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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Los Paliativos
Cada enfermedad tiene su origen o asiento eo algún órgano del cuer po; pero mu·
chas de ellas proceden de sangre impura. Para combatirlas eficazmente hay q~e ~tacar la fuente de donde proceden o sea &lt;la causa&gt; de la enfermed..d Los paliativos
exteriores p:&gt;dráo aliviar los sufrimiento, del paciente ; pere &lt;no curan&gt; y a v~c~s son
hasta perjudiciales y cootraprodu~entes. En los casos de enfermedades que tieoeo
su origen eo las impurezas cooteo1das eo la saogr~, debe procederse a atender _Y auxiliar la :1.cción de los riñones que son el &lt;alambique&gt; de la _sangre Conseguida 1~
eficaz depuración de ésta, la enfermed~d cesa. ~or_no depurativo potente y reconstt·
tuyente sin igual, damos a conocer la formula s1gu!ente _que l'stá hoy en uso general
y en diferentes paises por ser adecuada en cualquier chma: _Extracto compuesto ve·
getal Arvelina, 15 gramos: Jarabe compuesto de zarzaparrilla, 6o g ramos; Jarabe
compuesto de hipofo,fitos, 45 gramos. Estos com_ponentes pueden ,,bten~rse en _cual·
-quier botica. Mézclense y tómese uo:i. cucharadita después de cad,1 comida, temendo
el cuidado de agitar el frasco antes de usarse

bilitados que están en el camino de la lo·
cura y que de seguro llegarán a ella, si no
es que encuentran, por decirlo así, otra
puerta de salida.
Si los locos auténticos se matan menos
que los demás hombres es sin duda porque
hao pasado ya la mayor parte al lado del
suicidio, lo hao dejado atrás, más debilita·
dos, en lo sucesivo, o más desequilibrados,
de lo que es menester para darse la muer·
te.

EN USO CONSTANTB
HACE MAS DB
TREINTA AÍVOS

o o o

Se poede, pues, considerar el estado de
ánimo del suicida, como una locura, y no
me parece que sea preciso encaminar por
el sendero recto, la opinión v·.1lgar en este
punto.
En conjunto es verdadera, suficientemen-te verdadera, si se piensa cuán elástica es
la palabra &lt;locura&gt; y cuán dificil dar su
defioicióo;-y es además muy saludable
por cuanto es una de las mejores y más
fuertes represiones de la maoia suicida ;
muchos hombres, o algunos por lo menos,
El número de los suicidios se ha cuadr u- se detendrán en su designio, ante la idea
plicado y aun quintuplicado en Europa de pas_ar, después de su m_ue_rte, por_lo~os:
desde hace un siglo
la vamdad humana es e l ultimo seotim1eo·
Luirns s
Europa se mata. El odio de la vidd au- to poderoso que nos acompaña hasta el se·
menta en ella sin cesar con fulminante ra- pulcro.
pidez.
. ~e.mi-locura, u otra cosa, e~a. ~aoía de los
La Conversión del Grao Padre Y Doc·
Como los progresos de la c ivilización C1V1hzados qu~ se llama su1c1d10, ¿cuáles
tor de la Iglesia Sao Agustín. Sao Pío V. material hao sido de rapidez extraordioa· son las cood1c1ooes en las cuales se en·
Papa Confesor y Santa Cresceociaoa Már- ria, exactamente en el mismo lapso de tiem· cueotra como en el terreno más favorable
po, algunos hao concluido, casi &lt;a priori,&gt; a su desarrollo?
tir.
por suponer que el suicidio es una eofer·
Desde loego, y esto cc~fi_rr_na 1~ q~e pre·
CUANDO OTROS FALLAN
medad de la civilización, y la civilización cede, las atmósferas de c1V1l!z'.'-c!óo intensa
CONSULTE A
MARTES 6.
la causa general de la ioclioacióo al suici· soo aquellas eo que el su1c1d10 abunda
LOS MEDICOS INGLESES
dio.
más.
(ESPECJ.\LISTAS EXPERTOS}
este puoto es que la &lt;;pioióo de todos El_sui~idio es mucho más urbaooque ru·
Sao Juan cante portam Latioam&gt; o sea esEn
unánime.
ral, 10fio1tamente
más.
Ellos
y curan toJa clase de enfermeJaJes
• •d
Crónlc:t~tratan
y Nerviosas especktles . L:,s enfermed:1Jes
el Martirio de Sao Juan Apóstol y Evao·
Ahora hay que entrar en ciertos porme·
E 1 su1ct io alcanza su mayor actividad de la S.,ngre en el hombre y en la mujer. e&lt;¡&gt;eelalmennores.
en la región central de Europa, donde la te la EsteriliJaJ y 10Ja clase Je enfermedaJes de natu_gelista. Sao Evodio Obispo Mártir
La civilización desarrolla el suicidio sim· vida civili2ada es más activa; y es menos raleza
en ambos
sexos queRaJIC3l
requieren
exrerlencl.:tJellcada
y hablllJaJ.
Una cumclón
y Permaplemeote
porque,
salvando
a
un
número
común
en
los
países
del
norte
Y
del
sur
de
nente
e,
GARANTIZADA
en
caJa
ca&lt;0.
MtbCOLES 7.
mayor de personas débiles, las deja en se- Europa.
SI no pueJe rresentarse a &lt;u con,ultorlo. sirvose
uida solas
en la lucha con las dificultades
y¡ más todavia:
en los países
septeotrio·. env!arles
un_ timbre
Jerara
a cinco
. Y aunJomlclllo.
c~,stlo.
·d·
•
nano le sera
envlaJo
un centavos
tr:u~mlenu.,
La Madre Santísima de la Luz, Patrona gde la vida, a las cuales sucumben)
na es Y men 1ooales, las regtooes más próx1- Han curado ya a muchos padcnte&lt; Je esa manera, a
Es, para mi, ¡,. principal razón.
mas a la Europa central, son también las quienes no hnn vl,to Jam:is.
t&gt;riocipal de la Diócesis de León Santos
En el estado de barbarie los débiles son más fecuudas en suicidios.
Sin embargo, una visita es r referihle en caJ• C.'.1.•
Estaoislao Obispo y Flavio Mártires.-Fuo·
suprimidos por los fuenes; en el estado de
J\Sí, el it~liaoo se suicida en e l norte de ' ºuno caución de $soo.oo oro. &lt;e da a cu,lquler percióo en el Sagrario, Santo Domingo y a l· civilización se suprimen asi mismos; y la It~ha Y el toglés en el sur de 1:1 Grao Bre· sona cuyo caso sea tratado sin , xito.
~una otra iglesia.- Eo la Basílica de Gua· implacable ley de Darwio continúa siem· tana, Y el belga al sur de Bélgica.
I~STITUTO ~1EDICO BRlT,\NICO
Del mismo modo, los países~~ _iostrui·
&lt;ialupe, función de la Diócesis de Cuerna· pre siendo verdadera.
, a. Calle Je López. S
En el fondo, si es la principal razón. La dos son aquellos en_ que más ~u1c1d1os ocuMé,lco. D. F.
civilizacióo es una aput&gt;sta contra la oatu· rreo: las clas~s soctales.~á~ instruidas pa·
Hora, Je Consulta: Je Q a. m. a 6 p. rn.
raleza y no podía ser otra cosa, y es cues· gao mayor tnbuto '.1"1 smc1~10.
Domingo,¡;¡: Je 10 3 . m. a r r. m.
JUEVES 8.
tióo de honra ganar el par1ido: peroesevi· ¿~s culpa _de la !ostrucc1óo~
OTRAS OFICINAS EN
dente que no puede ganarlo siempre.
);o se advierte bien la relación que pue· Puebla. Pueb.
Portal HIJalgo No. s.
La Octava de la Asceosióodel Señor. La
Por una parte, llamado el sér débil a la da tener u?a cosa _con otra.
.
.
Mérida, Yuc. calle 61. No. 514.
Pe_ro la 1ostrucc1óo es,.a un. n:11~mo hem· GuaJalaj.1r.1, Jal. S:m Francbco, No. 235.
Dedicación de las Catedrales de Colima y vida y manteniéndolo en ella durante un
NOTA ESPECIAL:
Zamora. La Aparición de Sao Miguel Ar· tiempo bastante largo, resulta victoriosa, po.. signo y c~usa ~e_ l_a vida c1v1hzada más
pero por un instante, y en la decadeoci.. activa, y 1~ vida c1v1ltza?~ ~s como un cal·
El Prof. W. H. Hsle. Pre,IJente de la Institución,
cáogel. Sao Acacio Mártir.
deplorable de ese ser débil, del cual ha do de cultivo para el su1c1d10.
es tá ahora a cargo Je nue..-.t ra oficina principal en México. D. F.
hecho un reproductor, es derrotada, en de·
o o o
VIERNES 9.
fioitiva, de una manera vergonzosa.
Por otra parte, la civilización no sólo
expone e l sér débil a las luchas con las diEl celibato y el matrimonio también tie·
Sao Gregario Naziaoceoo Obispo Con- ficultades de la vida, sin poder indefinida· neo, por último, su influencia sobre el suifesor. Padre y Doctor de la Iglesia Griega. meote ateouárselas, sino que !o e.,pooe tam· cidio.
Los celibatarios practican el suicidio con
- Comienza la novena de la Santísima Tri· biéo al peligro de los placeres de la vida,
para despreciar los cuales es demasiado mucha más frecuencia que los casados
COGNAC
oidad.
débil: y se convierte, por ejemplo, en un
~o es esta la única razón por la cual las
alcohólico o en un eterómaoo, o simple· personas casadas alcanzan edades mayores
mente en un desequilibrado; y el suicidio que los célibes; pero es sin duda uno de
SÁBADO ro.
lo acecha y es demasiado débil para resis· los motivos; y se puede considerar el ma·
tir a sus gestiones
trimooio como una suerte de seguro de lar·
Santos Antonio Obispo Confesor Gordia· Un Dios celoso quiso que cada progreso ga vida y como un preservativo contra el
E imaco Cirioo Mártires, Job Profesor de la civilización huma°:ª tenga su precio, suicidio.
'
.
que cada paso dado hacia adelante tenga
El matrimonio es bueno, como dice la N i nguno tan del icio so como éste .
00' P
y el Beato Juan de Av1la Coofesor.-Eo su contrapeso en un paso dado hacia atrás; opereta, de~de todos los puntos de vista.
Catedral, Basílica, parro-quias y vicarías, se y lo que es peor, que no podamos calcular
Esta opereta es tao buen sociólogo como
repite la bendición de la fuente bautismal, nunca, si hecho el balance, hay en defioi- buen moralista.
con la misma solemnidad del Sábado de tiva
g~oaoc!a,
.º compe_osacióo
Laaun
inmunidad
quealelhombre,
matrimo·
Ese Dios
existe ?pérdida
Sería bien
malicioso. De? oio,
sin hijos,relativa
confiere
no _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __
B OOA DELICIOSA, FRAGANCIA
la concede del todo a la mujer cuando el
Gloria.-Vísperas cantadas en Catedral hoy tollos modos parece que existe.
en el ALIENTO con las
Pero esto es aún muy general. Los débi· matrimonio no tiene hijos.
en los tres días siguit!otes.
les se matan. Sea. Pero en qué precisa·
La mujer casada y sin hijos no solameomeote son débiles ? Cuál es la naturaleza te se mata tanto como la célibe de la misde su debilidad? Son loL-os?
ma edad, sino que &lt;se mata con más freDOMINGO 11.
Parece que no. Los locos no se matan, cueocia &gt;
Pascua de Pentecostés o Venida del Es· Por lo menos los locos auténticos
Esto, señores, oo resulta, por cierto, en
No se suicidan con mayor frecuencia que nuestro propio honor.
píritu Saoto.- El Beato Juan de Avila tos demás hombres: ha.;ta se matan en me·
Probarla que no somos nosotros los ca·
Confesor y cuyo oficio se suprime este año. oor número
paces de hacer a la mujer feliz, sino los
- Santos Máximo Mártir, Mayolo Abad y
La locura, la locura auléotica y catalo· hijos; y que, sin ellos, es más de~graciada
Francisco de Jerónimo Coofesor. -Oficio gada, sería más bien un preservativo.
con nosotros que si permaneciera solte·
d d d'
·
Si alguien tiende a conservar la vida, sa· ra
Y misa de la solemoida
el ia: nto doble brá lo que debe desear
·Por lo demás, estoy convencido de ello;
de primera clase con Octava pri,·ilegiada Y Sin embargo. se nos dice que los suici· y no se requiere más que un poco de cbornameoto eocarnado.-Fuocióo e iodul· d«s son neurasténicos, y ciertamente que servacióo, de buen sentido, para ,·er no se·
:gencia plenaria en Catedral y Basílica _ los neurasténicos no son locos, pero son lamente .¡ue es así, que debe ser así, siro
enfermos, y enfermos de una enfermedad también que-aun cuando no supiérarros
que así es- deberiamos estar persuadic!os
También hay función en la parroquia del que p redispone a la locura
Se puede, pues, considerar, sin temores de que no puede ser de otro modo.
Espíritu Santo y en las iglesias de la En·
Lo que mata es la soledad.
carnación, Jesús Nazareco y alguna otra. de engaliarse, a los suicidas como seres de·

--------------- - - - -

Calendario de la semana.

- - - ----

Sobre el suicidio.

·R

oNtCO N

RAELCATA

VIOLETAS RUSAS

Ahora bien, la mujer casada y sin hijos, ri;a y me tendió una mano larga y fina,
está más sola que la mujer célibe.
donde el metal ha dejado su marca, una
La soltera, o vive con su fa~i_lia, Y es el mano de obrero, de hombre que ha mane·
caso más frec~eot_e, o aun v1vtendo_ sola, jado el martillo y la lima, mano sucia y su·
está ~eoos sohtana que la esposa pnvada blime; mientras sus ojos rientes preguntade h1¡os.
.
tao mi nombre y mi arte, y yo tenia ansias
:~ede ro~earse de. relac1ooes.
de arr odillarme ante aquel anciano y besar
r1eoe_ amigas, vec10as, c?m~~sales. Es humildemente su mano sucia.
n~cesano contar c&lt;;&gt;~ 1:1 soc1ab1hdad feme-No Je vendo esa cama porque la oece·
moa, q_ue no p~rm11tra que le falte o u oca sito, fueron sus primeras palabras.
compani3; y amistades..
..
.
Casi sordo. El silencio en que vive lo
La mu¡er casada y s10 h1¡os no tteoemá~ aisla del banal ruido para escuchar mejor
que a su marido, el cual, por sus negocios las voces ocultas de su cerebro fecunda·
o por sus placeres, o únicamente porque dor.
e_llo está en Id naturaleza del hombre, está
Oigo lo que quiero- me dijo entre car·
siempre fuera ~e casa.
.
. cajadas, cuando mostré, inocente, mi sor·
Pero ~é aqu1 el punto prec1~-e_l man· presa ante su defecto fisico,-pero fuerte
do, º'? diré_ que ~r ~u preseoc1~, s100 p_or en mis sesenta y seis años. Consagro mis
su ex1~teocta, le 1mp1de a la mu¡er relac10· energías a la perfección del fonógrafo y
narse. . .
del "kioetophooe."
~o qms1era, c~aodo llega, encontrar la
y a Ja sorpresa del vocablo, su locuaci·
~ llena de vec10~, o no eocoo~rar a su dad fué sorprendente. Tomó mis brazos
mu¡er porque estuviera de tertulia en la con su brazo fuerte y comenzamos una se.casa de enfrente.
.
rie de paseos a lo largo de la bibliote·
Resulta de esto que el mando no es com· ca
·
pañero sino &lt;un aislador&gt;.
· Esa es mi última manía! He logrado
:--o le forma una sociedad a so mujer, y unir a la acció n fotográfica, el sonido, con
le impide hacerse de ella. Permanece ais- tal precisión de tiempo que al terminar el
lada, predispuesta al pesar.
movimiento del labio expira la vibración
de la palabra. Todo sonido ~e reproduce
EMILIO F AGUET.
fielmente en la película, ya sea el disparo
de un cañó n, ya sea el eco de un suspiro.
Trabajo hasta las dos de la mañana y co·
rooaré con el triunfo este deseo. La fiebre
Fué el primer día de nieve de este ama- del éxito me embarga, como hace años
ble invierno. y los edificios de un color ro- cuando l~gré por vez primera en e_l mundo,
jo oscuro se apretaban unos contra otros r~p~oduc1r la voz humana o refle¡ar el mo·
como para calentarse ; abrimos• una puer- v1mteot&lt;;&gt;- Yo no descanso un momeot~, _ca·
a y nos encontramos en la biblioteca de d~ m~s taozo al mercado uo ~parato util y
1Tomás Alva Edisoo.
aun s1e?to en el f_oodo de m1_ cabeza e~a
Entre tanta cienc ia, entre tanto recuer· pugoi3~1dad d~ m1 raza amencaoa, de tr
do, entre tantos planos y modelos, entre más e¡os, de ir hasta el fin ..
.
escritorios rebosantes de documentos, cer•
y su_ braz~ ~pretaba el n_uo, en una d1·
ca de un bloque de cobre de dosciee:tos sooaoc1a dehc1osa, pues mi.entras hablaba
kilogramos de peso, al lado de una caja coa e1 c~lor d~ un cooveoctdo, no ~~ba
de cristel con un cilindro impresionado por de reir 1of_aot1l~~ote, rebosando de ¡ub1lo,
la ardiente palabra de Gladstooe; un lecho de salud, ce fehci~a~.
_
de campaña trata de ocultarse tras una es· . Frente a cada ".1tnoa me ensenaba alg_o
ta otería de libros de física : es el Jecho don· 10teresaot~, los primeros telé!ooos, los pn·
de el sabio duerme las pocas horas que su m~ros _tooograt~s'. ~us estudios en la fa.
cerebro se ¡ permite
bnc~ctóo de c.d1[1c1os d~ cem~oto, su per·
0
Aquella cama de hierro. estrecha y fría, fecc1óo_ telegrá~ca, sus 1nv~oc1ooes ~el _fe·
me pareció un altar un secreto tabernácu· ~r~carnl eléctrico, y )a simple maquina
Jo.
'
'd1ctograph" para el _dictado?~ ~artas
Piadoso contemplaba la almohad:l donde
-Yo creo qu~ sera un per¡u1c10 para la
la cabeza que ha pensado tanto ~ueña des· estenografía; m1lla_res de e~pleados ~esará o
pierto O piensa soñando: oculta fuerza tras ~ la labor mecánica que 1~veotó S1_r Isaac
a lgo que nadie ha percibido, deseo impe· . 1_ttmao, ante esta máquina terrible y
rioso de escudriñar un infinito invisible a util.
ojo humano v de apoderarse de un ele-La humanidad no puede ser seotimeo·
mEoto desconocido del cual ningún sér tal. Hay que simplificar y renovar. Si el
sospechaba la existencia,
emplea:lo sufre, el propietario gana. Yo in·
Y en esa contemplación me sorprendió vento para el mundo, no para favorecer
Edisvo.
una clase!
teda discusión
Se adelantó rápido, con una 5'lorisa casi
Diplomátieo.meote evitó

FLOREINE
CREMA DE BELLEZA
"Hermosa mano, blasón vale", d ecía Luis XIV. Para tener manos blancas, hermosas, finas, sin asperezas ni humedades importunas, para que las uñas estén tersas y rosadas como
digno coronamiento de dedos graciosos, aconsejamos que se
unten durante algún tiempo, al acostarse, con h: CRE~IA FLOREINA, poniéndose después toda la noche guantes de piel de
perro, anchos y flexibles. Por este medio se consigue tener unas
manos bonitas y aristócrátas.

CREMA FLOREINE,
POLVO FLOREINE,
JABON FLOREINE
De A, GIBABD, Bue ti' At~,,a, 48, París
UNICOS AGENTES para la República M~ricmno

-

El Trabajo de las
Mujeres No Tiene Fin
• En la mayoría de los casos, ésta es
la pura verdad. Las mujeres trabajan
desde por la mañana hasta por la nochE:,
cocinan, barren, sacuden, van al mercado y regresan á la casa con multitud
de paque t e s para proceder luego á preparar las comidas. Todo esto significa
un desgaste de energías nerviosas las
cuales el delic:ido sistema de la mujer
no debe perder.
P e ro el trabajo tiene que hacerse
y el cuerpo debe estar en buena condición, y para esto las mujeres deben de
tomar, cuandc, están malas,

EL COMPUESTO VEGETAL DE LA
SRA. LYDIA E, PINKHAM
HE AQUI UNA PRUEBA.
Providence. R. l. :-: "Le escribo para darle cuenta del mucho bien que
me ha he cho su med1cma y p:1ra que otras mujeres sepan que pueden encontrar ayuda en este remedio. Hace unos tres años estaba sufriend~ con
dolores tirantes hacia abajo, menstruacion irregular constipación y dolores
de cabeza. Estaba muy triste todo el, tiempo. Co~encé á tomar el Compuesto Veg~~l de la ~ra. Lydia E . finkham, las Píldoras del Higado y á
usar la LOCJon Sanativa y al poco tiempo estaba curada y tan bien como
estoy ahora. Tengo una casa de huéspedes y trabajo todo el día pues yo
soy la que atiendo_ á los hue sped~s_. Confío en que toda mujer que sufre
pruebe sus remedios. Sus med1cmas hacen esposas y madres felices.' ' Sra. .ANNA HANSEN, 579 Potter Avenue, Providence, R.I.

