cas•
tillo, y la mayor parte del programa estuvo á
cargo d e] mismo y de sus discípulos.
Es muy digna de alabanza la idea q ue presidió á la fiesta qne nos ocupa, pues dado lo
decaído que está 1a afición artística en Méxi co, se necesita llamar la atención hacia las
grandes ligaras por medio de fiestas con.memorati vas 6 simplemente recordatorias, para que
no se olvide á estos grandes h éroes del arte y
edl\cadores de la humanidad; por esta razóo,
repetimos, la idea del profesor Castillo es muy
digna d e elogio, el cual nosotros estamos muy
lejos de escatimarle.

�~11:)

cii=
I =========M=a=r=a=v=il=l=a::;:;;;d=e=l=a;;;;¡¡/J~n~g;;;;;;;e=n=ie=r;;¡;;;ía=M=o=d~e~r~n~a~~=~--~·
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J, ~=l,'
'.= ;;11

~3s3

UN FE.RROCARRIL EN CHINA
A vnlgaridad ha llegado "j'a el dicho de que el ingenio huma.no no tiene
límites, y qne no h.ay trah.ajo que: se: le presente qne no sea dominado por él;
todo el mnndo sabe qne el hombre, con su propiedad de obser•aci6_.n y CS·
tndio, ha ido venciendo poco á poco todas las dificultades que la l'lahan~
lera le pone en sus empresas, haciendo verdaderas maravillas de i.Dgenio en
infinidad de casos.
Pero, por mucho qne se haya repetido esto, no por ello deja de ser ver•
dad, y las mismas consideraciones se presentan á Ja imaginación cuando se
contempla alguna gran obra de la ciencia y del ingenio del hombre.
Todo lo anterior nos lo ha sugerido la lectura de un hermoso artfculo
técnico ~cerca de la coostrncción de una Unea de ferrocarril en el Ynn■n,
región de: la China meridional.
Se trataba de construir una linea que comunicara á la capital de Ja provincia de Yuoan con las posesiones francesas en Asia, línea de gran impor•
tancia, tanto desde el punto de vista comercial como político,

Los soportes eu su po:oición füllll
Terminada ésta, se buscaron los puntos de apoyo y se colocaron los contraf nc:rtca en la roca. Los soportes tenían que sujetarse en traviesas, de manera qae padíenn girar en goznes y ser bajados por medio de cueraas, como
10 Indican los grabados adjunto,.
Colocados en sus goznes los soportes, se hallaban sostenidos por sn parle superior, por medio de cuerdas, Jas cuales pasaban por poleas, y éstas, á
su vez, permitían ir so1taudo cuerda lentamente é ir haciendo descender los
soportes completamente armado:., hasta que se tocaran en el centro de la bananca. Esta delicada é importante operación es la que ilustran los grabados
adjUDtos.
Los detalles técnicos de esta operación; son muy hermosos pero como
no todos nuestros lectores son ingenieros, omitimos esos detallo::~ y OJalá
que los peritos c:n la materia se interesen por esta construcción y busquen
sas detalJes en las obras especialistas.
Los soportes del puente al principio de la comtrncci6u
Pero se tropezaba con un cúmulo de dificultades casi insuperables, debido, en parte, por la falta de medios de transporte, al clima y á la incompetencia de los nativos para esta clase de trabajos.
Al principio se pensó en era.zar la mayoría de )as corrientes de: agua
por medfo de viaductos de piedra; pero las circnnstancias enumeradas hicieron que se abandonara esta idea desp11és de algo.nos ensayos, y se prefiriera armar puentes de hierro, los cuales se podían construir en los talleres
de Batignolles. Francia, y transportarse á lomo de mula, en partes pequefias
y de poco, al lugar donde debían armarse los puentes. As:I se hizo, y para
que se vea de qué manera tan ingeniosa ha sido necesado proceder, damos
á nuestros lectores grabados Y' explicaciones de c~mo se erigió el puente so•
bre el río Nam-Ti, como el característico e11tre todos los demás.
El ancho de la b-'rranca, en el lugaren elquehabíaque instalar el pnen•
te, es de sesenta y siete metros, y como sólo se disponía de dos puntos de
apoyo, uno de cada lado. se pensó en hacer 110 pnente sostenido por dos
contrafuertes, los que había necesidad de construir enteramente antes de
colocarlos en sn logar, y de tenerlos listos antes de que Begara la construcción de la vfa ii la barranca. · : :: -· ~ - --.,:--.:;,.-;;-.~.:.!
A lomo de mula se b.iz:o la conducción de Jas p,en.s de los soportes
hasta la buranca, y á los lados de ésta se construyeron túneles qut&gt;, á la vez
qne habían de servir más tarde para el p;aso del ferrocarril , sirvieron provisionalmente de talleres para la construcción de losaoportu.

El puontc terminado

Los soportes á la mitad de su bajada

UWl vez qne los soportes estuvieren en su lugar y fueron unidos por
operarios por medio de cuerdas y correas, se procedió á asegurarlos de una
manera perm.uiente antes de colocar la mesa del puente.
Para el transporte de ésta se disponía ya de la linea del íerrocarril, y
por esta razón se hizo en pie-zas de mayor peso y de mayores d i mensiones,
lo qu.e facilitó grandemente el trabajo.
El puente consta de cuatro tramos, los cuales están repartidos como si•
gae: dos qne van de los pilotes empotrados en la roca hacia el centro de la
barranca, y dos que parten del centro de la barr111ca y se cuentan hacia los
extremos del pue.nte; en el medio de la distancia, c:ntrll el ceatro y cada nao
de los extremos, se: levantaron pilones para el sostén de la mesa superior
y de esta manera quedaron divididos, los cuatro tramos. Una vez que c:stu.'.
vieron unidos los soportes, se procedió á levantar los citados pilotes y lae•
gn á la colocación de la mesa.
Esta se faé construyendo poco á poco en una excavación pequeña del
túnel, y conforme se constrnfa, se hada caminar sobre ella rodíllos colocados, primero, en el piso del túael; los 1eguodos, en los pilones, y luego en
la 11oi6n de los soportes; de esta manera se hizo qu.e el extremo opuesto llegara á su lugar al ter01iur la construcción.
&lt;
Aanqae c:1 par.ate es bubnte pesado para asegurar más su fijua se sajeló á la roca con tlnn1ea de hierro pan evitar qae el vi~nto fuera á 'desalo•
jarlo de su lufar,
Para terminar, daremos un último dato: todas estas operaciones se: hicieron á 11na altura de cien metros sobre el nivel del fondo de la barran e, altura capaz de hacer sufrir el vértigo á las cabezas mejor acostumbradas. '

Slmo.

Sr. 9'.J.

5osé .9aada!upe de Jesús Ál6a
Üóispo de Zacaleeas, "t' el 11 del actual

y :J"ranco

�Distribución de Diplomas en la Escuela .P reparatgria
.

ENTREMESES Y SAINETES

ALUMNO ANTONIO .JAIJREGUI EN
Lq TRIBUNA,

IU.UMNO GUIL.l.ERMO ZARRAGA,
RECITANOO "EL. COLOQUIO DE LOS
OENTAUROS,"

Con el objeto de hacer e11tnga de
sus diplomas á los alumnos de la Es,
cuela Nacional Preparatoria, que terminaron sos c:stndios u1 el aüo e.scolar pró.cimo pasado, se organizó una
hermosa fiesta, la cual se efectuó el
•iernes 8 del actual, en el salón de
actos del citado establecimiento,
Además del indicado, que era el
principal, la fiesta tenía otro objeto;
el de inaugurar los trabajos de la orq iiesta, formada por los alumnos del
plantel. Por esta iazó11, la mayor parte del programa estuvo .i cargo de la
dicha orquesta, la cual desempelió su
cometido de una mao.era satisfactoria,

ORQUESTA DE ALUMNOS DEL.A ESCUEL.A PREPA"ATORIA,
ALUMNO DE L.A PREPMfATORIA, AURELIO L . CAMPOS,· SOLISTA EN EL
VIOLIN, Y SEROR DIRECTOR DE LA ORQUESTA OEL PL.ANTt:L., MAESTRO AURE•
L.10 M, CAMPOS,
.

Entre los námeros del ameno programa se distingnieron, esencialmeu.·
te, los encomen d ados á la orquesta;
las piezas oratorias á cargo de los
alumnos y los solos musicales de los
mismos.
El último número fué la distrib11ci611 de los diplomas, la coal foé hecha por el señor secretario de Hacienda. á quien ·cedió el puesto deho•
nor el señor licenciado Sierra, minis•
tro de Instrucción Pá.blica, á quiea,
por derecho, correspondía haber he•
cho la distribución.

El auge cada día mayor que alcanza la modesta
compañia del &lt;Colón&gt; en la temporada de comedia qne ha iniciado, muestra, 1111ejor qoe razonamiento a lgano, cuán extrema es la necesidad que
se h ace sentir en México de espectáculos de arle
por inferiores que é,tos sean.
Con t.lementos pobres y hasta disímbolo~, la
pequeña comedia ha tomado-como dicen los reporteros frecoentemente-carta de naturalización
en ese teatro, por desgracia consagrado casi desde su a pertura á la exhibición de artistas peor
que mediocres y de espectáculos de
ínfima calidad. Y así vemos cómo no•
c he á noche 1111 pá.blico especial, el
iotcrmedio e ntre el cnlto y el indocto público sincero y lleno de bnena
intención, sin embargo, concurre y
a nima la antes solitaria nb.
La compaíifa-dicho está- no mere:e siquiera el califica.tivo de mediana. E.rcepción hecha de la señora
Grifdl - na tant o anticuada en su es·
cuela y maleada en la dicción por su
largo estancamiento en el cgéacro
chico&gt;-y del actor Coss-á quien su
larg&lt;1 estancia en los Edados ha hecho perder algo de distinción , pero
q ne es el mismo artista lleno de fer vor y de eutnsiasmos que conocimos
años ha en el cHidalgo&gt;- todo el res·
to de la agrupación está formado por
entidades ó que no rebasan l os lim i·
tes de lo med iantsimr, y frecoeatc:•
mente tocan en los de l o nulo.
Abundan en vicios de acci~n y de
dicción¡ dijérase q ne á veces se acner
dan de los C'p.uacalle , &gt;, y de los coros
y de los tangos, y se olvidan de las
e~igeucias estéticas de la comed ia,
desconocidas ea el géuuo ínfimo. A
menudo tienden también á la carica·
tora de lo cómicc-, á la eraj!eración
inmoderada para prodncir efectos de
risa. No se conforman con hacer sonreír¡ q uieren despertar la brutal car•
cajada de la zarzuela. .. .. . Y nada dij!o de las obras que requieren e n los personajes ese no sé qué de m esura, de delicadeza;
entonces los actores no pueden olvidarse de ~us
viejas actitodes de la chulapería andante.
A pesar de todo, la temporada m¡¡_rcha, y es de
creerse que Coss, con su devoción artística bien
reconocida y sus facultades muy apreciables de
director de escena, meta en un puño á la faránd nla y la haga olvidarse de sus resabios lobas·
tante para que no disuene en el género á que por
ahora se dedica.
La empresa es d ifícil, más difícil de lo que parece¡ casi diría yo que de romanos. Pero no hay
inh:nto eu el que se persista que no alcance fina•
lidad alguna; y, al menos, bastada el intento
mismo para recibir honor.
!Dirá el tiempo!

