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                  <text>El Mundo Ilustrado

La Novela Policíaca
... '•y todo lo demu es llteratora,"
decta despreciativamente Verlaloe. El valor abstracto que encierra la palabra." Arte" oo siempre corresponde al valor abs•
tracto de ta palabra ' Llteratur11." La 11·
teratur• es también ua producto lnclustrl&amp;l. La literatura es también un medio
de vivir o de alcanzar la eflmera gloria del
renombre Inmerecido, l trueque de balagar los gustos del público q1H lee y que

lfSTIMONIO D~ UN

LAS BUENAS IDEAS

BANOU[RO RETIRADO

HAN DE ACOMPA~ARNOS SIEMPRE

El Financiero Wm. J. F. Rey,
oolds No Podía Caminar.

0

OTRO TANTO
se puede decir de las
ideas útiles.

paga.

•

L11 tendencia t satisfacer los gustos y
caprlcllos del vulgo se ha manifestado,
de modo preferente, en la novela . Es•
tendencia ba podido ser, muchas veces,
originada por el amor al h ito fAcil; pero
también ha sido, principalmente en nuestro siglo, producto ltgttlmo del esplr1tu
Industrial. qae ha connrtldo en vil objeto
de comerdo al género mera.rto qua mejor
puede relleja.r lu.:1 sentimientos y las Ideas
de una época.
L• novela se ha rev-elado, en cada etapa de 11. D1entalldad de los pueblos , como
una fiel cortesana de los gustos lmperantH. El entusiasmo qne despertaban l&amp;S
nuraclooes heroicas de la Edad Media,
tralo por consecneocla la epldanta ele novelas de caballerla del siglo XVI. El precloclsmo y la afectación en lu cost11mbres creando un ambiente artifietal, die•
ron por resultado la novela del siglo XVII,
forjada sobre el•tipo de la Interminable
Astrea de Hi,ooré O'Ursé. El afAn por conocer mundos nuevos dló orh¡;en t la novela de viajes y aventuras, que logró revelaciones tan valiosas como el Robinsón
Cruso,, el siglo XVI II. Y durante et siglo
xrx la explosión del romanticismo, yendo b11sc1r temas de pasión y de herolsmo en los siglos precedentes, dJó alleotos
á la novela b lstórlca, que con Alejandro
Oirmas alcanza una tambre monstruo~•
'1. basta, donde, como de;;com.unal para·
do)a, se encuentran el esplrtt11 de falsed•d
Junto con el de lnvestlgad0n, y la lm,g;lnadón y el Ingenio Junto con ta vu 'garl·
dad y la Ignorancia.
En nuestro s1,10, la. orientación mercantil de la novela. es otra. Estamos bajo
el reinado del periódico. Al público grueso
le complace mls la lectura de una lafor·
maclón rAplda y palpltlflte sobre el crlD1en de la vl:1pera, que la trama senc:tlla

t

EL REMEDIO DE MUNYON
PARA EL REUMATISMO LO CURÓ.
lfr. Wm. J. F. Re1nold,, banquero retfrado J 601ndoro, eacribc: "Pbiladdpbi■¡
Oct. &gt;9, 1907.-E1uba perfcctam•nte luuti
:on rl r"umatismo~ no 'P.O(iia andar, carar de
• pié J k nla tan inftamAifo■ 101 piéa, loo tobi•
lloa , lu rodillas qu• por mú de un a ño no
oabla lo qu• era descansar durante la nocbc.
Tomi todo1 loa remedio■ conocido, sin sentir
&amp;!i'lio. Uii amigo me acon..j6 guc toman.
&lt;I Remedio de Munyon p■ra el Rct1matluno.
lo que hice de muy mala gana; el primer
frasquito me proporcion6 alivio¡ compré
otro J anl&lt;1 d• tcnolnar con e .e¡und~
estaba pcrf&lt;ctam&lt;nlé curado. Nunca me be

~

BUENAS YUTILES
serán las ideas de us-

1enrido mejor c-n mi Tid.a .como abor&amp;.."

.. Tendr é oiemrre mucho placer en dar
Informe&gt; de lo maravilloso que •• ti Reme·
dio de Mun1on para d Reum2tiamo 7 lo 11u•
hiro por mi, i ioTito cordialmente , !01 aur.
tuíreo que me ucriban prquntando sobr~
el partlcuhr."

ted, si piensa que la

"WtL

casa donde ha de hacer sus compras es

De los Sres. Julio Albert y Cía., Sucrs.

elimine todu 1u1 ímpurcn1.

la. de la Monterilla Núm1. 3 y 4

El Rcmtdio do Munyon pota 101 Rcofria•
do• pttcave contra 12 pulmonla r cua un
re1fr1ado en poca■ boras.
El Unirúcnto de Munyon pan lu Almo·
lu•cura po1itlnmc11~ e11 tQdu 1Íl1

MEXICO, D. F.

f~~~•,.S,.

1l. otras

enfer•

que otros consideran Incurables. He curado miles
de casos crOnlcos serlos - muchos casos que otros
'no han p odido curar. MI Gufa Medicinal Privada
.,a.ra. hombrea ex.pHca como se curan, en su propio hoga r de Ud.1 todas las enfermedades que ftguran en el cupon al p!e Y muchas otras que el
corto espacio aqul no me p ermite nombrar. Quiere
Ud. saber como puede ser fuerte, sano Y v1.gor bso? En ese caso escrlbame hoy. Hé.bleme de
su ..:aso y le escribiré una carta personaJ de oon•
sejos y Je mandaré el libro, todo GRATIS y Ubre
de porte.
O

Mi Buen Éxito Resulta en Su Beneficio

No Espero Paga

MI buen éxito, tanto profesional como eoonOmlca•
m ente ha sldo maravilloso. En verdad, mis asplra.
clones de hacer bien en el mundo y á la humanidad han
sido m3&lt;s que satisfechas. He adquirido una. buena porcl6n
de los bienes de este. mundo. Por todo es to estoy lleno de
g ratitud - Soy agr adecido. :Fln. recompense. de esto quiero
hacer un bien 11. la humanidad. Quiero aynda.r é, l os enfer•
mos y .A os .Que sutren. sln n!ngün costo 11. ellos. Positiva.mente r egalaré 10,000 Gufas JUedlcloale• Prlva1laa 6. las primera s 10,000 personas que me escriban. No lmpor : a quJcn
sea Ud., donde viva, que sea rico 6 pobre. si Ud. necesíta
un libro pré.cUco que 18 gularll. por muchos aflos - sl U J
neceslta consejo profesional para. cualquiera entermedaa
curable
por la olenc!11. médica moderna - sl lJd. estA enRecorte el cupón al pie, é, lo largo de la linea punteada
fermo ó sufriendo, yo lo qulero ayudar ¡rratu:ltamente. Yo
y marque con una. cruz (X) al trente de la enfermedad
quiero r egalar estos 10,00 0 libros gratis y con porte paque Ud. tenga.; Uénelo con su nombre Y dirección y mangado, Póngase Ud. ahora mismo a. llenar el cupón ue
aba.jo y mándemelo. S ea. Ud. uno de los 10,000 afortunados.
d emeto por correo á. mi.
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(X) al trente de la enfermedad que

liangte .Impu-ra
Mal de Blpdo
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:Mal de Rl6oaea

ne•111dacJN&lt;!r'rioan
ReumntlJ,mo
De))llldad SeSllal

Cbdtb
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EnreJHmlento
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ERtrecihu

Loeomotor A.tasia
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NOTA.t-SI Ud. prefiere puede descrlblr su caao en su propio lenguaje
de Ud. en una carta. A pa.rte 6. mt.

Agentes Generales: J. Labadie SnCi!
y Cia. Profesa 5. México. D. F .

meda.des Incurables, pero el prelendo &lt;urar Y de
hecho poslttvam.ente curo muchas enfermedades

No acepto paga, ni un centavo por ml libro 6 mi
carta especial de consejos para Ud. Qulero probar
A. Ud. que puede curarse con bue n éxito en su misma casa. de
Ud. l o mismo como miles de otros han hecho bajo mi consejo
y dirección. Si mi libro y conse.Jos son los medios de ponerlo
A. Ud. en el ce.mino de la 11alud - el son las causes de que
Ud. r ecobre su salud y v igor, entonces quiero que Ud.
diga. una palabra cariñosa. de ml á. sus ~tg9s par-.
gue ellos t a mbién tengan oportunidad de ser a.llvlados de
sus sutrlmlentos. Esto es todo lo que deseo. Cuando digo
irratls es porque "s arau~.

conUnuact6n

El V·iTlficador de Muoyon d~~•I" 6 l01
•ombrc1 débUc, el Ti1or perdido.
a
llfl/lliYOJf R.E,IEDY ro.,
Ut el: ,JrO:"r•o:a. !Ita,, Pblla,lelp•I-.
Pa,, E, t/, ele A.
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Enfermedades Que Trato
7 · No pretendo curar canear, lepra

si Ud. escribe enseguida.. Mlentr,is dura la tirada
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ºEL MUNDO ILUSTRADO" ES EL MEJOR SEMANARIO DE LA REPUBLI&lt;.:A

SU FUTURO SE PUEDE
PRESAGIAR.
V. puede leerlo V. mismo.
UN LIBRO SIN IOUAL QUE! SB Rl!PARTB
ORA.TlS SE LO DICE Á V.
"EL PODER SECRETO" ea un libro
que le dfoe á. V. cómo puede gana.r mA-s
dínet·o, la. manera. de d eterminar qué voo&amp;eión seguir pa.ra. tener el mayor élrito,
inftueneia, poder, cómo hacerse a1IU1r,
eómo poseaion11J:Se de los secretos de todos los seres humanos con quienes V. está.
en eontaeto, cómo sobresalir entro aquellos
que ahora, lo guia.n á V, y cómo llegar á.
ser un maestro de hombres. Garantizamos
el áxito. Este libro está endosa.do por
mmist:ros, abogados y doctores. Ese.riba
h oy pidiéndolo. Es absoluta.mente grati.a.
Una postal se lo trae á. V. á. vuelt&amp; de
correo. Dirección: Chirologiea.l College,
Den1trt. (507 B, Sta.tion E, Los Angeles,
CEillf., E. U. de A.

L

o

o

,.

.

c.,Año XVJI-Tomo
II.
.

.,, .

-

c.í'\1éxico, 4 de Septiembre de 1910

Número 19

,1r

�l:!:l Mundo Ilustrado

-

¿NOVIOS?
Para '•a Mundo Ilustrado"

ELIXIR ESTOMACAL
(STOMALIX)

de Sáiz de Carlos
Cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intestinos, demostrado en
15 años de éxitos constantes, recetándolo los principales médicos de las cinco partes del mundo. Ayqda á las digestiones, abre el apetito, quita el dolor y todas las mo•
lestias de la digestión y tonifica.-CURA las acedías, aguas de boca, el dolor y ardor
de estómago, los vómitos, vértigo estomacal, dispepsia, indigestión, dilatación y úlcera
del estómago, hiperclorhidria, neurastenia gástrica, anemia y cJorosis con dispepsia, mareo de mar, flatulencias, etc.¡ suprime los cólicos, quita la diarrea y disentería, la fetidez de las deposiciones, el malestar y los gases y es antiséptico.-CURA las diarreas
de los niños, incluso en la época del destete y dentición, hasta el punto de restituir
á la vida enfermos irremisiblemente perdidos. Vigoriza el estómago é intestinos, la

digestión se normaliza, el enfermo come más, digiere mejor y se nutre.

DI NAMOGENQ

SAIZ DE CARLOS. Cura la
NEURASTENIA y afecciones ne"losa.s, siendo el mejor TONICO para curar el RA·
QUITIS.MO, recettndolo los médicos en cuantos casos estto Indicados el aceite de bacalao y emnlslooes con hipo•
losfltos, tomAndolo lo~ nlflos con verdadero placer, á los que
tra.nsforma de PALIDOS y ANEMICOS en SONROSADOS y
FUERTES. CURA la ANEMIA, CLOROSIS, colores p"ldos , por ser el mejor RECONSTITUYENTE para todas las
edades y &amp;111bos su:os.

PULMºFosrº

T.' SAIZ DE CARLOS. Cura
.lJ
el CATARRO bronquial

•~do y cr0nfco la TOS, la TISIS y ENFER,~EDADES DEL
PECHO, produciendo los siguientes electos: la nutrición se
acelera, habiendo aumento de peso; los esputos, disnea y

EL HOMBRE MÁS VIEJO DE AMÉRICA

fiebre dlsmlnuyett; la tos cesa y aumentan las ruerzas y el
apetito , nottndose el alivio coa uno. ó dos frascos.

REUMATOL

SAIZ DE CARLOS. Cura el
REUMATISA\O agudo y eróoleo, la GOTA, el ARTRITISMO y la CIATICA. Se elimina
el tcldo drlco, quita el dolor y aumenta la cantidad de orina,
tornándose de turbia y sedlmentosa en clara y tra.nspa·
rente.

PURGATINA

SAIZ DE CARLOS, Cura el extrefllmlento, pudiendo consetnlr, con sn uso, una deposición diaria los enfermos biliosos y los que tienen lodlgestfones y atonta Intestinal, por
ser un tooko-luante suave y eficaz.

De venta en Far.macias y Droguerías. Pídanse folletos á
Carlos S. Prats, Apartado 468. México, D. F.

a

E

lUoa h i6toria? .... No, amiga mía, uo es
precisame,ite una h istoria lo que voy á
referirte: es simplemente un ance&amp;o, y
má• bien que un suceso, uada.
},'i1rnran dog personajes. Ella : una mu
jercita de veintidós años que represente
á lo mis diez y orho, fresca, bonita .... ;
pero no, no te la describo; 6g6retela co
mo quieras, que a."f, sin duda, saldrá mi
histotia má.t, de IU gusto, y si a_caso tu
curiosidad es muy gra_nde, mírate al es,
pejo y supón que se pereda á ti. Su alma. lo que mb atraía trBllluciéndose en
el obscuro abismo de sus pupi las, atrafa
porque era un misterio; esa uo la com·
prenderfas auDque te la describiese.
El: un s ofiador en la_plenitud de la vi,
da y de aus suelio.. ; poeta, filósofo ó lo·
co; llámale como quieras, puta que de
las t res cosas tenfa, Algo mb de poeta ;
(ah, cullutos versos habla compuesto 1&gt;a·
ra ella porque la amaba! esto e11 indls
pensable para mi relAto, como fué indis·
pensable para sus eJJsnf ÜoP. Y ella también lo amaba; nunca se lo babia dicho,
pero él lo sabia siu que ella se lo dijese.
Cuando estaban juntos, sus conversaciones eran aiem ore frívolas, ea decir,
hablaban de lo más interesaute eu sociedad, de las diversiones. de los paseos;
del prójimo; pero de amor, de •su• amor,
ni una palabra. El nunca había caldo en
la vu'garidad de las galanterías, y si alguna vez se la, diri¡rfa, erau tau fioa,.,tan
envueltas, tan •otiles, qoese necesitaba
toda un altua de mujer para_ compren,
derlas; ;ah! pno cuá.utas veces después
de una frase, despuh de uJJa crítica acogida con unánime aplauso, sus miradaP
se encontraban y una Imperceptible sou·
rin a.• omaba ll sus labioa . ... tPodfa ha·
ber a.lm'ls mb unidas que las suya•? ....
Al¡¡-o de esta muda lutell¡¡-eucla debió
traslucirse al verlos juntos, pues la gen·
te dló en llemnles con el más vulgar de
los vocablos: •novio,,. Y no protestaron ;
¿acuo ellos mismos sab!au &amp;i lo erau?
Pues ble.u: la tarde de mi relato había
una fiesta, una : eunión Intima 11. la que
los dos habían sido invitados y loa d06
habfan ido. Ella, sabiendo que su conversación ser[a buscada ; él, decidido A
hablarle de fu amor aquella noche.
Y como otra! tanta., vece,, hubo un mo,
me.uto en gue los dos platicaban quedo,
tan quedo como si se dijeran sus secre
tos, y como olras tsntaa veces hablaban
de boberlBII; pero después de variBll ll!n•
tati vas de él y de varias ioexplicable,,
evasivas de ella, la conversación vino á
caer sobre el amor, sobre el amor eu general.
Un amor de poeta, pensó ella (porque
olvidaba decirte que seut!a un rran orgullo de que él le hiciera versos). Un
amor de poeta debe ser algo muy belio,
cas.i ideal.
-Defiuidme el amor, le dijo de repente.
-¡Et atnor!.... ¡Se ha dicho tanto!......
Se le ha caluu1nlado, pint4ndolo dema·
siado falso, se le ha ponderado, piut6ndolo demaalado hermoso .. , . Eu realidad
no puede definirse: el amor es cotno ca·
da cual lo siente y lo comprende.
-Y vos, ¿cómo lo sentfs?-i:nslstló
ella fijando en él la interrogación de su
mirada.
-Lo siento en el nul de mis ensueiios
como una claridad que se bosqueja,
tiñendo todo de color de rosa
-el divino color de las promesas.Lo siento como débiles murmullos
de besos, de teni nras y de quejas,
-quejas que son tan dulces, que no en·
tiendo
si escapan en suspiros ó se quedan.Como un soplo de brisa, fresco y suave,
que disipa de mi alma. las tristezas,
dándole nueva vida al pensamiento
y convirtiendo en Dores las ideas.
Algo que me subyuga y me extasia
como todas las cosas que son bellas;
algo que yo quisiera sentir siempre,
porque siutiéudolo, la vida es buena;
algo que temo mocho que se aleje
porque es dicha y la dicha nunca espera;
algo que leR da forma y les da vida
á todos 11\ÍS ensueños de poeta,
que hace sufrir ll fuerza de emociones
-un corazón herido, ese es su emblema,pero las ausias de sentir sou tantas, '
que hasta el sufrir es grato cuando ltega ;
que halaga porque en íntimos coloquios
se couflan los goces y las penas
y se llega 11. creer que hay en el mundo
aiquiera unsér que nuestro sér com prenAsl ju:i:go el amor, as{ lo si ento~
(da,

