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                  <text>l!;l Mundo Ilustrado

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_ E_L_A_ REPUBLICA

..

último odmero el aotUsls de algunas car.
tas picantes, cambiadas dez838 • r843, entre la trtgtca y el ya fecqndo 6 Ilustre escritor. AleJao.iro Dumts habla emprendido
el asedio de una. plaza que, t la dista.ocia
en que estamos, no parecla ni muy fuerte
ni muy dificil de votar. ¿No empleó bueoa
estrategia? ¿Sus a.saltos fueron Imprudentes, temerarios ó estuvieron mal conducidos? Conocido es et resultado: sufra·
caso fué notorio.
No conocemos ese archivo eptstolarsloo
por medio de breves exuactoJ;; pero éstos
bastan para conocer el asunto, y como es
para honra de todos los que en él Intervinieron, se puede hablar sin retlcenctas.
El autor y la utlsta. cooocfaose desde la
primera representación de " Mademofselle
de B:Ue 1,le;" pero sólo hasta 1843, después de haberse encontrado ea Ma,sella,
durante un almuerzo, fué cuando empezo
• manifestarse 11. crls1s amorosa &lt;le Du•
mu; Jos Invitados eran, a.demás de nuestros dos protagonistas, el poeta M éry y
el conde WaloW•kl que, ya &lt;lesde entooces, daba principio con la trAglca t nnas
relaciones sól1oas y &lt;lura&lt;leras. ¿Ignoraba
esto OJmhl ¿HtioseAslmismo la apuesta de salir v1ctunoso en semejante torneo?
o4 todas suertes escriblo al ·'objeto ama&lt;1o" ua, &lt;le esas cartas apa,.Jonaaas como
las que tanto dl~emloó lln sus novelas:
"Todo aca.bó para mi t1es&lt;1e el di• ea,
que os conOCI y os h ..111~. N~ teola yu
ningún derecbu, 01 abr1g•ba e.pera.oza al·
gua a, y, sin e111bargo, desde aquel dla
t1stá1s oc111t1. ea u.a nuconclllo de mi coraión. " Tudos 10s enamorados hao escrito
al&amp;o sellleJante a la &lt;lama &lt;le sus peasam1totos. Sm embargo, Dumás se engafto
al creerse esttmulaJO, :ita por una tras ...,
sea por un gesto, a intentar que aqutl
"rioconc1ll0" &lt;1esapareaera. •:1crtameotc
que el fuego estaoa .ientro de la fortaleza ;
pero no ■ rJ.la pur él¡ a:,I es que rec11110 ••
peqiuna &lt;111ch~ s1g111eote: ··Pur sa111&lt;10 m.i
10 tenla c¡ue con lo~ tontos hay que meou
tas palabras; pero Ignoraba que h1101c:,e
bombre1 &lt;le talento cun los cuales luarau
necesa.ttas esas precauc1oaes," Resmuu
D.imas el go1pe y replico: " P11eoto qu11
usted asl lo quiere, absolutamente que&lt;1e·
monos ea &lt;lunde estamos; pero siempre
serA una parte del c&amp;mluo emprendido
pua lo venu1e,o."
El amartelado ama.ate pretendla encubrir su humtllaclón con una audaz esperan•
za; 1.a mujer asl lo comprendió, por Lo que
Je devolvió su billetito, diciéndole: "Ca ando una mujdr se resuelve a no invocar el
auxilio de na.die, no tiene otro medio de
repeler una oleosa, y :,1 me De engañadu
re.;pdcto a. vuootra mtenc1on, :,l_lna.ivertJ·
dameute ba. &lt;1eja&lt;10 ustell caer e•as dos 11·
neas eome&lt;110 &lt;le vuesuas lnn1tmer1.l1le•
ocupaerones, creo que le sera grato recug,srta.s."

La calda hté chistosa. DJmis qulzas oo
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se: "Prefiero ser yo mismo quleu lenotmc
A usted su victoria" ("¿qu1éu ea tal tom·
bata p,;ede ser wformaúo mas aprisa que
el vence&lt;lo,1"); .. &lt;le e.te mooo ao tenu,11.
ustea &lt;1ere;ho a guarJarm.i reacur por w1
derrota." Como n,jo
conquistador,
WoJew~kl conte~tó: ··M1 quen&lt;10 D11mt.:
ta. confeotón que usted nace &lt;le su aerrota
me c1eira la boca. . . .. Confia.ao en lo lntx·
pu11:aabte de la plaza, ne as1stl&lt;10 con arma al brazo A uo asedio e.o to&lt;la regla . . ..
A;t, pues, sw rencor, soy todo vuestro,
ate .. .. Lyóo, 26 de Julio de 1843."

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En vista de este resultado práctico, no tengo inconveniente en
i!! recomendar á las personas debilitadas por las alecciones catarrales,
• su especifico; autorizando á ustedes para que haga.o uso del _presente testimonio, en la forma. que crean conveniente.
De ustedes atto. y a.fmo. servidor.
PltóSPERO C.ilIUANTZI.

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Recuperó la Sal ud
Sr. Tlmant e Flores, M-ázqulz,
c oa.huila, Mé:r.lco, escribe como sigue:
cPadecl de cat&amp;rro crónico por
cinco meses, y no me podla curar,
cLei su libro &lt;Las Eofermeda.des
de la Vida&gt;, que recomienda la. Perun&amp; pa.ra dicha enfermedad, é inmediatamente empecé á. tom&amp;rla
de acuerdo con las instrucoiooes
del libro.
&lt;Ya be recuperado mi salud.
Antes de toma.ria me encontraba
sin fuer.Las. A.hora tengo suftcieut es.
&lt;En la a.ctuallda.d se encuentra
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resultados obtenidos de &lt;La. Peruna&gt; entre varios enfermos de cata.
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respiratorias han sido notables,
Algunos se expresan del remedio
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por a11uf la mejor recomendación
que puede tener un medlcamento
que empieza. á dar sus pruebas.
De ustedes afmo. y a.tt o. S. S.

J . M.

B ARB A ,

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Adondequiera que se ba. usado la
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El gobernador de 'l laxcala. ha.
hecho exactamente ,lo que los fabricantes de la
La Peruna
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Experimenta
casos. Discutir
teóricamente sobre la!I propiedades de la Peruna
sin haberla experimen~do, es enteramente LnJusto. El gobernador
de Tlaxcala ha h ech o lo que es lógico. Experimentó debida.mente la
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tué tal, que se dispuso a autorJzuoos á que publicáramos su testimonio en fa.vor de la Peruna.
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MANUEL 8. PALAOIOS

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da eran un símbolo; los vandeanos astutos y t er•
cos; toda una epopeya, vaga y nebulosa. ..• •
Bretaiia atrae por su poesia y por su tristeza.
Ambas nos penetran al evocarla. D,jéras.e que es
algo irreal, un país de ensueño, una creación de
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misterio: es un poema de fe, de silencio y de
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que ofrece la Exposición
Ramos MarUnez, abierta en
la Escnela de Bellas Artes,
es, sia. dttda, el de las impresiones recogidas en Bretaña
por el pintor mexicano.
¿Qiiién no ha pensado alguna vez en la melan•
eolia de las eolias de las mnjeres bretonas¡ en
los lentos atardeceres de los villorrios obscuros
y arcaicos, entristecidos por la queja melódica
del ángelus que desciende de la torre de alguna
• vieja iglesia ruinosa, y animados por la algarabía
de los pescadores de barbas hirsutas en las tabernas escondidas en rincones de lóbregas callejaela11?
La tristeza severa del paisaje de Bretaña se ha
hecho en el mundo famosa como la melancolía
de Brujas, como el entusiasmo ruidoso de P•ds,
como la elegancia de Viena. . . . Todos la hemos
sentido á través de machos libros. A la evocación llena de color de las páginas de Flaubert y
de G11y de Maupassant, Bretaña aparece á nuestros ojos con el enea.oto sombrío de una prillliti•
va región. Las m11jeres de blancas co6as pasau;
pasan los -pescadores de barbas hirsutas; los le•
gendarios curas de luengas sotanas¡ y, en el fon•
do, en un fondo de palidez espectral, nos snbytt•
ga la visión de añoso• caseríos, de solitarias plazuelas, en las cuales, á la Doche, el ladrido de los
puros vibra estridente; de rocallosas costas en
que el mar se estrella bravío, irisando al sol el
vellón de SllS espumas. Y todo lo satura una in·
li.llita tristeza, u.na t risteza desesperada y sorda,
algo as.í como la tristeza de un inmenso sepulcro,
del sepulcro donde yace una raza antaño fuerte
'f terrible, y ahora petrificada, eDcerrada dentro
de sí misDla, verdadero anacronismo en los achiales tiempos.
P ensa11.do en Bretaña, pensamos también, sin
quererlo, en un pasado remoto y envuelto en
bramas. Entramos en los dom.inios de la leyend;,,
Personajes y s11cesos atropéllanse r:n nuestra imatinaci6u: son los conquistadores feroces é invencibles; los ca_balleros de los viejos castillos,

En la obra de AUredo R;iimos M.artlnez: está
sentida honda y sinceramente esta impresión de
Bretaña.
Es la misma imaginada Bretaña legendaria la
que en sus cuadros encontramos; la ,Bretaña sn•
mida en un sueño de sitios, hosc.i, tn~te y noblemente severa. Se ad vierte que en el ánimo del
pintor ejerció poderosa in8ue11c1a la contempla•
ción detentes y costa.mbres de aqnella región¡
que aqa.el tan característico ambiente hubo de
absorberle, moviendo su. mano á truar, más qne
cuadros-algunos de los cuales son muy hermo·
sos, -apuntes hechos bajo el dominio de la primera impresión, rauda y volande1 ■, carbones
qnerebosande vida, y que c:onstitnyen por sí solos, como he clicbo antes, una de tas fases más
genninas de sn obra.
A veinticinco montan los dibujos expuestos, y
todos ellos están ejec11tados con pulso firme de
convencido, En una atmó~fera de vagnedad, surgen los tipos mb singulares, las escenas más típicas, los rincones más impregnados del alma de
'Bretaña, Y no podría relataros el motivo de ca•
da uno de ellos. Hay qne _verlos para gnstarlos,
para sentirlos. Son viejas casas, pescadores viejos, viejas mujeres y mozas de cofia blanca .. . .
La blmc:w:a de las eolias destácase de la entonación sombría, y hay, en las mujeres que las llevau, una sorprendente viveza.
Cuando se pasa á examinar los cuadros, compréndese qne tales dibnjos forman parle de la
obca íntima del artista, de las curiosidades fami·
liares q11e casi un.nea se exhiben eo salones, sino
que se maest.rao, discretas, en un ángnlo del taller 6 en un álbum. Y en esto reside precisa·
mente, i, mi ver, su. mérito y su .:ncanto; en qae
son lo má9 personal, lo que se hace más para sa·
tishcción y goce propios, qne para ajeno de•
leite.
La Bretaña de los cuadros es más refinada, me·
nos espontáneamente sentida; pero también muy
bella. Co.11 el color adqaiere qaizámás.precisi6o,
mayor j usteza; pero pierde, eu. cierto modo, esa
vaguedad extrema de los carbones. Entre los
óleos, nn a ma.r ioa de fnerte entonación: Ploamanac11, y algunos estudios sobriamente hechos, como Víejas casas, La capilla y Arrecifes: entre los
pasteles un Crepúsculo, y entre las acuarelas un
retrato: Mi criada, dan una imp.r esión distinta
de Bretañ a, que completa Ja fuerte y decisiva
recibida por los dibujos.
CARLOS GoNZÁLEZ

P.l!RA.

~

Rostand ó la Felicidad
Monsieur Edmond Roatand, el célebre autor
de Cyrano, el Benjamín de la Academia Francesa.,
es, indudablemente, un hombre feliz. Sus mnchls
docena.a de admirables uunisas son las camlaas del
.hombre feliz. Tiene millones. Tiene una linda mu•
jer que le comprende dos veces y qne se llama l{osamunda. Ya á hacersenna casita de soñar y goi:ar
en Oambo, lugar meridional y florido Cada paso
que ha dado ha !!ido un triunfo. Paría y la.a parisienses se ban enam1&gt;rado del rey Rostand. 8u en,1

trada al palacio Ma:i;11.rin ha sido un acónt.ecimiento nacional. Si viene una exnperatriz, él es quien
la saluda en verso. Los rep6riers publican sus menores gestos y comentan sus menores deseos. En el
mu.seo Gre,·in tiene su estatua de cera. La foto·
gralia le ha pulverizado en tod11s las posturas. En
las ilustraciones ee le rn kodake11do en el carn·
po, ilustremente, al la.do tle su esposa, como antes
á Daadet con la ~uya. E l día de eu recepción de
lomortal, 8aT11h llevaba. 1el t·ompás de las frasee y
Coquclin lt: bet:ó. Es un p(l('tll. Y ü~ne lo que ea
para un poeta más que purll nadie inctispeneable:
tiene millones. Gust&amp;, naturulmente, de li. elegan·
cía y del lujo, y en i,llos vi\'e. Era enf-,rmizo; hoy
tiene hasta salud. Cada wv. quo escribe W1 verso
se gana. un luis, si no más:

e, &lt;Dllt /1s c11d1ts d, G11scogn1
d, Carbm dt C11s#1l- /aloux,
bu¡,,urs d m,ntmrs sons vergogn,:

e, sonl les cadlls d, Gauorne.....

