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                  <text>��"EL PUERTO DE LIVERPOOL"
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�El Mundo Ilustrado

El Mundo Ilustrado

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MARTES

DOMINGO

4

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necesita diracle cuerda. y el VIVIFICA
DOR DE MUNYON pro4uciri el mismo
efecto en ne hombre gue ta cuerda en el
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humor, ai laabeia perdido la confianza en al
mismo, ai careceia Je vigor varonil, tomad
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' Aaentes Generales: J. Labadla Sucs. y Cla,.
la1-::1Profes1, 5. Mtxlco, D. P,

(19 de mea y 49 D. P.)-La Visitación
de Marta Santísima áSanta Isabel. Ff'stividad de la Precioaísima Sangre de
nuestro sefior Jesucristo. Santos Pre-ceso
y Martiniano Mártires y Othon Obispo
Confesor.-Oficio y misa de la Visitación
de María Sant!slma; rito doble de segunda clase y ornamento blanco· se
conmemora ta Domínica y los Sa~tos
Má.rtires.-La Preciosísima Sangre pasa
al día siguiente.-En Catedral VISITA
J)E LOS SIETE ALTARES.-En la Basílka
de Guadalupe fuoc16n de la Diócesis de
Querétaro.-Funclón solem11e é Indulgencia i&gt;lenaria Pn la capilla del Señor
del Claustro en Tacnba.

•

10s

MIERCOLES
5
San Antonio Marfa Zacaría, Confesor
y fandador de los Bernabitas. San Miguel de los Santos Confesor y Santa Filomena Virgen.
Conjunción de la Luna y Júpiter á les
2 horas 45 minutos de la mañana.

JUEVES

LUNES

6

3

L:1. Octava de San Pedro y San Pablo
Ap6jtoles. Santos Isaías Profeta, Tranqullino y Godeleva Vírgen Má.rtires.Comienza en Monserrate la novena de
San Camilo.

LA PRECIOSISIMA SANGRE DE NUES·
TRO SEÑOR JESUCRISTO, (del dla anterior. )-San Marcial Obispo Confesor
Patrón principal de la ciudad de On:a:
ca. Santos An8'olio, Heliodoro Obispos
Cofes_ores, é Ireneo Diá.cono Martir.Functón en la Profesa.
Conjunción de Mercurio y el Sol, á. las
7 horas de la noche.
Cuarto creciente f'n Vbgo, á. las dos

CON'l':BA la, TOS
las BRONQUITIS,

Nuestra Señora d,.J R fngio, Santos
Laureano Obispo Mártir. O•e"s y Ageo
Profetas.-Función en ala unas iglesias
l)Or la advocación de la Virgen.

CATARROS CR6NICOS

VIERNES
7
Santa Pulcbéria Emperatriz Virgen,
Santos Cirilo y Metodio Obispos Confesores, Fermfn Obispo y Claudio Má.rtires. Lorenzo de Brindis y Willebaldo
Obispo Coníesores.-Comienza l• novena de Nuestra Señora del Carmen en su
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tenor Irlandés

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la más insigne
soprano I n2lesa

Tetrazzini
la más eminente
soprano Italiana

Eamea
Farrar
Jas más insie:nes
sopranos American ns

Calvé
la más eminente
soprano Francesa

Gadaki
la más insigne

soprano Alem:i.03
Sembrich
la más eminente
soprano Polaca

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soprano Rusa

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sabido de ninguno que no haya
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No pretendemos nada que no
haya sido ámpliamente justificado por la experiencia. Al recomendarla á los enfermos no
tenemos más que haoer referencia á sus méritos. Se han obtenido grandes curaciones y de
seguro que se obtendrán muchas
más. No hay y podemos asegurarlo honradamente, ningun ol ro medicamento, que ¡,ueda emplearse con mayor fé y confianza. Alimenta y sostiene las fuerzas del enfermo '.lurante esos periodos en que falta el apetito
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barítonos más eminentes; los bajos más eminentes. No entre los
más eminentes, sino los más eminentes de todas las nacionalidades.
Estos famosos artistas-reconocidos universalmente como los más
eminentes, y los que obtienen los salarios más altos-hacen discos
1mirame11te para la Victor porque se 'han dado cuenta que la Victor
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que habían perdido ya toda es
peranza. " El Profesor Adrian
de Garay, dice; Con buen éxito
he usado la Preparación de WampolP. en los Anémicos, Cloróticos, Palúdicos, en la neurastenia
y en otras enfermedades que dejan al organismo débil y la sangre empobrecida, y los enfermos
ee han vigorizado y• aumentado
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urasa ni hace crecer Ye1los. Comunlea al
vostro un lumlaoso blancor, una lozanía y
vnéesplendor tales, Que hacen soñar el
vo tleo ldlllo de la hl•t6rlca Cloe Da al
lecho, la espalda, el cuello y los brazos
,rolnptuoaos tonos nacarados, cual al bajo
ra epidermis pasaran suaves corrlentea
~léc~rlc1's reju-,enecedoru. Oculta· laa
ue aa de la viruela, 1 , laa carnes las
vrol)Orclena sua-,Jdall de azalla y IJndoa
amorosos tintes rosa Que despiden perfumes de lllas y el de una juventud fasct-

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A los que usan luz de
Acetileno
Cómo puede a.provechar los residuos
E11 los ccutrns doutle existe ,.¡
alu111urado de acetileno, suele no sauerse qué a plicac ión cfar á los residuos depositados eu los gasógeuos,
.,· que se componen ele cal impura.
Do ahí que vayan dejándose a111011
tonar dichos residuos, los cualo,
&lt;'Onstituyeu al Jiu y á la postre un
material de ,lesecho co111pletamc1tb
111olesto.
Y sin embargo, podría en much&lt;.,s
,·asos sacarse partido tle esa clasll
de cal, sobre todo cuando se trata
de grandes instalal'iones de alumbrado de acetileno. La primera y
más inmediata aplicar ión es la cl,•1
blanqueo de casas y cercados en las
localidades rurales. Si se quiore
que el enjabelgado tenga un color
agradable á ]avista, se mezclau los
~esíduos. calcáreos con una peque•
na ~ant1dad de bicromato de po'a·
sa o de sosa. Un gramo de bicromato diluído cou ochenta de agua,
basta para colorear de amarillo
un_ kilogramo de cal resitaria.
Esta sirve también para desinfectar pozos negros y para fabricar
un excelente abono. En este último caso se hace una n.ezcla de cinco_ kilogramo~ de cal y uno de detritus orgánicos. Otra aplicacit,n
de los residuos á que nos referimos
consiste en mezclarlos con tierr;~
calcárea y arena fina mojada "n
una solución extensa de sulfato &lt;le
protóxido férrico. La mezcla de to•
dos esos materiales da por resul•
tado un _magnífico mortero insoluble y durísimo al correr deÍ tiempo.
En algunas localidades francesas r,i
emplea ya este mortero para endv·
recer el suelo de las carreteras y
para la construcción de edificio9.
Se pueden utilizar asimismos Jrs
residuos del al.imbrado por acetileno, para encalar los troncos de los
á rboles frutales. Unidos aquellos
á una solución éliluida de sulfato &lt;le
hiero, destruyen el musgo y los ÜJ·
sectas que atacan las ramas "'ruesas
y se añade á los residuos un°a solt1ci6n diluida de fenol, se obtieae
una substancia excelente para :r,vestir las paredes de cuadras y &lt;'8·
t~blos. Son recomendables tambié.1
dichos residuos para envolver los
cadáveres de l os animales. A¡•rl'suran en este caso la obra destrac
tora de la Naturaleza, sin producir
podredumbre infecciosa.
En vez . de quemar en los jardines las hoJas secas y las malas hierbas, es aconsejable cubrirlas con
una capa de residuos de carburo lle
calcio. Siendo esta cal impura
fuertemente alcalina, transforma en
pocas semanas los detritus vegr•tales ~n abono a~aptable á cualq,1ier
,ult I vo. Procediendo así se se ev i
ta la pérdida del nitrógeno arrastrado á l a atmósfera por la eombt1~t ión, ? que por tal causa no apro•
,·echan los Yegetales.
Por último, mezclados íntimamE&gt;n
te los rE&gt;siduos con un 30 por cien~º de arcilla, fraccionada en peque110~ trozos y desecada rinden •)or
fa ealciuación un cen;ento hiclrlu-

El Catarro es la Plaga ·del Mundo
La Pe-ru-na es el Remedio Universal

·RU
-ME
IYE
PAR

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,..-&gt;(¾_!•:•:,"··

Al

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.\

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:º'''·~·

El Catarro en·
Países Fríos
Afecta kl
Cabeza,
la Garganta,
los Pulmones
y Tubos
Bronquiales

Afecta el
Estómago,
los Riñones,
los Intestinos
y Organos
Pélvicos

. El catarro es universalmente conocido como la enfermedad más terrible. Más de quinientas mil oersonas padecen de catarro anualmente
en los E.5tados Unidos de América. En otros países el promedio de víctimas es tanto ó más.
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Registrado como articulo de segunda c1ase, en 3 d e N ov1embre
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EL IDILIO DE VENECIA
N LA VI DA de la que en el
mundo de las letras llamóse
Jorge Sand, surge, con gran
relieve, velada por el encanto de la intimidad amorosa, la
silueta de Alfredo de Musset.
Los amores de Sand y Musset han dado origen á toda una literatura especial. Compréndese, dentro de ella, en primer lugar,
la correspondencia erótica de ambos,-modelo en
el género romántico,-y la siguen los centenares
de estudios y artículos escritos para desenredar
la enredada madeja de esa pasión singularísima
que tanto que pensar y argumentar dió Y sigue
dando á críticos y poetas.
De la atormentada historia de tales amores
algunos episodios quedan en la obscuridad, otros
osténtanse en plena luz; determinados de ellos,
por lo inexplicables, por lo inconexos que resultan en razón de las muchas lagunas que se advierten dan motivo tentador á los aficionados á
intimid;des de grandes artistas, para ir á caza
de documentos, de informaciones, de perdidos
detalles que pudiesen aclararles. De ahi que cada nuevo libro que aparece sobre semejante materia, nuevo sea, á pesar de los años transcurridos y de los numerosos que le antecedieron.
Ha caído en mis manos el último publicado, y
encuentro en él de interesante un capítulo consagrado al momento supremo de la pasión que inflamó á aquellas dos almas: al idilio que en tragicomedia hubo de terminar en Venecia, allá por
los años de 1834. Alfonso Seché y Julio Bertaut,
autores de la flamante producción, dan á conocer
documentos curiosos á este respecto; ofreciéndonos un cuadro perfecto de cuanto ocurrió entre
novelista y poeta en la maravillosa ciudad de los
mudos palacios y de los canales dormidos.
Hasta hoy no había sido posible descifrar e l
misterio que entrañaba la violenta separación de
los dos amantes, acaecida justamente en los días

en que se creyese que el idilio irradiaba con :us
más suaves y delicadal' sonrisas; cuando habian
ido en pos de quietud y de silencio, desde París,
la urbe de los inquietos placeres, á Venecia. Hablábase de infidelidades de ella. Traíase á cuento
el genio irascible y la depravación de él. Se e~plicaba el conflicto, finalmente, por la presencia
de un tercero, rubio doncel que cautivando el corazón suprasensible de la Dudevant, excitó celos
crueles en el divino poeta de las «Noches•.
Mucho de cierto había en tales pareceres. Ahora, merced á la obra de Bertaut y Seché, el conflicto se desrubre sin sombras. Y es bello que el
cronista charle con el l2ctorde estas viejas cosas,
en tiempos como los que corren, en que la manera de pensar, de sentir, de amar, de vivir de
aquellos hombres, que ya se antojan remotos,
despierta nuestra curiosidad, cuando no nuestro
asombro y nuestra ironia.