Se Libró del Terror de Muchos
Inviernos Tomando
Pe=ru•na
REFIRIENDOSE
á. su buena salud y extremada. vejez, el ancla-

no se!Ior .Brcck dice:
&lt;Una de las cosas que he descubierto, para mi satisfacción, es el
propio remedio para los pa.declmJeotos ocasionados por losefrntos
del clima. Por 117 afios he reslslildo
el ta.o variable clima eta los Esta•
dos Unidos.
&lt;Siempre be sido saludable; pero,
por supuesto, expuesto á las enfermeda.des causadas por los repentinos cambios de clima y temperatura. Durante mi larga vida he conocido muchísimos remedios para la
tos, resfrios y :Harreas.
&lt;He descubierto que el remedio
del do,&lt;.'tor Hartman, la Peruna, es
el meJor, si no es el linloo y mlis
seguro para est13 enfermedades,
La. be usado por muchos anos y
atribuyo mi buena salud y vejez'á
este remedio.
«Ei exactamente el remedio que
requiero. Me protege de los malos
efectos de los cambios de t.emperatu ra; me tiene siempre con buen
apetito; me conserva fuerte; me
Llene la sangre en circulaclón. Confío en este remedio para todos mis
achaques.
&lt;Cuando por primera vez se presentó lagrlpeen estepais,empeeéá
padecer dt1 dicha. enfermeda.d.
cL1 tu ve vula.s veces. Al principio no sabía. que la Peruna. era el
rt1medlo para esta enfermedad.
Cua.ndo of decir que la gripe era catarro epidémico, probé la Perunay
resultó ser el verdadero remedio&gt;.
Eu su liltima. carta. al doctor
Ha.re.man, M.r. B rock dice como sigue:
«Estoy bien y meslento como me
he sentido por los últimos aíios
lleno de salud. Lo único que me
molesta es la vista. Si pudiera ver
mejor, podria andar por toda la hacienda. y me h:ufa. mucho bien. Jamás estaré s1n Perona&gt;.
Suyo afectísimo amigo,

Atribuyo

de la
mi

vejez.

Sr. Isaac Brock, de 117 años de edad
BROCK. ciudadano americe.ISAAO
no, nacido en Texa'I, tiene 111 ailos
y goza de muy buena salud. Resldeen

la actualidad con su hijo polftlco en
Valley l\Illls, Texas.
Hace algún tiempo estuvo en Waco,
en obsequio á la petición de varios
amigos, y se dejó retratar, a.poyado
sobre una. vara que se cortó de uno de
los árboles Que adornan la tumba del
general Andrew J aok~on.
El seflor Brock es un ancla.no 'muy
u spetabJe.
Conserva aún la Biblia de au famlUa,
adonde se ve que la tecba de su naci miento filé escrita hace 117 anos.

Nació antes de formuse los Estados Unidos.
Ha presenciado la elección de 22
presidentes.
Veterano de cuatro guerras.
Herró un caba.llo cua.ndo tenla.
99 anos.
Siempre ha vencido la. gripe con
la. Peruna.
F11é testigo en un pleitoá la edad
de no ~ nos.
E~U firmementeseguro de que la
Peruna. es el mejor remedio que se
conoce para enrermedades catarra
Jes.

La senora Sara J . de É rock, en
carta fecha 3 de Jul!o, 1906, que
escribió por su se!I"'r esposo don
Isaac Brock, dice como sigue: &lt;El
invierno pasado me enfermé, y empecé ~ tomar Peruna tan pronto
como entré en coova.leeencfa, y me
meioró completamente de salud&gt;.
Ea postdata de la misma carta,
dice: &lt;MI sei'ior espO,io recibe 1n:fi.
n1dad de cartas pidiendo Inform aclones con respecto á. Peruna. No
las contesto todas, porque creo deben comprar un frasco y probarla&gt;.

La Peruoa se vende en todas las droguerías, en dos tamaños, de $1.00 y $2.00 la botella.
y as[ sentirlo siempre yo quisiera,
porque es fuego, y deseo y esperama,
l)('rqne es la vida, eu lin. (Bendito sea!
Y levantó él los ojos buscando en los
ojos de ella una mirada como un apoyo;
pero sus ojos permanecfan bajos, obsti·
nados en mirar algo que de fijo no veían,
y buscó entonces en los labios de ella
una palabra como una ayuda; pero aus
labios permanec!an mudoro, eutreabier•
tos, dejando escapar tan sólo una resr&gt;i•
ración entrecortada, cuya tmocióa delataba el rápido agitarse de 111 pecho.

Y aquel •por ti lo siento•, próximo á
escaparse, no tuvo fuena de voluntad
bastante pa1a salir por s[ solo. y pasado
aquel instante, cien voluntades uo hubieran podido hacerlo salir de ese corazón donde volvió á encerrarse.
Y ella no iusisti6 mb .. .. ¿Comprendes esto?
SI no fuera á ti ll q uien dirijo esta preiruata, siu duda la respuesta serfa uega·
ti va : pero tu sonrisita maliciosa me indica que lo has comprendido mejor que
yo; y si no te conociera tanto, lemer[a
que de tna labios se esta_para esta otra:

•¿Cómo has adivinado mis pensamientos?• ... Y yo entonces te respondería de
este modo: ¿No te he dicho que te mires
eu el espejo? Fíjate, fljate y verlls cómo
en tus ojos se trasluce el misterio de tu
alma. Allí ful! donde apreJJd! cómo se
siente el amor.
Gl'STAVO F.

Mhico, Mayo, 1909.

ACOII-.\ lt,

�El Mundo lllustrado
SIEMPRE LA VERDAD\,
"Cuando está U d. en dudr~ cU
g"'a la verdad. " Fué un cxperi,
mentado y viejo dtplom:'ttico el
qull así dijo á. un principiante en
la carrera. La mentira p~ede
pasar en algunas cosas pero ..1.0
en los negocios. El frattde ~ engallo á menudo son veotaJosos
mientras se ocultan; pero tarde
6 temprano se descubrirá.u, y entonces viene el fraeilso, y el castigo. Lo mejor y m:ís segui:o es
el decir la verdad en todo t1em•
po pues de esbi. manera s~
ha~e uno de amigos constantes
y de una reputación qr.e siempre va.le cien centavos por peso,
donde quiera que uno ofrezca~"---tos en venta. Estamos en s1tuac..,. - (le a.firmar modestamente, q_ue so1,..; osta b&amp;S~ dese~
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raleza. P~ tan sabrosa como k,
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~ ,.....éritos medicinales. Ningun
remedio ha tenido tal éxito en
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de Carnes, Debilidad y }fal Estado de los X ervios, a.si como todas las afecciones que proceden

de Sana-re lmpura. "El Sr. B . .
Porfirit Parra, Profesor de Medicina en l[éxico, dice: La Preparaciúu de Wampole está. compuesta de los principios nutritivos del Aceite de Bacalao, Malta,
Ripofosfitos y Co,:czo Silvestre.
:En las personas debilitadas esta
medicina me ha servido perfeo•
to.mente." En todas las Boticas.

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CARDUCCI Y EL MILITAR
Carduccl, el gran poda italiano, era un
v-erdadero espirito de contradicción, y mh
de una"ª pudo tener serlos disgustos.
VJaJando en 1101 ocasión por Lombar•
411, Iba en el mismo departamento un oli·
cial del rjérclto que no conocla personalmente al poeta. Después de ua rato de
cha.ria la conversación recayó sobre las
últfmas prodoccfones literarias, Y se habló de un potma c¡ue acababa de publicar
el autor de "Odas bárbaras."
-¡O■ rduccl es un genlol-exc.lamó rl
militar con entusiasmo.-¡ Es el poeta más
1tran;1e que ba existido después de Dante 1
Se Iguala con él.

-¡Bah! ¡Un ,:eolo!-respondló el otro
lntt-rlocutor.-¡Esto es mucho declr!-A
mi me parece un poeta mediano, nada
m6s.
é
-¿Mediano, caballero? ¡Usted qu u.bel ¿H, leido u~ted sus obras?
-Usted si que no es ni capaz do juzgarle.
-¿Yo?
- ¡U,tedl
-¡C1ballerol
-¡C,bAllero!
Decidido el oficial A sostener con las ermas lo que de palabra afirmaba, entr,¡:6
su ta!leta al otro viajero.
Este se sonrió.
-1Aq11I tiene usted la mla 1
El mllfhr pa~ó ta vista por la cartulina

Un Acto Completo de Faust

y leyó: "Glosué Carduce!, pr,fesor c!e la

Universidad de Bolon1a.'·
Sin pronunciar u_oa palabra, ,1 oficial
saludó IDilltarmeote, hizo una proluoda
reverencia, y los dos hombres, que Iban i.

batirse. lanzaron uaa ene, Jada.

CAMBIO COM.PLETO
[,a simpática Srita. Gnadalnpe Ferreira Carmona en su com11oicaci6n
de Amatatláo, Jal., Mbico,dice: cMe
place comunicarle q ne desde hac;e un
año meeucoeotro gozando de pedrcta salad de~pnés de p~deccr de liebru por Iarg&lt;&gt; tiempo, Las afamadas
Píldoras de Vida dd Dr. Ross han
cansado en mi org•nismo un cambio
completo&gt;.

hermoso Pecho
l,ru.al mente considera. io f'n todas l"&amp;rtes

Cll!l.l IR.exoreblÓo ml\s oerr~cta de la bl!l llrz:t. femenlo&gt;&lt;: adeuuts. es el •lirno noro•
xlmadamente cierto de unl\ ea1ud fiol'e•
ciente. Par11. adauJrlr este dei,11rrollo que
hace tnn el•,rantl!I y tan ~educi.ora. t la.
tnuJer. no hay nada má• e~c•z ni mejor
oa.ra. la salud c¡_ue 1118 PJLULES 0Rn;NTALE.

El corto acto final de F aust es verdaderamente una de las composiciones operáticas
más notables.
Y no ejecución más grandiosa de ia preciosa
música de Gounod puede imaginar e que_ la
ni.agnífica rendición de esta escena dramática
por estos tres eminentes artistas.
La notable Escena de la Prisión en tres partea
-

Parte Primel'a: Geralcline Farru y Enrico Canuo
"Mon coeur c~t pénétré d'épouvante!" 89033
Parte Segunda: Geraldine Farrar y Enrico Caru10

' ' Attends! voici la rue" 89034
1 Parte Tercera: Geraldine Farrar, Enrico Caruao y Marce] Journet
Trio "Alerte I ou vous etes perdus'' 95203

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números concertados \·ictor, y se mantiene la más grande perfección irrespectivamente del gasto y molestia que ello implica.
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Año XVII- Tomo II

México, 4 de Septiembre de 1910

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En Pleno Centenario
EMOS llegado, por fin,
al suspirado mes de
Septiembre. Nos encontramos en plena celebración del Centenario de la Independencia.
Yo quisiera daros,
en esta crónica, una
impresión de la fisonomía risueña de la ciudad;
de lo qac ahora M.b:ico tiene de novísimo en su
aspecto, y más que en su aspecto, en su ambiente.
La vieja metrópoli, que ordinariamente duerme entregada á la pu un poco aburrida de sus
costumbres, que conservan todavía resabios coJonjales, despierta ahora, alborouda y sonriente, y entra en un paréntesis de actividad febril,
Las ceremonias iniciales de las verdaderas fiestas efectúanse en medio de grande expectación.
Arribuon. ya loJ primeros delegados extranjeros.
Agnárdase, entre los qne faltan, á uno que, á más
de ser representante de no país amigo, trae la
investidura de príncipe de la divina poesía: el
grande autor de e Prosas profanas• y de los cCantos de vida y esperanza•. Y es tal la agitación,
tan viva esta deliciosa inquietud que ahora tnr•
ba á todos, al opulento y al humilde, qne dijérase que Mb;ico cobra nuevos alientos, que s.e
vi ,itica, que alcanza una intensidad de sensaciones que lo embellece.
Hay más luz, mis movimiento, más vida.
Bajo del delo azul y á menudo nuboso, de uoa
dulce palidez, los jardines ostentan un verdor
primu·eral. En la Alameda albean ya los m.i.rmoles del monumento del Patricio; la mole airosa
se yerg~e envuelta en la caricia del íolJaje. Chapnltepec, el suntuoso bosque milenario, hace gala de nuevas perspectivas para deleite de los
ojos. En el lago, los botes ligeros surcan las ondas, dejando tras de sí la argentada estela que
f nlgnra á la luz del creplÍscnlo estival; en las
calzadas, al amor del follaje de los ahuehuetes
rojizos, rnbias misses pasean, con and.a r rítmico,

dejando correr la mirada de sus ojos claros por
los pedazos de cielo que se columbran allá lejos,
entre las ramas; en una hrente, reclinada al borde, contemplando á los gansos que á la orilla
opuesta, entre juncos, toman el sol de ocaso, una
mujer bella qa.e evoca, quid, en aquel instante,
la blancura de los cisnes, trae al recuerdo del
que pasa la visión de un Watteau .. . .. .

*
*.
Perl no en los jardines ni en el bosque, sino
en las graoc!cs avenidas, al caer la tarde, es don•
de se sorpreDde esa nueva exuberancia de vida
de la ciudad en fiesta.
Torrentes de luz brotan de los escaparates engalanados con primor. En unos ciotilan las joyas¡ en otros, los mil secretos de la moda, realizados en la bellua delos encajes sutile~ y de las
sedas cfrnfruantes•, solicitan la atención del transeunte.
Y el desfile de las mujeres bellas, de las mujeres feas, de las expresivas, de las interesantes,
de las coquetas, de las mustias, de las frívolas, á
la tenue hu de la tarde, tiene un singular encanto.
Vibra en el ambiente l1.lla nueva seducción. Al
rumor de voces, al ruido de los carruajes que
pasan, lentamente, 6nense el fragmento de vals
que escapa al abrirse la mampara de la puerta de
un café; ta risa íugitiva de una moza que pasa
tocandoos el codo; la exclamaci6D del amigo que
á un lado está . . . . . .
Y el crepúsculo se extingue; y cae la noche.
Entonces ac:reciéntase la luz,la luz de oro de los
focos, la luz blanca de los arcos voltaicos.
Teatros y&lt;restaurants&gt; son en aquel momento el
punto de mira de las m11ltitudcs. En las mesas
de nítidos manteles se refleja la púrpura 6 el oro
de las copas. En los tablados, la cupletista de pro•
vocativo gesto canta l1.lla canción picante, detramando gracia de sus ojos de pilluelo, de sus desnudos brazos, de sus arqueados tobillos que ciñe
la malla transparente y asoman entre suntuosa
profusión de encajes.

• •*
Y no es sino hasta las primeras horas de la
mañana que el silencio envuelve á la ciudad, horas antes de que la aurora, divina so.nriente, aparezca.
En los barrios lujosos se extingue el rumor del
último coche; la respiración angustiada del postrer auto que pasa ...... Duermen los palacios
sn sue.iio tranquilo, aristocrático y dnlce. A través de sus muros, algún trasDochado que pasa
fumando, tieDe la ilnsión de mirar, en un lecho
ducal, á una rubia durmiente.
En los suburbios, el ladrido de algún perro vibra en la noche azul. Los gendarmes dormitan.
Acaso algún portero madrugador barre la calle,
canturreando . ...
¡Oh, breve quietud septembriual
CARLOS

GONZALEZ PERA.