Diez luises Pº" 10 menos. l'Aiglo1J, laSamarilaine,
la mar deluist&gt;B. Escribe cuanduquiere, como quiere, en donde c¡uiei e. u pegaeo Ii'-'3e una excelente
caballeriza, y como cierto caballo de cierta novela de
Hemy de .Hegnier, chace• monedas de oro. , iendo
su fama parisienEe, es mundial. Ha tenido el ho•
nor de que un poeta cbicagoens~ quiera disputarle
sus hsllazgvs. Don Q.uijote ll' h a tendido la mano
á través de los Pirineos. M . de \'ogtie le dice sin
ironía: cEn peces días llt&gt;gá_is á ser rey en la
escena. empeTI1dor1 mesías, poeta nseional y luego
poeta. universab. N iugun.a. exageración le sienta
mal. Sa gloria es gascona. Tiene la suerte de hablsr en una Lengua ique todo el mundo entiende.
us piezas son11;•presentadas y aplaudidas en todos
los teatros de la tierra. El poeta }!endes escribe
de la FtaDcia: •La patria d Corneille, Uugo y
Rostand,. Su mnj&amp;, que puede hacer tan bellos
versos como él, se dedica á admirarle y !i quererle,
Y á hacerle una mlllla: una eFposa y una amante
incomparable. A los treinta y cuatro años ea el
Napoleón de la rima, el César 1Le las tablas. La
muchedumbre no Je disctlte. La noble;-.a le sonríe
la sabiduría le aplaude. El, senci,llamente, habla;
"lle encontrado la felicidad en ('ambo. .-\llf paseo, respiro, sueño. Voy á hacerme construir una
casa en un sitio incomparable. 'l'engo flores, tengo
montafias, tengo el agua del gentil Nive, tengo la
compañía de megnfficos vaecoe. 'ne ahf mi vida.
¿Para qué recargada de cuidados superfluos? ¿Y
por qué he de trab11jar §. la fuerza? ¿Qué ea esa
obligación de trabajo que se quiere '.imponer á todo el mundo? i no tengo ganas de trabajar, ¿por
qué he de trabajar?" Hombre feliz, Rostand, el
.rey R-0etand, el que hace nacer á eu Cy,11110 en una
cuna de oro y á su ,AguiJucho en un nido de marfil. Y luego élmit-mo ee da á entender pescador de
luna en Lunel, ~i:ador de euei'ios eu Cambo, neaparador de dicha en todas partes. iVeft,ar•J Hostand 6 la F~licidad.
Todo no t?Stá, en la lógica de la existencia, muy
11uesto en razón. Es un caso excepcional. .. . Y, en
realidad de rnrdad, ¿para quién debía vaciar su
cornucopia la riqueza sino para el artista que tan
bello uso sabe hacer de ella Y Hay en el in11Jenso
vulgo la cre~ncia de que, al contrario, al artista
le_ es necesana la penuTia, la miseria. Hay absurdos
bimanosq ue saben y repiten que Cervantes no cenó
cuand? concluyó el Q!fifote; que Homoro fuá un
wend1go; que muchos grandes poetas vivieron y
murieron en el sufrimiento y en la esca. ez. A titulo de poeta me decía una vez un amable hotentote : "Dios quiera que nunl'a le s onrla á asted la
fortuna y pensaba hacerme un cumplimiento.
Cumplimiento que se haría al pato y al ganso, cuyas patas se clavan para engordarlesel hígado que
ha de ser f!Dté-d,-foi,-.gras, ó al pl\jaro armonioso
cuyos ojos se sacan para que su canto sea mejor,
según 88 asegura. No. El ruiseñor canta mejor
bien mantenido Y en jaula de oro. El penEamiento
nace mejor 3in cuidauos, sin los miserables cuidados de ln vida cotiuiana, Horacío cantaba hermosamente en su quinta, colmado de los oros del Cé-

CHURUBUSCO

sa. Lamartine nunca tuvo más melodía que cuando fué prlncipe de riqueza; la lfrica ancianidad
de Hago fu~ fecunda y frondosa al calor de los
millones. ¿Qué no hubieran hecho Latorgue con
fortuna, Verlaine poderoso, Mallarmé con rentas
copiosas? La gloria de D ' Annnnzío es paotolizada. Y el talento innegable de Rostand no se alza.
rfa tanto si, como se sabe mu) bien, no hubiese
sido sostenido por la omnipotencia de los cheques. Sus dramas han sido Lanzados como co.
cotas. ¿Cuántos talentos como el de Rostand
habrlin desaparecido ignorados en Francia por no
tener la llm·e que abre todas las puertas en nuea•
t ro tiempo de negocios? Claro es que lo que Dios
no da, ni Salamanca ni el Banco de Francia lo
prestan.
La mediocridad, le ineptitud, no serán nunca
más que ineptitud y med'ocridad, á pesar de cuantas- maneras de briller ofrezca el dinero. Lo ptimero es ser pescador de luna; si se pesca desde un
puente de plata, la dicha es mayor. Nadie como el
artista sabe valorar y amar los bellos espectáculos
los exqufaitos interiores, el mármol, la seda, ei
oro, el lujo, en cuyo medio las almas comunes no
saben qué hacer, entre el gozo irrazonado y el fastidio .....
¿Els injusta la Fuerte &lt;lon M. Rostand? De ningn.na m anera. El mérito d el portali ra es eviden•
te. Solamente que lo que ea un grato jardín como
el "Vergor de Coquelii:," se confunde bajo el iw-

'

ESPERA.NOO A I.A. COMITIVA.

OESFII.E D E MANIFESTANTES

perio de l a rJ&amp;lam, cou u.n monte ollmpico. Se ha
llegado á pron.n.nciar la pala bu genio. ¡No, por
Dios! Talento. Se ha dicho: '·.El verbo dela Francia." ¡No, por Diosl E l \'erbo de la Franciasellame
Rabelais, Pascal, V...ltaire, Rugo. Mon!!ienr Rostand, que sucede á M. de Barnieren sn sillón de la
Academia Francesa, es un poeta superior á M. de
Barnier._ Es un poeta elegante, delicado, bravo, so•
o.oro, ág1l,excelente rimador: y como teatral, como
poeta de la escena, de priraor orden. Nada más.
¡Y esmnchoesol No se burle de élla imbecilidad.
No hay muchos como él. Pero hay otros que son
más que él, y que no logran sus victorias por ml\s
que los lanzan los arregladores d e fama y porque
no hablan á la m uchedumbre en el iclioma de la
muchedumbre. Axel no logra lo c¡ue Oyrano, y
ent.re Rostand y Villier ae l'I~le Adam hay su
distancia.
'
En toélo esto hay algo de consolador. Y es el
~echo de qn.e. por más que se diga, un poeta ha
sido el ídolo de París en momentos en que tan sol~mente logran laureles y premios loa automovil1stus Y los reyes de la bicicleta. Loopint,-lh•-loop
sf; pero también el ideal, la poes!a. El clown d;
Banvtlle hizo también una especie de loopi.ng-t!uloop! Y entonces fué cuando dió aquel r,alto que
le hizo romper el plafón azul del cielo y desaparecer en lo infinito. Rosta.nd ó la Felicidad .... Sin.
embargo, he ahi que el unánime triunfo se ve tur-

bado por agrias protestas. Ya es un critico que,
entrando en comparaciones, encuentra en cualidades diferentes al autor de ,Aiglon inferior A
Ban_vi~e, á M.endés, á Ponchon. Ya e; un fogoso
mer1d1onal 1 del puro riñón del Mediodía-ne, hay
peor cuña que la del propio palo - Jean Carrére
que es, con el victorioso, terrible y flagelante. Y
señala esa victoria resonante como exteriorización
de ~n mal francés que trae decadencia y mengu a
nacionales: el histrionismo. Diríase que ha lefdo
á ~- Groussac en ciertas págmas de antaño. ,¡ Ahl
¡M1r11d nuestra. historia desde hace un cuarto de
siglo 1 ¡Mirad nuestra vida en estos últimos años!
¿Qué amamos? ¿Qué celebramos? ¿Qué contemplamos? El teatro, los actores, los autore¡, dramát icos . ¿Qué acontecimientos nos conmueven en
nuestra vida interior? ¡Acontecimíantos de teatrol Cuando se quemó la ,Comedia Francesa, los
diarios, al unisono, hablaban de un des~stre
nacional; parecia que la Francia habla concluido
su misión.
ltostand defiende las tablas, la teatralidad, la vida de las máscaras. No hay sino leer en discurso
de entrada á la Academia, Que aproveche de su
,,ida, bella comedia; mientras, como para todo el
mundo, Uega la mano invisible gne baja el telón.
.ltUBENDARIO.

OFRENDAS FI.ORA.I.ES A 1.0S HEROES

Esceue.s de la mtnltestaclóo. etectuada el 20 del actual en Cburnbusco eu bonor de los beroe5
.
q a.e sucumbieron
a.nte el e¡érc,tto americano en 1847

~

�~a,S tellaua
SALMO DEL FUEGO
Noche muy negra. Un paso: ll\ cañada
defendida por ásperos pretiles.
Abajo, la planada¡
arriba, envuelto entre la sombra helada,
el enorme talud de los cantiles.
NI follaje, ni abrigo que proteja
al viajero perdído en la negrura;
que hace cientos de años, tal vez miles,
bajaron, irruyendo la llanura,
los árboles cerriles.
NI un hueco entre las rocas que no yerme
el frío boreal, y hay u□ reposo
en las cosas, tan lóbrego y medroso,
que hasta el silencio duerme.
Y á medida que avanza
la noche y crece el frio,
más se hunde la mirada en el vacío
de una entenebrecida lontananza.
Nunca, como ateridos y agobiados,
en la noche cerrada inmensamente,
sin un solo eco que á la voz responda
y en medio de los páramos, se siente
desolación tan honda.
A través de la rígida maleza
se encoge el corazón; se hunde la frente
y se ahogad espíritu doliente,
náufrago entre la noche y la tristeza.
Mas, cuando ya cansado
continúa el viajero
remontando el sendero
tan doJorosamente prolongado,
ciego, desesperado,
por la montaña dura
y sólo abandonándose al instinto
de la cabalgadura;
cuando la carne punzan y desgarran
cactus y espinos por la escarcha tiesos
y la helada brutal sus estiletes
sibilante y sutil hinca en los huesos;
si entonce aparece de improviso
allá, sobre la negra cordillera,
el rojo pincelazo de una hoguera,
cuya luz junta, como ardiente broche,
el velo del abismo al de la noche, ....
¡oh, qué explosión de calma
tan misericordiosa 1
¡Cómo el anhelo en esa luz reposa,
y qué inmensa alegria para el alma!
El camino aún es largo,
y la luz, aún incierta, resplandece¡
pero se ensancha el ánimo y parece
que la sombra sacude su letargo.
La distancia decrece,
y aunque la cuesta broaca y empinada
está resbaladiza por la helada,
el recio casco en el peñón se aferra;
cuando surge la roja llamarada
en un brusco repliegue de la sierra.
Ya en la cuenca del monte
por la piadosa hoguera calentada,

se columbra el albergue rocalloso
donde ha encontrado el montañés reposo,
como si fuese el amo de la tierra.
Se destacan al pie de los cantiles,
do crepitan, ardiendo, los tizones,
de piedras y troncones
los trémulos perfiles,
y en las venas se siente
la sangre circular á borbotones,
aceleradamente.
Un paso más . La inmensa lontananza
tuvo l!mite al fin, IY Dios es bueno!
Ha entrado ya el espíritu en el pleno
triunfo de la esperanza.
El fatigado esplrltu se alivia,
y un sopor de los miembros se apodera.
¡Qué caricia tan tibia
la de esa alegre y coruscante hoguera!
¿Qué descanso, qué sueño
más dulce y regalado
que el de ese montañés que duerme al lado,
la cabeza rendida sobre un leño
y el pabellón del cielo por techado? . .. .
En él y cerca de él, ¡oh, caminante!
sin que ahora sospeches tu campaña,
tienes, para tus penas, un amigo,
en ese fuego salvador abrigo
y un inmenso palacio: la montaña.
A descansar. 1Qué blando
es el lecho de tierra endurecída;
qué abandono tan grato de la vida,
qué desprecio del no durable mando/
Calma, silencio. En derredor, penumbra.
Fuera del cerco que la llama alumbra
y que el calor defiende,
el frío, un trio cortador que hiende
la corteza durísima del roble
reseco ya, pero en la cumbre innoble.
Y en tanto que se extiende
por la c1llada bóveda del cielo
adamantino velo,
y vibra sobre aquellas
soledades que inunda
azul, azul diafanidad profunda,
el divino temblor de las estrellas,
parece que del fondo
de todas las tinieblas y las simas
se eleva hasta las cumbres misteriosas,
donde llamea ígnipotentemente
la eterna zarza ardiente,
el gran clamor del alma de las cosas.

Pasa la no,he. Ya la madrugada
fortalecido encuentra al caminante,
que á emprender se apercibe la jornada
por llanuras y montes, siempre errante,
Mas, al dejar el cálido rescoldo,
el sol, glorioso y santo,
desde su augusta excelsitud le envuelve
en su llama inmortal, como en un manto;
y desde el más profundo
abismo del dolor y la congoja,
el hombre se sublima, á Dios alaba

y exúltase en un canto, como arroja
su onda el torrente ó el volcán su lava:
«Señor, divino Fuego:

tú eres misericordia, yo soy ruego.
e De inextinguible luz eterno faro,
yo soy desolación: tú eres amparo.