No me detendré á examinar los úl ' imos estrenos. Carecen de gnnde importancia, A lguno de
ellos, como Los Pelma:fr s, tiene eJ dde&lt;:to de ser
muy local y de continuar aborriéndooos con los
modales y decires de la gentuza madrileña¡ otros,
como Lota, es cui insignifioante,
Lo qae sin d11da algaoa de mejor se hi pro:ligado ea el '·Colón," son los mis celebrados entremeses y sainetes de los hermanos Qnintero.
Los Quintero, artistas ioimitablts, sabrn dar
pinceladas coloridas y sobrias á Los pequeños

~

~
'

dores fácile,, reside, como en n ingún otro aut or
español, el sentimiento genuino de lo cómico.
Sin negar el abolengo de los viejos sainctrros,
apártanse bastante d e ellos. No son burdos, compnables á una fuerte y substanciosa sopa d e a jo,
como don Ramón d e la Cruz y su, descend ientes,
de los cuales acaba de morir el ú llimo, don Ricardo de la Vega. Conservaodo su genuina fiso nomía española, han creado no t eatro suyo, una
m-lner a especialCsima que l es d iferencia por
completo d e aquellos. H&lt;1ceu reir y conmueven¡

UNA ESCENA OE ''/.A oivo,;;c1A DIII," CSTRCNO DE/. "l.lf'IICO " EL SIIISAOO 9

cuadros, á esos dimiDutos episodios de la vida
que para autores de gruesa factura pasan inadvertidos, y que ellos aderezan de manera tan peregrina. ¿Quién no se acuerda de El F ler:hazo,
entremés que representa uu p ed,zo de alma andaluza? ¿Y quién h.a ecba~o en ohido las gracejadas donosas de El Chiquillo, que huelen á. claveles? Ad éstos, como Muña na de S ol, el delicioso
cuento extraído de una dolora de Campnamor,
como Los Piropos, verdadera letauía galante, hecha con sal andaluza, y, en un grado más alto,
La Pena, t endrá11 siempre la misma louaía de
ahora.
No se marchitan, no se deslíen, 110 se descoloran estas pequeñas p roducciones, hijas de un
momento, de un instante brevbimo de inspi.J'ación feliz. Y es qoi:, en los Quintero, improviu.•

son festivos y tiernos¡ junto al chi~te de buena
cepa, saben dar la pincelada de h :,nda poesía¡
brindan la sonrisa envuelta en emoción. Y como
son ligeros y so psicología no a lcaDza al dictado
de profunda, de esa ama lgama de u:celent es prendas, del observador, del poeta, del espíritu cómico, se forma este género de sainete q ue 110 empah.ga, que no indige sta-insisto en d simil calinario,- siao que aotes bien se des liza paladar
adentro, de jando an sabor á m iel y á linfa fre,s ca,
¡Ah, si los actores del cColóa, abandooaran su
afán de ex trema r la nola c ó mica!
MAESE PE DRO.

�IDILIO ROTO

Fol,Mflck

QRIJPO DE AMIQOS DE LOS SF:f/ORES HOYO, QIJE OFREOIO IJN BANQUETE A OIOHOS SEffORES REOIENTEM ENTE

AJEDREZ

2

2

Problema núm. 1O, por T. Kíng-Parks
2

NEGRAS

T X P (mate).
t

si P X P (2 D).

1

si P X P (4 R)·

1

si P 7 A

C 5 R (mate).

T X P (ante).

2 C SR (lnlle).

Han mandado solncíón uaeta lat penooas síga.ieqtes: F. lrigoyen, C. Bureras v J. G . Gutié·
un: Topete, de México¡ A. J. Merino Cervantes,
de Toluca¡ Oh.llo Rubio, de C:1nane1t1 y doctor
Ernesto Escillona, de Naolinco.

...
•

APERTURA ALAPIN
BLANCAS

NEGRAS

Sdor Alapm.
1P4R

I

Sclor C. larct.
P4R

2C2R
,1 C 3 AD

2

C 3 AD

5 P4 D

6P 5 D
7 D3D
8 P X P
BLANCAS

Laa blancas juegan y dan mateen tres jugadas

Solución al problema número 8,
por Patrlck Moran
NEGRAS

BLANCAS

i-C6A
2 A 2 R (mate).

t irlR X'l'
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si R 7 A

9 C (4 T) 3 A
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3A4A
4A2R
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9 D X P
10 D X D

Este cambio de Damas contribuye á desplegar
rápidamente Jas fuer,:u enemigas. VaUa más jogar D 2 A.
n A X D
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13 A X A
14 A. ,1 R

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15 Enroca lado D
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r3 CD 2 D
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15 1' .'! ' L' D
16 Enroca lado R
17 T D r D
l C IR
19 R I T
20 P 4 C

El ataqne de las negras en el Banco de Dama
carece de porveni,r, paesto qne sus piezas está11
en el centro acumuladas y sin acción .
21P4TR

Pulida jugada entre los señores S. Alapfn y
G. Marco.

4 C4T

Sin necesidad algona las negras se producen
punto débil en 3 D. Debfau enrocar con T D.

11-11

21

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24 C 4 R

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24 P 4 T D
25 P 5 T
26 P X P
27 P 3 T

Fonada, 1&gt;0rq ue las blancas amenazaban (23 P 6 T ,
P X P, 29 T X P, T 2 T, 30 P 6 C, A 3 A, .~e A 7 A
y ganan ).
28 P X P

2S C 3 A

29 P X P (jaque).
30 T 3 C (Jaque).
31 e x e
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29 R X P
30 R r T
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36 T X T (jaque).
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39 R I T
40 R 2 T

- ¿Maiia11a á las cinco?
-Sí, á las cinco.
-Adiós, mooJ.sima,
-Adjós, Ricardo.
St estrecharon las manos, y por lado opuestosigoió cada cual su cam.i:n_o . La silueta de mujer,
airosa y elegante, se perdió pronto por la a11gosta y tortuosa callejuela, env11elta eutre las sombras de la tarde.
Ricardo, sin poder resistir el deseo de verla.
basta el ú ltimo momento, á medida que andaba,
iba vol viendo la cabeza, parándose á ratos, con•
templando embebecido cómo se alejaba aqoella.
mojer que tantos recuerdos hacía revivir en su
corazón.
Inútil ya para hacer otra cosa que no fuese
pensar en Elisa, se dirigió á su pisito de soltero.
á aquella habitación que en pocos días modificó
radicalmente al creer que Elisa entraría en ella,
Jlenfodola de confort, de artfaticos tapices, mármoles, flores exóticas¡ h:ansformándola en un n i do de amor tibio y -voluptuoso.
Le parecía un suelio considerar qoe dentro de
pocos miuutos tendría allí, á su lado, á aqn.ella
mojer que co11oció niña, en los años de infantil
ioocenoia¡ le extrañaba que Elisa fuese aquella
con la qoe tnvo amores que,de puro ideales, eran
toutos; aquelJa niña qoe respetó siempre como
cosa sagrada, que por primera vez, j11ntos, cono•
cieron lo que era amor, amándose ..... . Y hada
desfilar por su memoria los aíios de su niiici, todos los hechos que con Elisa se relacionaban; el
dolor que ambos sintiet:on cuando se la llevaron
á París, á una pmsi6n de demoiselles, y, después
de muchos años de ausencia, el disgnsto que le
produjo el saber su casamiento.
En el reloj del gabinete souarc,n. las tres. Sólo
fallaban dos horas . . ... ¿Sería pu.ntual? . .... ¿Se
arrepentiría del atrevido paso que iba dar"?
Le desesperaba la idea de que la joven noacn•
diese á la cita ... Y después, reflexionando, de·
seaba que fallase; temfa convertirla en. una adúltera vulgar.
Veía transcurrir el tíempo con miedo; queda
despejar su cabeza, para tener claro juicio de lo
que iba á hacer.
El 111gé11ito fondo de honradez de su alma hada que, eu vez de gozar pensando en la proximi·
dad de la posesión de su anuda, sufriese horri•
blemente.
-No-se decía;- no debo mauchatla, mancillada para hacerla mía.
El reloj maceó las cinco. . . . . . las cinco y un
miuuto .. . . e l timbre de la puerta sonó.
Olvidándolo todo, alegre, ansioso, Ricardo acodió á la puerta, como si un huracán hubiese barrido todos sos esocúpuJos . . .. .. Abrió, volvió á
cerrar ;y el estrecho pasillo q11ed6 en sile11cio,
como si en vez de haber eutrado una persona
más, hubiese salido la qoe había. Era que el
amor, la pasión de los dos jóven.cs, comprimida
desde la infancia, había rolo sus ligadoras, y allf,
junto á la puerta, por primera vez, apasionados,
modos, sus brazos formaron on fuerte lazo.
Con las mejillas eucendldas, rojas de auior y
vergüen:ta, Elisa estaba sentada al lado de Ricardo. Después de los primeros momentos de pasión, en los que se desbordaron sns corazones diciéndose todo lo qoe tantos años callaroo, se
contemplaban mudos, impasi bles, con las manos
juutas, mirándose fijamente nnas veces, á hurta•
dillas otras, procurando cada uno leer en el fondo del alma del otro,
Los dos hacían examen de con.ciencia.
Elisa pensaba:
c¿Qaé dirá de mi? ¡Dios m.fol Me avergü enzo¡
no me reconozco. No me excusa nada . . ... . ; sólo
al ser fiel á mi primer amor, al amor verdadero
de mi vida, pues aonque no quiera, scy de él, le
pertenezco en el alma, soy suya, en mi pensamiento le tengo á todas horas, porque él me enseñó á amar, él fué el primero que me hizo sen•
tir .... Los recuerdos pasados no pueden. borrar•
se. ¡Dichosa edad, dichosa iDocencial El pecado
no nos era conocido. Los dos íbamos al colegio,
y ahora hasta me i mpone respeto eon esas barbas . ... antes parecía un angelote de retablo . . . . .
á ratos creo que es otro&gt;.
Ricudo se decía:
cEsta no me parece Elis.a. Elisa era una niña
inocente, vestida de corto, risueña, alegre. ¿Dónde está •quella niña de o jos picaruelo!, de afilad• y graciosa nariz ?. . . . . . Es ella, sí, aquí está;
pe:ro esclava de otro. tiene otro dueño&gt;.
Y ella volvía á rcftexionar:
c¿Qué bago aquí. si no es esta mi casa, si no
soy Ubre, si no me pertenezco?&gt; Y el sollozo que
iba á escapar de su garga.nta fué reprimido por
una caricia de Ricardo.
A pesar de los reproches de su conciencia, durante algunos minutos estuvieron alegres, loca.aces¡ se con.taron todas sus penas, todos sus amores.