•••
De Jorge Sand ha dicho Alejandro Dumas hijo,
con su acostumb1·ada penetración, que más que
una capasionada•, era una •curiosa• del amor.
En efocto, semejante observación la confirman
las íntimas relaciones que á la autora de dndiana• ligaron con algunos hombres célebres de su
época: Musset, Chopin, Julio Sandeau, y hasta
Sainte Beuve y Liszt, de prestar oídos á las
murmuraciones contemporáneas. Pero si esto es
verdad, no lo fué menos que ninguno como Alfredo de Musset ocupó sitio mayor en el corazón de ella; y que el torbellino pasional que á los
dos hubo de arrastrarles. si bien tiene mucho de
literario, de convencional á los ojos del vulgo, distinguese por lo mucho que también tuvo de sinceramente doloroso. Acaso para nosotros, los de
los comienzos del siglo XX, tales amoríos se antojen extravagantes y á las veces ridículos. Los
conceptos han cambiado. Estamos muy lejos de
la educación sentimental.
Figuraos dos escritores, dos camaradas, -qu&lt;?
aunque no lo sea parecen del mismo sexo, -que
luego de ser amigos, verdaderos compañeros en
el oficio, se establecen en un mismo domicilio,
asegurando él á ella que tan extra1io proceder sólo ¿ confianzuda amistad obedece, y que, al cabo,
como no podía menos de suceder, se hacen amantes, pasando de la simple cordialidad, de la franqueza más viril, de la plática ligera y sin escrúpulos y de los proyectos literarios, á la pasión
que absorbe, al deseo turbador, á la infinita caricia, al beso que substituye el afectuoso apretón de manos.
Así empezaron los amores de Jorge Sand y de
Musset, en la misma bohardilla cuyo interior pintara el segunr:lo en los célebres versos que comienzan:
GEORGE EST DANS SA CHAMBRETTE ....

La escritora ofrecio al poeta un ejemplar de
«Lelia• con esta dedicatoria en el tomo primero:
•Al señor mi niño Alfredo•; y esta otrá en el segundo: ,Al señor Vizconde Alfredo de Musset,
homenaje respetuoso de su devoto servidor, Jorge Sand.•
Y unos cuantos días después el cantor de «Rolla, la dirigió la siguiente carta:
cMi querido Jorge: Algo muy estúoido y ridículo tengo que contarle. Se lo escribo tontamente
en vez de decírselo, al volver del paseo. Si no lo
hiciera, quedaría desolado. Usted se va á reir en
mis narices, á tomarme por un hacedor de frases
en el curso de mis relaciones con usted hasta
hoy. Me pondrá á la puerta, creyendo que miento. Estoy enamorado de usted.•
Cualquiera creería que tan peregrina declaración, que parece hecha en broma, darla lugar á
un amoroso entretenimiento risueño. Mas no fué
así. Embriagados, trémulos de amor, fueron los
amantes á refugiarse á Venecia.
Jorge Sand narra, en una colorida pá~na, cómo los dos llegaron de noche á la fantástica ciudad; cómo descendieron ligeramente en góndola
por el canal de la Giudecca; cómo vieron salir la
luna tras de San Marcos. Instaláronse en un cuar-

tito del hotel Danieli, y presto hubieron de entregarse nuevamente á sus tareas literarias.
A juzgar por las exterioridades de aquel amo1ío. se les consideraría felices. Nada menos cierto. El poeta tenía un carácter difícil, bebía mucho, gustaba de divertirse con las venecianas, y
la pobre Jorge tuvo que subvenir en alguna ocasión á sus necesidades, escribiendo largo para cobrar fuerte. Al fin, después de haberlo estado
ella, Musset cayó enfermo, atacado, á lo que parece, de •delirium tremens•, y aquí dió principio
el Calvario de Jorge Sand, el cual originó la romántica ruptura.
Fué el caso que Pietro Pagello, joven médico
veneciano, habiendo sido llamado para que curase al poeta, consagróse á tan noble tarea, en compañía de la ilustre escritora, por dilatadas semanas. Le velaban los dos; le cuidaban con devoción filial. Y sucedió al fin lo que tenia que suceder: que •il signare, Pagello, que no se diera hasta entonces perfecta cuenta de su ascendiente
con el bello sexo, quedó estupefacto al ver los
estragos que había hecho en el corazón de ,la
francesa,.
e Una noche, Musset les rogó que se apartaran
de la cama, porque se sentía bastante bien y tenía
gana de dormir. Sentáronse en una mesa cerca
de la chimenea, y Jorge Sand se puso á escribir
presurosamente. Al cabo de una hora se detuvo:
luego, cogiéndose la cabeza entre las manos, permaneció pensativa por un instante. Al fin se levantó, miró al doctor fijamente, y le hizo entrega de las cuartillas. El no comprendfa, y la interrogaba acerca del por qué de aquella carta. Jorge
tomó de nuevo la misiva y escribió esta dirección:
,Al estúpido Pagello. • Luego, encaminándose al
lt&gt;cho, preguntó: ,¿Le parece á usted, doctor, que
la noche será tranquila?•
•Lo que habla escrito era un fragmento con doble propósito, un capítulo de novela en el que se
hablaba abundantemente de amor. Entre otras
cosas, decía: •Tú, al menos, no me engañará~,
tú no me harás vanas promesas y falsos juramentos . . .. Lo que en vano he buscado en los d~más, quizás no lo encuentre en tí; pero podré siquiera figurarme que lo posees..... Podré interpretar tu ensueño y hacer hablar elocuentemente
á tu silencio. t
Pagello quedó azorado de su buena fortur.a.
¿Qué aconteció más tarde?
No se sabe á ciencia cierta. Musset hablaba,
muchos años después, de una taza de té en la
cual Pagello y Jorge bebieron juntos; de una carta escrita al doctor; de amenazas de inte1 narle
en un manicomio. ¡ Hasta se ha pretendido que
Musset vió, desde su lecho de moribundo, á la que
le cuidara con tanta abnegación, caer, ante sus
ojos, en brazos de Pagello !
Cualquiera que haya sido la escena, está comprobado que á ella siguieron otras violentas: recriminaciones, lágrimas, ruegos; una tentativa
de suicidio por parte de Jorge Sand ....
Pero es lo curioso que el gran poeta, convencido de la nueva pasión de su amante, la consintió
y protegió. Llegó á simpatizar con el doctor. Hacíase éste lenguas de su camore per Alfredo•.
Musset huyó al fin de la ciudad fatal, dejando
á su antigua amante en brazos del galeno. Como
obsequio de despedida recibió una cartera con dedicatoria sentidísima de ambos enamorados.
Adivino que reís, pensando diabólicamente en
cómo para los románticos se convertían en carteras lo que para un Don Juan de ahora serian
balas.
¡ Cosas del tiempo y de las gentes!
CARLOS GONZÁLEZ PEÑA.

El delantal blanco
CUENTO DE ARTURO DOURLIAC

¿Qué me recuerda ese delantal de camarera?
dijo el profesor Bernón con una sombra d~ melancolía. P ues me recuerda una de las emociones
más profundas que en mi vida he sentido.
Habiame educado mi madr&lt;&gt; viuda, pero enérgica, que empuñando el timón escapado de la
mano paternal, habla dirigido nuestra pobre barca en medio de los escollos, hasta llevarla al
p;erto, es decir, á mi doctorado, objetivo de su
ambición y de la mia.
Para llegar á ello, los dos hablamos tenido que
apretar de firme, privándonos de todos los placeres y á veces no dándole al estómago t~o lo que
pedia; mas yo hubiera hecho mal en queJa~me, á
pesar de sentir todas las tentaciones de la Juven·
t ud, porque mi madre me daba el ejemplo.
Descendía ésta, por parte de la suya, de una
de aquellas animosas emigradas que, sin perdonar sacrificio ni esfuerzo, habla hecho frente á
la adversidad, y ella hacía honor á su antepasada.
Joven aún cuando la hirieran el luto y la 1'\lina,
babia renunciado á toda coquetería Y roto con
todas sus relaciones para consagrarse exclusivamente á su hijo, á su educación, á su porvenir,
luchando, penando sin descanso, consumiéndose
en trabajos de copista, amoldándose á los. más
bajos quehaceres para economizar una criada,
pero sin perder nunca su aire de dignidad que
alejaba toda familiaridad y se imponia á todo el
mundo, comenzando por mí.
Paréceme estar viéndola todavia con su cabello perfectamente alisado, su falda de merino,
cuyo corte cambiaba tan poco como su co!or Y su
delantal de seda negra, su única elegancia, afi_rmación de su categoría, de su raza, Y que, aun
en el misterio de su cocina, nunca habría consentido en trocar por un vulgar delantal azul.
Sus facciones rígidas reflejaban su carácter,
encarnación del deber en toda su austeridad Y en
el que yo habría deseado algunas veces mayor
dulzura y confianza.
.
Pero pertenecía á aquella vieja escuela h_ierática que consideraba el respeto como la p1e~~a
angular de la familia y del Estado,. y no adm1~•~
ciertas familiaridades de modales m de lenguaJe,
asi yo no la tuteaba nunca y sólo la besaba por
la mañana y por la noche, sin ninguna de esas
efusiones cariñosas, de esos mimos pueriles que
habrian templado algo aquella existencia espartana. En una palabra, me cuidaba admirablemente, pero no me mimaba.
Una madre no ha de ser la criada de sus hijos, declaraba francamente en presencia de ciertas abdicaciones maternales.
Y yo me daba por entendido.
Por la mañana, antes de ir al colegio, yo mismo me limpiaba las botas, me ce!)illaba la ropa
y me hacía la cama; y por la tarde, al volver á
casa, habla de subir la cesta del carbón, lo que
mor tificaba e11 alto grado mi juvenil vanidad.
A medida que pasaban años, me resultaba más
intolerable aquél régimen en que abstinencia era
consonante de continencia; pero la verdad es que
no me sentaba mal y que el refrenamiento de mis
ardores redundaba en provecho de mis estudios,
porque no pudiendo hacer otra cosa, trabajaba á
más y mejor ...... Lo que no me impedía envidiar, por lo bajo, á mis compañeros que pod!an
alternar con las clases las sesiones en casa de
Bullier ó en otros sitios de recreo necesarias también para la educación de un estudiante.
Pero mi madre opinaba de distinto modo.
- Los placeres han de ajustarse á la bolsa, decia.
Y generosamente me ciaba de cuando en cuando una moneda de plata.
Si hubiese oido á su hijo pedirle un luis, le habria predicho que había ele acabar en un patíbulo.

Nunca cometí la ioca osadía de protestal' contra aquel régimen severo; mas en el fondo gu_ardaba cierto rencor á mi madre porque me lo imponía, sin acordarme de sus propios sacl'Íficios.
¿Eran tan grandes esos sacrificios, de~pués de
todo? A mi madre le gustaba poco la sociedad, los
trapos y el teatro y quizas era para ella un placer confinar se en su papel de ama de casa económica y timorata; en cambio, para un muc~~cho
de mi edad de espiritu abierto y mano pródiga,
aquella existencia era un verdadero suplicio.
Por esto me consideraba como una victima.

•••
Sin embargo, cuando, terminada mi carrera, se
trató de establecerme y, por vez primera, mi madre, me hizo ver nuestro escaso presupuesto, quedéme estupefacto y asustado.
¿Cómo atenderá los gastos de inst alación y de
representación?
-En p revisión de este momento, dijo sencillamente mi madre, he economizado una pequeña
reser va. No haremos más que lo estrictamente
necesario; pero tú tendrás tu despacho.
.
En efecto, no se mostró tacaña en este particular y me hizo amueblar tres piezas muy lindas,

Señor Carlos Lozano,
primer premio y mención de honor en los recientes concursos de piano
dt.'l Conservatorio Nacional de Música.
sala de espera, despacho y gabinete de consultas, que daban á un corredor, á cuyo extremo estaba la antesala, separada de él por una mampara. Estos detalles no son inútiles. El mobilia.
rio era de un gusto sobrio y elegante, y algunas
plantas, un par de yesos y unas bonitas vidrieras
daban al conjunto una nota alegre, artistica Y
moderna. Los sillones eran cómodos y el diván,
que encerraba todo un servicio de cama, permitia transformar á voluntad mi despacho en dormitorio. Mi madre:no se babia reservado más que
una verdadera celda, en la parte de atrás, al lado de la cocina y del pequeño comedor en donde
ella trabajaba en sus copias, mientras esperaba
los campanillazos de mis clientes. Porque desgraciadamente era ella quien abría la puerta, y
esto bastaba para emponzoñar mi alegría. Y he
de confesar para vergüenza mia que no se trataba de un respeto filial, sino de un respeto humano; sentiame humillado, furioso, de no tener
,groom, ni criada, como mis colegas más modestos, y había agotado, aunque en vano, todos los

nrb&gt;umcntos para convencer á mi madre &lt;le esta
necesidad absoluta.
Es un gasto superior, por ahora, á nuestros
recursos, me contestaba.
Y o insinuaba que con poco dispendio podriamos
alquilar al enctrador de suelos del segundo piso,
quien permanecería en la antesala durante las
h,iras de mi consulta.
-¿Para que toda la casa se burle de nosotros'/
No, es preferible que nos arreglemos solos.
Y cuando decía no, era que no; as! es que hube
de resignarme, aunque de mala gana, pero un
tanto consolado por la idea vengativa de que mi
madre, dado su carácter, había de sentirse en el
fondo tan mortificada como yo mismo por aquella situación.

