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1501.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNÓO iLUSTAAOO
MARTES

Muy Enferma Para Trabajar

Sauta Margarita Heina de Escocia Viuda
y Sao Primitivo Mártir -Hito semidoble
que permite la celebración de misas privadas de di[uotos.

•

i. Se ha sentido Ud. alguna Yez demasiado enferma para poder trabajar Y :,e
le ha diticultado en alguna ocasión el
lavar y planchar la ropa del día perencontrarse muy cansada y sufriendo terribles
dolores de cabeza y espalda y aquellos
m11reos que causan debilidad gcueral ?
Si tiene Ud. estos sin tomas y 1lcsea saber
lo que debe hacerse ; lo que olras miles
de muchachas han hecho en iguales circunstancias, acuda á In botica y pida un
frasco del Compuesto Vegél.a l de la Sra.
Lydia E. Pinkham. Es un remedio muy
simple hecho de hierbas y raíces y cuidadosamente preparado para males femeninos. Lea este testimonio de una scñom
que vive en Bethlehcm, N.H.,E. U.deA.

S:io Bernabé Apóstol. Patrón principal
de la ciudad de Mérida (Yucatáo) Sautos
Félix y Fortuoato hermanos Mártires.
JUEVBS

VrnRNBS 13

En la pasada prima,:cra mi_ madre me compró una botella del Compuesto
Vegetal de la Sra. Lyd1a E. Pmkham y ahora me s iento una nueva persona.
Me ~nfermo reg~larme_n!c y no ~ufro _los dolores que me obligaban á
~atdar cama. Contare a todas mis amigas los beneficios que estoy obteniendo con el Compuesto. " -Srta. GRACE B. Dooos Bethlehem k artado 133, N.H.
'
' .•,

Si eshí .U•l. s11frie111lo ali:-1111~ de estas eufcrmetlades y desea u~ oon•
sejo espt1ernl, escn bn coufldcncrnlmc11tc á Lydia E. Plnkl1am Medicine
Co., Lynn, _Mass., E. U: de A. Su ~arta sení a hierf a, leidn y contestada
por una seuora y considerada estricto mente conlltlcueial.
OBSCONFIARSB
•
O.E LAS l'ALSIPICACIONES B IMITACIONES

Ezigir la

-··-··-

__,,
7

Firma:

,~~-&lt;..,,_-_.

San Antonio de Padua Confesor.-Función titular en las parroquias de San Ao·
tonio Tomatlán y Sao Antonio de lasHuer tas.-Función solemne en San J uan de Dios
y otras iglesias.
SÁBADO 14.
Santos Basilio Magno Obispo Confesc r,
Padre y Doctor de la Iglesia Griega y Eliseo Profeta.

Efecto inmediato
ANEMIAS - CLOROSIS

DOMINGO 15.

CONVALECENCIAS DIFÍCILES
ENFERYEDADES de los HUESOS
y d e l SISTEMA NERVIOSO
PRETUBERCULOBIS

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Santos Vito, Modesto y Cresencia Mártire~.
-Oficio y misa de la Domíoica: rito semidoble y ornamento verde: se conmt&gt;moran
Saatos Vito y compa ñeros.-Fuacióu solemne por la advocación de la Virgea eu
la Santísima, S an DiPgo, Saata Veracruz
y alguna otra iglesia.

TRIXYL
FRAUD.I N

Agencia de Inhumaciones

EUSEBIO GAYOSSO
MARISCALA 3.

Recaudación de Panteones, Cajas Mortuorias,
Servicio FOnebre por Ferrocarril.

Reconstituyente ideal

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Uno solo cu.in &lt;l'! 60 oom1wlmidos ca suílclenLe

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Laboratorio E.FRAUDIN. Boulogne (pres Parla)
ll

&amp;f(

T0f\A8

u.a

MEXICANA, 1006.

Pi\RVlCUI-

EL JUBILEO DE UN NOTA·
Burlad los Años
BLE PUBLICISTA

Medalla de Oro Exposiciión
Universal.-Paris 1900
Medalla de oro

Ex osición universal Par,s 1900.

12.

Santos Juan de Facundo Confesor, Basilidis, Ciriuo, Nabor. Nazario Mártires y
Ooofre Anacoreta.- En la Basílica de Guadalupe Visita de los Siete Altares y función
de la ..\rcbidiócesis de Yucatáo.

Bethlehem, N. H. -"A consecuencia
de haber trabajado barriendo, sacudiendo nlfombrns, lavando, planchando
y de haber levantado pesadas canastas llen_a de ropa, llegué á sentirme
muy mal. :ipstaba muy cansada, muy nerviosa, no podía dormir y cada
mes me sent1a muy enferma durante muchos días.

de la cua F. Wolft y Son. recuerda la fragancia suave de las rosas de Persla.

pido esfuerzo por alcanzar la claridad
constituyen la razón del éxito que sus
obras han logrado fuera de Dioamarca.
Así se explica, por ejemplo, que Hoeffdiog
escr ibiera hace quince años uo volumen
reducido sobre Rousseau considerado en
Francia como un modelo de examen objetivo.
Creemos que en México, donde hay hombres tan eruditos, se podía haber hecho algo, si •no para vulgarizar, por lo menos para que fuera más conocido el nombre de
este publicista y filósofo tan diguo de- conocerse.

..

MIÉRCOLES 1 l.

EL COMPUESTO VEGETAL DE LA
SRA, LYDIA E. PINKHAM

EL PERFUME ROSE DE CHIRAZ

RECETA DE UN
MÉDICO
EMINENTB

10

Sed siempre jóvenes
.Eu la parte uorte de .Europa se ha celey bellas.
brado el jub;ieo de un poeta dinamarqués
que gozó de grao fama. Nos referimos a
Un qulmt.:o de
Harald Hoeffdiog cuyas obr«s más impor·
OrleatP,cuyosesl
f'
tudlo1
bao ásido
tan tes sob re fi oso 1a contemporánea puecuas.grados
emdeo leerse en todos los idiomas conocidos.
bellecer el rostro
Siguiendo la costumbre escandinava los
Y voluptoaear Ja,i
estudiantes daneses festejaron al nombre y
carnes de l•s mu·
la fama del escritor con una manifestación
l~~ePsn:tfa r~:~~
pública que recorrió las callt&gt;s de Copeola lle 1• Crema
bague terminando en los umbrales de la
' ' SIR~NE ' ' pa•
vivienda del escritor.
, : ..':i'!'aba':.'~eo~r'
El maestro tuvo ocasión de experimeoL&gt;&lt; bt•nos tran•·
J
lar un día de verdad• ra dicha con el seo·
mlte á la epldértido homenaje de la juventud, a la cual
gj~9tane:ie t~~~,~
CURACION
consagró buena parte de su existencia;
PorOS&amp;li bijas de las leyendas del Rhln .
. .
.
o..da una de las Imperceptibles y ad be·
RADICAL
porque H oeffd 10g no se 11m1ta a explicar
rentes partículas de Is CREMl!l SJRENE se
en las aulas de la Universidad, congrega
lncru•ta y se asimila en et cutlR, nutr én·
RÁPIDA también en su casa a sus discípulos, y en dole
de frescura juTen ti y dándole trans(Bla Copaiba - 1i la71ccioa1s)
los coloquios que mantiene con ellos les
-o•rencla alabastrlna •aturada de m11,rnéttr&lt;&gt; perta me oriental - La Creme " S1deja libertad completa en la emisión de
RENE" rosa. r ecomendada para la muler
ó
sus ideas.
trhrueña 6 morena. dá 11. la tez suavidad
Los discípulos llaman al maestro su &lt;vie·
de azalla Y el tinte seductor lle las volup·
tuo•as flores del 1rr1tnado.-üon e: uso de
jo Sócrate~,&gt; expresión afectiva que resestas cremsq la muJPr burhná 111a ailo• y
• Cada
lleva el •
poode al carácter del profesor. a la viveza
c•utlTará á lo• hombres má• soñ•dorP&amp;y
ex•ir11ntes. - TARRO CON INTERESANTES
cápsuia de este Modelo nombre: I IDY de su espíritu, a la ecuanimidad de su alCONSEJOS $2.25. - ÜERTJFJCADO POR CO·
ma y a la actitud interrogativa de su rostro
BREO U oo
P!RIS, 8, RO! ,1,1em J en IOdl" 111 rarmac111.
ante la vida y sus enigmas; envidiables
DEPOSITOS: • .J. J,abadle Sucs. Oo. A ve.
.d
d
·
t
d
11
J
d
·
San
r1tnrlsc089.-UlblA1n
Ave. Bocua l1 a es, aJenas o as e as e pe anl!s.Jfvarl&lt;'25.
-Jobann~en, FélixSocs.,
Oo., Ave. San
roo afirmativo.
Francl•co 39.
La revista 1aoesa &lt;Til~kueren&gt; ha con- - - - - - - - - - - - - - sagrado DO numero especial al maestro.con
ocasión de su jubileo,
.
.
cuart&gt;nla años, es decir, que durante el
LUNES g.
E n ella e~cn~ Hoeffd1og compen,hosas transcurso de una juventud ¡uiciosa con·
N t S _
d
G
.
. cotas autob1ograficas, eo la~ c uales habla centró sus fuerzas para una vejez que 00
1
ues r~ . enora e.Ia rac1a Santos Pn- solamente de sus l_ibros y expone su pare- enfría ni su cuerpo oi su espíritu.
mo Y Feltc1aoo Márl!res.
c~r sobr e las ~orneotes filosóficas que sur- Los amigos de Hoeffding i,ocueotrao
g1eron en su l!empo.
la observación justísima.
. Jorgl: Brandés, en _un extenso trabajo,
E l maestro distrae sus graves tareas le·
nnde s10_cero bomeo~Je al maestro, y ha- yendo diariamente a Sbakespeare, y afirma
bla también de sí mismo, comparando la que sólo le ha sido dable satisfacer sus an ·
soledad en que actualmente vive con las sias poéticas con las obras de los poetas
simpatias qu_e a ~u colega envuelven.
suecos contemporáneos
~~o el 10!1010 moral de uno y otro
E l filósofo ha sido muy dado a frecuenpubltc1sta, o _por lo me~os ~¡ empleo qu_e tar el trato de artistas y escritores, de quieuno y otro dieron a su 10tehgeoc1a. ha d1- ues afirma haber aprendido muchas co·
ferido mucho, el gran crítico escribe que sas.
Hoeffding es un hombre que siempre tuvo
Esta variedad de cultura y de ioterrum·

PINTURA PREPARADA
PARA

ÚSO INMEDIATO
"LA ESTRELLA."

"U ECONOMICA"

Inofensivo de una Puresa allsolnta

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25

de los Flojos Recientes Persistentes

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mismo

El "Pío IX" enfila gallardo l¡t bahía. Por
babor la niebla del amanecer lentamente
se disipa rasgándose como una cortina que
deja ver esfumado apenas Sao Juan de
Puerto Rico, la penúltima colooia de Es·
paña.
La Dispepsia se cura
Repujad.o a martiJlo, s-,bre ue brazo de
tierra, ''El Morro," el famoso fuerte que se
• defeodió con sólo dos cañones costeros ....
El remedio de Munyon para la Dispep·
En sus muros se gu-irda todavia, incrust..·
da, la metralla americana y en el torreón sia cura toda clase de iocligestiones y ma·
más alto, donde antes tremolara el pabe- les del Estómago, tales como Estreñimienllón rojo y gualda, flamea ahora la baode•
.
.
ra de doce listas.
to, Acedias coo devoluc1óo del ahmento,
_ T ras el fue rte, la capital portorrique- a la boca, Pesadez después de comer, Fla·
na
Empinado racimo de casas multicolores tulencia, Palpitaciones del corazón y tocias
forman la ciudad, coqueta, riente y pinto· las afecciones de éste e2.usadas por la inresca en la policromía de sus edificios.
.
.
.
•
Abierta al mar verde uva, como un aba- digesttón; Ventosidad en el estómago, Erupoico. de industria_ chinesca.
.
tos de alimento, Desgano, Debilidad del
Vibran en el aire tres largas pitadas.
Pensamos en cualquiera formalidad de estómago, Defecación dura, nudosa, y
reglamento.
difícil, Lengua cargada de sarro, Cardial•
-Es el saludo a las monjas, dice el capitán.
gia o Pirósis, Punzadas y Uluceraciones en
Miramos alrededor sin entender gran
cosa la explicación, y la vista tropieza con el estómago, Vahídos, Flojedad, Falta ele
una casa verde de tres pisos, que se eleva energía, etc., etc.
sobre una prominencia, en cuyo balcón
divisamos un enjambre de negras siluetas .
LO QUE DICEN:
Desde el balcón se agita uoa bandera
española, que salada al buque que llega
d~ la península luciendo en el tope los Dice el señor Juan Ocboa L., de Veramismos colores.
Y la ronca bocina del buque contesta cruz: "!'ne alegro mucho que se presente
al salude, con tres largos gritos que son ~o- la oportunidad de recomendar el Remedio
mo !hurras! coreados por toda la gleba 10•
migrante.
Muoyon para la Dispepsia. Seguramente
Las dulces monjitas que habitan la casa que es un remedio maravilloso; no tengo
que es templo y escuela y asilo de ellas;
las tiernas hermanas ••Siervas de Jesús," 'rases suficientes para decir cómo me curó;
desde hace quince años, a raíz de la gue·
rra, entre otros deberes que cumplen cris- Y me complazco siempre eo recomendar un
lianas, se imponen el triste, piadoso y pa- emedio que es tan beneficioso."
triota de sal ud«r a todas las naves que arriban de España, trayendo en su seno carne
española y españolas ansias.
¡ Pobres monjitas! Hu mildes, sencillas
"Siervas de Jesús."
LAS PILDORAS DE PAW PAW ( PaiQué bien aprendieron el arte divino de
con mover corazones y arrancar lágr imas paya), son las mejores que se conocen pa·
de pura emoción!
ra el Estóma o e Hí ado
un
··
Porque ese saludo, tao lleno de pena y
.
g
g
Y
positivo Y
dulce añoranza es una caricia, cálida y rápido remedio para Biliosidad, Dolor de
santa, que habla a las almas de la patria Cabe a toe!
d · ·
d
ausente trayendo a los ojos la visión lejana
z Y
os 1os pa ecimientos causa os
de uo "rancho" modesto perdido ent,¡:e ris- por desórdenes del Estómago e Hígado. 50
cos, del cortijo alt&gt;gre de 110 campo anda· centavos.
·
luz, del hogar sereno dejado hace poco,
allá en una peña dei golfo vizcaíno. ..... .
Y a esa visión que engendra nostalgias pro- EL J ABON "HAMAMELIS" DE MUNcede el amargo recuerdo cruel, de fuerzas
tronchadas, de saogre vertida en cien epi- YON. Recomendado por el Mundo Civilisodios de cruenta contienda.
zado como el mejor Jabón medicinal y una
La enseña guerrera que antaño en mano
de los conquistadores llenara al mundo de necesidad para el Tocador. 50 centa,·os.
asombro y espanto, ogaño agitada por blancas manos de claustro inspira todo el resMunyon tiene Remedios para todas las
peto, todo el amor de las cosas que se sobreviven.
Enfermedades casi todos al módico precio
"Estos Fabio lay dolor! que veis abo- de 30 ceotavos, Se veoden en todas las farra" ...... )lada más le queda a España en
las Aotillas.
.
macias o pueden pedirse directameñte.
Nada más que estas monjitas españolas y
por torriqueñas, que, desde hace quince
Pida Ud. la "Guía de la Salud"' de Muoaños, al ¡;aso de los barcos que van o vienen de la península, agitan la bicolor bao- yon, en cualquier d rcgnería.
dera, trazando ~n el espacio un "Adiós" o
un " Bienvenido" contestado por la ronca
Consultas por corre~pondeocia, conliclt&gt;nbocina del buque y por cieo pañuelos que
se estremecen en el aire y por 110 grito for- cias y libre de todo gasto.
midable que exhaltan al unísono mil pechos
españoles exclamando: " ¡Viva España!"
Muoyoo's .'i3 y Jefferso n, Philadelphia
Nada más, y oo es p'Jco.
E.
U. de A.
TITO L. FOPPA.

�BIBL!PTECA UNIVERSITAíllA
ALFONSO REYES"
FONDO RICARDO COVARRIJ§JAAJ

EL MUNDO ILUSTRADO

SABROSA COMO LA MIEL.
Antes de conocerse la caña de
azúcar, hacE\ unos 300 años, lo
único "dulce" que el hombre
poseía era realmente la miel, libada por las industriosas abejas en
los cálices de las flores. Durante
muchos siglos, la miel ha simbolizado lo sano y agradable al paladar. Las gentes dicen que nuestro
remedio es tan sabroso como la
miel. Así es en efecto. ¡ Qué
contraste con la mayoría de las
medicinas, muchas de las cuales
son tan nauseabundas que las
personas de gustos refinados no
pueden soportarlas, prefiriendo
sufrir antes que asquearse y enfermarse á causa de ellas ! Y
tienen razón, porque tanto las
medicinas como los alimentos,
para ser beneficiosos, deben sentar
bien á la persona que los usa. La
PREPARACION de W AMPOLE
al mismo tiempo que es agradable
al paladar, no por ello deja de ser
un antídoto cierto y poderoso
contra el mal; no se ha prescindido de una sola de sus facultades curativas. Es · tan sabrosa
como la miel y contiene una solución de un extracto que se obtiene de Hígados Puros de Bacalao, combinados con Jarabe de
Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Cerezo Silvestre,
lo que forma un remedio distinto
de todos los otros, eficaz desde
la primera dosis, y tan agradable
al paladar que las personas de
gustos más difíciles ili cen: " Es
tan sabrosa como la miel." Sí, y
como remedio, es mil veces mejor
que la miel. Debe usarse en los
casos de Anemia, DPbilidad N erviosa, Influenza, Pulmonía, Tisis
y se qnedará seguramente satisfecho. El Sr. Profeso r Roque
Macouzct, de México, dice: ''Hace
muchos años que receto á mis
enfermos con el mejor éxito la
Preparación de Wampole como
tónico reconstituyente." Es el
dulce favorito de los inválidos.
De venta en todas las Boticae.

Animales luminosos
Tratando de la luminosidad en la vida
animal del fondo del mar, el abate Moreux
comenta el aserto de Lamarch y Daruio,
según los cuales no existen seres con ojos
en las vastas profundidades del Océano,
porque serían inútiles ea aquellas regiones
donde penetran los rayos del sol, y habla
de los descubrimientos modernos, que demuestran que semejante teoría es errónea
a pesar de su lógica aparente.
Cierto es que existen especies como el
Gastrotomus de Baird, que no poseen órganos visuales; pero en sus cuerpos hay
filas de placas fosforescentes, y si no tienen ojos, ¿ para qué necesitan iluminar su
camino? ¡Misterio!
En cambio el Photostomia, capturado a
r,138 metros de profundidad, tieae un par
de ojos con los cuales ve, y cerno habita
en una región de sombras tenebrosas, ilu·
mina su camino con ayuda de unos órganos luminosos situados debajo de los ojos
y diseminados por todo el cuerpo.
Grao número de peces son fosforescentes, y algunos llevan en la cabeza una especie de faro o reflector, igual que los
automóviles, que encienden y a¡J3gao a
voluntad. Otros llevan un cebo viviente
colgado de una larga fibra, y eociP,odeo
sus luces cuando van a pescar.
Pero aún hay representantes más per-

fectos de esta forma singular. Sus ojos ex·
teosivos a voluntad, están provistos de ver·
daderas lentes, cuya convexidad varía según el foco y los hace de rayos luminosos
que proyectan a distancia, tomando diversos colores.
Antes se creía que todo ese mundo submarino vivía sumido en la obscuridad,
cuando realmente, a falta de rayos solares,
se alumbra con la fantástica luz que él
mismo produce y muchas veces los habitantes de los abismos marinos resplandecen
con 'brillantes colores.
Hay peces vestidos como de terciopelo
azul, crustáceos de escamas de ópalo y esmeralda, erizos marinos de oro y de vermellón transparentes y esponjas que rtflejao los matices del zafiro.
Montones de piedras preciosas fulgurando a los rayos del sol, no podrían darnos
idea del mágico espectáculo que disfruta•
ríamos en estos abismos, rebosantes de vida
y de colores.
\,U!Jj}a)

ffi'(C©l©~ &lt;ill®

Ser Bella
La belleza es la gloriosa corona de la
mujer. El don más apreciado y más
deseado. Y toda mujer pnedeaumentar su belleza de una manera maravillosa dándole el debido cuidado y
atención. No se debe poner nunca
en el cutis nada que no se sepa que
es pnro y suave. Nunca debe rle
usarse nada que obstruya 6 esmal te
los poros.

