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�El Mundo Ilustrado

Calendario de la semana

La salud no tiene precio
. Esa es un.&gt; expresión muy corriente que se oye con frecuencia v
tiene muy buen fundamento, pero su significado en cierto sentido rcsuita ~rróneo, porque. en muchos casos la salud '' se puede comprar. ' ' Es
decir, que los me?ios para re,tablecerla se pueden obtener por d inero ú
otro valor. Por eJemplo, la persona que padezca de las diversas dol en~ias propias del hí~ado y de. los riñones, puede adquirir á precio muy
rnfimo y en cualquier farrnac1a, los componentes clo una fórmula eficaz,
aprobada y en uso muy gen_eral haco muchos años, y mezclarlos partt tomarlos con fe y curarse radicalmente en poco tiempo. La fórmula se da
á conocer gratuitamente, es decir, sin precio, y es como sigue:
Extracto compuesto vegetal Arvelina. . .
.15 gramos.
Jarabe coml)uesto de Hipofosfitos. . . . .
.45 gramos.
Jarabe compuesto de Zarzaparrilla.
. 60 gramos.
La encontr arán especialmente valiosa aquellas personas que por
algún tiempo hayau tratado inútilmente de librarse de enfermedad~s
que aún sin obligarles á guardar cama, son penosas y aflictivas en extremo, proviniendo de depósit os norivos en la sangl'e ,y de riñones enfennos . Los ingredientes, que puedcm comprarse en cualquier farmacia
ó droguería bien surtida, se mezclan ert lllla botella y se ton\a una cucharadita de la mezcla después de cada comida . .\gítesc bien la botella
antes de usarse.

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sus maravillosos rc~ultados, y por eso es que se ha hecho la pre•
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Ferruginoso

Santos .\polinar Obispo Confesor y
Teófilo Diácono Mártir
Juevm; 9.
Santos Julián y Jocundo o Jucundo
l\lártires.
VIERNES 10.

Santos Gonzalo de .\marante Confc·
sor y Nicanor Diácono l\lártir.

PA-RA

SÁBADO I l.

CATA

Santos H iginio Papa '.\1ártir y l'alc·
món .\bad.

Son infinitas las artimañas inventadas
por los contrabandistas para pasar sus
mercancías a través de las fronteras.
Todos los países tienen sus tipos de con·
traoándistas, y, por lo tanto, siempre
puede citarse a lgo nuevo en este ramo
'·del comercio."
Los contrabandistas de la frontera
ruSO·illemana tienen contratadas una
porción de mujeres que franquea11 la
frontera dos o tres veces al dia para ir

a Alemania. Al salir de Rusia \'an cu·
biertas de- harapos, y al regresar en ferrocarril o en coche vienen lujosamente
Yestidas. De este modo no tienen que
pagar nada eu la aduana, y las últimas
modas entran a Rusia sin abonar dere·
ches.
Pero lo más cómico es que estas señoras se han declarado en huelga, por·
que han comprendido que los patronos
las explotan demasiado. Su sueldo es de
cuatro pesetas por "iaje. y ellas quieren
seis, alegando que se exponen a ir a la
cárcel si !:is prenden.
,\ última hora sabemos que los patronos se han rendido, y la sociedad de
contrabandistas ha dado a las socias ordeu de reanudar el trabajo.

La pureza Je la PEPTONA CHAPOTEAUT {p,
la ha hecho adoptar por el
.,.-_ _.,
INSTITUTO PASTEUR

VINO DE PEPTONA

"RUBOLIN."

EN

De Ext. de Hígado de Bacalao

'.\h~RCOLES 8.

Contrabandistas en huelga.

--------_---_._..----------_-::::::::::::::::::-_____

fl VINO D[ STEARNS

¡.

1

ea.

_·:...-

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San Luciano Presbítero '.\'lártir.
Se a bren las velaciones.

1

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o. ,,,

La Epifanía o Manifestación del Señor.- La Adoració n de los Santos Re)'es. Baltasar. Gaspar y l\1elchor.-Nues·
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Sanies Arcadio y Tigrio Presbítero
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I.Ae

Máquina de escribir silábica.

El calambre de los barberos.

Un periodista de Bruselas ha ideado
una máquina de escribir muy original,
porque en vez de letras sueltas. su me•
canismo permite estampar de umt vez
sílabas enteras.
El teclado está hecho de modo que
se puedan oprimir simultáueamente dos
tres o más letras correspondientes a una
sílaba . Las letras se estampan por su
ordeu, y un mecanismo especial hace
avanzar el carro el espacio necesario para la sílaba, con tal exactitud que al imprimir otra sílaba no se
monta nunca la primera letra en la última estampada.
Con este adelanto la máquiDa permite
escribir de 125 a 150 palabras por minuto.

En la Policlioica del Dr Pur\'es
Stewart, de Lo11dres ha sido sometido a
tratamiento un barbero que se ha visto
precisado a dejar temporalmente su
ocupación a consecuencia de una enfermedad muy poco corriente, conocida por
el nombre de "calambre de los barbe·
ros."
El periódico profesional " Hospital"
describe los caracteres de dicha enfermedad y dice que sus manifestaciones
son semejantes a las del "calambre ele
los e_scritores." Estos calambres, según
explica el Dr. Stewart, no son debidos
a una fatiga muscular sino al cansancio ~e cier_tos centros del cerebro que
presiden ciertos grupos de movimientos.
El único sistema curativo de esta afección es la abstención total del trabajo
durante algunos meses para que el cerebro descanse.
El barbero al reanudar su trabajo ha
co~enzado a emplear una navaja desegundad, cuyo uso requiere una acción
del cerebro algo diferente.

La "piedra" de los encendedores mecánicos.
La administración de contribuciones
indirectas de Francia ha prohibido, co·
~10 el ministerio de Hacienda de Espa·
na, e l uso de los encendedores mecáni·
cos, y los franceses protestan contra se·
mejante prohibición ealificándola ele ca·
pricho extraño ele las autoridades que
toleran el encendedor de yesca. el eléctrico y el ele hidrógeno. Tocio el mundo
cree más lógico allí como aquí imponer
un nuevo tributo al nuevo metal de
chispa, cuya naturaleza ignora la gene·
ralidad de la gente..
Todo el mundo sabe que el en cendedor mecánico tiene la forma de una ce·
rillera y que oprimiendo un botón se le
vanta la tapa determinando el choque
de una rueda dentada contra un diminuto bastoncillo de uua materia especial
de la cual salta uua chispa que encien·
de nna mecha impregnada en alcohol,
gasolina, etc.
El metal de la mal llamada piedra ele
los encendedores es una ele las a leaciones pirofóricas ele hierro y metales ra·
ros lanzadas por el doctor,\ uer en r9o6.
Esta liga que produce al menor choque
unas chispas muy calientes se compone
de metales céricos mezclados con hierro en proporción de 2 a 30 por 100.
Un gramo de aleación puede encender
de cinco a seis mil veces una mecha, y
se vende el kilo a 250 francos, aunque
su costo no llega a 6o. Un encendedor
consume de 6 a 1 gramos de aleación al
año.
Hay otras ligas de metales que dan
resultados semejantes como las de cerio
y magnesio y las de antimonio de hierro, silicio, boro y titano, pero tienen
propiedades diversas. En general, todas
e~tas aleaciones son muy alterables al
aire y a la humedad.

"'"'~MACIAa,

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Picados los ingleses a l ver que los jefes de cocina de los grandes restaurants
y de las casas ricas son franceses, van a
~tablecer en su Iustituto de Artes y Oficios una escuela culinaria a fin de remediar este estado de cosas, contrario a
su interés y m?rtificante a la vez para
su orgullo oac1onal. Pero es posible que
no consigan nada. El arte culinario es
ha sido_ y será siempre francés, porqu~
los cocine~os. franceses han adquirido
esta supenondad sin esfuerzo, a tra\'és
de los siglos y su maestría, fruto de nn
trabajo clarividente y razonado, uniclo
a sn genio natural ha desafiado siempre
toda competencia.
Según los historiadores de la cocina
numerosos y apasionados, el renacimien'.
to cu_linario tuvo lugar en Francia bajo
el remado de Francisco I, al mismo
tiempo que el renacimiento artístico
pero es pre~iso franquar muchos años
llegar _al re1na_do del Rey Sol. para que
la cocrna comience realmente a hacerse
importante ocupando un puesto entre
l:ts preocupaciones de los espíritus distinguidos.
Conocido es el apetito insaciable de
Luis XIV. "Ya no sabemos comer como
nuestros antepasados-decía, -nosotros
n'o .hace_m~ más que pizcar." Y según
Saint S1mon, el monarca engullia de ordinario, para cenar, cuatro platos de sopas diferentes, un faisán entero una
perdiz, una ensalada, dos grand~ lonchas de jamón, un trozo de carneros con
ajos, un plato de pasteles, frutas y huevos duros.
En aquella época las legumbres comenzaron a ocupar un puesto eo la cocina. EmJ?ezó a cuidarse ele la limpieza
y elegancia de la mesa, y se generalizó
el _u so de las cucharas y de los tenedores, que en la Edad Media eran artículos de lujo principesco.
El ilustre Vatel, que se suicidó porque no llegaban los mariscos, esde aquel
tiempo. El drama se desarrolló en Chaotilly. donde el príncipe Coodé daba en
honor de Lnis XIV fiestas qne le costa·
ban 6oo,ooo francos, Yate), que habla
pasado la noche sin dormir, desesperado porque no llegaban los correos con
el pescado, creyó que no llegarían nunca, y se dió tres estocadas, "no queriendo sobrevivir a tal afrenta." Sn amo le
lloró, J\1me. de Sevigné le consagró una
carta, y su nombre se hizo famoso en los
fastos de la gastronomia.
Pero el verdadero siglo de la cocina
es el xvm. El regente es un gourmet
emmente, y todo el mundo se ocupa ele
recreos culinarios, y la gastronomía se
pone de moda.

y

Ave. Independencia, 2.
Ap. 1722.
MEXICO. D. F.

JABON DE VERBENA
CALENDULADO.
(Obsérvem sus resultados duraate dos semanas)
ExQu1slta ayuda en
el tocador , J)OrQue es
una clentfflcacomblnaclón de las vlrtude• dulclflcantes de
Verbena y de Cllendijll,
Su u.o en oocoe oías
&amp;flrm a las ca roes y
embellece la tez, lm·
Partiendo la lozanía
y una vivlflcaclóo
perfumada, compara ble sólo con la Que
se obtendría de experto masaje dado
eon voluptuosos aceites or ientales.
Evtta y cura la
caspl\, los barros y
las enfermedades cutáneas, vl¡¡artza las
rafees del cabello,
delicioso para lavar
la cabeza y bañar á
los ntilos. Pr~clo de
la 11astllla SI 00, Por
correo certificado:

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En México: J . Lab11dfe Soe. co., Profe•a, 5-Jnh1tno•,.n, Félix Co., Avenida
San Francisco, 311,-J. U,hleln, &amp;oc re., 3a.
Rolíl'ar 2J.

El rey Luis XV es uo tragón de pri•
mera fuerza; la reina María Leczinska•
que es tan g lotona como su padre, Es·
tanjslao de Polonia, da su nombre a los
bocadillos "a la Reina," y los más grao·
des señ~res, imitando tan altos ejemplos
se apasionan por las cosas referentes a
la mesa. El príncipe de Condé da su
nombre a una sopa; Subise inventa un
sistema para guisar las chuletas, el d u·
que de Richeliu imagina la mayonesa
(antes mahonesa por la ciudadela que
asaltó,) Ja marquesa de Pompadour pre·
para filetes de ave a la Bellevue, y los
mismos filósofos, y los literatos, Diderot,
La Harpe, MarmQntel, Fonteuelle, etc..
se muestran tan gon rmets como las glo·
rias de la corte.
Los cocineros franceses se hacen famosos en toda Europa. Se los disputan
a peso ele oro, los señores se humillan
ante ellos, se emplean ardides para re·
tenerlos y para robarlos de otras casas,
y los señores más empingorotados tiemblan ante sus "cordon bleus." Algunos
cobran sueldos de ministro, y oo es raro
que los grandes "chefs" perciban eo
Londres y en París salarios de 20,000
franco~, sin contar la~ sisas. Est¡,s grandes artistas no se consideran como miembros de la servidumbre. Uno de ellos,

�BIBL!~'.~&lt;:A UNJV[P"!TAJ?IA
I ()" ' O F ' · o.;''
FONDO klCARuO LOVARRUBIAS

El Mundo Ilustrado

SI SU SENO ESTA BLANDO Y CAIDO

Si su Busto es Delgado
Para remediarlo hay un medio
Y la señora Helene Duroy 1 de París, posee sola el secreto de ello.

¿Por qué motivo ha tenido, cerca del sexo femenino, un tao grande éxito mi maravilloso descubrimiento para desarrollar
y endurecer el seno? ¿Por qué a despecho de mis numerosos imitadores (los cuales procuran siempre infundir confusiones para
su provecho respectivo) es a mí Helene Duroy, de Paris, a quien se escribe, a quien se viene a ver y a consultar para conocer
mi método y expt:rimentarlo? Es porque mi tratamiento ha hecho sus pruebas, es porque toda mujer cuidadosa y recelosa de
poseer o conservar un busto gracioso y bien formado, conoce o ha oído hablar de mi maravilloso descubrimiento, el cual (como
tantos otros) no tiene de descubrimiento sólo el nombre; mas habiendo probado en mí misma su eficacia rápida y durable, ha
procurado a millares de señoras, en Francia y en el extranjero, lo que más le faltaba.
El éxito de mi método hace distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo; mi método es el primero, sino el sólo,
verdaderamente serio y eficaz, capaz de transformar un busto delgado y liso en un busto bien formado y hacer recuperar a un
seno estropeado por la edad o por cualquier cansancio su garbo y su turgencia de antaño, y eso con un principio natural y sin
emplear procedimientos exóticos (algunos hacen de dichos procedimientos la base de su método,) Me atrevo a afirmar que mi
entusiasmo para mi descubrimiento es de lo más justificado y fundado.
Si tengo la satisfacción de poseer ahora, gracias a sus admirables efectos, un busto cuya perfecta simetría es de envidiar,
si un miembro de la Facultad de Medicina de Paris, el doctor Ceccaldi, ha querido honrarlo con su aprobación, considerándolo
"no solamente de una inocuidad absoluta, sino también muy eficaz para el desarrollo y la belleza del busto de la mujer," ¿qué
hay más elogioso y elocuente que las numerosas cartas de agradecimiento y satisfacción que recibo a diario? Usted, querida lectora, cuyo seno es blando y caído, o el busto es delgado, las que deseáis un pescuezo y una garganta más regordeta, leen detenidamente lo que sigue:
La señora F. P., calle Ma.qués del Puerto (Bilbao), dice: &lt;Como ya le dije en mi carta anterior, el resultado de su tratamiento es más que satisfactorio, pues mis pechos se conservan muy duros y bonitos.&gt;
La señora F. P .. calle Magallanes (Santander): &lt;Estoy muy contenta de los efectos de su Exube r Buat Developer.
Ocho días de tratamiento me hao logrado un aumento de tres centímetros en cada seno y van poniéndose duros como los tenía
antes de criar.&gt;
La señora E. L., Est. Molle (Uruguay), escribe: &lt;Recibí su tratamiento, Quiso antes aplicárselo una de mis hermanas, la
que lo hizo y con sorprendentes resultados.&gt;
La señora J. V., calle Aguiar (Habana): &lt;Tuve el gusto de recibir su tratamiento Exuber Buat Developer, y he tenido magníficos resultados.&gt;
Las señoras escépticas y desengañadas deben dirigirse á mí sin demora: mi descubrimiento las transfor!?lará; yo quedo gerente de sus buenos efectos.
,
Usted ha tardado demasiado y debe poner un término a ese hoy mismo y enviarme en una carta franqueada con 10 centavos el cupón adjunto, destinado especialmente a las lectoras de este periódico.
Enviadlo a Mme, Helene Duroy , 421 B , 12, Chauasée d'Antln . París.

PAPELETA No. 42 1 8. PARA INSCRIBIRSE AL METODO DE Mme. HELENE DUROY, PARIS.
La

aeñora . . .................................................. . .............. . . ............. . ...... . ...... .

Calle .......... .. ............. . ............... No ............ Ciudad y país .............. . ................ .

Confiada en el éxito de l método ele usted, y deseosa de aplicarlo, le ruego me envíe gratis los informes relativos
a su descubrimiento.

Cyr-Ajame, criado primeramente del
cura de Issoudum, concluye en jefe de la
cocina del grao Federico, que le guardaba muchas consideraciones, y declaraba que no comía a gusto mas que
cuando guisaba el "maestro francés."
La cocina se eclipsa en tiempos de la
Revolución, durante :.1a cual, escribe el
ilustre gastrónomo Grimod de la Reymere, no llegó un buen rodaballo al
mercado, y añade amargamente: '·Esto
basta para juzgar una época."
Bajo el consulado y el imperio los cocineros recobran su cetro. Napoleón,
con su sobriedad, y estimando que tres
francos diarios deben bastar para la visa de un hombre, reconoce y proclama
que saber ser "gourmancl" es una cualidad muy útil y que debe tenerse muy e11
cuenta en diplomacia. Cambaceres y
Talleyrand ponen en práctica laopini61J
del jefe, v sus comicias son verdaderas
maravillas.
En casa de Talleyrancl empezó a servir el famoso Caréme, el más célebre
quizás de los cocineros, que luego estuvo al servicio del emperador, del gerente de Inglaterra, y, finalmente, del zar
Alejandro I, quien en 1814, declaró a
Talleyraod que Caréme no le saldría
nunca caro, porque "le había enseñado
a comer." Aquel gran hombre dirigió
también las cocinas del emperador de
Austria, y regresó a París maravillado
con su genio.
En la época de la restauración, Luis
XVIII se muestra muy gourmand, y la
cocina francesa brilla resplandeciente,
conquistando pacíficamente a Europa.
Numerosos escritores la celebran, entre los cuales sobresale el gran Brillat
Savarin, autor de la "Fisiología del Gusto," es decir, de "todo lo que tiene relación con el hombre en tanto se nutre," libro único, en el que se encuentran máximas definitivas: "Dime lo que
comes y te diré quien eres." "Unos postres sin queso es una mujer bella a la
que le falta un ojo."
En tiempos más modernos no pocas
personas distinguidas se entregan con
ardor a los trabajos culinarios. Pueden
citarse a Rossini y a Dumás, ambos cocineros extraordinarios, y Carlos Monselet, que escribió al cerdo un soneto
en cuyos versos, traducidos literalmente dice cosas como éstas:
"Todo es bueno en tí: carne, tripas
(y grasas
Gustas en galantioa, se te adora en
(morcilla

Registrado como articulo de segunda clase en 3 de Noviembre de 1894.-

Impreso en papel de las Fábricas de San Rafael.

- - - - - - ----- - ----- - - - - - - ----- -------------- - -- - -- ------ ----Año XX. ---Tomo l.
MéxiGO, Enero 5 de 1913.

•

Cerdo adorable, animal rey, ángel
(querido..."

El cabeceo de los
buques, suprimido
Las personas propensas al mareo se
alegrarán al saber que un ingeniero alemán ha añadido un nuevo sistema a la
ya larga lista de inventos contra la referida molestia. Pero esta vez parece que
no se trata de una de tantas fantasías,
porque el aparato se ha probado en dos
transatlánticos, quedando demostrada su
eficacia para reducir el cabeceo de
los barcos,
El periódico berlinés "Lokal-laozeiger" dice que en el congreso de ioge·
nieros navales el emperador felicitó al
ingeniero hamburgués Herr Frahm,
inventor del "tanque contra el cabeceo"
y expresó la esperanza de verlo pronto
instalado en todos los buques.
Herr Frahm leyó una comunicación
demostrando con un modelo los efectos
ele su invento, el cual consiste en unos
tanques en forma de U, colocados en el
centro del barco, de babor a estribor.
El agua que contiene estos tanques oscila al cabecear el buque y neatraliza
el movimiento rítmico ele éste.
La compañía "Hamburg·América Line" lia decidido adoptar el nuevo siste·
ma en un vapor de 6o.ooo toneladas,
que está construyendo para el servicio
de Europa á Nueva York.
000

Lea Ud. La Semana Ilustrada

Las mujeres de Birmaoia son muy
aficionadas a darse en el rostro una ere·
ma especial que hacen con la corteza
de cierto árbol ele la región, reducida
a pulpa, y mezclada con un poco de
agua.