"'~
Ita Tttisteza Andaluza
¿Habéis oldo A un cantaor? Si lo habéis ofdo, os recordaré esa voz larga y gimiente, esa.
oa.ra rapada. y serJa, esa mano que mueve el
bastón para llevar el compás. Parece que el
hombre se está. muriendo, parece que se va A
acaba.r, parece que se acabó. A mi me ha. conturbado t;a.J gemido de otro mundo, tal hilo de
alma.. cosa de armonfa enferma, copla llena de
rota ~úsica que no se sabe con qué afanes va A
hundirse en los abismos del espacio. El canlaor,
aeda de estas tierras extraíI1s 1 ha. recogido el
alma triste de la. Espalla mora. y la echa. por la
boca ,en quejidos, en largos ayes, en lamentos
desesperados de pasión. Más que UD&amp; pena personal, es una. pena. nacional la que estos hom-

bres van gimiendo al són de las histéricas guitarras. Son cosas antiguas, son cosas melodiosas ó furiosas de palacios de árabes .. . . He oldo
á. Juan Breva., el cantaor de ml\s renombre, el
que acompalió en sus juergas al rey alegre
Don Alfonso XII. Juan Breva adlla óse queja,
lobo ó pájaro de a.mor, dejando entrever todo
el pasado de estas reglones asoleadas, toda
la morerla, toda. la. inmensa. tristeza que hay
en la. tierra. andaluza; tristeza del suelo fatiga.do de las llamas sola.res, tristez&amp; de las melancólicas herobras de grandes ojos, tristeza especial de los mismos cantos, pues no se puede escuchar uno que no diga muerte, cuchilla.da, luto, virgen penosa ó not:A crepuscular. A la orilla. del mar he oldo cantar á un mozo pescador
que descansaba junto A una barca; y su canción
era tan triste, tan amarga, como las coplas de
Jnan Breva. Cantan lo mismo las muchachas
frescas, rosadas de vida, que ponen claveles en
las -ventanas y que tienen un novio. Porque asl
son aqui la vida y el a.mor; todo lo contrario de
lo que piensan los que sólo han visto una. Andalucía á la francesa., de Exposición Universal ó
de caja-de-pasas. En verdad os digo que este
es el reino del desconsuelo y de la muerte. El
amor popular es inquieto y fatal. La. mujer
ama con ardor y con miedo. Sabe que si engailaal novio, le partirá éste el pecho y el vientre
de un navajazo. &lt;Un&amp; puilalalta&gt;. Hace a.Jgún
tiempo, en un florido patio malagueilo, se celebraba. una. besta, y cierta gallarda moza se puso á. cantar. Caota.ba mara.viUosa.mente. De
pronto cantó una copla que dice en dos de sus
versos:
¿No hay quien me pegue un ttrltG
en medio del corazón?
Un loco, ó un enamorado novio, estaba a.111
y sacó uoa pistola y le pegó un tiro en medio
del corazón. .Estos salvajes a.morosos son as1.
.A.otal'íono habría sido pistola, sino gumla.. Todos los poetas de esta.s reglones son dolorosos y
excesivos, fatalistas ó violentos. Todos son
amados del sol. Todos no: he aqul uno amado
de la luna ...
En uno de estos crep11sculos de Invierno en
que el Mediterráneo ensaya. un aspecto gris que
borrará la aurora del siguiente dia, he comenzado á leer el libro de un poeta.nuevo de t1err,a
andaluza, el cual acaba de aparecer y es ya. el
más sutH y exquisito de todos los porta.liras
espailoles. Al hojear su libro Arias tristes, lo
juzgarla.is de un poeta extranjero. Fijaos más:
es un poeta completamente de su tierra, como
su nombre. Se llama Juan, como el Arcipreste,
y Jlménez, como el Cardenal. Surge en momentos en que A su pa.ís comienzan á llegar ráfagas
de atuera, sobre miis de -qna parte derrumbada
de la antigua muralla chinesca que construyó
la intransigencia. y macizó el exagerado y falso orgullo nacional. Quiero decir que llega. á
tiempo para el triu.n to de su esruerzo. Como todo joven poeta. de fines del slglo XIX y comienzos del XX, ha puesto el oido atento á la. sirin•
ga francesa de Verlaine. Mas, lejos del desdoro de la Imitación y ajeno A la. indigencia del
calco, ha aprendido á ser él mismo- etre so, m111u, - y dice su alma en versos sencillos como
lirios y musicales como aguas de !uente. Este
poeta está enfermo: vive en un sanatorio, allá
en Madrid . .A.si, en su poesla-, no busquéis salud
gozosa ni rosas de risa. Cua.ndo .más, á. veces,
una. sonrisa., una sonrln de convaleciente:
Co11r,a/1se1nte di 1quis#11 mali . •• . ;

pero en la cual se insinúa uno de los más grandes misterios de la vida. Cuando Ca.mue Mauclalr, el critico meditativo del Art1 ,n si/meto, se
complacía en escribir versos, colocó un volumen de verbales sana.tinas de otollo ba.Jo la Invocación de chúmann; Jimtfoez tiene, como pa.•
trono de su libro musical y melancólico, al melodioso Schúbert. Antes de cada. división de
sus poemas, a.parecen, A la manera. de tntro-

ducclón las notas de él elogio dt laJ
lágrimas, de la. S1r1Hata de f ti trts la
t,a,. Se penetra n.sl, á la. influencia
de la música., á uno como parque de
dulzura y de pena eo donde, al amor
de la. luna., un alma dice, como el
rulstfior, sus arias crepusculares ó
nccturnas. Nunca, como ahora, se
ha cumplido el precepto de Pauvre
Lelia.n: D1 la musique a11ant toute cho-

La Reapertura del Museo Nacional

se ... .

Conozco de esos seres. Y veo, en
cambio, A tra.vés de esta. poesfa de
sinceridad y de reserva, A un tiempo mismo, la. transparencia. de un
espíritu fino como un diamante y
dellclosa.mente senslti vo. lle aqui
un Hrico de la. fa.milla. da Reine, de
la fa.m1lla. de Verlalne, y que per,
manece no sola.mente espafiol, sino
anda.luz, andaluz de la triste Anda.lucia.. Es de 103 que cantan la verdad de su existencia. y claman el secreto de su Ilusión, adornando su
poesla. con flores de su ja.rdin ioterior, lejos de la. especulación &lt;litera.ria&gt; y del mundo del ar1"1msmo intelectual. Su cultura le universaliza., su voca.bularlo es el de la aris·
tocracla. arblstlca de todas pa.1 tes;
pero la expresl6n y el fondo son suyos, como el perfume de su tierra
y el ritmo de su sangre.
Desde Bécquer no se ha. escucha.do en este ambiente de la P,mlnsula. un són de arpa, un eco de mandolina. más personal, más lndlvi·dual. Pudiendo ser obscuro y complica.do, es cristalino y casi ingenuo. Se dlria que tiene timideces
de orfandad, como el maestrot,rier pou, le t,au'Ofl Gaspar!- si no se
viesen brlllar A la. l uzde la ]una las
espuelas de oro de sus ples de prlnci•
pe, que estimulan los brios de un
Pegaso joven y ardiente, cuyas crines están hdmedas de roclo matinal,
El poeta dice, como 1a Ifigenla de
Mareas: "Es dulce el sol;'' pero sus
ansias y sus vJstones esMo alumbradas por el elair de l11ne. Y hay
a.lU, en esos versos admirables y ex·
qu.lsltos, las mismas visiones y las
mis.nas ansias que en las coplas popula.resque cantan las mc.z:1s enamoradas y los sonoros, durGS Y au•
llanbes eantaores. AIH está la Irremediable obsesión de la muerte, de
la. podredumbre sepulcral, de los
corazones partidos, de la. tristeza.
mata.dora. Sóloqa.e el artlsoo tiene
una. cultura. europea., y si no fuese
su "acento" mental, no se le conocerla. el origen ni Ja patria, Y sus
arlas pod1lan ser lied,r germánicos
ó sonatinas puisienses que acompaña.ria la. música de Debussy. Hay
un olor á. violetas. Hay paisajes en·
trevlstos como por una. ventana,
cielos y campos de vlfieta. Ilay una
gran castidad poeana, á pesa.r de los
gritos de la. vida; h&amp;y val~s que tienen un ensuei!o y un corazón:

E.1... SE.fvOR PRE.S/OENTE. OE LA REPLISL./CA E.N EL. PATIO DE MONOt...lTOS

un cielo bajo y flotante,
que con su bruma. de plata
va acariciando los árboles.

un ángelus mustio, mue1to
entre la. lluvia. la niebla..
Recordad á Zenea.:

Ese romance suena. á. la música
del d lvJno Góogora; y para nosotro~.
los aiperica.nos, á la música de un
rimador de encantos yde tr1stezas,
de un adora.ble Orfeo cubano, ha.
tlem po desa.pa.rectdo. Esas notas las
hemos ofdo en las cuerdas que acariciaba la mano de Zeoea. Escuchad
á Jlménez:
Llora el ángelus de otoílo
la campana. de la Iglesia,

Baja Artu10 al Occidente
baliado en púrpura regla.,
y al soplar el manso alisto
las eolias arpas suena.o.

fermo: hay artistas enlermos, y en
las almas es como en la Naturaleza..
Hay maneras de expresión que da.
el obscuro destino. Los antiguos
no andaban errados cuando hablaban de la. influencia de los astros.
Ha.y maneras de expresión qae da
el obscuro destino, y no exijáis á
una pá.ltda .flor de lls que tenga los
colores violentos de una. rosa roja,
ni modestia. A la.cola. del pavo real,
ni un solo de rulse!Ior al papagayo.
El poeta nace, sí; todas las cosas
naturales nacen: lo que no nace es lo
a.rtlfioial. .A.si, no penséis en que
Franc1s Jammes ó Juan R. Jiménez
ha.rlan mejor en pensar en el porvenir polltico de sus respectivas
naciones que en dflclr los sentimientos que brotan al calor apacible de sus dulces musas. No seas
a.legre, poeta; que naciste absolutamente amado de la trislieza, por
tu tierra., por la morena y a.ma.1ora. y t1:lsoo Anda.lucia, y porque tu
sino te ha puesto al nacer un rayo
lunático y visionario dentro del
cerebro.
Ha.y en este libro vagas reminiscencias literarias; por ahl pasa., un
momento, un enlnt;ado misterioso
semejante al de la estrofa. musset.laca., el enluta.do qui nu rtss,mbl,
comm, u11 frére ; suena uno que otro
acorde de fiesta galante-íntima,
sin decoración ni preciosismo-y se
alzan, bajo la. claridad lunar, los
chorros de agua de Lelian, s'll1ll1s
parmi /, ma,-bns. Y Hebe, a.qui, allá.,
mM allá, siempre:

Eo todo el libro de Jiménez hay
una, diríase, sonrisa pslquica, llena
de la. suavidad melancólica que da.
el anhelo de lo imposible, antigua
enfermedad de soilador. Los que
hablan de un arte enfermo juzgo
que se equivocan. No hay arte en-

La Reapertura del Museo Nacional

El va.lle tiene un ensueno
y un corazón; suei'la y sabe
dar con su sueno un sóo triste
de tia.utas y de cantares;
hay ibut:t.s pánicas, dnlces Ha.utas
ca.mpeslnas. ¡Deliciosos romances:
Rlo encanta.do; las ramas
sonollentas de los sauces,
en los rema.nsos dormidos
besan los el aros crlsta.lBS.
Y el oielo es plá.cldo y dulce,

EL

seRoR

PRESIOENTE r..t...E.QANOO ,.,._ EDIFICIO

Las noches de luna tienen
una lumbre de azucena.
que Inunda de paz el alma
y de ensueilo la. tristeza.
Yo no r;é qué ha.y en la. luna
que tanto calma y consuela,
que da. unos besos tan dulces
A las almas que la besan.
Si hubiera siempre una. luna ,

�una luna. blanca y buena,
tilste lágrima del cielo
temblando sobre la. tierra.,
los corazones que saben
por qué las flores se secan,
mirando siempre á la luna
se mor! rán de pena.

Robir,sor,es M.oderr,os

PREMIOS EN SAN ANGEL

\?la.Ju &lt;lt l&gt;o&lt;la. "61tln,o pa.trói,"

MI ja.rd1n tiene una. fuente,
y la !uente una, quimera,
y la quimera, un ama.ate

que se muere de tristeza. ....
Hay de cuando en cuando, entre los sedos09
romances, estrofas que hacen vibrar su11 consona.ates de armónica, su acordes de ocarina. Lo
preciso se junta á lo lndeciso. Y el amor del
astro, en todos los siglos misterioso, Jo melancoliza. todo. El poeta explicará. su atracolón: e Libro monótono, lleno de luna y de tristeza. SI no
existiera. la luna., no sé qué seria. de los sofll1.dorea, pues de tal modo entra el ra.yo de luna.
en el alma triste, que aunque la apena más, la
Inunda de consuelo, un consuelo lleno de lágrimas, como la luna. Los que os hayáis estremecido bajo las estrellas, oyendo venir en la brisa
la sonata.de un plano, sintiendo qué pobre es la
vida entre la noche y ante la muerte, dejad
caer la mirada sobre estas rimas Iguales: de un
mismo color, sin otros matices que los que· en
la noche surgen confusamente de los macizos
del jardln, allá donde estan las ti.ores casi ahogada.a en la negrura. Y sonad conmigo con las
visiones blancas de siempre y con los poetas
muertos: Enrique Reine, Gustavo Bécquer, Pa•
blo Verla1ne, Alfredo de Musset, y lloremos
juntos por nosotros y por todos los que nunca.
lloran&gt;.
Mirad con simpatía esa. juventud que en estos imprudentes tiempos tiene el franco valor
de las lágrimas: Lacrimabiuter. J'uzgad que ha
elegido bien el patronato de Schúbert. cLlave de plata de la. fuente de las lágrimas&gt;, dice
Sbelle.v de la música..
El poeta nuevo toca. esa llave y hace caer el
agua de la. !uenteuna. vez más. Así, Andalucla,
entre todos tus tocadores de guitarra y pandereta, entre todos los que hacen literatura. a.legre
con tu color y tu exuberancia, te ha nacido

SEIJORITAS QUE HICIERON L.A 0/STRIBUCION DE PRt:MIOS A LOS CONCURRENTES A LA l:XPOSIOION
DE FL.ORl:S Y FRUTAS DE SAN IINQEL.

OCASO

un sonador de viola., de arpa, que sabe cantar,
noble y deliciosamente, á la sordina, la recóndita. nostalgia, la melancoHa. que lleva.a en el
tondo de tu pecho.
En tu copioso y fuertemente perfumado jardfn, lleno de claveles, ha abierto sus pétalos
armoniosos una rosa. de plata pálida espolvorea.da. de azul. Y yo tengo fe en la vida y en el
ponen1r. Quizá pronto, la nueva aurora pon•
drl\ un poco de su color de rosa. en esa flor de
poesfa nostálgica. Y al rulsefior que canta por
la. noche al hechizo de la luna., sucederá una
alondra matutina. que se embriague de sol.

A

1111

pintor.