•••

La clientela iba acudiendo poco á poco, enviada por mi bondadoso profesor Valadé....... una
clientela muy distinguida, pero que no pagaba al
contado y á la que habría sido poco correcto enviar la cuenta. De suerte que forzosamente tenía yo que reconocer la prudencia maternal, pues
¿cómo hubiéramos podido pagar y mantener á
una criada teniendo que vivir tan estrechamente
como viviamos?
.
- Ya te indemnizarás dándote buena vida cuando seas miembro del Instituto, decíame mi madre
con filosofía.
Mas la verdad es que yo hubiera querido disfrutar un poco á cuenta de aquella celebridad futura.
Cierto dia, una linda condesita, mujer vivaracha, alegre, ingeniosa, que creia tener todas las
enfermedades y que detestaba el hacer antesala,
dijome r iendo:
-Le felicito á usted, doctor; tiene usted un
verdadero Cancerbero ....... é incorruptible. He
querido dar un duro á su camarera para que me
diese un buen número, cosa que se hace en todas
partes, y me ha contestado en tono muy digno:
Imposible, señora; el señorito me lo tie1w
prohibido.
-¿Mi camarera?
Abrí la boca para protestar, pero me contuvo
algo que, aquella vez, no era falsa vergüenza, y
terminada la visita, en lugar de limitarme á abrir
la puerta de mi despacho, acompañé á mi cliente
hasta la mitad del corredor y quedéme escondido
en la sombra.
Acababa de aparecer mi madre con «delantaJ
blanco•.
Sepa usted, díjole amablemente la condesita
que he hecho su elogio á su amo, lo que de seguro valdrá á usted alguna ventaja.
Mi madre no pestañeó siquiera, pero cuando
hubo cerrado la puerta me vió delante de ella tan
trastornado, tan conmovido, que me era imposible pronunciar una palabra.
Más que su abnegación de tantos años, m6s
que cotidianos sacrificios, aquella humillación voluntaria dábame la medida de su cariño . ...
Por mi había depuesto su altivez y ninguna abdicación debla serle más sensible que aquella.
Enternecido hasta saltárseme las lágrimas, cogí la punta del humilde delantal y la besé mu1·murando:
-¡Perdón, mamá!
Hasta entonces la había llamado siempre ,madre,.
Ella comprendió sin duda lo que por mi pasaba.
-¡Conque no creias que te amaba! clíjome con
acento de ligero reproche.
Y yo respondí con convicción:
- ¡Tanto, no!

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111

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•

�LAS TIJERAS DE ORO

L INCIENSO perfumaba todavía el templo de Budha,cuando Sida entró en él. Había
dejado el palacio real, sin
que la vieran, furtivamente,
vestida con un traje de bayadera, del que todos los oros y todas las joyas
se encendían ó se apagaban, según que ella se
movía, en las alternativas de sombra, ó de claridad. Al verla así, habríase dicho que era un suntuoso ídolo descendido de su pedestal para realizar en el templo algún rito misterioso.
A veces c,los pedrerías evocaban los ojos centelleantes del Dragón, abiertos sobre la humanidad
budháica; otras se parecía á un enjambre de insectos enganchados en ese cuerpo de mujer, ó á
una serpiente abrazada, pronta á devorar esas
carnes vírgenes.
En el templo, reinaba silencio. A veces un murciélago, al pasar, rozaba con sus velludas alas,
las doradas y rígidas del traje de Sida. Los dioses acurrucados sobre la flor sagrada del loto,
dormían con la serenidad más completa, libres
de prosternaciones y de perfumes de incienso.
De una cesta que tenía en la mano, Sida sacó
arroz, bananas y guirnaldas de flores. Con devoción colocó todo delante del dios del santuario
para que le fuese propicio; después en recipientes
de bronce, quemó incienso, aceite de coco y, por
último, prosternada, hasta tocar en las losas la
tiara que adornaba su frente, dijo:
-Tú, que ves mi tormento, dime, ¿qué debo
hacer? ¿Debo seguir los impulsos de mi corazón?
Revélame el camino por el que debo marchar.
Guía mis pasos hacia la dicha y el contento. Permite á los espíritus de mis padres, que se memanifiesten. Y te sacrificaré mis instantes más
preciosos. Y para tí, cada día recogeré las flores
fragantes del loto. Y nunca dejaré delante de tí
el pebetero sin incienso, ni la lámpara sin llama.
Porque Sida, que era la más jóven de las bayaderas de la corte, era amada por el príncipe SiChaum, descendiente de la sangre real en segundo grado. Le había ofrecido hacer de ella una
cuyos atavíos serían más deslumbradores que los
de las bayaderas y las princesas. Pero tocio esto
no tentaba á Sida.
Un hombre, en la tropa real, uno de esos cómi.
cos burlescos ó terribles que el indígena contempla divertido ó lleno de espanto, tenía todas sus
preferencias. Para él aailaba, para él arqueaba
su cuerpo flexible, para el imitaba los gestos preciosos de las bayaderas antiguas, Psculpidas en
los bajorrelieves de los palacios y ele los templos,
desde hacía más de dos mil años.
¡Con cuánto placer, pensaba, dejaré el servicio del rey, para estar con él!
Sin embargo, temía la cólera del príncipe y no
sabia qué resolver. Pero en vano esperaba inclinada sobre la tierra que en su seno tiene aprisionado al fabuloso Dragón; en vano esperaba
una manifeslarión rl&lt;'l clios, cuya cslatua formi-

dable se erguía entre las valiosas ofrendas de los
fieles. Nada contestaba á sus preguntas.
Cuando estaba por abandonar el templo por
uno de los costados bajos, se entreabrió una puerta, y un rayo luminoso dibujó sobre las losas un
rectángulo deslumbrante. Esta puerta comunicaba con el monasterio de los bonzos, en que las
mujeres no penetraban. Llevada por la curiosidad, Sida se dirigió á él, evitando hacer ruido.

En una vasta pieza; iluminada como para una
fiesta, algunos bonzos con la cabeza descubierta
:,· vestidos con un género de color de miel y de
azafrán, iban y venían, hablando en voz baja;
otros salmodiaban una especie de letanía; y otros,
por fin, apoyados en palmas milenarias, se esforzaban en descifrar los evangelios budbísticos.
En un rincón de la pieza, el jefe de los bonzos
ocupaba un trono, bajo un dosel de seda suntuoso
Sobre sus rodillas descansaban las tijeras d;
oro, adornadas con piedras preciosas, que le sirven para cortar el cabello de los príncipes reales.
Porque esta operación es el temible privilegio del
jefe. Nadie más que él tiene el derecho de colocar la mano sobre la cabeza de los hijos reales,
sin cometer un crimen de lesa majestad, muchas
veces castigado con la muerte. Y si se dejaba robar las preciosas tijeras, sería inmediatamente
degradado y expulsado. Al ver lucir el oro y centellear las piedras preciosas, Sida pensó:
A Si-Chaum, que me ha dicho: «Te daré lo
que quieras,• le pediré las tijeras rituales. Si me
las trae, si consigue sustraerlas, querrá decir que
Budha lo protege y que debo seguirle á donde
quiera llevarme; pero si le es imposible satisfacerme ó si le sucede una desgracia, seguiré los
impulsos de mi corazón y no habrá mujer más dichosa que yo.

...

Después, poi· las callejuelas desiertas, bañadas
por la luna y la claridad de las estrellas que transfiguraban el paisaje y marcaban en el firmamento las cimas de los árboles y de las catedrales,
Sida regresó al palacio real.
Una extraña sonrisa se dibujaba en sus labios
cubiertos de afeites, semejante á una amenaza
inquietante como una enigma, llena de perfidia ;
astucia.
Cuando se volvió á encontrar enfrente del príncipe, al día siguiente, la noche cubría el azul del
cielo con su velo suntuoso, inmóvil y centelleante, alternado de luz y de obscuridad.
Las luciérnagas, al abrigo de las plantas compactas abrían y cerraban sus alas de llama como
preciosas joyas; las serpientes y los elefantes de
piedra del palacio, en la sombra parecían dispuestos á moverse; sobre sus cuerpos macizos jugaban unos reflejos que los teñían de color malva y
negro, acentuando la amenaza de su actitud.
L~ galería es~ba desierta; únicamente impercept_1bll"s zumbidos de lagartos ó mosquitos, rozamientos de alas sobre un pueblo entero de estatuns que la habitaban desde varios siglos, tur-

baban el recogimiento. Sida se sonno. Pesadm1
anillos de plata que adornaban sus tobillos, acompañaban el ruido cadencioso ele su paso sobn• t•I
asperón. Y Si Chaum la contemplaba con éxtasis. Ella tenía la frente lisa, una piel de ámbai·
claro, una boca dibujada y ojos rasgados, ora
acariciadores, ora dominadores.
Si- Chaum le dijo: ¿No tiene conciencia dl' la
rápida marcha del tiempo? Mi paciencia se acaba
y ya no quiero esperar más.
- Y yo, contestó ella con dulzura, quiero una
cosa cuya posesión me llenará de cont..&gt;nto, más
que la posesión de todas tus joyas, ele tus palacios, de tus esclavos y de tí mismo. Quiero las tijeras de oro y de piedras que sirven al jefe de
los bonzos para cortar el cabello de los hijos reales.
El hombre la miró con estupefacción. Este deseo parec!ale á la vez pueril y extravagante.
-No puedo satisfacerte, dijo por último. No
puedo cometer una profanación. Por lo demás,
no es facil substraer esas tijeras y todos mis esfuerzos para apoderarme de ella serían vanos.
- No, no, dijo ella con obstinación; te equivocas; harás afeitar tu cabello; dejarás tu rsampoh;
te pondrás el traje de los bonzos, y sin ser conocido, pareciéndote así á un sacerdote á un novicio, te será fácil apoderarte de las tijeras.
El no contestó.
-Escucha. Si Chaum, continuó ella, no deseo
otra cosa; si sigues titubeando, no dejaré por tí
mis trajes de bayadera, ni mis joyas parecidas ú
llamas multicolores, ni mis compañera.~, ni al rt'y,
ni á la corte.
- Yo no titubeo, dijo él, rehuso.
Y con estas palabras, la dejó. No quería entregarse completamente á ella; se esforzó en 1·eaccionar contra su encanto pérfido; con todos sus
fuerzas quiso huir del peligro.
Sin embargo, esa noche no durmió. Ideas confusas, concepciones tenebrosas danzaban en su
cerebro en bailes fantásticos. Salió del palacio
para pasearse por los jardines. El cielo era de un
azul obscuro lleno de magnificencia; semejaban
abrirse abismos entre las estrellas; la atmósfera
era de tal pureza, que los astros estaban como
suspendidos en t&gt;l éter; la mirnda parecía sum¡•rgirse mucho más lejos ele ellos.
A veces Si-Chaum, se rozaba con un perro-león
envuelto en arabescos de hojas, con su dentadur~ :spantosa,ó iba á lo largo ele balaustras, yacariciaba con la mano la enorme serpiente de piedra que en cada extremidad se levantaba como
una cabeza de Gorgoña, con sus siete cabezas
amenazadoras.
Sentías&lt;' impuhmdo, arrastrado por una especie
de red invisible, hacia el monasterio eontiguo al
t~mplo.. _Hubiera querido entrai·, sustraer las prl'c1osas t1Jeras, llevarlas á Sida y decirle:
- ¡Toma! no he podido resistir; he aquí lo que
me has t•xigido. Mi pasión ha vPncido tocios los
prejuicios, todos los tel'l'ores.

•

* *el monaslt•1·io contaba
Unos días más tarde,
t&gt;on un novicio más. Parecía muy suave y se ocu-

•

paba t'Specialmente en servir al j&lt;&gt;fe, usando con los bonzos y los
otrol:I novicios, del arroz y &lt;I&lt;' hu; bananas d&lt;' las ofrendas. Muchas
vece¡¡ también, descifraba lo¡¡ vL•rsículos sagrados escritos sobre
palmas milenarias, envueltas en cintillas como momias en su sarcófago. En fin, estaba lleno de fervor y despreciaba los bienes te
rrestres.
Pero, una noche, cuando la mayo1· parte de los bonzos y de los
novicios estaban rezando en la pagoda, se acercó al jefe que leía
algún evangelio budhístico, sentado sobre su trono de oro, teniendo siempre en su mano las preciosas tijeras prenda de su poder, y
le hirió con un estoque envenenado.
El anciano no lanzó ni un grito. Se desplomó sobre su trono,
mientras que un chorro purpúreCI surcaba en todo sentido su traje
ele colm· azafrán.
El novicio se apoderó de las preciosas:tijeras; ¡&gt;e1·0 cuando se
disponía á huir, resonó un clamor. Un bonzo Jo habla visto. Un jóven sacerdote budhista, lleno de pasión y de entusiasmo, arrancó
de las manos del novicio las tijeras de oro incrustadas de piedras
preciosas, y se las hundió en el corazón.
Bajo el novicio se 1·econoció al príncipe; pero Sida no tuvo remordimientos de un suceso tan sangriento provocado por ella.
Mme. DE SATNTE-SUZANNE.

