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MIÉRCOLES

BISMUTO

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JUEVES 19,

~-&gt;&gt;'!«-~

Grand Prix Exposición Internacional de Higiene,
Dresden 1911.

18.

Santos Marcos, Marceliano, Ciriaco y
Paula Virgen Mártires.

CREIIIE SIIIION

Á LA

17.

Santos Manuel, Sabe!, IsmaPI e lsauro
Diácono Mártires.-Hoy y mañana rito
simple.

ARROZ SIIIION
SIN

Santa Juliana de Falconeris Virgen y Oon placer y S(l.tisfacción declaro, que
Santos Gervasio y Protasio Mártires.
la PERUNA me salvó la vida. Después
de haber padecido de los bronquios y de
VIERNES 20.
resfríos que ningún r emedio podía
aliviar,me dispuse áprobar laPERUN A
San Silverio y el B. Francisco Pacheco y siento no haberme r esuelto antes. Con
Mártires.-Rito simple.
cinco frascos de Peruna r ecuperé la
salud de que hoy gozo. Leonarda
SÁBADO H.
Barrera, Las Placetas, Mexico.
(Vigilia de San Juan Bautista con ayuno.) San Luis Gonzaga Confesor y Santa
Alicia.-Función en la Profesa y alguna
otra iglesia. -Vísperas en Catedral.

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SALVÓ LA

Santos Juan Francisco Regis, Aureliano
Obispo Confesores y Lugarda Virgen.

Inventada en 1860, es la más antigua y queda superior
á todas las imitaciones que su éxito ha hecho aparecer.

aE

Caminó tranquilamente largo ~t ~ ,

LA PERU!'.A ME
,¡

LUNES 16.

:M:a,rea, de las Crem.a,s de :Belleza,

POLVO

EL MUNDO ILUSTRADO

Todos saben o.ue l a onulencla de las formas del necho es muy anr eclada de los
orientales y o.ue sus mujeres entienden
maravillosamente el arte de ado.ulrlresta
robustez, que no siempre la da la Naturaleza.
·
Fuera del Oriente, un hermoso necho es
gualmente considerado en todas partes
cual la. exnresl6n más verfecta de la belleza femenina; además. es el signo anroxlmadamente cierto de una salud floreciente. Para ado.ulrlr este desarrollo o.ue
hace tan elegante y tan seductora á la
mujer, no hay nada más eficaz ni mejor
na.ra la salud o.ue las PILULJCS ORIENTALES.
Estas níldoras tienen, en
efecto, la virtud de desarro·
llar y de reconstituir los nachos, de fortalecer los tell•
dos, de borrar los relieves
huesosos de los bombros y
de dar á todo el 1::usto una
graciosa 1r0rdur a
Oonvlenen á la joven
o.ue se desarrolla así como á la mujer o.ue no ha
tenido nunca ó que ha
nerdldo la hermosura del
necho. Obran estimulando l a naturaleza, y esto sin vio, lencla: de ahí su accl6n benéfica sobre
la salud y también
a estabilidad del resultado producido, el
cual se mantiene desnués nertectamente,
Las PILULES ORIEN\rALES tienen. D0r lo
demás,una nomhradfa muy anthrua y un!·
versal. (Marca deoosltada según la ley),
Tratamiento de dos meses aproximadamente, fácil de seguir.
Precio: El frasco con noticia expllcatl·
va, 6-35 francos.
Dirigirse al sei'lor D. .T. Ratlé, tarmacéu,
tlco de nrlmera clase, 5, Pass11,ge Verdeau
(Faubour¡r Montmartre) París.
En México: J. Labadle. Sucrs.

..

UMATI

Ofa.

DOMINGO

22.

La Natividad de San Juan Bautista, Pre·
cursor del señor, santificado en el vientre
materno, Patrón principal de la ciudad de
Tulancingo, San Paulino Obispo Confesor.
-Oficio y misa de la fiesta del día: rito
doble de primera clase con Octava y ornamento blanco; se conmemora la Domí·
nica. Se suprime este año el oficio de San
Paulino.-Función e indulgencia plenaria
en Catedral y víperas cantadas por la lar•
de.-Función eo el Sagrario, y en San
F rancisco las que celebran las dos Congre·
gJ.ciones de San Luis Gonzaga.

Un joven caminante se extr,&lt;Vió en un
bosque.
Durante mucho tiempo trató de ballar la
salida pero en vano.
La desesperación invadió su ánimo y se
apoyó contra un tronco, gritando:
"¡Tengo miedo! ¿Qué será de mí?"
Un geniecito del bosque le oyó. y como
el joven fuera de su agrado, quiso hacer de
él todo un hombre.
Se le apareció, pues, en forma atrayente y le dijo: "IDe qué tienes miedo, chiq uilín ?"
-"Tengo miedo de la inmensidad del
bosque, de la monstruosa grandeza de los
árboles, de la sombra que lanzan sus gigantescos t roceos y su espeso follaje, de los
susurros misteriosos que el viento arranca
de la cscuridad; de las fieras que se ocultan en la selva, p rontas a caer sobre su
víctima, de los ladron6s que acechan al
viajero extraviado."
El genio del bosque contestó r iendo:
- •·ya no volverás a tener miedo en adelante"
Desde entonces el joven ya no se asustó
de peligros ni de sombras, y siguió avanzando sin vacilaciones durante mucho
tiempo.
Pero llegado a cierto punto sintió uoa
dolorosa fatiga. Y exclamó:
-"Estoy rendido, los pies me escuecPD,
parece que mi cuerpo se hace pedazos."
Oyendo esto, el genio del bosque se Je
apareci6 de nuevo y le dijo:
-"Ya no volverás a sentir dolor."
Y en efecto, en lo sucesivo, el caminan·
te que iba creciendo en años y en robus·
tez, no tuvo ya que sufrir el peso de ¡a fatiga ni los tormentos del dolor físico.

4
f

DIOASE LA VERDAD.
ejercitándose en las luchas salvajes contra
Las exequias-a Madame Antony Poincaré
'« Allan Armadale, 11 refiero el las fieras y contra los elementos, y saliendo
Señor Wilkie Collins, " decia la. siempre victorioso y cada ve,: más fuerte,
porque despreciaba el miedo, el cansancio
verdad á derecha y á izquierda y el dolor.
11
bajo todas circunstancias. Eso - iAhora sí que este hombre es una nole ocasionó algunas veces dificul- bli, y hermosa criatura!-se dijo el genio
tades con cierta clase de gente, del bosque y se dispuso a realizar grandes
cosas con ayuda de tan buen discípulo.
pero le dió una reputación que Este había adquirido un as¡:ecto mageshacía su palabra tan buena como t,oso y terr ible, y hasta el león le miraba
el oro; para Allan, era lo más con respeto.
natural, decían sus amigos "por, Pero a veces el rostro del hombre fuerte
se nuhlaba de tristeza y cor rían de sus ojos
que no sabía hacer otra cosa." las Já~rimas, como cuando era ni ño y dé·
El hábito de decir la verdad eru bil.
tan bueno para él como para El genio se inquiet6
los demás. Si se desea establecer -iQué es lo que te falta?-le preguntó
un dta.
un negocio que dure aún des- -iMe falta el consuelo de volver a ver
pués de qua el fundador desa- a mi país, de abrazar de nuevo a mis pap1rezca, véndanse buenas mer- dres y a mis hermanos!
L
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p .
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can cías-,· y dígase la verdad so1're Debí haberlo comprendido repuso el gea muerte e me. orneare ma re e I ca e 1as u 1timas ctcgra 1as e es a a·
ellas mientrus se pued11,· mover la nio. Acuéstate hombre, hijo' de hombre; actual !"residente d~ la Re¡í~blica France- ma ~e hizo D:~ hace _n:ucho tiempo al ser
reclínate a la orilla de Ja fuente que ves sa ha sido muy sentida, venficandose sus eleg1~0 su h1¡0 pr':s1dente.
.
lengua. Desde el primer momen- brillar a la luz de la luna y bebe copios~ - funeral_~s con so(emne pompa
S.nora d~ sencillas c~stumbres: buena
to de SU introducción, nosotros mente sus cristalinas aguas, y tú me darás s.': h1¡0 ha tenido profunda pena, ?ºr el p9r educación, nunca ~ahó de la ~,ida pro.hemos dicho la verdad acerca de la Jas gracias en seguida.
c~nno grande q_ue la pr~f~saba. Hab1a na- p1a de u1;1a_ dama d~ la _clase media no d~El hombre bebió co:i afán y sobre su pa- c~do de una antigua fam1ha _de Lorena ha• seando v1v1r ':n Pans n1 ah_ora que pod1a

PREPARACION de W AMPOLE sado descendió una niebla que ninguna luz bténdose casado con Mr. Pernearé en 1858. hacerlo con cierta ostentación.
y ahora el público la compra, sin podía penetrar.
hacer ninguna pregunta. Se ha, ¡Era el a¡¡ua encantada del olvido!
descubierto que efectúa ahora y Una vez más el egoísmo de la naturale•¡ t
medio por ciento. y todo el mundo se ha.
l
za selvática, simbolizada por el genio del
UQlla
O
guerrero
lla dispuesto a soportar el sacrificio.
siempre O que nosotros prome- bosque, lo había separado dela humanidad
En Francia se solicitan créclito, dinero,
timos, Y así se confía Eln ella que se apasiona, compadece, sufre, tiem
hombres. Francia se pone en pie de guecomo un hombre tiene confianza, bla, sueña Y ama.
rra. La ley llamada de los fres años, a peen el sólido y vetusto puente de iAh_ora ya es un h_ombr~ perfecto!-pen- N .
. sar de la oposición de los sccialistas será
· d
h
'd l t áfi
s6 la implacable deidad.
adie ~n Europa pe~~anece tranquilo aprobada. Porque en Francia en los actua•
))le ra .que a SOi!t~m O 8 ,r co El es la fuerza que no vacila ni se do- en eSlos tnS!antes ~e dma que en los Bal- les momentos sólo se respira ambiente
de varias geueramones. Es tan bla; es la antítesis del sentimentalismo que canes se eSI~ hacieodo el ensayo d~ la guerrero. Ya vuelve a venir la locura de
sabrosa como la miel y contiene desbarata las más atrevidas empre5as, para magna :ragedi:1 que dentro de breve llem- la &lt;revancha&gt;. Hasta en los teatros solo
t o quo cuantoh se bpropongab.
po, manaoa mismo, puede estallar. Europa t •unf 1 1
t ºót·
Al . N
una so.1uci.6dn dH'
e undext rae
fi
d
está fumando una pipa sentada sobre un n
a e ema pa n 1co:
sacia, apou
d 8 El om re I Iega a en esto a 1 na I e Ia
.
león.-&lt;iLe drapean!&gt;
bt
se o iene e . iga os ruros
selva, y salió de allí con una lanza y una barnl de pólvora ..1:-ª menor chispa puede Antes de poco tocará el turno a España
Bacalao, combmados con Jarabe clava, v:stido de pieles de fieras, soberbio. provocar la expl?swn.
en esos preparativcs bélicos. Se aumentará
de Hipofosfitos Compuesto, y rígido y terrible, como el espíritu de con- Pu_e blos ~pacibles, tranquilos, como la el contingente de guerra; se castig¡¡rá al
1
Extractos de Malta Cerezo Sil- quista.
pr~I? ª Bélgi~a. lugar de agra?able tran- contribuyente. ·
t
T
d
Yt
d l
Bien pronto a fuerza de golpes se hizo qu1hdad, la berra de los Ceffro1 y de las Europa se prepara. L es síntomas no
ves ~e. • orna a an es . e as respetar y se vió al frente de una legión kermeses, se ven impulsados hoy día ª re- pueden ser más alarmantes. España no se
comidas aumenta el apetito y e.\ de guerreros, a los que sometió a una fé- forzar sus arm:imentos. No pueden perma- verá libre del conflicto_
com]&gt;letamente distinta del nau• r rea disciplina.
necer neutrales. La misma Ioglat~rra co- Se diría que la sangre vertida en los
seabundo aceite de hígado de Como no conocía el cansancio, el miedo, mo contempla ndo desde su alto asiento _el Balcanes ha embriagado a -Jos Pjércitos.
bacalao Y de BUS emulsiones En ni los recuerdos de dolor alguno, tampoco sl?ec~ácu:o qu': se )repara, lf aco?~e¡a, y en buena parte de América .se imita
.
. .
• .,.
supo lo que era la derrota r llegó a ser el e rnvita, e ex~ita ~ ª i:ueva ey militar, ese pugilato guerrero. Por todas partes se
C~SOS de ;~-nemia, Debilidad N er- primer conquistador de ~u tiempo, lanzán- ª refor zar su _e¡ércit_o, ª ca~gar su arma- pide la reorganización del ejército, se
YlOSa, T1s1s Y las Enfermedades dose con éxito a las empresas más ternera- ~ent? como st e?tuvi~ra en visl?eras de una compra armamento y se contratan militaAgotautes ha merecido la con- rias.
i1;1vasión, c~mo si _peligrara su 1?dep:?den- res instructores de Europa. Basta leer los
E n una b a t ª 11ª gigan
·
te seª· gana d ª a eta,
• d e p araguay, B o 1v1a
. . e p eru,
, Cofianza que' en ella ponen los doc
• comos,d Bélgica- por su s1tuac1oc tu- d"1anos
1
1
1
za de valor sobrehumano, recibió dos vieór~ que eflsempe1;1ar un gran pape1 en la lumbia, el Ecuador, Venezueia, etc.
t ores y e1 pu, bl"lCO de t odas part es,• fuer
graves heridas de flecha.
pr x1ma con agrac16n.
.
El Dr. G. Parra, Profesor en la Su guardia ¡0 traslad6 al campamento, y _El ~,lado alemán reclama al Re1chsta_g
Escuela Nacional de México, dice: el bravo conquistador quiso dirigir las ~1I millones para las nuevas reformas m1EL PERFUME ROSE DE CHIRAZ
"Esta magnífica preparación pro- operaciones de los. médicos: que trata~an litare~. Esos gastos serán pag.dos por ~l
de extraerle las ho¡as de hierro, hundidas contn~uyente en una . sola vez por medw de la casa F. Wolft y Son. recuerda la fraganduce excelentes resultados en en
las carnes
de un impuesto excepc1onal, úmco, sobre
d
d P
numerosas afecciones del aparato -Son dosprofundasypeligrosasheri.:las, la fortuna. Se reclama cada menos que el cIª suave e Ias rosas 8 ers1a.
respiratorio." E n las Boticas, murmuraban entre sí los cirujanos.

p

f

-No tal, son tres, repuso el herido.
Como ellos insistieran respetuosamente
en que eran dos, les ordenó que buscaran
con mucho cuidado, porque estaba bien
seguro :le lo que decía.
Entonces, para ao desmentirle, mientras
lo curaban, decidieron practicarle una leve herida en el costado.
Los trozos de flecha fueron extraídos
con facilidad, mientras el enfermo sonreía,
como insensible al dolor fí~ico; mas al
abrirle la tercera en el costado izquierdo,
lanzó un rugido tal que les hi?O estremecer Pero al mismo tiempo, el rostro del
hombre se dilató en una sonrisa de felicidad.
Y es que con el renacimiento del dolor
físico y del miedo, vueltos a él por las
grandes vías del corazón, que da sangre,
sufrimientos y grandes emociones, había
vuelto a su espíritu la memoria.
Parecíale volver a ver su casa, su tierra
natal, y se volvía a sentir joven, delicado,
con la imaginación abierta a los más dul•
ces ideales
Veía inclinada junto a él a su cannosa
madre, que lo cubría de besos y le decía:
&lt;IQué te sucede, hijo mío? Has tenido un
mal sueño ¿no es verdad? _
.
El viaje de Alfonso XIII a la canital
-Sí, madre mía, un sueno. muy triste, francesa se verificó sin novedad alguna,
porque ha_bía ~anado la ~uahdad de ser habiendo recibido el monarca español el
fuer!e.&gt;'. victorioso a cambio de pe~der la homenaje de cariño no solamente del Pre·
sens1b1hdad del corazón Y de olvidar el sidente de la República, sino también de
amor a mi patria.
todos los habitantes de la metrópoli, que
lo vitorearon en las diversas fiestas que
ERNESTO SERAO. tuvieron lugar.
La gran revista de la guarnición de Pa-

El viaje del rey de España a París

LINIMENTO GENEAU
Bolo 'Z'OPZCO

reemplazando el
Pae110 1io dolor ni
caid• del pelo, cur•
rapida '1 se,rur1. ci•
lu Cojera■, Espara•
· nne1,Sobrehoe.,._
'l'orctdura1,etc..et.o;

::!'!1a':.'Jo~r::,ia-

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ris; la visita al Palacio de Fontenebleu;
una gran fiesta de aviación; los banquetes
de rúbrica; etc., etc, todo ha dado motivo
a que don Alfonso haya pasado una temporada agradable entre un pueblo culto
que lo admira y estima, hace palpable en
todas las ocasiones, la fraternidad de ambos pueblos.

�DOS FABULAS~MOOERNAS

Contestad ÁEsta Pregunta
- ., {:'-!ando un remedio ha vivido por más de
treinta años, aumentando continuamente su popularidad é influencia, y miles de miles de mujeres
declaran que deben sus vidas á él, no es
lógico suponer que es un artículo de
gran mérito ?
Desafiamos al mundo entero á que
se nos presente otro remedio para
cierta clase de enfermedad que haya
obtenido la inmensa demanda y mantenido la misma por tantos años como el
Compuesto Ve¡;etal de la Sra. Lydia E.
Pinkham, el famoso remedio para enfermedades de señoras. Solamente siendo
una medicina que produce resultados
maravillosos y muy honrados los reclamos 'f'&gt;!&gt;:l de ella se hacen, es posible
alcanzar el admirable éxito obtenido
por este remedio.