Cuentan que cuando fué Mme. Falliéres a pasar una temporada en Rambouillet le sorprE:odió ver casi acabado el ga·
!linero. Se hizo traer 34 de las que poseía
ella en Loupilloo y el gallinero prosperó
rápidamente. Al dejar de ser Presidente
Falliéres su esposa reclamó el gallinero.
El intendente apresuróse a remitir 34
gallinas.
La ex-presidenta observó entonces que
en siete años sus gallinas se habían multi·
plicado, y que por lo tanto, eran mucho
más de las que ella tenía derecho a recia·
mar.
A esto, el intendente objetó .:¡ue los gallos pertenecían al Estado, y que sin ellos
no hubiese habido polluelos.
-Perdone usted- replicó la señora de
Falliéres-Losgallos del Estado murieron
de viejos hace mucho tiempo, y los dos ga·
llos que hoy constituyen el orgullo del corral de Rambouillet, fueron procreados
por mis gallinas.
-Es cierto-cootestóla el intendentepero ellos son hijos también de nuestros
gallos.
Como ninguno de los dos contendientes
quiere ceder un ápice de su derecho, el
Consejo de Estado-sPgúo afirma el &lt;Cri
de París&gt;-deberá emitir su ilustrado dictamen para declarar en definitiva si el ¡!"a•
llioero de Rambouillet, pertenece a la señora de Falliéres, que trajo las gallinas, o
al intendente del Patrimonio que procuró
los gallos.

Año XX.-Tomo l.

1mpreso en papel de las Fábricas de San Ftafael

México, Junio 8 de 1913.

Número 23.

Los poros del cutis y del cuero cabelludo deben mantenerse siempre
limpios y abiertos con el legitimo y puro .J&amp;bón Boratado de

México· artístico y monumental

MENNEN
Esto clevolverá al cutis su limpieza natural y al cabello sus
s11aves ond11laciones. D espués de vestirse y después del bal'lo
siempre deben usarse los Polvoscle'I'alco Borataclode:Menneo,

~:i~~~~:~~Í~~!~:::1osh~~~°¿id!~J~! :~:;~•1Yc~~f;~~::!:!~'l; ~:tt~:J0C.U•
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Registrado como articulo de segunda clase er 3 de Noviembre de 1894.-

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poderosos, la Creosota y el Clorhidrofosiato de Cal.
Constituye el remedio soberano contra los CAT~RROS, las BRONQUITIS
crónicas, la GRIPE, el RAQUITISMO y la ESCROFULA. Aumenta el
apetito y lu fuersaa, agota las secreciones y previene la

&lt;....

TUBERCULOSIS

l/)-4
,,••,.Q

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,e,••·

tod11 111

f•'111

FLOREINE
CREMA DE BELLEZA

La CREMA FLOR,BINA impide al cutis clesecarse y descostrarse bajo la acción del aire y así permite á las Señoras
abandonar la ''violctJtie" que congestiona la nariz y Jas mejillas, reh:i tan do la sangre en las venas de la cara y ocasionallldo á esa última lll' baño de vn.por permanente é intempestivo
principales c11nsas del des11rrollo 11\.n frecuente ele la caparrosa'.

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POLVO FLOREINE.
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ANTIGUO TEMPLO DE SAN AGUSTIN.

MEXICO,
Fot. Kahlo.

�DIRECTORIO
EL MUNDO ILUSTRADO
SEMANARIO DE ACTUALIDADES, ARTE Y LITERATURA.

DlRECTOR PROPIETARIO
LIC.

ERNESTO CHAVERO.

OFICI1'AS:
3~ Calle de la Rinconada de Sao Diego No. 41.
Teléfouos:-Mexicaoa, 20-85 Neri
Ericssoo, 14-51
Apartado Postal r49.- México, D. F.

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Ea el Extranjero .................... . ..... S 2.00
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Ea la Capital. . . . . . . .
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Ea los Estados. . . . . .
. ... , • . • • • • • • •
Ea el Extranjero.. . .
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Atrasados ................. ••.•••••·······

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"o.5o

Para la publicación de avisJ; ea esté periódico, dirigirse a B. &amp; G. Goets:hel, Aveaida r6 de Septiembre,
r6. Sus agentes ea Europa, la Societé Mutuelle de Publicité, 14 rue de Rougemeot, (9 e).
NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.

JUAN DE DIOS PEZA
Ea el lugar ea que duerme el último ,ueño Juan _de
Dios Peza acaba de erigir una figura votiva el Cas100
E 5p 1 ñol, c~o el piadosod~seo de quelagloriase_ñale_coo
Sll índice de mármol, la tumba del poeta cuya hra vibró
cordialmente ea honor de la Madre Patria. Uoicameote
es de lamentarse que hayau sido los españoles, y no lo5
mexicanos. quienes realizaran este simpático acto, ll&lt;!no
de fraternidad si se qu~re por parte de la laboriosa colonia, y que por lo mismo, no nos recomienda como afectuosos ni corno agradecidos. Especialmente a las madres
mexicanas, se les ofrecía una ocasión de manifestar su
gratitud al dulce cantor del hogar. El sencillo autor de
«F'usiles y Muñecas&gt; acudió, para la música de sus mejore5 ca.otos, a las puras risas infantiles, a la alegría de
la flor humana que despierta ea la vi ia iluminándola
coa ¡,. luz inefable de su iooceoria, al iotroducible encanto de los niños en cuyos ojos límpidos se purifican
los corazones como eu fue ates ,le gracia y de bendición,
a Ja paz de los hogares tranquilos ea donde preside un
ángel bueno y silencioso, coa un dedo sobre los labios.
Fué uno de los pen &lt;tes de la familia y como tal debe
honrársele. Bien pudieran pues, las gentiles damas, tejer siquiera una corona de siemprevivas para perfumar
el recuerdo de su dios doméstico. Una ofrenda floral es
Jo meaos qne puede ofrecér~eles a los inmortales, aun
de mediocre estatura. Y Peza era un poco más alto que
Micrós. De ojos obscuros y bigotes de pláta, esto es. el
verw alterado de Darío Porque lo conocí 6 o 7 a_ños
antes de que enmudeciera finalmente. Una mañana alegre en que le fuí presentado por ocasión, por mi inolvidable Jesús Valeozuel•, el grao príncipe lírico de mis
cariños y de la faotasÍ"-.
Peza se ea aootrab, en e l quicio de una puerta, llenando su pali•cate de duraznos. Pedía a la vendedora
lo~ de amaraot&lt;&gt; más encendido, porque eran para uo
obsequio, según dijo. La frutera lo atendía penosamente. Era uoa mujer veotrudci que se movía con dificultad ea medio de los frutos, como una Ceres familiar deformada por infinitas maternidades; e~pectáculo que sirvió a Valenznela para despeguoos coa alguna sátira
sutil, de la io~vitable fealdad humana. Después oosdespedimos al final de un cogoac y de una calle en que se
habló de la s..lud, del f,ío y del calor, de cualquier cosa mecos de lo que yo hubiera qutrido e,fr Habrh sido
iotere!&gt;llote una conversación literaria, entre el director
de la &lt;Revista Moderna&gt; y el autor de &lt;Horas de Pasión&gt;. Un instante hubiera vibrado en el aire,,.¡ moribundo perfume de una flo r deshojada, y el temblor de
un lirio recién abierto, pleno ya de uo aroma triunfal.
Ot•a vez lo ví sentado en una banca 1el &lt;Zócalo&gt;,

una tarde maesa de otoño, que convidaba a gozarla con
largueza, y a hundir la frente ea sus cabellos dorados,
como un consuelo para la melancolía. Ningún lugar ~s
más favorable que los jardines públicos, para combatir
el tedio de las academias y demás sitios de reuoióo. ~e
siente más cerca de sí el alma colectiva del pueblo, 10génua y alegre; insensiblemente interesa, se desea confundirse con ella y su vecindad deja vigorosas levaduras
para la lucha.
Finalmente, como sitio de breve descanso, también tiene un jardín frecuentado por la masa, la ventaja
del anonimato tan recomendable para procurar el reposo. Que nadie lo conozca a uno ¡qué delicia! Verse
extranjero en su país momentáneamente! ¡qué sensación más exquisita! Por desgracia, para fa soled:i.d que
quizás ib \ a bascar allí, era demasiado conocido D. Juan
de Dios Peza, y su popularidad, llana y corriente como
su estilo, lo denunciaba en aquella banca, bajo un gran
árbol que se extendía sobre su cabeza de penate doméstico, meditativameote. Gentes de todas las clases se lo
señalaban entre sí. Algunas lo saludaban con familiaridad no exenta de reverencia; otras le estrechaban la
mano, de paso. Llegaron dos viejos solemnes metidos
ea sendos levitones y se sentaron a su lado. Parecían,
por lo ceremoniosos, antiguos servidores del imperio, y
el arcaísmo de su indumentaria demostraba su definitiva cesantía. Cuando se fueron, ya no resistí; me acordé
de la presantación de Valenzuela y me acerqué a saludulo con un movimiento cordial. Me recibió glacial,
pero cortés, y sobre este pie, era difícil atraerlo a una
charla en la q ue dejara abandonar su espíritu con alguna sinceridad. Fué la última ocasión que le hablé, separándome de su lado con una vaga pena, al pensar en
los desengaños que oo50ttos rumiaremos en la vejez,
cuando las nuevas generaciones vengan con su hervor
de marea, a sepultarnos sin piedad bajo lo~ infinitos cantos que les ponga la eterna belleza en los labios juveniles y frescos.
El viejo poeta estaba por completo desarraigado de
la juventud, que era ya su posteridad, No quiso, no pudo c reer eo la fuerza latente que ésta llevaba en las
a las para ascender a cumbres y su desconcierto ha de
haber sido visible cuando se dió cuenta de la labor llena de tenacidad, de conciencia y de esfuerzo creciente
que ha sabido realizar. Es el último espécimen del vate
propiamente dicho, del poseído por el divino fuego, que
sin ninguna disciplina mental, hace convergir asu mesa,
como sobre una trípode, el rumor de los vaticinios y el
poder de lasadivioaciooes. No es posible negar la fa.
cultad extraordinaria que distingue a los poetas de los
demás hombres. Lo que hay que poner en duda, es que
esa facultad baste por sí sola, para sintetizar en una
armonía el latido enorme del universo, o para dar en
un poema, la revelación de un misterio. Moisés tuvo el
dóo de las profecías, porque le era familiar el pasado
de Israel. Así pudo predecir los destinos de su pueblo.
Y la actual juventnd se parece en eso a Moisés,:del pasado saca la luz par.. alumbrar el porvenir; cree, con
Carlyle, que el talento es sólo una larga paciencia. Por
eso también, ella a su vez, se alejó del cantor popular,
pero de tal manera, que la lira cincelada por el escultor al pie de la figura simbólica, alli se quedará sin remedio. Ningún fervoroso discípulo se inclinará a recogerla.
Lo que no ob,ta para que hoy que el Casino Español,
en un noble sentimiento de confraternidad, le ha erigido su monumento, nosotros nos acordemos melancólicamente del viejo poeta que cantó las glorias del hogar,
con amor y dolor. Sus sufrimientos morales nos lo hicieron simpático y como desrle p•queños aprencimos
sus versos, hemos querido, como un homeoaj .. a su memoria, revivirlo un momento, tal como lo vimos en aquella tarde otoñal, mansa y dorada, sentado bajo aquel árbol de fronda profusa entre los viejos ceremoniosos del
Segundo Imperio, recibiendo en forll"a de halagadores
cuchicheos, dé saludos reverentes y de apretones de mal
nos c9rdia1es, la admiración ingenua de la gente, cuadebido tributo a su franca popularidad, fácil y llana como la melodía verbal de sus cantos.

Era una apacible tarde de mediados de Dic_iembre,
el mes de la sandía y de la cigarra e n el t_róp1co. E l
seminarista iba por una inmensa llanura, hm1tada por
una selva dilatadísima que se extendía paralela al Alto
Paraoá. Pacían ea dispersión por la pradera, manadas
de vacas, toros y c;i.ballo,. Veíase de trecho en trecbo
un avestruz que corría velozmente, a través del seco
espartillar. Ea las marismas y los pasos del val_le, permanecían inmóviles las cigüeñas ea forma de 1oterrogaciooes. De la ribera de algún estero próximo alzábase en precipit,.do vuelo una bandada de garzas blancas
o de flamencos. Al paso del caballo, de· las matas d e
espartillo se levantaban perdices &lt;_!Ue volaban silbando
en dirección da! monte y a las caoadas. Cortos y ralos
espioillares interrumpían de rato en rato la continuidad
del valle.
De divagación en divagación, Emilio volvió a formularse la eterna pregunta que constituía el objeto de sus
reflexiones: ¿ tenía verdadera vocación para el sacerdocio? Muchos son los llamados y pocos los elegidos Examinando implacablemente su conciencia, con aquella
sutileza que da el hábito de la meditación, parecíale
que él no era de los últ!~o_s. H3:ll:1ba amarga como_ la
hiel y áspera como un c1hc10 la v1s1óo que le ofrec1an
c'e la v ida &lt;Los ejercicios de perfección cristiana&gt; del
Padre Rodríguez, el «Combate espiritual&gt; del teatino
Lorenzo Escupoli, &lt;Las moradas&gt; y &lt;Camino de perfección&gt; de Santa Teresa y demás tratados religioso~.
Su adolescencia opulenta y pura no estaba hecha para
e l altar. Era, sin &lt;luda, superior a sus fuerzas la gloria
de pertenecer a la orden del sumo sacerdote Melquisedec. Lo veía claramente en el mariposeo placentero de
su pensamiento en torno a la delicada figura de Enriqueta, su compañera de infancia. El deleite que sentía
al verla, no era ciertamente impuro, pero tampoco parecía totalmente inmaculado, puesto que lo perturbaba.
Y había vuelto a verla, más seductora que nunca, acaso
por la distancia que iba c reándose entre ambos.
Marchaba agobiado bajo la pesadumbre de sus inquietudes. Un demonio interior tentaba su espíritu coa
la duda, con la horrenda duda que apaga las luces in
ternas y entenebrece el entendimiento. Imaginábase su
alma como metida en el primer aposento de Las Moradas; en la vía purgativa aún, lejos de la cumbre de la
perfección moral,
El sol, de un acentuado color de naranja, asaetaba
con sus radios de oro la región occidental, evocando en
el seminar ista la imagen del ojo inscr ipto en el triángulo radiado, coa que se representa la divinidad. Impregnado de lecturas clásicas, el menor accidente de 1
paisaje que iba contemplando, despertaba en su mente
reiñioisce.ncias de la antigüedad mística e idílica y al
mismó tiémpó· los recuerdos de su infancia. Las Pspesuras que convidan al descanso, los rincones de sombra,
las glorietas agrestes, los claros boscosos, le h, biaba a
de la edad de oro, en la' que las diosas se confundían
con los pastores, en la más amable de las libertades. a
la amena sombra de los árboles. El desierto de los anacoretas no estaba tan poblado de seducciones del mundo y de pompas del siglo, como la umbría en que posa·
ba s.u vista con complacencia pagana. El mugido del
toro, que resonaba e,1 todo el valle y repercutía en ia
selva, causábale una vag" impresión geórgica.
Descubría formas peregrinas en las nubes que ~e
amontonaban en el Poniente, y a través de las cuales
brillaban los rayos solares con esplendor velado. ¿ Rerncitaba eo la arcaoidad de su alma, el hombre salvaje,
nostálgico de la paz de las praderas y de la soledad de
los bosques, o el ser primitivo, idólatra de las cosas? No
se hallaba en estado de definir la compleja emoción que
lo embargaba . Pero sí sabía coa certidumbre total una
cosa: que se espiritualizab'&lt;, como si el libérrimo viento
del campo hubiera borrado sus contornos materiales y
desvanecido los sobresaltos de sus sentidos. Sentíase sutil, sensibilísimo, leve; parecíale flotar en un elemento
fluído, en un ámbito etéreo. Un amor místico, uoa veneración religiosa por la naturaleza, lo poseía por com•
pleto. La concebía a esa hora coa apariencias humanas,
como una m:&lt;dre amorosa que abra7a a todos los seres,
sin distinción de formas. vidas, ni colores, Con su sensibilidad aguzada, percibía todos los aspectos armoniosos del paisaje, que era el mundo que le rodeaba, y en
el cual él ocupaba el centro, perdida su p&lt;;&gt;quedad humana ea la infinidad cósmica.

r ]ación de

la imagen amada pasó de 7. uevo a la del panorama. Las torrts de la igle~ia del pueblo se anunciaban a lo lejos, por encima de les oa,aojales y los cocoteros. La ruta que r&lt; corría ahora, le era familiar. Por
las zanjas por que iba, correteó más d e una vez, siendo
niño. Teatro de las primeras turbaciooE s, penas y alegrías de su infancia era el esctoario fD que espaciaba
su mirada, con deleite sttwal. T odo lo transporta ha y
repercutía en él como en una caja de r esoo a ocia: el siléocio de la pradera, la majestad del ocaso, la vaguedad
del horizonte. S oorr ía iovolu ntariameote nmigo mismo, con la flor humi lde que hollaba n las pata s de rn caballo, coa los escuetos H pinillos que d ibuja bao su silu•ta retorcida y dfrnlada fD la lejan ía. El sol, de color
de miel, languidecía . .l:i&gt; fu má baose las penpectivas,
confundiéndose la llanada eco la selva y e l cielo. Creyérase que •e reintf g raba la unidad primera. univer sal,
iocread~. Y est:i unidad eta uoa totalidad a, moniosa y
divina. Emilio rreteodía ~er las vé, ttbras del mag~o
Pan en todas las cmas, cerno fD el canto órfico. N otaba
en sí mismo los eft-ctos de una grau fuerza bieoli'f chora
y clemente, que lo impelía a diluirse como un eco en el
infinito.
Un indefinible deseo de correr le accmetió; picó e~puelas al caballo y se lanzó a teda carrera por el camino re•I. mientras salía, desde lo m ás hondo de su alma. un grito salvaje que retumbó en la selva y fué a
perderse en la inmensidad como una saeta de luz en la
bóveda constelada de estrellas.
ELOY FARIÑ A NUÑE Z.

Declinaba el crepúsculo con la maravillosa policro·
mía de los ocasos tropicales. El sol, antes de hundirse
ea el horizonte, irradiaba con la intensidad luminosa de
un sol naciente, convirtiendo en un vasto arcoiris el firmdmento, en que ridabao mares de nubes trizadas. Uoa
quietud infinita se extendía sobre el valle y la selva.

Las Ve'rtebras de Pan

Emilio experimentó el sobrecogimiento universal de
la hora. Agobiado por la hermosura del crepúsculo, Je
acometió un dulce deseo de llorar, de cantar, de lanzar
un grito estentóreo que desahogase su corazón y expandiese sus emociones. Cambió de parecer respecto de la
Al cabo de tres años de ausencia de la tierra nativa,
naturaleza; no era humana, sino divina. La armonía,
a la_ que_ &amp;.baodonara para ir ah 1;iudad. 3: seguir ea el que descu~ría, ea ~~s aspectos, accidentes y relaciones,
1
seminano a carrera del sacerd?c,o, Emll,o lo hallaba
era ua atnb11to a lt1S1mo de su condición superior a la
todo nuevo a su alr_ededor. Mientras su _cabalgad~ra
humana Recor~ó en ese momento, con cierto espanto
marchaba con 1~ bnda _suelt.. por el polvoneoto cam100 - que su pensamiento era heresiarca. Pero la duda había
real, su peosam,eoto divagaba _como ~~r~llado por ti pe_o~trado ~n su inteligencia•, y ahora ponía en tela de
m onótono_aodar del bruto Venia de v1s1tar a su padre, 1u•c10 la evidencia del dcgma. ¿No era. por ventura
que t raba¡~ba en uo obraj;situadoen u_n punto deoomi· b_ello y divi~otodo cuanto_ alcanzaba su mirada ? La vi'.
o~do Palm1ra. donde hab1a abundancta de palmares, s1ón de Ennqueta apareció ante su vista obligándole a
distante tres !.-guas del pueblo
cerrar los ojos en un deliquio de dicha De Ja contem _

La reina de Noruega

Primera regata del Club-Un paseo por el lago.-Los "clubmen."-El señor ministro de íoglatnrn y el I residente del club izando la bandera inglesa durante la fiesta inaugural el domingo pasado en Xochimilco

Inglesa, según se sabe, la Reina Maud, es, como la
Soberana rumana, escritora muy estimable.
Autora dramática, siente por el teatro especial devoción, y son varias las obras que ha escrito destinadas a
la escena.
Por lo demás, sus hábitos: son de los más democráticos.
Cuando no sale de paseo con el Rey o con su hijo el
príncipe heredero, disfruta saliendo sola, sin esccIta ni
compañía.