«Porque en la sombra del misterio brillas,
la creación te canta de rodillas.
e Porque á la urente llama
diste poder de confortar al hombre,
mi corazón te ama
y beso hasta las letras de tu nombre.

cPorque en la soledad prestas abrigo,
y calor, y consuelo, te bendigo;

y porque hiciste el sol de fuego y oro,
¡oh, Señorl yo te adoro.
cYo te adoro, Señor. Débil y triste
soy; pero no si tu poder me asiste.
cPara luchar con épico ardimiento,
hay que fortalecer en tu alabanza
lo mismo el corazón que el pensamiento.
1No se llega á las cimas sin aliento
ni á ti sin esperanza!&gt;
MANUEL JOSÉ OTHÓN.

~

LOS POBRES DE DIOS
Por fos cllDÚllos florecidos
Va la caravana de los desvalidos,
Ciegos,leprosos y tullidos.
No tienen albergne en la noche fría,
No tienen yantar en la luz del día:
PoT eso son hijos de Santa María.
El poi vo quema sus llagas rojas,
Sus oraciones son cougojas:
Van entre el polvo como las hojas.
Van pol' caminos de sementeras,
Caminos verdes entre eras,
En donde cantan las vaqueras:
Como chove mindiño,
Como miudiño chove,
Pel' a banda de Lamo,
Pel'a banda de Lestrove,
!!AMON

DEL V ALLE•INCLAN.

llfEIIBROS OE &amp;.A OO&amp;.ONtA AUSTRO•HUNQMfA QUE ASISTIERON A&amp;. BANQUETE OAOO EN Sl,N ANQE&amp;. INN PARA CE&amp;.EBRAR
E&amp;. OCTOQESJMO ANIVERSARIO DEL. NATALICIO OE S. M, FRANCISCO o/OSE

Viaje al Ixtaxihuntl,
(MUJER BLANCA)
Tres cuartos de hora han transcurrido d~de la
llegada del ferrocarril Interocdnico á Amecameea, cuando mi compañero y yo, montados en flacas cabalgaduras, salimos de dicha población camino de la sierra.
A la vanguardia de la expedición, el mozo en·
cargado de cuidar las bestias arrea una mala
peudamente, cargada con nuestros equipajes¡
cierran la marcha los dos guias: un viejo cvolcancro&gt; nacido y criado en el montt, y un cazador
de oficio¡ ellos deben conducirnos á la montaña,
cuya presencia se adiYina detrb de una cortina
espesa de nieblas qae oculta el paisaje hacia la
delantera del camino.
Hace Ido. Una lluvia muy fina, como polvo de
agua, arcntrada velozmente por el viento, azota
de cuando ea eaaado nuestras caras.
Largo tíempo hace qne cabalgamos á tnvés de
un camino hondo V estrecho, un verdadeTo ca•
Jlejón de dos metros escasos de 111cho 1 cubierto
por 1UU. bóveda de follaje fresco y verde. Cona•
tantemente oímos las voces de los guías que nos
recomiendan mucho cuidado en el andar, pncs la
pendiente es fnerte, y el suelo, formado de lodo
muy resbaladizo t la sazón por efecto de las úl•
mas lluvias, se escune á menudo bajo los cascos
de los animales.
Después de hora y media de camino, y á costa
de grandes esfuerzos de nnestros pobres jamelgos, qne sudan i mares, alcan:r:amos la cresta de
un elevado lomedo. Nos alejamos constantemen•
te de la blanca Amecameca; la vemos alli abajo,
en el valle, enmedio de extensos campos cultivados -y al pie del famoso Sacromonte. A derecha
é izquierda hay barrancas profundas, cubierta,

por grandes macizos boscosos. Al frente, el pe•
queiio rancho de Mexintitla, edificado al pie de
un árbol solitario y seco. va acercándose á nues•
tra vista. Un poco más lejos, el camino se pier•
de bajo las espcsnras de la selva de Tetonalac
que se perola con tonos negros sobre el fondo
gris del cielo.

•••
Henos aquí en la región de los bosques. Seguí•
mos un~ de los múltiples senderos que atraviesan Tetonalac en todos sentidos, La brnma ha
espesado. El bosqne adqniere aspectos extnños:
las agudas cimas de los pinos emergen deun mar
gris de nubes; la silueta vaga de un abeto surge
de entre la niebla , un lado del camino, y se desvanece como un fantasma errante; una semicuriosidad llena aquellas larguísimas y torluo,as
calles, cubiertas por el follaje de los árboles que
alzan sus troncos resiDosos á nno y otro lado del
camino.
A las dos de la tarde hacemos alto en el pintoresco rancho de Tetepctongo; mandamos á los
m:,zos por leña, y á los pocos momentos una buena fogata arde en el intuior de Wla de las dos
casucas que forman el rancho¡ calentamos en ella
nuestros alimentos: caldo, jamón, pollo, etc., V
en el rescoldo se asa uua regular cantidad de
hongos, ncogidos á nuestro paso por el bosque.
Mientras comemos, llneve copiosamente en el
exterior.
Al terminar el aguz.cero, se limpia de brumas
la atmósfera y podemos admirar, en toda su extensión, el paisaje que se presenta á nuestro,
ojos: el rancho se encuentra en una planicie des•
montada, á la que rodean, por todas partes, montes cubiertos de vegetación¡ al Oriente, uno muy
empinado termina en su parte alta con un desfiladuo, formado entre dos rocas, entrada de 110
cañón largo y profundo, que se dirige rectamente

á la montaña; al fondo , un fragmento del b:taxi•

huaU cubierto de nieve.
Una última mirada i tan hermoso paraje y em•
prendemos de nnevo la marcha.
La cnesta se hace más empinada y peligrosa
que antes. A medida que nos elevamos más y
más, la vegetación va disminuyendo ¡ el bosque
está menos poblado cada vez; los árboles, antes
corpulentos y exubeTU1tes, vense ahora enanos
y escuetos.
HeDJos llegado al lfmlte de la vegetación arb6·
rea¡ entramos ahora en una región desolada de
grandes planicies, ligeramente ondulad;is, en•
biertas totalmente de un zacatón largo y amarillento. La montaña, cnbierta á trechos por jiro•
nes de niebla, se alza enorme y majestuosa frente por frente de nosotros. Pasamos aún ot ro bosquecillo; vadeamos un arroyo torrencial de aguas
turbias qne provieoeu del deshielo, y llegamos
al fin, á poco andar, á la caída de aquella tarde
gris y melancólica, á la cueva de Cholnla, térmi•
no de nnestra jornada en ese día.

..•

TermiD.amos nuestra instalación en la oaven11\,
cuando la oscnridad habla invadido completamente los campos.
Noche profnnda. La inmeosa calma de las
g1andes alturas produce en nosotros rara opresión, La viva llama de la hoguera ilumina con
tonos rojizos el interior de nuestra morada ; ha·
cia afuera, la luz se desvanece á unos cuantos
pasos de distancia, en aquellas negras sombras.
Todos hemos rodeado la fogata para defendernos del frío terrible que nos va penetrando has•
ta la médnla de los huesos.
Permanecemos silenciosos mirando, en actitud
pensativa, cómo va haciecdo presa el fuego de las
ramas pequeñas, las cuales, antes de consumirse,
se retuercen con•nlsivamente.

�Cerca de tas nueve úll viento helado que baja de la montaña, á lo largo de las nieves, empieza á soplar
con f-11ria,
Cena111os rápidamente. De vez: en
caando algo.no de nosotros obsuva
el e&amp;tado del tiempo y aventura al·
gnna predicción más ó 111enos posible,
pno siempre optimista, acerca de su
estado al dia siguiente.
Antes de recostarme en mi catre
de campaña, doy algunos pasos por
las afueras de nuestra viviend11. La
noche signe siendo negra. El viento
grita algo incomprensible en el bosque cercano. y arrastra vertiginosamente espesos nubarrones que, al
disiparse por momentos, dejan ver
allá lejos, muy lejos, eo el fondo del
valle, detrás del barranco que se hun•
de á nuestros pies, lucecitas que bri·
llan un instante y se apagan luego,
cual cnriosos ojos que parpadearan
en la oscuridad.

el. VENTISQUERO

A las diez: y media el camtiamento
está en calma. Los guías hablan en
voz baja para no turbar nuestro sue•
ño; nos dormimos oyendo sus pláticas, en las que relataban sucesos
extraordinarios de caza ó aventuras
fabulosas de hombres perdidos en la
nieve.
Lu sombras, proyectadas por la
hoguera, danzan furiosamente en las
paredes de la caverna.

La mañana utaba bastante avanza•
da cuando salimos del lecho. Los
mozos habían recibido orden de dejarnos dormir si el tiempo ama.n ecia
malo, y así lo hicieron; ¡dormir!
Lse podía, por ventura, conciliar el
sueño con aquel frío endemoniado
que se colaba á través de mantas y
abrigos? l podía llamarse sueño á ese
sopor que nos había invadido por
cortos instantes durante la noche?
Poco desputs atravesábamos el bosquecillo cercano al campamento,
montados en nuestros caballos, que
con el ligero descanso de la noche
anterior, habían tomado nuevos bríos.
Realmente este paraje es triste, es
trágico; aquí atraen nuestra atención
algunos grandes árboles sin hojas, des•
cortezados completamente, blancos
como los huesos que han permanecido largo tiempo ai la intemperie, y

con s11s ramas torcidas cnal gigantescos brazos que se elevaran al eielo
pidiendo piedad,
Después de cruzar algunos &lt;thal•
wegs&gt; que abandonábamos á poco
andar, entramos ruueHamente en uno
que serpentea por el fondo de una
barranca imponente y grandiosa.
Aquí tenemos que continuar á pie el
camino, pue~ la región es s'l!mamente accidentada; los arroyos se despeñan con ruido ensordecedor; por to•
das partes se levantan enormes rocas,
algunas de las cuales se mantienen
en equilibrio milagrosamente. Abierta en una de ellas, se puede ver la
gr11ta de Ca.luxca, famosa por el be·
llo espectáculo que ofrece en invier•
no, con sus estalactitas y estalagmitas de hielo.
C11ando abmdonamos la grut,, el
tiempo, que había mejorado considerablemente desde nuestra salida de
Cholula, vuelve á ponerse nebnloso
y frío. Nieva¡ los diminutos copos
se adhieren á nuestros abrigos y en
poco tiempo quedamos vestidos de
blanco.
En esas condiciones llegamos á
las primeras nieves. ¡Con cdnto pla•
cer contemplamos aquella inmensa
regi6n de blancura inmaculada! Por
fin cruje el hielo bajo n ucstras plantas. Hemos llegado al ventisqnero.
AH{ se ven, suspendidas de nn acantilado, millares de agujas de hielo
c11yas exh:cmidadea se aguzan hasta
terminar en puntas finíaimas.
Mientras hacemos los preparativos
para tomar una fotografía, se deja
oír un ruido sordo que aumenta de
intensidad rápidamente y luego decrece hasta dejar de percibirse,
Interrogados los guías sobre el ori•
gen de este ruido, nos manifiestan
que fué producido por una de tan·
tas rocas que se desprenden de la
parte alta de la montaña, y bajan por
la pendiente con velocidades horribles, arrastrando todo lo que cncuentran"á sn paso.

El. POPOCATEPE'TL DESDl!=EL))(TAXIHUA'TL

R00,1S

PAISAoJE OE NIEVE

Poco después vemos trasladaue,
resbalando lentamente cuesta abajo,
una gran cantidad de nieve que en
un momento llena hasta los bordes
una grieta de dimensiones considerables.
Pensando en el peligro que oorrír
mos si llegaba á ocurrirnos alguno de
estos percances al ascender, empren·
dimos el regreso al campamento. La
ventisca soplab1 con fragor terrible¡
los árboles crujían siniestramente al
encorvar sus ramas hasta el suelo,
bajo el peso del huraQn¡ tal parecía
que los elcmeotossedcseneadc11aban
contra nosotros para intilllÍdarnos é

OERC,1 ' DE LA CUMBRE

impedir que ascendiéramos áJa com•
bre á descubrir el secreto de la mujer blanca, que duerme allá arriba el
último sueño desde hace tantos siglos.
La noche está en calma. La luna,
en creciente, vierte &amp;u hz pálida en
el Interior de la cueva de Cholub,