He aquí, pintor, tu espléndido paisaje:
an lago obscuro, ráfagas marinas,
empapadas en tintas cremesioas
y en el azul profundo del celaje;
un tronco que columpia su ramaje
al soplo de las auras vespertinas,
y manchadas de verde las colinas
y de amarillo el fondo del boscaje;
ua peíilsco de líquenes cubierto;
11na faja de tierra iluminada
por el último rayo del sol muerto;

R UB.EN DARIO.

y, de la tarde al resplandor escaso,
uua vela á lo lejos, anegada
e11 la divina calma del ooaso.
MANUE L

PREMIOS EN SAN ANGEL

Jos e: OTHON

Víctor Hago, el buen patriarca del siglo XIX, refiriéndose :S.
la costumbre del viaje de bodas, que :S. priucipios del citado siglo empezaba 6. ponerse en boga éo Francia, importada de foglaterra, dijo, ea &lt;Los Miserables&gt;, que era muy poco propio el ir
á dejar los primeros recuerdos de la vida matrimonial ea los
rincones de una berlina ó en los poco amables cuartos de uu ho•
tel, en vez de guardarlo, enmedio de los cuatro poéticos muros
de la casita de los novios, en donde se podrían revivir, día á
día, los primeros instantes de una unión que, srgá.n las reglas
de la Naturaleza, debe ser siempre feliz, puesto que es la u:pre•
sión del estado perfecto, stgón todos los principios de la vida,
tanto desde el punto de vista social como desde el moral y el
emotivo.
Estac y otras cosas dijo el buen viejo en contra del l'iaje de
bodas; pero sus sermones se quedaron :en los libros sin que na·
die les hiciera caso, que es el 611 má, común de los sermones, y los
recién casados han seguido desde entonces la costumbre, buena
ó mala, de recorrer tierras inmediatamente después de celebrada
la ceremonia nupcial.
En los tiempos de que Víctor Hugo habla en sn obra, los
novios partían en berlina, recorrían algunas de las principales
ciudades de Europa, ó del continente en el que les había tocado
l'ivir, y procuraban tener en todas partee las mayores comodidades posibles. Más tarde el ferrooerril acortó las distancias, y los
viajes, incluso los de bodas, pudieron hacuse más largos, y su
duración aumentó considerablrmeote. En ellos, sin elllbargo, se
seguía contando con toda clase de colllodidades, y los hoteles á
la moderna y los ferrocarriles PulJman hadan que los viajes
casi pudiewan llamarse de recreo.
Mu, he aquí que á un recién casado, de espfritu aventurero, se le ocurrió que en los viajes de boda salían sobrando las
comodidades, y le ocurríó ir á pasear su ooviciato matrimonial
á países poco conocidos ó desconocidos por completo, en los
que el «confort&gt; y la tranquilidad son cosas punto menos que
exóticas.
Debe haber sido el que lanzó esta idea persona de Inste,
porque todos los recién casados, i los que tales lujos les permi•
te la fortUDa , empezaron 6. imitarle, y mientras mb largo y
accidentado era el viaje, tanto mejor.
Todavía estos viajes se hacían por los medios de locomo•
cíón apropiados: ferrocarriles y vapores, en alguna parle q oizb
á lomo de mula ó de otro cualquiera animal de carga¡ se busca·
ban los hoteles en los lugares que se visitaba, y se tenia la se•
guridad, mis ó menos relativa, de hallar la mesa puesta á la hora que acostumbran comer las ge11te9 civilizadas.
Pero ahora, alguien que en punto á originalidad ha de
dar tres y raya li lo mis descabellado, ha encontrado que
los viajes así DO tienen atractivos suficientes, y que el viaje de
bodas debe tener algo que lo haga distinguirse de todos los de•
mb viajes, incluso el arriesgado de Colón.
LA Pl!SOA. - ,!,t:STA L.ISTO El. AI.MIJERZO?
LA SIESTA

P,ua conseguir esto, ideó d recién casado meterse con su
recién esposa en un vehículo, muy semejante á una chalupa indígena, y entregarse á la merced de la corriente de un río, hasta
que las orillas presentasen el más triste aspecto de desolación
y de soledad. Llegados á tal lugar, los desposados saltaron á
tierra , instalaron una t ienda de campaña que llevaban al efecto,
y se dispusieron 6. imitar al buen Robinsón Crusoe, después de
su instalación en la isla desierta,
Una de las necesidades que hay que cubrir, desde luego, es
la de alimentación¡ pero, para ello, vientn de maravilla los recursos naturales: se recogeu frutos silvestres, se pesca 6. los pececillos del do y, 6. veces, se llega aun li matará algú.n conejo,
el cual se encargan de condimentar los dos esposos, quienes 110
sabeo, la mayoría de las veces, por d ónde empezar, Las escenas
de la condimentación de la comida son mu'Y interesantes, pues
hay marmitas voloadassobre los vestidos, dedos quemaelos y otras
preciosídades. El lecho, que es el suelo, está muy lejos de ser
mullido; el ardor del 1101 y el frío de la noche, 110 han de parecer de perlas á la nueva esposa; pero esta existencia tiene la
ventaja de que, después de ocho días, reniega de ella cualquiera,
y una vez que tiene el gusto de regresará sitio civilizado, está
en condiciones de apreciar, mis que nunca, las delicias del ho•
gar, y viiyase lo uno por lo otro.

.....
/.OS EXPOSITORES OEL OONOIJRSO 01! FL.ORES Y FRUTAS, RECIBIENDO SIJS RECOMl'ENSAS EL. DOMINQO UL.TtMO

�LA CANCION DEL ALBA
A

L CABO de tantos años encon·
td.ronse allá en Capri, entre
los reilejos de oro del tramonto estival, en una de las
blanquecinas y empinadas
sendas que sw:can y envuel·
ven las alturas de la isla mi•
núscula, hecha de esmeraldas y de ámbar. Ricardo Bizz:i, á horcajadas en el jumento que corría
cojeando á la cola ele la alegre comitiva de hombres y mujeres, al p11sar delante de Tomb Negri,
que, despacío, encamioábase á casa, no hubo de
reconocerle con sus anteojos obscuros y su sombrero de paja ennegrecida por el sol. Pero la vo•
cecilla de Tomás Negri llamó:
-¡Hola, Ricardo, Ricardo! .. ..
-¿Quién es?-dijo éste volvitndose.
-¡Cómo! ¿No me reconoces?- é irguió, sobre
el cuello grácil, la _pequeña cabeza, mostrándole
el pitido rostro ab.rg•do por la buba castaña.
-¡Obl . ... , ¡Tomasillol. . . . . ¿Eres tú? Pero,
¿eres tú?
-Yo mismo,
A presaradamente Ricardo desmontó, recomen.•
dó á una de las campesinas &lt;palafreneras&gt; que
advirtiese á la comitiva- la cual se alejaba con.
graude estrépito sobre los asnos trotones-que
más tarde la daría alcance en la posada, y abrazó, frenéticamente, á su amigo de infancia. Ambos estab11n conmovidos.
-¡Tomasíllol ¡Tomasillo!. .....
-Soy yo quien te ha reconoddo. Con sólo an
ojo se ve en ocuiones mejor que los que tienen
dos.
-¿Con sólo un ojo?
-Sí, si,-afirmó Tomás con alegría suscitada
en él por aquel dulce encuentro im_previsto.lQuieres que andemos un poco juntos?
' -¡Claro!
-¿No estorbo tu. jira de placér?
-Por el contrario, el placer hasta ahora empieza. Pero ¿gaé haces aquí? ¿Qué haces? . .. .
¡Ah!. ... ahora me acuerdo . ... No sé quién me
lo dijo: eres autoridad, un pez gordo ....
-cC11randero y oficial sauituio&gt;: ¿te parece
poco?
-Me parece mucho . . . . Y, perdona,-observó
Ricardo, afable y titube11nte,- ¿porq11é me decías
que sólo con un ojo se ve mejor que quien tie•
ne dos? ¡Se trata de una broma!
- No, no es broma,- dijo Tomás con sencillo
acento; y alundo por un instante los anteojos,
dejó al descubierto 11na órbita sobre cuya cavidad lívida, los párpados, inmóviles,secombaHan.
En la otra órbita, el ojo gris tenía uu11 mirada
de cansancio.
-¡Oh! .. ..
- JB.lhi-agregó Tomb tranqailamente,-1ú no
podías saberlo. !Hace tanto tiempo que no nos
veíamos! Las vicisitu.des de uuestras vidas, tan
diversas, no nos habían permitido encontrarnos.
Pero yo leo á menudo tu nombre en los periódicos y te sigo por todas p11rtes .. , . iSíempre
triunfante, en Milán, en París, en Londres, con
tas bellos cuadros, con tu arte .... , y yo siempre
aquí, siempre aqafl Sin embugo, confesemos
r.ne un triun fo lo be alcanzado yo también .. ..
¡ah, sí! porque, con la salnd que tenía, tiempo
hace qne debería haber muerto . ... y, á pesar de
todo, Lno lo ves? testoy vivo y como!.. . En estos lagares, querido mío, la muerte se encuentra
abohd.a, Y si aquel día, en la sala anatómjc11 .. . .
por 1111 prurito de estudioso , con la mano inexperta, no me hubiese clavado en el ojo aquella
aga.ja bendifa, quién sabe de qué ambición bu•
biera sido víctima. El prurito fué mi salvación.
Los cirnjanos me extrajeron el ojo y .... la am•
bición. Me enfermé de hipocondría; quise aban-

donar á Nápoles, la. gran ciudad deslumbradora
y rumorosa; logré ocupar esta modesta plaza . . ..
y heme aquí desde hace qnince años ieliz.
- ¿Feliz?
-Te lo juro.
- ¿Solo?
-Solo.
- ¿ No tienes ya . . : . padres?
- No-y suspiró.
-¡,Y por qué, al menos, no te has casado?
Una sonrisilla bonachona asomó á los pálidos
labios de Tomás.
-¡Casarme! Ni el mismísimo Argos, con su
cien ojos, serfa capaz ele cu.idar de uoa mujer en
el día de hoy . .. .. ¡Figúrate si _podré yo, que
te11go noventa y nueve menos!
Y caminaba del brazo por la se11da que ascendía en zig-zag por entre las rocas inclinadas, aquí
y allí, sobre la cabeza del viandante, y el abismo
magnífico, en cuyo fondo se extendía el mar. Caminando cambiábanse mil pregnntas, cdl fútil,
cuál dolorosa, y despertaban mil recuerdos, tristesó regocijados, é intercalaban mil narradones.
Los campesinos, los marineros, las trabajadoras,
los niños que, en pequeños grupos, vohfan á sos
casas, al ver .S. Tomás Negri le saludab¡n con ob,
scqaiosa solicitad:
-¡S.u1tas noches, don Tom.S.s! ¡Santa noche á su
excelencia! ¡El Stñor acompañe á su excelencia!
Y él respondía, saludando con la mano.
-Eres popular agní, le dijo Ricardo B iz:r.i con
tierna complacencía, interrumpiendo su relación
de una romancesca aventura inglesa.
Tomás, bonachonamente, se jactó de ello:
-Soy el médico de todos.
- Y se ve que te están agradecidos.
- Les cura el buen aire y creen que les caro
yo: he ahí todo. Continña, pues,
Ricardo Bizzi continuó. El final de la aventura
era doloroso. La separación repe11ti11a de nna enoantadora mujer le había reTolucionado,
-Por espacio de un año, concluyó, creí volverme loco.
- ¡Y el arte! ¡Y e1 arte! ¿No era para ti un olvido?
-No.
-¡Y eres un artista! 1Qué extraño! Mira: para
mí, que soy un médico, pasa todo lo contrario.
¡Cuando me va mal, pero muy mal, cojo mi violoncello y me consuelo!
-¿Ta violoncello? .. .. !Ah, si! es verdad, tenfas una gran pasión por el violoncello .. . . y to•
cabas bien,
-Ahora toco, si se quiere, mejor.
Habían llegado á un gnpo de casitas blancas,
tras de las cuales, entre una y otra, se fragmentaba, en el lejano horizonte, la franja roja, con la
cual el sol daba fa señal de despedida. En el um•
bral de una farmacia un viejecillo robusto, qae
llevaba la gorra ligeramente iucliuada, solatábase
fum11ndo.
- Don Ignacio, dijo el doctor, esta noche la
acostumbrada poción pua el jorobado.
-¿Y los sueldos? interrogó bromeando el fumacéutico.
-¡Ebl Tiempo habrL ...
-El fiadur es 11,ted.
-Secnéstreme.
-¡Cómo no!
-Buenas noches.
-Bnenas noches.
Tomás Negri se detuvo ante la gra ciosa puertecílla.
- He aquí. mi mansi6n.
-¿Me despides?
- ¡Todo lo contrario!
-Entonces, lvengo á hacerte u o11 vis ita?
- ¡Bravo! Entra, entra.

Con una diminuta llave luciente, Tomás abrió
la paerh:cilla, Y pasados algunos minutos, en un
cuarto, cuya ventana encnadraba un pedazo de
cielo, en el que ya se enceudjan algunas estrellas,
Tomás mostraba á Ricardo los montones de libros
que el velón de cobre dejaba en la penumbra .
- ¡Mira cómo dnerme la cie11cia !, le dijo; é indioando luego el v.ioloncello que se erguía en nn
ángulo, agregó:
cSólo él no duerme nunca. Vele ahí, siempre
de pie, como un centinela.
- Me tocarás al~o . . ... .
-¿Qaieres qne toque?
- Naturalmente.
- ¿ Lo qu.icres de veras? - repitió Tomb con
dulce voz ingenua.
-¡Por Baco si lo quiero!
Dejó Tomás los anteojos sobre el escritorio, y
de pronto, con una especie de regocijo infantil,
riendo, tomó el violoncello y se dispuso á tocar.
Su ojo tuvo una extraña fosforescencia. Inclinó·
se un poco sobre el instrumwto, casi abrazándo•
lo, y comenzó.
En la tranquilidad del ambiente sereno, aquellas notas tenían una singular elccaeucia. El
acento humano que reside en las víbracioues de
las cuerdas de todo violoncello tocado por mano
maestra, parecía á Ric;rrdo una revelación nne·
va. ¡Cuántas cosas decían aquellas nota~! ¡Cuán •
tas cosas melancólicas y bellas aquellas notas
significaban!
-¡Dios sa_nto, cómo toca bíen!-murmuraba, de
vu en cuando, Ricardo.
Era una música en la cual se perdía todo indi•
cio del mecanismo que la producía y en la que
110 se dislingnía siquiera el roce del arco sobre
las cuerdas; era una música llana, larga, continua
como una espiral melódica que se desenvolviera
le11tamente.
Cuando IA última nota, tenue y vaga, lA última
nota de un &lt;diminuendo&gt; apenas st1Spirado, se
desvaneció en el silencio, por nn instante Jea dos
amigos no respiraron':' Luego, Tomá~, cuyo rostro
se colorease como por la reverberación de una
!Jama invisible, pregu_nló ingenuamente:
- ¿No te gusta?
Ricardo, sin responderle, repitió todavía una
vez más:
- ¡Dios santo, cómo toca bien!
Tomás rió.
-Y esta música, lde quién es?- pregautó Rícardo.
Tomás s iguió rie11do.
- i.Por qué ríes?
- P.irqne . . .. jah! jah! ¡ah!
-En suma, lno puede acaso saberse de quién
es esta música?
Tomás, riendo siempre más y más fnerte, di jo:
-Es mía.
Faé mayor en Ricardo el asombro qne la delectación sentida. Si no hubiese estado segaro de
b mansa simplicidad de su amigo de infancia,
le h abrh llamado impostor. Experimentando
sor presa midbaJe ahora con exlrema curiosid ad.
S11 corazón de artista le sugería una multitud de
interrogaciones, que más expresaba con los ojos
que con las desordenadas palabras. Tomás refa,
reía, y, súbitamente, abrió un. pequeiío armario,
en el cual hallábanse acumulados muchos escritos musicales.
-Todo este papel-dijo- lo he ensuciado yo.
Hay ahí para todos los gastos .. ... . 6, d lgo mal,
no bay más que para el gusto mío. Si puedes
quedarte todavía dos minntos, te tocaré una cosa
un poco menos tri ste que la otra. Se intihüa:&lt;La
canción del alba&gt; . ... .. Porque has de saber q u e
toda mi música está llena de tUulos ... . .. ¡Claro!
Cuando compongo, tengo siempre un pensamie n to en la mente .... Es que hablo conmigo mismo,

¿compreudes? Y no sé componer sin pronnuciar
algunas palabras . . .. . .
Ricardo le escuchaba atontado.
- Mira,-sigu.ió diciendo Tomás, rebuscando
en el armario y mostrando á R icardo uno de los
manuscritos,-mira: esta es &lt;La canción del al·
ba&gt;¡ está escrita para violoncello; pero las notas
corresponden á estas palabras, como si lo estuviera para canto . . . . No, no las leas, son baca11a•
lea, te lo juro¡ son. pueriles, ridículas.. . . . estilo
provinciano, ¿sabes? IQaé qu.ieres! No sé hacer
versos...... En el cerebro uo tcDgo más que la
idea; pero coando sale al ex terior, jes una lásti•
mal No, no leas . .. . no leu . .. .
-¡Acabemos!- gritó Ricardo con una risita
induJgente, poniiudose á leer loa venos en voz
baja:
Ogui mattina mi saluta il sole,
rispondo ogni mattina al suo saluto.
Gli voglio bene ed egli me ne vuole,
io son cieco d 1nn occhio, ed e~li é muto.
Non chiede na.Ha a me, né gli chiedo io
piú dell'inmensa luce obe mi dá,
e son discreto, ché, con l'occhio mio,
ne prendo solamente uaa metá .. .
-¡Has visto qué ton !eríu l-exclamó Tcmás,
mortificado.
Ricardo le dijo:
-'Toca. ahora.
La canción era Ucil y linda. Tenía la iogenuidad toda de las palabras que las cuerdas pareda
repitiesen de verdad, y tenía también, en el rit·
mo jubiloso. una tristeza ma-1 disimulada. Y Ricardo, qne escuchaba extático ante el fen6me110
de aquel hombre solitario y dilecto, pensó así,
fngitivamente, que otra vida, cqnizás&gt;, hubiera
podido sonreír á su amigo : c¡Qnién sabd iQ11ién
sabe!&gt;
Foé breve la canción. Terminó con una bizarra cadencía, entre juguetona y apasionada, y
Ricardo, que conservaba 11ún en la mano el ma•
nascrik&gt;, saltó, diciendo:
- ¡Bellísima, por Dios!. ... ¡y le la robe,!
-¿Me la robas?
-Sí, te secuestro el manuscrito, garantizándote qu.e dentro de veinte minutos, allá, ea lapos11da, una linda mujercíta eíecutará al piano tu
c1nción, y que todos nosotros la cantaremos.
Dentro de veiute minutos recibirb tu bilOtismo
de autor. Diré tu nombre .... y ser;is aclamado.
Sí, te lo garantizo.
-Pero tú estás loco .... Dame ese papel,
-No te doy nada .. . . En cambio, te hago nna
proposición. Ven conmigo á la posada . ... trae
ta violoncello .. .. toca toda la noche tu música,
y mañana por la mañana, al amanecer, haces tus
milletas y te vas á Nápoles con nosotros .. . . . .
-¡Vamo~!. . .. ¡Loco, loco' decfa l'omh, que,
excitado y vibrante, encendido el rostro, había
empezado de n.uevo á reir.
- ¿Vamos allá?
- -¡Curiosa figura iba yo á hacer entre aquella
gente elegante, entre aqnellas mujeres pt rfumadul. ... . ¡Curiosa figura!
-¿Vienes?
-iia, ja, jal ¿Cou un ojo solo?
- ¡Sí, coa an ojo solo! continuaba Ricardo,
que ahora de buena re entasiasmábase y se conmovía al pensamiento de procurar al modesto
médico nuevas emociones y alegrías. lQoé te
importa el ojo? Tú no eres médico, no, no, no
eres un médico: eres un artista ..•.. y esto es lo
importante . . . . Y ya que una jira organizada por
la Providencia me ha traido agu.í esta noche, yo
te sirvo. D i: ¿podrías pedir algunos meses de
permiso? Responde, respo11dt, . . . . .
Tomás tan sólo respondía con sa reir convul·
so. Y no cesó de reir h asta que Ricardo, tras de
habede Jlenado de lisonjas, de mal pergeñ ados
vituperios, de tentadoras exhortaciones y de
afectuosas reprimendas, con vencido de malgastar
el aliento y un tanto arrepentido también de haberse dejado arrastrar por ilusiones color de
rosa que la experiencia no consentíi,, calló. Qne•
daron serios ambos, y ambos desearon separarse.
Cambiáronse pocas palabras sin ilación, inútiles.
Salucláronse¡ se abrazaron.
-¡Qnién sabe caándo volver,mos á vernos! d ijO Ricardo, cerca de la pnuta abierta ..