�La Sed de Cristo
Acab.1b.1 de levantarse. Tomó un libro y subió al
santuario. Hacía cinco años que era capellán de la familia de Arredondo y poco más tiempo que había dicho
su primera misa. Cuand~ cruzaba el salón de las Madonas cálido y triste en su aspecto señorial, una vaga
impresión de arte llenó su espíritu, sumido e n las me·
ditaciones de Semana Santa. Al llegar a la puerta un
criado le cerró el paso, entregándole una carta del cura
de la parr oquia, quien le pedía que al día siguiente
fuer a a predicar a sus fieles. Era el se1món de Viernes
S.into. No sólo por amistad, sino también por devoción,
debía acceder a aquella solicitud honrosa, agradeciéndola.
Entró en la sacristía. A través de los cristales se veía
el cielo sombrío con nuburones de tempestad asoladora. La voz de un órgano r elataba el Encantamiento de
&lt;Parsifal&gt;. De una de las paredes pendía ua Cristo con
su corona de espinas. Le contempló en éxtasis divino
de mística ternura y se dió a preparar el sermón. El
p1dre Ernesto no g ustaba de la oraroria sagrada. Sabía
que para llegar al corazón de sus oyentes hacía falta
exuberancia de imágeces, tonalidad de voz, apostura eo
el ademán, todo eso que constituye el éxito individual,
ante In espectación pública. Y él por temper'lmento
odiaba lo te,üral. Hablaría sobriamente, como con parábolas, tratando de buscar así el convencimiento y la
persuasión. Sus propósitos no eran otros que practicar
el bien por el bien mismo. ¡Cómo había cambiado! No
psnsaba igual cuando estuvo a punto de ser abogado y
soñaba con triunfos jurídicos. Recordó los años idos,
los sacrificios del padre para hacerle bachiller, la

•
•

Celebración del Natalicio del Rey de Inglaterra.El excmo. seíior Ministro delaglaterraesperando a sus compatriotas a las puertas de la
legación.

Miembros de la colonia británica llegando a la
legación el 3 del actual.

cegaba a dar su nombre. Agregó que parecía demente.
La primera idea del padre Ernesto fué negarse a recibirla, pero luego accedió, llevado por su benevolencia
y piedad para con todos. B.,jó al recibidor. En un s illón estaba la visitante, quien al verle venir, se puso de
pie, respetuosamenté. Para el padre Ernesto, que la reconoció en el acto, aquello fué como una aparición. Iba
a retroceder suplicándola que se fuera, pero ella le detuvo con un gesto de infinita súplica. Estaba arrepentida. Dijo que de miseria en miseria había rodado hasta
allí, límite de su vida. Enferma, con el rostro desencajado y cubierto de llanto, se sentía morir . Era una pecadora miserable y pedía perdón. La confesión fué breve. Enseguida, ella, envuelta en su nimbo inconsolable
partió. El cura quedó anonadado. / Qué diría el criad~
del extraño suceso?¿ Y los señores si por acaso se enteraban? El q~e nunca recibía a nadie se veía torturado por
la calumnia más monstruosa. Sereaóse. Su espíritu puro
le salvaguardó de toda murmuración; su conciencia estaba tranquila.
Durante todo el día permaneció recluido en su cuart1&gt; trabajando coa fruición. Cuando le avisaron que la
mesa estaba puesta, y que los seíiores le esperaban para cenar, concluía de trazar el plan de su sermón. En
el comedor el señor de Arredondo le felicitó cordialísi~o. Ya le b~bíaa dic~o en la iglesia que al día siguiente iba a predicar. Mamfestó deseos de oírle. El padre
Ernesto bajaba los ojos humildemente.
Otra vez en su cuarto volvió otra vez sobre sí mismo
Había sido la suya sed de amor, y ahora era sed d~
ideal, sed de justicia. Como Cristo. C r isto repetía )as
mismas palabras.
J. E. BARANDA ICAZA.

amargura de los suyos el día que entró en el Semina·
rio, renunciando al mundo por un amor no correspondido. Sin saber cómo toda su alma casta se fué hacia
unos ojos dulces. Y se preguntó qué sería de ella. Temió una profanación, un desmán que hería sus sentimientos y retornó a l sermóu de las siete palabras.
El padre Ernesto comprendía como filósofo y como
creyente que ellas eran el compendio de la civilización
humana. El libro que aún conservaba en la mano, libro
muavilloso de un sociólogo, advertía que Cristo, si
existiese, repetiría hoy las palabras de hace veinte siglos. Siguió:
&lt;El Nazareno dió su sangre para que los hombres
pudiesen vivir en un mundo mejor. Cerró los ojos diciendo: Tengo sed. Sed de ideal, sed de justicia era la
suya; era una sed que no podía satisfacerse con todo el
agua de los arroyos más frescos sino con lágrimas de
arrepentimíento mojando enteramente la faz humana.
Al través de las edades, la obra de Cristo sufrió lentamente esas reformas coa que la ambición y la vileza no
podían meaos de ayudarla. Y en los días consagrados
por la cristiandad al recuerdo de la gran efemérides,
los pneblos adoptan, unánimemente, la indiferencia ab~oluta o el lamento que sale, apenas, de los labios.&gt;
1
&lt;Continuemos usando insaciablemente del don mejor
que Dios nos concedió entre todos los demás, el más
pnro, el lÍnico genuinamente grande, el don de amarle
puesto que no nos otorgó el don de comprenderle. Amemos toda su obra, amemos hasta esos vastos seres que
parecen no necesitar de nuestro amor, que inicialmente encerrados también en la mano de Dios y hechos de
nuestra substancia, no nos aman, ni tal vez~_nos conocen.&gt;

Sonaron varios golpes en la puerta de la sacristía.
-lQuién es-preguntó el sacerdote ?
El criado repuso que era uaa mujer ~•joven y que se

Edificio de la legación británica en la 3a. calle de Lerma.

Tras larga ausencia vuelve a aparecer en las columnas de "El Mundr, Ilustrado" e.I nombre siempre grato
de nuestro querido poeta
No hay necesidad de que ponderemos a nuestros lectores los méritos de N ervo, sería tanto como desconfiar
del profundo conocimiento que nuestro público tiene '
del célebre literato mexicano. Frescas están en la me·
moria de todos los amantes de las bellas letras sus hermosas composiciones poéticas repetidas en todos los periódicos literarios de habla española; todos han admirado sus galanas crónicas y nadie ignora los grandes
triunfos que ha obtenido en el mundo de las letras a su
llegada a Madrid.
Desde la capital de la madre patria, desde ese Madrid que ha sido siempre el emporio del buen decir de
la bella lengua hispana, nos envía Nervo sus artículos,
los cuales escribe expresamente para nuestra publicación, distiocióa que mucho agradecemos.
Con la seguridad de que nuestros lectores estimarán
en tod ~ lo que vale e~ta telicísima adquisición. terminamos este exordio y dejamos el campo al primer artículo del poeta e l cual deleitará a nuestros lectores mucho
más ..¡ue cualquier cosa que nosotros podamos~ decirles.

y aún por las vidas humildes; y millares de seres bascaa en el _éter, en la morfina, ea el opio, un lenitivo pa ra el terrible mal de vivir .
. Sabemos &lt;:~ertameate i:nuchas cosas; pero ya el Eclesiastés nos dtJO que &lt;quien a ñade cieoc ia añade do·
lor&gt;. ..... .
Al opio se acude especialmente, porque, según los que
lo hao tomado, produce uoa serenidad de dios.
El a)m.,. parece desligarse del cuerpo, flotar en una
a tmósfera de misterio apacible .... La pequeñez de la
vida la hace son reir. Se cree manumisa .... Ha vencido
al dolor .... Una suprema indiferencia amable reina en
ella y la satura de paz ...... Se c ierne en un plano mihgroso ~esde el cual el universo aparece como ea una
perspectiva confusa y ultra lejana. Ha entrado en el
mundo ~e la verdad ...... Se ha ~ustraído al número y
a( e~pac10 ...... iQ ué mísera es la humanidad! Cuántas
01m1edades la preocupan ...... Ella sí que descubre
ahora el verdadero sentido de la existencia!
. - .... Pero, hay que aumentar diariamente las dósis :
Una pipa, dos, diez, veiote, hasta cincuenta diarias llegda a s7r precisas para mantener el éxtasis, Ea T'olón
hay muJeres que fuman hasta ciento y que en un año
en _dos, no han pisado los umbrales del fumadero par~
saltr a la calle. El muodo exterior no las interesa. ¡Para qué contemplar el fastid io eterno del s&lt;,)!
Ea la aperlada penumbra de la ' estancia escondida
pasean diáfanas, casi ingrávidas, mostrando una palide;
qu_~ ya no parece de este mundo. O bien yacen entre
COJtnes de_seda, co_a _la mirada fija ea un edén lejano...
Solo sus OJOS, unos OJOS desmesurados, tienen vida en
aquel _cuerpo de cera ...... Son ojos que parecen año·
rar olimpos remotos ...... No les habléi~: Su reino ya
no es de este planeta ...... Pertenecen a otra dimensión.
Están más que muertas!
El despertar es espantoso. Hay que volver cuanto
antes a la droga despótica .... El cerebro ha naufragado .... El hombre que fuma tres veces opio, se vuelve
fa_atasma .... La voluntad en él es impotente basta para
1!11rar ... .
He aquí lo que la &lt;civilización&gt; hace de los pueblos
iCuá?do, oh gran Bergson, la humanidad cansada de )~
mentira, volverá al sabio instinto ancestral tan lleno de
mesura, de sabid uría y de dignidad !

El Miedo al Dolor
Ea las grandes naciones europeas, ha surgido de años
atrás y medra de un modo alarmante, una nueva pldga,
peor que la falta de natalidad y que el propio alcoholismo: Trátase de una trinidad lívida, que se llama la Morfina, la Cocaína y el Opio. Medio París busca en estas
drogas los viejos paraísos artificiales de Baudelaire, (en
el poeta más iogéauos y &lt;esnóbicos&gt; que otra cosa )
Entre las fobias ultramodernas, hay una inmensa: e l
miedo al Dolor,
Gómez Carrillo, en sus admirables &lt;Flores de Penitencia.&gt; nos recuerda las expiaciones espantosas a que
se sometían los Aatoaios, los 'Falemoaes y los Pakomios
en las Tebaidas, y cuando leemos esas páginas, parécenos que los hombres que realizaban tales mor tificaciones no eran de este planeta: los hombres de ahora no
solo huyen aterrorizados ante la menor de las penitencias, sino que, en cuanto desaparece la harmonía de sus
funciones orgánicas, la euforia de su vida, cor ren ansiosamente a buscar la pastilla de cocaína o la pipa de
opio que adormezca su mal.
¿Es que hemos o lvidado e l divino secreto de sufrir
coa resignación?¿ Somos por ventura inferiores en quilates de voluntad a los antiguos bárbaros?
No, yo no creo esto; creo por el contrario que somos
superiores a ellos y q ue nuestro miedo al Dolor no viene
sino de la afinación cada vez más extraordinaria de nuestro sistema nervioso.
La civilización nos ha traído a este puntó: No se lo
.agradezcamos.
No cabe duda que, un chino, un negro o un a ustraliano, sufren muchísimo meaos q ue un hombre de raza
.europea. De allí su estoicismo ante el dolor físico.
Un amigo mío que fué secretario de nuestra Legación
-ea China, vió cortar en pedazos a algunos celestes, con,deaados por fechorías con~iderables a esta odiosa pena.
Y referíame que antes del suplicio charlaban y reían
y cuando éste empezaba, el cuchillo del verdugo oo
.acertaba a a r rancarles un grito y a poner uu gesto de
angustia en la amarillenta impasibilidad de sus rostros.
.¿ Se trata por ventura de una milagrosa fuerza de voluntad ? No: Se trata solo de organi•mos extraordinariamente menos sensibles que los nuestros.
Comparemos a un hombre de esos, capaces de reírse
-del &lt;jardín de los Suplicios&gt; de Mirbeau con un europeo sibarita y refinado, a quien el menor cambio de temperatura le produce una bronquitis!
Se refiere que, cuando el barón de Moatcalm visitó
las cataratas del Niágara, era ea lo más crudo del Invierno. La milagrosa cabellera de la catarata estaba helada. El barón iba envuelto en pieles y le acompañaba
un indio, guía, casi desando, que no daba la menor se·
ñal de frío.
-1 Cómo es que puedes resistir una temperatura se-

o o o

Amado Nervo, nuestro distinguido literato con cuya
colaboración se honra desde hoy
"El Mundo Ilustrado"
mejante, sin cubrirte ?-le. preguntó el barón asombrado.
Y el indio a su vez le dijo:
- i Por ventura tú tienes frío ea la cara ?
Respondió el baróa:- )lo por cierto!
-Pues yo todo soy cara-replicó lacónicamente el
indio.
Y_ nosotr?s éramos_ cara también; pero vino el regalo.
La 10dustna nos traJo el roafort, los caloríferos respi~aroa su tibio aI!ento en ~u estros hogares ...... y ahora
-10ermes ante_ la 10t,impene, apenas si con los deportes
logr~os p~har un poco nuestra inadaptabilidad a los
cambios y nuestra excesiva y vidriosa sensibilidad ante
las menores molestias físicas.
En tanto, el berebere corre aún coa los pies desnudos
sob:e las zarzas y los.espinos_ y el indio del norte expone impunemente su piel cobriza a todos los cierzos
Las cincuenta mil tazas de café de que morfa ·Balzac. la pe~pétua vibración '!loderna, el &lt;aprisismo,&gt; el
~ercuna_hsmo de_ nuestra vida; el vértigo de los negocios, resttran, casi hasta reventarlas, las finas cuerdas
doloridas de nuestro sistema nervioso.
Ya los aristócra tas europeos no pueden más: El menor soplo exterior destruye el inestable ritmo de sus
funciones. La menor contrariedad acaba con su quebradiza pacieacid. Tres minutos de retardo en el sacramental: &lt;Madame est servie,&gt; sumen en la desespera•
cióa más profunda al ama de casa. Nuestra Señora la
N eu rasteaia pasea su espectro ,·erde por la vida prócer

iEI Dolor! T~nemos un miedo indecible al Dolor y
esta~os muy leJOS de exclamar como María Alacoque:
&lt;Il n y a que la dauleur qui me rende la vie supportable&gt;, o como Santa Teresa: &lt;Padecer o morir&gt;
. Y sin em?argo, e l Dolor es la razón esencial de la
vida. El obJeto de la vida es el conocimiento (cuando
de_scubrí esta ve_rd~d, dice Nietscbe, me llené de alegria) y el conoc1m1ento solo se adquiere por medio del
Dolor.
No podemos ni imaginar siqu:era un mundo sin dolor. Tendríamos que suprimir en ese mundo la Belleza
la elevación del :i,lma, e l Amor .... todo Jo que aquilat¡
y ennoblece los instantes ....
Só!o el Dolor qea, y es mil veces preferible su fecundidad todopoderosa que sostiene los mundos a los
aburridos deliquios de los paraísos. . . .
'
Al Dolor y a la Muerte hay que verles cara a cara·
Sl:&gt;n dos océanos imponentes y terribles desde la orilla:
pero cuando en ellos nos sumergimos resueltamente:
cada una de sus olas nos trae una delicia nueva
. E_I a lma humana está hecha de manera que ~e famihar!za con las _inmensidades, porque no hay abismo superior a los abismos de que está hecha .... El Dolor y
la M~erte son infer iores a ella: sólo el Amor es de su
tamano y por eso vence todas las muertes y todos los
tormentos
La ~~raleja de estas filosofías, debiera ser, por tanto,
no huir Jamás d~l Dolor ni temer a la Muerte: este es
el ve_rdadero opio que produce la serenidad.
As1 como frotándose con hielo se deshielan los miembros congelados, así sumergiéndose virilmente en e l
Dolor se mata el Dolor .... .
A::\IADO NERVO.
l\Iadrid_. Mayo de 19r3.
~

�Homenaje a la musa
del señor Doctor don Enrique González Martioez.
Tiene la montaña
donde está mi choza,
no sé qué de triste, no sé qué de extraña;
como que medita, como que solloza
bajo las torturas de una pena huraña.
Si ambiciona el cielo ¿quién su afán do?stroza?
¿o en qué abstruso arcano se hunde la montaña ?
Cuando Cloris viene
con su desbordante cuerno de Amaltea
provocando frescas risas a Hipocreoe,
y en el musgo rieg!l trébol y tomillo
y t,1 morrión del árbol en el aire ondea
como el estandarte de imperial castillo;
y hay dulces exordios
en el caramillo
de las aves ledas
y Favooio ensaya sus orquestaciones en los clavi(cordios
rle las alamedas,
la melancolía ·
siempre lo acompaña ..... .
iQué psicología
tao ioes~rutable la de la montaña!
Hay en su figura,
la expresión de un gesto como de pavura
y en la sombra incierta
de sus mudas abras,
las d.e solaciooes de una boca yerta
donde se cuajaron todas las palabras.
Cl,JCis o Cibeles,
Pan que pace ovejas y cultiva mieles:
¿qué panal produce mágica ambrosía
que curar pudiera la melancolía
contumaz y extraña
que hace, tal vez siglos, ,.iente la montaña?
Cuando los inviernos prenden albornoces
de glaciales brumas en las crestas bravas
donde el Sol sacude sus melenas flavas
y desgcaoa el Euro las gigantes voces
de su siofooia,
¡es muy más intensa su melancolía!
La montaña vive siempre taciturna:
ya en el misticismo de la paz oocl'Jroa
o en las opulencias de la luz que estalla
cual si de colores fuese una batalla.
Y en el abandono de las soledades,
Jo que lleva oculto, burla las edades.
A veces sospecho
que su mal se infiltra dentro de mi pecho
y al morderme el alma, deja la cicuta
que ha de acibararme la gloriosa ruta
de los Ideales y de la Belleza .. .- .
¡Ya me siento enfermo del mal de tristeza!
Y ella Jo comprende porque me interroga
con la voz con que habla la Naturalez•:
Rabadán: ¿qué sufres? ¿qué pesar te ahoga?
¿por qué hay densa bruma sobre tu cabeza?
Yo que mis quebrantos en el pecho escondo
como el mu las perlas de su joyeri•,
es que ya en el alma-- quedo le respoodo--me infiltró el veneno tu melancolía.
Yo alentaba ensueños, abrigué esperanzas
que ya no fulgurau como las auroras en el frio
(polo ....
Ya se marchitaron las lozanas flores de mis veotu(raozas
y me siento aislado, solo, solo, solo ....
Y la inmensa mole no sé qué murmura, no ~é
(qué me dice

tal vez condolida de mis desencantos y mis hondos
(males;
y yo me imagino que musita rezos y que me b~o(d1ce
porque mis estrofas tengan la graocl_eza de sus pe·
(ñascales.
Y así voy cruzando la candente arena de lahu·
(mana vía,
sin temer que el mundo ceo indiferencias oiga mi
(lamento;
ya sé yo que el ave, la montaña, el rio, la flores·
ta, el viento,
son buenos hermanos que hacen suya toda mi me•
(Jancolia.
J. SOBREYRA ORTJZ.

