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                  <text>��EL MUNDO ILUSTRADO

Recordad Este
Paquete

LUNES 23.

Ninguna otra rrc:licina en el
mundo, exclusiva,nente para mujer ci, ha hecho tantas curaciones
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grandes cantidades como el Compuesto Vegetal de la Sra. Lydia E.
Pinkham.
Miles de mujeres han recuperado
la salud con este remedio, cuya.
brillante historia es por mérito.
La mujer que está enferma y sufre no tiene
excusa en seguir sufriendo pues no hay duda alguna
dP. que este antiguo y gran remedio cura los males
femeninos.
Cárdenas, Prov. de Matanzas, Cuba.-"Estuve ,
,.ifriendo por muchos años de males en el útero y
en los ovarios y seguí tratamientos que me estuvieron el.ando notables médicos por espacio de 12 años. Estos trütam:ent.os
no me curaron y finalmente, los doctores opinaron que era necesaria una
operación, pero yo no accedí á ello.
"Después de leer un folleto que publicó Ud. determiné probar el Compnesto Vegetalele IaSra.LydiaE.Pinkham aunque sin fé alguna, pero
después de tomar siete pomos estaba curada. Esto sucedió hace seis años
y desde entonces no he experimentado la menor molestia. Antes de tomar
su remedio tenía to:los los años fuertes dolores en el vientre los cuales me
obligaban á guardar cama por espacio de tres meses. Sólo siento no haber
conocido antes su medicina pues me hubiera evitado muchos rnfrimientos.
"Puede U d. hacer público este testimonio para beneficio de las mujeres
que sufran. Cualquiera muier puede venir á verme ó escribirme. Estoy
segura que la convenceré de"to excelente que es el C,1m¡)uesto Vegetal
d e l a Sra. Lyclia E. Pink!lam."-Sra. REBEGA FLORES DE MORALES,
calle Ang!-:ma No. 153, Cárdenas, Prov. de Matanzas, Cuba.

Santos Zenón y Agripina Mártire~.-Hoy
y mañana cficio y misa de la lnira Octava
de San Juan Bautista, con rito semidoble.
MARTES 24

Santes Fausto Mártir y Sim¡ licio Obispo Confesor.

f

MIÉRCOLES

J UEVES

1

1

A 25 CENTAVOS LA CAJA.

"ª·

APARTADO 4641,

1

NEXIOO.

PARA

Santos Juao y Pablo hermaJJos Mártires
y_Aotelmo Obispo Confesor.

~CATARR

La Dedicación de la Santa Iglesia Cate- - - - - - - - - - - - - - - - - - 1
dral de Aguasc.lientes. Santos Ladislao
~
COGNAC
Rey y Sansón Presbíterc-.
S ÁBADO 28.

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:-R

26

VIERNES 27

,~
l~~~t}!~~:M ~~~!~~:ª 1
1
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sus maravillosos res11ltados, y por eso es que se ha hecho la preferida del público. Basta usarla una vez para tenerla sien1pre en
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25.

Santas: Guillermo Abad, Eloy Obiipo
Confesor, ~Febrcnia y Lucia Vírgtoes
Mártires.

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D. "'•

(Vigiliad~ los Santos Apóstoles, con ;.yu·
oo y abstioencia de caroH. )-Santcs León
II Papa Confesor, Irento Obi~po y Plutarco Má,tires.-Rito _semidoble que permite
Ninguno tan delicioso como éste.
la celebración de misas privadas de d1funto.-A las tres y media de la tarde se can-, _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _,.;
tan en :Catedral las ví~peras, signen la salve, m ,tines y laudes_

CAMARAS

NETTEL

DOMINGO 29-

Sao Ptdro y S;,n Pablo Ar óstd~s y la
OctHa de San Juan Bat füt2. Olilio y misa de la lieita clel ola: r ito de ble de prime·
ra clase y ornamento encaroado;se conme
mora la Domínica 0curreote y n• da se hace del día octavo ae San J uan.-F unci ól'.
solemne en Catedral, indulgencia plenaria
y Visita de los Siete Ahares oficiando de
Pontifical el limo. seiior Ar:i:obispo. Por la
tarde h ..y vis peras cantadas-También ha y

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PELIGROS

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frecuencia los escollos más peligrosos en las aguas tranquilas,
y vemos á :menudo buques quf.
escaparon indemnes de las furiosas olas del Océano, chocar y
hundirse á la vista del puerto y
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vida, el golfo entre dieciseis v
treinta es especialmente peligroso,
y el número de naufragios es incalculable. Es en ese período
cuando las afecciones de los pulmones, de los nervios y de la sangre recog~n su presa, y las semillas de las enfermedades que estaban adormentadas desde la niiiez,
brotan y se desarrollan. En el
joven la ambición sobrepuja á la
resistencia, y en la muchacha
ia, misteriosa transformación que
ia convierte en mujer, está llena
de especiales riesgos. En esa
época-para ambos sexos-un remedio y un preventivo como la

Registrado como artículo de segunda clase er, 3 de Noviembre de 1894.-1 mpreso en papel de las Fábricas de San ~afael

Año XX.-Tomo 1.

México, Junio 22 de 1913.

Número 25.

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�un bosque pleno de músicas y de murmullos. \Vagoer
sólo puede ser glorificado por Wagoer, y el maestro_Meoeses es acreedor a una felicitación cordial porlos 1001·
EL MUNDO ILUSTRADO
vidables momentos que nos proporcionó, interpretanclo
tan bellamente con sus compañeros, algunos trozos de la
SEMANARIO DB ACTUALIDADES, ARTE y LITERATURA.
estupenda obra wagneriana.
El autor de la Tetralogía fué uno de los hombres que
pudo morir en paz porque vió terminada su labor. Es
DIRECTOR PROPIETARIO
uno de los representantes más completos ~e esa fuerte
raza teutona que ha dado a Goetbe y a B1smark. ~on
LIC. ERNESTO CHAVERO.
el ritmo- afirma un critico contemporáneo,-contribuyó a la unidad de la Prusia. Su firme~a p_ara sobreponerse a los días adversos, es extr&amp;.ord1oaria. Como la
figura que ernca de Enrique el Caz3:dor, levaot~odose
OFICINAS:
al pie de la vieja encina para combatu, pretendió conquistar el amor de sirena de la Ciudad- Luz. Se sabe
3~ Calle de la Rinconada de Sao Diego No. ,p.
que allí tuvo que hacer párrafos en los periódicos para
Teléfooos:- 1'1exicaoa, 20-85 Neri
• no morirse de hambre. De vuelta a su país se le comEricssoo, 14-51
bate despiadadamente, la pr: osa está en su _contra, se
Apartado Postal 149.- México, D. F.
le cree ioceodiariQ, se le atribuye hasta un 1n!eot~ de
suicidio Pero no tardaría el instante de la victoria Y
en que las frentes opacas se iiumioaseo, y las bocas,
contraídas por la vociferación, se entreabriesen ante la
PRECIOS DE SUBSCRIPCION MENSUAL:
maravilla. vVagoer pudo exclamar entonces, c~mo la
walkyria de su leyenda, &lt;gloria al sol&gt;,_ &lt;gl~ria a la
En la Ciudad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . $ 1 .oo
luz&gt;. &lt;gloria al día radiante&gt;, &lt;largo fué m: sueno; _pero
be dPspertado&gt;. Efectivamente, ¿qué sueno de triunfo
(pagadero por adelantado.)
brilló jamás con llamas má~ purpúreas? ¡qué esfuerzo
En los Estados ............................ 11 1.25
pudo igualar al suyo? ¿qué águila pudo ce! nerse en
(pagadero por trimestre adelantado.)
más alta y luminosa cumbre? Pudo. pues, morir en paz,
En el Extranjero .......................... S 2 .00
el poderoso germano, porque vió su obra gigantesca
realizada, la obra que sigue fluyendo como un manan(pagadero por semestre adelantado.)
tial inagotable, de una indefinida profundidad. .
NUMEROS SUELTOS:
Murió en Venecia, en la ciudad de los palac1os de
mármol y de los collares verdes, en el mismo lugar
Eo la Capital. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . S 0.30
donde, herido de amor y de melancolía, acabó su Tr!sEn los Estados .............. . ................ 0.35
táo, el drama maravilloso de sentimiento y de embriagadora tortura, en que la noche y la muerte exaltan la
En el Extranjero ........... ................. 0.50
vida efímera del amor. El divino D'Aonuozio, canta esAtrasados ....... .................. ......... 0.50
te lírico responso sobre el cadáver del formidable aniPara la publicación de avisos en este periódico, diri- mador: &lt;:SI mundo parecía haber dismiouído de valor.
girse a B. &amp; G. Goetscbel, Avenida 16 de Septiembre, El muerto estaba allí encerrado en la caja de cristal.
La segunda caja, de metal bruñido, brillaba a':&gt;ierta so·
16. Sus agentes en Europa, la Societé Mutuelle de Pubre el pavimento. Todrs mirab•n fijos al !'ieg1clo de l:t
blicité, 14 rue de Rougemeot, (9 e).
vida y de la muerte. Una infinita sonrisa 1lumio?~ª la
faz del héroe tendido; infinita y distante como el ms de
la nieve por el brillo del mar, como la reverberación
NO SE DEVUELVEN ORIGINALES.
de los astros. Los ojos no podían sostenerlo, pero los corazones, con una maravilla, con un ascmbro y un es¡:ao·
to que los hací« religiosos, creyeron recibir la revelación
de un secreto divioo.-La barca fúoebn, esperaba ante
la puert.&lt;. Sobre la caja se extendió el paño. Los seis
compañeros esperaron con l:t cabeza descubierta, qu~
la familia descendiese. Bajó reunida y apre12da. La
viuda pasó velada; pero el espleorlor de su semblante
quedó para siempre en la memoria de los testigos.-Los
La Colonia Alemana sigue de moda. A las eipléodi- seis compañeros sacaron el féretro dP- la barca y lo lledas fiestas que organizó para celebrar el jubileo impe- varon en hombros «l carro. Entonces avanzaron dos arrial. hay que agregar el homenaje preparado por la Se- tesanos con sus haces de laureles traídos del Jaoículo.
cretaría de Iost~ucción Pública y Bellas Artes en cco- Membrudos y fuertes, elegidC's entre los más bellos, pamemoracióo del primer centenario del nacimiento de recían forjados en el antiguo molde de la estirpe roma·
Wagoer, y en el cual, fueron los miembros de la expre- na. Estaban graves y tranquilos, con la libertad salvaje
sada colonia los invitados de honor. Sea esa fie~ta un del agro en sus ojos con venas de sangre. Sus líneas
noble desagravio de los espíritus cultos, a las calamida- enérgicas,--la frente baja, el pelo corto y crespo, las
des que hao sufrido en estcs tristísimos tiempos, los ex- mandíbulas iólidas, el cuello taurino, recordaban los
tranjeros que vienen a nuestro país a fecundarlo con perfiles consulares. Los seis compañeros en competecsus reconocidas cualidades de inteligencia y de la borio- cia, iguales en fervor, cogiendo los ramos de los haces,
sidad, como es, indudablemente, palmaria demostraci6o, las esparcieron scbre el féretro del héroe.-Nobilísimos
de que esta adolorida patria, procura en medio de sus eran aquellos laureles latinos, cortados en la selva de
crisis borrascosas, mantener encendida, una antorcha la colina, donde en tiempos remotos descendían las
luminosa y pía, como esperanza de días tranquilos y ri- águilas a llevar los presagios, donde en tiempos reciensueños en que los hombres cultiven las mejore• facul- tes. y sin embargo fabulosos, tantos ríos de rnogre vertades de su ser, y puedan las buenas ideas traducirse tieron por la belleza de Italia les legionarios del Libe·
en actos dignos del antiguo nombre de México, en cuyo rador. Tenían los ramos derechos, robustos, obscuros,
solar se conserva por tradició'l, un reverente y fervoro- las hojas duras, fuertemente enclavadas, con los bordes
so respeto a la ilustre memoria de los graod~s desapa- ásperos, verdes como el bronce de las fuentes, ricos de
recidos.
un aroma triunfal ... ... Y viajaron hacia la colina báLa velada tuvo la grandeza y la solemnidad Hqueri- vara, aún adormecida en el hielo; mientras los troncos
das por una gloria tao brillante como la del genial crea- insignes· d•bao ya los nuevos retoños en la luz de Rodor del drama lírico. Wagoer únicamente puede ser ma, al rumor de las fuentes ocultas&gt;
glorificado por Wagoer . El esplendor de la oda, el freEs tan soberanamente bello este fragmento de 1 gran
nesí dionisíaco del ditirambo, la quejumbre más seo1ida poeta latino, que hemos querido encerrarlo en la pobrede la elegía, cualquier poema en donde la iospir«cióo za de esta crónica, como el más puro homenaje a la gloalcao~e su mayor potencia lírica, palidece junto a la ria de vVagoer Jamás cayeron palabras más egregias de
música de las olas armoniosas perpetuamente socoras labios· humanos, sobre la radiosa frente :le un creador
del &lt;golfo místico&gt; y de la cual tuvimos una humosa muerto.
resonancia la noche del viernes. Trozos escC'gidos del
Tanohauser, de Lobeogrio, de Tristáo e !solda, de Los
Maestros Cantores, fuerro desempeñados por la orquesta del Conservatorio dirigida por el maestro Meneses
con la conciencia y el entusiasmo artístico que todos le
recooocen. También algunas partes de la gigantesca Tetralogía, transportaron al auditorio 3teoto y recogido a
quién sabe que países de leyenda y de sueño, a las grutas en donde S igfredo, después de matar al dragón, corr.preode el lenguaje de los pájaros. El trozo descriptivo
imprego:tdo de una insuperable belleza, conocido con
el nombre de cLos Murmullos de la Selva,&gt; y ·que comenta ese episodio de la leyenda, dejó en todas las almas, una infinita orquestación de csileocios sonoros,&gt;
( EJERCICIOS ESPIRITUALES)
como dice Maeterliock en cLe Trésor des Humbles.&gt;
Las almas se sentían vestidas de luz y por un momento
Viendo nacer el sol. en el alba del primer día, los
todos fuimos cerno Sigfredo: entendíamos el idioma de
las avPs disperso en los maravillosos sonidos, y parecía hombres caminaren hacia el Oriente para ser dueí':os
que se encontraban significaciones imprevistas, en el ru- de la luz.
Agiles y saltaotes, iban con ellos los sátiros, los faumor de las bojas, en el correr de los arroyos en las voces blandas de los vientos, en los mil ruidos que tradu- nos y los silvanos.
Trenzaban los sátiros las patas de chivo con el impulcía la orquesta, tran~formada por el soplo creador en
DIRECTORIO

:º

EN HONOR DE RICARDO WAGNER

El Matiz

so sagrado de correr la tierra ; reían los faunos: se coronaban de acanto los silvanos, y los hombres cantaban
con el ,itmo alegre que conduce las almas a través de
los sueños:
- iMás allá! ;Más allá!
Les anocheció lejos, durmieron bajo arcos de follaje;
al nuevo sol volvieron a cantar:
-iMás allá! ¡Más allá!
Pero durao:e la noche, baj" las estrellas, los hombres
habían sentido nacer el enigma del porvenir; Un enigma rudo como aquel primer sendero que abrían peregrinando sobre la tierra, para llegar a los reinos del
Sol.
Desde entonces el pensamiento del mañana se hermanó con cada una de sus jornadas, y fué creciendo eco
ellas.
Aquel primer sendero abierto en los bosques abría
otro sendero de lu7 en la conciencia de los btmbres Y
cantaba siempre la tribu nómada:
-!Más allá! ¡Más allá!
N iogaoo llevaba el cuento de las jornadas Debía hacer mucho tiempo que peregrinaban, porque el enigma
del mañana cubría sus almas, como la sombra de las
montañas cubre la llanura cuando el sol se pone. Algunos hombres ya tenían las barbas blancas, y el mañana
comenzaba a definirse para todos como la vejez. Sólo
en la juventud había sido la aurora.
Caminando por el bosque vieron que bajo la arcada
de una cueva esta ba sentado un viejo desnudo y sin ojos,
que clamaba, levantando sus barbas blancas:
-1 Es de día o es de noche ?
Toda la tribu se detuvo:
- El sol está en la ahora. Mañana pensamos lltgar a
sos dominios-y penetrar en sus selvas.
-iNo se lleg« nunca!
-Ayer y hoy hemos visto que se levantaba por encima de esos montes. ;Detrás tstán los Reines del Sol!
-iNo se llega ouoc~ !
La tribu miraba temerosa al viejo. Compreodl"a que
para aquel hombre desnudo, sentado bajo la arcada de
la caverna, no había mañana porque tenía vaciadas las
cuencas de los ojos.
Viendo indecisa a la tribu, los faunos, los sátiros y los
silvanos tocaban sus flautas de caña y bailaban con una
incitación para seguir adelante. El viejo, iocorporáodose bajo la arcada de la caverna, que llenaba su voz de
resonancias, clamó:
-iQuedad aquí esta noche, y sabréis del más allá!
Tengo ciegos los ojos y puedo ver las sombras que vagan al otro lado de la vida. ;Esta noche moriré!
Ninguno sabía lo que fuese la muerte; pero todos quedaron allí porque la voz cubría la risa de los faunos y
la música de las flautas paoidas.
Aquella tribu errante vió morir al viejo antes del alba. Cuando los hombres supieron que no eran inmortales, lloraron comprendiendo que jamás llei¡aríao a los
remotos Reinos del Sol.
Fué una, desde entonces, en las conciencias, la idea
de la muerte y de la vida. Pero la risa de los faunos y
la siringa de los sátiros, y la danza trocaica de los silvanos aun estremece los bosques, y los hombres no han
dejado nunca de oír a los genios inmortales.
"I - El Arte griego, creación de páoidas, se deseuvuelve en el Universo, guiando bajo nuestros sentidos
exaltados los divinos ccrceles del ritmo. El arte ¡¡ótico
se desenvuelve en la conciencia. Es una noción míftica
sutilizada por los sentidos, como la vida en el hilo de
los sueños. Lo que en el uno la gracia, en el otro el
matiz. La gracia es el ritmo de la vida, y el matiz es el
enigma."
o o o
Cuando las ideas nacen de una sensación difusa formada con nociones de todos los sentidos, es muy extremado empeño alumbrarlas en palabras y fijarlas en
signos de letras. Sol&amp;.meote lo que en palabras nos fué
dado hallamos fácil transmitirlo en palabras, y así acontece que sean siempre las menos nuestras aquellas ideas
que expresamos con más fluida verba.
·
El reónstruo de nuestra conciencia es lo más difícil de
conocer y definir. Apenas sabemos balbucear el secreto
sentimental que nos hace distintos, porque cuando creemos vivir para nosotros vivimos para la especie. Nos
gusta su instinto lo mismo en el dolor que en el delei!e.
Conocemos las cosas con un cooocimif'nto que busca
la razón de utilidad, y esclavos del impulso oscuro del
eterno semen no podemos descifrar el sentido esotérico
del ?.Iuodo. Para llegar a tan sutil y trascendente estado hay que amar todas las cosas en un supremo alejamiento de CUd0to en ellas d ice utilid«d.
)! uestras potencias hemos de consagrarlas a entrever
más allá de la vida mortal. El conocer de los ojos y de
los oídos, todo el humano y carnal conocimiento dice
dolor, porque encubre siempre el d _seo üe perpetuarnos sobre el haz de la Tierra.
Los sentidos aprenden a distinguir las cosas, no por
lo que ellas son, sino por el aspecto que conviene a
nuestro egoísmo, que es el egoísmo de la especie: y
cuando creemos conocer mejor, solamente aumentamos
el caudal de ocestras acciones utilitarias.
Para amar las cosas hay que sentirlas imbuídas de
misterio, contemplarlas haHa ver surgir en ellas el
enigma obscuro.
·
Y este enigma es el matiz. Solamente cuando nuestra