Antonio Gomar
El pintor de la Montaña, el artista que a bandonó su cielo valenciano, todo luz, para acogerse á
las nieblas melancólicas de Cantabria, Antonio
Gomar me dice sollozando:
-¡La vida se acaba, hijo mío!. ... ¡La vida se
acaba!. ..... De aquel hombre que siendo tú muy
niño conociste; de aquel bohemio atormentado
por anhelos de incesante peregrinar; de aquel espíritu inquieto que tendió vuelos en querencia de
siempre nuevos horizontes, ¡ya ves cuán triste
ruina encuentras sobre este lecho de dolor ....
En silencio acaricio las pobres manos descar ñadas, t rémulas por la emoción y el sufrimiento.
.... Gomar prosigue entre congojas, su plática
de amargura y desesperanza ....
Habla de sus postreros esfuerzos laboriosos, de
los últimos cuadros, de los últimos proyectos ....
Ahora, todo acaba .... Fatigado de latir y de sentir, el corazón olvida su ritmo .... Las ideas huyen del cerebro. . . La voluntad abandona el alma .... Del a rtista y del hombre, sólo queda un
pobre viejo que se rinde, que se entrega, que
implora no sufrir más ....

----

-

•••

T

Guardaba, como reliquias, los originales de •La
princesa Bebé• y de «Pachín González,, ofrecidos
por Benavente y Pereda ...... Me indica en lenta
confidencia:
-¡Los enviaré á Menéndez Pelayo, para la Biblioteca!. ... i No he de exponer esas cuartillas á
que manos irreverentes las profanen «luego!» ....
i Luego!. ... i Eso es todo! ....
Abandono la alcoba y voy á ejugar mis lágrimas en la penumbra del estudio desierto ....
Contemplo lienzos, tablas, apuntes; paisajes de
la ktierruca» ensoñadora .... Son loa, valles hondos
y las cumbres gloriosas, los fantásticos desfiladeros de la Hermida y los riscos inaccesibles de Picos; las corrientes turbulentas del Saja y del
Nansa y el cristal azul del lago de Andara; las
casucas escondidas entre maizales y los palacios
solariegos que ostentan, en lo alto de las colinas,
la miseria de sus ventanas astilladas y el orgullo
de sus intactos blasones .... La Montaña entera,
con su inmensa poesía, está en la ohra ele Gomar

•••

Y la obra de Gomar lo es de treinta años de
continuo discurrir por valles y cordilleras persiguiendo apuntes .. Treinta años vividos en este
mismo estudio, al regreso de tales corre1ias, pintando sin tregua
Treinta uños, al cabo de los

cuales este artista de vieja cepa ni supo ni pudo
atesorar economías .... P intó nieblas cantábricas
y hubo de pintar las como son; así llega pobre al
término de la vida ... Si hubiera pintado toreros
y chulas de pandereta, sus «cosas, hubiéranse cotizado á peso de oro en los mercados de Pads y
Londres .... Mas, ya lo dije, artista de viejo cuño, Gomar jamás pensó en cosa que arte no fuere ....

•••
Es hora tardía y, tras del amplio ventanal del
estudio, la luz se apaga lentamente ..... Las tanagras, los trofeos de armas, los arcones de roble, las mil cosas bellas y extrañas que pueblan
el estudio, van esfumando sus contornos, borrando sus líneas, perdiendo sus colo1·es . . . La estancia se viste de sombras, las sombras se pueblan de misterios; llegan hasta mi, distante, el
aliento fatigado del enfermo, y ce1·cano, el mudo
sollozo de las cosas, de las cosas que son añoranzas de una existencia entera de labo1· y de amm·;

de las cosas que responden, cada una de ellas, á
un esfuerzo de la vida ó á una afición del alma·
de las cosas que lloran cuando aquel que en ella~
cifrara la vida del recuerdo, puede, en un instante, eternamente olvidar ....
ANTONIO G. DE LINARES.

Un americano, llamado Mr. Kingson, ha tenido la asombrosa habilidad de escribir toda la Biblia en el reducido espacio de cuatro tarjetas
postales.

�Desde las sombras
STOS pueblos suizos son curiosísimos. Os lo afirma un cronista que
los observa sin apenas verlos.
Lausanne es una ciudad bellísima:
un Biarritz tres ó cuatro veces mayor, con su caserío colgado en vericuetos. Su lago, de quinientos y pico kilómetros cuadrados, y sus montes de la alta
Saboya, coronados de nieve, constituyen su fondo, como el Cantábrico es el telón de foro de la
citada villa francesa. Por sus calles no se camina: se trepa. Cuarenta ó cincuenta soberbios y
monumentales hoteles, magníficos edificios públicos, suntuosos templos protestantes, hermosas
terrazas, frondosas alamedas, forman su conjunto en anfiteatro sobre el inmenso y tranquilo lago limitado á la izquierda por los Alpes, que dan
acceso á Italia con el túnel del Simplón, y á la derecha con Ginebra, especie de heraldo que anuncia la presencia de la noble Helvecia.
Llegan aquí diariamente, sobre todo en esta
época, centenares de viajeros de todos los países,
entre ellos muchos enfermos. Hay por acá grandes médicos, especialistas de universal reputación.
En su busca viene la doliente humanidad. Cada
doctor tiene su clínica, que, por así decirlo, es un
hotel. Así, si entráis en el del doctor X, especialista de enfermedades del hígado, hallaréis entre
los huéspedes rostros macilentos. A la hora de
comer observaréis que todos devoran un mismo
plato, una especie de masa de macarrones, que
es, sin duda, una de las prescripciones facultativas. Si visitárais el del médico Z, encontraríais
entre los pensionistas muchos ojos vendado¡, ó con
antiparras negras. Esta casa, donde tan poco se
ve, pudiéndose ver mucho, porque su posición topográfica es admirable, constituye el observatorio de este cronista, que dicta sus impresiones
después de retenidas en la memoria.
Se comprende que venga mucha gente á este
país á curarse la vista. «Se ve muy bien,. Nos
explicaremos.
Hubo aquí hasta el año pasado un oculista de
reputación universal, el doctor Dufour, de quien
es fama que recibía los casos de enfermedad más
indómita que trataban los médicos del Japón, país
donde, como es sabido, se padece mucho de la
vista. Por cierto que este sabio falleció repenti-

hamente ai examínar la vista á una sefiora española. i Las hay también con ojos que matan! Pero no es por la ciencia de los médicos por lo que
ven bien los suizos, no; tienen lo que llamamos
en España un •pupila• admirable.
Estos cuarenta ó cincuenta hoteles, el menos
lujoso de ellos, mejor que el mejor de Madrid,
son baratísimos, y nada hay que pedirles de refinamientos de «confort..
Este es el primer atractivo para la gente forastera. Agreguen ustedes un turismo perfectamente organizado, y comprenderán lo demás.
Lo demás tal vez sea que fuera de lo indispensable, esto es, lo superfluo, sea caro. El comercio, que se muestra espléndido en grandes almacenes, al estilo parisiense, brinda tentaciones.
Pero nadie podrá decir que la población es cara,
porque lo esencial, la vida, es baratísima. Hacen
estos buenos comerciantes suizos lo que aquel
pescador de caña de tan buena fe que no ponía
cebo en el anzuelo, para que el pez que buenamente quisiera picar, picara.
Además, procura todo el mundo que la existencia del huésped sea agradable y tranquila, sin
ruidos que molesten. Aquí nadie grita en las calles, ni los vendedores de periódicos, ni los ¡:¡equeños comer!iantes ambulantes. Los tranvías
eléctricos suben y bajan la ciudad sin armar estrépito alguno de campanas. Es Suiza el país de
los relojes, y, sin embargo, no se oye sonar la hora de ninguno, sin duda para que no molesten al
forastero.
De vez en cuando, los automóviles cruzan como
exhalaciones las calles de la población. ¿Cómo exhalaciones?-dirán los automovilistas de Madrid.
-Luego ahí la gente sabe caminar. Efectivamente; no hay calles del Barquillo, ni del Príncipe, ni
de Carretas ... ; todas las calles tienen anchas aceras y alamedas para los peatones y amplias fajas
para los automóviles. Y donde no las hay, tampoco existe el temor de que atropelle un automóvil,
porque no hay artefacto de esos que remonte esas
cuestas tan empinadas.
Mis observaciones: desde mi prisión-enfermería
escucho los pocos rumores que me envía la población. Frente por frente de mi ventana se está
edificando un magnífico edificio-iun hotel más!
-No veo lo que los obreros hacen, pero oigo lo
que cantan. Ellos son mi reloj en esta tierra de
relojeros. A las siete comienzan los canturreos,

\

césan á las doce. A esa hora llega también hasta
mí el murmullo de gente que desfila de sus diversas tareas. Aquí todo, todo el mundo trabaja.
Esas •grandes paradas, de la Puerta del Sol y de
la calle de Sevilla no existen aquí. Creo que no
se tolerarían.
A las dos se reanudan los cantos, hasta las siete, ¿Qué cantan estos obreros? Aires de 1Carmem, de «La viuda alegre•, de 1Cavallería rusticana», valses de St!'auss y de Wantelfeld, y alguna vez para consuelo de mis nostalgías, ¡ Dios se
lo pague! los de la «Estudiantina•.... No, pues lo
que es estos cantos no los aprenden en la taberna.
Noches pasadas llegaron hasta mí los ecos de
una serenata, que á no sé quién daba una banda;
debían componerla pocos profesores, aunque mal
avenidos. Su~ tocatas eran aires de marcha bravía, algo así como cánticos montañeses, sin ritmos dulzones, ondulosos ó voluptuosos. Es decir,
que la gente de la calle. si bailaba, no sería el
«agarrao» de nuestra gente del bronce.
El domingo, ¡que día más triste! no hubo cantares. El descanso dominical me priva de su grato concierto. Pero la fiesta de Pentecostés hizo
que la catedral que corona este nido de águilas
echase á vuelo todas sus campanas, que son muchas. ¡Yo no sé cómo Puchini no ha recogido esta
batahola campanil para alguna de sus producciones! A mí me hacía pensar con envidia en esos
magníficos conciertos de órgano que los templos
protestantes pueden ofrecer los domingos por un
módico precio á sus fieles. En la catedral de aquí
hay un órgano admirable y un organista de legítima celebridad.
No sé si de lo expuesto deducirá el lector que
la gente de aquí •ve bien», por lo menos, la vida
práctica.
-¿Usted veranea?- le preguntaba yo ayerámi
enfermera.
- Oh, sí. Estoy deseando que llegue la fiesta
nacional de 10 de Agosto para obtener mis vacaciones y marchar á la montaña, donde hago vida
de aire libre corriendo todo el día.
¡ Y esta enfermera, Berta, es una joven espiri.
tual, de ojos azules y soñadores, que hacen de ella
una Ofelia, en quien se supone más bien propósitos de arrojarse al lago, como la iRfelíz amante
de Hamlet, que de subir;á los Alpes á triscar como
una cabra.

/

Constancia y energ1as

í

EL TRIUNFO DE "LA SUIZA"
Atraídos por la curiosidad que despertó en nosotros la entusiasta acogida que, en la fiesta floral organizada en honor de don
Francisco I. Madero y celebrada el domingo último, se hizo al lujoso automóvil ricamente enflorado que presentó al concurso la Gran
Fábrica de Chocolates y Dulces • La Suiza,• resolvimos hacer una
visita á la negociación de referencia. Al efecto, nos dirigimos á la
8" calle de Degollado 195, y allí fuimos cortésmente recibidos por
los señores Lodigiani Hnos., propietarios de la importante Fábrica.
Uno á uno nos fueron mostrados los diversos departamentos,
amplios y bien acondicionados, y la verdad es que en cada uno de
ellos recibimos una grata sorpresa, quedando maravillados de la
variedad de dulces que allí se elaboran y que excede de 300 clases
distintl1s, presentadas todas ellas en envases tan lujosos, que el más
exigente no tendría tacha que ponerles.
Esta moderna fábrica, establecida hace diez años por los señores Lodigiani, es un ejemplo vivo de lo que puede conseguirse en
el trabajo, con honradez y laboriosidad. En sus principíos,•La Suiza, contaba sólo con un pequeño local y escasa maquinar•a, hoy, á
fuerza de constancia y energía, ha logrado colocarse en el primer
lugar entre las negociaciones industriales de su mismo género y
ha conseguido que sus productos por su pureza y absoluta inocuidad, pues su elaboración está sujeta á una escrupulosa inspección
y adaptada á los métodos científicos de la más alta higiene, sean
los preferidos del público de buen gusto.
Ultimamente los señores Lodigiani Hnos. han empleado una
gran cantidad de maquinaria para la elaboración moderna del chocolate, y deben estar satisfechos de que sus productos en este ramo

no tienen competencia en calidad, pudiendo
asegurarse sin exageración que son mejores
que los similares importados del extranjero.
Sus grandes marcas ,Vatreani• y •Centenario•
son las predilectas de la aristocracia, y su especialidad de chocolate con leche, estilo italiano, está calificado como el mejor obsequio
que puede hacerse á una dama de buen gusto
ó á un niño goloso. Nos falta espacio para describir como lo merece esta floreciente Fábrica
y nos vemos obligados á poner aquí punto final,
recomendando á nuestras lectoras den siempre
su pref erencia á los productos de rLa Suiza•
si desean evitar un peligro para la salud, consumiendo los de otras casas menos escrupulosas.