-Soy feliz¡-pero si esto es
sueño-le dijo la joven;

lllll

~

P~OXIffiO E{'lUACE

-no quiero despertar . .. . , m:'5
•ale Morir ....
~ -No -contestó Ricardomorir ahora que sabemos lo
que vale la vida, esta vida mil
veces venturosa que nos per•
mite estar as{, tan unido~,
-unidos para siempre .. . .
-¿Para siempre, Ricardo?
lOh, no¡ para siempre ya 11.0 es
-posib el
Callaroo, Las palabras de
Elisa volviéronles á la realidad. Anochecía, v la triste luz
de la tarde hacía más sombrías
y tenaces sus reflexiones, m ient111s que:e1 reloj, como si babiese aoelerado la marcha , in•
die.aba la proximidad de su separación. Todo tenía un tinte
gris en aquel saloncito, desde
los mnebles y las paredes hasta
las almas de los dos enamorados,
Y cada cual Yolvió á sus
mo11ólogos preñados de tormentos ftageladores de su ~píritu.
Elisa se veía arrastrada, dominada por
aquel amor¡ hubiera
querido huir y no t enía suficiente voltto.tad para ello . . . . Le
quería á su. pesar, protestando, inditoá11do•
se contra sí mism,.
En Ricardo iba
acentuándose la tristu:i qoe sintió an tes
de la entrevista. Vela
desmoronarse el más
puro ide.l de su vida, caer de una manera vulgar. E lisa era la
'Verdadera esposa de
su alma, y junto á
.el1a se sentía con dos
personalidades: la de
marido y la de amante¡ u.na se rebelaba
contra la otra, las dos
luchaban. Si aquella
no era Elisa, no teu fa
ningttn interés para
él~si, efectivameute,
era ella, no era él el
qae estaba aJl:f, pues
é I no podí.a ser el
amaute de su elposa,
ni quería que ésta le
fuese infiel.
Los ojos de los des
se hamedecieron. Por
afinidad de pensamientos, sugestionados, hadause las mis•
mas re.fl.e:ri:fones. El is.a
cada vez estaba más
avergonzada, temiendo aparecer i mpora
ante Ricardo, al q ae
tanto amaba.
~

Sl!NORITA MARIA CARRl '-LO.- SEROR CAPJTAN .JACI NTO TREVIRO
QUIENl!.S CONTRAl!RAN MATRI MONI O PROXIMAMENTE

E~ silencio se prolongaba demasiado, sus pensamientos se perdí_a_n en u.n laberinto de meta íí·
sica superior á elloSc, basta que, por fill, renació
el sentimiento de sus deberes, y conmovido, dijo
Ricardo:
-Tú eres mi mujer ideal ¡ basta ahora tu re•
cuerdo, el recuerdo de nuestro am.or ha sido lo
tínico que ha alegrado mi coru6n. Amémonos
siempre, sí¡ pero qne nuestro amor no paeda
nunca avugonzar,ios , , .. Es la felicidad .. , .
Los sol102os de Elisa no le dejaron conclui r.
Desespcrada, acongojada, arrepentida, como si
Ricardo fuese el esposo que intentara eugañar.
se arrodilló i sus p ies, y beúndole tas manos, Je
dijo:
-Perd6name, Ricardo, soy buena, soy di,ina de
ti, muy digna .. .. ¿oy rs'!

No pudo contestar. Aquella locha era superior
á sus foenas; le desgarraba el alma. L evant6 á
Elisa del suelo, Ja miró amoroso, con 'h onda pe•
na, le secó las Jiigrimas, y cuando la vió tranqui•
la, como notase que ella boscaba la puerta, baciendo un esfuerzo, la .1compañ ó h ast a el umbral,
y allí, autes de partír, como último adiós, la besó
en la frente . . ..
Elisa ba jo precipitadamente la escalera; autes
de salir del portal secóse las lágrimas de sus
ojos y mirando airada, por última vez, hacia e l
cuarto q ne poco antes crcy6 ser ía el oasis de su
trist e vida, dljo:
- ¡Estúpido! ¡Imbéd ll

E R o oRfGu ~z S!!:RRA.

�Crónica
L estío ha llegado, mis
q neridas lectous; parece q11e el cielo, lumin.o•
so y az:nl, canta un.himno al sol resplandeciente; hs estrofa, de este
ooro triunfal son entonadas por todos los seres y aún_ por todas las
cosas inanimldu. Porque también etas cosas hablan&gt;, como dijo el poeta, y no es necesaria mucha sutileza para comprender ese idioma misterioso y elocuente. Allora
que pasáis Ja temporada en el campo, lectoras
míu, e:scachad lo que dícen los viejos árboles de
vuestro jardín. Los álamos blancos, cantados por

Bécquer tantas veces, agitan sus plateadas hojas
con un rumor suave y cadencioso, que parece ha•
blar de amores ideales, ddicados y románticos¡
evócanse antiguos castillos, damas bellas y amantes, reclinadas en la balaustrada de piedra del
ancho balcón, esperando al caballero valiente Y
ambicioso que faé á combatir cpor su Dios, por
sn rey y por su dama&gt;,
Un poco más allá, los tilos, poéticos y obscuros, inecen sus frondas lozanas, y al con tacto acariciador de la brisa, cuentan discretas y emocio•
nautes historias de amistades llenas de encanto,
en las cuales los sentimientos complicados del
amor, el interés intelectual y la fraternal simpatía, produjeron aquel dramita moderno tan cono•
cid o en nuestra. época: la joven secretamente ena•
morada. del amigo predilecto, cuya quinta vecilla
asoma sus elegantes torreones, finos y agudos co•
mo flechas, detrás de la frondosa arboleda. Juntos
han paseado siempre por el bosque, ya á caballo
en la pirlida de caza, ya á pie en. las tranquilas
excursiones á la hora del &lt;tramonto&gt;; jnntos han
bogado por el lago en la blanca barquilla, llevan·
do ti los remos y ella el ramo de 11;,res recién
cortadu en sn obsequio por el galante comva·
fiero . . . . . ¿C"ómo no amarlo eumedio de aquella
soledad, llena de perfumes agrestes y de cantos
de páj.rros? . ..... Mas, escuchad lo que dicen los
tilos mecidos por la brisa, como arpas sonoras
cuyas cuerdas hiere al pasar el viento fugitivo.
Nos cuentan cómo el c.1migo amoroso&gt; comenzó
á encontrar un poco cansada aquella vída campestre¡ vacilaba en lastimar El corazón de la dul•
ce amiga querida; pero .. . .. no la amaba lo bas•
filute para 1u1ir á ella su destino, y prefirió poner
un discreto fin á tau poética historia con una
violenta separación, causada por negocios importantes, hábilmente fingidos, á los cuales era preciso atender en la ciudad. Y después de la partida y de aquel adiós., dicho casi entre lágrimas
bajo los viejos tilos del bosque, tl se íné y ella
se qaedó allí, sola con su llanto silencioso, su
secreto desengaño y el amargo recuerdo de esa
falsa ilusión.
De improviso,· el murmullo agitado de los gran·
des nogales, vieue á arran.Cilrnos de la melancóli•
ca meditación, habU.udonos de huertas tranquilas
y patriarcales, en donde los ancianos campesinos
han visto deslizarse su vida sencilla, inocente y
modesta, entre los hijos y los nietos, como esos
viejos troncos vigorosos, vestidos de ramas, ere•
cidas unas y pequeías otras. !Cuán d11lce existencia la de esos seres humildes, bn pobres de
riquezas y tan ricos de sosiego y conformidad!
Entonces, al dirigir nuestro pensamiento hacia
ese rumbo, contemplamos el sauce tr iste y meditativo, inclinando su ramaje Bexible sobre la madre tierra, como si quisiera tributar una última
y constante caricia á aquellos que duermen bajo
su sombra. Y vienen e.n stgnida á nuestra memoria todos lo!&gt; ausentes, todos los que, e.n el peno•
so viaje por el mundo, nos han precedido, para
esperarnos en las fronteras incógnitas de aquel
país misterioso, &lt;del cual ningún caminante ba
vuelto&gt; .... Pasa la libia brisa estival murmurando entre las frondas; el sol comienza 6. ocultarse
tras la az11l y at:rciopelada cortina de las dista.ntés montañas, y mientras el toque del Angelus
cae c-omo lluvia armoniosa en el gran silencio de
la tarde agonizante, permanecemos aún, lectoras
mías, entregadas á la suave y triste delicia del
recuerdo y de la meditación.