•
••
Subimos. El paso lente¡ el ouerpo
ligeramente inclinado hacia adelan·
te, mirando con atención los lugares
en q'lle apoy111mos el pie, para evitar
resbalones y pasos falsos que pueden
hacer.11os rodar por la pendiente1
hasta los fondos de los precipicios
que encontramos á cada paso.
Marchamos silenciosos, respirando
ampliamente. Sólo se escucha el mi·
do que hacen los ba.s tones alpinos al
h11ndirse en la nieve, ruido acompasado, dtmko, como el de un péndulo
de reloj,
El sol, qne obedeciendo á las le•
yes inmutables del movimiento diur·
oo, ha ido elevándose por encima dd
horizonte, deja ver ahora su faz bri•
liante sobre los altos picachos de la
montaña. La nieve, que se deposita
en los huecos y junturas de las rocas, rdl.eja en mil desteUos luminosos la luz del astro del día. Uno de
los peones sube delante de nosotros,
atacando la nieve con la férrea punta de su bastón, para hacer escalones
qoe faciliten el ascenso.
Subimos, subimos constantemente;
el paisaje cambia á cada momento.
Alcanzamos las cimas de algu.Dos voladeros cortados á pico en las roen
pulidas por el trabajo de la nieve,
así como as crestas de algunos pica•
chos. Las rocas, que antes veíamos
por centenares, van haciéndose m.l.s
Y más nras, hasta desaparecer del
camino casi por completo. Estamos
ya á grande altura¡ nos encontramos
casi .l. nivel con las cumbres de dos
enormes picos salpicados de nieve,

que se destacan erguidos y airosos
en la blanca llanura: son los picos
que forma.n los pies y las rodillas de
la mujer blanca.
Conmueve hondamente la belleza
de estas soledades. ¿Cómo olvidar
jamás el eocin.to de aquel paisaje?
¿ Cómo no record u, con placer intenso, aquella regió.n tan fuertemente
agitada, tan profundamente conmo•
vida hasta. en sus entrañas por terribles catllclismos teológicos de le•
jaoas ipocas; aquellas grietas que
surcan la nieve, aquella región sal·

vaje, desgarrada, de inmensos colo•
sos de piedra que vemos abajo de
nosotros¡ aquellos negros bosques,
tras los cuales se ven los blancos ca•
serlos de Ameeameca y Chalco, y
aquel verdcscnro con tonos azulo,
sos, propio de los grandes borizon·
tes, que se -ve arriba de ese mar de
nubes tendido sobre el valle mexi•
cano, y que da la sensación de lo
inconmens11rable, de lo infinito?
La naturaleza se adorna con sus
mejores galas. La nien centellea,
Por el Sur, el Popocatcpetl, el otro

gigante que gurda la entrada del
valle, deja ver, sobre las oubu, su
cabeza cubierta por blanca cabellera;
hasta en el cielo se deja sentir la in•
fluencia de tanta hermosura¡ en efec•
to, el sol ciñe sus sienes de rey con
un halo multicolor, con una regia
corona, emblema de su alta jerarquía
de señor y dueño de la tierra.
El cansancio se apodera de nos•
otros; hay que hacer un tíltimo esfuerzo, hay que cobrar energias. Tre•
pamos por los escalones tllllados en
la nieve, sobre una pendiente de más

de 45°, y, al fin, alcanzamos la meta.
Henos en la cumbre, á más de S,000
metros de altura sobre el .Divel de
los mares. Por desgracia, cuando
creíamos que se iban , ver re~ompensados nuestros eafoerzos; cuando
nos preparábamos á lanzar una mira•
da de uno á otro confío del horizonte¡ cuando nos disponíamos á conocer el secreto de la Mujer Blana, uo
h álito helado pasó acariciándola na•
vemente y la cnbrió con uo espeso
velo de negros vapores.
RAÚL CASTRO.

CE UN POEMA
¡Me dices que tenga fe! Eres tan razonable, tan igual, tan
lógico en todos tas pensamientos, que cuando me miras
con esa mirada llena de tcrn'llra y me repites que tenga fe,
no ungo el valor de arrancarte la ilusión de que conflo
en ti, y sonriendo te dejo creer.
Pero después, más tarde, cuando mi il:naginación, como
un cinematógrafo, se deja arrastrar por el univc.rso de
ideas qne mis sentimientos hacia ti me hacen sentir .... , .
pierdo toda noción de razón. Y no soy mis que un pobre
sér á merced de sus emociones. Esa calma, que yo creo
que realmente sientes ( porque eres muysi11ccro para men•
tir) yo no la entiendo.
Es decir, esa seguridad exenta de todo temor quimérico,
como me resulta á ml, que me hace ver un universo donde
apenas hay una sombra y una grave causa de amargura
donde quizás no existe más que una suposición.
Pero yo, en este orden, no me puedo dominar: te quiero
demasiado, me parece que no valgo nada ante ti: de ahí
mi temor, Fíjate que el orgullo preserva mucho de los ce•
los, y que los seres senc:íUos son los que muestran así sn
alma toda como al través de un cristal.
Pero por sobre este grave defecto, yo te amo: te amo con
un amor en que palpitan todas las estrellas y todo el azul
del firmamento. Te amo hasta el paoto de dar por ti la
última gota de mi sangre, la última idea de mi cerebro,
todos los latidos de mi corazóo .... .. ; mi personalidad, mi
voluntad, mi fe; mh anhelos, sueños y csperanus. Hasta
mi propio amor, si posi ble fuese, lo sacrificuía yo por tu
dicha, por ver brillar aoa luz en la dulce mirada de tus
ojos.
Y as{, mi alma prosternada, sólo se reserva el derecho
de tenerle en el alma ese altar, grabado en oro.
En el cnal estás y de él no descenderás. Y me r.:scrvo
también un triste derecho: él de sufrir, de dudar y de temer qut me olvides y me faltes ¡suprema angustia! á la
c11al no quisiera sobrevivir .... ¿Para qutquiero entonces
la vida?
Pienso 11n instante: hoy estás aquí¡ todo lo olvido á tu
lado¡ pei;o si me faltases, si la negra noche de la ausencia
me envol viese, ¿á qué vivir?
Pero no quiero pensu en eso, es demasiado doloroso, y
qaiero abrigar la ihÍsión, ¡me es tan dulce! de que no me
olvidarás.. .. ¡Oh! tú sabes que te pertenecen m i alma y mis emociones todas . . .. ahora , ¡adiós1-EL1SA M. BORDAS,

S. M , NICOLAS I , OE MON'TENEGRO, QUIEN SE HIZO RECONOCER REY EL f4 DE.I. AOTIJAL

�E DECIDI, de pasada, á hacer una visita á 110 amigo mío, poseedor d11 11O0s
molinos. ~uyas construcciones de la
drillo se alargaban á la orilla del río,
espolvoreadas de blanco por la harina, empena•
chadas de negro por el humo, animando, enriqueciendo y afeando uno de los vallejuelos boscosos de los alrededores de París. Recibióme en
su gabinete de trabajo, artesonado con duelas de
madera clara, sobre las cuales destacábanse un
aparato telefónico, botones de llamador, un pla•
no de la (ábrjca, é innumerable! hilos eléctricos
que pulían en tiaz de aquel centro nervioso,
para separarse más allá del muro y u:tender á lo
lejos la voluntad del amo. El tono senciJlo Y
cordial de éste, su bondad de hombre robusto al
cual el incesante peligro de la industria le encontraba siempre sonriente, duligado el esp:lri·
tu de la rutina, y audaz sin dejar de ser modes·
to; la fraude reserva con que acogía á sus prójimos antes de juzgarles, re5erva que desaparecía
al conocerles; la (acuitad poderosa que le dis·
tinguía de apartarse instantáneamente de los
negocios más graves, para charlar de asuntos de
los mb fútiles, me hablan admirado en él desde
hada mucho tiempo. Pero, en la visita que le
hice en Abril último, me dió una lección de
psicología, que me mostró mejor que otra alguna
á qué extremo deben de estar armados, para
triunfar, los que vivco. en la cotidiana lucha del
dinero, y observan el mundo sin c11riosidad, sin
placer, únicamente oblil(ados á ello por la necesidad de la diaria defensa.
La ocasión foé insigni6cante é imprevista.
Advertí, en lo alto de la caja f11erte, un perro
disecado, una de esas bestias mioúscnlu que se
pueden esconder en no manguito;11uaespecie de
lebrel enano, negro, de grandes ojos redondos,
de grandes orejas erectas como las de los murciélagos, las cuales habian merecido del empajador,
evidentemente, nna atención V cuidados exlre·
mos. Tenia una pata alzada y la caben en acecho, 1111 tanto vuelta, como si percibiera en aquel
instante el rumor de i:ua puerta.
- ¿Es el perro de a\guna vieja th7- le dije,
-No.
-¡1,De alguno de los niños de usted?
- Tampoco, Bien sabe, amigo mío, que nunca
he sido a6cionado á lo!! animales. Jamás les maltrato. Les admito en mis caballerizas y en mis
perreras. Puo no voy más allá, Y se me antoja
que usurpao en la afección, en los pequeños cui·
dados, en la generosidad, en la piedad de algunos
dt nuestros contemporáneos, el logu que á otros
corresponde. No, esa es Mirza, la perra de miss
E\len Crawln\J.
- ¿Una parienta?
-No ha conocido usted, ciertamente, á miss
Ellea Crawhill. L:i. tuve poco tiempo en mi oa.sa.
Pensó por un instante, como si se preguntase:
c¿Será necesario contarlo'/ ¿No perderé el tiem•
po en palabras?.&gt; Luego su rasurada faz tuvo nn
gesto de sosiego¡ una sonrisa á medias- tan sólo
suele sonreirse completamente en la j11ventud 1alargó lo~ labios, y en sus ojos claros y firmes
asomó un _poco de compasión por la mujer de la
cnal iba á ocuparse.
-Quise- me dijo-no separarme de mis dos
hijas ¡ verlas crecer aquí, en el campo, á fin de
asociarme más estrechamente al recuerdo de su
juventud, cuando sonara la hora de la separa-

ción. Creo tanto en el egoísmo, en el olvido, en
el poco sitio que nosotros tenemos en el corazón
de los demás y en lo poco que se acuerdan de
las alegrías que Ju hemos proporcionado, que
he tratado de ser, por lo menos, 11n compañero
de trabajo y de juegos, un personaje siempre
presente, una hada benéfica en la leyenda dorada
que mis hijas, á semejanza de usted y de mí, como todos, habria de imaginar un dla, cumplidos
los veiuh: primeros años. Pensaba: &lt;Las pobre•
cillas no serán menos ingratas que las demás:
las desaHo, sio embugo, á qae piensen en ellas
mismas sin pensar en mi.&gt;.
Y he ah{ por qué, amigo mío, he tenido bajo
de mi lecho , durante cinco lustros aproximada•
mente, á institotrices de planta y á maestras.
Sin que ellas lo adviertan, las be estudiado mu·
cho. y, sin pregontarlas nada, yo podría contar
sa hbtoda. He catall'gado casi todas las variedades. Las hay excelentes en pequeño número y
mediocres en abundancia, Llegué ento.n ces á la
concln1ión de qne el oficio de institutriz, viviendo en ca.sa ajena-uno de los mis peligrosos que
eristen,-conviene tan sólo i ptrso11as jó•e11es,
y que, á la larga, disminuye la personalidad y
hace sufrirá las naturalez;as comunes singulares
deformaciones. La prueba hubo de dármela, sobre todo, el ejemplo de miss Ellen Crawfull.
cL, habíamos admitido un tanto apresuradamente, á causa de la enfermedad de la encantadora miss Betty, i quien usted conoció .... Traía
muy buenas recomendacionu, naturalmente¡ era
muy Baca, sutilísima de cuerpo y de espíritu, y
vestía un traje miserable que comprase y una
manteleta que la habían regalado. Los rasgo,
eran regulares y flojos, no obstante su d~lgadez.
Bajo los baudós g-rises, que la toroaban respetable, tenía los ojos aún jóvenes, pUidos, en los
cuales vagaba si~mpre un,a sonrisa. ¡Oh, cómo
obedecía aquella sonrisa á una antigua consigna¡
cómo debería de estar cansada¡ cómo surgía á la
menor palabra, al má.s insignificante gesto, siempre la misma! De buen• gana hubiera querido
perderla de vista algunas veces, cuando decía alguna cosa grave ó indiferente; mas no la evitaba.
Era algo ad como un modo homenaje rendido á
la autoridad¡ algo á manera de una aprobación
perpetua que nada te;0ia de semejante con la snmisióo, Dime cuenta, asimismo, á continuación,
de que miss Elleo Grawfnll habla escuchado en
torno suyo emitir ta11tas opiniones diversas, que,
no sabiendo casi nada, no teniendo siquiera el
derecho de discutirlas, noponia hipocresía alg-11na en aquella acogida única, que dispensaba
siempre á todas las ideas. Todas le eran indiferentes.
Caaodo entró, una tarde, en mi casa, tnla de
P.irís una maleta de colegiala, una sombrerera de
cartón y la pe;rita que usted ve ahf. Seguramente que habría dicho ya muchas veces, en otras
tantas partes, lo que me dijo á mí al mostrarme
la maleta:
-Es mi maleta de verano.
lTenia acaso alguna de invierno? Mis biju
la coadu,jeron al cuarto del pabellón, harto espacioso, claro y convenientemente amueblado,
donde vivía la anterior institutriz. Miss Ellen
Grawfull se extasiaba, Todo la parecía excelente
y hermoso. TeoíaUgrim:u para expresar su emoción ante una docena ele rosas que mis niñas p11.
sieran en 811 au:sa de trabajo.