"Año Viejo y Año Nuevo. 11 Dibujo de Ant. Gedovius.

Número 1.

�DIRECTORIO

ja ni un desmayo, ve_n ciendo jornada~ increíbles, a través las que se pul:rlicaban, era una lástima el que no se pude los arenales desiertos, abriendo brechas-en las maledieran co~serv_ar por_,él mal estado en qué se recibían;
zas hostiles, curtidos por el sol ele los trópicos o por las
par.a ob,·iár ese ,inconyeniente, .esos artísticos dibujos se
ráfagas heladas del Norte, si n pan a veces, a veces sin
d.:irán en el inte(Íor \!_el periódico e_o planas especiales.)
SEM.\ X.~RlO DE .\C'.!'UAL(l)ADES, .\RTE y L11'El&lt;.\Tlll!.\.
c~lzado, siempre con snfrimientos y con privaciones,
E11_la parte int~ior del perióclico~eocontrarán los lecsiempre con valor.
tares una colabor~,_ció1) abundante y selecta ele las prinDIRECTOR PROPIET.\RIO
Los habitantes ele la ciudad no les han visto sino' en
cipales firmas de nuestro' mundo literario, firmas que no
L tC. ERNESTO CHAVERO.
la inacción de la paz , y no pueden ser testigos ele sus solo se conservar~n, si"no que se reforzarán con otras
claros merecimientos..\penas uno que otro domingo, pade n_o menos renombre que las que aparécen en este ní1OFICD&lt;AS:
sean, al cmdado de un oficial y formados en hilera. su · · meró.
·
ingenuid~d ruda y sonora de campesinos que estalla en
El uso ele los colores en el adorno y composición ele
3~ \:.al\~ d~ la Rinconada d~ San Diego No. 4 r.
risas a cualquier propósito; o en las vistosas paradas cívilas plana.~ les da un realce tan notable, que no eludamos
l elefonos:-:-Mex1cana, 20-85 N eri ·
cas desfila.o. átezados y sudorosQs, por las grandes a\'e•nien considerar esta reforma como una ele las más impor_ Ericsson,' 14:51
das, al redoble de los tambores y bajo la sombra de la
tantes para la publicación.
.\panado Po~tal 149.- México, D. F .
bande~a. En ocasiones, llenan el tendido ele la plaza ele
,\ tocias las secciones dedicamos nuestra atención , los
toro_;; o las galerías _altas d_el te,i.tro en uua solemuiclacl
teatros, las modas, el sport, la crónica social, y atende PRECTOS DE SUBSCRIPCION MENSUAL:
militar: a veces forman en corro a la puertá del cuartel
remos con especial empeño la inforr9-ación gráfica ele
En la Ciudad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
$ r.oo
en donde la música del batallón riega en el aire ele la
los principales acontecimientos nacionales y extranjetarde las notas ele valses y pasos-dobles.
ros.
(pagadero por adelantado.)
En los Estados ............................ $ 1.25
Pero esas son sus únicas alegrías. Fuera ele ellas,
f:a _sección de J?amas encargada como siempre á la
( pagadero por trimestre adelantado.)
·
las filas con sus múltiples exigencias, la ordenanza con
espmtual _Margan ta, tendrá una nueva presentación en
sus preceptos de hierro. la subordina-ción con sus mansus planas de modas, que -se ha modificado en beneficio
En el Extranjero ......... ·.... . .. . ......... $ 2.oo
datos inapelables; toda una vicia ingrata hech·a de paside sus -habituales le~toras, quienes con.tarán con más fi(paga.clero por semestre aaelantado.)
viclacl y de desprendimiento, oscilante entre el ocio forgmi~es qu_e an_tes, &lt;iolocados. artísticamente· y con elezoso del pa~io_y las durezas agobiadoras ·del servicio. ::-Si
gante apanenc1a.
.
~_lJ:'liEROS SUELTOS:
famjlia, ni h~gar: una ·mujer descuidada, agresiva y fiel.
. Tod_o esto y algo más encontrarán nuestros lect¿res en
En la '&lt;?apita!. .. . .. .
$ 0.30.
p&lt;;&gt;r_ i;ompañe_ra;" un chiquillo clesmeclrado, lagrimeante y _el pres~nte número y a su fina observació'u remitimos lo
En los;:Éstados. . . . . . . . . .
. ........... . ., o:35 .
suct&lt;?, por h1¡0; la prom1scmdad ele la cuadra por casa · qt1e hayamos podido omitir así como otras varias mejoras
En el ~xtraO:je¿o. . . . . . . . . . . . . . . , . . . . . . . ." 0.-50
...... eso es todo lo que el •'juan" tiene para su·. vida ·· que iremQs ofreciendo á _nuestros lectores en los próxi.\trasaclos ....................... .
" 0 . 50
afectiv¡i.
·
mos números las cuales esperamos sean de su agrado.
oo o
· En- nuestro_~uplemento Musical que repartimos una
_Para la publi'c.ación ele ~visos e~ ~;t~ periódico, di"riEl soldado ele 1~ tradiciones.de.! P.L~eblo. el que vi-· vez al mes, colabórai-án' los maestros ele más renombre
g1rse a B."&amp;\y. Goetsch~l, .:.!\v~~iqa, _1 6 -de · -Septiefr!bre..,
ve en los _cantos ·y las leyendas_ de las cl,ú,és'-infe¡1riores. , c,on_ píeias en su inayÓÍ:í~ ii:i"écl.itas· ó de gran ,boga e n el
16. Sus agentés en Europa, hi Société·· 'M utnelle ele Pu-·
el ~'jurrn..,'_.de n1éstras nar~aciones bélicas.· no es_" bello. _ ¡:&gt;~blico. ~cl:~ás,. cada me_s n_uestros subscriptores reciblicité, 14 rue · de Rougement~: {9 ef ', ,·
,· 1
_/ c1ertamen!e. N0 se_ :iseme¡_a a los palad1_1~es que eu .cua- •. b~·án_ una tncrofnía, 1;1ontad~ en elegante pas.~e--partout,
dr_os prestigíqsos _fi¡o _e l p111cel del rec1e_o muerto De-- . . y ot-rqs obsequios -.qt'fe tenemos proyectados, de los que
);O ~E
'D:!iVU:ELY:F.)\~
. ;.·O~IGIN.\LES:
.'"\ - , ,
ta1lle; no f&lt;_&gt;rmana en la falange gallardís1ma que. como
no haóla¡nos aún por no tener ultimada la manera como
uil hurac_;ín _ele victoda. Pª!\ª pó( las páginas_ emocionan-. deberán ha~hse'. : .-'
-. l
t&lt;;s de GeQrg_é s d ' Esparbés. tendid&lt;¡&gt; el airón del dsco al ·
Hablando -de ia parte admi~istrati\14, 'tenemos tambiéu
viento de la epopeya y reflejando en la acerada coraza
una grata noticia: el precio de nilestrh 'semanario no ,·ael sol del triunfo. No vigoroso si_no recio, más bien periará, seguirá siendo el mismo.
· ·
~¡uepp ele estatura, moreno ha~ta el exceso, con el rostro
De esta manera los ·foctores de -EL MU&gt;IDO ILUSv~c1il.do en el _mo_ld_e del grupo étui_co indígena, no
TRADO tendrán ilt&lt;luda_blemente farevist¡i. mejor y más
de segt'.r?, el rnd1v1duo de tropa mex1ca~o la fign:a mas
barat'; d_e la América Lati~a; correspondierpo al favor
-,► a pro~os1to para decorar los hermosos libros de 1mágedel pubhco que es el que nos ha Jlevaclo a éste envidia nes que. envueltos en papel de seda, van en estos días a
ble puesto.
.,.
-... ~·,- ~ - :Y ·Fugaz y rápido, tomo , empujado pof las curiosida contar a los niños ricos las hazañas del Gran '.\apoleón,
des ioquie\as y las esperanzas anhelantes que espiran, con
111 lograría se?ucir la imaginativa ele un pintor de bataNUESTRO SUPLEMENTO 'MUSICAL
la llegada del nuevo año, el advenimiento lleno-de enllas para que Je escogiese como modelo.
cantos de lo ·aesconoéiddt el mes de diciembre ha
Pero colocadlo en pie en la portada de nuestra hisCon el presente número repartimos a nuestros lecto terminado, cjes¡\e¡lido por el alborozado movimiento ele' toria militar; dejad allí de guardia, para custodio del
res una linda "GAVOTA" escrita -por el conocido maeslas posadas, por e!-ti'adicional regocijo ele la Noche Bue- acervo común de lágrimas y ele sangre. al "riflero de Gatro Don Rafael Gascón, titulada " iQUÉ' LI'.'\DA!'.'
\
.
na. por el repiqué 1de las campanas ele San Silvestre, por leana" al_indómito zacapoaxtla de pies descalzos y petoda esa alegrí&lt;!,, clflsbordante que, en la última quincena
cho descnhiérto, y veréis qué soberbia cariátide. Es él
del año, brot&lt;!, _e•í1, cánticos y villancicos, chispea en las quien con su humildad y con su arrojo, con su padeci'·
\
lenguas de fuegqde las lumbradas populares. florece somiento y con su intrepidez, con su sangre plebeya y pró·
(Para " El Mundo Ilustrado")
bre el azu/ profu~do &lt;;!el cielo en la lluvia de oro ele los diga y su carne de cañón desnuda y dolorosa, ha hecho
cohetes, a rde en todos los ojos y canta en tocias las el pedestal sobre el que se asienta el prestigio• del ejérbocas.
cito nacional.
Hace ya mucho tiempo que ella huyó clf. mis predios,
En fech&lt;.!_S como" éstas, diríase que la felicidad-amable
Refiere de Goncourt en una de las efemérides de su
y sin embargo no he podido olddarla. siempre, aun cuando sea la modesta y efímera-debiera "Diario" que el comandante Riffaut--que hizo en MéYo era un pastor sencillo y manso cori¡._o mis ovejas.
dejar de ser egoísta privilegio de unos cuantos, para con- xico la campaña intervencionista y que había visto fusiY eran entóÍlces mis ovejas como mi:;. ilusiones: blancas.
,·e rtirse en ris'ueño patrimonio colectivo. Parece como lar a individuos de todas las nacionalidades-le contó
Alegre y jovial apacentaba mi req¡iño, y en él cifraba
que, enorme'·o pequeñísi,mo, estruendoso o recatado, el que los hombres que, ante el pelotón de ejecución mostodos mis cariños. En las tardes, me ·reclinaba sobre un
júbilo hubiese de corresponder, por derecho propio, a
traban el más estupendo desprecio de la vida, eran los
tronco musgoso y tocaba en mi caramillo una sónata cotodos, para que lo mismo los selectos acostumbrados a la mexicanos, en quienes, más todavía que en los árabes,
nocida de mis ovejas. Ellas se me acercaban presurosas;
abundancia que los humildes desposados con la escasez, era imposible descubrir ningún signo ele debilidad huyo empuñaba mi cayado y las llevaba al apriscó.
mana,
ni
siquiera
la
casi
imperceptible
palpitación
de
recibieran el don supremo de serenidad, de paz y ele
Sucedió que una tarde, bajo el último-desmayo del
consuelo que, p&lt;ir _bréves instantes, daría a muchos, por la arteria del cuello que él había llegado a sorprender
sol, a tiempo que llevaba mis ovejas al redil, apareció e n
en
los
hijos
del
desierto.
lo menos el cel~t1al olvido del desencanto y del dolor.
•mi camino una pastora, más blanca ella qbe los velloPues unid ese valor indómito que desafía el peligro
Un seµtim¡ento ele justicia instintiva, de equidad no
nes ele aquellos animales. Y seguidos juntqs por el mismeditada, intenta borrar los absurdos distanciamientos y no se altera ante la muerte a la inverosímil resistencia
mo sendero, y una sóla fueron nuestras almás, y nuespara las marchas forzadas, al vigor corporal que reta al
sociales, que resultan impíos en ocasiones semejantes. y
tros corazones uno sólo. Y desde entonces fueron de
finge acer~r. siquiera en espíritu, al que disfruta de to- hambre y a la sed y no se cuida de las inclemencias del
ella mis rebaños: mi rebaño ele corderos y mi rebaño ele
cio y el que nada posee.· La divina Caridad, que es el clima, a la obediencia ciega y el respeto sin l_ímites para
ilusiones.
amor en la más bella de sus formas, suele llegarse al el superior jerárquico. prendas todas que en el curso de
Yo no conocía el mar, pero en sus ojo~ pude adivinartugurio del deshereda¡lo, al lecho del enfermo, a la celda nuestra atormentada tragedia nacional ha puesto de relo, y naufragué en ellos muchas veces.' Tan bella era
del preso. lle,·anclo la dádiva generosa en las manos y la lieve constantemente el soldado mexicano, y decid si no
que hasta mis ovejas me olvidaron por ella. Ya sólo a
sonrisa ele la sinceridad en los labios. Infelices hijos del es acreedor a que el sentimiento público ofrezca de vez
ella la seguían, y la voz de sus labio~ era para ellas más
arroyo hay que por algunas almas buenas tienen en es- en cuando una muestra de afecto. a quien tantas ha dadulce que las inás dulces notas de mi caramillo.
do de una virtud guerrera que va sin vacilar hasta el
tos días vestido para su desnudez, pan para su hambre y
Cuando ella apareció en mi sendero, éñ los campos
un juguete p¡ira su tristeza. Porque aun hay sobre la tie- holocausto.
lucía el verano la magnificencia de' sus galas. Los árboPara el hombre, que por los demás lucha y mnere,
rra amarga q_ui,.nes con la inefable Bondad endulzan la
les estaban cubier tos de frutos, y los, rosales de rosas, y
negra corriente de la aflicción humana. No son legión; para el "juan" olvidado y glorioso, e l aguinaldo que se
les niños de pájaros.
pero exist,n y pueden contarse, seguramente, entre los le envía no puede ser una recompensa de sns esfuerzos.
Mi a lma estaba ·uena de ilusiones b lancas y mi coraAcaso, acaso no sea más que un merecido tributo y una
más dichosos de este mundo.
zón de mansedumbre.
pequeñísima compensación.
' o o o
Se fué lentamente el verano. La campiija se cubrió
De esa pie,da,d qu~ improvisa satisfacciones risueñas y
de tristeza; las rosas, ya marchitas, rodaron por el suelo.
FRANCISCO
M.
DE
OLA.GUIBEL.
Y las avés abandonaron sus nidos. Y una.tarde-qué dofiestas ele intimidad para . los que sólo conocen el lado
negro de la existencia, nació la idea del aguinaldo del
Jór me da ese recu"erdo!-la pastora blanca, más blanca
que los vellones de mis corclérillos, se fué por un recodo
soldado. A toda prisa han venido arreglándose cincuenta
de la sierra, en tanto que copiosamente caía sobre mi
mil paquetes, destinados a otros tantos hombres, con caespíritu una lluvia de sombras.
jetillas ele cigarros, un puñado de golosinas y algún obSe •fué como~una golondrina a quien sorprende el injeto que pueda ser útil en las penalidades de campaña o
vforno. Mis rebaños también se fueron tras ella: mi reen la tediosa vida de gua1nición. De esta suerte, el año
"El Mundo Ilustrado" en su último número cor responbaño de ovejas y mi rebaño de ilusiones. iQué tánto la
nuevo brindará alguna dulzura al abnegado servidor de
la ~ación, alejado-del nativo terruño y rendido de can- diente al año de 1912, ofreció a sus lectores grandes meam!(rían mis ovejas que, por seguir en pos'de ella, abandonado y triste me dejaron al borde del camino!
sancio por una, lucha prolongada , Y cruel: así un halago joras, y consecuente con su promesa, las inaugara desde
Yo fuí bueno con ella; yo no la hice mal ninguno ....
de cariño irá ~..tffre~car la fatiga de los que brava y si- el presente número.
Como verán nuestros lectores, la presentación del seMis esperanzas tambioo huyeron apresuradamente. Y
lenciosamente· se sacrifican en las desoladas estepas sepa medida que anochecía solire los campos, se inundaban
tentrionales o en las abruptas serranías del Sur, sin más manario ha sido notablemente mejorada, tanto en su aspecto
general
como
en
su
formación
interior.
ele tinieblas las soledades de mi espíritu. Sólo y tacitursatisfacción en el diario-combate entre hermanos que el
Por Jo que hace al forro, ha sido cambiado con dos
no me quedé en el sendero. V¡,lvieron después muchos
apego a la c\i$~iplina_inexorable y el cumplimiento mudo
objetos:
en
primer
lugar,
el
forro
.
de
papel
blanco
es
· veranos;_ las campiñas se inundaron de galas) y en vano.
del deber.
·~
'·
.
.
muy·
debil
y
no
proteje
·al
periódico;
esta
protección
de-·
con los..ojos inmensamente abiertos, he explorado el ho¡Pobres §ohlad9S u.uestros, desconocidos y esfóicos!
rizonte.
•
·
i Pobres héroes aoóriill)Os S!P lauros y sin gloria! Con la be ser u no de los objetos principales ele la cubierta, y
esta
reforma
responde
al
deseo
de
la
mayoría
de
nuesElla no ha vuelto a aparecer en mi senda ..... .
resignación ele una raza impasible,· con la sumisión de
tros
subscriptores
foráneos
que
recibían
sus
ejemplares
quien lleva en la sangre muchos siglos de obediencia.
F. RESTREPO GO~lEZ.
aceptan la inmolación obscura y van a ella , sin una que- en mal estado. (Además, dacio lo artístico de las carátu-

E_L MUNDO ILUSTRADO

.

,,

~

_

..

e:

-,.EL .AGUiN,ALDO DEL SOLDADO.

GEORGIC'-A

1.