Sala del teatro Arbeu durante la distribución
de premios a los alumnos de las
escuelas primarias.
conciencia deduce un goce ajeno a toda razón de
utilidad temporal, comenzamos a entrever el significado místico de la rosa, del cristal, de la estrella.
Contemplación, meditación, edificación, son camiobs de luz por donde el alma huye de su cárcel oscura.
. &lt;11 -El mati,: es la emoción última de las cosas
en el goce estético.&gt;
o o o
Yo conocí a una santa siendo niño, muy niño, y nunca
me fué acord«da mayor ventura. Después d.: muchos
años he vuello como un peregrino a visitar el huerto de
rosales donde en la tarde azul, la tarde que es como el
símbolo de toda mi infancia, tuve la revelación de
aquella santidad.
~ /
Al final del camino de cipreses estaba sentada mi Madrina en la escalinata de piedra, y leía bajo un vuelo de
p~lomas con el libro devoto abierto en la falda. Aun rec•1erdu cómo me sentí penetrado de la gracia de su mirar ideal y cándido: Aun evoco y revivo en mí la emoción sagrada
Otras muchas veces había visto a mi Madrina en igual
actitud, al término del camino de cipreses que se juntaban 1,n una sucesión de pórticos, y solamente en aquella
tarde de leyenda piadosa gusté tao inefable alegría al
contemplarla.
Bajo la sombra de los viejos cipreses, mi alma de niño enlazaba la emucióo estética y la emoción mística,
como se enlazan en la gracia de la rosa color y fragancia.
Acaso fué aquella mi primera intuición literaria: Yo
había llegado a encarnar en la sustancia de la vida y en
sus sombras más bellas las historias piadosas y los
cuentos de princesas que mi abuela me contaba.
La tarde azul en el huerto de rosales fué el momento
de una iniciación donde todas las cosas me dijeroó su
eternidad mística y bella.
Yo guarrié aquel secreto de emocioues con el recelo
del niño, que advierte cómo no pu•de ser entendido el
misterio de su alma y teme profanarlo.
Así callandC', celando un día y otro día, el secreto in•
faotil y .:áodido se convirtió en un anhelo doloroso que
llenó de angustia mi infancia, que hizo gemir como un
arco mi adolescencia, que ahora en la vejez me salva y
me vuelve a Dios.
A los nueve años me enamoré de mi Madrina. Y no
he comprendido jamás cómo aquella sombra amable y
bella que pasó tan de prisa por el mundo, se me reveló •
en la tarde lejana con su encanto de azucena celeste, cuando tantas veces la había visto sin alcanzar nada
de su perfume ni de su gracia.
Pero desde aquel momento todos sus actos se me aparecieron llenos de un divino significado
Mi Madrina me mostraba las estampas de su libro devoto. cortaba las rosas, sonreía mirando una estrella, y

El señor Secretario de Instrucción Pública, Lic. Manuel Garza Aldape, entregando
sus premios a los alumnos de las escuelas primarias
todas sus acciones, al sucederse, m~ parecían la misma,
!?º~que todas estaban ungidas de una emlcióo igual y
UDICa.
Mi Madrina era llena de gracia, y ninguna cosa en el
11!-undo podía cambiar el sentido de su vid.1, que decía
siempre Amor.
Contemplando a mi Madrina durante horas enteras,
yo experimentaba una soh. emoción inefable y sutil que
ascendía por luminosa escala a divinas estancias: Transito Arrobo Deliquio Extasis.
Mi alma era entonces en su amanecer de cristal, y
hallábase apta para comprender el sentido esrytérico del
mundo: 1'odo nacía para dila y todo le contaba el misterio del nacer.
Y mi Madrina, en la más leve d, sus sonrisas, decía
su destino celeste, como si en cada una de ellas volviese
a ser y se contuviese toda entera.
Tal en la forma eucarística la sustancia Eterna. Y
amaba yo a la santa en su sonrisa, presintiendo acaso
nuestra estética decadente. ¡Oh, el matiz! ¡El divino ma·
tiz!
i ¡ cllI.-El matiz en las cosas y en los sentimientos, es

aquel leve indicio que alcanza a darnos viva la emoción
del todo. Una emoción estética y mística.&gt;
o o o
La musa de los poetas menores. insinuante como la
sonrisa de un andrógino, ha trocado la gracia griega en
cierta pueril emoción que algunos confunden con el
enigma del matiz.
Cuando el arte se torna decadente, busca perpetuar
la forma fugaz de las cosa~: Los sentimientos fugaces se
enredan hoy a nuestras liras. Esta relación efímera de
las conciencias con el mundo es como el polvo de los caminos cuando pasan los rebaños, y el arte qu~ engendra
tampoco vale más que una ráfaga de polvo. Pero lo efímero no es siempre aquel momento que vuela más ligero
en las horas, sino aquel otro que apenas labra surco.
Ninguna cosa es como la vemos, y todas son como las
recordamos.
La chispa luce fugaz en el pedernal, y, sin embargo
lo define mejor que la forma, porque va unida a toda;
sus mudanzas, y en todas las horas puede brotar. La
chispa reve!a la íntima sustanci«.

�El matiz verleniano, de un conocimiento casi místico,
surje del enigma. Abre el arc.i.no de las diferenciacio·
nes y el arcano de las afinidades; como aumenta la luz
aumenta la sombra. Es la revelación del sentido oculto
que duerme en todo lo creado, y que al ser advertido
nos llena de perplejidad.
El matiz inicia una visión más sutil de las cosas, que
al mismo tiempo oscurece su conocimiento porque presiente en ellas el misterio. Cuando los ojos quieren mirar fuera de la cavern l osc:::ra, quedan c iegos. Para el
místico nada se define.
El enigma se le muestra en todo incitándole a una
comprensión del mundo más allá de la acción temporal
con que el instinto conduce los rebaños humanos. Todas
las cosas, aun aquellas que se nos muestran más llenas
de claridad, esconden un enigma. Presentirlo es empezar a descifrarlo. Para nuestros sentidos es algo geométricamente definido una línea recta, y geométricamente
la recta no puede existir.
clV. -El matiz es la significación más expresiva de
las cosas, en un nuevo entrever&gt;.
o o o
¡Viejas catedrales! ¡Celestiales cristales! ¡Sol!
El motivo flamífero en el arte ojival es una interpretación teológica y mística de la Vida Eterna.
~
Bajo el pico de un cantero devoto, la llama fugaz, indecisa y mudable, se perpetúa en una evocación estéti·
ca sobre la piedra dura. obstinada y terca, rebelde a
modificar el perfil de su artista.
.
.
Lo ingrávido se enlaza con 1~ substancia gráv1d:i, t D
una divina armonía de contrarios. ¿Dónde aprendió el
viejo cantero a labrar en la piedra el temblor de la llama?
¿Qué brujo maestro de masonerías, imbuíd_o por los te·
rrores del milenario, definió y labró el primero, con su
pico en la piedra, la expresión de la llama en el viento ?
Cantero mediceval, con tu oración de terror ante el
misterio de la Muerte, el viento y su instante en la lla·
ma, tornaste en llama y en viento de piedra.
¡En la llama viste, eo la piedra revestiste temblando
al decir Amor de Dios!
Devoto cantero, místico cantero, brujo cantero, abren
las alas en tu oración Viento Instante Tiempo. Vi.,jo
cantero que alumbraste como un cirial, tres ángeles re·
beldes~"º esclavos en la piedra de las catedrales que
tu pico beato labró ¡Viento! ¡Instante! ¡Tiempo! Tres
enemigos de Dios.
&lt;V.-EI arte oj ival interpreta, teológico y místico, la
quietud y el vuelo del tiempo en la piedra. L a llama
fug,.z, indecisa y mudable, se perpetúa en una evoca·
ción Estática y Estética : FIDES AMOR DEI&gt;.

dente algún impulso a las expresiones corporales re·
presentativas de la turbación medrosa, termina más
tarde por encaroahe en los órganos y producir un es·
tado fijo de conciencia. La obsesión y la fobia son los
últimos términos de este proceso biopsíquico que exteriorizado a veces bajo la fo rma ingenua del &lt;vergon·
zoso en palacio&gt;, suele también irrumpir bajo el triste
aspecto de un temor generalizado, intenso, incoercible.
La timidez no es, empero, una emoción, ni un sentimiento, ni una pasión constante, es un esta do afectivo
particular distinto del &lt;feeling&gt; caracte rizado por la
forma permanente de reacción de una persona en pre·
sencia de otra o de su imagen conmemorativa; en una
palabra, más bien que un estado sentimental, es un mo·
do de ser y obrar. Difiere de las afecciooes orgánicas
más comunes e n que mientras éstas son debidas a la
fusión de varias sensaciones inconexas, aquella es e l
efecto de una biperexcitabilidad sensitiva provocada
por una sola excitación: la presen.:ia de la persona hu•
mana o de su respectiva imagen, representativa.

N

u ·p

LOS DOS POLOS

Esta c ircunstancia, sugiere sie mp re en el tímido la
idea de una opinion adversa de que podría ser objeto,
y como consecuencia el deseo de substraerse a ella por
la simulación, la humildad, la modestia y la contención
voluntaria.
La cortedad de genio no excluye la voluntad para el
combate ni la heroicidad. El tímido de la opinión pri•
vada o pública, es sólo un sobreexitado de la vergüenza, y como tal, un monomaníaco, normal en todos los
casos de la vida, menos en los puntos baladíes de la
vanidad, de que es un pobre y delicado enfermo.
CARLOSRODilGUEZETCHAR~

- El mejor predicador es el corazón, el mejor maestro el tiempo, el mejor libro el mundo; y el mejor amigo Dios.

•

C I AL

RAMON DEL VALLE-INCLAN.

EL TIMIDO
Mirémoslo con afecto porque el tímido está siempre
e nfermo de desconfiaoza de sí mismo. Tiene miedo de
ver, oír y hablar; se ruboriza y tiembla como joven pú·
dica al contacto del mundo y sufre al azar de la vida
sombras en la mirada, confusión en la mente, y, por
doquier cancelación de ritmos. Aunque malic ioso en
el peosamiento, es en el hecho un casto. La experien·
cia, que para otros es coraza, para é l sólo es leve y
trasparente lámina.
E l tímido es un pusilánime a fectado de poquedad,
rubor y angustia. Sus signos externos semejan los del
lánguido, belancéase taroíamente al marchar, y actúa,
por todos medios, como quien ansía no ser sospechado
de ambición, ni existencia.
E l apocado, como el que siente intensamente el frío
del invierno, contrae los finos capilares q ue al exterior
del cuerpo se diseñan, y, como éste, muestra también
marcada tenden cia por los cálidos goces de la vida ín·
tima.
La riqueza de su seosibilidad Jo inclina a la trepidación sensitiva, a la cavilación, a la incoordinación mus·
cular y psíquica, a l autoacálisis, al temor del ridículo,
al retraimie nto, a la contensión de los movimientos, a
la simulación de energías, a la vanidad y al orgullo
S i al pr incipio se presenta tierno y medroso como on
cervatillo, después concluye mostrándose desapacible y
tétrico como un misántropo. Los accesos de vergüenza
y miedo, de rubor y desconfianza , acrecen y se complican en relación con los años, sexo, raza y medio social.
S i el apocamieuto sigue un curso normal, grábase
bajo forma de recuerdo intelectual y afectivo en la conciencia del tímido y le acompaña siempre; en 1'11 ca.•o
la emoción aumenta los latidos, enrojece la faz, ahoga
la voz, apaga la inteligencia, suscita la envidia, la aver~i6n y el odio de sí mismo y he ahí su menor mal. Pero
si la afección se intensifica aún más, la cortedad se .
convierte en temor, emotividad paroxística, obsesión y
fobia. El elemento ideal o sensitivo Que en la primera
etapa de la evolución de l tímido daba sólo por acciSra. Concepción Palacios de Thacker y señor Isaac N. Tbacker . 7 de JuoiJ de 1913.

El periód ico japonés &lt;Jiji S bimpo&gt; nos da una nueva
receta para vivir cien años.
Esta receta se compone de doce mandamientos:
! . -Levantarse temprano y acostarse temp rano.
!!.- Dormir de seis a siete be-ras en una habitación
perfectamente o bscura con la ventana abierta.
III.-Pasar la mayor parte del tiempo que sea posible a l aire libre.
IV.-Comer carne una sola vez al día.
V.-Beber moderadamente té o café. Huir del taba•
co y del alcohol.
Vl.- Toma r un bañ,&gt; muy caliente ted as las mañanas.
VIL-No vestirse de seda sino de telas gruesa.
VIII. -Consagrar un día de la semana a l descanso y
no leer ni escribir en ese día.
IX - Evitar los sitios demasiado calentados, sobre todo si lo son por un si~tema de calefacción central.
X.-Restaurar l'&gt;s órganos que se gastan con la edad ,
comiendo órganos semejantes de animales.
XL- Evitar las emociones fuertes y e l cansancio in·
telectual.
XIl.-(E,te mandamiento se refiere especialmente a
los hombres): Si eres célibe, cásate. Si eres viudo,
vuélvete a casar.
o o o
Yo imagino que un lector obediente y tozudo, pone
en práctica todos e,tos sanos consejos, que, en suma, no
son difíciles de practicar, y que, eu virtud de ellos, vive cien años.
¿Qué ha ganado con ese siglo de existencia el lector
obediente y tozudo?
Pues cien años d e hambre... o cien años de tedio.
Es muy curioso nuestro deseo de vivir. Queremos a
toda costa prolong:u nuestra permanencia en el planeta
y en c uanto esta permanencia se prolonga un poco, ya
no sabemos qué hacer de la vida.
'
Nos ¡&gt;uecemos a los niños perezosos que cuando p:&gt;r
casualidad han merecido una recompensa, piden al
Rector d el Colegio que los deje estarse todo e l día en
la cama. Y se desesperan después porq ue no pueden
dormir ..... .
La vida humana fluctúa fa.talmente entre estos dos
polos: el Hambre ó el Tedio, según he dicho.
¿Qué .nos trae el hambre ?
Leed el siguiente diálogo que voy a traduc iros.
Es de Marce! Roland, en su libro &lt;La Conquete
d' Antbar&gt;, que se está publicando ahora mismo en un
g ran diario francés:
-&lt;Mirad en un microscopio una gota de agua y ve·
réis a los infioitamente pequeños devorarse entre ~í, no
de otra suerte que el leó n mata al antílope y el zorro
estrangula los vo 1átiles. De arriba abajo de la escala,
desde cualquier á nl(ulo que os coloquéis, la Naturaleza
está. llena de esta realidad incontestable: la matanza,
resultado de otra realidad no menos brutal: el ha:nbrel&gt;
&lt;La Naturaleza es el hambre. El hambre es la matanza.
-&lt;Los animales matan para comer, para obedecer a

un ne~esid ld fí,iu, p~ro no pua servir intereses pu·
rame nte convencional.,s, como les que el hombre se ha
fabricado.
-&lt;En efecto, hay una d iferencia. La guerra no te·
nía-que yo sepa-la disculpa de la antropofagia.
&lt;Tal cual se practicaba en los siglos XIX y XX, ( 1)
no respondía sino a móviles financieros o económicos y ser vía para resolver conflictos aparentemente in•
solubles por la vfa del arbitraje. Digo aparentemente,
puesto que más tarde e l .nundo se dió cuenta de la po·
sibilidad de arreglar todo eso sin derramamiento de
sanl(re. Pues bien, hay que reconocer que tales problemas financiero~ y económicos eran los tristes productos
de la c ivilización.
&lt;Así pues, la civilización trae consigo un ele mento
peligroso, cuyos efectos no alcanzan a Jo menos a los
animales&gt;.
-&lt;Para mí, las razones de la bestia y las del hombre
son idénticas y no establPZCO matiz alguno entre el ase·
sinato individual y el colectivo. Bajo las difereocias
internacionales de, que acaba usted de hablar hay la
misma Hambre que se esconde, más o menos disfrazada, más o menos direct~, la misma hambre que impulsa
a la bestia carnicera a buscar una presa. Siempre el
hambre, siempre los apetitos (y notad que no empleo
estos términos en el sentido figurado sino en el estricto).
e¿ Por qué se quería en Europa poseer colonias y se
batían las gentes para obtenerlas?&gt;
&lt;Para vivir, para cultivarlas y explotarlas; para sembrar en ellas el trigo y extraer el oro. Para comprar
granos, traficar, pagar territorios. Todo se liga y enea•
dena, ¿y a dónde van a dar esos encadenamientos? Al
estómago&gt; .. .. . .
Ya Campoamor nos había dicho esto mismo en versos
de un desencantado humorismo:
&lt;El hombre por su infamia o su inocencia-se puso
en el &lt;estómago&gt;, y no es broma,-la augusta cualidad
de la conciencia.
&lt;El hambre o interés deshacen o hacen-cuanto ofrece aumentar nuestra opulencia,- pues como dicen los
que pobres nacen:
&lt;El &lt;hambre&gt; es quien regula la &lt;conciencia&gt;
o o o
Pero ¿y el otro polo de la vida materia l de que hab laba al principio?
El otro polo ..... . es el tedio.
En cuanto el hombre está harto se fastidia.
Del hombre rico se forma el hombre ávido de po·
seerlo todo, y del hombre ávido, el hombre &lt;blasé&gt;.
Y esto es cierto desde hace muchos siglos y quien
dude de su inmortal certid umbre que lea los amargos y
maravillosos versfculos del Eclesiastés:
&lt;Di je yo en mi corazón. Ven ahora, te probaré con
alegría y gozarás de bienes. _Mas be a q uí esto también
era vanidad.
&lt;A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿ De qué
sirve esto ?
&lt;Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino
y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención
de la necesidid, basta ver cuál fuese el bien de los hi( r ) Se trata de un libro "de los tiempos futuros ."