Si está Ud. sufriendo al~nna de estas enfermedades y desea un
consejo especial, escriba confidencialmente á Lydia E. Pinkl1am MediSu carta será abierta, leida y contestada por una sefiora y considerada estrictamente confidencial.

cine Co., Lynn, Mass., E. U. de A,

eogarzaodo en su frase netamente ameri· miran dos máquinas parlantes; e l foo6gracaoa, dicha con ese acento nasal del ·•yan· fo de Edisoo Y un gramófono de una coro·
vocabulario tao ama· paEñílagprariovaadªc·a
•• como aolt·
.
dkee"d y ese pintoresco
bl
o I o O gurna
e 1 o¡o
" e .este pue o.
.
.
e ipación de la sorpresa, ataca .-s u defectuoPasamos a \r"".és de 10fi01to~ talleres so oído al cuerpo del gabinete ; un disco t'S
donde ra ras ma quinas ~oo maoe¡adas por colocado, y el fonógrafo- canta una meloobreros de dulces soonsas.
día suave, redonda, poderosa, como si en
Por las ventanas se veo otros edificios de el interior de aquella caja de ma dera necinco y seis pisos, todos en labor, todos gra, viviese el hada barmooia; es una pleperfecciooaodo los inventos de este hom· garia de una ópera italiana, y la artista ha
bre sobrenatural: a un lado la fábrica de impresionado aquel disco con una sublime
baterías eléctricas, todas clasts de aplica· devoció n de arte.
ciooes domésticas; a otro el cinematógrafo
A la última nota, una nota grave y relicoo sus enormes chimeneas de ladrillos y giosa de contralto, Edisoo levantó la cabesobre todos la nieve lenta, blanca y tris- za mientras en una perlada risa me dice :
te....
· - Verá Ud. la diferencia- y tomando su
Llegamos al salón de audiciones, un pe· silla, va a la máquina rival que entona la
queño anfiteatro, donde frente a frente co· misma plegaria dicha por una artista del
modos pugilistas prontos a un combate, se Metropolitao Opera House.
es la misma sonorida d mística es un
canto vibrante. raspado, chillón , do¿de las
notas agudas tiemblan y se arrastran metálicas, mientras el final grave se pierde
en un rumor ronco como el estertor de un
asmático.
Y de una máquina a otra, Edisoo comienza una ~rie de. ".iajes deliciosos, juzgando su disco, cn hcaodo cada sonido
como si pudiese contar la millonésima par:
te de una vibración, frunciendo el ceño
cuando la menor aspereza alterase la me•
lodía, deteniendo el mecanismo para eoco;,trar la deficiencia.
- Vea U d., en mi fooó~r'lfo no se necesita ca~biar la aguja. La punta que tiene
es un diamante que dura para siempre. Esa
otra, y aqui sooreia mostrando el gramófo•
no donde un animal doméstico escucha la
vo z de su amo, es hija mía tambié n : pero
de ese alumbramiento de dos hijas la una
me ha salido perfecta, la mía ; la otra, muy
defectuosa.
T ímidamente Je mostré mi deseo de conocer el "kioetophe,oe" y su sonrisa se
agrandó aún má~ al complacer mi c uriosidad, como si tuviese piedad de mi sed de
ciencia, de mi profana impertinencia en
penetrar en recinto aún cerrado al filisteo.
- Dentro de diez díaz , arios teatros de
:--ueva York presentarán el ioveot&lt;; y ya
una compañí'l me ha ofrecido medio millóo de pesos por la e xplotación de esas
pellculas en la ciudad de \lueva York.
F. G. DE CI5~ERO S.

Emilio ú'KANUEL ~ Co. Avenida 16 de Septiembre, 65.-~XICO

"'º

�BIBL!!)TEC.11 UNJVl='Pc;fTAíll~
ALFO'' O R
EL MUNDO I LUSTRADO

Carta a un Amigo
Consejos Para Adquirir La Belleza
Se debe usar siempre un jabón que se se¡,a que es
sua1•e y ¡,1110 que limpia perfectamente eu lugar de
obstruir 6 abrillantar el cutis.

(Juerido a migo: •
Me parece ver tu rostro entre pasmado
y risueño, cuando te imagino leyendo estos
renglones. ¿Que por qué te imagino pasLo. mejor manera de mantener el cutis limpio y
sa1uda0le es usar sólamente el puro y legitimo
mado? .... La razón es muy sencilla: t:'.1,
como todo el mundo, al abr ir una carta, lo
JABÓN BORATADO DE
primero que tratas de leer es la firm«: y
¡cl:tro! cuando convertidc, en Ch~mpollion
has podido descifrar aquellos garabatos
que quisieron ser letras y hubiste leído:
Rui Gal, te has pasmado porque conoces
perfectamecite a es,;i seiior y sabes que es
perezoso para e~cr ibi r .... ¿Que por quií
te imagi no sonrient,;i ? Pues .... ¡vamos! he
Después del bai\o ydespuésdevestirscdebcn
de usarse los Polvos de Meneen de 'falco
sido franco al principio y lo seré también
Boratado. Absorve::i el sudor y otras secreahora. Te imagino sonriente, porque, pociones venenosas. mient:-as Que sLc:; cualidades
niéndome en tu lugar, creo q ue yo sonreisuaves calman cualquier irritación.
ría de contento al recibir la carta de un
El u so continuo de estas dos famosas preparaciones
dán por resultado un cutis más limpio, más salu~able.
amigo a quien quiero : y como yo me vanamás bello. C.rhard M....en Chem. Co., Newark, N. J.,[. U. de A.
glorio de ser amigo tuyo y de que tú me
A gen.el&amp; pan. la.d.l1tribuclon., eu lfextco· LA BOTICA NtrEVA,
llonterre7, Nuevo Leon. Se ven.den ea. tod.u la.a
quieres bien, creo que sentirás contento al
bottcu y f&amp;rm&amp;ciaa a 80 cen.tavoa plata la c..ia
leerme.
Y pues soy perezoso para escribir, g rave debe ser e l motivo para que, &lt;tomando
las ocios..s plumas&gt;. (al revés de Don Quijote) emprenda este viaje, no por los e:-teosos y conocidos campos de Montiel, como el enamorado de D ulcinea, ese &lt;geoey sus consecuencias: Jaqueca, Malestar, Pesadez Gastrica,etc. roso loco a quien la cuerda realidad ,·a
moliead o a palos y puñadas,&gt; como dice
Gregario Martíoez Sierra; sino por los diPURQATIVOS, DEPURATIVOS v ANTISIEPTICOS !atados vergeles de la imaginación y las
-■--•-----■T■-■LiíiiilEiiR■OÍoY■,111196;,;•:,;R;,;,;;u¡;;e.,;d¡¡,',¡;Am_,a;;,t¡¡e¡;r,.d¡¡a¡;m;,¡.
· 111P,¡&amp;¡¡R¡¡l.¡8¡¡.¡1f.,;l¡¡¡odll¡¡¡¡¡';,;'¡;;ª;
' ,¡F.;a.,rm_;oc;I¡;;ª;
' ;.
· _ , extensas llanuras de la razón. La causa es
~
esta: Leí un trabajo tuyo que me gustó
mucho. y no pudiendo estarme quieto, tomé la pluma y me preparé a darte mi opinión- aunque no me la pedías-a sabiendas de lo desautorizado de ella.
En ese tu artículo, nos presentas e l genio
inmenso de Laplace formando mundos.
Nos transportas a épocas geológicas para
Sola y Unlcá Calldad
mcstrarncs a la tierra en su infancia; nos
la haces ver después en su juventud, y nos
narras todas las peripecias de su vida. Xos
babias también de ese otro genio maravilloso, que con su libro &lt;Origen ne las esPara conseguirla
y el Nombri ºCHRIITOFLl"
pecies&gt; imprimió vigoroso empuje a la
EXIJASE esta Marca
sobre cada pieza.
ciencia del hombre y señaló brillantemenL
te • l período actual, según frase d el ilustra&lt;!o profesor. Nos babias luego de la
MEX/CO • ll&amp;USER y Z1VT -,, C ...
evolución y estoy confcrme. Yo también
creo que la existencia en este muodo no
es sino un tramo de la jornada q ue emprendemos hacia la m.. ta que es la perfección: un ,·iaje de retorno hacia un espíritu
p erfecto. C reo que la muerte es tan sólo
un descanso. El sér fatigado de caminar,
se sienta a la vera del camino, para dessiempre BB eficaz. Millares de personas curadas por ella testifican
pués levantarse transformado, ,·igororn, y
I sus maravillosos re&lt;Jultadoe, -, por eso es que se ha hecho la pre•
continúa su ma rcha; vuelve a caer y torna
ferida del público, Basta usarla una vez para tenerla siempre en
a levant?rse en otra vida cou ma)or esprevención, Produce efectos segurisimos en
fuerzo, y después de muchas caminatas y
Q/IAIVO8, TUMOlll!!.11. AI..MO/1/IAIVAS, Hl!!.IIIDA8, ,-uSTUI..AS, 1..1..AQAS,
muchos descansos llegará a la meta ambiUl..01!!.IIAS, QUl!!.MADUIIAS, ,-,sTUI..AS, 1!!.IIUPCIONl!!.8. l!!.TC., l!!.TO,
cionada. .
01!!. Vl!!.NTA l!!.N TODAS L.11S D/IOQUl!!./IIA8 '/ 80TICIIS,
Y bien , querido amigo, puesto que estoy
hablando con si nceridad, voy a hacerte un
A 25 CENT A VOS LA CAJA.
r¿proche.
Para ¡ 08 ill&amp;"ree donde no ■e eno11entre, as deapaohatranoo de porte annaneo
¿ Por qué escribes tan sólo trabajos ciendon el pedido en &amp;ellos de oorreo 1().80 on. por oada oaJa y por docena 13.52,al DeJl()1lt&amp;r10 reneral,
0/ITl!!.QA. s• OAl..1..1!!. DI!!. ••N"IQUI!!. N 9 e:,,
tíficos? ¿ Por qué cuando tus amigos te piA,-A/ITADO ,s,r,
den un trabajo literario, de imaginación,
te excusas diciendo: O científico o nada?
•e1uco, D, "•
Ya sé lo que me vas a responder: que no
puedes: y yo te respondo: sí puedes, pero
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - &lt;.
no has que r ido Es cierto que la ciencia
es muy hermosa: basta para ello que sea
una mujer rubia, blanca y de ojos ,-erdes
P ero tú estás perdidamente enamorado de
ella, y no te fijas que cerca de tí pasa, entre otras muchas, una muje r no menos bella: la Poesía.
!!:ntrégate a esa mujer, querido amigo,
de c uando en cuando; ella es ternura, es
sentimiento. Cuando aquella mujer rnbia
de q ue hablé al principio se muestre esquiva cuando estés fatigado. cuando estés
triste, la Poesía, mujer hermosa, tendrá
palabra~ caric iosas para consolarte. Xo es
una mujdr vulgar: es recatada, es pudorcInve11lada en 1.860, es la más antigua y queda superior
sa, mas no se entrega a ningún quidam.
&lt;La Poe5ía, señor Hidalgo, dice el cláá todas las imitaciones que su éxito ha hecho aparecer.
sico, a mi parecer es como una doncella
tierna y de poca edad y e n todo extremo
DE
hermosa .... No quiere ser manoseada, ni
SIN BISMUTO
traída p~r las calles, ni publicada por las
esquinas de las plazas, ni por los rincones
oñe los palacios .... Habrá de tener, el que
Á LA
-la tuviere, a raya, no dejándola correr en
Et»ijase la Marca de Fábrica: ~. SIMON - PARIS.
torpes sátiras ni en desalmados sonetos.
•
..111.. ~~
Conque concede un poco rle ame r a la
poesfa. );') se necesita ser pceta para amar-

Contra el ESTREÑIMIENTO
Ex-u·ase1o.YERDADEROS GRANOSdeSALUDdelD'fRANCK

:.Plateria "CHRISTOFLE'''
La Mejor

m

I·~l~~~!!~:M ~~!~=
1

ª"· ,..,.,..,..,. •.

1

m"-

CREME SIMON

Registrado como articulo de segunda clase er 3 de NOviembre de 1894.-

Año XX.- Tomo 1.

lmpreso en papel de las Fábricas de San Flafael

México, Mayo 4 de 1913.

•

&lt;La poesía, pug na sag rada,
Radioso arcángel de ardiente espada,
T res heroísmos en conjuncióu:
El heroísmo del pensamiento.
E l heroísmo del sentimiento
Y el heroísmo de la expansión.
RUI GAL.

JABON DE VERBENA
CALENDULADO.
(Obsérnm m multados darute Os se■am)
Ex&lt;1ulslta ayuda en
el tocador,wr&lt;1ue es
una cleDtíflcacomblnaclóo de las virtudes dulclflcantes de
Verbena y da Clltnddll,
Su uso en -pocos días
afirma las cunes y
embellece la tez, Impartiendo la lozanía
y una vtvltlcaclóo
perfumada, compara ble sólo con la Que
se obtendría de experto masaje dado
con vnluptuosos aceites orientales.
Evita y cura la
caspa, los barros y
las enfermedades cutáneas, vlirorlza las
raíces del cabello,
delicioso para lavar
la cabeza y bañar it
los niños. Precia de
la pastilla $1.00, Por
corren certificado:

1
1

.:&amp;f

La

FONDO RICARDO COVARRUBIAS
la, como no se necesita ser Narciso para
amar la belleza .... ¿ Poeta he dicho ?
Esta palabra me trae a la memoria un
a rtículo de nuestra amigo Florentino ....
Ya ves, Florentino, estudiante corno nos·
otros, cortejador de las ciencias como nosotros, en un momento de expansión, en, ía
en su artículo na beso a la Poesía. Nos
habla de los poetas, de esos afortun,ldos
amantes ele la mujtr que tanto queremos,
y que tú también quieres, aunque debes
quererla más. De esos graneles hombres
que si son Homero, son historiadores y
geógrafos; si son Eurípides, son psicólogos;
si son David, son legisladores; si son Dante, son filósofos. Dice Sbelley: &lt;Los poetas son hierofantes, de una inspiració n incomprendida; espejos de las gigantescas
sombras que el porvenir a r roja sobre el
presente; trompetas que llaman a la batalla; legisladores desconocidos del mundo&gt;
Ahí tienes maravillosamente descritos a
los poetas
Pero .. .. creo que dije a l empezar est;¡,
carta que era yo perezoso para escribir, y
como no quiero que se diga que soy mentiroso, aquí termino, recomeodácdote que
tu próxirao artículo sea literario. Tú, amigo mío. eres luchador, eres investigador,
eres soñador a fuer de joven: pues bien, la
Poesía es luch.. ; en e lla encontrarás na
campo de investigación; también es esperanza. Oye ahora lo que dice uu poeta
xicano:

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la firmeza del pecho sin cauSJar

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,J. RATlÉ, Phe~,
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Fraseo 001 ilstruuiones en ParisG'35
Mexico:
J. LA.BAll!E, Sucesores y ()lo,

Monumento a doña Josefa Ortiz de Domínguez en la ciudad (:le Querétaro.
Obra del Ingeniero Carlos Noriega,
- - -·

Número 18.

��Es fábula corriente, sobre todo entre los turistas de
allende el Bravo, eo la que creemos a pie juotillas, que
nuestro país es uoo de los más bellos del mundo, tanto
por lo que hace a sus bellezas naturales como por Jo que
coocieroe a sus mooumeotos.
Y efectivamente lo es, la fábula descansa sobre hechos
comprobados y sobre observaciones hechas por personas
que han demostrado por México más cariño que nosotros mismos, Pero si preguntamos a muchos de esos turistas y al noventa por ciento de los mexicaoós dónde

están esas bellezas, seguramente que nioiruoo de ellos
oos sacarán de dudas.
Nos citarán frases hechas, nos dirá n que México es
el &lt;Egipto de América&gt;, que hay un Popocatepetl y un
Ixtaccibuatl y que en nuestro museo se cooservao preciosidades arqueológicas que la mayoría de ellos no entienden.
Y si a los que tal dicen pedimos que oos sirvan de
guías para contemplar tales preciosidades, seguramente
que no sabrán por dónde empezar. Algún explorador

fy~rta ge 1a casa de) seijor ~osendo Ri vera eo Querétaro,- Fot. Kahlo

alemán escribió acerca de nuestro México desconocido
y lo hizo coqsistir en los paisajes de la zona de los bosques cerca de la costa del Pacífico y las costumbres de
las indiadas nómadas que viven y recorren esos bosques.
Y, desgraciadamente, no es eso lo que se desconoce
de nuestro país; todo mexicáno sabe que hay muchos
indios eo nuestro territorio, y en Europa apenas si se
sabe algo más si no que somos un país de indios semisalvajes. Pero nosotros hemt'S contribuido eo grao parte
a entretener tal idea, ¿cómc queremos que los extranjeros tengan de nuestro país uoa idea favorable si DO!'otros mismos oo la tenernos mejor ?
S i nosotros no podemos enumerar siquiera sea someramente las grandes bellezas que encierra nuestro país, ¿cómo
han de llegar éstas al cooocimieoto de
los extranjeros?
Aparte de las preciosidades naturales, eo que abunda nuestro I\Iéxico, desde el punto de vista arquitectónico, sio
citar otros puntos, tenemos monumentos que enorgullece rían a cualquier
país; ¿por qué oo los conocemos ? por
pereza y por apatía.
Tenemos a pocas leguas de nuestra
capital la joya más grande quizás que
pueda hallarse en América del arte churrigueresco: el convento de Tepotzotláo; las vías de comuoicacióo son rápidas y fáciles; el sitio es pintoresco, y
sio embargo, cuán pocas personas se
han tomado la molestia de visitarlo. La
preciosa fotog:afía que publicamos en
la primera plana de nuestro número
anterior llenó de admiración a la ma·
yoría de nuestros lectores que no sospechaban teotr el alcance de la mano
un tesoro de belleza tan grande.
La ciudad de (Juerétaro encie rra
templos y patios de uoa riqueza y de
uoa belleza iocalculables; apenas hay
quien sepa de ellos. La catedral de TaxC'&gt; es uo primor; pocos son los q¡¡e la
conocen siquiera de nombre. La parroquia de Dolores, donde se proclamó la
independencia nacional, es bellísima y
oo hay quien lo sepa. El templo de Santo Domingo de Oaxaca bien merece un
viaje desde cualquier parte del mundo,
solo para verlo, pero nosotros no lo hemos hecho.
Sería tan larga la lista de edificios,
monumentos, etc., que pudiera citar, que
no cabrían en el poco espacio que debe
tener esta nota. la cual tiene por objeto
tratar de aficionar a nuestros paisa nos
a que conozcan nuestro país para que
puedan hablar de él cuando los extranjeros preguoteo dónde está su decdntada belleza
Hueoa muestra de lo que venimos diciendo soo las fotografías que ilustran
esta página y la frontt:ra.
Confesamos iogénuameote a nuestros
lectores que nosotros mismos, que ta nto
hemos visto, desconocíamos la casa del
señor Rivera en Querétaro, y sólo recorriendo la bella colección fotográfica
del señor Kahlo, nos dimos cuenta desu
existencia. La puerta, c ..racterísti ca de
la época. colonial, subyugó nuestros ojos
desde luego que la vimos, y los patios
entretuvieron nuestra atención por un
buen rato. Esperamos que nuestros l&lt;ctores encontrarán dignas de su admiración ias fotografías que ofrecemos de la
casa del señor Rivera.
Y, puestos e n este camino, iremos
ofreciendo, con la mayor frecuencia posible, fotografías de todo lo bello que
vayamos encontrando en nuestro país."
Ojalá que de esta manera C?~tribuyá-· ·
mos en nuestra esfera a que se quierá'
a México, por lo que en realidad es: y
no por lo que dicen las fábulas. El galante título de ciudad de los Palacios
que dió Humboldt a nuestra capital, se
encontrará casi justificado, y no se hab lará ya de él con sarcasmo. México, a
prin cipios dt:I siglo XIX, era una de las
capitales más bellas y más ricas del
mundo.

•
..

•
Piso alto del patio principal de la casa del señor don Roseodo Rivera, e n Q ueré taro. P lanta baja de la casa del señor Rivera .

F ots. I&lt;ahlo.

�"Rosa Musgo."
Especial para "El Mundo Ilustrado."

A mi distinguida amiga la señorita
Luz Aj&lt;1ria.

¿ Sabréis, señora, un remedio
para curarme este mal?
Pues que vos me Je habéis dado,
vos me Je haréis de quitar.
.... Yo no sé que haya en el muodo
tao cruel enfermedad.

,

¿ Diz que esto celos se llaman?
iStñora, y qué malos son!
¿ Y diz tambi.3o que los t¼les
son vástagos del amor?
iAy! iQue no sé si vos quiero,
y tengo celos por vos!
Bien me acuerdo de un domingo
de Mayo, en que fui a ruar,
luego de misa de doce,
sefor de mi libertad,
más finchado que un virr,.y,
la calle del Arenal.
Cruzaba por los Coloreros;
y hube de topar con vos;
guardábaos una dueña.
y babiais por rodrigón
un vejete avellanado,
que enfadoso me miró.

No parl yo grandemente
en vuestra rara beldad.
y cierto que si no oyera
al momento de pasar
decir: "Aquesa es primera
ea lo~ Caños del Peral."

¡juro a Dios! que a la hora desta
no hubiera aqueste escozor
que siento insistentemente
por tierras del corazón.
Que yo no sé si vos quiero,
y tengo celos por vos.

No había moza vistosa
ni almibarado galán
que atente&gt; oo vos mirara
al momento de pasar;
ella, muriendo de env!dia;
el, muerto de amores ya.

Y viendo que vos miraban,
empecé a miraros yo;
y vos, viendo que os vía,
mandásteis al rodrigón
que se vos pusiese junto
por velar vuestro primor.

¡Bienbaya la sireoica
de aqueste amoriado mar
que llama a los corazones.
y cuando cerca los há
húyese hacia la ribera
para verles naufragar!