..

.. *
En la semana pasada ofrecí á mis lectoras ha•
blarles de los nuevos &lt;lailleur&gt; que se usarán en

ta. estación de verano. Al decir nuevos, debe en·
tenderse nada milis lo que se relaci.ona á ciertas
ligeras reformas introducidas en este estilo de
trajes, los cuales no ofrecen grandes cambios en
su aspecto general. M11chos de ellos están hechos
con la falda entera de alto á bajo, y si tienen en
la. orilla una b~uda que estreche la supuesta am•
plilud del corte, es solamente por seguir la ins•
piración característica de la moda actual y no
porque exista dicha amplitnd, pues la falda sastre continúa siendo muy estrecha.
Las telas con dibujo, especialmente las lanas
inglesas, se emplnn de manera q11e ese dib11jo
quede cole.cado verticalment e, tos lados mu y en
bies y el cierre por íietrás, según el antiguo y rudimentario sistema; pero, á fin de buscar en esto
alguno variación, en vez de hacer la costara recta, se deja á la tela dos ó tres sardi netas que se
cruzan por medio de grandes botones planos. El
jac¡uet es recto, semicorto, al nivel de las cade•
ras, y para nn talle joven y esbelto, el mts ele•
gante es el jaqnet corto, ajustado y ceiiido por
un cinturón de cuero barnizado. Se 11sarán mucho para estos ctailleur&gt;, lanas rayadas de dono
sobre tono&gt;, es decir, una raya fina y clara sobre
un fondo más obscuro. Alganas veces, en lugar
de cortar la falda de una sola pieza, se confecciona con bandas, puestas en diferentes diteccio•
ues, semejando angostas draperías, lo cual, caando las telas tienen dibujo á cuadros 6 á rayas,
produce un lindo t inesperado efecto, que forma
una verdadera guarnición al traje. Cou los cdamiers&gt; se gaarda tambitn alguna armonía, pues
la banda lisa, que estrecha 1a amplitud de la falda, se hace del mismo tono obscuro de aquéllos¡
las vueltas del cuello, solapas y puños de las
mangas del jaqnet, se eligen igualmente de ese
tono, y las solapas llevan un bies 6 chaleco fingido, llecbo con tnssor 6 satén de algún matiz vivo. E1tos chalecos i nteriores ó aparentes, lo mismo q11e los pnños de las mangas, se confeccionan
á menudo con bordados de e.stilo j¿ponés, el cual

se ve muy lind:, cuando se col oca sobr e un traje
de t ussor blanco, porque estos tonos brillantes
y a legres ponen una nota fresca , juveni l y ele•
gante en el atavío, dándole un aspecto netamente
estival. Los trajes de tela algo gruesa, q ue poco
se lleven en. este tiempo calnr0501 strá,n de la
misma forma y corte que los de lana Ligera ya
descritos, aunque se prderiráo, para ellos, los
colores claros, principal mente el blanco, el C11al
ofrece un conjunto de ligereza y risueña senci•
llez, propio par~ la estación presente. A los t rajes sastre de satén, hechos en matices discretos,
como azul rey ó aznl cuervo, han sucedido las
bonitas &lt;toilettes&gt; de fo11lard con d iversos dibujos en d istint-o color¡ ot ras, confeccionadas en
taJietas Bexibles, velo de seda ó charmense, y para todas éstas la falda se hace amplia y fruncida
en la parte superior y en la inferior, recogida y
estrechada por banda! de la misma tda del trajt •
dispuestas en forma de drapería. En estas confecciones existe un amplío campo para desarrollar la fantasía y el buen gusto, como indicaré
muy p ronto á mis amables lectora,.
MARGARITA .

~

Labores Femeniles
El papel que las cortioas desempeñan en el
ornato de una habitación es de tal manera importaüte, qne casi podemos darle el nombre de
principal. No es posi ble que un aposent o ten¡!a
un conjunto armonioso y elegante si falta est e
indispensable accesorio.
Com.o creemos que nuestras lectoras participarán de esta opinión, les ofrecemos hoy tres modelos de cortinas, propias para decorar los aposentos durante la es tación calurosa del verano,
pnes están hechas en tel as ligeras de colores
claros.
Uno de nuestros grabados represen ta dos modelos de cortil1as de etamina blanca ó crema, bordadas de colores. La primera está adornada con
Beco de borlitas, tanto en la oril la como en la
corois11 ó dosel. El bordado que luce es d e trencilla y algodón verde resedá. Los peq ueños tiestos con flores son también verdes y las florecillas
rosa.
El segundo modelo utá guarnecido con bordados de estambre en color chaudrón y azul azufre
en dos tonos. Un ancho Beco de hilo adorna l a
orilla de la cornisa.
Estas cortinas son muy originales y elegantes,
pues el coajunto de Jos bordados sobre el color
crema ó blanco de la etamina, es muy distinguido.
El segundo grabado nos muestra una cortina de
muselina ó de et amina color de maíz, ador nada
con encaje de bolillos y aplicaciones de bordado
inglls.
•
Tanto el entredós, como la puntilla y las aplicaciones, pueden substitui rse por deshilados, l o
cual será tambit n muy artísfü:o y elegante.
Est os tres modelos de cortina son propios par a
recámara, gabinete de trabajo, de tocador, antesala, etcétera.
Deseamos que nuestras lectoras l os encuentren
de su g11sto.

~

El .Auditorio Simpático
A las personas nerviosas les es indispensable
un aud itorio simpático, para poder conversar y
mostrarse en una reunión. Si notan hostilidad en
la asamblea, ó siquiera en uno solo de los asistentes, pierden todas &amp;us facultades, bastando una
réplica agresiva ó una m irada burlona para turbarlos. Harán meior en callarse cuando duden
de la ben1:1volencia de todo el auditorio.
Muy raro será el gne no se sienta cohibido
c\1ando enmedio de un grupo de personas si'llpá-

ticas y amables, se presente ele pronto una datna
ó caballero cuyos sentirnientosé ideas no se arna!
gaman con las del concurso, y está tlestituído,

adewá , de ese calor que -se llama simpatía. La
presencia de esa per.;ona hace el mismo efecto de
una de esas montañas de hielo, tan frecuentes en
los ru ares del Norte, en una corriente de agua
tibia.
Son poco ainables y, por taato, poco arnadoe-,
esos seres cuyo corazón no palpita nunca al unísono de los otros; g ue est!\n fríos cuando todos so
entusiasman; r¡ tle razonan cuando los demás s.ienten; que repelen la acción de ese flúido que Jiga
e n determinados momentos todas las almos, haciendo de ellas una sola, capaz de realizar las grandes acciones y los grandes sacrificios.
Son muy conocidas tsas personas que oyen con
semblante impasible cuanto se habla, y quo do
pronto, rompiendo el silencio en gue se hablan
encerrado, hacen una pregunta glacial o dejan
caer una observación 6 una frase irónica que u.es·
conciette, no sólo á los faltos de• aplomo, €i no h11sta á los más serenos. Hay quien sepa contPstar,
como se debe, li tales interrupciones ; pero, lo
má frecuente, es que el que habla se turbe por
completo y que se sienta en el resto de la asa,mblea nn ,·ago inalestar, causado por la disonancia
que produjo en la arrnonfa general aquella voz
destemplada. Guárdese, guieu se encuentre con
estos ejemplares en sociedad, de estrechar relaciones con ellos, porque su amistad sólo d iagastos
les ocasionará.
Huid, lectoras mias, de parecero á estas pobres
gentes, pues son siempre des 11gradalJles y no ins•
piran 1\ nailie simpatía.

�FoT. FÉLIX, DE PARÍS.-ESPECIAL PARA

"EL

MUNDO ILUSTRADO"

TRAJE nm BAILB. -llecho en piel, d_e seda &lt;azul rey&gt;, El delantet:o de la falda y toia la orilla e,táo guarnecidos con gruesos
bordado de plata y acel'o. Una 13.rgi1. Lumc1L de tul, completamente cub1et·ta de bordados de lentejuela. y perlas, cae á lo largo del traje.

TRAJE DE CALLE.-Confeccionado en velo de seda de color gris humo, obre fondo de sat6n Jiberty. La falda luce un ancho fleco,
de seda y va recogida con una pasamanería, la cual termina en un motivo bordado. Estos mismos mot ivos adornan el cuerpo y laSI
mangas.
.

��El Mundo Ilustrado
El Mundo Ilustrado

Sin Comentarios.
"Sres. Dr. Miles Mt::dical Co.,
A continuación manifiesto 1~
resultados que he recibido de sug
Medicinas, tanto del Remedio
Nuevo para el Corazón como las
Píldoras ".Miles" Contra-dolor.
Por mucho tiempo no babia
sido dueño de mí mismo, pues
me atacaron fuertes palpitaciones del Corazón, mi piel estaba
amarillenta y tenia continuo
dolor de Cabeza, no siéndome
posible dormir ni media nocher
asi es que me levantaba con una
desespe--ación y sofocación del
pecho ~ue parecia. que me iba i
ahogar, y que solo algunos mi.'1Utos me quedaban de vida.
No tenia apetito, y por con,,
siguiente me iba adelgazando de
una manera atroz, no pasando
ni tres días sin tener fuertes
torzones que á veces me hadan
guardar cama. Al comenzar i
tomar sus medicinas pesaba 1,46
lbs. Hoy peso 172, trabajo con
gusto, y puedo manejar la barra,
pico y hacha por todo el dia,
monto á caballo etc. Recomiendo el Remedio del Dr. Miles para
el Corazón y las Píldoras Contra-dolor á todos los que sufren
de estos terribles achaques. S.S.
José S. Martínez, Sabina!, Tcx.,.,
De