ANGEL M". CASTELL.

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•

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Los reyes de Inglaterra yendo por primera vez al «Derby,

•

Automóvil que presentó al concurso la Fábrica de Dulces y Chocolates «La Suiza». --Departamentos de preparación de frutas y de empaque,
de bombos para la elaboración de chochos y máquinas de cocimiento de caramelo.

�POR -roDO EL MUNDO

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Mucho se ha hablado acerca dél accidente que
privó de la vida al Ministro de la Guerra del gabinete francés en los momentos en que se iniciaba la gran carrera de aeroplanos entre París y
Madrid. El viernes siguiente se efectuaron los
''funerales del Ministro, los que tuvieron de notables, en Francia, que no asistió á ellos sacerdote
de ningún culto, lo cual está de acuerdo con la
política del gobierno francés en los últimos tiempos.
Nuestro grabado muestra el cortejo al pasar
por los Campos Elíseos.

Mme. Emmy Destinn, en el papel de Minnie en
la , Muchacha del dorado Oeste», última ópera de
Puccini. Ya se sabe la tempestad de protestas y.
discusiones á que ha dado origen la última ópera
del maestro autor de la •Bohemia• y la ,Tosca»;
mientras hay quien sostenga que es una preciosa
obra en la que brilla el talento del maestro, otros
dicen que es una obra comercial destinada á dar
gusto á públicos de palabra fuerte. Sea de ello
lo que sea, la ópera ha alcanzado gran número
de representaciones en los Estados Unidos y en
Inglaterra, ysu intérprete, Mme. Emmy Destinn,

se ha hecho admirar mucho en el papel de la protagonista.
Los niños pe rdidos. En lo i días de fiesta en
Londres, no es rarn que haya niños perdidos por
docenas, y la policía se ha preocupado por dar las
mayores comodidades á los chiquillos y al mismo
tiempo facilitar su identificación. Para ello lapolicía levanta tiendi s de campaña al rededor de
las cuales, sienta á los niños que han sido llevados por los agentes ó por personas caritativas.
Allí acuden los padres ó los parientes y recogen
á los niños previa justificación de sus derechos.

Diversiones de sitiados. -Durante el sitio de Fez por las tribus rebeldes,
se registraron escenas sumamente cuL'iosas, dado el caráctc1· fatalista de los
hijos de la religión mahometana. Los habitantes de Fez, aparte de los que
se hallaban en contacto directo con la situación, se preocupaban poco de su
suerte, y los combates que se efectuaban al rededor ele la ciudad sólo les servían de diversión; desde las azoteas de las casas se divertían viendo cómo
los combatientes se destrozaban poseídos de una terrible furia, hasta que
llegó la columna francesa la que• dispprg(, á los asaltantes á su simple presenci~.

El milenario de Normandía
Nonnandía, el pueblo de las mám antiguas tradiciones, está celebrando
su milenario con fiestas de gran suntuosidad. Empezaron las fiestas con la
recordación de Juana de Arco el 30 de Mayo en Ruen, y siguieron con las
propias del milenario, e mpezadas el cinco de Junio.
En las fiestas han tomadoparte los noruegos
y los escandinavos, lo que les ha dado mayor significación y mayor amplitud. No sólo se trata de
un pueblo, sino de una raza poderosa y fuerte.
El día seis de Junio fué el dedicado á los noruegos. Después de la sesión de apertura del congreso del milenario en la gran sala del palacio de l
municipio, por la tarde se efectuó la ceremonia
de la entrega al museo del arte normando, organizado e n la antigua iglesia de San Lorenzo, de la
reproducción del •Drakar» el barco más antiguo
que se recuerda en Normandía, cuyos restosfueron hallados en 1881 cerca de Sandejford, el que,
según la costumbre, debe haber servido de tumba de algún jefe.
Losnoruegos ofrecieron también á la ciudad
de Ruen-una piedra monumental que pesa diez y
seis toneladas, que es reproducción de un menhir
con inscripciom•s rúnicas, encontrado en Noruega.

El D.erby de la Coronación. - En este año el Rey de Inglaterra asistió por primera vez con su carácter real á las famosas caneras del Derby
El grabado muestra á los tres caballos llegados en los tres primeros lugares, á saber: «Sunstan, •Stedfasb y •Royal Tender•

Prisionero~ hechos por las tropas francesas en las tribus rebeldes
al sultán de Marruecos

BIBUOTECA UNIVERSlT,ARIA.
"ALFONS~S
FON , o RICARD~YRRUBIAS

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1

El
cornbate
r1oral

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'

LL COMBATE
FLORAL
El paseo en la Avenida Juárez.-Un hermoso automóvil particular.- Carro comercial.- La multitud en la calle de San ~'rancisco

•

Carro de"«EI Buen Tono,
Aspecto del desfile en la Avenida San Francisco.
Vista anterior y posterior de un precioso •Mail-coach,.

�.•..

Teatros de comedia.- "Hacia la dicha" - "Nun•
ca"-La profanación de "Sor Beatriz"
E G U R A ME N TE que han•
años no se veia en México el
fenómeno de que tres teatros
de comedia estuvieran á un
tiempo mismo funcionando.
¡Tres teatros de comedia en
los que se trabaja á mañana,
tarde y noche, ferozmente, terriblemente, á precios inverosímiles!
Las cifras son aterradoras: Por término medio
represéntanse en cada uno de ellos diez y siete
obras por semana, que hacen un total aproximado de cincuenta y cuatro actos; lo cual quiere decir que en esta noble y leal ciudad vemos nada
menos que cincuenta y una comedias y dramas
semanarios, equivalentes á ciento sesenta y dos
actos.
No habrá, pues, quien se queje por falta de cultivo del género.
Ahora, si las cincuenta y una cornedfas fuesen otras tantas obras
maestras de interpretación, ya podríamos considerar al México teatral como un fantástico paraíso
de arte. Desgraciadamente no sucede así: de las obras que se lle •
van á la escena unas resultan bien,
otras medianamente, y otras mal.
No vale la pena, sin embargo, de
quejarse. ¡Pensad que son setenta
y cinco centavos los que se pagan
por butaca, y que no llegan á cuatro docenas los actores á quienes
se halla encomendada tan descomunal tarea!
Balaguer en el teatro« Virginia
Fábregas•, y la actriz de este nombre en el •Arbeu•, se llevan la
palma en cuanto á buenas interpretaciones mezcladas-por supuesto. -á otras mediocrPs.
Balaguer nos eslá repitiendo su
repertorio. Por el lindo escenario
del teatro de la cal le de San Andrés
han vuelto á desfilar las comedias
que en •Arbeu• vimos. Concha y
Carmen Catalá, la R&lt;.&gt;ñora Estrada,' Díaz Adame y Balague1· hijo
siguen recibiendo aplausos. Don
Juan arranca risas sanas con la
prodigalidad de su gesto. Y la comedia españolade ayer y de hoy
gusta cada dia más.

Las novedades ofrecidas en la semana por Virginia J.&lt;'ábregas fueron el estreno de «Hacia la dicha•, comedia de José Üpez Pinillos, y la •reprisse, de «Nuncai, de AcebaL
«Hacia la dicha» tiene, como principal encanto,
la finura de observación que en ~lla. sc advierte.
No hay ahí granaes coihplicaérones n'i problemas
difíciles. La vida -rnad1·ile.fia, ·co11 su viVÍlza propia de colorido, con sus matices varios-'é inconfundibles que tanta materia de que escribir ha
ciado á Galdós en la 11ovela y á Benavente en e l
teatro, proporcionó á López Pinillos los elementos necesarios para componer un cuadro con vistas al costumbrismo que chorrea frescura, que
abunda en tonalidades cálidas, que más que sentido parece vivido intensamente-. -Los tipos están
muy bien estudiados. Se mueven con soltura. El
diálogo es donoso, animado y puro, y por lo que
toca á desarrollo, e l interés se mantiene despierto en los dos primeros actos, decayendo un poco
en el último.
Cuadra con el temperamento artístico de la señora Fábregas el papel de Gloria, que la dió ocasión de agradar. Acaso extreme un tanto la nota
en las últimas escenas. Pero, en general, y sobre
todo en los diálogos llenos de sabor de los primeros actos, su trabajo es estimado. Con ella sobresal ieron los señores Vázquez y Galé.

La comedia de don Francisco Acebal: •Nunca»,
conocida hace poco más d., tres años, se me antoja hecha á retazos: una buena escena aquí,
otro episodio interesante allá, acullá una frase
feliz, el todo mezclado con muchas naderías, con
sobra de componentes insignificantes, con desaciertos y languideces de aprendiz. Y ello se explica. Don Francisco Acebal es un escritor de
talento, mas no un autor dramático. Le faltan la
fuerza, el brío ele la síntesis; diluye exageradamente; se encamina al fin que persigue á veces
con lentitud desesperante, en ocasiones á saltos,
y termina, en •Nunca•, con un desenlace insoportable de sentimentalismo y de cursilería. Cre.yó don Francisco que era de magnífico efecto
dramático poner á dos artistas cara á cara á sollozar y á gemir endiabladamente, mezclando á
sus ayes desgarradores, acompañados ele golpes
de pecho y mesadas de cabellos, la palabra fatídica: ¡Nunca! Y es la verdad que entre el primer
•¡ nunca!, que profiere Manolita, y el último que
lanza Claudio, tenemos tiempo de mandar noramala al señor Acebal que nos mete el corazón en
un puño, sin considerar que los actores tienen no
fuentes sino •ojos» para derramar lágrimas.
Al señor Acebal podría yo aplicarle, parodiando á cierto maligno crítico nuestro, el mote de
•dramatu rgo llorón•
Fué muy celebrada Virginia Fábregas por su

•Hacia la dicha•, escena del segundo acto. - Teatro «Arbeu,

Escenas de la obra «¡Nunca!» por la señora Fábregas y el S!:'ñor Nieva, en el teatro «Arbeu»
Manolita, y Vázquez~tuvo·momentos felices en el
Conde de Alive.

• •*

Adivino que fruncís el ceño cuando os hablo de
la profanación de «Sor Beatriz•. .
,¿De qué monja robada ó requerida de amores
va á contarnos la historia este empecatado cronista ?• - me parece oíros decir.
y no de una monja robada, aunque sí escarnecida quiero hablaros: de la monja del poema de
Mauricio Maeterlinck que lleva por nombre el de
Sor Beatriz. Escarnecióla la compañía del «Colón», con la ayuda eficacísima del señor Castellanos Haaf.
¡ Ay, pobre Sor Beatriz!
Me figuro lo que habrá pasado:
Un día se levantó el señor Castellanos Haaf,
1 traductor y se dijo:- «Ya m e cansé de tanto
e
'
. d e a 1adulterio
francés,
de tantísimas h.1stor1as_
coba que traduje á un idioma que yo ~e se. i ~stienen frito
t oy de París hasta la coronilla! Me
.
·co
los señores Lavedan, Capus y socios. . . . .. ¿ n
quién me meteré ahora'/•
.y
pudo haberse metido con Garulla, el
i
comO
t··
M
que puso la Biblia en verso, se me io con
aeterlinck !
¡Ay, p'&gt;bre Maeterlinck! Le han de habe!· zumbado las orejas la semana antepasada, alla en su
vieja tierra flamenca.
.
No era para menos. No c~nforme con traducir_
Castellanos qmso •arreglarle,. Y le
le e ] senor
.
f d d
d~Qarregló. Desquiciada, mutilada, a ea a, es- 'd
taba Sor Beatriz al aparecer en e l
conoc1 a es
.
•
to J
. del «Colón» E l público, sm respe a escenario
·
.,
·é d ¡ t d
guno, se r1'6 d e ella· y se rio tamb1 n e ra uctor y de los intérpretes.
, .
.
h e a bogado porque
Yo siempre
. nuestro pubhco
.
y nuestros ar tl·stas traben amistad con los g1an-

des maestros del teatro contemporáneo. P ero,
francamente, la profanación de Sor Beatrii1 me
tiene inquieto y sin aliento.
Inquieto y sin aliento porque mucho me terno
que lo que se hizo con el gran poeta de ,Pélléas
et Melisande, se quiera hacer con lbsen ó Hauptmann.
A los grandes autores se les traduce bien, ó no
se les traduce; se les representa de modo irreprochable, ó no se les representa.
Vuelva el señor Castellanos Haaf á sus dramaturgos de París, y vuelva el •Colón» á sus comedias fáciles, que les estará mejor empleado y nos
tendrán á nosotros contentos y agradecidos.
MAESE PBDRO.