jos de los hombres, en el cual se ocuparán debajo del
c ielo todos los días de su vida
&lt;Engrandecí mis obras, ed ifiquéme casas, p lantéme
viñas;
&lt;Híceme huertos y jardines y planté en ellos árboles
en todos frutos.
&lt;Híceme estanques de aguas para r egar de ellos el
boo¡que donde los árboles crecían.
&lt;Poseí siervos y sier vas y tuve hijos de familia ; tam·
bién tuve posesión grande de vacas y ovt:jas, sobre to·
dos los que fueron antes de mf en Jer usalén.
&lt;Alleguéme también plata y oro, y tesoro p reciado
de reyes y de p rovincias; bíceme de cantores y canto·
toras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de tedas suertes.
&lt;Y fuf engrandecido y aumentado más que todos los
que fueron antes de mí e n Jermalén.
&lt;A más de esto perseveró conmigo m i sabiduría,
&lt;No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni
apar té mi corazón de placer alguno, porque mi cora·
zón gozó de todo mi trabajo.
&lt;Y esta fué mi parte e n toda mi faena.
&lt;Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis
manos y el trabajo que tomé para hacerlas: Y be a-1uí
todo vanidad y aflicción de espíritu y no hay provecho
deba jo del sol. ..... &gt;
¿Qué haremos, por tanto, amigos, de ese siglo de vida
q ue nos promete el higienista japonés?
¿Qué haremos de ese siglo y medio (por lo menos)
que nos promete p ua un cercano futuro el sabio
MetchniKoff ?
¡Cien años de hambre o cien ai:os de tedio!
Cien años de guerras, de sangre, de expoliaciones,
de injusticia ó cien años de bostezo &lt;bajo e l fastidio
eterno del sol ....
P ero ¿y no cabe por ventura la suavidad de un término medio entre estos dos angulosos y punzantes ex·
Iremos?
¿ No hay acaso una agua clara con que llena r esta
á nfora que ya se colma de amargura . . .. . . o de miel
aburrida y empalagosa ?
Sf la hay, y es el espíritu. El cultivo tenaz del espfritu, del &lt;Dios escondido&gt; que existe en cada uno de
nosotros ....
Más allá de nuestro yo concreto y limitado hay un
amplísimo, ¡;rofundo, en igmático, que usa nuestros pobres días de la tie rra como si fuesen otros tantos esclavos, para extraer del p laneta el oro de las enseñanzas
y aumentar asf su secular bagaje mental.
Procuremos acrecer las rique zas espirituales de ese
yo que no muere.
Leamos. meditemos, amemos. No dejemos ioactiva
ninguna función de nuestra alma. Fabriquemos nosotros
mismos nuestra eternidad como piensa el idealista alemán Euler, y asf, vengan en buena hora los a ños a
escarcharse sobre nuestras cabezas!
Ante la perspecHva de un siglo o siglo y medio de
vida, en vez de sentir el tormento de la &lt;cronofobia&gt;. y
sabiendo que todos nuestros años estarán llenos d : bien,
exclamaremos c¡Encorel ¡Encere!&gt; como el melónamano jamás saciado de la magia sublime de las sinfonías!
AMADO NERVO.

�Elegía
• V alparaiso-1f11T Caracas-18gc¡.

Bajo uo Cristo de mármol, que sombrea una palma,
descaosa para siempre la amada de mi alma.
Bajo uo Cr isto que se alza con los brazos abiertos,
la amada de mi alma ·desca?:sa entre los muertos.
E ra uo lirio eo figura de mujer. Era uo lirio
que la vida apagaba como llama de uo cirio.
Abstraída eo sus sueños, a todo indiferente,
vivía vida interna, vivía mentalmente,
porque fué la incansable, la errabunda viajera
del azul y lejano país rle la Quimera,
doode abrirse veía, bajo un cielo risueño,
los lirios oo tocados, las rosas del Ensueño.
Del tropel de los hombres esquivó.la alegría,
flor pálida, flor triste, flor de Melancolía,
Desligada de cuanto seduce y enamora,
oo pidió a las tinieblas de la noche, la aurora,
porqu ~ en su mente ardía siempre una clara estrella,
y su mundo de sueños iba siempre con "ella."
Ya, bajo extraños cielos, en edades remotas.
desde alcázar sombrío, junto al mar, las gaviotas
volar miraba, mientras entre las grises brumas
llegaban a la playa deshechas las espumas:
y a la senda lejana, que alumbraban los rojos
rayos del sol poniente, dirigía los ojos
en vano. Y no llegaba su señor, el guerrero,
el del cabello árabe, el del cortante acero,
el del penacho blanco.
Ya era Beatriz o Laura;
ya en los Juegos Florales era Clemencia lsaura;
y, Reina de la fiesta, bajo luces y flores,
los cánticos oía de errantes trovadores,
que eo el feudal castillo loaban su pureza,
y al són de bandolines cantaban su belleza.
De negro terciopelo vestida, y larga cola,
de perlas adornada, y al cuello blanca gola,
por verdes alamedas con el amado iba
eo noches estrelladas y diáfanas.
Furtiva,
la luna, los miraba tras el ramaje espeso.
eo tanto que vibraba la música de un beso.
Y alzábaose eu su mente fantásticas las calles,
llenas de luz y cantes, de un ideal Versalles,
y de acordadas músicas al dulce y vago són,
de damas y galanes poblábase el Triaoón,
y sobre altos tacones descansando su pie
era allí por su garbo la reina del minué...
Porque fué la incansable, la errabunda viajera,
del azul y lejano país de la Quimera.
Amó el silencio. Vida de quietud fué su vida ;
de uo ideal Ensueño la casta prometida,
buscó el silencio siempre, buscó el recogimiento,
y asl nutrió en la calma de h,z su pensamiento.
Amó los versos tristes, los que cantan dolores
r ecónditos y mudos, y b3blan de secas flores
que marcan una página; de soles extinguidos
que alumbraron la dicha de dos almas; de nidos
donde cayó la nieve ; de los blancos pañuelos
que eo la playa se agitan diciendo Adiós; de anhelos
impositles; de plantas que punzan los abrojos...
de nombres que son lágrimas eternas en los ojos!
E n su alma cantaba la Armonía.
El piano,
amado confidente, fué dócil a su mano,
y evocaban sus notas las leyendas del Rhin ;
la barca con el cisue del rubio Lohengrln;
la luna sobre campos cubiertos--por la nieve;
la luna sobre lagos y sobre el mar ; el leve
rumor del aura; el beso de un labio en la agonía ;
las flores del sepnlcro; la cama dura y frfa
de tierra donde duerme lo que en la vida amamos;
la trenza de cabellos que en lágrimas bañamos;
por el sér que agoniza la postrimer pleg"ria,
y el grito en las tinieblas del alma solitaria.

A mi memoria vuelve, como eu felices día~.

a evocar del pasado recuerdos y alegrías;
la muerte de sus sombras calladas, la devnelve
intacta ante mis ojos, y torno a verla ...
Y vuelve
de traje gris vestida, su color preferido,
un ramo de violetas sobre el pecho prendido ;
(las flores que "ella" amaba); la cabellera oscura
y crespa, en dos partida; d elgada la cintura;
esbelta; el busto breve como de estatua griega ;
pálida como lago tranquilo donde riega
su luz la luna como noche de invierno; las pupilas
negras como puntos de oro, y eo torno azules lilas;
la voz nerviosa y rápida, larg:,. y fina la mano;
la boca, dos botones de rosa en el verano,
y como perla de agua que el claro sol se irisa,
como radiante estrella su púelica sonrisa.
Así fué, y así vive. Vive así, casta y pura,
en mi memoria, espejo do esplende su hermosura
de nostálgica virgen, con nostalgia del cielo,
con nostalgia de mundos que conoció su anhelo
con nostalgia de edades remotas. Es la estrella
que surge de las sombras, más diáfana y más bella.

······ ·· ······. ··· ······ ·············· .... .. ······
Como tronchado lirio la ví sobre su lecho,
como una flor de nieve; las manos sobre el pecho
y uo cru cifijc eo ellas; el cuerpo frío, inerte:
eo sus mejillas pálidas las huellas de la muerte;
entornados los párpados; la nariz afilada ,
y mustia ya la boca como una rosa ajada.
Entonces, junto a ella, mudo cal de hinojos,
postrada el alma, y llenos de lágrimas los ojos,
y como ofrenda última de no casto y triste amor,
cubrí de blancas flores aquella muerta flor.

······ ·····. ········· ······· ······ ·· ·· ·· ..... .
Amó? Cruzó sus éxtasis una imágeo querida?
De un ideal E nsueño fué prometida ?...
Cuando en las tardes grises, sentada eo su ventana,
hundia las pupilas eo la extensión lejana,
el que la amó en silencio, y ambicionó la gloria
por "ella" solamente, pasó por su memoria ?
Eo todas las noches sin sueño, cuando callaba todo
en su alcoba de virgen, y, en la almohada el codo,
a la luz de una lámpara, dejaba el pensamiento
libre vagar cual ave que va a merced del viento,
no evocó su memoria los tristes corazones
que vieron en silencio morir sus ilusiones,
que ouor.a so ternura quisieron compartida,
y sin amor pasaron callados por la vida?...
De níveos azahares la cabellera ornada,
de blanco, y con el velo de casta desposada,
vió su noche de bodas, y vió ti hogar tranquilo,
la alcoba eo la penumbra, de un puroamur asilo,
y con el alma inquieta, y el corazón opreso,
sintió sobre sus labios el anhelado beso ?
Amó? Cruzó sus sueños una imag"o querida?

. ····· ·· ...... ········ ·· ···· ········ .... ······

Dormid, dormid con ella, secretos de su vida,
eo tanto que eo silencio, y en noche sin aurora,
un alma, sola y triste, sobre su tumba llora!

ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

A LOS QUINCE
A la señorita Amparo Francés, eo su
cumple afies, con todo mi cariño.

1Nií!a tierna como hermosa
que ves risueña la vida!
Sin saber que es un fosa
esa edad que está cumplida;
que violenta la deshoja
cual el cáliz de una ro~a
¡el Huracán de la Vida!. .....
E DUARDO FRANCE S.

Ricardo Wagner
Composición leida por su autor en la velada coome
morativa efectuada el viernes pasado.
Una voz iofioita que en su rodu profundo,
corre como los mares, a lo largo del mundo,
ondulante, armoniosa, tumultuosa, orquestal;
voz que envuelve a la Tierra como uo viento clemente,
y decora el silencio maravillosamente
como una rara selva de trémulo cristal.
Un insólito ritmo que tiene difundida
su fuerza en el enorme corazón de la vida.
Un grao ritmo que alienta con uo beodo temb lor
la embriaguez exultante del a mor, y que alcanza
a renovar el canto de la vieja esperanza,
de la antigua alegría y el antiguo dolor.

•

Uoa lira de Jiras, hecha eo troncos de abetos
cuyas almas supieron los lejanos secretos
que en su alcázar de nieve guarda el gris Septentrión;
una lira que en torno de sus mágicos flancos,
ve agruparse las piedras como los osos blancos,
cual si hubiera caldo de las manos de Anfión.
Son los signos que indican t-o la suma eminencia
de una cumbre bañada de alma luz, la presencia
solitaria del bardo, del fuerte paladín;
el poeta y el héroe del esplendor sonoro,
el brazo formidable que eo uo yunque de oro
forja, como una espada, la voz de su clarín.
La tempestad preside su ruda caminata.
Al brillo de uo relámpago, las velas escarlata
de su buque fao_tástico, sa~grao eo el capuz;
y entre las multitudes hostiles atraviesa,
iluminado el fiero perfil de ave de presa
por una estrella sacra y ubérrima de luz.
La luz celeste d_e su numen, el que hizo
que_del pla~eta Inste y opaco, uo nuevo hl'chizo
radiara al cielo, absorto sobre el divino afán ·
que rompe las tinieblas con é pico derroche '
de llamas y de músicas, p&lt;1.ra anular la noche
donde resuena el beso de Isolda y de Tristáo
La tierra m!lagrosa de la leyenda escarba
en donde el mbelungo de enmarañada barba
tiende sobre los míticos tesoros, su segur ;
y errante en las brumosas montañas de los Eddas
oye a las dulces diosas, las de gargantas ledas,
'
las de cabellos de ámbar y pupilar de azur.
Esos rumores claros de una varia armonía
sacuden las flore~tas de la Tetralogía,
'
como c~ntos ~rfe_1cos de uoa espiral sin fin ;
co?1o ~1 aves !º~umer~ de encontradas regiones
y ele cielos d1s1totos, ¡untaran sus canciones
para alejar los tedios incurables de Odfo.

Mesa de honor en el banquete al señor de
la Barra -Grupo de los principales
empleados de la Secretaría.

~ por esto el bu~o rey Loi5 Segundo, que eo vaoo,
quiso ver aquí aba¡o los sueños del germano
en lai. trágicas ondas fué á buscar su visión '
Allí ve c!-1al se pie~de, eo la hora oportuna:
Loh~ogn_o eo su cisne, mientras sube la luna
en s1leoc10, como una favorable oración ...

Más la Tierra está eo gracia. Su divina tarea
sella el héroe del ritmo. Cual gozosa marea
el r!-1mor desbordante de una fueote lustral '
purifica el sendero. La voz de una victoria
se esculpe en el silencio. y uo cántico de gloria
y uo resplandor, anuncia que llega Parsifal.
Aunque yo tengo sorda y oscura el alma, lejos
de esa voz y ese ritmo cargado de reflejos,
honro al ast~o del Norte con mi verso español,
porque outnó en el seno de la oocbe sombría
el germen ;iO~r~humano de una iomecsa aleg;ía
como el D1001s10 de los países del Sol.
Hasta el Walhalla, donde centellea y fulgura
clavada en el gr~o pórtico de mármol, su armadura ;
allá donde Bruo1lda le escancia el hidromiel
vuela el águ!la azteca de la cumbre remota '
en que la cr10 dorada de la Osa Mayor, flota :
Vacoo uo ala prócer, eosangretada y rota.
más las garras hundidas eo haces de laurel.
RAFAEL LOPEZ.

•

El lunes de la semana que hoy termina
celebró el señor licenciado don F rancisco
León de la Barra, Secretario de Relaciones Exteriores, el aniversario d e su natalicio y con este motivo los empleados sus
subalternos le ofrecieron uo banquete que
se efectuó el sábado anterior en el pat io
del edificio del Couotry Club eo Churu·
busco.
Tomaron asiento a la mesa todos los em·
pleados de categoría del mioisterio, quie·
nes quisieron de esta maoera mostrar su
geoeral simpatía por el señor de la Ba·
rra.
A la hora del champagoe, e l señor :,ub·
secretario del ramo hizo uso de la palabra
para ofrecer al obsequiado el banquete a
nombre de todos los presentes. A las corree·
tas frases del señor Pereyra contestó conmovido el señor de la Barra dando las gra·
cias por la muestra de afecto.
Durante la comida se observó grao cor·
dialidad. Uoa organización musical amenizó el banquete.

Parte de la mesa geoeral.-El seror de la E arra, haciendo uso de la palabra.

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.

do, al menos de las «interviús&gt; literarias, des
pués de aquel famoso libro de Julio Huret.
¿ Cuándo vendrá el jefe de escuela porque
suspuan muchos?
Juan Muller y Gastón Picard, autores del libro
a que me refiero, han interrogado a no ~ocos literatos del día, a fin de saber lo que opinan de
la orientación de la moderna literatura francesa.
Les han interrogado sin esa ironía que cule·
brea al través del libro de Huret. Yo los veo ir
de casa en casa, llenos de audac;a ingenua, pero
no muy seguros de la necesidad de su misión.
Con qué respeto penetran en el estudio dal
pensador, mostráodonosle entre libros y papeles!
Para ellos el arte de escribir es cosa seria. En•
tiéndase cuando el que le ejerce es hombre cul•
to, escrupuloso e inteligente. En su galería figuran Paul Adam, con su «careta de centurión me:litabundo&gt;; Henry de Regoier, sonriendo entre
«b:belot,&gt; extravagantes; Henry Berostein, el co·
nocido dramaturgo, y otros.
La juventud es ilusa. Cree en muchas cosas,
que la vejez se encarga de probar que son frá·
gi les.
Los autores de este libro revelan ser demasiado jóvenes. ¿Es esto un defecto? Según.
Cervantes escribió el «Qui jote&gt; siendo v1e¡o, y
Goethe compuso el segundo «Fausto&gt; cuando pei·
naba canas, La juventud es una edad de derro·
che inconsciente. No es la crítica precisamente
lo que la conviene, sino el entusiasmo, dígase el
enemigo de la crítica, La crítica es análisis, disolución, y el entusiasmo es síntesis.
La critica no es santo, ni con mucho, de la de·
voción de los escritores a quien~s interrogan Mu·
ller y Picard. Hirsch no mira con buenos ojo5 al
crítico.

Carta autógrafo de S M. Nicolás de Montenegro, re·
conociendo al gobierno del Gral. Huerta.

i~fc1!.Ufftl"fil!Il@
:,e acaba de publicar un libro sobre las teoden•cias
de la literatura francesa contemporánea
Yo creía que el período de las «ioterviús&gt; había pasa·

.