venta en todaa

las

Preparauoa por

Botica•

MILES MEDICAL CO.,

torta, en la lección de esperanto; deeeada verla. ¿Acaso os ha impedido
también vuestro sefior pe.dre cnmplir
el castigo?
El muchacho movió negativamente
la cabeza, y por t.oda respuesta bajó
los ojos compungido.
- ¡ Ah, comprendo-exclamó Mocbard,-&lt;&gt;s la habéis comido!. .. . ... .
¡ Ved cómo est.e pícaro se ha devorado
su castigo!
Semejante !alta merecía otro cast.igo
más ejemplar, Mochard no vaciló.
-PMa castigaros-le díjo,-fijaos
en lo que decido: en vez de torta me
traeréi!! una caja de«patedefoiegras•;
y tratad de que sean de buen tamaJ\o
. ... ei no, informaré de vuestra falta.
al jefe de 111 :misma universidad.
Di,jando al joven Paquet temblando
de espanto, nos dirigimos el comedor
donde mi huésped destapó una botella
de un ai'iejo Oport.o blanco.
-Un famoeo castigo,-me dijo, y
que os aseguro nos reconfortará perfectamente.
No oculté á 1ochard mi intensa. admiración por l!ll método
-Sin embargo-agregné,-una cosa me intriga . ... . . pero no me atrevo
. . . . serla. una indiscreción ....
-Hablad no más y llenad vuestra
copa..
-Pues bien, mi querido Mochard,
¿qué hacéis para pagar vuestro departamento si no recibí!! dinero?
El guifló alegremente un ojo y me
dijo:
-Tengo entre mis alumnos, un sujeto notabie, laborioso, asiduo, inteligente .. .. en llilA palabra, que no me
da motivos para castigarlo s100 cuatro
veces al ai'lo.... . . eso sí que el castigo que le impongo cada vez es el de
traerme cancelado el recibo del trimestre: es el hijo del propietario de la
casa .. ..
PAOl,

RI HE.

Ell&lt;11art. E. de Indiana, Eatadoa Unid-

SU FUTURO SE PUEDE
PRESABIAR.
V. puede leerlo V. mismo.
UN UBRO SIN IOUAL QUI! SI! REPARTB
QAATIS SB LO DICE Á V.
"EL PODER SECRETO" es un libro
1100 Je dice á. V. cómo puede ga.nar más
din~ro, la. ~a.nera de determina.r qué vocao16n seguu pa.ra. tener el mayor é:idto,
inftuenoia, pod6l', cómo haael'Se a.mar
cómo posesiona.rae de los secretos de to~
dos los seres humanos con quienes V. esté.
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que ahora. lo guía.u á. V, y cómo llegar á,
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rápidamente los Bulos. lnOamael~nes, gonorreas, ete. Son
facies de tomar. No prooorcionan incon.
veniencia ni publicida~. 'Son mejores que
d sándalo y la COpalba y su precio e,
rucos.ble.
Se veoden en todas las Botic.a-

EL MUNDO ILUSTRADO
t.1 el mejor periódico ae·
manario de la República

Yo no sé si tQ sabes, lectora, que para
los hombres hay una mujn oellosa, y esa
mujer es la coqueta.
La coqueta es una enamorada de si
misma, ton ucluslón de todo otro amor;
que lleva so pasión por su belleza, su
gracia ó sus cuall:la&lt;les hasta tal punto,
que necesita que los hombres todos la
acaten, la rodeen y la ensalcen; y para
logrulo, si la virtud de sus encantos no
es bastante. sabe recurrir A todos los Incentivos, A tocias las provoculones, falaz
y arteramente, con esa lndlfereoc1a con
que las fuer.zas sin alma arrollan y destrozan lo que á su paso se opone.
No te he de ne¡tar que no hay mujer
sin coq11eterla, ni lo que es más grave,
que la coqueterla es un arma qae debe
esgrimir toda mujer; pero del empleo llcl·
to de ella, al p,rolcíoso abuso, hay una
distancia enorme.
Ea esto hsblamos convenido aquel atar•
decer de un meq de J11ll0 1 en la toldllla del
vapor "Braslleflo," tres ó cuatro pasajeros, de entre los cuales uno, que no babia
emitido opinión ninguna, llmltAndose á
sonrtlr al ofr nue;tru rotundas afirmacloneq, acabó por decirnos:
-Qulzlls yo, mejor que ustedes, tenga
moti vos para saber á qué atenerme ea ese
punto.
- ¿Usteil cree?-le cootes!ó alruten.
-Estoy seguro,
-Y ¿no podrtamos conocer en qué se
basa su &amp;firmaclóo?-tosloué yo.
- Es toda una historia, qae no tengo
Inconveniente en relatar, sl l. ustedes ha
4e placerles.
\
-SI, si, b1ble asted.
Y nos dispusimos todos A escuc.bar
atentamente, pues no era aqael hombre

BDZ ANOS DE SUFRIMIENTO~
El Sr. Don Má_ximo Heredia de Mil,.
1tehuale, Mé~ico, ~ablando de 1~ mucho
1que _ha sufrido, ~foi: "Padecí de Neu1 ralgia por espao10 de diez años, y en
menos de dos meses me curé radicalme,nte c.on_ ~I uao de Jaquequina, que
tr..i - prescnb16 el Sn Don Isidro Morales Hall, dueño de la Botia W' la
Pwima. de eeta oiudad."
1

un trl-rfal, y de ello hablamos tenido mo•
tlvos para reconocerlo en la larra truesia.
-Este es el serondo viaje qae yo hago
á la Habana-empezó a.si el relato.-No
hace mAs que dos aflos que sal! de Cuba,
y sall precisamente á causa de la mu1er,
mejor dlcbo, de la olfla con quien 111e
ocurrló el lance que be prometfdo referir.
Cuando yo cooocl á Glsela era 6s ta una
dellclosa cblqullla de unos quince altos;
yo tendrla entonces treinta y oc.bo, puesto qoe ahora tenco cauenta.
Se trataba de la hija Qolca de an Intimo
a.miro mio, y por esta circanstancla y por
la enorme cllferencla de aJlos, yo no quise
ver en ella nunca otra cosa que una belllslma criatura, á la que admiraba con
ojos paternales, y acaso con ojos que no
se sacian ele cootemplu lo bello. Pero
nada mAs.
Pasando dlas, lo qae yo suponla mi
mallcla, me puso en g11ardla sobre hechos
y dlcbos de la nlfla, que lo mismo podlao
ser nacídos lle una Ingenuidad absoluta,
que de an 4eseo de insinuarse y llamar
mi atención.
Suponiendo hoy esto, m,llaoa lo otro,
Glsela empezó • preocuparme, y en mis
visitas &lt;ll■ rl•s • la casa pasó á ser para
mi, de secundarlo, á objeto principal,
No tard6 en convencerme de que yo estaba locamente enamorado de Glsela, y
de que Glsela lo sabia.
Desde este punto su conducta varió.
A los arrebatos de mi amor oponla su
Indiferencia; cuando yo queda mostrarme
Indiferente, no le faltaban recursos para
encender mi sangre ....
A mis trlsteus, á mis melaocollas, que
ella no Ignoraba qae era el origen, respondla con la mAs loca de las alegrtu,
como si extrafla A toda noción de dolor, á
toda Idea del bien y del mal, su vida se
destliase tnnta, pero sin contacto, con
lu otras v das.
Yo llamaba A Glsela panterlta y acab~
por adorarla como tal fierecllla. En la erada de su cuerpo se me antojaba ver la
del felino que tiene todas mis preferen•
das; sus dientes menados, iguales y blaoqulslmos, me lo recordaban; sus mismos
Instintos, entre los cuales no babia uno
solo piadoso, me hadan pensar en el animal sin clemeotla, en ta llodlslma bestla
que bace del dolor ajeno un placer para
si, y que atenta únicamente A los caprichos ele su fantasla de animal carnicero,
sacrifica por su goce toda vida que puede
dominar.
(P•nterlta adorable, entre cuyas zarpas
y bajo el poder de cuyos dleotes babia
caldo yo, y en tal estado, que los mismos
desgarrones de mi carne viva y las mismas mordeduras me sablao á caricias!
¡CuAn rldlculas se .me aparecen ahora
mis rebeliones 4e aquellos dlasl ¡Porque
yo Intentaba, á veces, rebelarme contra
aquella sumisión que hacia de mi una
cosa!
¿Pero acaso no son y han sido lgualme:ite rl&lt;llculas las rebeliones todas, de
todos los hombres que se hao hallado en
mi mismo caso? Mh aún: ¿qaées la existencia sino una serle continuada de ridiculeces, que no hay hombre sensato que,
en un momento de lucidez, no haya visto
desfilar su cerrada teorla al evocar la historia de su vl&lt;l&amp;1
Yo me rebelaba tan neciamente, tan vanamente, tao lnúutmente, como podJera
hacerlo el graTe que, en busca de so centro, al caer, quisiera oponerse al cumplimiento de la ley Inmutable que lo arrastra_
A mi me arrastraba, en mi calda fl.tal ,
esa otra ley, Inmutable también, que en
amor bace del que mAs ama la cosa, la
pertenencia del que ama menos.
Pero al hablar de mlls y menos amor,
¿basta qu6 punto soy exacto?
¿En qué fundo, si no es en mi vanidad,
que mi paoterlta me tuviese alguno?
Que á veces me mirase con ofos en
que yo lela amor, ¿prueba que ese amor
existiera?
Que yo viera provocadones, que se
me antojaran insinuaciones, lo que tal

vu no eran Jú.s que Instintivos Impulsos
de la carne en el primer hervor &lt;le su sangre de bestia Joven y sana, ¿es safideotl
para que yo me cooslderue deseado?
En esta duda, ea esta perplelldad, y sin
lograr ni en un solo momeoto ,allr de
ellas v1vl meses enteros, basta que un
dla, al fin, sin ruerzas ya para proseiutr
sufriendo, me amp116 en el primer buqae
que salla y hui hacia Espalla ....
-Y ahora, ya cora4o, regresa uste4 á
Caba?-le preguntó uno de los oyentes.
-No; ahora, Incurable, vuelvo á la Ha•
bana, porque entre los dos tormentos es
más dulce para mi el que me produce ser
de nuevo presa de mi delidosa panterlta,
que el muy horrible de hallarme lejos de
ella.... . .. ..... . ....... •-· •·· •···
Y el "Brasllello" continuaba su marcha,
y la noche se aduenó de la lu1, y una
honda melancolla pareció apoderarse de
nosotros ....
Vivir, amar, luchar: problemas an ella
y otro resueltos y un dla y otro Insolo•
bles, porque el hombre, como el desdichado ouradorde esta novela, b11ye; pero no
escapa de so sino, al qae una foerza ciega lo conduce,
TOMAS ORTS· RAMOS.