•

H abla Abril: ¡Hiende! .... ,. itaja!. ..... no des tregua a tu brazo hermano mío; bien pudiera suceder por nuestro mal que diéramos cima demasjado tarde a nuestra empresa; resta mucha nieve todavía ...
una desesperante blancura nos envuelve, oh Marzo, y Jo temo todo del In_vierno. Paréceme escucharle; creo
mirllr cómo rebota ele copo en copo el siniestro ulular de su elegía ...... ¡taja! ¡hiende!
T'tl vez bajo el cristal que la cubre nos está escuchando. Deseadalcomprendes? quizá sigue nuestra faena
paso a paso. temerosa de morir si nuestros brazos desfallecen. ¡Sentir la proximidad de la vida! escuchar, como escuchará de fijo, que los primeros nidos y las primeres flores la llaman; se apresuran a celebrar su advenimiento . . .. . . iy no poder moverse, contestarles! ¡y consumirse de temer si no podremos destrozar el velo
de nieve que la cubri:! i&lt;:S horrible! No des tregua a tu brazo: la sola duda la matará en su broche.
Es cosa terrible mirar la extinción de los viejos; yo he visto otra ocasión languidecer la Primavera, al
Estío y al Otoño, sin blasfemias; una extinsión doliente, sí; pero sin transiciones ni odios; en tanto que el Invierno. En Jo alto del ventisquero Je ví, aferrado a la vida su cuarpecillo canijo; a la vida que por momentos se
le escapa, y arrojando con increíble actividad puñadas de nieve como si quisiera sepultar para siempre a mi
prometida ...... más .... . . más ... _.. ¡Loco!/ Que haría la tierra .... . . que harían las mariposas sin su
Hada Benéfica ...... s in la Primavera? No Jo sueñes Invierno; vela por ella el Sol ele quien es hija; el Sol
que, anciano como es, ama castamente a la Tierra, anciana como él. Se aman, se besan ...... iy ese beso
engendró a mi desposada! Arroja tu ventisca ...... ya vendrás fatigado, cuando mi Bella Durmiente en un
amplio ademán de sus brazos salude a la vida, a pedirla un abrigo para la ruina de tu cuerpo ...... Entonces, entonces .. . ... como la fe l icidad y la compasión son gemelas, ¡implacable Invierno! lecho de rosas ten·
drá la r uina de tu cuerpo. Será nuestra venganza y tu mejor castigo.
Marzo, hermano mío /te sientes fatigado? idame el zapa-pico! yo no conozco el cansancio; cuando mi
labor termine, veré a mi prometida enjugar mi faz sudorosa. Después ...... el primer retoño, la primera
flor y el primer nido en donde se agite la vida, susurrarán en mi oído el misterio de la creación. ¡Venga el
zapa·pico! Aúd ...... aúcl .. . .. . aúd .. ... .
No Invierno; no cejaré, pues no tiene eco en mí la paz de que habla tu elegía; soy joven y mis venas,
mi ser entero se agita en espasmo misterioso al solo anuncio de la Primavera. Maestro de la engañifa. ¡Venga tu ventisca y recúbreme si puedes! como ser quien soy te juro que estás l ibrando tu b.italla extrema; y si
Deseada me. cree, o será eterna de hoy más, o se interrumpirá la creación en plena epifanía ele Primavera.
Venga rápida tu ,·entisca. que también vá de prisa mi azadón. Aúcl ...... aúd ..... . aúcl ..... .
En las ramazones de los á r boles escuetos, como en inmensa pauta se prenden ya las últimas notas de tu
elegla doliente ...... ¡canta! icanta! que yo siento a mi vez en cuanto me rodea la nueva vida; en la yema,
en el retoño y en el broche, vagando van los prístinos acordes de la sinfonía primaveral. ¿Sientes palpitar la
nieve, hermano mío? es que la Bella Durmiente los escucha también ...•.. Aúd ...... aúd ..... .
¡.\ leluya! ¡mi amante P rimavera despertó! ¡Háblame Deseada! háblame que aunque todo lo que rodea
te nombra. a tí, solo a tí he ele creer. Mira ... . .. sobre las ondas se acercan las eternas, las jocundas golon·
clrinas y en sugestiva parlería te dirán como siempre, yo no sé qué discreteos, iOh mi Bella Durmiente! el
"madrugador," el "cardenal." el "zeutzontli" y e l "turpical" escorzando sus cuerpecitos preludian para tu
regocijo sus canciones criollas ... . .. Ven Primavera, que tu día llegó ...... ven ..... .
Invierno, ipobre abuelo! be aquí q u e la nieve que para sepultarla destinabas, convertida en arroyuelm&lt;
va despertando por las sementeras a la vida adormecida. ¡Pobre abuelo . ... . . bien castigado estás!
Pero ¡qué! ¿es que tiemblas aún mi Primavera? ¿suspiras?., .... se qimprende. Rememoras el Estío que
deshojó tus flores y el Otoño que march itó tus galas; rememoras acaso el-girar de las bojas secas que precedió a tu sueño; el velo níveo q u e amortajó tu cuerpecito cuando aqnel día de diciembre musitó en tu oído
"Duerme; ya vendrá abril a despertarte ...... " pues abril soy ........ posa en mí tu cabeza; de hoy más te
juro que o has de ser eterna. o se interrumpirá la creación en p lena epifanía de vida ..... . ¡oh Primavera'
;\l éxico, 1913
Para "EL:\l U:--DO ILUSTRADO'
MARCEL!t&gt;,O DÁvAr.os.

�Vamos ppr el jardín.......
Para "El Mundo !lustrado."
Ebrios de luna ,·amos por lrt seuda
florida del jard(n, entre e l marchito
oro otoñal de la hojarasca .. . . Un ~rito

CtrA:Sf)O E:&lt; LA CAU.AU.\ XOC HE, OIG,\S LE\'E RUIDO·
XO TE\IAS, QUE ES EL ROCE DE UN BE~O QUE TE ENVIO. DESDE EL LEJAN O DESTIERRO EN QUE jAY 1 PEN,I NDO \'l\'O,

El, te dirá las ansias que tengo de \'Olver, para admirar tus gracias, rendido de placer: él, te dirá mi pena , mi

..

Señores abogados y notarios que celebraron con un banquete-el fin de año.

.;·

Señor comodo r o don Manuel Azueta, quien acaba de ser condecorado por la sociedad Vera cruzana como reconocimiento á su lealtad
y cariño al puerto .

de pájaro se"escucha . . . . La leyenda
de la eterna ilusión en tu alma toca.
la penumbra complica tus sonrojos,
y a l múrice divino de tu .boca
se u(\e la noche inmensa de tus ojos.

-~ u estros cuerpos se juntan en uu ansia
de connubio; mis manos dan tortura
a "la alba ininia1'ura '
:
de tu mano, y las flores en los rostros
ponen sus latigazos de fragancia ..... .
Sonámbulos, sintiendo que se abren
en n uestros seres todas la.~ quimeras
t·omo los ast ros todos en el cielo.
deteniendo a las horas pasajeras.
vamos por el jardín .... . . Un mismo anhelo.
un gran anhelo excita mi fiereza,

Un hermoso momento de la Kermesse de caridad efectuada a beneficio de las víctimas de Acambay.

agrava tus-·asombros
y ocu Itas. tu cabeza
én el nido candente de mis hombrGs . • ..
Vamos por el jardín que no importuua
ni un paseante, ni un ojo zahareño . . ... .
Vamos por el jardín ebrios de luna
como se va a la g loria: 1 •
cogidos d e la mano del ensueño .... . .
]OSÉ DE

J.

lucha infantil con confetti, en la kermesse de caridad.

tristeza y desconsuelo-cuánto sufro en otra tierra, cuánto lloro eo el destierro. Las horas que transcurren, a
siglos se parecen, las m ujer es y las flores para mí encantos no tienen- los pájaros no cantan , los prados no florecen- y- todo es tri5te y mudo en mi soledad perenne,
cual árbol abatido, que ya ni hojas tiene.
Yo sé, que tú me dirás. que también ,·ives p1&gt;nando:

NúÑEZ Y DO~IÍNGUEZ.

pero yo, ¡estoy tan lejos!- y tú, siempre está.~ mirando
los lugares y veredas de mi suelo idolatrado, los riachuelos y las fuentes_ que juutos miramos y donde ;ay! te recuerdas tantas siestas descansamos.
Hoy que mustio y desolado, tras el mar sufriendo ,·ivo,
soy espectro del pasado, soy la esencia del martirio: soy
la sombra del misterio que a l imenta mi ilusión- y que
existe para amarte }' que anhela retornar, hacia aquel
suelo divino, con deseos de mirarte, de quererte, ck b esarte, con frenético cariño santificado de amor.
1'Iientras tanto, si la brisa te besa con dulce anhelo, es
mi alien to, que acaricia la hermosura de tu rostro con
un beso: desde la distante playa, ea que a diario te envío ese grato mensajero.
Jamás creas qne te olvido, ui que te pueda olvidar - porque todo mi cariño es tuyo y de mi hogar, porque todos
mis anhelos los cifro en recordar tus encantos y prodigios. que deseo nuevamente contemplar- como a.ntes para q uc se harten mis ojos de ese constante aohela'r.

f

-

.,-✓

El sé ño r Lic. don Fra nci s co L. de la Barra y un grupo de caballeros , del distrito de Chalco , ~u.e le ofrecieron un banquete por su feliz
éxito en las elecciones de gobernador del Estado de Mex1co.

'
Grupo de niños participantes en el concur so de belleza infantil que formó parle de las fiestas de caridad efectuadas
el domingo último en el tívoli.

Caballeros organizadores de las fiestas de caridad
. \sí que uo temas nunca que muera tu recuerdo porque vivo junto a ti aunq ue llore en el destierro: porque
la sombra tuya delante siem pre lle,·o, como ángel de mi
guía y móvil de mi anhelo.
Oiré gemir en celdas. a hombres inocentes- -y mientras el asesino se burla de sus penas, como sarcasmo eterno a pobres indigentes; romo inicua afrenta a los que
nada tienen.
Todo eso yo verf. por donde quiera que vaya. que la
justicia es la misma, desde el tiempo de Sesostr es y será
mientr as la haya. Mas no temas que te olvide, dulce ausente enamorada; que estas mismas injusticias me hacen
llernr la mirada. hacia algo noble y santo. que es tesoro
de tu alma , que es recuerdo de mi vida ,, esperanza d e
mi ansia
JOSE RODRI(;lTEZ F.\TLDE.

�EN HONOR
DE LOS

MARINOS

-·fRANCESES
.\sistentes al 'baile ofrecido en el Círculo Francés,
en honor de los oficiales y cadetes de la marina francesa que visi!aron. nuestra
capital la semana pasada.

LA SUl]'RTE
•

-.-Señor comisario: Voy a matar a mi esposa con la misma tranquilidad que ella tuvo para engañarme. Le es·
cribo porque deseo -dejar constancia de mis propósitos.
La causa que me o~liga a obrar así, excluye;- después
de bien comprobada, todo género de razooarr¡ientos. Por
eso ni siqúi'era h11 'peilsado en hacer lo que Bergeret, de
"El Maniqui de mimbre," cuya _risueña· filosofía sólo
puede concebirse teniendo eñ cuenta su ambiente y su
edad.
•·
_
Yo no soy víejo,- ni soy profesor.ni tengo hijos. Es má~:
yo no cometo el crimen porque haya visto mi ideal degradado; oi porque me haya sentido cubierto de oprobio..
:\fato senciJlamente porqu~ me han puesto eo ridículo.
Esto le explicará a usted quizás el aspecto ecuánime de
esta carta ,c1.úi, ·.a pesar de su oaturnleza, tiene la tenuidad de UD hálito.
Quierctque se¡fa usted también que yo me casé con
mi mujer porqu., la amaba mucho. Ella sabía, cuando
contrajo·matrimonio, que yo no la imponía más obligación que ui:ia: no dejarme en ridículo. Como era rica,
joven y. heonosa, resultaba en todas partes la más simpática, la más ''.-chic,:• la n:ás interesante. Viví feliz con
ella cinco años. Hasta.hace poco que recibí uD anónimo
delatándola. El anónimo es lo de meuos. Lo peor es que
,mteayer- entre a una agencia·a cbmprar billetes de lotería· se habí.airacabado. Un señor se llevaba el último. Era
el ; 8,854, · Por_la noche al llegar a casa lo ví en manos
de mi mujer. ,'N'ó cabía duda de que me engañaba.
Ya lo sabe ustetl t&lt;&gt;&lt;l'9. ¡.\h! se me oh'idaba decirle que
los detalles de este drama íntimo no quiero que trascien·
dan , aunque he"de suicidarme y después de muerto me
importa un pito d~ la humanidad. Le estrecha la mano.
- JORGE Lu1&lt;Cl).&gt;,'l'EL.
Escribió- el sobre y se disponía a llamar un mensajero
para mandarla carta a su cl~stino, cuando_ oyó que se
abría la puerta del dormilono. Era Engeom. Vema con
un vestido ~e bebé. ~ medio hacer en la mano. Dijo bulliciosa:
.,
- Ven aqui, querido. Tengo que darte una _buena noticia. Pero ¿ qué es eso ? ¿qué C,Lra de reo llenes hoy &gt;
¿Te duele algo? Habla ...... Por Dios, ¡habla! En seis
años de ma'.trimonio-,mnca me has mirado asi.
Le tomó la cara entre las mRnos; le dió un beso. El
estaba pálido., mudo. La sangre le subiét ;1 las ~ienes. le
ahogaba.
•
.
Ella continuó, sentándose en sus rodillas:
..
- Te ;idoro, Jorge, y la menor de tns preocupaciones
constituye para mí un infierno. Hace días queteenc_uentro muy serio, desprectal!rn, brusco ..\yer para pedmnc
un pañuelo me asustaste..\hora ,·engo a verte. a pregun- ·
tarte qué fé pása y no me contestas. .-\hora ...... que
vamos a tener un hijo.
Se echó a llorar inclinS.ndo la cabeza sobre su hombro.
.\sí esturn largo tiempo. Jorge sufría horriblemente . i Lo
que era la hipocresía humana! De un golpe_ la arroJÓ al
suelo. Corrió a buscar el revólver que hab1a de libertarlos a ambos de aquel suplicio ,. tropezó con un pcrió-

•!'•·

-~
-..
~; ·: ·.

Especial para "EL MUNDO ILUSTR,\DO ..

,,...
l·.l Comandante Grasset, jtfc &lt;lel buque-tScuela "Jeane d'.\rc"'. de la mariua francesa que ancló en
aguas de Veracruz la semana pasada. - Oficiales)' cadetes rlel ·'Jean e d'.\rc' '.. que
dsitaron 11t1&lt;;slra ca pita l.
dico que Eugenia guardaba bajo las almohadas de la
cama. Una fnerza irresistible le impelió a fijarse en la
lista de la lotería. Vió que el premio ma_,·or correspondía al 18.8.)4· Se serenó acatando ,rquello como una fatalidad salrndora
Volvió al comedor. .\ún estaba r. ngenia tendida a los
pies de la si Ua. Preguntóle ·
- , Por qué no me has dicho la rnrdacl? ;Infame!
Eugenia ignoraba de qué se trataba. .Repuso sila beando:
-Yo venía a decirte que. me perdouaras. He 4uerido
conocerte mejor, a costa de sufrir las consecuencias del
procedimiento. El otro día fingí un anónimo escarneciendo mi honra para prob:tr tus celos y con &lt;:!los s1 realmente me querías. • Venía a decirte esto y a decirte
también que nos ha tocado la ¡¡rancie. Te amo. Jorge, te
amo .

111

uiu11111111111111111111111111111111111111111111111111111111

Jorge recordaba a aquel hombre misi!!rioso que necesariamente tuvo que haber dado el billete a Eugenia y
nuevamente se sintió morir. ¿ Para qué quería el dinero
si todo el mundo lo sospechaba ? Eugenia exclamó:
Si. nos ha -tocado la lotería. .\quí tengo la prueba.
Trajo el diario, Señaló las cifras con el dedo. Losojos
dé Jorge, sin saber cómo, se fijaron en una noticia que
;,staba i11sertada más arriba y cuyas titulares decían:
·· Falsificación de billetes." Leyó un párrafo. Se rió. El
billete de Eugenia era uno de los falsificados. Ella, al
saberlo. siguió llorando. Él siguió riendo. No se compreo&lt;lían. Por fin, Jorge sacó la carta del bolsillo y la
rompió, pensando que sin tocarle, le había tocado la lotería . .\braz6 a su mujer y bendijo su suerte.
j E.

BAHANDA lcAZA,

-

E~ la estación predilecta: la que más se ama porque se acuerda largamente con la más bella edad de la
vida; el marco florido adonde se encuadra bien el cortejo purpúreo de la alegre juventud. Es un arco de triunfo levantado en las lindes de los tiernos jardines primavera les y que mira hacia senderos tenuemente velados
por la melancolía de los otoños pacíficos toda,·ía lejanos y cuyos crepúsculos parecen demorarse en horizontes de sneño, con la vaga angustia de un deseo que no quiere morir 'No encuentro. para caracterizar con
fortuna esta briosa juventud del año, nada má~ expresivo que esas alegorías portentosas de los coloristas venecianos, en cuyas telas es tan pura la 1oz, que finge recelar en su quietud extática, el temblor de un dinamismo irrefrenable, y adonde el aire es luminoso y ligero, propio para echar a volar las mariposas mnltiala·
das de la esperanza y de la fantasía.
Así se levantan las alondras de los snrcos recién abiertos en jonio y parecen desenredar con sus patitas.
en la fuga del vuelo, los hilos de oro de la ilusión, de las dulces promesas, de las risueñas esperanzas jamás
cansadas. La actividad ele la tierra, generosa y fuerte como una madre fecunda, traza en todas partes afirmaciones de vida que estimulan a imitarla. Toda se convierte eo arrullos, en trinos y perfumes. Las mañanas
se antojan tocadas de azahar y la pervinca erige sus moños azules para el traje blanco de una ideal desposada; las noches abren sus cien mil ojos diamantinos y bendicen con sus miradas los suspiros de los enamorados, el conmovido silencio de los amantes felices, el perfume de las rosas que blanquean en la sombra de los
jardines como senos que se ofrecen, mientras el hermano ruiseñor, borracho de aromas y de luna, ejecuta
una sonata de Beethoven en las cuerdas invisibles de su violín.
Pero las favoritas de la gloria estival, son las nubes, las maravillosas nubes que B1tudelaire amó tanto
Son las buenas nodrizas de la tierra y por ellas se cubren los campos de rosas y de mieses, en tanto que los
vientos modelan sus arcilla~ multiformes, ricas de floras y de faunas antropomorfas. Saben trabajar y agradar:
son J¡¡boriosas y decorativas; saben desquitarse de su tarea; son Sulamitas y Samaritanas. En los yermos refrescan las cuencas enjutas donde los caminantes pegan los labios mustios de fatiga y de sed y todavía tienen
tiempo para -vestir de sedas lujol'as las lejanías de los ponientes pensativos y de armiños impolutos la frente
solitaria de los volcanes.
'No hagáis caso del mal de otoño mientras viváis en la estación .florida, mientras reflejéis en los ojos algo
de su luz, mientras sintáis en el corazón uo soplo de su ardiente alegría. Es la edad casi divina por excelencia, plena de juventud. de entusia~mo, de amor, de todo lo que hace grata la vida. Con razón el enorme
Shakespeare pone en los labios de Titania, estas palabras aladas como las de las diosas: "Soy un espirito de
rango superior y un perpétno estío reina sobre mi imperic ..
RAFA&gt;:r.

LoPi-:_z.

�1. _.,.