: -¡Eh! .. .. iQnién sabe! ¿Te vas mañana por la
mañana precisamente?
-Sl. Tomamos billete de ida y vuelta.
-El vaporcito no parte sino hasta las cinco en
punto.
-¿Tan pronto?
-Tan pronto. Para bajar á la costa deberías
pasar por aquí con tu caravana ... . .. Al pasar,
piensa en mí .. . .
-¿A cu hora estb levantado?
-¡Ob, ciertamente!
- ¡A.diós, pues, Tomás.
- Adiós, Ricardo.
Tomás le vió alejarse con rápido paso. Cerró
la puerta y sintió su corazón oprimido. El silen•
cio envolvía su aposento. Miró el pedazo de
cielo encuadrado por la ventana; miró su víolon•
cello¡ miró sus libros-la ciencia que dormía-y
sintió la necesidad de tornará oir su voz con el
habitual tono de broma. Como si hubiese hablado á otro, dijo:
-A la cama, mi querido doctor. Esta noche no
se cena y no se estudia. ¡A la cama, á la cama!
Mas aquella ooche durm ió peco y mal. En el

aullante, 11.lla orquesta solemne y fragorosa dirigida por él, un viole ncello cruel y fantástico,
una a!censión gloriosa del violoncellida célebre
á lo al 'o de una torre rodeada de luces, entre los
vivas ensordecedores de la muchedumbre. Despertábase sobresaltado y volvía á oir las palabras de Ricardo, insistentes, petulantes, borrascosas, insidiosas, y tor.llaba á razonar:-r¡Tonteríasl. . . . ¡Tonterías! . ... &gt;
Levantóse más _p ronto que de ordinario. Cuando abrió la ventana, la aurora esplendfa apenas.
Respiró ávidamente la pura y fresca brisa refrigerante. Arreglóse con la ha.bitnal complacencia.
Ptepuó :lespués su café y se lo sirvió.
Con la tacita en la ma110, de la cual se alzaba el
sutil hnmo gne difundía el aroma gastoso, él,
bebiendo á sorbos, contemplaba el alba. Ascendía
del mar, resonando entre las rocas, el s ilbido
hirviente y largo de la sirena del vaporcillo que
llamaba á los pasajeros. Un vocerío creciente
anunció á Tomás que R icardo y sus amigos se
encaminaban á la costa. Afinó el oído y escuchó.
Aquel vocerío, acercándose, se transformó en un

ESOOGIENOO EI.EGANOIA.8. - Nl&amp;.S TORSSERG

insom11io, toda su conversación con Ricardo,
desde la narración de la romancesca y melancó·
lic11 aventara, hasb el torrente de elogios, de vi·
taperios y extravagantes ofrecimientos, volvía á
sus oidot, á su mente, y mil veces las mismas
palabras giraban eu torno .S. so cerebro, á semej11oza de la rueda e a torno al eje. Se cansaba, se
fastidiaba y era peor¡ el círculo de la rueda hacíase mb y mb estrecho y el movimiento más
acelerado. Para substraerse á tal insistencia, razonaba:- c¡Oh, cn.S.ntu tontubs! ¡No Eoy un n i•
ño, ni siqu.iera 011 joven! ¡Empezar de nuevo á
v i vir sería una locnra! Y lnego, ¿ para hacer qué?
E l, Ricardo, con todos sus t riunfos, no pance
más feliz que yo. IY es un hombre simpático,
fuerte, audaz!. . . . (Estaría yo fresco si llnase la
vida que él lleva!. .. . ¡Oh, .ni si quiera por sueño . . . . ni siguiera por sueñ o!&gt;. . .. -P.:ro tan sa•
bias ideas no impedían que otras continuasen
girando Y él llO sabía comprender por qnénunca el razonamiento bastase para reconciliar el
sueño. S i de vu en cuaudo su cabeza tenh una
ligera tregua en el amodorramiento, de súbito el
estremecimiento prodncido por nn sueño lleno
de sorpresas le despertaba.
Y sus sue ñ os breves eran una gran multiiud

canto conlnso. ¡Oh! .. . . El reconoció su canción
cantada alegremente, caprichosameate.
Dejó la taza sobre el parapeto de la ventana, y,
para escuchar mejor, corri ó á la puerta de la calle. Y tru de la puerta, que no osara abri r, estn·
vo atento, i nmóvil, sonriendo, esperando.-Pasa•
ban, pasaban .. . . é iban alejándose. Los últimos
versos llegaron vagamente al oído de Tomás:
e son discreto, che, coa l'occhio mio,
ne prendo solamente una metá. , . .
-Se la llevan á Nápoles, -pensó el doctor
magnetizado casi.
'
Dos golpccitos en 1-a puerta le estremecieron.
E l corazón hnbo de pal pitarle con violenci a:
- ¿Será ese IÓco de R ¡cardo? . . .. murmur ó, enrojeciendo.
Y por la emoción que le veoda, antes de abrir
quiso preguntar :
'
- ¿Qaién es? ¿Quita es?
Una humilde voz femenina respondió:
- Soy yo, Annarella.
-Bneno, f.Y qué quier es, vieja mía?
-El jorobado se ha sentido md est a noche.. . .
- ¿Se h ;a sentido mal7
-Si señor.
- Voy, voy.
R oBEP.TO BRACCO,
(Traducción especial para E L MUNDO ltuSTllADO)

�1
.

.

.

'

-

"Nicolás Br.ivo," drama llrko d.el ma~tro Tdlo.-Su estreno tn el "A!bcu."-EI libreto, la música, los artistas
L hablar del estreno de la ópera del maestro Tcllo. efectuado el sábado de la última
semana en el teatro cArbe11&gt;,
siento q11e mi entasiasmo se
desborda, y q11e la pl11ma,
destinada á ucribir de cr(•
tica, m11éstra1H~1 mb q ne
prop1c1a al análisis, inclinada al himno halagador y triunfal. El eslnerzo del distinguido
compositor mexicano representa tanto en nuestro ambiente pobrísimo en punto á emulación

y volvió á su condición de hombres libres á
aquellos infelices que de él tan sólo esperaban
la muerte.
La memorable acción de Bravo ha tentado en
repetidas ocuiooes á lo-.: dramaturgos mexicanos para llevatla al teatro. ¡Extraña obsesión,
porque la famosa cvenganza insur,iente&gt;, si bien
es cierto que da motivo al historiador, al moralista, y huta, si se quiere, al cuentista, para her•
mosas páginas, no es, en cambio, teatral en el
artístico sentido del vocablo! No constituye,
propiamente, una acción dramUica, sino el rasgo

Escena final de la ópera •~icol§.s Bravo,, estrenada en el teatro «arbeu• el eábado último
de los artistas¡ es tan noble, tan alto, tan consobrillaotemente geoeroso de un espíritu¡ no da
lador por su significación intrínseca, que, m.is
lugar á una sucesión de esceoas, sino á una sola
que todo, merece el aplauso unánime, la feliciescena, á un pequeño cnadro.-De ahí que cuantación vibrante al hombre que, lleno de desintetos ensayos se han hecho á este propósito, hayan
rés, devoto de su arte, ha consagrado horas, muresultado poco felices.
chas horas de su vida á la composición de uua
El señor Mariscal, comprendiéndolo así sin
obra musical que, por el género á que pertenece, - dad.a, añadió-en el drama de doode está Slcado
requiere, á más de ciencia y talento, constancia
el libreto de la ópera-al episodio real, histórico,
á toda prueba,
otro ficticio: los amores de una muchacha, Mada,
Felicito, pues, muy calurosamente, al dar co•
con un capitán del ejército realista, prisionero
mienzo ;i esta crónica, al maestro Rafael J. Tede Bravo. Pero ni la ingeniosidad dd dramat.,rllo.
go, ni su empeño decidido, ni las dotes que en
Mas no quedaría él satisfecho, ni yo tampoco,
el cultivo de las letras poseía el ilustre Presidente
á decir verdad, si Jo que escribo á propósito de
de la Acadmia Mexicana de la Lengua, fueron
su cNlcolás Bravo&gt; faera un vacío elogio al uso
bastantes á hacer dramáticos los elementos esende los que ahora se estilan. Su personalidad es
ciales del episodio No era humanamente posible
harto seria, y no lo es menos su primera prodnc•
hacerlo, y por eso, lejos de merecer censuras, es
ción en el género Hrico¡ de couslguiente, en se•
acreedora á las más grandes alabanzas esta obra,
rio hay que tratarlas á ambu¡ mereoen los honocu la que se intenta con buen éxito, hasta donde
res de la crítica, no de la cdtic.1 que despedaza
es posible, una empresa que, á todas luces, huó ensaln, sino de aquella otea sana, sincera, .i la
biera conducido á completo fracaso á caalquiu
cual cui podríamos deeir que el arte moderno
escritor que no tuviese los recursos. el valer, la
debe la intensidad de su vida,
ciencia literaria de que el señor Mariscal dió
maestras.
•

*·

El asunto de la ópera es el conocidísimo episodio de la historia de nuestra Independencia,
que dió fama y gloria tantas á uno de los mis
nobles caudillos insurgentes: el general don Nicolás Bravo. Lo sab6is y casi no vale la ptna de
recordarlo:-Encontrándose don Nicolás en Medellín, recibió noticia de q ne su padre, el gene.
ral Leonardo Bravo, había sido fasilado por los
realistas, y orden del gran Morelos para que, en
represalias, fusilara, á su vez, á más de trescientos prisioneros españoles que tenía en sn poder.
El golpe faé rudo ; terrible la cólera¡ pero ni cólera ni dolor impulsaron á Bravo á la Yengiuza;
antes bien, moviécoole á llevar á cabo la bazaiia
má,i bella, la que le ha hecho inmortal con la
inmortalidad de los generosos: perdonó la vida

***

Ahora bien, si ti libreto no reúne las condiciones de dramaticidad requeridas, no es justo
exigir del músico una labor estéticamente armoniosa. Las imperfecciones que se observan, como
el cuarteto en el primer acto y el trozo fogado
que da comienzo al segundo, durante el cual, y
por nn la.r go espacio de tiempo, las masas corales, que se hallan en escena guardan an perfecto
silencio, débense, no á impericia del libretista
ni del compositor, sino á la ing,.atitud misma del
asunto lr.ttado. El segundo acto, que encierra el
hecho histói;ico, e~, en ab&amp;ol11to, vacío; no tiene
de dr.amático mb que un momento¡aquel en que
Bravo pronuncia las frases memorables y ce que
las que iban á ser sus víctimas, arrodillanse á

sus pies. De ahí la acumulación de efectos musi•
cales, que contrasta singularmente con la, á ratos, admirable escritura orquestal del primer
acto.
Mas, fuera de estos lunares, excusables en una
primera obra, y en quien, por la vez primera,
arriesga sus pasos en el género lírico, tropezando
con los obstáculos iusuperables que he señalado,
la obra de Tel10 es bell{sima.
Ea ella salta desde luego á la vista que su
autcr no es un recién llegado al campo de la especulación musical, sino un maestro en la más
amplia, en la m.is completa acep•
ción de la palabra. Conoce los
instrumentos y las voces, y sabe
sacar de ellos cuantas 'fentajas
redundan ó puedan redundar en
beneficio de la obra. Iniciado en
las prácticas del arte nuevo, su
música es moderna, rica de oolorido, polifónica, V en algunos
fr11!mentos, llena de inspiración.
Hay en el cNicolh Bravo&gt; dos
piginas: el dúo para soprano y
tenor y la pl&amp;garia del primer acto, que habrán de quedar, sin duda alguna. oomo de lo m.is herma•
so que tenemos en nuestro repertorio musical : ~on definitivos
v esencialmente bellos.
Obsérvase que en el maestro
Tel10, Wagner ha ejercido :Poderosa influencia. Su técnica se le
asemeja mucho, no tan sólo, como se cree vulgarmente, porque
él use de temas que representan
un hecho ó un sentimiento, sino
más bien por el desarrollo orq•estal y el colorido espeoialfsimo
impreso en algunos pasajes de la
ópera. Asimismo, nótase en el
&lt;Nicolás Bravo&gt;, en determina•
dos fragmentos, cierto abuso de
los latones, el cual, lejos de constituir un defecto, á mi ver es una
promesa de que en Tel10 tenemos
no al músico melifluo y color de
rosa, sino al compositor :serio y
vigoroso de mañana.
Su &lt;Nicolás Bravo&gt; nos lo asegura así.
Con la experiencia¡ con el debido aprovechamiento de su saber de armonista; con su fresca y
lozana inspiración, y, fioalmente, con la ooblua
y la virtud de su esfuerzo de artista convencido, el
maestro Rdael J. Tello es ya, á la hora presente,
uoa personalidad en la cual la patria tiene puestos los ojos, esperando de él ricos frutos que la
den prez y gloria.

DON PEDRO MONT, PRESIDENTE DE OHII.E,
FAI.I.EOIDO

El. TEMPL.0 DURANTE L.A CEREMONIA

ASISTENTES A L.AS HONRAS FUNESRES

EN MEMORIA
DEL

Presidente Mont
Como última ma.niíestación del
duelo oficial, Ja lrgación chilena en
nuestra ciudad o rganizó unas solemnes honras fúnebres en memoria del
dif11nto presidente don Pedro Mont
las c11.ales honras se efectuaron e~
el templo de San Hipólito.
El señor Presidente de la Repúbli•
ca, in vitado por el diplomático chiléuo, asistió á la ceremooia relifiosa
y ocnpó eo el templo lugu de prefere.ncia. Asistieron también los representantes de las naciones amigas,
q11ienes también fae ron objeto de
distinciones.
A las diez: de la mañiva empeió el
o ficio solemne, en e l q ue ofició el
sacerdote chileno don F élix Alejandro Zepeda, y des pué, de la misa, el
ilustrísimo señor delel(ado apostólico, monseñor Rídolli, entonó un solemne responso.
A la ceremonia asist ió, además de
las p11rsonas citadas, una dist i.ngulda
cuanto numero9a concurrencia.

.•.