-i;;Y,; J

G'\
Su señoría Rudolf de Cardoff, encar¡?ado de Ne·
gocios de Alemania, que presentó el martes pa·
sado la carta aurógrafo del Emp, Guillermo.

non

@@tutsdJtr&amp;

tn ®)

e.,~~~0)

Nótese que e~te,s escritores no se jactan de ser naturalistas ni románticos Paul Adam abc&gt;ga por el predo·
minio de la imaginación y Luis Bertrand declara que
hay que volver a la novela tal como la concibieron los
realistas.
¿ No exageremos, no hay que abusar del lirismo ni del
pormenor superfluo como los naturalistas Huyamos de
la novela del sigo XVIII y de la novela ultranaturalist"-.
Defendámonos de los simbolistas, pnr cuyo conducto se
han ingerido en la literatura francesa los delirios de los
rusos, de los alemanes, de los escandinavos ...... Huya·
mos ..... .
FRAY CANDIL.

Primera página de la carta autógrafo .del Emperarador de Alemania recooocieLdo el gobierLo
del general Huerta.

Sr. Lic. don Francisco León de Ja Barra, quien
presentó la carta autógrafo del rey de Montegro.

Si la crítica no tiene hoy muchos admiradores, lamo·
ral les tiene menos. La mor;,I. iQué «blague!&gt;
Según Paul Brulat. Rubelais no hubiera ~ocootrado hoy
editor para sus libros, porque al público ya no le guMa
la pornografía, ¿Qué me cuenta ust~d?
Cualquiera cn,ería que los libros que se publican hoy
en Francia respiran castidad y pur eza. ¿Dónde están
esos libros? Q ue me los traigan.
Yo veo que en los quioscos abundan las caricaturas
obscenas y que las tarjetas postales de mujeres desnudas llenan las paredes de las tiendas en que se vend;en
estas cosas.
P~ul Rebuex se muestra a;queado de este desbordamiento de moral. En su sentir, los discípulos de Jorge
Ohnet abund'ln que da grima.
Lo que yo noto es una superabundancia de novefas
novelescas para uso de porteras candorosas y modistas
sentimenteles, y novelas de aventuras más o menos bis·
tórica~, al estilo de las de Duma~. padre.
-No comprendo en qué se funda este escritor para
afirmar que los cuentos de Maupassant y las novelas de
Zola no hallarían un hueco en el folletío de los perió·
dices.
·Estas protestas mueven a risa porque carecen de base.
No constituyen, sin embargo, la principal de la «enque·
te&gt; de los señores Muller y Picard.

Para festejar dignamt:nte el vigesimo quinto aniversario de· la exaltación al trono del emperador Guillermo de Alemania, la colouia residente en nuestra capital
organizó una serie de festejes entre los cu_a les sobresalió la kermesse

efectuada e 1

domingo pasado en el parque del Colegio Alemán.
Los puestos de la kermesse estuvieron a cargo de bellas damas de la colonia y
algunas de la buena sociedad mexicana. La fiesta fué muy entusiasta y dejará re·

Segunda págin'l de la carta del Emperador Guillermo.

Puesto típico suizo.-Damas alemanas y mexicaoas.-El correo de la kermesse -Trajes típicos mexicanos. onagraciosa bailarina.

cuerdos gratos entre los a~istentes.

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A la distinguida Señorita
Concepción Carrere y Gómez Farías.
Acere'!. de l'l obra iom 1rtal del perenne preclarísimo
DJo Miguel de Cervantes Saavedra, se ha escrito tanto
y tao bien, que sólo me atreveré aquí a consignar en
breves líneas la hood I y duradera impresión que ha dejado eo mi á 1imo la agrad1ble serie de mujeres que
ap:1.receo ea esa imperecedera obra, que cada vez se
lee y estudia con creciente deleite, sien io la postrera
lectura la más sabrosa.
Coetáo~os del ilustre alcalaioo fueron el portentoso y
fecuodisim'.&gt; L"&gt;pe de Veg\ y el festivo Tirso de Molioa.
¿Cóm"&gt; el m1oco de L~paoto, de vida militar y azarosa,
si las bub'.&gt;, cu 11 la suya, trató a la mujer ea su obra
m 1estra coa especial miramiento, en tanto que los otros
dos alto, ingenios, hombres de profesión religiosa, eo
sus admirables producciones dramáticas, casi se complacen, por decirlo así. y coa pocas excepciones, eo
preseot.r a las mujeres con deseovo'tura, ora doooraisas, ya sin má, donaire que el de su gallardía? Contraste es este q•1e no he eocootrado explicado en ningún
cervantista, eiltre tantos que se bao ocupado eo comentar la joya más preciada de las letras espsñolas, explicación que no h~ hall&gt;1do desde el respetable señor

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f@l©)ffi. JtIL, IL.Il&lt;Cltlíl&lt;C!!AID&gt;© JIUIL,Il© ?l&amp;ffi.Aíiltº

&lt;jeres. Pero admitido esto, ¡cuánto ingenio en la inven·
&lt;cióo, cuánta habilidad ea la intriga, cuánta digoidad
«ea la mujer, cuánta viveza y cuántas escenas dramáti&lt;cas eo la acción! ¡Cuán digno, noble y bello se pcesen&lt;•a todo, y al mismo tiempo cuánto vigor, cuánta pro&lt;fundidad y dignidad encierran! Calderón es el depósi«to y arsenal de tesoros que los poetas de otros países,
&lt;cootemporáoeos y posteriores de tao esclarecido poe&lt;ta, hao saqueado para engalanar sus obras coa las de
&lt;tlste ingenio eminente» ..... .
El muy docto Meoéndez Pelayo al resumir un estudi'.l
crítico suyo del insigne Calderón dice así: &lt;Sus defec&lt;tos son del ingenio español; su grandeza se confunde
ccoo la de España, y no morirá sino con ella. ¡Privilegio
csiogular y poco envidiado! Pero aún hay otro más aleto: el ser a un mismo tiempo poeta admirable, "de su
&lt;raza y de su siglo," y poeta y m:i.estro y delicias de la
&lt;humanidad en todas las e:iades, como lo son Shakes&lt;peare y Cervant~s »
Compláceoos en sumo grado que la autorizada opinión del más eminente de los polígrafos españoles d, 1
siglo XIX, aproxime Calderón a Cervantes. Sí, ambos
fueron poetas admirables &lt;de su raza y de su siglo;&gt;
y ambos rindieron culto " las virtudes de las mujeres
españolas de su tiempo. Por eso en los dramas y comedias de Calderón aparecen sus damas coa tanta digoi-

.

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Dulcinea del Toboso eocaotada por el socarrón Sancho Panza.
Hartzeobusch y el cuidadoso Clemeodo basta el iomeoso Menéodez Pelayo:
Y téngase presente, que cuando desapareció el grao
Lope de Vega, empezó a elevarse y a deleitar a todos
el peregrino don Pedro Calderón de la Barca, talento
el más coosp!cuo ea el teatro español en todo el siglo
XVII, y que por GUS dramas debe de ser colocado entre
los más eminentes poetas de todos los tiempos. Lejos de
seguir a Lope y a Tirso, diríase que Calderón hereda
de Cervantes-cuya obra aparedó ea el primer tercio
de aquella centuria, e imit~ el miramiento que este último dedicó a la mujer. No sin razón dijo el crítico alemán Pbilippsoo: &lt;Los motivos y pasiones, al rededor de
&lt;los cuale; giran los dramas de Calderón, son el amor
&lt;y el honor; aquel amor ardiente meridional que oo re&lt;trocede ante el crimen y arrulla los obstáculos a viva
&lt;fuerza, y una honra que nada tieoe que ver con lamo&lt;ral, que a veces más bien la lastima, y que geoeral&lt;mente se C'.&gt;nteota coa m1otener incólumes el valor y
&lt;la verdad de los hombres y el buen oorr.bre de las mu-

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Tllft t' Rl~ t~ t~,

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dad, y aunque enamoradas, guardadoras cuidadosas de
su honra. como aparecen en la novela inmortal de su inmediato predecesor. Uno y otro se inspiran en la sociedad que les rodea; eo el dramaturgo, romántico e independiente, ceden sus defectos de aberraciones de gusto,
sus ligerezas de ejecución y su poética caprichosa y
exuberante, y su arreglo arbitrario de las tres unidades, al poteotísimo aliento nacional que informa, palpi•
ta y vivifica todas sus producciones; en el egregio novel(sta, su ob_ra que es alta y trascendental por su coot~u1do, su ob¡eto, su fin, su belleza e importancia, la acción es coutemporáoea con h vida del autor, pues el libro empieza así: &lt;En un lugar de la Mancha, etc. &lt;no
ha ~u cho tiempo .... &gt; y de creerse que los tipos feme?1oos que apar~ceo en el Quijote s.:,u copiados de la
soc1edae1 en que vive, en plena época del tesoro de los
Felipes de España, en todas las esferas que aquella
of;ecía en su tiempo, desde la Duquesa hasta la rústica
e ignorante lugareña Teresa Cascajo, mujer del escudero Sancho Pauz:i..

E

•

Pero la personalidad femenina en la novela es, sin dad 1, la de Dulcinea, la de más relieve; y la más radiosa;
ella es la que siempre inspira, ella es la invocada eo todo
trance duro y apretado por ei:c:..bdlero de la &lt;Triste Figura.&gt; Ella es la finalidad de los actos y hazañas de este', y
el norte, cunea móvil e iodeclioable de sus pensamientos. Dulcinea, su numen invisible, determina eo el ilustre
caballero andante un estado particular fisiológico, psicológico, y dentro de su rara insania, uno también patológico. En la ruda tempestad que ha devastado la razón del pobre Alonso Quijal'.o el &lt;Bueno,&gt; sálvase la
celdilla cerebral en que quizás se hallaba depositado
cariñosamente, en toda su integridad el recuerdo de
«Aldonza Loreoza, moza labradora de muy buen pare&lt;cer, que vivía en un lugar cercano del de don Alonso,
&lt;de quien él un tiempo aoduvoeoamorado, aunque según
&lt;entiendo, dice el autor, ella jamás lo supo, ni se dió
&lt;cata dello .... A esta Aldooza, le pareció ser bien a
&lt;Don Quijote, darle el t!mlo de señora de sus peusa&lt;mieotos; y buscáudole nombre que oo desdijera mucho
&lt;del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa
&lt;y grao señora, vioo a .llamarla &lt;Dulcioea del Toboso,&gt;
&lt;porque era natural del &lt;Toboso:&gt; nombre, a su pare&lt;cer, músico, peregrino y significativo, como todos les
&lt;demás que a él y a sus cosas había puesto.»
En uno de sus raptos de inimitable lirismo, Lamartioe dijo: ...... &lt;la poesía es el sueño de la mañana de
las grandes vidas; contiene en sombras todas las reali&lt;dades futuras de la existencia; es el preludio de los
&lt;peosamieotos y eI;preseotimiento de la acción. Las ricas
&lt;naturalezas comienzan por la imaginación y la poesía;
&lt;es el lujo de las savias superabundantes en los hombres
&lt;de grao fantasía. ¡Desgraciado ctel que no ha sido poe&lt;ta una vez en su vida!&gt; Pero la poesía es eseocialmeute amor. y si al amor hubiérase referido el grao poeta
líric&lt;&gt; fraucé;, seguramente, habría dicho también: ¡Desdichado del hombre que no ha amado una vez en su vi·
da! ..... .
La memoria de la mujer amada en su edad juvenil
por Alonso Quijaoo sobrevivió en el naufragio que anegó la razón del hidalgo manchego; pero esa memoria se
irgue y surge con todo su presugioso encanto, y perfuma con su aroma seductor-como las rosas castellanas
que exhalan quizás su más preciosa fragancia, cuando
parece que van a morir-la acalorada fantasía del caballero andante, agravando en él ese estado patológico
dentro de su rematada insania, que antes dijimos. Ese
recuerdo del amor u afición juvenil se apodera de todo
s!-1 ser, ascendiendo impet!-1oso del corazón a su desiquihbrado cerebro, y determtna en él un amor platónico
que en sus delirios Je lleva hasta el deliuquio. Casi la
deifica en su platonismo, tanto más ardiente, cuanto es
invisible e intangible su a mada; es para él, Dulcinea Ja
suma de todas las perfecciones físicas y morales. Don
Quijote no imita en esto a los caballeros de sus libros
que aspiraban a grandes alturas, en cuanto que no quiere ser emperador ni rey; lo contrario de su rústico escudero Sancho, quien en su corpezuelo, harto de ajos y
saco inextinguible de refranes-como le llama su amc&gt;comilóo y voraz como Milóo de Crotona, y aunque medroso de suyo y doliente de sus costillas por los estacazos que _llueven sobre ellas: alienta una grao codicia que
se acre~1~~ta en él a compas de los golpes que recibe, y
l'.'- amb1c1on desaforada de alcanzar el gobierno prometido de una ínsula; Don Quijote, aparte de su alta mi·
sióu a que se cree destinado, la defensa y cumplimiento
del derech? )'. la protec_ci?o al desvalido, se deja guiar
por el senum1eoto platon1co que le subyuga, tierno de
amante rendido, hacia un &lt;desiderátum&gt;-que a cada
momento Jo proclama: "todo ladrón, malsín o gigante
vencidos por él, hao de ir al Toboso, y postrados a lo;
piés ~e Dulcinea hao de decirla: "domeñados por el inveuc1ble brazo del caballero Don Quijote de la Mancha, tu amador. nos tenéis aquí, señora de la iucomparab'e hermosurd, para que hagáis de estos siervos lo que
os plazca ..... . " Poco importa que Dulcinea no descienda de la excelsitud a que la eleva Don Quijote para
que figu!e eo la accjóo animada de la_ novela. basta que
sea un s1mbolo .... s1mbolo que refle¡a la subjetividad
de Cervantes en que respira el espíritu de su nación y
de su tiempo.
Atendiendo a la cronología de la novela, pasamos desde luego a la simpática figura de "Marcela," "la desdeñosa. " Esta hija'de rico labrador de un lugar del sur de
h Mancha, más opulenta en belleza que en bienes de
fortuna, era pers-guida y asediada por muchos hidalgos y zaiales de toda aquella tierra, entre los que se
d1sttogu1:'- por sus requiebros y pretensiones amorosas. un
ex estud1aute de Salama,-,ca, llamado Grisóstomo, hijo
de _un labrad_or, rico también, de aquellos contornos y
la ¡oven mehudrosa Marcela no daba oídos favorables a

Una escena de la novela &lt;El Curioso Impertinente.&gt;

La duquesa oyendo los discursos de Sancho.

l

sus amadores, decidiéndose un día irse al campo, con
las demás zag".las del lugar, pira guardar su mism) gmado de cabras Sabido de lo cual, Grisóstomo, vestido de pastor también, coa pellico y cayado, se
fué p'.&gt;r despoblados en p)s de M ,rcela, quieo no movid:i. p:&gt;r ruegos, ni poesías de su amrnte apisionado, le
opuso, lo mismo que a su, demh pretendientes, los desd~ues que so!ía. C1yó enfermo y murió el ap1siou:1.do
Grisóstom'J; cougréganse varios amigos suyos y llevan a
sepultar el c1dáver del desdichado ex-estudiante salm 1utino, al pié de uoa h 1ya, sitio en que vió el pretendiente pnfiado por primera vez a la amada desdeñosa.
A ese entierro se halla presente el caballero de la "Triste Figura " Ambrosio, uno de los amigos, dice una tierna tierna despedida al extinto, a la orilla de las fosas, cuando he aquí que se presenta la misma honesta Marce la, lo
qu~ m1tiva a Am~ro,io para dirijira la hermosa pastora
un ardieote"ex-abru¡:,to" achacándole la muerte de Grisó;tonio, y que viene a ufanarse en su obra ... . "No veu"go -contesta la bella labradora-a ninguna cosa de las
•'que h1s dicho ¡oh Ambrosio! sino a volver por mí mis- .
"ma, y a dar entender cuán fuera de razón van todos
•·aquellos que di: sus penas y de la muerte de Grisósto"mo me culpan, y así, ruego a todos los que aquí estáis"me estéis atentos .... Hízome el cielo, según vosotros
"decís, hermosa, y de tal macera, que sin ser podero"sos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosu"ra; y por el amor que me mostráis, decís, y aun que,
"réis, que esté yo obligada a amaros . . . . Siendo esto asi
"¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza,
"obligada no más de que decís que me queréis bien? Sí
"o.o, decidme: si como el cielo me hizo hermosa, me hi"ciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros por"que no me amábades? ...... Cuanto más, que habéis de
"considerar qu" yo no escogí la hermosura que tengo;
"que tal cual "es, el cielo me dió de gracia, sin yo pedi'·lla ni escogella .... que la hermosura en la mujer ho·
"nesta es como el fuego apartado, o como la espada
"aguda; q ue ni él quema ni ella corta a quien ellos no
"se aqerca. La honra y las virtudes son adornos del al"ma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de
"parecer hermoso Pues si la honestidad es una de las
"virtudes...gue al cuerpo y al alma más adornan, ¿por
"qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por
"corresponder a la intención de aquél que por sólo su
"gusto, procura con todas sus fuerzas e industrias que
•'la pierda? Nací libre, y para poder vivir libre escogí
''la soledad de los campos: los árboles de estas mouta"ñas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos
"mis espejos; con los árboles y con las aguas. comunico
"mis pensamientos y hermosura ...... ¡Fuego soy aparta''do y espada puesta lejos! A los que he enamorado con
''con la vista, he desengañado con palabras; y si los de•'seos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado

11

"ning 1a1. a G ·i;ó;tom'J, ni a oteo alguoo el sí," a nio•·guoo dello,, bien se pu!de decir que antes le m ltÓ su
"porfía que mi cruel:ia:l; y se m~ hice cugo de que
"eran b &gt;oestos sus pensa mientos, y que por esto estaba
"obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en
"este lugar, me de,cubrió la b:Jnd,d de su intención, le
"dije que yo fa mía era vivir en perpétua soledad, y que
"sola la tierra gezase el fruto de mi recogimiento y los
"de,p:Jjos de mi herm'&gt;sura; y si él, con todo este deseu" desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y nave·
"gar contra el viento, ¡qué mucho que se anegase en la
"mitad del golfo de su desatino! .....• Si yo le eotretu"viera, fuera falsa; si le contestara, hiciera contra mi
"mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado,
"de,esperó sin ser aborrecido; mirad ahora si será ra·
"zóo que de su culpa se me dé a mí la peoa. Quéjese el
"engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las
" prometidas espereuzas, confiese el que yo llamase,
" ufáuese el que yo admitiese; pero no me llame cruel
" ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, lla" mo ni admito .... El cielo, aun hasta ahora , no ha que"rido que yo ame por destino; y el pensar que tengo de
"amar p1r elecció.u es excusado, y entiéndase de aquí
"adelante q ne los desengaños oo se bao de tomar en
"cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco,
• déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama
"ingrata, que no me sirva; el que desconocida que no
"me conozca; quien cruel, no me siga ; que este bas;lis·
"co, esta cruel, asta ingrata y esta desconocida, no los
" buscará, servirá, conocerá oi seguirá en oioguoa ma"oera; que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arro"jado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto
' ·proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la
"compañía de ios árboles; 1 por qué ha de querer que la
"pierda el que quiere que la tenga con la de los bom"bres? Yo, como sabéis, tengo r iquezas propias, y no co"dicio las ajenas: tengo libre condición, y oo gusto de
"sujetarme; oi quiero ni aborrezco a nadie; no engaño
"a este, ni solicito aquél, ni burlo con uno, ni me entre" teugo con el otro. La conversación honesta de las za·
"galas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me en" tretieneo : tienen mis deseos por término estas monta"ñas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura
"del cielo, pasos con que can¡ina el alma a su morada
uprimera."
Y terminando así su briosa y altiva defensa y de su
libre albedrío, la limpia, digna y honrad~ Marcela, sin
querer oír respuesta alguna, voivió las espaldas y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, a todos los que a!H se bailaban, tanto de su discreci6o como de su hermosura; y algunos, que heridos estaban de la poderosa flecha de los
rayos de los bellos ojos de Marcela, dieron muestras de
querer seguirla; a lo que se:opuso Don Quijote, quien po-

nieudo la mano en el puño de su espada, dijo con esforza:la voz : "Ninguna persona, de cualquier estado y con• dición que sea, se atreva a seguir a la hermosa pasto"ra, só pena de caer en la furiosa iudiguacióo mía . Ella
''b .. mostrado con cluas y suficientes razones la poca o
"ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisós"tomo, y cuán ajena vive de condescender coa los de··seos de ninguno de sus amantes; a cuya causa es justo
"que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea hocrada
" y estimada de todos los buenos del !llundo; pues es me"oester que en él halle estima la que con tao honesta
"intención vive." Ya fuese por las amenazas del caballero andante, o porque Ambrosio les dijo que concluyesen con lo que a su buen amigo debían, ninguno de
los pastores se movió ni apartó, hasta que acabada la sepultura de Grisóstomo, se separaron.
Dorotea, una bella y discreta andaluza, bija de un labrador rico de un lugar de la fértil Bética, y que era
vasallo de un grande de España, se presenta por primera
vez, disfrazada de mozo labrador, lavándose sus blancos y
hermosos piés en las aguas de un cristalino arroyo, de
los muchos que serpean por las quebradas aspérrimas
de la Sierra Morena y quejándose del mal de amores.
Así la ven el cura y el barbero del pueblo de Don Qu ijote, quien por aquellos vericuetos se entregaba a la
penitencia que sueña le ha condenado la señora de sus
pensamientos; los dos amigos del pobre caballero man·
chego van con el caritativo propósito de reducirle a que
vuelva a su lugar y a su casa. a fin de que se cure desu
rara manía y peligrosa locura. Dorotea refiere, can galanura y discreción admirables, su vida y desgracias a
los dos favorecedores del caballero andante. La disfrazada moza cuenta que : &lt;Hija de padres, vasallos de
&lt;aquel señor grande de España, que humildes por su li&lt;oaje, pero tau ricos, que si los bienes de su naturaleza
&lt;igualara n a los de su fortuna, ni ellos tuvieron más que
&lt;desear, ni ella (Dorotea) no temiera verse en la desdi&lt;cb? en que se vé, y que tal vez nace su poca ventura
&lt;de la que ne tuvieron sus padres en no haber nacido
&lt;ilustres, aunque era verdad que oo eran tao bajos que
&lt;pudieran apartarse de su estado, ni tan altos que a ella
&lt;le quitaran el pensamiento de que su humildad viene
&lt;su desgracia. Ellos, labradores, gente llana . . . ... pero
&lt;tan ricos, que su riqueza les va adquiriendo poco apo·
&lt;co nombre de hidalgos, y que la mayor riqueza y no&lt;bleza que ellos se preciaban, era de tener a ella por
&lt;hija. Que ella era el espejo en que se miraban, el
&lt;bác;;ulo de su vejez, el ~ujeto a que encaminaban todos
&lt;sus deseos.&gt;
( C OXTIN UARÁ)

�seno vibran y se yerguen las incitaciones y en tus mejillas tienen su edreclón los ardimientos . . . .. . ; porque te
a mo así, an gel y mujer, caricia y llama!
TI

E L DESENGA~O.
¡Pobre amigo mío! ¿No sabes que tcdo muere?
Mi aliento será miasma; mis redondec es será n áogulos; mis abr azos caerán en prisiones del entumecimiento, el carmín de los ósculos encanecerá e n el hueso árido, y la fuente de los senos se agotará en el despeñade·
ro de las costillas secas .... . .
Si adoras mi carne, habrás gusanos de la tumba, si
ambicionas m i espíritu lo incógnito te disputará la posesión.
¿No sabes q ue los besos de h amistad se contagian de
amor, y q ue los del amor se contagian de hastío ?
El arrullo se torna sensualidad, y la sensualidad se
vuelve crimen.
¿Olvidas que un aogel cayó del cielo, y que una mujer fué arrojada del paraíso?
¿No sabes que u n apetito mancilla el labio, y que el
fuego d¡, un ansia cuece el corazón ?
Huye, amigo: la belleza se marchita, la brasa se apaga, la saogre se coagula, los deseos se postran, los nudos
&amp;e desatan ...... y la insaciabilidad se sacia!
Huye: que Lucifer se rebela, y .Eva se condena, y la
cari,ia se borra y la promesa se pie rde.

m

EL AMOR.
E~cuchad: soy inmortal, en m i refugio seréis felices.
Por mí cuando el aliento ~e corrcmpe, y las curvas se
aplaoao, y los brazos se rinden, y la boca se descarna
y los senos se agostan . . .... aun está hermoso corazón.
Por mí hay pájaros que no tr inan en la alborada porque
sonríen ante la ofrenda del gineC€o , o sus oidcs; por
mí la brisa caldeada de la siesta se baña en e I remanso
de la sombra d e los árboles; por mí se renuevan los colores cada primavera; por mí las estrellas vencen la no•
che.
Yo cobijo en m i palio sueños que hacen despertar en
lo infinito. Yo poogo rosas e n los sepulcros.
Por mí si un aogel se rebeló, mil rebeldes se hao sometido, y si una mujer insinuó la culpa otra venció el
pecado.
Por mí los besos con ansia calman la sed del alma,
por mí las ansias con fuego tiemplan el corazón.
iOh, amigos míos, cuando no tengáis juveotud ya no
la pediréis; cuando no responda vuestra a lma ya no habrá quie n la solicite!
No temas, amiga mía, que si la belleza pasa el espíritu queda ; si el hogar se apaga cenizas se avientan; si la
sangre se coagula, el vaso no reclama; si la atadura se
afloja, es a fuerza de oprimir, si el apetito se sacia, ya
el hambre no da torturas.
No huyas, amigo, que -el angel caído se perdona, y la
mujer pecadora se redime, y la caricia disipada se renueva y la llama sofocada se revive.

Señor general don F elipe Mier, nombrado subsecretario de G uerra ,
radas, aparecía la inscripción tierna y
acercamos a leerla ..... .
Decía así, libremen te traducida:

delicada y nos

"¡Reposa en paz!
i basta que nos veamos
en el cielo,
si hay sitio todavía!'.'
iEI comerciaote había padecido un error al interpretar la or:ien que le daba la buena amiga de Francisco
Latouche!
O ¡quién sabe .. .. ! Acostumbrado a hacer coronas
pua todos los que van al cielo, e l pobre hombre sospecha que en efecto debe quedar ya poco sitio disponible y teme que de un momento a otro pongan el «¡Completo!&gt;, como e n los tranvías.
La ceremonia fúnebre ba dado fin mientras los invi·
tados sonreían discretamente ..... .

o o o

- Y tú tamhién, pobre poeta, tú también habrás sonreído allá a rriba, e n el cielo . .. . sí, como dice tu buena
amiga, has encontrado un rinconcito todavía ... . !

Así dijeron, y el Desengaño, arrojándose en brazos de
la Pasión, desde e ntonces fundidos en el Beso, se des·
!izan por e l mundo, en seguimiento del Amor.
ISMAEL CLARK.

Señor general don Aureliano Blanguet, nombra do secretario de G uerra y Marina.
JOSE JUAN CADENAS.

LA MUERTE DEL POETA
No lo conocéis .... La glo ria no le había abierto sus
puertas aún .... Coqueteaba con él por el ventanillo,
dábale esperanzas, le sonreía amante; puo prometiéndole la dicha de un beso para □ás tarde ...... El poeta
era joven, muy joven ...... Llamábase Francisco Latouche .... Ha muerto de una manera horrible .. . . i Le ha
aplastado un autobús!
Francisco Latoucbe tenía talento y bubiera triunfado al fin . ... Si su nombre no había llegado aún al gran
público, conocíale ya la gente del oficio, y sus obr¡;s
íbanle conquistando poco a poco una reputación envidiable .... C rean estedes que para que un literato joven
y pobre triunfe en París, necesita valer mucho. La competencia es mayor : el público, más oumercso .... Todos
los poetas no tienen la sue rte de llama rse Mauricio
Rostaod y encontrarse con una celebridad fabricada
, qor su señor padre ..... .
Ya era mucho lo que Francisco Latouche había conseguido; las gentes de letras augurábaole una t.rillaote
carrera, y el joven poeta podía considerarse feliz ....
Y jabí tienen ustedes! Prcmesas, esperanzas, juventud,
sueños de gloria, todo ha perecido aplastado por el peso
de un autobús .....
La muerte fué horrible ..... Francisco Latouche di•
rigíase al domicilio de su jefe, caminaoco a buen parn
para no llegar tarde, cuando de repente un autobús se
desvió é invadió la acera, chocando contra la pared ....
El infeliz Francisco Latouche encontróse de prcoto
cogido, aplastado, entre la pared y el enorme vehículo .... Cuando, después de grandes esfuerzcs, retiraron
e l autobús, apareció el cuerpo de Franci!co Latouche
en pie, crucificado en la fachada, exánime .... Sólo p udo articular ' traba josameote su orILbre y las stñas de
su domicilie .... E l portero de la ca,a inmediata le recogió, y en un coche le llevó al bo~pital a escape, vif odo que aquel bcmbre se o:oría a d:orrc:· . . .. .. El pebre

Latoucbe suspiraba: &lt;iMe ahogo! ¡Me ahogo!&gt; Media
hora después había muerto . . . .
La policía francesa está de duelo, porque acaba de
perder un futuro poeta .... .. Nosotrcs ignoraremos una
colección de lindas estrofas .. .. Las musas llorarán inconsolables la muerte trágica d e uno de sus amantes
predilectos, ungido por el beso de la d i".ioa Poesía.
Ayer hicieron pedazos el cuerpo del poeta, a petición
de la Compañía de Autobús, que solicitó la autopsia para averiguar si , en efecto, Fraocisc? Latouche babia
muerto a consecuencia del atropelle .... o de las viruelas .. .. ¡La Compañía genera l de Autobús gasta unas
bromas verdadarameote macabn s!
E n tanto, la buena amiga de F;aocisco Latoucbe, enterada de la de~g raocia, dispúrnse a rendir al difunto
el último tributo, y fncargó una corona de llores naturales. grande y linda, con anchas cintas de seda y la inscripción siguiente:

Señor dcctor don Aur eliano Urrutia, oombraco min istro de Gobernación .

Tres Voces
BALA D A.
I

&lt;Repose en paix! au revoir!&gt;
Pero horas antes del entierro, la buena amiga de Francisco Latouche pensó q11e la inscripción no estaba corn•
pleta, y guiso agregar algo más expresivo, más tierno.
más poéticc- ....
Torturó breves momentos su imagioacióo, y, por fin,
encontró lo que a su juicio faltaba ..... .
Sin perder tiempo 1:scribió una tarjeta al comerciante
e ncargado de hacer la corona, diciéndole: &lt;Haga usted
el favor de ~gregar en las cintas de la corona, a continuació n de la inscripción, lo siguiente: &lt;au ciel&gt;, si hay
sitio todavía .. ... .
Hoy hemos a sistido al entierro del malogrado poeta .. . ... Los despojos ne Francisco Latouche, encerrados en una caja, iban cubiertos de flores y coronas .... .
La ceremonia r esultó hondamente conmovedora .... .
Al arrojar sobre la tumba los cbouguets&gt; y ramos de
flores enviados por los amigos de F rancisco Latouche,
pudimos admirar la famosa corona encargada por la
buena amiga de l poet2 . . . . En las cintas, en letras de-

Sr, Lic. deo Jgoacio PérfZ Vargas, ocmbrado ag€nte,
del Ministerio Público.

LA PASION.
¡Amada mía, amada mía ! Te adoro. Q uiero vivir para
tí en tí; quiero sorber tu hálito; asirme a tus curvas y
palidecer contigo de seo~acióo, de fatiga, de ansia; que
me ateo tus cabellos y me encadenen tus brazos; que
me cieguen tus ojos y me amordacen tus lab ios; que me
agobie tu carne sensual, y besarte .... besarte ...... besarte ... . !
Quiero vivir unido a tí, fuodido contigo; que a los
claros de la aurora trine tu boca en la mía; que en los
abrasadores rayos del sol a medio día tu aliento r efresque el mío; que al lang uidecer la tarde mi frente a nide
en tu seno; que en la noche tu mirada conduzca mis
pasos; que el sueño me sorprenda en tus hombros para
dormir en tí y soñar contigo.
Quiero adorar tu alma y tu carne; que te entregues
a mi en espíritu y en mate ria ; que me unjas de amistad y
me embalsames de pasión; quiero el arrullo que adormece y la sensualidad que mata ; que me guardes como
abgel y me pierdas com0 mujer, que me quemes con
a nsias y me ansíes con fuego; que me des y que me pidas; que me llames y que me respondas.
¡Porgue eres bella, amada mía, bella como la encarnación· del deseo! Porque tas órbitas con lá mparas del
infierno y tus manos hostias en estrella ; porque en tu

E l S r. Dr. Urrutia y distinguidas damas que le felicitaron el lunes pasado en Ccyoacán tanto con motirn
de su nombramiento, como por su onomástico.

�patrios; poner el nombre de la patria en labios de actores .Y actrices Y apo·
derarse del ánimo de los espectadores, en terreno tan fértil para las emo·
ciones intensas, se ha hecho y se hace comuomeote en el teatro, todos los
días, y nada tiene de particular.
.
.
Pero mezclar ese amor a la tierra donde se ha nacido, con el resurg1·
miento de otro amor santo, el conyugal, haciendo que un corazón q_~e ar·
dió en fugaz llamarada, vuelva a sustentar el fuego sagrado del canno al
esposo, es de lo más nuevo en la escena, y de lo más dramát!co .~uP. pu:de
idearse. Y, si a esto se añade, la presencia de Prelado católico, Moosenor
de Jussey" que enterado del divorcio de "Mónica i;:ett" al verla nu~vameote cariñosa con su marido, lo atribuye a obra de Dios, cuando h3 sido_ con·
secuencia de las circunstancias humanas, tan huJilaoas como un cnm~n,
tener un argumento impresionante, realista, humano, y de esos que sostte·
neo al espectador en contíoua tensión nerviosa.
.
Algo hay en el fondo del corazón de aquella mujer, no muy claro, qui·
zás por lo difícil que es si.-,mpre presentar la psicología fe!11eoina; digo con·
veociooal, es el pronto cariño di esposo que t anto la hab1a malt~atad?, al
que minutos antes odiaba, y del que se encontraba dispuesta a d1vorc1arse;
y sin emb:i.rgo al conocer que había matado al espía ·'Glo~ao" de pronto,
siente adoración por su marido, le salva, le jura que seguirá su suert~, Y
se muestra amantí~ima mujer. Yo, hubiera deseado que el autor hubiese

&lt;Mónica Felt&gt; (María Luisa
Villegas).-&lt;El coronel
Felt&gt;.-Ooaquín Coss.)