Dígame la comedianta
(no me ande en cábalas yo),
s i es que maodóme en secreto
alguna vista de amor,
que yo no sé si vos amo.
y tengo celos por vos... ,
DIEGO SAN JOSE.

Ante una estatua

¿Qué llevas en la urdimbre de tus rizos
Y en tus labios.de nítida bl,lDcura,
Que la luna al hundirse en la espesura
Te bañ:t con sns célicos hechizos ?
¿Qué misterio se oculta en tu pupila
Y ea tu pecho de Diva candorosa,
Que Castalia al mirarte se perfila
:Cn dombo de la onda quejumbrosa ?
¿ Acaso eres celaje levantino
O presagio de triunfo perenoales,
Q ue engarzando lo humano y lo divino
lJeificas el ideal de los mortales 1
Quién pudiera expresar tu idealidad
Y arrancar de los labios de las olas
El dulce ritornelo de las violas
Para ensalzar tu augusta magestad!
¡Ah!, dicen que en tu cuerpo marmolioo
Se ocultan los pesares de los muertos,
Y que llevas cual viento peregrino
La queja que murmuran los desiertos.
¡Tal vez! porque silente y pensativa
Te mantienes al pié de los umbrales,
~eñalando el principio de la vida
Y el fío de los dolores mundanales.
LAURO G. CALOCA.

Para "El Mundo Ilustrado."
Deja que cante el himno de los amores
en la lira divina de los ensueños,
deja que tu camioo riegue de flores,
virgeocita hechicera, luz de mis sueños.
Deja que tus recuerdos vaya rimando
al compás melodioso de mis canciones,
deja que tus quimeras vaya cantando,
· tus dulces esperanzas, tu3 ilusiones,
Adorador rendido de tus encantos,
admirador ardiente de tu belleza,
para ti son, Oh Amada, todos mis cantos
cual sencillo homenaje de tu pureza
Eres de los jardines flor deliciosa,
que triunfa en los combates de la hermosura,
eres, Oh princesita, joya preciosa,
r eina por tus encantos y galanura.
Como un trofeo galante para mi dam'l
a tus pies deposito mis madrigales,
mi corazón r endido sn amor proclama
en rondeles galantes y arias triunfales.
Q uisiera yo en mi lira de amaute bardo,
caotar de tu belleza mis impresiones,
al sentir de tus ojos el dulce dardo
que pasa dominando los corazones.
Reina de mis ensueños. dueña :le mi alma,
virgeocita hechicera de mis amores,
tus frases cariñosas me brindan calma,
y alejan de mi pe.::ho los sinsabores.
Eres dulce sonrisa de p rimavera,
arrullo delicioso, flor sonrosada,
alba de mis amores. dulce quimera.
priucesita adorable, niña encantada.
Llevas en tu alma pura rico tesoro
de bontlades, amores y sentimientos,
y por eso rendido, niña, te adoro
y te ofrendo sincero mis pensamientos.
Por eso te proclamo reina y señora,
y p:tladio ~alante de tu belleza,
mis líneos trofeos, Oh eocaotadora,
son sincero homenaje de tu pureza.
Deja que cante el bimoo de los amores
eo la lira divioa de los eo~ueños,
deja que tu camino riegue de flores,
vi rgeocita hechicera, luz de mis sueñlls.
PABLO M. SOSA.

Yo conozco las crueles amarguras,
Que acibar;io las noches y los días.
Y las hondas y leotas agoofas,
Que siembran en el pecho las tristuras.
Por eso guardo en mi alma las ternuras
lomeosas de las grandes elegías,
Consolaciones de melancolías
Y bálsamo eficaz de las torturas.

¿Te arropan en su manto las Tristezas? ...
¡Yo oo quiero que sufras! Seca el llanto
Al limpio fuego de mi puro amor:
C ubriré tu pesar con mis ternezas,
Mitigaré tu duelo con mi canto
Y uogiré tu dolor con mi dolor!

Cuando nos tratamos por primera vez ¿recuerdas?
Nada hacia tí me atrajo; tus virtudes que boy conozco,
la sencillez que te caracteriza y tus bellas cualidades
ptsaron inadvertidas. Estaba en esa época en un estado
de iocoocieocia tal, que casi oo vivfa Un golpe terrible
sufrido eotooces, hizo que cambiara. Al saber que tocabas, (dispeorn, querida amiga, la franqueza) sentí disgusto y voy a decirte por qué. Yo amaba ioteosameote,
como se ama la primera vez; permite que te haga esta
coofideocia, amiga mía; quiz.i con ello cometo una falta,
pero quiero que hoy que me has hecho sentir algo muy
hondo y muy triste desahogar en parte esta pena que me
llevará al sepulcro, pena que sólo tú debes conocer, tú
que has sabido recordarme la época más feliz de mi
vida.

Era el mes de octubre.
Soplaba un vientecito helado.
Sentada_ allí junto a la ventana, deshojaba ioconscieotemeote ue&gt;a margarita para saber si él me quería. De
pronto y sorpreodiéodome, apareció él, el amigo de la
infancia y sin que se lo pudiera impedir, me quitó la
flor y siguió diciendo: si .. . . no .... si no, y al terminar
dijo tristemente ¿ves? ella no me quiere. Entonces comprendí que él como yo amaba en silencio. ¡Qué dulce es
amar así, querida amiga! Es el amor más puro y sublime
que existe.
Después, como pensando ea algo triste, dijo: ¿Qué im-

porta que la flor diga lo contrario, si al fin sé que ella
me ama!
Veo, voy a tocar un wals que estudié sólo para quetú
lo escuches, y tomándome la mano, nos dirigimos hacia
ti piano y tocó•
.
Nunca hasta entonces había oido música tao melodiosa y elocuente. El amor no se define, amiga mia, pero
si alguoa vez en un atardecer de otoño, cuando el sol
magestuoso se hunde eotre nubis de oro y gran:1, y !as
hojas de los árboles se desprenden para rodar s1len~10~as hasta el abismo que las sepulta en el eterno olvido,
cuaodo tu pensamiento esté oc upado por alguien.ª quien
amas, y cerca, muy cerca de 1í se encuentre, q!-11zá sentado junto al piano el sér querido, para deleitar a los
que oyeo; eotoncess, amiga mia, habrás sentido el amor
tal como debe ser, el amor no descrito aúo por los poetas, el amor que dá vida y mata al mismo tiempo, el amor
que convierte; e l amor que hace estremecer de goz~, el
amor intenso y puro que oo se acaba ouoca y que existe
auo después del más allá ..... .
Y tocó en aquella tarde otoñal el sér amado, y enviándome una mirada dulcísima, que oo olvidaré jamás,
murmuró en voz baja: ¡Te amo como tú a mí! Aun cuando tus labios nunca han pronunci;ido esa frase, sé que
me amas tú también, tus ojos me lo dicen y perdó name,
pero ...... iTe amo!. ..... ;Te amo !
Ante aquella coilfesióo inesperada no sé qué sentí, y
mientras con su maoo izquierda oprimía una de las mías,
con la derecha seguía tocando aquel trozo, que cual
marcha nupcial ameoizó la fiesta en que se unieron dos
corazones en un juramento de amor eterno. Y ea aquel
divino éxtasis permanecimos no sé qué tiempo, mudos,
sin oir más que la música que brotaba como eosueño
misterioso, como promesa de angel.
Uoa voz iofantil oos interrumpió; era mi hermana que
abrazándome cariñosamente me dijo al oído: iQué bonita pieza! dí que la toque otra vez. Y se dejaron oir como antes aquellas ootas que debían ser más tarde a la

vez que ml tormento, ei recuerdo dulce de la tarde más
feliz de mi vida.
El piano enmudeció ..... .
Llegó el mes de noviembre, de sombras, de luto, de
tristeza, y la irónica, esa a quien llamamos muerte, envidiosa de mi dicha y haciendo lujo de crueldad intensa
me arrebató al ser querido.
Hoy, al escribir tstos renglones es la media noche y
para desahogar en parte mi pena te bago esta confideocia: todo lo que me rodea duerme, el dolor solamente
vela conmigo y en mis oídos resuena aún el eco de la
música de aquella tarde y que tú con esa sencillez y
ternura que te caracteriza ejecutaste tao admirablemente hoy, sin imaginar al hacerlo que en ese momento sufría el corazón de quien tanto te quiere.
Pero olvidemos todo, querida amiga, ya que tú solamente has sabido hacerme seotir lo que el amado ejecutando el vals &lt;Rosa Musgo,&gt; que amenizó la fiesta en
que se unieron dos corazones en un juramento de amor
eterno.
C LOTILDE VILLEGAS LEAL.

UNA TARDE DE MI MAYO
Este era, en otro tiempo, el mes de los poetas y de ios
enamorados. Buena viejecita, viejecita de cuento de niños, que veo allá enfrente, haciendo calceta, detrás de
las vidrieras que desempolvan las primeras lluvias, ¿dime si no es verdad 1
En tus mocedades, decir mayo e ra como decir alegria.
Me acuerdo aún. en mirándote alzar y abatir la mano
con la aguja enhiesta, o subirte, sobre el fino dorso de la
nariz borbónica, las antiparras &lt;siglo diez y ocho;&gt; me
acuerdo de las amarillentas estampas, de los antiguos
grabados, de las viejas aguas fuertes, que representaban

AGUSTIN MANUEL DOMINGUEZ.

VIllt~fü)© IL.A IL.VUVITA••.•
Parece que las pupilas
En estas tardes de lluvia
Se dilatan contemplando
La más espantosa duda.
Parece que a nuestros ojos
Se asoma nuestra alma y busca
Detrás de los hilos de agua.
Lo que la existencia oculta,
Parece que ya presiente
Que más allá de la tumba
Se perderá nuestro espíritu
Otra vez en conjetur:ts
Que una contínua esperanza
Las mantiene y las perdura
Pero sin que nadie sepa
Si son o no son basura....
Parece que ya soportan
Desde hoy la inmensa tortura
De conocer que el descanso
No ha de ser posible nunca
Y que después, como ahora
Y como ayer, nuestra ilusa
Prisionera ha de agitarse
Viendo luz en la penumbra . ...
Espíritu que áomioa
Sobre todas las alturas
y a los problema~ bumaoos
Diz que les prestas ayuda,
¿Por qué te enredas en vanos
~ilogismos cuando escuchas
A "el más alla" de qué viene
Acompañada la lluvia?
¿Porqué sufres cuando la oyes?
¿Qué te hiere? ¿Qué te asusta?
¿ Acaso la propia sombra
De tus perennes angustias?

La lluvia sigue cayendo,
Y a cada rato es más dura
Nuestra expre~ión, que revela.
El pesar como oioguna.
Sigue la lluvia cayendo,
Y cual los vidrios, se nublan
Nuestros ojos .... una cosa
En nuestro cuello se anuda ....
Gemimos .... y en nuestro rostro
Deja su trazo otra arruga ....
iOb música mooorítmical
¡Oh monoritmica música!
ULYSES CESAR SILVA.
"Williams" al bat.-Team "Williams," vencedor.-El "Marte" veocido.-El pitcher del '·Marte"-Recuerdo del sensacional juego de baseball
del domingo pasado en terrenos de la Gacetilla.

�bailes campestres, correrías rústicas, paseos aldeanos,
juegos de jardín, y eo donde muchachas y garzones traveseaban eotre la yerba risueños y pulcros, y sentados
eo bancas musgosas conversaban jovialmente, o bajo uo
pórtico neoclásico, formaban parejaslde amaotes, como
en los frescos de Corot y en los paisajes de Boucher.
iPrimorosas estampas, símbolo y clave de uoa poesía
fresca y atildada que hizo latir aceleradamente el corazón de nuestros bisabuelos, a compás de la música martilleaote, de la melodía pura de las odas de Carpio y de
los sonetos de doo José Joaquín Pesado!
Eotooces, en la primavera de aquellos años, los pue·
blecicos de los alrededores eran como caoastillas colmadas de rosas y violetas, por entre cuyas hojas y follajes,
como por entre uoa verde y tupida red, asomaban sus
cabecitas, fragantes, las chicas del lugar, como adorables
flores animadas.
El bullicio y la algazara en cármeues y puques co
rría de cuenta de los jóvenes, abajo; y ar,iba, de cuenta
de las ramas y de los pájaros.
Calles solitarias y húmedas, sitios de sombra, fragante,
rincones escondidos por cortinajes de madreselva, ro·
toadas con sus fuentes de brocal bajo y pulido que io·
vitae, como los sofaes en el estrado, a coofideacias y cuchicheos; por todas partes lugares de amor y de misterio:
eso fueron , eo tus remotos mayos, los pueblecitos de los

alrededores, bueoil. anciana, de las manos secas y de los
ojos con antiparras.
Nuestros mayos no parecen los mismos, no soo los tuyos. Parece, buena viejecita, que el alma está fatigada de
esperar y de amar, y la tierra, como dijo el poeta, can·
sada de dar flores. Se diría que el hastío ha contaminado los gérmenes y envenenado y debilitado las savias.
Ya no hay fiestas campestres como antaño, ni de lo invisible y supuesta lira de los versificadores, salen los
versos en alabanzas de los lirios flamantes y de las azucenas recién abiertas; la Naturaleza, como contagiada
de la humana melancolía no tiene el regocijo de hacer
estallar eo pétalos los jugos de la campiña, oi el júbilo
de deshacer en alas el faogo de los nidos, ni la gloria
de abrir a la esperanza el corazón de los hombres.
No había, en tu tiempo, primaveras tristes, blaoca
viejecita de cuento; oo se leían eotom:es libros escépticos, ni novelas experimentales, ni filosofías de alienados.
Y has de haber visto con esos ojos que hoy guardan, como flores en capelo, los cristales de las antiparras, esos
lienzos de Watteau, doode pastores y pastoras forman
coro al desnudo y regordete amorcillo, 'que aljaba a la
esp3lda y arco al brazo, apunta, impaciente, a los corpiños de seda y a los jubones de encaje y blondas.
Esta tarde, mientras yo escribo, tú coses; haces calce.
ta, y con la calceta, recuerdos, y con los recuerdos, vi.

da, porque . ..... ¿me nguro o es cierto que te veo sonreír? Sí, alzas la cabeza que bien merece la confía en·
listona:la de una abuela legendaria, y tras de los cristales de tu ventana, desempolva-los por la lluvia, miras él
cielo.
Ese sí que es el mismo, inocentona. Ese sí ·que no ha
cambiado, como los jardines que ahora son menos floridos, como las rosas que ahora son menos fragantes, como
las gentes que ahora son menos buenas.
Sonríe, blanca viejecita; este crepúsculo de mayo, que
tú y yo nos hemos puesto a contemplar, es hermoso. En
el horizonte rosado y dulce puedP.n perfilarse tus memorias y desleírse en claridad mis sueños.
Somos dos rezagados de la primavera; somos dos antiguallas del mes de mayo; tú eres la enamorada y yo el
poeta.
Cose, cose, &lt;mamá&gt; Ilusión, yo escrito, escribo, en
tanto que la sombra que viene de fuera y la que sale de
nosotros, se unen y compenetran para obscurecer tus
recuerdos y mis devaneos.
Y, a manera de estribillo de balada arcaica, sigue
cantando mi corazón esta frase corriente: &lt;en otro tiempo, mayo era el mes de los enamorados y de los poetas .... &gt;
LUIS G. URBINA.

Temblaba la niña de miedo y de frío.
sintiendo del dento los soplos helados ... .
Lloró mucho, mucho, su duelo sornbrío ... .
Lloró como lloran los desventurados.
Para "El Mundo Ilustrado."
Tomó entre sus manos la mano del muerto,
besó con ternura su frente marchita;
los tristes aullidos del perro, en el huerto,
hacían más profunda su pena infinita.
La luz de los cirios, temblante y medrosa,
le daba a las cosas un tinte sombrío;
silencio en la estancia, quietud parnrosa,
quietud impregnada de muerte y de frío.

El viento soplaba moviendo las hojas
de aquella ventana, donde ella y su amante
sintieron la vida p&lt;J.sar sin congojas,
en gratt,S ensueños de amor delirante.
Ali\ traoscurrierou las horas más bellas;
allí sus dos almas, fuodidas en una,
soñaban mirando las blancas estrellas,
bajo una caricia de un ra}O de luoa.

Quedóse la estancia ~in lu z: dando tumbos
murciélago negro sintiendo delirios
de sombra y misterio, buscando otros rumbos
mató con sus alas la luz de los cirios.
Oyóse un ¡¡emido, después un sollozo:
quedóse en silencio la alcoba sombría ;
el negro ,·ampiro como ebrio de gozo,
paseó entre las flores su cruel ironía
¡Que triste cortejo! .... Llegó al campcsanto,
abriéronse lentas sus rejas de fierro:
t&lt; do era tristeza, tristeza sin llanto ... .
Los deudos: la niña, ya loca, y el perro.

.. ......... . .•. . . . . . . ........... . .. . .
............... ' ..................... .
¡Oh pobres dementes que miran sin calma
las luces ignotas de mundos lejanos;
son sombras que buscan la sombra de otra alma:
son se,es que:encierran profundos arcanos!
LUIS G. VALDESPJNO' jr.

Un halcón fe familiarizó tanto con su dueño, que tan
pronto como éste le llamaba acudía colocándosele en•
cima de los hombros.
E 'l cambio. un gallo propiedad del mismo dueño, huía
de él apenas le veía acercarse.
Cierto día el halcón le dijo al gallo:
-Vosotros los gallos no sois agradecidos; pertenecé is
a una raza se rvil y sólo os acercáis a vuestros dueños
por el hambre. ¡Cuán diferentes sois de nosotros, aves
salvajes! Somos fuertes, nuestro vuelo es más raudo que
el ,•uestro, y no ob,tante. no huímos de los hombres; al
contrario, nos posamos en sus manos cuando nos llaman ;
oos acordamos siempre de que a ellos les debemos el
alimento que' no~ dau.
A lo cual el gallo replicó:
Xo huís de los hombres, porque jamás habéis visto un
halcón asado, mientras que nosotros vemos constantemeotc gallos en la cazuela.
LEOX TOLS'f{Jr_

AIH la estrechaba besaodo sus manos;
los dos escuchaban cantar a la brirn.
allí descifraban los graodes arcanos,
que encierran los labios en uoa sonrisa.
Allí vieron juntos, crepúsculos de oro:
allí contemplaron oacer bellos días;
pasaban las aves cantando en grao coro
un himno a la vida, con mil arn:onías.

¡ Ab! pero la vida tiene sus intermiteccias de dicha y
de pesH! ..... .

I
Como de costumbre he ido hoy a visitar a mi amigo
predilecto.
Le encontré taciturno, melancólico y pensativo.
/Qué le pasaba?
Sólo él conocía la causa de su estado de ácimo, sólo
él sabía cuáles eran sus recónditos pesares!
Su serenidad habitual y su amabilidad caracterhtica
habían desaparecido para dar lugar a la meditación, al
ensimismamieoto.
Le hallé sentado en uoa silla mecedora, pero sio re·
costarse, ioclinado hacia adelante, coo los codos sobre
los muslos y la frente apoyada en las palmas de las manos.
Mi primera ioteoción fué interrogarle sobre el motivo
de su estado; pero me detuvo la idea de que tal vez en
aquellos momentos su imaginación vagaba por ignotas
regiones, y le causaría mucha pesadumbre que mi interrogatorio le volviese a su estado normal.
Tomé asiento algo lejos de él y esperé.
Mi temperamento es de tal naturaleza, que no me permite permanecer inactivo por mucho tiempo, y sentí la
necesidad de moverme, de hacer algo, de hablar y .•..
tosí!
Mi amigo levantó la cabeza y coo semblante demudado y lágrimas eo los ojos, me dirigió uoa mirada extraña, indescriptible y profunda.
- /Qué te pasa? articulé, algo intranquilo, viéndole
los grandes surcos que tenía eo la cara y que denotaban
uo-. larga y penosa noche de insomnio.
-· .Acerca la silla y escucha.
Le obedecí. Cuando me tuvo muy cerca de él, se expresó en estos o parecidos tJrminos:
II

i Mi esposa es uo ángel!
Yo ,s iento por ella una pasión intensa, rayada en idolatría; y, ¡bien se Jo merece! .... ¡es tan amable, tan buena y tan cariñosa! iah! cuán feliz me siento a su lado!. ... junto a ella, el mundo con todo su cortejo de
maravillas y de bellezas es nada para mí, ella lo constituye todo.
Tú sabes, amigo querido, que hará pocos días tuvo mi
amada esposa, la galantería de brindarme un angelito
que ha venido a llenar de alegría y de esperanzas halaglieñas, mi hogar.
Esa criatura que lleva en sus venitas sáogre de mi
sangre es hija de ella y .... ¡oh, dicha inefable! es también hija mía .... ¿Jo oyes? ibija mía! Su persooita angelical en medio de nosotros, semeja un lazo fuerte,
indestructible, que nos uoe más, que nos estrecha más y
más.
Si antes de que ese angelito viniese a mi hogar, yo
amaba con pasión a mi adorada esposa, ahora que mis
brazos balancean dulcemente ese cuerpecito de oro,
siento por ella, por la madre, uoa verdadera idolatría.
Un pequeño gemido de mi hijita es un golpe rudo,
doloroso, asestado en medio de mi corazón; pero su inmovilidad, su sueño reposado y tranquilo me causa también dolor, porque me parece que se ha quedado dormida y que así estará siempre!
Velo sin cesar .
Cuando ambas reposao, yo cuido de que nadie ni nada interrumpa la calma .... ¡Así soy e l más feliz de los
mortales!