Amorosa
( De rimas del alma)

Especial para «El Mundo llustrado&gt;.
Pienso contigo en mi delirio ardiente, con ter·
oura infinita, con ardor, como piensa sencilla pas·
torcita en el desconocido cazador. Pienso contigo
en mi éxtasis profundo como el creyente piensa
en el Creador; como los niños con los cuentos de
hadas, como piensan los ángeles con Dios.
Sueño contigo en mi delirio ardiente, como la
primavera con el sol, como sueñan las florts al
rocío, como la mariposa con la flor. Como sueñau
las flores con el canto del pajarito alegre, arru·
llador .... como sueñan las aves con su nido, como sueñan los ángeles con Dios.
Busco en mi soledad eterna y triste, tu mirada
purísima de amor, como buscan las aves a la fror. ·
da, como las golondrinas el calor. Busco en mis
noches d~ nostalgia eterna, la luz de tu mirada
en mi dolor porque tao !Ólo tu mirada basta para
que yo te adore como a Dios.
¿Y dices que no te amo, dueño mío, cuando
pienso contigo y con tu amor, como los niños con
los cuentos de hadas, como piensan los ángeles
con Dios? Y dices que te olvido, dueño mío, cuando sueño contigo, dulce amor, como sueñan las
aves con su nido, como sueñan los ángeles con
Dios!
¿y crees que no te busco, cielo mío, si ea mis
horas de tedio y de dolor una mirada tuya sólo
basta para que yo te adore como a Dios! ..... .
Y .. . ... no puedo escribir más, mira, vuelve en
cambio de lo intenso de mi amor: un beso que me
mande en un suspiro tu dulce y amoroso corazón.
CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

ltW!ffifilltlf1A
\

A la mem o ria de R isela

Para "El Mundo Ilustrado."

Cuando con voz temblorosa
me anunciaste tu partida,
murieron mis ilusiones
y también mis alegrías.
Q ueriendo calmar mi angustia
y mis penas infinitas,
me dijiste con voz b•ja ... .
me dijiste que vendrías ... .
El rumor vago .... muy vago
de tus palabras queridas,

se apagó cuando la tarde
en el Ocaso moría ..... .

................................. ·· ·· · ...... .
Te fuiste.
Mis ilusiones,
como rosas ya marchitas,
se agostaron lPotameote
viendo alejarse la vida ....
II

Ha p.1Sado mucho tiempo,
y en las tardes pensativas
ya no llegan a mi estancia
tus palabras y tus risas ....
En las sombras de la noche
busco tu imagen querida,
pero en vano ... . Sólo encuentro
en las sombras infinitas,
muchos recuerdos que flotan,
muchas visiones sombrías .....
Busco el consuelo que hallaba
en tu boca purpurina,
y ~ólo encuentro amarguras
que, como lentas neblinas,
cubren con su manto austero
los ensueños de la vida ..... .
Hao pasado velozmente
muchas ansias .... muchos días,
mas nunca vendrás, Risela,
a alegrarme con tus risas ..... .
CESAR CAMACHO.

Con el fulgor de tus pupilas negras,
el horizonte de mi vida alegras!
Y errante peregrino,
~ al cruzar el otoño de la vida,
las busco en el crepúsculo opalino
que a soñar en la muerte nos convida.
En _el fulgor de tus pupilas, hallo
una tristeza hermana de la mía,
y el seductor desmayo
de las tardes de amor, en agonía.
Mientras pasa el silencio pasajero,
quiero en tus ojos reflejada verte;
y esa visión de amor, llevarme quiero,
a las playas azules de la muerte ...
Yo soy un peregrino
a quien tus ojos marcan el camino
del país del amor, o la brumosa
y temida comarca del olvido...
;Yo soy ante su llama voluptuosa
una azul y coqueta mariposa
que al mirarla de cerca. se ha extinguido!
Con el fulgor de tus pupilas negras!
el horizonte de mi vida alegras!
Apoyado en tu mano
como en las tardes del ayer lej~oo,
quiero s-,guir la senda de la vida
bajo el hechizo de tns negros ejes
y de tu d:ilce voz enternecida.
que es aura fre~ca entre claveles rojos.
Y si no puede ser, el peregrino
que atraviesa el otoño de la vida
buscará en el crepúsculo opalino
la mirada adormida ;
la mira~a de fupgo que consume
les cuerpos de coquetas mariposas
que llevan en las alas el perfume
fragante. de los cálices de rosas,
porque en un tiempo hao sido
llamaradas de amor que hao consumido
la vida que me alegras
con el fulgor de tus pupil.. s negras... !

Siempre llego tarde
al lugar de cita
con mi carga inmensa
de melancolía.
Siempre llego tarde
.para la vendimia.
siempre llego tarde
por la Eucaristia.
Mirando paisajes
que nada me indican,
respirando un aire
que a ratos me asfixia,
soy un desterrado
que apenas camina
con el alma triste
y el cuerpo sin vida .,
A veces la encuentro
cruzar por mi vía,
y oigo que me dice
con voz de agua viva;
soy tuya, viajero
soy la que te anima,
soy la que contemplas
de noche y de día
clavada constante·
mente en tus pupilas.
soy la que te mueve
a estar en vigilia,
soy tuya, viajero
de las elegías.
Sígueme, que al cabo
de tantas ~spioas.
con mi cuerpo y mi a lma
labraré tu dicha....
Yo, ciego de ensueño,
falto de fatiga,
sin caer al peso
de tantas h eridas,
sintiendo en mi pecho
no sé que alegría
besando mi carne
su carne bendita,
la sigo, la sigo,
corno seguiría
un ciego el arco· iris
o un verso la rima....
Y bien ¿qué me queda
después? En las ruinas
casi ioumerables
de mi fantasía
otra cruz, y en ella.
como ave fatídica
la fé vacilante
diciendo: es mentira
la voz que has seguido
hasta hoy, es perfidia
de Aldooza la zafia.
No ves las cenizas
de tu Dulcinea
muerta por tí ?1Mira
aún las espirales
del humo allá arrib3....
Has llegado tarde
al lugar de la cita
con tu carga inmensa
de melancolía.
ULYSES CESAR SILVA.

JULIO A MUÑIZ.

Las •·almas gloriosas."-Dos áogeles.-Salida del Temelo.-Bellas escena,: sorprendida~ por nuestro fotógrafo el 31 de Mayo en el último ofrecimiento de flores
a Mana en templo de la Sagrada Fam1ha, Colonia Roma.

-

�QUISICOS.AS DEL ROMANCE
!L,&amp; ~Il~'lf&amp;
En el capítulo XII de la primera parte del «Quijote&gt;
se lee: "Y cuál hay que, sin dar vado ni tregua a sus
suspiros, en mitad del ardor de la más enfadosa siesta
del verano, tendido sobre la ardiente arena, envía sus
quejas al piadoso cielo." El cándido lector habrá leído
este párrafo, y se habrá quedado tan fresco con &lt;el ardor de la más enfadosa siesta,&gt; creyendo haberlo entendido tan 1 las claras, como lo escribió Cerva.otes. Si no
lo llevara a mal, y me atrevería a apuntarle que se me
ocurre no haberlo bien entendiño; ruégale lo vuelva a
leer.
-Pues, sí señor; a usted se le podrán ocurrir todas
las ocurrencias del munJo; pero yo he entendido bien
el párrafo, porque es limpio, corriente y castizo castellano.
- Y tan limpio, castizo y corriente en nuestros clásicos, que por serlo tanto se les fué de entre las manos a
la Academia y a los comentadores del &lt;Quijote.&gt; ¿ El
lector sabrá lo que es la siesta 1
-El sueño que se toma después de comer y el tiempo destinado para dormir o descansar después de comer
y ....
-Eso es según la Academia de hoy; según la primitiva Academia, no significa nada de eso. Y cierto, convendría se echasen a buscar autoridades los nuevos académicos para confirmar estas acepciones, como las buscaron los académicos de antaco para confirmar el valor
que le dieron de «Tiempo después de mediodía. en que
aprieta más el calor&gt; Verdad es que ni los de antaño
ni los de hogaño mentaron para nada otra significación,
limpia, corriente y castiza, que de esta primitiva rnlió.
y es la de Cervantes.
El cándido lector, si llega a paciente, volverá a leer
aquí el párrafo, y dando a la voz siesta el valor acadé·
mico, se dirá para su solapa:-Pues, en verdad, que no
lo entiendo: &lt;en mitad del ardor del más enfadoso sueño de despoés de comer del verano, tendido sobre la
ardiente arena, envía sus quejas al piadoso cielo.&gt; Este
endino se nos va a echar la siesta «tendido sobre la ardiente arena,&gt; y allí en medio del enfadoso sueño, o
siesta académica, &lt;envía sus quejas al piadoso cielo&gt;
Las enviaría entre sueños, sin duda; además, el dormir
a esas horas, no puede ser «enfadosa,&gt; a oo ser que se
vaya a echar como este papanatas, &lt;tendido sobre la ardiente arena.&gt; La Academia hace decir a Cervantes
que un fulano se va a dormir en la fuerza del calor
tumbado sobre la ardiente arena, y que allí, dormido y
todo, envía sus quejas al cielo.

-Ese será alguno de tantos deslices como, al decir
de Jo, comeotadons, se le escaparon a Cervantes.
-O se les escaparon a elloS-digo yo-por. o~ con?·
cer otro castellano que el que encierra el D1cc1o~ano
de la Academia. A ver si con él se entiende la siesta
del capítulo XV de la primera parte: «Vinieron a parar
a un prado lleno de fresca yerba, junto del ~ual corría
un arroyo apacible y fresco; tanto que convidó y forzó
a pasar allí las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar.&gt;
El sueño no comienza a entrar rigurosamente; antes,
con tal suavidad, que no la echa de ver y harto a gusto
del que se duerme.
.
.
,
Y no se pase algún otro de hsto, repo01endo que aqu1
se suple &lt;el calor,&gt; propio de tales horas, porque tamaña elipsis no la comete ningún buen escritor, y a ser
así, Cervantes hubiera escrito: &lt;La siesta, cuyo calor
rigurosamente comenzaba ya a entrar:&gt; pero . no, Cervantes escribió: «La siesta , que rigurosamente comenzaba ya a entrar.&gt;
-El que rigurosamente comenzaba ya a entrar, dirán todos, es el calor. Y tienen razón que les sobra.
-1 Luego, siesta significa calor ?
-Justo y cabal.
-Pues, ¿por qué no lo dice la Academia?
-Porque ese es su significado castizo.
- IY Jo de sueño que se toma después d~ comer?
-Allá la Academia con esa acepción. A ella le toc_a
buscar autoridades que la confirmen, ya que los anti·
guos académicos no la pusieron. A mí me b~stará confirmar con otras, fuera de las dos del &lt;Quqote,&gt; que
siesta significa calor, y no ~ólo el de la hora ,:ext~,. de
después de comer, sino aun en general. En la Cro01ca
de Pedro Niño" (1 , 2): ·'Cuando face en aquella tierra
la mayor siesta, ca era en el verano." No hacía sueño,
señores académicos, créanme. hacía siesta, porque era
en el verano, hacía calor. En el romance que trae Gallardo (título 1, col. 1,216.)
&lt;La infanta se aparta dellas
que sola se quería andar;
con la gran siesta que hace
dormido s'a so un rosal:,,.
En el «Diálogo de las transformaciones de Pitágoras&gt;,
escrito por Villalón, al folio 15: &lt;Con tempestades, pluvias y siestas&gt;. No dice &lt;Con tempestades, pluvias y sueños&gt;, como no die&lt;' Cervantes en el capítulo 73 de la segunda parte del «Quijote:,,: «Podrá v. m. pasa~ e~ el
campo &lt;los sueños del verano y los serenos del 10v1er·
no&gt;, sino &lt;las siestas del verano, los serenos del invierno&gt;. Y Fr. Bartolomé de Villalba escribe: &lt;Después que
todos hubimos reposado y que fué caída la siesta&gt;. Quiere decir, después que decayó el calor, al atardecer.
Y no sólo &lt;siesta&gt;, sino «siesto&gt; se dijo también el calor, y ahí está el Poema de Alexandre, verso 2,396, que

me dejará mentir: &lt;Eran a mayor si esto los días allegados&gt;. En la Academia, donde hay muchos que confunden
el dativo con el acusativo, término de la acción verbal,
pudiera haber quien tomase por :icusativo de té~mino
de la acción de reposar y de dormir el vocablo &lt;siesta&gt;
de .~stas frases del &lt;Quijote&gt;: «Había dormido más de
dos siestas con&gt; (r,26); «Durmieron la siesta&gt; (2, 3);
«Fué a reposar la siesta&gt;. El sueño después de comer
no se reposa ni se du 7rme ; «siesia&gt; º? es aquí ac_usativo, término verbal, sino acusativo hbre adverbial de
tiempo. Es como si se dijera: !Du;mieron durante el
calor y tiempo después del medio dia&gt;. &lt;Fué a reposar
durante ese tiempo&gt;.
Cuentan las crónicas de los pasados días que habiendo preguntado dicho señor visitante a uno de los muchachos del corro, que formaban junto al mapa de Europa, si sabía dónde estaba Florencia, respondió al punto: &lt;Florencia es una ciudad de Italia .... &gt;
-Muy bien, basta. Y el verbo heder, ¿sabes lo que
significa?
Como se parase cortado, le sopló su vecino: «Hiede
que apesta&gt;.
-Eso es oler mal-dijo el docto varóo.-Bien, pues
ahora me vas a decir si en una frase que escribió cierlo autor sabes distinguir el acusativo del dativo. La frase fué esta: &lt;Me hiede Florencia&gt;. IQué es aquí el
«me?&gt; ,
-Dativo-dijeron esta vez todos los muchachos.
Torció el gesto algún tanto am:ihinado el empingorotado visitante, porque cabalmente días atrás se había
decidido en la Academia que el &lt;me&gt; de esta frase era
acusativo, y que en la nueva edición del Diccionario se
había de añadir que el verbo heder es también verbc:F
activo.
-e Cómo dativo ? ¿En qué conoces tú que no es acusativo?
El arriscado muchacho, como quien recita de coro
una regla, ufano de sabérsela muy bien sabida, alzó la
voz con el tonillo acostumbrado: «Para conocer el acusativo, se vierte la oración por pasiva, poniendo el acusativo en nominativo y el nominativo con &lt;por&gt;. Luego.
bajando la voz: «Yo soy hedido por Florencia&gt;.
Todos soltaron la carcajada.
-Muy bien-añadió el maestro.-No puede decir·se
&lt;yo soy hedido por Florencia&gt;, de manera que el &lt;me&gt;
de &lt;me hiede Florencia&gt; es dativo, ¿verdad?
-Sí, señor-dijeron a coro todos los muchachos.
-Me hiede a mí, me apesta, me huele mal,-acabó
el maestro.
La decisión académica de dar por activo el verbo
heder, no saldrá en la nueva edición del Diccionario.
Los niños de la escuela han enseñado a los que no lo
sabían que el verbo heder no puede ser activo.
JULIO CEJADOR.
00

GALERIA ARTISTICA.- Cristo y San J uan, por Rubeos.

El Secreto de la Felicidad
Los do; rapaces cabían muy bien debajo de una escudilla, cuando el padre cerró los ojos a este valle de
lágrimas.
Y en la lucha diaria, sostenida con la cruel indigencia, se for jaron los caracteres de los herm¡u1os; los lanc es diversos por que pasara la viuda para ir sacando a
ilÓte la frágil navecilla de la orfandad, fueron templando de distinto modo el alma de los muchachos, y así, vinieron a reunirse en el mayor los afanes d e la madre
por allegar recursos con que p revenir el mañana iose·
guro, y en el pequeño cayó, como una siembra, toda la
resignación de los momentos de adversidad.
Esto vino a determinarse con mayor relieve a punto
de ser mozos los dos y haber ele mirar cara a cara al
destino, para elegir la senda de la vida. Entonces sí que
se notaron claramente los gustos y las inclinaciones de
cada uno; entonces sí que pudo verse la condición del
niayor,-egoísta. ladina y socarrona; y la del pequeño,
paciente y retraída.
Habían entendido opuestamente la ciencia de la vida.
P edro Lt.is cuidábase mucho de lo aparente, y el buen
parecer y las vanas galas eran su constante preocupación. Se acicalaba como el más remi lgado petimetre y
tenía a orgullo pasar por el homb~e más mnodano de
la sociedad y el que mayor número de ami,:os con•
taba.
En cambio, Leaodro lucía sin inquietud su abandono
exterior, y no frecuentaba oiro trato que el de sus
libros, a los que dedicaba todas las horas libres y algunas más que se sustraía del sueño. En esta pasión era
donde Pedro Lui• disparaba todos los dardos de su socarronería. ¡Los libros!. ... ¿Para qué le servían a Leaod ro todos aquellos libracos que con tanta fruición
leía? .... Ya veríamos lo que sacaba en su provecho al
final de aquellas andanzas; que siguiese apartáodo~e de
todo el mundo y quedándose sólo con sus libracos, ya
sabríamos qué le daban esos «buenos amigos,&gt; como él
los denominaba .... Consejos y refranes, cosa de mucha
lindeza par.,_ la teoría.
y se reía cada vez que se tocaba a este p2lillo. Ahora bien, que contra la opinión de Leandro. se estrellaban bravamente, lo mismo las advertencias que las punzantes ironías del mayor. No dejaba de reconocer los
triunfos de su hermano; poseía·a-la perfeccióo~Ja! ciencia
de la simpatía, y de ella había sacado gran provecho,
pues todo cuanto se propuso, por amista&lt;;!, y no por justicia, lo consiguió; preci~ameote al revés que él, que
por no tener un mal empeño, no había logrado algunas
cosas para las que le sobraban méritos. ·
El final nadie lo había visto; per o el presente, forzorn
es confesar que se h~ bía decidido abiertamente por Pe dro Luis. Su desmedido egoísmo no hallaba obstáculos
para lograr su fin; como su corazón no era un nido pro·
picio a los afectos nobles, podía caminar en línea recta
hacia la meta de sus aspiraciones, que no era otra que
el brillo vano del fausto y la riqueza.
Así .pudo separarse tao fácilmente de aquella heróica
madre, a quien tantos sacrificios debía el muy ingrato. ..
¡Válgame el S eñor, qué hijos! Cuando podía aliviar e l
peso de la vejez, se apartaba del amoroso corazón maternal por unas viles monedas que sonaba n en la dote
de uoa damisela desabrida y fatua, a quien llevó la únic amente a aceptar el enlace la liviana satisfacción de
atrapar un buen mozo.
¡Buen golpe fué para la pobre vieja! Emooces se vió
que no era Leaodro t«n uraño como las.apariencias le
mostraban; a la par de todos los momentos de a dver~idad, también las lágrimas del desengaño materno caye·
roo como triste sembradura en los surcos del corazón
filial, y las raíces se ahondaron más y florecieron de
continuo con palabras de esperanza y de consolación.
-iNo se apure, madre, que él volverá!
y el ingrato, bien orondo en la corte, adonde se trasladó coa rn esposa, no mostraba trazas d e confirmar las
profecías del hermano.
De mucho le servían a la madre· las protestas de cariño que de Leaodro escuchaba,; pero su inquietud era
continua; -porque aquel enlace sin amor le hacía presagiar grandes desventuras, y aun tengo para mí que la
causa que la arrebató de este mundo fué el deseo de
verse cuanto antes en presencia del Señor, para rogarle
por la felicidad del hijo ingrato, cuyo nombre vino a
ser la última palabra que se escapó de sus labios.
Entonces, con motivo de este luctuoso trance, supo
Leand ro de su hermano: el cielo le había concedido
una hija, y su propósito se veía cumplido, porque, caso
d e fallecer la esposa, la fortuna q uedaba entre sus manos. Fué la única vez que se desprendió de unas monedas para ayudar al sepelio; pero aún aprovechó estas
circunstancias para zaherir a Leaodro .... ¿Todavía andaba tao escaso? Pues, ¿y !os libros, los buenos amigos,
para qué le habían servido ' ....
y no volvieron a escribirse.

iQué de casualidades y de sorpresas reserva el tiempo
en las encrucijadas de su ruta ! Se veían a hora casi
anci.. oos, viudos los dos y padres cada uno de una hija,
casadas ya, pua mayor coincidencia. Pero el capírulo
de las sorpresas, desventuradas por d esgracia, estuvo a
cargo de Pedro Luis; su hija le había abandonado ; así
le pagaba el desvelo continuo invertido en su bienestar
y los consejos puestos- a la proa de su felicidad .... i Ah,
pero cabalmente por estos consejos, la muchach'a se
prendó de un truhán con aspecto de rico hacendado,
pero que no tenía sobre qué caerse muerto! Tarde lo
supo, porque ya no había otro remedio que dársela en
matrimonio y con ella también la herencia de la mad re; y así que el ladino seductor vió su obra coronad'&lt;
por el éxito, ya supo darse buena tr.,.,a para desentenderse de la compañía paternal.

momento se le podía hablar a la enamorada pareja de
separarse del padre! ¡Si os juro que en trance de pr~7ba no sé yo quién se hubiese sacrificado antes: la h11a
o el yerno!
Entonces, cayendo rnbre Pedro Luis todo el peso de
una claudicació n amdrga y tardí~, preguntó al hermano:
-Pero, dime, ¿cuál fué el secreto d e tu ful icidad ?
Y Leaodro, con su típica eutooacióo de juglar legendario. descubrió su conseja:
-Verás: había en un r, ioo fastuoso una princesa ~an
discreta y prudente. que llegada la hora de compartir
su trono, se vió rruelm~nte acometida por el deseo de
no ser sólo poderosa, sino también feliz. Para tener
ocasión de elegir mejor, fueron pasadas invitacio nes a
todos los que se hallaban en circunstancias de poder

NUPCIAL

Sra. Belem Méodez Armeodáriz de Sala.-29 de Mayo rle 1913.