TEATRO MEXICANO. LLAMARADA"

"LA

En mi crónica de "La Embos·
cada" y al ocuparme de su autor,
Heori Kistemaecker, cité varias
de sus obras que habían obtenido
éxito en París y entre ellas hube de consignar "La Llamarada" que hemos tenido la profunda satisfacción de ver pronto en
bs carteles del Mexicano, traducida al español por el señor Al·
berto Michel, que ha hecho una
versión correcta, fluida, y con·
servando bastante, la fuerza de
los caracteres.
Es "La Llamarada" uno de los
dramas mejores del teatro francés contemporáneo, pues reune
la teatralidad, en grado sumo, es
muy original, y conserva el inte·
rés basta las últimas escenas. Pocas, muy pocas veces, he visto
entre las producciones escénicas
contemporáneas, una obra que
se destaque con relieve más grande, con pujanza mayor, con caracteres mejor sostenidos, para
llegar al desenlace bellísimo, sentí mental, admirable por losobrio
y poético. Excitar los sentimientos

Teatro Arbeu.-Esperanza Iris en la noche de su b•oeficio. -Teatro Me,icano.-Esceoa final dtl drama &lt;La Llamarada&gt;

saogriento zarpazo, y ella no Jo niega; la pureza d e aquellas relacio·
nes la hacen que sea franca, pero
hay que despedirlo, y no vacila e':
áecir detrás de la puerta, que esta
indispuesta, que la deje.
Nada se oye; cBeacourt&gt; se ha re·
tirado cou la desencadenada tor·
menta en su corazón y como las ho·
ras pasan, y hay que ocultar el ca·
dáver, la mujer decidida, valiente,
más serena que el esposo, coge con
una mano un candelabro de plata
encendido que hay sobre su escrito·
rio, en tanto que con la otra arras·
tra a su espo~o debilitado, dolorido,
medroso, ¡él que tanto alardeó de
valor y fortaleza en su vida!. ... y
penetran en el cuarto teatro del cri·
meo. El telón baja lentamente.
El interés del espectador aumenta por momentos y por tal motivo el
acto tercero es sensacional en extremo. El despedido adorador de
&lt;Mónica&gt; arde en cólera, y como
sospecha quien es el autor del ho-

insistido sobre el carmo maternal, que cita es cierto, que
sirve de apoyo, en algo a la
transformación de aquella al·
ma femenina, pero no tanto
corno fuera de desear.
Una esposa ultr,ijada, que
odia al esposo, puede en mo·
mentos dados compadecerle,
¿quién lo duda ? Pero de abí,
el autor ciego, al cariño intenso, a la pasión arrolladora,
a todo ese mundo de ilusiones
muerto ya, me parece una
transición muy rápida, algo
falsa, y que no es posible jus•
tificarse. En cambio, si se to·
ca el cariño maternal en toda
su profundidad, si se insiste
en el porvenir del hijo, en su
abandono, en su deshonra,
por ser hijo de un asesino veríamos explicado a maravilla
la metamórfosis de &lt;Mónica&gt;
en hacer todo lo posible y
aún lo imposible, por el pa·
dre de su hijo. Y, repito que
esta parte del cuadro escéni·
co, no tiene todo el color, to·
do el relieve que debiera.
Más, todo esto se subsana
con un derroche de bellezas, Teatro Colón.-EI Jurado en "El Secreto del Cuarto
y sobre todo de profundas
Amarillo."-Teatro Arbeu -Beneficio de Esperan·
ideas. ¡Qué escena tan bermoza Iris.-Una escena 1e "El Flechazo."
sa la del esposo &lt;Coronel
Felt&gt; y la de &lt;Marcelo Beaucourt&gt; el político insigne, ministro socialista, cuando deslindan los campos de sus relaciones con &lt;Mónica.&gt;. . . . ¡Qué fina observación la que se
desta~a de ese diálogo, modelo de su clase, y esmaltado con intensas ideas! .... iQué ele·
vación de conceptos hay en la escena ,!el Prelado con la mujer próxima a divorciarse,
que se irrita contra las esclavitudes de ciertas creencias, que protesta contra ideas que
de nada sirven en los conflictos humanos, y que ante palabras tan duras «Monseñor Jussv&gt; no puede hacer más que mirar al cielo, y disertar sobre atavismos femeninos de una
vaguedad desconsoladora!. ... Y, si alguien (que no creo que haya nadie de buen sen·
tido por lo menos) dudara del valor del drama que examino, ahí tiene como magnífico
todo el acto segundo, sin más que dos personajes, como en &lt;El Ladrón&gt; de Bernstein,
cuyo acto vale por toda la obra.
«:Mónica&gt; se ha retirado a su habitación en el Castillo, de los nobles Stettio, en el
Jura, que es donde pasa la acción de la obra, con el objeto de descansar. Es de noche,
y ha dejado la puerta sin pasador para que venga a hablar con ella, «Marcelo de Bea·
court&gt; que no es en maoer... alguna su amante, sino su futuro, en tanto ter mine el expe·
diente de divorcio que ha incoado. Es por tanto profunda la sorpresa de la dama al ver
entrar al esposo, descompuesto, pálido, en una situación nerviosa extrema.
Le recibe mal; piensa que viene a recobrar sus derechos de marido, y le manifies•
ta que jamás ha de conseguirlo, añadiendo, que la deje, que desea dormir. El, iosi~te,
en que desea hablarla, pues el porvenir del hijo de ambos está en peligro. Entonces la
madre, depone la actitud hostil y anhela escuchar al coronel "Felt." Este la explica que
acaba de matar a un hombre, a "Julio Goglan" que estaba igualmente en el castillo vi·
viendo con todcs.
¿La causa? dicho personaje bajo la máscara de banquero, es un espía de los enemigos de Francia, y poseyendo fuertes créditos contra su matador le propuso o hacerlos
efectivos y por tanto arruinarlo inmediatamente, o romper los documentos que los am·
pari,ban a cambio de la copia de los planos de unas fortificaciones, que dirigía el pundonoroso militar. Este no le dejó ni aún concluir la proposición, y saltando a su cuello
lo abogó. Allí, en la habitación inmediata, está el cadáver.
El alma de "Móoica" resurge en aquel momento, y sacudiendo las miserias de odios
al marido, lo ve grande, sublime, en aquel arraoque patrióti,:o que le ha cooducido has•
ta el crimen. "1:,o _que sea de tí será de mí," exclama; "¡yo te be de salvar!"; y cuando
sufre este sacud1m1ento en su alma de mujer fuerte, suenan pasos en el pasillo, alguien
se acerca a la puerta.
Es el hombre amado, que viene a la cita, ya olvidada por la esposa que es toda de
sn marido. Este, lo comprende todo; sus celos poderosos saltan, rugeo, van a herir en

Uoa escena de &lt;El Secreto del Cuarto Amarillo&gt;.

�micidio, eo veogaoza lo del•tará, eo veogaoza de amor,
pues oo igoora que eo aquel soñado cuarto de "Mónica" estaba el coronel "Falt" cuando oo pudo él, trasponer los umbrales.
Pero el noble milita r se lo confiesa todo; y eo una
patética escena, escrita con verdadero genio le dice
el motivo que le impulsó a matar, y entonces ambos entonan un sublime canto a la patria, y se estrechan la
mano, en aras de sentimiento tan hermoso. "Marcelo
Beaucourt" le promete salvarle; marcha a París, y con
su gran influencia probará qne uoa veogaoza personal
fué la causa del crimen cuyo autor ha huido. Ambos
hombres antes rivales se comprenden y se despiden con
cariñoso abrazo, y al salir del salón encuentra a "M6·
nica" llorando, y que le dice eotre sollozos ¡"Perdón
Marcelol .... el hombre tan amado se inclioa con respeto, y termina la obra
La interpretación fué muy buena por parte de María
Luisa Villegas, que estuvo muy inspirada. Los diversos
sentimientos que sucesivamente impresionan a ''Mónica" fueron perfectamente eotP.odidos por la aplaudida
actriz. Esos personajes de coostaote tensióo nerviosa
sabe encarnarlos con talento, esta inspirada artista; el
públi.;o premió con justicia trabajo tan excelente. Coss
y Mutio cumplieron, sin hacer nada de extraordinario.
Eoriqu~ Catalá muy acertado en el antipático personaje de "Glogan," y aprovecho con gusto esta ocasión
de alabar a este actor que en otras ocasiones le he ma·
nifestado sus deficiencias. Vargas en "Monseñor de
Jussey" muy mediano, l::ay que decir esta parte con más
calm3, con m~nos nerviosidad, se trata de un Prelado y
además de un viejo.
Y, con respecto al actor Alfredo Macías, me permito
recomendarle menos gritos, pues en el teatro debe ha-

blarse en igual diapasóo, y menos payasadas. Esos tipos cómicos de obras delicadas y finas, no son los de
brocha gorga de bulgares sainetes. El resto de los intérpr~tes cumplieron y la esceoa estuvo bien puesta,
TEATRO LIRICO.-"LAS MOCITAS DEL BARRIO"
¡Qué satisfacción qne el nombre de Chueca lo veamos en los carteles! .... Cuentan que Casero y Larrubiare dieron al popular maestro el libro de un sainete, y
cuando ya tenía pute de la música hecha, la muerte le
sorprendió, y entooces los antes citados escritores modificaron el argumento para aprovechar los números de
música escritos por la fresca inspiración d!l autor de
"La Grao Vía."
E l éxito de la obra ha sido completo. El asunto es
bien pequeño; los padres de una joven, mortifican a
otros que sufren el disgusto de la huída de su t.ija para
correr aventuras por esos mundos de Dios: y luego resulta que la fugitiva vuelve, y la mocita modelo filial,
se escapa. Esto es todo; pero hay tal derroche de gra·
cia, el ingeuio de los libretistas se derrama en raudales tan brillantes que las carcajadas no cesan, y sólo
descansan en un pequeño sentimentalismo colocado con
buen talento en el desarrollo del argumento.
Aquel gracioso zapatero remendón, que se siente
moscovita y que quisiera ver a Marconi ante una compostura difícil : aquella &lt;señá&gt; Potamia, que compara a
un gendarme con Robespierre: todos los otros con sus
incoherentes ocurrencias, muestran perfectameote al
celebrado poeta de los barrios bajos madrileños, autor
de conocidos romances de rompe y rasga. En "Las Mo·
citas del Burio" me parece que Casero tiene persona·
lidad propia, algo oscurecida en sus obras anteriores co-

mo "El Miserable Puchero", ' 'La Familia de la Sole·
dad" y "Música Popular" en las cuales se nota la imi·
tación a López Silva.
Confieso que no sin emoción escu_ché la músi~a. escrita por Chueca, que es un preludio y unas segu1d1llas,
que preceden al duo lleno de pasión, y preciosa cadec.cia. Surge en este número el genio que supo hacer can·
tar a la pobre chica, a los tres ratas, al viejo verde, y a
multitud de chulos: el que ilominó la musa castizameo·
te madrileña, picaresca y alegre, descarada y zumbooa,
rebosante de majeza y de rumbo, y llena de frescura,
desenfado y donaire. Las maoos de la concurrencia
aplaudieron con entusiasmo; y el recuerdo para el simpático, para el bneno. para el inolvidable maestro, lo
sentimos todos en el fondo del alma.
La interpretación fué bueoa por parte de la Caballé,
de Etelvina Rodríguez, esta última admirable; de Ote·
ro, Arozamena, Ruanova, y demás artistas.
En este mismo teatro ha tenido lugar el beneficio de
los señores Elizondo y Gascon autores de "El Pais de
la Metralla" cuyo éxito no se aminora con las cincuenta y tantas represeotaciones que ya lleva.
El aumento de algunas coplas relacionadas con la última crisis ministerial, y el estreno de un nuevo número "El amor a obscuras" cantado por la señorita Caba·
llé, fueron atractivos bastantes para que el público
aplaudiera con entusiasmo haciendo salir a escena el
autor, señor Elizondo.
El estreno de "Los Efectos de la Metralla" no gustó
mucho al público. Yo creo que si le hobieran puesto al
"apropósito" distinto título hubiera satisfecho; pero se
esperaba algo distinto de lo que la obrita es.
LUIS DE LARRODER.

A la memoria de Catulle Mendes
Ante un público numervso y distinguido, compuesto
de los individuos más conocidos en la literatura francesa, de periodistas, de artistas, actores y actrices, etc.,
etc., tuvo lugar en el cemeoterio de Montparnese, de
París, h. inauguración de un monumento elevado a la
memoria del insigne escritor Catulle Mendes.
La obra sencilla pero de artística severidad, se debe
al escultor Maillard, que ha sabido imprimir en el rostro del célebre poeta, todo su aspecto genial y altamente simpático Alrededor de la tumba se congregaron
personas tan conocidas como Rostand, Richepe1n, Cour·
telain, Leroux, Kistemeak ~rs, Croisset, Brissoo, de
Flerz, Lessuer, Mme. Severioe, Leconte, Nozieres,
Hahn y otros que no recordamos.
Mr. Bérard, subsecretario de Bellas A1tes, se excusó
por razones de negocios urgentes y entre todos los dis·
cursos pronunciados en homeoaje a la memoria del
muerto, el d~ Edmundo de Rostaod, fué el más elocuen·
te y el que puso más alta la gloria del finado.
Entre los párrafos de oración tan hermosa, se encuentran algunos altos conceptos digoos de traoscribirse: &lt;Fué - dijo-uo hombre extraordioario. uno de esos
h'.lmbresque dejan tras de sí, una estela de gloria, y que, a
¡&gt;esar de su alegría ingénita, la nostalgia había devorado, pues eo su mente superior podemos decir que lo
quería todo. Parecí• poseedor de uo secreto de algún
mito antiguo, mágico, que le hacía esclavo del misterio,
y al mismo tiempo era un orfebre maravilloso, una es·
pecie de &lt;Don Juan&gt;, de las id,as que anhela poseerlas
todas de una vez y para siempre, para él solo, para que
no fueran &lt;le los demás."
Cuando terminó e! discurso del autor del "Cyrano"
Hermoso castillo en Schleswig-Holsteio donde viven los Príncipes Enrique de Prusia,
el Presidente de la Sociedad de Autores M. Roberto de
Fleurs: habló de una manera admirable también, enal· todos los que le oían •·yo le debía todo-dijo-desde el
de la Crítica dramática, recordó los servicios y la glotecieodo las prendas que adornaban a Meodes, y acto primer luis que gané con mi pluma."
ria que Mendes di6 al teatro; después se escucharon
continuo. Mr de, Courtelaioe. gran amigo del poeta, lleMme. Daniel Lessuer tomó la palabra en nombre de
con emoción las palabras que dijo Sebastián-Carlos Levó el tribµto ardiente &lt;!e un viejo cariño, al ánimo de la Sociedad de Literatos; Adolphe Brissoo, presidente
coote, eo nombre de los poetas franceses, Camilo La
Senoe, habla en nombre del "Souvenir Fraocais·" y
Fernando Hausser, enviado por "Le Jouroal," enco~ia
. en elevadas frases los méritcs del escritor, cuyo recuerdo estaba eo la mente de todos en aquellos momentos.
El nombre de Catulle Mendes evoca un género literario que ha estado de moda, más por el talento del au~tor, que por la elevada idea que Jo informara
Las novelas, los cuentos, las narraciones del cc.nocid? poet~ ostentan uo carácter e~pecial, que inspiran
ciertas ideas no muy morales, pero que presentadas de
1~ manera 9ue las presentaba el _insigne lite;ato, seduc~ao y cau1111abao, con redes de oro y con éadenas de
piedras finas.
Nadie como Meodes pa_r~ presentar a la mujer mod~~na sobre todo a J'!' par1S1ense, en sus lujos, en sus deb1_hdades. eo sus ansias de alegría, eo sus desfallecim1t&gt;otos de placer.
_Por eso los libros del autor de que hablamos hao sufndo acres y duras censuras, y sie embargo el hombre
célebre ~e que nos 4:1cupamos tenía un hogar respetable
compar_hendo sus triunfos, su gloria, con la compañera
de su_ vida, tal vez colaboradora , pues ella también es
una literata de nombradía en París.
El último triunfo de Catulle Meodes en el teatro fué
con &lt;Scarron&gt;, pues la &lt;Santa Teresa&gt; del mismo autor
· sólo por la firma salvóse de un completo fracaso. Y. sin
Edmond Rostand leyendo su di~cuno.
Mr. Courteline ekgiando los méritcs del pceta.
embargo, el asunto de la obra primeramente citada no

es propio de la escena y la crítica eo general as! loco~sider6. Pero los versos fueron tan s~noros, . tao mago ficos, tan brillantes, que el drama triunfó s1 ~o por los
detalles ni por el fondo, por el hermoso ropa¡e de que
se revistió.
¿Quién no recuerda la muerte de_ Mendes en un carro
del tren subterráneo de Paris? ¿Quién no tu~~ palabi:_as
de compasión, para el conocido escritor pans!ense, victima de aquel choque tremendo del Metropohtaoo? · 'ci'
Desde entonces no se le ha olvidado y por ew no es e
extrañar que toda la intelectualidad fraoce~ le t,aya
rendido el debido tributo de cariño con m?ttvo de lace·
remooia, a la que hemos a.ludido en estas hoeas.
o o o
Los Príncipes Enrique de Prusi.. gozan de gran po·
pularidad Jo mismo en Alemania que en Inglaterra, Y
ha dado Ja casualidad de que bao_ celebrado su~_bodas
de plata el mismo día del casam1~nto de la h1¡a de~
Kaiser. Con este motivo puede decirse qu; las cere:0
nias han revestido más interés, y en ese dta, se tom e1
grupo fotográfico que presentamos en nuestro grabado.
Jur a de la bandera po r e l Batallón de Cadetes.

La ceremonia se efectuó eo el campo mil~tar; en su
discurso el Rey de Inglaterra, dijo a los ?fic_1ales_ ~. ca·
balleros cadetes, entre otras cosas lo s1gu1eote. Me
causa grao pl~cer presentar nueva ~andera al ba:tallón y perpetuar la costumbre establec1dd por la Reina
CarÍota en 1813. En un regimiento la bandera es el
recuerdo de las glorias ganadas, el acto _de su consagración Je comunica un significado especial. Ya no son
simples banderas, sino emblemas sagrados_ que recuer·
dan a quienes se confían sus deberes, hacia el_ Rey: su
patria y bacia sí misme. Vuest_ra ~andera no tiene 1ns:
c ritos nombres de campañas victoriosas, pero es el peo
dón de esta graodic:,sa institución, deo!r~ de cuyos mumuchos soldados distinguidos, rec1b1eron su educaros.
.
d ..
cióo durante el siglo pasa o.
L UIS DE LARRODER.