EL COMPUESTO VEGETAL DE
LA SRA. LYDIA E PINKHAM
• "Elkhart, Indiana.-" Por espacio de catorce años estuve sufriendo de
inflamación orgánica, debilidad femenina é irregularidades. Los dolores
en mis costados a umentaban cuando camim.ba ó permanecía de pie y tenía
terrible dolores t irantes hacía abajo. Además, estaba triste, sentía mis
ojos pesados, y me volví flaca y pálida. Seis :.loctores intentaron curarme,
pero el alivio que me proporcionaron fué sólo temporal.
Decidí probar el Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E. Pinkham y usar
la Loción Sanativa. Durante cuatro meses estuve haciendo uso de los citados remedios y no tengo palabras ahora para darle las gracias por los
beneficios obtenidos. Si estas líneas pueden serle útiles, tiene Ud. mi
I&gt;_ermiso para publicarlas."-Sra. SADIE WILLIAMS, 455 Ja,mes. Street,
Elkhart, Indiana.
., Si esbt Ud. snfrirndo alguna &lt;le estas enfcrme&lt;lades y desea un consejo
especial, escriba confidencialmente 1t Lydi11 E. Pinkham Medicine Co.,
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1 - Comediantes

Los bueyes querían elegir uo nuevo
mandatario, y para eso mugíao duraote
siete horas los uoos cootra los otro5,
Cuando el hambre llegó a domin~rlos,
uno de ellos, que era una estrella de 10~enio, logró hacerse notar. &lt;H~roes y Dio·
ses&gt;, bramó, &lt;nada es más fác1_l que hall.ar
para vosotros el jefe mejor io_d1cado, Qmero mostraros la manera seoc,lla como po·
déis hacerlo&gt;.
Los de recios pulmones alzaron con estrépito la voz,
&lt;Ensayad vuestras voces los uoos contra
los otros, y elegid al más fuerte de los mugidores. Así seréis dominados por el que
os supe ra eo la sola virtud digoa de oota
que poseéis&gt;,

BlBLIOTECA UNIVERSITARIA
"ALFONSO REYES"

DESCONFIARSE
~
DE LAS FALSIFICACIONl;:S É IMITACIONES

Erigir la

-··-··-

COYARRUBJA!l

Firma:

Registrado como articulo de segunda clase er&gt; 3 de N oviembre de 1894.-

Año XX. -Tomo l.

Impreso en papel de las Fábricas de San i=¡afae1:

México, Junio 15 de 1913.

Número 24.

2.- Fundamento de la sociabilidad

El leóo, el grao solitario, se -~~ravillaba
de la miserable manera de v1v1r de los
mooos.
&lt;Por qué vivís siempr e&gt; preguntó él &lt;eo
montones y eo hordas I&gt;
&lt;Nosotros no podemcs vivir eo la soledad&gt;, respondieron acongojados los mo·
nos.
c¿No podéis vivir eo la soledad?&gt; dijo el
leóo con expresión meditabunda. c¿Y por
qué oo podéis?&gt;
&lt;Tenemos que quitarnos unos a otros
las pulgas&gt;, respondieron coo acierto los
animales sociables.
ROBERT WALTER.

LOS FEBRICITANTES NECESITAN
MUCHISIMO DE ALIMENTOS LIQUIDOS. &lt;Kufeke&gt;, cocido en agua y coo uo
poco de sal, es mu y ventajoso en estos ca·
sos, porque, además de calmar la sed,
contiene principios alimenticios muy útile5
para el organismo debilitado por la fiebre
y para conservar las fuerzas.

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LIC.

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OFICINAS:
3~ Calle de la Rinconada de San Diego No.
Teléfonos:-Mexicana, 20-85 Neri
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En la Ciudad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . $
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En los Estados .................. ......... . S
(pagadero por trimestre adelantado.)
En el Extranjt:ro ....... . ......... .. .. ..... $
(pagadero por sem.,stre adelantado.)

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En la Capital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
$ o.30
En los Estados ............ .. .... ..... ....... 0.35
En el Extranjero .... . ..... ., .. .. ... .. .. . ... 0.50
Atrasados ...................... . ........... 0.50
Para la publicación de avisos en este periódico, dirigirse a B. &amp; G. Goetscael, Avenida 16 de Septiembre,
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Pu·
blicité, 14 rue d" Rougement, (g e).
NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.

XOGHIMILCO
Las primeras lluvi..s que comienzan a refrescar el
suelo de nuestro hermoso valle, llevan en la punta de
sus canutillos d e cristal, poderes misteriosos que generan u na juventud inagotable sobre la tierra, como las
mágicas influencias que remozan en el maravilloso poema, e l rostro arrugado y envejecido del doctor Fausto.
Los pueblecillos de los alrededores, secos y polvorientos hasta hace poco, se visten con un verde de todos los
matices, salpicado de flores de variadas tintas y brillante por las últimas car¡ci"s del agua. Es un placer para
los qi:e están obligados a respirar el aire de la ciudad
toda la semana, emigrar, siquiera sea los domingos, a
esos sitios que multiplican sus notas risueñas por todas
partes, y que ahora se ostentan con los dones de la estación florida. Los extranjeros, sobre todo, cultivan el
amor del campo como uno de sus deportes preferidos, y
saben estimar las naturales bellezas, diseminadas con
tan rica profusión en torno de la vieja ciudad azteca.
·
Por eso, seguramente, los alemanes organizaron en
honor de su Kaiser, unas regatas 111ne tuvieron lugar en
el lago de Xochimilco, el último domingo. Hicieron bien·
Ese rincón es _el más espléndido del Valle y digno, por
ende, de feste¡ar a un emperador , aun de tan linajudos
mostachos, como los que subrayan el perfil del Hohe nzollern. El país de las chioampas, además, reclamaba
en cierto modo, ese honor, porque fué estudiado en su
curio;a estructura por Humboldt, el genial alemán que
tan interesantes disquisiciones nos dejó sobre todo Jo
que alcanzó. a ver e n estas regiones. Tienen, pues, los
bellos lagos de Xochimilco, hdsta el prestigio de haber
fijado las miradas de un hombre de tan superior valer
como Humboldt. Pero les basta su hermosura y las sombras legendarias que en las noches propicias parecen
surcar todavía sus liguas colmadas de silencio y .de misteriosas s ugestiones. Y ese domingo, mientras los alemanes se disputaban el triunfo al golpe de los remos unánimes; y las músicas y el bulliaio de la fiesta se derra•
maba en el a ire, de vidrio por la transparencia y sonoro
como un tímpano, nosotros, desde on:i canoa conducida
por un solo remero,-un indio que parecía llevar en la
mirada obscura la melancolía de su raza-a la rr.ooóto·
na cadencia de la vara que hundía con el acompasado
movimiento ancestral, suprimíamos imagioativamente,
las multitudes contemporáne¡,.s, diseminadas en las barcas, los restaurants improvisados en las chinampas, ya
inmóviles, todos los aspectos de la vida europea que interrumpe el sueño secular del antiquísimo pueblo, y volvíamos a convivir momer.táoeamente, con la noble raza
de los xocbimancas, que aleccionados por la necesidad
y obligados por las condiciones de la tierra, form:iron
campos y huertos flotantes sobre la misma superficie de
los lagos.

Po rque el · pueblo de Xochimilco, es quizás, el primero que tunda.roo las razas peregrinas de Aztlán. Sus
c ampos, los prime ros que cultivaron, después que el
águila anunciada les indicó su establecimiento en Te·
noxtitláo. En ellos cosechaban el maíz y todas las otras
plantas necesarias par a su sustento Multiplicados es·
p &gt;ntáneamente, o por su industria, pudieron destinar
varios de esos campos movibles ajardines de flores y de
yerbas aromáticas, que se em¡ileaban-dice C lavijeroen el culto de los dioses y en el recreo de los magnates.
Cuando el amo de un hue rto- 3grega- o de una chinam·
pa, quiere pasar a otro sitio b ien para alejarse de un
vecino perj udicial, ora par~ aproximarse a su familia,
se pone en su barca, y con ella sola, si el huerto es pe·
queño, o con auxilio de otras, si es grande, lo tira a r emolque y lo conduce a donde quiere. Est" ventaja hace
preferir las chinampas a las casas edificadas en tierra firme, sobre todo en los tiempos que correo, tan
abundantes en conmociones politicas, que bien q uisiera
cualquier c iudadano pacífico, lleva rse a remolque sus
propiedades a regiones menos agitadas, en las que nose
conspirara; o se conspirara poco, en último caso.
El comercio de las flores, de las yerbas y de las hortalizas, h¡,.bía llevado, no sólo la prosperidad, sino la
opulenc ia, a los indios dedicados a é l. En la fam_osa
&lt;g11erra fl~rida&gt; que les dió Itxcoatl, rey de los mex1ca·
nos, y en la c ual perdieron s u autonomía, eran tan nu·
merosos, que cubrían las llanuras, y estaban tan rica·
mente alhajados, que en las rodelas y divisas brillaba el
oro, entre los variados colores d e las armas, verdes,
azules, amarillas. Calcúlese oor esto el esplendor de sus
fiestas ctomésticas y de sus liturgias, la extraña suntuosid:i.d de los s ,crificios, en med io de una naturaleza tan
plácid, y tan pródiga en dones. En la fiesta solemne de
Xochiquetzal, la diosa del plumaje de rosas, los indios
se despedían de la estación estival, esto es, de las rosas
que ya estaban a punto de morir, con actos de regocijo
y :ie contento, pero impregnados de una refinada melancolía. Esos días enramaban sus habitaciones, sus templos y calles, y ellos mismos no lucían otro adorno que
el de las flores, dispuesto con arte y gusto delicados.
Xochiguetzal era la diosa abogada de los pintores, de
los tejedores que bordaban en lienzos hechos de finas
raíces , las rosas y sus tintas imitadas con una perfección
que fué el asombro de los Conquistadores. Y así, enflo·
rados, ebriO'S de a romas y de sangre, los indios se entre·
gaban a la danza rituál en honor de la diosa que ore·
sidía la grandeza de su culto feroz, enigmática y
cruel, como una divinidad asiática. Entretanto, las víc·
timas esperaban, pero sólo por poco t iempo. Los dioses,
con las mismas inclinaciones de sus criaturas, no se cansaban de exigir corazones bumeantes, y pronto las piedras
de los sacrificios se empapaban en el preciado licor rojo, propicio lo mismo a Xochiquetzal que a Huitzilo·
poxtli.
Pensaba. yo, evocando estas antiguas memor ias, en el
lago surcado ahora por los súbditos alemanes, en que no
hemos heredado de Ut•a manera completa a nuestros
abuelos. Ellos amaban las flores, tanto como el espec·
táculo de lo~ sacrificios. Sólo entre los chinos se encuentran nomb res tan e xpresivos, como los que escogierGo
los aztecas para bautizar las joyas vegetales. Cuetlasúc hil, quiere decir &lt;flor que se marchita;&gt; sochicahuite,
&lt;flor generosa:&gt; yolosóchil, &lt;flor que tiene la figu ra de
corazón &gt; Nosotros únicamente conservamos la afición a
la sangre. En cuanto a las flores, casi las hemos olvidado, y apenas si e n las comidas de ceremonia. permitimos q ue un ramo insignificante y anémico,recuerdeque
hemos nacido en la tierra de la florida Xochiquetzal.
Pensábamos también, cuando la tarde comenzaba a
inundarse de tristeza crepuscular, y el poniente fingía
una hecatombe gi¡¡antesca, bajo cuyas llamas desaparecían los dioses y los hombres de una fabulosa ciudad
bárbara, en que esas cosas, ya tan lejanas de nosotros,
y sin embargo, como embalsam,das en un fuerte perfume de leyenda, están esperando aún al poeta que las
cante y las aliente con el soplo divino del arte. Con los
elementos de las aguas, de las flores y de la sangre,
podría escribirse un bello poema de voluptuosidad y
muerte.

Juanilla
(Del libro &lt;Bocetos Metropolitanos&gt;)
- [Tengo hambrel-murmuraba con desfallecida voz
la pequeñuela Jnanilla, colgándose a las harapientas fal•
das de la pobre viuda de R amírez.
La chiquilla, tiritando lastimosamente,ocultaba su ca·
becita rubia bajo el manto verdoso de la madre, y ésta,
llorando en silencio, oprimía aquella pálida frente con·
tra su enjuto pecho d el cual brotaban los sollozos los
gemidos desgarradores que le arrancaba la implac~ble,
la maldita miseria.
-Tengo hambre, mamá, dame pan!-repetía la niña,

limpiando con su maogd desgarrada las lágrimas que
temblaban en sus párpados enrojecidos por e l llanto.
Y la mujer afligida, ge'l'.lía dolorosamente, besando con
sus labios amoratados por el frío, la frente pu ra y los
resecos de Juanilla .
-i Pobre hija mía!-barbotaba. Espera ... ... espera,
tu abuelito va a venir; él traerá pan .... mucho pan!
Pero e l abuelo no llegaba.
Afuera, el viento bel.ido se colaba por los vidrios em·
polvados, sucios, húmedo, y rotos de la car comida ven·
tana a través de la cual se veían caer los copos de nieve, desprendiéndose de un cielo plomizo, triste y som·
brío. iQué invierno tan crudo el de aquel año! Cuándo
se había visto una nevada así en México ?
Los poores sufrían mucho. Pasa bao tiritando, materialmente congelados. Los coches y los automóviles se
deslizaban allá abajo en las casi desiertas calles, rodan·
do sobre la a lfombra de nieve que cubría e l adoquinado. Y los descarnados árboles de San Juan susurraban
melancólicamente, alzando sus ramas cenicientas que
recibían la menuda lluvia de copos, albos como el más
puro armiño; algunos de éstos arrebatados por el cier·
zo, peaetraban a la desmantelada bohardilla oscura don·
de la pobre viuda esperaba con febril impaciencia la
llegada de su padre. Pdro sonaron las diez en el reloj
de &lt;El Buen Tono&gt;, y el anciano Pedro no parecía. Un
pesado silencio invadía el cucbitril de estcs de~gracia·
dos.
-iQué frío, mamá! Y mi abuelito q ue no parece!. ..
-iYa vendrá, ya vendrá!
- l Pero hasta q ué horas? ¡Tengo mucha hambre!
Oye cómo me hacen las tripas . ...
Marta desesperaba. Su hija, para entretener el ham·
bre masticaba una vieja liga de hule. En aquel vasto y
húmedo desván, lóbrego, destartalado, fétido, las paredes ruinosas destilaban gotas salitrosas, lloraban, esta es
la palabra. Y por qué no? . ... También los mudos ed;ficios toman parte en los dolores y en la miseria de sus
habitan,es.
Veíanse allí los últimos restos del antiguo menaje:
desvencijados muebles salvados del naufragio, en la te·
rrible lucha por la vida. Un lecho informe, asqueroso,
indescriptible; un su~io jergón amarillento; dos mrntas
llenas de remiendos y costurones, cuyo fleco de harapos
caía en desorden sobre el pi~o accidentado, surcado de
grietas y hoyaocos y cubierto de montículos pequeños
que despedían un olor repulsivo de humedad, de ollín
y de miseria.
Más allá, en un rincón tenebroso, se disting uían dos
s illas viej'ls, rotas, desfondadas, que se sostenían gracias
a la red de nudosos cordeles que ligaban sus rígidos
miembros; uoa mesa de tos'cas patas remachadas con
gruesos clavos de hierro mohoso y sobre la cual desean·
saba una enorme marmita abollada; ahumada; un girón
de mantel mugroso, grasiento y dos o tres fragmentos
de oxidadas cucharas con el mango roto.
En frente y arriba de un gran hacinamiento de repugnantes guiñapos, de t rozos de hierro y restos de ro·
jizas herramieotos, de calzados viejos, torcidos y enlodados, de correas salpicadas de fango y de paja húme·
da y podrida, sobre una gran mancha de la pared eri·
zada de piedras blanquecinas, se hallaba suspendida
una vetusta imagen de nuestra Señora de los Remedios,
encuadrada por un marco negro de madera cubierto
de moscas y telas de araña.
Y ésto era todo. Se respiraba un ambiente i mpuro,
nocivo, helado, como el olor de la tierra removida de
las fosas. Reinaba ahí un silencio de muerte, sólo interrumpido por lo, sollozos d~ aquellos dos infelices y
por la vol tierna y lastimera de la chica que rept:tía
sin cesar:
- iAy, qué dolor de estómago, mamá; desde ayer no
hemos comido ni un pedazo de pan! .. .. Qué, tú no tie·
aes hambre I Asómate a ver s i viene mi abuelito .. . .. .
Yo tengo mucho, mucho frío. ¡ P or qué no tenemos ni
qué comer? Mira: Carlota, h hija del señor que vive
ahí enfrente, en el 10, siempre tiene q ué comer y se po·
ne muy buenos vestidos y hasta trae botas bronceadas.
Es muy rica. Cuando va a la escuela dice 'que su papá
le da todos los días un tostón nomás para que compre
dulces; pero es muy hambrienta; no nos quiere convidar
de lo que compra ... . ¿Por qué nosotros no somos ricos,
mamá? ¿ No dices que Dios es muy bueno, y que les da
lo necesario a sus hijos? .... .. Han de ser mentiras tu·
yas. 1Cómo a nosotros nos tiene 1-.asta sin comer ? ..... .
¡Ah, cómo me arde el estómago!
Marta callaba, y ardientes lágrimas seguían resbalan·
do por sus escuálidas mejillas. Mientras que su hija contemplaba tristemente los cardamomos q ue crecían en
los coloniales pretiles del corralón, el viejo Pedro, en·
vue !to el rostro con una larga y grosera bufanda deste·
ñida. tembloroso y enfermo, tiritando bajo su abrigo ro·
to a través del cual se veía la flaca musculatura azotada
por la escarcha, encorvado, triste, pensativo y desespe·
rado, recorría en vano los desiertos barrios de la fastuo·
sa Metrópoli, en su decrépito coche, buscando una re·
zagada &lt;carga&gt; que no llegaba, unos miserables centavos con q ué llevarles aunque fue ra &lt;pambazos&gt; a su
afligida hija y a s u pequeña Juanilla. ¿Qué dirían ? ¿Qué
harían en aquellos angustiosos momentos?¿ Cómo había
~e. pr~s~ntarse ante ellas sin un mendrngo ? ¿ No eran
1n¡ustlc1as de la suerte ?. . .... ¿Cómo no había de r ene·
gar ?....
Pero el ansiado pasajero, la Providencia de aquella
des&lt;;ilada familia, se ocultaba siempre, y entre tanto, el
a nciano tosiendo débilmente, gastado, sin alimento, in·
tentando apretar con sus manos rugosas y engarabitadas

la.s riendas del escuálido caballo dosalvo, miraba con infinita
amargura las calles desiertas, a lzaba la vihta h:i. cía lo alto y escu·
•chaba los sordos crujidos de su pesado vehículo que, como él, ca·
minaba trabajosamente , apolillado, ruinoso, pase~odo su vejez a
la dudosa luz de las lá mparas que con sus pupilas funerarias,
semejantes a enormes huevos cocidos y luminosos, partcían con·
templar a través de la brum3 a aquel lastimoso grupo de viejos
en su l,.rga y melancólica peregrinación nocturna.
"Rico," el hambriento "Rico," arrastraba con lentitud negra la
'calandria" que rechinaba sin cesar haciendo estremecer al co·
chero en cuyo dolorido pecho resonaban cruelmente aquellos
postreros gemidos. A cada balanceo producido por algún bache
profundo, chillaban lúgubremente las mohosas muelles, y la fa.
ligada bestia se detenfa resoplando, jadeando, negándose a proseguir el doloroso Calvario.
-iAnda, " Rico," mi valiente "Rico!"-e xclamaba el desveÓ.·
turado auriga con su voz cascada y macilentá, interrumpida por
violentos accesos de tos áspera y seca.
Y el noble animal, sacudiendo las velludas orejas con filosófica
resignación, ver ificando un supremo, un desesperado esfuerzo
-seguía a vanzando lentamente entre las sombras ..... .
-Mira-dijo un currutaco a su ebrio compañe,o:-a esa chu-parrosa, ya se le cansó el "penco.'