El señor don Gilberto :\-Ioraigoe era uno de los hombres mas estimados en la comarca. Se amaba a sn familia en aquel r inc6u de hella tierra de Lorena; se hablaba con respeto del "Castillo," la gran casa rosa que, de
lo alto de nn montículo verde erizado de grandes encinas, dominaba los campos y los bosques de los alrededores ele Fresnes. Jamás se había sabido que se fuera
con las manos vacías un pobre que pegara su cara a
los barrotes de la verja de entrada. Las señoras Moraign~, como se llamaba a la abuela, la madre y la hija,
tr_es siluetas :11ta5 con los cabellos blancos, g r ises y rub10s, respectivamente, no se ocupaban más que de obras
de beneficencia: cuidaban a los enfermos y recogían a
los huérfanos.
La uni6n de esta familia era completa , edificaba a
todo el mundo; los pueblos y las ideas vecinas se sentían orgullosos cou la proximidad del "Castillo." Cuando, para elogiar la santidad de nna mujer o la bondad
ele un hombre se buscaba un punto ele comparación, se
decía: ¡Como los l\Ioraigne! _\ la historia se unía la leyenda: se decía que el señor Gilberto se había arrojado
a la cabeza ele dos caballos desbocados y los había detenido a dos pasos de dos niñitos, los cuales hubieran
siclo muertos infaliblemente sin su socorro. En cuanto a
la señora Moraigne. la abuela, había chupado el veneno
de una picadura de culebra en la pierna de una leñadora. Ademas, el señor Moraigne, que formaba parte
del cuerpo de Franco-tiradores en 1870, había sido herido por nna bala en el pecho, y la cinta de la Legión
de Honor, que llevaba en el ojal, cubría el sitio preciso
de la herida. marcándolo, con una mancha de sangre
roja.
Una noche, el 31 de diciembre de 18 .. , el señor cerró las maderas de las puertas ele su biblioteca, cuyas
ventanas daban al jardín lleno de luna, revisó las puertas de la casa para asegurarse de que estaban bieu cerradas, y, con e l paso firme de un hombre ele cuarenta
años, que procuraba dulcificar para no despertar a la
señora, se dirigió a sn • recámara. Despues de.. desnudarse, se bañó en agua fría según el método del padre
Kneipp y se metió a su cama, pero uo pudo dormir.
Una gran mosca, cogida en los pliegues de sus cortiuas,
susurraba; y ese susurro cootínuo llegó a importunarle
como el va y ven de un pensamiento fijo. Se levant6 y
abrió sn ventana, esperando que el insecto saldría, pero
no [né así, y lo peor fué que no podía distinguirla ni
c~n la vela encendida. Cerró de nuevo la ventana, por
que la humedad le producía en la espalda una sensación
de estuco fresco. Vol\/ió a acostarse y oyó de nuevo a la
mosca; zumbaba como un trompo alemán; debía ser una
gran mosca.
Sus ideas, excitadas por el insomnio, se pusieron a
batir las ala5 y a zumbar al unísono. Llevaron al señor
Moraigne, por una sucesi6n de ideas muy natural, ~
hacer un pas·eo al rededor de sí mismo y a pasar revista
a sn jornada. No estaba satisfecho ele ella; había sido
uno de esos días vacíos y estériles, vividos sin bien ni
mal, pero empleados siu ningún esfuerzo en favor del
bien ni gran trabajo, y que dejan la sensación y casi el
sentimlento del tiempo _perdido. Trataba de encontrar
una compensación, una pequeña euergía puesta en acción, una orden útil dada por él, una lectura saludable,
o tan solamente un paseo prolongado e higiénico, como
los que se imponía a menudo, pues reconocía sus deberes para consigo mismo, y colocaba en primer sitio la
conservación de su salud viril y fuerte. Pero no hallaba
nada que valiera la pena de ser recordado; y esto le humillaba y le apenaba no poco, porque tenía un alto s~ntimiento de la responsabilidad individual; creía en e l
bien y lo quería activo, constante, desinteresa.do. C'lo lo
mezclaba con ninguna sanci6n religiosa, sino que era en
él una intuición ca~i ferviente del deber cumplido por
él en primer lugar.
Meditó, y mientras tanto la mosca invisible . zumbaba
continuamente:
"Soy muy rico, muy feliz en mis afectos, mi viejo padre y mi madre vieja viven aun; tengo t11la buena salud, mis bie11es son grandes; no debo nada a nadie y mi
independencia es ¡tbsoluta, puesto que qe rehusado todo
cargo político. N_o soy un mal vado; lejos ele eso. Tengo
defectos, sin duda, como todos; pero i-esutnienqo no
tengo mucho .que reprocharme. ¿De dónde viene entonces que esta ·noche, después ele un día como- cualquier otro, s~ento este mal~tar que no me es ,:!esconociclo, puésto que lo he senticlo en otrns noctíes ele in-

somnio semejantes? Por qué estoy triste, por qué me
siento solo, por q11é me descubro repentinamPnte dp•:graciado!"
La mosca 1l0 7.tu.nJiaba p. Tendió la oreja, espiando,
como si hubiera ·po-clji't,¡i oirlas, las respiraciones de su madre; de su mujer Y-~~n hija, detra5 de las paredes; sintió
una placidez que le enterneció. De el las no le venía
más que sonrisas, gracia reconforwnte y \'irt11d serena,
ernn sus "Santas" como él les llamaba, Reposaban en la
paz justa, irreprochables. El continuó:
"Por mí sólo, por mí sólo sufro y no por los demás.
Siento el alma pesada como si hubiera obrado mal. ¿ Pero es que no vivido hoy, poco má.5 o menos. como los demás días?"
Entonces, hizo sn exámen de conciencia correspondiente al tiempo transcurrido entre la hora que se levantó de sn cama y la en que volvió a ella, buscando escrupulosamente manchas y agujeros en la trama de aquella
jornada. Descnbría aquí y allá cosas dudosas, esas huellas _que dejan en el alma los gu iñapos de los ma los pensamientos:
.
"En primer lugar, dormí demasiado esta mañana. En
vez de levantarme con el sol me estuve desperezando
debajo de mis sábanas; es cierto que ayer me había fatigado en demasía, pero eso no es una razón. Me sentía
de mal humor, con la cabeza pesada y los ojos turbios;
me encolericé con el jardi11ero por que no había tapado
un agujero en la barcia comunal. Soy llevado por impulsos. la s;ingre me snbe a las mejill,1s; me dejé llevar por
la irn y empleé palabras dnn1s que ahora lamento. El
pohrP hombre. que me es tau de\'oto, ni siquiera osó levantar la cabeza y se alejó ;,rrastranclo su pierna coja.
Esa pierna se le quebró en labores a mi servicio, hace
cuatro años. Pagué al médico, la enfermedad y la pierna,
pero las malas palabra5 no se recompensan con dinero y
humillé a ese pobre criado sin necesidad.
De regreso a mi gabinete de trabajo, tenía cuentas
que arreglar, un gran trabajo ele números; en lugar de
ponerme a hacerlo, como era debido, lo dejé para mañana. Quise leer, pero mi pensamiento no me seguía.
Pensaba en nuestro pleito con los vecinos, los ele Gaurelys, por la faja ele tierra que limita mi bosque de haya~. Me dije con un placer malsano: "Puesto que quieren un p roceso. Jo tendrán, y ya veremos quién es el que
ríe al último!º' Pensando e n esto, movía la cabeza con
un a;re ele desafío rabioso; me parecía ver pasar en s11
gntn lancleau al conde de Gaurelys con su sonrisa impertinente, su mujer tan clescleñosa, sus dos hijos que
parecen pavos, y hasta su c.-iado grueso y su lacayo con
los pies rígidos como estacas. Y mi descontento, en el
fondo, venía de una picadura de en,·idia y ele vanidad
herida, por que esas gentes son más ricas que yo, y a
fuerza ele billetes de banco me han quitñdo tocios los
prados de Lermont que estaban de venta y que yo quería adquirir!"
La mosca apareció &lt;lé repente, volaba de un lado al
otro del cuarto, y rebotaba como si fuera n na pelota de
goma elástica. Se pos6 en el techo y permaneció inmóvil por un tiempo; el señor continuó:
- ".\ las diez hice enganchar y fui a la estacióo a esperar a nuestros amigos, los Dossut, que venían a almorzar. Mi perro Tom quería acompañarme y, pegado a la
reja, volvía hacia mí una mirada suplicante. Le grité:-Tom, vete! Y otra vez:-,Quiéres irte? A la tercera amenaza le dí un golpe con el fuete y lancé los caballos; su
gemido prolongado me hizo mal en las orejas y en el corazón. Aun cuando me sobraba tiempo. azuzé a los caballos que llegaron tres cuartos de hora antes de la llegada del tren a la estación, cubiertos de espuma; los hice esperar a la sombra de unos árboles, lo cual podría
haberles hecho daño. Esto es estúpido; y yo que cuido
tanto a los animales que me sirven.
"Los Dossut llegaron ; yo no habíñ visto a la señora clescl_e el _año p_asado, me sorprendió su elegancia y su apanenc1a de ¡uventu&lt;l. Llevaba un traje claro, un brazalete de oro tintineaba en su brazo y olía a "new-moonhay." Yo conservaba de ella la impresión de que era moren";, y encontré en su cabello reflejos aleonados; quizás
se ptDte. Haqlaba alto y rápidamente con una risita que
me llegaba a la nuca dándome una impresión ele frescura y acidés. Mi amigo Dossut me pareció envejecido.
;\'[is "Santas," con su simple y eterno vestido negro, esperaban a las visitas en la puerta ele la casa; nunca me
había sorprendido tanto su parecido, tenían la misma. mirada y la misma sonris;¡ rxact;imentc.

"Se sirvió la comida, me sentía morir de hambre y co·
mí demasiado. ::11ientras que mis "Santas" toca~ao apenas los platos y se abstenían de la carne, por ,sobriedad
y por escr úpulo de almas puras, a las que horroriza la
sangre vertida, la señora Dossnt y yo hicimos expléodiclamente honor al filete ele buey rociado con· vino de
Borgoña. Dos.5ut, que sufre ele gastritis, no bebía más
que agua. Se sirvió en seguida aves de mi corral; obligué a la señora a que repitiera el platillo y yo me atiborré con una vanidad inepta de propietario. Tomamos
el café en el jardín; tres mendigos pasaron sucesivamente por la reja y los tres fueron socorridos, pero esto me
clisgust6 porque Dossut sonreía como diciendo: "¿Ustedes socorren il: esos vagabundos? ¡como si no pudieran
trabajar! Llevé a_sn mujer a visitar mis invernaderos;
estaba encendida y sus ojos brillaban; olía a vida sana y
a carne fina; al perfume de "oew-moon-hay" se mezclaba un perfume de flor tibia cuyo nombre yo no podía
encontrar, porque no existe tal flor; era ella misma que
florecía en medio del calor del Est;o. Me prendé de esa
mujer, cinco minutos, bajo el fuego bru¡al de un golpe
de sangre que me .zumbaba en los oídos y en las sienes.
,Se di6 cuenta ella? no lo demostró, solo me dijo:
-:'11e parece que buscan a usted.
Un criado venia a decirme que el señor cura deseaba
hablar conmigo. Conduje a la señora Dossut al lado de
su marido y de las señoras y me dirigí al salón. El padre
Potereau-quiero bien a este viejo sacerdote. pero en esta vez me molestó mucho- me habló largamente de no
hospicio que quiere establecer para viejos y desvalidos,
la comuna ayudaría, pero se necesitaba mucho más dinero. Tuve la tacañería de hacerme sordo, y, como él
insistía, le objeté que mis gastos eran muy graneles y el
tren ele mi casa demasiado pesado. Con los ojos bajos y
las manos juntas, él escuchaba sin decir pala hra: al fin,
insinuó:
·
--El señor y la señora ele Gaurelys han contribuido y
son nuestros primeros su hscri ptores.
-¿ Por cuánto&gt; pregunté.
Me dijo la cifra y me hice inscribir por el doble. El
padre me saludó en voz baja y partió. Descontento de
m~ me reuní con la compa~ía; Dossut, separado de las
seno!·as, fumaba gruesos cigarros puros, me ofreció, )'
turne durante una hora, envolviéndome en una atmósfera azul y em~rollando mi espíritu: mi digestión me pesaba. Repentrnamente Dos.5ut se puso-a hablar de política. y, nada más tonto, tuvimos una discusión: me encapriché, apasionándome por cosas que me son indiferentes, y estuve _violento y agrio. D~ssut se sostuvo y yo tuve
que ceder, siempre sucede lo mismo con él. Felizmente
las s~ñoaas se mezclaron a _nuestro pleito para hacerlo
term1_1;ar; el_ coche estaba listo y yp los reconduje a la.
estacwn, feltz ele poderme separar de los Dossut al menos por seis semanas, puesto que no nos visitamos con
mayor frecuencia. iCómo es disparatado todo esto!"
La mosca, despertada, paseaba sobre el techo su sombra agrandada, se des¡&gt;reudió y \'ino a r evolotear al rededor de la bujía, vrr! vrr! El señor :\foraigile trató en
v~n?: de cogerla, y no pudiendo, echó un ,•aso de agua.
v1rt10 en él u~as g?tas de e~encia de menta y dió unos
tragos, Su ~ohloqmo, chstra1do por el insecto, continuó,
per~ la llllldad, el hilo, había sido interrumpido. Además,
s:n_!ta una necesidad el~ dormir. Lo que le venía al esp~r!tu no eran "?ás que ideas confusas, pero cierta ilaci6n
log1ca, la conc1e1~cia de que lo que tenía que reprocharse h_oy de mezquino, de brutal o de algo vil, lo había comeJ1do axer, antes-de-ayer, casi todos los días; lo comet~na manana, tocios los días, todos los añas, sin fin! Jos!1ut_os de per,?~• de cólera, de envi(lia, ele gula, de Iu¡una, de av_a n::1a y de orgullo, granos de pecado, germinando en 21zaoa en medio ele buenos sentimientos y sofocandoª. menn_do buenas voluntades. Se representó tocias
las sugest_1ones 1nnoblts que hubieran podido, a pesar de
toc)a su _virtud, _despertar en su alma al soplo de un capncho 1 n_consc1ente, capricho de imaginación; quizás un
cl~seo animal por una campesina vista con la falda recogida. o quizás e l haberse dicho, pensando en la vejez de
s\i¡&gt;~dre: '_'Con su herencia me haré construír nna casa. También aquellas limosnas egoístas, tan insnficient t cuando se 17s considera bien, toda aquella fortuna est n 1 q'.,e do~m1~ ~n papeles y documentos en su caja
fu_erte, la lllJ11stic1a de su prosperidad y de su dicha,
1et~ª~ que tantos obreros morían &lt;le hambre frente a
as á nea?_cerradas._ Y se le llama)&gt;a. bu.pno, generoso;
la_ven:rac,o_g esparcida sobre siu¡ tces "Santas" se había
extendido hasta el; todo el mundo le saludaba; el otro

r

día una mujer a quien clió una limosna tic cinco francos ¡., había
besado la mano! Cinco francos; en contraposición de una \'ida de
miserias, ¿Creía compensar de esa manera'
La humilcÍe mirada de su pobre perro se le apareció, 1xmi.uc s,;
asemejaba a la de la mujer; y pensó en toda esa multitud de seres
inferiores que satisfacían su despotismo caprichoso y colérico a veces. No solam:nte tenía a su servicio gentes, criados a quienes p.iga
ba, cuyo traba¡o explotaba pagándoles sueldos crecidos si se les compara con los de los otros patrones, pero muy módicos si se les compara con el trabajo que se les exige; o solamente hacía trabajar eÓ
su l~ga; a sus semejantes; ~ino también a animales a los que no
retnbma más que con la pitanza, y que debían sufrir su ley y obedecer a sus fantasía~. Pensó en sus caballos empapados en sudor y
record6 que no era la primera vez. que había abusado de esos dó1
ciles animales. Y, quizás por un recuerdo de su copioso almuerzo
pensó en la crueldad, adquirida por herencia, de nutrirse con la
carne de animales sacrificados, y gozar con el jugo chorreante de
la carne fresca bajo el cuchillo. Todo lo que hay de bárbaro y
mal sano en el hombre se le impuso, bajo el barniz de la civilizaC'ión, bajo el lavado de las aguas y los afeites, bajo la hipocresía
de los vestidos que cubrían su desnudez, y apareció ante sí mismo
feo, repugnante y despreciable. Hasta las tristes funciones de su
o rganismo, hasta las miserias de la materia se evocaron en su espíritu: la carne miserable y putrecible, el cuerpo muerto que se
extendería alguna vez entre dos lienzos, como en esa ocasión, con
la eterna noche en los ojos. Sintió despertarse en él un espanto
misterioso; el sentimiento de una vida mal empleada y la certidumbre de la muerte que se cernía implacable, le enloquecieron.
Oyó palpitar algo en el cuarto y crey6 que era la mosca que daba calabazadas contra los cristales, pero la mosca no había ca! lado,
y sólo su corazón palpitaba con fuerza en el silencio de la noche.
"'Dios mío, dijo angustiado, ¿por qué vivo si es que vivo ? Sí, vivo y me siento vivir, y seguramente que moriré, y, entonces ¿de
qué servirá que haya vivido? Todas mis pequeñeces, todas mis villanías, todas mis mentiras para con los otros o para conmigo mismo, mis instintos de bruto, el lodo que se me pega a los pies y los
sapos que mi corazón nutre, he aquí mi alma tal como es; así soy,
y el resto no es mas que máscaras y caras falsas. ¡Por qué soy un
sér tan bajo y tan abyecto, Dios mío! ..... .
Pero a esto no hall6 más respuesta sino que tocios los hombres,
aún los mejores, son así y que lo que podría reprocharse con la
mayor amargura, vomitar con el mayor disgusto, sería lo que haría con más frecuencia, el camino vergonzoso por donde transitaría, el vómito a l cual, como la bestia de la Escritura, regresaría
siempre.
Por mucho tiempo revolvió estos pensamientos a la luz pálida
de la bugía, sin encontrar soluci6n satisfactoria ni esperanza de
consuelo. Al amanecer, sintió que el sueño hacía pesados sus párpados; se levantó para apagar la vela y vió que la mosca, que hacía mucho tiempo no zumbaba, se había ahogado en el vaso de
agua.
Así pasó la noche del 31 de Diciembre de 1S .... , el señor ?,foraigne, cuya santidad era al mismo tiempo la edificación y el orgullo de sus vecinos.
PAUL M.\RGUERTTTE.
(Traducido especialmente y arreglado para el número de .\ño
:"&lt;nevo ele "EL MUNDO ILUSTRADO."
llustraciones de J-Ierran

1

111111 lll 111111111111111

Sólo tú has tenido
Para "El Mundo Uustr,ulo."
Sólo tú has tenido rosas ele ternura
para el bardo impío que te vi6 llorar.
Sólo tú has podido, entre tu amargura,
sonreír humilde ante el criminal ....
Tus manos ideales, tus manos albeantes.
bondades tuvieron por todo sn ma 1....
Se alzaron silencias, sumisas, amantes,
llenas de cariños, para perdonar ....
Tus róseas mejillas, tu pálida frente.
los ósculos locos recuerdan de ayer ....
(iLos besos amantes, que impiadosa mente,
te legaron torpes, pesadilla cruel. ... !)
Sonríes y tienes, para el seductor,
un gesto de ingenua, sencilla pasión ....
Y guardas tan sólo del conquistado1-.
suspiros de pena, tristeza y dolor .. ..
Nadie te acaricia; nadie va a tu lado
por la negra vía que te señaló el Dop Juan ....
Silenciosa vives, amando el pasado,
que es todo tu anhelo y es tocio tu afán ....
El pasa y te mira, tal si viese una
fácil conquista que antaño logrcí ....
(i Tal vez no le traen los rayos de I una,
ninguna añoranza de aquella que amó .... !)

Pensamientos

y tú, humilde sigues tu obscuro camino,
sin más pensamiento que aquel de su amor,
que puso en tu alma el fuego di,·ino
de una inextinta, sublime pasión ....

No va le la pena repetirte cada día c¡ne eres mortal: ya te con,·encerás por ti mismo.
Todo hombre, aún el más estí1pido, el más tímido, tiene en su vida un momento ele suerte, un momento en quelos demás hombres parecen colaborará su triunfo, en los frutos vienen a ponerse al alcance
de su mano para que los tome.
Esa hora, triste es decirlo, no es ni el trabajo, ni el coraje, ni la paciencia quien nos la da. Suena en
un reloj que no vemos y en tanto que no ha sonado para nosotros es inútil todo el talento y toda la virtud.
~o somos más que una brizna.

J.

Octubre,

1912.

AllTOl/TO URBINA.

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EX LA ETER~Tr)..\11 .

Un año nuís de vida es para el nino un hecho
que ostenta satisfecho, con altivéz quizás.
Para el joven es sueño de ambición y cmoC'iones
cambio de corazones, sin rédito. a la par.
comercio de demanda nivelada la oferta.
mercado en cuya puerta, se lee: Quién quiere amar.
¡Cuán distinto en PI viejo un año má~ que pasa!
.... Es gota que rebasa. la copa e n que vivió!
¿Qué vale una existencia para lo interminable'
¿qué somos ?-Deleznable polvo en transmigración
ni siquiera una arena del proceloso Oceánnpara la ciencia arcano: problema si~ plantear.
~ i el conjlrnto de ,•idas de nuestra raza entera
dejan de ser quimera para la inmensid¡¡cl,
ni los años en serie dejan de ser un vuelo
ele los a.~tros del cielo. hacia l.1 eternidad ............. .
,Cabe dentro del Cos111os, la luz que lo ilumina:
¿ la caótica neblina, pudo ciar la creación?
¿ de dónde partió el gérmen de la naturaleza'
Si el mundo nunca empieza. ah-eterno existió?
Do reside lo eterno?-En la inmanencia estable
del orbe interminable en edad v extensión.
Eso inmenso que existe es lo.imperecedero
y en su conjunto entero. sólo hay transformación?
Si en la materia existe la fuerza y movimiento
¿ cuál es el elemento que los pone en función?
pues si ese movimiento contínuo, siempre ha sido
entonces ha existido en ese11cia cual Dios.............. .

......... ·........................................... .