III
Tengo un año de ser casado.
Sin embargo, c reo que aun no ha expirado el día de
mis bodas.
A ella la contemplo todavía radiante de hermosura,
con su velo de novia, blanco como el alma de un ángel.
Su semblante ideal, su albo vestido y una aureola de
virtud y castidad la hacen aparecer aote mis ojos, tan
,leslumbrante, como una sublime visión creada únicamente para inmortalizar mi amor.
Nada ha turbado mi felicidad porque son cortos, muy
cortos los momentos que para mí han transcurrido desde que tengo la dicha de llamarla &lt;esposa mía&gt;.
Ella me ama.
Y de~de el primer momento, mi alma y la de ella,
unidas estrechamente, confundidas en una sola, vagan
por mundos desconocidos, por regiones etéreas, en pos
de un ideal también desconocido.
¿ Cuándo tornarán a nuestro sér?
Lo dudamos. S in emt&gt;argo, ello no, proporciona una
indecible felicidad.

cunda mi hogar, todavía virgen de toda concupiscenci
Pres~nto que algo doloroso me espera.
- iAmor mío! exclamo con ansiedad indescriptible.
Ella sonríe y .... elevándose poco por poco va llegando hasta tocar coo su corona de a zahares el techo de la
habitación.
Siento ligeros vértigos.
Y extasiado la contemplo. Mi é xtasis llega al colmo
cuando con ojos espantados y llenos de admiración, veo
que el techo de la casa se abre y deja libre el paso a
mi amada esposa que se va, que sube, siempre sonriente.
Se eleva, se eleva y se pierde en el espacio infinito:
¡ya no la veo!
El cuervo negro, muy negro, tan negro como una no·
che de hambre y frío, vuelve a cruzar ante mis ojos, en
raudo vuelo, el espacio infinito.
Presa de un terrible vértigo, mi razón se escapa y caigo desplomado sobre el lecho de flores en donde estuvo
de pie mi amada esposa.

l\liró tritsemente los ojo~ del muHto ;
be~ó con ternura su boca entreabierta.
los roncos aullidos del perro, •n t:l huerto,
rompían el silencio cual grites de alerta.

V

Pasa un año.
Hay un jardín cuajado de bellas y perfumadas ftores
en donde se respira un ambiente fresco y aromático. El
IV
jardín está circundado por una verja de hierro pintada
de azul y blanco. Ocho avenid:is diagonales conducen
Es el día de mis bodas.
al centro. en el cual se destaca un monumento.
La veo aún sorprendentemente hermosa, una hermoSobre un lecho de musgo, de violetas y de no me olsura ideal, sin par; su corona de azahares colocada, por vides, se levantan imponentes y majestuosas cuatro comanos delicadas, en su cabeza de angel, sujeta el blanco lumnas de mármol blanco que sostien una especie de
velo que, al cubrirla toda, indica, denota la pureza de urna sobre la cual está un ángel en actitud de alzar el
su alma y la castidad de su cuerpo virgen!
vuelo. Con una mano señala el cielo y con la otra, el
La veo aún al pie del altar en donde ha pronunciado lecho de flores.
el ansiado ¡SI!; hace unos instantes ha jurado ser mi esEs la tumba que guarda los restos vírgenes, de mi
posa!
amada.
Aun repercuten en mis oídos las promesas de fideli- ' · A corta distancia hay una pileta circular, pintada tam•
dad que escuché de sus labios de jazmín.
bién de azul y blanco; sobre los bordes, se pasea una
El aromático humo del incienso aun nos envuelve y garza blanca~muy blanca, tan blanca como el alma de
las dulces y alegres notas del &lt;te deum&gt; resuenan por mi amada.
todos los ámbitos del Templo.
La garza se entretiene en r evolver el agua cristaliLa misa ha concluído. Y ambos, precedidos de las na y pescar de vez en cuando los pecesillos rojos y azu¡::.ersonas que nos acompañan, salimos de la Iglesia.
les que temerosos se esconden debajo de las plantas
Llegamos a la casa, la fiesta empieza, sigue, continúa acuáticas que embellecen la pileta.
y entre los expresivos brindis y los aplau~os que nos
Todos los dfas recorro las avenidas, contemplo los narprodiga la amistad, el día termina y con é l se concluye dos, admiro las adelfas, olfateo los estefanones y corto
la fiesta y la concurrencia se despide.
las azucenas para irlas a depositar al pie de la tumba.
Estamos solos, ¡solos! ¡al fin!
Allí postrado de hinojos, mi alma se desprende de mi
i Cuánta belleza!
cuerpo y traspasando los límites del universo infinito, se
Ella está de pie en el centro de la sala, al fondo, hay transporta en raudo vuelo hacia el lugar donde mora el
una puerta medio cubierta por una cortina de tul, al alma de mi dulce amada.
través de ella y merced a los resplandores del sol que
E~ta vez teogo en mis brazos la garza blanca, muy
debilitados penetran en la alcoba, se distinguen los mueblanca, tan blanca como el alma de mi amada. Es man·
bles y en medio de ellos ...... el &lt;lecho nupcial de mis sa y se deja acariciar.
amores!&gt;
De rodillas aote la tumba elevo preces y acaricio dulTorno mi vista hacia ella y la veo deslumbrante, con cemente la garcita blanca que semeja el alma de mi essu blanco vestido y su albo velo, los cuales caen per- posa.
pendicularmente sobre el piso que se halla cubierto, a
De pronto mi espíritu me abandona, mi alma se va!
su rededor, de nardos y adelfas, de azucenas y de esteY presa de terrible vértigo, estrecho fuertemente confanotes cuyo perfume exhalad-o con prodigalidad, la
tra mi pecho a la gar za que, dañada, lanza un quejido,
inunda.
un quejido que es un grito de ángel, grito que resuena
De pronto el cielo de mi dicha se cubre de densos c laramente en mis oídos y que me hace volver a la vida.
nubarrones.
Despierto y contemplo a la hija de mi corazón que
Al través de las ventanas veo cruzar el espacio, en
llorosa yace en mis brazos!
r a udo vuelo, un c uervo negro, muy negro, tan negro ca·
Durmitfodola, me había dormido! He velado tanto!
mo una noche de hambre y frío .
A. RAMIREZ P .
Mi espíritu se conmueve y un hálito de tristeza cir-

Inauguración de la capilla ele\ obrador para pobres, dedicado a Nuestra Señora de
la P,.z, iodngurado ti domiogo último.

S, ñorita Teresa Iturbide y señor Alfonso Castelló, que contraerán matrimonio el
· día 8 de mayo próximo.

�LA METROPOLI MODERNA
La antigua )léxico, la señorial urbe, asiento de IO!&gt; pode~es qu_e representaban a ~u
Católica Magestad el Rey de España, la que guarda las preciosas ¡oyas del arte colon!al
que hicieron que el barón de Humboldt, en un rasgo de_ entusiasmo, le llam'.1-~ª la Crn·
dad de los Palacios, conserv.i. mucho de su sabor monástico. La transformac1on que le
ha impreso el avance de la civilización, en algunos casos benéfica, pero en muchos d~sastrosa no le bao quitado por completo ese sello que hace recordar la España de Fehpe II., con todas sus grandezas y su arcaísmo.
_ . .
Pero al lado de esa antigua capital se ha levantado otra en la que nunca sonó s1qme
ra, no digamos ya don Luis de Velasco, pero ni siquiera el galante barón al~mán que
tan .pomposo título dió a nuestra metrópol'. Si abandonamos el centro comercial de la
ciudad, si dejamos la abigarrada avenida de San Francisco en la que, sobre los oropeles
.,,..de:los'escaparates de los modernos almacenes, se descubre de vez en cuando restos de
•. algún edificio señorial o conventual, si huyendo del bullicio de la ciudad, de l:1-5 comp~as
y las ventas nos dirigimos rumbo al occidente, llegaremos a las llamadas colonias, barn~das enteramente modernas que nos dan la impresión de haber sido tr'.1-5pasados rep~nt!·
namente a una ciudad de civilización mc,dernísima nacida a fines del siglo XIX o princ1·
pios del actual.
Las calles de estas barriadas son perfectamente alineada¡;, pavimentadas con asfalto
y con banquetas de cemento botdead.i.s pcr fajas de pasto inglés y con arbolillos a las
orillas. Eslas calles están limitadas por palacetes o verdaderos palacios, según sus proporciones, dignos de la más refinada civilización. Habitan estas casas palaciegas hombres
acomodados que pasan el día en el munda de los ne~ocios y que se recogen en sus horas
de descanso en estas preciosas posesiones Jrbanas que forman el conjunt~ más bello que
se puede imaginar.
•
·Para solaz de nuestros lectores publi ~mos en esta página algunas fotografías de esta bellísima parte de nuestra ciudad.
f
Casa del sefinr don Guillermo de Landa y Escandón en la e¡quina de las calles de las Artes y Ezequiel Montes-Costado Sur- Oeste de la plaza de Dinamarca en la colonia Juárez.--Monumento a Washington erigido por la colonia americana de México.-Calle de Berlln en la colonia Juárez.-Una residencia característica en la colonia J uárez.-Call~ de
Liverpool.- Lado Sur- Este de la plaza de Dioamarca.-Una calle en la colonia Roma.-Una parte del paseo de la Reforma.

�y preciosa que ví hace años en una exposición zoológi ·
ca.
Luego comprendí que en ambas se daban juntas, y en
proporc ión análoga, la ligereza y cierto aspecto de animalillo juguetón y cruel.
De pronto, la niña echó a correr h:cia el opuesto extremo de la sala y se paró ante un cuadro que repre·
sentaba un desafío. Dos caballeros se batían en mangas
de camisa y espada en mano : uno, acometiendo con furor; otro, colocado a la defeusiva.
Lugar de la escena, un jardín; en segundo término,
los padrin~; más lejos un coche envuelto entre la neblio~ gris de uo amanecer de invierno; los árboles, secos, y el suelo, tapizado de finísima escarcha.
Sin un gesto trágico, 5io una gota de sangre, el cuadro era horrible.
La niña lo contemplaba con indecible curiosidad, y
yo a ella con creciente interés, cuando vino a colocarse
a su lado una señora ricamente vestida.
Entonces la muchacha se apoyó en ella, rodeándole
con un brazo la cintura, y extendiendo la otra mano
hacia el lienzo, pronunció con acento dulcísimo estas
palabras:
-Di, mamá, ¿es así como se matan los hombres por
nosotras ?

Ba silencio sepulcral fué la respue~ta.
L a pobre niña repitió llorando:
- i Mamá, mamá!
Pero la madre no respondió: la g uadaña insaciable
de la Muerte había cortado una existencia llena de mi·
serias.
Ante tal cuadro de dolor. una lágrima brotó del pe·
cho emocionado de aquel hombre, y rodó por su de·
macrada mejilla, yendo á parar a la pálida frente de la
infeliz muchacha, donde se difu ndió en un eterno beso
de misericordia.
Y a rrodillado aote el cadáver, aquel hombre que solo
a nte el vicio se había doblegado, con voz trémula y vacilante balbució:
-&lt;Creo en Dios padre, Todopoderoso ...... »
Y su oración se confundió con los ar.gelicales sollozos
de Blanca.
. E ntre t«nto, el vi~nto silbaba su canción pasando iod,ferente, y un abe¡aruco negro se posaba en el apolillado marco de la puerta .... . .
México, Abril de r913.
ARMAX DO C. AMADOR.

JACIXTO OCTAVIO PlCOX .

BLANCA

Señor don Joaquín Pita, nombrado Inspector Gener a l de Policía del Distrito E'ederal.

Sangre ·Fría
Cuando entré en el salón me fijé e n aquella niña pálida, esbelta y ~lacial ; luego supe quien era, cómo se
llamaba y que asistía por primera vez· a un baile.
Estaba elegantísima: el traje era de gasa blanca, rizada en menudos pliegues desde la cintura basta el suelo;
por único adorno, una rama de jazmines que partiendo
del pecho, llegaba en preciosas curvas casi al borde de
la fald~; honestamente ~scotada, sin pendientes y el pelo sencillamente recogido en un moñete graciosísimo,
formado con estudiado desa ire.
Era rubia, blanca, fina, delicada, de manos aristocráticas y pies preciosos, semejante a la figura que pudiera
concebir un grao novelista para personificar todas las
suavidades y dulzuras que caben en el alma femenina
durante ese primer p_e ríodo de la juventud en que la
ingenuidad y.·,la-.inocéocia tienen aiÍ o mayor encanto que
la· gracia y,-1&lt;! belleza. . . · ·
Pa~écía el ·prótotipo de esas vírgenes tao niñas que
alejan del peo5amieoto la idea de la maternidad.
Sin embargo, en sus ojos grandes, azules, claros de color y misteriosos de expresión, había algo indefinible
que daba miedo.
Tenía la boca correctamente dibujada, de líneas p ur ísimas, pero s in esas suaves ondulaciones que, si.,ndo
apenas perceptibles cuando la fisonomía está tranquila,
bastan para indicar la ternura de la sonrisa y la dulcedumbre del beso.
Sus miradas parecían curiosas, ávidas, insostenibles.
pero incapaces de piedad; sus palabras debían ser astntas, cautelosas pero frías.
Sin que el recuerdo pudiera justificarse por la semejanza de las formas ni por nada, yo, al ver a aquella niña, me acordé en el acto de uoa pantera jovencilla, ágil

N_acida en la miseria, vivía en un apartado ba rrio de
l,i crndad. E n el mundo no tenia más amigos que lamendicidad y el ~ambre. Vagaba por las call"s todo un día,
para conseguir un mendrugo de pan que lle\'dr a los la bios temblorosos y febriles de su moribunda madre.
1Su padre ? No lo había conocido ; hija del crimen
había sido arrojada en medio del arroyo sin más protec:
tor que el frío y sin más bie nhechor que el hambre.
Désde muy pequeña la recogió una mujer: su madre,
plrque !e hab~ía cobrado afecto; su hermana, porque las
d,s hab1ao salido del mismo lodazal. Pero a pesar de
todo tenía un grao corazón; si conseguía un pedazo de
_pa.o, acallaba los_gritos del hambre para llevárselo a su
protectora Era 10oceote; a pesar de haber vivido en
medio del fango, había salido pura, con una pureza inmaculada.
Pasaba horas y horas con la ma no extendida, para
que al fin de tantas fat;gas, alguna voz ruda le dijera a l
pasar :
-iT rabaja!
Y qué había de hacer ella, debilitada por el hambre
y acosada por e l_ fño l Sem i cubierta de harapos y piltrafas, con los pies ensangrentados de tanto a nda r inútilmente y la boca seca de tanto balbucir a media voz:
-i Uo pedazo de pan para mi madre! ....
P~r la ooche, cuando rendida y palpitante e ntraba en
la miserable choza donde tendida en un jergón, sobre ~l
húmedo suelo yacía su miserable madre, no se atrevía a
hablar; d.e su exaogiie boca, sólo salia, atropellada y tímida, una palabra:
-iMadre!
Pero en su acento se leía todo el acerbo dolor de su
corazón; y sollozante, pálida, se dejaba caer sobre el
húmedo suelo, teniendo únicamente como abrigo el
agujereado techo de la infeliz choza.
'
Así vivió; en la desgracia, despreciada de la vil sociedad que no quiere manchar sus oropeles con el polvo
sutil de la miseria.

La ,·ida contemporánea es uoa ~ala inmensa de en·
fermos, que se retuercen víctimas de toda clase de enfermedades.
l\lAX. 1\0RDAU.
El honor y el provecho no se encuentran siempre en
en un mismo costal.
JORGE HERBERT.
Los grandes habladores son como los vasos vacíos, que
hacen más ruído que los que están llenos.
FOC!ON.
Los hombr es de carácter son la conciencia de la sociedad a que pertenecen.
EMERSON.

o o o

. Pero una tarde, cuando su madre estaba dormida, salto a la_ calle C•)ll. el fin de eacootrar algo q ue llevar a
sus a rdientes labios. Se paró en una esquina, esperaodo
que pasara por enfrente la Caridad; más la Caridad no
llegaba,_ y la muchacha cansada de esperdr, ya se ponía
e n cammo de su casa, c ua°:do acertó a pasar por ahí un
ho~bre elegantemente vestido, arropado P.D un hermoso
abrigo. Entonces ella balbució casi inconsciente :
- iUn pedazo de pan para mi madre!. .. ..
Detúvose el caballero. Era alto, bien formado, pero
en su demacrado rostro se adivinaba una vida viciosa y
disip1da. Miró a la mendiga, y adivinando entre sus lágrimas unos ojos negros y entre sus temblorosos labios
un~ dientes bla ncos y pequeños, la contempló con de te01m1eoto.
- i Cómo te llam«s?- le preguntó.
- Blaoc..,- susurró tímidamente la muchacha
- l En dónde vives?
- :\luy lejos.
- iTieoes familia ?
-iSólo a mi pobre madre moribuoda!- exclamó sollozante.
-Eres bonita.
Blanca lo miró atón ita.
- Y muy inocente
- tfo sé qué queréis decir.
- Pues bien,- exclamó el hombre,-llévame a tu casa.
La muchacha echó a andar tímidamente. El la siguió.
Atravesaron calles y más calles; por fin se detuvieron
frente a uo:i puert:3- c~rcomi_da y sucia. Ella abrió y el
hombre se mtrodu¡o s,o decir nada. Blanca se dirigió a
s u madre, e imprimiéndole un beso e n la marmórea
frecte, le dijo:
-:\famá, aquí te habla un señor.

SEMBLANZAS JOVIALES
RUBEN DARIO
¡El genio! tEl grao poeta\ iEl inimitable! Se lo han
repetido tanto, que Maese Rubén de?e sentirse a ratos
indigesto, como tras una de esas comilonas con que acos·
tumbra el vate poetizarse un poco más. Por ello, por
pleooástico ya, no le tocamos el bombo, que pocas veces
ha sonado después de todo, con tanta justicia.
Un verdadero tipo de gerente de hotel, a la francesa.
Ahora según he visto, ha resuelto eliminar la pera y el
bigote. Y es un perfecto canónigo, con lejanías taurinas.
Tímido como un cervatillo en la práctica, es un león en
la teoría, digo, en la copa. Junto a él, el propio Verlai•
ne, que en eso de meterse ei. el litro era un especialista, resulta un corderillo pas~ual. El ruiseñor &lt;wisky
and soda» le llamó un bromista. ¡Qué ruiseñor! ¡El ágm·
la de todos los licores!
Y. sin embargo, qué alcohol tan correcto. Bebe como
un lord, a sorbos, sintiendo cómo dentro de su ser van
despertando muchas cosas d?rmidas. Ha?la en fr'!-ses
cortas, semi-bruscas, como s1 la palabra 1~terrump1era
el mecanismo interior de su genio expectativo.
Un poco burgués, a pesar de todo, con el grillll del
del protocolo, ensayando postales diplomáticas donde
resaltan a veces genuflexiones de conserje .. , . y en el
fondo de todo eso, un punto dolientísimo e n toda la per·
sena, una especie de inquieta melancolía, como la de
un pájaro que le han deshecho el nido.

Discreto, bondadoso sin aspaviento, lleno de una silenciosa energía y con una urbanidad que ya la quisieran
para sí muchos de nuestros diplomáticos de zarzuela; la
urbanidad que se bebe junto con la leche en los pezones
de la madre.
Así es Nervo. Un Luis Churióo, pero con una cara
de Sao Luis Gonzaga.

criada lo llama a la mesa, el héroe ha recorrido toda
Europa, sin exceptuar a Turquía. Y todo esto sentado en
una mecedora.
Goce por muchos años de esta felicidad tan económica Santiago Argüello, mientras llega la Pelona y se lo
lleva a v_iajar por los siglos de los siglos. Amén.
ANDRES MATA.

Si se hubiera tratado de hacerlo presidente de la Re•
pÍlblica, no hallaría Andrés Mata tantos votos como para
primer poeta de Venezuela. De que lo es, lo es! Su fama de poeta es tao sólida como la del ferrocarril inglés.
Ahora lo tenemos hecho todo un periodista. Es el direc·
tor de &lt;El Universal,&gt; diariodemuchacirculación ycon
avisos económicos. Desde ahí tiraniza que es un gusto,
se retrata en posiciones sentimentales y alterna en el
mundo elegante.
Pero está verdaderamente in&lt;;0portable. A los que va·
mos a venderle una que otra crónica para no caernos
muertos de hambre en la calle, nos hace pasar por entre
media docena de porteros y otra media docena de puer·
tas. Al fin aparece con un gorro, como el Sultán de Ma·
rruecos, y un sobretodo viejo. Habla recio, como Guz•
mán Blanco, para asustar a los tontos. Se queja de mal
es que no sufre, de enemigos que no tiene, de ocupa,ciooes que no ejerce, y termina sonriéndose, como_.quieo
dice:
-iMe estoy desquitando!
·
Culto, donjuanesco, soñador, esclavo de sus caprichos,
poeta antes que todo, ya puede irse preparando unos
versos por el tono de los del gran Rubén:
Juventud! divino tesoro
que te vas para no volver ... .
e Por fortuna, la ciencia de teñirse el cabello está mu•
cho más avanzada que la navegación aérea.
Y cuando la &lt;pata de gallo&gt;, no hay como los masajes
eléctricos.

DIAZ MIRON

Este es el épico. A fuerza de tomarlo por lo tr ágico,
los amigos y admiradores lo han hech_o ir dos vece~ .ª
presidio. Lo conocí en Veracruz, dooae no pu:de v1v1_r
tranqnilo. La llegad~ del grao poeta es_ una senal de_h·
ros en el puerto mexicano que se gloria, cuand&lt;;&gt;_ · D1az
Mirón está ausente, por supuesto, de tener un h1¡0 tao
ilustre.
Cuando ésta o aquella circunstancia lo hacen ir de
Xalapa, donde reside, a la ciudad oativ'!-• los veracr?~anos, que quisieran verlo y;, en la Eternidad para erigirle una estatua, sacan del baúl el revólver casero y se lo

Sr. Lic. don Luis Pérez Verdía, nombrado ministro de México en G uatemala.