!3anque:e ofrecido por la b;,nca de '1éxico al señor secretario de
H~c1e':1da, Lic. Toribio E~quivel O';&gt;regón, el sá babo pasado, por el
éxtto hsoogero del empréshto de dos::1entos millones de pesos - Aspecto
del restanrant de Chapultepec durante el banquete.-La mesa de ho•
nor.-Otra mesa,-Eu el medallón, el señor Ministro.
- iUf! iQué "canciones" e~tán los tres!
-Oye, Padre ~terno, _l~ndas en busca de tu compadre Mam 5 a)em ?
"R~olt.~ron u~abnsotada 1d1ota. El no los escuchaba. Su coche c ru¡·ía má•
1co agoniza a.
v Y más.
Repentina!11ente, al dar vuelta por la callejuela de la Teja, tropezó en un hoyan~o Y cay~ brusc~mente. lJ_~a de las ruedas del tosco y pesado vehículo Je
pas por ~ncima haciendo cru¡1r sus huesos, y el anciano Pedro, lanzado 'des·
de ~u ~stent?, fué a estrellarse el cráneo centra el poste de la esquina rebotan ° espue~ rnbre la rala capa de nieve que se enrojeció con la sao re' de Ja
espan\o~a henda. Cochero Y caballo lanzaron un débil grito sofocado fe agitaron
convu st vamente al¡¡unos se~undos, y después quedaron inmóviles, y~rtos, sal i•
~a~os por la; plu~1tas d~ meve que seguían cayendo, cayendo siempre . ... El ia4, 0 parecta reir plácidamente, como dicién dole a su amo:-Estamos me ·or
1
as1......
.
T ranscurrieron algunas horas.
Allá, en la bohardilla, Juaoilla lloraba sin descanso
. - iNo llores, pobre hija mía!-repetía la viuda. Espe;a . ..... tu abuelo va a venir, y t~aerá pan ...... mucho pan ! ..... .
Al mismo tiempo se escucharon sordos rumores en la estr echa escalera, pasos
que res~naron después en el sombrío corredor. Una voz di¡·o:
-Aqui es.
. Abriórn la puerta que giró chirriando rnbre sus enrrobecidos gcznc s y apareciere-u en el umbral dos hombres, llevando a cuestas un cuerpo envuelto or
ccmpleto en una manta. Otro vecino, vestido con traje azul ce obrero, alumla-

�ba con una linterna sorda la fúnebre comitiva; y dejando el cadáver sobre el miserable lecho, se alejaron
silenciosamente como sombras. Al llegar a la puerta,
un" de ellos se volvió hacia la viuda que contemplaba
!.,, esceoa con ojos espantados y le dijo:
-Ya lo ve "asté" doña Marta,' jué" allá en la esquina de la Teja .... Allí mero nos Jo encontramos tirado,
éste y yo ... El "penco" también está muerto y la "calandria" quedó hecha astillas .... Puede que ya la haya
"vicentiao'' el "tequis" .... Nosotros, como buenos vecinos, cargamos con el "dijuntito" y "ái" lo tiene "as·
té" .... No se había de quedar tirado como un perro ....
"Ora," si quiere .... este .... iremos a dar parte a la Comisaría ..... .
Esperó, y viendo que no le contestaba, se fué, eotor·
oaodo la puerta mientras el otro murmuraba:

-"iProbe" tío Pedro!
-iBah, bah!-exclamó el remendón de la li°'teroa.
Déjenlo. "Siquera" el "dijunto'' nos heredó sus chan·
clas, sus trapos y su gorra ...... ¿Qué ~ás "quereo" eo
pago del viaje ? Al cabo el viejo oogruñtrá ..... .
Un coro de conteoidas risotadas celebró el macabro
chiste y el repugnante hurto, y los tres caritativos l~drones se alejaron, reinando otra vez un pesado St·
leocio.
La chiquilla no comprendió y batiendo palmas ale·
gremente, gritó:
-iCuánto pan, mamasita, cuáoto pan ! ''¿Verdá" qoe
todo ese pan lo manda mi abuelito? ¡Qu:! bueno es mi
abuelito! ¡A mí ya me andaba de hambre!
,
Y corrió con precipitacióo hacia el lecho; apa.~to 1:1
manta con cuidado, para que no se cayeran los boh·

llos" y se fueran a enlodar; pero retrocediendo horro·
rizada ante el desfigurado y sangriento cadáver, chilló
eco acento que desgarraba el alma: .
.
-i Mi abuelito! ¡Es mi pobre abuelito! .... 1Y encuerado! .... ¡Muerto!
La infeliz madre lanzó un rugido penetrante, horri•
ble, extra-humano; alargó los brazos y rodao~o por el
pavimeoto quedó sin sentido, mientras que Juan1lla, tam•
baleándose, llorosa, espantada, hambrienta, de~esperada,
caía sobre su cuerpo fiío, be~áodolo, estrechaodolo en·
tre sus bracitos delgados y .. uesosos . ...
El alba empezó a clarear. La portera barría el patio de
la vecindad coa su escoba de ramas. Una saltapared
gorieaba. La vida se¡?"uía su curso.
¿Qué le importa todo esto al mundo?
S EVERO AMADOR.

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)

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Desde Cullera a Saguoto, en t1da la valenciana vega
no había pueblo ni poblado donde no fuese cooocido
Apenas su dulzaina sonaba en la plaza, los muchachos
corrían desalados, las comadres llamábanse unas a otras
con ademán gozoso y los hombres abandonaban la taberna.
-&lt;iDimóoi!&gt; .... i&lt;Ya está ahí Dimóoi!&gt;
Y é l, con los carrillos hinchados, la mirada vaga per·
dida en Jo alto y soplñodo sin cesar ea la picuda dulzaina, acogia la rústica ovación co.1 la indiferencia de
un ídolo.
Era popular y compartía la general admiración coo
aquella dulzaioa vieja, resquebrajada, la eterna campa·
ñ·era de sus correrías, la que, cuaodo no rodaba eo los
pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sob...co, como si fuera uo ouevo
miembro c reado por la naturaleza en uo acceso de filarmonía.
Las mujeres que se burlaban de aquel insigne perdido, habíao hech::i uo descubrimiento. &lt;Dimóoi&gt; era
guapo. Alto, fornido, coo la cabeza esférica, la frente
elev'lda, el cabello al rape y la nariz de curva ~udaz,
tenh en su aspecto reposado y majestuoso, algo que re·
cardaba al patricio romano, pero oo de aquellos que en
el período de austeridad vivían a la_ espartaoa y se ro·
bustecían en el campo de Marte, SJOo de los otros, de
aquellos de la decadeocia, que en las orgías imperiales
afeaban la hermosura de raza colorando su nariz con
el bermellón del vioo y deformaodo su perfil con la
colgante sotabarba de la glotonería.
&lt;Dimóoi&gt; era uo borracho. Los prodigios de su dulzaina, que por lo maravillosos le habían valido el apodo, no llamaban taoto la atención como las asombrosas
borracheras que pillaba ea las g raodes fiestas.
Su fama de músico le hacía ser llamado por los clavarios de todos los pueblos, y veíasele llegar carretera
abajo, siempre erg uido y ~ileocio, con la dulzaina en el
sobaco, llevando al lado, como gozquecillo obediente, al
tamborilero. algún pillete recogido eo los caminos, con
el cogote pelado por los tremendos pellizcos que al des·
cuido le largaba el m'lestro c uando no redoblaba sobre
el parche con brío, y que, si caosado rle aquella vida
nómada abandonaba al amo, era después de haberse he•
cho tan borracho c.:&gt;mo él
No había en toda la provincia dulzainero como &lt;Dimóni&gt;; pero buenas angustias les costaba a los clavarios
el gusto de que tocase en sus fiestas Teoíanque vi~ilarlo
desde que entraba en el pueblo, amenazarle con un garrota para que no entrase ea la taber u hasta terminada
la procesión, o, muchas veces, por un exceso de coodesceodeocia, acompañarle deotro de aquélla para deteoer
su brazo cada vez que lo teodía hacia el porróo. Auo
así resultabao ioútiles tantas precauciooes, pues más de
una vez, marchaodo g rave y erguido. aunque coo paso
tardo ante el estaodarte de la cofradía, escaodalizaba a
los fieles rompieodo a tocar la «Marcha Real,&gt; freo te al
ramo de olivo de la taberna, y eotonaodo después el
melaocólico &lt;De profuodis&gt;, cuaodo la peaoa del saoto
patrono volvíaa e~trar en la igles_ia. .
.
y estas distracc1ooes de bohemio JOCorreg,ble, estas
impiedades de borracho, alegraban a la gente ~a chiquillería pululaba en torno de él, dando cabriolas al
-compás de la dulzaina y aclamando a "Dimóoi;" y los
~olteros del pueblo se reían de la gravedad con que
,muchaba delante de la cruz parroquial, y le enseñaban
-.de lejos un vaso de vino, iovita~ió_~ a la que contestaba
-con uo guiño malicioso, como s, d1¡era:-Guardadlo para después.
. Ese después en la felicidad de "Dimóoi;" pues r~presentaba el momento en qu_e: term1n.,da la fiesta Y. hbre de vigilancia de los clavanos, entraba en posesión
de su libertad en plena taberna.
.
Allí estaba en su centro, junto a los toneles ptntados
de rojo obscuro, entre las mesillas de zioc jaspeadas

por !as huellas redondas de los vasos, ~spira~do el tufi1lo del ajoaceite, del bacalao y las sardrnas frita~ que se
exhibían en el mostrador tras mugriento alambrado, y
bajo los suculentos pabellones que formaban, colgando
de las viguetas, las ristrds de morcillas rezumando acei·
te, los manojos de chorizos moteados por las moscas, ldS
obscureis longanizas y los ventrudos jamones espolvoreados con rojo pimentón.
La tabernera s~otíase halagada por la presencia de
uo buesped que llevaba tras sí ia concurrencia, e iban
entrando los admiradores a bandadas; no habían bastantes manos para llenar porrones, esparcíase por el ambiente uo denso olor de lana burda y sudor de pies, y a
la luz del humoso quinqué veíase a la respectiva asam·
blea, sentados unos en los cuadrados taburetes de alga·
rrabo coo asiento de esparto y otros en cuclillas en el
suelo, sosteniéndose coa fuertes manos las abultadas
mandíbulas, como •i estas fueran a desprenderse de tanto reir.
Todas las miradas estaban fijas en &lt;Dimóoi&gt; y su dulzaina.
-&lt;iLa agüela! ¡Fes J'agüela!&gt;
Y &lt;Dimóni&gt; sin pestañear, como si no hubiera oído la
petición geoeral, comenzaba a imitar con su dulzaina el
gaogoso diálogo de dos viejas, con tan grotescas in6exiooes, con pausas tao oportunas, con esca pes de voz tao
chil!ooes, que una carcajada brutal e interminable con•
movía la taberna, despertando a las caballerías del inmediato corral, que unían a la baraúnda sus agudos relinchos,
Después le pedían que imitase a la &lt;Borracha», una
mala piel que iba de pueblo ea pueblo vendiendo pañuelos y gastándose las ganancias en aguardiente. ·y Jo
mejor del caso ts que casi siempre estaba presente la
aludida y era la primera en reirse de la gracia con que
el dulzainero imitaba sus chillidos al pregonar la veo·
ta y las r iñas con las compradoras.
Pero cuando se agotaba el repertorio burlesco, cDimóoi». soñoliento po r la digestión del alcohol, lanzába·
se ea su mundo imaginario, y ante su público silencioso y embobado, imitaba la charla de los gorriones, PI
murmullo de los campos de trigo en los días de viento,
el lejano rnoar Ele las campaoas, todo lo que le sorpreo•
día cuando por las tar:le~ despertaba en medio del campo sin comprender cómo le había llevado allí la borrachera pillada ea la noche anterior.
Aquellas geotes rudas oo se sentían ya capaces de
burlarse de "Dimóoi," iie sus soberbias chispas, ni de los
rr.pelooes que hacía sufrir al tamborilero. El arte, algo
grosero, pero ingenuo y genial de aquel bohemio rústi·
co, causaba hooda huella en sus almas vír¡?"enes y miraban con asombro al borracho que, al compás de los arabescos impalpables que trazaba con su dulzaina, parecía crecerse, siempre con la mirada abstraída, grave,
sin abandonar su instrumento más que para coger el
porrón y acariciar ~u seca leogua con el &lt;glu glu&gt; del
hilillo del vino.
Y así es,taba siempre. Costaba grao trabajo sacarle
una palabra del cuerpo. De él sabfase únicamente por
el rumor de su popularidad que era de Beioicófar, que
allá vivía en una casa vieja que conservaba aún porque
nadie Je daba dos cuartos por ella, y que se había bebido, en unos cuaotos años, dos machos, un carro y media
docena de campos que heredó de su madre.
¿Trabajar? No y mil veces no. El había nac ido para
borracho. Mientras tuviese la dulzaina ea las manos no
le faltaría pan, y dormía como uo príncip.e cuando terminaba una fit:sta. y después de soplar y beber toda la
noche, caía como un fardo en uo rincón de la taberna
o en el pajar del campo, y el pillete tamborilero, tao
ebrio como él, se acostaba a sus pies cual un perrillo
obediente.

II
Nadie supo como fué el encuentro; pero era forzoso

que ocurriera, y ocurrio. &lt;Dimóoi y la Borracha&gt; se
juntaron y se confundieron.
.
Siguiendo su curso por el cielo de la borrachera, rozáronse, para marchar siempre unidos, el a~tro rojizo
de color de vino y aquella estrella errante, lívida como
la luz del alcohoi.
La fr«ternidad de borrachos acabó en amor, y fuéronse a sus dominios de Benicófar a ocultar su felicidad en aquella casucha vieja donde por las noches,
tendidos en el suelo del mismo cuarto donde había .nacido &lt;Dimóoi&gt;, veía o las estrellas que parpadeaban maliciosamente a través de los grandes boquetes del tejado, adornados con largas cabelleras de inquietas plantas.
Aquella casa era una muela vieja y cariada que se
caía en pedazos. Las noches de tempestad tenían que
huír como si estuvieran a campo raso, perseguidos por
la lluvia, de babi.ación en habitación, hasta que pcr fin
encontraban ea el abandonado establo uo rinconcito
donde entre pc.lvo y telarañas florecía su extravagante
primavera de amor.
¡Casarse!. ... ¿para qué ? Valiente cosa les importaba
lo que dijera la gente. Para ellos no se habían fabricado las leyes oi los convencionalismos sociales. Les bastaba el amarse mucho, tener un mendrugo de pan a
medio día y sobre todo algún crédito en J:, taberna.
&lt;Dimóoi&gt; mostrábase absorto, como si aote su vista
se hubiese abierto ignorada puerta mostrándole una felicidad tao inmensa como desconocida. Desde la niñez,
el vino y la dulzaina habían absorbido todas sus pasiones; y ahora, a los veintiocho años, perdía su pudor de
borracho insensible ; y como uno de aquellos cirios de
fina cera que llameaban ea las procesiones, derretí ase
en brazos de la &lt;Borracha&gt;, sabandija escuálida, foa,
miserable, ennegrecida por el fuego alcohólico que ardía en su interior, apasionada hasta vibrar como una
cuerda tirante y que a é l le parecía el prototipo de la
belleza.
Su felicidad era tao grande, que se desbordaba fuera
de la casucha. Acariciábanse en medio de las calles con
el impudor inocente de una pareja canina, y muchas
veces, camino de los pueblos donde se celebraba fiesta,
huían a campo traviesa, sorprendidos en Jo mejor de su
pasión por los gritos de los carreteros que celebraban
con risotadas el de~cubrimieoto. E l vino y el .. mor eogordabao a &lt;Dimóui;&gt; echaba panza, iba de ropa más
bien cui9-ado que ouoca y sentíase tranquilo y satisfecho al lado de c)a Borracha&gt;, aquella mujer cada vez
más seca y negruzca que pensando únicamente ea cu idarle, no se ocupaba en remendar las sucias faldillas
que escurrían de sus hundidas caderas.
No le abandonaba. Un buen mozo como é l estaba expuesto a peligros; y no satisfecha coa acompañarle en
sus viajes de artista, marchaba a su lado al frente de la
procesión, sin miedo a los cohetes y mirando con cierta
hostilidad a todas las mujeres.
Cuando &lt;la Borracha» quedó embarazada, la gente se
moría de risa, comprometiéndose con ello la solemnidad
de las procesiones.
En medio él, erguido, con expresión triunfante, con
la dulzaina hacia arriba como si fuese una descomunal
nariz que olía al cielo; a un lado el pillete, haciendo
sonar el tamboril, y al opuesto &lt;la Borracha&gt;, exhibien·
do con satisfacción, como uo segundo tambor, aquel
vientre que se hinchaba cual globo próximo a estallar,
que la hacía ir con paso tardo y vacilante y que ea su
insolente redondez subía escandalosamente el delante·
ro de la falda, dejando al descubierto los hinchados
pies bailoteando en viejos zapatos, y aquellas piernas
negras, secas y sucias como los palillos que movía el
tamborilero,
Aquello era un escándalo, una profanación, y los cu·
ras de los pueblos sermoneaban al dulzainero.
-Pero, ¡grao demonio! Cásate al menos, ya que esa
perdida se em¡:;eña en no dejarte ni aun en la rroce·
sióo. Yo me encargaré de arreglaros los papeles.

P ero aunque él decía a todos que sí, maldito lo que
le seducía la proposición. ¡ Casarse ellos! Bueno va ... .
cómo se burlaría la gente. Mejor estabao así las cosas.
Y en vista de su tozuda resistencia, si no Je quitaron
las fiestas, por ser el más barato y mejor de_ los dulzai·
o eros, despojáronle de todos las honores anexos a. su
cargo, y ya oo comió más en la mesa de los clavanos,
oí se le dió el pan bendito, ni se permitió que entrasen
ea h iglesia el día de la 6esta semejante.par de here·
jazos.