-¡Qné amables mis nuevas alumoas! ¡Cómo las
quiero ya!
Despui, de comer, se puso lírica al visitar
los jardines y los invernaderos, y observi que
sólo cali6caba de bello lo que podia servirle, y
qne callaba acerca de lo demh.
-1Q11é lindas cal:zadu!- decla.-Vendremos
aquí á trabajar á la sombra. ¡Qaé buenas fresas!
¡Qué melones! IQaé híerbll J&gt;ara reposar!
Las lejanías de nuestros bosques no la interesaban. Apenu si tuvo una mirada para el salón.
A partir del día sifuiente, con la prueba de la
vida nueva, comenzó el desencanto. Sufrió des•
obediencias d• las niñas, respuestas demasiado
vivas, ofensas al amor propio, contrariados de·
seos de libertad. La instítutriz no se quejaba. No
se la escapaba que mientras mis vieja es una mujer, menos derecho tiene de quejarse. No tnvo
siquiera las reservas que son propias de los
maestros, Limitóse á hablar, sin amargura aparente, del departamento completo que ocupara
en c:l castillo de un príncipe ruso¡ un departamento en el que, á la simple •ista, revclábase
que todo había sido ahí dispuesto para dicha de
las institutrices¡ hizo también alusión á la soirée
en casa del almirante y i las atencio11es que los
invitados prodigaran á mis Ellen, que aún no
cumplfa entonces treinta afies. Y tuminaba con
u.o suspiro. No era maldiciente cuando hablaba
de las casas por donde había pasado¡ pregunU.·
base uno por qué, siendo tan apreciada por ague•
llos padres modelos, y amando tanto á aquellos
niños, se hllb(a sep:uado de ellos.
Jamás la vi enfadarse, salvo una o:asión en
que se sintió vehemente al acordarse de cierta
dama que había llamado á Mirza cun horror&gt;. Mirza la hllbla seguido en todas sns emigraciones.
Había escuchado los reproches, las tristezas, las
justificaciones, la verdad sobre los domésticos.
todo lo que la institutriz debe callar; y miss
Ellen Graw!ull persnadíase siempre de que el
animal había comprendido. Advertfase un no sé
qut de secreta sensualidad, éi,!na de compasión
en las carictas que aquella vieja prodjgaba i la
minúscula perra que le lamía los dedos. Si algo
en miss Ellen merecía el nombre de pasión, era
aqnel sentimiento. Fuera de eso, tao sólo tenía
caprichos, apetitos, inclinaciones, de los cuales
cada noo no era mb que una ex-Ira vagancia, considerado separadamente ¡ pero en conjunto cons•
tiluían la má, lamentable de las tiranías, Era
pobre, y la costumbre del ajeno bienestar la hacfa incapaz de pobreza. La riquua se la aparecía bajo ese único aspecto: el bienestar. En Jas
mesas de tantos hoteles y castillos, miss Ellen
Grawfull había adquirido el hábito de la glotonerb, y á causa de ella prolongaba la merienda
de sus alumnas, la única comida que estaba bajo
su vigilancia. Habla dejado q11e su vida se abis•
mase y fondiera en la vida de los otros. No ser
invitada á comer con nosotros en cas:i. de nues•
tras amistader, parecíala iina falta de educación.
Complacíase en oír palabras unevas, en espiar
nuevas modas, y, sobre todo, la agradaban las
intrigas de amor que los habitantes del valle,
obreros ó burguesu, la daban ocasión de sorprender ó de inventar. El estribillo de la eterna
novela no habf.a .muerto en ella, La conversación
de los jóvenes la encantaba¡ los pocos viudos
qae conocíamos eran objeto de sus agasajos. Me
acuudo que un día, al Yolver yo de puar la ve·

lada en cau de un grao.de industrial,
i dos leguas de aquf, me preguntó
ingenuamente;
-¿No ha preguntado por mí?
Tod.a cortesía y toda piedad la
rejuvenecían como uua coufesióo.
Echada á perder por el lujo que no
babia ganado¡ ignorante del esfuerzo
que crea la riqueza ó la conserva¡ oo
pudiendo soportar,ni siquiera uaa
hora, la soledad á que su destino la
encaminaba fatalmente, parecióme de
till maoera inepta para la prueba á
que la sujetase, que estuve vacilante
durante tres meses antes de decidirme á darle las gracias por los servicios que no nos prestó.
Faé- necesario t.acerlo, sin embargo.
Me parece verla aquí, en el sillón
donde está usted ahora sentado. Emplee, pna hacerla comprender, la fórmula que tuviese menos semejanza
con un reproche.
-Creo, señorita, que no podemos
detener á usted por más ti,mpo. Su
salud, que es débil, no se halla á la
altura de su cometido ....
Conocía las maneras todas de despedir y nada dijo. P•lideció. Temí
una escea.a de ligrimas. Pc:ro no:
miss Ellen sabía la inutilidad de los
enternecimientos in e:dremis. Se portó bien,
-Si usted cree, señor, que no sea
capaz de cumplir mi mlsión,me voy
... Esperaba quedarme por más tiem·
po .... ¡Siempre \o mismo!
Tuvo, sin duda, en aquel momento
una visión del abismo que tornaba á
abrirse¡ del mañana terrible de rebuscas, de inquisiciones, cuando se marchar■, sola -, vieja, i caza de otro
empleo, porque calló con los ojos 6jos y añadió
luego:
-Le aseg11ro á usted que es dnro tranct este,
señor¡ este de vivir así, de la casa de un extr■ñ'O
á la del otro, sin dejar, en parte alguna, ni siquiera nna tristeza.
Dos hora!! má~ tarde reía en la mesa, ignoro
porqué.
Entre tanto la perra murió. Fué aquel un duelo mucho más violento que el de nuestra separación, Las Ugdmas de Ja seíiorita corrieron entonces con una extremada abundancia é igual
continuidad. De nada sirvieron nuestras pala-

bras para consolarla, de oada el que la prometié•
semos comprarla otro lebrel.
-No seria ya Mirza, respondía mis Ellen Craw•
full.
Ciaco días más tarde, la víspera de aquel en
que debla de dejar la casa, fué i la del maoguitero de la ciudad cercana á arreglar la toíletle
fúnebre .
-Ponga usted áMirza así: con sus orej itas le•
vantadas, sus ojos como aguardando mi regreso¡
haga usted que vuelva á verla tal como la veía
al abrir la puerta. Nada de econombs. P,1garé
cnanto sea necesarir.

Convínose en que el animal, tan pronto como
estuviera empaj ado, sería expedidoá la dirección
que diera miss EIJen, dirección aún desconocida.
Transcurrieron seis meses. El manguitero, oan •
sado de aguardar, me trajo á Mirza una mañana
con una factura concebida en este tenor: cPor
oatnralización de una prrra, actitud familíar V
arUstica, veinte francos.&gt;, Tenfo el recibo Y la
perra disecada¡ pero jamás he vuelto á Hber de
miss Ellen Craw full.

Rni

BAZrN.

(Traducción especial para El Mundo llrtslra do.)

EL REGRESO
Ella dobló sobre el p,cho su pensativa fre11te,
y entornando sus grandes y obsC11J'0S ojos, rompió
á llorar .... El recuerdo del cbicn amado, del ausente&gt;, vi.no á aumentar la tristeza de aquella noche invernal. . .. Llovía¡ las gotas del agua caían
lentamente, bañando las ramas de los bboles del
j ardiucillo cercano y resbalando como lágrimas
sobre los vid.ríos del balcón .... Nadie cruzaba la
desierta calleja, y sólo el viento murmuraba extrañas c anciones en los obscuros pasillos del viejo caserón... . .
Todo dor mta; s61o ella, la bella soñadora, vela•
ba, y en s11 b\aoca frente se dibujaba el sello que

el dolor imprime. Recostada láoguida y muelle-

mente en la blanda «otomana.&gt;, con sus manos
enlazadas con dulce beatitud, esparcidos sobre
su espalda los dorados rizos que orlaban su fren•
te, envuella ea blanco peinador que dejaba adiv i nar s11s esculturales formas , semejaba la bella
y pu.r a estatua de «La Melancolía&gt;.
El piano abierto mostraba en el atril una «romanza&gt;, 'Y un ramo de rosas semimarchitas se
deshojaba en un biÍcaro que se ergufa sobre una
mesita de laca ... . . .
De pronto hirió los oídos de la bella soñadora
un canto lejano, dulce, apulo111do . ... Levantóse

con prestez 11 abriendo el balcón , .. . Ali(, frente
á ella, estabill cél&gt;, el «bien amado&gt;, el C'Único
adorado.&gt; . .. . . .
Uoa sensación de supremo deleite suspendió
los l atidos de su coru:óo, y t endi endo hacia él
su b razos, lo envol vió en una mirada de infinita
puión . . .. La luna se oc'llrtó entre las nubes opalinas, envi diosa de tanta dicha, y ellos, los di·
chosos aman tes, fnndieron sus a lmas en una mirada de inefable ternura . .... .
F1to11-F1tou.
J OSEFINA.

�La Exposic~ón de Flores
..

y Frutas e n S a n Angel

El domingo último, el señor Presidente de
la República declaró solemnemente la apertura de la exposición de flores y frutos que la
ciudad de San Angel celebra como uno de los
números de las hermosas fiestas anuales del
Carmen.
Asistieron á la ceremonia 1,ficial, además
del PriLr.er Magistrado de la Nación, los señores: ministro de Fomento, don Olegario Mo•
lina; el director de Obras Públicas, don Gui•
llermo Beltrán y Puga¡,el jefe de la Dirección
Agrari.1, don lsauro viadas; el Jefe del Departamento de Bosques, ingeniero don Miguel
A. Quevedo; don Carlos Alvarez Rul, prefecto político de San Angel; don Angel Lerdo
de Tejada, presidente del Ayuntamiento de
esa localidad; general don Ignacio Salamanca.
El jurado calificador lo integraron los ingenieros Federico Atristain, Gabriel Ruiz Valencia, Alejandro Brambila, Mario Calvino,
Feliciano Rlos y Fernando L. Schloesen.
Terminado el acto oficial, que consistió en
los discursos de estilo, el señor Presidente
de la República, acomJ&gt;añado por su digna
esposa la señora doña Carmen Romero Rubio
de Díaz, recorrió los diversos departamentos
de la exposkiór., y eligi6 lo que á su juicio
fué digno de ello.

EL ,JURADO RECORRIENDO t.OS LOTI!$

r

HERMOSA PIEZA FI.ORAl..••IJN '"AUTO" OE Fl.ORES

Entre los departamentos visitados, se ha·
liaban los siguientes: el forestal , en el cual se
expusieron magníficos ejemplares de eucalip•
tus, destinados á las planicies dejadas por el
lago de Texcoo, los cuales servirán para disminuir el polvo que invade la ciudad de México. Habla ejemplares de &lt;eucaliptos robus•
tu&gt;, &lt;stuartiana&gt; y &lt;gonocalix&gt;.
Se presentaron, además, muestras de aca•
CÍ'IS, forrajera y cianófila; ejemplares de co•
niferas, algarrobo, soplora japonesa, fresnos,
gladicias, ahuehuetes, pino, piiíonero, pino
rnarltimo, de Arabia, oyamel, aguate, injer•
tos sobre árboles silvestres frutales y árbol
de corcho, que se ha logrado aclimatar.
La direccrón general de Obras Públicas presentó magnificos ejemplares del jardln de pro•
pagaci6n, consistentes en hermosa.s begonias
-tuberosas, amarillas y encamadas, libáceas,
begonias rex y metálicas, polemonáceashermosas flores moradas, y grevilleras erobus•
tas&gt; de la familia de las proteáceas.
El señor Cleto Martínez presentó una pie-

PAISAvl!. oJIIPONl!.S

OAMIIS O/ST/NQU/OAS, EN t.A EXPOS/CION.•PAUIAS Y FLORES

•

za floral que semejaba un automóvil hecho
con nomeolvides, crisantemas, ¡;ríos, rosa durazno y peonias.
·
Se~uian otros lotes de piezas florales, pertenecientes á Roberto Ramírez, Albino y Nemesio Luna. Carmen López y Ezequiel To•
rres. José Martloez presentó oteo automóvil
hecho de &lt;ojo de gallina&gt;, violetas, confitillo,
canedor y trueno lila.
Mucho llamaron también la atención un
centro de mesa, media luna con mandolina,
un &lt;laurel&gt; hecho de hojas de magnolia y
otras coronas de Guadalupe Luque, Mauricio
Bravo y Carmen Juárez.
De frutas había un lote de manzanas panocheras, manzanas cidra, gamboa y fresas.
El lote de José Lara representaba un jard!n
inglés, formado con tuberosas, begonias, yándulas, galateas, tulias y helechos.

�primeros macabeos, donde se refagió dc:spnfs Herodes y
donde, después de la conq11ista por Tito, los jndfos formaron el vano proyecto de substraerse á la dominací611
romana.
Otro detalle: que llam6 la atención de los turistas fd la
montaña de sal de Gcbel Usdnm con su caverna llena de
estalactitas extra vagantes,
En Ghor-el-Mezra recogieroll alganas de las famosas
manzanas de Sodoma, las cuales no tienen dentro m:is
que ceniza, á pesar de que s11 apariencia u:tc:rior es muy
hermosa.
La mag0-lfica garganta del río Arn.on, que: separa el territorio de Moab del de Ammnoo, es uno de los sitios m:is
pintorescos de la Palestina, y fué 11110 de Io.s lngares visitados. En este sitio existe una figura muy extraña que
los habitantes de la vecindad designan como la estatua
de la mujer de Lot, convertida en estatua de sal por haber volteado la cara para ver el incendio, contra la expresa voluntad divina.
Los viajeros determinaron el sitio donde se hallaron
los baiios de Calirrohe, adonde fnt Herodes en busca de
cura. No lejos de ese lugar se halla el castillo de Machc:runte, en cuyos fosos estuvo prisionero el :Bantisfa y donde se le dec:apit6, á petici6n de Salomt, hija de Herodías.
Dannte la circunavegaci6n los viajeros recrearon la vista con bellas llanuras de encantadora belleza¡ se diría
que se trataba de un viaje de recreo, lo C'Ual no era cierto,
porque el viaje tenla nn fin determinado.