Habana, Octubre, 1909.

LA GENTE GORDA
SE REGOCIJA
LAS PAPADAS PrRTfNtHN YA

A LA HISTORIA

LOS NAUPRAGOS
LOS RESFRIADOS
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que son demasiado gruesos. Todo
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del cual la gente gruesa. puede volver á su est.ado normal y quitarse
la papada en unos cuantos dlas, en
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sus ml\s íntimos amigos.

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que ha.o hecho la. prueba. Una seffora. escribe Jo que sigue: «Hice la
prueba. con este tratamiento después que todos los otros me hablan
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Médico encargado del departamento de enfermedades nerviosas,

Dr. A. Ruiz Erdozain.
Administrador.

J. Lavista.

La banda de músicos, de que formaba
parte, llegó á Ch1guua111as • las tres de

la tarde. Eramos diez. Eo nuestros borro•

sos uniformes azules, &lt;leste!lldos por el
sol, s.ólo se dlstlngula, en las vueltas de
lu mangas, el ancla simbólica. Bajo el
sol, l&amp;D%aba mil chispas fulgurantes el
cobre pulido delos Instrumentos: los oboes,
el fa¡tot, los figles. La multitud se a¡tlomeraba alrededor nutstro.
N11estra banda comenzó á tocar. Tocábamos an ,-ats gangoso y lento, lánguido
y triste. La mQslc.a se arrastraba por la calle llena de sol, volaba por el aire como un
piJaro herido, rebotaba contra las piedras
como un guijarro, se quejaba dolorosamente, estropeada, escarnecida, puesta en
cruz por la barbarie de los Instrumentos ...
-Son los otofraros-dljo algaleo entre
lamulUtud.
Al ser pronunciada aquella palabra, como en todas partes, miré pasar por todas
J ■s pupilas la vlslóa de un paisaje Ilusorio. Todos pensaron en aquel momento
en el navlo, ahora sepultado bajo las olas,
en la mar prof11oda y lejana, en Jas tudes
de abordo, en los ocasos sangrientos, en
las mll rosas de oro que prende el sol entre las Jarcias, y por Qltlmo nos vieron á
nosotros mismos sobre el puente ele la em·
barcaclón, dejando caer sobre la mar so•
nora la marav111a de la música. Y escuchando nuestra música, la lmagloabao correr por la vasta pradera azul, rebotando
de ola en ola, deshojando, con sus trému•
las alas Invisibles, los jazmines de la espuma, hasta perderse en el borlzoote como ana errante gaviota.
Nuestra banda cootlooaba tocando. La
música surgta de nuestros Instrumentos
bi.rbaros, evocan4o, en todas las almas,
un paisaje marino.
Toda música evoca un paisaje.
El alma popular, herida por aquella visión, se llenaba de piedad por nosotros.
Cuando murió en el aire la Qltlma not"
del vals, me acerqu6 á la multitud, el
fagot bajo el brazo, la gorra en la mano,
en actitud suplicante. La corra se fu6
llenando de monedas. Piezas de nlquel y
de olata calan en argentina confusión,
Yo era siempre el encargado de la recolecta. Hay algo en mi que 4esplerta eo
las gentes la benevolencia. En mi reside
la slmpatla, esa cosa misteriosa. ¿De
dónde parte mi seducción? No lo sé. ¿Acaso de mi alta estatura, de mis formas armonlosas y delicadas? ¿De mi rostro fino
y'pAUdo? ¿De mi barba ensortijada y negra? O tal vez de la expresión Ingenua
ele mis ojos claros, dulces como flores?
Al acercarme A un grupo, uno me preguntó:
-¿Cómo te llamas?
-.Miguel-le dije-y me sonrel.
.MI voz es dulce como mis oJos. Entre el
timbre de 1111 voz y la lu:i: de mis pupilas,
debe h11.ber una arcana armonta. Entre la
voz y la mirada debe existir una oculta
relación. Cada vez que miro unos ojos
tranquilos como pa.scuas, me Imagino que
deben ser acompaflados por una voz 4uJce como la seda.
Nuestra banda siguió por las calles del
pueblo, dejando en cada esquine, Junto
con el estrépito de I• música bArbara, el
encanto de oue~tra exóllca vlJa vagabunda. Para Chaguaramas, aquel pueblo vestido de tristeza y de sol, en la desnudu
de la pampa, la llegada de una banda de
mú\l:os era una nota rara y pintoresca
que turbaba {l moootonla de sus horas
Iguales. Chan~uaramas es un pueblo
triste y bello. Tooos los pueblos venuo•
lanos son asl: tristes y bellos. Y, sobre
todo, raros. Son tristes al lado de la alegre naturaleza. Porque nada hay más
alegre que la oaturalrza del trópico. Sobre todo, creo que sólo en dos cosas reside el alma vivaz del trópico: en las flores
y en los pAJaros. Las flores, como los p!aros, estAn hechos de algo vivaz, alegre.
nqultto, capitoso, multiforme, elotueotel
¡Las flores y los p,Jarosl Las flores ~oo
piJaros que cantan. y los pal]aros son flores que vuelan. Las flores tienen arquitecturas complicadas y sutiles. Parece
que sus pétalos hubieran sido recorbdos
por las tlferas de oro de una hada caprl•
eh osa, y tiemblan sobre el milagro verele y
crepltaate de las hnlas como llamas de sol
faoambule..qca.!.. ¿Qué joya, sortilegio del
buril, es más fin ■ y temblorosa que el joyel de un cundeamor? ¿Qué chispa de
frag11a, qu6 gota de sangre, qué pepita
de oro brilla como el pétalo de un mastranto? ¿QJé peosamJento de virgen es
más io1tenuo que un~ clara flor d" pascua? ¡Y los paljarosl Los p~Jaros forjan
melodlas en qoe las notas se atropellan
como un r■ mmete de mú1lcas. como un
manojo de espigas, como pu nado de monedas . . .
Pero en medio de esa nataralez:a locuaz,

l

,.fn, resplandeciente, los pueblos, con

sus casas taciturnas, encierran la melan•
colla de los hombres.
Cansados de tocar de esquina en esqaloa por las calles del pueblo, nos tolmos A dormir t la posada. .Mis compafleros, cansados de la faena del dla, se
durmieron. Yo estaba solo. Serian las
octlo &lt;le la noche; en la sala de la posada,
alambrada por an1 ltmpua de petróleo,
que vertla una luz amarillenta, babia mny
pocas personas. En una mesa, sobre una
cobija uul Jugaban á los dados tres
arrieros. SOio se ola el raid,:&gt; de los haeceslllos al chocar unos con otros. J ugaban con ardor. Da cuando en cuando cllspatabao. En el otro extremo de la mesa,
un jovea, delgado, trlguel!o, de ojos muy
vivos, sacaba cuentas ó tomaba apuntes
sobre un montón de papeles. Yo los miraba en slleoclo. A lo lejos se olan ladrl•
dos de perros. En el corral pateaban las
bestias. De cuando en cuando muilan las
vacas amorosamente.
Yo pensa!la: ¡qué rara es la vlil ■ I ¿Por
qué estoy ac¡ul? ¿Adónde Iré mail101?
El Joven terminó sus apuntes y pidió
una tau de café, A la sala entró aoa muchacha, portadora de 1a taza, humeante
entre las manos, ¡Quedé deslumbrado! J t·
mis babia visto una fi¡ura de mujer mb
Ideal que aquélla, Las lineas de sas caderas y de su basto, largas y fiou, tenlao la elegancia y esbeltez de uo llrlo,
Y era en ver4a&lt;l 11n moreno Urlo de carne.
La cabeza redonda y pequefla coblerta de
una melena hecha de mil sorthas negras,
la boca roja carnosa y apretada como suJetando el ala Invisible de un beso. anheloso da volar, era una cosa viva y tragan·
te como un clavel de pllrpora. Aquella boca parecla tener un alma. La nariz pequetia y recta, delgada y palpitante, y dos
ofos negros, pero (QUé ojos I Toda una noche del trópico sensual y mlstlca, ardiente y sonora.
-¡Maria ...1-gritó una voz desde la
cocina.
La muchacha salló. Mis ojos se encontraron con los del Joven que babia pedido el cafi.
-1Qoé linda esl-me dijo.
-SI, ¡May linda(
Y nos quedamos pensativos.
A poco entraron Ala sala varios arrieros. Veolan con dos cuatro" y un tiple.
Otro trala en una mano las maracas. Pl&lt;ll"ºª agoardleote y se sentaron á tocar.
Tocaban un Joropo. De los dedos toscos
y rOsttcos surgla y se deshojaba, sobre la
finura de las c:uerJas, ta flor de la música
venezolana. Flor hecha de sangre de vejez y de sueno. MQ,lca que viene de mov
lejos; desde lamelancolla del abuelo caribe, Indolente y brutal, enamorado y cruel.
MQslca que se despreodJó como una ligdma, en las noches de luna , sobre la negra curiana fugitiva, de la cuerda solitaria de la marimba dnliente. animó como
una llama de odio la tr•gll call• del fotuto
y fué estrepitosa y guerrera en el misterio sonoro de la guarura. ¡Oh, mQ,lcal
Flor de sangre, de vejez y de sueffo. En tJ
reside, como un vino en LID cAllz, el 111111
de la patria . Por ti se expresa todo lolAnguldo , todo lo muelle, todo lo peruoso,
todo lo feroz, todo lo delicado. lo mts frágil, lo mAs secreto, lo mis ncóndlto de
una raza y de una naturat,za. Ere, el se•
pulcro Ideal que guarda las cenizas de
nuestros abuelos Cltfuntos.
La mllslca lloraba. sobre las cuerdas finas, bajo los dedos toscos.
El maraquero, rerlcando las maracas al
són triste de la mQslca cantó una copla:
Esta ma.raca que suena
tiene lengua y quiere hablar;
sólo le faltan los ojos
para ponerse t llorar.
La mQslca segula. Escuchando la mOslca venezolana surgieron en mi las voces
ancistrales, esas voces que- vienen de
más allá del tiempo y de la muerte, porque vienen de las pn fondldades de la raza. Y ti. su encanto evocador pensé eo
todo~ los paisajes de la tierra natal. Pensé en el urlbe rom•nt1co y artistas tejedor de cintas, en el olntoresco baile del
sebuctl.n. Pensé en todas hs noches d11
b•lle bajo los caneyes resooaotes _...
Termlaó el Joropo. Uno de los mllslcos
me dijo;
-Oiga, muslQ. Esto es pa usté. Y comenzaron t tocar un vals criollo. Aqne1la música la babia ofdo yo muchas veces
desmayarse, Ungulda y ardiente, como
una odalisca, sobre los brazos melaocollcos de tos chaguaramos, flotar como una
11:asa dlamantloa sobre el agua dormida
de los Jagüeyes tranquilos, Inclinar como
una brisa misteriosa los gamelotales Infinitos, brillar en las tristes pupilas del
ganado, en los rodtos, en los crepúsculo~ de la pampa solemne.
Los mú,lcos. al tia, s, fueron .
M.e sentla triste y enftrmo. Me ful •
acostar. Los Jugadores también ~e hablan
Ido. Todo cayó en el silencio. No podla