III
E lla no fué m:idre. Cuando llegó el momento, arraccaron en pedazos, de sus entraña.~ ardientes, aquel iL·
feliz engendro de la embriaguez.
Y tras el feto moostruoso y sin vida, murió la madre
ante la mirada asombrada de &lt;Dimóoi&gt;, que, al ver ex·
tinguirse aquella vida sin agonía ui coov~lsiooes, n~
~abía si su compañera se había ido para siempre o s1
acdbaba de dormirse como cuando rodaba a sus pies la
botella vacía.
El suceso tuvo resonancia, y las comadres de Benicófar se agrupaban a la puerta de la casucha para ver
de lejos a &lt;la Borracha&gt; tendida en el ataúd de los pobres y a &lt;Dimóoi&gt; ea cuclillas junto a la muerta, volu·
minoso, lloriqueando y con la cervíz inclinada como un
buey melancólico.
)ladie del paeblo se digoó entrar en la casa. El duelo se componía de media docena de amigos de &lt;Di~óoi&gt;, harapo;cs y tao borrachos como éste, que ¡,o~d10seabao por los caminos, y del sepulturero de Ben1cofar.
Pasaron la noche velando a la difunta, yendo por
turno cada dos horas a aporrear la puerta de la taberna
pidiendo que les llenasen una eoorme bota, y cuando el
sol entró por las brechas ?el teja~o, desp~rtaron todos,
tendidos ea toroo de la difunta, 01 más 01 menos que
los domingos por la noche cuando en fraternal confianza caían ea algún pajar a la salida de la taberoa.
¡Cómo llorabau todos! .... Y ahora la J?Obrecita ~staba
.allí, en el cajón de los pobres, tra~qmla como s1 durmiera, y sin poder levantarsE. a pedir su parte. ¡Oh, lo
-que es la vida! .... ¡y en esto hemos de parar todos!
y los borrachos lloraron tanto, que al conducir el
cadáver al cementerio todavía les duraba la emoción Y
la embriaguez.
.
.
.
Todo el vecindario presenció de le¡os el eotterro
Las buenas almas reían como locas ante espectáculo
tan grotesco.
.
.
,
Los amigotes de &lt;D1món1&gt; marchaban con el ataud
al hombro, dando traspiés que hacían mecerse rudamente la fúnebre caja como un buque viejo y desarbolado. Y detrils de aquel los mendigos iba &lt;Dimóoi&gt; con
su inseparable instrumento_ bajo el sobaco, siempre co~
aquel aspecto de buey moribundo_ que acababa de rec1·
bir uo tremendo golpe en la cerviz.
Lo~ chiquillos gritaban y daban cabriolas ante _el
ataúd, como si aquello fuese una fiesta, y la gente reta,
asegurando que lo del parto era uoa farsa y qu~ &lt;la
Borracha&gt; había muerto de un hartazgo de aguardiente.
Los lagrimones de &lt;Dimóoi&gt; también hacían reír.
¡Valieote pillo! Aún Je du_raba el &lt;c~ñamón&gt; de la noche anterior y lloraba lágrimas de vino al pensar que
y'l no tendría una compañera en sus borracheras nocturnas. .
Todos Je vieron volver del cementerio, donde ,por
compa~ióo habían permití?º el entierro de aque!la gr_ao
perdida, y le vieron tamb~o cómo con sus amigos, 10cluso el enterrador, se mella en la taberna para agarrar
el porrón con las manos sucias de la tierra de las tumbas.
·
.
.
d'ó
Desde aquel día, el cambio fué radical. iA 1 s excur·
siooes gloriosas, triunfos alcanzados ea las taberna~. se·
reoatas en las plazas y toques estruendosos ea las procesiones! "Dimóoi" no quería salir de Beoicó~ar, ª! lo·
car en las fiestas. ¿Trabajar? .... eso para los 1mbéc1Jes.
Que no contasen con él los clavarios; y para afirmarse
más ea esta resolución, despidió a l último tamborilero,
cuy« presencia Je irritaba.
.
Tal vez ea sus ensueños de borracho melaocóhco había pensado, mirando el hinchado vieo_tre de la "Borracha &gt; en la posibilidad de que coa el !tempo un muchacho' panzudo con cara de pillo, un "Dimoniet," acompa·
ñase golpeaodo el parche las escalas vibrantes de su
dulzaina A.hora sí que estaba solo. Había conocido la
dicha para que después su situación fuese más triste.
Había sabido lo que era amor para conocer el desconsuelo: dos cosas cuya existen.:ia ignoraba antes de tropezar con la "Borracha."
Eotregóse a l aguardiente con el mismo _fervor que s i
rindiera un tributo fúnebre a la muerta; iba r?to, mugriento y no podía revolverse en su casucha SJO notar
Ja falta de aquelldS manos de bruja, secas y afiladas como garras, que tenían para él cuidados maternales. .
Como un buho, permanecía en el fondo de su guarida
mientras brillaba e l sol, y a la caída de la tarde salía
,del pueblo cautelosamente, como ladrón que va al acecho, y por una brecha del muro se colaba en el cerneo·
terio, un corral de suelo ondulado que la naturalez_a
igualaba con matorrales en los que pululaban las man·
posas.
y por la noche, cuando los joroalercs retrasados vol;,íao al pueblo con la _azada al hombro, ~íao ?ºª musiquilla dulce e interminable que parec1a sahr de las
tumbas.
-iDimóoil. . . . ¿Eres tú ?
.
La musiquilla callaba ante los gntos de aq uell~ gente
,supersticiosa que preguntaba por ahuyentar su miedo.
y luego, cuando los pasos se alejaban, cuando se res•

tablecía ea la iomeosa ,·ega el susurrante silencio de la
noche, volvía a sonar la musiquilla, triste como un la·
mento, como el lloriqueo lejano de una criatura llaman·
do a la madre que jamás había de volver.
VICENTE-BLASCO IBAíiÍEZ.

Una Heroína Búlgara
. ·.. , Por mucho que la dominación turca hubiera ~asado dolorosamente sobre los búlgaros, nunca los. CIU·
dadanos de Svioleogrand sufrieron tanto como desd~
que empezó a gobernar 4:caimacan&gt; Galaledío-Effeo?1.
Este no era un hombre, sino una fiera: y para él los bulgaros no eran hombr~s.
Era el espanto del pueblo. Los pobres búlgaros, griegos y hebreos tenían mucho cuidado en defenderse de
sus acciones y de su contacto.
.
Pero sus deseos habían de ser ley, y aquel que hubiese pensado en oponerse, podía contar con el inmediato
castigo del &lt;caimacau&gt; o gobernador.
¿Cómo salvarse de un s~mejaote hombre-6era ?
La población obligada a callar, envilecida, débil, había llegado al grado más bajo y vergonzoso.
.
. .. . Un día el párroco de Svilengrad, Pepe ~1colás,
cansado de tantos ultrajes, habló al pueblo de defensa,
de honor y del amor de patria, y su voz era cálida y
profunda, sus p,labras altas t puras como llamas. .
_
El &lt;caimacao&gt; lo puso e hizo llamar a Pepe ~1colas
para decirle rabioso y serio: &lt;Que esto no se rep1t:1. ~e
lo contrario tu cabeza pagará por todo&gt;. Pepe N1colas
oada contestó, pero su mirada llena de desprecio y de
dignidad impresionó a Gelaledin-Effeodi.
.... Pasaron así algunos días. Pepe Nicolás acababa
de celebrar su misa, cuando en la penumbra de la ca•
pilla desierta, vió a una joven coa la mirada fija y los
labios tembloros0s.
-/Qué tienes hija mía?-le p reguntó el anciaoo.

-Tengo que pedirle un consejo.
-Te escucho: habla.
El alma simple de la joven se estremeció.
-Habla, /cómo te llamas, quién eres ?
.
-Me llamo Faoca Simidova, soy huérfaoa, he venido hace poco de Andrioópolis ......Ayer me encootr~
por la calle al &lt;caimacáo&gt; y me d1¡0:-&lt;Esta tarde tu
vendrás a mi Kooack&gt;.
-Le contesté que no podía ser y entonces_me declaró
que me haría busc• r a la fuerza. Es horrible; Y&lt;? no
conozco a nadie, estoy sóla en el muodo; acoosé¡eme
usted! ·
Y fijó su mirada llena de lágrimas eo el rostro pensativo del anciano.
Pepe N icolás bajó su cabeza encaoecida; y después
de una reflexión:-Veo-le dijo-dentro de una hora y'
yo te daré la contesta&gt;.
.... Fanca esperaba eo la oscuridad, cuando de una
puertecita del patio salió una sombra envuelta en uoa
manta negra.
.
..
.
-Pues biéo, este es mi conse¡o-le d1¡0 el aoc1aoo a
Fdoca: dándole un cuchillo fino como una oavaja.
Una l'lcha tremenda combatíase eo e l corazón de
Faoca; Pepe Nicolás se dió cuenta, pero no dijo n:ida.
Fanca quedóse sóla por un momento e°: el pallo o~;
curo, después como si tomara una resoluc1óo se ale¡o
resuelta a cumplir su debP.r.
,
. ... El &lt;cairnacán&gt;se hallaba acostado en un sofa; de
prooto levantó la cabeza porque vió algo q ue brillaba
en el aire y sin el tiempo de darse cuenta ca_yó s~J:&gt;re
los cojioes con la garganta cortada. Un débil que¡1do
cerró la íntima e ioapercibida tragedia.
En la mism1 noche Pepe Nicolás y Faoca desapare·
cieroo de Svileograod. Dos semanas después se presen•
taroo a una compañía de insurrecto~ y más tarde ~n~
el ejército vencedor entraron en Svileograd que fue hbertada del dominio turco.

GALERIA A.RT-ISTrcA.-Autoretrato por Jan Steeo.

�REGATAS

en honor

DEL EMPERADOR

Guillermo
(DE RIMAS DEL ALMA)
Para &lt;El Mundo Ilustrado.&gt;
Alma mía, defiende tu quimera,
la realidad es siempre dolorosa,
que perdure constaute la primera
ilusión de amor color de rosa.

ARPEGIOS

Especial para &lt;El Mundo Ilustrado.&gt;
- [Háblame!
-Nunca, sufre, olvida . ...
-Háblame sólo una palabra
- iNo!
-Y después .. . . que se cierren mis oídos
y enmudezca tu labio a mi pasión.
-iMírame!
-Nunca, sufre, olvida . ...
-Mírame amado
-Nunca, nunca más.
-Por la postrera vez hondo, muy hondo.
-No te puedo mirar.
-Por la postrera vez amado y luego
que se cierren r_nis ojos .... Sin tus ojos
;Quiero la obscuridad!
-iBésame!
-Nunca, sufre, olvida ....
-Por la postrera vez .... dulce, muy dulce.
-No te puedo besar
-Un beso . .. . sólo un beso ...... una caricia;
una caricia, un beso y nada más,
y después .... ¿para qué quiero la vida?
¡Mátame por piedad?

Conserva en el castillo de tus sueños
el recuerdo feliz de aquellos días,
y olvida en la ilusión de tus empeños
el dolor de tus lentas agonías.
Es muy dulce vivir enamorado
de una novia lejana que no viene,
porque así el corazón va ilusionado,
y sus negros dol&lt;&gt;res entretiene.
Una novia lejana deliciosa,
novia que se forjó la fantasía,
una novia muy buena, cariñosa,
llenó. de amor, de luz y de poesía.
Amala con la fe pura y sencilla
de tu primer amor de los quince años,
cuando libre de penas. sin mancilla,
no sabías de los negros desengaños.
No busques en amores del momento
el consuelo que borre tu tristeza,
ni quieras olvidar tu sufrimiento
man&lt;.:hando del recuerdo la pureza.

Alma mía, defiende tu quimera,
la realidad es siempre dolorosa,
que perdure constante la primera
ilusión de un amor color de rosa.

Para "El Mundo Ilastr,do."

PABLO M. SOSA.

MIS VERSOS
Al Sr. Lic. D. Ernesto Chavero,
respetuosamente.
Aquí están, como pétalos dispersos
de perfumadas flores, esparcidos
de este álbum en las páginas, mis versos
conjnnto de sonrisas y gemidos.

Cuand0 muere la tarde pensativa
llevándose lamentos y amarguras.
muere en el alma una ilusión esquiva
y surgen las 5iniestras amarguras.
Enorme cataclismo
vuelca en el alma sus estragos fieros,
y en el cielo, fantásticos querubes
encienden en el seno de las nubes
el tibio resplandor de los luceros.
Ya nada puede
mitigar el dolor de mi amargura;
al rudo cataclismo todo cede:
el goce, y el ensueño, y la ventura,
En esta soledad aterradora,
muy lejos del amor y la fortuna,
brilla en el alma un resplandor de auror., ,
brilla en mi frente, &lt;palidez de luna&gt;....

Nacido al parpadear de esa mirada
que al fondo del espíritu penetra,
es mi canto fulgente llamarada
con centellas de amor en cada letra.
¿ Qué llevas en los ojos? 1Quién te ha dado
ese modo de ver, hondo, profundo,
que en sus radiantes luces condensado
tanto guarda, ignorado para el mundo?

~

Yo he sido la Bohemia que supo de la vida
la efímera alegría y el hondo suspirar ....
Yo fuí la Soñadora que vió desvanecida
su pálida quimera, y triste y dolorida
cerró los grandes ojos, cansada de soñar ....
En mi p~sada vida de am·r y de pecado
yo fuí la ap1sionada que se llamó Mimí,
romántica y ard;ente, tal vez habré llorado
soñando en las caricias de un príncipe encantado
que nunca conocí .. ..
CRYSANTHEME.

Me encontraba tan tri~te. me encontraba tan solo,
sin tu amor todo risas, sin tu amor todo besos,
que mis sueños de antaño
que cantaron un tiempo como flauta de Eolo,
eran ya sólo penas: sueños ho•cos y aviesos
que lloraban, lloraban, como si un desengaño
los hubiera zaherido;
como si mis amores florecientes y bellos
en lugar de los claros y amorosos destellos
de tus ojos, tan sólo poseyeran tu olvido ....
Pero tú ai:areciste y tornó la altgría
y en la noche de mi alma luego se hizo de :lía.
Y cantaron mis versos como el ave canora
que madruga y que dice su canción a la Aurora
en un himno feliz.

Y es en vano mi afán.

Aquí la lira del amor palpita
elegías cantando o madrigales,
de mi ardiente pasión la ansia infinita,
expresando en renglones desiguales.

¡

Los labio~ de Rod,lfo su aroma me habrán dado
y habré gustado en ellos las mieles del Amor.....
y en una oscura noche de invierno desolado
igual que una avecilla friolenta, habré ocultado
mi faz sobre su pecho, con vivido rubor ....

CLOTILDE VILLEGAS LEAL.

Guarda la dulce flor de la añoranza
en un rincón azul de tu memoria,
mientras viva esa flor habrá esperanza
de amores, en tu vida transitoria.

j

En otra edad remota sin d uda mi alma ha sido
el alma bulliciosa y alegre de Mimí
romántica y ardiente, tal vez habré vivido
soñando ea la llegada de un príncipe aguerrido
que nunca conocí.

¡Quién sabe!. ... El corazón ea ellos vive;
es como el Fénix esa entraña loca;
agonizante ya, se alza Y revive
al fuego que le mata O le sofoca.

Busco una sombra que me dé consuelo,
busco un abrigo que me dé ternezas,
clavo mi vista en el azul del cielo,
y navego, con hondo de~con_suelo,
en el piélago azul de mis tristezas ....
Una voz en la calma se avecina,
y en medio de la sombra,
conozco aquella voz, dulce y divina,
que me llama y me nombra ....

y ioh supremo placer que en mis querellas
me abismas con tu voz arrulladora,
viertes en mi alma resplandor de estrellas
y en mis tri~tezas placidez de aurora!....

y de tus cjos al fulgor incierto,
escala de la dicha la a Ita cumbre
y se irgue como el león ea el desierto
del sol bañado por la roja lumbre. . . . . .

Y mientras dur:l la caricia extraña
de la brisa que llora su elegía
escucho aquella voz que no me engaña
y grito en mi dolor ¡oh madre mía!

Mayo 8 de 1913.
VICTOR DIAZ DE LEON.

.

CÉ SAR CAMACHO.

Y estas rimas, bien mío, que te digan mi gozo,
porque ya soy dichoso,
porque ya estás aquí.
CARLOS PADILLA.
México, r91 3.

Noble señora que yo adoro: unidos
en el viejo balcón que ve al poniente,
hablamos tristemente, largamente,
de dichas muertas y de tiempos idos.
De los rústicos tiestos florecidos
desprendo rosas para ornar tu frente;
y hay ea los fresnos del jardín de enfrente
un escándalo de aves en los nidos.
El .:repúsculo cae soñoliento,
y si coa tus desdenes amortig uas
la llama de mi amor, yo me contento
coa el hondo mirar de tus arcanos
?jos, mientras admiro las antiguas
Joyas de las abuelas en tus manos . ...

RAMON LOPEZ VELARDE

U na regita.-La pr imera caooa.-Señoritás·vencedoras.-Otra regata.
-La meta. - Instantáneas toma das
durante la fiesta depor tiva con q ue
celebró el domingo pasado, el Club
Alemán de Rega tas, el a niversar io
de la exaltación al trono del Emperador Guillermo.

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~(_.sw¼~,\~..sw-t,,,,~~~~A~~.Ío\~..sw-t,,,,_)4

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�íi~fULTITK

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1

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pa que parecía transportada expresa-

Originada por el más bello de los

mente del la 5o de Xochimilco.

pretextos, la Caridad, y a iniciativa del
Gobernador del Distrito, se efectuó el

Aquella feria deslumbradora de be-

domingo pasado, ea los alrededor"s
del Automóvil Club, una deliciosa ker-

lleza se vió todo el día concurrida por

messe ea la cual tomaron parte los ele-

que a manos llenas contribuyó al fin

mentos más valioSOII y distinguidos de

caritativo de la fiesta que fué el arbitrar
recursos para la fundación de uc asilo

la crema de la sociedad capitalina, la

la alta sociedad mexicana.
El elegante edificio del club se veía

para ancianos y otro para huérfanos,
ideas que se deben a la iniciativa del señor Gobernador.

rodeado df, un paisaje cosmopolita en
el que se reunían: uc precioso molino

t

Campesinas holande :as, señoritas expendedoras de cocfetti en ,.J Molino Holacdés.-Grupo de chicas poblanas
• •
.
"Pompad our " en e J puesto d e fl ores.-Dos bellas turcas que atecdieroc a la clientela ecel"Caféor·
ea e1 ongmal puesto
JI "chmampa"
· - Damas
ien ta.,
,J

•

holandés, el r etrete turco ea el que se

Duradero recuerdo dejará esta pre-

ofrecía delicioso café, el kiosko francés

ciosa fiesta, pues mue-he ha de tardar

al estilo de los Luises, un puesto arrac·

para que se efectué otra que pueda
opacarla.

cado de la feria de Sevilla y la cbinam·

Odaliscas, manolas, japonesas, chicas... poblanas, toda la belleza femenina del
mundo, representada por las bellas damas mexicanas que
atendieron los puestos de la kermt-sse.