EMILIANO HERNANDEZ.

URSINA

Pequeño, algo rechoncho, coa un aspecto completo de
conserje. Ese es Luis G. Urbina.
Visto de espalda parece un baúl andando. Y ¡qué humorista, fuera del adorable poeta que cada día gustamos
con más amor, existe tras esa cootestura de aguama·
ni!!
Entre él y su espíritu hay un antítesis descoocert¡mte,
como en la mayoña de los intelectuales prominentes.
Pocos nacen con el individuo al nivel de su espíritu.
Pocos nacen bellos como Goethe y como Schiller. Cuan·
do nacen con figura de mono perfecto como Dumas, son
contrahechos o simplemente insignificantes.
Pocos pueden ufanarse de una presencia a lo Valle
Iocláo o Emilio Bobadilla, o como entre nosotros, a lo
Blanco F ombona o José Austria.
Pero dejémosle a cada cual su &lt;cachet&gt; y hablemo~ de
este Urbina, abierto siempre como un horizonte a todos
los matices de la jovialidad mental.
Una especie de nuestro inolvidable Alejandro Remanece, pero con más intención en sus chistes.
Agregad a eso una dirección en el Ministerio de_Be·
llas Artes y un contrato para sepultar personas, a cmco
o diez dólares por agujero.
En Urbioa, el poeta lleva siempre la levita del contra·
tista: y así vemos que el mismo que nos deleita con la
dulce languidez de sus versos, llenos de lejanas músicas,
gana la vida con opulenc ia relativa al número de los que
se marcnao para el otro barrio.
Como miel sobre hojuelas le caería ese contrato a Julio Flores que se la presenta clamando por un cemente·
río. Pero a Urbina ta!l p rimaveral y tan jovial! . .. .
SANTIAGO ARGUELLO.

Señor don Vicente Morales, jefe de la sección diplomática de la Secretaría de Relaciones,
Una de las cosas que allá en sus adentros no perdonamuerto recientemente.
Señor lag. don Andrés G. Basurto, nombrado dirá Santiago Argüello, es que Rubén Darío haya nacido
rector de la escuela de Agricultura,
en Nicaragua. ¡y no le falta razón ! Apenas el ilustre
autor de «Ojo y Alma&gt; rompe, pongo por caso, a rimar
ponen al cinto. El poeta que tiene más lfos que una la· «Las elegías del labrador,&gt; dignas de un Lugones, toda
su parroquia rompe a s-;i vez a decir: Muy bien; si se·
vandera llega vuelto un arsenal.
En la playa ignorada, sobre el rugoso tronco de un
ñor, muy bien; pero cuá ndo como Rubén Daría.
Cuando me despedí se volvió todo cumplirlo, afirmó
Argiiello a más de la lira, es como Semprúo, catedrá - árbol que nunca más ven,mos, reclinaste aquél día tu
estimarme y te rminó diciéndome casi paternalmente:
cabeza gentil. La ruda corteza no ha de olvidar la catico; y como Díaz Rodríguez, un propit-tario de fincas.
- Un viajecito muy feliz, amigo Rodríguez.
ricia tibia de tus cabellos ...... y yo no olvidaré jamás
A
más
de
los
lagos
azules
y
del
paisaje
maravilloso
&lt;Tableau.&gt;
de su hospitalaria tierra nicaragiiense, tiene el vate pa· qut- tus dedos finos y sonrosados peinaban los míos, co·
ra inspirarse, sus centenares de vacas y becerros que si mo un desfile de palomas blancas internándose en un
AMADO NERVO
zarzal.
pensaran sensatamente, no deja rían de extrañarse, te·
E n la playa ignorada, bajo la copa umbría de un ár- \
niendo
por
amo
y
señor
a
un
sujeto
que
tiene
la
manía
Este es el místico. Sencillo, con honestidades de viej'J
bol que nunca más veremos, la rgas horas pasamos mi·
de hacer versos muy hermosos.
presbítero, N ervo es un tipo original.
Muy sobrio, con una veoidad que le suena como un rando las dormidas ondas ..... .
Cuando lo cooocf. vivía en un caserón antiguo de la
Lejos, la palidez celeste de las a guas b ord'!-ba con_ un
estrombón, y un hogar que es espejo dt: fina honestidad.
calle de la Perpétua, en la capital azteca.
nadie es tan esencialmente provinciano, como este espí- diáfano encaje los montes de la escapada onlla. ;Mira!
La portera era una viejecilla asustadiza, como una
me digiste, que se asome a tus ojos toda el alma, que se
ritu esencialmente cosmopolita. Es en este detalle donde
grabe también en mis pupilas la márgen de ese cuadro!
monja.
se
acentúa
la
paradoja.
Un
día
viajó
á
Nueva
York,
y
Aquello era un claustro en toda forma. Tal sitio para
pocas horas después se revolvía , lleno de nostalgia, a su T u dulce mano blanca temblaba entre las mías, como
tal poeta. La &lt;pose» no podía ser más acabada.
avecilla temerosa, y una lágrima que rodó de tus ojos se
ciudad
nativa, la ciudad de León, una c iudad muy espa·
Cuando me hallé frente a él me pareció un fraile es·
.
ñola, llena de letrados, de conventos, de motines y de fué a perder e n las dorn_:iidas ondas. .
Y ahora, yo estoy aqu1 ¡tan solo! y m1 cabeza doloricapado.
mujeres
bonitas.
Lenta voz, como solemne el ademán que a ratos, al
Pero si en la r ealidad es muy casero, en teoría vive da quisiera reclinarse una vez más en el rugoso tronco,
juntarse las manos, hacen pensar en que aquel señor va
con la maleta en la mano. Es un turista imaginario. Sen- y mis cansados ojos quisieran dormir su último sueño,
a decir de pronto &lt;domious vobi•cum.
bajo la copa umbría, en la playa ignor ada que nunca
En pocos artistas el ente personal con el intelectual, tado a la puerta del hogar, a la caída de la tarde, el
más veremos.
hombre
dice
viaja,,,
,con
e
l
pensamiento.
Cua
ndo
la
El individuo en Nervo es un apéndice de s u oúmen.

EN LA PLAYA IGNORADA

Señor Coronel don Joaquín F. Chicarro, nombrado
jefe de las re$ideocias presidenciales.

�Teatro Arbeu - Josefina Peral ea el personaje de «~ofía&gt; de
la opereta «La Hija dd Príncipe.&gt;

TEATRALES

p~r la provinda de Avila, en la sierra de Gredos.
&lt;Agueda&gt; sufre aún; ciertos sacrificios sólo se realizan a fuerza de
pena!ijades, y tiene una cooferPacia con el arr.igo filósofo para despedirse de él. No cabe nada más bello, más sentimental, más dulce, más
hermosamente escrito que esta es·
cena.
Los corazones de los dos se abren,
la confesión del amor tanto tiempo
guardado, brota como manantial que
siente abierto el ugujero en la dura
peña, y al mismo tiempo ella, la mu·
jer cautivada por banalidad iosus·
tancial de &lt;Valtierra&gt; comprende la
grandeza del verdadero cariño, se
deje. esclavizar por aquellas frases
de su constante adorador, y bebe ei.:
sus labios con fruición e l relato que
le hace recordando el cuadro de las
Divinas nupcias de Rafael Sanzio,
inspirado en el florecimiento de la
rama de San José, lil cual ba de florear, cuando el amor profundo ha·
ga que echen raíces las flores, raí·
c.:s en el corazón cuya sangr~ es la
savia. &lt;Agueda&gt; siente como celestiales auras, mira al jardín triste, se
acuerda del símil que acaba de es·
cuchar, contempla los rosales sin ro·
sas y dice que cuando florezcan, se·
rá del hombre que ha esperado tan·
to, para celebrar sus nupcias entre
los amores de las reinas de la en·
ramada,
No tengo para que, ante la gran·
deza del pensamiento que encierra
esta comedia dramática, detenerme
a indicar algunos lunares que no
aminoran su mérito. Si este oo fuera tan grande, diría que el carácter
de «Valtierra&gt; es borroso, aunque
claro que de esto depende la fuerza
más intensa de la obra, pues no hay
que argüir el que eu el mundo los
corazones variables no existen, y el
de este joven vacila entre el amor a
«Lolío&gt; y lo que le gusta &lt;Agueda,&gt;
que es fuerte, sana, de colores en·
cendidos y figura sugestiva ¿ No pa·
sa esto ea la vida?
El carácter del doctor, de &lt;Doo
Gaspar,&gt; es uo verdadero acierto
Aquel hombre sufre al ver que se
pierde, que se acaba todo su cuida·

TEATRO MEXICANO.- &lt;CUANDO FLOREZCAN
LOS ROSALES.&gt;

Teatro Arbeu.- «La Hija del Pdocipe &gt;- -Escena fioal - Eoriqueta Sala ea esta opereta.

-Créame usted-me decía el distinguido actor Coss oo bace
inucho tiempo-estoy descorazonado; me faltan obras, oo vienen
de España; los estrenos de allí oo _!Jan tenido_ éxito.
-Aquí tiene usted-y me ensenaba uo e1emplar de &lt;Coaodo
Florezcan los Rosales:,,-esta comedia dramática de Marquioa, la
tengo miedo, no es teatral, me parece lánguida, coa escenas lar•
gas, a pesar de su brillantísi~a forma.
,
,
Si a esto 5e uoe alguna cnhca que yo babia leido de la ?b:a a
que me refiero, se explicará que la noc~e el.el estreno me s1ottera
algo predispuesto en cont:a de lo que iba a ver. Por fortuna, a
mi juicio, Marquina ha tnunfado no sol.amente por_ la forma he:·
mosísima en que está esenia la obra, sm dec':'-~enhsmos _de pés1·
mo gusto. oi teorías falsas de mentes desequ1hbradas, s100 tam•
biéo por el fondo, por la esencia, por el alma _que pa~pita en los
tres actos; el primero, bueno, e l segundo magmfico (d1galo la es·
cena del Doctor y Salazar, uo modelo en el teatrocontemp~r~oeo)
y el tercero admirable, sobre todo el final, aquel resurg1m1ento
de amor en el a lma de «Agueda&gt; ante el simil romántico del que
bacía seis años la adoraba en silencio.
Veamos el asunto. Un médico, es padre de dos mucb~chas,
«Agueda&gt; y &lt;Lolío,&gt; digo mal, una__?e ellas la_ engendró, la o_tra
la recogió huérfana, siendo muy moa. La_ primera _e~ fuerte, 1m-.
petuosa, apasionada: la segunda es enfermiza, clorohca, de orga·
nismo delicado.
Ambas se enamoran de un solo hombre, de «Jorge Valtierra,&gt;
frívolo, elegante, insulso, joven a la moda en fio, y en aquella
fiaca de los &lt;Rosales&gt; adonde veranea la familia, y en la cual to·
do debiera ser alegre, risueño, como edén de florPs, lo vemos triste, melancólico y sombrío. «Don Gaspar,:,, el médico, de nada se
ha enterado, ignora aquella sombra de amor, que todo lo oscure·
ce por ser necesario el sacrificio de alguno de aquellos corazones, y un amigo de la casa, &lt;Salazar,&gt; enamorado desde hare _mucho tiempo, ~in esperanza, de &lt;Agueda,&gt; le cuenta todo, m~01festándose su carácter de filósofo razonador.
Ea .,1 tercer acto, como es natural, el desenlace se presenta.
«Lolín&gt; enferma de cuidado, solo puede salvarse en los brazos del
hombre que adora. &lt;Agueda&gt; se nos presenta tranquila, fria, sin
asomos de restos de aquella pasión tan intensa, expresada en los
otros actos y dispuesta, por tanto, a que sed dichosa su hermana,
la «hija de la ciencia,&gt; como la llama el doctor.
Ha llegado Septiembre y la hacienda de «Los Rc;&gt;sales&gt; está
fría, la chimenea se ha encendido en el bogar; afuera, en el par·
que, los árboles ~e e mpiezan ':'- desnudar de sus hojas, una V~lfª
ttisteza se disemrna por doquiera , y «Salazar&gt; prepara su v1a1e
para ir a juntarse coa su madre anciana, que vive en una casita

Teatro Arbeu. - «La Hija del Prínc ipe.&gt;-Una escena d el acto III.-Enriqueta Sala y e l barítono P arera ea esta opereta ,

�do, toda su ciencia, todo su esmero, en haber salvado de
la muerte a &lt;Lolín.&gt; La terrible Parca triuufará si no
se casa la enfermita con &lt;Jorge;&gt; y el padre ve que sufre
horriblemente la hija querida &lt;Agueda,&gt; enamorada
igualmente del muchacho. ¿ A cual de las dos protejerá 1
A la segunda le dice «Salazar&gt; ahogando el cariño que
la tiene.
La interpretación fué aceptable, teniendo en su abo•
no los intérpretes, la mucha fuerza es.:énica de sus pa·
peles. María Luisa Vill&lt;'gas supo matizar el personaje
de &lt;Agueda,&gt; sin penetrarlo, valga la frase, en su profunda psicología. Se trata de una mujer impresionable y
al mismo tiempo dócil. Su vida junto a los enfermos de
su padre, con el mandil puesto constantemente para las
operaciones quirúrgicas, ha escuchado muchos lamentos, muchas quejas y ha visto el lado doloroso de la vi·
da. De pronto, percibe que el amor la domina, que con·
serva sus facultades, y como ella sabe que es fuerte,
experimenta hondas torturas al ver que una niña débil,
clorótica, anémica, pálida, la vencerá. De ahi los sentimientos que bullen dentro de su corazón, de ahí aquel
lamentarse más bien de fortaleza derrotada que de im·
potencia ante el obstáculo; por todo lo cual yo hubiera
querido ver en tan distinguida actriz, algo de más vigor,
de más fuerza, de mas rudeza se podría decir, en algunas de las escenas. &lt;Agueda&gt; tiene que ser. mujer fuerte siempre, para destacarse de la débil &lt;Lolín.&gt; Una sola excepción debe haber en estas líneas de carácter, en
el final del acto tercero, cuando se le presenta un cariño enérgico y vigoroso de hondas raíces, de intensa pro•
fundidad: entonces, vencida, enamorada por &lt;Salazar,&gt;
se abre a nueva vida, comprende que esa pasión debe
absorver su existencia, que lo otro fué torpe debilidad,
indigna de ella, y cae en los brazos de un hombre da·
paz de comprender la manera de hacerla feliz. La se·
ñorita Villegas fué muy aplaudida en varias escenas de
la obra.
La señorita Castillo encarnó una &lt;Lolín&gt; algo empa·
lagosa y, permitame que se lo diga. Es cierto que es una
enferma, pero hay que defender aquel cariño de las
garras de &lt;Agueda&gt; que es muy fuerte.
Para ello, nada mejor que mostrarse con un enamoramiento menos débil en algunas ocasiones, no en todas,
La bella actriz no matizó el tipo: siempre quejumbrosa,
dolorida, moribunda, para ella solo hubo un solo color,
y no es así. Ignora quizás la señorita Castillo en la
inexperiencia de la juventud, que nimba su vida, que
hay amores tan gracdes, que dan salud y vida, en apa·
riencia por lo menos, y en ciertos momentos a las más
enfermas: eso hubiera debido aparecer en el trabajo de
la artista a que me vengo refiriendo, para sacudir la
atonía en que nos envolvió su labor escénica.
Muy bien Coss en el personaje del &lt;Doctor,&gt; nos con·
venció y nos conmovió. En cuanto a Mutio, a lo menos
en la noche del estreno, lo ví muy indeciso en el personaje importante de &lt;Salazar,,. sobre todo en los dos primeros actos. En el último estuvo mejor, pero aquella es·
cena final ¡es tan hermosa! . . .... que es de las hechas,
apenas el artista tiene que hacer en ella. De todas ma·
neras el actor de que me ocupo, debe, en sus papeles,
darles más variedad, más relieve, pues en casi todos es
el mismo, lo cua! entraña escaso estudio del personaje.
Bien Barreiro en el &lt;Valtierra;&gt; lo vi más natural y menos preocupado en mirar al público que otras veces, La
señora Otazo cumplió con discreción, y Cervantes, en
su corta escena irreprochable.
TEATRO ARBEU.-&lt;LA HIJA Dl!.L PRINCIPE.&gt;

El público en general deseaba que algún estreno rom·
piera la monotonía de las funciones en este teatro, y por
tal motivo el anuncio de que una opereta de Lehar,
ocuparía pronto el cartel, fué saludado con entusiasmo,
acudiendo bastante público a )a prifnera representación
de la obra indicada, y en las noches sucesivas en que se
ha puesto en escena,
&lt;La hija del Príncipe,&gt; hay que decirlo, (aún yendo
en contra de la opinión general) es algo más que opereta, es una preciosa ópera, en la cual el autor de &lt;La
Viuda Alegre» ha dado un paso grande en cuanto a técnica musical, a factura, orquestación y a riqueza de
t:fectos. No se destaca en la música de la obra de que
me ocupo, esos sencillos motivos, empalagosos, dulces,
facilitos de retener, y que juguetean en nuestros oidos
sin dejarnos más que huellas de una alegría futil y ba·
ladí.
En &lt;La Hija del Priocipe&gt; su autor ha demostrado
que es un músico conocedor de los secretos de la com·
posición, y quizás por esto no ha entusiasmado su obra,
qui?.ás por esto, repito, el público que iba con el propó·
sito de oir la músiquita característica de la opereta vienesa, el eterno vals, servido con diversos condimentos,
pero siempre el mismo, se baya visto defraudado en sus
ilusiones, dando origen a la opinión de que su mérito es
indiscutible y de que hay que juzgar dicha partitura como las más mediadas de Franz Lehar. E ntiendo sí, que
falta la pieza culminante, la de siempre, de la que se
puede decir ¡qué magnifico concertante! o iqué delicioso dúo! o ¡qué aria tan magnífica!. ... pero de abino se
debe deducir que cart!ce de mérito una música elegante,
poéticamente atractiva y que recuerda en el &lt;leit metiv&gt; algo que trae a la memoria &lt;Las \Valkirias &gt;
El libro está inspirado en el viejo cuento de Edmundo Abaut, &lt;El Rey de las Montañas,&gt; con una pequeña
alteración en el desenlace, pnes en la opereta, el bandi·

do no se casa con la inglesita que conoció en sus abrup·
tas soledades. El acto primero se desliza en el palacio
de &lt;Sofía,&gt; la hija del Príncipe: el segundo en las moo·
tañas del bandido, padre de la muchacha, y el tercero,
a bordo de un barco del prometido de la joven, un marino inglés muy rico.
La fábula es por lo tanto, de un género anticuado, si
se quiere, pero de clase distinta a las que constituyen el
asunto de las operetas vienesas. &lt;Sofía&gt;.sabe que su pa·
dre es pcd~roso, riquísimo, pero ignora que es el bandi·
do dominador, rey de las montañas de Grecia. En el acto primero, suntuosamente presentado, con una riqueza
escénica que asombra, se destaca un &lt;dúo&gt; de tenor y
tiple, vigoroso, sentido y amoroso. En el acto segundo
hay una romanza de tiple, lindísima, y un dúo de barí·
tono y tiple, de gran mérito, donde lo fluido de la instrumentación, la riqueza de la melodía y lo sonoro de
los motivos hacen que se aplauda igualmente la otra
pieza que siguP., que es un vals armonioso en extremo y
de motivo muy nuevo. El acto tercerc, vale poco musicalmente considerado.
La interpretación de &lt;La Hija del Príncipe&gt; en Ar·
beu, ha sido aceptable, con tendencias a muy buena, y
digo solo con tendencias, por resultar toda la parte musical muy alta par:&lt; la generalidad de los artistas que la
interpretan. La señora Peral, que canta bien, que es incansable para el trabajo y que goza de simpatías bien
ganadas en el público, observé que en el &lt;dúo&gt; del acto primero atacaba las notas altas con sumo trabajo.quitándolas su lucimiento. La señorita Sala, cantó muy
bien la romanza pn,ciosa del acto segundo, y en el res·
to de la obra no pasó de regular. En cambio, el barítono señor Parera estuvo admirable como c11ntante y co•
mo ac.tor. Todas las piezas de la obra en que toma parte, que son muchas, las cantó, haciendo alarde de sus
excelentes facultades, de su buena escuela de canto, y
diciendo frases como la del final del acto segundo, con
entusiasmo, con pasión, con arte sumo. Además, este distinguido artista es un actor consumado y sabe declamar
muy bien, en una palabra, &lt;La Hija del Principe&gt;es un
triunfo completo para el citado cantante El tenor señor
Pastor no puede con su parte en manera alguna, y el
resto de los artistas cumplieron bien, lo mismo que los
coros y la orquesta. Con respecto a como está puesta la
obra, todo elogio es pálido; que las operetas las pone Gutiérrez admirablemente, con suntuosidad y con esmero:
Los trajes son modelo de perfección, y hasta el más pe·
queño detalle descubre un conocimiento completo de la
indumentaria de la época, que es en el año de mil quinientos y tantos!
LUIS DE LARRODER.