EL IVIAR IVIUERTO
Rut()necs el e iior hl:1.0 llo1'e1• ruego del

ciclo sobre , 0dom11 y Gomot·rn ...... Y c¡uetll\rou rle~trt1ida.s los do cio1lMle11, y los
l1ahltantes df la~ ciuilatlcs, y los animales
y Jl)s itérmeues ele la tí!1rr11..... Y 1\ IJ1't1,ham,

i,mrntaindo~e 1tl 1li11 sl~ulente, mlr&lt;i ohre
odoma y Gomorrl\ y sobre ro,t, la lh\n11r1t
y vió lernntMR~ ,le '" tlerl'II hnmu cl)1110
rle ,u, horno .....
De esta manera nos explica el Gtnesis la maravillosa formaci6n del
mar Muerto¡ el lago Asfaltite de los
griegos y los romanos, el mar de Lol
de los árabes, el mu del Desierto de
los hebreos.
La ciencia en sns presunciones de
ponerlo todo en orden, dice que la
existencia de ese lago se debe al carácter volcánico de la regi6n. Una
vez, dice, se produjo nn cataclismo

/EL EXTREMO NORTE DEL MAR MUf!.RTO

Pierre Loti, en sus p!ginas consagradas á Jernsaltn da nna impresión
mny propia;hela aquí:
cTieoe un aspecto muy especial esa
mar muerta, extendiendo su sndario
misterioso sobre los reinos desapare•
cidos de Sodoma y Gomarra . .. . de
no aspecto fúnebre.
cD.1 verdaderamente: la impresi6n
de la muerte; con su ilguas pesadas,
sin movimiento, entre los desiertos
de tns orillas, en las que las grandc.s
rocas se mez.:lan á las tempestades
del delo.
e . . Tristezas y silencios in6nitos
han descendido sobre estos parajes,
como sobre toda esta P"leslina aban•
donada&gt;,

ENGADI, OR/1..LA OESTE'; A LO 1.E.,OS, EL GIEBEL USDUM

repentino; se abri6 un cdter V se
form6 el lago, el cual cnb1i6 Pe11tápolis y el ftrtil valle de Sciddim que
mencionan las escrituras. En cuanto
al aspecto de de.solaci6n y de tristeza que presenta el mar, se deben más
á la apreciaci6n personal de cada
uno qne á la realidad.
Como prnebil de ello, vamos ácitar
dos impresiones: Lamartine, en sus
apuntes de viaje por el Oriente, dice:
cEs un lago deslumbrador, cuya sábana inmensa y plateada refleja la Jaz
del cielc como nna l11na de Venecia;
montaiiasde llermosos contornos proyectan sus sombr.is hasta las oriJla~,
cE,ta mu es hermosa, es bella,
chispea, in11nda con sus refiu:ioni:s
el inmenso desierto que está debajo
de ella. Atrae la vista, oonmueve al
pensamiento¡ pero está muerta. No
existen en ella ni el movimiento llÍ
el ruido. Sus agiias, demasiado pesadas pan que el viento forme olas con
ellas, no se rizan y jamb se h¡¡ visto
á la blanca esp11ma jugar sobre los
g11ijarro~ de sn, orillas, Es una mar
petrificad•&gt;·

•••

Altas personalidades tareas se han fijado en que el mar
Muerto tiene, en sa fondo, enormes manantiales de ri•
queza, y se han propuesto explotarlos, creando un centro
de inusitada actividad alll donde por siglos ha reinado
la desolaci6n.
Se basan los señores tarcos en los mantos de betún y
de ámbar qne existen en el fondo del lago.
Después de este viaje de exploración, es seguro que:
dentro de poco tiempo las orillas del mar Maerto &lt;disfratarán de los be-uc:6cios&gt; de la civilizaci6n, y á sus orillas
se levantarán casinos, residencias elega11tcs y estaciones
de baños de mar para que el snobismo arrulre 911 fastidio y sn cansancio.
Antes de que los pot!ticos h1gares pierdan .su fisonomía
característica que han tenido durante tantos siglos, damos á nuestros lectores algunas de las fotografÍils tomadas
por los exploradores, qne precederán, muy de cerca, á los
invasores qne llegnen en nombre de la civilización moderi,a á ser los sucesores de las ciudades de Sodoma y
Gomarra.

Ahora, gente, que se dejan impresionar menos por el ensueño, acaban
de hacer un recorrido por el mar
Muerto y han registrado, tanto por
medio de la vista como por mediode
h. foto¡!rafía, los rincones todos del
misterioso lago.
Lo primero de que: hablan lo• via·
jeros en su diario es de la fortaleza
natnral de Mazada, que: ocaparon los

Ráfagas de Otoño
¿Será que aquel último p 1gano, el emperador ap6stol,
hermano comprendido de nuestra ansitdad moderna, ha
contagiado su infinita t imperial tristezil á nuestra tristeza movi-secularY ¿Será q11e vive en. nosotros aquel extraño afán decadente que le hacía querer más el anochecer

-.

G/EBEI.. USOUM, MURALLA TRl,NSFORIIANOOSI! EN SAL, EN LA F'ARTE IJA,JA

que la mañana, má.s -el otoño que la primavera
y amar lo que: se iba, hasta el perfume de las
flores marchitas 7
Nuestro espíritu contiene: algo de aquel espíriln agitado por todas las sensaciones de la vida¡
á todos nos complace dejarnos arrastrar por vagos ensueños decadentes, torturados por el ansia
de la vida, desfallecientes á ratos, amando lo
muerto, Jo triste, lo indetenido.

1

)

El.. .,OROAN, EN El. P(JNTO EN Q(JE Dl!SeMSOC/1 EN et.. MAR MUERTO
BOSQU.E OE TIUIAlflNDOS INUNDADO POR EL MAR MUl!RTO

se VE UNA Cl,VERNA

Ha llegado el otoño, y en estos dfas lentos, suaves, llenos de: ocultos desmaJos, en
vez de entristecerse, canta el alma con la
melancolía de lo i11eYitabJe,
Parece qne ella supiera de: las transformaciones necesarias, la muerte productora
de la vida, la necesidad de que las hojas
caigan para q ne pnedan los árboles florecer
de nuevo.
Esie amor de los modernos por el otoño,
goce de decadencia, contiene algo de m6rbido. Por afinidad se busca lo semejante,
y en la implacabilidad de esta vida de agibciones, bajo el golpe de la realidad, se
ama el otoño, se aman las nieblas, las tardes
grises, los crepúsclllos bronceados, los clelos·de nn az1¡1l recio. Los días se extienden
perezosamente, repletos de murria, y la na•
tnraleza parece desperezarse, hastiadil con
el tedio de los que ven s11 obra cumplida.
Las tardes acaban lánguidamente; llevan
cenizas.
Los crepúsculos son infinitos, tardos, lentos¡ tienen estertores de agonizantes. Merecerían ser sentidos y meditados en la paz
de n11 bosque, como los estivales en la extensi6n dorada de la pampa y los invernales en Jo alto de ana montaña y en Ja orilla
de los cantantes, de los salitrosos mares
los de priDlavera.
'
Los crep\Ísculos de otoño deben ser sentidos en la soledad de nn bosque. Allí hay
vientos qae hacen cantar el arpa de los
troncos, hay salmodias en las hojas que
mueven, hay cielos de pírp'Ura que, poco
i poco, se: transforman y obscurecen, pasan

~

�J

NUPCIAL

al color del cobre, del bronce y

··r-: ....•, ._,.

obscuncen más y se hacen negros,
con mil variedades, con mil ma•
tices del ceniza al pizarra, del pizarra al carbón, quedando, al fin,
de un negro consolador.
Los crc:pú,cnlos de otoño deben
ser sentidos en el sile:icio del
bosque, cuando los árboles mudan sus formas y colores, cuando
los troncos adelgazan y las ,amas
se buscan con ansiedad de enfermos. Lu hojas empalidecen, se:
doblegan como torturadas pot un
deber oculto, se torean amarillas
y, con uu gesto muy suave: y m11y
triste, se desprenden de la rama,
revolotean como mariposas, y
caen, caen sobre: la alfombra de
las demás bojas secu, muertas....
EJ otoño pudiel'a simbolizarse:
en un pensador, en un hombre de
edad madura envuelto c:n un gran
manto tris, nuncio de: lo que seri
en el invierno cuando las barbas
blancas ondulen sobre el pecho y
los gestos se bagan más lentos y
adustos, El otoño dice la inanidad de las cosas, lo mudable, Jo
pasajero de todo. Es naa gran
lección de: vida. El otoño debe
ser amado como se aml una matrona de presencia altiva y andar
majestuoso, en cuyas sienes comienza á caer la nieve, cuyos ojos
se apag1n, cuyos labios olvidan la
sonrisa; pero cuya decadeucia inspira gratitud, agrad,cimiento, ca
riño filial,
En c:1 otoño las m1ñanas son de
primavera, los mediodías de verano, las noches de invierno. Tam•
bién las madres suelen padecer
los deseos, los ardores, la tristeza
de Jo qne ha sido y de lo que
será.
En el otoño los vientos son mb
armoniosos y las agoas mas sono•
ns. Los vientos de otoño h1blao¡
cantan sus lluvias. La Naturaleza
eutera se anima y espiritualiza
h.1sta el mis alto grado de s~nsi-

.

.

~: .
• •

,1-

; [e¡

UANDO esta crónica llegue .á manos
~ ~ del lector, ya habrá sido cantada, ante
el público de México, la ópera del maes•
.
tro Tello, intitulada Nicolás Bravo,
cuyo libreto débese á la pluma del ve•
nerable patricio don Ignacio Maris•
cal.
Dicha ópera será cantada, bajo el
patrocinio de la secretaría dé Instrucción Pública Y
Bellas Artes, por el señor don Tomás Gore y la se•
ñora Paulina Johnson de Gore, distinguidos rlilel•
tanií en unión de un grupo de alumnos del Conservltorio, discípulos del maestro Tel10.
No es mi empeño, por ahora, ni podría serlo en
manera alguna, anticipar un juicio sobre la nue~a
obra mexicana que tiempo habrá de hacerlo mas
tarde larga y tranquilamente. J-la fiíado mi atención
un h~cho tan sólo: el de que el Nicolás Bravo, en
su estreno, estará encomendado al arte naciente de
algunos alumnos del Conservatorio, y de él me
ocuparé en esta crónica.
A menudo 1 los que sueñan con la creación de un
arte nacional, genuino y propio, se preguntan:
c¿Cómo podremos alcanzar á ella, si no contamos
de antemano con artistas nuestros, que hagan viable la reallzacíón de toda tentativa estética? ¿~6mo
aspirar al advenimiento de tiempos ansiados, en los
cuales las manifestaciones artísticas sean en nosotros positivamente ldiosincráticas, si antes no hemos formado un ambiente á ellas propicio?
De nuestro Conservatorio han salido personalidades que honran al arte nacional. Muchas de ellas,
poseedoras de un talento y de un temperamento musicales á toda prueba, han hecho q~e _en centros •artlsticos de Europa el nombre de Mex1co se pronuncie como el de un pais en el que abundan, en la raza,
los elementos justos, la materia prima indispensable
para formar ¡!'.eneraciones de artistas. Entre esos
alumnos del Conservatorio, cuyos nombres no necesito recordar, figuran principalmente piani,;tas Y
violinistas, y algún cantante, sin contar, por supuesto, á los que habiendo adquirido ya, por derecho
propio, el nombre de maestros, han presentado _en
palses trasatlánticos á la consideración de la critica
lo más exquisito de su obra; y aqul viene á mi memoria el recuerdo de nuestro inolvidable, de nuestro
admirado Ricardo Castro.
Ahora bien, ¿cuál es el porvenir _oue tras de su~
ruidosos triunfos en tierra extran1era se ofrece a
nuestros artistas al volver á la propia?

*••
SERORA LETlólA SOI.I.ANO"OE URSINA

•
Solución al problema numero 13,
por V. Marin

AJEDREZ
Problema núm. 15, por T. King·Parks

NEGRAS

BLANCAS
1P5R
2 P 6 R

si R X T (5 A)

1

(mate).
1

:2

D 4 A (unte).

I

2 P X P (male).
2

si R X T (s D)

r ai P X P

2 D X P (male).

si R

2 R

r si C 3 D

p X C (matd.

Han mandado soluci6n ~xacta las personas siguientes: J. G. Gutiérrez Topete y F. ~rlgoyen, de
México; A. de lrigoyen y Arturo J. Mermo Cervantes, de Toluca, y Olallo Rubio, de Cananea.

•• •

RUYll..OIPEZ
BLANCAS

NEGRAS

SR.BAROELEBEN

SR. COHN
P 4 R

rP4R
C 3 AR
3A5C
4 Bnroca
5P4D
2

l
2

C 3 AD

•C3A

45 AC X RP
2

6C3D

6 D 2R
7 A XC
8 P X P
9C3A
11
12

7 PL X A

se2 e

9 Bnroca.

R

10

C.¡ D
A .1 R

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14 A 3 R
15 p
P (al
16 T D 1 D

x

C 4 A

11C 1
. R
l,'l

13 A X C

paso).

ex e

P 4 AD

14 P 4 D
15 A X P

Corno se puede esperar entre dos maestros e~ es•
tas condiciones, el score _es e!lteramente un hbr~,
los movimientos son idénticos a los de la 14~ partl•
da entre Lasker y Tarrasch. Así es de presumirse
que cada movimiento r_epresentaba su última resolución de lo que era me¡or.
17 O

Partida jugada entre los señores Bardeleben Y
Cohn.
Juego de exhibición en Berlí_n. Mien_tras ca_da un_o
de estos dos jugadores sostenian partidas simultaneas contra veintitrés personas, jugaban otra entre
ellos sin ver el tablero.

BLANCAS

··-.,,..

Pott tlaestttos Atttistas

JOSÉ PHlSIO Y GONZALEZ.

Las blancas jnegan y dan mate en tres jugachs

t

·~

~

bilidad.

NEGRAS

,

I

A

16 T 1 R
17 D 5 T

Una íugada desastrosa, la que, aunque está excusada por las circunstancias, hace resaltar más lo ad·
mirable de la combinación en la respuesta de las
blancas.
18

T

X A

19 A 5 C
::ioD X T

18 P X T
19 T X T
20

Se rinde.