�Ioterior de la Cámara de Diputados tomado desde la entrada dAl salón de sesiooes.

Fachada de la Cámara de Diputados del· Congreso Federal.

Edificios de la Ciudad de México
La Cámara de Diputados
En los primeros días del mes de Febre ro del año de 1909, se incendió el antiguo teatro Iturbide, local que ocupaba la Cámara de Diputados, desde que el
fuego destruyó su local propio en el interior de l Palacio Nacional.
Como las obras del Palacio del Poder Legislativo, del que oos ocupamos en
otro sitio, se hallaban aun poco adelantadas y u querían mucho tiempo para
s u terminación, se pensó en construir un edificio pr ovisional, en el mi~mo sitio
ocupado por el que acababa de ser destruído por el incendio.
Se acomodó el salón de actos de la Escuela Nacional de Iogenieros, para
que en él se efectuar an las sesiones de la Cámara de Diputadns, mientras duraran las obras de construcción, y se encomendó e l trabajo al arquitecto mexi•
ca no don Mauricio Demaria y Campos, quien proyectó y dirigió la construcción
del edificio hasta su terminación.
Las obras de construcción, decoración y acomodación del nuevo Edificio,
duraron alrededor de dos años y quedaron terminadas en los primeros meses
del año de 19 n ; se había pensado que la inauguración de la nueva Cámara se
efectuara durante las fiestas del Centenario de nuestra Independencia, pero no
estuvo terminada la construcción para entonces, y el ecificio se inauguró el 2
de Abril de 19u, con la lectura del último mensaje que presentó a las Cáma·
ras el general don Porfir io Díaz.
E l edificio es bello y prop:ircionado en su conjunto, lo mismo que en sus detalles; el vestíbulo es muy hermoso y la sala de sesiones, decorada severamente, da idea de la majestad de la Ley.
Si tenemos en cuenta que el edificio se construyó con el carácter de provisional, mientras se termina el Palacio suntuoso que ha de ocupar definitiYamente la Representación ~acional, se comprenderá que no sólo se cumplió con
la misión de albergar a los representant~s del puEblo, sino que se les albergó
dignamente en un edificio bello y rico.

El mismo salón, tomado desde h plataforma presidencial.
Vestíbulo del edificio de la Cámara de Diputados.

F ot. Kahlo.

�Su señoría Estepbao Hedri de Hedry nuevo encargado de Negocios de
Austria-Hungría ante el gobierno mexicano.

En ·et Espacio
El joven piloto, diestro ya eo el manejo del aparato,
que le obedecía ahora con la fidelidad de un organismo
viviente, experimentó la embriaguez del domador '}Ue
hacer tascar el freno a un potro, cuando se cernió en
el espacio inmenso, en un vuelo elegante y gallardo.
El tiempo era magnífico para intentar cualquier &lt;record&gt;: una ligera brisa soplaba en las alturas y no había
indicio alguno de que pudiese arreciar el viento o alte·
rase la atmósfera, en cuvo seno luminoso. volaba, contento de sí mismo y de la sumisión del aeroplano. La luz
era perpendicular.
Desde la elevación en que se bailaba, veía confusamente, entre zonas de sombra, la mancha verde de la
arboleda de Palermo, más allá de la cual se dilataba la
inmensidad rojiza del estuario, cuyo término visible se
fundía allá a lo lejos con la línea del cielo. Más que
ver, adivinaba el hormigueo de la multit'!d diseminada
por el Jardín Zoológico y la avenida de Las Palmeras,
muchedumbre que estaría eo ese momento pendiPnte de
las evoluciones de la parda libélula errante en el espa·
cio, y que batiría palmas en honor del intrépido nefelí•
bata.
Parecíale llegar a su oído el rumor de la admiración
popular, amortiguado por la distancia.
Miró rápidamente hacia abajo y co'1sideró mísera la
condición de los millares de seres que se arrastraban
penosamente eo el polvo, esclavo cada cual de las materialidades de la vida, y sujeto, por la ley humana de
la gravitación vital, a la tierra.
Desconocían la indecible emoción única de sentirse
solo en la inmensidad, de aletear entre el cielo y la tierra, en la infinita región del vacío.
Morirían ignorando el inefable deleite de articular
una palabra eo los dominios de las nubes y de los vien·
to~. y escuchar coo supersticioso temor sus ecos, di•
ríase dilatados por la acústica de la bóveda celeste.
Jamás experimentarían en su precaria existencia el seo·
timieoto religioso del conquistador del aire en pleno espacio, fascinación de lo desconocido que le invade intermedio entre dos inmensidades, la sugestión del misterio que lo avasalla en me'lio del excelso silencio de
las alturas, el encanto de la lejanía que lo ~ubyuya en

Maqueta del Palacio del Poder Legislativo (en construcción, )

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1~m1 (lll')t,
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rr~u ~tcli©
.~~~~~·lál tliv©

(!

~

En páginas anteriores hablamos del local que ocupa provisionalmente la Re~resentacióo Nacional. Bello como es éste, no es ni con mucho lo que será el grandioso
· de •res,·deoc1a
· a 1 má s alto poder de la República, ema·
palacio pMyectado para servir
nado de la voluntad popular y depositario de los más altos intereses del pueblo.
El edificio proyectado, ahora en construcción.se levantará en el centro de una pl~za elíptica, creada ex profeso, y que se llama plaza de la Repú~l'.ca. El :royec'.o del edi~
ficio, del que verán nuestros lectores un conjunto en esta pag10a, es graodio.o Y d
0

una grande belleza. Se debe al arquitecto francés Benard, quien ha hecho de él la
obra de su vida.
El proyecto fué seleccionado por medio de un concurso abierto por el gobierno
de la República, que pagó uo premio de diez mil peses a su ,autor. .
Actualmente las obras de construcción se reducen a la c1meotac1ón Y el arm~•
ál.
que están terminadas por completo; durante las fiestas del centenario
zoo met ,ca
...
ocia N aciooal se colocó \a primera piedra del ed1fic10, y de entonde 1a I od epe nde
'b' ndo las obras de escultura y decorado mandadas hacer
ces acá se han estad o rec1 ,e
• principales centros artísticos del mundo.
10
a º
• d
Cámara popular esté terminado será un ju~to orgullo paCuaodo el pa1ac10 e Ia
ra la capital de la Nacióu.
Armazón de hierro del Palacio del Poder Legislativo. (Terminada.)

Sus señorías don Jorge de Pottere y don Stephan Hedri de Hedry Encargados
de Negocios saliente y entrante (respectivamente) de Austria•Huogría.

presencia de los horizontes ensanchados, y el sagrado
temor que acomete su corazón, al bailarse fuera de su
centro natural, de su condición de sér sin alas, en la
órbita de los pájaros, y en el ámbito de las tempestades.
Llevado de tales pensamientos, asaltóle un impulso de
soberbia, la antigua pasión que llevó a !caro a precipi·
tarse en la profundidad del mar.
Juzgóse por un breve ra:to como impelido por una
fuerza centrífuga hacia lo alto,. al revés de la mayoría
anónima regida por una fuerza centrípeta hacia lo
bajo.
El no era como los demás: tenía alas. Estaba de tal
modo identificado con el aparato, que parecíale que era
éste una prolongación de su ser mismo, el cuerpo de
acero de su espíritu, el vehículo alado de su voluntad.
Palpitaba con el motor, consustancial con la fuerza fí.
sica que hacía estremecer el aeroplano. Figurába~e que
era como uoa especie de ser ambiguo o de criatura
nueva, con caparazón metálico y alas potenciales.
El sentimiento del valor heróico, que en ese momento
prodigaba, lo sublimó a sus ojos. Era un héroe del aire,
superior a todos los héroes de la tierra y del mar. ¿Qué
valía, eo efecto, uo marino luchando con la tempestad
en la inmensidad del océano, o un militar peleando con
la muerte en un combate, comparado con un oefelíbata?
No tiene ninguna rama de que asirse, oiogún rincón en
que 'esconderse, eo el espacio; navega en el vacío, con
el aliento de la muerte, otra inmensidad sobre sobre su
cabeza.
Un remolino de aire, uoa de~compostura del motor,
el menor desperfecto del aparato, lo precipita sobre la
tierra.
No; oo era posible conjugar la temeridad ciega de los
valientes de antaño, con el heroísmo razonado y tranqui·
Jo de los esforzados de su clase.
El piloto pr(lstó atento i&amp;ído para cerciorarse del re•
guiar funcionamiento del motor; todo marchaba admirablemente, y aprovechando la ocasión propicia, empezó
a remontarse más arriba, para conquistar el &lt;record&gt; de
la altura en aeroplano.
El imponente y realmente absoluto silencio, reinante
en las regiones superiores del espacio, lo impresionó a
tal punto, que, al llegar a los cinco mil metros, siotió
flaquear su ánimo, amilanado por la distancia que lose·
paraba de la tierra, cuyos relieves y contornos habían

desaparecido para éL El joven piloto no recordaba ha·
berle embargado la emoción plena'y total de soledad y
de silencio que allí le invadía. Hacía frío también. Es·
taba verdaderamente solo en la inmensidad, sin otra
compañía que el latido de su corazón, pues el roído del
motor se perdía hacia abajo. Se hallaba lejos de la tierra y de la mirada de los hombres, que apenas lo dis·
tinguirían como un indeciw punto móvil en la atmósfe·
ro luminosa.
Habituado a espaciar la vista en !l'orizootes estrechos
y a posarla en perspectivas limitadas, causábale ioquie•
tud la monotonía del espacio inconmensurable y sin tér·
mino.
A los cinco mil quin ientos metros, novicio en las altas ascensiones, recobró la noción de la altura, y, con
ella, el instinto del pelil!ro. El silencio ambiente pare·
cía!€ cada vez más emocionante y resolvió descender,
después de haber comprobado que había conseguido un
&lt;record&gt;. No pudo menos de sonreir de su valor, al
pensar que habí,. retrocedido ante el magnífico y terri·
ble misterio del silencio etéreo. Bajaba curado del ím·
petu de orgullo que lo acometió al subir, haciéndole
creer que estaba hecho de la esencia superior de los hé·
roes: era igual a los demás seres, y nada había cambiado en su naturaleza humana.
Descendía de un hermoso vuelo placeado. Tornó a
ver con una alegría nueva, con uo asombro infantil, to·
dos los pormenores del panorama que abarcaba desdearriba; como nunca, hería su retina el tono verde de la
arboleda, su imaginación, algún claro del bosque y su,
sensibilidad, la superficie tran..¡uila del lago de Palermo. Ni remotamente había wspechado antes la belleza
del árbol, la poesía del agua dormida y el encanto de
un sender o solitario
El eco del sordo clamoreo de la muchedumbre que
aclamaba su nombre friunfalmuote, en un frenesí de
entusiasmo, volvió a reconciliarlo con ella. No todo era
lucha egoísta y brutal entre los hombres, sobre los cua•
les descendía en ocasiones un rayo luminoso de lo alto.
Entonces comprendió, por primera vez, que la mora·
da del hombre oo dejaba de ser hermosa, y ~ue la vida
valía la pena de ser vivida eo su sentido más alto y duradero.
ELOY FARlf1'A NU~EZ.

�María Luisa Villegas en la obra
"Mlle. de Belle-Isle."

TEATRO MEXICA?\O
&lt;M LLE. DE BELLE- ISLE.&gt;

Teatro Colóo.-El actor Caralt eo &lt;Nick
Carter&gt; (acto segunde.)

Bien. sabido es que antes de tener Alejandro Dumas
(padre) la gran fama que tuvo como novelista, adquirió
r enombre como autor d ramático, y de eotooces, es de·
cir, por los años de 1830, data la comedia &lt;Mlle de Be·
lle·Isle&gt; que hemos visto en el Mexicano, arreglada a la
escena española por Jacinto Beoaveote.
El 2 de Abril del citado año de 1830 se estrenó eo el
Teatro F rancés a obra referida, y el insigne autor de
&lt;Los Intereses Creados&gt; la arregló no hace mucho tiempo
representándose eo Barcelona. Los cinco actos son bre·
ves, interesan por grados, y los dos últimos son bastante
teatrales.
Uoa intriga de amor y celos, asunto que tanto gustó
siemprtt a Dumas, es todo el motivo de la comedia y al
a utor de aquellas inolvidables "Memorias de uo Médico" en las cuales supo con arte mágico evocar las figu•
ras ma.s culmioaotes de los reinados de los Luises en
Francia desde Luis XIII, muéstrase ya dominando las
costumbres de aquellos tiempos con habilidad e inge·
nio.
Hay por tanto mucho ambiente en "Mlle. de BelleIsle&gt; y el diálogo cortado, irónico a veces, galante siem·
pre, perfectamente en consonancia con los personajes,
siu descripciones que distraigan, ni nada q:it desvíe la

Teatro Lírico.-Escenas de "Les Apaches
de París. "
mente de la intriga que se desarrc,lla, ha sido perfecta·
mente conservado por Benavente, por lo cual hay que
decir que es uno de los más bellos ornamentos de la co·
media.
De uoa aldea apartada de la Bretaña ha llegado a
Santilly donde a la sazón estaba la Corte una joven
cándida e inocente, "Gabriela de Belle Isle," para pe·
dir la libertad de su padre y de su l¡ermano que llevan
tres años encerrados en la Bastilla sm motivo a lguno y
por una de esas falsas denuncias tan generales en aquellos tiempos.
La joven encuentra en su camino al enamorado duque de Ricbelieu que ve en la muchacha una buena
presa para sus costumbres disipadas y la promete la libertad que solicita, pues bien sabido era el favor del
noble aristóc•ata en la corte galante de Luis XV
También tenía influencia la marquesa de Prié, que
hasta entonces había sido la favorita del duque y que
deseaba conc;icer la que había ido a sustituirla en el co·
razó n del voluble caballero. Sabe quien es por confe

s1on del mismo (cosa muy frecuente
por aquel entonces) y se propone dos
cosas, vengarse de su ex-amante y sal·
var a ·'Gabriela" de una asechanza de
mala ley, del que según cuentan, en
nada se paraba al tratarse de satisfacer un capricho, Y como además había
apostado mil luises con otros caballeros
a que pasaría la noche bajo el techo de
aquella joven, era preciso cuanto antes remediar la baja maniobra que se prepa·
raba.
Para ello ofrece habitación a la muchacha en su mismo palacio y la noche en
que se temía todo, la envía con uoa carta para el gobernador de la Bastilla, con
el objeto de que conceda a "Gabriela" el estar algunas horas con su padre prew.
Todo esto se complica con unos amores que tenía la joven con el caballero de
"Aubigny," con el cual iba a casarse en breve.
El conoce la apuesta, él ve que su novia le despide pronto, y él, en fin, embc,
zado delante de las puertas de la mansión donde vive su amada, ve entrar al duque y recoge, en fin la carta en que participa a sus amigos haber ganado la
apuesta. ¿Qué más se necesita para sospechar? ¿Qué p~cho enamorado no entra
en celos creyendo la deshonra de la mujer amada? Y como además "Gabriela" no podía revelar en donde pasó la noche, por juramento hecho a la marquesa, en tanto estuviera de primer ministro el duque de Borbón, se comprenden
las torturas del enamorado.
Dan las diez de la noche; Richelieu entra en la casa por una puerta falsa, el
salón está oscuro por col!lpleto, siente el contacto de una mano de mujer y cae el
telón. El duque cree haber conseguido su objeto y de esta manera los celos, la
venganza, el amor se unen para engendrar la ictriga, la cu~ 1 se deshace por ha·
ber visto el galante seductor que l;,. letra de la marquesa es la misma que escribió
las cartas que él creía recibir de "Gabriela" y por la calda del primer ministro,
la cual deja en libertad a la muchacha para contar a su novio todo y por tanto,
concluye la comedia, diciendo el caballero de Aubigny que •·Cabriela" es su futura esposa y que Richeliu su mejor amigo.
El público aplaudió algunas escenas, y la interpretación estuvo corecta.
TEATRO LIRICO.-"LOS APACHES D E PARIS. "
Un éxito completo, tuvo el estreno de la zarzuela en dos actos libro de Ventura

Teatro Mexicano.-Dos escenas de la obra "Mlle. de B elle·I~le.

�de la V "ga, actor y autor, y música de las renombradas
firmas Valverde y Fo~lietti titulada "Los Apaches de
París."
El primer acto es superior al sPguodo, porque en
aquel se reunen dos cuadros sainetescos de mucha fuer·
za cómica, y un tercer cuadro que la volcánica imaginación del libretista ha colocado en lo que pudiera llamarse residencia oficial de los apaches parisienses, y en
el que, si no hay mucha, ni poca, ni ninguna verosimilitud hay, en cambio. un derroche de gracia y de visto•i·
d,\d para transportar al espectador desde el plácido
campó'qe .la zarzuda, al del "vaudeville" más eotrete·
nido.
·.,..
El segundo ~cto, aunque menos movido y con recur•
sos má, seocijfos para mantener despierto el ioter~s. lo·
gró también aplauso unánime, aunque no muy calllloso.
Las ocasiooes de lucimiento para cantantes y daozaot~s
están muy bien buscadas, las frases felices tienen igual
fuerza que en la primera parte de la e bra, y una situación cómica habilísimameote preparada para el desenlace, que es gracioso y de iogeoio.
La música es alegre, animada, y a ratos brillante,
siendo siempre apropiada a las situaciones del libreto.
Sobresaleu uoos cuplés mita:! cantados y mitad silbados,
un tango muy lindo del "pelele," una danza de i&gt;paches
en tiempo de vals y una bella tarantela, por cierto muy
bien iostrumeotada.
La interpretación fué _cQrf'ecta, distinguiéndose Feli·
cidad Pastor y Eduardo Pastor, y el resto de los artistas
no descompusieron el cuadro. La obra se montó réguJarmeote. nada más. He oído decir que la Empresa trae
de España dos tiptes; ese es el camioo; reforzar la par·
te femenina de la compañía, poner más esmero en moa·
tar bien las obras y ¡a ganar dinero! que el género chi·
co, ni está muerto ni es ese el camino y si no que Jo digan los llenos casi diarios de este teatro.