En dó11de está Jo ignoto. en dónde el infinito
acaso son un mito, metafísica ideal ?
no podrá nuestro espíritu trabajando con tino
llegar a su destino si el alma es inmortal.
Hay que seguir ahondaudo de la vida el ~rcano
Si el hombre es soberano y rey de la creación
debé llegar el día en qne al Eter \'Olanclo
va vamos penetrando en sn existencia. real ........... .
·.... Lo eterno sólo cabe dentro del infinito
pues si esto fuera mito .... ¿dónde podría caber
en el átomo acaso-ese último baluarte
la más mínima parte, do se refugia el ser
hay quien crea que ese átomo, inenc~:,ntable hasta ahorli.
en que la fuerza mora, es el nudo vital. ...... . ....... .
Pe}o qué? los primeros principios ge existencia
pueden ser consecuencia. de átomos que jamás
deben ser para el hombre, no sólo imperce~tibles
sino hasta incompatibles con nuestra humanidad.
Quien llegará más pronto '.1- d~scorrer el ve!~
qne la tierra y el cielo de¡a s,n comprender.
¿ Cuál es el infi11ito? ¿Todo el orbe estelario?
¿ Jo Eterno es a1 contrario, un átomo inmortal'
Si en ambos fines reside la trinidad portento
de Fnerza- )fovimiento-y Principio ,·ita!:
Si esas causas dan vicia, y nunca cesan e !las
.\tomos ó Estrellas, es eterno su ser.
E l que usando de fuertes. mic_roscópicos lentes
investiga las fuentes del pnm,11.vo ~er
clavando sus pupilas la cabeza mchnada

en busca de il!norada y oculta pequeñéz
o el que por el contrario aleja sus miradas
en torno a esas mi riadas ele soles con fulgor
ese atrevido astró11omo que lanza a lo lejano
su anteojo soberano para encontrar a Dios.
Quien mirando hacia ahajo dentro ele J;i materia
,·e podrida miseria, la descomposición
de organ ismos 'fo mélicos r¡ue siempre ,·an huyendo
a la vez que comiendo, cual única función.
a fuerza de fijarse en seres tan raquíticos
con sus miasmas mefíticos su mente envenenó
en cambio; quien alti,·o la cabeza le,·anta
hacia grandeza tanta ..en soles y esplendor
su espíritu hahitua a lo inmenso y grandioso
volviéndose animoso, caracter luchador_...... .

. ............................................ ~.' .... .

.\hora viejo el poeta, que cuando vmo al mundo. ·~
trajo el gérmen fecundo, de noble inspiración
su nunca ya cansado, tropieza con problemas
que son cual anatemas de su insaciabl~ unción
y al \'l'r que en su cerebro, se va exti11guiendo el foc~
en r¡ue acaba? es un loco, suicida 6 santurrón ... . . .
¿Qné es para el tiempo u,1añó?- la unidad de medida
todo para esta vida,-nacla en la eternidad.
Diciembre

31

ele. 191 i.
DR. GREGORIO ORIVE.

EL REINO DEL DOLOR
( Para "El :\fundo Ilustrado")

En la efusión ele auroras, es sangriento escarpdo.
Un collar de turquesas de la tierra ante' el-cielo,
Y es una inmensa lágrima en la faz del vofcán!
~o \'es cuil se atavían las selvas con su manto
De perfumadas flores de a~peclo encantador? ....
La~ nubes vaporosas regaron con su llanto
l,.,a tierra, y de sus lágrimas ha nacido el encanto
. Que llamas Pr ima,·cra: génesis del amor'

La~ nubes son espíritus, que ,·uelan al espac&gt;io.
De linfas.sepultadas en turbulento mar;
Y ora for man los pórticos de r(istico palacio.
En bellos arco-iris. o en copos de topacio.
El lecho arrebolado del sol crepuscular!
· Has visto allá en los campos. en tardes otoñales.
Los frutos madurados que mece el aquilón? ....
Son coágulos de sa,1gre: hirieron mi) puñales
La tierra. Y.se cubrieron los surcos de maizales.
Y las vides tuvieton racimos en sazón!
Contempla las colmenas de reluciente poro:·
Contempla-sus nectarios pletóricos de miel,
Y piensa que es de sangre virginal su tesoro:
De corazón de flores en cuyo cáliz de oro
Cebaron las abejas el aguijón crüel! ~
Trasciende por los bosques la brisa perfumada?
Imprégnase el ambiente de aroma sin igual?..... .
Es porque la azucena-la flor inmaculada:'.llos dice en sus perfumes que vive aprisionada.
Y se marchita y muere circuida ele un zarzal!
:\Iás hay seres que guardan silencios de proscrito:
.\sí son los volcanes que aparentan f~ialdad:
Así son esas rocas gigantes de granito .
Que en su mentida calma co11templan lo infinito.
Cuando en su torno ruge la bronca tespestad !

Esos seres blindados tienen cuitas hura.ñas
Tan grandes, que no pueden mostrarse a J·extcrio1:,
Y entonces iracn11dos estremecen montañas,
,
O dejan que el barr.eno taladre sus entrañas
Que en oro y pedrería cuajáronse al dolor'

En el fatal concierto de la ~atura leza,
Todo sufre y demanda compasión y piedarl!
Es angustia infinita la sideral belleza,
Y por doquier se escucha la voz de la tristeza
Que en explosión de efluvios llena la inmensidad!

Tú piensas que la vida palpita por doquiera.
Cuando la noche rasga su lóbrego capuz? ....
Te engañas, no es la vida; la muerte es la que impera,
Que mil seres se agitan convulsos en la hoguera.
Y el fuego los clestrnye para e11ge11cl rar la luz!

Huma11idacl doliente, que envidias por felices
.\ los seres que bregan en redor de tu cruz:
Cua11do, a I hender las sombras, sobre los cardos pises,
ReAexiona: sin llanto, en la Aor no hay matices
Ni aromas: sin martirio, en los astros no hay luz'

Y la luz-ese llanto postrer de su agoníaDerrama en las auroras su púrpura imperial.
Y nos habla de e11cantos, de amor, de poesía, . ...
Y todo es entusiasmo, y todo es alegría,
Cuando baña las selvas el sol primaveral!

Porque todos los seres y cosas tiene n alma
Que padece, que llora, que se ri11dc a l dolor;
Y el efluvio que sientes te acaricia o te ensalma.
Es un grito de angustia que a tí vuelve la calma
Transformado en murmullo. en trino y en fulgor'
Has visto allá. eu las peñas cómo la linfa brota?.
Es un raudal. que mana ele herido corazón,
Que fluye eil"tre guijarros, y que el barranco azota
Para colma.r~las fuentes que traen en cada f(Ota
Caricias de las auras en c1greste cc1nción!
Y es la sierpe argentada de algún manso arroyuelo
Que desgrana cadencias ele la flauta de Pan ;

Así los seres todos en la Naturaleza.
Están pidiendo siempre compasió11 y piedad;
Es angustia infinita la infinita belleza,
Y por doquier se escucha la voz de la tristeza
Que en explosión de efluvios llena la inmensidad!
ENRIQUE
~1éxico -r912.

C. OLIVERA.

!'ara "EL :\I L":--DO ILUSTR \DO ."
\ lgu ie n dijo: "morir eu primavera es lo mejor Yo pienso que lo mejor será morir en Oto.ño.
.
Finge el viento responsos en los árboles; los ruiseñor es e11mude_cen; llora la torcaz; palidece.el c~elo:
tiemblan las arboledas al sentir los primeros beros fríos que trae el cierzo; las estrellas se velan misteriosamente; las neblinas comienzan a ensayar su fantástica danza; por la tarde. el toque del Angelus suena más
tristeme11te: y las hojas secas esas mimadas del Otoño,--rompen al fin las cadenas que las ataban a los árboles, y emprenden la marcha por los caminos en curva. ansiosas. ávidas de wr otros valles y otros horizon
tes ..... .
~forir, mejor que vivir: libertar el alma de las cadenas terrestres. v libertarla al unísono con las hojas
secas. ¡qué mejor!
-iPobres hojillas!-dice11 quienes las \'en caer del árbol.
-iFelices! - he dicho siempre cuando las miro lanzarse al viento como pajarillos ansiosos de cruzar el
espacio.
.\ves enjauladas son las hojas en primavera má.~ el Otoño. el suave. el amado Otoño. llei:(a a libertar•
las ......... .
Primero, para entretener las ansias de vuelo que las hacen temblar con impaciencia, comienza Otoño a
pintarlas ele rojo, ele amarillo, de dorado, mientras las acaricia y les repite la santa palabra: "Esperad, espe
rad . . ...... " Y a poco, desata con sus dedos amables el lazo apretado que las detenía, )' las deja r¡ul' buvan
alegres. enloquecidas por la rlicha del que estaba preso y ha recobrado su libertad ..... .
Entonces las hojas se alejan y vuelan cantando .. . . ,Que su canto es triste? Por eso es más hermoso. peri&gt;
no es que estén más tristes ellas. Ved que en e l momento de r omper sus lazos, es cuando empiezan a ,·i,·ir
a 11tes eran presas, eran esclavas a fuerza (por que la esclavitud voluntaria es la más hermosa de las libertaºdes); y ahora tienen propio y libr e albedrío: suhen. bajan, se arrastran. se detienen. ruedan. huyen. vne
Jan .. . .. .
iOh! no os compadezcáis de esas pequeñas almas libres que se llaman ''hojas secas." porque. ,·oos lo ase
g uro, son dichosas.
.
.
.
.
Cuando en los ca.minos grises me acompañan un buen trecho murmurando su m1stenosa canción no ad,
,·inada, yo sonrío con dulzura, v alzando los ojos hacia el paisaje tranquilo. digo sencillamente:
-Buen Otoño, amigo de Iás hoja.~ secas, ¡quieran tus vientos fríos herir dt! muerte mis sienes. y caiga mi
cuerpo bajo la mirada mustia ele t u cielo empañado, m ien tras llora la torcaz su mansa pena. mientras finge ~l
,·iento responsos en los árboles. y las amarillas hojas. libertadas al par que mi alma. huven en p&lt;Y.; de h1m1
nosos ,·al!es! . . ... . . .
Porque eres compasivo. amigo Otoño, ;no te falten nunca gloria y cantos!
Llue,·an, para la Primavera, rosas: para tí, divina estación de las neblinas. lluevan lágrimas· toda.~ las
q ue lloran los poetas románt icos. todas las que vie rten las mujeres tristes! . . ....... .

�--:

r

considerarlo como la iíltima palabra de la cultura tea·
tral h~y ~111 abismo, tan profundo que para saltarlo se
necesita ignorar la esencia de las obras esén iccas su
fuerza intuitiva, y los resortes que debe u tilizar, .'
La madre que roba al hijo, el hijo que·ma~adre,
h~_amante que se venga de su amado prostituyendo la
h1Ja. el~ este, el general que muere axfi.xiaclo por Iá bella.
que citó en elegante gabiaete de Restaurant a mister io·
sa c(ta; el hijo que asesina asu madre en una taberna ele
marineros, por haber sido robado por aquella:
l_a amante del apache que lo entrega a la just1c1a por haber visto en un brazo ,le él. la~
huella~ ?e un mordisco dado por la víctima
del cnmmal, cuando éste la mató· el centinela
q~1~ quita la vida ele 11n tiro a
prisionera,
d1c1enclo que 1ba a escapar, cuando viene la
rond~, para r¡ue le asciendan, después de haber sido el amante de un momento de la infeliz mujer ; y otros asuntos no menos sensacionales, pueden ser e&gt;.ateria dramática, pero de
la manera que el "GUI GNOL" los presenta
en obras cortas, comprimidas, b uscando el fina l
rápido, fuertísimo, violento, no es en manera
alguna progreso teatral sino retroceso manifiesto, y visible.
·•
_ Con respecto a la Compañía los elo¡rics son
¡ ustos, sobre tocio s1 nos referimos a la distinguida actriz Starace Sainatti, que lo mismo
encarna la ~ran d_a'!rn, que la mujer del pue·
blo, la cnmrnal v1c1osa, que la "entretenida"
de moda. Exterioriza con sumo arte los sentimientos del alma, taato más fácil. cuanto que
e n_ las_ o):m,s del "GUIG):'OL" no hay proceso
p~1colo¡r1co. La cleclamaci6n la sustituye, viviendo el personaje; y la pasión emotiva del
momento se_ manifiest.l_en_ras¡ros_ y detalles de

a

TE.\TRO COLOK.~-"GR.\:-.ID GUlGNOL"
, Con éxito creciente está trabajando la Compañía del
' (?RAND. S,UIGNOL" en México y antes de manifestar
m1 1~pres1on sobre esta clase ele trabajo escénico, debo
consignar, que no hemos visto lo que se decía de horro·
res, escena5 fuertísimas, correr la sangre y otros realis~os por el estilo. En los dramas de Echegaray y ele
S_ardou, en "LA LUPA" y en "M.\LIA" del teatro sic1hano, en la_ misma "FLIGL\ DI JORTO" encontramos
momentos mas pavorosos, más terroríficos, más fuertes
que en el repertorio del "GUIG)IOL.''
De mo10 que las señoras que no acuden a l Colón. por
las patranas que cuatro noveleros las han contado ele lo
que ocurr~ en los pequeños dramas que Saioati nos pre·
senta, deben concurnr y verán algo que les ha de inte·
resar seguramente y por lo nuevo, por lo se nsacional, y
hasta hay que decirlo por lo bello.
.\hora bien, 'ocurre preguntar: ese teatro ¿es nuevo, es
un progreso, es un ac)elanto? Creo que no; por retroce·
~o lo ten¡ro. Presc1ochr de la psicología de los persona¡es, de los ~stud10s de los caracteres, presentar sólo es•
cenas, real_1smos de la vida, películas habladas, no es
adelanto 1)1 ~rncho menos, niego en fin que sea espectácu_Io artistico._ Claro q11e hay fuerza dramática ; esto no
sp mega, a la vista menos perspicaz salta: pero de ahi a

•una fuerza exprcs·iva inmensa. Subyuga al espectador,
lo esclaviza, y nna vez dueña ele él. lo ,\soma al fomlo
de su alma donde 111 venganza, el amor, el crimen, la
delirante pasión rugen como fieras encadenadas. :...::. -~
La figura arrogante ele Bella Starace la ayuda mucho
ep. la ~ecución de las obras, pues la mirada , el gesto de
~quella mujer, fisonomía tan variable, tap ductil para
retratar todos los seotimtentos, toclas_~las emociones, to·

1;

Castillo que reune excelen_t~s condiciones para.,,e l teatro,
ha de procurar meaos ficc1on y más natur alidad, pues
por det~cto grande se j uzga, e l subrayar todas las frases, ~ac1endo el papel relamido y demasiado refino. ¿No
es cierto g ue dado el talento de la linda elamita joven
se han de corregir ciertos defectos? El señor Barreiro
que a uo dudarlo tiene afición decidida a la escena h a
de procu~ar ,?uir ele las exageraciones. E l tipo ele :'Jor•
ge ~e~clieta en la _c omedia de que me ocupo oo es tao
anhpáti_ca como el ¡oven actor lo hace. Diciendo sin
a.fectac,ón lo que el autor ha puesto e n los labios del rico pre~u~touso, obasta y sobra para delinear el ca;racter.
.\ lgo dma de alguno otro ú otros actores, pero espero
que la Compañía se reforme con artistas de más valía
que los que no quiero nombrar ' ¿no es cierto seña;
Coss?
Y cou esto )' alabando la buena medida de hacer guerra fran_c a y sm cuartel a los renovadores, aunque cues!e agresiones cobardes y criminales, resulta que el TEAf RO _MEXICANO m~rece ser el preferido y no es ele
extranar q ue las func10nes se vean concnrridísimas por
selecto y numewso público.

das las tormentas de sn corazón; transportan el ánimo
del oyente a los mundos ideales de h. fábula escénica.', •I
El p r imer actor y director ele la compañía. señor Sainatti, posee buenas condiciones en cuanto a voz y a ener·
gías pasionales, caracter izando los tipos con verdad su·
ma. E l aplaudido artista conoce los secretos del génerc
que cultiva, y ciñéndose a ellos hace una labor buena
dentro de esos límites y en esa esfera como acabode se·
ñalar. Quizás ahondando un poco, se viera al artista ele
recursos siempre iguales y ele efectos parecidos; pero co·
mo el "Grand Guignol" presenta las ficciones teatrales,
casi siempre iguales, resulta que el autor tiene que amol·
darse a idénticos recursos.
No tengo por tanto que examinar cada una de las obras
que vemos todas las noches, pues en el vastísimo repertorio del ''Grand Guiguol" no es fácil difer enciarlas en
su esencia. Ya sabemos que empiezan plácidas, q u e el
interés va eo aumento, que a veces se suceden las escenas, sin hallar la razón de todo aquello. y ele proato, por
un a frase sola, por un gesto, por un grito, todo se ¡:;one
en claro, cayendo el telón rápidamente. El espíritu ha
sufrido más que tortura, curiosidad; el espectador ya sabe que en el ambiente aletea el delito con su vuelo cr iminal, da por descontado este factor, solamente anhela
saber cómo será, en qué formaybajoquécircunstancias.
De manera que hasta cierto punto, el momento terrorífico es un accidente; lo esencial, lo nuevo, lo que se busca con ansia, son los detalles, los pormenores, las causas,
los antecedentes de todo aquello que arma la mano para
matar o para. matarse.
Solo me resta tributar alabanzas sinceras a tocia la
compañía, que dominando las obras por completo las interpreta bastante bien .

TEATRO LIRICO.

TEATRO MEXICANO.- "L.\ POESL\ DEL
M1STERTO."
Con este título hemos visto el estreno ele esta obra deb ida a la fecunda pluma de Tristán Bernarcl, autor de
gran ingenio, que si bien a veces recurre a efectos n o
. muy artísticos, presenta sus comedias con bastante verdad, cubriéndolas siempre con delicadas sutilezas.
Viendo "La Poesía del Misterio" título en verdad muv
bello, decimos, esto no pasa siempre, pero cuando pas.;,
¿ no es cierto que es muy hermoso? La fábula que pue•
de asemejarse a la tentación ele un Mefistófeles moderno
de frac y de "monocle" sobre el alma buena de un mu·
chacho pobre, sencillote, inocente, quep refiere volver a
su modestísima posición de pintor ele muebles, " casarse
engañándola con "Berta Miranda" millonaria. no cabe
duda que es una fábula interesante por cualquier larlo
que se la mire. Y, como al final bastante precipitado,
violento y falso, triunfa al fin el amor, la impresión de
la comedia es buena, sobre todo en los dos primeros ac·
tos. En el tercero ya se busca el hacer reír, y la verdad
aquella mezcla de burla y de romántico cariño, en una
mueblería, entre juegos de recámara y sillones y sofás.~.
y compradores que entran y salen, por grotesco lo tengo,
y palidece por tanto el efecto artístico. Quitado esto, el
d iálogo interes.1. los &lt;los carac-ter,.s de la obra están de·

i
1

'1

la ·cifra

Teatl'o Colón . • Una escen a de

"M~!eli&gt;--de buenas costumbl'es, " representada por ei..:i.h:i,rand Guig~:1. " • B ella.-,Stara'ce. S ainati, \pl'imera a ctl'iz del "Gl'a nd G uignol "
·- - ·
"" __ •

.r··. - .

.,_

T e atro Coión.-Una escena de la obra "Un
modelo de buena s costumbres"· -Una
escena de " Pasa la Rond a."

linea dos a maravilla, y la comedia es humana. qu&lt;' no es
posible negar esa tendencia ele la vol untad a lo poé1ic-o.
" lo fantá~tico, a lo q ue sale de lo vulgar y rutinar io.
La interpretación fué correcta por parte ele los prin·
cipales artistas sobresaliendo l\laría Luisa \'illegas que
hizo un.i "Berta" muy digna ele los aplai.lsosque recibió.
Mutio y Solares estuvieron a buena altura y la escena
se puso con esmero y elegancia. ,\ lgo diré de ciertos In·
n ares, pues no todas han de ser alabanzas. La señorita

Gran parte ele l;, Compañía que cu ltivó el género chico en el Teatro P r incipal se ha refugiado eo el L írico,
formando un cuadro muy bueno en el que alterna la zar·
zuela grande con tandas, y alguna que otra vez la opere·
ta, esto por fortuna en cor to número, en lo que se hace
perfectamente.
Ultimamente se presentó ~l popular Gavilanes, gran
refuerzo a no dndarlo, y que ha de ser elemento para
que veamos hL~ bueuas obras estrenadas del género chi·
ca en Madrtcl, que bien merece que las coaozcamos en
:\léxico. Hasta ahora. la verdad, en la escena. deJ Lírico
no se ha presentado nada que valga la pena, cuando hay
tanto nuevo, y no he ele hablar de las bufonadas del día
de Inocentes que por una vez pasan. El cronista espera
ver buenas tanelas, pues cuando hay tiples bonita5, acto·
res ele buena cepa y actrices como Eteh·i na Rodríguez
de '.ª~ta valía y tan querida de nuestr o público, h ay que
dec1d1rse co1:1_franque~a por las_taudas y darnos lo que
en_ otra ocas1C?n produ¡eron deleite. Así lo espera el p ú·
bhco de ~1éx1co y creo no se han de ver defraudadas sus
e speranzas.
Del resto de los espectáculos semanales nada hay que
decir, la variedad triunfa y solo mirando al futuro, diré
que terminadas las tres funciones de Opera en el Arben dadas ayer sábado. hoy domingo y mañana lunes,
veremos un transformista, y después allá, para primeros
de Febrero e l insigne Borrás vendrá a l teatro citado,
con un nuevo y admirable repertorio español.
LU IS OE L.\RRODER.