La carta para Dios
El tío Gerardo estaba muy disgustado; parecía que
todo se había conjurado para echarle a perder el humor, si es que conservaba alguno, desde que hacía cinco meses había muerto su mujer, la que fué su compa·
ñera de los buenos y malos ratos durante veinticinco
años.
Al despertar esa mañana, babia sentido un peso enor-

me sobre su corazón, el peso de la soledAd; se había
vestido, y, sin desayunarse, había ido a su oficina.
Al poco rato llegó un campesino que no pudo explicarle nunca lo que quería ..... . luego, hacia un calor
insoportable ... . y aquellas moscas que revoloteaban sin
cesar. En una palabra, el tío Gerardo estaba de malas.
Había tratado ya varias veces de espantar aquellos animalitos, pero inútilmente, pues cada vez que alargaba
la mano para asestarles un feroz golpe, las moscas da·
ban una vuelta y al poco rato estaban nuevamente sobre él.
Llamaron débilmente a la puerta; y entró un niñito
con el rostro encendido por el calor, y cubierto de poi·
vo, que en sus mejillas había formado surcos con el sudor.
/
-Buenos días-dijo el niño, tímidamente-quisiera
escribir una carta.
-Cuesta veinte centavos-contestó el tío Gerardo.
El pequeñuelo se volvió hacia la puerta, y mientra·s
hacía esfuerzos para abrirla, dijo con una voz apagada
en lágrimas:
-Perdone, yo no tengo plata.
El viejo Gen,rdo, emocionado por el dulce tono de la
voz, lo llamó:
-Un hombre no llora! Eres hijo de soldado?
-No, soy hijo de mi mamá.
-Ah, y quieres escribir un deseo tuyo?
-Sí .... si Ud. fuera tan amable! ....
El viejo se acercó a su escritorio de encina, y tomó
con aire de importancia papel y pluma.
-Bueno; dí luego lo que quieres.
El niño guardó silencio.
-Di, pues, cómo se llama la persona a quien quieres
escribir.
-¿Quién?
-Sí; a quién quieres hacer tu pedido.
-A Dios.
Pero cuando vió al pobrecito que lloraba amargamente, lo tomó en sus rodillas y le hizo cariños.
-Quisiera contarle que mi mamá está durmiendo
desde anoche, y le quiero dar las gracias porque le ha
dado un sueño tan bueno; pero ahora ya es bastante ....
que la dt.spierle otra vez .... porque yo he tratado de
despertarla varias veces ...... le doy besos, pero no se
mueve.
El tío Gerardo se estremeció como si le hubieran tocado el corazón con una mano helada; dos lágrimas ro•
daron de sus viejos ojos.
-Dios ha recibido Ir. carta, hijo mío; ven, iremos juntos a ver a tu madre.
Lleno de alegría, el niño se puso en pie.
-Pero por qué llora usted?
- Cállate .... los hombres no lloran, pero yo .... yo
también tenía una madre, y cuando se fué me dijo: &lt;Sé
siempre un hombre de bien&gt; .... y ahora me acordé de
ella.
Y tomando al niño de sus brazos como para mostrar·
lo a su madre en el cielo, dijo:
-Ves, madre, Dios me ha escrito una carta para que
cumpla su voluntad y sea el padre de este hué rfano!
H. FR. VON OSS:SN.

º''

GLOSAS
&lt;Palomita blanca
como la nieve,
me picó en el pecho,
¡ay, cómo me duele!... &gt;
¿De dónde venís, &lt;Paloma&gt;,
tan puestecica de gala,
con tanto fuego en el pico
y tanta nieve en las alas?
¿Dónde habéis, paloma, el nido,
allá arriba en las montañas
ó acá abajo en la llanura,
Palomita blancal
¿ Diráme la &lt;Palomica&gt;
(si en el decirlo no pierde
voto que tenga jurado)
en los remansos que bebe,
en los trigales que come
y en las ramitas que duerme ?
iPalomita blanca
como la nieve!
Diz que aunque sois tan pulida
y de tan medroso aliento,
·
picoteáis corazones
en manos de un halconero,
Líbreme Dios de palomas
con intenciones de cuervos,
iay, madre!, yo no sé cómo
me picó en el pecho.
Picadura de paloma
a fe que no lo parece,
que no hay paloma que hiera
tan hondo como tú hieres.
Tan grande, madre, es la herida
que no hay doctor que la cierre.
Palomita blanca
como la nieve,
me picó e n el pecho,
¡ay, cómo me duele!
«Tengo un marido celoso
que no me deja vivir:

Señorita Marta Parlauge, bella y distinguida dama que contrajo matrimonio
el primero del actual con el señor Lic. don Roberto Núñez P.

DIEGO SAN JOSE.

el otro griego tras los monstruos dañinos de las fábulas.

Salomé

Es seguro que no se hubiera conformado con la indul-

At illa praemonita a matre sua,
Da mihi, inquit, hic in disco caput
Joannis Baptistae.
MATEO,

XlV.-8.

San Juan el Bautista pertenece aún d. los viejos profetas. Aúlla y brama improperios contra los pecadores encenagados en el vicio; maldice poseído de indignación a
la mujer adúltera y al hombre corrompido. Las abejas
del cristianismo próximo no depositan en sus labios las
divinas mieles del perdón. Tenía de Ezequiel airado y
de lsaías inflexible. Hubiérase dicbo formado para fulminar su cólera en apóstrofes de fuego sobre la cabeza
de un antiguo rey de Judá, expoliador y gentil, como el
marido de Jezabel. Era bronco, seco y áspero. Alimen·
tábase de langostas y de miel silvestre; cubría a medias
su desnudez entre pieJ,es brutas. Olía como una bestia de
la montaña. Venía para los hombres sólo a escudriñar
pecados y delitos. Virtuoso, arisco y montaraz, sus contemporáneos creían que éStab.? posddo del demonio. Raro ejemplar de trashumante eremita, suerte de Hércules
hebreo que se aodaba tras los pecados y los vicio•, como

gencia dulce y hechicera que el Maestro infundía en
todas sus acciones. San Juan murió a tiempo.
Aquella virgen no le odiaba. Reconstruid el alma de
una princesa asiática, educada bajo la influencia de las
costumbres romanas del siglo de Augusto. El río enconado de vilipendios que fluía de los labios del anacore·
ta errabundo había de torcer su alma, como un viento
de tormenta a un rosal nuevo y endeble. Herodías era
culpada de amor y Juan era casto. Salomé era bella y
graciosa, y Juan abominaba la gracia y la belleza del
mundo. Anticipóse él con mucho al concepto del cristianismc, bosquejado después por Pablo de Tarso y hecho
ley de la vida en los siglos más lóbregos de la Edad Media. Juan es el primer cenobita, el primer solitario que
aborrece cuanto sea luz, hermosura y delicia. Cree que
es mejor evitar la tentación que vencerla. Hubié rase
mutilado gustoso d.otes que acceder a ser puesto en oca•
sióo de refrenar con intensa volunta d los despiertos ape·
titos. L a ira era su opio. La ira dominaba todos sus instintos de hambre ; y así era santo y hermoso en medio de
su violencia brusca, como un nubarrón iluminado de
centellas.
Imaginaos al dulce nazareno entre la madre culpada
y la hija inocente, frivola y perv~rsa.
Imaginaos que de su boca. surgiera una de _aquellas
parábolas sorprendentes, una de aquellas seoc11las fra·
ses que postraban a ~us pies las est~pef:ict:is muchedur_n·
bres, sacudidas de sub1to por el !dtlgo mv1s1ble del misterio,
¿ Hubiérase acaso cumplido la misma tragedia de la
degollación del santo?
¡Oh! no podía morir a manos de pecadoras de amor el
que perdonaba a María porque había amado mucho, el
que alzaba los .:,jos del s·,1elo para s_al_var a la mujer adúltera con el artificio de una frase d1vrna !
Salomé hubo de morder sus labios de virgen ante las
invectivas del tosco predicador.
Herodes cedió. Y la cabeza siniestra y erizada crispó
sobre el plato de ore; la mueca de su postrera maldición.
Y Salomé ha venido a encarnar un simbolo de la mujer inocente y pecadora, ingenua y criminal; y veinte siglos después de aquella tragedia ocurrida en un palacio
de Palestina, vemos resucitar a la doncella maligna y
hermosa, qne se enamora de Juan y pide su cabeza al
monarca amoroso para poder be~ar aquellos labios que
el sauto negaba a las farias de su celo.
Y vemos que amuchiguan las alm•s de Salomé, que
inconscientemente, co11 adorab'e ignorancia virgínea,
van rompiendo corazones de varón, y sonriendo perpétuameote, como si la sonri~a carmesí de sus bocas se e~tuviera alimentando con la sangre de aquellos corazones
destrozados. , .. ..
JESUS SEMPRUN,

Comida campestre ofrecida al señor Ministro de Instrucción Pública e l domingo pasado,
con motivo de su onomástico.

dese mal que se recela
dese mesmo ha de morir.&gt;
Mirad, Don Juan que vos pido
que me déis conversación,
agora que mi marido
tiene fija la atención
en vos desde que hais venido,
P ues qué, ¿no sabéis mi mall
No hay otro más fastidioso.
siendo una dama formal.
bacendosica y cabal
&lt;tengo un marido celoso&gt;.
Vos llegad si sois servido
aún más y habladme al oído,
aunque sólo digáis duelos,
que quiero matar de celos
al loco de mi marido.
¿Sabéis vosl Si no hay paciencia
que le valga a resistir ...•
A un convento he de ir
si sigue en su impertinencia,
&lt;que no me deja vivir&gt;.
Si plugo a Dios al traerme
al mundo de que no fuera
ninguna espantosa fiera,
¿sería bien esconderme
donde ninguno me viera?
¿No cayera en tontería
al prevenir tal ,;:aulelal
Demás, ¿que a quién cumpliría
el curarle la manía
e-dese mal que se recela?&gt;
Y e llo es, Don Juan, lo peor
que habiéndole de adorar,
tal me aburre el pecador,
que couozco que mi amor
se le comienza a eclipsar.
, , , . Aunque celoso recele
de mí, no he de consentir
más celos, q ue no es vivir.
Dese mal que así le duele
&lt;dese mesmo ha de morirl&gt;.

Srita. Juana R. Hüttich, quien contrajo matrimonio
coo el señor Campos el primero del actual.

Se calcula que hay más de 4.000,000 de acres de tierra en las estepas de Rusia, aptas para el cultivo dt: a l·
godón, si tuvieran riego apropiado.

Los rusos no toman el té en tazas, sino en unos recipientes llamados &lt;stakan,&gt; que son vasos de vidrio pues·
t:,s en un agarrader-, de metal.
Los elefantes hembras se domestican con más facilidad que los machos.
En Bélgica, todas las vacas deben llevar wlgando de
una oreja una drgolla con la fecha de su nacimiento.

o o o
Toda cárcel inglesa posee actualmente su biblioteca,
p ero no pueden hacer uso de ella más que los que están
condenados a más de seis meses de reclusión.

o o o
Las focas de Terranova no tienen pelo; pero se las
caza porque su piel es buena y dan mucha grasa. La.
piel sirve para hacer guantes de cabritilla.

Señor don Ricardo E . Campos, quien contrajo matri¡nonio con la señorita Hüttich el primero
(iel actual.

�CRONICA
En la seman"l pasada os ofrecí, mis amables lectoras,
que tratarí,i del importaote capítulo de los sombreros. y
hoy cumplo con gusto mi promP.sa. Los primeros mode·
los de paja que nos representan las revistas europeas,
tienen ya el sello de la moda actual y son muy peque•
ños. Los últimos modelos de la estación primaveral son
aún más reducidos que los anteriores, y podemos decir,
sin temor de equivocarnos, que deben llamarse minúscu·
los. La copa es muy baja; el objeto de esta innovación
es el de que sea posible colocarlos bastante hundidos
sobre la cabeza, i' los bordes sen levantados, ya sea en
todo e l derredor, ya sea solamente en un lado.
Las copas de bola o las que se clasifican con el nom·
bre de «casco&gt;, son las favoritas en esta clase de far•
mas, así como otras que se llaman «tiestos de flores&gt;,
las cuales merecen ciertamente su denominación. pues
toda la copa está cubierta de flores, semejando una pe·
queña cesta, en donde se hubiesen colocado artística·
mente un hermoso conjunto de rcsas, violetas, rnar¡?ari·
tas y lilas de diversos C&lt;'lores. En estos bonitos sombre·
ros la paja hace oficios de listón, pues se imitan con
ella lazos y ailornos de variados aspectos, para comple·
tar así el embellecimiento de tan graciosos sombreros,
netamente primaverales.
También se usan, adernás de los lazos de paja, dra•
perfas de satín que envuelven los bordes levantados de
esas formas, y se prolongan al derredor de las copas,
muy bajas por r egla general.
Las guarniciones de los sombreros actuales se colo·
can, casi siempre. en la parte de atrás. y para tal obje·
to vemos infinidad de penachos de avestruz, plumas sin
rizar, «aigrettes&gt;, pájaros del paraíso, levantados con
audaz movimiento o inclinándose horizontalmente sobre
la copa y bacía la parte de atrás. También gozan de
singular privanza las plumas de fantasía, muy frágiles
en su apariencia y que forman un signo de interroga·
cióo. Suelen hacerse dichas fantasías en satín ne¡?ro o
en taffeta del mismo color, lo mismo que las g raciosas
«antenas&gt;. de las cuales ya he hablado otras veces a mis
lectoras.
Bandas de plumas de avestruz, ya sean blancas o de
color, caen sobre las pequeñas alas que cubren casi por
completo; «aigrettes&gt; blancos o negros, colocados al uso
de los indios orientales; es decir, formando un penacho
compacto, y, por último, franjas de cierto listón de esti·
lo búlgaro, el cual se coloca sobre el sombrero en un
grao nudo que cae hacia atrás. Otras veces este nudo
se levanta ligeramente por medio de un voluminoso gru·
po de flores, o, por el contrario, el ramo se pone en la
parte superior, y de allí se desprende el lazo que ya es
del mismo color de las flores, o forma con ellas un ar·
tístico y vistoso contraste.
Estas son, lectoras mías, las principales guarni ciones
y los más exquisitos adornos de los sombreros de última
moda; pero creu que estaréis ansiosas por conocer la
inspiración de algunos modeles elegantes, y por tal cau•
sa os haré la descripción de varios \le ellos, que sobre·
saleo entre el bonito conjunto de lo/ g rabados parisieo·
ses en donde podemos ver el grao &lt;chic&gt; del momento
actual.
Uno es de paja iogleqa, negra, levantado por el frente
en un marcado estilo «Napoleón&gt;, que tanto favorece a
los rostros femeninos. Por único adorno tiene un g ran
&lt;;i.igrette&gt; de fantasía, en color rubí obscu;º• y en el
ala, levantada con audacia, ostenta un bomto ramo de
cereza~ que fioje prnnder el ala con la copa, muy baja.
Otro modelo, de los que iustamente se llaman &lt;tiesto
de flores&gt;, está hecho en crin café obscuro, cubierta por
completo de rosas pálidas. y el adorno se remata con oo
bonito nudo de paja rafé obscuro.
Vemos un delicioso modelo de sombrero para visitas
y paseos, hecho en &lt;tagal picot,&gt; negro, guarnecido con
rosas matizadas, pero siempre en el mismo tono rosa. La
forma es pequeña; por un lado tiene el ala levantada Ji·
gerameote, y en la parte de atrás continúa del mismo
modo, descendiendo después, con suave inclinación, por
el lado derecho, sin que pueda llamarse a esta mclioacióo un contraste completo con el otro lado del sombre·
ro, sino más bien una tendencia artística a que el ala
permanezca recta. No pasaré por alto un lindo mo·

delo, acaso más gracioso que los ya citados, h~cho en
forma de boina, para Jo cual se emplea seda gris acero,
drapeada; por el lado derecho se levanta mucho el. ala,
que sostiene dos grandes plumas de avestruz, del mismo
color de Ja seda. Por el lado izqnierdo, el ala baja sua·
vemeote, como si tratase de acariciar la mejilla. Este
modelo, lectoras mías, es lindo y elegante.
No olvidéis que para confeccionar las formas de mo·
da, se prefieren los siguientes elementos: la p~ja ingle·
sa, lisa o labrada; la paja belga, el «tagal p1cot&gt; y la
crío. Pero también se usa mucho cubrir las formas cot.
satín, helado de tul o con muselina de seda, impresa.
MARGARITA.

Tres elegantísimas toilettes para da•
mas jóvenes, propias para tea·
tro o soirée; el del centre&gt;,
especialmente para
baile.

El Arte de Conversar.
Menos cuidado que las relaciones íntimas exigen las
que nos impone la sociedad. Ea esto estarnas ya como
prevenidas para la representación, y no son fáciles los
descuidos, sino cuando en el interior, donde ·constante·
mente hemos de estar alerta con una ate.ación sostenida,
se olvidan las reglas de la cortesía.
Sin embargo, hay una multitud de reglas establecidas
para las ceremonias y relaciones sociales, que regulan
escrupulosamente éstas, a veces con detalles tan nimio;

que no merecen atención exagerada d" las
gentes verdaderamente sensatas y distin·
guidas, pero que se necesita conocer, por•
que algunas veces, entre cierta gente, se
hace un papel desairado si no se obser·
van.
Las relaciones de sociedad se fundan en
las necesidades de las relaciones mutuas,
que generalmente son las mujeres las en·
cargadas de cimentar y sostener.
Las visitas son las destinadas especial•
mente a sostener la mistad.
a
Es de buen gusto visitar a las personas a
las que estamos obligadas por algún ,acto
de deferencia, y a veces sólo por pasar el
rato en la agradable compañía de los que
nos son gratos y cuya amistad deseamos
obtener.
La costumbre de señalar un día para recibir las visitas es necesaria. pues resulta
molesto dejar las ocupaciones para ir a una
casa cuyos dueños se encuentran auseo·
tes.
La frecuencia de las visitas privaría a
las señoras de sus ocupaciones y paseos,
iláodose el caso de que a veces fuesen más
importunas que g ratas.
El día que se destina a recibir, la dueña
de la casa ya no tiene que atender a otra
cosa, el salón está preparado y todo dis·
pu.,sto de modo conveniente.
Hasta el ánimo libre de toda otra preo·
cnpacióo, se encuentra eu una tensión pro·
picia.
Generalmente las horas de recibir son
de cuatro de la tarde a ocho de la noche,
y las personas de poca confianza deben ir
de las primeras, haciendo la visita corta, si
c ircumtaoc-i•s especiales no les avisan que
la pueden prolongar.
Las señoras tienen que devolver la visi•
ta a sus amigas, en el caso de que estas no
las dispensen de esta obligación, por sus
ocupaciones, y siempre que algún suce;o
extraordinario lo exija, como un pésame,
una felicitación de casamiento, la vuelta de

Delicioso traje para teatro o reuoión.- La última creación para
baile.-Elegaote y original traje de paseo.

un viaje. las visitas llamadas de «digestión,&gt; que se ha·
ceo dentro de la misma semana, cuando nos han invita·
do a comer, en un caso de enfermedad o en alguna cir
cunstancia necesaria.
o o o
Resultan insufribles las señoras que hablan siempre
de lo que sólo a ellas les interesa, su casa, su familia,
sus trajes, ya con una gran vanidad o ya con fingida mo·
destia.
Del mismo modo una mujer elegante no usa esas fra·
ses «pintorescas&gt; del pueblo, graciosas en la boca de
éste, pero que nos sorprenden de un modo desagradable
en labios de una dama; pero aún es más ridículo usar
las grandes frarns en asuntos sencillos.
El lenguaje franco, espontáneo y elegante PS florido
por sí mismo y huye de las palabras anticuadas y de los
lugares comunes.
La poesía del lenguaje es encantadora cuando es na·
tura!,' pero resulta pretenciosa cuando de un modo far•
zado se habla de la blanca claridad de la luna, la carrera de las nubes blancas y se hacen frases propias del
lenguaje literario, o mejor aún, del lenguaje enfático
de los versos
Las frases hechas y el abuso de ,·ocablos extranjeros
intercalados en la conversación, que algunos creen de
buen tono, hay que evit•rlos.
Los recitados minuciosos, d_e las personas que narran
con los pequeños detalles las cosas sucedidas, en vez
de abrevi,;.r para dar idea de los hechos con pocas pala·
bras, se hace n cansados y fatigosos.
H ay que guardarse de las inelegancias en el orden
moral e intelectual lo mismo que en el material.
Sin contar grandezas de nuestra intimidad que pue•
dan hacernos parecer vanidosos, hay necesidad de no
referirnos a las contrariedades, economías o apuros que
podamos tener.
Amiel, el filósofo genebrino, dice:
&lt;En el mundo es preciso tener aire de v1v1r de am•
brosía y de no conocer más que las preocupaciones no•
bles. La necesidad, los cuidados y la pasión, no deben
existir. Todo realismo se suprimey se oculta como bru·
tal&gt;
El talento de la conversación es tan interesante en las
mujeres, que en algunas c iudades existen esculasde conversacióo.; y aquéllas, coa finura de espíritu, lo adquie·
reo fácilmente.

�La Colonia de la
Isla de los Piratas

..,·-'

Lo que fué de los amotinados
de la "Bounty.. .