TEATRO COLON.
COMPA~IA DE OBRAS POLICIACAS.
No se equirncó el cronista al augurar un buen é , ito a
la compañía española que bajo la dirección de don Ra·
móo Caralt, está obteniendo diarios triunfos por su es
merado trabajo y por la manera excelente como ponen
las obras.
Ya oigo a los Aristarcos baratos, a los que nada les
gusta, para hactrse ilustrados, a los exquisitGs de guard ..rropía, que la obra policiaca no es verdadero arte es•
cénico. que su desarrollo tiene a veces complicaciones
infantiles, que en fin, (no faltan señores de moralidad
profundísima ) dt:bierao prohibirse por ser ese uela de
malas costsmbrts
Todo esto no es más que pura exagerd.ción y de~eos
de mostrarse refinado~. con un refioamitnto que delata
desconocer lo que pasa en países tan cultos o más que
México. ¿No se da y se ha dado y se está dando en to·
das las capitales del muodo el mismo repertorio que en
Colón, por fortuna tenemos? ¿No se dieron 500 noches
seguidas en Nueva York y bastantes en Madrid el dra•
ma "Nick Cartee"? ¿ No está en manos de todos las novelas de policía? ¿Por qué si de novelas se han sacado
dramas y comedias y a diario Jo vemos, no !:a de pasar
lo mismo con las que tienen por asunto un delito o varios ? Y, con respecto a que se enseñan malas arte~. afi•
ciooes al robo en esas representaciones, he de decir que
entonces el teat•o no debe existir, pues en multitud de
producciones escénicas, las bajas pasiones, la ambición,
la sensualidad, la avaricia, el juego, la embriaguez, son
objeto de e!J:1s.
Las obras policiacas reflejan un aspecto de la vida
como otro cualquiera, y como están hechas con talento
hay materia de arte, y hasta como el malvado suele ser
cogido en sus propias redes, el fin de aquellas fS bueno
y cumple con el precepto categórico de los melodramas
que coosi~te en el triunfo del bien y en i,J castigo del
mal. ¡Si se fuera a examinar el fondo de obras que pa-

san por ser de tésis, qué doctrinas tan tristes se deducirían! ¡Cuanto más daño hace el constante adulterio,
asunto de las comedias y dramas modernos, presentado
de una manera sujestiva, poética, elegante entre encajes
y perfumes, esmaltado de b1illantes que deslumbran y
por mujeres bellísimas y delicadas que la astucia de un
"detective" en lucha con el atrevimiento de un ladrón!. ... . .
Tuvimos el "Guignol" y en italiano, y claro, cerno la
mayoría de la poca gente que iba no entendió uoa pa·
labra, parecióle de perlas el género, y eso que, señores,
se pusieron unas obritas que revolvían los más bajos fondos sociales. Y ahora, muchos de aquellos asistentes al
Colón, hacen remilgos de empanada, se suben al púlpito, le ponen el paño correspondiente, y lanzan invectivas en nombre de ideas falsas y absurdas.
Felizmente la concurrencia llena la: sala del teferido
Coliseo y los aplausos cootínuos prueban el placer con
que se admin. la compañía Caralt, que en su género es
muy buena.
"Nick Carter," "El róbo de la Diadema," "El perro de
Basckeville" son, hasta el momento de cerrar esta crónica, las obras puestas en escena y cuyo argumento no he
de relata r, por entender que e n esto estriba todo el mérito de este novísimo teatro. Baste decir que las referí·
das obras impresionan, que los cambios de personas y
los juegos escénicos están perfectamente hechos, y los
intérpretes cumplen coo talento.
El primer actor señor Caralt conoce perfectamente
el medio en que se desarrollan las obras en que traba·
ja, y se ve que ha hecho de él cierto estudio. Declama
con naturalidad, se caracteriza bien, viste con elegan·
cía y llega a el alma del público. Las actrices stñoritas
Gil, Gaspar, Villaoova, lucen bue na figura y buenas
"toilettes" y han gustado bastante por su discreto traba·
jo, y el resto de los artistas dominan igualmente sus papeles, obteniendo constantes muestras de aprobación
En resumen, la temporada se presenta brillante y sigo
creyendo que el público mexicano ha do:: gustar del espectáculo del cual acabo de hablar.

ORFEBRERIA LITERARIA
Bueno; pues déjate de mandangas y de garliborle...1.
y cuando tengas que decir a lgo y no puedas guardarlo
dentro de tí porque se te salga. dilo. Y dilo derechamente. Sobre todo, dilo, l eh? Decir no es escribir. Una cosa
es escribir y otra decir por escrito. Y debería tene&lt;se
cuidado con eso de "dice Fulano .... " cuando no dice
sino escribe. Otra vez más, y no será la última: que ha:
ble tu pluma!
Todo eso de las cacofonías y las asonancias y demás
bobadas no son más que eso: bobadas.
¿De dócde has sacado que al repetir una misma sílaba en pocas pal«bras es cacofónico?
T_oo~erías de preceptivos que, no teniendo nada que
decir, mveotan dificultades técnicas artificiosas para
atribuirse el mérito de vencer las.
La mayor parte de esas reglas que se dice fundadas
en principios intrínsecos de buen gusto, no son tales Se
han hecho un oído preceptivo, artificioso, falso, y están
sordos por dentro.
Y no quiero decir sordos a la idea, al pensamiento
desnudo del lenguaje-si es que tal cabe,-sioo sordos
a la música íntima, a la entrañada armonía, y armonía
acústica, por supuesto.
Porque hasta como música, esa prosa de ebanistería
es insoportable. Y monótona

.:--'·--

~~

-- - -

¿ :: -=-:~:_~~_,. --

--

LUIS DE LARRODER.
Soldados del servicio militar de puentes haciendo pruebas de una canoa portátil en el lago de Chapultepec.

Ofrecidv por varíes jóvenH de la buena sociedad a l as bellas senont¡;s
- ·
Maua
' Amparo. ,Mercedt s y Lilly Martine 2 y Amparo Castillóo .

Se oye en ella el chirrido de la muñequilla, que da
dentera.
iQue se te quite la manía de la perfección, hombre!
Si andas con eso de la perfección, acabarás por no hacer nada vivo. Y lo que no es vivo, ni se tiene en pie ni
dura.
La manía de la perfección es cosa de solitarios; pero
en el peor sentido de esta palabra, /sabes? euaquel sen·
tido que no es decente poner más claro.
Déjate, pues, de eso y convéocete de que todo lo vivo, de veras vivo, es obra de dos, por lo menos Ni el
parto literario es partenogeoésico. Y deja, por tanto, que
hagan tus obras tus lectores tanto corno tú.
No, no tienes razón en eso. Casi todos los más grandes escritores han sido fecundos, muy fecundos, se
han repetido mucho, muchísimo: a fuerza de repe·
ticiones h'ln llegado a las formas definitivas de expresión, y ha sido el público el que ha seleccionado sus
obras. ¿Por qué has de ser tú quien seleccione 1.o tuyo?
Déjate avasallar de ese modo.
En vez de andarles dando vueltas y más vueltas a tus
cosas, a la busca siempre de su expresion perfecta, deja
-que ellas rueden por el mundo. Es inútil todo cuanto me
digas al respecto.
No me cabe en la cabeza-vaya una cacofonía, ¿eh?
-que un hombre que se encierre en su gabinete y se
pase "llí solo, solo y solitario, ocho, diez, doce o veinte
años trabajando en una obra de arte, pueda llegar a hacer nada duradero y vivo.
Lo mejor es que haga, en medio de la calle y en
mangas de camisa si hace bochorno, hoy una cosa, mañana otra, pasado mañana otra, y así cada día la del día,

y acabará, no Jo dudes.haciéndola más perfecta, si es
que de algún modo h•bía de hacerla.
Y eso que me mandaste es un horror; irómpelo. rómpelo!
. Apesta a reb:isc'lmieoto, Cuando pasen cien, tal vez
cmcuenta. acaso menos, no más que veinte años, se dirán las gentes que lean esas colinetas que armáis con la
pluma. ¿ Pero de veras hablaban así esos hombres? Todo
eso es mentil"a, todo eso no es más que mentira, y hasta
P?r muy verdad que sea, cua~t&lt;;&gt; de esa manera escrib1s.
Porque hay una mentira de expresión, no te quepa de
ello la menor duda.
Se puede escribir las más grandes verdades de una
manera mentirosa.
Figúrate que uno expone las leyes de Kepler de un
modo grandilocuente, Jo que llamamos grandilocuente;
pues bien, aquella exposición será .una mentira.
Y si presentas la ley de Mariotte con un fingido calor,
mientes.
Y hay muchos, créemelo; pero muchos, que están mintiendo mientras exponen grandísimas verdades.
Y toda mentira sale al estilo, que es como la cara, espejo del alma,
¡Afeites. afeites. afeites, colorete en las mejillas, menjurjes y nada más!
Y en ello entra hasta cierta atectación de sencillez y
de sobriedad.
Esa; cosas no se dicen, te lo repito, se escriben. Mira,
haz de modo que qui-,n te haya oído hablar sienta dentro de ,¡ al leerte el timbre v la entonación de tu voz, y
si no te ha oído, se figu re una rnz que le hable. Que te

oigan al leerte, sobre todo esto, que te oigan, que te oi·
gao, y no sólo que te lo::ao.
Y para que te oigan y no sólo te lean es preciso que
les hables, que digas, y oo sólo que escribas.
Ya sabes aquello q ue es tao antiguo, pero que hay que
repetirlo tanto: '·No un escritor, sino un hombre que escribe. "
El escritor oo es más que para los escr itores, para los
del oficio; el hombre que escribe escribe para los hombres que Jet n.
/Quién ha visto un sastre que no vista sino a sastres,
un zapatero que sólo a zapateros calce, un barbero que
no afeite sino a barberos?
Pues de esta monstruosidad no están lejos los escritores, que no suelen escribir sino para los otros escritores
¡Hao hecho una literatura para literatos, y así anda
ello!
¿Pues cómo, me dirás, se lee tanto a ese cuyo estilo,
según tú, no es sino artificio, rebuscd.miento, mentira?
Muv sencillo: porque apenas leen sino los mismos que
escriteo.
Cuando no van a los conciertos mas que músicos de
profesión, éstos soportan el que un "virtuoso," como le
llaman, ~e les vaya con estudios y habilidades de prestidigitación,
Y cuandooigo decir de un poeta, pongo por caso, que
es un orfebre, ya estoy cerrando su libro.
Esa supuesta orfebrería sedicente, poética, es lo más
hórr ido que conozco. Ni es orfebrería ni es poesía.
U_na_vez allá, en_mi pueblo, un cierto confl.tero que
se s1ot1ó e:;cultor hizo con pasta de mazapán :10 bajo relieve, remedando, de un cromo, un cuadro que repre·
sentaba los últimos momentos de María Estuardo. E l
velo de la reina era de tul de verdad, y las lanzas de
unos soldados eran de palo. Y todo ello pintarrajeado. Y habiéndome detenido a verlo, entre una tropa de
P":paoatas que. boquiabiertos ante el escapar ate, lo admiraban, con un pintor amigo mío, hombr e ingeniosísimo y muy a¡¡udo, exclamó éste: "¿Pero qué caraocho es
esto? El que ha hecho esto ¿ es escultor o confitero? Porque si es confitero, yo le eocerraría en un calabozo y no
saldría de allí hasta que comiese todo eso con el tul y
las lanzas y hasta la caja en que está todo ello " Aplica
el cuento, y aplícalo a los orfebres esos.
-El de escribir es un oficio-me dijo un día no sé
quién.
Y yo le contesté:-Sí, y nadie tiene peor letra que los
calígrafos.
Porque ¿has visto cosa mas horrenda que esa letra
que llamao caligráfica?
En cambio, casi todos los buenos dibujantes no calígrafos tienen una hermosa letra, hermosa en el buen
sentido. Y en otro respecto no sé de nadie que escriba
peor que los profesores de Gramática. ¡Claro! Como que
la Gramática es, según dicen los pedantes, el arte de hablar y escribir con corrección y propiedad.
¡No hagas orfebrería literaria, por Dios, no hagas orfebrería literaria!
MIGUEL DE UNAMUN'O.

�Usos de Sociedad

CRONICA
Al hablaros semanalmente de las elegancias
femeninas, mis queridas lectoras, no creais
que lo hago pensando en que trato con vosotras de un asunto poco importante, no; la cuestión de la &lt;toilette&gt; femenina ha llegado a
ser de graves trascendencias para la mujer
moderna, porque en la época actual se le concede a la elegancia una supremacía absoluta
sobre la belleza, y siendo para las damas una necesi·
dad tao grande la de agradar y presentarse hermosas,
para inspirar afectos y simpatías que forman en torno
suyo, una atmósfera de bienestar, de dicha y de alegría, preciso es tambié n que se le otorgue a h Moda una
importancia extraordinaria, pues que de ella depende
un resultado casi descisivo a ese respecto.
A fin de apoyar esta opinión, citaré a mis amables
amigas unas líneas que a tal propósito ha escrito el insigne literato, Enrique Gómez Carrillo, en una de sus
más lindas obras. Al tratar de la elegancia femeniaa,
dice así: &lt;La Belleza ha pasado de moda. Lo que nosotros adoramo es algo menos grande y menos raro, algo que nos es divino, algo que tiene su parte de aTtificio y su parte de capricho, algo que puede llamarse
gracia, encanto o &lt;jobiesse&gt;, pero no belleza.
La belleza, ya ustedes lo sabeo, ha hecho bancarrota ..... .

sienten, absortes, en acordar a Mlle. Arlette
Dorgére lo que pide a cama de su traje, de su
sombrero y de su sonrisa .
No hay duda_: la importancia del traje, del
adorno, del afeite, es j!randísima. En el tea!ro como en todcs los lugares en que las mu¡eres más elegantes se ofrecen a la admira·
cióo del público, lo que más interesa es la &lt;to·
lette&gt;. Los cronistas que antaño hablan del
talento de las actrices, hoy no analizan sino
sus trapos.
el arte y toda la literatura es un himno a la divinidad
femenina, los filós,ifos proclaman la bancarrota de la
belleza.
Parece un absurdo y es una realidad
La primera causa de la ruina, del &lt;Krach&gt; de la belleza-dice Marce! Prevost-es la pasión del nivelamiento, el odio de los privilegios. La tiranía de un admirable rostro femenino ha humillado siempre a las
mujeres. Preciso es confesar que ninguna tiranía es tan
grande, por lo mismo que ninguna se ejerce con menos
esfuerzo A sí pues. era necesario suprimirla y se ha
suprimido.-Pero diréis-¿ cómo puede destruirse la belleza cual si fuese un orden político? El mismo Prevost
nos contesta: &lt;Por un maravilloso trabajo ejercido en
el espíritu de los hombres, por cien artificios de peina·
do, de afeites, de tinturas, de pinturas, por la deforma·
ción sistemática del tipo natural o clásico&gt; Y e~to es
cierto, muy cierto. Ved lo que hoy gusta; preguntad
cuál es la mujer más admirada, más halagada, contemplad en las exposiciones de bellas artes los retratos que
más éxito tienen; ved, en fin, en los teatros quienes son
las actrices más aplaudidas, y notaréis sin dificultad la
transformación del gusto. La elegancia ba matado la
Belleza.
Y así los jueces parisienses que probablemente harían
encerrar a Triné en Saint Lazare si Triné se presentara
ante ellos en el esplendor de su divinidad natural, con·

En efecto; esas "toilettes" que en las noches de estren?s encantan a los revisteros y quitan el sueño a las modistas, esas "toilettes" algo caprichosas pero de un gusto perfecto y de una armonía impecable, son los modelos ~ los cuales se somete sin murmurar el universo femen100.
. Porque el cambiar de régimen, lo único que las mu·
¡er:s han _hecho es cambiar de dolor. Huyendo de las
anhgua_s tiranías de una Teresa Cabaoús, de una Mme.
Recamier, d~ una Castigliooe, las parisienses han creado un despotismo menos feroz. Las reinas de la belleza
~an sido sustituídas por las reinas de la moda. Una mu¡er _bella, es el concepto de la alta sociedad, es una
mu¡er algo vulgar, algo ordinaria, algo plebeya.
Re~riéndose a una de _esas muchachas del pueblo que
atra~1esan las calles desiertas de los barrios bajos de
Pans, envueltas ~n sus pobres faldas sin gracia, y con
la cabeza descubierta, la gente dice: "les belles filies."
Más . o u ocJ. tal ~rase saluda el paso de una dama
de lu¡o y de prestigio. Se dice: "la deliciosa señ&lt;'ra
tal," "la exquisita señora cual," "la elegante señorita
esta." La elegancia, sobre todo, es el título de majestad. "La mayor parte de las mujereS-escribe un psicólogo-prefieren la moda a }a belleza."
El culto ~e la moda reemplaza al culto de la belleza. Una mu¡er puede no ser linda, con tal de • ser elegante. La que no es elegante, por linda que sea no tiene adoradores.
Y como en todo hay grados, como en todo h ay esfuerzos, como en todo hay dolores, el triunfo no es en nuestros días más fácil como en las épocas pasadas. Las elegantes, sin duda, son innumerables. Las bellas lo eran
tambi~o; eno_ se _dice en francés como en español, "una
bella, para 10d1car que se trata de una mujer? Sólo
que, así como en antaño había bellas entre las bellas
h~y hogaño elegantes entre las elegantes. En l'I teatr¿
mismo, a medida que el triunfo de la moda se acentúa
la selección se agrava.
•
No todas las que ll_evan t~ajes de muselina ·Liberty
color de rosa marchito y sombreros con cintas doradas
que caen hasta la cintura, son de igual casta. No todas
mere~en igual c rédito como catedráticas en la escuela
práctica de altos estudios suntuarios
Y si no decís: "De cualquier modo· la democracia femenina ha salido ganando al destr~nar a la belleza,
puesto que es mucho más fácil llegar a ser a fuerza de
trabajo, muy "chic" que muy bella-Si m~ decís esto,
os contestaré: "No os hagáis ilusiones. La gracia es tan
r~ra _como la perfección. Se nace elegante como se nac1a hada. Y más aún os diría si no temiera entristecer
ª. alg~oa de las que tienen fe en la victoria de la pac1en;1a y de la constancia."
Habéis oído, mis queridas lectoras, la opioi6n de uno
de los escritores modernos cuyo talento apreciativo, so·
b re todo en asuntos femeninos, ,es digna de tenerse eo
cuen~a; así pues nada raro es que concedamos a la ele·
ganc1~ y a las modas_ un lugar tan importante, pues que
de alh depende el triunfo o la derrota de la mujer, ya
s:a en los centros de sociedad o, lo que es lo más grave
aun: en los corazones que desean conquistar con sus
encantos.
La próxima semana os hablaré de las novedades que
el cercano estío nos prepara; hoy sólo he deseado hace·
ros ver, una vez más, la preponderancia que en nuestra
época se otorga a las mujeres Elegantes, y la necesidad '
en que estas se encuentran de estar ampliamente iofor·
madas de todos los graciosos caprichos de la Moda.
Por tanto amigas mías. me despido de vosotras hasta
muy pronto, y entonces complaceré vuestros justos deseos de conocer las más lindas creaciones de las modas.
estivales.
MARGARITA.