�",.,.,

:.:-

,:, · ,;•1- .

•

Una Grande

E:\' EL

"Country- _C-lub"_'
La nota social de mayor dintiución y que dejará recuerdo mas perdurable en
nuestros círculcs elegantes, entre las registradas con motivo del fin del año prox1mo
pasado, es sin duda la "grande soirée" con que el "Country Club" obsequió ·a sus socios la noche de San Silvestre.
·
En el gran salón del edificio del club se reunieron los trajes más bellos de todas
las épocas fielmente reproducidos y gallardamente llevados por b~llas damas y apuestos caballeros.
Las joyas y enc~jes de gran valor de nuestras aristócratas familia~, recibieron su
justo tributo de admiración .
Damas y caballeros ele todas las edades y naciones alternaron con fracs rojos y
negros de irreprochable corte inglés.
L:t calzada que circunda el edificio fué pequeña para contener los magníficos automó1·iles que conducían hasta el pie de la escalinata del vestíbulo a las familias.
.\ la media noche, cuando los silbatos anunciaron la muerte de un año y · nacimiento del otro el entusiasmo y animación fueron extraordinarios.
El baile no cesó hasta las primeras horas de la mañana en medio de la mayor
an in1ación.
Hubo quizás algunas notas que deslucieron de lo que debía haber sido un conjunto perfecto; recordamos la venta de boletos a la puerta del club, venta que permitió
que se mezclara entre la selecta concurrencia alguna menos selecta, pero este pequeño lunar no fué notado, y rr:ás vale así.
, .
La falta de corriente eléctrica por la mañana no era posible preverse , y qi6 al
desfile de trajes de fantasía un caracter muy pintoresco que hará que no se olvide en
mucho tiempo.

G-rupos de· elegantés trajes de fantasía y correctos de etiqueta lucidos durante In
·•
- sóirée del "ConnfrJ Club"

Para "EL l\IU).;D0 ILUSTRADO
Envuelto en sus neblinas cenicientas, deja caer d,cspiacladamente sobre las florestaS--las amadas predilectas del Sol-innumerables ráfagas sutiles y heladas que se desprenden a su paso, y las pobrecitas flores,
antes de entumecerse, oscilan medro.iamente sobre su tallo humedecido y no creen, no quieren creer que
aquel reinado sombrío trae entre sus liturgias el mandato inexorable de la destrucción y de la muerte ..... .
y entonces, la vivaz campiña, la incubadora ardentísima de los perfumes inviolados, la que provoca orgías magnificentes con los colores que ocultan cautelosos Jo, botones. aband6nase a la más incurable languidez y a la primera lluvia casi impalpable que la escarcha finge, y q_ue incesantemente cae como dúctiles vellones, conviértese en extenso yermo del que huyen los rebaños hambrientos, las aves ateridas y los amantes
que fueran en busca de las sonrisas del Sol
.
En el pelo argentado del Invierno se acurrucan las melancolías con que el Otcño tiñera sus tardes radiosas de majestuosos crepúsculos ....
De~pués, cuando bajo un cielo triste y huraño adquiere al fin todo el poderío de su glacial soberanía,
arrebata los áureos reflejos que el blondo rey enviara en sus dardos y se corona de plata en los picachos que,
a semejanza de los ideales. acechan eternamente al infinito ....
Entonces ...... se acallan en luctuosa extinsión los parloteos nerviosos de las fontanas, enmudece también el arroyuelo que en bullanguera coquetería ha descendido de la pendiente y en vertiginosa fuga de reptil camina trazando meandros y. a veces. retardando su curso. se solaza en los herbazales, mientras cae sobre
sus límpidas ondas el trémulo y apasionado reflejc, de la luna .. . . Y cuando, en el rodeo de un ribazo, extremécese de goce supremo porque escucha la turbulencia de un afluente. experimenta en su elástica linfa el
cautiverio frígido del Invierno y al fin, perplejo se detiene y, perdiendo sus bríos. resígnase bajo la invencible coraza de hielo que le subyuga.
·
¡Oh. tot\'O Soberano! La Primavera decora los campos con apretadas filas de joyantes lirios; préstales
vida y calor, provocando el incendio de las rosas y señala como índice excelso al p61en fecundo los miríficos
senderos del amor .... ¡Y tú. la senectud del año, haces que agonicen de sed los flexibles nenúfares, despojas
a las frondas de sus lucientes arreos, entenebreces los nidos amantes de las aves, impides la explosión de la
prolífica simiente; con el cierzo bramador vuelcas las corolas que avaras guardaban el dulce néctar del Estío, cristalizas las espumeantes ondas del Bósforo y del Danubio; y. a semejenza de la muerte, exhibes implacable, eu toda su desnudez, las escuálidas formas de los troncos. que se contraen, nostálgicos de los verdores
tiernos y de los renuevos que glorifican el paisaje .... !
¡Con razón las almas tristes. las almas de los protervos. las que no pueden derramar sus expansiones en
las tibias veladas ne! hogar, estremécense al choque de las primeras saetas invernales y, dilatando en ellas
sus dominios híf ubr ,s·el invencible hastío. se agitan desesperadas en el mar infinito de la amargura! ,.
Empero, las almas blancas, las que han sabido conservar la insólita frescura de las ilusiones en flor, sorprenden los encantos y seducciones del viejo rey que nos conduce a la Primavera, y, a la par que la lluvia
entona sobre los cristales sus monótonas serenatas, entregándose. en medio de una unificante y poética placidez a sobornar al buen anciano. entre el rítmico crepitar del lecho que moribundo se retuerce en las garras
igníferas que purifican y alientan!
Allá, en ese reducto infranqueable, des!ízanse las horas envueltas en los goces purísimos que da la virtud
y tienen. con la algazara infantil. el himno más grandioso y santo de la creación: ¡el himno del Amor!
.\GUSTÍN ALFREDO NÚ5:EZ

�"PA-Z

el antro que servía de prisión al Amado. Los centinelas,
desde las almenas. la habían visto de noche. empinada.
atenta, pegado el oído a la tapa de la cistema para escuchar siquiera sus sordos y febriles pasos de león enjaulado. ¡Y siempre "El!" ¡Siempre su rostro encrespado, sobrenatural y salvaje! ¿Por qué no la amaba' ¿Por
qué la había despreciado? ¿ Por qué la insultaba con
aquella voz de trueno? ¿Qué clase de invencible castidad
era la suya? .... Estaba despechada. herida en lo más
hondo, celosa de aquel Jehová que se interponía en su
pasión bramadora. Su flexible cuerpo de pythón voluptuoso temblaba como una hoja constelada de rocío. Su
divina cabeza, de pelo sujeto con tirillas azules y bellotas de esmeralda, abatíase sobre el triple collar de amuletos caldeos que brillaban en el pecho, y sus raros ojos
de inverosímiles fijezas fosforecían como diabólicas ágatas estriadas de oro.
_ Así perrn¡¡.neció por largo tiempo, inmóvil, trágica, reconcentrada en las fluctuaciones de sus pensamientos borrascosos. Las bocinas de las torres interrumpían isócronamente el silencio de la noche con sus épicos canglores.
Entonces alzó el nardo azulado de su frente, arrancó y
tiró al gran patio su corona de anémonas marchitas, y
en actitud hierótica tendió los brazos para invoca r a la
luna; pero en aquel momento, del lado de las cisternas,
resonó una voz cavernosa, implacable, terrible, de sonoridades extrañas y tonantes que infundían pavor:
-iAy de tí. hija de víbora, hija de incestuosa, hija de
Babylooia! ,\sí como e l basilisco se retuerce en la llama;
y el podrido sarmiento en la hoguera que lo purificará:
.Y el escorpión del desierto en un horno caldeado, así tti
caerás blasfemando en las brasas ele tus abominaciones;
y el Señor no se apiadará de tí por cuanto has· permanecido sorda al llamado ele los arrepentimientos. Y se
derrumbarán como borrachos los muros ele tu casa: y las
teas ele tus enemigos incendiarán tus ciudades: y las serpientes que arrojaron en mi foso resucitarán v se revolverán contra ti, mordiéndote el calcañar: y de tus carnes
libertinas, que d ila tan con lujuria las narices de los paganos, sólo quedarán, por mandato del Eterno. montones

Por él sendero de la vida
Que nos conduce hacia la' paz
De los sepulcros (siempre blancos
-De una blancura sin igual- ,)
Por el sendero en donde a todos
Nos es preciso caminar
Para alcanzar al fin del viaje
Siquiera un poco de piedad,
Vamos camina que camioa
Sin comprender adonde van
Nuestra envoltura desgraciada
Que nada tiene que legar
Y nuestros sueños e ilusiones
Que tienen algo de inmortal .. ... .
Vida monótona y tediosa.
Vida sin causa ni motivo,
Que es para todos una carga
Y para muchos ur. martirio,
Vida suspensa entre dos series
De cinco puntos snspensivos
Como un misterio siempre abierto
A las preguntas de los vivos,
De los encantos con que halagas
A los viajeros del camino
Que van cansados y dolientes,
Sólo el sepulcro es lo que pido:
Allí la paz no será un sueño.
Y paz es lo único 'que ansío,
Pero una paz total y eterna
A la que siga un negro olvido ..... .

Aurora
(Para "El l\1undo !lustrado")
\'en .... La nostalgia que me hirió es profunda.
\'eámos juntos apuntar la aurora;
Quiero un rayo de luz, roja y jocunda,
Que todo lo ilumina y lo colora.
Tengo miedo a la noche iconoclasta;
Al rodar ele los mundos siderales;
Me atormenta la comba, negra y vasta,
Y agonizo en las horas vesperales.
Ven, acércate a mí, tierna y-amante;
,\huyenta m i dolor duro y sombrío;
Da calma a mi razón febricitante,
Que siento el alma tiritar de frío.
Ya la noche agoniza: en el oriente
La luz descorre su nubloso manto,
Y ya la aurora, plácida y sonriente,
Irísase en las gotas de mi llanto.
El horizonte empápase de grana.
Y la luz tras el monte centellea.
Ya llega el despertar de la mañana . ...
;.\cércate. mi bien .... . r¡ue yo te vea'
:\1írame: así, que tu mirar fulgente
Convierta en flores mi pesada cruz.
.\rranca las espinas de mi frente ....
¡Que la sombra se acabe!. ... ¡Que haya luz! ....
Sacude tu !eta rgo y tu bel~iío . .. .
El cielo se arde con fulgores rojos . . . .
De tu amor y tu espírit,, me adueño ... .
¡¡Se hizo la luz en tus divinos ojos!!
~1.\:---UEL TOl{RES OROZCO.

El Presidente de la República recibiendo y correspondiendo la felicitación del Cuerpo Diplomático en ocasión del año nuevo.

N·oche Galilea
. \scenclió un escaño y se detuvo pal pitan te. Desfallecía.
Su nuca se doblaba perpendicularmente a sus,espaldas.
Su cabellera leonina colgaba hacia atrás como un quemado chorro de líbica miel. Llegaba de la sala de los
festines donde la habían ensordecido. hablando del pro·
feta Elías y del Mesías esperado. las discusiones de los
sacerdotes fariseos y saduceos, ele los estoicos esenios y
ele los galileos amigos del Tetrarca. Llegaba maread,,

Spo~.

Juego de baseball entre los teams Williams y Challners, en Agrlcultara, el domingo pasado. el
·
vencido y el vencedor.
-

La opulenta clanzadc. ra acarició a su favorito, untando
con el perfume del incienso )' del gálbano y aturdida
pon•l sua,·e y tibio clorso''.sus afilados clec_los ungiclÓs con
por los aromáticos ,·inos ele tamarisco y palma que ,·eel bálsamo de Galaad. sus frágiles dedos cuajados de
nían de Byblos )' Safet .\nhclaba la frescura del ai.-c
sortijas cuyas piedras preciosas cintilaban con ,·isos estulibre. la calma nocturna, la paz de la soledad. Le rependos: luego. sonriendo con imperceptible amargura.
pugnaban aquellas caras demasiado conocidas: la del jecomo si besara la hermosa boca de "'El." con sus pequefe de los pastos. la del babylouio Iasim, la del maestro
ños labios chupó apasionadamente, largamente. su pico
ele las escrituras. la del administrador de las salinas.
sonrosado. y quedóse pensativa ante el azulado humo del
.\demás. había escuchado de nuevo ··su \'Oz," aquella
cinamono que ardía en cuatro pebeteros ele pórfido.
melódica voz espantosa que a través del disco ele bronce
En vano. a la hora ele tercia, sus esclavas la rlivertían
sa.lía de las profundidades de la tierra para lanzar hotocándole la flauta. los címbalos, el arpa y los crótalos.
rrendos :,natemas. La brisa que soplaba del lago de GeElla huía. burlando a Herodes. para rondar sigilosamente
nezaret, de los cármenes ele Engaddí. del valle del Hebrón, ele los viñedos de Sarek y de los huertos de granados. higueras y sésamo que manchaban las lejanas ciudades ele Cafarnaum. Tiberiacles y Xazareth. la refrescó
un peco: pero. no obstante, tintineaban las cadenillas de
oro de sus ajorcas, en el cutis blanco de sus tobillos, bajo los negros cafzones bordados regiamente con mandrá·
goras ele cimotanas traídas de la Persia. Tuvo que apoyar
su crispada mano pálida sobre la bruñida balaustrada de
sicomoro donde espejaba la luna su luz amiga. miste1;iosa y fría. A lo lejos. eu redor. la sacrosanta Sión do-'mía
vigilada por la ciudadela de '"~áchoerus" y por la formidable torre Antonia: dormía entre sus profundos valles
salpicados de olivos, sus murallas almenadas y sinuosas.
su azufroso mar Muerto y las innumerables cúpulas do- ,
radas de sus templos y sinagogas. toda vagorosa como
una fantástica ciudad de opacos alabastros. Ella la contempló un instante con sus rasgados ojos de capelardentes joyas en cuyo interior parecían brillar dos llamas,
lanzó un suspiro de cansancio y permaneció indecisa.
reprochando dulcemente a la luna que enfermaba sus
nervios .. ..
De pronto la rozó una sombra alta y seca. medio desnuda. tocada con una peineta y armada con broncíneo
cuchillo que despedía lúgubres fulgores. Se estremeció
como si huhiese visto al demonio Magog que tanto anunciaban los nazarenos. Era Mannali el verdugo:
-,Dispensad, princesa!
Y elástico y silencioso a la manera ele macabro mono.
se perdió por una calada galería. en dirección de las
cabal l!lrizas subterráneas.
Al verlo, tuvo ella un fatídico e infantil presentimien·
to; pero ya repuesta del susto, siguió ascendiendo lánguidamente. con perezosos vaivenes de palmera. por la
amplia escalinata de mármol ele Naxos que conducía a
la terraza del palacio. A medida que subía. su respira·
ción hacíase fatigosa: sus breves pies, calzados con chinelas de pluma~ de colibrí. se pos."lban fuertemente en
las los.is, para no caer; sus duros senos de virgen cananea transparentábanse a través de su verde y finísimo
brial de tornasolada seda imbricada con láminas de plata; las calcedonias ele sus orejas n acaradas entrechoca·
bán Iei•emente. y ele vez en cuando se desprendía algún
pétalo de las rosas de Arabia que ensangrentaban sus
delicadas sienes. ¡Estaba imponderablemente bella!
Por fin llegó. Los cien pavos blaneos de Hercdes An·
tipas despertaron alargando sus cuellos y sus coronas de
á:rmiño. Había noches calurosas en que dormían plácidamente sobre los inmaculados florones de piedi-a marmórea. atropados con amor. semejantes a cráteras de nie·
ve, aspirando los acres y deliciosos aromas de los myrthos,
de los jazmines, de los arrayanes y de los laureles-rosa
Sport. Posse de jugadores del Williams; al bal y'
que susurraban allá abajo en el jardín maravilloso.
en la caja.

Señor Director de la Escuela Correccional de Tlalpam
donde se efectuó la fiesta de premios á que
se refieren los grabados adjuntos.

ENTONCES
.\1 galano poeta Don Enrique
Fernández Granados.
(PARA " EL l\h;:rno lLUSTRADO")
Será una tarde triste, dolorosa,
cuando mi cuerpo pálido, ya inerte,
al fondo bajará de humilde fosa
para dormir el sueño de Ia_~uerte.
Allí, tal vez tu mano cannosa,
compadecida de mi amarga suerte,
irá a dejar, solícita, una rosa
cuando en tí mi recuerdo se despie rte·
Entonces .... ¡ay!. ... quizá transfigurado
en un suspiro, volveré a la vida
para besar tus labios y tu frente . .. .. .
¡Entonces, de mi amor infortunado
yo te hablaré con voz tan dolorida,
que ha de vibrar en tu alma eternamente!
JUAN CASTRO.
\Téxico, D. F., r9u
El señor doctor losé Terrés. director de instrucción
primaria, presidiendo ia fiesta de premios de
las escuelas de Tlalpam. en la Escuela
correccional.
de gusanos asquerosos que hen irán en la ruina de tus
pecados!
. .
_
-ilaskanann ! ¡Iaskanan! ¡!rtto espantada la pnncesa
y su precioso cuerpo de culebra incrustada ele plata
rebotó retorciéndose, dislocándose. coruscando, enroscándose, azotando con espasmos de odio y ele pasión la
blancura del augusto mármol. .\ lo lejos so oían los sones funerarios de una guingra ....
Cuando el sol de Nizam doró con sus rayos el orgu11oso templo de Jerusaltm y volaron hac_ia el yeme_n_ los
primeros alcotanes. H erodías la encont_r~ tendida. hv1da,
desmayada bellamente como un gran Jmo de seda.
E ra Salomé, princesa de Judea.
SEVERO .\:11,\DOH.

..

Gru110 de alumnas de las escuelas de Tlalp,1n, que tomaron ¡iarle en la fiesta de 11remios.