Parece imposible que en cuatro movimientos, estando en ur.a posición magnífica, haya ocurrido un
desastre tan completo. ,

El porvenir es este: ó el magisterio, 6 la anulación
6 el retiro á la vida privada. O se dedican á enseñar, 6 dan muerte á su arte, poniéndolo al servicio
de espectáculos inferiores, 6, si tienen recursos para
ello, se acogen á su domicilio á comer bien y acostarse temprano.
¡Y cuenta que los instrumentistas, en i,íltimo caso,
son los más afortunados! Cuando imperiosas exigencias estomacales así lo reclaman, tienen abier•
tas las puertas de cinematógrafos y teatruchos.
Pues los cantantes, los cantantes que desean seguir una carrera, que han hecho estudios serios, que
poseen facultades apreciables y han ejercitado éstas
aqul y en Europa, ¿qué senda pueden seguir cuando
carecen de dotes pedagógicas, 6 no quieren enseñar,
6 no hay á quien enseñar?
Ya lo adivináis: no les queda otro recurso que el
de convertirse en manolas que lanzan jíplos y ayes
interminables, 6 en grotescos chulos de tufos y pantalón ceñido.
¿Que ellos aspiraban á cantar Verdi, Wagner 6
Debussy?
Pero, no señor: si quieren satisfacer las necesida•
des del estómago, tienen que cantará Jiménez 6 á
un Valverde cualquiera, aprender de memoria los
chistes de un Arniches 6 de un Perrin, y ahogarse
de imbecilidad en esos antros de la tanda.
Y, decidme: ¿no es triste porvenir este para un
artista, para un hombre que soñó en aplicar voz y
talento á la realiiación de empresas que, por lo nobles, dan honor á más de dinero?

***

¿Y cómo evitar, diréis, que resulten inútiles los
esfuerzos de nuestros jóvenes artistas, y de resul•
tados efectivos y prácticos los del gobierno que sos•

VIRGINIA. FABREGAS, ACTRIZ MtXICI.NA,
QUIEN INAUGURARA SU TEMPORA.OA ORAMATICA A FINES DEL PRESENTE MES

tiene un ¡:lantel de educación musical de primer
orden?
El suceso mismo de que un drama llrico mexica·
no vaya á ser cantado por artistas mexicanos, alumncs de1 Conservatorio, nos lo revela.
Formar un teatro en el que los artístas principian•
tes tan luego como estén en aptitudes de hacerlo,
se den á conocer al público, obtengan la sanción de
éste y se habitúen al ejercicio de su arte; incluir,
en l~s programas del Conservatorio, rep!esentaciones liricas que se efec.tuarlan en determinada estación del año, y con los productos de las cuales, amén
de la protección oficial, que en este caso sería muy
valiosa atenderiase al mejoramiento gradual del espectá;u\o. He abl lo que debe de hacerse.

Para tener un arte propio, habemos menester de
artistas propios¡ para crear un ambiente-que de
manera imperiosa reclaman ya nuestras necesidades
intelectuales,-no es menester importarlo en la persona de artistas extranjeros, sino estimular á los
nacionales, ofrecer á los compatriotas de hoy y del
futuro un ancho campo para el desarrollo de sus
dotes.
Labor semejante, á más de ser patriótica, sería
eminentemente artistica.
MA l!:Slt

PEDRO.

�El Buen Gusto en las Habitaciones

•
Crónica

gurar su victoria? .. .No lo dudiis, lt cforas mías¡
procurad ser bellas, discre.tamcnte bel las, y aq uel
á quien amáis será vencido indiscutible y ddi•
nitivamente por vue~tros en cantos.

F

L arte y la fantasía, ellos dos
hábiles cómplices de la coq11eteda femenina, continúan
derrochando los tesoros de su
:pot&lt;ncia creadora, para p; ;
porcionar á la mujer nuevos
medios de embellecimiento y
atr.activo. Nunca descansan ; en invierno, en verano, en primavera y en oloiio, veremos ocupados á los arti stas confec-c ionadores en idear
nuevas redes, que las manos fem&lt;niles manejarán hábil y delícios.amc:nte. Ya son vaporosas
&lt;écbarpes&gt; de tul 6 gasa, las cuales, semejantes á
cadenas frágiles, pero inquebrantables, atarán,
poderosamente, los corazones. Ya finas pieles,
que rodeando acariciadoras los blancos cuellos T
haciendo más interesante á Ja linda friolenta,
atraerán, hacia eUa, la admiración, p rólogo oblil(ado del sentimiento amoroso en d espirita. varon.il. Otras veces, los d i jes, pulseras y joyas,
harán el papel de fieles servidores que á h me·
nor insinuación de su hermosa dueña asaltarán
al descuidado caballero, apri sionando su voluntad en los lazos invisibles de la simpatía, ¡Cuántas veces un sencillo nudo de listón, puesto con
gracia entre los dorados bucles de una cabellera,
sirve de firme atadura pua retener esa '\'Oluntad, antes tan independiente y rebelde. . . 1 Por
esto la mujer, analizadora fina y sin estudios del
sentimiento, cifra todo sn cui dado en realzar sus
atractivos, pnc:s sabe que el hombre es un niño
trande, al coa 1 es preciso atraer con Bares, lazos
y joyo, así como se hace uso de los cascabeles,
cmentas de: •idrio y objetos brillantes para tc:ou
complacido al in.quieto pequeño, cuya ateuci6n
no es posible fijar de otra maner.a,
Pn;guntarán, quizá, mis lectoras: ¿Es posible
esto? ¿Acaso no c:s el hombre un sér superior á
la mujer en inteligencia y todas las dem,s facultades, ocupado de serios estudios y dueño de los
grandes descubrimientos? . . . . lodadablemen tc: lo
es, lectoras miu; pero la experiencia y la histo•
ria nos demuestran que, á pesar de c:sa superioridad, el hombre se rinde más fácilmente ante la
diosa de la moda, que ante la Minerva más sabia
"f discreta. Y esto ha sucedido siempre en todos
los pueblos y en todas las épocas, por cuya razón
la mujer ha t enido que recurrir á las telas, joyas
y listones para aumentar su belleza, ó fingirla artísticamente si no la tiene, y ser por este medio
la soberana del hombre. ¿Cuál será la explica·
ción de este hecho? Bmscadla si queréis, lecioras
mías; hasta hoy la única que se ha encontrado
es que siendo el sentimiento la h.cultad m enos
desarrollada en el espíritu varonil, y sintiéndose superior á la mujer en poderío intelect ual y
físico, le queda nna sola supremacb, á la cual
consagra devoto culto: la de l.a belleza, Ant e e~ta soberana veremos inclinarse á los m:b podet o•
sos gobernantes, hábiles políticos y sabios pensadores: todos le doblan la rodilla, confesándose

Las imperioeae ne~i,h1d.:s de la vida moderna
hacen ya índispensable, no ró!o el esmerado lll!eo
en los aposentos, eino también cierto lujo y refi namiento qne obliga de un modo relativo á todas las
cla..oes sociales. Las personas acomodadas que tienen en sus manos la manera de obtener, á cualquier precio, rico y artístico mobiliario, no necesitan de habilidad y estudio para decorar ó amueb lar eu casa con todo el gusto y •conforb apetecibles. Pero tanto las personas de modestos recUl'Bos,

L,

gloriosamente vencidos y ,.dorando esa deidad,
delante de la que se vanaglorian de sentirse: débiles y sometidos.

Aceptada , pues, esta verdad, ¿parecerá u :tralío
6 reprochable que la mu¡'er reina del sentimien•
to T avara siempre de apoderarse
'
del corazón
varonil, elija las armas más apropiadas para ase•

Los trajes de liento que forman el princi pal
atractivo de las reuniones dtdicadas al &lt;sport&gt;,
son cada dfa más exquisitos y lindos. No son
estos atavlos, ciertamente, los que las casas con•
feccionadoras estrechan exageradamente en la
parle inferior de la falda , despojbdolos así de
toda graciosa flexibilidad, como sucede con otros
estilos de trajes; no, lectoras mías: para tan frescas y bellas ctoilettes&gt; se usa el corle recto y con
tendencias á hacer la silueta esbelta y fina, es
verdad¡ pero cayendo la tela en negligentes y flotantes pliegues sobre 1111 fondo mny ceñido y al
cual se le deja la importante misión de conservar el tipo dominante de las modas actuales.
Pero ahora prefiero citará mis lectoras un modelo verdaderamente deli cioso de cierto traj",
propio para asistir á las carreras. Está hecho en
linón de seda rosa. plilido, sobre un fondo de satén blanco, muy ceñido al cuerpo. El talle está
ligeramente fruncido y los pliegues vaporosos y
flexibles, como se ven en esa tela , bajan ensan•
chándose hacia la falda que está entrecortada
por grandes qui llas de encaje: valenciano finísimo, las cuales terminan en punta muy o,_arcada,
entrando casi hasta el talle. Tres cucardas de Ji.
nón rosa, semejantes á frescas y lindas llores, re•
matan dichas quillas, y en la orilla de la falda
esas mismas cacardas van colocadas de treoho en
trecho, formando una guirnalda de exquisito
gusto, que también tiene la utilidad de retener
en un sitio los pliegues de la Jalda, pues se ocultan entre ellas plomitos invisibles, los cuales suplen con ven.taja á la banda centravd que estrecha la parte inferior del traje y recoge su amplitud. De esta manera vemos el atavío B.rx:ible y
flotante:, y , al mismo tiempo, deja adivinar la estrechez del fondo satén que es la nota característica de las modas presentes.
El corpiño de dicho traje tiene 1111 gracioso
c fichú&gt; de linón rosa, adornado con encajes valencianos y, al cruzarse:, se cier ra con una cucarda de la misma tela. Completa tan linda c toi•
lette&gt; una gran capc:lina de paja de Italia, cuya
copa est;l rodeada por una banda de terciopelo
verde marchito, terminando en un voluminoso
nudo por detrás y, en el frente, lleva una sola
pluma «pleareuse&gt; de color rosa pá lido, colocada
casi recta y cubri endo con su fino vellón toda la
copa. La sombrilla es de muselina de seda rosa
pálido, ornada dc:u::qai.sitosencajes valencianos.
En otra ocasión continuart tratando de esos
lindos trajes de lienzo, de los cuales aún hay
mucho que decir á mis amables lectoras, y que
hoy solamente: hemos visto al princi pio de estos
apuntes Y como de paso, 110 con la atenojón que
tan justamente mere.ceo.

MARG.AlUTA.

como los hogaree pobres, se encuiintran siempre
con grandes dificu ltades para arreglar sus habitaciones conforme á los modernos usos de la vida
actual.
E l buen gusto sirve pera elegir y acomodar 1.iábilmente los muebles modestos, haciéndolos aparecer, muchas veces, con doble valor del que iotnnsicamente tienen; pero para educar el gusto, es
preciso ver hermosos modelos. .A fin de que n ues•
t ras lectoras puedan obtener uno de dichos modelos, ilustramos la página de hoy con wi precioso
grabado que representa un saloncito intimo, decorado y am.neblado con todo el reflnamiento y ar·
monta posibles. 'i los recursos de aquellas de
nuestras lectoras que deseen poner un salón semejant.e al que vemos en el grabado, no son muy
abundantes, podrán elegir muebles máe modestos,
procurando que se parezcan á éstos en estiJo, coloree y aspecto. Haremos una descripción de todo el
aposento, para que mejor idea puedan tener del
conjunto.
Las paredes están pintadas al óleo en color marfil y ostentan cpannoux, rosa antiguo, con ornatos
color de marfil. El piso va cubierto con elegante
alfombra, color de rosa antiguo con dibujos en tono más obscuro. E l lienzo de pared que está. al
frente, luce una ancha ch imenea de mármol jaspeado, con el ma-rco del centro de mármol negro
con incrustaciones de met.al. Sobre la cnbierta de
la chimenea vemos varios objetos artísticos, un reloj, unas estatuas, dos tibores, algunos retratos, y
en la parte alta, un hermoso cuadro con marco de
bronce y dos candelabros de colgar con pantallas
de eeda roaa. A la izquierda está una vitrina de
madera de nogal con incrlll'tacione.s de bronce. En
el otro lienzo de pared que completa el ángulo,
.hay nna mesita consola de nogal, su.atentando un

hermoso tibor. En el centro de dicho lienzo está
una gran vitrina de nogal con incrustaciones de
bronce, encerrando míl primores artístico11. Una
mesita, colocada caprichosamente en el centro,
eostiene hermosa jardinera de cristal llena de ro
sas y los libros predilectos. Aquí y allá una silla y
un ~il lón de la misma madera y estilo que los demAs muebles tapizados con brocado rosa antiguo,
se destacan armoniosamente. 011 columna t,-ipié,
puesta. á un lado del sillón, lnce en la parte superior un jarroncito con frondosa planta de sombra .
n caudil .Je seis lu,·es pende del centro de la
habitación, y varios cuadroe,
escogidos con delicntleza y
buen gusto, completan el e-encillo y elegante decorado del
salón. Las puertas y ventanaa llevan cortinas del mismo
brocado con que están tapizados los muebles. Para med iar 6 atenuar la luz, pueden
ponerse •atores, de ni pis ó de
tul guarnecido con aplicacio-nes de encaje inglés ó bordado á la duquesa.
El estudio de la luz qne
coa viene á cada pieza, es uno
de los ,Jetalles más importantes de estética, puesei el aposento ee ob~caro, no se del!tacará ninguno de los objetos
que haya en él. Si por el
contrario, tiene demasiada
luz, los colores de los tapices, cortinas y alfombras, no adquirirán ese matiz aristocrático que eólo puede obtenerse velando
la luz discretamente.