Consultas
VARIAS RESPUESTAS.
EvA: Si el traje a que usted alude es de recepción,
baile o concierto, quedará muy lindo si lo cvnfecciona
del modo que me dice, pues las túnicas bordadas con
abalorios son las más b1::llas y elegantes a ese respecto.
En las ~asas de comercio, llamadas &lt;La Gran Sedería,&gt;
&lt;El Paje&gt; y &lt;El Surtidor,&gt; enco"otrará usted los accesorios necesarios para bordar dicha túnica.
Tengo el gusto de darle el modelo de peinado que desea.
En la Avenida de a Independencia y en el callejón
de Dolores, existen dos afamadas tintorerías, en donde
puede usted enviar su traje, a fin de que lo tiñan del
color que desea.
Reciba mis afectuosos recuerdos.

antes, pues me dijo que nunca dejarla de amar a una
mujer tan noble y tierna como yo lo soy. La felicidad ha
vuelto a mí; ¡gracias, querida «Margarit'\!&gt;
Si usted agradece mi consejo, simpática &lt;Magda,&gt; yo
me siento ampliamente recompensada con el éxito venturoso de una indicación, que nunca creí causa de semejante dicha, así, pues, yo también le ~gradezco la
alegría &lt;JJUe me ha dado con tao grata noticia.
PARA EL ROSTRO.
At'LIGIDA: No se preocupe usted por el color obscuro
de su tez y por h notable aspereza de ésta; use la crema &lt;Favorita&gt; y pronto coDseguirá, aunque sea en parte. lo que desea, es decir: tener un cutis moreno pero
suave, fresco y delicado. No olvide que las mujeres morenas siempre han triunfado sobre las rubias en cuestión
de belleza.
UNA CARTA

A UNA NUEVA AMIGA.
PRIMAVERA: Con todo placer acepto su amistad y la
correspando cordialmente. ¡Ojalá que no sea tan breve
como su nombre supuesto!
Respecto de su pregunta, le digo Jo siguiente: No hay
ningún obstáculo en que usted _le dé su re!rato 3; su novio, dado el caso de que éste tiene rectas mtenc1ones y
desea hacerla su esposa; pero debe usted recomendarle,
con discreción y prudencia, que entere de estos amores
a los señores sus padres, porque en relaciones formales
es preciso tener la aprobación de ambas familias: la del
novio y la de h novia, para evitar disgustos futuros, que
pueden traer la desgracia a varios hogares.
Por ahora, bastará con que su novio oculte ese retrato, pero siempre con la intención de obtener el consentimiento de sus padres para continuar las relaciones que
tiene con usted.
Inútil me parece decir a mi muy estimada &lt;Primavera,&gt; que le deseo una felicidad tan bella y tao soDrieote, como la deliciosa estación cuyo Dombre ha elegido
para dirigirse a su amiga &lt;Margarita.&gt;

TAH0SER: Mucho gusto recibí con ).,_ lectura de su
carta, y hoy más que antes me confirmo en la idea de
que dos tarjetas anteriores, firmadas con el nombre de
usted, son de alguna otra persona, la cual, por una causa incomprensible, se empeíia en pasar ante mí como si
fuese usted misma. ¿Por qué ese afán? No me lo explico, pero esté tranquila; las confidencias que se me hacen, aún cuando sea bajo un nombre supuesto, quedan
conservadas en mi recuerdo como en el interior de un
santuario; nunca saldrán de allí, parque un secreto es
un depósito sagrado.
Sin embargo, no puedo menos de notar que ese caba-

llero incógnito se interesa mucho por todo lo relativo a
&lt;Tahoser&gt;.
Ya escribí a usted por correo en la forma en que me
indica.
Reciba mis cariñosos recuerdos y mi agradecimiento
por su amabilidad.
CONSEJOS A UN ENAMORADO

UNA SORPRESA GRATA.
MAGDA: Pocas veces he tenido una satisfacción tan intima y grande, como la que he experimentado con la
lectura de su carta, de la cual me permito reproducir
aquí uno de sus párrafos, pues servirá de estímulo y de
ejemplo a muchas de mis lectoras, en cuestión de amores desgraciados.
Ese párrafo dice así: &lt;No vacilando en aceptar su
coDsejo, escribí a mi antiguo novio uaa carta, en la cual
le manifestaba mi gratitud por su noble sinceridad de DO
querer eDgañarme, y también por la dicha tan grande
que durante largo tiempo me había proporcionado con
su amor. Le devolví sus obsequios, pero sin emplear para esto, términos ofensivos, sino todo lo contrario; le decía que en coda una de sus cartash~bía depositado todo
mi corazón, al besarlas por la última vez. Al día siguiente de hacer dicho envío, vino él personalmente a devolverme esos objetos y .... su corazón, más eDamorado que

DE PARIS
Cojo la pluma estando bajo la impresión de algo parecido a una pesadilla, y todo lo veo desproporcionado.
Siguiendo mis impulsos, en vez de escribir estas líneas
hubiese telegrafiado a mis lectoras para decirlas sin
pérdida de tiempo: «¡Por Dios, no se pongan &lt;le bonnet
bebé!&gt;
Explicaré a ustedes la ocurrido, Pensando en dar
amenidad, o al menos interés, a mi crónica, por medio
de una información detallada y precisa de las modas
parisieones, ya que por su forma no he de conseguirlo,
visité esta mañana una de las casas más afamadas por
sus originales m0delos. Pregunté por el últimamente
creado, y una muchachita preciosa me le enseñó diciendo: &lt;Este es; se llama &lt;bonnet bebé&gt;. Y siguiendo la
costumbre establecida se le puso para que yo pudiese
juzgar mejor. Estaba monísirna con la gorrita de niño
chico, por debajo de la cual se escapaban sus rizos rubios; pero era extraordinariamente excéntrica: de glasé
color de cereza, guarnecida de &lt;skuogs1&gt;.
Sin faltar a la cortesía, me atreví a decir que aquel
capricho, porque en realidad no era un sombrero, no
traspasaría el umbral de la puerta; y cuál no sería mi
asombro al oir pronunciar a la muchachita rubia dos
docenas de nombres, pertenecientes a señoras conocidas,
que ya han adquirido el &lt;bonoet bebél&gt;. Confieso mi
pecado, no lo creí. Salgo de la tienda, y
los cuatro
pasos veo una señora vestida de negro, muy delgada,
con una piel inmensa llena de cabezas y de colas, que
unidas al manguito, DO menos volumiaoso, me trajo a la
memoria e l recuerdo de esos turcos que recorren las
calles cargados de pieles, y que duraate el verano ha•
cen un buen negocio vendiéndolas en el mercado de
Hendaya. Y para completar la visión, en vez de sombrero, llevaba la famosa gorrita, hecha de terciopelo
negro. &lt;Esta será una extravagaate&gt;, pensé; pero en el
trayecto que separ... la casa de la modista de la mía,
encontré siete.
¡Será posible que aceptemos esta moda? ¿Se vestirán
de niño llorón, lo mismo las bonitas que las feas? Tengo la esperanza de que el nuevo &lt;bonnet&gt; sucumba antes de quince días; si me equivoco, espero que ustedes
me bagan la justicia de decir que yo le rechazo ¡:or ridlculo.
Hay tantos sombreros bonitos para estos meses de
transición, que considero de mal gusto optar por las ex·
ceotricidades. T©do el mundo no puede, o no quiere,
adquirir un sombrero de mucho precio basta ver preci·
sada la tendencia de la moda, que evoluciona siempre
en los cambios de estación. o, al menos, hasta tener de·
cidido el color de los vestidos que piensen encargar.
Para esperar sin impaciencia este momento, es con·
venieote tener un sombrero mono que sirva para todo.
E sto resulta sumamente fácil, si ustedes quieren pres·
tar su valiosa cooperación a la modista encargada de
coofeccion;,rle.
Se elige un sombrero pequeño de paja inglesa negra,
con la copa alta y el ala vuelta, un poquito mayor por
el lado izquierdo que por el derecho; con un trozo de
c:liberty&gt; blanco, graciosameDte &lt;drapé&gt;, se cubre la
copa por completo, y colocando detr¡i.•, hacia el lado
izquierdo, una &lt;aigrette&gt; blanca de las que hayan ustedes utilizado durante el invierno, tendrán un preciorn
sombrero de tarde. Se le quita la &lt;aigrette&gt;, en su lugar se ponen dos camelias, y ya tenemos un sombrero
que puede usarse con el &lt;tailleur&gt; de mañana para ir a
tiendas o a paseo. Si se quiere transformar más radicalmente, se cambia el trozo de &lt;liberty&gt; blanco por
otro verde esmeralda con &lt;aigrettel&gt; negra, o con un
grupo de flor de manzano, que es la flor del día.

a

RESPUESTA.
IRENE: Recibí su elegante y fino obsequio, el cual
agradecf en extremo.
Me sorpreDdió mucho lo que me dice de ese 1etrato,
pues DO se ha publicado en ningún periódico. Me coofuDc!e usted con su boDdad, querida amiga, y me apena
la idea de no merecer esas maDifestaciooes de cariño,
tranquilizándome, sin embargo, la idea de que la simpatía es muy espontánea y caprichosa; no siempre se basa
en Ja., severas leyes de la estética y del inflexible razonamiento.
A sus preguntas sobre el uso de la leche para mejorar
la tez, Je digo que la nata es muy eficaz a ese respecto,
lo mismo que las lociones de leche de burra, pero no de
vaca, como usted me dice.
El corset, al cual hace alusión, no le pe1judicará en
su salud, y creo que Jo encontrará de venta el &lt;El Centro Mercantil&gt; o en &lt;La Gran Seder!a &gt;
El papel que desea lo hallará en la cas;,. de comercio
llam~da &lt;El Lápiz del Aguila &gt;
Le envío un cariñoso saludo y mi sincero afecto.

chos es ...... que los hombres no saben ser fieles por
completo.
P erdone usted mi franqueza, pero si he de manifestarle mi opinión sincera, creo también que «Cupido&gt; ya
no hace víctimas del sexo fuerte, pues en la tempestuosa vida moderna, &lt;e11os&gt; se consuelan fácilmente de las
decepciones amorosas. ¡Estoy tan cierta de que su novia
lo ama y sufre par usted! que no dudo en aconsejarle
que le escriba pronto, pidiéndole una disculpa por sus
anteriores deficiencias, ofreciéndole nuevamente su corazón, sin ocultarle las penas que padece por la ruptura de esas relaciones. l Lo hará usted así?
MARGARITA.

UNA VÍCTIMA DE CUPIDO: Tengo mucho placer en contestar a su coDsulta, más aún si pienso que con ella puedo aliviar la pena de dos cor,zones que se aman . Porque &lt;ella&gt;, estim...do señor, lo d.ma a usted sin duda alguna; si ahora ha correspondido aparentemente al afecto
de uno de sus adoradores, debe ser con e l objeto de
aumentar en usted el amor deficiente que le tiene, por
medio del tormento de los celos.
No se disguste al ver que ca,lifico de ese modo el cariño de usted, pero si su •novia est«ba siempre desconfiada y celosa, teoieado par esta causa continuos disgustos, es casi seguro que no se sentía plenamente amada y
esa misma exigencia es la mejor prueba de su amor; ¿no
le cree usted así?
Po~ regla general, 1as mujeres Duoca tenemos celos
infundados, sino que el amor propio de los señores llega
al extremo de querer ocultar a la exquisita iDtuicióo feir.eoioa, la verdad de los hechos, y la verdad de los he-

En cualquier enciclopedia o en cual·
quier diccionario geográfico, buscando la
palabra Pitcairn, puede leerse condensada
en cinco o seis líneas la historia romántica
de esta isla del Pacífico. Es la misma
historia que ha servido de base para iofi·
oidad de novelas, y que se repitió una y
otra vez durante los siglos XVII y xvm,
cuando el corso y la piratería estaban en
todo su apogeo y cuando los buques de
guerra andaban siempre a caza unos de
otros o, lo que era más cómodo y más prác·
tico, a casa de galeones y demás buqnes
mercantes del enemigo.
Precisamente sobre este asunto que vamos a referir escribió Julio Veme una no·
vela basada en Pstos mismos hechos v tito·
lada &lt;Los amotinados de la Bounty»

•

000

En el año de r789, la tripulación de la
fragata de guerra inglesa &lt;Bouoty:s, se SU·
blevó en alta mar. C1pitaneó el motín el
contramaestre Christiáo, el c ual, después
de apodera rse del comaadaote y de los de·
más oficiales del buque, los metió en un
bote con provisiones para varios días y los
abandonó.
Fuese miedo, o falta de unidad, o por
alguna otra razón desconocida, el hecho
es que, al contrario de lo que sucede en
tales casos, los amotioados, un;. vez dneños
del barco, no lo dedicaron a la piratería.
sino que, refugiándose en la primera isla
que después de muchos días de navegación
encontraron en su camino, hicieron desaparecer la &lt;Bouoty&gt; y se establecieron en
la isla. Era é~ta la de Pitcairn y la habitaba una reducidísima población de indígenas.
Tomaron las mujeres y 00 se sabe qué
hicieron con los hombres: probablemente
los mataron.
Mientras tanto, el capitán y los oficiales
de la &lt;Bounty&gt; tuvieron la suerte de ser
recogidos por un buque que pasaba, y que
los llevó a):,. isla de Timor, desde donde
fueron repatriados " Ingl•ten a , su patria.
El crimen cometido por Christián y sus
compañeros despertó en Iaglaterra una
irritación tanto mayor cuanto que el hecho
de insurrecciones semejantes veaía repi-

Una sensación
de bienestar indecible
pueden proporcionarse aquellos que adquieren la costumbre
de enjuagarse la boca
con ODOL por las noches al tiempo de acostarse. El ODOL impregna las membranas mucosas de la boca. Al respirar pasa el aire sobre estas membranas odolizadas y adquiere una frescura agrad able que
produce una sensación de bienestar enteramente especial.

tiéndcse con gran frecueacia y se hacía
necesario un castigo ejemplar.
Dióse orden de que los buques de g ue·
rra estuvieran cruzando los mares donde se
sospechaba que había podido refugiarse la
«Bounty,l&gt; y que no abandonaran la empresa hasta apoderarse del barco y de sus
insurrectos tripulantes.
Las órdenes fueron cumplidas fielmen te
y durantes mese~, y aun años, se buscó a
la &lt;Bouoty&gt; pero siempre sin resultado.
Creyóse que el mar se había tragado a los
insurrectos y a su presa.
Muchísimos años después, un buque
mercante, al que tormentas y tifones habían apartado del derrotero que habitual•
mente llevaba el comercio entre Asia y
América del Sur, se acercó a la isla de
Pitcairn, y manda ndo un bote a tierra para aprovisionarse de agua y de frutas, en•
contró cerca de la playa una colonia sumamente curiosa, de europeos que vestían
como salvajes y vivían en comunidad, bajo
e l gobierno de un \"eoerable patriarca, a
quien daban el nombre de John Adams.
E ste Adams era un superviviente de los
a motina dos de la &lt;Bouoty»; y compren·
diendo que había prescrito su delito, no
tuvo iocooveoiente en hacer la historia de
J.quella colonia de marineros, cuyo propó ·
sito al amotiod.rse había sido e l de dedica rse a la piratería, y que, según pa rece, a cabó por ser nna colonia de hombres de conduc ta ejempla r y de verdaderos puritanos
fanáticos en lo relativo a la religión.
E n efecto, a poco de llegar a la isla establecieron instituciones, cuya base e ra el
te mor de Dios y el cumplimiento absoluto
de sus maadatos ; y a tanto llevaron su a fán
de p urita nismo, que hasta p rohibieron , bajo penas severas, la bebida y el tabaco, y
e l tiempo que n© necesitaban pa ra el culti,·o de las tier ras lo pas.1ban en la iglesia

�EL MUNDO ILUSTRAD O

EL MUNDO ILUSTRADO

UNA DIFE RENC IA VITAL.

Cuando se ven cogidos por Uú
fuerte temporal en el mar, los pescadores de Noruega usan á menudo aceite de hígado de bacalao
para disminuir la fuerza de las
olas. El aceite en su estado 11atural, se adapta perfectamente ú
tal propósito. Pero cuando s,·
viene á pensar en él como un remedio para la tísis y otras dolencias
debilitantes, el caso es completa.mente diferente. Cualquier alimento feculoso, tal como el arroz,
engorda más que ningún aceite,
pero tod.os los alimentos fec nlosos
son en extremo indigestos, y eEO
mi8mo oc1~'.i·re al aceite natural dr
híga:V- Je bacalao; y una buen.
(~,~-- .ió~i es lq que más necesita_.-'
-"" inválidos. Por otra par te ~aceí te de h ígado db bacalao con
tiene principies medicinales dr,
alta categ·oría, pero p::.:·a que sean
útiles al enfermo, deben extrae:·se
previamente de las abominables
grasas y mezclarse científicamente
con otras sustancias de igual
valor curativo y nutritivo. Esto
es lo que ha realizado con éxito l~
P REPARAC!ON de WAMPOLE
la cual es tan sabrosa como 1:
miel y contiene una solución et
,m extracto que se obtiene d....
Híga&lt;l.os P uros de Bacalao, coni
binados con Jerabe de H ipofosf,•
tos Compuesto, Extractos de }la~
ta y Cerezo Silvestre. En estn
unión científica de ingredientes,
tenemos la sustancia mejor para
dar carnes, para dar vida; y
cuen La con una serie ele éxitos en
los casos de Tísis, Pérdida ele Carnes y Fuerzas y las Enfermet:;:;cles
de la Sangre. El Dr. J. R. de
Arellano, Director en la Escuela
Nacional ele Ciegos de :México,
dice : "La Prepar11ción de Wampole proporciona nn gran servicio
terapéutico en las afeccioEes de las
vías respiratorias, obteniéndose
resultados sorprendentes en los
estados linfáticos con tendencia,
á cscr.:&gt;fulismo." Eficaz desde r
primera dosis. En las Boticas

FANTASIA VERANIEGA

Quinta de Salud
' Re Lavista"