Oro Viejo
I
A UNA ROSA

Reina desotras flores, fresca rosa.
primero honor de abril y de este prado,
así te__privilegie el cierzo helado
y respete la helada rigurosa,
y así goces, que es más, de la hermosa
palma de mi señora, y su dorado
cabello adornes, y color rosado,
de ver su rostro, aumentes vergonzosa,
que me guardes las lágrimas que vierto
en tu pintado ·seno; y si te toca
á sus labios aquella á quien adoro,
en tus hojas mi bien irá encubie1·to;

porque si llega'l á su dulce boca,
dulces serán las lágrimas que lloro.
LUIS MARTÍN DB LA PLAZA.

II
LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo ví del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desparece
su alegre faz, y en torno se obscurece
e l cielo con tiniebla de horror llena.
El austro proceloso airado suena,
crece su furia y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo y con espanto truena.
Mas luego ví romperse el negro velo
deshecho en agua, y á su luz primera
restituirse alegre e l claro día.
Y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré y dije: r¿Quién sabe si le espera
igual mudanza á la fortuna mía?t
D. JUAN DE ARGUIJO.

III
LA MUJER

Es la mujer del hombre lo más bueno;
es la mujer del hombre lo más malo;
su vida suele ser y su regalo;
su muerte suele ser y !;U veneno.
Es vaso de bondad y virtud lleno.
á un áspid libio su ponzoña igualo;
por bueno al mundo su valor señalo;
por falso al mundo su valo1· condeno.
Ella nos da su sangre, ella nos cría;
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel y á veces una harpia.
Tan presto tiene amor como maltrata;
es la mujer, en fin, corno sangria.
que á veces da salud y á veces mata.
LOPE DE VEGA CARPIO,

�Los puertos aeronáuticos
de Alemania

•

~

NUPCIAL ~

SPORT

Recientemente, dimos cuenta en estas
páginas del propósito 'de Alemania de
aumentar sus puertos aeronáuticos para
dir ig ibles con dos nuevos hangares, los
mayores de cuantos poseía. Están terminadas ya esas construcciones, y con
ellas cuenta aquella nación con un buen
número de estaciones para los magníficos dirigibles de que dispone.
De esas estaciones ó puertos aeronáuticos, posee siete el Ejército. Doce se
levantan á lo largo del Rhin y del Lago
Constanza. uno en Baviera, nueve en el
Centro (incluyendo Berlín), y tres al
Norte y al Este.
Las construcciones mayores son las de
Düsseldorf, Colonia, Birkendorf, Mannheim, Metz. Strasburgo, Friedrichsafen, Gotha, Bitterfeld, Berlín Biesdorf
y Koenigsberg. El más grande de los
hangares de estas poblaciones es el de
Bitterfeld, que mide 180 metros de longitud; pero todos son enormes, porque
el menor tiene 130 metros de longitud;
este, con otros dos hangares más, de
178 y de 175 metros, se levanta en Friedri"hsafen. ciudad que en Alemania ha
recibido el sobrenombre de •hogar de los
zeppelines,.

En la Escuela
Magistral
"'v

El servicio de automóviles
en Londres
Los datos que acaba de publicar el •Royal Automóvil Club• de Inglaterra acerca de la lucha en Londres, entre los automóviles de servicio público y los hipomóviles ó coches de a lquiler, son muy
interesantes.
A fines de 1904 sólo había dos •aut.os•
en todo Londres contra 11,558 coches
tirados por caballos. En 1905 los autos
ya eran 19 y 11.931 los •simones,. Al cerrar 1906 ya circulaban 1,000 taxiautos,
y la progresión 11iguió durante los años
sucesivos hasta fines del pasado 1910 en
que se ha elevado á 6,366 el número de
automóvile~.
Señora María Catalina Soustalot de Vida! y 11eñor Francisco V. Vida!

AJEDR ffZ

Solución al problema número 33,
por T. D. Clarke

BLAN CAS

NEGRAS

Problema núm. 35,
por T. D. Clarke. (Victoria, Austra'ia)

1C81&lt;

1R5R

2'l'2C
;¡ T 2 R (mate.)

2 si R 4 R

NEGRAS

.1 A 5 D (mate.)

2 BI R 6 A
2

si R 6 D

3 A 5 A (mate.)

Pa1·tida jugada en San Remo entre los señores
T. v. Scheve y H. Fahrni.
RUY LÓPEZ.
BLA NCAS

N EGRAS

Sr. T. v. Scheve.

Sr. H. Fahrni.

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Las Blancas no han hecho la apertura bien. El
camhio de Alfil por Caballo no tiene objeto y la
presente jugada es inferior, porque quedan las
Blancas muy débiles en el centro.
8 811roce.

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BLA NCAS

Las blancas juegan y dan mate en tres jugadas.

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Las Negras se han metido en una combinación
ingeniosa para poder enrocar sin peligro y ahora
lo consiguen, quedando además en libertad de acci6n. Por otra parte, las Blancas el lado de la
Dama está sin desplegar.
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Un movimiento muy natural; pero evidentemente sin tener en cuenta la respuesta de las Negras.
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Un sacrificio enteramente justificado, ahora
las Negras forzan el mate magistralmente.
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30 R ., C
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26 D 6 T (iaq11t )
27DxP(jaque)
28 T I D (jaqu~)
29 'l' 5 D (jaqut)
.W T 5 C (jaque)
.,1 D 7 A D
.,2 T x P (jaque)
.U P 5 A (laqu•)
.l4 D 6 C (mete)

El mate es el desenlace natural de una victoria muy merecida por parte de las Negras.

Con asistencia del señor Presidente de la
República, se efectuaron el martes último
los exámenes de los alumnos que terminaron sus cursos en la Escuela Magistral de
Esgrima y Gimnasia, y al mismo tiempo In
distribución de premios entre los rrismos.
En los asaltos llevados á cabo en presencia del Primer Magistrado, los alumnos dt&gt;mostraron gran habilidad y destreza, lo mismo que en sus ejercicios gimnásticos, por lo
cual fueron felicitados por el señor de la
Barra.

E l señor Presidente de la República y sus acompañantes.-Muralla de florete. - EI profesor Meri&amp;'flaC y sus alumnos.
Otra posse de muralla.

�fAbrrrAS f EMEllf líAS

FUENTES PARA EL JARDIN
En nuestros recientes artículos acerca de jardines, nos
hemos ocupado especialmente acerca de los diferentes medios de ornato para el jardín, y hemos hablado de pérgolas, de bardas adornadas y ele otros detalles arquitectónicos ó florales; ahora vamos á hablar de un detalle que es
ele gran importancia y que da gran belleza: de las fuentes
y surtidores de agua.
Nadie ignora la gran fama que tienen las fuentes de los
jardines de Versalles, por ejemplo; pero sin ir hasta la
gran magnificencia de esos preciosos surtidores, únicos en
el mundo, podemos disfrutar en nuestros jardines de preciosos juegos de agua y de fuentes que al mismo tiempo
que ornen los prados den la nota emotiva de la corriente
cristalina y de la celara linfa• tan cantadas por los poetas.
En los grabados que acompañan estas líneas hay modelos de fuentes y estanques, desde el más suntuoso y complicado hasta el más humilde y menos costoso, sin que ninguno de ellos exija un gran gasto para su instalación ó
adaptación á nuestro medio.
La mayoría de los representados tienen estatuas de piedra, las cuales no fuera fácil de obtenerse; pero la industria moderna nos da las mismas estatuas, y de aspecto muy
bello en otros materiales, como por ejemplo lámina de fierro, «papier maché• é imitación de terracota, todos materiales de aspecto artístico y sumamente elegantes. De esta
manera á un precio sumamente reducido se puede tener
en el jardín una fuente de agua que al mismo tiempo es
fuente de belleza y de sensaciones poéticas y agradables.

Crónica
OS ENERVANTES calores
del medio día y las violentas
11 u vi as tempestuosas, nos
anuncian la llegada del estío,
mis queridas lectoras. Es
tiempo ya de emprender los
deseados viajes al campo y á
la playa, para gozar allí de las gratas temporadas veraniegas. Parece que la sombra de los árboles y la frescura de los jardines, nos hacen una
silenciosa invitación para abandonar las ciudades,
buscando en las amplias y tranquilas posesiones
campestres una pausa deliciosa á las fatigas de
la vida mundana.
Al llegar esta época del año, una transformación completa se efectúa en las quintas de recreo.
Los grandes aposentos abandonados abren sus
puertas, y la luz se precipita hacia el interior de
las habitaciones, como la onda sonora de armonía que se abandona al viento. El canto de los
pájaros rompe triunfalmente el silencio, y el eco

poco á poco se debilita y se extingue, hasta perders!' en un silencio solemne. Los recuerdos se
alejan esfumándose !'n una confusa lejanía; la
incertidumbre del presente y los temores del porvenir se hacen invisibles al ser iluminados por la
radia~te luz de nuevas esperanzas, del mismo
modo que las aves nocturnas se ocultan al aparecer el sol tras los azules montes. La tristeza se
convierte en dulce melancolía, y los vagos anhelos de felicidad hacen palpitar el corazón, como
cuando los pétalos de un capullo se estremecen
al con tacto del primer rocío de la maña na ... . Y,
sin embargo, no todas las personas son susceptibles de apreciar las bellezas del campo, y no falta quien se lamente de hastío y de fastidio durante las temporadas veraniegas. La inmensidad
del mar y la soledad de los bosques, nada dicen
á esas almas que no gustan de los placeres altísimos de la contemplación. Acaso la madre naturaleza, desdeñosa con aquellos que la desdeñan,
guarda con avaricia su secreto para revelarlo
solamente á sus devotos; á los enamorados de esa
hermosura siempre antigua y siempre nueva, co-

¿Hubo varios Napolecmes?
Algunos historiadores atrevidos han llegado á afir~ar
que Napoleón no existió; según ellos, Napoleón no es smo
un mito, un mito solar; la leyenda de Napoleón y de sus
doce mariscales es una nueva forma de la vieja historia
del sol y de los doce signos del Zodíaco.
Y como esta tésis ha perdido el interés de la novedad,
otros historiadores, no menos atrevidos, apuntan la creencia de que el Napole~n de la leyenda encarna realmente
varios personajes; uno solo no hubiera podido realizar tantas cosas; por lo menos hubo diez Napoleones.
La prueba de este aserto la encuentran sus partidarios
en las obras de los pintores y escultores contemporáneos.
Todos ellos eran artistas y concienzudos, todos retrataron
á Napoleón del natural, y sin embargo, ningún retrato
tiene parecido con los de los demás. M. Gorges Ohnet observa que el busto de Houdon difiere en absoluto del busto
de Canova, y que los retratos pintados por David, por Gros,
por Gerard, por Girodet y por Isabey difieren notablemente entre sí. Lo mismo sucede con los retratos pintados por
otros artistas no menos notables.
EL caso es espinoso. Todos los pintores men¡:ionados,
conocidos por su exactitud, tuvieron por modelo á un individuo que creían era Napoleón, y nos han legado veinte
retratos diferentes. ¿Habrá alguno verdadero entre ellos?
El enigma es más indescifrable que el del máscara de
hieno.

X.