•
EL AMOR EN EL MATRIMONIO

Es indudable que el amor ha s:le ser la base del
matrimonio; pero puede suceder, por desgracia,
que se atenúe ó se concluya en el uno ó en la otra...
ó en los dos, lo cual ya es mucho más grave.
Desde luego suponemos que los dos contrayentes 11an ido al matrimonio muy enamorados, y pert iendo de c,9te principio, hemos de decir que la
con..oervacióa del mutuo cariño depende en gran
parte de la joven esposa. Ella puede atraer y conquistar á su marido. Puede mover su cornz6n de
tal manera, que Uegue á amarla honda y profundamente. Los principalee elementos que pueden con currir á tan excelente obra, son espíritu recto, ratón elevada y carácter dulce y prudente.
Supongamos que la mujer ee siente de3E!ngaíiada
después de la boda, y, por consecuencia, no puede
ya reparar su error. Claro es que se sentirá desazonada y abatida en sumo ~redo. Supongamos
también que no Ee trata de una mujernecia ó mala, sino de nna mujer generosa y buena. ¿Qué
hará al comprender que su eepoEO no ee el hombre sotiado?
Aceptar nleroaamente la eituación y cumplir
con todos sus deberes procurando hacerlo feliz.
Ahogar su ll anto y sus suspiros, imponer calma y
valor al corHón, y procurar aparecer siempre con
rostro sereno y agradable. Ko dejar que sus labios
pronuncien estas terribles pa.lab:r:as: •No le amo, .

.Este sacrificio obtendrá pronto la merecida re.
cowpenea, porque poco á poco te verá cada vez más
amada por Sil ·esposo y esto la obligará á amarlo
también, y la ,·idn llegará á Eer agradable ásulado.
.Xo l1ay más camino q11e élte. Cualquiera otro
f'mpeorerfa la sitnaci6o, porque terminaría eu la
ruptura de todos los vfoculos, lo cual es casi siempre ln peor de todas las desgraciat'I.
P&lt;1P.de suceder también lo contrario: que lajove.n,
despué3 de ca81\d&amp;, ob~erve desvíos y t• cuso amor
en su esposo, ya porque la buena. dote lo indnjera
al matrimonio, ya porque deaeara verse unido á
una famil ia de más po!ici6n 6 inflnenci11 que la
suya.
Eo este caso, ei In mujer está enamorada de su
esposo, le eerá fácil hacerse ama.r de él. Casi se
puede a~egurar que de ella depende que aquel corazón cerrado se al&gt;ra al cariiio; pero á condición
de que 111 desairada eepoea no dirija ni mariJo
ca11to ni siquiera quejas, por suaves qmi Feau. La
mujer, en este género de lucha1:1, tiene de su parte
todas las ventajas y en utilizarlas oportn.nameute
eatá el triunfo. .El esposo concluirá por rendil'Ee
ante el convencimiento del valer moral de s11 espC1.
sa y el amor renacer en él más intenso que nw1ca. Lo que importa ea conseryarlo romo fuego
sagrado.
Si por desgracia para ambos hubiéra ido al altar
ein amor, llevados solamente de otras miras, la mujer, aconsejada por la razón y por el deber, procurará convertir la indiíerencia en amor ó á lo me•
nos en estimación eólida que engendrará un afecto invariable. ,j ella consi~uequerer á su e poso,
ponderando interiormente les cualidntles que tenga y disimulando los defectos, no tardará mucho
'lill verse amada por él. Todos cuantos recureos tiene la mujer á ea disposición, deberáemplea.rlos pa-ra cambiar la faz del matrimonio, convirtiéndolo
en una uni6a leUz.
onviene decir que e I primer año de vida
conyugal suele ser el má~ duro y penoso, aun
en el supuesto de que los dos cónyuges se amen.
La comprensión entre dos personas no se establece
de pronto, eino cuando los caracteres, después de
estudiados, se compenetran y íunden en uno solo.
Cuando esto sucede, la armonía es perfetta. La
esposa estimará 111 esposo, los egoísmos habrán terminuo, y u.no y otro eólo pensarán en ser felices.
Lo que conseguirá la majer venciéndoEe á sf mis·
ma es inca! ·ulable. Desde luego, el amor entre loe
esposos irá en aumento. Ki en los instantes más
crueles de la vida dejarán de estar unidos; su car illo los iluminará aun en las horas más sombrías;
podrán luéhar con el destino, salvando las dificultades y coneo!Andoae mutuamente en sus tristezas.
Cuando el amor desaparece clel corazón de los
hombres, casi siempre tiene la culpa la mujer. No
habrá sabido emplear el esfuerzo necesario para
hacerse querer, recurriendo para ello á su paciencia y á su perseverancia. Habrá olvidado que
cuando el amor renace entre los esposos, la existencia se convierte en un cielo sin nubes. El amor,
rodeado de todas las garantías sociolcs, los conducirá suavemente por el camino de la vida, y conocerán, en lo posible, la dicha humana.
¿ Y qué mujer será capaz de no hacer todos los
sacrificios imaginables para crear y consolidar la
unión estrecha de los corazones, tau fecunda en
excelentes resultados, sabiendo que los herotsmos de corazón están encomendados siempre á la
más d!ibil mitad del género humano?

�FoT. FÉLIX, DE PARÍS.-ESPECIAL PARA "EL MUNDO ILUSTRADO"
ELLGANTEl l'iIANTO

de se.téa negro, adornado con vueltas y franjas de terciopelo, negro también, y flecos de seda del mismo color
FoT. FÉLIX, DE PARís.-ESPECIAL PARA ''EL MUNDO ILUSTRADO"
TRAJE DE REcEro1óN.- Hecho en muselin11 de seda blanca, bordada, cubierto de gasa negra, guarne-cida con ornatos de galfo
en met11les antiguos. A la orill11. de la falda tiene un fleco de bellotas de seda negra.

��El Mundo Ilustrado

La Novela Policíaca
... '•y todo lo demu es llteratora,"
decta despreciativamente Verlaloe. El valor abstracto que encierra la palabra." Arte" oo siempre corresponde al valor abs•
tracto de ta palabra ' Llteratur11." La 11·
teratur• es también ua producto lnclustrl&amp;l. La literatura es también un medio
de vivir o de alcanzar la eflmera gloria del
renombre Inmerecido, l trueque de balagar los gustos del público q1H lee y que

lfSTIMONIO D~ UN

LAS BUENAS IDEAS

BANOU[RO RETIRADO

HAN DE ACOMPA~ARNOS SIEMPRE

El Financiero Wm. J. F. Rey,
oolds No Podía Caminar.

0

OTRO TANTO
se puede decir de las
ideas útiles.

paga.

•

L11 tendencia t satisfacer los gustos y
caprlcllos del vulgo se ha manifestado,
de modo preferente, en la novela . Es•
tendencia ba podido ser, muchas veces,
originada por el amor al h ito fAcil; pero
también ha sido, principalmente en nuestro siglo, producto ltgttlmo del esplr1tu
Industrial. qae ha connrtldo en vil objeto
de comerdo al género mera.rto qua mejor
puede relleja.r lu.:1 sentimientos y las Ideas
de una época.
L• novela se ha rev-elado, en cada etapa de 11. D1entalldad de los pueblos , como
una fiel cortesana de los gustos lmperantH. El entusiasmo qne despertaban l&amp;S
nuraclooes heroicas de la Edad Media,
tralo por consecneocla la epldanta ele novelas de caballerla del siglo XVI. El precloclsmo y la afectación en lu cost11mbres creando un ambiente artifietal, die•
ron por resultado la novela del siglo XVII,
forjada sobre el•tipo de la Interminable
Astrea de Hi,ooré O'Ursé. El afAn por conocer mundos nuevos dló orh¡;en t la novela de viajes y aventuras, que logró revelaciones tan valiosas como el Robinsón
Cruso,, el siglo XVI II. Y durante et siglo
xrx la explosión del romanticismo, yendo b11sc1r temas de pasión y de herolsmo en los siglos precedentes, dJó alleotos
á la novela b lstórlca, que con Alejandro
Oirmas alcanza una tambre monstruo~•
'1. basta, donde, como de;;com.unal para·
do)a, se encuentran el esplrtt11 de falsed•d
Junto con el de lnvestlgad0n, y la lm,g;lnadón y el Ingenio Junto con ta vu 'garl·
dad y la Ignorancia.
En nuestro s1,10, la. orientación mercantil de la novela. es otra. Estamos bajo
el reinado del periódico. Al público grueso
le complace mls la lectura de una lafor·
maclón rAplda y palpltlflte sobre el crlD1en de la vl:1pera, que la trama senc:tlla

t

EL REMEDIO DE MUNYON
PARA EL REUMATISMO LO CURÓ.
lfr. Wm. J. F. Re1nold,, banquero retfrado J 601ndoro, eacribc: "Pbiladdpbi■¡
Oct. &gt;9, 1907.-E1uba perfcctam•nte luuti
:on rl r"umatismo~ no 'P.O(iia andar, carar de
• pié J k nla tan inftamAifo■ 101 piéa, loo tobi•
lloa , lu rodillas qu• por mú de un a ño no
oabla lo qu• era descansar durante la nocbc.
Tomi todo1 loa remedio■ conocido, sin sentir
&amp;!i'lio. Uii amigo me acon..j6 guc toman.
&lt;I Remedio de Munyon p■ra el Rct1matluno.
lo que hice de muy mala gana; el primer
frasquito me proporcion6 alivio¡ compré
otro J anl&lt;1 d• tcnolnar con e .e¡und~
estaba pcrf&lt;ctam&lt;nlé curado. Nunca me be

~

BUENAS YUTILES
serán las ideas de us-

1enrido mejor c-n mi Tid.a .como abor&amp;.."

.. Tendr é oiemrre mucho placer en dar
Informe&gt; de lo maravilloso que •• ti Reme·
dio de Mun1on para d Reum2tiamo 7 lo 11u•
hiro por mi, i ioTito cordialmente , !01 aur.
tuíreo que me ucriban prquntando sobr~
el partlcuhr."

ted, si piensa que la

"WtL

casa donde ha de hacer sus compras es

De los Sres. Julio Albert y Cía., Sucrs.

elimine todu 1u1 ímpurcn1.

la. de la Monterilla Núm1. 3 y 4

El Rcmtdio do Munyon pota 101 Rcofria•
do• pttcave contra 12 pulmonla r cua un
re1fr1ado en poca■ boras.
El Unirúcnto de Munyon pan lu Almo·
lu•cura po1itlnmc11~ e11 tQdu 1Íl1

MEXICO, D. F.

f~~~•,.S,.

1l. otras

enfer•

que otros consideran Incurables. He curado miles
de casos crOnlcos serlos - muchos casos que otros
'no han p odido curar. MI Gufa Medicinal Privada
.,a.ra. hombrea ex.pHca como se curan, en su propio hoga r de Ud.1 todas las enfermedades que ftguran en el cupon al p!e Y muchas otras que el
corto espacio aqul no me p ermite nombrar. Quiere
Ud. saber como puede ser fuerte, sano Y v1.gor bso? En ese caso escrlbame hoy. Hé.bleme de
su ..:aso y le escribiré una carta personaJ de oon•
sejos y Je mandaré el libro, todo GRATIS y Ubre
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O

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m ente ha sldo maravilloso. En verdad, mis asplra.
clones de hacer bien en el mundo y á la humanidad han
sido m3&lt;s que satisfechas. He adquirido una. buena porcl6n
de los bienes de este. mundo. Por todo es to estoy lleno de
g ratitud - Soy agr adecido. :Fln. recompense. de esto quiero
hacer un bien 11. la humanidad. Quiero aynda.r é, l os enfer•
mos y .A os .Que sutren. sln n!ngün costo 11. ellos. Positiva.mente r egalaré 10,000 Gufas JUedlcloale• Prlva1laa 6. las primera s 10,000 personas que me escriban. No lmpor : a quJcn
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NOTA.t-SI Ud. prefiere puede descrlblr su caao en su propio lenguaje
de Ud. en una carta. A pa.rte 6. mt.

Agentes Generales: J. Labadie SnCi!
y Cia. Profesa 5. México. D. F .

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hecho poslttvam.ente curo muchas enfermedades

No acepto paga, ni un centavo por ml libro 6 mi
carta especial de consejos para Ud. Qulero probar
A. Ud. que puede curarse con bue n éxito en su misma casa. de
Ud. l o mismo como miles de otros han hecho bajo mi consejo
y dirección. Si mi libro y conse.Jos son los medios de ponerlo
A. Ud. en el ce.mino de la 11alud - el son las causes de que
Ud. r ecobre su salud y v igor, entonces quiero que Ud.
diga. una palabra cariñosa. de ml á. sus ~tg9s par-.
gue ellos t a mbién tengan oportunidad de ser a.llvlados de
sus sutrlmlentos. Esto es todo lo que deseo. Cuando digo
irratls es porque "s arau~.

conUnuact6n

El V·iTlficador de Muoyon d~~•I" 6 l01
•ombrc1 débUc, el Ti1or perdido.
a
llfl/lliYOJf R.E,IEDY ro.,
Ut el: ,JrO:"r•o:a. !Ita,, Pblla,lelp•I-.
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ºEL MUNDO ILUSTRADO" ES EL MEJOR SEMANARIO DE LA REPUBLI&lt;.:A

SU FUTURO SE PUEDE
PRESAGIAR.
V. puede leerlo V. mismo.
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"EL PODER SECRETO" ea un libro
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Den1trt. (507 B, Sta.tion E, Los Angeles,
CEillf., E. U. de A.

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c.,Año XVJI-Tomo
II.
.

.,, .

-

c.í'\1éxico, 4 de Septiembre de 1910

Número 19

,1r

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1910, Año 17, Tomo 2, No 18, Agosto 28</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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