~

¿ Por qué ponerse calvos y aparecer viejos antes de tiemvo ? El descuido del ca.bello ca.usa la formación
de la caspa, y ésta es la precur~ura
de la caída del cabello y de la calvicie. Para evitar estos malos, aconse•
jamos á usted fuertemente use el

Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
Un caballero escribe:
"La gratitud mo impulsan cscrihirll's
que tengo ahora la cabeza bleu poblaJa
de pelo espeso y sedoso, pur babor
usado su maravilloso Vigor del Cabello.
Estaba casi calvo antes de usar el
Vigor del Cabello. Todavía me lo
apiico una vc1, al dia, restregándolo
bien con los &lt;lodos en las raíces del
cahe!Jo. Estoy wuv agradecido al
Vigor del Cabello del Dr. Ayer por
hauer mejorado tanto mi apariencia."

lome usted este consejo á tiempo.
Use el Vigor del cabello del Dr.
Ayer y conserve su juventud.
}to nt.anel1.,a rl rrJl,,-l11t.

Pr'f'{l •tt,tt.· ,; "'''

m édico lo q1u, OJ&gt;iHu tl,•I l'lyur úd C:a.1,,./w

del Dr. A.ye-r.

Preparado por el DR. J. C. A VER y O
Lowell, Maas., E. U, de A.
/
- - - --, l.\S i'.EUR.\LGI\\ Y J .\QU

St ALt\'1 ,, ,

4..

e'"

'

1ll'l,~J.\1" J.\Nl1MU&gt;,lT[ fO\t \ \OO ,

~URADE STEAHH~J
NADA TAN ErICAZ Y TAN
FACIL de toDW' como laa

OBLEAS DE STEARNE
,araelDOLORdeCABEZA.
UNA SOLA OBLEA alivia al
momento el mú fuerte dolol' d-,
cabeza.
No contiene Antipirina ni otl'al
drogas peligrosas. Insista aíem•
pre en que le den la de ''Steams"

que es la 6.nlca legitima.

fRrDERlCK STEARNS &amp; CIA.

•

El

DETROtT. MICN..

t. U. A.

CATARRO á la CABEZA

debe evitarse
6 puede curarse
en, pocas horas
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En
lodu

KIPSOL

�El Mundo Ilustrado

Nuevas Maravillas de Ja Cirug~a
y de la Medicina
El último aae,tésico de,cabierlo parece ser el alJestésico idral. El paciente no pierde el conocimiento; puede presenciar la amputación de 110a
pierna ó de un brazo, lo mismo que cualquier otra operación grave, sill uotir dolor alguno y mientras sostiene 11na couversaei6o con el cirujano. Tieue la gran ventaja de no producir náuseas ni otros desagradables efecto!, como sucede con el cloroformo.
Se está propagando rápidamente el uso de una sencilla receta, copiada á
contillnación, para curar las afecciones de los riñones que tantos sufrimientos c ausa.o y que tanto abn1Jdan en climas húmedos. Hela aquí:

Extracto compuesto vegetal Arvelina. . . . .. . . . . . .
Jarabe compuesto de Hipofosfitos..... . .. .•. . . . . .
Jarabe compuesto de Zarzaparrilla... . .... . .... . .

15 gramos
45 tramos
60 gramos

Estos ingredientes se compran por separado en culqaier botica 6 droguería y los mezcla uno mismo en su casa para tomar una cucharadita después de cada comida y al acostarse, sacudiendo bien la botella antes de
tomar cada dosis. El dolor de espalda y en bs coyunturas y los demás síotomas de reumatismo y de afecciones en los riñones desaparecen como por
enea.oto al poco tiempo de empezará usar rsta receta, y el enfermo se siente mejor que nunca, pues los hipofo56los y la zarzaparrilla roo tónicos ex •
cc:lentu.
dormir. J\\t lallan ,.. s sl•O•S. ,\\., µid¡J1t•ba el coruóu. LA fiebre me quemaba la
sangre.
Al dl11. slguteote no pude srgutr á mi~
compdieros. Partleroo sin mi al pueblo
vectoo. AIII me esper.ulan.
.Me queilé tolo- y enfermo. Todo ti dla
10 pasé en un delirio constante, ap,01s
Interrumpido por momentos fugaces de
luddez. Ea esos momentos recuerdo Qu11
vi mucb11.s veces á Maria entrar ea mi
cuarto con medklaas.
Una que otra vez escu, haba algunas
voces:
-¿Có·Q\o sigue el náufrago?
-;Púbrecltol
-¿Y es musió?
-¿Y el instrumento'/
-Como que no soplad. más ....
-¿Cómo se llama?
-¿Os dónde sert ,se hombre?
A 1a noche, puado el delirio de la fiebre, solitario en mi cuarto, me puse A ptn·

tejas. Soy rxtranje10 en todas paites, comenzando por m1 tierra natal. MI aavfo
es un navlo fanU~tlco hecho de la made•
ra del easurilo. Yo he naufrag1do..MI
barco se llame : la Vide.
Y como yo, ¡cuántos n.tufrago) ! E.1 todo
hombre hay uo 11•ufragol
Al dla siguiente lrla á reunirme con mis
compalleros. Comenzaba t amanecer.
Chaguaramas despertaba. Las paraula.
tas Y los azulEJos comen u bar, t cantar
en los charales florecl.!os. Las flores enviaban al azul su Incienso fnvlslble.
Cuando me ves ti oot~ que en una delas
mangas de mi blusa de marinero faltaba
el ancla simbólica.
¿Quién la habla cortado ... ?
¡Pobre niña!
A FERNÁ1'0EZ GARCÍA.

sar:

-¡Dios mio! ¿Esto es la vida?
Eo el silenclo ola todos los ruidos de la
casa. Desde •I corral vtol ■ el mugido de
las vacas. Un arriero ea una pieza vecl·
na, rooaba. Tenla el alma fina y soonra
como un cristal. Me puse ámltar el techo.
Al travé~ del techo-pen~é-la no;he debe estar muy hermosa. Debe haber mochas estrellas, Y empecé t ver las estre
Uas. Eran millones y millones de estre
llas, de todos los colores, nules, rojas ,
amarillas. Sobre todo amarillas,. como
monedas. ¡Millones y millones de mont•
dasl
Mtfi&amp;aa me voy-pen5é.-¿ Y Maria?
Maria se queda. ¡Qué linda es lt\ar1. I
Pensando en Maria me puse un ooco triste. ¿Acaso estaba enamorado? Tal vtz
De pronto sentl ruido. Algulen abr11. la
puerta. dulce, cautelosameote.
-¿QuJén es?-preguntél-Marla apareció en la puerta. Se acercó A mi cama ,
me aganó nna mano. Sus manos estaban
fr1as, las pupilas le brlllabao, estaba toda
temblorou. Preclplt1d1mente me dijo:
-¿Cómo e~Us? ¿Y• esUs bueno? ¿Se
te quitó la ñ,bre? Yo no podfa dormir.
Penuba ea ti y tenla trlsteu. Crel Que
estabas dormido y quise verte. He venid,,
descalza. ¿Cutndo te vas'/ ¿Te vas m~-

fiana?
No dijo mts. Se desprendió de mis manos y huyó. No pude retenerla. Al pase r
cerró la puerta ton un gol¡,~.
Yolvl á quedarme solo. Quedé atolondrado con aquella visión fugitiva. ~ Sonabt? ¿Deliraba? No. No era sueno ni delirio, Yo habla tenido sus in anos ea las
mlas. ¿Y 1.qaello era el amor, ó una som bra del amor, salvaje, brota l. Impetuosamente demostrado? Algo de m1 vida erran·
te y exótlca !labia penetrado rn su alma
turbindola como un perfume raro. Pero
amar .... Yo 110 paedo amar. Nunca he podido amar. El amor es en ml una cosa fu•
gttlva y ligera, como mi propia vida. Yn
siempre he tenido alas en los ples y en ti
c.oruóa. Hav hombres asl. Yo soy uno de
ellos. Hay hombres que son como la mü •
slca, qne esU.n como hechos de m1hlc.a.
que son de la misma materia misteriosa
de la inüslc1: eternamente errante, fu&amp;I
tfva y bohemia. Por esta condición de 1111
te■per■ mento habla escogido aquella profesión acorde con mi alma; la profesión de
mllslco ainbulante y n•ufr,go apócrifo.
Es una vil comedla. Pero tiene sus ven-