�1r•~~lf'.~ptt~7i1~~7~77;:~;~;-~;ffl,~;1r1t-~·•
Gllit: -~

,

J~~~

L os Reyes Magos han llegado ya, mis querida:s lectoras; su venida es deseada ansiosamente por los niños que
esperan ver raalizados en este día venturoso, todos los
anhelos por los cuales han suspirado, quizá durante un
año entero.
Mas no es solamente a los niños a quienes traen obsequios los buenos Reyes del Oriente; su prodigalidad se
extiende a toda clase de personas. ¿N u nea habéis recibido de ellos algún favor, lectoras mías? Pues no perdáis
la esperanza de obtener sus generosas concesiones; y si
queréis saber hasta dónde se extienden éstas, os referiré
una breve, interesante y hermosa historia, que leí hace
tiempo, y cuyo sugestivo encanto aún no se debilita en
mi recuerdo. El poético relato nos cuenta cómo una joven y linda desposada, no obstante amar inmensamente
a su prometido, sentía, sin saber por q ué, un gran temor
de no encontrar la dicha en el matrimonio. Su alma inocente, pura y tierna, nada conocía de la vida; educada
desde sus primeros años en un colegio de religiosas, tenía toda la frescura de una flor recién abierta, Acababa
de volver a,su casa, una noble y lujosa residencia, en
donde era adorada por sus padres, de quienes era la única y querida hija.
•
La bella protagonista de esta narración, amó y fué
amada; su feliz existencia no había te11ido, por tanto, ni

~ l t i;;4i?r n;J~; )t¾;,!;il

una sola pena que atormentara su alma; pero con la instintiva clarividencia de los espíritus refinados, compreod(a que esa d icha no había de ser eterna, y pensó, muy
d iscretamente, en la justa compensación de penas y
alegrías q_ue se observa en la historia de la humanidad.
Entonces, comenzó a temer por su próximo cambio de
vida, y un tenaz presentimiento de ser desventurada en
su matrimonio, la atormentaba sin cesar, haciéndola sufrir largos y crueles insomnios. No existía, sin embargo,
ningún dato para fundar debidamente esta penosa inquietud; su prometido era un caballero intachable; joven,
rico, leal y generoso; ¿a qué fin, entonces, estos presagios
fatídicos? ...... Mas la bella desposada no podía tranq uilizarse, y una angustia indefinible la hacía padecer
sin descanso.
Llegó. por fin, la víspera del día de Reyes, y durante
esa noche lumioos;¡,. mientras la suave claridad de la luna, acariciaba al mundo que dormía en una calma profunda; en tanto que el castillo señorial permanecía silencioso, y en las grandes habitaciones desiertas se respiraba aún la atmósfera de la fiesta que acababa de concluir, nuestra interesante protagonista se levantó de su
lecho; envolvióse en una bata vaporosa y blanca; cruzó
las estancias solitarias, en las cuales se marchitaban lánguidamente las flores que habían ofrecido su perfume y

~

jante a lo., piadosos Magos, que en esa poética noche,
víspera de su fiesta, vienen al mundo para traer a los
mortales a lgún dóo precioso, cooio es la ilusión, el consuelo o el descanso!

i"'N~)

su belleza, durante la espléndida recepción ...... La
desposada fijó en ellas sus ojos, pensando con inmensa
melancolía en la brevedad de la dicha; llegó a un salón
én donde se ostentaba un suntuoso tapiz que representaba a los Reyes Magos, caminando bajo el fulgor de la
estrella; llevando entre sus manos los preciosos dones que
iban a ofrecer a l Divino Infante.
La joven los contempló largo rato, y i uego,,arrodillándose delante de ellos, pronunció esta sencilla oración:
"Santos y queridos amigos míos, desde pequeña tengo la
costumbre de acudir a vosotros, siempre que he sentido
en mi alma alguna inquietud; ya véis ahora cuánto temo
por mi felicidad; el amor que llena mi corazón ¡me hace tan venturosa! ¡La dicha humana es tao breve! .... Si '
sabéis que mi felicidad no ha de ser duradera, lle'i,adme
con vosotros para acompañaros en ese viaje sagrado que
todos hemos de emprender a una vida mejor" ..... .
Después de haber dicho esta inocente plegaria, la desposada sintió un sueño profundo; se recostó en un diván
que estaba próximo al maravilloso gobelino; cerró suavemente sus párpados, y se durmió. para no despertar jamás ...... Los buenos Reyes del Oriente, se la llevaron
antes de que conociese el desencanto.
¿Verdad que es bella esta historia, lectoras mías?
:cuántas de vosotras pedirán desde ahora un_favor seme-

I

Ya que en las crónicas pasadas hemos ofrecido a rutestras lectoras las noticias más recientes que la Moda indica para la confección de los elegantes trajes de baile
y los suntuosos mantos que acompañan a las lujosas " toilettes" de ceremonia, hoy debemos hablar de los hermosos y artísticos peinados con que deben complementarse
cltchos atavíos. Inútil parece decir que el peinado es uno
de los mejores elementos para realzar la belleza femenin~, ~o nos cansaremos de repetir que el Arte y la Moda
estan siempre de acuerdo en las diversas manifestaciones de ésta última, Vemos, en efecto, que el cuidado de
la línea, la disposición de las telas, los dibujos, la trama
y el colorido, tienen toda la comprensión del sentimiento artístico, siendo él quien preside las creaciones reoo,•adas cada día del adorno y "toilette" femenina. Con una
poca deobservacióo encontraremos la "Poesía;" el hada
encantadora que realza maravillosamente la belleza de
la mujer, idealizando cuanto toca con su varita mágica.
Es de esta manera como el Oriente trágico y turbador,
nos presenta en el momento actual el esplendor de sus
telas Jamadas de oro o plata, sus draperías envolvieotes,
de muselinas sedosas, y sus pedrerías cintilantes y deslumbradoras. Los pesados brocados, los da.mas·
cos de seda, mezclados con hilos metálicos, empleándose para los sontuosos mantos de noche,
los trajes de baile con todos los primores y re·
finamientos de que ya hemos hablado. los "aigrettes" colocados sobre los cabellos, retenido~
por "cabochons" de piedras preciosas, pueblan
los salones modernos de encantadoras "huríes,"
bellas griegas o cabezas bizantinas. de un estilo purísimo que da a las reuniones actuales
un carácter particular y ,·erdaderamenteatrac-

- ---.

mente las mujeres muy jóvenes, las cuales, comprendiendo que la juventud es una diadema que embellece todo
lo que se le :1cerca. se atienen a ella para disponer sin
temor su pernada de noche. No hay que fiarse de nada
de esto: lectorll;5 mías; es mejor consultar la opinión de
~10 hábil conse¡ero, a fin de obtener e l peinado que meJor convenga a la fisonomía en general.
. La ondulación de los cabellos es indispensable para
e¡ecutar cualq111er tocado moderno, pues es imposible
negar qu~ no hay gracia ni arte posible, empleando los
cabellos s111 ese-requisito. La disposición de la cabellera
después de ondularla convenientemente, es hacia atrás,
para formar . el nudo griego, todo vaporoso, o·eg1igentemente recogido. que tanta gracia presta al conjunto en
general. Todos estos peinados se adornan con múltiples
creac10oes, a cual más linda y artística. Ya son redes ele
pedrería o de hilo .metálico, rematadas en los lados por
dos broches de filigrana o de piedras preciosas, los cuales sirven para sujetar la red bajo el nudo de cabellos.
a manera de barreta. Del primer broche se desprende
un segundo, unido a aquél por
- ·medio de cadenillas de perlas
o de diamantes. Este último
broche se coloca en lo alto del
peiuado, casi sobre la sien, y
las cadenillas o sartas de perlas caen a los lados del rostro,
prestánd~le un encanto indecible. También se usan mucho
las diademas de pedrería en

-·

tivo.

Estas artísticas fantasías tienen, no obstante
sn indiscutible hermosura, un peligro real que
debe evitarse a toda costa. Dicho peligro es el
ele caer en errores de estética, por uua audacia mal interpretada de las tendencias modernas. En este error pueden incurrir más fácil-

'

.

Traje de paseo.

lana, y a la vez flexibles, que
abrigan y no pesan. Lo único
que es preciso tener en cuenta al elegir el género es que
sea un tejido muy compacto,
para evitar que las ramas se
enganchen. ·

La forma debe ser senc'illa,
cómoda y confortable; ·1a fal·da corta, a r5 centímetros' del
suelo, exige cierta amplitud;
2, 10 metros es suficiente. · Por
los costados se recoge el vuelo en dos tablas hechas hacia
adeñi:ro,. pespunte·adas hasta la
rodilla, y sueltas después, Si
se quieren sujetar mientras
dure el descanso, pueden ponerse dos trabillas con bbtoElegante peinado para soirée.

forma de ·espirales o anchas cadenas, luciendo medallones de filigrana o pied ras preciosas en lo alto
de la frente y a los lados
del p~inado, coloca.ndo en
el izquierdo un alto "aigrette" de plumas.
MARGARITA.

Por el momento, el "sport" que priva es la caza. Algunas elegantes dicen que teniendo la escopeta en la
mano, se olviélan de todo, menos de la "toilette" a propósito para tener la escopeta.
Hay tres clases de trajes para caza: el de la verdadera cazadora, la amazoná, de la que sigue a caballo las
peripecias de la batida, y el vestido de las que pacíficamente se dirigen en coche al -sitio donde se sirve el al-.
muerzo.

Toilette de gran lujo para recepción.
Abrigo salida de teatro.

Traje de baile

Abrigo de nutria y terciopelo para paseo.

L as primeras eligen tonos tierra, verde de otoño, marrón verdoso o verde obscuro, de terciopelo "cotelé,'-'
que se llama " Chásseur," como .parece lógico dado su
,,bjeto. Las rayas son anchas y de bastante relieve, y tiene la ventaja de que la lluvia no le estropea. El terciopelo "cotelé" puede mojarse dur ante varias horas sin que
se chafe; es un tejido sólido y resistente a toda prueba.
Además ele los terciopelos se usan las telas gordas de

nes.

Una precaución indispensable es poner a la falda de caza un falso ele cuero
finito, con el doble objeto de perseverarse de la humedad y de las espinas, que suelen introducirse traidoramente.
E l gabán tendrá la forma de un blusón, completamente suelto, con un cinturón flojo que no dificulte
e l movimiento de los brazos, y dos bolsillos para llevar el pañuelo y esas mil pequeñeces que siempre
son n ecesarias.
Las mangas, bastante anchas, se sujetan a la muñeca con trabilla y botón. El cinturón es de la misma
piel que el calzado, el cual será degamuzadura, con
suela de cornisa, tacón bajo y media polaina.
Algunas cazadoras intrépidas prefieren las botas
menos altas, y las bandas envolventes, llamadas "leggins," que llegan hasta la rodilla.
Los sombreros son de fieltro flexible, completamente encajados en la cabeza, con una cinta alrededor
de la copa, una tira de cuero o una ala tendida hacia
atras.
Los guantes, anchos, pero no finos, son de manopla
sin botones, y se ponen sobre lamangadel gabán. Un
problema difícil es el cuello. Los almidonados son
incómodo~. y los que se arma o con bailenitas, muy
frágiles.

�r
.....

r

E:I Mundo Ilustrado

EL MUSICO
Del libro "Tristezas Humildes "
en preparación,de Pedro B . M¿ _
ralea y N icolás Guille rmo Mellado.

Todas las noches le encontraba camino de su bohardilla; siempre con la melena flotando a impulsos del viento y en
la diestra carg~nd&lt;;&gt; el estuche que guardaba todas las 1lns10nes de su vida. Un
Stradivarius legítimo dormía por minutos en aquel ataúd forrado de negro. En
el semblante del músico había siempre
un sello de melancólica tristeza· una
tristeza suprema, una tristeza qu~ sólo
desaparecía cuando las cuerdas del violín comenzaban a lanzar sollozos al roce de las cuerdas del arco que manejaba admirablemente el artista.
. Siguiendo por los arrabales de la gran
cmdad, llegaba al fin a su bohardilla,
que para el pobre músico era el santuario de su arte_, y una vez en aquella pieza ~e convertía en otro; desaparecía de
su rostro todo asomo de melancolía y
sacando de su ataúd su Stradivarius, comenzaba a arrancarle lágrimas, lágrimas del alma del músico, con lágrimas
de algún nocturno de Chopín.
•
El músico permanecía largas horas ante
el a'ril que sostenía el papel pautado.
~ura nte ellas su espíritu dejaba de habitar en aquel cuerpo para vivir con el
espíritu del autor favorito del artista.
Muchas veces los primeros rayos dorados que rompían las tinieblas de la
no~he, lo sorprendieron allí, frente a l
atn\, con su Stradivarius descansando
bajo la barba, mientras el arco manejado con la diestra seguía arrancando lágrimas,
Así eran todas las noches del pobre

CUBIERTA PARA MESITA DE CENTRO o DE LABOR. Este benita cubierta está hecha en etamina blanca, crema o
cruda, guarnecida con un entredós y una puntilla tejida
al crochet, combinada con frivoleté.
Las ruedas tienen el centro de éste último, formando
una estrella compacta, recogida en el centro por medio
de una cadenete de catorce eslabones, Dichas ruedas se
tejen cada una aparte y se unen por cuatro de sus extremidades en la última vuelta, de la manera que verán
nuestras lectoras en el detalle que al efecto publicamos
e n esta página.
Si este encaje se teje coD hilo fino puede servir a las
mil maravillas para adornar servilletitas para té, en cuyo caso el modelo de cubierta que hoy damos puede
convertirse en pequeña servilleta, la cual debe hacerse
eD tela de lino. Para obteDer el juego completo, se adornará el mantelillo del mismo modo, aumentando solamente el número de ruedas, o bien, tegiéndolo con hilo
más grueso o poniendo dos entredoses en vez de uno.

RESPUEST.\.
GITANA; ¿ Cree usted eD la "buena ventura?" Pues no
comprendo cómo pueda tenerse una convicción firme
en aquello que no está comprobado de una manera absoluta, y todas esas predicciones del porveDir no se basan en nada sólido. ¿Por qué, entoDces, dar crédito a
tales embustes?
" Los .acontecimientos de la vida no pueden explicarse
solamente por la casualidad," dice usted en su carta.
Es cierto; pero si no se acepta esa explicación, cuyo
sentido abstracto no convence, ¿qué superioridad admite usted a las razones-si es que tal nombre se les concede a las teorías de los adivinadores-sobre la frase en
extremo vaga de "casualidad y misterio?" No intentaré
demostrarle cuánta vulgaridad y torpeza se encierran
en una fe tan absurda, pues creo que es usted una señorita inteligente, ilustrada y de recto criterio; así pues,
sólo le ruego que no siga consultando sus dudas y sus
recelos, con esas mujeres sospechosas, venidas de lejanos países; gentes bajas cuyas costumbres y conducta no
inspiran confianza, y que nada más se guian por su insaciable sed de dinero, porque, semejantes a las aves de
rapiña, gustan de lanzar su fatídico graznido anunciando
desdichas, al mismo tiempo que fijan, anhelantes, su rapaz mirada en todo lo que brilla, como el oro y la plata
con que usted obsequia a esa turba de harapientos y sucios gitanos.
Me pide usted una opinión sincera y no puedo menos
que cumplir sus deseos.

POST.\LES
TEODORA: Le agradezco infinito el envío de sus lindas
postales y correspondo cordialmente a sus amables deseos por mi felicidad en el presente año.
Con verdadera ansiedad espero la visita que me ha
prometido hacerme en los primeros días del mes entrante, pues su personalidad es tan sugestiva y simpática,
que siempre sentí deseos de conocerla persoualmente, lo
mismo que a su esposo y al hermano de éste. ¡Era tan
interesante la historia de aquellos amores infortunados!
Por fortuna todo se solucionó del modo más favorable, y
hoy, las dos parejas son felices y nada nubla su ventura.
Inútil me parece decirle que los acompaño de todo corazón en la vida tan dichosa que hoy disfrutan, pues tengo por ustedes grande estimación.
DUD.\ .\MOROSA
LIDIA: He leído su carta con toda atención, y después
de reflexionar seriamente sobre lo que me consulta, me
decido a darle mi opinión, deseando que usted la encüénl:re justa y oportuna.
Es cierto que su pretendiente es un_ joven_ caballeroso, trabajador, inteligente y de un refinamiento sent,mental, extraño en la presente época, ta~ escasa. en
ideales puros, pero. . . . sobre todas estas ex~raordmarias cualidades que, ciertamente, le convierten en un

príncipe de la leyenda, está la poca simpatía, o mas bien
dicho, la repugnancia casi inconsciente que dicho joven
le inspira, sin saber por qué ..\unque a primera Yista
pudiera aconsejarle que ensaye a vencer esa repugnancia, puesto que no está basada en ningú o defecto de rn
personalidad moral, y que procure amarlo, ponderando
sus bellas dotes espirituales, no me atreve a hacerlo,
pues tengo la seguridad :!e que en materia amorosa, jamás
resultan bien las imposiciones ni los trabajos forzados,
sino que debe imperar una absoluta y completa libertad
de espíritu.
Comprendo muy bien la complicación de afectos en
que usted se encuentra, pues deseosa de coroceT el
amor y no habiendo experimentado aun dicho sentimiento, por ninguno de aquellos a quienes ha tenido
cerca, hoy que una alma tan noble y levantada llama a
las puertas de su corazón implorando penetrar en él,
usted desearía abrírselas de par en par y ser dichosa
con hacerlo a él, pero yo le aseguro que no logra ria más
que representar una comedia innoble, cnyo desenlace
tendría que ser un rompimiento inexplicable o una confesión penosa. Así pues, si prefiere atenerse a mi opinión, le aconsejo que retire toda esperanza al infortunado galán, hablándole ~inceramente.
Tal vez no esté lejano el día en que usted encuentre
lo que ahora busca sin poder encontrarlo, y entonces ,·erá que no se duda sobre la resolución que debe tomarse.
.
Deseo para usted en el Nuevo Año, tan venturoso 'encuentro.
OBSEQUIO.
Mucho agradezco sus amables frases, deseándole igualmente todo género de felicidades en t 1
presente año.
.
Creo que será muy propio para obsequiar a la señorita su novia, corno recuerdo de Año Nuevo, un juego c'.e
tocador, una caja de perfume o una lamparita artística.
FERNÁN:

..

:••··········~···················
·············••:
i Aun los or"gani,mos más resistentes y mejor cons- 1
1
•
1
:
•
•

e
•
•

1

••
•

tituídos sufren serios trastosnos en estos días de
•
inconstante
temperatura.
Estamos en la tempora.da de mil enf.erme&lt;lades, si no gra,ve.s, sí mol,estas y no excentas de peligro, si no se acude
oportooamente á preivenirlas ó curarlas, es decir, á atajarlas ,3n su acción dañina ó destructora. Ocurr,e que, bien por
efecto del sol á ratos parece que penetra en el cerebro por la fuerza de los rayos que quennan, bien por la humedad de
que ge impregna súbitamente el ambiente 'Y por el estado lodoso diel piso, son pooo.s las familias en que ahgwno de sus
miembros, ancianoo, adultos ó jóvenes, no se encuentra at~cado de ,catarro, de dolores noorál,gicos ó neumáticos, ,de -cólicos·
alarman:f:ies.
Pero acontece que, no obstante lo que lamentamos la más auínima alteración en nuestm salud, nos cuid-amos relativaimente ,po~o de -conservarla, viviendo, mientras no nos asalta una d-01-encia, en la más absoluta tranquilidad y el más risueño de los optimismos.
Todas las persorra-s precavidas tienen siempre á mano UJil. preventiivo que entone y ,e.qu&lt;iJ.ibre el organismo al :primer síntoma de ma,lestar, ry en toda muestra República -el popular y benéfioo rec-0nstituyente conocido con el nombre de

1
VINO·
DE
SAN
GERMAN
•
e

•
•

MARGARIT.\.

•
•
••

nunca falta en infinidad el e hogares qu,e, por propia exiperiencia, saben los m,araviUosos efectos que produce, así en la
cmación radical ele multitud de enfermeda.des, e-orno en oponer resistencia á las que constantemente nos a11Uenazan.
ACEPTEN USTEDES ESTE BUEN CONSEJO : En todas las buenas droguerías y boticas se h&amp;lla ,de rvienta el
iantiguo y acreditado tócnico fortificante VINO DE SAN GERMAN. Usenlo en las dosis que se indic~·1 en lo8 frascos y ex'Perimentarán la inefable alegría de ver aleja,do iel ipeligro ·en mo.mento que se crean ,presas de cual:qni-:i· d-0lencia.
EL VINO DE SAN GERMAN iha dado resultados sorprendentes á los cniermos de la sangre, á los tuberculosos,
reiumi\tic.os, a,néanic-os, neurasténicos y, en general, á cuantos ipadecen de achaques nerviioso-s.
Para las señoras, &lt;durant·e el ¡período d,e laetan.cia, es ·un fortaleciente incomparable.