EL ABANICO
Es muy natural que e l ~ c o haya sido creado Pº:
al una dama de la antigüedad : y antes que Pila, por a 1
gu~a iod!gena qu~ usó las anchas hojas de palma para
aminorar el excesivo calor - .
..
bl
Así, pues, resulta casi imposible fi¡ar por ~ué pu~ o
'do creada la costumbre de este gracioso ob¡eto.
h aya s1
· ·11zac1
•
'6 en los
Los chioos -que tuvieron tanta c!v1
°
tiempos antiguos-pretenden haber sido los. creadores,
ara afirmar su aserto cuentan una graciosa ley_eo~ ~ "En una ciudad de Ja China se celebraba una fie~t:~~ntuosa en honor de .... la luna. El_templo. rebosaba
de gente y el calor era_ intenso. Lam- s1. bellis1ma da~~
h" d un mandarín neo y poderoso, que llevabd uo
11ª e tifaz se lo quitó agitándolo apresuradamente p;;~=riar~~r J; penosa opresión ; y desde_ aqnel día .~odas
las señoras imitaron el ejemplo de la ¡o~en dama.
De alli parece surgió el uso del abanico.
Los primeros qoe se usaron en Europa &lt;lran de piel
ada a dos solas varillas.
.
pelo el siglo XV y XVI el ab~nico llevaba también uo
e'ito unido con una cadeo1ta de oro o de pla!ª·
es~l período triunfal del abanico fué cle~de el siglo ~JI
hasta el siglo XVIII, y tuvo casi siempri; una clara ID·
fluencia en la vida pública y privada. D1cese que Car·

El príncipe y la priocesa Enrique de Prusia que han
celebrado sus bodas de plata.

t'--s

La jura de la bandera por el ba1allón de cadetes del Rtal Col&lt; gio Militar de Sai:dhu1st.
lota Corday cuando se presentó a !"larat para asesinar·
lo tenía entre sus manos uo abamco.
.
'y si quisiéramos hablar de todos los abanicos en l_as
edades de Jas grandes revoluciones, tendrh mo~ material
para un volumen.
.
d ·
En los viejos y grand_es museos artísticos se a mira·
rl?n espléndidas colec..:1ones q1 ~ son unas verdaderas
páginas de historia de este gracioso cbjeto dP. la indumentaria femenina.
b
Durante los reinadcs de Luis XIV, XV y XVI, 1os a. anicos revelan en las pinturas un carácte~ románhco
ro io de la época. DEspués con los cambios de la_ poÍ'tic~ cambiaron también los motivos de los abamccs.
~espués de la muerte de Robespierr~ se empEZaron a
usar )os abanicos con los colores nac10nales. .
E l 1700 fué un período de oro para los abamcos: .~e
crearon unas verdaderas joyas de arte y de elegancia.
Ta oani, Bouchrt, Coodez y el célebre \Vatteau nos
ha! dejado preciosas muestras de sus finas y elegantes
miniaturas.
• • 1
d 1 b
En la corte de Versailles se proh1b1ó e uso e a a·
nico delante del Rey y de la Reina, a menos que se !:atara de ofrecerles algo Jo cual se hacía con el abamco
abierto.
·
r la
En muchos casos ha resultado d'f'
1 1c1·¡ e¡ asigna
é oca y el autor de un abanico antiguo puesto que no
ptáo firmados· es preciso Estudiarles a través ~e l_as
~~lumbres de' uua época histórica y según el vanlla¡e.
Los abanicos españoles tenían por lo ~Eg~lar las va~
rillas riqu!simas de marfil_ y nácar con d1hu¡o~ de oro:
los italianos son más senc11lcs; les alemanes tienen va
rillas de marfil pintado y_ los hol~ndests de marfil deco·
rado con el célebre ba~n1z Martlo. .
Ahora el buen gusto ousca uo motivo de arte y una
revelación de genialidad_ en todo lo que nos preocupa,
en todo Jo que nos entusiasma.
.
y resultaria ioteresaot!simo el trabajo de colecc1onar
estos pequeños objetos graciosos que ~o a_ la p~r q~e
fina s obras de arte, mudas páginas de historia, h1stona
de otras épocas y de otras costumbre.
_
Muchas veces se hallan desterradas, estas peque~as
obras de buen gusto y de P:1-ciencia, ~n el tºº~º dde v1e_· v·sta del monumento elevado :t la memoria de Catulle Meo·
jos muebles cerrad~; abanicos, enca¡ts y or a os, to
J
des en el cementerio de Montparnasse de París.
do duerme en el olvido.

�CRONICA
Según ofrecí a mis lectoras en la pasada
crónica, quiero hablarles hoy de las noveda·
des que el estío t,a traído en las "toilettes" femeninas. Parc,ce que el tiempo un tanto frésco no había permitido que las telas ligerá:s y
vaporosas tuviesen mucha aceptación, pues
durante la p ·imavera notamos días tan fríos y tan desa·
pacibles, que más bien parecían de un otoñ'l avanz ..do
o de un invierno que toca a su fin. Pero ahora que e l
verano se presenta clara y distintamente, creo oportueo
dar a conocer las novedades a que antes me refit,ro, por
ser en el momento presente de grande e indi~cutible
importancia.
Entre las nuevas creaciones vemos algunas que ao
merecen ser mencionadas a causa de su aspecto poco
agradable; ea cambio. hay otr ..s que iadudablc,mente
complacerán el buen gusto y la coqu~tería de nuestras
jóvenes lectoras Entre ellas señalaré los bonitos "trot·
teurs," en lo; cuales, la sencillez encantadora ao impide que tengan un aspecto lindo y seductor. Uaossoo to·
dos blancos, hechos en piqué, ea "cóte de-ch,-val" ea
tela de lino ea "aeigeuse" de algodón, con cuello y ador·
nos en faya o satén de colores vivos, como: rnjo, azul
bandera, mimosa, verde Imperio, etc. Otros se hacen en
estas mismas telas ea matices menos vivos como violeta
de Parma, rosa antiguo violín, ladrillo, cobre, etc, coa
cuello y adornos blancos.
Nosotros recomendamos de una maneraespecial a las
señoritas y a las m·Jjeres muy jóvenes, los trajes hechos
en crespón blanco rayado muy finamente de color, com·
puestos de una falda fruncida en el talle, toda lisa o ro·
dea~a de uno ancha alforza en el bajo y ua cuerp0-blusa ktmoao con cuello de lencería, vuelto sobre el borde
de ua escote bajo, cintura de cuero barnizado adecuado
al matiz de las rayas.
Para las mañanas y las reuniones de confianz:t están
!11uy ea boga los trajes .hechos ea crespón de algodón
¡apoaés, sembrado de minúsculos bouqut:ts
pompadour sobre fondo blanco, rosa o azul
cielo. sea con una cintura "bayadera," sea
coa cintura redonda, drapeada, hecha ea
satén Liberty, estrechando un cuerpo· blusa escotado ea lo alto sobre una camisola
de tul punto de espíritu o de muselina de
seda. Las "toilettes" blancas realzadas por
una nota de color, se llevarán también coa
mucho éxito. La falda unida al cuerpo se
hará plissada verticalmente, de alto a b.i.·
jo, ea pliegues cosidos, terminando en el
bajo por dos o tres alforzas de tamaños es·
. c:i-loaados. El traje se completará con una
crntura drapeada a la cual se añadirán
si se desea, unos pequeños faldones almenados, ua poco más largo por detrás que
por el frente, en muselina de seda de co·
lor. Estas •·toilettes" tienen grandes venta·
l~s: no solamen,e son resistentes y sólidas
s1ao que pueden lavarse perfectamente sin
que se descompongan, y se empacan fácil·
, mente ea una petaca pequeña sía que se
arruguen, por lo cual son particularmente

recomendables para las excursiones estivales a las que
tan afectas se muestran nuestras damas elegantes.
Las telas de algodón de las cuales es ahora el reinado, tienen ua aspecto especialmente bonito, pues ape·
nas se diferencian de las telas de seda que tratan de
imitar. Los crespones y los velos de algodón son real·
mente deliciosos por su flexibilidad, ligereza, frescura y
delicadeza PO el colorido. Nunca como hoy habíamos
visto estas telas tao extraordinariamente seductoras. El
encanto del color se encuentra fácilmente ea las eta·
minas mercerizadas, las telas "épooge" lisas o brocha·
das, tono sobre tono, la tela tussor, la "piel de guante"
y los terciopelo• rizados.
También se llevará 1 mucho, los foulards con pt queños dibujos negros so'lre fondo blanco, hecbos coa falda for rada sin guarniciones, ligeramente drapeada y le·
vaatada por el frente. El cuerpo-blusa se abre en punta sobre una camisola de linón bordado, completando el
ata\'Ío una cintura drapeada, de color. Ea un género
más elegante, estos trajes se compondrán de una túnica
abierta por el frente sobre un delantero de tafetta blaaco velado con muselina de seda negra, cayendo por detrás en punta, y ua cuerpo-kimono escotado en forma
de corazón sobre una camisola de tul punto de espíritu,
blanco, velado de negro, con ancha cintura drapeada,
hecha, una parte de satén negro, y la otra de terciopelo
de color vivo como: cereza, rosa, verde esmeralda y
aznl turquesa.
Se verán, frecuentemente, liados atavíos de paseo o
visita hechos ea etamina blan ca, en los cualEs la falda

No debemos reir delante de los que lloran. La~ per·
sonas de edad o enfermas no pueden tampoco asociarse
a la alegría ajena.
Conviene escatimar las carcajadas delante de ellas.
No bromeéis demasiado. Hay personas que ao ent1en•
den las bromas, aunque sean inocentes; que se ofenden
con la más ligera ironía desprovista de toda maldad.
Pero no quiero por esto condenar la alegría.
Cuando es dulce, discreta, Ddtural y nada burlona, es
casi una virtud.
La alegría es, por lo demás, el patrimonio de las almas sanas. de los caracteres bien equilibrados. Consue•
la, reanima; es un rayo de sol bien acogido por todo el
mundo, porque es comunicativa.
No estéis tristes, o, por Jo menos, desechad vuestra
tristeza cuando no estéis solos.
Si no son muy generosos, vuestros amigos y basta
vuestrcs parientes más cercanos, huirán de vosotros. Son
muy raros los que permanecen al lado del afligido.
Por Jo demás, no cooseguirias nada con
obligarlos a llorar coa vosotrcs: esto dis·
minuiría vuestras fuerzas morales.
Hasta que podáis soportar el pPso de las
penas que abruman vuestro corazón, retugiaos en la soledad, tan saludable para
tcdos los dolores.
Junto a las gentes alegres o d ichosas,
¡cuánto disonaría la ocia de un rcstro triste, de unos ojos llorosos. de una pena inmensa! Parecería una reconvención a su
felicidad.
Es muy natural que cuando el alma re·
cibe ciertas heridas, permanezca abatida
mucho tiempo; a veces, hasta la muerte.
Pero tenemos-el deber de disimular nuestras penas, para no entristeeer a los demás; a aquellos mismos que han sido afli•
g1dos por la misma pena, aunque no tan
profundamente, o que la soportan mejor.
La sociedad admite una melancolía se·
rena; no ignora que, unos tras otros, todos
tenemos nuestros pesares.
Pero nos agradece que no la asociemrs
a nuestros dolores, que ocultemos nuestras
lágrimas, nuestros infortunio~ para no obligarla a compadecernos.

será plissada en pliegues planos y el cuerpo abierto sobre un chaleco bordado en estilo búlgaro de
colores muy vivos. Otros, tendrán una falda lisa
terminada por ua ancho doblés cosido a punto
calado, y sobre ella caerá una túnica corta formando como largos faldones cortados ea punta
de chal por detrás, plegada al r ededor del talle.
Esta túnica irá bordada con grandes flores ea las
ti atas. búlgaras, las cuales son sumamente llamativas y violentas. Para completar estos trajes ~e
les pondrá cuello, vueltas y cintura con largos
paños, en seda, de los colores antes citados, es decir:
verde, amarillo o azul eléctrico, etc.
Aunque la Moda impone estos trajes, nosotros damos
la preferencia a otros de matices más suaves, los cuales
también tienen grao éxito en e•te momento, por ejemplo: las "toilettes" hechas en batista rosa pálido, azul
cielo, malva o marfi1, adornadas del modo indicado.
MARGARITA.

La Risa y la Tristeza
No os riáis de todo. A pesar del célebre axioma, o;
crearíais muchos enemigos, disgustaríais a mucll'as per~ooas.

Ea general, excepto en el niño, la risa no nace de los
mejores sentimiectos del alma: la provoca la vista de
ua defecto físico ea una person a, el recuerdo de una
co•a rar~ , el sentimiento del ridículo
Cuando tiene este origen, la bondad la reprueba por·
que molesta a alguien.
No critiquéis, no o• burléis de nadie; guardaos del
e•píritu burlón
Acordaos de que. en estas condiciones, la risa es una
mueca que afe,. mucho.
Este argum_en:o de estética os convencerá, tal vez-~~1or que otros. de la neces i:lad de reprimir
la risa.
·
·
Las ~~rson'ls burlonas y thorda"cesse ha·
cen odiosas: no lo o'vidéis. ,, _
. Hista_uaa alegría ino:eate p?ro demasiado ruidosa, puede desagradar a más de
una persona.
Fatiga a los que ao pueden compartirla,
Y_J. porque tengan penas, ya porque necesiten un pJco de r.alma.
L~s pusonis graves t'lcban de ligeras a
las que son d ➔ masiado alegres; las perso·
n'ls h1ea educad 1s dicen que carecen de
di ,tinc,óa.
_ L'l alegría ruidosa sólo agrada en los ainos.
· Ea 11. adolescencia, ya gustaría meaos
~xuberaacia, más moderación en la expresión de la alegría.
~~(ante de las pe•sonaq de~graciadas,
afltg,das, una alegría demisiado viva constituye una falta de tacto.
Esto las molesta. la~ hace entregarse a
amuga, retlexioaes sobre su suerte.

Sobre todo, no hagáis o aparentéis hacer a los demás
responsables de vuestras desgracias. como hacen algunas mujeres, que porque sufren , se creen autorizadas a
ser desagradables, injustas con cuantos las rodean
La tristeza, cuando no sabemos dominarla, aleja de
nosotros hasta ·a los mismos que venían a consolarnos.
Por el contrario, una meli.ncolía, dulce y resignada, que
sabe sonreír, atrae muchas veces.
En cuanto a la tristeza sin objeto, no interesa a na·
die. Es basta censurable.
Podemos librarnos de ella haciendo un esfuerzo sobre
nosotros mismos, y para desterrarla, no hay nada mejor que buscar una ocasión para sacrificarnos.

Hay quien supone que basta con ir a París y encar·

llos defectos físi::os que con tanto empeño ocultamos o
disimulamos ante los dtmás.
Adquirida la costumbrt: de estudiarocs, con el wlo
objeto de gustar, nos convencemos de que los elogios
son banales, no satisfacen el alma, y p rofundiza mos un
poquito más para encontrar el medio de que nuestra
moral de~pierte tanta admiración como el físico, y tras
un detenido estudio vemos que el egoísmo nos priva de
afabilidad para escuchar sin aburrimiento lo qu e a
otros intere~a; la iuóolencia nos quita actividad para
correr al encuentro del que nos nectsita, y la indife·
reacia refleja en nueMra mirada una frialdad capaz de
apagar el más vehEmeote entusiasmo.
Hecho este descubrimiento, quenmos poner el remedio, y en vez de decir a la modista que modifique y
adapte la moda a nuestro físico, somos nosotras mismas
las que modificamos nuestras costumbres y dominamos
nuestros caprichos, teniendo una inmensa ventaja rnbre
la modista, porque ella sólo consigue disimular las im·
perfecciones físicas, y nosotras podemos
llegar a C"Dvertir las imperfecciones mora·
les ea virtudes.
o o o

!P'~ffil~IIi!Nffili@.
Suelen );1; mujeres moqtrarse celosas del
trabajo intelectual de sus maridos. ¿Será
porque en él vea una prueba de la supe·
rioridad del hombre, o porque las horas
consagradas por éste al estudio y la inves·
ligación las consideran perdidas para
ellas?
Aunque ha y quien sostenga ambas opiuioues, creemos que la ra zón es otra. La
mujer se siente contrariada al ver que el
hombre ''hace alguna cosa que ella no pue·
de hacer."
Observad, si no, cómo a este respecto se
parecen la criada más humilde y la dama
máq eacopeta,fa. Ambas procurarán dis·
traerse valiéndose de los menores pretex·
tos, de las pequeñeces más iasigaifican·
tes ......

..,,11111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111,,

,,,1111111111111111111111111111111111111111111111111111,.

Traje de baile.

Peinado para teatro.-La gran moda de sombreros ce verano - Peinado de C'.1.lle.

,

gar a madame Paquin ua "trou!i!eau" para ser ele gante.
Esta es una idea ccmpletamfote errónea. Todo el
que aprende a pintar no es artista, y todas las que se
~onea bonitas "toilettes" no poseen el arte de ves·
llrse.
Este arte consiste, primero en conocer los defectos
propios_(~oa pocas las que no los tie,,ea), y segundo ea
saber d1s1mularlos o aprovecharlos.
Ea eso coasiHe el secreto de ser elegante, la verdadera ciencia que no &lt;e improvisa ni se adquiere más
que haciendo uo profua:fo estudio de estas frivolidades,
estudio que precisamente por la íodcle del asunto debe
~er muy minucioso y detenido, tratando de buscar algún
interés en el fondo ya que en la superficie fólo se encuentran gasas que se chafa o a la primera postura y flores que se deshojan al contacto del aire.
Pe~o- com~ en el fond o de todo podemos tropezar coa
algo uh) sab1éodolo aprovechar. el estudio de nuestro
físico puede sernos muy provechoso, puts al cabo de algunos minutos de contemplación ante el espejo, y des·
pués de_ habernos pr~bado va rios sombreros y otros ta o·
tos vestidos, descubrimos que el cuello es una pizquita
cort? para soportar el cuello Médicis, los 1-ombros demasiado caído;: para la hechura "kimono" el tobillo poco fino, las orejas m~ grandes _de lo que nos figurábamos, y por lo tanto, srn reouac1•r a la moda, decimo; a
la modista: "Suprima el cuello Médicis, sustitnyeadole
por ~tro vuelt?; póogame las mangas un
poquito fruncidas en el hombro y simule la forma "kimono" con una "draperie" sobrepuesta, y alárgu~me la falda
sin que llegue al , ueio. lo suficiente pa:
ra que cubra el tobillo. "
Luego, al peinarnos, ea vez de levan·
tar el pelo imitando aquella cabeza que
nos gustó, le bajamos de modo que tape
la mitad de la oreja, y nos presentamos L.
en público tao bien arregladas que nosotras mismas llegamos a olvidar aque-

Traje para banquetes.

�EL BESO

CONSULTAS
FELICITACION. -TAHOSER : ¡Cuáoto le agradezco
su amable felicitación y el envío de esa lindísima postal! He leído sus versos con verdadera delicia, y puede
crer que sus deseos son agradecidcs por cMargarita&gt;
con el m.is cordial y sincero afecto,
UNA CARTA,-MANUEL MEZA: Ya tnve el gusto de

contestar su carta por correo; sin duda que habrá recibido mi respuesta
~ ,.MODELO.-ANITA: Doy a usted el modelo que desea
de traje para desposada.
Está hecho en seda brochada y en charmeuse, blan·
cas. El velo, preo 1ido en esttlo de cofia , lleva a la ori·
lla un pequeño volante de finísimo encaje valeociauo :
tanto en el tocado como en el cc.rpiño, tiene flor~,s de
azahar.