,,

de las extensas galerías responde á aquella invocación al gozo y á la vida. ¡Cuán intenso y suave
es el descanso que se siente en el campo! ¿No lo
creeis así, lectoras mías? Todas las facultades del
organismo humano reciben una caricia inefable
en ese apacible sosiego. El tono sombrío de las
hojas verdes, alivia el cansancio de los ojos; la
brisa que hace balancear las ramas tiernas del
follaje es como un beso furtivo sobre el rostro
marchito por el ambiente abrasador; el rumor
Roñoliento del agua que se desliza entre las fron das, parece decirnos al oído una canción de amot·,
á cuyas estrofas hacen coro los gorjeos de los
pájaros que cantan desde las copas de los viejos
árboles .... ••··
Todo reposa en ese supremo descanso; el pensamie nto se entrega á una languidez venturosa,
semejante á una ave que suspende el vuelo en
mitad del espacio, dejándose caer lentamente hacia un Jecho de flores. Las sensaciones se adormecen como las notas apagadas de un eco que

mo la ha llamado un poeta, con fiel y exacta expresión.
Para esas almas no hay nada que admirar en
un crepúsculo glorioso ni en una noche de luna,
clara, serena y silenciosa; todas las f101·es les parecen iguales, y los susurros de las hojas producen para ellas el mismo rumor .... Dejémoslas en
su indiferencia, lectoras mías; es imposible despertar facultades que no existen. Pero vosotras,
las que sí entendéis el lenguaje misterioso de las
cosas, id al campo, á las quintas de vernno, para
escuchar allí el himno sublime y armonioso de
todas las bellezas que tengais á vuest1·0 derr&lt;'dor.

•••
En el fin de esta primavera radiante de luz, de
sol y de alegría, hemos visto, mis queridas lectoras, una cantidad innumerable de sombreros negros y de diferentes tonos de azul marino, ador-

nados audazmente con matices claros, como rojo
vino, verde esmeralda, cereza y azul azufre. Parece que esos colores obscuros han sido los predilectos de las damas elegantes; pero ahora, en
la entrada del estío, de la bella estación en la
cual se emprende el viaje á las playas ó al campo, veremos reinar, indudablemente, los lindos
sombreros blancos. Bajo su fresca sombra que
tanto favorece á los rostros de las mujeres, se
contemplará el brillo luminoso de los ojos femeninos, animados por la agitación de los paseos á
pie, ó de los juegos de «sport, • y las sonrosadas
mejillas, que, empleando una expresión anticuada, pero:exacta, semejan lirios y rosas, ya sean
naturales ó embellecidas por medio del artificio,
el cual, cuando es hábilmente usado, merece tan
grande elogio como la hermosura real.
El ala de estos sombreros blancos, se forrará
de algún terciopelo obscuro, dándole así un sello
de severa y exquisita elegancia, y los adornos
serán también blancos, y en extremo vaporosos,
á fin de que el conjunto resulte ligero y no pesado.
Las rosas de muselina de seda blanca, acompañadas de un follaje de seda ó de la misma muselina, no obstante su mucha fragilidad, se colocan
con artística audacia en racimos flexibles ó en guirnaldas que se balancean graciosamente al menor soplo
del viento, como los finos 1aigrettes1
de plumas «llorosas.• También se ven
estas hermosas fantasías sobre los
sombreros de paja obscura, de los
~uales son el único adorno. Entonces
la muselina de seda se arregla en volantes fruncidos que cubren el ala y
suben arrogantemente hacia la copa,
imitando los grupos de plumas amazonas, y añadiendo su movilidad acariciadora á la gracia exquisita de la
tela de seda que se transparenta ba
jo los pliegues cambiantes y vaporo:
sos de la muselina. Estos adornos se
hacen, también, en tul flexible con
aplicaciones de encaje, y esta última
inventiva será la predilecta para los
sombreros de lienzo blanco, cuya fu1·tiva aparición está llena de halagadoras promesas para este verano.
Lo que la imaginación de los confeccionadores
puede producir á tal 1·especto, es tan amplio como la coquetería femenina, la cual se pierde en
la noche de los tiempos; así, pues, no hay duda
que la gasa, el tul, el encaje y la muselina de seda, serán preciosos recursos para adornar los
sombreros blancos, favoritos de las damas en la
estación calurosa. Una guarnición que tiene actualmente gran privanza, son las espigas naturales, teñidas en blanco ó negro; espigas de oro
ó plata, cuyo precio varía mucho, desde el más
bajo hasta el más alto. Los sombreros se cubren
de estas espigas, con ve rdadera profusión, sin
detenerse en el costo de tan fantástico adorno;
colócanse sobre la copa como grupos de pequeños dardos erizados, los cuales no tienen ningún
peligro, y sí una encantadora fragilidad.

MARGARITA.

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TRAJE DE _PASEO. -Hecho en linón color de ch!'-mp~gne. La falda, hasta media altura, el cinturón y el bajo de las
mangas, están r1cam_ente bordeados con bordados R1che]1eu. El fondo, lo alto de las mangan y el frente, son de satén negro. Sombrero de crm negra forr!'-do de rosa Y g~arnec3do con un ~rupo de plumas rosa.
TRAJE DE VISITA.-Confecc1~nado en crespon saten a~ul marmo. Falda lisa y túnica cortada en ángulo por el frente, subiendo por ~etrás. _Cuerpo kimono adornado con un Im_do cuello de encaje de aplicación. Las mangas llevan en la
orilla una draperia del mismo encaJe. _;:lombrero azul guarnecido con plumas rosa.
T~AJE DE CALLE.-Hecho ~n pano de sed_a verde almendr?. Falda lisa abotonada en la izquierda por medio de grandes sardinetas :r:e~o~das, de terciopelo ~egro~ ribeteadas de sat~n verde. El cuerpo, que es muy sencillo, lleva grandes solapas de seda pekme negra y blanca. _Cmturon drapeado de satén verde, cerrado por un camafeo. Sombrero blanco guarnecido con plumas y bordeado de terciopelo negro.

TRAJE DE PASEO. - Hecho en bella cachemira de seda gris plata. El cuerpo, sumamente original, tiene del lado izquierdo un bolero drapeado y el derecho se mues~ra liso, bordado con s~da Y perlas negras Y bl~ncas. La falda está unid_a
al cuerpo unos tres centímetros más alto que la !mea del talle. La túmca es de yelo de seda gris plata y luce una guarmción semejante á la del bolero. Cintura de satén n~gro f?rrada de ~!_aneo, t~rmmando en un fleco d~ seda.
.
TRAJE DE cARRERAS.-Confeccionado en saten flexible rosa pahdo cubrnrto con punto de Venecia, muy fino. El baJo
de la falda está incrustado con bellos encajes de Irlanda y de Venecia, muy bien combinados. La misma mezcla vemos en
el cuerpo y en el bajo de las man_gas. Cintura de satén rosa vivo. Este lindo traje va medio cubierto por una túnica cor~a
y abierta por el frente, de muselina de seda blanca, tod~ bordad9: con bello~as de Irland!'- y SUJeta en el talle por medio
de un ramo de hortensias azules y rosa. Sombrero de paJa de Itaha,!guarnec1do con un «a1grettet y flores del campo.

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•

�El Mundo 11 ustrado

Los peces pueden nadar
sin Rletas

MODELO

UNA OPINION

Luisa: Doy á usted el modelo que desea para
confeccionar un traje de carreras ó de garden
party. Está hecho en tafetta flexible azul antiguo. La falda, lisa, va medio eubierta por una
túnica corta de tul blanco, moteado, guarnecido
con una ancha cenefa de encaje Renacimiento.
Comp'.eta este lindo atavío, un bolero hecho en
tafetta azul antiguo, adornado con grupos de pensamientos bordados con sedas de colores adecuados. Camisola y vuelos en las mangas de tul moteado. Sombrero de paja azul obscuro forrado de
gasa blanca, plegada, luciendo por todo adorno
un gran ramo de pensamientos.

Doña Clarines: El asunto que tanto la preocupa es, en efecto, bastante complicado, pero no
creo irremediable la situación de su sobrina, según usted piensa. Ante todo, es preciso que ésta
acepte las proposiciones de su esposo, adoptando
un niño huérfano, pues si el señor desea encontrar en su hogar la alegría que sólo puede traer
la presencia de un pequeñuelo, no es justo negarle ese placer, ya que no tiene hijos, en los cuales
hallaría satisfecho este deseo natural y legítimo.
Es cierto que los niños recogidos resultan, á veces, con malos instintos, y casi siempre no corresponde su gratitud y cariño á los sacrificios de

I

La Historia Natural nos dice que
las aletas de los pescatlos son órg!.luos locomotores, y no sólo esto, siuo también el medio de que se valen para mantenerse en equelibrio
dentro del agua. Ahora resulta, ,it,
embargo, que esa es una fd'lsa afirmación científica, á creer lo que ~scribe en una publicación extranjeri\
el naturalista :J\I. Dngés.
Este venía desde hace tiempo tratando de determinar con exactitu,l
el papel que desempeñan las diferentes clases de aletas en los peces.
Sus experiencias han recaído sobre
\"arios ejemplares ele goodea, uno
de los cuales había llamado la atención tlel observador porque nadaba
exactamente como sus congéneres,
aunque Je faltaba completamente la
aleta tlorsal. Extirpada p01· el na
tural ista la aleta anal continuó el
¡,('z uatlando como si tal cosa, lo
que permite suponer que, al meuo~
trnt,rn,loHe de la goodea, llichos ó:

sus protectores; pero, la caridad nunca debe inspirarse en el anhelo de la recompensa, sino en el
bien que se hace, pues éste debe ser el único y
mejor estímulo para emprender una obra buena.
Por tanto, usted puede aliviar mucho la situación
de su sobrina, aconsejándole que reprima esos
celos con los cuales atormenta á su marido, y que
acepte la idea de adoptar un chiquillo expósito,
dejando á un lado el egoísmo que Je hace temer
demasiado las molestias causadas por el cuidado
que requiere un niño pequeño, pues si todos los
matrimonios sin hijos tomaran la resolución de
protegerá algún pequeño abandonado, ¡cuántos
séres infelices se salvarían de la miseria física y
moral! Quizá habría menos criminales, pues muchos de ellos deberán su perversidad, á la falta
absoluta de educación y de elementos para vivir.
En fin; de un modo especial recomiendo á usted que no se mezcle en los disgustos conyugales
de su sobrina, porque en esos casos, la intervención de una tercera persona es casi siempre indiscreta, importuna y perjudicial en extremo.

~:.tnos un tieJH'U cft'&lt;·to aJguuo so·
brc la nata,•ióu ú sohrc el cc¡uili

hrio.

DICHA ALCANZADA

Marina: El relato que usted me hace, ha traído
á mi memoria la lectura de un hermoso libro de
Jorge Ebers, cuyo título es: «Amor triunfante».
En efecto: después de haber sufrido usted tantas
penas como me cuenta, causadas por la oposición
de su tutor para permitirle las relaciones amorosas que tenía con ese valiente y noble joven,
ha llegado, al fin de tan larga lucha, á realizar
un sueño de felicidad que pocas mujeres podr!an
haber alcanzado, llamando su esposo á quien ha
sufrido por usted innumerables amarguras y humillaciones; pues no debe ser poca contrariedad,
ocupar un modesto empleo al servicio del hombre
que trata de violentar la voluntad de la mujer
amada, como sucedió al prometido de usted. Pero hoy, triunfando ambos de todas esas dificultades, gozan actualmente de una dicha completa, y
usted desea saber si hay alguna novela, cuyo argumento tenga semejanza con su vida pasada, á
fin de leerla con su esposo y reconstruir épocas
lejanas que harán más dulce la presente, y por
tal causa, me permito recomendarle la obra literaria de la cual le he hablado al comenzar estas
líneas.
LABORES FEMENILES

Marieta: El modelo de toalla á que usted se refiere, lleva la misma labor en ambas orillas. Para bordarla puede emplearse hilaza ó seda lavable, de colores vivos, como rojo, azul marino,
verde esmeralda ó cereza.
Mucha satisfacción tendré en recibir la carta
que me promete, en la cual me contará sus confidencias íntimas. Desd~ ahora le agradezco esa
prueba de amistad, y Je correspondo con mi sincero cariño.
FLORES

Víctor Manuel: Recibí su última postal, que es
verdaderamente de un gusto exquisito; muchas
gracias.
No conozco el lenguaje de las flores; así pues
me es imposible contestar á su pregunta, per~
creo que los pensamientos son demasiado lindos
y simbólicos por sí mismos, para buscarles otro
significado más expresivo que el de su propia belleza.
MARGARITA.