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:••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••:•

�El Mundo Ilustrado

El Mundo Ilust rado
rius, que había quedado aba ndonado
junto al a tril que sostenía noche a noche
el papel pautado.
Lo que pedía e l • pobre músico le fué
llevado al hospital. Cuando vió la pequeña cajita y el ataúd forrado de negro, donde descansaba su amigo inseparable, hizo un esfue rzo, un esfuerzo
inaudito y se incorporó en el lecho. Como se Tecibe a dos seres quer idos, extendió sus brazos, recibió las dos cajas
y casi con lágrimas en los ojos volvió a
acostarse. ·
El pobre músico ya no estaba solo;
tenía allí a Jo suyo, a lo que constituía
su familia. Los demá5 enfermos de la
sala miraron todo aquello con extrañeza;
pobres seres ignorantes que no sabían
que en la cama número diez una mate ria humana donde se agitaba un espíritu
gigante, luchaba entre dejar la vida,
despedirse de su arte o regresar a él
más amoroso que antes, con más energías, para seguir llorando noche a noche
en compañía de su querido amigo el
violín.
E l músico se moría. La enfermedad
era terrible, iba rompiendo todo a&lt;)ltel
organismo enfermo.
En las noches sacaba del ataúd a su
amigo, intentaba hacer sonar sus cuerdas, todo era e n vano. La debilidad de
sus brazos y de su cuerpo le impedían
entregarse al placer de hacer música.
Llegó al fin el terrible momento. El
músico, el pobre artista, estaba desahu-

músico. Dura nte el día se le veía por
todas par tes, siempre cargando el ataúd
en que guardaba a su compañero. L os
chiq uillos del barrio le llamaban el músico, su nombre se había borrado de la
memoria de aquellas gentes y había quienes antes de buscar la figura humana,
busca ban el pequeño ataúd negro donde
descansaba e l mejor amigo del artista.
C ie rta mañana, la ventana de la bohard illa donde h abitaba el músico 110 se
abrió. Pasa.ron dos y más días y todo
allí contin uaba bajo el mismo estado; los
sollozos que noche a noche arrancaba
del violín, se habían dejado de escuchar
y fué e~tonces cuando se di e ron cuenta
de que e l músico estaba ausente de su
bohardilla.
No faltó quien se interesara por el
músico; se le buscó en sus clases, en el
fonducho donde solía comer, pero en
todas pa rtes se extrañaba la ausencia de
los dos amigos inseparables: el violín y
el músico.
Su desaparición bahía causado extrañeza; todos se interesaban ahora por él,
todos q uerían saber el paradero de
aquel a r tista.
Una mañana no faltó :quien recibiera
una esquela. Era del músico, era del
pobre bohemio que enviaba a decir que
se encontraba enfermo en un hospital y
que por caridad abrieran su cuarto y de
él sacaran una pequeña caja, santuario
de 's us recuernos. v le llevaran también
a su amigo inseparable a su Stradiva-

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Un caballo forzudo.

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ciado, su enfermedad no tenía remedio.
El lo comprendió así, y la noche aquella, noche e n que se divorció para siempre de su Stradivarius, al notar que la
vida dejaría de ser en él, muy pronto,
haciendo un esfuer zo supremo se incorporó en e l lecho, sacó su Stradivari us y comenzó a hacer sonar con más
sentimiento que nunca, las cuerdas de
su viejo amigo.
Las notas de Chopin se escucharon
en aquella sala como notas de t risteza
innnita. El músico cobró ánimo, desaparecie ron de su rostro momentáneamente los síntomas de la agonía, y a medida que lloraba el instrumento, lloraba
con él.
El nocturno estaba para concluir. La
muerte fué terrible: el pobre músico
cayó pesadamente sobre la almohada, y
en sus convulsiones su pobre amigo quedó con él, mientras la cajita, al compás
de aquellas convulsiones, esparció los
papeles que guardaba.
En el lecho quecaban en significativo
consorcio un artista muerto, un violín,
las cartas de la novia y el retrato de una
viejecita que tenía las facciones del pobre músico.
Amorosamente, Selene, envió e l aceite
santo de su luz sobre el cadaver pálido
del artista, e iluminando el retrato de
aquella viejecita, par eció que ésta lloraba; las cartas de la novia se agitaron en
el viento y fueron a caer esparcidas por
el suelo como si una bandada de palomas fuera a hacer compañía al cadáver
del artista.

Pocas personas se imaginan la fuerza
que pueden desarrollar los caballos de
tiro, ni la carga que pueden soportar.
A fin de documentarse sobre este punto un parisiense ha recorrido las casas
de transportes de París, que son las que
mejo res caballos poseen, y ha visto, entre otros caballos notables, un per cheron de ocho años, que lleva tres dedicado a l transporte de piedras de talla, y
que tiene fama de ser el caballo más
forzudo.
Este animal ha a r rastrado él sólo un
bloque de piedra de seis metros cúbicos, de IZ,ooo kilos de pe.5o. colocado so
bre un carr o de cuatro mil kilos, o sea
un total de 16,000 kilos. carga cuyo transporte requiere seis caballos generalmente.

EN EL JARDIN
A UNA RUBIA .

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Deseo que todo el mundo sepa qu .,
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El señ or presb. P. Flores Valderrama, Av-e. del Instituto, P uebla,
nos escribió el lo. de Enero de 1912:
'' E l remedio 3X para el R eumat ismo, q ue vende la casa c1e ustede-s, e~
inmejora,ble y por tanto inS'llbstituible. Yo fuí un p obre enfermo que
venía sufriendo, desde hace más d~
20 añ os, de Reumatismo go-toso. Una
per:s-istente e nfer medad nerviosa hizo q ue la eliminación del ácido úrieo f u era punto menos de nula en
mi persona; y aihí me t ienen ,1stecles
sufrieuclo coustante,meute da desarreglos gástricos y, Jo que es peor,
de todo ese cortejo ele m olestias, su frimientos y clolore;,----':i.nclusos l• s
de Cálculos renales--que trae aparejada una Diátesis Urica. Llegué
rasi a estar parnlítico. En vano fué
que tomara una sede incon table ele
m edi camentos nacionales y extran_jeros; la condición ácida ele m i organismo se modifi có m uy poco y el reu mati s mo segura su marcha ilevast ~oora, ~iasta q ue se me ocurrió tomar
el remedio 3X pr epar ado por el profesor M unyo n para esta enfermedad. Con este medicamento me he
c urado por completo en menos c1c
dos meses y con sólo tres frasquitos.
L os dolores r eumáiticos se han retirado como por encanto; los riñones
funcionan m uy bien, y la eliminac ión del aciclo úrico es completa ~:
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Philadelphia, E. U. de A ,

Cuando entré en el jardín estaba envuelto en una semi-oscuridad confortable. H abía comenzado el espectáculo, y
el rumor de la orquesta mezclábasepersistiendo dulcemente-a. otro rumor
que venía de la calle próxima. donde
resonaban las frases confusas de la multitud del domi ngo, y e l chirriar de las
paralelas de los tranvías, rodando hacía
más lejos.
Desde mi sitio contemplaba el cielo
tachonado de estrellas, y su mutismo
eterno penetraba en mi espíritu, con
invasión más fuerte que los ruidos de la
muchedumbre que me rodeaba, y un
silencio pesado caía sobre mi vida aquella noche.
El soplo cálido del ambiente envolvía las espaldas descubiertas por las escotad 11 ras de los trajes, con un largo
beso de fuego.
A intérvalos la brisa susurraba eo las
plantas del jardín, y un rumor que llegaba de afuera, producido por el ir y
venir del o leaje del golfo, hacía pensar
en las p:Lrtidas hacia países distantes,
donde la temperatura del verano es más
benigna que bajo el cielo del trópico.
En los palcos del jardín, a lrededor
de las mesas, bajo la luz de los bombiUos eléctricos, conversaban las parejas,
formando grupos, y en la semi-oscuridad relucían los brillantes de las damas
como si fueran estrellas desprendidas de l
manto del cielo, y se veían risas discretas asomar á 1os rostros.
La concur rencia estaba alegre. Parecía q ue en todos los grupos reinaba la
verdadera felicidad, porque la risa es
contagiosa, y en sociedad es preciso cubrirse el rostro con una máscara que
no deje asomar en é l las incertidumbres
y las tristezas de los corazones.
Al fondo del jardín, en un g rao lienzo suspendido del suelo se desarrollaba una cinta cinematográfica, y e l aparato que la desenvolvía atravesaba con
un reflejo pálido la semi-oscuridad, y
simulaba un rayo de luna cayendo de
lo alto.
D esde mi asiento recorría con la mi-

rada todos los palcos. B uscaba un rostro her moso de mujer, uno cualquier a ,
para deleitar mis sentidos admirándolo.
Inconscientemente vino á mi el recuerdo de una mujer que algunas tardes he visto cruzar en automóvil. Es
pálida y es rubia. De su persona emana
un reflejo de idealidad. y cuando ella
pasa va dejando en pos de sí una estela
invisible de radiante gloria.
El crepúsculo de esas t"lrdes en que
la veo tornasola su cabellera dorada, y
forma a lrededor de su frente un halo
misterioso. Ella es Jo único bueno, lo
único fecundo y a nimado que se levanta en el desierto de la vida.
De repente descubrí en un palco unos
ca.bellos rubios, un rostro pálido . .. . era
Ella. Se destacaba su imagen más bella
y más interesante c¡ue otras veces, como surgiendo de un cuadro que iluminaba una luz roja, y en las medias tintas del ambiente se confundía todo a su
al rededor para dar más realce a su figura.
Cerca de Ella conversaban otras mujeres, y a su lado estaba un hombre ,
que a ratos adelantaba e l busto, sa liendo de las medias tintas, como pan oír
mejor las palabras de E lla, y entonces
yo veía su cara de imbécil y de bueno.
Sin duda él se esforzaba por aparecer simpático, y Ella reía con una ris,,
de infinito desdén, que abofeteaba en la
sombra el rostro de su compañero, y
éste reía también, pero con franca risa
de imbécil,
Acaso él pensaría aquella noche que
era el más feliz de los mortales; acaso
él la enamoraba, y sentíase dichoso porque imaginaba cercana la caída de
aquel corazón femenino: Pero un observador cualquiera, al verlos juntos, se
hab ría dado cuenta de que estaban eternamente separados, como están separados el talento y la estulticia, lo verdaderamente original y la vulgaridad, de ta 1
manera que si algunas veces las conve niencias sociales los confunden en un
mismo salón, pronto el impulso espontáneo de la vida los vuelve a separar.
M ientras Ella y él reían, cada cual a
su manera, yo recordaba, recordaba incesantemente, abstraído, con la barba
apoyada sobre e l pecho.
Oh, aqnella mujer me traía recuerdos

¿ QUt ES LO QUE NECESITAN

los DEBILITADOS, los FATIGADOS
aquellos que tleaen débiles los PULMONES y los BRONQUIOS t

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VICHY·lTAT

sin que nunca hubiésenos cruzado una
sóla palabra..
.\que! rostro flotó por primera vez en
mis sueños de adolescente una noche en
que dormía, perdido en la soledad de
una montaña, con mi hamaca al aire libre. colgada de dos árboles.
T a n fuerte impresión me produjo,
que lo veí_a después en mis horas más
turbulentas. Conservaba sus líneas d ispersas en la imaginación, y lo reconstruí
con facilidad siempre que quise a partarme un momento de la prosa de la vida y vagar con e l alma por un ciclo de
purezas.
Con qué afán lo he buscado por el
mundo en otros días, cuando era mucho
más joven, cua ndo soñaba despierto cos,,s dulces, y me creía capaz de una ternura inme nsa .

Oh, lo busqué, Jo busqué sin cesar en los tiempos en que aún oo era
inconmovible, y no reinaba en. mi corazón este pesado silencio de ahora, en el
fondo del cua l no se oye ni siquie ra el
lame nto de una esperanza, ni siquiern
una débil queja de dolor, ni et eco de
un suspiro . . .. nada . ... nada.
Diríase que ha muerto el corazón. Sí,
lo he matado por egoísmo. Lo acostum\:)ré poco á poco a que callara, eduqué
mi voluntad en la lucha, me auto-sugestioné diciéndome: "soy sereno," "soy sereno," y he concluído por tener hL impasibilidad de un mármol. Y para que
nunca más vuelva la turbulencia de mis
antiguas pasiones, la invasión del análisis cae en el fondo del alma, como una
ducha de h ielo, sobre e l ardor de las
que intentan levanta rse.
'rengo á mi pesar como lema la inconsecuencia. No puedo estar más de
tres días bajo la impresión de un mismo
sentimiento. De mí se pudiera decir que
soy un hombre impasible contra mi voluntad.

..¡·oh:~~~-;~~t~~::: ·.·¿~á~t~~ .

~¡

~~~~~.
caer en los brazos de una mujer en donde creía encontrar una vaga semejanza
con él, he sentido en mi corazón las furiosas aldabonadas de su recuerdo.
Largo tiempo Jo llevé en mi alma creyendo que no existía en el mundo.
Un día, de súbito, veo cruzar fugazmente un sombrero con negras plumas,
y ?ªJº el sombrero e l rostro pálido de
1111s pasadas evoca ciones, de mi sueño
en la soledad de la montaña .. .. P ero
era tar de. Lo vi perderse a lo largo del
paseo, y aunque sentía e l escalofrío de
la impr esión recorrer mis venas, me
contuve. En otros días lo hubiera tenido para gritarle: "yo te adoro. "
Oh, ese r ostro .. . . Cuando lo veo algu':'as tardes me digo resignado y t ranqn1!0: "pudo ser si el río de mi vida
no hubiera torcido su c urso brusca mente."

··L¡v;,:~té-¡¡ ·~¡b~~~ · y. ~iri ·h;~;a- ·;,;
palco. E lla, destacándose del cuadro que
iluminaba una luz roja, reía con una risa de supremo desdén, que abofeteaba
el rostr o de su compañero, y éste, que
adelantaba el busto, saliendo de la sombra, para escuchar mejor las palabras
de Ella, reía también, pero con franca
risa de idiota.
L a película llegaba a su fin , y las últimas notas de la orquesta se estiraba n
lánguidamente con vibraciones que pa recían sollozos _.. . . .
Hicieron luz, y s in volver a mirarla
me confundí entre la multitud dominguera que llenaba las calles de la ciudad.
s. QUESADAS TORRES.
Octubre, 1912.

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,vorlcl. En dicho libro figuran todos los
fundadores de las d inastías del dollar
con sus descen dientes hasta la tercera y
cuarta generación.
El primer puesto Jo ocupan por antigüedad los Vande r bilt, después figuran
los Gould, los Astor, los Rockefeller, los
Morgau. los Mackay, los Haverueyer, los
Fiels. los Belmont, los Witaey, los Leiter, los Goelet, los Lori!lard, y los ,\ rmour.
La lista de los miem bros de estas catorce familias indican que están muy
lejos de extinguirse. John Rockefeller.
por ejemplo, tiene dos hijos, John.Da·
vison, nacido en 1839, y W illiam, nacido en 1841. Jonh D avidson tiene cuatro
hijos, y todos, en fin, cuentan con nnm·erosos descendientes.

�El Mundo Ilustrado

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tan manifiesta verdad

diciendo " Imposible."
Pruebe este nuevÓ
Tratamiento y se convencerá. por si mismo.
La prueba. n o le costará. ni un solo centavo,
(Véase el cupón de aba.jo) y la. experiencia

le demostrarA. la. \'erdad de lo manifestado.
No hay razón que le d efienda. ahora para.

continuar enjuto y falto de peso el r esto de

eu v ida aun4ue bubtera ya probado cuantos

remedloe conoció para. engordar,

Este crabado le dará lo conocer mejor que

cuanto pudiera decirse el cambio asoml¡roso que puede obtenerse ganando
en el peso solamente unas
10-6-12 libras.

~====~-=-=_=_=_=_=_=_=_=_=_=_=_=_=_

Las muertes repentinas de
los automovilistas.
Se acab a de hacer un descubrimiento
que sirve dt explicación a ciertos casos
de m uerte repentina ocurridos entre los
automovilistas y aviadores. La gente
atribuye estos acciden tes a una enfermedad del corazón, pero los médico
saben que muchas veces no es así. La
investigaciones realizadas han demostrado que no pocos de esos bruscos fallecimientos de automovilistas y voladores
se deben a un enven enamiento por
ácido carbónico causado por la presión
del aire sobre la boca cuando el vehículo. sea terrestre o aéreo, marcha con
mucha velocidad. Esa presión impide
la expulsión del aire respirado, e l cual
puede decirse que una vez den t ro de
los pulmones no es sino ácido carbónico. Moviéndose normalmente este gas
no encuentra dificultades para salir, pero marchando a gran velocidad se forma delante de los órganos de la respi·
ración una especie de muro de aire que
no sólo impide la salida del gas nocivo,
sino que lo empuja hacia atrás, obligán·
dolo a ser respirado de nuevo y produciendo en el sujeto la especie de sopor
característico del envenenamien to por
el ácido carbónico.
Para evitar el peligro lo mejor sería
que los automovilistas volviesen la cabeza con mucha frecuencia para respirar, pero como esto expondría una falsa
maniobra, el mejor remedio es un guar··
daboca en forma de U, colccado horizontalmente delante de la boca y de la
nariz.
El envenenamiento por el ácido carbónico no siempre se produce de pronto; a veces se va manifestando poco a
poco. El peligro es mayor en invierno
que en verano porque los órganos respiratorios tienen un mecanismo que impide la entrada del a ire demasiado fr ío
y por lo tanto es más lenta la renovación del aire de los pulmones.

Con este nuevo descubrimiento puédese
prescindir de las recomendaciones de dieta
generalmente prescrlptas y de todo lo que

aparte de la vida. regular de los n egoctos.
Siga como de costumbre, y coma. c uanto
guste y apetezca. AdemA.s es un inofensivo
r em edio para. el sistema más delicado, pues
no contiene aceites, emuJslones, nt alcohol.
Es solo una pastll1a concentrada. que puede
tomarse sin que nadie se entere. Sus rn(1.s
prO:a:lmos a migos no n ecesitan saber lo que
Vd. toma. h ast a que queden asombr ados de
fiUS adelantos en peso y hermosura.
La excesiva delgadez, es tan mortifican te
como el exceso de c arne, Los hombres del-

gados tropiezan con grandes dlflcul tades en

el camino del éxito, y si tuvieran dinero
..nunca aparentaran ricos.'' L as mujeres
huesosas, rara. ,·ez son populares y aunque
vistan e1egantemen te, los ricos adornos no

pueden disimular el con torno del rostro y lo
prominente de los h ue~os. Tome sin pérdi-

da de tiempo Sargo! y abandone ya. el campo

de los flacos. En,•fenoa el cupón hoy mismo
y escrtba noa con c laridad su n ombre y di-

rección completa, dirigiendo su carta ll. "The
Sargo! Co., \lJO A Herald Bldg., Blnghamton, N.
Y., E. U. A .• y le re mitiremos tnmedlatamento

una caja. de Sargo! por valor de $0.50,
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Estatuas de queso
Los químicos han descubierto que la
caseína, una de las substancias que forman el q ueso, calentada y tratada por el
ácido bórico y el ácido acético, en determinadas proporciones, se convierte
e n un producto sólido y plástico, que se
endurece hasta el punto de poderlo tornear, limar o esculpir como si fuera
marfil, y hacer, por lo tanto, estatuas,
bajorrelieves, col umnas y motirns de ornamentación de todas clases.
Además, durante el proceso de petrificación puede teñirse la caseína de
c ualquier color, empleando un óxido
colorante,
Como es natural, por razones comerciales, las estatuas de queso no podrán
sustituir al mármol en gran escala, pero
representan un interesante esfuerzo de
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Dr. Luis E . Ruiz, Profesor de
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y_ aceptada por todos los médicos
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impresa en tipos grandes y ocupe
una plana entera del periódico.
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natural del hombre que cree lo
que dice, son el alma de un argumento. Si las palabras de un
hombre son discretas y racionales
y su reputación está libre de críticos, nos sen'.imos inclinados á
creerle y á colocar nuestros intereses en sus manos. Pero
nuestra salud es una cosa demasiado preciosa para que se confie
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afligidas con uua enfermedad
ambicionan su pronto alivio y
curación ; y asegurarles que so les
puede ayudar sabiendo quo es
imposible, no es justo. H ay r¡u.o
hacerse cargo del hecho de que la

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la firmeza del pecho sin causar

dal!oalgunoálasalud.Aprobedo
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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