UN CONSEJO -AMIGA MISTERIOSA: Verdadero placer tuve al recibir su carta y su linda postal; ¿acaso es
el retrato de mi buena amiga, esa encantadora figura fe·
meoina que he contemplado en dicha tarjeta?
Respecto de su pregunta, me permito aconsejarle que
corresponda al amor de ese caballero, que tan fielmente
la ha querido, !1-in esperanza de ver aceptado su afecto.
Yo le aseguro que mi cverdadero&gt; amor tiene el mágico
poder de comunicarse a quien lo ha inspirado; usted
llegará a tener por su pretendiente una pasión tao pro·
funda y tan sinr.era. como la que él le profesa desde ha·
ce tanto tiempo. Todas las facultades prominentes, como
el ta lento, PI genio y la voluntad, se imponen tarde o
temoraoo, cualesquiera que sea la forma en que se manifitsteo. Pues bien, querida amiga; un amor sincero,
grande y constante. llega a imponerse y el triunfo de
quien así s::i.be querer, es tan seguro, que no debe po·
oerse en duda.
Olvide usted a ese pretendiente indeciso, tímido o po·
co leal, que sólo ha sabido inquietar el corazón de mi
camiga misteriosa,&gt; sin satisfacpr lasansiasque en él ha
despertado: corresponda a su fiel y devoto adorador, para que uronlo disfrute de la dicha que yo le deseo.
INDfCACION .-RouERT0: Creo indispensable que
consulte usted con uro médico especialista para enfer•
medades de la piel, pues ese defecto de la:; uñas, sin
duda depende de una afección de tal género.
También podrian indicarle un tratamiento adecuado
las señoritas que se dedican al cuidado de las manos.
Mucha pena me causa no responder asu pregunta como
yo quisiera, pero por falta de conocimientos en el asunto, me veo privada de tener esa sdisfacción.
AMI STAD INCOGNITA.-D1ANA: Siempre que re·
cibo alguna carta suya, me sorprende con las noticias
que me comunica. Hoy, la sorpresa fué triste: su esposo
ha estado sumamente gra~·e de la herida que recibió en
un brazo, y desde bace tres meses se encuentra sufriendo las consecuencias de este grave accidente. Nunca
creí que la causa del silencio de mi querida amiga, fue·
se tan desagradable . Pero, no obstante esto, hay algo en
su carta que me ha sido grato conocer .... veo en todas
sus frases un espíritu de sumisión, una dulzura de carácter, que antes no tenía la rebelde y poco reflexiva
cDiana &gt; Hoy me dice : cHe pasado largos y tristes días,
lúgubres noches angustiosas al lado de Fernando ; lo be
visto entre la vida y la muerte: he luchado como una
leona contra esa horrible agooia de tanto tiempo, y al
verlo así, casi moribundo, débil entregado por completo
a mis cuidados, me he arrepentido hondamente de mis
antiguos arrebatos, y me he puesto a sus pies, cuando lo
creía perdido para siempre, llorando con inmensa ama,gura . El, aunque gravemente enfermo, no ha manifesta·

Puede decirse que boy el cboudoir&gt; se ha trasladado
al tocador, ya que esta habitación es la de mayor y más
refinada intimidad femenina.
Ya las Romanas concedían una extraordinaria impar·
tancia al tocador.
Las damas de aquella época poseían verdaderos ejércitos de fraitcos y de pomos, que guardaban pr~ciosa·
mente esencias y bálsamos.
Durante la operación harto larga y miou.::iosa del tocado, y en tanto que a ella se aplir.aban las esclavas, la'mujeres patricias distraían sus ocios contemplando las
grotescas piruetas de sus mon&lt;&gt;'i domésticos, y escuchan·
do la parlera algarabía de sus loros, encerrados en jau·
las de plata.

0

A UNA. AMIGA .-BER_THA Mt\ RIA : No ti•ne nada qtae
agradecerme; soy Y" quien se apresura a maniff'starla
mi &lt;:3'riñosa simpatia por las pa¡labra s benévolas con q,ue
me ¡uzga.
En cuanto a su pregunta, le digo lo siguiente: el estilo '!pistolar debe ser claro, sencillo y correcto; las frases rebuscadas y la afectación pomposa. han de excluirse por completo de las cartas de amist:i.d y aun de las
que s irven para sostener relaciones solamente sociales.
Nada le digo de la correc-pondeocia amorosa, pues
ésta, mientras más espontánea y sencilla. más conmueve
y convence mejor Las galas de la literatura se quedan
para la oratoria y la declamación, pero no para el e!lilo
epistolar. Si desea leer buenos modelos a este respecto,
le recomiendo las obras de Mme . rle Sevigoé, que la fama ha consagrado para siempre, Las encontrará en la
libridria de Bouret, en esta capital.
Me parece más propio que so;; dirija a su amiga, del
primer modo que me indica en su carta.

!ºu!~t:ti:i~:t~s~:t:s!l~~u d ~1i~:t~:í:m~:q~:~áe~=~;m~~
ralmeote: por esto ahora lo a.me y lo respeto más que
antes. Quiero ser dócil, Margarita , pero \cuán difícil es
esto para mí! Ya convaleciente, pero reducido a la quie•
tud por el dictamen de los médicos, desde su sillón o en
su mismo lecho, sigue siendo cel amo ;&gt; me habla con
severo acento si pretendo algo que indique mi amor a
la independencia ; reprende al niño si comete alg una
falta, y los cr_iados se someten al oir su voz, grave y
firme, como s1 en é l solo se encontrara toda la autoridad
de esta casa. Yo siento en mi espíritu una agitación vio·
lenta, pero ... . le obedezco, lo cuido con inmensa ternura y no le muestro mi rebeldía, sino que .. .. lo reser·
vo para mejor oca,ión.&gt;
Mi querida &lt;Diana ;&gt; su carta es muy bella y revela
que en usted se ha efectuado un cambio sorprendente ;
pero ya que este milagro es un hecho real, ¿por qué intenta volver a sus antiguas dificultades? ¿Por qué ere·
servar para mejor ocasión&gt; sus pasadas rebeldías? Esto
no debe ser, y si sucede semejante cosa, yo no tendré
ya para usted ~I mi'&gt;mo cariño, pues me indicaria que el
corazón de &lt;Diana&gt; no es tao noble como yo lo he creído siempre.
MARGARlTA .
o o o

El Arte de la dueña de la Casa
E L T O CADOR

El ~budoir&gt; de que .hablábamos en nuestra plática
anterior SP. ha convertido en el sa)Un íntimo, perdiendo
de tal modo su veróadero carácter.

Con no menos lujo que sus tocadores, las damas Ro~anas di"poniar;,. sus cuartos de baño, verdaderos palacios de mármoles y alabastros, sobre cuyas piscinas se
deslizaba, mansa y perfumada, el agua transparente y
tentadora.
Pero las Romanas eran exageradamente limpias, y la
escrupulosidad y el detalle de ii;u cuidado corporal excluían del tocador toda sociedad que no fuera la de sus
esclavas.
No_ ocurría lo mismo con las marquesas versallescas
del siglo XVII[, que si pródigas en ingenio y elegancia,
º? lo eran de igual modo en aseo personal ni en lim·
pieza.
Por esta razón ér ales posible recibir a sus ami gos en
el propio tocador, y a la hora crítica de sus someras
abluciones, seguidas. en cambio, de interminables em·
polvamieotos, de complicadísimos peinados, y de sutiles
y poéticas charlas.

Bruscamente, vibrante, atronador, estalla
el cohete en el espacio, esparciendo oor to•
da la ciudad su estampido guerrero Y hacia
el cielo limpio de nubes se el eva en segui·
da una columna de estrellas rojas, verdes,
azules, que hace palidecer el fulgor de los
astros, mientras que un inmenso clamor se
extiende a través de la población El pue·
blo testimonia su alegria al ver aquel pro·
digioso fuego de artificio, ofrecido por los
ediles al rey que se acaba de coronar .
Cuando los cohetes, como canastilla de
espigas luminosas, caen suavemeDte rayan·
do el cielo con una lluvia de oro, el príncipe de Whismaon aparece en el alto mirador del palacio, del cual parteo las dos
e~caleras, que , formando espirales, condu·
cen al parque.
Después de haberse asegurado con rápida mirada de que nadie le sigue, el príncipe lanza un profundo suspiro d~ satisfacción y de sus labios se escapa la frase ex ·
presiva como ninguna, del cansancio:
- iAl fin, solo\
Hacía tres días que duraban los festejos
oficiales µor la coronación del rey, a la
c ual habían a-.istido represen! mtes de todas
bs naciones del mundo . El pobre pdncipe
no se había quitado durante ellos su vistoso uniforme de coronel del regimiento de
la Guardia Real.
Desciende las escaleras ~ozoso de disfrutar un momento de libertad y de poder
fumar un cigarro a sus anchas, y experi·
mentando uo vivo placer al sentir que el
aire fresco de la noche acaricia su rostro.
¡Ah! ¡Qué imbéciles son los que envidian
a aquellos que, favorecidos por la suerte y
la. alcurnia, se veo obligados a asistir a las
recepciones
pa.lacieg~s
¡Si sup iese•
cuáotas tfatigas lisicas,cuáo• guota tao seoéii\a. Ir6oicameote coote,ta:
-Mico .... co....
de podres y abuelos amaotísimos son ioúti·
l'5 preocupaciooes morales teodr!ao que
-Si, soy yo.
-Aquí 00 hay co.,., co.,., que valga. les, todos los recu'50S que prodigan médi·
experimeolar, qué soorisas lor,adas, qué
lomediatameote una mujer se precipita ¡Qué hacías eo el jardio ?
ces emioentes seo estériles. La ciencia de·
fiogimieotos se veriao precisados a hacer, eo sus braws, imprime eo su boca des ar·
-Esperaba a mi novia.
clara que seguirá lucbaodo, pero sic espe·
se alegrarla• coo su absoluta iodepeodeo· dientes besos, y apenas sin tiempo p.r.
_ 1Quiéo es tu oovia ¡
raoza de remedio eo lo humaoo. A esto
cial
respirar, le dice:
-Mi coronel, es una criada de palacio. exclama el abuelo:
¡Dios sabe a qué hora se verla libre
-Amor mio, ceo la recepcióo de esta Me babia prometido veoir aquí a \as die,.
-Aúo hay recurso, Queda la Provideo·
aquella noche de la opresión que el unifor· noche me es imposible permanecer un rato
El príncipe se echa a reír: aquellas pa· cia.
me le producía, de los cuinplictos y de cootigo, como te había prometido. Para labras acababa• de darle la clave del mis·
Desde eotooces todos soo a pedir Y a
acompañar damas tao cargadas de títulos compensarle y para que to sirva de coo· terio. La aparicióo 00 e ra la de uoa dama rogar y a suplicar al cielo; se acude a la
de nobleza como de años !
suelo, toma este pedazo de crosbif&gt; y estos enamorada. de él, no: una mísera criada le intercesión :ie los santos, se apela a una
¡Ah! ¡Con qué placer trocaría todas a.que· céntimos para que bebas a la salud del babia contundido con un simple $Oldado. novena al Santo Niño de~ Remedi~- Trans·
llas ceremoni3.s por un momento de liber· rey .... A más de mi corazón y de este
-Tu novia no vendrá-le dice al pobre curren los días .con creciente ~nstedad, Y
tad, por gozar de aquella noche de verano otro beso de despedida .. . . Buenas noches, muchacho;-el servicio de palacio 00 se ¡0 al _fin la enfermita, que ya comienza a son·
en medio de los jazmines y a orillas del basta mañaoa, y que no bagas ninguna lo· permite; pero me ha suplicado que te en· reir _como los ángeles sus hermaoos,qu~. ya
lago del jardio florido y umbroso! \Poder cura......
tregue este peduo de «rosbif&gt; y estas mo· com,eoza a poder v~r ceo aquellos 01&gt;1os
pasear libremente fumando un habano, coY la joven desapar eci5 como un fa.atas· nedas de cobre para que bebas a ta salud por donde antes venta la muerte, va r~cogldo del brazo de su hermosa mujer! ¡De ma. dejando al príncipe, coronel de la del rey.
br~odo la vi~a, la salud , la vista.
una mujer moreoa, de abuodaote cabellera Guardia Real embobado, como si fuese uo
El soldado quisiera que se abriese en
,Qué alegna ya en todos los cor~zooesl
nejiit:ra y de ojos de fuego .... !
colegial, con el crosbif&gt; en una mano y Jas aquel momento la tierra bajo sus pies.
¡Qué hac1oam1entos de gracias a Dios por
El príncipe cierra los ojos para recen· piezas de cobre en la otra.
El príncipe continuó diciendo·
el favor recibido!
centrarse mejor en su halagador ensueCo.
Permanece absorto sin decidirse a lla
- También me ha dado un be~ para ti;
Pe ro el abuelo, que invocó a la Pr :.viy en el ensueño cree oír unos pasos ti- mar a la desconocida para sacarla de su pero supongo que 00 querr ás que yo re lo dencia en días de angustia y desesperanza,
geros, de pisar suave, que avanzan por el error, cuando de pronto, iluminado por la dé
Me lo quedo en pago del recado. es en el mundo un hombre político, y ce·
jardín. V?• vo, fresca y joven, vibra soco· claridad de la luoa, ve a u~ soldado de su Pe~~- para recompensarte, dotaré a tu 00 • dieodo a exigencias de radicales descreí· ·
ra a su 01do:
regu~uento qu~ no ~uy le1os p~rmanecía via el día de vuestra boda.
dos,. contrae los llamados compromisos del
- ¿Eres tú~
en pie como s1 estuviera d" centloela.
gobierno y se dispone a decretar que el ca·
Imposible dejar de respoo1era una pre·
-¿Qué h:1.ces tú aquí?- le preguntó con
tecismo no sea obligatorio para todos eo
mal humor.
fl '"" ""l!ll,ml'R\Ó~
las escuelas de su patria, es deci r. que DO
El sold::i.do, al reconocer a ~':'- jefe, se
Vuu ~ ~ uuu.~ 000 00 u,¡;¡¡ '-&amp;l,'ll"IJl.l,,',\,ll
se acerquen para conocerle y amarle a ese
e~~ó a temblar, !'laludando m1htarmente
Santo Niño del Remedio, a Jesús divino,
ri¡d'l como una. estatua:
que a los que le invocan, ahora, como
Con el título de cLa nietecita Y el abue· cuando vivía en Galilea, da vista a los c1e·
lo&gt;, escribe cEl Universo&gt;, de Madrid :
gos y salud a los enfermos y vida a los
e En la alcoba de suntuosa morada, en muertos, que cura los cuerpo!'! y salva las
cuna preciosa, descansa la recién nacida, almas .
victima de una oftalmía purulenta que po·
ne en peli,ro su vida . Todos los cuidados ¿Te gusta el cuento, discreto lector?

Ihl~!l!!:a.l!......::-

El Odol es el primero y e! ú nico den tí :L ico ¡ t.:t s c; ue ~u ;.cc:l n
antisé ptica y re frescante obra no sól o durante lo:-- ¡-ce- os mc. 1r .e nt c 5
En ~uestr_os dias, la higi.ene y la elegancia imponen a
la mu¡er cmdados, que exigen, para la habitación destinada a tocad_or, uo aspE.-cto y unos elementos eminentemente prácticos; por ello, esta nota ha de ir íntima·
mente ligada a la del lujo, si el toc;i.dor ha de reunir
las c~ndiciones de estJtica y de utilidad que nos son ne·
cesanas.
Las paredes se hacen decorar con colores claros o se
visten con sedas pálidas,
•
1:,-as ventanas s~ adornan coc grandes cortinas de muselina, cuyo mahz ha de responder al del mobiliario.
Los aparatos de alumbrado eléctrico han de disimular
el b~illo excesivo de las lámparas, tras de los pétalos
opahoos de grandes flores de cristal deslustrado.

q ue se empl ea sinó dura esa acc'.ón hortis erte1 ne·.

�EL MUNDO ILUSTRADO

~ Pues es uo sucedido. La eoformita es la
(( h1¡a de Jo-; duques de l:'astra~a, el ábuel_o
el conde rle Romaoooes. Quien esto escn·
be, que ha unido sus oracioo e~ a las de
esa famil ia , sigue pidiendo a D ios que les
conserve b uena y sana la e nfermita y que
cu re también de la ofta lmía del alma a l
abuelo que puso ~u e~pera o za en la Divina
p rovidencia&gt;

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La aparicióo, iou,i1ad«. de una ccmpa·
ñía de ópera, cuando h.&lt; termioaco ya l~
estación y van a aparecer las modas de,
ver a no, ha p rod ucido e n &lt;Tina&gt; un trastorno incalculable.
-lA quién se le ocurre-exclama llena
de cólera-hacer una temporada de ópera
en el mes de Mayo! Esta es una estación
de cinematógra fo con acertijos ....
-Todas las épocas son b uenas para oír
música excelente-dice &lt;el Señor&gt;.
-iPero no cuando una ha agotado sus
vestidos! ¡Cómo me voy a presentar eco
todos esos &lt;horrores&gt; del invierno que ya
todo el mundo me couoce!
-iPara el frío que hemos tenido!. ... mur mu ra e l &lt;Señor&gt;.
-De todos modos-dice Albertina re·
sueltameote-yo no voy a i r a l teatro con
los mismos trajes.
-Nos quedaremos en casa-responde
filosóficamente &lt;e I Señor&gt;.
_¿ Con qué pretexto? ¿Qué razón vamos
a dar ? ¿ Qué será lo que diga la gen ce
cuando vea que no nos abonamos?
&lt;El Señor.&gt; se encoge de hombr es.
-iYa veo que a tí todo te es indiferente! Sin embargo, debía preocuparte, aunque no fuera más que por el papel que
haces
-¿Yo?
-jNo sé! Mañana dirán q ue estás arruinado, que tenemos q ue hacer ecooom!as,
¡qué sé yo! Y todo por culpa de ese Misa,
que se le ocurren las cosas al r evés.
-Ha hecho un gran esfuerzo, hija mía.
¿Tú sabes lo que es conseguir cantantes en
ioviero&lt;9 ?
-Se m e ocu rre una idea que todo pue·
de salvarlo-exclama Tina, después de reflexiom,r un momeoto.-No podemos abo·
oaroos porque has caído gravemente eof~rmo . .... .
-iPero si van a verme bueno y sano en
la calle!
- No te verán, porque guardarás cama
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o.,oontt,.r•• tia ,.. rai.,,ioao•ot:N

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado, 1913, Año 20, Tomo 1, No 25, Junio 22</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>La muerte del poeta</name>
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      <name>Tres voces</name>
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