j

l,a sorpn•sa tle .M. Vugés suhió de
¡,unto ,·uamlo, habiéndose secdon.: ·
,lo á otrn pecel"illo las aktas pi)(;•
torales y Yentrales, si¡,ruió sus ju·
gueteos a1:uáticos cual si nada lé'
hubiese acontecitlo. Este seg,rniio
experimento e,·iclencia que las aletas pares no sirven al pez pa rn nada en la locomoción.
Ya puesto á corta1·, el na turali,;ta clió un tajo á la aleta caudal, ad\"Írtienclo entonces que el operad0
UNA SENSACION DE BIENESTAR INDECIBLE pueden pro¡,omucaía pesadamente al :fondo de la
nar;¡e aquellos que adquieren la coetumbre de enjuagare.e la beca con ODOL por las
vasi_ja de cristal en que se ver~linoches al tiempo ele aco~taree. El ODOL impregna las membranas mucOfas de la boc-a.
caban los ensayos. A la mañana
Al respirar pasa el aire EObre eetas membran11B odolizadaa y adquiere una freecura egrasiguiente quelló estupefacto el !Xdable que produce una eeneación &lt;le biooestar enteramente esp.:cial.
perimentador cuando, al aecrca(se
á la pecera, YÍÓ que los tres ani·
quinientos mil hu,•10~. Los c.,~•.1rlo los p&lt;'l'et·illos. Ke t"aienla qu" ,1,.
maJillos, incluso el que le faltaba , prC&gt;mio al mu_jol ,, Ji~a. La 11°1111,ra
riones ape11a8 ]legan ú poner 1nill(,,1
los .1:~ 000,000 ,1,, g-érmr11cs HÍllo llega11
la aleta caudal, nadaban á sus irn· 1 &lt;Ir estp JI"", Pn .,fo,·to, ¡,otw c11 &lt;"a&lt;la
~- medio; la ,·arpa pout' unos 700,0r1;l_
á dusarrnllarse 1;;0,000, _y aun !k
chas en el cristalino líquiclo. Y se , puesta un(,s trnce millones el:) h11el'i ,;olio rno,ooo, y el sal111011ctc t1e
(•stos rnu&lt;·hoH ,011 clr,·ora,los ('U :m
comprende el asombro, no menor ~•\W 1·os, po!·o 111{1s ,, llll'llos. Ke111C'_j,P1·
80,00() ÍI 85,000.
pri1nera cilad por }•f'et'H rnú.s gT" lt
el que nos causana ,·er por esas ca- h' frc•ttucliclacl rl'sultaría molc~ta
El arenque, tompañcro fi&lt;&gt;l del J&gt;a
d,•s ó por las a 1·rs marinas.
lles andar á buen paso á tres per· ¡,:,rn l'i rC'sto dt• la pohla1·i(111 ac •iátaje, suele poner viente mil hueves,
El baealao es también muy ¡,roiísonas á las que Je faltaran las pier- tini, si mil anicl,•nt&lt;'s de los más Ya·
Jil-o; como que tada hembra pone
auuque á veces llega á lus setenta
nas.
:·iados géneros no dC'stru_veseu m11mil.
,le nueYe millones á nue,·e millones
Lo curiosísimo del catio era qlle •· 110s hue,·os antt&gt;s ele salir a! mu~el pez al que se había cortado la
aleta caudal se movía, á falta ele
sus órgañ¿s de locomoción, agitando YiYamente y con sacur1idas la·
terales interrumpidas, la parte po~
terior del cuerpo.
Resuelto á efectuar uua 111·uel.,:,
cletiniti,·a, :J\L Dugés cortó á 1111
cuarto J&gt;escado tollas las aletas, sal·
rn la cauclal. Repitióse por el pro~to la caída del amputatlo al fontlo,
¡,ero veintieuatro horas después el
pez nadaba rápidamente, ejecutantlo con agilidad sus moYimientos habituales; sólo que para sostene;.,3
en equilibrio hacía vibrar de un
modo continuo y rapidísimo su única aleta, lo que imprimía á todo !'J 1
cuerpo un marcado estremecimiento.
Estos resultados vienen á confir-1·
mar las teorías tle Plateau, quien
sostiene que la locomoción ele la ¡
mayoria de los peces se verifica ror ¡
virtud de flexiones de toda la rarte caudal del cuerpo, y que las onclulaciones de las aletas impares
(dorsal, anal y caudal) no ~irven
as mas al'IS ra a~ es
,
todas las de su clase,
sino para dar más p1·ecisióu á lo~
movimie~tos generales, por lo cual
(Ji;~
pudieran muy bien pasarse los
ces sin ell!:\;.
po 1

,. ·

13é1R\Y~IRt 'ªIL tl:'.IUfflr~

rupciones1.Sal'l)Úllido
13.000,000 de hijos á un tiempo

1

Si la Naturaleza tuviera por co~- 1
tumbre premiar de alguna manera
á los seres que en mayor proporr ión contribuyen á la conservación
&lt;le sus respectivas especies, entre
los pee!'s pequeños correspondería l'l

DEPÓSITO ~E!'IERAL'.

11$ Arrugas. Suaviza,
,. ala Piel yle Comunica

ilosélJihlein, 5uc&amp;.

ladó.,_, de .la Jítv,ntud~.

co'u~_~o,~y~~Ó,3.

.~lm,acén de Drogas

4.

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MEXICO

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•.

�El Mundo Ilustrado
El Mundo Ilustrado

BOCA DELICIOSA, FRAGANCIA
ea el ALIENTO cnn 181

VICIO HEREDITARIO

VIOLETAS RUSAS
Perfuman
los labios y
dan• á la boca sabor de
ambrosía
apasionan y
hacen divino
el beso de los
amantes.
La esposa
que usa las

da un gusto
picante

y sabor

delicioso á los
guisos más
variados:
Pescados,
Carnes,
Salsas, Caza,

toda

clase

de

Volater1a, Ensaladas, etc., etc.
La verdadera Salsa

P11llllas de Yloletu de Rusia,

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certificada, 60 cvs.- En México: Johan•
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39. -J. Labadíe Sucs. &amp; Co. Profesa, 5
da

* * *

En la fábrica de moneda de San
Francisco existe una alfombra qu6
vale su peso en oro. Nos referimos
á la que cubre la mesa uonde se repasan las moneuas de oro una VPZ
acuñadas, en el cual un obrero va
quitando con una lima las pequPÜ:.b
porciones superfluas del metal. Pa·
sado cierto período de tiempo, estas alfombras son quemadas y de
sus cenizas se obtiene una impo1·tante cantidad de oro.

de origen.
\·enta al por mayor por LEA &amp; PER~INS
C'n \Vorcester, lnglatt'.rra; CROSSE &amp;
bLACKWELI , 1.td., en Londres, y por
todos los Exportadores en general.

• * •
Dice un periódico inglés que ,,J
apellido más antiguo de l a Grn n
Bretaña es Smith. En el año 2~7
antes de .Jesucristo, !'X istía eu
Egipto, clurante el reinado del ter
cer Ptolomeo, un cei·vecero que JlP.vaba ese nombre. La afirmación está
basada en el texto íle un pápiro rPcién descubierto.

Fonógrafo

* * *

" WORCESTERSHIRE "

Proveedores patentados de S.M. el Rey de Inglaterra.

Au11que toda•ia hay quie11 disputa la teoría, resulta un hecho evidente
de que todos heredamos, así como los caracteres fisionómicos de nuestros
padres ó antepasados, algunos otros füiológicos y la tendencia ó germen de
ciertas dolencias. Por ejemplo, la predisposición á la tisis, la escrófula,
el cáncer y las herpes es bien marcada. Esa herencia proviene de ,ricio de
la sangre trasmitida de una generación á otra, y por lo tanto, dificil de eli•
minar. Pero se puede contrarrestar y tener á raya con remedios deparantes
de la sangre para ayudar la acción del hígado y de los riñones, asegurando
así muchos años de Tida, Un prominente especialista de Nueva York introdujo hace algún tiempo una prescripción cuyo uso ha traido, invariablemente los más halagüeños resultados siempre que ha sido necesario corregir vicios de la sangre, que son origen de tantos males y dolencias. Poniendo en buena condición los filtros naturales de la sangre, que son los
riñones, se ha eliminado el ácido úrico, ·y por eso se nota que al poco
tiempo desaparecen los dolo::-es de cabeza y la persona DO se acatarra con
tanta facilidad, pues su fortaleza y resistencia han aumentado.
La fórmula ó receta en cuestión es como sigue::
Extracto compuesto Yejfetal Arvelina.. . . . . . . . . 1S gramos
Jarabe compuesto de hipofosfitos.... ... . . . . . . . . . 4S gramos
Jarabe compuesto de zarzaparrilla... . . . . . . ... . . . 60 gramos
Estos ingredientes se compran en cualquier botica ó droguería y los
mezcla uno mismo en su casa. Se toma una cucharadita de la mezcl" des•
pub de cada comida. A la segunda ó tercera dosis empieza á notarse en
muchos casos ali,rio de los dolores reumáticos.

* * ..
Se acaba de descubrir en la anti"Ua ciuuad de Zuza, en Persia, u11
::;rueso pedrusco de diorita, en °1
que está grabado el código más antiguo del mundo, cinco siglos anterior al de Moisés y mil años al chino.
Riglamenta especialmente las rela·
&lt;•iones del médico con el enfermo,
y hace meneión del punzón de
'bronce, estableciendo salarios por
operaciones que se practiquen en
los o,jos y distinguiendo al hom~rP
noble y al eselavo. Las penas impuestas á los médicos difieren, pues
si se trata de esclavos, pagau s1:
precio; si de hombr~s libres ó nobles, se les cortan las manos ó se
les sentencia á muerte.

La cara de la mujer es siemprn
mucho más perfecta del lado izquierdo que del derecho. Para conveucerse de la diferencia que entrn
,mo v otro existe, retrátese la incrédula exponiendo al implacable
cbjetivo primero un perfil y luego
otro. Desde luego apostamos cu3.lquier cosa á que la retratada no se
gusta por el lado derecl10.

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El presente modelo, Bocina
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JABON Df VfRBfNA CALfNDULADO
(Obsérvense sus resultados durante
dos semanul

Jabón suave y ri·
camente antiséptico,
tanto para limpiar y
embellecer el rostro.
el cabello, los 1&gt;0ros y
to4o el cuerpo, como
para conurvar los 1(/i•
dos, la suavidad y loza.
nfa de la tez. Purifica,
perfuma, suaviza y
embellece las carnes
y la piel, restable·
cléndole su trescurR
cuando se ha. marcbl·
tado. Evita 11 dtslru11e
lo• Barros, las Espinillas, las Epfermedndes

Outiculares y 1.. Guapa.
S1LBpeude la Ca,úu y Vigori,a las Ralea del Pelo.
[nmejorable para bafiar á los n1fios.-Rleo

para lavar la cabeza. (La pastilla. e.• irran•
de y sólida y dura mucho tleml)O). Certifl ·
cada Por correo.
EN Vl!lNTA: Jo!Ulmen, FéUz &amp; Co., Av. San
Francisco S9.-J. Labadie Sucs. &amp; Co.• Av. San
-fl!'::ic~co /43. - J. Uilúeín Sucs., Coliseo ,. -

Falta de feminismo,
Exprel!lión ma1culioa,
Bigote,
Pelos en el rostro de la mujer
Nada. más humillante Que un
bliroteó alirunos
pelos lariros ó
cortos, como si
fuesen cerdas ó
alambl'es en la
cara, el cuello ó
el busto de la
mujer. Sus encantos no dependen de sus
formas más ó
menos escultu•
rales, ni de su
Posición socia 1
sino de su conjunto femenino. El

Real Extirpador
de Vellos Superfluos
"SIRENE"
destruye en cinco minutos toda clase de
vellos superfluos ó defectuosos en el rostro, sobre el labio superior, balo la barbilla, en el busto. en los brazos, etc. Su,
efectos son suaves y satisfactorios, no
produeen la menor molestia y dejan la
piel sin la más leve sefial.
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Se■ undo Vlo•D•••ldente, 1:, TIION
Gerente, XAVIIEII ICAZA Y LANDA
CaJero, IE. f'IIANK CAMl"OS
Conta•or, JOSI: R. QAIIDUNo

Facilita el Que una misma, en el bogar ó
en viaje, rice y ondule su cabellera en PO·
cos minutos, sin necesidad de fuego, Vilt()·
riza 1&gt;0rQue tiene electricidad. No se desrompone porQue es de acero nlQuel~do.
No tira, ni enreda, ni Quiebra el pelo, PorQue no tiene filo ni irozn"s imperfectos.
SencUlfslmo basta para Que lo usen las ni
iias solas, Dura toda la vida. Usense te·
nlendo el cabello limpio y sin aollcarle
aceites ni 1&gt;0madas.
5 Rizadores, $1.00.

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Brnrn□□□□□□□ü□□rn□□□ioo□u~□□oo~□□□□u□~

Certificados DOr Correo; $1.20.
En México: J . Labadl• Suca. Co. Profesa 5.-Johannson, F'éllx y Co. Avenida.

San Francisco, 39,

��MONTERREY, N.L.
MEXICO.

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�</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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