que al efecto habían levantado, y de la cual
se constituyó en pastor uno de los marine·
ros, el cual a l mismo tiempo ejercía las funciones de oficial de r egistro civil, de nota·
I
ria y de juez. L a colonia estaba gobe rnada En esta playa elegante, las olas, al cho·
por un consejo ejecutivo de siete ind ividuos, car contra las rompientes. tienen una gracon su presidente, elegidos unos y otros por cia muelle, c asi femenil, de lánguido abane! voto popular. Las muje res tenían dere· dono.
cho a votar y lo ejercían. Estas mujer es
Los veraneantes pasean a orillas del mar
Asistencia cientíñ.ca de
eran las indígenas que habían tomado los en la paz de h tarde que agoniza; dijérase
morfinómanos,
enajenados,
a motina dos de la «Bounty&gt; al llegar a la un gr an salón de baile al aire libr e, la ri·
isla, y a las cua les e nseñaron, no sólo su bera templada.
alcohólicos y quirúrgicos,
idioma, sino ta mbién a leer y a escribir y
En lo~. trajes c laros de las muchachas hay
empleando los medios terala religión.
igual vaporosidad que en las nubes que al
Durante muchos años, Chrislián, el jefe poniente envuelven en gasas flotantes el
péuticosmás modernos. Efidel motín, se pasaba la vida en una choza horizonte.
caz
atención para los enque construyó en un a lto de la isla, y desde
Semeja el fir mamento un enorme cielo
fermos. Departamento esa llí vigilaba constantemente el mar para raso, azul como las aguas.
prevenir a sus compañeros en caso de que
Pasan los g ru pcs de veraneantes cam·
pecial para señoras. Instaapar eciese alguna vela a la vista. En cuan· biando saludos, sonrisas.
to se veía pasa,· algún buque, todos los inCupido, invisible e irónico, pasa también
lación eléctrica completa.
dividuos de la colonia se refugiaban en los por e l aire templado, vacilando su carcaj .
Rayos X, corriente de alta
bosques del interior de la isla, pues cons·
Canta el mar su canción discretamente,
tantemente temían la llegada de a lgún bar· como un mar galante y cortesano.
tensión, mecanoterapia.
co de guerra inglés que viniera a prender·
El paseo se extiende amplie y hermoso;
Director Médico,
les. Luego, conforme fueron muriendo los a ambos la dos y al final, insinuan los focos
amotinados, sus hijos y nietos, no teniendo e léctricos sus primeros parpadeos.
nada q ue temer, salían en lanchas a l e n·
Una pa reja, algo apartada de un grupo
cuentro de los barcos q ue pasaban y trafi- de amigas y amigos, charla animadamente.
Médico encargado del decaban sin temor, ofreciéndoles agua, fruta, Ella es morena, esbelta , y en sus ojos obs·
partamento de enfermeda
pesca, etc., a cambio de telas, instrumentos euros, bajo su sombrero de verano, pasan
de agricultura y demás productos de la ci· relámpagos fugaces, al resplandor del se,!
des nerviosas,
vilización.
que muere.
La colonia llegó a contar doscientos in•
El es, en su aspecto, como cualquiera
dividuos. Lu~o. la población fué deseen· otro joven.
diendo hasta no tener más que ciento cua·
Charlan. En la voz de ambos, reprimida
Administrador,
tro, de los c'!ales cuare_nta y n_uevc eran y violenta. pdlpitan el amor y la ira alter·
hombres y cmcuenta y cinco mu¡eres.
nativamente
Por causas misteriosas los bosques fue·
EL--De modo que al marcharme maña·
ron secándose, y al escasear los árboles, na, no te veré más .... Todo ha concluído. - - - - - - - - - - - - - - - - perd:eron uno de sus elementos de alimen·
Ella.- Todo Después de lo q ue tú has
La conversación se generaliza.
tación los descendient~s de los amotioados hecho. . . .
Quedan ya pocos paseantes, q ue entran
de la «Bounty,» ademas, la falta de arbole·
(Un n uevo relámpago, más rápido aún de vuelta en la ciudad. rutilante y bulli·
da produjo sequías, las cosechas se perdían que un relámpago, cruza al través de los ciosa.
con frP.cueocia por falta de agua, y ésta lle- ojos obscuros, entornados. .\ la luz cada
Una campana toca a la oración; las notas
gó a escasear hasta para el consumo iodivi· vez más dudosa de la noche que avanza, graves del bronce se diluyen lentamente
dual.
no se percibe bien si aquella efímera lnz en la atmósfera, como el postrer gemido de
Las últimas noticias concretas y fidedig· es de dolor, de odio, de ansiedad, de des· uo amor qne 'muere.
nas que se tienen de esta curiosa colonia pecho o de amor).
JI
datan de 1897, cuando el capitá11 del buque
EL-(Con arrebato súbitamente conteni·
La misma playa. Dos años después.
de guerra inglés «Cosmos» la visitó . En el do). ¿Yo? ¡Yo! Y te atreves todavía a acu·
Corretean niños por la arena rubia.
informe que entonces d ió a su Gobierno, el sarme .... ¡Lo que yo he hecho! Mi única
Véase a ¡0 lejos brazos de nadadores que
capitán predecía la rápida extinción de la culpa, si alguna tuve, fué tal vez querer te un instante surgen del agua tranquila
colonia. Afirmaba que la población había demasiado. (Con un leve temblor en la voz.) cabezas que se mueven sobre el dZUl deÍ
degenerado de un mod? alarmante, y que Te amé como un loco, como un idiota, co· mar.
sin du?a a consecuen_c1a de los c~ntinuos mo un niño .. : . Y tú como a un niño me
Algunos jóvenes de ambos sexos conver·
casamientos entre parientes, se h_a~ta ere~· has tratado. S,, me lo merezco. P~ro tengo san y ríen, como hace dos ailos
do una raza poco menos que d_e idiotas, sin e l derecho al menos, ya que quieres _q~e
Los papás, como h•ce dos años, sin per·
co';ltar con que, a cons:cue1:c13: _de las se· todo concluya, tengo el derecho de ex1g1r· derles de vista, conversaban también.
qmas'. er:1
temer qu_e los 10d1v1duos que te que me expliques tu~ pa(abras. _¿Qué he
En el giupo de jóvenes los dos dialogan·
todav_,a v1v1an per_ecenan de ha_mbre y de hecho, cuál ha sido, mi crime?, st no ese I tes del d iálogo anterior se encuentran.
sed s1 por casualidad se__ espaciaban más E lla.-/Para que hablar? Bien lo sabes.
Insensiblemente vánse apartando tambié n
que de co~tumbre )as v1s1tas que casual· No me has querido nunca....
como dos ailos atrás ....
mente hac1ao a la isla algunos buques de
EL-iNo haberte yo querido! Dí que oo
los que pasaban por aquellos mares.
me q uieres y concluyamos. P ero no manLa profecía del capitán del &lt;Cosmos» se ches tus labios, que todavía adoro, a pesar
DESCOi'IFIARSE
ha cumplido. Hoy día, según todas las pre· mío, con una mentira .... (Animándose. ) Tú
DE LAS FALSIFICACIONES il DIITACIONES
sunciones, no q ueda ni un solo supervivien• sí que nunca me quisiste. ¿ Para qué entonte de la colonia fundada por los amotina- ces escuchaste mis palabras? ¿Para qué me
Exigir la
dos de la «Bounty.» La isla de P itcairn es diste esperanza? ¿ Por qué me digiste al ca·
una isla desierta. Así parece deducirse del bo que e ras mía?¿ Por q ué hiciste que lle·
Firma:
hecho de que, hace pocos años, un bergan· gase al frenesí mi amor, por qué envene·
tío norteamer icano pasó por ella y no vió naste rr.i alma, por qué te gozaste en en·
destacarse de la p laya a ningún bote, ni sombrecerla y llenarla de hiel?
señal alguna de vida en la isla, por más (Pausa) . . . . Yo soñé para tí y contigo, to·
que e l bergantín se acer có a ella todo lo das las felicidades imaginables. Construí en
posible y el capitán y sus oficiales estuvie· mi imaginac ión un mundo encantado, en
ron escuariñándola con sus anteojos.
q ue reinarías tú .... Poco a poco lo coas·
Lo m~s curioso respecto a la instalación truí, poco a poco y en cada sillar iba un
de los msurrectos de la «Bounty» en la pedazo de mi propio espíritu ...... Y tú lo
sla y de su vida e n ella es la gran cantidad has destruído todo. Sí, tengo .,_1 menos de·
de leyendas y novelas _que , a ese respe,cto, recho a pedir te cuenta de tu delito. ¿ Por
ha fraguado la fantas1a de los escritores. qué has hecho esto 1
Eo una de ellas se cuenta como a aquella
Ella.-(Vacilando). :-So sé .... no sé .. . .
colonia,-que empieza por suponer com· la culpa no fu é mía ....
puesta sólo de hombres,- se incorporó un
El.- No me desesperes, Aurora. ¿De
)labitante más: u na niña de pocos meses q1!'ién fué entonces?
que llega flotaodo sobre un madero proceE lla.-No sé .... yo te he querido ..... .
dente de un buque náufrago. Los colonos
El.- (Interrumpiécdola), No, no me has
cuidan a la niña y ésta crece y se hace una querido nunca, nunca, ¿oyes I Si ya no me
bella mujer. L lega un día en que con~ide- quieres, prefiero que mientas más, q ue me
ran los hombres que debe casarse y d1spu- d igas que no me quisiste nunca, así por Jo
tándose unos a otros el derecho a ser no- menos me queda el último derecho, e l de·
CURACION
vios, se hace aquello una trágica batalla en recho de aborrecerte.
RADICAL
la que la sangre corre a raudales y la jo· E lla.-(En voz velada.) Pues bien, sí,
ven, ante semejante truculento espectáculo, nunca ....
RÁPIDA
se vuel~e loca. Como los hombres se h:10
(Los ojos de él se nublan; _durante un
(Sin Oopaii&gt;a - ni Inyecciones)
extermmado todos, queda ella sola en la is· segundo es en ellos donde bri lla, clara, a
la y allí la encuentra? unos navegantes, pe· pesar de la obscuridad que ya envuelve las
ó
ro, d~mente. La r_eco¡en, la lleva~ a bordo, cosas, una intensa llamarada de angustia y
la cmdan_ y agasa¡an todo lo posible: pero de crimen. Se oye una ,·oz que parte del
la pobre ¡oven, completamente perdido el grupo Mamándoles).
Cada
lleva el •
juicio, se arroja al agu'&lt; al partir el buque - iYa nos vamos! ....
que la ha recogido, para ir a unirse «con
En el grupo que avanza, se ven súbitacápsuia de este Modelo nombre: MIDY
su espo,o »
mente confundidos los dos que dialogaban .
P!RlS, 8, Rne lltlenne J en tooa• las rarmacln

Tlálpam, D. F.-•Teléfono 16.

EDUARDO LICEAGA.

6

.jJ

CARNE · Q Ul~ A

, 11; ¡-m~~ 1;.,re,n&lt;;l11 1J ycntl' :,ül•t&gt;r:inn eo
l•''- e;, ... .,~ 1/\ Enfer m~dad':':- &lt;i~L EstO.-

ma"o y &lt;le los lntest1nos.Con•·,,1,·cenc1a!',
CootUlu&amp;&lt; ,on d&lt;: Pario~. Mvvu.owot..-11
fe.br1les é lnJluenLo
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!11Cl1l'IIPU,
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t&gt;, 1-un~.

.,,.,,,,.,.

•

r

Dr. A. Ruiz Erdozáin

J. Lavista.

?e

-··- ··-

Inofensivo J de una PW'esa absoluta

VINO ARDUO

EI.- Hace ya dos años que no tenía el
gusto de verla a usted.
Ella.-Sí ...... el año pasado usted no
vino ....
EI.-Fuí al extranjero Estaba todada
convaleciente de uoa enfermedad ....
Ella -(Con malicid disimulada). ¿ Car·
diaca ?
EI.-Sí .... (ligera pausa ).
Ella.-¿ Me eocuentra usted cambiara?
( Con coquetería).
El.-(Galante). Más linda tal ,·ez. Por lo
demás ....
E lla.-(Banal). Usted está más g rueso,
más hombre.
El.-¿Sí? La vida .... He vivido bastar·
te en estos dos af:os. Pero, no hablemos dt:
mí, hablemos de algo más iuteresante. Y
usted ¿qué tal? ¿Tendrá usted novio?
Ella.-/Yo? no. ¿y usted novia? (Rubo·
rizándose, casi en seguiaa arrepentida de
su pregunta impremeditada).
El.-Yo sí ... ,¿No la conoce usted aún?
Debe venir muy pronto. Llegamos ayer en
el mismo tren. C reí que lo sabía usted
ya ....
(Nueva pausa ligerísima). (Ella vueh·e
los ojos a otra parte un instante. ccultán·
dolos de é l, de los demás, del mundo en·
tero).
Ella.-No lo sabía, no ...... Que sea en
hora buena . ...

Burlad los Años
Sed siempre jóvenes
y bellas.
Un Químl.:o de
Oriente, cuyos estudio■ h a n sido
coneagradoaáembellecer el rostro
-s voluptoeear las
carnes de las mujeres del Harem
lnvent6laf6rmu·
la1 de la Crema
~

'
alrenl ''
para embellecer
( desgrasad o.)

La blanca t r ansmite á la epldér mls esa albur a
diáfana de las -.a'l)Orosas hijas de las leyendas del Rhln Cada un a de las Imperceptibles y a dhe·
rentes par tículas de la CREME $IRENE se
Incr usta y se asimila en el cutis, nutrlén·
dole de frescura juvenil y d.tntl.ole t r ansparencia alabastrlna saturada de mal!'nét lco perta.me orlental.- La Creme " al •
rene" roaa, recomendadapua la m ujer
t rigueña 6 morena, dá á la t ez suavidad
de aza lla y el tint e seductor de las volup·
tuosas flores del gri&lt;na.do.-Con el uso de
estas cremas la mujer burlarll. lee años y
caut h •ará á los hombres más soña.dore5 y
exigentes. - TARRO CON INTERESANTES
CONSEJOS $ 2.25. - ÜERTIFIOADO POR CO·
RREO $% 50.
DEPOSITOS:- J. Laba.dle Sucs, Co. Ave.
San l?r anclsco 39.-Ulhletn Sucs., Ave. Bolívar 25, -Johannsen, Félix Co., Ave. San
Francl•co 39,

SE!í'ORAS EL APIOL DE LOS

OresJORET, HOMOLLE

E L- G racias. (Silencio breve).¿ Se acuer·
da usted (riendo) de mis impertinencias
de hace dos años' Creo que hace dos años,
ahora precisameote. ¿verdad?
Ella.-(Seria). :-So recuerdo.
EL-Perdone usted, creí que r ecordaría,
porque generalmente recordamos lo desa·
gradable, y los dolores de cabeza que le dí
a usted debieron de serle pesadísimos: di•
ga usced la verdad. . . . . .
Ella.-La verdad, no recuerde «apenas».
El -Más vale así, porque así no me guar·
dará usted re';lcor, ¿ no es cierto I
Ella.- ( Casi sombría, a despecho de sus
esfuerzos po1ra sonreír). ¿ Yo? De nioguna
manera. Son c0sas que pasan ... .
EL-Es verdad, cosas que pasan. . . .
(Un segundo se encuentran las miradas
de_ambos por primera vez; un ~egund_o se
abisman las unas en las otras, e mmed1ata·
mente se separan, como en una despedida
eterna).
El.- Mire usted, alli viene mi {atura
con su mamá, se las presentaré a usted, si
usted me lo permite.
. Se acer ~a una señora con su hija, muy
¡oven, vesttda~ ambas con sobria elegancia.
Todo el grupo se le,·anta a saludarlas. Los
papás, q ue: ya tocaban retirada, se acercan
asimismo. Saludos, besos, presentaciones.
E l grupo, engrosado por las recién lle·
gadas, parte lento hacia la ciudad, habla•
dor y risueño, Una campana repica en uoa
torre cercana, esta vez llamando a misa. y
1~ notas_jc,viales vuelan juguetonas por el
a ire matinal, como el «hosanna» y la anuo·
ciació n de uo amor oue\'O.

Cura las Dolores, Retardos
Supresiones de los Menstruos

LUIS RODRIGUEZ.

fi• SEGUIN, 166,l.St~H,;;;;¡¡,Paris,7 tod11 larau.

FLOR DE BHLEZ A
POLVOS ADHERENTES
INVISIBLES
FINURA, P UREZA. PERFUME IDEAL. - Comuoiea al ro~tro u na ntara,·Hlosa
y delicada belleza, una blancura perfect.:11 y un aterciopelado Incomparable

Cuntro tonos en cada una de los colores Rosa \; Raque.J Blanco de una pureza
absoluta Son los polvos de arroz de las reinas y los reyu de los polvos de arro¿
AGN E L .

1-'tt.l\PUMISTA,

El arroz sagrado
En la aldea de Isobe, en la provincia
japonesa de Shima, hay ciertos campos de
arroz que pertenecen al santuario de IzoKiu, al cual se entrega anualmente una
parte de la cosecha
D(chos campos son teatro de una ceremonta que no se celebra en ninguna otra
parte del país, ni probdblemente del muo·
do entno.
Cuando llega el día ea que han de tras·
plantarse las pequeñas plantitas de arroz
del semillero donde fueron sembrados los
granos, lo~ a ldeanos h3:cen fiesta y acuden
a presenciar la suprad1cha ceremonia.
Numerosos jóvenes de ambos sexos, ves·
tidos a !ª antigua usanza nipona, rodean
los semilleros y van descargando las pe·
queilas matitas, a la vez que entonan antiguas canciones alusivas al acto.
Después, proceden a plantarlas en hile·
ras en e~ campo sall;r~do, cuya ceremonia
aco~pana con su mus1ca uoa orquesta de
flautistas, a la que hace el ª;ompañamien·
to un tambor, _que e l tambo rilero lleva so·
bre un pequeno bote
- - - - - - - -- - - - - - - - Acreditado desde
hace muchos años
y recomendado por
las primeras auto·
ridades, como ALIMENTACIONPARA EL ENFERM o, XI s:; 0 0
ADULTO, en las
perturbaciones de la digestión, en la debi·
lidad y en la inapetencia. Comopuedepre•
pararse ~e _muchas maneras permite una
g ran· variación, resultando así un fortifican·
t~ ideal que toman muy '.bien los cocvale·
cientes y que estimula el apetito y favore·
ce la digestión.
_ E l librito de cocina KUFEKE que contiene 103 re.celas de cocina muy acredita·
d~s par'.1 sanos y enfermos, se puede adquirir gratis en farmacias y droguerías.

~

HIGIENE del TOCADO
Lu cu1Ud1dH anU.•pUoa-.
••t•raivH y oioaírJ&amp;aJat.•• qu,
laan merecido 1I

Coaltar Sopontnl

ls ·Bsut

16, A venue de l"Opéra, P A R I S

111 admt1!6n en lo■ H o• plta?-.i

d e P a rt-. eii.p llcan la bo¡ a dt

• H producto para todo, 101 u101
del tocador : Cutdadoa de 1Boc.s A qua purifica, de lo■
Cabello• ouya calda detiene

v

de los Flujos Recientes Persistentes

ADIOS ....
Tímidamente, como quien comete un sa·
crilegio, tomo la pluma para dedicarte este
homenaje, que yo quisiera que fuese, no
un puilado de líneas mol trazadas y p1cor
zurcidas, sino un aromoso ramillete de ro·
sas rojas y de nardos níveos. Símbolos del
amor aquellas ; de la pureza éstos. Porque
cuanto puedan tener de imperfectas, tie·
nen, en compensacióu, de sinceras. No se·
rán exquisitas y artí~ticas corno un vaso de
_Sevres, pero sí transoarentes y fuertes co·
mo pedazo de cristal virgen recién deseo·
trañado de la roca. Más que del cerebro,
son hijas del corazón. Más que el producto
de largas horas de paciente meditación,
son el producto de un espontáneo estreme·
cimle_n to en la compleja y diabólica maya
de rots nervios.
Y son ellas las que a I partir yo, van ha·
cia tí, temblando, con los ojos humedecidos, balbuceaotes, a arrojar ante tu ara de
diosa sin mancha. todo el :lolor de estas
cuatro letras, que son para mi alma cuatro
espinas,. cu'.1tro martillazos, cuatro gotas de
sangre: 1ad16s! . . ..
Son ellas las que van hacia tí, que, para
mi estética, fuiste, eres y serás la síntesis
d«: lo ~ello, la suma de lo q ue encanta, el
~tsterio de un arte magno, raro y predi·
g1oso. Lo que oo puede tocarse, porque es
ti polvo de oro de la aurora; lo que sólo de·
be rev~renciarse, porque es como la gloria,
qu_e ~uraba la frent~ de cien héroe~, de cien
marhres, de m,l apostoles .... Lo 1mpalpa·
b!e Y lo sacr~. L? infinitamente alto e infi·
n1ta?1ante cnstaltno: las estrellas.
S1 de ahora, en _el trans~urso de losaños,
he de volver los o¡os hactd el recuerdo de
t~dos_ los enca?tos, te llamaré ll11sión, y
anad,_r_é Imposible.
Adtos · · · · · ·
FELIX DE VANDENESSE.

Bl mayor
disolvente del .Acido úrico
~ ara abre vi ar y e vUar la.a Crisis de

GOTA, ARENILLA, REUMATISMO
CÓLICOS NEFRÍTICOS
tom ad a l

as m edid a11

or d i a ,

Looionea de las Crlaa, Cui.'

dado• lntlutoa,

etr.

~•oonfl•r•• u hu f•l•tfloael-

MATI

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.A.i11111•11Gu1■r1h ■ lm

1 ■alara■qu,
.A.partado 806. M,xloo.,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Las abejas
Es un hecho demasiado couocido que
las abejas contribuyen singularmente a la
fecundidad de las plantas, transportando
el polen fecundador de flor en flor.
Según parece, en Nor mandía, en otros
tiempos, era de uso corriente sacudir los
árboles cargados de flores para diseminar
el polen; este uso es inne;;esario donde
existen colmenares.
Dura nte el buen tiempo, una abeja obrera lita en unas 500 flor es por día, y en un
colmenar hay de 4 a 5,000 insectos, si bien
es c ierto que, c on frecuencia, pasan las
una s después de las otras por las mismas
flores; sin e mbargo, basta n a lgunas colonias par a asegura r la fecundación en una
huerta de var ios centenares de árboles.
Estima un a utor competente en 40 o 50
francos el suplemento de proelucción en
fruto atribuible a la influencia de una colmena.
Se cita un rico pr opietario de las cercanías de Angen, que cultivaba en g rande
las c iruelas, tan renombradas, de dicho
país.
Este propietario había reconocido de tal
sue rte la utilidad de las abejas para sus
árboles fru tales, que colocó más de 6o colmenas en sus campos, no buscando otro
beneficio que un aumento de producción
frutal.
Es, pues, un hecho evidente y de positiva importancia la utilidad de las colmenas en todas partes.

•
Agencia de I nhumac io nes

EUSEBIO GAYOSSO
:\1ARISCALA 3.

Recaudación de Panteones, Cajas Mortuorias,
Servicio Fúnebre por Ferrocarril.

Murió la esposa de Antero,
y aunque el dolor del esposo
no fué grande ni s incero,
llevó luto riguroso...
en la ropa y el sombrero.
Un amigo que lo vió
y que, engañado, creyó
sincera su pesadumbre,
consolarle pretendió
con las frases de costumbre.

TELEFON0S: ERICSSON, 836.
MEXICANA, 100 6.

,,

PINTURA PREPARADA
PAAA

USO INMEDIAT O

- i Ah! No llores a tu esposa,
con voz trémula le dijo;
como era tan candorosa
tan buena y tan cariñosa,
está en la gloria, de fijo.

Y el esposo resP.ondió,
dando un gran súspiro:- iAh!,
e lla, q ue el mundo dejó,
yo no sé dónde estará...
i pero en la gloria estoy yo 1
F . P. GOl\ZALEZ.

"Ll ECONOM.lCA"
EN
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COLORE S
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EN VAS ADA E N BOTE S DE 1, 5 Y 7 LIBRAS

PIDAN MUESTRARIOS

EUGENIO TALLERl YCIA.
Ja. Nne,•o México, 65 y 69.-Sucursal: 5a. Tacubn, 13.
M é xico , D . F.

Languidece el crepúsculo
por e l Campo del Moro
orldS tejiendo de encendida púrpura
sobre la verde copa de los olmos.
En la a renosa plaza,
formando alegres corros,
mil pequeñue los ágiles divierten,
con juegos gentfüsimos sus ocios.
Cuál, grita. enronquecido,
siguiendo, codicioso,
la ruta de su aro; cuál imprime
a su h inchado balón golpes sonoros.
Pasan rubias nodrizas
de exuberantes torsos,
y soldados de traza donjuanesca
que las persiguen con avaros ojos.
Una paloma errátil,
como nevado copo,
detiénese en el alto frontispicio
del opulento alcázar silencioso.
Por la umbrosa ribera,
!'&gt;da misterios hondos,
el dócil Manzanares se desliza
lanzando chispas trémulas de oro.
Hay cálidos silencios
que se interrumpen ptonto.
En la azul y bizarra le janía
se vau desvaneciendo los contornos.
Y un coágulo enorme,
un coágulo rojo,
diluye sus sangrientas bermejeces
en el cielo de nácares y ópalos...
F. A. DE LEO::-;.

Cúrese Vd. en su Gasµ

J

La Dispepsia se cura
. El rE:medio de Munyon para la Dispep·
sia cura to?a clase de indigestiones y males del Estomago, tales como Estreñimiento, Acedías con devolución del alimento
Pesadez después¡ de comer, Entumecimien'.
to del estómago, Palpitaciones del corazón
Y t?d&lt;l:' las.~fecciones de éste, causadas por
la md1geshon;_ Ventosidad en el estómago,
Eruptos de alimento, Desgano. Debilidad
del estómago, Circulación defectuosa, Lengua cargada de sarro, Cardialgia o Pirósis
Punzad3:5_ y Uluceraciones en el estómago'.
Def~cac1on dura, nudosa y difícil, Vahídos,
Flo¡edad, Falta de energía, etc., etc.
LO QUE DICEN:
Dice el señor Juan Ochoa L., de Verac1 uz: " lhe alegro mucho que se presente
la oportunidad de recomendar el Remedio
Munyon para la Dispepsia. Seguramente
que es un r_emedio maravilloso; no tengo
frases suficientes para decir cómo me curó·
y me complazco siempre en recomendar u~
remedio que es tan beneficioso."
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extirpa todas las impurezas de la sangre'.
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úlceras sifilíticas y las enfermedades c'ntáneas. Desarraiga todas las impurezas de la
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��</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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