No quiero terminar,-ni sería ello justo- sin
hacer meoción de los artistas mexicanos á cuyo
cai-go ha estado el desempeño de la obra.
Corresponde al maestro Aragón el primer la•
l(ar. Ha luchado valientemente, y lo que es mejor
aún, con buen éxito, dirigiendo y concertando la
ópera del maestro Tel10.
Nuestro aplaudido barítono José Torres Ovan•
do cantó la parte del general Bravo con a.rte, con
eotusiasmo y con excelente voz.
Muy bien la señorita Zambrano en la doña
Guadalupe, y acertados los coros del Orfeón Popular.
Pero lo que, á mi ver, ha resaltado con hermoso relieve es la figura de una joven artista, de un
capnlJo de artista, que en esta ocasión reveló
grandes dotes, y ha hecho concebir muchas e1peranzas respecto de su porvenir: me refiero á la
señorita Consuelo Escobar.
No obstante que su voz no se halla todavía
completamente desarrollada, y de que es esta la
primera vez que se presenta en el teatro. mostró•
se discretísima en la parte de María, y fueron
tales su gentilen. y su gr.-cia, que conquistó al
público.
Es una eocantadora promesa.
EL. 0/JERPO DIPL.OMATI CO

MAESE PEDRO.

m

�UN

''SIEMPRE A TI"
"Te quiero de tal modo, te quiero tanto,
que al nombrarte, á mis ojos asoma el llanto;
y aunque dicen que mientes y que me engañas,
sigo preso en la sombia de tus pestañas.
Siempre qut asl me dicen, pienso en tu abono:
-¡Si es verdad que me engañas, yo te perdono!
¡ Uno hace lo que quiere de lo que es suyo,
y yo, luz de mi vida, soy todo tuyolLa garza sobre el campo de trébol verde
pisotea las f1 ores, vuela y se pierde,
con las alas abiertas, de loma en loma.
1Yo soy flor para darte todo mi aroma,
y aunque mi ofrenda pagues con tu desvío,
si tu desdén es tuyo, mi afecto es mío,
y yo no sé qué hacerme de mi ternura
cuando aparto los ojos de tu hermosura!
Lucero de la tarde que el mundo doras,
serenata de rim1s hechizadoras,
abeja que susurras junto al romero,
Septiembre en los capullos del limonero,
visión que de mis sueños l:&gt;s horas llenas,
numen de mis venturas y de mis penas,
mi princesita rubia, jazmín del Cabo,
benjiciendo sus grillos vive tu ese.lavo,
que sus dobles cadenas no cambiaría
por todos los rosales de Alejandría.
Una idea, hace mucho, me tiene inquieto:
acércate, mi v!Ja, y oye en secreto;
pon tu rostro de virgen cerca del mio,
mírame con los reyes de mi albedrlo,
con esos ojos tuyos donde mi alma
encuentra al mismo tiempo calvario y palma:
¡ Palma si la clemencia brilla en tus ojos,
y calvario si gozas dándome enojos!
Oye, mi sensitiva de hojas doradas:
si es verdad que á otro buscas con tus miradas;
si todos mis suspiros el viento deja,
sin que tú los recojas, sobre tu reja·
isi eres de otro, mi dulce dueño querido,
dime el odiado nombre del preferidol
Yo le traeré á tus plantas, loco de amores;
le ensenaré á hacer cantos llenos de flores,
que sean de ternura rico tesoro
y perfumen tus lindos cabellos de oro.
Le daré de mi gloria la mejor parte,
y cuando esté seguro de idolatrarte,
cuando viva pendiente de tu mirada,
y venturosa seas viéndote amada,
¡entonces maldiciendo la suerte mía,
para no ver lo grande de tu alegria,
iré á morirme lejos con mi congoja,
corno el mastín que el amo de casa arroja.
Cuando doy mi cariño lo doy entero;
no sé querer á medias á los que quiero¡
y es el sueño dorado de mi ternura
sacrificar mis dichas á la ventura.
¡ Yo también tengo celos, pero los callo;
yo también, con mis celos, lucho y batallo!
Tengo celos mortales de cuanto miras,
celos de tu tristeza cuando suspiras,
del ramo de violetas que se consume
en tu corpiño lleno de su perfume,
de los que á ver se vuelven tu rostro bello,

y del aire que juega con tu cabello;
pero como ambiciono verte dichosa,
sacrifico mi arditnte p1sión celoS'a,
y el corazón amante pongo rendido
á los pies de mi dulce dueño querido.
¡ Písalo cuanto quieras, flor de las lises,
que él besará tus plantas cuando lo pisesl

¡No te importen, ml cielo, las penas mias,
si con mis penas haces tus alegrlas!
¡Cuando tú te sonríes alborozada,
llega el sol ha~ta el fondo de mi mirada,
y porque tu sonrisa no se extinguiera,
IJ mitad de mi "ida con gozo diera!
Princeslta que tienes rubio eJ cabello,
y lo nívro del cisne sobre tu cuello,
¡girasol de tu risa fascinadora,
aunque tú la desprecias, mi alma te ador;,I
CARLOS ROXLO.
Uruguay,

1910.

♦

PARA MI HIJA
Era un silencio grave
De palpitar de ave,
De sucumbir de ocaso,
Cuando su alma ascendía
Como una hostia de raso
Por la azul lr.janía.
El Señor la llamaba
Y su alma volaba
Por espacios sutiles,·
Y, entretanto, sus manos,
Como viejos marfiles,
Desgarraban arcanos.
Ascendió de esta vida
Al espacio infinito,
Y en espera del grit'l
Que la llame á la calma,
Se ha GUedado prendida,
Una pena en mi alma.
Se ha escondido, esperando
Mi suprema tristeza,
La ley dura que empieza
Rubias mieses cortando,
Y derrama un consuelo
Que es piedad y es anhelo
De adorable pureza.
¡Oh, Señor! tú que prendes
Los alcores del día,
Y en las noches enciendes
Una dulce alegr!11;
Tú que apagas dolores
Con humanos fervores,
o me quites mi pena
Que á sufrir me condena,
Ni mi duro quebranto
Por su cruel despedida,
Que el dolor seca ti llanto
Y perfuma la vida.
JUAN R. ORCf.
México, Agosto de

1910.

NUEVO DEPORTE

ELEOIA
Todavía no piensas las palabras
que brotan de tus labios; es tan grande
tu voluntad de vida, que no pueden
asusta,te las cosas; tienes fuerza
para realizarlas.
o es preciso
que te sometas al decir de todos
ni que la ley establecida aceptes;
gloriosa de niñez, sobre tus hombros
holgadamente y sin esfuerzos cabe
la majestad de un mundo nuevo.
Gozo
de verte entre los hombres diminutos,
faltos de humanidad y retraídos
de la naturaleza. Me parece
que han de sentir, al lado tuyo, el miedo
con que miramos las enormes rocas
frescas de musgo y húmedas de niebla
que sobre nuestras frentes se adelantan
al recorrer las sendas de los montes.
Tienes sinceridad; eres llamada
á decir la palabra verdadera
donde los hombres y las cosas mienten!
Todavia conservas las señales
del fuego primitivo sobre el cuerpo;
todavía tus ojos no han perdido
el resplandor interno del misterio;
todavía es posible aJ lado tuyo
recobrar el sentido de la vida
y aprender la verdad.
Larga de alientos,
magnífica de fuerza, inagotable
de juventud, fastuosa de hermosura,
abundante de risas, y de anhelos
y de esperanz'IS pródiga, la Tierra
te cuenta entre sus fuerzas, necesita
de ti como del agua y de los árboles
y de las anchas nubes, donde g11arda
los hilos musicales de la lluvia.

"LA COURSE ))'ENTRAVEES"
Las •robes collaotes» y demás exce_sos de la última moda, han dado origen á un nuevo deporte, el cual ha sldo b,utlrado tn fr,ncés ,on el titulo de estas llneas, que
pueden traducirse por •carreras de esto, badas».
Como se ve en el grabado, la carrera da origen á postoras muy orlgloales, sólo comparables II las de la.s can eras en sacos.
Ya que la nueva moda no ha servido para otr, cosa, sea un pretexto para eJerclclos ffsicos.

RESEÑA LITERARIA
EL PRECIO DE LA SANGRE

•

Yo he mirado en el fondo de tus ojos
y he descubierto la bondad¡ las lagos
guardan vegetaciones deleitables
debajo de sus aguas, el mar tiene
misterios de corales en el fondo,
y tu cuerpo de mármol venas suaves
por donde corren candideces frescas
de una paz infantil.
Porque eres alta
te canto versos y porque eres buena.
Me recuerdas las épicas encinas
grandes de tronco, abiertas de raíces
y solemnes de copa, donde haciendo
su nido los menudos pajarillos,
desatan la madeja de ~us gracias
y saltan, parlotean y se duermen.
EDUAROO MARQUI A.

Memorias del Ayudante de Rojestvensky
Sc.bre una blanca cabierta, timbrada ea una de
sus esquinas con la cruz azul de San Andrés, colores de la Rota rasa, se extiende una ancha pla•
ca roja orlada de gotas, que evoca imágenes de
matanza, Enmedio de esta mancha, la doble águila imperial parece estará sus anchas, y, como tí·
tulo, cEI Precio de la Sa11gre&gt;: tal se presenta á
nuestros ojos el &lt;carne1&gt; de notas del capitán de
fra)!ala, Seme11off, el herido de Tsoushima.
Este caaderno es el cuarto de una serie trágica, cuyos títulos indican con toda claridad las
etapas: cl'..a Escuadra de Port- Arthnr&gt;, «En el
Camino del Sacrificio&gt; y cLa Agonía de un Acorazado&gt;.
S:ibido es qué palpitante interés tienen estas
hojas, redactadas en el sitio mismo, en el puente
del cSouvaroffJ·, sacudido por el choque de los
proyectiles, ó en las hú111edas salas de los hospi•
tales japoneses. Con una pasión de sinceridad
muy meritoria, Semenoff escribe lo que ve, lo
que escucha, lo que resiente. Los que gustan de
porciones de vida, encontrarán aquí un documento humano, brutal, formidable, todo él sala•
rado de amarga realídad.

&lt;Nada suprimiré en mis notas-escribe el autor en los momentos de releerse y de medir los
odios que va á concitarst,-no cambiaré ni una
sola palabra, -y al pie de la letra me aplicaré nues•
tro viejo adagio raso: &lt;Lo que escribí, escrito
está y seguiré escribiéndolo&gt; ..... .
El mi,mo título, &lt;El Precio de la Saogre&gt;, está
tomado igualmente de esas sentencias incisivas
qae emplean con agrado los pueblos jóvenes,
&lt;lqué es lo que te han dado en recompensa de
la sangre y del sador que has vertido?&gt; es la
fórmula eslava habitual para caracterizar la in•
gratitud de los grandes. Y se siente que Semenoff contesta muy bajito, ccmo un eco: c¡En
cambio de tres heridas y de cinco meses de hos•
pital, injurias y el consejo de guerra!•
Los tres primeros &lt;carnets&gt; eran la obra del
combatiente, del soldado que lucha sin esperanza-así de imposible era la victoria con la desorganización general¡-pero con toda su fuen:a,
con todas sus energías físicas y morales. El qae
ahora leemos, y que, como sus primogénitos, está
ya traducido á todas las lenguas del mundo, es el
libro del vencido, del herido, del hombre desnudo y desarmado frente á la miseria y el safrimicnto.
Sobre todo, no vaya á creerse que el ayadante
de Rojestvcnsky es un dél:il, un nervioso. Muy
al contrario. En él vemos á un 1oldado rado,
empedernido en el dolor¡ •very stro11g blood&gt;,
como le diría el médico japonh Oki, en los mo-

mentos de apretar las vendas de su muslo gangrenado.
Y luego, niugana alarma por su suerte, no cla,
ma, no pierde el tiempo en lamentarse ui en
computar sus probabilidades de curación. Hállase en él algo del fatalismo de agaellos heridos
rasos de Austerlitz, hacinados en las cabaiias
moravas que, al decir de un superviviente del
ejército napoleónico, Piosa des Loches, esperaban en resignado silencio que vi11iesen á curarlos, mientras que: enfrente, de las barracas en que
estaban asílactos los heridos franceses, escapábase ana tempestad de gritos y de lamentaciones.
Cuestión de nervios, sin dada alguna.
Para quieu ha visto 911frir, Semenoff aparece
como 11n temperamento eqailibrado, sangufoeo,
del género de los qae se llaman, en jerigonza pro•
fesionaJ, un &lt;baen caso&gt;; en lo moral, un hombre: animoso, probo, previsor, apasionado por la
patria rasa y exaltándose hasta el odio co11tra la
hidra del funcio11arismo que corroe á sa país,
contra ese Almirantazgo concasionario y crimina:, que por haber atrapadu los millones otorgados á la marina, hubo de enviará una evi1ente
destracciónuna Bota armadadeunmaterial viejo,
servida por tripalaciones no instruidas, despro•
vista de todo lo que podía inspirar confianza
en el triunfo,

~-

El lector encontrará *
en *ese &lt;Precio de la Sangre&gt;, páginas trágicas, otras curiosas 6 conmóve .
doras.

�Nada tan angustioso como el relato de las horas pasadas á bordo del &lt;Bning&gt;, después que sos
n11merosas heridas quitaron á Semenoff todas sus
fnerzas, en que cae, no importa en qbé lagar del
puente. Luego, la traslación brnfal y dolorosa
de los heridos á bordo del cBiedovy&gt;.
Más lejos, es el hospital de Sasebo, l:a dolorosa
operaci6D en la que no paede ser cloroformado
el paciente, por sn. extrema debilitación, las alternativas de exaltación en qne el infeliz hace
esfuerzos para ocultar sos padecimientos, , ñn
de no excitar la irónica compasión de sus vencedores, y el anonadamiento en que anhela besar
la manecita de la hospitalaria japonesa de singular y puntiagudo gorro blanco, condecorado
con la craz de Ginebra, que enjuga pacientemente con un lienzo el frío trasudor que corre por la
frente del enem'go vencido.
Con la convalecencia empinan las privacio·
aes. Alimento insu6ciente y nauseabundo, pequeña cama compuesta deun durísimo colchón de
paja y de una almohada de tela rellena ...... de
areDa y, sobre todo, el adusto ge~to é insolencia
de los vigilantes y de los subalternos encargados
de cuidar á los heridos prisioneros.
El carnet de Si:-menoff viene así á corroborar la
tesis tan tr,gicamente desarrollada por Clan.dio
Far1ere en sn. hermosa novela. &lt;La B~talla&gt;. Se ·
gún esto,¡ dos testi¡!os, la iniciación de los japo·
nesuenla civiliucióneoropea, noseríamb qne

EL SERVICIO DE INCENDIOS Y EL CUERPO DE BOMBEROS
DE LA

CERVECERI.A "CUAUHTEMOC," S. .A.
Son elogiados por el C. Gobernador de Nuevo León

CEREMONIA REI.IQIOSA DEI. f&gt;IIATR/lrfON/0 DI!. t..A SEHORITA GUADALUPE OBREGON Y TORNEL
HIJA DEL. SEROR GOBERNADOR DE QUANA,JUATO
•

bría tenido asunto pua nn drama qn.e habría desafiado los siglos.
cNada es m;b hermoso qn.e la realidad&gt;, díjo
el poeta. Por esto es q ne hallamos tanta grandeza
en e!lte diario trágico, que Semenoff escribió con
sangre, en sn inmenso dolor de patriota vencido
y traicionado.

AJEDREZ

Al número 13 se recibió del señor M. Abreu de la
Torre, de Campeche.

• ••
Partida jugada entre los señores Capablanca
Schrader.

G&amp;mlbilto «llell JR.e:, ~elln1!.ll1m&lt;dlo
BLANCAS

NEGRAS

SR. CAPABLANCA

SR. SCHRAOER

1P4R
2 P 4 D
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2 P 4 AR

Problema núm. 16, por Philip H. Williams

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14 C X T
SR. OON FERNANDO OROZCO,
,JE.FE OE L.A COMISION DE INOUSTRIAI..ES GUE
OFRE.CIO UN DIPL.OMA At.. SEÑOR PRES/•
DENTE OE L.A RE.PUBLICA

nna astucia destinada á permitirles combatir no
con nuestras propias armas, pero en el fondo seguirán siendo los asiáticos irreductibles, adictos á so
pasado y á sus tradiciones, de ningún modo con·
quistados á la cultora occidental, y considerando siempre á los europeos como los diablos extranjeros. El autor del &lt;Precio de la sangre&gt; tuvo
esta impresión:1as autoridades dieron la consigna de aplicar á los prisioneros de guerra los osos
adoptados en Europa, para qnelasnacionesacep·
tasen so famoso concierto al Japón victorioso;
pero los heridos creyeron leer en los ojos de sos
guardianes el disgusto de no poder emplear con
el enemito las crueles torturas aconsejadas por
sus autil(aas costumbres.
Prosiguiendo las etapas, más y más dolorosas
de su triste odisea, Semenoff nos nombra la gran
figura de Rojestvensky, el jefe designado de antemano para la derrota, que, á pesar de sns heridas, signe siendo jefe hasta el fin, lleno dealti9ez
en medio de los japoneses regocijados, insensible á las canalladas de sus carceleros, Luego en
la insurrección qaesnrgeábordo delcVarooege&gt;,
entre los prisioneros rusos que son repatriados¡
y una vista conmovedora hacia la ciudad de
Vladivostock arruinada por los rebeldes.
¡Qné emocionante cuadro el de la repatriación
de ese almirante herido. en el Transiberiano -ya
en huelga, , loa gritos de las tropas sublevadas,
y como término de viaje los bancos del consejo
de guerra! Esquilo habría visto en todo esto al•
gana sentencia de la fataHdad, y Sbakespeare ha-

Si C X D T

I

C (jaque y tablas}.
14 o 4 C (jeque ).
15 P X D
16 A 4 A Cj•que ).
17 A X T (jeque}
18 P 7 e ln:ate ).

15 D ;; C
16 A X D

17 T

2

A

18 R I T

BLANCAS

Las blancas juegan y dan mate en tres jugadas

Solución al problema número 14,
por E. J. Wínter Wood
BLANCAS

NEGRAS

1

R

2

P X O pide A ( mate).