La Endemoniada
y,. no hay hada« en los ríos ni en los
bosques; ya las buenas hadas no viven
en las fuentes campesinas ni en los re
gatos espejeantes; ya no ealtan propicias
11.nte los vi.jeras para indicarles el cami
n~, ni velan el autño de le.a nifüts, abanicándolas con sus cabellos brunos. ni
rogalau á los g,nlilrs guerreros enamorados la miel de una t&gt;tincesa rubia, ni
se pasean de noche en albos cameros,
argentadas por la luna, pera secar las
hiPrbas venenosas . . . ..
Ya tampoco hay brujas; ya las amantes de Sal,fo no 1inden al macbo cabrio el
home?Iale del •sábado•, ni se repapilan
con vientres de sapo, cadáveres eñtjoa y
cuerpos de niño sin bautizar¡ ya no cabal
gan ea ~us escobas, caminaudo hacia el
aquelane, ni bailan desnudas al s6u dtsns can:&gt;iones: •Her, bar, diablo, díablo.
salta ai¡nf, salta all6, juega aquí, j uega
allá; d1ablo, bar, bar• ; ya Lucifer no las
1:111rca con la herida ardiente de sus uña.•
ni pinta con sn_s ojos el sapillo áureo q-u~
las alrv" de stnal; ya no se convierten en
mulos, c=rdos, gallinas y ovejas para
empononar las aguas y agostar los sem,
brados ....
No hay hadas. no hay brujas... ... La
civilización acabó, si llO con todas las
falsedades, coa muchos embustes feos
y con no pocas mtnliras consoladoras y
poéticas. Por eso, los hombres c:ivlliza
dos de Aljo1!u, al sab1&gt;rque en los aldea.
nos de su aldea habfa una bruja, una
embrujadaó una eademoniada, hiciéron se cruces y se sonrieron con incredulidad
y desdén.
La bruja. una linda brujita de quince
eños, con cabellos endrinos y b(ímtdos
(ljos negros. fné una niña como todas.
tal vez alg;o más grave; ~ero sin nada que
la convirtiese en uaa cnatura excepcional, basta que una mañana, el diabloque "stá fu rioso desde que nos re!mos
dei;us cnernos-deddióespaotar al mundo encerrando en un gracioso cuerpeci,
llo de muchacha la malitrnidad de un
tol'l)e espfritu de les tinieblas.
Bstaba confesando la chica, espiada
por el demonh•jo, y al abrir uaa. vez la

NO SERA USTED
rosa de su boca. para ez~uloar, aterrada,
un bclto pecado !ufanul, el malo fran- en6ailado. Que siempre hay ~queó de un briaco la _puerta p~rfWD,ada llerins y fraudes en abundancia,
d~ su pecho y ea él se estableció tra1do,
9s cosa qne todo el mundo saba;.
r.ameute.
l\Iinnt,,s después, la inocente oecado· pero rara vez 6 nunca se encuenra, acoo11:tida de un temblor moryaT, VO•
mitó un muñequin de lana, un ¡uguete tra que una importante casa.
estrafalario al que no faltaba detalle, comercial los cometa, sea cual
entre la est~pefacd6n de sus oarientea;
al otro día expulsó nn cacho de cera J&gt;&amp;· fuere la clase de su giro. N(}
jizo; luego unas cerillas de c-11beza verdo- ouede haber érito rermanente de
sa, pedazos de corcho a~ul, llore~ ourpú- 1lguna cla e, cuando esté basareas de ~raza nunca vista, mun~arros
in vetos{miles.. . Corrió po_r !os camJ)Os do en la mala ié 6 engallo. Loa
Ja mala oneva de tales orod1g,o~; llegó á qlle intenten los fraudes, son
Aljudn ,.bultada por el terror npersti·
3encillamente tontos y pronto
CIOSO de loe labriegos. y el caser!o ~e. la
brujita oerdi6 para siempre su soa1ego, miren el castigo que se mereconvittiéndose por obra y irracia de la cen. Sin embargo, hay muchas
cm iosidad ea sitio donde todas 1811 ex•
personas 9-ue temen . comprar
cursionea terminaban.
El médico, burlón é iucré~ulo ;las cn~- c.iertos articulos anunciados por
sas señoras de la aribtocracta pueblenna, medroalll! y rezaadoras; los cntaa al- temor de ser embancados y endeanos, se.m!&gt;radores iucaasables de má.• gallados ; especíru.rnente se resisxinus cribtianísimes, bravos bebedores
y cazadores incorregibles: los aspirantes ten á dar confianza á las manifesy letrados ingeniosillos y valeroE0S , . , taciones que se publican sobre
toda la ite~te de la región acudía 1&gt;ara tos m~ritos de ciertas medicinas.
examinará la niiia prodigio. Y mientras
el médlco disertaba, aaca.ado á colación El eficaz l'emedio denominado fa.
PU~ míseras lecturas. y recitaban las ~U·
íeres á media toz oraciones que santifi- PREPARACION de WAMPOLE
có el milagro, los curas &amp;o&amp;tenfen que, es un artículo que se puede comtratándose de males diabólicos ninguna
droga ¡:,odfa comoetir con el rezo, y los prar con tanta seguridad y ga.raneah1diaates bubcaban á Satanás en el Ua como la luu-ina, artefactos de
tronco retorcido de la parra, en loa altos
mechinalts obscuros,,en la pocilga de seda 6 algodón, siempl'e que proinfernal aliento, eu el gallinno intran- cedan de una fábrica con reconoquilo y rumoroso.
oida reputación. No nos convenLas vi•j,scaserss oroponfao r~medfoS
lo falibles para curará la niña. Une do· dría exagerar de manera alguna
ble cruz t!D el oientre, pintada con hollín sus buenas cualidades 6 reprey aluugrE'; dos pl~garlas junto al perol sentarla como con las que no ledonde hervir!an tres cabellos de niño,
uaa cab~za de liebre y tres ojos de gato, correspondan; pero tampoco ney de sábito, hecho ya el col'juro, sonaria cesitarnos de tal ardid. .Es tan
ua tremendo estallido, y Lucifer, rtbudiando co.mo ua jabato, saldría de la caEa sabrosa como la miel y contiene
en no espeso y hediondo nubarrón.
todos los principios nutritivos y
Reíaose los st iiores de las buenas mu- clll'ativos del Aceite de Hígad&lt;r
jeres y bromeaban ll co•ta d~l diablo;
pero cuando el crepúsculo deba en el de Bacalao Puro, combinados cou.
Poniente su prlmrra pincelada roja, y la Jarabe de Hipofos6tos Compuessombra de los ála.mos empuaba li esti• to, Ex:tractos d9 Malta y Cerezo
rarse y el azul del cielo á palidecer, y
llenaba los campos la divina sinfonía de Silvestre, y cuan valiosa debe ser
las alas, los élitros y las bojas, tornában- tal combinación de estos imporse graves. Y al llegar la noche con su
cortejo de rumc&gt;res misteriosos, todos tan tes react ivos medicinales, es
acuciaban á sus cabslgaduras, sacudidos cosa patente Ct todo el mundo.
por un temor iafantil, y los hacían tem• Es de inapreciable valo1· en casos
blar las candelas vivas de un buho, la
cola oscilante de un perro fugitivo, el de Anemia, Insomnio, Mala. Dicroar melancólico de una rana, ó d so- gestión, Afecciones de la Sangre
lloro clarfu de un gallo vigilante.
y los Pulmones. " El Dr. FernanEstas visitas no mejo.aban á la enfer•
ma, que acentuaba su mobfa amargo y do López, de !'Íéxico, dice: Tengo
que tenía cada vez más dolor y más mie- el gusto de decirles, que considedo en sus ojos iotenogadores: pero em·
barneclan con el jugo de la caridad el ro la Prepamri6n de Wampole de
caudal~j'I de sus tíos. Algunas vtces la mucha utilidad, para re taurar
eademoniada quer!a hablar : oero uoa el organismo pd'r su fácil asimila.
mano piAdosa oprim{a sus labios, y nna
mirada firme abatía su müade, y enton· ción." De venta en las Botfoa.s.
ces retorctasc en frené: icas coovulsiones,
y Kritaba basta earouqoecer, y lloraba
ba&amp;ta rendirse.
-Es el Malo-exclamaba el tio.
Otras vetes, los curiosos oían desde la
oue, ta tremendos Rlarirlos :
-jNo, eso no! !No btberé! ¡Nomemata,éis!
Preguntaban, angustiados, secas las
fauces y oprimido el corazón, y la casera, en un toaillo iudeñai ble, afirmaba:
• La está curando•, y poco desoul:s ald.bue uua cortina, y el t!o, indiferente, re•
forzaba lo dicho por 5 U mujer.
-No bay quien la cure.
Y así pa~aron las semanas y pasaron
los meses. Y la burguesfa íné substituida por los pelantrines y los braceros, con
harta satisfacción de los amos del cortijo, que no vefan e:r:tinguirs!!el chorro de
la caridad. Iba la enferma apag.f.adose
poco á poto, Ya no se rebelaba, ya no
destaba hablar .... Y un día, apiadóse
Lucifer, y la endemoniada, su victima,
murió.
Era un despojo lamentable de criatura; una armezón de huesos que.bradlzos
aoeoas recubierta por loa mtísculos secos
y la piel cuarteada. Habrfa sido UH ho- LECHE MALTEADA DE HORLICK
Siendo la Leche Malteada de HorUck
rrible demostración de lo que l)Uede la
furia 111feraal, si nada hubiera declarado sumamente nutr!Uva y al mismo tt•moo
al!'radable
al paladar, perfecta.mente sae\ mediquín que hizo la autopsia. Pero lubre :v de fácll
asimilación, constituye un
el mediquJu habló; y según el mediqu.fn,
reparado excelente para usar durante
el demonio que babia asesinado, la mu- as convalecencias de la fiebre ti!oldea,
cllacba era un demonio popular, porque pulmonía, anemia y demás euterm&amp;aades
hace sigloa que instaló so infierno eo la debillt&amp;.ntes aue reau1eren, en el periodo
de la convalecencia. noa dieta 1'1nrosa.
tierra.
saua y nutritiva.. Se e;q¡eude en oolvo y
Ese demonio se llamaba y se llama en tabletas, con ó sin chocolate, en las boticas :v d-ro¡ruerias,
Hambre.

r.

Aae11a Geamla: YINCENTY HNOS. A,wa

d.n 1236. láia, D. f .

\3

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1910, Año 17, Tomo 2, No 12, Julio 17</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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