.... Y allí estaba el experto Pedro Luis, al término
de su vida, triste, pobre y abandonado.
iQ &lt;1iéo lo creyera! ¿ Y a q uellos amigos en quienes
tanto había tia do siempre ? ... . Se habían perdido en
las revueltas de la vida, y los que restaban, como la vejez es una cifra negativa, ya no hicieron caso d e Pedro
o o o
Luis. Pero me diréis aún, iy el amor filial ? ¡Cómo había de saber el hijo iograto iofuodir la gra titud! El no
Cuando de nuevo sÚpieron el uno del otro había pasado mucho tiempo, mucho; juzgad si serían años los se ocupó más que de cultivar el afán de la riqueza y
qu;e. ba.biaa transcurrido, que. ya Leaodra tenía .u.n lindo.. no bu.bie.ra cooseotido para su hiia otro . con~jo..que.
aquel que viniese a aumentar la fortuna; de las prenpimpollo, recién casado con el hombre más bueno de
toda la cristiandad y había perdido la amorosa compa- d as morales no se ocupó jamás.
ñ era con quien oyó ante el altar la epísto la de San PaAsí se sor prendía ahora al ver la paz y e l amor en
blo y compartió el agr idulce sabor de la vida.
q ue se hallaba envuelto su rermaoo. ¡En cualquier

elevarse hasta ella.
Los más apuestos y poderosos monarcas desfilaban
por su palacio ; pero conforme los fué aceptando, así
los desechó después, d escorazonad a y triste. E n tan difícil trance. Ta dijo una de sus azafatas: ••si queréis, mi
señora princesa. salir aircsa de ese cuidado, recibid a
los p~etendieotes con u na venda en los ójos; de esta
guisa, ellos tendrán que h ablar para comunicaros sus
pretensiones, y ~l rico porte y ge'ntil continente-que
son yaoos.-01:opeleS-00 se.l.'á-ent-es- -Jo. q,ue -habrá ·de
b'lstarles para cautivaros, sino la palabra, que es el mejor n uncio de la inteligencia y del corazón" ... .. .
Pues así h ice yo en la vida para juzgar a las perso•

�Altar Mayor de la Colegiata de Ocotlán, Tlaxcala.
Detalle de la fachada de la Colegiata de Ocotláo, Tlaxcala,

Fot. Kahlo.

Fo.t. Kahlo-

�Señor Magistrado don Francisco Carvajal, presiden·
te saliente de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación.
Fot. «El País.&gt;
oas: escucharlas, nada más que escucharlas, pero ce•
ri-aodo los ojos.
Quedó perplejo Pedro-Luis, con esa perplejidad cla·
r~videote por la que pasa de improviso todos los errores de la vida, y agregó finalm~ote:
-iQuiéo te enseñó hermano, Leandro, el secreto de
la felicidad ? .. ..
Y el hermano Leandro, el acusado de novelero v de
iluso, tendiendo la diestra hacia su biblioteca, respon·
dió:
-¿No lo adivinas? .... Mis libros, mis buenos amig,o;!
J ULIO HOYOS.

De Marie Bloede.
Traducción del inglés por Rafael Nieto.

El Poeta, en un¡,_ tarde triste y lluviosa entró ioespe·
radameote en la boardilla, y se encontró llorando al
Niño Inválido. El Duende de la Soledad, instalado cer·
ca del pequeño lecho, lo torturaba con sus diabólicos
gestos.
«Basta ya po~ hoy _de este odioso personaje,&gt; exclamó
él poeta, cogiPndo por una pierna al rebelde Dueodecillo y arrojándolo por la ventana. &lt;Y ahora,&gt; dijo, &lt;voy a
contarte el cuento que te prometí.&gt;

&lt;Había en cierta ocasión una madre que no tenía hijo ninguno. Tú creerás esto imposible, ¿verdad? que
pueda haber madre sin hijos? Pues yo te aseguro que
lleno está el mundo de ellas; pt-ro si no quiere~ creer·
me, entonces, no tienes más que decirte a lí mismo: &lt;esto
no es más que un cuento de hadas.&gt;
&lt;Esta madre vivía sola; trabajaba todo el día, y aun·
que encontraba al Duende de la Soledad acechando
siempre en algún rincón de la t-norme casa, jamás le
permitía reposo, sino que al extremo de su grao plome·
ro, lo iba arrojando de una en otra habitación. En las
noches, en que ella reposaba con sus párpados cerrados,
era cuando el implacable Dueoder.illo, sin ser molesta•
do, venía a instalarse al lado de su lecho. Ella no podía
verlo, pero lo sentía allí, y oía su voz murmurando,
murmurando siempre, acerca del hijo que nunca había
sido suyo; del hijo que pudo haber siito... . .
«Y entonces sollozaba en la obscuridad, y las lágrimas fluían bajo sus párpados cerrados, y caían, caían. ..
pero, ya pronto sabrás lo que sucedió con sus lágrimas.
&lt;Había un Hada,-naturalmeote, ¿no ha de haber
siempre-un Hada ·en ·un· cuento de hadas?-que todas
las noches, cuando sonaban las doce en el reloj, abría la
puerta sigilosamente, deslizándose en la alcoba de la
Madre sin Hijos. Suavemente arrodillábase junto a l lecho, y una tras otra, iba recogiendo las lágrimas en una
ánfora de cristal, luminosa y tra~parente como ellas.
Cuando las lágrimas cesaban, cuando todos los niños
fantásticos al servicio de 1 Hada del Sueño, misteriosamente aparecían, retozando en torno del lecho de la
Madre sin Hijos, la gracios1 y gentil Hada, retirábase
como había venido, quieta y suavemente, oculta la preciosa ánfora entre los pliegues de su blanca túnica.
«Te advierto que si el Hada hubiese ocasionado el
mayor ruido, nada hubiera importado, porgue ¡eran tao
exultantes el alborozo y la algazara de los niños en el
sueño de la Madre!
&lt;A menudo, en las grises horas de la madrugada, algún niño de cabeza rubia, cansado de jugar, precipitáb,.se en los brazos de la Madre. En su sueño, ella lo
a~etaba ansiosamente contra su pecho. Era el niño que
nunca había nacido; el hijo que pudo baber sido suyo,
pero que había permanecido en el Reino de los Sueños
«Cuando se hacía de día y penetraban los rayos del
sol por !a ventana, el Duende de la Soledad estaba allí
otra vez, y la Madre sin Hijos, que estrechaba amor~amente .,m sus sueños al pequeño, Jo sentía siempre desp renderse de sus brazos antes de despertar. Y cuando
sus ojos se abrían, el niño se había marchado; pero allí,
instalado al pie del lecho, cou las piernas cruzadas, el
Duendecíllo fatídico reía sarcásticamente. Así empezaba el día.
«Una noche, en que la luna llena inundaba la alcoba
con su luz de ('Osueño, la "1adre sin Hijos repentinamente abrió los ojos, maravillándose al contemplar al
HaJa al pie del triste lecho. Pensó sin :luda que sus
ojos, ofuscados por las lágrimas, la engañaban, pues que,
con una mano, los restregó precipitadamente, y miró, y
volvió a mirar
-&lt;!Qué hacéis aquí? dijo al fin.
-&lt;Vengo a recoger vuestras lágrimas-contestó el Hada.-Y viendo la mi rada de asombro que respondía a
sus palabras, prosiguió suavemente:-¿No sabéis que
nioguna lágrima se pierde; que cada lágrima es un te·

Miembros del foro de la Capital que se re micron en fraternal banquete el sábtdo ¡:.asado,

Sr. Magistrado dou Manuel Olivera Toro, nuevo presidente de la Suprema Corte de Justicia. Fot. &lt;El País.&gt;
soro; que cada mortal que sobre l:t tierra mora, tiene
un Hada bondadosa que las recoge y las conduce al
Gran Laboratorio ?
-&lt;Pero si las lágrimas-protestó la Madre-son cosas tan inútiles, tao feas!
-&lt;i [nútiles, f~as?- repitió el Hada con uoa su2x e ironía en la melodiosa voz.-¿Desearíais visitar el Gran
Laboratorio y convenceros por vos misma de q ue las
cosas más bellas se fabrican de lágrimas?
-&lt;Si no iuera un sitio demasiado triste!-mur muró
la Madre.-Estoy tan abrumada de tristeza!
-&lt;iOh, no!- contestó el Hada.-Es el Gran Laboratorio un sitio alegre y venturoso.
-&lt;Entonces vamos.
&lt;No voy a decirte cuál es el camino que, a tra,·és de
las estrellas, conduce al Gran Laboratorio. El Hada lo
ha prohitido. Algúo día tal vez, ¿quién sabe? ella quiera llevarte allá y permitirte C&lt;&gt;ntemplar las.bellas cosas
que con lágrimas se fabrican.
«Cogió el Hada a la Madre entre sus brazos, como si
fuese un niño; sigilosamente atravesó la puerta ; desplegó sus alas de gasa y oro, y, a través de la noche, levantó el vuelo hacia una rara y brillante estrella, de radiaciones azules, que cintila en la obscuridad como un zafiro.
&lt;No, no puedo quebrantar la prome~a que hice a l Hada: no puedo decirte el nombre de la estrella; pero debes saber que en ella se congregan las Hadas de todos
los mortales, para laborar con las lágrimas que vierten.
&lt;Afanosamente atareadas se en.:ontraban todas ellas
cuando NUESTRA Hada apareció con su asomb rada'."
visitante. Una mirada apenas lanzaron a las recién lle•
gadas. tan absortas por su trabajo se encontraban. De
las ánforas de cri•tal, dejaban caer las lágrimas. gota a
gota, en los grandes calderos dorados que colgaban sobre el fuego. Contemplando las llamas que se retorcíao,
en lenguas de intenso brillo, la Madr e sin Hijos comprendió inmediatamente por qué aquella estrella era.
más resplandeciente que las otras; y comprendió también que si sólo esa estrella fulguraba con azules radiaciones, entre sus doradas hermanas, era a causa de la.
acritud de las lágrimas que hervían sobre el crepitante
fuego.
&lt;La mano del Hada, posándose sobre su homb ro, la
arrancó de su abstracción.-¡ Mirad-dijo-al ca ldero·
que ten.;is más cerca!
&lt;Levantába_se de las. hirvientes lág:imas, ~na ténue yb!anca nubecilla, seme¡ante a cualquier ord10aria nubecilla de vapor, como las que h~s visto, por ejemplo. levantarse de las marmitas que hierven en el hogar. y al
alzarse la b!aoca nubecilla, llenóse el aire con un tierno y -~isteri_oso can!º· iOh, dulce canto! iOh plegaria
exgu1S1ta e 10matenal! La Madre contuvo su aliento y
olvid:5 todas las lágrimas que en el mundo había ,.e;ti,to. Escuchaba con tal arrobamiento, que no se apercibió de que MA S lágrimas,- lágrimas de éxtasis, lágri!!1ªs de gozo,-:- fl uían de sus ojos en aquel insta nte, banando sus me¡1llas.
&lt;La pequeña nube se alejaba, se alejaba; e l dulce·
canto se percibía más débil, cada vez más débil. La
blanca y ténue nubecilla se esfomaba en la dista ncia; el
canto se escuchaba como un eco, vagaroso, tremulante.
Por fin la nube se perdió en la distancia, y la melodía
suspirante se extinguió.
- &lt;Estaba hecha de lágrimas, ele lágrimas vertidas por
un ciego- dijo el Hada.
-&lt;i Y a dónde ha ido?-suspiró la Madre levantando
sus ojos asombrados.
··
-&lt;Al torbellino riel mundo,,-respondió el Hada_
_P_ero, mirad! mirad! El segundo calde ro comienza a hervir.
·
·
&lt;~e este segundo dorado recipiente, levaotábase marav1llosa nubecilla, indescriptible, irradiando en innúmeros colores, como un ópalo, como un arco-iris porte_otoso. Tambié n esta nubecilla se fu é esfumando en la
distancia ; también fu é a perderse en el torbelli no del
mundo.

El Presidente de la República, el ministro de la
Guerra y su acompañamiento en el lunch ofrecido por los jefes y oficiales del primer
regimiento de artillería el miércoles
último con motivo de la imposición
de condecoraciones á la tropa.
- &lt;Hecha de lágrimas,-repitió el Hada,- de las lágrimas de un hombre que vivió en una boa~dilla, hambriento y solitario; hambriento de pan, hambriento de
amistades.
-&lt;iOh, qué bella! qué soberanamente bella! Y decidme, ¿qué es Jo que significa?-Suplicó la Madre.
- &lt;Es un poema-contestó el Hada,-uo poema para
enriquecer de belleza al mundo ingrato que lo olvidó.
&lt;Un nuevo caldero comenzaba a hervir, y luego otro
y otro. Sucesivamente desprendíanse pequeñas y tenues
nubecillas, cau" una diferente, cada una maravillosa y
exquisita,
-&lt;Mirad! un pensamient0-dijo el Hada señalando a
una.-T ao solo un pensamiento, pero un pensamiento
que va a agregarse a la belleza universal.
Juegos deportivos ejecutados por la tropa
del regimiento.
&lt;Señaló otra después. -¡Uo sueño!-explicó,-para
llevar un consuelo a un corazón herido.
&lt;Y volvió a señalar.- Una inspiración para un cuadro
en cuya contemplación se extasiará n los ojos, otra para .
una estatua, ante cuya pureza se elevarán las almas; y
todavía otra para un libro en el que las multitudes elevarán su espíritu. Inspiraciones todas nacidas de la s lágrimas.
&lt;La Madre sin Hijos posó su mano sobre el hombro
del Hada suplicando:-iquisiera ver la transformación
de mis propias lágrimas!....
&lt;Si!enciosame_nte_ asintió el Hada y levantó su ánfora
de cristal. Las lagrimas resonaron cristalinas dentro del
dorado recipiente. En breve la nubecilla se alzó. Ba
madre, anhelante, la vió esfomarse en la distancia en
camino hacia la tierra.
•

cm Poeta hizo una pausa. El Niño Inválido, insatisfecho y clamoroso, rogó al Poeta terminase el cuento.
&lt;Lo ll!ás_herrnoso es el final-dijo el .~ Poeta,- porque
de las lagrimas de Ja Madre ha brotado una bellísima.
idea.
&lt;Ella es una Madre sin Hijos. Necesita, por tanto un
Niño sin Madre para llevarlo a su hogar, para e;trecharlo en sus brazos, pa ra llenar su vida. Ella me ha
encargado,-continuó el Poeta suavernente,-buscarle
ese niño .... y ya lo encontré: eres tú! Mañana te llevaré a sus brazos. Y con ternura infinita besó en la frente
al Niño Inválido.

'

El P r esidente de la República llegando al cuartel de •·La Libertad"

�nos deslumbran. Hay artificio violento en la mayoría de
las e;scenas; hay vulgaridad en el conjunto; pero en
cambio debemos celebrar por lo sentido y bellamente
ideado aquel final del primer acto, por ejemplo, cuando se ve huír a dos enamorados, que buscan para su nido otros horizontes, lo cual hace que llore aquella jo·
ven aristocrática y casquivana, envidiosa de un cariño,
que nunca sintió ni tuvo la suerte de inspirar.
En toda la obra hay naturalidad, no se buscan efectos de relumbrón, y en su misma sencillez el público saborea el desarrollo de la fábula, sintit ndo el corazón
placidez encantadora. Además lo cómico y lo sentimental, alternan en debida proporción, y &lt;Veletas&gt;en resumen sería una obra modelo para los &lt;sábados blancos:)
que en cierto tiempo tuvimos en México, en el mismo
teatro precisamente donde hemos visto la obra de que
mé ocupo.
Yo creo que el señor Garbea tiene delante de sí un
ancho campo de la escena, y hasta puedo asegurar que
en las obras sucesivas, que pronto han de presentarse y
que se titulan &lt;Lo que estorba&gt; y &lt;La noria sombría&gt;
se habrán corregido deficiencias de técnica ~eatral. .
La interpretación de "Veletas" en el Mexicano ha s1·
do de las más iguales que he visto en lo que va de temporada.

"vis" cómica que hizo las delicias de! público que a_d·
mira los visibles adelantos de este artista; Y nada mas,
pues no quiero hablar de la manera media~a como recita y como representa el señor Pérez Rod1lle, que pa·
rece que interpreta el "Tenorio."
Espero que esto se corregirá. L~ obra fué perfec!a·
mente montada y dirigida a maravilla, y conste que lle·
ne mucho que dirigir.
TEATRO COLON.-&lt;EL JUGLAR DE NUESTRA
SE1'ÍORA&gt;
Una de ]as obras de Massenet en que se manifiesta
más el carácter especial de su genio, es en !ª ópera &lt;El
Juglar de Nuestra Señora&gt;, que por vez primera hemos
visto en México en la pasada semana. Estrenada en
Monte Cario el año de 1902, no llegó a París a la Opera Cómica hasta dos años después, en 1904, confirmándose el éxito obtenido en su estreno.
El libretista Mauricio Léna tomó el asunto de .una
vieja leyenda de la Edad Medí~ que refiere, que en
cierta ocasión en la célebre Abad1a de Cluny. entre un
juglar, un histrión traído allí, por haber~o encontrado
un lego del citado convento, compadeciéndose de la

.
1 .
erece en cuanto al
defectos de técmca, :ólo _e ?g,o~ 10 de religiosidad en
modo como se supo 1mpnm1r e se .
ular
las piezas culminantes. Desde el ammadodctot po~e la
del acto primero en la plaza de Cluny, : ~n e d I caconocida Abadía, incluyen.do la fías~ m~l~d~~:vi!ones
cinero del convento que viene! caVr~a o d'abord voici
de flores cantando &lt;Pour ª
ierge
. ' • ·
les fleurs qu'elle aime&gt; basta la ú_ltima ple~:r::/e~~~:
sa que el prior canta ante el cadav~r del l g &lt; • e el
reux les simples car, ils verrout D1eu&gt;, todo . um
espíritu en hondas contemplaciones y conmueve profundamente.
El se undo acto es muy bello, y rec?rdan;os la tras~
de Gaufier cuando dijo que era &lt;una smfon!~ en¡ bl~nco mayor&gt;. pues todo es blanco, la decorac1?º• os r:bitos de los frailes, el altar, etc., etc_. El dehcado P el
Judío y la pastoral, son piezas de primera. fuerza .Y
genio del compositor se eleva a las superiores regiones
de la inspiración.
Desgraciadamente el desempeño de esta_ ópera no
pasó de mediano; pues si se exceptúa al ~antono Mon·
tano ya se sabe la inferioridad de los artistas que com·
pooí~n la Compañía de ópera Francesa, que hEmos
tenido en el Colón y que por fortuna ya se fué.