Traje de Sarao.
¡La bancarrota de la Belleza! Parece un absurdo
que en nuestra época, en que tanto se habla de concur·
sos de &lt;beauté&gt;, en que tantol se envidian entre sí ·los
pueblos el prestigio de sus mujeres, en que se proyecan templos consagrados ~ los ídolos vivos, en que todo

Traje de pa,eo.

Hay personas que tienen fama de saber conversar
porque nada las detiene: ni piedad, ni caridad, ni be·
nevoleocia. Manejan sin ningún escrúpulo el arma
cruel de la crítica y la sátira, sin cuidarse de las heri·
das que causan. Estas, aunque complazcan por el momento a los que las oyen y a las personas aturdidas, no
son estimadas jamás.
El axioma de un sabio antiguo dice que &lt;hay que
pensar siete veces las cosas antes de decirlas&gt;. Esto se
refiere a todo aquello que imprudentemente dicho puede dañar a alguna persona.
El aturdimiento es censurable. A veces, por él decimos cosas que no tardan en pesarnos, mientras que de
una palabra bondadosa, galante o amable no tenemos
por qué arrepentirnos nunca.
Sin dejar de ser sinceros, podemos callar en muchas
ocasiones, más bien que ofender con un alarde de exce·
siva franqueza.
La contradicción es un feo vicio peligroso, que puede
dar al traste con la amistad y el afocto en muchas ocasiones.

cer dP. un modo disimulado la selección de sus relaciones es de los talentos más ditícilcs que se le exigen a la
mujer de sociedad.
Es necesario ser cortés con todos y cultivar la amis·
tad de los que verdaderamente son amables y nos con·
vienen para formar la familia espiritual de elección.
Una dama casada no debe tener amigas íntimas, pero
sí amigas fraternales, con las que puede ser más franca
y sincera, pero no menos cortés que con las demás personas.
Con ellas puede permitirse en la intimidad bromas y
risas que jamás se permitirán en el salón.
La risa es grotesca. Una mujer elegante, con los íntimos puede reir discretamente, jamás con carcajadas
estrepitosas y contorsiones; en sociedad sólo debe sonreír.
Los sentimientos que excitan a la carcajada son el ridículo, la burla, lo cómico; y esto, desprovisto por lo ge·
'Oeral de delicadeza, debe evitarlo el espíritu distinguido de una mujer elegante y cuila.
Por fortuna hay un auxiliar poderoso para facilitar la
amenidad de la recepción en la costumbre de ofrecer
el té a los visitantes.
La aromática bebida oriental ha introducido un cam·
bio en nuestras costumbres.
La generalización del uso del café dió origen a los
establecimientos creados para expenderlo y en los que
los hombres establecieron círcul&lt;&gt;s y casinos, en los que
durante mucho tiempo trataron sus asuntos.
El té fué más aristocrático, más delicado.
Un encantador pretexto de reuniones selectas y de
&lt;flirts&gt; ingeniosos.
En la actualidad ocupa plaza importante en la vida.

Hay casas de té donde se reúnen !~s. damas todas las
tardes al volver de sus paseos y sus v1s1tas.
Deliciosos tés íntimos que estrechan lazos de· amor y
amistad; grandes tés de ceremonia que substituyen en
algunos casos a los banquetes.
.
En la vida ordinaria, el té ocupa una plaza importante para reunir a la familia en una hora de descanso.
Para tomar el té en el salón se dispone una mesita
cubierta con artístico mantel en uno de los ángulos del
salón, y sobre ella se coloGao las servilletas, los dulces
y las pastas.
La dueña de la casa o sus hijas son las que han de
hacer los honores, ayu ·adas por algún amigo, y van
ofreciendo las tazas a los invitados, empezando por las
señoras de más respeto y continuando con las que tienen más cerca.
Al mismo tiempo que se presenta la taza de té se
ofrece el azucarero y se pregunta si quieten leche o
qué pasta prefieren. Es preciso escoger una sola.
Cada persona conserva su taza en la mano, o se acomtoda en una mesita cercana, yendo luego a dejarla en
su sitio.
La etiqueta permite servirse hasta cuatro o cinco tazas de té, pero sin tomar pastas más que una sola vez.
Las pequeñas mesitas que se desdoblan son muy Ílti·
les, porque p~rmiten formar animados grupos.
Esto en los tés habituales. Los de ce remonia siguen
las leyes de los banquetes y los &lt;lunch&gt;. Se hacen para
ellos elegantes &lt;toilettes&gt;, que participan &lt;le! lujo de !.is
de baile y de las formas sencillas de los trajes de casa
y se denominan &lt;tea gowo.
Los guantes se conservan puestos en todos los tés. Se
asiste si'empre de sombrero.
La costumbre de fumar en los salones o delante de
las damas después de una comida no está autorizada por
la etiqueta y se consiente sólo cuando la dueña d~ la
casa lo autoriza de un modo especial y explícito. En nin·
gún caso un caballero puede pedir permiso parafumar;h~y
que esperar a que se Jo ordenen. Siempre antes de con·
sentirlo, la dueña de la casa ha de enterarse de que no
molesta a sus amigas concediendo esta libertad.

Preciosa &lt;toilette&gt; de noche.
Hay que huir discretamente las co,ntroversias y_ aún
prohibirlas de un modo explícito en caso de nec;es1dad.
La voz ya hemos dicho, en otras ocasiones, la iofluen·
cia que tiene en el encanto de conversar. Hay que va·
lerse de ciertas fórmulas graciosas de cortesía, dando
con oportunidad los títulos y tratamientos, a fin de que
se vea que en medio d:. la cordialidad de una coover·
sación no se olvida la jerarquía de la persona con quien
hablamos.
Esos pequeños y ceremoniosos detalles de cortesía no
deben olvidarse nunca.
Uno de los escollos de la dueña de casa es el demasiado número de relaciones que pasan por su salón si es
persona de alguna importancia. Esto ha hecho suprimir
las presentaciones y ha autorizado a los visitantes para
irse sin previa despedida, lo que hace perder a la cordialidad dc1 la reunión. S .ber atenderlos a todos y ha-

Traje de baile.

Modelo de traje de visita.

�EL MUNDO ILUSTRADO

El Otoño

RESPUESTA.-RosAURA: Tuve mucho gusto al recibir su carta, y no fué poca la sorpresa que me causó
sater coa! es la figura con que eu su imaginación se
representa a &lt;Margarita&gt;. Y digo sorr,resa, pues todas,
o casi todas las personas que me han hecho una pregunta semejante a la suya, han &lt;visto&gt; en su peosami~nto
otro tipo absolutamente diverso al que usted me atribuye. Han creído que soy páli~a: rubia, de ?jos claros y
de fisonomía suave y melancohca. Usted piensa que soy
alta, robusta y morena ..... .
Pues bien, amiga mía, no soy Ele este ni del. otro modo; perv esto no importa, pues lo que doy a mis lectoras
es el alma, y ern ... .. . la conocen perfectamen\e, se lo
aseguro.
Sin embargo, le agradezco inmensamente si; afectuoso deseo, y no tengo el menor inconveniente en satisfacerlo, ~i las circunstancias ayudan a ello.
Quedo enterada de su cambio de nombre, y con todo
placer seguiré recibiendo sus simpáticas cartas.
PARA LAS MANOS.-MARÍA EvANGELJNA: Sin duda alguna que le será muy útil la receta a la cual se refiere pues precisamente en casos como eo el suyo. produce' resultados excelentes. Las substancias indicadas
deben usarse dos veces al día: una después de haberse
lavado las manos con agua tibia, y otra antes de acostarse, para que durante toda la noche la piel absorv_a
dicha preparación. El modo de aplicarla es muy senc1llo, pues basta con poner una pequeña cantidad en el
hueco de la mano, y en seguida se mojan ambas en esa
pequeña cantidad, hasta que se h?medecen P?r completo, eojugándolas después con un heozo fino, sm secarlas
demasiado. Luego se aplica con la borla, polvos de&lt;An•
thea,&gt; y las manos adquieren blancura y suavida~.
Mucho agradezco sus bondadosas frases para ¡uzgar·
me son del todo inmerecidas por mi parte; pero en
cu~nto al fino y cariñoso modo con que se cespide de
mí, ese sí lo acepto con profunda gratitud y lo correspondo cordialmente. .
.
.
Su carta está muy bien escrita y me¡or redactada; no
tiene razón para estar descontenta de su estilo epistolar.
MODELO.-EM1L1A: Doy a usted el modelo que se
sirvió pedirme de cubierta para mesita.
Está hecha en moaré azul antiguo, guarnecido con

bordado cte P.Stilo rococo. El listóu con que se confeccionan lds flores, es rosa pálido, y los pequeños «nomeolvides&gt; son de listón azul claro. El follaje es de verdes
secos; la lentejuela y el galón son de oro mate.
Espero que dicho moddo será de su agrado.
VARIAS INDICACIONES.-JosÉ N.: El sudor de la
nariz, proviene del tempenmento linfático; puede corregirse tomando cv\:ampole&gt; o Emulsión de Scott.
En cuanto al catarro frecuente, también se rPtirará
con el uso de estas preparaciones: los baños fríos son
muy eficaces para preservar el organismo de tan molesta enfermedad, pero antes de seguir esta indicación,
creo que debía consultar con uo médico acr~ditado.
También le recomiendo que tome una substancia, llamada &lt;El Rey de los Pectorales,&gt; pues produce result~dos inmejorables en las Pufermedades de las vías res·
piratorias. Dicha substancia se vEnde en la Droguería
de Labadie, en esta capital.
Respecto de ese defecto de las uñ1s, creo que s~lo
podría darle un consejo acertado, algún doctor especialista para las enfermedades de la piel o cualquiera de
esas señoritas que se dedican al cuidado de las manos.
En cuanto a lo que tiene en los ojos, se mejorará si se
los lava con solución bórica al dos por ciento.
No crea usted que sus pr eguntas me rnn inoportunas;
contesto a ellas con todo gusto, deseándole un alivio
completo eo todas sus molestias.
RESPUESTA PARTICULAR.-X. X. X.: Ya tuve el
gusto de contestar por correo su ca na; espero, si el correo lo tiene a bien, que habrá usted recibido mi respuesta.

mucho tiempo, que no recibía ninguna carta suya ; por
esto me he sorpren3ido al ver su nombre, el cual me
recuerda a un am;go desconocido, hoy tan lejos de nuestro país, viajando por las encantadas regiones de la India Oriental.
Gracias por su recuerdo; quizá no vea estas líneas
hasta que regrese a su patria, lo que. según me dice,
será dentro de poco tiempo. «Hasta la vista&gt;, pues, señor Alfredo.
MARGARITA.

El Tocador
Hay un rincón del cuarto, piso o cas•, donde el espíritu y el corazón de la señora se encuentran mejor que
en otra parte, y es ahí doode hoy quiero acompañar a
mis benévolas y amadas lectoras: el tocador, denominado ahora en Francia «petit salon&gt;, y que para muchas
mujeres laboriosas o intelectuales se ha convertido en
&lt;gabinete de trabajo&gt;.
Es allí donde la dueña de la casa toma el té con su
mejor amiga .... o con su marido. Allí sueña, escribe,
echa sus cuentas, lee la última novela, borda tejidos maravillosos, SP. aplica a brocados preciosos y prepara sus
caridatles. Es allí donde se conversa amablemente,
donde se discute o murmura un poco-hay que confesarlo-donde se charla mucho.
Con ropas de interior holgadas y frescas, que en otro

HISl'ORIA DE AMOR.-MOSQUETA: Tengo a la vista
su linda postal y lo que en ella me dice. Ya sabe mi opinión a ese respecto, y por tal causi no le repito aquí lo
que otras veces le he dicho; pero insisto en creer que
si usted se dedicara a la literatura, dirigida por hábiles
inspiradores, conseguiría dos nobles fines: desah~gar su
corazón por medio de la producción artística, y cultivar
sus facultades intelectuales, que sin duda producirían
más buenos resultados de lo que usted SU{)One
)so tenga desconfianza en sí misma, pues así no se
triunfa en niogún combate; ni con la lucha por la vida
ni en las batallas de amor
RECUERDO LEJANO.-ALFREDO: Hace mucho,

lugar no se permitiría, la señora es en verdad ahí más
hermosa que en los ricos tapices de su salón, y más interesante que en las reuniones m,undanas, puesto que
ahí se percibe entera su alma y se a precia su corazón.
¿Qué cuadro conviene a este precioso rincón ?
El que se quiera, con tal de que en él todo sea delicado, fresco, en perfecta armonía con &lt;la mujer&gt;.
La luz llega allí por las ventanas. o por los &lt;bowwindows&gt; tendidos bajo una ancha banda de blonda
&lt;guipure&gt; o de punto antiguo. por encima de la cual
caen ligeros visillos de tafetán, adornadvs en los bordes
con aplicaciones de blonda
La decoración de las parerles será armónica en cuanto a color; éste se escogerá que permita destacar el b1 illo de cachivaches, &lt;bibelots&gt;, mue bles y e5tofas.

.
.
Ornada de guirnaldas y gractosos ~estonti pasa opulenta con sus frutos óp1mos,
sus auroras carmesfes, sus oo_ches de luna
perfun:iadas y azules, la estación fau~ta _de
Jos esttvos meses, de los blando~ des1gmos
del cuerpo y del alma que sólo llenen fuerzas para amar!
¡Oh! q~é dulce es entonces, _atravesando
la cam~rna alfombrada de cerinto, d: fragante a¡edrea, _?Uscar e I secreto as1~0 de
los bosques, sonar a la so~bra_ d~ los arbo·
le, veslldos de_ gala, cua_l s1 as1st1esen a las
sagradas nupcias de la tterra y el rnl, r~fre~car la sa?gre ardiente en el r'.1-udal cnstala no. -sentir, oreándonos la s1én, el sahumerio de la brisa impregnada en el olor
montaraz ~e las mirtáceas,. las tuber~sas,
las_bromehas. agreste efluvto ~uyo_ origen
se 1~nora, y qu_e parece la a_g1tac1ón pro·
duc1da en el :11re por el abanico de plumas
de leves odaliscas, que derramasen sobr~
nosotros al opio blaod_o de su vol_ul?tuos1•
dad, para darnos dormidos sus caricias celestesl
El viñador ve amarill_ar los pámpanos
en las cepas mad~ras; p1~rden l~s valles
su corona; ~n háhto de viento,_ fno, pene·
t~ante, contiene la fermentación ~e la sa·
via en los tro:icos robustos, cual s1 les hubiese llevado 1:is confidenc!as de la mue~te.
Caen las ho¡as descoloridas y mustias.
Remolinean co_n estridente _roce sobre _el
musgo en caprichosa confusión , eo faotas·
ticos giros, al impulso del cierzo qúe las
r:vuelve, las arrastra, las desmenuza, las
dispersa. . .
.
.
La ~c~c1:1 s1mbóhca de arrac1ma_das ~or~s, la b1b(1ca palmer:1, el tamarrndo_ 10d1a!1º• el s1coa_ioro ?nuodo_ de la griega
Chipre, el p~hdo ohvo antiguamente consdgrado .ª Mrn~!va, el umbroso _árbol de
que Ale1des te¡1era su corona, el 1aurel de
Pafos, la magnolia espléndida de Amér!ca,
el o~bú solit:irio ~e la_ P'.1-mpa argenttna,
guarida hospitalaria al rnd10 errante, todos
esos hijo~ lozanos del d~sierto Y las selvas,
estremecidos se despo¡an de sus frescos
adornos.
Otro tanto acontece con las plantas ~odebles semejantes a la doncella tímida
que, después de un3: fiesta en que se desencontrara con su oov10, esparce desconsola·
da en derre~or de su lecho las cintas Y l~s
rosas marchitas al calor del seno palp1tante.
No todos lo_s ár':&gt;oles, empero,. pierden su
verdor, langu1dec1endo al senti r la ausen-

cia del ambiente estival tan plácido a la
gárrula hojarasca .. ..
Algunos vienen de climas rigorosos, son
fuertes y severos.
Resignados soportan el alejamiento del
astro que destella el día de su frente, y parece como los tamariscos, las sabinas, los
enebros, y especialmente los cipreses de
que se coronab" el monte Ida, vivir en perpetua plegaria, envueltos en su ramaje som·
brío.
Triste está el prado, triste está la colina.
Mirad al cielo; en vano buscaréis en la re·
gióo olímpica el esplendor mag, ífico. las
fulgurantes ráfagas q ue os deslumbran en
las alboradas del estío.
No hay en el horizonte oi esrallidos de
volcanes, ni oleadas de topacio, ni monta·
ñas flamfgeras.
Son menos vivos los matices, los torna·
soles de las nubes livianas.
La luz y los colores dilúyense armoniosamente en el éter produciendo sonrosadcs
celajes que van desmayando hasta per~erse en una tenuidad vaporosa: así expiran
los dorados ensueños de la juventud; así d
pensamiento, después de haber iluminado
las verdes cumbres dt: Ja vida , siente debilitarse sus fuerzas hasta desvanecerse en
el océano sin riberas de la inmemidad
¡Oid! ha cesado el rumor de los campos;
no canta en la espesura la cigarra, ni zumba el grillo en los trigales.
De vez en cuando se escuchan sólo los
mugidos prolongados dt las vacas bravías,
llamando a sus terneros, El balido de los
corderillos friolentos, el cencerro de las
cabras ramoneando en las cañadas, el humilde cantueso y los sauces amargos. la
voz de algún p 1 stor solitario que más que
canta se lamenta, y al caer la tarde, allá a
lo lejos, el tañido de la campana de la er· ,
mita, que según la expresión del grande y
taciturno bardo de Florencia &lt;parece llo- ·
rar al dia que se muere&gt;.
¡Qué inefable tristeza!
•Es la dulce hora de la oración y del re· ·
cu~rdo! .. ... .
¡Oh, tú cuya alma sistemática y doliente
se armoniza con esa serenidad religiosa,
con esa melancolía sublime, ven, y desde la
cima de nuestra montaña desolada, salude·
mes juntos al Otoño-el otoño que ha he- campanillas silvestres, p~ra coronar tus cacho énmudecer demasiado pronto en tus bellos más negros que mis penas.
vergeles el coro alado de los tiernos amo- l Enjuga, enjuga tus lágrimas por no caures.
/ sar envidia al ángel del dolor.
As[ reverderean aquellos para tí brin- \! Las lámparas de tus altares están llenas
dándote de nuevo sombras y frescura; así toda~ía de óle? perfumado; una m(rada de
vuelvas a deleitarte un día al canto alegre ,tus ºJ?s bastaria a e_nc~nde:las, y tu puedes
de las aves amantes en los matorrales flo- 1 ser aun la sacerdottsa rnsp1rada de un culr idos, y se te vea otra vez vestida de blan_l·to mis•erioso y di,vino.
. , .
co, recogiendo entre el césp"ed ~violetas yl J En cuanto a m 1, he dado ya m1 ultimo
1

l

adiós a la juventud Y a la esperanza.
Jamds retoñarán las ramas, entre las
cuales abracé las castas visiones de la feli·
cidad.
Ya no ~ay misterios ~n la selva callada
que transito; ya no hay imágenes flotantes,
oi voces incógnitas haciendo al oido tier·
nas promesas que hoy ni comprender sabría
el corazón.
En cambio penetra allí más luz, más directamente pueden mis pensamientos remontar hasta el cielo, en donde tengo una
cita inmortal! , ... . .
En otro tiempo hubiera escrito en verso esta alegría; pero idyl mi lira está cubierta de crespón y ha enmudecido para
siempre!
CARLOS GUIDO Y SPANO.