I

O

al O

1

1

D (jaqut )

r si D 4 T (J . que )
2

C X D (mate) .

2

P

2
2

si A

t

si A 3 T

1

si C 5 C 6 6 A

I

A

e 4 T {ma.te ) .
C X C 6 C 4 C {mate }.
1

2

I

R pide C (mate ).

si mueve otro Caballo

C X C 6 C 4 R {mate) .

Unicamente han mandado solución exacta los se•
ava, de México, y Olalln Rubio, de

ñores Luis
Cananea.

Está para efectuarse la creación del puerto de
Ratisbona, sobre el Danubio, destinado á trans•
formar aquella ciudad en uua metrópoli comercial, donde tendrá lugar el cambio directo de los
productos tudescos con los puertos del mar Negro. Es curioso que este mismo proyecto hubiera
sido ideado por primera vez por Carlonugno,
desde hace mil doscientos años.

EL se RoR GENERAL. MIE.R Y ACOMPAÑANTES E.N L.A CERVEOER/11. OUAIJHTEJIOO, DURANTE UN S/MUL.AORO DE INCEN0/0

•
••

Con motivo d" los múltiples eslragcs
que bn becho últimamente el fuego en
Monterrey, el Gobierno del Estado y el
Municipio de aquella capital, estudtan con
todo interés la manera de dotará la ciudad
de un servicio de incendios, digno de t,an
importante cent ro comercial é industrial.
Sabiendo el ilustrado Gobernador del Estado, Gral. Lic. D. José María Mier, y
el progresista señor Alcalde primero de
Monterrey, D. Ildeíonso Zambrano, lo
bien acondicionado y disciplinado del servicio de incendios y del cuerpo de bombe·

El título del nuevo rey de Inglaterra es cSu
excelentísima majestad Jorge V, por la gracia de
Dios, rey del Reino U.nido de la Gran Bretaña¿
Irlanda, y de los dominios de n.!tcamar, defensor
de la fe, emperador de la India&gt;.

.•.

El ioglés Sharman acaba de inventar 1111 teléfono sin hilos, con el en.al puede tra»smitirse el
sonido á través de la tierra.y cuyo principio está
basado en la utilización del terreno como medio
transmisor de las ondas eléctricas. La percepción
de los sonidos transmitidos por medio de este
maravilloso aparato es clarísima, y el consumo
q_ue hace de eleotricidad es muy pequeño.

..

ros de la cervecería «Cuauhtemoc&gt;, tuvieron
á bien hacerle una visita especial á aquella acreditada instituci6o acompañados de
otras muchas distfoguidas personas, el día
16 del mes en cu11Eo.
Los varios ensayos que tuvieron verificativo delante de los altos funcionarios y
demás visitantes en referencia, resultaron
brillantísimos y fueron elogiados tanto por
el C. Gobernador como por todas l11s per·
sonas ahí presentes. No podía menos de
esperarse esto, si se toma en cuenta la eficacia del servicio en cuesti6n, muchas ve•
ces comprobada con motivo de los incen-

dios habidos de poco ti t mpo á esta parte
en Monterrey .
Antes de que los visi tantes se retiraran,
fueron obsequiados por Ja Cervecería con
un magnífico «lunch-champagne&gt;, que sir·
vió por cuenta de la fábrica uno ce los hoteles más acredibados de aquella metró·
poli.
uestros lectores encontrarán en esta
página una de las fo tografías que representan á las distinguidas persoDas indicadas, durante su visita á la cervecerfa
&lt;Ouauhtemoc&gt; .

�y, pot tanto, lectoras mías, es necesario apresurarse, pues deot.ro de poco tiempo ser:in iaadecaados estos trajes tan ligeros, graciosos y lindos.
MARGARITA .

... , ............

Crónica
N escritor de renombre dijo en
alguna ocasión,
que el deseo de
la inmortalidad
estaba siempre
despierto en el
corazón humano,
por cuya causa se
observa, en todas las épocas y en todas In nacione~, una marcada uni•
íormidad en la mane.r a de disponer
las ceremonias fúnebres con que se
manifiesta el dolor por la pérdida de
un sér qaerido, y el deseo de perpeh1ar indefinidamente su recuei-do.
En efecto, lectoras mías, desde las
remotas edades de los egipcios, pre•
ocnpadouincesardnraote su vida por
construir amplias y lujosas gala-í.as
subterráneas, donde sus despoíos mortales rciesen substraídos á la acc~ón
destructora del tiempo, hasta la época
actual, en que la ciencia ha dese-u·
bierto tan hábiles preparaciones pa•
ra conseguir un éxito feliz en el embalsamamiento delos cadá veres,se nota esa misma tendencia cu. la especie
h11mana por impedir la destr11ccióo
completa del individuo, y poner un
Hmite infranqueable á esa sombra
más obscura y densa que la muerte:
el ohido. Los sabios no descansau.
en su labor á este respecto, y uno de
los mejores resultados obtenidos Úl·
timameote en ese sentido, es el fooógra fo, admirable instrumento q11:e hace surgir, á través del tiempo y de !ill
distancia, el ncnerdo vivo y palpitante del ausente, ó más bien dicho,
la etocaci6n de sa presencia real al
oir el timbre de sa voz. ¿No habéis
experimentado, lectoras mías, a.na
extraña sensación de asombro y de
misterioso encanto, escuchau.do la
d11lce canción de algún artista que
ha muerto y:.? Las modnlaciones armoniosas acarician el oido; las palabru pronunciadas distintamente oos
conmueven aún, como si saliesen en
aquellos instantes de los labios que
hace muchos años están cerrados par.l siempre. Percibimos todavCa los
ímpetus de la pasión en las inflexiones delaceu.to, en la emoción coa que
están dichas ciertas frases. Aquel artista desaparecido vuelve i nosotros
en esos momentos con todo el vigor
de su vida sensitiva, con todo el encanto de sa geaio artístico¡ y, sin
embargo, no existe ya, pasó por la
escena del mundo como un relámpago luminoco, y lo que hoy admira·
mos, es sólo un espejismo hábilmente preparado por el inagotable ingeoio del hombre¡ es la vibración a-r•
moniosa de una onda sonora que la
mino potente del sabio supo aprisionar en el reducido espacio de un
disco. Y la distancia desaparece como al ioflajo de un mágico conjuro¡
allí tenemos al admirable cantante ó
á la orquestaaí;uuada . .. . lo5 violines
cantan suavemente, los violoncellos
sollozan con pasión reprimida, las
arp.u dejan caer la Un vía cristalina
de sus arpegios y las flautas lanzan
sus dulces y vibrantes notas de aves
canoras. Sobre todo este coojnnto se
eleva la voz humana, y escachamos
al tenor inimitable, al que tiene ren•
didos á sos pies tantos corazones femeninos, encadenados por la suges·
tión irresistible del arte .... la melo-

INAS
día se desarrolla lentamente, hasta
qae llega á toda su extensión, como
una luz intensa sobre el horizonte¡
la emoción aumenta cada vez más, y
al concluir la bella frase musical,
viene nn impela vehemente de unir
el propio aplauso áotros machos que
allá, muy lejos, á inmensa distancia,
se escucharán, acaso, en esos mismos

momentos en los teatros más célebres
del mundo civilizado.
Pero el silencio se hace de improviso y el encanto se desvanec.e¡ se esfuma repcntiname!lf:: el bri•
llante espejismo, y eu.toncu, al pensar en ese insaciable anhelo de inmortalidad y de supervil'encia que
hay en el sér humano, vienen á nues-

t.ro recuerdo aquellas hermosas y
sentidas frases del inspirado poeta:
cNo moriré del todo, amiga aún .. . .
Y casi podría decirse que el espirita lejaoo se acerca invisiblemente á
nosotros, suplican te y triste. pidiendo la caricia de un recuerdo, acaso
una plegaria, una lágrima furtiva ó
una flor colocada sobre la losa de
mármol de 1111 sepulcro olvidado.

Es muy justo dedicar, lectoras
mías, alguna atención á esos lindos
trajes de lienzo, de los cuales prome•
ti hablaros detalladamente. Hay, en·
tre dichos lrajes,pdmores de elegancia y de buen gusto. Las señoritas y
señoras jóvenes se presentan ataviadas con ellos en los paseos campestres, juegos de &lt;sport&gt; y otras diversiones propias de la estación cal11rosa
en que estamos. Sin duda mis lectoras tendrán agrado en conocer la
descripción de ciertos modelos de
estos trajes, dignos de ser citados
por su exqaisita distinción. Uno de
ellos está confeccionado en tnssor de
lino crudo, La falda es plisada, y como único adorno, lleva ana ancha
banda entrevé de charmeuse azul
rey. Capelina de linón con un gran
grupo de rosas té por el lrenle. Otro
modelo es de batistafiuísima, blanca,
incrustada con bordados i.ugleses.
El corte es de t6nica. no muy larga, y tanto en ésta como en la ancha
cintura de tafeta blanca, JJeva gran.·
d~s rosas de la misma taleta.
Capelina de paja az:al perla, forra•
da de creapón blaoco y corooada de
plumas blancas. Vemos, además, otro
hermoso iraje de cambray blanco,
con túnica de encaje de lrlaada, y el
atavío se completa con un elegante
so:nbrero de paja de seda negra,
guarnecido con listón y pl11mas, negras también. En fin, las lindas ctoildtes&gt; de muselina y encaje pintados 6 bordados, los de nipis y lioóo
de la India. compiten eo tre sf para
obtener el favor de las damas, á las
cuales favorecen en extremo, pues :i
las que son jóvenes las hacen aparec~r más bellas, y cuando la edad comienza á dejar sus huellas indelebles
sobre los rostros femeninos, esos fres•
cos y vaporosos trajes de lienzo prestan un sello de gracia y ligereza que
de ningún otro modo puede obte.nersr.
Complemento obligado de dichos
atavíos son lu grandes capelinas,
cuya deliciosa elegancia, conviute á
cada mujer en una figura artística,
digna de servir como modelo pan
esos retratos de los poéticos tiempos
del romanticismo en el año de trein•
ta. No dejaremos de citar :i nuestras
lectoras algunos modelos exquisitos
de esas capelinas, pues acaso les ser•
virán de inspiración para elegir las
que crean más adecuadas á sn tipo y
fisonomía personal. Una es de encaje
blanco, guaroecido con n.n grupo de
rosas de taleta blanca. Otra, de gasa
rosa antiguo, cubierta de tul negro,
adornada en nn lado por un atado de
rosas y un cohon&gt; de satín negro. Por
último, vemos a.na deliciosa capdfo a
de satín verdt p:Uido, forrada de
crespón blanco y guarnecida de plu•
mu de avestruz, blancas, Como dijimos antes, todos estos atavíos, lrescos y vaporosos, se asan mucho para
los paseos de verano, de la estación
calur-osa que ya comienza á declinar,

Confecciones para Niños
Hemos recibido alganas cartas de nuestras
amables lectoras, pidiéndonos me delos de ropa
blauca y vestidos para niñas y niños pequeños.
Qaeriendo, como siempre, obsequiar sus deseos,
les ofrecemos en la página de hoy dichos modelos, que no dudamos serán de su agrado, pues
estáa escogidos cuidadosamente, á fin de qae
resalten elegantes, prácticos y sencillos á la vez.
En el primer grabado verán nuestras lectoras
una joven madre y dos lindos niños. El más pequeño luce nu. ropón ó vestido de casa, el cual
está b.echo en nansú, bombasí 6 piqué muy .fino,
adornado con encajes valencianos, de bolillos
ó tiras bordadas, según sea la tela que se elija.
El otro traje es para oiño ó niíía de uno á tres
años. Está hecho con las mismas telas y adornos
que hemos dicho para el anterior, pudiendo
también hacerse en seda 6 cachemir blanco.
Colocada sobre una mesita e$lá la caoastilla,

qae deja ver una muda completa de ropa blanca:
camisa, chambra, calzónpañal y mantilla. Después vemos n.n ropón y una bolsa 6 cama por1á·
til, elegantemente adornados con tiras bordadas
en muselina y apliaaciooes de bordado inglés.
Ambos lacen primorosos lazos de listón blanco,
rosa ó azul. Dentro del pequeño colchón está
una chambra de batista ñn!sima, adornada con
eocaje ó tiras bordadas y lis16n.
Nuestras lectoras verán también en uta págioa, tres modelos de trajes para niñas de cu11tro á
ocho años. El primero es de velo á cuadros,
blanco y &lt;azul rey&gt;. Talle largo y falda formada
por n-n volante, ambos ligeramente estr!cbados
por Uia banda de seda &lt;azul rey&gt;, Camuola de
tncaje ligero. Alrededor del lscote lleva u11a
ancha vuelta de encaje de guipare. El stguado

modelo es de batí.ta de seda, blanca. Cuerpo y
falda fruncidos, llevando é~ta en la orilla una
cenefa de bordado inglés. Canesú y cinturón
adornados con ¡trandes ojales, y pasado entre
ellos un listón que se anuda á un lado de la cintan y por detrás del canesú. El último grabado
representa un traje de seda color de grosella.
Está plefado en palas rectas. A la orilla del escote y de la entrada de las mangas lleva una
guarnición, bordada de sontache eu. tono más obs•
c11ro. Camisola de foulard blanco con lunares
color de grosella. Banda de seda del mismo co·
Jor, terminando en llecos.
Todos estos modelos pueden confeccionarse
muy fácilmente á domicilio, pues á pesar de su
indiscutible elegancia y di!,tioc:ióo, son sumamente sencillos para hacerse.

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...

FoT. FÉLIX, DE PARis.-ESPECIAL PARA
"EL MUNDO !LUSTRADO"

Elegante sombrero de paja de crin gris plata
forrado de terciopelo negro. Dos grandes plu:
mas amazonas coronan la. copa y constituyen
todo el adorno.

1.

• •

• • ~

.. .

FoT. FÉLIX, DE P ARÍS.-ESPECIAL PARA
''EL MUNDO ILUSTRADO"

..,ombrero de terciopelo negro, adornado con
broches de fantasía y grupos de «aigrettes&gt; de
plumas blencas.

�El Mundo Ilustrado.:.__ _ _ __ _ _ _ _ _ __ _ __

PERUCHO

[:lJMSULt

RALAS DRMRS

DOS FIGURINES

guientes preparaciones: 1Ka]oderroat1 •8u.avis.it1a1 ó "Nieve de las \ ' irgencs."

Una ignorante, En esta sección verá usted los modelos que desea para confeccio.
nar sus trajes. La manera más propia de
adornarlos es con galón de tul bordado,
del mismo color de la tela.

TARJETA POSTAL

Alicin C,udelia: X o he tenido el gusto de
recibir sus cartas anteriores, y efectivamente, creía en su oh·ido para roí; mae ahora, al ver la linda postal que tuvo usted la
bondad de enviarme. '\"eo, con verdadera
satisfacción, que me Labía eq11ivocado.
He.•pecto del asunto acerca del cual desea
tener mi opinión, le digo que, íí mi entender,
debe usteu alotler á ese joven, pues ei él la
pretende y usted Je tieile simpatía y estimación, podrfa ser esto el principio de UD.llll
relaciones amoroEaS y de su fulm·a dicha,
la cual deeeo sinceramente parn usted.

RESPUESTAS

.M. A. M.: No hay ningún inconveniente
en que las se11ori tas usen levita!'. y man tele.
tas de encaje. La agenoia de máquinas por
la cual usted me pregunta, se encuentra
situada en la Avenida del 16 de Septiembre, 51.
Mucho le agradezco su amabilidad para
juzgarme, y pue'le estar cierta de que correspondo sincerawente á su simpatia.
NOTICIA

Clotilde V. Quiroz: Escribi á asted por
correo: espero que ya habrá recibido mi
carta-.