1f

Teatro Arbeu.-Coro de tambores del acto seguudc.
TEATRO ARBEU.- &lt;MUJERES VIENESAS&gt;
Un éxito completo y en toda línea, ha sido el
estreno de la opereta :le Franz Lebar titulada
&lt;Mujeres Vienesas&gt;. Pertenece esta obra al género, que podríamos decir. de aquellas en que la
música es fácil, sencilla, de la "que se pega" fácilmente, y donde las piezas más culminantes derraman melodías alegres y animadas. No hay como en &lt;La Hija del Príncipe&gt; dificultades vencidas, orquestación ampulosa, carencia de motivos,
· amplitud en el desarrollo.
No, en manera alguna, esta música parece ostentar la seductora coquetería de las jóvenes que
vemos desfilar entre los tres actos en que se desarrolla un argumento, disparatado, (por eso es
opereta) pero que sin interesar distrae, que al fin
y al cabo es su objeto, y su fin.
Aquellos casados que en la noche de bodas y
al quedarse sólos ven aparecer al hombre que
tuvo amores con la novia.y al que la madre de esta, dió dinero para que se marchara a América y
se hiciera pasar por muerto en un naufragio, y
ahora surge de afinador de pianos en la misma
casa, en que la boda se ha celebrado; aquellas
tres niñas casaderas, &lt;Fioi&gt;, &lt;Tini&gt; y &lt;Lioi&gt; cuyo padre no logra casarlas, apesar de llevarlas a
los &lt;Cines,&gt; aquella persecución al afinador para
que se case con algunas de ellas, que termina en
una carrera desesperada, cayéndose todos por
una rampa de madera; dá motivo a escenas grotescas, a no dudarlo, pP.ro que hacen reír al público.
Este aplaudió con entusiasmo, las piezas culminantes de la obra, como el coro de los tambores, presentado con mucho lujo y sumo gusto;
las dos romanzas del badtono, en motivos de vals,
y la preciosa canción española de tiple, que cantó a maravilla Josefina Peral.
La interpretación fué muy buena, distinguiéodostl como acabo de manifestar la Peral, que tuvu una de sus mejores noches; Enriqueta Sala
que caracterizó bien el personaje de la pizpireta
"Juanita;" el tenor Alarcóo que canta con sumo
gusto; y Villarreal siempre gracioso.
Las segundas tiples y los coros cumplieron satisfaciendo a la concurrencia; y la opereta se
montó con un lujo inusitado, saliendo al palco escénico a recibir muchos aplausos el Director señor Gutiérrez que una vez más ha probado lo
que sabe. En resumen "Mujeres Vienesas" es
una obra muy linda, muy movida, con bastante
gracia el arreglo que se ha hecho del libro original; y merecedora de que el público llene toddS
las noches la sala del Arbeu.

Una excepción tengo que hacer en lo que se
refiere a la manera de interpretar el barítono
Parera su papel, y como yo prodigué alabanzas
a dicho artista en "La Hija del Prí.1cipe" ahora
para ser imparcial, debo decirle que no entendió
el personaje del bohemio, dándole el carácter de
broma muy acentuado, lo cual no es así, ni mucho m€nos.
Además la noche del estreno, no estuvo bien
de voz, cantando con acento fatigado, y sin la
frescura que otras veces.
TEATRO MEXICANO.-"VELETAS"
En un concurso abierto por "E! Liberal" de
Madrid hace unos tres años obtuvo el premio un
bello poema teatral titulado "La muñeca de los
viejos" cuyo autor resultó ser Don Eusebio Garbea Lemmi, militar distioguido que ostenta en
el pecho cruces ganadas en la guerra de Ma·rruecos.
Poco tiemp:&gt; después el referido escritor se
presentaba en la escena del Teatro de la Princesa. a recibir los aplausos, por su comedia "Veletas" que la Guerrero y Mendoza, habían representado con cariño, y cuya obra se ha estrenado con éxito, por la compañía Villegas·Coss,
en la última semana.
La tésis de "Veletas" constituye una constante
galantería y creo que el bello sexo no queda descontento, de las ideas del autor, para el cual como las veletas, se mueven a impulsos del ;;ire
que sopla.
Son ¿casquivanas, ligeras? los padres las educaron negligentemente; son ¿algo más que coquetas? el novio, o el marido deben cargar en su
conciencia con tales culpas; y de esta manera resulta que el ~exo fuerte es el causante de las virtudes o los vicios, del débil, y por tanto Garbea
cual otro Dumas (hijo) se nos presenta como paladín arrogante de la mujer.
Biea está la intención y nG be de ser yo quien
entre en la discusión de la tésis, ni en citar excepcio~es por desgracia numerosas, de la teoría del
distinguido comediágrafo, excepciones que al fin
y al cabo, quizá~ confirmen la regla.
Por lo dicho se comprenderá que "Veletas" es
una comedia honrada, sana, de altos fines, y hasta docente, por lo que toca a la educación que
los padres han de dar a sus hijas. Pero; ¿ es además de todo esto, una obra interesante, bella, teatral en una palabra?
.
Por tal la teng'&gt;, sin que llegue ni mucho menos a ser una de esas producciones geniales que

Eo1ique1a S.1la.

El barítono Parera.

Josefina Peral.

En una escena de la opereta "Mujeres Vienesas."

El bajo cómico Señor Villarreal, tambor mayor.

La "Anita" de la Villega, es un tipo de ~ll:jer ~omántica perfectamente comprendido por la d1s!)ngu~d.~ actriz. En el final del acto segundo tuvo _un mutis admirablemente hecho; y en toda la obra mantuvo el carácter de esposa desgraciada, efecto del abandono Y de
las malas cualidades del marido, y supo dar el ver~ad~ro matiz al sentimiento amoroso y puro, que la msp1ró &lt;Eduardo.&gt;
En la escena final de la obra que termina (y esto como defecto lo considero) de la misma manera que "El
Amor que Pasa" de los Quintero, la artista de que h~blo y la Castillo estuvieron a grao altD;ra. Esta s1~páhca joven sólo elogios merece por su mter~retac1?n d~
la "veletilla" "María Teresa"; verdad, reahsmo, rntu1cióo artística, sentimiento, coquetería felina, todo lo s~po expresar baci~ndo algunas ~scenas como el rompimiento c:&gt;n el úllimo de sus quince novios, con ta lento
profundo.
.
Mis plácemes más entusiastas. El resto de las actrices estuvieron m4y bien, y he de mencionar a la V1Ja
en la escena con Coss de la carta, por la intención que
supo dar al personaje.
De Jos actores descollaron Coss, magnífico en el tipo
cel padre despreocupado, esmaltándolo con _detalles de
mucha gracia ; Mutio, bien y correcto; Barreiro con una

penuria en que estaba y las burlas de que era objeto,
del populacho en las plazas y calles.
·
Una vez bajo las naves de la Abadía, según se refiere,
observó que todos los monjes ~acían algo que f~era un
homenaje a la Virgen; unos pintaban, otros decian poesías, otros esculpían figuras, en una palabra, las ai:te_s
t,ellas servían como de plegarias ante la Jmage~ D1v1na. El infeliz juglar nada podía hacer, nada sabia, todo
lo ignoraba, y sin embarg0, en el fondo del_ alma sentíase abrasado por el amor a 1:1 Madre_de Dios. En tales apuros, se le ocurrió practicar sus ¡u~gos de malabarista de danzarín, de bufón, y he ah, que se puso a
bailar ~jecutando sus habilidades delante del ar~ donde
se veneraba a la Virgen. ¡Estupor en lo~ ~on¡es, sorpresa profunda! .... a~uello era un sacnleg10; mas subió de punto la admiración al ver que una noche, coa ndo dormía &lt;Juan&gt;, la Imagen salió de su _ca!Darín y c_on
los brazos abiertos pareció recoger el ultnno suspiro
del infeliz, y cuando a la ~añaoa siguiente le encentraron los monjes muerto, vieron en su frente la aureola
de los santos, como premio a su se_ncillez, a la pura
buena fe con que ofreció Jo que rnb1a a la Imagen \'eoerada.
.
, • d
Massenet se inspiró bien en el a~b_1ente m1sllc_o e
la leyenda, y hay que confesar que s1 llene la partitura

LA COMPA5:ÍIA C AR°ALT
Una verdadera novedad se habrá inaugurad~- anoche
en el Teatro Colón. Me refiero a una coa:p;ima excelente, según se dice, y en español, lo cual ya es una garantía para que el público acuda, y que pondrá en escena obras policiacas, sin esto . ser obstáculo para que
represente algunas del "Gnigool" las cuales a no dudarlo than de gustar más oín,e en castellano. Como. es
sabido, de algún tiempo a esta par~e en el mundo litera rio se ha introducido una colecc1ón de obras en las
cuales ladrones elegantes y policías ingeniosos, luchan
por conseguir, los unos, el triunfo d~ sus maldades y los
otros el echar el guante a los que VIV_en fuera. de ~a ley.
A no d11darlo, el género parece que llene partidarios entusiastas y de ahí la idea de explo~ar lo~ dramas de esa
naturaleza, algunos de eJlos esenios c~n verdadero talento. Por Jo dicho me rarece que el éxito del ~spectácuJo de que hablo ba de ser grande, sobre todo s1 se ponen
las obr~s con esmero y los artistas saben encarnar los
personajes. Podría citar opiniones muy favorabl_es a la
compañía Caralt, pero no
bago J?0r desear 1:!1e_l~r que
el público juzgue por sí, sin necesidad de pre¡mc1os de
ninguna clase.
LUIS DE LARRODER.

!º

�Jean Paul Laurens.-Meditación.

E. Maxence,- El libro de paz.

Como siempre, llegando la estación del Estío se abre
-el Salón de París y constimye una nota mundial de suma importancia sobre todo el llamado "barnizado" en
cuyo día salen las bellezas femeninas de más nombre
-con sus "toilette5" ele supremo buen tono.
En el Salón que acaba dP. abrirse, a jutgar por las
;noticias que recibimos de París oo !lay nada sensac.iooal, nada sorprPndente, y que marque una huella en el
-camino del arte pictórico.

Las obras de artistas célebres no admiran por adetan·
to alguno, es el mismo tecnicismo, y son semejantes por
tanto, a las ya juzgadas,
Hemos por tanto de indicar algunos de los lienzos
que se destacan de la vulgaridad. "La muerte del tore·
ro" de Vázque?. Díaz, muestra los personajes bien agru·
pados y en un justo contraste. evitando la exageraqión
o el carácter teatral que suele darse a esta clase : de
obras de asunto análogo,
·
No merece elogios, en cambio, el cuadro titul~do
"Bañadoras" de M. Ozenanfact, cuyo colorido demasía·
do pálido, y alguna incorrección en el dibujo, hacen
que el artista no se haya esmerado g ran cosa en su
obra.
El grupo de artistas de M. Lammert es un buen cuadro aunque algo exagerado en el fondo, pero de exqui·
sita luz y de un colorido correctísim,,.
Pero el más bello cuadro de la Sala primera, d~que
nos venimos ocupando, es debido al pincel de M. Hu·
gues de Beaumont, y que se titula "Los Herederos,"
ostenta una realidad muy buena y una expresión admirable, cosas que suelen faltar aun en obras que por bue·
nas se tienen. "Los Herederos," en fin, es una obra dig·
na de un gran museo.
En la sala segunda descuellan tres retratos del maes•
tro Gervex y de los cuales supera a los otros, uno de
mujer en negro, por su fuerte contraste y la perfecta
factura del conjunto.
También merece elogios el cuadro "Le Reveil" de M.
Muennes, una obra delicada y sugestiva. La luz de nn
claro sol de Estío penetrando en una habitación a tra·
vés de unas blancas cortinas, está perfectamente expre·
sado. El fondo de la habitación, el lecho en el fondo, la

Salida de Juana de Arco para libertar a:orleans.- Boutet de Mouvel

G. Seignac.-Pierrot vencedor.

joven iinda que ayudada por su camarista se está vis·
tiendo, todo ello es poético, encantador y delicado,
Siguen, como dignos de mencionarse, los cuadros
"Retrato de Mlle. Gladys," "Stuart Richarson" por M,
Glehn y un p1isaje de estío por M. Houyoux.
En h sala tercera los cuadros de M. Guignard son
dignos de que el público y la crítica los alabe. Especialmente hay uno que se titula "Claro de luna en las
landas" verd1deramente hermoso, y junto a él atrae las
miradas un retrato de mujer de M. Morrisset agradable
por el color de l'!.S carnes, lo mismo que otro retrato
de joven seductor, y muy bien entendido el conjunto.
El nombre del pintor de la Gándau no podía pasar
desapercibido y por tal ruón la gente pregunta en seguida el sitio de su cuadro. E,te representa "Don Qui·
jote" y es un lienzo vigoroso y original, y tiene mérito
hallar originalidad al héroe de Cervantes, después de
Gustavo Doré.
Rusiñol, el genial catalán, ha. enviado algunos lienzos
todos ellos de un sentiniento justo y poético; tambiénse
admiran allí un retrato de M. Guirand de Scevola de
grandes dimensiones, aunque algo duro; M. Lucien Simón en un bello "desnudo" muestra la manera de pintar a lo Rubens; y un retrato de "Mlle. Edith B. G." de
M. Raymond-Wood se destaca con dibujo correcto del
fondo de la tela.
"El vals chaloupée" de ·wmette es un ancho "pan·
neaux" decorativo en el que la composición es a la vez
elegante e irónica. Aquellas figuras que se mueven'en

Gabriel Nicolet.-Enigma
lanza vertiginosa, aquellas mujeres abrazadas fuertemente a sus parejas, dan un efecto fuerte, pero se nota
la buena agrupación del conjunto. Los apaches se mez·

clan con marqu~sas empolvadas &lt;lel siglo XVUI, y los
abates almibarados, alternan bailando danzas modernas. Un fondo de elegancia da valor al lienzo.

El secreto del Artista.

Monteoard.-Primer encuentro de Cristo y la Magdalena.

Había una vez un artista que pintaba un cuadro.
Otros artistas tenían los colores más ricos y más raros y
pintaban unos cuadros de mayor valor; pero él poseía
un lindísimo color: un espléndido rojo, y la gente lo ad•
miraba diciendo: "¡Qué cuadro magnífico; cuánta luz! "
Los otros artistas contemplaban aquel cuadro diciendo: "¿Dónde habrá podido hallar uo color semejante?"
Se lo preguntaron. El sonrió contestando: "No os lo
puedo decir. "
Y trabajaba, trabajaba.
Y uno se fué hasta el lejano Oriente y compró algunos colores rarísimos y empezó a pintar, pero después
de algún tiempo el color cambió. Otro estudió en unos
libros dntiguos y compuso un color muy raro, pero cuando quiw ponerlo en el cuadro, cambió de tono.
Mientras tanto el artista pintaba, pintaba. El cuadro
se ponía cada día más lindo y rojo y él cada díd más
pálido ....
Un día le hallaron muerto delante de su cuadro.
Los pintores observaron entonces todos los tubitos de
los col?res y las paletas, pero no hallaron nada que ya
uo tuviesen.
Mas cuando el médico quiso reconocer al muerto, vió
a la izquierda de su pecho la huella de una herida.
Era una antigua herida que debía estar allí desde mu•
cho tiempo, pues ya estaba dura y seca Pasó el tiempo
y siempre la gente preguntábase: 1Dónde hallaría aquel
espléndido matiz rojo1

�::::~~~====::::::-..._==-:::===:::.(o)_---_:-_-j

CRONICA
Iadudablemente habréis notado, lectoras mías, qne la
primavera ha sido casi una prolongación del invierno,
pues tanto por las mañanas como por las noches se ha
dejado sentir uu viento frío y tenaz, que obliga a llevar abrigo, como si aún estuviésemos en los meses invernales. Esta circunstancia ha hecho que la pintoresca
aparición de las sombrillas se haya retardado un poco
en el presente año, pero a pes,r del referido retardo,
podemos aseg.irar que tao bonito accesorio tendrá este
año una importancia capital debido, tal vez, a la moda,
siempre en boga de los sombreros pequeños. De manera que, además de ser estos sumamente vistosos y decorativo~. tanto por sus formas como por los adornos y colores que se emplean en ellos, nos traPrán la ventaja de
usar la sombrilla como un accesorio indispensable, el cual
formará parte integrante del atavío en general.
Dediquemcs. pues, lectoras ..¡ueridas, estas líneas, pa·
ra hablar un poco del elegante y coqueto accesorio, que
tanto encanto prestará a nuestras "toilettes" de prima·
vera, y más aún a las que se lucirán en el próximo verano,
·
Desde luego notamos una innovación muy dichosa en
la forma de h.s sombrillas, pues se renunciará definitivamente a las que se llevaron el año anterior que imitaban campanas, pagodas, sombrero de púlpito, cúpula~.
etc.; las cuales u, prestaban ninguna comodidad oí uti•

de una ancha banda de ottomaoo a rayas multicolores
dispuestas verticalmente; en surah negro con la orilla de
satén rayado a dos colores contrastados; en falla escoce·
sa o en "tablero de damas" blanco y negro o blanco y
de color con puño de madera lacaJa en faota~ías diferentes, t;das adecuadas a la sombrilla 9ue completan.
Cualquiera de estas acoml?añará muy lindamente a los
trajes de 11stilo sastre seoc1llos.
.
Le reina Moda, siempre iocamable para idear nov_e·
dades con que embellecer a sus adeptos, no desdeoa
ninguna oportuoidan por ajena y estravagaote que Pa_:·
rezca, a fin de obtener el objeto que se propone. ~si,
pues, contamos entre ellas los ecos de los a contec_imieotos ba lkánicos, y en la serie de las noved_ades mas elegantes nos encontramos, en efecto. sombrillas en surah
blanco, negro, verde, rubí o azul Nattier, borcleadas cnn
un galón de estilo búlgaro; parasoles :n _tussor_ crono
con anchos entredoses impresos con d1bu¡o~. bul~ar?s,
seguidos de un talón liso, y algunos otros en t\~11, prn•
tado de estos mismos colores bárbaros y llamativos.
_
Sin embargo, esta violencia d~ tintas fulgor ,~~es, e~ta
combatida por los tonos que pudiéramos llamar futunstas," pues su reciente a_~venimie~to es una noveda~ qt)e
causa no poca admirac100, ~spe~1almente a las per.onas
q~e se habitúan a las comb~oa~1ones _usuales y que con
dificultad a&lt;.:eptan los cambios imprevistos de la moda.
Pero para aquellas que ~speran ansiosas las _novedades
últimas, tendrán oportunidad de volver lo_s o¡os de los
matices citados antes, para posarlos deleitosamente so·
bre las encantadoras suavidades que nos ofrecen las
sombrillas rosas, azules, malva, hacia las orillas ~rises
en la cúspide o cumbre, verificándose este cambio de
colores poco a poco, pasando e 1 uno sobre el_ otro y for·
mando las tonalidades más finas y más delicadas que
puedan soñarse Indudablemente este género de sombr!•
llas ha de ser en el próximo verano uno de los prefendos por las damas de buen gusto, pues el . ~fecto que se
consigue es por demás encantador y exquJSJto.
.
En el mismo estilo, pero d&lt;&gt; un efecto menos ?º.'11~0 a
pesar de su novedad, cita~é aún las sombrillas d1v1d1das
en dos o tres zonas del mismo color, en las cuales el ma•
tiz va cambiando desde el más claro hasta el más obscuro terminando eu una banda de satén blanco. Aún
cuan.do estas sombrillas son muy lindas y oovedcsas,
siempre me parecen de :nejor gusto y más feliz efecto
las que antes he citado.
.
Otro género muy nuevo y elegante también, lo fo~man las sombrillas de surah tornasolado en una tooah·
dad uo poco obscura, como por ejemplo: azul mar:oo
tornasolado de rojo o de verde, marrón tornasolado de

\

\\W·

lid1d práctica por el reducido espacio que
velaban de los uyos del sol. Todas estas
formas serán reemplazadas por una forma
racional, de medianas dim~osiones, bast.. u·
te a\rnecada para adaptarse a la altura de
los nudos, "aigrettes" y paleta_s de rlu~a
de avestruz, que se levantan siempre hacia
atrás eo nuestros sombreros actuales.
Haciendo una selección entre los numerosos modelos que se nos presentan para ~l
uso diario, damos. sin duda, la preferencia
a las sombrillas de seda glaceada hechas
en dos colores contrasta-los, por ejemplo:
llevando en la orilla una banda de seda
pekiné en negro y blanco y alto ta}ón de
satén negro, siendo toda la sombrtlla de
tafetta glaceada. azul, verde, roja, blanco o
gris. Otra~ son de tafetta lisa, bordeadas

azul, negro tornasolado de violeta, gu~rnecidas con un
pequeño volante de_ tres o cuatro ce~IJ°!e.tros de ancho,
tPoiendo la orilla picada o con un hgens-1!110 calado.
Aún hay otras variaciones en las s~mbnllas, pero creo
que con lo dicho bastará pa_ra qne mis lect_oras se baga_n
cargo de Ja gran importancia que este bomto accesono
de la "toilette" femenina tendrá en el fin de esta estación y durante la que próximamente vendrá acompañada de 5 , s mañanas ardientes y de sus tardes tempestuosas.
MARGARITA.