Los peligros de la radiografía
La facilidarl con que los aficionados a la
telegrafía sin hilos pueden montar un apa·
rato para enviar y recibir mensajes, ha hecho que las áutoridades de Nueva York se
preocupen de regulatizar el uso d,i la radiografía, pues muchos aficionados, guasones y de mal género, se entretenían en enviar señales simulando que algún buque
estaba en peligro e interrumpiendo a veces
el servicio de las Compañías que se dedican a la transmisión de mensajes radiográficos.
Ultimamente un empleado de la Central
del sistema Marconi ha descubierto un
método para que los aficionados que se
dedican a esas bromas reciban el correctivo que merecen.
La primera prueba se hizo hace pocos
días y como resultado de ella cuatro curiosos se encuentran en el hospital, pues recibieron en sus aparatos una descarga tan
fuerte que el mejor librado q•1edó privado
de s,mtido cerca de dos horas.
La Compañía de Marconi ha resuelto
instalar definitivamente ese invento en todas sus estaciones para asegurar así el secreto absoluto de los mensajes que transmita, pues la descarga eléctrica aunque es
fuerte no se siente en los ~paratos de los
buques ni en los de tierra que estén debi·
dameote instalados.

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL

MUNDO ILUSTRADO
BOOA D ELIOIOSA, FRAGANCIA
en el ALIENTO con la l

BANCO CENTRAL MEXICANO

EITEIUAC

AIIENTO de las FUERZAS,

VIOLETAS RUSAS

CAPITAL SUBSCRITO ............ ...... $ 80,000,000.00
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t lonalOlt:vBank, New York.-Flrst. N&amp;tlonal B&amp;ulller mo Chllc&amp;1ro Voc.- G'nk,Cía.

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del tocador : Cuidado■ de J~
Boc.a i qua purlfloa, de 101
Cabello• OUJa ca1da detiene
LoolODH de IH CrlH, Clll,
dado• IDtiuto■, etn.

El g ran periodista argentino, doctor José
G . Paz, que ha fallecido hace algunos me·
ses en París, fué el fundador, como se sa·
be, del acreditado diario &lt;La Prensa&gt; y
quizás el que ha dado mayor impulso al
per iodismo argentino. Por tal motivo su
nombre es venerado por todos conceptos,

en Buenos Aires, y ahora, con motivo de
la ceremonia que representa nuestro grabado, se ha visto bien palp able el cariño
del pueblo a rgentino y de todas las clases
sociales al venerable escr itor, que tanto
hizo en pr o de la cultura por inedio del
periódico.

La freGuenGia del pulso, modlfiGable

a parece cuando hay taquicardía; y lo mismo cuando la persona ejecuta m1,vimieotos
respiratorios a la vez que acelerados y su·
perfkiales.

!:~~8;.~!}!=:N ~~!~:8 1

siempre es eficaz. Millares de personas curadas por ella testifican
sus maravillosos re.'!ultadoe, y por eso es que se ha hecho la preferida del público. Basta usarla una vez para tenerla siempre en
prevención. Produce efectos segurfsimos en

QtfANOS, TUIIIOltES. A&amp;.1110/flfANAS, Hl!lflDAS, ,.USTULAS, &amp;.&amp;.AQAS,
U&amp;.Ol!RAS, QUl!IIIADURAS, ,.l8TULA8, l!lfUf'CIONl!S, l!TO,. ETO,
DI! Vl!NTA l!N TODAS &amp;.oll8 DltOQUl!ltlAS f 80TIOA8,

A 25 CENTA VOS LA CAJA.
Para loa Jugares donde no ae eno1u1nt re, ae deepaohatranoo de porte, enviando
oon el pedido en aelloa de oorreo $0.80 ova. por oada o&amp;Ja y por docena $2.62,&amp;I Depo.
altarlo general,
lfolll"olll!&amp;. • • OlfTl!QA, .,. OAL&amp;.I! Df! lllollNltlQUE N 9 ea.
A,.AffToll00 4841,

l
La Infanta en el Ferrol

Se ha preguntado: ¿ puede el hvmbre
La infanta Isabel, lía del Rey de Espa
modificar la frecuencia del pulso volunta·
ña, ha ido ea representación del gobierno
r iamente y eo reposo?
a fa botadura del acorazado &lt;Alfonso XIII&gt;
Sí, puede, según los resultados obtenidos E n condicion:s normales, diez centime; al Ferro!, en Galicia, que como se sabe
4- la f•'-Cffoce,.,,_
por
r
ecientes
investigaciones
del
doctor
t
ros
de
meve
ca,da
r~pr
esentan
un
cenll
existe
uno de los mejor es a rsena les espaltN LAe l"A"'MAOIA•.
Putzig, r elativas a la influ encia que la res- metro de agua de lluvia.
ñoles.
J..pate■1Gu1■nh■lm 1 ■af1r■equ1
piración puede ejercer en la frecuencia de
El recibimiento que se hizo por los fe.lpartado ~ M4x!OQ.
las contracciones cardíacas. Estos r esulta·
.
.
r rolanos a tan augusta dama, ha sido muy
dos se pueden resumir en la siguiente for- E¡n ~USla la m~rt~hd1 es mayor qut! en cariñosa, pues bien sabido es que goza de
ma:
cua quier ot_ro pa s :. uropa, pues ega generales simpatías la hermana del maloE n una persona que r espire normalmen- al 4 1 por mil Y por ano.
grado monar ca Alfonso XII.
te y cuyo pulso tenga frecuencia media,
Los festejos han sido muchos y estuvieésta aumenta en las inspir aciones y dismiron muy animados, alabándose en general
nuye en las expiraciones., La mayor difeLa_ r ei!la Guillermin~ de H olanda es al nuevo bar co de la marina de guer ra
J
CA~NE • QUl~A
r._, mns Hv.C(,05lll ll\'COIC- :,Col•!'r:rnn e !l rencia notada entre el numero de pulsa- p ropietaria de una gran¡a lechera que le española, que reune todos los mayor es
t,,c.: fa.-.•"~ 11\ E,n1e rm ~dad·~C:-. IÍ•:' l f::til ó-- ciones en uno y otro caso respiratorio _ha produce muy buen r esultado.
adelantos, por haberse hecho por exper tos
Cll&amp;t.!(• y d~ I'&gt;~ l n t..est.1nos.Coc"··11t.', enc 1a~. sido de 12 (en un minuto). H a ascend ido
ingenieros náuticos.
CootUluac ,un d&lt;.• Pa r to .... Mvv1w11·ol~,. basta 26 pulsaciones cuando la persona en
fE'brtl P9 é l nOu,en,..,
observación ejecutaba movimientos respi- Se sabe que las águilas vuelan hasta alratorios for zados. La influencia de la res- turas de 2 ooo metros.
piración en la frecuencia del pulso des0

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principales causas del desar rollo tan frecuente de la caparrosa.

Director Médico,

EDUARDO LICEAGA.

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Una linda aGtriz parisiense
En el teatro Michel de París, que como
se sabe es el más pequeño y también el de
más lujo de toda la capital, se destaca por
su elegancia y belleza una actriz, Mlle.
Lucienne Guett, que está adquiriendo una
gran notor iedad, escogiéndola los autores
para intérprete principal de sus obras.
Su talento sugestivo en extremo, su figu•
ra netamente bulevardesca y las &lt;toiltttes&gt;
de sumo gusto que ostenta, la hacen una
de las Reinas de la moda.

l

0, I",

No aparezcáis n unca más sabio que lo
que sois, ni más prudente que aquellos con
quienes os halléis; llevad vuestro saber lo
mismo que vuestro reloj, en un bolsillo
particular, de donde no lo saquéis n i lo ha·
gáis sonar únicamente para que veamos
que lo tenéis.
000

Pertuman los
labios y dan á la
boca sabor de ambrosía, &amp;P&amp;&amp;lonan
y hacen divino el
beso de los amaJJ•
tes.
La esposB que
usa l&amp;&amp; Putlllu ,,
Vlolttu de Rual1, d1
Quentln, goza del&amp;.
, ternura de su ma•
••
rldo. Indlspen11"!:
sable par&amp; los
·
Que aman las exquisiteces. C&amp;jlt&amp;
artística de &amp;lu
minio. 50 cvs. Por correo, certltlcad&amp;, 60
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-------------CASOS Y COSAS

La verdaderd. grandeza es la que no ne·
cesita de la humillación de los demás.

o o o
El primer museo fué fundado 2 80 años
.
.
.
antes de Jesucristo.
La razoa que se deJa llevar ne la calera
llene la misma suerte del error.
El comercio consnme más de un millón
de pieles de gato cada .iño.
000
La policía no es otra cosa que la diplo· E n cier ta época, en Turquía, estaba
prohibido fumar so pena de muerte.
macia en harapos,
o oo

•

F.LOREINE

1

o oo

Hay una probabilidad contra ....... .
ooo ooo para que una persond. tenga
Hay algunos que para nad;t sirven colo- las lfneas digitales que dan la presión
E ntre los manuscritos del Museo de }iis- cados en segunda línea.
identificadora, igual a otra persona.
toria Musical de Colonia, el mismo conser·
La tuberculosis causa la muerte de más
000
vador de aquel centro artístico ha descupersonas de 25 a 30 años que cualquiera
b 1'erl0 una compos1c1on
· · , me
· 'd't
Np hay veneno más activo que la lectu- otra enfermedad.
I a d e 1 su bl'1me
maestr o.
ra de malos libros.-Chateaubriand.
o o o
Se t rata de una melodía adaptada a la
o o o
·
d ¡
,
·
El tiempo de existencia de un barco de
primera e as tres poes1as de Mattb1sson,
guerra moderno se calcula en 20 años.
que llevan por título &lt;A Laura.&gt;
Un hermaoo es un amigo dado por h,.
Todo hace suponer que fuera escrita en- naturaleza.-Proverbio chino.
tre 1
L
os anos 1790 Y 1792. os versos, un poO O 0
co mediocres, han sido ennob lecidos por
las notas de Beethoven ; pero el principal En un teatro,·
é •
. .
•
m rito de la composición esta en el acom• - Acomodador, mi butaca está ocupada
COGNAC
pañamient~ de piano.
por aquel caballero. Dígale usted que se
? esgrac1adame~te, falt~ el principio de vaya a otro sitio.
la rnteresante págrna musical.
-ilmposible! ¡Es un magistrado!
64-00 0

Un trabajo inédit o de B eethoven .

Ouoo,.,,.,..,

VINO ARDUO

1

La mu;er menos coqueta sabe que es
am...da un poco antes que Jo sepa el mismo
de que se enamor a.

Médico encargado del departamento de enfermedades nerviosas,

Dr. A. Ruiz Erdozáin
Administrador,

J. Lavista.
LEA USTED

'La Semana Ilustrada'

0 0 0

-lY qué tengo yo que ver con eso?

-lPero no sabe usted que los magistraEn la tumba de un r ey asirio se encon- dos son inamovibles?
tró un pan que debe tener más de 2,500
años.
o o o

Ninguno tan deflcioao como éste.

�EL MUNDO ILUSTRADO

1) Los Mal'.)damientos
Belleza

hir,~!
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&lt;los diez maodamieotos de la belleza&gt;.
r. Cuaodo el espejo te dice que estás
uo poco indispuesta, descansa.
2.
Para conser var el cabello hay que
lavarlo una vez por semana.
3. La higiene de la boca exige un lige·
ro masage diario aplica ndo un dedo a los
labios y a la parte superior e ioferior de
los labios,
4. Hay que practicar todos los días el
mas.,ge de la barbilla.
5. La nariz requiere un masage diario MARAVILLOSA CURACION DE UN
con los dedos.
ANTIGUO Y HONRADO PERIO·
6. S i se enrojece la puota de la nariz,
hay que aplicarle comprensionescalientes,
coo un pedazo de tela muy fina.
DISTA
7. Para evitar las arrugas llamadas vul·
. .
garmente «p~tas de gallo&gt;, es preciso lavar ~1 decano_ de los penod1st1;5 cubaoos, el
coo frecuencia los pár¡:,ados con agua tao seocr Arsemo _F~;nandez Carc;,.va, de Ha·
caliente como se pueda sufrir.
han~, nos escn~,10 c~n fecha catorce de
8. El brillo natural de los ojos se coo· Abnl de ~gu: Escribo a usted_ coo gusto
serva bañáodolos con &lt;agua de rosas&gt; y para mamfestarle que sus pr~c,1?5'1s pfl~ousaodo para ello un recipiente especial.
ras de Paw Paw son una bend1c1on de Dios,
9 Para que no aparezca la vulgar bar- s~bre todo para los viejos como yo que dibilla o &lt;papada&gt;, hay que d0rmir con la gteren mal por. falta de denl_:ldura y de
cabeza muy baja tan baja como sea posi- trastornos gástricos. Tengo6ganos de edad:
ble.
•
he padecido mucho de las muelas, cuando
ro. La piel se refresca coo baños muy joven, y unas me las extrajeron los dentiscalientes.
tdS, y otras me las arranqué yo mismo; no
Las prevenciones generales pueden, en permitiéndome mis esca5?S _recursos el po·
principio, condensarse en las líoeas que nerme uoa dentadura arhfic1al. Estuve hassiguen
tante tiempo utilizando e_l B!carbonato de
En la práctica:
Soda para ayudar a la dtgesttón; pero este
En toda clase de lavados, y hasta en el procedimiento me obljg_aba a (r aumentan·
baño, debe usarse agua destilada. Si se do gradualmente la dosis de Bicarbonato, y
emplea el coldcream procúrese puro, pues tanto he tom3:do qui: :mpecé a sentirm~
cuando tiene plomo causa mucho daño a ~al, y d_etermtné sushtu1rlo con sus pro~•la piel.
g!osas p1ldoras de Paw Paw, tomando d1aE l masage tiene real y positiva impor- namente al acostarme, una de dichas píltancia. Debe practicarse en todo el cuer· doras; hace de esto dos · meses y observé
po, porque hace circular la sangre y evita que me encuen~ro bi:n y hasta he eng?r·
la formación de grasa.
dado. Uso al mismo tiempo su excelente¡a·
Jamás dtbe unt..rsevaselina en los cabe· bón, y mi físico ha mejorado mucho."
llos. Ninguna substancia mineral puede LAS&gt; PILDORAS DE PAW PAW ( .
hacer que crezca el pelo.
.
.
Pa
La receta empleada con éxito para evi- paya), son las me¡".res que !e conoc~n pa·
tar la caída del pelo se denomina «loción r~ ~l eSl6mag? e htgado Y un__ P?Stttvo. y
de camomille&gt; y debe aplicarse sólo en las ra~t~o re.~e~to para el estren 1m1ento, te·
raíces. Hay que usarla con cuidado, para tenc1a, b1,ho_s1dad, dolor de cabeza y todcs
que no salte ninguna gota sobre la cara, los padec1m1entos causados por, desórdenes
porque deja fuertes manchas amarillas.
~€1 e~tómago .e híga~o. Estas p1ldo~as conLa «camomille&gt; se fabr ica de este modo: heoen las r_ne¡ores virtudes del !ómco Paw
Echese en un litro de agua un puñado Paw, Y esta o preparadas del ¡ugo de la
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Se_hace ~ervir la mezcla durante doce o
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.
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metahco colocáodolo en un sitio fresco.
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d1m1ento que sigue:
y todos los males de los Riñones. 50 ceniaLavarlas primero cnn agua de jabón vos. Marca 3 X, 32.
cambiando el agua tres o cuatro veces y
dejarlas secar sin hacer uso de la toalla. Munyon tieoe Remedios para todas las enCuando estéo relativamente secas, hay fermedades, casi todos al módico precio de
que bañarlas con una mezcla compuesta 50 centavos. Se venden en todas las farma·
de treinta gramos de glicerina, noventa cias o pueden pedirse directamente.
gramos de agua de rosas y diez gotas de
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Los amigos de las aves venían quejándo• 6; y otras. Consultas por correspondencia,
se desde hace mucho tiempo del enorme confidenciales y libres de todo gasto número de volátiles destruídos por los fa- MUNYON'S 53 Rd. AND JEFFERSO N
ros de gran potencia.
S's. PHILADELPHIA, E. U. de A,.
Estas mortandades eran grandísimas, so·
bre todo en la época de la emigración.
Hasia hace poco se creía que las aves,
a~ra1das por los rayos luminosos, se precipttabao con Id.) ímpetu sobre la linterna
del faro, que caían atontadas o muertas
por efecto del golpe; pero las detenidas
observaciones llevad«s a cabo por muchos
El Agente exclusivo de
torreros han permitido determinar la ver·
dadera causa.
nuestros semanarios "El
Las aves muereo extenuadas después de
haber seguido durante horas enteras, en su Mundo Ilustrado" y "La
movimiento giratorio, los rayos de les pro · Semana Ilustrada" en esa
yectores. Generalmente, después de fatigarse en vano, concluyen por caer al m~r Ciudad, es el Sr. Manuel
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1913, Año 20, Tomo 1, No 24, Junio 15</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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