DIFICULTAD MATRIMONIAL

.TCllefina: Eecribf á usted panicul11rmente;
pero como no tengo si·guridad de que haya
rtccibido mi carta, cont.esto ahora ú su pre-

AMISTAD PELIGROSA

Inocencia: Ciertamente es una amiga poco discreta la que tiene para usted tanto
encanto y atractirn. La ausencia de su esposo deb(a obligarla á conducirse con más
prudencu,: y no es asf, pues recibe varias
visitas de se!iores, la mayor parte de ellos
jóvenes y de conducta incorrecta. En el salón de dicha amiga se hace m1ís.i-ca, se toma el té y se pasa la velada alegremente,
como usted dice: pero yo le aseguro que
~sas alegrías pasajeras pueden tener un
final bien triste, aun cuando usted no lo
comprenda en vista de su corta edad; á los
quince años todos los horizontes son azules
y tranquilvl:; pero, más tarde, la experiencia
hace arrepentirse á muchllll jóvenes irre-futtivas, eoruo usted, de haber servido, en
salones semejantes al de su amiga, ae figuras decorativas 6 de entretenimiento culpable á alguno de esos caballeros tan galantes
y simpáticos que andan solamente ácaza
de av,mturas.
Si desea atenerse á. mi opinión, le aconsejo q•te
rompa, desde luego, esa a.mistad tan peligrosa y nociv11 para usted.

ganta.
.No i:Omprendo cuál sea 111 causa de tan
injusta exigencia del señor su esposo; acaso
los celos impulsen la detex-minaoión que lla
tomado, no permitiendo á usted el trato con
oiogún &lt;'Bballero, ni a1l.D con los liué.•¡-.,tle~
de sn case.; pero, aunque e!!ta conducta de
él es muy penosa para llllted, einocomigoo
caml&gt;iarla por medio de súplicas y dulces
palabras, le aconsejo qne renuncie á los
leg{t.i.mos derechos de !'parecer como su esposa ante le. sociedad, en vez de vivir siempre oculta en sus habitaciones, pues na&lt;la
t:onsegnirfa con diegnstos inútiles, ai no es
destruir el efecto y la estimación qne debe
haber entre los eEposos. Es bien dificil poMr
en pr!wtioa e~a resolución, lo comprendo¡
pero en el caso de usted, cualquiera otra
tenrlrfa funestas consecuencias y la harla más
desgraciada; por tanto, yo le aconsejo que
use las armas de los débiles: dieereci6n,
El escote es indh,pensable para asistir á una
fiesta de ese género.
PARA EL CUTIS

TRAJE DE BAILE
Josefina: Un traje negro, de seda, convendría
muy bien á los deseos de usted, pues así puede
presentari&lt;e en el bailo elegante y discretamente
atav:iada.

Stella: Acaso su enfermedad de la piel dependa de alglln padecimiento interno, por lo cual creo
conveniente que consulte usted con un médico
acteditado.
Si ese defecto de la tez es solamente exterior.
en.toncea le aconsejo que ose cualquiera de las si-

suavjdad y paciencia, única mauera de vencerá
Jae pel'l!onas dominantes y tiránicas.

1Qaé linda es la huerta. del tlo "Milocho" ¡exi:lamaba "Perucllo" siempre que
al volver de sus faenas con su tar,nla al
hombro, y con sus vestidos mojados por
el sudor que por todo su cuerpo corrla,
posaba sus negros ojos en los frondosos
y ,rerdes Arboles que la formaban.
Contempla.o con delicia los odorantes
frutos del mango, los pequeños chlcos· zapotes, 111 llermosa y verde guaoabana y su
corazón estremeclase de placer cuando
miraba Junto á la cerca de puntlatudos
palos que limitaban ea todor sentidos al
sembrado, á un cocotero que se mecla 11.
Impulso de blando céfiro y que reflejaba
su Imagen en tranquilo arroyuelo de llmpldas aguas. Se quedaba extasiado contemplándolo y pensando la manera de saborear sus frutos que arriba ... muy arr1ba se velan.
Después prosegula su camino bacla su
choza, donde era recibido por su earlftosa
mtdre y por sus tiernos hermamtos, con
los que se entregaba t Inocentes Juegos
lnfaotlle,. Pero aunque nlffo, no era feliz:
le faltaba. un algo para serlo y ese algo
era el coger uno de los hermosos frutos
del alto cocotero. Softaba coa él, despertab1 pensando en lo mismo, y al encontrarse entregado á sus laenas cotidianas
con qae alimentaba i. su famllla,Jamás se
apartaba de su mente la Imagen de la alta palmera que siempre contemplaba al
volver ae su trabajo.
Por fü1 decldlóse un dla 11. hurtar uno de
aquellos frotas que lo tratan casi alienado no sin que antes, en su alma, se hubiera 'operado una breve lucha entre el genio
maléfi:o y el benéfico, que se alej6 triste
y tácito a1 contemplar su derrota.
Faé una manaoa; el Sol empezaba
11. ténir con sus tintes ro)lzps las nubes
que al derreJor se amontonaban, las_ave~
trinaban en las enramadas próximas,
mientras las campanillas y. demás flores
silvestres que coa sus varudos colores
matizaban el campo, mustraban sus péta·
tos brillantes por las cristalinas gotas de
roc!o.
La p11erta de la vivienda de Petlro se
abrió y con un paso cauteloso se le vló
salir de ella, dirigiéndose del mismo modo en dlrecclótt á 11 huerta .... Llegó, agazapáodose tras unas !!!.,&amp;tas que .•. l_a orilla del arroyo crectan y desp11é~ dmg1ó sus
ojos escudriñadores y eorojectdos Rºr el
Insomnio para cerciorarse si el viejo Mencho" no lo v eJa.
una emoción Intensa le embargaba; terribles pr.!Saglos cruzaban por su mente;
ensó en su madre, en sus tiernos herma~itos á Qlllenes babia dejado en la tosca
c•ma'que les servia de lecho, entregados
al dulce sueno de la looceocla, mientras
él "Perncho." como le llamaban sus compálieros se encontraba en ese lugar dlsuesto t coger lo que no le pertenecla Y
fon el coru.oo sobresaltado por temor de
que lo descubrieran.
Tentado estuvo de abandonar ese sitio;
ero ea ese mismo Instante so vista se
~ncontró con el alto cocotero, q_u e movido
or f.ierte brisa, se mecta flexible en di·
Pecclón á él como brtodll.ndole sus hermo~os frutos,.que en apret~dos racimos casi
en sil cúspide tenla.
No ensó mis; arremaogóse su roto
aotal~n dejando á descubierto unas ne~ras paotorrlllas, y empezó l. vadear el
arroyuelo, espantando á los pecectllos
ue encontraba á su paso. Salta la cerca,
q r fin se encuentra Junto á la palma;
Yfrc:nó su débil pecho sobre el grueso
: onco y empezó á subir; ya Iba 11. la mitad
dre Sil Jornada, c11aodo se detuvo: una sereta voz de lo mts profundo de su alma
c arecta. decirle: •·No subas. ¡No subas!"
~stuvo unos momentos Indeciso; pero
después venciendo el temor puer11 que
llenaba 'su alma y sin hacer caso del nero presentimiento que por su lmagina~lón cruzara, siguió subiendo hasta que
logró asirse á uoa de las verdes pencas.
Al fin estuvo en el lugar adonde le lleva•
ran s(ls eosueno~; palpó los apretados
racimos coa la Inefable dulzura que siente
el avaro al acariciar su tesoro, y cuando
ya se dlsponla t cortar uno de ellos con
su filosa navaja, oyó_una Y_f!Z qn,~ le dijo:
•·Ja5ta que te cogl, s11111ergnenta; volvlose ha.tia donde partla, Y pudo ver al tlo
••Meocbo," que con grueso garrote ea la
mino, esperaba t que bajase para darle
su merecido.
..
La palabra srnvercrren,a resoo6 en sus
oldos de una manera tal, que casi ni se

dló cuenta de lo que pasó en todo su sér;
sus o!os se vela.roa. sus piernas flaquearon y su~ manos. crispadas por el miedo
y ta'. vergüenza., aflojaron la penca de don·
de se sostenla y .... cayó.

En Inglaterra. un réclame del Odo! llamó mucho la atención.
Una botdlla de Odol, de 16 metros de altura, llevada poL' una carrocería especial tirada por 12 caballos, fué transportada frente á la BolBa.
La aO'lomeradón de gtmte era tanta, que hubo de intervenir la polic(a para
b
•
mantener el orden. ~l público recibió con grandes aplausos tan peregrma
idea, gritando: «Viva el üdoJ, el rnfljor dentífrico del mundol&gt;.
~
Uo ¡a}'! angustiado txh,1,ló de su pecho,
al mismo tiempo que el dutño ae la huerta
contemplaba un cuerpeclto atravesado
por las puntiagudas estacas de la cerca
y movl~odose coa los últimos este1tores
de su agonla.
como loco corrió, avisar la latldica no.
tlcla á la madre, y cuando llegó é,te, sólo
pudo desahogar sus lágrimas sobre el

cuerpo ensangrentado é lnute de su hl·
Jo .. . .
A la m1nm11 siguiente, cuando el sol
flnmlnaba con sus rojizos rayo~; cuan.So
las aves camaban en sus nidos y el esbelto cocotero se b&amp;l,n.:eab• á impulso
de blan.!o céfiro, reprod11clendo su imagen

en el arroyuelo de ltmpldas agua~. el cadbtr dtl de&lt;graclado '" P :ruchr," en lo~

hombros de uno de sus amigos, eraactmpañ ,do por varios de é~tos y ror s11 desi¡raclada madre, que llorab1. sin con~ uelo
la muerte de su qunldo hijo.
DANIEL LARA A.

San Antonio, O;tubre 9 de '90'7·

[¡¡~';1~":..~-,¡.¡....,.;.;.._,~---........-:--~~~~T:-::'?"'7'~~~

Usada por todas las grandes artistas ylijs dnmas aristócrata~. es la mrjor preparación, entre toda~ las de su clase,

JD~RÁ COfNSE'E~WAR
a

Cura scoríaciones. rupciones, Sarpullido
y6ranos. Disimula las Arrugas, Suaviza, .

Perfuma, Hermosea yRefresca ta Piel yle Comunica
et Brillo Aterciopelado de la Juventud.

k. CUTIS
DEPÓSITO GENERAL

iJosé
1Jihlein,5uc5.
Almacén de Orogás
COLISEO NUEV0,3. MEXlCO

�El Mundo Ilustrado
jantca casos, rara vez hago las cosas i
medias. Voy siempre de frente.
Poco dcapués tne encontré con otro
atnigo fotlmo, quien me aconsejó que me
bebiera un litro de agua Aelad.a , bien e&amp;•
llente. Me aseguró que no había nada en
el muodo más eficaz para el resfriado.
Por consiguiente, hice la prueba. BI re•
saltado fué sorprendente. Crela haber
eipectorado mi alma inmortal. !ti remedio ea bueoo, urobablemente; pero demasiado enér11ico. Si llego á tener otro
resfriado y no me queda otra alternativa,
sino escoger eotre este tratamleoto y uo
tenemoto, preferirla correr los peligros
de este último.
Me encontré después con una señora
que veoía de los bajos; habitaba, según
me dijo, una región en donde los médicos eran muy escasos y, por fuerza de
las circunsta11cias, ella babia adquirido
mucha práctica eo remedios para enfer•
medades caseras. Me panció que, en
reaHded, debla tener mucha pr!ct:lca,
pues B1&gt;areotaba no tener menos de cie11·
to cincueota años.
Hizo una mezcla de melaza, Blllardlente, terebentina y una infioldad de droLA LECHe MALTEADA DE HORLl~K gas,
m~ prescribió que tomara un vaso
Oont10,oe todos los elemeotos nutritivos llt!noy dt!
la mezcla cada cuarto de hora.
º""' uo perfecto desarrullo de tos recién- No
tomé
más que una dosis y fué bas•
dos. y se not,. que á Los niños que lu.
usan oo le.~ at11c1&lt;n llill enformedado,s ca.- taote. Me detpojó de todos mis prioci•
racterl~ttca.s d~ La iota.ocia, como el cóle• oios morales. Despertó en mi todos los
ra lnlilntU. diarrea, j!senterf11.s y otras instintos pt!rversos de mi naturt1lt!za.
enrerml}dades 11ue con mucha frec11eocl11. B ,jo su malilflla itif111encia, mi cereb,o
provienen del u•o de lecbe Impura. adu l·
ter1tda y de orl¡reo sospecbo,¡o, 6 de ali· concibih milagros de villan!a; pero mis
mentol! m1tl combloado~ y p ~or conocidos. manos fueron demasiado débiles para
Como muchas personas, tenD1 reot a eR tedas las drogu&amp;rlas J bot.ci,. ejecutarlos.
go algunas ideas poco e.levadas; pero,
A,eat.. C-ales: VlHCENTY IIIIOS. Afuid• sotes de tomar este medicamento, no me
oh,,. 1236 Muoca. D F
había &amp;bandona&lt;lo jamás á una deprava•
ción tRn sobrenatural.
Al cabo de dos dtas mt! bailé en estado
de ensayar nuevos remedio•. Tomé otros
infalibles y. para colmo, el resfriado se
tTasladó al pecho. Me puse á toser
Solo TOPICO me
,in tre¡¡ua ni descanso, y me acento des•
reempla.nndo d
hego oia dolor lll
-endió bajo cero.

""°

Perfume "Ilusión''
en los siguieotes aromas:
VIOLETA, LIRIOS DE LOS VALLES,
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Para curar un Re~rrro

"ABEOU L"
es la mejor agua
para conservar el cabello y
evitar su calda,
tiene un precio

LINIMENTO GENEAU

No hay duda que es alro ticelente escribir para entretener al público. Pero,
icuánto mlis henno•o y noble es escribir
para su instrucrión, su provecho, su bentfido a~tual y positivo!
Re aquí el (1nico objeto de este articulo.
Habiendo llevado una vida pura y metódica. tengo razón para creer que nin¡ruoo de los que me conocen refutará las
idtas que voy á emitir.
Que el p(iblico me ha¡ra el honor de
leer mis en~11yo11 para la curación de 110
reffriado, como paso áexponerlos á continuación, y de seguir el camino que he
recorrido yo.
Cuando se quemó la casa Blancbe en
Virginia, perdl mi hoa-ar, mi. felicidad,
mi salud y mi baúl. I,a pérdida de_los
dos ptimero., artfculos ero. de uoca 1m1&gt;ortaocia. Un bogar es ficil de encontrar y la pérdida de la feliddad no había de caueareo mi ninguna me!ancol{a
porque oo,ten!a mi alma la sensibilidad
de un poeta. Pero .perder una J?cena
constituc16n y uu mt¡or baúl son 1nfortunlns baotaute serios. El d{a del incendio me sentí cogido por un _aevero reE•
friado t causa de la parte achva que lo•
m~ en la exLiución del fuego.
Desde que 1&gt;rinclpié á est~rnudar. ~e
aconsejó un amigo que mediera un bano
calict1te de pies y me acostara inmedla·
tameute. Poco despuEs, otro amigo me
acon~ej6 que me levantara y me diera
una ducha fria. Asilo hice. Eo seme-

El Homicidio Microbiológico

Un Buen Apetito
Una Buena Digestión
Un Hígado Sano
Un Cerebro Activo
y Nervios Fuertes

C:;~~s son mejores que las grandes
riquezas, y usted puede
obtener estos beneficios inapreciables
por el l)recio de un
frasco de Zarzapa•
rrllla del Dr. Ayer. Es
la medicina más eficaz
que puede comprarse con
dinero. Si el apetito de usted
es escaso; si su digestión es tardía ó imperfecta y se siente usted
nervioso y débil, le convendrá tomar

La Zarzaparrilla
del Dr. Ayer
Pone rica y roja la sangre, y comunica fuerza y vigor á los nervios.
Si se siente usted ligeramente indispuesto, 6 enfermo de gravedad, el
medio más seguro de restablecer
su salud es la Zarzaparrilla del Dr.
Ayer- el depurativo de la sangre
más perfecto conocido de la facultad
médica. (No contiene alcohol)
Cad.a frmo;l'D oste trtfl la ff;r,n.nltt r11 la.

rottda,ta. Yreyuut, ustetl f,

ri,,

u,,!,tico lo

Un médico ha sido procesado en los Es· que Qpiua ~ la Zur2mprc1'rillu tlet 1&gt;-r,
tados u nidos, acusa&lt;10 de una serle de Ayer,
crlmenes cometidos por _medio de los mi- froparada por el DR. J. C. AYER y GIA.,
crobios. Según parece, el procedimiento
Lowell, .Ma,ii,., F.l, U. do A..
del galeno criminal consl~tfa en Inocular
á sus victimas gErmeaes del tifus; pero no
,iérmenes vulgares, como los que pueden
foliclooar i cualquiera en 6poca de epi·
Jemla, slno microbios espedalmenteesco·
ghlos y alimentados por él para asegurar
debe evitarse
una muerte ripfda.
La humanidad puede echarse á temblar
puede curarse
si el mé Jico americano encuentra muchos
imitadores, pues hay multitud de microbios cultivados hoy sol,mente por los
CON LA.8
hombres de c.leocla, que son cien veces
llliS mortlferos Que los dt.l tifus. Sirvan
PÍLDORAS
le ejemplo tas triquinas, el bacilo de la
hidrofobia, el microbio del ántrax y el gel'En
rnen da la lepra. AdemU, al1:unos de es•
tos rntcroorgamsmo, pruauc~u ciertos v ...
tedas
oenos sumamente peligrosos, que matan
.in 11,Jar rastro. Tal sucede coa el mlcroJio del tétanos, del cual ~e obtiene la te·
anina, veneno considerablemente mi, "EL MUNDO ILUSTRADO"
•nérglco que la estricnina. La mlléslma
es el mejor semanario
,arte de un graroo de tetanloa basta para
no.tar un caballo en lllguaos minutos.
de la República

filCATARRO,~CABEZA

en pocas horas

KIPSOL

�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1910, Año 17, Tomo 2, No 19, Septiembre 4</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Coverage</name>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Robinsones modernos</name>
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      <name>Tristeza Andaluza</name>
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