Mucha~ páginas se han escri•to y muchos discursos se
han pronunciado sobre les incon,enientes de la ense·
ñaoza fuera de la familia.
Preciso es reconocer que semejantfs aprensiones provienen de la oposición que, por lo general, existe, y ~e
acentúa por modo muy visible e_n_ ouest~os días, entre la
instrucción externa y la educac10n.
El ideal sería que el niño no abandonase el medio en
el cual se abren sus facultades, medio que es el verdadero terreno de cultivo en el que puede desarrollarse
su inteligencia y fortalecene su alma.
•
Hágase lo que se haga, e l niño confiado a manos fX·
trañas es un "desarraigado."
Muchos de los maestros más eminentes. de los que
mas han profundizado la grave e inagotable cuestión de
la enseñanza, se han pronunciado resueltan:ente comra
el internado,
Par·a las niñas sobre todo, parece más anormál y peligroso semejante alejamiento.
, La futura ama de casa, que debe ser la guardiana del
bogar, la crganizadora de la dicha íntima, la reina
contestada de la mansión en que nace y crece la s« c1ed;,d en germen; esta mujer de lo porvenir es apartada,
desde su tierna edad, del medio en que deberá dernrro•
!Jarse toda su vida.
En este caso, ¿qué aprendizaje habrá hecho de s~s
futuros deberes, qué experiencia podrá aportar a la d1·
rección de este pequeño reino, tarde o temprano confiado su cuidado ?
Tendrá una instrucción escogida, un bagaje científico
oficialmente acreditado por un diploma oficial.
Se habrá hecho de ella una mujer sabia, p~ro difícilmente una esposa que ame su hogar, una madre conocedora de sus deberes y atribuciones.
Y gracias que no se convierta en_ una señorita presuo·
tuosa, en una joven vanidosa y altiva, para qmeo . las
ocupaciones caseras son un rebajamiento, y aun quizás
en una de esas lindas literatas petulantes cuya solemne
dignidad en manera alguna puede descender a la cocina.
Se objetará sin duda que para !íuardar eo. casa a _l?s
hijos, y darles a domicilio el mínimum de rnstrucc100
que exige su categoría social, preciso es po_seer recursos
suficientes y medios materiales para organizar la ense·
ñanza en familia.
Respondemos a esto que muchas madres capaces de
emprender esta empresa hallan excelentes pretextos pa·
ra no encargarse de ella.
.,
.
,
Menos egoísmo y más abnegac1on, un ~e~hdo rr~s
exacto de las responsabilidades y un conoc1m1ento mas
razonable de los graves perjuicios que resultan del aba1;1·
dono momentáneo de los niños, sería excelente remed10
a esta dificultad.
Sin tratar de sentar un principio abs?luto, creem~s
permanecer en los límites de Jo verosímil y d~ lo pos!ble afirmando que muchas mujeres podrían, ~1 lo quisieran, instruir a sus hijas.
Quizás no logren el diploma oficial, cuyas tres cuartas
partts de los conocimientos que supone para nada les

!º·

servirán nunca, pero en cambio, se formarán en lo3 de·
beres prácticos de la vida y estudiarán de hecho la eco·
nomía domé3tica y la buen1, administración de una
casa.
L1, ciencia adquirida al lado de la madre será también apropiada a su inteligdncia, y el espíritu no amenazará matar el corazón, lo cual siempre es un desas·
tre.
Tendrán a toda hora a la vista el ejemplo que afirma
la lección y la hace provechosa; harán el aprendizaje
de las virtudes familiares, desarrollarán el sublime ins·
tintp de la m iternidad bebiendo los principios en las
verdaderas fuentes.
Será esto un trabajo completo; jamás se consideran
como extrañas, y nunca olvidarán la dulzura y la fuerza protectora que emana del bogar, única escuela en
que se forma la mujer completa, conocedora de sus deberes y armada para las luchas de la vida.

Cuando estemos en situación de hacerlo, enseñernos
babi lidades a nuestros hijos; embellecerán su vida, pue·
den serles útiles, y los harán agradables al mondo.
La música, el dibujo la pintura, deben serles enseña•
dos por maestros, si se puede.
Estas artes afinan al hombre, y desarrollan en su
corazón el amor a lo bello.
Pero si los niños no están dotados de sentido artístico,
en vano se intentará hacerles aprender estas cosas; val·
drá más no pasar de las primeras nociones, que proseguir en una educación artí~tica de la que no sacarían
ningún provecho, y les haría perder mucho tiempo.
Por el contrario, cuando un niño muestra dotes extraordioárias. se debe cuidar mucho de su educación.
Desde su infancia se observan sus gustos y sus tendencias, y st- los guía por el camino que la Naturaleza les
señala.
Los padres dignos de este nombre no reparan en sacrificios para realizar el aestino de sus hijos.
Hay además otras artes que pueden completar su educación.
Los niños necesitan lecciones de paseo y baile.
.l!.stos ejercicios son excelentes para la salud y dan a
los cuerpos jóvenes agilidad y gracia en los movimien·
tos
La equitación es también conveniente, pero no está
al alcance de todas las familias, sobre todo para las hijas.
L1. esgiima es también ejercicio recomendable para
los jóvenes,
Pero estos estudios complementarios no deben apartar de los estudios serios cte nuestra é poca, ávida de saber.
No bay que consagrarles más que una tercera parte
del tiempo,
No encuentro ventaja en que una madre deje vagar
sobre el piano durante todo el día los dedos de su hija,
a oo ser que pretenda ser profesora o artista.
E~to desarroll~ demasiado la sensibilidad nerviosa.
E~ bueno variar las ocupaciones de una joven; que borde, pero que sepa preparar un plato.
Al volver de la lección de baile o de una visita, debe
ayudar a su madre en el arreglo de la casa.
En una palabra, recibirá las lecciones necesarias para llegar a ser Pn su día noa buena dueña de casa.
· En general, una mañre debe asistir a las lecciones d e
sus hijos, y hacerlos trabajar en ausencia de los profesores.
Esto se impone cuando son hombres los profesores de
las niñas, sin hacerse reemplazar por una doncella,
cuando no esté completamente segura de su carácter y
su rectitud.

Algunas mujeres sorprenden hasta a sus amigas ínti·
mas. por el modo elegante con que van vestidas con poco ,;asto.
Es que tienen en supremo. grado el gusto y el inge·
nio.
O, aseguro que no hay necesidad de gastar mucho
dinero para ir bien vestida. B isla &lt;saber arreglarse.&gt;
Una de las primeras cosas que se deberá hacer, es
establecer su presupuesto. He hablado aquí ya muchas
veces del presupuesto de la mujer, y cómo debe arreglarse para no pasarlo.
Séame permitido hablar todavía un poco, aunque só·
lo fuera pára refrEscaros la memoria, sobre ciertos puntos.
La cosa más oeligro,a. es dejarse arrastrar a pa~arlo,
so pretexto de hacer economías el año siguiente. Nunca, entendedlo bien, se tapa el agujero hecho en el presupuesto.
Es necesario, pues, ser razonable y restringirse a no
gastar sino lo que se ha previsto. Saber equilibrar los
gastos es un arte que se aprende como todo; los demás.
Por ejernpl.J, uo afio se comprará una hermosa piel,
el siguiente r"novará la ropa blanca; otro año las joyas
se remontarán al gusto del día, etc., etc.
Por último, se deberá arreglarse para no hacer estos
grandes gastos al mismo tiempo.
Al principio de la estación se deberá hacer una revisión del guardarropa y contentarse durante las primeras semanas con trajes del año anterior, algo renova·
dos.
Siempre es prudente no encargar nada al principio
de las estaciones, porque generalmente. tal moda que
parece ser admitida, resulta al contrario rechazada y se
lamenta entonces amargamente haberse apresurado demasiado.
Si una moda es muy original, es preferible dejar a las
demás, lanzarla y esperar que sea adoptada. La mujer
elegante no obra de otro modo, y estoy con,encida de
que todas mis lectoras opican lo mismo.
Así, pues, primera fase de la estación, arreglos y composturas de las &lt;toilettes&gt; del año anterior. Despué,
lanzarse a encargar algunos nuevos trajes. En eso también es preciso obrar con precaución y no dejarse
arrastrar. Se sobreentiende que digo todo esto para las
mujeres, cuyo presupuesto restringido las ob liga a ser
muy razonables.
No escoger nunca telas demasiado visto,as y formas
demasiado excéntricas, que no son permitidas sino a las
que pueden satisfacer la fantasía de tener muchos trajes
y no ponerlos nunca mucho tiempo. ¿Os figuráis toda

una estación con el mismo traje rojo vivo o verde esme•
ralda ?
Mient ras que si habéis tenido el b uen gusto de escoger colores neutros, negro y blanco, o todo blanco, po·
dréis salir impunemente toda la estación con el mismo
traje sin llamar la atención.
Este año los trajes negros dominan. Es, pue•, muy fá·
cil encargarlos; pero esta clase de &lt;toilette&gt; exige más
que los demás una perfección de forma y de materiales. Nada es tan feo como un traje negro hecho a poco
precio. Si es de terciopelo, el terciopelo deberá ser de
primera calidad, muy flexible y de un hermoso negro.
Lo mismo para los trajes &lt;pailletées&gt; o de tul o de muselina de seda.
Por Jo demás, €S un cálculo b 1stante bueno no esca·
timar dinero para un traje negro. E~ una &lt;mueble&gt; que
se lleva mucho tiempo y en todas circunstancias. Conviene siempre tener un traje negro en el guardarropa.
El gran recurso para las mujeres que no pueden emplear mucho dinero eo su &lt;toilette&gt; está en el traje
&lt;tailleur &gt;
Con dos por estación, el uno para la mañana y el
otro para vestirse de dí l , se puede hacer muy buena fi.
gura. Pero estas &lt;toilettes&gt; deben sdlir de una buena
modista con un corte irreprochable y telas flexibles y
de pura lana. Se ven tantos, que las tiendas baratas Jan·
zan al mundo, que es preciso justamente distinguirse
de ellos por estas dos cualidades: el corte y la tela.
L1, &lt;toilette&gt; más fácil dP. suprimir, o al menos que se
debe tener en muy p.:ica cantidad, es la &lt;toilette de la
tarde de vestir.&gt; Basta una por estación. El traje &lt;tailleur&gt; con una linda camiseta es muy suficiente para las
&lt;matinées&gt; y las visitas.

~

Seré menos razonable para hs sombre•
~os: Deben ser sie_mpre mu~ recientes y al
ultimo g usto del dta. Un tra¡e a lgo ajado se
realza con un lindo sombrero. Por eso
comp_rendo muy ? ien que se anticipen las
estaciones. Por e¡emplo, que se exhiba la
paja antes de fin de invierno, y 1:J terciopelo y el raso al principio del otoño.
Respecto a la cuestión de los abrigos
es tan importante, que la divido en aos:
los tapados de día y &lt;le noche.
·
Un tapad? elegante, bien a la moda, puede economizar una o dos &lt;toilettes&gt; de
vestir de día, en invierno sobre todo.
Los grandes abrigos de terciopelo negr0
liso, forrados de raso de cc,br, se lle,·a
0
mucho.

Tocas y SfJml reros Jara la e!lacióo .
Tocas Y sombreros para la estación

�.,

EL MUNDO ILUSTRADO

Divagaciones

che los humoristas entonaban una marcha abandono más dulce, al conservar de su úlfúnebre con aire de polca.
timo paso por la vida una carici.i de buen
,
.
Y así llegó la comitiva al término del amigo.
Pans ha dado una lec-c1ón a !º?ºs lo~ viaje; así rindió su tíltimo servicio el último Hay que ser espirituales.
De noche. Por los abiertos balcones pueblos avanzados que temen el, nd1culos1 ómnibus de París.
de una Sd!a emergen a la calle los acordes tamdan laós cosashdedl pasado: Pdan~dha mols- Acaso esto parecerá ridículo a todos Y@ jp&gt;llU~®llil 'ilf®ll" Il©)~ «tlli~©:~
•
U
h' •u
.h .
ra o e mo se a e ser agra ec1 o con as
d
. t
d
e un piano. na e 1qm a, casi a rap1en·
h
t d 0 , fl
. a que IIos e entre nosotros que no se in eHace meses había ingresado en el HosI
ta dice: &lt;Oiga, la marcha de &lt;Aida!&gt; Pi- C?sas que nos ao pres ª
u es servi• resan, no ya por las cosas viejas de la calle, pita! llamado Ovven Harris en Filadelfia,
cado
le pregunto: ¿ Cómo ciops.ans
, se ha d esped'd
d
. •
ó . de nuestra
bde 1la Tcuriosidad, d'
I o e su u 111mo mm• .
. . historia,
.
d de nuestra
d naturaleza,
t h un ,.__1·ego por efecto de un accidente que
1
osa es &lt; orna-me ice-en casa tene- b s El I g p 's 1 e t d b n hu- sino 01 s1qu1era e 1as cosas e nues ro o- le abrasó
los dos ojos.
mos el d_isco&gt;.
.
m:¡, no ah:
quªe 1u:s: :rri~~onado ~a~ de nuestra familia, de nuestra intimi- Los facultativos se decidieron a curarle
Y es cierto, el fonógrafo ha populanza- el coche ni vendido sus caballos sin hacer a ·
injertando en sus órbitas bisuales tejidos
do sobremanera la mtísica. La re5puesta ostensible mue~tra de su cariño~ las cosas París es una urbe completa. Ama lonue• vivos de otros órganos sanos.
de la chiquill'l no debió de asombrarme, que dejan de ser por los servicios que han vo y lo viejo, el presente y el pasado, sin
Hdce pocos días ingresó en el Hospital
por el contrario, debió de haberme sugeri· rendido.
'
tener miedo a que se le tilde de retrógado. un individuo con un ojo saltado y que de·
do la contestación que me iba a dar. Hoy El último ómnibus orlado con coronas Por otra parte, allá saben dar a los act&lt;'s bía extirpársele.
De este ojo se tomó la cantidad de teji
1por hoy, a pesar de que se . ha hecho un de laurel, y ocupado' completamente por la debida proporción.
~strumento de tortura d~b1do a las_ can- una mul1itud de gente bullaDguera, atraveParís se ha 5entido con humor para dar dos nece5arios y se les injertó en las pupi
c!ones popularfs, que OJ son. ~anc1ooes só la plaza de Sao Sulpicio, ostentando en un adiós, que no e5 uoa lágrima, 5ino un las muertas de Ovven Harris, cubriéndo
ni populares, ( lds cuales martirizan por la plataforma, entre guirnaldas, la cabeza abrazo de amigo, de amigo ligero que deja las con un vendaje apropiado.
horas ~nteras los tímpanos más _rebelde_s), del noble brnto, -con uoa frase : ¡Mercí!
una afeccióD por otra, con lasoo risa en los Después de nueve días de permanencia
el fooog~afo ha hecho el gran bien: ~l 10- Detrás del ómnibus, atronando el espa- labios:-Me has servido bien; toma un po- en una habitacióü obscur;,, se le quitó la
mens? bien, de despertar un sent1m1ento cio con sus bocinas, ibáo centenares de co de alegría.-Luego reposará en el c!e- venda a Harris y éste vió perfectamente
artístico en el alma popular.
automóviles, mientras en el interior del co- pósito de las r,o~as iosnvibles. con un por efojo injertado.
D1sie lo, antiguos cilindros de cera cu·
yo manejo era complicadísimo y que al
menor choque saltaban en pedazos, a los
discos de doble cara, hao pasado por la
máquina que inveDtara Edison y que perfeccionara la industria yanqui, todas las
piezas habidas y por haber, de cierto mérito artístico.
Cuantos grandes cantantes hao desfilado
por los escenarios más sancionadores de
celebridades, confído a la bocina el tesoro
de su voz, para deleitar lo mismo a los gomosos de los salones de Viena o de París,
que a los salvajes de la Papuasia
Cierto es' que la inexperiencia de algu
nos dueños de discos y máquiDas parlantes
CODVierten la argentina voz de Booci, en
un chirrido desagradable Todo es cuestión del tornillo, pero sea como sea, el ero·
nista, el observador, hasta el psicólogo y
con mayor razón el sociólogo estudian de·
teoidamente el fenómeno de evolución y
le consignan en sus infolios como un ade·
lanto del saber artístico y del sentimiento
musical.
Algún escéptico me decía : «El fonógrafo acabará por matar las representaciones
de ópera, del mismo modo que el cinema·
tógrafo acabará con el teatro&gt;. Mentira
grande, en mi concepto. El peligro está lejano todavía, suponit:ndo que exista tal peligro. ·
Yo creo que no puede aplicarse en el
caso actual el dicho del viejo Hugo; no
no estamos autorizados para afirmar &lt;que
~sto matará aquello&gt;. Eo una é poca, cuan·
do aparecieron los daguerreotipos se dijo
que la fotografía daría el golpe rle muerte
a la pintura
Y esto no ha sucedido. Son muy distintas, como dijera algún eximio cronista español, las tendencias de la escena de aquellas del cinematógrafo; a éste le falta la
palabra, la voz, la divina comunicación
del sentimiento del alma por medio de la
fonación.
Y la rapidez de la cinta del cinematógra·
fo no puede, no podrá nunca sustituir la
conexión que existe entre los diferentes
actos de una comedia y un drama. En las
tablas vemos pasioDes de bulto, si cabe la
frase, vemos gente de carne y hueso, y las
situaciones de las obras vald rán siempre
más cuando son hechas de una manera
plástica que reveladas al público por una
pantalla blanca.
Igual pasa con el fonógrafo, la voz de
un cantante encerrada en la antipática bocina del aparato, aún cuan-io este sea tan
perfeccionado que percibamos hasta la
Lo que distingue de un modo especial al
respiracióD del cantante y los menores de·
talles de su escuela de canto, no podrá
Odol de todos los demás preparados para
nunca competir con la plasticidad, con el
limpiar la boca, es su notable propiedad de
movimiento del artista en un tablado, cou
recubrir toda la cavidad bucal con una li el estudio del fuego de 5U fisonomía, con
gerísima y microscópica capa, pero sin emel cuadro que le rodea.
bargo de g ran poder antiséptico, que aíin
Nunca la bocina suplantará el decorado
los trajes, y más que nada la impresión de
durante algunas horas después de haberse
ver al artista, de saber que es &lt;él&gt; quien
lavado
la boca, c~rva su efecto. Este
caDta, En otras palabras, la fonación fisioduradero efecto, que ningún otro preparado
lógica privará siempre sobre la fonación
mecáDica.
posee, es lo que asegura a quien usa diaY he aquí cerno del espectáculo Ele un
diariame nte el Odol, de que su boca está
balcón abierto y de la &lt;repartie&gt; de UDa
protegida contra el efecto de las enries y
chicuela de la calle, he tenido el gusto de
materias de fermentación que destruyen la
cenversar con mis lectores Bien se vé,
dentadura.
que las pequeñas causas ..... .

:~erfJ~

Consultas
A UNA AMIGA.
AzuCENA: Recibí su amable cartita, muchas gracias.
Espero que obtendtá buenos resultados con esa crema,
pero, si no es así, tendré el gusto de recomendarle alguna otra que pueda complacer sus deseos.
.
· Cuando no se nota ningún éxi~o c.º°: las preparac1~nes
para mejorar la tez, no se debe ins1~hr en el !ratam1ento sino que inmediatamente es preciso cambiarlo, pues
1a' piel del rostro es muy d~!icad~, y mu~h~s veces_ ,se
maltrata de un modo defimhvo, s1 se ~onhnua someh~ndola a la influencia de una substancia que le es per¡u-

RESOLUCION DEFINITIVA.
~M MA: En su misma carta encontrará la solución del
difícil problema que tanto le preocupa. Le re_~_ordaré
algunas de sus frases. Dice as(: &lt;Al ve~ a las hi¡1ta~ d_e
mi novio, sufrí mucho; allí mismo veril ~margas l_agnmas, y quizá mi profundo dolor llevó a m1 enebro ideas

Pues bien, querida señorita; ¿cómo ha de ser posi?le
unirse en matrimonio con un hombre que h:KJ•contra1do
esa clase de vínculos, los cuales serían, constanteme?te.
un motivo de disgustos y de poco afecto entre dos seres
que, sin esa causa, podrían vivir_~elices ! tranqui_los. :.. ;
El no debe abandonar a sus h1¡os; sena un delito que
lo hiciese, y usted nunca tendrí&lt;?- paz ni aleg~~a. mirándolo atado con lazos indestructibles a esos nmos, cuya
existencia constituirá siempre para usted un recuerdo
en extremo doloroso, ¿no es cierto?
Así, pues, si se atiene a mi consejo! resuélvase .a_se·
pultár ese amor, como sepultó al primero que aguo su
corazón, y así como de aquella tu~ba brota la rosa en·
ceodida de UD Duevo afecto, también de asta otra nacerá una maravillo5a floración que será en lo sucesivo
la ventura de su alma, lo cual sinceramente deseo para
la simpática &lt;Emma,&gt; a quien mucho agradezco las be névolas frases con que me juzga.

dicial.
, d o1e tod o b'1en.
Le envio recuerdos afectuosos, desean
RESPUESTA TARDIA.
INDICACION.
JuuA: En esta página verá usted, mi estimada seño•
rita, la respuesta que doy a una de mis amigas descooocid«s, indicándole a dónde puede dirigir su solicitud
para ingresar como socia a la &lt;Cruz Blanca.&gt;
Le ruego que dispense mi tardanza involuntaria para
contestar a su pregunta.

JOSEFINA: Le ruego me dispense que. conteste_ su c_a_rta en esta página, pero se me ha extraviado la_ d1recc1on
que se sirvió enviarme, y de ningún modo quiero retardar mi respuesta
.
Si desea ingresar a la benéfica Asoci3:c1ón de la Cruz
Roja, puede tomar los ioformes_ ne_cesar!os al caso, en ~l
centro principal de dicha As~c1ac1ón, situado e? la primera calle del Alamo, Colonia de Santa Mana de la
Ribera.
, .
t d J Cruz
En cuanto a la oficina mas importan e e a
Blanca, se encuentra en la primera calle de la Perpetua y debe usted hablar con el Dr. Franco, que es
qui~n se ha hech~ cargo, como director de esta loable
institución de e-andad.
¡Ojalá que pronto consiga usted realizar sus nobles
· deseos a este respecto!

UN RETRATO.

UNA DUDA CALIGRAFICA.
lBANUEL URzA: Suplico a usted, estima~º. señor, que
tenga usted la bondad de volver a escn~irme, con el
objeto de aclarar su nombre, pues desgraciadamente no
Jo entiendo, y por esto no puedo tene_r ~1 gusto de contestar su carta y de complacer la petición que en ella
me hace.
d d' d
Tal vez no creerá que estas !!neas son e 1ca as a
usted, pues, como ya le digo, no ente~dí su nombre y h~
puesto el que me pareció más aproximado a la verdad,
pero, en este caso, esa certidumbre puede !!amarse &lt;La
verdad sospechosa,&gt; como la célebre comedia de un autor clásico,

que me hicieron retractarme de mi palabra dada; me
hicieron tomar una &lt;r,isolución definitiva:&gt; separarnos,
porque comprendí que con sólo ver a sus hijitos, mi ca•
riño para él se trocaba en repulsión .... en ira, en no
sé qué ... . &gt;

ARMANDO: Mucho me ha sorprendido su extraño relato, pues aunque ya me imaginaba que era mted UD
cab~llero y no una señorita, como parecía serlo por el
nombre femenino con que firmaba sus cartas; hoy, al
contemplar la severa figura de UD señor, vestido contra·
je de equitación, revelando en su fisonomía la gravedad
ceremoDiosa del carácter británico, no puer'fo menos de
sorprenderme, y quizá de sonreír ligeramente, al iden·
tificarlo con aquella misteriosa &lt;Tabostr,&gt; cuyas cartas
tenían un sello de virilidad muy diferente de otras misivas, graciosamente femeninas, que recibo algunas ve•
ces de cierta querida amiga a quien mucho estimo.
Gracias por sus explicaciones, y le aseguro que ni &lt;Ta·
hoser&gt; ni yo nos hemos ofendido por su inocente misti·
ficacióo.
MARGARITA.
,.._.,. "-n e..,,.._. ~v

SITUACION PELIGROSA.
AmA: Mucho me ha preocupado ~u carta, y c?moúnica contestación a ella, puedo decirle lo s1gu1ente: su
amiga merece tan digno y elevado nombre, po_rque los
coDsejos que le prodiga son los más rectos, ¡u1c1osos y
conveDientes, que pueden darse en un caso _como en el
de usted. Sígalos siD vacilar; se_ráD su salvación, yo se lo
aseguro; hay momentos en la vida: de los cuales depende casi definitivamente nuestra dicha o nuestra de~gr:cia; su amiga es para usted un angel bueno; no desdene
sus indicaciones y después, cuando la_ tempestad haya
asado. le conservará una eterna gratitud.
.
p Lo mismo que ella le acoc..seja, exacta~eote !º mismo
le acoDsejo yo, y le aseguro que &lt;Margarita&gt; tiene mucha experiencia en asuntos como el suyo; así, _pues, UDO
mis súplicas a las de su estia;able y buena amiga.
MODELO.
AMALIA: Doy a usted el modelo que desea de traje
para visita; está hecho en crespón de seda, color de

amaraDto, adornado con bordados de seda, tono sobre
tono. La camisola y los vuelos de las mangas s~n de encaje. El sombrero eR de tagal negro, guarnecido con
&lt;rosas reinas&gt; y una fantasía de plumas negras.

Original y elegante arreglo de jardín que tiene como elementos principales de decoración
un tanque con plantas acuáticas, un surtidor y una pérgola.

JOSÉ P . MICOLÓ.

�'
EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

,.

Quinta de Salud
''R. Lavista''

Sobre el Trono ensangrentado de la Grecia

'

Tlálpam, D. F.-•Teléfono 16.
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Director Médico,

EDUARDO LICEAGA.
Médico encargado del departamento de enfermeda,
des nerviosas,

Dr. A. Ruiz Erdozáin
Administrador,

J. Lavista.
El Rey Jorge I y su hijo el actual Monarca de Grecia, a su entrada en
Salóoica.

CREME DE LUXE

La muerte a levosa del Rey ~e Grecia
ba sido una de las notas sensac1ooales de
esa guerra de los Búlgaros contra los tnr·
cos que de un tiempo a esta parte está impresionando al mundo entero.
Cuando Salónica es representada por los
grie_gos después de cuat!o siglos de domi~~::~
nación o_tomaoa, es _asesinado_ el Rey J~rge
0
caciones de Creme de Luxe. de ~recia como s1 la fatalidad qu1s1era
Empiece usted a usar esta protestar contra la conquista efectuada.
crema hoy mismo y jamás
F
d·
d
d
le pesará haber leído este
El coronel raocon 1s,ayu ante e camanuncio.
po del Soberano. y varios oficiales JlevaDepósitos: Johansen. La- roo el ~uerpo ~osangreot~do del Monarca
badie y Droguería del Ele- al _hosp1ral m1htal, teod1énd5&gt;le sobre ti
fante, México.
pnmer lecho que se encontro.
Avisado el príncipe Nicolás, tercer hijo
del Rey, y gobernador de Salónica se pre·
sentó enseguida a la orilla de la cama
adonde estaba el moribundo, en tanto que
se examinaban las heridas.
Uno de los proyectiles, penetró por el
oualldadH ant1a,ptloa1,
homóplato atravesando el corazón, y sa·
••t•Hlva■ yoioatrtante■ que
liendo por la garganta, derramándose la
llaa mereoido al
sangre a borbotones por la boca, man·
chando la placa de diamantes que llevaba
Jorge l., el cual bien pronto exhaló el ¡:os·
trer al iento.
Entonces, en medio de sepu lcral silen·
n adml116n en 101 Bo■plta~w
4• Parta, e11pllcan la bo1a d1 c io, alzóse la voz vacilante del Príocipe
Nicolás que dijo: Tengo la profunda peua
•n produoto para todo■ 101 u■ot de
la muerte de mi venerado pa·
del tocador : Cuidado• da 1~ dre,anunciar
el Mooarca de los Griegos. ¡Jurad fiB0&lt;.a i qua purifica, da lot delidad
al nuevo Rey Constantino I ! Un
Cabello• cura ca1da detiene
grito uná nime contestó a las palabras di·
LoolODH de 1.. Crlu,
chas, y la frase ¡Viva el Rey! escuchó•e
liado■ IDUuto■• etn.
en medio de aquella escena tao lúgubre.
0.1001&amp;/f41r11 ü 111, f•III/IOM,.._
Horas después al entrar en Jaoina el
RN LAa rA .. MAOIA••
ejército vencedor e l Príncipe heredero re.A...ai..1G1u1■nh ■Jm 1 ■alar■equ,
cibe la fatal nueva; y en medio de la intensa pena que alberga su alma, se escu
Apartado 806. Mbloo.
chao los tambores y las corneta, de los re·
gimientos, imponiendo silencio para lee r

CONSERVA LA BELLEZA Y JUVENTUD 0EL
CUTIS.
Evita y cura los barros
!as pecas. las erupciones. Y
las manchasen la piel. Desvanece las arrugas. El cutis áspero, marchito, pálido y quemado del sol. ad-

1i:v:~~dro'i;:~~~;7'.'.

una n1;1eva orden. del día, en la que se
anun~1a que ha sido ~levad~ al trono de
Grecia, el general en Jefe, D1ádoque Coos·
tan_tino, Duque de ~spa ria, Jo cual en síatesis se puede decir que un soldado ha
sucedido a un diplomático.
Más por necesidad, como por gusto, el
difunto Jorge I fué un verdadero diplomático. Diez y siete años tenía cuando Ja di-

fícil situación europea de 1863 cogió a este infeliz Rey, hijo segundo del Rey Cristian IX de Dinamarca llamado a recoger
la herencia del Monarca Oton de Baviera.
Entonces todas las miradas convergían en
el pueblo heleno, mirando con inquietud
las ambiciones de los griegos. En el interior
del país había que . vencer aquella oposición al extrangero que venía a ocupar un
trono que nunca estuvo en manos de un
descendiente de una raza del norte, que
ostentaba el bigote rubio y los ojos azules,
tao contrarios al tipo de los antiguos due•
ños de los destinos de la Grecia.
A fuerza de tacto, de talento, de seoci·
Hez, de buen criterio, el Rey Jorge I durante cincuenta años de reinado, logra el
~mor de sus súbditos. Y aún mtts, él consiguió que ciertas dificultades encontradas
en su camino de Monarca, no surgieran
ea manera a lguna, en la senda que recorriera por necesidad su sucesor, consiguiendo que tanto éste como sus otros hijos nacidos de su matrimonio con la Princesa Oiga, fueron verdaderos ciudadanos
griegos, en toda la extensión de la palabra.
Para ello, la educación d" los príncipes se
dió conforme las costumbres y usos ,· e
aquel país, siendo cbjeto de singular pre·
dilección el idioma heleno y la historia
de esta Nación, hasta tal punto que en el
seno del bogar no se hablaba ni el inglés
ni ninguno de los otros idiomas que dominaba e l Monarca, mandando que toda la
etiqueta palaciega fuera conforme a las
tradiciones griegas, es decir, lo más sencillas posibles.
Esta fami liaridad del pueblo con su Rey
constituyó en Jorge I una especie de nueva
naturaleza, que nunca pudo abandonar.
Todos recuerdan en sus contínuos viajes a
París, capital que amaba en extremo aque·
lla sencillez que Je caracterizaba; t.1maba
los boletos en los teatros con la mayor na·
turalidad, asistiendo sobre tcdo a la Comedia Francesa muy amenudo, como un simple particular.
,
H_e aqu1 u_na ané_cdo_ta conta_da_ por M.
¡
d
J
Xav,er Pao 1. co~1sano e po 1c1a encargado _de la cus(od1a del Soberano. _he leno:
cierta ocasión regresa~a
A,x a Pa_
ns, llegó el treo a la estación}, Y unos mo

E:º.

Los gusanos de scda salvajcs
En el Uganda, en-el Africa oriental alemana, ha comenzado la explotación de los
gusanos de seda salvajes. L as orugas que
producP.o l,1 seda están muy extendidas así
como en el Congo.
Siete u ocho semanas después de nacer,
se reunen las orug;,s para construir sus sed.,ñosnidos, cuyo color varía desde el amari·
Jlo al rojo y cuyo tamaño oscila desde el de
uo huevo de gallina al de una cabeza de
niño. Cada nido encierra de diez a cien
capullos.
Una vez salida la mariposa, se trata se·
paradamente la seda de los nidos y la de
los capullos.
De cada seis kilos de seda bruta se saca
uno de hilo de seda.

El reloj más grande del inundo

Las princesas Reales de Grecia, prodigando sus socorros a on herido
en los combates de )aguerra búlgara.
meotos en que estuvo sólo el régio viajero, que domina la plaza de la Constitución en
en tanto que sus servidor es cogían libros y el centro de los barrios e legantes' de Ateperi6dicos del vagón en que había hecho nas. Es un enorme edificio de forma cúbiel viaje, vió que una mujer no podía abrir ca, con innumerables vent:1nas, construído
la portezuela para salir al andén.
en tiempos de la dinastía bavaresa, por un
Jorge I. acude con prontitud, abre la arquitecto alemán.
portezuela y recibe en sus brazos a la viaEs un delicioso rt-tiro donde magníficos
jera ayundándola_ a descender con caba- jardines lo hac~n enca~tador, y la vista re·
lleresca galantena.
.
corre un mag~~fico honzoote, desta~fodo·
Cuaod? regresaba. a_ Atenas, ste,!l1pre se la A_cró~ohs, e! Partenon y el Htmetto.
mandaba 9ue se supnm1esen los c~nona· D_e ord1nano el difunto ~ey empezaba su
zos anuoc1ando su vuelta; y pare:1~os a d1a paseando muy de manana en coche por
e~tos pormenores otros m~chos podnamos los alr~dedores de Atenas.
. .
citar en abono de_ la seoc!llez de costum;. Vol~ta cerc_a _de las n~e~e a pres1d1r el
bres que caracterizó al d1fusto monarca. conse¡o de m101slros, as1st1enclo a l relevo
Du~ante e l i~vierno, la Corte habita el de la guardia rl~_Palacio; des_p!lés el desaPalac10 Real, situado sobre una terraza yuno, en compa01a de su fam1ha, y parte

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1co au 1enc1a.
_:-:
Nada de bailes ni de
.
fi eSt as, 1_as mfi ás. precidsas
ceremonias o. c:1a1es,
y
f - U·
ran t e e I E s t10 1a ami 1ta
real lo pasaba en una fin·
ca del Pireo.
La educación chda al
heredero fué netamente
militar bajo la dirección
del capitán Sapouodzakis,
que ha sido uno de los
héroes de la reciente cam•
paña. A los r7 años era
COGNAC
el príncipe uno de los
más brillantessubteoientes
de la cabalJería helénica;
y además domit"taba la mayor parte d-, los &lt;sports&gt;
consiguiendo gran robuste,:.
Estuvo en la Academia Ninguno tan delicioso como éste.
militar de Berlín, teniendo aJlí como condiscípulo
a Essad-Pacba, que fué
ahora su adversario en el
sitio de Jauioa.
La figura del actual
Rey de G recia &lt;.s imponente, viéndose al hombre
fuerte y de buena inteligencia. La campaña de
Tesalia fué una de lasque
le dieron nombre, y la de
ahora está en la mente
de todos.
El engrandecimiento na·
cional de Grecia ha de
tener &lt;1 no dudarlo en el
nuevo Rey, su gran autor.

.tu

l

Lo poseerá muy pronto Nueva York co·
Jocado en el edificio más alto de que se
tiene noticia y que una sociedad de segu·
ros sobre. la vida está construyendo ea
i\1adison-Square.
En dos importantes descubrimientos bao
El_ reloj ~~oyorquino tendrá 8 metros Y
contribuido Jas ranas, en el galvanismo y ~edto de d1ametro; cada una de sus aguen los rayos X En el primero no bay para J~S 4 metros de largo, y cada uaa de las
qué decirlo, pues por vulgar se calla. Con cifras roma,as que marcan las horas, un
respecto al segundo, diremos que el pro· metro 40 ct-~tímetros de altura, de mane_ra
fesor Roeotgen descobrió los famosos r&lt;1yos que ~e podra leer la hora a una gran d 1s·
por casualidad. Un día cogió un tubo de taoc1a.
.
Crookes que, como es sabido, consiste en
Este_ re!oJ ocupa~á el z5, 26 y 27 pisos
una ampolla de la, que se ha extraído el del ed1fic10, es d~c1r , que el centro del
aire y que al pasar por ella una corriente cuadrante estara colocado a I I l metros
eléctrica produce el peculiar resplandor del suelo.
llamado fluorescencia, se bailaba suspE&gt;n· - - - - - - - - - - - - - - - - dido sobre una mesa y debajo, en uno de
los cajones, había una caj, de cartón con
CAMARAS
una docena de placas fotográficas nuevas.
Encima del c«jón, sobre el lugar ocupa·
do por las placas, había unas llaves. Más
adelante, cuando se usaron las placas y se
revelaron, resultaron veladas, pero en to·
das aparecía la im&lt;1gen del manojo de lla·
ves.
.
Esto hizo suponer que el tubo de Croo·
d
d' ·
d'
t
kes espe 1a ciertos rayos que po tan a ra·
vesar el tablero de la mesa, pero no el
metal de las )laves. Evidentemente se ha
b'1a d escu b'1er to un nuevo ¡1e cho . fís1·co e
.
t t
tmpor an e.

Las ranas descubridoras

HIIIENE•1TOCIDO

siempre es eficaz. Millares de personas curadas por ella testifican
sus maravillosos re,ultados, y por eso es que se ha hecho la pre•
ferida del póblico. Basta usarla una vez para tenerla siempre en
prevención. Produce efectos segurfsimos en

El actual Rey de Grecia haciendo
cálculos en los campos de
Janioa.

li'.l actual Rey de Grecia aclamado por el pueblo.

La Reina de Grecia y J¡¡s PriQce5as.-El Rey Jorge.

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de Sáiz de Carlos
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DIGESTION, ABRIR EL APETITO Y AYUDAR LAS DIGESTIONES, TONIFICAR EL APARATO DIGESTIVO y la•
economfa en general, pues el enfermo COME MAS, DIG IE
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CURA las ACEDIAS, AGUAS DE BOCA, EL DOLOR Y
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Los nlllos padecen coa frecuencia DIARREAS mAs ó menos graves que se CURAN, Incluso en la época del destete
y dentición, hasta el punto de restituir A la vida enfermos
Irremisiblemente perdidos.
Con frecuencia muchos enfermos del aparato digestivo,
aunque no todos, presentan el siguiente cuadro de sin·
tomas ó parte de él: al levantarse, lengua sucia, mal olor de
aliento, aguas de boca, estado bilioso, lnapetencl,, abatimiento y tristeza después de las comidas, eructos agrios,
gases, pirosis, vahidos, pesadez de cabeza, ruido de oldos,
sofocación, opresión , palpitaciones al corazón, dolores al
estómago, vientre y espaldas, vómitos, extreftlmlento, alternando A veces con diarrea, el enfermo se altera con facilidad, estA febril A veces, se Irrita por la menor causa, evita
el trato social, teniendo por la noche ensueftos, suel!o
agitado y respiración dificil.
Nuestro ELIXIR ESTOMACAL cura el 98 por 100 de los
enfermos que lo toman y por sus propios méritos es cono-

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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